Miércoles, 26 Noviembre 2014 19:27

Putin: un discurso histórico

ALAI AMLATINA, 26/11/2014.- Hay discursos que sintetizan una época. El que pronunciara Winston Churchill en el Westminster College, en Missouri, en marzo de 1946 es uno de ellos. Allí popularizó la expresión "cortina de hierro" para caracterizar a la política de la Unión Soviética en Europa y, según algunos historiadores, marcó con esa frase el inicio de la Guerra Fría. Antes, en abril de 1917, un breve discurso de Lenin al llegar de su exilio suizo a la Estación Finlandia de San Petersburgo anunciaba, ante la sorpresa de su entusiasta audiencia animada por los acordes de La Marsellesa, que la humanidad estaba pariendo una nueva etapa histórica, pronóstico que habría de confirmarse en Octubre con el triunfo de la Revolución Rusa. En Nuestra América, un papel semejante cumplió "La historia me absolverá", el célebre alegato con el que, en 1953, el joven Fidel Castro Ruz se defendió de las acusaciones del dictador cubano Fulgencio Batista por el asalto al Cuartel Moncada.

En esta línea habría que agregar el discurso pronunciado por Vladimir Putin el 24 de octubre de este año en el marco del XIº Encuentro Internacional de Valdai, una asociación de políticos, intelectuales y gobernantes que anualmente se reúnen para discutir sobre la problemática rusa y, en esta ocasión, la preocupante situación mundial. [1] Las tres horas insumidas por el discurso de Putin y su amplio intercambio de opiniones con algunas personalidades de la política europea -entre ellos el ex primer ministro de Francia, Dominique de Villepin y el ex canciller de Austria Wolfgang Schuessel- o con académicos de primer nivel, como el gran biógrafo de Keynes, Robert Skidelsky, fue convenientemente ignorado por la prensa dominante. El líder ruso habló claro, sin medias tintas y abandonando de partida el lenguaje diplomático. Es más, al inicio de su discurso recordó la frase de uno de ellos que decía que "los diplomáticos tienen lenguas para no decir la verdad" y que él estaba allí para expresar sus opiniones de manera franca y dura para, como ocurriera después, confrontarlas con las de sus incisivos interlocutores a quienes también les hizo unas cuantas preguntas. Discurso ignorado, decíamos, porque en él se traza un diagnóstico realista y privado de cualquier eufemismo para denunciar el aparentemente incontenible deterioro del orden mundial y los diferentes grados de responsabilidad que les cabe a los principales actores del sistema. Como de eso no se debe hablar, y como el mundo tiene un líder confiable y eficaz en los Estados Unidos piezas oratorias como las de Putin merecen ser silenciadas sin más trámites. Un breve comentario en el New York Times al día siguiente, con énfasis en algunos pasajes escogidos con escandalosa subjetividad; algunas notas más con las mismas características en el Washington Post y eso fue todo. El eco de ese discurso en América Latina, donde la prensa en todas sus variantes está fuertemente controlada por intereses norteamericanos, fue inaudible. Por contraposición, cualquier discurso de un ocupante de la Casa Blanca que asegure que su país es una nación "excepcional" o "indispensable", o que difame a líderes o gobiernos que no caen de rodillas ante el mandato estadounidense corre mucha mejor suerte y encuentra amplísima difusión en los medios del "mundo libre".

¿Qué dijo Putin en su intervención? Imposible reseñar en pocas páginas su discurso y las respuestas a los cuestionamientos hechos por los participantes. Pero, con el ánimo de estimular una lectura de ese documento resumiríamos algunas de sus tesis como sigue a continuación. Primero, ratificó sin pelos en la lengua que el sistema internacional atraviesa una profunda crisis y que contrariamente a relatos autocomplacientes -que en Occidente minimizan los desafíos del momento- la seguridad colectiva está en muy serio peligro y que el mundo se encamina hacia un caos global. Opositores políticos quemados vivos en el sótano del Partido de las Regiones por las hordas neonazis que se apoderaron del gobierno en Ucrania, el derribo del vuelo MH17 de Malasya Airlines por parte de la aviación ucraniana y el Estado Islámico decapitando prisioneros y blandiendo sus cabezas por la Internet son algunos de los síntomas más aberrantes de lo que según un internacionalista norteamericano, Richard N. Haass, es la descomposición del sistema internacional que otros, situados en una postura teórica y política alternativa, como Samir Amin, Immanuel Wallerstein, Chalmers Johnson y Pepe Escobar, prefieren denominar "imperio del caos." Esta ominosa realidad no se puede ocultar con bellos discursos y con los trucos publicitarios a los cuales son tan afectos Washington y sus aliados. El desafío es gravísimo y sólo podrá ser exitosamente enfrentado mediante la cooperación internacional, sin hegemonismos de ningún tipo.

Segundo, en su exposición Putin aportó un detallado análisis del decadente itinerario transitado desde la posguerra hasta el fin de la Guerra Fría, el surgimiento del fugaz unipolarismo norteamericano y, en su curva descendente después del 11-S, las tentativas de mantener al actual (des)orden internacional por la fuerza o el chantaje de las sanciones económicas como las aplicadas en contra de Cuba por más de medio siglo, Irak, Irán, Corea del Norte, Siria, Costa de Marfil y ahora Rusia. Un orden que se cae a pedazos y, como lo anunciaba el título del Encuentro, que se debate entre la creación de nuevas reglas o la suicida aceptación de la fuerza bruta como único principio organizador del sistema internacional. De hecho nos hallamos ante un mundo sin reglas o con reglas que existen pero que son pisoteadas por los actores más poderosos del sistema, comenzando por Estados Unidos y sus aliados, que dan por desahuciada a las Naciones Unidas sin proponer nada a cambio. La Carta de las Naciones Unidas y las decisiones del Consejo de Seguridad son violadas, según Putin, por el autoproclamado líder del mundo libre con la complicidad de sus amigos creando así una peligrosa "anomia legal" que se convierte en campo fértil para el terrorismo, la piratería y las actividades de mercenarios que ora sirven a uno y luego acuden a prestar sus servicios a quien le ofrece la mejor paga. Lo ocurrido con el Estado Islámico es paradigmático en este sentido.

Tercero, Putin recordó que las transiciones en el orden mundial "por regla general fueron acompañadas si no por una guerra global por una cadena de intensos conflictos de carácter local." Si hay algo que se puede rescatar del período de la posguerra fue la voluntad de llegar a acuerdos y de evitar hasta donde fuese posible las confrontaciones armadas. Hubo, por cierto, muchas, pero la temida guerra termonuclear pudo ser evitada en las dos mayores crisis de la Guerra Fría: Berlín en 1961 y la de los misiles soviéticos instalados en Cuba en 1962. Posteriormente hubo importantes acuerdos para limitar el armamento nuclear. Pero esa voluntad negociadora ha desaparecido. Lo que hoy prevalece es una política de acoso, de bullying, favorecida por un hipertrofiado orgullo nacional con el cual se manipula a la opinión pública que así justifica que el más fuerte –Estados Unidos- atropelle y someta a los más débiles. Si bien no menciona el dato, en el trasfondo de su discurso se perfila con claridad la preocupación por la desorbitada expansión del gasto militar estadounidense que, según los cálculos más rigurosos, supera el billón de dólares (o sea, un millón de millones de dólares) cuando al desintegrarse la Unión Soviética los publicistas del imperio aseguraron urbi et orbi que el gasto militar se reduciría y que los así llamados "dividendos de la paz" se derramarían en programas de ayuda al desarrollo y combate a la pobreza. Nada de eso tuvo lugar.

Cuarto, al declararse a sí mismos como vencedores de la Guerra Fría la dirigencia norteamericana pensó que todo el viejo sistema construido a la salida de la Segunda Guerra Mundial era un oneroso anacronismo. No propuso un "tratado de paz", en donde se establecieran acuerdos y compromisos entre vencedores y vencidos, sino que Washington se comportó como un "nuevo rico" que, embriagado por la desintegración de la Unión Soviética y su acceso a una incontestada primacía mundial, actuó con prepotencia e imprudencia y cometió un sinfín de disparates. Ejemplo rotundo: su continuo apoyo a numerosos "combatientes de la libertad" reclutados como arietes para producir el "cambio de régimen" en gobiernos desafectos y que a poco andar se convirtieron en "terroristas" como los que el 11-S sembraron el horror en Estados Unidos o los que hoy devastan a Siria e Irak. Para invisibilizar tan gigantescos errores la Casa Blanca contó con "el control total de los medios de comunicación globales (que) ha permitido hacer pasar lo blanco por negro y lo negro por blanco." Y, en un pasaje de su discurso Putin se pregunta: "¿Puede ser que la excepcionalidad de los Estados Unidos y la forma como ejerce su liderazgo sean realmente una bendición para todos nosotros, y que su continua injerencia en los asuntos de todo el mundo esté trayendo paz, prosperidad, progreso, crecimiento, democracia y simplemente tengamos que relajarnos y gozar? Me permito decir que no."

Quinto, en diversos tramos de su alocución y del intercambio de preguntas y respuestas con los participantes Putin dejó sentado muy claramente que Rusia no se cruzará de brazos ante las amenazas que se ciernen sobre su seguridad nacional. Utilizó para transmitir ese mensaje una elocuente metáfora para referirse, indirectamente, a los planes de la NATO de rodear a Rusia con bases militares y para responder a las inquietudes manifestadas por algunos de los presentes acerca de una eventual expansión imperialista rusa. Dijo que en su país se le tiene gran respeto al oso "amo y señor de la inmensidad de la taiga siberiana, y que para actuar en su territorio ni se molesta en pedirle permiso a nadie. Puedo asegurar que no tiene intenciones de trasladarse hacia otras zonas climáticas porque no se sentiría cómodo en ellas. Pero jamás permitiría que alguien se apropie de su taiga. Creo que esto está claro." Esta observación fue también una respuesta a una caracterización muy extendida en Estados Unidos y Europa que menosprecia a Rusia -y antes a la Unión Soviética- como "un Alto Volta (uno de los países más pobres y atrasados de África) con misiles". Sin dudas que el mensaje fue muy claro y despojado de eufemismos diplomáticos, en línea con su confianza en la fortaleza de Rusia y su capacidad para sobrellevar con patriotismo los mayores sacrificios, como quedó demostrado en la Segunda Guerra Mundial. Dijo textualmente: "Rusia no se doblegará antes las sanciones, ni será lastimada por ellas, ni la verán llegar a la puerta de alguien para mendigar ayuda. Rusia es un país autosuficiente."

En síntesis: se trata de uno de los discursos más importantes sobre el tema pronunciado por un jefe de estado en mucho tiempo y esto por muchas razones. Por su documentado y descarnado realismo en el análisis de la crisis del orden mundial, en donde se nota un exhaustivo conocimiento de la literatura más importante sobre el tema producida en Estados Unidos y Europa, refutando en los hechos las reiteradas acusaciones acerca del "provincianismo" del líder ruso y su falta de contacto con el pensamiento occidental. Por su valentía al llamar las cosas por su nombre e identificar a los principales responsables de la situación actual. Ejemplo: ¿quién arma, financia y recluta a los mercenarios del EI? ¿Quién compra su petróleo robado de Irak y Siria, y así contribuye a financiar al terrorismo que dicen combatir? Preguntas estas que ni el saber convencional de las ciencias sociales ni los administradores imperiales jamás se las formulan, al menos en público. Y que son fundamentales para entender la naturaleza de la crisis actual y los posibles caminos de salida. Y por las claras advertencias que hizo llegar a quienes piensan que podrán doblegar a Rusia con sanciones o cercos militares, como nos referíamos más arriba. Pero, a diferencia del célebre discurso de Churchill, al no contar con el favor del imperio y su inmenso aparato propagandístico camuflado bajo los ropajes del periodismo el notable discurso de Putin ha pasado desapercibido, por ahora. A cien años del estallido de la Primera Guerra Mundial y a veinticinco de la caída del Muro de Berlín Putin arrojó el guante y propuso un debate y esbozó los lineamientos de lo que podría ser una salida de la crisis. Ha pasado algo más de un mes y la respuesta de los centros dominantes del imperio y su mandarinato ha sido un silencio total. Es que no tienen palabras ni razones, sólo armas. Y van a continuar tensando las cuerdas del sistema internacional hasta que el caos que están sembrando revierta sobre sus propios países. Nuestra América deberá estar preparada para esa contingencia.

Nota:
[1] Desgraciadamente ese discurso está sólo disponible en ruso y en inglés en el sitio web de la presidencia de Rusia. Una traducción al castellano fue realizada por Iñaki para el blog http://salsarusa.blogspot.com.ar/2014/11/discurso-de-putin-en-valdai.html
La versión revisada y corregida de ese primer esfuerzo de traducción del discurso de Putin se encuentra disponible en www.atilioboron.com.ar

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Domingo, 23 Noviembre 2014 06:18

La ola Podemos

Los países del sur europeo son social y políticamente muy diferentes, pero están sufriendo el impacto de la misma política equivocada impuesta por Europa central y del norte a través de la Unión Europea (UE), con resultados desiguales pero convergentes. Se trata, en general, de perpetuar la posición periférica de estos países en el continente, sometiéndolos a un endeudamiento injusto en su desproporción, provocando la incapacidad del Estado y los servicios públicos, causando el empobrecimiento abrupto de las clases medias, obligando a los jóvenes a emigrar, reduciendo la inversión en educación e investigación, sin la cual no es posible salir del estatuto periférico. España, Grecia y Portugal son tragedias paradigmáticas.


Pese a que todos los sondeos muestran un alto nivel de insatisfacción e incluso rebelión frente a este estado de cosas, la respuesta política ha sido difícil de formular. Los partidos tradicionales de izquierda no ofrecen soluciones: los comunistas proponen salir de la UE, pero los riesgos que eso implica alejan a las mayorías; los socialistas se han desacreditado, en mayor o menor grado, por ser ejecutores de la política "austeritaria". Se creó un vacío que lentamente se va llenando. En Grecia, Syriza, nacido como frente en 2004, se reinventó como partido en 2012 para responder a la crisis. Puede ganar las próximas elecciones. En Portugal, el Bloque de Izquierda (BE) nació cuatro años antes que Syriza, pero no supo reinventarse para responder a la crisis; y el vacío permanece. En España, el nuevo partido Podemos constituye la mayor innovación política en Europa desde el final de la Guerra Fría y, a diferencia de Syriza y el BE, no son visibles en él trazos de la Guerra Fría.


Para entender Podemos debemos remontarnos al Foro Social Mundial, a los gobiernos progresistas que emergieron en América latina en la década del 2000, a los movimientos sociales que llevaron a dichos gobiernos al poder, a las experiencias de democracia participativa –sobre todo a nivel local– en muchas ciudades latinoamericanas y, finalmente, a la Primavera Arabe. En suma, Podemos es el resultado de un aprendizaje a partir del sur que permitió canalizar creativamente la indignación en las calles de España. Es un partido de nuevo tipo, un partido movimiento, basado en estas ideas: las personas no están hartas de la política, sino de esta política; la abrumadora mayoría de los ciudadanos no se moviliza políticamente ni sale a las calles a manifestarse, pero está llena de rabia en casa y simpatiza con quienes se manifiestan; el activismo político es importante, pero la política tiene que hacerse con la participación de los ciudadanos; ser miembro de la clase política es algo siempre transitorio y esa cualidad no permite ganar más que el salario medio del país; Internet permite formas de interacción que antes no existían; los miembros elegidos para los Parlamentos no inventan temas o posiciones, vehiculizan los que provienen de las discusiones en las estructuras de base; la política partidaria tiene que tener rostros, pero no está hecha de rostros; la transparencia y la rendición de cuentas deben ser totales; el partido es un servicio de los ciudadanos para los ciudadanos y debe ser financiado por ellos y no por empresas interesadas en capturar al Estado y vaciar a la democracia; ser de izquierda es un punto de llegada y no un punto de partida y, por tanto, se demuestra en los hechos.

El código genético de Podemos consiste en aplicar a la vida interna de los partidos la misma complementariedad entre democracia participativa y democracia representativa que debe orientar la gestión del sistema político en general. Podemos es una versión particularmente feliz y potencialmente más eficaz de innovaciones políticas surgidas en diferentes partes del mundo, teniendo como telón de fondo el inconformismo ante el vaciamiento de la democracia representativa provocado por la corrupción y la captura de los partidos de gobierno por el capital. En Italia surgió en 2009 el Movimiento Cinco Estrellas, liderado por Beppe Grillo, con fuertes críticas a los partidos políticos y defendiendo prácticas de democracia participativa. Tuvo un éxito electoral fulgurante, pero sus posiciones radicales contra la política crean perplejidad respecto del tipo de renovación política que propone. En 2012 se creó en India el Partido del Hombre Común; de inspiración gandhiana y centrado en la lucha contra la corrupción, a favor de la democracia participativa. Un año después de su fundación llegó a ser el segundo partido más votado para la asamblea legislativa de Delhi.


¿Es posible que la ola Podemos se extienda a otros países? Las condiciones varían mucho de un país a otro. Por otro lado, Podemos no es una receta, es una orientación política general dirigida a acercar la política a los ciudadanos y a mostrar que esta aproximación nunca será posible si la actividad política se circunscribe a votar cada cuatro años a políticos que se apropian de los mandatos y los utilizan para sus propios fines.

Curiosamente, en Inglaterra acaba de crearse un partido, Left Unity, directamente inspirado por las ideas que subyacen a Syriza y Podemos. En Portugal, la ola Podemos es muy necesaria, pero no existe la misma tradición de activismo que en España. En Portugal, Podemos sería un partido diferente y hoy tendría poca repercusión. Portugal vive el momento Costa. A la luz de los pobres resultados del Partido Socialista (PS) en las últimas elecciones al Parlamento europeo, António Costa, alcalde de Lisboa, disputó con éxito por el liderazgo del partido, en elecciones primarias abiertas a militantes y simpatizantes: hubo mucha participación y se demostró que la distancia de los ciudadanos es sólo respecto de la política tradicional, sin horizonte de cambio ante una situación socioeconómica intolerable e injusta. El momento Costa hace que la ola Podemos en Portugal se dirija sobre todo a preparar el futuro: para colaborar con el PS, en caso de que éste tenga interés en una política de izquierda; o para ser una alternativa, en caso de que el PS pierda credibilidad, lo que fatalmente ocurrirá si se alía con la derecha. Por ahora, la segunda alternativa es la más probable.

¿Será posible que la ola Podemos llegue a América latina, devolviéndole la inspiración que recibió de su brillante primera década del siglo XXI? Sería importante que eso ocurriese en los dos grandes países gobernados por fuerzas conservadoras: México y Colombia. Allí, los esfuerzos para formular una nueva política de izquierda no consiguieron hasta ahora perforar el bloqueo de la política oligárquica tradicional. En el caso de México, hay que referir tentativas tan diversas como La Otra Campaña, por iniciativa del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, o el movimiento político aglutinado alrededor de López Obrador; y en el caso de Colombia, el Polo Democrático y todas las vicisitudes por las que pasó hasta hoy.


En los países donde las fuerzas progresistas consiguieron grandes victorias en la primera década del siglo XXI y donde los partidos de gobierno fueron emanación de recientes luchas populares, podría pensarse que la ola Podemos tuvo allí su fuente y, por eso, nada nuevo puede suceder. Me refiero al Partido de los Trabajadores (PT) en Brasil, al Movimiento al Socialismo (MAS) en Bolivia, a la Alianza País en Ecuador y al Partido Socialista Unido en Venezuela. Son realidades políticas muy distintas pero parecen tener dos características comunes: buscan dar voz política a las clases populares en gran medida oprimidas por las clases dominantes; tuvieron éxito político y el ejercicio del poder puede estar desgastando la marca de origen (sea por vía del caudillismo, la corrupción, la rendición ante los imperativos del desarrollismo neoliberal, etcétera). En estos países, tal como en los otros dos países con gobiernos de centroizquierda basados en partidos más antiguos, Argentina y Chile, la ola Podemos, si llegara a tener alguna relevancia, tenderá a asumir dos formas: cambios profundos en el interior de estos partidos; y creación de nuevos partidos-movimiento o movimientos-partido impulsados por la misma dinámica interna de democracia participativa en la formulación de políticas y en la selección de dirigentes.
Como muestra el caso del AAP en la India, el impulso político que subyace a Podemos no es sólo un fenómeno de Europa del sur o América latina. Puede aparecer bajo otras formas en otros continentes y contextos. Un poco por todas partes, 25 años después de la caída del Muro de Berlín, los ciudadanos y las ciudadanas que creyeron en la promesa de la democracia, anunciada al mundo como el fin de la historia, están llegando a la conclusión de que la democracia representativa liberal alcanzó su grado cero, minada desde dentro por fuerzas antidemocráticas, viejas y nuevas oligarquías con poder económico para capturar el sistema político y el Estado, poniéndolos al servicio de sus intereses. Nunca como hoy se volvió tan evidente que vivimos en sociedades políticamente democráticas, pero socialmente fascistas. La ola Podemos es una metáfora para todas las iniciativas que buscan una salida política progresista al pantano en el que nos encontramos, una salida que no pase por rupturas políticas abruptas y potencialmente violentas.
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Publicado en Política

La economía mundial está en riesgo de una depresión prolongada marcada por el alto nivel de desempleo y peores condiciones económicas en las próximas décadas, debido al retraso económico de Asia y el estancamiento de Europa.
Japón declaró recientemente que había entrado en su cuarta recesión en seis años pese a los esfuerzos del primer ministro Shinzo Abe por impulsar el crecimiento económico.


Mientras tanto, el primer ministro británico David Cameron advirtió que la economía mundial podría estar dirigiéndose hacia un nuevo desastre.


"Seis años después de la crisis financiera que llevó al mundo al borde del desastre, las luces rojas de advertencia parpadean una vez más en el salpicadero de la economía mundial", escribió Cameron.


Dos de las potencias económicas más fuertes del mundo, Europa y Japón, están intentando reforzar el crecimiento económico mundial, pero sus economías parecen empeorar.


Con una tasa de desempleo del 11.5 por ciento, la zona euro está experimentando unas condiciones económicas a las que algunos expertos se refieren como 'el eco de la Gran Depresión'.


Los mercados emergentes, que ayudaron a levantar la economía después de la crisis financiera de 2008, también están reduciendo su crecimiento.

La economía de Estados Unidos está creciendo a un ritmo de un 3 por ciento anual. Sin embargo los expertos dicen que las exportaciones, que representan en 13 por ciento de la economía de EE.UU., se han reducido.

La debilidad económica de sus compradores empeorará la situación de EE.UU., mantienen algunos economistas.
Christine Lagarde, directora del Fondo Monetario Internacional, ha advertido de la depresión económica en Europa, que acarreará una baja inflación, altas tasas de desempleo y deudas.

El presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, declaró: "2015 debe ser el año en el que todos los actores de la zona euro (los Gobiernos y las instituciones europeas) desplieguen una estrategia común coherente para poner a nuestras economías de nuevo en marcha".


Los líderes de Europa y EE.UU. han instado a las autoridades alemanas a impulsar la economía, ya que es la mayor potencia económica europea, pero en Alemania siguen insistiendo en que otros países de la eurozona necesitan primero reestructurar sus propias economías.


(Con información de Russia Today)

Publicado en Economía

La subida del IVA del pasado abril está pasando factura a la economía japonesa más de lo esperado. La tercera economía mundial entró este lunes técnicamente en recesión al conocerse que el PIB nipón cayó un 0,4% en el tercer trimestre (lo que equivale a una tasa anualizada de caída del 1,6%), una bajada que se añade al descenso del 1,9% (7,3% anualizado) registrado entre abril y junio. Estas circunstancias complican enormemente los objetivos del primer ministro del país, Shinzo Abe, que desde que llegó al poder ha puesto en marcha medidas contundentes para que el país abandone más de 15 años de estancamiento económico y deflación. En tasa interanual, la economía japonesa desciende un 1,2%.


La caída del tercer trimestre se ha atribuido principalmente al incremento del IVA en abril, que pasó del 5% al 8%. El ministro de Economía japonés, Akira Amari, aseguró el lunes que el efecto por la subida impositiva "ha sido mayor de lo esperado", según recoge la agencia de noticias Kyodo. El consumo interno, que supone un 60% del PIB del país, creció solamente un 0,4% durante el tercer trimestre mientras que la inversión de las empresas y del sector inmobiliario bajó un 0,2% y un 6,7% respectivamente. Los números publicados hoy divergen mucho de lo esperado por los analistas, que auguraban un repunte de hasta el 2%. La Bolsa de Tokio respondió hoy al anuncio con fuertes pérdidas y cerró la jornada con un descenso del 2,96%.


Con la economía en recesión, las posibilidades de que Abe convoque elecciones anticipadas aumentan exponencialmente. Los periódicos locales Sankei Shimbun y Mainichi Shimbun publicaron antes de que se conocieran los datos que el primer ministro "tenía decidida" la convocatoria electoral para finales de año. El Partido Liberal Demócrata (PLD) de Abe se presentaría a los comicios con la máxima de no llevar a cabo una nueva subida del IVA, que aprobó el anterior ejecutivo para octubre de 2015. Aunque con mucha controversia, el parlamento nipón dio luz verde a la medida en 2012 a iniciativa del entonces primer ministro Yoshihiko Noda, del Partido Democrático de Japón (PDJ), que la defendió como el remedio para hacer frente a la ingente cantidad de deuda pública y a la financiación de la seguridad social.


"El Gobierno analizará cuidadosamente si se debe proceder o no con la segunda subida de impuestos", aseguró Amari. Abe podría disolver la Cámara de Representantes esta misma semana y el país celebraría los comicios a finales de año, por lo que el nuevo parlamento tendría prácticamente todo el 2015 para discutir si pospone o cancela el nuevo incremento. En principio, el primer ministro no necesita elecciones para derogar el plan del anterior gobierno, ya que su partido cuenta con una amplia mayoría en ambas cámaras. Sin embargo, Abe querría dar un golpe de efecto y conseguir el respaldo de los electores al tratarse de un cambio sustancial en la política económica del país. De ser elegido nuevamente, también le permitiría encarar otros cuatro años de mandato —la legislatura actual termina oficialmente en 2016—.


Ante el flaqueo de la economía, el Banco de Japón acordó a finales de octubre ampliar su programa de estímulos con más dinero en los mercados financieros y mayores compras de deuda pública. Con esta medida, el organismo regulador espera lograr una tasa de inflación cercana al 2% a mediados de 2015 y reavivar la tercera economía mundial. Algunos analistas defienden, sin embargo, que la actuación del banco central podría no surtir efecto si no se lleva a cabo una política fiscal acorde a las circunstancias.

Publicado en Economía

En Venezuela, la enorme renta petrolera del país que ostenta las mayores reservas del mundo se dirige a mejorar la calidad de vida de los sectores populares. Pero la persistencia del modelo rentista y la parálisis del gobierno de Nicolás Maduro, pueden conducir el proceso bolivariano a una nueva crisis.


En los años del gobierno bolivariano en Venezuela se han producido significativas transformaciones en cultura política, en el tejido social y organizativo, así como en las condiciones materiales de vida de los sectores populares anteriormente excluidos. Mediante múltiples políticas sociales (las misiones) dirigidas a diferentes sectores de la población, se han reducido muy significativamente los niveles de pobreza y pobreza crítica. De acuerdo con la Cepal, ese país ha pasado a ser, junto con Uruguay, uno de los dos menos desiguales de toda América Latina.

En los años del gobierno bolivariano en Venezuela se han producido significativas transformaciones en cultura política, en el tejido social y organizativo, así como en las condiciones materiales de vida de los sectores populares anteriormente excluidos. Mediante múltiples políticas sociales (las misiones) dirigidas a diferentes sectores de la población, se han reducido muy significativamente los niveles de pobreza y pobreza crítica. De acuerdo con la Cepal, ese país ha pasado a ser, junto con Uruguay, uno de los dos menos desiguales de toda América Latina.

La población está mejor alimentada. Se realizaron efectivos programas de alfabetización. Con apoyo cubano, la misión Barrio Adentro llevó asistencia médica primaria a los sectores populares rurales y urbanos en todo el país. Se produjo una ampliación masiva del régimen de pensiones públicas que incorporó a millones de personas de la tercera edad. Se llevó a cabo igualmente una extraordinaria expansión de la matrícula universitaria. En los últimos años se ha impulsado un programa de viviendas populares. Se han mantenido bajos los niveles de desempleo y se ha reducido el empleo informal de 51 por ciento en el primer semestre del año 1999 a 41 por ciento en el primer semestre del año 2014. Se estima que el monto dedicado a la inversión social entre los años 1999 y 2013 fue de un total de 650.000 millones de dólares. De acuerdo al Pnud, el índice de desarrollo humano del país se elevó de 0,662 en el año 2000 a 0,748 en el año 2012, pasando de un desarrollo humano "medio", a un desarrollo humano "alto".

ESTANCAMIENTO PRODUCTIVO. Sin embargo, las transformaciones sociales que se han dado no han sido el resultado de modificaciones en la estructura productiva del país. Por el contrario, lo que ha ocurrido en estos tres lustros ha sido una profundización del modelo rentista, incrementándose la dependencia de los ingresos provenientes de las exportaciones petroleras. El petróleo, en el valor total de las exportaciones, pasó de representar un 68,7 por ciento en el año 1998 a 96 por ciento en los últimos años. En términos absolutos se ha dado durante este tiempo una reducción del valor de las exportaciones no petroleras y de las exportaciones privadas. La contribución de la industria al Pib bajó de 17 por ciento en 2000 a 13 por ciento en el año 2013.

Los avances importantes que han ocurrido en el área social son consecuencia de un muy importante redireccionamiento en el reparto de la renta petrolera, en el cual se le ha dado una clara prioridad a responder a carencias y demandas de los sectores populares. Esto hace que estas políticas no sólo sean extraordinariamente vulnerables a las variaciones del ingreso petrolero, sino que igualmente generan crecientes expectativas que sólo sería posible satisfacer sobre la base de ingresos petroleros en sostenido ascenso.

En ausencia de reflexiones y búsquedas más sistemáticas o estratégicas sobre las alternativas poscapitalistas, en estos años, desde el gobierno venezolano han predominado dos tipos de propuestas. La primera consiste en el automatismo que identifica socialismo con estatismo (propiedad estatal y/o control estatal). En el momento en que alguna empresa es estatizada, pasa inmediatamente a ser denominada "empresa socialista". La segunda es la que identifica al poscapitalismo con el "Estado comunal".

Buena parte de las empresas industriales y agrícolas que han pasado a control estatal pasan a ser gestionadas con menor eficiencia y menores niveles de producción. Esto ha sido el resultado de la expansión de la fuerza laboral, burocratismo, continuos conflictos laborales, precios de venta de sus productos que no corresponden a los costos de producción, y falta de inversión, no sólo para mantenimiento, sino igualmente para actualización tecnológica de plantas que –como en la producción de acero y aluminio– presentan extraordinarios niveles de deterioro y obsolescencia. A todo esto se agrega la corrupción. En consecuencia, una elevada proporción de estas empresas está produciendo pérdidas y sólo sobrevive gracias a la inyección de recursos provenientes de la renta petrolera.


A pesar de estos obstáculos, existen muchas experiencias de base que, si bien son minoritarias, han logrado hacer propios estos impulsos organizativos y financieros, pero sobre todo se han nutrido de la politización y activismo que ha atravesado a la sociedad venezolana en estos años, para llevar a cabo procesos comunitarios de extraordinarias riqueza y autonomía. Son, en este sentido, ejemplos vivientes de lo posible en el campo popular.

En el ámbito petrolero, contando el país con las mayores reservas en hidrocarburos del planeta, durante estos años se han anunciado una y otra vez grandes planes de expansión de la actividad, especialmente en la Faja del Orinoco. Para ello se ha promovido una muy amplia participación de corporaciones internacionales públicas y privadas, con un gran peso de empresas chinas. Igualmente se han negociado créditos en gran escala (especialmente de China), tanto para sostener el gasto corriente como para proyectos de infraestructura y de expansión de la actividad petrolera. El "Plan de la patria", presentado originalmente por Hugo Chávez en las elecciones del año 2012 y que ha sido aprobado formalmente por la Asamblea Nacional como programa de gestión del presente gobierno, contempla como una de sus metas la transformación de Venezuela en una gran potencia energética y la duplicación de la producción petrolera hasta llevarla a 6 millones de barriles diarios en el año 2019. Sin embargo, y afortunadamente para el planeta, hoy, a pesar de esas extraordinarias inversiones realizadas, la producción petrolera es algo menor que la del año 1998.

Uno de los problemas más severos que confronta la economía venezolana es la continuidad de la sobrevaluación histórica de la moneda. El componente importado de la economía es tan elevado que devaluar la moneda hasta llevarla a una paridad más razonable inevitablemente produciría un aumento aun mayor de la inflación. En consecuencia, en Venezuela prácticamente todo, menos el petróleo, es más barato importarlo que producirlo en el país.

 

MALESTAR EN LA POBLACIÓN

 

La inflación ha deteriorado la capacidad adquisitiva e incluso ha revertido parte de los avances en la capacidad de consumo logrados en estos años. La escasez generalizada de productos de uso cotidiano exige dedicarle muchas horas (y muchas colas) a la búsqueda de estos bienes. A esto se agrega la permanente preocupación por el tema de la inseguridad. De acuerdo a la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, en el año 2012 la tasa de homicidios en Venezuela fue de 53,7 cada 100 mil habitantes, la segunda más elevada del mundo después de Honduras.

Esta situación económica coincide en el tiempo con un conjunto de nuevas condiciones en el terreno político.

El chavismo no ha sido capaz en estos largos años de extender su base de apoyo electoral, por el contrario la ha ido perdiendo poco a poco con políticas y discursos que han le han dado prioridad a la confrontación y la exclusión político-ideológica sobre el diálogo y la inclusión. Con frecuencia desde el gobierno se ha denunciado a la totalidad de la oposición como fascista y golpista. Esta lógica de amigo-enemigo fue muy útil al chavismo en los primeros años, ya que le permitió movilizar a los sectores populares y crear y consolidar una base de apoyo sólida, comprometida. Una identidad popular chavista.

Sin embargo, ha contribuido igualmente a conformar y consolidar un denso bloque de oposición, no sólo al gobierno, sino a la idea misma de socialismo. El proyecto de cambio no ha sido capaz de tender puentes hacia otros sectores de la sociedad que de modo alguno pueden ser considerados como oligarcas o fascistas. Difícilmente puede avanzar y consolidarse en el tiempo un proceso de transformación profunda de la sociedad si la mitad de ésta (tal como se comprueba electoralmente) no sólo no comparte sino que tiene con relación a este proyecto de cambio fuertes desacuerdos y, por las razones que sea, profundos temores.

La muerte de Hugo Chávez dejó un gobierno debilitado y sin el carisma y capacidad de liderazgo que lo caracterizaron. El presidente Maduro fue electo por una diferencia de menos de 2 por ciento. En las elecciones municipales del año 2013 el gobierno ganó la mayoría de las alcaldías y ganó en la votación popular, pero perdió en las principales ciudades del país, incluida el área metropolitana de Caracas, ámbitos privilegiados de la política en el país.

DESPUÉS DE "LA SALIDA"

Las confrontaciones violentas de febrero y marzo de 2014 terminaron debilitando tanto a la oposición como al gobierno. El fracaso de "la salida", el intento de derrocar al gobierno, condujo a un quiebre profundo del bloque político de la oposición. Todas las encuestas de opinión, aun las que registraban altos niveles de apoyo a las protestas callejeras, encontraron un muy mayoritario rechazo a las acciones violentas. Dejando a un lado la ambigüedad con la cual habían reaccionado durante las semanas de las confrontaciones más violentas, los sectores mayoritarios de la alianza opositora, especialmente Acción Democrática, Primero Justicia y Copei, se distanciaron pública y reiteradamente de estas políticas, afirmando que la alternativa al gobierno de Nicolás Maduro tenía que ser pacífica, electoral y constitucional.

Ante la imposibilidad de acordar posturas políticas compartidas, la Mesa de la Unidad Democrática entró en crisis y su secretario general, Ramón Guillermo Aveledo, renunció. En este momento continúan las negociaciones para reestructurar la alianza opositora.
Tanto las encuestas de opinión como la limitada respuesta de la población a algunas iniciativas y convocatorias de la oposición en estos meses sugieren que, a pesar de que las razones del malestar, especialmente la escasez, la inflación y la inseguridad, siguen presentes, esta nueva derrota política de la oposición le ha restado mucha credibilidad entre quienes la apoyaban, y es poca la capacidad que tiene en el presente para darle cauce a las extendidas insatisfacciones de la población con la situación del país.


El gobierno, a pesar de haber derrotado a la llamada "salida", también salió debilitado. Quizás su principal fortaleza en la actual coyuntura resida en la debilidad y el fraccionamiento de la oposición.

Un sistema electoral confiable, con múltiples mecanismos de auditoría, y las sucesivas victorias electorales, contribuyeron a que, en años anteriores, el gobierno venezolano contase con suficiente legitimidad internacional que lo protegiera de las agresivas políticas desestabilizadoras del gobierno de Estados Unidos. Sin embargo, producto del frecuente uso arbitrario del poder y de la interpretación elástica de la Constitución, y con un poder judicial que carece de un mínimo de autonomía, ha perdido parte de esa legitimidad internacional y le ha dado armas a quienes argumentan que la actual institucionalidad no permite cambios por la vía electoral. En estas condiciones, la ofensiva de los medios corporativos globales se ha acentuado.

El gobierno carece tanto de los recursos políticos como económicos que hicieron posible en el pasado responder a coyunturas críticas con nuevos programas o misiones de alto impacto social. La ausencia de Hugo Chávez dejó al gobierno y a su partido con fuertes tensiones internas, sin un liderazgo suficientemente fuerte como para articular las diferentes fracciones en una dirección común.

 

UN GOBIERNO PARALIZADO

 

Existe mucho descontento en las bases chavistas. La crisis económica se ha profundizado. Durante los años 2013-2014 la lógica expansiva del gasto público con base rentista ha entrado en crisis. Hay un déficit fiscal difícil de estimar sobre la base de las cifras oficiales, pero según algunos analistas está próximo al 15 por ciento del producto. Se ha dado una baja sostenida de las reservas internacionales, que para el primer semestre del año 2014 habían descendido a 21.604 millones de dólares, menos de la mitad de las existentes en el primer semestre de 2008.

Entre los años 2008 y 2013 la deuda externa prácticamente se duplicó. Sólo de China se han obtenido créditos por un monto total de 50.600 millones de dólares, a ser pagados con petróleo. Para la obtención de créditos externos el país encuentra condiciones crecientemente desfavorables, con tasas de interés cada vez mayores. Dado el elevado y sostenido ingreso de divisas provenientes de la exportación petrolera, es poco probable que el país llegue a una situación de suspensión de pagos, pero todo apunta a que las dificultades del sector externo tiendan a acentuarse.

El incremento sostenido de la masa monetaria sin un aumento correspondiente de la oferta de bienes y servicios contribuye a acentuar las presiones inflacionarias. La muy elevada inflación del año 2013 (56,2 por ciento) no sólo no se ha frenado en 2014, sino que se ha acelerado. La variación interanual de precios entre agosto 2013 y agosto 2014 fue de 63,4 por ciento. Esta ha sido mayor en el caso de los alimentos.

La escasez de divisas y las trabas y retardos burocráticos para su tramitación, el retraso en el pago a los proveedores externos, el contrabando de extracción, la venta en la economía informal –a precios muy superiores– de los productos regulados que no se encuentran en los supermercados, el acaparamiento y la especulación, se han combinado para crear un estado de falta sostenida de alimentos y demás productos básicos, de higiene personal, del hogar, y medicamentos. De acuerdo al Banco Central de Venezuela, la escasez promedio de productos básicos en el país fue de 29,4 por ciento en marzo de 2014. En ese mes, particularmente crítico como consecuencia de la violencia callejera, en algunos rubros, como el aceite comestible, el azúcar, el café molido, la leche en polvo entera, el papel higiénico y la harina de maíz precocida, la escasez fue de más de 85 por ciento. La falta de medicamentos y de instrumental médico amenaza con generar una crisis en la salud pública.

Ante esta situación el gobierno responde como si estuviera frente a una "guerra económica" (especulación, acaparamiento, contrabando de extracción) e impone nuevas normas para la tramitación de divisas, más controles –como la inspección en los depósitos y en el transporte de mercancías–, el cierre de la frontera con Colombia y la introducción de un mecanismo de registro de huellas dactilares para impedir que cada individuo compre más de un volumen determinado de productos subsidiados a la semana y evitar así su reventa especulativa y el contrabando de extracción. No aparecen en el horizonte, sin embargo, políticas concretas destinadas al aumento de la producción y a limitar los múltiples cuellos de botella que la afectan.


En el calendario político nacional, después de las tensiones de los meses de febrero y marzo, el año 2014 aparecía como un año particularmente propicio para tomar algunas medidas consideradas como necesarias, aunque pudiesen tener un costo político-electoral. En un país donde ha habido elecciones o referendos prácticamente todos los años, monopolizando en muchos sentidos la agenda política, hay un período inusualmente largo (dos años) entre las elecciones municipales de 2013 y las parlamentarias de 2015 sin la presión electoral. Sin embargo, el gobierno parece paralizado.

* Sociólogo venezolano, profesor de la Universidad Central de Venezuela y uno de los principales organizadores del Foro Social Mundial 2006.

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Jueves, 23 Octubre 2014 05:59

"Gane quien gane, se viene el ajuste"

En vísperas de la definición de las elecciones en Brasil, dialogamos con Marcelo Dias Carcanholo, presidente de la Sociedad de Economía Política Latinoamericana (SEPLA) acerca de la situación en el país vecino.


De paso por la Argentina para participar de las VII Jornadas de Economía Crítica que se realizaron en la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) el pasado fin de semana, el economista marxista brasilero Marcelo Dias Carcanholo, actual presidente de la Sociedad de Economía Política Latinoamericana (SEPLA), analizó el desarrollo económico alcanzado por su país en la última década y los desafíos por venir. "El PT no ha cambiado el neoliberalismo. Pero no es lo mismo que gane Dilma o Aecio", aseguró.


-¿Cómo era la política económica antes de la llegada del PT al poder y que cambió luego?


-En los años clásicamente llamados del neoliberalismo, lo que ocurre es que, en un nivel de abstracción mayor, se manejó una estrategia de desarrollo neoliberal. Esto es, reformas liberalizantes, apertura comercial y financiera, privatizaciones. O sea el paquete que en general se implementó en América Latina. En un nivel de abstracción menor, es decir en el manejo de la política monetaria, cambiaria y fiscal, hubo fases.


Desde 1999 hasta el final del segundo gobierno de Fernando Enrique Cardoso se cambió un poco la cara de la política económica. La política monetaria que antes era de combate a la inflación, entra en un régimen de metas inflacionarias. El tipo de cambio, que no era fijo como en Argentina, sino de bandas cambiarias, donde hay un techo y un piso dentro del cual el mercado resuelve, se manejaba conforme a la coyuntura. Lo que pasa después de la crisis cambiaria de Brasil entre 1999 y 2001, es que se cambia el manejo de esa política.


Es decir que el tipo de cambio que se dice flotante en verdad no lo es, porque el Banco Central interviene para regular. Siguió siendo lo mismo que antes, la diferencia es que no se preanuncia cuál es el techo y el piso, pero los hay y el mercado sabe cuáles son. La política monetaria pasó a ser seguida de un régimen de metas inflacionarias, o sea que el Banco Central utilizaba todos los instrumentos de política monetaria para obtener esa meta prefijada.

-¿Qué cambió con el gobierno del PT?

-Luego el gobierno Lula mantuvo la misma política. Una política fiscal de superávit primario para pagar la deuda pública, o el pago de intereses para la amortización de la deuda. Incluso incrementa el superávit primario. Lula siguió el régimen de metas inflacionarias que se mantiene hasta hoy. Lo mismo con el tipo de cambio. En la estrategia de desarrollo, es decir el marco estructural neoliberal, se profundizó la apertura de los mercados. Se privatizaron más cosas. Es decir que no cambió nada.


Pero si uno compara los periodos macroeconómicos, es evidente que el periodo 2002-2007 fue mucho mejor. Y además le sobró plata al Estado para que pudiera hacer políticas sociales compensatorias que en los años 90 no se hicieron. ¿Entonces que pasó? No se cambió la política económica, no se cambió la estrategia de desarrollo, pero lo que cambió fue el escenario externo. Lula tuvo una suerte tremenda. La economía mundial volvió a crecer, impulsada por economías como India o China, que requieren para su crecimiento cosas que Brasil desde la década anterior se especializó en producir y exportar.


Con esta reprimarización de las exportaciones subió el saldo en la balanza comercial y además, cuando había plata en los mercados de crédito internacional llegaban prestamos directos para el sector público y privado e inversiones directas extranjeras con costos bajos. Por lo tanto se tenía un alivio coyuntural en la balanza comercial, en la cuenta corriente y en la cuenta de capitales. Brasil pudo crecer sin problemas de restricción externa, sin presión cambiaria y con inflación controlada. Nunca antes en la historia de América Latina el escenario externo fue más favorable. A partir de 2007 se acabó eso.

-Entonces no cambiaría nada si gana Dilma o Aecio Neves..

.
-No, eso no es verdad. Lo que cambiaría sería la relación de Brasil con el exterior. Aecio Neves ya dijo que hay que cambiar la relación de Brasil con los socios comerciales en América Latina, principalmente en el Cono Sur. Por otro lado el apoyo que hubo por parte de Brasil a los procesos de Ecuador, Bolivia o Venezuela se terminaría. Pero no dejaría de mirar hacia esos países.

Aecio puede entrar fácilmente en acuerdo con los EEUU y transformarse geopolíticamente en otra Colombia, con el peso de Brasil. Sin embargo, también hay que fijarse en la relación del gobierno actual con esos países. Porque si desde el punto de vista político hay un apoyo a los procesos revolucionarios, desde el punto de vista de la infraestructura económica Brasil apoya los capitales que actúan desde su territorio en toda América Latina. Con subsidios comerciales y con apoyo del financiamento del Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES). O sea, el subimperialismo brasilero viene actuando ya en la región. Y el gobierno del PT apoyando.


Siempre se dice que para llamarlo subimperialismo faltaría la pata militar. Pero alcanza con ver lo que pasa en Haití con la Minustah, donde Brasil está dirigiendo eso. Pero no es lo mismo que gane Dilma o Aecio. Si gana Aecio va a empeorar mucho el contexto, porque el carácter subimperialista brasileño va actuar sin freno. Hoy hay aún algunos en términos geopolíticos. Pero Brasil empezó a hacer con América Latina, en menor escala, como si fuera un país imperialista central. Vendía productos con algún contenido tecnológico e importaba materias primas. Reprlicando para abajo lo que sufría para arriba. Pero hoy en día con la crisis el de Brasil es mucho más sub que imperialismo.

-¿Cuáles son las repercusiones sobre la vida cotidiana de los brasileros?


-Lo primero que hay que considerar es que las políticas sociales de los gobiernos del PT desde 2002 hasta ahora lograron disminuir los efectos de la pobreza y la desigualdad estructural de Brasil. Pero el escenario externo que permitió eso cambió. Se acabó lo coyuntural favorable y volvió lo estructural problemático. La desigualdad y el grado de concentración del ingreso y también de propiedad volvieron a crecer.

Desde un punto de vista menos crítico, concentración y desigualdad van a seguir creciendo. Desde un punto de vista más crítico, gane quien gane se viene un proceso de ajuste. Y va a ser a la europea, es decir que si los trabajadores no tienen un poder de reivindicar algunas cosas lo van a pagar ellos. Esto significa mayor explotación del trabajo, reducciones salariales, aunque sean disfrazadas. En la agenda están, aunque no se diga, la reforma tributaria, pro capital, y reforma laboral. Que es la tendencia a nivel internacional. El que va a ser ministro de Hacienda de Neves, si gana, Herminio Fraga, ya dijo que va a hacer un ajuste estructural. Lo dice de manera técnica, para que la gente no entienda, pero lo está diciendo. Pero Aecio no lo va a decir nunca.


-En la previa de la primera vuelta hubo un debate mucho más amplio. ¿Se vieron allí alternativas a todo esto?


-Si uno se fija en las tres candidaturas con más robustez política, que son los dos que fueron a segunda vuelta y Marina Silva, no hay nada distinto. El discurso del PT es que si no ganan se van a caer todas las conquistas logradas. Y los otros dos decían que iban a mantener esas conquistas pero mejorandolas. Había candidaturas de izquierda con muchas propuestas, pero no suenan.


La candidata de la izquierda, Luciana Genro del PSOL, tuvo poco más del 2% de los votos. Hay un problema. La izquierda está perdiendo la batalla de las ideas hace ya un rato. No porque no nos escuchan. No es un problema de la derecha o del capitalismo que no nos deja aparecer. Es un problema nuestro. De no saber cómo decir nuestras propuestas. Tenemos un proyecto a mediano largo plazo, que puede ser el socialismo o el nombre que se quiera, pero hay que hacer cosas ahora. ¿Con qué base, instrumento y qué haríamos ya? En eso estamos mal parados.

Los 90 han sido mucho peor. Algo mejoró. Pero aún es insuficiente para generar un proyecto de izquierda que tenga la posibilidad de ganar elecciones. Y ganar elecciones no garantiza nada. Si algo nos enseñaron Venezuela, Bolivia o Ecuador, es que ganar elecciones es sólo el comienzo de algo que puede ser, nada más.

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Por estos días, en Estados Unidos, las noticias alternan hora a hora entre el virus del Ébola y el Estado Islámico. Con frecuencia se repite la pregunta acerca de si deberíamos desplegar tropas en el territorio. La respuesta es sí, pero no en Medio Oriente. Necesitamos contar con decenas de miles de efectivos presentes en el terreno para hacer frente al Ébola. Tropas de médicos, de enfermeras, de profesionales de la salud que luchen contra este desastre sanitario mundial totalmente prevenible.

El Ébola es un pequeño virus que está poniendo de manifiesto los grandes problemas presentes en los sistemas de salud pública del mundo. Los pocos casos conocidos aquí en Estados Unidos han provocado un clima de temor y creciente conciencia de lo vulnerables que somos ante el brote de una enfermedad viral en nuestra sociedad. Imaginemos cómo se siente la población de países empobrecidos de África Occidental como Guinea, Sierra Leona y Liberia, donde la cifra de casos asciende a miles y la infraestructura simplemente no puede hacer frente a la cada vez mayor cantidad de personas infectadas.


Lawrence Gostin, director del Instituto O'Neill de la Universidad de Georgetown, especializado en investigaciones sobre salud, dijo sobre la situación actual: "Debemos recordar que esta es la segunda vez en la historia de Naciones Unidas que el Consejo de Seguridad de la ONU declara que estamos frente a una amenaza sanitaria, una amenaza a la paz y la seguridad en el mundo. La primera fue el SIDA, la segunda es el Ébola". En declaraciones efectuadas durante el programa de noticias de "Democracy Now!, Gostin continuó: "Por eso, el Consejo de Seguridad de la ONU ha hecho un llamado a todos los países del mundo. Junto a Estados Unidos deberían estar la Unión Europea, Australia, Canadá y todos nuestros aliados. Se trata de una crisis humanitaria y de salud de carácter internacional. Se trata de una amenaza a la estabilidad política y económica de la región y, obviamente, lo que es más importante, a la salud de los seres humanos. Deberíamos estar movilizando muchísimos más recursos. Deberíamos haberlo hecho antes. Debemos hacerlo ahora".


La Organización Mundial de la Salud anunció el más reciente de los brotes de Ébola, en Guinea, el 23 de marzo de este año. El brote creció, se extendió a países vecinos y pasó sobre varios otros hasta llegar al país más poblado de África, Nigeria. Causó primero la muerte a decenas de personas y luego a cientos y a miles, pero permaneció en buena medida al margen del mundo hasta que dos personas blancas, dos trabajadores de la salud estadounidenses, contrajeron la enfermedad. El Dr. Kent Brantly y la misionera Nancy Writebol fueron trasladados por avión de regreso a Estados Unidos tras ser diagnosticados con el virus del Ébola. Cuando los primeros pacientes estadounidenses de Ébola llegaron al país y fueron ubicados en unidades de aislamiento, la enfermedad se convirtió en noticia de primera plana a lo largo y ancho del país.


Increíblemente, al mismo tiempo que la gente moría masivamente a causa del Ébola en África Occidental, estos dos estadounidenses sobrevivieron, luego de ser tratados con algunas de las pocas dosis existentes de un fármaco experimental conocido como ZMapp. Se trata de resultados positivos que son posibles de concretar si se tiene acceso a un buen sistema de salud, que cuente con el presupuesto necesario.
Luego llegó Thomas Eric Duncan. Él también había contraído el virus del Ébola. El progreso de su enfermedad fue bastante distinto. Su sobrino, Josephus Weeks, lo resumió con elocuencia en un artículo publicado por el periódico The Dallas Morning News.


Weeks redactó: "El viernes 25 de septiembre, mi tío Thomas Eric Duncan concurrió al Hospital Presbiteriano de Texas, en Dallas. Tenía fiebre alta y dolores de estómago. Le dijo a la enfermera que había estado en Liberia recientemente. Pero era un hombre de color sin seguro de salud ni recursos para pagar su tratamiento, así que después de unas horas le dieron de alta con la prescripción de algunos antibióticos y analgésicos".


Duncan regresó a su hogar para ser atendido por su familia, pero progresivamente su estado fue empeorando. Dos días después regresó al hospital y fue ingresado bajo sospechas de que se trataba de Ébola. Rápidamente empeoró y murió el 8 de octubre, tal como lo relató su sobrino, "solo en la habitación de un hospital". Unos días después, nos enteramos de que una de las trabajadoras de la salud que le brindaron asistencia, la enfermera de cuidados intensivos Nina Pham, había contraído el Ébola. Posteriormente aparecieron síntomas en otra enfermera, Amber Vinson. Horas antes de que se le diagnosticara la enfermedad, viajó en avión desde Cleveland a Dallas junto a más de 130 personas. ¿Qué habría sucedido si nuestro sistema de salud garantizara tratamiento a todos, sin importar si los pacientes tienen o no cobertura de salud privada?


El Congresista republicano Pete Sessions, que representa a una parte de Dallas, dijo a la CNN que se debería impedir que vuelos provenientes de África Occidental ingresaran a Estados Unidos a pesar de que, según dijo, admitiría a los ciudadanos estadounidenses. Consulté a Lawrence Gostin al respecto: "Es una muy mala idea. Y, por varios motivos, es muy egoísta. En primer lugar, no va a hacer que Estados Unidos esté más seguro. De hecho, va a hacer que esté menos seguro. Primero, el hecho de suspender los vuelos significa que los trabajadores de la salud enfrentarían mayores dificultades para ir y venir de la zona afectada. Y esos países enfrentarían dificultades económicas y comerciales. Aumentarían los precios de los alimentos. Y en definitiva, en mi opinión, la epidemia se saldría aún más de control y pondría a esos países en mayor riesgo. Y cuanto mayor sea la cantidad de personas que contraigan la enfermedad en África Occidental, mayor será el riesgo que corramos aquí en Estados Unidos, en Canadá, en la Unión Europea. Es matemática básica, pura y simple. Si hay una gran cantidad de personas infectadas en una parte del mundo y vivimos en un mundo moderno y globalizado, no se puede envolver a toda una región con celofán y pretender que los gérmenes permanezcan afuera. No funciona de esa manera. Al hacerlo, creemos que es el modo de salvarnos, pero en realidad estamos corriendo más riesgos. Y además estaríamos haciendo algo que atenta profundamente contra el espíritu de nuestro país".


La pequeña isla de Cuba ha enviado a más de 160 médicos a África Occidental para brindar tratamiento a los pacientes y contribuir a contener el avance de esta epidemia. Deberíamos aprender de Cuba. En cambio, el Presidente Barack Obama envió infantes de marina. En breve estarán construyendo hospitales de campaña. Ahora, la pregunta es: ¿quiénes brindarán asistencia en estas nuevas instalaciones? El Secretario General de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, ha conformado un comando especial de emergencia para hacer frente a la crisis provocada por el Ébola. El mundo debe unirse para salvar vidas y detener esta catástrofe evitable que nos amenaza a todos.


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© 2014 Amy Goodman
Traducción al español del texto en inglés: Fernanda Gerpe. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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Desde que se la actual crisis financiera, el uno por ciento de la población más rica del mundo se ha enriquecido todavía más, con lo que estas personas poseen el 48.2 por ciento del patrimonio global, revela un estudio realizado por expertos del banco Credit Suisse.

 

En 2014, a nivel mundial la riqueza de los hogares ha sido un 20 por ciento superior a los niveles previos a la llegada de la crisis, revela el informe sobre la distribución de la riqueza en el mundo citado por el periódico The Guardian.


En Estados Unidos dicho índice se ha incrementado un 11.4 por ciento, en Europa un 10.6, en África un 6.0 y un 3.4 en Asia Pacífico.
A largo plazo el patrimonio depende del crecimiento económico, pero en la retrospectiva de los años transcurridos influyeron ante todo factores como la evolución de los activos en el mercado bursátil y los tipos de cambio de las divisas nacionales, reza el estudio presentado en Londres.


En particular, en España la recuperación de los mercados financieros desde comienzos de 2013 ha hecho aumentar en un 25 por ciento el número de millonarios.

El director de inversiones en el sector de banca privada Michael O'Sullivan explicó la tendencia por la subida del valor de la bolsa y de la deuda pública en ese periodo, junto a la apreciación del euro.


Según los cálculos de los analistas de Credit Suisse, para poder formar parte de la mitad más rica de la humanidad una persona debe tener un patrimonio neto equivalente a 3 650 dólares estadounidenses.

Las personas que pertenecen a la mitad inferior poseen entre todas menos del uno por ciento de la riqueza total del planeta.


Para integrar el 10 por ciento de la clase acomodada, el umbral es mucho más alto: 77 000 dólares.

 

Finalmente, hace falta contar con un patrimonio evaluado en casi 800 000 dólares para pertenecer al uno por ciento de los más ricos, que controlan el 48.2 por ciento de toda la riqueza acumulada en el mundo.


Todos los bienes que se encuentran en la propiedad privada se estiman en 263 billones de dólares, más del doble en comparación con el año 2000 (117 billones de dólares).


Esta cifra nueva marca un récord global más alentador, mientras que el fenómeno más triste es el creciente ensanchamiento de la brecha que divide a los más ricos de los más pobres.

El Reino Unido es el único país del grupo de los siete países más desarrollados económicamente donde el nivel de igualdad social ha mermado en lo que va de siglo XXI. Pero la creciente desigualdad sigue siendo una tendencia muy propia de los países en desarrollo.


(Con información de las agencias)

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Hace ya tiempo que los expertos y organismos como el Fondo Monetario Internacional avisan de lo que ayer confirmó el Gobierno alemán: la primera economía del euro está peor de lo esperado. El ministro de Economía, el socialdemócrata Sigmar Gabriel, anunció que este año el PIB crecerá un 1,2% (en lugar del 1,8% pronosticado hasta ahora); la previsión para 2015 asciende al 1,3% (frente al 2% anterior). Esos recortes en los pronósticos provocaron el castigo en los mercados a la deuda española, italiana o griega, ante la constatación de que Europa está ante un largo estancamiento; ya ni siquiera es descartable una tercera recesión. Los datos, tozudos, van de mal en peor. Pero la UE sigue sin cambiar el paso de su política económica, enzarzada en luchas intestinas sobre si es más urgente reformar, estimular o dar margen fiscal a los países con problemas.


Alemania quiere reformas antes de abrir la mano a todo lo demás. Y sigue en sus trece, poco amiga de dar volantazos en la gestión de la eurozona. Gabriel no se limitó a ofrecer un discurso técnico plagado de cifras: aprovechó la presentación del nuevo panorama económico en Berlín para lanzar un mensaje político de primera magnitud. "No hay ningún motivo para cambiar nuestra política económica y fiscal", subrayó. Horas más tarde, su jefa en el Gobierno de gran coalición, la canciller Angela Merkel, insistió en ese discurso de ahorro y de rechazo de nuevas deudas. También el ministro Wolfgang Schäuble marcó esa línea roja ante sus colegas europeos en el Ecofin. La presión internacional —FMI, G-20, OCDE y BCE— no hace mella en Alemania: el mundo entero le pide que invierta, pero Schäuble se agarra al guion de la ortodoxia: "Vamos a invertir, pero sin histerias, sin volver a caer en el déficit público".

 

La inversión es la variable macroeconómica que más ha caído en el conjunto de Europa en lo que va de crisis, casi un 20%. Pero los datos de Alemania son especialmente sonrojantes, con cifras inferiores a las de España y solo ligeramente superiores a las de Portugal, dos países sumergidos en una crisis oceánica. "Que nadie espere grandes planes inversores en Alemania", decía ayer una alta fuente europea. Ante ese panorama en Berlín, los ministros de Economía de la UE reclamaron a la nueva Comisión que acelere sus planes de inversión, un paquete de 300.000 millones de euros para los tres próximos años del que se sabe poco y del que nadie termina de fiarse. "El riesgo es que ese plan no sea efectivo hasta 2017, y necesitamos un impacto significativo en 2015 y 2016 ante los nuevos riesgos que se ciernen sobre la recuperación", resumió el francés Michel Sapin.


Francia, que pide flexibilidad fiscal y a quien todo el mundo señala por su incapacidad para aprobar reformas, chocó abiertamente con Alemania en las reuniones de Luxemburgo. Y ese conflicto amenaza con llegar hasta Bruselas, que presiona para que París recorte algo más su presupuesto. A pesar del riesgo de que la crisis económica se transforme en una crisis política de incierto final, está claro que Berlín se resiste a los virajes: ni siquiera el ala izquierda de la coalición que dirige Merkel está por la labor. El número dos del Gobierno y líder de los socialdemócratas echó un jarro de agua fría sobre aquellos que le reclaman desde su propio partido un giro en la política de austeridad. "Endeudar más a Alemania no va a generar más crecimiento en Italia, Francia, España o Grecia", respondió Gabriel a los que recomiendan que el Gobierno reaccione al empeoramiento de la coyuntura.


Berlín considera que los problemas no son suyos. "Sobre todo Europa", fue la respuesta de Gabriel a la pregunta sobre los factores que explican la desaceleración de la economía alemana. "La crisis geopolítica, fundamentalmente Ucrania, ha aumentado la incertidumbre y el lento crecimiento mundial está pesando sobre la economía", añadió.


Frente a los desafíos externos, el Gobierno ve en casa factores para la esperanza. La demanda interna y el mercado laboral dan señales de fortaleza. Y decisiones adoptadas por la gran coalición, como la instauración de un salario mínimo, contribuirán a aumentar la renta disponible. "Los ciudadanos tendrán más dinero en su bolsillo", se enorgulleció.


El ministro se vio obligado a hacer encaje de bolillos al ofrecer un mensaje positivo cuando las malas noticias se acumulan. El mismo día en que anunciaba una drástica revisión de sus previsiones, otros indicadores como la producción industrial o los índices de confianza mostraban signos de flaqueza. Después de que el PIB retrocediera en el segundo trimestre del año, aumentan los temores de que el país vuelva a entrar en recesión. "No vemos cercana la recesión, pero la economía alemana depende del exterior. Y ahí es donde están los riesgos", explica Jens Ulbrich, el economista jefe del Bundesbank.


El PIB del euro se estancó en el segundo trimestre; tras el revés alemán, no hay un solo dato que haga pensar que el tercero va a ser mucho mejor. El riesgo es ya una tercera recesión: tres socavones en el PIB que en realidad son tres muescas de la misma crisis. "La recesión más grave de la posguerra requiere un amplio acuerdo político", apuntó el ministro italiano Pier Carlo Padoan al cierre del Ecofin. Ese acuerdo, a día de hoy, brilla por su ausencia.

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Jueves, 09 Octubre 2014 07:51

Ganadores y perdedores

¿Dónde está la bonanza?

 

Frente al avance permanente de las innovaciones tecnológicas altamente positivas para el género humano, y ante el deslumbramiento con las grandes fortunas, se corre el riesgo de perder de vista lo que realmente sucede con la economía mundial.


Un estudio reciente de la OIT, la OCDE y el Banco Mundial muestra que el objetivo más importante de una economía –producir trabajos, y trabajos de buena calidad, "trabajos decentes", como los llama la OIT– no se está dando. La economía mundial está creando pocos trabajos y aún muchos menos de calidad. Por otra parte, los salarios están estancados, su porcentaje en el producto bruto mundial cae y aumentan las ganancias de las corporaciones que se llevan una parte cada vez mayor de los beneficios del incremento de la productividad.


En ese marco crecen sin pausa alguna las desigualdades, factor central de las crisis.


Desde el 2010 el producto bruto mundial ha bajado su crecimiento, de cinco por ciento anual, a sólo tres por ciento anual. Hasta la economía china, motor universal, retrocedió de una expansión de dos dígitos en el 2010 a un apretado siete por ciento este año. El comercio mundial, que aumentó un 12,8 por ciento en el 2010, después de la recesión del 2008/9, sólo creció 6,2 por ciento en el 2011, 3,08 por ciento en el 2013 y 3,1 por ciento en el 2014.


La Eurozona, que aporta 13 por ciento del producto mundial, está nuevamente al borde de la recesión. En el segundo trimestre de ese año, la zona integrada por 18 países no registró crecimiento alguno, bajando del mínimo 0,2 por ciento alcanzado en el primer trimestre. Las economías de Alemania e Italia se contrajeron un 0,2 por ciento, mientras que la de Francia no creció en ninguno de los dos primeros trimestres. La deflación con sus consecuencias recesivas es una amenaza grave. En julio, la tasa de inflación cayó a 0,4 por ciento. Un año antes había sido 1,6 por ciento. La tasa de desocupación está en 11,5 por ciento. Más de 25 millones de parados. Se multiplican los contratos basura sin futuro ni protecciones para los jóvenes. La economía de Estados Unidos, con mejor desempeño, crecerá dos por ciento este año. La de Japón, tercera potencia económica mundial, sólo 1,3 por ciento.


En ese marco de estancamiento económico, los precios de las materias primas clave vienen cayendo, perjudicando directamente al mundo en desarrollo.


La receta no funciona


Los hechos desmintieron terminantemente a las recetas económicas ortodoxas. Llevaron al frenesí desregulatorio y a la explosión de las burbujas especulativas que desataron la gran crisis económica del 2008/9. Actualmente se hallan tras la recesión europea y la explosión de las desigualdades. Más allá de cualquier calificativo, son simplemente "mala economía". Donde se instalan, destruyen empleo, inclusión y protección social.


El New York Times resumió editorialmente (20/9/14) el proceso de los últimos años: "Cuando las economías avanzadas rescataron a los bancos globales, apostaban erróneamente a que un sistema financiero restaurado impulsaría una amplia prosperidad". Agrega: "Cuando tornaron su foco de políticas hacia las medidas de austeridad, la reducción del déficit y fuera de toda forma de estímulos fiscales doblaron esa mala apuesta".


Concluye: "El resultado ha sido prosperidad para unos pocos a expensas de la mayoría".


En eso sí ha sido excepcionalmente eficiente la receta ortodoxa, en aumentar aceleradamente las desigualdades. No hay paragón.


Una investigación de la OCDE y de la Universidad de Utrecht (2014) informa que la situación en términos de desigualdad es peor que en 1820, la época del zar Nicolás y de la Compañía Británica de las Indias Orientales. En esa época el coeficiente Gini que mide la desigualdad en la distribución del ingreso era muy malo: 49. En el 2000 había subido a 66. En 1820 el país más rico, Gran Bretaña, era cinco veces más rico que la nación promedio pobre. Ahora el más rico es más de 25 veces más rico que el promedio de los pobres.


Según los estimados del Premio Nobel Krugman, en los '60 los CEO ganaban 30 veces lo que recibía la línea en Estados Unidos, ahora son 300 veces. Evoluciones similares se han dado en otros países avanzados. El 53 por ciento de la riqueza generada en el mundo en los últimos veinte años ha ido al uno por ciento más rico de la población mundial. El coeficiente Gini es actualmente el más elevado de los últimos treinta años.


Trabajos recientes del FMI muestran que niveles bajos de desigualdad están asociados con crecimiento más alto y más durable. Al contrario de lo que supone la ortodoxia, una progresividad fiscal que busca equidad tasando más a los sectores de altos ingresos y redistribuyendo hacia los de menores recursos, crea en la base de la pirámide incentivos y oportunidades que dinamizan la economía toda.


Los costos para la gente


¿Quiénes son los ganadores y perdedores de seguir insistiendo en una receta económica que falla una y otra vez, no crea empleos y deja multitudes de excluidos?


Por un lado están los ganadores, el uno por ciento. Las 300 fortunas mayores recibieron en el 2013, según un estudio de bancos suizos, una ganancia promedio de 2000 millones de dólares. Frente a ellos, incluso el actor mejor pagado de Hollywood, Roberto Downey Jr., no tiene comparación alguna. Sus ganancias fueron 75 millones de dólares.
Están los perdedores. En silencio se desarrolla un drama de exclusión que envuelve a vastos sectores del género humano que son impactados directa o indirectamente por las consecuencias de la receta. Ente sus expresiones actuales:

 

  • 1200 millones de personas están en la pobreza extrema, sobreviviendo penosamente con menos de 1,25 dólar diario.
  • 2800 millones de personas están por debajo de la línea de pobreza.
  • 2400 millones carecen de una instalación sanitaria.
  • 900 millones no tienen agua potable.
  • 448 millones de niños tienen bajo peso y su crecimiento está comprometido.


Todos los días mueren 18.000 niños por causas prevenibles derivadas de la pobreza.


El 60 por ciento de los niños del mundo de 2 a 14 años sufren violencia.


Más de 600 millones de mujeres viven en países donde la violencia contra la mujer no tiene ninguna punición legal.
Crecen los refugiados climáticos. Entre 1970 y el 2000 los gases contaminantes aumentaron un 1,3 por ciento por año, del 2000 al 2010, el incremento se elevó a 2,2 por ciento por año.


Se puede hacer distinto. En América latina queda mucho por hacer, pero la pobreza se redujo del 2000 al 2013 del 40 al 25 por ciento. Los principales organismos internacionales han recomendado muchos de los programas públicos que fueron decisivos en estos resultados. Ante la insensibilidad frente al sufrimiento de tantos, el papa Francisco reflejó una vez más el sentimiento colectivo cuando, disertando ante el Consejo de Paz y Justicia, pidió (2/10/14) "profundas reformas que provean la redistribución de la riqueza producida", señaló que "el crecimiento de la pobreza y la desigualdad ponen en riesgo la misma democracia" y advirtió que "el derecho al trabajo no puede ser considerado una variable dependiente de los mercados financieros y monetarios".


• Presidente de la Red Latinoamericana de Universidades por el Emprendedurismo Social.

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