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Conforme se aproximan las elecciones en Estados Unidos, con gran cautela se vuelve la política exterior uno de los puntos a debatir. No es secreto que durante los últimos 50 años ha existido cierta consistencia de largo plazo en la política exterior estadunidense. Las diferencias internas más agudas ocurrieron cuando George W. Bush asumió la presidencia y lanzó un intento supermacho, deliberadamente unilateral, por restaurar la dominación de Estados Unidos en el mundo mediante las invasiones de Afganistán e Irak.

 

Bush y los neoconservadores confiaban en intimidar a todos en el mundo utilizando la fuerza militar para cambiar los regímenes que el gobierno estadunidense juzgara poco amistosos. Como resulta claro hoy, la política neoconservadora falló en su propio objetivo. En vez de intimidar a todos, tal política transformó la lenta decadencia estadunidense en una precipitada caída. En 2008, Obama compitió con una plataforma que proponía revertir estas políticas, y en 2012 alega que ya cumplió su promesa y que, por tanto, deshizo el daño que ocasionaron los neoconservadores.

 

Pero, ¿acaso sí deshizo el daño? ¿Pudo haber deshecho el daño? Lo dudo. Pero mi intención aquí no es discutir qué tan exitosa es o no la política exterior estadunidense en este momento. Más bien quiero discutir lo que el pueblo de Estados Unidos piensa acerca de ésta.

 

En la opinión pública el elemento más importante relacionado con la política exterior estadunidense es la incertidumbre y la falta de claridad. Las encuestas recientes muestran que por vez primera una mayoría de estadunidenses piensa que las intervenciones militares que emprendió Bush en Medio Oriente fueron un error. Lo que todas estas personas parecen ver es que hubo un enorme derroche de vidas y dinero estadunidenses, con que se obtuvieron resultados que a la gente le parecen muy negativos.

 

Perciben que el gobierno iraquí está más cerca en sentimiento y en política al gobierno iraní que a Estados Unidos. Perciben que el gobierno afgano tiene bases muy endebles –con un ejército infiltrado por los suficientes simpatizantes talibanes que pueden disparar a los soldados estadunidenses con quienes trabajan. Quieren que las tropas de Estados Unidos abandonen Afganistán en 2014 como lo prometieron, pero no creen que, una vez que las tropas se retiren, vaya a haber un gobierno estable en el poder, uno que sea relativamente amistoso hacia Estados Unidos.

 

Es significativo que, en el debate entre los dos candidatos a la vicepresidencia, el demócrata Joe Biden haya afirmado con vigor que no enviarían tropas estadunidenses a Irán. Y que el republicano Paul Ryan dijera que nadie en su bando estaba pensando en enviar tropas. Ambos pueden o no estar diciendo la verdad acerca de sus posturas. Lo notable es que ambos piensen que cualquier amenaza de su parte relacionada con enviar tropas de tierra podría lastimar las posibilidades de su partido con los votantes.

 

Entonces, ¿qué? Ésa es precisamente la cuestión. La misma gente que dice que las intervenciones estadunidenses fueron un error todavía no está dispuesta a aceptar la idea de que Estados Unidos no debería continuar manteniendo o expandiendo el alcance de sus fuerzas militares. El Congreso estadunidense continúa votando en favor de presupuestos para el Pentágono que son mucho más vastos de lo que el propio Pentágono solicita. Esto es, en parte, resultado de que los legisladores quieren mantener empleos en distritos donde tales empleos se vinculan con las fuerzas armadas. Pero también es porque el mito de la superpotencia estadunidense sigue siendo un compromiso emocional muy fuerte para virtualmente todos en el país.

 

¿Hay en la perspectiva un aislacionismo oculto? Hasta cierto punto, no hay duda. Hay, sin duda, votantes más a la izquierda o más a la derecha que comienzan a afirmar con más contundencia lo deseable y necesario que es reducir el involucramiento militar estadunidense en el resto del mundo. Pero creo que al momento esto no representa una gran fuerza. No todavía.

 

En cambio, lo que podemos esperar es una lenta y callada revisión, no por eso menos importante, de cómo sienten los estadunidenses acerca de series particulares de aliados. El alejamiento de Europa, sea cual fuere la forma en que definamos Europa, lleva ya largo tiempo ocurriendo. A Europa se le considera un tanto "ingrata", tomando en cuenta todo lo que Estados Unidos hizo por ella en los últimos 70 años militar y económicamente. Para muchos ciudadanos estadunidenses Europa parece muy poco deseosa de respaldar las políticas de Washington. Actualmente se están retirando tropas de Estados Unidos de Alemania y de otras partes.

 

Por supuesto, Europa es una categoría grande. ¿Acaso el estadunidense ordinario tiene diferentes puntos de vista acerca de Europa oriental (los satélites ex soviéticos)? ¿O acerca de Gran Bretaña, con quien se supone que Estados Unidos mantiene una "relación especial"? La "relación especial" es más un mantra de los británicos que de los estadunidenses. Estados Unidos recompensa a Gran Bretaña cuando se mantiene en la línea, pero no cuando se sale de ésta. Y el estadunidense ordinario apenas si es conciente de este compromiso geopolítico.

 

Europa oriental es diferente. Ha habido presiones reales de ambas partes para mantener una relación cercana. Por el lado estadunidense, ha habido un interés del gobierno por utilizar el vínculo con Europa oriental como forma de contrarrestar las tendencias de actuación independiente que mantiene Europa occidental. Y hay presiones por los descendientes de los migrantes de estos países para expandir los vínculos. Pero Europa oriental comienza a sentir que el compromiso militar estadunidense se adelgaza y se torna poco fiable. Comienza a sentir que los lazos económicos con Europa occidental, Alemania en particular, son más importantes para ellos.

 

El antagonismo hacia México debido a los migrantes indocumentados ha llegado a jugar un papel importante en la política estadunidense y ha estado socavando los supuestos lazos económicos cercanos con México. Y en cuanto al resto de América Latina, el crecimiento de su postura geopolítica independiente es fuente de frustración para el gobierno estadunidense y de impaciencia para el público en ese país.

 

En Asia, golpear a China es un juego que crece en popularidad, pese a los esfuerzos de los gobiernos estadunidenses (tanto republicanos como demócratas) de mantenerlo a raya. A las firmas chinas se les impiden algunos tipos de inversión en Estados Unidos que incluso Gran Bretaña permite.

 

Y finalmente está Medio Oriente, área central de preocupación estadunidense. Actualmente el foco está puesto sobre Irán. Y al igual que en América Latina, el gobierno parece frustrado con sus limitadas opciones. Está presionado constantemente por Israel para hacer más, aunque nadie está muy seguro de lo que significa ese "más".

 

El respaldo para Israel de todos los modos posibles ha sido una pieza central de la política exterior estadunidense desde por lo menos 1967, si no es que desde antes. Poca gente se atreve a cuestionarla. Pero esos "pocos" comienzan a tener el respaldo de figuras militares que sugieren que la política de Israel es peligrosa en términos de los intereses militares estadunidenses.

 

¿Continuará imbatible en los próximos 10 o 20 años el penetrante respaldo hacia Israel? Lo dudo. Israel puede ser el último de los compromisos emocionales de Estados Unidos que se desvanezca. Pero es casi seguro que habrá de esfumarse.

 

Es probable que para 2020 y para 2030 la política exterior comience a digerir la realidad de que Estados Unidos no es la única superpotencia todo poderosa, sino simplemente uno de los cuantos loci de poder geopolítico. El cambio en la perspectiva será impulsado por la evolución en los puntos de vista de los estadunidenses ordinarios, quienes continúan estando más preocupados por su bienestar económico que por los problemas que yacen más allá de las fronteras. Y conforme el "sueño americano" atrae a menos y menos no estadunidenses, se vuelve hacia dentro en Estados Unidos.

Traducción: Ramón Vera Herrera

© Immanuel Wallerstein

 

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Viernes, 25 de Mayo de 2012 07:31

El crimen se combate conociendo sus causas

¿Cuáles son las opciones abiertas a los pueblos latinoamericanos frente a la creciente ola de criminalidad que azota la región? No descartamos al hacer esta pregunta la creciente penetración del crimen organizado en nuestras instituciones. ¿Quiénes son los actores sociales que pueden enfrentar este flagelo con valor y decisión? Los gobernantes no pueden esconderse detrás de cifras manipuladas o echarle la culpa a grupos sociales inventados por las agencias internacionales.

El incremento de la criminalidad y sus consecuencias son el resultado de un proceso de desindustrialización que afecta a Panamá y a toda la región latinoamericana. La desindustrializacion ha tenido un impacto que va mucho más allá de los números y de las cifras económicas. La masa de trabajadores disciplinada tiende a desaparecer y ser reemplazada por el trabajador informal o precario. El trabajador informal es el ideal en la concepción equivocada del empresario que busca un “colaborador” para cumplir con tareas en el marco del concepto de “just in time” o justo a tiempo.

Este trabajador no tiene empleo estable y, como consecuencia, tampoco tiene una disciplina que le permita organizarse como trabajador y tampoco puede organizarse como hombre o mujer de familia.

No sólo se debilita el sindicato y todo lo que eso implica, también se desintegra la familia y todos los valores asociados a esa institución. La desintegración de la familia hace estragos a nivel de la comunidad donde desaparece la red solidaria de jefes de familia, amas de casa y, sobre todo, de niños y adolescentes que adquieren sus valores primarios en ese marco.

Las instituciones comunitarias tienden a desparecer. Las escuelas son abandonadas por las familias desintegradas y los maestros que quedan tienden a frustrarse al no encontrar una referencia de apoyo en la comunidad. La escuela es invadida por elementos extracomunitarios asociados a la delincuencia, incluso al crimen organizado. Los jóvenes son reclutados por estas organizaciones con amplias redes. La corrupción, la “protección” y la trata de personas constituyen los primeros escalones. Después son introducidos a las tareas de distribución de drogas ilícitas y al control territorial de los mercados.

La desintegración de los centros de trabajo y de las organizaciones laborales son los primeros pasos en el camino hacia la formación de delincuentes. No hay que olvidar que a mediados del siglo XX (en el caso de Panamá), la desintegración de la comunidad campesina y la desaparición de ese tipo de organización familiar, fue reconstruida - tras un trauma - por la familia obrera en las formaciones urbanas.

En la actualidad, sin embargo, la familia obrera no está siendo reemplazada. Es lo que algunos ideólogos llaman la sociedad post industrial o pos moderna, sin valores y destinada a reproducirse sin referentes o valores.

La debacle o recesión económica del sistema capitalista a escala mundial ha creado un vacío que urge llenar con nuevas propuestas de organización social que le permitan a los pueblos del mundo reconstruir sus sociedades libres del crimen. El “boom” económico panameño – pasajero – debe servir para enfrentar la recesión que se avecina. Sin embargo, los gobiernos se resisten a planificar para el futuro.

Además, en muchos foros se insiste en levantar falsas expectativas en torno al problema del crimen organizado, planteando que no son problemas o que se deben a estructuras dañadas que pueden ser reparadas. En otras palabras, son problemas que pueden resolverse mediante ajustes parciales en las políticas sociales. Estos son los famosos programas focalizados que distribuyen prebendas en el marco de políticas clientelistas destinados al fracaso.

No se percatan que el crimen organizado es el resultado de políticas que se aplican en forma coherente al más alto nivel. Constituyen un conjunto de leyes que hacen inviables las actividades económicas productivas: industria y agricultura. Que impide que los niños y adolescentes puedan completar su educación. Son políticas que destruyen sistemáticamente a las comunidades del país. ¿Por qué la legislación privilegia y promueve los negocios relacionados con los juegos del azar, la trata de blancas y el blanqueo de dinero? ¿Por qué se legisla para legalizar y supuestamente justificar la expropiación de las tierras de campesinos, indígenas y pescadores?

¿Qué justifica que se crean batallones militares especiales para reprimir a las comunidades que defienden sus tierras y que son acusadas de ser aliadas de fuerzas políticas insurrectas?

La seguridad nacional responde a una ecuación sencilla que no puede ser manipulada. En la base de la sociedad tiene que existir una población constituida por trabajadores – hombres y mujeres - productivos en cuya instancia familiar se forma la generación de relevo, que garantiza la estabilidad de la sociedad a largo plazo. Las políticas al más alto nivel tienen que resguardar esa constitución básica mediante planes y una legislación consecuente.

En la actualidad, sólo existen planes para que ciertos sectores de la sociedad puedan invertir capitales (de dudoso origen) en negocios rentables. No existen planes para invertir los enormes ingresos del gobierno en actividades productivas, como la industria y el agro. Esta contradicción que se presenta en todos los países de la región explica la profundización cada vez más peligrosa de la criminalización de las relaciones sociales a todos los niveles de la sociedad.

Panamá, 24 de mayo de 2012.

- Marco A. Gandásegui, hijo, es docente de la Universidad de Panamá e investigador asociado del Centro de Estudios Latinoamericanos (CELA) Justo Arosemena.
http://marcoagandasegui11.blogspot.com

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Martes, 28 de Junio de 2011 07:09

Libia es nuestro futuro

1
Ningún hombre es una isla; la muerte de cualquiera me afecta, predicaba John Donne. Ningún país está fuera del planeta: el genocidio cometido contra un pueblo me asesina. Todo lo que acontece en Libia me hiere, te daña, nos afecta.


2
Hablemos como hombres, y no como chacales o monopolios mediáticos. A Libia no se la bombardea para proteger su población civil. A ningún pueblo se lo protege arrojándole explosivos ni despedazándolo con 4.300 ataques “humanitarios” durante más de cien días. A Libia se la incinera para robarle su petróleo, sus reservas internacionales, sus aguas subterráneas. Si el latrocinio triunfa, todo país con recursos será saqueado. No preguntes sobre quién caen las bombas: caerán sobre ti.

3
Encarcelaron a los comunistas; nada podría importarme menos, porque no soy comunista, ironizaba Bertold Bretch. El Consejo de Seguridad de la ONU aprueba una zona de “exclusión aérea” a favor de los secesionistas libios, pero permite un bombardeo infernal; China y Rusia se abstienen de vetar la medida porque como no son libios nada podría importarles menos. De inmediato Estados Unidos amenaza a China con declarar una “moratoria técnica” de su impagable deuda externa con ella y agrede Pakistán. China replica que “toda nueva injerencia de Estados Unidos en Pakistán será interpretada como acto no amistoso” y arma al país islámico con cincuenta cazas JF-17. Ningún pueblo está fuera de la humanidad: si no vetas la agresión contra otro, la desencadenas contra ti.

4
Cuenta Tolstoy que un oso ataca a dos campesinos: uno escala un árbol, cediendo al otro el privilegio de defenderse solo. Éste vence, y cuenta que las últimas palabras de la fiera fueron: “Quien te abandona no es tu amigo”. La Liga Árabe, la Unión Africana, la OPEP trepan al árbol de la indecisión esperando el turno de ser descuartizadas. Al abandonar a las víctimas te abandonas.

5
Como en los tiempos cuando el fascismo asaltaba África, hoy Italia, Alemania, Inglaterra, Francia y otros sicarios de la OTAN sacrifican armamentos y efectivos en una guerra que sólo favorecerá a Estados Unidos. Impedido por su Congreso de invertir fondos abiertamente en el conflicto, Obama regaña a sus cómplices de la OTAN porque sacrifican al gasto militar menos del 2% de sus PIB, y les ordena inmolar por lo menos el 5% (“El futuro de la Otan”, Editorial El País, 15-6-2011). Son instrucciones inaplicables cuando la protesta social, la crisis financiera, la deuda pública impagable y el mismo gasto armamentista socavan los gobiernos del G-7. Ante tales requerimientos, Italia opta por no participar más en en el agavillamiento. La Agencia Internacional de Energía autoriza para gastar de las reservas que no tiene sesenta millones de barriles de petróleo en dos meses. Estados Unidos derrocha para 2010 un gasto militar de 698.000 millones de dólares, 43% del total mundial de 1.600.000 millones de dólares (Confirmado.net 17-6-2011). Así se dilapilan en muerte los recursos que deberían salvar la vida. Si montas guerras para devorar a otro, las guerras te devorarán a ti.

6
Como en épocas de Alí Babá y los cuarenta ladrones, los banqueros internacionales que tan benévolamente recibieron 270.000 millones de dólares en depósitos y reservas de Libia asaltan el botín y estudian traspasarlo a quienes intentan asesinar a los legítimos dueños. También le crean a los monárquicos de Benghazi un banco central y una divisa secesionistas. Son los mismos financistas cuyo latrocinio cuesta a la humanidad el actual colapso económico: no indagues a quién roban los banqueros: te desfalcan a ti.

7
Al estilo de las blitzkrieg nazis, el presidente de Estados Unidos inicia guerras sin autorización de sus legisladores y las prolonga ignorando al Congreso, donde diez diputados denuncian al Presidente y al secretario de Defensa saliente Robert Gates y vetan los fondos para la agresión contra Libia tachándola de ilegal e inconstitucional. No averigües si debes imponer a tiros la democracia a otros pueblos: antes acaba con los vestigios de ella que quedaban en tu propio país.

8
Cada hombre es pieza del continente, parte del todo, insiste John Donne. Los enemigos del hombre no cesan de fragmentarlo para destruirlo mejor. Los imperios, que son inestables rompecabezas de piezas juntadas a la fuerza, en el exterior fomentan o inventan el conflicto de civilización contra civilización, la rencilla del iraní contra el kurdo, del chiíta contra el sunita, del hindú contra el musulmán, del serbio contra el croata, del descendiente contra el ascendiente, del ancestral contra el menos ancestral, del libio contra el libio, del venezolano contra el venezolano. De cada variante cultural pretenden hacer un paisito y de cada paisito un protectorado. Quien nos separa nos hace añicos, quien me divide me mutila. No indagues cómo trizan Libia: te descuartizan a ti.

9
Todo pillaje arranca con promesas de golpe fácil y se empantana en carnicería insoluble. Las guerras de Afganistán, Irak, Libia, Yemen y la agresión contra Pakistán despegan como paseos triunfales, se estrellan en holocaustos catastróficos y ninguna concluye ni se decide. La resistencia de sus pueblos retarda la inmolación de la que no te librarán ni vetos omitidos ni organizaciones abstencionistas ni banqueros carteristas ni Congresos nulificados. No preguntes por qué son asesinados los patriotas libios: están muriendo por ti.

Por Luis Britto García
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Martes, 18 de Enero de 2011 05:54

El sur del sur también existe

El conflicto en Punta Arenas por el alza del precio del gas, en la única zona de Chile de donde se extrae petróleo y gas, deja en evidencia la ausencia de una política de desarrollo regional del gobierno central de Chile y el predominio de los intereses del mercado por sobre los intereses del país y de la región más austral de Chile.

La principal empresa de Magallanes de capital nacional y del Estado chileno es la Empresa Nacional del Petróleo (ENAP) y una de las más importantes del país junto a la Corporación Nacional del Cobre (Codelco). Hablar de la ENAP es sinónimo de Magallanes como decir Codelco, norte de Chile. Estas dos empresas son un botín a conquistar por el capital privado, cuya meta es la maximización de beneficios al mínimo costo, objetivo lícito en una empresa privada pero que se contrapone muchas veces a los intereses de la Nación y de la sociedad en general.

¿Qué hay detrás del conflicto o guerra del gas en Magallanes? La respuesta parcial a este interrogante es la enajenación de la renta del gas. ¿A beneficio de quién? Para dilucidarlo hay que analizar quiénes son los principales demandantes de este recurso en la región. Por un lado se tiene a la población de Magallanes y por el otro, a la empresa extranjera Methanex.

La ENAP vende este recurso para consumo domiciliario de las familias magallánicas a un promedio diario de 700 mil metros cúbicos. Por otro lado, la firma extranjera Methanex recibe diariamente más de 1.600.000 metros cúbicos de gas por parte de la ENAP a un precio inferior que el que pagan las familias magallánicas. El hidrocarburo es transformado a metanol, y posteriormente, vendido para ser utilizado como combustible de aviones.

¿Quién controla a la ENAP y autoriza esta política de discriminación de precios? El gobierno que actúa en beneficio de Methanex y en perjuicio de la población que hace historia en el sur del sur de Chile.

El siguiente paso de esta historia y siguiendo la lógica del mercado y no la de los intereses geopolíticos del país es la enajenación de ENAP o privatización. Para esto el camino a seguir es trivial: señalar que es deficitaria e ineficiente como se hizo en la historia reciente de Chile y América latina para justificar la privatización de un activo rentable

¿Quiénes son los favorecidos de este negocio? El capital extranjero. ¿Y cuál empresa? Una empresa de origen canadiense que los magallánicos conocen. Para hacer la operación más “transparente”, lo adecuado es hacerlo a través de capital dividido en acciones que se cotizan en la bolsa y dan origen a las sociedades anónimas. El siguiente paso es entonces privatizar ENAP, para el beneficio de unos pocos donde “aparentemente” para el Poder Ejecutivo sobra la población de Magallanes.

El actual gobernante desea aumentar la apuesta y amenaza a la población del sur del sur de Chile que de no cesar la protesta ciudadana, que ayer cumplió ocho días, se les aplicará la ley de seguridad interior del Estado, que suena mejor que Estado de Sitio. Este comprenderá a la Región de Magallanes, Ultima Esperanza, Tierra del Fuego y Antártica chilena. Esto refleja la nula visión geopolítica del titular del Poder Ejecutivo, que el año pasado envió fuerzas policiales para reprimir en Isla de Pascua, territorio insular chileno ubicado en la Oceanía.

La protesta de Magallanes deja en evidencia la crisis del sistema político chileno, su verticalismo y centralismo. En la actualidad no hay autoridades regionales –intendentes y gobernadores– competentes, pues estos son nombrados por el Ejecutivo, en vez de ser electos por el voto popular, como corresponde en un régimen democrático representativo. De esta forma se puede observar que los alcaldes, concejales, diputados y senadores electos por el voto popular apoyan la legítima protesta de Magallanes; no es el caso de las autoridades regionales designadas sin el voto popular. El Poder Ejecutivo, en vez de llamar al diálogo y a ampliar la participación de los ciudadanos con más democracia, responde encerrándose en sí mismo y negándose al diálogo, desconociendo las legítimas demandas de la ciudadanía de Magallanes, abriendo el camino a la militarización y criminalización de las protestas y al incremento de la represión sobre la población civil.

Que una de las consignas en Magallanes y en los diferentes lugares de Chile donde se han manifestado los magallánicos haya sido “Piñera atina o nos vamos pa’Argentina”, dice mucho. Cuando se plantea esto es que “¡Nos vamos pa’Argentina como región!”. La XII Región de Magallanes y de la Antártica Chilena tiene una superficie en la zona continental de 132.033,5 km² y en el Territorio Antártico de 1.250.257,6 km². La superficie de Chile Continental es de 756.096 k km². ¿Por qué se ha llegado a esta situación? Por el grado de abandono y la ausencia de políticas de desarrollo en una zona rica en recursos naturales, gran atractivo turístico e importancia geopolítica.

Esto contrasta en forma notable con lo que ocurre en el país vecino donde sí existe una estrategia de desarrollo para el sur del sur de Argentina. Las ciudades de Río Grande, Ushuaia, Río Gallegos, crecen en términos de su PIB, en términos poblacionales, de infraestructura. Con ellas Magallanes establece una comunicación natural en términos geográficos y un mayor grado de integración social que con el “norte” o Chile, del que se encuentran aislado geográficamente.

En síntesis, las medidas del Poder Ejecutivo dañan la seguridad nacional al castigar duramente al sur del sur de Chile, sus habitantes, su economía y su territorialidad. Los magallánicos y chilenos elegimos la democracia como forma de vida y no la autocracia de los mercados.

Por José Salvador Cárcamo
* Desde Santiago, Chile
* Economista y MDN (Master en Defensa Nacional), nacido en Punta 

Se agudiza el conflicto del gas en Chile

Antes de que el rescate de los 33 de Atacama fuese un tema mundial, el ministro de Minería, Laurence Golborne, no figuraba en ninguna de las encuestas políticas que en Chile son una constante mes a mes. Sin embargo, tras el exitoso proceso que logró sacar con vida a los mineros, el ex gerente general de Cencosud –matriz de Easy y Jumbo, entre otras– los eclipsó a todos en popularidad, muy por encima incluso de su jefe, el presidente Sebastián Piñera, que ha ido cayendo fuertemente en los sondeos. Con ese capital político, que lo tiene como carta casi segura para las presidenciales del 2014, Piñera lo nombró biministro, agregando a sus labores la cartera de Energía, ministerio que quedó acéfalo el pasado viernes, cuando a Ricardo Reineri se le solicitó dejar su cargo, luego de numerosos desaciertos en la denominada crisis del gas en la parte chilena de Tierra del Fuego.

Golborne aclaró de entrada que la solución debe “ser realista”, pues el alza del hidrocarburo de 16,8 por ciento decretada por el gobierno no puede retroceder a “reajuste cero”, dada la inflación de 2010.

Este escenario, marcado por el paro en las ciudades australes más importantes, bloqueos de caminos y aeropuertos, el reclamo de los turistas varados y un clima a ratos muy hostil, lo recibió ayer en Punta Arenas, la capital regional. Una vez que el helicóptero de la Fuerza Aérea Chilena tocó suelo fueguino, Golborne partió a reunirse con la mesa de diálogo, liderada por el obispo local, Bernardo Bastres, y secundada por gente del gobierno, legisladores, comunidad y alcaldes, con la misión de poner sobre el tapete la última propuesta del gobierno: subir el precio del gas en 3 por ciento por 10 meses, hasta que se apruebe una ley general de corto y largo plazo.

Sin embargo, la decisión de La Moneda, la noche anterior, de invocar la ley de seguridad del Estado contra los integrantes de la Asamblea Ciudadana –que coordina las manifestaciones– y contra los parlamentarios de la zona, fue otra de las tareas que Golborne tuvo que explicar, pues no cayó nada de bien y más bien exacerbó otra vez los ánimos.

“Es un absurdo, es como intentar apagar el fuego con bencina en vez de apaciguar los ánimos. Es evidente que nos ha puesto en un escenario tremendamente difícil. El gobierno ha cometido un error rotundo. Aquí hasta el momento ha habido una protesta pacífica en líneas generales, con alguna excepción para confirmar la regla”, indicó el alcalde de Punta Arenas, Vladimiro Mimica.

Los reclamos a esta medida cruzaron transversalmente el espectro político chileno, pues no sólo la oposición sino que varios representantes del oficialismo la rechazaron. “Estas son las paradojas de una acción absolutamente carente de todo criterio de gestión política, lo que más necesita Magallanes en estos momentos es el diálogo”, sintetizó el presidente del Partido Socialista, Osvaldo Andrade.

El anuncio del gobierno de que presentará querellas a los responsables de desmanes y del bloqueo de las rutas en el marco de la ley de seguridad interior del Estado –tal como ha sucedido, por ejemplo, con algunos dirigentes mapuches, en el conflicto de esa etnia con la autoridad– fue otra piedra de tope.

Dicha ley obliga a los tribunales a aplicar las sanciones más duras contempladas para cada delito. De acuerdo con el balance entregado por Carabineros, la noche del domingo se registraron 12 detenidos por desórdenes y dos por maltrato a la policía.

A eso de las 20.30 de la noche (misma hora que Argentina), el diputado Miodrag Marinovic dio una luz de esperanza al publicar en su cuenta de Twitter que “habría acuerdo”. Los trascendidos decían que el gobierno accedía a no subir las cuentas del gas para los consumos de hasta dos mil metros cúbicos, situación que se mantendría por 10 meses, mientras se trabaja en un proyecto de ley sobre la fijación tarifaria.

Un ahora después, se supo que los alcaldes se bajaron de la mesa de diálogo, molestos porque su petición de otorgar subsidios a las familias de menos recursos no fue bien recibida por la Asamblea, que apuesta a no aumentar el valor del hidrocarburo.

Pablo Hernández, vocero de la Asamblea, dijo que a pesar de lo avanzado en las negociaciones con las autoridades, se debió tomar la drástica medida en vista de que los alcaldes de Punta Arenas, Vladimiro Mimica, y de Puerto Natales, Fernando Paredes, estudiaban “propuestas paralelas a la nuestra. Lamentablemente por esa situación el diálogo se entorpeció”, dijo Hernández a la salida de la cita que lideraba el biministro Golborne, que anotó su primer revés en el sur.

Al cierre de esta edición, y sin tener certeza de a qué hora se retomarían las conversaciones, el paro continuaba con los ya conocidos trastornos para la movilización de residentes y turistas.

De hecho, el gobierno de Cristina Fernández pidió a la Cancillería chilena que “se arbitren los medios para el restablecimiento del acceso y la salida a la isla de Tierra del Fuego”. Debe tenerse en cuenta la importancia fundamental que tiene desbloquear el único paso de comunicación terrestre de la isla con el continente para la circulación de personas, camiones y mercancías”, destacó la Cancillería argentina.

El domingo, el gobierno argentino logró evacuar de la ciudad de Punta Arenas a 250 argentinos por vía terrestre y a otros 113 con dos aviones de la Fuerza Aérea, que permanecían varados por la protesta.

Por Christian Palma
Desde Santiago
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Guadalajara, Jal. 30 de mayo. En América Latina persiste una creciente desigualdad en cobertura y calidad en educación superior. Sólo uno de cada tres jóvenes de la región puede asistir a la universidad, mientras que en países desarrollados, como Finlandia, nueve de cada 10 acuden a las aulas universitarias.

Al anunciar la realización del segundo Encuentro Internacional de Rectores Universia, que será inaugurado este lunes por el presidente Felipe Calderón, el rector de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), José Narro Robles, afirmó que hay un problema de desigualdad en la parte cuantitativa, pero en el tema de la calidad es mucho más marcado. Debemos identificar este factor, tratar de cuantificarlo y plantear posibilidades para atenderlo.

En conferencia de prensa, acompañado de Federico Gutiérrez-Solana, presidente de la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas; Marco Antonio Cortés, rector de la Universidad de Guadalajara, e Ignacio Berdugo, presidente del comité organizador, señaló que en la región existe desigualdad y exclusión. Citó el caso de México, donde la cobertura universitaria está incluso por debajo del promedio de América Latina.

Esta situación contrasta, indicó, con países como España o Argentina, donde dos de cada tres jóvenes en edad de asistir a la universidad pueden hacerlo, pero tenemos otras naciones de la región, en las que sólo uno de cada cinco, o menos, lo logra.

Afirmó que la reunión, a la que asisten mil rectores de instituciones de educación superior de 23 países de Iberoamérica que conforman la red Universia, en la cual se incluye a 13 millones de alumnos, buscará construir una agenda de trabajo que permita la consolidación del llamado espacio iberoamericano del conocimiento, pero con una visión de responsabilidad y cohesión social. Al respecto, Gutiérrez-Solana afirmó que se trata de un encuentro que tiene visión social y un compromiso por establecer un proyecto claro para el futuro de las universidades en Iberoamérica.

Narro Robles, presidente del comité internacional de Universia, indicó que 700 millones de personas integran la región iberoamericana que por su población, extensión territorial y diversidad cultural tenemos una enorme potencialidad, pero antes tenemos que identificarnos, creer que somos parte de una enorme posibilidad de generar un rumbo para el futuro. Debemos dejar de mirar hacia otros lados para establecer un diálogo entre nosotros mismos.

Subrayó que los acuerdos que se alcancen en el encuentro, en el que participan mil 57 universidades e instituciones de educación superior de América Latina, España, Portugal, así como 48 universidades de Estados Unidos, Rusia, China y Reino Unido, no deben quedar en una declaración. No puede ser un asunto simplemente de dichos, sino de hechos. Hay que ir más allá de la retórica, pues buscamos acciones concretas que se plasmen en beneficios de nuestras sociedades.

Por Laura Poy Solano
 
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Jueves, 13 de Mayo de 2010 07:21

Sepa lo que es el capitalismo

El capitalismo tiene legiones de apologistas. Muchos lo hacen de buena fe, producto de su ignorancia y por el hecho de que, como decía Marx, el sistema es opaco y su naturaleza explotadora y predatoria no es evidente ante los ojos de mujeres y hombres. Otros lo defienden porque son sus grandes beneficiarios y amasan enormes fortunas gracias a sus injusticias e inequidades. Hay además otros ("gurúes" financieros, "opinólogos", "periodistas especializados", académicos "bienpensantes" y los diversos exponentes del "pensamiento único") que conocen perfectamente bien los costos sociales que en términos de degradación humana y medioambiental impone el sistema. Pero están muy bien pagados para engañar a la gente y prosiguen incansablemente con su labor. Ellos saben muy bien, aprendieron muy bien, que la "batalla de ideas" a la cual nos ha convocado Fidel es absolutamente estratégica para la preservación del sistema, y no cejan en su empeño. 

Para contrarrestar la proliferación de versiones idílicas acerca del capitalismo y de su capacidad para promover el bienestar general examinemos algunos datos obtenidos de documentos oficiales del sistema de Naciones Unidas. Esto es sumamente didáctico cuando se escucha, máxime en el contexto de la crisis actual, que la solución a los problemas del capitalismo se logra con más capitalismo; o que el G-20, el FMI, la Organización Mundial del Comercio y el Banco Mundial, arrepentidos de sus errores pasados, van a poder resolver los problemas que agobian a la humanidad. Todas estas instituciones son incorregibles e irreformables, y cualquier esperanza de cambio no es nada más que una ilusión. Siguen proponiendo lo mismo, sólo que con un discurso diferente y una estrategia de "relaciones públicas" diseñada para ocultar sus verdaderas intenciones. Quien tenga dudas mire lo que están proponiendo para "solucionar" la crisis en Grecia: ¡las mismas recetas que aplicaron y siguen aplicando en América Latina y África desde los años ochenta! 

A continuación, algunos datos (con sus respectivas fuentes) recientemente sistematizados por CROP, el Programa Internacional de Estudios Comparativos sobre la Pobreza radicado en la Universidad de Bergen, Noruega. CROP está haciendo un gran esfuerzo para, desde una perspectiva crítica, combatir el discurso oficial sobre la pobreza elaborado desde hace más de treinta años por el Banco Mundial y reproducido incansablemente por los grandes medios de comunicación, autoridades gubernamentales, académicos y "expertos" varios.

Población mundial: 6.800 millones, de los cuales 

1.020 millones son desnutridos crónicos (FAO, 2009)

2.000 millones no tienen acceso a medicamentos (www.fic.nih.gov)

884 millones no tienen acceso a agua potable (OMS/UNICEF 2008)

924 millones “sin techo” o en viviendas precarias (UN Habitat 2003)

1.600 millones no tienen electricidad (UN Habitat, “Urban Energy”)

2.500 millones sin sistemas de dreanajes o cloacas (OMS/UNICEF 2008)

774 millones de adultos son analfabetos (www.uis.unesco.org)

18 millones de muertes por año debido a la pobreza, la mayoría de niños menores de 5 años. (OMS)

218 millones de niños, entre 5 y 17 años, trabajan a menudo en condiciones de esclavitud y en tareas peligrosas o humillantes como soldados, prostitutas, sirvientes, en la agricultura, la construcción o en la industria textil (OIT: La eliminación del trabajo infantil: un objetivo a nuestro alcance, 2006) 

Entre 1988 y 2002, el 25% más pobre de la población mundial redujo su participación en el ingreso mundial desde el 1,16% al 0,92%, mientras que el opulento 10% más rico acrecentó sus fortunas pasando de disponer del 64,7 al 71,1% de la riqueza mundial . El enriquecimiento de unos pocos tiene como su reverso el empobrecimiento de muchos.

Sólo ese 6,4 % de aumento de la riqueza de los más ricos sería suficiente para duplicar los ingresos del 70% de la población mundial, salvando innumerables vidas y reduciendo las penurias y sufrimientos de los más pobres. Entiéndase bien: tal cosa se lograría si tan sólo se pudiera redistribuir el enriquecimiento adicional producido entre 1988 y 2002 del 10% más rico de la población mundial, dejando intactas sus exorbitantes fortunas. Pero ni siquiera algo tan elemental como esto es aceptable para las clases dominantes del capitalismo mundial.

Conclusión: si no se combate la pobreza (¡ni se hable de erradicarla bajo el capitalismo!) es porque el sistema obedece a una lógica implacable centrada en la obtención del lucro, lo que concentra la riqueza y aumenta incesantemente la pobreza y la desigualdad económico-social. 

Después de cinco siglos de existencia esto es lo que el capitalismo tiene para ofrecer. ¿Qué esperamos para cambiar al sistema? Si la humanidad tiene futuro, será claramente socialista. Con el capitalismo, en cambio, no habrá futuro para nadie. Ni para los ricos ni para los pobres. La sentencia de Friedrich Engels, y también de Rosa Luxemburgo: "socialismo o barbarie", es hoy más actual y vigente que nunca. Ninguna sociedad sobrevive cuando su impulso vital reside en la búsqueda incesante del lucro, y su motor es la ganancia. Más temprano que tarde provoca la desintegración de la vida social, la destrucción del medio ambiente, la decadencia política y una crisis moral. Todavía estamos a tiempo, pero ya no queda demasiado. 

Atilio A. Boron
http://www.atilioboron.com
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Jueves, 12 de Noviembre de 2009 08:19

Cuando cayó el Muro de Berlín otros lo remplazaron

El mundo se encontraba dividido entre países comunistas y mundo libre. La guerra era total y se mostraba en todas las dimensiones de la vida cotidiana. Desde el lenguaje propagandístico hasta lo sutil de las películas de espías o los inocentes cómics donde los buenos y los malos siempre eran los mismos. En Occidente no existía mayor vergüenza que el Muro de Berlín y así fue adjetivado. Tras el llamado telón de acero se encontraban las tinieblas, el frío, el hambre, la falta de libertad y un sistema perverso e inhumano.
 
Todo estaba permitido dentro de la estrategia por derribarlo. Eran tiempos donde la derecha conservadora, en Estados Unidos, tomaba el mando y Ronald Reagan variaba la política de su antecesor James Carter. Ya no habría contemplaciones con los soviéticos y sus aliados. El comunismo debía retroceder, cualquier maniobra se justificaría en pro de este objetivo. Sus aliados perdían autonomía dentro de un nuevo escenario mundial. Se trataba de pasar de la distensión a la disuasión. Una nueva política de seguridad hemisférica emergía en el Pentágono y la Casa Blanca. Se apoyaba a los talibanes en Afganistán y no había reparo en manifestar su total compromiso con las dictaduras del cono sur. Asimismo se emprendía por primera vez una acción política institucional destinada a revertir procesos. Pasaban a mejor vida las acciones encubiertas para derrocar gobiernos democráticos. Ahora serían la Cámara de Representantes y el Senado estadunidenses quienes otorgarían fondos públicos para dichas maniobras. La intervención en la isla de Granada fue el primer aviso. Más adelante se armó y financió a la contra nicaragüense para desestabilizar al gobierno sandinista. Y las fuerzas armadas de El Salvador y Guatemala disfrutaron de similares fondos para luchar contra los ejércitos de liberación nacional. Honduras se constituyó en el portaviones de la región y Panamá acabaría siendo invadida bajo estos parámetros, subvencionando a sus cipayos. Costa Rica, país sin fuerzas armadas, recibiría decenas de millones para compras de helicópteros, armamento ligero y semipesado. Su incremento relativo en gasto militar fue el más elevado de la región llegando a su pico durante el gobierno de Óscar Arias. Estas políticas se reflejan en los documentos de Santa Fe I y II y el Informe Kissinger para Centroamérica.
 
Poco espacio había para la acción de los países no alineados. Su actividad era cuasi testimonial, aunque expresaba una posición firme demandando la no intervención, el derecho de soberanía y el cese de la carrera armamentista. Igualmente, sus programas eran parte de un proyecto democrático ligado a la lucha antimperialista. Pero poco se podía hacer. Las grandes potencias y los bloques militares se contraponían bajo un peligroso escenario nuclear. La OTAN y el estado mayor del Pacto de Varsovia no ahorraban esfuerzos ni medios para neutralizar al enemigo. En este contexto el Pentágono diseñará la estrategia de misiles conocida como la guerra de las galaxias. La Unión Soviética, asustada por la dimensión del plan, decidió echar toda la carne en el asador. Así, destinó más fondos a la industria militar, lo que supuso el principio del fin. No había manera de hacer frente a las necesidades de la economía civil. El colapso era cuestión de tiempo. Mientras tanto, la guerra de las galaxias nunca llegó a ponerse en práctica. Fue una cortina de humo que los servicios de inteligencia soviética no lograron desentrañar.
 
En esta lógica y como un castillo de naipes, un sistema político articulado bajo el control de los partidos comunistas se derrumbaba. Polonia y el movimiento Solidaridad encabezaron el lento declive del comunismo realmente existente. Más tarde no hubo tiempo para pensar en las alternativas socialistas y democráticas. Resurgieron los nacionalismos y el mapa europeo se recomponía. Los países se quebraban y las guerras civiles y étnicas apoyadas por Occidente daban sus frutos. El mapa político cambiaba. Una multitud de nuevos estados emergía al amparo del reconocimiento de Francia, Alemania y el propio Estados Unidos. Así, se entremezcló la justa reivindicación por mayores espacios de participación y justicia social con la emergencia de proyectos asociados a una nueva distribución del poder internacional con hegemonía del capitalismo neoliberal. Los países occidentales apoyaron y financiaron a los disidentes y los partidos anticomunistas. Los procesos electorales fraudulentos los auparon al poder. La euforia prendió en las calles. En Rumania no hubo contemplaciones. Se ajustició, se asesinó y se encarceló desde el presidente hasta los agentes de la seguridad. El camino fue similar en otros países. Sin olvidar que en la Unión Soviética el Partido Comunista fue declarado ilegal por quienes habían sido sus dirigentes. Pero ya nada importaba, el objetivo se había cumplido. El capitalismo salía triunfante en medio de una reconversión neoliberal. La caída del Muro de Berlín sería el emblema. Inicialmente destruido a martillazos y más tarde por el hacer de las palas mecánicas desapareció de un plumazo. Casi 30 años de historia se hacían añicos. Hoy salvo los berlineses mayores de 20 años saben por dónde pasaba. Mientras tanto, los turistas se conforman con adquirir un trozo en las tiendas de souvenirs. Su triste final, convertirse en una mercancía, no estaría seguramente presupuestado entre los objetivos de sus constructores. Asimismo, su destrucción fue más que un símbolo, el acontecimiento se dotó de un mensaje: nunca más deberían levantarse muros políticos, ni ideológicos. La humanidad había aprendido la lección.
 
Ahora bien, cuando muchos se sintieron libres y partícipes de un nuevo mundo sin muros, otros han ido emergiendo, esta vez dentro del propio capitalismo. Sus arquitectos son los actuales afectos a las políticas sistémicas, sean socialdemócratas, neo-oligárquicas o liberales. De esta guisa Israel levanta su muro para evitar la libre circulación de los palestinos. En España se erige otro para frenar la inmigración y mostrar el poder de Occidente. Rodeado de alambradas, vigilado por militares provistos de armas con sensores de calor, y carteles disuasorios escritos en castellano, árabe, francés e inglés, se convierte en la frontera que divide el mundo de la opulencia de aquel representado por los países pobres. Y por último, en Brasil, Lula construye una barrera para separar los barrios ricos de las favelas. Todos ellos muros de la indecencia a los cuales debemos sumar los de la ignominia. Éstos son visibles para unos pero invisibles para otros. Siempre han existido y tienen nombre; son el muro del hambre, la explotación, el colonialismo, la xenofobia y el racismo. Por tanto, celebrar la caída del Muro de Berlín es más bien un acto de hipocresía si con ello buscamos descalificar las luchas anticapitalistas y democráticas. Ni el socialismo ha sido derrotado ni el capitalismo se yergue triunfante.

Por Marcos Roitman Rosenmann
 
 
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Domingo, 11 de Enero de 2009 08:39

Congo. "Viaje al corazón de las tinieblas*

I - EL MÉDICO.  


"El problema número uno del Congo son las violaciones", dice el doctor Tharcisse. "Matan a más mujeres que el cólera, la fiebre amarilla y la malaria. Cada bando, facción, grupo rebelde, incluido el Ejército, donde encuentra una mujer procedente del enemigo, la viola. Mejor dicho, la violan. Dos, cinco, diez, los que sean. Aquí, el sexo no tiene nada que ver con el placer, sólo con el odio. Es una manera de humillar y desmoralizar al adversario. Aunque hay a veces violaciones de niños, el 99% de las víctimas de abuso sexual son mujeres. A los niños prefieren raptarlos para enseñarles a matar. Hay muchos miles de niños soldado por todo el Congo".


Estamos en el hospital de Minova, una aldea en la orilla occidental del lago Kivu, un rincón de gran belleza natural -había nenúfares de flores malvas en la playita en la que desembarcamos- y de indescriptibles horrores humanos. Según el doctor Tharcisse, director del centro, el terror que las violaciones han inoculado en las mujeres explica los desplazamientos frenéticos de poblaciones en todo el Congo oriental. "Apenas oyen un tiro o ven hombres armados salen despavoridas, con sus niños a cuestas, abandonando casas, animales, sembríos". El doctor es experto en el tema, Minova está cercada por campos que albergan decenas de miles de refugiados. "Las violaciones son todavía peor de lo que la palabra sugiere", dice bajando la voz. "A este consultorio llegan a diario mujeres, niñas, violadas con bastones, ramas, cuchillos, bayonetas. El terror colectivo es perfectamente explicable".

Ejemplos recientes. El más notable, una mujer de 87 años, violada por 10 hombres. Ha sobrevivido. Otra, de 69, estuprada por tres militares, tenía en la vagina un pedazo de sable. Lleva dos meses a su cuidado y sus heridas aún no cicatrizan. Casi se le va la voz cuando me cuenta de una chiquilla de 15 años a la que cinco "interahamwe" (milicia hutu que perpetró el genocidio de tutsis en Ruanda, en 1994, y luego huyó al Congo, donde ahora apoya al Ejército del Gobierno del presidente Kabila) raptaron y tuvieron en el bosque cinco meses, de mujer y esclava. Cuando la vieron embarazada la echaron. Ella volvió donde su familia, que la echó también porque no quería que naciera en la casa un "enemigo". Desde entonces vive en un refugio de mujeres y ha rechazado la propuesta de un pariente de matar a su futuro hijo para que así la familia pueda recibirla. La letanía de historias del doctor Tharcisse me produce un vértigo cuando me refiere el caso de una madre y sus dos hijas violadas hace pocos días en la misma aldea por un puñado de milicianos. La niña mayor, de 10 años, murió. La menor, de 5, ha sobrevivido, pero tiene las caderas aplastadas por el peso de sus violadores. El doctor Tharcisse rompe en llanto.

Es un hombre todavía joven, de familia humilde, que se costeó sus estudios de medicina trabajando como ayudante de un pesquero y en una oficina comercial en Kitangani. Lleva dos años sin ver a su familia, que está a miles de kilómetros, en Kinshasa. El hospital, de 50 camas y 8 enfermeras, moderno y bien equipado, recibe medicinas de Médicos Sin Fronteras, la Cruz Roja y otras organizaciones humanitarias, pero es insuficiente para la abrumadora demanda que tiene al doctor Tharcisse y a sus ayudantes trabajando 12 y hasta 14 horas diarias, 7 días por semana. Fue construido por Cáritas. La Iglesia católica y el Gobierno llegaron a un acuerdo para que formara parte de la Sanidad Pública. No se aceptan polígamos, ni homosexuales, ni se practican abortos. El salario del doctor Tharcisse es de 400 dólares al mes, lo que gana un médico adscrito a la Sanidad Pública. Pero como el Gobierno carece de medios para pagar a sus médicos, la medicina pública se ha discretamente privatizado en el Congo, y los hospitales, consultorios y centros de salud públicos en verdad no lo son, y sus doctores, enfermeros y administradores cobran a los pacientes. De este modo violan la ley, pero si no lo hicieran, se morirían de hambre. Lo mismo ocurre con los profesores, los funcionarios, los policías, los soldados, y, en general, con todos aquellos que dependen del Presupuesto Nacional, una entelequia que existe en la teoría, no en el mundo real.

Cuando el doctor Tharcisse se repone me explica que, después de las violaciones, la malaria es la causa principal de la mortandad. Muchos desplazados vienen de la altura, donde no hay mosquitos. Cuando bajan a estas tierras, sus organismos, que no han generado anticuerpos, son víctimas de las picaduras, y las fiebres palúdicas los diezman. También el cólera, la fiebre amarilla, las infecciones. "Son organismos débiles, desnutridos, sin defensas". Vivir día y noche en el corazón del horror no ha resecado el corazón de este congoleño. Es sensible, generoso y sufre con el piélago de desesperación que lo rodea. Desde la pequeña explanada de las afueras del hospital divisamos el horizonte de chozas donde se apiñan decenas de miles de refugiados condenados a una muerte lenta. "La medicina que todo el Congo necesita tomar es la tolerancia", murmura. Me estira la mano. No puede perder más tiempo. La lucha contra la barbarie no le da tregua.

II - LOS PIGMEOS.


Debo a los pigmeos de Kivu Norte haberme librado de caer en manos de las milicias rebeldes tutsis del general Laurent Nkunda la noche del 25 de octubre de 2008. Yo había llegado el día anterior a Goma, la capital de Kivu Norte, y mis amigos de Médicos Sin Fronteras, gracias a los cuales he podido hacer este viaje, me habían organizado un viaje a Rutshuru (a tres o cuatro horas de esta ciudad) para visitar un hospital construido y administrado por MSF, que presta servicios a una gran concentración de desplazados y víctimas de toda la zona. La víspera de la partida, mi hijo Gonzalo, que trabaja en el ACNUR, me telefoneó desde Nueva York para decirme que sus colegas en el Congo me tenían prevista, para la mañana siguiente, una visita a un campo de pigmeos desplazados en las afueras de Goma. Aplacé un día el viaje a Rutshuru y, por culpa del general Nkunda, que ocupó aquella noche ese lugar, ya no pude hacerlo.

Los pigmeos, pese a ser la más antigua etnia congoleña, son los parientes pobres de todas las demás, discriminados y maltratados por unas y por otras. Fieles al prejuicio tradicional contra el otro, el que es distinto, leyendas y habladurías malevolentes les atribuyen vicios, crueldades, perversiones, como a los gitanos en tantos países de Europa. Por eso, en una sociedad sin ley, corroída por la violencia, las luchas cainitas, las invasiones, la corrupción y las matanzas, los pigmeos son las víctimas de las víctimas, los que más sufren. Basta echarles una mirada para saberlo.

El campo de Hewa Bora (Aire Bello), a una decena de kilómetros de Goma, acaba de formarse. Está en un suelo pedregoso y volcánico, de tierra negra, y parece increíble que en lugar tan inhóspito las 675 personas que han llegado hasta aquí, hace un par de meses, desde Mushaki, huyendo de las milicias de Laurent Nkunda, hayan podido hacer algunos cultivos, de mandioca y arvejas. Nos reciben cantando y bailando a manera de bienvenida: pequeñitos, enclenques, arrugados, cubiertos de harapos, muchos de ellos descalzos, con niños que son puro ojos y huesos y las grandes barrigas que producen los parásitos. Su baile y su canto, tan tristes como sus caras, recuerdan las canciones de los Andes con que se despide a los muertos. Aunque con cierta dificultad, varios de los dirigentes hablan francés. (Es una de las pocas consecuencias positivas de la colonización: una lengua general que permite comunicarse a la gran mayoría de los congoleses, en un país donde los idiomas y dialectos regionales se cuentan por decenas).

Escaparon de Mushaki cuando las milicias rebeldes atacaron la aldea matando a varios vecinos. Piden plásticos, pues las chozas que han levantado -con varillas flexibles de bambú, atadas con lianas, de un metro de altura más o menos, sobre el suelo desnudo y con techos de hojas- se inundan con las lluvias, que acaban de comenzar. Piden medicinas, piden una escuela, piden comida, piden trabajo, piden seguridad, piden -sobre todo- agua. El agua es muy cara, no tienen dinero para pagar lo que cuestan los bidones de los aguateros. Es una queja que oiré sin cesar en todos los campos de refugiados del Congo en que pongo los pies: no hay agua, cuesta una fortuna, ríos y lagos están contaminados y los que beben en ellos se enferman. Las personas que me acompañan, del ACNUR y de Médicos Sin Fronteras, toman notas, piden precisiones, hacen cálculos. Después, conversando con ellos, comprobaré la sensación de impotencia que a veces los embarga. ¿Cómo hacer frente a las necesidades elementales de esta muchedumbre de víctimas? ¿Cuántos más morirán de inanición? La crisis financiera que sacude el planeta ha encogido todavía más los magros recursos con que cuentan.

En el campo de Bulengo, que visito luego del de Hewa Bora, veo las raciones de alimentos, mínimas, que distribuyen a los refugiados. Un voluntario de Unicef me dice, la voz traspasada: "Tal como van las cosas con la crisis, todavía tendremos que disminuirlas". Médicos, enfermeros y ayudantes de las organizaciones humanitarias son gentes jóvenes, idealistas, que hacen un trabajo difícil, en condiciones intolerables, a quienes la magnitud de la tragedia que tratan de aliviar por momentos los abruma. Lo que más los entristece es la indiferencia casi general, en el mundo de donde vienen, el de los países más ricos y poderosos de la Tierra, por la suerte del Congo. Nadie lo dice, pero muchos han llegado, en efecto, en Occidente a la conclusión de que los males del Congo no tienen remedio.

Bulengo fue en 1994 el campamento del Ejército ruandés hutu que invadió el Congo después de perpetrar la matanza de cientos de miles de tutsis en el vecino país. Ahora es el eje de un complejo de 16 campos de desplazados y refugiados que con ayuda de la Unión Europea y de las organizaciones humanitarias da refugio a unas trece mil personas. Éstas pertenecen a diferentes grupos étnicos que conviven aquí sin asperezas. Aunque Bulengo está mucho más asentado y organizado que el de Hewa Bora, la calidad de vida es ínfima. Las chozas y locales, muy precarios, están atestados y por doquier se advierte desnutrición, miseria, suciedad, desánimo. La nota de vida la ponen muchos niños, que juegan, correteándose. Varios de ellos son mutilados. Converso con un chiquillo de unos 10 o 12 años que, pese a tener una sola pierna, salta y brinca con mucha agilidad. Me cuenta que los soldados entraron a su aldea de noche, disparando, y que a él la bala lo alcanzó cuando huía. La herida se le gangrenó por falta de asistencia, y cuando su madre lo llevó a la Asistencia Pública, en Goma, tuvieron que amputársela.

En Bulengo hay 48 familias de pigmeos, que, aparte de las protestas que ya hemos oído en Hewa Bora, aquí se quejan de que la escuela es muy cara: cobran 500 francos congoleños mensuales por alumno. La educación pública es, en teoría, gratuita, pero, como los profesores no reciben salarios, han privatizado la enseñanza, una medida tácitamente aceptada por el Gobierno en todo el país. En muchos lugares son los padres de familia los que mantienen las escuelas -las construyen, las limpian, las protegen y aseguran un salario a los profesores-, pero aquí, en los campos de refugiados, todos son insolventes, de modo que si se ven obligados a pagar por los estudios, sus hijos dejarán de ir a la escuela o ésta se quedará sin maestros.

En el campo hay muchos desertores de las milicias rebeldes. Uno de ellos me cuenta su historia. Fue secuestrado en su pueblo con varios otros jóvenes de su edad cuando los hombres de Laurent Nkunda lo ocuparon. Les dieron instrucción militar, un uniforme y un arma. La disciplina era feroz. Entre los castigos figuraban los latigazos, las mutilaciones de miembros (manos, pies) y, en caso de delación o intento de fuga, la muerte a machetazos. Me confirmó que muchos soldados del Ejército congoleño vendían sus armas a los rebeldes. Se escapó una noche, harto de vivir con tanto miedo, y estuvo una semana en la jungla, alimentándose de yerbas, hasta llegar aquí. En su pueblo, donde era campesino, tenía mujer y cuatro hijos, de los que no ha vuelto a saber nada porque el pueblo ya no existe. Todos los vecinos huyeron o murieron. Le pregunto qué le gustaría hacer en la vida si las cosas mejoraran en el Congo, y me responde, después de cavilar un rato: "No lo sé". No es de extrañar. En Bulango, como en Hewa Bora y en los campos de desplazados de Minova, la actitud más frecuente en quienes están confinados allí, y pasan las horas del día tumbados en la tierra, sin moverse casi por la debilidad o la desesperanza, es la apatía, la pérdida del instinto vital. Ya no esperan nada, vegetan, repitiendo de manera mecánica sus quejas -plásticos, medicinas, agua, escuelas- cuando llegan visitantes, sabiendo muy bien que eso tampoco servirá para nada. Muchísimos de ellos están ya más muertos que vivos y, lo peor, lo saben. Los campos son indispensables, sin duda, pero sólo si funcionan como un tránsito para la reincorporación a la vida activa, con oportunidades y trabajo. Si no, quienes los pueblan están condenados a una existencia atroz, parásita, que los desmoraliza y anula. Y éste es quizás el más terrible espectáculo que ofrece el Congo oriental: el de decenas de miles de hombres y mujeres a los que la violencia y la miseria han reducido poco menos que a la condición de zombies.

III - EL GALIMATÍAS CONGOLEÑO.

Y, sin embargo, se trata de un país muy rico, con minas de zinc, de cobre, de plata, de oro, del ahora codiciado coltán, con un enorme potencial agrícola, ganadero y agroindustrial. ¿Qué le hace falta para aprovechar sus incontables recursos? Cosas por ahora muy difíciles de alcanzar: paz, orden, legalidad, instituciones, libertad. Nada de ello existe ni existirá en el Congo por buen tiempo. Las guerras que lo sacuden han dejado hace tiempo de ser ideológicas (si alguna vez lo fueron) y sólo se explican por rivalidades étnicas y codicia de poder de caudillos y jefezuelos regionales o la avidez de los países vecinos (Ruanda, Uganda, Angola, Burundi, Zambia) por apoderarse de un pedazo del pastel minero congoleño. Pero ni siquiera los grupos étnicos constituyen formaciones sólidas, muchos se han dividido y subdividido en facciones, buena parte de las cuales no son más que bandas armadas de forajidos que matan y secuestran para robar.

Muchas minas están ahora en manos de esas bandas, milicias o del propio Ejército del Congo. Los minerales se extraen con trabajo esclavo de prisioneros que no reciben salarios y viven en condiciones inhumanas. Esos minerales vienen a llevárselos traficantes extranjeros, en avionetas y aviones clandestinos. Un funcionario de la ONU que conocí en Goma me aseguró: "Se equivoca si cree que el caos del Congo está en la tierra. Lo que ocurre en el aire es todavía peor". Porque tampoco en las alturas hay ley o reglamento que se respete. Como la mayoría de vuelos son ilegales, el número de accidentes aéreos, el más alto del mundo, es terrorífico: 56 entre julio de 2007 y julio de 2008. Por esa razón ninguna compañía aérea congoleña es admitida en los aeropuertos de Europa.

Como el principal recurso del país, el minero, se lo reparten los traficantes y los militares, el Estado congoleño carece de recursos, y esto generaliza la corrupción. Los funcionarios se valen de toda clase de tráficos para sobrevivir. Militares y policías tienden árboles en los caminos y cobran imaginarios peajes. A Juan Carlos Tomasi, el fotógrafo que nos acompaña, cada vez que saca sus cámaras alguien viene con la mano estirada a cobrarle un fantástico "derecho a la imagen". (Pero él es un experto en estas lides y discute y argumenta sin dejarse chantajear). Para viajar de Kinshasa a Goma debemos, antes de trepar al avión, desfilar por cinco mesas, alineadas una junto a la otra, donde se expenden ¡visas para viajar dentro del país!

No es verdad que la comunidad internacional no haya intervenido en el Congo. La Misión de las Naciones Unidas en el Congo (MONUC) es la más importante operación que haya emprendido nunca la organización internacional. La Fuerza de Paz de la ONU en el Congo cuenta con 17.000 soldados, de un abanico de nacionalidades, y unos 1.500 civiles. Sólo en Goma hay militares de Uruguay, India, África del Sur y Malaui. Visité el campamento del batallón uruguayo y conversé con su jefe, el amable coronel Gaspar Barrabino, y varios oficiales de su Estado Mayor. Todos ellos tenían un conocimiento serio de la enrevesada problemática del país. La inoperancia de que son acusados se debe, en realidad, a las limitaciones, a primera vista incomprensibles, que las propias Naciones Unidas han impuesto a su trabajo.

Las milicias de Laurent Nkunda, luego de capturar Rutshuru, comenzaron a avanzar hacia Goma, donde el Ejército congoleño huyó en desbandada. La población de la capital de Kivu Norte, entonces, enfurecida, fue a apedrear los campamentos de la Fuerza de Paz de la ONU (y, de paso, los locales y vehículos de las organizaciones humanitarias), acusándolos de cruzarse de brazos y de dejar inerme a la población civil ante los milicianos.

Pero el coronel Barrabino me explicó que la Fuerza de Paz, creada en 1999, según prescripciones estrictas del Consejo de Seguridad, está en el Congo para vigilar que se cumplan los acuerdos firmados en Lusaka que ponían fin a las hostilidades entre las distintas fuerzas rivales, y con prohibición expresa de intervenir en lo que se consideran luchas internas congoleñas. Esta disposición condena a las fuerzas militares de la ONU a la impotencia, salvo en el caso de ser atacadas. Sería muy distinto si el mandato recibido por la Fuerza de Paz consistiera en asegurar el cumplimiento de aquellos acuerdos utilizando, en caso extremo, la propia fuerza contra quienes los incumplen. Pero, por razones no del todo incomprensibles, el Consejo de Seguridad ha optado por esta bizantina fórmula, una manera diplomática de no tomar partido en semejante conflicto, un galimatías, en efecto, en el que es difícil, por decir lo menos, establecer claramente a quién asiste la justicia y la razón y a quién no. No tengo la menor simpatía por el rebelde Laurent Nkunda, y probablemente es falso que la razón de ser de su rebeldía sea sólo la defensa de los tutsis congoleños, para quienes los hutus ruandeses, armados y asociados con el Gobierno, constituyen una amenaza potencial. Pero ¿representan las Fuerzas Armadas del presidente Kabila una alternativa más respetable? La gente común y corriente les tiene tanto o más miedo que a las bandas de milicianos y rebeldes, porque los soldados del Gobierno los atracan, violan, secuestran y matan, al igual que las facciones rebeldes y los invasores extranjeros. Tomar partido por cualquiera de estos adversarios es privilegiar una injusticia sobre otra. Y lo mismo se podría decir de casi todas las oposiciones, rivalidades y banderías por las que se entrematan los congoleños. Es difícil, cuando uno visita el Congo, no recordar la tremenda exclamación de Kurz, el personaje de Conrad, en El corazón de las tinieblas: "¡Ah, el horror! ¡El horror!"

IV - LOS POETAS.
 

Y sin embargo, pese a ese entorno, conocí a muchos congoleños que, sin dejarse abatir por circunstancias tan adversas, resistían el horror, como el doctor Tharcisse, en Minova. Placide Clement Mananga, en Boma, que recoge y guarda todos los papeles y documentos viejos que encuentra para que la amnesia histórica no se apodere de su ciudad natal (él sabe que el olvido puede ser una forma de barbarie). O Émile Zola, el director del Museo de Kinshasa, combatiendo contra las termitas para que no devoren el patrimonio etnológico allí reunido. A esta estirpe de congoleños valerosos, que luchan por un Congo civilizado y moderno, pertenecen los Poétes du Renouveau (Poetas de la Renovación), de Lwemba, un distrito popular de Kinshasa. Son cerca de una treintena, una mujer entre ellos, y aunque todos escriben poesía, algunos son también dramaturgos, cuentistas y periodistas.

Además del francés, la colonización belga dejó asimismo a los congoleses la religión católica. En el país hay también protestantes -vi iglesias evangélicas de todas las denominaciones-, musulmanes -en la región oriental- y varias religiones autóctonas, la mayor de las cuales es el kimbanguismo, así llamada por su fundador, Simon Kimbangu, enraizada sobre todo en el Bajo Congo. Pero, pese a la hostilidad que desencadenó contra ella el dictador Mobutu, a quien hizo oposición, la católica parece, de lejos, la más extendida e influyente. Iglesias y centros católicos son los focos principales de la vida cultural del país.

Los Poétes du Renouveau se reúnen en la iglesia de San Agustín, donde tienen una pequeña biblioteca, una imprenta y una amplia sala para recitales y charlas. Publican desde hace algunos años unas ediciones populares de poesía que venden a precio de coste y a veces regalan. Empeñados en que la poesía llegue a todo el mundo, se desplazan a menudo a dar recitales y conferencias literarias por toda la región. Asisto a un interesante encuentro, de varias horas, en el que discuten temas literarios y políticos. El francés que escriben y hablan los congoleños es cálido, cadencioso, demorado y, a ratos, tropical. Haciendo de diablo predicador, provoco una discusión sobre la colonización belga: ¿qué de bueno y de malo dejó? Para mi sorpresa, en lugar de la cerrada (y merecida) condena que esperaba oír, todos los que hablan, menos uno, aunque sin olvidar las terribles crueldades, la explotación y el saqueo de las riquezas, la discriminación y los prejuicios de que fueron víctimas los nativos, hacen análisis moderados, situando todo lo negativo en un contexto de época que, si no excusa los crímenes y excesos, los explica. Uno de ellos afirma: "El colonialismo es una etapa histórica por la que han pasado casi todos los países del mundo". Lo refuta otro, que lanza una durísima requisitoria contra lo ocurrido en el Congo durante el casi siglo y medio de dominio belga. Le responde un joven que se presenta como "teólogo y poeta" con una única pregunta: "¿Y qué hemos hecho nosotros, los congoleños, con nuestro país desde que en 1960 nos independizamos de los belgas?".
 

*Mario Vargas Llosa visita el Congo, un rico país sumido en la miseria de la guerra y el terror. Hambre, violaciones, asesinatos y corrupción sacuden esta tierra sin ley. Médicos Sin Fronteras y 'El País Semanal' inician con éste una serie de viajes de diferentes escritores para rescatar del olvido a las víctimas de la violencia en el mundo.

Publicado en Internacional
Las primeras elecciones directas en Colombia tuvieron lugar en 1914. La lucha por la independencia incluyó el ideal del pueblo de elegir a los mandatarios, pero desde la Constitución de 1810 quedaron excluidos del voto los esclavos, los analfabetos, las mujeres y los pobres. Según los resultados, el voto está ligado a la educación y la posición socioeconómica del votante. En la clase alta vota el 66 por ciento, en la media el 50 y en la baja un 33. ¿Qué constantes hay en las elecciones durante el último siglo?

Para comenzar, en medio de la crisis persiste la ilusión: creer que determinado gobierno puede ser la solución. O nada peor. En la reciente votación del 30 de mayo de 2010, con apenas un opositor inflado artificialmente como esponja, funcional al espejismo electoral, la sociedad optó por la continuidad de la guerra y el uribismo. No bastaron ocho años de corrupción y mafias, asesinatos de jóvenes populares y trabajadores, para que la sociedad levantara su ¡No más! Pero una opción popular y democrática tiene una amplia reserva de movilización y participación política y electoral.

Entre los colombianos que no votan, la postura política de quienes encuentran ilegítimo el sistema democrático es minoría. A lo mucho, el 5 por ciento se declara de izquierda radical. Un 24 por ciento de los abstencionistas tiene de 18 a 25 años, y el 29 por ciento de 26 a 35. Quienes menos votan son, en primer lugar, las amas de casa; en segundo lugar, el estudiante; después está el desempleado, y a continuación los jóvenes. A mayor edad aumenta el interés de votar. En particular, después de los 40 años. Además, cuando en el país aumenta la polarización, la abstención disminuye: se activa el ‘voto eficaz'. Y cuando aumenta la votación por la izquierda, no equivale a un mismo descenso en la abstención.


Política y exclusión


Después de 1914 y la primera elección directa, sólo a partir de 1936 se les otorgó el derecho al voto a todos los hombres mayores de 21 años. Y en una espera con rasgos de lucha, en 1954 la mujer obtuvo el derecho de elegir y ser elegida, pero sólo pudo votar por primera vez en el Plebiscito de 1957. A partir de 1975, la mayoría de edad se redujo en tres años, y cuentan con derecho al voto los mayores de 18 años.

En las elecciones de 1914 ganó el candidato conservador y oficialista José Vicente Concha, con menos de 300.000 votos. La abstención fue de 57 por ciento. El número total de votos fue de 331.410, concentrando el candidato ganador el 89 por ciento de los sufragios. Este mismo año fue asesinado el general Uribe Uribe, partidario de un liberalismo socialista.

La historia, desde entonces, se repite: una oligarquía que concentra el poder excluye con violencia a las mayorías populares, y persigue de manera criminal todo pensamiento de izquierda, esto es, que exprese igualdad, democracia radical y dignidad humana, y promueva los Derechos Humanos y un desarrollo incluyente y sostenible.

Un siglo de izquierda


En Colombia, a partir del siglo XIX, sin contar las ideas socialistas, tres grandes vertientes ideológicas y de lucha política en relación con el poder surgieron a la vida nacional.

El liberalismo propiamente dicho, de estirpe jacobina, librecambista y librepensador, con frecuentes nexos masónicos y llamado en su época “draconiano”.

El radicalismo de los gólgotas, partidario más del progreso social que del político, compenetrado de un socialismo de características filantrópicas. Y,

El conservatismo, que tuvo su mejor expresión en los terratenientes católicos y en algunos comerciantes temerosos de las ideas revolucionarias.

A la vez, las ideas por el socialismo se arraigaron temprano, en paralelo a su manifestación europea. Unas ideas con abono en los sectores populares excluidos, urgidos de atención gubernativa, planes colectivos de trabajo y requerimientos de derechos sociales para todos.

Melo, precursor. Por primera vez aquí, con el golpe dictatorial del general José María Melo, el 20 de marzo de 1954, las ideas socialistas alcanzaron el poder. Artesanos, campesinos, obreros y sectores no comprometidos del ejército reclamaban con una consigna bastante simple: “Pan y Trabajo”. La represión y la reacción del poder no se hicieron esperar. De inmediato, liberales y conservadores en unidad, con el apoyo de los gobiernos estadounidense e inglés, derrocaron de manera sangrienta el precursor experimento socialista moderno, que tan sólo duro ocho meses (2). Desde entonces, domina la oligarquía siempre servil a los países imperiales, y sin contemplación alguna a la hora de ejercer la violencia para contener cualquier amenaza a su hegemonía.

Durante las tres primeras décadas del siglo XX, las ideas socialistas mantuvieron un importante activismo, por impulso del movimiento obrero, campesino e indígena, los primeros trabajadores públicos, junto a la intelectualidad comprometida. Ya en 1919, lanzaron el “Manifiesto Comunista” y crearon el primer partido orientado por ese ideal. En 1922, apoyaron al liberal Benjamín Herrera, quien obtuvo 256.000 votos, el 38,2 por ciento del total. El candidato conservador, Pedro Nel Ospina, ganó al conseguir 409.131 votos, equivalentes al 61,8 por ciento de la votación. La abstención fue de un 25 por ciento. Sin pausa, en la década de los años 1920 fue candente la agitación del movimiento izquierdista.

En 1925, la difusión de las ideas socialistas se convirtió en delito. Sin el extremo y en otro antecedente de hoy, el gobierno presentó al Congreso el proyecto de pena de muerte para quien las divulgara. Ante el rumor inconforme del pueblo, el 1º de mayo de 1928 fueron encarcelados 8.000 dirigentes obreros, campesinos e intelectuales de izquierda. El gobierno del conservador Miguel Abadía Méndez temía una conspiración armada. En 1929, el Gobierno apresó a todos los dirigentes socialistas, expirando de este modo la “década de oro” del socialismo, en medio de la tortura y el asesinato de sus militantes.

López Pumarejo y Gaitán. Al calor de las huelgas y las luchas populares, en 1930 se constituyó el Partido Comunista (PC), ilegal durante el gobierno liberal de Enrique Olaya Herrera (1930-1934). El gobierno de Alfonso López Pumarejo legalizó al PC y pactó alianzas con los dirigentes comunistas para impulsar las reformas liberales y cambiar la Constitución en 1936. En 1934, la candidatura de izquierda que lideró Jorge Eliécer Gaitán sólo alcanzó 40.000 votos, el 5 por ciento del total. Entre tanto, la abstención fue de 39 por ciento. El asesinato de Gaitán, en 1948, marcó el comienzo de una época de barbarie por parte de la oligarquía nacional, en contra de los sectores populares.

Esa barbarie se prolongó hasta la década de 1960: 300.000 asesinatos políticos y cerca de dos millones de campesinos desplazados por la violencia, en un país con una población ligeramente superior a los 11 millones de habitantes. Liberales y conservadores apoyaron el golpe militar que el 13 de junio de 1953 llevó al poder al general Gustavo Rojas Pinilla. En menos de un año se desmontó la guerrilla liberal, y el Partido Comunista, única fuerza de izquierda con alguna organización, de nuevo quedó ilegalizado. Tras el derrocamiento de Rojas, en 1957, la oligarquía instaló el Frente Nacional, que excluía del gobierno a quien no fuera liberal o conservador. Una institución que, con alternación y fraude, gobernó hasta 1974.

Perseguidas, cerradas todas las opciones legales para la oposición socialista, en un momento en que el recuerdo de la invasión proestadounidense en 1954 contra el presidente Jacobo Árbenz en Guatemala, la derrota de Marcos Pérez Jiménez, con protagonismo de una Junta Patriótica que contó con militares y militantes rebeldes, y la Revolución Cubana produjeron vientos favorables a la insurgencia en Latinoamérica, y en un período en que el terrorismo de Estado desataba su furia asesina con chulavitas, mano negra y B-2; la respuesta fue el camino armado en acción rural de campesinos, indígenas, y sectores populares urbanos y universitarios.

Rojas: de cal y arena. En 1962, la izquierda parlamentaria apoyó la candidatura del Movimiento Revolucionario Liberal (MRL), de Alfonso López Michelsen, quien obtuvo 354.560 votos, equivalentes al 13,5 por ciento del total. La abstención fue del 51 por ciento. Posteriormente, el candidato regresó a su originario partido liberal. Al finalizar la década, en 1970, el candidato de la Anapo, el ex dictador Rojas Pinilla, con el apoyo de la izquierda –a pesar de la consigna abstencionista de las influencias sociales del eln y el epl–, ganó las elecciones. Fue un triunfo popular que Carlos Lleras escamoteó y robó desde la Presidencia de la república. Con la gente en muchas plazas del país en espera de una orden de rebelión, Rojas se negó a reclamar el triunfo. Pero este hecho no pasó sin consecuencias: originó la organización insurgente urbana del Movimiento 19 de Abril (M-19) en 1974.

La UNO. Al comenzar la década de los 70, tuvo ascenso la Unión Nacional de Oposición (UNO), como producto de la alianza entre el Movimiento Amplio Colombiano (MAC), el PC y el Movimiento Obrero Independiente y revolucionario (Moir) en 1972. Esta unión de la izquierda lanzó la candidatura de Hernando Echeverri Mejía en 1974, quien obtuvo 137.000 votos, 2,6 por ciento del total. La abstención marcó el 42 por ciento. Alfonso López, candidato liberal, ganó con cerca de tres millones de votos, el 56 por ciento de la votación.

En las elecciones de 1978, el candidato del PC, Julio César Pernía, no llegó sino a 97.234 votos, 2 por ciento del total. La abstención entonces fue del 55 por ciento. Con 2,5 millones de votos, triunfó Julio César Turbay, candidato liberal. Su gobierno abolió todos los derechos y libertades políticas, desató un régimen de terror, los derechos humanos fueron violados, y los militantes de izquierda y sectores democráticos fueron perseguidos.

Ya en la década del 80, el candidato de una coalición de izquierda, Gerardo Molina, contabilizó menos de 100.000 votos, el 1,5 por ciento de los votos. La abstención mantuvo un 50 por ciento. El ganador, Belisario Betancur, frente a la tensión social y la amenaza de una extensa conflagración civil, firmó una tregua con las tres organizaciones guerrilleras de más impacto –excepto el eln y el comando Quintín Lame, éste en formación–, abriendo por primera vez la posibilidad de una negociación política con los grupos insurgentes.

La U.P. El experimento político que nació de la tregua creó la Unión Patriótica (UP) –en menor proporción a los frentes Mayorías-Casas del M-19, A Luchar y Frente Popular–, que en las elecciones de 1986, con su candidato Jaime Pardo Leal, llegó a 350.000 votos, el 4,9 de la votación. La abstención aumentó a 54 por ciento. Posteriormente, Jaime Pardo fue asesinado por las fuerzas homicidas de la extrema derecha, en medio de uno de los más desgarradores genocidios en la historia colombiana contra un partido político: 3.000 militantes fueron asesinados; y cercenada la conducción social de movimientos cívicos.

Una coyuntura triste. En medio del terror pero sin unidad, entre 1882 y 1889 crecía con ritmo antioligárquico el número de destacamentos rurales, de comandos urbanos, de milicias populares, y la ola de movimientos cívicos locales o de mayor territorio. Pero sobrevino el desgaste –ante todo urbano– cuando ninguna organización revolucionaria pudo imponer su hegemonía. Es cuando, en un nuevo proceso de negociación política, el M-19 se desmovilizó y se presentó a las elecciones de 1990. Su candidato, Carlos Pizarro Leongómez, también fue asesinado. A la vez, otro crimen, el de Bernardo Jaramillo Ossa, candidato de la UP, frustró la idea de que posteriormente a las elecciones los dos dirigentes acordaran una unidad de acción.

Reacomodo oligárquico con ‘nuevo país’. La UP juzgó válido cancelar su participación y Antonio Navarro asumió la candidatura de la Alianza Democrática M-19 (AD M-19), que obtuvo 740.000 votos, un 12,6 por ciento de sufragios; mientras la abstención subía a 57 por ciento. En las elecciones posteriores para la Constituyente, la AD M-19 sumó el 27 por ciento de la votación.

En las elecciones de 1994 y 1998, los votos por los candidatos de la izquierda cayeron de nuevo a cifras cercanas a 200.000, con un 3,8 por ciento y 1,6 por ciento del total, respectivamente. Entre tanto, la abstención de 1994 fue de las más altas en el siglo XX: 65 por ciento. En 1998, la abstención bajó a 42 por ciento, en un período de narcoescándalos en la clase política y de mayor polarización violenta de la sociedad colombiana.

Luis Eduardo, al relevo. En la primera elección de este siglo, la izquierda presentó un avance relativo de unidad mediante la alianza Polo Democrático Independiente (PDI, que alcanzó 800.000 votos en 2002, un 6,1 por ciento del total, con el candidato y dirigente sindical Luis Eduardo Garzón. Por igual, la abstención aumentó a 54 por ciento. En 2003, el PDI, con Garzón, ganó la Alcaldía Mayor de Bogotá (2004-2007), triunfo con repetición mediante Samuel Moreno para los años 2008-2011 en las elecciones de 2007.

Carlos Gaviria pegó en la opinión. Para las elecciones presidenciales de 2006, dos fuerzas de izquierda se unieron, el PDI y la Alianza Democrática (AD), dando nacimiento al Polo Democrático Alternativo (PDA). El candidato de la extrema derecha, Álvaro Uribe Vélez, fue reelegido con más de siete millones de votos, 62 por ciento del total, como producto de disciplina burguesa, compra de votos, presiones armadas, asistencialismo social y ‘favores' del Gobierno mediante prácticas corruptas. La abstención fue del 55 por ciento, a pesar de estar establecido el voto universal. El candidato Carlos Gaviria alcanzó más de 2,6 millones, la votación más alta en la historia de la izquierda, el 22,5 por ciento del total. La abstención, por su parte, se mantuvo en 55 por ciento, exceptuando el 27 logrado por la Ad M-19 para la Constituyente.

En estos últimos años, el PDA enfrentó el reto de ser una verdadera fuerza de izquierda, del movimiento y las luchas populares, o quedarse como simple maquinaria electoral, símil de los partidos del establecimiento. En 2010, el candidato del Polo, Gustavo Petro, obtuvo 1.329.347 votos, equivalentes a un 9,1 por ciento. La abstención fue 51 por ciento.

Persistir y rectificar. Hacia el futuro, la izquierda tiene el reto, entonces, de “ser gobierno y ser poder” un día menos lejano; de superar sus errores, educar y organizar a los sectores populares, y conquistar el corazón y la conciencia de la gente.

* Economista, máster en teoría económica. Filósofo y analista existencial. Docente de la Maestría de Derechos Humanos de la UPTC. Miembro del equipo de redacción de Le Monde Diplomatique Edición Colombia y del periódico desde abajo. Escritor e investigador independiente.
1  Vargas Martínez, Gustavo (1998), José María Melo, los artesanos y el socialismo, Planeta Colombiana Editorial.


Un siglo con 55 por ciento de abstención


Los abstencionistas son en general personas de escaso nivel educativo, máximo con grado de bachillerato. En forma directa, estrecha, el problema estructural de la abstención está relacionado con la exclusión, la violencia, la pobreza y la ignorancia política que sufre más de la mitad de los sectores populares. Las tendencias a lo largo del último siglo muestran que en los momentos más cruciales de la violencia la gente encuentra significativo su voto, pero los desplazamientos forzosos y las zonas de orden público les impiden a los afectados ejercer su derecho político.

Dentro de la cultura política colombiana, los grupos hegemónicos de la política tradicional han desatado una ideología antidemocrática y anticomunista que legitima el asesinato y la exclusión de los opositores, los inconformes y los militantes de izquierda. A esta campaña sistémica de intolerancia contribuyen la jerarquía de la iglesia católica, los medios de comunicación y la propaganda estatal.

Paradójicamente, no hay una relación directa entre abstención, pobreza y violencia en la historia de Colombia (gráficos 1, 2 y 3). No obstante, en las elecciones de 2010, la manipulación y el chantaje que llevó adelante el gobierno con el programa asistencialista de Familias en Acción permitió que las masas miserables aportaran una tercera parte de los votos del candidato de la extrema derecha, Juan Manuel Santos. Pero también, la violencia y la pobreza explican la poca incidencia de los movimientos de izquierda en el país: una buena parte de los militantes socialistas o comunistas ha sido asesinada por el establecimiento, otro tanto fue obligada a exilarse, y la mayoría es mantenida por el sistema en la miseria y la ignorancia más dolorosas.

¿Qué es, entonces, la abstención? Históricamente se afirma que el censo electoral está inflado, porque no se tienen en cuenta los problemas de inscripción y registro, la resta de los muertos y el descuento de los miembros de la Fuerza Pública. En la zona rural, además, siempre ha habido dificultades de transporte y lejanía; en la urbana, acceso complicado a las mesas de votación. A esto se agrega el fenómeno de la diáspora colombiana, que suma unos cuatro millones de colombianos que viven en el extranjero, teniendo en cuenta que su participación electoral es mínima.
Publicado en Edición 158
Las primeras elecciones directas en Colombia tuvieron lugar en 1914. La lucha por la independencia incluyó el ideal del pueblo de elegir a los mandatarios, pero desde la Constitución de 1810 quedaron excluidos del voto los esclavos, los analfabetos, las mujeres y los pobres. Según los resultados, el voto está ligado a la educación y la posición socioeconómica del votante. En la clase alta vota el 66 por ciento, en la media el 50 y en la baja un 33. ¿Qué constantes hay en las elecciones durante el último siglo?

Para comenzar, en medio de la crisis persiste la ilusión: creer que determinado gobierno puede ser la solución. O nada peor. En la reciente votación del 30 de mayo de 2010, con apenas un opositor inflado artificialmente como esponja, funcional al espejismo electoral, la sociedad optó por la continuidad de la guerra y el uribismo. No bastaron ocho años de corrupción y mafias, asesinatos de jóvenes populares y trabajadores, para que la sociedad levantara su ¡No más! Pero una opción popular y democrática tiene una amplia reserva de movilización y participación política y electoral.

Entre los colombianos que no votan, la postura política de quienes encuentran ilegítimo el sistema democrático es minoría. A lo mucho, el 5 por ciento se declara de izquierda radical. Un 24 por ciento de los abstencionistas tiene de 18 a 25 años, y el 29 por ciento de 26 a 35. Quienes menos votan son, en primer lugar, las amas de casa; en segundo lugar, el estudiante; después está el desempleado, y a continuación los jóvenes. A mayor edad aumenta el interés de votar. En particular, después de los 40 años. Además, cuando en el país aumenta la polarización, la abstención disminuye: se activa el ‘voto eficaz'. Y cuando aumenta la votación por la izquierda, no equivale a un mismo descenso en la abstención.


Política y exclusión


Después de 1914 y la primera elección directa, sólo a partir de 1936 se les otorgó el derecho al voto a todos los hombres mayores de 21 años. Y en una espera con rasgos de lucha, en 1954 la mujer obtuvo el derecho de elegir y ser elegida, pero sólo pudo votar por primera vez en el Plebiscito de 1957. A partir de 1975, la mayoría de edad se redujo en tres años, y cuentan con derecho al voto los mayores de 18 años.

En las elecciones de 1914 ganó el candidato conservador y oficialista José Vicente Concha, con menos de 300.000 votos. La abstención fue de 57 por ciento. El número total de votos fue de 331.410, concentrando el candidato ganador el 89 por ciento de los sufragios. Este mismo año fue asesinado el general Uribe Uribe, partidario de un liberalismo socialista.

La historia, desde entonces, se repite: una oligarquía que concentra el poder excluye con violencia a las mayorías populares, y persigue de manera criminal todo pensamiento de izquierda, esto es, que exprese igualdad, democracia radical y dignidad humana, y promueva los Derechos Humanos y un desarrollo incluyente y sostenible.

Un siglo de izquierda


En Colombia, a partir del siglo XIX, sin contar las ideas socialistas, tres grandes vertientes ideológicas y de lucha política en relación con el poder surgieron a la vida nacional.

El liberalismo propiamente dicho, de estirpe jacobina, librecambista y librepensador, con frecuentes nexos masónicos y llamado en su época “draconiano”.

El radicalismo de los gólgotas, partidario más del progreso social que del político, compenetrado de un socialismo de características filantrópicas. Y,

El conservatismo, que tuvo su mejor expresión en los terratenientes católicos y en algunos comerciantes temerosos de las ideas revolucionarias.

A la vez, las ideas por el socialismo se arraigaron temprano, en paralelo a su manifestación europea. Unas ideas con abono en los sectores populares excluidos, urgidos de atención gubernativa, planes colectivos de trabajo y requerimientos de derechos sociales para todos.

Melo, precursor. Por primera vez aquí, con el golpe dictatorial del general José María Melo, el 20 de marzo de 1954, las ideas socialistas alcanzaron el poder. Artesanos, campesinos, obreros y sectores no comprometidos del ejército reclamaban con una consigna bastante simple: “Pan y Trabajo”. La represión y la reacción del poder no se hicieron esperar. De inmediato, liberales y conservadores en unidad, con el apoyo de los gobiernos estadounidense e inglés, derrocaron de manera sangrienta el precursor experimento socialista moderno, que tan sólo duro ocho meses (2). Desde entonces, domina la oligarquía siempre servil a los países imperiales, y sin contemplación alguna a la hora de ejercer la violencia para contener cualquier amenaza a su hegemonía.

Durante las tres primeras décadas del siglo XX, las ideas socialistas mantuvieron un importante activismo, por impulso del movimiento obrero, campesino e indígena, los primeros trabajadores públicos, junto a la intelectualidad comprometida. Ya en 1919, lanzaron el “Manifiesto Comunista” y crearon el primer partido orientado por ese ideal. En 1922, apoyaron al liberal Benjamín Herrera, quien obtuvo 256.000 votos, el 38,2 por ciento del total. El candidato conservador, Pedro Nel Ospina, ganó al conseguir 409.131 votos, equivalentes al 61,8 por ciento de la votación. La abstención fue de un 25 por ciento. Sin pausa, en la década de los años 1920 fue candente la agitación del movimiento izquierdista.

En 1925, la difusión de las ideas socialistas se convirtió en delito. Sin el extremo y en otro antecedente de hoy, el gobierno presentó al Congreso el proyecto de pena de muerte para quien las divulgara. Ante el rumor inconforme del pueblo, el 1º de mayo de 1928 fueron encarcelados 8.000 dirigentes obreros, campesinos e intelectuales de izquierda. El gobierno del conservador Miguel Abadía Méndez temía una conspiración armada. En 1929, el Gobierno apresó a todos los dirigentes socialistas, expirando de este modo la “década de oro” del socialismo, en medio de la tortura y el asesinato de sus militantes.

López Pumarejo y Gaitán. Al calor de las huelgas y las luchas populares, en 1930 se constituyó el Partido Comunista (PC), ilegal durante el gobierno liberal de Enrique Olaya Herrera (1930-1934). El gobierno de Alfonso López Pumarejo legalizó al PC y pactó alianzas con los dirigentes comunistas para impulsar las reformas liberales y cambiar la Constitución en 1936. En 1934, la candidatura de izquierda que lideró Jorge Eliécer Gaitán sólo alcanzó 40.000 votos, el 5 por ciento del total. Entre tanto, la abstención fue de 39 por ciento. El asesinato de Gaitán, en 1948, marcó el comienzo de una época de barbarie por parte de la oligarquía nacional, en contra de los sectores populares.

Esa barbarie se prolongó hasta la década de 1960: 300.000 asesinatos políticos y cerca de dos millones de campesinos desplazados por la violencia, en un país con una población ligeramente superior a los 11 millones de habitantes. Liberales y conservadores apoyaron el golpe militar que el 13 de junio de 1953 llevó al poder al general Gustavo Rojas Pinilla. En menos de un año se desmontó la guerrilla liberal, y el Partido Comunista, única fuerza de izquierda con alguna organización, de nuevo quedó ilegalizado. Tras el derrocamiento de Rojas, en 1957, la oligarquía instaló el Frente Nacional, que excluía del gobierno a quien no fuera liberal o conservador. Una institución que, con alternación y fraude, gobernó hasta 1974.

Perseguidas, cerradas todas las opciones legales para la oposición socialista, en un momento en que el recuerdo de la invasión proestadounidense en 1954 contra el presidente Jacobo Árbenz en Guatemala, la derrota de Marcos Pérez Jiménez, con protagonismo de una Junta Patriótica que contó con militares y militantes rebeldes, y la Revolución Cubana produjeron vientos favorables a la insurgencia en Latinoamérica, y en un período en que el terrorismo de Estado desataba su furia asesina con chulavitas, mano negra y B-2; la respuesta fue el camino armado en acción rural de campesinos, indígenas, y sectores populares urbanos y universitarios.

Rojas: de cal y arena. En 1962, la izquierda parlamentaria apoyó la candidatura del Movimiento Revolucionario Liberal (MRL), de Alfonso López Michelsen, quien obtuvo 354.560 votos, equivalentes al 13,5 por ciento del total. La abstención fue del 51 por ciento. Posteriormente, el candidato regresó a su originario partido liberal. Al finalizar la década, en 1970, el candidato de la Anapo, el ex dictador Rojas Pinilla, con el apoyo de la izquierda –a pesar de la consigna abstencionista de las influencias sociales del eln y el epl–, ganó las elecciones. Fue un triunfo popular que Carlos Lleras escamoteó y robó desde la Presidencia de la república. Con la gente en muchas plazas del país en espera de una orden de rebelión, Rojas se negó a reclamar el triunfo. Pero este hecho no pasó sin consecuencias: originó la organización insurgente urbana del Movimiento 19 de Abril (M-19) en 1974.

La UNO. Al comenzar la década de los 70, tuvo ascenso la Unión Nacional de Oposición (UNO), como producto de la alianza entre el Movimiento Amplio Colombiano (MAC), el PC y el Movimiento Obrero Independiente y revolucionario (Moir) en 1972. Esta unión de la izquierda lanzó la candidatura de Hernando Echeverri Mejía en 1974, quien obtuvo 137.000 votos, 2,6 por ciento del total. La abstención marcó el 42 por ciento. Alfonso López, candidato liberal, ganó con cerca de tres millones de votos, el 56 por ciento de la votación.

En las elecciones de 1978, el candidato del PC, Julio César Pernía, no llegó sino a 97.234 votos, 2 por ciento del total. La abstención entonces fue del 55 por ciento. Con 2,5 millones de votos, triunfó Julio César Turbay, candidato liberal. Su gobierno abolió todos los derechos y libertades políticas, desató un régimen de terror, los derechos humanos fueron violados, y los militantes de izquierda y sectores democráticos fueron perseguidos.

Ya en la década del 80, el candidato de una coalición de izquierda, Gerardo Molina, contabilizó menos de 100.000 votos, el 1,5 por ciento de los votos. La abstención mantuvo un 50 por ciento. El ganador, Belisario Betancur, frente a la tensión social y la amenaza de una extensa conflagración civil, firmó una tregua con las tres organizaciones guerrilleras de más impacto –excepto el eln y el comando Quintín Lame, éste en formación–, abriendo por primera vez la posibilidad de una negociación política con los grupos insurgentes.

La U.P. El experimento político que nació de la tregua creó la Unión Patriótica (UP) –en menor proporción a los frentes Mayorías-Casas del M-19, A Luchar y Frente Popular–, que en las elecciones de 1986, con su candidato Jaime Pardo Leal, llegó a 350.000 votos, el 4,9 de la votación. La abstención aumentó a 54 por ciento. Posteriormente, Jaime Pardo fue asesinado por las fuerzas homicidas de la extrema derecha, en medio de uno de los más desgarradores genocidios en la historia colombiana contra un partido político: 3.000 militantes fueron asesinados; y cercenada la conducción social de movimientos cívicos.

Una coyuntura triste. En medio del terror pero sin unidad, entre 1882 y 1889 crecía con ritmo antioligárquico el número de destacamentos rurales, de comandos urbanos, de milicias populares, y la ola de movimientos cívicos locales o de mayor territorio. Pero sobrevino el desgaste –ante todo urbano– cuando ninguna organización revolucionaria pudo imponer su hegemonía. Es cuando, en un nuevo proceso de negociación política, el M-19 se desmovilizó y se presentó a las elecciones de 1990. Su candidato, Carlos Pizarro Leongómez, también fue asesinado. A la vez, otro crimen, el de Bernardo Jaramillo Ossa, candidato de la UP, frustró la idea de que posteriormente a las elecciones los dos dirigentes acordaran una unidad de acción.

Reacomodo oligárquico con ‘nuevo país’. La UP juzgó válido cancelar su participación y Antonio Navarro asumió la candidatura de la Alianza Democrática M-19 (AD M-19), que obtuvo 740.000 votos, un 12,6 por ciento de sufragios; mientras la abstención subía a 57 por ciento. En las elecciones posteriores para la Constituyente, la AD M-19 sumó el 27 por ciento de la votación.

En las elecciones de 1994 y 1998, los votos por los candidatos de la izquierda cayeron de nuevo a cifras cercanas a 200.000, con un 3,8 por ciento y 1,6 por ciento del total, respectivamente. Entre tanto, la abstención de 1994 fue de las más altas en el siglo XX: 65 por ciento. En 1998, la abstención bajó a 42 por ciento, en un período de narcoescándalos en la clase política y de mayor polarización violenta de la sociedad colombiana.

Luis Eduardo, al relevo. En la primera elección de este siglo, la izquierda presentó un avance relativo de unidad mediante la alianza Polo Democrático Independiente (PDI, que alcanzó 800.000 votos en 2002, un 6,1 por ciento del total, con el candidato y dirigente sindical Luis Eduardo Garzón. Por igual, la abstención aumentó a 54 por ciento. En 2003, el PDI, con Garzón, ganó la Alcaldía Mayor de Bogotá (2004-2007), triunfo con repetición mediante Samuel Moreno para los años 2008-2011 en las elecciones de 2007.

Carlos Gaviria pegó en la opinión. Para las elecciones presidenciales de 2006, dos fuerzas de izquierda se unieron, el PDI y la Alianza Democrática (AD), dando nacimiento al Polo Democrático Alternativo (PDA). El candidato de la extrema derecha, Álvaro Uribe Vélez, fue reelegido con más de siete millones de votos, 62 por ciento del total, como producto de disciplina burguesa, compra de votos, presiones armadas, asistencialismo social y ‘favores' del Gobierno mediante prácticas corruptas. La abstención fue del 55 por ciento, a pesar de estar establecido el voto universal. El candidato Carlos Gaviria alcanzó más de 2,6 millones, la votación más alta en la historia de la izquierda, el 22,5 por ciento del total. La abstención, por su parte, se mantuvo en 55 por ciento, exceptuando el 27 logrado por la Ad M-19 para la Constituyente.

En estos últimos años, el PDA enfrentó el reto de ser una verdadera fuerza de izquierda, del movimiento y las luchas populares, o quedarse como simple maquinaria electoral, símil de los partidos del establecimiento. En 2010, el candidato del Polo, Gustavo Petro, obtuvo 1.329.347 votos, equivalentes a un 9,1 por ciento. La abstención fue 51 por ciento.

Persistir y rectificar. Hacia el futuro, la izquierda tiene el reto, entonces, de “ser gobierno y ser poder” un día menos lejano; de superar sus errores, educar y organizar a los sectores populares, y conquistar el corazón y la conciencia de la gente.

* Economista, máster en teoría económica. Filósofo y analista existencial. Docente de la Maestría de Derechos Humanos de la UPTC. Miembro del equipo de redacción de Le Monde Diplomatique Edición Colombia y del periódico desde abajo. Escritor e investigador independiente.
1  Vargas Martínez, Gustavo (1998), José María Melo, los artesanos y el socialismo, Planeta Colombiana Editorial.


Un siglo con 55 por ciento de abstención


Los abstencionistas son en general personas de escaso nivel educativo, máximo con grado de bachillerato. En forma directa, estrecha, el problema estructural de la abstención está relacionado con la exclusión, la violencia, la pobreza y la ignorancia política que sufre más de la mitad de los sectores populares. Las tendencias a lo largo del último siglo muestran que en los momentos más cruciales de la violencia la gente encuentra significativo su voto, pero los desplazamientos forzosos y las zonas de orden público les impiden a los afectados ejercer su derecho político.

Dentro de la cultura política colombiana, los grupos hegemónicos de la política tradicional han desatado una ideología antidemocrática y anticomunista que legitima el asesinato y la exclusión de los opositores, los inconformes y los militantes de izquierda. A esta campaña sistémica de intolerancia contribuyen la jerarquía de la iglesia católica, los medios de comunicación y la propaganda estatal.

Paradójicamente, no hay una relación directa entre abstención, pobreza y violencia en la historia de Colombia (gráficos 1, 2 y 3). No obstante, en las elecciones de 2010, la manipulación y el chantaje que llevó adelante el gobierno con el programa asistencialista de Familias en Acción permitió que las masas miserables aportaran una tercera parte de los votos del candidato de la extrema derecha, Juan Manuel Santos. Pero también, la violencia y la pobreza explican la poca incidencia de los movimientos de izquierda en el país: una buena parte de los militantes socialistas o comunistas ha sido asesinada por el establecimiento, otro tanto fue obligada a exilarse, y la mayoría es mantenida por el sistema en la miseria y la ignorancia más dolorosas.

¿Qué es, entonces, la abstención? Históricamente se afirma que el censo electoral está inflado, porque no se tienen en cuenta los problemas de inscripción y registro, la resta de los muertos y el descuento de los miembros de la Fuerza Pública. En la zona rural, además, siempre ha habido dificultades de transporte y lejanía; en la urbana, acceso complicado a las mesas de votación. A esto se agrega el fenómeno de la diáspora colombiana, que suma unos cuatro millones de colombianos que viven en el extranjero, teniendo en cuenta que su participación electoral es mínima.
Publicado en Edición 158
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