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Lunes, 30 de Abril de 2012 20:15

Se vende la naturaleza

En vísperas de Rio+20 es imprescindible denunciar la nueva ofensiva del capitalismo neoliberal: la mercantilización de la naturaleza. Ya existe el mercado de carbono, establecido por el Protocolo de Kyoto (1997), el cual determina que los países desarrollados, principales contaminadores, reduzcan sus emisiones de gases de efecto estufa en un 5.2 %.

Reducir el volumen de veneno vomitado por esos países a la atmósfera implica reducir las ganancias. Por eso se inventó el crédito del carbono. Una tonelada de dióxido de carbono (CO2) equivale a un crédito de carbono. El país rico o sus empresas, al sobrepasar el límite de contaminación permitida, compra el crédito del país pobre o de sus empresas que todavía no alcanzaron sus respectivos límites de emisión de CO2 y de este modo queda autorizado a emitir gases de efecto estufa. El valor de ese permiso debe ser inferior a la multa que el país rico pagaría, en el caso de que sobrepasara su límite de emisión de CO2.

Pero surge ahora una nueva propuesta: la venta de servicios ambientales. Léase: apropiación y mercantilización de las selvas tropicales, bosques plantados (sembrados por el ser humano) y ecosistemas. Debido a la crisis financiera que afecta a los países desarrollados el capital anda buscando nuevas fuentes de lucro. Al capital industrial (producción) y al capital financiero (especulación) se le suma ahora el capital natural (apropición de la naturaleza), conocido también como economía verde.

La diferencia de los servicios ambientales es que no son prestados por una persona o empresa, sino ofrecidos, gratuitamente, por la naturaleza: agua, alimentos, plantas medicinales, carbono (su absorción y almacenamiento), minerales, madera, etc. La propuesta es poner un basta a dicha gratuidad. En la lógica capitalista el valor de cambio de un bien está por encima de su valor de uso. Por lo cual los bienes naturales deben tener precio.

Los consumidores de los bienes de la naturaleza pasarían a pagar, no sólo por la administración de la "manufactura" del producto (igual que pagamos por el agua que sale por el grifo en casa), sino por el bien mismo. Sucede que la naturaleza no tiene cuenta bancaria para recibir el dinero pagado por los servicios que presta. Los defensores de esta propuesta afirman que, por tanto, alguien o alguna institución debe recibir el pago (el don de la selva o del ecosistema).

Tal propuesta no toma en cuenta a las comunidades que habitan en las selvas. Dice una habitante de la comuidad de Katobo, selva de la República Democrática del Congo: "En la selva recogemos leña, cultivamos alimentos y comemos. La selva proporciona todo: legumbres, toda clase de animales, y eso nos permite vivir bien. Por eso nos sentimos muy felices en nuestra selva, porque nos permite conseguir todo lo que necesitamos. Cuando oímos que la selva puede estar en peligro, eso nos preocupa, porque no podríamos vivir fuera de la selva. Y si alguien nos ordenara salir de la selva, quedaríamos con mucha rabia, porque no podemos imaginar una vida que no sea dentro o cerca de la selva. Cuando plantamos alimentos, tenemos comida, tenemos agricultura, y también caza, y las mujeres recogen mariscos y peces en los ríos. Tenemos diferentes tipos de legumbres, y también plantas comestibles de la selva, y frutas y todo tipo de cosas que comemos, que nos dan fuerza y energía, proteínas, y todo lo que necesitamos".

El comercio de servicios ambientales ignora esa visión de los pueblos de la selva. Se trata de un nuevo mecanismo de mercado, por lo cual la naturaleza es cuantificada en unidades comercializables.

Esta idea, que suena como absurda, surgió en los países industrializados del hemisferio Norte en la década de 1970, cuando se dio la crisis ambiental. Europa y los Estados Unidos comprendieron que los recursos naturales son limitados. La Tierra no tiene forma de ser ampliada. Y está enferma, contaminada y degradada.

Ante esto los ideólogos del capitalismo propusieron valorar los recursos naturales para salvarlos. Calcularon el valor de los servicios ambientales entre US$ 160 mil y 540 mil millones (el PIB mundial, o sea la suma de bienes y servicios, totaliza actualmente US$ 620 mil millones). "Es el momento de reconocer que la naturaleza es la mayor empresa del mundo, trabajando para beneficiar al 100 % de la humanidad, y lo hace de gratis", afirmó Jean-Cristophe Vié, director del Programa de Especies de la IUCN, principal red global para la conservación de la naturaleza, financiada por gobiernos, agencias multilaterales y empresas multinacionales.

En 1969 Garret Hardin publicó el artículo "La tragedia de los comunitarios", para justificar la necesidad de cercar la naturaleza, privatizarla, y garantizar así su preservación. Según el autor, el uso local y gratuito de la naturaleza, como lo hace una tribu indígena, acaba en destrucción (lo que no corresponde a la verdad). La única forma de preservarla para el bien común es volverla administrable por quien tenga competencia, o sea las grandes corporaciones empresariales. He ahí la tesis de la economía verde.

Pero de sobra sabemos cómo enfocan ellas la naturaleza: como mera productora de "commodities". Por lo cual empresas extranjeras compran, en el Brasil, cada vez más tierras, lo que significa una desapropiación mercantil de nuestro territorio. (Traducción de J.L.Burguet)

- Frei Betto es escritor, autor de "El amor fecunda el Universwo. Ecología y espiritualidad", entre otros libros. http://www.freibetto.org/>    twitter:@freibetto.
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Sábado, 21 de Abril de 2012 11:24

Una asignatura todavía pendiente

Es muy probable que en pocas semanas ya no se vuelva a tocar el tema de la VI Cumbre de las Américas. Muy significativo resulta el esfuerzo oficial y oficioso por proclamar el éxito, como si se quisiera responder a un escepticismo que se sabe generalizado. Y, en efecto, del evento no resultó el replanteamiento de las relaciones políticas hemisféricas que algunos esperaban ingenuamente. Todo ocurrió como lo habíamos previsto: un evento más que todo social y diplomático, donde no se logra aprobar una declaración política pero se reafirma el status quo del continente. En ese sentido, ganan Obama y Santos, cuyos acuerdos bilaterales constituyeron lo único que los grandes medios de comunicación pudieron rescatar al final de la fiesta. Se constató la oposición de varios países del Alba, la protesta de Argentina y la notificación de su autonomía por parte de Brasil, lo cual no deja de ser importante, pero la verdad es que ya eso se sabía y, a esta altura, y con los antecedentes de la posición expresada por Ecuador, se esperaba mucho más.

Hay que tener cuidado, sin embargo, para no caer en el socorrido lugar común según el cual todo es retórica y pocas cosas prácticas. La realización de la Cumbre por sí misma tiene una significación y cumple una función política. Esa significación depende en un todo de los medios masivos de comunicación. Fue así como Santos logró elevar el perfil político de la Cumbre al sugerir que se iban a discutir los temas de Cuba y de las drogas; durante meses no hablaron de otra cosa los fabricantes de opinión. Hoy, después de haberse revelado que no resultó nada importante al respecto, el propio Santos se disculpa, a través de los medios, afirmando que él nunca había dicho que esos fueran temas centrales. La aparente armonía, que por fortuna alcanzó a ser ensombrecida, es de todas maneras un hecho político que van a tratar de capitalizar.

Pero el objetivo buscado era más que todo colombiano: era la apuesta principal de Santos. Por eso, al mismo tiempo, el Gobierno y los grandes medios a su servicio ponderaron hasta el cansancio los éxitos de la reunión empresarial y sobre todo de la llamada Cumbre Social. “Se rompió la incomunicación con la sociedad civil”, dice la funcionaria encargada de promoverla, como si este ejercicio participativo no fuera un ritual que se ha repetido otras veces con base en la maquinaria de cooptación de la OEA. No deja de ser, por ello, de extrema ingenuidad argumentar, como lo hacen algunos dirigentes sociales, que “pudieron hacer conocer sus planteamientos”, para justificar su presencia allí. La ‘participación’, en realidad, resulta encuadrada en los temas oficiales, en este caso alrededor de la “conectividad”.

Un ejemplo es el “Foro de los Jóvenes”, que presenta como preocupación central el acceso a las redes y las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, pero en un sentido de mercado que se acerca más bien a la ampliación del número de clientes, sin referencia alguna a las verdaderas amenazas que se encuentran en la ley Sopa en los Estados Unidos y su equivalente en Colombia, la Ley Lleras (hoy, implementación del TLC). Y, lo que es más importante, sin ninguna referencia al tema que verdaderamente está en debate entre los jóvenes, es decir la Educación como derecho, gratuita y universal, el tema que estuvo en el centro del Foro impulsado por la MANE en la V Cumbre de los Pueblos.

En suma, el significado de la Cumbre Social lo dan los medios de comunicación que, sin importar lo que allí se diga, destacan ante todo el hecho mismo de la participación como un ingrediente más de la construcción de la unidad nacional de Santos, y como un mecanismo para negar u ocultar la realización de la V Cumbre de los Pueblos, verdadera expresión de los movimientos sociales que, como en ocasiones anteriores y desde el principio, se encargaron de ubicar en primer plano los temas fundamentales de la disputa regional: la militarización imperialista que incluye la criminalización de las luchas sociales, la amenaza del ‘libre comercio’, la persistencia del modelo extractivista, la crisis ambiental y climática, el acaparamiento de tierras, y la negación neoliberal de los derechos humanos económicos, sociales y culturales. Tales temas, entre otros, fueron abordados por miles de participantes en sus deliberaciones. Y una discusión de fondo sobre la necesidad y posibilidad de replantear las relaciones con la potencia, que tiene en cuenta las experiencias recientes de integración de Latinoamérica y el Caribe.

Esta Cumbre de los Pueblos, realizada en medio de enormes dificultades logísticas y del clima de ‘seguridad’ militarista que se impuso en la ciudad de Cartagena, no abriga muchas esperanzas de ser escuchada por los Jefes de Estado, ya que ni siquiera contó, como en el pasado, con el apoyo de aquellos que llamamos progresistas, pero tiene la satisfacción de avanzar en el proceso de convergencia y fortalecimiento de los movimientos sociales del continente. Se ubica en una línea de continuidad que tiene como cita inmediata la Cumbre que habrá de realizarse en Rio de Janeiro a mediados de junio de este año.

Desde el punto de vista de las relaciones políticas hemisféricas, es claro que la publicitada Cumbre de las Américas no dio lugar a la confrontación o la negociación que algunos esperaban. Y ello, pese a que el reclamo acerca de la necesaria participación de Cuba, más allá del reclamo mismo, representaba una reacción contra las tradicionales imposiciones de Estados Unidos y constituía, por tanto, una ocasión inmejorable para, por lo menos, cambiar el escenario. Los gobiernos del Alba no supieron, o no quisieron, llevar hasta el final el cuestionamiento del formato de la Cumbre. Es una tarea que sigue pendiente, en la simple pero categórica exigencia con la que termina la declaración aprobada por la Cumbre de los Pueblos: “La Cumbre oficial de las Américas no puede seguir siendo un escenario excluyente, de subordinación al Imperio y simulación de falsas armonías”.

 

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  • Autor Equipo desdeabajo
  • Edición 179
  • Sección Editorial
  • Fecha abril 20-mayo 20
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Publicado en Edición 179
Lunes, 09 de Abril de 2012 06:29

Los fundamentalistas del ajuste

La crisis económica internacional comenzó como un problema vinculado al crecimiento insostenible del endeudamiento privado conducido por un sector financiero fuera de control que fue impulsado por la desregulación realizada por los gobiernos. Esa crisis se convirtió en una crisis de deuda soberana. A medida que colapsaron los niveles de gasto privado en 2007-2008, los déficit presupuestarios crecieron para limitar el incremento en el desempleo. Los paquetes de estímulo fiscal impulsaron una recuperación del crecimiento y la crisis perdió fuerza.
 

Mientras que el desempleo representa una falla del sistema para crear puestos de trabajo suficientes, los neoliberales consideran que es un problema individual, exacerbado por sistemas de bienestar demasiado generosos. Antes de la crisis, los promovieron el mito de los mercados que se autorregulan y presionaron a los gobiernos para que avancen en su desregulación. Ellos argumentaban que los gobiernos no deberían intentar reducir el desempleo promoviendo déficit fiscales. Los neoliberales sostienen que si los gobiernos intentan reducir el desempleo empeoran las cosas al causar inflación y aumento de las tasas de interés.
 

Los estímulos fiscales de 2008 salvaron a la economía mundial de una depresión y ninguna de estas predicciones se cumplió. Las tasas de interés se mantienen en niveles cercanos a cero y la inflación está controlada. No obstante, millones de personas continúan desocupadas y los niveles de pobreza están en aumento, muchos países están volviendo a caer en recesión porque los gobiernos se agacharon frente a las presiones impuestas por los fundamentalistas de la austeridad.
 

El argumento de la austeridad está construido sobre mentiras. Los neoliberales sostienen que los gobiernos, como los hogares, deben vivir con sus propios medios. Esta analogía resuena fuerte entre los ciudadanos porque comprenden el funcionamiento de las finanzas en sus hogares. Nosotros sabemos que no podemos endeudarnos para siempre. Pero los países emiten sus propias monedas y pueden gastar más de lo que ganan en forma consistente. Mientras que las familias deben ahorrar para poder gastar más en el futuro, los gobiernos pueden comprar los bienes y servicios que quieran siempre y cuando existan bienes y servicios a la venta en la moneda que ellos emiten. Los gobiernos nunca se pueden quedar sin dinero.
 

Los neoliberales hablan de una “contracción fiscal expansiva”, eso quiere decir que al ajustar el consumo público, el gasto privado será mayor. Supuestamente los consumidores y las empresas anticipan que en el futuro las cargas tributarias serán mayores y, por lo tanto, aumentan su nivel de ahorro presente. La austeridad le indica al sector privado la inminencia de esas obligaciones fiscales y los libera para consumir en el presente. Sin embargo, la evidencia empírica muestra que los consumidores no gastarán si existe elevado desempleo y las empresas no contratarán trabajadores ni producirán bienes si las ventas están estancadas. En ese escenario, recortar el gasto profundiza el pesimismo.
 

Los neoliberales sostienen que la permanencia de déficit fiscales genera hiperinflación, como sucede en Zimbabwe. Pero el aumento del gasto público no puede generar aumentos de precios si la economía está funcionando por debajo de su capacidad total. ¡Los neoliberales sostienen que los déficit hacen subir las tasas de interés! Los déficit subieron fuerte en los últimos años pero las tasas se mantienen en niveles cercanos a cero. Japón mantiene grandes déficit desde comienzos de 1990 y mantuvo sus tasas de interés alrededor de cero y bajos niveles de inflación desde entonces. La mentira neoliberal se olvida de mencionar que son los bancos centrales quienes fijan las tasas de interés, no los mercados.
 

La situación en la Eurozona es diferente porque los países miembro usan una moneda extranjera (el euro) y deben endeudarse para cubrir sus déficit. Por lo tanto, esos países dependen del mercado de bonos. No se lograrán progresos en Europa hasta que los países recuperen sus propias monedas y recurran a los déficit para impulsar el crecimiento económico. La única lección que se puede sacar de la experiencia de la Eurozona es que los gobiernos deben conservar sus propias monedas y utilizar el gasto público, aunque se incurra en déficit fiscales, para lograr el pleno empleo. La austeridad niega la historia. La Gran Depresión de 1930 nos enseñó que, sin el gasto público y los déficit, el capitalismo tiende a ofrecer largos períodos de desempleo generalizado. El asalto neoliberal de la política fiscal comenzó en los años ’70 con el apogeo del monetarismo. Desde entonces, la mayoría de los países fracasaron en crear la suficiente cantidad de empleos que reclamaban sus fuerzas de trabajo. Los economistas neoliberales y sus defensores fracasaron en predecir la crisis y la solución que proponen, la austeridad, está empeorando las cosas.
 

La regla macroeconómica básica sostiene que el gasto es equivalente al ingreso y esto es lo que conduce el crecimiento del empleo. La austeridad erosiona las posibilidades de realizar el gasto necesario. Las economías más grandes están sufriendo deficientes niveles de gasto privado y la acumulación masiva de endeudamiento privado. La persistencia de niveles elevados de desempleo significa que nuestras economías están renunciando a oportunidades masivas de producción y creación de ingresos. El desempleo también genera muchos problemas sociales. Mientras que el gasto privado se encuentre contenido, los gobiernos deberían expandir sus déficit fiscales. Esa es la única forma para que las economías avanzadas generen los niveles de crecimiento necesarios para reducir el desempleo. El mejor punto de partida para enfrentar la crisis es lanzar un programa a gran escala de creación directa de puestos de trabajo. Ese programa ofrecería un trabajo de ingreso mínimo a cualquier persona que quiera trabajar pero no encuentra un empleo. Los trabajadores en el programa gozarán de un ingreso estable y el aumento en el gasto impulsará la confianza y apuntalará la recuperación del gasto privado.
 

El crecimiento sostenible requiere niveles de endeudamiento del sector privado considerablemente más bajos. Necesitamos acostumbrarnos a que, para salir de la crisis, se necesitan déficit fiscales.
 

Por William Mitchell, director del Centre of Full Employment and Equity - Universidad de Newcastle, Australia.
 

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  • Antetítulo Debate: Los mitos detrás de las políticas neoliberales que se aplican en Europa
  • Autor William Mitchell
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Lunes, 05 de Marzo de 2012 06:37

El verdadero secreto del libre comercio

Vivimos en un mundo caracterizado por enormes riquezas y elevados niveles de pobreza. Ese escenario se repite en la mayoría de los países. El neoliberalismo domina el mundo. Se trata de una práctica aparentemente justificada por un conjunto de supuestos que tienen su raíz en la teoría económica convencional. Los mercados están representados por estructuras sociales óptimas y autorregulables que, si se las dejara funcionar sin restricciones, permitirían atender en forma óptima las necesidades económicas, utilizar eficientemente los recursos y generar automáticamente el pleno empleo para todas las personas que deseen trabajar. Por extensión, la globalización de los mercados sería el mejor mecanismo para extender los beneficios a todo el mundo.
 

La teoría y práctica del neoliberalismo generaron, con razón, una importante oposición de activistas, hacedores de política y académicos. Sin embargo, el neoliberalismo continúa siendo una importante influencia en las ciencias sociales, el sentido común y en los círculos políticos. En la práctica, las naciones poderosas y las instituciones que sostienen y difunden esta agenda fueron exitosas para expandir la ley del mercado. En consecuencia, por todo el mundo persisten enormes bolsones de pobreza y profundas desigualdades y las crisis siguen estallando. Acabamos de ingresar en la primera Gran Depresión del siglo XXI.
 

La base del neoliberalismo reside en la teoría ortodoxa del libre comercio, cuyo argumento central es que el libre comercio competitivo beneficiará a todas las naciones. Algunos críticos señalan que hoy en día el mundo está muy lejos de exhibir las condiciones de competitividad asumidas en la teoría económica estándar del libre comercio. Señalan que, si bien las naciones ricas predican el libre comercio, cuando ellas estaban subiendo por la escalera del desarrollo utilizaron ampliamente el proteccionismo y la intervención estatal. Incluso remarcan que ahora los países ricos ni siquiera siguen al pie de la letra sus prédicas. Los defensores del neoliberalismo ya respondieron a esas acusaciones: en el pasado no existían las condiciones de mercado competitivas que son necesarias para el libre comercio, por lo tanto el pasado no sirve como comparación. Sin embargo, argumentan que, con la ayuda de los organismos internacionales, se pueden alcanzar esas condiciones en todo el mundo. Cuando esto suceda, el libre comercio funcionará como prometieron y la pobreza mundial, el desempleo y las crisis económicas desaparecerán.
 

El libre comercio entre naciones funciona prácticamente de la misma manera que la competencia al interior de un país: favorece al (competitivamente) fuerte sobre el débil. Es esperable que la globalización genere daños colaterales. Esto también nos dice que los países desarrollados tenían razón al advertir, cuando estaban subiendo por la escalera, que el comercio internacional irrestricto era una amenaza a sus propios planes de desarrollo. Aquello que hoy el mundo desarrollado niega tan enérgicamente, era verdad entonces: el gran poder del mercado se utiliza mejor cuando está asociado a una agenda social más amplia.
 

En los libros de texto de economía, las introducciones a la teoría del libre comercio comienzan con una tergiversación deliberada. Esos manuales nos piden que analicemos a dos países como si fueran individuos que participan libremente de un trueque. Los individuos, nos dicen, entregarán lo que tienen a cambio de otra cosa solamente si cada uno considera que va a ganar algo en ese proceso. Y, si sus expectativas son correctas, efectivamente ganarán. Así, el libre comercio beneficiaría a todos los que participen de él. El resto son detalles. Pero como en cualquier truco de magia, este razonamiento incluye un engaño fundamental. En un mundo capitalista, el comercio internacional está guiado por empresas. Los exportadores locales les venden a los importadores extranjeros que luego venden esos productos a sus residentes, mientras que los importadores locales compran bienes a los exportadores y después nos los venden a nosotros. La rentabilidad es lo que motiva las decisiones empresarias en cada punto de la cadena.
 

La teoría del libre comercio tradicional descansa en el supuesto de que en un libre mercado financiero los flujos de dinero que surgen de un déficit comercial reducirán el precio real de la moneda del país (devaluarán el valor de la moneda). Así se achicará el déficit, ya que las exportaciones serán más baratas para el resto del mundo y las importaciones más caras, hasta que en un momento el balance comercial y la balanza de pagos encuentran el equilibrio. Un superávit comercial generaría el recorrido contrario hacia el mismo resultado.
 

Tanto Karl Marx como Roy Harrod ofrecen un contraargumento convincente: en un mercado financiero libre, las salidas de dinero disminuyen la liquidez y elevan las tasas de interés, mientras que el ingreso de capitales baja las tasas de interés. Ninguno de estos efectos altera el balance comercial. En cambio, inducen flujos de capitales de corto plazo que conducirán al balance de pagos a un equilibrio cubriendo un déficit comercial existente con endeudamiento externo y un superávit comercial impulsando una posición de acreedor externo. Bajo un esquema de libre comercio, un país que no es suficientemente competitivo en el mercado global terminará cubriendo su persistente déficit comercial con endeudamiento externo, terminará como un deudor internacional. A la inversa, un país muy competitivo poseerá un superávit comercial y se transformará en un acreedor internacional.
 

Este es el verdadero secreto del libre comercio: se necesitan políticas económicas especialmente diseñadas para desarrollar la industria de un país a un nivel donde sea globalmente competitiva. Esto explica por qué los países occidentales y luego Japón, Corea del Sur y los tigres asiáticos resistieron con tanta fuerza la teoría y las políticas del libre comercio cuando estaban subiendo por la escalera. Pero también nos permite darles sentido a las verdaderas políticas que utilizaron en su proceso de desarrollo: utilizando el acceso a los mercados internacionales, el conocimiento y los recursos como parte de una agenda social más amplia. El objetivo no debe ser equilibrar la cancha, sino más bien elevar el nivel de los jugadores desventajados. En este sentido, practicar el neoliberalismo en los lugares más pobres del mundo es un deporte cruel.


 Por Anwar Shaikh, profesor de Economía, New School for Social Research.

 

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  • Antetítulo DEBATE: CONTRA LA PROMESA NEOLIBERAL DE UN MUNDO SIN POBREZA NI DESEMPLEO
  • Autor Anwar Shaikh
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La manera de afrontar la crisis financiera de Islandia, además de exitosa como demuestra la última subida de rating, es cada vez más distinta de la del resto de Europa (y Occidente). Los islandeses, que llegaron a apedrear el Parlamento en 2009, están recogiendo los frutos de su furia en forma de condonaciones de deuda por parte de la banca doméstica.
 

Según recoge la agencia estadounidense Bloomberg citando a la Icelandic Financial Services Association (asociación bancaria del país), desde finales de 2008, los bancos islandeses han perdonado créditos por un valor equivalente al 13% del PIB, reduciendendo la deuda de más de una cuarta parte de la población.
 

"Puedes decir tranquilamente que Islandia tiene el récord mundial de reducción de deuda doméstica", aseguró Lars Christensen, economista jefe de mercados emergentes de Danske Bank. "Islandia siguió el libro de texto de lo que se requiere en una crisis. Cualquier economista estaría de acuerdo con eso".
 

Los pasos para la resurrección de Islandia desde que su banca hiciera default en 2008 por un total de 85.000 millones de dólares están demostrando ser efectivos: el país crecerá más que la Eurozona y que la media de la OCDE y sus CDS (seguro contra el impago de deuda) están a nivel de los de Bélgica. La fuerte tendencia de opinión a favor de la entrada en el euro se ha revertido.
 

¿Y cómo han conseguido que la banca les condonara la deuda? Los hogares islandeses se han beneficiado del acuerdo entre el gobierno y la banca, que todavía está parcialmente contraloda por el Estado, para perdonar unas deudas que superaran el 110% del valor de sus viviendas.
 

Además, el tribunal Supremo del país sentenció en junio de 2010 que los créditos indexados a monedas extranjeras eran ilegales, lo que implicó que las familias no tuvieran que cubrir más las pérdidas de su moneda, devaluada como consecuencia de su crisis financiera.
 

"La lección que debe ser aprendida de la crisis islandesa es que si otros país piensan que es necesario reducir el valor de sus deudas, deberían fijarse en cuán exitoso ha sido el acuerdo del 110% aquí", explicó Thorolfur Matthiasson, profesor de Economía en la University of Iceland. Sin esta quita de la deuda de los hogares, los dueños de vivienda se habrían visto enterrados bajo el peso de sus créditos después de que el ratio deuda/ingresos alcanzara el 240% en 2008, añade el profesor.
 

La economía de Islandia, con un valor de unos 13.000 millones de dólares y que se contrajo un 6,7% en 2009, creció un 2,9% el año pasado y lo hará este año un 2,4%, según las últimas previsiones de la OCDE. La vivienda, además, no se ha desplomado: su precio está tan solo un 3% por debajo de sus valores de septiembre de 2008, justo antes de que comenzara el colapso financiero del país. Una respuesta distinta, pero exitosa
 

La agencia Fitch, que elevó a grado de inversión la deuda del país con perspectiva estable, reconoció que la "heterodoxa" respuesta de Islandia a la crisis había triunfado. Esta heterodoxia se ha concretado en que el Gobierno siempre ha puesto las necesidades de su población por delante de las de los mercados, según razona la agencia estadounidense.
 

Una vez que quedó claro en 2008 que su banca era imposible de rescatar, el gobierno dio un pasó al frente, protegió las cuentas corrientes de los ciudadanos y dejó a los acreedores internacionales en la estacada. El banco central impuso controles de capital para evitar el hundimiento de la corona y se crearon nuevos bancos controlados por el Estado con lo que quedaba de los antiguos.
 

Sin embargo, algunos activistas del pequeño país creen que estas condonaciones de deuda no son suficientes y ponen en duda las cifras que ha dado la banca. Andrea J. Olafsdottir, presidenta de la asociación Icelandic Homes Coalition, cree que los numeros son fiables, y asegura que "hay indicios de que algunas instituciones financieras no han perdido un penique con las medidas".
 

Sin embargo, desde los bancos se mantiene que incluso el nivel de la condonación de la deuda que estima la Financial Services Association es mayor, ya que la cifra publicada solo incluye los casos en los que ha habido intervención judicial
 

Los ciudadanos islandeses fueron los precursores de los movimientos sociales que luego se han extendido por el mundo Occidental. Tras el colapso de finales de 2008, las protestan se incrementaron y los disturbios obligaron a la policía a utilizar gases lacrimógenos para disolver a los manifestantes que lanzaban piedras al Parlamento y las oficinas del entonces primer ministro, Geir Haarde.
 

Precisamente, el Parlamento todavía tiene que decidir sobre el proceso judicial contra Haarde por su papel en la crisis financiera del país. El nuevo gobierno que llegó al poder a comienzos de 2009 sigue investigando a la mayoría de protagonistas de la crisis, incluidos los grandes banqueros que sobredimensionaron el sistema financiero.
 

Como concluye Christensen, el economista de Danske Bank, "el resultado es que si los hogares son insolventes, entonces los bancos simplemente tienen que aceptarlo, independientemente de sus intereses".


elEconomista.es
 

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Domingo, 19 de Febrero de 2012 08:54

A contrapelo de la oleada neoliberal

La mayoría de los 5,5 millones de habitantes que tiene el país se inclinó por la unidad de socialdemócratas, socialistas populares, verdes, comunistas y liberales radicales después de diez años ininterrumpidos de gobiernos de derecha.

Si hay una palabra que define el estado de ánimo de los dinamarqueses es la Hygge. En la lengua de Andersen significa “tener una profunda sensación de bienestar”. A contrapelo de lo que sucede en la mayoría de los países de Europa, este pueblo escandinavo le confió la custodia de su prosperidad a una alianza de centroizquierda. Una mujer, la socialdemócrata Helle Thorning-Schmidt, gobierna desde septiembre pasado y en apenas seis meses ha recorrido un largo camino: asumió la presidencia rotativa de la UE, visitó a las tropas danesas apostadas en Afganistán y el próximo viernes 24 se reunirá con Barack Obama en la Casa Blanca. Rubia, alta, refinada, es una de los dos mujeres que manejan el país: la otra es la reina Margarita II. En Dinamarca ya no es tema omnipresente de la agenda política la dura política antiinmigratoria. Ahora importa la situación económica y una de sus consecuencias palpables: el aumento de la desocupación, aunque mínimo comparado con naciones como España (23 por ciento) o Inglaterra (22 por ciento).

La mayoría de los 5,5 millones de habitantes que tiene el país se inclinó por la unidad de socialdemócratas, socialistas populares, verdes, comunistas y liberales radicales después de diez años ininterrumpidos de gobiernos dominados por la derecha, con impronta xenófoba. Esta corriente continúa expandiéndose por el viejo continente, pero en Dinamarca le pusieron el freno de mano. El 29 de enero, la primera ministra afirmó: “Necesitamos crecimiento en Europa. Una de las formas de lograrlo es reanimando el mercado único. Debemos centrarnos en cómo crear nuevos trabajos y lograr lo que ha sido uno de los grandes éxitos de nuestra Unión: renovar nuestro mercado interno”. Un discurso que prendió hace tiempo en Latinoamérica.

Aunque ganó por un apretado margen (50,3 a 48,9 por ciento), y su partido no es la primera minoría, Thorning-Schmidt se las ingenió para cautivar al electorado. Hubo una serie de razones que explican su victoria en una Europa de otro orden: la derecha saturó con la política que azuzó la idea de una oleada de inmigrantes (sólo el 4 por ciento de la población es de origen extranjero) y las cuentas del Estado no eran un modelo para recortar y guardar. Algunos analistas agregan un dato más: que el criminal noruego Anders Behring Breivik, el mismo nazi que asesinó el 22 de julio de 2011 a 77 personas, fue piantavotos para el Partido del Pueblo Danés, de ultraderecha, que gobernó durante diez años aliado con conservadores y liberales. El atentado de repercusión mundial ocurrió casi dos meses antes de los comicios en la vecina Noruega. Por ese motivo, no parece descabellado este dato.

Como fuere, la coalición de centroizquierda ganó en la elección más masiva que se recuerde, obtuvo mayoría parlamentaria en el Folketing (Congreso) con la ayuda de tres diputados de los territorios autónomos de Groenlandia e Islas Faroe y su primera ministra se dio el gusto de pronunciar una frase que hubiera sido más creíble en boca de un comunero francés: “Nos despedimos de diez años de poder burgués”.

Sus detractores, incluso los de su propio partido, solían llamar a Thorning-Schmidt “Gucci Helle”, por su inclinación a ataviarse con ropa de alta costura y lucir accesorios lujosos. Un comentario pour la galerie que ni siquiera tomó en cuenta el electorado. En Dinamarca la gente tiene mucho sentido del humor, es franca y abierta, y parece no guiarse por las apariencias. Incluso, puede votar a favor de que se aumenten los impuestos, como sucedió en septiembre. La razón es unívoca: sabe que el dinero vuelve invertido en el estado de bienestar que caracteriza a las sociedades escandinavas.

El gobierno planea subirles más los impuestos a los ricos. La primera ministra entendió de qué se trataba la actual coyuntura. Tres cuartas partes de los dinamarqueses ubicaban en primer lugar las dificultades económicas en vísperas de las elecciones. Una de ellas, la desocupación entre los jóvenes, que ronda el 10 por ciento. Un porcentaje altísimo para un país de la región más próspera de Europa.

Thorning-Schmidt está casada con Stephen Kinnock, director del Foro Económico Mundial. Su padre, Neal, fue un líder de los laboristas británicos. Tiene dos hijas con él, Johanna, de 14 años, y Camilla, de 11. Pero ella vive en Copenhague y él en Davos, Suiza, producto de sus diferentes ocupaciones. El gobierno danés los investigó por presunto fraude fiscal, ya que habían declarado distinto respecto de dónde residía la pareja. La ahora primera ministra afirmó que Kinnock vivía parte de su tiempo en Dinamarca y el inglés que no. Todo terminó con la absolución del matrimonio en 2010 por la confesión del error que lo dejaba expuesto a las sospechas de evasión. Tampoco esta cuestión hizo mella en la carrera ascendente de Helle, quien tiene una maestría en Ciencias Políticas por la Universidad de Copenhague y antes de llegar al gobierno fue eurodiputada.

A la primera mujer que gobierna en nombre de la izquierda, la espera Obama el próximo viernes para conversar sobre la deuda de los países europeos en crisis, el remanido papel de la OTAN y la intervención danesa desplegada en Afganistán y Libia. El presidente de Estados Unidos sabrá agradecerle la presencia de los 750 efectivos apostados en tierras del talibán que ella misma visitó en enero pasado.

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  • Autor Gustavo Veiga
  • País Dinamarca
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Sábado, 21 de Enero de 2012 09:57

Nuevos estereotipos para promover el ajuste

Las tres décadas de neoliberalismo marcaron el triunfo de un individualismo que hundió el sistema de valores solidarios de la clase trabajadora. En 1979 había siete millones de obreros británicos. Hoy hay dos millones y medio.

Desde Londres


La demonización de la clase trabajadora británica tiene un acrónimo indescifrable: “Chavs”. Nadie sabe qué significa, pero en páginas webs, en programas televisivos y en análisis mediáticos populares o “serios” sirve para estigmatizar a jóvenes que viven en viviendas municipales y tienen un tipo específico de acento y aspecto físico. “En realidad es una manera oblicua de definir al conjunto de la clase trabajadora y responsabilizar a los pobres de ser pobres”, escribe Owen Jones, autor de Chavs, un libro clave sobre el tema. En medio de la actual crisis, la justificación cae al dedillo. La pobreza no se debe a los problemas de la economía sino a las fallas del propio individuo o de su familia: a los hogares dislocados, a la falta de ambición o inteligencia.

Las tres décadas de neoliberalismo, inauguradas por Margaret Thatcher con una drástica desindustrialización en los ’80, marcaron el triunfo de un individualismo que hundió el sistema de valores solidarios de la clase trabajadora. En 1979 había 7 millones de obreros con un fuerte peso de los mineros, portuarios y automotrices. Hoy, hay dos millones y medio, las minas han desaparecido y solo la empresa automotriz, en manos extranjeras, está creciendo.

En este vacío de identidad de una clase obrera en retirada surgen los “chavs”. Objeto de escarnio en la prensa o de burla en programas televisivos y cenas de clase media, los “chavs” son presentados como parásitos enquistados en el tejido social. Según el estereotipo son desempleados crónicos, adolescentes que se embarazan para acceder a los beneficios sociales por hijo, responsables del déficit fiscal y moral, virtuales delincuentes con un coeficiente de inteligencia por el suelo y una familia disfuncional. “Lo que llamábamos la respetable clase trabajadora prácticamente ha desaparecido. Hoy la clase trabajadora en realidad no trabaja para nada y está sostenida por el Estado de bienestar”, señala el comentarista conservador Simon Heffer.

El estereotipo ha ayudado a justificar el draconiano ajuste fiscal de la coalición conservadora-liberal demócrata que encabeza el primer ministro David Cameron, pero también ha servido de base para propuestas decimonónicas de limpieza social. En 2008 un concejal conservador, John Ward, llamó a la esterilización obligatoria de las personas que tuvieran un segundo o tercer hijo mientras cobraban beneficios sociales, medida apoyada con entusiasmo por los lectores del conservador Daily Mail escandalizados por “estos aprovechadores y sinvergüenzas que están hundiendo el país”.

La obsesión clasista y el estereotipo han llevado a confusiones cuasicómicas. En un panfleto para las elecciones de 2010, los conservadores aseguraron que en algunas zonas pobres, “el embarazo adolescente de menores de 18 años es de un 54 por ciento”. En realidad era un 5,4 por ciento, cifra que representaba una caída respecto a lo que sucedía durante el thatcherismo. En el departamento de prensa conservador nadie se percató del error tipográfico. A pesar de que estaba hablando de más de la mitad de las menores de 18 años de esas zonas, el fenómeno ya había sido naturalizado por el prejuicio.

Una de las curiosidades es que se usa el término “chavs” con certeza de concepto sociológico, a pesar de que nadie puede decir a ciencia cierta qué significa el acrónimo. El diccionario de Oxford por Internet define al “chav” como “un joven de clase baja, de conducta estridente y patoteril que usa ropas de marca, reales o imitadas”. Otro diccionario de 2005 los define como “joven de clase trabajadora que se viste con ropa deportiva”. Un mito popular lo hace pasar como “Council Housed and Violent” (violento que vive en casas municipales)

Esta vaguedad permite englobar a amplios sectores sociales. En un libro que va por la novena edición y vendió más de 100 mil ejemplares, The Little book of Chavs, se identifican los típicos trabajos “chavs”. La “chavette” –mujer chav– es una aprendiz de peluquería, limpiadora o camarera mientras que los hombres son guardias de seguridad o mecánicos y plomeros “cowboys” (chantas). Según el libro, “chavs” de ambos sexos suelen ser cajeros en los supermercados o empleados de hamburgueserías.

Esta tipificación laboral corre paralela a los cambios que ha vivido la clase trabajadora británica en los últimos 30 años. Hoy una cuarta parte de la fuerza laboral trabaja part time y más de un millón y medio se encuentra en empleos temporarios. El salario medio de unas 170 mil peluqueras (“chavettes”) está apenas por encima de la mitad del promedio salarial de la población, medida que define la línea de la pobreza en el Reino Unido. En ciudades que alguna vez giraron en torno de la actividad fabril o minera, los escasos trabajos que hay son en supermercados o farmacias. “No solo son trabajos más inseguros. Están mucho peor pagos. Cuando Rover quebró en Birmingham con la pérdida de 6500 puestos, el ingreso promedio que cobraron los que consiguieron trabajo era una quinta parte menos que lo que ganaban en la automotriz”, apunta Owen Jones.

La paradoja es que en una sociedad tan clasista como la británica, en la que el acento y la universidad (Oxford, Cambridge) define el futuro de una persona, conservadores y nuevos laboristas propagan el mito de que hoy todos los británicos son “clase media”, salvo esa pequeña subclase disfuncional y patológica a la que le falta ambición o fibra moral: los “chavs”. En 1910 Winston Churchill, entonces ministro del Interior del Partido Laborista, propuso la esterilización de más de 100 mil personas a las que consideraba “débiles mentales y degenerados morales” para salvar al país de la decadencia. Un siglo más tarde la decadencia sigue amenazando al Reino Unido, pero la fórmula es más “civilizada”: un estigma que niega la existencia y el significado social de la clase trabajadora.

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Miércoles, 11 de Enero de 2012 07:35

Economía verde, nuevo disfraz del neoliberalismo

En medio de la más grave crisis de la economía capitalista a escala mundial, el deterioro ambiental ha sido relegado a un plano secundario. Es cierto que algo se habla sobre la pérdida de biodiversidad o el cambio climático. Pero en los hechos el medio ambiente no es prioridad.
 

Los términos del debate sobre la crisis los ha impuesto la derecha y en su pantalla de radar el problema ambiental siempre ha ocupado un lugar subsidiario. Por eso no sorprende que ahora que los centros de poder castigan con austeridad fiscal y promueven la destrucción de cualquier vestigio del estado de bienestar, el medio ambiente brille por su ausencia. Y cuando se le pretende tratar como tema prioritario, la realidad es que sólo es para mantener el proyecto neoliberal a escala global.
 

El Programa de Naciones Unidas sobre Medio Ambiente (PNUMA) promueve desde hace ya tres años una serie de proyectos que se encuadran dentro de lo que ha bautizado como la Iniciativa de Economía Verde (IEV). Este proyecto define a una economía verde como el “resultado de mejoras en el bienestar humano y equidad social, al mismo tiempo que se reducen los riesgos ambientales y la escasez ecológica”. El PNUMA sostiene que el manejo eficiente de los recursos ambientales ofrece oportunidades económicas importantes. Finalmente, afirma que una economía verde debe ser baja en el uso de combustibles fósiles y socialmente incluyente.
 

Esa retórica puede dar una buena impresión. Pero la realidad es que la iniciativa del PNUMA adolece de grandes defectos que, al final de cuentas, anulan lo que podría aparecer como buenos deseos. Lo que queda es un disfraz mal armado para darle una cara amable al neoliberalismo desde el punto de vista ambiental.
 

El primer gran problema de la IEV es la incapacidad para examinar las causas de la destrucción ambiental. Ninguna de las fuerzas económicas que provocan el deterioro ambiental es objeto de un análisis cuidadoso. Ni la concentración del poder económico en centros corporativos, ni los procesos de acaparamiento de tierras en grandes regiones de África y América Latina, ni el efecto de la especulación financiera sobre productos básicos, ni el peso enorme de la deuda de los países más pobres del mundo son temas importantes para el PNUMA. En contraste, abunda la retórica sobre instrumentos de política basados en el mecanismo de mercado y la necesidad de alentar la inversión privada.
 

El PNUMA también ignora las causas de la feroz desigualdad, que es rasgo dominante en la economía mundial. Tal pareciera que esa desigualdad cayó del cielo, como si se tratara de un fenómeno meteorológico. Así, la IEV habla de la necesidad de aliviar e incluso de eliminar la pobreza. Pero siempre que lo hace es en referencia al potencial que ofrece el buen manejo de los recursos. Nunca se menciona la necesidad de corregir el marcado sesgo en contra de los salarios reales. De sobra se sabe que en casi todo el mundo los salarios reales experimentaron una declinación importante a partir de los años setenta. Entre las causas más visibles de ese resultado está la represión salarial impuesta para controlar la demanda agregada y, de ese modo, llevar adelante la lucha contra la inflación (el principal enemigo del capital financiero). A pesar de la importancia de esta variable de la distribución, la palabra “salarios” no tiene cabida en el diccionario de la IEV.


La desigualdad también está fuertemente anclada en una política fiscal regresiva. Sin embargo, cuando se trata de recomendaciones en materia de política fiscal, el documento del PNUMA sugiere que el mejor marco fiscal para el crecimiento debe descansar en los impuestos indirectos y en bajas tasas impositivas para el sector corporativo. Esto debe ir acompañado de “mayor eficiencia en el gasto público”, lo que en la jerga neoliberal se traduce en mayores ajustes y generación de un superávit primario para pagar cargas financieras. Claro, las referencias del PNUMA son la OCDE, el Banco Mundial y la consultora PriceWaterhouseCoopers. Eso sí, se alerta sobre los “riesgos de imponer gravámenes al capital financiero”.
 

Aunque la iniciativa del PNUMA se basa en la idea de que la crisis ofrece la oportunidad para reencaminar la economía mundial por el sendero del desarrollo sustentable, ningún documento del organismo contiene un análisis serio sobre los orígenes y naturaleza de la crisis. Los lectores pueden corroborar lo anterior en la página de la IEV (www.unep.org/greeneconomy). Por extraordinario que parezca, un análisis serio sobre la crisis y sus ramificaciones no es relevante para hablar de la transición hacia una “economía verde”.
 

La iniciativa del PNUMA intenta extender la vida del modelo neoliberal. Es también un buen ejemplo de la sentencia de Keynes: no sólo hemos fracasado en el intento de comprender el orden económico en el que vivimos, sino que lo hemos mal interpretado al grado de adoptar medidas que operan duramente en nuestro detrimento.
 

http://nadal.com.mx
 

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Martes, 19 de Julio de 2011 18:39

Chile. Cambio cosmético de un gabinete híbrido

Al cumplir 16 meses con su "nueva forma de gobernar", Sebastián Piñera hizo cambios menores y enroques en ocho carteras de su "gabinete de excelencia". Nada creativo, movió algunos gerentes y ex ejecutivos de empresa que trasladó a otros ministerios, salvo tres que se fueron a casa. Cedió ante la Unión Demócrata Independiente al nombrar ministros a dos senadores UDI, que al abandonar podrían mostrar cierta "escasez de cuadros" en la tienda de la extrema derecha pinochetista que procura mostrar una imagen populista. Al fin de cuentas hubo leves cambios de la fachada gubernamental, “para que todo siga igual”. Un cambio cosmético que trae consigo los habituales conflictos de interés en un gabinete híbrido, empresarial y político. Ahora viene la pugna interna en la UDI para llenar las dos bancas desalojadas en el Senado, reemplazos que en el sui generis "sistema democrático chileno" serán designados a dedo por la directiva del partido más fuerte de la alianza gobernante bi-partidista.
 
En el ministerio más importante, Interior, Piñera mantuvo a su fiel escudero Rodrigo Hinzpeter, abogado de su mismo partido, Renovación Nacional (RN). Sacó de Educación al economista UDI Joaquín Lavín, pero lo designó en Mideplán, una cartera que no planifica sino que distribuye fondos entre sectores vulnerables y “estudia la pobreza”. Se fue a su casa el anterior ministro UDI Felipe Kast.
 
 En Educación puso al abogado RN Felipe Bulnes, antes ministro de Justicia. Esta cartera hoy es políticamente la más relevante por el conflicto estudiantil en curso, tras una educación pública gratuita y de buena calidad. En justicia fue nombrado Teodoro Ribera, ex diputado y abogado RN.
 
Salió la DI Ena von Baer de la Secretaría General de Gobierno. Fue sustituida por el senador UDI Andrés Chadwick, un primo del Presidente que hace rato venía criticando la gestión de la ministra vocera del gobierno.
 
De Economía salió el “independiente” Juan Andrés Fontaine e ingresó el senador UDI Pablo Longueira, que también venía manifestando sus deseos de tener algún rol en el primer gobierno de derecha elegido en las urnas en más de medio siglo. Dicen que la remoción sorprendió a Fontaine.
 
El bi-ministro estrella de Minería y Energía, Laurence Golborne, “independiente” y pre-presidenciable 2013 desde la tragedia de los 33 mineros, pasó a Obras Públicas, mientras Hernán de Solminihac, también “independiente”, fue cambiado de OOPP a Minería y desempeñará Energía quien era intendente de Santiago, el empresario de la construcción Fernando Echeverría, RN y ex socio de Piñera en negocios inmobiliarios.
 
¿Nueva manera de gobernar?
 
 En la UDI comenzó la pelea por la sucesión de Longueira y Chadwick en el Senado. Entre las (os) pretendientes se encuentran Ena von Baer, María Angélica Cristi e Iván Moreira. Como Moreira y Cristi ya son diputados, su eventual designación como senadores traería consigo otra disputa interna, en el seno de la UDI, para llenar sus vacantes en la cámara baja con otras designaciones a dedo. Además, Piñera deberá nombrar al nuevo Intendente de Santiago. Su gobierno ya tenía dos ex senadores como ministros: la UDI Evelyn Matthei en Trabajo, reemplazada en el senado por un ex diputado (Gonzalo Uriarte) y el RN Andrés Allamand en Defensa, cuya senaduría ocupa ahora Carlos Larraín, jefe del partido de Piñera que no fue elegido por los electores. Pareciera que ésta es, efectivamente, “la nueva forma de gobernar”.
 
No se ve claro que el cambio de gabinete pueda sofocar los conflictos sociales en curso y pleno desarrollo. Más bien ratifica la nueva manera de gobernar-gerenciar la gigantesca empresa Chile S.A., aunque en cierto modo, Piñera les hizo caso a los estudiantes que declararon “interlocutor no válido” a Lavín, a la vez que exigían su renuncia o remoción. Para los jóvenes de enseñanza media y universitaria, Lavín tenía un claro “conflicto de interés”, léase corrupción, por haber lucrado con la educación superior en su condición de socio fundador de la Universidad del Desarrollo, también llamada Universidad UDI. Por eso no quisieron hablar más con el personaje, quien continúa en el gabinete por la fuerza de la presión UDI, que todavía lo considera una carta presidencial 2013 viable si se recupera tras su caída libre en las encuestas.
 
Mucha gente -incluso periodistas que leen y comentan noticias por TVN- cree que el eufemismo “conflicto de interés” significa estar interesado en ciertos temas conflictivos para lucrar, pero desconocen el significado real de esa expresión estadounidense. A modo de ejemplo simple, tendría ese “conflicto de interés” un gato encargado de vigilar la carnicería/pescadería o un ratón a cargo de la custodia del queso. Según el Diario Financiero (DF), ése es ahora el conflicto del nuevo ministro de Minería, Hernán De Solminihac, porque su hermano Patricio De Solminihac es el subgerente general de la corporación Sociedad Química de Chile (SQM), ex Soquimich, compañía del Estado privatizada y entregada escandalosamente por Pinochet a su entonces yerno Julio Ponce Leroy. Ocurre que el sector minero está ilusionado en que este gobierno privatizador liberalice la explotación del altamente demandado litio, metal que hoy “no es susceptible de concesión”, según la Ley de Minería. Y esta industria, según el DF, “justamente en el país hoy es acaparada por SQM y la Sociedad Chilena del Litio”.
 
Por Ernesto Carmona, periodista y escritor chileno.

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Martes, 19 de Julio de 2011 06:39

Neoliberalismo y cultura de la corrupción

El neoliberalismo tiene ideología. Más allá de los postulados económicos que lo guían en la presente globalización: el libre comercio, el libre flujo de capitales y las privatizaciones o la tasa de ganancia del capital invertido, como criterio superior; el neoliberalismo induce, para las decisiones de vida de las personas, valores que maximizan el interés individual como norma básica del progreso; la prioridad es ser competitivo y exitoso a toda costa. El neoliberalismo reemplazó, el desarrollo por el crecimiento; es decir, el bienestar común por la sumatoria de las bonanzas individuales, para los que puedan tenerlas.

Las políticas neoliberales se orientan a brindar oportunidades y no a garantizar derechos. Se engaña a la sociedad, en particular a los más débiles, con que el Estado sólo está obligado a facilitar la existencia de la oferta, dentro de las leyes del mercado, de la salud, la educación, la vivienda y los servicios públicos. Como los oferentes, a su vez, deben obtener provecho de estas actividades, el ingreso económico, al final, resulta determinante para la satisfacción de las necesidades de los ciudadanos.
 

El neoliberalismo está anclado al utilitarismo de Bentham que define lo “útil” como lo bueno. O lo dicho por otro: “No importa que el gato sea blanco o negro, el todo es que coma ratones”. Esto abre una Caja de Pandora: no hay límites para el lucro, se extiende a todos los negocios y se vuelve más cierto que nunca que el capitalismo “por el 100 por ciento pisotea todas las leyes humanas; con el 300 por ciento no hay crimen que no se atreva a cometer”. O como cree Miguel Nule: “La corrupción es inherente a la naturaleza humana”.
 

La podredumbre contemporánea no se circunscribe a la contratación pública, ni a la DIAN, la DNE, al “cartel de las EPS” o al Fosyga; es global. ¿No es lo mismo lo de Madoff, lo de Stanford o lo de Enron y Lehman Brothers? La periodista Michelle Malkin escribió en 2009 un éxito editorial, La cultura de la corrupción”, sobre “Obama y su grupo de defraudadores de impuestos, pícaros y compinches”.
 

López Michelsen aseveró que la corrupción empezó en Colombia con la llegada de la United Fruit Company; Turbay Ayala habló de contenerla “dentro de sus justas proporciones” y ahora, en tiempos del neoliberalismo, la ladronería sobre el erario se salió de madre. Si Santos quisiera acabar la corruptela empezaría por eliminar el caldo de cultivo de la nueva cepa: el modelo neoliberal. No apuntalarlo, como en realidad hace. He ahí la raíz de su inconsecuencia y lo infructuoso de su publicitada campaña moralizadora.


Por Aurelio Suárez Montoya, Bogotá
Julio 11 de 2011
 

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