(Tomado de People Daily)

 

Más de un centenar de científicos de diversas ramas y nacionalidades se reunieron en la Universidad de Harvard, en Massachusetts, al noreste de los Estados Unidos. En el prestigioso centro académico se discutió sobre la posibilidad de crear un genoma humano totalmente sintético y formar células “artificiales” en menos de 10 años.

 

La reunión exclusiva, celebrada el 10 de mayo, tuvo más de 130 participantes de muchos países, incluyendo biólogos, profesionales en cuestiones éticas, ingenieros y representantes de la industria, el derecho y el gobierno, a quienes se les pidió no contactar a los medios ni publicar en sus redes sociales.

 

Las informaciones acerca del mitin fueron reveladas por uno de sus participantes, quien ha alertado a la comunidad científica sobre las consecuencias negativas que pudiera tener el proyecto y ha desatado un mar de críticas.

 

El tema es un seguimiento de un proyecto anterior en el que miles de científicos alrededor del mundo “leyeron” la secuencia del genoma humano.

 

Pero ahora, los organizadores de la reunión secreta consideraron que se debe ir más allá para “escribirlo”, es decir, “sintetizar un genoma humano completo en una línea celular en un plazo de 10 años”.

 

Uno de los investigadores invitados, el bioingeniero Drew Endy de la Universidad de Stanford, quien no asistió de forma deliberada a la reunión a puerta cerrada, hizo sonar la alarma de inmediato en un artículo publicado junto con Laurie Zoloth, especialista en bioética de la Universidad Northwestern.

 

“En un mundo en el que la reproducción humana ya se ha convertido en un mercado competitivo, con ovarios, espermas y embriones con un precio, es sencillo compartir ideas sobre diversos usos de las capacidades de síntesis del genoma humano”, escribieron Endy y Zoloth.

 

Los dos científicos argumentaron que tales discusiones no deben realizarse sin una consideración abierta y avanzada sobre las circunstancias en las que se sería moralmente correcto proceder.

 

El New York Times, primer diario estadounidense en informar de la reunión de Harvard, afirmó que existen técnicas para crear un genoma sintético, como la clonación, a fin de crear seres humanos sin padres biológicos.

 

En respuesta, el genetista de Harvard George Church y otros organizadores de la reunión emitieron una declaración de consenso y declararon que “discutieron el concepto de un proyecto internacional enfocado en la nueva tecnología para la construcción y prueba de grandes genomas en células como el siguiente capítulo en nuestro entendimiento del proyecto de vida”.

 

“Como en otros casos, hemos planeado publicar pronto un informe de la reunión, en este caso, un documento revisado por pares sobre el concepto de probar grandes genomas en células y los videos de las conversaciones catalizarán aún más la discusión de la comunidad”.

 

Los organizadores dijeron que el video será dado a conocer cuando el documento revisado por pares sea publicado en una revista científica, cuyo nombre no fue dado a conocer.

 

“No consideramos que tengamos noticias que informar hasta que publiquemos el documento y las conversaciones”, señaló la declaración.

 

El propio Church también aclaró al New York Times que el proyecto propuesto no está dirigido a crear personas, sólo células, y que no estará restringido a genomas humanos.

 

Sintetizar un genoma humano se ha vuelto cada vez más viable en los últimos años. El costo de ensamblar el material genético codificando genes se ha reducido de cuatro dólares por par de base en 2003 a solo tres centavos, indicaron Endy y Zoloth.

 

En 2010, el pionero en investigación genética Craig Venter logró sintetizar el genoma de la bacteria Mycoplasma mycoides, integrada por 1,08 millones de pares de base.

 

En 2014, un equipo internacional de científicos, encabezado por Jef Boeke del Centro Médico Langone de la Universidad de Nueva York, logró otro hito al sintetizar uno de los 16 cromosomas de la levadura.

 

Si la idea de sintetizar un genoma humano se vuelve realidad, ¿qué implicaciones tiene para nosotros?

 

La respuesta de Karmella Haynes, profesora asistente de la Universidad Estatal de Arizona, fue que tal logro “impulsaría el entendimiento humano de la vida de forma enriquecedora, humilde y positiva”.

 

“Por el lado técnico, sintetizar los genomas humanos puede brindar sistemas de prueba para modelar enfermedades de modo que la investigación médica pueda realizarse sin modelos animales”, dijo Haynes.

 

Kris Saha, profesor asistente de ingeniería biomédica de la Universidad de Wisconsin-Madison compartió esa idea.

 

“De ser posible, podría utilizarse en muchas aplicaciones, desde diseñar microbios que puedan producir compuestos químicos y biológicos con usos industriales hasta generar células humanas diseñadas para aplicaciones terapéuticas, como tratar el cáncer y regenerar tejidos”.

 

Hay algo de lo que están seguros los expertos: crear un genoma humano desde cero, incluso si se prevé en 10 años, todavía está lejos de crear una persona de la nada.

 

 

Publicado en Ciencia y tecnología
Sábado, 07 Mayo 2016 08:06

La criminalización del pensamiento

Pensar trae consecuencias. Su ejercicio no ha sido una facultad bien vista. Hoy está en peligro de extinción. Resulta significativo que entre los crímenes de lesa humanidad figure la persecución ideológica y política. Desde el castigo bíblico hasta nuestros días, la acción de pensar se castiga. Dos esferas de la realidad política son las más afectadas. La educación y el periodismo. En ambas, sus representantes son objeto de las iras del poder institucional y la violencia. Las universidades, en tiempos de dictaduras militares o cívico-militares, sufren las consecuencias de la criminalización del pensamiento. Maestros y profesores han sido perseguidos y asesinados. Durante la segunda República en España se expulsó a miles de las aulas del magisterio y qué decir del México actual. En cuanto al periodismo, se mata directamente al mensajero. El más reciente informe de la Federación Latinoamericana de Periodistas destaca que sólo en México, durante 2015, fueron ultimados 14 informadores. La lista es larga. Honduras presentó 10 casos, Brasil ocho, Colombia cinco y Guatemala tres. Al mismo tiempo, la Federación Internacional de Periodistas apunta que de 1990 a 2015 se contabilizaron 2 mil 297 asesinatos de comunicadores. En esa lista vuelve a destacar México con 120 casos, Rusia reporta 109 y Brasil 62.

 

Todos los días nos enteramos, por los medios de información, de las arbitrariedades del poder político a la hora de criminalizar cualquier opinión discrepante. Sobre todo si en ella se vierten críticas al orden social, a la violación de los derechos humanos y a las fuerzas armadas y cuerpos de seguridad del Estado. Basta con que la policía emita informes imputando a organizaciones, personas o movimientos sociales de propagar ideologías disolventes para que sus dirigentes sean detenidos, investigados y encarcelados. Asimismo, cualquiera puede levantar falso testimonio y lograr credibilidad cuando la acusación deriva en el ámbito del pensamiento y las ideas.

 

Si en los siglos XIX y XX el apelativo de terrorista recayó en los movimientos anarquistas y anarcosindicalistas, extendiéndose a socialistas y comunistas, en pleno siglo XXI se han roto dichas fronteras ideológicas. Ya no asistiremos a un montaje judicial para justificar la persecución ideológica. No hace falta encubrir el motivo. Abiertamente se imputa al políticamente incorrecto la condición de antisistema. Basta recordar el reciente caso del cómico alemán Jan Böhmermann, acusado de injurias por el presidente de Turquía, Recep Erdogan, al haber escrito un poema satírico. Lo peor no es la acusación, sino el consentimiento de Angela Merkel, canciller de Alemania, de facilitar la apertura de un proceso judicial por injurias. En la persecución del pensamiento no hay fronteras. En una sociedad de ciegos, el tuerto no es el rey, está preso.

 

En la sociedad occidental, democrática y civilizada se criminaliza la crítica y el pensamiento se tilda de subversivo y antisistémico. Adjetivos que predisponen al uso de la violencia y la razón de Estado para su represión. En Colombia, la Escuela Nacional Sindical entregó un estudio detallado a congresistas estadunidenses subrayando que entre el 7 de abril de 2011 y el 31 de marzo de 2015 habían perdido la vida en atentados 105 militantes pertenecientes a diferentes sindicatos. Asimismo, la Confederación Sindical Internacional, en su informe anual sobre los derechos sindicales en el mundo, denuncia que fueron asesinados 101 trabajadores por ejercer actividades del gremio. De esos 101 asesinatos casi la mitad, 48, se registraron en Colombia, 16 en Guatemala, 12 en Honduras, seis en México, seis en Bangladesh, cuatro en Brasil, tres en República Dominicana, tres en Filipinas, uno en India, otro en Irak y uno más en Nigeria. Dicho texto no considera las amenazas e intentos fallidos de ejecuciones.

 

El miedo y la violencia, al igual que la autocensura, se apoderan de quienes emiten opiniones contrarias al poder dominante. Desde los atentados a las Torres Gemelas, el 11 de septiembre de 2001, el fantasma del terrorismo se convirtió en excusa para controlar la crítica política y el ejercicio de la libertad de expresión. En el saco del terrorismo se incorporan todo tipo de acciones y pensamientos. La vara de medir está bajo mínimos. Cuando más democracia y libertades se dicen reconocer, más se reprime la facultad de pensar. Ya no se diferencia entre pensamiento crítico y terrorismo. El poder no distingue y, lo que es peor, no quiere ejercer dicha distinción.

 

La crítica teórica y la reflexión han sido materialmente despreciadas, su praxis se condena, constituyen una amenaza. El poder político se siente propietario de las formas de pensar y actuar. Quienes practican la noble actividad de pensar a contracorriente, militantes políticos, sindicales, deportistas, científicos, periodistas, escritores, actores, artistas plásticos, grupos musicales, etcétera, son objeto de escarnio y presiones. Existe una guerra declarada al pensamiento en todas las dimensiones de la vida social.

 

El ejercicio crítico de pensar subvierte el orden y cuestiona el statu quo. Personas y medios que lo impulsan son atacados por el poder. Las medidas aplicadas van de la censura a la clausura de medios de prensa, programas de radio y televisión. Todo es bienvenido si con ello se acallan las voces discordantes. Hoy, los servicios de inteligencia y los aparatos de seguridad del Estado realizan la búsqueda de irredentos. Intervienen correos electrónicos, teléfonos móviles, graban en aulas de clase, restaurantes y centros comerciales. Ningún espacio público está exento de vigilancia. El pensamiento crítico debe ser controlado en corto. Quienes lo denuncian son objetivo militar y político. Es el caso de Julián Assange, fundador de Wikileaks, quien pidió asilo a la República de Ecuador por temor a ser extraditado a Estados Unidos, bajo acusaciones falsas de violación. Lleva recluido desde el 19 de junio de 2012 en la embajada de Ecuador en Londres. Otro ejemplo es el de Edward Snowden, ex empleado de la Agencia Nacional de Seguridad de Estados Unidos, quien hizo públicos los programas de vigilancia masiva a escala mundial desarrollados por la SNA y la CIA. Perseguido y acusado de criminal, se exilió en Rusia, donde reside actualmente. Su vida está en peligro.

 

Las guerras del siglo XXI amplían el espectro de los genocidios civilizatorios. Tecnologías de muerte. Drones y armamento de última generación se utilizan para acallar voces e imponer valores imperiales. Pensar se ha convertido en delito, su ejercicio se ha criminalizado y sus defensores han sido condenados.

 

 

 

 

Publicado en Sociedad

Es común escuchar en estos días que el desarrollo económico depende del conocimiento y por ello una sociedad económicamente exitosa requiere ser una sociedad del conocimiento. Este discurso mediático asocia falazmente el éxito de un producto o servicio a la supuesta calidad del conocimiento involucrado en su desarrollo.

 

En efecto, en este siglo la consolidación del neoliberalismo global se ha visto acompañada por la generalización de negocios que usan a la ciencia como su fuente fundamental de legitimación. Muchos de ellos venden promesas sustentadas en supuesto conocimiento científico. Por ejemplo: el uso de marcadores moleculares para la detección, prevención o cura infalible de enfermedades complejas, como el cáncer, o el uso de transgénicos para aumentar rendimientos agrícolas y resolver el hambre del mundo.

 

La internalización de la ciencia a la lógica de los mercados globales ha implicado cambios profundos en la lógica misma de operación de la ciencia, dando lugar al desarrollo de tecnologías que se aplican globalmente, con base en políticas de desregulación de intercambios económicos y estrategias mercadotécnicas bien articuladas, pero divorciadas de la ciencia imperante en un momento histórico particular.

 

Estamos hablando de ciencia aplicada sin ciencia básica, trastocando la secuencia temporal normal de las aplicaciones científicas en siglos pasados. Las nuevas tecnociencias se legitiman con argumentos seudocientíficos o paradigmas científicos ya caducos, y se imponen mediante estrategias al servicio de los intereses corporativos que rigen la dinámica económica global.

 

Estudios serios de sociología de la ciencia (por ejemplo, Malentendiendo a la ciencia, de Alan Irwin y Brian Wynne, 2003) han documentado empíricamente esta tesis, mostrando cómo los intereses corporativos globales han impactado y sesgado el quehacer científico, tanto en entidades y proyectos públicos como en privados. Esto se traduce en la reducción de la diversidad de enfoques y las preguntas del quehacer científico; en la aceleración de la gestación del conocimiento aplicable; en la promoción mercadotécnica de tecnologías obsoletas, insuficientes o riesgosas; en la preeminencia de objetivos de producción, más que en la curiosidad durante la praxis científica; en la erosión del comunalismo, en favor de la privatización del conocimiento mediante títulos de propiedad o patentes, así como en la desestimación estratégica de la complejidad ya innegable de los sistemas implicados (salud, agricultura, etcétera) evitando, por tanto, el principio de precaución.

 

Esta realidad innegable está poniendo en peligro a la ciencia como campo social, cuya finalidad histórica ha sido la de constituir una reserva de objetividad para la sociedad; La república de la ciencia, de Polanyi (1962). La ciencia bajo peligro puede actuar en detrimento de la humanidad, dice Pierre Bourdieu. Cuando las aplicaciones tecnocientíficas no son precedidas de ciencia básica rigurosa, es urgente someterlas a intenso escrutinio teórico. Es imprescindible transparentar qué interacciones de la ciencia con otros campos sociales están determinándolas por encima de los principios del conocimiento, para asegurar la preeminencia de la objetividad. Esto motivó a Bourdieu (2004) en su libro El oficio de científico a explorar las condiciones sociales en las cuales la ciencia se ha desarrollado históricamente, que le han permitido, hasta recientemente, reclamar su objetividad.

 

Los cultivos genéticamente modificados desarrollados en la década de 1980 y su liberación al ambiente y al consumo se sustentaron en un paradigma reduccionista insuficiente: los organismos vivos pueden definirse esencialmente en términos de sus genes, ignorando en gran medida las interacciones no lineales entre ellos o la participación de otros aspectos no genéticos.

 

Bajo el paradigma reduccionista se desarrollaron también los análisis de riesgo y la regulación de los organismos transgénicos, estableciendo que son sustancialmente equivalentes a los no transgénicos. La objetividad de la ciencia contemporánea ha demostrado que lo anterior es falso. La ciencia ha cumplido su finalidad social, pero los intereses corporativos pervierten esta función en su propio beneficio.

 

¿Qué consecuencias puede tener no considerar todo lo que ahora se ha comprobado científica y objetivamente para los transgénicos? Por ejemplo, las interacciones cercanas y lejanas entre componentes genéticos y no genéticos (metabolismo y otros) son fundamentales para el efecto de los genes en los organismos vivos, y también lo es el ambiente. Esto es muy importante para los cultivos transgénicos, que no se pueden contener, y que se les podrá aprobar o encontrar en ambientes y genomas (conjunto de genes de un organismo) contrastantes.

 

En el caso de la liberación de maíz transgénico en su centro de origen, México, se acumularán transgenes patentados en los maíces nativos, con consecuencias desconocidas, impredecibles y muchas de ellas dañinas para los cultivos y las familias campesinas. Además, los cultivos transgénicos se desarrollaron de manera expedita en menos de 20 años, para liberarse en 1994 –hecho que se usa como argumento de virtud– cuando la ciencia ha reconocido otras tecnologías más maduras y suficientes, también menos riesgosas.

 

Sin objetividad o rigor científicos y sin estar anclados en paradigmas actuales, los organismos modificados se siguen promoviendo universalmente por razones mercantiles, dejando al público sin opciones. Todo ello a pesar de que su liberación al ambiente implica riesgos que ni siquiera podemos ennumerar. Se argumenta que existe un análisis caso por caso, pero al liberarse un evento transgénico en un país particular, sus secuencias recombinantes patentadas viajan en el polen y semillas a miles de kilómetros de distancia sin respetar fronteras, para incidir en realidades socioambientales contrastantes a las de los sitios de aprobación inicial y reaccionar a ellas. Es una nueva forma de colonialismo, con implicaciones sociales, ambientales y sanitarias inaceptables, pero justificadas por una ciencia pervertida, debilitada en su objetividad por intereses corporativos.

 

Existen otros ejemplos de por qué es urgente rescatar a la ciencia del relativismo y de las fuerzas que podrían explotarla en detrimiento de la humanidad en su conjunto: la aprobación de herbicidas y pesticidas tóxicos y de tratamientos médicos con diversos índices de riesgo y efectividad, entre varios otros, que dejamos para futuras contribuciones.

 

* Instituto de Ecología, UNAM; ** Departamento de Control Automático, Cinvestav. Ambos pertenecen al Centro de Ciencias de la Complejidad, UNAM, y a la Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad AC.

 

 

Publicado en Ciencia y tecnología

“Sin el Estado liderando los procesos de innovación es imposible lograr el desarrollo”, afirma la economista italiana Mariana Mazzucato que recibió a Cash durante su breve paso por Argentina. “Si creemos en el crecimiento impulsado por la innovación no se puede tener al Tesoro recortando el gasto sin cesar y tirando un hueso, de vez en cuando, para la innovación”, considera la docente de la Universidad de Sussex. La autora del libro El Estado Emprendedor hizo una escala en el país después de su paso por Chile donde viajó invitada a dictar la célebre Cátedra Prebisch en la CEPAL.


Las investigaciones más conocidas de Mazzucato se encargan de demoler el mito del Estado como un monstruo burocrático e incapaz que debe limitarse a ofrecer el clima de negocios y la confianza necesarios para las inversiones del sector privado. Desde su perspectiva, el Estado es la organización más emprendedora y arriesgada del mercado.

“Socializamos el riesgo de la innovación pero privatizamos las ganancias”, advierte la investigadora que ilustra sus investigaciones con atractivos ejemplos como los casos de Apple o las firmas farmacéuticas. “Para desarrollar su algoritmo Google recibió financiamiento de la Fundación Nacional para la Ciencia de Estados Unidos que le permitieron ganar millones sin que nada vuelva a esa agencia gubernamental que hoy experimenta problemas de financiamiento”, explica en sus textos la economista al reclamar la existencia mecanismos de redistribución hacia el sector público de esos beneficios apropiados exclusivamente por las grandes empresas.


Rigurosa en sus definiciones la prestigiosa economista escapa a la arrogancia que exhibe gran parte de los economistas y se abstiene de opinar sobre aquellos temas que no domina, como la actual situación económica argentina.


Durante la entrevista con Cash Mazzucato comentó que se reuniría con el presidente Mauricio Macri. El encuentro se concretó y al día siguiente ella hizo un provocador comentario en su cuenta de twitter: “Ayer hablé con el presidente de Argentina Macri. Charlamos sobre el rol del Estado en la innovación y por qué las políticas económicas neoliberales fallan. No estoy segura que lo haya entendido”. Durante su estadía en el país, Mazzucato recibió un doctorado honoris causa de la Universidad de San Martín y ofreció una conferencia magistral en Centro Cultural de la Ciencia.


¿Por qué considera que la dicotomía entre Estado y mercado es errónea?


–La narrativa dominante sostiene que existe un sector privado emprendedor dinámico y creativo que necesita ser liberado de las restricciones impuestas por el Estado. En el mejor de los casos, el sector público es un simple corrector de las “fallas de mercado” que debe limitarse a hacer lo básico sin involucrarse demasiado. Sin embargo, cuando miramos alrededor del mundo, vemos como en los países que no solo crecieron rápido sino que lo hicieron a través de la innovación, el Estado no se limitó a resolver “fallas” sino que creó y moldeó los mercados a través de distintas agencias gubernamentales y la inversión pública. En países como Estados Unidos, China y Alemania, el crecimiento fue el resultado de un Estado muy activo en la innovación. A diferencia de la narrativa dominante, los emprendedores e inversores solo ingresaron en áreas como la biotecnología, la nanotecnología, Internet y la tecnología verde después de que el Estado corrió los riesgos más elevados. La pregunta entonces es quién se beneficia de esa visión estúpida donde el Estado queda relegado al rol de porrista en lugar de ser un jugador relevante.


¿Quiénes se benefician con esa visión?


–Cuando no se comprende de donde proviene el crecimiento de largo plazo y la creación de riqueza terminamos permitiendo que muchos “apropiadores” de la riqueza se posicionen como los “creadores” de la riqueza, los innovadores que toman riesgos y en el proceso generan valor. Uno de los casos más contundentes se observa en el tipo de compromiso estatal a lo largo de toda la cadena de innovación, desde la investigación básica hasta el financiamiento del capital de riesgo, que fue necesario para la creación y desarrollo de empresas como Apple. El Iphone es un teléfono inteligente y no uno idiota por todo lo que se puede hacer con él: navegar en Internet, usar el GPS, jugar con la pantalla táctil o hablar con SIRI. Toda esa tecnología fue financiada directamente por agencias gubernamentales de Estados Unidos y luego fueron apropiadas por la empresa. La narrativa donde los genios de garaje y los inversores de riesgo son los únicos actores relevantes ignora que esos individuos se montaron sobre una gran ola de inversión pública. Esa visión habilita un diseño de las políticas de innovación y los incentivos fiscales donde se socializan los riesgos de la innovación y se privatizan las ganancias. Hay una ultrafinaciarización de las empresas que no reinvierten sus ganancias. La narrativa sobre los innovadores ha debilitado a los gobiernos. En lugar de presionar sobre las grandes empresas para que reinviertan como sucedió con AT&T para que forme los Laboratorios Bell los gobiernos ahora se deben mostrar amigables con el mercado.
Exigir que las empresas reinviertan una porción de sus ganancias para promover el desarrollo de los sistemas de innovación no parece una tarea sencilla. En el caso argentino, la sensación es que en la negociación entre el Estado y las empresas se impone siempre la negativa del sector privado.


–El vínculo entre lo público y privado se ha convertido en parasitario. Y no simbiótico. Algunas empresas no reinvierten en sectores que generan el crecimiento de largo plazo pero siguen recibiendo beneficios del Estado que no las presiona. Lo hacen a través del mito sobre la innovación y la creación de valor. Hay que desmitificar las narrativas que utilizan estas compañías para extraer rentas en el nombre del proceso schumpeteriano. El sector privado debe desfinanciarizarse y el Estado tiene que exigir la reinversión de sus ganancias en lugar de quedarse sentado en el fondo generando un clima de negocios propicio. El sector público debe liderar la revolución. FIAT es una mala empresa en Italia. No invierte. Es parasitaria. Cuando adquirió Chrysler, el Gobierno de Estados Unidos que era el propietario de una porción relevante de las acciones después de rescatar la empresa le exigió que sus actividades de motores híbridos se lleven a cabo allí. FIAT lo hace. En Italia nadie se lo pidió. Creyendo en el poder del Estado para liderar y no solo crear las condiciones propicias, en Taiwán y Singapur las inversiones estratégicas del Estado en áreas amplias vinculadas a la innovación terminaron atrayendo a empresas privadas diversificadas.


¿Puede mencionar otros casos?


–Con un rol central del Estado, Dinamarca no es solo el principal inversor en energías renovables per capita del mundo sino que su sistema de innovación le permite ser el principal proveedor de servicios de alta tecnología para economía verde de China, un país que invierte 1,7 billones de dólares por año en ese sector. Sin el Estado liderando los procesos de innovación es imposible lograr el desarrollo. Como dice Bill Gates: “el sector privado es inepto, el Estado debe liderarnos y nosotros lo seguimos”. Lo que dice es interesante aunque su compañía es una de las más financiarizadas del mundo. Yo creo que se puede transformar el capitalismo si se logra construir una alianza diferente entre el sector público y privado.


¿El Estado debe elegir sectores y empresas “ganadoras” con potencial innovador y promover activamente su desarrollo?


–Elegir “ganadores” no significa nada. No sirve decir “vamos a apostar a la industria aeroespacial, los servicios financieros y las industrias creativas”. Hay que orientar estratégicamente el sistema de innovación para intentar resolver grandes problemas y misiones que requieran la interacción de muchos sectores públicos y privados. Desde esa visión, el compromiso del Estado con la innovación no debería centrarse en I+D sino que debería extenderse a lo largo de toda la cadena de innovación: la investigación básica, la investigación aplicada, un financiamiento paciente de las primeras etapas de las compañías y también la provisión de las políticas de impulso de la demanda que permitan el desarrollo y la difusión de las nuevas tecnologías en la economía. El objetivo es lograr el incremento de la inversión privada y eso sucede cuando la inversión pública está distribuida a lo largo de toda la cadena de manera directa y no solamente con incentivos fiscales.


Una de las principales líneas de trabajo esbozadas por el nuevo gobierno en materia de innovación es el impulso a los “emprendedores”.


–Hay una obsesión con los “start up”. Lo que debería enfatizarse no son los emprendedores en sí mismos, sino los ecosistemas de innovación en el cual ellos operan. No hay que desarrollar nuevas compañías sino fundamentalmente el ecosistema que permita que esas empresas crezcan. Las nuevas empresas requieren tener un vínculo funcional con las grandes empresas porque suele suceder que las compran y anulan su capacidad de innovación. Además hay que asegurarse que el tipo de financiamiento que llega desde el Estado sea paciente y de largo plazo. Estas pequeñas compañías necesitan mucho tiempo para aprender e innovar. No hay escasez de financiamiento, sino que falta financiamiento de largo plazo. Además hay que incorporar a los científicos en el gobierno. Si no hay profesionales que conozcan los sectores analizando las aplicaciones de las empresas que pretenden recibir el financiamiento, esas iniciativas son un desperdicio. En Inglaterra, por ejemplo, intentaron copiar el programa de capital semilla SBIR estadounidense pero como quienes lo administraban no conocían nada sobre los distintos sectores la iniciativa fracasó.


Para intentar avanzar en el desarrollo de esos “ecosistemas” hace falta que los gobernantes estén convencidos de que el Estado no debe quedar relegado a un rol subsidiario.


–Si todo esto no es acompañado por las políticas macroeconómicas no tiene ningún sentido hacerlo. Si creemos en el crecimiento liderado por la innovación no se puede tener al Ministerio de Hacienda recortando el gasto sin cesar y tirando un hueso de vez en cuando para la innovación. Termina siendo un desperdicio de dinero. Si lo vas a hacer tenes que hacerlo seriamente. La inversión viene primero, las ganancias vienen después. A diferencia de Europa, Argentina tiene su propio Banco Central para hacer políticas y debería tener un banco de desarrollo como el BNDES de Brasil.

Publicado en Economía

El pionero del experimento que ha captado la primera onda gravitacional dice que el crédito del hallazgo es para los científicos jóvenes

 

Kip Thorne es uno de los mayores expertos en agujeros negros del mundo. Desde ayer, también es un claro favorito al Nobel de Física. En los años setenta fue a contracorriente de la mayoría de la comunidad astronómica mundial. Al contrario que ellos, que se volcaban en el desarrollo de telescopios ópticos para captar la luz en todas sus longitudes de onda, él propuso una nueva forma de observar el cosmos, más bien de escucharlo, a través de las ondas gravitacionales. Este físico teórico ha desarrollado la mayor parte de su carrera en Caltech, donde impulsó la construcción del Observatorio de Interferometría Láser de Ondas Gravitacionales (LIGO) junto a Ronald Drever, también de Caltech, y Rainer Weiss, del MIT. Además, es una estrella de la divulgación -fue asesor científico de Interstellar- y prepara otra película con Stephen Hawking.


Ayer Thorne habló con EL PAÍS al teléfono desde Washington, donde presentó al mundo la primera detección de una onda gravitacional y el comienzo de esa nueva era de la astronomía que impulsó hace cuatro décadas.


¿Cómo se enteró del descubrimiento?


Estaba trabajando en casa por la mañana del 14 de septiembre y me mandaron un correo para que mirara la web interna de LIGO. Allí se almacenan automáticamente los resultados del experimento. Recibe los datos de Hanford y Luisiana [lugar de los dos detectores] y hace un gráfico de las frecuencias recibidas. Y en las detecciones de ambos sitios vi lo que llamamos una señal de pitido cuya frecuencia aumenta con el tiempo. Era exactamente la señal que esperábamos que produjeran las ondas gravitacionales. La miré y dije, "Dios mío, probablemente la tenemos, esto es demasiado bueno para ser verdad".


¿Cómo se siente tras este hallazgo?


La mayoría de los que han participado en la detección dicen que están entusiasmados. En mi caso, es un sentimiento de profunda satisfacción. He trabajado muy duro desde los años setenta, tanto en la construcción de LIGO como en el desarrollo de las simulaciones, para entender lo que vemos y que han jugado un papel fundamental.


¿Por qué son tan importantes estas ondas?


Son importantes por el futuro al que nos llevan. Por un lado hoy [por ayer] hemos hecho muchos descubrimientos pioneros. La primera detección de ondas gravitacionales llegando a la Tierra, la primera observación de dos agujeros negros chocando y uniéndose para crear uno nuevo, las simulaciones del evento, que nos permiten observar por primera vez cómo se comporta el espacio y el tiempo cuando ambos están oscilando de forma salvaje igual que en una tempestad en el océano.


Pero lo más importante es que se abre la observación humana a un nuevo tipo de radiación. Todo lo que hemos hecho hasta ahora esencialmente se basa en ondas electromagnéticas. Ahora accedemos a otro tipo de radiación completamente nuevo. En las próximas dos décadas vamos a ver el mismo desarrollo que en la astronomía convencional, comprenderemos cuatro tipos de ondas gravitacionales con diferentes periodos de oscilación y cada una nos dirá cosas muy diferentes del universo. Las ondas que hemos visto oscilan en periodos de milisegundos. Pero usando LISA, que será una antena espacial, algo así como LIGO en el espacio, vamos a captar periodos que son 1.000 veces más largos, de minutos a horas. Vamos a ver incluso periodos de años y décadas. Vamos a ver la marca que dejan en el cielo ondas que tienen periodos de miles de millones de años. Vamos a ver muchas cosas que no habíamos visto antes, y esto sucederá en las próximas dos décadas.


¿Quién debe recibir el crédito por este hallazgo?


El crédito es de los jóvenes científicos experimentales que han sacado este experimento adelante. Tanto en diseño, como en construcción, como en el análisis de datos. Es su descubrimiento.


¿Cree que le darán el Nobel?


No. El Premio Nobel debe ser para los grandiosos físicos experimentales que han hecho este descubrimiento, especialmente para Rai Weiss, el principal inventor de los interferómetros de LIGO. Él ha sido el líder intelectual de este esfuerzo durante 45 años, desde el principio hasta hoy.


¿Cómo sería estar cerca del evento que han observado?


Verías el tiempo acelerándose y atrasándose, verías el espacio estirarse y contraerse de forma muy violenta. Viajarías en el tiempo de alguna forma porque el tiempo correría hacia adelante más lento de lo normal y luego mucho más rápido, todo de forma salvaje. Es un evento muy breve solo dura una fracción de segundo. Así que lo que necesitamos es enviar un robot que pueda captarlo todo muy rápido. Nadie sobreviviría a un evento como este.

Publicado en Ciencia y tecnología

La cientista política investiga la mecánica de Internet y su impacto en las situaciones diarias de las personas. También, los conflictos entre empresas y gobiernos por los datos de los usuarios. "Las decisiones tecnológicas no pueden quedar en manos del mercado", advierte.


Natalia Zuazo, licenciada en Ciencias Políticas, especializada en el cruce de política y tecnología digital, es la autora de Guerras de Internet, un libro que desmenuza las mecánicas de la red y revela cómo afecta la vida cotidiana. "Me interesa estudiar el impacto que produce la tecnología en nuestras vidas y sobre todo en las relaciones de poder", detalla. En su libro cuenta la historia de Internet, la estructura artificial más grande y compleja creada por la humanidad, e investiga los conflictos entre empresas y gobiernos por los datos de los usuarios.


En diálogo con Página/12 plantea la importancia de hacer un uso "consciente y sin temor" de Internet. "El miedo a la tecnología es peligroso porque es paralizante y se termina no reclamando los derechos", dice. A la vez plantea que se establezcan más "redes de protección" para que no se vulneren los derechos de privacidad de los ciudadanos.


"No somos conscientes de lo público que es lo que nosotros hacemos en Internet y las redes sociales. Hoy que el nuevo gobierno está entrando a los perfiles de las redes sociales de los empleados de los ministerios para ver lo que dicen, y utilizarlo en su contra, se pone sobre la mesa un conflicto acerca de los usos de la información para la toma de decisiones políticas, y los límites entre lo público y lo privado", subraya Zuazo.


–¿Podemos decir que en los últimos años hubo un fuerte desarrollo de Internet en nuestro país?


–En la Argentina estábamos empezando a hacer un abordaje político de la tecnología, habíamos iniciado un camino. Se empezó a trabajar en dirección a la soberanía tecnológica en el campo de los satélites de telecomunicaciones, Argentina Conectada, con un sistema operativo libre como Huayra que desarrolló Conectar Igualdad. Me preocupa que ese camino se abandone y que se dejen de ver a las decisiones tecnológicas como decisiones políticas que pueden afectar la libertad, y que las decisiones tecnológicas queden en manos del mercado.


–En su libro, dice que Internet expone a los usuarios a un juego de relaciones de poder, ¿cómo se da eso?


–Sí, se producen relaciones de poder con las empresas de internet a las que en forma permanente los usuarios les entregamos datos. Alcanza con sólo analizar lo que vemos y todo lo que no vemos de quienes controlan nuestras relaciones, desde las personales que son las más evidentes, hasta nuestros gustos y consumos, las relaciones económicas, o relaciones del trabajo.


–¿Por ejemplo?


–En estos días se discute si se instalan en la ciudad las plataformas digitales Uber o Easy Taxi, que vinculan a pasajeros con conductores. Es una tecnología que impacta sobre relaciones económicas y de trabajo. Entran en juego los sindicatos, el debate del marco regulatorio, las leyes que deben cumplir, si es o no competencia desleal para los taxistas tradicionales. Y después los infinitos impactos tecno políticos, desde el espionaje internacional hasta las vigilancias masivas de la NSA (Agencia de Seguridad Nacional) en EE.UU., como la vigilancia de las cámaras de seguridad con las que convivimos y que ya tomamos como naturales.


–Usted dice que Internet despierta, a la vez, una sensación de libertad y de miedo.


–Eso se enmarca en la novedad de la tecnología. Cuando la tecnología empieza a producir un cambio, en general, la opinión es de optimismo. Hace poco releía el texto de Bertolt Brecht sobre la radio, allí la idea es que la llegada de la nueva tecnología, tener más canales de comunicación y conexión con los ciudadanos, era una mejora para la democracia.


–Bueno, no es algo tan lineal...


–Cuando surgió Internet pasó lo mismo. Más tecnología es mejor, la idea de autopista de la información que surge en los años 90 durante el gobierno de Clinton en Estados Unidos, y cuando acá empieza a instalarse masivamente Internet: era sinónimo de progreso.


–Es el imaginario, un poco ingenuo, de la globalización.


–Así es, todo iba a llegar fácilmente a más personas de la misma manera, y todo sería mejor. Por supuesto después de un tiempo, empieza a verse que la tecnología genera desigualdades.


–Cada salto tecnológico genera sus brechas, su excluidos y sus conflictos.


–Claro, qué hacer con esas nuevas desigualdades depende de decisiones políticas. Muchas veces hay un optimismo que si no va acompañado por políticas, es puro voluntarismo tecnológico. Lo mismo cuando se habla del voto electrónico como solución definitiva a todos los problemas del sistema electoral argentino, garantizar la transparencia, evitar el riesgo de fraudes.


–A lo largo de la historia cada tecnología llega como una utopía y su caja de soluciones mágicas.


–Y con Internet pasó lo mismo, primero fue la idea esperanzadora. Una activista decía que Internet es como un tatuaje. Te tatuás cada cosa que hacés, y todo el mundo puede ver aunque pienses que no están viendo. Ahí empieza el miedo, cuando la tecnología empieza a usarse de otra forma. También hay un peligro que es salirse del sistema, no usar nada, y no reclamar tus derechos, como cuando una empresa dice pedir información para una cosa y después la usa para otra, como ha sucedido con Facebook.


–Frente a eso, ¿qué puede hacer la persona común, el usuario de a pie?


–Entender que un nuevo conjunto de derechos a defender son nuestros derechos digitales. A decidir, porque no todo está dado. Porque para bajar tal o cual aplicación, en general se está cediendo mucha información personal. Un ejemplo sencillo. Cuando viajo en subte, me aparece la posibilidad de conectarme al wifi. Una vez leí las condiciones y eran nefastas: pueden ver todo lo que yo estoy haciendo. Mi viaje puede durar unos 17 minutos. ¿Por esos minutos de conexión, tengo que ceder todo eso? Depende mucho de nosotros y de que tomemos decisiones informadas.


–¿Internet es considerado un servicio público universal?


–Así lo declaró la Comisión de Banda Ancha de Naciones Unidas el año pasado. Esto es muy importante porque todavía más de la mitad del mundo está desconectada de Internet, hay un 60 por ciento de la población mundial que aún no está conectada.


–Hoy gran parte de la subjetividad, las relaciones humanas pasa por Internet.


–Sí, no es ninguna novedad si digo que vivimos en un mundo de monopolios informativos, pero también de monopolios culturales e ideológicos. De cada diez personas conectadas a internet cinco de ellas estamos en Google, Yahoo, Facebook, Amazon o en Hotmail, esa concentración indica que todos estamos viendo lo mismo, al mismo tiempo, la pregunta es ¿somos conscientes de que estamos mirando el mundo a través de esos filtros permanentemente?


–Es absolutamente desapercibido y mucho más cuando se construyen ideas como la de la nube.


–Es muy buena la imagen de la nube, es un acierto publicitario, porque la nube ofrece esta idea de que todo está arriba, sin que nadie lo toque, en el cielo, seguro y en realidad lo que esconde y está en manos de muchas personas. Esas personas son las dueñas de los caños que en la Argentina concentran el 80 por ciento de las comunicaciones por Internet, Telecom, Telefónica y Cablevisión Fibertel.


–Sucede que sin confianza por parte de los usuarios, Internet no podría funcionar.


–En los data center, que son como grandes supermercados donde están los servidores, con toda la información, desde las películas hasta la información bancaria, los ingenieros que trabajan ahí, se ríen mucho de la idea de nube, ellos controlan el aparato físico, conocen la materialidad de Internet, saben que Internet es cables, conexiones, computadoras..

.
–Usted dice que Internet está hecha de capas, como la ciudad. ¿Cuál es la capa que viene?


–Lo que viene es la Internet de las cosas. Primero tuvimos el teléfono, después tuvimos la capa de Internet, ahora dejó de ser sólo ese cable que nos conecta. En la etapa que viene, van a estar conectados todos los aparatos que nos rodean, la heladera, el auto y el acondicionador de aire.


Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Publicado en Ciencia y tecnología
Martes, 19 Enero 2016 16:52

Tres sociedades, un solo momento

Los tiempos que vivimos son acelerados en todos los órdenes, y el pensamiento se encuentra a veces con dificultades para describir, explicar y comprender las dinámicas. Pues bien, vivimos tres sociedades, que conforman un solo momento.

 

En física, "momento" designa una magnitud vectorial, y es técnicamente descrito como el producto de la masa y la velocidad de un objeto. El objeto aquí es nuestra época, el tiempo actual que vivimos.


Los tiempos que vivimos son acelerados en todos los órdenes, y el pensamiento se encuentra a veces con dificultades para describir, explicar y comprender las dinámicas. Pues bien, vivimos tres sociedades, que conforman un solo momento (momentum).


En primer lugar, la sociedad de la información es una categoría que a escala histórica parece quedar cada vez atrás, pero que en algunos países se asemeja como el futuro inminente. Se trata de la transformación del capitalismo post–industrial al capitalismo informacional, y con él, el desarrollo de toda la economía de la información, o también economía basada en la información. El mejor estudio al respecto, de lejos, es ese libro monumental de M. Castells en tres volúmenes, La era de la información. Histórica y sociológicamente hablando, se trata de la sociedad de los años 1990. Una década que sucede a la caída del muro de Berlín, la Perestroika y el Glasnot, y el derrumbe del sistema socialista en el mundo.


Seguidamente viene la sociedad del conocimiento, cuyo soporte material es la economía del conocimiento, o también la economía basada en el conocimiento. Análogamente a la fase anterior, se trata de economías que fundan el bienestar material no tanto en bienes fungibles cuanto que en bienes inmateriales; en una palabra, en conocimiento. Esta es la sociedad que comienza en los años 2000 y que, verosímilmente, se proyecta hasta la fecha.
En un caso como en el otro, cabe distinguir sectores y subsectores de la economía de la información tanto como de la economía del conocimiento. Sin embargo, manifiestamente, el conocimiento se erige como una etapa de desarrollo superior a la información.


Las distinciones y relaciones entre la sociedad de la información y la sociedad del conocimiento fue durante mucho tiempo el objeto de los expertos en knowledge management, un área abierta y cruzada en la que coinciden administradores y políticos, tecnólogos y sociólogos, entre otros.


Más recientemente, aupada particularmente por científicos, ha emergido el concepto de sociedad red, o también sociedad de redes. El lugar en el que se incuba el concepto es la ciencia de redes complejas, y comprende al mundo en términos de redes libre de escala, clusters, hubs, y más recientemente redes de segundo orden, esto es, redes de redes.


Manifiestamente que los trabajos pioneros de Milgram sientan las primeras semillas para lo que igualmente es conocido como la teoría de un mundo pequeño (small–world theory). El mundo se ha vuelto pequeño y es posible alcanzar un objetivo cualquiera en seis o menos grados. Es lo que igualmente se conoce como el mundo de seis grados.


Las tecnologías de punta —adecuadamente conocidas no como TIC (un concepto de los años 1970), sino como tecnologías convergentes (NBIC+S)— y las inter y co–dependencias de alto grado en el mundo actual ponen suficientemente de manifiesto dos cosas: vivimos un mundo con temas y problemas alta y crecientemente sistémicos y, por consiguiente, vivimos un mundo altamente complejo. ("Sistémico" y "complejo" no son, en absoluto, ni sinónimos ni equivalentes, sino dos fases de un mismo proceso de mayores fluctuaciones e inestabilidades).


Cada época y cada sociedad desarrolla la ciencia que necesita para explicar su mundo. Y asimismo, cada época va enriqueciendo la comprensión de la naturaleza y el universo con las nuevas herramientas teóricas, conceptuales y otras que va desarrollando.


Vistas con los ojos del pasado, las tres fases de las sociedades que vivimos pueden ser interpretadas como tres niveles de las dinámicas de globalización. Sin embargo, en una mirada mas fina, se trata en realidad de tres formas de comprender dinámicas cada vez más aceleradas con bucles de retroalimentación positivos.


Nada es más difícil, como le gustaba decir al joven Marx, que anticipar el presente. No digamos ya proyectar el presente o predecir el futuro. Al fin y al cabo, la buena ciencia no predice ya nada, sino, mucho mejor aún, se da a la tarea de comprender y explicar los fenómenos, las dinámicas, los comportamientos. Y cuando una explicación está bien hecha, entonces, como valor agregado, cabe hacer algunas predicciones. Siempre a corto plazo.


En algún lugar entre las tres sociedades, emerge (1998) una nueva ciencia: la ciencia de grandes datos, a partir del hecho contundente que vivimos un mundo inmerso en enormes cantidades de datos (big–data). De esta suerte, hoy por hoy, es imposible hacer buena ciencia acerca de la sociedad de la información, de la sociedad del conocimiento o de la sociedad de redes, sin la incorporación de la ciencia de grandes datos. Y entonces aprendemos a pensar no ya en términos de causalidad, sino de correlaciones.


Los tiempos que vivimos plantean nuevos retos y desafíos para los cuales, por definición, no estábamos preparados. Análogamente a como una parte de la historia de las artes y del espíritu humano consiste en la creación de nuevos lenguajes poéticos y nuevas estéticas en cada momento, asimismo, la historia del conocimiento puede ser adecuadamente vista como la creación permanente de nuevas ciencias, disciplinas, herramientas, enfoques, metodologías y lenguajes. Todo lo cual no es sino la muestra de una enorme vitalidad.


Al fin y al cabo, la mente humana responde a los problemas a través de la creación de nuevos mundos. Tres sociedades diferentes, un solo momento. Y contra todas las apariencias, una enorme vitalidad e ingentes esfuerzos de imaginación y creación de nuevas lógicas. Contra el peso aplastante de la realidad, queda la fuerza y el empuje de la imaginación y el conocimiento. Otro motivo de optimismo.

Publicado en Cultura
Lunes, 21 Diciembre 2015 07:13

"El mercado no resuelve los problemas"

El premio Nobel de Economía analizó el protagonismo de la innovación en el proceso de creación de riqueza. Defendió la necesidad de que los países cuenten con un Estado activo para impulsar el salto cualitativo de la industria.

 

La apertura comercial indiscriminada, la desregulación financiera y de los flujos de capital fueron algunos puntos que el premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz, destacó entre los elementos nocivos para promocionar el crecimiento de la economía con mayor nivel de igualdad. Las recomendaciones del investigador van a contramano de las medidas anunciadas por Mauricio Macri en los últimos días, en donde se abrieron los controles cambiarios y se adelantó que en enero finalizará el sistema de Declaraciones Juradas de Importación que se utilizó en los últimos años para administrar las importaciones. El economista expuso el viernes en la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, en donde presentó las conclusiones de su último libro La creación de una sociedad del aprendizaje, en el cual discute el protagonismo de la innovación en el proceso de creación de riqueza de las economías. Defendió la necesidad de que los países, en particular los no desarrollados, cuenten con un Estado activo para impulsar el salto cualitativo de la industria y la generación de puestos de trabajo a partir del gasto público, el uso de subsidios y la inversión en investigación científica.


"Los mercados por sí solos no resuelven los problemas de falta de innovación que tienen algunas economías y que implican una brecha tecnológica relevante entre países avanzados y en vías de desarrollo", aseguró Stiglitz. Indicó que es necesario entender el conocimiento como un bien público, que es patrimonio de toda la sociedad y no de un grupo de empresas, y que el Estado es el que debe encarar las inversiones necesarias para impulsar el desarrollo de nuevas tecnologías. "No existe la mano invisible de Smith y las personas de manera individual no conducen a una situación de asignación eficiente de los recursos ni promocionan la creación de una sociedad de aprendizaje. El sector público tiene que intervenir para apuntalar la innovación. El ejemplo es que el telégrafo pero también Internet o los desarrollos en el ámbito de la agricultura fueron liderados por los gobiernos y no por los privados".


Las políticas de educación, industriales, de comercio y los instrumentos que apunten a la estabilidad macroeconómica fueron los elementos centrales que, según Stiglitz, deben concentrar la atención de un Estado promotor del desarrollo. Explicó que muchas veces no se tiene en cuenta los efectos de la incertidumbre e inestabilidad de las economías en materia de destrucción de capacidades productivas. "Cuando una empresa quiebra, sus trabajadores pierden incontables horas de aprendizaje. Es una pérdida enorme que lleva también un enorme esfuerzo de reconstrucción. Con la recesión pasa lo mismo, debido a que hace disminuir la formación de los trabajadores con empresas que no piensan en preparar mejor al personal sino en sobrevivir", señaló. El premio Nobel puso como uno de los ejemplos el caso del Viejo Continente. "Europa crecía hasta 2008 y desde ese momento se estancó y no existen evidencias de que haya vuelto a recuperarse. La magnitud de las pérdidas es realmente difícil de calcular. Generó un efecto negativo en el aprendizaje y, por tanto, un retroceso en sus capacidades para crecer en el futuro. Esto es una disminución del crecimiento potencial."


Stiglitz explicó que la desregulación de la economía, en particular del sector financiero, generó consecuencias nocivas en materia de expansión y bienestar social a nivel global. Remarcó el caso de los Estados Unidos, en donde los negocios de la banca pasaron de representar de 2,5 a 8 puntos del Producto Interno Bruto. E indicó que esa expansión no trajo aumento de productividad pero sí provocó una mayor volatilidad de la economía. "En Norteamérica se permitió que los bancos decidan la política industrial. Porque la desregulación de las finanzas es una forma de hacer política industrial. El resultado fue una menor eficiencia con incremento de la desigualdad", aseguró. Planteó que es clave recuperar el protagonismo de un Estado activo en la economía, en donde se apunte a un nuevo paradigma de innovación. Aseguró que el desarrollo ya no debe concentrarse en inventos que permitan ahorrar mano de obra, sino que la nueva tecnología se deberá enfocar en resolver problemas centrales para la población global como ocurre con los desafíos que plantean las tensiones medioambientales.

Publicado en Economía
Miércoles, 16 Diciembre 2015 07:53

El poder invisible

El análisis del caso Samarco le permite a Esteban Magnani afirmar que ningún algoritmo es ni puede ser neutral y que los mismos constituyen un poder invisible en el mundo digital.


Para la mayoría de los argentinos la palabra "Samarco" no contiene demasiada información. En Brasil, en cambio, es el nombre con que se sintetiza el desastre ambiental que ocurrió en Bento Rodrigues, un pueblo del estado de Minas Gerais de cerca de 600 habitantes. En las montañas cercanas, la transnacional Samarco había construido un dique para contener los desechos que producía una mina de hierro. El 5 de noviembre último las paredes cedieron y se produjo un deslave de 55 millones de metros cúbicos de barro y deshechos que cubrieron el pueblo totalmente. Hay más de veinte víctimas entre muertos y desaparecidos. El desastre no terminó allí: el barro, alimentado por las lluvias, llegó al río Doce afectando la vida y el abastecimiento de agua de casi 300.000 personas. Por esa vía los desechos están llegando al océano para agregar otro eslabón al desastre ecológico.


El relato medio ambiental podría continuar e incluir, por ejemplo, que no es infrecuente en el mundo este tipo de roturas de diques de desechos mineros. Pero para esta columna "Samarco" es el punto de partida de un debate sobre el poder de los algoritmos en Internet. En estos últimos días circuló por las redes sociales una comparación entre los resultados que arrojaban dos buscadores al ingresar el nombre de la minera. En Google imágenes daba como resultado una serie de fotos y logos de la empresa sin ninguna referencia al desastre ecológico. El resultado se comparó con el de DuckDuckGo (DDG), un buscador similar a Google pero que no acumula información sobre sus usuarios y que viene creciendo aunque es muchísimo menos utilizado que su competidor. Al buscar "Samarco" en DDG las imágenes eran todas del desastre ecológico y el barro acumulado.


¿Por qué tanta diferencia? La discusión entre expertos, informáticos, ecologistas y demás se multiplicó en el ciberespacio. Desde un extremo se suponía que, al ser Google una corporación, lo que hacía era defender los intereses de otra ocultando el desastre ecológico. Desde el otro rincón se explicaba que el algoritmo simplemente daba ese resultado y que quien quisiera información sobre el "desastre medioambiental" no tenía más que agregar esas dos palabras para obtener el mismo resultado que en DDG. Entre ambas posiciones florecieron las explicaciones intermedias y los detalles técnicos.


Los buscadores utilizan un algoritmo, es decir, una fórmula matemática para jerarquizar las respuestas. El algoritmo de Google, de millones de líneas de código, es constantemente probado por los especialistas y empresarios para entender su lógica; comprenderla es fundamental para poder posicionarse mejor en esa puerta de entrada a Internet que es el buscador. Distintos analistas indican que son cerca de doscientas las variables analizadas, entre las que priman búsquedas anteriores, información sobre el usuario y sus intereses, links desde otras páginas, palabras exactas, localización, etc.. Ese entramado de variables entretejidas hace muy difícil saber qué primó finalmente. ¿Es posible una manipulación puntual para silenciar o amplificar determinados contenidos? Sin duda: la empresa ha quitado resultados por una orden judicial o pedidos específicos.


Resulta muy difícil concluir definitivamente que Samarco es un ejemplo de manipulación intencionada de información. En cambio queda claro que ningún algoritmo es ni puede ser neutral. El problema es que en la práctica, el de Google determina el flujo de la información en Internet a nivel mundial. La experiencia indica que resulta difícil resistirse a la tentación de usar el poder cuando es muy grande, más aún si no está contrabalanceado por fuerzas equivalentes, una diversidad de opciones de peso similar o controles externos. Más preocupante aún resulta si tenemos en cuenta, como dicen especialistas como Julian Assange o Edward Snowden, que esta corporación del mundo digital, al igual que otras, trabaja tan cerca de los aparatos del Estado norteamericano que resulta muy difusa la frontera entre ambos.


Más allá de las dificultades para sacar conclusiones definitivas para este caso, van saliendo a la luz discusiones acerca de un poder hasta ahora invisible: el de los algoritmos.

 


Por Esteban Magnani. periodista y docente. Autor de Tensión la red.

Publicado en Sociedad

A pesar que el crecimiento en el número de científicos e ingenieros que laboran en actividades de investigación ha sido constante desde 2000, su distribución a escala mundial aún mantiene un marcado desequilibro.


En el Informe de la Unesco sobre la Ciencia. Hacia 2030 destaca que actualmente se cuenta con 7.8 millones de científicos e ingenieros. De ellos, 22.2 por ciento reside en la Unión Europea, 19.1 en China, 16.7 en Estados Unidos, 8.5 en Japón y 5.7 por ciento en Rusia. Esto significa que estos cinco países concentran 72 por ciento de todos los científicos.


En contraste, en América Latina se estima que 3.6 por ciento de los investigadores del mundo radica en esta región, cifra similar a la alcanzada en 2009, por lo que suman 280 mil hasta 2013.


En el caso de México, las cifras de 2011 indicaban que 0.6 por ciento de los investigadores dedicados a tareas científicas laboraban en este país.
En el reporte, quinquenal para conocer los principales factores que influyen el desarrollo y financiamiento de la ciencia, destaca que los nuevos paradigmas mundiales han impactando el quehacer científico.


Los acontecimientos geopolíticos, las crisis medioambientales, el aumento de la inversión pública destinada a investigación y desarrollo en los países con economías de ingresos medios frente a un estancamiento en las naciones más desarrolladas, son sólo algunos de los factores que han incidido en el pasado lustro en la ciencia y la innovación.


Producción y exportación, marginales, pese a esfuerzos


El informe, presentado el pasado 2 de diciembre, también revela que, pese a los esfuerzos de la región, la producción y exportaciones de alta tecnología siguen siendo marginales en la mayor parte de los países latinoamericanos. Los gobiernos de América Latina y el Caribe incluyen, cada vez más, políticas públicas para el área.


Esto incluye apoyo a sectores estratégicos, como energía, tecnologías de la comunicación y la información, biotecnología, nanotecnología y agricultura. La Unesco destaca que pese a los esfuerzos para dotar a sus instituciones científicas de mayor peso político y generar planes estratégicos, ningún país latinoamericano, con excepción de Brasil, posee una intensidad en investigación y desarrollo comparable a las de economías dinámicas de mercados emergentes.


En cuanto a la generación de patentes, el informe destaca que las economías de altos ingresos aún concentran 94.6 por ciento de su distribución mundial, mientras los países de nuestra región se ubican con 0.3 por ciento de la asignación de patentes, según el registro de la Oficina Estatal de Patentes y Marcas de Estados Unidos.


El informe agrega que el modesto nivel de patentes registradas en América Latina pone de manifiesto una falta de vocación por la competitividad basada en la tecnología. Pese a ello, destaca que se aprecia una tendencia al incremento de patentes en sectores relacionados con recursos naturales, como minería y agricultura.


Para atender los rezagos que enfrenta la región, la Unesco destaca que se debe mejorar la estabilidad política y la gobernanza, dibujar estrategias de largo plazo, aumentar el número de investigadores y reformar el sistema educativo para fomentar carreras de ciencias, tecnologías, ingenierías y matemáticas, así como aumentar las inversiones privadas en investigación y desarrollo, así como promover la integración regional para el sector.

Publicado en Ciencia y tecnología
Página 1 de 8