Martes, 01 Marzo 2016 06:15

La ‘normalidad’ de Israel

En 1982, tras la invasión del Líbano y las matanzas de Sabra y Chatila, el escritor israelí Amos Oz entrevistó al general Ariel Sharon, luego primer ministro, pendiente entonces de una investigación oficial como ex responsable del Ministerio de Defensa. A lo largo de esa entrevista, un iracundo y sincerísimo Sharon asume sin complejos su condición de “judeo-nazi” y declara su disposición a hacer “el trabajo sucio” a fin de que Israel sea un país “normal”, con su pequeño “certificado de penales”, como Francia o Alemania, a los que sus pasados coloniales y genocidas no impiden ser ahora paladines de los derechos humanos, o como EEUU, que exterminó a todos los indígenas y hoy es campeón de la democracia.


No le importaría, dice, matar un millón de árabes o poner bombas en sinagogas para abriles el paso a “ustedes, los cantarines, los puros, los vegetarianos”. Él asumirá, dice, “ese certificado de penales y luego ustedes escribirán libros de arrepentimiento sobre mis crímenes”. Para que haya judíos normales, buenos, idealistas, judíos que escriben, que cantan, que dan ejemplos de moral, es necesario que antes “mi cañón y mi napalm hayan quitado a los indios las ganas de arrancar las cabelleras de vuestros hijos y de los míos, y que millones de yids hayan encontrado aquí una casa lo bastante grande como para acogerlos”. En cuanto hayamos acabado este capítulo, añade, “el de la violencia, entonces será vuestro turno, el turno de declamar vuestro texto. Produzcan para nosotros una hermosa cultura, unos valores, el humanismo.

Hagan la amistad entre los pueblos, la luz de las naciones, todo lo que quieran, la moral de los profetas. Hágannos un Estado judío humanista por el que todo el mundo se felicitará, y por el que ustedes se felicitarán los primeros”. Sharon, aclaremos, llama yids, lejos de su uso lingüístico estricto, a “los pequeños judíos pacifistas y antisionistas” a los que hay que amenazar cuanto haga falta para que entiendan que no tienen más casa que Israel: “yo haré lo que sea necesario para echar a los árabes lo más lejos posible de aquí, lo que sea para suscitar el antisemitismo, y ustedes escribirán poemas sobre la triste suerte de los árabes y acogerán a los yids que yo habré hecho que se refugien aquí”.


Planteado en los términos meridianos de Sharon, podemos decir que los sucesivos gobiernos sionistas no han expulsado, matado o encerrado suficientes palestinos como para que Israel sea ya un ‘país normal’. Están en ello; están aún dedicados a hacer “el trabajo sucio” que el ex-primer ministro, muerto hace dos años, hubiese querido hacer más deprisa. Pero el “esquema” es siempre el mismo.


En el plano de la acción, conquistar territorio, levantar muros, matar gente, ahogar Gaza, abortar cualquier atisbo de paz. En el plano de la hasbara, identificar antisionismo y antisemitismo a fin de desacreditar toda resistencia y toda crítica, incluidas las de los judíos e israelíes “cantarines y vegetarianos”, y apuntalar como una necesidad defensiva la empresa colonial en Palestina. Estamos —seguimos desde 1947— en pleno “trabajo sucio” y por lo tanto todos los judíos del mundo y, desde luego, todos los israelíes, deben ser de un modo u otro “soldados de Israel”, pequeños sharones dispuestos a colaborar en esta obra magna de construir, como hicieron los europeos, un “Estado humanista” sobre las ruinas humeantes del asesinato, el saqueo y la injusticia.


Israel, en efecto, no es un país normal. Y no porque pretenda ser un Estado judío —anomalía religiosa incompatible con la democracia— sino porque se sostiene cotidianamente sobre la negación colonial del pueblo palestino. Casi todos los Estados, dirá con razón Sharon, se han construido así. Es verdad. También las pirámides se construyeron con esclavos. Pero a lo que obliga eso es a preguntarse si queremos construir otra pirámide y, en caso de responder afirmativamente, si debemos restablecer la esclavitud para construirla. Ningún país es del todo normal y sus pequeños certificados de penales, leídos en voz alta, deberían servirnos sobre todo para no repetir los mismos crímenes.


Pero digamos que, desde la cúspide de millones de cráneos, desde la frágil conciencia democrática adquirida en el siglo XX a tan alto precio, hoy sabemos que hay dos formas de forjar un país normal. Una, clásica, la de matar o esclavizar a todos los que “nos sobran” confiando en hacer olvidar luego a nuestras víctimas. La otra, nunca del todo justa pero sí más razonable y pacífica, mediante el respeto de las leyes internacionales, el reconocimiento del otro y la negociación.


Digamos la verdad sin escandalizarnos demasiado: Israel no debía haber existido nunca y no fue la presencia legítima de inmigrantes de religión judía en Palestina la que reclamaba su existencia; Israel es la obra del antisemitismo europeo, de la limpieza étnica del 47-48 y del doble colonialismo europeo y sionista. Pero Israel existe y algunos millones de seres humanos se sienten no sólo judíos sino también israelíes, lo que complica mucho, sin duda, la des-sionización imprescindible, condición de cualquier solución.


Cualquiera que sea, en todo caso, esa solución —dos Estados, uno binacional o uno ciudadano, laico y democrático— su viabilidad pasa por normalizar Israel en sentido no-sharoniano; presupone, es decir, obligar a su gobierno a levantar el asedio a Gaza, derribar los muros, devolver las tierras y las casas, permitir el retorno de los refugiados; es decir, terminar con la ocupación de Palestina y reconocer a su pueblo y a sus representantes. Esta condición justifica el creciente pesimismo de los defensores del Derecho, pero nos exige —puesto que los palestinos no se rinden— un mayor compromiso y determinación.


Escribía el admirable juez antimafia Roberto Scarpinato que “Italia es el país más moral del mundo” porque la existencia capilar, totalitaria, de la mafia obliga a cada uno de sus habitantes a tomar en cada instante “la decisión moral de decir no” -o claudicar. Ocurre en todos los países en mayor o menor medida y no deberíamos olvidarlo cuando votamos, trabajamos o hacemos la compra: es la necesidad misma de la política como elección cotidiana.


De ahí que haya que admitir, en este sentido, y más en un mundo globalizado, que ningún país está completamente normalizado. Tampoco España. Italia menos. Y menos aún Israel. En los países no normalizados todos los ciudadanos, por el solo hecho de serlo, deben decidir moralmente su existencia; mucho más los intelectuales, los académicos o los artistas, cuya responsabilidad, proporcional a su poder e influencia, es también mayor. En Israel todos los israelíes están obligados a escoger todos los días —cuando encienden la luz, van a un restaurante o, claro, hacen la mili— entre la normalidad sharoniana o la normalidad humana; en cada gesto aceptan o no la ocupación de Palestina y se unen o no, de esa manera, al trabajo sucio en curso. Los intelectuales y artistas de forma muy particular. Es posible decir “no”, como lo demuestran los casos de muchos judíos y muchos israelíes que lo hacen sin parar: pienso, por ejemplo, en Yuri Avneri, en Amira Hass, en Gideon Levy, en Norman Finkelstein, en Shlomo Sand o en Ilan Pappé.


Muchos, por desgracia, dicen sí a Sharon y a su proyecto de normalidad destructiva. Digo todo esto —y es a donde quería llegarx0— por el caso del cantante Idan Raichel, que actuará el próximo jueves 3 de marzo en la sala Caracol de Madrid. Tengo la suerte de no haber oído sus canciones. No voy a oírlas. Se puede ser un canalla y hacer una música excelente; y, si hubiese oído ya sus canciones y me gustase su música, me resultaría difícil, al mismo tiempo, no reconocer su calidad y seguir disfrutándola con alegría. ¿Por qué no quiero que me guste? Porque Idan Raichel, que se presenta a sí mismo como “embajador cultural de Israel” y se enorgullece de la historia reciente de Israel, como si fuese ya un país normal, defiende sin pudor y en tono desafiante la tortura de los palestinos.


Su concierto, por lo demás, forma parte de la iniciativa Marca Israel lanzada en 2006 por el gobierno de Tel Aviv y cuenta con el apoyo y colaboración de la propia embajada de Israel en España, y ello en el marco de la campaña cultural de normalización de la ocupación y criminalización de sus críticos. Desde aquí quiero unirme a la petición de la RESCOP y pedir a mi vez a la sala Caracol la suspensión del concierto o, en su defecto, el boycot de los madrileños.


Decir “no” a los israelíes que dicen “sí” a “la normalidad de Sharon” es el mínimo de ética y compromiso que debemos a los palestinos y, más importante, un pequeño paso hacia la viabilidad de la otra normalidad, la decente, la humana, la que no quiere construir pirámides y menos restableciendo la esclavitud; la que exige, como presupuesto de toda solución, el fin de la ocupación de Palestina y de los medios concretos que la prolongan: bloqueos, bombardeos, colonias, expulsiones, voladura de casas, asesinatos, encarcelamiento, torturas. No basta con que los palestinos digan no; no basta con que digan no algunos israelíes valerosos; tenemos que decir “no” todos los ciudadanos normales en todos los países seminormales del mundo, porque solo presionando a Israel, deslegitimando su propaganda y entorpeciendo sus relaciones ‘normales’ con gobiernos, universidades e instituciones y organizaciones culturales lograremos quizás un poco de normalidad verdadera en Oriente Próximo y, por eso mismo, en el mundo entero.

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Sábado, 14 Noviembre 2015 06:50

También las guerras tienen reglas

Nadie discute que fue el ejército estadounidense el que en la madrugada del sábado 3 de octubre llevó a cabo el ataque aéreo contra un hospital de la ciudad de Kunduz, en Afganistán. El ataque contra el centro asistencial de Médicos Sin Fronteras, el Centro de Trauma de Kunduz, fue devastador y provocó la muerte de al menos 30 personas. Los pacientes de la única unidad de cuidados intensivos de la región murieron incinerados en sus camas. Integrantes del equipo médico perdieron la vida a causa de bombas de metralla que les arrancaron las extremidades. Al menos una persona fue decapitada por el impacto.

Mientras la gente huía del edificio en llamas, el helicóptero de combate aéreo AC-130 de Estados Unidos los masacraba desde el aire con armas automáticas. Médicos y otros integrantes del personal hospitalario recibieron disparos cuando corrían hacia otro sector del complejo intentando ponerse a salvo.


El Centro de Trauma de Kunduz estaba en el mismo lugar, practicando miles de cirugías y brindando tratamiento a decenas de miles de personas en la sala de emergencias, desde hacía cuatro años. Médicos Sin Fronteras, conocida internacionalmente por su nombre en francés Medecins Sans Frontieres o MSF, le había proporcionado en repetidas oportunidades las coordenadas de GPS exactas del hospital a funcionarios de gobierno de Estados Unidos y de Afganistán. Jason Cone, director ejecutivo de Médicos Sin Fronteras Estados Unidos dijo en el noticiero "Democracy Now!": "Como condición previa a la apertura del hospital, negociamos con Estados Unidos, con Afganistán y con la OTAN, así como con las fuerzas de la oposición, con el Talibán. Recibimos el apoyo de todos esos grupos para operar este hospital". Cone continuó: "Como parte de las negociaciones se acordó que proporcionaríamos nuestras coordenadas de GPS a las distintas partes. Se las proporcionamos incluso recientemente, el 29 de septiembre. Eso fue para reforzar el hecho de que sabíamos que estaban pasando cosas. Empezaban a llevarse a cabo más bombardeos y se nos dijo que esa era la forma de garantizar la protección de nuestras instalaciones".


El 29 de septiembre fue un día de gran importancia en Kunduz, donde se venían librando batallas por el control de la ciudad entre el Talibán y las fuerzas afganas desde el mes de abril. El 28 de septiembre, una unidad del Talibán de tan solo 500 hombres, según se informó, logró derrotar a los 7.000 soldados del Ejército Nacional Afgano allí apostados, tomando así el control de Kunduz. Fue la primera ciudad importante que el Talibán reconquistó desde el inicio de la invasión y posterior ocupación por parte de Estados Unidos en octubre de 2001, cuando los talibanes fueron expulsados del poder. Médicos Sin Fronteras sabía que la primera línea del conflicto les golpeaba la puerta y que el hospital se vería inundado por muchas víctimas más. Cone afirmó: "Este hospital estaba abierto desde hacía cuatro años. De hecho, esa noche se trataba probablemente del edificio más iluminado de toda la ciudad de Kunduz, que tiene una población de unas 300.000 personas, porque teníamos generadores funcionando esa noche. Por lo que estaba bien iluminado y resultaba fácilmente visible desde el cielo. Además, se trataba de uno de los edificios más conocidos de la zona".


Cuando le preguntamos si el ataque constituía un crímen de guerra, Jason Cone empleó las palabras precisas de un trabajador de ayuda humanitaria: "Se ha discutido mucho si se trató o no de un error. La intencionalidad o no no es necesariamente el umbral que hay que atravesar para que constituya una grave violación del derecho humanitario internacional. Si el ejército no logra distinguir entre blancos militares y civiles, como en este caso, desde nuestro punto de vista y en función de todo aquello que sabemos, consideramos que son culpables de violar el derecho humanitario internacional".


MSF llevó a cabo una exhaustiva investigación interna y compartió sus conclusiones con el gobierno de Estados Unidos, la OTAN y el gobierno afgano. Al día siguiente, la dieron a conocer públicamente. Cone sostuvo: "Es parte de nuestros esfuerzos para cooperar con la investigación. Pero aún así, sentimos que es necesario que se lleve a cabo una investigación independiente e imparcial del bombardeo". MSF solicitó al gobierno estadounidense que acepte la intervención de la Comisión Humanitaria Internacional, un organismo con sede en Suiza fundado hace casi un cuarto de siglo en el marco de la Convención de Ginebra con el cometido específico de investigar posibles crímenes de guerra. Hasta la fecha, nunca se le encomendó a la mencionada comisión que realice ninguna investigación. Paralelamente, quienes perpetraron el ataque, es decir el gobierno de Estados Unidos, la OTAN y el gobierno afgano, llevan a cabo sus propias investigaciones. El pedido público de Médicos Sin Fronteras de que se lleve a cabo una investigación independiente cuenta con el apoyo de una petición mundial que hasta el momento ha sido suscrita por 500.000 personas.


Tres semanas después del ataque registrado en Kunduz, otro hospital de Médicos Sin Fronteras sufrió un ataque; esta vez en Yemen. El hospital recibió varios ataques en el transcurso de dos horas, aún cuando en el techo figuraba el logo de MSF y las coordenadas de GPS habían sido proporcionadas en múltiples oportunidades a la coalición que encabeza Arabia Saudita. Todo indica que el Ejército de Arabia Saudita lanzó el ataque, haciendo uso de los bombarderos y las armas proporcionadas por Estados Unidos.


Cone afirmó en relación con el ataque en Yemen: "Definitivamente constituye una violación al derecho humanitario y hemos estado en contacto directo con autoridades saudíes en relación a ello. Desafortunadamente, han modificado su versión en varias oportunidades. Para nosotros, se trata simplemente de reforzar el hecho de que existe la Convención de Ginebra, de que esa Convención rige las leyes de guerra. No somos ingenuos. Somos conscientes de los riesgos de trabajar en zonas de guerra.

Venimos trabajando en ellas desde hace más de 40 años. Sin embargo, es necesario saber que los gobiernos continúan respetando esas reglas, porque son las reglas que nos permiten seguir enviando gente a las regiones en guerra para tratar a las víctimas".


El horror vivido durante el ataque al hospital de Kunduz nunca abandonará a la enfermera de MSF Lajos Zoltan Jecs, que dormía en un lugar seguro dentro del hospital cuando impactaron las bombas. "Intentamos entrar a uno de los edificios en llamas. No puedo describir lo que se vivía en el interior. No hay palabras para transmitir lo terrible que era. En la Unidad de Cuidados Intensivos había seis pacientes que se estaban quemando vivos en sus camas. Vimos morir a nuestros compañeros. A nuestro farmacéutico... La noche anterior había estado hablando con él y planificando el stock y después murió ahí en nuestra oficina", relató.


Por el momento, ninguno de los ataques contra los hospitales ha sido mencionado en los debates o foros presidenciales de Estados Unidos. Es necesario que se lleve a cabo una completa investigación de estos crímenes para hacer que los responsables rindan cuentas. Y es necesario que se lleve a cabo un profundo debate en este año de elecciones presidenciales para determinar si se permitirá que continúen perpetrándose ataques como estos que únicamente perpetúan el terror.


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Traducción al español del texto en inglés: Fernanda Gerpe. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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Jueves, 08 Octubre 2015 07:54

EE.UU. lo arregla todo con un "I'm sorry"

La organización humanitaria considera el ataque, donde murieron 22 personas entre médicos de MSF y pacientes, como un crimen de guerra. Y reclama una investigación internacional en lugar de la pesquisa militar interna que piensa hacer Estados Unidos.

 

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, se disculpó con Médicos Sin Fronteras (MSF) por el ataque que Estados Unidos lanzó contra un centro de salud en Afganistán, donde murieron 22 personas. El mandatario llamó a Joanne Liu, presidenta de la organización humanitaria, para disculparse y expresarle sus condolencias por los trabajadores de MSF y los pacientes asesinados o que resultaron heridos cuando un bombardeo estadounidense atacó por error un hospital de campaña en Kunduz, afirmó el vocero de la Casa Blanca, Josh Earnest. Por el momento, tres son las investigaciones diligenciadas que buscan determinar qué pasó en el nosocomio: una estadounidense, otra afgana y una de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). MSF, que señaló ayer que el ataque puede considerarse un crimen de guerra, dijo que no confía en una pesquisa militar interna y exigió que se lleve adelante una investigación internacional sobre el bombardeo estadounidense contra el sanatorio afgano.


En su descargo, las fuerzas armadas de Estados Unidos ofrecieron un abanico de argumentos sobre el ataque aéreo: inicialmente, lo consideraron un daño colateral y, ahora, admiten que fue un error, tal como Obama aclaró durante una llamada telefónica que le hizo a la titular de MSF. El mandatario estadounidense le aseguró a Liu que la investigación del Pentágono daría "un recuento transparente, exhaustivo y objetivo de los hechos y circunstancias del incidente", dijo Earnest. Obama también llamó al presidente afgano, Ashraf Ghani, para expresar sus condolencias y felicitó a las valientes tropas afganas que se enfrentan a los talibán en Kunduz.


En un intento por instaurar una investigación independiente, Liu reclamó la presencia de una comisión internacional humanitaria que restablezca los hechos del sábado que condujeron a la muerte de 12 empleados de la ONG y 10 pacientes, y a la destrucción del edificio principal de su hospital en Kunduz, un servicio esencial para los civiles que se encuentran atrapados entre el fuego de los combates. La organización humanitaria dijo que trabaja sobre la presunción de que el bombardeo se trató en realidad de un crimen de guerra. "No se trató únicamente de un ataque contra nuestro hospital, sino de un ataque contra las Convenciones de Ginebra. No lo toleraremos", disparó Liu, invocando las reglas del derecho humanitario en tiempos de guerra. La presidenta de MSF confirmó que esa es la hipótesis que maneja su organización, afirmó que le corresponde a Estados Unidos y Afganistán demostrar que no fue así y que hay otras razones que explican el ataque.


Las Convenciones de Ginebra, firmadas en 1949, codifican, sobre todo, el comportamiento que los países beligerantes deben adoptar para proteger a los heridos y enfermos en cualquier circunstancia. Puntualmente, MSF reclama que se active una comisión de investigación que existe desde 1991, pero que nunca fue utilizada y requiere del impulso de uno de sus 76 Estados signatarios, para que se incluya en esas convenciones. Jason Cone, cabeza de MSF en Estados Unidos, pidió a Obama que consienta esa comisión, y consideró que en caso de tomarse esa iniciativa, se enviaría "una poderosa señal del compromiso y el respeto del gobierno de Estados Unidos por el derecho humanitario internacional y las reglas en tiempos de guerra".


El general estadounidense John Campbell, comandante de los 13.000 soldados extranjeros desplegados en Afganistán, dijo el martes ante el Senado que el bombardeo había sido un error, versión que MSF rechaza. Ante la comisión de fuerzas armadas del Senado, Campbell dijo que la incursión militar fue solicitada por los afganos, pero que había sido decidida por la cadena de mando estadounidense. Para el presidente de la filial francesa del grupo humanitario, Mego Terzian, el ataque "lastimosamente no fue un error". Bruno Jochum, responsable del centro operacional de MSF en Ginebra, sostuvo que no se trató de un ataque aleatorio en el que se dañan instalaciones. "Fue un ataque metódico y preciso, no hay duda de esto. El edificio del hospital era el blanco", dijo.


Según el diario The New York Times, que cita a una fuente cercana al entorno del militar, el general Campbell estima que las fuerzas especiales estadounidenses no siguieron las reglas que preceden a un ataque de esas dimensiones. "Un bombardeo es legítimo sólo en caso de eliminación de terroristas, protección de soldados estadounidenses en dificultad y en apoyo a las tropas afganas", consignó el diario. "Muy probablemente, el ataque de Kunduz no entra en ninguna de estas categorías", afirmó el general Campbell, en declaraciones privadas divulgadas por su entorno al rotativo.
"Incluso, las fuerzas estadounidenses que realizaron este ataque no visualizaban el blanco que sus homólogos afganos les pedían atacar", aseguró la misma fuente, cuya identidad se mantuvo en reserva. En la justificación del bombardeo, el ejército afgano afirmó que había talibán dentro del establecimiento sanitario. Sobre esa línea, MSF no descartó la posibilidad de que hubiese milicianos dentro del centro de salud en el momento del bombardeo, pero indicó que tampoco esa hipótesis justificaba el ataque. "Es muy posible que estuviésemos atendiendo a combatientes, pero ellos ya no son combatientes cuando están heridos", afirmó Jason Cone, en Nueva York, y aseguró que no tuvieron acceso a información sobre ningún tipo de combate dentro del establecimiento antes del bombardeo.


Kunduz es una ciudad estratégica del norte de Afganistán, ubicada cerca de la frontera con Tayikistán, que hace unos días cayó en manos de los talibán, antes de ser arrebatada por las fuerzas afganas. Actualmente, la mayor parte de Kunduz se encuentra bajo control de las tropas afganas, aseguró Campbell. Pero el hecho de que los talibán hayan logrado apoderarse de esta ciudad, aunque sea brevemente, muestra las dificultades que tienen las fuerzas afganas para contener el avance de los combatientes islamistas.


El general Campbell, que reconoce esta situación, propuso reforzar el dispositivo militar estadounidense después de 2016. Pero, por ahora, Estados Unidos prevé mantener en Afganistán únicamente a 1000 soldados, frente a 9800 actualmente. Esta fuerza se centraría preferentemente en la embajada estadounidense en Kabul.

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Miércoles, 07 Octubre 2015 06:18

Esas partículas que llueven del Cosmos

Un científico japonés y otro canadiense recibieron el galardón por descubrir que los neutrinos tienen masa y, con ello, revolucionan la física de las partículas subatómicas. Su hallazgo cambió lo que se sabía del comportamiento más íntimo de la materia.

 

¿Puede algo atravesar el cuerpo humano sin que la persona se dé cuenta? ¿Puede incluso ser atravesado billones y billones de veces, a toda hora y en todo momento? La respuesta la tiene la física y es sí: los neutrinos, esas partículas más pequeñas que el átomo, que de manera permanente llueven sobre la Tierra y traspasan todo lo que se les cruza. No sólo a las personas, sino también todo lo que los rodea, hasta el planeta mismo. Son las partículas más misteriosas del Universo, porque después de atravesarlo todo no dejan rastros. Y son tan livianas y veloces que siempre se creyó que no tenían masa. Error. Dos científicos demostraron que sí la tienen y eso cambió el modo de entender y explicar el mundo subatómico. Esos dos investigadores, uno japonés y el otro canadiense, ganaron ayer el Premio Nobel de Física.


Takaaki Kajita, el japonés, y Arthur B. McDonald, el canadiense, descubrieron en realidad que los neutrinos tienen oscilaciones, lo que demuestra que estas partículas elementales de la materia tienen masa, contra lo que se supuso durante décadas.


La Real Academia de las Ciencias Sueca dijo al presentar su fallo que esos estudios "cambiaron nuestro conocimiento del comportamiento más íntimo de la materia y pueden ser cruciales para entender el Universo". El Nobel distinguió a ambos por sus "contribuciones clave a los experimentos que demostraron que los neutrinos cambian su identidad", lo que exige que estas partículas tengan masa.


Primero lo primero. ¿De dónde salen los neutrinos? Una parte de ellos se forma en la atmósfera terrestre por la radiación cósmica. Otra se produce en las reacciones nucleares dentro del Sol. Justamente, el equipo japonés se dedicó a capturar neutrinos creados en las reacciones entre rayos cósmicos y la atmósfera de la Tierra; el otro, atrapando los procedentes del Sol.


La existencia de los neutrinos, las partículas más numerosas en el Universo, fue sugerida por el austriaco Wolfgang Pauli en 1930, aunque fue el italiano Enrico Fermi quien ocho años después elaboró una teoría y bautizó el nuevo término. Pero no fueron descubiertos hasta un cuarto de siglo después por dos físicos estadounidenses, Frederick Reines y Clyde Cowan. Desde la década de 1960 la ciencia había calculado de forma teórica el número de neutrinos, pero al realizar mediciones en la Tierra descubrieron que dos tercios habían desaparecido.


A la Tierra llegan unos 60.000 millones de neutrinos por centímetro cuadrado cada segundo. Durante décadas, el "modelo estándar" de la física de las partículas entendía que al llegar a la Tierra los neutrinos desaparecían sin explicación posible. Eso porque no se los podía detectar.


Lo que Kajita y McDonald descubrieron es que no desaparecen, sino que cambian, sufren una metamorfosis. Y el hecho de que sufran esa mutación implica que tengan masa.


Kajita descubrió que los neutrinos de la atmósfera pasaban de una identidad a otra en su camino hacia el detector Super-Kamiokande, un impresionante observatorio de neutrinos japonés. Al mismo tiempo, un grupo de investigadores canadienses liderado por McDonald demostraba que los neutrinos del Sol no desaparecían en su camino hacia la Tierra y que podían ser captados con una identidad diferente al llegar al Observatorio de Neutrinos de Sudbury, localizado en Ontario.


Situado en una mina de zinc a 250 kilómetros de Tokio, el gigantesco detector Super-Kamiokande comenzó a operar en 1996, y tres años más tarde lo hizo el Sudbury Neutrino Observatory (SNO) de Ontario (Canadá) en el interior de un yacimiento de níquel.


En el Super-Kamiokande, construido a mil metros de profundidad y que consiste en un tanque con 50.000 toneladas de agua, el equipo de Kajita observó que aunque la mayoría de los neutrinos atravesaba el tanque, algunos chocaban con un núcleo atómico o un electrón. En esas colisiones se creaban partículas con carga y, alrededor de ellas, se generaban destellos débiles de luz azul, la denominada radiación de Cherenkov, que se produce cuando una partícula viaja más rápido que la velocidad de la luz y cuya forma e intensidad revela la procedencia y el tipo de neutrino que la causa.


El detector japonés atrapaba neutrinos muónicos de la atmósfera y los que lo golpeaban por debajo tras atravesar el globo terráqueo, y dado que la Tierra no supone un obstáculo considerable para ellos, debería haber igual número de neutrinos en ambas direcciones.


Las observaciones revelaron, sin embargo, que los primeros eran más numerosos, lo que apuntaba a que los otros deberían sufrir un cambio de identidad para convertirse en neutrinos tauónicos, aunque su paso no podía ser registrado por el detector.


La pieza decisiva del enigma llegó del SNO, que en un tanque con mil toneladas de agua pesada realizaba mediciones de neutrinos procedentes del Sol, donde los procesos nucleares sólo dan lugar al tercer tipo de estas partículas, los neutrinos electrónicos.


De esos 60.000 millones de neutrinos por centímetro cuadrado que cada segundo bombardean la Tierra, el SNO capturó tres millones por día en sus dos primeros años operativo, un tercio del número esperado: los otros dos habían debido cambiar de identidad en el camino. Esas oscilaciones son las que prueban que los neutrinos tienen masa, aunque no se sabe cuál es.


¿Y qué cambia que los neutrinos tengan masa? Probablemente para el lector, nada. Para los científicos dedicados al tema, todo. El modelo estándar que hasta ese momento describía a la perfeccción el mundo subatómico de la física de las partículas dejó de explicarlo todo.


Pero antes de poder desarrollar por completo teorías que superen ese modelo hará falta averiguar más detalles sobre la naturaleza de los neutrinos, como cuál es su masa o por qué son tan diferentes de otras partículas elementales.


Lo único seguro por ahora son los indicios de que hay una nueva física para el Universo que aún debe descubrirse. He ahí lo fascinante para los investigadores. Tan fascinante que mereció el Premio Nobel.


Neutrinos, los camaleones del universo


Por Ignacio Mártil

Catedrático de Electrónica. Universidad Complutense de Madrid, miembro de econoNuestra


El Premio Nobel de Física de este año ha sido concedido al científico japonés Takaaki Kajita y al canadiense Arthur McDonald por sus estudios fundamentales sobre las propiedades de los neutrinos. A continuación describiré muy resumidamente las razones por las que la Real Academia de Ciencias de Suecia se lo ha concedido a ambos. El lector interesado en conocer con más detalle los argumentos, lo puede consultar en este enlace, donde encontrará -en inglés- un artículo publicado por la Academia sueca en el que se hace una descripción más detallada del trabajo realizado por ambos científicos.


1. ¿Qué son los neutrinos y cuáles son sus propiedades?

Los neutrinos son unas partículas elementales cuyas propiedades los hacen realmente singulares. Nuestro mundo está literalmente repleto de neutrinos. Miles de millones de neutrinos atraviesan nuestros cuerpos cada instante, aunque no podemos verlos ni sentirlos dado que tienen una masa extraordinariamente pequeña y no tienen carga eléctrica, por lo que apenas interaccionan con la materia ordinaria de la que estamos hechos los seres vivos. Algunos fueron creados en el comienzo del universo, en el Big Bang, otros se crean continuamente en diversos procesos que tienen lugar en el interior de la Tierra, en la explosión de supernovas, en la muerte de estrellas supermasivas, etc. La mayoría de los que llegan a la Tierra se originan en las reacciones nucleares que ocurren en el interior del Sol.


El neutrino es la segunda partícula más abundante en el Universo, sólo superado por el fotón, la partícula responsable de la luz. Sin embargo, durante mucho tiempo no se supo de su existencia. Fue predicha teóricamente en 1930 por Wolfang Pauli, pero llegó incluso a dudar de su existencia; se dice que a propósito de su teoría llegó a comentar: "he hecho una cosa terrible, he postulado la existencia de una partícula que no puede ser detectada". Poco tiempo después, el físico italiano Enrico Fermi desarrolló una teoría que contemplaba la existencia de esa partícula, a la que se denominó desde entonces neutrino.


Hizo falta un cuarto de siglo para que el neutrino fuera descubierto experimentalmente. Esto sucedió en la década de los años 50 del siglo pasado, cuando los neutrinos empezaron a producirse en grandes cantidades en los reactores nucleares que habían comenzado a funcionar en aquellos tiempos. En junio de 1956, dos físicos estadounidenses, Frederick Reines y Clyde Cowan enviaron un telegrama a Wolfgang Pauli indicándole que los neutrinos habían dejado huellas en sus detectores. Este hallazgo mostró que el fantasmal neutrino (se le llegó a conocer como la partícula Poltergeist) era una partícula real.


2. ¿Cuáles son las razones para la concesión del Premio Nobel?


El premio Nobel reconoce un descubrimiento que resuelve un rompecabezas originado por los neutrinos que ha tenido desconcertada a la comunidad científica durante mucho tiempo. En efecto, desde la década de 1960, los científicos habían calculado teóricamente el número de neutrinos que se crean en las reacciones nucleares que ocurren en el interior del Sol, pero al realizar mediciones en la Tierra, cerca del 60% de la cantidad calculada no aparecía en los detectores. Tras innumerables suposiciones, se llegó a postular que los neutrinos cambian de identidad durante su movimiento (en la terminología científica, sufren una oscilación). Queda fuera del alcance de este artículo detallar las razones de esta mutación, que sólo puede explicarse acudiendo a conceptos fundamentales de la Mecánica Cuántica.


Una explicación muy simplificada del fenómeno es la siguiente: de acuerdo con el Modelo Estándar de física de partículas, hay tres tipos de neutrinos: el neutrino electrónico, el neutrino muónico y el neutrino tauónico. En el Sol únicamente se producen neutrinos electrónicos; estos, en su viaje a la Tierra, sufren la mutación a neutrinos muónicos y tauónicos, de manera que en los detectores instalados en la Tierra sólo se detecta un tercio de los neutrinos electrónicos "fabricados" por el Sol, correspondiendo el resto a los neutrinos de los otros dos tipos. Análogamente sucede con los neutrinos producidos por otras fuentes, como las reacciones que ocurren por la interacción de la radiación cósmica con la atmósfera, en las que se crean neutrinos que también experimentan ese cambio.


Las especulaciones sobre el cambio de identidad de los neutrinos trajeron de cabeza a la comunidad científica hasta que se pudieron construir grandes detectores donde poder realizar medidas muy precisas de las propiedades de estas partículas. En efecto, dos grandes instalaciones científicas han perseguido a los neutrinos durante años. Por una parte, el detector "Super-Kamiokande", instalado en el interior de en una mina subterránea de zinc a 250 kilómetros al noroeste de Tokio, detector que comenzó a funcionar en 1996. Un par de años después, en 1998, Takaaki Kajita presentó un descubrimiento mediante el que demostraba que los neutrinos provenientes de la radiación cósmica parecen someterse al cambio indicado.

Por otra parte y de manera totalmente independiente, el detector "Sudbury Neutrino Observatory" fue construido en el interior de una mina de níquel en Ontario, comenzando sus observaciones en 1999. En 2001, el grupo de investigación dirigido por Arthur B. McDonald demostró a su vez que los neutrinos provenientes del Sol también cambian de identidad.


De este modo y por separado, ambos equipos científicos pudieron esclarecer la naturaleza camaleónica del neutrino, el descubrimiento que ha merecido ahora el Premio Nobel de Física de este año. Una conclusión trascendental de ambos experimentos es que para que los neutrinos puedan realizar esa transmutación de un tipo en alguno de los otros dos, deben tener masa, al contrario de lo que se creyó durante muchos años. Tal y como dice la Academia sueca en la justificación de la concesión del premio, este hallazgo "Es de importancia revolucionaria para la física de partículas y para nuestra comprensión del universo"


Ambos detectores son instalaciones científicas enormes, cuyo funcionamiento sólo es posible gracias a la colaboración de multitud de científicos, ingenieros, informáticos, técnicos de diversas profesiones, etc. Como con muchos otros descubrimientos que afectan a la comprensión de las propiedades esenciales de la materia, de que esta hecho el universo y de que estamos hechos nosotros, la utilidad de este descubrimiento no es directa, evidente ni inmediata. Pero no cabe la menor duda de que encontrará infinidad de campos de utilidad. No hay más que recordar que la WWW nació en otro detector de partículas, el "Large Hadron Collider", acerca de lo que escribí recientemente en este mismo blog.

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Nueve miembros de Médicos Sin Fronteras (MSF) murieron este sábado al ser bombardeado un hospital en la ciudad de Kunduz (Afganistán) y otras 30 personas permanecen desaparecidas, informó la ONG en un comunicado.


El hospital resultó "muy dañado" en un bombardeo "prolongado" lanzado a las 02.10 de la mañana del sábado hora local (21.40 GMT del viernes).


La organización humanitaria cifra en 37 el total de heridos. Muchos pacientes y personal de MSF -unos 30- se encuentran en "paradero desconocido", por lo que el número de víctimas podría aumentar a medida que se vaya aclarando lo sucedido en el "horrible" bombardeo.


Medios estadounidenses reconocen oficialmente que podría tratarse de "daños colaterales" en un ataque de la aviación estadounidense.

Las fuerzas de seguridad afganas recuperaron este viernes el control total de la norteña ciudad de Kunduz con apoyo aéreo de Estados Unidos, después de que ésta hubiese sido tomada por los talibanes el pasado lunes.


"Estamos consternados por el ataque, la muerte de nuestro personal y el gran daño que ello supone para la sanidad en Kunduz. Todavía no tenemos cifras finales de bajas. Nuestro equipo médico está ofreciendo primeros auxilios y tratando a los heridos", indicó el director de operaciones de MSF, Bart Janssens.


"Urgimos a todas las partes a respetar la seguridad de nuestras instalaciones y personal de sanidad", añadió Janssens.
Desde el lunes, Médicos Sin Fronteras ha tratado en Kunduz a 394 heridos, y cuando se produjo el ataque aéreo sobre el hospital a primera hora del sábado había en el centro 105 pacientes, sus cuidadores y más de 80 miembros nacionales e internacionales de MSF.


Este hospital era la única estructura sanitaria en toda la región noreste de Afganistán con atención vital de traumatología, ya que el hospital provincial de gobierno en Kunduz no está en funcionamiento.


"Daño colateral" al único hospital de la zona


El portavoz de las tropas estadounidenses en Afganistán, el coronel Brian Tribus, reconoce que el bombardeo al hospital puede ser un daño colateral causado por sus aviones. Hubo un "ataque aéreo en Kunduz a las 2.15 hora local (21.45 GMT del viernes) contra individuos amenazando al contingente".


"El ataque puede haber producido daño colateral a una instalación médica cercana. El incidente está bajo investigación", indicó Tribus.


Kunduz es una ciudad estratégica para las comunicaciones del norte del país. Desde el lunes es escenario de combates entre los talibanes y las tropas afganas, que cuentan con apoyo aéreo estadounidense.


El hospital, el único que funcionaba en esa ciudad, resultó "muy dañado" en un bombardeo "prolongado" lanzado a las 02.10 hora local del sábado (21.40 GMT del viernes), según dijo MSF en un comunicado.


El lunes pasado, los talibanes tomaron Kunduz, en la victoria más importante de los insurgentes desde que fueron sacados del poder en 2001.


Las tropas afganas declararon haber retomado la ciudad el pasado miércoles en un contraataque que contó con apoyo aéreo de Estados Unidos, pero desde entonces continúa la batalla en la ciudad, donde aún los dos bandos se disputan los distintos sectores.


La OTAN, que como parte de la misión Apoyo Decidido cuenta con alrededor de 4.000 militares en tareas de asistencia y capacitación, también ha participado en la campaña en apoyo sobre el terreno a las tropas afganas.
Estados Unidos mantiene una misión de combate en el país con una dotación de 9.800 soldados que tiene previsto permanecer en Afganistán hasta final del año.


(Tomado de Público)


ONU: El bombardeo del hospital en Kunduz puede ser un crimen de guerra

 

El ataque aéreo al hospital de Médicos Sin Fronteras en la ciudad afgana de Kunduz, en el que murieron al menos 19 personas, es "absolutamente trágico, inexcusable y posiblemente incluso criminal", declaró este sábado el alto comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, Zeid Raad al Hussein, que exige una investigación transparente.


"Este evento profundamente turbador debe ser investigado rápidamente de manera exhaustiva e independiente. Los resultados deben hacerse públicos", afirmó Zeid Raad al Hussein citado por AFP.


"La gravedad del incidente se subraya por el hecho de que el ataque aéreo de un hospital puede ser declarado un crimen de guerra, si así lo establece un tribunal de justicia", apuntó.


"Los planificadores militares internacionales y afganos tienen la obligación de respetar y proteger a los civiles en todo momento, y los servicios médicos y el personal son objeto de una protección especial. Estas obligaciones se aplican independientemente de qué Fuerza Aérea está involucrada en el conflicto e independientemente de la ubicación", aseveró.


El jefe de la Misión Apoyo Decidido de la OTAN en Afganistán, el general norteamericano John Campbell, este sábado ha pedido disculpas al presidente afgano, Ashraf Ghani, por el trágico incidente, según un comunicado de la Administración de Ghani citado por Reuters. Sin embargo, la agencia precisa que esta información no fue confirmada por un portavoz de la coalición internacional.


Un bombardeo en Kunduz destruyó un hospital de la ONG Médicos Sin Fronteras (MSF). El ataque dejó 19 muertos y 34 heridos. Decenas de personas han desaparecido. Las Fuerzas Aéreas de Estados Unidos podrían ser las responsables del bombardeo, declaró un representante de las tropas de la OTAN en Afganistán.


MSF confirmó que la organización había compartido con la OTAN y el Ejército estadounidense las coordenadas GPS de sus instalaciones médicas en Kunduz. La ONG también dijo que el ataque a su hospital continuó durante 30 minutos después de que los funcionarios estadounidenses y afganos hubieran sido informados de que lo que estaban bombardeando era un centro médico, informa 'The Guardian'.


(Con información de agencias)

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Los ecos de la tragedia de Iguala han llegado a la ONU. El Comité de Desapariciones Forzadas de Naciones Unidas, en su último informe sobre México, lanza un varapalo a las investigaciones "tardías y deficientes" emprendidas por la desaparición de los 43 normalistas en septiembre de 2014. En una inesperada vuelta de tuerca, la ONU pide un "replanteamiento general" de las pesquisas en consonancia con el análisis de un grupo internacional de expertos que ha puesto en duda las tesis oficiales. Como remate, el informe solicita que se permita a dichos especialistas interrogar a los militares presentes esa noche en Iguala, un punto rechazado por el Ejecutivo de Enrique Peña Nieto y que es visto como una agresión por el intocable estamento militar mexicano.


México es una tierra poblada de espectros. Más de 23.000 desaparecidos desde 2006 han convertido al país en una enorme tumba sin nombre. Y los intentos de cerrarla no han funcionado. "La impunidad generalizada perdura como un patrón crónico y favorece la perpetración de desapariciones forzadas", sostiene Naciones Unidas.


A lo largo de 300 páginas, el comité revisa los trabajos iniciados y prometidos por el Estado mexicano desde que en 2011 giró visita al país. El resultado es desolador. Aunque advierten algunos avances, los expertos de Naciones Unidas sostienen que prevalece la misma "situación deteriorada" que hace cuatro años. No hay, a su juicio, un diagnóstico ni una admisión del problema al más alto nivel. "Esta falta de reconocimiento cabal se evidenció de manera cruda con la desaparición de forzada de 43 estudiantes normalistas de Iguala en septiembre de 2014 y las investigaciones tardías y deficientes que le siguieron", destaca la ONU, antes de entrar de lleno en la última y feroz polémica en torno a este caso y que tiene como protagonista al Grupo de Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI), adscrito a la Comisión Internacional de Derechos Humanos.


Estos especialistas, tras una revisión de seis meses, no solo han solicitado la apertura de nuevas líneas de investigación, haciendo tambalear el cierre del caso, sino que han detonado una bomba de relojería al asumir el trabajo de un perito internacional, el peruano José Torero, que niega que en el basurero de Cocula se hubiese incinerado a los normalistas, tal y como sostiene la Procuraduría General de la República. Esta conclusión tiene efectos sísmicos. La hoguera de Cocula es el punto conclusivo de las confesiones de los sicarios detenidos. Pero si no hubo tal fuego, sus declaraciones tampoco serían ciertas, por lo que, como en un árbol contaminado, colapsaría el núcleo de la versión oficial.


Ante esta andanada, los investigadores de la Procuraduría se han mantenido firmes. Aunque sin hacerlo público por la orden presidencial de evitar cualquier crispación en un caso de alta volatilidad emocional, en privado sostienen que sus conclusiones vienen avaladas por 487 informes periciales, 386 declaraciones, 114 detenidos, 95 líneas telefónicas intervenidas y un sinfin de registros. Es más, consideran que el dictamen del perito internacional parte de un supuesto, la necesidad de 800 kilos de madera para quemar un solo cuerpo, rechazado por colegas de más prestigio y fácilmente refutable.


Ante la polémica, el grupo de trabajo de la ONU, sin dejar de aplaudir la política de mano tendida de Peña Nieto, se ha alineado con sus colegas del GIEI y pide un "replanteamiento general" de la investigación de Iguala. En este contexto, también respalda que se permita interrogar al personal militar presente aquella noche en la ciudad, un punto de extrema sensibilidad y cuya sola mención levanta ampollas en un generalato poco acostumbrado a rendir cuentas al poder civil.
Con esta doble petición, la pelota se sitúa en la pista de Peña Nieto en un momento altamente delicado. La semana próxima se cumplirá un año de la matanza y las heridas abiertas por aquella tragedia aún no se han cerrado. Los padres rechazan la investigación oficial y las encuestas muestran que una mayoría de la población sigue escéptica. En un entorno de fuerte erosión, el Gobierno se enfrenta a su mayor enemigo: la desconfianza. Y a la constatación de que en Iguala, para muchos mexicanos, aún es noche.

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La noche del 26 de septiembre, Ernesto Guerrero, de 23 años, vio como el cañón de un Colt AR-15 le apuntaba.

- Vete o te mato.


En aquel momento no lo supo, pero el agente le había librado de una muerte segura. No fue por azar ni por piedad, sino por pura y simple saturación. Como Ernesto recordaría semanas después, los policías municipales tenían a decenas de compañeros de la Escuela Rural Normal de Ayotzinapa tumbados boca abajo en el asfalto y se los estaban llevando en camionetas a la comisaría. Iban hasta los topes. Tan ocupados estaban, que habían pedido ayuda a los agentes de la vecina localidad de Cocula, y cuando Ernesto, armado de valor, se acercó a preguntar por la suerte de sus amigos, ya no disponían de tiempo ni espacio para uno más. Directamente le apuntaron con el fusil y le conminaron a irse. "Vi alejarse por la avenida a mis compañeros", rememora. Esa fue la última vez que supo de ellos.


Aquel 26 de septiembre, Ernesto había llegado a Iguala, junto con casi un centenar de alumnos de magisterio, en dos autobuses procedentes de Ayotzinapa. Radicales y revoltosos, los estudiantes iban a recaudar, como otras veces, fondos para sus actividades. Esto significaba pasar el bote por sus calles más céntricas, entrar en unos pocos comercios e incluso cortar alguna avenida.


Su desembarco no había pasado inadvertido. Los halcones del narco, según la reconstrucción de la fiscalía mexicana, habían seguidos sus pasos y alertado a la central de la Policía Municipal. Los normalistas no eran bienvenidos. En junio del año anterior, tras el asesinato y tortura del líder campesino Arturo Hernández Cardona, los estudiantes habían culpado del crimen al alcalde de Iguala, José Luis Abarca Velázquez, y atacado el ayuntamiento.
Los sicarios y los policías, que en Iguala vivían en perfecta simbiosis, creyeron que iban a repetir al algarada, pero esta vez no contra el regidor, sino contra alguien aún más poderoso: su esposa, María de los Ángeles Pineda Villa.


Ella, como apuntan las investigaciones policiales, dirigía las finanzas del cartel de Guerreros Unidos en la ciudad. El vínculo con el narco le venía de lejos. Era hija de una antigua operaria de Arturo Beltrán Leyva, el Jefe de Jefes, y sus propios hermanos habían creado por orden de este capo el embrión de la organización criminal con el objetivo de enfrentarse a Los Zetas y a La Familia Michoacana. Cuando ambos fueron ejecutados y arrojados a una cuneta de la carretera de Cuernavaca, ella tomó las riendas en Iguala, protagonizando junto con su marido un fulgurante ascenso social que ahora quería completar con su última ambición: ser elegida regidora en 2015. Para ello, ese 26 de septiembre había preparado un gran acto en el zócalo de la villa. Era el inicio de su carrera electoral.


La irrupción en la ciudad de los normalistas, encapuchados, rebeldes, con ganas de protesta, les hizo temer que fuesen a reventar el discurso. El alcalde exigió a sus esbirros que lo impidiesen a toda costa y, según algunas versiones, que los entregasen a Guerreros Unidos. La orden fue acatada ciegamente. Las fauces del horror se abrieron de par en par. Posiblemente nunca se llegue a saber cómo la barbarie llegó a tal extremo, pero lo que las pesquisas policiales han logrado sacar a la luz es que a los normalistas, que seguramente no sabían cuál era la naturaleza del poder municipal en Iguala, se les dio trato de sicarios, se les persiguió con la saña con que se mata a los cárteles rivales. En sucesivas oleadas, la policía atacó a sangre y fuego a los estudiantes. De nada les valieron sus desesperados intentos de huir en autobuses tomados a la fuerza. Dos murieron a tiros, otro fue desollado vivo, tres personas ajenas a los hechos perdieron la vida a balazos al ser confundidas con normalistas. En la cacería, decenas de estudiantes fueron detenidos y conducidos a la comandancia policial de Iguala. Nadie dio orden de parar. El reloj siguió adelante.


El jefe de los sicarios, Gildardo López Astudillo, avisó al líder supremo de Guerreros Unidos, Sidronio Casarrubias Salgado. En sus mensajes le informó de que los responsables de los desórdenes de Iguala pertenecían a Los Rojos, la organización criminal contra la que libraban una salvaje guerra. Sidronio dio orden de "defender el territorio".


En una operación de exterminio bien diseñada, fruto posiblemente de experiencias anteriores, los estudiantes fueron recogidos de la comandancia de Iguala por agentes de Cocula, quienes, cambiando las placas de sus matrículas, les entregaron a los liquidadores del cartel en la brecha de Loma de Coyote. Todo estaba preparado para no dejar huellas.


En una noche sin apenas luna, hacinados como ganado en un camión y una camioneta, los normalistas fueron conducidos hacia el basurero de Cocula. Fue un viaje al infierno. Muchos estudiantes, posiblemente una quincena, malheridos y golpeados, murieron de asfixia en ese recorrido. Al llegar al paraje, los supervivientes fueron bajando uno a uno. Con las manos en la cabeza, les obligaban a caminar un trecho, tumbarse en el suelo y contestar a sus preguntas. Querían saber por qué habían acudido a Iguala y si pertenecían al cartel rival. Los normalistas, según las confesiones de los detenidos, respondían aterrorizados que ellos eran estudiantes y que no tenían nada que ver con el narco. De poco les sirvió. Acabado el interrogatorio, recibían un tiro en la cabeza. El núcleo del comando ejecutor, aunque contó con la ayuda de más sicarios, lo formaban Patricio Reyes Landa, El Pato; Jonathan Osorio Gómez, El Jona, y Agustín García Reyes, El Chereje. Con bestialidad metódica, mataron a todos los normalistas y, a lo que ya venían muertos, los arrastraron, cogidos de las piernas y los brazos, fuera de los vehículos.


Como en un ritual bárbaro, prepararon una inmensa pira en aquel basurero. Sobre una cama de piedras circular, apiñaron primero una capa de neumáticos y luego otra de leña. Ahí encima colocaron los cadáveres. Los rociaron de gasolina y diésel.


La hoguera prendió la noche más oscura de México. Las llamas fueron alimentadas durante horas. Los sicarios, en su impunidad, incluso se marcharon a la espera de que el fuego se consumiese solo. Pasadas las cinco de la tarde, tras arrojar tierra encima, se acercaron a los restos. Los desmenuzaron y los metieron en ocho grandes bolsas de basura negras. Al atardecer, los asesinos abandonaron el paraje. En su viaje de vuelta, arrojaron las bolsas a la corriente del río San Juan. México aún tardaría algunos días en despertar al horror.

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Viernes, 31 Octubre 2014 05:56

"El sufrimiento no se negocia"

"La confianza no se pide, la confianza se gana", le espetaron los padres de los 43 estudiantes desaparecidos al presidente Enrique Peña Nieto durante una reunión de más de cinco horas en la residencia oficial de Los Pinos. "El gobierno no se da cuenta de que el sufrimiento no se negocia y que las vidas humanas no tienen precio", dijo Emiliano Navarrete, padre de uno de los normalistas desaparecidos.


Luego de más de cinco horas de reunión entre Peña Nieto y los padres y madres de los 43 estudiantes desaparecidos, el gobierno mexicano avivó la frustración de buena parte de la sociedad al poner el manejo de la crisis de derechos humanos que ha despertado la preocupación internacional por encima de la investigación que esclarezca uno de los mayores casos de desaparición forzada en México en tiempos recientes.


"Le dijimos: 'No confiamos en su gobierno, y si usted no se cree competente para dar resultados, que vengan de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos'", dijo Felipe de la Cruz, otro de los padres. La dignidad de estos campesinos, víctimas también ellos de la desaparición de sus hijos, acorraló al presidente Peña Nieto, al que obligaron a volver dos horas después al salón donde se había reunido con ellos, junto con el secretario de Gobernación, Miguel Angel Osorio Chong, y el procurador general de la República, Jesús Murillo Karam, para poner por escrito y firmar la minuta con los diez compromisos verbales que les habían hecho a lo largo del encuentro realizado en la residencia oficial de Los Pinos.
Ya avanzada la noche del miércoles, en una conferencia de prensa en el Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez, representantes de los familiares y los estudiantes normalistas reclamaron que "sigue sin llegar la respuesta que se espera por parte del Estado mexicano". También fueron claros al condicionar un nuevo encuentro con el gobierno de Peña Nieto para que haya resultados reales en la búsqueda de los estudiantes víctimas de desaparición forzada a manos de la policía municipal de Iguala, en el estado de Guerrero, desde el 26 de septiembre.


Antes, desde la residencia oficial de Los Pinos, el presidente Peña Nieto apareció en una cadena nacional con un discurso que apeló a las emociones, no a exponer acciones concretas de su administración ni a demostrar verdadera voluntad política. La intención de la reunión con los familiares de los desaparecidos, dijo ante las cámaras de televisión, "busca generar confianza".


Con un discurso que nuevamente se quedó lejos de las expectativas, Peña Nieto resumió las nuevas promesas hechas durante el encuentro: accedió a buscar a los 43 estudiantes desaparecidos, asumiendo que siguen vivos, y ya no sólo en fosas clandestinas, como han hecho hasta ahora; incorporar a la investigación de la PGR al equipo de forenses argentinos, que lleva ya varias semanas en México, y aceptar a personas de reconocida calidad moral como coadyuvantes; no dar espacio a la impunidad; respetar los derechos humanos de todos los estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa y frenar su criminalización, así como reconocer la importancia de las normales rurales y dignificar sus instalaciones; y crear una comisión de seguimiento con los familiares de los 43 estudiantes desaparecidos, los propios normalistas de Ayotzinapa y representantes de la sociedad civil, junto con representantes de la Procuraduría General de la República y la Secretaría de Gobernación. Eso sí: para ello ofreció controlar la información de las investigaciones con el fin de evitar filtraciones a los medios.


Los llamados "compromisos" que asumió públicamente Peña Nieto el miércoles es lo mínimo que los familiares de los desaparecidos y amplias capas de la sociedad han reclamado desde hace ya 35 días en decenas de movilizaciones por todo el país y en cerca de medio centenar de ciudades por todo el mundo. Por eso era importante para los familiares que el presidente y sus funcionarios los pusieran por escrito y los firmaran. "Las palabras se las lleva el viento", dijeron.
A tono con esa premisa, Peña Nieto apareció ante las cámaras hablando de sí mismo en tercera persona. Dijo que "el presidente de la República por igual está indignado por estos hechos", y aseguró que su administración "asume por igual la indignación y consternación que estos hechos no sólo han causado en ellos como familias sino (también) a la sociedad mexicana". El presidente fue ridiculizado de inmediato en las redes sociales, donde varios preguntaron si también participará en las siguientes marchas de protesta contra la ineficacia de su propio gobierno.

En realidad, la tónica de la reunión fue el dolor, la angustia, la consternación e indignación de los padres y madres de los 43 estudiantes desaparecidos, pero sobre todo flotó la impaciencia porque aún no los han encontrado.


"Yo me voy igual que como llegué. La reunión se da 33 días después, y no porque (Peña Nieto) quisiera recibirnos, esto se logró por la presión de la sociedad, no salió por él mismo. Me decepciona como gobierno que son, les falta mucho para representar a una sociedad. Como le dije a él, yo no le vengo a pedir un favor sino justicia como ciudadano mexicano que soy. Fueron personas de gobierno quienes cometieron el atropello contra nuestros hijos", explica Emiliano Navarrete, padre de uno de los 43 estudiantes desaparecidos, y aplasta toda demagogia con una lógica irrebatible: "Para mí no están desaparecidos, porque no se perdieron solos. Se los llevaron contra su voluntad, hay gente que sabe dónde están".
Para Melitón Ortega, padre de otro estudiante desaparecido, Peña Nieto "sale contento porque ya hay un acercamiento. No se da cuenta, él o algunas personalidades políticas, de que el sufrimiento no se negocia, que las vidas humanas no tienen precio".


Lo ocurrido con los estudiantes normalistas de Ayotzinapa "es un crimen de lesa humanidad", dijo Felipe de la Cruz Sandoval, otro padre que tampoco sabe qué fue de su hijo. Junto con los demás familiares hizo un llamado a la sociedad "a mantener el dolor, la indignación, el coraje y la ira para exigir que aparezcan nuestros hijos".

Mientras tanto, el Estado mexicano sigue sin responder la pregunta que el país –y el mundo– le plantea desde hace más de un mes: ¿dónde están los 43?

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El crisol egipcio se rompió. La “unidad” de Egipto –ese pegamento abarcativo, patriótico y esencial que ha unido a la nación desde el derrocamiento de la monarquía en 1952 y el gobierno de Nasser– se derritió en medio de masacres, batallas y represión contra la Hermandad Musulmana. Una centena de muertos –200, 300 “mártires”– no le hacen diferencia al resultado: para millones de egipcios, el sendero de la democracia se desvió en medio del fuego y la brutalidad. ¿Qué musulmán que busque un Estado basado en su religión confiará otra vez en las urnas?

 

Esta es la verdadera historia del baño de sangre de hoy. ¿Quién puede sorprenderse de que algunos partidarios de los Hermanos Musulmanes estuvieran blandiendo Kalashnikov en las calles de El Cairo? O de que los partidarios del ejército en su “gobierno interino”, en las áreas de clase media de la capital, tomaron sus armas o produjeron las propias y comenzaron a disparar. Esto no es Hermandad versus ejército, aunque esa es la forma en que nuestros estadistas occidentales van a tratar de retratar esta tragedia. La violencia de hoy creó una cruel división dentro de la sociedad egipcia que llevará años curar; entre los izquierdistas y los seculares y los coptos cristianos y los musulmanes sunitas, entre la gente y la policía, entre la Hermandad y el ejército. Por eso, Mohamed Al Baradei renunció anoche. La quema de las iglesias fue un corolario inevitable de un terrible asunto.

 

En Argelia en 1992, en El Cairo en 2013 –y ¿quién sabe qué sucederá en Túnez en la próximas semanas y meses?– los musulmanes ganaron el poder con justicia y democráticamente a través del voto común y fueron arrojados del poder. ¿Y quién puede olvidar nuestro vicioso asedio de Gaza cuando los palestinos votaron, nuevamente democráticamente, por Hamas? No importa cuántos errores hayan cometido los Hermanos Musulmanes en Egipto, no importa cuán promiscuo o necio haya sido su gobierno, el presidente Mohamed Mursi, democráticamente electo, fue derrocado por el ejército. Fue un golpe y John McCain estuvo en lo correcto al usar esa palabra.

 

La Hermandad, por supuesto, hace tiempo que debía haber frenado su amor propio y tratar de quedarse dentro del cascarón de la seudodemocracia que el ejército permitía en Egipto, no porque fuera justo o aceptable, sino porque estaba cantado que la alternativa sería un regreso a la clandestinidad, a los arrestos a medianoche, la tortura y el martirio. Este ha sido el rol de la Hermandad, con períodos de vergonzosa colaboración con los ocupantes británicos y los dictadores militares egipcios, y un regreso a la oscuridad sugiere dos resultados: que la Hermandad será extinguida con violencia o tendrá éxito en un futuro lejano –que Dios lo salve a Egipto de tal destino– en crear una autocracia islamista.

 

Los analistas hicieron su trabajo sucio antes de que el primer cadáver llegara a su tumba. ¿Puede Egipto evitar una guerra civil? ¿Será la Hermandad “terrorista” borrada por el ejército leal? ¿Y qué pasa con aquellos que manifestaron antes del derrocamiento de Mursi? Tony Blair fue sólo uno de aquellos que hablaron del “caos” inminente al otorgarle su apoyo al general Abdul-Fattah Al Sisi. Cada incidente violento en el Sinaí, cada arma en las manos de la Hermandad Musulmana será usada ahora para persuadir al mundo de que la organización, lejos de ser un movimiento islamista pobremente armado pero bien organizado, era el brazo derecho de Al Qaida.

 

La historia puede tener una visión distinta. Ciertamente será difícil explicar cómo muchos miles –sí, quizá millones– de egipcios educados y progresistas seguían dándole su total apoyo al general que pasó mucho tiempo después del derrocamiento de Mubarak justificando las pruebas de virginidad de las manifestantes femeninas en la Plaza Tahrir. Al Sisi estará bajo gran escrutinio en los próximos días: siempre había tenido la reputación de tenerle simpatía a la Hermandad, aunque esta idea puede haber sido provocada porque su mujer usa el niqab. Y muchos de los intelectuales de clase media que dieron su apoyo al ejército tendrán que estrujar sus conciencias dentro de una botella para acomodar los hechos futuros.

 

¿Podría el Premio Nobel y experto nuclear Mohamed Al Baradei, la personalidad más famosa a los ojos de Occidente, pero no de los egipcios, haberse quedado en el poder, en el “gobierno interino”, teniendo una visión tan en desacuerdo con las acciones de “su” gobierno? Por supuesto que no. Se tenía que ir, porque nunca tuvo la intención de que surgiera este resultado de su apuesta política cuando aceptó apoyar la elección de ministros que hizo el ejército después del golpe del mes pasado. Pero el círculo de escritores y artistas que insistieron en considerar el golpe como sólo otra etapa en la revolución de 2011, después de la renuncia de Al Baradei, tendra que usar una lingüística algo angustiada para escapar a la culpa moral por estos acontecimientos.

 

Esperen, por supuesto, las preguntas más coloquiales. ¿Significa eso el fin del Islam político? Por el momento, seguro, la Hermandad no está de ánimo de probar cualquier otro experimento en democracia, una negativa que es un peligro inmediato en Egipto. Porque sin libertades, hay violencia. ¿Se convertirá Egipto en otra Siria? Improbable. Egipto no es un Estado sectario, no lo ha sido nunca, aun con el 10 por ciento de su población cristiana, no ha sido violento. Nunca experimentó la crueldad de los levantamientos de los argelinos contra los franceses o sirios ni las insurgencias libanesas o palestinas contra los británicos y los franceses. Pero muchos fantasmas colgarán sobre sus cabezas hoy avergonzadas; aquel gran abogado del levantamiento de 1919, por ejemplo, Saad Zaghloul. Y el general Muhammad Neguib, cuyo breve tratado de 1952 decía cosas similares a las que exigían los manifestantes de la Plaza Tahrir en 2011.

 

Pero sí, algo murió en Egipto ayer. No la revolución. Porque a través del mundo árabe la gente exigió ser ella la dueña –y no sus líderes– de su país, aunque permanezca teñida de sangre. Murió la inocencia, por supuesto, como lo hace después de cada revolución. No. Lo que expiró ayer fue la idea de que Egipto era la eterna madre de la nación árabe, el ideal nacionalista, la pureza de la historia donde Egipto consideraba a todo su pueblo como su hijo. Porque las víctimas de la Hermandad ayer, junto con la policía y los partidarios pro-gobierno, también eran hijos de Egipto. Y nadie lo dijo. Se convirtieron en los “terroristas”, en los enemigos del pueblo. Esa es la nueva herencia de Egipto.

 

 

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Martes, 14 Mayo 2013 18:23

Herodes y chocolates

El 23 de marzo de 1982 el general Efraín Ríos Montt se hallaba predicando con la Biblia en la mano en un templo de la Iglesia del Verbo, cuando una patrulla militar llegó a buscarlo porque acababa de ocurrir un golpe de estado y los cabecillas lo querían como jefe de la junta militar. Eso es lo que propagaban sus cófrades, que fue la providencia misma la que lo buscó para que cumpliera su misión de salvar a Guatemala de la subversión diabólica, y guiara al país hacia los brazos de Cristo.

 

Lo cierto es que él mismo dirigió el golpe, pero lo es también que para entonces era parte del consejo de ancianos, una suerte de obispos, de esa iglesia neo pentecostal y ultraconservadora, que el mismo año cumplía cien años de haber sido fundada en Eureka, California, y sus jerarcas vieron una señal de los cielos en el hecho de que por primera vez en la historia de Guatemala un evangélico pasara a ocupar la presidencia, aunque fuera de facto. A las once de la mañana de ese día, el escogido de la providencia comparecía en uniforme de campaña, rodeado de sus cómplices de la cúpula militar, para anunciar el golpe y hacer una serie de advertencias, la primera de ellas que quien fuera encontrando con armas en la mano sería fusilado, "fusilado y no asesinado, ¿estamos?".

 

Igual que décadas atrás lo había hecho en El Salvador el general Maximiliano Hernández Martínez, que se instalaba ante los micrófonos para explicar sus teorías teosóficas, Ríos Montt predicaba sus sermones cada domingo por la noche en cadena de radio y televisión, siempre aconsejando el buen camino de la fe, y advirtiendo contra los perturbadores. La nueva cruzada de redención sería militar, y de inspiración religiosa; y el buen cristiano, según sus palabras, era aquel que se cuidaba de mantener la metralleta en una mano, y la santa Biblia en la otra. Y también inventó la consigna "frijoles y fusiles".

 

Por debajo de su prédica de pastor de ovejas descarriadas, que anunciaba la llegada de la era del amor divino, y la conquista del país para Cristo, lo que se montó desde el mismo día de su ascensión al poder, o es que se trataba de planes ya preparados desde antes, fue un programa de represión sistemática que involucraba el ejército, a los cuerpos de seguridad, a bandas paramilitares, y a las recién creadas Patrullas de Autodefensa Civil.

 

El reinado de terror del elegido divino duró poco, apenas 16 meses, pues en agosto de 1983 fue derrocado por otro golpe de estado, pero según el informe de Esclarecimiento Histórico de las Naciones Unidas, y el informe de Recuperación de la Memoria Histórica, que costó la vida al obispo Juan Gerardi, se cometieron al menos diez mil asesinatos en las áreas rurales y cien mil personas debieron huir de sus aldeas, de las que casi quinientas fueron exterminadas del mapa.

 

Bajo la tesis ya tan recurrida de la contrainsurgencia de "sacar el agua al pez", uno de los principales blancos fue al pueblo indígena itzil que habita en el Quiché, al nororiente de Guatemala, al que se buscaba diezmar, o acaso hacer desaparecer, señalado como colaborador de la guerrilla por los golpistas, y en eso no había tapujos. Uno de los voceros militares de Ríos Montt llegó a decir en público que lo mejor que podía hacerse para derrotar a los subversivos, era "matar a los indios". Y con esto quería decir ancianos, hombres, mujeres, niños.

 

Hoy, tres décadas después, y a los 86 años de edad, el cruzado neo pentecostal comparece por fin delante de un tribunal civil para responder por varios cargos criminales, el más importante de ellos el de genocidio, junto al general Mauricio Rodríguez Sánchez, entonces jefe de Inteligencia militar (G-2).

 

Los testigos, aún con el temblor del miedo en su voz, relatan atrocidad tras atrocidad, y sus palabras desafían a la imaginación más tenebrosa. Para entonces muchos eran niños que lograron escapar de la sentencia de muerte decretada contra todos ellos por el alto mando. Ríos Montt sabía muy bien de historia sagrada, y los planes que aprobó se parecen mucho a los del rey Herodes, sólo que más sofisticados. Los niños itziles tenían un nombre cifrado en esos planes: chocolate. No había que dejar a un solo chocolate vivo.

 

Soldados que se comían los sesos de los niños después que sus cabezas habían sido abiertas a golpes contra las rocas. Niños lanzados al aire y ensartados en bayonetas. Vientres de mujeres abiertos a cuchillo para sacarles a los hijos en gestación. Niños quemados vivos.

 

Francisco Velasco cuenta que mataron a once familiares suyos y a su hija de doce años la encontró tirada en el piso de su vivienda con el pecho abierto y sin corazón. "Los soldados le sacaron el corazón, no sé si con cuchillo o machete. ¿Mi niña qué delito tenía? ¿Mi mamá qué delito tenía?"

 

Nicolás Toma, de San Juan Cotzal, dice que una patrulla de soldados llegó a su aldea Villa Hortencia Antigua y mataron a todos los niños: "Les metieron bala en el pecho que salió por la espalda". No habla español, y necesita del auxilio de un traductor. Los soldados violaron uno tras otro a las mujeres, ancianas y jóvenes, y luego las degollaron.

 

"No hubo perdón para ancianos, ni niños ni mujeres embarazadas", dice otro, "en ocasiones los niños se iban vivos a las fosas en los rebozos de las madres. Cuando una fosa estaba llena de víctimas, le echaban tierra. Ellos los agarraban del pelo y los puyaban en el pecho, y después los empujaban a la fosa".

 

Otro testigo declara que cuando fueron a buscar a su hijo Pedro de cinco años de edad, "ahí estaba tirado, mi chiquito muerto". Tuvieron que dejarlo en la huida, y "ahora por fin está enterrado en el cementerio de Cunén", después que los antropólogos forenses identificaron sus restos. Y dice otro: "los soldados primero quemaron las casas y a los niños que estaban allí les cortaron el pescuezo con cuchillo, la cabeza la usaban como pelota, nunca se me ha olvidado y nunca se me va a olvidar".

 

¿Quién puede olvidar esta guerra de Herodes para acabar con los chocolates?

 

Masatepe, abril 2013.

 

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