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Para el rector de la Universidad de Sao Paulo (USP), Marco Antonio Zago, esta casa de estudios es sin duda la más importante de Brasil y una de las mejores de Iberoamérica.


En entrevista con La Jornada, señaló que el éxito de esta institución universitaria a escala nacional e internacional se debe sobre todo a tres factores: su gratuidad, pues cuenta con una partida de financiamiento ya establecida que corresponde exclusivamente al estado de Sao Paulo; que la promoción de académicos se realiza con base en los méritos y el trabajo de investigación, y su historia, fundada en 1934 luego que la sociedad intelectual de Sao Paulo fue derrotada por el régimen dictatorial de entonces.


En años recientes la USP se ha colocado como una de las mejores instituciones académicas de estudios superiores de la región. Cada año gradúa a más de 2 mil 300 doctores, número similar al de estudiantes que terminan su doctorado en todo México; realiza 30 por ciento de la investigación de Brasil, y se ha ubicado como la mejor de Iberoamérica dentro de las clasificaciones internacionales.


Es una institución con más de 90 mil estudiantes, 58 mil de ellos de licenciatura y el resto entre maestría, doctorado y especializaciones; 6 mil profesores y más de 60 mil trabajadores. Cuenta con ocho campus en el estado de Sao Paulo, donde se imparten 94 carreras y 233 programas de posgrado.


El rector de esta casa de estudios, nombrado a principios de este año, atendió la solicitud de entrevista de este diario durante los trabajos del tercer Encuentro Internacional de Rectores Universia, que se efectuaron los pasados 28 y 29 de julio en Río de Janeiro, Brasil, donde se dieron cita más de mil 100 dirigentes universitarios y que fue apoyado por banco Santander. Durante la charla señaló que uno de sus proyectos centrales al frente de la USP será lograr que, para 2017, 50 por ciento de los estudiantes que ingresen a la casa de estudios provengan de escuelas públicas.


Principal promotor del convenio que la USP firmó con las universidades Nacional Autónoma de México y de Buenos Aires, para impulsar el intercambio académico, docente y de investigación conjunta, Zago resaltó que la alianza entre las tres principales casas de estudio de América Latina debe enviar un mensaje a gobiernos y grupos empresariales de estas naciones para entender que la cooperación tripartita es fundamental.


–¿Cuál es el secreto del éxito de la USP?


–No hay secreto; es la consecuencia del trabajo de la institución a lo largo de su historia, y se debe principalmente a tres factores. Primero, su fundación. Se trata de la primera universidad de investigación en Brasil, creada en 1934, quizá muy tarde en relación con otros países de América, y esto se debió a que, al contrario de los españoles, que promovieron la creación de universidades en este Continente (en la época colonialista), los portugueses prohibieron la educación superior en Brasil.

"En 1934 Sao Paulo era un estado muy poderoso económicamente, pero su intelectualidad había perdido la disputa por un proyecto constitucionalista de país contra un régimen dictatorial; por ello los intelectuales paulistas se dijeron: 'perdimos la guerra, pero ahora debemos ganar con el conocimiento'. Así fue como surgió la USP, y desde el principio en sus estatutos se asentó no sólo la necesidad de transmitir conocimiento, sino de crearlo. De ahí surge nuestra vocación por el compromiso social.


"El segundo factor es que la USP preserva muchos principios de mérito; por ejemplo, para llegar a ser profesor titular es necesario hacer concursos y mostrar producción científica. Esta cobranza de mérito está desapareciendo en las otras universidades federales brasileñas.
Tres, el financiamiento. El estado de Sao Paulo financia a sus tres universidades, a diferencia del resto de las casas de estudio del país, donde la mayoría dependen de los financiamientos anuales del gobierno federal. Pero las tres universidades paulistas reciben una partida garantizada del gobierno del estado. Con ello tenemos un presupuesto permanente defendido y que no sufre modificaciones, aun cuando el partido en el gobierno cambie.


–Durante todo el encuentro de Universia se enfatizó la importancia de la movilidad académica entre las universidades de la región. ¿Cómo motivar este proceso?


–La movilidad nunca fue muy grande, aumentó mucho en los años recientes. Un componente importante que nosotros no podemos dejar de lado es el programa del gobierno federal brasileño llamado Ciencias sin fronteras, que sustentó la movilidad de muchos estudiantes. Pero la USP necesita mejorar mucho en este tópico.


–¿Un paso fundamental será el convenio firmado durante este encuentro con la UNAM y la UBA?

–Claro. Nuestra universidad tiene relaciones más intensas con instituciones fuera de América Latina. Por ello los tres rectores de estas casas de estudios nos dimos cuenta de la responsabilidad y necesidad de mostrar un compromiso de unión y colaboración entre las tres principales universidades latinoamericanas. Parte del acuerdo se basa en la movilidad de los alumnos, pero pienso que más importante aún es que damos un mensaje a los gobiernos e industriales que esta relación (en todos los niveles) entre las tres naciones es fundamental para nuestra sobrevivencia en América Latina.

–¿Cuál es su proyecto al frente de la USP?


–Garantizar y mantener las promociones de mérito, lograr que en tres años al menos 50 por ciento de los alumnos que ingresen a nuestra casa de estudios vengan de escuelas públicas, hacer una importante reforma a los programas de graduación, pues tenemos un déficit en esa materia, y reformar política y administrativamente la universidad. Hoy tenemos un problema, y es que aun cuando nuestro presupuesto es grande, tenemos dificultades financieras, ya que tenemos 60 mil trabajadores, que es un número muy grande para nuestras necesidades. En Brasil no se puede despedir a los servidores públicos, por tanto, debemos encontrar la forma de administrar esos recursos con responsabilidad.


–¿Brasil ha apostado por la educación?


–Sí, pero tenemos dos problemas: hay una falla en la educación secundaria que se debe corregir, para mejorar la calidad de la formación; y dos, debemos lograr que el porcentaje de jóvenes que acuden a las universidades públicas pueda acercarse al de las particulares (actualmente en este país 70 por ciento de los matriculados en la educación superior están en una institución privada y 30 por ciento en públicas). Para que una universidad ofrezca calidad no es necesario que sea privada.

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  • Autor EMIR OLIVARES ALONSO
  • País Brasil
  • Región Suramérica
  • Fuente La Jornada
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Publicado en Internacional
Miércoles, 30 de Julio de 2014 06:09

El cerebro, un órgano social

Durante la última década, las neurociencias sociales se han convertido en uno de los campos de estudio de mayor proyección. Hibridación multidisciplinaria tiene el objetivo de explicar el funcionamiento biológico de los cerebros humanos respecto del comportamiento social.

–Usted es psicólogo.
–Sí, pero estudié después electrofisiología en Alemania.

–¿Y a qué se dedica?
–A las llamadas neurociencias sociales y su aplicación en neuropsiquiatría.


–Explíqueme un poco qué es eso.
–Las neurociencias sociales son una empresa multidisciplinaria bastante reciente, de los últimos diez años más o menos, que básicamente trata de entender los fenómenos. Creo que es una de las empresas más prometedoras de las neurociencias, porque combina herramientas de la física, de la matemática, de la neurofisiología, de la psicología e incluso de la psicología social y de la sociología. Es una empresa multinivel, que trata de hacer una co-construcción no sólo acerca del cerebro, el funcionamiento psicológico, los fenómenos sociales, sino de todas esas cosas juntas.


–¿Puede darme algún ejemplo de neurociencia social?
–Por supuesto. Uno puede tratar de entender las bases cerebrales de la conducta o el juicio moral y ver cómo esto impacta en el diagnóstico y la caracterización de enfermedades neuropsiquiátricas. La moral ha sido históricamente tratada por la filosofía, luego por la sociología y por la historia, pero en los últimos años se la ha empezado a comprender como un fenómeno cognitivo. Es, por supuesto, un fenómeno social, intersubjetivo, pero tiene una base cerebral y no sólo tiene una base cerebral, sino que es importante para entender la dinámica del cerebro, para entender cómo funciona y para entender por qué es un órgano social. Lo mismo ocurre con los estudios de la "teoría de la mente".

–¿Qué es?
–En neurociencias se le llama así a la capacidad de "leer" los estados ajenos: entender las emociones, las intenciones, las creencias del otro. Es sumamente importante para el mundo social, para las conversaciones naturales, para la predicción de la conducta social. Nosotros estudiamos muchos fenómenos, desde los más básicos (el reconocimiento de emociones específicas) hasta cosas más elevadas como la empatía, pasando por el juicio moral, las normas sociales y una serie de conductas que son intrínsecamente sociales. Y se ha demostrado aquí en la Argentina, pero también en muchos otros grupos en el mundo, que vale la pena estudiar la conducta social. No se trata, solamente, de un fenómeno de interés científico sino que es importante para cosas muy concretas y aplicadas. En mi caso, yo me dedico a la neuropsiquiatría.


–¿Y cómo se aplica eso?
–Le doy algunos ejemplos. Como los fenómenos sociales son procesos intrínsecamente humanos, se espera que su afectación traiga consecuencias importantes. Particularmente en la psiquiatría y en la neurología, casi todos los cuadros patológicos tienen déficit en la cognición social y, por otra parte, hay cuadros específicos como la demencia fronto-temporal, el autismo de alto funcionamiento cognitivo, la esquizofrenia, el síndrome de Williams o lesiones frontales que son strokes de áreas específicas del cerebro que generan déficits específico en la cognición social. Poder detectar si un proceso es socialmente relevante o no es muy importante para la adaptación y la supervivencia. Entonces cuando hay déficit en estos procesos, normalmente la vida cotidiana se puede volver muy difícil. En los últimos diez años se ha demostrado que los déficits en la cognición social son dominios cognitivos muy importantes para caracterizar diferentes enfermedades psiquiátricas y neurológicas, y poder predecir la evolución y el deterioro. Por ejemplo, en la demencia fronto-temporal hemos demostrado que déficit sutiles en la cognición social están presentes incluso antes de que aparezca la atrofia cerebral identificable con la resonancia magnética estructural. Ahí hay un marcador temprano de la enfermedad. En otras patologías psiquiátricas, como la esquizofrenia, hemos demostrado que el procesamiento cerebral de las emociones faciales predice muy bien el grado de deterioro cognitivo.


–¿Cómo se conectan genética y socialización?

–A ver... hay una línea que no-sotros hemos desarrollado muy poco, en la que trabajamos con niños institucionalizados. Se sabe desde hace mucho tiempo que la institucionalización, la privación social y afectiva en etapas críticas del desarrollo produce huellas en el neurodesarrollo. La carencia socioafectiva produce un impacto en el desarrollo madurativo del cerebro. Acabamos de publicar un paper, por ejemplo, en el que trabajamos con chicos institucionalizados, que pasaron un período durante el primer año de vida en una institución y luego se insertaron en hogares de familia. Eran chicos completamente sanos, que habían sido bien tratados y que no tenían ningún trastorno cognitivo. Les hicimos una prueba de juicio moral muy simple, muy básica, y encontramos que, aunque a ellos les iba bien en la tarea, las áreas cerebrales prefrontales encargadas de esta tarea respondían de forma bastante más tardía que los del grupo de control. En el fondo había un proceso de maduración prefrontal retardado en los chicos, y esta disminución de la actividad prefrontal estaba asociada con los problemas sociocognitivos de estos chicos. Esta es un área que se ha estudiado mucho en animales, y se prueba cómo la falta de socialización impacta en el desarrollo y produce una especie de bola de nieve que retrasa el desarrollo en general. Con respecto a la genética, no podemos decir que exista un gen específico de la socialización. La conducta social es extremadamente compleja, extremadamente poligenética y depende de múltiples factores epigenéticos. Que uno tenga o no tenga una mutación no es tan importante como ver si las proteínas activan o no ese gen. No hay una relación simple entre conducta social y genética, pero sí hay genes que impactan en los procesos de socialización.

–De todas maneras, el conjunto de genes no se conoce.
–Probablemente no haya genes únicos para la conducta social; lo cierto es que hay modulaciones genéticas de la conducta social. A veces uno puede hacer una caracterización genética de una enfermedad; por ejemplo, en la enfermedad de Huntington. Pero ésa no es la regla: en el caso de la conducta social, que es una conducta compleja, con un montón de funciones y de áreas cerebrales involucradas, no hay una relación simple. Sí hay factores de vulnerabilidad, y hay muchos estudios epidemiológicos al respecto.


–¿Qué espera de las neurociencias para el futuro?
–Creo que son un desafío y una promesa. Prometen que vamos a entender mejor a los seres humanos a partir del conocimiento del cerebro social; el cerebro es un órgano social por excelencia.


–¿Qué significa eso?

–Que, en contra de lo que los neurólogos de la vieja ola pensaban, nuestro cerebro está tempranamente cableado y genéticamente predispuesto para desarrollarse a través de los procesos de interacción social. Muchos problemas de desarrollo dependen de la socialización, y en este sentido hay una neurobiología del apego, por ejemplo. Hay cambios en el cerebro que se deben a la socialización. Un científico propuso que el tamaño del cerebro depende del grado de socialización del grupo. La hipótesis es simplista, si se quiere, y no tiene por qué ser válida. Pero lo que nos hace humanos es la capacidad de interaccionar; es lo que Maquiavelo describió tan bien en El príncipe: cómo anticiparse a los deseos del otro, cuándo ser amado, cómo convencer al otro. Esa capacidad de leer la mente ajena es estrictamente humana; está presente en los primates, pero es una capacidad muy similar a la del lenguaje. Y probablemente es lo que nos distingue. Y de hecho las áreas del cerebro que intervienen en esta función son las más evolucionadas.

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  • Antetítulo DIALOGO CON AGUSTIN IBAÑEZ, INVESTIGADOR DEL INSTITUTO DE NEUROLOGIA COGNITIVA
  • Autor Leonardo Moledo
  • País Argentina
  • Región Sur América
  • Fuente Página12
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Publicado en Internacional

"Las personas confían en que la técnica va a resolver el viejo problema del sufrimiento humano, no dándose cuenta de que lo que les cuesta vital y económicamente pagar por esas comodidades se paga en términos temporales, ya que se tiene que dedicar muchísimo tiempo a conseguir el dinero para pagar por esas comodidades. Y se paga en términos vitales en tanto y en cuanto ya la persona no puede imaginarse otras alternativas en donde pueda vivir más en paz o más suavemente", dice Christian Ferrer, pensador que aborda con mirada crítica, ácida muchas veces, los modos en que nuestra sociedad nos forma como "consumidores". Partiendo desde la educación que recibimos –"el saber desangelado, transmitido sin corazón, presuponiendo además que esos conocimientos explican oscuridades o misterios que siempre han preocupado a los seres humanos, es un error"–, en esta entrevista Ferrer volverá a las preguntas por el origen o los orígenes de los seres humanos: el dolor, el amor, la felicidad, la amistad, el deseo. Preguntas que abren cabezas. Preguntas para las que no tiene las respuestas. A veces, incluso –dice–, las soluciones empeoran los problemas.


–¿De dónde viene, Ferrer?


–Qué pregunta. Yo creo que soy una consecuencia de la escuela tradicional argentina en la cual estudiar era una obligación, no un gusto, no un despertar de la curiosidad. Lo que esa escuela ofrecía a los alumnos era un saber enciclopedista. Esa escuela probablemente haya desaparecido como ideal, pero a mí me parecía un modo, un tipo de alimento, típicamente moderno, por otra parte, que me convenía. Saber mucho de distintos campos posibles que tenían que ver con lo humano.


–¿Le gustaba ir a la escuela?


–No. A un niño, alguien que va a la escuela durante años, años y años, todos los meses, todas las semanas, todos los días, por horas y horas se le están restando distintas posibilidades vitales en función de saberes que le son transmitidos que no necesariamente le van a servir para la vida. Creo que soluciona más las necesidades de realización de los padres que otras cosas. Tampoco la idea de alfabetización de por sí me parece necesariamente buena. De hecho la mayor parte de las culturas que han existido en el mundo tuvieron transmisión de conocimiento de tipo oral y sin estos lugares, que son fábricas de títulos y de supuestas... personas aptas para seguir una especie de camino dentro de una máquina general a la cual la educación no le interesa, salvo en relación con los saberes de eficacia que pueden aplicarse en distintas industrias, en distintos servicios, en universidades. La alfabetización actual no implica formación del carácter de la persona sino sólo transmisión de conocimientos, además de las funciones que tienen que ver con la sociabilidad.


–Y en tanto padre, ¿cómo ve a la escuela?


–Como te decía, es transmisión de conocimiento camada tras camada, tras camada. No es lo que uno llamaría educación. Además las jornadas escolares se han alargado mucho. Hasta la década de 1960 no era habitual enviar a niños a jardines de infantes y hoy una persona puede pasar no sólo los años de formación escolar secundaria y universitaria en estas instituciones, sino que a veces está encerrado ahí hasta que se jubila como alumno. No necesariamente eso redunda en mayor sabiduría ni en mayor acumulación de saber ni en beneficios que puedan estar asociados a la formación de la conciencia. Por lo tanto, el problema del niño, que es tener aceptación y amor, como bases para su propia formación personal, no necesariamente está resuelto por las horas y horas y horas que pasa en una escuela. El saber desangelado, transmitido sin corazón, presuponiendo además que esos conocimientos explican oscuridades o misterios que siempre han preocupado a los seres humanos, es un error.


–La Iglesia ha intentado en sus colegios en la formación de carácter, pero muchas veces eso es un problema.


–¿Por qué?


–Porque no todos tienen por qué creer en los valores que transmite la Iglesia. Y el monopolio..

.
–Sería monopolio contra monopolio. El monopolio del Estado y el monopolio eclesiástico. Son dos monopolios.


–¿Ninguno es mejor?


–Me parece que lo que los padres esperan de la educación no es que los niños salgan mejor formados o que sean receptáculos de saber de los cuales puedan enorgullecerse. Lo que la sociedad espera de la educación es que los niños tengan el formateo suficiente como para poder ganarse el pan de ahí en adelante, es decir, ganarse la vida, como dice la metáfora tradicional, metáfora, por otra parte, que es espantosa en sí misma. Con lo cual, lo que se espera entonces es que la escuela los domestique lo suficiente y al mismo tiempo los vuelva lo suficientemente agresivos como para que cuando llegue el momento de ingresar a los campos de trabajo esa persona esté en disposición de aceptar las normas y obligaciones que eso trae aparejado, tanto en un rol de sometimiento como en un rol de agresión: jefes y empleados, eso es lo que se espera de la educación

.
Por supuesto, de vez en cuando ocurren otras cosas que se cruzan con demandas generacionales, o bien por lo que ocurre en el aula misma. De repente alguna maestra, algún profesor, enseña en esa aula como si estuviera en una isla desierta, como si estuviera con unos pocos náufragos, niños. Y les da lo mejor, lo que él puede dar. Y entonces no hay muros ni hay aulas ni hay pizarrones ni hay notas ni hay títulos. Pero esas situaciones de naufragios son escasas.


–¿Y por qué da clases? Quienes han pasado por sus clases pueden sentir ese naufragio.

..
–En las clases se dialoga con los muertos y con los que todavía no han nacido.


–¿Cómo es eso?


–Se habla de autores, algunos antiguos o antiquísimos, con quienes uno puede sentirse más a gusto que con los contemporáneos. De manera tal que los autores antiguos pasan a ser contemporáneos. Y se habla sobre un mundo del cual nada sabemos todavía. No porque se lo pueda planificar, no porque pueda ser mejor con algún tipo de programa político supuestamente superador, no. Sino porque los niños van a seguir naciendo. Entonces, la clase ideal sería aquella que está en ese momento muerta y viva. Es decir, suspendida de todas sus obligaciones con respecto a la actualidad y sólo conectada con ese río perdido donde han ido a parar todos los muertos y al mismo tiempo conectada con el deseo de la especie de no perecer y por lo tanto de traer nuevos niños al mundo con la esperanza de que no hereden este mundo. Me parece que eso es lo que ocurre en la clase. A mí todos los discursos sobre la educación pública, el sistema pedagógico nacional y la modernización y la actualización no me dicen nada. A mí lo que me dice algo es lo que ocurre en una clase en especial. Lo que le pasó al alumno, lo que le pasó al profesor.


–Le interesan las biografías de personajes extravagantes o exóticos, ¿cómo surge la idea del libro Camafeos?

–Algunos de esos textos están escritos para que ciertas personas no sean olvidadas. Personas que yo conocí y que no quería que fueran olvidadas por mí y por todo aquel que por leer un pequeño esbozo de una vida pueda conectarse con esa historia y con sus avatares. Lo cual no quiere decir que todos los personajes me caigan simpáticos, por otra parte.


–Pero le interesó registrar algo de esas historias.


–Uno escribe por gusto, quiero decir, escribe por el simple gusto de hacerlo. En algunos casos fueron pedidos y me interesó responder a esos pedidos, tal es el caso de (Ignacio) Anzoátegui o de Marta Minujin. En otros casos no, son autores que me conmueven o me resultan imprescindibles a mí únicamente. Hay un hilo conductor. Por ejemplo, algunas figuras tienen que creer mucho en sí mismas para hacer lo que hacen: Minujín dice "yo soy una enviada"; Orélie Antoine se nombra "rey de la Araucanía". Pero también al revés: "Soy una madriguera de complejos", dice Ezequiel Martínez Estrada.


–¿Qué define a los excéntricos?


–No sé si hay algo que los vincule, pero sí podría decirte que hay autores que piensan por afirmación de sí mismos, que por otra parte son la mayoría. Es decir, gente que cree en lo que dice, gente que cree en lo que escribe. Gente que cree en la batalla de ideas y cómo en toda batalla cada cual se posiciona, cada cual saca su arsenal teórico o ideológico o analítico y lucha contra otros. Mientras que hay otros autores que, por el contrario, piensan y escriben en forma autodestructiva. (Héctor) Murena es un caso, Martínez Estrada es otro caso. Es decir, pensar significa autodestruir el objeto sobre el cual se piensa y al cual no se le concede ningún derecho a existir pero al mismo tiempo se autodestruye el autor, éstos son autores más raros. La mayor parte de las personas, sobre todo en el mundo intelectual y universitario, típico del intelectual que toma partido, cree que sabe y además cree que es bueno, necesariamente: si el otro es malo yo soy bueno. Es como una lógica infantil pero que funciona. Funciona en la política, en las empresas, en las universidades. Esa mezcla de supuesto saber y superioridad moral con respecto al contrincante. A mí me interesan mucho más los autores que, por el contrario, saben que pensar implica el riesgo de fundirse, de autodestruirse. Están en lucha también, pero es otro tipo de lucha, es una lucha demoníaca; la otra es de angelitos, no importa si esos angelitos a veces usan revólveres. Me parece a mí.


–Dice de Martínez Estrada que diagnostica, como un radiólogo, pero no cura.


–No todos los problemas tienen solución. Y por lo general, las soluciones agravan los problemas. Quiero decir, el hecho de que no haya solución a ciertos problemas no quiere decir que no sigan estando ahí los problemas. Y, por otro lado, las soluciones, me refiero a soluciones de índole política o técnica, por lo general son reajustes que permiten a una gran maquinaria seguir funcionando. De alguna forma, los peores defensores de un sistema defectuoso son aquellos que buscan solucionar sus aristas más impresentables pero dejando latente el funcionamiento de todo el sistema. Eso se hace notorio después de un cierto tiempo. Todo sistema social, toda máquina, necesita de un service. Pero las soluciones que sólo proceden por reajustes son falsas soluciones y tarde o temprano una época se ocupa de deshacerse de todas ellas para refundarse sobre otras bases. Justamente no porque no funcionara la anterior sino porque la acumulación de falsas soluciones tarde o temprano hace estallar todo el mecanismo.


–¿Las soluciones a los problemas técnicos son siempre técnicas?


–Ese es el ideal de la sociedad tecnocrática. Es un típico pensamiento. Por ejemplo, se extiende la frontera agrícola a lugares donde antes había bosques y esos bosques desaparecen, de manera tal que desaparecen las especies animales que allí también vivían. Entonces, la solución técnica es tomar muestras de ADN de los últimos ejemplares vivos para una eventual clonación en el futuro para que los niños escolares sigan viendo animales en el zoológico. Ante un problema creado por el ser humano se le busca una solución técnica. La cuestión aquí no es tanto elegir expansión agrícola o mantenimiento del paisaje, sino preguntarse si esa expansión agrícola contribuye a eliminar el hambre en el mundo o sólo a enriquecer las arcas de los propietarios y del Estado. Que yo sepa, no se ha eliminado el hambre en el mundo.
–¿Cómo se relaciona la técnica con el ideal actual de felicidad? Dice en el libro El entramado que hay una exigencia de felicidad en la sociedad actual.


–En nuestra época, donde hay vacunas, antibióticos, medicamentos que intiman con el dolor psíquico, afectivo; donde hay compañías de seguros, sistemas de intercomunicación y sincronización continua e instantánea; donde las distancias se han acortado; donde hay televisión, Internet, en fin, no es seguro que no se sufra más que antes. Es decir, todos esos artilugios técnicos a mí me parecen amortiguadores psicofísicos de la personalidad. Tienen funciones de amortiguación del dolor. Como si los seres humanos necesitaran de ellos inmunización, seguridad. Sin esa vida en una cápsula protegida –y de alguna forma el hogar burgués fue eso desde el siglo XIX en adelante: un estuche–, sin esa posibilidad de establecer aunque sea contactos mínimos por día a través de redes de comunicación, las personas se hundirían en la desesperación porque sus vidas reales son vidas que se juegan en el mundo del trabajo. Es decir, esto significa que el hombre ha sido construido como hombre económico; productor y consumidor a la vez. Por lo tanto se ve a sí mismo como trabajador. En la antigüedad un trabajador no era alguien bien considerado. Los que hacían el trabajo duro eran los esclavos. Sólo en la época moderna, cuando se decide que existe igualdad democrática entre todos, aparece el problema de quién va a trabajar. Si antes lo hacían los esclavos y ahora somos todos libres e iguales, quién trabaja. Es decir, quién hace la tarea que desde siempre ha sido considerada una condena. La única solución lógica era decir que el trabajo es algo muy lindo. Que el trabajador es alguien lindo. Y su salario tiene que ser más o menos lógico. Eso es todo.
–Hoy se soporta menos el dolor que antes.

–Si uno presta atención a la importancia que adquirió la farmacéutica, la evaluación médica constante, la cantidad de medicamentos que intiman con los estados de ánimo, desde los viejos barbitúricos, pasando por los ansiolíticos, hasta llegar hoy a los desactivadores de estados de pánico, y si uno atiende a la imaginación actual que espera de la técnica ya no una cura de enfermedades o dolores sino una cura de enfermedades emocionales: que se descubra el medicamento que al fin reduce la gordura en un instante, o que te implanta cinco tetas a la vez sin el menor riesgo... En otras palabras las personas confían en que la técnica va a resolver el viejo problema del sufrimiento humano, no dándose cuenta de lo que les cuesta vital y económicamente pagar por esas comodidades. Se paga en términos temporales, ya que se tiene que dedicar muchísimo tiempo a conseguir el dinero para pagar por esas comodidades. Y se paga en términos vitales en tanto y en cuanto ya la persona no puede imaginarse otras alternativas en donde pueda vivir más en paz o más suavemente. Y no las puede imaginar a esas alternativas, no porque no las conozca sino porque le parecen poco erógenas. En otras palabras, porque la maquinaria social está construida en torno de ambiciones, del eros universal que es el dinero y de pensar a la máquina como un principio de orden y de poder. Eso les satisface a todos. De manera tal que cualquier otra alternativa que suponga más mansedumbre y más felicidad les resulta problemática para sus propios instintos agresivos.


–¿Por qué el cuerpo de las mujeres es el más exigido?

–Es relativo, pero es bastante evidente una presión social que cae sobre el cuerpo femenino. Yo creo que en parte es un efecto impensado y no querido de la lucha por la liberación de la mujer de los últimos 100 años, y de los últimos 50 años en particular. Es decir, una vez que se produce la liberación del viejo harén patriarcal, o al menos de sus formas más rígidas, hay todo tipo de riesgos afectivos que vienen después. Estar emancipada no quiere decir estar a salvo. Esos riesgos afectivos no se resuelven con leyes, no se puede legislar sobre ellos. Por otra parte, creo que hay una conciencia cada vez mayor de que el cuerpo es un valor en sí mismo. Que la apariencia corporal permite o posibilita, en tanto eso supone diferencias sociales entre jóvenes y no jóvenes o apariencias destacables y no destacables. Me parece que hay una creciente conciencia de que el cuerpo como valor en sí mismo permite el ascenso social hacia el otro gran diferenciador social que es la riqueza, o bien los mercados de la vanidad. A eso hay que agregar que los llamados "mercados del deseo" –y toda sociedad tiene un mercado del deseo– se han ampliado considerablemente desde hace 50 años. Antes las personas, hombres y mujeres, establecían muy jóvenes un camino afectivo que los llevaba al matrimonio, a la consecución de una familia y no mucho más. Hoy en cambio el mercado del deseo se ha vuelto barroco. Hay todo tipo de personas de toda edad intentando posicionarse en ese mercado, lo cual hace que las angustias, los malestares en torno de la imperfección corporal se vuelvan mucho más intensos. Eso toca particularmente a las mujeres, pero a todos en realidad. Y la técnica se ofrece a compensar la posición desfavorecida de todos los que no den la talla o el aspecto más presentable posible.


–¿Cuál es el rol de la pornografía en la sociedad actual? Usted la compara con algunos programas de televisión como el de Tinelli. ¿Puede explicarlo?

–Es difícil saber cuál es la causa de la expansión rampante de esta industria, pero difícilmente esté asociada con una mayor "libertad de expresión". Es decir, al fin de la censura. Es posible que la pornografía prospere allí donde falla la monogamia, porque el contrato implícito es el de la imaginación de harén, no el del hogar. Puede sumarse a ello la cruza entre el desenfado de los medios de comunicación y variados efectos inesperados o no queridos de la revolución sexual iniciada en la década de 1960. Lo cierto es que cuando los matrimonios languidecen en frialdad, las personas se ponen a soñar con lejanías de todo tipo. La cuestión es que por todos lados se promueven epifanías de la carne, pero la experiencia habitual es la de estar encorsetados. Además, la ampliación del "mercado del deseo" conlleva la necesidad de presentar al otro una imagen de cuerpo altamente sexualizada. Quizá la pornografía tanto como las telenovelas sean modos de sublimación de la alienación cotidiana. ¿El programa de Tinelli? No sé, su centro de gravedad es la humillación consentida, con algunos toques de sensualidad pornográfica socialmente aceptable, para toda la familia.


–En un artículo sobre donación de órganos dice que la obligación de donar por ley sanciona el fracaso emocional de una comunidad.
–Por lo general, cuando hay leyes es porque han fracasado las reglas de buena vecindad. La donación de órganos debería ser un gesto de desprendimiento amoroso, no una obligación. Es decir, un gesto de "amor anónimo", una efusión de bondad y solidaridad hacia la comunidad, a todos y a nadie en particular. De otro modo se consumaría la posible paradoja de que un misántropo, o un egoísta en grado sumo, o una persona abrasada por el odio a la humanidad, sean "donantes presuntos", tal como lo indica la ley. En fin, este tipo de cuestiones aparece cuando los "avances" técnicos son mucho más veloces que la capacidad de una sociedad para procesarlos, y entonces se establece un desarrollo desigual y combinado entre tecnología y ética.


–En un capítulo sobre la tecnología y la escritura plantea que es una falacia pensar que la tecnología ahorra tiempo, ¿por qué?


–Hasta donde sé, por más que las redes de computadora permitan mayor velocidad y prolijidad y sincronicidad e interconexión, nadie sale antes de cumplir el mismo horario de siempre ya estipulado en fábricas y oficinas. ¿A quiénes les ahorra tiempo entonces? A los dueños de las empresas, que ven de este modo multiplicada la productividad de los trabajadores sin que ello redunde necesariamente en aumento del salario. Las tecnologías ni son neutras ni son de por sí "benefactoras", ingresan en instituciones que determinan sus usos y, que yo sepa, vivimos en una sociedad industrialista, productivista y con poderes y jerarquías bien conocidos. Por el mismo andarivel, lo mismo que permite la interconexión también lo hace con la vigilancia, y eso no se le escapa a nadie, como a nadie le está permitido escaparse de ese destino. La llave maestra de la "libertad" también lo es del control.

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  • Antetítulo CHRISTIAN FERRER, ENSAYISTA Y DOCENTE, Y UNA REFLEXION SOBRE LAS NUEVAS SOCIEDADES TECNOLOGICAS
  • Autor Sonia Santoro
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Por En un mismo tono de voz e igual grado de expresividad, Zygmunt Bauman, el sociólogo más influyente de las últimas décadas, hace chistes sobre su sordera y reflexiona sobre la doble vida -online y offline- que, según él, define nuestra modernidad. "Venga de este lado –y señala el audífono escondido en su oído izquierdo- así puedo escuchar algo de lo que usted me diga y conversamos", dice en una terraza de Lignano Sabbiadoro, el refinado balneario de la costa friulana, cerca de Udine, hasta donde Bauman vino a recibir el Premio Hemingway en la categoría Aventura del Pensamiento. Acaba de guardarse la pipa en el bolsillo. Tiene todavía en la mano dos encendedores y el paquete de tabaco Clan Aromatic, un blend de catorce tabacos diferentes elaborado en Holanda.


¿Qué aspecto de la vida moderna le hace perder el sueño últimamente?


Bueno, trato de simplificar y de encontrar un denominador común en lo que pienso y en lo que digo porque vivimos en un mundo problemático y lo que subyace en común en todas las manifestaciones de los inconvenientes de estos tiempos es la fluidez, la liquidez actual que se refleja en nuestros sentimientos, en el conocimiento de nosotros mismos.


Bauman ya era un sociólogo prestigioso cuando lanzó su concepto líquido -esa idea de inconsistencia que para definir el mundo que nos rodea aplicó a la vida, al amor y a la modernidad- que le valió notoriedad mediática y popular: "Elegí llamar 'modernidad líquida' a la creciente convicción de que el cambio es lo único permanente y la incerteza la única certeza –dice él-. La vida moderna puede adquirir diversas formas, pero lo que las une a todas es precisamente esa fragilidad, esa temporalidad, la vulnerabilidad y la inclinación al cambio constante".
¿Seguimos dominados por la incertidumbre?


La incertidumbre es nuestro estado mental que está regido por ideas como "no sé lo que va a suceder", "no puedo planificar un futuro". El segundo sentimiento es el de impotencia, porque aun cuando sepamos qué es lo que debemos hacer, no estamos seguros de que eso vaya a ser efectivo: "no tengo los recursos, los medios", "no tengo el poder suficiente para encarar el desafío". El tercer elemento, que es el más dañino psicológicamente, es el que afecta la autoestima. Uno se siente un perdedor: "no puedo mantenerme a flote, me hundo", "son los demás los exitosos". En este estado anímico de inestabilidad, maníaco, esquizofrénico, el hombre está desesperado buscando una solución mágica. Uno se vuelve agresivo, brutal en la relación con los demás. Usamos los avances tecnológicos que, teóricamente deberían ayudarnos a extender nuestras fronteras, en sentido contrario. Los utilizamos para volvernos herméticos, para cerrarnos en lo que llamo "echo chambers",un espacio donde lo único que se escucha son ecos de nuestras voces, o para encerrarnos en un "hall de los espejos" donde sólo se refleja nuestra propia imagen y nada más.


¿Dónde lo pasamos mejor, online u offline?


Hoy vivimos simultáneamente en dos mundos paralelos y diferentes. Uno, creado por la tecnología online, nos permite transcurrir horas frente a una pantalla. Por otro lado tenemos una vida normal. La otra mitad del día consciente la pasamos en el mundo que, en oposición al mundo online, llamo offline. Según las últimas investigaciones estadísticas, en promedio, cada uno de nosotros pasa siete horas y media delante de la pantalla. Y, paradojalmente, el peligro que yace allí es la propensión de la mayor parte de los internautas a hacer del mundo online una zona ausente de conflictos. Cuando uno camina por la calle en Buenos Aires, en Río de Janeiro, en Venecia o en Roma, no se puede evitar encontrarse con la diversidad de las personas. Uno debe negociar la cohabitación con esa gente de distinto color de piel, de diferentes religiones, diferentes idiomas. No se puede evitar. Pero sí se puede esquivar en Internet. Ahí hay una solución mágica a nuestros problemas. Uno oprime el botón "borrar" y las sensaciones desagradables desaparecen. Estamos en proceso de liquidez ayudada por el desarrollo de esta tecnología. Estamos olvidando lentamente, o nunca lo hemos aprendido, el arte del diálogo. Entre los daños más analizados y teóricamente más nocivos de la vida online están la dispersión de la atención, el deterioro de la capacidad de escuchar y de la facultad de comprender, que llevan al empobrecimiento de la capacidad de dialogar, una forma de comunicación de vital importancia en el mundo offline.


Si nos sentimos cómodos conectados, ¿para qué nos haría falta recuperar el diálogo?


El futuro de nuestra cohabitación en la vida moderna se basa en el desarrollo del arte del diálogo. El diálogo implica una intención real de comprendernos mutuamente para vivir juntos en paz, aun gracias a nuestras diferencias y no a pesar de ellas. Hay que transformar esa coexistencia llena de problemas en cooperación, lo que se revelará en un enriquecimiento mutuo. Yo puedo aprovechar su experiencia inaccesible para mí y usted puede tomar algún aspecto de mi conocimiento que le sea útil. En un mundo de diáspora, globalizado, el arte del diálogo es crucial. La diasporización es un hecho. Estoy seguro de que Buenos Aires es una colección de diversas diásporas. En Londres hay 70 diásporas diversas: étnicas, ideológicas, religiosas, que viven una al lado de la otra. Transformar esta coexistencia en cooperación es el desafío más importante de nuestro tiempo. Diálogo significa exponer las propias ideas aun asumiendo el riesgo de que en el transcurso de la conversación se compruebe que uno estaba equivocado y que el otro tenía razón. El mejor ejemplo lo ha dado su Papa, el Papa argentino: apenas asumió, Francisco concedió su primera entrevista a Eugenio Scalfari, decano de los periodistas italianos y ateo confeso, y a un diario anticlerical como es La Repubblica.


¿La vida online es un refugio o un consuelo a esa falta de diálogo?


Hallamos un sustituto a nuestra sociabilidad en Internet y eso hace más fácil no resolver los problemas de la diversidad. Es un modo infantil de esquivar vivir en la diversidad. Hay otra fuerza que actúa en contra y es el cambio de situación en la regulación del mercado del trabajo. Los antiguos lugares de trabajo eran ámbitos que propiciaban la solidaridad entre las personas. Eran estables. Eso cambió hoy con los contratos breves y precarios. Las condiciones inestables, fluctuantes y sin perspectivas de carrera no favorecen la solidaridad sino la competencia. Estos dos factores no incentivan a la gente para el diálogo. Soy una persona ya mayor y creo que me voy a morir sin ver este problema resuelto.
Surgen en distintos lugares del mundo, sin embargo, procesos de autoorganización social desde abajo. Vecinos que se autogestionan para resolver problemas como la inseguridad o para recuperar la sociabilidad perdida. ¿Es una alternativa o un paliativo?


Lo que usted señala es muy importante. Es crucial para la actual situación porque todas las instituciones de acción colectiva que heredamos de nuestros ancestros, aquellos que desarrollaron las bases de la democracia moderna como el poder tripartito, el parlamento en las democracias representativas, las elecciones, la Corte Suprema, ya no funcionan adecuadamente. Todas estas instituciones tenían una única y misma idea en mente: establecer las reglas de la soberanía territorial. Pero vivimos en condiciones de globalización, lo que significa que nadie es territorialmente independiente. Ningún gobierno hoy puede decir que tiene pleno control de la situación porque se vive en un mundo globalizado donde los mercados, las finanzas, el poder, todo está globalizado. Entonces, aquellas instituciones que una vez fueron efectivas en establecer la independencia territorial para un mejor desarrollo del Estado moderno, hoy son inservibles para afrontar el tema de la interdependencia a la que nos enfrenta la globalización.


¿Los gobiernos son ciegos o necios al punto de no admitir la globalización?

Proponen soluciones locales a problemas globales. No se puede pensar con esta lógica. Es preciso desarrollar soluciones que renieguen de las fronteras territoriales del mismo modo que lo han hecho los bancos, los mercados, el capital de inversiones, el conocimiento, el terrorismo, el mercado de armas, el narcotráfico.

¿Y eso daría origen a las nuevas formas de autoorganización?


Surgen proyectos interesantes como Slow Food o Médicos Sin Fronteras. Jeremy Rifkin (economista y teórico social estadounidense) escribió un libro que se publicó el año pasado - The Zero Marginal Cost Society. The Internet of Things, The Collaborative Commons, and the Eclipse of Capitalism (El costo social cero. La Internet de las cosas, los bienes comunes colaborativos y el eclipse del capitalismo)- donde señala que una nueva realidad está emergiendo aún inadvertida por la opinión pública. Los mercados competitivos están siendo reemplazados por lo que él denomina "collaborative commons" , el bien común colaborativo, donde la gente no busca la ganancia personal sino la cooperación, reunir fuerzas y compartir. Compartir conocimiento, recursos. Compartir felicidad, compartir welfare .


¿Usted está de acuerdo?


No sabría decir si Rifkin tiene razón o no. El dice que la tecnología resolverá el problema, que lo hará por nosotros. Para mí eso es una reedición del determinismo tecnológico que no me gusta. Me resulta improbable sugerir que la cuestión esté resuelta y que el éxito de la transformación en curso esté preestablecido. Un hacha se puede usar para cortar leña o para partirle la cabeza a alguien: mientras la tecnología determina la serie de opciones abiertas a los seres humanos, no determina cuál de estas opciones al final será elegida o descartada. Qué puede hacer el hombre es tal vez una pregunta que puede dirigirse a la tecnología. Pero qué hará el hombre debe preguntarse a la política, a la sociología, a la psicología. La gente está buscando alternativas a las instituciones que no están funcionando. Hacen lo que nadie hará por ellos. Eso es innegable.


 

Zygmunt Bauman (Poznań, Polonia, 1925)

es un sociólogo, filósofo y ensayista polaco. Es conocido por acuñar el término y desarrollar el concepto de la «modernidad líquida». Junto con el también sociólogo Alain Touraine, Bauman es ganador del Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades 2010. Desde 1971 reside en Inglaterra. Es profesor en la Universidad de Leeds de ese país. Y, desde 1990, es profesor emérito. Su obra comienza en los años 50 y se ocupa, entre otras cosas, de cuestiones tales como las clases sociales, el socialismo, el holocausto, la hermenéutica, la modernidad y la posmodernidad, el consumismo, laglobalización y la nueva pobreza. Fuente: Wikileaks

(Tomado de Clarín, Argentina)

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  • Antetítulo Zygmunt Bauman
  • Autor Marina Artusa
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Martes, 08 de Julio de 2014 06:34

El control de los cuerpos y los saberes

"La universidad ha sido y sigue siendo una instancia fundamental de la colonialidad del saber", define Walter Mignolo, profesor de Duke University (EE.UU.), donde dirige el Centro de Estudios Globales y Humanidades. Mignolo es uno de los referentes de la corriente de pensamiento decolonial, una red de intelectuales constituida hace unos quince años. La idea fundamental del grupo es que la colonialidad es la cara oscura de la modernidad, y que esa díada modernidad/colonialidad opera desde una matriz de poder con pretensiones universalistas, la matriz totalitaria de la razón moderna, instituida sobre la dominación y la explotación de seres humanos definidos como inferiores desde la invención de la noción de raza. El pensamiento decolonial considera parte de esa lógica/retórica tanto al capitalismo como al socialismo, y toma distancia de otros pensamientos que cuestionan la modernidad (Nietzsche, teoría crítica, Foucault, posestructuralismo, posmodernismo), a los que considera eurocentrados, incapaces de dar cuenta del silenciamiento de otras culturas inherentes a la colonialidad. La red modernidad/colonialidad promueve un horizonte de inclusión de lo diverso, la pluriversalidad, de ahí su cercanía a las poblaciones víctimas de la "herida colonial", comunidades indígenas y movimientos sociales de Africa, Asia y, especialmente, Latinoamérica. Desde esa perspectiva, Mignolo analiza el rol que han desempeñado las universidades.


–¿Cuál ha sido la función de la universidad en el proceso de la modernidad/colonialidad?


–La universidad ha sido y sigue siendo una instancia fundamental de la colonialidad del saber. La transformación en Europa de las universidades medievales (Bolonia, Salamanca, Coimbra) en universidades renacentistas se extendió en el siglo XVI a las colonias hispánicas: la Universidad de Santo Domingo en México, San Marcos de Lima en Perú, la Universidad de Córdoba en la Argentina. Y Harvard, en EE.UU., en el siglo XVII. Mientras Portugal no incentivó la creación de universidades, España se autoasignó una misión teopolítica: el control de los cuerpos mediante el control de las almas, es decir, de las subjetividades. En el siglo XVIII, la universidad renacentista mutó, en Europa, en la universidad kantiana-humboldtiana. Ese modelo de universidad desplaza a la universidad teológico-humanista de los Estados monárquicos y nace la universidad de los Estados seculares: la idea de ciudadanía y democracia conecta el control del conocimiento con el control de la autoridad. En América, las universidades coloniales teológico-monárquicas mutan en universidades seculares estatales. Y se fundan otras universidades, como la de Chile en 1862 y la UBA en 1821. Todo esto antes de que Francia e Inglaterra colonizaran Africa y Asia, y comenzara ahí la instalación de universidades kantianas-humboldtianas. En fin, la universidad y el museo son dos instituciones clave en las que se fundó y se mantiene la colonialidad del saber y de la subjetividad.


–¿Cómo siguió ese proceso en el siglo XX?


–En la segunda mitad del siglo XX, bajo el liderazgo de Estados Unidos, las universidades se transformaron –y aún se están transformando– en universidades corporativas. Es decir, las universidades son administradas como corporaciones y adoptan valores de las corporaciones: eficiencia, excelencia en el sentido corporativo, investigaciones que serán aprovechadas por las corporaciones para mercantilizar desde la farmacología hasta la alimentación. A la vez, desde principios del siglo XX comenzó un nuevo ciclo que remeda al del siglo XVI: la instalación de universidades de EE.UU. en los Estados del Golfo Pérsico (Qatar, Kuwait) y en el este y el sudeste asiático (China, Singapur). Sin embargo, las cosas han cambiado. No es seguro hasta qué punto las universidades estadounidenses transmiten valores occidentales y hasta qué punto el saber occidental es apropiado para beneficio de proyectos de desoccidentalización. Esto no fue posible en el siglo XVI puesto que las poblaciones indígena y africana fueron marginadas de las esferas del saber. En la América luso-hispana, después de las independencias, las elites criollas locales que gestionaron las universidades se convirtieron en servidores imperiales para mantener la colonialidad del saber en las ex colonias.

.–¿Qué papel podrían cumplir las universidades en un proceso de decolonización?


–Es difícil pensar hoy que la dirigencia universitaria en cualquier parte del mundo se proponga descolonizar el saber. Estos proyectos provienen del cuerpo profesoral y estudiantil, no de la administración. Sería semejante a esperar que el Estado inicie proyectos de descolonización. A pesar de que en Bolivia el Estado emplea este vocabulario, la descolonización no es una cuestión de políticas estatales. Los Estados están enganchados con las corporaciones y los bancos. La dirigencia universitaria puede apoyar, en ciertos momentos, algunas iniciativas, pero no le es posible iniciar estos proyectos. El día que las universidades públicas o privadas gestionen la descolonización pedagógica, será porque ya los procesos de descolonización que percibimos en la sociedad política contribuyeron a un vuelco radical y a la disolución de la matriz colonial de poder. Por el momento, la descolonialidad es una visión y una orientación que coexiste y coexistirá en tensión con otras visiones y sistemas de ideas (el liberalismo, el neoliberalismo, el marxismo, el cristianismo, el confucionismo, el islamismo), así como con orientaciones y visiones disciplinarias (ciencias humanas y naturales, escuelas profesionales, etcétera). La decolonialidad es una opción entre otras.


–¿Conoce alguna experiencia académica que vaya en ese sentido? ¿El caso de Amawtay Wasi en Ecuador?


–El caso de la Universidad Intercultural de las Nacionalidades y los Pueblos Indígenas Amawtay Wasi es un ejemplo. Esta sí fue una universidad liderada por la dirigencia indígena. Pero Rafael Correa se las arregló para descalificarla, basado en formas corporativas de evaluación de "excelencia"... La educación en Amawtay Wasi se organizó en cuatro centros curriculares: Ushay-Yachay o de la Interculturalidad, Ruray-Ushay o de las Tecnociencias para la vida; Munay-Ruray o del Mundo vivo; y Yachay-Munay o de las Cosmovisiones. El centro de los cuatro centros es Kawsay, "Vida" y también "Conocimiento". Se entiende así el significado de Sumak Kawsay, que malamente se traduce como "Buen vivir": Sumak Kawsay sería la plenitud del vivir alcanzada a través del conocimiento. Este es un modelo de pedagogía decolonial y por lo tanto de universidad decolonial. Esta universidad no fue una iniciativa del Estado. Al contrario, el Estado la clausuró. Correa podría haber apoyado Amawtay Wasi al mismo tiempo que creaba universidades corporativas. Pero no le quedaba otra, para decirlo mal y pronto. Hoy, los Estados necesitan de las universidades no tanto para formar subjetividades ciudadanas, como era el caso de la universidad kantiana-humboldtiana, sino para preparar expertos que les permitan a los Estados "estar a la altura" de los tiempos, y los tiempos marcan otro tipo de educación: la reproducción de la colonialidad del saber adaptada a tecnologías para acrecentar la producción y las ganancias, administración de empresas para incrementar el lucro, ingeniería y geología para expandir el extractivismo, investigaciones para aumentar los agronegocios. En fin, se trata de impulsar investigaciones que promuevan el "desarrollo" y de desautorizar investigaciones que muestren la colonialidad del saber agazapada debajo de la retórica desarrollista. En la Argentina, el caso de Andrés Carrasco habla por sí mismo.


–¿Cuál ha sido su propia experiencia? ¿Ha encontrado dificultades para el pensamiento decolonial en las instituciones donde se ha desempeñado?


–Las "dificultades" las encuentro no tanto en las universidades sino en Facebook... (risas) En Duke University nadie se opone abiertamente. Es una política general en los EE.UU., una vez que estás dentro, te dejan hacer. Por otra parte, el apoyo depende de las universidades. Quienes llevamos adelante esta forma de hacer y pensar lo hacemos al margen de la orientación general de las universidades. Se trata pues de "las tretas del débil", como aprendimos de Josefina Ludmer, estrategia que tiene validez en varias esferas. El doctorado creado por Catherine Walsh en la Universidad Andina de Quito es un caso ejemplar de pedagogía decolonial sin que haya sido una iniciativa de las autoridades. El título es de "Estudios culturales latinoamericanos", pero la orientación es netamente decolonial. Aunque no lo decolonial como un "método" para los "estudios culturales", puesto que lo decolonial es una manera de pensar y de estar en el mundo, y no un método para estudiar. Pensar descolonialmente significa desengancharse de los presupuestos de la epistemología moderna basados en la distinción entre sujeto cognoscente y objeto a conocer. Cuando en las propuestas de tesis uno lee "mi objeto de estudio es X" y "mi método es Z", sabemos que estamos en plena colonialidad del saber. Pero sin duda es más que esto. La decolonialidad son los procesos a la búsqueda de un estar en el mundo y hacer en ese estar (kuscheanamente dicho), desobedeciendo a lo que la retórica de la modernidad y el desarrollo quiere que seamos y hagamos.

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  • Antetítulo ENTREVISTA A WALTER MIGNOLO, PROFESOR E INVESTIGADOR DE LA UNIVERSIDAD DE DUKE
  • Autor Javier Lorca
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"En el cine de ficción el director es Dios y en el cine documental Dios es el director". Es una frase muy conocida de Alfred Hitchcock, que el legendario montador Walter Murch (Apocalypse Now) envió a Mark Levinson cuando éste iba a comenzar el rodaje de Locos por las partículas. Nunca pensó este director y guionista (antes doctorado en Física de Partículas en la Universidad de Berkeley) que lo que comenzaba como una película sobre el experimento del Gran Colisionador de Hadrones terminaría siendo la gran historia del descubrimiento del Bosson de Higgs, 'la partícula de Dios'. Apasionante, esta historia -que confirma la sentencia de Hitchcock- contiene emoción y suspense en altísimas dosis, a pesar de que todos conozcamos el final. Locos por las partículas es el estreno de 'El documental del mes'.


Con la presencia del propio Murch, un fanático de la ciencia, como responsable del montaje, la película comenzó gracias al encuentro de Levinson con David Kaplan, un destacado físico teórico, miembro del equipo del experimento del Gran Colisionador de Hadrones (un gigantesco acelerador de partículas). "¿Por qué lo estamos haciendo?" se pregunta Kaplan en la presentación del proyecto ante decenas de científicos. "Tenemos dos respuestas. Una es la que explicamos a la gente y la otra es la verdad. La respuesta número uno, que no es mentira, es que estamos reproduciendo las condiciones físicas de los momentos posteriores al Big Bang para ver cómo era el Universo en su inicio. La respuesta número dos es que estamos intentando entender las leyes básicas de la naturaleza".

"Lo más importante que ha pasado en mi vida"


Poco a poco, a medida que una serie de científicos va explicando nuevos aspectos del experimento y del acelerador de partículas, el espectador va comprendiendo que del resultado de esta prueba depende ni más ni menos que la verdad sobre la esencia del Universo. Y es bastante conmovedor escuchar a un gran físico teórico, un tipo sosegado, con melena y cara de listo, asegurar que esto "es lo más importante que ha pasado en mi vida. El descubrimiento de nuevas partículas fundamentales".
Junto a él se encuentran Fabiola Gianotti, una física experimental, jefa del proyecto

ATLAS, una mujer que llegó a lo más alto de la Ciencia desde la Filosofía y la Literatura; Nima Arkani-Hamed, un físico teórico en el Instituto de Estudios Avanzados de Princeton, hijo de científicos iraníes que tuvieron que huir a las montañas de Turquía durante la revolución; Savas Dimopoulos, un físico teórico en la Universidad de Stanford, que nació en Estambul, de donde debió huir cuando se agravaron los conflictos con los griegos, y Mónica, una física experimental, estudiante de postdoctorado en el experimento Atlas. Son parte de la élite de los miles de científicos que participaron en este experimento fundamental y los protagonistas de esta historia.


La Supersimetría o el caos


El 29 de marzo de 2010 se realizó el primer intento de colisiones de alta tecnología. La gigantesca máquina envió un haz en una dirección y otro, en la opuesta. Durante un rato circularon en paralelo y en un momento se anuló esa separación y se intentó provocar la colisión. De ésta debían surgir nuevas partículas. El experimento falló. Pero el equipo volvió a intentarlo meses después y funcionó. Y en agosto de 2011 se hizo un gran anuncio: los datos obtenidos de estas colisiones (ahora sí conseguidas) permitirían detectar el Bosson de Higgs. Ahora bien, si la masa de Higgs era de 140 Gev (gigaelectronvoltios), el asunto se ponía muy serio. La teoría de la Supersimetría (que calcula una masa de 115 Gev) se desmoronaría y habría que aceptar la teoría del caos, el Multiverso (múltiples Universos como el nuestro).


Mark Levinson exprime al máximo la situación. La tensión es altísima, casi insoportable, el trabajo de decenios podría irse al traste, algunos de los físicos teóricos más importantes del planeta se juegan aquí el esfuerzo de toda su vida. Y mucho más, esto podría demostrar lo aleatorio del Universo o la existencia de unas leyes que lo expliquen. Dios o las leyes de la física.

El 3 de julio, ante un grupo de relevantes científicos y con la presencia de Peter Higgs en el auditorio, se anunciaron los resultados. La masa del Bosson de Higgs es de 125,3 Gev. Peter Higgs llora de emoción. "Para mí, es increíble que haya ocurrido en mi vida". "¡Hemos encontrado el Higgs!" grita entusiasmado Nima Arkani-Hamed. "Me parece que lo tenemos", bromea otro, evidentemente emocionado. "La física funciona", sentencia rotundo y aliviado otro científico.


"Las cosas que nos hacen humanos"


"Sentí orgullo cuando se anunció el Higgs. Pero sentí orgullo por la humanidad. Que unos seres en un pequeño planeta, con nuestros minúsculos cerebritos, podamos entender tan profundamente qué pasa... ¡Es el poder de la mente humana!" dice Savas Dimopoulos, que unos segundos después se pregunta: "¿Por qué los humanos se dedican a la ciencia? ¿por qué se dedican al arte?", para contestarse inmediatamente: "Las cosas que menos importan para nuestra supervivencia son precisamente las que nos hacen humanos".


"La ciencia y el conocimiento son muy importantes. Igual que la cultura es muy importante. Son necesidades del ser humano", añade Fabiola Gianotti poco antes de que aparezcan los créditos de esta película, una historia que se ha quedado con un final abierto, al fin y al cabo, "la masa de Higgs está en un punto muy incierto para el destino de nuestro Universo".

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  • Autor BEGOÑA PIÑA
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Ante el panorama, los ejércitos se alistan de lado y lado. Los nombres en cada caso giran en torno al candidato–presidente Santos, y al candidato uribista Zuluaga. Las huestes reúnen a los mejores hombres y mujeres que pueden de cada lado, y las trompetas de guerra suenan con vehemencia, a lo que los grandes medios de comunicación les hacen eco a la vez que las avivan.


A comienzos del siglo XX surgió un debate de gran calado y de consecuencias imprevistas. Hasta la fecha ese debate no ha sido dirimido, pero las bases han quedado suficientemente establecidas. El resultado más significativo del mismo fue el descubrimiento del llamado "principio de incertidumbre", y su padre, el físico alemán W. Heisenberg. El debate y el contexto tiene que ver con la física cuántica y la naturaleza de la realidad. El tema de partida es el comportamiento de la materia y de la energía.


Seguidamente, la física cuántica dio lugar en el campo de las matemáticas y de los sistemas computacionales al descubrimiento y estudio de la aleatoriedad. Como consecuencia, se produjo un cisma magnífico en la ciencia y la cultura.


Las ciencias de la complejidad —un conjunto de diferentes ciencias, teorías, aproximaciones, métodos y lenguajes—, encuentra como uno de sus pilares la teoría cuántica y definitivamente hacen de la aleatoriedad un tema propio. Como consecuencia, la complejidad consiste en el estudio de fenómenos, sistemas y comportamientos caracterizados por no–linealidad, emergencia, caos, autoorganización, impredecibilidad, turbulencias y fluctuaciones, entre otros atributos. Y claro, por aleatoriedad e incertidumbre.

Ambos conceptos tienen la dificultad de que, gracias a los desarrollos científicos que desde comienzos del siglo XX conducen hasta el presente, la incertidumbre deja de ser un problema meramente cognitivo, epistemológico, o emocional. Más exactamente, la incertidumbre no tiene absolutamente nada de psicológico en cualquier sentido de la palabra. La realidad misma está marcada por incertidumbre. Y como resultado, la naturaleza y el universo, como de hecho la sociedad misma, son específicamente probabilísticos.


Pues bien, la realidad colombiana se caracteriza, en toda su historia, y muy particularmente en el presente y en este momento, por una altísima complejidad y por incertidumbre. Sin lugar a dudas, el rasgo más sobresaliente de la realidad colombiana gira en torno a la posibilidades del proceso de paz que se adelanta en La Habana.


La paz es un fenómeno esencialmente aleatorio e incierto. Desde luego que hay los militaristas y los guerreristas; están también los pacifistas y diplomáticos. Están las víctimas y los victimarios. Están quienes dudan y sospechan de los diálogos y quienes le han apostado literalmente todo a los mismos.


Pero los resultados electorales en Colombia ponen de manifiesto que la paz y la guerra en el país no son simplemente cuestión de apuestas, de voluntades de un lado o de otro, de acuerdos, pactos y entramados; la cosa no se agota en las guerras sucias y en los problemas de marketing político, comunicación estratégica. Todo ello conduce a interpretar:


1. Los procesos de construcción de la paz a raíz de los diálogos entre las FARC y el Estado colombiano, y
2. Los resultados de las elecciones presidenciales del 26 de mayo pasado,
como fenómenos esencialmente marcados por incertidumbre.


Nada es tan incierto, hoy por hoy, como los resultados de la paz y los diálogos que tienen lugar con la mediación activa de la comunidad internacional. Más allá de las alianzas y los acuerdos, de las maquinarias y las voluntades, los odios y enfermedades de un lado, y las buenas voluntades del otro.


Ha dicho públicamente el candidato Zuluaga que el primer acto que hará si llega a triunfar es romper la mesa de diálogos de La Habana. Y hay que creerle, desde luego

.
Ante el panorama, los ejércitos se alistan de lado y lado. Los nombres en cada caso giran en torno al candidato–presidente Santos, y al candidato uribista Zuluaga. Las huestes reúnen a los mejores hombres y mujeres que pueden de cada lado, y las trompetas de guerra suenan con vehemencia, a lo que los grandes medios de comunicación les hacen eco a la vez que las avivan.


Colombia, un país sempiternamente dividido, polarizado. Hoy la polarización toma los nombres de Santos y de Zuluaga, pero en perspectiva histórica eso será sólo un asunto de semántica. La verdad es que lo que observamos en la actualidad es una constante histórica.
Nada garantiza que la paz está lograda. Nada garantiza tampoco que los diálogos tendrán buen fin. Desde luego que caben las apuestas y las estrategias de toda índole. Son comprensibles, y hasta necesarias y deseables, según cada caso.


Pero la verdad es que la suerte de la paz en Colombia, como la de la guerra misma es esencialmente aleatoria, cargada de incertidumbre. Es un asunto de la realidad misma, más allá de las interpretaciones.


En el debate de Copenhaguen, Einstein se rebelaba contra Bohr y Heisenberg y sostenía que la realidad sí era auto–consistente y todo se podía y debía explicar racionalmente y según leyes. Son numerosos los analistas políticos, comentaristas y académicos que son, a la sazón, reencarnaciones de Einstein. Que es cuando se termina pensando en términos de deseos. Wishful thinking, se dice en inglés.


La dificultad teórica y cultural —en toda la acepción de la palabra— de la teoría cuántica estriba en el hecho de que la gente no puede aceptar la aleatoriedad, y reducen la incertidumbre a ausencia de información (confiable). Como sostenía Nietzsche: "La gente prefiere tener una mala explicación a no tener ninguna". Y ese es justamente el reto de la aleatoriedad y la incertidumbre.


La complejidad de la paz consiste exactamente en la incertidumbre. Y eso no depende de nadie en particular. Si no, no podremos entender a cabalidad lo que significaron los resultados de las elecciones que le dieron medio millón de votos por delante al enemigo de la paz, y más del 65% entre abstencionismo y voto en blanco.


La incertidumbre de la paz exige ideas mejores, y consiguientemente, acciones determinadas. Pues lo que sigue a la incertidumbre de la paz es la seguridad de la guerra y la muerte, las persecuciones, las chuzadas y los asesinatos de todo tipo, y la destrucción de la biodiversidad del país.


La complejidad de la política consiste, para Colombia, en lo incierto de la paz. Pues bien, una condición para la vida es buena ciencia. Y la ciencia de punta pasa por el reconocimiento de las turbulencias y las fluctuaciones. Debemos aprender mejor lo que significa, para el caso, el estudio de los fenómenos de complejidad creciente.

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  • Autor Carlos Eduardo Maldonado
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Martes, 20 de Mayo de 2014 06:07

Logran británicos convertir la luz en materia

Tres científicos británicos de la Escuela Imperial de Londres lograron probar una teoría de 80 años de antigüedad, que determinaba que la luz podría ser convertida en materia, se informó.


En un primer momento, los expertos investigaban los problemas vinculados a la energía de fusión, cuando se dieron cuenta de que aquello en lo que trabajaban podría aplicarse a la teoría sobre la materialización de la luz, propuesta en 1934.


En ese año los científicos estadunidenses Gregory Breit y John Wheeler admitieron que debería ser posible convertir la luz en materia rompiendo a la vez sólo dos partículas de luz (fotones), para crear un electrón y un positrón.

Uno de los especialistas británicos aseguró que pese a que todos los físicos aceptan la teoría como verdadera, pocos esperaban que se pudiera lograr en un laboratorio.


Proponen método de dos etapas


En la investigación, publicada en la revista especializada Nature Photonics, los científicos proponen un método de dos etapas, cuya idea principal se basa en el uso de un láser de alta intensidad extremadamente potente.


Por medio de él sería posible acelerar los electrones hasta la velocidad de la luz y dirigirlos a una superficie de oro, de esa forma aparecería un haz de fotones que sería mil millones de veces más potente que la luz visible.


Al mismo tiempo, los expertos proponen enfocar un láser de alta energía en la superficie interna de otra placa de oro para crear un campo de radiación térmica.


Si la luz de la primera fase se proyecta dentro de ese campo, según presumen los físicos británicos, los fotones empezarán a chocar y a formar electrones y positrones.

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"Informarse cansa y es un trabajo" en el mundo globalizado actual, afirmó el escritor y periodista español Ignacio Ramonet, quien destacó la importancia cultural de la integración latinoamericana a través de la televisión pública.


Experto en geopolítica y autor de varios libros, entre ellos "Televisión y Poder", el director de Le Monde Diplomatique en español dialogó con ANSA al margen del primer Encuentro de Medio Públicos que cierra hoy en Mar del Plata y que reúne a 32 canales de televisión y radios de 12 países de Sudamérica, México y Cuba.


"Informarse cansa, es un trabajo. En la información está lo que te llega y lo que tu añades, en términos de análisis de capacidad", aseguró Ramonet en cuanto a la vorágine del flujo informativo en distintos medios de comunicación y la web, que no siempre es confiable porque replica datos incorrectos.


"Internet también te da la posibilidad de leer periódicos de otros países; si lo que te dicen de Venezuela no te convence vas a los diarios directamente de la prensa venezolana, tanto de la oposición como la favorable al gobierno y puedes hacerte una idea. También a diarios europeos si hablas otras lenguas", destacó el analista.


Para el ciudadano que quiere acceder a la noticia, "la información es algo complicado, no es una cosa maniquea y antes de llegar a una conclusión hay que tener muchos parámetros", remarcó Ramonet.


En un mercado de la televisión privada tan comercial y pendiente del rating, el periodista dijo que la televisión publica debe tener en cuenta a ese "barómetro pero no ser esclavo de él", porque el rol es también estimular la "educación en el público sobre cierta música o el teatro para que empiece a apreciarlo".


"La idea de que las televisiones públicas se asocien para intercambiar programas y proyectos forma parte de la integración latinoamericana en el sentido amplio, no solo debe ser económico sino integración cultural e informacional", opinó acerca del encuentro que se realiza en Mar del Plata con los medios estatales.


Para el autor de "La tiranía de la comunicación" y "Que es la globalización", es algo "nuevo" que los gobiernos "neoprogresistas" de la región alienten el "desarrollo de la televisión pública presentándola como una alternativa a los programas tradicionales del sector privado".


"La cultura es una dimensión fundamental de la identidad y la mayoría de estos gobiernos están tratando de reidentificar a sus sociedades" sin desatar "una persecución sobre lo que sea extranjero sino que apuestan a que cada vez más los ciudadanos van a apreciar su propia cultura, a la que ahora tienen acceso", aseguró.


El Encuentro de Medios Públicos de América Latina finalizara hoy con una declaración y el acuerdo de desarrollar una plataforma común que permite el intercambio de contenidos y programas producidos por las televisiones públicas de los 12 países.


El marco de esta cita es el Mercado de Industrias Culturales del Sur (MICSur) que, con 2.600 acreditados de 10 países (gestores y productores culturales y artistas), continuara su desarrollo hasta el domingo en Mar del Plata, una balnearia ciudad atlántica argentina, 400 kilómetros al sur de Buenos Aires.


(Con información de ANSA)

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Publicado en Internacional
Jueves, 15 de Mayo de 2014 06:10

El maestro: su misión

En los años recientes hemos sido testigos de cómo la violencia, la corrupción, la discriminación, la injusticia, la intolerancia, el cinismo, la deshonestidad o la envidia se han ido apoderando de la sociedad y de los espacios que compartimos; cada día hombres y mujeres atentamos contra nuestra dignidad humana, contra los valores y principios que deberíamos defender.


Sin embargo, aunque nos asombramos ante lo que observamos en los noticiarios o leemos en los periódicos y revistas, no somos capaces de ahondar, analizar y debatir sobre las razones que han propiciado la pérdida de valores en la sociedad.


Únicamente nos preguntamos atónitos: ¿acaso los padres, los docentes, las condiciones económicas, la ruptura del tejido social, las adicciones, la falta de oportunidades o la pobreza son los culpables de esta situación?


Y es que no reparamos en que ningún otro profesional impacta como el maestro en la sociedad ya que él es el encargado de moldear el recurso más valioso de un país: sus niños y sus jóvenes. El maestro tiene la labor de inculcar valores, principios, espíritu de lucha y carácter en las nuevas generaciones; ellos son quienes cimientan a la persona del mañana, quienes inculcan la base sobre la que se erigirá el destino del país; por eso, resulta trascendental formar buenos maestros, que independientemente de transmitir conocimientos, prediquen con el ejemplo.
Por ello, la educación continúa siendo el pilar del sistema social, político y económico de una nación, ya que los maestros son los guías y la clave de un mejor futuro para todos, dado que al transmitir los valores universales contribuyen a que los alumnos lleguen a ser ciudadanos del mundo en el siglo XXI.


En la antigua Grecia la figura del maestro representaba la formación espiritual y moral de la niñez y de la juventud; para ellos, el maestro era quien formaba el carácter del discípulo y velaba por el desarrollo de su integridad moral, orientada a la formación del alma y al cultivo de los valores éticos y patrióticos.


Aristóteles afirmaba que las virtudes morales se desarrollaban con el hábito, ya que no las poseemos por naturaleza, las adquirimos ejercitándolas.


La labor del maestro no pude limitarse a la enseñanza de la lectura, la escritura, las matemáticas o las ciencias, sino que debe fomentar aptitudes como la empatía, la comunicación interpersonal, la curiosidad y la confianza, mismas que facilitan la comprensión, la tolerancia y la solidaridad.


Educar en valores es una misión irrenunciable; en consecuencia –como lo señala el académico colombiano Fernando Vázquez Rodríguez en su obra Oficio de maestro–, es necesario reflexionar sobre la labor educativa que realizan los docentes, quienes en virtud de su misión cultivan con asiduo cuidado las facultades intelectuales de sus alumnos, desarrollan la capacidad del juicio, promueven el sentido de los valores, preparan para la vida profesional y contribuyen a la comprensión mutua.


El liderazgo de los maestros debe caracterizarse por el amor y el respeto a la vida, eje del crecimiento espiritual, así como por la lucha contra la codicia, el odio, la mentira, la traición, la manipulación, el abuso, la deshonestidad y el fraude, esto con miras a incrementar la capacidad de servicio y el pensamiento crítico de los estudiantes.


Jacques Delors, presidente de la Comisión Internacional sobre la Educación para el Siglo XXI de la Unesco, explica que el educador debe estimular el aprender a conocer, con la finalidad de que los jóvenes comprendan el mundo que los rodea para vivir con dignidad y desarrolle las habilidades para comunicarse; aprender a hacer, para mostrarles cómo poner en práctica sus conocimientos; aprender a vivir juntos, por medio del entendimiento del otro, respetando la diversidad; y aprender a ser, para contribuir al desarrollo integral de cada persona: cuerpo y mente, inteligencia, sensibilidad, responsabilidad y espiritualidad.


Pero vale la pena preguntarnos si todos los maestros de México educan con el ejemplo y no sólo mediante los discursos y las palabras, que conllevan engaños y manipulación, porque ante la violenta realidad que vivimos urge que contemos con maestros que se erijan sobre un modelo de virtudes universales.


Es tiempo de que nos demos cuenta de que nada puede remplazar a un buen maestro, por ello es necesaria una sólida capacitación y un apoyo permanente, a fin de mejorar su desempeño y los resultados del aprendizaje en los alumnos, así como emprender acciones dirigidas hacia la reconstrucción del tejido social, ya que los maestros son mediadores entre la sociedad y el individuo.
Hoy la principal asignatura de los docentes debe ser brindar los conocimientos necesarios para que el educando descubra las herramientas y los principios que le permitan construir un mundo más justo, equitativo y tolerante.


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  • Autor SIMÓN VARGAS AGUILAR
  • País México
  • Región Norte América
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