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Lunes, 23 de Septiembre de 2013 09:20

Falleció el narrador y poeta Álvaro Mutis

Reconocido como una de las voces literarias más significativas en lengua castellana, el escritor y poeta colombiano Álvaro Mutis falleció a los 90 años de edad, este domingo en la ciudad de México, donde estableció su residencia desde 1956. El deceso ocurrió en el Instituto Nacional de Cardiología Ignacio Chávez, donde fue hospitalizado el pasado 15 de septiembre, confirmó su esposa Carmen Miracle.

 

Los restos del escritor son velados en la funeraria J. García López, ubicada en San Jerónimo 140.


La relevancia del autor en el ámbito de las letras iberoamericanas está determinada por su vigor y riqueza verbal, así como por su característico entretejido de lírica y narrativa.


Influido por Pablo Neruda, Octavio Paz, Saint-John Perse y Walt Withman, empleó la poesía como vía de conocimiento para el acceso a universos desconocidos, a nuevos mundos donde fuese posible el amor y la buena muerte, según se consigna en una de sus múltiples semblanzas.


Recientemente cumplió su novena década y por ello se realizaron celebraciones literarias en su honor en su natal Colombia, donde el Ministerio de Cultura y la Universidad Nacional realizaron un homenaje. Entre el 26 y el 29 de agosto de este año se realizaron lecturas de sus poemas, una mesa de debate, un ciclo de conferencias sobre su obra, exilio o figura, y se proyectaron los filmes La mansión de Araucaima e Ilona llega con la lluvia, basados en sus novelas.


Álvaro Mutis Jaramillo nació en Bogotá, Colombia, el 25 de agosto de 1923, si bien por cuestiones familiares debió cambiar su residencia a Bruselas, Bélgica, donde vivió entre los dos y nueve años de edad y realizó parte de sus estudios de educación básica.


Tras la repentina de muerte de su padre, el abogado Santiago Mutis Dávila, a los 33 años, quien ocupaba un puesto diplomático en aquel país europeo, la familia tuvo que regresar a Colombia, donde se estableció en una finca propiedad del abuelo materno.


Ambos hechos fueron determinantes para este carismático escritor, cuya literatura está marcada por los recuerdos de infancia entre ambos mundos: los contrastes entre Europa y América Latina, los viajes en barco trasatlántico y la exuberancia de la selva.


“Podría afirmarse que toda la obra de Mutis no es más que una apuesta por salvar esos momentos de natural y auténtica alegría de su infancia, a partir de la espesura de desesperanza adquirida con el paso irremediable de los años”, según escribió Jorge Bustamante García en la edición que La Jornada Semanal dedicó al autor el pasado 25 de agosto de 2013, con motivo de su 90 cumpleaños.


A principios de la década de los años 40 del siglo pasado, Mutis comenzó a trabajar en la radio de su país natal, donde dirigió un programa dedicado a la literatura al tiempo que se desempeñó como lector de noticias.


En ese mismo periodo fue cuando inició su carrera literaria, a partir de la influencia que ejercieron sobre él los escritores surrealistas. Sus primeros poemas y críticas fueron publicados en la revista Vida y en lo suplementos de los diarios El espectador y La Razón. La Balanza es el título de su primer poemario, publicado en 1947, en colaboración con Carlos Patino.


En los años 50, Mutis se vinculó a los jóvenes poetas que giraron en torno de la revista Mito, y en el transcurso de esa década publicó varios poemarios, entre ellos Los elementos del desastre, en el que aparece un personaje que será reincidente en su obra e incluso su alter ego, Maqroll El Gaviero, considerado un hito de la literatura contemporánea en lengua española.


En ese mismo decenio, en 1956, es cuando llega a México procedente de Bogotá, escapando de una acusación de presunto fraude. Tres años después, fue detenido por la Interpol y recluido durante 15 meses en la cárcel de Lecumberri (por cuestiones políticas), experiencia que cambió su visión del dolor y del sufrimiento humano.


No obstante su pasión por las letras, Álvaro Mutis debió trabajar durante muchos años en el área de relaciones públicas en importantes compañías. Eso no le impidió acercarse a personajes de la cultura como Octavio Paz, Carlos Fuentes y Luis Buñuel.


Entre esos trabajos ajenos a la literatura, se encuentran el de director de propaganda de una compañía de seguros, jefe de relaciones públicas de una modesta empresa de aviación y de la Esso, en Colombia.


También fue narrador en castellano de la serie de televisión Los intocables y luego, por poco más de 20 años, se desempeñó como gerente de ventas para América Latina de la Twentieth Century Fox y la Columbia Pictures.


A ello se suman sus colaboraciones periodísticas en revistas, así como su participación en el programa de televisión Encuentros, dedicado a entrevistas con escritores.


Amigo íntimo de Gabriel García Márquez, de hecho ha sido siempre el primer lector de todos sus borradores, Álvaro Mutis cuenta en su haber con los siguientes poemarios: La balanza (1947), Los elementos del desastre, (1953), Reseñas de los hospitales de Ultramar, separata en la revista Mito (1955), Los trabajos perdidos (1965) Summa de Maqroll El Gaviero (1973), Caravansary (1981), Los emisarios (1984) Crónica regia y alabanza del reino (1985), y Un homenaje y siete nocturnos (1986).


Su obra narrativa, en tanto, está comprendida por los libros Diario de Lecumberri (1960), La mansión de Araucaíma (1973), La verdadera historia del flautista de Hammelin (1982), La nieve del Almirante (1986), Ilona llega con la lluvia (1988), Un bel morir (1989), La última escala del Tramp Steamer (1989), La muerte del estratega (1990), Amirbar (1990), Abdul Bashur, soñador de navíos (1991) y Tríptico de mar y tierra (1993).


Entre los premios recibidos por Mutis se encuentran el Nacional de Letras de Colombia, en 1974; el Nacional de Poesía de Colombia, en 1983; el grado de Comendador de la Orden del Águila Azteca, de México, en 1988; el Premio Xavier Villaurrutia, en 1988; la Orden de las Artes y las Letras del gobierno de Francia, en el grado de Caballero, en 1989; el Príncipe de Asturias de las Letras en 1997, el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana en 1997, y el Cervantes en 2001.


(Con información de Dpa)

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  • Antetítulo
  • Autor Ángel Vargas
  • País Colombia
  • Región Suramérica
  • Fuente La Jornada
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Publicado en Colombia
Sábado, 05 de Septiembre de 2009 16:15

Isabel Allende. "La ficción ocurre en el vientre"

Ella dice que no, pero a Isabel Allende le sigue doliendo su último libro. Aunque sea un poco. Ese poco que justifica la tisana caliente con la que calma sus entrañas en lo que a simple vista es una agradable mañana de verano en Sausalito, California (Estados Unidos). La razón de su dolor tiene título: La isla bajo el mar, su última obra. "Me enfermé del estómago. Fue brutal. Estuve mal casi dos años y no me sabían decir de qué. Hasta que terminé de escribir el libro, y ahora estoy sana como un peral", afirma esta chilena menuda de 66 años. Es autora de 19 libros y ha vendido más de 51 millones de ejemplares en 27 idiomas (además de esas otras ediciones piratas que sabe que existen aunque no tiene ni una copia). Pero escribir todavía duele. "La isla bajo el mar es sin duda el libro más doloroso que he escrito nunca. Paula fue doloroso, pero en otro sentido. También fue una terapia, una redención", afirma de la obra que dedicó a su hija muerta. "Pero aquí no hay redención. La esclavitud no tiene redención. Y sigue sin tenerla porque en la actualidad hay millones de mujeres que siguen siendo esclavas". La isla bajo el mar es Guinea, es ese lugar con el que los esclavos soñaban cuando les sacaban hasta la sangre en las colonias, ese paraíso donde al menos sus espíritus encontraban la paz tras la brutalidad con la que se veían acortadas sus vidas. También es la evocación que hace soportable la vida de Zarité, la protagonista de la última novela de Allende, una joven esclava del Congo que nos hará ver el Saint Domingue de 1770 a 1793, antes de ser Haití o República Dominicana, y el Nueva Orleans de principios del siglo XIX. "Lo que allí pasó en esos años fue para enfermar al más sano", agrega con otro sorbo de manzanilla antes de hacerse ella misma la pregunta sobre qué se le había perdido en ese momento de la historia, en esos parajes, para dedicarle dos años de su vida. Nada o todo. Así son las novelas de Isabel Allende. Semillas que están en ella y que un día, no sabe cómo, florecen. "No me acuerdo si fue durmiendo o recién despertada, pero un día tuve un sueño muy poderoso donde vi a Zarité. Así, como está descrita en el libro, alta, segura. Y ya no la tuve que inventar", recuerda de ese momento de inspiración del que nació un personaje que en su opinión no tiene nada que ver con ella.

Rascando más hondo es fácil dar con el momento en el que la semilla de La isla bajo el mar fue plantada en el seno de la escritora chilena. Data de la investigación que hizo para El Zorro (2005). Fue entonces cuando descubrió la existencia de esa Nueva Orleans de principios del XIX donde existía una clase media negra, libre y educada, fruto de la llegada de los más de 10.000 exilados que salieron huyendo de la revolución de Haití, "un colectivo que incluía a las familias blancas, sus concubinas de color y los hijos de sangre mezclada". El tema, obviamente, se quedó con ella. "Te hace entender todo el odio y el resentimiento racial que existe en este país", afirma de ese Estados Unidos al que mudó su residencia en 1988 y donde tiene su hogar. Y en cuanto a que Isabel Allende, sobrina del asesinado presidente de Chile Salvador Allende, nacida en Lima en 1942, que se exilió en 1975 a Venezuela, periodista, feminista y una de las escritoras más populares en español de las últimas décadas, no se parece a Zarité, habría mucho que hablar. Menciona la palabra libertad y sus ojos se iluminan. "Tienes razón. Me parezco a ella en esa búsqueda de la libertad que siempre me ha motivado. Mi obsesión desde pequeña con ser independiente, que nadie me mandara, que nadie me pagara la cuenta en el restaurante, que nadie me pregunte dónde he estado", deja salir de su estómago liberando lo que queda del libro en su interior.

Isabel Allende encontró la libertad en sus libros. Primero en esos que leyó de chica, cuentos de hadas, clásicos rusos o, por siempre, las obras completas de Shakespeare. "Las leí incluso cuando no podía entenderlas, cuando para mí no eran más que historias de amor", se deleita. Henri Troyat y su Mientras la tierra exista le hizo pensar que quería escribir. Pero fue bastantes años más tarde y cuando no sabía muy bien qué hacer con su vida cuando encontró su propia voz. "La literatura me dio esa voz que se va profundizando o afianzando con cada libro. Puedo decir con certeza que mi vida cambió con La casa de los espíritus. Sin su éxito completamente milagroso nunca sería escritora. Antes me sentía muy frustrada, atrapada en un destino mediocre. Pero La casa de los espíritus me dio la oportunidad de escribir y con cada libro encuentro un universo nuevo, un sitio donde me siento cómoda", afirma cual declaración de independencia de ese momento en el que se separó para siempre de la sociedad "católica, conservadora, patriarcal y cerrada" en la que se crió.

La isla bajo el mar también acerca a la escritora una vez más a ese mundo espiritual que tanto le interesa. O le intriga. Aquí es el vudú, las loas. En La casa de los espíritus fue esa carta que se puso a escribir a su abuelo moribundo la que instigó el cambio. En Paula, su hija, fallecida en 1992 víctima de un ataque de porfiria. "En mis libros hay una presencia de la muerte muy fuerte porque soy de la opinión de que el mundo es más de lo que vemos. Se muere mi hija y no puedo creer que se muera todo. No hablo de religión ni de fantasmas pero, como dice mi madre, la inteligencia es ser capaz de ver las cosas detrás del espejo", intenta explicar de ese otro hilo de conexión que enlaza su obra. Libertad, espiritualidad y maternidad. Ésa es la tercera constante que se repite con Allende y a mucha honra porque, como la escritora no se cansa de repetir, sus logros no son sus libros sino el amor que comparte con los suyos. "Para mí la maternidad es muy importante. Soy madre, abuela, suegra, hija y matriarca", asegura en esa oficina que comparte con su segundo marido, el abogado y ahora también escritor William Gordon, rodeada de las diferentes ediciones de sus libros así como de las fotografías de todos aquellos que significan algo en su vida.

Se trata de una oficina excesivamente ordenada, como quien dice para las visitas, aunque Allende recibe más bien pocas. Hasta la llegada del verano la escritora se encierra en esa caseta junto a la piscina que reserva para escribir en su casa de San Rafael (Estados Unidos). Una hibernación literaria que empieza como un reloj cada 8 de enero. "El 7 saco todo lo que tiene que ver con el libro anterior para que no me contamine y me encierro con el nuevo", dice de unas jornadas en ocasiones de hasta 12 horas desde que su perra Olivia la despierta temprano ("a las 6.30 ya estamos en pie") hasta que su esposo la llama para cenar y disfrutar juntos del atardecer y un vaso de vino. A veces ni eso. "Si Willie tiene algún programa, me dan las 12. Uno ya no tiene vida", suspira. Es un proceso metódico y donde sólo conviven con la escritora su ordenador, el diccionario de sinónimos, el de inglés-castellano para evitar los anglicismos propios de alguien que lleva tanto tiempo en Estados Unidos y el silencio. Con mayúsculas. Un extraño silencio que no acepta el sonido de una radio ni una nota de música, pero es inmune al ruido que puedan hacer sus nietos en la piscina. Ése hasta le gusta para escribir. También invita a su retiro al resultado de toda la investigación que ha ido recopilando sobre su futuro libro, un proceso de dos años que en esta ocasión incluyó la obra de Alejo Carpentier y la de Madison Smartt Bell, Toussaint-Louverture: A Biography. Siempre prefiere buscar sus referencias históricas en otras novelas más que en libros de texto o buscadores de Internet. "Una información más orgánica", dice. Y lo suyo sigue siendo las anotaciones y los subrayados. Nada de complicarse la vida con tecnologías más modernas. La domina la misma razón que la frena a la hora de escribir en inglés. "La ficción ocurre en el vientre y si lo proceso demasiado se me pone duro", afirma, como si no supiéramos todavía que Allende escribe desde sus entrañas.

Eso no evita las críticas. Los que la descalifican por ser demasiado popular. O esos otros que ni la llaman escritora y prefieren el término de "escribidora". La autora no pierde el tiempo con esas críticas, segura de que no pueden acabar con su marcado sentido de la independencia. "Por eso he sido tan feliz en California. Porque a nadie le importa un pepino lo que haga", se explaya, alejada de las críticas más sarnosas. Le alegra haber escrito de todo, "ficción, infantil, memorias; cada libro es un experimento", y sabe sus limitaciones. "Me costaría mucho escribir la historia de una señora de un suburbio de Chicago", reconoce. Lo suyo, admite, es mágico. Como la realidad. No confundir con un tipo de literatura. "Lo del realismo mágico era antes. Ahora no sé hacia dónde estamos evolucionando, pero sí sé que existe una generación urbana de escritores que se reencuentra. La de Gabriel García Márquez no era urbana", perfila de las nuevas voces de la literatura latinoamericana influidas por lo visual y por lo inmediato.

Para Allende, los años de profesión no hacen el proceso más fácil. Quizá si siempre hiciera lo mismo. Pero cada libro tiene sus necesidades. Y hay que encontrar esa voz que a veces no aparece. Como tras la muerte de su hija, que no pudo escribir durante tres años. O cuando empezó esa otra novela, una historia que transcurría en la Segunda Guerra Mundial y en los años de la resistencia española mezclada con los recuerdos de su madre. "No pude dar con el tono", se lamenta del reciente fracaso. En ese momento, todo a la papelera y a empezar de nuevo. "Si no lo boto de la computadora tendré la tentación de reutilizarlo y nunca queda bien". La edad tampoco facilita las cosas. "A mi edad la gente se jubila", dice con un mohín, aunque no suena muy convencida de que ése sea su futuro. De momento piensa bajar el ritmo. En lugar de un libro por año, uno cada dos para tener más tiempo para su familia. Pero abandonar la literatura, nunca. "Hay algo maravilloso en el lenguaje. ¡Cómo nos vamos a comunicar tan sólo por mensajes de texto!", se rebela de un medio en el que encuentra su nirvana. Menos cuando duele. Pero eso es pasajero. "Cada novela se queda conmigo hasta el próximo libro. Y luego, chao pescao".

Por ROCÍO AYUSO 05/09/2009
Publicado en Internacional
Durante mucho tiempo, el escritor boliviano  soñó con dedicarse a la política. No desde la militancia en un partido, aclara, sino como analista político en un periódico. En 1985 llegó a Buenos Aires y se hizo hincha de Boca mientras cursaba la carrera de Relaciones Internacionales. Pronto se dio cuenta de que quería escribir ficción. Empezó a bosquejar un camino que lo llevó de los cuentos breves a las novelas, hasta que en 1988 fue a estudiar a los Estados Unidos –donde reside actualmente– y casi sin darse cuenta la literatura fue desplazando ese viejo sueño. No del todo, claro, porque en muchas de sus novelas, como en la última Palacio Quemado (Alfaguara), la narración se transforma en un espacio donde emergen las relaciones “perversas” entre el poder y los intelectuales, entre la política y la violencia. Sin comprometerse con los colores de un partido –como muchos otros aprendió que lo mejor era “picotear” tanto de la centro-izquierda como de la centro-derecha–, Oscar es un historiador que alquila su pluma al mejor postor y escribe los discursos del presidente, Canedo de la Tapia, en un período de huelgas y protestas callejeras. Fascinado con las bambalinas del poder, poco a poco pone las palabras al servicio de la justificación de una nueva ley impositiva aprobada por el gabinete de ministros. Pero la Central Obrera rechaza al gobierno al grito de “fusil, metralla, el pueblo no se calla”. Aunque su misión consiste en amortiguar los ánimos exaltados del pueblo, ingresar en las entrañas de la casa de gobierno boliviana tiene sus costos: perder perspectiva crítica, autonomía. Pero mientras escribe para Canedo, Oscar alcanzará a comprender las razones que llevaron a su hermano a suicidarse treinta años atrás.

Palacio Quemado es una novela en la que Paz Soldán captó las transformaciones profundas que se avecinaban en la política de Bolivia. “Quería que hubiera un retrato de la clase media bien intencionada que admitía que había que cambiar las estructuras profundas del país, pero que a la vez trataba de que se postergaran esos cambios porque sabía que inevitablemente iba a conllevar una pérdida de su peso político. Quieren cambiar, pero no están muy decididos a hacerlo”, plantea el escritor boliviano en la entrevista con Página/12.

–¿Cómo hizo para “anticipar” la llegada de Evo Morales a la presidencia?

–Eso es bien curioso, porque escribí la novela entre 2004 y 2005. En ese momento estaba Carlos Mesa en el poder y todavía tenía un par de años de mandato, que luego se acortaron. Lo que fue muy raro es que cuando ya había entregado el manuscrito de Palacio Quemado, a fines de 2005, Evo ganó las elecciones y asumió en enero de 2006. Mi novela salió a mediados del 2006, entonces muchas cosas que se leyeron en la novela como que si las hubiera dicho cuando cambió el modelo y subió Evo, ya estaban escritas antes. Yo quería leer la crisis del segundo gobierno de Sánchez de Lozada, que terminó con más de 60 muertos, como el fin del modelo neoliberal en Bolivia. Ya Carlos Mesa anunciaba la transición hacia otra cosa, el modelo ya había explotado por dentro. La idea de la novela era convertir eso en una especie de final simbólico.

–¿Escribió discursos políticos alguna vez?

–No, nunca. Lo más curioso es que la gente piensa que he estado metido en política, y de hecho hubo un rumor en Bolivia y hace un año me preguntaron si yo escribía discursos para Evo. Y me sentí un poco ofendido porque Evo improvisa (risas). Y el secreto de su éxito y de sus errores es que Evo dice cosas intempestivas todo el tiempo. Pero tengo amigos escritores en Bolivia que han escrito discursos para otros presidentes, y cuando contaba esta novela en Perú, Chile o en México siempre tenía otros amigos escritores que me decían: “Ah, como fulanito”, y eso me relevaba la relación estrecha que ha existido siempre entre los intelectuales y el poder en América latina. Era el tema de fondo que me interesaba explorar.

–¿Cómo analiza esa relación?

–La veo como una relación perversa. Octavio Paz decía que a América latina le faltaba un pensamiento crítico. Y creo que parte de la explicación tiene que ver con el hecho de que a los intelectuales latinoamericanos les ha costado cortar amarras con el poder. La relación es bien ambivalente. Siempre ha habido escritores con una gran independencia política, que han sido capaces de luchar por sus ideas y que han mantenido una distancia muy sana con respecto al poder. Y lo han criticado. Pero uno de los gestos más típicos es criticar, pero a la vez estar fascinados por ese poder. Y a los políticos les interesa cooptar a los intelectuales. Quizás el caso paradigmático de esta ambivalencia es García Márquez. El otoño del patriarca es una de las mejores novelas sobre la corrupción del poder en América latina. Pero García Márquez no pudo mantener esa lucidez en su vida diaria. Todos sus justificativos respecto de su relación con (Fidel) Castro siempre han hecho agua.

–¿Alguna vez intentaron cooptarlo en Bolivia?

–No directamente, nunca recibí un llamado. Pero a veces cuando voy a Cochabamba me preguntan si estaría interesado en meterme en política, y una de las cosas que siempre he respondido es que parte de mi credibilidad, si puede llamarse así, como escritor, tiene que ver con el hecho de que en todos estos años me mantuve al margen. Y eso me ha dado libertad para poder criticar a Sánchez de Lozada y a Evo. Uno nunca puede decir nunca, pero escribí mucho sobre la situación política boliviana para periódicos en el exterior, y de alguna forma siento que perdería mucho si participara en política. Ahora, si de verdad me llamaran y me apasionara la política, mandaría todo al diablo, pero la política no es algo que me tiente lo suficiente. Me tienta más la posición del escritor o del intelectual que trata de entender lo que está ocurriendo en su país.

–¿Pero qué pasaría si le ofrecieran ser ministro de Cultura?

–(Piensa.) Creo que el problema de los intelectuales en Latinoamérica, y espero no comerme estas palabras algún día (risas), es que sentimos que a veces las palabras no son suficientes y buscamos influir en el curso de los acontecimientos. Pero de verdad pienso que escribir es una de las formas más intensas que tenemos de relacionarnos con la política. A veces tenemos una idea muy limitada de lo que significa la política, y esa idea limitada es ser político. Lo que no me interesa es la indiferencia política, pero para mi temperamento, la forma adecuada que he encontrado, casi por accidente, ha sido la reflexión a través de ensayos, crónicas o novelas. En mis novelas la política ha aparecido de manera casi obsesiva.
Paz Soldán reconoce que esa obsesión se fue agotando. En febrero publicará en España su nueva novela, Los vivos y los muertos, ambientada en un colegio norteamericano. “Ni siquiera hay personajes latinos –anticipa el escritor–. Es una novela sobre la psicopatología de la violencia en la vida cotidiana en los Estados Unidos. Es mi primera novela no ambientada en Bolivia. Lo que siento que ha pasado es que desde la llegada de Evo al poder ha habido tanto interés en los medios por lo que está ocurriendo en Bolivia que he estado escribiendo muchos artículos, ensayos y crónicas para entender la situación boliviana, y de alguna forma me he saturado del tema. Me parece que la ficción se me ha convertido en un escape de tanto estar metido en el día a día de Bolivia.”

–¿Qué cuestiones le interesan del proceso que encabeza Evo en Bolivia?

–El cambio era necesario. En los últimos quince años se hicieron muchos esfuerzos para que haya una mayor inclusión social y que grupos tradicionalmente excluidos de la toma de decisiones tuvieran un mayor peso político. Con Evo eso se revitalizó, y es una de las mejores cosas que le ha pasado a la política boliviana. La foto oficial del poder es mucho más representativa de lo que es hoy Bolivia. También creo que la forma en que se aplicó el modelo neoliberal en Bolivia fue salvaje y la recuperación de la soberanía nacional a través de ciertas decisiones como la nacionalización del petróleo ha sido muy positiva.

–¿Qué aspectos de la política de Evo considera erráticos?

–No se puede hacer una revolución sin incluir las demandas de Santa Cruz, que en este momento es el departamento más poderoso económicamente; un departamento que tiene una idiosincrasia diferente a la región andina. La gente piensa que Bolivia es un país andino, pero más de la mitad del país pertenece a la cuenca del Amazonas, al trópico. Santa Cruz tiene un peso político que no está acorde con su influencia en la economía nacional. Hacer esta revolución etnopopulista de Evo, una revolución de izquierda en la que los indígenas tienen un mayor poder en la toma de decisiones, era algo que se tenía que hacer hace mucho tiempo. Pero a Santa Cruz hay que darle un mayor peso político, y creo que ese es un error de Evo.
Por, Silvina Friera
Publicado en Internacional
Lunes, 26 de Julio de 2010 09:42

Al rescate de la novela histórica

Es gracias al documento como podemos conocer la historia. Algunos escritores han recreado de manera fascinante y novelada apartes de ella. Pero, para nuestra mala fortuna, se ha venido perdiendo sustancialmente esa costumbre.

Para hablar de la novela histórica, no podemos hacerlo sin nombrar a Juan Rodríguez Freyle, quien en 1640, y tras seis años de escritura, lega a la humanidad una monumental obra, una gran pieza histórica que tituló Conquista y descubrimiento del Nuevo Reino de Granada de las Indias Occidentales del Mar Océano, y Fundación de la ciudad de Santafé de Bogotá, primera de este reino donde se fundó la Real Audiencia y Cancillería, siendo la cabeza se hizo su arzobispado, y que luego, por practicidad, escribanos y lectores empezaron a llamarla Carnero. Una de las principales hipótesis y la que más fuerza tiene, de por qué este título, es la mencionada por algunos especialistas en la obra: “Es el hombre genérico con el que se designan los manuscritos por estar forrados o escritos en pieles de carnero”. Es, pues, este escritor, nuestro principal referente para concebir la novela histórica. Pero no podemos dejar de lado a Gabriel García Márquez con su El general en su laberinto, que, aunque escrita más de tres siglos después del Carnero, y enmarcada en la narrativa contemporánea, es otra obra magistral que muestra el final de la vida de Bolívar. O, para no ir tan lejos, mencionemos al escritor colombiano William Ospina, quien también magistralmente nos entrega su novela El país de la canela, en la que refleja la ambición, la codicia, la avaricia y las leyendas que se tejían sobre el continente americano, de los conquistadores españoles en América.

Temática del ‘Carnero’

Es una crónica extensa en la que el autor narra en forma soberbia y sencilla apartes de la vida de los conquistadores, hechos controversiales como secretos familiares, brujería, superchería y fraudes, entre otros, de los conquistadores en estas tierras. La obra está compuesta por 21 capítulos en los cuales se narra lo que sucedió durante los 100 años siguientes a 1538, justo después que Gonzalo Jiménez de Quesada en 1537 llegase a América, y más exactamente a Bacatá, en busca del mítico El Dorado. En el extenso título, el autor quiso plantear globalmente lo que narraría en los 21 capítulos. Al parecer, la vida de Rodríguez Freyle juega un papel muy importante en el Carnero, pues es uno de los hilos conductores del relato histórico, ya que en él trabaja y pone a prueba su memoria. El relato es contado según su estado de ánimo. Sin embargo, no se ha podido precisar con exactitud que eso sea así. Ni los historiadores han logrado ponerse de acuerdo sobre la fecha de su muerte. Al arranque de cada capítulo, el autor hace una pequeña introducción en la que inicia al lector y lo prepara con lo que se topará en la trayectoria del capítulo.

Narrativa contemporánea:
‘El general en su laberinto’

En El general en su laberinto, el escritor, de modo claro y conciso, narra los últimos 10 años de la vida del Libertador (1820-1830), que termina en la Quinta de San Pedro Alejandrino el 17 de diciembre de 1930.

El objetivo de la novela es dar a conocer y analizar los acontecimientos del último viaje del caraqueño, y que llevaron a su muerte. Además, el autor destaca en especial el patriotismo de Bolívar, su coraje, su valentía, por lograr la libertad de todo un pueblo. En la obra, Gabriel García Márquez refleja el carácter inconforme y de luchador incansable de un ser humano ante las injusticias y la explotación del hombre por el hombre, pero, ante todo, a quien siempre se mostró sensible y comprometido con la libertad de su pueblo.

‘El país de la canela’

Es una de las novelas históricas más recientes. En ella, William Ospina muestra la ilusión y el impulso de algunos conquistadores españoles, quienes emprenden una expedición hacia Perú, con el único fin de encontrar algo que ya no había en Europa y se consideraba más valioso que el oro mismo: la canela. En el transcurso del relato, el escritor narra la ambición de los conquistadores españoles, a quienes los movía ante todo la conquista de América. Además, las leyendas sobre tesoros fabulosos, ilusiones intangibles como un país rico en canela, o la leyenda de El Dorado. Las especias olorosas, entre las que se encontraba la canela, eran muy apreciadas por los europeos: una razón más para que el escritor colombiano hiciese de un sueño, de la voracidad de los conquistadores, una tangible realidad escrita.

Para la expedición fueron necesarios 240 españoles, 4.000 indígenas y 2.000 llamas, además de perros de presa y cerdos que sirvieron de alimento para todos, pues, cuando terminaron con los cerdos, cualquier animal fue bueno para comer. Todo ello para hacer, de manera azarosa, fortuita, el descubrimiento del río Amazonas. Es así como se da la mayoría de los descubrimientos. Por eso, algún día todo ser humano debiera descubrir por lo menos estas tres obras para conocer sus raíces, y saber que hombres como Simón Bolívar trabajaron por su libertad, y que escritores como estos tres nos dejan los documentos claves para conocer así sea apartes de nuestra historia. No en vano El país de la canela fue galardonada con el Premio de Novela Rómulo Gallegos.

De no ser por la palabra escrita, por documentos como estos, no pudiéramos afrontar con una conciencia mejor formada la conmemoración del bicentenario de nuestra independencia con respecto a España.

Publicado en Edición 159
Lunes, 26 de Julio de 2010 09:42

Al rescate de la novela histórica

Es gracias al documento como podemos conocer la historia. Algunos escritores han recreado de manera fascinante y novelada apartes de ella. Pero, para nuestra mala fortuna, se ha venido perdiendo sustancialmente esa costumbre.

Para hablar de la novela histórica, no podemos hacerlo sin nombrar a Juan Rodríguez Freyle, quien en 1640, y tras seis años de escritura, lega a la humanidad una monumental obra, una gran pieza histórica que tituló Conquista y descubrimiento del Nuevo Reino de Granada de las Indias Occidentales del Mar Océano, y Fundación de la ciudad de Santafé de Bogotá, primera de este reino donde se fundó la Real Audiencia y Cancillería, siendo la cabeza se hizo su arzobispado, y que luego, por practicidad, escribanos y lectores empezaron a llamarla Carnero. Una de las principales hipótesis y la que más fuerza tiene, de por qué este título, es la mencionada por algunos especialistas en la obra: “Es el hombre genérico con el que se designan los manuscritos por estar forrados o escritos en pieles de carnero”. Es, pues, este escritor, nuestro principal referente para concebir la novela histórica. Pero no podemos dejar de lado a Gabriel García Márquez con su El general en su laberinto, que, aunque escrita más de tres siglos después del Carnero, y enmarcada en la narrativa contemporánea, es otra obra magistral que muestra el final de la vida de Bolívar. O, para no ir tan lejos, mencionemos al escritor colombiano William Ospina, quien también magistralmente nos entrega su novela El país de la canela, en la que refleja la ambición, la codicia, la avaricia y las leyendas que se tejían sobre el continente americano, de los conquistadores españoles en América.

Temática del ‘Carnero’

Es una crónica extensa en la que el autor narra en forma soberbia y sencilla apartes de la vida de los conquistadores, hechos controversiales como secretos familiares, brujería, superchería y fraudes, entre otros, de los conquistadores en estas tierras. La obra está compuesta por 21 capítulos en los cuales se narra lo que sucedió durante los 100 años siguientes a 1538, justo después que Gonzalo Jiménez de Quesada en 1537 llegase a América, y más exactamente a Bacatá, en busca del mítico El Dorado. En el extenso título, el autor quiso plantear globalmente lo que narraría en los 21 capítulos. Al parecer, la vida de Rodríguez Freyle juega un papel muy importante en el Carnero, pues es uno de los hilos conductores del relato histórico, ya que en él trabaja y pone a prueba su memoria. El relato es contado según su estado de ánimo. Sin embargo, no se ha podido precisar con exactitud que eso sea así. Ni los historiadores han logrado ponerse de acuerdo sobre la fecha de su muerte. Al arranque de cada capítulo, el autor hace una pequeña introducción en la que inicia al lector y lo prepara con lo que se topará en la trayectoria del capítulo.

Narrativa contemporánea:
‘El general en su laberinto’

En El general en su laberinto, el escritor, de modo claro y conciso, narra los últimos 10 años de la vida del Libertador (1820-1830), que termina en la Quinta de San Pedro Alejandrino el 17 de diciembre de 1930.

El objetivo de la novela es dar a conocer y analizar los acontecimientos del último viaje del caraqueño, y que llevaron a su muerte. Además, el autor destaca en especial el patriotismo de Bolívar, su coraje, su valentía, por lograr la libertad de todo un pueblo. En la obra, Gabriel García Márquez refleja el carácter inconforme y de luchador incansable de un ser humano ante las injusticias y la explotación del hombre por el hombre, pero, ante todo, a quien siempre se mostró sensible y comprometido con la libertad de su pueblo.

‘El país de la canela’

Es una de las novelas históricas más recientes. En ella, William Ospina muestra la ilusión y el impulso de algunos conquistadores españoles, quienes emprenden una expedición hacia Perú, con el único fin de encontrar algo que ya no había en Europa y se consideraba más valioso que el oro mismo: la canela. En el transcurso del relato, el escritor narra la ambición de los conquistadores españoles, a quienes los movía ante todo la conquista de América. Además, las leyendas sobre tesoros fabulosos, ilusiones intangibles como un país rico en canela, o la leyenda de El Dorado. Las especias olorosas, entre las que se encontraba la canela, eran muy apreciadas por los europeos: una razón más para que el escritor colombiano hiciese de un sueño, de la voracidad de los conquistadores, una tangible realidad escrita.

Para la expedición fueron necesarios 240 españoles, 4.000 indígenas y 2.000 llamas, además de perros de presa y cerdos que sirvieron de alimento para todos, pues, cuando terminaron con los cerdos, cualquier animal fue bueno para comer. Todo ello para hacer, de manera azarosa, fortuita, el descubrimiento del río Amazonas. Es así como se da la mayoría de los descubrimientos. Por eso, algún día todo ser humano debiera descubrir por lo menos estas tres obras para conocer sus raíces, y saber que hombres como Simón Bolívar trabajaron por su libertad, y que escritores como estos tres nos dejan los documentos claves para conocer así sea apartes de nuestra historia. No en vano El país de la canela fue galardonada con el Premio de Novela Rómulo Gallegos.

De no ser por la palabra escrita, por documentos como estos, no pudiéramos afrontar con una conciencia mejor formada la conmemoración del bicentenario de nuestra independencia con respecto a España.

Publicado en Edición 159
Lunes, 26 de Julio de 2010 09:42

Al rescate de la novela histórica

Es gracias al documento como podemos conocer la historia. Algunos escritores han recreado de manera fascinante y novelada apartes de ella. Pero, para nuestra mala fortuna, se ha venido perdiendo sustancialmente esa costumbre.

Para hablar de la novela histórica, no podemos hacerlo sin nombrar a Juan Rodríguez Freyle, quien en 1640, y tras seis años de escritura, lega a la humanidad una monumental obra, una gran pieza histórica que tituló Conquista y descubrimiento del Nuevo Reino de Granada de las Indias Occidentales del Mar Océano, y Fundación de la ciudad de Santafé de Bogotá, primera de este reino donde se fundó la Real Audiencia y Cancillería, siendo la cabeza se hizo su arzobispado, y que luego, por practicidad, escribanos y lectores empezaron a llamarla Carnero. Una de las principales hipótesis y la que más fuerza tiene, de por qué este título, es la mencionada por algunos especialistas en la obra: “Es el hombre genérico con el que se designan los manuscritos por estar forrados o escritos en pieles de carnero”. Es, pues, este escritor, nuestro principal referente para concebir la novela histórica. Pero no podemos dejar de lado a Gabriel García Márquez con su El general en su laberinto, que, aunque escrita más de tres siglos después del Carnero, y enmarcada en la narrativa contemporánea, es otra obra magistral que muestra el final de la vida de Bolívar. O, para no ir tan lejos, mencionemos al escritor colombiano William Ospina, quien también magistralmente nos entrega su novela El país de la canela, en la que refleja la ambición, la codicia, la avaricia y las leyendas que se tejían sobre el continente americano, de los conquistadores españoles en América.

Temática del ‘Carnero’

Es una crónica extensa en la que el autor narra en forma soberbia y sencilla apartes de la vida de los conquistadores, hechos controversiales como secretos familiares, brujería, superchería y fraudes, entre otros, de los conquistadores en estas tierras. La obra está compuesta por 21 capítulos en los cuales se narra lo que sucedió durante los 100 años siguientes a 1538, justo después que Gonzalo Jiménez de Quesada en 1537 llegase a América, y más exactamente a Bacatá, en busca del mítico El Dorado. En el extenso título, el autor quiso plantear globalmente lo que narraría en los 21 capítulos. Al parecer, la vida de Rodríguez Freyle juega un papel muy importante en el Carnero, pues es uno de los hilos conductores del relato histórico, ya que en él trabaja y pone a prueba su memoria. El relato es contado según su estado de ánimo. Sin embargo, no se ha podido precisar con exactitud que eso sea así. Ni los historiadores han logrado ponerse de acuerdo sobre la fecha de su muerte. Al arranque de cada capítulo, el autor hace una pequeña introducción en la que inicia al lector y lo prepara con lo que se topará en la trayectoria del capítulo.

Narrativa contemporánea:
‘El general en su laberinto’

En El general en su laberinto, el escritor, de modo claro y conciso, narra los últimos 10 años de la vida del Libertador (1820-1830), que termina en la Quinta de San Pedro Alejandrino el 17 de diciembre de 1930.

El objetivo de la novela es dar a conocer y analizar los acontecimientos del último viaje del caraqueño, y que llevaron a su muerte. Además, el autor destaca en especial el patriotismo de Bolívar, su coraje, su valentía, por lograr la libertad de todo un pueblo. En la obra, Gabriel García Márquez refleja el carácter inconforme y de luchador incansable de un ser humano ante las injusticias y la explotación del hombre por el hombre, pero, ante todo, a quien siempre se mostró sensible y comprometido con la libertad de su pueblo.

‘El país de la canela’

Es una de las novelas históricas más recientes. En ella, William Ospina muestra la ilusión y el impulso de algunos conquistadores españoles, quienes emprenden una expedición hacia Perú, con el único fin de encontrar algo que ya no había en Europa y se consideraba más valioso que el oro mismo: la canela. En el transcurso del relato, el escritor narra la ambición de los conquistadores españoles, a quienes los movía ante todo la conquista de América. Además, las leyendas sobre tesoros fabulosos, ilusiones intangibles como un país rico en canela, o la leyenda de El Dorado. Las especias olorosas, entre las que se encontraba la canela, eran muy apreciadas por los europeos: una razón más para que el escritor colombiano hiciese de un sueño, de la voracidad de los conquistadores, una tangible realidad escrita.

Para la expedición fueron necesarios 240 españoles, 4.000 indígenas y 2.000 llamas, además de perros de presa y cerdos que sirvieron de alimento para todos, pues, cuando terminaron con los cerdos, cualquier animal fue bueno para comer. Todo ello para hacer, de manera azarosa, fortuita, el descubrimiento del río Amazonas. Es así como se da la mayoría de los descubrimientos. Por eso, algún día todo ser humano debiera descubrir por lo menos estas tres obras para conocer sus raíces, y saber que hombres como Simón Bolívar trabajaron por su libertad, y que escritores como estos tres nos dejan los documentos claves para conocer así sea apartes de nuestra historia. No en vano El país de la canela fue galardonada con el Premio de Novela Rómulo Gallegos.

De no ser por la palabra escrita, por documentos como estos, no pudiéramos afrontar con una conciencia mejor formada la conmemoración del bicentenario de nuestra independencia con respecto a España.

Publicado en Edición 159
Lunes, 26 de Julio de 2010 09:42

Al rescate de la novela histórica

Es gracias al documento como podemos conocer la historia. Algunos escritores han recreado de manera fascinante y novelada apartes de ella. Pero, para nuestra mala fortuna, se ha venido perdiendo sustancialmente esa costumbre.

Para hablar de la novela histórica, no podemos hacerlo sin nombrar a Juan Rodríguez Freyle, quien en 1640, y tras seis años de escritura, lega a la humanidad una monumental obra, una gran pieza histórica que tituló Conquista y descubrimiento del Nuevo Reino de Granada de las Indias Occidentales del Mar Océano, y Fundación de la ciudad de Santafé de Bogotá, primera de este reino donde se fundó la Real Audiencia y Cancillería, siendo la cabeza se hizo su arzobispado, y que luego, por practicidad, escribanos y lectores empezaron a llamarla Carnero. Una de las principales hipótesis y la que más fuerza tiene, de por qué este título, es la mencionada por algunos especialistas en la obra: “Es el hombre genérico con el que se designan los manuscritos por estar forrados o escritos en pieles de carnero”. Es, pues, este escritor, nuestro principal referente para concebir la novela histórica. Pero no podemos dejar de lado a Gabriel García Márquez con su El general en su laberinto, que, aunque escrita más de tres siglos después del Carnero, y enmarcada en la narrativa contemporánea, es otra obra magistral que muestra el final de la vida de Bolívar. O, para no ir tan lejos, mencionemos al escritor colombiano William Ospina, quien también magistralmente nos entrega su novela El país de la canela, en la que refleja la ambición, la codicia, la avaricia y las leyendas que se tejían sobre el continente americano, de los conquistadores españoles en América.

Temática del ‘Carnero’

Es una crónica extensa en la que el autor narra en forma soberbia y sencilla apartes de la vida de los conquistadores, hechos controversiales como secretos familiares, brujería, superchería y fraudes, entre otros, de los conquistadores en estas tierras. La obra está compuesta por 21 capítulos en los cuales se narra lo que sucedió durante los 100 años siguientes a 1538, justo después que Gonzalo Jiménez de Quesada en 1537 llegase a América, y más exactamente a Bacatá, en busca del mítico El Dorado. En el extenso título, el autor quiso plantear globalmente lo que narraría en los 21 capítulos. Al parecer, la vida de Rodríguez Freyle juega un papel muy importante en el Carnero, pues es uno de los hilos conductores del relato histórico, ya que en él trabaja y pone a prueba su memoria. El relato es contado según su estado de ánimo. Sin embargo, no se ha podido precisar con exactitud que eso sea así. Ni los historiadores han logrado ponerse de acuerdo sobre la fecha de su muerte. Al arranque de cada capítulo, el autor hace una pequeña introducción en la que inicia al lector y lo prepara con lo que se topará en la trayectoria del capítulo.

Narrativa contemporánea:
‘El general en su laberinto’

En El general en su laberinto, el escritor, de modo claro y conciso, narra los últimos 10 años de la vida del Libertador (1820-1830), que termina en la Quinta de San Pedro Alejandrino el 17 de diciembre de 1930.

El objetivo de la novela es dar a conocer y analizar los acontecimientos del último viaje del caraqueño, y que llevaron a su muerte. Además, el autor destaca en especial el patriotismo de Bolívar, su coraje, su valentía, por lograr la libertad de todo un pueblo. En la obra, Gabriel García Márquez refleja el carácter inconforme y de luchador incansable de un ser humano ante las injusticias y la explotación del hombre por el hombre, pero, ante todo, a quien siempre se mostró sensible y comprometido con la libertad de su pueblo.

‘El país de la canela’

Es una de las novelas históricas más recientes. En ella, William Ospina muestra la ilusión y el impulso de algunos conquistadores españoles, quienes emprenden una expedición hacia Perú, con el único fin de encontrar algo que ya no había en Europa y se consideraba más valioso que el oro mismo: la canela. En el transcurso del relato, el escritor narra la ambición de los conquistadores españoles, a quienes los movía ante todo la conquista de América. Además, las leyendas sobre tesoros fabulosos, ilusiones intangibles como un país rico en canela, o la leyenda de El Dorado. Las especias olorosas, entre las que se encontraba la canela, eran muy apreciadas por los europeos: una razón más para que el escritor colombiano hiciese de un sueño, de la voracidad de los conquistadores, una tangible realidad escrita.

Para la expedición fueron necesarios 240 españoles, 4.000 indígenas y 2.000 llamas, además de perros de presa y cerdos que sirvieron de alimento para todos, pues, cuando terminaron con los cerdos, cualquier animal fue bueno para comer. Todo ello para hacer, de manera azarosa, fortuita, el descubrimiento del río Amazonas. Es así como se da la mayoría de los descubrimientos. Por eso, algún día todo ser humano debiera descubrir por lo menos estas tres obras para conocer sus raíces, y saber que hombres como Simón Bolívar trabajaron por su libertad, y que escritores como estos tres nos dejan los documentos claves para conocer así sea apartes de nuestra historia. No en vano El país de la canela fue galardonada con el Premio de Novela Rómulo Gallegos.

De no ser por la palabra escrita, por documentos como estos, no pudiéramos afrontar con una conciencia mejor formada la conmemoración del bicentenario de nuestra independencia con respecto a España.

Publicado en Edición 159
Lunes, 24 de Agosto de 2009 16:45

Fababela y El Diablo

Hace tiempo que el diablo no visita el mundo. En el límite de dos ciudades como espejos –“Faba” y “Bela”–, y en una temporada tan poco propicia para lo diabólico como la época navideña, acaba de llegar un niño pálido como la sal, triste como la eternidad y rico como el fondo del mar.

A partir de entonces, cada año y luego cada seis meses y luego cada tres meses, el niño vuelve para ser testigo de la contienda de las ciudades hermanas por construir una torre que llegue al cielo. Sólo una jovencita y un jovencito –habitantes de una y otra ciudad– han advertido que esta enloquecida competencia por alcanzar las nubes va a conducirlos a la tragedia, y tratarán de impedirlo aunque ellos mismos sufren un mal extraño: la niña no puede exponerse a los rayos del sol sin que su piel se desgarre, y el muchacho tiene una virtud como maldición: cuando retrata a las personas, les dibuja no las fisonomías sino las almas, sus defectos, aquellas debilidades por donde esas almas van a perderse.

¿Podrá volver al cielo el niño, que no es otro que el mítico ángel caído –el Diablo– o los dos jovenzuelos protagonistas serán capaces de impedírselo? Esta es la disyuntiva que los conducirá a todos a un desenlace inimaginable.

 
RICARDO CHÁVEZ CASTAÑEDA (Ciudad de México, 1961) tiene 28 libros publicados con los cuales ha obtenido importantes reconocimientos internacionales (Argentina, Premio Borges de cuento; Ecuador, Premio en la Bienal Internacional de Literatura Infantil y Juvenil; España, Finalista del premio Hammett en dos ocasiones y Accésit del premio internacional de cuento “Aresti” en dos ocasiones; Cuba, Mención honorífica en el premio de novela Casa de las Américas en dos ocasiones, y México, Premio Latinoamericano de Cuento) y los premios nacionales más importantes en México (cuento, novela, literatura infantil, literatura juvenil).

Para Ricardo Chávez Castañeda, la única literatura verdadera es aquella concentrada obsesivamente en el sufrimiento humano. Una literatura que enseñe a afinar la capacidad y la sensibilidad al dolor. Una literatura como epidemia para contagiar del sentimiento trágico, a fin de aprender a sobrevivir en las ruinas y en la ruindad que llamamos vida.

Fababela y El Diablo
Formato: 21 x 33 cm
Páginas: 72
Ilustrada

Publicado en Biblioteca Internautas
Lunes, 24 de Agosto de 2009 16:45

Fababela y El Diablo

Hace tiempo que el diablo no visita el mundo. En el límite de dos ciudades como espejos –“Faba” y “Bela”–, y en una temporada tan poco propicia para lo diabólico como la época navideña, acaba de llegar un niño pálido como la sal, triste como la eternidad y rico como el fondo del mar.

A partir de entonces, cada año y luego cada seis meses y luego cada tres meses, el niño vuelve para ser testigo de la contienda de las ciudades hermanas por construir una torre que llegue al cielo. Sólo una jovencita y un jovencito –habitantes de una y otra ciudad– han advertido que esta enloquecida competencia por alcanzar las nubes va a conducirlos a la tragedia, y tratarán de impedirlo aunque ellos mismos sufren un mal extraño: la niña no puede exponerse a los rayos del sol sin que su piel se desgarre, y el muchacho tiene una virtud como maldición: cuando retrata a las personas, les dibuja no las fisonomías sino las almas, sus defectos, aquellas debilidades por donde esas almas van a perderse.

¿Podrá volver al cielo el niño, que no es otro que el mítico ángel caído –el Diablo– o los dos jovenzuelos protagonistas serán capaces de impedírselo? Esta es la disyuntiva que los conducirá a todos a un desenlace inimaginable.

 
RICARDO CHÁVEZ CASTAÑEDA (Ciudad de México, 1961) tiene 28 libros publicados con los cuales ha obtenido importantes reconocimientos internacionales (Argentina, Premio Borges de cuento; Ecuador, Premio en la Bienal Internacional de Literatura Infantil y Juvenil; España, Finalista del premio Hammett en dos ocasiones y Accésit del premio internacional de cuento “Aresti” en dos ocasiones; Cuba, Mención honorífica en el premio de novela Casa de las Américas en dos ocasiones, y México, Premio Latinoamericano de Cuento) y los premios nacionales más importantes en México (cuento, novela, literatura infantil, literatura juvenil).

Para Ricardo Chávez Castañeda, la única literatura verdadera es aquella concentrada obsesivamente en el sufrimiento humano. Una literatura que enseñe a afinar la capacidad y la sensibilidad al dolor. Una literatura como epidemia para contagiar del sentimiento trágico, a fin de aprender a sobrevivir en las ruinas y en la ruindad que llamamos vida.

Fababela y El Diablo
Formato: 21 x 33 cm
Páginas: 72
Ilustrada

Publicado en Biblioteca Internautas
Lunes, 24 de Agosto de 2009 16:45

Fababela y El Diablo

Hace tiempo que el diablo no visita el mundo. En el límite de dos ciudades como espejos –“Faba” y “Bela”–, y en una temporada tan poco propicia para lo diabólico como la época navideña, acaba de llegar un niño pálido como la sal, triste como la eternidad y rico como el fondo del mar.

A partir de entonces, cada año y luego cada seis meses y luego cada tres meses, el niño vuelve para ser testigo de la contienda de las ciudades hermanas por construir una torre que llegue al cielo. Sólo una jovencita y un jovencito –habitantes de una y otra ciudad– han advertido que esta enloquecida competencia por alcanzar las nubes va a conducirlos a la tragedia, y tratarán de impedirlo aunque ellos mismos sufren un mal extraño: la niña no puede exponerse a los rayos del sol sin que su piel se desgarre, y el muchacho tiene una virtud como maldición: cuando retrata a las personas, les dibuja no las fisonomías sino las almas, sus defectos, aquellas debilidades por donde esas almas van a perderse.

¿Podrá volver al cielo el niño, que no es otro que el mítico ángel caído –el Diablo– o los dos jovenzuelos protagonistas serán capaces de impedírselo? Esta es la disyuntiva que los conducirá a todos a un desenlace inimaginable.

 
RICARDO CHÁVEZ CASTAÑEDA (Ciudad de México, 1961) tiene 28 libros publicados con los cuales ha obtenido importantes reconocimientos internacionales (Argentina, Premio Borges de cuento; Ecuador, Premio en la Bienal Internacional de Literatura Infantil y Juvenil; España, Finalista del premio Hammett en dos ocasiones y Accésit del premio internacional de cuento “Aresti” en dos ocasiones; Cuba, Mención honorífica en el premio de novela Casa de las Américas en dos ocasiones, y México, Premio Latinoamericano de Cuento) y los premios nacionales más importantes en México (cuento, novela, literatura infantil, literatura juvenil).

Para Ricardo Chávez Castañeda, la única literatura verdadera es aquella concentrada obsesivamente en el sufrimiento humano. Una literatura que enseñe a afinar la capacidad y la sensibilidad al dolor. Una literatura como epidemia para contagiar del sentimiento trágico, a fin de aprender a sobrevivir en las ruinas y en la ruindad que llamamos vida.

Fababela y El Diablo
Formato: 21 x 33 cm
Páginas: 72
Ilustrada

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