Lastrada por Brasil, América Latina se acerca a la oscuridad y corre el riesgo de quedarse estancada en ella. Del siempre calculado lenguaje del Fondo Monetario Internacional, sobresale en su último informe de previsiones un concepto respecto a las economías latinoamericanas: "Pronóstico apagado".


Eso se traduce en que la región sigue perdiendo impulso económico por la combinación de un descenso del precio del petróleo y de otras materias primas, y una menor inversión. A ello se le unen varias turbulencias internas y externas que llevan al FMI a pronosticar que este será el quinto año consecutivo de reducción del crecimiento económico en América Latina. Y a que tres países cierren 2015 en recesión: Brasil, Argentina y Venezuela. El año pasado, solo entró en terreno negativo la economía venezolana, mientras la brasileña y argentina se salvaron por los pelos. Ahora ya no.


En sus previsiones de abril, difundidas este martes en Washington, el Fondo pronostica que el PIB regional crecerá un 0,9% en 2015 tras hacerlo un 1,3% el año pasado. Son cuatro décimas menos respecto a las estimaciones de enero. Y 1,3 puntos menos respecto a las de octubre. Peor aún le irá a Sudamérica como bloque subregional, cuyo PIB caerá un 0,2%.


El pesimismo se ha agudizado en seis meses y aleja a América Latina -hace pocos años símbolo del boom emergente- del ritmo del conjunto de países en desarrollo (la previsión es que crezcan un 4,3% en 2015) y del promedio mundial (3,5%). En 2016, el panorama latinoamericano mejorará, con un crecimiento del 2% según el informe, pero tres décimas por debajo de lo pensado hace tres meses. Sudamérica crecerá un poco menos (1,3%), todavía lastrada por el frenazo brasileño.


Por países, Brasil y Venezuela colman las malas noticias. La primera economía regional y séptima mundial se contraerá este año un 1% por la apatía de empresas y consumidores, y desequilibrios de competitividad en medio de la inestabilidad desatada por el escándalo de corrupción de la empresa pública Petrobras.


La rapidez del deterioro es alarmante y puede contagiar a los países del entorno: el pronóstico de enero era que Brasil crecería en 2015 un 0,3%; y el de octubre, un 1,4%. El Fondo aplaude los planes de ajuste del Gobierno de Dilma Rousseff, pero advierte de que mermarán la demanda a corto plazo. En 2016, prevé un alza del PIB del 1%, una rebaja de medio punto respecto a enero.


"Las medidas (de ajuste fiscal) tomadas son las adecuadas, pero Brasil tiene problemas que van más allá de lo macroeconómico. Tiene un problema de corrupción que conocemos y esperemos que sea solucionado", afirmó Olivier Blanchard, economista jefe del FMI, en la rueda de prensa de presentación en una alusión implícita al caso Petrobras.


La variación a la baja brasileña queda muy lejos de la de Venezuela: en seis meses el FMI ha pasado de pronosticar una caída del 1% de su economía este año a una del 7%. En paralelo, la inflación mantendrá su ascenso imparable: hasta un 96,8%, 30 puntos más que en 2014. El descenso del precio del crudo golpea a los países exportadores de la región, pero a ninguno tanto como a Venezuela, cuya economía está estrechamente ligada a las ventas petroleras y sufre severos desequilibrios internos.


El desplome de los precios energéticos, junto a otros factores, también afecta a las previsiones de crecimiento de México, Colombia, Perú y Chile; pero el aterrizaje es más suave. Este año crecerán, respectivamente, un 3%, 3,4%, 3,8% y 2,7%, según los cálculos de la institución que dirige Christine Lagarde. Pese a la rebaja, México, Perú y Chile crecerían más que en 2014.
Mientras, en el lado de las mejoras relativas, destaca Argentina: su economía retrocederá en 2015 un 0,3%, frente al -1,5% estimado en octubre.


En una intuición preocupante, el Fondo advierte de que no se percibe un "impulso aparente" a corto plazo en la actividad de América Latina. Pronostica que los precios de las materias primas se mantendrán bajos y avisa que las exportaciones pueden retroceder más si la demanda china lo hace más de lo previsto.


El descenso energético beneficia a países importadores en Centroamérica y el Caribe, pero el efecto, señala el informe, puede quedar neutralizado por la dependencia financiera de muchos de ellos de la asistencia pública de Venezuela.


Otro riesgo regional -objeto de constante escrutinio- es el impacto que puede tener la esperada subida de tipos de interés en Estados Unidos, que podría provocar una huida de capitales y dificultar la financiación empresarial. Pero, a su vez, la consolidación de la recuperación de la primera economía mundial puede beneficiar a sus mayores socios comerciales en la región, como México.


Esta dualidad evidencia el juego de equilibrios de fondo que afronta América Latina: capear el frenazo actual, mientras trata de mantener la tendencia de reducción de la pobreza de los últimos años y sentar las bases para un mayor potencial de crecimiento.


El FMI sostiene que un uso flexible de los tipos de cambio puede ayudar a amortiguar el descenso de la demanda, y aboga por reformas de fomento de la oferta y de mejora de la productividad. En este sentido, recomienda mantener políticas fiscales "prudentes" porque, esgrime, si se priorizan las políticas de estímulo frente a las de mejora de oferta y competitividad se podría trastocar la estabilidad macroeconómica alcanzada en los últimos años. El objetivo final: evitar la oscuridad.

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Fuera Dilma, fuera el PT (Partido de los Trabajadores) y gobierno de corruptos, fueron algunas de las consignas más gritadas por más de 580 mil brasileños que se manifestaron este domingo en las calles de Sao Paulo, Brasilia, Río de Janeiro y decenas de ciudades más, para exigir la destitución y juicio política contra la mandataria Dilma Rousseff.


Según la policía y algunos organizadores, unos 580 mil ciudadanos marcharon en más de 100 ciudades en 18 de los 27 estados de Brasil, en repudio a la corrupción en la estatal Petroleo Brasileiro (Petrobras) y contra la política de ajuste fiscal y recortes presupuestarios del gobierno con miras a reactivar la industria y otros servicios, que ha generado malestar en la población.


En Sao Paulo, donde ocurrió la mayor movilización el pasado 15 de marzo, había este domingo por la tarde unas 275 mil personas, de acuerdo con la policía. Los organizadores no habían dado estimaciones al cierre de esta edición, pero hablaban informalmente de entre 600 mil y 1.2 millones de manifestantes. En Brasilia se mencionó que habría unos 25 mil y en Río de Janeiro la cifra rondaba los 15 mil.


El mes pasado, en todo el país, la policía calculó más de 1.7 millones de manifestantes (de los cuales un millón salieron sólo en Sao Paulo), cifra bastante superior a la de este domingo.


"Queremos abrir un lugar a la indignación del pueblo brasileño. Nuestro objetivo es que Dilma salga del poder mediante un proceso dentro de la ley. Puede ser su renuncia o un impeachment (juicio político), pero que se vaya. Fue elegida en octubre, pero ahora el pueblo quiere su salida", sostuvo Janaina Lima, portavoz del movimiento Vem Pra Rua (Ven a la calle), en la protesta paulista.


Lucimar Penteado, sicóloga de 57 años, explicó que protesta contra la corrupción, contra el caso de Petrobras. Yo no voté por ella (Dilma Rousseff), tampoco quiero que sea destituida, pero sí protesto para que el gobierno mejore, indicó
Por el caso de corrupción en Petrobras son investigados 13 senadores, 22 diputados, dos gobernadores, el tesorero del PT y ex funcionarios. Fueron malversados unos 4 mil millones de dólares en la última década. Rousseff, del PT, tiene la popularidad casi por el piso y enfrenta dificultades en los frentes político y económico, con una inflación del 8.13 por ciento.


Como en la anterior protesta, muchos manifestantes de todo el país vistieron la camiseta amarilla y verde de la selección brasileña y reclaman el juicio político a la presidenta que comenzó su segundo mandato hace poco más de tres meses. La segunda jornada de protestas presentó una original mezcla de política, carnaval y coreografías propias de fanáticos de futbol.
Hay grupos de extrema derecha que exigen una intervención militar, tal como ocurrió en las protestas del 15 de marzo. Se trata de una marcada minoría, pero presente en muchos de los actos, que reivindicó una vez más el regreso de las fuerzas armadas al poder, con frases como SOS Fuerzas Armadas o intervención militar ya.


Un sondeo de Datafolha mostró el sábado que 63 por ciento de los más de 2 mil 800 consultados está a favor de abrir un juicio político contra la presidenta por el caso Petrobras, aunque también 64 por ciento cree que Rousseff no sería apartada de su cargo por ese caso.


Los expertos jurídicos aseguran que no hay elementos que permitan la destitución de Rousseff y ningún partido político ha impulsado esa vía.


La insatisfacción con el gobierno de Rousseff también quedó en evidencia en el sondeo del sábado, que reveló que el índice de aprobación de su gestión se mantiene desde marzo pasado en un ínfimo 13 por ciento, mientras los que la reprueban llegan a 63 por ciento.


Los actos fueron convocados por los mismos grupos que lo hicieron el mes pasado, los cuales se definen como apartidarios: el Movimiento Brasil Libre (MBL), Revoltados Online (Indignados OnlineO y Vem Pra Rua (VPR, Ven a la Calle).


Los tres grupos defienden la renuncia o destitución inmediata de la presidenta, a la que tildan de haber estafado durante la campaña electoral al no haber admitido que promovería el ajuste fiscal que, de hecho, está implementando su equipo, y de tener vínculos estrechos, al igual que el PT, con el millonario caso de corrupción en Petrobras.


Las protestas son apoyadas además por los partidos opositores como el Partido de la Social Democracia Brasileña, cuyo presidente, el senador Aécio Neves, disputó con Rousseff la segunda vuelta de la elección presidencial y perdió por estrecho margen.

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Durante los años noventa se puso de moda el Consenso de Washington, una síntesis de las opiniones que compartían los gurúes económicos más influyentes de Washington, en particular los del Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial y el Gobierno estadounidense. El Consenso prescribía las medidas que debían tomar los gobiernos para que sus economías prosperaran. Muchos países adoptaron la fórmula (o, al menos, anunciaron que seguirían esa dieta): libre comercio e inversiones, prudencia fiscal, privatizaciones, etcétera. Pero llegaron las crisis financieras: México, Rusia, Brasil, Tailandia y muchas otras. ¿El culpable? el Consenso de Washington. Así, los mismos políticos que antes lo encomiaban se transformaron en feroces críticos. Años después, la crisis económica de 2008 contribuyó a desprestigiar aún más cualquier idea emanada de Washington (o aprobada por Washington). Además, en este mundo lleno de fracturas políticas, los consensos se han convertido en una especie en peligro de extinción.


Sin embargo, al prepararme para entrevistar a Christine Lagarde, quien fue ministra de Economía de Francia y quien desde 2011 dirige el Fondo Monetario Internacional (FMI), me di cuenta de que ha aparecido un nuevo consenso, no en relación a las políticas económicas a seguir sino con respecto a ella: el Consenso sobre Lagarde. Christine Lagarde, de 59 años, es "inteligente", "competente", "encantadora", "dura", "buena gestora", "honrada", "ambiciosa", "elegante", "atractiva". Estas son algunas de las cualidades que suelen emplear para describirla otros líderes económicos, políticos, periodistas, conocidos y colegas. "Resplandece", dijo el profesor francés Dominique Moisi. El nombre de Lagarde aparece también de forma habitual en las listas de los que tienen más poder en el mundo, y forma, junto con Angela Merkel y Janet Yellen --gobernadora de la Reserva Federal de Estados Unidos-- el trío de mujeres más poderosas del planeta.


Me cito con Lagarde en su despacho, en Washington. Está acompañada por tres miembros de su equipo (que no pronunciarán una sola palabra en todo el tiempo) y empieza por ofrecerme un dátil. Con su vestido rojo y pendientes a juego, puede que no resplandezca, pero desde luego su rojo contrasta con los colores grises de rigor en las oficinas del poder en Washington.

 

Le leo la lista de atributos que suelen aplicársele y le pregunto si está de acuerdo con el Consenso sobre Lagarde. "No estoy segura con lo de 'ambiciosa'", se apresura a contestar. "Bueno... mire dónde está", le digo, mientras recuerdo --aunque no lo menciono-- la feroz campaña que hizo con distintos países, desde China hasta Brasil y desde Rusia hasta Japón, con el fin de obtener los votos necesarios para ser nombrada directora gerente del FMI. "Si soy inteligente o atractiva, son otros quienes deben decirlo, pero mi reacción a que me llamen ambiciosa se debe a que me parece sorprendente y totalmente equivocado", insiste. Cree que la ambición no ha tenido mucho que ver con su brillante trayectoria tanto en el sector privado como en el público, en dos continentes, como abogada y como política. Los puestos de responsabilidad han sido una constante en su vida. Sin embargo, dice que no se siente poderosa. "Ojalá", añade, "porque, si lo fuera, podría reducir el desempleo, crear las condiciones para el crecimiento, introducir más sentido común en unas salas con demasiada testosterona y demasiados egos... Son cosas que me encantaría hacer pero no puedo".


La recuperación de la economía mundial


¿Ha entrado el mundo en un largo periodo de crecimiento lento, lo que los economistas llaman estancamiento secular? Lagarde dice que prefiere el término "nueva mediocridad" para describir la situación. Explica que en los dos últimos años, y este año también, la economía mundial ha crecido a un promedio del 3,5%, exactamente el mismo ritmo al cual creció en promedio en los últimos 20 años. Es decir, que la situación actual no es muy diferente a lo que ha sido la norma en dos décadas. Lo que ha cambiado, advierte Lagarde con preocupación, es la naturaleza de ese crecimiento. "No está creando los puestos de trabajo necesarios y la insuficiente creación de empleo se distribuye de una forma que no responde a las necesidades. Tampoco está estimulando la productividad, y lo sorprendente es que los países emergentes, que podrían estar creciendo mucho más aceleradamente, no lo están haciendo".


Cuando le pregunto si este crecimiento insuficiente tiene algo que ver con los programas de austeridad adoptados en muchos países tras la crisis de 2008, Lagarde responde que, a su juicio, el debate entre austeridad y crecimiento es falso. "No se excluyen entre sí. Es posible tener disciplina fiscal y un crecimiento fuerte", asegura. El pragmatismo, que le hace conciliar posturas que otros consideran irreconciliables y evitar posiciones rígidas, dogmas y prejuicios ideológicos, son otras de las cualidades que nutren el Consenso sobre Lagarde.


Es la misma actitud que mantiene cuando habla de las desigualdades económicas, un asunto que no solía ser prioritario para el FMI. Christine Lagarde le ha dedicado mucha más atención y está especialmente interesada en las consecuencias que tienen para las mujeres las políticas que recomienda el Fondo. Thomas Piketty, el famoso economista francés, opina que el aumento de las desigualdades económicas se debe a fuerzas muy arraigadas en el sistema capitalista. ¿Está ella de acuerdo? Lagarde evita refutar directamente el argumento de Piketty y dice: "Creo que el sistema capitalista deja margen suficiente para la innovación y doy gran valor a las fuerzas de los mercados, pero en un entorno normativo que proporcione a los gobiernos las herramientas necesarias para reaccionar ante las desigualdades". Se suele decir que la tecnología, el comercio internacional, el sistema financiero y las políticas gubernamentales son los principales motores de la desigualdad. ¿Cuál de estos factores considera que es más culpable? "La tecnología", replica, "pero también el mundo de las finanzas, donde se concentran recursos inmensos en manos de un pequeño grupo. Y también añadiría la cultura. Sobre todo, cuando la cultura limita las oportunidades de las mujeres. Y la corrupción, por supuesto".


El mundo de las finanzas y el comportamiento de los financieros son temas que le irritan. En una ocasión fui testigo de su impaciencia con los banqueros en Davos, la reunión anual de dirigentes empresariales y gubernamentales. En aquel entonces era ministra de Economía de Francia, y la crisis financiera mundial estaba en su peor momento. Varios de los principales banqueros mundiales tomaron la palabra para felicitarla por lo bien que lo estaba haciendo. Lagarde les interrumpió con brusquedad y les dijo que dejaran de felicitarla, que se dedicaran a hacer bien su trabajo y empezaran a conceder préstamos otra vez. Era necesario que el crédito empezara a fluir para estimular la economía, pero los bancos, reacios a asumir riesgos en un ambiente de tanta incertidumbre, habían dejado de prestar dinero, con lo que habían empeorado la situación. Cuando ahora menciono esta anécdota, ella asiente y se ríe: "Sí, ya lo sé. Aquel día no me gane muchos amigos que digamos".
¿Le preocupa que las cargas y costes de la crisis financiera hayan recaído desproporcionadamente sobre los pobres y la clase media y mucho menos sobre los banqueros y financieros que tomaron muchas de las decisiones causantes del problema? "Sí, me preocupa mucho", responde, "y por eso hemos trabajado para cambiar la situación. Antes, cuando un banco entraba en dificultades y necesitaba un rescate, este se hacía con dinero de los contribuyentes. Ahora hemos creado un sistema que hace recaer los costes sobre los accionistas de las instituciones financieras que sufren esas dificultades".


¿Es ahora más seguro el sistema financiero mundial? "Sí; hoy, los gobiernos tienen las bases legales, la competencia y la autoridad para actuar de forma más eficaz". ¿Le preocupa la elevadísima concentración de activos financieros en unas cuantas instituciones de gran tamaño? "Sí, por dos razones. Cuando era una joven abogada, me formé en derecho de la competencia y aprendí que la concentración limita las posibilidades de competir, y que eso es malo. Mi segunda preocupación es que, después de haber ocupado puestos de dirección, pienso que las organizaciones demasiado grandes y complejas se vuelven difíciles de gestionar y, si no se tiene cuidado, poco transparentes".


Crisis en la zona euro


¿El proyecto europeo tiene fallos estructurales? ¿Puede ser estable un continente con una moneda única para distintos países con economías aún demasiado fragmentadas, cada uno con sus normativas y sus propias políticas fiscales? "Lo que describe usted es el pasado", asegura, "porque, desde la crisis financiera, Europa ha progresado enormemente y ha abordado muchos problemas de los que menciona; el resultado es que el proyecto europeo es hoy más sólido que nunca".


Es posible, le digo, pero la verdad es que muchos europeos, al leer esta entrevista, se preguntarán: '¿En qué mundo vive esta señora?' Muchos están sin trabajo, su red de protección social ha desaparecido o está amenazada, el futuro de sus hijos no es optimista, las desigualdades son cada vez mayores, las tensiones sociales van en aumento. ¿Cómo puede pedir a esa población frustrada y preocupada que se sienta satisfecha con las reformas de las que habla?


"Lo sé. Estoy hablando del proyecto europeo, no de los avances. El proyecto europeo está más consolidado, es más fuerte y cuenta con mejores defensas. ¿Eso significa que han mejorado las condiciones para el crecimiento y la prosperidad? Todavía no. Pero se ha trabajado mucho en las áreas monetaria y fiscal. Y hay mucho avance en esto. Todavía queda mucho por hacer en materia de reformas estructurales, sobre todo respecto a las inversiones en infraestructuras. Estas dos palancas --las reformas estructurales y la inversión en infraestructuras-- son absolutamente necesarias para estimular el crecimiento, pero los responsables políticos no las han utilizado todo lo que debieran".


¿Qué opina de Alemania? En el pasado, Lagarde no ha disimulado su frustración con Angela Merkel y su negativa a tomar medidas más agresivas para estimular las economías europeas. ¿Esa resistencia forma parte de la ideología de Merkel?, pregunto. Después de una larga pausa reflexiva, Lagarde explica que no está segura de que sea algo ideológico, sino, más bien, "una mentalidad muy común entre los contribuyentes alemanes". Enumera todas las ventajas que ha obtenido Alemania de Europa --desde el euro hasta la más libre circulación de la mano de obra-- y dice que todos esos factores han impulsado su economía, basada en las exportaciones. Se apresura a destacar que está habiendo cambios que le parecen positivos: los salarios han subido en Alemania, y eso quiere decir que los costes laborales de sus exportaciones están a un nivel más similar a los del resto de Europa. También aprueba que Alemania esté poniendo en marcha ambiciosos programas de inversiones en infraestructuras. Hasta ahora, las inversiones públicas alemanas han sido muy inferiores a las de otros países europeos.

 

Lagarde, los hombres y las mujeres


Lagarde ha hablado mucho sobre la necesidad de situar a más mujeres en puestos de poder y, en general, crear más oportunidades para ellas. También ha dejado clara su decepción por el hecho de que, de los 24 miembros de la junta de gobernadores del FMI, 23 sean hombres. "No puedo corregirlo, porque les nombran sus respectivos gobiernos, pero me alegro de que en los puestos directivos del Fondo ahora haya muchas mujeres", dice.


Para Lagarde, designar a mujeres para puestos de responsabilidad no es solo cuestión de justicia. Está convencida de que las mujeres tienden a gestionar el poder mejor que los hombres. Y nunca le ha dado miedo decirlo en público. Le leo algunas declaraciones que ha hecho al respecto: las mujeres son más incluyentes al gestionar y tienden más a crear consensos, son mejores líderes en tiempos de crisis, administran mejor los riesgos, compaginan mejor diferentes tareas, prestan más atención al detalle y, al mismo tiempo, tienen una visión más global de la vida. Asimismo ha dicho que, por el contrario, los hombres tienen el obstáculo de unos egos inmensos y demasiada testosterona.


¿No es esa una postura sexista?, le pregunto.


"No, es la realidad", contesta sin pestañear. "Es algo que he visto con mis propios ojos durante mi vida profesional, cuando he sido abogada, gerente de una gran institución internacional, ministra de Economía y directora del FMI. Trato de animar a otros a que pongan a prueba a las mujeres y les ofrezcan la oportunidad de mandar, porque pueden hacerlo, y bien".


Lagarde se ha mostrado también muy partidaria de la idea de "ir hacia adelante", de que las mujeres busquen activamente oportunidades, presionen para tener más opciones y luchen para conseguir mejores condiciones de trabajo. "Creo que las mujeres, a veces, somos nuestro peor enemigo, en el sentido de que no tenemos en nosotras mismas la confianza que suelen tener los hombres. Es frecuente que empecemos una frase diciendo "Siento decirle que...", o "¿Puedo decir algo?" Fíjese --es muy interesante-- en que los hombres, en general, no lo hacen. Dicen lo que quieren decir. Piensan que eso es lo que se espera de ellos. Mientras que las mujeres tratan de persuadir, de demostrar sus argumentos. En ese sentido, yo animo a mis colegas femeninas a tener la seguridad suficiente para lanzarse".


Existe otro debate en el que ella también ha intervenido, le digo, sobre si las mujeres pueden "tenerlo todo". ¿Pueden tener una carrera profesional de éxito, pasar mucho tiempo en el trabajo y, al mismo tiempo, atender una familia y llevar a cabo todo lo que supone tener hijos y un hogar? "No necesariamente", responde Lagarde, que se ha casado y divorciado dos veces y tiene dos hijos ya adultos. "Es muy difícil compaginar todas esas cosas. Y no somos perfectas. A veces, tenemos que poder administrar nuestro tiempo y nuestras expectativas, suponiendo que tengamos la confianza necesaria, y estar dispuestas a tardar un poco más, a hacer las cosas en otro orden. Pero no creo que por eso debamos renunciar a salir al mundo y llevar a cabo todo lo que somos capaces de hacer".


Para terminar, le pregunto su opinión ante el hecho de que sus tres últimos predecesores en el cargo de director del FMI eran hombres europeos y los tres abandonaron el puesto antes de completar su mandato. Horst Kohler renunció antes de tiempo para ser presidente de Alemania, cargo del que después se vio obligado a dimitir, Rodrigo Rato se marchó a España para trabajar en el sector financiero y hoy tiene que defenderse de acusaciones legales por su gestión en Bankia y Dominique Strauss-Kahn se fue vergonzosamente, en medio de un escándalo sexual. ¿Qué piensa ella de todo esto? ¿Ve aquí un patrón? Christine Lagarde hace una pausa, me mira con fría intensidad y en tono decidido me dice: "Tengo la intención de llegar hasta el final de mi mandato".


Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia

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Las economías avanzadas y emergentes crecerán durante los próximos cinco años a un ritmo muy inferior al registrado antes de la crisis. Es la consecuencia del derrumbe del sistema financiero hace seis años. Pero como señala el Fondo Monetario Internacional (FMI) en un estudio que acompañará al informe de perspectivas globales, también hacen de lastre en el crecimiento el envejecimiento de la población, un menor incremento de la productividad y la débil inversión privada. Todo esto implica que los tipos de interés seguirán bajos durante un tiempo.


A partir de ahí, los técnicos del Fondo hacen cálculos tomando como referencia a 16 países del G20. En los años previos a la Gran Recesión, el crecimiento potencial de las economías avanzadas llegó a estar en el 2,4%. De ahí se redujo hasta el 1,3% de media entre 2008 y 2014. El estudio muestra que hubo un repunte de dos décimas porcentuales en los dos últimos ejercicios, pero la proyección es que ronde solo el 1,6% de aquí a 2020.


Davide Furceri, responsable del informe, explicó después en rueda de prensa que "parte" de este descenso en el potencial de crecimiento en las economías avanzadas era "esperado" por factores demográficos y la caída en la innovación. De hecho, señala que empezó a bajar a mediados de la pasada década, "antes de la crisis financiera". Pero gran parte del problema está en el hecho de que la economía crece menos de lo esperado tras el colapso financiero.


Es lo que los economistas llaman el "nuevo normal". Los países emergentes, los que hicieron de flotador de la economía global durante la crisis, tampoco se escapan de la corrección. Si durante el periodo de expansión entre 2001 y 2007 su crecimiento potencial llegó al 7,4%, ahora se proyecta que siga cayendo, casi dos puntos, hasta el 5,2% de media para el periodo 2015 a 2020.


Las economías más punteras del mundo en desarrollo lograron mantener el crecimiento potencial en el 6,5% durante el periodo posterior a la crisis financiera, en gran medida porque se convirtieron en una alternativa para las inversiones. Pero durante los últimos dos años se observó ya un cambio de tendencia en el perfil de crecimiento de las economías emergentes, como advierte el Banco Mundial.


Envejecimiento de la población


Aunque los dos grupos son diferentes, hay elementos comunes que explican la reducción del crecimiento potencial. El más evidente es el "efecto negativo" vinculado a factores demográficos, y en concreto el envejecimiento de la población. El segundo, las trabas que afectan a la creación de capital y la inversión. Y tercero, un menor crecimiento de la productividad porque los avances tecnológicos y las posibilidades de mejora se acercan cada vez más al límite.


Este menor crecimiento a medio plazo, advierte el FMI, presenta un nuevo reto. Cita, en concreto, las dificultades para preservar la sostenibilidad de las cuentas públicas, es decir, complicará el recorte del déficit y la deuda. También anticipa que este bajo perfil de crecimiento provocará que los tipos de interés estén más bajos de lo normal y eso restará margen de maniobra a los bancos centrales al hacer frente a situaciones adversas.


"Elevar el crecimiento potencial debe ser una prioridad", reiteran los autores. El Fondo Monetario Internacional presentará en una semana sus previsiones de crecimiento, en vísperas de celebrar su cumbre semestral en Washington. El organismo insiste en la necesidad de apuntalar el crecimiento con reformas estructurales, a la vez que se invierte en innovación e infraestructuras.


Para apoyar esta idea, el FMI publica un estudio específico sobre la inversión privada en los países avanzados. La recuperación, señalan los relatores, ha sido "pequeña" tras la contracción del 25% que sufrió durante los años de la crisis financiera -en España se acercó al 40%. Es un síntoma, señala, de la debilidad que sigue sufriendo la economía. La baja demanda es un factor dominante.


También cita restricciones del lado financiero que hacen que las empresas se lo piensen antes de invertir. El Fondo identifica además como factor la incertidumbre política en algunos países del sur de Europa, entre los que cita a España. Por eso insiste en que es necesario un esfuerzo fiscal y monetario para apoyar el crecimiento y así elevar la inversión, aunque admite que será difícil que recupere la tendencia previa a la Gran Recesión.

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Martes, 07 Abril 2015 06:41

El cataclismo financiero

Es difícil saber cuántos cientos de miles o de millones de personas, en el siglo XXI, continúan creyendo en lo que bien podría ser leído como una broma: la multiplicación de los panes y los peces. Es uno de los milagros que se atribuyen a Jesús. Según la Wiki, el suceso está contado seis veces en los Evangelios: "los cuatro evangelistas describen la primera, en que 5 mil hombres son saciados con cinco panes y dos peces; Mateo el apóstol y Marcos, además, relatan la segunda, en que 4 mil hombres se alimentan de siete panes y 'unos pocos pescados'". ¿De la nada fueron creados panes y peces? Falso.


Pero lo que sí que es contundentemente cierto, es que de la nada los banqueros privados multiplican el dinero: lo crean, se han enriquecido por más de dos siglos sin freno posible, y han provocado con ello múltiples crisis financieras en la historia del capitalismo; esquilman sin cesar y la gran mayoría de la población no se da cuenta cómo lo hacen.


La multiplicación del dinero es una práctica común y corriente de los banqueros privados. El dinero bancario que, repitamos, esquilma, ha llegado a funcionar como algo que ya parece pertenecer al orden natural. Nadie necesita preguntarse cómo es posible que con papeles de valor intrínseco insignificante (billetes) pueda adquirirse todo.


Hablamos del dinero fiduciario, es decir, dinero basado –para ventura de los banqueros– en una confianza que conlleva un atroz engaño. La confianza referida la otorga el Estado, que mantendrá la validez inscrita en un papel sin valor intrínseco. Nadie se negará a recibir los billetes del país con los que paga cualquier cosa un connacional, o los billetes reconocidos como divisas internacionales.


Simplifiquemos: A deposita, digamos, 100 mil pesos en el banco Z. Lo mismo hacen los miles de clientes que tiene el Banco Z aunque con cifras muy diversas. Las autoridades financieras exigen que los bancos creen reservas cuyo monto depende del riesgo que conlleven los créditos que otorgan. Supóngase que los clientes de Z han depositado 200 millones de pesos y que esas autoridades han exigido a Z crear una reserva promedio de 10 por ciento (20 millones). Z puede prestar entonces hasta 180 millones con intereses estratosféricos, como son los que se cobran en México y ganar millones con dinero que no es de Z. ¿Le parece normal?


Quienes pidieron prestados 180 millones a Z, los depositan en los bancos X y W (no importa en cuántos bancos). X y W crearán una reserva de 10 por ciento (18 millones) y podrán prestar hasta 162 millones; ahora son X y W los que ganan millones con dinero ajeno. Pero no ha ocurrido sólo eso. A ha puesto en circulación 180 millones, y X y W, 162 millones, es decir, 342 millones; y el proceso sigue porque los prestatarios de X y W depositarán sus préstamos en J y K, que repetirán a su vez los procesos anotados, y así sucesivamente. Si continuamos el proceso en esos términos, al final los bancos habrán puesto en circulación 2 mil millones, habrán creado una reserva de 200 millones y habrán ganado un mundo de dinero. Esa es una forma de creación de dinero que, justamente, se llama dinero bancario.


Siguiendo el ejemplo descrito, es lo que sucede con el curso de un conjunto de depósitos de origen de 200 millones. Lo mismo que inicialmente ocurrió con A, ocurre en todos los bancos, con todos sus clientes, todos los días, de modo que los montos de dinero creados por los bancos son cifras astronómicas sin control posible.


La globalización neoliberal abrió las compuertas a la creación de dinero, como nunca en el pasado, con otra práctica común y cotidiana de los bancos: no requieren los depósitos de nadie, para otorgar créditos a diestra y siniestra, creando así dinero en montos inimaginables a partir de nada, de absolutamente de nada, y con eso ganan cifras indescriptibles. Desde 2008 ese proceso ha sido brutalmente reforzado con las inyecciones billonarias o trillonarias de dinero efectuadas por los bancos centrales, especialmente de EU, UE, y Japón. El capitalismo ha cruzado una línea de no retorno, y vive en el riesgo de ahogarse en un océano insondable de dinero que no podrá absorber de manera alguna. Tiene que ocurrir un cataclismo ciclópeo para salir de esa, y no sabemos que quedará, aunque en el curso del derrumbe pudo haber surgido un alza en el movimiento de masas en el mundo que podría haber creado un buen número de salidas.


Agregue a nuestra descripción simplificada de lo que hoy ocurre en el mundo financiero las trampas, como los esquemas Ponzi, la creación de burbujas con la manipulación del crédito, la venta interbancaria de paquetes de créditos llamados tóxicos (incobrables): así tenemos una pálida aproximación al caos financiero internacional del presente.


Islandia ha tomado en serio la realidad espeluznante de esta rapiña y está en proceso de quitar a los bancos el poder de crear dinero a partir de nada. La función de crear el dinero necesario para la intermediación comercial y la inversión necesaria, la cumplirá la banca central pública. Haciendo a un lado todas las chapuzas que cotidianamente cometen los banqueros, y quedándonos exclusivamente con las funciones de intermediación que requieren los mercados, debe ser creado un servicio público que cubra esa necesidad en todo el mundo.

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Martes, 07 Abril 2015 06:21

Dilma afirma que el ajuste es necesario

La presidenta de Brasil se siente obligada a renunciar a su programa de crecimiento con distribución del ingreso y aumento de la demanda interna con el que llegó al gobierno en 2011. Pero la austeridad no afectará a Petrobras.


En manos del sepulturero. Para limar las asperezas surgidas en las últimas semanas, Dilma Rousseff convidó a su ministro de Hacienda, Joaquim Levy, a dialogar durante un viaje de Brasilia a San Pablo, el estado más rico e industrializado del país, donde ambos asistieron a un velorio.


Dilma ratificó ayer en el Palacio del Planalto, sede presidencial, la "necesidad imperiosa de promover una reducción de gastos", lo cual implica un ajuste estimado entre 60.000 millones y 80.000 millones de reales (20.000 a 27.000 millones de dólares). Con esas palabras respaldó a Joaquim Levy, con quien habría conversado sobre sus declaraciones inoportunas y repetidos bloopers durante el viaje a San Pablo para asistir al entierro del hijo del gobernador de esa provincia.


Es la segunda vez que la presidenta procura encuadrar a su (in)subordinado ministro. Hace dos semanas, durante un encuentro con sus ex jefes de la banca privada, Levy deslizó críticas sobre la supuesta torpeza de Rousseff y días más tarde participó en un almuerzo cuyo anfitrión acababa de publicar un artículo a favor del impeachment presidencial.


En la Explanada de los Ministerios, la ancha avenida brasiliense que va de la Presidencia al Congreso, dicen que Dilma ya habría despedido a cualquier otro ministro que hubiera desafiado su autoridad como lo hizo Levy. Pero lo mantiene en su puesto porque sólo él, con sus ínfulas de primer ministro de facto, garantiza el aval del mercado hacia un gobierno con la popularidad en caída libre.


Desarrollista convicta, la presidenta se siente obligada a renunciar a su programa de crecimiento con distribución de renta y aumento de la demanda interna con el que llegó al gobierno en 2011 y aceptar los consejos ortodoxos de Levy, ex funcionario del FMI y el Banco Bradesco.


Según el cientista político André Singer, las medidas propuestas por Levy suponen enterrar el pacto social gestado durante los tres primeros gobiernos del PT (dos de Lula y uno de Dilma), cuyo punto culminante fue el virtual pleno empleo alcanzado en 2014.


Para Singer, ex portavoz de Lula, "estamos asistiendo a una política deliberada que busca destruir el pleno empleo porque el capital lo considera incompatible con las inversiones competitivas". Esa tesis es similar a la de las dos líneas internas más importantes del PT, que formalizarán sus críticas a Levy en el congreso partidario de junio.


Entre tanto, fuentes del gobierno dejaron trascender que hay consenso en el gabinete sobre la necesidad de alcanzar un superávit primario que bordee el uno por ciento, pero mientras algunos ministros defienden un corte de 80.000 millones de reales, otros prefieren que sea de 60.000 millones.


Los más moderados argumentan que se debe evitar una austeridad muy radical para evitar el riesgo de una recesión profunda y una disparada de los índices de desempleo.


Por lo pronto, las proyecciones anticipan un año pésimo. El Boletín Focus, divulgado cada lunes por el Banco Central, proyectó que el PBI sufrirá una retracción del 1,01 por ciento en 2015 y la inflación trepará al 8,2 por ciento, pese a que las tasas de interés ya están en el 12,75 por ciento anual y podría seguir creciendo.


El diseño del paquete económico aún está inconcluso pero además de limitar el gasto público también prevé aumentar impuestos y quitar recursos destinados para el seguro de desempleo. El filo de la guadaña no se detiene ahí: habrá menos créditos del Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social destinados, por ejemplo, a grandes empresas constructoras.
Esto menguará los fondos para continuar la ampliación y construcción de carreteras, como la BR 163 en la región amazónica o la BR 101, en el nordeste. A lo que se suma la amenaza de parar algunas obras indispensables para los Juegos Olímpicos del año próximo en Río de Janeiro.


Como consecuencia de este enfriamiento de la industria de la construcción ya fueron despedidos 25.000 trabajadores según Miguel Torres, presidente de Fuerza Sindical, la segunda central laboral del país. Paulo Skaf, titular de la Federación de Industrias de San Pablo, dijo que no tiene cifras definitivas, pero arriesgó una "pérdida de 50.000 puestos de trabajo" en ese estado, que representa casi el 40 por ciento del PBI nacional. El vocero patronal Skaf reiteró su apoyo a una "solución" ortodoxa consistente en reglamentar la tercerización del empleo, iniciativa respaldada por un amplio espectro de partidos en el Congreso.


Petrobras


Durante su discurso de ayer en el Planalto y en las declaraciones de la semana pasada a la agencia Bloomberg, Dilma despejó cualquier duda sobre su decisión de ir a fondo con el plan de austeridad. Sin embargo, dio a entender que las reformas (o contrarreformas) no llegarán hasta la petrolera Petrobras, envuelta en un escándalo de corrupción por el cual debió renunciar su antigua dirección en febrero. "La lucha por la recuperación de Petrobras es una lucha mía y de mi gobierno, y tengo la certeza de que es algo que interesa al pueblo brasileño... lo que está en juego es la soberanía", aseguró, antes de recibir un aplauso cerrado.


Con esa afirmación pareció abortar cualquier especulación sobre cambios de la legislación petrolera que limiten las atribuciones de Petrobras sobre los campos de aguas ultraprondas, o de "pre sal", donde yacen unos 60.000 millones de barriles.
El opositor Partido de la Socialdemocracia Brasileña impulsa un proyecto de ley, en el que Petrobras pierde atribuciones y las petroleras extranjeras recuperan derechos similares a los que tenían durante la gestión del ex presidente Fernando Henrique Cardoso (1995-2003). La iniciativa socialdemócrata cuenta con la venia del mercado y, acaso, del propio Levy. Pero seguramente el ministro de Hacienda evitará reconocerlo públicamente

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Sábado, 04 Abril 2015 08:16

Obama y Venezuela, desorden ejecutivo

Las denominadas Ordenes Ejecutivas constituyen un recurso clave de la política presidencial e institucional en Estados Unidos. Como instrumento interno han sido cruciales para una gestión coordinada del gobierno federal y, a veces, fueron fundamentales para impulsar cambios históricos como la "proclama de emancipación" de Abraham Lincoln y el "New Deal" de Franklin D. Roosevelt. Como medio de una política exterior han sido, usualmente, un componente de la diplomacia coercitiva, tanto durante como después de la Guerra Fría. Internamente, se supone que deben ser básicamente un incentivo importante para el manejo positivo de cuestiones relevantes; internacionalmente son, en general, parte de una estrategia punitiva cuyo propósito es obligar a contrapartes supuestamente agresivas o desafiantes a modificar su comportamiento de acuerdo con los objetivos y preferencias estadounidenses. Por lo tanto, estas órdenes son una combinación de "zanahoria" en el país y "palo" en el extranjero.


La Orden Ejecutiva presidencial más reciente y relacionada con el frente externo fue sobre Venezuela y debido a que, según la Casa Blanca, ese país constituye una "amenaza extraordinaria" a la seguridad nacional de Estados Unidos. Así se bloquearon los bienes y se restringió el ingreso de siete venezolanos. Es evidente que se evitaron sanciones económicas onerosas, restricciones a la exportación de petróleo y castigos en el plano político-militar, tal como ha sido el caso con otras órdenes ejecutivas contra Corea del Norte, Libia e Irán, entre otros. Sin embargo, la decisión de Washington con respecto a Caracas es defectuosa y puede ser contraproducente.


En ningún sentido real o hipotético Venezuela representa un peligro inminente para Estados Unidos. Nadie en el ala liberal del Partido Demócrata, ningún empresario con negocios rentables en la región, ninguna ONG dedicada a los derechos humanos, ni tampoco los estudiosos de la realidad venezolana, thinktanks que trabajan en temas interamericanos o figuras clave en los medios de comunicación –entre otros– estuvieron exigiendo dicha orden. Una muy debilitada democracia en crisis como la de Venezuela no es una amenaza de seguridad para los estadounidenses sino un desafío político para todo el continente. El pobre record de Venezuela en materia de derechos humanos no es peor que los de México o de Egipto: ningún principio prioritario parece haber incidido en la determinación del gobierno de Obama sobre Venezuela a menos que uno haga un argumento sobre la conveniencia estratégica de un doble estándar. La complejidad y la gravedad de las tensiones y los enfrentamientos entre el gobierno del presidente Nicolás Maduro y la oposición todavía son más manejables y negociables en comparación con los distintos "puntos calientes" de Medio Oriente Medio o Africa del Norte. Organizaciones de derechos humanos en Venezuela y América del Sur no han apoyado la directiva del presidente Barack Obama. Ni siquiera la oposición venezolana aplaudió el anuncio de la Casa Blanca. Ningún país latinoamericano –especialmente ningún vecino de Venezuela– ha favorecido esa medida. Aliados próximos de Estados Unidos tales como Canadá o la Unión Europea no se han unido a Washington o felicitado a Obama.


Por lo tanto, hay al menos dos alternativas para comprender –lo que no implica justificar– la nueva política de Washington hacia Caracas. Por un lado, puede ser el resultado de un "acto reflejo" acompañado de una "lógica de compensación". El "acto reflejo" remite a que el anuncio de sanciones es un rasgo ya habitual de los gobiernos estadounidenses después de los atentados del 11 de septiembre de 2001: la "lista" de "estados canallas" (rouge states), "estados chantajistas" (blackmail states), "estados bandidos" (outlaw states), "estados disfuncionales" (dysfunctional states), que son las categorías a las que suelen referirse los tomadores de decisión en Washington al momento de tomar acciones de coacción y de retaliación, es extensa y en permanente expansión. A su turno la "lógica de compensación" se manifiesta en determinadas coyunturas relevantes. Como se sabe Estados Unidos y Cuba han decidido normalizar sus relaciones y La Habana ha solicitando ser sacada de la lista de los estados que auspician el terrorismo; tal la condición en la que se encuentra el país desde el 1° de marzo de 1982 (junto a Irán, Sudán y Siria).


Mientras avanza un acuerdo definitivo entre el P5 (Estados unidos, China, Rusia, Francia y Gran Bretaña) + 1 (Alemania) e Irán en materia nuclear. Con el fin de no parecer "suave" sobre ambas cuestiones, la administración Obama desea quizás demostrar que es lo suficientemente "dura" con la nueva generación de "enemigos", ya sean el Estado Islámico, Venezuela o Rusia. La Orden Ejecutiva contra Venezuela tendría entonces más que ver con una mezcla de política exterior y doméstica en el corto plazo, así como con la política electoral en el mediano plazo (pensando en la elección de 2016 y en estados como Florida, Texas y Nueva York, donde ha crecido la presencia de venezolanos en los últimos años).


Por otro lado, la decisión estadounidense contra Venezuela puede haberse basado sólo en lo que está sucediendo en ese país. Es posible que la percepción entre los políticos estadounidenses en el Ejecutivo y el Legislativo fuese que el endurecimiento de la postura frente al gobierno de Maduro pudiera contribuir a unir a la oposición, erosionar al mandatario y acelerar un cambio de régimen. Si hay divisiones entre las fuerzas armadas –tal como pareciera ser hoy el caso– la Orden Ejecutiva funcionaría como un mensaje: los militares deben definir, más temprano que tarde, su postura con respecto al mandato de Maduro. En ese caso, Washington estaría dispuesto a seguir una política muy arriesgada sin preocuparse demasiado por las consecuencias internas en Venezuela y por el impacto global sobre las relaciones entre Estados Unidos y América latina: al fin y al cabo, la región no ha generado una coalición de contrapeso de las fuerzas de centroizquierda en el gobierno capaz de limitar seriamente la proyección de poder de Estados Unidos en la zona.


Bajo este hipotético marco de referencia, las primeras reacciones en Venezuela –del gobierno, de la oposición y de las fuerzas armadas– y en América latina –más allá de la orientación ideológica de cada gobierno– no han sido promisorias para Washington. Habrá que ver si la VII Cumbre de las Américas a efectuarse en Panamá los días 10 y 11 de este mes resulta la crónica de un fracaso anunciado o si logra un mínimo de convivencia, así sea formal, en las relaciones interamericanas.


Pero cualquiera sea la razón es desconcertante que alguien en Washington (y Arlington y Wall Street) crea que actuar en solitario y exacerbar las fricciones en Venezuela es bueno para los intereses a largo plazo de Estados Unidos en Venezuela, en particular, y en América latina, en general. Tal vez un pequeño grupo de individuos e intereses aún sostenga que Estados Unidos (y el mundo) estará mejor con más confrontación y una nueva y potencial guerra (in)civil. En breve, e independiente de la intención última, la decisión de Obama sobre Venezuela puede llegar a ser realmente una fuente de desorden ejecutivo más que el preludio de transformación pacífica en ese país.

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La crisis y el caos sistémicos operan como una máquina depredadora que no deja nada en su lugar; destruye, devasta, aniquila lo que encuentra en su camino. Avasalla los modos de vida de los dominados y de los dominadores, aunque unos y otros tienen medios distintos para enfrentar la nueva situación. Los de arriba intentan sacar tajada del caos para seguir estando arriba. Los de abajo enfrentan desafíos mayores, toda vez que su sobrevivencia está en peligro. Sólo pueden salir airosos en movimiento y en comunidad, luchando con otros y otras a quienes el desorden les impone hermanarse.


El caos sistémico tiende a destruir (neutralizar y transformar sus identidades) a todos los actores colectivos, empezando por los más frágiles y menos resistentes. Las izquierdas dejan de ser izquierdas no porque tengan pocos apoyos, pueden tener incluso millones de votos, sino porque echaron por la borda la ética para estar arriba, trenzadas con el poder y los poderosos. Lo sucedido con el Partido de los Trabajadores (PT) de Brasil es un buen ejemplo.


Vale la pena leer una reciente entrevista a Frei Betto realizada el 30 de marzo por O Estado de São Paulo (http://goo.gl/OYzcf0). Durante la dictadura militar trabajó en las comunidades eclesiales de base contribuyendo a la fundación del PT. Integró el primer gobierno de Lula (de 2003 a 2005) como coordinador del programa Hambre Cero. Luego de dos años lo abandonó, cuando se divulgó el escándalo de corrupción sobre las mensualidades que pasaba el partido a los diputados opositores para que votaran sus proyectos, y escribió Mosca azul, una reflexión sobre el PT en el poder.


Estamos asistiendo al comienzo del fin del PT, reflexiona Betto. "¿Dónde están los líderes del PT que los fines de semana regresan a las favelas y las periferias? ¿Dónde están los líderes del PT que no tuvieron un asombroso aumento de su patrimonio familiar durante estos años, al punto de que no se sienten cómodos en una asamblea de sin techo, en una aldea indígena, entre comunidades quilombolas (negras)?". Asegura que existen, pero son excepciones.


El PT se convirtió apenas en un proyecto de poder, sigue Betto. Un partido creado por los movimientos sociales, al llegar al Palacio de Planalto eligió asegurar su gobernabilidad con el mercado y con el Congreso. Está convencido de que la única salida es buscar la gobernabilidad estrechando sus relaciones con los movimientos sociales. De lo contrario, es el comienzo del fin. Sabe que eso no va a suceder, porque la cultura política que se hizo fuerte en el PT sólo puede pensar en términos de poder.
Véase que para Frei Betto la clave está en la ética. Después, sólo después, viene la línea política, la orientación del partido.

Fruto de la opción ética realizada es que en 12 años de gobierno "no tuvimos ninguna reforma de estructura (...) ni la agraria, ni la tributaria, ni la política". Ni urbana ni educativa. Es cierto, dice Betto, que 36 millones salieron de la pobreza y hoy tienen televisión, lavadora, celulares y hasta coches. "Pero esa familia sigue en la favela, sin saneamiento, en un empleo precario, sin acceso a salud, educación, transporte público y seguridad de calidad".


Lo trascendente de su análisis es que Betto creyó que el gobierno del PT sería diferente, se comprometió con ese gobierno, hasta que comprendió –por experiencia directa– que ese no es el camino. El gobierno consiste, apenas, en un paquete de propuestas puntuales que llevaron a la desaparición del horizonte histórico.


Como decía Fernand Braudel, el momento del naufragio es el más significativo. Porque aparecen los defectos en la construcción, los puntos de fricción, de los que nacen averías y deterioros, invisibles al principio, pero que se revelan fatales con el tiempo. La crisis del PT, irreversible desde el punto de vista emancipatorio, deja un conjunto de aprendizajes que pueden resultar importantes para las fuerzas antisistémicas en un periodo de turbulencias.


La primera es la centralidad de la ética. Que no permite ganar elecciones ni atraer multitudes. Más aún, en ciertos periodos es garantía de soledad. Pero nada sólido se puede construir sin ética, porque si las personas que se nos acercan lo hacen por mezquinos intereses, el resultado será la desconfianza y la lucha por tajadas de poder, que destruyen cualquier organización. La solidez de una construcción se hace visible en las grandes crisis.


Lo segundo es que una vez que se dilapida o extravía, no hay retorno. Las personas saben quiénes son los corruptos. Pueden transar en el corto plazo por conveniencia, pero no se fían de ellos. Los corruptos de Petrobras (no sólo miembros del PT) desviaron la friolera de 4 mil millones de dólares de la empresa estatal.


Tercero, la crisis del PT es el espejo en el que deben mirarse los partidos y fuerzas progresistas de la región. Todos sabemos de algunos gobiernos carcomidos hasta los huesos por la corrupción, que se tapa culpando al imperialismo y las derechas. Que esas fuerzas operan para socavar procesos, nadie debería dudarlo. Pero es la corrupción una de las mayores fuentes de su debilidad. En Brasil, la derecha moviliza hoy mucha más gente que la izquierda. La culpa no es, sólo, de los grandes medios de comunicación.


Cuatro, en el periodo actual del capitalismo (acumulación por despojo/cuarta guerra mundial) los márgenes de negociación con el capital son cada vez más estrechos y serán menores en el futuro. En suma, no hay otro camino que el combate, que prepararse para el conflicto, bajo sus más diversas formas. Es en este sentido que postulo que los gobiernos progresistas llegaron a su fin. Como gobiernos que produjeron algunos cambios progresivos sin realizar reformas estructurales.
Las reformas que millones reclaman implican resistencias de los de arriba, intensificación de los conflictos. Es, otra vez, la hora de los movimientos. Porque sólo los de abajo organizados son capaces de enfrentarlos y derrotarlos.

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El sábado pasado se cerró el Foro Social Mundial, celebrado por segundo año consecutivo en Túnez, con una manifestación pro-palestina mucho menos numerosa que la de 2013 y en un ambiente mucho más mortecino. Todas las fuentes coinciden en que ha sido el Foro más complicado, el menos concurrido y quizás el más inútil, y ello por razones que tienen que ver con las propias dinámicas políticas globales y con la situación interna de Túnez. Poco antes del encuentro, el conocido profesor brasileño Emir Sader criticaba el control del FSM por parte de las ONGs, modelo "reduccionista y superado" en un momento en el que son "los gobiernos progresistas latinoamericanos" -según su opinión- el referente de los "indignados, los ocupas, Syriza y Podemos". Por su parte, el también brasileiro Chico Whitaker, uno de los co-fundadores del Foro, señaló más bien los problemas organizativos como causa del creciente desinterés de esta iniciativa que cumple ya quince años de vida: "el Consejo Internacional está totalmente perdido en cuanto a propuestas"; y añade "ya hace algún tiempo propusimos la eutanasia de este elefante blanco y buscar una nueva fórmula" a fin de "recuperar la visibilidad perdida y volver a existir internacionalmente".


El Foro de Túnez ha sido, en efecto, de baja intensidad: el que menos delegaciones europeas y latinoamericanas ha recibido,el que ha contado con menos financiación y el que menos atención mediática ha despertado. Es verdad que el FSM nació en el interior de la ola progresista que transformó la orografía política de América Latina y que llevó al gobierno a partidos políticos que, aupados en los movimientos sociales, hoy los contemplan con desconfianza, cuando no como fuerzas de oposición. Y no es menos cierto que los movimientos en España y en Grecia están ahora absorbidos -o al menos ocupados- en procesos de cambio que hace dos años no existían. Ahora bien, creo que, en este caso, las limitaciones del Foro -que son también estructurales- tienen más que ver con la situación concreta del país anfitrión y, más allá, de la región árabe en general. Podríamos mencionar las numerosas anulaciones de viajes y talleres tras el atentado yihadista del 18 de marzo, pero esa misma circunstancia habría podido provocar un desafiante impulso solidario si Túnez siguiese siendo el principio, y no el final, de una gran esperanza regional e internacional.


La implacable lluvia que durante cuatro días ha subrayado la arquitectura carcelaria del campus universitario del Manar, en la capital de Túnez, ha expuesto el alma de un país política y socialmente deprimido en una región que vuelve aparatosamente al peor de los pasados imaginables. Frente a la reunión de la Liga Arabe -celebrada en Egipto al mismo tiempo que se cerraba el Foro- en la que nuevos y viejos dictadores apoyaban los bombardeos sobre Yemen, como si jamás hubiera habido "primavera árabe", la fiesta de los movimientos sociales tenía algo clandestino y marginal y hasta elegíaco: los jóvenes tunecinos acudieron en menor número que en 2013, "entre la decepción y la depresión" -según las palabras del artista y escenógrafo Khaled Ferjani- , y ante la indiferencia de los propios medios locales, completamente absorbidos por las consecuencias del atentado del Bardo y "la marcha anti-terrorista" internacional encabezada por François Hollande. Nawaat, el conocido medio alternativo tunecino, hace dos años resumió el Foro en un titular: "Entusiasmo a pesar de la falta de organización". Hace dos días, el único artículo aparecido en sus páginas sobre el encuentro se preguntaba "qué ha sido de la lucha anticapitalista", pero hablaba sobre todo de "visible decepción de los participantes". Estas críticas son elocuentes en la medida en que describen no tanto la atmósfera del campus -con sus talleres más o menos interesantes y sus más o menos rutinarios "vendedores de causas perdidas"- como el abatimiento de los militantes locales, cuyas demandas se han visto marginadas por el juego "democrático" y silenciadas por la "alarma terrorista".


Si se tiene en cuenta que, en todo caso, Túnez es el único país de la región donde podía celebrarse un encuentro como éste, puede imaginarse el tono de las otras delegaciones y organizaciones árabes. Incluso los acostumbrados enfrentamientos entre saharauis y marroquíes o entre partidarios y opositores de Bachar Al-Assad han sido marginales y casi protocolarios. Las fuerzas zombis que se apoderan de nuevo de la región -regímenes dictatoriales, intervenciones multinacionales y violencia yihadista- han secado por el momento las esperanzas de cambio que la sacudieron de arriba abajo en 2011.


¿Ha sido un fracaso el Foro tunecino? Más allá del fugaz estímulo al sector turístico, en ruinas tras el atentado, y de las píldoras de conocimiento ingeridas en los talleres, el Foro ha servido, como todos, para catalizar contactos, festivos y políticos, en los pasillos, para prolongar redes más o menos duraderas y para amortiguar la soledad de unos cuantos centenares de tunecinos que, en cualquier caso, no representan sino a una minoría de la población, los menos castigados por el paro y la crisis económica. Es poco. Es algo. Aunque ahora, más solos que hace una semana, fuera ya de todos los focos, esos mismos jóvenes queden más expuestos que nunca frente a un gobierno y una policía que -advierte ya Human Rights Watch- aprovechará el atentado del Bardo y la alerta securitaria para recortar derechos civiles y amordazar sus voces.


¿Es el fin del Foro Social Mundial? Probablemente no, pero es verdad que debería replantearse sus formatos y sus sedes a la medida de los cambios político-geográficos insinuados en los últimos años. Al contrario de lo que dice Emir Sader, la ola latinoamericana, en marea baja, no puede ser ya el referente del Foro, que nació para vender causas perdidas, no ganadoras (por muy importante que sea ganarlas), y que debe conservar y robustecer su vida paralela -mientras defender causas perdidas siga sirviendo para que los perdedores de siempre no pierdan las ganas de luchar.


 

Túnez, entre el Foro Social Mundial y la lucha por la paz

 

Por, Emir Sader

Público


Dos marchas cerraron una semana tensa en Túnez. Una de ellas puso punto final al Foro Social Mundial. La otra, por su parte, tuvo como protagonista la lucha por la paz y congregó a cientos de invitados extranjeros.


Todo esto sucedía en las calles sin la presencia de ningún turista extranjero. A pesar de la solidaridad internacional, la reacción inmediata al atentado del 18 de marzo ha tenido un efecto arrasador sobre la economía del país. El turismo —la actividad que genera más empleo en el mundo y que alimenta gran parte de la economía de la región— prácticamente abandonó Túnez. Solo se veía por las calles a aquellos que asistieron al Foro Social Mundial, y que, aunque hicieron gala de su solidaridad, una vez finalizado el evento no dudaron en abandonar el país.


Lo que más preocupa es la cantidad de jóvenes que habrían ido a luchar a Siria e Iraq en las filas de grupos yihadistas, y que estarían de vuelta para actuar en Túnez, a los que habría que sumar aquellos que se han entrenado en Libia. Mientras que el desempleo sigue aumentando, alcanzando las 650 mil personas, de entre las cuales 245 mil cuentan con títulos universitarios, lo que significa una tasa del 23,7% de desempleados, porcentaje que en el caso de los jóvenes es mucho más alto.


El atentado al museo del Bardo tiene como principal característica el haberse producido en el centro de la ciudad y utilizar a los turistas extranjeros como objetivos de sus ataques. Cuando, por lo general, las acciones se han limitado hasta la fecha a zonas rurales cercanas a las fronteras. Ahora, en cambio pretenden causar daños económicos reales, ahuyentando a los turistas.


Las reacciones en la opinión pública no son unánimes. El ejecutivo propone el endurecimiento de las leyes de seguridad, pero sectores de la oposición —que se han manifestado este domingo— creen que el propio gobierno tiene cierta responsabilidad en los actos terroristas, ya que de él participa el partido islámico, acusado en el pasado de ser muy laxo con movimientos islamistas radicales.


Por otra parte, hay constancia de que el aumento de la represión hacia algunos sectores de la juventud criminalizados por tener vínculos con el terrorismo, solo aumenta la solidaridad hacia dichas acciones. Así como el hecho de que la crisis económica y social —que solo tiende a aumentar con la bajada del turismo— es el escenario favorable para la propagación del reclutamiento de jóvenes por grupos terroristas.


Si hace dos años, en el Foro Social Mundial se vivía todavía un clima de optimismo propiciado por la primavera árabe, esta vez dicho clima ha cambiado, debido como es lógico al atentado terrorista y al temor de que se multipliquen, así como por la crisis social, que tampoco parece que vaya a amainar.


En el décimo Foro Social Mundial hubo una amplia participación de los jóvenes de los países del mundo árabe, sin embargo, no contó con jóvenes de muchos países del África sub-sahariana, probablemente por las dificultades a la hora de obtener recursos para el desplazamiento.


Durante los días en los que tuvo lugar la celebración del Foro, la ciudad universitaria de Túnez reunió a docenas de miles de jóvenes, en torno a cientos de actividades simultáneas en las que predominaron los temas clásicos de los FSM: ecología, género, agricultura, lucha contra todo tipo de discriminación, y esta vez con el añadido especial de asuntos relacionados con la violencia, así como las interrelaciones entre política y religión.


Una vez más se ha vuelto a abrir el debate sobre la necesidad de que los Foros se realicen cada año debido a la rapidez con la que trascurren los acontecimientos en el mundo actual, pero también por el hecho de que los FSM han perdido el pulso a los nuevos movimientos que luchan por crear otro mundo posible —ya sea en América Latina, o en la propia Europa—. En el caso de que se concrete esta decisión, la perspectiva más probable es que la conmemoración de los 15 años trascurridos desde el primer FSM se realice en su sede original —Porto Alegre— en enero de 2016.

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José Ignacio recorre barrios del Gran Buenos Aires (periferia) con su bicicleta para ofrecer detergente y otros productos de limpieza que compra a granel y fracciona en botellas de refrescos de medio litro. También subsiste con algunas tareas de albañil y con las asignaciones estatales que recibe por sus dos hijos, de 65 euros mensuales por cada uno. Teme que en las elecciones presidenciales de Argentina, de octubre próximo, gane algún candidato que quiera eliminar ese subsidio, pese a que todos los candidatos prometen mantenerla. Lo que puede suceder es que se recorte. Por lo menos eso es lo que sugiere el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en el informe macroeconómico que difundió este domingo en Busan, Corea del Sur, uno de los países donantes de la entidad y sede de la reunión anual de 2015.


En su informe, el BID prevé un escenario base en el que Latinoamérica crecerá al 2,7% anual entre 2015 y 2017, por debajo del 4,7% del periodo 2003-2008, cuando se apreciaban las materias primas que la región exporta y antes de que la crisis mundial destrozara todos los pronósticos. Esos cálculos se basan en la perspectiva de una recuperación de EE UU, un bajo crecimiento de la Unión Europea y una desaceleración de China. Pero si el escenario internacional empeora, la economía latinoamericana solo crecería un 1% anual durante los dos próximos años. Si al menos EE UU empuja en un contexto negativo para el resto de las regiones, la expansión alcanzaría el 1,3%, según el BID.


"América Latina y el Caribe se enfrentan a varios años de crecimiento relativamente lento y a algún riesgo macroeconómico potencialmente grave", advierte el documento que coordinó el asesor principal de economía del BID, el británico Andrew Powell, considerado un liberal. El reporte advierte sobre el impacto del nuevo contexto en las deudas de las grandes empresas latinoamericanas y, por consiguiente, en sus sistemas bancarios.


"Los menores precios de las materias primas y un mayor gasto inflexible amenazan con erosionar avances", advirtió el economista jefe del BID, el español José Juan Ruiz. "Los países deberán encontrar la forma de incrementar sus ingresos y mejorar la eficiencia del gasto, y a la vez proteger sus logros sociales", añadió.


El informe explica como "la mayoría de las economías de América Latina y el Caribe no se encuentran en posición de pensar en políticas contracíclicas" para contrarrestar la desaceleración económica "y actualmente contemplan cómo reducir los déficit fiscales". Entre las excepciones figuran Perú, Colombia, Chile y Guatemala, según el BID.


El documento dedica uno de sus ochos capítulos a recomendaciones sobre ajustes del gasto social. "En salud, la región se ubica entre 12 y 44 puntos porcentuales por debajo de las naciones más eficientes en generación de una expectativa de vida saludable con los recursos disponibles. En educación, el gasto se elevó desde el 4,2% del PIB al 5,6% del PIB en 13 años, con pocas evidencias de una mayor efectividad", enumera el BID.


El banco también critica las ayudas a los más necesitados pobres como las que recibe el vendedor del Gran Buenos Aires. El BID señala que tendrían que focalizarse solo en las víctimas de la pobreza extrema y que "en varios países el valor de las transferencias han aumentado hasta el 40% del ingreso de los hogares", pero ese nivel "debería ser de una magnitud razonablemente modesta, no superior al 20% o 25%". Tampoco se priva de objetar los "altos costes laborales asociados al salario mínimo", que también mejoró en los últimos años en la región.


A los países con mayor recaudación tributaria, como Brasil y Argentina, el banco les recomienda la eliminación de exenciones impositivas y el recorte de gasto "ineficiente". A los de baja carga fiscal y poco gasto público, como los de América Central, les advierte de que será difícil reducir subvenciones. El BID además advierte sobre el elevado el fraude fiscal en toda la región: "El porcentaje de contribuyentes registrados que no presentan su declaración es de hasta una tercera parte de todos los contribuyentes activos, tanto para el IVA como para el impuesto sobre la renta (personal e impuesto de sociedades) y el porcentaje de contribuyentes que son inspeccionados y auditados son solo una pequeña fracción de los contribuyentes activos".

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