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Las organizaciones sociales y populares del Continente, reunidas en la V Cumbre de los Pueblos, la verdadera voz de las américas, realizada entre el 12 y 14 de abril en Cartagena de Indias en forma simultánea a la VI Cumbre de las Américas, señalamos que:

Rechazamos enérgicamente la insistencia del gobierno de Estados Unidos de imponer su agenda y decidir sobre el rumbo de las deliberaciones de estas Cumbres. Son prueba de ello su veto a la participación de Cuba y su estrategia de militarización, que utiliza como pretexto la fracasada guerra contra las drogas, la atención a desastres naturales y el control a la migración, como forma de mantener su hegemonía. Un componente fundamental de esta estrategia es la criminalización de las luchas sociales.

Su política imperialista se expresó en el apoyo al golpe de Estado en Honduras y su respaldo al régimen ilegítimo de Porfirio Lobo, los intentos de desestabilizar a Haití, el mantenimiento del bloqueo económico a Cuba y la continuidad de la base militar de Guantánamo así como, la oposición a la soberanía de Argentina sobre las islas Malvinas.

Ha sido ostensible, después de la Cumbre de Trinidad y Tobago, el incumplimiento por parte del gobierno de Obama de la oferta de construir un nuevo tipo de relación con América Latina. A pesar de su derrota en la propuesta del ALCA, el gobierno estadounidense, para sortear la aguda crisis económica que afronta desde 2007,se empeña en promover los tratados de libre comercio y el conjunto de la agenda neoliberal que son un obstáculo para la integración regional y han sumido en el atraso y la miseria a la mayoría de los países del Continente.

Por su parte, el gobierno canadiense ha promulgado una política de tratados de libre comercio e industria mega minera y de extracción de recursos naturales y energéticos en toda América Latina. Sus empresas están causando daños irreversibles al ambiente y la biodiversidad, violando los derechos de los pueblos a sus territorios. Los conflictos sociales y ambientales se multiplican en la región como resultado de este modelo depredador.

Reconocemos los avances en los esfuerzos de integración regional autónoma, como los planteados en el ALBA, UNASUR y la Comunidad de Estados de Latinoamérica y del Caribe, CELAC.Sin embargo, la construcción y afianzamiento de gobiernos democráticos, progresistas y de izquierda debe avanzar hacia la superación del modelo basado en el extractivismo, la monoproducción agroexportadora y el acaparamiento de las tierras. Esto vulnera derechos esenciales como el consentimiento previo, libre e informado e impide el despliegue de toda la capacidad del movimiento socialcomo fuerzas capaces de profundizar los cambios.

La confluencia de estas corrientes gubernamentales con los movimientos sociales y políticos, puede preservarse en la medida en que los pueblos profundicen la unidad, la movilización social y política y no renuncien a su autonomía y a su derecho de fiscalización. Registramos con satisfacción que las luchas populares se mantienen y se fortalecen en resistencia pacífica al modelo neoliberal.

A esta V Cumbre de los Pueblos, la Verdadera Voz de las Américas, acudieron miles de luchadores y luchadoras, de organizaciones de mujeres, sindicales, estudiantiles, campesinas, indígenas, afros, pequeños productores y sectores de iglesias y ecuménicos del hemisferio. Deliberamos sobre los problemas que consideramos verdaderamente fundamentalespara nuestros pueblos y avanzamos en la construcción de propuestas y por ello, entre otras demandas, exigimos:

  • -La eliminación de las bases militares extranjeras, el fin del colonialismo, la cancelación de ejercicios y entrenamientos militares y policiales conjuntos, el cierre de la Escuela de las Américas y la eliminación del Sistema Interamericano de Defensa y el cese del despliegue de la IV flota sobre nuestros mares.
  • -El fin de la militarización so pretexto de la guerra contra las drogas, y su reemplazo por una política integral, multilateral y con énfasis en las medidas de salud pública.
  • -El fin de la militarización de funciones civiles como la asistencia humanitaria, la atención a desastres y el control migratorio.
  • -El cese de la criminalización de la lucha social, del uso de los territorios indígenas,afros y campesinos como escenarios de guerra: no a los reclutamientos forzados, al uso de las mujeres como botín de guerra y a los desplazamientos forzados.
  • En el caso de Colombia, en donde persiste el conflicto armado interno, la militarización ha puesto al borde de la extinción a estos pueblos.
  • -La supresión de los tratados de libre comercio e inversión que profundizan la pobreza, la exclusión social y la inequidad, que afectan particularmente a las mujeres.
  • -El cese a la promoción indiscriminada de la inversión extranjera, buscando en cambio relaciones de cooperación y beneficio recíproco y profundizando en los procesos de integración autónoma. Los derechos de los inversionistas no pueden estar por encima de los derechos de los pueblos y la naturaleza. Es preciso condenar a las trasnacionales como actores principales del modelo.
  • -Una nueva arquitectura financiera regional, que incorpore: Banco del Sur, Fondo de Reservas Latinoamericano y ponga fin a la empobrecedora política de endeudamiento.
  • -Soluciones reales a la crisis ambiental y climática que apunten a sus causas estructurales a través de un El replanteamiento de la arquitectura financiera cambio en el modelo de desarrollo. Defendemos la vida y los bienes comunes frente a la mercantilización de la naturaleza impulsada por las instituciones financieras multilaterales y los países del norte.
  • -Respeto al derecho de los pueblos a decidir sus políticas agrarias y asegurar su soberanía alimentaria, conservar y consumir sus productos nativos. Todos estos amenazados por los monocultivos, los agrocombustibles, los transgénicos y la gran minería.
  • -Que se priorice la generación de trabajo digno para todos y todas, la garantía a la libertad sindical y la negociación colectiva y el fin de la violencia contra trabajadores rurales y urbanos del continente.
  • -Cambios efectivos en los sistemas educativos que aseguren el pleno acceso a la educación, con participación democrática de los estamentos educativos y en contra de la privatización y mercantilización de la educación. En defensa del derecho a la educación, apoyamos la demanda del movimiento estudiantil del continente por su gratuidad y universalidad.
  • -Restablecer el derecho de Cuba a pertenecer al sistema multilateral. Exigir a EE.UU. el cese del bloqueo a Cuba y el cese de la hostilidad hacia los gobiernos que no siguen sus dictados.
  • -La profundización de los procesos de integración autónomos sin injerencia del gobierno de Estados Unidos y la construcción de amplios procesos de integración desde los pueblos, con respeto, reconocimiento e incorporación de los aportes de la comunidades a una sociedad basada en la cooperación y el Buen Vivir y la construcción de una cultura de paz.
  • -Los pueblos hermanos del continente, apoyamos a Colombia en la búsqueda de una solución negociada y pacífica al conflicto armado.

Lamentamos que la bella ciudad de Cartagena sea al mismo tiempo ejemplo de inequidad y pobreza. Hoy de militarización con ocasión de la Cumbre oficial de presidentes.

Hacemos un llamado a todos los sectores sociales del Continente Americano, para que de manera unitaria emprendamos las luchas que reivindiquen los principios y aspiraciones recogidos en esta declaración, invitándolos a acompañar la movilización masiva, pacífica y civilista para el logro de los fines propuestos.

Finalmente consideramos que la Cumbre oficial de las Américas no puede seguir siendo un escenario excluyente, de subordinación al imperio y simulación de falsas armonías. Esta es nuestra voz, la verdadera voz de los pueblos de las américas, y así lo proclamamos ante el mundo.

Cartagena, 2012 

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La Unión Europea sigue sumida en la crisis financiera y la recesión económica, agravada por las drásticas políticas de austeridad que están siendo aplicadas en las naciones del Mediterráneo, desde Grecia hasta Portugal, con el objetivo principal de bajar los salarios y las pensiones, de licenciar masivamente y cortar los programas sociales, de privatizar lo que resta de los servicios públicos. En este contexto, marcado en varios países por crecientes protestas populares y huelgas contra esas políticas, tendrá lugar el próximo 22 de abril la primera ronda de las elecciones presidenciales en Francia. Y estas elecciones bien pueden revelarse como el primer rechazo político masivo contra las políticas neoliberales de la Unión Europea (UE).
 

La excepción francesa

Por las intensas luchas entre las clases sociales, Francia ha sido la “caja de resonancia” política de las grandes crisis del capitalismo. Friedrich Engels, en el prefacio al “18 Brumario de Luís Bonaparte” de Karl Marx, escribió que si Marx se interesó en Francia eso es porque “es el país en el que las luchas históricas de clase se han llevado siempre a su término decisivo más que en ningún otro sitio, y donde, por tanto, las formas políticas sucesivas dentro de las que se han movido estas luchas de clases y en las que han encontrado su expresión los resultados de las mismas, adquieren los contornos más acusados” (1).
 

Pocas cosas presagiaban, hace un año, que esta primera ronda del 22 de abril podía ser otra cosa que la clásica alternancia entre la derecha –representada mayoritariamente por el saliente Presidente Nicolás Sarkozy, de la Unión para un Movimiento Popular (UMP) -, y el Partido Socialista (PS) dirigido actualmente por François Hollande, o sea una alternancia respetuosa del rígido modelo neoliberal que caracteriza la UE.
 

En marzo del 2011 la única anticipación que hacían los “expertos” en los medios era sobre una eventual “lucha a tres”: entre el partido de extrema derecha Frente Nacional (FN) de Marine Le Pen, la UMP de Sarkozy y el PS que todavía no había electo su candidato. Un sondeo de CSA para los medios BFM TV/RMC/20 Minutes, del 10 de marzo 2011, ponía al FN prácticamente en el mismo nivel (23 por ciento) que la UMP y el PS. La progresión del FN parecía corresponder a lo que sucedía en el resto de la UE, donde impulsados por la crisis del sistema neoliberal los partidos neofascistas irrumpieron con fuerza en el panorama electoral y en varios países conquistaron posiciones en los parlamentos, en las coaliciones de gobierno, y hasta llegaron al gobierno, como en Hungría. En ese y otros sondeos de marzo 2011 el Frente de Izquierda, creado en 2009, recibía alrededor del cinco por ciento de la intención de voto.
 

Pero, no hay que olvidar que en Francia, por la tradición revolucionaria y la saña contrarrevolucionaria que caracteriza su historia, la lucha de clases nunca pudo ser totalmente evacuada de los movimientos políticos y sociales. Como escribía Engels, en Francia las luchas de clases tienden a adquirir “contornos más acusados” que en el resto del continente. Y es en este contexto que hay que ubicar el extraordinario fenómeno político que constituye el surgimiento del Frente de Izquierda (FI) que lleva a Jean-Luc Mélenchon como candidato a la Presidencia en estas elecciones, cuya primera ronda será el 22 de abril. En las últimas semanas el FI pasó a convertirse, según los sondeos, en la tercera fuerza política, con alrededor del 15 por ciento de la intención del voto, y hay indicios que tiene potencialidad para subir aun más.
 

Consideraciones importantes

“La revolución socialista latinoamericana del siglo XXI tendrá su <sello de época>, igual que lo tuvieron, en su momento, las revoluciones rusa, china, coreana, vietnamita y cubana. El sujeto de la revolución no será solo la clase obrera, o estará formado solo por la alianza obrero campesina; ese sujeto será integrado por todos los sectores oprimidos del pueblo. No habrá un solo partido de vanguardia porque la complejidad de ese sujeto social admite alianzas, pero no homogenizaciones () La relación entre las fuerzas políticas plurales que actúen como vanguardia colectiva y las fuerzas sociales también plurales que esa vanguardia se comprometa a representar será de igual a igual, respetuosa y complementaria”, escribe el politólogo cubano Roberto Regalado al concluir las “consideraciones finales” de su último libro, titulado “La izquierda latinoamericana en el gobierno: ¿alternativa o reciclaje?” (2)
 

Si pongo esta cita al referirme al caso de Francia es porque después de haber leído este importante libro, una parte en La Habana y otra en Montreal, llegando a Francia encuentro que la formulación de Regalado sobre el sujeto de la revolución puede servir para entender lo que, al menos para este humilde periodista, representa la ruptura política más importante en el monolítico sistema de alternancia política neoliberal que prima en la UE en estos momentos: la irrupción “como opción de poder” del FI, un frente constituido por el Partido Comunista Francés (PCF), el Partido de Izquierda fundado por Jean-Luc Mélenchon, la Izquierda Unitaria y otras fuerzas políticas y sociales de la izquierda y de los ecologistas que se han incorporado en las últimas semanas de la campaña electoral.
 

Nunca sentí el entusiasmo que ahora siento”

Al hablar sobre la actual campaña electoral en Aix-en-Provence, en el sudeste francés, Marc, un amigo y militante del PCF, me decía esta semana que por primera vez en sus décadas de militancia hay un “entusiasta” trabajo conjunto y un intercambio de ideas con las demás fuerzas de izquierda “de las cuales siempre estuvimos separados sino confrontados”. ¿La razón? Identificación en los objetivos y la urgencia de cambio político plasmados en el libro-programa del FI, titulado “L’Humain d’abord! (¡Primero lo humano!), del que, como señala Ignacio Ramonet en Le Monde Diplomatique (4), ya se han vendido centenares de miles de ejemplares, y que entre otras medidas propone la repartición de la riqueza, la abolición de la inseguridad social, arrebatarle el poder a los bancos y a los mercados financieros, implantar una planificación ecológica y - como primer acto de la llegada a la Presidencia -, la convocatoria de una Asamblea Constituyente para una nueva República. Y, entre muchas medidas más, liberarse del chaleco de fuerza del Tratado de Lisboa y construir otra Europa, e iniciar la desmundialización.
 

Aunque el carisma y las dotes de líder de Mélenchon explican una buena parte del surgimiento masivo del FI, sin duda alguna y como señala el mismo Mélenchon, lo que define este amplio movimiento “frentista” es el tipo de alianza de fuerzas políticas y sociales, no ya como una simple propuesta electoral con fecha de vencimiento, sino como una praxis compartida, como un debate para enriquecer objetivos y aspiraciones comunes que representa a la aplastante mayoría popular y busca, como deja en claro uno de los principales lemas del FI, la toma del poder.
 

Marc me dice que nunca en su vida de militante comunista experimentó el entusiasmo que siente ahora, que “los viejos militantes que estaban fatigados” se calzaron de nuevo las botas y salen a militar y a debatir. Otros confirman que personas que nunca habían militado se presentan para trabajar en la campaña, lo que explica que el FI reúna en cada uno de los mítines semanales a muchos miles, varias veces 10 mil y en ocasiones - como en el acto de la Plaza de la Bastilla en Paris -, a más de 120 mil personas.
 

Ahora, dice Marc, hay el convencimiento de que esta militancia no se limitará a la primera ronda de la campaña electoral sino a las batallas que vienen a corto plazo, como la segunda ronda electoral del 6 de mayo, a las elecciones legislativas de junio, y a los objetivos que a mediano y largo plazo tiene ante sí este nuevo frente de la izquierda.
 

Hace medio siglo que en Europa no se veía en plena campaña electoral un movimiento de masas en el cual la dirigencia, que está a la escucha del pueblo trabajador, proclama la necesidad de una “revolución ciudadana”, que reivindica el rompimiento con el imperante sistema capitalista neoliberal, y que brega por la toma del poder.
 

La vanguardia plural

La creación del FI en 2009, según militantes del PCF, fue bien recibida pero no exenta de recelos, lo mismo que el nombramiento de Mélenchon, que en su juventud fue trotskista, luego miembro del PS - hasta el 2008 -, y ministro en el gobierno socialista de Lionel Jospin (2000-2002).
 

En una entrevista con el semanario del PCF, L’Humanité Dimanche (número del 22 de marzo 2012), Mélenchon afirma que al comienzo de la movilización con vistas de la campaña electoral, en junio del 2011, en la asamblea en una fábrica fue a decir que “esta campaña servirá para hacer visibles los invisibles. Y eso es lo que hemos hecho. Hemos logrado poner en esta campaña las fábricas, la clase obrera, los ricos, la superacumulación. Hemos logrado cristalizar políticamente todo eso”.
 

Toda la campaña del FI reivindica el carácter fundamental de la clase trabajadora y los símbolos de las luchas de la clase obrera. Mélenchon exhortó, desde el comienzo, a que los participantes vinieran a los mítines con sus propuestas y reivindicaciones, y con las banderas rojas, sus uniformes o cascos de trabajo, que asumieran los símbolos de su identidad de clase. Pero el término clase no es para el FI tan estrecho como pareciera, ya que entre el creciente número de simpatizantes y militantes figuran, además de los trabajadores sindicalizados y no sindicalizados, los estudiantes, profesionales, pequeños empresarios y trabajadores independientes. Estos últimos, que están desplazando a los trabajadores empleados a tiempo completo, padecen una situación muy precaria porque dependen de contratos laborales cortos, irregulares y mal pagados, y no están encuadrados en colectivos laborales que aseguren su movilización. Para definir a estos trabajadores precarios Mélenchon inventó la palabra “precariado”, conjunción de precario y proletariado.
 

Asimismo el FI libra una fuerte lucha contra el abstencionismo electoral, que permite mantener el bipartidismo neoliberal en el gobierno, y contra el neofascista FN, que históricamente – como Mélenchon recuerda seguido – es el último reducto de la derecha para mantenerse en el poder.
 

En la misma revista, en un aparte titulado “La renaissance de la France révolutionaire”, Mélenchon declara que el FI “es el renacimiento de la Francia revolucionaria. Yo añadí el adjetivo <ciudadano> a nuestra revolución para que se comprenda bien de que se trata. Nosotros no estamos en una mitología de la revolución que surgirá de un complot. Karl Marx la comparaba más bien a un fenómeno natural que a un evento organizado. Todas las revoluciones comienzan por razones que no son ideológicas, sino por razones concretas, materiales, resultantes de un sistema que se quedó sin cuerda”.
 

Y agrega que el FI se posiciona para enfrentar “el carácter ineluctable de la revolución ciudadana. Y porque es indefendible el sistema actual se quiebra. Puede conocer una agonía interminable, pero es ineluctable que en lo cotidiano irá de peor en peor. Es una característica de todos los fines de sistema que las clases dominantes se muestren incapaces de pensar en otro futuro. Esto es lo sorprendente hoy día. Ejemplo, Grecia, que es la demostración de lo absurdo del remedio (aplicado por el sistema). Lo que están haciendo es provocar una contracción de la economía, agravar el déficit, y en consecuencia aumentar la deuda. Y es aquí que viene la cuestión del voto. Nosotros necesitamos una victoria contra la derecha para fortificar el movimiento popular que vivirá esta victoria contra Sarkozy como la revancha de la cuestión (del aumento de la edad para alcanzar) las pensiones. Y el Frente de Izquierda estará ahí para apoyar. Puesto que el FI es la herramienta de la revolución ciudadana”.
 

Abordando el exitoso papel pedagógico que esta campaña del FI ha jugado, en gran medida por las cualidades de tribuno del mismo Mélenchon, el candidato del FI apunta que “en la campaña del FI no hacemos mítines para hacer elogios al candidato () sino para construir una fuerza consciente, organizada, en el sentido intelectual del término. Y terminaremos la campaña con una inmensa fuerza política”.
 

El Frente de izquierda, continúa Mélenchon, se construyó de manera pragmática, con cada uno aportando algo de sus propias intuiciones. Los comunistas tuvieron razón de querer un Frente en lugar de una estructura política como el Die Linke (la izquierda radical en Alemania), y yo tuve razón de decir que era necesario que fuese permanente. Hoy día el Frente está aquí. ¡Nadie habla de otra cosa que de continuar el Frente de Izquierda! ¿Pero cómo? No partiremos de consideraciones teóricas abstractas. Vamos a partir de lo que existe. ¿Es qué esto impide que el PCF o Partido de Izquierda existan? ¡No, por supuesto! ¿Qué nos queda por hacer para después? ¡Nos queda animar la lucha de clases desde un punto de vista político autónomo, independiente y candidata al poder si no hemos llegado ya!”
 

Mirando al Sur

Lo que esta sucediendo en Sudamérica es relevante para entender la experiencia de Mélenchon, como él mismo lo dice sin ambigüedades al afirmar que si proclama la consigna “¡Que se vayan todos!” es porque “fue con ese lema que comenzaron cada una de las revoluciones que, desde hace 10 años, regeneran, uno tras otros, los países de América del Sur. Yo extraigo de este ejemplo un optimismo de acero. Ellos, mil veces menos ricos que nosotros y teniendo un vecino paranoico como Estados Unidos, han empero volteado con sus simples manos la mesa de los poderosos. Ellos liberaron un irresistible torrente de energía colectiva y han comenzado a reconstruir sus países que el liberalismo había demolido. Entonces, eso es posible” (cita del libro de J-L Mélenchon ”Qu’ils s’en aillent tous! Vite, la révolution citoyenne”, Flammarion, 2010)
 

La rebelión popular que derrumbó la experiencia neoliberal en Argentina fue para Mélenchon, como escribe en su libro y repite seguido en las entrevistas, un hito decisivo porque vio y escuchó las experiencias de los militantes, que no estaban reducidas a debates sobre ideas abstractas sino a una praxis. En una reciente entrevista con Eduardo Febbro (Página/12), Mélenchon dijo lo siguiente: “Es preciso que nuestra izquierda se cure de la manía de las querellas teológicas, de las discusiones aterradoras sin fin. Es preciso tener una práctica racional. En cuanto se presenta una dificultad, se trata de desconstruirla, de desconstruir su contenido y volverlo a construir con los útiles que funcionan. Es imposible separar la práctica del trabajo teórico. Tengo una intuición, una suerte de certeza histórica y política: la clase trabajadora está llena de ideas, de conocimiento, de una mirada de experto. ¡Es una fuente fabulosa! La dialéctica del intercambio nos permite progresar”.
 

Lo que me lleva a terminar citando de nuevo a Roberto Regalado, pero esta vez el comienzo de las Consideraciones finales de su libro: “La izquierda latinoamericana llega al gobierno antes de descifrar la clave para dar el salto, de la reforma social progresista – que en mayor o menor medida realizan en la actualidad los gobiernos que encajan en esta definición -, a la transformación social revolucionaria sin la cual más temprano que tarde quedará atrapada en el mismo circulo vicioso del reciclaje del capitalismo concentrador y excluyente que la socialdemocracia europea. Esta es la esencia del problema pendiente: construir la imprescindible sinergia entre teoría y praxis revolucionaria, es decir, entre la adecuación, actualización y desarrollo de la teoría de la revolución de fundamento marxista y leninista, sin lo cual es categóricamente imposible formular los objetivos, estrategia y tácticas para la transformación social revolucionaria a mediano y largo plazo, y el ejercicio del gobierno por parte de las fuerzas de la izquierda latinoamericana que hoy lo ocupan”.
 

 Da la impresión, si uno suma la disciplina, determinación y experiencia histórica de los partidos que componen el FI a la existencia de un candidato electoral convertido en líder que tiene las cualidades de Mélenchon, que esta campaña electoral y el desenvolvimiento del FI da razones para pensar que hay un brote de esperanza en medio de la demolición neoliberal en Europa.
 

 Seguiremos la semana próxima, luego del gran mitin que el FI tendrá en Marsella, cerca del cierre de esta campaña electoral.
 

 La Vèrdiere, Francia.

 

Por Alberto Rabilotta, periodista argentino - canadiense.

 1.- Karl Marx, El 18 Brumario de Luís Bonaparte, ediciones Ariel, 1971, pagina 9.

 (2) Roberto Regalado, “La izquierda latinoamericana en el gobierno: ¿alternativa o reciclaje?”, Ediciones Ocean Sur: http://www.oceansur.com/distribuidores/

 3.- Para informarse sobre el FI y Jean-Luc Mélenchon están los portales: http://www.placeaupeuple2012.fr/ y http://www.jean-luc-melenchon.fr/arguments/telechargez-le-programme-lhumain-dabord/ los siguientes artículos:

Y

“Tomé mis modelos de América latina” por Eduardo Febbro, http://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/4-190982-2012-04-03.html

“El candidato de la nueva izquierda francesa se declara inspirado por América del Sur”, por Lamia Oualalou: (en portugués) http://operamundi.uol.com.br/conteudo/entrevistas/20842/candidato+da+nova+esquerda+francesa+declara-se+inspirado+pela+america+do+sul.shtml o en francés en http://www.elcorreo.eu.org/L-Amerique-du-sud-est-la-principale-source-d-inspiration-du-Front-de-gauche?lang=fr presidenciales 2012: ¿Y si la izquierda radical ganara? Por Héctor Castro Portillo http://www.rebelion.org/noticia.php?id=147603

“Elecciones

 4.- Ignacio Ramonet; http://www.monde-diplomatique.es/?url=editorial/0000856412872168186811102294251000/editorial/?articulo=e50f8d39-0ffc-41e7-9b6d-e64185587269

 

 

Publicado en Articulos de la semana
Sábado, 07 de Abril de 2012 08:36

“Además de resistir debemos crear algo nuevo”

A Raúl Zibechi le llama la atención la vidriera de una zapatería en la calle de la sede de Ecologistas en Acción en Madrid, donde tiene previsto realizar un taller. Se acerca y nos dice, sonriente, que los zapatos en Europa son demasiado baratos. Como ya ha explicado antes, la austeridad es un factor clave en la construcción de lo que llama el “mundo nuevo”.
 

DIAGONAL: Desde Latinoamérica ¿cómo ha visto procesos como Occupy, las protestas en Grecia o el 15M y qué paralelismos establece?

RAÚL ZIBECHI: El 15M es un movimiento del mismo estilo de los que emergieron tras el ‘caracazo’ en Venezuela de 1989. En primer lugar, no es un movimiento tradicional, al estilo del movimiento obrero que se basa en la representación. En segundo lugar, es un movimiento que ocupa el espacio público, que busca dos cosas: busca convertir ese espacio en forma de interconexión de todas las personas afectadas por el modelo: desocupados, sin papeles, sin techo, etc.; también busca destituir las políticas neoliberales que protegen y defienden al sistema financiero; y por último es un espacio que puede servir para potenciar las iniciativas de construcción de realidades sociales diferentes: los centros sociales, las huertas, los espacios que crea la gente en los cuales resiste, se conoce y crea formas de vida alternativas.
 

D.: En Política y miseria habla de la existencia de dos mundos, el desbocado de las finanzas y luego el otro, que constituye nuestra oportunidad. ¿Es importante confrontarse o debemos centrarnos en la construcción de ese segundo mundo?

R.Z.: La confrontación es prácticamente inevitable aunque uno no la busque. En Grecia, los salarios cayeron un 30% y evidentemente nadie mira pasivo cómo le roban. La confrontación no es ni buena ni mala, es inevitable. Lo que podemos hacer, además de resistir, es construir algo nuevo. El otro escenario sería el que encarna la vieja izquierda: resistir para ganar el gobierno, lo que supone subordinar la lógica de lucha social a la conquista del gobierno. A mí me parece que esa lógica ya demostró su fracaso en los últimos cien años: desde los Estados no se consigue construir realidades nuevas; como mucho, en el mejor de los casos, desde los Estados se consigue mantener a raya al capital, al sistema financiero en este caso. En el peor escenario, los que están en el Gobierno terminan entregados al capital financiero, que es lo que está sucediendo en todas partes. Entonces ese otro camino que estamos intentando ensayar es el mejor camino y es el más eficiente; es un proceso de largo plazo, de décadas, incluso de siglos, hasta que la humanidad acepte que lo mejor es vivir con austeridad. La austeridad es un elemento fundamental: 7.000 millones de personas no pueden vivir a todo trapo, el planeta no lo sostiene, salvo que se programe un genocidio, 7.000 millones o más pueden vivir con cierta austeridad.
 

D.: Imagino que usted establece alguna distinción a la hora de usar el término, que tanto utilizan organismos como el FMI.

R.Z.: Los que no viven austeramente hablan de austeridad a los demás. Lo que necesitamos es que ese 1% que cobra más de un millón de euros al año (70 millones de personas) pierda el control. Si el 50% más pobre puede subir un poco su consumo para estar a niveles aceptables, ese 1% tiene que bajar su consumo...Con 2.000 euros al mes se vive bien, ¿no?
 

D.: Hace poco un columnista de Público hablaba de la renta básica y estimaba que debía situarse en torno a 1.500 euros mensuales. Pero una cifra así, ¿no implica una excesiva monetarización de la vida?

R.Z.: Sí, ése es otro problema. Nosotros tenemos que caminar para desmonetarizar una cantidad de cuidados y servicios, para descolonizar una serie de servicios para recuperar la sociabilidad. Si todo lo que hacemos está monetarizado, los vínculos de solidaridad desaparecen, porque la clave de la solidaridad es que no es monetaria. La clave de la cooperación, de la ayuda mutua, de una cantidad de formas de vivir que teníamos es que no son monetarias.
 

D.: ¿En la izquierda también se perdieron estas formas de socialización?

R.Z.: Creo que la vieja izquierda ha contribuido no directamente, pero por la vía de los hechos, a destruir los vínculos y a crear organizaciones jerárquicas, en la punta de cuya pirámide se concentra el poder y el saber, y en cuya base se concentra el hacer. Ésa es mi crítica: que ha reproducido el modelo estatal y ha creído que a través del progreso material, o sea, la colonización del capital, se podía llegar a un mundo nuevo.
 

D.: En cierta manera en Latinoamérica esa ruptura con las fórmulas clásicas ya se ha producido, ¿cómo ha sucedido?

R.Z: Fue por la necesidad, porque el neoliberalismo terminó con los Estados del bienestar, que eran una alianza entre movimiento obrero, las patronales y el Estado. Al quebrarse este Estado del bienestar, la alianza ya no funciona porque las patronales y el Estado expulsan al movimiento obrero de esa negociación: ya no necesitan o les perjudica la presencia de ese acto. Cuando eso sucede deja de ser suficiente la huelga, la manifestación, el acto, la negociación, no tiene sentido. El Estado hoy no tiene interés, no puede, no quiere o no le da la gana negociar con CCOO y UGT. Creo que cuando el capital decide dinamitar el Estado del bienestar vuelven a aparecer las clases peligrosas, los de abajo. Por eso, terminado el Estado del bienestar, lo que queda es la criminalización de la protesta. Marchamos hacia un Estado policial. Y los movimientos tienen que tomar cuenta de esto para actuar en consecuencia: cómo hacen para neutralizar el aparato represivo, cómo hacen para deslegitimar a los Gobiernos, etc. Estamos en un cambio de fase del modelo, en un período de decadencia que se manifiesta en la financiarización de la economía y pasamos a un Estado crecientemente represivo y autoritario. Eso es Grecia hoy.


 
“EL FEMINISMO HA CONSEGUIDO MOVILIZAR EL DESEO” _

 
DIAGONAL: En el cuestionamiento de la organización de los movimientos clásicos pones como ejemplo la lucha de las mujeres, ¿por qué?

RAÚL ZIBECHI: Hay un movimiento de mujeres en el mundo, pero en ningún país hay una única organización, un comité central, una dirección general... el movimiento actúa con bajo nivel de organicidad, tiene escasa organización y tiene mucha capacidad de interpelación, de diversificación, de cuestionar la cultura existente, y de promover cambios en la sociabilidad cotidiana, en lo micro. No se propone tomar el poder para instaurar el Estado feminista o la sociedad feminista, se propone hacer cambios, y a través de una potente acción que podríamos llamar cultural, en el sentido de ocupar un papel distinto en la vida cotidiana, es como ha ido cambiando el mundo. Es un tipo de movimiento capilar, difuso, inserto en la vida cotidiana, con una gran ventaja con respecto a los movimientos viejos: moviliza el deseo. Estamos llegando a una comprensión de movimiento social diferente: un movimiento social modifica el lugar, mueve nuestro lugar en la sociedad.


Por Pablo Elorduy / Redacción

Viernes 6 de abril de 2012. 

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  • Antetítulo Raúl Zibechi
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Martes, 13 de Marzo de 2012 07:29

El gran truco que usó Goldman Sachs con Grecia

Hay empresas que roban en nombre de la corona imperial para la cual trabajan sin que nunca les pase nada. Goldman Sachs es una de ellas. El banco de negocios norteamericano llenó sus arcas con un botín de 600 millones de euros (800 millones de dólares) cuando ayudó a Grecia a maquillar sus cuentas a fin de que este país llenara los requisitos para ingresar en el euro, la moneda única europea. La información no es nueva pero hasta ahora, se desconocían los detalles más truculentos del mecanismo con el cual Goldman Sachs engañó a todos los gobiernos europeos que participaban en la creación de la moneda única y cómo evitó luego responder ante la ley. El abanderado de la oligarquía financiera operó protegido por sólidas complicidades en el seno de las instituciones bancarias europeas y dentro del poder político, que hizo todo cuanto estuvo a su alcance para impedir las investigaciones.

Dos de los protagonistas de esta megaestafa hablaron por primera vez sobre las transacciones encubiertas mediante las cuales Atenas escondió la enormidad de su deuda. Se trata de Christoforos Sardelis, jefe de la oficina de gestión de la deuda griega entre 1999 y 2004, y de Spyros Papanicolaou, el hombre que lo reemplazó hasta 2010. El resultado de la operación es una gigantesca estafa que hizo del presunto salvador, en este caso Goldman Sachs, el operador del hundimiento de Grecia y de buena parte de Europa. Si se cuentan sólo los bancos franceses, la aventura griega les costó 7000 millones de euros: BNP Paribas perdió 3,2 mil millones, el Crédit Agricole 1,3 mil millones, la Société Générale 892 millones, BPCE 921 millones y el Crédit Mutuel 359 millones. Esto únicamente es lo que le costó al sistema bancario francés: los pueblos pagaron y pagarán en sacrificios y privaciones mucho más que esto.

El montaje financiero fue astuto. El Tratado de Maastricht de la Unión Europea fijaba requisitos rígidos para integrar el euro: ningún miembro de la Zona Euro podía tener una deuda superior al 60 por ciento del PIB y los déficit públicos no podían superar tres por ciento. En junio de 2000, para ocultar el peso gigantesco de la deuda griega que ascendía al 103 por ciento de su PIB y obtener así la calificación de Grecia para entrar en el euro, Goldman Sachs ideó un plan: trasladó la deuda griega de una moneda a otra. La transacción consistió en cambiar la deuda que estaba cotizada en dólares y en yenes por euros, pero en base a una tasa de cambio ficticia. Así se redujo de dos por ciento del endeudamiento griego y, con ello, Grecia respetó los criterios fijados por el Tratado de Maastricht para ingresar al euro. Un detalle vino a complicar el maquillaje: Goldman Sachs estableció un contrato con Grecia mediante el cual disimuló el arreglo bajo la forma de lo que se conoce como un SWAP, un contrato de cambio para los flujos financieros que viene a equivaler a una suerte de crédito. Ese esquema fraudulento llevó a que, a raíz de los llamados “productos derivados” implicados en la operación, en apenas cuatro años la deuda que Grecia contrajo con Goldman Sachs pasara de 2,8 mil millones de euros a 5,1 mil millones.

Dos periodistas de la agencia Bloomberg, Nick Dunbar y Elisa Martinuzzi, llevaron a cabo una paciente investigación al cabo de la cual pusieron al desnudo este oscuro mecanismo. Según explicó a los periodistas el jefe de la oficina de gestión de la deuda griega entre 1999 y 2004, Christoforos Sardelis, en ese momento la arquitectura de la propuesta de Goldman Sachs se le escapó de las manos. Luego, dice Sardelis, los atentados del 11 de septiembre y una mala decisión de los bancos sembraron la semilla del desastre actual. La conclusión de la investigación es contundente: Grecia y Goldman Sachs hipotecaron el porvenir del pueblo griego y pusieron una bomba de tiempo que, 10 años más tarde, explotaría en las manos de la sociedad.

En materia de grandes estafas organizadas por los bancos de inversión la impunidad es la regla. Nadie fue ni será condenado. Christoforos Sardelis afirmó que “el acuerdo con Goldman Sachs es una historia muy sexy entre dos pecadores”. Goldman Sachs sacó jugosos beneficios de esa truculenta organización. Sin embargo, el banco de negocios norteamericano afirma en su defensa que nada hizo de ilegal, que todo lo realizado respetaba al pie de la letra las directivas de Eurostat, el organismo europeo de estadísticas. Eurostat alega que recién tomó conciencia en 2010 de los niveles de endeudamiento griego. La defensa parece pobre porque las primeras denuncias sobre el maquillaje de las cuentas griegas y el papel que en él jugo Goldman Sachs datan de 2003. En un informe de 2004, Eurostat escribió: “falsificación generalizada de los datos sobre el déficit y la deuda por parte de las autoridades griegas”.

Gracias a la complicidad del organismo financiero norteamericano y de varias instancias y personalidades europeas, Grecia pudo disimular durante varios años el “paquete” escondido de su deuda. En 2010, Jean Claude Trichet, entonces presidente del Banco Central Europeo (BCE), se negó a entregar los documentos requeridos para conocer la amplitud de la verdad. Ocurre que en el medio de esta gran mentira hay un personaje que hoy es central: se trata de Mario Draghi, el actual presidente del Banco Central Europeo y gran partidario de terminar de una buena vez por todas con el modelo social europeo. Draghi es un hombre de Goldman Sachs. Entre 2002 y 2005 fue vicepresidente de Goldman Sachs para Europa y, por consiguiente, estaba al corriente de la falsificación de los datos sobre las finanzas públicas de Grecia. Fue su mismo banco quien estructuró la falsificación. El liberalismo premia muy bien a sus soldados. Durante dos años, el Banco Central Europeo y los lobbies políticos usaron cuanto truco fuera posible para proteger a Draghi y no permitir que se llevaran a cabo auditorías en torno de las irregularidades cometidas en Grecia. Las comisiones del Parlamento europeo designadas para investigar esta megaestafa chocaron sistemáticamente contra las redes que protegían el secreto.

El desenlace final de esta complicidad entre las oligarquías financieras es conocido por todos: casi un continente sumido en la crisis de la deuda, un país, Grecia, expoliado y de rodillas, recesión, despidos masivos, pérdida de poder adquisitivo para los trabajadores, reestructuraciones, sacrificios de los beneficios sociales, planes de ajuste y miseria. Mientras tanto, los 600 millones que Goldman Sachs ganó con esta estafa han seguido fructificándose en la apuesta suicida que el capital hace en beneficio propio contra la humanidad.

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  • Antetítulo Salen a luz detalles de cómo el banco de negocios norteamericano maquilló las cuentas de Atenas
  • Autor Eduardo Febbro
  • País Grecia
  • Región Europa
  • Fuente Página12
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Publicado en Internacional
Viernes, 02 de Marzo de 2012 16:53

La izquierda marrón

Está quedando en claro que para los gobiernos progresistas o de la nueva izquierda, las cuestiones ambientales se han convertido en un flanco de serias contradicciones.  El decidido apoyo al extractivismo para alimentar el crecimiento económico, está agravando los impactos ambientales, desencadena serias protestas sociales, y perpetúa la subordinación de ser proveedores de materias primas para la globalización.  Se rompe el diálogo con el movimiento verde, y se cae en una izquierda cada vez menos roja porque se vuelve marrón.
 
Una rápida mirada a los países bajo gobiernos progresistas muestra que en todos ellos hay conflictos ambientales en curso.  Es impactante que esto no sea una excepción, sino que se ha convertido en una regla en toda América del Sur.  Por ejemplo, en estos momentos hay protestas frente al extractivismo minero o petrolero, no solo desde Argentina a Venezuela, sino que incluso en Guyana, Suriname y Paraguay.
 
En Argentina se registran conflictos ciudadanos frente a la minería en por lo menos 12 provincias; en Ecuador, la protesta local ante la minería sigue creciendo; y en Bolivia, poco tiempo atrás finalizó una marcha indígena en defensa de un parque nacional y ya se anuncia una nueva movilización.  En estos mismos países, los gobiernos progresistas alientan el extractivismo, sea amparando a las empresas que lo hacen (estatales, mixtas o privadas), ofreciendo facilidades de inversión o reduciendo las exigencias ambientales.  Los impactos sociales, económicos y ambientales son minimizados.  Los gobiernos en unos casos enfrentan la protesta social, en otros la critican ácidamente, y en un giro más reciente la criminalizan, y han llegado a reprimirlas.
 
La contradicción entre un desarrollo extractivista y el bienestar social acaba de alcanzar un clímax en Perú.  Allí, el gobierno de Ollanta Humala decidió apoyar al gran proyecto minero de Conga, en Cajamarca, a pesar de la generalizada resistencia local y la evidencia de sus impactos.  Esto generó una crisis en el seno del gabinete, la salida de muchos militantes de izquierda del gobierno, y una fractura en su base política de apoyo.  El gobierno se alejó de la izquierda al decidir asegurar las inversiones y el extractivismo.
 
Posiblemente el caso más dramático está ocurriendo en Uruguay, donde en unos pocos meses, el gobierno de José Mujica está decididamente volcado a cambiar la estructura productiva del país, para volverlo en minero.  Se propicia la megaminería de hierro, a pesar de la protesta ciudadana, sus impactos ambientales y sus dudosas ventajas económicas.  Paralelamente, se acaba de aprobar un controvertido puente en una zona ecológica destacada, cediendo a los pedidos de inversiones inmobiliarios, y por si fuera poco, ahora amenaza con desmembrar el Ministerio del Ambiente.  El gobierno Mujica no está rompiendo promesas de compromiso ambiental, ya que la coalición de izquierda es un caso atípico donde en su programa de gobierno carece de una sección en esos temas, sino que deja en claro que está dispuesto a sacrificar la Naturaleza para asegurar las inversiones extranjeras.
 
Estos son sólo algunos ejemplos de las actuales contradicciones de los gobiernos progresistas.  Estas resultan de estrategias de desarrollo de intensa apropiación de recursos naturales, donde se apuesta a los altos precios de las materias primas en los mercados globales.  Su macroeconomía está enfocada en el crecimiento económico, atracción de inversiones y promoción de exportaciones.  Se busca que el Estado capte parte de esa riqueza, para mantenerse a sí mismo, y financiar programas de lucha contra la pobreza.
 
Bajo ese estilo de desarrollo, la izquierda gobernante no sabe muy bien qué hacer con los temas ambientales.  En algunos discursos presidenciales se intercalan referencias ecológicas, aparece en capítulos de ciertos planes de desarrollo, y hasta hay invocaciones a la Pacha Mama.  Pero si somos sinceros, deberá reconocerse que en general las exigencias ambientales son percibidas como trabas a ese crecimiento económico, y que por ellos se las considera un freno para la reproducción del aparato estatal y la asistencia económica a los más necesitados.  El progresismo se siente más cómodo con medidas como las campañas para abandonar el plástico o recambiar los focos de luz, pero se resiste a los controles ambientales sobre inversores o exportadores.
 
Se llega a una gestión ambiental estatal debilitada porque no puede hincarle el diente a los temas más urticantes.  Es que muchos compañeros de la vieja izquierda que ahora están en el gobierno, en el fondo siguen soñando con las clásicas ideas del desarrollismo material, y están convencidos que se deben exprimir al máximo las riquezas ecológicas del continente.  Los más veteranos, y en especial los caudillos, sienten que el ambientalismo es un lujo que sólo se pueden dar los más ricos, y por eso no es aplicable en América Latina hasta tanto no se supere la pobreza.  Tal vez algunos de esos líderes, como Lula o Mujica, llegaron muy tarde a ocupar el gobierno, ya que esa perspectiva es insostenible en pleno siglo XXI.
 
¿Estas contradicciones significan que estos gobiernos se volvieron neoliberales?  Por cierto que no, y es equivocado caer en reduccionismos que llevan a calificarlos de esa manera.  Siguen siendo gobiernos de izquierda, ya que buscan recuperar el papel del Estado, expresan un compromiso popular que esperan atender con políticas públicas y generar cierto tipo de justicia social.  Pero el problema es que han aceptado un tipo de capitalismo de fuertes impactos ecológicos y sociales, donde sólo son posibles algunos avances parciales.  Más allá de las intenciones, la insistencia en reducir la justicia social  a pagar bonos asistencialistas mensuales los ha sumido todavía más en la dependencia de exportar materias primas.  Es el sueño de un capitalismo benévolo.
 
Parecería que el progresismo gobernante sólo puede ser extractivista, y que éste es el medio privilegiado para sostener al propio Estado y enfrentar la crisis financiera internacional.  Se está perdiendo la capacidad para nuevas transformaciones, y la obsesión en retener los gobiernos los hace temerosos y esquivos ante la crítica.  Esta es una izquierda al fin, pero de nuevo tipo, menos roja y mucho más progresista, en el sentido de estar obsesionada con el progreso económico.
 
Este tipo de contradicciones explican el distanciamiento creciente con ambientalistas y otros movimientos sociales, pero también alimentan la generalización de una desilusión con la incapacidad del progresismo gobernante en poder ir más allá de ese capitalismo benévolo.  Muchos recuerdan que en un pasado no muy distante, cuando varios de estos actores estaban en la oposición, reclamaban por la protección de la Naturaleza, monitoreaba el desempeño de los controles ambientales, y apostaban a superar la dependencia en exportar materias primas.  Esas viejas alianzas rojo – verde, entre la izquierda y el ambientalismo, se han perdido en prácticamente todos los países.
 
Llegados a este punto, es oportuno recodar que, desde la mirada ambiental, se distingue entre los temas “verdes”, enfocados en áreas naturales o la protección de la biodiversidad, y la llamada agenda “marrón”, que debe lidiar con los residuos sólidos, los efluentes industriales o las emisiones de gases.  La mirada verde apunta a la Naturaleza, mientras que la marrón debe enfrentar los impactos del desarrollismo convencional.
 
Bajo este contexto, el progresismo gobernante en América del Sur se está alejando de la izquierda roja y al obsesionarse cada vez más con el progreso, se vuelve una “izquierda marrón”.  La “izquierda marrón” es la que defiende el extractivismo o celebra los monocultivos.  Frente a esa deriva, la tarea inmediata no está en la renuncia, sino en proseguir las transformaciones para que la izquierda sea tanto roja como verde.
 
Por Eduardo Gudynas, investigador en CLAES (Centro Latino Americano de Ecología Social).

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  • Antetítulo América Latina
  • Autor Eduardo Gudynas
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La Habana, 20 de febrero. En Cuba no hay aún consenso sobre el modelo de socialismo que se busca, y el debate apenas acaba de comenzar, aseguró hoy el ensayista y académico Julio César Guanche.

"Por sólo mencionar algunos, los casos de China, Venezuela o Corea del Norte recuerdan que no existe una representación única de este concepto", ilustró el investigador, polemista y abogado, ahora asesor del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano.

En un artículo en el sitio de la revista Temas de ciencias sociales (www.temas.cult.cu), Guanche estimó que el modelo político era también parte del debate de la reforma económica, en el sexto congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC), en abril de 2011. "La formulación de un nuevo proyecto de país supone aprender a procesar los desacuerdos, sin penalizar diferencias expresadas en virtud de un derecho fundamental", señaló.

Guanche es autor de En el borde de todo (Ocean Sur, 2007), una compilación de opiniones de intelectuales tras el discurso de 2005 en el que Fidel Castro llamó a la renovación del sistema.

En su artículo escribió: “Ha surgido un pensamiento crítico –de izquierdas– del modelo vigente y de algunas de las nuevas políticas, opuesto a la disidencia, que discute problemas de representatividad respecto de la expresión de la propia diversidad revolucionaria. Por otra parte, ha aparecido una nueva oposición que se considera a sí misma como democrática liberal, con visibilidad internacional y apoyo de gobiernos y otras fuentes extranjeras que se oponen al proceso político cubano. En fin, Cuba se mueve. La ruta y el destino del movimiento es lo que su sociedad tiene en discusión”.

Guanche citó entre los temas de controversia “la diversidad existente en la nación, la amplitud del registro de demandas sociales, la democratización de las prácticas partidistas y estatales, la urgencia de mecanismos de gobierno más eficaces, responsables y transparentes, la necesidad de regularizar la protección de derechos ciudadanos y, en resumen, la demanda de ‘actualización’ del modelo político”. Aunque no se refleja en la prensa ni en el discurso oficial, "es imposible soslayar el movimiento reformista de la política y el alcance real de los cambios experimentados".

El autor mostró estas claves de la situación cubana: al perder el monopolio en la economía, el Estado lo pierde también en la política; Raúl Castro defiende la posibilidad de acceder a cargos públicos sin pertenecer al PCC; la sociedad demanda una reforma migratoria que elimine trabas para entrar y salir del país; se critica la "falsa unanimidad", pero "se sigue reivindicando una doctrina de Estado que determina la existencia de una voluntad política única".

Se combate la corrupción, "pero también sería revolucionario otorgar el control sobre el proceso productivo a los trabajadores"; hay una diferencia de derechos entre los miembros del PCC y la población, que crea "una tensión conceptual y política no resuelta desde 1976".

Una forma de "impedir la reproducción de la burocracia como clase política", sugirió Guanche, sería imponer límites de tiempo al ejercicio de todos los cargos oficiales, no sólo a los de mayor nivel; la electividad de los cargos estatales con funciones públicas; autonomía de poderes y vías de reclamación judicial ante el mal desempeño de la gestión o lesión de derechos.

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  • Autor Gerardo Arreola
  • País Cuba
  • Región El Caribe
  • Fuente La Jornada
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