Miércoles, 22 Octubre 2014 05:53

El discurso periodístico

La importancia que tiene el discurso periodístico en la sociedad moderna no requiere mayor explicación, sin embargo es necesario reparar en la particular tipicidad de esta categoría discursiva, principalmente, porque con ella aparece un componente retórico no siempre explícito. Porque este discurso llega a sus destinatarios con una carga persuasiva que irrumpe como una garantía de certeza y de verdad sobre todo aquello que el periodista cuenta. De tal modo que a los hechos narrados, acontecimientos construidos, publicados o emitidos, tanto como a las ideas y argumentaciones sostenidas en sus textos, se les adjudica validez de verdad. Y es justo en este punto donde se plantea el debate. En primer lugar, porque gravita una razón de tipo cultural en tanto el receptor está condicionado a confiar en el discurso recibido, es como si se proyectase en la sentencia pronunciada en 1921 por Charles Prestwich Scott, editor del diario británico The Manchester Guardian, "el comentario es libre, los hechos son sagrados", con la diferencia de que esa pretendida sacralidad de los hechos entró en crisis cuando esos hechos fueron manipulados o, más aún, considerados inexistentes. Téngase en cuenta que el destino del discurso periodístico es el de ser interpretado al tiempo que el lector o el espectador audiovisual lo percibe. Es decir, nace en el mismo momento en que se lo enuncia, que es también el mismo en el que adquiere su carácter persuasivo. Pero además se incorpora un nuevo factor a estas secuencias discursivas, porque pueden multiplicarse muchas veces por la velocidad de circulación que permiten las nuevas tecnologías de la información. Así es que el discurso de un periódico potencia su condición persuasiva mediante la reiteración de su relato instalado en los medios audiovisuales e Internet, prácticas habituales, que incluyen en su menú, de rutinas de difusión mediática, el pasaje simultáneo por las redes sociales. Por otra parte, se ve además facilitada su difusión por la alta concentración mediática.


Para comprender este escenario, tal vez haya que entender la razón de la pregunta que se hizo el filósofo del lenguaje británico John Austin sobre "¿por qué alguien dice lo que dice?". En rigor, la respuesta está en la misma forma de conexión que establece el lenguaje con la realidad. Porque el funcionamiento del lenguaje señala el punto de conexión de los estados de cosas que ocurren en el mundo real con el relato que de ellos se hace. El problema se presenta cuando la verdad, que es el insumo discursivo estratégico, desaparece de la escena periodística porque ha sido desconectada de la realidad, falsificados los hechos o reemplazados por sustitutos ficcionales. Este dispositivo permite entonces que su autor lo adapte al blanco que persiguen sus propios fines.

La novedad, en el escenario mediático actual, está en la incorporación de las técnicas del rumor profusamente estudiadas por Alport y Postman, en la Universidad de Harvard, en 1942, Psicología del rumor, durante la Segunda Guerra Mundial. Pero lo notable es que las técnicas del rumor, entonces estudiadas y practicadas por las potencias del Eje (Alemania, Italia y Japón), se ejercitaban en las calles con la finalidad de desmovilizar y asustar a la población de los Estados Unidos. Sus condiciones esenciales eran dos: que esté revestido de cierta importancia y que los hechos reales invocados estén envueltos en cierta ambigüedad.

En cambio, su práctica actual adaptada a nuestro ámbito procede no sólo desde sectores de la población mediante el uso de las redes sociales, sino que preferentemente es al revés, con lo cual el rumor suele ser instalado por los grandes grupos mediáticos y sus columnistas estrellas, para después ser replicados. Una de las formas más novedosas de generar un rumor en este tiempo es la de crear un acontecimiento inexistente y convertirlo en noticia o reemplazar fuentes citadas por menciones no citadas. De tal manera, lo que entró en discusión es el modo en que este nuevo escenario gravita sobre el sentido común de las audiencias.

Esa, tal vez, es una de las controversias más importantes en estas circunstancias aunque no siempre se manifiesten claramente sus propósitos. Además, esta cuestión es más sensible cuando los medios hegemónicos proyectan políticamente sus intereses. Por eso, un punto de fractura en esta controversia lo marcó la sanción y aplicación de la ley de medios 26522 al promover la multiplicidad y pluralidad de discursos frente a la alta concentración mediática señalada.

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Según la UNESCO más de dos terceras partes de las investigaciones en América Latina están financiadas con fondos públicos. Si la ciudadanía contribuye con sus impuestos a promover la investigación, ¿por qué hay que pagar también por sus resultados?

Esta es la semana internacional de acceso abierto (International Open Access Week) en la que se celebran diversas actividades encaminadas a reclamar el acceso abierto al conocimiento, a explicar el por qué de su demanda y a contar las diferentes experiencias existentes para llegar a textos y datos libres.

Muchos escritores y muchos más cantantes rugen por la piratería. Los autores se quejan por el uso gratuito de sus conocimientos, lo que conlleva que no les reporten beneficios. La pregunta es ¿por qué a un autor musical le tienen que pagar cada vez que se escucha su pieza y un científico descubridor de una vacuna no cobra cada vez que alguien se la inyecta? Sin entrar a valorar la relevancia de lo segundo frente a lo primero, a la gente del común, o al menos eso nos venden los medios, le interesa más su ídolo "gallocanta" que la salud, la educación o la justicia.

Decía el gran Fernando González en sus letras izquierdistas que "La Universidad hace libres a los hombres (libertad es vivir de acuerdo con la causalidad). La Universidad hace comunistas a los hombres, es decir, propietarios del universo y conscientes de la unidad de éste; los hace anarquistas, es decir, capaces de vivir racionalmente, sin que otro los gobierne."

Parte de esa libertad, de esa apropiación consciente y de esa racionalidad pasa por poder acceder al conocimiento sin restricciones. Cortapisas que la gran mayoría de las veces son de carácter económico ya que se mercantilizan la educación y el saber. En esa línea por defender el conocimiento y la libertad de acceder a él se encuentran tanto los trabajos de la UNESCO y sus políticas de acceso abierto como la campaña del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO).


Desde las universidades también habría que trabajar por esa política de puertas abiertas para el acceso al conocimiento, como estrategia y proceso para un mejor desarrollo académico de docentes, investigadores y estudiantes. Lo que redundaría en una sociedad más y mejor educada, con mayores posibilidades de producción intelectual y con una formación más crítica y con criterios y argumentos para decidir autónomamente sobre su vida y su futuro.
Además de CLACSO, entidades como la Universidad Autónoma del Estado de México, y su revista Redalyc, Aprender 3C, la ONG Derechos Digitales o la Red Clara participan de una u otra manera en la iniciativa por el acceso abierto.

El organismo de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) tiene en marcha un importante trabajo para el desarrollo de políticas de Acceso Abierto (AA) al conocimiento entre sus estados miembros.


En 2012, en el XII Congreso Internacional de Información (Info'2012), celebrado en La Habana (Cuba), la oficial del programa de Comunicación e Información de la Oficina Regional de Cultura para América Latina y el Caribe, Isabel Viera, señaló que "Al facilitar la accesibilidad en línea a la información académica para todos, libre de la mayoría de las barreras impuestas por las licencias y los derechos de autor, se promueve el intercambio del conocimiento en el plano mundial, la innovación y el desarrollo socioeconómico".


Desde primeros de 2014, la UNESCO ha puesto en línea más de trescientos libros en acceso abierto, en sistema creado por Creative Commons y que contiene obras en doce idiomas, lo que supone abrir una puerta para que la mayor cantidad de conocimiento esté a la mano de la mayor cantidad de público.


En el Portal Mundial sobre Acceso Abierto (GOAP, en inglés) se ofrece información sobre el estado del acceso libre por países y también recursos, enfoques y publicaciones de interés sobre el tema.

Por su parte, CLACSO tiene en marcha la Campaña por el Acceso Abierto al Conocimiento, promoviendo con ello una forma de entender el conocimiento como un bien común que tiene que estar al servicio de la mayoría y que se debe gestionar de "forma solidaria e inclusiva". Esta institución hace un acompañamiento a sus asociados y a organismos y gobiernos regionales para que promuevan y desarrollen iniciativas que faciliten el acceso libre al conocimiento científico y a las investigaciones.

En palabras de Pablo Gentili, secretario ejecutivo de Consejo Latinoamericano, "La producción académica de nuestras universidades no puede estar subordinada a los intereses o vaivenes del mercado editorial. Son nuestras sociedades las que pagan el trabajo que realizan los académicos en América Latina, no las empresas o el sector privado. Todos (pertenezcan o no al mundo universitario) deben tener derecho a acceder gratuita y libremente a las producciones que las universidades y los centros de investigación realizan. No se trata de generosidad. Se trata de una obligación, de un compromiso mínimo con la defensa del espacio público. Simplemente, porque el conocimiento, en una sociedad democrática, debe ser un bien común".

Su Red de Bibliotecas Virtuales es un archivo digital de libre acceso que pone a disposición de la ciudadanía interesada más de 30.000 textos producidos en los veinticinco países que conforman CLACSO y en sus más de trescientos centros asociados. Podemos encontrar ponencias, artículos, libros y revistas a través de sus servicios de Sala de Lectura, Portal de Revistas y Portal Multimedia.

También hay un día para los datos abiertos, Día Internacional de los Datos Abiertos; desde 2009 se viene celebrando, en el mes de octubre, la Semana internacional de Acceso Abierto, y el Movimiento Internacional por el Acceso Abierto ha promovido diversas iniciativas y declaraciones: Iniciativa de Budapest (2002); Declaración de Bethesda (2003); Declaración de Berlín (2003), sobre acceso abierto al conocimiento en las ciencias y las humanidades; Declaración de San Francisco (2012) sobre evaluación de la investigación, o la Confederación de Repositorios de Acceso Abierto (2014).

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Los cambios demográficos suelen ser subterráneos. Ocurren poco a poco. Con frecuencia, lejos de los focos. No arrojan grandes titulares. Hasta que un día descubrimos que han alterado el rostro de un país. Y allí está el titular.
Los Estados Unidos que el 4 de noviembre están convocados para elegir a sus representantes —en el Congreso en Washington y en decenas de estados— son un país sumido en un proceso que transformará para siempre lo que entendemos por ser norteamericano. Ya lo ha transformado.

Un dato: hacia 2040, los blancos descendientes de inmigrantes europeos dejarán de ser mayoría, según las proyecciones. Hoy ya es imposible entender la primer potencia mundial sin la mayor de sus minorías: los más de 50 millones de personas de origen latinoamericano.


La posibilidad de un país sin mayorías, un país más multiétnico y más hispano, ya es una realidad entre la población más joven. El presidente Barack Obama —nacido en Hawái, hijo de una blanca de Kansas y un negro de Kenia, criado en Indonesia, casado con un descendiente de esclavos— refleja el cambio.

Nadie ha diseccionado con tanta precisión la demografía cambiante en EE UU como los expertos del Pew Research Center, una organización de investigación demográfica y sondeos que se define como un 'fact thank', un juego de palabras con los 'think tank', laboratorio de ideas. Pew Research Center vendría a ser un laboratorio de hechos.

Paul Taylor, del Pew Research Center, es el autor de 'The next America' (La próxima América), un libro publicado en marzo que, a través de un alud de datos, describe las corrientes de fondo que definirán el futuro de EE UU. Extractos de una conversación con EL PAÍS:


EL DIAGNÓSTICO


"Desde mediados del siglo pasado, cuando nací, este país ha pasado, y aún pasa, por dos cambios profundos, impulsados por la demografía. Estamos a punto de convertirnos en un país de mayoría no blanca y tenemos una proporción récord de personas que envejecemos. Son dramas a cámara lenta. Ambos serían por sí mismos el cambio demográfico dominante de su era. El hecho de que ocurran a la vez ha creado otra historia, con consecuencias políticas y económicas. Se trata de 'gap' [abismo] generacional. Para simplificar: tenemos una población cada vez mayor y que, además, es predominantemente blanca, y políticamente y socialmente es conservadora. Y tenemos una población joven cada vez más no-blanca [en la terminología corriente en EE UU, no-blanco suele incluir a los latinos] y políticamente 'liberal' [progresista, en EE UU]. Cuando ambas [generaciones] se miran, no se ven reflejadas la una en la otra".


EL CAMBIO

"A mitad del siglo pasado los americanos más pobres eran los americanos más viejos. Por eso Franklin Roosevelt respondió con la Seguridad Social [el programa de pensiones de jubilación, aprobado en 1935], a la que siguió Medicare [el programa de cobertura sanitaria para mayores de 65 años, adoptado en 1965, con el presidente Lyndon B. Johnson]. El año próximo estos programas cumplirán 80 y 50 años. Han superado la prueba del tiempo y su éxito es destacable. Hoy, los americanos pobres son los jóvenes adultos y sus hijos. Y no hemos reequilibrado nuestras prioridades de gasto para reflejar las nuevas relaciones económicas del nuevo siglo. Creo que esto se complica porque las identidades raciales de los jóvenes y los viejos son diferentes, y razas diferentes votan de manera diferente y tienen actitudes diferentes".


EL PRECEDENTE LOS AÑOS 60

"Mi generación se hizo mayor en los sesenta, y esta fue una era de verdadero choque generacional: por los derechos civiles, los derechos de las mujeres, el 'sexo, drogas y rock and roll' y la guerra de Vietnam. Lo interesante de esta era era que los jóvenes no tenían ningún agravio económico. La economía se expandía, la clase media crecía. De alguna manera la prosperidad económica de los cincuenta y los sesenta, hasta principios de los setenta, dio a mi generación la libertad para preocuparse por otras cosas. En el libro cito a alguien de mi edad que dice que, cuando salió de la universidad en 1968, ni tuvo que ir a buscar trabajo porque los trabajos le fueron a buscar a él. Esto es inconcebible para una persona de 22 años hoy".

ABISMO GENERACIONAL SIN CHOQUE

"Los jóvenes de hoy tiene agravios económicos pero en su actitud hacia los adultos no actúan como una generación agraviada. Esto ocurre en parte porque no puedes lanzar una guerra generacional desde tu habitación de infancia: muchos de estos chicos viven con sus padres. En parte ocurre porque se llevan muy bien. Creo que crecieron con normas muy protectoras y educativas. Hay buenas vibraciones entre las generaciones, aunque se noten sobre todo en el ámbito personal, el que es el más importante en nuestras vidas, el de nuestras familias".


LA POLÍTICA DE LA GENERACIÓN 'MILLENIAL'

"Creo que los jóvenes adultos quieren resultados. A pesar de lo que sabemos sobre la orientación de su voto, que es muy demócrata, con una visión muy 'liberal', superan a las generaciones anteriores en su deseo de no identificarse con ningún partido político. El 50% dice que es independiente [en EE UU uno puede registrarse para votar como demócrata, republicano o independiente]. Esto revela una característica de esta generación: cree que no van con ellos las instituciones 'ancla' con las que alguien de mi edad daría por hecho que se identificaría. Lo vemos con los partidos políticos o la afiliación religiosa (...). Las instituciones tradicionales significan menos para ellos, lo que puede significar que están más abiertos a juzgar a los candidatos o los partidos sobre la base de si han hecho bien su trabajo y no de las etiqueta partidista.


EL GOLPE DE LA CRISIS

"Hay economistas que han estudiado las cohortes generacionales que llegaban a la edad adulta durante recesiones. Y han descubierto que, 10 o 15 años después, si has empezado despacio, esta circunstancia reverbera y su eco persiste. Hemos hecho algunos análisis económicos de los 'millenials' [la generación del milenio], definidos como la generación nacida después de 1980. Los mayores tienen ahora 33 o 34 años y presumiblemente ya llevan un tiempo en la fuerza laboral, el suficiente para medir los resultados económicos. Y en todos los resultados económicos que medimos —se trate del patrimonio, de los ingresos, de la deuda, de la pobreza—, si comparamos a los que hoy tienen entre 25 y 33 años con las mismas cohortes de hace años, y ajustamos los datos según la inflación y [otras variables], a esta generación las cosas no le van tan bien. Y lo saben y viven con ello. Y es por eso que tantos viven todavía con sus padres. Es uno de los grandes motivos por los que muchos todavía no se han casado".


LA CRISIS DEL MATRIMONIO

"Hoy [el matrimonio] es cada vez más una decisión de estilo de vida y cada vez más se celebra entre personas en lo más alto de la curva de ingresos. Los que están abajo no se casan porque no disponen de los fundamentos económicos para hacerlo. Y desafortunadamente esto se convierte en un ciclo que se perpetua a sí mismo, porque desde hace 5.000 años [el matrimonio] ha sido un arreglo de bastante éxito: sirve para dividir las tareas, combinar recursos, lograr economías de escala... Hay una multitud de motivos que explican que en este país y en otras economías avanzadas haya una disparidad creciente entre ricos y pobres, pero contribuye a ello la disparidad creciente entre quienes se casan y quienes no".

NUEVOS INMIGRANTES, MISMOS VALORES

"Samuel Huntington, el teórico político, presentó el argumento hace unos 15 años según el cual había algo en la cultura latina distinto de la cultura anglosajona y que esto no funcionaría bien en América, por lo que había que estar atentos. Es un poco difícil medir este tipo de cosas, pero cuando hablamos de valores americanos —el trabajo duro, la familia, en cierta medida el individualismo, el hecho de ser tú el amo de tu destino y de que la educación es beneficiosa...— los inmigrantes de hoy y sus hijos abrazan estos valores, por lo menos tanto, pero incluso a niveles más altos que los americanos nacidos aquí (...). Mi lectura es que los inmigrantes son todos similares en los aspectos más distintivos de sus vidas: han elegido dejar atrás todo lo que les resultaba familiar, todo lo que les ataba, su familia, su cultura, su herencia, su sentido de nacionalidad, porque han creído que aquí había algo mejor —al otro lado del océano, o del río—-, y hacer esto requiere ser un tipo de persona determinado. Los inmigrantes son luchadores: lo han sido en toda la historia de la humanidad. Y traen consigo un conjunto de valores que trasmiten a sus hijos. Por los datos de los que disponemos, no sólo sobre los inmigrantes sino sobre los hijos de los inmigrantes, que empiezan a formar parte del electorado y a entrar en la fuerza laboral, son los nuevos americanos. Y son americanos muy tradicionales en sus valores. Ahora bien, lo diferente es que mantienen una identidad racial y étnica distinta. La metáfora del siglo XX para describir cómo los inmigrantes y sus hijos y nietos se asimilaban a la sociedad era el 'melting pot' [la olla donde todo se mezcla]. Pasado un tiempo todos de fusionaban y el apego a las raíces y a la vieja patria desaparecía, y todos parecíamos y hablábamos igual. Por motivos raciales obvios, este nuevo grupo no renunciará a su piel ni quiere hacerlo. Y la cultura tampoco demanda que lo haga. Se ha dicho que la mejor metáfora para la inmigración en el siglo XXI era el mosaico: si el proceso funciona, sigo construyendo un bello conjunto en América, pero las partes individuales conservan lo que deciden conservar de su identidad individual, y la cultura lo acepta más. Los datos sobre el matrimonio interracial lo reflejan.


PESIMISMO 'MADE IN USA'

"[El pesimismo en los sondeos] refleja cómo en este país las grandes fuerzas económicas han reducido a la clase media, han aumentado la desigualdad de ingresos y patrimonio y han socavado la creencia en este país como una tierra de oportunidades en la que, si empiezas abajo, puedes llegar a lo más alto. Hoy día creo que estadísticamente es cierto que, si quieres que te vayan bien las cosas en América, debes elegir bien a tus padres, porque cuanto más ricos sean más rico serás tú. Y esto queda lejos de la América como tierra de oportunidades donde, si trabajas duro, obtendrás tu recompensa. Pero no hemos abandonado del todo la creencia en esto. Francamente, son los inmigrantes y sus hijos quienes más creen en ello. Y el optimismo no ha desparecido del todo. Si en vez de preguntar [en los sondeos] si a la próxima generación le irá mejor que a los adultos de ahora, preguntamos a las persones si a sus hijos, en particular, les irá mejor que a ellos, la respuesta es más positiva".

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Si usted lee la prensa económica y la prensa popular, verá ahora varios artículos que intentan explicar el gran crecimiento de las desigualdades de renta y riqueza, atribuyéndolo a toda una serie de causas, desde cambios demográficos a cambios tecnológicos o al desplazamiento de los puestos de trabajo a otros países. El tema de las desigualdades ha pasado a ser un tema central, definido por el Presidente Obama como el más preocupante del siglo XXI en EEUU. Hay, pues, todo tipo de explicaciones para todo tipo de gustos. Entre los que tienen mayor visibilidad, están los que atribuyen el elevado crecimiento de las desigualdades de renta al creciente diferencial de educación en la fuerza laboral, asignando este crecimiento a las diferencias de productividad entre los que están cada vez más educados (que tienen mayores salarios) y los que lo están menos (que tienen menores salarios). Esta explicación parecería razonable: a más educación, mayor productividad del trabajador o empleado y mayor salario. Las diferencias de salarios estarían, pues, causadas por este diferencial en la productividad de los trabajadores.


Ahora bien, el problema con esta explicación es que los datos no la confirman o, dicho de otra manera, los datos muestran que esta explicación aclara solo una parte muy pequeña (en realidad, pequeñísima) del crecimiento de las desigualdades. La tesis de la productividad laboral (que se centra en el nivel salarial correspondiente a cada nivel de productividad) no explica este enorme crecimiento de las desigualdades. Los datos están ahí para todo el que quiera verlos. El último informe sobre productividad y salarios en EEUU, escrito por el prestigioso Economic Policy Institute (EPI), de Washington, cuestiona la teoría de que el crecimiento de las desigualdades se debe al diferencial de conocimiento y productividad. Concluye, así, que todas las políticas públicas que quieren reducir el crecimiento de las desigualdades mediante el aumento de la educación de los trabajadores de menor cualificación serán dramáticamente insuficientes para corregir las enormes desigualdades. ¿Cuál es, pues, el origen de este crecimiento?


Las causas políticas del crecimiento de las desigualdades

Para responder a esta pregunta tenemos que salirnos del área del conocimiento económico para movernos en el área del conocimiento político (lo que se llama en el mundo anglosajón el contexto político). Como bien decía mi maestro Gunnar Myrdal, "detrás de todo fenómeno económico hay una realidad política". Veamos los datos. El EPI muestra como desde 1970 hasta 2013, la productividad en EEUU creció un 64,9%, mientras que el salario promedio de la mayoría de los trabajadores de EEUU (el 80% de la fuerza laboral en el sector privado) creció solo un 8%, ocho veces menos que el crecimiento de su productividad. La consecuencia de ello es que la gran mayoría de la riqueza creada por el trabajador, como resultado del crecimiento tan notable de su productividad, no repercutió en su compensación salarial. ¿A dónde fue, pues?


Uno de los gráficos publicados por el EPI muestra clara y diáfanamente donde fue. Desde 1978 hasta 2011 las rentas derivadas del trabajo bajaron del 53% al 44% del PIB, mientras que las rentas del capital subieron muy marcadamente. En otras palabras, la mayor parte de la riqueza producida por el trabajador fue a enriquecer a los propietarios de las empresas. No hay otra manera de leerlo. En realidad, el problema es incluso mayor de lo que aparece en el grafico, porque las rentas derivadas del trabajo incluyen también los salarios de los grandes empresarios y banqueros, salarios que son astronómicos (3.000 veces el salario del trabajador) y que no guardan ninguna relación con la productividad. Cuando los salarios de estos personajes se sacan del capítulo "rentas del trabajo", se aprecia que la reducción de los salarios del 80% de la fuerza laboral es incluso mayor. El EPI también muestra que la diferencia entre los salarios de los graduados universitarios y los graduados en educación secundaria era mucho, mucho menor, que la diferencia entre aquellos que están en la cúspide salarial (los Bill Gates del país) y los graduados universitarios.


El debilitamiento del mundo del trabajo

Lo que ha estado ocurriendo es que las políticas públicas neoliberales iniciadas por el Presidente Reagan han favorecido enormemente a las capas sociales más poderosas a costa de todas las demás. Este era el objetivo de estas políticas públicas: debilitar al mundo del trabajo a costa de enriquecer al mundo del capital. Lean el informe del EPI y lo verán. Algo parecido ha pasado en Europa Occidental, y muy en especial durante estos años de crisis. Es lo que antes se llamaba "lucha de clases" y ahora ya no se cita por considerarse (por parte de la sabiduría convencional) un término anticuado, asumiendo, además, que no hay clases sociales. Los datos, sin embargo, hablan por sí solos. Hay clases sociales. Lo que ocurre es que se han redefinido. Hoy, la lucha de clases es entre una minoría que controla y gestiona el capital y todos los demás.


La solución al crecimiento de las desigualdades pasa por hacer lo opuesto a lo que se ha estado haciendo. Es decir, reforzar el mundo del trabajo a costa del mundo del capital. A aquellos que inmediatamente dirán que esto repercutirá negativamente en el crecimiento económico se les tendría que aconsejar que vieran los datos. Las tasas de crecimiento fueron mucho más elevadas cuando las rentas del trabajo eran más elevadas y las rentas del capital más bajas. El periodo 1945-1980 fue de mayor crecimiento que el de 1980-2012. Así de claro.

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Sábado, 18 Octubre 2014 08:19

"Demagógico y efectista"

Más de un centenar de académicos, intelectuales, dirigentes políticos, artistas, periodistas y miembros de organismos de derechos humanos manifestaron su preocupación por la repetición del "discurso demagógico y efectista" que propone utilizar a las Fuerzas Armadas en asuntos de seguridad pública e hicieron un llamado a "no aceptar un retroceso contraproducente" y actuar con "responsabilidad ciudadana". El documento se titula "Fuerzas Armadas y seguridad pública: para disipar confusiones", advierte sobre los peligros que entraña "la especulación política de corto plazo" y lleva las firmas de personalidades diversas como la ex ministra Nilda Garré, la ensayista Beatriz Sarlo, los ex cancilleres Jorge Taiana y Dante Caputo, el general retirado Martín Balza, el politólogo Vicente Palermo y el periodista y presidente del CELS, Horacio Verbitsky.

En los últimos meses varios dirigentes plantearon la intervención militar en la represión del narcotráfico. "Recientemente un ex presidente de la República, un candidato presidencial a las elecciones 2015 y un ex ministro de Defensa ha hecho declaraciones en favor del entrecruzamiento de las actividades militares con las policiales", arranca el documento, que evita los nombres propios pero advierte que el uso de militares en tareas policiales contradice la normativa vigente y es "una opción gravosa en varios sentidos, que remite más al pensamiento mágico que al abordaje razonado de los problemas".


Las Fuerzas Armadas existen "para defendernos de eventuales amenazas armadas externas". Los militares se educan y adiestran "para la eventual aplicación de la violencia en el grado extremo que requiere la guerra", explica el documento. Para enfrentar los problemas de seguridad pública, la República cuenta con "instituciones específicamente diseñadas", fuerzas formadas y entrenadas "conforme al marco constitucional y jurídico vigente". Se trata de las policías y fuerzas de seguridad, que en determinadas ocasiones pueden "utilizar la coerción". La "formación, adiestramiento y doctrina" de las fuerzas "intermedias" les permite inclusive "mayor flexibilidad y capacidad de respuesta para enfrentar amenazas a la seguridad interior", destaca el texto que suscriben también el ex ministro León Arslanian, el constitucionalista Roberto Gargarella, el politólogo Juan Gabriel Tokatlian, el dirigente radical Marcelo Stubrin, el ex fiscal Hugo Cañón y el cineasta David Blaustein.


El marco legal vigente, fundado en "un amplio consenso pluripartidario", diferencia claramente las misiones y campos de actuación de las fuerzas militares, policiales y de seguridad. "Producir una desviación de las misiones de las FF.AA. hacia funciones de seguridad pública involucra serios problemas y riesgos", advierten. En primer lugar, más allá de que todos usen armas, "soldados y policías están instruidos para actividades diametralmente diferentes", recuerdan. La supuesta eficacia militar, advierten, está descartada. En los países que apelaron al recurso militar se observa "la persistencia del crimen organizado, fundamentalmente del narcotráfico", un "incremento de los niveles de violencia y de violaciones a los derechos humanos", y también mayor corrupción por "la connivencia que suelen mantener con los grupos a los que deben combatir".


"Los argentinos aprendimos en Malvinas que, si las FF.AA. desvirtúan su oficio", como ocurrió durante el terrorismo de Estado, "ulteriormente no son un instrumento apto para defender la Nación", recuerdan. Hacia el final se manifiestan "muy preocupados" al ver que "dirigentes políticos exponen de manera poco responsable" sobre el tema y advierten que "el pensamiento mágico es inconducente". "Creemos que la especulación política de corto plazo engarzada a un discurso demagógico y efectista, cuyo objetivo es policializar la labor militar, puede abrir la puerta a peligrosos futuros", señalan. Sin personalizar, arriesgan que en algunos casos se trata de un error "ingenuo" y en otros de "interesados y riesgosos oportunismos". Concluyen con un llamado "a no aceptar un retroceso contraproducente, a aprender de los errores de terceros y a encarar nuestros problemas de seguridad pública con responsabilidad ciudadana, sin enconos y con discernimiento".

Publicado en Sociedad

En algún momento de la historia reciente, desarmamos nuestras capacidades de autoprotección colectiva para entregarlas a las instituciones estatales, confiando en su capacidad reguladora. Una ilusión óptica con graves consecuencias. Cambiamos poderes de abajo por derechos arriba.


Bajo el régimen de Pinochet (1973-1990), la autoprotección colectiva se asentó en las redes formales e informales de los sectores populares que tuvieron referencia, entre otras, en la Vicaría de la Solidaridad, para esconder perseguidos, conseguirles documentos, sacarlos del país y apoyar a sus familiares. O para denunciar las torturas y desapariciones, levantando un muro de solidaridad ante el genocidio militar.


Bajo la dictadura militar argentina (1976-1983), las Madres de Plaza de Mayo, parroquias, diócesis y un puñado de personas hicieron una labor similar, contribuyendo a poner freno al delirio genocida a través de la denuncia de las desapariciones y el apoyo a perseguidos y presos. Contribuyeron a reducir los dolores de la represión, no sólo a través de la denuncia sino del silencioso y vital apoyo a las víctimas.


En el pico del terror represivo, fue el imperio a través de la administración Carter quien levantó la bandera de los derechos humanos, como nuevo eje de su política exterior. Su objetivo fue desarmarnos, desbaratar nuestras redes, para seguir haciendo a su antojo. Nada de lo anterior supone negar la importancia de los derechos humanos. Todo lo contrario. Se trata de desestatizar esos derechos, asumirlos colectivamente, dejar de confiar en que los estados hagan algo por nosotros.


Quiero poner un ejemplo, polémico pero real. Los gobiernos de Carlos Menem (1989-1999) en Argentina se caracterizaron por las privatizaciones salvajes de las empresas estatales, los indultos a los militares, una política económica crudamente neoliberal y fuerte represión a la protesta social. En síntesis, un gobierno antipopular y represivo.


Los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández, desde 2003 a la actualidad, fueron de algún modo la contracara del menemismo. Reposicionaron al Estado en la economía y la sociedad, desarrollaron políticas sociales y salariales progresistas, enarbolaron la bandera de los derechos humanos tanto a nivel simbólico como material, desarticularon algunas cúpulas militares y policiales, apoyaron a los organismos de derechos humanos y se empeñaron en evitar la represión de la protesta social.


En la década de Menem hubo un promedio de 61 muertos por año por la represión policial-estatal. En la década progresista hubo 240 muertos por año, según datos de la Correpi (Coordinadora Contra la Represión Policial e Institucional). ¿Cómo se explica esto? ¿Cómo puede ser que el gatillo fácil y las muertes bajo custodia policial sean cuatro veces mayores bajo los gobiernos progresistas que bajo el crudo neoliberalismo?


Traigo estos datos porque pretendo eludir conclusiones simplistas. Creo sinceramente que los gobiernos de Kirchner y Fernández se empeñaron en la defensa de los derechos humanos, por más críticas que se les pueda hacer en otros terrenos. Quiero decir que el aumento de los asesinatos policiales no tiene relación mecánica con la actitud del gobierno, ni con la ampliación de derechos en los últimos años. En mi opinión, hay tres razones de peso que lo explican.
La primera es la continuidad del modelo extractivo que genera exclusión y marginalidad. El desarrollo industrial, desde la década de 1940, promovía la integración de los trabajadores, la inclusión de sus familias a través del acceso a la educación, la salud y la vivienda, y una progresiva concesión de derechos básicos. Por el contrario, desde la desindustrialización de la década de 1990 (iniciada en realidad por la dictadura) nada volvió a ser igual.


El modelo actual es incapaz de promover inclusión, ni derechos de verdad. Donde había escuela pública para todos se promueve una educación de dos velocidades: una para los que pueden pagar y otra para pobres que se amontonan en colegios de baja calidad. Así sucede con la salud, el trabajo, la vivienda. Una realidad que las políticas públicas no pueden paliar.


La segunda cuestión se relaciona con la autonomización de los aparatos represivos, muy en concreto de las policías, como quedó en evidencia en diciembre de 2013 cuando se produjo la huelga policial en Córdoba. Los uniformados, en connivencia con el crimen organizado, liberaron zonas enteras dejando a los vecinos a merced de grupos armados. Un mensaje mafioso al poder político provincial, que retrocedió ante el chantaje.


Las policías de muchas provincias tienen relaciones estrechas con los narcotraficantes y otras mafias, de las que obtienen una parte sustancial de sus ingresos. La autonomización de las policías, símbolo de la impotencia de los gobiernos, no se reduce sólo a esa institución.

En tercer lugar, ante cada oleada de lucha popular hubo un crecimiento de la represión. En 1989 se produjo el primer salto postdictadura, cuando los de abajo ocuparon las calles frente a la hiperinflación. La crisis de 2001 registró el mayor crecimiento de los asesinatos policiales. Las cifras ya no volvieron al nivel anterior, pese a la política kirchnerista de no reprimir la protesta.

Según el Centro de Estudios Legales y Sociales, presidido por Horacio Verbistky, cercano al gobierno, se registra una regresión de la respuesta del Estado frente a la protesta social, luego de años en los que hubo un mayor gobierno político de las fuerzas. Apunta un problema estructural en las fuerzas represivas que se traduce en prácticas violatorias de derechos.


Me parece evidente que no debemos confiar la protección a los estados. Aunque haya gobiernos que se proponen defender los derechos humanos, nadie lo hará mejor que las redes y organizaciones populares. No es cuestión sólo de justicia. Hay que defender la vida.

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A nueve días del domingo 26, cuando una vez más 143 millones de electores brasileños acudirán a las urnas para decidir quién presidirá el país entre 2015 y 2019, el escenario se caracteriza por una tensión elevadísima y una indefinición enigmática. Todo indica que la tensión seguirá en los niveles siderales que ya alcanzó. Y nadie se arriesga a prever cuándo, y en cuál dirección, el escenario se hará menos indefinido.


Ayer hubo un nuevo debate entre el neoliberal Aécio Neves y la actual presidenta, Dilma Rousseff, que intenta la reelección. Transmitido de manera simultánea por una emisora de radio, una página de Internet y una red nacional de televisión, y en un horario insólito –empezó a las seis de la tarde y duró hora y media–, el enfrentamiento entre los dos candidatos empezó de manera dura y agresiva y así se mantuvo hasta el final. De propuestas, casi nada.


Aécio, luciendo una agresiva prepotencia y esgrimiendo un sarcasmo salpicado, por un machismo impertinente, trató de mostrarse (vaya contradicción) como el buen mozo altamente capacitado para sacar el país del atolladero donde, dice él, fue llevado por 12 años de gobiernos del PT. Dilma Rousseff, a su vez, trató de lucir convicciones firmes y de seguir trazando comparaciones entre las presidencias de su antecesor, Lula da Silva, la suya y las anteriores, del ex presidente Fernando Henrique Cardoso, principal mentor del candidato neoliberal. El tono firme y claro que intentó utilizar en sus intervenciones volvió a tropezar con su dificultad en expresarse de manera articulada.


Resultado: el tono de Aécio, irritante para el público en general, inadmisible (por la insolencia) para los electores de Dilma, debe de haber agradado inmensamente a la mayoría de su electorado, el de clase media, media alta y concentrado principalmente en las regiones más ricas, escolarizadas y conservadoras el país.


Ya la participación de Dilma, confusa para el público en general, inadmisible (por los ataques contundentes) para el electorado del adversario, debe de haber servido de relativo alivio para la inmensa mayoría de sus seguidores. Al menos no ha sido un desastre.

Un análisis de los sondeos divulgados hasta ahora indica algunas tendencias, ninguna de ellas decisiva o preponderante.
Cuando está por terminar la segunda semana de campaña, Aécio sigue dos puntos arriba de Dilma, en un riguroso empate técnico. Para analistas más equilibrados, es una situación preocupante para el adversario de la actual mandataria: luego de experimentar un crecimiento impetuoso, quedó estacionado. Si se considera que estas dos semanas fueron de buenas noticias para él –apoyo de un sinnúmero de pequeños partidos, respaldo de Marina Silva y todo un largo etcétera–, y de muy malas noticias para Dilma –nuevas revelaciones de escándalos de corrupción en su gobierno, inquietudes (algunas muy justificadas) por el escenario económico–, sería lógico y natural esperar que el candidato neoliberal hubiese ganado varios cuerpos de ventaja sobre la adversaria.

Además de que ese crecimiento no ocurrió, lo que sí creció fue el rechazo a su candidatura (cuatro puntos), mientras disminuyó el porcentaje de los que declaraban que bajo ninguna circunstancia votarían a Dilma (igualmente cuatro puntos). Y peor: pese a todas las denuncias y al insistente martilleo de Aécio en acusar a su adversaria de mentir sobre las conquistas alcanzadas, la aprobación de su gobierno creció seis puntos.


La estrategia del PT en la primera vuelta de las elecciones fue, básicamente, la de destruir la imagen de la entonces adversaria más amenazadora, Marina Silva. Ahora, el blanco de un bombardeo inclemente es Aécio Neves. Si Marina era vulnerable por su propia inconsistencia, Aécio es vulnerable por los muchos pecados y por fallas ostensibles en sus dos gobiernos de la provincia de Minas Gerais.

Se trata, sin embargo, de un rival mucho más sólido y especialmente agresivo. Sabe construir bien una imagen muy del agrado de las clases conservadoras. Hay, además, un aspecto curioso, y que podrá ser decisivo en esas cruciales elecciones. A lo largo de los doce años de gobiernos del PT, un grueso contingente de brasileños ingresó al mercado de consumo, constituyéndose en una nueva clase media, de baja extracción social.

Estudios demuestran que, cuando se dividen las clases medias en tres niveles, Aécio Neves obtiene 67 por ciento de los votos de los sectores altos. En la clase media intermedia, Dilma obtiene 52. Y en la baja clase media, 53. En el extracto más rico, las posibilidades de crecimiento de Dilma son muy cercanas a cero. En la clase intermedia, podrá eventualmente crecer uno o quizá dos puntos. En la baja clase media, una incógnita. Ya en las clases más populares, se da la inversa: es muy poco lo que Aécio podrá crecer.


Quedan, por fin, los indecisos, y a poco más de una semana del pleito suman alrededor de 20 por ciento del electorado. Es ése el segmento que decidirá el resultado final. Luego de estudiar los resultados de los últimos sondeos, sociólogos y analistas políticos llegan a la conclusión de que en ese segmento, el de los indecisos o que declaran votar en blanco o anular su voto, Dilma tiene un potencial de lograr revertir 13 por ciento de los votos. Aécio, 6.


Sin embargo, nadie se arriesga a nada. Al fin y al cabo, la imprevisibilidad de la actual campaña quedó muy evidente y palpable en la primera vuelta, cuando los institutos de encuestas y sondeos se equivocaron de manera olímpica. Por lo tanto, sigue la tensión, y todo indica que así serán los días que nos separan del domingo 26.

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Desde que se la actual crisis financiera, el uno por ciento de la población más rica del mundo se ha enriquecido todavía más, con lo que estas personas poseen el 48.2 por ciento del patrimonio global, revela un estudio realizado por expertos del banco Credit Suisse.

 

En 2014, a nivel mundial la riqueza de los hogares ha sido un 20 por ciento superior a los niveles previos a la llegada de la crisis, revela el informe sobre la distribución de la riqueza en el mundo citado por el periódico The Guardian.


En Estados Unidos dicho índice se ha incrementado un 11.4 por ciento, en Europa un 10.6, en África un 6.0 y un 3.4 en Asia Pacífico.
A largo plazo el patrimonio depende del crecimiento económico, pero en la retrospectiva de los años transcurridos influyeron ante todo factores como la evolución de los activos en el mercado bursátil y los tipos de cambio de las divisas nacionales, reza el estudio presentado en Londres.


En particular, en España la recuperación de los mercados financieros desde comienzos de 2013 ha hecho aumentar en un 25 por ciento el número de millonarios.

El director de inversiones en el sector de banca privada Michael O'Sullivan explicó la tendencia por la subida del valor de la bolsa y de la deuda pública en ese periodo, junto a la apreciación del euro.


Según los cálculos de los analistas de Credit Suisse, para poder formar parte de la mitad más rica de la humanidad una persona debe tener un patrimonio neto equivalente a 3 650 dólares estadounidenses.

Las personas que pertenecen a la mitad inferior poseen entre todas menos del uno por ciento de la riqueza total del planeta.


Para integrar el 10 por ciento de la clase acomodada, el umbral es mucho más alto: 77 000 dólares.

 

Finalmente, hace falta contar con un patrimonio evaluado en casi 800 000 dólares para pertenecer al uno por ciento de los más ricos, que controlan el 48.2 por ciento de toda la riqueza acumulada en el mundo.


Todos los bienes que se encuentran en la propiedad privada se estiman en 263 billones de dólares, más del doble en comparación con el año 2000 (117 billones de dólares).


Esta cifra nueva marca un récord global más alentador, mientras que el fenómeno más triste es el creciente ensanchamiento de la brecha que divide a los más ricos de los más pobres.

El Reino Unido es el único país del grupo de los siete países más desarrollados económicamente donde el nivel de igualdad social ha mermado en lo que va de siglo XXI. Pero la creciente desigualdad sigue siendo una tendencia muy propia de los países en desarrollo.


(Con información de las agencias)

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En la comprensión acerca de la complejidad —o no— del mundo o de los fenómenos del mundo, el concepto de "grados de libertad" (GdL) desempeña un papel central. De hecho, en buena parte de la ciencia de punta contemporánea, el concepto es altamente importante.

 

El concepto de grados de libertad fue originalmente introducido por el neurofisiólogo soviético Nikolai Bernstein (1896–1966) en el estudio del control motor de los organismos vivos. Posteriormente el término ha sido extendido a otras áreas, muy notablemente la estadística, la mecánica, la física, ingeniería, la química. Sin embargo, cuando es extendido a las ciencias sociales y humanas y a las ciencias de la salud y de la vida el tema se torna magníficamente sugestivo.
Bernstein fue un neurofisiólogo marginado en su país, y solo llegó a ser conocido con la traducción y publicación póstuma al inglés (1967) de su libro La coordinación y regulación de los movimientos, Oxford, Ed. Pergamon. Como se aprecia, el tema no es el del control, sino el de la coordinación del movimiento. (El gran opositor teórico de Bernstein fue la figura, la teoría y los trabajos de Pavlov, un científico caro al marxismo de la época, lo que explica fácilmente los desfavores del establecimiento hacia Bernstein).


En términos generales, el concepto de GdL puede hacer referencia al número de variables aleatorias que no pueden ser fijadas por una ecuación (estadística), o bien al número mínimo de números reales indispensables para definir completamente un estado físico (física), o también a la dimensión topológica del espacio de fases de un sistema determinado (mecánica clásica).


Incluso, desde el punto de vista de la química se trata del número de fases separadas o de componentes (químicos) de un sistema, o bien, más sencillamente, en el marco de la mecánica clásica, se trata de la posibilidad de movimiento en un espacio. En un sentido más amplio, el concepto significa idóneamente la posibilidad de evolucionar que tiene un sistema en una dirección no restringida.

Como tal, los grados de libertad se hallan en la antípoda del concepto de control, que es manifiestamente el concepto en el que se condensa toda la ingeniería clásica, la ciencia política y la administración tradicionales; tradicionales o vigentes (mainstream), por ejemplo.


Desde este punto de vista, la complejidad —en cualquier acepción de la palabra— se define literalmente por los grados de libertad que tiene o que exhibe un sistema, de tal suerte que a mayores grados de libertad mayor complejidad, e inversamente, a menores grados de libertad menor complejidad. Articulaciones, posibilidad de evolución, grados de movimiento, dimensiones posibles.

En este sentido, el trabajo de los (as) complejólogos (as) consiste en estudiar los grados de libertad que un sistema determinado tiene, y establecer si y cómo dicho sistema puede tener o adquirir mayores grados de libertad.
Pues bien, esta idea, originaria de la estadística, la física y la neurofisiología, adquiere un alcance insospechado cuando se traslapa el tema al ámbito de las ciencias sociales y humanas o las ciencias de la salud y de la vida. En este caso, el estudio se concentra es determinar si un fenómeno determinado ve reducidos sus grados de libertad y las consecuencias que ello comporta. O bien, inversamente, si el fenómeno en cuestión puede ganar mayores grados de libertad y las consecuencias que ello implica.

No precisamente en un sentido descriptivo, el sentido de las ciencias de la complejidad estriba, así, en incrementar en la medida de lo posible los grados de libertad de un sistema determinado, sabiendo expresamente que dicha posibilidad implica dos cosas:


a. Un cambio en la trayectoria o la historia del fenómeno en cuestión. Dicho cambio se designa técnicamente como espacio de fases, transiciones de fase, o bifurcaciones.

b. Un cambio cualitativo en un fenómeno, lo cual entraña justamente una transición de fase en el sentido que se acaba de mencionar.

Pues bien, en un sentido muy preciso, cabe distinguir dos clases de transiciones de fase, así: transiciones de fase de primer orden y transiciones de fase de segundo orden. Las primeras son variaciones o cambios graduales, notables especialmente gracias al calor o la temperatura del fenómeno en consideración. Las segundas son transiciones continuas, cuya distribución se expresa de la mejor manera en una ley de potencia. Por lo demás, cabe hablar incluso de transiciones de fase infinitas que son aquellas en las que hay cambios permanentes, pero no por ello rupturas de simetría.
Las transiciones de fase se definen a partir de puntos críticos o estados críticos. Así las cosas, un elemento clave en el comportamiento de un fenómeno radica en identificar los puntos o estados críticos reales y posibles de un sistema, a fin de determinar si pueden producirse, o no, y si sí cómo, transiciones de fase. Todo lo cual permitirá al cabo precisamente conocer los grados de libertad que un fenómeno dado gana (o pierde).


Digamos de una manera general que los puntos o estados críticos consisten en tres momentos, así: puntos o estados de supracriticalidad, de criticalidad y de subcriticalidad. Todos estos estados o puntos no se observan en la realidad. Por el contrario, se los construye en la investigación o en el estudio.

Los grados de libertad: un concepto que se encuentra en la antípoda del control, la constricción, las restricciones o cualquier otro concepto próximo o semejante. Al fin y al cabo, según parece, con la ciencia de punta contemporánea asistimos, literalmente, a una revolución científica, social y cultural; en sentido kuhniano, por decir lo menos

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Martes, 14 Octubre 2014 06:11

El auge económico da alas a Morales

Hacer malabares entre un discurso anticapitalista y una política económica pragmática. Tratar de contentar por igual a ricos y pobres; a blancos, indígenas y mestizos. No caer en los errores económicos y el despilfarro de los vecinos con los que compartes mantel antiimperialista. Un cóctel inverosímil que deja como poso una nueva victoria electoral. Evo Morales será el presidente de Bolivia el próximo lustro. De cumplir su mandato, se convertirá en el hombre que más tiempo ha permanecido al frente del poder en democracia: 14 años.


A falta de datos oficiales, las encuestas a pie de urna y el conteo rápido realizado por varias empresas contratadas por los medios de comunicación bolivianos, que los candidatos aceptaron, dieron la victoria al candidato del Movimiento al Socialismo (MAS) con entre el 59,7% y el 61% de los votos. El principal aspirante opositor, Samuel Doria Medina (Unión Demócrata), logró entre el 24% y 25%. El expresidente Tuto Quiroga apenas alcanza el 9%, el exalcalde de La Paz Juan Del Granado y el ambientalista Fernando Vargas lograrían un 3% cada uno. Estos datos permitirían mantener al MAS los dos tercios de la Asamblea Legislativa cruciales para controlar todas las decisiones, aunque este aspecto aún no estaba confirmado. El Tribunal Electoral había asegurado que durante la noche electoral se habría contado el 70%, pero ayer solo se conocía el 2,7% debido, aseguraron, a un fallo en el sistema y a supuestas amenazas de pirateo informático que han suscitado la controversia en el país.


"El grupo antagónico a Evo es cada vez menor, el Gobierno ya no causa miedo", explica el analista Fernando Molina. Pese a lograr un porcentaje menor que en 2009 (64%), Molina considera que se trata de una victoria sólida después de nueve años de Gobierno. El fin de la polarización se evidencia en que Morales fue el más votado en ocho de los nueve departamentos del país. Solo le ha faltado Beni, el único de la conocida como media luna —junto a Pando, Tarija y Santa Cruz— que se le resiste. "¡En Bolivia hay luna llena!", gritó tras la victoria el presidente desde el balcón del Palacio de Gobierno, en la paceña plaza de Murillo. Ya ayer, Morales insistió en que su partido había dado "un mazazo" con su triunfo.


La victoria en Santa Cruz tiene un simbolismo especial. Motor económico del país, ha sido el bastión opositor y uno de los focos de más tensión, sobre todo durante su primer mandato, tras el desafío autonomista de 2008. El oficialismo venció ahora por más de 10 puntos sobre Doria (50,6% por 38,1%), en gran medida gracias a su acercamiento al poder empresarial cruceño. Pese a su retórica, Morales ha aplicado una lógica liberal con los empresarios y ha hecho suya la hoja de ruta que estos le plantearon el pasado año. "De la consecución o no de estas promesas depende su avance en el oriente del país", augura Molina.


Mientras se llegaba a la entente con la élite empresarial, el Gobierno boliviano ha desarrollado una serie de políticas redistributivas con las que ha logrado la inclusión de una parte de la sociedad, discriminada durante décadas. Ello le ha permitido mantener fiel a su base. En nueve años, el Estado ha implementado bonos para ancianos, mujeres embarazadas y estudiantes; es decir, ha dado ayudas a un tercio de los 10 millones de habitantes del país. Según datos del Ministerio de Economía, todas estas medidas han contribuido a que la pobreza extrema en las áreas urbanas se reduzca en 10 puntos (del 24% pasa al 14%) y 20 puntos (del 63% al 43%) en las zonas rurales.


Más allá de la estabilidad política y social, nada de ello hubiese sido posible sin la bonanza económica de este ciclo. Un despegue propiciado por los altos precios de las materias primas y los hidrocarburos, que Morales recuperó para los bolivianos al poco de llegar al poder —fueron descubiertos durante el Gobierno de Jaime Paz Zamora, entre 1989 y 1993—. A diferencia de otros países de la región con los que comparte retórica, Bolivia ha sabido administrar sus recursos naturales. Esto ha repercutido en que los ingresos por exportaciones pasen en una década de 2.000 millones de dólares a 10.000 (de 1.600 millones de euros a 7.800). El país jamás tuvo unas reservas internacionales como las de hoy, en torno a los 15.000 millones de dólares (11.800 millones de euros).


El empleo es casi pleno en todo el país. Para este curso se espera un crecimiento del 5,5%, la segunda mejor previsión de la región, según la Comisión Económica para América Latina (Cepal). Desde que Morales llegó al poder, la renta petrolera ha pasado de 300 millones de dólares anuales a los cerca de 6.000 que se esperan para final de este año. En 2013, cuando la economía creció un 6,3%, el gas supuso el 54% de las exportaciones: 6.589 millones de dólares de un total de 12.042 millones. Mantener a Bolivia como un productor de gas requerirá destinar más recursos a la exploración, algo que el Gobierno de momento no ha hecho. El país solo tiene garantizadas las reservas para 10 años y, por el momento, invierte en torno a 400 millones de dólares, una cifra relativamente baja.


La contundente victoria ha sacado a relucir el debate sobre la reelección indefinida. La Constitución —que Morales ha dicho que acatará, y su vicepresidente, Álvaro García Linera, que no cambiará— no permite más que dos mandatos. Si se ha podido presentar en esta ocasión es porque el Gobierno, con el visto bueno del Tribunal Constitucional, interpreta que Evo convocó elecciones anticipadas en 2009, por lo que solo habría completado un mandato.

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