Domingo, 19 Abril 2009 07:13

Ropajes de la dictadura. Universidad Nacional, democracia y autonomía

Escrito por  Harold López Ávila
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La reciente reelección de Moisés Wasserman como rector de la Universidad Nacional, a pesar del 96 por ciento de abstención de profesores, estudiantes y egresados habilitados para votar, pone en el centro del debate nacional el tema de la democracia y el gobierno en el interior de los claustros universitarios. Pero, además, interroga por la universidad que requiere el país y, más que éste, el continente del cual somos parte viva.
 
En sesión del 2 de abril, el Consejo Superior Universitario (C.S.U.) nombró por segunda vez consecutiva a Moisés Wasserman como rector (la primera, en el período 2006-2009). Ya el 25 de marzo se había realizado una consulta a la comunidad académica, por medio electrónico; en ella, la abstención (96 por ciento de los estudiantes, docentes y egresados habilitados para votar) se evidenció como la gran protagonista. De esta manera, el proceso ‘consultivo’, con varios foros a los que el candidato-rector en su mayoría no asistió, quedó revestido por un manto de ilegitimidad. Cabe decir que la democracia y la autonomía universitarias son nociones que se retroalimentan; una determina a la otra, la construye, la modela, y erige la forma como se pone en práctica desde una particular valoración semántica, histórica y política.
 
Se trata de un proceso consultivo quebrado con la participación venida a menos, así y todo el presidente Uribe haga el guiño por el candidato de su predilección. No hay duda. Con la participación de apenas el 4 por ciento de los votantes, se demostró el descreimiento de la comunidad universitaria con un proceso consultivo no vinculante 1, en el cual se pondera altamente el voto del profesorado, se subvalora al estudiantado, y en últimas el C.S.U. elige al rector. Vista así, la participación democrática se torna un acto formal; su característica principal es el hecho de que su resultado no es decisorio y ni siquiera se cumple en sus propios términos, y que, además, como se presenta, es mera representación discursiva, virtual, convertida en realidad absoluta sólo bajo la óptica del poder institucional.
 
Es ésta una ficción de participación que quiebra la democracia en el claustro universitario. Es dictadura de hecho. Son recurrentes las demandas cotidianas de estudiantes y profesores por un modelo democrático y autónomo de Universidad. La Universidad Nacional de Colombia no es la excepción, menos aún desde las reformas académicas y administrativas implementadas en 2004 por el rector Marco Palacios, las cuales marcan una nueva configuración de la autonomía y la participación de la comunidad académica.
 
Hay que recordarle a la sociedad, que desde entonces el ámbito de la toma de decisiones internas de la Universidad pasa a ser parte de la esfera de las políticas fiscales del Gobierno y las ‘recomendaciones’ que para América Latina hacen entes supranacionales como el Banco Mundial. Así, los temas del quehacer universitario pasan de ser preocupación nacional para convertirse en problema transnacional, otro escenario para los planes globales de ajuste económico a que obligan los prestamistas. En los últimos cinco años, la Nacional ha sido, a través de sus directivas, si no impulsora por lo menos connivente con estos ajustes.
 

Desvanecimiento de la autonomía, El Consejo Superior Universitario

 
El primer ropaje de dictadura aparece en la composición del gobierno universitario. El C.S.U., instancia máxima de gobierno de la Nacional, se compone de nueve miembros, cinco nombrados por el Ejecutivo (la Ministra de Educación, dos designados por el Presidente, uno por el Consejo Nacional de Educación Superior, y el rector, nombrado por el propio C.S.U.), y sólo dos (el representante estudiantil y el profesoral) son elegidos por el voto directo de la comunidad universitaria. Los otros dos (un ex rector y alguien nombrado por el Consejo Académico) por lo general también son miembros progubernamentales.
 
Así, en la nueva configuración de dictadura aparece el ropaje autonómico. La Universidad no construye reflexiones críticas sobre la sociedad de mercado y el modelo de gobierno (reflexiones críticas que, como diría Marcos, son una especie de conciencia incómoda e impertinente para la sociedad globalizada 2); por el contrario, la conjunción sociedad de mercado-modelo de gobierno construye el modelo de universidad, determina los límites de su autonomía y, por tanto, influye con la participación directa del Estado en la toma de decisiones internas. Así se alinea la emergente universidad neoliberal, incapaz de interrogarse, a riesgo de que la élite intelectual la señale como institución tradicional y premoderna.
 
En el Decreto 1210 de 1993 se define a la Universidad bajo un régimen especial de autonomía que comprende independencia total para definir sus programas, reglamentarse y gobernarse; pero, ya en 2003, bajo el gobierno de Uribe, el Decreto 2566 establece que las características especificas de los aspectos curriculares serán dictaminadas por el Ministerio de Educación. Así las cosas, con mayorías en el gobierno universitario, y con el poder jurídico y administrativo para decidir sobre los programas, se va estructurando una elaborada pero sutil forma de dictadura en la Universidad.
 

Efracción de la democracia. El proceso de designación de rector

 
Ahora, para no ir más lejos, partamos de que la noción de democracia que nos convoca es la de aquella que emana en la sociedad contemporánea del pensamiento político-filosófico liberal, que comprende la participación como elemento esencial que la define. Para este efecto, tengamos en cuenta que la Corte Constitucional establece que las políticas universitarias emanadas de sus estamentos deben estar enmarcadas en el principio de una efectiva democracia participativa3.
 
Con un C.S.U. predispuesto por la sobrerrepresentación4 del gobierno nacional, se dan las condiciones para un proceso de elección viciado y que tiene grandes implicaciones sobre el grado de control gubernamental de la institución, y las consiguientes repercusiones negativas y las limitaciones a la democracia universitaria, adicionales a las formas de control evidentes en la asignación presupuestal de la creciente desfinanciación estatal. Así, la democracia comienza a ser el ropaje de un modelo que tiene los elementos propios de un sistema de toma de decisiones antidemocrático. En esa medida, asistimos a una reorientación de la misión universitaria, que cambia el sentido mismo del Alma Máter y corresponde a una reorganización productiva del capitalismo en etapa de crisis, que debe ajustarse para la intervención y el papel del conocimiento mediante la invención de democracias virtuales.
 

Estrategias retóricas. Elaboradas formas de dictadura contemporánea

 
Parece como si la historia debiera comenzar y terminar en cada rectoría impulsada por las ideas del gobierno nacional. Existe un aire fundacional en cada reforma, y cada nuevo recorte presupuestal es presentado como el último avance de las universidades europeas o norteamericanas que debemos copiar acríticamente.
 
A la vez, en la retórica, la universidad existente es relegada a un estadio de premodernidad que debe ser superado, ya que su composición no corresponde con los criterios de eficiencia del mercado neoliberal, y mucho menos es acorde con la función ‘modernizadora’ de los nuevos intelectuales que dirigen la producción de conocimiento y las reformas en la Universidad. La construcción retórica de realidades virtuales se convierte en el ropaje con el cual se cubre la dictadura moderna en la Universidad.
 
En medio de la contraposición virtual entre lo tradicional y lo moderno, se abre el espacio discursivo para la entrada del metarrelato del desarrollo, instalado en un ámbito que supone la desaparición de la Universidad, tal como es, y pasa a refigurarse así en torno a una nueva función: adaptar sus gobiernos a las necesidades recurrentes del mercado. Leopoldo Múnera sostiene a este respecto que “emergió un discurso legitimador que basa la necesidad del cambio en la imperiosa necesidad de adaptarse a un proceso de globalización económica, presentado como indiscutible factor de modernización y desarrollo, aunque la evidencia empírica desvirtúe tal afirmación, con características homogéneas para todas las regiones del mundo y efectos similares en cualquier nación del planeta”5.
 

Escéptica esperanza

 
Las tendencias dominantes en la construcción retórica de la democracia nos sitúan en un contexto en que desaparece la autonomía real de las universidades para detener las políticas del Estado y oponerse a ellas. La permanente refuncionalización del gobierno universitario halla diversas resistencias que no se hacen esperar en los últimos años; pero la actual situación nos convoca a una reflexión más profunda que supone la emergencia de una redemocratización de la Universidad, de la cual no se puede esperar que parta de un giro institucional o de la desaparición de los ropajes que cubren la democracia, sino que debe anclarse en la entronización de una lógica distinta de la que caracteriza la globalización mercantil y financiera.
 
El colapso actual del capitalismo como sistema mundo es síntoma de crisis que debe reflejar un cambio paradigmático, capaz de articular formas de democracia propias que tengan la tarea de darle cabida a una reflexión sobre la universidad que necesita la nación, y más allá de ella la región como un todo, con miras a la resolución de sus problemas más urgentes y, sobre todo, que sea capaz de erigir modelos de pensamiento no coloniales y que permitan una autodeterminación estructural de sí misma.
 
*     Estudiante de Trabajo Social, Universidad Nacional.
1    El artículo 15 de las disposiciones finales de la Resolución 101 de 2008 del C.S.U. de la Universidad Nacional señala que el procedimiento de consulta no altera en manera alguna la competencia decisoria del C.S.U. para la designación de rector.
2    Ver ¡Oxímoron! (la derecha intelectual y el fascismo liberal) Foro sobre el “pensamiento único”. EZLN. México, abril de 2000.
3    Ver Sentencia C-220/97 y Sentencia C-829/02 Corte Constitucional.
4    Gómez C., Víctor Manuel. Lo académico y lo político en las universidades públicas. En Revista Colombiana de Educación Nº 43, 2002, p. 69.
5    Múnera Ruiz, Leopoldo. ¿Hacia dónde va la universidad pública? Tendencias globales en política pública para la educación superior. 2005. http://www.unicauca.edu.co/columna.php?idn=635.
 

Recuadro 

Entre el cogobierno y la dictadura. Cuando los poderosos pierden el poder

 
El Encuentro Nacional Universitario realizado en marzo de 1971 en Bogotá aprobó, con la participación de más de 30 universidades, lo que se denominó el Programa Mínimo de los Estudiantes Colombianos, que constaba de seis puntos 1:
 
“1.- Abolición de los Consejos Superiores Universitarios, en los cuales tenían representación los gremios y el clero, y sustitución por un organismo conformado por tres estudiantes, tres profesores, el rector (sin voto) y un representante del Ministerio de Educación. Conformación de una comisión (tres estudiantes, tres profesores y un representante del Ministerio de Educación) para estudiar un proyecto de Ley Orgánica de las Universidades. Establecimiento de un sistema democrático para la elección de autoridades universitarias en los establecimientos públicos y privados.
 
“2.- Cumplimiento de la asignación del 15 por ciento, como mínimo, del presupuesto total de educación para la Universidad Nacional. Además, control oficial para las universidades privadas, congelación de matrículas y suspensión de las cláusulas lesivas a la nación colombiana, contenidas en los contratos de las universidades con agencias internacionales.
 
“3.- Conformación inmediata de una comisión (tres estudiantes, tres maestros y un representante del Ministerio de Educación) que debe estudiar el carácter rector de la Universidad Nacional en la educación superior, liquidación del Instituto Colombiano de Fomento a la Educación Superior (ICFES), financiación estatal y adecuada de la educación superior, investigación científica financiada exclusivamente por la nación y planificada por investigadores nacionales, y revisión de todos los contratos celebrados con entidades extranjeras. El informe deberá ser aprobado previamente por un Encuentro Nacional Universitario y puesto en marcha por el Gobierno.
 
“4.- Retiro definitivo de la Universidad del Valle y ruptura con la Fundación para la Educación Superior (FES).
 
“5.- Legalización del derecho a crear organizaciones gremiales en cualquier tipo de establecimiento educativo.
“6.- Reapertura de la Facultad de Sociología de la Universidad Javeriana”.
 
Las manifestaciones arrancaron el 7 de febrero en la Universidad del Valle, donde los estudiantes decidieron iniciar una huelga en la que exigían que se suprimiera la participación del sector privado y el clero en el Consejo Superior Universitario, además de la renuncia del rector. Enérgicas agitaciones seguirían ocurriendo y extendiéndose por todo el país. Sin embargo, la del 26 de febrero marcó el talante del gobierno de turno, que tenía a la cabeza a Misael Pastrana. El saldo: más de 20 muertos y desaparecidos a manos de una acción desmedida del ejército en contra de los estudiantes. Inmediatamente se decretó el estado de sitio en todo el país.
 
En medio de la represión se desata un paro el 1º de marzo en la Universidad Nacional, y en los días subsiguientes manifestaciones y enfrentamientos entre la policía y los estudiantes en Medellín, Cali, Armenia y Popayán. A las movilizaciones y el auge de la manifestación les siguen detenciones de estudiantes, expulsiones y amenazas. Pero el 24 de marzo se agudiza el paro en la Nacional, lo cual motiva tomas de edificios de los demás claustros universitarios en el país. Las presiones incesantes por parte de los estudiantes marcaron lo que sería la apertura de espacios democráticos en las esferas directivas y de decisión en la Nacional. Lo mismo pasaría en la Universidad de Antioquia, y un proceso similar se daría en la Universidad del Valle. El 23 de octubre se sustituye en la Nacional al Consejo Superior Universitario por un Consejo Provisional Universitario, el cogobierno universitario. A partir de esta fecha, se expide el Decreto 2070, de octubre de 1971, que establece en la más importante universidad del país un Consejo Directivo compuesto por dos estudiantes, dos profesores, cuatro decanos, el rector o el Ministro de Educación, y un ex alumno 2. Tres meses después se dio un proceso similar en la universidad de Antioquia.
 
“En su corta existencia, el cogobierno de la Universidad Nacional elaboró un presupuesto de 630 millones, que se consideraba acorde con las necesidades de la institución, aunque posteriormente el nuevo rector lo dejó en 280; suspendió el pago de la deuda y los contratos con el BID, y demás organismos internacionales; detuvo la aplicación del Plan Atcon, base de una reforma universitaria retrógrada, y exigió la participación democrática en la elaboración de la reforma universitaria; reintegró los estudiantes y profesores detenidos y se pronunció contra la ocupación; amplió la cobertura estudiantil y aumentó el presupuesto para bienestar” 3.
 
“El cogobierno obtenido en las dos principales universidades colombianas tuvo una corta duración. Instalado el primero el 26 de noviembre de 1971, y el segundo en enero de 1972, fueron declarados ilegales y disueltos a fines de mayo 1972 mediante los Decretos 856 y 886. Con ellos se restauró la vigencia del Decreto 1259, que restituyó a los rectores autocráticos, suspendió la participación de estudiantes y profesores en los consejos superiores, y restableció la asistencia del Ministro de Educación” 4.
 
La militarización de la universidad fue el punto final que determinó el carácter antidemocrático y dictatorial del Ejecutivo, carácter que ya se había evidenciado en su escasa disposición al diálogo, además de su política de guerra contra cualquier movimiento social que estuviera dispuesto a cuestionar su dudosa elección en abril de 1970.
 
1    Pardo, Miguel Ángel. Urrego, Miguel Ángel. El Movimiento Estudiantil de 1971 en Colombia. Ponencia presentada por los autores en el Primer Congreso Internacional sobre Historia de las Universidades de América y Europa, realizado del 10 al 12 de julio de 2003 en la Universidad de Córdoba (Argentina). Igualmente, en el 51° Congreso Internacional de Americanistas, realizado entre el 14 y el 18 de julio de 2003 en Santiago de Chile. La ponencia hace parte integrante de las memorias de los respectivos eventos. En http://www.renovacionmagisterial.org/boletin/boletin28/ponencia71.pdf.
2    Ver, Mosquera, Francisco. 1981. A los 10 años del Movimiento estudiantil de 1971. En http://www.moirfranciscomosquera.org/public/A%20los%2010%20a%F1os%20del%20Movimiento%20Estudiantil%20de%201971.htm.
3    Pardo, Miguel Ángel et al, ob. cit., p. 17.
4    ibíd., p. 16.
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