El toro de Wall Street fue ahogado hoy por una inundación de miles de activistas en demanda de justicia climática, que acusaron al poder financiero de llevar al mundo al borde de la catástrofe ambiental.


Unos dos mil manifestantes rodearon la famosa escultura del toro –símbolo del poder financiero– y avanzaron unas cuadras al norte para llegar hasta el cruce de Wall Street y Broadway, a una cuadra de la Bolsa de Valores, donde decenas de policías mantuvieron cerrado el ingreso. Durante unas ocho horas los manifestantes obligaron a las autoridades a cerrar el tránsito en esta arteria principal en el distrito financiero de Nueva York.


Inundamos Wall Street para frenar su financiamiento de la destrucción planetaria, y abrir paso a economías sustentables que benefician a los pueblos y al planeta, afirmó Michael Lean Guerrero, de Climate Justice Alliance, agrupación que ayudó a organizar esta movilización un día después de que ellos y otros 300 mil participaron en la marcha más grande sobre cambio climático en la historia. La idea es: si Wall Street está provocando la inundación del mundo, hoy Wall Street fue inundado.

Con mantas, bandas de música, dos enormes burbujas de carbón y un oso polar (bueno, alguien con un disfraz), y consignas de a, anti, anticapitalismo, esta fue una acción mucho más filosa en mensaje que la marcha plural de ayer. Con ésta se responsabiliza directamente al 1 por ciento y el sistema actual de la crisis ambiental. Unos 100 manifestantes cargaron una manta de 100 metros de largo en que se leía: "Capitalismo=Caos climático –Inunda Wall Street".

Participaron una amplia gama de activistas: Veteranos de Guerra por la Paz, veteranos de la gran movilización altermundista de Seattle y veteranos de Ocupa Wall Street. Al rodear la escultura del toro –el cual estaba protegido por barreras y policías–, un cura usó el ya famoso micrófono popular para anunciar que ya se necesitaba domar a ese toro, mientras un reverendo sacó una reata para intentar lazar la enorme bestia de bronce.

Somos imparables. Otro mundo es posible, se coreó cuando, después de varias horas de sentarse alrededor del toro, los manifestantes se levantaron para avanzar por la avenida ya cerrada hacia Wall Street. Todos los accesos a la Bolsa habían sido cerrados con barreras custodiadas por policías. Y por las dudas, la famosa plaza de Zucotti Park, sede de Ocupa Wall Street durante unos meses, estaba completamente rodeada con barreras y policías, para evitar una nueva invasión. ¿A quiénes protegen?, repetía el coro ante la defensa policiaca del toro, así como de la Calle Wall. Arresten a los ricos, gritaba un grupo.

"Estos hijos de puta están matando al mundo con su fracking, su petróleo y contaminación", gritó un manifestante apuntando hacia la Bolsa, al responder por qué estaba en la protesta.


Esto fue el reclamo del espacio público: tomar una calle principal en este país en una acción donde cualquiera puede expresarse es algo que casi nunca se permite, afirmó Bill Dobbs, activista veterano de varias luchas sociales.


Después de ocho horas de inundación que congeló el paso por Broadway, esta noche la policía –que hoy actuó de manera mucho menos agresiva y amenazante que durante el gobierno del alcalde anterior en la represión a Ocupa, y sólo hubo un par de arrestos durante el día– ordenó la dispersión de los manifestantes y empezó a arrestar a los que rehusaban despejar la avenida. Entre los arrestados: el oso polar.


Con los ecos de la marcha de cientos de miles por el planeta el domingo y la acción en Wall Street hoy como transfondo, el martes se realizará una cumbre sobre el cambio climático en la sede de la Organización de Naciones Unidas, con más de 120 mandatarios detrás de un inmenso aparato de seguridad y muy lejos de las calles. Ahí se verá lo que la proclamada comunidad internacional propone hacer ante lo que los expertos advierten como daños severos e irreversibles si no se logra frenar el cambio climático.

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De repente, decenas de miles de participantes en lo que los organizadores declararon la marcha sobre cambio climático más grande de la historia cesaron sus consignas, dejaron de golpear sus tambores, levantaron los brazos y guardaron dos minutos de silencio, dedicados a las décadas de inacción de las cúpulas políticas y económicas, silencio que fue seguido de una ola de dos minutos de ruido que inundó el centro de esta ciudad, enviando así una señal de alarma y un grito para exigir "justicia climática".

 

La marcha y acciones paralelas –2 mil 700 actos en 161 países, según organizadores– fueron convocadas justo para enviar un mensaje desde la calles a los gobiernos que están citados para realizar una cumbre sobre el cambio climático en la Organizaciones de Naciones Unidas este martes, cuyo propósito es establecer un marco para un acuerdo global sobre emisiones el año entrante. La movilización exigió compromisos inmediatos para contrarrestar una crisis que afecta a todos y ante la advertencia de los científicos de que el cambio climático ya afecta a todos los continentes y mares del planeta y que está al borde de causar "daños irreversibles" si no se dan pasos audaces para frenar el calentamiento del planeta (junio, julio y agosto fueron los meses más calientes jamás registrados).
Diversidad de sectores se movilizaron en NY


La marcha en Nueva York –a diferencia de muchas otras acciones ambientalistas– reflejó el hecho de que la crisis climática afecta a todos, al manifestarse una diversidad sin precedente de participantes; unos 300 mil, según los organizadores. Marcharon juntos ambientalistas y agrupaciones de inmigrantes de América Latina, el Caribe, Asia y África –muchos de los cuales libran luchas ambientales en sus países– al lado de indígenas estadunidenses, estudiantes y académicos, científicos, cocineros y granjeros. Una amplia representación de sindicalistas (de servicios, transportistas, sector automotriz, salud) marcharon a la par que una coalición de trabajadoras domésticas, de maestros y médicos todos a un mismo coro: "la crisis climática es una crisis de salud", monjas y bailarinas en bikini y organizaciones comunitarias de todo tipo, además de delegaciones internacionales de representantes de movimientos indígenas y ambientalistas en México y otras partes de América Latina.


"No estés jodiendo a la Madre (tierra)". "Pon fin al capitalismo antes de que nos ponga fin a nosotros". "No al fracking". "Deja de chingar a tu Madre". "El agua vale más que el oro". "Más futuro, menos capitalismo". "1%, quita tus manos de nuestro futuro", expresaban las mantas y pancartas tan variados como los participantes, incluso una de un contingente de Nueva Orleáns que decía: "el mar se está levantando, y también nosotros" y otra con una imagen de un oso panda que pedía: "salven a los humanos", mientras recorrían las avenidas del centro, acompañadas de consignas como "Exxon, Mobil, Goldman Sachs/Quítenme su crisis de la espalda".


Una joven llevaba un cartel en que se leía: "somos la primera generación que siente los impactos del cambio climático y somos la última generación que puede hacer algo al respecto".


Un arca de Noe avanzó entre representaciones del mundo en mantas y globos, decenas de gaviotas, títeres, que pasaban desde la punta de Central Park para bajar por la Sexta Avenida a Times Square, y finalmente a una fiesta callejera en la Avenida 11. Más de 500 autobuses transportaron participantes de varias partes del país, junto con unos 200 que llegaron por el "tren del cambio climático" desde California.
A la vez, varias figuras reconocidas, entre ellos el secretario general de la Organización de Naciones Unidas, Ban Ki-moon; el alcalde de Nueva York, Bill de Blasio; el ex vicepresidente, Al Gore, y los actores Leonardo DiCaprio y Mark Ruffalo figuraron entre los manifestantes.
La Rude Mechanical Orchestra, entre otras bandas, ayudó a marcar el paso con su magnífica sección de metales y percusión, mezclando canciones populares con himnos rebeldes y provocando brotes de baile en la calle.


Muchos expresaban que ahora se verá si esta ola de ruido colectivo se escucha en los pasillos del poder, o si éstos tendrán que ser inundados por los pueblos antes de que se logre salvar al planeta.

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Domingo, 21 Septiembre 2014 10:10

La economía de Brasil se atasca

La actividad del mayor mercado sudamericano, ejemplo de empuje durante una década, se frena debido al parón de las exportaciones y la fatiga del consumo interno.

 

Muchos especialistas lo auguraban desde hacía tiempo y por fin se confirmó hace dos semanas: la economía brasileña, la séptima del mundo, encadenaba dos trimestres de retroceso del PIB y entraba en lo que en la jerga de los economistas se denomina "recesión técnica". Paralelamente, la agencia de calificación Moody's bajaba la semana pasada un peldaño la nota del país, pasando de "estable" a "negativa". Ni las cifras ni la calificación de la agencia son alarmantes, pero sí significativas: desde enero a marzo el PIB brasileño reculó 0,2 puntos porcentuales: en los últimos tres meses lo ha hecho 0,6 puntos. Más que el alcance, lo importante es la novedad. En los últimos años, Brasil sólo registró números rojos en el último trimestre de 2008 y en el primero de 2009, esto es, en los peores días la vorágine de la crisis planetaria que sacudió el mundo financiero.

 

Otros países se quedaron ahí, en el agujero, pero Brasil, animado por un consumo interno pujante, las exportaciones a China y un ciclo económico en alza, remontó de inmediato. Hasta ahora. Hoy, sin aliento, el país parece condenado a detenerse a fin de recuperar fuerzas. La mayoría de los especialistas coinciden en que es una parada casi técnica, una suerte de tiempo muerto para recomponer líneas antes de comenzar de nuevo. Pero en medio de una disputada campaña electoral a tres bandas cuyo primer asalto se resolverá el próximo 5 de octubre, la noticia de la recesión tuvo el efecto de un ladrillo en un estanque. Los candidatos a la presidencia, Marina Silva, por el Partido Socialista Brasileño (PSB), y Aécio Neves, del más conservador Partido Socialdemócrata Brasileño (PSDB), se apresuraron a acusar a la presidenta Dilma Rousseff —que aspira a un segundo mandato— de no reconocer sus errores y de haber llevado al país a una vía muerta. Neves fue explícito: "Usted va a entregar un Brasil peor del que lo encontró y eso ocurre por primera vez en nuestra historia moderna".


De 2003 a 2010, coincidiendo con los dos Gobiernos del carismático Luiz Inácio Lula da Silva, del Partido de los Trabajadores (PT), Brasil creció una media desaforada del 4% anual. Ni siquiera la crisis económica que entrampó a Europa y maniató a Estados Unidos significó un obstáculo insalvable en su trayectoria ascendente y sí un tropezón olvidable. Un círculo mágico de exportaciones exitosas, sobre todo de soja y principalmente a China, crédito fácil que llegaba a las familias deseosas de gastar y adquirir, un escaso desempleo tendente a desaparecer, redistribución de riqueza gracias a la acción decidida del Gobierno que empujaba la subida de salarios que a su vez revertían en las empresas gracias al gasto y al consumo, fueron los elementos clave que sirvieron para alimentar una rueda imparable que logró que el país diera un gran paso adelante. El paro descendió desde un 13% en 2004 a un 5% en 2014. Y el nivel de renta medio se elevó de 700 reales (230 euros) en 2003 a cerca de 1.100 (300 euros) en 2013. Brasil vivió el mejor de los mundos posibles. "A veces ocurre: una alineación de los astros. Lula tiene el mérito de haber sabido aprovechar las circunstancias. Pero chupó tanto la naranja que a Dilma Rousseff, que accedió al poder en 2010, sólo le quedó la cáscara. Fue una época fantástica. Pero acabó. Todo lo bueno acaba", dice Luiz Carlos Mendonça de Barros, economista, exministro de Comunicación con el Gobierno de Fernando Henrique Cardoso y actual director de la agencia Questinvest.


Durante este periodo de bonanza económica, Brasil experimentó una auténtica revolución social: más de treinta millones de personas, de una población de 200 millones, pasó de sustentar la economía sumergida a gozar de contratos de trabajo y a pagar impuestos. Con un nuevo salario mensual medio que bascula entre los 1.000 y los 3.000 reales (de 350 a 1.000 euros), esta nueva clase social (denominada la clase C) fue la que, empujada por los créditos bajos, tiró del consumo interno (que constituye el 60% del PIB total del país) y empujó la economía durante esos años de bonanza. "La paradoja es que esa franja de población, a la que el PT sacó de la pobreza y colocó con un contrato de trabajo y garantías de crédito, ahora paga impuestos y empieza a fijarse en otras alternativas políticas además de la del PT. Incluso mira a la derecha", dice Mendonça.

 

Los datos son apabullantes: en esta década prodigiosa brasileña, el porcentaje de personas que han pasado de clase D a C, con contrato de trabajo (y con posibilidades de pedir créditos y, por lo tanto, de tener vacaciones o subsidio de desempleo, hasta convertirse en auténticos aspirantes a consumidores) ha pasado de ser de 1/3 a 2/3. Una completa inversión que ha transformado el país. Entre 2004 y 2012, el consumo interno brasileño se disparó a una media del 7% anual. Un detalle: en 2004 la venta de coches (como la venta de casi todo) comenzó a aumentar: por entonces rozaba los 100.000 coches al mes. Llegaron, en enero de 2012, a sobrepasar los 300.000. Esta superproducción automovilística explica (además de ciertos desastres urbanísticos) los ingentes atascos que atenazan hoy por hoy las grandes ciudades brasileñas, especialmente Río de Janeiro o São Paulo, convirtiendo en clave el tema de la movilidad urbana en la campaña electoral.


El punto álgido de este crecimiento coincidió con la mayor protesta callejera de la historia moderna de Brasil. Miles de personas, en junio de 2013, salieron masivamente a la calle, sobre todo en São Paulo y Río de Janeiro, en una oleada imprevista que sorprendió a todo el país —incluido el Gobierno— demandando mejores servicios de transporte, de educación y de salud, y clamando contra él, según los manifestantes, despilfarrador presupuesto para el Mundial de fútbol. El detonante de la protesta fue, precisamente, una mínima subida del billete de autobús en algunas ciudades (que posteriormente fue retirada), pero que constituyó la gota que colmó el vaso de una población que aspira a ingresar de una vez en el primer mundo, harta de transitar por el tercero.


Paralelamente a las protestas, en 2013, el combustible que alimentaba buena parte de esta fenomenal maquinaria, el consumo interno, comenzaba a dar síntomas de fatiga, y acabó agotándose en 2014. En 2005, la deuda que soportaban los hogares brasileños, incluyendo las hipotecas, no pasaba del 20% de la renta total. Hoy supera el 45%. "Las familias ya han llegado a un límite de endeudamiento a partir del cual se compromete decididamente su presupuesto mensual. De ahí, entre otras cosas, el parón del consumo, una de las causas del retroceso actual de la economía", dice Fernando Sampaio, de la LCA Consultores.


Una de las herencias de esta fiebre consumista es la inflación, verdadero talón de Aquiles de la economía brasileña. El Gobierno ha respetado el límite del 6,5% establecido por el Banco Central, pero gracias a congelar artificialmente precios como el de la gasolina, lo que afecta, de rebote, a los ingresos de la mayor empresa del país, la petrolera estatal Petrobras. Con todo, los especialistas recuerdan que es un dato que coincide más o menos con la inflación del resto de los países emergentes.


El economista Antonio Correia de Lacerda añade que, además de este parón en el consumo interno, las exportaciones se ralentizaron por la crisis europea y la norteamericana. Y, especialmente, la crisis argentina, que afectó a la baja a la venta de automóviles al país vecino. Agrega además que la productividad industrial cayó en los últimos años como consecuencia no sólo del descenso de las ventas nacionales y extranjeras, sino de la falta de inversión y del peso de la ingente burocracia brasileña. Pero asegura que todo es coyuntural y que en 2015 el crecimiento volverá a Brasil a razón de un 1,5%. Es cierto que ya no se registrarán los números asombrosos de la pasada década, pero los especialistas coinciden en asegurar que, en compensación, la economía brasileña entrará o ha entrado ya —gracias a esa franja de población que se ha incorporado a la legalidad— en una fase de estabilidad duradera.


Una señal de esto último se encuentra en que a pesar del parón hay sectores que crecen ahora y que van a seguir haciéndolo. El sector de los seguros, por ejemplo. Las empresas de este ramo, tal y como explica José Carlos Macedo, de PAN Seguros, experimentan un auge gracias a la demanda de seguros de vida, de coches o de clínicas dentales. Los clientes son ese segmento de población que trata de asegurar lo que ha adquirido en los años de bonanza.


La marcha de la economía se ha vuelto uno de los temas favoritos de la campaña electoral. Dilma Rousseff aboga por un Estado intervencionista y por perseverar en las políticas de asistencia social que su partido, el PT, ha estado llevando a cabo desde 2002. El más conservador, Aécio Neves, plantea un programa más liberal, con un Banco Central menos a merced del Gobierno. Lo mismo Marina Silva, de origen humilde (aprendió a leer a los 16 años), exministra de Medio Ambiente de Lula, durante muchos años miembro del PT, hoy cabeza de lista del Partido Socialista de Brasil, y la única candidata capaz de arrebatarle el poder a la actual presidenta. "Esa franja decisiva de población, esos 30 millones de personas, ya no apoyan tanto al PT, pero jamás votarán a Neves, ya que no es uno de ellos. Por el contrario, Marina Silva, de origen muy humilde, pero con un programa económico más liberal, les atrae más electoralmente", explica Luiz Carlos Mendonça de Barros.


"En el fondo, lo que subyace en todo, además, es una gran pérdida de confianza, tanto de los empresarios como de los consumidores. Y a esa falta de confianza hay que añadir la incertidumbre. La gente no sabe qué va a pasar y no compra. ¿Y por qué cayó la confianza? Pues no se sabe. Eso no lo dicen las encuestas", se responde Sampaio. Este especialista añade que, a lo largo de los últimos años, Brasil ha sufrido crisis parecidas, pero que incluso con peores cifras relativas al desempleo o a la productividad, esa confianza no se desplomó. "Y ahora sí. Es algo inclasificable. Un pesimismo difícil de medir. Que tal vez tenga que ver con un exceso de optimismo anterior, con la certeza de que iba a ser todo tan fácil, de que no lo ha sido, y de ahí la caída repentina. Tal vez tenga que ver también con las manifestaciones de hace un año y medio, con el desencanto que destilaron y que se convirtió en algo contagioso".


Sampaio explica que será un desafío clave del próximo Gobierno, sea del color que sea, recuperar esa confianza para el país entero. "Al ser algo subjetivo, puede que se salga rápidamente y volvamos a un crecimiento económico lento, pero sin crisis alrededor, sin recesiones. Antes teníamos problemas de la balanza de pagos, de falta de dólares. Ahora no ocurre eso. Tenemos una reserva de 380.000 millones de dólares. Ahora es algo más difuso, pero también más normal. Lo de antes, ese crecimiento tan desaforado, también era anormal. Ahora ingresamos en la normalidad".

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Domingo, 21 Septiembre 2014 10:00

Tres ideas equivocadas

 

En estos días es fácil equivocarse. La turbulencia geopolítica, las crisis económicas y las convulsiones sociales se suceden a tal velocidad que no da tiempo de pensar con calma y calibrar bien lo que está sucediendo en el mundo.
En este ambiente tan revuelto, algunas ideas han arraigado tanto entre expertos como en la opinión pública internacional. A pesar de su popularidad, varias de ellas están equivocadas. Por ejemplo, estas tres:


1. Vladímir Putin es el líder más poderoso del mundo. Por ahora. ¿Pero cuán duradero es el enorme poder que hoy concentra? No mucho. La economía rusa, que no iba bien desde antes del conflicto con Ucrania, se ha debilitado aún más debido a las severas sanciones impuestas por Estados Unidos y Europa. El valor del rublo ha caído a su mínimo histórico, la fuga de capitales es enorme (74.000 millones de dólares tan solo en el primer semestre), la inversión se ha detenido y la actividad económica se contrajo. El Kremlin ha debido echar mano de los fondos de pensiones para mantener a flote grandes empresas cuyas finanzas han colapsado al perder acceso a los mercados financieros internacionales. La producción de petróleo ha disminuido y las nuevas inversiones de las que depende la producción futura se han parado. Por otro lado, el machismo bélico de Putin le ha dado nueva vida y mayor protagonismo a una organización que él detesta y que estaba en vías de extinción: la OTAN. Y esta semana se confirmó el fracaso de Putin en detener el acercamiento de Ucrania a la Unión Europea, después de que el Parlamento de Kiev y la Eurocámara ratificaran un acuerdo de asociación. Putin seguirá siendo un líder importante y sus actuaciones tendrán consecuencias mundiales. Después de todo, preside autocráticamente uno de los países más grandes del mundo y su nacionalismo lo ha hecho muy popular entre los rusos. Pero su estrategia económica, sus relaciones internacionales y su política doméstica son insostenibles.


2. Obama fracasó. La popularidad de Obama es la mitad de la de Putin. La renuencia del presidente norteamericano a intervenir militarmente, de manera mucho más agresiva, en Siria, Ucrania o contra el Estado Islámico le ha valido severas críticas. Su fracaso a la hora de lograr el apoyo del Congreso para aprobar leyes indispensables ha expandido la idea de que Obama es un novato que no sabe manejar el poder o que EE UU ya no es una superpotencia, o no sabe actuar como tal.


Esta afirmación se debe a que se tiende a sobreestimar el poder de EE UU. Y a la creencia de que basta con que la Casa Blanca decida intervenir para que los problemas se arreglen o se mitiguen. Esto nunca fue cierto, aunque antes el presidente norteamericano gozaba de un mayor grado de libertad que ahora. Pero el mundo ha cambiado, y el poder ya no es lo que era. Incluso el presidente de EE UU tiene menos poder que el que tenían sus predecesores. Desde esta perspectiva, Obama se ha manejado mucho mejor de lo que le conceden quienes creen que su cargo confiere poderes casi sobrehumanos.


3. China es la próxima superpotencia del planeta. Es inevitable que dentro de unos años China tenga la economía más grande del mundo. Sus fuerzas armadas también están creciendo rápidamente, así como su protagonismo internacional. Su influencia en África, América Latina y sus vecinos asiáticos es indudable. La capacidad del Gobierno chino para construir grandes infraestructuras es también incuestionable y su éxito económico y social es fenomenal. Esto hace que muchos supongan que China será la nueva potencia hegemónica del siglo XXI. Yo no lo creo. Sabemos que existen dos Chinas: una industrializada, moderna, la de los rascacielos, la globalización y gran dinamismo económico. Pero también sabemos que hay una China muy pobre y con enormes necesidades insatisfechas de vivienda, salud, educación, agua, electricidad, etc. El ingreso del 48% de la población que vive en esta China más pobre y rural es un tercio de lo que ganan sus compatriotas en las ciudades. Sorprende, además, que, a pesar de sus éxitos, el Gobierno muestre gran inseguridad. Gasta más en seguridad interna que en defensa externa, por ejemplo. Un tercio del territorio chino, Tíbet y Xinjiang, vive en una crónica ebullición política a la que Pekín responde con fuerte represión y permanente intervención militar. Y los esfuerzos gubernamentales por controlar la información, censurar Internet y limitar el intercambio de ideas son legendarios. Este ambiente inhibe la innovación, ingrediente indispensable para que un país tenga éxito.


Es obvio que China tendrá cada vez más peso en la economía y la política del mundo. Pero no será la potencia dominante.


En el siglo XXI ningún país podrá desempeñar ese papel.


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Viernes, 19 Septiembre 2014 08:14

La guerra de los 535 generales

Estados Unidos se lanza contra el Estado Islámico y el presidente Barack Obama, que llegó a la Casa Blanca en 2009 con la promesa de sacar al país de las largas guerras iniciadas por su predecesor, pondera ahora la paradoja de política internacional: el mundo repudia el intervencionismo yanqui y lo reclama como solución a crisis varias.


La Cámara de Representantes de Estados Unidos aprobó el miércoles, con el voto de 159 republicanos y 114 demócratas, una legislación que respalda, con numerosas condiciones, el plan abundante en ambigüedades del presidente Obama para dar batalla y despachurrar a los yihadistas que, pretenciosos, se denominan Estado Islámico (EI). El Senado, se espera, añadirá sus propias condiciones, restricciones, cautelas y prevenciones, pero Obama tendrá apoyo legislativo para hacer lo que él no explica bien y nadie entiende mejor.

Obama, encanecido en crisis y ya en la recta final de su segundo gobierno maneado por una oposición republicana intransigente, dijo al país que tiene autorización del Congreso para una acción militar contra el EI en Irak. Es la misma resolución que en 2003 dio a George W Bush el permiso para la invasión preventiva de un país que, hasta entonces, el dictador Saddam Hussein había mantenido unido con un terrorismo de Estado eficaz y probado.

La novedad en el discurso de Obama y lo que ha indicado su gobierno desde entonces es que Estados Unidos también llevará la campaña contra el EI dentro de Siria, que es donde en realidad operan dos tercios de la horda degolladora.

Cuando faltan menos de dos meses para las elecciones que renovarán un tercio del Senado y la totalidad de la Cámara baja, los 535 legisladores estadounidenses padecen una esquizofrenia política: deben aparecer como serios estadistas conocedores de los intríngulis de conflictos por los que se matan bandos múltiples en medio mundo, y deben atender a las preocupaciones de los votantes en sus respectivos distritos.

Las encuestas muestran que si a los estadounidenses se les pregunta cuán malos son los merodeadores de la bandera negra, el 90 por ciento está de acuerdo en que son malísimos. Y si se les pregunta si Estados Unidos debe hacer algo al respecto, el 80 por ciento dice que sí y que es urgente. Pero si la pregunta es si Estados Unidos debe enviar sus soldados a Irak otra vez para pelear una guerra ajena, el 75 por ciento responde que no. Estados Unidos ha estado en guerra desde 2001, ha perdido a miles de jóvenes en Afganistán e Irak para no arreglar nada, y ambos países se sumen en su propio caos tras la salida de los estadounidenses y sus aliados.

Las familias militares estadounidenses y el sistema de salud deben lidiar ahora con cientos de miles de hombres y mujeres mutilados, abollados físicamente por las bombas caseras, y psicológica y emocionalmente desbaratados por campañas prolongadas. En ambas guerras Estados Unidos ha gastado más de 1,3 billones de dólares en un período que incluyó la recesión económica más profunda y prolongada en casi 80 años.

Los estadounidenses están cansados de guerra justo cuando a Vladimir Putin se le despertó el oso, los niños centroamericanos se cuelan en la frontera, los africanos se masacran con ganas, y la lucha contra el virus de ébola requiere –en la visión estadounidense– el envío de 3 mil militares. Y los 535 generales del Capitolio indicándole al comandante en jefe qué debería hacer y qué no podrá hacer.

QUIÉNES SON LOS ENEMIGOS DE MIS ENEMIGOS. Para Washington el dilema, o los varios dilemas, porque en el Oriente Medio nada es claro, es en qué medida intervenir apoyando a quién sin que se enojen quiénes o se arme un estropicio peor.

La única fuerza militar local que, hasta ahora, parece capaz de plantar batalla a los yihadistas del Estado Islámico son los peshmerga, que funcionan como ejército propio del Kurdistán en el norte de Irak. Estados Unidos y sus aliados están suministrando armamento y vaya uno a saber cuánto tipo de otras ayudas no mencionadas públicamente, pero el apoyo a los kurdos tiene consecuencias indeseables para Washington. Hay minorías kurdas en Turquía, un aliado de Washington y miembro de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, y en Irán, adversario de Washington que ahora comparte con Estados Unidos el apoyo al gobierno de mayoría chiita en Bagdad, necesario para combatir a los extremistas sunitas que cuentan con la simpatía y el respaldo de Arabia Saudí. Irán también respalda al grupo palestino Hamas, que le da batalla a Israel, y a Hizbolá, que le da batalla al gobierno de Líbano y a Israel de vez en cuando. Turquía, que por su ubicación geográfica y capacidad militar es un elemento clave en una campaña contra el Estado Islámico, ha dicho que no participará porque no le simpatiza mucho la idea de un fortalecimiento kurdo. Irán, que debería ver con recelo la expansión del Estado Islámico, se opone a que Estados Unidos y sus aliados metan baza. Rusia, que al menos por proximidad geográfica y la presencia de poblaciones musulmanas en su panza sur debería preocuparse por tanta jihad, sólo funciona por ahora como proveedora de armas para casi todas las pandillas de cualquier bandera, un negocio lucrativo teniendo en cuenta el tesoro de guerra del Estado Islámico.

Los países musulmanes de mayoría sunita se declaran alarmados por la propagación explosiva del Estado Islámico pero hasta ahora nada hacen para detener a los revolucionarios medievalistas que, sin rienda, podrían derribar monarquías y emiratos que son, de palabra, aliados de Washington. De Europa han salido miles de jóvenes atraídos por la ideología simple, fanática y guerrera del Estado Islámico que algún día pueden retornar a casa para continuar su jihad. La lucha contra el EI implica combatir a la milicia que le ha dado más problemas al otro dictador que ha mantenido su país unido a pura represión, Bashar al Asad, en Siria, enemigo de Washington y de Israel, respaldado por Rusia e Irán, odiado por Arabia Saudí. El EI extermina a cristianos, judíos, chiitas, yazidis, kurdos e incluso sunitas que no le rinden pleitesía, secuestra mujeres para proveer a sus combatientes de úteros que producirán los combatientes del futuro, y da instrucción militar a niños desde los 12 años para que se conviertan en soldados que matan o "mártires" dispuestos a suicidarse con explosivos.

Todo esto luce como un embrollo del cual la gente sensata se apartaría, y la noción tiene su buen respaldo político en Estados Unidos. Hay senadores, como el republicano de Kentucky Rand Paul, que insisten en que Estados Unidos no debe meterse. Pero también los hay como el republicano de Carolina del Sur, Lindsey Graham, que insisten en que sólo Estados Unidos tiene la fibra, los medios tecnológicos y la voluntad para despachurrar al Estado Islámico, mientras que su correligionario de Arizona John McCain critica incesantemente a Obama porque no interviene lo suficiente. La misma división de opiniones ocurre entre los demócratas.

METETE NO TE METAS. El presidente Obama visitó esta semana la sede en Tampa, Florida, del Mando Conjunto Central, la provincia de operaciones del Pentágono que incluye a Irak, el Golfo, Afganistán y el este de África. Allí, ante los soldados que eventualmente irían a esta nueva campaña, prometió que Washington no pondrá nuevamente tropas estadounidenses en combate en Irak. De inmediato los críticos de Obama denunciaron el error de decirle al enemigo, en este caso el Estado Islámico, qué es lo que Washington no hará, con lo cual supuestamente los muchachos del degüello se sentirán alentados sabiendo que no aparecerán por allá las tropas más calificadas y mejor equipadas para combatirlos. Pero Obama también prometió que Estados Unidos asumirá el liderazgo en esta campaña. Para ello ha conformado una coalición que, según Washington, ya cuenta con el respaldo de medio centenar de países. Nadie sabe exactamente cuáles son esos países ni con qué han prometido que contribuirán.

Sin soldados estadounidenses pata en tierra, queda la opción del apoyo aéreo, la vigilancia desde satélites y los ataques con aviones robots (drones) contra el EI. La estrategia estadounidense, por lo que de ella puede verse, se apoya en la noción de que lo que ha nutrido la extraordinariamente rápida expansión del EI será precisamente la causa de su fracaso militar. El EI ha operado con unidades pequeñas extremadamente móviles y con armamento liviano, para extender su presencia en un tercio de Siria y un tercio de Irak. Contra esas unidades es limitada la eficacia de los bombardeos desde el aire. Pero para mantener el control del área conquistada y defenderla, necesitará conformarse como un ejército, con bases, líneas de abastecimiento, unidades que lleguen al tamaño de brigada. Y entonces se tornará vulnerable.

En cuanto a la batalla contra el EI dentro de Siria, la estrategia de Obama consiste en apoyar al llamado Ejército Libre de Siria, que lleva dos años peleando contra Asad y que supuestamente es controlado por los "opositores moderados" al régimen de Damasco.


Y esta es la confusión que una y otra vez ha puesto a Estados Unidos en apoyo de socios dudosos, cuando no malosos.

El ejemplo más contundente es el de Afganistán. En la década de 1980, para combatir a los invasores soviéticos, Estados Unidos financió, dio instrucción militar y armamento avanzado a los que entonces se llamaban muyaidines y hoy serían yihadistas. Al frente de los guerreros islámicos de muchos países, y en su mayoría sunitas, surgió Osama bin Laden. Y los muyaidines que ayudaron a vencer a la Unión Soviética contribuyeron a la instalación del régimen talibán en Kabul. El resto es historia.

Los múltiples conflictos en Oriente Medio tienen raíces históricas muy largas, y las que ahora alimentan estos frutos amargos datan de hace casi un siglo, cuando al final de la Primera Guerra Mundial se desmembró el imperio otomano –que eligió el bando perdedor– y las potencias ganadoras, en particular Francia e Inglaterra, se repartieron los despojos. Los europeos trazaron sobre mapas las líneas de "países" que servían a sus intereses, sin tener en cuenta la composición étnica o las diferencias religiosas de las poblaciones que quedaron a uno y otro lado de aquellas fronteras.

Ese mapa ha estallado. Con la invasión a Irak en 2003, Bush contribuyó a la disgregación, y ahora le ha caído a Obama en sus manos la bolsa llena de gatos.

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Martes, 16 Septiembre 2014 07:18

Cientos de víctimas en el Mediterráneo

Algunos hablan de 800 muertos en el mar Mediterráneo en esta última semana, otros de 600 en los últimos cuatro días a causa de cinco barcones naufragados. Sea la cifra que fuere –que desde el vamos es provisoria porque todavía no se han encontrado todos los cadáveres–, se trata de un número sin precedentes que acongoja el alma de cualquiera. Aparentemente, el primer naufragio se produjo el sábado frente a la isla de Malta, distante unos cien kilómetros de las costas de Sicilia; el segundo frente a las costas de Egipto, el tercero cerca de Libia y el cuarto y quinto el domingo, otra vez muy cerca de Libia, desde donde parten buena parte de las naves con inmigrantes de Africa y Medio Oriente. Porque Libia se ha transformado en los últimos años en un país obligatorio de pasaje para quienes quieran emigrar a Europa y puedan pagar algunos cientos de dólares a los traficantes que allí pululan. Pero ahora, con el agravamiento de la situación política en Libia, al parecer las fuerzas militares no respetan los acuerdos que el país tenía con otras naciones del Mediterráneo en materia de inmigración y hasta habría secuestrado barcos de traficantes para usarlos como naves de guerra contra las facciones insurgentes.

La Organización Internacional para las Migraciones (OIM), fundada en 1951, con base en Suiza y de las que forman parte 156 países, asegura sin embargo que a las víctimas de esos naufragios hay que agregar unos 500 desaparecidos el miércoles pasado a unas 300 millas marinas de Malta. Según la OIM, el incidente en este último caso fue producido por los mismos traficantes que embistieron a propósito la nave con los inmigrantes luego de una violenta pelea con ellos. El hecho lo relataron dos sobrevivientes palestinos a los representantes de OIM en Sicilia. Los dos jóvenes, de nacionalidad palestina, habrían escapado de Gaza a Egipto y allí se habrían embarcado para Europa. En el mar sobrevivieron agarrados a un salvavidas junto a otras personas, varias de las cuales no resistieron. Fueron auxiliados por un barco mercantil con bandera panameña.


"Estos trágicos eventos demuestran que siguen siendo necesarias las acciones de rescate en aguas internacionales, como viene realizando la marina militar italiana con la operación Mare Nostrum –dijo la OIM en una nota–. Pero también se ha hecho evidente el grado de aberración al que han llegado los traficantes que este año han hecho viajar a los migrantes en barcos cada vez peores y súper llenos, causando de modo directo o indirecto la muerte de miles de personas".


"La OIM hace un llamado a la comunidad internacional a fin de que se adopten modos eficaces para detener a estos criminales que deben ser identificados y perseguidos. En las condiciones actuales, el único camino para hacer ineficaces a estas organizaciones es comenzar a abrir canales legales de entrada a Europa para todas esas personas, hombres, mujeres, niños, que huyen de sus países en busca de protección", concluyó la OIM.


Por su parte, el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (Unhcr) ha estimado que sólo en 2014 han muerto en el Mediterráneo tratando de llegar a Europa más de 2500 personas, 2200 desde principios del mes de junio. Se calcula que han llegado 130.000 inmigrantes a Europa en estos meses por vía marítima, más del doble de los que lo hicieron el año pasado (60.000) en el mismo período. De ese total, 118.00 arribaron a Italia en gran parte gracias a la operación Mare Nostrum.


Como parte de una serie de medidas de solidaridad y basado en la responsabilidad compartida de los Estados, el Alto Comisionado para los Refugiados pide a los países que se elaboren alternativas legales y seguras para aquellos que huyen de los conflictos y las persecuciones, de modo que no se vean obligados a atravesar el mar en las condiciones que ahora lo hacen. Entre las propuestas figuran vistos estudiantiles o por motivos de trabajo, facilidades para las personas que quieren unirse con familiares ya residentes en Europa, admisión de migrantes por exigencias humanitarias, etcétera.


El problema es que las nuevas medidas de política migratoria que desde hace meses se esperan de parte de la Unión Europea están todavía en veremos. En enero se hablaba de que la UE no tomaría medida alguna hasta que no se dieran las elecciones que renovarían su Parlamento y sus autoridades. Pero las elecciones fueron en mayo y hasta ahora nada se ha visto. En una reunión que la exponente de la Comisión Europea Cecila Malmstrom y el ministro del Interior italiano, Angelino Alfano, tuvieron hace unos diez días, el exponente italiano planteó la urgencia de medidas europeas para ayudar a Italia con el tema migratorio. Pero Europa, se dijo en ese momento, sólo estará en condiciones de fortificar su programa llamado Frontex, teóricamente para proteger sus fronteras, en octubre y no se sabe todavía ni siquiera en qué consistirá.

 

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La OCDE revisó hoy a la baja sus perspectivas de crecimiento económico para sus grandes países y señaló que la zona euro no sólo sigue siendo la oveja negra de la recuperación, sino que hay un riesgo de deflación que podría perpetuar esa situación e incluso agravar la crisis de la deuda.


En su informe interino de Perspectivas, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) estima que el Producto Interior Bruto (PIB) de la zona euro aumentará este año un 0,8%, lo que significa cuatro décimas menos de lo que había calculado en mayo, y un 1,1% en 2015, seis décimas menos.


También corrige a la baja sus expectativas para Estados Unidos, aunque considera que su expansión -tras los efectos negativos de un invierno particularmente rudo a comienzos de 2014- va por buen camino: 2,1% este año en lugar del 2,6% avanzado en mayo y 3,1% en 2015 en lugar del 3,5%.

 

El Reino Unido es uno de los países que sale mejor parados, ya que su PIB debería progresar un 3,1% este ejercicio, sólo una décima menos de lo anticipado, y un 2,8% en 2015, una décima mejor que la cifra aventurada en mayo.


En Japón la actividad aumentará un 0,9% en 2014 (tres décimas menos) y un 1,1% en 2015 (dos décimas menos).
Dentro de la eurozona, la OCDE sólo da cifras de los tres mayores países y entre ellos el mejor comportamiento se espera en Alemania, aunque es menos favorable que el calculado hace cuatro meses: un 1,5% este año (cuatro décimas menos) y otro tanto el próximo (seis décimas menos).


Francia se tendrá que conformar con un 0,4% en 2014 (cinco décimas menos) y un 1% en 2015 (cinco décimas menos), mientras que Italia seguirá este año con una recesión del 0,4% (nueve décimas peor) y apenas recuperará un 0,1% el siguiente (un punto mejor).
El conocido como el club de los países desarrollados destaca como el mayor riesgo la posibilidad de que en la eurozona la inflación siga a una tasa muy baja que intensifique la debilidad de la demanda.


La organización, que toma como referencia lo que ocurrió en Japón en los años 1990, advierte de que con la actual situación de unos precios próximos al estancamiento hay riesgo de caer en la deflación.


La OCDE destaca que el mercado del empleo se está recuperando con lentitud globalmente y que ahí las diferencias entre sus países miembros también son marcadas. En la eurozona la tasa de desempleo apenas acaba de empezar a bajar frente a los picos que alcanzó en el punto álgido de la crisis, mientras que en Estados Unidos y el Reino Unido la creación de empleo se está produciendo a un ritmo "sólido", y en Japón se ha vuelto a niveles de paro equivalentes a los de antes del choque de 2008.

Los autores del estudio señalan que uno de los signos de que las condiciones del mercado laboral no han mejorado de forma significativa es que el crecimiento de los salarios es muy débil en muchos países, algo que ha permitido ganar competitividad en ciertos miembros de la zona euro, pero que ahora está frenando la recuperación del consumo interno.
La OCDE también incluye previsiones para las grandes economías emergentes, que no han cambiado para China, que debería crecer un 7,4% este año y un 7,3% el que viene.


Para Brasil, sin embargo, recuerda que cayó en recesión en la primera mitad de este ejercicio y sólo espera un alza de su PIB del 0,3% en el conjunto de 2014 (1,5 puntos menos de lo que había anunciado en mayo) y una recuperación del 1,4% en 2015 (ocho décimas menos).


La organización considera que sobre la economía brasileña pesan las incertidumbres políticas tras las inminentes elecciones presidenciales y también la necesidad de medidas en el terreno monetario (reducir el objetivo de inflación) y en el fiscal (una regla sobre el gasto público).

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Unas 150 personas se reencontraron en Valladolid durante las XIV Jornadas de Economía Crítica, que se realizan cada dos años en diferentes puntos de la península. Esta red se articula desde la resistencia y consolidación del pensamiento económico heterodoxo. Estas jornadas llevan más de 25 años facilitando la confluencia de economistas marxistas, poskeynesianos, feministas y ecologistas, entre otros. La próxima edición será en Madrid en 2016. En Valladolid tuvimos la oportunidad de conversar con Michel Husson, economista del Instituto de Investigaciones Sociales y Económicas que participó en el manifiesto ¿Qué hacer con la deuda y el euro?


Siete años después de la caída de Lehman Brothers, ¿cuál es tu balance de la crisis en Europa?


El balance de la crisis es que no salimos de ella. Seguimos, hoy en día, en la crisis, ya que no se tomaron las medidas necesarias: limpieza del sector financiero, implantación de nuevas reglas de funcionamiento del capitalismo financiero y refundar y construir el funcionamiento de la Zona Euro.


¿Qué implicaciones han tenido las decisiones políticas que se han hecho durante la crisis desde los gobiernos y desde la tecnoestructura de la UE?

El estado donde estamos ahora es el de las políticas de austeridad, de mayor movimiento de las finanzas públicas, que tuvieron como resultado lo que los economistas llaman doble W. Una caída, una pequeña recuperación y de nuevo una caída, con un alza muy importante del coste del pago de la deuda para casi todos los países, y discrepancias del grado de recesión de los países del Sur y del Norte. Mientras, no se ve ninguna perspectiva de salir de la crisis o de crear nuevos empleos. Seguimos en una onda muy larga de regulación caótica. No se sale de la crisis.


No se sale de la crisis, pero, como dices, hay diferencias entre el centro y la periferia de Europa.


La raíz de esta discrepancia entre Norte/Sur es fruto de una de las hipótesis o apuestas en la formación de esta Zona Euro, de una moneda única; hipótesis que consistía en la convergencia espontánea de las diferentes estructuras políticas, convergencia que no ocurrió. Quizá, uno de los aspectos más específicos de la zona euro es que tiene una crisis que acentúa la diferencia entre países con excedentes comerciales y países con déficit; por eso el impacto de la crisis es diferente entre esos dos tipos de países. En cambio, las políticas de 'no-solución' se basan en el análisis que concibe el origen de la crisis como causa de las importantes alzas salariales de los países del Sur. Por lo tanto, la conclusión y las políticas son reducir la cuota salarial de forma muy fuerte y reducir también lo que llamamos el Estado social, es decir, lo que llaman las reformas estructurales: reducir el sistema de pensiones, protección social, etc. En términos generales, reducir los gastos sociales. La no-solución de la crisis es una oportunidad para imponer las soluciones ultraliberales de destrucción, de saqueo del Estado social.


¿Cómo nos enfrentamos al sobreendeudamiento?


La diferencia es que dentro de la mitad del periodo de crisis hubo un aumento de los déficits en los países del Sur: los capitales entraban en los países del Sur para financiar este déficit, pero entraban los sectores más especulativos, y estos movimientos de capitales se pararon bruscamente. Entonces los mercados financieros tuvieron dudas sobre la capacidad de esos países de pagar sus deudas y sus intereses, y, por eso, subieron las tasas de interés que pidieron a esos Estados. Eso ha creado un círculo vicioso, porque la mayor austeridad fiscal conduce, de una manera paradójica, a más deuda y, entonces, a más intereses. Todo esto viene, principalmente, de una regla a nivel europeo que no da derecho a un Estado a financiar su déficit público de una manera que no sea a través de los mercados financieros. Se puede decir que los mercados financieros son los que deciden cuál es la buena política y la mala política. Si un Estado quisiera hacer otra política y no le gusta a los mercados financieros, este Estado tendrá que pagar más intereses. Por eso, una de las primeras condiciones para contemplar una política alternativa es financiar este déficit de otra manera que no sea mediante los mercados financieros. Y eso necesita una ruptura con las reglas europeas que impiden financiar el déficit de esta manera.


En España tenemos al Banco de España actuando como patronal de los bancos, y, en Europa, al BCE imposibilitando este tipo de vía. Por lo tanto, ¿qué piensas de la estructura del Euro y, concretamente, del debate que se está dando en los movimientos sociales sobre la posible salida del Euro, tanto de un país como de varios, o como una ruptura de la zona Euro? ¿Y qué perspectivas ves tú en este eje?

Mi argumento principal es [que hay que] decidir cada paso en su orden. Entonces, no hay que empezar con la idea de salir del Euro y decir que todo está resuelto. Pero si queremos hacer una buena política, un país que, en este caso, quisiera salir del problema de la deuda debería de hacer lo que está prohibido, es decir, hacer financiar su deuda por el Banco Central o por un organismo que se establezca a tal efecto, con el único papel de comprar los bonos públicos.


¿Cómo ves los movimientos en esta batalla que está por darse?

Se puede ver que hay un enemigo común, un proyecto anti-social que está en frente de todos los pueblos, mientras que hay muy poca coordinación, ya que cada uno tiene su manera de ver la situación. Esto, sin embargo, también abre un espacio a la versión nacionalista de este proyecto de salida del Euro. Es necesario un proyecto muy concreto que permita coordinar estas resistencias, estas luchas. En este proyecto hay dos ideas esenciales. Por un lado, la idea de un presupuesto común a nivel europeo para financiar proyectos de desarrollo (esencialmente, a nivel europeo) que sean coherentes con su lucha y con el cambio climático. Por el otro lado, el proyecto del salario mínimo proporcional al salario medio de cada país que impedirá esta caída salarial, y, especialmente, de la parte más pobre de los asalariados.

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Son tiempos de catarsis literarias en medio del declive relativo de Estados Unidos (EU) y de su orfandad de pensadores geoestratégicos. Quizá su desfalleciente política exterior unipolar sea reflejo de ello, al no saber ajustarse a la realidad tripolar jerárquicamente cupular del siglo XXI, acompañado por Rusia y China.

 

EU –país teleológica y ontológicamente unipolar– no sabe operar en la multipolaridad y ello provoca la inestabilidad global.


La mediocridad de la asesora de Seguridad Nacional de Obama, Susan Rice, de 49 años, es inagotable con su patético teorema del R2P(responsabilidad para proteger) en medio de atrocidades planetarias no pocas veces inducidas por las exacciones de Wa-shington que sirven de coartada para intervencionismos selectivos bajo el axioma de losderechos humanos asimétricos y correlacionados a los intereses geopolíticos de la Casa Blanca.


La excepcionalidad mesiá¬ni¬ca de EU, la nación indispensable, fue proferida por la clintoniana Madeleine Albright, de 77 años, más atenta a los negocios de Albright Stonebridge Group (http://goo.gl/FxUdnU), con Samuel Berger (ex asesor de seguridad nacional de Clinton) como puentepecuniario con el mayor banco de inversiones del planeta BlackRock/Blackstone y su asociado Evercore Partnership (http://goo.gl/nB3ag4 ).


Antes, otra Rice, Condy, asesora en seguridad nacional de Baby Bush, había expuesto su tropismo petrolero en representación de Chevron.


Zbigniew Brzezinski, asesor de Seguridad Nacional de Carter (86 años), después de haber aceptado que la unipolaridad de EU cesó de ser eterna ante el derrumbe de susociedad tecnotrónica y trilateral, sepultada por las derrotas militares en Irak y Afganistán –que versa en su reciente libro (http://goo.gl/DQcsWa)–, sigue aferrado a su obsesiva rusopatía y su caduco esquema de despedazar a Rusia carcomiendo a Ucrania ( El gran tablero de ajedrez mundial, de hace 17 años).


Antes de la novata Susan Rice, Obama tuvo como asesores de Seguridad Nacional al general de Marina James Jones (70 años), que pasó desapercibido, y luego al abogado Thomas Donilon (59), quien fue miembro del comité directivo del Grupo Bilderberg (http://goo.gl/vkxCI), a mi juicio, muy abultado y en caída libre desde el desplome de la Comisión Trilateral (EU/Europa/Japón).


El kissingeriano Brent Scowcroft (89 años) –con fuertes lazos con Lockheed Martin y la Iglesia de los mormones– es una mala copia del original: operador burocrático de ideas ajenas cuya figura fue aplastada por dos gigantes hoy anacrónicos: por Kissinger y Brzezinski.


Hoy Scowcroft navega en la irrelevancia en el Aspen Strategy Group que copreside con Joseph Nye (http://goo.gl/WqPBMP ).


Kisssinger (91 años) –del grupo financierista israelí-estadunidense Rockefeller–, uno de sus últimos mohicanos enmohecidos, se suelta con voluminosos cuan repetitivos libros y hoy en el ocaso de su vida anda en búsqueda del Orden mundial (obra que sale el 9 de septiembre) perdido en los escombros del Tratado de Westfalia de hace 366 años.


Quedan pocos pensadores lúcidos en EU de la talla del académico John Mearsheimer (67 años), profesor de ciencias políticas en la Universidad de Chicago y uno de los grandes teóricos de las relaciones internacionales de la escuela del neorrealismo, quien tiene en su haber el best seller El lobby israelí y la política exterior de EU. Su más reciente libro expone por qué los líderes mienten: la verdad sobre las mentiras en política internacional.


En un extenso ensayo para la revista bimensual Foreign Affairs, del muy influyente Consejo de Relaciones Exteriores, Mearsheimer inculpa a Occidente de la crisis de Ucrania: "las alucinaciones liberales que provocaron a Putin (http://goo.gl/EFe6Ir )".


Cita la entrevista premonitoria del genial diplomático estadunidense George Kennan de hace 16 años (http://goo.gl/jUusSJ) –quien implosionó conceptualmente a la URSS mediante su célebre política de contención (containment policy)–, donde fustigó la ratificación de la expansión de la OTAN por el Senado de EU: "Es el principio de una nuevaguerra fría; los rusos reaccionarán gradualmente y en forma adversa. (...) Es un error trágico (¡supersic!). No existe razón para ello. Nadie estaba amenazando a nadie".


Mearsheimer diagnostica que EU y los líderes europeos cometieron un error al tratar de convertir a Ucrania en un bastión occidental en las fronteras de Rusia. Expone la afrenta occidental del equipo de Clinton, refrendada por Baby Bush", y el financiamiento de 5 mil millones de dólares desde 1991 por EU para convertir a Ucrania en un satélite estadunidense mediante la ingeniería social occidental, como confesó Victoria Nuland (http://goo.gl/KdxiM2) –esposa del neoconservador straussiano israelí-estadunidense Robert Kagan–, asistente en el Departamento de Estado para asuntos europeos y euroasiáticos.


A juicio de Mearsheimer, Occidente creó la crisis y no era difícil vislumbrar la reacción de Rusia después de su clara advertencia en Georgia en 2008: basta imaginar el ultraje estadunidense si China construye una alianza militar impresionante que intente incluir a Canadá y México (sic) en sus dos fronteras.
Después de todos los agravios perpetrados contra Rusia –desde el golpe contra el presidente Yanukovych, pasando por la participación de Victoria Nuland y el senador John McCain en las manifestaciones contra el gobierno depuesto, hasta el injerencismo flagrante del embajador estadunidense Geoffrey Pyatt, ya no se diga la intromisión del vicepresidente Joseph Biden y el director de la CIA John Brennan–, la imposición del fondomonetarista Arseniy Yatsenyuk como primer ministro, no le quedó más remedio a Putin que reaccionar:Putin juega rudo.


Mearsheimer respeta a Putin y, al contrario de su satanización por los multimedia anglosajones, es un estratega de primera clase que debe ser temido y respetado por cualquiera que lo desafíe en política exterior. Considera que hasta ahora la respuesta de Putin a los eventos ha sido defensiva, no ofensiva.
Para Mearsheimer lo ocurrido esgeopolítica elemental: las grandes potencias siempre son sensibles a amenazas posibles cerca de su hogary sugiere que EU y sus aliados europeos deben abandonar su plan para occidentalizar Ucrania y en su lugar tener como objetivo convertirlo en un amortiguamiento neutral.
Concluye que EU algún día necesitará la ayuda de Rusia para contener el ascenso de China. La presente política de EU solamente empuja más cerca a Moscú y a Pekín. La presente política de EU y sus aliados europeos exacerbará las hostilidades con Rusia y devastará a Ucrania en el proceso en el que todos saldrán perdedores.


Otra opción es crear una Ucrania próspera, pero neutral que no amenace a Rusia y que permita a Occidente reparar sus relaciones con Moscú y así todos ganan.


Mientras en Occidente "se consagran a discutir bizantinamente qué hacer con Rusia, el zar Putin en forma imperturbable acaba de recordar a la OTAN que Rusia es una superpotencia nuclear con la que no se juega (http://goo.gl/uaOaq9).


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Sábado, 30 Agosto 2014 00:00

Europa no sabe cómo salir del ajuste

El continente sigue con cifras cada vez más alarmantes de recesión, deterioro de servicios sociales y pobreza, pero el dogma conservador sigue instalado como la única verdad para la economía.

 

Desde París

 

La "izquierda realista", el "social liberalismo", la "izquierda reformista y de futuro", los muchos nombres con los que se designa a los gobiernos socialistas europeos –pasados o presentes– se traducen en una misma política, cuya pertinencia se incrustó en el corazón de la crisis política. Esto es, austeridad, recortes y ahorros drásticos a todos los niveles como ingredientes del cóctel liberal que le UE sigue proponiendo a las sociedades. La aberración económica continúa como espina dorsal de la política europea. La sanción a esta política queda plasmada con cada publicación de los índices de crecimiento sin que los dirigentes contemplen modificar el rumbo. El fin del verano europeo y la consiguiente avalancha de realidades no inmutan a los dirigentes. El primer ministro francés Manuel Valls reiteró que estaba "excluido cualquier cambio de política". Las estadísticas, una vez más, vinieron a refutar la pertinencia de esa línea. El organismo Eurostat publicó a mediados de agosto los índices catastróficos de crecimiento para los 18 países de la zona Euro. Durante los tres primeros meses del año, el crecimiento del PBI se limitó a un 0,2 por ciento, muy lejos de las estimaciones de los analistas. Bruno Cavalier, economista en Oddo Securities, comentó al vespertino Le Monde que "incluso si la UE salió de la recesión desde hace cinco trimestres, el reequilibrio del PBI no es suficiente como para disipar el riesgo de una recaída".


Allí donde se mire hay una laguna estancada. Las tres primeras economías de la zona Euro, Alemania, Francia e Italia, se encuentran en estado durmiente: el PBI de Alemania retrocedió en 0,2 por ciento, el de Francia quedó en cero mientras que Italia, con un 0,2 por ciento negativo, cayó en recesión. El extenso ciclo de una política monetaria muy restrictiva, sumado a la austeridad presupuestaria, desembocó en un nuevo camino sin salida. La ortodoxia y el dogmatismo de las finanzas prevalecieron sobre los intereses de los pueblos. El euro y el ideal de las elites comunitarias de un déficit no superior al tres por ciento del PBI aplastaron el desarrollo. Como lo señaló el Premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz en una columna publicada por el portal Mediapart, "es evidente que, bajo su forma actual, el euro conduce al fracaso del continente".


Otro Premio Nobel de Economía, Paul Krugman, también puso en tela de juicio la política de austeridad impuesta por la clase dirigente europea. Según Krugman, "mucha gente seria se hizo embrujar por el culto a la austeridad, por esa creencia según la cual los déficit presupuestarios constituyen el peligro inmediato más identificado y no el desempleo en masa. Muchos creen que la reducción de los déficit resolverá en cierta forma un problema provocado en primer lugar por los excesos del sector privado". Hasta los liberales norteamericanos reaccionan con hostilidad. The New York Times atacó de forma frontal ese rasgo continuo de los europeos: el diario escribió que son "políticas erróneas de los dirigentes europeos que se obstinan en aplicar en desmedro de todas las pruebas de que se trata de un mal remedio".


Tras varios años sin otro horizonte que el de la austeridad, el único cambio significativo ha sido el giro liberal de los socialdemócratas europeos. Los males que la austeridad debían combatir siguen presentes: desempleo, déficit, crecimiento, reactivación económica, desendeudamiento de los Estados. Una vez más, Francia es un magnífico ejemplo de la mudanza ideológica y pragmática de los socialistas europeos. Hace unos días, el premier Valls calificó de "irresponsables" a los dirigentes socialistas que ponen en tela de juicio la política del gobierno. Luego, en una extensa entrevista-programa del presidente francés publicada por el vespertino Le Monde, François Hollande dijo que no había "escapatoria". El golpe de gracia vino con el cambio de gobierno y el consiguiente apartamiento de los líderes más a la izquierda que formaban parte del Ejecutivo y el nombramiento de un banquero de la banca Rothschild, Emmanuel Macron, como ministro de Economía.


Las promesas de antaño fueron reemplazadas por expresiones como "la verdad", "la lucidez", "la sinceridad", o sea, más austeridad, más reformas, más concesiones a las patronales. Sin embargo, a escala continental ya nadie cree en que austeridad conduzca a alguna forma de bienestar posterior. La empresa Gallup realizó un sondeo de opinión cuyos resultados muestran que los europeos no tienen confianza en esa panacea. Ante la pregunta "¿La austeridad consigue resultados en Europa?", el 51 por ciento respondió negativamente.


El sacrificio impuesto a las sociedades no hizo mover las agujas. Las del desempleo, en primer lugar. La tasa de desempleo se eleva al 10,5 por ciento en los 28 países de la Unión Europea. En Francia, el paro afecta al 10,4 por ciento de la población activa; en Portugal (con cinco planes de austeridad), al 15,2; en España (cuatro planes de austeridad), al 25,3; en Italia, al 12,7; en Grecia (diez planes de austeridad), al 26,7; y en Alemania, al 5,1. Las disparidades entre los países son enormes. En cuanto a la deuda pública global, la camisa de fuerza de las políticas de rigor presupuestario ha sido un fracaso: a finales de 2011, la deuda estatal de los países de la zona Euro había subido en 2,3 puntos del PBI. A principios del año pasado, la deuda se incrementó en 4,9 puntos.


El impacto social de esta política tiene también consecuencias en otros sectores. Un informe elaborado por el comisario europeo para los Derechos Humanos en el Consejo de Europa, Nils Muiznieks, revela los estragos paralelos de esta casi dictadura de la austeridad: educación, salud, alimentos, acceso al agua, trabajo o vivienda, la lista de los sectores dañados es enorme. El informe, titulado "Preservar los derechos humanos en tiempos de crisis", revela también que el ochenta por ciento de la población mundial está afectada por la disminución de los gastos públicos (5,8 mil millones de personas). El famoso proyecto de construcción europea se quedó sin relato colectivo, sin discurso político. Su único mensaje consiste en pedirle a la sociedad más y más esfuerzos en nombre de un futuro que ningún dirigente del Viejo Continente ha sido capaz de diseñar. La continuidad grisácea de la austeridad predomina sobre cualquier invención política o económica.


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