Viernes, 26 Septiembre 2014 05:35

Freud y sus críticos a 75 años

Wittgenstein, Derrida, Foucault, Ricoeur grandes lectores de Freud resultan a 75 años de su muerte severos críticos del sicoanálisis desde la filosofía. Entre Freud y Wittgenstein existe un acento común. La obra de ambos produjo un efecto subversivo sobre el saber. La obra de los dos tiene como esencia un quehacer analítico. La piedra angular para Freud fue el desciframiento del inconsciente, para Wittgenstein los juegos del lenguaje. Los dos pertenecieron al universo cultural vienés. En lo formal, no hubo un encuentro entre la obra de estos dos talentos, pero existe una interesante y fecunda confrontación. Como dice Assoun: "Más allá de ese encuentro frustrado, la confrontación de los 'entendimientos' ya no puede aplazarse sin que se transforme en denegación filosófica". Esta confrontación teórica, dada la riqueza de las obras, merece una tarea de exégesis, permitiendo la creación de un espacio donde el fundador del sicoanálisis y el filósofo de los juegos del lenguaje puedan entablar un diálogo con los lectores de sus obras.


En el texto de Wittgenstein, Conversaciones sobre Freud, quien según sus propias palabras se consideraba discípulo de Freud, establece una confrontación basada, en cierta medida, en la temática de una actitud crítica: a partir de la lógica del asentamiento sicoanalítico. Wittgenstein inaugura un camino, después seguido por Derrida, de una crítica y un rexamen de la teoría freudiana de la interpretación (a través de la vía regia de acceso al inconsciente: El proyecto de una psicología para neurólogos, la carta 52 en puente con La interpretación de los sueños) que se convierte en una interesante crítica epistemológica del modo de pensar y racionalidad analíticas.


En realidad, la obra de ambos instaura una apertura al pensamiento contemporáneo para repensar el inconsciente y el lenguaje, la racionalidad y la ética e incluso el malestar en la cultura. Se abre también con ello la interrogación sobre el saber y el estatuto del sujeto. La confrontación Wittgenstein-Freud, fecunda y exegética por naturaleza no sólo representa el encuentro de dos formas de pensamiento sino el diálogo posible entre la filosofía y el sicoanálisis.


Dicho así aparece como evidencia que no necesita consideraciones y, por tanto, no justificaría tantas disquisiciones. Sin embargo esa evidencia no resulta tan evidente... Hay filósofos que no se privan de disertar sobre el sicoanálisis y de hacerle observaciones y objeciones que no deberían dejar indiferentes a los sicoanalistas. Por su parte, los hallazgos del sicoanálisis no deberían carecer de consecuencias sobre las elaboraciones de filósofos y no dejarían de imponer, si son válidos, ciertos límites al despliegue de las concepciones filosóficas.

A los sicoanalistas nos interesa leer la obra de los filósofos que objeten y critiquen con seriedad y fundamento al sicoanálisis. De ahí el particular interés que despiertan las obras de Wittgenstein y Derrida en algunos de nosotros. Con Wittgenstein el cuestionamiento atraviesa por el asunto de la cuestión asentimiento en sicoanálisis, mientras con Derrida la disertación se focaliza en el problema de la resistencia al sicoanálisis y la resistencia del sicoanálisis.


En este diálogo continuo con el episteme, el sicoanálisis puede ubicarse en la categoría de "una práctica y un saber que pueden sostener su pertinencia y su racionalidad sin apelar al dominio de la creencia y que, más aún, pueden dar cuenta de la cuestión de la 'creencia' como una dimensión de la subjetividad y como un aspecto que está en juego en el devenir mismo de la experiencia analítica, como algo que el mismo sicoanálisis permitirá destituir en su culminación en el fin de un análisis cuando sobre su ruina se instituya el sujeto".

Publicado en Cultura
Jueves, 22 Mayo 2014 08:43

Dos por dos

La sociedad colombiana asiste a una campaña electoral que no logra despertar más que bostezos. La pobreza y similitud programática de los principales candidatos recuerda que la crisis de la política tradicional, en la era del neoliberalismo, es universal, y entre nosotros no podría ser distinto. Gobiernan para sus intereses y por tanto no tienen que esforzarse en imaginar nada. Simplemente copian los recetarios de las agencias internacionales.

 

Pese a esto, hay disputas, diferencias, matices, que permiten la fuga de información y el develamiento de verdades. Una de ellas, que todos estamos espiados. Vivimos en una sociedad vigilada y controlada, no hay duda, ello sucede en el nivel global y Colombia no es la excepción de la regla. Así lo evidenció el caso Andrómeda, agencia de inteligencia del ejército colombiano, puesta al descubierto en febrero pasado, y ahora lo ratifica el 'control de redes' realizado por el 'asesor informático' (¡qué tal el eufemismo!) de la campaña de Óscar Iván Zuluaga, cuyos seguimientos incluían hasta al presidente Santos.

 

No es un hecho cualquiera, pero tampoco es novedad sino una reafirmación: entramos en una nueva fase de guerra preventiva y control social donde el Estado prosigue su deformación como monstruo todopoderoso al que las tecnologías desarrolladas en las últimas décadas le permiten desmanes de todo tamaño. En la supuesta acción preventiva que despliega, el espionaje asume nuevos ribetes y posibilidades, y en el control del territorio llega la ciberguerra.

 

Ya lo habían develado Snowden y Assange, cuyas revelaciones sobre la capacidad tecnológica y las andanzas de la NSA dejaron al descubierto que el derecho a la privacidad llegó a su fin, y que el control de todos los ciudadanos del mundo es una realidad que se puede traducir en muerte o violación de cualquier derecho humano cuando así lo decida este superpoderoso organismo de espionaje de los Estados Unidos. Los agentes secretos, las máquinas de vuelo automático e inteligencia artificial, y otras tecnologías aplicadas a diversas herramientas de guerra, manejadas y teledirigidas por 'personal profesional', hacen lo demás.

 

En Colombia son conocidas tales aplicaciones, facilitadas por la estrecha relación que las fuerzas armadas oficiales mantienen desde décadas atrás con sus pares de Estados Unidos, traducida en la transferencia de ciertos métodos, prácticas, técnicas y tecnologías. La última fase de esta transferencia, de manera abultada, ocurrió bajo el paraguas del Plan Colombia. El caso Raúl Reyes, más otros ataques dirigidos vía satelital contra la insurgencia, reafirman lo anotado.

 

Estamos ante esos contundentes como espionaje desbordado, control y seguimiento de la ciudadanía como si fuéramos agentes de un ejército invasor. Lo ocurrido ahora, en plena campaña electoral para la presidencia de la república, reafirma de bulto que las agencias de inteligencia del Estado actúan a mano libre por doquier. Ahora, con un nuevo expediente: retoman el peligroso esquema de los contratistas privados, en este caso mercenarios de la ciberguerra dispuestos a concretar las tercerizadas tareas ilegales de la inteligencia militar y política.

 

Y los efectos pesan. En el afán de controlar el poder desprendido de la máquina estatal, el acumulado de inteligencia sirvió para presionar la renuncia de J.J. Rendón, asesor de la campaña de Juan Manuel Santos, y con él la de Germán Chica, integrante de la primera contienda de Santos, exalto Consejero presidencial de Asuntos Políticos y exintegrante de la Fundación Buen Gobierno, actuando, según la contraparte, como mensajeros de la mafia y los paramilitares.

 

El golpe fue directo y sin miramientos, tratando de descuadernar la campaña del presidente-candidato. La información que produjo este resultado le recordó a todo el país que la relación de la oligarquía con las mafias del narcotráfico es histórica y estas no están dispuestas a romperla, utilizándola para financiar campañas electorales y para multiplicar patrimonios familiares de históricos del poder o de recién llegados. Los millones de dólares no solamente ofrecidos sino entregados –según sus mismos donantes, Combas y demás– también recuerdan que la democracia colombiana está degradada en todos sus ribetes, y que la acción electoral sigue controlada por quien más tiene y más compra: "democracia del billete", provenga de donde provenga el corruptor de las 'mejores mentes'.

 

Inteligencia, guerra y diálogos de paz

 

La inteligencia es acumulada, seleccionada, procesada y utilizada cuando lo consideran necesario. No pasaron muchas horas, y aún mareada la campaña reeleccionista, cuando mostró para qué sirve el Estado y cómo se utilizan sus instituciones: develaron que uno de los supuestos 'técnicos' en redes sociales, asesor en la campaña del candidato Óscar Iván Zuluaga, era un espía. Al allanar su sede encontraron información diversa: sobre la Policía, los desmovilizados de las farc, periodistas, así como reportes de comunicaciones de personas vinculadas de manera directa con los diálogos de La Habana, y parece que mucho más. El responsable de todo este manejo, Andrés Fernando Sepúlveda, y con él su jefe, el principal asesor de Zuluaga, Luis Alfonso Hoyos, cayeron en desgracia. Golpe por golpe.

 

A la denuncia le siguió la propaganda, sobre todo en este último caso, que logró el eco de las grandes cadenas de comunicación, tomado como bandera por parte de la campaña cuasiestatal para despertar miedos sobre una posible interrupción de los diálogos de La Habana, en caso de triunfar el candidato en cuerpo ajeno, es decir, buscando despertar temor en la sociedad y lograr la movilización del voto útil. En esta, hasta la Fiscalía misma sirve como parlante de los propósitos santistas. ¿Un Estado de bolsillo? Y las farc, como en el 82 con Belisario Betancur, y en el 98 con Andrés Pastrana, terminan actuando –pero también utilizadas– como el factor fundamental de la campaña.

 

Las reacciones van y vienen. Las dos campañas electorales quedan enfrascadas en un mar de denuncias que reflejan la mediocridad de la política oficial colombiana, en la cual los debates programáticos brillan por su ausencia e inexistencia, con el ridículo ejemplo de la negativa a concitar un debate nacional televisado entre los candidatos, recordándole al país que cualquiera que llegue a la Presidencia no variará significativamente el libreto. Sí, habrá matices, pero lo sustancial será idéntico, incluida la negociación de paz, la cual ya hace parte de una política de alto gobierno que no se podrá romper, aunque ello no niegue que en el manejo de la Mesa, en los tiempos y ritmos, sí brillarán particularidades, sobre todo intentando sacarle el mejor provecho a la negociación, es decir, buscando someter al contrario. La guerra sigue: esta es parte de la metodología impuesta por el actual gobierno en los diálogos en curso, desplegando todos los días en su potenciación lo mejor de la tecnología cibernética y el control de comunicaciones de punta, y con ellas las redes sociales, bajo seguimiento constante de las agencias oficiales o de mercenarios, como ahora surge a la luz pública.

 

De parte de los otros candidatos, sólo silencio y estupor, sin capacidad para romper el libreto impuesto, quedando como fichas de negociación para la anunciada segunda vuelta.

Publicado en Colombia
Miércoles, 21 Mayo 2014 10:24

Dos por dos

La sociedad colombiana asiste a una campaña electoral que no logra despertar más que bostezos. La pobreza y similitud programática de los principales candidatos recuerda que la crisis de la política tradicional, en la era del neoliberalismo, es universal, y entre nosotros no podría ser distinto. Gobiernan para sus intereses y por tanto no tienen que esforzarse en imaginar nada. Simplemente copian los recetarios de las agencias internacionales.

 

Pese a esto, hay disputas, diferencias, matices, que permiten la fuga de información y el develamiento de verdades. Una de ellas, que todos estamos espiados. Vivimos en una sociedad vigilada y controlada, no hay duda, ello sucede en el nivel global y Colombia no es la excepción de la regla. Así lo evidenció el caso Andrómeda, agencia de inteligencia del ejército colombiano, puesta al descubierto en febrero pasado, y ahora lo ratifica el 'control de redes' realizado por el 'asesor informático' (¡qué tal el eufemismo!) de la campaña de Óscar Iván Zuluaga, cuyos seguimientos incluían hasta al presidente Santos.

 

No es un hecho cualquiera, pero tampoco es novedad sino una reafirmación: entramos en una nueva fase de guerra preventiva y control social donde el Estado prosigue su deformación como monstruo todopoderoso al que las tecnologías desarrolladas en las últimas décadas le permiten desmanes de todo tamaño. En la supuesta acción preventiva que despliega, el espionaje asume nuevos ribetes y posibilidades, y en el control del territorio llega la ciberguerra.

 

Ya lo habían develado Snowden y Assange, cuyas revelaciones sobre la capacidad tecnológica y las andanzas de la NSA dejaron al descubierto que el derecho a la privacidad llegó a su fin, y que el control de todos los ciudadanos del mundo es una realidad que se puede traducir en muerte o violación de cualquier derecho humano cuando así lo decida este superpoderoso organismo de espionaje de los Estados Unidos. Los agentes secretos, las máquinas de vuelo automático e inteligencia artificial, y otras tecnologías aplicadas a diversas herramientas de guerra, manejadas y teledirigidas por 'personal profesional', hacen lo demás.

 

En Colombia son conocidas tales aplicaciones, facilitadas por la estrecha relación que las fuerzas armadas oficiales mantienen desde décadas atrás con sus pares de Estados Unidos, traducida en la transferencia de ciertos métodos, prácticas, técnicas y tecnologías. La última fase de esta transferencia, de manera abultada, ocurrió bajo el paraguas del Plan Colombia. El caso Raúl Reyes, más otros ataques dirigidos vía satelital contra la insurgencia, reafirman lo anotado.

 

Estamos ante esos contundentes como espionaje desbordado, control y seguimiento de la ciudadanía como si fuéramos agentes de un ejército invasor. Lo ocurrido ahora, en plena campaña electoral para la presidencia de la república, reafirma de bulto que las agencias de inteligencia del Estado actúan a mano libre por doquier. Ahora, con un nuevo expediente: retoman el peligroso esquema de los contratistas privados, en este caso mercenarios de la ciberguerra dispuestos a concretar las tercerizadas tareas ilegales de la inteligencia militar y política.

 

Y los efectos pesan. En el afán de controlar el poder desprendido de la máquina estatal, el acumulado de inteligencia sirvió para presionar la renuncia de J.J. Rendón, asesor de la campaña de Juan Manuel Santos, y con él la de Germán Chica, integrante de la primera contienda de Santos, exalto Consejero presidencial de Asuntos Políticos y exintegrante de la Fundación Buen Gobierno, actuando, según la contraparte, como mensajeros de la mafia y los paramilitares.

 

El golpe fue directo y sin miramientos, tratando de descuadernar la campaña del presidente-candidato. La información que produjo este resultado le recordó a todo el país que la relación de la oligarquía con las mafias del narcotráfico es histórica y estas no están dispuestas a romperla, utilizándola para financiar campañas electorales y para multiplicar patrimonios familiares de históricos del poder o de recién llegados. Los millones de dólares no solamente ofrecidos sino entregados –según sus mismos donantes, Combas y demás– también recuerdan que la democracia colombiana está degradada en todos sus ribetes, y que la acción electoral sigue controlada por quien más tiene y más compra: "democracia del billete", provenga de donde provenga el corruptor de las 'mejores mentes'.

 

Inteligencia, guerra y diálogos de paz

 

La inteligencia es acumulada, seleccionada, procesada y utilizada cuando lo consideran necesario. No pasaron muchas horas, y aún mareada la campaña reeleccionista, cuando mostró para qué sirve el Estado y cómo se utilizan sus instituciones: develaron que uno de los supuestos 'técnicos' en redes sociales, asesor en la campaña del candidato Óscar Iván Zuluaga, era un espía. Al allanar su sede encontraron información diversa: sobre la Policía, los desmovilizados de las farc, periodistas, así como reportes de comunicaciones de personas vinculadas de manera directa con los diálogos de La Habana, y parece que mucho más. El responsable de todo este manejo, Andrés Fernando Sepúlveda, y con él su jefe, el principal asesor de Zuluaga, Luis Alfonso Hoyos, cayeron en desgracia. Golpe por golpe.

 

A la denuncia le siguió la propaganda, sobre todo en este último caso, que logró el eco de las grandes cadenas de comunicación, tomado como bandera por parte de la campaña cuasiestatal para despertar miedos sobre una posible interrupción de los diálogos de La Habana, en caso de triunfar el candidato en cuerpo ajeno, es decir, buscando despertar temor en la sociedad y lograr la movilización del voto útil. En esta, hasta la Fiscalía misma sirve como parlante de los propósitos santistas. ¿Un Estado de bolsillo? Y las farc, como en el 82 con Belisario Betancur, y en el 98 con Andrés Pastrana, terminan actuando –pero también utilizadas– como el factor fundamental de la campaña.

 

Las reacciones van y vienen. Las dos campañas electorales quedan enfrascadas en un mar de denuncias que reflejan la mediocridad de la política oficial colombiana, en la cual los debates programáticos brillan por su ausencia e inexistencia, con el ridículo ejemplo de la negativa a concitar un debate nacional televisado entre los candidatos, recordándole al país que cualquiera que llegue a la Presidencia no variará significativamente el libreto. Sí, habrá matices, pero lo sustancial será idéntico, incluida la negociación de paz, la cual ya hace parte de una política de alto gobierno que no se podrá romper, aunque ello no niegue que en el manejo de la Mesa, en los tiempos y ritmos, sí brillarán particularidades, sobre todo intentando sacarle el mejor provecho a la negociación, es decir, buscando someter al contrario. La guerra sigue: esta es parte de la metodología impuesta por el actual gobierno en los diálogos en curso, desplegando todos los días en su potenciación lo mejor de la tecnología cibernética y el control de comunicaciones de punta, y con ellas las redes sociales, bajo seguimiento constante de las agencias oficiales o de mercenarios, como ahora surge a la luz pública.

 

De parte de los otros candidatos, sólo silencio y estupor, sin capacidad para romper el libreto impuesto, quedando como fichas de negociación para la anunciada segunda vuelta.

Publicado en Edición Nº202

La poca asistencia de público al reciente Festival de Rock al Parque en Bogotá, por la carencia de grupos que representen y sintonicen el actual ambiente roquero de la ciudad, el país y la región, fueron los elementos que se destacaron en el cierre de la XIX versión del festival.


Las jornadas

 

El primer día fue a cargo del metal. La mitad del espacio destinado para el festival, al interior del parque Simón Bolívar, sobresalió por una mancha negra. En ese escenario, grupos como Symphony X, Havok, Ikarus falling, Vitaimana, Masacre y el gran cierre de Cannibal Corpse, dieron un gran muestra de lo que es este género musical. Se vivió y se sintió el pogo con sonidos eufóricos de guitarras y baterías que retumbaron la noche en la ciudad bogotana. Los amantes del metal salieron satisfechos.

 

Para el segundo día, la falta de información y la poca publicidad sobre las bandas que participaron propiciaron la poca asistencia. Varios grupos capitalinos –como la Real Academia del Sonido, Alto Grado, Banbarabanda, La Mercosur–, hicieron saltar y cantar a los espectadores. Los grupos internacionales debieron cerrar el festival, el rock and roll de Rebel Cats, que entonó la noche con temas clásicos de Chuck Berry, el excelente show de Dubioza Kolektiv, que estremeció a todo el público con su energía y variedad de instrumentos, y el gran cierre de la legendaria banda neoyorquina Living Colour, con sus sonidos de guitarra heavy metal que lamentablemente no tuvo el favor del gran público que no los conocía.

 

Para el tercer día, los espectadores demostraron su opinión con la ausencia. Para los asistentes se convirtió en consigna la frase "Los grupos no dan la talla para estar en el gran día del cierre", así que la banda bogotana Pornomotora se echó a la espalda la tarea de aglutinar a las pocas personas que asistieron, creando la ilusión de llenar la plaza, pero no había público para hacerlo.

 

El turno después fue para Illya Kuryaki & The Valderrama, su gran show emocionó a los asistentes con sus canciones más reconocidas como "Ula ula", "Abarajame", "Coolo", pero el poco público sentenciaba el final de esta presentación.

 

La deuda es grande. Para el próximo año, cuando se cumplan la versión XX del festival gratuito de rock más grande de Latinoamérica, los organizadores tienen el reto de disculparse luciéndose, ante los amantes de este género musical, presentando artistas de reconocimiento mundial.

 

Publicado en Edición N°193
Medio siglo después de que el abogado inglés Peter Benenson publicara en The Observer el artículo The Forgotten Prisioners [Los presos olvidados] para denunciar el encarcelamiento en Portugal de dos estudiantes que habían brindado por la libertad, cientos de personas volvieron a brindar ayer simbólicamente por la liberación de todos los presos de conciencia. Aquel artículo supuso la fundación de Amnistía Internacional (AI), que ayer cumplió 50 años, y quienes brindaron son los dirigentes de una ONG que se ha convertido en un gigante de tres millones de socios y simpatizantes.

"En 1961, sólo nueve países habían abolido la pena de muerte. Hoy, 139 han renunciado a la penal capital. Tener verdugos en los Presupuestos Generales del Estado era lo normal. Y la tortura no fue ilegalizada en todo el mundo hasta 1984", resumió ayer el director de AI en España, Esteban Beltrán.

Para evitar la autocomplacencia, el 50 aniversario fue aprovechado por la ONG para poner en valor lo alcanzado y lo pendiente. "Como siempre decimos, nada nos gustaría más que desaparecer. Sería una buena señal, pero no parece que vaya a ser posible. Desde septiembre de 2001 hasta noviembre de 2008 se pusieron en peligro muchas de las metas alcanzadas. La guerra contra el terrorismo legalizó la tortura en un país democrático como fue EE UU en Guantánamo", añadió Beltrán.
La tortura es uno de los campos de batalla de la secciónespañola de AI. "En las leyes españolas perviven elementos como la detención incomunicada, que dan pie a que se puedan producir abusos sobre los arrestados. Además, los autores tienen sensación de impunidad porque los juicios llegan tarde y las penas son leves o van acompañadas de un indulto. Por ello aún se dan casos puntuales", reflexionó al respecto el presidente de AI España, Alfonso López.
La mirada de AI llegó a España en 1975, coincidiendo con la aprobación en la ONU de la Declaración contra la Tortura. En julio de ese año se produjo la primera visita de investigación a España de un equipo de AI. Tres años después nació AI España. En 1979, la sede española de la ONG en Madrid recibió el impacto de una bomba incen-diaria.

Ese fue el recibimiento que la derecha dio al reclamo de derechos humanos. Algo tristemente habitual en la época. La Asociación Pro Derechos Humanos de España, fundada entre otros por el magistrado emérito del Tribunal Supremo José Antonio Martín Pallín, también recibió una bomba en su sede.
63.000 miembros
Desde entonces han pasado 30 años de lucha por las libertades en España donde la ONG cuenta con 63.000 miembros. La última campaña en marcha en España ha sido la que lleva por lema "Exige dignidad", que conllevó la presentación del primer informe sobre justiciabilidad de los derechos económicos, sociales y culturales en España. "El acceso a la salud y la vivienda es un derecho que no puede ser reclamado ante un juez", denunció Beltrán al respecto.

Otra de las banderas actuales que AI ha enarbolado en España ha sido la de la recuperación de la memoria histórica. "Todas las víctimas tienen derecho a que se conozca la verdad y a que se haga justicia, también las de la Guerra Civil y el franquismo. En esto, la Ley [de la Memoria Histórica de diciembre de 2007] se ha quedado corta", lamentó el presidente de AI España.
Publicado en Internacional
Siglos de guerras, de enfrentamientos, de luchas entre pueblos y de conflictos de clase nos están dejando una amarga lección. Este método primario y reduccionista no nos ha hecho más humanos, ni nos aproxima más unos a otros, ni mucho menos nos ha traído la tan ansiada paz. Vivimos en permanente estado de sitio y llenos de miedo. Hemos alcanzado un estadio histórico que, en palabras de la Carta de la Tierra, "nos convoca a un nuevo comienzo". Esto requiere una pedagogía, fundada en una nueva conciencia y en una visión incluyente de los problemas económicos, sociales, culturales y espirituales que nos desafían.

Esta nueva conciencia, fruto de la mundialización, de las ciencias de la Tierra y de la vida y también de la ecología nos está mostrando un camino a seguir: entender que todas las cosas son interdependientes y que ni siquiera las oposiciones están fuera de un todo dinámico y abierto. Por esto, no cabe separar sino integrar, incluir en vez de excluir; reconocer, sí, las diferencias, pero buscar también las convergencias, y en lugar del gana-pierde, buscar el gana-gana.

Tal perspectiva holística está influenciando los procesos educativos. Tenemos un maestro inolvidable, Paulo Freire, que nos enseñó la dialéctica de la inclusión y a poner "y" donde antes poníamos "o". Debemos aprender a decir «sí» a todo lo que nos hace crecer, en lo pequeño y en lo grande.

Fray Clodovis Boff acumuló mucha experiencia trabajando con los pobres en Acre y en Río de Janeiro. En la línea de Paulo Freire nos entregó un librito que se ha convertido en un clásico: Cómo trabajar con el pueblo. Y ahora, ante los desafíos de la nueva situación del mundo, ha elaborado un pequeño decálogo de lo que podría ser una pedagogía renovada. Vale la pena transcribirlo y considerarlo, pues puede ayudarnos, y mucho.

"1. Sí al proceso de concienciación, al despertar de la conciencia crítica y al uso de la razón analítica (cabeza). Pero sí también a la razón sensible (corazón) donde se enraízan los valores y de donde se alimentan el imaginario y todas las utopías.

2. Sí al ‘sujeto colectivo’ o social, al ‘nosotros’ creador de historia (‘nadie libera a nadie, nos liberamos juntos’). Pero sí también a la subjetividad de cada uno, al ‘yo biográfico’, al ‘sujeto individual’ con sus referencias y sueños.

3. Sí a la ‘praxis política’, transformadora de las estructuras y generadora de nuevas relaciones sociales, de un nuevo ‘sistema’. Y sí también a la ‘práctica cultural’ (simbólica, artística y religiosa), ‘transfiguradora’ del mundo y creadora de nuevos sentidos o, simplemente, de un nuevo ‘mundo vital’.

4. Sí a la acción ‘macro’ o societaria (en particular a la ‘acción revolucionaria’), la que actúa sobre las estructuras. Pero sí también a la acción ‘micro’, local y comunitaria (‘revolución molecular’) como base y punto de partida del proceso estructural.

5. Sí a la articulación de las fuerzas sociales en forma de ‘estructuras unificadoras’ y centralizadas. Pero sí también a la articulación en ‘red’, en la cual por una acción descentralizada, cada nudo se vuelve centro de creación, de iniciativas y de intervenciones.

6. Sí a la ‘crítica’ de los mecanismos de opresión, a la denuncia de las injusticias y al ‘trabajo de lo negativo’. Pero sí también a las propuestas ‘alternativas’, a las acciones positivas que instauran lo ‘nuevo’ y anuncian un futuro diferente.

7. Sí al ‘proyecto histórico’, al ‘programa político’ concreto que apunta hacia una ‘nueva sociedad’. Pero sí también a las ‘utopías’, a los sueños de la ‘fantasía creadora’, a la búsqueda de una vida diferente, en fin, de ‘un mundo nuevo’.

8. Sí a la ‘lucha’, al trabajo, al esfuerzo para progresar, sí a la seriedad del compromiso. Y sí también a la ‘gratuidad’ tal como se manifiesta en el juego, en el tiempo libre, o simplemente, en la alegría de vivir.

9. Sí al ideal de ser ‘ciudadano’, de ser ‘militante’ y ‘luchador’, sí a quien se entrega lleno de entusiasmo y coraje a la causa de la humanización del mundo. Pero también sí a la figura del ‘animador’, del ‘compañero’, del ‘amigo’, en palabras sencillas, sí a quien es rico en humanidad, en libertad y en amor.

10. Sí a una concepción ‘analítica’ y científica de la sociedad y de sus estructuras económicas y políticas. Pero sí también a la visión ‘sistémica’ y ‘holística’ de la realidad, vista como totalidad viva, integrada dialécticamente en sus varias dimensiones: personal, de género, social, ecológica, planetaria, cósmica y trascendente".

Por Leonardo Boff
Adital
Publicado en Internacional
Jueves, 23 Julio 2009 06:41

Sujetos poscapitalistas

Para hablar de subjetividad, en esta época llamada de crisis, es necesario entender la potencia del término “crisis”, en tanto una de sus traducciones posibles es el término “oportunidad”. Sin ahondar en la etimología de la palabra “crisis”, debemos preguntar: ¿oportunidad para qué?, ¿desde dónde, la oportunidad? En la cumbre de presidentes demócratas progresistas de América latina en Viña del Mar, Marco Aurelio García, ministro de Relaciones Exteriores de Brasil, señaló que “los progresistas tenemos que pensar el poscapitalismo”. Y eso, agregó, “dependerá de lo que suceda en los movimientos sociales”. Tomaré esto para una gran pretensión, que no podré cumplir: hablar con claridad y certeza de subjetividad y poscapitalismo. Pondré ante ustedes sólo unos apuntes, ideas para reflexionar sobre estos dos grandes temas.

El primero es la subjetividad. Quiero señalar que no hablo como psicoanalista, sino como militante social, quiero decir, activista. Algo que no está situado dentro del estilo que existió, en general, en lo que se llama psicoanálisis, o a donde éste fue llevado.

El psicoanálisis se estableció –esto fue propuesto por Marcelo Percia en la revista Confines– como espacio de redención personal, revuelta íntima de buscadores de felicidad, gabinete seguro de confesiones revolucionarias y nostalgia rentada de una crítica inofensiva, agregada a una cierta normalización mojigata... especialmente en Argentina, pero, además, en cualquier otro lugar.

Entiendo, entonces que el psicoanálisis, como teoría en la cultura, ha tomado un nuevo lugar verdadero entre las lógicas que alumbran hoy la posibilidad de comprender, de entender, de mover algo en las direcciones emancipatorias. Y esto ya no restringido a un pequeño círculo, sino al pensamiento en general. Ya no es el chiste del diván y el sempiterno señor de la pipa..., aunque aún sea la realidad del psicoanalista, profesional, el de la salud mental. Ese no es el real del psicoanálisis. Como dije antes, es un discurso en la cultura y, por lo tanto, en la política.

Pero, entonces, entrando al tema de la subjetividad: qué es un sujeto. Vemos que todo el mundo usa ese término de la manera más cotidiana: se dice “ese sujeto es tal cosa”, o “la construcción de un nuevo sujeto político”, o se dice “la subjetividad contemporánea”. Y este modo de tratar al sujeto, casi electoral, tipo “elija usted qué quiere decir con la palabra sujeto”, es el correcto. Es un comodín.

El sujeto es aquel sitio que habla, en tanto usted lo dice. Y que usted atraviesa, en el momento de decirlo, para situarlo de un modo transindividual, en su relación con los otros, más allá de que usted sepa en qué está enredado, usted y los otros. En el límite, la subjetividad es un fenómeno que escapa a toda clase de condicionamiento individual, exceso en esa instancia individual. Eso habla. Y, además, debemos señalar que el sujeto tiene relación con la verdad. Sujeto y verdad están relacionados. Así, hablar del sujeto implica hablar de la verdad, como lugar dentro de una lógica.

Por eso señalé antes que el sujeto es un comodín: se arma un texto, y se coloca un sujeto, que funciona en ese texto que se armó. Podemos decir: el sujeto es un candidato a ser ocupado por quien toma la palabra, representando un lugar que lo excede como individuo. Como antes señalé, habla como subjetividad. La palabra clave es: transindividual.

Un ejemplo posible es aquel discurso que pone en forma al sujeto con nombre propio, en el lugar del elector. El sujeto de la democracia reside en las grandes masas votantes –perfectamente negociables–, y lo que hace del votante un sujeto es una doble inscripción: por un lado, saber que es parte de una masa; por el otro, suponer que practica un acto individual, que además percibe –esto es lo fundamental– como acto de peso verdadero y a veces decisivo en lo que ocurre en dicha votación, lo compromete sin más responsabilidad que haberse, quizá, equivocado. Esta doble inscripción es lo que caracteriza al sujeto en una división que le impide completarse por él mismo. El sujeto, en tanto elector, es situado en el campo de ilusión de una participación verdadera.

Podemos, entonces, decir que sólo se habla en términos de sujeto cuando el dicho toma un nombre universal, que pone en forma demandas particulares. Entonces, lo particular alcanza su posición de quedar situado en un sitio exquisito, pues hace parte del universal que lo nombra. Podemos entender esta posición con respecto a nosotros mismos, argentinos. Plantearé una hipótesis, ejemplo, del lugar del sujeto en el texto de la relación de Argentina con Latinoamérica: el sujeto es lo que representa el significante Latinoamérica para el significante Argentina. Sólo habrá sujeto político si el significante “Argentina” encuentra su significación en el significante “Latinoamérica”.

Si no reconocemos en el presente de la encrucijada latinoamericana la posibilidad, la potencia discursiva de nuestro sujeto político, y quedamos encerrados, capturados en el significante “Argentina” aislado, tendremos, respecto del proyecto emancipatorio, media derrota segura. Cualquiera puede objetar que ésta no es ninguna novedad. Pero se puede decir también que esto no está situado en el lugar de una verdad que oriente el conjunto de la política argentina, aunque se han dado pasos ciertos y verdaderos en ese sentido. Pero es aún más urgente comprenderlo.

No hay sujeto en lo particular cerrado sobre sí mismo. Y no existe un universal que, por serlo, no se abra hacia un particular. Y así, comprendiendo esta premisa, toda Latinoamérica es Argentina. La subjetividad, entonces, es la que, deslizándose entre ellas, pone en relación diferencias impensadas; y que aporta el vacío referencial necesario para que ellas se incompleten y combinen.

Podemos ahora preguntar dónde está el sujeto hoy. Lo haremos a través de su correlato: el objeto. El sujeto se relaciona con un objeto que lo causa.

Tomemos el sujeto de la ciencia: pensamos, sentimos, que la ciencia ha triunfado, que todo es la ciencia. Justamente, el sujeto de la ciencia es lo que la ciencia dese-cha, lo que a la ciencia no interesa, lo que la excede o la coloca en una posición de inconsistencia permanente. Por ejemplo, en el científico, el sueño, las fantasías o sus pueblos y pasiones no hacen parte de la ciencia. No hacen al concepto de ciencia. No estoy hablando de todas las definiciones de ciencia, sino de esa ciencia vinculada con la tecnología, de la ciencia triunfante, que produce los objetos que nos interesan. Hablo del celular, de la televisión, de la computadora, por ejemplo.

¿Y qué es lo que realmente nos interesa de ellos? Que nos permiten ejercer, más allá de la distancia, en la multiplicidad de posibilidades, una extensión de la voz y la mirada. El celular, la televisión. En la distancia, el ejercicio de la voz, y más llano, el camino de la mirada. Eso nos habla y nos mira. Este es el desecho, lo que queda fuera del cálculo. La voz, la mirada: estos objetos son los que nos interesan.

Entonces, observemos que ambos son ubicables sólo por un discurso, en un discurso. Son pues, letras. No es sólo la letra que se escribe en el cuaderno. Es la letra que está escrita en el cuerpo, en la voz, en la mirada; en sus cicatrices, tanto como en la palabra. Y esta letra es el objeto que causa al sujeto, ya que sólo un discurso puede recuperar esos objetos en juego, y los recupera en un discurso, con sus letras y lugares, más allá de las palabras, dándole todo su alcance al lazo social. Y, en él, a la creación de nuevos elementos.

Se trata del sujeto contemporáneo, producido por el posmodernismo, es decir por los dichos que lo convierten en un autómata de los medios de comunicación, que le ordenan lo que debe sentir, pensar, comer, viajar. Un sujeto que articula, como parte de su propio cuerpo, los descubrimientos de la ciencia.

Esta extensión infinita del oído y de la visión es la marca de la subjetividad del capitalismo, que lentamente va proveyendo todo lo que el fantasma del sujeto necesita como goce, como puro transcurrir del tener, y elimina un factor que llamaremos falta de gozar.

Una inquietud rabiosa

Una inquietud rabiosa, a mi parecer, será la marca del poscapitalismo. Un despertar progresivo y doloroso de un discurso sin límites, lo que quiere decir que el capitalismo es un monólogo del capital. Es un texto sin límite, es como escuchar a alguien que habla sin parar, sin parar. Que uno escucha pasivamente, y un día uno capta que aquel que habla sin parar sólo le da valor al que escucha si es consumidor, si acepta estar muerto para otra cosa, si es escuchante.

Dijimos un discurso sin límite, así es. El discurso capitalista no es ni impotente ni imposible: marcha a todo vapor, produce un goce sin medida, no acude a ninguna insatisfacción, aunque en su andar se insatisfaga medio mundo, pero no de discursos. La gente, como se dice, adhiere al discurso capitalista, porque... bien, una de las explicaciones es que somos lo que tenemos: cuando vamos a buscar el ser, encontramos el tener; es tal cosa, es lo otro, el objeto letra dice al sujeto: “Tú eres esto que crees poseer, pero soy yo el que te posee, pues no tienes otro modo de decir el ser, que imaginas completo, que al creer que tienes el objeto”. Y esto sucede pues, al decir el ser, necesariamente diré el ser en falta, y conseguir el objeto permite suturar dicha falta; por eso el dinero nos tranquiliza tanto: asegura el tener y, por lo tanto, asegura el ser. Parece una propaganda publicitaria: “Asegure su tener, que asegurará su ser”.

Así, entendemos que los desposeídos también adhieran al discurso capitalista, lo consumen. Más aún, lo único que consumen es ese discurso. Como señala Alejandro Kaufman, “el opresor es el que se encuentra en condiciones de poner a su favor el lenguaje”. Y esto es tan así, es tanto su poder que –nuevamente cito a Kaufman– “la base de tales comportamientos irracionales se desvincula de los intereses objetivos de los sujetos. El odio puede más que el hambre”. Y agrega, finalmente: “Si se logra que una población experimente un odio acentuado, y se orienta ese odio hacia cierto destino, se podrá ejercer un elevado grado de control sobre esa población”.

Cualquiera puede ahora señalar que no comprendo las necesidades materiales de la gente, que también hay razones políticas, etcétera. Lo cierto es que no hemos, aún, efectuado la política de otro discurso que derrote el discurso del Patrón, con mayúsculas.

Si algo he aprendido del psicoanálisis, y de la política efectivamente ejercida, es a desconfiar de las buenas intenciones. Porque el que nos enseña a pensar así es Fidel Castro, cuando señala que “ésta es una batalla de ideas”. Es, repito entonces, una batalla de discursos.

Discurso quiere decir retórica, y también potencia de acción, de realidad de producción política.

Y, por eso, es por otro discurso que esto puede estallar, que esa masa puede levantarse y echar a andar; lo demuestra toda Latinoamérica o gran parte. Y, cuando eso sucede, no es sólo cuando está todo preparado, sino cuando se agrega un elemento, un objeto voz, que puede ser un ruido, un disparo en una esquina, el ruido de una cacerola o el “que se vayan todos” de diciembre de 2001. Sintetizan, por un instante, toda la cadena de demandas heterogéneas, en una nueva configuración. Pero sin esa voz, sin ese ruido, sin ese objeto, no emerge la prisa. Apresurémonos, señala el objeto al sujeto, que vamos a perder el lugar en la cola, la silla donde sentarme, mi lugar en el grupo, el momento de la revolución. Por ello, el objeto, ese objeto que es letra en un discurso, vinculado al sujeto, no es sólo la voz, que nos toca y llama, la mirada del conjunto sobre la particularidad; es además lo oral, que marca la incorporación: poner adentro ese objeto, hacerlo particular en cada cual, y finalmente el don, la capacidad de dar, de entregar lo que sea necesario, en función de ese objeto letra que escribe la prisa del ser por existir.

Es impresionante cuando el objeto “a” se muestra como lo que es: un conjunto letra que no se agota en ser un objeto de la ciencia, que anima una multitud, cuando ésta se sitúa en las entrelíneas de un discurso que nos recupera de algo que destruye el tener y el ser, que agota con su giro incesante y superyoico diciendo “resígnate y goza de lo mismo, de ser basura”.

Esa recuperación del plus de valor, que se había cedido al amo o al capataz o al objeto que nos aliena y domina, al prejuicio, al sentido común; esa recuperación abre la posibilidad de nuevos juegos, aun no definidos y –aclaremos– de suerte incierta. Pero tienen la atmósfera de mantener el conflicto, de no cerrar la posibilidad y, por lo tanto, de avanzar en el campo de las transformaciones necesarias.

Enmarcado en este proceso de transformaciones, el poscapitalismo obtendrá una colección de nuevos recursos teóricos para pensar y pensarse, ciertamente originales o al menos con un lugar que antes no tenían. Y esto tendrá dos vertientes. Una será el establecimiento de nuevas formas de explotación, que sobrevendrán con las nuevas y convincentes tecnologías ecológicas. Será una época de continuación, pero de gran transformación ecológica, con una expansión cada vez mayor de las tecnologías de acumulación informática, y con transformaciones en los mapas del dominio mundial, de su geografía política. Pero continuará la explotación sin medida, la producción de inmensas masas sociales desamparadas en sus márgenes.

Pero, también, será la época del surgimiento de nuevas fuerzas políticas y sociales, impensadas, llamadas populistas, que renuevan la batalla por un nuevo orden en la distribución de las riquezas del mundo. Esto, nuevo, cuenta a su favor con los campos de trabajo e investigación, asimismo renovados, del campo teórico, como las teorías económicas que cada día ven más fuertemente vinculadas economía y política. Como también la filosofía y la politología, que ocupa hoy el lugar de la divulgación de las preocupaciones políticas y éticas, vanguardia en el combate contra ese sentido común que nos paraliza. Y también el psicoanálisis, que aporta sus lógicas del no todo, de la inconsistencia y de la letra, en la construcción de una subjetividad, aquella que será marcada por la participación popular, que es el rasgo distintivo de esa otra salida llamada poscapitalismo porque, sin los hombres y mujeres del pueblo, nada será posible y allí deben incluirse los intelectuales: la masificación participativa en el conflicto político.

Pues hoy lo que inquieta al núcleo del establishment es esta participación popular. Más aún, es lo único que les inquieta. Es lo que para nosotros es extraordinariamente venturoso y saludable: la reintroducción de la conflictividad en la escena política, y la idea de la confrontación, así como la homologación entre democracia y conflictividad. Y no sólo el voto pasivo de un sujeto neutro.

A esto se agrega la ruptura de la especialización. Donde las teorías de los campos diversos se nutren, se contaminan, produciendo efectos como la V Carta del Espacio Carta Abierta (29 de marzo de 2009), donde se esboza un programa que, tranquilamente, podemos llamar “poscapitalista”, pues, por qué no decirlo, es un programa que nunca se cumplió, al menos en la Argentina.

El poscapitalismo, suponemos, no nos entregará un sistema diferente si su orden político no produce vivienda salud y alimento. Pero además, algo que no es reversible: una biblioteca en cada casa, un hombre, una mujer que sepan apagar el televisor para escuchar el murmullo de la realidad, un militante que sepa que sólo habitamos y ame la utopía, el delirio de vivir. Y que este delirio es social y colectivo.

Finalizo señalando que el poscapitalismo, como lo soñamos, no se hará solamente con líderes fuertes y verdaderos, que durarán lo que dure ese duro deseo de durar, sino cuando esa transformación, que luchamos porque sea justa, más allá de toda justicia y más allá del derecho, fundada en que la pura voluntad de transformación, de algo injusto sin medida en algo injusto con medida, sea avalada por un sujeto de la inteligencia popular llamada participación popular. Esto es lo que nos enseñan los movimientos sociales, que no tendrán un saber erudito, pero tienen talento e intuición suficiente, ese que surge cuando no hay donde retroceder, donde no hay resto donde volver. Y de allí emergerán, de esto no tengo dudas, las posibilidades escriturales de su experiencia.

Por José León Slimobichm, Psicoanalista. Texto extractado del trabajo “Subjetividad y poscapitalismo”, presentado en la reunión “Miradas sobre Argentina y la crisis global”, del espacio Carta Abierta, el 23 de mayo
 

Publicado en Internacional
Miércoles, 03 Junio 2009 08:40

Los laberintos de la memoria

–Cuénteme un poco qué es lo que hace... en este laboratorio de neurobiología de la memoria de la Facultad de Ciencias Exactas.

–Y Naturales.

–Y Naturales.

–El trabajo que comenzamos a hacer hace muchos años apuntaba a ver cómo algunas mensajeras del cerebro (en particular neurohormonas) modulaban el almacenado de la memoria. Esto quiere decir: hay memorias que se van a almacenar por largo término y otras que no y se sabe desde hace mucho que hay varios de estos neuromoduladores que lo deciden. Nosotros nos pusimos a trabajar con la idea de que uno de estos neuromoduladores (la angiotensina) modula o determina que algunas memorias se almacenen a largo plazo y otras no, y proponemos que es una especie de orquestador del sistema nervioso central que determina las situaciones de emergencia hídrica (cuándo falta agua, por ejemplo), o cuándo sobra y determina que se module el almacenado de cierto tipo de memoria. Una de las cosas importantes que queríamos demostrar es que ese neuromodulador se conservaba a lo largo de la evolución.

–¿Y con qué bichos trabajan?

–Empezamos a trabajar con un tipo de cangrejo y lo que descubrimos es que esencialmente lo que está mantenido es el efecto de este coordinador, de este orquestador. Un animal tiene que hacer muchas cosas frente a una falta de agua. En principio, si lo pensamos en nuestros términos, sentir sed. La que regula todo eso es la angiotensina, y algo similar es lo que le pasa al cangrejo. Finalmente esa línea de trabajo terminó llevándonos a nuestra hipótesis de trabajo (que se va a extender a ratas y a humanos) que es que no todas las memorias que se van a almacenar a largo término se van a expresar a largo término.

–A ver, vayamos a algo más básico. ¿Cómo se guarda la memoria? ¿A qué se traduce? Yo recuerdo, por ejemplo, una película, una escena, un diálogo. Esa información me llegó en forma de sonido o imagen y eso me quedó. ¿Cómo es que me quedó? ¿En qué se transformó?

–Bueno, eso es lo que menos sabemos. Lo que sí tenemos, es una idea de qué lugares son más importantes, cuáles más secundarios... También sabemos que lo que hay es un sistema (el sistema-cerebro) que tiene intrincadísimas conexiones, y que esas conexiones son distintas después de que uno aprendió o almacenó algo. Algo cambió.

–¿Hay como un lenguaje de conexiones?


–Claro. Es un sistema de miles de millones de actores y de miles de millones de conexiones. Esas conexiones cambian entre antes y después del almacenamiento. Lo que sí se sabe es que no hay tal cosa como una molécula, una proteína o una célula de la memoria. Tiene que ver con las conexiones.

–Y la configuración de esas conexiones para recordar algo, ¿cómo es? ¿Se ha reconocido algo del código de ese lenguaje?

–No. Estamos mucho más atrás del código. Por ahora, estudiamos cuál es la naturaleza de esos cambios. Lo que uno aprende, en general, no está aislado ni es absolutamente nuevo, sino que uno aprende en base a su historia y a la interpretación de lo que está pasando...

–A veces..., pero a veces uno aprende una poesía de memoria.

–Bueno, pero la poesía está inserta dentro de una estructura de poesías y de lenguajes. Uno no aprende la poesía virginal, pura, sino que la poesía está inserta dentro de una estructura de poesías, de lenguajes, de letras, de sonidos. Cuando uno aprende no está aprendiendo solamente la poesía sino también la escritura, la letra, el sonido. Uno se puede acordar de una palabra en particular, de una palabra que uno no se acordaba antes, pero esa palabra está inserta dentro de un sistema. Lo que yo trabajo es mucho más simple que esto: si un animal puede recordar un contexto, si puede recordar dónde estuvo antes...

–¿Y puede?

–Sí, claro.

–¿Y cómo la recuerda?

–Una buena manera de empezar a charlar de estos temas es tratar de definir lo que es la memoria. ¿Cómo sabemos que esto que hace el animal tiene que ver con la memoria? Una manera sencilla de definirla es decir que se trata de un cambio en el comportamiento en función de una experiencia pasada. Todo animal entra en esa definición.

–¿Todos los animales aprenden?

–Todos: si no, desaparecerían. La estructura de cómo aprendemos esas cosas es muy compleja. Los procesos de aprendizaje de un cangrejo o una babosa tienen una naturaleza muy similar a los mecanismos de nuestra memoria. Los procesos básicos son muy similares...

–¿Y por qué hay memorias de corto y de largo término? Yo sueño algo, me despierto y lo recuerdo y al instante me lo olvido.

–Y no sólo eso. ¿Usted se acuerda, por ejemplo, exactamente de lo que estaba haciendo cuando fue el atentado a la AMIA?

–Sí. Estaba en medio de una entrevista.

–Bueno, el mismo sistema que hizo que se le pusiera la piel de gallina es el que decide que recordara eso. El mismo sistema fue el que determinó que esa memoria iba a almacenarse en la memoria a largo término de manera fuerte.

–¿Se puede bloquear la memoria?

–Sí...

–¿Cuántos tipos de memoria hay?

–Hay muchas formas...

–¿Y hay memoria inconsciente, memoria que no es explícita...?

–Sí, claro. Aunque no sé bien qué es la conciencia y la inconsciencia.

–Pero la conciencia está muy relacionada con la memoria.

–Es que nosotros mismos somos memoria. San Agustín pensaba: ¿cómo yo puedo ver la presencia? Todo es presencia. El pasado es la presencia de lo que yo tengo en la memoria. El presente es la presencia de lo que está ahora. Y el futuro es la perspectiva del futuro que yo tengo en el presente. Todo es ahora. Uno es lo que es en base a lo que uno cree que ha pasado y a cómo lo ha interpretado.

–Es decir, a cómo lo recuerdo.

–Claro. Y en eso hay varios actos inconscientes.

–¿Se puede avanzar hacia el código de alguna manera?

–Creo que no va a ser para nuestras generaciones, por lo menos en los próximos 20 años. Sí vamos a avanzar mucho sobre cómo son los cambios, dónde se localizan las memorias. Pero no creo que logremos elucidar el código.

–¿Está más o menos localizada la memoria?


–Sí. Y además viaja.

–¿A dónde viaja?

–Antes creíamos que una vez que uno aprendía algo, ya lo consolidaba y la memoria no podía perderse. Lo que ahora estamos viendo es que eso no es así.

–¿Y cómo es ahora?

–Esas memorias que creíamos que eran fijas se han vuelto a tornar plásticas, pueden agregar alguna memoria nueva o pueden perderse.

–Esto me hace recordar un poquito a cuando se usaba el término “factor hereditario”, que no se sabía qué era pero servía para determinar algunas leyes de la herencia. Hasta que se supo que ese factor hereditario era el ADN y que ese ADN tenía una forma característica. ¿Estamos muy lejos de eso con relación a la memoria?

–La ventaja del ADN es que eran moléculas. En este caso, no son moléculas. Ha habido pocos avances impresionantes en la biología. Uno de ellos es el de Darwin: no hay biólogo más importante y más creativo. Después, el descubrimiento del ADN. Tal vez el descubrimiento de la codificación de esa memoria sea uno de los hitos de la biología. Pero lo que es seguro es que no va a ser una molécula ni una proteína. Va a estar codificado en una relación de miles o de millones de conexiones. Para acceder a ese código hará falta, por un lado, nueva tecnología y, por el otro, nuevas ideas.

–¿Y dónde está el yo?

–Bueno, creo que a eso le podría contestar mejor San Agustín que yo.

–O sea que todavía está en el campo de la filosofía.

–No solamente. La psicología experimental ha aportado mucho. Lo que le puedo decir es que la relación entre yo y memoria es absoluta. Uno no es otra cosa que su memoria.

 Por Leonardo Moledo
Publicado en Internacional
Miércoles, 22 Julio 2009 12:08

La cárcel es pa’l de ruana

“La cárcel es una bendición”, evidente contradicción, pero así piensa la “gente de bien”. Preocupados a toda costa por sus limitados intereses, sólo se preocupan por su seguridad inmediata, la misma que creen hallar cuando están más rodeados por policía y cuando ven más cárceles a su paso.
Podrán cargar de cadenas
mi cuello, pero nunca
encadenaran mi conciencia.
José María Vargas Vila

¿Pero qué distancia a una persona cualquiera de una cárcel? Nada o casi nada. Sales de tu casa con la tranquilidad de regresar un poco más tarde, pero unas horas después estás en un calabozo, tensionado por las preguntas y la presión física de los interrogadores. Para el individuo popular, ese paso de la casa a la cárcel puede ser producto de un raponazo, un cosquilleo, o cualquier otro rebusque mal realizado. Para el preso de conciencia, puede ser el autoritarismo de un régimen que te sindica de algo que no has cometido, pese a lo cual te colocan ante las cámaras de televisión como un jefe de no se sabe qué redes terroristas.

A los de “familias de bien” también les suceden imponderables, y van a dar a la cárcel. Puede ser por un homicidio culposo, un desfalco descubierto antes de tiempo, su relación con fuerzas ilegales de derecha, en fin, sus deseos de vivir siempre a costa de los demás. Sin embargo, su permanencia en la cárcel casi siempre es transitoria, pues, favorecidos por sus relaciones e intrigas, son remitidos a lugares especiales y, por larga que sea la condena, como “por arte de magia” o por la magia que da el dinero, dejan los muros sin cumplir ni siquiera el mínimo del tiempo dispuesto por la ‘justicia’.

Sabiduría popular. En uno y en otro casos se confirma aquel decir tan popular y recordado día a día: “La cárcel es pa’l de ruana”; bien un pobre, bien un rebelde, según ellos, “gente de mal”.

La cárcel, como precisó Dostoievski, es el subsuelo, es aquel sitio tenebroso en el cual los seres humanos son tirados para que se descompongan, por obra del poder. A ese subsuelo llega, según los sectores dominantes, el “bajo mundo”, sector social también conocido como lumpen-proletariado. Llegan supuestamente para su resocialización, pero todos los estudios efectuados sobre la cárcel evidencian el error: allí se cumple el castigo y la venganza, y por parte alguna se permite o estimula la supuesta resocialización. Por ello, el delincuente cumple su condena y sale de inmediato al ‘ruedo’, es decir, a buscarse lo suyo a como dé lugar: esta es su venganza, realizada casi siempre y de manera equivocada sobre su mismo pueblo.

Pero al subsuelo también llegan (llegamos) hombres y mujeres que piensan(pensamos) diferente del establecimiento, que sueñan(soñamos) mundos distintos, que creen(creemos) en la necesidad de hacer real la utopía y bregan(bregamos) por su construcción. Unos, en forma tal vez equivocada, lo hacen con las armas, otros creemos en la necesidad del cambio de mentalidad de los pueblos como algo indispensable para los verdaderos cambios, propósito que sólo es alcanzable en el marco de una revolución cultural, con una educación crítica y liberadora, que tiene que darse en todos los lugares que habite el ser humano, más aún en estas mazmorras del régimen.

Independientemente de que una persona sea de bien o de mal, se trata de un ser que sufre en la cárcel, hecha por los seres humanos y destinada para los mismos. En ella, otros hombres imperfectos, como los más imperfectos hombres de las cárceles, imparten ‘justicia’ y determinan en proporción al sufrimiento el tiempo de la pena, no el tiempo de la resocialización que ellos mismos reconocen sólo en el papel, que ha de ser de orden cualitativo y no cuantitativo. Allí se sustituye la cultura por la tortura, en una inversión absurda de valores.

Buscamos aproximarnos a una dimensión más humanizante de estos valores, en el ostracismo de los antivalores, como son en esencia las cárceles, donde “nunca tanta crueldad tan maquiavélicamente esgrimida soportó la humanidad”1, pues, “la cárcel se ha mostrado en la historia reciente como una de las más importantes opciones del Estado (únicamente superada por las ejecuciones extrajudiciales) para persuadir a sus ‘asociados’ de adoptar un comportamiento que sólo reproduzca sus intereses”.

Presos pero irreductibles

En este sentido y en este lugar, desde el último rincón de un calabozo, armado de un libro, un lápiz y un papel, si en la soledad estamos, o de un vehículo sonoro de la cultura, es decir, la palabra, hemos de pensar el mundo que vivimos, el mundo que sufrimos y el mundo que soñamos. Así vive la cárcel el preso de conciencia.

El escenario de lucha ha cambiado. Ahora, como en otros momentos de nuestra lucha, debemos ser multiplicadores de la cultura, multiplicadores de escenarios que liberen nuestras mentes, para que nuestro cuerpo soporte la miseria y la crueldad del encierro y los castigos. Desde mi condición de ateo, considero inclusive a los grupos de reflexión espiritual (si condenan las injusticias y la opresión, y luchan por un mundo mejor) como una acción de “j’ormación liberadora, de igual manera el deporte, las artes, el trabajo y ante todo el estudio. He ahí donde debemos aportar el máximo de nuestra fuerza, nuestra capacidad y nuestra experiencia, para hacer de la prisión un escenario de verdadera resocialización y auténtica emancipación, ya que para un hombre y una mujer libres esto es “sólo un cambio de escenario, no de misión”2, y la nuestra, como defensores de derechos humanos, educadores y ante todo librepensadores, es evitar que nuestras conciencias sean también encadenadas, y, junto a los millones de colombianos y colombianas que sufrimos y somos víctimas del terrorismo de Estado, de un gobierno narcoparamilitar, hemos de conservar encendida la inextinguible llama de la esperanza.

1    Fusic, Julius.”Reportaje al pie del patíbulo”. Ediciones Desde Abajo. Bogotá, 2008, p. 14.
2    ibíd., p. 15.

Publicado en Edición 148
Un millón de años nos llevan a los comienzos de nuestra especie. Por allá, hace 100 mil estábamos aprendiendo a ser humanos y hace 10 mil, éramos aún una sola especie, no muy distinta en calidades físicas y mentales de las personas de hoy. Vivíamos en sociedades de cazadores y recolectores, sin llegar a los cinco millones de humanos sobre la Tierra. Ahora, al iniciar el siglo XXI somos casi siete mil millones y nos preparamos para una nueva revolución industrial1. Una revolución a partir de la tecnología de los ordenadores y la informática que inició Von Neumann, y de la tecnología de la ingeniería genética que empezaron Crick y Watson. Si Julio Verne anticipó los viajes en el espacio y el mundo submarino, hoy releer las fantasías de Un mundo feliz de Aldous Huxley encuentra cercanías de realidad.

Los grandes saltos en tecnología y evolución tienen siempre costos incalculables e impredecibles. La ciencia debe abrirle espacio a la filosofía, y la ética convertirse en una fuerza más poderosa que la política y la economía, reto aún más necesario si se enfrentan cambios sustanciales para todo el grupo social, como los que desde ya se avisoran con la revolución industrial en curso.

Nueva revolución industrial que le permitirá al hombre crear novísimas especies de plantas y animales, así como elegir la dotación genética de nuestros hijos. Tendremos autómatas inteligentes que se autorreproducirán y podremos llegar a la neurotecnología, esto es, el desarrollo de herramientas para explorar y manipular el cerebro humano, alterando las formas de conciencia. Nuestra única especie se convertirá en muchas. Los conflictos más graves en el futuro serán las batallas entre concepciones diferentes del que será un ser humano.

El debate sobre mejoramiento del género humano (eugenesia2) hunde sus raíces en la historia de enfrentamientos entre los darvinistas sociales, que buscan esa mejora facilitando la reproducción de los hombres más vigorosos e impidiendo la de los débiles, acudiendo a técnicas y medidas políticas centradas en lo biológico, y los darvinistas sociales de cuño socialista, que formulan un avance de la humanidad centrada no tanto en lo biológico cuanto en lo social y la conciencia, mediante una revolución emancipadora.


1. Evolucionismo y fe combativa socialista


El universo aparece en su devenir dinámico-evolutivo y emergente como un todo transido de discontinuidades. Discontinuidades que, las más fundamentales, vendrían determinadas por tres estratos: lo físico-químico, lo vital y lo humano.

Jean-Baptiste Lamarck. A principios del siglo XIX, el filósofo y naturalista Jean-Baptiste Lamarck (1744-1829) formuló la primera teoría coherente de la evolución, al establecer sus cinco principios: i) la tendencia de lo viviente a volverse más complejo, ii) la capacidad de los organismos a adaptarse al medio ambiente y a las circunstancias, iii) la herencia de los caracteres o rasgos adquiridos, iv) la generación espontánea, v) la “voluntad” influye sobre la forma del cuerpo; esto es, la función hace al órgano. La posterior recurrencia y la defensa del lamarckismo se explican por la confianza, la esperanza humana3, en que el universo, la naturaleza, tenga un sentido, una dirección que culmina en la propia especie a que pertenecemos.

Henri Bergson. Es así que Henri Bergson (1859-1941) desarrollo una filosofía fundamentada en la concepción creadora del tiempo. El tiempo trae novedad y perfeccionamiento, y permite que el universo evolucione. Para Bergson, el universo comporta cierta organización y armonía que caracteriza con la idea de impulso o Élan vital. La vida es, desde sus orígenes, la continuidad de un solo y mismo impulso que se repartió entre líneas de evolución divergentes. Aquí hace su entrada el finalismo: el hombre es el término y la finalidad de la evolución. La conciencia cósmica sólo se libera plenamente en el ser humano, expresando además que la historia de la evolución es la historia de las victorias de la vida sobre la materia.

Tanto el lamarckismo como la obra bergsoniana constituyeron la base del darvinismo social de cuño socialista.

Esta corriente de pensamiento socialista formula una mejora de la humanidad centrada no tanto en lo biológico como en lo social, a saber, solicitando un cambio radical en las deficientes condiciones de vida y trabajo, a las cuales se les achaca la degeneración biológica del hombre, y lucha contra determinadas costumbres y relaciones sociales de producción.

Para sustentar esta postura, y de acuerdo con una tradición específica del movimiento obrero que procede del siglo XVIII, el pensamiento crítico acogió las concepciones de evolución de Lamarck y de Bergson, que permiten defender que las cualidades adquiridas socialmente son biológicamente transmitidas a las siguientes generaciones.

José Carlos Mariátegui. En esta tradición está el pensador  peruano José Carlos Mariátegui (1894-1930), uno de los principales marxistas de América Latina. Respondiendo a la crítica que veía en su obra un intento de “espiritualización del marxismo”, señaló que es un argumento falso suponer que una concepción materialista del universo no sea apta para producir grandes valores espirituales. Para Mariátegui existe una relación esencial entre la acción de los condicionamientos objetivos (externos a la conciencia) y la acción consciente. Estas dos hacen parte de las mismas leyes del movimiento de la sociedad, como momentos recíprocos y activos en la constitución de la praxis global en el seno de la misma.

En la lucha de clases, agrega, donde residen los elementos de lo sublime y heroico de su ascensión, el proletariado debe elevarse a una “moral de productores”, muy distante y muy distinta de la “moral de los esclavos” de que oficiosamente se empeñan en proveerlo sus gratuitos profesores de moral, horrorizados de su materialismo. Para Mariátegui, la conciencia ocupa su lugar exacto en la praxis, y ésta en la determinación de la historia. “La vida, más que pensamiento, quiere ser acción, esto es, combate. El ser humano contemporáneo tiene necesidad de la fe. Y la única fe que puede ocupar su yo profundo es una fe combativa”.

2. Darvinismo social y Eugenesia


Al finalizar el siglo XX, la fe revolucionaria había mermado su ímpetu, y la creencia en utopías sociales daba lugar al escepticismo nihilista, el positivismo, el cientificismo, lo mismo que a escapismos místicos e individualistas, y a metafísicas sin contenido de la “nueva era”. En paralelo, el viejo concepto de eugenesia, con su marcado aspecto teórico social, incluso filosófico, retorna una vez más con la genética humana y abre nuevamente los debates que exigen tomar postura ante las posibilidades que en la actualidad nos ofrece la tecnología médica.

Hoy día, en las discusiones públicas sobre biotecnología se condena sin paliativos la idea de mejorar la especie humana por medios artificiales. La idea es repugnante porque trae a la memoria las visiones de médicos nazis esterilizando judíos y matando a niños discapacitados. […] Pocas personas creen ya en el sueño romántico de que los seres humanos son perfectibles. Pero la mayoría de nosotros cree todavia que los seres humanos son capaces de mejora alguna. […] Existen muchas y buenas razones para condenar la esterilización forzada y la eutanasia definida desde el poder. Pero la mejora artificial de los seres humanos llegará, en una u otra forma, lo queramos o no, tan pronto como el progreso de los conocimientos biológicos la haga posible… afirmó categóricamente, en 1997, el inglés Freeman Dyson, Premio Nobel de Física compartido 1965 y profesor emérito del Instituto de Estudios Avanzados de Princeton, en su libro “Mundos del futuro”.

Es éste un viejo y áspero debate. El pensamiento social-darvinista y eugenésico ha encontrado siempre seguidores fanáticos en muchos países; sin embargo, sólo al fascismo alemán le corresponde la terrible primacía de haberlo tomado en serio, práctica y políticamente. Entre las décadas de 1920 y 1930 se difundió en Alemania la idea de “pureza de raza”, y con Hitler (1889-1945) se producirán masivas esterilizaciones eugenésicas.

Ahora bien, la teoría crítica acentúa su cercanía intelectual con el materialismo y el darvinismo. Entonces, ¿es la eugenesia compatible con el pensamiento marxista?

Carlos Marx. Entre la teoría crítica y el darvinismo social persisten tremendas diferencias; no obstante, el concepto no ha sido ajeno a las ideas socialistas y los regímenes comunistas. Marx (1818-1883) esperaba la felicidad de este mundo y la perfectibilidad del ser humano mediante acciones sociales e institucionales, y luchas emancipadoras e igualitarias de los oprimidos y explotados; el darvinista social, en cambio, a través de la regulación de los nacimientos y la esterilización, mediante la elección óptima del cónyuge y la eliminación de la “vida indigna de vivir”, este último uno de los vocablos más terribles –con implicación de ‘limpiezas’ y segregación– de la nueva política social.

La discusión fue más notable a finales del siglo XIX y principios del XX. Por aquella época, la miseria de las masas, el alcoholismo, la prostitución y la pandemia de las enfermedades venéreas y virales, la delincuencia y el número alarmantemente alto de hombres no aptos para el servicio militar eran motivos suficientes para contrarrestar, mediante una política demográfica razonablemente desarrollada, la degeneración de la sustancia biológica humana, una degeneración considerada amenazante.

Herbert Spencer (1820-1903) fue quien más extrajo deducciones morales de la evolución, proporcionándoles a los defensores del laissez-faire capitalista unos fundamentos intelectuales que fueron utilizados para oponerse a que el Estado interfiriera en las fuerzas del mercado y aplicara políticas públicas que favorecieran a los pobres, vulnerables y excluidos de la sociedad. Andrew Carnegie (1835-1919) reconoció que la competencia puede ser a veces cruel para el individuo, pero la justificó argumentando que “es lo mejor para la especie, puesto que asegura la supervivencia de los más aptos en cada esfera”.

El pensamiento fundamental del darvinismo social consiste en la transferencia del principio de selección a la sociedad, localizado en el concepto de la lucha por la existencia, en la cual se imponen los mejores y los más fuertes. Presentar propuestas sobre cómo esos mejores y más fuertes pudieran obtener en la sociedad las oportunidades de reproducción numerosas y sin trabas (meritocracia) y, a la inversa, cómo los débiles debieran ser excluidos de la reproducción de la humanidad, formaba parte del compromiso de la eugenesia y la higiene racial.

Francis Galton y Augusto Weiseman. Ya para 1865, Francis Galton (1822-1911), primo de Darwin, puso en relación importantes factores sociales, como los talentos y los caracteres humanos, con base biótica, para luego, en 1883, introducir en la literatura el concepto de “eugenesia”. Galton, junto con Augusto Weiseman (1834-1914), pasan por ser los fundadores de la eugenesia argumentada genéticamente. Sin embargo, en su libro El origen del hombre (1871), Charles Darwin (1809-1882) afirma: Entre los salvajes son eliminados bien pronto los débiles en cuerpo y espíritu, mientras los supervivientes son generalmente los de salud más robusta. En cambio, nosotros, los hombres civilizados, hacemos todo lo posible por evitar esta segregación. Por tal motivo, pueden también reproducirse a su manera los individuos débiles de los pueblos civilizados. Nadie que conozca algo de crianza de animales domésticos dudará de que esto es extremadamente perjudicial para la raza.

Sólo en la primera década del siglo XX, el darvinismo social les da paso a propuestas eugenésicas concretas y al movimiento de reforma social a través de la genética en Estados Unidos. Entre las décadas de 1920-1930 se aprueban las leyes de protección eugenésica en la Unión Americana, mientras en Alemania se implanta la esterilización forzada y la eutanasia, sin considerar en ésta la mirada y la dignidad del individuo. En los años siguientes y hacia 1950 desaparece o se eclipsa la eugenesia. A partir de la década de 1970 y en nuestros días –a propósito de la controversia sobre el cociente de inteligencia, las polietnias y los géneros humanos–, reaparece el debate de la eugenesia, impulsado con el carburante de la polémica sobre el determinismo biológico, los avances de la genética y las teorías bioética y biopolítica.

3. La teoría crítica y la mejora del género humano


Mientras el darvinismo social acentúa la naturaleza del hombre, el pensamiento crítico hace énfasis en el papel determinante de las relaciones sociales y los modos de producción.

Federico Engels. Al finalizar el siglo XIX se hacía famoso el texto de Engels La situación de la clase obrera en Inglaterra, en el que explicaba las condiciones de miseria y exclusión de los trabajadores y sus familias, como parte orgánica de las condiciones de explotación y opresión del orden hegemónico del capital. En los debates sociales y políticos de aquel tiempo, por parte del pensamiento crítico, se pone de presente que la industrialización impuesta a lo largo de sólo una generación había conducido a un cambio radical de las circunstancias sociales del trabajo y la vida, en la mayor parte de la población de las ciudades y, de modo creciente, también de la del campo.
Los tradicionales lazos familiares fueron rotos, el asentamiento en las urbes vino acompañado de un empobrecimiento desmedido, las condiciones de la vivienda eran catastróficas, mala e insuficiente la alimentación, inadecuada la vestimenta, y extremadamente insuficientes la formación y la educación. Todo ello permitió que se dieran la pobreza y la miseria, el desarraigo y la decadencia masiva hacia la cotidianidad más deplorable de la existencia humana. No sólo en la literatura socialista; también en la burguesa quedó constancia de una degeneración general física, y también psíquica, de gran parte de la población trabajadora.

Si bien la literatura académica social-darvinista, al igual que la socialista revolucionaria, coincidían en el punto de partida: la figura lamentable del trabajador depauperado, unida a sus condiciones de trabajo y de vida, la diferencia teórico-social de estos dos pensamientos era cada vez más aguda y antagónica.

La teoría de Marx. Ésta teoría es un programa de emancipación social y política, diseñado para quienes carecen de privilegios. La diferencia fundamental entre el tratamiento del pensamiento crítico y el social-darvinista de la sociedad no radica en modo alguno en la perspectiva moral sino que esa diferencia tiene sus raíces en una base teórico-social enteramente distinta en cada una de esas dos teorías. Marx se fija en el modo de reproducción de la sociedad. …éste, así lo proclama ya en sus primeros escritos, se ha convertido en hostil al hombre, aliena al hombre de sí mismo, al individuo de su especie, y a la especie de la naturaleza. Pero el hombre alienado y cosificado puede conservar su dignidad; más aún, la salida de este dilema sólo es posible por su acción consciente, la cual ha de ser tal que modifique la sociedad y la evolución humana.

Marx, en sus Manuscritos económicos y filosóficos de 1844, asÍ lo afirma: La verdadera solución del antagonismo entre el hombre y la naturaleza, y entre el hombre y el hombre, es la solución definitiva del conflicto entre existencia y esencia, entre objetividad y autoafirmación, entre libertad y necesidad, entre individuo y especie. Es la solución al enigma de la historia.

En resumen, la postura del pensamiento crítico respecto al darvinismo social y la eugenesia es clara y concreta:

1    La lucha por la existencia es considerada como la forma existencial del modo natural y capitalista de existencia del ser humano, pero no como una ley inmodificable. En su lugar, el hombre trabajador ha de llevar a cabo la lucha por una existencia propia de calidad, por su autorrealización y emancipación. Hay que perseguir la armonía, tanto con la naturaleza, entre los seres humanos, como también con su espíritu trascendente y su conciencia universal.
2    En la esencia de la humanidad hay ventajas naturales predispuestas para la configuración humana de la sociedad. Estas ventajas consisten en la exigencia natural dada en el hombre de libertad, responsabilidad, amor, verdad, felicidad, salud, compasión, solidaridad, reciprocidad y cooperación.
3    No hay destino embrionario alguno, al menos no para la especie. Naturalmente, cada uno es producto de sus factores hereditarios y sus circunstancias vitales, sociales e históricas. Pero en cuanto que la especie humana consigue circunstancias vitales, positivas y dignas, se mejora también su fenotipo y su filogenia (historia evolutiva de un grupo determinado de individuorganismos).
4    El predominio de lo social, del medio ambiente, de las circunstancias, constituye en todos los conceptos socialista-socialdarvinistas una base obligada. A ello hay que unir la insistencia     en el principio de la transmisión hereditaria de cualidades adquiridas.
5    La liberación corporal e intelectual del proletariado tiene que preceder a la revolución social y política. Toda producción ha de ser evaluada no sólo según valores económicos sino, también y ante todo, según valores éticos y evolutivos.
6    No es la especie como tal lo central sino el individuo. Es cada uno quien asimila las cualidades positivas y las transmite a la especie. Y toda la producción, a saber, la vida económica, ha de ser enjuiciada según que pueda “rendir el máximo efecto útil individual”.
7    Una existencia humanamente digna incluye, junto con la seguridad de carácter social, el bienestar espiritual e intelectual y también la posibilidad de una vida sana. La inviolabilidad del cuerpo significa también que los experimentos genéticos en el cuerpo y con él no encuentran aprobación en el pensamiento crítico. Todos los experimentos que sitúan a un individuo fuera de la historia evolutiva de su género son incompatibles con el principio marxista de la dignidad humana.
8    El principio de máximo efecto útil individual impide todo lo referente a la clonación de células que busquen la duplicación de un ser humano en su integralidad. La irrepetibilidad y la inviolabilidad de la persona no pueden ser puestas en peligro ni en la actualidad ni en el futuro por ningún tipo de manipulación biotécnica.
9    Debe conservarse la convicción de la unidad de la humanidad; el primado de la cultura; el papel exigible de unas circunstancias de vida humanamente dignas; la importancia de la afectividad como motor esencial del ser humano, pues con ella adquiere compromiso y vivencias; la solidaridad y la cooperación como elementos fundamentales de la lucha por una existencia humana de calidad que sea extensible a toda la humanidad y todo ser vivo.

Apoyo bibliográfico

Capra, Fritjof (1996/2006), La trama de la vida, una nueva perspectiva de los sistemas vivos, Editorial Anagrama, Barcelona.
Dyson, Freeman (1998), Mundos del futuro, Crítica, Grijalbo Mondadori, Barcelona.
Grasa Hernández, Rafael (1986), El evolucionismo: de Darwin a la sociobiologÍa, Editorial Cincel S. A., Madrid.
Mariátegui, José Carlos (2007), Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana, Fundación Biblioteca Ayacucho, Venezuela.
Mocek, Reinhard, (1999), Socialismo revolucionario y darvinismo social, Ediciones Akal, Madrid.

*     Artículos relacionados y que anteceden la presente nota:“Teoría crítica, la necesidad de volver a pensar”, periódico desde abajo Nº 143, febrero 20 – marzo “Condición humana e izquierda darviniana”, periódico desde abajo Nº 145, abril – mayo de 2009.
1    A medida que las estructuras físicas en la base moderna de la informática se hacen más pequeñas y las estructuras químicas fundamentales en la ingeniería genética más versátiles, estas dos tecnologías se superponen y fusionan. Al final, los componentes físicos y biológicos estarán tan íntimamente enmarañados que seremos incapaces de decir dónde empieza uno y dónde termina el otro.
2    El concepto de eugenesia (del griego Eu, bien, y génesis: aplicación de las leyes biológicas de la herencia al perfeccionamiento de la especie humana) fue utilizado en Alemania, en todo el mundo anglosajón, pero también en la Rusia Soviética. Hoy se habla de genética humana, pero el concepto ha sufrido una significativa transformación sustancial, como disciplina limitada a la ciencia natural.
3    (…) Gould ha sugerido denominar a esa actitud del ser humano “arrogancia cósmica”, una actitud persistente pese a las heridas narcisistas infligidas por Copérnico, Newton, Darwin, Marx, Freud y Nietzsche.

Publicado en Edición 146
Página 1 de 3