Miércoles, 17 Agosto 2016 06:00

Utopías y utopías

Disconformes con lo que veían y cuyos detestables defectos padecían o, más calmos, registraban, ciertos espíritus esclarecidos, comprobado que no estaba en sus manos corregirlos, imaginaron dos tipos de conducta. El primero, Platón es el ejemplo, sugerir, suplicar, recomendar, convocar a los dueños del poder a que hicieran algo para que la sociedad fuera un poco mejor, más equilibrada o más justa, según lo que entendían por justicia. Como el caso que les hicieron, otra vez Platón es un ejemplo, fue nulo, adoptaron el otro camino, la otra conducta: imaginar mundos perfectos en los que la injusticia, la infelicidad, el dolor, la incomodidad y aun la muerte, estuvieran prohibidas, desterradas, abominadas.
Esas construcciones, como no estaban en ninguna parte, salvo en las mentes y los escritos de quienes las concebían, fueron llamadas utopías y a lo largo de los siglos lo fueron de todos los colores. San Agustín imaginó la “Ciudad de Dios”, pura armonía y esperanza de vida eterna; Tomás Moore algo más mundano y terrenal, tal vez inspirado por los relatos de Marco Polo que observó que todo andaba muy bien en los dominios del Gran Can, donde incluso se comía pasta, y así otros, el deseo de una existencia mejor no cesó hasta llegar al siglo XX.


Tal vez se hayan seguido concibiendo esos mundos perfectos, no sólo imaginándolos: la experiencia soviética de 1917 puede muy bien ser eso, terminó como terminó pero todavía sigue siendo visto como un modelo posible de concreción de la utopía. Siguiendo esa huella, u otras de diverso signo, tal vez en alguna medida y para algunos, la perfección, o su búsqueda, no sea tan utópica gracias a la formidable expansión tecnológica que día a día ofrece soluciones hasta hace pocos años impensadas y que mejoran, sin duda, un vivir lleno de problemas, de enfermedades y de molestias. Es claro que se trataría de otra clase de utopía, que no es necesario poner en un libro, pero que se empieza a ver en usos y prácticas.


Pero, volviendo a las utopías clásicas, en ninguna de ellas, por empezar a distinguir peculiaridades, se propone un regreso a la naturaleza, a alimentarse con los frutos que cuelgan de los árboles ni a fornicar libremente, cuando se tengan ganas: son raros los que se vanaglorian de vivir en pleno campo, sin luz eléctrica, sin teléfono, sin televisión, sin drenaje ni agua corriente pero algunos hay sin que sean necesariamente hippies. Al contrario, las utopías descansan sobre estructuras racionales y urbanas, su objetivo es la satisfacción y su condición la regla, algo así como un mundo de semáforos en el cual lo único que tendría sentido es el movimiento y la circulación, no todas esas demoras en las que los seres humanos creen que vale la pena vivir y que traen tantas complicaciones, la conversación, la amistad, el amor, el pensamiento, el placer, la lectura y todo lo que es propio de este mundo perturbado e injusto. Pero, pese a esa condición general, también hay utopías, o intentos utópicos, que preconizan un regreso a la naturaleza; fueron pensadas por espíritus anarquistas y en ellas las reglas eran abolidas, así como el interés material e incluso la avidez productiva: Macedonio Fernández y algunos amigos lo intentaron en algún lugar del Paraguay pero los mosquitos y las víboras limitaron esa bella libertad.


Una de esas construcciones, acaso la más desesperanzada y brillante, fue Un mundo feliz, de Aldous Huxley. No es difícil advertir la ironía que respira la descripción de tanta perfección: la ciencia, pero qué ciencia, atiende a todo, acude a las necesidades más elementales y el conjunto de satisfactores exime de toda rebeldía y hasta de la imaginación, pero también del hambre y, solución extraordinaria, con una droga llamada “soma”, del orgasmo que se obtiene a pedido sin necesidad de cortejo, de seducción o aún de ganas, no hablemos de amor.


En ese mundo perfecto, para evitar ideas raras y ocurrencias extravagantes, no hay libros: como están prohibidos parece que no hacen falta, se castiga todo intento de tenerlos y, por supuesto, de leer. Pero, ¿no hay libros? Queda uno, es un Shakespeare –de quien sale la expresión “mundo feliz”– que se salvó de la barredora y que, gastado por el uso, aparta de la felicidad organizada a su poseedor.


Huxley muestra con esta novela –se trata de una utopía– que es un visionario por partida doble. Por un lado, vislumbra lo que puede ser un mundo en el que, apoyada en la ciencia aplicada, la cultura capitalista –entre producción y consumo–, procura, aunque no llegue a tan radical perfección, y, por el otro, la destrucción que le espera. Salvo, por cierto también, lo que salva, si no a ese mundo al menos a los seres que se resisten a sus espejismos: es el solitario volumen, el libro, el LIBRO se diría.


Así, pues, lo que queda, lo que siempre queda luego de todo proyecto o intento de absoluto, es saber qué pasó, por qué fracasó y el hecho de que necesariamente se concreta en un escrito, un libro, con sus contradicciones y oscuridades, con lo que sustrae y ofrece y que entra en acorde con los precedentes y los futuros. Comprobación algo tristona pero, por otro lado, esperanzada si no se pretenden soluciones sino la percepción de una llamita que emana de la escritura y que, sorprendentemente, tiene el poder de iluminar.


¿A qué viene todo esto y este resurgimiento de un libro que cuando salió, hace casi un siglo, debió parecer producto de un sueño de un inglés neurótico que, a lo mejor, preveía que un hiper desarrollo científico y tecnológico podría destruir lo humano envolviéndolo de presuntos bienes por los que ni siquiera tendría que luchar? ¿Habremos llegado, aunque a los tropezones, en los espejismos de la confusa oferta con que nos sacuden a diario, un subproducto pervertido de la ecuación “producción-consumo”, a algo cercano a esa nefasta utopía?


Es innecesario decirlo: ¿quién puede discutir que es legítimo que los seres humanos, sobre todo los que tienen poco, quieran vivir mejor, siempre mejor? Responder a ese deseo entra en el campo de lo político y genera diferencias entre proyectos y capacidad de llevarlos a cabo con éxito, pero ahí no termina la cosa: cuando quienes tienen todo quieren “vivir mejor”, “más mejor” se diría; el cambio es notorio, se produce una acumulación de bienestar inmediato y material, no es que quieran leer más o escuchar mejor música, se pierde la noción del contraste, se razona en relación con lo que uno es capaz de permitirse –restaurantes caros, viajes a países remotos e igualmente caros– porque se lo puede pagar, el futuro deviene un campo de batalla en el que el texto del triunfo se escribe en la ropa de marca y en las tarjetas de crédito, los suspiros de satisfacción brotan de los bienes que se poseen y terminan por sustituir los bramidos del orgasmo, como si ejecutivos, políticos, industriales, comerciantes, abogados y otros miembros de esa clase, refugiados en utópicos y bellos reductos, consumieran, cuando no cocaína, el “soma” que había imaginado Huxley y que prometía el placer sin necesidad de moverse.


De eso, precisamente, se trata. Una encantadora vendedora de medicamentes de una farmacia céntrica me dice, mirándome significativamente, que los antihistamínicos, los antiarrítmicos, los antigripales, los antiácidos, que hasta hace unos años encabezaban la lista de los más pedidos han sido desalojados de los primeros puestos que ahora ocupa, soberanamente, el Viagra, y quienes más lo compran son jóvenes, no esos ancianos anhelantes que gracias a esa droga mágica buscan lo que puede ser el último y glorioso suspiro.


¿Cómo entenderlo sin preguntar? ¿Será solamente un querer más de quien en principio disfruta de una sexualidad joven y en principio también, sana, a la manera de ese anhelante “más” que se emite entre espasmos en el momento culminante del encuentro pero obtenido ahora, gracias a la química? Puede ser, habría que ver, habría que ser un Kinsey o un Masters y Johnson para determinarlo pero yo, osadamente, lo entiendo como manifestación de ese cansancio que sobreviene cuando se lo tiene todo y han desaparecido los estímulos para lograr un poco. En otras palabras, sería algo así como el final de una modesta utopía, la que ofrece la increíble revolución tecnológica que nos asombra y oscurece cada día.

Publicado en Sociedad

Millares de combatientes internacionalistas lucharon y murieron en la Guerra Civil española. Una contienda aleccionadora (y deliberada o convenientemente subestimada) que, a más de probeta y anticipo de la Segunda Guerra Mundial, devino en primer ensayo general de la barbarie contra el anhelo democrático de los pueblos.

 

En España se dieron cita voluntarios de más de 50 países del mundo occidental. Algunos investigadores estiman en 35 mil y otros elevan a 50 mil el número de combatientes. Francia encabezó la nómina con más de 10 mil, seguida de Alemania y Austria (5 mil), Italia (4 mil), Gran Bretaña (2 mil 500), Estados Unidos (2 mil), Yugoslavia (mil 700), Canadá (mil 500), Cuba (mil 200), Argentina (600), etcétera.

 

¿Qué animaba, qué movía la conciencia de aquellos hombres y mujeres que de un día para otro abandonaron su país para ir a luchar por la causa popular de otro, del que poco y nada sabían? Atajando el ligero reduccionismo historiográfico liberal, el historiador inglés Eric Hobsbawm (1917-2012) advirtió que la Guerra Civil española no fue "entre la ultraderecha y el Komintern".

 

Observa: “La única elección era entre dos lados. Y la opinión liberal democrática eligió abrumadoramente el antifascismo... El caso es que a diferencia de lo acontecido en la Segunda Guerra Mundial, aquí ganó el lado equivocado. Pero si esta vez la historia no la escribieron los vencedores, ello se debe en gran medida a los intelectuales, los artistas y los escritores que se movilizaron en favor de la República”.

 

Para reforzar su hipótesis, Hobsbawm rescata las palabras del poeta inglés Laurie Lee (1914-97): “Yo creo que compartíamos algo más que lo ideológico o político. Algo única y exclusivamente nuestro en aquel tiempo: la oportunidad, que nunca más volvería a presentarse, de hacer un gesto grande y expedito de sacrificio personal y de fe...No había medias verdades ni vacilaciones; habíamos encontrado una nueva libertad, casi una nueva moralidad...”

 

Por su lado, el dramaturgo estadunidense Arthur Miller (1915-2005) escribió en sus memorias: "En los años 30 la palabra España era explosiva. En nuestra formación de la conciencia del mundo no hubo ningún otro acontecimiento tan trascendental para mi generación".

 

Resulta inevitable, entonces, agregar lo dicho por quien también marcó parte de nuestra propia generación y cierto modo de entender las cosas. Contaría 12 o 13 años cuando leí el texto de Federico García Lorca al inaugurar una biblioteca en su pueblo natal de Fuente Vaqueros (Granada):

 

"No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle, no pediría un pan, sino que pediría medio pan y un libro. Y yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas, sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales, que es lo que los pueblos piden a gritos".

 

El vate andaluz pronunció sus palabras en septiembre de 1931, a pocos meses de la instauración de la Segunda República. Cinco años después, en casa de un amigo (el poeta Luis Rosales), García Lorca fue secuestrado por los fascistas. Y junto con un maestro rural y dos toreros anarquistas, el autor de Bodas de sangre fue fusilado por subversivo y homosexual.

 

En los primeros meses, el golpe militar (17 de julio de 1936) fue derrotado por la rebelión de los obreros que tomaron las armas, quedando el poder político efectivo en sus manos. ¿Con qué ideología? ¿Con qué política?

 

Para no enredarnos, digamos que las principales características del movimiento revolucionario cuadraban con las de toda resistencia popular en sus primeros momentos: la pasión por la igualdad y la afirmación de la autoridad local y colectiva.

 

No obstante, las votaciones en favor de la frágil coalición republicana de radicales, liberales, socialistas, anarquistas y comunistas habían arrojado un inesperado y escaso uno por ciento más de sufragios que las de 1931.

 

Y así, soterradamente, en medio de la gran confrontación fascismo-antifascismo, empezó otro tipo de guerra: la de los antagonismos políticos en el bando republicano, que adquirió modalidades fratricidas. Un tipo de guerra que, hasta nuestros días, continúa enloqueciendo a las izquierdas dogmáticas y sectarias.

 

El acucioso Hobsbawm también rescata la carta en la que el anticomunista George Orwell reconoce a un amigo: "Lo que dices respecto de no dejar que los fascistas dispongan de las disensiones entre nosotros es muy cierto".

Publicado en Internacional

La Minga de la resistencia indígena, campesina y popular que involucra millones de colombianos presenta múltiples rostros y acude al repertorio de recursos de los movimientos sociales y populares para exigir del Estado y el gobierno de turno respuestas a los pliegos y demandas de las masas agrarias, étnicas y populares que hacen formidables demostraciones de rechazo a la modorra gubernamental frente a los compromisos adquiridos al termino de las movilizaciones ocurridas en el año 2013.

Hagamos un recorrido por lo que ocurre en diversos puntos del territorio colombianos con el desarrollo de la Minga de la resistencia agraria.

Hay bloqueos de vías, manifestaciones, concentraciones y plantones. Son los repertorios de la protesta social.

El movimiento social en curso es una sumatoria de movimientos sociales clásicos como los agrarios y de nuevos movimientos sociales como los ambientalistas, indígenas, derechos humanos, la paz y contra la megamineria.

Cauca.

La vía que de Cali lleva a Popayán se encuentra bloqueada en varios puntos por indígenas.

Tras un día de bloqueos y enfrentamientos entre indígenas y el Esmad, este miércoles 1 de junio/2016, permanece cerrado el paso en la vía Panamericana debido a que varios camiones fueron atravesados en la vía durante las protestas de indígenas.

El bloqueo persiste en el kilómetro 53, sector Caldono, lo que ha generado que centenares de vehículos estén represados sobre la vía en un trancón que se extiende hasta Santander de Quilichao.

La situación empeoró porque los indígenas han derramado Acpm sobre la vía.

Los indígenas destruyeron algunos sistemas eléctricos de los tractocamiones que los dejaron sin poder utilizarlos en la mitad de la vía, además que pararon varios vehículos que transportaban cerveza y tiraron los envases vacíos a la carretera.

Los cabildos del norte del Cauca protestan contra lo que ellos llaman “el incumplimiento” por parte del Gobierno y el Ministro de Agricultura de varios compromisos adquiridos.

De acuerdo con el Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca, Acín, al menos 12 mil personas están desde el lunes pasado en La María, Piendamó, haciendo parte de la movilización general.

A pesar de la presencia paramilitar en todo el departamento y de las últimas amenazas que hemos recibido varios líderes indígenas, nosotros saldremos a manifestarnos y a presionar hasta que el Gobierno se reúna con las comunidades”, indicó Luceida Juricué, consejera de la Acín.

Son alrededor de 60 mil personas, entre indígenas y campesinos, que se están concentrando en cuatro puntos de este corredor vial porque manifiestan que el Gobierno Nacional no les está cumpliendo a estos grupos poblacionales luego de pactos registrados en pasadas movilizaciones del 2013.

Para el consejero mayor del Consejo Regional Indígena del Cauca, Cric, José Ildo Pete, la movilización estaba ya pactada desde finales del año anterior, como consecuencia del incumplimiento de acuerdos en temas de tierras, derechos humanos, autonomía indígena, minería, entre otros.

El líder nativo agregó, además, que son varias las razones para que estas comunidades se declaren en asamblea permanente, entre ellas las pocas acciones del Estado frente al tema de la minería ilegal, no solo en sus territorios, también es la persecución y asesinato de sus líderes y el incumplimiento del Gobierno a temas ya pactados como la compra de tierras para estas comunidades.

Esta misma posición es la esbozada por los líderes campesinos de Piendamó, El Tambo, Timbío y el Macizo Colombiano, como el caso de Daniel Ulcué, representante de los labriegos cocaleros asentados al occidente del Cauca.

“Son varias localidades tambeñas que marchamos, como son Huisitó, Playa Rica, entre otras, ya que no encontramos una solución real al problema de los cultivos ilícitos y solo conocemos la violenta represión del Estado a la hora que se busca solucionar un problema que no solo es del campesinado”.


Por ejemplo, dice, “[...] de donde yo vengo la única fuente laboral y de ingresos para las familias es el cultivo de coca porque no hay más. Uno siembra plátano y termina es arruinado.

Además, habitamos una zona olvidada donde no hay carreteras, ni escuelas, ni puestos de salud. Para vivir en esas condiciones hay que echar mano del único cultivo que es restable, el cual ya mencioné, explica Daniel Ulcué.

Los puntos de concentración sobre los costados de la Panamericana son a la altura de la vereda El Uvo, Timbío; La María, Piendamó, Mondomo, Santander de Quilichao y Villa Rica, en este último punto hay reuniones de comunidades afrodescendientes.

 

Los Sikuani del Meta.

 

Unos 1.562 habitantes de las poblaciones indígenas sikuani se unieron al paro agrario nacional en Puerto Gaitán, al oriente del Meta.

El consejero mayor de la Asociación de Autoridades Indígenas Únuma, Antonio Rubio Yespes, que representa diez resguardos indígenas que agrupan a unos 27 mil habitantes de la etnia sikuani, aseguró que se unieron al paro nacional para reclamar los derechos especiales que el Estado suscribió hace dos años y que no han cumplido.

 

Los Zenú de Córdoba y Sucre.

 

Mientras que en Sampués (Sucre), el cacique de la etnia Zenú, Ferney Hernández Santos, denunció atropellos por parte del Esmad, a quienes señalan de arrojarles gas pimienta en la concentración en el cabildo menor de Tierra Grata en el municipio de Chinú (Córdoba).

Hay diez indígenas heridos tras protestas agrarias en Chinú

La caminata, que se inició en Chinú con dirección al departamento de Sucre.

Enfrentamientos entre un grupo del Escuadrón Móvil Antidisturbios, Esmad, con indígenas de la etnia Zenú en Chinú, en una sorpresiva jornada de protesta pacífica en el marco del paro agrario dejan varios manifestantes
lesionados por el Esmad.

Pese a que la Asociación de Usuarios Campesinos, Anuc, capítulo Córdoba, había anunciado que no había manifestaciones preparadas, los indígenas salieron desde el mediodía a reclamar por sus derechos ante el Gobierno
Nacional.

Los aborígenes de los resguardos Zenú de Córdoba y Sucre exigen al Gobierno que cumpla con los compromisos del Pacto Nacional Agrario. El inconformismo de los indígenas durante la protesta se deriva de la utilización de gases lacrimógenos por parte del Esmad para aplastar la protesta.

 

Oriente de Colombia.

 

Mientras tanto, en el oriente del país, cerca de 15 mil campesinos procedentes del Magdalena Medio y Norte de Santander se concentraron en varias vías. Al sitio conocido como La Lizama, kilómetro 35 de la vía Barrancabermeja Bucaramanga, llegaron 12 mil labriegos que viajaron desde el sur de Bolívar, Santander y el Catatumbo.

José Vidal, uno de los líderes de la protesta en la zona, indicó que a lo largo de la manifestación, las autoridades han montado retenes en los que, según él, los obligan a descender de los buses para caminar hasta el sitio de reunión.

Organizaciones sociales de Barrancabermeja anunciaron que desde el puerto petrolero apoyarán la manifestación. Y en la vía a Bogotá, en un sitio ubicado entre Socorro y Oiba, cerca de 10 mil campesinos del sur de Santander y occidente de Boyacá se instalaron en los extremos de la carretera.

 

Antioquia.

 

En Antioquia, unas 8.000 personas, entre campesinos, afrodescendientes e indígenas, se unieron a la concentración en cuatro regiones: Bajo Cauca, Urabá, oriente y suroeste.

En el coliseo de Valdivia se congregaron mineros y pescadores artesanales de la región que se sumaron al paro nacional agrario. Más de 5.000 mineros y pescadores artesanales se concentraron en el casco urbano de Valdivia en el marco del paro agrario convocado por las organizaciones campesinas.

La retención por la guardia Indígena de 5 soldados que dijeron estar evadidos en la vía Quibdó-Medellín, en Chocó, y un bloqueo en la vía a la Costa, en Tarazá, norte del departamento, reportaron las organizaciones que
encabezan la protesta.

Mientras tanto a la comunidad Las Palmas de Apartadó llegaron 6.000 indígenas de Urabá.

Su protesta es por lo que ellos consideran una afectación del proyecto Hidroituango para sus actividades económicas tradicionales.

Los manifestantes, pertenecientes a asociaciones comunitarias de mineros y pescadores artesanales de Valdivia, Caucasia, Briceño, Toledo, Sabanalarga, Peque e Ituango, comenzaron a llegar desde el lunes al casco urbano de la localidad y permanecen en el coliseo polideportivo desde donde reclaman atención de los gobiernos nacional y departamental.

El motivo principal de la protesta es la vulnerabilidad que nos está causando el proyecto Hidroituango”, señaló Eimberto Vargas, presidente de la Asociación de Mineros Artesanales del corregimiento Puerto Valdivia, de Valdivia.

Anoche seguían llegando campesinos e indígenas a distintas concentraciones en Antioquia.

 

En Guajira los wayuu se unen al paro nacional.

 

Uno de los puntos donde se mantiene una concentración es la vía que comunica a La Guajira con Cesar, donde hay represamientos de vehículos por la manifestación a la altura de los Resguardo Indígena de San Francisco, en el corregimiento de Papayal, en Barrancas.

Alrededor de 500 indígenas wayuu se tomaron la vía que une a La Guajira con el Cesar.

Desde la madrugada de este martes unos 3.500 indígenas wayuu se tomaron la vía que une a La Guajira con el Cesar, a la altura del corregimiento de Papayal.

Según los indígenas de esta región, la protesta se hace para continuar con la defensa de su territorio, por la crisis del agua en este departamento, la desnutrición infantil y la explotación minera, que según afirman, busca acabar con los cuerpos de agua existentes, específicamente el arroyo Bruno que será desviado en el marco de un proyecto de Cerrejón.

Armando Valbuena Gouriyu, miembro de la comisión política de la Onic, afirmó en Riohacha que también es por los incumplimientos del Gobierno Nacional que prometió en el 2013 la creación de 400 resguardos indígenas y la inversión en compra de tierras.

También ha incumplido en las políticas públicas que están en el Plan nacional de desarrollo, por ejemplo de la educación, donde no hay inversión en el sistema indígena educativo propio e igualmente con el sistema de salud.

El dirigente dijo que en el 2013 la Minga tuvo una duración de nueve días y nueve noches, en los que se paralizaron 23 departamentos y que este año también será de manera indefinida.

Según los manifestantes, este llamamiento también responde a la indiferencia e incumplimiento sistemático en el que viene incurriendo el gobierno a los acuerdos alcanzados tras los Paros Agrarios y Minga Indígena de 2013, así como las jornadas de indignación de 2015 y los pliegos de exigencia presentados tras las movilizaciones del 24 de enero y 17 de marzo de 2016.

En el sur del departamento se congregaron los integrantes de las organizaciones Aciwasug, el resguardo de Mayabangloma, el de Painwashi, la Organización Yanama y Fuerza de Mujeres Wayuu, entre otras.

Publicado en Colombia
Viernes, 20 Mayo 2016 07:56

La Noche en Pie

Surgió en protesta contra la reforma laboral del gobierno de François Hollande, que acaba de ser aprobada por el Parlamento, pero en realidad expresa un malestar mucho más profundo de sectores de la sociedad francesa y conecta en parte con la “indignación” manifestada por los españoles hace cinco años.

 

Desde el 31 de marzo pasado miles de personas ocupan una de las principales plazas de París, la de La República. El movimiento, llamado La Nuit Debout (La Noche en Pie), surgió en protesta contra la reforma laboral del gobierno de François Hollande, que acaba de ser aprobada por el Parlamento, pero en realidad expresa un malestar mucho más profundo de sectores de la sociedad francesa y conecta en parte con la “indignación” manifestada por los españoles hace cinco años y que tuviera traducciones similares en otras partes del mundo. El quinto aniversario del 15 M se celebró el fin de semana en alrededor de 500 ciudades de 25 países (la mayor parte europeas, pero también de Estados Unidos, Australia, Filipinas e incluso Chile), y hubo una delegación de los protagonistas de La Nuit Debout en la madrileña Puerta del Sol, así como ha habido intervención de los “15 mayistas” españoles en distintas expresiones de la revuelta francesa. “Ellos tienen millones, nosotros somos miles de millones”, fue el lema común de la conmemoración.


***


Desde aquel 31 de marzo, miles de ciudadanos, fundamentalmente jóvenes militantes de asociaciones, trabajadores precarios, gremialistas, también extranjeros indocumentados, invadieron la céntrica plaza parisina, ocupándola masivamente de día, y luego, por las noches, con acampadas. Desalojados, a menudo violentamente, por la policía, vuelven una y otra vez. Ya llevan más de un mes y medio en ese ida y vuelta. Han creado incluso su propio calendario, en un guiño a los revolucionarios de 1789, y hablan de 32 de marzo, 33 de marzo, 34 de marzo, etcétera. Es un movimiento asambleario, muy similar en ese plano a lo que fuera el 15 M, y está atravesado por tensiones del mismo tipo.


La ley de trabajo elaborada por la ministra Myriam El Khomri y fuertemente respaldada por el primer ministro, Manuel Valls, un “social liberal” partidario de cambiarle el nombre al Partido Socialista, ha logrado unir en su contra a distintos sectores hasta el momento dispersos, al proponer una flexibilización que no se había animado a impulsar la derecha: la reforma dispone que las jornadas laborales puedan durar hasta diez e incluso 12 horas en función de la necesidad de las empresas, suprimirá o disminuirá el pago de horas extra, privilegiará los acuerdos por empresa en vez de las negociaciones colectivas, dará mayores facilidades para despedir trabajadores “excedentarios”. Y así. Una reforma “radical” que entronca con lo exigido por la Comisión Europea a los países con legislaciones más garantistas, de cara, entre otras cosas a la armonización “por abajo” que se impondrá en caso de firmarse el tratado transatlántico de libre comercio entre Washington y Bruselas.


Aquel 31 de marzo el economista y sociólogo Frederic London, director de estudios en el Centro Nacional de Investigación Científica e investigador del Centro Sociológico Europeo, uno de los referentes intelectuales de La Nuit Debout, saludaba la involuntaria contribución de los gobernantes socialistas al movimiento: “Nunca tendremos cómo agradecer a François Hollande, Manuel Valls y Myriam El Kohmri la oportunidad que nos dieron de hacer converger todas nuestras luchas”, dijo.


En un artículo publicado recientemente en el diario en la web Mediapart, el filósofo Jacques Rancière, autor de libros como La palabra obrera, La noche de los proletarios y La filosofía y sus pobres sostuvo que de todas maneras no se le debe pedir mucho a un movimiento que dada su espontaneidad y juventud evoluciona de una manera poco ordenada y en direcciones todavía no muy claras.


La heterogeneidad de la convocatoria, la horizontalidad de la organización, el asambleísmo, la independencia política, han sido puntos de acercamiento básicos entre los dos movimientos surgidos con un lustro de diferencia a un lado y otro de los Pirineos. El 15 M y La Nuit Debout nacieron además bajo gestiones socialistas (de José Luis Rodríguez Zapatero y de Hollande), desafiando a las izquierdas tradicionales en el terreno de lo social y proponiendo “nuevas formas de hacer política”. También vieron la luz en coyunturas parecidas: Zapatero acababa de anunciar una dura política de recortes y una reforma laboral, más o menos en la misma línea que Hollande. En España el 15 M fue de todas maneras “tolerado”, y se debió esperar bastantes meses –hasta la instalación del gobierno de Mariano Rajoy– para que la criminalización de la protesta fuera una constante. La reacción francesa ha sido mucho más dura.


VIOLENCIA.


En la tarde del martes 10, una decena de días después de multitudinarias concentraciones obreras con motivo del Primero de Mayo en las que convergieron representantes de La Nuit Debout, miles de personas se congregaron en las afueras de la Asamblea Nacional para protestar ante la inminente aprobación de la ley de reforma laboral. El gobierno acababa de anunciar que recurriría a un artículo de la Constitución que autoriza la aprobación de proyectos de ley sin discusión parlamentaria, una disposición que unos años antes tanto Hollande como Valls consideraban antidemocrática y decían que debía ser eliminada. Pero la división interna de los socialistas, muchos de cuyos diputados calificaron a la reforma laboral como “de cuño neoliberal”, forzó al gobierno a recurrir a ese artículo para obligar a la bancada a votar unificada.


Ese 10 de mayo tuvo pues lugar una concentración pacífica, convocada por los colectivos animadores de La Nuit Debout, sindicatos y diversas fuerzas de izquierda, en las cercanías de un parlamento rodeado de fuerzas de choque de la policía con carros lanza agua. A pesar de que los manifestantes se mantuvieron tranquilos, parados detrás de sus pancartas o sentados con las manos levantadas, las fuerzas policiales los gasearon y persiguieron por las calles aledañas. Testigos dijeron haber visto a policías marchar al trote golpeando sus cachiporras contra los escudos, como si se tratara de militares. Lo cierto es que estas escenas se vienen repitiendo en Francia ante cada protesta social de cierta envergadura. El “estado de urgencia” vigente desde los atentados del 13 de noviembre, que ha sido renovado dos veces, es la excusa utilizada por el gobierno para justificar la actitud policial. Pero los excesos han sido casi que la norma. El 17 de diciembre, antes del nacimiento de La Nuit Debout, la policía había quebrado un tabú: reprimir a estudiantes dentro de un recinto universitario, cuando las fuerzas antidisturbios ingresaron a la Universidad de París I, golpeando y deteniendo a los jóvenes. Un día después, una marcha en solidaridad con los detenidos culminó con nuevos abusos policiales documentados por filmaciones. El grupo Defensa Colectiva (Defcol), integrado por abogados “comprometidos”, viene denunciando la violencia y la arbitrariedad de las intervenciones policiales en los conflictos sociales, empleadas a repetición en el caso de La Nuit Debout, por ejemplo para desalojar la plaza. El colectivo registra más de 300 detenciones por motivos políticos y en torno a 2 mil allanamientos de domicilios de militantes sociales, incluidos los de liceales menores de edad, entre diciembre pasado y este mes de mayo.


EXTENSIÓN.


A priori, el 15 M parece haber sido un movimiento mucho más espontáneo que La Nuit Debout, con un tiempo de gestación y permanencia en la plaza más corto (alrededor de un mes duró la ocupación de la Puerta del Sol) pero con estructuras que se definieron de una manera más concreta y una comunicación encauzada sin mayores dificultades. A La Nuit Debout le cuesta, todavía, extenderse más allá de algunas categorías y tener el carácter masivo que fue asumiendo el movimiento español. Le cuesta, por ejemplo, trascender hacia las periferias urbanas populares, cargadas de inmigrantes, y ese “déficit” ha sido una de las discusiones más reiteradas en filas del movimiento. La otra: el vínculo con los trabajadores sindicalizados, promovido expresamente por alguna de sus corrientes, y rechazado también expresamente por otra, que ve en las dirigencias sindicales a aliados de la preservación del sistema. De hecho, si bien La Nuit Debout comienza a definir estructuras mínimas, aún esta tarea le resulta complicada a la hora de concretar las ideas en acciones. La propia represión le ha hecho reconcentrarse, obligándola a destinar tiempo y recursos a la “interna” y a pensar formas de resistencia a los embates policiales, que provocan un desgaste difícil de superar.


Pero quizás la más importante de las diferencias entre el movimiento español y el francés tenga que ver con el después, y en particular con su relación con la política partidaria. En España, el 15 M surgió desafiando a los partidos –a todos–, y en las acampadas de la Puerta del Sol no se aceptaba la presencia de dirigentes políticos, del grupo que fuera. Esa, y el rechazo a los liderazgos “personalistas”, es una condición casi unánimemente aceptada por los 15 mayistas. Unos pocos meses después, de las filas del 15 M nacía Podemos, con la intención de “asaltar las instituciones” y articulado en torno a la figura de un fuertemente mediático dirigente, como Pablo Iglesias. En Francia, si bien La Nuit Debout se plantea como un movimiento horizontal donde nadie se siente representado por el otro y hasta los responsables de las distintas comisiones internas son rotativos, desde un comienzo la presencia de dirigentes políticos y sindicales ha sido aceptada. En la Plaza de la República se pueden ver por ejemplo puestos de las Juventudes Comunistas, del Nuevo Partido Anticapitalista y de la Francia Insumisa, un grupo liderado por el ex candidato presidencial del Frente de Izquierda Jean-Luc Mélenchon. Por ahí han pasado además referentes de distintas tendencias de la izquierda europea, incluido el ex ministro de Finanzas griego Yanis Varoufakis. En los debates que se arman por las noches –sobre precariedad, inmigración, refugiados, el Ttip, derechos civiles, violencia social, consumo, etcétera–, el del futuro del movimiento, su ampliación y hacia dónde ir, es de los que más caldea los ánimos...



(No) Futuro


El 20 de abril tuvo lugar en la Bolsa del Trabajo de París, a muy poca distancia de la Plaza de la República, una discusión sobre el futuro de La Nuit Debout. La convocó el equipo del diario Fakir, dirigido por el cineasta François Ruffin, realizador de Merci, patron!, la película símbolo del movimiento (véase recuadro), y dos de las comisiones de los movilizados (Convergencia de las Luchas y Huelga General). El objetivo de los convocantes era claro: “inyectar política en algo que se ha ido transformando en un ágora gigante” algo descosida, según resumió una cronista del diario digital Médiapart. Ruffin dijo entonces, y lo planteó nuevamente algunas semanas después, que si el movimiento no busca confluir con los sindicatos obreros se agotará en sí mismo. “Con La Nuit Debout ya respiramos mejor. Emociona, pero necesitamos un plan de batalla, una maduración política y eso vendrá de la mano de la confluencia con los sindicatos.” Entre los 350 participantes que se sucedían en la tribuna estaba Serge Halimi, director de Le Monde Diplomatique, para quien el movimiento francés debe evitar caer en la deriva en la que cayó el neoyorquino Occupy Wall Street, que “se enamoró de sí mismo” y murió de narcisismo. “Hay que trascender las luchas reivindicativas y la crítica para inscribir al movimiento en el largo plazo una vez que las manifestaciones y la ocupación decaigan”, declaró Halimi, que propuso a los nocheros franceses vincularse a la resistencia al Ttip, tanto o más “peligroso” que la reforma laboral de Hollande, para darle globalidad a un movimiento que “necesariamente debe tener una dimensión transfronteriza”. Pero entre los asambleístas de la Bolsa del Trabajo la idea que resonó con más fuerza fue la de ir preparando una huelga general. Según otro portal, Rue 89, alguien hizo referencia a que le alegraba que “algunas buenas consignas de los años setenta, como la de la unidad obrero-estudiantil, volvieran al centro de la escena, aunque también reconoció que los eventuales actores de esa deseada unidad son hoy muy distintos a lo que eran hace cuarenta años. Eso dificulta en mucho las cosas y crea malos entendidos mayores aun que los que había en los setenta”.


Pero si “malos entendidos” hay entre los jóvenes de las plazas –aun entre aquellos más afines a buscar la confluencia– y los sindicatos, qué decir de los que existen entre esos jóvenes y los habitantes de las ciudades periféricas, fundamentalmente los “no blancos” de piel, que tienen la sensación de que los rebeldes de La Repúblique no pasan de ser “unos pocos miles de hijos malhumorados o más o menos marginales de la pequeñoburguesía urbana, intelectual y blanca parisina”, según dijo en otra reunión una militante barrial de origen árabe. Ruffin reconoce la realidad de ese “muro” y es una de sus “obsesiones” destruirlo, pero no son pocos los colectivos de los barrios periféricos que sostienen que las buenas intenciones son una cosa y la realidad otra. “La izquierda de la izquierda hace años que admite su distancia con los jóvenes de los barrios populares, pero nada hace en los hechos para que nos sintamos atraídos hacia un movimiento como este”, sostiene por ejemplo la militante antirracista Sihame Assbague. Mohamed Mechmache, presidente de una asociación que forma parte de un colectivo de 200 grupos barriales (Pas Sans Nous, “No sin nosotros”), reclama que se los escuche “en serio”. “Ustedes se dicen indignados. Nosotros estamos indignados hace añares”, declaró en una reunión convocada por La Nuit Debout. “Más de treinta años llevamos los barrios populares en estado de emergencia. No se nos aplica el derecho, y los jóvenes de buena familia no se imaginan la violencia y la opresión escandalosa que vivimos en nuestros barrios”.


Daniel Gatti

Publicado en Internacional

Siete de los nuevos ministros, bajo investigación judicial por corrupción

 

Dilma Rousseff, la presidenta alejada de su mandato mientras se desarrolla en el Senado un juicio político en su contra, dirigió un discurso a la nación la mañana de ayer. En seguida abandonó el Palacio de Planalto y se dirigió a la residencia presidencial, que seguirá ocupando hasta que se llegue a un resultado definitivo del juicio.


Una vez más se declaró inocente de los crímenes de responsabilidad de los cuales se le acusa. En tono emotivo, alertó: “lo que está en juego no es mi mandato, es el respeto a las urnas, a la voluntad soberana del pueblo”. Mencionó sus tiempos de presa política de la dictadura y el cáncer que padeció. Dijo que enfrentó “el dolor indescriptible de la tortura, el dolor agobiante de la enfermedad”, y agregó que ahora enfrenta “el dolor innombrable de la injusticia”.


Por la tarde, el presidente interino, Michel Temer, confirmó que actuará como presidente efectivo, aunque no haya sido electo para el puesto (es, formalmente, el vicepresidente en funciones), y presentó al país su gabinete.


Preocupado por dar muestras de austeridad en tiempos de crisis, redujo el número de ministerios de 32 a 22. Un rápido vistazo a lo que desapareció o perdió espacio indica lo que se podrá esperar de lo que Temer llamó “gobierno de salvación nacional”. El Ministerio de Cultura desaparece. Por el masivo rechazo de intelectuales y artistas al golpe institucional consagrado en la madrugada de ayer, no hubo sorpresa.


Las secretarías de Derechos Humanos, Igualdad Racial y Mujeres también desaparecen.


El nuevo ministro de Justicia se llama Alexandre de Moraes. Fue abogado personal de Eduardo Cunha, quien dirigió el golpe institucional hasta que su mandato de diputado fue suspendido por el Supremo Tribunal Federal. Hasta ayer Moraes era secretario de Seguridad Pública de Sao Paulo, y se destacó por la truculencia desbordada con que ordenó reprimir cualquier manifestación popular que no fuese en defensa de la destitución de Rousseff.


El nuevo titular del Gabinete de Seguridad Nacional, que abarca todo el servicio de represión e inteligencia del “gobierno de salvación nacional”, es el general Sergio Etchegoyen. Cuando la Comisión de la Verdad difundió su informe final y denunció los crímenes del terrorismo de Estado durante la dictadura (1964-1985), Etchegoyen calificó el documento de “irresponsable”. Es que su padre, el general Leo Etchegoyen, aparece acusado (con base en diversos testimonios) de violador y torturador.


En el reparto, el partido de Temer, el PMDB, se quedó con seis ministerios, el mismo número que tenía en el gobierno de Dilma. El PSDB, derrotado en las cuatro últimas contiendas presidenciales, vuelve con fuerza: obtiene tres ministerios. Otro que vuelve al gobierno es el partido derechista DEM, al cual le dieron el Ministerio de Educación, con Mendonça Filho como titular, quien no tiene antecedentes de actuación en el área.


Una característica común a los integrantes del gabinete: son todos hombres, blancos y muy ricos. Blairo Maggi, multimillonario, uno de los mayores productores mundiales de soya, asume la cartera de Agricultura. Maggi es uno de esos terratenientes que padecen ataques de urticaria ante la simple mención de las palabras “reforma agraria”.


Otra característica de los integrantes del “gobierno de salvación nacional”: siete de ellos están bajo investigación judicial por corrupción, inclusive Romero Jucá, el designado para Planificación, en cuyas manos estará el proyecto de asociación entre el sector público y el privado.


José Serra, del PSDB, dos veces derrotado por el PT en sus intentos por alcanzar la presidencia, quería la cartera de Hacienda. Al darse cuenta de que no lo lograría, se animó con Planificación. Para consolarlo le dieron Relaciones Exteriores. Es un nombre nacionalmente conocido, lo que le da al gobierno cierto barniz.


Otro ampliamente conocido es Henrique Meirelles, que asume el Ministerio de Hacienda, el más poderoso. Para facilitar su trabajo, en su discurso de ayer el presidente interino Michel Temer anunció que pretende “adecuar el tamaño del Estado” e imponer la “desestatización”. También anticipó una serie de reformas, entre las cuales destacó la legislación laboral y el sistema de jubilaciones.


Todo eso, sumado, suena a Brahms a los oídos de un neoliberal de pura cepa como Meirelles. Vale recordar que en sus tiempos de presidente del Banco Central, en los dos mandatos de Lula da Silva, su radio de acción era mucho más limitado.


La composición del gabinete del presidente interino decepcionó a analistas y, principalmente, al mercado financiero.


Lula, Rousseff, el PT y los demás partidos de izquierda, junto a centrales sindicales y movimientos sociales, reiteraron que consideran ilegítimo el gobierno de Temer y, una vez más, prometieron resistir y luchar para revertir el actual panorama en lo que dura juicio en el Senado de la presidenta electa y ahora apartada del cargo.


Nada en el escenario permite prever tiempos serenos para Temer. Al contrario.

Publicado en Internacional
Domingo, 06 Marzo 2016 06:00

El concepto de transición

Se habla mucho de transiciones para calificar periodos de cambio socioeconómico o político. Es el caso actualmente frente al agotamiento de las experiencias posneoliberales en América Latina por razones externas (crisis mundial) e internas, lo que no significa el agotamiento de las luchas antisistémicas. El término puede tener muchos sentidos, según la lectura de los eventos. Carlos Marx desarrolló el concepto de transición a propósito del paso del modo de producción feudal al capitalismo en Europa y Maurice Godelier, economista y antropólogo francés, lo resume de la manera siguiente: es la fase particular de una sociedad que encuentra más y más dificultades a reproducir el sistema económico y social sobre el cual ella se funda y empieza a reorganizarse sobre la base de otro sistema que se trasforma en la forma general de las nuevas condiciones de existencia (Maurice Godelier, 1982, 1165). Se trata evidentemente de procesos largos, no lineares, más o menos violentos de acuerdo con las resistencias de los grupos sociales involucrados. Muchos analistas estiman que el capitalismo llegó al fin de su papel histórico porque se ha vuelto un sistema destructor de las propias bases de su éxito, la naturaleza y el trabajo, como ya lo decía Carlos Marx. Es así que Samir Amin habla del capitalismo senil, que Immanuel Wallerstein publicó un artículo en medio de la crisis financiera diciendo que se asiste al fin del capitalismo y que István Mészarós habla de su incapacidad de asegurar el mantenimiento del metabolismo social de la humanidad (2008, 84).


Si, por una parte, se puede aceptar la idea de que estamos viviendo una transición del modo de producción capitalista a otra forma y que el proceso puede ser precipitado por la crisis climática, por la otra, no se debe olvidar que un tal cambio será el resultado de un proceso social y que no puede realizarse sin luchas ni una transformación de las relaciones de fuerza. En otras palabras, el capitalismo no caerá por sí solo y la convergencia de todas las luchas sociales y políticas es un requisito para llegar a un resultado. La historia nos enseña que el capitalismo es capaz de transformar sus propias contradicciones en un aporte al proceso de acumulación. Ya se habla de un capitalismo social y de un capitalismo verde. La elaboración teórica del concepto en el contexto histórico de la crisis sistémica actual permitirá la elaboración de instrumentos de evaluación de las experiencias sociales y políticas en curso. Es particularmente el caso en América Latina con los regímenes que empezaron procesos de cambio y que se reclaman del socialismo del siglo XXI. La cuestión fundamental es de saber en qué medida las experiencias políticas latinoamericanas fueron transiciones hacia otro modelo social o adaptaciones del capitalismo contemporáneo a las nuevas demandas ecológicas y sociales.


Las transiciones que pueden conducir a un cambio de paradigma son numerosas, pero exigen una visión específica. De hecho muchas de las medidas presentadas como transiciones son adaptaciones del sistema y no orientaciones hacia una construcción realmente pos-capitalista. Eso se nota en todos los países del Sur y también a los tratados que se concluyen entre países del Sur o en el cuadro de las políticas del BRICS. El apoyo al desarrollo de un capitalismo moderno en América Latina, el acaparamiento de tierras en África por parte de India y de China, la extensión de los monocultivos en Asia del suroeste para la producción de agrocombustibles o de madera, no son transiciones, sino nuevos caminos hacia un capitalismo nuevo, con todas las consecuencias de concentración del poder económico y de ignorancia de las externalidades (daños ambientales y sociales) que constituyen las características de todo capitalismo, aun el verde y el social.


El concepto puede también ser aplicado a procesos particulares dentro de una transformación general, por ejemplo en los campos económicos, sociales, culturales, políticos, religiosos, etcétera. En todo caso, se trata, sin perder la radicalidad de los objetivos, de definir las acciones que pueden conducir al resultado (otro paradigma de desarrollo humano) teniendo en cuenta, por una parte, las circunstancias concretas del desarrollo material, y, por otra, las relaciones de fuerza existentes en los campos económico-social y político. Un ejemplo típico son las economías de extracción, que, a pesar de ser dañinas ecológica y socialmente y de ser dominadas ampliamente por los interés del capital, no pueden ser paradas de un día al otro en los países que, en América Latina, por ejemplo, empezaron cambios importantes, porque, entre otros factores, constituyen la fuente financiera de las nuevas políticas. Es el caso de Venezuela, del Ecuador y de Bolivia. La transición consistiría: 1) en iniciar una política económica basada sobre las necesidades del mercado interior (lo que es a largo y mediano paso); 2) en promover leyes ecológicas y sociales más estrictas para las explotaciones; 3) hacer pagar sus costos (daños ambientales y sociales) a los usuarios, y 4) promover una legislación internacional para evitar el fenómeno de las ventajas comparativas en favor de los que aplican regulaciones más laxas.


La utilización de este instrumento conceptual no puede servir de pretexto a concesiones políticas o ideológicas de tipo socialdemócrata, es decir, aceptando que el desarrollo de las fuerzas de producción exige la adopción de principios, herramientas y recetas del capitalismo. Eso se traduce en el reforzamiento del poder de las clases sociales más opuestas a un cambio de modelo, como es el caso del Brasil, a pesar de avances en otros dominios. O también, como sucede en países socialistas, se crean nuevas diferencias sociales que inevitablemente alargarán un proceso de transición, tal como en China o en Vietnam.


De verdad eso plantea un problema fundamental: ¿cómo desarrollar las fuerzas productivas en una perspectiva socialista, es decir, en función del bien común de la humanidad y cuáles fuerzas desarrollar en prioridad? Es un problema que los países socialistas y los regímenes progresistas que nacieron desde la Segunda Guerra Mundial, no pudieron resolver adecuadamente y que fue el origen, tanto de los fracasos, como de la orientación neoliberal de la mayoría de ellos. Como lo decía Maurice Godelier en sus cursos en la Universidad Católica de Lovaina: El drama del socialismo es que ha tenido que aprender a caminar con los pies del capitalismo.


Frente a esto urge, por ejemplo, desarrollar la agricultura campesina orgánica, como se lo propuso en un seminario asiático en la Universidad Renmin (popular) en Pekín en 2010 y en otro, latinoamericano, en La Paz en 2013, en vez de promover los monocultivos de una agricultura agroexportadora; o también, reorganizar la red de ferrocarriles locales en América Latina, en vez de adoptar los proyectos del IIRSA (la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Sudamericana). Muchas otras propuestas podrían ser pensadas como elementos de una verdadera transición que no sea una simple adaptación al sistema.


Por François Houtart, sacerdote católico. Fundador del Centro Intercontinental de la Universidad Católica de Lovaina

Publicado en Política

Poco antes de las 7 de la mañana de ayer la Policía Federal se presentó en el departamento donde reside el ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva, en San Bernardo, cordón industrial de San Paulo. Poco antes la escolta a que Lula tiene derecho como ex mandatario había llegado al local y lo advirtió de la presencia de la policía judicial. El mismo Lula abrió la puerta.
Cumpliendo órdenes del juez de primera instancia Sergio Moro, la Policía Federal condujo a Lula da Silva hasta el aeropuerto metropolitano de San Pablo. En la sala reservada a las autoridades –una gentileza concedida a la figura política de mayor relieve en Brasil– Lula prestó declaraciones a lo largo de casi cuatro horas.


En más de una ocasión se irritó con las preguntas de los comisarios de la Policía Federal, por ejemplo cuando le preguntaron sobre botellas –algunas, de vino importado– encontradas en la casa de campo que el ex presidente frecuenta los fines de semana. También sobre los dos barquitos que su esposa compró para los nietos de la pareja. ¿Es que no tienen nada más importante para hacer que preguntarme estupideces?, espetó Lula da Silva a sus interrogadores.


Un abogado que acompañó el interrogatorio contó que Lula contestó a todas las preguntas sin titubear un solo instante.
La noticia de que el ex presidente fue blanco de una orden de conducción coercitiva para prestar testimonio tuvo inmenso impacto en todo el país. Por la tarde, Lula y la presidenta Dilma Rousseff manifestaron su indignación por la medida adoptada por el juez Sergio Moro. También Marco Aurelio Mello, integrante del Supremo Tribunal Federal, instancia máxima de la justicia en Brasil, criticó, por abusiva, la medida determinada por el responsable por la Operación lavado rápido, que investiga el esquema de corrupción descubierto en la estatal Petrobras.


Figura prominente del principal partido de oposición, el PSDB, José Gregori, ministro de Justicia y luego de Derechos Humanos del gobierno de Fernando Henrique Cardoso, denunció lo que considera un evidente abuso del juez de provincia. El economista Luis Carlos Bresser-Pereira, uno de los fundadores del PSDB, fue más contundente al afirmar: “ya es hora de que el Supremo Tribunal Federal haga una intervención en la Operación lavado rápido, para impedir que sigan ocurriendo violaciones como encarcelamientos temporales o la conducción coercitiva de un ex presidente que siquiera había sido convocado a declarar”.


Por la tarde, Lula da Silva fue contundente. No era necesario que Moro mandase gente a mi casa, a las de mis hijos y de mis compañeros de militancia, dijo con aire indignado, recordando que solamente este año ya ha comparecido en tres ocasiones para prestar declaraciones. Ha sido un gesto de prepotencia, agregó.


Lula recordó que durante sus dos mandatos (2003-2010) se concedió autonomía a la Policía Federal e independencia al Ministerio Público. Lo hicimos, dijo, porque creemos en la democracia. Moro, no. Mucho antes de Moro, yo ya era un demócrata. Mientras él no hacía nada, nosotros luchábamos para devolver la democracia al país.


El ex presidente, luego de declararse indignado por la afrenta, fustigó el esquema construido por la Policía Federal, el tribunal de Moro y los grandes medios de comunicación: A las 7 de la mañana, cuando mis abogados no sabían nada, y yo menos, algunos medios ya anunciaban el operativo.


Los argumentos de la Policía Federal y del Ministerio Público que integran la Operación lavado rápido para solicitar la conducción coercitiva de Lula, prontamente acatados por el juez Moro, se refieren, de manera vaga y amplia, a las contribuciones de grandes empresas al Instituto Lula. Además, se insinúa que las charlas impartidas por Lula en Brasil y otros países eran un disfraz para compensarle dinero de sobornos cobrados en Petrobras.


También se acusa a Lula de haber ocultado patrimonio, en especial un departamento en el decadente balneario de Guarujá y una quinta a hora y media de Sao Paulo. Los dos inmuebles serían, alegan, un soborno disfrazado para Lula.
El ex mandatario ya aseguró reiteradamente que no es dueño del departamento en la playa ni de la quinta, que pertenece a un antiguo compañero de militancia, su amigo desde hace más de 40 años.


Lula da Silva explicó que en sus charlas en el exterior, por las cuales cobraba hasta 200 mil dólares –está todo en mi declaración al fisco–, las preguntas del público se referían siempre a los logros sociales alcanzados por Brasil a partir de su llegada al gobierno. ¿Por qué Bill Clinton puede venir a Brasil, como vino hace poquito, y hablar en la Confederación Nacional de la Industria y cobrar un millón de dólares, y yo no puedo contar a amigos africanos o latinoamericanos cómo hicimos para disminuir la miseria en este país de injusticias eternas?


Lula anunció que está listo para recorrer el país defendiendo su historia y la del PT. Quisieron matar a la yarará, pero en lugar de golpearla en la cabeza golpearon la cola. Y la yarará está viva y lista para volver, dijo en clara referencia a las elecciones del 2018.


Lo más grave de esa historia, sin embargo, es que exhibió que el esquema formado entre el juez Moro, la Policía Federal, el Ministerio Público y la gran prensa hegemónica encontró su punto ideal.


La detención de Lula sugiere que Moro es un magistrado sin límites, y que actúa en perfecta armonía con el calendario golpista. Acosando a Lula, acosa a Dilma. Con eso, fortalece el debilitado proceso de impugnación que duerme en la Cámara de Diputados, faltando poco más de una semana para las manifestaciones callejeras convocadas por la derecha más radical para el domingo 13 de marzo.


La euforia registrada en el mercado financiero –el dólar cayó en picada y el índice Bovespa subió como un cohete: 4.2 por ciento– muestra quienes son los que se alegran con la perspectiva de la defenestración de Dilma Rousseff y la degradación de Lula.

Publicado en Internacional

Más de 3 meses de huelga se necesitaron para que trabajadores y directivos de Goodyear Colombia, empresa con asiento en Yumbo, Valle, llegaran a un acuerdo que pusiera fin al conflicto laboral iniciado desde el 13 de octubre pasado, día en que la totalidad de los 174 trabajadores afiliados a Sintraincapla, sindicato de industria, votaron la huelga tras el fracaso en la negociación de la nueva convención colectiva.

Si bien el acuerdo se firmó el pasado 20 de enero, solo el 10 de febrero se reiniciarán actividades en la planta de Yumbo debido a que desde el 23 de enero los trabajadores tomaron su periodo de vacaciones.

Este hecho Sintraincapla lo reclamó como un triunfo, toda vez que Goodyear no logró lo que pretendía, que era imponer un contrapliego que aumentaba los días de trabajo, rebajaba los permisos sindicales, atacaba la estabilidad laboral y cambiaba los modelos de contratación. Además, solo reconocía el 4% de aumento salarial, cuando el sindicato pedía el 9.5%.

En contra de las pretensiones de la empresa, mediante el recurso legal de la huelga el sindicato logró mantener la estructura de la convención colectiva y mejorar incluso algunos porcentajes. El reajuste salarial quedó en 8,5% para el primer año y del IPC para los años siguientes, y los demás beneficios económicos (educación y vivienda, entre otros) aumentaron entre el 8.5% y el 10%. También logró un bono de 25 días de salario básico para cada trabajador por la firma de la convención.

En lo único que perdió el sindicato fue en el tiempo de vigencia de la convención, que quedó de 5 años, cuando su pretensión era de 3 años, dijo a esta agencia Julio César Perea, secretario de la seccional de Sintraincapla-Cali.

Sobre las razones que hubo de por medio para que la huelga durara tanto tiempo, el dirigente señaló: "Desafortunadamente estas empresas son manejadas por gente que no está capacitada para conducir una negociación", refiriéndose a que el jefe de la delegación negociadora de la empresa fue un funcionario chileno que vino desde Perú, con poco conocimiento de la operación en Colombia. "Fue torpe al tratar de imponer el contrapliego, que nunca prosperó, pero nos perjudicó a todos, a los trabajadores y a la misma empresa", agregó Perea.

Además, en el desarrollo de la negociación la empresa desplegó diferentes maniobras para desestabilizar la organización sindical; y luego, durante la huelga, intentó deslegitimizarla con recursos jurídicos: desde demandas contra la junta directiva de Sintraincapla por injuria y calumnia hacia representantes de la empresa, hasta solicitud al Ministerio de Trabajo para que interviniera ya que presuntamente había habido irregularidades en el proceso de huelga, sin argumentación ni pruebas.

Durante los 104 días que duró la huelga, los 172 trabajadores sindicalizados permanecieron en carpas instaladas en las afueras de la fábrica, y mantuvieron un estricto plan de contingencia para preservar las máquinas y equipos de la empresa.

La fábrica de Goodyear en Yumbo opera con 500 trabajadores, 320 de ellos con contrato directo. Es una de las 5 plantas que esta multinacional estadounidense tiene en América Latina, desde donde atiende tanto el mercado nacional como el de los países vecinos de la región. Tanto así que exporta el 80% de su producción. Además, se beneficia de la participación en el mercado como único productor de llantas en Colombia, luego del cierre de la planta de Michellin el año pasado, también en el Valle del Cauca.

Según datos de la Supersociedades, Goodyear Colombia genera utilidades operacionales por $321.047'785.000, y sus costos laborales apenas son del 4.6% de esos ingresos operacionales, que es un margen bastante bueno para cualquier empresa. Sobre esa base el sindicato elaboró su pliego petitorio.

En Colombia lleva 71 años de operación, y en todo este tiempo ha tenido 6 huelgas, la penúltima en 1991, que se prolongó durante 54 días.

Publicado 28 de enero de 2016.

Publicado en Colombia
Domingo, 25 Octubre 2015 06:28

El Che: la perduración del mito

El pasado 9 de octubre se cumplieron cuarenta y ocho años de su muerte. Fue uno de los grandes iconos de mi generación. En el verano del '68, en los meses del Movimiento Estudiantil, su retrato se repetía múltiplemente en las calles y plazas de Ciudad de México. Frases de él, una real, y otra atribuida, se leían en grafiti en los muros y en pequeños carteles como pequeñas catedrales: Hasta la victoria siempre y Seamos realistas, exijamos lo imposible. La segunda frase, cuya autoría real es de Herbert Marcuse, y la cual es acaso la más conocida, cifra como ninguna lo que buena parte de la generación del '68 anhelaba más intuitiva que racionalmente: la utopía revolucionaria y la encarnación de la utopía. Es curioso, fue un extranjero, Ernesto Guevara, quien personificaba mejor en el '68 mexicano la aspiración al cambio, uno de los varios motivos para que funcionarios del criminal régimen diazordacista arguyeran como prueba de que los estudiantes –dicho en su lenguaje bufo– se intoxicaban de "ideas exóticas" e "influencias extranjerizantes".


Tres grandes narradores argentinos, disímbolos ideo-lógicamente, escribieron admirativamente sobre Ernesto Guevara: Ernesto Sabato (1911-2011), Julio Cortázar (1914-1974) y Ricardo Piglia (n. 1940). Es curioso, para ellos fue Ernesto Guevara o sólo Guevara, porque Che, a fin de cuentas, puede ser cualquier argentino, incluyendo a ellos mismos. O más precisos: para Piglia, el que a Guevara lo llamaran Che significaba en el extranjero su identificación argentina; en lo demás podía pertenecer a cualquier país latinoamericano o del Tercer Mundo.


El adolescente Guevara había leído con admiración de Sabato Uno y el universo, y aun le escribió una carta diciéndoselo luego del derrocamiento de la dictadura de Fulgencio Batista. En un discurso muy emotivo ("Homenaje a Ernesto Guevara"), leído en la Universidad de París veinte días después de la muerte del Che, Sabato trata de explicar(se) su muerte, y escribe que más que morir por elevar la vida del pueblo de la miseria –eso está implícito–, su anhelo fue crear "el ideal de un Nuevo Hombre", lo cual será dable por la comunión de hombres libres y dignos y no por aquellos "vueltos máquinas y seres numerados". Una nueva sociedad, sí, pero lejana a los dos grandes imperialismos de entonces: ni la del comunismo burocrático totalitario de la urss y los países europeos del este, ni la consumista y robótica estadunidense.


Si para Piglia el Che Guevara representa el romántico y el héroe, muy parecidamente para Sabato "su carencia de sentido realista" deja para la posteridad una "imagen romántica y solitaria", un hombre que muere "a la cabeza de un pequeño pelotón perdido". Julio Cortázar lo ve de alguna manera así en su cuento "Reunión" (Todos los fuegos el fuego, 1966), que narra el desembarco de los rebeldes del Granma y los primeros días de la lucha en Cuba, y sobre todo en un poema que escribió inmediatamente después de la muerte del Che y que adjuntó en una carta a Roberto Fernández Retamar.


Con objeto de subrayar su condición romántica, Sabato y Piglia –uno, en el discurso de homenaje, y otro, en su extraordinario ensayo "Ernesto Guevara, rastros de lectura" (El último lector)–, citan la carta de Guevara de adiós a sus padres, escrita en Cuba, donde se compara con el Quijote, o si se quiere, lo toma como el modelo idealista: "Otra vez siento bajo mis talones el costillar del Rocinante, vuelvo mi camino con mi adarga al brazo." Es decir, destacaría Sabato: Guevara tiene el espíritu quijotesco: es "el hombre puro de corazón, lanza en ristre y coraje invencible". Para Piglia sería también una forma de unir lectura y vida: "La vida se completa con un sentido que se toma de lo que se ha leído en una ficción." Es simplemente el que deja todo para irse a una aventura con un destino menos incierto que trágico.


LA ETERNIDAD DE LOS SÍMBOLOS


Sabato y Piglia coinciden en que es imposible imaginar a Guevara como un funcionario burócrata en el aparato comunista. En su cuento y en su poema, Cortázar lo retrata a través de los hechos como un hombre de acción, y para Piglia, dicho explícitamente, es el hombre de acción por excelencia, "una suerte de modelo mundial del revolucionario en estado puro". Guevara, vaticinaría Sabato, quedará en "la perduración de las banderas, la eternidad de los símbolos"*.


Sabato y Piglia resaltan la renuncia de Guevara a su condición burguesa. De su lado, Sabato argumenta que los "grandes revolucionarios, acaso los mejores, [salieron de] entre las filas de las clases privilegiadas: desde príncipes como Kropotkin hasta burgueses como Marx y Engels". Piglia enfatiza aún más sobre esta renuncia señalando tres aspectos: su vestimenta sin ningún aliño, su desdén por el dinero y la identificación en sus viajes sin dirección fija por América Latina con "el linyera, el desclasado y el marginal, los enfermos y los leprosos, los mineros bolivianos, los campesinos guatemaltecos y los indios mexicanos".


Uno de los temas recurrentes en la literatura de Piglia es el de la lectura, o el de lectura y escritura, y en el caso de Guevara –visto por él–, ambas experiencias unidas a la acción política. ¿No cita Piglia de Guevara dos frases dichas en el Congo sumamente ilustrativas? La primera: "Mi impaciencia es la del hombre de acción", y la otra: "Mis dos debilidades fundamentales: el tabaco y la lectura" (el subrayado es mío). En su ensayo, Piglia recuerda tres imágenes de la vida de Guevara que relacionan lectura y lucha guerrillera: una (coincide con el epígrafe del cuento "Reunión", de Cortázar) es cuando al desembarcar del Granma, herido, recuerda un cuento de Jack London, en que el personaje, abrumado por la nieve, de hecho sin salida, se recarga en un árbol y sólo piensa en morir con dignidad. En esas horas cuando son bombardeados por la aviación del ejército de Fulgencio Batista, Guevara anhela, como el personaje de London, morir con dignidad.
La segunda imagen es la de una fotografía en Bolivia donde está leyendo arriba de un árbol. Son los días de la feroz persecución y no encuentra mejor manera de abstraerse y al mismo tiempo de no estar desprevenido frente a un ataque, que leer de una manera que recuerda al barón rampante de Italo Calvino.


La tercera imagen es devastadoramente conmovedora. Débil, con la pierna herida, totalmente cercado en Ñancahuazú ¿qué lleva sólo Guevara consigo? Un portafolios donde hay su diario de campaña y libros. El hombre de acción por excelencia, sí, diría Piglia, pero también a su manera, el último lector. Y aún más: su diario de campaña boliviano es de hecho la continuación en el tiempo de los diarios que escribió en sus viajes y en Cuba y en el Congo, o sea, es también la última escritura.


"En cualquier lugar que nos sorprenda la muerte, bienvenida sea", dijo alguna vez Guevara. En efecto: perdió todo en la apuesta, pero sabía, deliberada o inconscientemente, que iba a perderla. ¿No dijeron cercanos a él que se había ido a Bolivia –añadiríamos desde luego al Congo– como una forma de suicidio calculado? ¿No sabía muy bien –y si no lo sabía, lo averiguó muy pronto– que en el Congo sobre todo, y en Bolivia, eran muy otros los códigos, y que al no entenderlos ni menos descifrarlos, encontró incomprensión, desesperación, fracasos? ¿Qué hay después de Cuba, sobre todo en Bolivia, si no aislamiento, paulatino abandono de los compañeros, la traición de los comunistas, las derrotas sucesivas, la ventana al sacrificio, la muerte? ¿Pero no es todo ese fracaso, que se vuelve triunfo en la posteridad, lo que vitaliza la perduración del mito?


Por una coincidencia extraña, que ligan de nuevo vida y literatura, casi once años después del desembarco del Granma, el 8 de octubre de 1967, Guevara es aprehendido por soldados bolivianos en Ñancahuazú, y llevado a una escuelita en el pequeño pueblo de La Higuera, donde a la mañana siguiente lo ultimará a tiros en el salón de clases el sargento Mario Terán. El anhelo del tipo de muerte del personaje de London se cumple al fin en el anhelo del tipo de muerte de Guevara: morir con dignidad. ¿Quién lo mata? A Cortázar le parece dolorosa la paradoja: un hombre del pueblo, o sea, uno de aquellos por los que Guevara luchó.


* Para Octavio Paz no fue un romántico, sino "un justo trágica y radicalmente equivocado", uno que dio la pauta del "blanquismo" en las formas de lucha revolucionaria en las décadas de los sesenta y los setenta". Y cita a Engels: "De la concepción de Blanqui se desprende la necesidad de una dictadura después del triunfo del golpe de Estado revolucionario. Su concepción afirma que cada revolución es un golpe de Estado ejecutado por un pequeño grupo de revolucionarios" (El ogro filantrópico, "Aterrados doctores terroristas", 1979). En otro artículo ("Los centuriones de Santiago"), Paz criticó asimismo que Guevara quisiera imponer su ascetismo socialista a los trabajadores cubanos.

Publicado en Política
Viernes, 28 Agosto 2015 05:52

De Trotsky a Kissinger

Si la primera mitad del siglo XX fue la época de Franz Kafka, Sigmund Freud, Walter Benjamin, Rosa Luxemburgo o León Trotsky, la segunda lo ha sido más bien de Raymond Aron, Leo Strauss, Henry Kissinger y Ariel Sharon (p. 13).


Así Enzo Traverso, el historiador italiano, pone el dedo en la llaga e identifica la peculiar transposición de los acentos políticos e intelectuales en la judeidad a lo largo del siglo pasado (El final de la modernidad judía: historia de un giro conservador, 2013, 235 pp.).


Y una cita más de su excelente ensayo, también incluida en la portada (raras veces logra el editor sintetizar y/o reflejar tan bien el contenido de un libro, aunque todos los aplausos van al autor y su pluma):
Si antes la voz de los intelectuales y políticos judíos, recurriendo a las metáforas musicales tan caras a Theodor W. Adorno y Edward W. Saïd, se manifestaba a manera de contrapunto, era disonante, hoy día ya se funde en la armonía con el discurso dominante (p. 14).


Ambos señores W –que escondían así su apellido paterno–, no sólo grandes intelectuales (uno alemán, en parte judío, otro, palestino-estadunidense), sino grandes amantes de la música (uno musicólogo y compositor, aprendiz de Alban Berg, otro pianista-amateur y fundador de la WEDO, una orquesta judía-árabe) representan también un curioso pase de estafeta.


A la hora del ocaso del pensamiento crítico judío, cuando la mayoría de sus intelectuales abraza al proyecto colonial sionista y occidentalismo, Saïd, que dice ser el único verdadero seguidor de Adorno e incluso el último intelectual judío –¡sic!– (véase: Haaretz, 18/8/00), funde en su obra –bien subraya Traverso (p. 234)– la tradición mejor representada por la Escuela de Fráncfort, llena de outsiders judíos, con el poscolonialismo haciendo de él una nueva crítica de la dominación e imperialismo.


***


La modernidad judía (1750-1950) –desde la emancipación hasta el postgenocidio y el surgimiento de Israel–, tras dos siglos de la excepcional creatividad intelectual, política, científica y artística, finalmente agota su rica trayectoria.


Su fin está marcado por las ausencias y un radical giro conservador.


El vacío dejado por la figura de un intelectual revolucionario judío cosmopolita e internacionalista –cuya encarnación es el propio Marx, seguido por Rosa Luxemburgo, Karl Radek o Isaac Deutscher (los tres últimos judíos-polacos en búsqueda de una identidad posnacional más allá de su judeidad y el tóxico nacionalismo polaco)–, o la tradición socialista en torno al idish de Bund, un partido antisionista y pro asimilación que perece casi por completo en el Holocausto y cuyos restos quedan rematados en los kibutz –las (supuestas) comunas utópicas en Israel–, es llenada por el nacionalismo sionista (corriente hasta aquel entonces minoritaria) y "la intelligenstia judía neoconservadora que transforma el universalismo en occidentalismo" (p. 102).


De Trotsky a Kissinger, de un judío revolucionario a un judío imperialista –dos paradigmas antinómicos de la judeidad (p. 12)–, es el paso que mejor simboliza la derechización de la comunidad judía (sin olvidar las notables excepciones).


Es muy significativo: en un lapso de apenas 50 años la principal figura judía en el mundo ya no representa el comunismo y la amenaza a la civilización (Trotsky), sino el virulento anticomunismo y la salvación de Occidente (Kissinger).


Los mismos círculos que ayer y por mucho menos (su origen judío incluido) quieren colgar a Trotsky de un farol más cercano, hoy absuelven a Kissinger de cualquier pecado (los genocidios desde Cambodia hasta Chile incluidos).


¿Recuerdan las reacciones al yo acuso de Christopher Hitchens (The trials of Henry Kissinger, 2001)?


...Y falta aún la indignación al yo acuso también de Greg Grandin (Kissinger's shadow, 2015).


Mientras uno es el clásico intelectual orgánico de la revolución, otro es el clásico intelectual del imperialismo, o más específicamente, según Grandin, promotor de un particular existencialismo imperialista (The Nation, 9/6/15).


Mientras para Trotsky –que de hecho, según Traverso, una vez en el poder deja de ser un intelectual para volver a serlo solo en el exilio (¿Où sont passés les intellectuels?, 2013, p. 42)– el imperialismo es el enemigo, para Kissinger es una especie de vocación (p. 11).


***
Dos acontecimientos en particular (y/o dos hecatombes, según como se mire) influyen con el mencionado giro conservador:


• el Holocausto (que hace del viejo pueblo paria –los judíos– una minoría protegida en relación con la cual Occidente calibra su moralidad)
• y la fundación de Israel a.k.a Nakba (que acaba con la vieja condición paria, pero crea un nuevo pueblo paria –los palestinos– y dificulta sostener las posiciones universalistas o críticas dentro de la diáspora judía).


El giro tiene también su clara dimensión geográfica: es el ocaso de la centralidad de Europa y el desplazamiento del eje intelectual a Estados Unidos, donde el cosmopolitismo, sobre todo judío-alemán (vide: Kissinger) encuentra un puerto seguro y acaba su periplo (p. 68).


Allí ocurre una metamorfosis: los intelectuales judíos, huérfanos de Mitteleuropa, encuentran el sustituto para su mundo perdido en el imperialismo atlántico, y de antiguos perturbadores del orden pasan a ser sus ideólogos y pilares (p. 109).


El Holocausto marca el final de la efervescencia intelectual judía, pero también del pensamiento crítico occidental: la tradición intelectual europea de pensar por sí mismo (selbstdenken) y abogar por la causa universal deja el lugar a un enfoque particularista.


Allí está el punto central de Traverso: la judeidad, que durante la onda larga de la modernidad actúa más como contratendencia, cambia, pero sólo en consonancia con el resto del mundo; su mutación apenas sigue el desplazamiento del eje del mundo occidental, siendo un espejo de sus transformaciones (la derechización/conservadurización de las sociedades).


"¿Por qué razón –pregunta bien el autor– deberían seguir siendo los judíos el foco de la 'subversión' en un mundo que dio la espalda a la utopía tras la derrota histórica del comunismo y de las revoluciones del siglo XX?" (p. 11). (Continuará).


Twitter: @periodistapl

Publicado en Política
Página 1 de 2