Domingo, 02 Noviembre 2014 11:31

El retorno (adelantado) de Lula

No es la primera, ni será la última. Desencantados, electores que no creen en quienes eligieron votar, lo hacen para evitar el triunfo de quien vislumbran como peor. Pragmatismo, signo de los tiempos, síntoma del desentusiasmo. A continuación, Brasil tras la victoria de Dilma.

Con británica puntualidad, el Tribunal Supremo Electoral difundió los datos exactamente a las 20 horas, cuando cerraban los últimos circuitos en el amazónico estado de Acre. De una, largaron el 94 por ciento de los votos escrutados hasta ese momento, casi cien millones de sufragios, milagro posible gracias a las urnas electrónicas que funcionan desde las elecciones de 1996. Dilma Rousseff fue reelecta con poco más del 51 por ciento de los votos. Poco, pero suficiente. No hubo festejos en las calles, como sucedió en 2003 cuando el primer triunfo del PT.


Las izquierdas (dentro y fuera del PT), los movimientos sociales, intelectuales como Leonardo Boff y Emir Sader, medios como Carta Maior, que se jugaron por Dilma, mostraron su esperanza de que, agora sim, se produzca la ansiada virada hacia la izquierda. La candidata lo prometió durante la campaña, en lo que fue interpretado como un compromiso a cumplir.


Fue el propio Lula quien echó por tierra esas esperanzas, al día siguiente del triunfo. Dio tres nombres para el cargo clave en la dirección de la política económica, el flanco más débil del actual gobierno. "Luiz Carlos Trabuco, presidente de Bradesco, es uno de los indicados por el ex presidente Lula para ocupar el cargo de ministro de Hacienda en el segundo mandato de Dilma Rousseff" (Valor, martes 28).
Marina Silva debe estar revolcándose de risa. Fue acusada de neoliberal porque su principal asesora, Neca Setúbal, es parte de la familia propietaria del banco Itaú, que junto a Bradesco es uno de los más importantes bancos privados de Brasil. ¿No era que Dilma y Aécio representaban dos modelos de país "antagónicos", como enfatizó la propaganda reeleccionista?


La propuesta de Lula y los primeros pasos en el área económica de la reelegida Dilma parecen dar la razón al economista Reinaldo Gonçalves: "Es impostura ideológica afirmar que hay dos modelos en disputa. Es ignorancia, ilusión o mala fe argumentar que hay un 'neodesarrollismo' que se contrapone a un 'neoliberalismo'; lo que hay, de hecho, es un desarrollismo al revés que viene desde 1995" (IHU Online, 20-X-14).


En su opinión, estamos ante un "modelo liberal periférico" que es una síntesis entre el liberalismo y los "vicios propios de la periferia", un sistema político "clientelista y corrupto, dominación financiera y sociedad civil desvertebrada", que provoca lo que denomina desarrollo al revés, en el que "se moderniza pero persiste el subdesarrollo". Aumentos del 2 por ciento anuales del salario mínimo real o millones de dólares en políticas asistenciales, así como cambios marginales en la distribución de la renta dentro de la clase trabajadora –razona– no implican cambios en el modelo.


Otro economista, el ex ministro del régimen militar Antonio Delfim Netto, ahora admirador de los gobiernos del PT, hace un análisis diferente pero complementario. Considera que la derecha perdió las elecciones por cuatro motivos. Porque centró la discusión en temas económicos alejados de la gente común; porque le faltó "convicción y credibilidad al afirmar que continuaría apoyando las políticas de inclusión social"; porque no tuvo en cuenta que el bajo crecimiento económico de los últimos años "fue sentido apenas por el 40 por ciento de los electores con renta familiar superior a tres salarios mínimos, cuando 60 por ciento se beneficiaron de una formidable política de transferencia de renta" y, lo fundamental, porque Aécio fue apoyado por el contingente social que "prejuiciosamente considera inmoral la política de inclusión social" (Valor, martes 28).


Esto lo afirma un político conservador, pero realista, que conoce la realidad de su país y no se mueve con estereotipos. Lo que dice Delfim Netto es algo que la derecha política y social paulista no parece comprender: las políticas sociales son necesarias si quieren evitar un estallido social, ya que Brasil es el país más de-sigual del mundo. Dicho de otro modo, es el tipo de políticas posibles sin tocar la riqueza y la de-sigualdad estructural. Al parecer, el mal humor de ese 40 por ciento (dos terceras partes paulistas) por tener que pagar horas extra a la empleada (negra) y compartir salas de espera de aeropuertos con pardos, les impide comprender que sus intereses a largo plazo están mejor defendidos por el PT que por la propia derecha.

 


UN PAÍS FRACTURADO

 

El gobierno que asume el 1 de enero hereda un país fracturado, luego de una virulenta campaña en la que el PT estuvo cerca de perder y, sobre todo, por la fractura norte-sur que atraviesa al país. Una fractura racial y clasista, por cierto. El norte pobre y negro votó masivamente a Dilma, que además tuvo mayorías suficientes en dos estados importantes como Minas Gerais y Rio de Janeiro. En los 150 municipios que más se han beneficiado por el programa Bolsa Familia, el PT orilló el 80 por ciento de los votos.
El 70 por ciento que cosechó Dilma en Bahía contrasta con el 65 por ciento de Aécio en San Pablo y en los demás estados del sur, los más ricos, blancos y prósperos del país. En los días posteriores a las elecciones varios medios publicaron un mapa donde aparece un muro en la mitad del país, separando norte y sur, mostrando que entre la población se manifiestan claros síntomas de división racial en un país donde el 51 por ciento se considera afrodescendiente.


Lula es el único que puede ayudar a zurcir esta realidad, por provenir del norte y vivir en el sur; por haber nacido en cuna pobre pero frecuentar empresarios y millonarios; por su carisma; porque aspira a volver a Planalto en 2019. Por todo eso será el tutor del gobierno de Dilma, ya que un tropiezo serio de su gestión puede desbaratar (como estuvo cerca de suceder ahora) los planes del líder petista.
Lula se puso a Dilma sobre los hombros cuando la cosa pintaba fea, luego de la muerte del candidato socialista Eduardo Campos, y también en la segunda vuelta, cuando los primeros sondeos daban vencedor a Aécio por estrecho margen. Es que Lula tiene la actitud que le falta a Dilma, una tecnócrata que se siente más cómoda hurgando entre números y estadísticas que rodeada de multitudes.


Pero hay algo más, que sólo los datos finales permiten intuir. Dilma venció en 47 de las 51 ciudades donde había ganado Marina Silva en la primera vuelta. Eso quiere decir que el impulso hacia los cambios lo captó finalmente el PT, porque debió aceptar la necesidad de una reforma política que, dijo Dilma, será la primera medida que pondrá en marcha. Si no la concreta, debido a la relación de fuerzas en el parlamento, tendrá un alto costo político.


Además, los tres millones de votos que separaron a Dilma de Aécio fueron conseguidos entre los votantes del Psol y los que votaron nulo y blanco en la primera vuelta. Son, pues, votos prestados para evitar que ganara la derecha, pero son votos por un cambio que no van a esperar.


MÁS CONTINUIDADES

 

Frei Betto, ex coordinador del programa Bolsa Familia bajo el primer gobierno Lula y actual crítico del gobierno, recordó que el PT ya no tiene "aquella aguerrida militancia voluntaria de las décadas de 1980 y 1990". Por el contrario, "ahora todo depende del marketing y de mucho dinero invertido por personas jurídicas que, a partir de ahora, comienzan a cobrar factura" (O Globo, lunes 27).


Se refiere a los millones de dólares "donados" por las empresas brasileñas, desde las constructoras que recuperan las inversiones electorales con jugosas concesiones de obras, hasta bancos como Bradesco que pueden tener a uno de sus ejecutivos al timón de mando de la economía. Pero la reflexión de Betto tiene otra vuelta: en la medida que el PT no tiene militancia y está enfrentado a los movimientos sociales, su apoyo más sólido y constante desde que ocupa el gobierno son los grandes empresarios.


En suma, por lo menos en política interna, se esperan más continuidades que cambios. El sector empresarial reclama una sustancial reducción del gasto público que les permita cerrar las cuentas. Ellos tenían, en realidad, poco que temer a una victoria del PT. Según una investigación del Instituto de Economía Aplicada, la distribución de renta bajo los gobiernos petistas "no hay evidencia de que los ingresos de los más ricos estén cayendo". Entre 2006 y 2012, analizando las declaraciones del impuesto a la renta, el investigador Marcelo Medeiros concluye que "nada menos que el 62 por ciento del crecimiento da la renta quedó en manos del 10 por ciento más rico de la población" (Valor, lunes 27).


Quizá sea el peso del sector empresarial, sumado a un Congreso más conservador en el marco del estrecho margen de la victoria de Dilma, lo que lleva al director del Instituto de Análisis Sociales y Económicos, Cândido Grzybowski, a considerar que la presidenta necesitará ser más osada si quiere hacer un buen gobierno. "En caso contrario, estaremos caminando hacia un empate y tendremos una democracia incapaz de generar los cambios que demanda la calle" (Rede Brasil Atual, lunes 27).
Si se concluye que los movimientos fueron decisivos para la reelección de Dilma, es casi evidente que volverán a las calles durante su mandato. En 2016 se celebran los Juegos Olímpicos en Rio, una vitrina inmejorable en una ciudad donde el PT es marginal y los movimientos fuertes.


Pero la oposición y los movimientos no son los únicos problemas. El otro es la propia Dilma. Un exhaustivo informe de la revista Piauí muestra las dificultades de gestión de la presidenta, por su carácter amargo y punzante, las malas relaciones con el PT y la familia Lula (Piauí, octubre de 2014). No pocos de los 26 entrevistados por Daniela Pinheiro para su reportaje "La afiliada rebelde", destacan la arrogancia como el rasgo más ostensible de su personalidad, capaz de pedir un informe semanal a la Secretaría de Comunicación de la Presidencia sobre las "burradas" (y sólo sobre eso) de sus ministros para pasarles factura.


Por eso Lula será su tutor, su cercano protector y vigilante. Si en 2011 dio los nombres de 15 de sus 37 ministros, ahora la marcación será mucho más cercana y, a diferencia de lo sucedido en estos cuatro años, no le dejará tomar decisiones estratégicas sin su consentimiento. Como dijo un entrevistado de Piauí, "desde el 1 de enero el gobierno pasa a funcionar en Ipiranga", el barrio que cobija al Instituto Lula.


EMERGENCIA ESTRATÉGICA

 

Los grandes temas de estrategia y geopolítica parecen estar fuera de discusión. Es cierto que Aécio había propuesto saltarse el Mercosur para establecer alianzas con otros países, desde Estados Unidos hasta la Alianza del Pacífico. No le hubiera sido sencillo, cuando sólidos intereses empresariales están afincados en las alianzas regionales, con fuertes inversiones privadas en Argentina y Venezuela.


Las publicaciones especializadas en asuntos militares sostienen que los proyectos militares de carácter estratégico no corren peligro con ningún presidente. Prueba de ello fue lo sucedido días antes de la segunda vuelta con dos proyectos claves de la fuerza aérea: el carguero KC-390 y los cazas Gripen de la sueca Saab.


El martes 21 fue presentado en público el primer prototipo de avión destinado a sustituir al mítico Hércules C-130 estadounidense, del que se han vendido 2.400 unidades en 70 países durante seis décadas. El KC-390 es el mayor y más sofisticado avión fabricado por Embraer, capaz de cargar más tonelaje que su par estadounidense, volar a mayor velocidad y prestar más funciones, entre ellas transportar helicópteros, tanques, paracaidistas y reabastecer otras naves en vuelo.


El desarrollo del aparato demandó cinco años y más de 2.000 millones de dólares. Lo más interesante para la industria militar regional es la participación, en la construcción de partes, de empresas estatales de Chile, Colombia y Argentina a través de la Empresa Nacional Aeronáutica de Chile, la Corporación de la Industria Aeronáutica Colombiana y la Fábrica Argentina de Aviones respectivamente. Entre los tres países comprometieron la compra de 24 unidades, a las que deben sumarse las que comprará la fuerza aérea brasileña y las de Portugal y República Checa, lo que les permite salir al mercado con 60 aviones ya vendidos.


Además de este impresionante logro de la industria brasileña, la misma Embraer firmó horas antes de la segunda vuelta el contrato para la compra de 36 cazas Gripen con la sueca Saab por 5.500 millones de dólares. Habrá amplia transferencia de tecnología y, lo que más interesa a la fuerza aérea, desarrollo conjunto de una aeronave totalmente nueva. Cientos de ingenieros se trasladarán a Linköping, donde está la planta sueca de Saab, para formarse en la construcción de las primeras 21 aeronaves, previendo que las 15 finales serán enteramente construidas en Brasil.


El proceso de construcción de los 36 cazas de última generación, entre los más avanzados del mundo, comenzará en 2019. Los ministros de Defensa de Brasil, Celso Amorim, y de Argentina, Agustín Rossi, tras la ceremonia de presentación del Embraer KC-390, firmaron un acuerdo, denominado Alianza Estratégica para la Industria Aeronáutica, por el que se comenzará a negociar la compra de hasta 24 cazas Gripen, una vez que estos sean efectivamente producidos en Brasil (Defensa.com, 23-X-14).


Si la integración en el programa KC-390 significó revitalizar la semiparalizada Fábrica Argentina de Aviones, la participación en la producción de partes de los cazas puede relanzar la industria militar argentina hacia los niveles que tuvo medio siglo atrás. Algo similar puede suceder con las demás industrias regionales, que comenzaron una tibia cooperación a través del Consejo de Defensa Suramericano, como parte de la Unasur. En los cuatro próximos años, este proceso tal vez alcance un punto de no retorno, como ya lo alcanzó la industria militar brasileña.

Publicado en Política
Domingo, 02 Noviembre 2014 11:23

Bolivia está cambiando

Para el viajero que vuelve a Bolivia varios años después y camina despacito por las empinadas calles de La Paz, ciudad encaramada entre barrancos escarpados a casi cuatro mil metros de altitud, los cambios saltan a la vista: ya no se ven personas mendigando ni vendedores informales pululando por las aceras. Se percibe que hay pleno empleo. La gente va mejor vestida, luce más sana. Y el aspecto general de la capital se ve más esmerado, más limpio, más verde y ajardinado. Se nota el auge de la construcción. Han surgido decenas de altos edificios llamativos y se han multiplicado los modernos centros comerciales, uno de los cuales posee el mayor complejo de cines (18 salas) de Sudamérica.


Pero lo más espectacular son los sensacionales teleféricos urbanos de tecnología (1) futurista que mantienen sobre la ciudad un permanente ballet de coloridas cabinas, elegantes y etéreas como pompas de jabón. Silenciosas y no contaminantes. Dos líneas funcionan ya, la roja y la amarilla; la tercera, la verde, se inaugurará en las próximas semanas, creando así una red interconectada de transporte por cable de once kilómetros, la más larga del mundo, que permitirá a decenas de miles de paceños ahorrarse un promedio de dos horas diarias de tiempo de transporte.


"Bolivia cambia. Evo cumple" afirman unos carteles en la calle. Y cada cual lo constata. El país es efectivamente otro. Muy distinto al de hace apenas un decenio, cuando estaba considerado "el más pobre de América Latina después de Haití". En su mayoría corruptos y autoritarios, sus gobernantes se pasaban la vida implorando préstamos a los organismos financieros internacionales, a las principales potencias occidentales o a las organizaciones humanitarias mundiales. Mientras las grandes empresas mineras extranjeras saqueaban el subsuelo, pagándole al Estado regalías de miseria y prolongando el expolio colonial.


País relativamente poco poblado (unos diez millones de habitantes), Bolivia posee una superficie de más de un millón de kilómetros cuadrados (dos veces Francia). Sus entrañas rebosan de riquezas: plata (piénsese en Potosí...), oro, estaño, hierro, cobre, zinc, tungsteno, manganeso, etc. El Salar de Uyuni tiene la mayor reserva de potasio y litio del mundo, este último considerado la energía del futuro. Pero la principal fuente de ingresos hoy la constituye el sector de los hidrocarburos, con las segundas mayores reservas de gas natural de América del Sur, y petróleo, aunque en menor cantidad (unos 16 millones de barriles anuales).


El crecimiento económico de Bolivia en estos últimos nueve años, desde que gobierna Evo Morales, ha sido sensacional, con una tasa promedio del 5% anual... En 2013, el PIB llegó a crecer hasta el 6,8% (2), y en 2014 y 2015, según las previsiones del FMI, también será superior al 5%... El porcentaje más elevado de América Latina (3). Y todo ello con una inflación moderada y controlada, inferior al 6%.
El nivel de vida general se ha duplicado (4). El gasto público, a pesar de las importantes inversiones sociales, también está controlado; hasta el punto de que el saldo en cuenta corriente ofrece un resultado positivo con un superávit fiscal de 2,6% (en 2014) (5). Y aunque las exportaciones, principalmente de hidrocarburos y de productos de la minería, representan un papel importante en esta bonanza económica, es la demanda interna (+5,4%) la que constituye el principal motor del crecimiento.


En fin, otro éxito inaudito de la gestión del ministro de Economía, Luis Arce: las reservas internacionales en divisas de Bolivia, con respecto al PIB, alcanzaron el 47% (6), situando a este país, por primera vez, a la cabeza de América Latina, muy por delante de Brasil, México o Argentina. Evo Morales ha señalado que, de país estructuralemente endeudado, Bolivia podría pasar a ser prestamista, y ha revelado que ya "cuatro Estados de la región", sin precisar cuáles, se han dirigido a su Gobierno pidiéndole créditos...


En un país en el que más de la mitad de la población es originaria, Evo Morales es el primer indígena, en los últimos cinco siglos, que alcanzó, en enero de 2006, la presidencia del Estado. Y desde que asumió el poder, este presidente diferente desechó el "modelo neoliberal" y lo cambió por un nuevo "modelo económico social comunitario productivo". Nacionalizó, a partir de mayo de 2006, los sectores estratégicos (hidrocarburos, minería, electricidad, recursos ambientales) generadores de excedentes e invirtió una parte de estos excedentes en los sectores generadores de empleo (industria, manufactura, artesanía, transporte, desarrollo agropecuario, vivienda, comercio, etc.). Y consagró otra parte de esos excedentes a la reducción de la pobreza mediante políticas sociales (enseñanza, sanidad), incrementos salariales (a los funcionarios y trabajadores del sector público), estímulos a la inclusión [bono Juancito Pinto (7), renta dignidad (8), bono Juana Azurduy (9)] y políticas de subvenciones.


Los resultados de la aplicación de este modelo se reflejan no solo en las cifras expuestas aquí arriba, sino en un dato bien explícito: más de un millón de bolivianos (o sea, el 10% de la población) han salido de la pobreza. La deuda pública, que representaba el 80% del PIB, se redujo a apenas el 33% del PIB. La tasa de desempleo (3,2%) es la más baja de América Latina, hasta tal punto que miles de bolivianos emigrados en España, Argentina o Chile empiezan a regresar, atraídos por la facilidad de empleo y el notable incremento del nivel de vida.


Además, Evo Morales ha emprendido la construcción de un verdadero Estado, hasta ahora más bien virtual. Hay que reconocer que la inmensa y torturada geografía boliviana (un tercio, altas montañas andinas, dos tercios, tierras bajas tropicales y amazónicas) así como la fractura cultural (36 naciones etno-lingüísticas) nunca facilitaron la integración y la unificación. Pero, lo que no se hizo en casi dos siglos, el presidente Morales está decidido a llevarlo a cabo acabando con la dislocación. Primero, promulgando una nueva Constitución, adoptada por referéndum, que establece por vez primera un "Estado plurinacional" y reconoce los derechos de las diferentes naciones que conviven en el territorio boliviano. Y luego lanzando una serie de ambiciosas obras públicas (carreteras, puentes, túneles) con el objetivo de conectar, articular, comunicar regiones dispersas para que todas ellas y sus habitantes se sientan parte de un todo común: Bolivia. Nunca se había hecho. Y por eso hubo tantas tentativas de secesión, separatismo y de fraccionamiento.


Hoy, con todos estos éxitos, los bolivianos se sienten –quizás por vez primera– orgullosos de serlo. Orgullosos de su cultura originaria y de sus lenguas vernáculas. Orgullosos de su moneda que cada día se valoriza más con respecto al dólar. Orgullosos de tener el crecimiento económico más alto y las reservas de divisas más importantes de América Latina. Orgullosos de sus realizaciones tecnológicas como esa red de teleféricos de última generación, o su satélite de telecomunicaciones Túpac Katari, o su canal de televisión pública Bolivia TV (10).


Este canal, que dirige Gustavo Portocarrero, realizó, el 12 de octubre pasado, día de las elecciones presidenciales, una impactante demostración de su maestría tecnológica conectándose en directo –a lo largo de más de 24h ininterrumpidas– con sus enviados especiales en unas 40 ciudades en todo el mundo (Japón, China, Rusia, la India, Irán, Egipto, España, etc.) en las que votaban, por primera vez, los bolivianos residentes en el extranjero. Una proeza técnica y humana que pocos canales de televisión en el mundo serían capaces de realizar.


Todas estas hazañas –económicas, sociales, tecnológicas– explican en parte la rotunda victoria de Evo Morales y de su partido (Movimiento al Socialismo, MAS) en las elecciones del pasado 12 de octubre (11). Icono de la lucha de los pueblos indígenas y originarios de todo el mundo, Evo ha consiguido romper, con este nuevo triunfo, varios graves prejuicios. Demuestra que la gestión de gobierno no desgasta, y que después de nueve años en el poder, cuando se gobierna bien, se puede volver a ganar holgadamente. Demuestra, contrariamente a lo que afirman racistas y colonialistas, que "los indios" saben gobernar, y hasta pueden ser los mejores gobernantes que jamás haya tenido el país. Demuestra que, sin corrupción, con honestidad y eficiencia, el Estado puede ser un excelente administrador, y no –como lo pretenden los neoliberales– una calamidad sistemática. En fin, demuestra que la izquierda en el poder puede ser eficiente, que puede llevar a cabo políticas de inclusión y de redistribución de la riqueza sin poner en riesgo la estabilidad de la economía.


Pero esta gran victoria electoral también se explica por razones políticas. El presidente Evo Morales consiguió derrotar, ideológicamente, a sus principales adversarios reagrupados en el seno de la casta empresarial de la provincia de Santa Cruz, principal motor económico del país. Este grupo conservador que lo intentó todo contra el presidente, desde la tentativa de secesión hasta el golpe de Estado, ha acabado por rendirse y por sumarse en definitiva al proyecto presidencial, reconociendo que el país ha puesto rumbo hacia el desarrollo.


Es una victoria considerable que el vicepresidente Álvaro García Linera explica en estos términos: "Se logró integrar al oriente boliviano y unificar el país, gracias a la derrota política e ideológica de un núcleo político empresarial ultraconservador, racista y fascista, que conspiró por un golpe de Estado y trajo a gente armada para organizar una secesión del territorio oriental. En segundo lugar, estos nueve años han mostrado a las clases medias urbanas y sectores populares cruceños que tenían desconfianza, que hemos mejorado sus condiciones de vida, que respetamos lo construido en Santa Cruz y sus particularidades. Por supuesto, somos un Gobierno socialista, de izquierdas y dirigido por indígenas. Pero tenemos la voluntad de mejorar la vida de todos. Nos hemos enfrentado a las empresas petroleras extranjeras, igualmente a las de energía eléctrica, y las hemos golpeado para luego, con esos recursos, potenciar al país, fundamentalmente a los más pobres, pero sin afectar lo que poseen las clases medias o el sector empresarial. Por eso pudo realizarse un encuentro entre Gobierno y Santa Cruz muy fructífero. Nosotros no cambiamos de actitud, seguimos diciendo y haciendo lo mismo que hace nueve años. Los que han cambiado de actitud frente a nosotros son ellos. A partir de ahí empieza esta nueva etapa del proceso revolucionario boliviano, que es el de la irradiación territorial y la hegemonía ideológica y política. Ellos empiezan a entender que no somos sus enemigos, que si hacen economía sin meterse en política les va a ir bien. Pero si, como corporaciones, tratan de ocupar las estructuras del Estado y quieren combinar política con economía, les va a ir mal. Así como no puede haber militares que también tengan el control civil, político, porque ya tienen el control de las armas".


En su despacho del Palacio Quemado, el ministro de Presidencia, Juan Ramón Quintana, me lo explica con una consigna: "Derrotar e integrar". "No se trata –me dice– de vencer al adversario y de abandonarlo a su suerte, corriendo el riesgo de que se ponga a conspirar con su resentimiento de vencido y se lance a nuevas intentonas golpistas. Una vez derrotado, hay que incorporarlo, darle la oportunidad de sumarse al proyecto nacional en el que caben todos, a condición de que cada cual admita y acate que la dirección política, por decisión democrática de las urnas, la llevan Evo y el MAS".


¿Y ahora? ¿Qué hacer con una victoria tan aplastante? "Tenemos un programa (12) –afirma tranquilo Juan Ramón Quintana– queremos erradicar la pobreza extrema, dar acceso universal a los servicios básicos, garantizar salud y educación de calidad para todos, desarrollar la ciencia, la tecnología y la economía del conocimiento, establecer una administración económica responsable, tener una gestión pública transparente y eficaz, diversificar nuestra producción, industrializar, alcanzar la soberanía alimentaria y agropecuaria, respetar a la Madre Tierra, avanzar hacia una mayor integración latinoamericana y con nuestros socios del Sur, integrar el Mercosur, y alcanzar nuestro objetivo histórico, cerrar nuestra herida abierta: recuperar nuestra soberanía marítima y la salida al mar" (13).


Por su parte, el presidente Morales ha expresado su deseo de que Bolivia se convierta en el "corazón energético de América del Sur" gracias a sus enormes potencialidades en energías renovables (hidroeléctrica, eólica, solar, geotérmica, biomasa) además de los hidrocarburos (petróleo y gas), lo que se completaría con la energía atómica civil producida por una central nuclear de próxima adquisición.


Bolivia cambia. Va para arriba. Y su prodigiosa metamorfosis aún no ha terminado de sorprender al mundo.


Notas


(1) La empresa constructora es la sociedad austríaca Doppelmayr-Garaventa.
(2) Léase Economía Plural, La Paz, abril de 2014.
(3) Léase Página Siete, La Paz, 12 de octubre de 2014.
(4) Entre 2005 y 2013, el PIB per capita creció más de dos veces (de 1.182 dólares a 2.757 dólares). Bolivia dejó de ser un "país de bajos ingresos" y fue declarado "país de ingresos medios". Léase "Bolivia, una mirada a los logros más importantes del nuevo modelo económico", en Economía Plural, La Paz, junio de 2014.
(5) El buen manejo de las finanzas públicas ha permitido a Bolivia situarse como el segundo país con mayor superávit fiscal de América Latina en los últimos ocho años.
(6) En cifras absolutas, las reservas internacionales de Bolivia son de unos 16.000 millones de dólares. El PIB, en 2013, fue de unos 31.000 millones de dólares.
(7) De una suma de 200 bolivianos anuales (23 euros), se entrega por cada alumno/a de primaria y secundaria, de la enseñanza pública, que haya seguido con asiduidad todos sus cursos. Su objetivo es luchar contra el abandono escolar.
(8) Una pensión que cobran todos los bolivianos a partir de los 60 años, incluso aquellos que nunca pudieron cotizar a una caja de pensiones.
(9) Una asistencia económica de 1.820 bolivianos (unos 215 euros) que se entrega a las mujeres embarazadas y por cada niño y niña de menos de 2 años, con la intención de disminuir los índices de mortalidad infantil y materna.
(10) http://www.mixbolivia.com/2013/08/ver-en-vivo-canal-bolivia-tv.html
(11) Léase Atilio Borón, "¿Por qué ganó Evo?", América Latina en movimiento, ALAI, Quito, 13 de octubre de 2014.
(12) Agenda patriótica 2025: la ruta boliviana del vivir bien, En 2025 se cumple el bicentenario de la independencia y fundación de Bolivia.
(13) Bolivia ha recurrido al Tribunal Internacional de Justicia de La Haya. Léase El libro del mar, Ministerio de Relaciones Exteriores, La Paz, 2014.

Publicado en Internacional
Domingo, 02 Noviembre 2014 11:16

"Dilma emerge con una enorme legitimidad"

El gaúcho Rossetto, cuadro del PT, integrante de la mesa chica de Dilma e interlocutor del gobierno, con el Movimiento de los Sin Tierra, califica el triunfo electoral de Rousseff como histórico mientras trabaja en el plan del nuevo gobierno.

 

Desde Brasilia

Dilma Rousseff reservó pocas sillas en la mesa chica donde se decidieron los ejes de la campaña concluida el domingo pasado con su reelección. Uno de los cuadros petistas que forma parte de ese círculo es el ministro Miguel Rossetto, quien desde el lunes está trabajando en el diseño del próximo gobierno al que le esperan "batallas duras y tendrá el sello de Dilma, ella salió muy fuerte de esta elección histórica".

"La derecha mediática y la partidaria están rabiosas, alimentan el odio contra la presidenta y contra el PT", pondera munido de mate y termo.

El gaúcho Rossetto, ministro de Desarrollo Agrario e interlocutor del gobierno con el MST, dialogó con Página/12 en su despacho del comité de campaña en el centro de Brasilia, mientras los empleados quitaban los afiches y ordenaban los muebles.

–Usted coordinó esta campaña y participó en otras. ¿Es exagerado decir que fue la elección más reñida de la historia reciente?
–Sin ninguna duda, por eso digo que fue una victoria histórica y heroica de Dilma, por la forma como se comprometió en la pelea. Ella emerge con una enorme legitimidad de un proceso donde hubo un intenso debate programático... La presidenta se pronunció sobre todos los temas trascendentes de la agenda nacional. Se discutió desde el rol del Banco Central, donde los conservadores proponían la independendencia y Dilma la cuestionó con argumentos sólidos. Pero ella también asumió una posición clara sobre la función de los bancos públicos, la política industrial, el empleo, el derecho a la educación, a la salud, derechos civiles de las mujeres, de los jóvenes, los negros. Ella habló de la homofobia hasta de la política externa que raramente se toca en una campaña.
Es una campaña que dejó una herencia de politización de la sociedad porque el debate entró en la casa de los ciudadanos... y este proceso creó una dinámica favorable que va a perdurar durante el segundo mandato.


–¿El PT se reencontró con los movimientos sociales luego de cierto distanciamiento?
–Esta campaña rescató la participación de los jóvenes, recuperó el protagonismo de la calle, vimos cómo el PT se reencontró con la calle, tuvimos actos masivos de 100 mil, 50 mil personas. Viajé mucho con la presidenta y pude ver la alegría del pueblo, de los movimientos sociales, de una sociedad organizada que fue capaz de derrotar el grito de las elites. La sociedad dijo que después de tres gobiernos del PT quiere que en el próximo haya más cambios, pero dejó muy claro que las críticas no significan dar un giro a la derecha ni desmontar las conquistas. Nosotros llegamos a estas elecciones con conquistas extraordinarias logradas a través de una revolución silenciosa: hoy tenemos un país que salió del mapa del hambre publicado por la ONU, con casi pleno empleo, la renta del salario mínimo tuvo un aumento del 72 por ciento en 12 años, creamos 21 millones de empleos.


–¿Esa movilización será encauzada para respaldar la reforma política?
–Vamos a trabajar para que haya una reforma política en serio, es la gran prioridad de la presidenta. Esa reforma se realizará a través del diálogo con la sociedad movilizada, para mejorar unas estructuras políticas que están superadas. Un tema central será suprimir el financiamiento empresarial de las campañas electorales porque esa es la vía que alimenta la corrupción política, son sumas altísimas de dinero que secuestran a la democracia. La reforma política también nos permitirá cambiar la estructura institucional, queremos acortar la distancia entre el Estado y la sociedad, la presidenta ha dicho que quiere un gobierno que se abra a la sociedad porque esto nos asegura transparencia y eficiencia. Es positivo que haya una presión social permanente sobre la estructura gerencial del Estado. Este segundo mandato trabajará para profundizar la república. Desde el domingo a la noche, en su discurso de la victoria, ella está llamando al diálogo a partir de esta agenda de transformaciones.


–¿Lula tendrá más participación en el próximo gobierno de Dilma?
–El presidente Lula siempre es bienvenido, él tiene un liderazgo extraordinario, el compañero Lula sigue siendo un personaje extraordinario, es el mayor líder de nuestro partido y tuvo un papel fundamental en el proceso electoral que desembocó en la reelección de Dilma. Sin dudas que su participación fue fundamental. El presidente Lula es un gran líder político que está en contacto permanente con la presidenta Dilma, entre ellos hay una relación de enorme confianza, lealtad y compañerismo político.
–Dilma habla de diálogo pero la oposición lo rechaza. ¿Teme un gobierno sacudido por crisis políticas?


–En estas elecciones hubo una polarización dura, es importante tomar en cuenta que esta campaña fue la cuarta derrota consecutiva del PSDB (Partido de la Socialdemocracia Brasileña) ante el PT. Ambos representan dos proyectos de país claramente opuestos. La memoria política de la sociedad brasileña ya identifica muy bien a estos dos grandes bloques, el del PT democrático y popular y el PSDB liderando el campo conservador.
La radicalización que se ve en éstos nos señala que la disputa política va a seguir durante el gobierno de la presidenta Dilma, pero no creo que ellos puedan instalar un clima de desestabilización o de "tercer turno".
La oposición partidaria hace mucha espuma, pero la verdad es que está muy frágil, su agenda neoliberal fue la gran derrotada de estas elecciones.


Fíjese en un dato: durante la campaña, Aécio Neves (candidato del PSDB) nunca hablaba directamente de privatizar, ni de afectar los derechos sociales, porque la derecha es incapaz de presentar claramente cuál es su proyecto. La derecha tiene un programa clandestino porque si lo muestra sería defenestrada.

–Hay sectores que evocan a la derecha venezolana por su extremismo.
–Una buena parte de los medios y de los partidos del polo conservador quisieron venezolanizar la campaña, pero se equivocaron porque Brasil no es Venezuela, acá no hay un Hugo Chávez, ésa es una diferencia importante. Esa polarización a la venezolana, con llamamientos a desestabilizar, con gente que habla de impeachment, está liderada por los medios, que son los que organizan el discurso conservador. Los medios son el principal partido de la derecha. Pero aun así yo no digo que hay medios golpistas en Brasil, diría que son medios con un discurso radical de deconstrucción del gobierno, y esto se asocia a las elites económicas, a parte de las clases medias y los partidos conservadores, y todo esto compone un bloque político realmente fuerte. Pero este bloque no llega a ser la derecha venezolana porque la sociedad brasileña no se amolda a esa forma tan radicalizada, las estructuras políticas y las instituciones brasileñas son distintas de las de Venezuela. Los conflictos de clases, los conflictos regionales brasileños son diferentes, acá hay un Estado más legitimado, hay una república más organizada.


–Un bloque conservador envalentonado porque perdió por sólo el 3,3 por ciento.
–Sí, ellos se apoyan en ese argumento de que la derrota que sufrieron fue ajustada, y es cierto que perdieron por poco, pero perdieron.


–¿Cuánto influyó el escándalo de la revista Veja en el crecimiento de Aécio en los dos últimos días?
–El jueves 23 (octubre) Dilma estaba en una fase de crecimiento, todas las encuestadoras decían que se estaba despegando entre 7 y 10 puntos de Aécio y anticipaban que iba a ganar con tranquilidad el domingo (26 octubre). En ese momento, con Aécio casi derrotado, sucede esta maniobra delictiva de la revista Veja que indudablemente influyó en contra de nosotros.


Publican un artículo sin ninguna base real con acusaciones contra Dilma y Lula, un montaje que se orquestó con el PSDB para impedir el triunfo de Dilma de forma fraudulenta. No olvidemos que esa revista sale los sábados y esta vez comenzó a circular el jueves en Internet, fue algo atentatorio contra la democracia, porque simultáneamente se distribuían miles y miles de tapas de la revistas que, de hecho, eran panfletos a favor de Aécio, cuando ya no se podía hacer campaña porque había comenzado la veda que ordena la ley electoral. Entonces tenemos que la noticia falsa contra Dilma seguía amplificándose con el apoyo de la mayoría de los medios, y después se sumó el apoyo fundamental de la TV Globo y el Jornal Nacional (noticiero de ese canal). Después de este atentado a la República creo que tenemos que realizar un debate nacional sobre los medios, una reflexión que articule el derecho a la información y la defensa intransigente de la libertad de prensa, así como evitar todo tipo de censura. Creo que tiene que haber una discusión amplia con la participación de la sociedad, y el punto de partida será esta manipulación criminal de Veja.

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Tres puntos, es decir, alrededor de tres millones de votos, aseguraron a Dilma Rousseff, del Partido de los Trabajadores (PT), el derecho a permanecer cuatro años más como presidenta de Brasil, mayor población y mayor economía de América Latina, y una de las ocho mayores del mundo.

Es el resultado más apretado logrado por el PT desde la elección de Luiz Inacio Lula da Silva en 2002. La candidata petista obtuvo 54 millones 500 mil 287 votos, que equivalen a 51.64 por ciento, frente a los 51 millones 41 mil 146 sufragios, 48.36 por ciento, que cosechó su rival Aécio Neves, del Partido de la Socialdemocracia Brasileña (PSDB).


No obstante, es suficiente para asegurar al PT el derecho –decidido de forma soberana por las urnas– a cumplir 16 años en la presidencia de Brasil.
Alrededor de las nueve de la noche, horario de Río, el país se enfrentó a un retrato claro e indiscutible: estuvo definitivamente dividido en dos a raíz de las elecciones de este año. Y dividido no sólo geográfica, sino también socialmente. Las regiones más pobres del país votaron masivamente por Dilma Rousseff. Las más ricas y desarrolladas, por el neoliberal Aécio Neves.


Y así, la petista tendrá, no sólo de enero en adelante (cuando empieza su segundo mandato consecutivo), sino a partir de hoy mismo, que empezar a armar un nuevo gobierno, que enfrentará un cuadro complejo y difícil. Para complicar aún más el escenario, el nuevo Congreso tendrá mayoría conservadora, especialmente en la Cámara de Diputados, lo que seguramente dificultará las negociaciones entre Ejecutivo y Legislativo.


Es verdad que la alianza del PT mantuvo la mayoría en el Congreso, tanto en Diputados como en el Senado. Pero igualmente es verdad que el mayor de los partidos aliados, el PMDB, se confirmó en estas elecciones mucho más como una federación de intereses personales y, en el mejor de los casos, regionales, que como partido con una línea política e ideológica consistente. A ejemplo del país, el PMDB se dividió en la campaña: mitad apoyó a Aécio, mitad a Dilma. Ahora, habrá que ver cuál será el precio pedido por el PMDB para mantenerse como aliado o pasarse a la oposición.


Más allá del espectro político, hay otro punto a ser observado: el abstencionismo rompió marcas históricas. Eso, de acuerdo con analistas independientes, revela un gran desencanto de parte importante del electorado con relación a la política, a los partidos, a los políticos y, claro, al gobierno nacional.


Rousseff ganó la mitad y poco más del electorado reafirmó su confianza en el proyecto de país llevado adelante por el PT, desde Lula da Silva (2003-2010) y ahora con la mandataria relecta. Pero lo que hay en el horizonte es un escenario confuso. El cuadro económico es difícil, hay que reconquistar la confianza de inversionistas, organizar las cuentas públicas sin que el ajuste fiscal signifique sacrificar programas que contribuyeron, de manera decisiva, para cambiar el mapa social brasileño.


Además, mientras no se cambie el sistema político, las alianzas significan un precio altísimo a cambio de la tan mencionada gobernabilidad. No hay prácticamente ningún punto de coincidencia programática e ideológica entre Rousseff, el PT y los aliados, de la misma forma que dentro de su mismo partido la presidenta relecta enfrenta diferencias significativas. Dilma tuvo sus orígenes en la militancia armada contra la dictadura. Recuperada la democracia, fue militante del PDT de Leonal Brizola, en su época uno de los mayores líderes de la izquierda brasileña. Entró al PT hace 14 años, y, contrariando expectativas de corrientes poderosas del partido, fue impulsada por Lula da Silva para sucederlo. Su primer gobierno ha sido difícil, muchas veces confuso, especialmente por su errática política económica, pero logró mantener, e incluso ampliar, los programas sociales implantados por Lula.


Son muchos los desafíos que enfrentará en su nuevo gobierno, y ahora con una novedad: una oposición dura, firme, sólida y agresiva. Porque la verdad es que ni Lula ni ella enfrentaron en el ámbito de la política una oposición verdadera y contundente.


Lo que enfrentaron ha sido una oposición diseñada y llevada a cabo por los grandes conglomerados de comunicación, dispuestos a cualquier desvío y desprecio por los hechos con tal de fustigar, de manera inclemente, al gobierno. Ahora, Roussef tendrá que hacer frente a otra oposición: la parlamentaria. El mismo PSDB, de Aécio Neves, eligió para el Senado un equipo altamente capacitado para hacer de la vida de cualquier gobernante un infierno. En la Cámara de Diputados, un detalle será preocupante para el nuevo mandato de Rousseff: la votación formidable lograda por políticos radicalmente conservadores. Basta con ver que, en Sao Paulo, el diputado nacional más votado es un presentador de televisión dispuesto a cualquier cosa con tal de oponerse al aborto, al derecho de las minorías y a cualquier cosa que huela a progreso. En Río, el más votado ha sido un militar retirado que defiende la dictadura y dice que prefiere tener un hijo muerto que un hijo homosexual.


Ayer por la noche, en su discurso como presidenta relecta, Dilma Rousseff mencionó una serie de compromisos. El principal: una reforma política de fondo, precisamente para que en el futuro ningún mandatario tenga que someterse a lo que ella se sometió en su primer mandato y seguramente seguirá enfrentando en el segundo.


Luego de una campaña extremamente agresiva entre ambas partes, convocó al diálogo. Admitió que es larga y ardua la tarea que le espera. Aseguró que se mantendrán los programas de inclusión social llevados a cabo desde el gobierno de su antecesor, Lula da Silva.


En su discurso admitió que hoy se siente mucho más fuerte, más madura y más serena para enfrentar los desafíos, que son muchos.
Ha sido una campaña difícil, dura, agresiva. El discurso de Dilma Rousseff ha sido emotivo, sincero, de compromiso.


Ahora, a ver qué logra. A ver qué le dejan hacer. Si dependiera solamente de Dilma y de su generación, seguramente sería mucho.

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Martes, 21 Octubre 2014 10:08

La nueva coyuntura conservadora

Brasil es históricamente elitista. Un país que abolió la esclavitud en 1888, continúa luchando por desmontar el acervo simbólico construido para justificar ese sistema de dominación. En 1930, década en la que Getúlio Vargas asume el poder, 80 por ciento de la población vivía por debajo de la línea de pobreza. En 2003, cuando Lula llega a la presidencia, el 50 por ciento aún se encontraba en esa condición. Para gran parte de las elites brasileñas, integrar material y simbólicamente a este conjunto de personas no fue una prioridad. Esto se refleja desde la institucionalidad hasta en las ciudades, que se destacan por sus contrastes entre la pobreza y la riqueza más obscenas. Para gran parte de la población brasileña la política fue algo inalcanzable, un espacio en el cual no está claro cómo intervenir, un ámbito distante, ajeno. Para amplios sectores esto fue así hasta la asunción de Lula.

 

En mayor o menor medida los distintos gobiernos progresistas de América del Sur han reivindicado la política como el ámbito en el cual se construyen los acuerdos sobre los cuales regirse como sociedad. Es decir, la política debe ser el espacio por excelencia donde se deben gestionar los conflictos y construir los consensos que posibiliten normativizar las relaciones sociales. La democratización de la política en los gobiernos posneoliberales ha procurado reconocer una pluralidad de actores legítimos que intervengan en la toma de decisiones. A las tradicionales alianzas entre partidos de derecha y sectores empresariales y rurales se han incorporado, junto con los partidos de izquierda, los sindicatos y movimientos sociales de diversa índole.


Los gobiernos del PT han mejorado la calidad de vida de millones de brasileños, principalmente a través de un conjunto de políticas sociales y de un incremento real del salario mínimo. No obstante, los avances en la democratización han sido sumamente limitados: la política continúa siendo dominio exclusivo de las elites. Más allá de las elecciones presidenciales y legislativas, no se han desarrollado canales institucionales para que los diferentes sectores de la sociedad puedan incidir en el funcionamiento de los distintos niveles estatales. Tampoco existen mecanismos de democracia directa: la sociedad civil organizada no tiene derecho a convocar por sí misma un plebiscito sin la aprobación del Poder Legislativo. Los partidos no parecen permeables a las demandas explicitadas en la esfera pública, ni siquiera frente a las masivas movilizaciones de junio del año pasado.

 

EL AÑO 13

 

Las manifestaciones de 2013 –con una amplia convocatoria en Rio de Janeiro y San Pablo– instauraron un conflicto en la sociedad brasileña a través de la discusión sobre las responsabilidades y los posibles caminos para mejorar un amplio abanico de servicios públicos, tales como transporte, educación, salud, entre otros. La izquierda –desbordada– se fragmentó en sus posiciones y en las estrategias a seguir, perdiendo poder a la hora de establecer el significado de las movilizaciones. La conversión de los reclamos populares en demandas políticas estructuradas tampoco pudo concretarse. La derecha y los medios de comunicación hegemónicos inicialmente procuraron ignorar las movilizaciones, hasta que la magnitud de las mismas tornó imposible esta estrategia. El politólogo João Feres, responsable del observatorio de medios de comunicación y política, data este cambio en el 23 de junio de 2013, cuando la cadena O Globo le atribuye al gobierno federal la responsabilidad de las mismas. En primer lugar, según este medio, el caso de corrupción denominado mensalão fue el motivo principal por los cuales las personas se manifestaban. En segundo lugar aparecía la inflación y la situación económica y, por último, el transporte público, la salud y la educación "padrão Fifa". Sin embargo, una de las demandas constantes que O Globo sistemáticamente omitió mencionar fue la democratización de los medios de comunicación masiva. Esta demanda se fue consolidando a lo largo de las movilizaciones en la medida que era cada vez mayor la distancia entre lo expresado por estos medios y las proclamas predominantes en las calles y su foco político a nivel estadual –a manos del Psdb en San Pablo y el Pmdb en Rio de Janeiro.


El incremento de la violencia, los conflictos entre los black blocs y la policía militar no sólo contribuyeron a despoblar las calles y a subdividir aun más a la izquierda, sino que también ayudaron a deslegitimar el sentido de las manifestaciones. Un accidente con unos fuegos artificiales le costó la vida a un camarógrafo de la Band, y se convirtió en un punto de inflexión en este proceso: los manifestantes dejaron de ser sujetos preocupados por los destinos del país para ser considerados como sospechosos. Se trasladó el énfasis de sus denuncias hacia los trastornos que generaban en la ciudad y la supuesta amenaza sobre las rutinas de las personas. La represión se incrementó y, a diferencia de lo sucedido con los manifestantes del Movimiento Passe Livre –desencadenante de las manifestaciones–, aquí fue aceptada, e incluso celebrada por algunos sectores. La máxima expresión de la transformación en el significado de las manifestaciones se dio hacia el final de la Copa del Mundo, cuando la policía acusó a 19 militantes del delito de "organización de cuadrilla armada", y a varios sindicalistas y a una profesora de la Uerj de financiar esta supuesta organización. Según la Orden de Abogados de Brasil, la policía considera como elementos probatorios los artículos encontrados en los allanamientos realizados en las casas de los detenidos: máscaras de protección contra el gas, diarios, libros, una bandera del Movimiento Estudiantil Popular Revolucionario y un arma calibre 38, que pertenecía al padre de uno de los detenidos, cuyo permiso de porte de armas se encontraba vencido. La supuesta financiación por parte de los sindicatos consistió en la distribución de alimentos durante las movilizaciones. La profesora, por su parte, contribuyó con estos delitos reservando un aula para la realización de una reunión. La abogada defensora de algunos de los detenidos también fue acusada de integrar esta cuadrilla, por lo que solicitó asilo político al gobierno uruguayo, el cual se lo negó. De este modo, no sólo se criminalizó la protesta social, sino que, además, se disciplinó a todos aquellos que contribuyeron, de algún modo, con las manifestaciones.


Pocas semanas después, los edificios abandonados en el centro de San Pablo que fueron ocupados durante las manifestaciones –con el objetivo de resolver un problema concreto de vivienda, y de denunciar el déficit habitacional que azota al país– fueron desalojados. Las crudas imágenes que circularon, que mostraron a niños y familias violentamente desalojadas por la policía militar, no generaron conmoción pública. Tampoco lo hizo el desalojo de un predio abandonado por una empresa pública privatizada en la década de 1990, en el marco del cual dos bebés murieron a causa de la cantidad de gas lacrimógeno utilizado. La sospecha permanente ante las movilizaciones sociales se restableció, y el tradicional conservadurismo político del país recuperó terreno en el imaginario simbólico de los brasileños, en el que, nuevamente, estructura y coyuntura se retroalimentan.


CONGRESO

 

Este escenario se plasmó en los resultados de las elecciones pasadas, principalmente en la composición del Poder Legislativo federal. Entre los diputados federales disminuyeron aquellos relacionados al sindicalismo y las políticas sociales (46 en 86), frente a un aumento de los vinculados a los militares evangélicos y ruralistas. Al mismo tiempo se incrementó la cantidad de millonarios en el congreso, que componen cerca de la mitad del mismo. Los candidatos más votados en varios estados del país, como Russomano en San Pablo –el más votado en el país, seguido por Tiririca–, Bolsanaro en Rio de Janeiro y Luis Carlos Heinze en Río Grande del Sur, son de extrema derecha, por más que algunos de ellos formen parte de la coalición gobernante. En la bancada evangélica fue reelecto el ex presidente de la comisión de derechos humanos, el pastor evangélico Marco Feliciano, conocido por sus opiniones homofóbicas y su militancia por la criminalización de las religiones de origen afro, sus principales competidores en el mercado religioso. Conjuntamente, existe una mayor fragmentación de los partidos con representación parlamentaria, introduciendo un nuevo nivel de complejidad en la construcción de la agenda política de la próxima administración.


En este marco, temáticas como la legalización del aborto y de las drogas o el casamiento entre personas del mismo sexo difícilmente sean tratadas en el próximo período de gobierno. Un destino similar le espera a otras asignaturas pendientes, como la reforma tributaria y la reforma política que, de llevarse a cabo, seguramente contendrán la impronta de sus redactores. La conformación de este congreso, si bien le permitiría al PT mantener la gobernabilidad, constituye ciertamente una derrota para la izquierda brasileña, que deberá revisar sus estrategias a los efectos de construir una nueva hegemonía cultural.

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Lunes, 20 Octubre 2014 09:22

El "modernizador"

El domingo, en su discurso de asunción Evo Morales agradeció a Fidel Castro, saludó la memoria de Hugo Chávez y apeló a las raíces antimperialistas de su "socialismo comunitario". Pero su modelo se basa sobre todo en políticas neodesarrollistas.


Por tercera vez consecutiva Evo Morales arrasó en las elecciones presidenciales bolivianas. Esta vez obtuvo el 60 por ciento de los votos, y se aseguró el control de los dos tercios del parlamento. Morales consiguió también muy buenos resultados en feudos tradicionales de la oposición, como Santa Cruz. El domingo, en el discurso con que celebró su victoria, Morales agradeció a Fidel Castro, saludó la memoria de Hugo Chávez y apeló a las raíces antimperialistas de su "socialismo comunitario". Pero el modelo que ha venido aplicando tiene sobre todo que ver con políticas neodesarrollistas.


"Con Evo vamos bien", canta, con ritmo cumbiero, el principal eslogan electoral del Movimiento al Socialismo (Mas), que una vez más desde 2005 logra retener la mayoría del voto de los bolivianos. Con las elecciones del 12 de octubre Evo Morales se proyecta en el poder hasta 2020, lo que lo transforma en el presidente con más tiempo en el Palacio Quemado de la historia boliviana. De hecho, lo que estaba en juego en los comicios del 12 de octubre no era el triunfo del Movimiento al Socialismo sino si la cantidad de parlamentarios elegidos le alcanzarían al oficialismo para mantener los dos tercios que tiene hoy y que le permiten votar leyes especiales y, eventualmente, modificar la Constitución (por ejemplo, para permitir una nueva reelección de Morales al final de su tercer mandato). Una bancada inferior a los dos tercios significaría reducir el poder del presidente boliviano que fue llevado al gobierno, hace ocho años, por la traducción en las urnas de una rebelión popular conocida como la "guerra del gas". Entretanto, Evo se ha transformado en una figura central del período, con tonalidades ambivalentes: del "Hartos Evos hay aquí" –título de un documental que enfatizaba que el presidente es uno más entre los campesinos– se ha ido pasando a una serie de textos hagiográficos que hacen hincapié en su carácter de líder "excepcional", y hasta alguien se atrevió a insinuar su dudosa pertenencia a linajes de caudillos anticolonialistas, como Túpac Katari.


ENTRE LA REVOLUCIÓN Y LA PRUDENCIA. La primera etapa de la administración Morales (2006-2009) estuvo marcada por la confrontación entre el gobierno central y la oposición conservadora, atrincherada en la región agroindustrial de Santa Cruz. La segunda fue la de la consolidación de la hegemonía "evista" con posterioridad a la reelección a fines de 2009 con el 64 por ciento de los votos, y una tercera –más reciente–, remite a la cooptación de parte de las viejas elites. En los últimos años el presidente boliviano es regularmente invitado a la Expocruz, feria emblemática de la burguesía cruceña: después de los frustrados planes para poner en pie grupos de autodefensa –que activaron juicios por terrorismo y el autoexilio de ex dirigentes como el rico empresario aceitero Branko Marinkovic–, parte del empresariado cruceño dio un giro pragmático destinado a no arriesgar las posibilidades de ganancia que da el actual boom económico en las arenas movedizas de las conspiraciones de 2008.


Pero los efectos de la estabilidad macroeconómica llegan más lejos. Hoy un economista ultraliberal, como el estadounidense Tyler Cowen, puede escribir en su blog Marginal Revolution un artículo titulado "Por qué soy relativamente optimista sobre Bolivia". Incluso puede avanzar un poco más en una columna titulada "Por qué he apoyado a Evo Morales". El título es una provocación, el economista libertarian comienza reconociendo que "apoyar" es un término exagerado, pero admite que "El gobierno de Evo Morales es muy popular y bastante estable. Tiene una base de poder sólida y duradera, en parte debido a las políticas específicas y en parte por razones simbólicas". Es más, Cowen apunta que "los beneficios de la estabilidad –derivada de la permanencia del villano, por así decirlo– superan los costos (de no seguir una política liberal)". Incluso señala que Bolivia –por su descentralización– no caerá en "una dictadura como Chávez". Un elemento que vuelve "optimista" a Cowen es la "prudencia" fiscal de Evo, sumada al hecho de que "tarde o temprano" Bolivia debía tener un gobierno indígena.


Sin duda a este economista ultraliberal le gusta provocar a su audiencia. Es evidente que Evo Morales combina esa prudencia fiscal con varias nacionalizaciones de empresas y un reposicionamiento del Estado en la economía. Pero no hay que olvidar que el anterior gobierno de izquierda, en 1982, terminó su gestión de manera anticipada en medio de una hiperinflación. Y Morales, desde su triunfo en 2005, buscó evitar un escenario similar. Para ello cuenta con altos precios de las materias primas que exporta Bolivia y una relativamente buena relación con los bancos (hoy más regulados que ayer). Dato adicional: el presidente boliviano conserva desde su primer día en el poder al mismo ministro de Economía, Luis Arce Catacora, un ex técnico del Banco Central que en 2006 desempolvó sus pergaminos de simpatizante socialista de los años ochenta y mantiene en orden la caja: Bolivia tiene reservas internacionales equivalentes al 51 por ciento de su Pbi (es como si Argentina tuviera 300.000 millones de dólares de reservas, cuando hoy no llegan a 30.000 millones).


Nos detuvimos en este economista estadounidense porque los elogios a la estabilidad boliviana, desde el New York Times hasta el Banco Mundial, son algunos de los elementos que explican, en una medida significativa, por qué Evo puede romper el karma de la inestabilidad boliviana y, después de ocho años, tener asegurado el triunfo en las urnas para un tercer mandato. De hecho, "la estabilidad" es una de las consignas del propio Morales en la campaña: hace unos días dijo que el Mas es el único partido que la garantiza.


LA OPOSICIÓN, EN SU LABERINTO. El candidato mejor posicionado era el político, economista y empresario cementero Samuel Doria Medina. La oposición boliviana intentó, pero no pudo, encontrar a su propio Henrique Capriles. Hace un par de años en las reuniones opositoras se hablaba de dos escenarios: uno era el venezolano, donde emergió, aunque perdió, un candidato joven que "centroizquierdizó" –al menos en el discurso– al bloque antichavista y expandió sus fronteras ideológicas. El otro era el ecuatoriano, donde Rafael Correa le ganó con facilidad a una oposición fragmentada. Al final se impuso el segundo escenario. Además de Doria Medina, se lanzó a la carrera el ex presidente Jorge "Tuto" Quiroga, que le disputa a Unidad Democrática los votos por derecha.


Abajo se ubicaba el ex alcalde paceño Juan del Granado, que comenzó proyectando una "oposición progresista" a Morales y terminó enredado en una frustrada alianza con el gobernador autonomista de Santa Cruz, Rubén Costas.


Recientemente, la campaña electoral se centró en una guerra de audios. En uno de ellos Evo Morales reconocía que la publicitada cumbre internacional del G 77 –reunida en Santa Cruz de la Sierra– fue "la mejor campaña" en esa región oriental. Otro audio, de mayor calibre, involucró a Doria Medina: ampliamente publicitada en las redes sociales, en la grabación se escucha al postulante opositor presionando a una empleada de su firma para que llegue a un acuerdo con su esposo y uno de sus operadores partidarios, Jaime Navarro, acusado de violencia de género. Como la mujer no quería acordar, Doria Medina –asumiendo el rol de patrón (de estancia)– la amenazó con enviarla como castigo a trabajar a la alejada localidad de Trinidad. Para peor, los habitantes de esta ciudad amazónica se quejaron de que el candidato presidencial los trata como si estuvieran en una Siberia boliviana.


Esta filtración se sumó a las declaraciones del candidato a senador del Mas por Cochabamba Ziro Zabala, quien causó escándalo al pedir que se enseñe "a las mujeres a comportarse y vestirse" para no ser presas de los agresores, y puso sobre el tapete la violencia de género, uno de los temas pendientes en el proceso de cambio que vive Bolivia.


Pero más allá de estos condimentos a una campaña que se presentó "aburrida", la mayoría de los bolivianos no parece convencida de que la oposición pueda gestionar mejor los puntos débiles del actual gobierno, sin duda muchas veces demasiado entusiasta respecto de medidas con impacto a corto plazo.


LOS PLIEGUES DEL CAMBIO

 

Bolivia está cambiando. Parte de los cambios provienen del largo período democrático iniciado en 1982, y muchos más del actual proceso iniciado en 2006. La estabilidad económica permite cambiar expectativas: por ejemplo, los ahorristas bolivianizaron masivamente los depósitos, porque confían en ganar más en bolivianos (la moneda nacional) que en dólares. La expansión de infraestructuras y servicios al campo (como por ejemplo Internet) busca incluir en la modernidad a una gran parte de la población.


Morales es en esencia un modernizador. Incluso sueña con controversiales proyectos, como la energía nuclear –con fines pacíficos–. Al cambio, no obstante, le falta hoy una pata educativa, ya que las transformaciones en esta área son escasas: los programas de becas estatales recientemente aprobados para que estudiantes bolivianos vayan a hacer sus doctorados a Harvard, Stanford o universidades japonesas no son suficientes frente a la mala calidad de la educación general. No obstante, un proyecto neodesarrollista como el boliviano, que tiene como utopía a Corea del Sur más que a Cuba (Evo no dejó de nombrar en algunos de sus discursos a esa nación asiática que pasó de ser un país agrario a potencia industrial), no puede ser viable sin cambios educativos de envergadura. Cómo usar la bonanza extractiva es, sin duda, parte del debate boliviano actual, pero la oposición no tiene visiones particularmente seductoras, y para muchos bolivianos sus candidatos llevarían al país hacia el pasado.


A menudo expresiones como "socialismo comunitario" llevan a confusión: el del Mas es un proyecto antineoliberal –lo que el vicepresidente, Álvaro García Linera, caracterizara alguna vez como "capitalismo andino-amazónico"–. Las propias bases partidarias están compuestas por pequeños productores urbanos y rurales que no se sienten seducidos por un Estado demasiado intervencionista sobre la propiedad privada.


El contenido de este imaginario neodesarrollista –en un sentido no necesariamente coincidente con el inventor del concepto, el brasileño Luiz Carlos Bresser Pereira– fue definido con gran claridad por el presidente ecuatoriano Rafael Correa, quien recientemente elogió de manera efusiva el modelo de innovación, desarrollo y visión empresarial israelí y criticó a las "izquierdas conservadoras" y a los empresarios adversos al riesgo (la alocución se puede ver en Youtube con el título "Israel debe ser un ejemplo para nosotros" –lo cual no implica un apoyo geopolítico a Tel Aviv–).


Sin duda Bolivia es un país indígena, pero asociar ese dato sociopolítico con comunitarismo a secas es un exceso de wishfulthinking. Los procesos de urbanización –hoy alrededor del 60 por ciento de los bolivianos viven en zonas urbanas– representan un desafío adicional para pensar la indianidad en el siglo XXI. Para muchos indígenas, descolonizar significa estudiar en universidades privadas, visitar los patios de comidas en los nuevos shoppings de la zona sur de La Paz, ocupar cargos parlamentarios y romper los múltiples techos y paredes de cristal que los relegaban a la subalternidad. En efecto, esa vía para salir del "colonialismo interno" parece más popular que una simple vuelta a las cosmovisiones ancestrales. Bolivia se ha indianizado, pero lo indígena es un complejo entramado político, antropológico y simbólico a prueba de simplificaciones fáciles y no menos atractivas acerca de sus supuestas esencias antioccidentales.


Que en el censo de 2012 haya disminuido considerablemente la población indígena respecto a 2001 refleja las vicisitudes de estas identidades tan reales como estratégicas. Lo mismo ocurre con el crecimiento del evangelismo, que es una de las fuentes del conservadurismo –dentro y fuera del Mas– respecto de la expansión de derechos civiles como la despenalización del aborto o el matrimonio igualitario, y tiene entre sus efectos las reconfiguraciones modernizantes de las comunidades indígenas. En este marco, la candidatura a diputado en las listas del oficialismo de Manuel Canelas, primer candidato abiertamente gay, es una pequeña cuña en un ambiente donde la presión conservadora es más fuerte que la capacidad de acción de las débiles aunque más visibles organizaciones Lgbt.


Los discursos sobre el "vivir bien" (que buscan avanzar en un proyecto posdesarrollista apelando a fuentes supuestamente ancestrales) conviven con la enorme popularidad del Rally Dakar; la diversidad étnica con la negación de la diversidad sexual; la autonomía social con la centralización estatal; las críticas al capitalismo con una desconocida expansión del consumo.


En estas tensiones y pliegues transita hoy el cambio en Bolivia. Un país en plena transformación que está dando vuelta una página en una historia llena de injusticias y resistencias heroicas.


Pablo Stefanoni es periodista argentino, jefe de redacción de la revista Nueva Sociedad y ex director de la edición boliviana de Le Monde Diplomatique, colaborador habitual de Brecha. Esta nota fue escrita un par de días antes de las elecciones del domingo.


En Argentina, departamento 20 de Bolivia

Arrasó Evo


Fabián Kovacic desde Buenos Aires


El contundente triunfo de Evo Morales tuvo en la comunidad boliviana de Argentina un fuerte respaldo, según el embajador de Bolivia en Buenos Aires, Liborio Flores Enríquez. A su vez, desde La Paz, el representante argentino Ariel Basteiro ratificó que el 87 por ciento del voto boliviano en Argentina fue para Evo, según sondeos a boca de urna hechos el día de la elección.


Poco menos de 121.300 ciudadanos estaban habilitados para votar en 230 urnas ubicadas en las principales ciudades donde figuran registrados los bolivianos en Argentina. El voto consular fue aprobado por el parlamento del Estado Plurinacional en 2008 con base en la nueva Constitución del país y se puso en práctica por primera vez en 2009. El padrón de bolivianos con posibilidades de votar en el mundo alcanza los 272 mil, residentes en 69 ciudades de 33 países. Argentina es, de lejos, el principal destino de bolivianos en el exterior, con casi el 45 por ciento del total. Una radiografía de esa comunidad en el país indica que la afluencia permanente de hombres y mujeres hacia distintos puntos de Argentina eleva a más de un millón y medio la cifra de residentes en estas tierras. "El principal motivo histórico es el factor económico", señala el cónsul boliviano en Buenos Aires, Ramiro Tapia Sainz. "En los últimos seis años esto se ha revertido por causa de las políticas implementadas desde el gobierno de Evo Morales. A eso hay que sumarle la firma de acuerdos binacionales sobre temas de migración y documentación que se vienen realizando desde 2004 con Argentina. Eso permitió radicaciones de bolivianos aquí para trabajar con todos los papeles en regla y sin perder su condición de ciudadanos bolivianos", destaca el diplomático. "El voto exterior en Argentina representa casi la misma cantidad que los habitantes del departamento de Pando, es decir que puede definir una elección", recordó la semana pasada el embajador.


La comunidad boliviana se concentra en la Capital Federal y el Gran Buenos Aires, el interior de la provincia de Buenos Aires, Córdoba, Jujuy, Salta, Mendoza, Río Negro, Neuquén y Chubut. Durante la década de 1940 la migración era golondrina y apuntaba a trabajos en la zafra tucumana y jujeña, los pozos petroleros de Salta, Neuquén y Chubut, la recolección de uvas y frutas en general en Mendoza y Río Negro y trabajos de servicios en grandes ciudades como Córdoba y Buenos Aires. En la década de 1970 hubo un flujo masivo de exiliados políticos y surgió la posibilidad de afincarse para trabajar la tierra en Mendoza y el Gran Buenos Aires. Esa franja migratoria se solidificó en los ochenta ya bajo gobierno democrático con la posibilidad del acceso a la tierra en pequeñas parcelas para el cultivo de hortalizas. La Plata, Luján, General Rodríguez, Morón, Esteban Echeverría, La Matanza, Moreno y Tres de Febrero cuentan hoy con comunidades bolivianas importantes.


Los años del neoliberalismo menemista convirtieron al migrante boliviano en mano de obra barata e ilegal con la apertura y desarrollo de talleres textiles clandestinos, especialmente en la ciudad de Buenos Aires, donde eran concentrados en condiciones de hacinamiento y esclavitud.
Recién con el advenimiento de Evo Morales al poder se regularizó la situación de los bolivianos ilegales en Argentina y aumentaron los controles sobre los talleres clandestinos en zonas metropolitanas. También creció la actividad política de los bolivianos en el país. Se abrieron, por ejemplo, unos diez locales partidarios del Movimiento al Socialismo, el partido de Evo, en Buenos Aires, Córdoba, Mendoza y Salta. 



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Domingo, 19 Octubre 2014 10:45

La segunda revolución de Rafael Correa

La "revolución ciudadana", la transformación de Ecuador que el presidente Rafael Correa puso en marcha tras asumir el poder en enero de 2007, muestra síntomas de agotamiento. Los recursos públicos que apuntalan la economía se están agotando y las recientes marchas de protesta en varias ciudades del país andino muestran que la ciudadanía, como dice Simón Pachano, "exige algo más que carreteras y ciertos bienes materiales". El analista, investigador de la Facultad latinoamericana de Ciencias Sociales en Quito, opina que "las manifestaciones [del pasado 17 de septiembre] constituyeron un hecho novedoso y sorprendente, ya que fueron las primeras expresiones espontáneas en todos los Gobiernos de Rafael Correa. Y aunque precisamente por su carácter espontáneo es poco probable que tengan continuidad a corto plazo, marcaron un hito porque se perdió el temor, especialmente entre los estudiantes".

Las marchas, encabezadas por los sindicatos contra un proyecto de reforma laboral que en opinión de los trabajadores recorta sus derechos, aglutinaron a varios colectivos y se expandieron por todo el país para acabar violentamente en algunos casos. El pasado 30 de septiembre, en un acto con motivo del cuarto aniversario de una rebelión policial que el Gobierno tachó de intento golpe de Estado, Correa llamó a la unidad para frenar la "restauración conservadora". En la quiteña plaza de San Francisco, el presidente arengó a sus seguidores: "Esa derecha desarticulada después de las palizas recibidas a lo largo y ancho de América Latina ya superó la etapa de aturdimiento (...) Están coordinados y articulados y ya tienen estrategia de poder", espetó Correa. "Pero no pasarán, ¡el pasado no volverá!", advirtió con un fuerte grito.

Correa suele azuzar el fantasma de la derecha más rancia en momentos de crisis y la estrategia siempre le ha funcionado. Razones para ello en Ecuador sobran: el país tuvo una decena de presidentes en los 10 años previos a la llegada de Correa al poder. El actual mandatario no sólo fue el primero en mucho tiempo en completar un mandato, sino también en repetir en el cargo. Correa lleva casi ocho años en el poder y aunque la Constitución que él mismo impulsó le obliga a dar un paso al costado en 2017, el presidente ya ha dejado la puerta abierta para reformar la Carta Magna y alargar su estancia en el Palacio de Carondelet.

Fuente: Banco Central de Ecuador, Mº de Economía y Finanzas yFMI / C. AYUSO

 

"Tanto el presidente como su gestión mantienen altos niveles de aprobación", explica Pachano. "Si quiere, Correa cuenta con los votos necesarios en la Asamblea para reformar la Constitución. Si se aprueba la reelección, sería casi seguro el triunfo de Correa en 2017, tanto por el apoyo que aún conserva como por la debilidad de la oposición. La situación sería diferente si él no fuera el candidato. Nadie en su movimiento Alianza País cuenta con la intención de voto suficiente para triunfar", añade.

El fuerte respaldo a Correa se sostiene en cifras contundentes. El crecimiento medio de la economía del país es del 4% anual, el desempleo está por debajo del 5% y el porcentaje de los ecuatorianos que viven por debajo del umbral de pobreza ha bajado del 45% al 25%. Los salarios han subido y la inflación se ha mantenido en torno al 3% gracias a la dolarización de la economía, una medida tomada mucho antes del inicio del correísmo.

La receta del éxito económico es sencilla: mucha inversión pública, sobre todo en infraestructuras —puentes, carreteras, centrales hidroeléctricas, instalaciones petroleras—. En 2013, los desembolsos del Gobierno en la economía representaron el 15% del producto interior bruto (PIB) frente al 12,9% de la inversión privada. Por este motivo, Ecuador registró el año pasado el déficit fiscal más alto en la última década: 5.461,25 millones de dólares, que representa el 5,28% del PIB, según datos del banco central del país andino.

Para cubrir el déficit del próximo año —que según Standard & Poor's será superior al de 2014—, el Ejecutivo de Quito solicitó a China 1.500 millones de dólares. El país asiático ya es el principal acreedor bilateral de Ecuador. Hasta febrero pasado, la deuda exterior era de 13.000 millones (14% del PIB). De este montante, el 36% corresponde a préstamos con China.

En vista de la revisión a la baja de Pekín de sus inversiones en América Latina y del abaratamiento del precio del petróleo, principal fuente de ingresos del país, Correa decidió aparcar de puertas afuera su retórica contraria al sistema financiero internacional y realizar en lo que va de año una emisión de bonos tutelada por el Banco Mundial y restablecer las relaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI), cuyo último informe sobre el país andino avala un crecimiento del 4% anual hasta 2015.

"Ecuador necesita entre 8.000 y 9.000 millones de dólares al año para mantener el sistema económico", explica Alberto Acosta Burneo, editor de la decana publicación Análisis Semanal. "El dinero público ha elevado el consumo como motor de la economía. Y para evitar el descontento social, hay que sostener ese modelo. Se necesita cada vez más dinero para crear más empleo, pagar más salarios, para que el sector privado produzca más y venda más o dé más servicios, para que todos estén contentos. El Gobierno puede seguir endeudándose, tiene margen [la deuda externa es del 27% del PIB], pero si este modelo sigue sin modificarse sobrepasará fácilmente el límite del 40% fijado por el propio presidente. No hay plan alternativo al de apuntalar la economía con dinero público", explica Acosta.

La mayoría de los expertos cree que Correa ampliará sus fuentes de financiación y acelerará el desarrollo de los nuevos yacimientos petrolíferos, como el de Yasuní, para aumentar los ingresos y sostener la economía, al menos hasta las elecciones de 2017. Sin embargo, los analistas apuntan a que Correa, economista guayaquileño formado en Estados Unidos y Bélgica, ha reconocido a través del acercamiento al FMI y el Banco Mundial que el modelo no es eterno y que tarde o temprano tendrá que poner en marcha una "segunda revolución ciudadana" para sentar las bases de un desarrollo más sostenible.

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Lunes, 06 Octubre 2014 06:13

Elecciones 2014, ¿Post indianismo?

El próximo 12 de octubre casi seis millones de bolivianos, contabilizados en el padrón biométrico en Bolivia y en el exterior, irán a las urnas para elegir presidente, vicepresidente y un nuevo Parlamento. El estado de ánimo de la oposición es resultado de una serie de encuestas que dan al binomio Evo Morales-Álvaro García Linera una ventaja virtualmente irremontable: 54% contra 14% de Samuel Doria Medina según el último sondeo difundido por El Deber de Santa Cruz de la Sierra. De allí que el analista Roger Cortez haya dicho en un debate televisivo que habría que considerar a estas elecciones como unos comicios parlamentarios: con la elección presidencial "resuelta", lo que verdaderamente está en juego es si el oficialismo obtendrá o no los dos tercios del Congreso –mayoría con la que cuenta en la actualidad–, que es hacia donde se enfoca la campaña del MAS.


Adicionalmente hay otra meta en juego: ganar el hasta ahora díscolo departamento de Santa Cruz, que hasta 2009 encabezó la oposición más combativa contra el gobierno de Evo Morales. Hoy ese objetivo parece posible y representaría un vuelco en la geopolítica interna del país. Para lograrlo, el MAS viene estructurando varias alianzas, incluso con remanentes de viejos partidos tradicionales, y con el alcalde "populista" de Santa Cruz, el polémico Percy Fernández, que colocó a tres candidatos de su riñón en las listas masistas. Con el masivo cierre de la campaña nacional a los pies del Cristo Redentor de Santa Cruz, el oficialismo busca plantar bandera en el mítico territorio en el que en 2008 decenas de miles de cruceños se movilizaron por la autonomía y contra el gobierno central. Como explica el jefe de campaña del MAS cruceño, Saúl Ávalos en un artículo del periodista Pablo Ortiz, se trata de una ocupación territorial: el MAS comenzó ganando en las periferias de migrantes de Santa Cruz de la Sierra –como el emblemático barrio Plan 3000– y ahora busca conquistar el centro mismo de esta urbe (El Deber, 30/09)*.


Con todo, esta "conquista" deberá ser ratificada en las urnas; no es tarea fácil pero por primera vez las encuestas dan ganador a Evo en esta zona agroindustrial de Bolivia. Para acercarse a esa "marea azul", los colores del MAS, el presidente boliviano prometió una gran cantidad de obras, desde represas hasta ferrocarriles, e incluyendo la ampliación de la frontera agropecuaria. La ecuación es clara: para derrotar a la elite política cruceña, el MAS debió pactar con parte del empresariado y aceptar su "modelo de acumulación". Para el candidato a primer senador del Partido Demócrata Cristiano, Pablo Banegas, es lógico que el MAS elija El Cristo: los que hacían los cabildos autonomistas – "banqueros, empresarios, agropecuarios, transportistas y canales de televisión"– ahora están con el oficialismo. Las palabras del candidato derechista que apoya la candidatura del ex presidente Jorge "Tuto" Quiroga, en el citado artículo de El Deber, no dejan de trasmitir decepción y cierto resentimiento. "Antes no querían que Evo pisara Santa Cruz, ahora los empresarios pujan por sentarse lo más cerca posible del presidente cuando hay algún encuentro", resume un empresario el vuelco de situación. Nadie quiere perderse el boom económico que vive el país y la región.

El contexto político boliviano se ha venido transformando. Si en 2005 la acusación de la derecha contra Morales era que transformaría a Bolivia en una nueva Cuba (o en el mejor de los casos una nueva Venezuela), hoy el analista opositor Iván Arias puede acusar al MAS de propagar una suerte de pragmatismo infinito, de ser un "Godzilla político que no mide principios ni medios para lograr su fin" (Página 7, 29/9/2014).


Pero el escenario no sólo cambió en relación a Santa Cruz. Evo Morales leyó el mensaje del censo de población de 2012. Ese censo evidenció una aparente paradoja, potencialmente explosiva a nivel simbólico-político: si en 2001 el 62% de los bolivianos se autoidentificaron con algún pueblo indígena, bajo el nuevo Estado plurinacional sólo lo hizo el 41%.
Hay muchas causas que pueden haber incidido en los resultados, entre ellas un cambio en la pregunta que reemplazó "indígena originario" por "indígena originario campesino", tal como está en la nueva Constitución, precisamente cuando Bolivia ya es un país mayoritariamente urbano. No menos importante es que en 2001 la identidad indígena era cuestionadora del orden de cosas y hoy es oficial, sin que la Bolivia urbana-mestiza se sienta a gusto con esa "indianidad de Estado".


Finalmente, en Bolivia, la mayoría es "un poco" indígena y "un poco" mestiza, por lo que los desplazamientos en la geometría variable de la identidad no resultan muy infrecuentes. Más aún en las poblaciones quechuas, las mayoritarias. Estas carecen – como señalan Pablo Quisbert y Vincent Nicolas en su reciente libro Pachakuti: el retorno de la nación (2014)– de símbolos y héroes etno-nacionales como sí tienen los aymaras con Tupac Katari o la bandera multicolor denominada wiphala. Lo quechua es más bien una lengua que une a diversas "naciones" locales.


Evo se declaró sorprendido con los resultados censales pero dijo que es un tema secundario y señaló que, de todos modos, como en los dados, "lo que se ve se anota". El vicepresidente Álvaro García Linera escribió luego un texto sobre "Nación y mestizaje" para defender la plurinacionalidad. Pero Evo, que sabe "anotar" en el cacho, un juego popular en Bolivia, también sabe cómo hacer ajustes en sus campañas con olfato de experimentado sindicalista.


No parece casual que la campaña electoral que lo proyectará a un tercer mandato para el periodo 2015-2019 –nunca antes un presidente boliviano estuvo tanto tiempo en el sillón– haya abandonado algunos tópicos de la etapa heroica y se asiente en la defensa de la estabilidad y el desarrollo económico y, más aún, en un gran salto tecnológico. El último spot del MAS resume, con estética informática, los planes de crear la Ciudadela del Conocimiento en Cochabamba, a la cual, como Rafael Correa con Yachay en Ecuador, se la compara con el Silicon Valley estadounidense (ttps://www.youtube.com/watch?v=NNPHapdPJAM).

A ello se suma la promesa de becas para estudiantes en universidades como Harvard, Stanford o Tokio, y el plan para construir hospitales de alta tecnología en un país donde la salud es una asignatura pendiente. El teleférico de transporte entre La Paz y El Alto es una de las últimas obras estrella del gobierno junto al satélite Túpac Katari. "Un pueblo milenario con tecnología de avanzada es invencible", dice el spot, y no es difícil ver las simpatías que los grandes saltos de países como Corea del Sur cosechan en esta nación andina, donde, además sus cantantes de k-pop son cada vez más populares.

Más allá de la discusión puntual sobre cada uno de estos proyectos, lo cierto es que Bolivia vive una nueva etapa. La potencialidad del "gobierno indígena" –como renovador de los valores tradicionales– parece haber dado todo de sí y hoy Evo Morales ha captado que las reivindicaciones de las nuevas generaciones tienen menos que ver con demandas de tipo étnico-cultural. En parte porque se ha avanzado en una mayor igualdad, y en parte porque Bolivia no escapa a la globalización de los consumos, los imaginarios y las aspiraciones.

Quisbert y Nicolas observan que el Túpac Katari concebido por el conocido pintor Gastón Ugalde poco antes de la llegada de Evo al poder y reproducida por el nuevo Estado, ya no es el Katari mártir descuartizado, sino un "Katari palaciego", con aires presidenciales.


En ese sentido, el nacionalismo indígena –término que usamos para definir los horizontes del "evismo" en 2006 con Hervé Do Alto– es sede de una paradoja: posiblemente el Estado plurinacional sea el más nacionalista de la historia. Pero más que una traición a una revolución indianista ideal, estamos frente a profundos cambios societales que están redibujando a Bolivia. Sin que sepamos aún cual será el bosquejo final. Quizás sea un retrato post indianista, que capte los pliegues de las nuevas identidades emergentes.

*Finalmente, la alcaldía no autorizó ningún acto partidario en el centro de Santa Cruz de la Sierra.

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Domingo, 21 Septiembre 2014 09:52

Dilma volvió a crecer

Respaldada por los programas sociales aplicados durante los doce años de gobiernos del PT, Dilma prometió la semana pasada que si fuera reelecta continuaría en vigor la Bolsa Familia.

 

 

Desde Brasilia

Los límites del melodrama. La presidenta Dilma Rousseff volvió a crecer en la última encuesta de cara a la primera vuelta electoral del 5 de octubre robustecida por un discurso que, hasta ahora, logró contraponer argumentos reales, y documentados, frente a la narrativa emocional de Marina Silva, cuya estrella comienza a opacarse, aunque continúe siendo la favorita para vencer en el ballottage que se realizará el 26 del próximo mes.
Rousseff, que subió el viernes al 37 por ciento de las intenciones de voto frente al 30 de Marina para los comicios del 5 de octubre, dijo ayer que "faltan pocos días para las elecciones... se dicen mentiras... hablan de la Bolsa Familia, nuestro programa más fuerte para reducir la pobreza y la desigualdad...si ellos vencen, la Bolsa Familia se va a acabar".


Respaldada por los programas sociales aplicados durante los doce años de gobiernos del PT, Dilma prometió a comienzo de la semana pasada que si fuera reelecta, continuaría en vigor la Bolsa Familia, pero puso en duda que Marina la mantenga igual que hoy, atendiendo a 50 millones de pobres, debido a los compromisos asumidos por la oposición con sectores que siempre la consideraron como "una política populista" y hasta la llaman "Bolsa Limosna".


Allí entró en escena Marina, que pese a su retroceso igual vencería en el ballottage con 46 por ciento contra el 44, quien a través de un spot televisivo concebido con la estética de un sermón evangélico denunció los "ataques permanentes de Dilma contra mí".


La propaganda arranca con un plano corto de Marina gritando: "Dilma, yo no voy a combatirte con tus armas, sino con nuestra verdad... (surge un piano de fondo)... vamos a mantener la Bolsa Familia. ¿Sabés por qué? (vuelve el piano). Porque nací en una seringa (plantación de caucho)... yo sé lo que es pasar hambre, todo lo que nuestra madre tenía era un huevo y cebolla para ocho hijos". Plano general de Marina, del Partido Socialista Brasileño, frente a centenas de personas vivando su nombre y una asistente, junto a ella, llorando cuando se inicia el remate del aviso transmitido en cadena nacional de TV.


"Recuerdo haber mirado a mis padres y preguntarles: ¿ustedes no van a comer? (Pausa de la candidata, con la voz embargada, que luego se repone y concluye.) Dilma, quien vivió esa experiencia jamás acabará con la Bolsa Familia." Lo contado por Marina es cierto. Nació y se crió en la miseria, su padre actualmente vive en la pobreza, trabajó en las seringas de la Amazonia, donde contrajo una enfermedad seria, militó contra los hacendados, decidió ser monja y luego desistió, aprendió a escribir a los 16 años y a los 25 obtuvo su título universitario.


Hasta su candidatura está atravesada por lo trágico, ya que fue anunciada pocos días después de que el postulante socialista Eduardo Campos falleciera, el 13 de agosto, en un accidente aéreo. Su retórica emociona porque su vida es de novela, pero su formulación política hace agua en argumentos genéricos, o en retractaciones casi cotidianas sobre cuál será su política petrolera, laboral y sobre minorías sexuales.


Hasta hoy Marina no respondió a Dilma cuando ésta le pregunta cómo conciliará una política económica ortodoxa (la socialista prometió dar independencia al Banco Central y disciplina fiscal férrea) con la expansión de los programas sociales y de las políticas de promoción de la vivienda popular, aumento del empleo y alza del salario por encima de la inflación, como ocurre desde el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva (2003-2011).


A Dilma no se le quiebra la voz, y su estilo, si se trata de compararlo con algún género televisivo, se aproxima al de un sobrio conductor de programa de noticias. "Yo no ataco a la candidata Marina, yo presento mis divergencias, eso es la democracia... porque creo que la campaña debe tener un alto nivel de debate."


A mitad de semana el contrapunto resurgió cuando Marina habló de "actualizar" la legislación laboral como se lo recomendó "el profesor Giannetti da Fonseca", economista liberal que fue miembro de la Federación de Industrias de San Pablo y declara compartir el modelo aplicado en los años '90 por el ex presidente Fernando Henrique Cardoso. Dilma retrucó tajante la sugerencia de Marina, "yo no cambio los derechos que están en la legislación laboral ni que la vaca tosa... estoy hablando de las vacaciones, del decimotercero, de las horas extras, del fondo de garantía por tiempo de servicio".


"Marina defiende la tercerización laboral utilizando los mismos argumentos que citan los patrones... está claro que ahora ella va a desdecirse y decir que la atacan, pero esto es lo que dijo", terció Vagner Freitas, titular de la Central Unica de los Trabajadores. "En Brasil, cuando se habla de cambiar las leyes laborales, no es para favorecer a los trabajadores, el mejor ejemplo de esto fue Fernando Henrique Cardoso con su proyecto de 'actualizar', la misma palabra usada por Marina, que de hecho buscaba la total desregulación", reforzó el dirigente sindical.


Posiblemente éstas sean las elecciones más disputadas desde 1989, cuando Fernando Collor de Mello venció en los primeros comicios presidenciales después de la dictadura. Ningún análisis riguroso está en condiciones de vaticinar quién vencerá, pero en el duelo de estilos Dilma hizo valer el suyo, por lo pronto, al poner en evidencia los eufemismos de Marina con su fuga hacia el melodrama.


La de Dilma es una estrategia de forma y de fondo: propone politizar la disputa mientras su adversaria, defensora de una "nueva política" de contornos gaseosos, se refugia en consignas como "voy a gobernar con los mejores, no importa de qué partido vengan" o "yo no propongo el embate, quiero el debate".


Pero Helio Gastaldi, de la encuestadora Ibope, observó ayer: "La estrategia de ser víctima ante Dilma no le está funcionando bien a Marina, esto tuvo un efecto negativo para ella, ahora tendrá que remediar ese desgaste".
Dilma, debido a su discurso frontal, entre otros motivos, cuenta con un alto rechazo, del 33 por ciento, pero su elector es "más fiel", mientras Marina, tiene menos rechazo, del 22 por ciento, y su "votante es más volátil, de momento, cuando más dure la campaña, Marina tiene más que perder" apuesta el especialista, sin desconocer que la ambientalista es favorita a imponerse en el segundo turno.


Desde agosto, cuando una tragedia mató al entonces candidato Campos dando vida a la postulación de su sucesora, la popular Marina, e hiriendo de muerte (salvo algún giro imprevisto) las chances del socialdemócrata Aécio Neves, el también socialdemócrata Fernando Henrique Cardoso echó a volar sus fantasías de recuperar influencia en el Palacio del Planalto, del que se fue con más del 70 por ciento de reprobación popular en enero de 2003 para ser sucedido por Lula.


La representante del Partido Socialista anunció su intención de tener al ex mandatario como uno de sus consejeros (¿interlocutor ante empresarios y potencias occidentales?) si fuera electa el mes entrante. Por lo pronto Cardoso se desentendió, de hecho, de su correligionario Neves para tornarse un fiador internacional de Marina, y en esa condición viajó a Estados Unidos donde aseguró, ante una platea de inversionistas en Nueva York, que con ella harán buenos negocios y, días más tarde, concedió una entrevista a Andres Oppenheimer, del diario El Nuevo Herald, de la sureña Miami.


"La visión prevaleciente (en el gobierno Dilma) es anticuada, tercermundista, de los años sesenta o setenta, creo que Marina Silva no tiene esa misma visión, tan anticuada, es más abierta en lo que hace a la cuestión externa... Hay una suerte casi de complicidad del gobierno de Brasil con los desatinos de la Argentina", cuyas autoridades se oponen a la firma de un acuerdo de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea, se quejó Cardoso ante el Herald.


"La victoria de la oposición podría significar una especie de ruptura en la actual política exterior de Brasil", ponderó el último gobernante brasileño que viajó a Washington en el marco de una visita de Estado, teniendo como anfitrión a su amigo, el demócrata Bill Clinton.


En 2013, Dilma Rousseff recibió una invitación de Barack Obama para viajar con el mismo estatus –visita de Estado–, pero ella lo rechazó en repudio al espionaje contra su despacho y las oficinas de Petrobras perpetrado por la agencia NSA, de lo que resultó un virtual congelamiento de las relaciones bilaterales, que Cardoso cree que se entibiarán si vence Marina.


"Hay una parálisis de la política externa... (porque) el corazón de muchos funcionarios (de Rousseff) es, para decirlo en una palabra sencilla, 'bolivariano'", abundó Cardoso.


En la actualidad, Cardoso es uno de los líderes más consultados por las cadenas internacionales curiosas en saber hasta dónde llega la conversión, y por tanto la credibilidad para el mercado global, de la ex ministra de Lula, Marina Silva, que rompió su ficha de afiliación al PT en 2009.


El Nuevo Herald de Miami, así como su columnista Andrés Oppenheimer, parecen persuadidos de que Marina merece ser respaldada en su condición de alternativa real ante una Dilma "intervencionista" y hostil a Washington.
Desde hace semanas, Oppenheimer cuestiona a Dilma y hace votos por una victoria opositora en sus artículos del diario y su programa en la CNN. "Creo que esto podría ayudar a Brasil a volver a la senda del crecimiento y podría hacer cambiar el rumbo económico de toda la región", dice esperanzado el periodista, ante la hipótesis plausible de una victoria de la dirigente ambientalista.


Con todo, cabe recordar que los presagios de Oppenheimer suelen ser desmentidos por la realidad: hace 21 años, el periodista nacido en Buenos Aires publicó el libro La hora final de Castro, subtitulado "La historia secreta detrás de la inminente caída del comunismo en Cuba".

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Martes, 02 Septiembre 2014 08:42

Dilma recuperó el centro del ring

La mandataria brasileña recordó, mirando a su adversaria ecologista, que en su gobierno y el de Lula la prioridad fue luchar contra la pobreza y dudó de que esto se pueda hacer restaurando las políticas neoliberales.

 

 

Desde Brasilia


A poco más de un mes de las elecciones, Dilma Rousseff recuperó el centro del ring. Disfónica, la presidenta y candidata a la reelección tomó la iniciativa durante un debate televisado ayer, cuando insistió en la defensa de Petrobras y cuestionó el programa de su principal adversaria, Marina Silva, la ambientalista que en las últimas encuestas se proyecta como favorita en un eventual ballotage a disputarse el 26 de octubre. "Candidata Marina, en su programa de gobierno de 242 paginas usted dedicó una línea al petróleo de pre sal (aguas ultraprofundas)", cuestionó Dilma, de traje rojo, fijando los ojos en su adversaria, con un vestido blanco y el cabello invariablemente recogido. "Marina, ¿por qué tiene ese desprecio ante esa riqueza tan importante... y tan envidiada en todo el mundo? El petróleo de pre sal tiene que ser explotado para financiar la educación, la salud, son recursos de 1 billón de reales (casi 500 mil millones dólares), no podemos dejarlos de lado."


Las reservas, de unos 50.000 millones de barriles de crudo alojadas en los yacimientos del área conocida como pre sal, fueron descubiertas a partir de 2007, durante el segundo mandato del ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva, que en el primer gobierno había alcanzado el autoabastecimiento petrolero. Posteriormente, durante la gestión de Rousseff fue aprobada una ley complementaria que destina a la educación y la salud los royalties cobrados por la explotación petrolera. La mandataria recordó, mirando a su adversaria, que en su gobierno y el de Lula la prioridad fue luchar contra la pobreza y dudó de que esto se pueda hacer restaurando las políticas neoliberales.


Dilma y el Partido de los Trabajadores (PT) escogieron la defensa de las políticas sociales y en particular la energética, que supuso la renacionalización de Petrobras, como uno de los argumentos para refutar a la ascendente Marina Silva y a su reciente aliado, el mercado.


Banqueros y operadores de la Bolsa de Valores de San Pablo expresan, sin medias palabras, su oposición a Dilma, a quien cuestionan su política económica, y especialmente el haber restituido potestades a Petrobras a partir de la reforma de la legislación energética de 2010, último año de la gestión lulista.


Esta semana, al igual que la anterior, subieron las acciones de Petrobras y otras empresas estatales, en línea con el crecimiento de Marina en los sondeos. En el último de éstos, publicado el sábado por la consultora Datafolha, la representante del Partido Socialista Brasileño aparece con el 34 por ciento de intención de voto hacia el primer turno electoral del 5 de octubre, igualando la aprobación de Dilma. En el ballotage del 26 de octubre, dado como posible por varias encuestadoras, Marina, cuyo nombre fue lanzado sólo el 20 de agosto, sería elegida presidenta con el 50 por ciento, frente al 40 de la actual jefa de Estado.
Ex ministra de Medio Ambiente y afiliada al PT durante 29 años, Marina Silva ingresó en la carrera presidencial una semana después de la muerte, en un accidente aéreo, del entonces candidato del PSB Eduardo Campos.


El 13 de agosto, día de la tragedia, Campos sumaba el 9 por ciento de las intenciones de voto, Dilma estaba en la banda del 38 por ciento y Aecio Neves, del Partido de la Socialdemocracia Brasileña, contaba con el 22 por ciento. La irrupción del huracán Marina, también bendecida por las empresas periodísticas macizamente antidilmistas, enterró las esperanzas del referente más orgánico de las derechas, Aecio Neves, heredero del ex gobernante Fernando Henrique Cardos, quien retrocedió al 15 por ciento –Cardoso finge que aún apoya a Neves, pero todos saben que abandonó a su muchacho para operar a favor de Marina–.


Paralelamente, el efecto Marina acabó con el favoritismo de Dilma, que ha mostrado una tendencia a la baja en todos los sondeos, aunque poco pronunciada, pero necesita revertir la sangría si pretende mantener su competitividad.


Por eso la nueva estrategia de la presidenta, puesta en evidencia ayer en los estudios del Canal SBT de San Pablo, fue asumir la iniciativa en el duelo contra Marina, quien no perdió su serenidad zen, pero fue evasiva en las respuestas sobre cómo conciliar menos producción petrolera con promesas de recursos para escuelas y hospitales.


Insistió en la promesa de inaugurar la era de "una nueva política", más allá de los partidos, a los que considera en parte agotados, al igual que las ideologías: "La izquierda es a veces tan dogmática como la derecha".


Habrá que aguardar las nuevas consultas de opinión pública para saber quién salió victoriosa en el combate de ayer.


Los asesores de imagen consideran que, al cuestionar de frente a Marina, Dilma empleó una táctica arriesgada, pues su adversaria podría victimizarse y ganar más simpatía del gran público. Desde el PT responden que la única forma de frenar el alza de Marina es demostrando que su retórica eco-religiosa no pasa de una gelatina que se deforma hacia la derecha.


Algo de esto se verificó a lo largo de más de 90 minutos de debate en los que sus respuestas fueron genéricas, salvo cuando argumentó con claridad a favor de las premisas económicas del gobierno de Cardoso y asumió el compromiso de sancionar una ley de independencia del Banco Central.

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