Sábado, 24 Enero 2015 07:24

Es doloroso vivir en medio del caos

El sistema-mundo está en serios problemas y está ocasionando malestar a la vasta mayoría de la población mundial. Los expertos y los políticos se aferran a un clavo ardiendo. Magnifican cada ocurrencia de las leves mejoras momentáneas, por lo común transitorias, de las varias medidas que estamos acostumbrados a utilizar.


En el lapso de más o menos un mes, de pronto se nos puede decir, al ir terminando el año calendario, que el mercado se veía mucho mejor en Estados Unidos, pese a haberse visto peor en Europa, Rusia, China, Brasil y otros muchos lugares. Pero conforme arribó el nuevo año hubo una seria caída en los precios de acciones y bonos en Estados Unidos. Fue ésta una voltereta rápida y marcada. Por supuesto, de inmediato los expertos dieron explicaciones, pero ofrecieron una amplia gama de ellas.


La cuestión real en cualquier caso no son los precios de los bonos o acciones en algún país. Es el panorama del sistema-mundo como un todo, que no me parece que se mire muy bien. Para nada. Comencemos con el principal indicador utilizado por los pensadores del establishment –las tasas de crecimiento.


Por tasas de crecimiento tendemos a querer decir precios en la bolsa de valores. Por supuesto, como sabemos y es obvio, muchas cuestiones diferentes a una mejora en la economía pueden conducir a una alza en los precios de la bolsa: primero que nada, la especulación. La especulación se ha vuelto tan fácil y está tan incrustada en las actividades diarias de los grandes operadores en el mercado mundial que hemos comenzado a asumir que esto no es sólo normal, sino más o menos deseable. En cualquier caso, tendemos a argumentar que no hay nada que alguien pueda hacer para detenerlos, si quisiéramos hacerlo. Esta última suposición es probablemente correcta, lo que justo es el problema.


En mi opinión, el único indicador que mide el bienestar de la economía-mundo y el bienestar de la vasta mayoría de la población mundial es el de las tasas de empleo. Hasta donde logro entender, el desempleo ha sido anormalmente alto por algún tiempo, si se mira el mundo como un todo. Es más, la tasa ha ido subiendo constante (no descendiendo) durante los últimos 30 o 40 años. Lo mejor que parecemos poder anticipar es que la tasa se estabilizará donde está. Revertir la tendencia no parece probable. Por supuesto, si uno mide las tasas de empleo país por país, éstas varían y oscilan. Pero a nivel mundial, la tasa de desempleo ha estado subiendo regularmente. La realidad es que hemos estado viviendo en medio de un sistema-mundo que oscila salvaje, y esto es muy doloroso. Las tasas de empleo no son las únicas tasas que oscilan. Sólo miden la más inmediata fuente de malestar. Las tasas de cambio entre divisas importantes pueden ser también una fuente visible de malestar para muchas personas de todos los niveles de ingreso. Hasta el momento, el dólar crece con rapidez vis-à-vis casi todas las otras divisas. Una tasa de cambio al alza favorece importaciones baratas y baja la inflación. Pero afecta a los exportadores, como ya sabemos, y pone en riesgo la deflación de más largo plazo.

Los costos de la energía también oscilan salvajes. El ejemplo más obvio es el petróleo. El precio estaba al principio en marcada subida por todo el mundo durante casi todo 2014, lo que brindó enormes ingresos y poder político a los países que eran productores (y a los Estados en América del Norte que eran productores). Luego, parece que de repente, se dijo que hubo una superabundancia en el mercado, y los precios de la energía comenzaron a catapultarse hacia abajo hasta un nivel bastante bajo. Aquellas estructuras políticas que habían aprovechado de la subida, ahora tuvieron que enfrentar un aumento en deuda soberana y ciudadanos infelices.


Con toda seguridad, hay un factor político involucrado en estos alocados vaivenes. Pero se ha sobredimensionado la capacidad, de aun los grandes productores como Arabia Saudita o Texas, para afectar los vaivenes en los precios. Estos vaivenes son como tornados que destrozan casas en su camino. En el proceso, las instituciones bancarias que le habían apostado a la dirección de los precios (en cualquier sentido) se encontraron en problemas radicales, y sin un respaldo garantizado de sus gobiernos.


Las alianzas geopolíticas son casi tan inestables como el mercado. Estados Unidos ha perdido su incuestionable hegemonía del sistema-mundo y nos hemos movido a un mundo multipolar. La decadencia estadunidense no comenzó recientemente, sino en 1968. Durante mucho tiempo fue una decadencia lenta, pero se hizo precipitada después de 2003, como resultado del desastroso intento de revertir la decadencia invadiendo Irak.


Nuestro mundo multipolar cuenta con 10-12 potencias con fuerza suficiente como para emprender políticas relativamente autónomas. No obstante, entre 10 y 12 es un número demasiado grande como para que alguna de ellas esté segura de que sus puntos de vista prevalecerán. El resultado es que estas potencias están barajando alianzas constantemente con tal de no verse desplazadas por las maniobras de las otras.


Muchas decisiones geopolíticas (si no es que casi todas) son imposibles de controlar, aun por los poderes más fuertes, porque no hay buenas opciones disponibles. Miren lo que está ocurriendo en la Unión Europea. Grecia está por celebrar elecciones, en las que parece que Syriza, el partido anti-austeridad, puede ganar. La política de Syriza es exigir una revisión de las medidas de austeridad impuestas a Grecia por una coalición de Alemania, Francia, el Fondo Monetario Internacional e indirectamente el Departamento del Tesoro estadunidense. Syriza dice que no quiere abandonar el euro y que no lo va a hacer.


Alemania dice que no será chantajeado por Grecia para alterar su política. ¿Chantajeado? ¿Puede la pequeña Grecia chantajear a Alemania? En un sentido los alemanes tienen razón. Con Syriza los griegos van a estar jugando bola ruda. La zona del euro no tiene previsiones acordadas ni para la retirada ni para la expulsión. Si las fuertes potencias intentan expulsar a Grecia de la zona del euro, un gran número de países pueden apresurarse a una retirada por buenas o malas razones.


Muy pronto la zona del euro podría no existir ya, y Alemania sería el perdedor individual más grande. Así, desde el punto de vista de Alemania (y de Francia), las exigencias de los griegos son una propuesta donde todos pierden. Hasta el momento Alemania mantiene su postura pero ha suavizado la amenaza de expulsión. Francia ha dicho que está contra la expulsión. Esto sirve a los objetivos de Syriza. Que en particular Alemania pierda sin importar que postura escoja ahora es una de las consecuencias políticas del caos.


El sistema-mundo se está autodestruyendo. El sistema-mundo se encuentra en lo que los científicos de la complejidad llaman una bifurcación. Éste significa que el sistema actual no puede sobrevivir, y que la real cuestión es qué lo reemplazará. Aunque no podemos predecir qué clase de nuevo sistema emergerá, podemos afectar la decisión entre las alternativas sustantivas disponibles. Pero sólo podemos esperar hacerlo mediante un análisis realista de los vaivenes caóticos existentes sin esconder nuestros esfuerzos políticos tras espejismos acerca de reformar el sistema existente o mediante intentos deliberados por ofuscar nuestro entendimiento.


Traducción: Ramón Vera Herrera

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El Fondo Monetario Internacional ha empeorado sus previsiones sobre América Latina, que crecerá este año la mitad que los países avanzados; el petróleo ya no es el maná de la economía; y Brasil no es el líder de la región sino que debe apretarse el cinturón. Los augurios no son los mejores para Latinoamérica, y el empleo no escapa a esa espiral. La venezolana Elizabeth Tinoco, directora de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en América Latina y el Caribe, describe así, en una visita a Madrid, una realidad cruda: "América Latina no supo aprovechar la década de crecimiento económico sostenido para transformar su economía. Exprimió al máximo lo que le funcionaba, el petróleo, pero no abrió más vías para diversificar su producción y crear empleo. Para los países que dependieron tanto del crudo, el panorama es dramático".


Los datos negativos se acumulan sobre la mesa. El informe Panorama Laboral 2014, elaborado por la OIT para la región, arroja malas noticias: 15 millones de desempleados en las zonas urbanas, un millón de empleos menos generados en el último año y la previsión de otros 500.000 parados más en 2015. Todo enmarcado en una desaceleración económica que pone en peligro los logros conquistados desde principios de siglo en políticas sociales, y hace crecer el desempleo y el trabajo informal.


En este océano de inseguridad, la informalidad fortalece sus raíces. Unos 130 millones de personas en la región desarrollan un empleo informal, es decir, fuera de la legislación laboral, sin cotizaciones ni pago de impuestos, sin prestaciones ni cobertura de seguridad social. Una economía sumergida que abraza al 47% de los trabajadores de Latinoamérica. La construcción es el sector con mayor porcentaje de empleados informales, junto a la agricultura, la pesca y las trabajadoras domésticas, un colectivo que reúne a 19 millones de personas. Cuanto menores son los ingresos, más crece este tipo de trabajo, desde el que vende minutos de telefonía móvil al que repara electrodomésticos o el que ofrece agua en las calles.


"La informalidad se ha extendido desde los años noventa", explica Tinoco. "El crecimiento económico del 3-4% a partir del año 2000 tuvo un impacto reciente en la creación de empleo formal. Pero ahora, con una desaceleración que se vislumbra de largo plazo, vuelve la informalidad. La gente se las ingenia para comer con los trabajos más insólitos. Es la necesidad de la supervivencia. Las políticas que los Gobiernos han impulsado para generar empleo formal están amenazadas por la desaceleración. Ese es el gran miedo".


Tinoco, licenciada en Sociología y al frente de la OIT en Latinoamérica desde 2011, apunta a la "estructura económica" de los países como el origen del problema. "En América Latina el crecimiento está basado en los commodities, en la exportación de petróleo, minería y producto agrícola. Eso genera beneficio pero poco empleo. Necesitamos que la economía del país no se centre un 80% en ello, sino diversificar. Debe haber una igualdad de trato fiscal, y mejorar la calificación de la mano de obra. Ya no podemos pensar en la educación del pasado".
Perú, con un 68%, Honduras, México, Colombia y Guatemala figuran entre los países con mayor informalidad.

Uruguay (34%) y Costa Rica cierran la clasificación. Las mujeres, los jóvenes y los mayores de 50 años son quienes más se ven abocados a estas prácticas. Son también quienes, en muchas ocasiones cansados de buscar empleo, salen del mercado laboral. Estas fugas y las altas tasas de informalidad provocan que, vistos desde Europa, los porcentajes oficiales de desempleo en los países latinoamericanos sean relativamente bajos. Pero la fotografía real es distinta.


Según la OIT, América Latina necesitaría crear 50 millones de empleos en los próximos 10 años solo para compensar el aumento demográfico. Y precisaría un crecimiento económico del 3% cuando las previsiones sitúan la media en la región en un 2%. La bonanza financiera de Estados Unidos puede aligerar la carga de aquellos países con mayores lazos comerciales, como México. "Costa Rica, Panamá, Ecuador, Colombia, Chile y Bolivia también crecen. Los que peor están son Argentina, Brasil y Venezuela", afirma Tinoco. "Brasil debe conservar los logros sociales y a la vez avanzar en un durísimo programa de reformas. Las perspectivas latinoamericanas para 2015 son que el desempleo suba, porque la economía no lo hará al ritmo necesario para crear trabajo".


El protagonismo de China es un asidero, pero también un arma de doble filo, advierte Tinoco: "China contribuyó a que la crisis afectara menos porque era su gran consumidor de materia prima. Hoy juega otro rol, invierte en financiar el desarrollo. Es un cambio muy importante. Veremos qué características tiene esa ayuda. Va a aumentar la dependencia de América Latina de China, y la deuda a futuro".

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Viernes, 23 Enero 2015 06:48

Caos sistémico y transiciones en curso

La geopolítica nos ayuda a comprender el mundo en que vivimos, en particular en periodos turbulentos como los actuales, cuya principal característica es la inestabilidad global y la sucesión de cambios y oscilaciones permanentes. Pero la geopolítica tiene sus límites para abordar la actividad de los movimientos antisistémicos. Nos proporciona una lectura del escenario sobre el que actúan, lo que no es poco, pero no puede ser la inspiración central de las luchas emancipatorias.


A mi modo de ver, ha sido Immanuel Wallerstein quien ha conseguido bordar de la manera más precisa la relación entre caos en el sistema-mundo y su transformación revolucionaria por los movimientos. En su artículo más reciente, titulado "Es doloroso vivir en medio del caos", destaca que el sistema-mundo se está autodestruyendo al coexistir 10 a 12 poderes con capacidad para actuar de forma autónoma. Estamos en medio del tránsito del mundo unipolar a otro multipolar, un proceso necesariamente caótico.


En periodos de inestabilidades y crisis es cuando la actividad de los movimientos puede influir de modo más eficaz en el rediseño del mundo. Es una ventana de oportunidades necesariamente breve en el tiempo. Es durante estas tormentas y no en los periodos de calma cuando la actividad humana puede modificar el curso de los acontecimientos. De ahí la importancia del actual periodo.


Algunos de sus trabajos publicados en la colección El Mundo del Siglo XXI, dirigida por Pablo González Casanova, abordan la relación entre caos sistémico y transiciones hacia un nuevo sistema-mundo (Después del liberalismo e Impensar las ciencias sociales, Siglo XXI, 1996 y 1998). En Marx y el subdesarrollo, publicado en inglés en 1985, hace ya tres décadas, advierte sobre la necesidad de repensar nuestra metáfora de transición, ya que desde el siglo XIX hemos estado enredados en el debate entre las vías evolutivas frente a las revolucionarias para llegar al poder.


Creo que el punto más polémico, y a la vez el más convincente, es su afirmación de que hemos creído que una transición es un fenómeno que puede controlarse (Impensar las ciencias sociales, p. 186). Si la transición sólo puede producirse como consecuencia de una bifurcación en un sistema en situación de caos, como señalan los científicos de la complejidad, pretender dirigirla es tanto ilusión como riesgo de relegitimar el orden en descomposición si se accede al poder estatal.


Lo anterior no quiere decir que no podamos hacer nada. Todo lo contrario. Debemos perder el miedo a una transición que toma el aspecto de derrumbamiento, de desintegración, la cual es desordenada, en cierto modo puede ser anárquica, pero no necesariamente desastrosa, escribió Wallerstein en el citado texto. Agrega que las revoluciones pueden hacer su mejor trabajo al promover el derrumbe del sistema.


Esta sería una primera forma de influir en la transición: agudizar el derrumbe, potenciar el caos. Como el propio autor reconoce, un periodo de caos es doloroso, pero puede ser también fecundo. Más aún: la transición a un nuevo orden es siempre dolorosa, porque somos parte de lo que se derrumba. Pensar en transiciones lineales y sosegadas es un tributo a la ideología del progreso.


Después de 1994 comenzamos a conocer el segundo modo de influir en la transición, que nos permitió enriquecer las consideraciones anteriores. Se trata de la creación, aquí y ahora, de un mundo nuevo; no como prefiguración, sino como realidad concreta. Me refiero a la experiencia zapatista. Creo que ambos modos de influir (derrumbe y creación) son complementarios.


El zapatismo ha creado un mundo nuevo en los territorios donde se asienta. No es el mundo que imaginamos en nuestra vieja metáfora de la transición: un Estado-nación donde se construye una totalidad simétrica a la capitalista que pretende ser su negación. Pero este mundo tiene, si entendí algo de lo que nos enseñaron las bases de apoyo durante la escuelita, todos los ingredientes del mundo nuevo: desde escuelas y clínicas hasta formas autónomas de gobierno y de producción.


Cuando el caos sistémico se profundice, este nuevo mundo creado por el zapatismo será una referencia ineludible para los de abajo. Muchos no creen que el caos sistémico pueda profundizarse. Sin embargo, tenemos por delante un panorama de guerras interestatales e intraestatales, que se suman a la cuarta guerra mundial en curso del capital contra los pueblos. Estas son algunas situaciones caóticas que avizoramos. Que pueden coincidir, en un mismo periodo, con el caos climático en desarrollo y el caos sanitario, según la previsión de la OMS de la próxima e inevitable caducidad de los antibióticos.


En la historia, las grandes revoluciones se produjeron en medio de guerras y conflictos espantosos, como reacción desde abajo cuando todo se derrumbaba. Durante la guerra fría se difundió la hipótesis de que los contendientes no usarían armas nucleares que aseguraban la destrucción mutua. Hoy ya son pocos los que apostarían en ese sentido.
Ante nosotros está naciendo una nueva metáfora de la transición posible: cuando el sistema-mundo comience a desintegrarse generando tsunamis de caos, los pueblos deberán defender la vida y reconstruirla. Al hacerlo, es probable que adopten el tipo de construcciones creadas por los zapatistas. Así sucedió en las largas transiciones de la antigüedad al feudalismo y del feudalismo al capitalismo. En medio del caos, los pueblos suelen apostar por principios de orden, como lo son algunas comunidades indígenas de nuestros días.


Algo de eso ya está sucediendo. Algunas familias priístas acuden a las clínicas de los caracoles y otras buscan en las juntas de buen gobierno solución justa a sus conflictos. Nunca los pueblos se han pasado en masa a las alternativas sistémicas. Un día lo hace una familia, luego otra, y así. Estamos transitando hacia un mundo nuevo, en medio del dolor y la destrucción.

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Viernes, 23 Enero 2015 06:23

¿Un nuevo comienzo para Europa?

Ni bien se sabía que a finales de enero habría elecciones legislativas en Grecia y que una victoria del partido izquierdista Syriza era probable, una serie de políticos/as y comentaristas de toda Europa saltaron a asegurar que no hay alternativa posible a la política actual, y punto. Seguridad, estabilidad y orden, fueron los lemas del momento. Difamando al líder de Syriza, Alexis Tsirpas, como populista antieuropeo (diario Frankfurter Allgemeine Zeitung, Alemania), vaticinaron que un gobierno encabezado por Syriza sería un drama, e indefectiblemente llevaría al caos. El ministro de Finanzas alemán, Schäuble, incluso amenazó de frente a la población griega, mientras el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, recomendó a los/as griegos/as no equivocarse al momento de votar. Finalmente, el FMI bloqueó el desembolso de una cuota crediticia.


Sin embargo, estos comentarios pintan un cuadro equivocado. En los hechos, el caos ya es la realidad cotidiana para muchas personas en Grecia: 50 por ciento de la juventud está sin trabajo, las jubilaciones fueron recortadas dramáticamente, muchos hospitales tuvieron que cerrar sus puertas. Si uno pone mayor atención al debate en Grecia, se dará cuenta de que precisamente Syriza es el partido que propone reformas de amplio alcance: reformas que sin duda trastocarían también el establishment, a fin de combatir la corrupción y el clientelismo y garantizar el nivel de vida de las personas en vez de depreciarlo. El partido se opone a la actual política de austeridad, y quiere ser parte de las alternativas en y para Europa, lo cual, evidentemente, tiene molestos a los actuales gestores de la crisis. De ahí ese miedo a un partido que hace cinco años ni recibía aún 5 por ciento de los votos emitidos.


Una oportunidad para Grecia. Démosle vuelta al asunto. Convirtamos a Grecia en un campo de experimentación para probar otras formas de manejar la crisis. Imaginemos una restructuración exitosa del Estado y de la economía: las personas gozan de condiciones laborales y de vida estables, se reforma el sistema impositivo, de manera que los ricos carguen con una parte adecuada del coste para la colectividad. Asimismo – horribile dictu para toda mente neoliberal– hay programas de inversión pública eficientes que permiten superar las crisis humanitarias en las áreas de alimentación y vivienda, educación y salud.


En un escenario de este tipo, el criterio de éxito ya no sería el grado en el que se tranquilicen los mercados financieros y se mantenga la política de austeridad, como lo planteó Joschka Fischer, ex ministro de Relaciones Exteriores alemán, en el periódico Standard el pasado martes. Fischer también presume que una victoria de Syriza desembocaría en una crisis política que arrastraría a toda Europa.


Está claro que nada de esto será fácil. Minimizar los problemas estructurales existentes no ayudará en nada, y no faltarán voces europeas que exijan políticas intransigentes contra el nuevo gobierno griego. Pero aun así, existirá cierto margen de acción. Por ejemplo, se podrían fortalecer las economías locales y regionales. ¡No, no estamos hablando de proteccionismo! Estamos hablando de una política económica razonable y sensata que no se someta al campo de batalla del mercado global sino que, dentro de la división de trabajo internacional, insista en una política industrial, estructural y de mercado laboral autónoma e independiente. Esto podría dar un impulso refundacional que tanta falta hace en Grecia.


¿Otra Europa? Europa podría convertirse en un proyecto que es vivido de manera positiva por todas las personas, en todos los países. Un primer paso sería renegociar las deudas, cara a cara y en pie de igualdad, para así restituir su margen de acción al gobierno griego. El partido proeuropeo Syriza podría promover una salida diferente a la crisis, no sólo para Grecia, sino también para otras regiones.


Finalmente podría darse la tan necesaria conferencia europea sobre la deuda. Mucha gente ya reconoce que Grecia jamás podrá pagar su deuda, a no ser por el precio de una dependencia más o menos eterna. La conferencia debería abordar el tema de una solución europea global, pero también tratar la posibilidad de una condonación parcial de la deuda griega y, para los créditos restantes, un mecanismo de pago de deuda a la medida del rendimiento económico real del país. Sería una señal política poderosa, tanto para las personas como para los mercados, de que por fin se trabaja seria y solidariamente en desarrollar estrategias adecuadas de manejo de la crisis. Al mismo tiempo, se transparentaría quiénes se benefician realmente de la crisis actual.


Hay mucho para repartir, en Grecia y en otras partes también. El libro de Thomas Piketty sobre la evolución histórica de los patrimonios ha desencadenado un amplio debate en este sentido.


Sin duda, un desarrollo positivo de la situación en Grecia desalentaría a las fuerzas antieuropeas y nacionalistas en Europa.


Tenemos por delante debates intensos acerca de cuáles podrían ser los pilares de un modelo de bienestar justo, ecológico y democrático para Europa.


En los comentarios, se repite una y otra vez la cantaleta pálida del necesario crecimiento. Pero, ¿qué significa eso concretamente? Concretamente, ¿qué tipo de empleos se generan o se conservan? ¿Estamos hablando de empleos en la industria de armamento, o en una industria productiva lo más sostenible posible? ¿Del trabajo de peones mal pagados/as en la agroindustria, o de trabajadores/as con empleo digno en la producción ecológica de alimentos? ¿Y quiénes deciden sobre las inversiones que deben llevarnos al crecimiento? Fondos de alto riesgo privados en busca del mayor rédito posible, o empresarios/as responsables, o incluso la población mediante mecanismos y procedimientos de democracia económica? Todas esta son preguntas a las que Syriza quiere encontrar respuestas. Y de hecho son temas claves que deberíamos discutir y analizar en y para toda Europa.


Y para terminar: cabe preguntarnos también cómo pueden contribuir actores relevantes de otros países, por ejemplo políticos/as, empresarios/as progresistas y sindicatos, a que no se deje pasar la oportunidad de un nuevo comienzo en Europa. Los comentarios que han suscitado los primeros amagues de la contienda electoral en Grecia dejan muy en claro que esta campaña no es un asunto meramente griego.

Traducción: Cordi Thöny

 

Por Ulrich Brand, profesor de política internacional en la Universidad de Viena, fue co organizador de un foro sobre la crisis del euro a mediados de diciembre en Atenas y es integrante del Grupo Permanente de Trabajo sobre Alternativas al Desarrollo de la Fundación Rosa Luxemburg

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Miércoles, 21 Enero 2015 06:04

El optimismo de Davos se evapora

Año tras año, los responsables del Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés) se empeñan en mirar al futuro y dar carpetazo definitivo a la crisis, pero el pasado regresa tozudo. Los organizadores del Foro que se reúne desde hace 45 años en la estación de esquí de Davos (Suiza) convocan en esta ocasión a más de 2.500 participantes a definir "El nuevo contexto global", pero el escenario que empieza a dibujarse este 2015 se parece sospechosamente al pasado no necesariamente cercano. Es "el regreso al futuro" en palabras de Nariman Behravesh, economista jefe de la firma de la empresa de análisis y estrategia IHS. "Muchas de las tendencias que observamos nos recuerdan a las de los años 80 y 90. EE UU es, de nuevo, la locomotora económica mundial. El dólar vuelve a ser la moneda fuerte. La producción petrolera estadounidense está a punto de ser la mayor del mundo", sostiene Behravesh.


Pero buena parte de las esperanzas de 2014 se han evaporado y con ellas el optimismo que mostraban los directivos empresariales sobre la economía mundial. La encuesta mundial de PwC entre los consejeros delegados de más de 1.300 empresas de todo el mundo revela que solo el 37% de los directivos espera una mejora de la situación económica mundial, lejos del 44% del año pasado, y un 17% estima que la actividad mundial caerá, el doble que hace un año. Los ejecutivos españoles son más optimistas que la media: un 39% cree que la situación mejorará, pero el dato también empeora sensiblemente respecto a 2014 (50%). La mayoría, sin embargo, dentro y fuera de España confía en que sus compañías aumentarán ingresos y empleos.


"La encuesta viene a constatar que nos encontramos ante un escenario económico distinto al que hemos conocido hasta ahora y en el que se conjugan cifras de crecimiento a nivel global con grandes oportunidades de negocio y acontecimientos disruptivos", sostiene el presidente de PwC, Carlos Mas, en la nota del informe. Deben ser esas oportunidades de negocio, y quizás también la mejora de la economía española, las que han devuelto a los ejecutivos españoles a Davos, que en esta edición configuran el mayor número desde que estalló la crisis.


Las esperanzas puestas en una pujante recuperación mundial no se han materializado. Las señales de la "dramática" mejora que anticipaba Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo, en este mismo foro hace un año no solo no se han hecho realidad sino que la entidad se halla en vísperas de una de expansión del balance, seis años después de que la Reserva Federal abriera camino. La brecha entre los grandes bancos centrales se agranda y esas tensiones se empiezan a reflejar en el mercado de divisas, a la espera del próximo movimiento después de que el Banco Nacional de Suiza desligara por sorpresa el franco del euro. "La Reserva Federal, el Banco de Inglaterra y el Banco de Canadá subirán probablemente los tipos de interés este año, aunque de forma modesta. Mientras, el BCE, el Banco de Japón y el Banco de China proporcionarán más estímulo a sus economías, en algunos casos mucho más", advierte IHS en un informe presentado este martes en Davos.


Los riesgos geopolíticos han pasado a ocupar un lugar prioritario en la agenda y solo un coste de la energía sensiblemente más barato permite entrever cierto crecimiento fuera de Estados Unidos. El informe de Riesgos Globales que cada año elabora el WEF alerta de que la mayor amenaza a la estabilidad mundial en los próximos 10 años procede viene de los conflictos internacionales. "Los riesgos geopolíticos habían desaparecido del mapa de riesgos en los últimos cinco años y vuelven con fuerza", subraya el informe.

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A dos semanas de que se celebren las elecciones generales en Grecia y con la campaña electoral extremadamente polarizada, las encuestas dan la victoria al izquierdista Syriza frente al conservador Nueva Democracia, actual partido de Gobierno, con una diferencia de entre 2 y 4 puntos.


Un sondeo del instituto demoscópico Kapa, publicado este fin de semana por el diario griego To Vima, sitúa a Syriza en primer lugar con un 28,1 % de los votos, 2,6 puntos por delante de Nueva Democracia, la formación del primer ministro, Andonis Samarás, que obtiene el 25,5 %.


Otra encuesta del instituto demoscópico Pulse, recogida por el diario local Eleftheros Typos, otorga una ventaja de 3,5 puntos a los de Alexis Tsipras, pues Syriza recoge el 30,5 % de los sufragios y Nueva Democracia el 27 %.


Un tercer sondeo de la compañía Metron Analysis para el diario local Parapolitika sitúa a Syriza en cabeza con el 34,1 % frente al 30 % que logra Nueva Democracia, lo que amplía la ventaja de los izquierdistas hasta en más de 4 puntos.
Según Kapa, el partido de centro izquierda To Potami (El Río) obtendría el tercer puesto con el 6,5 %, seguido de la formación neonazi Amanecer Dorado con el 5,4 % y a muy poca distancia del socialdemócrata Pasok (5,2 %) y de los comunistas del KKE (5 %).


Por detrás estaría el recién creado Movimiento de los Socialistas Democráticos, fundado hace escasas dos semanas por el exprimer ministro Yorgos Papandreu, que con un 2,8 % no conseguiría sobrepasar la barrera electoral del 3 % para entrar en el Parlamento.


Lo mismo les ocurriría a los nacionalistas Griegos Independientes (ANEL) que se quedarían en el 2,6 % y al partido de izquierda moderada Dimar, antiguo socio de la actual coalición de Gobierno, y que solo obtendría un 1,1 %.


De acuerdo con el sondeo de Pulse, Pasok, To Potami y Amanecer Dorado se disputarían el tercer puesto (todos ellos con un 6 %), seguidos de KKE (5,5 %).

Por detrás quedarían ANEL, que con un 3 % entraría en la Cámara, y el Movimiento de los Socialistas Democráticos que se quedaría a las puertas con un 2,5 %.

De acuerdo con el análisis de Metron, To Potami obtendría el 8,4 %, a continuación estaría Amanecer Dorado (5,6 %), KKE (5,3 %), Pasok (4,1 %), ANEL (3,5 %) y ya fuera del hemiciclo quedaría el Movimiento de los Socialistas Democráticos con el 2,8%.

El porcentaje de indecisos, de los que optan por el voto en blanco o la abstención, se situaría en el 12 %, mientras Pulse lo fijaría en el 10 %.

El actual primer ministro, Andonis Samarás, que opta a la reelección como candidato de Nueva Democracia, es el mejor valorado con un 43,9 % según Kapa y un 36 % según Pulse, seguido del líder de Syriza, Alexis Tsipras, que obtiene el 36,2 % de acuerdo con Kapa y el 30 %, según Pulse.


(Con información de EFE)

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Lunes, 12 Enero 2015 06:45

Compromiso petrolero

Los gobiernos de Venezuela y Arabia Saudita acordaron coordinar acciones para recuperar la estabilidad de los precios del petróleo, que la semana pasada cayeron a su nivel más bajo desde 2009.

Los gobiernos de Venezuela y Arabia Saudita se comprometieron a coordinar acciones para recuperar los precios del petróleo, que la semana pasada cayeron a su nivel más bajo desde mayo de 2009. El acuerdo fue alcanzado durante la reunión que el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, mantuvo en Riad con autoridades sauditas, reportó el ministro de Economía y Finanzas venezolano, general de brigada Rodolfo Marco Torres. "Excelente reunión con importantes resultados. Acordamos trabajar para recuperar mercado y precios del petróleo", escribió Marco Torres en su cuenta de la red social Twitter. Anteayer el presidente venezolano pidió en Irán la colaboración de países exportadores de petróleo para recuperar la estabilidad en los precios del crudo.


Maduro planteó la necesidad de defender el precio del petróleo, a pesar de que Arabia Saudita, el mayor productor mundial de crudo, rechazó recortar la producción de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), en una estrategia para desestimular la extracción del petróleo no convencional, mediante el llamado mecanismo de "fracking". Maduro visitó anteriormente Irán y, tras culminar su visita a Arabia Saudita, partió a Qatar. Tiene previsto visitar también Argelia.


El precio del barril de petróleo llegó a caer la semana pasada por debajo de los 50 dólares, el nivel más bajo desde mayo de 2009. El ministro de Economía y Finanzas venezolano señaló que Maduro sostuvo reuniones con el príncipe heredero saudita, Salman Bin Abdulaziz, y con el príncipe Muqrin Bin Abdulaziz, viceheredero al trono. También estuvo el ministro de Petróleo, Alí Al-Naimi. La visita fue parte de la gira del mandatario venezolano por naciones socias en la OPEP. Asimismo, Maduro recordó que entre junio y diciembre de 2014 el precio del barril petrolero descendió 40 por ciento y atribuyó ese descenso en el precio a la sobreoferta en el mercado de petróleo de lulitas, que produce Estados Unidos mediante el "fracking".


Aunque Venezuela y Arabia Saudita son miembros de la OPEP, difieren en sus posturas respecto de la caída de los precios. El continuado descenso obedece a varios factores, entre ellos la decisión de la organización petrolera de mantener los actuales niveles de producción, en unos 30 millones de barriles diarios, frente a las peticiones de algunos miembros como Caracas para aumentar el cupo.


En Teherán, el presidente venezolano pidió anteayer la colaboración de los países exportadores de petróleo para recuperar la estabilidad en los precios del crudo. Maduro trató con el mandatario de Irán, Hasan Rohani, los cambios en el mercado del petróleo, según la agencia oficial iraní de noticias, IRNA. A juicio de Rohani, la cooperación entre países de la OPEP puede, además de neutralizar los programas de algunas potencias contra esa organización, ayuda a consolidar un precio aceptable para el petróleo en 2015. Irán es el cuarto país en reservas de crudo del mundo y el primero en las de gas natural, aunque su capacidad de explotación está muy limitada por las sanciones internacionales que sufre debido a su controvertido programa nuclear.

Maduro y Rohani abordaron el presente de las relaciones bilaterales. El primero dijo que Venezuela busca ampliar lazos con Irán en todos los campos, especialmente en economía y política. "El mercado de Venezuela es muy grande", recalcó Maduro, y aseguró que puede ser una plataforma de conexión entre empresas iraníes con el mercado de Latinoamérica. También expresó su interés en restablecer los vuelos entre Teherán y Caracas. Rohani agradeció la visita de Maduro a Irán y expresó su esperanza de que, con los acuerdos alcanzados, haya avances en comercio e inversión, exportación de servicios técnicos y de ingeniería e industria farmacéutica.

El líder supremo iraní, el ayatola Alí Jamenei, acusó a los "enemigos comunes" de su país y de Venezuela de haber causado, intencionadamente, la caída del precio del petróleo en los mercados internacionales. Jamenei expresó su satisfacción por el acuerdo entre Maduro y Rohani, a fin de luchar de forma coordinada contra el descenso del precio del petróleo. No obstante, consideró que la cooperación entre Teherán y Caracas no debe limitarse al tema del petróleo. En su opinión, hay que ampliar el nivel de los intercambios y las inversiones entre los dos países, que en estos momentos es menor del esperado.

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Miércoles, 07 Enero 2015 09:06

Arranque de campaña picante

Desde Londres

 

El laborismo británico comenzó el año a la carrera. En el lanzamiento de la campaña para las elecciones de mayo, el líder laborista Ed Miliband advirtió que los conservadores terminarían de privatizar y destruir el Servicio Nacional de Salud si ganaban los comicios y que el Reino Unido era un país de "food banks and bank bonuses" (bancos de alimentos para pobres y bonos para los banqueros).

El gobierno del primer ministro David Cameron contraatacó asegurando que los laboristas tenían el equivalente a unos 40 mil millones de dólares de promesas no financiables que dejarían al Reino Unido en un estado similar a Grecia si los votantes se inclinaban por ellos en mayo.

En resumen, los partidos no esperaron a los Reyes Magos para, no bien comenzado el año, lanzarse de lleno a la campaña electoral.

En un claro giro retórico a la izquierda, que los analistas calificaron como el "más radical en décadas", Ed Miliband señaló en un mitin político en Manchester que las grandes corporaciones no seguirían dominando la agenda si el laborismo es elegido el próximo 7 de mayo. El giro fue tal que el líder laborista se atrevió a abrir un signo de interrogación sobre el potencial nuclear británico, señalando que podía desprenderse de las armas nucleares a largo plazo y, mientras tanto, encontrar un reemplazo más barato para el sistema de submarinos que transportan los misiles Trident. Pero el eje de su discurso fue la situación económico-social del Reino Unido tras casi cinco años de coalición conservadora-liberal demócrata. "El fracaso del experimento económico de los conservadores se ve en los hogares, en la falta de perspectivas para nuestros hijos, en los servicios públicos y la deuda estatal", señaló Miliband.

La película no podía ser más diferentes desde el lado conservador. El poster de campaña develado el 2 de enero declamaba "Let's stay on the road to a stronger economy" (Sigamos por el sendero de una economía que crece) y aseguraba que en sus cinco años de gobierno se han creado casi dos millones de empleos, 760 mil nuevas compañías y se cortó el déficit fiscal a la mitad. Este lunes, el ministro de Finanzas, George Osborne, señaló que un gobierno laborista echaría por la borda todos estos logros y no permitiría completar con el enderezamiento de la economía nacional "desquiciada por el Nuevo Laborismo". Es la misma estrategia que adoptó Barack Obama para ser reelecto en 2012: la recuperación está a mitad de camino, déjennos completar el trabajo.

En 2014 los sondeos les dieron a los laboristas una ventaja promedio de entre dos y cuatro puntos, pero los comentaristas prevén las elecciones más reñidas en décadas. El consenso es que ningún partido conseguirá ganar una mayoría por sí mismo: todos dependerán de alianzas para poder gobernar. Dependerán también de las cambiantes preferencias de un electorado extremadamente volátil. Una investigación de Kings College y la encuestadora Ipsos Mori muestra un drástico descenso en la lealtad partidaria de los votantes. Mientras que en 1985 más de la mitad del electorado se identificaba con un partido, en los próximos años se calcula que sólo un 24 por ciento tendrá alguna afiliación partidaria.

Hoy el voto se define más en torno de temas puntuales que dan como resultado inclinaciones contradictorias. El nacionalista UKIP, un partido de derecha que concentra el 15 por ciento de las preferencias, tiene seguidores de clase trabajadora que sólo coinciden con su diagnóstico respecto de la inmigración. Ese mismo votante confía más en el laborismo a la hora de defender el Servicio Nacional de Salud y hasta puede en algunos casos pensar que los conservadores son marginalmente más competentes en el manejo de la economía: imposible predecir por quién va a votar.

El Reino Unido se encuentra igualmente dividido a nivel regional. En septiembre, Escocia votó a favor de permanecer en el Reino Unido, pero desde entonces el nacionalismo escocés, el SNP, ha crecido tanto que se calcula que podría duplicar el número de escaños respecto del obtenido en las elecciones de 2010, convirtiéndose de lejos en el principal partido de Escocia a expensas de los laboristas. Las declaraciones de Miliband sobre armas nucleares deben verse en este contexto: los submarinos transportadores del Trident, única arma nuclear británica, se encuentran en Escocia, que quiere por amplia mayoría un cambio de política.

Una de las coaliciones posibles, con un claro sello de centroizquierda, sería precisamente entre laboristas y SNP, hoy encarnizados rivales por el voto en Escocia. Pero no la única. El escritor de los discursos de David Cameron en la campaña electoral de 2010, Ian Birrel, escribió este sábado en The Guardian que "sólo un gobierno de unidad nacional conservador- laborista puede evitar una crisis". Según Birrell, las diferencias entre ambos partidos no son en el fondo tan grandes. "Es una época muy volátil. Muchas cosas pueden ocurrir antes de los comicios de mayo, sobre todo con la posibilidad que la elección en Grecia dispare un crisis en la Eurozona. En el referendo en Escocia hace cuatro meses, los partidos dejaron de lado sus diferencias en pos de la unidad nacional. Es posible que lo vuelvan a hacer para salvar al país de una nueva crisis constitucional", señaló Birrell.

Publicado en Política
Miércoles, 07 Enero 2015 09:02

Eurocrisis: bancos privados y crisis pública

La perspectiva de una victoria electoral de Syriza dentro de unas semanas en Grecia vuelve a plantear la necesidad de un análisis objetivo sobre la naturaleza de la crisis en Europa. La demanda de renegociar el paquete de austeridad que la troika impuso sobre Atenas desembocará en una confrontación política casi sin precedentes. Si no le tiembla la mano a los dirigentes de Syriza y sus asesores económicos, podrían desenmascarar la verdadera agenda de Alemania y sus bancos, inaugurando una nueva etapa en la lucha entre capital financiero y la democracia.

El 9 de mayo de 2010 se llevó a cabo una reunión en el Fondo Monetario Internacional para considerar el primer paquete de rescate por la crisis en Grecia. El tema central era el grado de participación del FMI, junto con el Banco Central Europeo (BCE) y la Comisión de la Unión Europea en dicho plan. La minuta de los debates (filtrada al Wall Street Journal en 2013) reveló la existencia de un importante desacuerdo en las deliberaciones.

Los representantes de Argentina, Brasil, India, Irán, Rusia y Suiza discreparon con el programa planteado por la troika porque se excluía toda posibilidad de restructurar la deuda. El programa imponía un ajuste brutal sobre la economía griega pero no contemplaba la posibilidad de una quita. En esa reunión el representante de Brasil, Nogueira Batista, señaló que el programa sería más un rescate de los acreedores privados que de la economía griega.

Sin recortes a la deuda griega la troika buscaba efectivamente rescatar a los grandes bancos europeos con alto grado de exposición en Grecia. En 2008 los bancos alemanes tenían niveles de apalancamiento más elevados que los de otros bancos europeos y, por lo tanto, sus hojas de balance estaban repletas de títulos de muy mala calidad. Deutsche Bank, por ejemplo, sigue siendo el banco europeo con mayor apalancamiento y con una exposición superior a los 55 billones (millones de millones) de euros en los mercados de derivados.

Dos años después se aceptó el recorte de 50 por ciento de la deuda griega, pero para entonces los bancos alemanes habían logrado reducir de manera importante su exposición con títulos de ese país: la deuda había sido socializada y las pérdidas también. Las maniobras tuvieron éxito: los rescatados fueron los acreedores. En especial, el establecimiento de las operaciones de financiamiento de largo plazo (LTRO, por sus siglas en inglés) por el BCE permitió a los bancos alemanes vender a bancos en la periferia sus títulos de mala calidad y reducir su exposición en esos espacios económicos.

En la evolución de la crisis europea es claro que la estrategia alemana ha sido el rescate de sus bancos. Para lograrlo ha contado con la complicidad de otros gobiernos europeos que han enfrentado el mismo problema. La estrategia se basó en hacer cargar a las instituciones europeas y el FMI la parte más importante del problema: en esta triste historia la única unión europea ha sido la de la europeanización de las pérdidas de los bancos alemanes.

Para lograr su objetivo Alemania logró una hazaña de propaganda que haría palidecer de envidia al mismísimo Goebbels. La versión común de la crisis descansa en la idea de que los bancos son intermediarios entre los ahorradores y los demandantes de crédito. Los primeros habrían sido los piadosos ahorradores alemanes y los segundos los irresponsables habitantes de la cuenca del Mediterráneo, con su proclividad a vivir en el jolgorio.

Muchos ingenuos todavía creen esta historieta, pero las creencias no pueden remplazar la realidad. Un programa político que sea realmente emancipador no puede basarse en las fábulas que el discurso del capital transmite todos los días. Los bancos no son intermediarios y su funcionamiento se basa en sus operaciones de creación monetaria, acomodándose al ritmo de la demanda de crédito. Hay que insistir: los bancos privados, todos ellos, funcionan abriendo una cuenta de depósito a nombre de sus deudores al momento de acordarles un préstamo. Ningún banco privado requiere tener en su bóveda un depósito para poder realizar un préstamo. Por eso la máxima debe ser los préstamos crean los depósitos y no al revés. Esto es lo que se conoce como una economía de moneda endógena.

Un corolario de todo lo anterior es que si la unión monetaria tiene muchos defectos, para los bancos siempre tuvo una virtud: creó el espacio común para desarrollar sus operaciones de creación monetaria sin incurrir en los costos de transacción vinculados a los tipos de cambio.

Las implicaciones políticas de todo esto son extraordinarias. El reclamo del pueblo griego por renegociar el cruel programa de ajuste es el prólogo de una batalla de dimensiones épicas. Frente a las posturas de Syriza se yergue la pretensión de los bancos que desean seguir monopolizando la creación de uno de los objetos sociales más importantes, el dinero. Las tomas de posición de Syriza deben traducir en programa político la necesidad de someter a control social la función de creación monetaria.

Twitter: @anadaloficial

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La crisis del petróleo de 1974 cambió el mundo. Hacia marzo de aquel año, el precio del crudo se había cuadruplicado: el barril pasó de tres a doce dólares. Los países productores, en su mayoría de Oriente Próximo y el norte de África, se convirtieron en nuevas potencias económicas, mientras que las economías de EE UU, Europa, Japón y otros importadores sufrieron un grave revés. Las relaciones de poder entre los principales actores geopolíticos se vieron alteradas y se crearon nuevos vínculos. También provocaron guerras y contribuyeron a la propagación internacional del fundamentalismo islámico, gracias a la financiación que recibió de países que acababan de convertirse en Estados muy ricos, como Arabia Saudí y otros.

El mundo está a punto de descubrir que la considerable, repentina y absolutamente inesperada bajada actual del precio del crudo podría ser tan perturbadora como esa crisis de 1974.

Algunas de las repercusiones que ha tenido en todo el mundo la caída del precio del crudo iniciada en junio —con un descenso del 45%— han sido inmediatas. La alegría con la que los ciudadanos de Estados Unidos y el resto del mundo han empezado a consumir gasolina es un ejemplo de ello. Otro es la preocupación de los Gobiernos de los países exportadores de petróleo, que se enfrentan a la necesidad de recortar el gasto público y se arriesgan al caos social y político.

Hay otras consecuencias de la bajada del precio del petróleo que apenas han empezado a notarse. Últimamente, la prensa nos está dando pistas sobre lo que le espera al mundo si los precios siguen bajos durante un periodo prolongado (y subrayo ese si condicional). Chevron acaba de anunciar que va a cancelar un proyecto de exploración de 10.000 millones de dólares para buscar gas de esquisto en Ucrania. El Gobierno de Kiev contaba con ese proyecto para estimular su renqueante economía y reducir su dependencia del gas ruso. Este no es más que un ejemplo concreto de una tendencia más generalizada: descartar o posponer proyectos energéticos que, de repente, se han vuelto demasiado arriesgados o inviables, desde un punto de vista económico, al bajar el precio del crudo. Según Goldman Sachs, hay inversiones en el sector valoradas en un billón de dólares que ahora se están reconsiderando o se han cancelado. A la larga, el efecto puede ser una menor producción de petróleo y, por tanto, un precio más alto de la energía. A corto plazo, la desaparición repentina de este enorme flujo de inversión perjudicará por fuerza a las compañías energéticas y, especialmente, a sus proveedores de equipos y a las empresas de construcción e ingeniería que deben llevar a cabo esos trabajos.

Otros tres titulares de prensa que ilustran los cambios que ha traído consigo la crisis del petróleo de 2014 proceden de Rusia, Venezuela e India. El pasado 15 de diciembre fue un lunes negro: la Bolsa de Moscú experimentó un retroceso del 11% y el rublo cayó un 13%, lo que significa que una cuarta parte del valor en dólares de las empresas cotizadas se esfumó en un solo día. El Banco Central respondió subiendo los tipos de interés del 10,5% al 17%. Esta dolorosa medida sigue siendo insuficiente para frenar el rápido y enorme descenso de las reservas y la veloz devaluación de la moneda provocados por la disminución de los ingresos del petróleo (el 75% de las exportaciones totales y el 50% de los ingresos públicos del país), la masiva fuga de capitales y las sanciones económicas por el conflicto ucranio. El temor, cómo no, es que el beligerante Vladímir Putin siembre cizaña en el exterior para distraer la atención de la difícil situación de Rusia.

En Venezuela, la economía ya estaba sumida en el caos cuando el barril de crudo estaba en los 120 dólares. Ahora que los precios han caído por debajo de los 60 dólares, el Gobierno, conocido por la corrupción endémica y su desastrosa gestión, está perdiendo el control. Así y todo, el presidente, Nicolás Maduro, ha afirmado una y otra vez que la precaria situación se debe a una conspiración internacional y ha reaccionado redoblando los ataques contra quienes le critican (como yo) y la represión contra los políticos de la oposición. El desastre financiero de Venezuela ha sido un factor importante en el histórico cambio en las relaciones entre Estados Unidos y Cuba anunciado por Barack Obama y Raúl Castro el pasado 17 de diciembre.

La arruinada economía de Cuba se ha mantenido a flote gracias, en gran medida, a las enormes subvenciones de Caracas desde que Hugo Chávez llegó al poder en 1998. Sin embargo, últimamente se ha puesto de manifiesto que sustentar la economía cubana en la cuerda de salvamento de Venezuela era una apuesta demasiado arriesgada. La caótica situación económica y política de Venezuela hacía cada vez más difícil que se pudieran mantener los acuerdos mantenidos entre ambos países en los últimos 15 años. Sin duda, la débil situación de la economía venezolana ha llevado a que los dirigentes de Cuba se mostrasen más dispuestos a aceptar una descongelación de las relaciones con Estados Unidos que seguramente impulsará el comercio y la inversión en la isla. Por consiguiente, el abaratamiento del petróleo también ha sido, de forma muy indirecta pero poderosa, un factor que ha contribuido a que se ponga fin a una política estancada e ineficaz que estaba en vigor desde hace más de medio siglo.

Mientras tanto, India ha aprovechado la bajada de los precios del petróleo para recortar las elevadas subvenciones que paga por el consumo de gasóleo. Hace tiempo que se sabía que esas ayudas eran perjudiciales, pero suprimirlas resultaba impopular desde el punto de vista político. Este es un buen ejemplo de un país que aprovecha la oportunidad que brinda la caída del crudo para aprobar una reforma necesaria que antes era demasiado delicado abordar.

Represión política, arriesgados proyectos internacionales y reformas necesarias en la política exterior o la economía son solo algunas de las consecuencias inesperadas del abaratamiento del petróleo.

Traducción de Paloma Cebrián / News Clips.

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