Miércoles, 05 Noviembre 2014 07:39

"El ciclo progresista en Sudamérica ha terminado"

El periodista y escritor uruguayo, Raúl Zibechi, dialogó con L'Ombelico del Mondo, programa internacional de Radionauta FM 106.3 y analizó las recientes elecciones en Brasil y Uruguay. Su mirada respecto al futuro de la región.

 

Zibechi nació en Uruguay en 1952 y fue militante del Frente Estudiantil Revolucionario (FER), agrupación estudiantil vinculada al Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros. Durante la dictadura uruguaya iniciada en 1973 se exilió primero en Buenos Aires y luego, cuando sobrevino el golpe en Argentina, se trasladó a España.


Allí continuó su militancia política y al regresar a Uruguay en los años 80 desarrolló un amplio trabajo como periodista e investigador con fuerte hincapié en los nuevos movimientos sociales. El programa de noticias internacionales, L'Ombelico del Mondo lo entrevistó para conocer sus impresiones y análisis de la situación actual en América Latina tras las elecciones en Brasil y Uruguay.


- Usted estaba en Montevideo el 26 de octubre cuando se realizaron las elecciones presidenciales en Uruguay; ¿cómo vivió la jornada en la que Tabaré Vázquez se impuso, aunque sin los votos suficientes para ganar en primera vuelta, sobre su principal adversario Luis Lacalle Pou?
– El resultado fue más o menos el esperado solo que el Frente Amplio obtuvo, además de ser la fuerza mayoritaria es la mayoría absoluta en el Parlamento, cosa que no era esperada.


Se puede leer este resultado como una gran estabilidad en el voto del Frente Amplio donde saca, voto más, voto menos, lo mismo que hace cinco años. Pero tiene una pérdida de unos tres puntos por izquierda que los gana por derecha.


O sea, le quita un 3% a los partidos tradicionales, sobre todo en el interior del país donde gana incluso en feudos tradicionales del Partido Colorado y el Partido Nacional, donde nunca había ganado. Y a su vez tiene, sobre todo en Montevideo, una pérdida de votos que van en tres direcciones: hacia el voto blanco y nulo; hacia el Partido Ecologista; y hacia la Unión Popular que consiguió una banca produciendo por primera vez que haya en el Parlamento una fuerza a la izquierda del Frente Amplio.


- En paralelo a las elecciones presidenciales se realizó el plebiscito por la baja de la edad de imputabilidad que finalmente salió negativo. Hubo una campaña muy fuerte de sectores de la juventud por el No a la baja. Estos jóvenes son los que, a priori, parecen estar más desencantados con el Frente Amplio.
– Hubo un sector juvenil, de clase media sobre todo, que se movilizó por el no a la baja de la edad de imputabilidad. Probablemente ese sector haya votado masivamente al frente amplio aunque inicialmente no era muy afín a hacerlo.


Por otro lado se dio la situación de que, en todos los partidos, hubo quienes apoyaron el Si a la baja. Hubo muchos votos frenteamplistas, se calcula que un 20%, que además de las papeletas de los diferentes grupos del Frente incluían el Si a la baja. Lo que quiere decir que el tema ha trascendido y esta es una posición que defienden incluso los partidos del Frente Amplio.


- ¿Cómo ve de cara a la segunda vuelta la situación en Uruguay y qué rol puede llegar a tener la izquierda, como Unión Popular, que ha crecido en los últimos años?
– La segunda vuelta ya está decidida. Va a ganar Tabaré Vázquez porque con que repita la misma votación que tuvo ya gana. La suma de Blancos y Colorados no alcanzan al Frente Amplio y el papel que juega la izquierda más consecuente es muy pequeño. Estamos hablando del 1% de los votos.
Por eso creo que el ballotage no va a tener secretos. Tabaré Vázquez va a tener el 53% o quizás el 55% de los votos con una diferencia de por lo menos diez puntos sobre Lacalle Pou.


- En Brasil el Partido de los Trabajadores volvió a ganar la presidencia en el ballotage el domingo 26 y Dilma Rousseff será nuevamente presidenta. ¿Cómo se configura el futuro frente a este escenario para la izquierda y los movimientos populares que no siempre han participado del gobierno o lo han apoyado en algunos aspectos solamente?
– Bueno, mal. Porque el voto de la primera vuelta fue muy conservador. El Parlamento que emerge de la primera vuelta en Brasil está bastante más a la derecha del que había. Tienen mayoría absoluta los diputados que defienden al agronegocio.


La llamada "bancada de la bala", compuesta por policías y militares, que defienden que la gente se arme contra la delincuencia, creció bastante. La bancada antiaborto, quienes defienden las posiciones más conservadoras, son hoy hegemónicas. El PT tenía 88 diputados y pasó a 70.


Por eso cualquier decisión que tome el Poder Ejecutivo en Brasil va a tener que pasar por un Parlamento donde le va a costar mucho. Las promesas de campaña de Dilma, como la reforma política, se van a tropezar con un congreso derechizado.


De modo que en Brasil el conflicto social se va a relanzar en los próximos años porque la situación de como quedó el mapa y la voluntad de la propia presidenta y el PT va a provocar una situación de dificultad para que se aprueben las reformas que están comprometidas, por lo menos con los movimientos.


- ¿Y la vuelta de Tabaré en Uruguay es de alguna manera un corrimiento hacia el centro del Frente Amplio?
– En el escenario internacional sin ninguna duda. Porque ahí Tabaré Vázquez ya tuvo un conflicto muy fuerte con Argentina en su primera presidencia y en esta, está el gran debate de que va a pasar con el Mercosur. Vázquez no es amigo del Mercosur, mira a la Alianza del Pacífico y aquí vamos a tener una situación que se va a reeditar, pero en un escenario más grave, lo que ya sucedió en su primera presidencia cuando estuvo a punto de firmar un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos.


Hay un corrimiento al centro, por tanto a la derecha, del gobierno. En un escenario general en el cual la actitud conservadora de la población, tanto en Brasil como en Uruguay, y probablemente en otros países es cada vez mayor.


Esto es fruto de un ciclo económico de alza, de un aumento exponencial del consumismo y de formas de vida que hacen que la población se haga, día a día, más conservadora.


- En los últimos años se ha valorado más la figura del presidente saliente José Mujica como personaje más que sus políticas al frente del gobierno ¿Esto es así realmente o la figura acompaño las políticas efectivas?
– Creo que las figuras pueden ser muy simpáticas, pero las políticas que estamos viendo -monocultivos de soja, minería a cielo abierto, sin cambios estructurales y reproduciendo la desigualdad- hablan por sí solas. Los personajes por más interesantes que sean no llegan a configurar políticas de Estado. Entonces aquí estamos ante un déficit de políticas de transformación.


- Con Dilma Rousseff en Brasil, Tabaré Vázquez en Uruguay, un 2015 en Argentina que probablemente nos depara un presidente más conservador en términos internacionales, una Venezuela a la defensiva. Hoy parece que el único líder que queda firme de la izquierda en América Latina es Evo Morales. ¿Qué rol está teniendo este bloque progresista y de izquierda en el continente de cara a lo que se viene?
– Pienso que el ciclo progresista en Sudamérica ha terminado. Entiendo por ciclo progresista el que comenzó con el Caracazo de 1989 como primer levantamiento popular opuesto al ajuste neoliberal y que después se convirtió en gobierno. O sea, el progresismo como fuerzas transformadoras que promueven cambios progresivos creo que está llegando a su fin. Seguirá siendo gobierno durante un tiempo pero vemos que en general están a la defensiva.


Es decir que lo que más están haciendo es mantener. Ya dejaron de promover cambios positivos. Por otro lado los cambios positivos de estos gobiernos fueron políticas focalizadas para atender la pobreza, pero eso fue en un primer momento. Diez años de esa política no produce transformaciones, simplemente hace que la pobreza sea más baja. Hace falta implementar un modelo que transforme, que integre, que genere empleo digno y que ya no hagan falta esas políticas focalizadas.


Si seguimos exportando soja a China, si seguimos con la minería, con el petróleo, con los monocultivos, el ciclo de transformaciones se agota por sí solo. Y no hay ni claridad política, ni deseo, ni voluntad de ir más allá. Porque para hacerlo hay que tocar intereses muy pesados que son precisamente los que están apoyando a estos gobiernos.


Los movimientos populares lentamente están volviendo a la resistencia. Primero en Brasil con las manifestaciones de 2013. En Argentina tuvimos un hecho muy importante en diciembre de 2010 con la ocupación del Parque Indoamericano. Ahora tenemos el caso de Malvinas Argentinas donde han frenado a Monsanto. Los movimientos están ahí. Cualquier corrimiento a la derecha o crisis económica que se haga caer sobre las espaldas de los sectores populares va a haber un clarísimo relanzamiento de los movimientos.


Por: Notas.org.ar // L'Ombelico del Mondo

Publicado en Política
Domingo, 02 Noviembre 2014 11:01

"Puede ser que la izquierda desaparezca"

Director de investigaciones en el CNRS francés (Centro Nacional de la Investigación científica), profesor en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales, Löwy es autor de reconocidos libros sobre el marxismo.

 

Desde París


Los populismos xenófobos llenan las urnas, el desempleo se incrementa, la desindustrialización prosigue sin piedad su trabajo de deconstrucción social y la izquierda europea se muere en los brazos de su enemigo. Su discurso se ha vuelto tan débil que es inaudible. Con la escasa excepción de Grecia y España donde prosperan fuerzas de la izquierda radical, Syriza y Podemos, la socialdemocracia del Viejo Continente está en vías de extinción. Sus sepultureros no son sólo los ejércitos del liberalismo, sino, también, los gobiernos socialistas elegidos para llevar adelante otra política y que hoy, como el primer ministro francés Manuel Valls, dicen en voz alta que es preciso terminar "con la izquierda del pasado". ¿Para qué sirve entonces Marx, la tradición del socialismo democrático, las luchas obreras y la injusticia que todo demuele si la izquierda europea no logra reinventar una alternativa? A estas preguntas responde el sociólogo y filósofo marxista Michael Löwy. Director de investigaciones en el CNRS francés (Centro Nacional de la Investigación científica), profesor en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales, Löwy es autor de reconocidos libros sobre el marxismo. Su primer libro en español, El pensamiento del Che Guevara, fue publicado en 1971 por Siglo XXI. El último, Ecosocialismo. La alternativa radical a la catástrofe ecológica capitalista (Buenos Aires, Ediciones Herramienta y Editorial El Colectivo), apareció en Buenos Aires en 2011. Entre ambos hay una extensa y metódica reflexión sobre la historia del marxismo y una irrenunciable postura a favor de una convergencia entre todas las fuerzas progresistas para cambiar la mecánica nefasta del sistema.


–Con un liberalismo voraz y sin enemigo capaz de neutralizarlo, con los medios hegemónicos que destilan el mismo argumento en casi todos los rincones del planeta, ¿cuál es el lugar y qué utilidad tiene hoy el marxismo?
–El marxismo es el único método, el único instrumento de teoría crítica capaz de inspirar una resistencia crítica contra esta ola de políticas neoliberales desastrosas. Estas políticas se imponen en Europa, sea con la derecha o con los gobiernos de centroizquierda. Es más o menos lo mismo. Pero el marxismo no ofrece los instrumentos para proponer alternativas. Ahora bien, hay una condición: que el marxismo no se limite a repetir lo que está escrito en los libros de Marx o de Engels. Debemos ser capaces de abrirnos a los nuevos planteos que no estaban previstos por los fundadores. Estos temas van desde la Teología de la Liberación, los movimientos indígenas en América latina hasta, sobre todo, la cuestión ecológica. Esto es fundamental para un socialismo o un marxismo del siglo XXI. El marxismo debe ser actualizado en función de los desafíos, las luchas y los movimientos sociales de nuestra época.


–¿Por dónde pasa el punto de articulación entre esta reactualización y la creación de un movimiento político contemporáneo genuinamente de izquierda?
–Lo que corresponde en primer lugar a las fuerzas políticas de la izquierda radical es la urgencia de unirse y, luego, apropiarse de la reflexión marxista y actualizarla. Algunos movimientos lo están haciendo, por ejemplo Syriza, en Grecia, que es hoy el movimiento de la izquierda radical más importante de Europa. Syriza es un movimiento que logró crear la convergencia con los movimientos de protesta social y con la juventud. Syriza también pudo apropiarse de las nuevas cuestiones. Es entonces posible y ahí tenemos un ejemplo.


–El actual primer ministro francés, Manuel Valls, dijo hace unos meses que la izquierda podía desaparecer. Si uno mira el panorama de la izquierda en varios países centrales de Europa, da la impresión de que ya desapareció.
–Efectivamente, hay un riesgo de que la izquierda desaparezca. En este sentido, Manuel Valls tiene razón, exceptuando el hecho de que él es uno de los responsables de la desaparición de la izquierda. Lo que contribuye a desmoralizar a la izquierda es la política de Valls y del presidente François Hollande. Esa política empuja la gente a la desesperanza, a perder el rumbo. Por eso hay tanta gente que mira hacia la extrema derecha. Pero hay que reconocer que, en Europa, la situación no es nada buena. La extrema derecha tiene el viento en popa y la izquierda radical está muy debilitada, con la notable excepción que es la esperanza de Grecia y España, donde hay un movimiento nuevo como Podemos. Es apenas un comienzo, pero esto nos demuestra que hay una alternativa a la izquierda.


–Pero ¿por qué la izquierda se volvió prácticamente inaudible? ¿Se repitió, le faltó convicción o simplemente acomodó su ideología para diluirse en el liberalismo?
–La socialdemocracia, que era una parte importante de la izquierda y del movimiento obrero, decepcionó porque se adaptó al neoliberalismo y llevó a cabo la misma política que la derecha liberal. Hay a la vez un desencanto y una desorientación. Al mismo tiempo, el Partido Comunista paga ahora el precio de su adhesión, durante casi un siglo, a esa caricatura de socialismo que fue la Unión Soviética. Cuando la URSS se derrumbó como una farsa trágica, los obreros y la gente que respaldada esa corriente de la izquierda se desmoralizaron. Pero, por sobre todas las cosas, lo que más influye es el peso de la ideología dominante. Los medios, la televisión, en suma, todo eso mantiene una cultura del consumo, un espíritu conformista y una sociedad individualista. Esa es la ideología dominante y no es fácil luchar contra ella. En cambio, en América latina sí se pudo combatir esa ideología, en Europa es otra historia. En América latina hay una extensa historia de rebeliones, de movimientos y de revoluciones que lograron hacer saltar la tapa del conformismo burgués reaccionario. América latina se mueve, el neoliberalismo no domina más como antes.


–Esto significa que, en América latina, la izquierda tiene eco.
–Las experiencias de Venezuela, Bolivia y Ecuador muestran que se puede ir mucho más lejos en la ruptura con las políticas neoliberales y la dominación oligárquica. No se trata de una revolución socialista como en Cuba, ni tampoco del fin del capitalismo. Sin embargo, incluso dentro de los límites del sistema, pudieron ir más lejos. Hay una dinámica de ruptura y de enfrentamiento con la oligarquía. Como vemos, no es imposible.


–Cuando explotó la crisis financiera en 2008, muchos celebraron el fin del sistema capitalista liberal. Pero sigue acá, tan vivo y corrupto como siempre. ¿En qué fase se encuentra entonces? ¿Al final de una etapa histórica, en plena renovación, al límite de su contradicción histórica?
–El sistema del capitalismo neoliberal ingresó en una crisis muy profunda en los países centrales –Estados Unidos, Europa, etc–. Esta crisis está lejos de haber terminado. Hay rebotes, subibajas, mejoras que llevan a los gobiernos a proclamar "salimos de la crisis" y, de nuevo, retrocesos. Por consiguiente, la crisis se prolonga y las políticas gubernamentales actuales son incapaces de resolverla. Pienso que no se trata de la crisis final del capitalismo, de una forma u otra saldrá de ella y, muy probablemente, de una manera negativa para las clases populares. Si no hay una reacción, un movimiento social, un movimiento popular revolucionario que se oponga y pueda detener la ofensiva del capital, el liberalismo encontrará una solución para salir de su crisis. Todo puede pasar. Con todo, el sistema continuará mientras no haya una alternativa radical. Ahora bien, el capitalismo ya atravesó muchas crisis, pero hoy se enfrenta a un nuevo límite, el límite del planeta, el límite ecológico. Si seguimos así, dentro de diez años no habrá una crisis económica, sino una crisis ecológica catastrófica.


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Publicado en Internacional

Para la segunda vuelta presidencial la presencia de varios matices de la Izquierda democrática, apoyando la candidatura del Presidente Santos fue trascendental y de amplia incidencia en el resultado final que permitió la derrota del candidato ultraderechista Oscar Ivan Zuluaga por cerca de un millón de votos.


La coincidencia en el tema de la defensa del proceso de paz propicio la constitución de un potente bloque político convertido en el eje de la dinámica política en el mediano y largo plazo. La voz cantante en la vida pública ya no será la de la guerra y el belicismo a ultranza como le gusta a Uribe Velez y sus partidarios.


Conocidos los resultados electorales, el Presidente Santos ha dicho que en su gobierno hay un espacio para la Izquierda. Es apenas obvia tal afirmación.


Algunos líderes de dicho campo político han mostrado perplejidad y dudas sobre su ingreso a la segunda administración del doctor Juan Manuel Santos. Los argumentos se refieren a una eventual perdida de independencia y a conjeturas sobre apoyos a programas incompatibles con sus proyectos políticos, como planes económicos, financieros, de orden público y militares.


La Izquierda en sus diversas tendencias debería salir de esas dudas que la paralizan y tomar la decisión de acompañar a Santos en su gobierno, específicamente en la política de paz y en la construcción de un ambicioso plan en ese sentido.

Los espacios estatales que le corresponden debe asumirlos e impedir que el uribismo, a través del zuluaguismo ablandado, se infiltre en las esferas gubernamentales para seguir en su sabotaje crónico del procesos de diálogos que se adelantan en La Habana.

La Izquierda debería mirar y analizar la reciente experiencia de Chile, en que un núcleo muy importante de dicha orientación política, la del Partido Comunista, hizo parte de la coalición que llevo a La Moneda a la Presidenta Bachelet, y hoy participa de importantes cargos en su gobierno, sin perder su independencia. Esa presencia en cargos oficiales ha permitido que el debate sobre la reforma tributaria, la reforma política y educativa, tenga ingredientes progresistas que fortalecen los derechos fundamentales de la sociedad.

No hay que perder de vista que el Estado y su maquinaria administrativa son un campo de tensiones de diversas fuerzas, en el que se da una intensa lucha entre diferentes concepciones ideológicas y políticas. Lucha en la que debe intervenir el ciudadano para defender y profundizar sus derechos en la perspectiva de la democracia, la equidad y la justicia social

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La Izquierda que apoyó a Santos no debe caer en la trampa de los falsos maniqueísmos patrocinados por ciertos parlamentarios pegados al sectarismo político.

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Jueves, 26 Diciembre 2013 10:19

Izquierda y progresismo: la gran divergencia

ALAI AMLATINA, 24/12/2013.- Uno de los mayores cambios políticos vividos en América Latina en los últimos veinte años fue el surgimiento y consolidación de los gobiernos de la nueva izquierda. Más allá de la diversidad de esas administraciones y de sus bases de apoyo, comparten atributos que justifican englobarlos bajo la denominación de "progresistas". Son expresiones vitales, propias de América Latina, en cierta manera exitosas, pero ancladas en la idea de progreso. Su empuje, e incluso su éxito, está llevando a que esté en marcha una divergencia entre este progresismo con muchas de las ideas y sueños de la izquierda latinoamericana clásica.


Para analizar estas circunstancias es necesario tener muy presente la magnitud del cambio político que se inició en América Latina en 1999 con la primera presidencia de Hugo Chávez, y que se consolidó en los años siguientes en varios países vecinos. Quedaron atrás los años de las reformas de mercado, y regresó el Estado a desempeñar distintos roles. Se implantaron medidas de urgencia para atacar la pobreza extrema, y su éxito ha sido innegable en casi todos los países. Vastos sectores, desde movimientos indígenas a grupos populares urbanos, que sufrieron la exclusión por mucho tiempo, lograron alcanzar el protagonismo político.


Es también cierto que esta izquierda latinoamericana es muy variada, con diferencias notables entre Evo Morales en Bolivia y Lula da Silva en Brasil, o Rafael Correa en Ecuador y el Frente Amplio de Uruguay. Estas distintas expresiones han sido rotuladas como izquierdas socialdemócrata o revolucionaria, vegetariana o carnívora, nacional popular o socialista del siglo XXI, y así sucesivamente. Pero estos gobiernos, y sus bases de apoyo, no sólo comparten los atributos ejemplificados arriba, sino también la idea de progreso como elemento central para organizar el desarrollo, la economía y la apropiación de la Naturaleza.


El progresismo no sólo tiene identidad propia por esas posturas compartidas, sino también por sus crecientes diferencias con los caminos trazados por la izquierda clásica de América Latina de fines del siglo XX. Es como si presenciáramos regímenes políticos que nacieron en el seno del sendero de la izquierda latinoamericana, pero a medida que cobraron una identidad distinta están construyendo caminos que son cada vez más disímiles. Es posible señalar, a manera de ejemplo, algunos puntos destacados en los planos económico, político, social y cultural.


La izquierda latinoamericana de las décadas de 1960 y 1970 era una de las más profundas críticas del desarrollo convencional. Cuestionaba tanto sus ideas fundamentales, incluso con un talante anti-capitalista, y rechazaba expresiones concretas, en particular el papel de ser meros proveedores de materias primas, considerándolo como una situación de atraso. También discrepaba con instrumentos e indicadores convencionales, tales como el PBI, y se insistía que crecimiento y desarrollo no eran sinónimos.


El progresismo actual, en cambio, no discute las esencias conceptuales del desarrollo. Por el contrario, festeja el crecimiento económico y defiende las exportaciones de materias primas como si fueran avances en el desarrollo. Es cierto que en algunos casos hay una retórica de denuncia al capitalismo, pero en la realidad prevalecen economías insertadas en éste, en muchos casos colocándose la llamada "seriedad macroeconómica" o la caída del "riesgo país" como logros. La izquierda clásica entendía las imposiciones del imperialismo, pero el progresismo actual no usa esas herramientas de análisis frente a las desigualdades geopolíticas actuales, tales como el papel de China en nuestras economías. La discusión progresista apunta a cómo instrumentalizar el desarrollo y en especial el papel del Estado, pero no acepta revisar las ideas que sostienen el mito del progreso. Entretanto, el progresismo retuvo de aquella izquierda clásica una actitud refractaria a las cuestiones ambientales, interpretándolas como trabas al crecimiento económico.


La izquierda latinoamericana de las décadas de 1970 y 1980 incorporó la defensa de los derechos humanos, y muy especialmente en la lucha contra las dictaduras en los países del Cono Sur. Aquel programa político maduró, entendiendo que cualquier ideal de igualdad debía ir de la mano con asegurar los derechos de las personas. Ese aliento se extendió, y explica el aporte decisivo de las izquierdas en ampliar y profundizar el marco de los derechos en varios países. En cambio, el progresismo no expresa la misma actitud, ya que cuando se denuncian derechos violados en sus países, reaccionan defensivamente. Es así que cuestionan a los actores sociales reclamantes, a las instancias jurídicas que los aplican, incluyendo en algunos casos al sistema interamericano de derechos humanos, e incluso a la propia idea de algunos derechos.


Aquella misma izquierda también hizo suya la idea de la democracia, otorgándole prioridad a lo que llamaba su profundización o radicalización. Su objetivo era ir más allá de la simples elecciones nacionales, buscando consultas ciudadanas directas más sencillas y a varios niveles, con mecanismos de participación constantes. Surgieron innovaciones como los presupuestos participativos o los plebiscitos nacionales. El progresismo, en cambio, en varios sitios se está alejando de aquel espíritu para enfocarse en mecanismos electorales clásicos.Entiende que con las elecciones presidenciales basta para asegurar la democracia, festeja el hiperpresidencialismo continuado en lugar de horizontalizar el poder, y sostiene que los ganadores gozan del privilegio de llevar adelante los planes que deseen, sin contrapesos ciudadanos. A su vez, recortan la participación exigiendo a quienes tengan distintos intereses que se organicen en partidos políticos y esperen a la próxima elección para sopesar su poder electoral.


La izquierda clásica de fines del siglo XX era una de las más duras luchadoras contra la corrupción. Ese era una de los flancos más débiles de los gobiernos neoliberales, y la izquierda lo aprovechaba una y otra vez ("nos podremos equivocar, pero no robamos", era uno de los slogans de aquellos tiempos). En cambio, el progresismo actual no logra repetir ese mismo ímpetu, y hay varios ejemplos donde no ha manejado adecuadamente los casos de corrupción de políticos claves dentro de sus gobiernos. Asoma una actitud que muestra una cierta resignación y tolerancia.


Otra divergencia que asoma se debe a que la izquierda latinoamericana luchó denodadamente por asegurar el protagonismo político de grupos subordinados y marginados. El progresismo inicial se ubicó en esa misma línea, y conquistó los gobiernos gracias a indígenas, campesinos, movimientos populares urbanos y muchos otros actores. Dieron no sólo votos, sino dirigentes y profesionales que permitieron renovaron las oficinas estatales. Pero en los últimos años, el progresismo parece alejarse de muchos de estos movimientos populares, ha dejado de comprender sus demandas, y prevalecen posturas defensivas en unos casos, a intentos de división u hostigamiento en otros. El progresismo gasta mucha más energía en calificar, desde el palacio de gobierno, quién es revolucionario y quién no lo es, y se ha distanciado de organizaciones indígenas, ambientalistas, feministas, de los derechos humanos, etc. Se alimenta así la desazón entre muchos en los movimientos sociales, quienes bajo los pasados gobiernos conservadores eran denunciados como izquierda radical, y ahora, bajo el progresismo, son criticados como funcionales al neoliberalismo.


La izquierda clásica concebía a la justicia social bajo un amplio abanico temático, desde la educación a la alimentación, desde la vivienda a los derechos laborales, y así sucesivamente. El progresismo en cambio, se está apartando de esa postura ya que enfatiza a la justicia como una cuestión de redistribución económica, y en especial por medio de la compensación monetaria a los sectores más pobres y el acceso del consumo masivo al resto. Esto no implica desacreditar el papel de ayudas en dinero mensuales para sacar de la pobreza extrema a millones de familias. Pero la justicia es más que eso, y no puede quedar encogida a un economicismo de la compensación.


Finalmente, en un plano que podríamos calificar como cultural, el progresismo elabora diferentes discursos de justificación política pero que cada vez tienen mayores distancias con las prácticas de gobierno. Se proclama al Buen Vivir pero se lo desmonta en la cotidianidad, se llama a industrializar el país pero se liberaliza el extractivismo primario exportador, se critica el consumismo pero se festejan los nuevos centros comerciales, se invocan a los movimientos sociales pero se clausuran ONGs, se felicita a los indígenas pero se invaden sus tierras, y así sucesivamente.


Estos y otros casos muestran que el progresismo actual se está separando más y más de la izquierda clásica. El nuevo rumbo ha sido exitoso en varios sentidos gracias a los altos precios de las materias primas y el consumo interno. Pero allí donde esos estilos de desarrollo generan contradicciones o impactos negativos, estos gobiernos no aceptan cambiar sus posturas y, en cambio, reafirman el mito del progreso perpetuo. A su vez, contribuyen a mercantilizar la política y la sociedad con su obsesión en la compensación económica y su escasa radicalidad democrática.


El progresismo como una expresión política distintiva se hace todavía más evidente en tiempo de elecciones. En esas circunstancias parecería que varios gobiernos abandonan los intentos de explorar alternativas más allá del progreso, y prevalece la obsesión con ganar la próxima elección. Eso los lleva a aceptar alianzas con sectores conservadores, a criticar todavía más a los movimientos sociales independientes, y a asegurar el papel del capital en la producción y el comercio.


El progresismo es, a su manera, una nueva expresión de la izquierda, con rasgos típicos de las condiciones culturales latinoamericanas, y que ha sido posible bajo un contexto económico global muy particular. No puede ser calificado como una postura conservadora, menos como un neoliberalismo escondido. Pero no se ubica exactamente en el mismo sendero que la izquierda construía hacia finales del siglo XX. En realidad se está apartando más y más a medida que la propia identidad se solidifica.


Esta gran divergencia está ocurriendo frente a nosotros. En algunos casos es posible que el progresismo rectifique su rumbo, retomando algunos de los valores de la izquierda clásica para buscar otras síntesis alternativas que incorporen de mejor manera temas como el Buen Vivir o la justicia en sentido amplio, lo que en todos los casos pasa por desligarse del mito del progreso. Es dejar de ser progresismo para volver a construir izquierda. En otros casos, tal vez decida reafirmarse como tal, profundizando todavía más sus convicciones en el progreso, cayendo en regímenes hiperpersidenciales, extractivistas, y cada vez más alejados de los movimientos sociales. Este es un camino que lo aleja definitivamente de la izquierda.


Por Eduardo Gudynas, analista en CLAES (Centro Latino Americano de Ecología Social), Montevideo.

Twitter: @EGudynas

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Lunes, 18 Noviembre 2013 06:35

La victoria de Bachelet en Chile y Colombia

En 1990 terminó la dictadura de Pinochet gracias a un acto plebiscitario, pero el espíritu de la dictadura flota todavía sobre Chile. Específicamente, la Constitución que Pinochet impuso no ha podido ser modificada ni suplantada o eliminada treinta y dos años después. No pudieron hacerlo los gobiernos de P. Aylwin (1990–1994), Eduardo Frei (1994–2000), Ricardo Lagos (2000–2006), Michelle Bachelet (2006–2010), o Sebastián Piñera (2010...).


Michelle Bachelet ha anunciado, incluso desde antes de lanzarse como candidata, su deseo de cambiar la Carta Magna de la Junta Militar. Lo cual, en realidad, es la respuesta al elevado nivel de insatisfacción social, en uno de los países ejes de la economía latinoamericana y con fuerte proyección internacional.


En verdad, desde el punto de vista político, el cambio de la Constitución de 1981 es una señal de la fuerza de los sectores más progresistas de la sociedad chilena, liderados por un dúplice factor: el poder de las fuerzas de centro–izquierda, y la fuerza de los jóvenes, específicamente los estudiantes, organizados en asociaciones de secundaria y universitaria. Ambos factores se refuerzan positivamente entre sí.


En efecto, desde el final de la dictadura y la transición a la democracia a partir de 1990, todas las fueras políticas y sociales de Chile han reconocido la Constitución, que fue de hecho modificada parcialmente en la transición a la democracia, y por iniciativa del presidente Alwin. Todos los sectores, excepto el Partido Comunista de Chile, y otras fuerzas de izquierda.


Pues bien, el cambio de la Constitución que se avizora durante el segundo mandato de M. Bachelet significa, literalmente, la transformación del modelo social y económico impuesto por la dictadura. Un verdadero ejemplo para el conjunto de América Latina. La elección de Bachelet en las elecciones de 2013 implica, con toda seguridad, un giro estructural al interior de la sociedad chilena.


Este giro puede representar quizás el golpe más certero al modelo neoliberal en el continente, y acaso en el mundo. En un contexto mundial en el que Europa se enfrenta a una profunda crisis social y financiera, con alto escepticismo hacia los partidos tradicionales y con una profunda depresión moral. Irlanda fue objeto de rescate, y Portugal y Grecia tuvieron el mismo destino. La crisis actual pende, como Espada de Damocles, sobre España, y Francia acaba de ver reducida su calificación por parte de una de las agencias internacionales que siguen el manejo de la economía. Italia se mece en medio de fuertes vientos, cuyo motivo central es la inestabilidad política que genera S. Berlusconi.


En este escenario, los Estados Unidos no tienen una situación mejor, y la expresión más aguda de la crisis es el sistema de seguridad social; en un país que invierte en la misma cerca del 18% del PIB pero que tiene el peor sistema de seguridad social del mundo. Y en Asia, la crisis de Japón no parece encontrar una solución en el futuro inmediato.


En este panorama, las dinámicas en Chile se inscriben exactamente en medio de la crisis mundial del modelo neoliberal de mercado y sociedad, y la emergencia de nuevos actores en la política y la economía mundial. Pues bien, Chile quiere ser considerado como un jugador importante. Por lo pronto, de acuerdo con declaraciones del FMI, Chile, junto a Perú, Colombia y Brasil representarán a la locomotora de América Latina. Brasil, hay que decirlo, no entra en consideración debido a que ya es un jugador principal en el mundo.


En cualquier caso, la reforma a la Constitución es la más sensible de las transformaciones que deberá hacer Bachelet, sin olvidar el muy delicado tema de la reforma al sistema de educación. Las protestas del 2011 aún están candentes y toda la población infantil, juvenil y de jóvenes adultos espera un cambio en este sentido.


Dos vías aparecen en el camino hacia la transformación de la Constitución de Pinochet. Una, como lo ha señalado la nueva presidenta, es el cambio total de la Constitución por vía del Congreso. Y la otra es, en caso de que no sea posible ese primer camino, el llamado al constituyente primario.


En el primer caso, todo dependerá de dos factores. De un lado, de los resultados también de las votaciones al Congreso. Ambos aspectos se conjugan dependiendo de si Bachelet logra un contundente triunfo en primera vuelta. Pues ello habrá significado un importante triunfo de la izquierda en el parlamento. Para lo cual cabe destacar que los exdirigentes del movimiento de estudiantes chilenos, Camila Vallejo y Giorgio Jackson, tienen asegurada su elección al Congreso chileno.


Y sin embargo, lo verdadero significativo no estriba en el ingreso al Congreso chileno por parte del Partido Comunista. Pues ya existen varios congresistas elegidos en pasadas elecciones, conjuntamente con congresistas socialistas y de otras fuerzas de izquierda. Por el contrario, se trata del hecho de que los comunistas podrían ser miembros del gobierno de Bachelet, algo que no sucedía desde el gobierno de S. Allende.


El segundo factor es el plan B de Bachelet. En caso de que la transformación total de la Constitución no sea posible por vía parlamentaria, entonces llamará, convocará a una Constituyente. La dificultad es que este proceso, que es bien visto por los sectores más radicales de la sociedad chilena, implicaría un gasto político grande para Bachelet, quien tiene entre sus planes varias otras reformas profundas en las estructuras militares, sociales, económicas, fiscales y políticas en Chile.


De hecho, buena parte de los gobiernos de América Latina se enfrentan en estos momentos con diversos procesos políticos y sociales que atraviesan por el llamado al Constituyente primario: en Bolivia, tanto como en Ecuador, en Venezuela y Uruguay. Es en ese panorama regional que cabe, en el caso de Colombia, por lo demás, entender las reflexiones que se han estado debatiendo en La Habana en los caminos a la legitimación de los resultados de las negociaciones que ya, parece, ha quedado definido.


Los gobiernos y las sociedades de América Latina están pendientes de lo que acontezca en Chile. Una situación que deberá decidirse en los primeros meses del segundo mandato de Michelle Bachelet. Toda una experiencia aleccionadora. Aunque nunca similar, sí existen claros visos de analogía con el proceso que llevó a la presidencia a Salvador Allende en 1970. Este es el resultado de un cambio de estrategia por parte de los comunistas, quienes después de estar aislados de todas las otras fuerzas y partidos chilenos, emprendieron un giro fundamental que los acerca a la integración con los aspectos institucionales chilenos. La presidenta Bachelet, de militancia socialista, ha sido determinante en el paulatino acercamiento institucional de los comunistas.


Para Colombia, Chile representa una lección importante de cara al futuro: puede ser posible, en un proceso largo y concertado, que las fuerzas de izquierda accedan al poder por vía de elecciones democráticas y de procesos democráticos de representación y participación. A condición de que tengan un fuerte apoyo social, que los jóvenes sean actores destacados, y que haya señales claras de maduración y desarrollo político y conceptual. Específicamente, voluntad de unidad y comprensión de las nuevas realidades con nuevos y mejores conceptos, acordes al progreso del conocimiento y de los tiempos. Definitivamente, el efecto mariposa: un (pequeño) acontecimiento en un lugar puede tener consecuencias imprevisibles en otro lugar distinto


Domingo, 17 Noviembre 2013 19:22

Publicado en Internacional
Martes, 29 Octubre 2013 07:53

La izquierda beata de América Latina

 

Persignarse y dar avemarías es reacción común entre la mayoría de los presidentes identificados con la izquierda en América Latina cuando en sus países se invocan reformas vinculadas con derechos civiles que contrarían la tradición. En temas como la despenalización del aborto o del consumo de drogas blandas y el establecimiento del matrimonio homosexual, sus posiciones tienden al conservatismo, y el mensaje religioso es incorporado cada vez con mayor frecuencia en sus discursos políticos y en su argumentación. En el continente donde convive la mayor comunidad católica del mundo, la izquierda parece haberse convertido.

 

"Que hagan lo que quieran, yo jamás aprobaré la despenalización del aborto", dijo el pasado 19 de octubre el presidente ecuatoriano Rafael Correa, quien se define a sí mismo como "humanista, católico y de izquierda". Correa incluso amenazó con dimitir si los parlamentarios del bloque oficialista, Alianza País, votaban a favor de incluir esta reforma en el nuevo Código Penal. "Si siguen estas traiciones y deslealtades (...) yo presentaré mi renuncia al cargo", advirtió el mandatario ecuatoriano en esa misma oportunidad. El presidente de la Conferencia Episcopal de Ecuador, monseñor Antonio Arregui, celebró de inmediato la postura de Correa "por la valentía y la nobleza de ánimo con que habló".

 

El tema del aborto es especialmente sensible entre la izquierda más revolucionaria de antaño. Nicaragua y El Salvador, donde gobiernan respectivamente el líder del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, Mauricio Funes, y el sandinista Daniel Ortega, son dos de los países en los que se castiga el aborto con mayor severidad sin que haya perspectivas para una reforma de la ley. El gobierno de Funes fue criticado de no intervenir a tiempo en el polémico caso de Beatriz, una joven salvadoreña que corría peligro de muerte por un embarazo inviable, que finalmente fue interrumpido a través de un "parto inducido" que terminó en cesárea. Daniel Ortega y su esposa, Rosario Murillo, también se han opuesto firmemente a la posibilidad de despenalizar el aborto terapéutico. Después de toda una vida de ateísmo, la pareja decidió casarse ante la Iglesia católica en 2005 y dice ahora liderar una revolución "cristiana, socialista y solidaria"; el cardenal Miguel Obando y Bravo, antiguo enemigo del sandinismo, ofició el matrimonio entonces y ahora suele inaugurar con una oración los actos públicos del Frente Sandinista.

 

Dios es omnipresente también en los discursos del venezolano Nicolás Maduro, quien declaró haber reencontrado la fe después de declararse ateo a los 18 años a causa del comportamiento de la Iglesia católica. "Hugo Chávez hizo de nosotros verdaderos cristianos", dijo el mandatario venezolano el 7 de abril de pasado durante un acto de campaña, previo a las presidenciales del día 14 en las que fue declarado ganador. La despenalización del aborto y del consumo de drogas como la marihuana o el establecimiento del matrimonio homosexual no son siquiera tema de debate en la Venezuela que gobierna Maduro, ni lo fueron durante los 14 años de mandato de Hugo Chávez. Por el contrario, la condición de homosexual es asumida por la nomenclatura del chavismo como denigrante. El mismo Maduro, siendo canciller, calificó al liderazgo opositor de "sifrinitos (pijos), mariconsones y fascistas", durante un discurso transmitido por la estatal Venezolana de Televisión, el 12 de abril de 2012.

 

Más allá de la animosidad en el uso del lenguaje, hay analistas como el venezolano Teodoro Petkoff –editor del diario TalCual de Caracas, ex militante comunista y ex guerrillero—que consideran que la izquierda latinoamericana está dividida en dos grandes bloques, que definen su posición. "Hay una izquierda ideológicamente formada, la más antigua, que suele asumir con mucho valor posturas que confrontan el peso de la tradición", señala, refiriéndose a la izquierda uruguaya, liderada por el presidente José Mujica, y a sectores de la izquierda brasileña y argentina.

 

Hay otra izquierda, sostiene el editor de TalCual, que se define en términos políticos más que ideológicos, y que atiende al peso de tradiciones morales centenarias, compartidas por el grueso de la población de América Latina. "Esta especie de neo izquierda de origen chavista, que de izquierda solo tiene el apelativo, es absolutamente tradicionalista en estas materias. En unos casos, esto responde a una actitud sincera sobre asuntos morales y éticos, que no separan religión de política. En otros, es puro oportunismo, un intento de mantenerse cerca de la clientela electoral", concluye Petkoff.

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Jueves, 22 Agosto 2013 15:55

La antiética del estigma

Un nuevo proceso de negociaciones abierto entre Gobierno y un sector de la insurgencia, abre la posibilidad de aclarar una larga historia de violencia y terror. Una oportunidad para superar el estigma con el que se ha marcado, y se continúa señalando, a todo aquel que se opone al poder vigente, pero también para correr el velo sobre el terror de Estado, y el uso de la violencia por parte de su contrario, con sus nefastos efectos sobre la memoria colectiva. Una mirada al pasado con fuerza y retos presentes.

 

Con frecuencia se habla del conflicto armado de la época actual como continuación del que tuvo lugar en la década de los 50 del siglo XX, la llamada Violencia. Sin embargo pocos se ocupan de argumentar en dónde reside esa línea de continuidad. La mayoría se limita a citar el nombre de alguno o, a lo sumo, algunos, de los líderes históricos de la guerrilla de autodefensa de los 50 que murieron de viejos, ostentando títulos como los de "el guerrillero más antiguo" del mundo.

 

Este es un aspecto, pero en verdad, el estigma es el elemento más importante de esa línea de continuidad porque garantiza la renovación permanente de la guerra; tal y como opera hoy en día en Colombia es el resultado de la Inquisición de Laureano Gómez, que veía en judíos y masones a los corruptores de la catolicidad hispanizante y franquista; inmediatamente después Rojas Pinilla pierde el apoyo de los EEUU, en parte a causa de su intento de sumarle al estigma vigente el rasgo del protestantismo: dejó sin embargo para el Frente Nacional el rasgo del comunismo como articulador con la estrategia de guerra fría. Lo que tienen de común denominador esos rasgos del estigma es que aluden a rivales religiosos de la catolicidad y/o son ateos. Pasadas unas décadas se repite este fenómeno con el de terrorismo, aportado por la doctrina Bush, al cual se adhiere Uribe. Como no se construye ni se borra de un día para otro ni constituye un discurso coherente, el estigma no es despreciable.

 

En el 2013

 

El gobierno de Santos estigmatiza a un líder de los campesinos del Catatumbo1, como miembro de las farc; la exigencia de los manifestantes al respecto de las zonas de reserva campesina2, que coincide con la de la insurgencia en la mesa de negociaciones de La Habana, constituiría la prueba. La autonomía necesaria para que la erradicación de cultivos ilícitos no deje a los campesinos en una situación absolutamente precaria3 justifica su resistencia pero al mismo tiempo delata la inmovilidad negociadora del gobierno, propia de su prolongada sumisión en el mismo tema.

 

Pero aunque esto no es poco hay mucho más. Días después, la comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos en Colombia es amenazada con impedírsele el ejercicio de sus funciones por haber criticado la actuación de la fuerza pública en el Catatumbo; aunque el gobierno parezca retractarse casi de inmediato, prolongándole la autorización para que opere durante un año más, la estigmatización había sido hecha, los medios de comunicación dominantes tuvieron insumos suficientes para hacer la tarea y la opinión que responde al estigma como un reflejo condicionado quedó satisfecha.

 

Otra expresión del mismo fenómeno. Cuando las protestas se extienden a regiones donde no opera la insurgencia armada de izquierda, la estigmatización apela de nuevo a la figura de la infiltración en este caso de políticos del mismo signo; es el caso de los vínculos entre un dirigente gremial de los cafeteros y mineros con un senador del Polo4. Es el estigma elaborado durante el Frente Nacional que sumó a los rasgos precedentes el de que los movimientos sociales tenían que ser "cívicos", es decir apolíticos. Aunque ya se entreveía una negociación con los campesinos del Catatumbo, la secuencia estigmatizante se repite por cuarta vez en menos de un mes: diez heridos y cuatro capturados acusados de formar parte de pertenecer "a las redes de apoyo de las farc"5. Sin embargo el no uso del adjetivo "terrorista" es un indicio de regresión6 al período que va desde el primer intento de negociaciones de paz de Belisario Betancur (1982) hasta el dado en el Caguán (1998), en el que la insurgencia armada era vista como consecuencia de las desigualdades sociales; no se trata de la visión laureanista de que la violencia y la guerra constituirían la marca indeleble del "inepto vulgo". Forma esta de regresión que implica una forma de olvidar.

 

La forma de olvidar que sigue al fin de la violencia de los años 50 es la de una amnistía –por parte del gobierno de Rojas Pinilla– del terrorismo practicado por la para-policía chulavita y respondido en términos similares por la "chusma". A las guerrillas que no se acogen les es retirada su filiación política de conservadores o liberales que hasta entonces la prensa partidista utiliza, para ser renombradas con el apelativo único de "bandoleros", los cuales arrastrarán el peso muerto de la crueldad con la que se había librado la confrontación bipartidista. Es algo similar a lo ocurrido con el cambio, en el pasado reciente, de la denominación de "guerrilla" a la de "terroristas" y actualmente con la sindicación a las farc de crímenes de lesa humanidad. El cambio de nombre y la transferencia7 de los autores es una forma del olvido, la que puede estarse fraguando en la mentalidad de los colombianos, revestida del lenguaje científico propio de la época, el reforzamiento del estigma bajo la forma de un fatalismo del ser colombiano, que permitiría ocultar al sujeto que hay en el perpetrador y resaltar en cambio sus rasgos genéticos o culturales8.

 

La respuesta de la insurgencia de que, empezando por el propio Estado, nadie es inocente9 y por consiguiente sería mejor olvidarse de responsabilidades y culpas, es paradójica porque forma parte de las salidas expres que en otros temas rechaza. La mayor beneficiaria de un examen ético y, por consiguiente, político del conflicto sería la misma insurgencia. Entre otras razones porque el estigma al que ha sido sometida no saldría bien librado en un examen integral y comparativo del conflicto armado, que debe contar con la participación de la academia en esa área de su especialidad que es la precisión conceptual. Sin embargo la academia no pronuncia fallos; con ocasión de otros conflictos la salida ha pasado por autoridades morales como fueron los casos de los tribunales Russell y Sábato.

 

Aportes a la conceptualización

 

La caracterización del otro como encarnación del mal propia del estigma facilita su eliminación sin distinguir entre formas caballerescas o atroces. Forman parte de esas generalizaciones apelativos en boga, como los de víctimas y victimarios, en la medida en que contribuyan a la igualación de conductas y actividades de la guerra. ¿Víctimas de qué? O ¿Cómo fueron victimizad(a)os? No son preguntas de segundo orden. De allí a la afirmación de que "Todos los actores del conflicto armado son iguales porque violan los derechos humanos" no hay sino un paso. De la misma manera el abuso de expresiones, como la de "terrorismo" –nunca fueron rigurosamente definidas por parte de aquellos que la implantaron a nivel imperial ni nacional–, indica que se está en el camino de la construcción del estigma. La precisión de la noción de terrorismo como familiar de la de crueldad, que aquí se intenta parte de la idea de que al ser humano lo aterroriza más una muerte deliberadamente prolongada, llena de dolor por el atropello y el destrozo causados al cuerpo y a la psiquis, sin ninguna compasión y con evidente complacencia por parte de los que la causan, que la muerte misma10.

 

Pareciera que la práctica de la crueldad es una manifestación exclusiva de condiciones psíquicas particulares del victimario, sin embargo tanto criminales seriales como los colectivos requieren de privacidad o dominio territorial. El criminal colectivo de la masacre suele contar con una elaboración también perteneciente a un colectivo a menudo mayoritario, consolidada en el tiempo: el estigma, articulado de esta manera a la crueldad. A veces el estigma se asocia a regímenes de Estado tal y como ocurrió con ocasión de la "solución final" del nazismo o con el terrorismo de Estado de las dictaduras militares del Cono Sur de América en los años 80 del siglo XX. Entre esas dos situaciones tiene ocurrencia la Violencia en Colombia de los años 50, caracterizada como de "frágil legitimidad o debilidad del Estado"11. La inoperancia del estigma constituye la "frágil legitimidad" y la creación de fuerzas armadas paralelas que practican el terror compensan la "debilidad".

 

Ética, guerra y paz

 

Hay analogías bien documentadas entre la mentalidad de los políticos partidarios a ultranza de la solución armada de los años del Frente Nacional, que crearon la denominación de "Repúblicas independientes" para los reductos de autodefensa campesina, y sus pares de hoy en día que esgrimen argumentos similares contra las zonas de reserva campesina12. Si se parte de la idea, tal vez ingenua, de que en la reconstrucción de la verdad histórica del conflicto reside una de las posibilidades de restarle eficacia al dispositivo mortífero del estigma, habría que compensar el déficit que existe en la documentación del campo de los estigmatizados. Desde estudios tempranos como el de "La violencia en Colombia" de Fals Borda, Umaña y el padre Guzmán, hasta otros recién aparecidos, la crueldad impacta con gran intensidad, especialmente a los observadores extranjeros13.

 

Sin embargo el acto cruel por excelencia, la masacre, ha caracterizado a la contrainsurgencia, mientras que el del secuestro lo hace con la insurgencia. Lo dicen las cifras14, como siempre a su manera no necesariamente la mejor. Es así como el concepto más usual de masacre tiene que ver con la cantidad de víctimas, es decir lo objetivo verificable, pero no a los aspectos subjetivos de crueldad y terror. La política de auto restricción de la crueldad tenía un contenido ético concomitante con lo político; en efecto las más conocidas de las guerrillas liberales del Tolima (denominadas por los sobrenombres de sus jefes, Desquite, Sangrenegra) practicaban sistemáticamente la violación de las mujeres del contrario político pero cuando empiezan a hacerlo con las del propio son rechazadas por la población que inicialmente las veía como sus defensoras naturales15.

 

Para entonces ya habían aparecido, en guerrillas y regiones que constituyen el germen de las actuales farc16, restricciones formales ante actos de crueldad A pesar de que amnistía e indulto en la violencia de los 50 se aplicaron a prácticamente todos los contendientes y actos, los decretos 1823 y 2062 de 1954 se preocuparon de excluir para esos efectos a aquellos "cuyos caracteres de atrocidad revelen una extrema insensibilidad moral"17, por lo menos en el papel. No se conocen casos en los que haya sido alguien condenado en virtud de esa excepcionalidad.

 

Sin embargo, dicha salvedad legal es indicativa del consenso ético que, así sea en el papel, siempre ha estado presente en el repudio a la crueldad. Transcurridos 42 años y en un medio geográfico y cultural distante los datos existentes acerca de las violaciones efectuadas por el actor de la guerra (farc) que sigue la línea del de Yacopi y otro relativamente nuevo (eln), sugieren que se ha mantenido una prohibición semejante. El acto del secuestro –que no el de la retención de prisioneros de guerra concepto más apropiado para el caso de militares capturados en combate– merecería ser objeto de un examen igualmente somero al de la masacre, así sea por ser característico de la guerrilla: lo dicen las cifras18. Algunos actos como el de amarrar al secuestrado, parecen estar en la lógica de impedir la fuga pero también en la del castigo cruel. Sin embargo el retorno de secuestrados –bajo poder guerrillero durante diez o más años– evidencia que, a pesar de lo duro de la situación a que fueron sometidos, no se produce en ellos el trauma físico o mental propio de la masacre, la tortura o la violación. Forma parte del secuestro una operación análoga de estigmatización a la de la masacre, que se ve en expresiones consagradas del catecismo de una izquierda rudimentaria como la de prescribir a los nuevos adeptos el "odio de clase".

 

Epílogo

 

La existencia de algunos programas oficiales de memoria histórica –de reciente apertura– parecieran introducir cambios en esta situación pero su impacto no es muy significativo por razones que tienen que ver con el estigma y el miedo que éste remueve. El estigma no se manifiesta exclusivamente al nivel de lo público sino en la ruptura de la tradición oral entre generaciones de la población desplazada y entre ésta y la población receptora. Una salida del tipo Tribunal Rusell o Sábato es digna de consideración. Además es de esperarse que la realidad colombiana cree mecanismos nuevos, que por lo menos nos dejen la ilusión de no repetición.

 

A este último respecto creemos que es el tiempo de abordar por parte de los nietos la historia familiar, hasta la generación de los abuelos, de manera sistemática, es decir desde el sector educativo, como un programa nacional. Constataríamos, sobre todo los habitantes de las ciudades, que la guerra no es una realidad lejana y ajena sino que tarde o temprano atraviesa la historia familiar y personal de la mayoría de los colombianos. Tal vez si esta generación se sensibiliza en ese sentido la siguiente pueda retomar la historia de nuestro doloroso presente.

 

Notas

 

1 http://www.semana.com/nacion/articulo/farc-niegan-infiltracion-catatumbo/350069-3
2 "...nunca se había producido un acuerdo de esta magnitud y mucho menos dando prioridad a la población rural. "Mientras en acuerdos anteriores, se daba prelación a las garantías y los beneficios a los miembros de los grupos armados dispuestos a desmovilizarse." http://www.centrodememoriahistorica.gov.co/index.php/noticias/1418-ique-tan-importante-es-el-acuerdo-agrario-en-los-dialogos-de-paz
3 Periódico Desde abajo.
4 http://www.semana.com/nacion/articulo/oscar-gutierrez-defiende-acusa-santos/351359-3
5 http://www.elespectador.com/noticias/nacional/protestas-de-mineros-continuan-disturbios-y-detenciones-articulo-437897
6 En el sentido de que se constituye en un retorno a un camino sin salida o con una salida conocida por lo frustrante.
7 Utilizamos la expresión "transferencia" en el sentido psicoanalítico de poner en el otro lo propio.
8 "...los extremos inhumanos a que se llegó en materia de ejercicio de la violencia en periodos y regiones concretas del país, sobre todo, en las coyunturas 1950-1960 y 1990-2000, por ejemplo, sugieren que... debe haber entrado algo "intrínsecamente maligno" capaz de posibilitar esos "productos sociales" tan perversos." Es decir, que estamos ante la posible y "peligrosa" hipótesis de la sociedad colombiana como potencialmente victimaria. http://fundacionecopais.blogspot.com/
9 Es controvertible o susceptible de alguna discusión (el tema de lesa humanidad y el impedimento para participar en política) porque nosotros podríamos decir que la ilegalidad ha capturado al Estado colombiano, entonces no podrían hacer política. http://www.elespectador.com/noticias/paz/el-fiscal-atraviesa-palos-al-proceso-de-paz-ivan-marque-articulo-433677#comments
10 Derrida Jacques. Estados de ánimo del psicoanálisis. Paidós 2000.
11 El texto citado -Bandoleros, gamonales y campesinos. Gonzalo Sánchez, Donny Meertens. p. 9- no alude directamente a la crueldad si se hace a las condiciones generales de existencia del "bandolerismo", particularmente a la búsqueda de dominio territorial.
12 A este respecto el artículo de Héctor-León Moncayo en el Periódico Desde abajo es bastante ilustrativo.
13 "hay una dimensión, dijo, que me impacta: cuando vemos como se atacan los derechos humanos en Colombia, y veo muchos ataques en el nivel mundial, -estuve en Asia, en Palestina, en Africa, en Chechenia, lo que me impacta de la situación colombiana no es solamente la violencia y la pobreza, o los desplazamientos masivos, es la crueldad. (Subrayado nuestro) En Palestina...no se descuartiza la gente". "El Tiempo" a finales del 2009 por Francoise Zimeray, Embajador de Francia. Citado en: http://fundacionecopais.blogspot.com, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
14 "El informe ¡Basta ya! Colombia: memorias de guerra y de dignidad, del Grupo de Memoria Histórica, contiene estos y otros datos tan escalofriantes como el que sigue: en las últimas tres décadas se perpetraron 1.982 masacres. En el 59% de los casos los responsables de semejante brutalidad fueron los paramilitares, un 17% correspondió a las gue-rrillas y en el 8% los perpetradores fueron agentes del Estado." http://www.elespectador.com/noticias/temadeldia/220000-colombianos-han-muerto-55-anos-de-violencia-articulo-435591.
15 Bandoleros, gamonales y campesinos. Gonzalo Sánchez, Donny Meertens. p. 19.
16 "Como se han encontrado cadáveres sin orejas, todos deben saber que aquí no se puede hacer lo mismo. Los comandantes de guerrilla darán cuenta, al Comando General de cualquier guerrillero que corte orejas o haga mutilaciones en el cadáver de un hombre enemigo." Yacopí el Comando General del Cuartel de San Luis a la fecha de enero 15 de 1953 Ibíd.
17 Citados en La violencia en Colombia. Germán Guzmán, Orlando Fals, Eduardo Umaña. p. 351.
18 De nuevo las cifras no hablan por sí solas: en efecto el concepto de secuestro se confunde, en Colombia especialmente, pero al parecer en el DIH, con el de los militares puestos en prisión como resultado de un combate o toma de instalaciones. "De los más de 27.000 secuestros perpetrados entre 1970 y 2010, la mayoría fueron realizados por las Farc. ...entre 1996 y 2002 se cometieron 16.040 plagios, de los cuales 8.578 fueron realizados por las farc y los demás por el eln" http://www.elespectador.com/noticias/temadeldia/220000-colombianos-han-muerto-55-anos-de-violencia-articulo-435591

Publicado en Edición 194
Jueves, 22 Agosto 2013 15:30

Catatumbo es una frontera caliente

En una frontera porosa, para Venezuela es necesario impedir que los paramilitares copen su línea y avancen en su infiltración. Ante posibles réplicas en otros lugares, de la lucha social y campesina en el Catatumbo, el ejército colombiano y las dos Cancillerías, prendieron la alerta. En medio de la puja que puso voces y roce en la Mesa de La Habana; en otro capítulo de las enrarecidas relaciones por el cálculo del presidente Santos de recibir al ex candidato opositor Capriles, hubo el encuentro entre los Presidentes de Colombia y Venezuela. Circunstancias que no pasan desapercibidas en la entrevista que nos respondió Rafael Uzcátegui, dirigente de la izquierda venezolana y del continente, secretario general de Patria Para Todos (PPT), uno de los partidos motrices de la Revolución Bolivariana y referente del Gran Polo Patriótico Simón Bolívar que movilizó el triunfo electoral en las dos últimas contiendas presidenciales.

 

No tan lejos, conocidos como fueron los incidentes con Colombia que afectaron a Venezuela durante el gobierno Uribe, "la relación entre las dos naciones siempre ha tenido el mismo trámite: es una especie de guión repetido, en el cual la diplomacia jura, rejura y compromete asuntos que parecen ser cada día más difíciles de sostener en el tiempo", destaca Uzcátegui quien hoy, también es miembro del Consejo de Estado en Venezuela, y remarca: "Es el comportamiento de los sectores que han detentado el poder en Colombia por años, o por toda la historia republicana, que son los mismos sectores que han impuesto una continuidad interrumpida solo y brevemente por Rojas Pinilla".

 

desde abajo (da). ¿Cómo ve el reencuentro de los presidentes Santos-Maduro?


Rafael Uzcátegui (RU). Todos sabemos que la renta petrolera venezolana es un factor que ha permitido estabilidad a la naturaleza y presencia oligárquica en el gobierno colombiano ¿Por qué motivo? Porque Venezuela ha sido el país que es inmediato receptor de la inmigración de varios millones de colombianos por asuntos económicos o de la violencia; que le permite sufragar la oferta de mano de obra colombiana. Sin el flujo y disponibilidad monetaria de la renta petrolera venezolana, Colombia con sus índices de pobreza y su presión social plena, ya habría estallado en muchos pedazos...

 

da: ...¿estallar?


RU: Sí, porque frente a la crisis social no existirían válvulas de escape. Venezuela ha sido el colchón que permite que esa crisis y el descontento del pueblo se mantenga –sin estallar–. Pero además de paliar con la emigración, esta economía acopla otros fenómenos que distraen otras franjas colombianas. Es el caso, del contrabando de extracción de alimentos y gasolina... cuando el precio de la gasolina allá en Colombia, es de los más altos del mundo. Asimismo, el diferencial cambiario favorece la economía diaria de los colombianos en la frontera, como antes la fortaleza del bolívar favoreció la rentabilidad de grandes operaciones y grupos económicos.

 

da: ¿En cuáles casos?


RU: El crecimiento textilero de Medellín fue parte de la demanda venezolana. Y la realidad fronteriza con los alimentos y con la gasolina, las grasas, los aceites en toda esa faja, todo el oriente Colombiano, está marcada por eso. Hay un diferencial cambiario que favorece y resuelve gran parte de la crisis en Colombia, la canasta básica venezolana subsidiada resuelve la carestía colombiana; las Misiones bolivarianas, la gratitud de la enseñanza y la medicina en Venezuela; resuelven parte de la crisis colombiana. Ya estamos en casi 5 millones de colombianos en Venezuela, si esos 5 millones estuvieran en Colombia, las manifestaciones, la crisis política y de inconformidad fuera mayor.

 

da: ¿Una mayor inconformidad que aletarga Venezuela?


RU: Elemental. ¿Si no fuera a Venezuela, los millones que emigran, hacia dónde iban a avanzar? ¿Hacia Panamá, Ecuador o hacia el sur buscando Chile o Argentina? O, ¿buscando los Estados Unidos? Todos sabemos cómo endurecen las leyes de migración en ese país y en Canadá, y cómo tienen más dificultad en Europa. ¿A dónde van a ir, a buscar «el rebusque» en el Chile neoliberal? ¿O a buscar y convertirse en mano de obra barata en Brasil o en Perú? El proyecto revolucionario venezolano, no induce ni significa el mismo razonamiento, hoy. La renta petrolera, la presencia del estado y la fortaleza del estado venezolano han servido de provecho a la oligarquía colombiana para mantenerse en el poder.

 

da: El PPT propone un mayor control en la frontera colombo venezolana, con prioridad sobre los productos alimentarios, ¿cómo explica tal

medida?


RU: Una vez claro el beneficio político y económico de la parte oligárquica, la explicación de una variación que estreche la hermandad de nuestros pueblos, surge a partir de conocer y no ocultar una larga y compleja historia. Con hechos que vienen desde los intentos de invasión y retaliación al territorio venezolano en 1900, que tras la guerra de los mil días fueron financiados por la oligarquía colombiana, hasta la ofensiva con la diáspora colombiana que comenzó desde los años de la Violencia hasta acá. Hay parte del territorio fronterizo venezolano, donde muchos de los pueblos, nacieron del refugio del año 50, del año 60, del año 80, en una especie de olas, olas y olas...


da: ...olas de gente


RU: No sólo, hay otras que todos conocemos: los centenares de vehículos que funcionaban en Colombia con placas de Venezuela, que eran robados aquí. O sea, la vulgaridad con la que han procedido las autoridades colombianas para permitir la ilegalidad. Para estimular la falsificación de bolívares, no hay noticia en la historia que en Venezuela hayan instalado talleres para la fabricación de pesos falsificados colombianos, y ahora en Colombia hay falsificación de bolívares venezolanos, siempre ha habido, así como de dólares y otras monedas. Tampoco se conoce que hayan robado vehículos y los hayan traído para Venezuela; ni de la extracción de productos subsidiados por el estado colombiano a Venezuela.

 

da: Favorabilidades cambiarias ayer y ahora en uno u otro sentido, ilegalidad; sin medida para evitar el olvido la nostalgia de patria de millones de colombianos que abandonan su terruño.


RU: Todo eso ha facilitado y encubierto esa economía (colombiana) que muchas veces es una ficción. La ficción de una falsa prosperidad o de índices de prosperidad, que no son otra cosa que la inyección por distinta vía y recurso de la realidad venezolana. A eso, se le une el narcotráfico, y el generar toda una industria delincuencial que no tiene nada que ver con el esfuerzo emprendedor de los campesinos que han producido en Colombia. Sino que es la distorsión de la economía colombiana, la renta petrolera (venezolana) ablanda con distorsión la realidad económica colombiana. Esa es una conclusión de la diplomacia colombiana, que se ha movido y juega en esos escenarios.

 

da: Es un tema sin debate a fondo, ¿Venezuela no reacciona?


RU: Es necesario reconocer nuestra debilidad, que a veces se confunde con la oportunidad. Por ejemplo, y sobre todo cuando ganaderos y agricultores de la frontera con Colombia usan la mano de obra colombiana de manera abusiva, para mantener crías y cultivos. O cuando la ingenuidad venezolana, propia de su cultura rentista, cedió a una masa muy importante de gente que traspasó la frontera y venía a trabajar en condiciones desiguales, pero que ahorró y aprovechó la bonanza de la renta petrolera, y que exige infraestructura, servicios, vivienda, y recorta la extensión y rapidez de la ayuda social; en bien de las necesidades venezolanas.

 

da: Además de la definición, ¿cómo sucede en lo cotidiano?


RU: Nada más, solo des una vuelta y visite mañana las casas de cambio en Caracas. Verá como hacen unas grandes colas para transferir bolívares (ver recuadro: El negocio de la divisa). Hay una nueva industria (que involucra a muchos colombianos), que transfiere bolívares con falsos datos, para convertirlos y regresarlos de nuevo en dólares, que en el mercado negro se triplican o cuadriplican.

 

da: 'Industria' con coberturas de corrupción e impunidad, de paras y mafias del contrabando que controlan las bandas neoparamilitares, urabeños y los rastrojos a lo largo de la frontera....


RU: ...Para el caso, hay una cuota de dólares que se dan en dólares preferenciales que se los llevan y los traen al mercado prohibido, y adquiridos a 6,30 bolívares los venden a 32-34 bolívares. Hay gente que vive solo de eso, sin ingresar nunca a la producción, que no se ocupa de otra cosa que de garantizar tener una especie de cartera de 6, 7 u 8 personas que hacen esa operación. De esa manera viven ¿y qué economía y qué gobierno soporta eso?

 

da: ¿Cómo describe los 100 primeros días del gobierno de Nicolás Maduro, que según comentarios internacionales están cruzados de tensión y fisura interna del chavismo?


RU: El gobierno de Maduro es el hecho que aconteció con la desaparición física del presidente de Chávez. Pensar que con la muerte del presidente todo transcurriría sin ninguna diferencia, desavenencia, y sobre todo, sin ninguna respuesta de los factores opuestos a los cambios en Venezuela, era no entender la magnitud, el tamaño del liderazgo y la presencia del presidente Chávez; no solo en Venezuela, en el mundo, y particularmente en esta región a la cual el presidente Chávez marcó y sigue marcando.


­da: ¿Incluso al presidente Santos, en su adelante y para atrás?


RU: Santos asumió que con la muerte del presidente Chávez, llegaba el momento para él explorar o insistir en la vieja diplomacia colombiana. La actitud colombiana es una especie de termómetro para medir como nos ven en la región y en el mundo. Cada vez que damos un paso en la integración y el trato con respeto a nuestra autodeterminación y conquistas sociales, algunos elementos del estado y el gobierno colombiano desarrollan iniciativas para avanzar en su estrategia diplomática con maña.

 

da: ¿Los tratos abiertos y encubiertos de Colombia con la Otan son diplomacia?


RU: Son parte del compromiso y el sometimiento al imperialismo, porque no es la Otan es el TLC. En la realidad, Colombia es parte de la Otan al incorporarse a la guerra de Corea, como no, si los actores fundadores de la Otan son los actores que intervienen en la guerra de Corea, y Colombia participó en una guerra en la cual desde un punto de interés nacional y cercanía geográfica no tenía ni parte ni arte. Pero también, es parte de la Otan al pedirle a Venezuela en el año 98 que diera la autorización para los sobrevuelos que venían de Aruba y Curaçao que resultan territorio de la Otan, como rezagos del colonialismo holandés...

 

da: ...territorio extraeuropeo metido en el Caribe...


RU: ...Con el pretexto de combatir el narcotráfico, al pedir Colombia autorización para esos sobrevuelos sobre territorio venezolano, ya tiene acuerdos con la Otan. ¿Por qué?, porque los aviones son norteamericanos, pero el territorio es holandés. Holanda y Estados Unidos son parte de la Otan. En Colombia hay un asocio tal que, a través de funcionarios españoles, se puede decir que son amigos de la familia, son gente de confianza.


 

Recuadro

Una constante de incidentes hasta la actual infiltración paramilitar

La corbeta Caldas. El 9 de agosto de 1987 la corbeta ARC Caldas, de la Armada colombiana navegaba en aguas ¿internas o muy próximas como desafío? del golfo de Venezuela, limítrofe con Colombia, por donde sale el 90 por ciento del petróleo venezolano. Este hecho por parte de la Armada generó un grave incidente diplomático, que aún hoy mantiene en indecisión la frontera marítima en el Caribe entre Colombia y Venezuela. La resolución del conflicto no fue otra que la aceptación fáctica, más no legal, de la soberanía venezolana sobre toda la salida abierta del golfo de Venezuela

 

El negocio de la divisa

 

El pasado 23 de julio, la Comisión de Administración de Divisas –Cadivi– intervino las casas de cambio en la calle Chacaíto de Caracas, que ilegalmente transfieren bolívares con falsos datos, los conviertan primero en dólares al cambio oficial que luego regresan de nuevo en dólares que en venta "libre" triplican o cuadriplican su precio. Es una nefasta industria que tiene como base el envió de remesas a Colombia, cuyo 90 por ciento, inmediatamente sería devuelto y convertido en dólares.

Publicado en Edición 194

Lula cerró su visita a la Argentina con una reunión en la Embajada de Brasil. El periodista de este diario Martín Granovsky, uno de los 40 invitados, cuenta cómo y por qué el ex presidente se comprometió a empujar la integración sudamericana.


Un presidente nunca dice que se angustia. Si no, qué queda para los gobernados. Un ex presidente sí se puede dar ese lujo. El resultado es apasionante si el ex se llama Luis Inácio Lula da Silva y tiene una capacidad única de transmisión intelectual y emotiva.

 

Por ejemplo: “O crecemos juntos o nos quedaremos pobres todos juntos”.

 

Por ejemplo: “Cuando le entregué el mandato a Dilma le dije que necesitaría muchos Doberman. Le dije que a cada decisión importante suya tenía que ponerle un perro detrás, porque si no no habría ningún resultado”.

 

Lula habló en la embajada de Brasil en la Argentina, que organizó un encuentro con 40 intelectuales, políticos, economistas y empresarios junto con el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales y el Instituto Lula de Brasil. Fue el viernes a la tarde y los asistentes hicieron decir al embajador Enio Cordeiro: “Presidente, en este grupo nadie piensa como el otro”. Antes, el presidente que gobernó Brasil durante ocho años desde el 1º de enero de 2013 recibió ocho doctorados honoris causa. “Para el Guinness”, bromeó el senador y ex ministro de Educación Daniel Filmus, coordinador de los doctorados junto con Pablo Gentili, secretario ejecutivo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales.

 

El ex presidente brasileño estaba acompañado por Luiz Dulci, ex secretario general de la Presidencia durante su gobierno y secretario del Instituto Lula. Dulci, que acaba de publicar un libro sobre los diez años de gobierno encabezado por el PT, Un salto hacia el futuro, dijo que el Instituto está firmando acuerdos con organismos multilaterales y que trabajará cada vez más en una doctrina de la integración. “No se trata de sustituir a los Estados, pero a veces es difícil para los Estados avanzar en determinados temas.”

 

Lula explicó que el instituto antes se llamaba Instituto de la Ciudadanía. “El programa Hambre Cero lo diseñamos allí”, contó sobre el trabajo previo a las elecciones victoriosas del 2002. Dijo que algunos contactos excedían el marco del PT y que por eso recibía gente en el instituto. Es decir, una preparación completa para el gobierno que se vendría. Sobre el futuro, Lula reforzó la promesa de Dulci y la amplió hacia el Africa. “Durante mi gobierno visité siete países de Oriente Medio, todos los países de América latina y el Caribe y 33 países africanos en 39 viajes.” Lula no tocó el tema, pero además de Sudamérica la gran base de votos para que el brasileño Ricardo Azevedo ganase la dirección de la Organización Mundial de Comercio fue Africa.

 

De traje oscuro y corbata a rayas con los colores brasileños y argentinos, Lula pasó más de tres horas debatiendo, de a ratos sentado y de a ratos parado. Antes de abrir el espacio a comentarios y preguntas, se las hizo a sí mismo. “Hay que crear una doctrina de la integración. ¿Qué es la integración? ¿Es comercial? ¿Es comercial y social? ¿Involucra a las universidades? Todavía no está todo claro para nosotros. Cada vez que Hugo Chávez hablaba de la espada de Bolívar yo le decía: ‘Chávez, ya no necesitamos la espada de Bolívar, sino un banco de desarrollo, carreteras, puentes...’.”

 

Lula mencionó muchas veces a Chávez. Lo hizo con cariño y con picardía. Un muerto no puede quejarse por la revelación de secretos que, por otra parte, sirven para entender qué dificultades enfrenta un presidente incluso cuando tiene legalidad, legitimidad y popularidad. Como estaba presente el ex canciller Jorge Taiana, Lula lo tomó de compinche. “Tal vez un día Taiana, Enio y yo podamos contar cómo son las reuniones presidenciales y las secuencias de las decisiones. Firmamos un acuerdo, un protocolo de intenciones y cuando termina el mandato de cuatro o cinco años, no se hizo nada. Porque cuando esa reunión terminó, viene otra reunión y otro protocolo, y a veces además no hay mucha gente interesada en hacer el seguimiento de las decisiones. Taiana sabe bien cómo se quejaba el pobre Chávez. Casi todas las reuniones terminaban con Chávez peleándose con el pobre Maduro. ‘No voy firmar el documento porque no lo leí.’ Y miraba a la cámara de Telesur. ‘¿Por qué los burócratas no me dieron el documento antes?’ Entonces yo me levantaba y le contaba mi angustia.” Y ahí fue que le contó su idea de los Doberman.

 

En verdad, y aunque no apareció en la reunión de la embajada brasileña, el que se acercó a un sistema de Doberman fue el presidente chileno Ricardo Lagos. Su jefe de asesores Ernesto Ottone enviaba a cada reunión de Lagos un funcionario que luego se encargaría del seguimiento. En otro estilo, para algunas decisiones Kirchner llamaba por teléfono en el acto a toda la cadena de funcionarios que se haría responsable por el cumplimiento de una decisión suya.

 

“Una vez con Chávez estuvimos a punto de despedir juntos a los presidentes de Petrobras y de Pdvesa, porque no había llevado a la práctica un acuerdo al que habíamos llegado”, dijo. “Lo mismo sucedió con la Argentina, y lo mismo con otros países. Cuando los presidentes están dispuestos y convencidos, las cosas deben cerrarse delante de ellos y no después de la reunión. No se puede trabajar en la integración si uno cede a las presiones de un grupo.”

 

La falta de resultados tiene un problema, que Lula tocó. “Cuando llegás al gobierno y no conseguís hacer las cosas que se esperan de vos, la gente se aleja. Pero muchos, en cambio, cuando algo no nos sale perseveramos.”

 

Pensamiento propio

 

Y las reuniones como la del viernes, ¿sirven? “Hay una carencia motivacional”, dijo Lula. “Aparecen buenos diagnósticos y buenas propuestas, pero después deben ser tomados por los políticos.”

 

El ex presidente aprovechó ese momento para levantar un libro en el aire. Es de tapas rojas y el título traducido dice así: Lula y Dilma. Diez años de gobiernos posneoliberales en Brasil. Es una compilación de 21 trabajos realizada por Emir Sader, ex secretario de Clacso antes de Gentili, que escribió el capítulo educativo porque, como dijo Lula, “es un argentino importado a Brasil”. Para que no queden dudas del margen que Lula quiere para decisiones que no son de gobierno sino de análisis hecho por gente con pensamiento propio, dijo: “Lo único mío en este libro es mi nombre en el título, porque los autores trabajaron con toda libertad”.

 

A Lula parece preocuparle el callejón sin salida que se produce cuando los funcionarios y los políticos no se acostumbran a vivir dentro de la contradicción. “Si las divergencias fueran un problema, el PT no existiría. No hay nada que tenga más divergencias que el PT.” También luce preocupado por las profecías autocumplidas según las que nada distinto será posible. “Nací en una región donde muchos niños mueren antes de los cinco años y yo no me morí. Cuando entré al sindicato me dijeron que no podría hacer nada porque la estructura sindical de Brasil era una copia fiel de la Carta del lavoro de Benito Mussolini. Sin que la ley se modificara una línea, en sólo tres años cambiamos la vida sindical. Después nos dijeron que no había espacio para un partido político. En tres años creamos el PT, que nació en 1980. Que llegara un obrero metalúrgico a la presidencia era impensable. Lo logramos. Por lo tanto, podemos producir una doctrina para que nuestros presidentes piensen estratégicamente. Es el compromiso que asumo. No sé si lo cumpliré, pero lo voy a intentar.”

 

Cómo avanzar

 

Lula alertó contra “las peleas entre nosotros”. Citó el caso de la Ronda de Doha, que concluyó en 2008 sin resultados. Estuvo discreto: omitió apuntar que las diferencias esenciales sobre el final se produjeron entre Brasil y la Argentina. “Allí no avanzamos, pero no sucederá más. Si no construimos un pensamiento estratégico vamos a perder incluso lo que ya construimos. Y no es cuestión de defectos. Todos los tenemos. Los tuvimos los presidentes de aquel momento: Néstor Kirchner, Hugo Chávez, Ricardo Lagos, Tabaré Vázquez, yo... Pero si analizamos nuestras relaciones tal como estaban en el 2000 y vemos cómo son ahora, vamos a ver que avanzamos extraordinariamente.”

 

Lula suele hacer un contrapunto permanente entre el rescate de lo bueno, porque es un obsesivo de la autoestima colectiva, y el planteo de desafíos, porque se muestra optimista, pero no tiene la noción fanática de que las cosas, las malas pero también las buenas, son inexorables. “Si no consolidamos los avances como política de Estado, creando parlamentos e instituciones multilaterales, cualquier gobernante de derecha puede terminar con todo. Sobre todo en Brasil. Estén seguros de que ese presidente brasileño le dará la espalda a América del Sur, porque su cabeza está colonizada por Europa y los Estados Unidos.” Y siguió Lula, parado, micrófono en mano y mirando hacia cada lado, moviendo las manos como el orador sindical que fue o que es, confesando que hoy ve cosas que no veía cuando era presidente. “Cosas en las que podríamos haber avanzado y no avanzamos. ¿Por qué no avanzamos en la ONU? Egipto y Nigeria querían ser miembros permanentes del Consejo de Seguridad, pero no lo dijeron. La Argentina, Brasil y México también. No discutimos lo esencial: el que sea, cuando sea, no puede investir una representación individual sino colectiva, del continente. Pero nunca profundizamos esa discusión. Y son 10 años míos y de Dilma, 12 de Chávez, 10 de Néstor y Cristina. Media generación creció sin que discutiéramos el tema. Con el comercio, lo mismo. Es importante porque genera desarrollo, ganancia, empleos.”

 

Gripe o neumonía

 

En su intervención, el tablero del mundo siempre estuvo presente. Para él, en Europa “una gripe se convirtió en neumonía”. Según Lula, “es ridículo que Europa culpe a Grecia o Chipre mientras ningún banquero está preso”.

 

La industria también. “Tenemos que aprovechar el tipo de personas que hoy están en los distintos gobiernos para hacer lo que hay que hacer. No es malo exportar commodities cuando el precio está bien. Es malo cuando el precio está bajo. Pero a nivel internacional debemos discutir el valor de los productos. Por qué la comida vale tan poco y un chip vale tan caro. En la década del ’70 los Estados Unidos decidieron llevar el cuerpo de las industrias a China y quedarse con la cabeza, con los servicios. Ahora, con esta crisis, se dieron cuenta de que la cabeza sin el cuerpo no es un ser humano, es un busto. Así que discuten cómo reindustrializar a los Estados Unidos.”

 

El animador

 

Un fantasma, a veces, es el papel de Brasil, el gigante de la región. Incluso es un fantasma cuando ya nadie repite disparates sobre hipótesis de conflicto bélico. Como Lula quería desmontarlo, abordó el punto. “Brasil no puede crecer solo. Y Brasil tiene más responsabilidad que el resto. En la crisis del 2008 llamé al presidente del Banco Central y al ministro de Hacienda y les dije que destinaran dinero a Uruguay y a la Argentina. No lo hicimos. Lo hizo China. Pero Brasil no necesita 400 mil millones de dólares de reservas. Hoy podríamos usar ese dinero para financiar la integración aquí y en el continente africano. Pensemos, imaginemos. A veces me da la impresión de que los intelectuales de América latina dejaron de pensar después de la caída del Muro de Berlín. Hay menos canciones, menos libros... Me acuerdo de una charla con Fidel. Un día me dijo de haberle enseñado a su pueblo la historia equivocada. Era la historia rusa, con sus buenos que de golpe se convertían en malos y sus malos que de un día para otro se transformaban en buenos. ‘Sabes, Lula’, me dijo Fidel. ‘Estoy arrepentido de no haberle enseñado a mi pueblo la historia de América latina’. Yo digo: hagámoslo. Trataré de ser el animador y el provocador para que pensemos de nuevo en nosotros.”

 

Los comentarios

 

Antes de la última intervención de Lula en el seminario, varios de los participantes preguntaron o hicieron comentarios.

 

Taiana dijo que hay un punto delicado: “Hemos alcanzado un cierto tope en la integración, estamos entrando en una meseta, cuando hay dificultades la reacción natural es retraerse ante el miedo y lo que no avancemos significará que vamos a retroceder”.

 

El consultor Rosendo Fraga dijo que el Mercosur y la Unasur demostraron “gran eficacia frente a los imprevistos como los que se produjeron en Venezuela, Colombia y Ecuador, pero cierta ineficacia para enfrentar los conflictos históricos”. Citó que Chile y Perú hayan recurrido a La Haya y lo mismo Bolivia y Chile. Lula agregaría que tampoco el conflicto de las pasteras entre Uruguay y la Argentina se resolvió en el marco sudamericano. Fraga se quejó de que en la Argentina “no se puede ver por cable un canal brasileño y no tenemos una radio que transmita en portugués”.

 

Félix Peña, ex subsecretario de Guido Di Tella y hoy en la Universidad de Tres de Febrero, pidió un “Informe Lula” sobre cómo trabajar en Sudamérica.

 

El consultor de Poliarquía Sergio Berenztein sugirió para Mercosur un avance por pasos. “Incremental, minimalista”, dijo.

 

El rector de la Universidad de Cuyo, Arturo Somoza, hico centro en la necesidad del intercambio cultural y el peso de las decisiones políticas.

 

El ex canciller Adalberto Rodríguez Giavarini, que revistó con Fernando de la Rúa, dijo que la integración y los derechos humanos “son políticas de Estado en los últimos 30 años”. Recomendó “fortalecer el diálogo Pacífico-Atlántico para ponernos en la dinámica de la negociación global, porque vamos a enfrentar tensiones y ya las estamos enfrentando, y Brasil tendrá dos sombreros”.

 

Rafael Follonier, colaborador de Néstor y Cristina Kirchner con rango de secretario de Estado y ahora a cargo de investigar los crímenes en Venezuela contra seguidores del chavismo en la última campaña electoral, dijo que “el posicionamiento de Brasil como actor global se dio en el marco de la última etapa del proceso de integración sudamericana”. Pidió “un fortísimo relanzamiento de Unasur” y afirmó: “Vendría bien que Lula nos ayudara a resolver la próxima etapa del organismo que creó con el resto de los presidentes”.

 

El ex presidente de la Unión Industrial Argentina y ex ministro de Eduardo Duhalde José Ignacio de Mendiguren llamó a “no dejar pasar el tiempo y tentarnos con el canto de sirena de la primarización de la economía, porque a pesar del enorme período de crecimiento la participación industrial en el PBI de los dos países disminuyó”.

 

El rector de la Untref, Aníbal Jozami, pidió formar “un grupo de delirantes que discuta una unión con Brasil”.

 

Alberto Ferrari Etcheberry, ex subsecretario de Asuntos Latinoamericanos de Raúl Alfonsín y uno de los negociadores de entonces para lograr la integración con Brasil, además de ser quien invitó a Lula a su primera visita a la Argentina en 1999, recordó qué es la ciudadanía entre los vecinos. “Con la Constitución de 1988 y con la presencia decisiva del PT, esencial para la caída de Fernando Collor de Mello, surgió la democracia de masas por primera vez.” Añadió Ferrari: “Con Lula terminaría la historia de los Braganza en Brasil. Lula fue el primer Silva. Y después vino Dilma, que también se llama Silva”. Para Ferrari, entre los dos países “no se ha avanzado lo suficiente en conocerse y, sobre todo, en conocer las diferencias”.

 

El uruguayo Gerardo Caetano dijo que “para esta nueva etapa, más de lo mismo no basta”.

 

Pino Solanas lamentó que “en diez años no hemos resuelto ni el Banco del Sur” y dijo que “América latina no puede ser el paradigma de un consenso sobre los commodities”.

 

El diputado de Unidad Popular Víctor de Gennaro advirtió que “el genocidio dejó la idea de que, por miedo, hay que evitar lo peor y ser sobrevivientes” y opinó que “tenemos derecho a vivir felices”.

 

Pablo Gentilli, como organizador, expresó su compromiso de seguir ayudando a la coordinación de centros de estudio, políticos e investigadores.

 

Filmus, otro de los organizadores de la visita de Lula y miembro del Consejo Académico de la flamante Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo, se autocriticó “el escaso esfuerzo legislativo para trabajar en forma conjunta, el déficit de diplomacia parlamentaria y el avance lento en la enseñanza de portugués y español, al punto de que científicos argentinos y brasileños se comunican en inglés”.
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Publicado en Internacional

Los indígenas, campesinos, artesanos y obreros de Bolivia crearon e impusieron a Evo, cuyo apoyo político consistió inicialmente en un semipartido ad hoc nacido de los movimientos sociales –el Instrumento Político de los Trabajadores– el cual adoptó la sigla de un pequeño movimiento –derechista, a pesar de su nombre: el Movimiento al Socialismo, al que convirtió en un pool de organismos de masa disímiles (sindicatos campesinos y obreros, organizaciones de mujeres, movimientos indígenas, grupos de intelectuales de izquierda y de centroizquierda). Una vez vencida la resistencia golpista de la derecha clásica y de los poderes regionales autónomos que ésta poseía, sobre todo en el oriente boliviano, aprobada la Constitución, monopolizando el gobierno y las instituciones, y a pesar del gran avance en la economía y en las conquistas sociales, el siempre presente e importante conflicto con la oligarquía y el imperialismo pasó gradualmente a un relativo segundo plano, porque el gobierno y el MAS se enfrentaron cada vez más con su base social.

 

Si alguna vez algún ingenuo pudo creer en el momento de auge del mismo y de la unión aparentemente monolítica del MAS, que el boliviano era “el gobierno de los movimientos sociales”, la realidad ha hecho añicos esa ilusión. El gobierno de Evo Morales y de Álvaro García Linera modificó la nueva Constitución para posibilitar su relección pero, sobre todo, la pisoteó al desconocer las autonomías indígenas, al mismo tiempo que chocó varias veces con los sectores populares que lo apoyaban. Por ejemplo, el aumento del precio del combustible de 80 por ciento provocó un estallido popular y Evo Morales tuvo que anular esa medida, resuelta mientras estaba fuera del país, con la consiguiente pérdida de prestigio. Asimismo, la falta de una consulta previa a los pobladores orientales ocupantes del Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro Sécure y la brutal represión a la marcha a La Paz de éstos, los precipitó a la oposición, con el resultado de que sus tres diputados se fueron del MAS y los indigenistas y ecologistas rompieron con el gobierno. Y últimamente la Central Obrera Boliviana (COB) no sólo ha creado el germen de un partido obrero independiente sino que, además, persiste en una huelga general que el viernes cumplió 12 días.

 

El gobierno alega, con razón, que la derecha y Washington tratan de llevar agua a su molino apoyando a los indígenas mayoritarios en el TIPNIS en su enfrentamiento con el gobierno o respaldando el pedido –insostenible en un régimen basado sobre la propiedad privada de los medios de producción que la COB acepta– de jubilaciones y pensiones con el ciento por ciento del último salario. Pero eso no anula el hecho que el gasolinazo fue un tremendo error político y una imposición inconsulta y brutal, que la falta de consulta y la represión en el caso del TIPNIS violaron la Constitución, los derechos indígenas y humanos, y que los trabajadores están divididos hoy por intereses corporativos. Sea cual fuere la causa y el pretexto, los mineros estatales, los profesores y trabajadores de la sanidad, buena parte de los intelectuales y de los estudiantes que no fueron prooligárquicos, y una parte importante de los indígenas orientales se enfrentan hoy al gobierno y al MAS, que ha roto además con el urbano Movimiento de los Sin Miedo, que era su aliado contra la derecha, y dependen ahora del apoyo de los sindicatos y comunidades campesinas del altiplano. El MAS, por su parte, que era un pool de organizaciones independientes, se convirtió en instrumento del aparato estatal, carece de capacidad de iniciativa y decisión, y sus dirigentes son ministros o parlamentarios mientras el gobierno, por su parte, dejando de lado –salvo en los discursos– el indigenismo y el ecologismo, aplica una desenfrenada política desarrollista y extractivista basada sobre todo en la gran minería.

 


Los ultraizquierdistas, que sólo ven la película de la historia en blanco y negro, vociferan diciendo que el gobierno de Evo Morales es represivo y sirve al capital extranjero. Como hemos dicho cien veces, Bolivia es un país capitalista y tiene un gobierno nacido de una revolución democrática que nunca se planteó como objetivo el socialismo, sino un capitalismo “moderno y decente” (si tal cosa puede existir). Su gobierno reprime pero no se basa en la represión, sino en el consenso de la mayoría campesina de la población, que no quiere defender modos de vida precapitalistas ni es anticapitalista, sino que desea lo que el gobierno ofrece: asistencialismo, modernización capitalista, elevación del nivel de vida y acceso a los consumos superfluos, antiecológicos y nefastos que aún no pueden obtener, cosa que sienten como discriminación. Es más: desde su instalación el gobierno ofreció construir un capitalismo que bautizó como “andino” o “comunitario”, y exhumó las tradiciones y la cultura prehispánica sólo para cubrir una política centralizadora desarrollista, al estilo de la de los años 50. Por tanto, no se le puede acusar de traición.

 

En cambio, sí traicionarán su papel los movimientos sociales opositores si creen posible aliarse con la derecha, si no rompen la visión corporativa que los separa entre sí, si no aceptan con realismo las medidas que son inevitables o que pueden ser beneficiosas para el conjunto de la población, si no presentan un programa nacional para todos los explotados y oprimidos, si no ven más allá de su región o de las fronteras, si carecen de independencia política y de ideas transformadoras. Porque no se puede superar al capitalismo sin crecimiento, eliminación de la miseria y unidad territorial. Lo que está en discusión es quién lo hará y en cuál perspectiva: desarrollista o socialista.

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