Sábado, 21 de Abril de 2012 16:23

Microcrédito en la India: el negocio de la miseria*

por  Cédric Gouverneur
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  • Autor: Cédric Gouverneur
  • Edición: 2
  • Fecha: abril 20 - mayo 20
Laksmi y su mujer Rama no hacían más que producir, día tras día, unos mil beedies (cigarrillos aromáticos), trabajando 12 horas diarias para ganar unas 70 rupias (alrededor de 1,10 euro). Padres de dos niñas, ambos decidieron entonces pedir prestadas 5.000 rupias (78 euros) a un organismo de microcrédito con el fin de abrir un minúsculo puesto de nueces de betel en el suburbio de Warangal, en el estado de Andhra Pradesh, al sur del país. Eso debía permitirles vivir mejor, con pagos de 130 rupias por semana. Pero, cuenta Rama, Laksmi cayó enfermo: “Durante cuatro meses, no pudo trabajar”. Los vencimientos se acumulaban y, con ellos, los intereses. Los vecinos comenzaron a ponerse agresivos, ya que las sociedades de microcrédito desarrollan un sistema de corresponsabilidad: cuando un deudor no cumple, los otros deben pagar. Hostigada y atemorizada, la pareja pidió un segundo préstamo para poder saldar el primero; luego, un tercero para pagar el segundo… Finalmente, llegaron a un total de cinco préstamos por el equivalente de unos 1.000 euros.

Los acreedores terminaron literalmente acampando frente a la humilde casa de Laksmi y Rama. Luego –en total ilegalidad– se apoderaron del puesto de betel, de su cocina sw gas, de las joyas de oro y de la máquina de coser con la cual una de las dos hijas de la pareja, Eega, de 20 años, arreglaba prendas de vestir para revender. “Eres bonita: ¡prostitúyete!”, le respondieron los acreedores cuando les preguntó cómo iba a hacer su familia para poder comer. Humillada, se inmoló con fuego el 28 de septiembre de 2010.

“Los pobres tienen acceso a un crédito fácil y viable”, resume Reddy Subrahmanyam, ministro de Desarrollo Rural del Estado. “Pero ¿a qué precio? Con las cargas, los porcentajes de intereses rozan el 60 por ciento”. En el espíritu de su inventor, el bangladesí Muhammad Yunus, Premio Nobel de la Paz, el microcrédito debía permitir la adquisición de una nueva fuente de ingresos y no oficiar de complemento. Un matiz fundamental, ya que el microcrédito indio se emparienta en adelante con los préstamos al consumo: “Los más pobres solicitan créditos para pagar gastos médicos, una dote, un casamiento, incluso un televisor o un peregrinaje”, observa Subrahmanyam. “El microcrédito debía empoderar [empower] a los más desprotegidos, devolverles su dignidad. Ahora los hunde en la miseria”. Y en lugar de generar solidaridad, la corresponsabilidad de los prestatarios genera hostilidades al interior de las comunidades campesinas.

El estado de Andhra Pradesh concentra un cuarto de los microcréditos privados del país, lo que representa 52 mil millones de rupias (818.000 euros) prestados a 6,25 millones de hogares en 20101 “En los años 2000 –dice a Abhay N., editor del diario online India Microfinance–, el gobierno regional puso en marcha numerosos programas sociales para contrarrestar la influencia de los maoístas”, cuya guerrilla se mantiene activa en zona rural2. El Estado incitó a los bancos a dar préstamos a los habitantes reunidos en grupos de ayuda mutua (self-help groups, o SHG), haciéndose cargo él mismo de una parte de los intereses.

En el pueblo de Dharmasagaram, en el distrito de Warangal, una madre de familia, Bhergya, cuenta cómo ha podido, a través del SHG, pedir prestado un poco más de 1.000 euros al banco, a una tasa del 12 por ciento (haciéndose cargo el Estado del 9 por ciento) para adquirir un rickshaw3, que luego alquiló a su hermano: “El alquiler del rickshaw me reporta 6.000 rupias [94 euros] al mes, y debo reembolsar 2.700”, dice satisfecha.

Pero sociedades privadas han utilizado esta red para sondear a los campesinos y venderles créditos al consumo sobre el modelo europeo. Esta desviación se explica por la evolución de la mayoría de los 66 organismos de microcrédito indios, guiados por una única lógica, la del lucro. Número uno del sector, SKS fue fundado en 1998 por Vikram Akula, un trabajador social graduado de la Universidad de Chicago. SKS era en su origen una organización sin fines de lucro. “Ese estatuto jurídico le impedía prestar dinero suficiente”, justifica un portavoz de la sociedad con sede central en Hyderabad. “El señor Akula decidió entonces en 2005 hacerlo evolucionar en compañía financiera no bancaria”. En el derecho indio, esta clase de sociedades presta dinero pero no puede recibir depósitos. Tal como ocurre con todos los dueños de organismos de microcrédito contactados, Akula se encuentra “demasiado ocupado” para recibirnos. Su portavoz niega cualquier tipo responsabilidad en los suicidios.

Una reciente resolución del gobierno de Andhra Pradesh (Partido del Congreso) prohíbe a los cobradores presentarse en el domicilio de sus deudores y somete la suscripción de nuevos préstamos al aval de las autoridades. La oposición juzga insuficientes estas medidas: el Telugu Desam Party (TDP), que estuvo en el poder en Andhra Pradesh entre 1999 y 2004, exhorta a los millones de deudores a dejar de pagar.

En un suburbio de Hyderabad encontramos a la señora Kaushalya y sus vecinas. Esta enérgica abuela pidió un préstamo para que pudieran atender a su marido hemipléjico. Incapaz de devolver el dinero, debía haber sido hostigada por las otras deudoras del barrio, obligadas a pagar en su lugar; pero estas mujeres decidieron hacer frente común y dejar de pagar: “No hemos pagado nada desde noviembre de 2010 –dicen a la vez orgullosas y serias en sus saris4. La gente de la sociedad de crédito nos amenaza, nos dice que iremos a la cárcel, pero no sucede nada, y ya ni les prestamos atención”. Tales ejemplos de solidaridad entre los campesinos se multiplican en todo el estado. Y las tasas empiezan a hundirse, pasando del 97 al 20 por ciento, incluso al 10. Finalmente, “hay investigaciones en curso sobre una cincuentena de suicidios. Los responsables del hostigamiento deberán responder de sus actos ante los tribunales”, promete Subrahmanyam.

Habiendo advertido este cambio, 39 dirigentes de SKS liquidaron sus opciones de compra de acciones desde el principio de la crisis, al final de 20105. De acuerdo con nuestra información, las sociedades de microcrédito sondean hoy en los pueblos remotos de los indígenas adivasis: aislados, miserables, analfabetos, resulta más difícil que éstos desconfíen… La microfinanza india bien pudiera hacer suyo el chiste del humorista Alphonse Allais (1854-1905): “Es necesario tomar el dinero donde se encuentra: entre los pobres. No tienen mucho, ¡pero son tan numerosos!”.


* Tomado de Le Monde diplomatique, edición Francia Nº697, Abril de 2012, p.12.
Çpor Cédric Gouverneur, periodista

1 Narasimhan Srinivasan, Microfinance India: State of the sector report, Nueva Delhi, SAGE Publications India Pvt Ltd, 2010.
2 Léase “La guerrilla naxalita en India”, Le Monde diplomatique, edición Colombia.
3 Vehículo de dos o tres ruedas, muy utilizado en países orientales. (Nota del traductor).
4 Vestido femenino indio. (Nota del traductor).
5 Express India, Nueva Delhi, 11-02-11.

Traducción: Lucas Bidon-Chanal.

 
Ultima modificacion el Sábado, 21 de Abril de 2012 16:38

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