Sábado, 30 Agosto 2014 00:00

Europa no sabe cómo salir del ajuste

El continente sigue con cifras cada vez más alarmantes de recesión, deterioro de servicios sociales y pobreza, pero el dogma conservador sigue instalado como la única verdad para la economía.

 

Desde París

 

La "izquierda realista", el "social liberalismo", la "izquierda reformista y de futuro", los muchos nombres con los que se designa a los gobiernos socialistas europeos –pasados o presentes– se traducen en una misma política, cuya pertinencia se incrustó en el corazón de la crisis política. Esto es, austeridad, recortes y ahorros drásticos a todos los niveles como ingredientes del cóctel liberal que le UE sigue proponiendo a las sociedades. La aberración económica continúa como espina dorsal de la política europea. La sanción a esta política queda plasmada con cada publicación de los índices de crecimiento sin que los dirigentes contemplen modificar el rumbo. El fin del verano europeo y la consiguiente avalancha de realidades no inmutan a los dirigentes. El primer ministro francés Manuel Valls reiteró que estaba "excluido cualquier cambio de política". Las estadísticas, una vez más, vinieron a refutar la pertinencia de esa línea. El organismo Eurostat publicó a mediados de agosto los índices catastróficos de crecimiento para los 18 países de la zona Euro. Durante los tres primeros meses del año, el crecimiento del PBI se limitó a un 0,2 por ciento, muy lejos de las estimaciones de los analistas. Bruno Cavalier, economista en Oddo Securities, comentó al vespertino Le Monde que "incluso si la UE salió de la recesión desde hace cinco trimestres, el reequilibrio del PBI no es suficiente como para disipar el riesgo de una recaída".


Allí donde se mire hay una laguna estancada. Las tres primeras economías de la zona Euro, Alemania, Francia e Italia, se encuentran en estado durmiente: el PBI de Alemania retrocedió en 0,2 por ciento, el de Francia quedó en cero mientras que Italia, con un 0,2 por ciento negativo, cayó en recesión. El extenso ciclo de una política monetaria muy restrictiva, sumado a la austeridad presupuestaria, desembocó en un nuevo camino sin salida. La ortodoxia y el dogmatismo de las finanzas prevalecieron sobre los intereses de los pueblos. El euro y el ideal de las elites comunitarias de un déficit no superior al tres por ciento del PBI aplastaron el desarrollo. Como lo señaló el Premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz en una columna publicada por el portal Mediapart, "es evidente que, bajo su forma actual, el euro conduce al fracaso del continente".


Otro Premio Nobel de Economía, Paul Krugman, también puso en tela de juicio la política de austeridad impuesta por la clase dirigente europea. Según Krugman, "mucha gente seria se hizo embrujar por el culto a la austeridad, por esa creencia según la cual los déficit presupuestarios constituyen el peligro inmediato más identificado y no el desempleo en masa. Muchos creen que la reducción de los déficit resolverá en cierta forma un problema provocado en primer lugar por los excesos del sector privado". Hasta los liberales norteamericanos reaccionan con hostilidad. The New York Times atacó de forma frontal ese rasgo continuo de los europeos: el diario escribió que son "políticas erróneas de los dirigentes europeos que se obstinan en aplicar en desmedro de todas las pruebas de que se trata de un mal remedio".


Tras varios años sin otro horizonte que el de la austeridad, el único cambio significativo ha sido el giro liberal de los socialdemócratas europeos. Los males que la austeridad debían combatir siguen presentes: desempleo, déficit, crecimiento, reactivación económica, desendeudamiento de los Estados. Una vez más, Francia es un magnífico ejemplo de la mudanza ideológica y pragmática de los socialistas europeos. Hace unos días, el premier Valls calificó de "irresponsables" a los dirigentes socialistas que ponen en tela de juicio la política del gobierno. Luego, en una extensa entrevista-programa del presidente francés publicada por el vespertino Le Monde, François Hollande dijo que no había "escapatoria". El golpe de gracia vino con el cambio de gobierno y el consiguiente apartamiento de los líderes más a la izquierda que formaban parte del Ejecutivo y el nombramiento de un banquero de la banca Rothschild, Emmanuel Macron, como ministro de Economía.


Las promesas de antaño fueron reemplazadas por expresiones como "la verdad", "la lucidez", "la sinceridad", o sea, más austeridad, más reformas, más concesiones a las patronales. Sin embargo, a escala continental ya nadie cree en que austeridad conduzca a alguna forma de bienestar posterior. La empresa Gallup realizó un sondeo de opinión cuyos resultados muestran que los europeos no tienen confianza en esa panacea. Ante la pregunta "¿La austeridad consigue resultados en Europa?", el 51 por ciento respondió negativamente.


El sacrificio impuesto a las sociedades no hizo mover las agujas. Las del desempleo, en primer lugar. La tasa de desempleo se eleva al 10,5 por ciento en los 28 países de la Unión Europea. En Francia, el paro afecta al 10,4 por ciento de la población activa; en Portugal (con cinco planes de austeridad), al 15,2; en España (cuatro planes de austeridad), al 25,3; en Italia, al 12,7; en Grecia (diez planes de austeridad), al 26,7; y en Alemania, al 5,1. Las disparidades entre los países son enormes. En cuanto a la deuda pública global, la camisa de fuerza de las políticas de rigor presupuestario ha sido un fracaso: a finales de 2011, la deuda estatal de los países de la zona Euro había subido en 2,3 puntos del PBI. A principios del año pasado, la deuda se incrementó en 4,9 puntos.


El impacto social de esta política tiene también consecuencias en otros sectores. Un informe elaborado por el comisario europeo para los Derechos Humanos en el Consejo de Europa, Nils Muiznieks, revela los estragos paralelos de esta casi dictadura de la austeridad: educación, salud, alimentos, acceso al agua, trabajo o vivienda, la lista de los sectores dañados es enorme. El informe, titulado "Preservar los derechos humanos en tiempos de crisis", revela también que el ochenta por ciento de la población mundial está afectada por la disminución de los gastos públicos (5,8 mil millones de personas). El famoso proyecto de construcción europea se quedó sin relato colectivo, sin discurso político. Su único mensaje consiste en pedirle a la sociedad más y más esfuerzos en nombre de un futuro que ningún dirigente del Viejo Continente ha sido capaz de diseñar. La continuidad grisácea de la austeridad predomina sobre cualquier invención política o económica.


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Existe bastante confusión, resultado de una sorprendente falta de conocimiento histórico en la enseñanza española, de las diferencias existentes entre las escuelas económicas basadas en la interpretación del capitalismo de Karl Marx y las que se originan con John Maynard Keynes. Cuando, por ejemplo, se habla de que la crisis actual se debe a la falta de demanda, inmediatamente se atribuye esta observación a una visión keynesiana de la economía, cuando en realidad fue Karl Marx el que habló de la crisis del capitalismo como resultado de la descendente demanda, consecuencia de la bajada de los salarios de la mayoría de la población, perteneciente a la clase trabajadora. Fue Karl Marx el que claramente vio lo que ahora ha descrito y documentado Thomas Piketty en su libro sobre la evolución del capital en el siglo XVIII, Capital in the Twenty-First Century. En El Capital, Karl Marx indicaba que la lógica del sistema capitalista lleva a una concentración del capital a costa de una "inmiseración" de la clase trabajadora, lo cual, añadía Karl Marx, creaba un enorme problema de demanda. Esta postura queda resumida en su frase de que "La causa final de toda crisis es siempre la pobreza y el limitado consumo de las masas". Uno de los economistas que mejor predijo la crisis actual, Nouriel Roubini, así lo indicó en su entrevista en el Wall Street Journal: "Karl Marx llevaba razón. El capitalismo puede destruirse a sí mismo, pues no puedes tener una constante absorción de las rentas del trabajo por parte de las del capital, sin crear un exceso de capacidad y una falta de demanda. Y esto es lo que está ocurriendo... el salario del trabajador es el motor del consumo". No es pues, John Maynard Keynes, sino Karl Marx, el que indicó que el empobrecimiento de la población supone un grave problema para el capitalismo: la escasa demanda. John Maynard Keynes habló también, más tarde, de la escasez de la demanda, pero poco de la concentración del capital. Y todavía menos de la relación entre esta concentración y el empobrecimiento de la población trabajadora. Esta era una de las grandes diferencias entre Karl Marx y John Maynard Keynes.


Otra gran diferencia entre Karl Marx y John Maynard Keynes, además del entendimiento de la crisis bajo el capitalismo (siendo el análisis de Karl Marx más completo que el de John Maynard Keynes), es en la solución a la crisis. Karl Marx creía que la solución a la crisis era una solución sistémica, que requería el cambio de la propiedad del capital, pasando de ser propiedad del capitalista a ser propiedad de los trabajadores (definidos como un colectivo que crea y produce el capital). Este cambio de propiedad era descrito esquemáticamente en el Manifiesto Comunista (el libro más vendido en la historia de la humanidad), que establecía una serie de principios, excesivamente simplificados, aunque presentados con una narrativa movilizadora. Pero (y es un enorme "pero"), Karl Marx no detalló cómo realizar dicha transición en el sistema de propiedad. Ni tampoco mostró qué políticas debían realizarse para trascender el capitalismo.


John Maynard Keynes, por el contrario, nunca se planteó la sustitución del capitalismo por otro sistema. Creía que el problema de la demanda podía resolverse con el intervencionismo del Estado, con un aumento, por ejemplo, del gasto y la financiación públicos, es decir –tal como indicó- "el gobierno y los bancos centrales pueden resolver el problema de la escasa demanda, bien directamente, con un aumento del gasto público, bien indirectamente, a través de la financiación de inversiones en programas de infraestructura". Y la experiencia ha mostrado que el problema de la demanda podría resolverse, como se vio en la manera como se salió de la Gran Depresión (y también en la manera como no se está saliendo de la Gran Recesión actual, con sus absurdas políticas de austeridad). Ahora bien, aun cuando Karl Marx subestimó la capacidad de resistencia del capitalismo, el hecho es que todos los casos de salidas de las crisis han requerido una redistribución del capital hacia el mundo del trabajo, revirtiendo la redistribución (que Karl Marx llamó, con razón, "explotación") del mundo del trabajo por parte del capital, que creó esas crisis. (Ver mi artículo "La explotación social como principal causa del crecimiento de las desigualdades". Público. 01.05.14)
La mejor y más eficaz forma de estímulo de la demanda es precisamente el enriquecimiento (en lugar del empobrecimiento) de las masas (como diría Karl Marx) a costa de los intereses del capital, excesivamente concentrado hoy en día. Y el que mejor ha analizado este hecho ha sido Michal Kalecki, un economista polaco que claramente se merecía el Premio Nobel de Economía pero que ni siquiera fue considerado para ello por vérsele demasiado "rojo". Pero hoy, y tal como ha reconocido Paul Krugman (el keynesiano más conocido hoy en el mundo) fue Michal Kalecki y no John Maynard Keynes el que mejor explicó las crisis del capitalismo, detrás de las cuales el conflicto Capital-Trabajo juega un papel fundamental. (Ver mi artículo "Capital-Trabajo: el origen de la crisis actual", Le Monde Diplomatique, Julio 2013.


Estas diferencias son claves para entender lo que está ocurriendo en el capitalismo y por qué. Karl Marx explicó claramente los orígenes de la crisis, causada por el enorme declive de las rentas del trabajo a causa del enorme crecimiento de las rentas del capital y su concentración, subestimó, en cambio, la capacidad de respuesta, como bien ilustró John Maynard Keynes. Este, sin embargo, no fue consciente del contexto político, desarrollado por Michal Kalecki , el mayor y mejor analista del capitalismo.

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La economía de EE UU es mucho más vulnerable de lo esperado. La última lectura del indicador de crecimiento confirma que en el primer trimestre se contrajo a una tasa anualizada del 2,9% del producto interior bruto, mucho más del 1% anticipado hace solo un mes y del 1,8% que esperaba Wall Street. Este paso atrás, que equivale a un recorte del 1% en tasa trimestral, es tan fuerte que va a trastocar las previsiones para el resto de 2014, hasta el punto de que se teme que el balance del conjunto del ejercicio se quede en un 2%.


El vuelco es aún mayor frente al 2,6% de crecimiento a final de 2013. En todo caso, el dato se publica con el segundo trimestre terminando, por lo que es viejo y no va a afectar a la estrategia monetaria de la Reserva Federal, que hace justo una semana decidió recortar por quinta vez el ritmo con el que compra de deuda. Es más, hay miembros del banco central que señalan que las reglas de política monetaria coinciden en que el alza de tipos debería suceder ya en el tercer trimestre.


Janet Yellen, presidenta del banco central de EE UU, considera sin embargo que lo deseable es que el encarecimiento del dinero llegue en un año. Antes debe desmantelar el mecanismo de compra de deuda, lo que se espera para octubre. Lo que sí podría pasar ya tras el verano es que se produzca un cambio en el lenguaje que se utiliza en la guía que se da al mercado tras la reunión.


La contracción del primer trimestre, en cualquier caso, es la peor vista desde inicios de 2009, en la recta final de la recesión. La Fed ya dijo la semana pasada que se debió a efectos transitorios, por la crudeza del pasado invierno. En su comunicado final, dijo que la actividad económica repuntó en los últimos meses. Lo que está por ver es si será lo suficientemente fuerte como para compensar el pésimo arranque de 2014.
El detalle muestra que el sector inmobiliario hizo de lastre durante el invierno, con un desplome de la actividad del 4,2%. Además, sufrió la inversión empresarial, que se contrajo un 1,2%. Y para completar el círculo, también hubo problemas fuera de EE UU. La balanza comercial refleja ahora una caída del 8,9% de las exportaciones, al tiempo que las importaciones crecieron un 1,8%.


El consumo, del que dependen dos tercios de la economía, creció solo un 1%, frente al 3,1% que se dijo hace un mes. Wall Street ya no compró entonces el dato por la distorsión creada por el incremento del gasto en salud derivado de la reforma del seguro médico y porque buena parte de los ingresos se destinaron a calefacción. Esta mezcla de indicadores es la que tendrá en cuenta la Fed.


Sin embargo, es la inflación lo que tiene más vigilante a Wall Street y lo que está llevando a anticipar que el alza de tipos llegará antes de tiempo. Yellen restó importancia al repunte de los últimos meses diciendo que se estabilizará en el nivel del 2% y que se mantendrá ahí durante un tiempo. Sugirió así que será tolerante si se rebasa el límite mientras el paro siga en el 6%.

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Domingo, 01 Junio 2014 05:55

"No hay para todos"

Eso decía el eslogan de campaña del PP en Catalunya en las últimas elecciones. Malthusianamente, está claro que se quedan afuera los más frágiles, los más necesitados.


Es la versión siglo XXI de la temática neoliberal de la "gobernabilidad": los derechos afirmados legalmente vuelven ingobernables los Estados. Hay desequilibrio entre cabezas y sombreros. En lugar de producirse más sombreros, se cortan cabezas.


A eso se está reducido el capitalismo en su era liberal de mercado. Triunfan los más competentes, los más listos, los que han acumulado fuerza y riqueza para competir en mejores condiciones. Los otros quedan condenados a su incompetencia. O, como decía un ex-ministro de Brasil: "El problema de los pobres es que tienen amigos pobres".


Cuando reina el mercado, la vida de las personas depende del juego de la competencia. No un "libre" juego, sino un juego con cartas marcadas, donde el fuerte se vuelve más fuerte y hace que el débil pierda siempre. Si se trata de un capitalismo de ruleta – como dicen algunos – la ruleta está viciada y hace ganar siempre al que ya está que ganando.


La crisis actual lo ha confirmado. Al inicio, había que salvar a los bancos, sino el tejado caería sobre nuestras cabezas. Se ha salvado a los bancos. Pero los bancos se han salvado a sí mismos y cuando la crisis arreció, los que han quebrado son los países, mientras los bancos y los altos ejecutivos de las grandes empresas se han vuelto aún más ricos.

"No hay para todos" fue la confesión sincera de quien sabe que la crisis es un filtro, que excluye los derechos de los mas débiles y concentra todavía más la renta y el poder. Hay economías que empiezan a recuperarse, pero sin reflejo en el nivel de empleo – índice más directo de las necesidades de la gran mayoría, que vive de su trabajo.


La Ministra de Desarrollo Social de México afirma que "no se darán más ayudas a las madres que tienen más de 3 hijos, porque sólo procrean para recibir ayudas." El criterio no es la necesidad, sino la selección de recursos que impone el ajuste fiscal.


Por eso la crisis no es una anomalía en el capitalismo, es un momento esencial para su reproducción y revela la verdadera cara del sistema. Un análisis de la crisis actual – iniciada en 2008 y sin fecha para terminar – es una clase de formación política.


Queda claro que el capitalismo no es un sistema hecho para producir, sino para acumular. Si no existen incentivos, no hay inversión. Si la mejor manera de acumular es la producción, se canalizan hacia ella los capitales. Si no, los concentra en la especulación financiera.


Es lo que caracteriza el capitalismo en su fase actual. Del Estado de Bienestar, de Estados que reconocían el derecho a tener derechos, a Estados que promueven el abandono y el sálvese quien pueda, el "No hay para todos".

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Crece la lista de países con duraderas contiendas civiles que se agravan. Hace muy poco tiempo, los medios masivos mundiales ponían sus reflectores sobre Siria. Ahora iluminan a Ucrania. ¿Será Tailandia mañana? Quién lo sabe. Sorprende mucho la variedad de explicaciones para las contiendas y para la pasión con que son promovidas.


Se supone que nuestro moderno sistema-mundo permite que las élites que sostienen las riendas del poder del establishment debatan unas con otras y luego lleguen a algún arreglo que puedan garantizar. Normalmente estas élites se colocan en dos campos básicos –centro/derecha y centro/izquierda. Hay, de hecho, diferencias entre ellas, pero como resultado de los arreglos el monto del cambio a lo largo del tiempo ha sido mínimo.

 

Esto opera cual estructura política de arriba hacia abajo, dentro de cada país y geopolíticamente entre los países. El resultado es un equilibrio que lentamente se mueve hacia arriba. La mayoría de los analistas de las actuales contiendas tienden a asumir que los hilos los siguen jalando las élites del establishment. Cada bando asegura que los actores de los niveles bajos de cada bando están siendo manipulados por las élites del nivel alto. Todo mundo parece asumir que, si su lado ejerce la presión suficiente sobre las élites del otro lado, estas otras élites accederán a un arreglo más cercano a lo que quiere su propio bando.


Esto me parece una fantástica lectura fallida de las realidades de nuestra actual situación –una de extenso caos–, como resultado de la crisis estructural de nuestro moderno sistema-mundo. No pienso que las élites puedan ya lograr manipular a sus seguidores del nivel bajo. Pienso que los seguidores del nivel bajo desafían a las élites, hacen sus propias cosas e intentan manipular a las élites. Esto, de hecho, es algo nuevo. Es una política desde abajo en vez de una política desde arriba.

 

Se alude a una política surgida de abajo cuando los medios hablan de extremistas que se vuelven actores importantes, pero el término extremistas también yerra el punto. Estamos enmedio de una política surgida de abajo, donde hay versiones de cualquier tinte –desde la extrema derecha a la extrema izquierda, pero incluyen también las del centro. Uno podría lamentar esto, como hizo Yeats en una de las líneas del poema El segundo advenimiento, frecuentemente citadas:


"Los mejores carecen de toda convicción, mientras los peores

Rebosan apasionada intensidad"


Pero noten que Yeats está atribuyendo la categoría de mejores a las viejas élites. ¿Son realmente los mejores? Lo que de hecho es cierto, por mencionar una de las líneas menos citadas de Yeats, es que ya no puede el halcón oír al halconero.


¿Cómo entonces podemos navegar políticamente en tal ambiente? Es muy confuso de analizar. Pienso, sin embargo, que el paso uno es dejar de atribuir lo que está sucediendo a las malévolas maquinaciones de algunas élites del establishment. No son ya ellas las que controlan. Pueden, por supuesto, hacer muchísimo daño físico por sus acciones imprudentes. No son, para nada, parangones de virtud. Pero aquellos de nosotros que intentamos lograr que emerja un mundo mejor de esta caótica situación tenemos que confiar en nosotros mismos, en nuestras múltiples propias maneras de organizar la lucha. Necesitamos, en suma, menos denuncias y más acciones locales constructivas. Las líneas más sabias de Yeats son las dos últimas del poema:


¿Y qué áspera bestia, llegada su hora al fin,

Encorva el paso hacia Belén para nacer?


Conforme nuestro sistema histórico está en el proceso de morir, hay una fiera lucha en torno a qué nuevo sistema histórico le sucederá. Pronto podríamos, de hecho, ya no estar viviendo en un sistema capitalista, sino comenzar a vivir bajo un sistema aún peor –¿una áspera bestia que busca nacer? La opción alternativa es un sistema relativamente democrático, relativamente igualitario, que también está buscando nacer. Cuál es el que veremos al final de la lucha depende de nosotros, desde abajo.


Traducción: Ramón Vera Herrera

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El tráfico en la hora pico era tan caótico como siempre. La única diferencia del jueves por la noche en Bangkok era que la música que se reproduce desde las radios al mundo provenía de bandas militares. Esa tarde, el jefe del ejército de Tailandia lanzó un golpe de Estado, tomando el control del gobierno, deteniendo a los líderes políticos rivales y bloqueando las emisoras nacionales e internacionales. El Consejo Nacional de Paz y el Orden también impuso un toque de queda durante la noche y prohibió reuniones de más de cinco personas.


Dos días después de que el ejército interviniera e impusiera la ley marcial, el general Prayuth Chan-ocha anunció ayer en la televisión que por 12ª vez desde que el país dejó de ser una monarquía absoluta, en 1932, las fuerzas armadas se apoderaron del gobierno. Pero salvo por un puñado de elementos, la Constitución, dictada bajo un régimen golpista anterior, en 2007, había sido suspendida, dijo.


"El ejército intervino para que la situación volviera rápidamente a la normalidad, para que el pueblo tuviera amor y unidad como en el pasado, para reformar los sistemas políticos y económicos, y para otorgar igualdad a todos", expresó. Ayer por la noche agregó que iba a asumir el papel de actual premier.


El ejército dijo que había impuesto el golpe de Estado con el fin de preservar la ley y el orden, pero dada la situación ahí parece que va a hacer lo contrario. Miles de partidarios del derrocado gobierno han dicho que van a marchar y protestar para preservar la democracia. Hace cuatro años, más de 90 personas murieron en la violencia política que se desató en Bangkok. Estados Unidos, que es un aliado de Tailandia y tiene vínculos muy estrechos con el Ejército Real de Tailandia, denunció los acontecimientos de ayer diciendo que revisaría la ayuda militar al país. "No hay justificativo para este golpe militar", dijo el secretario de Estado, John Kerry.


El golpe se llevó a cabo después de que el ejército convocara a los líderes de las facciones rivales, enfrentados políticamente desde hace mucho en el país, al segundo día de conversaciones en un complejo deportivo militar en Bangkok. En las conversaciones participan el gobierno, el partido gobernante Phua tailandés, el partido Demócrata opositor, el movimiento de Camisa Roja y los manifestantes antigubernamentales conocidos como el Comité de Reforma Democrática del Pueblo (PDRC). Habían comenzado el miércoles, pero no habían podido llegar a un acuerdo.

El portavoz del ejército, Werachon Sukondhapatipak, dijo que el golpe se había declarado porque el ejército había sido incapaz de lograr que los diferentes grupos llegaran a un compromiso. "No estuvieron de acuerdo en la reunión y en ese momento se llevó a cabo el golpe", dijo a The Independent. "Estamos tratando de llegar a un acuerdo."

Pero muchos vieron la organización del Gen Prayuth de la reunión como una hábil estratagema. Hasta anoche, los altos dirigentes de las facciones rivales quedaron en custodia del ejército y no pudieron responder sus teléfonos. "Fue una treta. No se detiene a la gente porque no se llega a un acuerdo", dijo Sean Boonpracong, asesor del gobierno derrocado. "Han ocultado cosas a través de la ley marcial. Nadie creyó que serían tan descarados."


La acción del ejército se produjo después de meses de protestas del PRCD que socavaron al gobierno respaldado por el ex primer ministro Thaksin Shinawatra. Thaksin fue derrocado en un golpe de Estado de 2006, pero siguió moviendo los hilos desde el exilio en Dubai. Su hermana, Yingluck Shinawatra, fue elegida en 2011, pero fue destituida de su cargo hace dos meses.

 

El PDCR hizo campaña para destituir a la familia de Thaksin de la política de Tailandia, insistiendo en que son corruptos y venales. Ellos rechazaron la perspectiva de más elecciones hasta que se lleven a cabo una serie de "reformas no especificadas", alegando que el sistema está arreglado.


Sin embargo, hay otros factores implicados. Tailandia es un país que está cambiando rápidamente y los partidarios de Thaksin lo recuerdan como alguien que ayudó a introducir los préstamos de asistencia sanitaria y pequeños préstamos, la patada inicial para su viaje hacia la clase media. El movimiento de la Camisa Roja, que en gran parte lo apoya, cree que los manifestantes contra el gobierno quieren reducir la democracia electoral y limitar el poder político y el derecho de voto a los ricos y poderosos.


Varios analistas creen que un factor vinculado de forma paralela e inextricable es la lucha por el poder detrás de las escenas sobre qué miembro de la familia real será el sucesor del monarca enfermo, el rey Bhumibol Adulyadej, de 86 años, que controla activos por valor de más de 306 mil millones de dólares.


De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12

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Traducción: Celita Doyhambéhère.

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Domingo, 18 Mayo 2014 06:27

El peligroso camino chino en Cuba (II)

¿La participación activa de los trabajadores podría ser efectivamente en Cuba una alternativa inmediata y urgente al camino chino, con su partido único burocratizado, fusionado con el Estado, que dirige la marcha acelerada hacia la sumisión al mercado y la construcción de grandes desigualdades sociales? Es posible y vale la pena intentarlo, porque el camino chino en la isla llevaría inevitablemente, por su misma dinámica, a la conversión de Cuba en una semicolonia dependiente de las inversiones y los mercados de los países imperialistas.


¿Tiene Cuba el excedente de población joven, productiva y la producción agroalimentaria suficiente para evitar ese terrible camino chino? No, pero precisamente por eso hay que osar, innovar, recurrir a la movilización popular consciente, volver a los orígenes de la Revolución.


En los primeros años posteriores al triunfo revolucionario, los trabajadores cubanos pudieron en efecto desplegar sus iniciativas, como las coletillas que periodistas y gráficos ponían a los artículos reaccionarios de los diarios donde trabajaban, o las luchas por reconstruir sindicatos sin los viejos burócratas. Esa entusiasta participación colectiva fue también decisiva en la derrota infligida a los invasores de Playa Girón (1961), al igual que en la crisis de los cohetes (1962) y en la participación en la guerra argelino-marroquí (1963). Esos años también fueron los de la independencia crítica del gobierno revolucionario frente a la Unión Soviética estalinista y los partidos comunistas y su marxismo dogmático, antes de que, por razones geopolíticas y una vez derrotada en la lucha interna la tendencia del Che Guevara, el Estado cubano jugase todas las cartas a su integración en el bloque de países y partidos dirigido por Moscú.


Esta integración terminó por identificar el Estado y el partido, sometiendo el segundo a las necesidades del primero, y puso a los sindicatos burocratizados totalmente al servicio del Estado-partido, convirtiéndolos en mera correa de transmisión de las decisiones del mismo. Los elementos espontáneos de participación obrera y popular, de este modo, fueron dominados y asfixiados. Pero la resistencia al bloqueo y a los ataques de Estados Unidos, así como la fuga de la isla de centenares de miles de ex capitalistas, sus partidarios y servidores y gran cantidad de delincuentes, dieron una base firme para mantener el consenso de que gozaba el gobierno de Fidel Castro.


La modificación en la conciencia colectiva producida por la participación activa de millones de cubanos en los esfuerzos revolucionarios y la subsistencia de ese consenso antimperialista, así como una mayor homogeneidad de la sociedad cubana, así depurada con respecto de la Unión Soviética y de los países socialistas orientales, explican la subsistencia del régimen cubano después del derrumbe de los gobiernos estalinistas de la URSS y del bloque de Varsovia y también que, a diferencia de lo que sucede en China, pese a las dificultades de todo tipo, en Cuba no se registren huelgas ni protestas político-sociales de masa.


La población cubana tiene salud y educación, y podría ser más productiva si enfrentase menos trabas burocráticas y pudiera desarrollar libremente la inventiva que utiliza para subsistir a fin de reorganizar desde abajo la economía social. Hoy, para poder vivir, todo lleva a arreglarse a cualquier costo y de cualquier forma, generalmente ilegal o incluso delictiva, y produce la competencia individual en un mercado de trabajo donde volvió a imperar el desempleo apenas disfrazado. Una información plena y veraz sobre los recursos con que cuenta la sociedad y cada empresa, sobre las necesidades imprescindibles y el funcionamiento del mercado para la producción cubana, podría dar herramientas para hacer en cada centro de trabajo un censo de sus recursos productivos y fijar planes y metas realistas, así como para eliminar los despilfarros, las fugas de recursos y los pequeños latrocinios. Para eso bastaría cambiar radicalmente la función de la prensa cubana, que hoy oculta o deforma la realidad y no informa sobre el entorno internacional.


Cuba puede volver a la solidaridad colectiva, a la discusión de objetivos generales plausibles, a la construcción de un espíritu cooperativo mediante la discusión popular de los problemas y de las soluciones a los mismos, y a la adopción de decisiones desde abajo hacia arriba, en la autogestión productiva y en la democracia autonómica en las comunidades. Son los trabajadores, informados a tiempo de los problemas, quienes deben fijar las prioridades y resolver qué hacer ante cada situación, como el problema alimentario, que exige concentrar de inmediato los esfuerzos y los medios técnicos y financieros.


Para eso deberán sacarse de encima el paternalismo de una burocracia con mentalidad capitalista. El aparato burocrático sindical, que debería defenderlos y proponer planes, les comunicó en cambio la decisión del gobierno de dejar sin trabajo, de golpe, a uno de cada cinco cubanos y con eso perdió la poca credibilidad que le quedaba. También aprobó sin más la nueva ley de inversiones, que no tiene en cuenta a las microempresas y cooperativas mediante las cuales los desocupados tratan de ganarse la vida. Asumiendo su propio destino en las manos, los trabajadores despertarían nuevas energías entre los revolucionarios aún presentes en el Partido Comunista, en los aparatos y centros culturales, y reconquistarían la parte de la juventud que ha perdido sus esperanzas. También podrán renovar el apoyo a la revolución cubana de los años 60-70 en América Latina, antes de la burocratización de la misma, y darán un ejemplo a sus hermanos chinos y europeos. El héroe mítico Anteo, cuando se sentía perdido, renovaba su contacto con la madre tierra. Los trabajadores de Cuba pueden, como él, volver a pisar el terreno firme de la revolución.

 

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Jueves, 15 Mayo 2014 05:47

"Hay una crisis de representación"

Luce como si no hubiera dormido en toda la noche, pero su disposición a conversar es inquebrantable. Después de ultimar detalles con su asistente sobre un encuentro diplomático que mantendrá al finalizar esta entrevista, Ignacio Cano, profesor y coordinador del Laboratorio de Análisis de la Violencia de la Universidad del Estado de Río de Janeiro, dialoga con Página/12, en el lobby de un hotel cuatro estrellas, sobre el surgimiento de las milicias y de las Unidades de Policía Pacificadora (UPP) en la ciudad carioca, las protestas del año pasado en Brasil y la política de seguridad del gobierno de Dilma Rousseff a un mes del Mundial de Fútbol. El sociólogo español pasó fugazmente por Buenos Aires para participar de la Reunión Regional de Expertos sobre Seguridad y Uso de la Fuerza por parte de las Fuerzas Policiales, organizada por el Centro de Estudios Legales y Sociales y la Academia de Derecho Internacional Humanitario y Derechos Humanos de Ginebra. "El nudo gordiano del problema brasileño es la desigualdad y la violencia. En ese sentido, la trayectoria de los últimos diez años ha sido positiva, pero todavía estamos muy lejos del ideal", dispara.


En el segundo lustro de 2000, un fenómeno acaparó la atención de la prensa carioca: las milicias. Para el sociólogo de la Universidad Complutense de Madrid, este actor social surge como tentativa de relegitimación de procesos de dominación preexistentes. Miembros de la policía militar, de la policía civil, agentes penitenciarios, bomberos y fusileros navales –en actividad y retirados– forman estos cuerpos paraestatales que, además de apegarse al clientelismo tradicional, apelan a la coacción armada. Las milicias crecen por lo general en áreas pobres, abandonadas por el Estado, con un férreo control territorial. Cano aporta algunas claves sobre su financiamiento. "En muchos casos, los propios policías, corrompidos por el narcotráfico, llegan a la conclusión de que sacan más dinero, en función del debilitamiento del menudeo del narcotráfico, vendiendo servicios a la comunidad y controlando transacciones comerciales, que comercializando drogas o recibiendo una parte de su venta. Primero piden tasas de protección; más tarde controlarán la renta del agua, la venta de gas, el transporte clandestino,

Internet, la televisión por cable y las transacciones inmobiliarias del vecindario. El líder miliciano no sólo atrae centros comunitarios o consigue fondos para la comunidad. También paga entierros, fiestas o juguetes para los niños en Navidad. A diferencia del narcotráfico, que asume su papel marginal, estigmatizado y perverso en la sociedad, las milicias –advierte Cano– llegan con un discurso liberador, como si se tratase de una cruzada contra el narcotráfico. En la construcción de ese liderazgo buscan obediencia y que los elijan como referentes territoriales a cambio de resolver la vida de los habitantes de las favelas." A este modelo que gira alrededor del jefe local, quien ostenta un dominio total sobre la vida cotidiana de las personas, Cano lo llama "neofeudalismo". Ante un conflicto con el vecino o una mujer golpeada por su marido es el jefe de la milicia, del narcotráfico o del grupo de exterminio quien dirime la controversia.


Los policías que forman los grupos de exterminio dominan el territorio ejecutando a "indeseables" y vendiendo sus servicios de "limpieza social" a comerciantes o líderes políticos. Pero no controlan el acceso a espacios públicos permanentemente como ocurre con el narcotráfico o la milicia. "Nunca tienen a alguien en el ingreso a la favela preguntando a qué va. Son muchos más discretos. De noche matan a quien les parece que tienen que matar", apunta Cano. Más allá de la disputa territorial, en algunos casos, se dan pequeñas asociaciones o las milicias permiten que los narcotraficantes comercien drogas a cambio de dinero. En ocasiones, las comunidades se venden entre estos grupos armados.


Desde el punto de vista de la seguridad pública, el desafío, según Cano, pasa por convencer a la policía y a los operadores del narcotráfico de que esa estructura de violencia es una desgracia para todos. "El narcotráfico tiene que evolucionar hacia un modelo de delivery, con reducción de sus costos, inversión, sin utilizar armamento de gran calibre y sin control territorial; la policía debe volcarse hacia la protección de la comunidad, con disminución de la violencia y no de victoria sobre el narcotráfico, que es imposible", señala el docente de la Universidad de Río de Janeiro. "Pretender acabar con el narcotráfico es colocarse una meta inalcanzable", sentencia.


–Entonces, ¿cómo se explica la inversión en tecnología y armamento para combatirlo?


–La criminalización del narcotráfico nos ha traído en América latina costos elevadísimos en términos de violencia y corrupción. La derecha tradicional se resiste a revisar ese modelo, pero hoy vemos que países como Uruguay, Colombia y Guatemala empiezan a cuestionarlo.
Según Cano, el modelo de intervención tradicional de la policía entrando, disparando, matando y saliendo de los barrios es una estrategia de combate de la droga sin impacto a mediano y largo plazo. "Muchas veces policías corruptos entraban a la favela para enviarle una señal al narcotráfico: me pagás más o vas a acabar como el último que matamos porque no pagaba suficiente", dice. En 2008, la Secretaría de Seguridad del gobierno carioca creó las Unidades de Policía Pacificadora (UPP) para romper ese ciclo extorsivo. Se instalaron en la comunidad de Doña Marta. Su propuesta: retomar los territorios dominados por el crimen organizado, a través de una patrulla ciudadana, para establecer el Estado democrático de derecho.


Hoy, 37 UPP controlan al menos 60 favelas de los centenares que salpican la geografía sinuosa de Río de Janeiro. Si bien fue pensada como una policía con permanencia en los barrios, la venta de droga continuó, pero sin un dominio territorial tan claro de grupos armados. "Aunque han sido la vitrina principal de las políticas de seguridad, el gobierno no las ubicó en las localidades más violentas, que se encuentran en el oeste de la ciudad y en el conurbano", afirma Cano

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–¿Las UPP son un modelo exportable a otros países?


–Sólo puede replicarse en situaciones con altos niveles de violencia letal y control territorial de grupos armados ilegales. Además es muy costoso. Hay que multiplicar por ocho o por nueve la tasa de saturación policial. La razón de policía por habitante en Río, para el conjunto del Estado, es de 2,3 policías militares cada mil habitantes. En las áreas de UPP hablamos de 18 policías cada mil habitantes.
–¿Argentina entra en ese esquema de violencia que demanda intervención de las UPP?

–Puede ser que en algún barrio de alguna ciudad se den esas situaciones. Pero Argentina aún no vive el escenario que atraviesan las metrópolis de Brasil. Y esperemos que nunca llegue a eso. Como política para su país no me parece.


–¿Cómo analiza la posición del gobierno brasileño sobre las manifestaciones?


–El gobierno tiene estrategias contradictorias. Por un lado reconoció que las manifestaciones fueron importantes para la democracia y se expresó en contra de la violencia. Por otra parte, hay sectores del gobierno, también de la oposición, que proponen una ley antiterrorista para contener a los manifestantes. En algunos estados ha habido una cooperación activa entre fiscales, policías y gobierno para acusar a manifestantes de pertenecer a bandas armadas. En Minas Gerais, la Justicia utilizó la figura penal de crimen de milicia. En Río, el año pasado hubo detenciones nocturnas donde incautaron libros de Mijail Bakunin. El gobierno está muy preocupado por la posibilidad de motines en las cárceles y de manifestaciones cerca de los estadios. Hay insatisfacción y desajuste entre la visión de un Brasil que, según The Economist, estaba despegando como un cohete y la calidad de vida en casa.


–¿Es un descontento dirigido a los gobiernos estaduales o al gobierno federal?


–Es una insatisfacción con el modelo político. Hay crisis de representación. Dilma continúa siendo favorita porque el resto de la clase política también se ha desgastado. En Manaos están construyendo un estadio para 40 mil personas. La asistencia de público para ver un domingo al equipo local es de 5 mil personas. ¿Quién se beneficia? Las elites asociadas al proyecto del Mundial. Eso genera mucho disgusto. Lo que pase depende mucho de Felipao y Neymar. Si el equipo nacional es eliminado rápido, es probable que esa insatisfacción sea canalizada hacia protestas mucho más amplias.

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Las fuertes nevadas y el intenso frío que azotó buena parte de Estados Unidos al arrancar el año restringió de forma brusca la actividad económica en el primer trimestre, hasta el punto de estancar la expansión de la primera potencia mundial. Su PIB creció entre enero y marzo a una tasa anualizada de apenas el 0,1%, el ritmo más bajo desde final de 2012. El dato constrasta con el del trimestre precedente, que fue del 2,6%, y se queda aún más lejos si se compara con el 4,1% del tercer trimestre de 2013. Pese a ello, la Reserva Federal sigue retirando el estímulo.


Es de las tasas de crecimiento más bajas que registra EE UU desde el final de la Gran Recesión, hace cinco años. El crudo invierno provocó que se frenara de golpe la actividad en el sector inmobiliario y que cayera un 2,1% la inversión empresarial. También cayeron un 7,6% las exportaciones y de nuevo se contrajo el gasto público. Lo único que pareció aguantar fue el consumo, que subió un 3%, solo tres décimas menos que en el cuarto trimestre, aunque lo apoyó el gasto en calefacción por el frío y en salud por la entrada en vigor de Obamacare.


Se trata la primera lectura del indicador, sujeto aún a dos revisiones que pueden hacerlo ir en cualquier sentido. El dato se conocía horas antes del que la Reserva Federal se pronunciara sobre su estrategia monetaria. El equipo que preside Janet Yellen ya contaba con esta moderación temporal, pero quizás no tan intensa. Wall Street tampoco esperaba un rendimiento tan decepcionante, al anticipar que hubiera bajado al 1,2%. La autoridad monetaria decidió en todo caso mantener el piloto automático y recortó otros 10.000 millones la compra de deuda.


Era también lo esperado. El banco central estaba adquiriendo deuda pública e hipotecaria a un ritmo de 55.000 millones de dólares mensuales. El primer recorte se decidió en diciembre. La nueva rebaja es la cuarta consecutiva y deja el programa al nivel con el que empezó la tercera ronda de estímulos en septiembre de 2012. Ahora comprará 20.000 millones en hipotecas y 25.000 millones en bonos. La idea es tenerlo desmantelado para el próximo otoño. El primer alza de tipos de interés no llegaría hasta mediados de 2015.La Fed señala en el comunicado que la actividad económica "repuntó recientemente" y que el mercado labora mejoró. La esperanza es que el crecimiento se acerque al 3% en el segundo trimestre. Yellen dijo hace dos semanas que ve posible que la economía de EE UU esté plenamente recuperada de la Gran Recesión para final de 2016, momento en el que espera se logre de nuevo el pleno empleo. Eso, añadió, es también un "recordatorio" del trabajo que queda por delante. El sector privado creó 220.000 empleos en abril. El indicador de paro se publica este viernes

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Una medalla más en la solapa liberal del Partido Socialista. El primer ministro francés, Manuel Valls, consiguió que, pese a las divisiones, su mayoría en Asamblea Nacional votara un plan de rigor de economías de 50 mil millones de euros llamado "plan de estabilidad presupuestaria", cuyo principal objetivo consiste en cumplir con las exigencias de la Comisión Europea y llevar el déficit público al 3 por ciento del PIB de aquí a 2015. Sin sobresaltos ni sorpresas, los parlamentarios del Frente de Izquierda y los ecologistas votaron en contra. Sin embargo, la mayoría de Valls salió herida de esta experiencia: 41 socialistas se abstuvieron. Se trata de uno de los mayores tijeretazos al gasto público francés de la historia, cuya implementación ha fracturado al Partido Socialista sin que esto haya puesto en peligro la adopción de un voto que, de todas formas, no fue más que una búsqueda teatral de legitimidad. Se trataba simplemente de un voto consultivo, es decir, no vinculante, que le sirvió al jefe del Ejecutivo para escenificar la gravedad de la crisis y la necesidad del ajuste, infundir miedo a los ciudadanos y desplegar el ya ultra desgastado argumento según el cual es esto o el infierno.


Valls habló como si los Jinetes del Apocalipsis estuviesen acechando el recinto parlamentario. El primer ministro dijo que el voto condicionaba al mismo tiempo "la legitimidad del gobierno, su capacidad para gobernar y, sobre todo, la credibilidad de Francia". El gobierno obtuvo entonces la bendición parlamentaria para ahorrarse 50 mil millones de euros, de los cuales 18 mil provienen de los gastos del Estado y sus agencias, 11 mil millones de las colectividades locales, 10 mil millones del seguro médico y 11 mil millones del sistema de protección social. En suma, casi la mitad será extraída de los subsidios familiares, el congelamiento de la jubilación y otros beneficios sociales. De aquí a 2017, más de 6 millones de empleados públicos y 15 millones de jubilados se verán afectados por estas medidas. El oficialismo ha sido muy preciso cuando se trató de cifrar y modelizar los sectores que serían castigados, pero fue mucho más ambiguo a la hora de explicar cómo piensa crear puestos de trabajo con el regalo de 30 mil millones de euros que les hizo a las empresas al decidir la reducción de los impuestos y las cargas patronales que pagan.


Mucho lirismo dramático, casi clima de fin del mundo y hasta una incursión más en el terreno de la tomadura de pelo a su mayoría y sus electores cuando dijo que, en junio próximo, el presidente François Hollande le exigiría a Bruselas otra política monetaria. Esa fue, precisamente, una de las piedras angulares de la campaña electoral que condujo a Hollande a la presidencia de la república en 2012. Pero, como casi todas las promesas, se esparcieron en el cambio climático y nadie supo más de ellas. La plataforma electoral quedó como un papel picado. Si Hollande cumplió en algo, lo hizo por el margen más mínimo, muchas veces modificando a tal punto las promesas hasta vaciarlas de todo contenido.


Devastados por la derrota en las elecciones municipales de abril, muchos parlamentarios socialistas se opusieron a las intenciones del gobierno sin llegar a modificar el rumbo, pese a la presión que ejercieron. Un día antes del voto en la Asamblea, Valls se comprometió ante los diputados socialistas rebeldes a compensar los recortes con medidas dirigidas a mantener el poder adquisitivo de los jubilados y los funcionarios con ingresos bajos. El primer ministro tiene una receta en cada mano: la dura y la suave. La dura para los ajustes, la suave para apaciguar a los socialistas espantados por el costo social del "plan de estabilidad presupuestaria". En una carta remitida a los 291 representantes del PS en la Asamblea, Valls se comprometió a responder a las reivindicaciones de los diputados amotinados. Esto no implica que se cambie el monto del ajuste, desde luego. El compromiso se basa en que las jubilaciones de menos de 1200 euros no serían congeladas y que se mantendría vigente el plan "anti-pobreza" aprobado por su predecesor, Jean-Marc Ayrault. La intervención de Valls anestesió parte de la revuelta socialista.

Sin embargo, los resultados del voto en la Asamblea demuestran que la mayoría socialista se estrechó considerablemente: 41 diputados se abstuvieron. Ello indica la persistencia de un divorcio entre el presidente y una mayoría que ve desfilar las medidas liberales dictadas por los imperios de Berlín y Bruselas como si fuese la derecha la que gobierna. La izquierda está, de hecho, descompuesta, desarticulada, arruinada, viajando en dos navíos opuestos: la eficacia económica y la justicia social. François Hollande no ha sido el presidente de la síntesis. La fractura sobrepasó los rangos comunistas, o los del Frente de Izquierda de Jean-Luc Mélénchon, para internarse en el corazón mismo de la identidad política del PS. Los socialistas gobernantes se convirtieron en les enfants de l'austerité, hijos modernos y predilectos del gran Zeus-Mercado. Son obedientes soldados del discurso que consiste en decir que el problema del desempleo está en el elevado costo de la mano de obra, alumnos aplicados de la competitividad en nombre de la cual se desarman los Estados históricos y ejemplares como el de Francia.

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