Más de 3 meses de huelga se necesitaron para que trabajadores y directivos de Goodyear Colombia, empresa con asiento en Yumbo, Valle, llegaran a un acuerdo que pusiera fin al conflicto laboral iniciado desde el 13 de octubre pasado, día en que la totalidad de los 174 trabajadores afiliados a Sintraincapla, sindicato de industria, votaron la huelga tras el fracaso en la negociación de la nueva convención colectiva.

Si bien el acuerdo se firmó el pasado 20 de enero, solo el 10 de febrero se reiniciarán actividades en la planta de Yumbo debido a que desde el 23 de enero los trabajadores tomaron su periodo de vacaciones.

Este hecho Sintraincapla lo reclamó como un triunfo, toda vez que Goodyear no logró lo que pretendía, que era imponer un contrapliego que aumentaba los días de trabajo, rebajaba los permisos sindicales, atacaba la estabilidad laboral y cambiaba los modelos de contratación. Además, solo reconocía el 4% de aumento salarial, cuando el sindicato pedía el 9.5%.

En contra de las pretensiones de la empresa, mediante el recurso legal de la huelga el sindicato logró mantener la estructura de la convención colectiva y mejorar incluso algunos porcentajes. El reajuste salarial quedó en 8,5% para el primer año y del IPC para los años siguientes, y los demás beneficios económicos (educación y vivienda, entre otros) aumentaron entre el 8.5% y el 10%. También logró un bono de 25 días de salario básico para cada trabajador por la firma de la convención.

En lo único que perdió el sindicato fue en el tiempo de vigencia de la convención, que quedó de 5 años, cuando su pretensión era de 3 años, dijo a esta agencia Julio César Perea, secretario de la seccional de Sintraincapla-Cali.

Sobre las razones que hubo de por medio para que la huelga durara tanto tiempo, el dirigente señaló: "Desafortunadamente estas empresas son manejadas por gente que no está capacitada para conducir una negociación", refiriéndose a que el jefe de la delegación negociadora de la empresa fue un funcionario chileno que vino desde Perú, con poco conocimiento de la operación en Colombia. "Fue torpe al tratar de imponer el contrapliego, que nunca prosperó, pero nos perjudicó a todos, a los trabajadores y a la misma empresa", agregó Perea.

Además, en el desarrollo de la negociación la empresa desplegó diferentes maniobras para desestabilizar la organización sindical; y luego, durante la huelga, intentó deslegitimizarla con recursos jurídicos: desde demandas contra la junta directiva de Sintraincapla por injuria y calumnia hacia representantes de la empresa, hasta solicitud al Ministerio de Trabajo para que interviniera ya que presuntamente había habido irregularidades en el proceso de huelga, sin argumentación ni pruebas.

Durante los 104 días que duró la huelga, los 172 trabajadores sindicalizados permanecieron en carpas instaladas en las afueras de la fábrica, y mantuvieron un estricto plan de contingencia para preservar las máquinas y equipos de la empresa.

La fábrica de Goodyear en Yumbo opera con 500 trabajadores, 320 de ellos con contrato directo. Es una de las 5 plantas que esta multinacional estadounidense tiene en América Latina, desde donde atiende tanto el mercado nacional como el de los países vecinos de la región. Tanto así que exporta el 80% de su producción. Además, se beneficia de la participación en el mercado como único productor de llantas en Colombia, luego del cierre de la planta de Michellin el año pasado, también en el Valle del Cauca.

Según datos de la Supersociedades, Goodyear Colombia genera utilidades operacionales por $321.047'785.000, y sus costos laborales apenas son del 4.6% de esos ingresos operacionales, que es un margen bastante bueno para cualquier empresa. Sobre esa base el sindicato elaboró su pliego petitorio.

En Colombia lleva 71 años de operación, y en todo este tiempo ha tenido 6 huelgas, la penúltima en 1991, que se prolongó durante 54 días.

Publicado 28 de enero de 2016.

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Domingo, 25 Octubre 2015 06:28

El Che: la perduración del mito

El pasado 9 de octubre se cumplieron cuarenta y ocho años de su muerte. Fue uno de los grandes iconos de mi generación. En el verano del '68, en los meses del Movimiento Estudiantil, su retrato se repetía múltiplemente en las calles y plazas de Ciudad de México. Frases de él, una real, y otra atribuida, se leían en grafiti en los muros y en pequeños carteles como pequeñas catedrales: Hasta la victoria siempre y Seamos realistas, exijamos lo imposible. La segunda frase, cuya autoría real es de Herbert Marcuse, y la cual es acaso la más conocida, cifra como ninguna lo que buena parte de la generación del '68 anhelaba más intuitiva que racionalmente: la utopía revolucionaria y la encarnación de la utopía. Es curioso, fue un extranjero, Ernesto Guevara, quien personificaba mejor en el '68 mexicano la aspiración al cambio, uno de los varios motivos para que funcionarios del criminal régimen diazordacista arguyeran como prueba de que los estudiantes –dicho en su lenguaje bufo– se intoxicaban de "ideas exóticas" e "influencias extranjerizantes".


Tres grandes narradores argentinos, disímbolos ideo-lógicamente, escribieron admirativamente sobre Ernesto Guevara: Ernesto Sabato (1911-2011), Julio Cortázar (1914-1974) y Ricardo Piglia (n. 1940). Es curioso, para ellos fue Ernesto Guevara o sólo Guevara, porque Che, a fin de cuentas, puede ser cualquier argentino, incluyendo a ellos mismos. O más precisos: para Piglia, el que a Guevara lo llamaran Che significaba en el extranjero su identificación argentina; en lo demás podía pertenecer a cualquier país latinoamericano o del Tercer Mundo.


El adolescente Guevara había leído con admiración de Sabato Uno y el universo, y aun le escribió una carta diciéndoselo luego del derrocamiento de la dictadura de Fulgencio Batista. En un discurso muy emotivo ("Homenaje a Ernesto Guevara"), leído en la Universidad de París veinte días después de la muerte del Che, Sabato trata de explicar(se) su muerte, y escribe que más que morir por elevar la vida del pueblo de la miseria –eso está implícito–, su anhelo fue crear "el ideal de un Nuevo Hombre", lo cual será dable por la comunión de hombres libres y dignos y no por aquellos "vueltos máquinas y seres numerados". Una nueva sociedad, sí, pero lejana a los dos grandes imperialismos de entonces: ni la del comunismo burocrático totalitario de la urss y los países europeos del este, ni la consumista y robótica estadunidense.


Si para Piglia el Che Guevara representa el romántico y el héroe, muy parecidamente para Sabato "su carencia de sentido realista" deja para la posteridad una "imagen romántica y solitaria", un hombre que muere "a la cabeza de un pequeño pelotón perdido". Julio Cortázar lo ve de alguna manera así en su cuento "Reunión" (Todos los fuegos el fuego, 1966), que narra el desembarco de los rebeldes del Granma y los primeros días de la lucha en Cuba, y sobre todo en un poema que escribió inmediatamente después de la muerte del Che y que adjuntó en una carta a Roberto Fernández Retamar.


Con objeto de subrayar su condición romántica, Sabato y Piglia –uno, en el discurso de homenaje, y otro, en su extraordinario ensayo "Ernesto Guevara, rastros de lectura" (El último lector)–, citan la carta de Guevara de adiós a sus padres, escrita en Cuba, donde se compara con el Quijote, o si se quiere, lo toma como el modelo idealista: "Otra vez siento bajo mis talones el costillar del Rocinante, vuelvo mi camino con mi adarga al brazo." Es decir, destacaría Sabato: Guevara tiene el espíritu quijotesco: es "el hombre puro de corazón, lanza en ristre y coraje invencible". Para Piglia sería también una forma de unir lectura y vida: "La vida se completa con un sentido que se toma de lo que se ha leído en una ficción." Es simplemente el que deja todo para irse a una aventura con un destino menos incierto que trágico.


LA ETERNIDAD DE LOS SÍMBOLOS


Sabato y Piglia coinciden en que es imposible imaginar a Guevara como un funcionario burócrata en el aparato comunista. En su cuento y en su poema, Cortázar lo retrata a través de los hechos como un hombre de acción, y para Piglia, dicho explícitamente, es el hombre de acción por excelencia, "una suerte de modelo mundial del revolucionario en estado puro". Guevara, vaticinaría Sabato, quedará en "la perduración de las banderas, la eternidad de los símbolos"*.


Sabato y Piglia resaltan la renuncia de Guevara a su condición burguesa. De su lado, Sabato argumenta que los "grandes revolucionarios, acaso los mejores, [salieron de] entre las filas de las clases privilegiadas: desde príncipes como Kropotkin hasta burgueses como Marx y Engels". Piglia enfatiza aún más sobre esta renuncia señalando tres aspectos: su vestimenta sin ningún aliño, su desdén por el dinero y la identificación en sus viajes sin dirección fija por América Latina con "el linyera, el desclasado y el marginal, los enfermos y los leprosos, los mineros bolivianos, los campesinos guatemaltecos y los indios mexicanos".


Uno de los temas recurrentes en la literatura de Piglia es el de la lectura, o el de lectura y escritura, y en el caso de Guevara –visto por él–, ambas experiencias unidas a la acción política. ¿No cita Piglia de Guevara dos frases dichas en el Congo sumamente ilustrativas? La primera: "Mi impaciencia es la del hombre de acción", y la otra: "Mis dos debilidades fundamentales: el tabaco y la lectura" (el subrayado es mío). En su ensayo, Piglia recuerda tres imágenes de la vida de Guevara que relacionan lectura y lucha guerrillera: una (coincide con el epígrafe del cuento "Reunión", de Cortázar) es cuando al desembarcar del Granma, herido, recuerda un cuento de Jack London, en que el personaje, abrumado por la nieve, de hecho sin salida, se recarga en un árbol y sólo piensa en morir con dignidad. En esas horas cuando son bombardeados por la aviación del ejército de Fulgencio Batista, Guevara anhela, como el personaje de London, morir con dignidad.
La segunda imagen es la de una fotografía en Bolivia donde está leyendo arriba de un árbol. Son los días de la feroz persecución y no encuentra mejor manera de abstraerse y al mismo tiempo de no estar desprevenido frente a un ataque, que leer de una manera que recuerda al barón rampante de Italo Calvino.


La tercera imagen es devastadoramente conmovedora. Débil, con la pierna herida, totalmente cercado en Ñancahuazú ¿qué lleva sólo Guevara consigo? Un portafolios donde hay su diario de campaña y libros. El hombre de acción por excelencia, sí, diría Piglia, pero también a su manera, el último lector. Y aún más: su diario de campaña boliviano es de hecho la continuación en el tiempo de los diarios que escribió en sus viajes y en Cuba y en el Congo, o sea, es también la última escritura.


"En cualquier lugar que nos sorprenda la muerte, bienvenida sea", dijo alguna vez Guevara. En efecto: perdió todo en la apuesta, pero sabía, deliberada o inconscientemente, que iba a perderla. ¿No dijeron cercanos a él que se había ido a Bolivia –añadiríamos desde luego al Congo– como una forma de suicidio calculado? ¿No sabía muy bien –y si no lo sabía, lo averiguó muy pronto– que en el Congo sobre todo, y en Bolivia, eran muy otros los códigos, y que al no entenderlos ni menos descifrarlos, encontró incomprensión, desesperación, fracasos? ¿Qué hay después de Cuba, sobre todo en Bolivia, si no aislamiento, paulatino abandono de los compañeros, la traición de los comunistas, las derrotas sucesivas, la ventana al sacrificio, la muerte? ¿Pero no es todo ese fracaso, que se vuelve triunfo en la posteridad, lo que vitaliza la perduración del mito?


Por una coincidencia extraña, que ligan de nuevo vida y literatura, casi once años después del desembarco del Granma, el 8 de octubre de 1967, Guevara es aprehendido por soldados bolivianos en Ñancahuazú, y llevado a una escuelita en el pequeño pueblo de La Higuera, donde a la mañana siguiente lo ultimará a tiros en el salón de clases el sargento Mario Terán. El anhelo del tipo de muerte del personaje de London se cumple al fin en el anhelo del tipo de muerte de Guevara: morir con dignidad. ¿Quién lo mata? A Cortázar le parece dolorosa la paradoja: un hombre del pueblo, o sea, uno de aquellos por los que Guevara luchó.


* Para Octavio Paz no fue un romántico, sino "un justo trágica y radicalmente equivocado", uno que dio la pauta del "blanquismo" en las formas de lucha revolucionaria en las décadas de los sesenta y los setenta". Y cita a Engels: "De la concepción de Blanqui se desprende la necesidad de una dictadura después del triunfo del golpe de Estado revolucionario. Su concepción afirma que cada revolución es un golpe de Estado ejecutado por un pequeño grupo de revolucionarios" (El ogro filantrópico, "Aterrados doctores terroristas", 1979). En otro artículo ("Los centuriones de Santiago"), Paz criticó asimismo que Guevara quisiera imponer su ascetismo socialista a los trabajadores cubanos.

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Viernes, 28 Agosto 2015 05:52

De Trotsky a Kissinger

Si la primera mitad del siglo XX fue la época de Franz Kafka, Sigmund Freud, Walter Benjamin, Rosa Luxemburgo o León Trotsky, la segunda lo ha sido más bien de Raymond Aron, Leo Strauss, Henry Kissinger y Ariel Sharon (p. 13).


Así Enzo Traverso, el historiador italiano, pone el dedo en la llaga e identifica la peculiar transposición de los acentos políticos e intelectuales en la judeidad a lo largo del siglo pasado (El final de la modernidad judía: historia de un giro conservador, 2013, 235 pp.).


Y una cita más de su excelente ensayo, también incluida en la portada (raras veces logra el editor sintetizar y/o reflejar tan bien el contenido de un libro, aunque todos los aplausos van al autor y su pluma):
Si antes la voz de los intelectuales y políticos judíos, recurriendo a las metáforas musicales tan caras a Theodor W. Adorno y Edward W. Saïd, se manifestaba a manera de contrapunto, era disonante, hoy día ya se funde en la armonía con el discurso dominante (p. 14).


Ambos señores W –que escondían así su apellido paterno–, no sólo grandes intelectuales (uno alemán, en parte judío, otro, palestino-estadunidense), sino grandes amantes de la música (uno musicólogo y compositor, aprendiz de Alban Berg, otro pianista-amateur y fundador de la WEDO, una orquesta judía-árabe) representan también un curioso pase de estafeta.


A la hora del ocaso del pensamiento crítico judío, cuando la mayoría de sus intelectuales abraza al proyecto colonial sionista y occidentalismo, Saïd, que dice ser el único verdadero seguidor de Adorno e incluso el último intelectual judío –¡sic!– (véase: Haaretz, 18/8/00), funde en su obra –bien subraya Traverso (p. 234)– la tradición mejor representada por la Escuela de Fráncfort, llena de outsiders judíos, con el poscolonialismo haciendo de él una nueva crítica de la dominación e imperialismo.


***


La modernidad judía (1750-1950) –desde la emancipación hasta el postgenocidio y el surgimiento de Israel–, tras dos siglos de la excepcional creatividad intelectual, política, científica y artística, finalmente agota su rica trayectoria.


Su fin está marcado por las ausencias y un radical giro conservador.


El vacío dejado por la figura de un intelectual revolucionario judío cosmopolita e internacionalista –cuya encarnación es el propio Marx, seguido por Rosa Luxemburgo, Karl Radek o Isaac Deutscher (los tres últimos judíos-polacos en búsqueda de una identidad posnacional más allá de su judeidad y el tóxico nacionalismo polaco)–, o la tradición socialista en torno al idish de Bund, un partido antisionista y pro asimilación que perece casi por completo en el Holocausto y cuyos restos quedan rematados en los kibutz –las (supuestas) comunas utópicas en Israel–, es llenada por el nacionalismo sionista (corriente hasta aquel entonces minoritaria) y "la intelligenstia judía neoconservadora que transforma el universalismo en occidentalismo" (p. 102).


De Trotsky a Kissinger, de un judío revolucionario a un judío imperialista –dos paradigmas antinómicos de la judeidad (p. 12)–, es el paso que mejor simboliza la derechización de la comunidad judía (sin olvidar las notables excepciones).


Es muy significativo: en un lapso de apenas 50 años la principal figura judía en el mundo ya no representa el comunismo y la amenaza a la civilización (Trotsky), sino el virulento anticomunismo y la salvación de Occidente (Kissinger).


Los mismos círculos que ayer y por mucho menos (su origen judío incluido) quieren colgar a Trotsky de un farol más cercano, hoy absuelven a Kissinger de cualquier pecado (los genocidios desde Cambodia hasta Chile incluidos).


¿Recuerdan las reacciones al yo acuso de Christopher Hitchens (The trials of Henry Kissinger, 2001)?


...Y falta aún la indignación al yo acuso también de Greg Grandin (Kissinger's shadow, 2015).


Mientras uno es el clásico intelectual orgánico de la revolución, otro es el clásico intelectual del imperialismo, o más específicamente, según Grandin, promotor de un particular existencialismo imperialista (The Nation, 9/6/15).


Mientras para Trotsky –que de hecho, según Traverso, una vez en el poder deja de ser un intelectual para volver a serlo solo en el exilio (¿Où sont passés les intellectuels?, 2013, p. 42)– el imperialismo es el enemigo, para Kissinger es una especie de vocación (p. 11).


***
Dos acontecimientos en particular (y/o dos hecatombes, según como se mire) influyen con el mencionado giro conservador:


• el Holocausto (que hace del viejo pueblo paria –los judíos– una minoría protegida en relación con la cual Occidente calibra su moralidad)
• y la fundación de Israel a.k.a Nakba (que acaba con la vieja condición paria, pero crea un nuevo pueblo paria –los palestinos– y dificulta sostener las posiciones universalistas o críticas dentro de la diáspora judía).


El giro tiene también su clara dimensión geográfica: es el ocaso de la centralidad de Europa y el desplazamiento del eje intelectual a Estados Unidos, donde el cosmopolitismo, sobre todo judío-alemán (vide: Kissinger) encuentra un puerto seguro y acaba su periplo (p. 68).


Allí ocurre una metamorfosis: los intelectuales judíos, huérfanos de Mitteleuropa, encuentran el sustituto para su mundo perdido en el imperialismo atlántico, y de antiguos perturbadores del orden pasan a ser sus ideólogos y pilares (p. 109).


El Holocausto marca el final de la efervescencia intelectual judía, pero también del pensamiento crítico occidental: la tradición intelectual europea de pensar por sí mismo (selbstdenken) y abogar por la causa universal deja el lugar a un enfoque particularista.


Allí está el punto central de Traverso: la judeidad, que durante la onda larga de la modernidad actúa más como contratendencia, cambia, pero sólo en consonancia con el resto del mundo; su mutación apenas sigue el desplazamiento del eje del mundo occidental, siendo un espejo de sus transformaciones (la derechización/conservadurización de las sociedades).


"¿Por qué razón –pregunta bien el autor– deberían seguir siendo los judíos el foco de la 'subversión' en un mundo que dio la espalda a la utopía tras la derrota histórica del comunismo y de las revoluciones del siglo XX?" (p. 11). (Continuará).


Twitter: @periodistapl

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Los debates por el acceso al aborto mostraron avances significativos en el último año en algunos países de América latina. El proyecto de ley que impulsa la presidenta Michelle Bachelet en Chile para despenalizar la interrupción voluntaria del embarazo en algunas circunstancias; la aprobación en diciembre en República Dominicana de una reforma al Código Penal que permitirá acceder a un aborto seguro cuando la vida de la mujer o el feto estén en riesgo, así como cuando se den malformaciones incompatibles con la vida y en casos de violación, y el indulto otorgado a comienzos de año en El Salvador a Guadalupe, una joven que pasó siete años privada de su libertad por sufrir un aborto espontáneo de un embarazo producto de una violación a sus 18 años, son algunos de los hechos más relevantes, destacados en un informe elaborado por el Centro de Derechos Reproductivos, una reconocida organización con sede central en Nueva York, que trabaja en la temática a través de litigios estratégicos.


Sobre la Argentina, donde la discusión parlamentaria por la descriminalización del aborto permaneció estancada durante 2014, el CDR celebró el acto público en el que las autoridades nacionales y de la provincia de Buenos Aires del área de derechos humanos le pidieron disculpas en diciembre a la joven con discapacidad mental L. M. R., por denegarle el acceso a un aborto legal en 2006 en un hospital de La Plata, luego de quedar embarazada como consecuencia de un abuso sexual cometido por un familiar, un caso por el cual el Estado argentino fue condenado por el Comité de Derechos Humanos de la ONU. El pedido de disculpas públicas fue parte de las medidas de reparación acordadas con la víctima y su madre, luego del pronunciamiento del Comité.


El informe del CDR analiza avances, retrocesos y desafíos en Latinoamérica en relación con el acceso a los derechos reproductivos en 2014 y se extiende al inicio de este año. Fue difundido por su oficina regional, que está ubicada en Bogotá y dirige la colombiana Mónica Arango Olaya. "Durante el 2014, los debates en torno de la garantía de los derechos reproductivos en América latina tuvieron una gran relevancia. Si bien se dieron pasos importantes hacia su protección y reconocimiento, persisten barreras formales y sustantivas que siguen limitando el goce efectivo de los derechos fundamentales de las mujeres", observó Arango.


La interrupción voluntaria del embarazo en la región se caracteriza por legislaciones que criminalizan la práctica y sólo la permiten en causas específicas. En algunos países incluso está prohibido en todas las circunstancias. Este escenario empuja a las mujeres que necesitan abortar a la clandestinidad, con los riesgos que implica. Los únicos países donde el aborto está legalizado son Puerto Rico, Cuba, tres países de Antillas Francesas, Guyana Francesa, Guyana y Barbados. El aborto está totalmente prohibido en Chile, El Salvador, Honduras, Saint Martin (Antillas Holandesas), República Dominicana y últimamente en Nicaragua.


Uno de los principales avances señalados por el CDR en la región es la reforma al Código Penal aprobada en diciembre en República Dominicana, que entrará en vigencia después de un año de la publicación de la ley y permitirá acceder a un aborto seguro cuando la vida de la mujer o el feto estén en riesgo, así como cuando se den casos de malformaciones incompatibles con la vida y en casos de violación. El proyecto que anunció en enero la presidenta Bachellet en Chile apunta en el mismo sentido. "El Congreso chileno enfrenta un momento crucial para reformar su legislación y liberalizar el aborto de manera gradual, como supuesto básico para cumplir con la obligación de garantizar la disponibilidad, accesibilidad, aceptabilidad y calidad de la información, los bienes y los servicios de salud reproductiva", apunta el informe del CDR.


Otro de los hechos relevantes a nivel regional es la declaración sobre la Violencia contra las Mujeres, Niñas y Adolescentes y sus Derechos Sexuales y Reproductivos adoptada en septiembre por el Comité de Expertas del Mecanismo de Seguimiento de la Implementación de la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer. La declaración reconoce que la discriminación de género, los estereotipos culturales y la falta de garantía de los derechos sexuales y reproductivos son obstáculos para que las mujeres y niñas vivan libres de violencia.


En junio, el Estado peruano adoptó un protocolo nacional para la prestación de servicios de aborto legal y seguro que "proveerá claridad para el personal médico y pacientes sobre el acceso a dicho procedimiento", puntualiza el CDR. La adopción de este protocolo es parte de las recomendaciones de una decisión histórica del Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer (Comité Cedaw), en el cual se determinó la violación por parte del Estado de los derechos humanos de L.C., a quien le negaron el acceso a los servicios de aborto legal.


En marzo, el Estado de Brasil realizó la reparación económica y simbólica en el marco de la ejecución de la decisión Comité Cedaw en el caso conocido como "Alyne vs. Brasil", por la cual se estableció la responsabilidad internacional de ese país por la muerte de Alyne, una mujer afrobrasileña que no recibió atención médica de calidad por complicaciones asociadas con su embarazo. El caso es el primero que establece la responsabilidad en el marco internacional, por faltar a la obligación de garantizar la calidad del cuidado de salud y el embarazo seguro.


Entre los retrocesos y desafíos, el CDR menciona las siguientes novedades:


- En Colombia, en marzo, la Corte Constitucional avaló la práctica de la esterilización quirúrgica a personas de menos de 18 años con discapacidad cognitiva y psicosocial, luego de resolver una demanda de inconstitucionalidad contra la ley que prohibía, en todos los casos, practicar procedimientos quirúrgicos con fines anticonceptivos.


- En Uruguay, el Tribunal de lo Contencioso Administrativo suspendió 10 artículos del decreto reglamentario de la ley que autoriza la interrupción voluntaria del embarazo y restringe el derecho a la objeción de conciencia de los médicos en materia de aborto. "La decisión adoptada por el alto tribunal pone en riesgo los límites al derecho a la objeción de conciencia de los prestadores médicos, lo cual se traduce en mayores barreras de acceso a los procedimientos de aborto por parte de las mujeres", advirtió el CDR.


- En Honduras se mantiene la penalización total del aborto, así como la prohibición de la anticoncepción de emergencia. "Ambas restricciones violan los derechos a la autonomía reproductiva, a la integridad personal, a la intimidad, a la salud y a la vida de las mujeres, y han generado un contexto de persecución para aquellas mujeres que intentan acceder a los servicios de salud reproductiva", señaló la organización.

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