Lunes, 26 Septiembre 2016 06:50

Dinero y confianza

El funcionamiento de la economía mundial está hoy marcado por la incapacidad de las políticas monetaria y fiscal para provocar una aceleración del crecimiento de la producción.

Los instrumentos tradicionales con que actúan los bancos sobre la cantidad de dinero y del crédito (básicamente las tasas de interés y la compraventa de títulos de deuda) no responden desde la crisis de 2008 para desplazar el nivel de la actividad económica. Además, tienen una relación con las medidas de corte fiscal que mantienen un sesgo hacia la austeridad del gasto en muchos países desarrollados y en un entorno de elevada deuda del sector público.

Los bancos centrales de esos países están en una situación anómala en la que durante muchos años ya buscan elevar la inflación como forma de estímulo del gasto agregado, es decir, el consumo y la inversión. Este rasgo se confronta con el principal mandato que tienen: controlar el crecimiento de los precios. Las metas de inflación de alrededor de 2 por ciento anual que se han fijado para los casos de Estados Unidos, la Unión Europea y Japón no se consiguen. El marco que predomina es el de recesión de tipo crónico o, como se le ha llamado recientemente, de "estancamiento secular".

Para las economías a las que se llama emergentes esto ha conformado un escenario externo de apocamiento de la demanda, a lo que se añade una presión financiera sobre los tipos de cambio en medio de una intensa actividad especulativa. Esta se asocia, otra vez, con las políticas de determinación de las tasas de interés, sobre todo en Estados Unidos, por la generalizada demanda de dólares (inversiones en certificados del Tesoro).

En otros países las tasas de interés vigentes son negativas. Hay quienes proponen que para lograr mayor tracción de la actividad económica, esas tasas deben ser incluso más negativas, lo que llevaría a situaciones cuyo control sería muy complicado de conseguir.

Todo esto cuestiona la capacidad que tendrían los bancos centrales para enfrentar una nueva crisis recesiva, puesto que los márgenes de maniobra de los instrumentos arriba señalados son cada vez menores.

Una economía capitalista es en esencia una economía monetaria, y las condiciones que privan hoy provocan que no haya suficiente estímulo para el gasto de consumo y de inversión privado ni público. El horizonte de corto plazo de las decisiones económicas que predomina no es compatible con un aumento significativo del gasto en nueva inversión.

El debate sobre estas condiciones en las economías más desarrolladas tiene algunos elementos de índole estructural, como es el relacionado con el lento crecimiento de la productividad. Este asunto no es independiente del estado apocado de las expectativas de rentabilidad en la producción. Por otra parte, destacan fenómenos como el envejecimiento de la población y su efecto en el aumento del ahorro sobre el gasto de consumo. Una expresión de esto es el cambio en la política demográfica en China, que abandonó desde hace algún tiempo la medida de limitar a las familias a un solo hijo.

Mervyn King, que fue gobernador del Banco de Inglaterra de 2003 a 2013, considera en su libro titulado Alquimia el papel central del dinero en el funcionamiento de la economía y, en especial, en el desarrollo de la crisis de 2008 y sus secuelas. Se refiere a algunas cuestiones que determinan las funciones del dinero.

Una es la noción de desequilibrio, que caracteriza como la ausencia de un estado de balance de las fuerzas que actúan en un sistema. En economía, dice, esa posición es insostenible y los cambios en los patrones del gasto y la producción se desplazan a una nueva posición, que da lugar a una nueva inestabilidad.

Otra cuestión tiene que ver con la "incertidumbre radical", aquella que hace imposible representar el futuro en términos de un conocimiento completo de los escenarios a los que se asigna una cierta probabilidad. Este es un tema antiguo, propuesto por Frank Knight en 1921 y que está también detrás de las propuestas de Keynes. Esta concepción fue abandonada como forma de pensar la economía y el dinero en las teorías más ortodoxas formuladas durante décadas.

La más relevante en el entorno de los mercados y que tiene un claro significado político tiene que ver con la confianza. King la considera como el ingrediente básico que hace que funcione la economía de mercado. En la práctica, sugiere que la confianza se complementa con la regulación. La confianza es clave para definir el papel del dinero, de los bancos y de las instituciones con las que se administra la economía.

King recuerda una fórmula atribuida a Confucio y que tiene una aplicación muy amplia en cuanto al carácter del poder y su ejercicio en una sociedad. Según esa fórmula, "tres cosas son necesarias para el gobierno: las armas, la comida y la confianza. Si un gobernante no puede mantener las tres, debe ceder las armas primero y la comida después. La confianza debe ser resguardada hasta el final: sin ella no puede sostenerse".

Estas tres partes no se combinan en una receta a seguir como en la farmacia o el fogón; es un trabajo fino y un "equilibrio" que tiende a quebrarse recurrentemente. La gestión del dinero y su valor es sólo una parte, pero su impacto es muy grande.

Publicado en Economía
Domingo, 25 Septiembre 2016 11:29

La crisis del siglo

 

Edición 2012. Formato: 13.5 x 21 cm, 144 páginas.
P.V.P:$15.000  ISBN:978-958-8454-51-1

 

Reseña:

El apolipsis fianciero que afecta particularmente a la Unión Eurpea y Estados Unidos dio paso a "La crisis del siglo", la misma que representa un momento histórico de gran significación para toda la humanidad.Se derrumba no sólo un .modelo de economía sino también un estilo de gobierno.Eso altera el liderazgo de Estados Unidos en el mundo, en particular su hegemnía económica,debilitada por la crisis.Este declive de la economía de los imperios y un momento crítico para el modelo de capitalismo diseñado por los Estados Unidos del Norte para mayor provecho de los países ricos.

 

Ignacio Ramonet (Redondela, Pontevedra, 1943) es un periodista español establecido en Francia.  Estudió en la Universidad de Burdeos y regresó a Marruecos. En 1972 se trasladó a París, donde se inició como periodista y crítico cinematográfico.Es doctor en Semiología e Historia de la Cultura por la École des Hautes Études en Sciences Sociales (EHESS) de París y catedrático de Teoría de la Comunicación en la Universidad Denis-Diderot (París-VII).
Especialista en geopolítica y estrategia internacional y consultor de la ONU, actualmente imparte clases en la Sorbona de París. Desde 1990 hasta 20082 fue director de la publicación mensual Le Monde Diplomatique y la bimensual Manière de voir.

 

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Publicado en Le Monde diplomatique
Domingo, 25 Septiembre 2016 06:28

Estancamiento secular

Los economistas del mundo están batallando con algo nuevo que les es muy difícil explicar. ¿Por qué es que los precios del mercado de valores han continuado subiendo pese al hecho de que algo conocido como crecimiento parece estar estancado? En la teoría económica dominante no se supone que funcione de tal modo. Si no hay crecimiento, los precios del mercado deberían declinar, estimulando por tanto el crecimiento. Y cuando se recupera el crecimiento, entonces los precios del mercado vuelven a subir.

Todos aquellos que son fieles a esta teorización dicen que la anomalía es una aberración momentánea. Algunos niegan incluso que sea cierto. Pero hay otros que consideran la anomalía un desafío importante a la teorización dominante. Buscan revisar la teorización para que tome en cuenta lo que muchos ahora llaman "estancamiento secular". Los críticos incluyen a prominentes personas, algunos de ellos laureados con el Premio Nobel. Incluyen pensadores tan diferentes como Amartya Sen. Joseph Stiglitz, Paul Krugman y Stephen Roach.

Aunque cada una de estas personas tiene una diferente línea de argumentos, comparten algunas creencias. Todos ellos consideran que lo que hagan los Estados tiene un impacto grande en lo que ocurre. Todos ellos consideran que la situación actual es poco sana para la economía como un todo y ha contribuido a un incremento signifi- cativo en la polarización del ingreso real. Todos ellos consideran que se debe intentar movilizar la opinión pública para ponerle presión a las autoridades gubernamentales para que actúen formas específicas. Y todos ellos consideran que aunque continuara la actual situación anómala y poco sana todavía algún tiempo, existen políticas estatales apropiadas que harán posible una economía menos polarizada y más sana.

Hace no tanto, el estancamiento secular fue un término utilizado por muchos analistas, primordialmente para describir el estado de la economía japonesa, al comienzo de los años 90 del siglo XX. Pero desde 2008 el uso del concepto se ha aplicado a diversas regiones –miembros de la zona del euro, como Grecia, Italia e Irlanda; Estados ricos en petróleo, como Rusia, Venezuela y Brasil; recientemente también Estados Unidos, y potencialmente actores económicos previamente fuertes como China o Alemania.

Uno de los problemas de quienes buscan entender lo que está ocurriendo es que diferentes analistas utilizan diferentes geografías y diferentes calendarios. Algunos hablan de la situación Estado por Estado y algunos intentan evaluar la situación en la economía-mundo como un todo. Algunos piensan que el estancamiento secular comenzó en 2008; otros dicen que fue en la década de los 90. Otros más piensan que viene de finales de los 60, y unos cuantos más la sitúan aun antes.

Déjenme proponerles una vez más otro modo de entender el estancamiento secular. La economía-mundo capitalista ha existido en partes del globo desde el siglo XVI. Yo le he llamado el sistema-mundo moderno. Se ha expandido de un modo constante en lo geográfico terminando por abarcar el mundo entero desde mediados del siglo XIX. Ha sido un sistema muy exitoso en términos de su principio rector: la interminable acumulación de capital. Es decir, la búsqueda de acumular capital de modo de acumular más capital aún.

El moderno sistema-mundo, como todos los sistemas, fluctúa. También tiene mecanismos que limitan las fluctuaciones y lo empujan hacia un renovado equilibrio. Esto semeja un ciclo de altas y bajas. El único problema es que las caídas nunca retornan al punto bajo previo, sino a uno un poco más alto. Esto se debe a que en el complejo patrón institucional hay resistencia a ir hasta el fondo. La forma real de los ritmos cíclicos es dos pasos hacia arriba y un paso hacia abajo. Por tanto, el punto de equilibrio se mueve.

Si uno mide la abscisa de las tendencias, se mueven hacia una asíntota de 100 por ciento, que por supuesto no pueden cruzar. Un poco antes de dicho punto (digamos, cerca del 80 por ciento), las curvas comienzan a fluctuar alocadas. Esto es señal de que nos hemos movido al interior de la crisis estructural del sistema. Se bifurca, lo que quiere decir que son dos diferentes, casi opuestos, modos de optar por un sistema sucesor (o sistemas). Lo único que no es posible, es hacer que el actual sistema opere del modo normal anterior.

Mientras que antes de ese punto los grandes esfuerzos por transformar el sistema tuvieron como efecto pocos cambios, ahora lo opuesto es cierto. Cada pequeño esfuerzo por cambiar el sistema tiene un gran impacto. Es mi argumento que el sistema-mundo moderno entró en su crisis estructural cerca de 1970 y se mantendrá en ella todavía otros 20-40 años más. Si deseamos evaluar las acciones útiles, necesitamos tener en cuenta dos temporalidades diferentes: el corto plazo (a lo sumo tres años) y el mediano plazo.

A corto plazo lo que podemos hacer es minimizar el sufrimiento de quienes son los más afectados negativamente por la creciente polarización en el ingreso que está ocurriendo. La gente vive en el corto plazo y necesita alivio inmediato. Sin embargo, tal alivio no cambiará el sistema. El cambio puede ocurrir a mediano plazo conforme los que favorecen una clase u otra de sistema sucesor obtienen la suficiente fuerza para inclinar la bifurcación hacia su propia dirección.

He aquí el peligro de no ir lo suficientemente lejos en el análisis crítico del sistema. Sólo si uno mira con claridad que no hay salida del estancamiento persistente uno puede de hecho volverse lo suficientemente fuerte para ganar la batalla política y moral.

Una punta de la bifurcación pugna por remplazar el capitalismo por otro sistema que será tan malo o más que el anterior, manteniendo los rasgos cruciales de jerarquía, explotación y polarización. La otra punta pugna por un nuevo sistema que sea relativamente igualitario y relativamente democrático.

En los años por venir, habrá vueltas que parezcan indicar que el sistema vuelve a funcionar. Puede incluso subir el nivel de empleo en el sistema como un todo (la medida clave del estado del sistema). Pero tal alza no podrá durar mucho, porque la situación global es demasiado caótica. Y el caos paraliza la presteza de los poderosos emprendedores y de las personas simples por igual, en lo tocante a gastar el capital remanente en formas que tienen el riesgo de pérdida y, por tanto, de su supervivencia.

Estamos en un alocado viaje, uno que no es nada placentero. Si nos hemos de comportar con sensatez, el primer requisito es la claridad de análisis, seguida de decisiones morales y juicio político. El fondo del asunto es que ya hace mucho rebasamos el punto en que el capitalismo como sistema histórico pueda sobrevivir.

Traducción: Ramón Vera Herrera

Publicado en Economía
Domingo, 25 Septiembre 2016 06:10

“Estoy en contra de la libertad para mentir”

El Ministerio Público había afirmado tener la “convicción” de que Lula fue el “comandante” de la corrupción nacional en la denuncia luego aceptada por el juez Moro, pese a que en la querella no hay ni siquiera indicios sobre la existencia de una “asociación ilícita”.


El golpe inconcluso. La destitución de Dilma Rousseff ocurrida el 31 de agosto fue un momento determinante pero no el último de la avanzada contra el orden democrático la cual se prolongaría el martes pasado cuando a Luiz Inácio Lula da Silva le fue abierto un proceso por parte de su mayor antagonista político, el juez de primera instancia Sergio Moro, responsable por la causa “Lava Jato” sobre estafas en perjuicio de Petrobras.


A Dilma se la separó del cargo por senadores, la mitad de los cuales procesados o sospechados de corrupción, que reconocieron carecer de pruebas sobre la comisión de delitos. Hace diez días el Ministerio Público afirmó tener la “convicción” de que Lula fue el “comandante” de la corrupción nacional en la denuncia luego aceptada por Moro pese a que en ella no hay ni siquiera indicios sobre la existencia de una “asociación ilícita”. El expediente acusatorio apenas contiene documentos sobre la compra con dinero de origen dudoso (para los fiscales) de una propiedad en Guarujá.


Por cierto es difícil sostener, en términos jurídicos, que Lula sea el “boss” de todo el engranaje delicitivo montado en el “Petrolao” por ser el titular, aunque nunca lo ocupó, un departamentito en una ciudad balnearia donde veranean las masas paulistas, ya que los ricos hace tiempo no la frecuentan. Desde que apresó por unas horas a Lula en marzo pasado, y lo liberó ante la espontánea irritación popular, el juez Moro, venerado por las clases medias antipetistas, no disimula que su “misión” (palabra repetida por jueces y fiscales, algunos evangélicos) es darle caza al expresidente.


Este tipo de anomalías, como la de un magistrado que milita contra un dirigente político al que imagina corrupto, son posibles en el régimen post democrático, que comenzó a regir en Brasil desde el 12 de mayo cuando la expresidenta fue suspendida del cargo y se confirmó con su deposición definitiva en agosto. El fin de Dilma fue, en rigor, el momento inicial de un proceso que parece se prolongará hasta la proscripción de Lula.


“Nadie puede ser juzgado con base en convicciones, cuando el Ministerio Público, la Policía Federal, las instituciones comienzan a exagerar de esta manera la democracia está en riesgo” dijo el viernes por la noche el ex mandatario cuando volvió a repudiar “el golpe parlamentario”. Vestía una camisa roja con la que encabezó un acto del PT en el estado nordestino de Pernambuco, como parte de las campaña electoral hacia los comicios municipales del 2 de octubre. Manos cayosas de gente pobre lo abrazaron en su gira por el nordeste donde su liderazgo parece estar intacto, lo que no ocurre en los reductos de clases medias blancas de los estados del sur y parte del sureste.


“Moro y la (cadena) Globo construyeron la idea de que para condenar a alguien basta con ponerle la prensa en contra ... no se necesitan pruebas, se necesitan titulares ...no estoy contra la libertad de expresión, estoy contra la libertad para mentir”.


Lula también deploró la detención, el jueves, de su ex ministro de Hacienda, Guido Mantega, cuando se encontraba en un hospital de San Pablo junto a su esposa enferma de cáncer. La prisión del economista del PT ordenada por Moro, fue poco después anulada ante las críticas de juristas, incluso algunos que apoyan la causa “Lava Jato”.


El expresidentes está convencido de que la única forma de evitar ser condenado en el proceso por el “Petrolao” y, consecuentemente, ser proscripto de las elecciones de 2018 en las que se perfila como favorito, es refrendar su condición de líder popular.


Y, paralelamente, denunciar en el resto del mundo las arbitarieades de las que es víctima, como ocurrió el martes pasado durante un evento realizado en Nueva York, donde participó su abogado Geoffrey Robertson. Ex defensor del fundador de Wilileaks Juian Assange y del escritor hindú Salman Rushide, Robertson habló de la “persecución” de la que es víctima Lula y la falta de respeto al derecho de defensa que impera en Brasil tras la instalación del nuevo gobierno. Lo afirmó poco después de que Michel Temer pronunciara su discurso ante la Asamblea General de Naciones Unidas.


De sus primeros 22 días como presidente efectivo Temer pasó diez fuera de Brasil repitiendo ante quienes quisieran escucharlo, no fueron muchos, que su gobierno se ajusta a derecho y respeta las garantías constitucionales.

Convengamos que nadie legítimamente electo deambula por los foros multilaterales para alardear lo democrático que es. Su campaña de marketing en beneficio propio empezó en Hangzou, China, durante la Cumbre del Grupo de los 20 y continuó la semana pasada en Nueva con su pronunciamiento en la ONU al comienzo del cual se ausentaron de la sala, en protesta contra el golpe, los representantes de Bolivia, Costa Rica, Cuba, Ecuador, Nicaragua y Venezuela.


El sucesor de Rousseff, que se presenta como “político y escritor”, habla con un estilo barroco saturado de sufijos y prefijos como lo hacían los jueces de antaño. “Permítome a los señores decirles que no habrán de encontrar en el mundo todo democracia alguna tan sólida como la que en mi país existe” (recreación libre de sus intervenciones recientes). Ese estilo afectado puede ser últil para posar de demócrata cuando habla para los medios de su país que le disimulan los defectos pero no funciona con el grueso de la prensa internacional.


Varios medios extranjeros registraron que mientras discurseaba en Nueva York, en la sede de la ONU en Ginebra su gobierno era denunciado por la represión contra manifestantes que exigían “elecciones directas ya” uno de los cuales, una estudiante de 19 años, perdió un ojo de un balazo de goma policial mientras un reportero de la BBC recibió una paliza de la misma fuerza de seguridad pese a que mostró su credencial.


Con los viajes a China y Estados Unidos se buscó tanto o más que la legitimación ante la comunidad internacional, celebrar un encuentro o al menos aparecer en una foto junto Barack Obama. Los fotógrafos oficiales habrían sido orientados para registrar el instante en que Temer, primer orador en la Asamblea, y Obama, que iba a ser el segundo, se cruzaran en los corredores del Palacio de Cristal de la ONU, lo cual no ocurrió porque el estadounidense llegó tarde. ¿Fue para evitar a su par sudamericano?. No hay información consistente para afirmar que ese fue el motivo del desencuentro.


El caso es que Obama no dijo palabra sobre la nueva administración de la mayor potencia latinoamericana ni en Hangzou ni en Nueva York, pese a que la Casa Blanca y el Departamento de Estado apoyaron el derrocamiento de las autoridades electas con una serie de comunicados y decisiones concretas, como el designar un nuevo embajador tras la suspensión del mandato de Dilma y aceptar rápidamente las credenciales del representante de Temer en Washington.


Entre las conjeturas sobre el ninguneo sufrido por el brasileño hay dos relativamente plausibles. Una se basa en el oportunismo Obama que habría eludido mostrarse junto a un aliado útil pero impresentable. Otra explicación toma en cuenta el pragmatismo del norteamericano quien tal vez poder real de un colega muy impopular (68 % de rechazo según una encuesta) y carente de comando sobre sus aliados, que comienzan a dar señales de insubordinación. Al respecto cabe señalar que el viernes el Supremo Tribunal Federal autorizó una investigación preliminar sobre Temer, que fue durante años presidente del Partido Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), ante la sospecha de que arregló el financiamiento ilegal de al menos una campañas con Sergio Machado, un ex gerente de Transpetro, subsidiaria de Petrobras.


La decisión del Supremo se basa en una confesión del propio Machado, también del PMDB, que se acogió a la delación premiada para atenuar la condena por las decenas de millones de dólares robados a Petrobras.


Si la causa contra el gobernante avanzara podrá ser destituido con lo cual habría elecciones indirectas en 2017, un escenario que cuenta con el aval disimulado de sectores del poder judicial y partidos que en su hora integraron el frente formado para derrocar a Rousseff, pero nunca fueron incondicionales de su sucesor . Si esto ocurriera, será un golpe dentro del golpe.


No se trata de una buena noticia para alguien con tan poco tiempo en el Planalto que esta semana volverá a dejar el país para viajar a Colombia donde participará de la firma del acuerdo de paz entre el presidente Juan Manuel Santos los rebeldes de las FARC, y la semana próxima posiblemente embarcará hacia Buenos Aires, donde espera eludir las protestas. Según el diario Folha de San Pablo los encargados del ceremonial prefieren que el paso Argentina no sea en la forma de una visita de Estado pues de ser así Temer estaría obligado a pasar por El Congreso donde podría ser cuestionado.

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El presidente de Brasil, Michel Temer, reveló involuntariamente que el verdadero motivo para emprender el juicio político contra su predecesora, Dilma Rousseff, fue el rechazo de la ex mandataria a un plan económico pro empresarial presentado por el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), que él encabeza, señaló este viernes el portal de filtraciones The Intercept.

“Hace muchos meses, cuando aún era vicepresidente, dimos a conocer un documento denominado Un puente hacia el futuro”, admitió Temer el pasado jueves durante una reunión de la Sociedad de las Américas y el Consejo de las Américas, con sede en Nueva York.

"Sugerimos que el gobierno debía adoptar las tesis presentadas en este documento", agregó, "pero, como no se logró... se estableció un proceso que culminó conmigo siendo instalado como presidente de la república", sentenció en un video filtrado por el sitio web.

El mismo portal señaló que la mayoría de los grandes medios de comunicación brasileños prefirieron no reportar este acto fallido de su actual presidente. “Lo que resulta más revelador es cómo los grandes medios de comunicación brasileños, lo cuales se unieron a favor del impeachment de Rousseff, ignoraron por completo los comentarios de Temer”, publicó The Intercept.

“Ni un solo medio del grupo Globo, ni el periódico más importante de Brasil el Folha, ni ninguna de la principales revistas políticas del país ha realizado alguna mención de los incriminatorios comentarios del presidente Temer”, destacó.

Apartada del poder desde el 12 de mayo pasado, cuando inició el proceso de juicio político contra Rousseff en el Senado brasileño, por violaciones a las normas fiscales al maquillar el déficit presupuestal, la ex presidenta y líder del Partido de los Trabajadores, siempre aseguró que su impeachment se debía a un "golpe" urdido por la oposición y que estaba comandado por Temer, quien ocupaba el cargo de vicepresidente.

Semanas antes de ser destituida, Rousseff criticó la política económica de Temer, quien aplicó un plan de recortes para limitar el aumento del gasto y la deuda pública, y señaló que ese programa jamás obtendría el respaldo de los electores.

El programa Un puente hacia el futuro, propuesto por el PMDB, incluye recortes en salud y educación, reduce gastos en asistencia social, incrementa la edad para el retiro, crea sociedades para privatizar nuevos sectores y reduce las regulaciones del mercado.

Son exactamente las mismas ideas propuestas por Temer en su discurso del jueves para impulsar la privatización y la inversión extranjera en Brasil ante la Sociedad de las Américas y el Consejo de las Américas, advirtió The Intercept.

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Sábado, 24 Septiembre 2016 06:21

Siria, caramelos, demagogos y condenados

El transatlántico MS St. Louis era un buque de pasajeros alemán cuya travesía más famosa pasó a conocerse como “El viaje de los condenados”. Era la primavera de 1939 y 908 refugiados alemanes judíos partieron con destino a Cuba escapando de los nazis. Sin embargo, solo se permitió desembarcar a 22 de los pasajeros judíos. Organizaciones de ayuda humanitaria solicitaron al entonces presidente de Estados Unidos, Franklin D. Roosevelt, y al Gobierno de Canadá que aceptaran a los refugiados. Ambos hicieron oídos sordos a la solicitud y el buque retornó a Europa. Cientos de los refugiados repatriados murieron en el Holocausto. La negativa del Gobierno estadounidense a aceptarlos sigue siendo una mancha oscura en nuestra historia. Lamentablemente, el actual accionar del Gobierno de Estados Unidos con relación al reasentamiento de refugiados sugiere que la historia se podría estar repitiendo.


La cifra total de personas que se ven obligadas a desplazarse hoy en día es impactante. Se trata del mayor flujo de refugiados registrado desde la Segunda Guerra Mundial. Según la Oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), existen en la actualidad 65,3 millones de desplazados por la fuerza en el mundo. A un tercio de ellos, 21,3 millones, se los considera refugiados y casi la mitad de ellos proviene de solo tres países: Somalia, Afganistán y Siria.

Cinco millones de personas han huido de Siria y más de seis millones se han visto obligados a desplazarse dentro del país. Se estima que en estos cinco años de guerra civil en Siria han muerto más de 400.000 personas. Por otra parte, la destructiva guerra que se libra en Yemen ha obligado a más de tres millones de personas a huir de sus hogares. La ACNUR prevé que 2016 será el año en que se registrarán más muertes de migrantes que intentan cruzar el Mar Mediterráneo. Oxfam proporciona otra cifra estadística clave: “Los seis países más ricos del mundo [Estados Unidos, China, Japón, Alemania, Francia y Reino Unido], que representan más de la mitad de la economía mundial, reciben a menos del 9% de los refugiados del mundo, mientras que países y territorios más pobres asumen la mayor parte de esa responsabilidad”.


Es en este contexto que Naciones Unidas convocó a la primera cumbre de alto nivel sobre refugiados esta semana, en el marco de la Asamblea General anual de la ONU, celebrada en la ciudad de Nueva York. El presidente Barack Obama mantuvo posteriormente otra cumbre sobre el mismo tema. Antes del comienzo de la misma, se conoció la noticia de que había sido atacado un convoy de ayuda humanitaria que se dirigía a la arrasada ciudad de Alepo, Siria, donde se esperaba esa ayuda con desesperación. El convoy fue blanco de un ataque aéreo que Estados Unidos atribuye a Rusia, pero que Rusia niega haber llevado a cabo. Antes del ataque, el sábado, un frágil alto el fuego acordado en Ginebra la semana anterior se desplomó cuando Estados Unidos atacó y provocó la muerte de miembros de las fuerzas armadas sirias en un incidente al que el Pentágono calificó como un “error”.


Para sorpresa de muchos, Estados Unidos jugó el rol de saboteador en Naciones Unidas y logró que se modificara el texto de una declaración no vinculante que habría prohibido expresamente la detención de menores refugiados. En lugar de ello, el texto actual dice que los refugiados menores de edad serán enviados a prisión “solo como una medida de último recurso y por el menor período de tiempo posible”. Díganle eso a Estefany Adriana Méndez, de dieciséis años de edad, que se encuentra detenida en el Centro de Detención Familiar del Condado de Berks, una cárcel para familias inmigrantes ubicada en Pensilvania. La adolescente originaria de El Salvador dijo al ser entrevistada por “Democracy Now!”: “La verdad, a todos los que estamos acá, a todos los niños que estamos acá, e incluso a las madres, nos deja una experiencia horrible estar en detención, porque más de un año no es justo para un niño estar encarcelado sin haber cometido ningún delito”.


Mientras se desarrollaba la cumbre de la ONU sobre los refugiados, el hijo de Donald Trump, Donald Jr., publicó en Twitter: “Si tuviera un frasco lleno de caramelos Skittles y te dijera que solo tres de ellos te podrían matar, ¿tomarías un puñado? Así es nuestro problema con los refugiados sirios”. La compañía propietaria de Skittles, Wrigley, respondió: “Los Skittles son caramelos. Los refugiados son personas. Consideramos que la analogía no es apropiada”.


El sufrimiento de los refugiados no es broma para Manfred Lindenbaum, quien asistió a la cumbre de la ONU como observador. Lindenbaum, un octogenario lleno de vida, fue refugiado cuando tenía seis años de edad. Al igual que quienes realizaron el viaje de los condenados, era un alemán judío. En 1939, él y su hermano huyeron de Polonia a Inglaterra en uno de los famosos transportes de niños, días antes de la invasión nazi. Lindenbaum recordó en declaraciones para Democracy Now!: “Estados Unidos dijo en ese momento que no aceptaba a niños judíos. A último momento, cuando el Ejército alemán estaba a punto de invadir, algunos centenares de niños abordamos un buque de guerra polaco. Y así es como mi hermano y yo llegamos a Inglaterra. A mi hermana no le permitieron subir. Tenía catorce años de edad. Como consecuencia, fue asesinada junto al resto de mi familia”.


El filósofo George Santayana redactó hace más de 100 años: “Aquellos que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo”. Entre el discurso plagado de odio de los Trump y las dañinas políticas sobre refugiados de Obama penden las vidas de millones de personas. Esperemos que la razón y la compasión prevalezcan ante la xenofobia y el odio.

23 de septiembre de 2016
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Traducción al español del texto en inglés: Fernanda Gerpe. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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 En la casa de Edgardo Lander hay trazos de su estadía en México y varios países de África. Su cara es conocida en los movimientos sociales de América Latina y otros continentes. Su pensamiento es de izquierda, acendrado en la academia y en un estudio continuo. Recientemente, escribió un "paper" para la Fundación Rosa Luxemburgo que retrata, con severidad de investigador, el momento actual que vive Venezuela.


Esta entrevista propone abordar ése y otros temas. Uno de ellos es el referéndum revocatorio. Pero antes, y esto es absolutamente necesario, Edgardo Lander habla sobre la profunda crisis de la sociedad venezolana, sobre la cual está montada la crisis política coyuntural que tiene en vilo al país.


Los problemas son dilemáticos y de un calado estremecedor. El conflicto llegó para quedarse y el gran desafío que tiene la sociedad venezolana pasa por resolverlo mediante las vías que ofrece la democracia. El costo para la izquierda y para el movimiento popular venezolano, simplemente, es terrible.


Podríamos empezar por una pregunta obvia. ¿Cuál es la evaluación política que hace de este momento?


Bueno, una obviedad decir que estamos en una profunda crisis en este momento. Yo creo que es importante, no sólo para pensar la situación actual, las del año que viene, las posibles salidas, si hay transición o no, esas cosas, que sería útil reconocer que la crisis política está montada sobre una crisis mucho más profunda, que es la crisis de un patrón de acumulación, de un patrón de organización del conjunto de la sociedad, cuyo soporte es la renta petrolera. No se puede abordar el debate y las posibles salidas a la crisis política, si hay o no referendo, si se logra o no en 2016, digamos, las opciones que hay en el debate político, si uno simultáneamente no está pensando hacia dónde va esta sociedad. ¿Qué significado tendría que hubiese un cambio de gobierno si las condiciones básicas de la organización de la sociedad no están siendo cuestionadas y la lógica va a seguir siendo la misma? ¿Se va a tener la pretensión de que como ya no es posible sostener la economía sobre la base de la renta petrolera, entonces, vamos a optar por la renta minera? ¿Vamos a traer grandes inversiones en el Arco Minero y vamos a seguir, como sociedad, en esa misma lógica de un asalto permanente de la naturaleza, de la devastación del ecosistema y todo eso para que el Estado tenga suficientes recursos para poder mantener su legitimidad sobre la base de políticas clientelares? Mientras estas cosas no se cuestionen, creo que hablar de la crisis política es atenerse a la ceguera, a la falta de dirección de hacia dónde debería ir esta sociedad.


Sí, la obviedad no es tal. Podríamos preguntarnos: ¿qué es lo que viene aquí? ¿Una restauración? ¿Eso es todo? ¿A eso se reduce la elipsis del chavismo? A estas alturas, no quisiera ser peyorativo con lo que había antes en Venezuela, porque creo que en el tema del debate, de la democracia e incluso de la organización social, era superior a lo que hay actualmente. Pero si tengo que decir que lo que había no era suficiente. ¿Cuál es su visión?


Para pensar en lo que había, hay que ubicarse en los tiempos, del 58 en adelante. Una cosa fueron los primeros 20 años, donde hubo, efectivamente, políticas públicas, que permitieron el acceso de la gente a la educación, a la salud, hubo una movilidad social importante. Hubo cambios en la sociedad. Pero a partir de mediados de la década del 70, empezó un proceso de declive muy marcado. Durante el segundo mandato de Pérez hubo una aplicación tardía del ajuste neoliberal —con respecto a América Latina— que llevó a un deterioro de las condiciones de vida de la población, a un incremento de la pobreza medido estadísticamente y se fue produciendo un divorcio creciente entre los partidos de origen popular (Acción Democrática, principalmente), que tenía estructuras organizativas, una casa en cada pueblo, a procesos en los cuales los partidos se fueron convirtiendo en maquinarias electorales, corruptas también, de manera que había una ruptura entre el mundo popular venezolano, que ya estaba desencantado y la actividad política. El Caracazo es la expresión de que efectivamente había un inmenso malestar ahí. Pero sin dirección, sin salida. No creo que sea deseable regresar a esa cosa.

Pero por otra parte está el imaginario de que somos ricos y el Estado proveerá. Es algo que está profundamente instalado en esta sociedad, entre otras cosas, porque son 100 años de explotación petrolera.


¿No cree que sería absolutamente novedoso, no sé si revolucionario, que el libro de Fernando Coronil El Estado Mágico se reedite masivamente en Venezuela? Lo pregunto porque allí están todas las claves de la relación que hay entre el rentismo petrolero y el sistema político venezolano. Ese fenómeno está allí expuesto como una fractura abierta de la sociedad venezolana, que deja ver el hueso. Y, sin embargo, no pasa nada.


Inclusive la naturalidad con que se incorpora al discurso político una cosa que todo el mundo dice "tenemos que salir del rentismo". Es una especie de cliché obligatorio, pero que no tiene consecuencias. De ahí no se deriva nada, ninguna propuesta concreta. Y para ejemplo, un botón: en el programa de gobierno, tanto de la oposición como del chavismo (elecciones de 2012 y en las que se realizaron en 2013, debido a la muerte de Chávez), no había nada, nada, nada, en común, excepto una sola cosa. Ofrecían llevar la producción de petróleo de 3 millones de barriles a 6 millones de barriles para el año 2019, en esa lógica de que somos un país rico y que el Estado va a tener mucho dinero. La verdad es que eso no está cuestionado. Hay razones sólidas para advertir que en este momento no estamos ante una caída coyuntural del precio del petróleo, sino que estamos en un punto cualitativamente diferente con relación al tema del petróleo. Y esto por dos razones. En primer lugar, si hace algunos años se hablaba del "Peak oil" (Una influyente teoría acerca del agotamiento a largo plazo del petróleo, en la que resalta el hecho de que el factor limitador de la extracción de petróleo es la energía requerida y no su costo económico), pues resulta que eso ya no es cierto. Las transformaciones tecnológicas permiten explotar hidrocarburos en el fondo del Ártico; en el presal, en Brasil; en las arenas bituminosas, en Canadá, el fraking, no sólo en Estados Unidos, sino en otros países, hace que hoy exista una sobreabundancia de hidrocarburos y eso no va a cambiar. Hay un segundo factor estructural muy importante. Los peligros que encierra el cambio climático hacen que sea absolutamente indispensable, por un problema de sobrevivencia de la humanidad en el planeta, que la mayor parte de los hidrocarburos ya detectados, explorados y cuantificados permanezcan bajo tierra. Eso nos coloca en otra situación. Por más petróleo que haya en Venezuela, la mayor parte de ese petróleo no va a poder ser extraída.


Cambió la realidad, cambió el mundo, hay una nueva matriz energética en los países ricos, pero nosotros no hemos cambiado absolutamente nada. Entonces, ¿nosotros nos vamos a quedar como el petróleo, bajo la tierra?


Estamos en un momento de crisis de patrón civilizatorio completo. No es sólo el patrón energético. La sobreutilización de la capacidad de carga del planeta, en su conjunto, en términos de agua, bosques, pesca, de todo, ya está sobrepasando la capacidad de reposición que tiene el planeta Tierra. Entonces, la posibilidad de construcción de una sociedad más igualitaria, más equitativa e, inclusive, la capacidad de sobrevivencia, pasa por un reconocimiento de esa realidad y un redireccionamiento de qué es lo que aspiramos como vida digna. Tiene que ser en otras condiciones. Pretender que los patrones de consumo de los países del norte tienen que ser los patrones imitables del sur, que es la lógica con la cual se está trabajando todo el tiempo, digamos aspirar a vivir como en Estados Unidos o Europa o el aceleradísimo proceso de expansión del consumo chino, es una cosa que no lleva sino a la destrucción. Reconocer eso es extremadamente complejo, porque forma parte de la lógica del capitalismo, de la lógica de crecimiento sin fin, de la lógica de 500 años de modernidad y de la lógica de sistemas políticos, cuya legitimidad está basada sobre el crecimiento continuo del PIB y de la capacidad clientelar del Estado. Son demasiadas fuerzas de inercia que apuntan en esa dirección. Pero esa dirección apunta al suicidio colectivo. Si eso no se incorpora a lo que tenemos que pensar en América Latina y en Venezuela, estamos, simplemente, ignorando la realidad.


Pero volvamos al tema de la democracia y la elipsis del chavismo. Ciertamente, hubo un retroceso que se inicia a mediados de los años 70, eso es cuantificable, medible, y políticamente contrastable, porque eso fue lo que nos llevó a Chávez, ¿no? Pero vamos a lo siguiente: en los inicios de la democracia, la mayor preocupación, el objetivo principal, era la estabilidad y Chávez puso en escena el tema de la participación, el tema de la soberanía popular. Pero lo que estamos añorando ahora es un poco de estabilidad. No sé si Edgardo Lander sueña, de día o de noche, con vivir en un país cuya estabilidad le permita enfrentarse a una vida cotidiana, menos inquietante, menos azarosa.


Obviamente, la vida cotidiana de los venezolanos hoy es extraordinariamente difícil. Vivimos en una sensación de inseguridad permanente. No sólo de inseguridad física, que es algo que está presente en los venezolanos día a día, no sabes si cuando alguien sale va regresar a su casa, esa frase, "por favor, llámeme cuando llegues", es una cosa que está ahí, instalada, y eso es terrible, esa cosa de la supresión del espacio público como un lugar de encuentro, la reducción del horario de la vida, cómo a partir de una hora, simplemente no sales, eso, obviamente, es un empobrecimiento de la vida y si a eso se le agrega esta dimensión, absolutamente compleja, que tiene que ver con la escasez y la inflación, eso hace que la vida cotidiana sea insoportable. Tener una sensación de "normalidad" es una aspiración que recorre a la sociedad venezolana.


Sí, estamos encerrados en una crisis más profunda, que tiene que ver con el petróleo, con la viabilidad económica de Venezuela, con los grandes dilemas sociales. Pero también estamos sumergidos en una crisis que tiene que ver con un conflicto de poderes, con el ReferendoRevocatorio. Hay una lucha descarnada por el poder, pero no hay una compaginación de procesos, de propuestas. A no ser la curiosa coincidencia alrededor de los 6 millones de barriles de petróleo. Pero nada de esto se puede enfrentar sin un mínimo de estabilidad política.


Es muy difícil lograr la estabilidad política en esta transición de una sociedad supuestamente rica a reconocer los niveles realmente existentes de producción. (Un dato, cortesía del economista Asdrúbal Baptista. Sin la renta petrolera, el tamaño de la economía venezolana es similar a la de Chile, pero nosotros tenemos una población de 30 millones de habitantes y ellos de 10 millones). Venezuela, de lejos, no produce suficientes productos para alimentarse, el componente importado es absolutamente elevado para producir cualquier cosa, eso hace extraordinariamente compleja la situación. Y si a eso le agregas el imaginario que atravesaba los proyectos de la IV República pero también la Constitución Bolivariana, que no es otra cosa que el Estado del bienestar europeo, que ya ni siquiera es así en Europa, es decir, una sociedad donde todo el mundo tenía acceso a la educación, a la salud, a la seguridad social y a niveles de consumo elevados, en Venezuela, ese imaginario, se alimentó con el petróleo. Darse cuenta de que no estamos en una crisis económica coyuntural, porque coyunturalmente bajaron los precios del petróleo, sino porque la sociedad está montada sobre una ficción, de que el precio del barril iba a subir indefinidamente, por encima de 100 dólares, y que esa era la característica estructural de la sociedad venezolana o advertir que las importaciones no petroleras pasaron de 80.000 millones de dólares a 15.000 millones de dólares, significa que la sociedad está cambiando, está cambiando profundamente. Eso genera, inevitablemente, condiciones de inestabilidad, que no tiene posibilidad, ni institucional ni política de resolverse, porque si se convocase a elecciones y llega un gobierno de la MUD, las condiciones estructurales de la sociedad son las mismas.


El conflicto llegó para quedarse. En Venezuela hay una serie de ajustes pendientes. Hay sectores, vinculados a los servicios que presta el Estado —electricidad, telefonía, transporte—, cuyo costo nada tiene que ver ni con la producción real de esta economía, ni con la paridad cambiaria del llamado dólar Dicom, hacia donde se han movido muchas de las importaciones.


¡Ah! Esos ajustes, inevitablemente, tienen que pasar. El problema es cómo pasan. Si pasan negociados democráticamente, si pasan de alguna forma equitativos, en que haya la posibilidad de que a cada quien le toque su parte, en una forma de capacidad política, de procesamiento democrático. ¿O va a hacer una política a rajatablas? Porque si es el caso, obviamente esa política no conduce a la estabilidad, sino a una protesta permanente.


Hay sociedades que han resuelto esos conflictos, unas mejor que otras, claro. El problema es que si no pudimos aprovechar 100 años de explotación petrolera, pues uno se queda pensando.


Ese es el reto que tenemos como sociedad. Pero es un reto que pasa, repito lo que dije al principio, por reconocer la situación en la cual estamos. Yo creo que eso, todavía, no forma parte del debate. Porque estas situaciones de inestabilidad no conducen necesariamente a procesos de violencia, pero sí a reacomodos que son muy difíciles, porque los venezolanos tenemos grandes expectativas de cuáles son nuestros derechos y a que cosas aspiramos que sean redimensionadas. Porque esas aspiraciones, ese imaginario que tenemos no es sostenible.


¿Esto tiene que ver fundamentalmente, digamos, con el rentismo petrolero?


Tiene que ver con eso. Pero la salida que pretende darle el gobierno a esto es, como se está agotando la posibilidad de seguir con esta lógica del rentismo petrolero, vamos a pasar entonces a un gran megaproyecto que es el Arco Minero, vamos a traer masivas inyecciones de capital, y eso entonces nos va a permitir vivir... del rentismo minero, sin cuestionar la lógica del Estado proveedor, la lógica de la legitimidad montada sobre la capacidad del Estado de responder a las expectativas de la población, sin reconocer la situación en la cual estamos. Creo que estamos en una coyuntura extremadamente crítica, en el sentido de que si no entendemos, como sociedad, qué nos pasó con el petróleo, qué le pasó al Lago de Maracaibo con el petróleo, estamos dejando que se tomen decisiones en nuestro nombre que van a afectar cómo va a ser Venezuela en el próximo siglo.


No sé si el Referendo Revocatorio se está planteando como una vía para solucionar los problemas de la sociedad venezolana, que son además dilemáticos, de una enorme complejidad. Pero la sensación es que el proyecto chavista fracasó en la gestión gubernamental y uno, como elector, teóricamente, tiene la posibilidad de darle la oportunidad a otras fuerzas políticas a las cuales no se les puede endosar la responsabilidad de lo que aquí ha ocurrido en los últimos 18 años.

¿Cómo ve el Referendo Revocatorio en esa perspectiva?


Yo entiendo perfectamente que en la sociedad venezolana hay hoy un rechazo extraordinariamente elevado a la gestión de gobierno, las encuestas más recientes apuntan al 80%. Y es obvio que hay, en una proporción importante de la sociedad, un sentido de que esto fracasó. ¿Cómo se interpreta esto? Hay interpretaciones de que el fracaso es del gobierno de Maduro, salvando la herencia de Chávez. Digamos, hay diferentes formas de verlo, pero hoy no queda la menor duda de que el gobierno actual está siendo rechazado por la mayoría de la población. Es un gobierno que es ineficiente, es un gobierno que es corrupto, que, además, es crecientemente autoritario. Entonces, la aspiración de la gente es salir de esto. Y no necesariamente porque desde una opción le estén hablando de los problemas reales. Sencillamente, la gente está harta. Hay una noción, casi mágica, "vamos a salir de esto y después veremos". Pero obviamente, la sociedad llegó al límite en que la continuidad de este gobierno es intolerable.


El problema es si se va a apelar a los mecanismos establecidos constitucionalmente. O si eso, sencillamente, está cancelado


Lo que está contemplado en la Constitución es que si un sector importante de la población considera que hay razones para someter a evaluación al Presidente, se hace todo el procedimiento para el Referendo Revocatorio, el 20% de las firmas, etc, etc, y la sociedad tienen la posibilidad de evaluar la gestión. El hecho de que se haga el Referendo Revocatorio no quiere decir que se revoca el mandato. Se hace una evaluación y cuando se hace una consulta puede ser a favor o en contra. Eso no está predeterminado. En el juego democrático, la gente tiene derecho a decidir. Obviamente, este gobierno ha tomado la decisión de bloquear el Referendo Revocatorio.


¿Por qué sabe que lo va a perder?


El Referendo Revocatorio no es una cosa fácil. Primero hay que pasar por recoger casi cuatro millones de firmas (el 20% del padrón electoral) y en el momento en que se haga, como tal, no es sólo ganar, sino que tiene que tiene que sacar más de 7,5 millones de votos. Ese es un reto que no es fácil. Ahora, si el gobierno está tan sistemáticamente oponiéndose y bloqueando la posibilidad es porque tiene las encuestas en mano y sabe que si se lleva a cabo el Referendo Revocatorio, lo va a perder, porque otra reacción hubiese sido la reacción de Chávez en el referendo anterior. Vamos pa’lante con el referendo y empezar a reaccionar políticamente. Porque una de las cosas que yo creo que caracteriza al gobierno actual, crecientemente, es que ha sustituido la acción política por la acción de poder estatal. Es decir, en lugar de tener capacidad de organización de políticas públicas, de legitimación, de actuar y de confrontarse en el terreno propiamente político, lo que hace es ejercer el poder autoritario del Estado. Y eso es lo que está haciendo.


¿Está hablando claramente de la represión?


Sí, sí. Estoy hablando de represión y eso es no hacer política. Eso es sustituir la política por "yo tengo el poder y por tanto yo decido".


Se murió el que ganaba elecciones, se murió el que hacía política. ¿Qué hacemos? ¿Qué hace el chavismo? ¿Qué nos queda?


Algunas de las cosas que ha declarado el gobierno como respuesta a la exigencia del Referendo Revocatorio son realmente de unos niveles delirantes. Por ejemplo, Elías Jaua afirmó que "el revocatorio es para revocar a gobiernos oligárquicos, no gobiernos populares". Entonces, el gobierno decide qué es un gobierno popular y qué es un gobierno oligárquico y, como este es un gobierno popular, no hay Referendo. Son argumentos absolutamente halados por los cabellos. Un desconocimiento absoluto de la noción básica de que se supone que el pueblo es soberano y que tiene derecho a decidir. Es simplemente, tirarle una patada a la mesa y decir: "Bueno, nosotros nos quedamos aquí a como dé lugar".


Eso suele pasar cuando se apela a un silogismo.


(Ríe). Efectivamente. Lo que contempla la Constitución es que la gente tiene ese derecho y el gobierno anda, sistemáticamente, bloqueando ese derecho. Algo similar está ocurriendo con las elecciones de gobernadores, que no es una cosa que se hace o no se hace, según le parezca o no al CNE. Los plazos de gestión de los gobernadores están establecidos taxativamente en la Constitución. Cuando se termina el período tiene que haber elecciones que permita la sustitución. El no realizar la elección de gobernadores es nuevamente entrar en un estado de facto, en una situación en la cual el funcionamiento fundamental de la estructura democrática del Estado —que no es otra que la que ejerce la representación electa por la población— está siendo desconocida.


Habías dicho que de no realizarse el Referendo Revocatorio era entrar en un estado de facto. Lo planteas, igualmente, si eso ocurre con las elecciones de gobernadores. ¿El gobierno se va a jugar esa carta?


De hecho se la está jugando, porque se supone que las elecciones de gobernadores tendrían que realizarse, a más tardar, en diciembre. Y no hay la menor señal de que se esté organizando ese proceso.


¿Cuál podría ser la lectura que haga la comunidad internacional? ¿Venezuela va a seguir siendo un interlocutor válido en organismos internacionales? ¿Qué va a pasar en ese ámbito?


El gobierno venezolano está inmerso en un proceso de aislamiento internacional creciente. Al crear mecanismos de integración como Unasur, la Celac, Petro Caribe, el gobierno venezolano ha enfrentado una oposición muy fuerte de Estados Unidos. No ha sido una oposición discursiva solamente. Obviamente, apoyaron el golpe de Estado en abril de 2002. El decreto de Obama califica a Venezuela como una amenaza severa a la seguridad estadounidense. En la región ha habido un viraje fuerte a la derecha, en el caso de Argentina, legítimo, en el caso de Brasil con visos golpistas. Venezuela, prácticamente, está siendo expulsada del Mercosur. No ha cumplido con una serie de regulaciones en cuatro años y, de aquí a diciembre, obviamente, no las va a cumplir. Prácticamente va a quedar fuera de ese mecanismo de integración. Entonces hay un aislamiento creciente. La investigación del Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, y la protesta creciente, porque el gobierno no autoriza la presencia de sus funcionarios para saber lo qué está pasando. El gobierno, con su improvisación y la prepotencia con la cual está ejerciendo el poder, está perdiendo el reconocimiento y desconociendo las implicaciones de lo que está haciendo. Esas implicaciones no son sólo nacionales, sino también internacionales. Ese aislamiento creciente tiene costos y, por lo tanto, no es prolongable en el tiempo.


Una incógnita es el papel que podría jugar el factor militar.


Lo militar siempre tiene un aspecto de caja negra. Uno no termina de saber lo que pasa en la Fuerza Armada. Pero por las cosas que llegan, por diferentes vías, creo que está claro que hay un descontento creciente. Por una parte, el mundo militar está viviendo las mismas cosas que vive el resto de la población (inseguridad, inflación, escasez), esa información de coroneles que en su tiempo libre trabajan como taxistas. Los militares son parte de la vida nacional y enfrentan las mismas dificultades. Esa idea de que había un sólido respaldo militar al gobierno, ya no corresponde a la realidad. Hasta qué punto eso se expresa en divisiones orgánicas claras, de quienes están a favor o en contra, en términos de una posible ruptura del hilo constitucional o de un golpe es una cosa más difícil de saber, entre otras cosas, porque el funcionamiento político al interior de las Fuerzas Armadas, siempre es conspirativo. Hasta que no ocurra un hecho, no se sabe quiénes están involucrados y quienes no lo están. Pero si es bastante claro, creo yo, que no pueda darse la noción de un autogolpe, por parte de Maduro, con apoyo militar. Esa me parece una hipótesis descartable, porque si Maduro se lo propusiese, eso llevaría, por lo menos, a una división profunda de las Fuerzas Armadas.


¿Cómo afectaría la negación del Referendo Revocatorio a las fuerzas de izquierda en Venezuela?


Desde el punto del movimiento popular que aspira a una sociedad más justa, más igualitaria, más democrática, de quienes creen en la necesidad y posibilidad de otro mundo, la prolongación de este gobierno, es la prolongación de un largo proceso de desgaste. El mundo popular que se politizó, que se organizó en estos años no tiene por que cargar con el peso de un gobierno no sólo ineficiente, sino extraordinariamente corrupto. Prolongar la presidencia de Maduro es contribuir a liquidar las ilusiones de otro mundo posible, es contribuir a instalar en el pueblo venezolano la idea de que nada puede cambiar. De que, como ha afirmado, por tanto tiempo el neoliberalismo, lo público necesariamente es ineficiente y corrupto. El gobierno de Maduro pareciera haber dejado atrás toda pretensión de democracia y estar más interesado en preservas sus posiciones de poder y sus privilegios económicos, sin importarle el costo que ello tenga para el movimiento popular venezolano.


Para terminar, como inicié, con una obviedad. ¿Qué cree usted que va a pasar si no hay Referendo Revocatorio?
Creo que pasamos a una situación de profundización de la crisis. Pasamos, efectivamente, a que el gobierno actúa como un gobierno de facto, entre otras cosas, porque está dejando de lado un derecho fundamental de la Constitución, que es el derecho de la gente a decidir, en las condiciones contempladas en la propia Constitución. El aislamiento internacional sería creciente. Creo que los sectores de la derecha más radical, que han estado más o menos contenidos por los sectores más o menos socialdemócratas de la MUD, dejarían de operar porque ya no habría argumentos. La posibilidad de pasar a situaciones de violencia de diversa índole, creo que se acelerarían. Y esto llevaría a una situación tremendamente peligrosa, porque esta sociedad, entre otras cosas, tiene una cantidad de armas, extendida entre la población, extremadamente vasta. Yo no veo en el horizonte una guerra civil, pero el hecho de que eso sea una posibilidad de la cual se habla, me parece una cosa absolutamente aterradora.

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Miércoles, 21 Septiembre 2016 06:20

Palabras vacías en un discurso de mentiras

El discurso que Michel Temer hizo en la Asamblea General de la ONU fue su segundo gran intento de presentarse a los ojos del mundo como nuevo líder de la mayor nación latinoamericana y una de las nueve principales economías del planeta. Una oportunidad de oro para legitimarse en el puesto conquistado gracias a un golpe institucional que destituyó a la mandataria elegida por la mayoría de los votantes en 2014.


El primer intento ocurrió hace poco, durante la reunión del G-20 en China. En aquella ocasión, hasta en la foto oficial del encuentro Michel Temer quedó aislado: el ceremonial lo estacionó a un metro del grupo de los demás participantes. El tan soñado registro de un apretón de manos con algún jefe de Estado de primera línea quedó en el agrio territorio de los deseos irrealizados.


El segundo intento tampoco resultó. Pese a todo lo que hizo la diplomacia de su gobierno, ni siquiera hubo respuesta de la Casa Blanca para el pedido de un “encuentro informal” con Barack Obama. Obama ni siquiera se dignó a estar en el auditorio imponente de la ONU cuando Temer empezó a leer, con voz monótona y solemne y aire de mayordomo de película de terror, el discurso que alguien escribió. No escuchó una sola de sus palabras vacías.


Para cerrar con nubarrones una jornada gris, las delegaciones de seis países latinoamericanos –territorio en que Brasil debería tener peso específico– abandonaron el recinto: Ecuador, Bolivia, Costa Rica, Venezuela, Nicaragua y Cuba.
Con sus modales de cabalgadura indócil, el canciller José Serra dijo a los periodistas que el impacto de esa actitud en la imagen externa brasileña fue “igual a cero”.


Es increíble la capacidad que Serra demuestra, a cada viaje, de superarse en inepcia y grosería. Basta recordar que hace dos días, en una entrevista concedida en Nueva York, tuvo inmensa dificultad (el entrevistador lo ayudó) en recordar a qué países corresponde la sigla ‘BRICS’. Empezó bien, mencionando Brasil, Rusia e India. Pero al llegar a la ‘C’ dijo Chile. Y no hubo santo en el cielo capaz de hacer que supiese que la ‘S’ corresponde a Sudáfrica. Con semejante encargado de las Relaciones Exteriores, el gobierno encabezado por Temer difícilmente obtendrá, fuera de las fronteras, la legitimidad que intenta desesperadamente alcanzar.


Todo en Temer es un desastre. En vísperas la apertura de la Asamblea de la ONU, dijo que Brasil abriga a 85.000 refugiados. Mentira: son 8800, según datos oficiales del mismo gobierno. Además, olvidó un detalle: había un programa listo para ser implementado por Dilma Rousseff para acoger refugiados sirios, y fue uno de los primeros a ser desarmado tan pronto él asumió, todavía como interino.


Su discurso, plagado de clisés y frases vacías, atropelló la verdad de manera infame en una de sus afirmaciones. Dijo el presidente golpista que llevaba al auditorio de la ONU su “compromiso innegociable con la democracia”. Bueno, hay que reconocer que es imposible negociar lo que no existe.


Reiteró lo que dicen por aquí sus cómplices de la prensa hegemónica: “todo transcurrió dentro del más absoluto respeto al orden constitucional”. Sería verdad, pero hubo en todo el proceso un pequeño detalle: la Constitución prevé la destitución de un presidente que haya cometido “crimen de responsabilidad”. Y no se pudo probar jamás que Dilma haya cometido crimen alguno.


Temer también afirmó en su discurso que Brasil vive un proceso de “depuración de su sistema político”. Otra mentira. Dice el diccionario que por “depuración” debemos entender “eliminación de la suciedad o impureza de una sustancia; proceso por el cual el organismo elimina sustancias nocivas o inútiles”.


Si en mi país estuviéramos viviendo un proceso semejante, él y sus aliados ya estarían eliminados.


Si mi país fuese un organismo humano, sus riñones ya habrían mandado a Temer y sus acólitos a otro destino.


Presidente de Costa Rica se niega a escuchar discurso de Temer en la ONU

El presidente de Costa Rica, Luis Guillermo Solís, e integrantes de otras delegaciones de países latinoamericanos abandonaron este martes la sala donde se realizaba la Asamblea General de la ONU, negándose a escuchar el discurso del nuevo mandatario de Brasil, Michel Temer.


El mandatario costarricense se retiró de la sala acompañado de su ministro de Relaciones Exteriores, Manuel González.
Por su parte, el canciller de Ecuador, Guillaume Long, informó en su cuenta en la red social Twitter que varias delegaciones hicieron lo mismo.


“Ecuador, Costa Rica, Bolivia, Venezuela, Cuba, Nicaragua salen de debate general de Asamblea General de ONU al tomar la palabra Michel Temer”, publicó Long.


La cancillería de Costa Rica emitió una nota oficial donde confirmó la “decisión de no escuchar el mensaje” de Temer, quien recientemente sustituyó a Dilma Rousseff en un proceso de destitución que generó fuertes controversias.


“Nuestra decisión, soberana e individual, de no escuchar el mensaje del señor Michel Temer en la Asamblea General, obedece a nuestra duda de que ante ciertas actitudes y actuaciones, se quiera aleccionar sobre prácticas democráticas”, expresó la cancillería.


En su discurso ante la ONU, Temer aseguró que la destitución de Rousseff fue llevada adelante respetando la ley.
(Con información de AFP)

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ALAI AMLATINA, 20/09/2016.- Justo cuando el modelo neoliberal parece estar sumido en una crisis global de estancamiento económico y ha perdido cualquier semblanza de legitimidad, ha aparecido un nuevo sector de la economía globalizada que no sólo registra robustos márgenes de ganancia, sino que está reavivando la propia ideología neoliberal, bajo una nueva envoltura. Se trata de un puñado de corporaciones transnacionales de Internet que, a través de un proceso de rápida concentración oligopólica, ahora dominan la nueva economía digital.

La materia prima que estas empresas codician son los datos que extraen de casi todas las transacciones y comunicaciones en línea, en todo el mundo. Google, Apple, Facebook, Amazon y Microsoft (el llamado GAFAM), se encuentran entre los principales explotadores de estos bienes simbólicos, que los usuarios y transacciones de Internet les proporcionan y que luego se concentran en EE.UU., constituyendo una nueva fuente de riqueza y poder. Por lo tanto, esta actividad de “minería de datos” representa una nueva forma de extractivismo que responde a una lógica neocolonizadora, cuyas implicaciones la mayoría de gobiernos, especialmente en los países del Sur, desconocen o se sienten impotentes para prevenirlas.


La problemática va mucho más allá de la simple recolección y procesamiento de datos para su venta a anunciantes. Estos datos también son la materia prima de la inteligencia artificial (IA) y de los algoritmos que organizan y regulan cada vez más aspectos de nuestras vidas y sociedades. Estos procesos por lo general se definen en secreto, de acuerdo con los criterios de la empresa, lo que puede generar problemas cuando afectan el interés público o cuando implica obviar los mecanismos democráticos.


Entre los ejemplos más visibles, podemos mencionar los conflictos que algunas ciudades han tenido con empresas como Uber, cuyo software conecta conductores informales con pasajeros privados, pero bajo los términos dictados por Uber, lo que a menudo crea un serio conflicto con los taxistas registrados y el sistema que regula su servicio; también implica evadir derechos laborales, ya que Uber no reconoce una relación laboral.


El problema puede llegar a ser mucho más complejo cuando, por ejemplo, los anteriores servicios públicos de las denominadas "ciudades inteligentes", como la gestión del tráfico vial o de la red eléctrica, comienzan a ser administrados por empresas tecnológicas privadas de acuerdo con sus propios criterios, cuyas decisiones potencialmente pueden imponerse por sobre la voluntad de los consejos locales. Los algoritmos que crean y los datos que generan suelen ser reservados como propiedad de la empresa; ello significa que, una vez que un contrato esté en funcionamiento, se vuelve casi imposible para la autoridad municipal tomar la decisión de dejarlo sin efecto, aunque haya insatisfacción con el servicio, ya que la ciudad entera podría verse hundida en el caos, hasta que un nuevo sistema se pueda instalar.


De hecho, apenas unos pocos actores globales tienen actualmente la capacidad suficiente para recoger y gestionar tales cantidades de recursos de datos, y el hecho de que sean principalmente empresas transnacionales basadas en Estados Unidos –además del propio gobierno estadounidense– se debe en gran medida al control que ese país ejerce sobre la Internet global. Incluso las grandes potencias enfrentan dificultades para contrarrestar la monopolización que esto implica; y para los países en desarrollo, está prácticamente fuera de alcance.


Tras las revelaciones de Edward Snowden, los gobiernos de los países del Sur por lo menos fueron alertados de los peligros del espionaje electrónico por parte de la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos (NSA, por sus siglas en inglés). En América del Sur, en 2012, los presidentes de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) respondieron con el encargo al Consejo Suramericano de Infraestructura y Planeamiento (COSIPLAN) de instalar un anillo de fibra óptica a través de la región, con el fin de mantener un cierto nivel de soberanía sobre las comunicaciones intrarregionales, que actualmente pasan mayoritariamente por EE.UU. También mandataron al Consejo de Defensa regional para que desarrolle un plan de ciberdefensa y ciberseguridad1. Sin embargo, estas son respuestas muy parciales y los peligros de las nuevas amenazas relacionadas con la extracción de datos, los algoritmos y la IA todavía no constan en la agenda regional; mucho menos cómo responder adecuadamente.

Los datos: la clave de la inteligencia artificial


Para conocer su análisis respecto a estos retos, conversamos con el periodista y escritor de origen bielorruso, Evgeny Morozov, conocido principalmente por su crítica polémica de Silicon Valley como una extensión del poder de Estados Unidos. Morozov caracteriza la situación actual en estos términos: "el proyecto de la mayoría de empresas tecnológicas estadounidenses en esta coyuntura es seguir creciendo a nivel internacional y expandirse lo más que puedan; y lo hacen con fines de extraer la mayor cantidad posible de datos, sobre los comportamientos, las ansiedades y deseos de la población en cada lugar; los que posteriormente pueden ser empaquetados y vendidos a los anunciantes; pero también, a la postre, estos datos les permiten alimentar y ayudar a construir con mayor precisión sus proyectos de inteligencia artificial".


Esto, explica Morozov, es un aspecto que muchas personas no comprenden: "piensan que el problema aquí es la mercantilización de las audiencias y nada más. Pero creo que eso es una visión muy equivocada, porque, además, les permiten construir plataformas de inteligencia artificial inmensamente poderosas, que a posteriori les pueden ayudar a automatizar, no sólo una gran cantidad de servicios comerciales, sino también buena parte de las funciones previamente asociadas con el Estado; y eso, no sólo en términos de seguridad, en el combate a la delincuencia, el crimen y la lucha contra el terrorismo, sino también cada vez más en el plano de la educación, la salud y otras cosas". A modo de ejemplo, el analista (quien en los últimos años ha estado residiendo en EE.UU. y Europa), citó la noticia de que al parecer Microsoft podría estimar las probabilidades de que una persona tenga cáncer pancreático, incluso antes de que tenga un diagnóstico, con sólo mirar sus consultas de búsqueda de Internet; esto, dice, "da una idea de lo que esta agregación masiva de datos, combinada con todo tipo de servicios de diagnóstico de salud altamente individualizados, realmente puede lograr".


Una condición previa para el proyecto de IA de estas corporaciones, precisa Morozov, es que todo el mundo debe estar en línea e intercambiando (lo que en la actualidad es el caso de sólo la mitad de la población mundial). Por lo tanto, muchas de estas empresas ofrecen ahora conectividad subvencionada a través de programas como el Free Basics de Facebook (recientemente derrotado, al menos parcialmente, en países como la India2) o el proyecto Loon de Google (de conectividad con aviones no tripulados y globos).


"Hay una visión también de desbloquear el 'potencial empresarial interior’ de la gente", prosigue nuestro entrevistado. En tal sentido, se argumenta que "ahora que están en línea, y tienen las herramientas y las aplicaciones, todos ellos pueden convertirse en esta especie de tipos ideales, que personas como Hernando de Soto soñaban para las poblaciones locales. Una vez que se les dé las herramientas, se piensa poder realizar este sueño utópico, basado en una visión extremadamente neoliberal, donde todo el mundo saldría de la pobreza únicamente por convertirse en empresario”. Por lo tanto -concluye- Silicon Valley estaría integrando la visión histórica promovida durante mucho tiempo por el Banco Mundial y el FMI, entre otros.

América Latina: el desafío de la soberanía tecnológica


Con respecto a qué pasos los gobiernos latinoamericanos podrían dar para empezar a abordar estas cuestiones, Morozov hizo hincapié en la soberanía tecnológica. "Por lo menos una soberanía tecnológica inicial solía estar en la agenda de aquellos políticos en esta región que ya están preocupados con otros tipos de soberanía: la soberanía alimentaria, la soberanía energética, algún tipo de soberanía en infraestructura, y creo que todo eso es muy bueno y constructivo. El problema es que, si no se entiende las implicaciones para la soberanía que plantean las redes de datos y los sensores, es posible que se pierda terreno en las otras peleas. El hecho de que una empresa como Monsanto está ahora comprando todos los start-ups del big data que trabajan en la agricultura, o que una empresa como IBM esté comprando el Weather Channel, que es la empresa que básicamente tiene la mejor capacidad de predecir el tiempo, con toda clase de implicaciones para la agricultura y otros ámbitos, eso, para mí, implica que incluso un tema como la soberanía tecnológica no es una cuestión aislada hoy en día. Es algo que se fusiona con otras luchas por la soberanía; y si el proyecto para restaurar y preservar la soberanía sigue viva en esta región y en otras partes, no se lo puede realizar sin traer a la mesa los aspectos tecnológicos".
Entre otras cosas, esto significaría cuestionar las soluciones para la propiedad de datos presentadas por las empresas de tecnología, que, de acuerdo con Morozov, se pueden resumir como: 1) "olvídense de los datos, ya que si los datos se quedan con nosotros, Google y Facebook, les ofreceremos todos estos servicios subvencionados, entonces ni siquiera piensen en ello como un asunto político"; y 2) "los datos son, por defecto, propiedad privada y hay que tener un régimen robusto de propiedad privada en torno a ellos, y así facilitar los mercados".


Esto -prosigue- significaría renovar el debate en curso sobre los regímenes de propiedad, entendiendo que "hay más unidades políticas en el mundo que sólo los individuos que interactúan a través del mercado" cuyos problemas tendrían solución, “siempre y cuando estén dispuestos a aceptar que el mercado va a intervenir y ayudarles a resolverlos, ya sea mediante la compra de una aplicación o mediante la entrega de todos los datos a Google o Facebook". También significaría pensar en "las formas en que las comunidades, ciudades, estados-nación, y así sucesivamente, todavía pueden encontrar maneras de acumular estos datos con el fin de planificar mejor...". Pero, se pregunta Morozov, ¿quién todavía habla de planificación?... Aparte de algunos países de América Latina, "los únicos actores que hacen la planificación organizada a esta altura son empresas gigantes".


Evgeny Morozov, quien considera que las firmas tecnológicas ya prácticamente manejan la política occidental, hace hincapié en que "la capacidad de los gobiernos de América Latina para resistirse a Silicon Valley es, en última instancia, en función de su capacidad y voluntad de resistir al neoliberalismo como tal".


Los gobiernos antineoliberales que han predominado en América del Sur durante la última década, y las renovadas iniciativas de integración regional, con autonomía de las potencias mundiales, tales como UNASUR y ALBA, potencialmente podrían constituir una de las pocas áreas del mundo con la capacidad política para asumir estos asuntos de forma colectiva. Sin embargo, el impacto de la crisis económica, a lo que se suman los recientes cambios políticos en países como Argentina, Brasil y Venezuela, hacen que esta posibilidad sea mucho menos probable.


En esta compleja situación política y económica de la región, Morozov reconoce que las condiciones no son favorables para tratar estas problemáticas y que falta voluntad política. Por otra parte, como es comprensible, incluso en los países con gobiernos progresistas, la lucha por la supervivencia básica de su proyecto tiene ahora primacía sobre este tipo de consideraciones. "Políticamente, entiendo lo difícil que es esta situación para cualquier gobierno izquierdista en América Latina que todavía quiere resistir la camisa de fuerza neoliberal", añade. (Continuará).

(Traducción ALAI)

Sally Burch es periodista de ALAI

Publicado en Ciencia y tecnología
Martes, 20 Septiembre 2016 06:37

Un bandolero llamado Eduardo Cunha

Entre fines de julio y principios de agosto Eduardo Cunha despachó emisarios para sondear la Fiscalía General de la Unión. Quería saber si había buena disposición para establecer un acuerdo de “delación premiada”, que le aseguraría penas blandas, en caso de una condena que parecía y parece inevitable, a cambio de informaciones.


Cunha lo desmintió con vehemencia durante todo el proceso que culminó con su expulsión de la Cámara de Diputados, la suspensión definitiva de su mandato (y los correspondientes fueros privilegiados) y su inhabilitación política por ocho años.
Ahora, los procesos a que respondía en el Supremo Tribunal Federal pasan a primera instancia. Uno de ellos ya fue enviado al provinciano juez de primera instancia Sergio Moro, firme admirador no confesado de los tribunales de la Santa Inquisición: más que buscar justicia a la hora de juzgar, tiene la obsesión de condenar.


Fulminado por sus pares, abandonado por sus huestes, Cunha vuelve al llano intentando aparentar la calma de un lago nórdico en invierno. Sabe que perdió casi todo su poder en la Cámara de Diputados. Sabe que es un cadáver político. Sabe que se transformó en símbolo máximo de podredumbre en un sistema político podrido. Sabe que es la imagen lapidada de un corrupto vulgar, de un bandolero desarmado.


Pero también sabe que lo que sabe puede ser letal para un número incalculable de políticos de todos los calibres, a empezar por su veterano aliado y cómplice Michel Temer. Eximio maestro del chantaje, Cunha deja claro que se sintió abandonado por traidores voraces.


Quedan, en ese enredo, al menos dos preguntas básicas. La primera: ¿qué hará ahora, cuando tanto él como su esposa, Claudia Cruz, están bajo la amenaza concreta de prisión?


No hay mucho espacio para negociación con los fiscales ávidos de aplausos de una opinión pública entorpecida por los mismos medios hegemónicos de comunicación que hasta hace pocos meses ignoraban olímpicamente los desmandes colosales del bandolero-mor de la República. Y menos para intentar alguna complacencia de la Corte Suprema.
Precavido, desde hace al menos dos meses trata de seducir a los fiscales y a la Policía Federal con la perspectiva de delatar. El eventual beneplácito de la Justicia dependerá de lo que Cunha esté dispuesto a ofrecer.


Una primera muestra surgió ayer, cuando en una entrevista del diario conservador O Estado de S. Paulo (uno de los adalides del golpe institucional que destituyó a la presidenta electa Dilma Rousseff y colocó en su lugar a un Michel Temer que sigue buscando desesperadamente una legitimidad cada vez más inviable) Cunha lanzó algunos contundentes disparos de alerta. El blanco ha sido uno de los hombres fuertes de Temer, Wellington Moreira Franco, encargado del muy jugoso tema de las privatizaciones. La reacción de Moreira Franco fue intentar desclasificar a su acusador. Bueno, Cunha es, efectivamente, un desclasificado ético y moral. Pero en ese terreno, Moreira Franco es un imponente competidor: su integridad tiene la consistencia de un consomé aguado. Cunha salpicó, de paso, a otro monumento de polución ética y moral, el mismo Michel Temer. ¿Amenaza velada? No: mejor considerarlo una especie de advertencia.


La otra pregunta básica: ¿cómo ha sido posible que semejante creatura, cuya trayectoria fue sólidamente pavimentada de robos, coimas, chantajes, haya reunido tanto poder, a punto de haber sido el gatillo disparador de un golpe institucional victorioso?


La respuesta es dura, pero no hay salida: eso ocurrió gracias al ambiente degradado de la política brasileña, al silencio cómplice de los medios de comunicación, a la bovina pasividad de las cortes superiores de Justicia, a la inercia de un sistema judicial tan perezoso como contaminado. A la despolitización de un electorado que se deja conducir como rebaño de terneros distraídos. Y, duro pero innegable, a la admisión, por parte del PT, de aliarse a un partido como el PMDB, plagado de traidores como Cunha, Temer y todo el resto de la pandilla.


Por décadas Cunha supo buscar financiación para campañas electorales ajenas, armando una red de deudores que luego transformaba en cómplices de sus negocios sin escrúpulo.


Con un Congreso en que existen nada menos que 28 partidos políticos, impera en Brasil un engendro llamado “presidencialismo de coalición”. O sea, ningún presidente logra gobernar sin aliarse para intentar una mayoría parlamentaria. Ese escenario propicio a todo tipo de chantaje y de negociaciones espurias sirve de pasto generoso para el apetito desorbitado de bandoleros como Eduardo Cunha. Y sirvió para que Dilma, el PT y Lula fuesen traicionados de manera vil.
Cunha fue, quizá, el más hábil e inteligente de toda una enorme pandilla que ahora se reúne alrededor de Michel Temer. Cuando sus servicios dejaron de ser necesarios, fue defenestrado por sus pares con la frialdad de los chacales.
Sabe que perdió casi todo su poder, pero que mantiene algo de su otrora olímpica influencia, en especial sobre partidos pequeños e inexpresivos que, reunidos, suman una bancada de casi 20 por ciento de la Cámara de Diputados.
Vengativo e implacable, advirtió que no caería solo: caería disparando. Bueno, ya cayó. Ahora vendrán los disparos.


EL MAGISTRADO DEBE DECIDIR SI PROCESA AL EX PRESIDENTE O RECHAZA LOS CARGOS POR CORRUPCION


El juez Moro y la denuncia contra Lula


El fiscal federal y pastor evangélico Deltan Dallagnol llamó a Lula “comandante máximo” de la red de corrupción, pero no lo denunció por asociación ilícita sino por supuesta corrupción y lavado de dinero en la compra de un departamento.

 

El juez federal brasileño Sergio Moro, quien conduce la investigación sobre la red de corrupción en torno de Petrobras, debe decidir a la brevedad si acepta o rechaza la denuncia de la fiscalía por corrupción y lavado de dinero contra el ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva, su esposa Marisa Leticia y otras seis personas.


Así lo informó una fuente del Juzgado Federal número 13 de Curitiba, capital del estado de Paraná, que indicó que el magistrado, de todos modos, no tiene plazos para expedirse sobre el reclamo de los fiscales federales de la Operación Lava Jato.


Moro puede aceptar la denuncia y convertir a Lula en procesado o rechazar la acusación, que fue muy cuestionada en ámbitos jurídicos e incluso entre los ministros del Supremo Tribunal Federal (STF), según reportó ayer el diario Folha de S. Paulo.


El fiscal federal y pastor evangélico Deltan Dallagnol llamó a Lula “comandante máximo” de la red de corrupción el miércoles pasado, pero no lo denunció por asociación ilícita sino por supuesta corrupción y lavado de dinero en torno de un apartamento en el balneario de Guarujá.


“Moro es juez y parte. Si llega a rechazar la denuncia, esto no quita el clima de persecución del cual es víctima Lula”, dijo el abogado del ex presidente (2003-2010), Cristiano Martins.


Otra acusación está basada en un acuerdo entre Lula y la empresa OAS, involucrada en sobornos en Petrobras, para guardar el archivo presidencial, seis containers con todos los obsequios recibidos en el período en que ejerció la máxima magistratura, que el ex mandatario estuvo obligado a llevarse y proteger una vez que dejó el cargo, en 2010.


Los fiscales indican que esta transacción tiene vinculaciones con la red de corrupción en la petrolera y en la financiación de campañas políticas.


El fin de semana en Estados Unidos, donde participó de un seminario, Moro fue consultado por el portal de la revista Veja si podría pedir la detención de Lula pese a que los fiscales no lo habían solicitado. “Sin comentarios”, respondió el magistrado.
En tanto, la ex presidenta brasileña Dilma Rousseff, destituida en juicio político el pasado 31 de agosto, comenzó a participar de las campañas electorales de aliados de cara a las elecciones municipales del 2 de octubre próximo.


En ese marco, Rousseff es esperada mañana para participar en un acto en Cinelandia, en el centro de Río de Janeiro, para apoyar la candidatura a alcalde de la ciudad maravillosa de Jandira Feghali, del Partido Comunista do Brasil (PCdoB), aliado del Partido de los Trabajadores.


Rousseff apareció en la televisión haciendo campaña a favor de Feghali, una de sus principales defensoras en la Cámara de Diputados, y también en Porto Alegre, donde reside.


En la capital de Río Grande do Sul, Rousseff en la propaganda electoral pide el voto para Raúl Pont, aspirante a jefe municipal de Porto Alegre por el PT.

Publicado en Internacional
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