Detroit celebrará este mes la conferencia Nuevo Trabajo-Nueva Cultura, las primeras jornadas dedicadas a repensar la economia y la cultura en Estados Unidos. Para entender el cambio que está sucediendo en Detroit y en norte-america hemos hablado con la histórica activista Grace Lee Boggs. Esta entrevista fue previamente publicada en Zazpika.

Grace Lee Boggs tiene casi 100 años y su pensamiento humanista vigoriza la devastada ciudad de Detroit (norte de Estados Unidos). Si la conocida como Motor City se convirtió en el símbolo del "sueño americano", hoy sus inmensos terrenos parecen un escenario de posguerra: gigantescas calles vacías, solares abandonados y abundante pobreza. Con el documental American Revolutionary. The evolution of Grace Lee Boggs y su libro The Next American Revolution: Sustainable Activism for the Twenty-First Century muchos norteamericanos han descubierto la visión y las esperanzas de esta mujer chino-americana. Luchadora por los derechos civiles en los Estados Unidos y tenaz activista del Black Power, Grace Lee Boggs se ha convertido en una figura legendaria: una sabia anciana que ve en las impresoras 3D y en los huertos urbanos la posibilidad de (r)evolucionar la sociedad.


Usted dice que se alegra de vivir en Detroit y de poder constatar cada día cómo los gigantes "también caen".

Sí, (sonríe). Creo que debemos pensar en perspectiva de siglos. ¿Qué sabes tú de la transición que hubo del Paleolítico al Neolítico?


Creo que muy poco..

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En el periodo de transición del Paleolítico al Neolítico pasamos de la caza a la agricultura. Fue en ese milenio, antes de Cristo, cuando aparecieron todas las religiones, cada una con su propia "regla de oro". Esto sucedió porque la gente empezó a relacionarse de formas muy diferentes. Hoy tenemos que pensar en estos términos. El cambio que tenemos delante es como esa transición del Paleolítico al Neolítico. Tenemos que pensar de una forma mucho más antropológica y muchísimo más amplia.


¿Y piensa usted que en Detroit están metidos de lleno en este cambio?

Creo que sí. En los últimos doscientos años el ideal de vida ha sido el de la vida en la ciudad, pero este modelo nos lleva a nuestra propia extinción. La gente que seguimos habitando en Detroit estamos re-imaginando cómo queremos vivir. Hay gente que veía los solares abandonados como espacios vacíos y muertos y otros que los vemos como la posibilidad de colocar huertos urbanos. Somos los primeros en enfrentarnos a este nuevo estadio en la historia de la humanidad.

En su ciudad, ha transformado la que fue su casa y la de su marido James Boggs en el Boggs Center. Desde ahí trabajan la que denominan como "organización- visionaria". ¿Puede detallar este concepto en contraposición a lo que usted llama "organización-protesta"?


La organización-protesta funcionaba bien cuando el Estado-nación era fuerte. Pero ahora, da igual cuánta gente mandemos a Washington a protestar: Obama no tiene el mismo poder. El Estado-nación y los parlamentos fueron creados hace doscientos años, pero, después de la Segunda Guerra Mundial y con la globalización, los Estados-nación perdieron su papel.

¿Cómo funciona la organización-visionaria?


Cuando hay una crisis, hay gente que no se da ni cuenta, otra que reacciona y otra que ve las oportunidades que se generan y crea algo completamente nuevo. La idea de organización-visionaria surge al darnos cuenta de esto, de que las personas no son bancos de peces, no reaccionamos todas de la misma forma.


En Detroit queremos, a través de una organización visionaria, generar actividades nuevas, organizarnos para el futuro que queremos tener. ¿Los huertos urbanos crearán una nueva cultura?

Es el cambio de paradigma. Cuando se forzó a las mujeres a alejarse de la tierra y se mandó a los hombres a las fábricas hubo un cambio en el pensamiento y en la cultura. Así se generó el pensamiento cartesiano y la cultura industrial. En Estados Unidos creo que tenemos ahora esta oportunidad.


¿Podría darme más ejemplos de lo que hacen en su ciudad, además de los huertos urbanos?

Hace unos años quisieron solucionar la crisis del automóvil colocando casinos, con la promesa de generar nuevos puestos de trabajo. Nosotros nos opusimos y luego comprobamos que los casinos trajeron el dinero fácil, la droga y la criminalidad. Desde la organización-visionaria, nuestra respuesta a los casinos fue crear la Escuela de Verano, para repensar cómo queríamos vivir y trabajar. Ahora, en octubre organizaremos la primera conferencia mundial titulada "Nuevo Trabajo, Nueva Cultura".

¿Se acabó el "sueño americano"?


En Detroit, fuimos la ciudad de los milagros industriales y ahora seremos la primera ciudad post-industrial. La televisión y la publicidad tuvieron un rol muy importante en la cultura de masas.

¿Cómo se crea el nuevo imaginario?

Creo que usar impresoras 3D cambia totalmente la forma de pensar. Ahora es la sociedad la que puede decidir lo que producimos y no al revés. Cambia todo.

¿Y las mujeres?

En la transición del feudalismo al capitalismo, empezó la persecución de las brujas, así se impidió que las mujeres participaran en esta transición. Leí hace poco que un grupo de mujeres en África hizo una casa, en un día, con una impresora 3D. El cambio cultural es enorme.

Aconseja a los jóvenes tomarse la filosofía más en serio.


Sí, fui muy afortunada porque fui a la Universidad durante los años 30. Imagina lo que significa eso: los años 30, todo el mundo iba loco intentando entender la crisis económica de entonces. Yo dejé mis clases y me apunté a Filosofía. No entendía la filosofía y quería hacerlo. La esencia de la filosofía son dos cuestiones: ¿qué significa ser un ser humano? y ¿qué significa saber lo que sabemos? Estas son las preguntas que constantemente nos estaremos haciendo.

En los años sesenta participó en la organización de la marcha en Detroit en la que Martin Luther King ensayó por primera vez el famoso discurso «I have a Dream». ¿Cómo se vinculó con el movimiento Black Power?

Yo he sido muy afortunada por nacer mujer y de familia china. Crecí en Nueva York, donde mi padre abrió un restaurante, y siempre se me motivó a estudiar y a leer. Conseguí entrar en la Universidad y sacar el doctorado en Filosofía, pero luego nadie quiso darme trabajo. Me discriminaban por ser mujer y tener rasgos orientales. Cuando vi a la población afroamericana luchando por sus derechos, me uní a ellos. En Chicago vi y entendí por primera vez el sufrimiento de la población negra: como personas, como seres humanos.


¿Qué cambió en usted unirse al movimiento Black Power?

Cambió mi forma de entender la vida. Al participar en las manifestaciones y acciones y ver la fuerza de las masas pensé: "Si esto es lo que pueden conseguir las acciones masivas, esto es lo que quiero hacer toda mi vida". Cuando ahora veo lo que hacemos en Detroit, cómo los vecinos vuelven a cuidarse, cómo los niños son escuchados... pienso, si Malcom X viera lo que estamos haciendo seguro diría: "Esto es de lo que estaba hablando".


Junto con su marido, James Boggs, escritor negro y trabajador en la automoción (fallecido en 1993), hablaban ya desde los sesenta de la próxima "revolución americana".


Llegamos a esta conclusión a causa de los disturbios en Detroit en los 70: no estábamos haciendo una revolución, se trataba del grado de enfado de la gente. Una revolución es lo que hace que evolucione la humanidad, pero es importante distinguir bien entre revolución o rebelión y disturbio. Lo difícil, nuestra lucha, es intentar evolucionar como seres humanos. Los disturbios y las rebeliones no son lo mismo.


¿Entonces tenemos que (r)evolucionar?

Ahora mismo la cultura industrial, que se creó hace 200 años después de la Revolución francesa, se ha colapsado. Los europeos han afrontado las revoluciones como oportunidades para tomar el poder y no tanto como transiciones entre culturas. Pero, no se trata de tomar el poder. Fíjate, mi abuela nació cuando Marx era un niño. Era el periodo en el que aún no estaba claro qué camino seguiría Europa y nadie imaginaba todo lo que ha ido pasando después

¿Cómo ve ahora Europa?

Os veo en peor posición que los Estados Unidos, pero mi intuición dice que estudiar las migraciones en vuestro continente puede resultar clarificador. En Detroit, nos ha ayudado mucho entender los movimientos de la población negra. No creo que la inmigración africana tenga el mismo rol en Europa, pero hay que entender cómo os están afectando los movimientos de población. Europa intenta bloquear la inmigración y las deportaciones están aumentando. El pensamiento europeo sigue estando dominado por las ideas, principalmente, de los partidos políticos en tiempos de la dominación europea. Hay que cambiar esta mentalidad. Cuando vi las fotos de los inmigrantes intentando entrar en Ceuta me quedé muy sorprendida... Allí había algo nuevo. Debéis mirar a Europa desde esta perspectiva. Un periódico puede ayudar a hacerlo: tenéis que identificar y reconocer el cambio que estamos viviendo. Así, el cambio se reconoce a sí mismo.

¿Podría dar un ejemplo?

Por ejemplo, creo que es crucial entender el papel de Wangari Maathai en Kenia. Vino a EE UU en el momento álgido del movimiento de liberación de la mujer y cuando volvió a Kenia se dio cuenta de la diferencia entre la política hecha por los hombres y, en cambio, la sabiduría de las mujeres (con la organización del agua y la madera). La doctora Maathai se dio cuenta de que toda su lucha medioambiental era parte de un todo. Era una lucha ligada a combatir el sexismo, la pobreza y la corrupción. Entender el papel y la perspectiva que ha cogido gente como Maathai puede ser muy útil para entender de qué sirven estas migraciones.

¿Necesitamos más imaginación?

Hay que distinguir entre conocimiento e imaginación. Las escuelas se han centrado en dar conocimiento,que habla de realidades pasadas. La imaginación es proyección hacia el futuro,y los próximos líderes serán aquellos y aquellas que sepan ver y crear algo nuevo.

¿Qué significa ser un ser humano?


Evolucionar. Somos el único planeta que ha tenido este tipo de vida. Y ahora nos enfrentamos al peligro de la exterminación. Tenemos que evolucionar para impedirlo.

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El pasado 24 de agosto arrancaron las obras de peatonalización de la carrera 7ª, también llamada avenida Alberto Lleras Camargo o Calle Real, importante e histórica vía de la capital colombiana. Con esta iniciativa Bogotá retoma iniciativas, como las de Londres, Barcelona, Nueva York, Quito, y otras ciudades con proyección mundial donde el centro prioriza al peatón, al caminar lento, le abre espacios a la conversación, al despliegue cultural, incentivando de esta manera el turismo, fuente fundamental de ingresos para diversidades de urbes y países en todo el mundo.

El proceso de peatonalización busca, según lo expuesto por el alcalde Gustavo Petro, convertir en protagonista al ciudadano que no usa carro.

La reorganización de esta avenida está proyectada en dos etapas: la primera cubre desde la calle 7ª hasta la Avenida Jiménez, y deberá entregarse a la ciudad el próximo mes de diciembre.

La segunda etapa, que va entre la Avenida Jiménez o calle 13, y hasta la calle 26, deberá concluirse en febrero de 2015.

La transformación de esta avenida en peatonal implica una inversión inmensa para la ciudad: $14.500'000.000 (catorce mil quinientos millones de pesos). ¿Será este tipo de obras la prioridad en las inversiones de la ciudad?

Voces dispares

Desde que la Alcaldía informó sobre este proyecto se levantaron voces, unas a favor, otras en contra. Estas últimas indican, por ejemplo, que el cierre de estas calles para los carros aleja a mucha gente de esta parte de la ciudad. Según quienes así piensan, ante la reducción de los potenciales compradores mayor inseguridad pues los más pobre no tienen a quien solicitar ayuda, acudiendo, por lo tanto, al raponeo o procederes similares.

Así piensa Camilo Camargo, profesor de la Pontificia Universidad Javeriana, magister en el área de urbanismo, al argumentar que "[...] peatonalizar la carrera 7ª significará que muchos transeúntes dejaran de ir al centro de la capital, dejarán de visitar los negocios, dejarán de visitar monumentos históricos como el Capitolio, la Catedral Primada, la Media Torta, entre otros, todo lo cual representa la muerte inminente del centro capitalino".

Una vez iniciadas las obras el gremio de los comerciantes –Fenalco–, insistió en el tema de la inseguridad, quejándose, además, por la reducción de ventas de sus afiliados. Una voz que parece quedarse en lo inmediato sin proyectar el futuro y el beneficio que en sus ventas tendrán en el futuro inmediato quienes poseen allí locales comerciales.

Por su parte, para los expertos que ven positiva esta reorganización urbana, el proceso de peatonalización permitirá que la gente tenga más zonas de recreación y culturales, más oportunidad de ejercer las caminatas sin ningún sobresalto, tendrán más espacio los ciclistas entre otros deportistas, peatones, etcétera.

Así reflexiona y expone el concejal Carlos Roberto Sáenz del Partido Alianza Verde, quien aduce que este proyecto es una solución netamente positiva, la misma que han puesto en marcha otras ciudades en el mundo con resultados positivos.

El deterioro y la pobreza

Edgar Montenegro, representante de movimientos sociales localizados en esta parte de la ciudad al responder a la pregunta ¿cómo está la peatonalización?, responde con otro interrogante: ¿cómo está?, más bien debe decirse, ¿a qué horas? Y él mismo responde: "a las 10 de la mañana es un sueño pero a las 10 de la noche es una completa pesadilla".

Y continúa argumentando: "La pobreza extrema se volcó sobre la carrera 7ª, se volcó sobre el centro de la ciudad". Por esta razón los visitantes de esta parte de la ciudad sienten que la inseguridad es mayor, "lo cual no se supera con peatonalizar unas calles pues este proceso de mayor pobreza evidente, este proceso de 'descomposición' es un simple reflejo de la dinámica que vivimos como sociedad". Se necesita, entonces, que peatonalización y pobreza se aborden con unos mismos ojos de manera que ahora no vengan con mayor control policial como mecanismo para sacar la pobrecía del centro, arrojándola sobre otra parte de la ciudad. Esto no se soluciona tapando.
El interrogante

Tenemos, pues, ante los ojos de todos un proyecto urbanístico que le inyecta nuevo aire a la ciudad, proyectándola como territorio de servicios. Los beneficiaros de esta iniciativa, de manera inmediata, son los comerciantes de las marcas más reconocidas, un pequeño nicho de los que allí llegan cada día para abrir sus locales, quienes no habitan en este territorio. Pero, de manera contradictoria, el costo de tal transformación recae en los bolsillos de todos los que vivimos en Bogotá.

Así las cosas, y ante esta contradicción, además de la variedad de frentes que en toda la ciudad reclaman el concurso de los dineros oficiales, y consecuentes con el discurso oficial que hoy campea en esta urbe –de participación e inclusión–, al momento de proyectar la posibilidad de esta obra debió levantarse una consulta popular entre quienes sí habitan esta parte de la ciudad, entre quienes habitan todos y cada uno de sus barrios y entre ellos decidir dónde invertir, de manera prioritaria, la millonada aprobada para esta peatonalización. De así proceder, con seguridad, todos caminaremos de mejor manera, y con mayor tranquilidad, por toda Bogotá.

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En menos de una década Río de Janeiro está padeciendo tres grandes eventos que modifican su fisonomía: los Juegos Panamericanos en 2007, la Copa del Mundo en 2014 y los Juegos Olímpicos en 2016. Esa sucesión de megaeventos deportivos en tan poco tiempo es aprovechada por el capital financiero para remodelar una de las ciudades más bellas del mundo, donde obtiene enormes ganancias y provoca daños irreparables a los más pobres.


Este mes el Comité Popular de la Copa y las Olimpiadas de Río lanzó el cuarto dossier titulado Megaeventos y violaciones de los derechos humanos en Río de Janeiro (se puede bajar de comitepopulario.wordpress.com). A lo largo de 170 páginas analiza las principales consecuencias que están teniendo sobre la ciudad y su población, a la vez que pone al descubierto quiénes se benefician con las millonarias obras que imponen, entre otras, la FIFA y el Comité Olímpico Internacional.


Los megaeventos deportivos marcan el retorno de la forma más violenta de menosprecio de los derechos a la vivienda en la ciudad, puede leerse al comienzo del dossier. Se trata de una limpieza social que consiste en relocalizar a los pobres para abrir oportunidades de negocios a las grandes empresas, en zonas nobles como Barra da Tijuca, Jacarepaguá y el centro histórico, mientras los traslada a zonas lejanas donde deben remprender sus vidas desde la nada. Hasta ahora son casi 5 mil familias desplazadas de 29 comunidades, estando otras 5 mil amenazadas de desalojo.


El Comité de la Copa apoya con estudios y análisis a las comunidades desalojadas, pero sus miembros también ponen el cuerpo para resistir a las excavadoras que derriban viviendas. Las mujeres están a la cabeza de la resistencia, como Inalva Britos, en Vila Autódromo, y Alessandra en el morro da (cerro de la) Providencia. En los barrios populares las mujeres venden comida en el vecindario o hacen artesanías, estrategia de sobrevivencia que no van a poder continuar en los desolados barrios del programa Mi Casa Mi Vida. Resistir es cuestión de vida.


Río es la ciudad más afectada por la especulación inmobiliaria. El precio de las viviendas subió 65 por ciento entre 2011 y 2014, frente a un promedio de 52 por ciento en Brasil. El precio de los alquileres subió 43 por ciento, frente a 26 por ciento en São Paulo. La lista de obras es impresionante: dos estadios (el Olímpico y Maracaná), la Villa Olímpica y el Puerto Maravilla; seis líneas de trenes livianos, ampliación del metro y de las autopistas o vías rápidas urbanas: todo financiado con dineros públicos.


Sólo la remodelación en Río, de Maracaná demandó mil 50 millones de reales (470 millones de dólares). El presupuesto de obras aumentó 65 por ciento desde lo presupuestado en 2010, alcanzando la astronómica cifra de mil 500 millones de dólares sólo para las obras del Mundial y las Olimpiadas. Las principales beneficiarias son las grandes constructoras: Odebrecht, OAS, Camargo Corrêa y Andrade Gutierrez. Casualmente, las que mayores aportes hacen a los partidos políticos en las campañas electorales.


Maracaná ha sido remodelada completamente por Odebrecht, que conserva además la apetecida gestión del recinto. Comparte con Andrade Gutierrez la construcción y gestión de la Villa Olímpica, con OAS la gestión del estado Olímpico, y así hasta 20 grandes obras en Río de Janeiro, cientos en las 12 ciudades sedes del Mundial, incluyendo nuevos aeropuertos y hoteles. Sólo la nueva Terminal 3 del aeropuerto de Guarulhos (São Paulo) tuvo hasta ahora un costo de mil 500 millones de dólares.


Nada de esto se puede hacer sin represión. La ocupación por el ejército del Complexo da Maré (130 mil habitantes en 16 favelas), hasta que termine el Mundial, es apenas la acción más conocida por la población. Esta semana el gobierno del estado de Río informó de la incorporación de ocho nuevos blindados para el Batallón de Operaciones Especiales (BOPE), que serán utilizados en los operativos de "pacificación de las favelas" ( O Globo, 24/06/14).


En los cuatro meses previos al Mundial, la Secretaría de Estado de Río informó de 4 mil 250 internaciones forzosas de personas en situación de calle, quienes son trasladadas a un albergue a 70 kilómetros del centro de la ciudad, donde, según el dossier de los Comités de la Copa, son alojados en condiciones precarias y sufren prácticas de tortura.


Río de Janeiro se está convirtiendo en una ciudad cada vez más cara y desigual, señala el dossier del Comité de la Copa. Una ciudad fracturada, conflictiva, como sucedió en el reciente carnaval, cuando más de 70 por ciento de los 14 mil recolectores de basura entraron en huelga. Luego de ocho días de duro conflicto y descalificaciones, una de las categorías peor pagadas obtuvo un aumento de 37 por ciento en su salario base, que aun así es de apenas 500 dólares. Pese a las presiones, aún se mantiene el enorme campamento de 4 mil personas organizado por el MTST (Movimiento de Trabajadores Sin Techo) a tres kilómetros del estadio Itaquerão.


Cuando se lleva disputada la mitad del Mundial, las manifestaciones han descendido y la cantidad de personas movilizadas es menor que en las semanas previas. Aun así, las protestas están lejos de desaparecer. Nadie olvida el éxito de las jornadas de junio de 2013, que consiguieron frenar los aumentos del boleto de transporte urbano, pero que en realidad cuestionaban el modelo de ciudad que va imponiendo el capital con apoyo de una amplia coalición de partidos.


Un reciente comunicado del MTST, que mantiene un campamento de 400 personas frente a la cámara municipal en demanda de vivienda popular, asegura que su lucha no comenzó con el Mundial ni se terminará cuando finalice. Reafirmamos que el gran legado del Mundial fue la especulación inmobiliaria y la exclusión urbana.

Después de julio, cuando el balón deje de rodar y se apaguen los fuegos de artificio mediáticos, los brasileños volverán a su vida cotidiana, pagando precios abusivos por un transporte pésimo. La resistencia al extractivismo urbano recién comienza.

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Advertencia

Lo primero que hizo el ser humano cuando quiso expresar su sentimiento de pertenencia a la tribu fue erigir un lugar de culto. Lo construyó en el centro de la aldea. Un lugar mágico. Un universo interior. Ese lugar hoy es el estadio de fútbol. Un recinto cerrado, sagrado, visible desde lejos, rodeado de postes totémicos y con un campo que parece dedicado a un primitivo dios agrario y guerrero, en torno del cual ruge una multitud en éxtasis. El estadio es el lugar de encuentro favorito de nuestra civilización y los hinchas, actores de la más grande representación teatral de nuestro tiempo. El estadio ofrece un espacio para la manifestación pública y para el placer individual. El estadio es el único sitio que reúne a todas las clases sociales: la casta política, los empresarios y los trabajadores. Y también los parias: el desempleado, el joven sin futuro, el barra brava, el fanático, aquel personaje que el escritor uruguayo, Eduardo Galeano describe como una persona que "En estado de epilepsia mira el partido, pero no lo ve. Lo suyo es la tribuna. Ahí está su campo de batalla".


Sinopsis

El proyecto editorial Fanático Escarlata, es una propuesta estética de gráfica popular y literatura fantástica futbolera, editado por el Colectivo Diaboló, que de forma autogéstiva y autónoma visibiliza en 6 publicaciones impresas (formato fanzine-magazìn-revista-libro arte popular barrista) como la hinchada escarlata manifiesta desde su cotidianidad festiva y ritualizada, una avalancha de contenidos y capitales simbólicos, que evidencian los imaginarios de una cultura urbana, inmersa y entregada a un caótico ritual de masas, como el futbol, en momentos previos que América Latina se dispone a abrazar el retorno de la Copa del Mundo, y Brasil 2014 convierte al planeta en una pantalla global para una cita impostergable con los gladiadores de la posmodernidad, héroes numerados que ingresan a la cancha, pues como afirma el escritor mexicano Juan Villoro: "Lo que está en juego ya no es un deporte. Alineados en el círculo central, los elegidos saludan a su gente. Sólo entonces se comprende la fascinación atávica del fútbol. Son los nuestros. Son los once de la tribu".


Plano general


El fútbol es, sin duda alguna, el deporte más popular del mundo. Esta popularidad obedece al hecho de escenificar la experiencia y los valores que gobiernan la vida de los individuos y de los grupos de las sociedades modernas, es decir, de las sociedades imbuidas de los valores de igualdad, justicia y libertad y caracterizadas por la tensión entre el individualismo y la nostalgia de colectivos tribales.


Esta realidad es uno de los principales motivos de inspiración para que el colectivo Diaboló siga dialogando con la ciudad de Cali, con un trabajo investigativo de 3 años, materializado en su último trabajo: Fanático Escarlata, edición fetiche, donde invitamos a pensar tanto la ciudad material, la urbe, como también aquellas otras ciudades que cotidianamente construyen sus habitantes, entre ellos los jóvenes de las culturas urbanas ligadas al apasionamiento futbolero. Ciudades imaginadas, sentidas, recreadas en la combinación de diversas sensibilidades y expresiones estéticas, que guardan una estrecha cercanía con el arte, relatos, narraciones y hábitos que interrogan continuamente por sus identidades y cosmovisiones urbanas.


Voz en off/ fuera de campo


Somos parcerxs que nos conocimos en la calicalentura, con birra en mano, y con el olor de la greda escondido en los vientos del litoral pacífico, mientras pillábamos a la mechita trazar utopías en el lienzo sanfernandino, en la hinchada de los cantos: Barón Rojo Sur.


Nos conocimos cuando no existía Facebook, tampoco twitter, y el Blanco y Negro te podía llevar en $500 a Pance; la Gruta no había muerto, y la mechita estaba en primera. Perdidos en sus arterias psikotropicas, y esquinas punketas que electrocutan los sentidos, desde la rebel music de bandas como Attaque 77, Dos minutos, Mano negra y el poder comunicativo del fanzine.


Memoria. Empezamos a pensar hace más de una década una publicación escrita desde las vísceras, con sonidos, gráfica y acciones callejeras, enarbolando la bandera de la autogestión y el emprendimiento callejero, tácticas siempre vigentes por quienes resisten localmente con los medios a su alcance y se unen a otrxs en otro lugar del mundo que de igual manera resisten, autogestionan y actúan para crear vías alternas al pensamiento único gobernante y a su ejército de orcos asesinos, del neoliberalismo depredador y sus políticas autoritarias que secuestran a la Pacha Mama.


Zoom in/Primer plano


El proyecto editorial Fanàtico Escarlata, es una iniciativa de comunicación alternativa con el lenguaje experimental de un fanzine, conspirado entre profesionales del diseño gráfico y la comunicación social, que ha recorrido distintos espacios de exhibición y circulación, como Ferias del libro en Cali, Bogotá, y espacios independientes en Barcelona, México y Buenos Aires, convirtiéndose en un referente de proyectos editoriales impresos sobre hinchas del fútbol, que cuenta una historia del deporte, ligado a la cotidianidad, a la realidad social y cultural de Cali, desde las nuevas tribalidades y formas de juntarse en la ciudad.


La publicación de la edición No. 6 del Fanático Escarlata, cuyo dossier editorial y grafico es la temática del fetiche en la cultura futbolera escarlata, socializa una propuesta comunicativa plural y múltiple, propia de la hinchada americana, una propuesta gráfica que difunde los códigos estéticos de una cultura popular, urbana, permitiendo la expresión escrita e iconográfica de los hinchas americanos mediante textos e imágenes relacionadas siempre con la pasión desatada por el equipo América de Cali, expresadas de distintas forma, lo que permite la construcción de un relato colectivo en clave de memoria popular.


Para producir y editar esta publicación de colección, el colectivo realizó convocatoria por su blog (www.fanaticoescarlata.blogspot.com) desde el año 2010, en el marco de la Feria del Libro del Pacifico, cuando hicimos el lanzamiento de la edición retro No. 5. También hicimos talleres personalizados con personas interesadas en escribir e ilustrar, pintar murales y una vasta etnografía por las calles de Cali, que nos permitió plasmar un trabajo editorial de 160 páginas que visibiliza lo que hay de arte popular en el fútbol, describiendo la fuerte relación identitaria que se construye con el equipo, para promover procesos pedagógicos de lectura y escritura en las bibliotecas públicas y comunitarias del Valle del Cauca, donde el público ligado a las barras populares de fútbol se encontrará con un repertorio de textos, fotografías, documentos y objetos que documentan los símbolos y signos producidos popularmente, que constituyen ese imaginario que encarna los sentimientos del aficionado, hincha y fanático escarlata.

Corte final

Estos objetos e imágenes de culto, componen una iconografía con la que los individuos se identifican y distinguen socialmente alrededor del América, objetos e imágenes convertidos en patrimonio cultural de la ciudad, la región y el país; historia escrita con el alma y con la piel de sus protagonistas, que desde un lenguaje gráfico y una narrativa literaria puede incentivar procesos colectivos de recuperación de la memoria popular y la consolidación de redes de economía creativa entre los distintos procesos tejidos alrededor de esta manifestación cultural del planeta fútbol. 

 

 

 

Publicado en Colombia

 

desdeabajo –da–. Estamos en Medellín, donde está en curso el VII Foro Urbano Mundial. ¿La ciudad que le está vendiendo la alcaldía al mundo, es la Medellín real?

Luis Fernando González –LFG–. Como en otros muchos eventos de éstos, la ciudad compró un escenario para venderse al mundo, con un costo muy alto, es un evento que vale más de 22 millones de pesos para poder hacer mercadeo, y como diría David Harvey están más preocupados por la imagen que por la realidad misma de la transformación social de esta misma ciudad. Es un mega evento que está en la línea de la internacionalización de Medellín, que podría ser igual que un foro sobre venta de automóviles o como otro producto cualquiera dentro de la comercialización.

 

da. ¿Qué pretende venderle Medellín al mundo?
LFG. La idea de una enorme y profunda transformación social a partir de altísimas inversiones efectuadas en infraestructura, así como una serie de proyectos considerados renovadores de la ciudad dentro del urbanismo social o cívico pedagógico.

 

Pero la realidad es tozuda. Los indicadores muestran que la inequidad sigue presente y profunda, con el agravante de ser Medellín la única ciudad en el país que mantiene constante, durante los últimos años, la inequidad de la distribución del ingreso, es decir el indicador Gini, es de 0,59, que no rebaja por las altísimas inversiones pero tampoco sube. Entonces, uno se pregunta ¿qué han transformado y dónde están esos grandes resultados que promocionan, como el urbanismo social o el urbanismo cívico pedagógico?

 

da. Si eso que se vende no es la realidad de la ciudad de Medellín, ¿quién capitaliza lo vendido?
LFG. Creo que es un poco esa gran inversión social, es el bolsillo izquierdo para que no sepa el bolsillo derecho que está haciendo, y el bolsillo derecho es el gran mercado inmobiliario. Medellín hace grandes inversiones inmobiliarias, pero a la vez procesos de contención de la población pobre. Medellín, en este momento, según la última encuesta de calidad de vida, tiene más de las tres cuartas partes de la población en estrato medio bajo, bajo, y bajo bajo; es decir, tres cuartas partes de la sociedad, mientras que menos de una cuarta parte está en estratos 4 y 5, es decir, los mejores estratos. Ese proceso de contención es sobre esa población mayoritaria, mientras se efectúa un enorme proceso inmobiliario que beneficia al mercado de la finca raíz a través de proyectos con una altísima inversión.


da. Pero, entonces, si esta ciudad marketing, ciudad para el mercado, no es la real, no es la ciudad deficitaria, y es la que venden ¿por qué vende esa ciudad Naciones Unidad?
LFG. Precisamente, porque en ese sentido muestran una mejor imagen de Medellín. Que están controlando la pobreza, la desigualdad, la inequidad, es un principio fundamental dentro del mercado global; el solo hecho de decir que hay mejores condiciones para la inversión –porque la pobreza se reduce o, en este caso se controla–, eso genera más beneficios jugosos en los otros negocios, no solo inmobiliarios, es vender a Medellín como una ciudad innovadora, como una ciudad donde está la tecnología de punta, pretenciosamente hablar del nuevo Silicon Valley, cuando Ruta N, es apenas una pequeña iniciativa que no alcanza las dimensiones de aquello con lo que pretenden equiparar. Pero, en ese orden de ideas, la contención de la pobreza permite soñar otras operaciones mercantiles de bienes y servicios para los mismos sectores beneficiados de las operaciones inmobiliarias.

 

da. En esa misma dirección, Naciones Unidas refuerza y acuña acá un concepto que es el de la ciudad resurgente, aquella urbe que además de ser del marketing tiene que ser una ciudad sustentable, y nos muestra una Medellín como el ejemplo de resiliencia, ¿qué tiene que decir al respecto?
LFG. Hemos visto en el transcurso de las discusiones académicas de los foros alternativos y otros escenarios del Foro Urbano Mundial, la gran crítica a la resiliencia como algo torpe e incluso muchas veces ingenuo, pero que tiene un efectismo político en ese proceso de señalar que los pobres tienen que seguir resistiendo mucho más; creo que el urbanismo social o el urbanismo cívico pedagógico –con sus diferentes proyectos– están tratando de mostrar esa gran capacidad de los pobres de sobrevivir en las laderas de Medellín, pero sin responderle adecuadamente a las demandas sociales que tienen: creo que si hay algo que ha sido válido, valeroso e importante en Medellín, es la manera como toma forma una sociedad consistente, coherente, que discute y se cualifica al calor, por ejemplo, de cosas perversas como el presupuesto participativo, transformado en una forma de cooptación de la comunidad, pero que de todas maneras ha permitido la cualificación de algunos grupos conscientes; y esos planes de desarrollo locales, esos procesos autogestionarios están reventando esa idea de unos pobres resilientes que tienen que resistir por siempre, y demandan mejoramiento integral barrial, procesos autosostenibles, valoración de su habitabilidad y su hábitat. Creo que esto será muy importante en un futuro cercano para no ser más resilientes.

 

da. En esa misma lógica que usted señala, aquí, donde los sectores populares construyen alternativas, peleando frente a sus necesidades, en paralelo el Foro de Naciones Unidas se desarrolla el Foro Social Urbano Alternativo y Popular, pero absolutamente invisibilizado, ¿cómo ve que estos sectores, que de alguna manera están pujando por una ciudad diferente, ni siquiera logran visibilizarse en este marco de mercadeo?
LFG. Es difícil, porque estamos hablando de un mega evento con una altísima inversión para el marketing y obviamente no podría haber esos espacios alternativos. Creo que el escenario se trasladará a lo local una vez apagadas las luces, cuando los periodistas se hayan ido, y cuando volvamos a la realidad de la discusión, por ejemplo, del Plan de Ordenamiento Territorial –POT. La misma experiencia nos indica que con los resultados del Foro Social Alternativo y de las actividades paralelas al Foro de Naciones Unidas, tenemos que construir un proceso verdaderamente participativo, deliberante, que se tome los POT para que sirvan a la ciudad y no a los intereses inmobiliarios, como sucedió en los últimos años.


da. ¿Qué hacer entonces para construir una alternativa diferente a ese modelo de ciudad marketing?
LFG. Tenemos que tomarnos los escenarios participativos oficiales, proponer las políticas de hábitat, plantearnos una ciudad donde, el modelo de inversión de los dineros públicos, se reviertan hacia la equidad o hacia la igualdad, en donde las plusvalías urbanas por la inversión pública verdaderamente queden redistribuidas en los sectores que tienen más riesgo y más vulnerabilidad, y en los procesos de autosostenibilidad de esas poblaciones. Cuando logremos quitarle la plusvalía entregada a los particulares, para la redistribución social, creo que lograremos una ciudad verdaderamente diferente, donde cambien los indicadores perversos, y que la idea del marketing que ahora proyectan se refleje más bien en esa realidad transformada, en esos indicadores sociales y, sobre todo –esto es lo fundamental– que la misma gente tome conciencia y la discusión se dé en los escenarios de debate de las políticas públicas.


da. ¿Qué papel juegan en todo esto los procesos populares, las organizaciones barriales, las organizaciones comunitarias?
LFG. Normalmente las organizaciones populares son reacias a procesos participativos donde tengan que ir hasta los concejos municipales, porque estos concejos –en esta democracia de gremios– le responden más a los intereses gremiales que a las organizaciones populares. Pero si éstas entienden, si valoran el enorme poder de los POT, entonces optarían por tomarse tanto el consejo territorial de planeación como las instancias de discusión de este mismo consejo territorial, así como los mismos debates en el Concejo de la ciudad, para exigirle allí a los representantes que no les respondan a los gremios sino a las comunidades que los eligieron.

 


 

Entrevista 1

 

En Medellín: las políticas no acompañan el discurso

 

 

da. Desde el escenario de participación en el Foro Urbano Mundial, en el cual de alguna manera se discute, decide y construye, un modelo de mercado que impulsa las Naciones Unidas, cómo es el modelo que se construye allí y que se impulsa y promociona para que se venda en todo el mundo. ¿Cómo éste se desarrolla en el escenario argentino?

Omar Varela –OV–. En Argentina las fuerzas del mercado son muy fuertes, y en la ciudad capital, Buenos Aires, donde gobierna el liberalismo, hay una situación muy similar a la de Medellín. Lo que tenemos es que hay organizaciones populares de larga data que luchan y tratan de mover la frontera, pues existe una puja entre dos modelos de ciudad.

 

da. Y en esa puja de esos dos modelos de ciudad, en donde de alguna manera –a pesar de la existencia de fuerzas alternativas–, domina el modelo de mercado, ¿qué hacer para que las propuestas alternativas logren imponerse a las fuerzas del mercado?
OV. En nuestra experiencia, las organizaciones han logrado impulsar una serie de leyes, tanto a nivel nacional como a provincial, de ordenamiento territorial, de acceso justo al hábitat, de vivienda, de alquileres; de estas leyes sólo una fue aprobada, pero después hay que acompañarlas de movilización para que sean efectivas. Creo que lo retomable es la organización popular, porque ésta va a ser la única forma de mover la frontera.

 

da. En el caso argentino, en la medida que es un gobierno que tiene un carácter democrático –distinto a otras llamadas democracias en América Latina–, ¿hay oídos para las necesidades y las propuestas de los sectores populares?
OV. Desde las políticas nacionales, y de algunas provinciales, desde hace unos años hay una mayor escucha, por un lado, y una mayor sensibilidad para la situación del hábitat de los sectores populares. Lo que vivimos en este momento es una combinación entre políticas públicas que intentan avanzar en la equidad y en el acceso al hábitat con la organización de estos movimientos que acompañan y empujan.

 

da. Esa dinámica, que no es igual en América Latina –particularmente en Colombia no lo es–, desde la experiencia argentina, ¿cómo ven la experiencia colombiana?
OV. Lo que me ha parecido hasta ahora es que aquí hay mucho civismo, hay un discurso elaborado, hay una inversión en construir, discurso que habla de equidad, de accesos, que habla de los sectores más desfavorecidos, pero en realidad las políticas no acompañan al discurso, más bien van en contra. Uno ve unos hitos comunicacionales como la Biblioteca España o como el Metrocable, pero cuando uno camina el territorio y camina aquellos barrios donde el cable llega, se da cuenta que eso es solamente una escenografía; por supuesto que a la ciudad le viene bien que haya un metrocable, que mejore el transporte, pero la vida de los pobladores no veo que se haya transformado profundamente. Lo que sí se nota es que también los pobladores están organizándose; no conozco mucho pero parece que hace falta un poco más de unión entre las organizaciones populares.

 

da. ¿Qué opinión le merece que en un escenario donde está absolutamente visibilizado el Foro Mundial, de manera paralela esté invisibilizado el Foro Social Urbano y Popular?
OV. Es lamentable. Uno esperaría que el Foro Urbano Mundial, por lo menos difundiese y estimulase la participación en el Foro Alternativo; algo de eso sucedió en Brasil, donde hubo una posición de apertura hacia el Foro Social Alternativo, y eso no lo hemos visto acá, más bien ha sido invisibilizado, es lamentable. Esperamos que la fuerza de la expresión del Foro Social Urbano Alternativo logre convencer a Naciones Unidas, y a los organizadores en cada país, que los próximos foros deben incluir la participación de las organizaciones sociales, por lo menos incluir en la programación del Foro oficial lo que sucede por fuera del mismo.

 


 

 

Entrevista 2

 

Ciudades, ¿para el mercado o para la vida?

 

da. ¿Qué opina que en Medellín se desarrolle un Foro establecido por Naciones Unidas y la alcaldía local y simultáneamente se esté desarrollando un Foro Alternativo?
Luis Fernando –LF–. Creo que esa realidad refleja las contradicciones desarrolladas en los conflictos, dos modelos de ciudad. Hoy en día observamos movimientos sociales urbanos que reivindican, con mucha más fuerza, el derecho a la ciudad, pero reivindicando adicionalmente formas de justicia espacial, redistributivas –como las llamaría David Harvey–; mientras tanto Naciones Unidas también desarrolla iniciativas en torno a ciudades para la vida pero, de manera contradictoria, en la medida en que siendo ese un evento institucional de gobiernos, lo cierto del caso es que la mayoría de estos le da cuerpo a ciudades para el mercado.

 

Entonces, la gran paradoja es cómo hacer que Naciones Unidas logre seducir con esa política de ciudades para la vida a gobiernos que realmente están más interesados en el mercado que en la calidad de vida. Entonces, esa simultaneidad de opiniones desde la base social y desde los organismos internacionales muestra las contradicciones que hoy en día toman cuerpo en el mundo en torno a la búsqueda de nuevos futuros para las ciudades y para los territorios.


da. Sin embargo son dos tipos de eventos que no se encuentran, unos pensando en un modelo para el mercado y otros, a quienes está dirigido el mercado, que no ven en ese modelo una oportunidad, ¿cómo se enfoca Medellín en esos modelos?
LF. Pienso que el modelo de ciudad de Medellín tiene mucho enfoque en el mercado, porque básicamente, y a pesar del desarrollo de procesos interesantes en relación con la oferta de equipamientos públicos y colectivos, cuando uno balancea toda la oferta que está haciendo esta ciudad realmente le está apostando a varias cosas: 1. A atraer inversiones extranjeras en relación con el tema de la innovación, de la tecnología y, 2. A ser una ciudad de eventos internacionales. Realmente esta no es la ciudad de la calidad de vida que las comunidades reivindican para sí, porque en los barrios populares mantienen su desarrollo conflictos muy fuertes, no resueltos, y siguen existiendo necesidades muy agudas que todavía no logran resolución; entonces, creo que Medellín vive en esta disyuntiva.

 

da. ¿Cómo hacer entonces para que las propuestas que se construyen y se plantean desde sectores populares y desde los barrios sean reconocidas y puestas en marcha?
LF. Lo que en el mundo se observa es que los movimientos sociales han tenido que salir a la calle a reivindicar unas nuevas maneras de construir ciudades. El tema del espacio público, por ejemplo, hoy en día vuelve a ser tema de gran importancia para los ciudadanos, pienso en el caso del Brasil con el mundial de fútbol, o el de Estambul –Turquía–, con la plaza Tajim y el parque Hesi, son una muestra de que hay dos proyectos de ciudad en disputa y que la sociedad organizada está intentando conquistar para su propio beneficio esas nuevas formas de apropiación de la ciudad que el mercado intenta también apropiarse para sí, especialmente en términos de consumo. Creo que todavía es incierto lo que vaya a suceder, lo cierto del caso es que la disputa está planteada en este momento en términos de las reivindicaciones sociales vs. las reivindicaciones del mercado, fundamentalmente en torno al consumo.

 

da. ¿Qué se podría hacer para que no siga reinando la ciudad del mercado?
LF. Esta es una contradicción que tiene que resolverse, básicamente, con la mayor apropiación que la ciudadanía ejerza en el futuro de las ciudades, porque el mercado tiene una agenda precisa, una agenda especial que no está dispuesto a negociar, de manera que las comunidades tendrán que arrebatarlas con sus propias luchas, pues no le veo otra alternativa.

Publicado en Edición Nº201
Miércoles, 23 Abril 2014 09:49

El ratón y el queso

Siempre se dijo que Colombia es un país de regiones, y de ciudades. Lo primero es innegable, y lo segundo, si bien cambió producto del constante despojo y del forzado desplazamiento campesino, así como de la deformación de Bogotá y otras ciudades capitales de departamento, la verdad es que conserva todo su potencial.

 

Con el 76 por ciento de su población habitando en ciudades, esta realidad es una particularidad notable de nuestro país. Decenas de ciudades intermedias conservan importancia o la ganan: en la región cafetera, Pereira, Manizales y Armenia; en el oriente, Bucaramanga, Cúcuta, Florida Blanca, Arauca y Saravena; en el Pacífico, Buenaventura, en la cosa norte, Sincelejo, Cartagena, Santa Marta; en el sur, Florencia. Estas ciudades, por no relacionar otras intermedias, tienen toda la vitalidad que les otorga la permanente recepción de nueva población, con sus aspiraciones y demandas, en una tensión Estado-sociedad a través de la cual derechos fundamentales como el acceso a servicios públicos, educación, salud y otros, son resueltos de manera parcial o total por los mismos pobres.

 

En éstas y otras ciudades, como otrora sucedió –y aún persiste– en Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla, la gente de a pie, no espera que el Estado resuelva, ella misma pone manos a la obra, pues el techo no puede esperar a que llegue lo imposible, cuando el déficit aproximado de vivienda del país alcanza 2 millones trescientos mil unidades. De esta manera, invadiendo, intercambiando metros cuadrados de tierra por un predio poseído en zona rural, comprando a cuotas, o de cualquier otra manera, la gente resuelve un asunto vital. Mientras logra que así sea paga arriendo por meses y años o se amontona en inquilinato, cancelando el servicio por semanas, días o noches.

 

Es una lucha que parece de años, pero es de toda la vida. En demanda constante y colectiva, el arrojado a "tierra de nadie" accede de manera 'pirata' a luz y agua, pero también traza calles y consigue que los comerciantes del transporte recorran con sus buses el barrio recién conformados. De esta manera, la gente, por miles, construyó –lo sigue haciendo– las ciudades de nuestro país. Luego llega el Estado a reglamentar, formalizar, cobrar impuestos, reprimir.

 

La informalidad dura unos años, para dar paso a lo formal: nomenclatura, escrituras, recibos, etcétera. Pero aún así la lucha por el "derecho a la ciudad" no termina con ello. Prosigue en la demanda de ingresos dignos, educación para sus hijos, atención presta en salud, pero también por armonizar el nuevo barrio con espacios públicos como parques y lugares para que los más jóvenes practiquen su deporte preferido.

 

De esta manera, la lucha por la tierra, que pareciera rural también está presente en las urbes, pequeñas, medianas o grandes. La ciudad la hacen los pobres, y en su lucha enfrentan al terrateniente y casateniente urbano, que especula con la propiedad habitacional y el lote de engorde; pero también enfrenta o aprende a utilizar –o es utilizado– por el político de turno que de la pobreza de muchos hace consigna para el clientelismo multiplicado durante las campañas electorales.

 

Espacios de relacionamiento

 

Esta es y ha sido la dinámica con la cual tomaron cuerpo nuestras ciudades. En el barrio popular, al son del convite de cada ocho días fueron levantadas miles de viviendas, de segundos y terceros pisos, y allí, al son de la pala y las cervezas, la socialización de sueños y de problemas personales y colectivos. Pero también en la tienda de la esquina, tatareando las canciones que cada uno memorizó desde la infancia. La salida al centro de la ciudad para comprar vituallas fundamentales, era de cuando en cuando, pues la falta de dinero y de transporte la dificultaba.

 

Los espacios de la vida, por tanto, eran cercanos para todos, reconocidos y reconstruidos al ritmo de imaginarios propios. Pero la especulación urbana impuso su lógica, y con ella un modelo de ciudad para los negocios. Los barrios de casas con puertas abiertas fueron rotos por la construcción de unidades residenciales, con sus edificios rodeados de mallas o muros, donde la cotidianidad es ajena para todos. Y también fue rota la dinámica de la tienda de esquina, ahora suplantada por los centros comerciales, lugar de encuentros al paso, lugar de fuga e imaginarios del consumo insaciable, con el cual queda deshecha la sociabilidad y la hermandad, la solidaridad y complicidad, para quedar reemplazados por el individualismo y la mezquindad, el endeudamiento y la ilusión perdida.

 

Este es uno de los grandes logros del capitalismo (para neutralizar las acciones de los negados en procura de una mejor sociedad): romper la comunidad urbana por medio del consumo, el individualismo y la competencia; masificar instrumentos y utensilios que hacen la vida diaria más suave, e incorporar a la mayoría social al sistema financiero y con él a la ilusión de que todo puede adquirirse.

 

Modelo urbano que ajusta cada tanto, para el caso colombiano, al ritmo del narcotráfico que con sus inmensas masas de dinero permitió una movilidad urbana imposible de otra manera, dinero lavado por el sistema financiero, entre otros trucos, a través de invertir en la construcción de las ciudades –unidades residenciales, casas de lujo, centros comerciales–, dándole salida así a tales excedentes de dinero.

 

El efecto de estas inversiones no es de poca monta: por un lado segmenta las ciudades, creando a su interior zonas para pobres y para ricos, centros y periferias, norte y sur, separando en su totalidad grandes conglomerados humanos, que ahora se miran como enemigos, y se tratan como tales; los medios de comunicación se encargan de profundizarlo al fortalecer la imagen del pobre como potencial criminal, estigmatizando sus barrios, multiplicando el pánico y reclamando el control social, cada vez más violento, policial o militar del marginado. Llegamos así a las ciudades militarizadas u ocupadas, particularidad que soportan sus habitantes desde hace más de sesenta años. Control ahora reforzado por la 'siembra' de cámaras de vigilancia por doquier que acaban con la privacidad. Antes habían sido los vigilantes privados con su mirada acusadora.

 

La ciudad como concentración de inmensos grupos poblacionales es territorio excepcional para la inversión de los excedentes de capital. Así lo entendieron desde hace décadas los detentadores del poder, preocupados por la contención de los marginados. Los proyectos oficiales de vivienda actualmente en marcha son parte de esa lógica, como lo son la entrega de subsidios y la masificación de derechos fundamentales, con los cuales, además, crean un subsector de clase –colchón– entre la media y los más pobres, proyectando la falsa visión en la media de que tienen más de lo que realmente poseen, a la par de la satisfacción por "ser más" que los de vivienda de interés social.

 

Con sus políticas urbanas, por tanto, proyectan, crean o recrean desde el Estado ciudades del consumo, ciudades marketing, ahondadas en su perfil por el neoliberalismo que permeó culturalmente en lo más profundo de las sociedades de masas. Como ya anotamos, en Colombia esto fue reforzado por el narcotráfico, bastión sustancial para el control social y la reacción local.

 

Foro Urbano

 

Fue en Medellín prototipo colombiano de estas ciudades, donde las Naciones Unidas acordó la realización del VII Foro Urbano Mundial.

 

Para sorpresa de la gente no especialista en temas de hábitat, el Foro, cuya consigna central reivindica la equidad, estuvo plagado por representantes de la cara humana de las multinacionales –sus ong–, además de empresarios nacionales del sector cementero, constructor y financiero.

 

Lo increíble de algunas de las temáticas abordadas en el Foro es que las soluciones para las problemáticas que hoy cargan las urbes quedaron en manos de estos empresarios, especialistas en especulación, acaparamiento y ganancia. Este proceder es como el de quien encarga al ratón del queso. Las ciudades, por tanto, aún con el supuesto interés de la ONU por la cuestión urbana, su imparable crecimiento poblacional, y los potenciales estallidos sociales en proceso, no se resolverán de manera efectiva sus principales conflictos como debe ser: de manera colectiva y solidaria.

 

Esta vía, como hasta ahora es la norma, sólo procederá de la mano de los negados de siempre, que ahora, con algunos de los derechos fundamentales resueltos, está en el deber de cimentar un modelo urbano que relacione cotidianidad y medio ambiente, movilidad y salud, trabajo y vida digna, vivienda y espacio público, participación y democracia radical, agua y ordenamiento territorial, estos entre otras medidas que le coloquen límite al crecimiento de las urbes, reorganizando –sembrando–, ciudades como estrategia para evitar que prosigan deformándose, lo que impide que a su interior la vida digna llegue a ser realidad cotidiana.

 

Sobre éstos y otros temas, opinan en el presente informe Luis Fernando González, Omar Varela y Luis Fernando Acebedo Restrepo, todos ellos, docentes universitarios especializados en temas urbanos.

 

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Miércoles, 23 Abril 2014 09:46

Un Foro de dudas y repeticiones

Entre el 5-11 de abril se llevó a cabo en Medellín el Foro Urbano Mundial, según sus organizadores, "[...] el mayor encuentro de Naciones Unidas sobre el desarrollo urbano sostenible y la planificación de las ciudades".

 

El Foro aparece en la agenda mundial producto de la preocupación de los grandes poderes mundiales por el incremento de las desigualdades en el mundo pero, sobre todo, por los alzamientos sociales que estas puedan propiciar. La concentración cada vez más notable de población en núcleos urbanos y su impacto en lo político, medio ambiente, economía, seguridad, desarrollo sostenible, también son parte constitutiva de estas preocupaciones.

 

El evento, que según los mismos organizadores es un espacio abierto, no incluyó dentro de su agenda los debates que más preocupan a las organizaciones sociales, entre ellas de viviendistas y ambientalistas, por lo cual tomó forma en la misma ciudad, de manera paralela, un Foro alternativo que sirvió como espacio para que infinidad de organizaciones populares debatieran, diagnosticaran y levantaran alternativas ante realidades cruciales que afectan a la mayoría de quienes habitan los núcleos urbanos. Este espacio sesionó de manera alterna entre las sedes de las universidades de Antioquia y Nacional.

 

Al mismo tiempo, y por espacio de tres noches, tomó cuerpo una agenda académica organizada por la universidad Nacional, en la cual se compartieron visiones sobre metodologías para la investigación urbana, así como experiencias de ocupación territorial.

 

El mercado

 

El Foro oficial sesionó en las instalaciones de Plaza Mayor, el centro de convenciones con que cuenta la ciudad. Un común denominador sobre este espacio es que parecía que allí tuviera lugar un evento cualquiera, pues la oferta de mercancías y servicios de todo tipo era la regla general.

 

Llamó la atención, de igual manera, que muchas de las sesiones o debates programados estuvieran a cargo de empresas privadas. Sin duda, y en contraste con el llamado a la equidad, el Foro parecía un espacio adecuado para comerciantes del más diverso pelambre, los cuales, sin duda estarían preocupados por obtener ganancias de cada metro cuadrado de la ciudad y no por diseñar e implementar medidas para posibilitar que la ciudad sea, de verdad, un espacio incluyente, donde todo aquella persona que la habite puede acceder a justicia plena y vida digna.

 

De esta manera, y más allá de lo que proclame, Naciones Unidas facilita una vez más espacios para que aquellos que impusieron el modelo neoliberal, por el cual entre 1980 y 2012 la desigualdad social creció como nunca antes en todo el mundo, prosigan en la acumulación de riqueza a expensas de la exclusión de las mayorías sociales.

 

Como puede pensarse, del Foro oficial no surgió la pregunta por el modelo de ciudad imperante, ni el cuestionamiento por los sistemas de transporte, vivienda, salud, educación, crisis del agua, etcétera, implementados e imperante en gran parte del mundo y en nuestro país en particular. Ni siquiera el tema de la equidad podía ser abordado de manera integral ya que el factor redistribución de la riqueza, como el de la propiedad de los medios de producción, no está dentro de su agenda. Por lo tanto, las medidas adoptadas por sus voceros no irán más allá de implementar y garantizar la redistribución de subsidios de manera más amplia, es decir, tratar que la pobreza no se note tanto en los hogares, cuyas viviendas –de interés social o prioritario– seguirán construidas en dimensiones de 30 metros cuadrados o un poco más. Es decir, en el mismo espacio que puede tener el baño o la habitación de una persona en una casa habitada por uno de los funcionarios de élite de las Naciones Unidas o la casa de uno de los empresarios que disertó sobre equidad en este evento.

 

En el Foro alterno, más allá de los deseos, tampoco se alcanzó a abordar con todo rigor estas problemáticas; de manera lamentable la construcción de alternativas no logra superar los lugares comunes, lo que impide que la cuestión urbana, de verdad, quede constituida en agenda central de todos los movimientos sociales citadinos.

 

Una pregunta, y una respuesta, sobre el actual modelo de ciudad, debió llevar a los movimientos sociales a considerar la necesidad de desconcentrar núcleos urbanos deformados, como Bogotá. Abrir un debate nacional sobre la necesidad de construir nuevas ciudades, en las cuales barrio e industria, lugar de vivienda y de trabajo, estén integrados de manera armoniosa y, por tanto, donde el transporte no termine siendo –como hasta ahora– el factor determinante en el diseño del tejido de la ciudad. Un proyecto que ahonde el país de ciudades que tenemos, y que evite que núcleos como Medellín, Cali, Barranquilla, prosigan la ruta de Bogotá, es una necesidad imperiosa.

 

Otras preguntas, por ejemplo sobre medio ambiente, y con éste producción y naturaleza, alimentación y territorio, trabajo e ingresos, hábitat –y en él vivienda digna y espacio público–, agua y espacio, debieron recibir, además del diagnóstico, alternativas concretas, abriendo al mismo tiempo mecanismos para implementar experiencias comunes de otra vida dentro de los espacios ahora controlados por la lógica reproductiva del capital.

 

Aunque aún faltan diagnósticos más precisos y alternativas más concretas, en el espacio alternativo ganó fuerza la denuncia y la coordinación para luchar contra los desalojos y las imposiciones del sistema financiero, reclamando del Estado una presencia real en estos órdenes.

 

Al final el Foro, en cualquiera de sus dos versiones, dejó abierta la preocupación de los movimientos sociales por el modelo de ciudad por construir. El reto está a la orden del día, para que sean de verdad las "ciudades por la vida".

Publicado en Edición Nº201

Es la ciudad perfecta. No hay casi crimen, ni embotellamientos, ni contaminación o suciedad, y la basura se recoge a tiempo. El transporte público es puntual y siempre hay dónde sentarse. Es el triunfo de la planificación urbana.

 

La buena noticia: hay varias ciudades del mundo que podrían competir por el título de la Mejor Planificada; la mala: que ninguna es latinoamericana, al menos por ahora.


Zúrich, Singapur, Seúl, Búfalo (en Nueva York) aparecen constantemente en las discusiones y rankings especializados como las ciudades mejores planificadas del mundo. Y lo que las une es justamente la idea de que la ciudad es el "hogar" de sus residentes y que está allí para servirlos, y no para actuar como su enemigo.


Esto cobra particular relevancia en Latinoamérica, la región más urbanizada del mundo, donde 80% de la población –unos 450 millones de personas- vive en ciudades.


Si bien la inseguridad ciudadana aparece sistemáticamente entre las principales preocupaciones de los latinoamericanos, hay otro tipo de inseguridad de la que se habla poco pero que también supone una amenaza para el bienestar de los ciudadanos. Se trata, en efecto, de la estructura y organización de las ciudades.


Y es que los avances sociales y económicos de Latinoamérica durante la última década no vinieron acompañados de una mejor planificación de las grandes urbes, y algunos resultados visibles son el caótico transporte privado y público, la rápida urbanización sin respeto a los códigos de construcción, la deficiente provisión de servicios públicos, y la tugurización de los espacios, entre otros.


Esta situación también ha generado problemas para afrontar eventualidades naturales, como lo ha sido el reciente incendio en Valparaíso, Chile, las recurrentes inundaciones en Buenos Aires o los frecuentes desprendimientos en las favelas de Río de Janeiro. De acuerdo a estimaciones del Banco Mundial, las consecuencias de los fenómenos naturales representan un costo para la región de unos $2.000 millones anuales.


El déficit en planificación de las ciudades destaca aún más cuando se aprecia las siguientes estadísticas: para 2025 el 10% de la población mundial vivirá solo en 37 ciudades. Por ello, arquitectos, geógrafos, ingenieros y gobiernos de la región tienen el reto de planificar eficientemente sus centros urbanos para convertirlos en lugares más habitables y seguros.


"En Latinoamérica deberíamos pasar a una planificación más estratégica y sustentable que por un lado mitigue problemas existentes, como el riesgo de deslizamientos en montañas o falta de capacidad en los sistemas de drenaje, y por otro adapte a las ciudades para ser más resilientes frente a las amenazas climáticas", explica Santiago E. Arias, especialista en planificación urbana del Banco Mundial.

 

Los más expuestos


Las amenazas a la seguridad en las ciudades no solo provienen de los efectos de los desastres naturales, sino también tienen que ver con la construcción improvisada: por ejemplo, al construir casas en montañas con riesgo a deslizamientos o a la vera de ríos que suelen desbordarse después de fuertes lluvias.


A pesar de que la mayor parte de los habitantes de las ciudades están expuestos a esta serie de peligros, son los más pobres quienes se llevan la peor parte, ya que generalmente viven en casas más precarias y desprotegidas. Según un informe de ONU-Habitat de 2012, alrededor de 111 millones de latinoamericanos viven en barrios marginales.


Para paliar los riesgos que acechan a este amplio grupo de personas, varios países de la región están desarrollando proyectos para reforzar la seguridad en las zonas con habitantes vulnerables. La iniciativa CAPRA, por ejemplo, intenta mejorar a las formas de evaluar las amenazas climáticas en Colombia, Perú, Chile y países centroamericanos y del Caribe.


También el Centro de Innovación Climática del Caribe está ayudando a que países pequeños de la región estén mejor preparados para afrontar los efectos del cambio climático, a través de la creación de empresas sustentables.


De todas formas, los expertos coinciden en que aún hace falta una planificación urbana que integre a todos los sectores para hacer de las ciudades latinoamericanas lugares más seguros.


"Muchas ciudades de América Latina sufren los peores casos de congestión vehicular del mundo. Los problemas de agua y saneamiento han sido un gran problema en los tugurios. Más aún, el cambio climático aumentará los problemas de acceso al agua en la región", afirma Xiaomei Tan, experta del Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF, en inglés).


Estudios del Banco Mundial hablan de que territorios propensos a las sequías, especialmente en ciudades de Chile, México, Guatemala y El Salvador, serán aún más secos. De la misma manera, zonas con riesgo a inundaciones, como Argentina, Perú y Uruguay, deberán afrontar lluvias más intensas.


De una mejor planificación de las ciudades latinoamericanas dependerá que estas proyecciones tan poco alentadoras no se cumplan, y permanezcan solo como malos presagios.

 

por: Robert Valls. Productor online del Banco Mundial.

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¿De qué forma podríamos caracterizar a las ciudades como patriarcales? ¿Cómo se transformarían las ciudades en una modernidad alternativa, es decir una modernidad no capitalista, pero también no patriarcal?


En México venimos desarrollando un seminario titulado "Modernidades alternativas y nuevo sentido común: anclajes prefigurativos de una modernidad no capitalista". Este seminario se guía por algunas claves que nos presenta Bolívar Echeverría, intelectual ecuatoriano, en su crítica a la modernidad. Pensamos que la modernidad existente es hegemónica, pero no es la única posible; más aún, no es la única existente. Queremos pensar las formas existentes no capitalistas de la modernidad. Esto conlleva a suponer que puede haber una modernidad alternativa, no capitalista, y a preguntar por la consistencia y posibilidades de una modernidad así, liberada de la impronta de la acumulación de capital y de la valorización del valor como horizonte de sentido.


Considero, junto con Echeverría, que la modernidad es una forma de totalización civilizatoria y que, como tal, se encuentra en curso: no es un proyecto único ni terminado o final. Pensada así, la modernidad pone en juego los elementos civilizatorios en su conjunto. La modernidad capitalista aparece, entonces, como una conjunción histórica que, por un tiempo determinado, totaliza la forma posible (la potencia) de la modernidad.


El patriarcado, entendido como sistema de dominación de lo masculino versus lo femenino, ha estado presente en la reflexión de este seminario sobre modernidades alternativas, pensado como un vínculo entre la disociación entre el valor y el valor de uso. Ahora bien, si pensamos la ciudad moderna, en el contexto de una modernidad alternativa, cabe preguntarse cómo ha sido la ciudad moderna capitalista y patriarcal. Revisemos algunos ejes de discusión, al respecto.


Primero, es posible constatar que la ciudad es una forma de organización de la vida cotidiana que segrega las diferencias de género, raza, clase. La ciudad segrega y organiza. En ese sentido, resulta oportuno preguntarse sobre el origen de la forma ciudad y qué significa su surgimiento.


Podríamos pensar que existe una articulación entre patriarcado y capitalismo en la forma ciudad. La forma ciudad da cuenta de una división que hoy nos marca; una tensión que se manifiesta de muy diversas maneras, como la separación entre la civilización material, algo que ocurre en el campo, y la civilización económica, algo que ocurre en la ciudad.


Es decir, la tensión ciudad-campo no solo implica la tensión entre lo urbano y lo campesino, sino también entre dos tipos de civilizaciones distintas: una, que ha estado más vinculada a la reproducción cualitativa de lo material, al cultivo; y otra, la urbe, que emerge como el centro de una civilización que, poco a poco, va a ser contraria a la primera.


La distinción entre campo-ciudad se materializa cuando la ciudad capitalista se come al campo. La ciudad contemporánea, en el capitalismo actual, es una forma ciudad que no quiere armonizar con el campo; al contrario, quiere incorporar urbanamente a todo su entorno.


Revisemos la diferencia entre las ciudades burguesas, que establecen una continuidad entre el campo y la ciudad, y las megalópolis de América Latina, donde la urbanización es infinita. Aquí, metafóricamente, podríamos pensar que el no balance entre la civilización económica y la material se traduce en esta forma ciudad que solamente quiere ampliarse.


Un historiador como Braudel plantearía: la forma ciudad es, en sí, parasitaria. ¿En qué sentido es parasitaria? La forma ciudad aparece junto al Estado y la escritura, y muy pronto subordina a las aldeas. Algunos historiadores dicen que en las aldeas hay una forma matriarcal de organización y de socialización, en contraposición con la ciudad que ya es, con el Estado, la escritura y el orden abstracto de la economía, un entorno más patriarcalizado.


En la forma aldea, amplia y disgregada, sustentada en la civilización material, hay cierta autosustentabilidad, que se pierde en la forma ciudad porque ésta, muy pronto, empieza a ser dependiente de conexiones que le son muy lejanas.


La forma ciudad es heterónoma, en ese sentido. ¿Y qué es lo que podría ser más interesante de plantear aquí? Cómo, en la forma ciudad, la Naturaleza se va convirtiendo en una externalidad. Y esa externalidad también nos separa de algo que subsiste en nuestras culturas: esta idea de la subjetividad de la Naturaleza, es decir, de la Naturaleza como sujeto; por ejemplo, las montañas como seres cuidadores y nuestra relación intersubjetiva con las montañas. Todo esto se va perdiendo en la ciudad y se vuelve externo.


A veces pensamos mucho en relación con el desarrollo y la modernidad, pero en medio de todo esto está la forma ciudad, como productora de subjetividades. La ciudad es un proyecto heteropoiético; es decir, interdependiente: depende del comercio lejano, de las colonias, de la materia prima, de los alimentos que se fabrican en otros lugares. Y se trata de la ruptura entre quien produce y quien consume. Esta ruptura se basa en la diferenciación entre una ciudad que podía controlar, hasta cierto punto, todo su proceso de reproducción, y una ciudad que es totalmente interdependiente de procesos que están más allá de ella. La ciudad es, entonces, la forma del proceso de globalización. Produce no solo la segregación interna, sino que es ahí donde aparecen y habitan "los pobres", la gente desposeída de todo.


La pérdida de la autosuficiencia va a la par de la división social del trabajo y la separación del trabajo manual e intelectual. También produce la separación, cada vez más radical, entre vida urbana y vida campesina o aldeana, y la sobrevaloración de la primera respecto de la segunda. La ciudad se relaciona de manera extractivista sobre su propio sustrato y el entorno natural (tierra, agua, aire, plantas y animales), y subordina la vida al productivismo y mercantilismo.


Javier Medina2 asevera que con las ciudades "el extractivismo da sus primeros pasos... talar los bosques son los primeros pasos del extractivismo". Y plantea que la forma ciudad da a luz un nuevo ser, abstracto y virtual, que no está arraigado y que tiene el sentido de crecimiento. Es en el entorno citadino donde se desarrolla ese deseo de solo crecer, en tanto modelo.


La ciudad también es el espacio del orden que se desordena, cuando es tomada por los movimientos, las mujeres, las masas, los jóvenes o los plebeyos; el espacio del orden capitalista y patriarcal, que quiere avasallar con todo sin conseguir todo.


Las ciudades están hechas para la circulación no de las personas, sino del capital, las mercancías, los objetos y los carros, es decir, la máquina. Las megaciudades latinoamericanas destrozan el entorno, sin ninguna planificación. En ese proceso no solo se está evacuando el campo, sino el horizonte de vida y los saberes. Sin embargo, en esas megalópolis desaforadas también ocurre la resistencia y la negativa a ser meros objetos circulando, cuerpos que transitan a los lugares de trabajo y regresan en la velocidad del tiempo citadino, a reponerse como mera fuerza de trabajo.


La simbiosis patriarcado –dominación masculina– y capitalismo ocurre en las ciudades como centros de poder. Se trata de una dominación espacial y funcional. En la ciudad se refleja la división sexual del trabajo, así como la valoración del ámbito de la producción –espacio público– sobre el de la reproducción –espacio privado–. Si bien es cierto que el espacio público es presentado como un espacio para todos, el imaginario social y la violencia de género impiden hablar de prácticas igualitarias ni de libertad en esos espacios de las ciudades. Ha sido muy estudiado cómo las ciudades para las mujeres son símbolo de inseguridad, y cómo se les propone cuidarse de no salir solas por las calles, a riesgo de ser vistas como trasgresoras. Habrá que reconocer, asimismo, que el dominio masculino privilegia un cierto tipo de masculinidad, una hegemónica que también es impuesta a muchos de los varones.


Ahora voy a hablar sobre cómo pensar una ciudad distinta, o cómo reconocer ejercicios para habitar y transformar las ciudades contemporáneas: pensar la ciudad como espacios en disputa, conglomerado de lugares simbólicos, trazos de historias múltiples; ciudades intervenidas por las pintas nocturnas, los grafitis, los monumentos alterados por constructores nocturnos, invisibles. Hacer pintas, manchar la ciudad, desordenarla e intervenirla es una manera de apropiarse de los espacios, darles la vuelta.


Por otra parte, tenemos el retorno al saber agrícola en la urbe, sobre todo en las generaciones jóvenes. Hay una intención de construir una ciudad en transición, donde se lucha por recuperar espacios, darles nueva vida colectiva, ampliar lo público, defender los parques, los árboles, ir en contra de los centros comerciales, refundar el derecho al ocio, al tiempo libre y los espacios que tenemos para ello en las ciudades; es decir, los espacios de disfrute, siendo esto una especie de recuperación de la vida cualitativa en medio de la urbe. Detener al sujeto del consumismo generado por la ciudad del capital.


Las mujeres somos objetivos centrales en las políticas consumistas del capital, sujetos del blanqueamiento implicado en esas políticas, para quienes no hay vida si no hay un mall, un gran centro comercial donde todo se puede satisfacer. Uno va al centro comercial, porque es súper eficiente, todo lo tiene ahí. El centro comercial como perspectiva de vida, con su homogenización del gusto. Actualmente, la gente se organiza en oposición a estas acciones de los monopolios privados o de los Estados.

En México hemos tenido batallas campales porque no se ponga una tienda ahí o porque, en lugar de la tienda, sea un parque. ¿Cómo pensar una ciudad en transición? Habrá que pensarla desde la producción de espacios más vinculados con el cuidado, el cuidado recíproco de todos con todos y con la integración del medioambiente. Una ciudad que, en lugar de pensar en la movilidad y la circulación del capital, a través de la ampliación de sus vialidades que restringen a los peatones, piense en hacer lo que las personas necesitan: escuelas, guarderías, que los barrios estén llenos de parques, vialidades para bicicletas, calles peatonales; acciones que ponen un alto a la velocidad de la máquina y a la circulación de la mercancía.

 

Ciudades verdes, donde proliferen las plantas desde los segundos pisos de las vialidades; los huertos urbanos en los edificios recuperados, en las colonias marginales; los jardines urbanos, los cultivos en las azoteas. Podemos imaginarnos una reapropiación de los conocimientos y las prácticas de la civilización material en el centro mismo de la civilización económica, que la vaya trastocando ahí, en el corazón de las ciudades con ningún diseño reconocible; hacer surgir el barrio, lo colectivo, lo vivo.

 

Por: Márgara Millán (1)
1 Ponencia en el conversatorio interno realizado en el marco del Encuentro Regional Feminismos y Mujeres populares, realizado del 4 al 6 de junio de 2013 en Quito Ecuador.

2 http://www.circuloachocalla.org/aldeas-matriarcalesciudades-patriarcales-redes-chacha-warmi-de-pueblos-en-transicion/

Publicado en Internacional
Sábado, 05 Abril 2014 09:00

Un Brasil sin torniquetes

El pasaje gratuito, propuesto por el Movimiento Pasaje Gratis (MPL, por su sigla en portugués) es posible, pero implica grandes cambios en el modelo de financiación y gestión del transporte colectivo. Hubo un momento, a principios de los años noventa, durante el gobierno de la alcaldesa Luiza Erundina, en el que el pasaje gratuito fue lanzado como una alternativa en la ciudad de São Paulo.


El proyecto se denominó Tarifa Cero en aquella época. La propuesta consistía en que los recursos para implementar el proyecto provendrían de la introducción de un Impuesto Predial y Territorial Urbano (IPTU) gradual. Los inmuebles de hasta 50 metros cuadrados seguirían exentos de impuestos, mientras que los inmuebles más grandes y localizados en zonas más acomodadas de la ciudad pagarían más. El proyecto tropezó con la objeción de la mayoría de los concejales de la Cámara Municipal, que hicieron eco a la resistencia de nuestras élites ante políticas redistributivas. Otras iniciativas sí prosperaron. Agudos, municipio del interior del estado de São Paulo, practica el "torniquete gratis" hace diez años. También adoptaron la misma política otras dos ciudades del estado de Paraná: Ivaiporã y Pitanga. En todos estos casos, la financiación del transporte público utiliza los recursos de los impuestos de todos los contribuyentes.


Otra iniciativa de principios de los años noventa fue la creación del Impuesto al Transporte, semejante a un tributo introducido en la región metropolitana de París, y que se aplica a las grandes empresas que demandan del servicio público la movilización de recursos adicionales para atender, en gran número y en determinados horarios, la llegada y la salida de sus empleados. Este impuesto fue aprobado como ley en Campinas, y se acordó con los empresarios de buses que se destinaría exclusivamente a mejorar la infraestructura del transporte público, a saber: la construcción de corredores viales y de señalización. Sin embargo, la Federación de Industrias del Estado de São Paulo (FIESP) se movilizó e interpuso un recurso alegando la inconstitucionalidad del impuesto. Logró una orden suspensiva y el asunto acabó ahí.


Su argumento fue que los empresarios no aceptaban pagar más impuestos. A partir de los años noventa, con el predominio de las políticas neoliberales, las empresas públicas de transporte, como la Compañía Municipal de Transportes Colectivos (CMTC) de São Paulo, fueron desactivadas, y esto abrió espacio para que empresas privadas ingresaran y explotaran comercialmente esos servicios. Los gobiernos municipales perdieron la capacidad de intervenir las empresas que no cumplieran sus contratos de concesión, y también desistieron de controlar los costos operacionales.


En cuanto a su capacidad para ejercer la fiscalización del servicio, el peso mismo y la importancia de los empresarios del sector inhiben una actuación pública republicana. La concentración del capital también afectó a ese sector, y, hoy en día, de los 14 mil buses que circulan por la ciudad, prácticamente la mitad pertenece solo a dos empresarios.


En Brasil, es el usuario quien paga, a través de la tarifa, los costos del transporte colectivo. El gobierno de São Paulo subsidia el 20 por ciento de ese valor, el 70 por ciento es pagado por quienes toman el bus, y el 10 por ciento restante es pagado por los empresarios, mediante el vale de transporte que conceden a sus empleados. La ecuación de "el que usa es únicamente el que paga" es perversa, pues excluye a un tercio de los ciudadanos de las áreas metropolitanas que carecen de recursos para costear el precio de la tarifa. Estos andan a pie y, unos pocos, en bicicleta. Tal modelo consagra la idea de que el transporte público es una mercancía, no un derecho. Solo quienes pagan tienen acceso al mismo.


Y las empresas que lo operan deben ser lucrativas. Incluso en el caso de las tarifas preferenciales (tercera edad, personas con necesidades especiales, media tarifa para estudiantes), que son una conquista social que debe mantenerse, sus costos costos, en lugar de ser pagados por todos los contribuyentes, son trasladados a la tarifa. Así, es el más pobre, el usuario del transporte colectivo, quien paga las tarifas preferenciales, no todos los ciudadanos.


Si tomamos como referencia a Estados Unidos y los países europeos, otra es la ecuación: más del 70 por ciento del costo del transporte colectivo es pagado por el contribuyente, y la tarifa cubre, como máximo, el 30 por ciento. Existen otros modelos de financiación del transporte público, y estos tienen que ser considerados en la formulación de una nueva política para el mejoramiento de la movilidad. Hay una creciente comprensión de que tenemos que evitar que nuestras ciudades terminen contaminadas y congestionadas por automóviles. La ecuación es mejorar el transporte público y frenar la circulación de automóviles. A partir de esa lógica, surge la propuesta de una inversión masiva de recursos en el mejoramiento del transporte colectivo, en combinación con el gravamen aplicado a la circulación de los automóviles.


Existen posibles iniciativas con impactos a corto plazo. En São Paulo, por ejemplo, la creación de 180 kilómetros de nuevos corredores viales de bus, con dos carriles en cada sentido, sustituiría 3,7 millones de viajes diarios en automóvil. Dichos corredores contribuirían significativamente a aligerar el tráfico, aumentar la velocidad de desplazamiento y reducir la contaminación. La discusión sobre las posibilidades de financiación de un cambio radical en las políticas de movilidad urbana, que pasa por priorizar el transporte colectivo con miras a transformarlo en un bien común, explora diversas alternativas.


Empieza por cuestionar la distribución de los recursos públicos en el pacto federativo. Hoy, el 60 por ciento de los impuestos queda en manos del gobierno federal, el 18 por ciento va a los municipios y el 22 por ciento, a los gobiernos de los estados. En Suecia, por ejemplo, la relación es la inversa: el 70 por ciento va a los municipios y el 30 por ciento va al gobierno central. Los gobiernos locales demandan una mayor cuota de recursos.


Otra propuesta para hacer viable esa política es la creación de una Contribución de Intervención en el Campo Económico (CIDE, por su sigla en portugués) municipal; tributo que incidiría sobre la comercialización de gasolina, diésel y alcohol etílico combustible. Esta puede ser una fuente de recursos complementaria para operar esos cambios en las políticas de movilidad. Otras exenciones de impuestos también pueden contribuir a eso, así como a los combustibles consumidos por los buses, que hoy corresponden al 20 por ciento del costo de la tarifa.


Pero lo más asombroso es cómo se desprecian ciertas fuentes de recursos garantizados, que podrían orientarse a la financiación de nuevas políticas de movilidad. Se estima que un tercio de los automóviles que circulan en São Paulo está en mora con el Impuesto sobre la Propiedad de Vehículos Automotores (IPVA), lo cual lleva también a la acumulación de multas sin pagar. El IPVA es un tributo que se reparte por mitades entre el gobierno del estado y el del municipio.


El Estado lo recauda y traslada su cuota al municipio. Esos impuestos atrasados, sumados a la cifra de multas por pagar, pueden llegar a más de 7 millardos de reales. ¿Por qué el Estado y el municipio no se ponen de acuerdo para intensificar el cobro de esos impuestos y los vinculan a un proyecto común de inversiones en el transporte público?


El pasaje gratuito, o tarifa cero, es posible. Se trata de trasladar el costo de los servicios públicos de transporte al bolsillo de la sociedad como un todo, y no al usuario; de quitarle el carácter mercantil a ese servicio público; de transformarlo en un bien público a disposición de todos. Entre esto y decir que va a ser introducido, hay camino que andar. Hay muchas fuerzas que se oponen. Sin embargo, las últimas semanas me hicieron cambiar de opinión, me hicieron dudar. Ya no me parece imposible que los movimientos de masas impongan el torniquete gratis.


Como sabemos, la construcción del Estado de bienestar solo fue posible por la presión de las masas, y eso es lo que estamos viendo en las calles de las principales ciudades.

 

por Silvio Caccia Bava*

* Director de Le Monde Diplomatique Brasil. El artículo original se encuentra en http://tarifazero.org/2013/07/08/um-brasil-sem-catracas/
(Traducción de Beatriz Peña Trujillo)

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