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Miércoles, 16 de Mayo de 2012 07:04

Jean Luc Mélenchon: lecciones para la izquierda

Ayer en Francia tomó posesión el nuevo presidente François Hollande. Su ascensión es un elemento positivo en el ambiente enrarecido por la crisis en Europa. Ayer mismo en Berlín, Hollande insistió en renegociar el pacto fiscal. La canciller alemana le reviró que el crecimiento ya es uno de los objetivos del tratado fiscal consagrado a la austeridad. Es la forma que tiene la Merkel de promover las reformas estructurales y, en especial, la total flexibilidad en las relaciones laborales.


El campo de batalla está bien definido. Ojalá Hollande pueda entrar en él con decisión, pero no se puede confiar en ello. No hay que olvidar que el Partido Socialista francés siempre estuvo a favor de la globalización y de la integración europea al estilo neoliberal. Otros partidos socialistas en Europa han aplicado la receta de la austeridad en sus respectivos países.


La retórica de Hollande es sin duda un adelanto, pero la urgencia del corto plazo no debe esconder las exigencias de los cambios estructurales de largo alcance. Es aquí donde la agenda de Hollande tiene sus limitaciones más importantes y hasta inconsistencias. Después de todo, restablecer algo del estado de bienestar puede no ser posible bajo la estructura neoliberal que hoy hereda. Frente a los graves problemas que enfrentan Francia y Europa la trayectoria de Hollande en el PS anuncia más continuidad que transformaciones profundas.


Por eso lo más relevante de la contienda electoral en Francia estuvo en la participación de Jean Luc Mélenchon, el candidato del Frente de Izquierda. De su intervención en esas elecciones y de su trayectoria de lucha política se desprenden importantes lecciones para las contiendas electorales en las que participa la izquierda en todo el mundo.


Jean Luc Mélenchon (JLM) militó durante tres décadas en el ala izquierda del Partido Socialista francés. A diferencia de Hollande, Mélenchon se esforzó durante ese tiempo en hacer del PS un verdadero partido de izquierda, con un proyecto alternativo al neoliberalismo.


Frente a la crisis, la posición de Mélenchon es clara: ésta no es una crisis provocada por unos cuantos especuladores. Es la debacle del modelo neoliberal. La respuesta a través de la austeridad es algo más que un simple error técnico. Es cierto que su aplicación no dará buenos resultados en ningún caso. Pero Mélenchon va más lejos en el análisis: la austeridad es un arma para desmantelar el estado de bienestar, castigando prestaciones y servicios sociales, y es el preludio de la profundización de las reformas neoliberales, en especial, la reforma laboral.


La integración monetaria en Europa, Mélenchon lo tiene claro, se hizo sobre bases neoliberales. La consecuencia fue entregar las finanzas públicas a los mercados financieros. Esa, en una frase, es la tragedia de Europa. Antiguamente el Banco de Francia podía financiar al gobierno francés. Hoy eso está prohibido y el Banco Central Europeo presta a los bancos pero no a los estados. Esa es la ignominia en los tiempos del capital financiero. Es la época de sumisión que debe terminar si se quiere justicia social e igualdad. Al sector financiero hay que enfrentarlo, dice Mélenchon, no hablarle de rodillas para pedir limosna.


Mientras Hollande buscaba ubicar al PS en el centro para cortejar a una parte del electorado, Mélenchon proponía una política con una visión de largo plazo, colocando los temas de relevancia histórica en la mesa del debate nacional. Y es que en medio de la peor crisis del capitalismo en ocho decenios, y en el contexto de una hecatombe financiera y económica fabricada por la pesadilla neoliberal, Mélenchon rápidamente comprendió que es preciso ofrecer alternativas de largo aliento que se alejen de la subordinación al mundo de las finanzas. Sólo así se puede rescatar el diseño y control de la política macroeconómica no sólo para recuperar el crecimiento, sino para transitar hacia un mundo de justicia y responsabilidad ambiental.


Aunque Mélenchon sólo alcanzó 11 por ciento de los sufragios, colocó temas medulares en la agenda nacional y su influencia decisiva dejará una huella saludable por muchos años. La izquierda ha vuelto a renacer con su campaña audaz. No sólo influyó en las posiciones de Hollande, sobre todo en materia fiscal, sino que tuvo un efecto importante a través de su enfrentamiento sistemático con los planteamientos racistas y xenófobos de la extrema derecha. Su campaña ha sido una pesadilla para la rabiosa e ignorante señora Le Pen.


Se desprende de todo esto una enseñanza: la izquierda no puede jugar a ocupar el centro en la disputa electoral, aunque muchos piensen que eso permite ganar votos. La gran lección de Mélenchon es que colocar el apetito electoral por encima del trabajo político basado en principios y, en especial, en la justicia social, es un error de dimensiones históricas. El terreno de los principios y de la ética es el espacio en el que la izquierda tiene su casa. No se le debe abandonar nunca

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Domingo, 13 de Mayo de 2012 06:36

Nuevos aires

Se llama Alexis Tsipras (foto), le dicen “cool Alexis” y buena parte del futuro de Grecia está en sus manos.

Tranquilo, canchero, 37 años, ingeniero civil, cara redonda, pelo corto y negro, amplia sonrisa, en pareja y esperando su segundo hijo, le gusta vestirse de traje oscuro y camisa blanca abierta dos botones, vive en un departamento de un barrio de inmigrantes, se inició en la juventud comunista. Cuando el partido se alejó de una coalición de izquierdas en 1991, él se quedó en la coalición y saltó a la fama en las elecciones para alcalde de Atenas en el 2006, donde salió tercero. Esta semana dio el batacazo al entrar segundo en las elecciones parlamentarias griegas con el 16 por ciento de los votos (y 51 parlamentarios), cuadruplicando el caudal que su partido había sacado en el 2009.
 

Desde entonces no para de crecer. De no mediar sorpresas habrá nuevas elecciones el mes que viene y, según las encuestas, Tsipras marcha primero en la intención de votos por varios puntos, con el 24 por ciento del total.
 

El fenómeno Tsipras tiene sus razones. Desde mayo del 2010 Grecia viene haciendo recortes salvajes para comprar rescates financieros de la Unión Europea que le permiten pagar sus cuentas. Los recortes traen recesión y un desempleo que ya supera el veinte por ciento de la población, amén de una pérdida del poder adquisitivo de los trabajadores del 50 por ciento desde que empezó la crisis.
 

Ahora la Unión Europea le exige a Grecia que recorte once mil millones de euros en el 2013 y 2014, casi el cinco por ciento del producto bruto de ese país.
 

Tsipras dice basta de ajuste, basta de receta fracasada. “Nuestra línea roja es que el mandato popular no puede ser ignorado. El pueblo griego ha dado un claro mandato de cancelar estas duras medidas de austeridad que en los últimos dos años y medio nos han llevado a la catástrofe. Si esta condición básica que estamos exigiendo en esta negociación no se acepta, está claro que por lo menos no podemos ser parte de un gobierno”, explica en un cable de Associated Press.
 

Como era de esperarse, el auge de Tsipras puso nerviosos a los popes de la Unión Europea. “Queremos ayudar a Grecia y vamos a ayudar a Grecia. Pero Grecia tiene que querer que lo ayuden. Si se desvían del camino de reformas acordado, entonces el pago de nuevos segmentos de ayuda no será posible”, dijo esta semana el ministro de Exteriores alemán, Guido Westerwelle, en una audiencia del Parlamento sajón.
 

Tsipras entiende el chantaje pero hace su juego. Grecia no puede funcionar sin el rescate. Las cuentas no cierran. Eso nadie lo discute. Pero la Unión Europea también necesita a Grecia, también es vulnerable y hay mucho más en juego que la suerte de un solo país, retruca el ingeniero.
 

“Abandonar el euro sería un acontecimiento excepcionalmente negativo, no sólo para Grecia sino para toda Europa. Estamos diciendo que la receta debe cambiar. Hasta hace poco, nos decían que la receta estaba bien pero el cocinero era malo. El cocinero no era malo. En todos los lados donde la receta se aplicó, el resultado fue un fracaso. El método de austeridad está causando problemas en España, Italia, Portugal e Irlanda”, dijo Tsipras.
 

No hace falta ser muy revolucionario para entender el juego que plantea Tsipras. El blog Capitalismo Dogmático (www.dragcap.com) lo plantea así: “Así que están todos con una moneda única. Así que no hay flotación de tasas de intercambio para equilibrar el comercio. Tampoco hay soberanía de moneda así que cada uno de los países es susceptible a una crisis de solvencia. Entonces lo que pasó es que los países con déficit comercial tuvieron que salir a pedirles prestado a los países con superávit comercial para seguir financiando su gasto. ¿Y quién daba la mayoría de los préstamos? Por supuesto, el sector bancario alemán. Así que los dos están unidos. Si por ejemplo Italia entrase en default, mataría a los bancos alemanes. Además, como Alemania es el país de mayor superávit comercial primario en la región disfruta de los beneficios del sistema de moneda única. Si Italia volviera a la lira en este clima, el euro se apreciaría contra la lira y Alemania sería menos competitiva con Italia. Así que Alemania tiene mucho para perder. Yo diría que en esta partida la periferia tiene la mejor mano”.
 

Tsipras sabe bien dónde está parado. Un socialista acaba de ganar en Francia. Gran Bretaña entró en recesión. España cuelga de una cornisa, Italia presa del mal humor, Irlanda y Portugal esperando el próximo cachetazo de los mercados. “Muy pronto (la canciller de Alemania, Angela) Merkel tendrá que enfrentar la realidad. Estará en la difícil posición de tener que enfrentar la desintegración de la Zona Euro si ella insiste con estas políticas de austeridad.”
 

Tsipras dice que no desea que la Unión Europea vuele en pedazos por culpa de las decisiones que pueda tomar Grecia. “Voy a ir tan lejos como pueda para mantener a Grecia en la Eurozona”, declara. Pero enseguida agrega: “El acuerdo para el rescate griego es nulo y vacío y debe ser abandonado”.
 

Ahora hay que esperar. Primero esperar a ver si Tsipras gana las elecciones y consigue formar gobierno. Después, si Tsipras mantiene su palabra de no negociar el mandato popular, habrá que ver si la Unión Europea afloja con el ajuste y cambia la receta, o si negocia seguir con las medidas de austeridad a cambio de una zanahoria que pueden ser los Eurobonos, o si Grecia abandona definitivamente el euro. Igual podrá seguir siendo parte de la Unión Europea pero manejando su propia moneda como Gran Bretaña y los países escandinavos. Si Grecia se sale de la convertibilidad y repunta como la Argentina cuando se salió de la suya, entonces España e Italia querrán hacer lo mismo. Entonces los bancos alemanes y franceses no podrán soportarlo. El euro dejará de existir, aunque no por ello caerá la Unión Europea, organismo supranacional que se sustenta en acuerdos aduaneros, migratorios, comerciales, legales, diplomáticos, agrícolas, ictícolas, militares, sanitarios, medioambientales, académicos y culturales que en su conjunto exceden por mucho la cuestión de la moneda única.
 

La buena noticia es que el futuro de Grecia ya no depende solamente de lo que disponga la burocracia del Banco Central Europeo. En un continente diezmado y tambaleante, surge otro discurso. Y cambian los protagonistas. Ahora apareció Tsipras, el ingeniero civil griego de 37 años que promete defender del ajuste al salario y la dignidad de su pueblo.
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Lunes, 07 de Mayo de 2012 17:49

Hollande y el futuro de la Social Democracia

En la segunda vuelta de las elecciones presidenciales francesas se jugaba bastante más que las carreras políticas del socialista Francois Hollande y el derechista Nicolás Sarkozy.
 
Los resultados de estos comicios van a incidir en el camino que se siga para salir de la crisis económico-financiera en que está sumida Europa, lo que a su vez influirá en el camino que el viejo continente debe diseñar para superar esta situación.
 
No cabe esperar un cambio profundo todavía, aunque ya se han formulado fuertes críticas a lo actuado por la canciller alemana Angela Merkel, con el respaldo de su colega francés Sarkozy, ambos representantes de la derecha europea.
 
Hollande desempeñó varios cargos en los primeros años de gobierno del presidente Francois Mitterrand y en noviembre de 1997 fue elegido Primer Secretario del Partido Socialista francés.A partir de ahí llega en 1999 a una vicepresidencia de la Internacional Socialista y fue diputado al parlamento europeo y al francés.
 
En los comicios presidenciales pasados Segolene Royal, entonces su pareja formal, fue la candidata socialista a la primera magistratura, derrotando a Dominique Strauss Khan, pero a su vez ella perdió la elección frente a Nicolás Sarkozy.
 
Sarkozy ocupó distintos cargos en los gobiernos de derecha que antecedieron al suyo, como los ministerios de Economía e Interior.Es un personaje controvertido dentro y fuera de su país.
 
Sumó a Francia en la guerra contra Libia, si bien antes había invitado y recibido con los honores del caso al gobernante libio Moammar Gaddafi, oportunidad en la que se concretó un negocio petrolero.
 
Durante la guerra contra Libia uno de los hijos de Gaddafi reveló que su país le había proporcionado a Sarkozy varios millones de dólares para financiar su campaña electoral y le demandó que los devolviera ya que se los habían dado en señal de amistad.
 
Paralelamente Sarkozy ha establecido una relación muy estrecha con la canciller alemana Angela Merkel y ambos han impulsado políticas económicas que están siendo fuertemente cuestionadas .
 

El entorno europeo

 
Las medidas puestas en práctica para hacer frente a la crisis europea tienen dos protagonistas principales, la canciller alemana y el saliente presidente francés.Y aunque se aprobaron por unanimidad, ahora son objeto de fuertes críticas.
 
Hollande ha expresado que tiene la intención de renegociar el pacto sobre disciplina presupuestaria, para incluir otras disposiciones que reactiven la economía y el empleo y afirmó que “habrá un cambio de orientación de la construcción europea”.
 
También anticipó que si ganaba la segunda ronda electoral “renegociaré el tratado, Merkel lo sabe y si se me da la responsabilidad mi primer desplazamiento será a Alemania para transmitirle el voto de los franceses para una Europa distinta”.
 
Merkel, a su vez, dijo que prepara una “agenda de crecimiento” para Europa y que está dispuesta a darle un rol mayor al Banco Europeo de Inversiones en las medidas destinadas a superar la crisis.
 
Las razones de Merkel son obvias, la situación europea ha llegado a un punto en que se teme una ruptura entre los países europeos del norte y del sur, según lo declaró el presidente del Parlamento Europeo Martín Schultz, alemán y social demócrata.
 
Schultz no confía en los organismos económico-financieros estadunidenses y advierte que si se produce esa ruptura “podría desmoronarse la Unión Europea y la zona euro” y aboga por soluciones comunes.
 
Las pruebas de que las políticas que impulsaron con mayor entusiasmo Merkel y Sarkozy no han tenido éxito, están a la vista y se expresaron con fuerza en la celebración del 1º de Mayo.
 
En Italia ya se había señalado que el país tiene ahora tres veces más chozas y casas rodantes que hace tres años.El año 2001 las familias que vivían en esas condiciones eran 23 mil 336 y ahora son 71 mil 101.
 
Los suicidios también han aumentado en Italia y las mujeres cuyos maridos se han suicidado integran un grupo llamado “las viudas de blanco” y habían resuelto desfilar el día del trabajo.
 
Pero las protestas son en toda Europa porque los sueldos son bajos y el desempleo aumenta en la misma medida en que se aplican las políticas de austeridad, lo que está siendo utilizado por los sectores de la extrema derecha europea para ganar adeptos.
 
Paralelamente, la canciller alemana busca la forma de darle lo que algunos analistas han denominado”un sutil cambio de tono” a sus planteamientos, considerando el cambio de gobierno en Francia, pero que también podría alcanzar a su propio país y a ella misma.
 

De Mitterrand a Hollande

 
El Partido Socialista francés sólo ha ocupado la presidencia de la república una vez, cuando Francois Mitterrand fue elegido para ese cargo el año 1981 y reelegido en 1988, completando sus dos mandatos en 1995.
 
Fue el cuarto presidente de la Quinta República y Francois Hollande, que fue el jefe de la campaña de Mitterrand, será el segundo y se estima que su triunfo podría influir en los acontecimientos políticos de otros países europeos.
 
Hay que recordar que cuando Mitterrand llegó a la presidencia en Francia,el socialismo europeo o social democracia, vivía un momento de auge a nivel mundial.La Internacional Socialista se expandía por todos los continentes y era mirada con desconfianza y combatida por Estados Unidos.
 
Los gobiernos de ese signo se imponían en otros países europeos y también en América Latina y Africa, así como después en países que habían sido parte de la colapsada Unión Soviética.
 
Integrados en la Internacional Socialista, ésta se convirtió en un organismo al que Estados Unidos le declaró la guerra políticamente hablando, si bien hay algunos episodios que han tenido múltiples interpretaciones.
 
Los personajes clave de la expansión de esta organización fueron el Canciller alemán Willy Brandt, el Canciller austríaco Bruno Kreiski y el Primer Ministro sueco Olof Palme.Los conocidos “Diálogos” entre ellos sirvieron de base a la organización internacional, que no está relacionada con aquellas vinculadas a la Unión Soviética.
 
Los partidos que la integran empezaron a ganar elecciones en todos los continentes, en especial en los países que se liberaban de regímenes dictatoriales impuestos por el intervensionismo estadunidense.
 
La muerte de Brandt a raíz de un cáncer, y el asesinato de Palme fueron dos elementos que debilitaron a esta organización, junto a las políticas económicas puestas en práctica por los organismos internacionales.
 
Pero hoy, cuando ese modelo está en crisis, surgen nuevas expectativas. Se especula con una victoria de los socialdemócratas alemanes en las próximas elecciones y el triunfo de Hollande en Francia es señalado como un punto de partida.
 
Por Frida Modak, periodista, fue Secretaria de Prensa del Presidente Salvador Allende.

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Lunes, 07 de Mayo de 2012 07:00

Grecia castigó a los partidos del ajuste

Los grandes perdedores de las elecciones legislativas de Grecia fueron el Partido Socialista Panhelénico (Pasok) y los conservadores de Nueva Democracia (ND), sostenedores por igual de las medidas de ajuste. Con un 40 por ciento de abstención en las urnas, las proyecciones a partir de datos oficiales ubicaron a ND con el 18,9 por ciento de los votos y 108 de las 300 bancas del Parlamento, muy por debajo de las 151 que necesita para alcanzar la mayoría parlamentaria. El Pasok, por su parte, salió tercero con el 13,4 por ciento de los votos y 41 escaños, detrás de la coalición de izquierda radical Syriza, que se alzó con el 16,8 por ciento y 51 bancas, transformándose en el gran ganador de la jornada. El partido de extrema derecha Amanecer Dorado, que se embandera detrás de una plataforma antiinmigrante y propone minar las fronteras de Grecia, obtuvo un 7 por ciento de los votos y 22 diputados, un desempeño importante –y preocupante– para una agrupación que hasta hace meses estaba en las márgenes de la vida política griega. De acuerdo a los sondeos, ND y Pasok lograron juntos entre el 32 y el 34,5 por ciento de los sufragios, muy lejos del 77,4 por ciento que lograron en las elecciones de 2009.


Sin eufemismos, el pueblo heleno le envió un claro mensaje al bipartidismo tradicional de Grecia en las primeras elecciones que se celebran, desde el estallido de la crisis de deuda, en el país más castigado de la Zona Euro. No es casual que las fuerzas opuestas al ajuste exigido por la troika (Fondo Monetario Internacional, Banco Central Europeo y la Comisión Europea) hayan sido las más beneficiadas en las elecciones de ayer. Todo indica que sin una clara mayoría a favor de nadie, ND está obligado a formar un gobierno de coalición. Sin embargo, si fracasaran los esfuerzos de las tres fuerzas más votadas, el país debería celebrar nuevas elecciones, panorama que inquieta por igual a mercados y acreedores.


Tanto el conservador Antonis Samaras, líder de ND, como el del Pasok, Evangelos Venizelos, manifestaron su apoyo a una coalición que reemplace a la actual que encabeza el premier tecnócrata Lucas Papademos, aunque con algunas salvedades. “El hecho de que Nueva Democracia sea el primer partido aumenta su responsabilidad, puesto que ahora es el único pilar de la estabilidad política en Grecia”, dijo Samaras desde Atenas. “Estamos listos para asumir la responsabilidad de formar un nuevo gobierno de salvación nacional con dos metas exclusivas: que Grecia permanezca en la Zona Euro y se modifiquen los términos del acuerdo de préstamo para que haya crecimiento económico y alivio para la sociedad griega”, agregó.


Exultante, el líder de Syriza, Alexis Tsipras, dijo que la derrota de los dos partidos tradicionales, que acompañaron con sus firmas los acuerdos de salvataje, significa que esa rúbrica perdió legitimidad por votación popular. “El pueblo recompensó las propuestas hechas por nosotros para formar un gobierno de izquierda que cancele los acuerdos de crédito y anule el camino de la gente hacia la miseria”, sostuvo. Asimismo, Tsipras destacó que en su país se produjo una revolución pacífica, que surge una nueva Grecia y que su agrupación no colaborará ni con los conservadores ni con los socialistas, adelantando de este modo su intención de no formar parte de un futuro acuerdo con esas fuerzas. Aunque su partido se pronunció a favor de permanecer en la Zona Euro, pretende lograr una cancelación de las actuales deudas.


La coalición griega de izquierda también criticó la línea de recortes defendida por la canciller alemana y el presidente saliente francés, Nicolas Sarkozy. “La señora Merkel debe entender que el programa de ahorro ha sufrido una estremecedora derrota”, señaló Tsipras, entrevistado por la televisión local. Merkel es el blanco de múltiples críticas en Grecia por haber defendido las políticas de ajustes y recortes como salida a la crisis que atraviesa la economía helena. El magro resultado obtenido por los socialistas representa un duro golpe para el Pasok, fundado por el padre del ex ministro Giorgos Papandreu, que ganó las últimas elecciones de 2009 con el 43 por ciento de los votos. “Para nosotros es un día particularmente doloroso”, reconoció Venizelos. “Sabíamos que pagaríamos el precio de haber asumido una posición emocional y políticamente insoportable para tomar las medidas que eran necesarias”, agregó. Antes de las elecciones, Samaras había desestimado toda posibilidad de formar una alianza con los socialistas. En un intercambio de gentilezas, Venizelos descartó una alianza con ND y pidió una gran coalición de partidos proeuropeos. “Un gobierno de coalición del viejo sistema de dos partidos no tendría suficiente legitimidad ni suficiente credibilidad doméstica o internacional si reuniera una mayoría muy exigua”, señaló.


El líder del partido neonazi Amanecer Dorado, Nikos Michaloliakos, dijo que su partido, que entra al Parlamento por primera vez y será el sexto con más bancas, luchará contra los usureros mundiales y contra la esclavitud impuesta por los acuerdos crediticios del FMI y la UE, a los que calificó de dictatoriales.

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  • Antetítulo El conservador Nueva Democracia Social y el socialista Pasok tuvieron una sangría de votos
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Jueves, 03 de Mayo de 2012 06:30

Batalla campal en El Cairo

La campaña para las elecciones presidenciales de Egipto se tiñó de sangre y fue sacudida por un violento ataque. Al menos veinte personas murieron ayer en El Cairo, cuando grupos de matones cargaron contra manifestantes islamistas que protestaban en las puertas del Ministerio de Defensa por la proscripción del candidato presidencial del salafismo. A pesar del despliegue de policías y miembros del ejército, que había impuesto una relativa calma en la capital egipcia, las señales de la batalla campal en el barrio de Abasiya eran evidentes en el mediodía cairota. Varios manifestantes denunciaron que los baltaguiya (agitadores) atacaron con armas de fuego, piedras y bombas molotov el acampe que mantenían salafistas y revolucionarios frente a la sede ministerial, lo que desencadenó una serie de enfrentamientos que culminó recién con la llegada de las fuerzas de seguridad.
 

Entre adoquines y cristales, centenares de jóvenes resistieron con palos y barrotes para defenderse de un posible nuevo ataque, mientras algunos salafistas rezaban junto al diputado islamista Mamduh Ismail. La acampada había comenzado el viernes en protesta contra la decisión de la Comisión Electoral de rechazar la candidatura a la presidencia del jeque salafista Abu Ismail. La mayoría de los manifestantes también rechaza a la Junta Militar, máxima autoridad política de Egipto actualmente. Desde un improvisado hospital de campaña levantado con algunas mantas y lonas, el médico y vocero Tarek Said consignó que el número de muertos en los ataques rondaba la veintena, dato confirmado también por fuerzas de seguridad. El portavoz señaló que su equipo sanitario había recibido al menos once cuerpos, que presentaron heridas de bala en la cabeza, y atendió a 150 heridos, quince de los cuales perdieron un ojo al recibir disparos de perdigones. Dos cadáveres degollados llegaron a un hospital cercano al lugar donde se produjeron los choques.
 

Sameh al Masry, un manifestante de 26 años, denunció que hubo militares infiltrados entre los agitadores. Y que se dieron cuenta de la maniobra cuando les arrebataron documentos que los identificaban como miembros del ejército egipcio. “Son soldados por la forma en la que mataron, que ha sido muy precisa”, aseguró Al Masry con su camiseta manchada por la sangre de sus compañeros, antes de destacar que la protesta reivindica la entrega del poder de la Junta Militar a una autoridad civil. No muy lejos del hospital de campaña, los manifestantes emplazaron un espacio para detener a seis baltaguiya en una cabina improvisada. Todos fueron encontrados arrojando bombas molotov y disparando hacia donde estaban los manifestantes.
 

Entre las decenas de tiendas levantadas se encontraba el manifestante Mohamed al Fuli. Con la cabeza vendada por las heridas, el joven mostró abiertamente su desconfianza en la gestión de la Junta Militar de las elecciones presidenciales, cuya primera vuelta se celebrará el 23 y 24 de mayo. Los hechos violentos de ayer repercutieron inmediatamente en el escenario político, cuando cuatro candidatos presidenciales anunciaron su decisión de suspender la campaña electoral: los islamistas Abdelmoneim Abul Futuh y Mohamed Mursi; el ex secretario general de la Liga Arabe, Amro Musa; y el independiente Jaled Ali. Abul Futuh y Ali fueron hasta el lugar de la protesta, donde fueron recibidos por los manifestantes. Ali aseguró ante los periodistas que “la revolución debe continuar y se necesita una solución revolucionaria a estos incidentes”.
 

Por su parte, Musa anunció en un mensaje volcado en la red social Twitter que anulaba su campaña por tres días “en señal de duelo por los mártires”; Mursi, por su parte, la detuvo por dos días. El ex secretario general de la Liga Arabe afirmó que estos disturbios son la prueba de que “se necesita poner fin a la etapa transitoria sin demora ni retraso”, y pidió que tanto las elecciones como el traspaso del poder a una autoridad civil se celebren en las fechas previstas.
 

Las demandas también fueron azuzadas por los Hermanos Musulmanes. En un comunicado, insistieron en la necesidad de que el gobierno renuncie para que “uno nuevo e imparcial supervise las elecciones”. Los dirigentes militares intentaron contener estas exigencias anunciando que analizaban abandonar el poder el 24 de mayo, en lugar del 30 de junio, como habían prometido, en caso de que algún candidato alcanzara la mayoría absoluta en la primera vuelta de los comicios generales. Además de las presiones contra la Junta Militar, se hizo un llamamiento a una masiva manifestación, donde distintas fuerzas políticas y movimientos revolucionarios convocaron para el viernes a manifestarse en la emblemática plaza Tahrir con una marcha organizada bajo el lema “Proteger la revolución y terminar con el derramamiento de sangre”.
 

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  • Antetítulo Veinte muertos en un ataque contra manifestantes salafistas
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Domingo, 22 de Abril de 2012 09:52

Salir cojeando de Afganistán

Los dos candidatos a la presidencia de Estados Unidos parecen tratar de gritar más fuerte que el otro en lo que concierne a Irán, Siria, e Israel/Palestina. Cada uno de ellos alega que hace más por respaldar los mismos objetivos. ¿No resulta entonces extraño que al momento no haya tal contienda verbal en lo que concierne a Afganistán?

No hace mucho fuimos testigos del mismo juego demócrata-republicano en torno a Afganistán. ¿Cuál era el partido más macho? Recuerden el concepto de que una oleada de tropas podría ganar la guerra, un concepto que el presidente Obama abrazó en su discurso ante la academia militar estadunidense en diciembre de 2009. Ahora, repentinamente, desde marzo de 2012, parece haberse convertido en un tema que nadie quiere impulsar en voz demasiado alta.

Hay explicaciones simples. En la guerra más larga que Estados Unidos ha emprendido, la guerra en Afganistán, tiene muy poco de valioso que mostrar. El enemigo designado, los talibanes, constituyen una fuerza con mucha capacidad de recuperación, particularmente en áreas pashtunes, por supuesto, que juntas constituyen la zona étnica más grande del país.

Estados Unidos, casi con una mano, impuso a Hamid Karzai, un pashtún, pero no un talibán, como presidente de Afganistán. Karzai no era, no es, apreciado por líderes de las otras zonas étnicas en el norte y el occidente del país, que han intentado derrocarlo por años. Estos otros grupos encuentran respaldo en algunos poderes externos: Rusia, Irán e India, todos ellos decididos, al igual que EU, a impedir el retorno del poder de los talibanes. Pero Estados Unidos no va a trabajar con Irán, duda de si lo hará con Rusia y no parece coordinarse con India.

En febrero de 2012, algunos Coranes fueron quemados por soldados estadunidenses, lo que condujo a violentas protestas públicas en Afganistán. Luego 16 niños mujeres y hombres fueron masacrados por un soldado estadunidense. Estados Unidos se disculpó por ambos acontecimientos, pero eso a penas calmó la tormenta. El 18 de marzo, el presidente Karzai denunció a los estadunidenses en Afganistán como demonios involucrados en actos satánicos. Dijo que Afganistán estaba acosado por dos demonios –los talibanes y los estadunidenses.

El New York Times citó a un diplomático europeo anónimo: Nunca en la historia ha gastado tanto dinero una superpotencia, ni ha enviado tantas tropas a un país con tan poca influencia sobre lo que dice y hace su presidente.

Tratando de salvaguardar su posición un poco, EU comenzó a retirarse. En febrero el secretario de la Defensa, Leon Panetta, dijo Estados Unidos se retiraría de su rol de combatiente no hacia finales de 2014 como se planeó originalmente, sino a mediados de 2013. A principios de abril, fue más allá. Anunció que entregaría el control de las misiones con operaciones especiales (como el uso de drones y ataques nocturnos) a fuerzas afganas. Las tropas de EU ahora jugarían un rol sólo de respaldo.

El primer ministro afgano Zalmai Rassoul no sonaba agradecido al anunciar que, una vez que las tropas estadunidenses y de la OTAN se fueran en 2014, Afganistán no permitiría que su territorio se convirtiera en plataforma de ataques con drones contra Pakistán. Los paquistaníes asestaron un jab a Estados Unidos. El 12 de abril, el parlamento aprobó unánimemente una lista de condiciones para mejorar las relaciones Estados Unidos-Pakistán y reabrir las rutas de abasto de la OTAN a Afganistán. Entre las condiciones incluyeron el cese a los ataques con drones en territorio paquistaní y una disculpa incondicional por matar a 24 soldados paquistaníes en un ataque aéreo de la OTAN en noviembre de 2011. Estados Unidos se resiste a estas condiciones. Pero dado que ahora es clara la divergencia en los objetivos de política de Estados Unidos y Pakistán con respecto a Afganistán, no queda claro que EU pueda ganar.

El 4 de abril, Lawrence Korb, secretario adjunto de Defensa en el gobierno de Reagan, publicó un artículo: Es tiempo de permitirle a Karzai que nos saque a patadas. Korb argumentó que desde 1945 Estados Unidos ha sido mucho mejor para empezar guerras que para terminarlas satisfactoriamente. Apuntó lo que consideraba una pérdida innecesaria de vidas en los últimos dos años de las guerras de Corea y Vietnam.

La excepción, argumentaba, era Irak, donde Estados Unidos se retiró porque el primer ministro iraquí Nouri Al-Maliki no dejó opción. Y vitoreó: En Irak el gobierno estadunidense tuvo suerte. Su conclusión: Justo como Al-Maliki nos forzó a hacer lo correcto, debemos permitirle a Karzai asumir el control del país tan pronto como quiera”. Korb es una analista republicano conservador, que piensa que Estados Unidos obtiene una máxima ventaja por ser forzado a retirarse de Afganistán lo más pronto posible.

Korb no está solo. La encuesta del Washington Post/ABC News del 12 de abril, muestra que sólo 30 por ciento de la población dice que la guerra vale la pena lucharla, y es más notable que, por vez primera, una mayoría de republicanos concuerde en que no vale la pena. Dos cosas están ocurriendo en términos de la opinión pública. Primero, los afganos no parecen saludar los esfuerzos estadunidenses ni sus pérdidas militares. Más bien lo contrario. El machismo está cediendo lugar en EU ante la postura de una retirada después del rechazo. Además, los costos de la guerra son astronómicos en un momento en que Estados Unidos, y particularmente los republicanos conservadores buscan reducir gastos drásticamente.

Mi predicción: Obama seguirá el consejo de Korb.

Traducción: Ramón Vera Herrera

© Immanuel Wallerstein

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Con luz intermitente está la salud del Presidente, tal como lo evidenció su ausencia durante la VI Cumbre de las Américas. El hecho, más allá de la polarización política, saca a relucir que la actual campaña por la Presidencia en Venezuela remolca otra preocupación: un Chávez candidato con viajes y con quietud parcial, o, peor, incapacitado o grave. Sin el papel de una fuerza crítica, y de movimientos sociales con márgenes de autonomía e interpelación, el proceso muestra la debilidad o la ausencia de un proyecto colectivo que, con estos años de gobierno y poder, ya tuviera la estructura integral y de dirección colectiva para asumir todo riesgo y toda dificultad. ¿Cualquier escenario favorece la continuidad del proceso y su victoria electoral? En la situación, el cargo de la Vicepresidencia adquiere un realce y un juego interno nuevo.

La discusión, y para muchos la duda, tenía varios meses. Sin embargo, hoy toma proporción, una vez que, con el presidente de los Estados Unidos a punto de noticia internacional, de decirle algo o mucho en la cara, con 1.200 periodistas atentos a titulares y portadas, por recomendación médica –trámite por primera vez, desde el 8 de junio de 2011, cuando fue pública su enfermedad– el presidente Chávez no hizo presencia en Cartagena. Aún tiene referencias de que en el encuentro anterior con Barack Obama, en un gesto con éxito y efecto mediáticos, el presidente Chávez le entregó en mano el libro Las venas abiertas de América Latina.

Ante los hechos y el nuevo espacio en fricción interna con los disminuidos partidos Acción Democrática, AD y Copei, que la derecha y su ‘candidato único’ tienen en marcha –con eje en la Caracas rica, los negocios, los cruces de corrupción, la tradición importadora y la pujanza bancaria privada, siempre obediente a la política global de los Estados Unidos y el maltrato con nuestro continente–, el Presidente tiene una mayor exigencia de ajuste y definición de su campaña, hoy, con puerta sólo abierta para la adherencia del PSUV, al líder y su forma de “gran Polo Patriótico”, inmersa en vanguardismo, manejos, exclusión y formas de culto al caudillismo, dada una “cúspide de vértice único”. Se trata de una particularidad, sin desconocer el fondo humano en el reciente impulso de la Misión Vivienda, Misión Anciano Mayor y Misión Hijos de la Patria.

Ante la disputa por el gobierno que tendrá elección el 7 de octubre próximo, está en el orden para el Presidente un ajuste por supuesto y sin equivocar la prelación: de la mejor y mayor eficiencia en el aspecto general de su gobierno y la rama ejecutiva, y de rectificación en procedimientos, concepción y formas del discurso, y la decencia. Discurso y forma que transfieren alejamientos –no “radicalización del proceso”–, precauciones o distancias de jóvenes, sectores de la población, de comunidades urbanas con reivindicaciones inmediatas, sin espera; y de partidos del campo de la Revolución (Partido Comunista de Venezuela y sectores del partido Patria Para Todos, y de activistas y sectores sociales, de la academia y la investigación, con trayectoria y lucha).

Un ajuste del instrumento de poder característico del proceso bolivariano con sus dos planos, por caracterizar más adelante. Aunque ‘institucional’ en sus funciones, de nombramiento propio del Presidente, dentro de este acople adquiere condición de punta el ‘cercano’ –con ‘pistas’ desde noviembre– nombramiento del Vicepresidente de la República. Es conocido por todos que el vicepresidente Elías Jaua y el ministro de Relaciones Exteriores Nicolás Maduro fueron designados a mediados del año anterior como candidatos en las elecciones citadas para diciembre de este año a la gobernación de Miranda y Carabobo, respectivamente. De inmediato, o más temprano que tarde, ambos dejarán sus actuales cargos.

En ese marco tuvo papel la conversación del martes de Pascua, cuando el Presidente regresó de una de las jornadas de tratamiento en La Habana, y de inmediato, entre 11:00 p.m. y 1:35 a.m., hizo una cadena nacional en compañía de una pequeña sala de invitados. Su trasfondo pudo indicar la forma como el Presidente deshoja la margarita para nombrar al Vicepresidente.

En la ocasión asistieron José Vicente Rangel, ex Canciller y ex Vicepresidente, quien en su haber como periodista haría preguntas, y en tres oportunidades el Presidente ha mencionado como posible Vicepresidente; el vicepresidente Elías Jaua; Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Nacional (segundo en la lista constitucional de sucesión presidencial), hace poco con ascenso a primer vicepresidente del PSUV, ex vicepresidente de la República en los previos y la coyuntura con riesgo de abril de 2003; el Ministro de Defensa, el canciller Nicolás Maduro; el ex general Jorge Luis García Carneiro, gobernador del estado Miranda (con comentarios de posible vicepresidente); Adán Chávez, hermano del Presidente y gobernador del estado Barinas (en condición familiar que inhabilita la sucesión). La ministra para el Servicio Penitenciario Iris Varela, con el rostro femenino necesario en la reunión, y el asesor y ex general retirado, con reintegro a las filas, Jacinto Pérez Arcay.

La conversación sobre los hechos del 11-13 de abril de 2003, como primer acto del regreso tras el paréntesis de semana santa, pudo constituir un ‘traer a la mesa’ y anuncio de José Vicente y el ex general García Carneiro como presentes en el corazón del Presidente para su decisión definitiva.

Un intríngulis en los dos planos –sin discusión pública hasta hoy–, de juego en el poder y consolidación y defensa del “socialismo del siglo XXI”: uno, en el manejo de los poderes públicos y la jerarquía institucional, y, dos, “la jerarquía de poder y del movimiento 4F/27N”, con militares en retiro y las simpatías de activos, más ahora con el avance político de la FAN, como instancia de dirección del proceso y de motor de las acciones, con sujeción del PSUV.

Es significativo el papel por cumplir de un Vicepresidente ante el escenario de una gravedad, ojalá nunca en la salud del Presidente, como quedó dicho, en los días complejos del abril del golpe, cuando hubo la movilización inicial, pronta, de militantes, activistas, sectores políticos, sociales y de la FAN, que de inmediato actuaron con planes de retaguardia y clandestinidad –sin abandono de las responsabilidades de articular agitación y resistencia–, que al calor de su experiencia y las evidencias tenían en mente. Dicha la situación provisoria del Vicepresidente en funciones, en tránsito a la candidatura por Miranda, el segundo en lista según la Constitución, presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, está en los transluces de la situación.

 

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  • Antetítulo José Vicente Rangel o el General (r) García Carneiro, a la Vicepresidencia
  • Autor Omar Roberto Rodríguez
  • Edición 179
  • Sección Internacional
  • Fecha abril 20-mayo 20
  • Bajante
Publicado en Edición 179
Martes, 10 de Abril de 2012 11:31

Audacia o declinación

Difícilmente un eventual cambio de presidente en Francia pueda abrir el camino de una política distinta. Para ello sería preciso romper con todos los tratados europeos, elaborados para servir a los intereses de la banca y opuestos a los derechos conquistados por los trabajadores tras un siglo de luchas.

¿Podrán las elecciones francesas conducir a un cambio de presidente sin que ello signifique terminar con los principales objetivos del período abierto en 2007? La alternancia política constituiría un alivio para los franceses porque, más allá de los reveses más ostensibles del presidente saliente –su omnipresencia, su exhibicionismo, su capacidad para decir una cosa y después la contraria, la fascinación que le inspiran los ricos, casi igual a su disposición para transformar en chivos emisarios de todos sus arranques a los desocupados, los inmigrantes, los musulmanes o los funcionarios–, los cinco años transcurridos marcaron el retroceso de la democracia política y de la soberanía popular.

Después del referéndum de mayo de 2005, los candidatos al Palacio del Elíseo de los dos principales partidos representados en el Parlamento ignoraron la oposición de una gran cantidad de franceses a una creación europea cuyos errores conceptuales se revelan en la actualidad. El escrutinio del referéndum se había realizado, sin embargo, a través de un voto inapelable, al cabo de un debate nacional de un nivel superior a la actual campaña electoral. Y la presidencia de Nicolas Sarkozy, que debía marcar la recuperación de prestigio de la voluntad política, termina en una serie de declaraciones desconcertantes. Mientras que el conjunto de los candidatos de izquierda reprochan a los bancos, François Baroin, el ministro de Economía francés, pretende que “enojarse con las finanzas es tan idiota como decir ‘estoy en contra de la lluvia’, ‘estoy en contra del frío’ o ‘estoy en contra de la niebla’”. Por su lado, el primer ministro François Fillon recomienda al candidato socialista François Hollande “someter su programa electoral a Standard & Poor’s” (1).

La subordinación de los círculos dirigentes franceses a la “democracia conforme al mercado” –credo sostenido por una derecha alemana cada vez más arrogante–, erosiona también la soberanía popular. El levantamiento de esta hipoteca es cuestión primordial en las elecciones actuales. Y obliga a plantear sin vueltas los términos del debate europeo. Nadie ignora que los programas de austeridad puestos en marcha con encarnizamiento desde hace dos años no han aportado –ni aportarán– ninguna mejoría a los problemas del endeudamiento que ellos pretenden resolver. Por consiguiente, una estrategia de izquierda que no cuestione este garrote financiero está condenada de antemano. Ahora bien, el entorno político europeo impide imaginar que esto pueda ser conseguido sin dar pelea.

Hoy por hoy, el estancamiento general está contenido por un flujo de dinero que el instituto emisor libra a bajo precio a los bancos privados, que se encargan de volver a prestarlo más caro a los Estados. Pero este respiro no depende más que de la buena voluntad del Banco Central Europeo (BCE), sostenida en una “independencia” que los tratados consagraron imprudentemente. A más largo plazo, la mayoría de los países miembros de la Unión se comprometieron dócilmente, conforme a las exigencias alemanas refrendadas por París, a endurecer sus políticas de rigor y someter a los eventuales contraventores a un mecanismo de sanción draconiana, el Tratado sobre la Estabilidad, la Coordinación y la Gobernanza (TSCG), en curso de ratificación.

Una prioridad absoluta


El castigo infligido a Grecia amenaza ahora a España, conminada a reducir en un tercio su déficit presupuestario aun cuando su tasa de desocupación alcanza ya el 22,8%. No lejos está Portugal, que debe disminuir su gasto público, aunque la tasa de interés de sus préstamos estalle (el 14% en marzo) y el país se hunda en la recesión (-3% de crecimiento en 2011). Imponer una vuelta de tuerca presupuestaria a los Estados amenazados por la desocupación en masa no es una situación inédita; fue la gran receta económica y social de los años 1930 en Francia... Los socialistas decían entonces: “La deflación agrava la crisis, disminuye la producción y disminuye el pago de impuestos” (2).

Sin embargo, la estupidez de las políticas actuales sólo es sorprendente para quien piense todavía que éstas tienen vocación de servir al interés general y no a la oligarquía rentista enganchada a la maquinaria del Estado. Ésta es precisamente la verdadera cara de la economía (3). Llamar a este enemigo por su nombre permitiría movilizarse mejor contra él.

En caso de alternancia política en Francia, el cuestionamiento del TSCG (o de otras políticas de austeridad del mismo tenor) debe constituir la prioridad absoluta del nuevo presidente, sea cual fuere. El éxito o el fracaso de la empresa determinará el resto: educación, servicios públicos, justicia fiscal, empleo. A Hollande le gustaría disociar el mecanismo de solidaridad europeo, que él defiende, de la terapia de shock liberal, al cual se opone. El candidato socialista se comprometió a “renegociar” el TSCG, con la esperanza de sumarle “un costado de crecimiento y de empleo” a los proyectos industriales a escala continental.

“Ninguna política de izquierda es posible en el marco de estos tratados”, estima, en cambio, Jean-Luc Mélenchon. Lógicamente, el candidato del Frente de Izquierda se opone tanto al TSCG como al Mecanismo Europeo de Estabilidad (MES), que prevé una asistencia financiera a los países en peligro que hayan aceptado con anterioridad las medidas draconianas de equilibrio presupuestario. La candidata ecologista y los candidatos trotskistas también hacen campaña por un “auditor europeo de la deuda pública”, incluso para acusarla de ilegitimidad, con el argumento de que la reducción de impuestos de estos últimos veinte años y los intereses otorgados a los acreedores explican la razón principal del nivel actual de la deuda.

Opuestos a la renegociación de los tratados, la mayoría de los Estados europeos, con Alemania a la cabeza, no se imaginan nada parecido. Y menos prestar sumas importantes a Estados en dificultades financieras que no hayan dado pruebas de una “buena” gestión. Es decir, a los que no hayan aceptado a la vez nuevas privatizaciones y la revisión de áreas importantes de su seguridad social (jubilaciones, subsidios por desempleo, salario mínimo, etc.). Por otra parte, el 24 de febrero último, Mario Draghi, presidente del BCE, en una conferencia con The Wall Street Journal, resumió: “Los europeos ya no son lo suficientemente ricos como para pagar a todos los que no trabajan”. El ex vicepresidente de Goldman Sachs agregó que una “buena” austeridad exigiría reducir a la vez los impuestos (lo que ningún candidato francés propone, ni siquiera Sarkozy) y el gasto público.

La Santa Alianza europea


Es decir que un presidente de izquierda chocaría pronto con la oposición de la mayoría de los gobiernos de la Unión –en su gran mayoría conservadores– y con la del BCE, sin olvidar a la Comisión Europea, presidida por José Manuel Durão Barroso. Es de manera completamente deliberada que tanto el primer ministro británico, como el polaco y el italiano, y la canciller alemana se negaron a recibir al candidato favorito francés de los sondeos, considerado menos complaciente que el actual presidente.

Ya lo indicó Jan Kees de Jager, ministro de Economía holandés: “Realmente, no estamos a favor de una renegociación. Por el contrario, si Hollande quiere llevar a cabo más reformas, nosotros estaremos a su lado, se trate de la liberalización de los servicios o de reformas del mercado de trabajo”. En suma, el apoyo de los Países Bajos está asegurado para cualquier presidente francés de izquierda que ponga en práctica una política más liberal todavía que la de Sarkozy.

Angela Merkel no oculta para nada su inclinación partidaria: se declaró dispuesta a participar de los encuentros de la derecha francesa. Los socialistas alemanes muestran menos entusiasmo hacia sus camaradas vecinos. El presidente del partido, Sigmar Gabriel, se declara solidario; pero otro dirigente, Peer Steinbrück, que también espera suceder a la canciller en dieciocho meses, consideró “ingenuo” el compromiso de Hollande de “renegociar una vez más todos estos acuerdos [europeos]”. Anticipa un viraje del candidato francés: “Si resulta elegido, su política podría diferir concretamente de lo que ha dicho” (4).

No podría descartarse esta hipótesis. Ya en 1997, antes de las elecciones legislativas, los socialistas franceses prometieron que renegociarían el Pacto de Estabilidad Europea firmado en Amsterdam; una “concesión absurda hecha al gobierno alemán”, estimaba Lionel Jospin. Una vez en el poder, la izquierda francesa apenas logró que se agregaran los términos “y de Crecimiento” al título del “Pacto de Estabilidad”.

Pierre Moscovici, actual jefe de campaña de Hollande, en 2003 volvió sobre esta pirueta semántica. Releyéndolo, es difícil no pensar en la situación que podría darse a partir de mayo próximo: “El Tratado de Amsterdam fue negociado –muy mal– antes de asumir nosotros nuestras responsabilidades. Tenía muchos defectos y, para empezar, un contenido social muy insuficiente. (…) El nuevo gobierno habría podido, con toda legitimidad, no aprobarlo (…), o por lo menos solicitar que se retomara su negociación. No fue nuestra decisión final [Moscovici era entonces ministro de Asuntos Europeos]. Pues estábamos confrontados, con Jacques Chirac en el Elíseo, a la amenaza de una triple crisis. Crisis franco-alemana, pues un retroceso de nuestra parte hubiera complicado de entrada nuestra relación con este socio esencial. (…) Crisis con los mercados financieros, cuyos operadores deseaban la adopción de este Tratado. (…) Crisis de cohabitación, por último. (…) Lionel Jospin prefirió, con justa razón, abandonar el terreno, y buscar al mismo tiempo un repliegue flexible y una salida airosa. Es decir, obtener, por el precio de su consentimiento al Tratado de Amsterdam, la primera resolución consagrada al crecimiento y al empleo de un Consejo Europeo” (5).

En la hipótesis de una victoria presidencial, además de parlamentaria de la izquierda, en mayo-junio próximos, dos elementos diferirían del panorama trazado aquí. Por una parte, el Poder Ejecutivo francés ya no estaría compartido como hace quince años; pero, por otra, el equilibrio político de Europa, que en 1997 se inclinaba hacia la centroizquierda, se inclina ahora fuertemente a la derecha. Dicho esto, hasta un gobierno tan conservador como el del primer ministro español Mariano Rajoy llegó a preocuparse de la cura de austeridad a perpetuidad que le reservan los gobernantes alemanes. Así, el 2 de marzo último, dio a conocer su “decisión soberana” de no aceptar la camisa de fuerza presupuestaria europea.

Casi al mismo tiempo, una docena de otros países –entre ellos Italia, el Reino Unido y Polonia–, reclamaron una reorientación de la política económica urdida por el tándem germano-francés. Hollande podría alegrarse. En efecto, espera que su eventual elección altere la relación de fuerzas continentales, sin que deba embarcarse en una confrontación –que rechaza abiertamente– con varios gobiernos europeos, el BCE y la Comisión de Bruselas.

Sólo que la reorientación deseada por los países liberales apenas tiene que ver con la que él mismo recomienda. La palabra “crecimiento” significa para algunos la adopción de políticas acordes con la propuesta thatcheriana (reducción de impuestos, desregulaciones sociales y medioambientales); para otros, un pequeño abanico de inversiones públicas (educación, investigación, infraestructuras). El equívoco no se mantendrá indefinidamente. Muy pronto habrá que encarar la “desobediencia europea” que recomiendan Mélenchon y otras fuerzas de izquierdas. O bien continuar sin esperanzas el curso ya emprendido. Más allá de lo que los distingue –en materia fiscal, por ejemplo–, Sarkozy y Hollande han sostenido los mismos tratados europeos, de Maastricht a Lisboa. Los dos han ratificado objetivos draconianos de reducción del déficit público (el 3% del producto interno bruto en 2013, el 0% en 2016 o en 2017). Ambos rechazan el proteccionismo. Esperan todo del crecimiento. Defienden orientaciones idénticas en política exterior y en defensa, dado que incluso la reintegración de Francia al comando militar de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) no es ya cuestionada por los socialistas franceses.

Llegó la hora, sin embargo, de romper con todos estos postulados. Para ello es condición el cambio de presidente. Pero ni la historia de la izquierda en el poder, ni el desarrollo de la campaña actual autorizan a pensar que esta condición pueda bastar.

1 Respectivamente, RTL, 22 de enero de 2012, y Le Journal du dimanche, París, 15 de enero de 2012.
2 Preámbulo a la propuesta de la ley presupuestaria para el año 1933 del grupo socialista.
3 Véase nuestro dossier “El gobierno de los bancos”, Le Monde diplomatique, edición Colombia, junio de 2010.
4 AFP, 15 de febrero de 2012.
5 Pierre Moscovici, Un an après, Flammarion, París, 2003, pp. 90-91.

* Director de Le Monde diplomatique.
Traducción: Florencia Giménez Zapiola

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Martes, 10 de Abril de 2012 10:44

Las piruetas de Le Pen


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  • Antetítulo A la caza de los sectores populares
  • Autor Eric Dupin
  • Edición 110
  • Fecha Abril de 2012
  • Informe especial
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  • Bajante La candidata del Frente Nacional, Marine Le Pen, adoptó como piedra angular de su campaña la lucha contra la mundialización, al tiempo que mantuvo sus férreas posiciones de derecha en temas como inseguridad o inmigración. Le Pen intenta así ampliar el electorado sin traicionar las raíces del partido de su padre.

La Unión Europea sigue sumida en la crisis financiera y la recesión económica, agravada por las drásticas políticas de austeridad que están siendo aplicadas en las naciones del Mediterráneo, desde Grecia hasta Portugal, con el objetivo principal de bajar los salarios y las pensiones, de licenciar masivamente y cortar los programas sociales, de privatizar lo que resta de los servicios públicos. En este contexto, marcado en varios países por crecientes protestas populares y huelgas contra esas políticas, tendrá lugar el próximo 22 de abril la primera ronda de las elecciones presidenciales en Francia. Y estas elecciones bien pueden revelarse como el primer rechazo político masivo contra las políticas neoliberales de la Unión Europea (UE).
 

La excepción francesa

Por las intensas luchas entre las clases sociales, Francia ha sido la “caja de resonancia” política de las grandes crisis del capitalismo. Friedrich Engels, en el prefacio al “18 Brumario de Luís Bonaparte” de Karl Marx, escribió que si Marx se interesó en Francia eso es porque “es el país en el que las luchas históricas de clase se han llevado siempre a su término decisivo más que en ningún otro sitio, y donde, por tanto, las formas políticas sucesivas dentro de las que se han movido estas luchas de clases y en las que han encontrado su expresión los resultados de las mismas, adquieren los contornos más acusados” (1).
 

Pocas cosas presagiaban, hace un año, que esta primera ronda del 22 de abril podía ser otra cosa que la clásica alternancia entre la derecha –representada mayoritariamente por el saliente Presidente Nicolás Sarkozy, de la Unión para un Movimiento Popular (UMP) -, y el Partido Socialista (PS) dirigido actualmente por François Hollande, o sea una alternancia respetuosa del rígido modelo neoliberal que caracteriza la UE.
 

En marzo del 2011 la única anticipación que hacían los “expertos” en los medios era sobre una eventual “lucha a tres”: entre el partido de extrema derecha Frente Nacional (FN) de Marine Le Pen, la UMP de Sarkozy y el PS que todavía no había electo su candidato. Un sondeo de CSA para los medios BFM TV/RMC/20 Minutes, del 10 de marzo 2011, ponía al FN prácticamente en el mismo nivel (23 por ciento) que la UMP y el PS. La progresión del FN parecía corresponder a lo que sucedía en el resto de la UE, donde impulsados por la crisis del sistema neoliberal los partidos neofascistas irrumpieron con fuerza en el panorama electoral y en varios países conquistaron posiciones en los parlamentos, en las coaliciones de gobierno, y hasta llegaron al gobierno, como en Hungría. En ese y otros sondeos de marzo 2011 el Frente de Izquierda, creado en 2009, recibía alrededor del cinco por ciento de la intención de voto.
 

Pero, no hay que olvidar que en Francia, por la tradición revolucionaria y la saña contrarrevolucionaria que caracteriza su historia, la lucha de clases nunca pudo ser totalmente evacuada de los movimientos políticos y sociales. Como escribía Engels, en Francia las luchas de clases tienden a adquirir “contornos más acusados” que en el resto del continente. Y es en este contexto que hay que ubicar el extraordinario fenómeno político que constituye el surgimiento del Frente de Izquierda (FI) que lleva a Jean-Luc Mélenchon como candidato a la Presidencia en estas elecciones, cuya primera ronda será el 22 de abril. En las últimas semanas el FI pasó a convertirse, según los sondeos, en la tercera fuerza política, con alrededor del 15 por ciento de la intención del voto, y hay indicios que tiene potencialidad para subir aun más.
 

Consideraciones importantes

“La revolución socialista latinoamericana del siglo XXI tendrá su <sello de época>, igual que lo tuvieron, en su momento, las revoluciones rusa, china, coreana, vietnamita y cubana. El sujeto de la revolución no será solo la clase obrera, o estará formado solo por la alianza obrero campesina; ese sujeto será integrado por todos los sectores oprimidos del pueblo. No habrá un solo partido de vanguardia porque la complejidad de ese sujeto social admite alianzas, pero no homogenizaciones () La relación entre las fuerzas políticas plurales que actúen como vanguardia colectiva y las fuerzas sociales también plurales que esa vanguardia se comprometa a representar será de igual a igual, respetuosa y complementaria”, escribe el politólogo cubano Roberto Regalado al concluir las “consideraciones finales” de su último libro, titulado “La izquierda latinoamericana en el gobierno: ¿alternativa o reciclaje?” (2)
 

Si pongo esta cita al referirme al caso de Francia es porque después de haber leído este importante libro, una parte en La Habana y otra en Montreal, llegando a Francia encuentro que la formulación de Regalado sobre el sujeto de la revolución puede servir para entender lo que, al menos para este humilde periodista, representa la ruptura política más importante en el monolítico sistema de alternancia política neoliberal que prima en la UE en estos momentos: la irrupción “como opción de poder” del FI, un frente constituido por el Partido Comunista Francés (PCF), el Partido de Izquierda fundado por Jean-Luc Mélenchon, la Izquierda Unitaria y otras fuerzas políticas y sociales de la izquierda y de los ecologistas que se han incorporado en las últimas semanas de la campaña electoral.
 

Nunca sentí el entusiasmo que ahora siento”

Al hablar sobre la actual campaña electoral en Aix-en-Provence, en el sudeste francés, Marc, un amigo y militante del PCF, me decía esta semana que por primera vez en sus décadas de militancia hay un “entusiasta” trabajo conjunto y un intercambio de ideas con las demás fuerzas de izquierda “de las cuales siempre estuvimos separados sino confrontados”. ¿La razón? Identificación en los objetivos y la urgencia de cambio político plasmados en el libro-programa del FI, titulado “L’Humain d’abord! (¡Primero lo humano!), del que, como señala Ignacio Ramonet en Le Monde Diplomatique (4), ya se han vendido centenares de miles de ejemplares, y que entre otras medidas propone la repartición de la riqueza, la abolición de la inseguridad social, arrebatarle el poder a los bancos y a los mercados financieros, implantar una planificación ecológica y - como primer acto de la llegada a la Presidencia -, la convocatoria de una Asamblea Constituyente para una nueva República. Y, entre muchas medidas más, liberarse del chaleco de fuerza del Tratado de Lisboa y construir otra Europa, e iniciar la desmundialización.
 

Aunque el carisma y las dotes de líder de Mélenchon explican una buena parte del surgimiento masivo del FI, sin duda alguna y como señala el mismo Mélenchon, lo que define este amplio movimiento “frentista” es el tipo de alianza de fuerzas políticas y sociales, no ya como una simple propuesta electoral con fecha de vencimiento, sino como una praxis compartida, como un debate para enriquecer objetivos y aspiraciones comunes que representa a la aplastante mayoría popular y busca, como deja en claro uno de los principales lemas del FI, la toma del poder.
 

Marc me dice que nunca en su vida de militante comunista experimentó el entusiasmo que siente ahora, que “los viejos militantes que estaban fatigados” se calzaron de nuevo las botas y salen a militar y a debatir. Otros confirman que personas que nunca habían militado se presentan para trabajar en la campaña, lo que explica que el FI reúna en cada uno de los mítines semanales a muchos miles, varias veces 10 mil y en ocasiones - como en el acto de la Plaza de la Bastilla en Paris -, a más de 120 mil personas.
 

Ahora, dice Marc, hay el convencimiento de que esta militancia no se limitará a la primera ronda de la campaña electoral sino a las batallas que vienen a corto plazo, como la segunda ronda electoral del 6 de mayo, a las elecciones legislativas de junio, y a los objetivos que a mediano y largo plazo tiene ante sí este nuevo frente de la izquierda.
 

Hace medio siglo que en Europa no se veía en plena campaña electoral un movimiento de masas en el cual la dirigencia, que está a la escucha del pueblo trabajador, proclama la necesidad de una “revolución ciudadana”, que reivindica el rompimiento con el imperante sistema capitalista neoliberal, y que brega por la toma del poder.
 

La vanguardia plural

La creación del FI en 2009, según militantes del PCF, fue bien recibida pero no exenta de recelos, lo mismo que el nombramiento de Mélenchon, que en su juventud fue trotskista, luego miembro del PS - hasta el 2008 -, y ministro en el gobierno socialista de Lionel Jospin (2000-2002).
 

En una entrevista con el semanario del PCF, L’Humanité Dimanche (número del 22 de marzo 2012), Mélenchon afirma que al comienzo de la movilización con vistas de la campaña electoral, en junio del 2011, en la asamblea en una fábrica fue a decir que “esta campaña servirá para hacer visibles los invisibles. Y eso es lo que hemos hecho. Hemos logrado poner en esta campaña las fábricas, la clase obrera, los ricos, la superacumulación. Hemos logrado cristalizar políticamente todo eso”.
 

Toda la campaña del FI reivindica el carácter fundamental de la clase trabajadora y los símbolos de las luchas de la clase obrera. Mélenchon exhortó, desde el comienzo, a que los participantes vinieran a los mítines con sus propuestas y reivindicaciones, y con las banderas rojas, sus uniformes o cascos de trabajo, que asumieran los símbolos de su identidad de clase. Pero el término clase no es para el FI tan estrecho como pareciera, ya que entre el creciente número de simpatizantes y militantes figuran, además de los trabajadores sindicalizados y no sindicalizados, los estudiantes, profesionales, pequeños empresarios y trabajadores independientes. Estos últimos, que están desplazando a los trabajadores empleados a tiempo completo, padecen una situación muy precaria porque dependen de contratos laborales cortos, irregulares y mal pagados, y no están encuadrados en colectivos laborales que aseguren su movilización. Para definir a estos trabajadores precarios Mélenchon inventó la palabra “precariado”, conjunción de precario y proletariado.
 

Asimismo el FI libra una fuerte lucha contra el abstencionismo electoral, que permite mantener el bipartidismo neoliberal en el gobierno, y contra el neofascista FN, que históricamente – como Mélenchon recuerda seguido – es el último reducto de la derecha para mantenerse en el poder.
 

En la misma revista, en un aparte titulado “La renaissance de la France révolutionaire”, Mélenchon declara que el FI “es el renacimiento de la Francia revolucionaria. Yo añadí el adjetivo <ciudadano> a nuestra revolución para que se comprenda bien de que se trata. Nosotros no estamos en una mitología de la revolución que surgirá de un complot. Karl Marx la comparaba más bien a un fenómeno natural que a un evento organizado. Todas las revoluciones comienzan por razones que no son ideológicas, sino por razones concretas, materiales, resultantes de un sistema que se quedó sin cuerda”.
 

Y agrega que el FI se posiciona para enfrentar “el carácter ineluctable de la revolución ciudadana. Y porque es indefendible el sistema actual se quiebra. Puede conocer una agonía interminable, pero es ineluctable que en lo cotidiano irá de peor en peor. Es una característica de todos los fines de sistema que las clases dominantes se muestren incapaces de pensar en otro futuro. Esto es lo sorprendente hoy día. Ejemplo, Grecia, que es la demostración de lo absurdo del remedio (aplicado por el sistema). Lo que están haciendo es provocar una contracción de la economía, agravar el déficit, y en consecuencia aumentar la deuda. Y es aquí que viene la cuestión del voto. Nosotros necesitamos una victoria contra la derecha para fortificar el movimiento popular que vivirá esta victoria contra Sarkozy como la revancha de la cuestión (del aumento de la edad para alcanzar) las pensiones. Y el Frente de Izquierda estará ahí para apoyar. Puesto que el FI es la herramienta de la revolución ciudadana”.
 

Abordando el exitoso papel pedagógico que esta campaña del FI ha jugado, en gran medida por las cualidades de tribuno del mismo Mélenchon, el candidato del FI apunta que “en la campaña del FI no hacemos mítines para hacer elogios al candidato () sino para construir una fuerza consciente, organizada, en el sentido intelectual del término. Y terminaremos la campaña con una inmensa fuerza política”.
 

El Frente de izquierda, continúa Mélenchon, se construyó de manera pragmática, con cada uno aportando algo de sus propias intuiciones. Los comunistas tuvieron razón de querer un Frente en lugar de una estructura política como el Die Linke (la izquierda radical en Alemania), y yo tuve razón de decir que era necesario que fuese permanente. Hoy día el Frente está aquí. ¡Nadie habla de otra cosa que de continuar el Frente de Izquierda! ¿Pero cómo? No partiremos de consideraciones teóricas abstractas. Vamos a partir de lo que existe. ¿Es qué esto impide que el PCF o Partido de Izquierda existan? ¡No, por supuesto! ¿Qué nos queda por hacer para después? ¡Nos queda animar la lucha de clases desde un punto de vista político autónomo, independiente y candidata al poder si no hemos llegado ya!”
 

Mirando al Sur

Lo que esta sucediendo en Sudamérica es relevante para entender la experiencia de Mélenchon, como él mismo lo dice sin ambigüedades al afirmar que si proclama la consigna “¡Que se vayan todos!” es porque “fue con ese lema que comenzaron cada una de las revoluciones que, desde hace 10 años, regeneran, uno tras otros, los países de América del Sur. Yo extraigo de este ejemplo un optimismo de acero. Ellos, mil veces menos ricos que nosotros y teniendo un vecino paranoico como Estados Unidos, han empero volteado con sus simples manos la mesa de los poderosos. Ellos liberaron un irresistible torrente de energía colectiva y han comenzado a reconstruir sus países que el liberalismo había demolido. Entonces, eso es posible” (cita del libro de J-L Mélenchon ”Qu’ils s’en aillent tous! Vite, la révolution citoyenne”, Flammarion, 2010)
 

La rebelión popular que derrumbó la experiencia neoliberal en Argentina fue para Mélenchon, como escribe en su libro y repite seguido en las entrevistas, un hito decisivo porque vio y escuchó las experiencias de los militantes, que no estaban reducidas a debates sobre ideas abstractas sino a una praxis. En una reciente entrevista con Eduardo Febbro (Página/12), Mélenchon dijo lo siguiente: “Es preciso que nuestra izquierda se cure de la manía de las querellas teológicas, de las discusiones aterradoras sin fin. Es preciso tener una práctica racional. En cuanto se presenta una dificultad, se trata de desconstruirla, de desconstruir su contenido y volverlo a construir con los útiles que funcionan. Es imposible separar la práctica del trabajo teórico. Tengo una intuición, una suerte de certeza histórica y política: la clase trabajadora está llena de ideas, de conocimiento, de una mirada de experto. ¡Es una fuente fabulosa! La dialéctica del intercambio nos permite progresar”.
 

Lo que me lleva a terminar citando de nuevo a Roberto Regalado, pero esta vez el comienzo de las Consideraciones finales de su libro: “La izquierda latinoamericana llega al gobierno antes de descifrar la clave para dar el salto, de la reforma social progresista – que en mayor o menor medida realizan en la actualidad los gobiernos que encajan en esta definición -, a la transformación social revolucionaria sin la cual más temprano que tarde quedará atrapada en el mismo circulo vicioso del reciclaje del capitalismo concentrador y excluyente que la socialdemocracia europea. Esta es la esencia del problema pendiente: construir la imprescindible sinergia entre teoría y praxis revolucionaria, es decir, entre la adecuación, actualización y desarrollo de la teoría de la revolución de fundamento marxista y leninista, sin lo cual es categóricamente imposible formular los objetivos, estrategia y tácticas para la transformación social revolucionaria a mediano y largo plazo, y el ejercicio del gobierno por parte de las fuerzas de la izquierda latinoamericana que hoy lo ocupan”.
 

 Da la impresión, si uno suma la disciplina, determinación y experiencia histórica de los partidos que componen el FI a la existencia de un candidato electoral convertido en líder que tiene las cualidades de Mélenchon, que esta campaña electoral y el desenvolvimiento del FI da razones para pensar que hay un brote de esperanza en medio de la demolición neoliberal en Europa.
 

 Seguiremos la semana próxima, luego del gran mitin que el FI tendrá en Marsella, cerca del cierre de esta campaña electoral.
 

 La Vèrdiere, Francia.

 

Por Alberto Rabilotta, periodista argentino - canadiense.

 1.- Karl Marx, El 18 Brumario de Luís Bonaparte, ediciones Ariel, 1971, pagina 9.

 (2) Roberto Regalado, “La izquierda latinoamericana en el gobierno: ¿alternativa o reciclaje?”, Ediciones Ocean Sur: http://www.oceansur.com/distribuidores/

 3.- Para informarse sobre el FI y Jean-Luc Mélenchon están los portales: http://www.placeaupeuple2012.fr/ y http://www.jean-luc-melenchon.fr/arguments/telechargez-le-programme-lhumain-dabord/ los siguientes artículos:

Y

“Tomé mis modelos de América latina” por Eduardo Febbro, http://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/4-190982-2012-04-03.html

“El candidato de la nueva izquierda francesa se declara inspirado por América del Sur”, por Lamia Oualalou: (en portugués) http://operamundi.uol.com.br/conteudo/entrevistas/20842/candidato+da+nova+esquerda+francesa+declara-se+inspirado+pela+america+do+sul.shtml o en francés en http://www.elcorreo.eu.org/L-Amerique-du-sud-est-la-principale-source-d-inspiration-du-Front-de-gauche?lang=fr presidenciales 2012: ¿Y si la izquierda radical ganara? Por Héctor Castro Portillo http://www.rebelion.org/noticia.php?id=147603

“Elecciones

 4.- Ignacio Ramonet; http://www.monde-diplomatique.es/?url=editorial/0000856412872168186811102294251000/editorial/?articulo=e50f8d39-0ffc-41e7-9b6d-e64185587269

 

 

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