Martes, 02 Febrero 2016 09:19

¿En qué va el movimiento ciudadano?

Tal y como fue acordado en Bogotá el pasado domingo 24 de enero, al finalizar la concentración de los inconformes con la actual situación nacional, y bogotana en particular, tres días después, el miércoles 27 fue realizado un encuentro que tenía como propósito presentar un balance de lo recogido en las discusiones del domingo.

El domingo 24 de enero, tal y como fue concitada por redes sociales, unas siete mil personas se dieron cita en la Plaza de Bolívar de Bogotá (http://www.desdeabajo.info/colombia/item/28059-un-movimiento-por-hacer.html). La indignación ante la cotidianidad económica, social y política que caracteriza al país, era el factor de coincidencia que les permitía hablar lenguajes similares.


Un primer acuerdo de esta cita dominical fue la citación para reunirse de nuevo, en esta ocasión el miércoles 27 de enero a las 5 pm en el Parque Nacional. El tema: discutir más a fondo sobre lo recogido el domingo y precisar los próximos pasos a seguir en pos de estimular la indignación nacional.


A la nueva citación llegaron algunas decenas de estudiantes, activistas, representantes de algunos sindicatos y entusiastas. Al comenzar el intercambio de ideas en esta nueva cita, se dispusieron unas pautas con las que se desarrollaría la agenda para tratar los temas más importantes expuestos en la primera cita. Se propuso un cronograma que contempló el siguiente itinerario: 1) resumen y evaluación de lo acontecido en la reunión dominical; 2) temas tratados en las discusiones; 3) propuestas para la movilización y, 4) conclusiones.


Dentro de los aportes más importantes presentados destaca la incorporación activa del movimiento sindical a esta dinámica que, a través de un integrante del gremio docente, anunció una pronta reunión con los líderes del sector para exponer la trascendencia de esta dinámica y la posibilidad de adherirse a la misma. No obstante, recalcó que es importante que el movimiento tenga una postura autónoma, manteniéndose al margen de los objetivos particulares de las organizaciones sindicales. "Seamos conscientes de que hay organizaciones sindicales que tienen sus propias reivindicaciones, que tienen sus propias agendas y es muy importante ir a un proceso de unidad, de unificación de agenda y de perspectiva de paro nacional. Por ejemplo, la Central Unitaria de Trabajadores acaba de anunciar que su comité ejecutivo aprobó impulsar el paro nacional y van a convocar a las otras centrales obreras a una reunión para ponerse de acuerdo. Sin embargo, cuando los sectores organizados entran al proceso, hay dos posibilidades: una, que el movimiento se organice, que se fortalezca, que ponga las organizaciones al servicio del proceso de movilización o, dos, que lo controle" señaló.


También hubo quórum en lo referido con perfilar a Bogotá como eje nacional de las actividades en pro del impulso de un paro nacional. Demandaron, además, compilar un pliego de peticiones que unifique las postulaciones en todo el país y así, llevar a un término benéfico para el pueblo este proceso de reunión amplia, ciudadana, que está empezando a caminar. También se enfatizó en la importancia de no prorrogar la preparación del paro, pues aplazarlo desembocaría en la disolución del movimiento. Se habló de lo favorable que sería conectar el movimiento con la opinión de la ciudadanía para lo que se propuso realizar comités barriales o por localidades, y convocar a los padres de familia y personas mayores, muchos de ellos sin acceso a las redes sociales. Un representante de los pueblos indígenas intervino y comunicó la inmediata adhesión de la Organización Nacional de Indígenas de Colombia.


A las tres exigencias iníciales: 1) un salario justo que cubra la canasta familiar, 2) disminución del costo de la gasolina y 3) no al aumento de los impuestos contemplados en la reforma tributaria, que sentó las bases de estos encuentros, se incluyeron tres más: 4) defensa de lo público (rechazo a la venta de Isagen y de las EEB Y ETB), 5) la defensa del medio ambiente, el agua y el territorio en pro de la protección y uso adecuado de los recursos naturales de las y los colombianos y 6) denuncia de la corrupción como una pandemia en el modelo de gobierno nacional, reflejada en el excesivo salario de los congresistas –comparado con el pírrico salario mínimo-.


También ganó referencia la necesidad de incluir al campesinado a esta dinámica, quienes víctimas de las importaciones y de los intermediarios son en últimas los que más sufren el rigor de la inestabilidad económica que en la actualidad acusa el país.
Para algunos de quienes expusieron sus ideas, también preocupa la destrucción de la reserva forestal humedal Thomas Van der Hamenn en Suba, en la cual el alcalde Peñalosa, a través del proyecto urbanístico Ciudad Paz, pretende construir una urbanización para viviendas de interés prioritario, sin tener en cuenta los esfuerzos de la comunidad por preservar este ecosistema y resguardo animal, que cumple la función de pulmón para Bogotá.


De igual manera, se dijo que la organización y las direcciones que adquiera deben tomar posición frente al proceso de paz, lo que implica que el movimiento acoja, sin excepción, a todo individuo que se quiera manifestar y comparta los lineamientos pactados, que se exija el acceso a la salud como un derecho básico y que el Estado asuma la prestación de un servicio que sea digno y humano. En lo que respecta al transporte público, lo que pretendido es que sea eficiente, económico, sostenible y ecológico; y con respecto a la educación, se busca que la pública tenga más cobertura, totalmente gratuita y de calidad. Sin olvidar el cuidado del medio ambiente y los recursos naturales del país, el problema alimentario y de la economía nacional así como el denuncio de la corrupción de la burocracia colombiana.


En resumen, el encuentro dejó claro las firmes intenciones de que este proceso de reuniones e intercambio de opiniones sobre el país que tenemos y el que soñamos asuma el objetivo de un paro nacional como uno de sus ejes articuladores.

 

Ocho razones para rechazar el alza de las tarifas del SITP:


1. Mientras el salario mínimo aumentó 7% y el subsidio de transporte 5%, Transmilenio sube 11% y SITP 13%.
2. El 95% de Transmilenio pertenece a 12 familias, mientras el 5% es del Distrito. La plata es realmente para esas familias. En este enlace podrá encontrar la ampliación de esta información http://lasillavacia.com/historia/19513 (Estos son los dueños del transporte en Bogotá)
3. Es un negocio redondo para los dueños privados: con lo que la ciudadanía paga de impuestos se cubren los gastos de seguridad, mantenimiento de vehículos y vías, mientras las familias sólo reciben las ganancias.
4. Pérdidas injustas para Bogotá. El Distrito invierte más de lo que recibe en el Transmilenio.
5. El transporte público en Bogotá es de los más caros en América Latina. Representa entre el 15 y el 17 por ciento del salario mínimo, suponiendo que solo se tengan que pagar dos pasajes por día.
6. El alza no se ve reflejado en un mejor servicio, mayores frecuencias de la circulación de las rutas, ni ofrece dignidad a todas las personas que habitan la ciudad.
7. Retirarán los subsidios a más de 500 mil beneficiados del Sisben con puntaje inferior a 40 puntos.
8. Los aumentos seguirán, iniciando con el cobro de las rutas alimentadoras para seguir enriqueciendo a unas pocas familias.

 

Lo que exige la ciudadanía


1. Garantía del derecho a la movilidad: que el dinero no sea una barrera para ello.
2. ¡Transmilenio 100 por ciento estatal!
3. No al alza de precios.Exigimos disminución de la tarifa de Transmilenio y SITP.
4. Uso de tecnologías eco-sustentables.
5. Calidad en el servicio: ampliación de rutas alimentadoras, aumento de frecuencias de circulación en todo el sistema de transporte.
6. Tarifa preferencial para estudiantes y población vulnerable.
7. Metro para Bogotá ya!

 

Para convocar a quienes habitan Bogotá:


El propósito es publicar en las redes sociales algunos diseños dónde se muestren las razones y las exigencias de la manifestación; también se convocará una reuniónel martes2 de febrero a las 11am en la plazoleta de las Nieves.


La convocatoria a una Jornada permanente contra el Alza del Transmilenio el día miércoles 3 de febrero, que contempla las siguientes actividades:


1. Uso de medios de transporte alternos (bicicleta, carros colectivos, caminata u otros)
2. Jornadas pedagógicas sobre el funcionamiento de Transmilenio, para con ello vincular a más personas a este proceso de protesta colectiva.
3. Pega masiva de calcomanías por la ciudad

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Lunes, 18 Enero 2016 15:53

Bogotá. Una resistencia social

Se convirtió en una obsesión de Peñalosa la destrucción de la obra social y urbana de la Bogotá Humana.

No estamos ante el comienzo de una obra administrativa, estamos ante una destrucción. El cambio del cuadro del Libertador por el del conquistador Quesada en la sala de juntas, es un grito contra todo lo que signifique progresismo, ideas democráticas, expresión libre y diversidad.

Con sectarismo y con odio, bajo el silencio aturdidor de la Prensa, se suspende el Metro para los bogotanos, después de 130.000 millones de pesos de inversión en estudios de la máxima calidad, y de acuerdos históricos con la Nación para financiarlo y cuando se empezaban a comprar los predios de las estaciones y se iniciaba la segunda fase y última de estructuración de la licitación para su construcción.

Han decidido suspender la adjudicación de la construcción del Tranvía, que va del centro a Puente Aranda, Fontibón y Faca, la primera línea de transporte masivo regional, cuando solo faltaba la realización del Conpes con el gobierno nacional para sus aportes y cuando a Bogotá no le costaba un solo peso de su presupuesto; han decidido la suspensión de la licitación de la fase I de Transmilenio, que buscaba democratizar la propiedad de las concesiones privadas y saltar a buses no contaminantes; han decidido suspender la licitación de la construcción de la troncal de buses de la Boyacá.

Han decidido no abrir el Hospital San Juan de Dios, después que lo compramos por 150.000 millones y ya están listas las obras de la central de urgencias, cuidados intensivos y hospitalización, con toda su dotación tecnológica; han decidido acabar con los Camad: con ¿cuál política reemplazarán el tratamiento de los adictos?; han decidido no construir la sede la Orquesta Filarmónica de Bogotá, para ellos no es prioridad.

Han decidido establecer una censura al grafiti, y cerrar una fase de enorme libertad de expresión artística que ha hecho de Bogotá, con Berlín, los centros del arte contemporáneo urbano en las calles.

Han suspendido el proceso de investigación científica del Jardín Botánico, no siembran más arboles en la reserva forestal del Norte, amenazan con derogarla en el próximo POT y los anuncios indican que se aprestan a cortar decenas de miles en los cerros orientales para senderos pavimentados. Para ellos los árboles son adornos, y los humedales charcos y potreros a los que hay que convertir en albercas o terrenos de urbanización

Se anuncia un recorte del 20% de los gastos en las entidades, con un impacto gravísimo de llegar a hacerse en los programas de educación pública, atención a la primera infancia, salud, integración social y cultura, se dice que para llevar los recursos a las prioridades de la nueva administración

Para financiar esas prioridades hablan de privatizar las empresas públicas, comenzarán por la poco conocida TGI, que es el corazón de las utilidades de EEB, y que si la llega a comprar Luis Carlos Sarmiento consolidará el monopolio privado del transporte del gas natural en Colombia. Seguirán con la ETB y Aguas de Bogotá.


Amenazan con acabar el programa basura cero, el del incremento progresivo del reciclaje en la Ciudad.

Pero ¿cuáles son esas prioridades de la nueva administración?: Hacer más troncales de transmilenio, y expandir la ciudad hacia la Sabana. Los dos grandes errores de la Bogotá contemporánea.

De manera reiterativa la prensa, verdadero partido de oposición a la Bogotá Humana, calificó nuestras políticas públicas de improvisación, tuvimos el cuidado de planificarlas de acuerdo a los nuevos objetivos del milenio de las Naciones Unidas: Ciudades incluyentes con acciones inmediatas para combatir el cambio climático y lograr su resiliencia.

El metro y los tranvías no estaban pensados solamente para darle más comodidad al pueblo que trabaja y estudia, sino, además, porque son ejes de movilidad no contaminante, no emiten gases efecto invernadero.

Nuestras políticas de ordenar el territorio alrededor del agua, liberando sus espacios, a sí no les gustase a los especuladores inmobiliarios, no permitía la expansión de la ciudad, pero garantizaba al revitalizar las áreas centrales de la ciudad, una mejor adaptación al cambio climático y al cuidado del agua.

Cuando decidimos ordenar el territorio alrededor del agua y liberar sus espacios, estábamos priorizando la vida como el eje central de la planificación y la política pública

Al incitar a la sociedad a concebir su progreso sobre la base de la cultura y de la educación y no de la cantidad de cemento arrojado sobre su territorio, estábamos precisamente construyendo las bases de una ciudad incluyente, respetuosa de su entorno natural.

Una parte de la clase media bogotana decidió otorgarle una mayoría electoral a una nueva hegemonía de sectores sociales poderosos profundamente depredadores. Quizás pensando que el pavimento solucionaría un problema de congestión que solo se solucionará disminuyendo el uso del auto, quizás por egoísmo social pensando quitar las escaleras que a ellos mismos les sirvieron para salir de la pobreza, quizás por que el afán invisibilizador de la prensa no permitió valorar el enorme éxito social y cultural de la Bogotá Humana. Quizás por nuestra falta de capacidad de comunicar esos logros, lo cierto es que el gobierno de Bogotá elegido, tiene otra lógica y otros intereses.

Ante esta nueva realidad, y ante los peligros que para la vida entraña el retroceso hacia el mundo de los grandes negocios con lo público de la ciudad, que era la verdadera agenda de los propietarios y directores de los medios, y es la agenda de círculos empresariales ligados a la especulación inmobiliaria y a la privatización de los servicios públicos, y ante el peligro de la destrucción de los frágiles ecosistemas sobre los que se ha levantado la ciudad, hay que actuar de manera inmediata

Solo un fuerte movimiento social pacífico pero contundente podrá salvar el metro de Bogotá, detener las privatizaciones, y mantener las políticas sociales de inclusión social, y la prioridad de la educación pública

Hay que encontrar un camino de unidad en la acción del movimiento sindical y el movimiento social y juvenil

El movimiento popular se acostumbró al avance constante en materia social y creyó al final que se trataba de un proceso normal, automático y sin retroceso. Hoy la ciudad es devuelta al neoliberalismo que tuvo como logro social, condenar a la mitad de su población a la pobreza.

Por tanto es hora de despertar y de actuar.

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Sábado, 19 Diciembre 2015 06:36

Bogotá Humana

La alcaldía humana se despide anunciando la futura inauguración de la nueva Cinemateca distrital.

 

La administración del alcalde Gustavo Petro al frente de la capital de Colombia terminará cuando acabe este 2015. Se acaba la etapa de la Bogotá Humana. Habrán sido cuatro años de peleas y luchas por mantenerse al frente de uno de los consistorios más complicados en una de las ciudades más difíciles de gobernar en un siempre dificultoso país.


Un alcalde que ha intentado cumplir el lema de su mandato, "Bogotá Humana", y que ha tenido que lidiar con gigantes y con molinos para lograrlo. Su tarea no ha sido nada fácil (ver "No se va, le echan"). Los poderes, empezando por los medios masivos tradicionales, tanto la prensa, como la radio y la televisión, excepción hecha de Canal Capital, le han puesto todas las zancadillas posibles. Y gran parte de la ciudadanía, increíblemente también en los sectores populares por los que más ha trabajado, no ha terminado de entender el enfoque progresista del burgomaestre.


A ello también ha contribuido, creo yo, una mala política de comunicación distrital.


Tal vez el tiempo, o la historia, como decía Fidel Castro, le absolverá y le reconocerá su labor. Una labor que destaca, sobre todo, en la cultura, en la recuperación del espacio público y en la inclusión social de todas y todos los habitantes de esta macro urbe de casi nueve millones de personas (censo oficioso que nadie sabe a ciencia cierta en qué cifra se encuentra).


En estos últimos días del año, Petro está aprovechando para inaugurar o promover las últimas de sus acciones como alcalde. Hoy, viernes 18 de diciembre, ha presentado la futura nueva Cinemateca distrital "un centro cultural que fomentará la defensa del patrimonio cultural y la evolución integral de la cultura audiovisual, a través del desarrollo de programas de formación, creación, exhibición, investigación y publicaciones y de acciones de preservación, restauración y circulación del acervo audiovisual consignado en su Filmoteca y en su Mediateca."


Este espacio cultural, que será ambientalmente "amigable", al aprovechar la luz solar y canalizar el agua de lluvia, estará ubicado en los terrenos que iba a ocupar el centro cultural de España y que, gracias a la crisis que se vive en Europa, han retornado al consistorio bogotano. Más de veinte mil metros cuadrados en pleno centro de la capital, en la esquina de la carrera Tercera con la calle 19. Ese centro al que esta administración municipal le ha invertido ganas, esfuerzo y plata para revitalizarla.


La cinemateca será el espacio, en palabras de Santiago Trujillo, director del Instituto Distrital de las Artes, "donde se guardará la memoria audiovisual de la sociedad". Una sociedad que necesita tener memoria, que, en estos tiempos de negociaciones de paz, tiene que seguir perdonando sin olvidar.


En el transcurso del acto, en el que también han intervenido la secretaria distrital de Cultura, Clarisa Ruiz, y la responsable de la Empresa de Renovación Urbana, se ha presentado, y entregado un ejemplar a cada una de las personas asistentes, Bogotá Arte Urbano – 80 grafitis 2012 – 2015, una obra recopilatoria de ochenta de los grafitis con los que se ha decorado la ciudad a lo largo de estos cuatro años. En lo que ha sido "la mayor intervención de arte urbano" en una capital que le ha apostado a llenar de color el espacio público, permitiendo que la gente se exprese, haciendo que las paredes comuniquen (ver "paredes que comunican") y narren realidades de una sociedad viva, activa y abierta.


Esperemos que el nuevo gobierno distrital, que entrará en 2016 a la cabeza del yuppie (aunque no tan joven) de Peñalosa, no tire por tierra lo bueno que han hecho las personas del equipo saliente. Los planteamientos de este nuevo alcalde, que ya lo fue en el período 1997-2000 con su "Bogotá, 2.600 metros más cerca de las estrellas", no parecen ir por el camino de la ciudadanía, lo público y la cultura.


Ya ha planteado la paralización de un metro nunca iniciado y también ha avisado de la posible privatización de ETB (la empresa distrital pública de comunicaciones). Malos indicios para la otra Bogotá. Seguramente que se centrará en la que va de la calle 45 hacia el norte, que promoverá la política del concreto (cemento), los bolardos y el carro privado.


La obra para la construcción de la sede del cine se adjudicará el próximo día veinticuatro, pero no se sabe si la iniciativa llegará a buen fin y podrá llenar un espacio público que, en palabras del alcalde, sufrió hace años una tragedia social al desplazar a sus habitantes de entonces, entre ellos el escritor Jairo Aníbal Niño, por intereses mercantiles.


Tanto Trujillo como Petro han manifestado, durante su intervención en la carpa situada en el espacio que ocupará la cinemateca, su preocupación y el riesgo existente de que la siguiente administración no respete los compromisos y este proyecto, tan necesario para una capital como Bogotá y para un país como Colombia que por primera vez ha situado una de sus producciones en la antesala de los premios Oscar del cine, se quede en el aire, en la imaginación de quienes defienden y aman el séptimo arte y todo lo relacionado con la cultura y las artes audiovisuales.


Para Gustavo Petro, la nueva cinemateca contribuirá a "construir una ciudad democrática", lo que supone "evitar discriminaciones". Ha señalado que en sus años de gobierno distrital ha intentado plantear un progreso distinto al del siglo xx, al margen de los bienes materiales. Ha querido explorar lo nuevo, hacer una especie de revolución en la ciudad sin tomar más armas que las de la cultura. Y ha afirmado que el progreso hoy es "acumular sentires". Porque lo que importa es "sentir y ser, el saber y la cultura", promoviendo la producción cultural para "cambiar actitudes", haciendo "arte en la calle para buscar un nuevo equilibrio entre naturaleza y ser humano".


Más pronto que tarde podremos evaluar y comparar esas actitudes frente a la administración entrante. Quizá echemos de menos la humanidad bogotana del equipo municipal saliente. Tal vez, cinematográficamente hablando, haya que terminar haciendo como los vecinos de aquella maravillosa cinta de Sergio Cabrera, "La estrategia del caracol", y dejarles a los próximos gobernantes, parafraseando el final de la película, un grafiti que rece "Ahí tienen su hijueputa ciudad, a ver qué hacen con ella".

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Jueves, 26 Noviembre 2015 11:52

Entre el que sale y el que entra

El 25 de octubre en horas de la noche, Enrique Peñalosa y sus asesores, radiaban de alegría. Igual semblante cubría el día 26 el rostro del vicepresidente Vargas Lleras, así como el de varios ministros del gobierno nacional. No era para menos: con el triunfo del candidato del cemento para la alcaldía de Bogotá, los negocios y las ganancias hacían cosquillas en los bolsillos y las chequeras de estos empresarios devenidos en políticos. Business, dicen quienes los formaron, así como muchos de los que están detrás o junto a ellos, sin duda, todos aquellos que integran ProBogotá, la fundación "sin ánimo de lucro" constituida un año atrás por grandes firmas nacionales e internacionales, para quienes era fundamental ganar –recuperar– las riendas directas del gobierno capitalino (ver desdeabajo edición No. 216. Business es lo que interesa, lo demás –el ambiente, la calidad de vida de los habitantes más populares de la urbe bogotana, la extensión sin límites del territorio capitalino–, que esperen.

 

Veinticuatro horas después, tras un día lleno de reuniones del recién elegido alcalde para el periodo 2016-2019 con funcionarios del gobierno nacional, entre ellos con los ministros de transporte y vivienda, el director de la Agencia Nacional de Infraestructura (Ani), y el vicepresidente (las que recuerdan una vez más que para poder hacer marchar un proyecto local de cambio –como pretendió Petro, o uno de continuidad como lo hará Peñalosa– debe contarse con el músculo nacional), reuniones extendidas a los empresarios de diferente matiz proponentes de Alianzas Público Privadas (App), en las cuales les debieron confirmar, sin duda alguna, que podrán contar con la alcaldía distrital para llevar a cabo la multiplicación de sus capitales. Peñalosa explicaba así las obras con las cuales él –y ellos– consideran que los habitantes de la capital del país ganarán en movilidad y calidad de vida:

 

(haremos las) "[...] autopistas para las entradas y salidas de Bogotá; la ampliación de la carrera 7 al norte; la ampliación de la autopista norte; la gran vía Cota, 170 y desde aquí hasta la carrera 7; autopista longitudinal de occidente (avenida Cundinamarca), que será la vía de mayor tráfico en Colombia en los próximos cien años, una vía tan ancha como la avenida El Dorado, que va desde la autopista norte, pasa por Suba, va a Engativá, Fontibón, Kenedy, Bosa, Mosquera, Soacha; ampliación de la calle 13 (entrada a Bogotá); prolongación de la avenida de las Américas al occidente y luego, no sólo llegará a la Alo sino que saldrá de Bogotá e irá hacia el occidente; autopista elevada que vaya desde Soacha hasta Bogotá; calle 63 –con la que sueño– una vía subterránea que va desde la Circunvalar, sale en la NQS, sale en la 68, sale en la Boyacá, sale en la Ciudad de Cali, sale en la Alo y sale de Bogotá por el costado norte del aeropuerto El Dorado [...].

 

Y ampliaba el ahora titulado por los creadores de opinión como "uno de los personajes que más conoce sobre ciudades en el mundo": "Estas son algunos de los proyectos que vamos a destrabar [...] para que mejore la movilidad en la ciudad de Bogotá" (Enrique Peñalosa entrevistado por Yamit Amat, 26 de octubre, 9 pm).

 

Cemento y más cemento, para continuar pavimentando uno de los territorios más bellos y fértiles con que cuenta el país, donde la mayoría de sus humedales ya fueron desecados, sus ríos entubados, y sus principales aguas llevadas hasta la muerte por falta de oxigeno y exceso de químicos y desechos de todo tipo, depositados sobre sus corrientes por una industria que no depara en las consecuencias de su falta de control a sus procedimientos, y una población que estima a la naturaleza como algo ajeno, externo a la misma, algo para "usar y tirar".

 

Proyectos para destrabar, según el recién elegido burgomaestre capitalino, es decir, para retomar la vía obstaculizada por la administración de la denominada "Bogotá humana", que pretendió todo lo contrario, es decir, impedir el crecimiento sin límite de la ciudad, no patrocinar ni estimular el poblamiento de la periferia de la urbe, conservando la misma como reserva ambiental, a la vez que evitando que los más pobres de sus pobladores lleguen a habitar terrenos que se inundan con facilidad; desestimular el uso del carro privado haciendo innecesario por ese conducto la construcción de nuevas vías; densificar el centro de la ciudad como espacio para que los sectores populares de esta ciudad accedan a mejores terrenos para vivir, etcétera.

 

Pero como "al que no quiere caldo le dan dos tasas", las obras serán muchas más, incluyendo entre ellas el metro, con un nuevo trazado –elevado– que dará al traste con más de miles de mil millones de pesos invertidos por la alcaldía de Gustavo Petro en estudios; al tiempo que la construcción del Centro Administrativo Nacional (Can), reubicando el mismo en el centro de la ciudad. Es decir, miles de metros cuadrados para el negocio.

 

¡Felicidad total! No es de extrañar que el mismo Presidente se apresurará a reafirmar que el nuevo alcalde cuenta con el apoyo suficiente para concretar el metro, y su segundo aborda le confirmara que cuenta con todos los recursos para ejecutar los planes ya descritos.

 

Disposición y amabilidad –total– oficial que desentona con el tratamiento dado a Gustavo Petro para quien, a pesar de los aciertos en muchos de sus proyectos, o la verificación empírica que la vía a seguir por el desarrollo es aquella que coloca en el centro al ser humano, de la mano de la naturaleza, no solo le sabotearon durante los años que estuvo al frente del Palacio Liévano su plan de gestión, sino que incluso hasta último momento maniobraron en su contra para que no quede su registro en la historia como el alcalde que logró darle inicio al metro que requiere esta urbe.

 

Una disputa de modelos de ciudad y de poderes. La puja se amplía a otros ámbitos, como quedó claro días después cuando Enrique Peñalosa confirmó –luego de reunirse con los mandos de la Policía– que con él todo el que infrinja las normas deberá ser encarcelado, tomando distancia del alcalde que termina funciones el 31 de diciembre de 2015, para quien el tema de los delitos menores debe ser tratado con prevención y tratamiento extramural. La lógica reclamada por Peñalosa, tras decenas de años de implementación, tanto en Colombia como en otros países, no deja duda sobre sus nefastas consecuencias y fracaso total.

 

Populismo punitivo, negocios a manos llenas, persistencia tras un modelo de ciudad fracasado –el impuesto por la Ford desde los años 20 del siglo XX– y llamado a ser superado en el menor tiempo posible aquí como en todo el mundo, cobertura total para el nuevo gobierno en ciernes y propaganda desbordada a su favor por cuenta de los grandes medios de comunicación y sus conductores –los llamados creadores de opinión–, son parte de los elementos que entran en el escenario nacional para favorecer, al mismo tiempo, la campaña electoral del 2018 que desde ya encabeza, con todos los recurso del Estado colocados a su favor, Germán Vargas Lleras, en la cual enfrentará, entre otros posibles contrincantes, a Gustavo Petro.

 

¿Servirá Bogotá para catapultar al delfín llerista hacia la Casa de Nariño? O, ¿una vez medida por la ciudadanía capitalina, y por extensión mediática, por el conjunto nacional, las bondades de muchas de las propuestas, ejecutadas o no, por la administración Petro, le darán su aval para que encabece un gobierno nacional? De ser así. ¿tendrá el exalcalde la capacidad autocrítica para superar los errores que impidieron que de su mano bastos sectores sociales de Bogotá se transformaran en pueblo movilizado, tomando en sus propias manos el destino de sus vidas?

Publicado en Edición Nº219
Jueves, 26 Noviembre 2015 11:20

La calle del destiempo

Sucede en Bogotá, que en Colombia es la capital del capital: árboles plásticos con iluminación navideña, muñecos rojos con barba blanca que recuerdan que llega el final de año, pesebres, guirnaldas que cuelgan por aquí y por allá, y otras decoraciones que llenan vitrinas pretendiendo llamar la atención –y atrapar– al desprevenido peatón que recorre la calle 53, entre carreras 17 y 20. Buscan su bolsillo.

 

Como si habitáramos en otros territorios y sociedades, colonizados por una identidad de no sé dónde y no sé qué, que nos deja descuadernados, esa decoración, acompañada de los techos "cubiertos de nieve", disputa espacio a las calabazas y otros objetos similares que atraen la atención sobre la llamada "fiesta de los niños", ahora también transformada sin recato alguno para muchos adultos en "fiesta de disfraces", la misma que en otros países con mejor memoria festeja la efemérides que los acerca a sus difuntos, a todos aquellos que los han dejado para "pasar a mejor vida", según el decir popular.

 

Sin apenas poder despertar ante lo que ve, el peatón cierra y abre una y otra vez sus ojos. ¡Pero si apenas es octubre!, tal vez atina a responderse así mismo el aturdido y desprevenido transeúnte, que por azar cruza las calles llenas de vitrinas surtidas con los objetos festivos de la época, que en esta ocasión como un acairós denota un exceso de prontitud, sin duda alguna potenciado por el afán de venta, de potenciar aquella sed de mercado y de consumo, sumo de la sociedad que vivimos. Cierre de un ciclo de 12 meses que pretende adelantar, y con ello despertar, un mayor afán de compras. Cierre del ciclo que también bulle por las dependencias oficiales donde pretenden acelerar, imaginado lo que no es, el cumplimiento de sus metas anuales; afanes, deseos y nostalgias que incluso llegan hasta los calabozos que llenan el país, donde los presos sienten caer sobre ellos con mayor peso el dolor de la ausencia de los suyos, con quienes desearía gozar y reir.

 

Con asombro, mirando vitrinas, el desprevenido que enruta su andar por este barrio de la alcaldía de Teusaquillo, lo asalta sin darle oportunidad alguna la pregunta por el tiempo que vive, ¡pero si apenas es octubre!, tal vez atina a contestarse para sí mismo el aturdido transeúnte, sin caer en cuenta que el tiempo de ahora es el cronos impuesto por la veloz rueda del capital, la que circula cada vez con mayor velocidad, llevando de sus manos y garganta a toda una población de miles de millones que no atina a pisar el freno dispuesto ante sus manos y pies para tratar de controlar la dictadura de la mercancía, del dinero, del consumo desmedido que desde hace décadas ya no cuenta con el kairós necesario para poder gozar el 'preciado' objeto que en cada ocasión pretende llenar la sed de consumo de unos y otros.

 

¿Estaré en el túnel del tiempo?, no es para menos que este interrogante también llene por unos segundos el pensamiento de quien mira las vitrinas y se frota sus ojos, sin llegar a comprender lo que sucede, ¿acaso no es octubre? ¿por qué la calabaza, el disfraz, los recuerdos de brujas, junto al pesebre decembrino?

 

¿A dónde fue a parar el sentido de cada época? ¿En dónde reposa aquello que alguna vez fue denominado por un pueblo como identidad? Los interrogantes van llegando uno a uno, o en cascada, al cerebro de quien prosigue sus pasos sin dejar de mirar una y otra vitrina. Fiesta de niños, también de brujas, que en México y Ecuador es día de muertos –porque la muerte bien llegada también debería ser fiesta– recordándonos desde su saber que son pueblos con memoria, esa que tanto nos hace falta para buscar y encontrar a nuestros difuntos, regados por aquí y por allá por la mano criminal de un poder que no permite hacerles duelo.

 

Calle del destiempo. Decoraciones que simulan nieve cayendo de los techos, como evocando un deseo insulso de lo que no debe ser pues ese frío –con temperaturas bajo cero– nadie debería desearla, muchos menos quienes habitamos y gozamos de un territorio benevolente en sus temperaturas, donde por fortuna no suceden las llamadas estaciones, con las cuales en unas ocasiones llega la nieve y con ella el tremendo frío que no conocemos, el cual hace huir de su territorio a quienes lo habitan, en procura del trópico, estaciones que en otras jornadas lleva el termómetro a más de cuarenta grados, ahogándolos e inmovilizándolos, dejándolos pasmados como lagartija al sol.

 

Entre interrogantes y meditaciones, mirando el decorado que hace parecer estas calles de la capitalina Bogotá como escenario de un no sé que ni un no se sabe, calles sacadas de alguna película, se cae en cuenta que Aión, el tiempo de la poética y de la estética, tiempo subjetivo, del eterno estar y retornar, debería ser el que nos determinara, para con él poder volver al ritmo natural en nuestra cotidianidades, para que cada fiesta sea un motivo para gozar y compartir y no simplemente para embadudarnos de todo aquello que cada día es más evidente que ni satisface ni es útil.

 

¡Qué calles! ¡Qué tiempos los del destiempo! ¡Qué lleguen las fiestas, pero que las podamos gozar con toda libertad!

Publicado en Edición Nº219
Sábado, 26 Septiembre 2015 12:59

El tinglado electoral

Una nueva contienda electoral está en curso en todo el país. La campaña por controlar territorios y presupuestos se torna electrizante pues el sector financiero y otros grupos económicos están dispuestos a llegar –en el caso de la capital del país– hasta las últimas consecuencias para retomar su control. No es para menos: el gobierno de Bogotá dispone de un presupuesto anual de cerca de 20 billones de pesos, y una nómina de no menos de 50 mil empleados.

 

La historia se repite

 

El 30 de octubre del año 2011 ganó las elecciones de Bogotá Gustavo Petro Urrego. Tuve la oportunidad de conocer de primera mano el triunfo pues por azares del destino ese mismo día terminé fungiendo de testigo electoral en Corferias, bastante atento al conteo de votos en cada una de las mesas de votación. Desde que fueron abiertas las primeras urnas fue clara la tendencia: el candidato progresista llevaba entre diez y quince votos de ventaja en cada puesto de votación sobre Enrique Peñalosa y Gina Parody, sus directos competidores.

 

Aquella noche de finales de octubre fue bastante clara y fría en Bogotá; recuerdo a los activistas agitando banderas tricolores en la carrera séptima, eufóricos por el triunfo de su candidato, después embriagados, y horas más tarde durmiendo el arrullo etílico, sintiendo, con seguridad, que habían triunfado, que desde el día siguiente "sería todo diferente" pues habían contribuido al triunfo que iba a alterar definitivamente el futuro aciago de la ciudad. No eran más que un puñado de esperanzas vanas, cándidas, pueriles.

 

Han transcurrido cuatro años desde aquel momento y la situación llega casi al mismo punto de los días que antecedieron a la victoria de Petro: las campañas en plena ebullición, la agitación electoral, las fotos, los discursos, las encuestas bipolares y gran parte de los mismos problemas que enfrentan a diario millones de ciudadanos capitalinos aún sin resolver, fundamentando discusiones y propuestas, contribuyendo a trivializar debates electorales en los que la competencia por acumular votos ha embebido de demagogia y futilidad las mismas propuestas de gobierno.

 

Las encuestas

 

El trasfondo del escenario se encuentra matizado, al igual que en el 2011, por las encuestas de intención de voto, que siguen encargándose de vaticinar cuál será el resultado efectivo de las elecciones por la alcaldía más importante del país. Cuatro años atrás las mismas encuestas solo tuvieron capacidad de predecir el resultado hasta pocas semanas antes de las elecciones que ganó Petro con 721.308 votos (32.16%), 150.000 más que Peñalosa quien logró el 25.07 por ciento del total de la votación, ambos resultados porcentualmente pobres en términos de representación si se tiene en cuenta que para el periodo electoral del 2011 –de acuerdo a la Registraduria Nacional del Estado Civil– votaron 2.324.885 ciudadanos capitalinos, tan solo el 47.40 por ciento de las personas habilitadas para hacerlo en esta ciudad. Seis meses antes de estos comicios las encuestas catalogaban como virtual ganador a Peñalosa, con diferencias hasta de 15 puntos porcentuales frente a Gustavo Petro.

 

Dos meses antes de las elecciones del 2011 Carlos Lemoine, presidente del Centro Nacional de Consultoría, escribía "Las encuestas también son semejantes a la mirada inocente del niño que en el cuento de Hans Christian Andersen se dio cuenta de que el rey no tenía vestido: muestran con inusitada frecuencia cómo importantes candidatos de importantes partidos en realidad no tienen votos". Pero no solo esto, también pueden mostrar ficticiamente que tienen más votos de los que en realidad poseen. En fin, toda una distorsión de la realidad para favorecer al candidato de su preferencia. Sobre este particular el sociólogo francés Pierre Bourdieau planteó: "Las problemáticas que proponen las encuestas de opinión están subordinadas a intereses políticos, y esto pesa enormemente tanto sobre la significación de las respuestas como sobre la significación que se le confiere a la publicación de los resultados". Por tanto, las encuestas de intención de voto no pueden entenderse por fuera de esta subordinación a intereses específicos y a las pretensiones de simplificación del campo sujeto a sus mediciones.

 

Una perla

 

El 14 de agosto del año en curso, el diario El Tiempo1 presentó los resultados de una encuesta desarrollada por Datexco Company, pagada por el diario junto a la W radio. La noticia titulaba "Encuesta de Datexco: Peñalosa (31.4%), Pardo (28%)". El titular no deja duda: allí reposa una de las estrategias mediáticas para manipular la información, pues la nota no explica muy bien que las cifras obtenidas a partir del estudio se consolidaron en el hipotético escenario de que la candidata a la alcaldía de Bogotá por el Polo, Clara López Obregón, no concurriera a las urnas. Solo poco antes de terminar la noticia realizan una breve alusión en dos líneas al respecto de que en el escenario fáctico tendría lugar un empate entre los tres aspirantes a la alcaldía, hipótesis manejada en los más recientes sondeos.

 

Evitando discutir la fiabilidad de las encuestas, el análisis debería fijarse en este tipo de dispositivos ejecutados en los medios de comunicación para asociar palabras e imágenes de candidatos con números que expresan tendencias de votación poniendo y quitando favorabilidades, sobre el hecho mismo de las intenciones de los medios de incidir en la contienda electoral a través de la manipulación en la presentación de las cifras por las que pagan millonarias sumas. Las encuestas, los discursos basados en sus cifras, llevan consigo formas de exhibiciones y ocultamientos, estrategias de vaticinio que pueden modificar, al menos, la forma en que los electores se representan la contienda electoral. Nunca responden a los intereses puros por aproximarse probabilísticamente a la verdad.

 

Detrás de los bastidores del discurso

 

La forma como exponen sus propuestas los candidatos, nos permite presentar la hipótesis de que los electores carecen de los elementos suficientes para llevar a cabo –de forma idónea– la selección del/a candidato/a de sus preferencias. Esta hipótesis se soporta en la retórica ambigua y simplista de las propuestas en boga, con la cual ocultan los intereses particulares de los sectores del poder alineados sobre cada uno de los candidatos en disputa.
El primero de los elementos de análisis que debe ser destacado son los efectos producidos en los grupos hegemónicos por la sucesión de gobiernos de izquierda democrática durante doce años en Bogotá. Más de una década sin controlar su enorme presupuesto ha terminado por afectar su estructura de poder clientelar, golpeando sus intereses de acumulación y reproducción de capital a corto y mediano plazo.

 

Estos sectores han decido no quedarse con los brazos cruzados, invierten infinidad de recursos para lograr su propósito. De ello da cuenta la constitución de ProBogotá el primero de agosto de 2014, como lo develó este mismo periódico en su anterior edición (agosto 20–septiembre 20), donde se precisa: "[...] este tanque de pensamiento, conformado y financiado por las empresas y grupos empresariales de mayor músculo financiero, no solo locales, sino también extranjeros, se propuso como primer gran objetivo, retomar el poder capitalino para los intereses del gran empresariado. Se trata de un modelo de intervención para gestionar ciudades a partir de la injerencia de lo privado en lo público, dentro del espíritu más audaz y avasallador de la economía de mercados". ProBogotá apoya las candidaturas de tres aspirantes a la alcaldía de Bogotá: Enrique Peñalosa (Uribismo "Light"), Rafael Pardo (Corriente Santista) y Pacho Santos (Uribismo de línea dura). Tres candidatos que representan a grupos de poder específicos, con ambiciones particulares que sin embargo comparten el espectro ideológico neoliberal. Tres candidatos capaces de diversificar las apuestas del capital financiero por retomar el control de la alcaldía a partir del voto de los estratos medios capitalinos, candidatos que intentarán sobreponerse al voto social y de opinión que para ellos ya ha hecho suficientes estragos.

 

Su pretendido "rescate" de Bogotá está sustentado en discursos reactivos que sustentan entre dientes la continuidad de las políticas sociales consolidadas por los gobiernos de izquierda en la ciudad, al tiempo que descalifican las administraciones de los últimos doce años en aspectos como: administración, seguridad, movilidad, crecimiento de la ciudad, relaciones con las autoridades policiales, manejo de Transmilenio y SITP, inversiones del Distrito, entre otros aspectos cuya gestión no ha encuadrado dentro de su matriz de pensamiento político económico.

 

En perspectivas del 25 de octubre, no deben descartarse cualquier tipo de alianza entre estos tres candidatos de las elites, del capital financiero y de la ideología neoliberal. Sus propuestas y discursos, en varios aspectos enfatizan perfil social y popular, pero no es posible confiarse en ello, pues pretenden una ciudad "bien gerenciada" pero para el capital, como fue la constante durante todo el siglo XX, cuando controlaron en sus manos y bolsillos esta urbe, permitiendo su descomunal crecimiento, y un desorden que favorece los negocios que siempre pretenden, así como el control social, el miedo y la división social, junto al control policivo, que siempre necesitan.

 

Otra de las personas que aspira a regir el destino de Bogotá es la candidata del Polo Democrático Alternativo –PDA–, Clara López Obregón, quien ha manifestado encontrarse comprometida con la continuidad de las políticas sociales implementadas desde hace doce años en la capital. Su candidatura espera obtener nuevamente el voto de confianza de la ciudadanía; su confianza parte de su loable gestión cuando tuvo que afrontar la alcaldía de la ciudad luego del descomunal escándalo de corrupción originado por los hermanos Iván y Samuel Moreno Rojas. Bogotá es pieza fundamental para el PDA, y debe ganarla pues con ello defiende su unidad, accediendo a niveles importantes de poder que le permitirían refrendar su propuesta política ante millones de personas.

 

Si el PDA gana las elecciones no tendrá una tarea fácil, pues nuevamente serán interpuestas toda serie de cortapisas al sostenimiento de las políticas de corte social, deberá encarar la heráldica labor de impulsar en el Concejo un nuevo Plan de Ordenamiento Territorial, el desafío por constituir movimiento social por fuera de los ajetreos del balcón del Palacio del Liévano, tan necesario para robustecer el ejercicio de la gobernabilidad del Distrito de manera más seria y ética de lo que lo han podido conseguir el fútil embellecimiento de barrios populares, el pliegue del Distrito a la empleabilidad clientelar.

 

Clara López también deberá demostrar a sus electores que ahora realmente es más amarilla que roja, que las sospechas sobre su vocación real de gobierno infundadas en sus prolijas relaciones con el ala samperista del Partido Liberal, solo son producto de la paranoia sectarea de la izquierda y que las palabras del exministro liberal Alfonso López Caballero escritas en una carta enviada a Horacio Serpa: "Con Clara López tiene el Partido Liberal una carta ganadora [...] Con ella el Partido volverá a hacerse escuchar en Bogotá y a participar directamente en los destinos de la ciudad. Quienes abrigan alguna reticencia a votar por Clara porque no se sienten identificados con el Polo han de saber que muchas de las mejores mentes y de los más caracterizados dirigentes liberales la apoyan", corresponden a nobles intenciones democráticas, a la voluntad del Partido Liberal por gobernar, junto con el Polo, de manera pulcra una vez más a la capital del país.

 

Las opciones y los escenarios están ante quienes eligen. Frente a cualquiera de ellos es necesario reiterar los interrogantes planteados en el artículo "Doce años de gobierno de la izquierda en Bogotá" publicado en la edición anterior de este mismo periódico: "¿Cómo actuar para que lo electoral no termine por subsumir el conjunto de las energías de los sectores alternativos? ¿Cómo actuar para no institucionalizar el conjunto de nuestras acciones y proyectos? ¿Cómo actuar para mantener viva la disposición de la lucha social directa? ¿Cómo construir una forma de gobernabilidad y de gestión pública propia de la izquierda? ¿Cómo forjar una forma de conducción de gobierno que controle los egos, personalismos y autoritarismos de los gobernantes?"

 

La ventana

 

El próximo 25 de octubre muchos más soñarán con el cambio mientras asisten a las urnas con ilusión de construir con votos un mejor mañana. Otorgarán a uno de los candidatos el poder para que los gobierne y esperarán de forma pasiva a ser gobernados de una manera justa, equitativa e incluyente, mientras la exigencia, el imperativo de toda ciudadanía en el país bien debería propugnar por el ejercicio de su propio gobierno y los mecanismos de control necesarios para que quienes incumplan la misión encomendada sean siempre recordados.

 

Otros quizás despertarán del embriague etílico de todas las borracheras de su vida, teniendo la plena conciencia de que avanzaron más rápidas las palabras que las acciones de quienes prometieron revolucionar la realidad a cambio de que les dieran la facultad de gobernarlos "representativamente". Hasta tanto, algunas de las claves de la superación del estado de cosas actuales permanecerán ocultas en las lenguas muertas del empoderamiento ciudadano, al que nadie quiere apostar.

 

 


 

1 http://www.eltiempo.com/bogota/encuesta-de-datexco-entre-penalosa-y-pardo/16233735.

 


 

Recuadros

 

¿Continuidad? ¿continuidad reformada?

 

Más allá de los trivializados discursos sobre la solución a problemáticas puntuales, en todas las apuestas de gobierno resalta la manifiesta imposibilidad de replantear estructuralmente la ciudad, de desarrollar rupturas respecto a la matriz hegemónica de gobierno, de ahí que se oscile entre una continuidad y una continuidad reformada, nada diferente ni originalmente revolucionario, ninguna alternativa capaz de transcender la somera manipulación de variables endógenas al sistema o subsistemas asociados. Se ha vuelto infecunda la imaginación política para enfrentar los problemas de la ciudad, al ser esterilizada por los límites que imponen al cambio las leyes, los códigos, las cortes y los organismos de control.

 


 

Recuadro 2

 

Movilidad

 

Rafael Pardo
1. Modalidad intermodal; 2. Mayor grado de sinergia entre peatones, bicicletas y transporte público; 3. Mejoramiento del servicio de Transmilenio (ampliación de estaciones, eficiencia operacional, mejoramiento de vías, señalización, información al usuario) y el SITP
Desarrollo de infraestructura para peatones y usuarios de bicicleta; 4. Desarrollo del metro, mejoramiento de la malla vial, construir nuevas carreteras (Avenida Longitudinal de Occidente - ALO). 5. La posibilidad de cobrar a los carros particulares por congestionar ciertas zonas de la ciudad.

 

Enrique Peñalosa
1. Disposición de una malla vial reparada; 2. Mejora en la gestión del tráfico y en la construcción de nuevas vías; 3. Rápida construcción del metro, con modificaciones a los diseños iniciales e incorporando tramos elevados; 4. La expansión de las troncales de Transmilenio; 5. Volver técnica y financieramente viable al SITP; 6. Incrementar el uso de la bicicleta del 6 al 15 por ciento y la infraestructura de ciclorutas; 7. Cultura ciudadana para mejorar el tráfico; 8. Construcción de la ALO; 9. Interconexión entre SITP y transporte intermunicipal.
"Proponemos generar desarrollo y calidad de vida para todos, con un sistema público de transporte masivo más rápido, cómodo y eficiente, que incluya la Primera Línea del Metro y que integre a todos los sectores de la ciudad".

 

Clara López Obregón
1. Robustecimiento del Sistema Integrado de Transporte a partir de la interconexión del existente con el metro; 2. Mejoramiento de la malla vial y modificar la construcción de la fase III de Transmilenio, conectando a Soacha con el norte de la ciudad a través de la Avenida 68; 3. Una de las preocupaciones inmediata está relacionada con el estado de las troncales de Transmilenio de la Caracas y Autopista Norte, sobre las que propone inversiones inmediatas para solucionar el problema de las vías.

 

Seguridad

 

Enrique Peñalosa
1. El alcalde de la ciudad debe liderar la Policía y exigir resultados. 2. Prevención del delito (atención a jóvenes vulnerables); 3. Mejoramiento de entornos que fomentan el crimen (espacios poco iluminados, con basuras, escombros y "graffities"); 4. Fortalecimiento de la Policía con mejores medios técnicos (cámaras de vigilancia con reconocimiento facial y placas de vehículos); 5. Incremento del número de policías; 6. Renovación a la línea 123 y creación de un nuevo sistema de denuncias; 7. Cero tolerancia al atraco y acoso en Transmilenio; 8. Creación de la Secretaría de Seguridad y Convivencia Ciudadana; 9. Garantizar a las mujeres el acceso efectivo a la Justicia, sancionar a sus agresores y castigar el maltrato intrafamiliar.
"Vamos a imponer el imperio de la Ley. Haremos cumplir las normas generando espacios urbanos limpios, seguros donde reine el orden y no el hampa. Vamos a garantizar el derecho sagrado a vivir sin miedo".

 

Clara López Obregón
1. Enfrentar la inseguridad en la ciudad a partir de la profundización de la inclusión social mediante la cultura democrática; 2. Ampliar la cobertura de la política pública hacia sectores vulnerables, mano dura con la delincuencia, pero que también mano tendida para sacarlos de las actividades delincuenciales; 3. Gestionar la seguridad a partir de criterios técnicos, de inclusión social y de eficiencia; 4. Atacar las bandas de microtráfico en las localidades y en los colegios, pero proporcionar oportunidades de trabajo y educación para evitar que los jóvenes emprendan o perduren en el camino del crimen. 5. Incrementarse el número de efectivos de policías a partir de los recursos humanos de la misma institución y no mediante la creación de grupos policivos paralelos. 4. Profundización de las políticas de inclusión social, como timonel de la política de seguridad del Distrito.

 

Rafael Pardo
1. Relaciones más armónicas entre la Policía y la administración distrital; 2. El fortalecimiento de los cuadrantes de Policía; 3. Implementación de un nuevo sistema de denuncia, "banco de datos de rostros" para lograr implementar la tecnología de reconocimiento facial, grupos elite infiltrados en el servicio público, son algunas propuestas puntuales para el aseguramiento de la seguridad en la ciudad; 4. Creación de una "Guardia urbana" de cinco mil hombres y mujeres que atenderán las contravenciones contempladas en el Código de Policía, garantizando que "quien incumpla una norma sea sancionado".

 

Modelo de ciudad

 

Clara López

1. "Toda la actividad administrativa, económica y social, así como las relaciones con la ciudadanía y el Concejo Capitalino estarán atravesadas por lo que ahora se conoce como el derecho a la ciudad que garantice a todos y todas el disfrute y aprovechamiento de la vida social en igualdad de oportunidades y de acceso al ejercicio de los derechos fundamentales sociales y colectivos". 2. El derecho a la ciudad comprende: el derecho al ambiente sano, el derecho a que los niños sean privilegiados, el derecho de las minorías étnicas, de la diversidad sexual, a una perspectiva de género, a la igualdad de oportunidades, el derecho a la salud pública, derecho a no ser desplazado de la ciudad por proyectos de renovación urbana, al acceso a toda la ciudad, entre otros.
"Es necesario continuar fortaleciendo el entorno favorable a la actividad privada mediante la construcción de la infraestructura que facilite toda clase de actividad productiva generadora de empleo y que contribuya a mejorar la calidad de vida de todos los bogotanos como una manera concreta de ir cerrando la brecha entre las dos ciudades".

 

Rafael Pardo
1. Desarrollar una gestión urbana que localice y distribuya con equidad territorial las oportunidades de desarrollo y bienes colectivos como recreación, cultura, educación y salud. 2. Urbanismo de la demanda, atender las necesidades de las personas evitando que éstas tengan que desplazarse demasiado para poder satisfacerlas. 3. Ciudad como plataforma física de la competitividad y la innovación, capaz con su sistema urbano de generar confianza en los agentes económicos, atender las demandas de espacio público con calidad. 4. Ejecución de actividades urbanas integrales en subscentros de la ciudad, el replanteamiento de las normas de uso y aprovechamiento del suelo hacía el interés común.

Enrique Peñalosa
"Ajustaremos el Plan de Ordenamiento Territorial con una gran participación ciudadana y de los diversos sectores, para que sea una ciudad respetuosa de la dignidad humana, incluyente, eficiente, atractiva y competitiva que propicie el buen vivir de sus habitantes y el disfrute de sus visitantes".
1. Recuperar Metrovivienda como agencia encargada de ofrecer soluciones de vivienda a los sectores más populares.; 2. Construcción de vivienda popular incluye la recuperación de tierras de los urbanizadores ilegales, el acceso a los programas y convocatorias de vivienda hechas por el Gobierno Nacional; 3. La renovación urbana es una de las estrategias centrales para construir ciudad; la apuesta de Peñalosa incluye la construcción de parques, andenes, colegios y centros comunitarios. (recuadro, ¿Continuidad?)

Publicado en Edición Nº 217
Sábado, 26 Septiembre 2015 12:09

Inclusión y rentas urbanas

Las rentas urbanas

 

Las ciudades, sobre todo las grandes, tienen un doble reto: mejorar la inclusión y aumentar las rentas urbanas. Los dos propósitos están íntimamente relacionados. En el espacio urbano la falta de inclusión se expresa como segregación. Puesto que la raíz de la segregación es la mala distribución del ingreso, si las rentas urbanas se distribuyen de manera equitativa, la desigualdad disminuye, la exclusión se reduce, y la segregación se mitiga.

 

Por las razones anteriores, la gestión de las rentas urbanas se convierte en un elemento central de la política pública de los gobiernos locales. Los candidatos a las alcaldías y a los concejos han dejado de lado el debate sobre la gestión de las rentas urbanas, como si el tema no fuera relevante.

 

Estas rentas son los excedentes que se crean como resultado de la gestión del suelo y del ordenamiento del espacio de la ciudad. Las dinámicas urbanas generan excedentes de manera permanente. Estos recursos no se deberían quedar en manos de los privados, sino que tendrían que distribuirse de manera equitativa.

 

Las secretarías de hacienda de las ciudades grandes e intermedias del país no han aprovechado las potencialidades financieras de las rentas urbanas. Esta falta de iniciativa se explica por dos razones. Primero, porque las secretarías de hacienda no han entendido la relevancia del suelo y del urbanismo. Actúan con la misma lógica del Ministerio de Hacienda, ignorando las dimensiones espaciales. Y, segundo, porque no han diseñado proyectos de inversión conjuntamente con los privados. Las rentas que allí se generan se deben distribuir por partes iguales entre la administración y el sector privado. Se trataría de consolidar alianzas público/privadas con participación de 50/50. La ciudad tiene que obligar a los privados a que compartan las rentas que se derivan de la dinámica urbana. Por tanto, el gobierno local no puede permitir que el sector privado sea el único beneficiario de los excedentes que genera la ciudad. Puesto que la aglomeración urbana es una fuente permanente de rentas, las posibilidades de mejorar los recursos son numerosas.

 

Las secretarías de hacienda y su relación con el suelo y el urbanismo

 

Las secretarías de hacienda de las ciudades cumplen una función muy distinta al Ministerio de Hacienda. El papel específico de las finanzas locales no se ha entendido, y al diseñar las fuentes de recursos no se le ha dado importancia a la gestión del suelo y del urbanismo. Fuera del impuesto predial, que está relacionado directamente con el valor del suelo y de los inmuebles, las secretarías del ramo no le prestan atención a otras fuentes de recursos. Mencionamos algunas: participaciones en plusvalías, cargas, derechos de edificabilidad, valorizaciones, cobros por congestión. Algunas de estas modalidades de financiación no son nuevas, y aunque ya se están implementando, no reciben la atención e importancia que merecen.

 

Las participaciones en plusvalía han ido perdiendo relevancia, y el recaudo es muy bajo. Los cobros por valorización han sido más dinámicos, pero hace falta que sean más progresivos, de tal manera que se le cobre más a quienes tienen mayor capacidad de pago. La distribución de cargas y beneficios que se lleva a cabo en los proyectos urbanísticos, es un mecanismo adecuado para reducir los gastos de la administración en infraestructura (redes, vías), pero su monto en el conjunto de las finanzas distritales es relativamente pequeño.

 

En las ciudades de Colombia no se han implementado los derechos de edificabilidad, ni los cobros por congestión. Estas dos fuentes de recursos pueden ser muy dinámicas, como sucede en otros países. El gobierno local le vende a los constructores el derecho a mayor altura. En São Paulo los títulos de edificabilidad se llaman Cepacs. Las últimas emisiones han sido exitosas, y la ciudad ha obtenido recursos considerables. Más de US1.000 millones de dólares en la última emisión. Los cobros por congestión ya empiezan a ser discutidos en las ciudades del país, pero todavía no se cobran en ninguna. Aunque su implementación es compleja desde el punto de vista tecnológico, tiene dos virtudes. En primer lugar, es una fuente de recursos muy importante. Y, segundo, favorece la movilidad, porque desincentiva el uso del automóvil.

 

Las secretarías de hacienda deberían estar analizando las características de cada una de estas fuentes de recursos, pero estas preocupaciones no hacen parte de las agendas de los candidatos a dirigir cada una de nuestras grandes urbes.

 

Las rentas urbanas y las alianzas público/privadas

 

Las secretarías de hacienda y de desarrollo económico tendrían que actuar como diseñadores iniciales de proyectos de inversión en la ciudad. Deben analizar las posibilidades de negocio y discutirlas con los privados. Una vez se hace el pre-diseño se llama a la banca de inversión especializada. Las rentas que generan estas inversiones se distribuyen entre la ciudad y los privados. El punto de partida puede ser 50/50.

 

La administración local olvida en la actualidad que la ciudad es una fuente permanente de recursos, y que las oportunidades de negocios abundan. Al minimizar la relevancia de estas fuentes, las secretarías de hacienda no han tomado medidas para pensar la ciudad como generadora de rentas.

 

Las rentas urbanas son indispensables

 

Estas rentas son indispensables porque las finanzas locales únicamente serán viables si la administración participa en las rentas que genera. Estos excedentes pertenecen a todos los habitantes de la ciudad, y no solamente a un reducido número de inversionistas privados.

 

Si la participación público/privada es 50/50, las ciudad puede contar con recursos que le permitan favorecer las políticas de inclusión. En estas reflexiones, se debe tener presente que con los montos actuales no es posible llevar a cabo los grandes proyectos que están en curso en una ciudad como Bogotá: jornada educativa completa, metro, cables, descontaminación del río Bogotá, mejoramiento de vías, cobertura y calidad en salud, mejoramiento de vivienda, recuperación de las cuencas del Fucha, Tunjuelo, entre algunas de las grandes iniciativas que están en curso y que los pobladores de la urbe requieren tengan resolución efectiva.

Publicado en Edición Nº 217
Sábado, 29 Agosto 2015 12:17

El 1 por ciento a la reconquista de Bogotá

Aupados en una supuesta "apoliticidad", algunos de los más ricos de Colombia y de su capital, al conformar ProBogotá el 1 de agosto de 2014, oficializaron e hicieron pública su decisión de recuperar la principal ciudad del país para sus intereses. Rafael Pardo, Enrique Peñalosa, y Francisco Santos, son sus candidatos. ¿Lograrán su propósito?

 

Con una agenda claramente política, así lo niegue públicamente, ProBogotá –PB– se lanza por la reconquista de la alcaldía de Bogotá tras doce años de ausencia del gran capital en la administración directa de la mayor urbe del país. Creada a mediados del año pasado, este tanque de pensamiento, conformado y financiado por las empresas y grupos empresariales de mayor músculo financiero, no solo locales sino también extranjeros, se propuso, como primer gran objetivo, retomar el poder capitalino para los intereses del gran empresariado.

 

Se trata de un modelo de intervención para gestionar ciudades a partir de la injerencia de lo privado en lo público, dentro del espíritu más audaz y avasallador de la economía de mercados. Lo ocurrido aquí es una réplica de otros experimentos realizados en ciudades como Londres, Barcelona, Sidney, Auckland, Berlín y Toronto, en donde las grandes fortunas del capital se ponen al servicio de iniciativas hegemónicas para postular, hacer elegir y luego controlar a alcaldes y gobiernos locales cercanos a los intereses del sector empresarial. De esta forma, sitúan a través de sus inagotables formas de financiación, de la gestión del conocimiento, de la influencia y articulación de sus capacidades empresariales, a unos gobernantes "amistosos" (business-friendly), para que sean dóciles a las demandas cada vez más voraces de los grupos que encuentran en la grandes ciudades, como Bogotá, un terreno fértil de mercado para su usufructo, en detrimento de las necesidades más amplias y urgentes de tipo social que padecen los grandes conglomerados urbanos.

 

Este movimiento, impulsado por inmensas fortunas de empresarios y que ya tiene dimensiones globales, es una reacción a la tendencia de muchísimos años de las grandes ciudades de elegir de manera consistente, alcaldes de izquierda, gracias a los enormes bases de trabajadores, estudiantes y trabajadores que se concentran en las ciudades. Es así como Roma, París, Madrid, Sao Paulo, entre otras, se han caracterizado por elegir alcaldes comprometidos con las causas sociales de los más desfavorecidos.

 

En Colombia, esta no es la primera iniciativa de este tipo. Desde hace varios años opera ProAntioquia –PA–, que reúne a las empresas del Grupo Empresarial Antioqueño (GEA), así como a otras nacionales y extranjeras, y cuyo propósito principal, aunque no público, es hacer elegir al alcalde de Medellín, al gobernador de Antioquia y los alcaldes de otros municipios claves en la geografía antioqueña y, en consecuencia, sustraer las administraciones del departamento y sus principales municipios de gobiernos con vocación auténticamente democrática. Y basta con mirar los resultados de las elecciones en ese departamento durante los últimos años para comprobar la eficacia que ha tenido este tipo de proyectos; gracias, en gran parte, a disponer, de manera abundante, del recurso más escaso para cualquier proyecto político y el que mueve todos los demás: el financiero.

 

La ciudad como negocio

 

No es una casualidad que PB surja a mediados del 2014, a poco más de un año de las elecciones que tendrán lugar en el próximo octubre, el tiempo suficiente para poner en marcha toda una serie de mecanismos y dispositivos de poder para asegurar, que en el palacio Liévano se siente, a partir del primer de enero del 2016, un alcalde que obedezca a sus propósitos. Por ello, no es sorprendente la estrategia de haber impulsado tres candidatos representantes de los grupos de poder económico, como Peñalosa, Santos y Pardo, todos a cual más cercanos al gran capital, para contrarrestar y atajar la indudable fuerza que desde un comienzo mostró la candidata del Polo, Clara López, buscando con esta estratagema, diversificar las opciones del electorado conformado por una cada vez mayor clase media, para intentar así debilitar el voto social y popular que ya ha adquirido la disciplina de votar por candidatos de talante democrático.

 

Para el director ejecutivo de PB, Luis Guillermo Plata, exministro de Comercio del gobierno de Uribe y alfil del uribismo, la coyuntura actual es "una oportunidad única" para reconquistar el poder para el sector privado. Afirma, en el documento llamado Propuestas de PB para la nueva administración distrital 2015-2019: "Para PB el momento actual representa una oportunidad única de contribuir a que los siguientes 4 años se traduzcan en un avance significativo en el proceso de transformación y crecimiento armónico hacia una ciudad-región que sea un mejor lugar para vivir, y trabajar e invertir. Y esta es precisamente nuestra razón de ser". (El énfasis es nuestro).

 

El 1 por ciento

 

¿Quién conforma PB? Setenta de los tradicionales dueños de la ciudad, de los dueños del país: los grupos financieros Bolívar-Davivienda, Colpatria, la Organización Luis Carlos Sarmiento Angulo (y por consiguiente El Tiempo), el Grupo Santodomingo, el Grupo Corona, la revista Semana; el grupo industrial Haime, el grupo Pedro Gómez, Avianca, Alquería, Amarilo, además de grupos extranjeros como Citi, IBM, Microsoft, ExxonMobil, Terpel, McKinsey, por solo mencionar los principales. Allí está concentrada, entre PA y PB, el gran capital que controla de manera hegemónica a Colombia.

 

A pesar de llamarse a sí misma como entidad "apolítica", basta con conocer sus programas, iniciativas y publicaciones para revelar que su intención principal es tener una injerencia grande en la gestión de lo público. Desde su enfoque estratégico de "Pensar, Proponer e Influir" se vislumbra lo que admite, de manera explícita, como un "primer frente de trabajo" y es, "liderar el cambio que impacte significativamente la vida de millones de ciudadanos al impulsar una visión de largo plazo, al 2038, para la Región Capital" que se abre a la vez en una triple estrategia de inconfundible sabor neo-liberal: desarrollo económico, desarrollo urbano sostenible y calidad de vida; una agenda hecha a la medida de los intereses de la gran acumulación de capital.

 

Bastaría con auscultar las finanzas de las campañas del trío Pardo-Santos-Peñaloza, para detectar las líneas de alimentación que van desde los animadores de PB con las respectivas campañas de estos candidatos, que disputan por estos días, codo a codo, la simpatías de los bogotanos con la principal candidata de la izquierda. En realidad, a PB le da lo mismo que quede cualquiera de estos tres; al abrir el abanico de candidatos neoliberales, se logra de manera paradójica, quitar cualquier acusación de apoyar a un candidato particular o de ser considerada esta una entidad con favoritismos políticos. El objetivo, por ahora, es arrancarle a la izquierda el gobierno de la capital del país, conseguido de manera democrática desde hace doce años, reconquistarlo y no volverlo a soltar.

 

La ciudad y el país

 

Por otra parte, los vasos comunicantes entre PA y PB tampoco están ocultos. En un evento denominado 1er Encuentro PB, realizado a fines del año pasado, en el que participaron representantes de las fundaciones hermanas Barcelona Global, London First, y Partnership for New York, así como el líder conservador británico Greg Clark, secretario de estado para la Oficina de Comunidades y Gobierno local, PA (que tiene en su base al grupo Argos, Celsia, Isagen, Haceb, Éxito, Sura, Orbis, Mineros, Familia, Protección, y también Renault, El Tiempo, ExxonMobil, Siemens, Deloitte), compartió sus principales enseñanzas y lecciones aprendidas a sus colegas de PB, entre ellos lo que denominan la movilización de las capacidades empresariales; es decir, poner en acción todo su músculo empresarial y privado para influir en la gestión de lo público. De esta forma queda clara que la tenaza PA-PB quiere controlar los dos principales centros urbanos del país, que representan más de la mitad del PIB nacional.

 

Una de las más efectivas estrategias desplegadas, pero no la única, por supuesto, por este tipo de instituciones es el trabajo voluntario, llamado "voluntariado dinámico", realizado por todo tipo de jóvenes, profesionales y ejecutivos de las mismas empresas que conforman las fundaciones con que estas despliegan parte de sus postulados políticos, jóvenes que son desplegados por toda la ciudad para realizar encuestas, investigaciones, caracterizaciones y otras actividades de propaganda, práctica no muy lejana de los cuerpos voluntarios de la Italia y la Alemania de los años veinte y treinta del siglo pasado.

 

Clientes, inversionistas o empleadores vs. "sustitutos, subordinados y subversivos"

 

En resumen, PB toma cuerpo a la sombra, imagen y semejanza de las otras iniciativas mencionadas existentes en las grandes ciudades del llamado primer mundo, atendiendo a las necesidades del gran sector empresarial, del capital y de los inversionistas que ven a las ciudades, no como centros necesitados de amplios programas de cubrimiento, de protección social, de reconocimiento y desarrollo de lo individual y lo social, sino como mercados para ser explotados comercialmente, donde los ciudadanos son mirados como clientes potenciales, donde se articulan diferentes "formas de lucha" esbozadas en estrategias y tácticas de largo y corto plazo, donde lo que prima es la cultura empresarial, no la pública, donde la ciudad se convierte en un terreno fértil para hacer "lobby" de negocios, donde hay que presentar una fachada de "apoliticidad" para no generar sospechas o suspicacias, donde se rechaza todo tipo de "ideología" que no sea aquella del enaltecimiento del capital, y en donde se trabaja sobre el apalancamiento de las capacidades y habilidades de las empresas y sus líderes parta intervenir e influir, desde lo privado en la gestión pública, para el mayor y continuo aprovechamiento del capital.

 

Todo lo anterior, a costa de los ciudadanos de las grandes urbes que cada vez ven menos probabilidades de reconocimiento (y en su lugar encuentran la política del desprecio), de integración, de progreso, de educación. A los actores urbanos, se les ve, desde esta perspectiva bajo la clasificación tripartita capitalista de clientes, inversionistas o empleadores; y de esta manera quieren que estos ocupen el lugar de los "sustitutos, subordinados y subversivos", en referencia a empleados y servidores públicos y a los ciudadanos que no se pliegan a los intereses de las fuerzas hegemónicas del poder.

 

¿Lograra PB su propósito en octubre próximo? El reto para los sectores sociales y políticos alternativos, para impedir que así sea, es inmenso. De su imaginación y capacidad por disponer una política que en verdad concite e integre a todos los sectores sociales, depende la fuerza para impedirlo, tanto en el corto como en el mediano y largo plazo, para lo cual es indispensable la constante movilización y participación ciudadana, avanzando en un proceso de amplia y democrática politización de las mayorías sociales, factor fundamental para cerrar la brecha entre dirigentes y dirigidos, y para despertar la pasión que toda política realmente de cambio requiere para llevarse a cabo.

Publicado en Edición Nº 216

En vísperas de octubre, tiempo de elecciones territoriales, no todo debe ser liderazgo individual, promesas, discursos, alianzas pasajeras, también es necesaria la reflexión, la evaluación, la pregunta por lo hecho en ciertos espacios de gobierno, tratando de identificar aciertos, errores y desde ellos, cómo proseguir el ejercicio de la administración pública con alcances cada vez más transformadores.

 

Pensando en ello, nuestro equipo organizó y llamó a distintas organizaciones y procesos sociales a llevar a cabo cuatro sesiones para evaluar el significado y los alcances de los doce años de gobierno que ahora suma la izquierda en Bogotá.

 

La pretensión no es fútil, pues no es posible reivindicar la continuidad del ejercicio alternativo de gobierno en esta ciudad, como podría también serlo en cualquier otra, cuando no valoramos de manera positiva la necesidad de una reflexión colectiva y pública para identificar posibles errores cometidos en estos años de labor, su origen, su posible reiteración, así como los aciertos, sus manifestaciones y la forma más adecuada para asegurar su profundización.

 

Lo primero que asombra, a la hora de intentar el ejercicio aquí aludido, es el poco interés de las organizaciones partidarias que han tenido que ver con estos doce años de gobierno alternativo en Bogotá, por responder de manera desprevenida e interesada al llamado. De su desinterés queda un interrogante, ¿han evaluado y sistematizado, en sus ejercicios de reflexión interna, estas experiencias públicas? Todo parece indicar que no, que los hechos los han superado y que, más allá de los buenos deseos, no existe una brújula estratégica con la cual se guíen. ¿Pesa más el afán electoral-clientelista por administrar la llamada cosa pública que el diseño de un proyecto de largo plazo que brinde el protagonismo a la ciudadanía para que asuma en sus manos su propio destino y la transformación de la ciudad, con todo lo que ello implicaría para un proyecto político frentista o partidista?

 

Superado el desdén organizativo por el llamado reflexivo, abordamos uno a uno los tres gobiernos liderados, surgiendo como interrogantes acumulados por el ejercicio de gobierno local, y por aclarar:

 

1. ¿Los gobiernos locales alternativos deben resignarse a la administración más eficiente y pulcra de lo público o pueden liderar rompimientos en las dinámicas históricas heredadas de sus ciudades, y en la relación nacional-local?

 

Este interrogante emana de la valoración contrapuesta que resalta entre los dos primeros gobiernos evaluados (Luis Garzón y Samuel Moreno) y el de Gustavo Petro, los primeros de los cuales aceptaron que su misión era la de garantizar su estabilidad y eficiente gestión social, en el marco del Estado Social de Derecho, pero sin intentar el cuestionamiento a la matriz urbana y de desarrollo territorial heredada. Distinto al gobierno de Petro, que sin haber logrado sus propósitos determina como central de su ejercicio la ruptura con el modelo urbano existente, volcado al copamiento cada vez más autodestructivo del territorio, sin matriz ambiental, sin valoración del cambio climático, donde los intereses de los urbanistas determinan los ejes de gobierno. Para hacerlo efectivo, ante el cerramiento que le hace el establecimiento, el alcalde se ve obligado a conectarse con los sectores populares, motivando lo protagonismo, aunque este propósito queda ahogado entre el caudillismo de su gestor y las maniobras y acuerdo que debe lograr con el gobierno central para impedir su expulsión del Palacio Liévano.

 

2. Esta disputa entre lo viejo y lo nuevo, entre el negocio y los intereses colectivos, pregunta por el papel de los movimientos sociales y la posibilidad de que la misma administración local propicie su fortalecimiento sin cooptarlos, ¿será posible? Por ello, ¿cuál debe ser la relación que propicie un gobierno local con los movimientos sociales?

 

De la evaluación realizada queda claro que las relaciones desprendidas de estas tres administraciones con lo social, sus manifestaciones son bastante diferentes. Por ejemplo, de sus principales ejecuciones en derechos –educación, salud– no se desprende la determinación por potenciar actores populares en cada uno de estos sectores, si bien en educación el sindicato distrital sale beneficiado por medidas como la decisión de terminar con los "Convenios de concesión" con instituciones privadas, asumiendo el proceso educativo de cero a once en manos del Distrito. Un faltante, entonces, es que las medidas tomadas para fortalecer lo público no corren al mismo tiempo de la mano con decisiones por implicar en tales realizaciones la participación activa, crítica y decisiva de la sociedad en su conjunto, o de comunidades barriales en particular.

 

3. Queda identificado también, en el ejercicio evaluativo llevado a cabo, que en las tres administraciones el alcalde, pese a pertenecer a un movimiento o partido, rompe en la práctica con el mismo una vez llega al alto cargo. Ni el Polo controló los suyos, y mucho menos lo hizo el movimiento Progresista. De esta manera, con funcionarios como ruedas sueltas, las organizaciones terminan por padecer las consecuencias de sus errores y en escasas ocasiones por favorecerse de los aciertos.

 

El caso más notorio de estos es el de Samuel Moreno Rojas, afanado por los negocios particulares, y un interés de lucro familiar. Esta misma actuación, debe preguntarse por las relaciones con los otros partidos con presencia en la ciudad, en nuestro caso los partidos tradicionales, verdaderos controladores del Concejo Distrital, y controladores de buena parte de la burocracia bogotana. No hay que dejar de lado el nefasto papel jugado por sectores liberales como el samperismo, verdadero Caballo de Troya en una administración supuestamente alternativa, siempre afanado por la clientela, beneficiada de la misma y blindado ante el escándalo y la censura pública por la efectiva privatización –robo– de lo público que propiciaron y llevaron a cabo diferentes funcionarios ligados a una u otra organización política.

 

¿Cómo lograr que los alcaldes rindan periódicamente a la ciudad informes de su gestión, informes más allá de la formalidad, que eduquen y entreguen herramientas para la comprensión de la gestión pública y para su control? ¿Cómo educar y potenciar los liderazgos comunitarios a través de estos informes? ¿Cómo debatir estos mismos informes con sus organizaciones de origen y pertenencia, para que los programas difundidos en las campañas electorales sirvan en realidad como matriz directora de la gestión, sin quedarse en el simple papel? ¿Y cómo debaten estas mismas organizaciones con la sociedad sus proyectos de corto, mediano y largo plazo? ¿Cómo poner en práctica aquello de mandar obedeciendo base de un real proceso democrático?

 

4. Un común determinante es la positiva gestión realizada en sectores vitales como educación y salud. Desde la primera administración (Lucho), hasta la actual (Petro), la línea de continuidad no se rompe, más bien parece profundizarse, obligando al gobierno central a retomar las conquistas en educación y particularidades en salud, es decir, el conjunto nacional sale beneficiado de la lucha contra el neoliberalismo liderada y vivida en Bogotá, con manifestaciones específicas en los campos aludidos, si bien con la actual administración tal pugna amplía sus objetivos a basuras, transporte, vivienda, territorio.

 

Pese a ello surgen interrogantes frente a lo realizado y lo que debe venir, en particular en salud: ¿qué tanto en estos tres periodos de gobierno fue posible enfrentar el modelo hegemónico de salud?, ¿qué tanto se avanzó en configurar una política de izquierda en salud?, ¿cuáles pueden considerarse como los principales logros y aprendizajes en esta materia?, ¿cuáles deberían ser los pasos a seguir para profundizar tales logros garantizando que los mismos estén cada vez más en manos de la participación y apropiación (conocimiento) de la ciudadanía en general, en particular de los sectores más excluidos de la urbe?, ¿cuáles son las proyecciones, posibilidades, retos en materia de salud?

 

5. También se resaltó en la deliberación sostenida, la corroboración de lo siempre reconocido a la izquierda colocada al frente de gobiernos locales: su sensibilidad y énfasis social –ahondamiento de una variable de la democracia liberal– y eficiencia para administrar las finanzas. Pero, ¿esta realidad está llegando a su límite? ¿Aguanta una ciudad como Bogotá el alza en los impuestos hasta ahora pagados? Si así fuera, ¿cómo proceder y garantizar que quienes más tienen sean en realidad quienes más paguen, exonerando a los sectores populares de una sobrecarga en este rubro, vía para empezar a superar las inequidades y segregaciones?

 

Este aspecto del debate es importante ahondarlo pues la ciudad parece encaminarse en una senda de amplío crecimiento en construcción vertical, lo que podría aprovecharse para que la plusvalía que ello propicia se irrigue en beneficio del conjunto social y no solamente tome la dirección de los bolsillos de los especuladores del suelo. Así mismo, y en este sentido, actuando con mucho cuidado para que el incremento del predial no termine desplazando de su territorio a sus históricos pobladores, porque la realidad hoy es que por esta vía se expulsa a los pobres de la ciudad, estableciendo de facto que grupos de ciudadanos no merecen vivir en la ciudad.

 

6. Desprendiéndose de lo anterior el interrogante por el modelo urbano por construir, un tema central en el programa liderado por el actual alcalde capitalino, terminó anulado al terminar en el limbo el Plan de Ordenamiento Territorial radicado en el Concejo.

 

Este aspecto reclama especial atención pues amplios sectores populares que la habitan están sometidos a constante presión para que abandonen sus tradicionales hábitats, no pocos de los cuales ya han terminado por habitar la periferia de La Sabana, estableciéndose en los municipios circunvecinos que rodean a la capital, donde el costo de la vida es un poco más liviano.

 

La disputa de modelo urbano entre capital y sociedad es evidente, pretendiendo el primero de éstos una reorganización del territorio más valorizado del país. Los interrogantes, por tanto, para el gobierno que ha de venir –si es de corte progresista– y para los actores sociales urbanos, ¿qué ciudad queremos?, ¿cómo la construimos?, pero también, ¿la ciudad para quién?

 

7. Pero también fue relacionado como interrogante, en perspectiva de un gobierno cada vez más volcado a los intereses sociales, en franco debate con el gobierno central, ¿cómo actuar para enfrentar y derrotar en otras áreas el neoliberalismo? La preocupación es por aspectos y temáticas como finanzas, participación, transporte, cultura, territorio, así como servicios públicos en general (agua, luz, telefonía, medios de comunicación). No olvidar que sectores estratégicos de la vida cotidiana como estos últimos, son ajenos a la ciudadanía en cuanto a su financiación, administración, gestión, rendimientos, planes de largo plazo, etcétera.
Estas son algunas de las reflexiones que dejaron los conversatorios sostenidos al momento de evaluar los doce años de gobierno de la izquierda en Bogotá, muchas enseñanzas quedan sin citarse y todas sin profundizarse. En la edición septiembre-octubre de este mismo periódico saldrá un informe especial sobre el particular, pues el debate debe continuar para que hagamos del ejercicio institucional, en lo posible, un mandato popular de hondo calado antineoliberal donde el que gobierna no se sirve sino que sirve, de tal manera que el actor social, con autonomía profundice su liderazgo, presionando siempre sin cortapisas para quien esté arriba gobierne con los de abajo.

 

A la luz de la experiencia

 

Guiados por las luces proyectadas desde la experiencia de los doce años de gobierno alternativo en Bogotá, y siempre con la vista proyectada a las elecciones de octubre próximo, debemos relacionar temas clásicos de la agenda política y social alternativa:

 

¿Para qué se gobierna? ¿Con quiénes debe gobernarse? ¿Cómo garantizar que los movimientos sociales, como sector más activo de la sociedad, se potencien y no terminen cooptados y minimizados? ¿Cómo lograr la politización del conjunto social? ¿El realismo político impide o niega a la utopía? ¿Cómo hacer para que la utopía oriente todas nuestras acciones sin sacarnos de la realidad efectivamente existente? ¿Qué implica y/o significa un gobierno de cara o abierto a la ciudad? ¿Cómo actuar para que lo electoral no termine por subsumir el conjunto de las energías de los sectores alternativos?

 

Es decir, ¿cómo actuar para no institucionalizar el conjunto de nuestras acciones y proyectos? E, incluso, así se integre el gobierno de la ciudad, ¿cómo actuar para mantener viva la disposición a la lucha social directa?

 

Podría también preguntarse, de acuerdo a lo anterior, ¿cómo gobernar garantizando la concreción cada vez más renovada de la democracia realmente existente? ¿Cómo construir una forma de gobernabilidad y de gestión pública propia de la izquierda? ¿Cómo forjar una forma de conducción de gobierno que controle los egos, personalismos y autoritarismos de los gobernantes?

 

Pistas para esa nueva democracia: deliberativa, asambleatoria, refrendataria, que priorice la justicia social y con ella la redistribución cada vez más amplia y efectiva de la renta social, que brinde cada vez más espacio a los sectores históricamente más excluidos de la sociedad: mujeres, las llamadas minorías sociales (negritudes, indígenas, pobres, sin techo), pero también a los excluidos (desempleados, presos).

 

Podemos concluir, el tema es apasionante, pero más que ello, urgente de abordar, tanto por la cercanía de las elecciones –que demandan en caso de continuar en el palacio Liévano un sector alternativo– superar errores y profundizar dinámicas que ahonden el cambio, como por la relación que el mismo mantiene con una temática que está al centro de la reflexión mundial: la democracia y porque se concluyó también que las grandes ciudades tienen un margen de maniobra con lo nacional que debe ser aprovechado.

 

Esto no es casual. Como es conocido el sistema de dominio, reproducción y control vigente vive una crisis sistémica y, como parte de la misma, la democracia, soporte y base de este sistema se quiebra por todos los costados. Todos y cada uno de sus componentes fundacionales e históricos están en derrumbe, de ello da cuenta que:

 

- Los gobiernos no son de mayorías sino de minorías.
- Las mayorías sociales se sienten cada vez menos convocadas a la participación real y decisiva; prima la forma sobre el contenido.
- La política cada vez es de menos, la han privatizado –sobre todo en su expresión electoral y legislativa.
- La riqueza social rellena cada vez menos bolsillos, concentra renta y poder político.
- Los poderes económicos y comunicacionales actúan de hecho como partidos, imponiendo su lógica e intereses. La sociedad no participa de la toma de decisiones, las padece.
- Las decisiones más trascendentales para la vida cotidiana de los pueblos no se toman en el ámbito local sino que provienen de imposiciones desprendidas de los grandes megapoderes existente en el mundo.

 

La realidad es que con la llamada democracia liberal lo máximo que puede hacerse es refrendar las formas y los mecanismos de dominación y control realmente existentes, de ahí que la pregunta que debe orientar una gran parte del quehacer social y política alternativo es, ¿cómo darle forma y robustecer una democracia realmente protectora, potenciadora y movilizadora de las mayorías sociales?

 

Podemos decir con toda seguridad que mientras este interrogante no sea resuelto, con nuestros buenos deseos al participar de las formas de la democracia restricta existente y disputar los espacios institucionales existentes, no logramos quebrar ese modelo sino, y por el contrario, reforzarlo. El problema, entonces, no es la participación sino hacerlo sin clara comprensión de las manifestaciones de la crisis sistémica que porta el actual sistema, una de cuyas expresiones más notables es la irrelevancia democrática liberal; el problema no es participar sino asumirla sin la disposición absoluta a mandar obedeciendo, como síntesis de una nítida vocación rupturista de los límites impuestos por la institucionalización gubernamental, soportados en una irrenunciable vocación de poder colectivo.

Publicado en Edición Nº 216

La aproximación de las elecciones para la alcaldía de Bogotá realza de nuevo la importancia de la movilidad urbana, incluyendo el interminable debate sobre la construcción del metro o el mejoramiento a corto plazo de la congestión en el Transmilenio. ¿Cuál y cómo debería ser la función del servicio público?, es decir, ¿somos clientes o usuarios?

 

A pesar del paso de los años, y con ellos de los intentos por transformar el sistema de transporte capitalino, aún podemos ver por sus calles los buses tradicionales, secuela de un sistema de transporte instalado desde los años 1950, que nació al amparo de la quema del tranvía entonces existente, del alza en el costo del transporte en el mismo, por la necesidad de cubrir barrios que estaban llenando la entonces creciente periferia urbana, y por el afán de negocio de las familias que controlaban (y aún en buena parte lo determinan) el poder político y económico nacional, asociadas al capital norteamericano y su sistema de transporte impulsado por gasolina. Este cambio de gestión del servicio público nos coloca ante el carácter incompatible del manejo por el sector privado de un derecho que, como tal, debería ser irrenunciable, estratégico y hacer parte de lo público.

 

Entonces, la llegada de las empresas privadas para la distribución del servicio público de transporte en Bogotá impuso un cambio total en la relación con el usuario, visto desde entonces no como usuario sino como una mercancía, como un medio para la ganancia. En consecuencia, este cambio impuso la llamada "guerra del centavo" como ejemplo de la lucha permanente entre los diferentes propietarios de buses –y sus trabajadores– para recoger un máximo de pasajeros, sin pensar en la calidad del servicio que ofrecían, priorizando únicamente los beneficios directos, pues los conductores eran remunerados en función del número de pasajeros recogidos.

 

Este modelo de transporte causó también otros daños colaterales a los habitantes de la capital colombiana y, como no, en todo el país. Hasta finales de los años 90 del siglo anterior, el número de buses en la ciudad siguió creciendo de manera exponencial hasta llegar a sumar en 1999, al momento de iniciar el sistema conocido como Transmilenio, un promedio de 19.093 buses en servicio diario1, demostrando claramente una falta de regulación, lo que aporta de manera sustancial a la congestión del tránsito urbano.

 

Como la mayoría de la demanda de transporte es "derivada", es decir ofrecida ante la necesidad de los "clientes" por acceder a los sitios en que realizan sus distintas actividades diarias (trabajo, estudio, descanso, compras), éste tiene momentos de gran congestión producto de la concentración de muchos buses en un mismo espacio (ya que las distintas empresas acceden a las rutas más apetecidas) y a la ausencia de calles y avenidas bien dotadas para que los carros circularan sin contratiempo2.

 

La guerra del centavo propició la congestión del tráfico capitalino sobre todo en las rutas más utilizadas –Avenida Caracas, Carrera Décima, Carrera 30, Calle 68, Avenida Boyacá– además, produjo una sobreoferta de buses. Esa brecha causó otro problema derivado como lo es la contaminación ambiental y auditiva, provocando al mismo tiempo frecuentes accidentes y una extrema incomodidad para quienes abordaban los buses.

 

El servicio de transporte tradicional demostró al fin del segundo milenio una manifiesta falta de calidad, causando daños generales por toda la ciudad, incrementando la inseguridad, dando lugar a viajes promedios muy largos, perjudicando con todo ello la calidad de vida en la capital del país.

 

El sistema Transmilenio, una respuesta limitada a una situación de emergencia

 

Ante esta realidad, implementar otro sistema de transporte era una necesidad inaplazable en Bogotá.

 

Nace Transmilenio en diciembre de 2000, bajo la administración de Enrique Peñalosa, y posteriormente se desarrolla el Sistema Integrado de Transporte Público (Sitp). Su propósito era obligar a los bogotanos a dejar atrás el automóvil privado como principal medio de transporte para buscar alternativas más eficientes, económicas y sostenibles, buscando de igual forma mejorar su calidad de vida. Los intereses de los propietarios de los grandes empresas de buses, de las autopartes y la misma debilidad financiera de la ciudad, fueron motivos para no optar por el metro. Una vez más, como sucedía desde cincuenta años atrás, los estudios para implementarlo quedaban guardados en las gavetas.

 

Con el cambio aprobado se logra un mejoramiento en el servicio de transporte a nivel local, pero lo que nos interesa es el funcionamiento del sistema de transporte en su conjunto, es decir, la agrupación Sitp/buses tradicionales, en su relación con el servicio público dedicado al usuario.

 

Según un estudio sobre la movilidad en Bogotá realizado por la alcaldía en 2011, resalta que casi la mitad de los bogotanos caminan para desplazarse dentro de la ciudad (46%), seguido por el transporte público colectivo (20%), el automóvil (10%) y después el Transmilenio (9%)3. En su conjunto, los transportes públicos representan algo más del 30% de los medios de transporte, un porcentaje muy bajo a la vista de las necesidades de movilidad que tienen los habitantes de la urbe. Pero sobre todo, hay una clara desconfianza en lo que son los transportes en la ciudad, mostrando una diferencia muy fuerte entre las clases bajas y altas.

 

En efecto, para los estratos más bajos (de 1 a 3) más del 50% camina para desplazarse y todavía más del 35% corresponde a viajes a pie mayores de 15 minutos, revelando una dificultad cada vez mayor para pagar un pasaje. Al contrario, para los estratos más altos (5 y 6) también más del 50% no usa los transportes públicos sino el automóvil para desplazarse dentro de la ciudad y casi el 60% para los viajes a pie mayores a 15 minutos, lo que pone de relieve una desconfianza real en el sistema de transporte tras 10 años del establecimiento del sistema de Transmilenio. Si la mayoría de la población no usaba los transportes públicos para desplazarse y el sistema Transmilenio era mucho menos utilizado que los buses tradicionales en 2011, para interpretar las cifras de manera más eficiente es necesario una actualización de las estadísticas, pues el sistema de transporte está unificándose lo que causa cambios notables dentro de la movilidad urbana. La falta de confianza en los transportes públicos puede entenderse en gran medida por la mala calidad del servicio prestado así como por el alto promedio del tiempo de espera del bus en relación con el número muy bajo de kilómetros recorridos.

 

Realidad crítica, pero hay más aspectos por valorar. Al día de hoy podemos subrayar otra brecha: el alto costo del sistema de transporte en la capital colombiana en comparación con el salario mínimo en vigor. En efecto, si hablamos de un ciudadano ordinario, que va a trabajar seis días a la semana y que se encuentra en la obligación de tomar el transporte para llegar a su sitio de labor, destina un promedio de $86.400 pesos al mes para desplazarse, si el salario mínimo mensual está en $644.350 pesos (255 USD), esto significa que destina para su transporte más del 13% de sus ingresos, una cantidad considerable, mucho más si recordamos que un porcentaje no desdeñable de quienes trabajan –en el rebusque– no acceden al mínimo.

 

La eficiencia y utilización de un servicio de transporte que no es accesible para todos parece entonces limitado para que rompa en dos la historia de la ciudad en cuanto a transporte público. En efecto, la sola compensación subsidiaria existente por parte de la administración del Sitp (la tarifa preferente para los mayores de 62 años y los beneficiarios del Sisben, excluyendo de facto a los estudiantes que deben contar con el apoyo de su familia), no es suficiente para estimular la utilización de este sistema de transporte, ni aporta de manera sustancial al rendimiento de los pocos ingresos de los hogares más populares obligados a destinar un importante porcentaje de los mismos para el transporte de los suyos.

 

La tarifa del transporte por tanto marca, una vez más, la paradoja del manejo de un servicio público a través de manos privadas.

 

Pero, por desfortuna, Bogotá no es la única ciudad de la región que maneja precios de transportes altos en relación al salario mínimo, de acuerdo a las estadísticas que manejan las distintas ciudades de la región, nuestra capital es la quinta más cara, antecedida por Sao Paulo, Rio de Janeiro, Buenos Aires y Santiago de Chile. Sao Paulo y Rio de Janeiro tienen respectivamente los precios de transportes más altos en Sur América en comparación al salario mínimo en vigor (ver cuadro), precios cuyo aumento fue justamente la causa principal de las protestas que empezaron en junio de 2013. Sin embargo, la ciudad que parece mostrar el ejemplo más notable sobre la noción de transporte público, y de su relación con el servicio público, es Quito, con unos gastos en transporte que representa el 3,39% del salario mínimo de los obreros (adicionalmente cuenta con tarifa diferenciada del 50% menos para adultos mayores y estudiantes). Prima aquí la esencia de lo público sobre el negocio particular. El transporte como derecho básico.

 

Además de no ser un ejemplo en materia de acceso democrático a los transportes públicos, las desigualdades siguen existiendo en la capital colombiana demostrando una vez más la marginación de los pobres en relación a los servicios públicos. De hecho, son aquellas personas que realizan los viajes con mayor número de kilómetros, las que tienen un promedio de tiempo más largo por viaje, y a quienes más les afecta o les roba su tiempo libre. En Colombia la jornada de trabajo es de 48 horas a la semana, lo que obliga a los trabajadores pasar en sus sitios de labor la mayoría de su tiempo diario.

 

Un absurdo en tiempos de gran tecnificación. Lo que aún se ahonda más para los más pobres cuando vemos que el promedio de viaje representa para los estratos más bajos 77 minutos, contra 40 minutos para las personas de estrato alto –sin contar el tiempo de espera, así como el de transbordo–; de esta manera los viajes cotidianos para las clases más bajas pueden representar fácilmente entre tres y cuatro horas diarias, lo que significa la mitad del tiempo libre, el mismo que en otras circunstancias podría destinar para descansar, para cultivarse o formarse intelectualmente.

 

Lo privado impide repensar el transporte público como derecho fundamental

 

En estas circunstancias, Transmilenio y después el Sitp pretendió brindar respuesta a corto plazo, a parte de lo hasta aquí relacionado, pero nunca pretendió repensar el problema central del transporte urbano, o sea, la gestión de un servicio que supuestamente es público, pero que continúa en manos privadas.

 

¡Vaya paradoja! Por toda la ciudad ahora vemos buses que parecen ser de la ciudadanía, buses que hacen parte del nuevo Sitp (incluye Transmilenio, buses zonales, alimentadores, complementarios), pero no es así, pues en su inmensa mayoría continúan en manos privadas, los llamados concesionarios, quienes además obtienen otro porcentaje del todavía negocio del transporte al operar como recaudadores del pasaje. Negocio, por demás, poco democratizado, como se demostró en el 2014, tras la polémica que involucró a Transmilenio por ampliar su flota en 180 buses sin licitación y para solo dos operadores, Consorcio Express (ahora tiene el 45% de la operación del Sitp y Transmilenio) y GMóvil4.

 

A partir del momento en el cual empezamos a entender el funcionamiento de un servicio de transporte supuestamente público, se nota la incomprensión de esa dicotomía entre privado y público, y nos preguntamos por qué existe unas infraestructuras públicas y sobre éstas un negocio privado. ¿Es difícil –imposible– garantizar una gestión pública para el servicio del transporte de la(s) ciudad(es) con todas las arandelas que le cuelgan? Si la ciudad construye las vías y las conserva, si la ciudad dispone de toda la infraestructura y complementarios que demanda este tipo de servicio, ¿por qué no puede también pensar y actuar para que lo público sea de verdad tal?

 

Y para abordar estos interrogantes tendríamos que pensar primero en el derecho colectivo, en calidad de vida, en igualdad de oportunidades, en goce del tiempo libre, en la salud, en el bienestar y la seguridad colectiva, en el medio ambiente, en la atención prioritaria de menores, estudiantes, ancianos, personas discapacitadas, etcétera.

 

En fin, son tantas las variables por considerar, y tanto lo acumulado por cada ciudad, que cuando lo detallamos vemos que sí es factible, que lo impuesto durante tantos años de despotismo oligárquico es un negocio que favorece a unos cuantos a pesar de perjudicar a la inmensa mayoría. Un servicio traducido en negocio, que le permite a los empresarios y sus defensores en los medios de comunicación criticar porque en algunos horarios los buses del Sipt transitan desocupados o casi sin pasajeros, es decir, aquí una vez más su punto de reflexión es la ganancia y no el servicio, el cual debe ser prestado a toda hora y momento de manera suficiente, así los usuarios sean pocos, pues el problema no es la rentabilidad sino el derecho, traducido en eficiencia y calidad.

 

Pero en la ciudad la problemática que esconde todo este debate continúa recogida de manera errada. Ante el déficit de usuarios del Transmilenio y el Sitp, se evade la pregunta por los ingresos en los hogares, y ante la masa de colados en el Transmilenio lo que termina por hacerse es provocar una "denuncia de pueblo contra pueblo" –los cívicos y los 'bárbaros'–, militarizando estaciones y tecnificando puertas y torniquetes para evitar los colados. Los que así proceden olvidan que el problema no es de "cultura ciudadana" sino de otras variables, como las ya enunciadas, además del rechazo espontáneo de miles de personas a la privatización de este derecho.

 

En este punto del debate y de cara a las próximas elecciones, habría que demandar un debate abierto y profundo de lo que aquí está en juego, abordando la pregunta por lo que significa en el fondo un servicio público de transporte, es decir ofrecer un servicio de calidad y apropiado para todos en función de sus recursos y obligaciones. De así proceder la discusión a cerca de la movilidad abriría una reflexión más amplia sobre lo que debe ser un servicio público como derecho, al cual deben acceder todos los ciudadanos, los mismos que cuando lo sientan de verdad suyo lo apropiarán y cuidarán.

 


1 Fuente DANE-ETUP.
2 Revista de la Cepal, La congestión del tránsito urbano: causas y consecuencias económicas y sociales, numero 76, 2002, pp. 111-112.
3 Informe de indicadores Encuesta de Movilidad de Bogotá 2011, pp. 66-67
4 "El otro 'gangazo' de Transmilenio a los operadores privados", El Tiempo, 9 de julio de 2014, URL: http://m.eltiempo.com/bogota/el-otro-gangazo-de-transmilenio-a-los-operadores-privados/14223447

 

 

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