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Sábado, 07 de Abril de 2012 08:23

El trabajo medio lleno en Estados Unidos

La tasa de desempleo de Estados Unidos cayó en marzo al 8,2 por ciento, la cifra más baja desde enero de 2009, informó ayer la Oficina de Estadísticas del Departamento de Trabajo, pero el presidente Barack Obama opinó que las cifras están aún lejos de ser satisfactorias.
 

La buena noticia se vio sin embargo atemperada por la cifra de creación de nuevos empleos, que fue considerada decepcionante ya que, con 120.000, está a menos de la mitad del ritmo de los últimos tres meses, cuando la media fue de 246.000 puestos de trabajo creados.
 

De hecho en febrero, según las cifras ahora revisadas al alza, se generaron 240.000 empleos. En total, se contabilizaron en marzo 12,7 millones de desempleados, una cifra prácticamente invariable a la de febrero, cuando la tasa de desempleo se situó en el 8,3 por ciento. Con todo, el dato de un desempleo que continúa bajando, aunque sea a un ritmo lento, constituye una buena noticia para las aspiraciones a la reelección del presidente estadounidense, Barack Obama, que sabe que la situación de la economía será su principal campo de batalla de cara a los comicios de noviembre. Así lo recordó el propio presidente Obama.
 

“Saludamos las noticias de hoy de que las empresas han creado 120.000 empleos más y que el desempleo ha bajado”, dijo Obama ante un nutrido grupo de mujeres reunidas hoy en la Casa Blanca para celebrar, precisamente, un foro sobre Mujeres y la Economía. Aun así, admitió que todavía las cifras están lejos de poder ser consideradas satisfactorias. “Nuestra economía ha creado más de cuatro millones de trabajos, pero está claro para todos los estadounidenses que todavía habrá altibajos en el camino y que tenemos mucho más por hacer, incluido atender desafíos que atañen específicamente a las mujeres”, agregó. “Ahora mismo, no hay nada más importante que restaurar la seguridad económica para todas nuestras familias”, subrayó Obama.
 

Sobre los datos también se pronunció, como cada mes, el presidente del Consejo de Asesores Económicos de Obama, Alan Krueger. “Hay más trabajo por hacer, pero las cifras de desempleo de hoy proporcionan nuevas pruebas de que la economía continúa recuperándose de la peor recesión desde la Gran Depresión”, comentó Krueger. El economista recordó que si bien el ritmo de creación de empleo se ralentizó en febrero, mirando en perspectiva, la curva siguió siendo ascendente. “La economía ha añadido puestos de trabajo en el sector privado durante 25 meses seguidos, hasta un total de 4,1 millones de empleos”, analizó.
 

El que será con más probabilidad su rival republicano ante las urnas, Mitt Romney, había acusado esta misma semana a Obama de haber contribuido a la ruina económica del país con sus políticas. Coincidiendo con el candidato republicano, algunos expertos señalaron que las cifras que se conocieron ayer no reflejan necesariamente más empleo, sino menos personas buscando trabajo.
 

El Departamento de Trabajo de la mayor economía del mundo informó que el empleo aumentó en el sector manufacturero, los servicios de alimentación y bebidas y los servicios sanitarios, pero bajó en el comercio minorista y se mantuvo en grandes industrias como la minería, la construcción, las ventas al por mayor y el transporte, así como en el sector público.
 

Pese a la mejora, los economistas cercanos al Partido Republicano dijeron que esperaban que en marzo la economía generara más de 240.000 empleos, para que se consolidara la tendencia al alza de los últimos meses.
 

“Se esperaba que marzo trajera otro buen informe sobre empleo y fracasó estrepitosamente. Incluso una tasa baja de desempleo contiene malas noticias”, señaló Nigel Gault, jefe de economistas de la consultora IHS Global en un comunicado. “La ganancia neta de empleo no refleja más empleo, sino menos personas buscando trabajo y la cifra de marzo ha acabado con el aumento de más de 200.000 empleos de los meses precedentes”, opinó.
 

En tanto, el líder de la mayoría republicana en la Cámara de Representantes, Eric Cantor, consideró que el nivel de crecimiento “no es suficiente para los millones de estadounidenses que siguen sin trabajo o las familias que se enfrentan a los altos precios de la gasolina y la incertidumbre de una economía rezagada”.
 

Sin embargo, para la secretaria Trabajo, Hilda Solís, los datos son un reflejo de una recuperación de la economía. “Algunos meses estamos viendo enormes aumentos de empleos, mientras que otros meses estamos viendo un crecimiento más modesto. Pero la línea de tendencia es clara: nuestra economía está creciendo, y nuestra recuperación es duradera”, aseguró Solís en un comunicado.
 

El director ejecutivo de Alliance for American Manufacturing (AAM) Scott Paul afirmó que la manufactura está teniendo un papel fundamental en el impulso de la recuperación económica. “Invertir en este sector traerá más y mejores empleos”, señaló.
 

El desempleo continuó siendo más alto en el caso de las minorías, con un 14 por ciento entre los afroamericanos y un 10,3 por ciento entre los hispanos, frente al 7,3 por ciento entre los blancos. La cifra de desempleados de largo plazo, aquellos que llevan más de 27 semanas buscando trabajo, se mantuvo en 5,5 millones, que representan el 42,5 por ciento del total de los desempleados, que se sitúa en 12,7 millones.
 

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  • Antetítulo Registró la tasa de desempleo más baja desde la crisis a principios del 2009
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Publicado en Internacional
Martes, 13 de Marzo de 2012 16:03

Ayer y hoy. Entre la tragedia y la comedia

La historia se repite. Crisis económica tras crisis económica, en el continente o en el país que sea, quienes terminan cargando con las tristezas y los efectos más negativos de la misma es la población trabajadora, en primera instancia la menos cualificada, para nuestro tiempo, la que cuenta con menos acceso a los conocimientos científicos y tecnológicos. Durante muchas décadas sucedió así con los obreros de los países periféricos; ahora ocurre también con los que habitan en los países centrales.

En medio de la tragedia, y a la deriva, están 200 millones de trabajadores desempleados en todo el mundo, y 900 millones más viven por debajo de la línea de pobreza, en una radiografía más que gráfica del efecto devastador de la actual crisis. De estos, 23,8 millones habitan en Europa y 16,5 en la llamada zona euro, en cuyos países no hubo por décadas tales registros, índices descontrolados en el sector (1).

Como comedia, así se repite en algunas ocasiones la historia A la hora de aplicar los consabidos ajustes salariales, los argumentos esgrimidos por los dirigentes políticos son los mismos en uno o en otro país, periférico o central, sin que importen los resultados que arroja su aplicación de planificación macroeconómica. De ahí la comedia.

Aquello no produce risa sino llanto. Las medidas que ahora se aplican en Europa para ajustar las finanzas son las mismas que hace varios años se tomaron en América Latina cuando la crisis tocó a la puerta. Semejantes resultan estas medidas, sea en la década de los 80 o los 90 del siglo pasado: flexibilización laboral, reducción del costo de la mano de obra, eliminación de normas que dificultaban los despidos o procuraban estabilidad laboral, congelación e incluso reducción de salarios, incremento de los años de trabajo para acceder a una pensión, privatización de bienes públicos estratégicos, etcétera. Disposiciones idénticas en nuestro entorno fueron aplicadas por ‘recomendación’ y bajo la supervisión del Fondo Monetario Internacional, y por ‘concepto’ de las agencias de calificación de riesgos, erigidas en el reciente tiempo en un poder de poderes en el mundo.

Por estos días, de Grecia a España, pasando por Irlanda, Italia y otros países del Viejo Mundo, las medidas son comunes, y repetitivos los argumentos. El ambiente para su aplicación y justificación corre por cuenta de los creadores de opinión con parlante abierto en los grandes medios de comunicación. En esta hora, por cuenta de los profesores de economía, que, como lo describe Renaud Lambert en la presente edición (pág. 12), en muchas ocasiones son asesores o parte de los bancos o de distintas agencias financieras. Contrario a esta constante mundial, por ninguna parte se valora la fijación de un tope a los ingresos altos, para estimular por este conducto otra vía hacia la justicia social (Sam Pizzigati, pág. 11).

Los millones de trabajadores europeos que padecen la “sabiduría de la ciencia económica” ahora viven y sienten la historia como tragedia. No es para menos. Si bien el llanto que con seguridad entristece a muchos hogares es parte de la comedia que se dirige desde la troika, con toda seguridad lo que domina es la tragedia, la misma que se desprende de ver y sufrir la pérdida de importantes conquistas laborales y políticas, logradas por el esfuerzo y la lucha de millones de obreros que durante los siglos XIX y XX se enfrentaron a lo más retrógrado de sus sociedades hasta vencer en una disputa por la justicia y la dignidad, de la cual se desprendieron irrenunciables derechos que ahora se relativizan, toda vez que, como en Colombia, para su aplicación quedan sometidos a la estabilidad fiscal.

Es una historia repetida como tragedia y comedia, al olvidar o no considerar las direcciones de los distintos gobiernos que, antes que al sistema financiero, es humano salvar a los millones que le entregan sus dineros en depósito para que este sistema especule por doquier. Especulación con todo, pues su función de fomento de las grandes obras públicas quedó en el pasado.

El olvido proviene también de no mirar por el retrovisor a nuestros antepasados, padeciendo jornadas diarias de trabajo de hasta 14 o más horas, a las que eran obligados incluso los menores de 10 años bajo el sacrosanto criterio moral de ganarse el pan con el sudor de la frente o de allanar el camino a la eternidad mediante la sumisión al patrón.

Este marco de imposiciones fue relativizado con el transcurrir de algunas décadas del siglo XIX y bajo los efectos de la Revolución Industrial cuando algunos patrones demostraron que si sus obreros trabajaban menos rendían más. Y marco que tuvo reformas por los efectos saludables de la innovación científica y tecnológica que dieron lugar a que miles de manos fueron reemplazadas por la acción repetitiva de los aceros, que en un tiempo nuevo producían lo que por décadas significó la infelicidad para millones.
A la par, y como factor determinante, la resistencia de los obreros obligados a vivir en condiciones de semiesclavitud creó el empuje necesario para que las jornadas de trabajo fueran reducidas. Como estímulo para la resistencia obrera, se contó con la consigna de los socialistas de implementar una jornada de 8 horas.

Tal reivindicación fue rechazada durante años por los propietarios de los medios de producción bajo el fútil argumento de la “reducción de sus ganancias”. En medio de esta disputa, no faltó quien gritara que la reducción estimularía la pereza. Sin embargo, no valió la oposición patronal y del poder capitalista en expansión: tras inmensas jornadas de resistencia extendidas por años, las 8 horas se hicieron universales. En esta forma, la producción que antes se hacía, día a día, por dos turnos de trabajadores en la fábrica, requirió tres, y, por tanto, hubo lugares de trabajo para más gente (2).

Eran otros tiempos. Pero transcurrido más de un siglo y a pesar de las evidencias, se vuelve a los mismos argumentos o por lo menos similares. En Portugal –que tampoco se salva de la crisis–, tras una visita de los Comisarios de la Unión Europea, los líderes del país se quejaban porque la gente tenía sus negocios cerrados en día feriado. Sin duda, estaban pensando que sus conciudadanos sufren de pereza –‘de ahí’ la crisis–, que, como se decía en otros tiempos, es “la madre de todos los vicios” (3). He ahí un diagnóstico amañado y un moralismo que pretenden erigir en ciencia.

Extraño proceder que, negando la historia, a la hora de tomar medidas correctivas en economía y política, no valora factores sustanciales como el humanismo, la ciencia, la población, la productividad, el tiempo, etcétera. En el mismo siglo en que se ganó el derecho a la jornada de 8 horas de trabajo hubo quienes alcanzaron a pensar que, producto de la técnica y la elevación de la productividad, la humanidad podría llegar a reducir aún más el horario laboral y dedicar el resto del día a labores más felices: la creación, el arte, el amor, y así vivir más hermanados.

Pero parece que el sueño fue ilusión. La ideología del Homo Economicus permeó a toda la academia sin que ésta apenas lo percibiera. Se idealizaron los volúmenes de consumo como medida de la felicidad y se erigieron, también como medidas del ‘desarrollo’, los kilos, los watts y los bits per cápita consumidos, en una orgía que no sólo olvidó el concepto de necesidades básicas cubiertas para todos, como la condición mínima de la equidad y la paz social, sino que además aceleró las diferencias en ese consumo como mecanismo amenazante contra aquellos que no se reducían al maximalismo desatado.

En esta orgía consumista, los países del centro, incluidas sus clases subordinadas, creyeron que aquellos niveles de consumo discriminantes eran una conquista irreversible que los había separado para siempre de sus congéneres del tercero y el cuarto mundo, y opusieron poca resistencia a la implantación de un modelo que les decía cómo, para que el consumo siguiera creciendo, era menester que se incrementaran aún más las ganancias. A ese dios se le sacrificó la progresiva estructura fiscal, en primera instancia, y luego el crecimiento de los salarios. Hoy, cuando se le quieren sacrificar las demás conquistas del llamado Estado del Bienestar, los trabajadores del Centro parecen recordar que todos somos habitantes del mismo planeta y que los defensores de los principios del capital y el capitalismo se enceguecen cuando se trata de defender sus excedentes.

De esta manera, las utopías prometeicas de las conquistas tecnológicas y los sueños de un mundo de fantasía en el que la escasez material de algunos fuera tan solo un mal recuerdo parecen darle paso al escepticismo del futuro. Y lo paradójico del asunto es que el problema no reside en insuficiencias en la producción sino en cómo se distribuye el producto. La riqueza está ahí pero la capacidad de reproducirla también. ¿Dónde está, entonces, el problema? La equivocación no parece residir en la inquietud de disminuir los esfuerzos para generar el producto sino en el destino de lo que se ahorra, y en la racionalidad del para qué y el cuánto producir. Escapar del mito de la condena bíblica de “te ganarás el pan con el sudor de tu frente” fue uno de los impulsos de la tecnologización, así como el de la reconquista de una abundancia permanente que liberara a todos los seres de la angustia de la supervivencia.

Perspectiva evidente. En las pocas décadas que forman un siglo, la humanidad vivió un cambio sustancial, hasta el punto de producir suficiente riqueza como para redistribuir entre los millones que habitan el globo, garantizando su vida en dignidad, eliminando el hambre, reduciendo hasta el mínimo de mínimos la desigualdad, que le permite al 1 por ciento concentrar en sus manos, en igual proporción, el restante 99 por ciento.

En verdad, este rumbo que ahora surte retrocesos como extensión desafortunada de otra revolución industrial –para algunos la segunda, para otros la tercera–, sin duda una revolución que rompe paradigmas pero que a la par, como producto del desaforado apetito de ganancia de los grandes banqueros e industriales, sitúa a la humanidad ante el riesgo de su propia extinción.
Esta revolución, al transformar el planeta en una aldea, relativizó tiempo y distancia pero a la vez propició que la jornada de trabajo, otrora reducida al tercio del día, de nuevo se alargue: vía teléfonos móviles, computadores portátiles y otras manifestaciones de la tecnología de punta, además de novedosas teorías administrativas. Así, la opresión –si alguna vez tuvo consideración– afecta la cotidianidad de quienes tienen como única fuente de sustento su fuerza de trabajo. Todo, muy a pesar de la elevada productividad que se registra por doquier: mientras que, a mediados del siglo XX, en el campo, con las tecnologías de punta un trabajador producía 12,5 toneladas, hoy puede llegar a producir 500. Bajo el ritmo de estos cambios, es posible pensar y proyectar el trabajo, lo mismo que los ingresos que garantizan la reproducción de la vida, bajo otros parámetros. Sin embargo, prevalece la tradición.

Está a la vista que el 1 por ciento que detenta el poder y los privilegios sin fronteras impone que el mundo se abra a nuevas opciones. Por tanto, y no por casualidad, decide que los menos favorecidos de la sociedad carguen sobre sus cuerpos y sus hogares con el peso de la crisis. Es un designio político, económico, social, transnacional, por encima de las distintas opciones en brega para garantizar que la humanidad recorra otro rumbo. Exabrupto tal que cuesta vidas y guerras.

Entonces, para que la historia no curse en tragicomedia, habría que examinar los debates del siglo XIX en los legislativos de los países europeos, a la par del examen de los beneficiosos resultados de una jornada laboral menos opresiva. Pero, también, aplicar medidas para que sea lo productivo, y no la especulación y la burbuja de dinero-papel, el factor que rija y garantice la cotidianidad de la sociedad mundo. Sin duda, el sueño de un mundo de libre creación aún no está perdido.

Si un giro así tuviera empeño y lugar, con seguridad la jornada de 6 horas ocuparía el orden del día de todos los programas y debates políticos: ahora, ¡no serían tres los turnos de trabajo por empresa fabril sino cuatro!, con la garantía, por supuesto, de un salario igual al percibido hasta entonces. Pero, además, con respeto por el derecho del trabajador a jubilarse en edad aún productiva, de modo que pueda gozar el resto de la vida y no sólo dedicársela a los hospitales, que es hoy el camino asegurado y común para todo aquel que por décadas laboró en trabajos repetitivos. Pero, además, cabe aquí problematizar el tema: ¿Cuáles serían las consecuencias lógicas de una reducción aún mayor de la jornada laboral necesaria para producir los bienes que la sociedad toda necesita? La respuesta conduce claramente a una solución política y que tiene que ver con el acceso de todo ser humano, simplemente por serlo, al disfrute de lo que la sociedad produzca como resultado del trabajo de todos, de modo que realmente se pueda romper con la contradicción implícita en una producción social frente a una apropiación privada.

Esos cambios, sin embargo, exigen hoy, en plena etapa global, su universalización. Son impensables las reducciones de jornada en un solo país, de suerte que las luchas por su implementación obligan a una comunidad de metas. Las clases trabajadoras requieren verdaderas organizaciones internacionales, pues el capital está internacionalizado, y los movimientos sociales y políticos no pueden seguir concibiéndose en el estrecho margen de sus reducidas parcelas nacionales. Si los trabajadores alemanes piensan que la suerte de sus pares griegos les es ajena, muy poco se puede avanzar. Los llamados países desarrollados, que por tanto tiempo miraron los dramas del tercer mundo como de un planeta extraño, deben aprender la lección y aplicar celosamente el adagio de que “cuando las barbas del vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar”. No cabe duda de que es la hora del internacionalismo y la solidaridad de clase, de una clase que hoy suma el 99 por ciento de la población y que está en condiciones de decir “basta ya”. Se repite por doquier: a la redistribución racional de la riqueza material le llegó la hora.

Al proceder con esta conciencia, se recorrería sin duda una vía expedita para enfrentar el desempleo, que ahora supera en muchos países los dos dígitos, con golpes cotidianos y sin piedad contra los más jóvenes, muchos como herederos y portadores de gran parte del conocimiento acumulado por la humanidad durante decenas de siglos.

1 http://www.intereconomia.com/noticias-negocios/laboral/desempleo-record-europa-20120131.
2 Lafargue, Paul, El derecho a la pereza. Editorial Grijalbo, 1970, “La jornada legal de trabajo”, pp. 117-135.
3 Chollet, Mona, “Una austeridad que viene de lejos”, ver esta edición, p. 18.

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  • Antetítulo Crisis y desempleo
  • Autor Carlos Gutiérrez
  • Edición 109
  • Fecha Marzo de 2012
  • Informe especial
  • Edición impresa
  • Bajante
Martes, 13 de Marzo de 2012 15:44

Los sindicatos no se ponen de acuerdo

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  • Antetítulo Debate sobre el salario mínimo europeo
  • Autor Anne Dufresne
  • Edición 109
  • Fecha Marzo de 2012
  • Informe especial Crisis global y desempleo
  • Edición impresa
  • Bajante El establecimiento de un salario mínimo europeo es un objetivo perseguido como reivindicación por diversos sectores sindicales, mientras otros se resisten porque prefieren el piso retributivo fijado por convenio en cada sector.
Martes, 13 de Marzo de 2012 15:14

Para producir en casa...

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  • Antetítulo ¿Qué esconde el entusiasmo por la reindustrialización?
  • Autor Gérard Duménil y Dominique Lévy
  • Edición 109
  • Fecha Marzo de 2012
  • Informe especial Crisis y empleo: la hora de la relocalización
  • Edición impresa
  • Bajante El desempleo y los desequilibrios del comercio exterior en los países ‘centrales’ ponen en el centro del debate la idea de restablecer la producción industrial en los territorios nacionales.
Sábado, 10 de Marzo de 2012 07:09

Huelga contra los despidos

No pasaron ni cien días de gobierno y ya el presidente conservador del derechista Partido Popular de España, Mariano Rajoy, enfrentará el 29 de este mes la sexta huelga general en la historia de España. Las dos grandes centrales sindicales de España anunciaron ayer una masiva huelga contra la reforma laboral aprobada el jueves por el Congreso, que abarata y facilita el despido en medio de la recesión, en un país con más de cinco millones de desocupados. La número dos del Ejecutivo, Soraya Sáenz de Santamaría, calificó el anuncio de injusto.

“Es la reforma más regresiva de la historia de la democracia de España”, aseguró en conferencia de prensa el secretario general de Comisiones Obreras (CCOO), Ignacio Fernández Toxo, quien destacó que la huelga no es un fin sino un medio para conseguir que el gobierno se siente a negociar. “No hay precedentes de una decisión tan brutal en la modificación de las relaciones laborales, que nos introduce en un camino desconocido sin medir las consecuencias”, apuntó, a su lado, el líder de la Unión General de Trabajadores (UGT), Cándido Méndez.

“Convocar a la huelga general en el actual contexto de crisis fue una decisión difícil, pero inevitable, ante la conducta irresponsable del presidente del gobierno, que no se sentó a negociar”, acusó el líder de la UGT. La medida de fuerza, adoptada por unanimidad por las centrales sindicales, supone una escalada de la protesta social en España. Vale recordar que trabajadores, estudiantes y el movimiento de los indignados salieron a la calle en las últimas semanas para rechazar los recortes y reformas del gobierno dictados por la Unión Europea (UE) y el FMI (Fondo Monetario Internacional).

La reforma laboral es presentada por el Ejecutivo como pilar de una política económica que tiene como objetivo combatir el elevado desempleo, que afecta a 5,3 millones de personas, casi el 23 por ciento de la población activa, y revertir la situación de recesión ante un horizonte de contracción el PBI del 1,7 por ciento para este año. Pero Méndez insistió en que la reforma laboral es una ofrenda a las exigencias de los mercados financieros, mientras Toxo recordó que el propio Ejecutivo reconoce que no creará empleo durante este año sino que se destruirán más de 650 mil puestos de trabajo. La reforma laboral aprobada es radical con respecto a la situación anterior, puesto que generalizó el despido con indemnización de 33 días frente al de 45 días en caso de improcedentes, y de 20 días en los procedentes, simplificando los motivos económicos por los que las empresas pueden prescindir de sus empleados.

También creó un polémico contrato de prueba de un año sin indemnización para pymes que los sindicatos consideran inconstitucional porque instaura el despido libre en el 99 por ciento del tejido empresarial.

En resumen, despido a bajo costo y sin control, sumado a la posibilidad de rebajar sueldos de forma unilateral, dinamitan las relaciones laborales de los últimos 30 años, señalan los sindicatos.

La huelga del 29 de marzo será la sexta general de 24 horas en la historia de España y la segunda contra un gobierno del PP, al que los sindicatos enfrentaron en 2002 por las medidas laborales aprobadas por José María Aznar. El socialista José Luis Rodríguez Zapatero, quien estuvo casi ocho años en el poder, sólo afrontó una huelga general, el 29 de septiembre de 2010, también contra su reforma laboral.

Los sindicatos nacionalistas del País Vasco y Navarra ya habían fijado la misma fecha para una huelga. La decisión de parar el país viene avalada por el éxito de las manifestaciones masivas que tuvieron lugar el pasado 19 de febrero, cuando más de un millón de personas salieron a la calle en más de 50 ciudades españolas para rechazar la reforma laboral.

Rajoy, quien había reconocido en Bruselas que la reforma le costaría una huelga general, defendió aquel día la medida como justa y necesaria para España, y dejó claro que no daría marcha atrás.

Tras la convalidación ayer en el Congreso del decreto-ley del gobierno por el que se aprobó la reforma, y después de presentar sus propias propuestas, los sindicatos esperaban que Rajoy les ofreciera abrir una negociación, algo que no sucedió. Ahora intentarán que el anuncio de la huelga fuerce al PP a introducir modificaciones sustanciales durante el trámite en el Congreso. El opositor Partido Socialista (PSOE) y los grupos de izquierda rechazan la medida, aunque el PP cuenta con mayoría absoluta.

En ese marco, la número dos del Ejecutivo, Soraya Sáenz de Santamaría, afirmó ayer que la reforma se tramita como proyecto de ley para que se introduzcan modificaciones, aunque advirtió que los pilares esenciales se van a mantener. La fecha de la huelga –29 de marzo– fue elegida con mucho cuidado. Será la víspera de la aprobación de los presupuestos del Estado, que el gobierno anticipó que serán muy duros, ya que introducirán nuevos recortes para cumplir con el objetivo de déficit de este año, fijado en 5,8 por ciento, desde el 8,5 por ciento actual.

A pesar de que Rajoy desafió la semana pasada a Bruselas, relajando el objetivo de déficit para 2012 en un punto y medio, su gobierno llevará a cabo el mayor ajuste de la historia democrática para cumplir la nueva meta, por lo que los analistas prevén mayor conflicto social.

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  • Antetítulo Anuncian el sexto paro general en la historia de España
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Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT) el mundo se enfrenta al reto de crear empleos decentes para los casi 900 millones de trabajadores que viven junto a sus familias por debajo de la línea de pobreza, sobre todo en los países subdesarrollados.

En un informe reciente, la institución asegura que para un crecimiento sostenible y lograr la cohesión social, se necesitará crear cientos de millones de puestos de trabajo en los próximos diez años.

Al hacer referencia al desempleo juvenil, las estadísticas confirman la tendencia de que los jóvenes de edades comprendidas entre 15 y 24 años, son los más afectados por el desempleo. De acuerdo al informe de la OIT, 75 millones de jóvenes están desempleados. A nivel mundial, los jóvenes tienen casi tres veces más probabilidades de estar desempleados en comparación con los adultos.

En un claro rechazo a las medidas de ajuste propuestas por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial, la organización advirtió que “hay que tener cuidado con las medidas para controlar las crisis de la deuda del Estado, como está sucediendo en la zona del euro”. “En tiempos de estímulo de la demanda vacilante -sostuvo el documento- aún es importante y esto se puede hacer de una manera que no ponga la sostenibilidad de las finanzas públicas en situación de riesgo”.

El informe exhorta a realizar esfuerzos de consolidación fiscal de una manera socialmente responsable, con perspectivas de crecimiento y el empleo como principios rectoriales”. Al respecto sostuvo que “no hace falta decir que responsabilidad social, será objeto de una batalla política. Los sindicatos tienen que elevar su voz en esta batalla política para demostrar que están dispuestos a contribuir a una solución”, concluyó.


20 Febrero 2012

(Tomado de Página 12)

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La socióloga Claudia Jacinto advierte que el paradigma en las formas de organización del trabajo cambió. Y que ese cambio incide principalmente en el modo de inserción en el mundo laboral. Al investigar las trayectorias laborales de los jóvenes, Jacinto analiza la relación entre la educación, la formación profesional y el trabajo de los jóvenes. La incidencia de la reactivación económica.

–¿Qué rasgos distintivos tiene la perspectiva que ustedes proponen para estudiar las trayectorias laborales de los jóvenes?
–Durante muchos años se habló de la inserción laboral de los jóvenes a partir de fotografías: el desempleo, la precariedad, los salarios, es decir, una sucesión de datos que no permiten ver una cuestión bastante más compleja, que es cómo se produce esa construcción social de los primeros años de vida laboral.

–¿A qué se refiere cuando habla de trayectorias laborales?
–Este concepto tiene una tradición de más de 40 años en los estudios sociales. Pero es imposible tener un panorama real de cómo es hoy esa transición a partir de fotografías. Estamos en una época donde las formas de inserción de las personas han cambiado mucho respecto de hace 50 años, una sociedad donde todo estaba pautado, donde las trayectorias y las vidas de las personas eran predecibles en términos de comportamientos sociales: cuándo se iban a casar, cuándo iban a tener hijos, la idea de que la carrera laboral era predecible. Había un paso directo de la educación al trabajo, independientemente de dónde uno dejara la educación. Ese camino se fue complejizando y alargando. Y hoy, las trayectorias de los jóvenes –en particular en ese tramo de la vida– están menos determinadas institucionalmente, considerando institución tanto a la educación como al trabajo. Hoy aparece la fuerte influencia de un conjunto de factores donde juegan también las instituciones concretas.

–Por ejemplo, ¿qué factores tienen más peso en las trayectorias actuales?
–La escuela, pero qué escuela y qué experiencia escolar. El trabajo, pero qué trabajo y qué experiencia laboral. Y las propias subjetividades: lo que los jóvenes van queriendo del trabajo, cómo van ubicando el trabajo en sus propias vidas. Uno puede tener esas imágenes fotográficas, pero hay que ver la sucesión y tratar de que esa sucesión sea acumulativa.

–¿Qué surge del análisis de las subjetividades que usted menciona?
–Esta perspectiva subjetiva de los jóvenes va mostrando que sus prioridades y sus disposiciones son diferentes a lo largo de la inserción. Al mismo tiempo, al tratarse de un mundo más complejo y menos previsible, es más difícil de estudiar. Hay que mirar las esferas de la vida de las personas, el rol de las instituciones y entender que el contexto estructural es ampliamente condicionante.

–¿En qué medida esos condicionantes afectan la trayectoria de los jóvenes?
–Justamente, en el libro nos preguntamos ¿hasta qué punto el joven puede superar sus condicionantes de entrada? Nuestra preocupación es ver cómo juegan el ámbito de la educación y el ámbito del trabajo en la construcción de las trayectorias, y pensarlo en términos de políticas públicas. Es decir, cómo jugaron las instituciones por las que pasó y pensar nuevas políticas, además de evaluar las que hoy existen. En definitiva, el eje es pensar cómo lo estructural, lo institucional, va armando este recorrido. Un rol importante lo tiene también la orientación.

–¿A qué tipo de orientación se refiere?
–La orientación educativa y laboral en todo sentido. Durante los últimos diez años vivimos en un contexto de mucho cambio, de mucho peso de la construcción subjetiva en la toma de decisiones, porque el contexto de reactivación actual lo permite. Hace 20 años, la orientación era un menú de las carreras que iban con tu personalidad. Actualmente debemos tomar decisiones permanentemente, la idea de que yo tengo que saber quién soy en este mercado de trabajo, y conocer si mis condiciones y mis saberes de todo tipo tienen que ver con lo que quiero desarrollar. Entonces, la orientación es una herramienta para el sujeto y es aún más valiosa en los momentos en los que hay mayores oportunidades.

–¿Por qué cree que en este contexto tiene tanto protagonismo la construcción subjetiva?
–Cuando uno está en un contexto desfavorable no hay opciones. Pero cuando se abren las opciones es necesario tener herramientas para decidir.

–¿Qué características ve hoy en el vínculo entre educación, formación profesional e inserción laboral de los jóvenes?
–Estamos ante un cambio de paradigma en las formas de organización del trabajo, más allá del dinamismo de la evolución de la economía y la estructuración del mercado de trabajo. Por otro lado, las personas tienen la necesidad de pasar por distintas instancias educativas. Ese contexto nos lleva al enfoque de “la educación para toda la vida”, la educación permanente. Al mismo tiempo, cuantas más herramientas son necesarias para autoorientarse, la educación deja de ser algo que se adquiere en un momento determinado de la vida.

–¿Cómo incide la orientación como herramienta para insertarse en el mercado de trabajo, considerando las diferencias entre clases sociales?
–Hoy, lo que se da en llamar “competencias generales” para la vida y para el trabajo, acompañadas de un determinado capital social, funcionan de una manera muy reproductora. Porque si yo tengo en mi familia modelos de trayectoria laboral acumulativa y vínculos, voy a tener muchas mayores posibilidades. No es que la orientación condiciona todo, aunque la diferencia es muy grande cuando un joven no tiene ninguna orientación, además de otros saberes. Es decir que la orientación como herramienta de desarrollo social y ocupacional es fundamental, a lo largo de las diferentes etapas educativas, la educación secundaria y universitaria y la formación profesional.

–En un escenario de reactivación económica como el actual, donde bajó significativamente el desempleo, ¿por qué el desempleo juvenil sigue siendo alto, en términos comparativos?
–Son muchas las causas. La más evidente es que los jóvenes están ingresando al mercado laboral. La figura del desocupado surge de aquel que no tiene trabajo y empieza a buscar. Pero hay otro factor bastante estudiado en contextos más amplios: la gran rotación juvenil, que tiene causas objetivas y subjetivas. Las subjetivas, hasta los 25 años aproximadamente, tienen que ver con la relación de los jóvenes con el trabajo, los primeros tramos de inserción de los jóvenes tienen mucho de exploración y aprendizaje, se combina el trabajo con el estudio. Entonces, si uno tiene un sostén familiar puede tomar una decisión de dejar un trabajo hasta que consiga otro más conveniente. Las causas objetivas apuntan a que los jóvenes son quienes tienen mayores niveles de precariedad laboral, ya que ocupan puestos más inestables o temporarios. No es que tomen la decisión de irse, sino que quedan más rápidamente sin trabajo. Una buena noticia es que la precariedad juvenil disminuyó proporcionalmente más que la precariedad general en los últimos años.

–¿La calidad educativa puede ayudar a achicar la brecha entre los jóvenes pobres y los no pobres, en términos de inserción laboral?
–Este es un tema que nos interesa mucho. En términos generales, el sistema educativo argentino tiene resultados que no son los mejores. En parte, eso tiene que ver con que hay más jóvenes insertos en la educación. Y parte de los jóvenes que se insertaron recientemente provienen de hogares de capitales educativos y culturales más distantes a la escuela. Además, hay circuitos educativos de diferente calidad. El título de cada circuito, de alguna manera, es reconocido de forma diferente por el propio mercado de trabajo. Ojo que a veces el valor del título puede también esconder una cierta discriminación social. Nosotros hicimos un estudio en el año ‘92, previo a la gran crisis de los ‘90, que hacía un seguimiento de las primeras dificultades de los chicos que salían del secundario. En esa época ya veíamos que las empresas daban diferente valor al diploma de una u otra escuela. Mejorar la calidad del conjunto del sistema educativo es un imperativo para disminuir las desigualdades. Y en los últimos años, con la reactivación, se produce una mayor valorización del título técnico.

–Más aún cuando en los años ’90 se destruyeron las escuelas técnicas.
–Bueno, pero hubo recientemente una reinversión sustantiva en la educación técnica. En ese caso sí, con la reactivación económica, hubo una revalorización del título técnico que fue muy importante. Los estudios que hemos hecho nos muestran que, a los 20 años, un técnico gana el doble que cualquier otro joven.

–Más allá de la especificidad de los técnicos/no técnicos, ¿existen políticas de formación profesional tendientes a achicar la brecha en la calidad de la inserción laboral de los jóvenes?

–La formación profesional en Argentina se desarrolló con impulso estatal, con mucha fuerza en los años ’40 y ’50. Después, hubo una fuerte caída en la calidad. La formación laboral tuvo varios objetivos. En algunos casos, estuvo vinculada a las necesidades industriales, y participaban en una trama empresa y sindicato. En otros casos, cubrían una demanda social. Los mismos cursos, el mismo profesor, el mismo instructor, se repetían en una misma localidad. Es decir, la gente, a lo largo de los años, buscó una herramienta para mejorar su inserción, sobre todo cuando tenía poco capital educativo.

–Concretamente, ¿en qué contribuye la formación profesional en la trayectoria de los jóvenes?
–Nosotros trabajamos mucho investigando la formación profesional, estudiando tanto su contribución a la inclusión social como a la inserción laboral. La formación profesional ha contribuido a la formación en oficios, para el trabajo de cuenta propia. En ese sentido, les ha dado una herramienta de trabajo y de vida a adultos y jóvenes. En particular los más jóvenes, muchas veces son recuperados para la educación a través de la formación profesional.

–¿Por qué cree que se da de esa forma?
–Porque salen de la escuela muy decepcionados, con experiencia de fracaso escolar, de auto atribución de fracaso, y pasan a un centro donde, en general, hay otro tipo de relaciones personales y saberes más concretos. Ambas cosas incentivan el deseo de continuar aprendiendo.

–Con respecto a las herramientas que proveen los centros de formación, ¿cree que logran reducir la brecha entre clases sociales o terminan siendo reproductores de dichas diferencias?
–Es muy variado, porque es variada la problemática que se atiende. Hay un porcentaje importante que terminó el secundario, allí hay una diferenciación. El haber terminado el secundario es un requisito en el mercado de trabajo, las oportunidades que tienen los jóvenes que combinan formación profesional y haber finalizado el secundario son mayores, a pesar de no haber aprendido todo lo que debería en la secundaria. Nosotros decimos que el título secundario es potenciador de la formación profesional y, viceversa, la formación profesional potencia el título secundario.

–Y hoy, en un mercado de trabajo que se ha reactivado desde 2003, ¿cómo se da esa combinación entre formación profesional y título secundario?
–Hoy, como el título secundario no protege realmente del desempleo o del empleo precario porque se necesitan cada vez más años de estudio, hay jóvenes que terminan la escuela secundaria con una baja calidad de saberes y tampoco cuentan con un capital social que les permita acceder a buenos empleos, entonces no logran hacer valer su título en el mercado laboral. Ahí hay una combinatoria que es subjetiva-objetiva: ellos no logran hacer valer su título porque otros, con mayores capitales sociales, los desplazan en este mercado joven. Al mismo tiempo, ellos no quieren acceder a empleos de baja calidad debido a que tienen mayores expectativas porque han terminado el secundario.

–A nivel subjetivo, el título secundario les genera mayores ambiciones en el mercado.
–Exacto. Entonces hay un círculo virtuoso entre título secundario y formación profesional. La secundaria provee unos saberes generales que son necesarios aunque no son suficientes. La formación profesional provee saberes específicos y laborales generales. En las trayectorias de jóvenes que estudiamos notamos un salto muy importante en la calidad de los empleos, antes y después de la formación profesional, especialmente en los que tienen el secundario. Hay otros estudios de seguimiento de jóvenes que hicieron prácticas profesionalizantes del programa “Jóvenes con futuro”, que también muestran un salto muy importante. Ahí lo que está jugando es la formación profesional, la práctica profesionalizante. El diálogo social para rodear la formación profesional es clave.

–¿En qué se diferencian el tipo de relación que los jóvenes tenían antes con el trabajo y la que tienen en la actualidad? ¿Hoy, en qué medida el empleo contribuye en la construcción de las identidades de los trabajadores?
–Antes, con el mundo del trabajo previsible, la identidad social estaba muy ligada al empleo. Se ha producido un desplazamiento, hoy hay múltiples factores de identificación de los jóvenes. La bibliografía internacional habla de identificación a partir del consumo: qué música consumo, qué ropa consumo, a qué tribu pertenezco, también hay identificación política. Incluso, se habla de una descentralización del lugar del trabajo. Yo creo que hay que hacer algunas aclaraciones. Primero, esto no quiere decir que el trabajo no sea un factor de identificación. Uno observa que el trabajo para los jóvenes es un área importante de su vida. Segundo, esto debe ser mirado en el marco de una trayectoria y considerando el paso del tiempo. Una cuestión es el lugar que ocupa el trabajo a los 18 y otra, a los 25. Una vez que ya se insertan los jóvenes en una trayectoria laboral donde van desarrollando su ocupación, el trabajo empieza a ocupar un lugar muy importante en su subjetividad y en su identificación. Por supuesto, en esto hay diferencias según los márgenes de elección que tiene cada joven, cada grupo social.

–Quisiera retomar una pregunta que ustedes se hacen en el libro La construcción social de las trayectorias laborales de jóvenes. ¿Tiene utilidad la intervención estatal en las trayectorias, mediante políticas públicas, en cuanto a las consecuencias que genera?
–Sí, claro. Nosotros creemos en la intervención. Si de algo se trata es justamente de poder construir una subjetividad más equitativa y dar herramientas para la superación de las diferencias que se producen en el origen y la estructura de oportunidades. Cuando se rompió el modelo de sociedad del empleo, sociedad de la movilidad, se rompió la estructura de oportunidades, desde el nacimiento y a lo largo de toda la vida. La intervención implica intervenir en pos de la creación de nuevas oportunidades, y eso tiene mucho que ver con la calidad institucional.

–¿A qué apunta concretamente esa “calidad institucional”?
–Hay un punto central, que es la apuesta a la fortaleza de las instituciones, de las escuelas, de los centros de formación institucional y del trabajo. En este punto hago particular hincapié en la mejora de la gestión de las instituciones, en la formación de docentes que apunten a algo que vaya a permanecer. En la bibliografía internacional se habla de un debilitamiento de las instituciones. En realidad, de la desinstitucionalización, que es aún mucho más amplio. Pero insisto en que las instituciones tienen un rol de mediación enorme en las trayectorias de los jóvenes. El diálogo social, el acercamiento al mundo del trabajo, son claves. Se ve que muchas veces lo que los jóvenes no logran es el puente con el empleo, sobre todo, los que vienen de sectores más pobres. El valor del puente con el empleo es fundamental. Incluso, aunque no se trate de educación técnica, la pasantía para los jóvenes con menos oportunidades significa una experiencia en el mundo del trabajo de calidad, eso les cambia su relación con el trabajo.

–¿Cómo analiza el rol de las pasantías para los jóvenes?
–Si muchas veces se habló mal de las pasantías es porque se hacen mal.

–¿En qué sentido?
–En el sentido de que hay un circuito que no cumple con el espacio de aprendizaje. Pero cuando se generan las condiciones de protección, como instancia de aprendizaje y de acercamiento al mundo del trabajo de calidad, esto cambia las expectativas personales y laborales de los jóvenes. Otro aspecto que influye fuertemente es el trabajo personalizado con los jóvenes. Lamentablemente, a veces la experiencia escolar genera que el joven se sienta responsable de su propio fracaso y no quiera volver a la escuela. En estos centros de formación se ve a chicos, incluso los más chicos, de 15 o 17 años, que deberían estar en la escuela. Y la manera de hacerlos volver a la escuela es decirles: “Vos podés hacer el curso si volvés a la escuela”. Ahí hay un valor de recuperación escolar importantísimo. Un 30 por ciento de los chicos de formación profesional de hasta 25 años, que no terminó el secundario, reingresan, porque comprenden la importancia y cambian su relación con la educación. Ese es otro valor que no hay que mirar por el lado de la inserción laboral, sino por la posibilidad de reinserción en una trayectoria educativa.

–¿Qué consecuencias tienen estas experiencias de formación sobre las mujeres?
–A muchas mujeres, la instancia de formación profesional les permite no sólo una participación social sino también repensar su identidad profesional y reingresar al trabajo. Les abre un mundo importante, en términos de repensar posibles ámbitos de inserción laboral. Creo que hay un enorme camino por recorrer en la mejora de la formación profesional. Aunque hubo mejoras, creo personalmente que hay que poner parámetros de calidad.

–¿Cómo cree que debe intervenir el Estado en esa mejora?
–Hay varias vías de intervención. Uno es el mejoramiento de la formación profesional en conjunto, hay varias políticas públicas en ese sentido. También es preciso hacer un relevamiento y dar mayor transparencia a la formación profesional privada. Por otro lado, hay que tener más claridad sobre el sesgo potenciador que la formación profesional tiene del título secundario. Para ello hace falta una política que empiece a pensar en la relación entre el secundario y la formación profesional. Además, hay otro terreno a discutir, que es el de la formación técnica, terciaria, lo que llamamos “carreras cortas”. Habría que estudiar si el hecho de que sea una segunda opción para los jóvenes se debe a una elección más madura o a que hubo una falta de orientación. También es preciso evaluar y mejorar su calidad y si responde a demandas del mercado de trabajo para que impacte positivamente en las trayectorias de los jóvenes y en el desarrollo social.

 Por Natalia Aruguete
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En empleos vulnerables, sin seguro ni beneficios trabajan 53 por ciento de las mujeres en todo el mundo, advirtió el Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas para la Mujer (Unifem, por sus siglas en inglés), parte de ONU Mujeres, en el estudio Justicia de género: clave para alcanzar los Objetivos de Desarrollo de Milenio (ODM).

El informe, que será publicado a finales de febrero, el organismo internacional considera que desde el año 2000 ha habido avances para alcanzar las metas fijadas por los ODM; sin embargo, alerta que en las dimensiones de igualdad de género los avances están siendo muy lentos por lo que, asegura, si no se eliminan las desigualdades entre mujeres y varones, difícilmente se podrán alcanzar los ODM para el 2015.

Asimismo, hace un llamado de “acción urgente” para trabajar en cuatro áreas “primordiales” para la justicia de género y los ODM: expansión de servicios públicos para ellas en materia de derecho a la educación, salud y alimentación; garantizarles tierras y empleos; incrementar sus voces en la toma de decisiones y eliminar la violencia contra mujeres y niñas.

Al abordar la primera área informa que todavía hay 37 millones de niñas en todo el mundo que no asisten a la primaria, comparado con los 32 millones de varones, es decir, 53 por ciento de los 69 millones de niños no escolarizados son niñas.

La cantidad de muertes maternas ha disminuido en menos de 2 por ciento anual desde 1990, lo cual es mucho menos de las reducciones de 5.5 por ciento anual que se necesitan para lograr la meta de reducir en tres cuartos las cifras de mortalidad materna.

La falta de planificación familiar sigue siendo alta y en las regiones en desarrollo 53 por ciento de las personas que viven con VIH son mujeres. Por otra parte, sostuvo que el compromiso de mejorar la salud materna “es el objetivo que está más fuera del rumbo y el que menos probabilidades tiene de ser alcanzado”. De hecho, se estima que una de cada tres muertes maternas se podría evitar si las mujeres tuvieran más acceso a los anticonceptivos.

El organismo asegura que para lograr los ODM se requiere garantizar el acceso de las mujeres a la tierra y a empleos dignos. Cuando tienen control sobre la tierra, mayor seguridad de medios de vida, acceso a recursos como créditos y cuando tienen ingresos propios, tienen voz en las decisiones de la familia y están menos expuestas a la violencia doméstica.
En los países en desarrollo son pocos los estados donde las mujeres poseen más de 20 por ciento de la propiedad de la tierra y, según datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo, de los 18.4 mil millones de dólares que se invirtieron en ayuda a la agricultura entre 2002 y 2008 sólo 5.6 tuvo una consideración de género.

En cuanto a equidad laboral, más de la mitad de las mujeres en el orbe tienen trabajos vulnerables y están más expuestas al desempleo que los varones. La tasa de desempleo femenina ha pasado de 6.5 por ciento de la población activa en 2000 a 7 por ciento en 2009, mientras el de ellos pasó de 6 por ciento a 6.3.

Las mujeres que ocupan puestos superiores se sitúa entre 3 y 13 por ciento, a pesar de que el porcentaje de empleo a tiempo completo fluctúa entre 18 y 49 por ciento. Es decir, en el mundo hay una mujer por cada nueve hombres en puestos gerenciales superiores.

La voz de las mujeres en la toma de decisiones sigue siendo muy poco escuchada. Existe sólo 18.9 por ciento de mujeres en los parlamentos de todo el planeta y únicamente 29 países han alcanzado o sobrepasado 30 por ciento de representatividad femenina. En esta lista no aparece México –que tiene 27 por ciento–, siendo Cuba, Costa Rica, Argentina, Ecuador y Bolivia los únicos países de la región que han logrado aparecer en esta tabla. De esas 29 naciones, las únicas que han alcanzado o sobrepasado 30 por ciento sin recurrir a leyes que obliguen a cumplir una cuota de género son Cuba, Nueva Zelanda, Andorra, Bielorrusia y Dinamarca.

A su vez, las mujeres ocupan 16 por ciento de los puestos ministeriales, de los cuales 35 por ciento se encuentran en los sectores sociales y solamente 19 por ciento en finanzas y comercio.

Finalmente, UNIFEM asegura que los derechos y las oportunidades de las mujeres no pueden realizarse si no se elimina la violencia que existe contra ellas. Aunque aparecen pocos datos al respecto, se asegura que entre 15 y 76 por ciento de las mujeres sufren violencia física o sexual, generada, en gran medida, por sus cónyuges.

Por Mariana Norandi
 

 

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Santiago. Ampliar los programas para reducir el alto desempleo existente entre los jóvenes latinoamericanos y caribeños debe ser una prioridad para los gobiernos, coinciden expertos, sindicalistas y funcionarios reunidos en la capital chilena.

"América Latina y el Caribe están en un momento clave. Es necesario que se actúe con cierta rapidez", articulando sus políticas de desarrollo de la juventud, dijo a IPS el español Guillermo Dema, especialista en Trabajo Infantil y Empleo Juvenil de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

Se calcula que la cantidad de jóvenes latinoamericanos entre 15 y 24 años ya suman este año 104.2 millones. "Nunca ha habido tanta población joven en la región ni nunca habrá otro porcentaje igual. El bono demográfico está llegando a su fin", alertó este experto que participa en la 17 Reunión Regional Americana de la OIT que finaliza este viernes en Santiago.

Pero la realidad es que la tasa de desempleo de hombres y mujeres jóvenes en la región es en promedio 2.5 veces mayor a la de los adultos. En total, unos 6.7 millones de jóvenes buscan trabajo y no lo encuentran.

Por otra parte, la mayoría de quienes sí trabajan lo hacen en condiciones precarias, es decir, de manera informal o con contratos temporales, sin acceso a la seguridad social y con bajos salarios.

Los ingresos mensuales de los jóvenes son en promedio 424 dólares frente a 788 de los adultos, indica el Informe Trabajo Decente y Juventud en América Latina, publicado en octubre por la OIT, un organismo tripartito integrado por gobiernos, empleadores y trabajadores.

Otro dato preocupante es que 18 millones de jóvenes, cerca de 20 por ciento del total de la región, no estudian ni están en el mercado laboral. La mayoría son mujeres que se dedican a las labores domésticas, lo cual está relacionado con los altos índices de maternidad adolescente, especialmente en los sectores pobres.

La gran paradoja que es que nunca antes los jóvenes latinoamericanos habían tenido tantos años de estudio ni mejores calificaciones profesionales.

"Antes de la crisis económica global (nacida en 2008) ya había un problema de acceso de los jóvenes a un empleo de calidad, con la crisis la cosa es espeluznante", dijo a IPS la salvadoreña Amanda Villatoro, encargada de Género y Juventud en la Confederación Sindical de Trabajadores y Trabajadoras de las Américas (CSA), también presente en Santiago.

"No hay país en la región que no tenga programas destinados a la 'empleabilidad' de los jóvenes. Pero lo que se ha visto es que un solo plan no es suficiente", explicó Guillermo Dema.

"Es necesario pasar de los programas con coberturas limitadas a las políticas nacionales destinadas a la juventud", acotó. En ellas deben conjugarse, por ejemplo, planes de formación, de promoción del empleo y de protección social hacia los más vulnerables.

La Agenda Hemisférica 2006-2015 de la OIT plantea la meta de reducir en este lapso el porcentaje de jóvenes de entre 15 y 24 años que no estudia ni trabaja remuneradamente. Pero las perspectivas hasta ahora son desalentadoras pues de 2005 a 2008 esa proporción bajó apenas 1.1 por ciento.

Los distintos actores coinciden en que el principal desafío es mejorar la calidad y pertinencia de la educación que reciben los jóvenes, tomando como referencia las necesidades del mercado laboral. También urge retenerlos en las aulas.

"Si el mercado está saturado de abogados, porqué vamos a seguir sacando abogados. Estamos frustrando a los jóvenes y a la generación que va a conducir a la región en las próximas décadas con el mensaje de que la educación no es un instrumento de movilidad social, y para tener una vida decente, cuando es todo lo contrario", apuntó Villatoro.

Por ello la sindicalista reclamó políticas públicas activas en educación.

Entre las políticas que incentivan la contratación de jóvenes se destacan las leyes de primer empleo, las cuales, no obstante, han sido objeto de controversia por la posibilidad de que terminen afectando el trabajo de los adultos. En esta materia "se requiere equilibrio y diálogo social", recomendó Dema.

El parlamento colombiano aprobó el miércoles 15 una ley sobre primer trabajo, que estimula el reclutamiento de jóvenes por parte de las empresas y además "avanza en materia de empleo decente", aseguró a IPS el vicepresidente de ese país, Angelino Garzón.

El desempleo juvenil alcanza en Colombia a 22.3 por ciento de la población económicamente activa, mientras el desempleo general a 10.5 por ciento, detalló.

La OIT también recomienda facilitar el emprendimiento juvenil: en América Latina hay al menos 5,1 millones de jóvenes empresarios. Pero ésta no es la única salida, advierte Dema.

"Nosotros estamos muy preocupados por los programas de primer empleo encaminados por varios países de América Latina, que básicamente se focalizan en emprendimientos", cuestionó Villatoro.

En la misma dirección, Dema destacó como iniciativas positivas el subsidio a la contratación de jóvenes vulnerables de entre 18 y 25 años, aprobado en 2009 por Chile, y el programa "ProJoven" de Perú, que brinda información y capacitación asociada a la ‘empleabilidad’. Brasil, en tanto, tiene una política nacional similar.

"Hay empresas y empresas, y hay situaciones y situaciones", aclaró a IPS Dagoberto Lima Godoy, representante del sector empresarial de Brasil ante la OIT. De esta forma respondió a los cuestionamientos de malas prácticas laborales que recaen especialmente sobre las pequeñas y medianas compañías.

Lima justificó los contratos temporales, que afectan en gran medida a los jóvenes, solo en situaciones de inestabilidad económica.

"Las empresas que toman como patrón el empleo temporal jamás tendrán personas realmente capacitadas ni jamás serán competitivas", dijo.

De la 17 Reunión de Santiago saldrán líneas estratégicas para promover el empleo juvenil por parte de gobiernos, empleadores y trabajadores, coincidieron los diferentes actores.

"Al igual que la calidad del trabajo define la calidad de una sociedad, el empleo juvenil define su futuro", señaló esta semana el director general de la OIT, el chileno Juan Somavía.

IPS
Publicado: 18/12/2010 09:33

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Viernes, 17 de Diciembre de 2010 08:33

“Aplicar políticas de inclusión social”

“La protección social y la preservación del empleo fueron los motores fundamentales para enfrentar la crisis”, afirmó el ministro de Trabajo de Argentina, Carlos Tomada, en el encuentro de la Organización Internacional del Trabajo que se realiza en Buenos Aires. Esa definición fue realizada en el marco de un debate sobre los sistemas de seguridad social en América latina. La OIT promueve la creación de un piso de protección social como herramienta para amortiguar el impacto de la crisis y garantizar el acceso a los servicios sociales básicos, junto con transferencias monetarias a todas las personas en estado de vulnerabilidad y pobreza. Las exposiciones de los ministros de Trabajo de Argentina, Carlos Tomada; Chile, Camila Merino, y Perú, Manuela García Cochagne, evidenciaron los distintos enfoques de política e interpretaciones de esa propuesta, así como el rol que jugaron durante la crisis.

Mientras que la visión chilena no ocultó sus rasgos neoliberales, cargando sobre los trabajadores la responsabilidad para recuperarse de la pobreza y el desempleo, y los enviados peruanos rechazan cualquier tipo de regulación del trabajo, el gobierno argentino destacó la centralidad del Estado en la preservación del empleo y las políticas de protección social.

“No alcanza con crecer para disminuir la desigualdad. La aplicación de políticas de inclusión social posibilita una recuperación más rápida de la crisis, trascendiendo la visión estrecha que tiende a recortar gastos sociales agudizando esos escenarios”, sostuvo durante su intervención el ministro Tomada.

Si bien la fórmula puede parecer reiterativa para un observador argentino, ese discurso no se encuentra tan arraigado entre los distintos gobiernos de la región. Por su parte, la visión chilena recuperó una orientación de matriz neoliberal. Los funcionarios de Piñera no rechazan la existencia de una red de protección social, en Chile persiste un sistema de jubilaciones de capitalización, pero desde su perspectiva son los trabajadores quienes por sí mismos deberían poder recuperarse. La receta fue presentada por el mismo presidente de ese país mediante la analogía de un circo donde “los trabajadores son trapecistas que si se caen no deben quedar atrapados en la red sino poder rebotar para recuperarse”.

La región presenta un escenario de la seguridad social sumamente heterogéneo. En la comparación internacional, América latina se ubica por encima del promedio global en materia de cobertura, pero por debajo de los recientemente ajustados modelos europeos. No obstante, algunos países como Argentina, Brasil o Bolivia exhiben elevados niveles de cobertura efectiva que fueron logrados, según el caso, por la dinamización del mercado de trabajo formal y moratorias previsionales. En Argentina la protección social a los menores de 18 años y a los jubilados ronda el 86 por ciento, mientras que, según los datos de OIT, en países como Perú, Colombia, Ecuador, México y Paraguay no superan el 25 por ciento.

Los especialistas en seguridad social de Organización Internacional del Trabajo, Fabio Bertranou y Helmut Schwarzer, destacaron la relevancia de los distintos programas de transferencias no contributivas que existen en la región como el Bolsa Familia en Brasil y la Asignación Universal por Hijo, y sus significativos efectos multiplicadores. La mención de ese tipo de programas despierta el rechazo de algunos gobiernos y empresarios que consideran que desalienta la oferta de trabajo.

En ese sentido, Tomada remarcó que la Asignación Universal por Hijo está integrada al sistema de asignaciones familiares y que, por lo tanto, cuando un asalariado logra acceder a un puesto de trabajo formal continúa percibiendo ese ingreso.

Por Tomás Lukin
Desde Santiago
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