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Jueves, 26 de Diciembre de 2013 10:19

Izquierda y progresismo: la gran divergencia

ALAI AMLATINA, 24/12/2013.- Uno de los mayores cambios políticos vividos en América Latina en los últimos veinte años fue el surgimiento y consolidación de los gobiernos de la nueva izquierda. Más allá de la diversidad de esas administraciones y de sus bases de apoyo, comparten atributos que justifican englobarlos bajo la denominación de "progresistas". Son expresiones vitales, propias de América Latina, en cierta manera exitosas, pero ancladas en la idea de progreso. Su empuje, e incluso su éxito, está llevando a que esté en marcha una divergencia entre este progresismo con muchas de las ideas y sueños de la izquierda latinoamericana clásica.


Para analizar estas circunstancias es necesario tener muy presente la magnitud del cambio político que se inició en América Latina en 1999 con la primera presidencia de Hugo Chávez, y que se consolidó en los años siguientes en varios países vecinos. Quedaron atrás los años de las reformas de mercado, y regresó el Estado a desempeñar distintos roles. Se implantaron medidas de urgencia para atacar la pobreza extrema, y su éxito ha sido innegable en casi todos los países. Vastos sectores, desde movimientos indígenas a grupos populares urbanos, que sufrieron la exclusión por mucho tiempo, lograron alcanzar el protagonismo político.


Es también cierto que esta izquierda latinoamericana es muy variada, con diferencias notables entre Evo Morales en Bolivia y Lula da Silva en Brasil, o Rafael Correa en Ecuador y el Frente Amplio de Uruguay. Estas distintas expresiones han sido rotuladas como izquierdas socialdemócrata o revolucionaria, vegetariana o carnívora, nacional popular o socialista del siglo XXI, y así sucesivamente. Pero estos gobiernos, y sus bases de apoyo, no sólo comparten los atributos ejemplificados arriba, sino también la idea de progreso como elemento central para organizar el desarrollo, la economía y la apropiación de la Naturaleza.


El progresismo no sólo tiene identidad propia por esas posturas compartidas, sino también por sus crecientes diferencias con los caminos trazados por la izquierda clásica de América Latina de fines del siglo XX. Es como si presenciáramos regímenes políticos que nacieron en el seno del sendero de la izquierda latinoamericana, pero a medida que cobraron una identidad distinta están construyendo caminos que son cada vez más disímiles. Es posible señalar, a manera de ejemplo, algunos puntos destacados en los planos económico, político, social y cultural.


La izquierda latinoamericana de las décadas de 1960 y 1970 era una de las más profundas críticas del desarrollo convencional. Cuestionaba tanto sus ideas fundamentales, incluso con un talante anti-capitalista, y rechazaba expresiones concretas, en particular el papel de ser meros proveedores de materias primas, considerándolo como una situación de atraso. También discrepaba con instrumentos e indicadores convencionales, tales como el PBI, y se insistía que crecimiento y desarrollo no eran sinónimos.


El progresismo actual, en cambio, no discute las esencias conceptuales del desarrollo. Por el contrario, festeja el crecimiento económico y defiende las exportaciones de materias primas como si fueran avances en el desarrollo. Es cierto que en algunos casos hay una retórica de denuncia al capitalismo, pero en la realidad prevalecen economías insertadas en éste, en muchos casos colocándose la llamada "seriedad macroeconómica" o la caída del "riesgo país" como logros. La izquierda clásica entendía las imposiciones del imperialismo, pero el progresismo actual no usa esas herramientas de análisis frente a las desigualdades geopolíticas actuales, tales como el papel de China en nuestras economías. La discusión progresista apunta a cómo instrumentalizar el desarrollo y en especial el papel del Estado, pero no acepta revisar las ideas que sostienen el mito del progreso. Entretanto, el progresismo retuvo de aquella izquierda clásica una actitud refractaria a las cuestiones ambientales, interpretándolas como trabas al crecimiento económico.


La izquierda latinoamericana de las décadas de 1970 y 1980 incorporó la defensa de los derechos humanos, y muy especialmente en la lucha contra las dictaduras en los países del Cono Sur. Aquel programa político maduró, entendiendo que cualquier ideal de igualdad debía ir de la mano con asegurar los derechos de las personas. Ese aliento se extendió, y explica el aporte decisivo de las izquierdas en ampliar y profundizar el marco de los derechos en varios países. En cambio, el progresismo no expresa la misma actitud, ya que cuando se denuncian derechos violados en sus países, reaccionan defensivamente. Es así que cuestionan a los actores sociales reclamantes, a las instancias jurídicas que los aplican, incluyendo en algunos casos al sistema interamericano de derechos humanos, e incluso a la propia idea de algunos derechos.


Aquella misma izquierda también hizo suya la idea de la democracia, otorgándole prioridad a lo que llamaba su profundización o radicalización. Su objetivo era ir más allá de la simples elecciones nacionales, buscando consultas ciudadanas directas más sencillas y a varios niveles, con mecanismos de participación constantes. Surgieron innovaciones como los presupuestos participativos o los plebiscitos nacionales. El progresismo, en cambio, en varios sitios se está alejando de aquel espíritu para enfocarse en mecanismos electorales clásicos.Entiende que con las elecciones presidenciales basta para asegurar la democracia, festeja el hiperpresidencialismo continuado en lugar de horizontalizar el poder, y sostiene que los ganadores gozan del privilegio de llevar adelante los planes que deseen, sin contrapesos ciudadanos. A su vez, recortan la participación exigiendo a quienes tengan distintos intereses que se organicen en partidos políticos y esperen a la próxima elección para sopesar su poder electoral.


La izquierda clásica de fines del siglo XX era una de las más duras luchadoras contra la corrupción. Ese era una de los flancos más débiles de los gobiernos neoliberales, y la izquierda lo aprovechaba una y otra vez ("nos podremos equivocar, pero no robamos", era uno de los slogans de aquellos tiempos). En cambio, el progresismo actual no logra repetir ese mismo ímpetu, y hay varios ejemplos donde no ha manejado adecuadamente los casos de corrupción de políticos claves dentro de sus gobiernos. Asoma una actitud que muestra una cierta resignación y tolerancia.


Otra divergencia que asoma se debe a que la izquierda latinoamericana luchó denodadamente por asegurar el protagonismo político de grupos subordinados y marginados. El progresismo inicial se ubicó en esa misma línea, y conquistó los gobiernos gracias a indígenas, campesinos, movimientos populares urbanos y muchos otros actores. Dieron no sólo votos, sino dirigentes y profesionales que permitieron renovaron las oficinas estatales. Pero en los últimos años, el progresismo parece alejarse de muchos de estos movimientos populares, ha dejado de comprender sus demandas, y prevalecen posturas defensivas en unos casos, a intentos de división u hostigamiento en otros. El progresismo gasta mucha más energía en calificar, desde el palacio de gobierno, quién es revolucionario y quién no lo es, y se ha distanciado de organizaciones indígenas, ambientalistas, feministas, de los derechos humanos, etc. Se alimenta así la desazón entre muchos en los movimientos sociales, quienes bajo los pasados gobiernos conservadores eran denunciados como izquierda radical, y ahora, bajo el progresismo, son criticados como funcionales al neoliberalismo.


La izquierda clásica concebía a la justicia social bajo un amplio abanico temático, desde la educación a la alimentación, desde la vivienda a los derechos laborales, y así sucesivamente. El progresismo en cambio, se está apartando de esa postura ya que enfatiza a la justicia como una cuestión de redistribución económica, y en especial por medio de la compensación monetaria a los sectores más pobres y el acceso del consumo masivo al resto. Esto no implica desacreditar el papel de ayudas en dinero mensuales para sacar de la pobreza extrema a millones de familias. Pero la justicia es más que eso, y no puede quedar encogida a un economicismo de la compensación.


Finalmente, en un plano que podríamos calificar como cultural, el progresismo elabora diferentes discursos de justificación política pero que cada vez tienen mayores distancias con las prácticas de gobierno. Se proclama al Buen Vivir pero se lo desmonta en la cotidianidad, se llama a industrializar el país pero se liberaliza el extractivismo primario exportador, se critica el consumismo pero se festejan los nuevos centros comerciales, se invocan a los movimientos sociales pero se clausuran ONGs, se felicita a los indígenas pero se invaden sus tierras, y así sucesivamente.


Estos y otros casos muestran que el progresismo actual se está separando más y más de la izquierda clásica. El nuevo rumbo ha sido exitoso en varios sentidos gracias a los altos precios de las materias primas y el consumo interno. Pero allí donde esos estilos de desarrollo generan contradicciones o impactos negativos, estos gobiernos no aceptan cambiar sus posturas y, en cambio, reafirman el mito del progreso perpetuo. A su vez, contribuyen a mercantilizar la política y la sociedad con su obsesión en la compensación económica y su escasa radicalidad democrática.


El progresismo como una expresión política distintiva se hace todavía más evidente en tiempo de elecciones. En esas circunstancias parecería que varios gobiernos abandonan los intentos de explorar alternativas más allá del progreso, y prevalece la obsesión con ganar la próxima elección. Eso los lleva a aceptar alianzas con sectores conservadores, a criticar todavía más a los movimientos sociales independientes, y a asegurar el papel del capital en la producción y el comercio.


El progresismo es, a su manera, una nueva expresión de la izquierda, con rasgos típicos de las condiciones culturales latinoamericanas, y que ha sido posible bajo un contexto económico global muy particular. No puede ser calificado como una postura conservadora, menos como un neoliberalismo escondido. Pero no se ubica exactamente en el mismo sendero que la izquierda construía hacia finales del siglo XX. En realidad se está apartando más y más a medida que la propia identidad se solidifica.


Esta gran divergencia está ocurriendo frente a nosotros. En algunos casos es posible que el progresismo rectifique su rumbo, retomando algunos de los valores de la izquierda clásica para buscar otras síntesis alternativas que incorporen de mejor manera temas como el Buen Vivir o la justicia en sentido amplio, lo que en todos los casos pasa por desligarse del mito del progreso. Es dejar de ser progresismo para volver a construir izquierda. En otros casos, tal vez decida reafirmarse como tal, profundizando todavía más sus convicciones en el progreso, cayendo en regímenes hiperpersidenciales, extractivistas, y cada vez más alejados de los movimientos sociales. Este es un camino que lo aleja definitivamente de la izquierda.


Por Eduardo Gudynas, analista en CLAES (Centro Latino Americano de Ecología Social), Montevideo.

Twitter: @EGudynas

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Lunes, 18 de Noviembre de 2013 06:35

La victoria de Bachelet en Chile y Colombia

En 1990 terminó la dictadura de Pinochet gracias a un acto plebiscitario, pero el espíritu de la dictadura flota todavía sobre Chile. Específicamente, la Constitución que Pinochet impuso no ha podido ser modificada ni suplantada o eliminada treinta y dos años después. No pudieron hacerlo los gobiernos de P. Aylwin (1990–1994), Eduardo Frei (1994–2000), Ricardo Lagos (2000–2006), Michelle Bachelet (2006–2010), o Sebastián Piñera (2010...).


Michelle Bachelet ha anunciado, incluso desde antes de lanzarse como candidata, su deseo de cambiar la Carta Magna de la Junta Militar. Lo cual, en realidad, es la respuesta al elevado nivel de insatisfacción social, en uno de los países ejes de la economía latinoamericana y con fuerte proyección internacional.


En verdad, desde el punto de vista político, el cambio de la Constitución de 1981 es una señal de la fuerza de los sectores más progresistas de la sociedad chilena, liderados por un dúplice factor: el poder de las fuerzas de centro–izquierda, y la fuerza de los jóvenes, específicamente los estudiantes, organizados en asociaciones de secundaria y universitaria. Ambos factores se refuerzan positivamente entre sí.


En efecto, desde el final de la dictadura y la transición a la democracia a partir de 1990, todas las fueras políticas y sociales de Chile han reconocido la Constitución, que fue de hecho modificada parcialmente en la transición a la democracia, y por iniciativa del presidente Alwin. Todos los sectores, excepto el Partido Comunista de Chile, y otras fuerzas de izquierda.


Pues bien, el cambio de la Constitución que se avizora durante el segundo mandato de M. Bachelet significa, literalmente, la transformación del modelo social y económico impuesto por la dictadura. Un verdadero ejemplo para el conjunto de América Latina. La elección de Bachelet en las elecciones de 2013 implica, con toda seguridad, un giro estructural al interior de la sociedad chilena.


Este giro puede representar quizás el golpe más certero al modelo neoliberal en el continente, y acaso en el mundo. En un contexto mundial en el que Europa se enfrenta a una profunda crisis social y financiera, con alto escepticismo hacia los partidos tradicionales y con una profunda depresión moral. Irlanda fue objeto de rescate, y Portugal y Grecia tuvieron el mismo destino. La crisis actual pende, como Espada de Damocles, sobre España, y Francia acaba de ver reducida su calificación por parte de una de las agencias internacionales que siguen el manejo de la economía. Italia se mece en medio de fuertes vientos, cuyo motivo central es la inestabilidad política que genera S. Berlusconi.


En este escenario, los Estados Unidos no tienen una situación mejor, y la expresión más aguda de la crisis es el sistema de seguridad social; en un país que invierte en la misma cerca del 18% del PIB pero que tiene el peor sistema de seguridad social del mundo. Y en Asia, la crisis de Japón no parece encontrar una solución en el futuro inmediato.


En este panorama, las dinámicas en Chile se inscriben exactamente en medio de la crisis mundial del modelo neoliberal de mercado y sociedad, y la emergencia de nuevos actores en la política y la economía mundial. Pues bien, Chile quiere ser considerado como un jugador importante. Por lo pronto, de acuerdo con declaraciones del FMI, Chile, junto a Perú, Colombia y Brasil representarán a la locomotora de América Latina. Brasil, hay que decirlo, no entra en consideración debido a que ya es un jugador principal en el mundo.


En cualquier caso, la reforma a la Constitución es la más sensible de las transformaciones que deberá hacer Bachelet, sin olvidar el muy delicado tema de la reforma al sistema de educación. Las protestas del 2011 aún están candentes y toda la población infantil, juvenil y de jóvenes adultos espera un cambio en este sentido.


Dos vías aparecen en el camino hacia la transformación de la Constitución de Pinochet. Una, como lo ha señalado la nueva presidenta, es el cambio total de la Constitución por vía del Congreso. Y la otra es, en caso de que no sea posible ese primer camino, el llamado al constituyente primario.


En el primer caso, todo dependerá de dos factores. De un lado, de los resultados también de las votaciones al Congreso. Ambos aspectos se conjugan dependiendo de si Bachelet logra un contundente triunfo en primera vuelta. Pues ello habrá significado un importante triunfo de la izquierda en el parlamento. Para lo cual cabe destacar que los exdirigentes del movimiento de estudiantes chilenos, Camila Vallejo y Giorgio Jackson, tienen asegurada su elección al Congreso chileno.


Y sin embargo, lo verdadero significativo no estriba en el ingreso al Congreso chileno por parte del Partido Comunista. Pues ya existen varios congresistas elegidos en pasadas elecciones, conjuntamente con congresistas socialistas y de otras fuerzas de izquierda. Por el contrario, se trata del hecho de que los comunistas podrían ser miembros del gobierno de Bachelet, algo que no sucedía desde el gobierno de S. Allende.


El segundo factor es el plan B de Bachelet. En caso de que la transformación total de la Constitución no sea posible por vía parlamentaria, entonces llamará, convocará a una Constituyente. La dificultad es que este proceso, que es bien visto por los sectores más radicales de la sociedad chilena, implicaría un gasto político grande para Bachelet, quien tiene entre sus planes varias otras reformas profundas en las estructuras militares, sociales, económicas, fiscales y políticas en Chile.


De hecho, buena parte de los gobiernos de América Latina se enfrentan en estos momentos con diversos procesos políticos y sociales que atraviesan por el llamado al Constituyente primario: en Bolivia, tanto como en Ecuador, en Venezuela y Uruguay. Es en ese panorama regional que cabe, en el caso de Colombia, por lo demás, entender las reflexiones que se han estado debatiendo en La Habana en los caminos a la legitimación de los resultados de las negociaciones que ya, parece, ha quedado definido.


Los gobiernos y las sociedades de América Latina están pendientes de lo que acontezca en Chile. Una situación que deberá decidirse en los primeros meses del segundo mandato de Michelle Bachelet. Toda una experiencia aleccionadora. Aunque nunca similar, sí existen claros visos de analogía con el proceso que llevó a la presidencia a Salvador Allende en 1970. Este es el resultado de un cambio de estrategia por parte de los comunistas, quienes después de estar aislados de todas las otras fuerzas y partidos chilenos, emprendieron un giro fundamental que los acerca a la integración con los aspectos institucionales chilenos. La presidenta Bachelet, de militancia socialista, ha sido determinante en el paulatino acercamiento institucional de los comunistas.


Para Colombia, Chile representa una lección importante de cara al futuro: puede ser posible, en un proceso largo y concertado, que las fuerzas de izquierda accedan al poder por vía de elecciones democráticas y de procesos democráticos de representación y participación. A condición de que tengan un fuerte apoyo social, que los jóvenes sean actores destacados, y que haya señales claras de maduración y desarrollo político y conceptual. Específicamente, voluntad de unidad y comprensión de las nuevas realidades con nuevos y mejores conceptos, acordes al progreso del conocimiento y de los tiempos. Definitivamente, el efecto mariposa: un (pequeño) acontecimiento en un lugar puede tener consecuencias imprevisibles en otro lugar distinto


Domingo, 17 Noviembre 2013 19:22

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  • Autor Escrito por Carlos Eduardo Maldonado
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Martes, 29 de Octubre de 2013 07:53

La izquierda beata de América Latina

 

Persignarse y dar avemarías es reacción común entre la mayoría de los presidentes identificados con la izquierda en América Latina cuando en sus países se invocan reformas vinculadas con derechos civiles que contrarían la tradición. En temas como la despenalización del aborto o del consumo de drogas blandas y el establecimiento del matrimonio homosexual, sus posiciones tienden al conservatismo, y el mensaje religioso es incorporado cada vez con mayor frecuencia en sus discursos políticos y en su argumentación. En el continente donde convive la mayor comunidad católica del mundo, la izquierda parece haberse convertido.

 

"Que hagan lo que quieran, yo jamás aprobaré la despenalización del aborto", dijo el pasado 19 de octubre el presidente ecuatoriano Rafael Correa, quien se define a sí mismo como "humanista, católico y de izquierda". Correa incluso amenazó con dimitir si los parlamentarios del bloque oficialista, Alianza País, votaban a favor de incluir esta reforma en el nuevo Código Penal. "Si siguen estas traiciones y deslealtades (...) yo presentaré mi renuncia al cargo", advirtió el mandatario ecuatoriano en esa misma oportunidad. El presidente de la Conferencia Episcopal de Ecuador, monseñor Antonio Arregui, celebró de inmediato la postura de Correa "por la valentía y la nobleza de ánimo con que habló".

 

El tema del aborto es especialmente sensible entre la izquierda más revolucionaria de antaño. Nicaragua y El Salvador, donde gobiernan respectivamente el líder del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, Mauricio Funes, y el sandinista Daniel Ortega, son dos de los países en los que se castiga el aborto con mayor severidad sin que haya perspectivas para una reforma de la ley. El gobierno de Funes fue criticado de no intervenir a tiempo en el polémico caso de Beatriz, una joven salvadoreña que corría peligro de muerte por un embarazo inviable, que finalmente fue interrumpido a través de un "parto inducido" que terminó en cesárea. Daniel Ortega y su esposa, Rosario Murillo, también se han opuesto firmemente a la posibilidad de despenalizar el aborto terapéutico. Después de toda una vida de ateísmo, la pareja decidió casarse ante la Iglesia católica en 2005 y dice ahora liderar una revolución "cristiana, socialista y solidaria"; el cardenal Miguel Obando y Bravo, antiguo enemigo del sandinismo, ofició el matrimonio entonces y ahora suele inaugurar con una oración los actos públicos del Frente Sandinista.

 

Dios es omnipresente también en los discursos del venezolano Nicolás Maduro, quien declaró haber reencontrado la fe después de declararse ateo a los 18 años a causa del comportamiento de la Iglesia católica. "Hugo Chávez hizo de nosotros verdaderos cristianos", dijo el mandatario venezolano el 7 de abril de pasado durante un acto de campaña, previo a las presidenciales del día 14 en las que fue declarado ganador. La despenalización del aborto y del consumo de drogas como la marihuana o el establecimiento del matrimonio homosexual no son siquiera tema de debate en la Venezuela que gobierna Maduro, ni lo fueron durante los 14 años de mandato de Hugo Chávez. Por el contrario, la condición de homosexual es asumida por la nomenclatura del chavismo como denigrante. El mismo Maduro, siendo canciller, calificó al liderazgo opositor de "sifrinitos (pijos), mariconsones y fascistas", durante un discurso transmitido por la estatal Venezolana de Televisión, el 12 de abril de 2012.

 

Más allá de la animosidad en el uso del lenguaje, hay analistas como el venezolano Teodoro Petkoff –editor del diario TalCual de Caracas, ex militante comunista y ex guerrillero—que consideran que la izquierda latinoamericana está dividida en dos grandes bloques, que definen su posición. "Hay una izquierda ideológicamente formada, la más antigua, que suele asumir con mucho valor posturas que confrontan el peso de la tradición", señala, refiriéndose a la izquierda uruguaya, liderada por el presidente José Mujica, y a sectores de la izquierda brasileña y argentina.

 

Hay otra izquierda, sostiene el editor de TalCual, que se define en términos políticos más que ideológicos, y que atiende al peso de tradiciones morales centenarias, compartidas por el grueso de la población de América Latina. "Esta especie de neo izquierda de origen chavista, que de izquierda solo tiene el apelativo, es absolutamente tradicionalista en estas materias. En unos casos, esto responde a una actitud sincera sobre asuntos morales y éticos, que no separan religión de política. En otros, es puro oportunismo, un intento de mantenerse cerca de la clientela electoral", concluye Petkoff.

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Jueves, 22 de Agosto de 2013 15:55

La antiética del estigma

Un nuevo proceso de negociaciones abierto entre Gobierno y un sector de la insurgencia, abre la posibilidad de aclarar una larga historia de violencia y terror. Una oportunidad para superar el estigma con el que se ha marcado, y se continúa señalando, a todo aquel que se opone al poder vigente, pero también para correr el velo sobre el terror de Estado, y el uso de la violencia por parte de su contrario, con sus nefastos efectos sobre la memoria colectiva. Una mirada al pasado con fuerza y retos presentes.

 

Con frecuencia se habla del conflicto armado de la época actual como continuación del que tuvo lugar en la década de los 50 del siglo XX, la llamada Violencia. Sin embargo pocos se ocupan de argumentar en dónde reside esa línea de continuidad. La mayoría se limita a citar el nombre de alguno o, a lo sumo, algunos, de los líderes históricos de la guerrilla de autodefensa de los 50 que murieron de viejos, ostentando títulos como los de "el guerrillero más antiguo" del mundo.

 

Este es un aspecto, pero en verdad, el estigma es el elemento más importante de esa línea de continuidad porque garantiza la renovación permanente de la guerra; tal y como opera hoy en día en Colombia es el resultado de la Inquisición de Laureano Gómez, que veía en judíos y masones a los corruptores de la catolicidad hispanizante y franquista; inmediatamente después Rojas Pinilla pierde el apoyo de los EEUU, en parte a causa de su intento de sumarle al estigma vigente el rasgo del protestantismo: dejó sin embargo para el Frente Nacional el rasgo del comunismo como articulador con la estrategia de guerra fría. Lo que tienen de común denominador esos rasgos del estigma es que aluden a rivales religiosos de la catolicidad y/o son ateos. Pasadas unas décadas se repite este fenómeno con el de terrorismo, aportado por la doctrina Bush, al cual se adhiere Uribe. Como no se construye ni se borra de un día para otro ni constituye un discurso coherente, el estigma no es despreciable.

 

En el 2013

 

El gobierno de Santos estigmatiza a un líder de los campesinos del Catatumbo1, como miembro de las farc; la exigencia de los manifestantes al respecto de las zonas de reserva campesina2, que coincide con la de la insurgencia en la mesa de negociaciones de La Habana, constituiría la prueba. La autonomía necesaria para que la erradicación de cultivos ilícitos no deje a los campesinos en una situación absolutamente precaria3 justifica su resistencia pero al mismo tiempo delata la inmovilidad negociadora del gobierno, propia de su prolongada sumisión en el mismo tema.

 

Pero aunque esto no es poco hay mucho más. Días después, la comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos en Colombia es amenazada con impedírsele el ejercicio de sus funciones por haber criticado la actuación de la fuerza pública en el Catatumbo; aunque el gobierno parezca retractarse casi de inmediato, prolongándole la autorización para que opere durante un año más, la estigmatización había sido hecha, los medios de comunicación dominantes tuvieron insumos suficientes para hacer la tarea y la opinión que responde al estigma como un reflejo condicionado quedó satisfecha.

 

Otra expresión del mismo fenómeno. Cuando las protestas se extienden a regiones donde no opera la insurgencia armada de izquierda, la estigmatización apela de nuevo a la figura de la infiltración en este caso de políticos del mismo signo; es el caso de los vínculos entre un dirigente gremial de los cafeteros y mineros con un senador del Polo4. Es el estigma elaborado durante el Frente Nacional que sumó a los rasgos precedentes el de que los movimientos sociales tenían que ser "cívicos", es decir apolíticos. Aunque ya se entreveía una negociación con los campesinos del Catatumbo, la secuencia estigmatizante se repite por cuarta vez en menos de un mes: diez heridos y cuatro capturados acusados de formar parte de pertenecer "a las redes de apoyo de las farc"5. Sin embargo el no uso del adjetivo "terrorista" es un indicio de regresión6 al período que va desde el primer intento de negociaciones de paz de Belisario Betancur (1982) hasta el dado en el Caguán (1998), en el que la insurgencia armada era vista como consecuencia de las desigualdades sociales; no se trata de la visión laureanista de que la violencia y la guerra constituirían la marca indeleble del "inepto vulgo". Forma esta de regresión que implica una forma de olvidar.

 

La forma de olvidar que sigue al fin de la violencia de los años 50 es la de una amnistía –por parte del gobierno de Rojas Pinilla– del terrorismo practicado por la para-policía chulavita y respondido en términos similares por la "chusma". A las guerrillas que no se acogen les es retirada su filiación política de conservadores o liberales que hasta entonces la prensa partidista utiliza, para ser renombradas con el apelativo único de "bandoleros", los cuales arrastrarán el peso muerto de la crueldad con la que se había librado la confrontación bipartidista. Es algo similar a lo ocurrido con el cambio, en el pasado reciente, de la denominación de "guerrilla" a la de "terroristas" y actualmente con la sindicación a las farc de crímenes de lesa humanidad. El cambio de nombre y la transferencia7 de los autores es una forma del olvido, la que puede estarse fraguando en la mentalidad de los colombianos, revestida del lenguaje científico propio de la época, el reforzamiento del estigma bajo la forma de un fatalismo del ser colombiano, que permitiría ocultar al sujeto que hay en el perpetrador y resaltar en cambio sus rasgos genéticos o culturales8.

 

La respuesta de la insurgencia de que, empezando por el propio Estado, nadie es inocente9 y por consiguiente sería mejor olvidarse de responsabilidades y culpas, es paradójica porque forma parte de las salidas expres que en otros temas rechaza. La mayor beneficiaria de un examen ético y, por consiguiente, político del conflicto sería la misma insurgencia. Entre otras razones porque el estigma al que ha sido sometida no saldría bien librado en un examen integral y comparativo del conflicto armado, que debe contar con la participación de la academia en esa área de su especialidad que es la precisión conceptual. Sin embargo la academia no pronuncia fallos; con ocasión de otros conflictos la salida ha pasado por autoridades morales como fueron los casos de los tribunales Russell y Sábato.

 

Aportes a la conceptualización

 

La caracterización del otro como encarnación del mal propia del estigma facilita su eliminación sin distinguir entre formas caballerescas o atroces. Forman parte de esas generalizaciones apelativos en boga, como los de víctimas y victimarios, en la medida en que contribuyan a la igualación de conductas y actividades de la guerra. ¿Víctimas de qué? O ¿Cómo fueron victimizad(a)os? No son preguntas de segundo orden. De allí a la afirmación de que "Todos los actores del conflicto armado son iguales porque violan los derechos humanos" no hay sino un paso. De la misma manera el abuso de expresiones, como la de "terrorismo" –nunca fueron rigurosamente definidas por parte de aquellos que la implantaron a nivel imperial ni nacional–, indica que se está en el camino de la construcción del estigma. La precisión de la noción de terrorismo como familiar de la de crueldad, que aquí se intenta parte de la idea de que al ser humano lo aterroriza más una muerte deliberadamente prolongada, llena de dolor por el atropello y el destrozo causados al cuerpo y a la psiquis, sin ninguna compasión y con evidente complacencia por parte de los que la causan, que la muerte misma10.

 

Pareciera que la práctica de la crueldad es una manifestación exclusiva de condiciones psíquicas particulares del victimario, sin embargo tanto criminales seriales como los colectivos requieren de privacidad o dominio territorial. El criminal colectivo de la masacre suele contar con una elaboración también perteneciente a un colectivo a menudo mayoritario, consolidada en el tiempo: el estigma, articulado de esta manera a la crueldad. A veces el estigma se asocia a regímenes de Estado tal y como ocurrió con ocasión de la "solución final" del nazismo o con el terrorismo de Estado de las dictaduras militares del Cono Sur de América en los años 80 del siglo XX. Entre esas dos situaciones tiene ocurrencia la Violencia en Colombia de los años 50, caracterizada como de "frágil legitimidad o debilidad del Estado"11. La inoperancia del estigma constituye la "frágil legitimidad" y la creación de fuerzas armadas paralelas que practican el terror compensan la "debilidad".

 

Ética, guerra y paz

 

Hay analogías bien documentadas entre la mentalidad de los políticos partidarios a ultranza de la solución armada de los años del Frente Nacional, que crearon la denominación de "Repúblicas independientes" para los reductos de autodefensa campesina, y sus pares de hoy en día que esgrimen argumentos similares contra las zonas de reserva campesina12. Si se parte de la idea, tal vez ingenua, de que en la reconstrucción de la verdad histórica del conflicto reside una de las posibilidades de restarle eficacia al dispositivo mortífero del estigma, habría que compensar el déficit que existe en la documentación del campo de los estigmatizados. Desde estudios tempranos como el de "La violencia en Colombia" de Fals Borda, Umaña y el padre Guzmán, hasta otros recién aparecidos, la crueldad impacta con gran intensidad, especialmente a los observadores extranjeros13.

 

Sin embargo el acto cruel por excelencia, la masacre, ha caracterizado a la contrainsurgencia, mientras que el del secuestro lo hace con la insurgencia. Lo dicen las cifras14, como siempre a su manera no necesariamente la mejor. Es así como el concepto más usual de masacre tiene que ver con la cantidad de víctimas, es decir lo objetivo verificable, pero no a los aspectos subjetivos de crueldad y terror. La política de auto restricción de la crueldad tenía un contenido ético concomitante con lo político; en efecto las más conocidas de las guerrillas liberales del Tolima (denominadas por los sobrenombres de sus jefes, Desquite, Sangrenegra) practicaban sistemáticamente la violación de las mujeres del contrario político pero cuando empiezan a hacerlo con las del propio son rechazadas por la población que inicialmente las veía como sus defensoras naturales15.

 

Para entonces ya habían aparecido, en guerrillas y regiones que constituyen el germen de las actuales farc16, restricciones formales ante actos de crueldad A pesar de que amnistía e indulto en la violencia de los 50 se aplicaron a prácticamente todos los contendientes y actos, los decretos 1823 y 2062 de 1954 se preocuparon de excluir para esos efectos a aquellos "cuyos caracteres de atrocidad revelen una extrema insensibilidad moral"17, por lo menos en el papel. No se conocen casos en los que haya sido alguien condenado en virtud de esa excepcionalidad.

 

Sin embargo, dicha salvedad legal es indicativa del consenso ético que, así sea en el papel, siempre ha estado presente en el repudio a la crueldad. Transcurridos 42 años y en un medio geográfico y cultural distante los datos existentes acerca de las violaciones efectuadas por el actor de la guerra (farc) que sigue la línea del de Yacopi y otro relativamente nuevo (eln), sugieren que se ha mantenido una prohibición semejante. El acto del secuestro –que no el de la retención de prisioneros de guerra concepto más apropiado para el caso de militares capturados en combate– merecería ser objeto de un examen igualmente somero al de la masacre, así sea por ser característico de la guerrilla: lo dicen las cifras18. Algunos actos como el de amarrar al secuestrado, parecen estar en la lógica de impedir la fuga pero también en la del castigo cruel. Sin embargo el retorno de secuestrados –bajo poder guerrillero durante diez o más años– evidencia que, a pesar de lo duro de la situación a que fueron sometidos, no se produce en ellos el trauma físico o mental propio de la masacre, la tortura o la violación. Forma parte del secuestro una operación análoga de estigmatización a la de la masacre, que se ve en expresiones consagradas del catecismo de una izquierda rudimentaria como la de prescribir a los nuevos adeptos el "odio de clase".

 

Epílogo

 

La existencia de algunos programas oficiales de memoria histórica –de reciente apertura– parecieran introducir cambios en esta situación pero su impacto no es muy significativo por razones que tienen que ver con el estigma y el miedo que éste remueve. El estigma no se manifiesta exclusivamente al nivel de lo público sino en la ruptura de la tradición oral entre generaciones de la población desplazada y entre ésta y la población receptora. Una salida del tipo Tribunal Rusell o Sábato es digna de consideración. Además es de esperarse que la realidad colombiana cree mecanismos nuevos, que por lo menos nos dejen la ilusión de no repetición.

 

A este último respecto creemos que es el tiempo de abordar por parte de los nietos la historia familiar, hasta la generación de los abuelos, de manera sistemática, es decir desde el sector educativo, como un programa nacional. Constataríamos, sobre todo los habitantes de las ciudades, que la guerra no es una realidad lejana y ajena sino que tarde o temprano atraviesa la historia familiar y personal de la mayoría de los colombianos. Tal vez si esta generación se sensibiliza en ese sentido la siguiente pueda retomar la historia de nuestro doloroso presente.

 

Notas

 

1 http://www.semana.com/nacion/articulo/farc-niegan-infiltracion-catatumbo/350069-3
2 "...nunca se había producido un acuerdo de esta magnitud y mucho menos dando prioridad a la población rural. "Mientras en acuerdos anteriores, se daba prelación a las garantías y los beneficios a los miembros de los grupos armados dispuestos a desmovilizarse." http://www.centrodememoriahistorica.gov.co/index.php/noticias/1418-ique-tan-importante-es-el-acuerdo-agrario-en-los-dialogos-de-paz
3 Periódico Desde abajo.
4 http://www.semana.com/nacion/articulo/oscar-gutierrez-defiende-acusa-santos/351359-3
5 http://www.elespectador.com/noticias/nacional/protestas-de-mineros-continuan-disturbios-y-detenciones-articulo-437897
6 En el sentido de que se constituye en un retorno a un camino sin salida o con una salida conocida por lo frustrante.
7 Utilizamos la expresión "transferencia" en el sentido psicoanalítico de poner en el otro lo propio.
8 "...los extremos inhumanos a que se llegó en materia de ejercicio de la violencia en periodos y regiones concretas del país, sobre todo, en las coyunturas 1950-1960 y 1990-2000, por ejemplo, sugieren que... debe haber entrado algo "intrínsecamente maligno" capaz de posibilitar esos "productos sociales" tan perversos." Es decir, que estamos ante la posible y "peligrosa" hipótesis de la sociedad colombiana como potencialmente victimaria. http://fundacionecopais.blogspot.com/
9 Es controvertible o susceptible de alguna discusión (el tema de lesa humanidad y el impedimento para participar en política) porque nosotros podríamos decir que la ilegalidad ha capturado al Estado colombiano, entonces no podrían hacer política. http://www.elespectador.com/noticias/paz/el-fiscal-atraviesa-palos-al-proceso-de-paz-ivan-marque-articulo-433677#comments
10 Derrida Jacques. Estados de ánimo del psicoanálisis. Paidós 2000.
11 El texto citado -Bandoleros, gamonales y campesinos. Gonzalo Sánchez, Donny Meertens. p. 9- no alude directamente a la crueldad si se hace a las condiciones generales de existencia del "bandolerismo", particularmente a la búsqueda de dominio territorial.
12 A este respecto el artículo de Héctor-León Moncayo en el Periódico Desde abajo es bastante ilustrativo.
13 "hay una dimensión, dijo, que me impacta: cuando vemos como se atacan los derechos humanos en Colombia, y veo muchos ataques en el nivel mundial, -estuve en Asia, en Palestina, en Africa, en Chechenia, lo que me impacta de la situación colombiana no es solamente la violencia y la pobreza, o los desplazamientos masivos, es la crueldad. (Subrayado nuestro) En Palestina...no se descuartiza la gente". "El Tiempo" a finales del 2009 por Francoise Zimeray, Embajador de Francia. Citado en: http://fundacionecopais.blogspot.com, Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla
14 "El informe ¡Basta ya! Colombia: memorias de guerra y de dignidad, del Grupo de Memoria Histórica, contiene estos y otros datos tan escalofriantes como el que sigue: en las últimas tres décadas se perpetraron 1.982 masacres. En el 59% de los casos los responsables de semejante brutalidad fueron los paramilitares, un 17% correspondió a las gue-rrillas y en el 8% los perpetradores fueron agentes del Estado." http://www.elespectador.com/noticias/temadeldia/220000-colombianos-han-muerto-55-anos-de-violencia-articulo-435591.
15 Bandoleros, gamonales y campesinos. Gonzalo Sánchez, Donny Meertens. p. 19.
16 "Como se han encontrado cadáveres sin orejas, todos deben saber que aquí no se puede hacer lo mismo. Los comandantes de guerrilla darán cuenta, al Comando General de cualquier guerrillero que corte orejas o haga mutilaciones en el cadáver de un hombre enemigo." Yacopí el Comando General del Cuartel de San Luis a la fecha de enero 15 de 1953 Ibíd.
17 Citados en La violencia en Colombia. Germán Guzmán, Orlando Fals, Eduardo Umaña. p. 351.
18 De nuevo las cifras no hablan por sí solas: en efecto el concepto de secuestro se confunde, en Colombia especialmente, pero al parecer en el DIH, con el de los militares puestos en prisión como resultado de un combate o toma de instalaciones. "De los más de 27.000 secuestros perpetrados entre 1970 y 2010, la mayoría fueron realizados por las Farc. ...entre 1996 y 2002 se cometieron 16.040 plagios, de los cuales 8.578 fueron realizados por las farc y los demás por el eln" http://www.elespectador.com/noticias/temadeldia/220000-colombianos-han-muerto-55-anos-de-violencia-articulo-435591

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  • Antetítulo Guerra, terror y violencia
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Publicado en Edición 194
Jueves, 22 de Agosto de 2013 15:30

Catatumbo es una frontera caliente

En una frontera porosa, para Venezuela es necesario impedir que los paramilitares copen su línea y avancen en su infiltración. Ante posibles réplicas en otros lugares, de la lucha social y campesina en el Catatumbo, el ejército colombiano y las dos Cancillerías, prendieron la alerta. En medio de la puja que puso voces y roce en la Mesa de La Habana; en otro capítulo de las enrarecidas relaciones por el cálculo del presidente Santos de recibir al ex candidato opositor Capriles, hubo el encuentro entre los Presidentes de Colombia y Venezuela. Circunstancias que no pasan desapercibidas en la entrevista que nos respondió Rafael Uzcátegui, dirigente de la izquierda venezolana y del continente, secretario general de Patria Para Todos (PPT), uno de los partidos motrices de la Revolución Bolivariana y referente del Gran Polo Patriótico Simón Bolívar que movilizó el triunfo electoral en las dos últimas contiendas presidenciales.

 

No tan lejos, conocidos como fueron los incidentes con Colombia que afectaron a Venezuela durante el gobierno Uribe, "la relación entre las dos naciones siempre ha tenido el mismo trámite: es una especie de guión repetido, en el cual la diplomacia jura, rejura y compromete asuntos que parecen ser cada día más difíciles de sostener en el tiempo", destaca Uzcátegui quien hoy, también es miembro del Consejo de Estado en Venezuela, y remarca: "Es el comportamiento de los sectores que han detentado el poder en Colombia por años, o por toda la historia republicana, que son los mismos sectores que han impuesto una continuidad interrumpida solo y brevemente por Rojas Pinilla".

 

desde abajo (da). ¿Cómo ve el reencuentro de los presidentes Santos-Maduro?


Rafael Uzcátegui (RU). Todos sabemos que la renta petrolera venezolana es un factor que ha permitido estabilidad a la naturaleza y presencia oligárquica en el gobierno colombiano ¿Por qué motivo? Porque Venezuela ha sido el país que es inmediato receptor de la inmigración de varios millones de colombianos por asuntos económicos o de la violencia; que le permite sufragar la oferta de mano de obra colombiana. Sin el flujo y disponibilidad monetaria de la renta petrolera venezolana, Colombia con sus índices de pobreza y su presión social plena, ya habría estallado en muchos pedazos...

 

da: ...¿estallar?


RU: Sí, porque frente a la crisis social no existirían válvulas de escape. Venezuela ha sido el colchón que permite que esa crisis y el descontento del pueblo se mantenga –sin estallar–. Pero además de paliar con la emigración, esta economía acopla otros fenómenos que distraen otras franjas colombianas. Es el caso, del contrabando de extracción de alimentos y gasolina... cuando el precio de la gasolina allá en Colombia, es de los más altos del mundo. Asimismo, el diferencial cambiario favorece la economía diaria de los colombianos en la frontera, como antes la fortaleza del bolívar favoreció la rentabilidad de grandes operaciones y grupos económicos.

 

da: ¿En cuáles casos?


RU: El crecimiento textilero de Medellín fue parte de la demanda venezolana. Y la realidad fronteriza con los alimentos y con la gasolina, las grasas, los aceites en toda esa faja, todo el oriente Colombiano, está marcada por eso. Hay un diferencial cambiario que favorece y resuelve gran parte de la crisis en Colombia, la canasta básica venezolana subsidiada resuelve la carestía colombiana; las Misiones bolivarianas, la gratitud de la enseñanza y la medicina en Venezuela; resuelven parte de la crisis colombiana. Ya estamos en casi 5 millones de colombianos en Venezuela, si esos 5 millones estuvieran en Colombia, las manifestaciones, la crisis política y de inconformidad fuera mayor.

 

da: ¿Una mayor inconformidad que aletarga Venezuela?


RU: Elemental. ¿Si no fuera a Venezuela, los millones que emigran, hacia dónde iban a avanzar? ¿Hacia Panamá, Ecuador o hacia el sur buscando Chile o Argentina? O, ¿buscando los Estados Unidos? Todos sabemos cómo endurecen las leyes de migración en ese país y en Canadá, y cómo tienen más dificultad en Europa. ¿A dónde van a ir, a buscar «el rebusque» en el Chile neoliberal? ¿O a buscar y convertirse en mano de obra barata en Brasil o en Perú? El proyecto revolucionario venezolano, no induce ni significa el mismo razonamiento, hoy. La renta petrolera, la presencia del estado y la fortaleza del estado venezolano han servido de provecho a la oligarquía colombiana para mantenerse en el poder.

 

da: El PPT propone un mayor control en la frontera colombo venezolana, con prioridad sobre los productos alimentarios, ¿cómo explica tal

medida?


RU: Una vez claro el beneficio político y económico de la parte oligárquica, la explicación de una variación que estreche la hermandad de nuestros pueblos, surge a partir de conocer y no ocultar una larga y compleja historia. Con hechos que vienen desde los intentos de invasión y retaliación al territorio venezolano en 1900, que tras la guerra de los mil días fueron financiados por la oligarquía colombiana, hasta la ofensiva con la diáspora colombiana que comenzó desde los años de la Violencia hasta acá. Hay parte del territorio fronterizo venezolano, donde muchos de los pueblos, nacieron del refugio del año 50, del año 60, del año 80, en una especie de olas, olas y olas...


da: ...olas de gente


RU: No sólo, hay otras que todos conocemos: los centenares de vehículos que funcionaban en Colombia con placas de Venezuela, que eran robados aquí. O sea, la vulgaridad con la que han procedido las autoridades colombianas para permitir la ilegalidad. Para estimular la falsificación de bolívares, no hay noticia en la historia que en Venezuela hayan instalado talleres para la fabricación de pesos falsificados colombianos, y ahora en Colombia hay falsificación de bolívares venezolanos, siempre ha habido, así como de dólares y otras monedas. Tampoco se conoce que hayan robado vehículos y los hayan traído para Venezuela; ni de la extracción de productos subsidiados por el estado colombiano a Venezuela.

 

da: Favorabilidades cambiarias ayer y ahora en uno u otro sentido, ilegalidad; sin medida para evitar el olvido la nostalgia de patria de millones de colombianos que abandonan su terruño.


RU: Todo eso ha facilitado y encubierto esa economía (colombiana) que muchas veces es una ficción. La ficción de una falsa prosperidad o de índices de prosperidad, que no son otra cosa que la inyección por distinta vía y recurso de la realidad venezolana. A eso, se le une el narcotráfico, y el generar toda una industria delincuencial que no tiene nada que ver con el esfuerzo emprendedor de los campesinos que han producido en Colombia. Sino que es la distorsión de la economía colombiana, la renta petrolera (venezolana) ablanda con distorsión la realidad económica colombiana. Esa es una conclusión de la diplomacia colombiana, que se ha movido y juega en esos escenarios.

 

da: Es un tema sin debate a fondo, ¿Venezuela no reacciona?


RU: Es necesario reconocer nuestra debilidad, que a veces se confunde con la oportunidad. Por ejemplo, y sobre todo cuando ganaderos y agricultores de la frontera con Colombia usan la mano de obra colombiana de manera abusiva, para mantener crías y cultivos. O cuando la ingenuidad venezolana, propia de su cultura rentista, cedió a una masa muy importante de gente que traspasó la frontera y venía a trabajar en condiciones desiguales, pero que ahorró y aprovechó la bonanza de la renta petrolera, y que exige infraestructura, servicios, vivienda, y recorta la extensión y rapidez de la ayuda social; en bien de las necesidades venezolanas.

 

da: Además de la definición, ¿cómo sucede en lo cotidiano?


RU: Nada más, solo des una vuelta y visite mañana las casas de cambio en Caracas. Verá como hacen unas grandes colas para transferir bolívares (ver recuadro: El negocio de la divisa). Hay una nueva industria (que involucra a muchos colombianos), que transfiere bolívares con falsos datos, para convertirlos y regresarlos de nuevo en dólares, que en el mercado negro se triplican o cuadriplican.

 

da: 'Industria' con coberturas de corrupción e impunidad, de paras y mafias del contrabando que controlan las bandas neoparamilitares, urabeños y los rastrojos a lo largo de la frontera....


RU: ...Para el caso, hay una cuota de dólares que se dan en dólares preferenciales que se los llevan y los traen al mercado prohibido, y adquiridos a 6,30 bolívares los venden a 32-34 bolívares. Hay gente que vive solo de eso, sin ingresar nunca a la producción, que no se ocupa de otra cosa que de garantizar tener una especie de cartera de 6, 7 u 8 personas que hacen esa operación. De esa manera viven ¿y qué economía y qué gobierno soporta eso?

 

da: ¿Cómo describe los 100 primeros días del gobierno de Nicolás Maduro, que según comentarios internacionales están cruzados de tensión y fisura interna del chavismo?


RU: El gobierno de Maduro es el hecho que aconteció con la desaparición física del presidente de Chávez. Pensar que con la muerte del presidente todo transcurriría sin ninguna diferencia, desavenencia, y sobre todo, sin ninguna respuesta de los factores opuestos a los cambios en Venezuela, era no entender la magnitud, el tamaño del liderazgo y la presencia del presidente Chávez; no solo en Venezuela, en el mundo, y particularmente en esta región a la cual el presidente Chávez marcó y sigue marcando.


­da: ¿Incluso al presidente Santos, en su adelante y para atrás?


RU: Santos asumió que con la muerte del presidente Chávez, llegaba el momento para él explorar o insistir en la vieja diplomacia colombiana. La actitud colombiana es una especie de termómetro para medir como nos ven en la región y en el mundo. Cada vez que damos un paso en la integración y el trato con respeto a nuestra autodeterminación y conquistas sociales, algunos elementos del estado y el gobierno colombiano desarrollan iniciativas para avanzar en su estrategia diplomática con maña.

 

da: ¿Los tratos abiertos y encubiertos de Colombia con la Otan son diplomacia?


RU: Son parte del compromiso y el sometimiento al imperialismo, porque no es la Otan es el TLC. En la realidad, Colombia es parte de la Otan al incorporarse a la guerra de Corea, como no, si los actores fundadores de la Otan son los actores que intervienen en la guerra de Corea, y Colombia participó en una guerra en la cual desde un punto de interés nacional y cercanía geográfica no tenía ni parte ni arte. Pero también, es parte de la Otan al pedirle a Venezuela en el año 98 que diera la autorización para los sobrevuelos que venían de Aruba y Curaçao que resultan territorio de la Otan, como rezagos del colonialismo holandés...

 

da: ...territorio extraeuropeo metido en el Caribe...


RU: ...Con el pretexto de combatir el narcotráfico, al pedir Colombia autorización para esos sobrevuelos sobre territorio venezolano, ya tiene acuerdos con la Otan. ¿Por qué?, porque los aviones son norteamericanos, pero el territorio es holandés. Holanda y Estados Unidos son parte de la Otan. En Colombia hay un asocio tal que, a través de funcionarios españoles, se puede decir que son amigos de la familia, son gente de confianza.


 

Recuadro

Una constante de incidentes hasta la actual infiltración paramilitar

La corbeta Caldas. El 9 de agosto de 1987 la corbeta ARC Caldas, de la Armada colombiana navegaba en aguas ¿internas o muy próximas como desafío? del golfo de Venezuela, limítrofe con Colombia, por donde sale el 90 por ciento del petróleo venezolano. Este hecho por parte de la Armada generó un grave incidente diplomático, que aún hoy mantiene en indecisión la frontera marítima en el Caribe entre Colombia y Venezuela. La resolución del conflicto no fue otra que la aceptación fáctica, más no legal, de la soberanía venezolana sobre toda la salida abierta del golfo de Venezuela

 

El negocio de la divisa

 

El pasado 23 de julio, la Comisión de Administración de Divisas –Cadivi– intervino las casas de cambio en la calle Chacaíto de Caracas, que ilegalmente transfieren bolívares con falsos datos, los conviertan primero en dólares al cambio oficial que luego regresan de nuevo en dólares que en venta "libre" triplican o cuadriplican su precio. Es una nefasta industria que tiene como base el envió de remesas a Colombia, cuyo 90 por ciento, inmediatamente sería devuelto y convertido en dólares.

Informacion adicional

  • Antetítulo ENTREVISTA A RAFAEL UZCÁTEGUI, SECRETARIO GENERAL DEL PPT
  • Autor Miguel Suárez
  • País Venezuela
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Publicado en Edición 194

Lula cerró su visita a la Argentina con una reunión en la Embajada de Brasil. El periodista de este diario Martín Granovsky, uno de los 40 invitados, cuenta cómo y por qué el ex presidente se comprometió a empujar la integración sudamericana.


Un presidente nunca dice que se angustia. Si no, qué queda para los gobernados. Un ex presidente sí se puede dar ese lujo. El resultado es apasionante si el ex se llama Luis Inácio Lula da Silva y tiene una capacidad única de transmisión intelectual y emotiva.

 

Por ejemplo: “O crecemos juntos o nos quedaremos pobres todos juntos”.

 

Por ejemplo: “Cuando le entregué el mandato a Dilma le dije que necesitaría muchos Doberman. Le dije que a cada decisión importante suya tenía que ponerle un perro detrás, porque si no no habría ningún resultado”.

 

Lula habló en la embajada de Brasil en la Argentina, que organizó un encuentro con 40 intelectuales, políticos, economistas y empresarios junto con el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales y el Instituto Lula de Brasil. Fue el viernes a la tarde y los asistentes hicieron decir al embajador Enio Cordeiro: “Presidente, en este grupo nadie piensa como el otro”. Antes, el presidente que gobernó Brasil durante ocho años desde el 1º de enero de 2013 recibió ocho doctorados honoris causa. “Para el Guinness”, bromeó el senador y ex ministro de Educación Daniel Filmus, coordinador de los doctorados junto con Pablo Gentili, secretario ejecutivo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales.

 

El ex presidente brasileño estaba acompañado por Luiz Dulci, ex secretario general de la Presidencia durante su gobierno y secretario del Instituto Lula. Dulci, que acaba de publicar un libro sobre los diez años de gobierno encabezado por el PT, Un salto hacia el futuro, dijo que el Instituto está firmando acuerdos con organismos multilaterales y que trabajará cada vez más en una doctrina de la integración. “No se trata de sustituir a los Estados, pero a veces es difícil para los Estados avanzar en determinados temas.”

 

Lula explicó que el instituto antes se llamaba Instituto de la Ciudadanía. “El programa Hambre Cero lo diseñamos allí”, contó sobre el trabajo previo a las elecciones victoriosas del 2002. Dijo que algunos contactos excedían el marco del PT y que por eso recibía gente en el instituto. Es decir, una preparación completa para el gobierno que se vendría. Sobre el futuro, Lula reforzó la promesa de Dulci y la amplió hacia el Africa. “Durante mi gobierno visité siete países de Oriente Medio, todos los países de América latina y el Caribe y 33 países africanos en 39 viajes.” Lula no tocó el tema, pero además de Sudamérica la gran base de votos para que el brasileño Ricardo Azevedo ganase la dirección de la Organización Mundial de Comercio fue Africa.

 

De traje oscuro y corbata a rayas con los colores brasileños y argentinos, Lula pasó más de tres horas debatiendo, de a ratos sentado y de a ratos parado. Antes de abrir el espacio a comentarios y preguntas, se las hizo a sí mismo. “Hay que crear una doctrina de la integración. ¿Qué es la integración? ¿Es comercial? ¿Es comercial y social? ¿Involucra a las universidades? Todavía no está todo claro para nosotros. Cada vez que Hugo Chávez hablaba de la espada de Bolívar yo le decía: ‘Chávez, ya no necesitamos la espada de Bolívar, sino un banco de desarrollo, carreteras, puentes...’.”

 

Lula mencionó muchas veces a Chávez. Lo hizo con cariño y con picardía. Un muerto no puede quejarse por la revelación de secretos que, por otra parte, sirven para entender qué dificultades enfrenta un presidente incluso cuando tiene legalidad, legitimidad y popularidad. Como estaba presente el ex canciller Jorge Taiana, Lula lo tomó de compinche. “Tal vez un día Taiana, Enio y yo podamos contar cómo son las reuniones presidenciales y las secuencias de las decisiones. Firmamos un acuerdo, un protocolo de intenciones y cuando termina el mandato de cuatro o cinco años, no se hizo nada. Porque cuando esa reunión terminó, viene otra reunión y otro protocolo, y a veces además no hay mucha gente interesada en hacer el seguimiento de las decisiones. Taiana sabe bien cómo se quejaba el pobre Chávez. Casi todas las reuniones terminaban con Chávez peleándose con el pobre Maduro. ‘No voy firmar el documento porque no lo leí.’ Y miraba a la cámara de Telesur. ‘¿Por qué los burócratas no me dieron el documento antes?’ Entonces yo me levantaba y le contaba mi angustia.” Y ahí fue que le contó su idea de los Doberman.

 

En verdad, y aunque no apareció en la reunión de la embajada brasileña, el que se acercó a un sistema de Doberman fue el presidente chileno Ricardo Lagos. Su jefe de asesores Ernesto Ottone enviaba a cada reunión de Lagos un funcionario que luego se encargaría del seguimiento. En otro estilo, para algunas decisiones Kirchner llamaba por teléfono en el acto a toda la cadena de funcionarios que se haría responsable por el cumplimiento de una decisión suya.

 

“Una vez con Chávez estuvimos a punto de despedir juntos a los presidentes de Petrobras y de Pdvesa, porque no había llevado a la práctica un acuerdo al que habíamos llegado”, dijo. “Lo mismo sucedió con la Argentina, y lo mismo con otros países. Cuando los presidentes están dispuestos y convencidos, las cosas deben cerrarse delante de ellos y no después de la reunión. No se puede trabajar en la integración si uno cede a las presiones de un grupo.”

 

La falta de resultados tiene un problema, que Lula tocó. “Cuando llegás al gobierno y no conseguís hacer las cosas que se esperan de vos, la gente se aleja. Pero muchos, en cambio, cuando algo no nos sale perseveramos.”

 

Pensamiento propio

 

Y las reuniones como la del viernes, ¿sirven? “Hay una carencia motivacional”, dijo Lula. “Aparecen buenos diagnósticos y buenas propuestas, pero después deben ser tomados por los políticos.”

 

El ex presidente aprovechó ese momento para levantar un libro en el aire. Es de tapas rojas y el título traducido dice así: Lula y Dilma. Diez años de gobiernos posneoliberales en Brasil. Es una compilación de 21 trabajos realizada por Emir Sader, ex secretario de Clacso antes de Gentili, que escribió el capítulo educativo porque, como dijo Lula, “es un argentino importado a Brasil”. Para que no queden dudas del margen que Lula quiere para decisiones que no son de gobierno sino de análisis hecho por gente con pensamiento propio, dijo: “Lo único mío en este libro es mi nombre en el título, porque los autores trabajaron con toda libertad”.

 

A Lula parece preocuparle el callejón sin salida que se produce cuando los funcionarios y los políticos no se acostumbran a vivir dentro de la contradicción. “Si las divergencias fueran un problema, el PT no existiría. No hay nada que tenga más divergencias que el PT.” También luce preocupado por las profecías autocumplidas según las que nada distinto será posible. “Nací en una región donde muchos niños mueren antes de los cinco años y yo no me morí. Cuando entré al sindicato me dijeron que no podría hacer nada porque la estructura sindical de Brasil era una copia fiel de la Carta del lavoro de Benito Mussolini. Sin que la ley se modificara una línea, en sólo tres años cambiamos la vida sindical. Después nos dijeron que no había espacio para un partido político. En tres años creamos el PT, que nació en 1980. Que llegara un obrero metalúrgico a la presidencia era impensable. Lo logramos. Por lo tanto, podemos producir una doctrina para que nuestros presidentes piensen estratégicamente. Es el compromiso que asumo. No sé si lo cumpliré, pero lo voy a intentar.”

 

Cómo avanzar

 

Lula alertó contra “las peleas entre nosotros”. Citó el caso de la Ronda de Doha, que concluyó en 2008 sin resultados. Estuvo discreto: omitió apuntar que las diferencias esenciales sobre el final se produjeron entre Brasil y la Argentina. “Allí no avanzamos, pero no sucederá más. Si no construimos un pensamiento estratégico vamos a perder incluso lo que ya construimos. Y no es cuestión de defectos. Todos los tenemos. Los tuvimos los presidentes de aquel momento: Néstor Kirchner, Hugo Chávez, Ricardo Lagos, Tabaré Vázquez, yo... Pero si analizamos nuestras relaciones tal como estaban en el 2000 y vemos cómo son ahora, vamos a ver que avanzamos extraordinariamente.”

 

Lula suele hacer un contrapunto permanente entre el rescate de lo bueno, porque es un obsesivo de la autoestima colectiva, y el planteo de desafíos, porque se muestra optimista, pero no tiene la noción fanática de que las cosas, las malas pero también las buenas, son inexorables. “Si no consolidamos los avances como política de Estado, creando parlamentos e instituciones multilaterales, cualquier gobernante de derecha puede terminar con todo. Sobre todo en Brasil. Estén seguros de que ese presidente brasileño le dará la espalda a América del Sur, porque su cabeza está colonizada por Europa y los Estados Unidos.” Y siguió Lula, parado, micrófono en mano y mirando hacia cada lado, moviendo las manos como el orador sindical que fue o que es, confesando que hoy ve cosas que no veía cuando era presidente. “Cosas en las que podríamos haber avanzado y no avanzamos. ¿Por qué no avanzamos en la ONU? Egipto y Nigeria querían ser miembros permanentes del Consejo de Seguridad, pero no lo dijeron. La Argentina, Brasil y México también. No discutimos lo esencial: el que sea, cuando sea, no puede investir una representación individual sino colectiva, del continente. Pero nunca profundizamos esa discusión. Y son 10 años míos y de Dilma, 12 de Chávez, 10 de Néstor y Cristina. Media generación creció sin que discutiéramos el tema. Con el comercio, lo mismo. Es importante porque genera desarrollo, ganancia, empleos.”

 

Gripe o neumonía

 

En su intervención, el tablero del mundo siempre estuvo presente. Para él, en Europa “una gripe se convirtió en neumonía”. Según Lula, “es ridículo que Europa culpe a Grecia o Chipre mientras ningún banquero está preso”.

 

La industria también. “Tenemos que aprovechar el tipo de personas que hoy están en los distintos gobiernos para hacer lo que hay que hacer. No es malo exportar commodities cuando el precio está bien. Es malo cuando el precio está bajo. Pero a nivel internacional debemos discutir el valor de los productos. Por qué la comida vale tan poco y un chip vale tan caro. En la década del ’70 los Estados Unidos decidieron llevar el cuerpo de las industrias a China y quedarse con la cabeza, con los servicios. Ahora, con esta crisis, se dieron cuenta de que la cabeza sin el cuerpo no es un ser humano, es un busto. Así que discuten cómo reindustrializar a los Estados Unidos.”

 

El animador

 

Un fantasma, a veces, es el papel de Brasil, el gigante de la región. Incluso es un fantasma cuando ya nadie repite disparates sobre hipótesis de conflicto bélico. Como Lula quería desmontarlo, abordó el punto. “Brasil no puede crecer solo. Y Brasil tiene más responsabilidad que el resto. En la crisis del 2008 llamé al presidente del Banco Central y al ministro de Hacienda y les dije que destinaran dinero a Uruguay y a la Argentina. No lo hicimos. Lo hizo China. Pero Brasil no necesita 400 mil millones de dólares de reservas. Hoy podríamos usar ese dinero para financiar la integración aquí y en el continente africano. Pensemos, imaginemos. A veces me da la impresión de que los intelectuales de América latina dejaron de pensar después de la caída del Muro de Berlín. Hay menos canciones, menos libros... Me acuerdo de una charla con Fidel. Un día me dijo de haberle enseñado a su pueblo la historia equivocada. Era la historia rusa, con sus buenos que de golpe se convertían en malos y sus malos que de un día para otro se transformaban en buenos. ‘Sabes, Lula’, me dijo Fidel. ‘Estoy arrepentido de no haberle enseñado a mi pueblo la historia de América latina’. Yo digo: hagámoslo. Trataré de ser el animador y el provocador para que pensemos de nuevo en nosotros.”

 

Los comentarios

 

Antes de la última intervención de Lula en el seminario, varios de los participantes preguntaron o hicieron comentarios.

 

Taiana dijo que hay un punto delicado: “Hemos alcanzado un cierto tope en la integración, estamos entrando en una meseta, cuando hay dificultades la reacción natural es retraerse ante el miedo y lo que no avancemos significará que vamos a retroceder”.

 

El consultor Rosendo Fraga dijo que el Mercosur y la Unasur demostraron “gran eficacia frente a los imprevistos como los que se produjeron en Venezuela, Colombia y Ecuador, pero cierta ineficacia para enfrentar los conflictos históricos”. Citó que Chile y Perú hayan recurrido a La Haya y lo mismo Bolivia y Chile. Lula agregaría que tampoco el conflicto de las pasteras entre Uruguay y la Argentina se resolvió en el marco sudamericano. Fraga se quejó de que en la Argentina “no se puede ver por cable un canal brasileño y no tenemos una radio que transmita en portugués”.

 

Félix Peña, ex subsecretario de Guido Di Tella y hoy en la Universidad de Tres de Febrero, pidió un “Informe Lula” sobre cómo trabajar en Sudamérica.

 

El consultor de Poliarquía Sergio Berenztein sugirió para Mercosur un avance por pasos. “Incremental, minimalista”, dijo.

 

El rector de la Universidad de Cuyo, Arturo Somoza, hico centro en la necesidad del intercambio cultural y el peso de las decisiones políticas.

 

El ex canciller Adalberto Rodríguez Giavarini, que revistó con Fernando de la Rúa, dijo que la integración y los derechos humanos “son políticas de Estado en los últimos 30 años”. Recomendó “fortalecer el diálogo Pacífico-Atlántico para ponernos en la dinámica de la negociación global, porque vamos a enfrentar tensiones y ya las estamos enfrentando, y Brasil tendrá dos sombreros”.

 

Rafael Follonier, colaborador de Néstor y Cristina Kirchner con rango de secretario de Estado y ahora a cargo de investigar los crímenes en Venezuela contra seguidores del chavismo en la última campaña electoral, dijo que “el posicionamiento de Brasil como actor global se dio en el marco de la última etapa del proceso de integración sudamericana”. Pidió “un fortísimo relanzamiento de Unasur” y afirmó: “Vendría bien que Lula nos ayudara a resolver la próxima etapa del organismo que creó con el resto de los presidentes”.

 

El ex presidente de la Unión Industrial Argentina y ex ministro de Eduardo Duhalde José Ignacio de Mendiguren llamó a “no dejar pasar el tiempo y tentarnos con el canto de sirena de la primarización de la economía, porque a pesar del enorme período de crecimiento la participación industrial en el PBI de los dos países disminuyó”.

 

El rector de la Untref, Aníbal Jozami, pidió formar “un grupo de delirantes que discuta una unión con Brasil”.

 

Alberto Ferrari Etcheberry, ex subsecretario de Asuntos Latinoamericanos de Raúl Alfonsín y uno de los negociadores de entonces para lograr la integración con Brasil, además de ser quien invitó a Lula a su primera visita a la Argentina en 1999, recordó qué es la ciudadanía entre los vecinos. “Con la Constitución de 1988 y con la presencia decisiva del PT, esencial para la caída de Fernando Collor de Mello, surgió la democracia de masas por primera vez.” Añadió Ferrari: “Con Lula terminaría la historia de los Braganza en Brasil. Lula fue el primer Silva. Y después vino Dilma, que también se llama Silva”. Para Ferrari, entre los dos países “no se ha avanzado lo suficiente en conocerse y, sobre todo, en conocer las diferencias”.

 

El uruguayo Gerardo Caetano dijo que “para esta nueva etapa, más de lo mismo no basta”.

 

Pino Solanas lamentó que “en diez años no hemos resuelto ni el Banco del Sur” y dijo que “América latina no puede ser el paradigma de un consenso sobre los commodities”.

 

El diputado de Unidad Popular Víctor de Gennaro advirtió que “el genocidio dejó la idea de que, por miedo, hay que evitar lo peor y ser sobrevivientes” y opinó que “tenemos derecho a vivir felices”.

 

Pablo Gentilli, como organizador, expresó su compromiso de seguir ayudando a la coordinación de centros de estudio, políticos e investigadores.

 

Filmus, otro de los organizadores de la visita de Lula y miembro del Consejo Académico de la flamante Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo, se autocriticó “el escaso esfuerzo legislativo para trabajar en forma conjunta, el déficit de diplomacia parlamentaria y el avance lento en la enseñanza de portugués y español, al punto de que científicos argentinos y brasileños se comunican en inglés”.
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  • Antetítulo ENCUENTRO DE LULA CON INTELECTUALES, POLITICOS Y DIRIGENTES SOCIALES
  • Autor Martín Granovsky
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Domingo, 19 de Mayo de 2013 06:18

Los movimientos bolivarianos, en la encrucijada

Los indígenas, campesinos, artesanos y obreros de Bolivia crearon e impusieron a Evo, cuyo apoyo político consistió inicialmente en un semipartido ad hoc nacido de los movimientos sociales –el Instrumento Político de los Trabajadores– el cual adoptó la sigla de un pequeño movimiento –derechista, a pesar de su nombre: el Movimiento al Socialismo, al que convirtió en un pool de organismos de masa disímiles (sindicatos campesinos y obreros, organizaciones de mujeres, movimientos indígenas, grupos de intelectuales de izquierda y de centroizquierda). Una vez vencida la resistencia golpista de la derecha clásica y de los poderes regionales autónomos que ésta poseía, sobre todo en el oriente boliviano, aprobada la Constitución, monopolizando el gobierno y las instituciones, y a pesar del gran avance en la economía y en las conquistas sociales, el siempre presente e importante conflicto con la oligarquía y el imperialismo pasó gradualmente a un relativo segundo plano, porque el gobierno y el MAS se enfrentaron cada vez más con su base social.

 

Si alguna vez algún ingenuo pudo creer en el momento de auge del mismo y de la unión aparentemente monolítica del MAS, que el boliviano era “el gobierno de los movimientos sociales”, la realidad ha hecho añicos esa ilusión. El gobierno de Evo Morales y de Álvaro García Linera modificó la nueva Constitución para posibilitar su relección pero, sobre todo, la pisoteó al desconocer las autonomías indígenas, al mismo tiempo que chocó varias veces con los sectores populares que lo apoyaban. Por ejemplo, el aumento del precio del combustible de 80 por ciento provocó un estallido popular y Evo Morales tuvo que anular esa medida, resuelta mientras estaba fuera del país, con la consiguiente pérdida de prestigio. Asimismo, la falta de una consulta previa a los pobladores orientales ocupantes del Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro Sécure y la brutal represión a la marcha a La Paz de éstos, los precipitó a la oposición, con el resultado de que sus tres diputados se fueron del MAS y los indigenistas y ecologistas rompieron con el gobierno. Y últimamente la Central Obrera Boliviana (COB) no sólo ha creado el germen de un partido obrero independiente sino que, además, persiste en una huelga general que el viernes cumplió 12 días.

 

El gobierno alega, con razón, que la derecha y Washington tratan de llevar agua a su molino apoyando a los indígenas mayoritarios en el TIPNIS en su enfrentamiento con el gobierno o respaldando el pedido –insostenible en un régimen basado sobre la propiedad privada de los medios de producción que la COB acepta– de jubilaciones y pensiones con el ciento por ciento del último salario. Pero eso no anula el hecho que el gasolinazo fue un tremendo error político y una imposición inconsulta y brutal, que la falta de consulta y la represión en el caso del TIPNIS violaron la Constitución, los derechos indígenas y humanos, y que los trabajadores están divididos hoy por intereses corporativos. Sea cual fuere la causa y el pretexto, los mineros estatales, los profesores y trabajadores de la sanidad, buena parte de los intelectuales y de los estudiantes que no fueron prooligárquicos, y una parte importante de los indígenas orientales se enfrentan hoy al gobierno y al MAS, que ha roto además con el urbano Movimiento de los Sin Miedo, que era su aliado contra la derecha, y dependen ahora del apoyo de los sindicatos y comunidades campesinas del altiplano. El MAS, por su parte, que era un pool de organizaciones independientes, se convirtió en instrumento del aparato estatal, carece de capacidad de iniciativa y decisión, y sus dirigentes son ministros o parlamentarios mientras el gobierno, por su parte, dejando de lado –salvo en los discursos– el indigenismo y el ecologismo, aplica una desenfrenada política desarrollista y extractivista basada sobre todo en la gran minería.

 


Los ultraizquierdistas, que sólo ven la película de la historia en blanco y negro, vociferan diciendo que el gobierno de Evo Morales es represivo y sirve al capital extranjero. Como hemos dicho cien veces, Bolivia es un país capitalista y tiene un gobierno nacido de una revolución democrática que nunca se planteó como objetivo el socialismo, sino un capitalismo “moderno y decente” (si tal cosa puede existir). Su gobierno reprime pero no se basa en la represión, sino en el consenso de la mayoría campesina de la población, que no quiere defender modos de vida precapitalistas ni es anticapitalista, sino que desea lo que el gobierno ofrece: asistencialismo, modernización capitalista, elevación del nivel de vida y acceso a los consumos superfluos, antiecológicos y nefastos que aún no pueden obtener, cosa que sienten como discriminación. Es más: desde su instalación el gobierno ofreció construir un capitalismo que bautizó como “andino” o “comunitario”, y exhumó las tradiciones y la cultura prehispánica sólo para cubrir una política centralizadora desarrollista, al estilo de la de los años 50. Por tanto, no se le puede acusar de traición.

 

En cambio, sí traicionarán su papel los movimientos sociales opositores si creen posible aliarse con la derecha, si no rompen la visión corporativa que los separa entre sí, si no aceptan con realismo las medidas que son inevitables o que pueden ser beneficiosas para el conjunto de la población, si no presentan un programa nacional para todos los explotados y oprimidos, si no ven más allá de su región o de las fronteras, si carecen de independencia política y de ideas transformadoras. Porque no se puede superar al capitalismo sin crecimiento, eliminación de la miseria y unidad territorial. Lo que está en discusión es quién lo hará y en cuál perspectiva: desarrollista o socialista.

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  • Autor Guillermo Almeyra
  • País Bolivia
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“Estamos en un mundo en convulsión, donde América Latina ha vuelto a ser el faro. Todos los procesos miran hacia nuestra región porque es donde estamos más avanzados en el esfuerzo por construir una sociedad alternativa”, asevera en entrevista la socióloga chilena Martha Harnecker.

 

Como parte de las actividades del cuarto Encuentro Internacional de Pensamiento Crítico Volver a Marx, que culminará el 5 de mayo, la tarde de ayer presentó su libro Inventando para no errar: América Latina y el socialismo del siglo XXI, publicado por Ediciones de Intervención Cultural.

 

Divulgadora de la obra de Marx en América Latina, la estudiosa social y periodista expone que en el continente existe la búsqueda de cambiar la sociedad capitalista tan injusta e inhumana, tan destructora de la naturaleza, por otra, el “socialismo del siglo XXI” que, aunque ha tenido muchos nombres, el ex presidente venezolano Hugo Chávez, “tuvo el coraje de llamarla así porque en ese momento el desprestigio mundial del socialismo era muy grande.

 

“Decidió llamarla socialismo –indica– para contrastarla con la sociedad capitalista, pero inmediatamente le puso el adjetivo ‘del siglo XXI” para diferenciarla, y en sus primeras intervenciones dijo: ‘No vamos a imitar el socialismo soviético. No queremos capitalismo de Estado, no queremos un socialismo que suplante al pueblo que es el principal protagonista’.”

 

Desafíos de la izquierda

 

Harnecker, quien hoy dictará la conferencia Los desafíos de la izquierda marxista en la coyuntura política latinoamericana, acota que esta sociedad en construcción requiere una nueva cultura, apertura y pluralismo en un proceso de transición, muy distinto a los que se dieron históricamente a comienzos del siglo XX, cuando las revoluciones se hacían con la toma del poder y la destrucción del aparato del Estado.

 

Observadora de las experiencias recientes en Latinoamérica, principalmente en Venezuela, país en el cual reside, afirma que hoy día “no sólo sabemos lo que no queremos del socialismo, porque hubo muchos errores, sino que empezamos a saber lo que queremos. En este libro planteo cómo hacerlo”. Y en seguida corrige: “Cómo lo están haciendo”, porque la práctica social ha creado soluciones novedosas e interesantes que necesitamos aplicar.

 

La autora hace referencia, en su más reciente libro, a países como Brasil, Bolivia, Ecuador y la propia Venezuela, bajo el gobierno de Hugo Chávez. “Yo soy la primera entusiasmada con este trabajo, que no es de la Marta Hanecker encerrada en un escritorio. Es el que he recogido, porque he sido periodista y he puesto el micrófono. He ido detectando todos los procesos donde ha habido una construcción interesante”.

 

Respecto del ex mandatario venezolano, fallecido en marzo pasado, opinó: “En la historia de América Latina hay un antes y un después de Chávez. Ha marcado un hito, porque tuvo el coraje de plantearse una alternativa. Pero él supo que no es por voluntarismo que se pueden hacer las cosas. Él entendía bien, y de alguna forma su formación militar le hacía ver que las batallas se ganan creando la fuerza. Fue una persona que entendió que ese socialismo tenía que construirse con la gente y apostó siempre a la organización”.
La sociedad socialista es esencialmente demócrata y protagónica, y el instrumento político debe ser el facilitador de todos los procesos de participación, afirma y comparte que este es uno de sus temas favoritos.

 

“Los gobernantes deben entender que para luchar ante este Estado heredado contra el que tiene que empezar a construir, necesitan un pueblo organizado que presione y critique.

 

“Si la gente no la construye, desde el Estado no se puede. El gran problema del socialismo fue que el Estado con buenas intenciones quiso resolver los problemas de la gente, pero la gente no se sintió parte de esa construcción y por eso es que cayó tan fácil. Porque si tú no te sientes dueño, entonces no te defiendes.”

 

Discípula de Louis Althusser, en la École Normale de París, Harnecker habló de su juventud y su encuentro con los postulados del autor de El Capital. “Yo era dirigente de Acción Católica y descubrí en Karl Marx el instrumento para entender cómo hacer una sociedad en que las personas se amen las unas a las otras. El catolicismo te habla del amor y la caridad. Pero el problema es que si la sociedad te lleva al egoísmo y consumismo, ¿cómo vas a amar? Entonces descubrí esta lógica del capitalismo que había que destruir y cambiar”.

 

Autora de Los conceptos elementales del materialismo histórico, publicado en su primera edición en 1968, el libro es un clásico para la enseñanza del marxismo, que en más de 40 años ha brindado las nociones teóricas para el conocimiento de la realidad desde el conocimiento científico. “Para mí, Marx es eso: el único, el más profundo crítico del capitalismo”.

 

Y entonces comenta que ahora resulta que quienes lo leen son los opositores, la gente conservadora, porque en su obra está la predicción de lo que iba a pasar.

 

La obra de Marx ha sido muy deformada por los países que hicieron el cambio social en su nombre, y decían que cuando murió el socialismo, el marxismo también lo hizo. “Yo cito a (Eduardo) Galeano: nos han invitado al entierro de un muerto que no es el nuestro”.

 

Y agrega: “El nuestro es el socialismo de Marx, es protagónico, respeta las diferencias, busca la felicidad. Podrías decir que es utópico, pero no puedes decir que no es democrático, que es totalitario, colectivista, productivista.

 

“Este encuentro tiene una tarea fundamental: reivindicar el verdadero pensamiento de Karl Marx.”

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  • Autor Alondra Flores
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Jueves, 21 de Febrero de 2013 07:28

Novena carta a las izquierdas

2013 en Europa será un desastre en el plano social e imprevisible en el plano político. ¿Lograrán los gobiernos europeos, en especial los del sur, crear la estabilidad que les permita terminar el mandato o habrá crisis políticas que les obliguen a convocar elecciones anticipadas? Digamos que cada una de estas hipótesis tiene un 50% de probabilidad. Siendo así, es preciso que los ciudadanos tengan la certeza de que la inestabilidad política que pueda generarse es el precio a pagar para que surja una alternativa de poder y no sólo una alternancia en el poder. ¿Podrán construir las izquierdas esta alternativa? Sí, pero únicamente si se transforman y unen, lo que es exigir mucho en poco tiempo.

 

Ofrezco mi contribución para la creación de dicha alternativa. En primer lugar, las izquierdas deben centrarse en el bienestar de la ciudadanía y no en las posibles reacciones de los acreedores. La historia muestra que el capital financiero y las instituciones multilaterales (FMI, BCE, BM, Comisión Europea) sólo son rígidos en la medida en que las circunstancias no los obligan a ser flexibles. En segundo lugar, lo que históricamente une a las izquierdas es la defensa del Estado social fuerte: educación pública obligatoria y gratuita; servicio estatal de salud universal y tendencialmente gratuito; seguridad social sostenible con sistema de pensiones basado en el principio de repartición y no en el de capitalización; bienes estratégicos o monopolios naturales (agua, correos) nacionalizados.

 

Las diferencias entre las izquierdas son importantes, pero no impiden esta convergencia de base que siempre condicionó las preferencias electorales de las clases populares. Es cierto que la derecha también contribuyó al Estado social (basta recordar a Bismarck en Prusia), pero siempre presionada por las izquierdas y reculó cuando la presión disminuyó, como es el caso, desde hace treinta años, en Europa. La defensa del Estado social fuerte debe ser la mayor prioridad y debe condicionar el resto. El Estado social no es sostenible sin desarrollo. En ese sentido, si bien habrá divergencias acerca del peso de la ecología, de la ciencia o de la flexiseguridad en el trabajo, el acuerdo de fondo sobre el desarrollo es inequívoco y constituye, por tanto, la segunda prioridad para unir a las izquierdas. Como la salvaguarda del Estado social es prioritaria, todo debe hacerse para garantizar la inversión y la creación de empleo.

 

Y aquí surge la tercera prioridad que deberá unir a las izquierdas. Si para garantizar el Estado social y el desarrollo es necesario renegociar con la troika y los otros acreedores, entonces esa renegociación debe ser hecha con determinación. Es decir, la jerarquía de las prioridades muestra con claridad que no es el Estado social el que debe adaptarse a las condiciones de la troika; al contrario, deben ser éstas las que se adapten a la prioridad de mantener el Estado social. Este es un mensaje que tanto los ciudadanos como los acreedores entenderán bien, aunque por diferentes razones.

 

Para que la unidad entre las izquierdas tenga éxito político, hay que considerar tres factores: riesgo, credibilidad y oportunidad. En cuanto al riesgo, es importante mostrar que los riesgos no son superiores a los que los ciudadanos europeos ya están corriendo: los del sur, un mayor empobrecimiento encadenado a la condición de periferia, abasteciendo mano de obra barata a la Europa desarrollada; y todos en general, pérdida progresiva de derechos en nombre de la austeridad, mayor desempleo, privatizaciones, democracias rehenes del capital financiero. El riesgo de la alternativa es un riesgo calculado con el propósito de probar la convicción con la que está siendo salvaguardado el proyecto europeo.

 

La credibilidad radica, por un lado, en la convicción y la seriedad con las que se formula la alternativa y en el apoyo democrático con que se cuenta; y, por otro, en haber mostrado la capacidad de hacer sacrificios de buena fe (Grecia, Irlanda y Portugal son un ejemplo de ello). Únicamente no se aceptan sacrificios impuestos de mala fe, sacrificios impuestos como máximos apenas para abrir caminos a otros sacrificios mayores.

 

Y la oportunidad está ahí para ser aprovechada. La indignación generalizada y expresada masivamente en calles, plazas, redes sociales, centros de trabajo, salud y estudios, entre otros espacios, no se ha plasmado en un bloque social a la altura de los retos que plantean las circunstancias. El actual contexto de crisis requiere una nueva política de frentes populares a escala local, estatal y europea formados por una pluralidad heterogénea de sujetos, movimientos sociales, ONG, universidades, instituciones públicas, gobiernos, entre otros actores que, unidos en su diversidad, sean capaces, mediante formas de organización, articulación y acción flexibles, de lograr una notable unidad de acción y propósitos.

 

El objetivo es unir a las fuerzas de izquierdas en alianzas democráticas estructuralmente similares a las que constituyeron la base de los frentes antifascistas durante el período de entreguerras, con el que existen semejanzas perturbadoras. Dos de ellas deben ser mencionadas: la profunda crisis financiera y económica y las abrumadoras patologías de la representación (crisis generalizada de los partidos políticos y su incapacidad para representar los intereses de las clases populares) y de la participación (el sentimiento de que votar no cambia nada). El peligro del fascismo social y sus efectos, cada vez más sentidos, hace necesaria la formación de frentes capaces de luchar contra la amenaza fascista y movilizar las energías democráticas adormecidas de la sociedad. Al inicio del siglo XXI, estos frentes deben emerger desde abajo, desde la politización más articulada de la indignación que fluye en nuestras calles.

 

Esperar sin esperanza es la peor maldición que puede caer sobre un pueblo. Y la esperanza no se inventa: se construye con inconformismo, rebeldía competente y alternativas reales a la situación presente.

 

Traducido para Rebelión por Antoni Jesús Aguiló y José Luis Exeni Rodríguez.

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  • Autor Boaventura de Sousa Santos
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Domingo, 27 de Enero de 2013 05:43

Lula, el anfitrión de un debate sin tabúes

Como primera curiosidad de la reunión citada en San Pablo, el día 21 de enero, sobre “perspectivas de la izquierda progresista” en Latinoamérica, es que quien la presidía, el ex presidente Lula, además de hacer dos fuertes intervenciones que luego comentaremos, no dejaba de aludir a pequeños detalles de funcionamiento de la reunión –el cónclave, como solía decir la vieja revista Primera Plana–, en relación con cómo pedir la palabra, cómo debían circular los micrófonos, más allá de la excelente coordinación de Luis Dulci, presidente del Instituto convocante. Se escuchó allí la vibrante exposición de Luis Maira, ex embajador de Chile en Argentina, mostrando un cuadro completo y complejo de las alianzas mundiales y latinoamericanas, y de Aldo Ferrer, con su concisa relación de sus propuestas de un desarrollo nacional autosustentado.

 

A su turno, intervinieron los altos funcionarios brasileños –actuales ministros y ex ministros de Lula y de Dilma, como Celso Amorim, actual ministro de Defensa, y Luciano Coutinho, presidente del crucial Banco de Desarrollo Económico–, con reflexiones breves y contundentes sobre los problemas de su área, siempre vinculados con un tema que fue recurrente: la alianza del Pacífico, con las preocupaciones que origina, tanto así como la ardua cuestión de la inflación. Abundaron las ineludibles menciones a las relaciones económicas con China, sin que se tratara de fijar políticas sino de presentar con fundamentos los puntos candentes de los que serán futuros y absorbentes temas de Sudamérica. Apenas insinuadas, se escucharon quejas sobre la opción mexicana, de la que al parecer se preveían menos entusiasmos en su relación con el problemático vecino del Norte.

 

En la exposición de Aldo Ferrer se dejó ver la maduración contemporánea de los clásicos trabajos de este economista, muy respetado en Brasil. En general Prebisch y la Cepal lo son, tomados como mojones de la historia intelectual en la economía brasileña que, por razones históricas conocidas, no ocupan el mismo lugar de prestigio en la Argentina. El presidente del Foro de San Pablo pidió por industrias culturales de nuevo tipo, sin que sea fácil decir cuál sería ese plano de enmienda a lo ya conocido, aunque viendo, en la desolación de nuestro cuarto de hotel (todos lo son, por más lujos calculados que tengan) la abrumadora televisión brasileña (pero ¿cuál no lo es?), impera el folletín de gran calidad técnica, pero con una trama cultural que presenta estructuras masivas de fosilización de la emotividad, lo que luego da un dudoso modelo para todo el lenguaje público.

 

No es, sin embargo, fácil establecerse en una sumaria noción de pueblo brasileño, que escapa de toda norma cultural fija sin dejar de presentar impresionantes unanimidades, todo lo cual se nota en las infinitas variantes del habla real. Al propio Lula, es interesante escucharlo en las innumerables capas de signos que tiene su discurso. No se ausenta, en los planos profundos, el gran embravecido de aquellas arengas en el conurbano de San Pablo, al promediar los años ’70. Pero ahora es también el cauto ironista que cita con pequeños deslices picarescos, los dichos de los políticos más encumbrados del mundo, sin dejar de mentar una idea consabida sobre “los porteños”, todo con afecto experimentado y amistosa complicidad. Lo cierto es que de la gran batería anecdótica de Lula surge de repente la reflexión profunda, matizada con un ligero aire de desafío con el que terminan las frases, ese “¿sabe?”, partícula que aparenta condescendencia pero es un ancestral toque airado y de inconformidad que anida en la lengua brasileña popular.

 

Lula presentó temas suyos, inesperados para el que hace tiempo no lo escucha, en especial el tema de la paradoja del “ex presidente”. Si hace algo, parece entrometerse; si no hace nada, parece indiferente. Pero su gran tema es el obstáculo político que presentan las burocracias estatales, junto al empleo de lo que llama en interesante paradoja, paciencia política. Algo así como la célebre “sophrosyne” griega, lo que a primera vista parece en efecto contradictorio. Son las burocracias las que se suelen aliar a la “lentitud de la paciencia”, lo que en la humorada de Theotonio dos Santos adquiere este gracioso aforismo: la inútil e irresoluble discusión de los que dicen “avanzar para consolidar” y de aquellos otros que prefieren “consolidar para avanzar”. Pero Lula cuestiona la aceitosa cotidianidad fáctica del Estado y en contraposición alienta el procedimiento de la “larga obstinación” como categoría casi decisionista.

 

En su respuesta al agudo cuestionamiento de Marilena Chauí –la filósofa brasileña que se halla preparando su segundo gran volumen, esta vez más ensayístico que el anterior, sobre la obra de Spinoza–, Lula había respondido repentinamente que “el sujeto es el Estado”. Sucede que esta filósofa hizo un alegato vehemente bajo la forma de incisivas preguntas, en torno de la noción de desarrollo y de sujeto de la historia, concluyendo su intervención con una crítica a la “teoría de la información”, un nuevo deconstruccionismo conservador que a todo –las estrellas, el hígado, el arte de la encuadernación, la política, etc.,– considera emitiendo signos “informacionales”. De ahí la pregunta sobre cuál es hoy el sujeto de la historia, al margen de los modelos estructural-desarrollistas que culminan en una sospechosa “sociedad del conocimiento”.

 

Lula no se intimida ante tales desafíos, sentado las ocho horas que duró la reunión, enfundado en su camperita con la insignia de la Confederación Brasileña de Deportes, y con una libretita de apuntes, incorporando temas, matizando respuestas enfáticas, en las que habita “el viejo Lula” con toques de la cauta sabiduría del nuevo Lula, que anunció haber superado enteramente su delicado trance de salud. El joven embajador venezolano en Brasil, presente en la reunión, en nombre del vicepresidente Maduro, anunció por su parte una leve mejoría en el estado de Chávez. Hubo un documento de base firmado por Marco Aurelio García, el asesor de relaciones internacionales de la presidencia, cuyo fin era el de analizar el despliegue de las izquierdas latinoamericanas en los últimos diez años. Es un documento sucinto y pleno de interés, poco analizado en la reunión, pero por los temas que plantea –la pregunta por el poscapitalismo– se convierte en una inusual sinopsis de una antigua y renovada discusión.

 

Hubo voces peruanas, bolivianas, ecuatorianas. El economista argentino Bernardo Kosacoff aportó datos complejos, pequeñas teorías encerradas en una gran dotación de referencias sustantivas de cómo funcionan los grandes aparatos productivos y de circulación de la economía regional; el ex ministro y ex senador chileno Carlos Ominami balanceó su exposición entre su profundo conocimiento de la política chilena desde el ángulo de la experiencia compleja de la izquierda de ese país, con referencias económicas que no pasaban por alto la importancia de la referida y preocupante “Alianza del Pacífico”.

 

Ser testigo y modesto participante de esa reunión del Instituto Lula resultó, pues, reconfortante. El ex presidente paraguayo de Itaipú Binacional citó al olvidado trabajo de Varsavsky, Estilos tecnológicos; el senador uruguayo Curiel intervino en desenfadado estilo que no le reduce agudeza. Todo permitió comprobar la vivacidad de la vida intelectual latinoamericana que explora caminos de transformación en medio de la tormenta, aunque nunca falta el ministro –como en este caso, el sutil Celso Amorim–, que proteste por la calificación de intelectual. La siente excesiva para un funcionario –dijo– que sólo exhibe su fuerte experiencia. ¿Pero cómo llamarla a esa misma experiencia, expuesta acabadamente por ese mismo ministro, sino una condensación de muchas décadas de debate intelectual en nuestros países? Nadie disimuló problemas, ni pareció predominar el rodeo al que obligan las jergas funcionariales. Se habló con plenitud, preocupación y moderado entusiasmo. Emir Sader, ex presidente de Clacso, festejó que alguien de origen obrero haya citado la reunión. Lula, imperturbable, escuchaba las numerosas referencias a su nombre como si se tratase de otra persona, un ente simbólico que con esa denominación arquetípica hubiese sido amasado por las heterogéneas arenas culturales de Brasil. “Siempre se está aprendiendo”, dijo. Y comparó su caso al del ex presidente Kirchner. Se inicia la tarea desde el asombro del aprendiz, y luego aparece el mundo con su drástico rostro desafiante.

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  • Antetítulo “PERSPECTIVAS DE LA IZQUIERDA PROGRESISTA EN LATINOAMERICA” FUE EL EJE DEL DEBATE EN SAN PABLO, BRASIL
  • Autor Horacio González
  • País Brasil
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