Sábado, 04 Julio 2015 09:08

La década perdida

 

"El futuro de Grecia está en juego. El asunto es claro: o votamos la ley o el país se va a la bancarrota." La declaración no es de estos días. No se vincula con el referéndum que tendrá lugar mañana en aquel país para decidir si la ciudadanía acepta o rechaza las nuevas exigencias del Banco Central Europeo, el FMI y la Comisión Europea. El dramático llamamiento a votar la ley fue realizado el 6 de mayo de 2010 por el entonces primer ministro heleno, Giorgos Papandreu, antes de una sesión clave en el Parlamento en la que "debía convalidar" un doloroso paquete de ajuste fiscal para evitar el default. La votación finalmente resultó positiva, con 172 votos a favor, 121 en contra y tres abstenciones. La alemana Angela Merkel y el francés Nicolas Sarkozy se congratularon: "El gobierno griego ha demostrado un gran coraje. Respaldamos su determinación y estamos convencidos de que los pasos dados, aunque difíciles, son necesarios para restaurar la confianza en la economía y asegurar un mejor futuro para el pueblo griego". Papandreu agradeció a los legisladores: "Esta es nuestra última jugada. El gobierno tiene la responsabilidad de implementar las medidas más difíciles jamás tomadas por esta nación".


Entre esas medidas figuraba el despido del 20 por ciento de los empleados públicos en un año y una rebaja de sueldos de hasta 30 por ciento, el achicamiento en un 10 por ciento de las plantillas de 151 empresas con participación estatal, la supresión del aguinaldo (se pagaban dos salarios extra al año), el congelamiento de las contrataciones en el Estado, el aumento de la edad jubilatoria de las mujeres, la reducción en un 20 por ciento de los haberes previsionales superiores a 1200 euros, la suba del IVA al 23 por ciento, la segunda del año, un nuevo impuesto al alcohol, el tabaco y los combustibles y el achicamiento de gastos para obras públicas y defensa, entre otros recortes. Cuando se aprobó la ley, Grecia entraba en su segundo año en recesión, luego del impacto global por la crisis de las hipotecas subprime en Estados Unidos.


"Me hace acordar al paquete de salvataje que armó el FMI para Argentina en 2001. Nuestra experiencia demuestra que este tipo de programas de ajuste no es sustentable porque no resuelve el problema de la deuda y, sobre todo, porque se desentiende del crecimiento económico, dejándolo librado al futuro acceso a los mercados voluntarios de deuda", recriminó por aquellos días el ministro de Economía argentino Amado Boudou. El vocero de la Confederación de Trabajadores Griegos, Stathis Anestis, también lo advirtió: "Estas medidas son duras e injustas. Llevarán a los trabajadores a la miseria y al país a una recesión más profunda". Desde la academia, los premios Nobel Joseph Stiglitz y Paul Krugman alertaron sobre la falta de efectividad de las medidas porque profundizarían la contracción del nivel de actividad.


La apuesta de la troika (FMI, BCE y CE) y del gobierno griego era estabilizar al sistema financiero y evitar el default con un gigantesco auxilio por 110 mil millones de euros, aportados por esos organismos. La interpretación que los guiaba era que lo peor que le podía pasar a Grecia era caer en el incumplimiento de pagos, y que esa situación provocaría un derrumbe en dominó de otras economías europeas como las de Irlanda, Portugal, España e Italia, haciendo estallar al euro. El default, a su vez, golpearía a financistas y bancos alemanes, franceses e ingleses, con fuertes inversiones en títulos de deuda griegos.


El FMI estimó que en un año Grecia retomaría el crecimiento económico y el acceso a los mercados de deuda internacionales. Pasado ese tiempo, ocurrió todo lo contrario, con el agravante de que el desempleo había escalado al 25 por ciento, el nivel de deuda sobre el PBI había crecido del 150 al 170 por ciento y la sociedad se sacudía entre las protestas, la represión y la depresión. El PBI se contrajo 5,4 por ciento en 2010 y un violento 8,9 por ciento en 2011. El gobierno griego entregó la toma de decisiones sobre política económica a la troika, cada vez más exigente en la aplicación de las medidas pactadas. Delegados del FMI y los restantes organismos se instalaron en Atenas y auditaron el cumplimiento de las exigencias antes de autorizar nuevos desembolsos de aquel paquete de 110 mil millones de euros. Y esa situación se repitió cada tres o cuatro meses. "No hay plan B, Grecia tiene que hacer lo que tiene que hacer y nosotros haremos lo que tenemos que hacer", declaró el presidente del Eurogrupo y premier de Luxemburgo, Jean-Claude Juncker, el 25 de junio de 2011.


Entrado 2012 era evidente que a Grecia no le alcanzaría el blindaje de 110 mil millones para evitar el default. Entonces comenzaron las negociaciones con la troika para un segundo paquete de "rescate". "Es necesario tomar medidas adicionales de austeridad. Si quieren que salvemos la economía, hay que cumplir con las reformas estructurales y fiscales", diagnosticó Evangelos Venizelos, ministro de Finanzas de Papandreu, el 21 de septiembre de 2011, preparando el terreno para lo que vendría. El nuevo programa de ajuste se afincaba en la suspensión de 30 mil empleados estatales y un nuevo recorte de jubilaciones, a la vez que se redujo el piso a partir del cual los ciudadanos debían tributar al fisco de 8000 a 5000 euros anuales. La troika reclamó además un amplio programa de privatizaciones.


Las "negociaciones" fueron concluidas por el nuevo primer ministro griego, Lukas Papademos, quien antes de la votación del Congreso, el 12 de febrero de 2012, advirtió a los legisladores: "La Nación nunca nos perdonará si no hacemos nuestro deber". La votación arrojó 200 votos a favor y 74 en contra. "Con el voto de hoy aseguramos el futuro de nuestro país", les dedicó. "Si todo va bien, en 2013 es posible que haya los primeros signos de recuperación", prometió. A cambio del renovado ajuste, la troika comprometió asistencia financiera por 130 mil millones de euros adicionales, cuya entrega quedó condicionada como siempre al cumplimiento de metas fiscales, una reforma laboral y el plan de privatizaciones. Además, la troika lideró un proceso de reestructuración de deuda griega para bajar su nivel al 120 por ciento del PBI en 2020. Los tenedores de deuda debieron aceptar quitas del 53,5 por ciento sobre el valor nominal de los bonos.


"Ha sido el segundo paso decisivo que Grecia necesitaba para regresar a una senda sostenible. En circunstancias difíciles, fue otro acto de responsabilidad nacional", elogió un comunicado de la Comisión Europea. Pero en 2012 la caída del PBI fue del 6,6 por ciento, y en 2013, del 3,9. El reemplazante de Papademos en el gobierno fue el conservador Antonis Samaras. El 31 de agosto de 2012 afirmó que el país debía ser "serio con los compromisos adoptados" y cumplir con los ajustes. "Estas medidas de recortes son parte del plan de rescate de Grecia. De no cumplirlas perderíamos completamente nuestra credibilidad y el país sería pronto obligado a abandonar la Eurozona", afirmó. Durante su gestión se aprobó el cobro de cinco euros por visita médica a hospitales públicos, una tasa de 25 euros por internación y un euro por entrega de receta, así como la reducción de la cobertura de medicamentos para enfermos crónicos. La oposición acusó al gobierno de haber sancionado una ley de 279 páginas con ajustes y nuevas privatizaciones con sólo dos días para analizar el texto. Pero nada de eso fue suficiente. En agosto de 2014 el gobierno de Samaras aceptó poner en venta o alquilar unos 80 mil inmuebles para cancelar deudas con el FMI, incluidos un castillo en Corfú, una ex base militar de Estados Unidos en Creta y una lujosa villa construida para Benito Mussolini, que nunca llegó a habitar.


Después de caer 30 puntos entre 2008 y 2013, la economía griega creció 0,8 por ciento en 2014. Según la organización Attac, que promueve el control democrático de los mercados financieros, el 80 por ciento de los fondos del rescate fueron destinados a bancos o al pago de la deuda. Aun así, la deuda representa en la actualidad el 175 por ciento del PBI. En el mismo período, después de haberse sacado de encima al FMI, la Argentina puede mostrar la recuperación de los fondos previsionales, la nacionalización de YPF y Aerolíneas Argentinas, la creación de la Asignación Universal por Hijo, la incorporación de tres millones de jubilados, la entrega de cinco millones de computadoras a estudiantes secundarios, programas de estímulos a la educación como el Progresar, miles de millones de pesos en créditos a la producción, records históricos de cosechas y producción industrial, bajo nivel de desempleo y una economía desendeudada, en acotado resumen. El pueblo griego, entre tanto, parece vivir la pesadilla argentina de 2001 de manera permanente. Mañana tiene una nueva oportunidad. Los últimos años fue arrastrado por la lógica neoliberal, resignando los estímulos keynesianos al consumo y a la inversión. Los resultados están a la vista.


"Sigo pensando que para ayudar a restablecer la estabilidad y el crecimiento económico en Grecia se requiere una estrategia equilibrada, con las debidas reformas estructurales y fiscales", insistió anteayer la titular del FMI, Christine Lagarde.
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Atenas.

 

Así que los griegos van a votar Sí el domingo. Temor. Humillación. Patriotismo (pro europeo además de pro euro, como veremos más adelante). Pragmatismo; ese gran poder industrial de los políticos europeos. Y así, la EU, el FMI y el BM, todo ese grupo habrá ganado. Grecia –cero. Borren la Segunda Guerra Mundial.
El problema –y olvidemos por un momento cuántos millones nos deben los desvergonzados griegos– es que quienes voten por el No lo harán por la misma razón. Son patrióticos y quieren esperanza. Y también están condenados por nuestra versión de su historia. Los griegos del siglo XVIII creían en el nacionalismo nacido a partir de la civilización; una idea que Byron disfrutaba, pero que dejó fuera al imperio Otomano, al maravilloso dinar (olvídense del euro) y a una historia que no tiene lugar en nuestra narrativa actual. 


Los años 40 del siglo XX ensombrecen la Grecia actual. Quienes voten Sí el domingo serán llamados traidores (o jermanotsolias, término griego cuya traducción más precisa es camisas alemanas en referencia a los soldados de esa nacionalidad).


Quienes voten No serán los hijos o nietos de patriotas socialistas que lucharon contra el mandato burgués británico que tomó el control de Atenas luego de que Churchill y Stalin acordaron que Grecia debía quedarse de nuestro lado de la cortina de hierro. Los títeres y sus amos son irrelevantes.


Alexis Tsipras es –y aquí cito a un amigo economista– el niño consentido quien hace mucho tiempo logró llegar a la televisión en entrevistas en las que apoyaba a los estudiantes, era de rostro dulce, pero se enojaba y era agresivo. Pasó su carrera en la política interna de la izquierda, con cero experiencia en el mundo real.


Yanis Varoufakis (según otro amigo griego, que es menos economista y más político) es el siempre sonriente ministro de Economía; un idiota narcisista a quien le complace demasiado escuchar su propia voz, un estudiante-académico que gusta de pavonearse. Por eso la madame del FMI insistió, fastidiada y con su mejor voz de aviso a la comunidad, en hablar con los adultos, hace unos días. El ministro cree que puede jugar con los niños y niñas grandes en Bruselas sin darse cuenta que ellos no se interesan por su actuación.


El problema es el siguiente: Europa –la Europa que quizás deba poner entre comillas, es muy similar a la Europa de los años 30; la era del abuelo de Yanis, que se preocupaba más por el socialismo, el marxismo, el poder de los trabajadores que por la democracia. Por eso se decidió que el referendo del domingo es sobre Europa, más que sobre la democracia. ¿Acaso Christine Lagarde no dijo que espera que el voto del domingo indique claramente cuál será el camino?


No es necesario haber pasado muchas horas en Atenas para ver cómo la imagen de la historia ha cambiado. En años anteriores, admiré la placa de bronce del Hotel Grand Bretagne, que recordaba a sus huéspedes que aquí hubo un cuartel nazi. Ahora hay otra placa reluciente, también de bronce, que dice a los clientes que aquí estuvieron los cuarteles de ejército griego entre 1940 y 1941. Pero no dice nada sobre lo que le pasó al ejército griego en 1941.


Nuestros periodistas tienen la sospecha de que la división podría vaticinar otra guerra civil aquí. Es posible que en ella se involucre el Ejército Griego de Liberación Popular (ELAS, por sus siglas en griego) contra los partidarios de la monarquía apoyados por Gran Bretaña –pero esto no queda claro. Quienes votarán por el Sí, son servidores púbicos, farmacéuticos, propietarios de pequeños negocios –lo que nos permite analizar a quienes votaron por Hitler en 1933–. Quienes votarán por el No son hombres y mujeres más emocionales, más conscientes de la historia; que recuerdan una y otra vez que el desequilibrado y fragmentario sistema de pensiones se modernizó por última vez hace 14 años. Ellos le dicen a uno que hay gente hambrienta,y muchos que aún recuerdan la hambruna griega de 1941, ¿100 mil muertos, tal vez? Todos sabemos quién ocupaba Grecia entonces ...


Sin embargo, hay también algo oscuro, peligroso y demasiado relevante sobre aquellos días. Europa, desde la perspectiva de Atenas, es una institución muy dictatorial que está más preocupada por el dinero que por la democracia; y ante la posible desintegración del euro, le importa aún más el dinero que la voz de los griegos hambrientos.


Tsipras puede hablar de los líderes europeos que chantajean a los electores de Grecia, pero cuando esos mismos sirvientes de la UE dicten que el referendo del domingo debe ser sobre la permanencia o la salida de Grecia de la gloriosa República Popular de Europa, es difícil estar en desacuerdo.


Si, a todos nos agrada que los griegos hablen a través de su vocero Euclides Tsakalatos, el jefe negociador de Grecia en Bruselas, cuyo lado europeo es enfatizado por su inglés brillante (cortesía del colegio St. Paul y de Oxford). Es un académico británico clásico, me dijo en el desayuno un banquero griego. Es una persona muy agradable, pero es la persona incorrecta para jugar cualquier papel político.


Luego la conversación se volvió horrenda. No ha existido tanto veneno en el léxico político desde la Segunda Guerra Mundial. Hay estalinistas dentro de Syriza, incluido el ministro de desarrollo, quien cree que Putin es una continuación de Stalin. Esta descripción vino del banquero: un hombre con sentido del humor pero sin esperanza en la sonrisa de esos que te topas durante las revoluciones, y quien insistió en que existe el peligro real de un colapso político en Grecia.
El colapso económico ya ocurrió, me dijo.


Mientras hablábamo, fuimos interrumpidos por un mendigo. Al principio creí que era un refugiado sirio pero resultó afgano; otra parte de la historia de Grecia.
El FMI tuvo graves errores de cálculo. El sistema bancario se colapsará la semana próxima, los bancos perderán liquidez y los depósitos privados van a desaparecer. Perderemos la capacidad de comprar y vender internacional y localmente.


Habrá quienes voten Sí el domingo porque tienen miedo. Habrá muchos, sospecho, que votarán No por la misma razón. Y hay extremistas (qué apropiada es esta expresión, en el sentido islamita de la palabra) como los del partido Amanecer Dorado, que culpan a los inmigrantes, más que a los alemanes, de su predicamento. No olvidemos que hay 4 por ciento del voto nacionalista representado en el gobierno de Tsipras con 14 miembros del Parlamento. ¿Pero quién tiene la culpa?


Nuestro pasado populista, me anuncia categóricamente mi amigo el banquero. "Comenzó con la dictadura militar y nuestra forma de mimar constantemente nuestros más bajos sentimientos, y la convicción de que es posible que estemos equivocados. Fue una mala idea unirnos a la zona euro. Pensamos: 'Al fin, hemos recibido nuestro destino. Nos hemos unido a Occidente', pero nuestra economía no estaba lista para ello".


Sí, en efecto, y la corrupción, agregué; la cara del banquero se tornó radiante. Todos esos siglos de admirar a la Grecia clásica. Byron nos debe muchas explicaciones, me dijo.


Pero hay cuestiones más importantes, desde luego. ¿Cómo podemos seguir admirando a la dictadura de los bancos (los europeos, no los griegos)? ¿Cómo podemos seguir dándonos golpes de pecho al hablar de la Europa democrática, cuando Europa le dice a Grecia lo que está en juego en su referendo. Si esta democracia no funciona en Europa, ¿cómo se supone que va a funcionar en India? ¿O en Medio Oriente? Si lo que queremos es que la vote por el Sí el domingo; un "Sí, o verás", ¿quiénes son entonces los dictadores?

 

Es esto un poco es demasiado. Un viejo amigo, Monty Woodhouse, fue Ejecutivo de Operaciones Especiales en Grecia durante la ocupación alemana y años más tarde él y este reportero cuando era joven, buscaron juntos los expedientes de la guerra de un tal Kurt Waldheim, quien fungió como secretario general de la Organización de Naciones Unidas, a pesar de haber sido oficial de inteligencia de la Wehrmacht de la Alemania Nazi. Fue Woodhouse, quien escribió en el ya mencionado hotel Grande Bretagne de Atenas que él aprendió a amar a Grecia cuando se dio cuenta que aquí la gente viva aún hablaba en el lenguaje de Platón.


Pero sospecho que ahí está la falla. Todos amamos a Platón. Y a Aristófanes. ¿Acaso no corearon las ranas: rakak-coax-coax-coax? Pero si hasta helenizaron a los romanos, por Dios. Y todo esto nos lo tomamos a pecho. Y nosotros que pensamos que los griegos eran nuestros amigos, ¿no es cierto?


© The Independent
Traducción: Gabriela Fonseca

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Sábado, 04 Julio 2015 07:06

El contrasentido común

En 1926, el poeta irlandés W. B. Yeats lamentaba: "A los mejores les falta convicción, mientras que los peores están llenos de intensidad apasionada". Esta afirmación resulta más verdadera hoy que entonces. Supongamos, hipotéticamente, que los mejores en el plano personal, moral, social y político son la mayoría de la población y que los peores son una minoría. Como vivimos en democracia, no debería preocuparnos el hecho de que los peores estén llenos de convicciones que, precisamente por ser adoptadas por los peores, tenderán a ser peligrosas o perjudiciales para el bienestar de la sociedad. Al fin y al cabo, en democracia son las mayorías las que gobiernan. La verdad es que hoy se viene generalizando la idea de que las convicciones que dominan en la sociedad son las suscritas apasionadamente por los peores, y que esto es la causa o consecuencia de estar gobernados por los peores. La conclusión de que la democracia está secuestrada por minorías poderosas parece ineludible.

Pero si a los mejores les falta convicción, probablemente también no están convencidos de que esta conclusión sea verdadera, por lo que les será difícil movilizarse contra el secuestro de la democracia. Es, por tanto, urgente averiguar de dónde viene en nuestro tiempo la falta de convicción de los mejores.


La falta de convicción es la manifestación superficial de un malestar difuso y profundo. Surge de la sospecha de que lo que se difunde como verdadero, evidente y sin alternativa, de hecho, no lo es. Dada la intensidad de la difusión, se vuelve casi imposible para el ciudadano común confirmar la sospecha y, a falta de confirmación, los mejores acaban paralizados en la duda honesta. La fuerza de esta duda se expresa como aparente falta de convicción. Para confirmar la sospecha, el ciudadano común tendría que recorrer a conocimientos a los que no tiene acceso y no ve divulgados en la opinión publicada, porque también está al servicio de los peores. Veamos algunas de las convicciones que se están convirtiendo en sentido común y que, por ilusorias y absurdas, constituyen el nuevo contrasentido común:


La desigualdad social es la otra cara de la autonomía individual. Por el contrario, más allá de ciertos límites la desigualdad social permite a quienes están en los niveles más altos cambiar las reglas del juego con el fin de controlar las opciones de vida de quienes están en los más bajos. Sólo es autónomo quien tiene condiciones para serlo. Para el desempleado sin prestación de desempleo, el jubilado empobrecido, el trabajador precario, el joven obligado a emigrar, la autonomía es un insulto cruel.


El Estado es por naturaleza mal administrador. Muchos Estados (europeos, por ejemplo) de los últimos cincuenta años demuestran lo contrario. Si el Estado fuera por naturaleza mal administrador, no sería invocado tan a menudo para resolver las crisis económicas y financieras provocadas por la mala gestión privada de la economía y la sociedad. El Estado es considerado mal administrador siempre que pretende administrar sectores de la vida social donde el capital ve oportunidades de beneficio. El Estado sólo es verdaderamente mal administrador cuando quienes lo controlan consiguen ponerlo impunemente al servicio de sus intereses privados por medio del fanatismo ideológico, la corrupción y el abuso de poder.


Las privatizaciones permiten eficiencia que se traduce en ventajas para los consumidores. Las privatizaciones pueden o no generar eficiencia, siendo siempre cuestionable lo que se entiende por eficiencia, qué relación debe tener con otros valores y a quién sirve. Las privatizaciones de los servicios públicos casi siempre se traducen en aumentos de las tarifas, sea en el transporte, el agua o la electricidad. Las privatizaciones de los servicios esenciales (salud, educación, seguridad social) se traducen en la exclusión social de los ciudadanos que no pueden pagarlos. Si lo privado fuese más eficiente, las sociedades público-privadas deberían haberse traducido en beneficios para el interés público, al contrario de lo que ha sucedido. El engaño de la proclamada excelencia del sector privado en comparación con el público alcanza el paroxismo cuando una empresa del sector público de un Estado es vendida a una entidad pública de otro Estado, como ocurrió recientemente en Portugal en el sector eléctrico, vendido a una empresa pública china; o cuando la adquisición de un bien público estratégico por parte de un inversor extranjero puede ser financiada por un banco estatal de ese país, como ocurre en el caso de la venta en curso de la compañía aérea TAP (Transportes Aéreos Portugueses), con la posible financiación de la compra del inversor brasileño por parte del banco estatal brasileño BNDES (Banco Nacional de Desenvolvimento Econômico e Social).


La liberalización del comercio permite crear riqueza, aumentar el empleo y beneficiar a los consumidores. Tal como se ha venido negociando, la liberalización del comercio concentra la riqueza que crea (cuando la crea) en una pequeñísima minoría, mientras que los trabajadores pierden empleo, sobre todo el empleo decentemente remunerado y con derechos sociales. En las grandes empresas norteamericanas que promueven la liberalización, los directores ejecutivos ganan 300 veces el salario medio de los trabajadores de la empresa. Por otro lado, las leyes nacionales que protegen a los consumidores, la salud pública y el medio ambiente serán consideradas obstáculos para el comercio y, sobre esa base, cuestionadas y probablemente eliminadas. Hay en marcha tres importantes tratados de libre comercio: el Acuerdo Estratégico Trans-Pacífico de Asociación Económica (TPP, por sus siglas en inglés), el Acuerdo sobre Comercio de Servicios (TiSA) y el Acuerdo Transatlántico para el Comercio y la Inversión (conocido como TTIP). Por las razones expuestas crece en Estados Unidos (y en Europa, en el caso del TTIP) la oposición a estos tratados.


La distinción entre izquierda y derecha ya no tiene sentido porque los imperativos globales de gobernanza son inevitables y porque su alternativa es el caos social. Mientras haya desigualdad injusta y discriminación social (y ambas han aumentado en las últimas décadas), la distinción tiene pleno sentido. Cuando se dice que la distinción no tiene sentido, sólo es puesta en cuestión la existencia de la izquierda, nunca la de la derecha. Sectores importantes de la izquierda (partidos socialistas) cayeron en la trampa de este contrasentido común, y es urgente que se liberen de ella. Los "imperativos globales" no permiten alternativas hasta verse obligados a ello por la resistencia organizada de los ciudadanos.


La política de austeridad busca sanear la economía, disminuir la deuda y llevar el país al crecimiento. En los últimos treinta años, ningún país sujeto al ajuste estructural consiguió tales objetivos. Los rescates se han hecho en interés exclusivo de los acreedores, muchos de ellos especuladores sin escrúpulos. Por eso los ministros que aplican "con éxito" las políticas de austeridad son frecuentemente contratados por los grandes agentes financieros y las instituciones a su servicio (FMI y Banco Mundial) cuando abandonan las funciones de gobierno.


Portugal es un caso de éxito; no es Grecia. Este es el mayor insulto a los mejores (la gran mayoría de los portugueses). Basta leer los informes del FMI para saber lo que le está reservado a Portugal después del saqueo de Grecia. Más recortes en las pensiones, más reducción de salarios y mayor precarización del empleo serán exigidos y nunca serán suficientes. Las "arcas llenas"[1] pregonadas por el actual gobierno conservador portugués son para vaciarse ante el primer estornudo especulativo.

Portugal es un país desarrollado. No es verdad. Portugal es un país de desarrollo intermedio en el sistema mundial, condición que tiene hace siglos. Esa condición hizo que Portugal fuese simultáneamente el centro de un vasto imperio y una colonia informal de Inglaterra. Debido a esa misma condición, las colonias y excolonias tuvieron a veces un papel decisivo en el rescate de la metrópoli. Así como Brasil rescató la independencia portuguesa durante las invasiones napoleónicas, la inversión de una excolonia (Angola) viene hoy tomando a su cargo los sectores estratégicos de la economía de la exmetrópoli. En los últimos treinta años, la integración en la Unión Europea creó la ilusión de que Portugal (también España y Grecia) podía superar esa condición semiperiférica. El modo en el que está siendo "resuelta" la actual crisis económica y financiera muestra que la ilusión se deshizo. Portugal está siendo tratado como un país que se debe resignar a su condición subalterna. Los portugueses deben contribuir al bienestar de los turistas del Norte, pero deben contentarse con el malestar del trabajo sin derechos, de la creciente desigualdad social, de las pensiones públicas desvalorizadas y sujetas a constante incertidumbre, y de la educación y la salud públicas reducidas a la condición de programas pobres para pobres. El objetivo principal de la intervención de la troika fue bajar el nivel de protección social a fin de crear las condiciones para un nuevo ciclo de acumulación de capital más rentable, o sea, un ciclo en el que los trabajadores ganen menos que antes y los grandes empresarios (no los pequeños) ganen más que antes.


La democracia es el gobierno de las mayorías. Ese es el ideal, pero en la práctica nunca fue así. Primero, se impidió que la mayoría tuviese derecho al voto (restricciones al sufragio). Después, se intentó con varios mecanismos que la mayoría no votase (restricciones fácticas al ejercicio del voto: voto en día laborable, intimidación para no votar, costos de transporte para ejercer el derecho al voto, etcétera) o lo haga en contra de sus intereses (propaganda engañosa, manipulación mediática, inducción al miedo por las consecuencias del voto, encuestas sesgadas, compra de votos, interferencia externa). En los últimos treinta años, el poder del dinero pasó a condicionar decisivamente el proceso democrático, especialmente a través del financiamiento de los partidos y de la corrupción endémica. En algunos países la democracia ha sido secuestrada por plutócratas y cleptómanos. El caso paradigmático es Estados Unidos. ¿Y alguien puede afirmar de buena fe que el actualCongreso brasileño representa los intereses de la mayoría de los brasileños?


Europa es el continente de la paz, la democracia y la solidaridad. En los últimos ciento cincuenta años, Europa fue el continente más violento y aquel en el que los conflictos causaron más muertes: dos guerras mundiales, ambas provocadas por la prepotencia alemana, el holocausto, y los genocidios y masacres cometidos en las colonias de África y de Asia. El prejuicio colonial con el que Europa continúa mirando al mundo no europeo (incluyendo las otras Europas dentro de Europa) vuelve imposibles los diálogos verdaderamente interculturales, generadores de paz, democracia y solidaridad. Los valores europeos del cristianismo, de la democracia y de la solidaridad son en teoría generosos (pese a ser etnocéntricos), pero han sido frecuentemente usados para justificar agresiones imperiales, xenofobia, racismo e islamofobia. El modo en el que la crisis financiera del sur de Europa ha sido "resuelta", el vasto cementerio líquido en el que se transformó el Mediterráneo, el crecimiento de la extrema derecha en varios países de Europa, son el desmentido de los valores europeos. En Europa, como en todo el mundo, la paz, la democracia y la solidaridad, cuando son apenas un discurso de valores, buscan ocultar las realidades que los contradicen. Para ser vivencias y formas de sociabilidad y de política concretas, tienen que ser conquistadas por la vía de las luchas sociales contra los enemigos de la paz, la democracia y la solidaridad.


[1] Se refiere a la expresión de la ministra de Estado y de Finanzas de Portugal, Maria Luís Albuquerque, quien recientemente afirmó que su país tiene las "arcas llenas" para honrar compromisos en la eventualidad de que surjan perturbaciones en el funcionamiento del mercado (nota de los traductores).

 

*Traducción de Antoni Aguiló y José Luis Exeni Rodríguez

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Sábado, 04 Julio 2015 07:00

La estrategia destituyente

Las aporías del Grexit. Si se sigue con un poco más de atención la estrategia que ha seguido Syriza (en los últimos seis meses) frente a las instituciones europeas para enfrentar la crisis social que cobra su auge en 20013, cabría hacerse una pregunta que probablemente aún no tiene –ni tendrá en los próximos tiempos– respuesta: ¿cómo es posible que una nación tan pequeña –y un conjunto tan reducido de votos en el parlamento de Bruselas– mantengan en estado de hiato al conglomerado europeo? Si el Eurogrupo deja caer a Grecia, bloqueando sus flujos de sustentabilidad, otros países leerían el mensaje de una manera elemental: esa informe amalgama entre la Comisión Europa y el Eurogrupo –¿alguien podría definir de qué forma política se trata?– no es capaz, en caso de catástrofe, de proteger a la parte afectada de la ciudadanía (en este caso ya europea). Este mensaje no sólo alentaría las dudas de las franjas de la izquierda, sino de cualquier coalición gubernamental. Si por el contrario, cede frente a las demandas de Syriza –léase: limitar los pagos de la deuda a una política de no austeridad–, tendría que aceptar que la doxa impuesta por la deuda como tecnología del control es falible. Esta aporía, este problema sin solución, que podría redundar en una situación en Grecia tan dramática como condenable (la mayoría de los mandatarios europeos han emprendido la campaña por el sí para alentar a la extrema derecha griega a que dé pasos más firmes), muestra el amplio rango de vulnerabilidad que hasta ahora no habían exhibido los controles de las instituciones globales –y, por ende, la forma en que pueden ser contrarrestadas–.


Desde 2006, el Eurogrupo apostó –y no podía ser de otra manera– a que en Grecia existía un poder constituido –el Estado griego– para hacer el trabajo sucio que garantizara la legitimidad de instituciones unificadas no por un acta de derechos humanos, por ejemplo –cómo se podría esperar después de la agreste historia europea del siglo XX–, sino en torno a una ¡moneda! La idea del poder constituyente se remonta a la revolución francesa. Un Estado que garantizara salidas frente a cualquier tipo de crisis: una invasión extranjera, una guerra civil, una catástrofe natural, una epidemia..., y que podían poner en peligro la integridad de la nación. Pero la forma en que intervienen los poderes globales hoy en día socava permanentemente todo aquello que constituye a la parte constituyente del poder. Actúan manteniendo a este poder en una situación constante de crisis. Es más: la crisis se ha convertido en una tecnología de gobierno. Se desestabiliza todo para mantener la estabilidad de instituciones flotantes. Esa ha sido la experiencia de Grecia, pero también de Argentina, España y México. Las ideas tradicionales que explicaba al poder moderno como mecanismo de contención de lo ingobernable han perdido sentido. Hoy el poder induce la crisis y se erige como el piloto que pretende navegar en ella. Este es el principio actual de gubernamentabilidad. Agamben lo llamó recientemente: el Estado de seguridad. El término es una ironía, porque supone que el Estado garantiza la seguridad de aquello cuya seguridad ha socavado él mismo. Una ironía efectiva porque hoy se gobierna no sobre la base del principio de certidumbre, sino sobre la máxima del menor riesgo. Es decir, riesgo, al fin y al cabo de cuentas.


Cuando Syriza enfrentó el dictum del riesgo con la opción de un referendo, desbancó (voluntaria o involuntariamente) el principio bajo el cual una técnica de control político se legitimaba con argumentos económicos. Lo último que puede admitir un banco frente a una letra vencida, ¡es una votación! Y, sin embargo, no tuvieron otro remedio que aceptarlo. Lo otro significaba el pogromo contra Grecia.


Se trata de una estrategia destituyente: o se modifica el estatuto europeo o los griegos son lanzados de Europa. Y nadie mejor que ellos sabe que esta última es la mejor de las opciones. Sólo que ahora, seis meses después de la medición de fuerzas, los responsables serían las instituciones europeas. Una estrategia que Alejandro Nadal definió recientemente de manera sucinta: ¿cómo salir de la jaula sin morir en el intento?


Es curioso cómo todo el mundo se pregunta: ¿y con quién irá a parar Grecia? ¿Con Rusia o con China? Son preguntas que no hacen más que repetir la falibilidad de la respuesta que presagian.


El sustento de toda la negociación de Syriza no está en los dirigentes ni en los expertos en economía, está en la radical recomposición de la sociedad griega en los últimos años. En ella emergieron formas de un poder destituyente que no requiere a los partidos ni las expresiones políticas para subsistir, y que conjura la posibilidad misma de que se transformen en andamiajes del Estado. Son miles de redes de apoyo que nacieron al amparo de la revuelta y que garantizan comida, salud, educación, acaso inspiradas en el movimiento neoanarkhe, y que representan el secreto mejor conocido de todo el trance griego –del cual por cierto muy pocos hablan–. Y acaso el fundamento de la fuerza para enfrentar al conglomerado europeo.

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Viernes, 03 Julio 2015 07:16

Lula, de mago a francotirador

Lula busca despegarse de "su" Partido de los Trabajadores y del gobierno que contribuyó a elegir, para erigirse en líder de los indignados con la corrupción y la crisis. Si el fin del PT como alternativa de poder parece inminente, el fantasma mayor para el progresismo es la eventualidad de que el propio Lula sea detenido.

 

Cuando Marcelo Odebrecht, presidente de la principal constructora de Brasil y una de las 25 más grandes del mundo, fue arrestado el 19 de junio en el marco de las investigaciones sobre corrupción en Petrobras, se encendieron todas las alarmas en el gobierno de Dilma Rousseff, en el paralizado Partido de los Trabajadores (PT) y en el conjunto de la izquierda brasileña. El mensaje era claro: el próximo podía ser Lula. El ex presidente fue el primero en advertirlo y en reconocer que su cercanía con Odebrecht, cuya empresa le financió campañas electorales y viajes, lo colocaba inevitablemente en la línea de mira de los investigadores.


Una semana antes, el 13 de junio, en el marco del quinto congreso del partido, Lula formuló una dura crítica al PT. Contrastó el espíritu militante del período fundacional, hace apenas tres décadas, con el estilo imperante ahora. "Hoy sólo se piensa en el cargo, en el empleo, en ser electo, y nadie trabaja de forma militante." Agregó que sería necesaria "una revolución interna" para atraer a la juventud.


Tres días después de que Odebrecht fuera detenido, la consultora Datafolha reveló que en una eventual disputa electoral el senador Aécio Neves, de la socialdemocracia y principal adversario del PT, le lleva diez puntos de ventaja a Lula (35 a 25 por ciento). Algo así nunca había sucedido ni entraba en los cálculos más pesimistas de los dirigentes petistas.


Lo que está ocurriendo en Brasil es mucho más que una crisis económica aprovechada por la derecha para sacar a la izquierda del gobierno. Es la desarticulación del proyecto de poder elaborado por Lula y su entorno, que le rindió cuatro triunfos electorales. Ese proyecto se apoyaba en la alianza con un sector del gran empresariado, en cuadros de la administración federal (incluyendo la cúpula de las fuerzas armadas), de los sindicatos y del PT. Para hacerlo posible era necesaria la expansión permanente de la economía, o sea de las exportaciones de productos primarios y, muy en particular, la integración de la mitad pobre del país a través del aumento de su capacidad de consumo (la llamada "reducción de la pobreza").


Tanto las bases materiales como las alianzas sobre las que descansó el lulismo se han deteriorado, al punto que el colapso está cercano. Se registra una suerte de estrangulamiento gradual del gobierno, una desarticulación de la cadena productiva de Petrobras y un cerco judicial al PT en medio de una situación económica delicada que llevó al gobierno a imponer un severo ajuste fiscal que no hace más que aumentar su falta de legitimidad. La popularidad de Dilma, que no para de caer desde que asumió el gobierno por segunda vez, el 1 de enero, se derrumbó hasta el 10 por ciento en las últimas mediciones.


Los problemas que enfrenta el cuarto gobierno del PT no pueden atribuirse a los ataques que recibe de los grandes medios y de la derecha. Eso sucedió siempre y nunca había calado tan hondo en la población, incluyendo a su propia base social. Joaquim Palhares, director de la publicación digital Carta Maior, asegura en un editorial que en Brasil se está "ante un proceso de derribo del gobierno democráticamente electo". El director del medio que se define como "un espacio de reflexión de la intelectualidad brasileña" explica la situación actual como fruto del "golpismo", en el que militan la extrema derecha estadounidense y regional, los medios y la derecha local, y de lo que considera el principal error del PT: haber dejado intocada "la hegemonía del aparato de comunicación en las manos de la derecha" (Carta Maior, domingo 28).


Llama de todas maneras la atención que en el largo editorial no haya ninguna referencia a las manifestaciones de junio de 2013, que fueron el inicio de este proceso, al suponer un viraje radical en la política brasileña y segar la base del lulismo. El principal intelectual del PT, Emir Sader, insiste en los mismos tópicos, al responsabilizar de la crisis a "las ofensivas combinadas de los medios de comunicación, sectores del poder judicial y partidos opositores" (Alai, 15-VI-15).
IMPLOSIÓN.


Además de ser una de las mayores empresas de América Latina, la constructora Odebrecht mantiene estrechos lazos con el PT y con Lula. No sólo es la encargada de muchas obras en América del Sur que forman parte del plan Iniciativa para la Integración de la Región Sudamericana (Iirsa), sino que es la principal responsable de la mayoría de las obras de infraestructura para los Juegos Olímpicos de Rio de Janeiro en 2016, como la Villa, el Parque Olímpico y el Puerto Maravilla, en la bahía de Guanabara, entre las más emblemáticas.


Cuando Lula firmó la Estrategia Nacional de Defensa, en 2007, que proponía la creación de un potente complejo industrial-militar, Odebrecht decidió participar en el negocio a través de Odebrecht Defensa y Seguridad, creada dos años después. La "translatina" juega un papel clave en el área de defensa, a la par de la aeronáutica Embraer. En 2011 Odebrecht compró la empresa Mectron, líder en la fabricación de misiles y productos de alta tecnología para el mercado aeroespacial.


Pero el paso clave fue la firma, en mayo de 2010, de un acuerdo con la European Aeronautic Defence and Space Company (Eads), empresa de la UE hoy parte de Airbus, para la fabricación de submarinos. Se trata de la segunda corporación del mundo en el campo de la defensa, con la que Odebrecht creó la sociedad Itaguaí Construcciones Navales, que levantó un astillero y una base para submarinos. En este momento se están construyendo tres submarinos convencionales, de los cuatro previstos, y el primer submarino nuclear.


El acuerdo con Eads contempla una amplia transferencia de tecnología, con lo que Odebrecht se sitúa en el corazón del mayor programa de defensa de Brasil. En efecto, al Programa de Desarrollo de Submarinos (Prosub) le corresponde la defensa de la plataforma marítima brasileña, donde se albergan las principales reservas de petróleo descubiertas en el mundo en la última década. Si alguien quisiera dinamitar la estrategia de defensa de una de las principales potencias emergentes, debería colocar a Odebrecht en la mira. Tal vez algo de eso esté sucediendo.


Odebrecht es la principal empresa privada integrada al proyecto del PT, pero no la única. La mayor parte de las constructoras (Camargo Correa, Andrade Gutierres, Oas, entre otras) juegan un papel destacado en el proyecto encabezado por Lula. Las cuatro citadas emplean a 523 mil personas en el mundo, y sólo Odebrecht factura el doble que el Pbi de Uruguay.


Dicho de otro modo: sin el concurso de las constructoras (a las que deben sumarse la propia Petrobras, la minera Vale, las cárnicas y siderúrgicas), un proyecto de desarrollo de Brasil como nación independiente no tiene viabilidad. O dicho de un tercer modo: si para frenar el ascenso de China la Casa Blanca pergeñó el "pivote hacia Asia", desplazando hacia esa región importantes fuerzas armadas, y ante el ascenso de Rusia generó situaciones de inestabilidad como el golpe en Ucrania, ante Brasil parece haber optado por la estrategia de la implosión, habida cuenta de la calidad y variedad de aliados que la superpotencia tiene en ese país.


Sin embargo, de ahí a considerar que cualquier movilización social le hace el juego a la derecha, como sostiene buena parte de los dirigentes del PT, media un abismo. Precisamente el gran problema del oficialismo consiste en su incapacidad para leer correctamente las demandas de junio de 2013, que pueden ser sintetizadas en mejor calidad de vida (y de servicios), o sea, la necesidad de ir más allá de la inclusión vía mercado y consumo, para obtener derechos plenos. Algo que no se consigue sin tocar privilegios, cosa que nunca entró en los cálculos de Lula y su partido.


CRISIS DEL LULISMO.


Una contradicción fundamental atraviesa al proyecto lulista. Luego de una década virtuosa, signada por el crecimiento económico mundial, altos precios de los commodities, fuerte crecimiento de los países emergentes, factores que constituyeron un modelo de desarrollo basado en el consenso entre capital y trabajo, se suceden grandes manifestaciones protagonizadas por jóvenes que piden más. Superadas las facetas más dramáticas de la miseria y el hambre, surgen nuevas demandas "por izquierda". Pero apenas inauguró su segundo gobierno, Dilma se propuso calmar al capital a través de un duro ajuste fiscal que ataca buena parte de las conquistas de la década anterior.


Esa contradicción le está permitiendo a la derecha (desde la mediática hasta la evangélica) capitalizar el descontento contra el gobierno. Con el ajuste fiscal el PT arriesga perder una base social laboriosamente construida, que se había mantenido fiel al partido durante las dos décadas anteriores de derrotas y represiones. Ni los tres fracasos electorales de Lula como candidato a la presidencia, ni la represión del período neoliberal, consiguieron dispersar a ese sector de la sociedad como lo está haciendo el ajuste de Dilma. "No es un fracaso, es un agotamiento, pues el lulismo proporcionó ganancias reales a la mayoría de los brasileños durante más de una década", destaca Felipe Amin Filomeno, economista y sociólogo por la Universidad Johns Hopkins (IHUOnline, 25-VI-15).


El problema de fondo es que cuando algo se agota, nada menos que un modelo de desarrollo, no se puede seguir adelante poniendo parches. Es todo un período el que toca a su fin. Según Filomeno, lo que podría salvar las cosas sería un nuevo ciclo de reformas (tributaria y agraria, entre las más destacadas) y una onda de crecimiento global. Ninguna de las dos parece que vayan a suceder en el corto plazo.


A escala doméstica, se suma un hecho que no hace más que agravar las cosas. La gobernabilidad lulista se basaba en un amplio acuerdo entre partidos que se denominó "presidencialismo de coalición", que sumaba más de una decena de partidos, la mayoría de ellos de centroderecha, como el Pmdb. Pero esa coalición está hecha añicos y es poco probable que iniciativas importantes del gobierno pasen por el parlamento más derechista de las últimas décadas.


Si el idilio con los partidos que formaron la base de apoyo del gobierno está roto, la sintonía con los empresarios está fracturada, más allá de los escándalos de corrupción. Paul Singer, secretario de Economía Solidaria en el Ministerio de Trabajo, destaca: "Hay una parte importantísima de la clase dominante, que nunca fue del PT ni de izquierda, con la que tenemos intereses en común. Para nosotros, del Partido de los Trabajadores, tener una industria creciendo sería importante. Por el contrario, esa industria está en proceso de contracción" (Carta Maior, 26-VI-15).


En efecto, la competencia china está encogiendo la que fuera la quinta industria del mundo. Ese solo hecho le crea al PT problemas con los trabajadores, un sector clave de su base social, y además con su aliado industrial. Pero los sucesivos gobiernos brasileños no han sabido reaccionar frente a la competencia china, ante la cual deberían gravar las importaciones provenientes de ese país, aun corriendo el riesgo de debilitar una de sus principales alianzas en el escenario geopolítico.
En síntesis: problemas con los partidos aliados, con su base social popular y empresarial, y demandas insatisfechas de la nueva clase media que no sabe cómo canalizar, generaron las condiciones para una ofensiva de la derecha y los medios que encuentra a Lula (como símbolo de un proyecto de poder) sin capacidad de respuesta.


CON LA MAGIA NO ALCANZA.


La esperanza de quienes sueñan con un tercer mandato de Lula gira en torno a la construcción de una fórmula del tipo "unidad popular", como la que plantea el español Podemos, que por lo menos no arrastre con el desprestigio que tienen los partidos políticos. En opinión de Singer, "debería crearse un frente en el que lo fundamental no serían los parlamentarios sino los movimientos sociales. Sería una forma para que el PT y sus aliados hicieran las políticas que la población está pidiendo".
El despegue de Lula respecto del PT y del gobierno parece indicar que ese es el camino elegido. El analista de la edición brasileña de El País, Juan Arias, señala que "está naciendo una oposición nueva que no es la oposición institucional de los partidos, sino de la sociedad y de las calles" (El País, 25-VI-15). Parece evidente que la experiencia social que llevó a la creación de Podemos y del griego Syriza es una clave de lectura incluso en los grandes medios. Según esta interpretación, Lula podría volver a la oposición para encabezar el malestar social, para "ponerse al frente de la nueva protesta social para metabolizarla, presentándose como su líder".


Pero las cosas no son tan sencillas. Los millones de brasileños que ganaron las calles en junio de 2013 en 355 ciudades del país sufrieron la brutalidad policial en carne propia, y con su presencia en la calle desnudaron la realidad del poder. En una palabra, se politizaron. Esa politización puede ser canalizada de diversas formas y, en efecto, una parte de la llamada "nueva clase media" puede seguir los pasos de los pastores evangelistas más reaccionarios. Otra parte, como ya quedó en evidencia, sigue en las calles o aprovecha la menor oportunidad para retomar las manifestaciones. Saben que la corrupción atraviesa a todos los partidos, que se robaron entre 2.000 y 3.000 millones de dólares de las arcas de la estatal Petrobras.


Esas multitudes, aun aquellos que volvieron a sus casas y nunca más salieron a las calles, no son arcilla blanda en manos de ilusionistas o de políticos habilidosos. Ni siquiera la magia de Lula puede hacerlos olvidar lo que aprendieron en junio de 2013: que para mejorar su situación necesitan pelear para reducir la desigualdad, en uno de los países más desiguales del mundo.

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Jueves, 02 Julio 2015 06:47

"Usan bancos en vez de tanques"

El académico griego Douzinas señala que toda la negociación con Atenas "ha sido un intento de cambio de gobierno". Y que los europeos presionan al gobierno y al electorado griegos para distorsionar los principios básicos de la democracia.


Grecia está atrapada en una guerra de palabras que empieza por la convocatoria misma del referéndum. El texto es complejo, pero la pregunta es clara: sí o no (Ne o Oxi) al programa de austeridad propuesto por la troika (Fondo Monetario Internacional, Banco Central Europeo y la Unión Europea) el 25 de junio. Sin embargo, dirigentes europeos, con el presidente de la comisión Jean-Claude Juncker a la cabeza (memorablemente bautizado por Eduardo Febbro en estas páginas como "comandante supremo de los paraísos fiscales de Europa"), han dicho que no se trata de un referendo sobre la austeridad sino sobre la pertenencia o no al euro.


La mayoría de los medios europeos fogonean esta interpretación de una consulta pintada como un enfrentamiento entre un realismo responsable y un incompetente populismo. Con alguna que otra excepción, prácticamente nadie ha cuestionado las dudosísimas credenciales de alguien como Juncker, quien durante sus 15 años como primer ministro de Luxemburgo se encargó de vaciar el financiamiento de los estados europeos con los beneficios que su ducado-paraíso fiscal ofrece a la evasión de multinacionales y multimillonarios.


La estrategia político-mediática es ganar por la vía del miedo al caos y lo desconocido, figuras que empiezan a cobrar forma con el corralito bancario instaurado este lunes. Pero el destino de la pulseada va más allá de Grecia. La reacción intempestiva de la euroburocracia política al referéndum deja en claro que derrotar a Syriza es también neutralizar otras alternativas al austericidio de la troika como Podemos en España. Una victoria de la estrategia de Alexis Tsipras sería una bendición para la formación política de Pablo Iglesias de cara a las elecciones generales de este noviembre. Página/12 dialogó con el académico griego Costas Douzinas, especialista en derecho y director del Birkbeck Institute for the Humanities de la Universidad de Londres.


–¿Qué se supone que vota Grecia en el referendo este domingo? ¿Su aprobación del programa de rescate propuesto por la troika o su pertenencia al euro?


–Es una mentira absoluta lo que están tratando de diseminar políticos como Jean-Claude Juncker. El gobierno griego siempre ha estado comprometido con el euro y la Unión Europea. La única razón por la que convocó al referendo fue para llegar a una decisión democrática una vez que se agotaron las vías de negociación. El gobierno concedió mucho. Aceptó las exigencias fiscales de los acreedores con propuestas de aumentos impositivos y recortes del gasto de 7,9 mil millones de euros, pero buscó una distribución más equitativa en el que el 70 por ciento de este monto saliera de impuestos a las corporaciones y los ricos. Por primera vez las propuestas tuvieron el beneplácito inicial de los acreedores que dijeron que eran la base de un acuerdo. Pero pocas horas más tarde rechazaron la propuesta y, a cuatro días de que terminara el actual programa financiero, aumentaron a 11 mil millones de euros y exigieron que la mayoría saliera de los sectores más pobres. Esta propuesta fue presentada como un ultimátum, básicamente un intento de golpe de estado financiero. Toda la negociación ha sido así, un intento de cambio de gobierno usando bancos en vez de tanques.


–¿Qué pasa si los griegos se inclinan por el "no"?


–El gobierno griego, con el respaldo democrático de las urnas, volverá a la mesa de negociación para llegar a un nuevo acuerdo que sea económicamente viable y socialmente justo.


–Sin embargo, el mensaje europeo es que un "no" significa una salida del euro.


–Otra mentira. Todos saben perfectamente bien que no hay ningún mecanismo legal para expulsar a un miembro de la Eurozona. Lo que están haciendo es presionar al gobierno y al electorado griegos para distorsionar los principios básicos de la democracia. Es una política neocolonial, algo que me imagino no sorprenderá mucho a los lectores de Argentina.


–Sin embargo, en los medios se habla no sólo de la expulsión de Grecia del euro, sino también de la Unión Europea. ¿Es esto segundo legalmente posible?


–Extrañamente sí. La UE tiene provisiones para la salida de un miembro, algo que de hecho sucedió en los '80 con Groenlandia. Pero cuando se creó la Eurozona, no se incluyó ninguna provisión al respecto.


–¿Sería ésta una vía entonces? Es decir, expulsar a Grecia de la Unión Europea para sacarla del euro.


–No es lo que está en juego. Ni las más absurdas manifestaciones de los líderes europeos han planteado esto. Hay que recordar que la palabra Europa es una palabra griega. Todos los principios que forman la Unión Europea están fundados en principios de la tradición griega. Pero además, aunque hay leyes estrictas respecto de la salida de un miembro, la realidad es que el derecho está condicionado por la política. De manera que mucho depende de la voluntad política y como digo, nadie está planteándose esto.


–¿Qué pasa si los griegos dicen "sí" a la austeridad este domingo?


–El referendo es consultativo no obligatorio, aunque el gobierno ha dicho que aceptará el veredicto del electorado. Una opción es que el gobierno continúe con las negociaciones, pero desde una posición de mucha debilidad. La alternativa es que renuncie. Las declaraciones del primer ministro parecerían indicar que ésta será la opción preferida. Esto llevará a nuevas elecciones porque este Parlamento no puede formar un nuevo gobierno ya que a Syriza le falta un solo diputado para tener mayoría propia. Ninguna otra fuerza política está en condiciones de formar gobierno.


–¿Qué pasa en este caso? Porque hay compromisos financieros que vencen este mes y no habría un gobierno para tomar decisiones. ¿Qué pasa con Grecia y, también, qué pasa con el euro?


–Europa ha fallado sus principios fundantes. Sea lo que sea que suceda, creo que se está planteando una pregunta existencial básica a la Unión Europea y los líderes tendrán que lidiar con esta pregunta. Hay muchos líderes que dicen que quieren cada vez más integración, pero al mismo tiempo la están socavando. La realidad es que la única interpretación que podemos hacer de la conducta de la troika es política, es decir, el temor al contagio. El objetivo es claro. Derrocar al gobierno si no acepta las condiciones que se le presentan o humillarlo de tal manera que sea inviable. Un éxito de Syriza y una reducción de la deuda, que el mismo FMI declaró inviable, podría generar un efecto contagio que ya se vio en las elecciones locales el España, en el voto antiausteridad de Escocia y en los índices de aprobación de Sinn Fein en Irlanda que muestran un movimiento contra este tipo de ajuste. Syriza está liderando el ataque contra la premisa neoliberal de que "no hay alternativa". Incluso un éxito limitado sería una clara señal de que la única lucha que no se gana es aquella que no se inicia.

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Los manifestantes llenan los alrededores del Parlamento Griego, en Atenas, en contra del la austeridad y a favor del 'NO' en el referéndum.- REUTERS / Marko Djurica

 

 

Los asistentes ondean una bandera griega durante una manifestación contra la austeridad y por el 'NO' en el referéndum convocado por el Gobierno sobre las últimas reformas propuestas por las instituciones para el país.- REUTERS / Alkis Konstantinidis

 

Un manifestante sostiene una bandera griega durante una manifestación contra la austeridad en Atenas, Grecia.- REUTERS / Alkis Konstantinidis

 

Los manifestantes sostienen una bandera griega junto a agentes de la policía antidisturbios en frente del edificio del Parlamento durante una manifestación contra la austeridad y por el 'NO' en el referéndum en Atenas.- REUTERS / Yannis Behrakis

 

Un hombre celebra ante los medios de comunicación que ha sacado los 60 euros diarios de los que puede disponer cada ciudadano en Grecia tras decretarse el corralito.- AFP PHOTO / Louisa GOULIAMAKI

Una mujer se queja en la puerta de un banco griego cerrado mientras espera su apertura para poder cobrar su pensión tras declararse el corralito o control de capitales en el país.- REUTERS / Marko Djurica

 

La gente hace cola en un cajero automático del Banco Nacional en Atenas. Tras el anuncio del referéndum para aceptar o no las medidas exigidas por los acreedores, las sucursales han cerrado y el BCE ha dejado de inyectar liquidez a los bancos griegos. Los ciudadanos sólo pueden sacar 60 euros diarios en efectivo.- REUTERS / Alkis Konstantinidis

Pensionistas esperando en la puerta del Banco Nacional de Grecia para cobrar su pensión en Heraklion, en la isla de Creta, el día después de que se declarara el control de capitales, conocido como corralito. Los bancos sólo han abierto para que los jubilados puedan comprar sus pensiones.- REUTERS/ Stefanos Rapanis

 

Vallia (L), un jubilado de 75 años de edad, de Atenas, se aferra a la puerta de una sucursal del Banco Nacional de Grecia con la esperanza de obtener su pensión, junto a otros jubilados en Atenas, tras establecerse el control de capitales en el país por la convocatoria de una referéndum que podría dejar a a Grecia fuera de la zona euro.

 

Miles de manifestantes llenan la Plaza de Syntagma frente al edificio del Parlamento en Atenas, Grecia, para protestar contra las políticas de austeridad y en favor del 'NO' en el referéndum sobre las reformas propuestas por la troica.-Reuters/Alkis Konstantinidis

 

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La historia parecía dirigirse hacia un final feliz con la propuesta presentada por Tsipras, en la cual pedía un tercer plan para reestructurar su deuda. Pero el Eurogrupo rechazó la propuesta en una reunión de urgencia.


El Fondo Monetario Internacional sigue a punto de contar, en su base de datos de morosos, con el primer país desarrollado del eje occidental que se encuentra ante la imposibilidad de pagar. Grecia tenía plazo hasta esta medianoche –hora de Washington– para abonarle al FMI 1600 millones de euros de una deuda total que asciende a los casi 24.000 millones de euros. Al cierre de esta edición fuentes del FMI confirmaron que el pago no se había efectuado, mientras el viceprimer ministro griego, Yanis Dragasakis, le pidió al organismo un plazo suplementario para evitar la cesación de pagos y dio a entender que a cambio el gobierno levantaría el referéndum del domingo acerca de aceptar o no el ajuste que exigen los acreedores para aprobar un nuevo rescate.


Es preciso aclarar que la fecha de este martes 30 de junio era para Grecia una guillotina financiera de doble filo: uno, el plazo del FMI; el otro, el plan de rescate que Europa diseñó para Grecia y que estaba en curso desde 2012. Si no se arreglaba el tema del Fondo, Atenas perdía este mismo martes el acceso a los 17 mil millones de euros de dicho plan. En una carrera contrarreloj con el telón de fondo de un referéndum en Grecia y un masivo apretón bancario por parte de los socios europeos de Atenas, el primer ministro griego presentó un nuevo plan en Bruselas. Plasmar narrativamente una jornada llena de piruetas, de contrasentidos, de frases de una vulgaridad alucinante y de cambios de posición de los actores más intransigentes requiere un rigor de libro científico. La historia parecía dirigirse hacia un final feliz con la propuesta presentada por Alexis Tsipras en la cual el jefe del Ejecutivo griego pedía un tercer plan para reestructurar su deuda (180 por ciento del PIB) así como la extensión del rescate europeo que vence hoy. El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, alentó la ilusión de una solución cuando dijo una frase enigmática: "Hay acontecimientos importantes a los que ustedes no están preparados que se están produciendo en Atenas". Todos pensaron que el expediente estaba resuelto. Mera ilusión. El Eurogrupo (ministros de Economía de los países de la Zona Euro) celebró una reunión de urgencia a cuyo término decidió no extender el rescate y remitió para este miércoles su decisión sobre el tercer plan de ayuda financiera propuesto por Tsipras.


Los términos que trascendieron de la última oferta griega son difusos. Se evoca un rescate vigente durante dos años por un monto de 29.000 millones de euros obtenidos mediante el Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEE), y un plan de reestructuración de deuda. Ambas opciones, juntas, parecen imposibles. Primero, porque hace falta el visto bueno del Eurogrupo, lo que está lejos de ser evidente. Luego porque, para que entre en vigencia, el plan debe ser validado por los diferentes Parlamentos nacionales, entre ellos el alemán, la Bundestag. La canciller alemana ya advirtió a los diputados de su partido que Berlín no discutiría sobre ese tema antes del referéndum convocado por Alexis Tsipras para este domingo 5 de julio. Varios dirigentes de la UE continuaron haciendo presión sobre el electorado griego con el argumento según el cual un "no" en el referéndum equivaldría a salir del euro y de Europa. El más aguerrido ha sido el presidente del gobierno español, Mariano Rajoy. Si fuera por las escabrosas condiciones morales de su gobierno, de sus bancos y de su partido hace mucho que Rajoy habría sido expulsado de Europa. Pero la moral bancaria es casta e impune. La frase sucia del día la pronunció Alain Juppé, ex primer ministro liberal francés y probable candidato a las presidenciales de 2017. Juppé dijo: "No podemos seguir llenando el barril de las Danaides. Los griegos deben poner orden en sus cuentas". En la mitología, las Danaides son las 50 hijas del rey Dánao condenadas al infierno y a llenar eternamente un barril sin fondo.


La confusión constituye, también, un dato permanente. No todos ven en el posible "sí" del domingo una salida automática de Grecia de la Zona Euro. El intransigente ministro alemán de Finanzas, Wolfgang Schauble, explicó que si el "no" ganaba no se produciría el Grexit (salida de Grecia de la Zona Euro). Lo único masivo, transparente, es que, sea cual fuere la mayoría política de la que son oriundos, socialdemocracia o derecha, todos los jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea se apretaron baja el paraguas de las posiciones de la derecha.


La apuesta de los europeos sigue siendo la del miedo: atemorizar a los electores griegos con las consecuencias del "no" para promover una mayoría a favor del "sí" y, con ello, sacarse de encima a Alexis Tsipras y a Syriza. La inoperancia europea y la de los organismos internacionales de crédito es pasmosa. En el curso de los últimos 6 años, Grecia atravesó por 8 planes de austeridad, tuvo 4 gobiernos y dos planes de ayuda.


La bomba estalló en 2009 cuando el primer ministro socialista Georges Papandreu descubrió el maquillaje de las cuentas públicas heredado del precedente gobierno conservador. Papandreu se fijó el objetivo de reducir el déficit griego del 12,7 por ciento al 3 por ciento en 2013. En marzo de 2010 encajó un segundo y masivo plan de austeridad de 4,8 mil millones de euros. En mayo del mismo año, la Unión Europea, el Fondo Monetario Internacional y la misma Grecia activaron un plan de rescate de 110 mil millones de euros en un período de tres años. 80 mil millones fueron asumidos por los Estados de la Unión y 30 mil por el FMI. Pocos días después, Atenas votó un nuevo plan de recortes y austeridad por unos 30 mil millones de euros. Un año más tarde, en junio de 2011, interviene otro ajuste por 28,5 mil millones de euros. En septiembre, la medida se repite con nuevos recortes por 7,5 mil millones de euros. En octubre, la UE llegó a un acuerdo con los bancos para borrar una parte de la deuda griega (pasó de 350 mil millones a 100 mil millones). De inmediato, un nuevo plan de crédito se pacta entre Atenas y sus acreedores. En febrero de 2012 llegó otro mega diseño de austeridad por un monto de 350 millones de euros.

Ese mismo mes, un programa internacional otorga a Grecia un rescate por 237 mil millones de euros, más una quita de 107 mil millones de euros de la deuda en manos de los acreedores privados, bancos y fondos de inversión. En noviembre de 2012 el gobierno de Antoni Samarás aplica otro ajuste que llega a los 18 mil millones de euros. El mismo mes, los ministros de Finanzas de la Zona Euro y el FMI deciden un dispositivo destinado a rebajar la deuda en unos 40 mil millones de euros.

Luego, en enero de 2013, antes de la victoria de Alexis Tsipras en las elecciones, el octavo y último plan de austeridad (2,5 mil millones de euros) entró en vigencia. La mayoría del dinero no fue al pueblo sino a pagar a los bancos y los intereses de la deuda (en especial los bancos de Francia, Alemania y Suiza). Como si fuera poco, los griegos fuero tratados de todos los nombres por la prensa y los políticos: vagos, gastadores, sucios, corruptos, irresponsables. Y todo sigue igual. O casi todo. Los sucesivos planes de la troika (FMI, Comisión Europea y Banco Central Europeo) hicieron caer el PIB griego en un 25 por ciento al tiempo que el desempleo llegó a un pico del 60 por ciento entre los jóvenes. Por ahora, Grecia perdió su derecho a contar con el plan de rescate europeo vigente desde 2012, debe reembolsar 1600 millones de euros al FMI y aún no se sabrá hasta este miércoles qué decidirá el Eurogrupo. Las intenciones de los europeos no pueden ser más claras: provocar la caída de Syriza, precipitar la celebración de nuevas elecciones anticipadas para que de ellas salga una mayoría acorde con los violines de su política. Todos unidos pondremos de rodillas a los rebeldes. Es altamente probable que lo consigan. El cónclave de demócratas más importante de la historia y del mundo se han confabulado para ahogar una democracia en un ejercicio lamentable que es, en suma, la negación misma de la democracia. La Unión Europea está perfeccionando en el Viejo Continente el golpe de Estado bancario más masivo, consensual y perfecto de las sociedades humanas.
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Miércoles, 01 Julio 2015 05:47

Grecia en Europa: cuando los amigos se odian

La crisis en Grecia muestra los vicios esenciales de la integración europea bajo el neoliberalismo. Los funcionarios de la troika y del eurogrupo (ministros de finanzas de la zona euro) no tienen idea de la catástrofe que han desencadenado con sus obsesiones y dogmas neoliberales. Aunque no son hombres de ciencia, recuerdan el tremendo Canto CXV de Ezra Pound:


Los científicos están aterrados
Y la mente europea se detiene.


La historia europea está repleta de errores de cálculo y percepciones equivocadas que repetidamente han llevado a cataclismos y guerras. La nueva fase de la crisis en Europa es el más reciente episodio. Hay que responder varias preguntas para descifrar su significado.


¿Cómo se definió la estrategia de negociación de Syriza? Este partido tuvo que formar una coalición para integrar su gobierno y eso ha sido determinante para su estrategia de negociación. Su socio en el gobierno es ANEL, un partido de centro derecha: es desconfiado del gran capital, nacionalista y no es alérgico al gobierno. ANEL está vinculado a las pequeñas y medianas empresas, ha favorecido a los trabajadores en repetidas ocasiones pero no es amigo de soluciones radicales. De manera sistemática se opuso a los paquetes de rescate y sus condiciones. Sin otros apoyos, Syriza no tenía otra opción.


El objetivo de Syriza en las negociaciones fue terminar con la austeridad y reducir de manera significativa una deuda que todo mundo sabe es impagable. Todo esto, y aquí viene lo complicado, sin salirse de la unión monetaria. Para lograr la cuadratura del círculo, Syriza pensó era posible convencer a sus socios europeos de la bondad de introducir cambios importantes en el modelo de integración europea para transitar hacia un proyecto social y humano diferente.


En repetidas ocasiones Tsipras y Varoufakis buscaron rescatar lo mejor de los valores europeos. Pero no se dieron cuenta que su retórica chocaba con una ideología y los dogmas de la disciplina fiscal, la estabilidad de los mercados y la falacia de que los bancos son intermediarios que operan en el mercado de fondos prestables. Ésta es quizás la gran madre de todas las mentiras que la troika quiere seguir disfrazando.


Los negociadores de Syriza subestimaron al enemigo que tenían enfrente: no pudieron comprender que no está interesado en hacer un análisis certero sobre la crisis y la austeridad. Esperaron demasiado y sin elaborar un plan paralelo: el referendo sobre el ultimátum de la troika debió haberse convocado hace por lo menos un mes, cuando Tsipras y Varoufakis sabían que no habría otra salida. Para ese entonces el panorama era muy claro: la troika no claudicaría en sus condiciones. ¿Por qué esperar hasta el final?


No existe un mecanismo legal para expulsar a Grecia de la esfera del euro. Ni la moratoria, ni una respuesta negativa en el referendo son sinónimos de una salida del euro. Y aunque se piensa que la falta de liquidez y el colapso del sector bancario llevará a Grecia en esa dirección, quizás todavía el gobierno en Atenas tiene algunos recursos de los que se habla muy poco.
Todo mundo ha olvidado que el banco central de Grecia (BCG) tiene la capacidad de imprimir euros, tanto en el sentido clásico de la palabra (billetes físicos) como en el sentido moderno, con inscripciones de saldos electrónicos al amparo del ELA, sistema de apoyo de liquidez en caso de emergencia. El BCG es parte del sistema de bancos centrales europeos en los cuales se ha delegado la facultad de imprimir euros. Claro, todo esto se hace hoy en día bajo las instrucciones del Banco Central Europeo (BCE), pero si el gobierno decide tomar el control del BCG e imprimir euros en Atenas, sería muy difícil distinguir entre esos nuevos euros y los anteriores.


Sería todavía más difícil diferenciar entre euros creados electrónicamente. Pero el propio BCE cerró el apoyo del ELA a los bancos griegos hace tres días. Entre obedecer a los empleados de Mario Draghi y apuntalar un sistema bancario que está derrumbándose, ¿qué hará el gobierno de Syriza? Quizás Atenas no tendrá otra alternativa que proveer a los bancos de herramientas para mantener vivo el sistema de pagos interbancario. Claro que en el caso de una corrida generalizada sobre los bancos, sería vital contar con dinero en efectivo, lo que conduce a considerar seriamente la opción de imprimir (físicamente) euros mientras se prepara la transición. Todo lo anterior sirve para ilustrar el dramatismo y el sentido de urgencia que recorre Grecia y las opciones que están siendo consideradas en este momento en Atenas.


Los negociadores de la troika no pueden aquilatar las consecuencias que el descalabro en Grecia acarrea. Si el país helénico llega a salir del euro la supuesta sacrosanta integridad de la unión monetaria habrá sido vulnerada y con ella, la credibilidad de las instituciones. Los tecnócratas europeos han subestimado el daño que el mal trato a Grecia acarrea para toda Europa.
Quizás el mismo Canto CXV de Pound nos da la pauta para reflexionar:


Cuando los amigos se odian
¿cómo puede haber paz en el mundo?


Twitter: @anadaloficial

Publicado en Internacional
Martes, 30 Junio 2015 09:12

GRECIA

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