Miércoles, 29 Julio 2015 05:59

Un caso que salpica a la estatal nuclear

En el marco de la investigación a Petrobras y a compañías privadas, la policía detuvo a Othon Luiz Pinheiro da Silva, titular de Eletronuclear, sospechado de haber sido sobornado por empresas constructoras para obtener contratos.

 

Con un despliegue de decenas de hombres, concebido con estética de serie televisiva, la policía federal irrumpió ayer en el edificio de la estatal Eletronuclear en Río de Janeiro, reactivada en la década pasada como parte del impulso dado al programa atómico, y detuvo a su titular, el almirante Othon Luiz Pinheiro da Silva, sospechado de haber sido sobornado por empresas constructoras para obtener contratos.


El denominado Operativo Radiactividad fue, en realidad, un capítulo dentro de la investigación madre llamada Lava Jato (lavado rápido) llevada a cabo desde comienzos de 2014 sobre irregularidades perpetradas por ex ejecutivos de Petrobras en complicidad con compañías privadas (ver aparte). Los fiscales y agentes de Inteligencia a cargo de la causa Lava Jato descubrieron nexos entre los desfalcos contra la petrolera y los que se cometieron en perjuicio de Eletronuclear. Por lo tanto ahora, luego de los allanamientos y órdenes de detención ejecutados ayer, la sombra de corrupción y el desprestigio (inducido) que sobrevolaba a Petrobras se prolonga hacia la compañía estatal nuclear.


Padre del proyecto nuclear


Al detenido Othon Pinheiro da Silva se lo considera el padre del proyecto nuclear brasileño en el que trabaja desde hace más de 40 años, al principio integrando un equipo secreto de expertos con el que la Marina procuraba desarrollar armamento atómico para acortar la desventaja estratégica frente a Argentina.


Según la Procuraduría Federal, el militar retirado habría cobrado 4,5 millones de reales (1,4 millón de dólares) en concepto de coimas para conceder contratos para la construcción de la usina Angra III en Río de Janeiro, proyecto que estaba congelado desde la década del '80. El dinero habría sido aportado entre 2009 y fines de 2014 por la constructora Andrade Gutiérrez, la segunda más importante del país, que se lo hacía llegar a través de una firma "intermediaria" o de fachada llamada Aratec.


"No recibí ninguna propina relativa a Angra III ni por ninguna otra obra, mi vida es transparente, vivo de mi jubilación en la Marina y del salario como presidente de Eletronuclear", declaró el imputado al pedir licencia en su cargo hace tres meses acorralado por las denuncias.


Quien lo acusó fue Dalton Avancini, un alto ejecutivo de Camargo Correia, que se adscribió a la delación premiada durante su prisión como imputado en el escándalo de Petrobras.


Othon Pinheiro da Silva, quien ayer por la tarde iba a ser trasladado a un presidio de Paraná, es ingeniero nuclear con estudios de posgrado en el MIT estadounidense y era una referencia para algunos científicos de su área de conocimiento. Su prisión constituye un golpe para la política de ampliación y diversificación de la matriz energética con más aporte de las plantas atómicas iniciada por el ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva y continuada por su sucesora Dilma Rousseff.


Un conjunto de iniciativas adoptadas a partir de 2005, con la reactivación de Eletronuclear y el nombramiento de Pinheiro da Silva, significaron un viraje en las prioridades estratégicas. Se inscriben en esa grilla iniciativas militares como la firma de un acuerdo de Defensa con Francia en 2008 que contemplaba la construcción de un submarino propulsado a energía nuclear, y diplomáticas como el respaldo a Irán para que enriquezca uranio destinado a fines pacíficos, anunciado por Lula en 2010, origen de la mayor crisis con Estados Unidos en sus ocho años de gobierno.


En 2011, a poco de asumir su primer mandato, Rousseff creó Itaguaí Construcciones Navales, formada junto a Francia, la Armada brasileña y Odebrecht, para construir cuatro submarinos convencionales y uno propulsado a energía nuclear cuya entrega estaba prevista para 2023. Fecha que podría ser postergada por los episodios que perjudican la imagen de Eletronuclear, Petrobras, y alimentan una campaña antiestatista que tiene como corifeos a la derecha opositora, el lobby de empresas multinacionales y las cadenas de medios privados.


Horas antes de las redadas policiales de ayer, Dilma había manifestado su preocupación sobre el impacto económico causado por el proceso sobre (y contra) Petrobras, a cargo de Sergio Moro, un juez federal de primera instancia con probables simpatías opositoras.


Rousseff comentó el lunes ante un grupo de ministros que el "petrolao" representa pérdidas económicas para el país del orden del 1 por ciento del PIB, esto es unos 18.000 millones de dólares, estimación que obviamente no incluye el perjuicio que causará la crisis en puerta en Eletronuclear.


Esto contabilizando no sólo los perjuicios a la petrolera por contratos amañados y coimas, sino también por la suspensión de obras que habían sido previstas para este año junto a la pérdida de espacio internacional de las constructoras privadas como Odebrecht y Camargo Correa.


Al estar involucradas en varias causas esas firmas podrán ser excluidas de licitaciones. En ese sentido, los gobiernos de Perú y Ecuador iniciaron averiguaciones sobre Odebrecht, y el de Colombia insinuó excluirla de las futuras licitaciones para obras públicas. Incluso fuentes del gobierno dejaron trascender que esa constructora posiblemente cederá terreno ante sus rivales chinas con las que lleva adelante una disputa palmo a palmo en Africa.

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Miércoles, 29 Julio 2015 05:44

Cuatro años difíciles para Perú

El modelo económico neoliberal, la corrupción y la creciente inseguridad ciudadana son las principales razones de la baja aprobación del presidente peruano. En el activo del gobierno están los programas sociales.


El presidente Ollanta Humala cumplió ayer su cuarto y penúltimo año de gobierno enfrentado a las bases populares que lo llevaron al poder, debilitado, con una aprobación que está apenas entre 15 y 19 por ciento, según diversas encuestas. El modelo económico neoliberal, la corrupción y la creciente inseguridad ciudadana por el incremento de la delincuencia son las principales razones de la alta desaprobación del presidente Humala.


"Hay una gran frustración frente a alguien que prometió cambiar el país y no lo ha hecho. Humala ganó como un candidato progresista, pero el suyo es un gobierno de derecha, de continuismo del modelo económico neoliberal. El gobierno de Humala es una tragedia por su traición a las propuestas de cambio", le señaló a Página/12 el sociólogo y analista político Alberto Adrianzén. "Además de traicionar su programa, Humala ha sido un presidente ineficiente, que no ha podido gestionar bien el Estado", remata Adrianzén. En el activo del gobierno humalista están los programas sociales para aliviar la pobreza y los importantes recursos dados a estos programas. Y a ese tema dedicó el presidente buena parte de su mensaje anual ante el Congreso, que duró una hora y quince minutos. Humala habló ayer ante un Congreso presidido, por primera vez en estos cuatro años, por la oposición, que dos días antes le había arrebatado al oficialismo, disminuido por las disidencias internas, la presidencia del Poder Legislativo. El mensaje presidencial, que careció de filo político, estuvo centrado en un largo inventario de cifras y obras.


"Nuestros esfuerzos han estado dirigidos a la recuperación de un país fragmentado", comenzó su discurso el presidente Humala. Inmediatamente se extendió en un amplio recuento de datos de los programas sociales implementados por su gobierno y en el presupuesto destinado a ellos. Al final de su discurso volvió al tema de los programas sociales, la principal bandera de su gobierno. "Nuestro reto ha sido, y sigue siendo, la inclusión social en un país fragmentado, seguir avanzando en cerrar las brechas de exclusión y desigualdad", dijo.


Humala destacó los programas sociales como el mayor logro de su gobierno y habló de éxitos en la reducción de las desigualdades y brechas sociales. Sin embargo, se le critica que su política de inclusión social está centrada en planes sociales fundamentalmente asistencialistas y no en cambios estructurales. Diversos analistas señalan que buena parte de la reducción de la pobreza en estos cuatro años, que ha bajado de 30,8 a 22,7 por ciento, se basa en estos programas asistencialistas y la entrega de subsidios económicos, y cuestionan que se mantenga intacto un modelo económico poco redistributivo que refuerza las causas de la exclusión.


El crecimiento económico –basado en los altos precios internacionales de los minerales, principal exportación del país con más del 50 por ciento de la canasta exportadora– que en la última década ha oscilado entre 5 y 10 por ciento anual, se ha desacelerado por la caída de los precios de los minerales. En 2014 cayó hasta cerca del 2 por ciento. Este desaceleramiento de la economía, que pone en riesgo el financiamiento de los programas sociales, y cómo enfrentarlo, fue una de las grandes ausencias en el mensaje de Humala.


Otras ausencias significativas en el discurso presidencial fueron temas como la corrupción y la inseguridad ciudadana, dos problemas centrales, sobre los que Humala dijo muy poco y no hizo ningún anuncio para destacar. Obvió mencionar las denuncias de corrupción que golpean a su gobierno, incluyendo a su esposa, Nadine Heredia, investigada por sus ingresos y gastos poco claros. Tampoco habló de los graves conflictos sociales que ha enfrentado, y sigue enfrentando, su gobierno, y que en estos cuatro años han dejado más de 40 muertos por la represión de las fuerzas de seguridad. Sobre política exterior, el presidente peruano destacó su compromiso central con la Alianza del Pacífico, acuerdo entre Perú, Chile, Colombia y México, que promueve políticas de libre comercio. No hubo más en ese tema. "En su política exterior, como en la política interna, Humala también ha hecho todo lo contrario a lo que ofreció. En su programa estaba el fortalecimiento de la integración regional y dejar a la Alianza del Pacífico solamente como una asociación económica no prioritaria, pero, en lugar de eso, ha fortalecido su relación con la Alianza del Pacífico y reiterado su sociedad estratégica con Estados Unidos", indica Alberto Adrianzén.


"Aunque no esperaba mucho, el mensaje de Humala ha sido decepcionante, no dijo nada de los problemas de fondo", fue el balance del historiador y analista político Nelson Manrique.

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Martes, 28 Julio 2015 06:49

¡Es el Estado, estúpidos!

Desde que Ronald Reagan dijo que el Estado dejaba de ser solución para ser el problema, el Estado pasó a estar en el centro de los debates y de las luchas políticas. Reagan apuntaba al Estado como ineficiente, corrompido, expropriador de recursos de las personas, productor de inflación –el resumen de los problemas que la humanidad estaría enfrentando—.


En su lugar, se promovía la centralidad del mercado y de las empresas, identificados como eficientes, dinámicos, baratos. Cuanto menos Estado, mejor (para ellos). Estado mínimo significa mercado máximo. Menos regulación estatal, menos derechos, menos protección, menos políticas de inclusión social.


Algunos de los que han hecho la crítica de una llamada "estadolatría" de la izquierda en el período histórico anterior, han buscado refugio en "la sociedad civil", que mal pudo enmascarar al mercado, en la versión dominante del neoliberalismo. ONG y algunos intelectuales se han dejado mezclar con el neoliberalismo, por el rechazo común al mercado. Sin qué decir del punto de vista del poder del Estado, esas fuerzas han desaparecido de la escena política.


Superar al neoliberalismo es asumir funciones que fueron anuladas en el Estado mínimo. Estado mínimo no significa más ciudadanía, sino menos, porque ciudadano es el sujeto de derechos y lo que más hace el neoliberalismo es expropiar derechos, en favor del consumidor y del mercado. Es el Estado el que puede garantizar derechos, promover políticas sociales, participar de procesos de integración regional y de alianzas Sur-Sur, implementar políticas externas soberanas, proteger el mercado interno, inducir políticas de expansión económica con distribución de la renta, programas de desarrollo tecnológico y científico, entre otras medidas.


Por todo ello, el blanco central de la derecha, en sus intentos de restauración conservadora, es el Estado. Es alrededor del Estado que se dan los grandes debates actuales sean económicos, sociales, culturales o directamente políticos.


Dime qué tienes que decir sobre el Estado y te diré dónde te ubicas política e ideológicamente. No es la polarización que le gustaría al neoliberalismo, entre un Estado que él ha maltratado, desecho, y una supuesta esfera privada. Porque la esfera del neoliberalismo no es una esfera privada, sino mercantil, donde todo se vende, todo se compra, todo es mercancía. Y la esfera de la izquierda es la esfera pública, la esfera de los derechos y de la ciudadanía. El Estado es un espacio de disputa hegemónica entre las dos esferas, la pública y la mercantil, frecuentemente las dos se representan y se disputan a su interior.


Mucha razón tienen los países que han decidido refundar el Estado, para adecuarlo a la nueva base social que sostiene el poder político, el nuevo bloque social que lleva adelante las políticas de superación del neoliberalismo. Los que no lo han hecho, padecen de un aparato burocrático incapaz de incorporar a la participación popular que los nuevos gobiernos requieren.


No es que todo debate pueda reducirse al Estado, pero cada propuesta de modelo y de política económica reserva un lugar al Estado, supone una forma de Estado. Un Estado subordinado a las fuerzas del mercado o un Estado que implemente políticas soberanas, democráticas, populares.


Como el mercado anda con poco prestigio, no solo por los daños que han causado las políticas neoliberales, sino también por la profunda y prolongada crisis internacional del capitalismo, la derecha se concentra en atacar al Estado y a los gobiernos que se valen del Estado para practicar políticas "populistas", de "corrupción", inflacionarias. Pero atacan al Estado para promover alternativas centradas en el mercado.


Nunca como ahora el pensamiento crítico tiene que volcarse hacia el tema del Estado, de las formas que debe asumir para corresponder a los gobiernos que buscan la construcción de modelos de superación del neoliberalismo. Del tipo de poder popular que se necesita para echar raíces definitivas a las nuevas formas de Estado que necesitamos.

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Al Pacino tiene tanto carisma que inevitablemente se hace cargo de cada habitación, cada set de filmación y cada escenario teatral en el que aparece. "Soy una estrella de cine", dispara en un momento, y no quiere que nadie lo olvide. Aun a los 75 años, tiene la temeraria confianza de la juventud, y las escapadas de antaño proveen el eco necesario para su discurso. El actor realiza sus saltos hacia el pasado con la voracidad del Doctor Who. Hablando del director de su nueva película Manglehorn, señala: "Cuando David Gordon Green se me acercó con el guión, pensé que sería interesante trabajar en cualquier película que realizara un director tan bueno". Y luego sale de su propia voluntad de trabajo: "En la primera El Padrino, Francis Ford Coppola me quería a mí y a nadie más que a mí. Los estudios no me querían, nadie me conocía, y creo que cuando un director se muestra interesado yo tengo la tendencia a avanzar más que a echarme atrás, aun cuando ni sabía qué era lo que iba a hacer con ese personaje".


El personaje epónimo que interpreta en Manglehorn es un hombre que vive en el pasado, que aún escribe cartas a una mujer que amó y perdió muchos años atrás, y que entra en un área de confusión a causa de Dawn, una cajera de banco que se interesa en sus excentricidades. Al analizar la película, Pacino se entusiasma hablando de obsesiones y la pertinencia de Holly Hunter interpretando a Dawn, y luego vuelve a volcarse en elogios hacia el director, antes de terminar la parrafada con un comentario sobre su método de actuación: "Traté de que la performance llegara desde el inconsciente. Cuando la veo ahora, creo que es lo que hice. No suelo trabajar así. Desearía haber intentado eso antes".


El peligro de entrevistar a Al Pacino es dejarlo que se salga con la suya. Es conocido por haber descerrajado en algunos reportajes soliloquios shakespeareanos de veinte minutos. Con lo que parece apropiado lanzar preguntas más directas, con la esperanza de que funcionen como una especie de balde de agua fría. Algo así como si se arrepiente de alguna de sus películas. ¿El Padrino Parte III, por ejemplo? "¿Qué se supone que significa eso?", dice como rápida y corta respuesta, con lo que hay que repetir la pregunta omitiendo el ejemplo de El Padrino, y sin mencionar buena parte del trabajo que ha hecho en la gran pantalla desde el comienzo del milenio: Pacino dejó de tener nominaciones al Oscar en 1993, luego del algo sobrevalorado impacto en 1993 con Perfume de mujer. "No me arrepiento de nada", dice con el tono desafiante que puede esperarse de alguien tan temerario. Luego vuelve a pensar. "Siento que he hecho cosas que podríamos llamar errores. Elegí la película equivocada, o no exploré a fondo un personaje, pero todo lo que hacés es parte de tu personalidad, y siempre sacás algo de ello. Apropiándose de la idea y la excitación de estar en esas situaciones y lugares, son más que sólo memorias: forman parte de tu vida."


Uno de los roles más famosos que Pacino rechazó (ver aparte) fue el de Han Solo en Star Wars. A pesar de todo, eso quizá fue una buena cosa: es difícil imaginárselo como el adorable pirata espacial que terminó asumiendo Harrison Ford. Pero sí hay un director al que rechazó, y parece arrepentirse de no haber trabajado con él: Manglehorn fue filmada en Austin, hogar del reclusivo realizador Terrence Malick. Pacino y su coprotagonista Hunter se encontraban con Malick en las pausas de filmación. "Hace mucho tiempo, Terry me pidió estar en una película... ése es otro de mis errores, y siempre deseé que hubiera una especie de museo de mis equivocaciones, todas las películas que rechacé hacer." Pacino prefirió hacer Bobby Deerfield, uno de los trabajos menores de Sidney Pollack, en lugar de Badlands de Malick. Y también rechazó Kramer vs. Kramer, Mujer bonita y Duro de matar.


La grandeza de sus actuaciones significa que a veces los roles que interpretó tomaron vida propia. Esto nunca fue tan real como con Scarface, en la que fue Tony Montana, un inmigrante cubano convertido en barón de la droga. El personaje y la vida que vivió se convirtieron en una suerte de modelo para criminales y fue celebrado por una plétora de gangsta rappers estadounidenses. La historia de mendigo-a-millonario en clave de drogas ha sido utilizada para glorificar la violencia. ¿Siente Pacino que esa película impactó en la cultura de un modo negativo? "No sé qué decir sobre eso, realmente", señala, pero su momento sin opinión tiene corta vida. "Veo Scarface y no la pienso como una metáfora. Veo lo que Brian De Palma quería decir cuando la hizo. Eran los locos ochenta, la década de la avaricia y la codicia, y cómo se estaba presentando al mundo: que la codicia era buena cosa, toda esa cosa de Gordon Gecko en Wall Street. Yo pensé que era una declaración bien sociopolítica, y creo que por eso los raperos la retoman. La gente del hip hop está fascinada con Scarface. Conozco un montón de gente que no trafica drogas y se siente inspirada con ella. Tiene cierta ingenuidad, eso de venir desde el fondo y ascender, que es por lo que la original me resultaba tan inspiradora. Y hay algo más que parece disparar otras cosas, que es esa sensación de sus ideales como outsider."


Pacino nació en Nueva York en 1940. Sus padres, ítaloamericanos, se divorciaron cuando él tenía dos años. Empezó a fumar y a beber de muy joven, y tomó algunos trabajos serviles para financiar su sueño de convertirse en actor. Tomó clases con Lee Strasberg. Empezó a actuar a fines de los años sesenta, y fue su interpretación de un adicto a la heroína en Pánico en el parque lo que atrajo la atención de Coppola. Los setenta, dice, son una especie de niebla: las películas de éxito, la vida rápida. Explica que nunca escribió una biografía porque no recuerda mucho de la década que lo vio en Espantapájaros, Serpico, Tarde de perros y El Padrino. "Uno no piensa en esos papeles como logros –dice sobre esos días de alta intensidad–. Imaginate un actor diciendo 'No quiero hacer más películas porque no puedo mejorar la última que hice'. En todo caso debería retirarme ahora. Pero a eso le llamamos descansar en los laureles. No se supone que hagas eso. Yo estoy a favor de eso, descansar en los laureles, tomar otra profesión, pero por alguna razón siempre quise seguir haciendo esto que hago."


El actor luchó para lidiar con la fama y la adulación que aparecieron en los años setenta a través de la botella. El alcoholismo empezó a afectar su carrera y llegó a un punto en el que estaba más fuera del trabajo que dentro. "Me ganó una especie de locura –dice sobre el tiempo anterior a que cambiara sus costumbres–. Ahora no bebo, no fumo, no tomo drogas."


Los ochenta trajeron la primera depresión de su carrera. Se tomó una pausa de cuatro años de las filmaciones luego del épico fracaso que significó Revolución (Hugh Hudson), ambientada poco después de la Declaración de Independencia estadounidense; sin embargo, siguió trabajando en el escenario teatral. Su amor por Ricardo III y Salomé lo llevó a hacer películas que abrevaron en esos textos teatrales. Nunca se casó pero tiene tres hijos, el primero con su entrenadora actoral Jan Tarrant en 1989, y luego mellizos con la actriz Beverly D'Angelo. Se lo ha relacionado con una cadena de sus coprotagonistas, incluyendo un affaire de veinte años (con pausas intermedias) con la coestrella de El Padrino Diane Keaton. En su autobiografía Then Again, Keaton dice de Pacino: "Le gustaban las cosas simples. A veces juraría que Al debe haber sido criado por lobos.

Había cosas muy sencillas con las que no se relacionaba, como la idea de disfrutar una cena en la compañía de otros. El es más de quedarse en casa, comiendo solo, haciendo sus cosas". Desde 2007 tiene una relación con la actriz argentina Lucila Sola, de quien lo separan casi cuarenta años.


En sus días de gloria, Pacino ganaba unos 14 millones de dólares por película. En 2011 recibió una multa de 188 mil dólares por olvidarse de pagar sus impuestos en 2008 y 2009. Su manager de negocios en ese momento era Kenneth Starr, que fue sentenciado a siete años de prisión por su participación en la "estafa Ponzi". Pacino pagó inmediatamente sus deudas e hizo una especie de predicación financiera al interpretarse a sí mismo en la comedia de Adam Sandler Jack y Jill. Es quizás el punto más bajo de su carrera. Parece a años luz de cuando hizo Heat, Donnie Brasco y Carlito's Way en los años noventa. Pero recientemente Pacino parece haber renovado sus instintos para hacer películas y elegir personajes que se ajustan a su talento.

Además de Manglehorn es protagonista de Danny Collins, inspirada en la historia real del cantante folk Steve Tiltson, y decidió tomar un personaje para la adaptación de The Humbling (2009), novela sobre un actor que sufre raptos de demencia. "Perdón por trabajar tanto –bromea–. Pero no he trabajado por algunos años. EN HBO, en televisión, conseguí buen trabajo, como los retratos de Phil Spector y Angeles en América. Hago aquello en lo que encuentro y siento que puedo contribuir de algún modo, y sentir que haciéndolo, signifique lo que signifique eso, estoy expresando algo que de alguna manera exprese mi talento, y ayude a comunicar algo como ser humano –explica–. Yo no suelo hablar de política, de filosofía o cosas por el estilo, pero si se mira mi trabajo puede hallarse una expresión de mí como persona. Creo que es algo que todos hacemos."


En cuanto al futuro, "hay cosas que en este momento están en pleno desarrollo". Una de ellas es The Trap, la nueva película de su compañero de Manglehorn Harmony Korine. Y todavía no descarta del todo participar en The Irishman, la película en la que Martin Scorsese lleva trabajando largo tiempo. Es algo que pondría a Pacino bajo las órdenes de uno de los grandes directores con los que nunca trabajó, y junto a Robert De Niro y Joe Pesci. No puede menos que esperarse que eso se concrete. "En realidad, siempre estoy tratando de abrirme del show business. Aun creo que hay algo para mí en ello, pero se vuelve cada vez más duro." Aun así, todavía no quiere considerar la posibilidad de colgar los guantes. "No voy a decir la palabra 'retiro'. Philip Roth dejó de escribir y dice que es feliz. Se abrió y hace lo que hace. Puedo entender eso, la cuestión de buscar cosas diferentes. Para mí, eso es el director que quiere usar tu trabajo, los riesgos que tomás, el desafío, el hecho de que a veces caés, te levantás y seguís adelante. Cuando lo hacés por un tiempo suficiente, querés seguir haciéndolo. Querés ese desafío."


Su mayor desafío parece ser estar actuando contra su propio pasado, como en El último despertar. "Tenemos que lidiar con nuestra imagen; aun cuando jugamos diferentes personajes, tenemos que lidiar con nuestra imagen, y en parte por eso hay cierta pretenciosidad en decir que sos un artista, porque sos una estrella de cine. Eso también está de más, también es pretencioso decir 'soy una estrella de cine', pero entonces... ¿Qué decís?". Y agrega: "Hay días en los que realmente lo disfruto. Tengo una vida y hago un montón de cosas, y hasta aquí mi trabajo ha sido mi vida. Si fuera un pintor nadie cuestionaría mi edad. Soy un artista, odio decir eso. Hay una cosa que aprendí muy temprano: una mujer con la que vivía dijo 'hagas lo que hagas, no le digas a nadie que sos un artista'. Yo dije 'no lo haré, voy a evitarlo'. Y he estado varios años evitando decirlo. Pongámoslo de esta manera: creo que soy un artista. Espero serlo".


De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12.

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Viernes, 24 Julio 2015 09:43

Tras 99 años: "La Copa es nuestra"

Terminó la Copa América Chile 2015, con el triunfo de la selección anfitriona, al vencer a la argentina por penales. Colombia participó sin pena ni gloria. Para los chilenos, ese 4 de julio, fue la gloria, vivieron una catarsis tras más de 90 años sin ganar nada de importancia internacional y, como selección, pudieron decir: "al fin somos grandes".

Un triunfo en contra de ciertos poderes, por ejemplo, a pesar de la mala prensa de un sector de los medios de comunicación chilenos que hicieron todo lo posible por influir en el desempeño negativo de la selección, reduciendo la importancia de un triunfo en tal certamen. Aguafiestas, pese a los cuales el pueblo celebró su triunfo, dejando en segundo plano las protestas y luchas sociales contra el nuevo gobierno de la presidenta Bachelet.

Hinchas de "centro comercial"

Esta nueva tipología corresponde a la generalidad del chileno que nunca o casi nunca va a los estadios, solo cuando juega la selección. Su comportamiento no es el del hincha típico de los equipos profesionales, como el Colo-Colo, la Universidad de Chile o la Católica, no; ellos miran, aplauden y a veces cantan, o agitan banderas, pero no son escandalosos como los colombianos, brasileños, argentinos o uruguayos, por ejemplo.

El hincha chileno observa, generalmente es muy frío en la tribuna, a tal punto que los jugadores, una vez en el campo de juego, deben pedirles que los animen con sus gritos. El jugador argentino, en cambio, se nutre en la cancha de los cantos, gritos, insultos de las tribunas, como si les sirviera de aliciente para el juego, "para guerrear". En la final entre estos dos equipos, de manera irónica, la pasividad de los hinchas de la selección local impregnó a los argentinos. La actitud fue aprovechada por el seleccionado chileno que, conocedor de su gente, neutralizó al rival con su fútbol y con las tribunas.

"Porque no tenemos nada queremos hacerlo todo"

El fútbol llegó a Chile por el puerto de Valparaíso, era un juego de "gringos" y gente acomodada, pero pronto se hizo popular en las minas, fábricas, muelles y escuelas. Soñaban con algo grande quienes lo practicaban, soñaban que ayudara a lograra la unidad nacional, por ello clamaron por la construcción de un estadio nacional, idea concretada en 1938 durante el gobierno de Arturo Alessandri y Palma. Después, Chile celebró como un gran triunfo la puja ganada, en lo diplomático y político, por la sede para el Mundial de Fútbol de 1962, a su archirival Argentina,

Para entonces los chilenos no representaban nada en el concierto internacional futbolístico. Por eso dijeron: "porque no tenemos nada queremos hacerlo todo"*, frase convertida en eslogan para tal Copa Mundial.

Pero en 1960 Chile sufre una de sus peores catástrofes socio-ambientales, el terremoto y tsunami que devastó el sur del país, con el cual murieron entre 4.000 a 5.000 personas, 3.000 más resultaron heridas, y 2.000.000 perdieron su hogar, situación que colocó en riesgo la realización del Mundial.

Los brazos cruzados no fue la respuesta ante el fenómeno natural. El gobierno de Alessandri priorizó los recursos para la reconstrucción de las zonas afectadas, destinando también recursos para la construcción moderna del Estadio Nacional de Santiago, y el de Sausalito en Viña del Mar; con recursos de la Junta de Adelantos de Arica fue construido el estadio Carlos Ditborn, y la empresa minera Cooper Company financió la construcción del estadio El Teniente, en Rancagua.

Chile llevó a cabo el Mundial pero, aunque celebró su realización, sufrió una nueva frustración, su selección fue eliminada. En las copas América le iba igual. Por ello seguía con el cántico: "La copa se mira pero no se toca".

"Colo-Colo es Chile"

En la convulsionada década de 1960, Chile contó con los gobiernos Social Cristiano de Eduardo Frei y su "Revolución en libertad" (1964), y con el de Allende, de la Unidad Popular, derrocada a sangre y fuego en 1973 por los militares comandados por Augusto Pinochet.

En semejante convulsión político-social, el país estaba dividido. En medio de tal ambiente, el Colo-Colo logró llenar estadios hasta con 40.000 espectadores, participó, además, en la Copa Libertadores en 1973 y tras una gran campaña logra llegar a la final, donde pierde, pero fue tal la euforia que dicen que los militares esperaron la final para poder actuar contra el Gobierno legítimo, y que de Allende se decía: "mientras el Colo-Colo gane, El Chicho (Allende) está tranquilo", resumiendo con ello como el fútbol producía pasión, unión y tranquilidad. Luego viene la noche de la contra-revolución capitalista neoliberal.

En lo deportivo, el seleccionado nacional no logró llegar a los mundiales de fútbol subsiguientes, salvando la situación el Colo-Colo al coronarse campeón de la Copa Libertadores en 1991. Ganó la Recopa Suramericana, y la Copa Interamericana en 1992. Como era el único equipo chileno que sonaba a nivel internacional, se dijo que: "Colo-Colo es Chile". Ese triunfo fue un alivio emocional para los chilenos, de ahí que la consigna entonces fuera: "La copa, la copa, se mira y se toca". Otros autores sostienen que esa consigna alude al hecho de que el escudo del Colo-Colo es un indio Mapuche, símbolo de la "unidad nacional".

De la dictadura a la democracia. Sea por curiosidad o por condiciones, el hecho es que al Colo-Colo lo asocian con la transición liderada por la Concertación.


"Esta copa es nuestra"

En la década de 1990, equipos que en realidad eran clubes sociales y deportivos, fueron transformados en empresas privadas de sociedades anónimas, cotizadas en la bolsa de valores, como fue el caso de las empresas Azul Azul S.A (Universidad de Chile) y Blanco y Negro (Colo-Colo), supuestamente para darle capacidad económica a las clubes.

En ese contexto llega a responder como entrenador de la selección Marcelo Bielsa. Director técnico asociado a un estilo de buen fútbol, pero también inclinado por la empresa privada al frente de los clubes, quien logra que Chile asista a Sudáfrica 2010, pero el sueño se frustra, la selección es eliminada. Es reemplazado por Borgui, quien dura un corto tiempo, para darle paso a Sanpaoli quien logra que asistan a Brasil 2014, obteniendo como resultado una nueva frustración.

La tristeza termina neutraliza por la obtención de la sede para realizar la Copa América en donde, con contadas excepciones, desde el gobierno hasta los más apartados rincones del país, todos a una sola voz agitaron: "Esta vez es nuestra". En efecto, se prepararon, jugaron y ganaron, y Chile desahogó una frustración de 99 años: ahora ya son "importantes y grandes", son campeones de la Copa América 2015 y lo son por primera vez.

* Frase atribuida a Carlos Ditborn, un dirigente del fútbol chileno delegado a la FIFA.

Publicado en Edición Nº 215
Viernes, 24 Julio 2015 06:28

Sin izquierda, ¿qué nos queda?

Ser de izquierdas no se lleva. Adscribirse políticamente a tal definición ideológica conlleva ser identificado como fundamentalista, devoto de una religión cuyos rituales trasnochados provocan rechazo. Hoy se les considera una secta. La izquierda es un lastre si se quieren ganar elecciones y tener poder. Se le achaca un discurso proveniente de categorías como clases sociales, explotación, colonialismo interno, imperialismo, capital trasnacional, proletariado, burguesía, sectores medios, bloque dominante, etcétera. El argumento para descalificar tal lenguaje consiste en señalar que los votantes no entienden, que se pierden en una selva discursiva, los asusta y es contraproducente. Así no se puede avanzar. La nueva estrategia debe superar la dicotomía derecha-izquierda. Por consiguiente, es mejor buscar el punto medio, hablar de generalidades de coste político cero.


Al igual que la economía de mercado ha desvincu¬lado la relación entre el capital y el trabajo para construir una sociedad de esclavitud consentida, los nuevos partidos emergentes reniegan de situarse en la izquierda o en la derecha, facilitando el control social y la dominación política neoliberal, bajo una estrategia comunicativa que oculta la realidad. Prefieren hablar de la gente, siendo esta la categoría acuñada para desintegrar la identidad colectiva de lo nacional-popular, negando los intereses comunes de clases trabajadoras. Los discursos que escuchamos a los dirigentes de los partidos emergentes, fundamentalmente en España, están llenos de frases como: debemos entender los problemas de la gente; saber lo que la gente quiere; reivindicar lo que la gente demanda; ser representantes de la gente; constituirse en una herramienta para que la gente participe; interpretar el sentido común de la gente. A cualquier pregunta se responde: habrá que consultar a la gente. ¿Cómo hemos llegado a tal nivel de mediocridad teórica y analítica? Veamos.


Con el advenimiento de la ideología neoliberal de la globalización, una narración histórica dominante, dependiente de la revolución burguesa e industrial, saltó por los aires. Se afirmó con rotundidad que la dualidad capitalismo-socialismo llegaba a su fin. Una mayoría de científicos sociales consideró la caída del Muro de Berlín y la desarticulación del bloque comunista como el inicio de una nueva era en la historia de la humanidad. No más vivir bajo el temor del holocausto nuclear. La paz perpetua, descrita magistralmente por Kant, parecía tocarse con la mano. La comunidad internacional se felicitaba y los dirigentes políticos vivieron un momento de euforia. Los colores tradicionales del espectro político se desdibujaron en pro de una caracterización menos ideológica y más pragmática. Las grandes ideas-fuerza, centro del debate teórico y motor de programas políticos, fueron cuestionadas, y finalmente consideradas obsoletas. Ni Marx ni Keynes. Era el tiempo de Adam Smith. Sus discípulos, vilipendiados durante décadas, Hayek, Von Mises, Friedman o Rawls, pasaron a la ofensiva y se convirtieron en el referente para el proyecto refundador del capitalismo. Los organismos internacionales, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, junto a las trasnacionales aconsejaron la desarticulación del estado de bienestar. La propuesta fue clara: despolitizar, restar derechos sociales, reformar los espacios de acción colectiva y realizar un ataque a las formas organizativas de las clases trabajadoras hasta lograr su total desprestigio. Sindicatos de clase y partidos políticos de izquierda fueron cuestionados. El momento subjetivo de la política, principio articulador de la conciencia social del nosotros, fue remplazado por un yo superlativo, construido desde las fuerzas del mercado. A paso lento, el sujeto social perteneciente a una sociedad de clases, a una nación con identidad colectiva, fue remplazado por la figura de un consumidor anónimo defensor de un individualismo extremo. Consumidor de política, sexo, amor, educación, sanidad, cultura, ocio y dinero.


El Estado, la nación, las relaciones sociales, económicas, la política, la familia, la moral, la religión y la cultura debían modernizarse, transformarse en nombre de la economía de mercado. Las tecnociencias proporcionaron las herramientas para el advenimiento de la sociedad de la información y la comunicación global. El concepto acuñado por Marshall McLuhan: aldea global sirvió para sintetizar los cambios en la vida cotidiana y mostrar la influencia de los medios de comunicación en la era informática. La razón neoliberal impuso su narrativa, su lenguaje, sus íconos y sus mitos. Las clases sociales se diluían en el mercado y no tenía sentido proyectar sus relatos en forma de acción política. La separación entre derechas e izquierdas llegaba a su fin. La democracia de mercado inventaba un nuevo modo de producción: el democrático representativo-autorregulado.


En las postrimerías del siglo XX, la cultura del capitalismo ganó la batalla. El enemigo, temido y a veces endiosado, fue caricaturizado. Los ex dirigentes comunistas abdicaban de su ideario y anunciaban su derrota estratégica. La palabra crisis de la izquierda se generalizó, llegando a incluir paradigmas, teorías, formas de pensar, actuar y modelos societales. La proliferación de autores adictos a este relato emergió en los cinco continentes. Una literatura subrayando el comienzo de esta era de progreso inundó las aulas, los debates y los foros internacionales. Las editoriales pertenecientes a las trasnacionales de la comunicación se encargaron de su difusión a escala planetaria. Las mentes se acoplaron a los nuevos retos del neoliberalismo.

El individuo exaltado y elevado a la condición de dios no tendrá límites, su poder es ahora infinito. Para ello debe sentirse dueño de sí mismo: en una palabra, empoderarse. Pero, no para configurar un proyecto colectivo como lo entendía Paulo Freire, tomar conciencia de la pedagogía del oprimido. El triunfo cultural del neoliberalismo consiste en defenestrar a la izquierda en pro de un vacío ideológico que no cuestione la economía de mercado. Los partidos emergentes son sus mejores representantes.

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La pobreza lastra el rendimiento escolar. Esta losa que perjudica a niños y niñas que crecen en familias con problemas económicos es bien conocida. Mientras se trata de dar respuesta a los múltiples factores que provocan este problema, está empezando a consolidarse una nueva variable que ayudaría a explicarlo: el desarrollo cerebral de los menores en situación de pobreza. Un nuevo estudio en este sentido asegura que la matería gris se desarrolla peor durante una infancia llena de carencias.


Este trabajo muestra que las estructuras del cerebro destinadas a procesos críticos para el aprendizaje son vulnerables a las circunstancias ambientales de la pobreza, como el estrés, la escasa estimulación y la nutrición. "El desarrollo de estas regiones del cerebro parece sensible al entorno y la crianza del niño", concluyen los autores del estudio, publicado en JAMA Pedriatics. Tanto es así, que los autores de este estudio cuantifican que estos problemas de desarrollo cerebral explicarían hasta el 20% del bajo rendimiento de los menores con pocos recursos.


Los científicos, de las universidades de Michigan, Duke y Wisconsin (EE UU), analizaron el desarrollo cerebral de los menores a partir de resonancias magnéticas realizadas a lo largo de su infancia y descubrieron que la materia gris del cerebro era sensiblemente menos desarrollada en los niños y niñas pobres. Más en concreto, la materia gris del lóbulo frontal, el lóbulo temporal y el hipocampo era hasta un 10% menor en los pequeños criados por debajo del umbral de pobreza de EE UU.
Los autores cruzaron la información de las resonancias cerebrales con la del rendimiento de estos menores, llegando a la conclusión de que la falta de desarrollo de la materia gris explicaría entre el 15% y el 20% de los déficits de aprendizaje de los escolares por debajo del umbral de pobreza. "Con estos datos, hemos demostrado que los niños de hogares con bajos ingresos muestran un desarrollo estructural atípico en varias áreas críticas del cerebro, incluyendo el total de la materia gris, el lóbulo frontal, el lóbulo temporal y el hipocampo", concluyen Nicole Hair y el resto de autores.


Este equipo escogió zonas del cerebro muy ligadas al rendimiento cognitivo pero que sirvieran para descartar otras posibles explicaciones de su falta de desarrollo, como haber heredado el problema de sus padres, lo que a su vez pudiera explicar su situación de pobreza. La muestra del estudio no es muy grande, de menos de 400 niños, pero coincide con otros estudios previos con resultados similares.


Por ejemplo, coincide con el trabajo de la especialista Joan Luby, de la Universidad de Washington, que escribe también en JAMA Pediatrics un artículo en el que alerta de "la alta vulnerabilidad y adaptabilidad del cerebro humano en desarrollo" que está mostrando esta línea de investigación. "Estas evidencias sobre el desarrollo dan un nuevo significado a la importancia de proteger y mejorar el entorno propicio para el desarrollo de los niños pequeños durante esta ventana de oportunidad en los primeros años de vida", reclama Luby.


Según esta experta, estos estudios señalan que "es fundamental aumentar el apoyo a los progenitores durante la primera infancia" para prevenir de forma eficaz el lastre cognitivo y académico que implica para los niños vivir en la pobreza. Como señalan Hair y sus colegas en el estudio, estos nuevos datos "deben conducir a políticas públicas destinadas a mejorar y disminuir las desigualdades". "Las actuaciones dirigidas a mejorar el entorno de los niños pueden alterar el vínculo entre la pobreza infantil, deficiencias cognitivas y rendimiento académico", aseguran.

Publicado en Ciencia y tecnología

A principios de julio y en suelo pakistaní empezaba una nueva ronda de conversaciones entre el gobierno afghano y la insurgencia talibán, para alcanzar no se sabe bien qué tipo de acuerdo. La iniciativa no significa que, finalmente, éste ya enésimo y rutinario encuentro tenga éxito alguno. La historia reciente nos recuerda de forma clara e inequívoca que los contactos entre gobierno y talibanes nunca se suspendieron pese a la guerra –al mandato de Karzai, presidente de Afghanistan de 200 a 2014, nos remitimos–, contactos que tampoco paralizaron los enfrentamientos armados. De hecho, mientras se producen estas últimas conversaciones, quizás más formales que de fondo, la guerra silenciosa sigue su camino con normalidad.


En realidad, los combates forman parte de la escena político-social de la vida afghana. Aunque en las últimas semanas hayan trascendido noticias de impacto inmediato en los medios internacionales como Al Jazzira o la BBC News –tales como la detonación de un coche bomba suicida contra el Parlamento el pasado 21 de junio, o el ataque, también suicida, contra un convoy militar de la OTAN, a unos escasos 500 metros del bunker que constituye la embajada norteamericana en Kabul–, lo cierto es que la TV local muestra de forma diaria choques armados entre las diferentes fuerzas en distintas provincias del país.

Eso sí, quizás en lugares y en grados no tan atractivos como para publicar a nivel internacional. Es posible que se traten de refriegas y escaramuzas entre pequeñas unidades en zonas de prioridad secundaria para los estrategas militares foráneos y del gobierno afghano. O para decirlo en otros términos, secundarias para las capacidades operativas actuales del ejército nacional, que sin el paraguas de las tropas norteamericanas y de la OTAN, queda totalmente desamparado para controlar por entero todo el territorio. Pero son combates que no dejan de enmarcarse en un estado de guerra abierta. Una forma de guerra de baja intensidad en la que los talibanes ya se desenvolvieron con éxito antes de controlar buena parte del país en los años 90.

Una forma de guerra que constituye un marco perfecto para ellos, puesto que la conquista de un puesto de control en una carretera secundaria no deja de ser un logro significativo, como sucedió hace pocas semanas a 10 km de Sarangan, a una hora y media al este de Mazzar el Shariff, en una provincia que hasta este último invierno era estable y libre de injerencia talibán. Conquista que destacaba justo en el momento en él que el ejército afghano debía asumir la competencias absolutas para el control militar del país ante la retirada de las tropas extranjeras. Es más, a tan sólo una hora de Kabul, los talibanes patrullan las calles de algunas localidades de forma abierta y sin injerencia gubernamental.

Geoestratégicamente parece claro que el gobierno no tiene capacidades reales para controlar amplias zonas del país, esto es, para controlar el inmenso medio rural más allá de ciudades y poblaciones destacadas. Geopoliticamente puede entenderse que lo que Kabul –la capital del país y sede del Gobierno afghano– está haciendo es aceptar cierto status quo: una repartición del territorio entre la insurgencia talibán y sus propias fuerzas. Una tesis que podría parecer descabellada, pero que tomaría visos de realidad si observamos los pormenores de la sociedad afghana. Afghanistán se mueve en varios planos que se yuxtaponen entre y sobre sí mismos, y la confluencia de las características religiosas, sociales y políticas convierten el escenario en un laberinto de una complejidad absoluta. El país es preponderantemente de etnía Dari y Pashtun, con la presencia en menor grado de Uzbekis, Turkmanos, Tajgicos o Baluch. Los primeros hablan dari o farsi, mientras que los pashtunes hablan pashtu. Los pashtunes afghanos comparten muy estrechos vínculos con los pashtunes pakistanies, lo cual no ocurre con los dari, cuya lengua es de origen persa, y cuyos hábitos sociales son más aperturistas que los de los conservadores y tradicionales pashtun.

Los talibanes, cuyo objetivo es la imposición de la Sharia, y la prohibición de cualquier atisbo de influencia cultural occidental, son pashtun. Tanto éstos como los dari son de la rama sunní del Islam, al igual que lo era Al Qaeda, en la misma línea que Pakistán y al contrario que el vecino Irán, que pertenece a la rama xií. El anterior presidente de Afghanistan, Hammid Karzai –hombre fuerte de los Estados Unidos en el tablero de juego local posterior al desalojo de los talibanes del poder–, es pashtun y a la vez sunní, y mantuvo una política de conciliación con los talibanes aprobada por Washington, esto es, mantuvieron siempre una línea de dialogo abierta.

El actual presidente, Ashraf Ghani, también sunní y pashtun, parece tender a confeccionar unas relaciones más estrechas con Islamabad –capital del vecino Pakistan y aliado clave de los Estados Unidos–, posiblemente tanto por sus propias líneas políticas como por el hecho de que ya no posee un paraguas de protección tan amplio como tuvo en su momento Karzai. La retirada de las tropas norteamericanas y de la Otan hace que su posición sea más débil ante la insurgencia talibán, apoyada por Pakistán y por Arabia Saudí, aliados a su vez de Estados Unidos. Arabia Saudí es una aliada de Israel en sus ataques a los grupos xiís en Yemen –a su vez aliados de Irán y Hezbolla–, y financia económicamente a los talibanes, los cuales se nutren de los fondos saudíes para captar jóvenes sin ninguna oportunidad en una sociedad al borde de la quiebra económica, aumentando de este modo su capacidad militar. En los años 90 fueron Arabia y Pakistán los primeros Estados en reconocer diplomáticamente al régimen de Kabul bajo dirección talibán, al que los Estados Unidos defenestró en 2001 por ofrecer cobertura a Al Qaeda, cuyo líder su vez provenía de una importante familia saudí. Por su parte, la facción armada xií afghana, operativa en el centro del país y que combate a los talibanes, recibe financiación iraní. Para complicar el tablero regional, es más que posible que en los próximos meses esta facción afghana xií entre en guerra contra el mismo enemigo al que Irán, vía el armamento y entrenamiento de sus aliados locales, combate en el frente sirio/iraquí de forma abierta: el ISIS o Estado Islámico.


Porque, para sumar más complejidad aún a todo este escenario político, hay que tener en cuenta que actualmente otro actor internacional ha aparecido en Afghanistan con una fuerza nada despreciable, el ISIS o Estado Islámico, muy activo recientemente en la provincia de Narganhar y en diversas áreas a lo largo de la frontera con Pakistán, zona en la que están ganando terreno a costa de la insurgencia talibán, de la que proceden los integrantes de dicha rama afghana. Cómo es el caso de Shahidullah Shahid, destacado comandante del ISIS, abatido en un ataque de drones norteamericanos el pasado 8 de julio según informaba el NDS (la agencia de inteligencia afghana), y antiguo miembro desafecto de los talibanes, de los que se separó, al igual que otros cuadros, debido a que estos consideraban las expectativas de retomar Kabul muy distantes. Es precisamente el uso de drones por parte de Estados Unidos, en su particular y unilateral guerra contra el 'terror' vía la misión Fredom Sentinel, lo que se convierte en combustible para el crecimiento de las diferentes facciones operativas y el aumento del sentimiento antigubernamental. En los últimos seis meses han sido abatidas 400 personas civiles y combatientes en territorio afghano vía ataques de drones, los cuales son utilizados mucho más allá de lo establecido en el BSI o Acuerdo de Seguridad Bilateral entre el gobierno afghano y Estados Unidos.


En este escenario laberíntico, con implicaciones nacionales e internacionales muy marcadas, es prácticamente imposible en la actualidad, vislumbrar un panorama en que alguna mesa de negociaciones alcance resultados de ningún tipo. En medios locales se apunta ya la división del país en territorios independientes como una posibilidad, no exenta de dificultades, para conseguir o alcanzar una solución viable a los conflictos del país

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JERUSALÉN.- "En este viaje vamos a centrarnos en el problema del agua", dice Florent Marcellesi, portavoz de Equo en el Parlamento Europeo. "A menudo nos da la impresión de que nos quieren vender que estamos ante un conflicto religioso; y, sin embargo, cuando nos aproximamos a la realidad, vemos que se trata de un conflicto muy material: de agua, de pesca, de gas, de residuos, etcétera".

Marcellesi forma parte de una delegación de eurodiputados verdes de distintos países que desde ayer visita Palestina e Israel con una cargada agenda en la que no se han olvidado de incluir a las ONG israelíes que se sienten amenazadas por un nuevo proyecto de ley que cuestiona su trabajo crítico con la ocupación. "Hemos recibido numerosas quejas de ONG israelíes que revelan que la ley se está endureciendo y limitando sus derechos, y eso nos da mucho miedo", explica el portavoz europeo de Equo.

El problema del agua en Palestina es uno de los más graves e intrincados y ha sido deliberadamente aplazado por Israel hasta que se encuentre una solución definitiva al conflicto. Así se estipula en el acuerdo de Oslo 2 de 1995 que institucionalizó la explotación de agua por parte de Israel. Desde entonces, los israelíes no han mostrado ningún interés en resolverlo pese a las quejas palestinas y a la creciente escasez de líquido disponible en los territorios ocupados, tanto en Cisjordania como en la Franja de Gaza.

El principal acuífero subterráneo, llamado el Acuífero de la Montaña, discurre principalmente por territorio palestino, está sobreexplotado por Israel y la mayor parte del agua extraída, el 80%, va a parar a Israel o a los colonos judíos de los territorios ocupados. Solamente el 20% se pone a disposición de los palestinos.

Además, Israel ha ido reduciendo la entrega de agua a sus vecinos paulatinamente. Si en 1999 los palestinos recibieron 138,2 millones de metros cúbicos, en 2007 el volumen se redujo a 113,5 millones, y al año siguiente a 84 millones. Israel alega que esto se debe a que hay menos cantidad de agua disponible, mientras que los palestinos argumentan que Israel practica una sobreexplotación. Un reciente informe del Banco Mundial abunda en este sentido.

"Se trata de una injusticia clara: existe una gran diferencia entre el volumen de agua que se pone al servicio de los israelíes y el que se pone al servicio de los palestinos. Incluso entre los mismos palestinos hay una gran diferencia entre quienes están conectados al servicio de agua que está en manos de la empresa israelí Mekorot y quienes no están conectados", comenta el portavoz europeo de Equo.

En 2010, el 60% del agua consumida en Israel procedía de los territorios ocupados, un dato que confirma la necesidad que tiene Israel de mantener la ocupación y explica lo que numerosos expertos declararon en su momento: que la guerra de 1967 fue una guerra que Israel buscó para hacerse con los recursos de agua del Golán sirio y de Cisjordania.

Inmediatamente después de la ocupación de 1967, Israel dictó varias órdenes militares que estipulaban, entre otras cosas, que el ejército tendría completa autoridad sobre el agua en los territorios ocupados, que los palestinos necesitarían permiso del ejército para construir un nuevo pozo o cualquier instalación relacionada con el agua, incluso en el caso de que necesitaran reparar cualquier instalación, como sería el caso de una simple cañería o una cisterna.

En teoría, esos permisos se recibirían después de un complejo proceso burocrático dependiente del ejército, pero en la práctica el ejército ha rechazado la casi totalidad de los permisos solicitados por los palestinos. Así, en los treinta años transcurridos entre la guerra de 1967 y 1996, el ejército únicamente respondió afirmativamente a 13 solicitudes.

Mientras Israel no permite la construcción de pozos para los campesinos palestinos, las autorizaciones a los colonos judíos han sido extraordinariamente generosas. Numerosos asentamientos agrícolas judíos, especialmente en el Valle del Jordán, no sólo disponen de todo el agua que precisan sino que incluso les sobra.

Hasta 1967 los palestinos de Cisjordania también consumían agua procedente del río Jordán, pero esto terminó inmediatamente después de la guerra de aquel año porque el ejército prohibió rigurosamente que los palestinos siguieran proveyéndose del Jordán, un río que se ha convertido en apenas un riachuelo puesto que Israel retiene su agua para uso propio en la presa del mar de Galilea.

El artículo 40 de los acuerdos de Oslo 2 de 1995 daba teóricamente a los palestinos un mayor acceso al agua del Acuífero de la Montaña. Sin embargo, la realidad es que pese a las continuas demandas de agua por parte de los palestinos, Israel les ha prohibido perforar pozos al tiempo que ha incrementado la extracción para su propio consumo.

Distintos informes internacionales han subrayado que el muro de 700 kilómetros que Israel ha construido dentro de Palestina ha sido trazado a propósito con el fin de mantener las zonas más ricas de agua en el lado israelí del muro. Un informe de octubre de 2009 de Amnistía Internacional reafirma este extremo. Un ejemplo: el pueblo de Yayyus ha perdido los seis pozos de donde extraía el agua a causa del muro construido por Israel en 2003.

La Organización Mundial de la Salud recomienda un consumo de 100 litros de agua al día por habitante. Un informe de la OLP de 2014 indica que los palestinos están consumiendo sólo 70 litros, mientras que Israel consume 280 litros por habitante, es decir cuatro veces más. En algunas zonas del sur de Cisjordania el consumo diario de los palestinos es de entre 15 y 20 litros diarios solamente.

La posición oficial de la OLP respecto al tema del agua es la siguiente: "Todos los recursos de agua potable que son transfronterizos entre el Estado de Palestina e Israel deben ser compartidos equitativamente entre las dos partes de acuerdo con la ley internacional". Por su parte, Israel evita cuidadosamente pronunciarse sobre esta cuestión.

En la Franja de Gaza la situación es peor que en Cisjordania. El Acuífero de la Costa produce 450 millones de metros cúbicos al año para Israel y 55 millones de metros cúbicos para Gaza. Este acuífero ha sufrido una enorme sobreexplotación y la zona de Gaza se ha contaminado con aguas residuales, de manera que entre el 90 y el 95% del agua que consumen los gazatíes no es apta para el consumo, según la Organización Mundial de la Salud.

"Viendo la realidad sobre el terreno, nos preguntamos para qué sirve el dinero que la Unión Europea manda a Palestina. Es frecuente que el dinero que mandamos para ayudar a los palestinos no sirva para nada, porque Israel destruye las infraestructuras a las que se destina el dinero, de manera que luego hemos de mandar más dinero para reconstruirlas", se lamenta Florent Marcellesi.

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Óscar Carpintero (Valladolid, 1972), doctor en Economía y profesor de la Universidad de Valladolid, plantea que es un autoengaño seguir apostando por el crecimiento ante la urgencia del cambio climático. Por ello, defiende la necesidad de una transición hacia una economía ecológica.


¿Qué alternativas existen al modelo económico neoliberal?


La economía como ciencia social admite diferentes miradas. En este último siglo y medio se ha puesto de manifiesto que el modelo económico neoclásico es injusto, genera pobreza y graves problemas ambientales. De entre los enfoques críticos, la economía ecológica intenta que por primera vez en mucho tiempo se incorporen las limitaciones físicas y ecológicas en el análisis del funcionamiento del sistema economico. De hecho, lo que plantea es que el sistema económico está dentro de un sistema más amplio que es la biosfera. Por eso es necesario tener en cuenta que los recursos naturales son limitados y el consumo de bienes y servicios también.


El cambio climático es una consecuencia de ese crecimiento ilimitado. ¿Hemos tocado techo?


El cambio climático es el ejemplo más claro de esa extralimitación en la explotación de los recursos naturales. Hemos superado la capacidad de absorción de los gases de efecto invernadero procedentes de la quema de combustibles fósiles e incrementado la temperatura del planeta. Conviene recordar a uno de los economistas ecológicos más importantes del siglo XX, Nicholas Georgescu-Rohen, que decía que no sólo la energía es importante, también los materiales.


Sin embargo, el modelo actual mantiene que la tecnología nos permitirá superar la escasez de recursos y seguir creciendo.
Nuestro sistema económico pone la esperanza en la tecnología como solución a la crisis ecológica, pero la tecnología exige al mismo tiempo más cantidad de recursos minerales. Ya hemos sobrepasado el cénit del petróleo convencional en 2006, y el de algunos minerales estratégicos está próximo. Y por el lado de los residuos, somos incapaces de cerrar el ciclo, seguimos contaminando. Los recursos disponibles son de peor calidad y los combustibles fósiles que quedan, si los explotamos, tendrían un impacto ambiental de tales dimensiones que sería el colapso de la especie humana en el planeta. Estamos inmersos en una crisis ecológica, social y económica en la que se sigue hablando del crecimiento como solución. Es la pescadilla que se muerde la cola.


¿El uso de energías renovables podría paliar la falta de recursos?


La transición del modelo energético hacia fuentes renovables exige la utilización de muchos minerales y metales estratégicos. Por tanto, mantener el consumo energético actual con fuentes renovables no sería posible. No tenemos tanto teluro o tierras raras en cantidades tan importantes para generar de forma renovable el volumen de energía que nos proporcionan los combustibles fósiles. Por primera vez, este sistema económico está chocando contra sus límites. El capitalismo es insostenible.


¿Y cómo va a ser ese cambio?


Esa transición se va a dar con menos recursos energéticos. En la historia de la humanidad, cuando pasamos de las sociedades de cazadores y recolectores a las sociedades agrarias, y de éstas a las industriales, el consumo de energía per cápita se incrementó. Pero en la actualidad, el cambio de este sistema económico a otro modelo se va a producir en un contexto más duro, con una reducción en las unidades de energía y de materiales disponibles. Por tanto, seguir planteando escenarios de crecimiento económico es un autoengaño. Lo que se está haciendo es retrasar la discusión sobre las estrategias de reducción y distribución y mayor justicia en el reparto de los recursos, y los problemas ambientales.


Pero países como China, India o Brasil revindican su derecho a crecer y contaminar.


En muchas zonas del planeta hay miles de millones de personas que no tienen satisfechas sus necesidades más básicas, y en esos casos va a tener que aumentar la producción de bienes y servicios. Pero eso va a exigir medidas drásticas en los consumos de los países mal llamados desarrollados. En la actualidad, los países pobres no participan en términos de igualdad en los recursos, y en cambio participan desproporcionadamente en los costes ambientales en la producción de esos bienes y servicios con destino a los países ricos. Porque, por ejemplo, ¿podemos consumir más móviles y ordenadores a los precios que pagamos? Eso está apoyado en unos costes de producción en los países pobres que hace que nosotros paguemos precios bajos. No se me ocurre ninguna razón por la que un ciudadano chino o de un país africano tenga que cobrar un salario por hora cien veces inferior al de un español, un francés o un alemán. Y si eso no fuese así, ¿cuánto costaría un móvil?


¿Por qué es necesario retirar el indicador del Producto Interior Bruto (PIB) como un referente económico?


Las tres últimas décadas ponen de relieve que el PIB no es un buen indicador de bienestar. Es conocido que prácticas que son ambientalmente muy dañinas aumentan el PIB y prácticas que son ambientalmente beneficiosas no. Cuando usamos el coche sube más el PIB que cuando utilizamos la bicicleta. Cuando bebemos agua embotellada aumenta el PIB más que cuando la bebemos del grifo. A esa ceguera ambiental que tiene el PIB, también hemos descubierto que a partir de un determinado umbral de renta en los países ricos, en torno a los 10.000 dólares per cápita, ésta no está relacionada con el bienestar subjetivo que percibe la gente.


Tendremos que centrarnos en aquellos indicadores que están relacionados con el bienestar, los indicadores que miden la desigualdad o el grado de deterioro ecológico. Se ha estudiado que, por ejemplo, en los paí¬ses donde hay niveles de igualdad importantes, porque hay buenos servicios públicos y porque hay buenas políticas de distribución, el bienestar subjetivo de la población es muy elevado. O que en aquellos países en los que el deterioro ecológico es menor y las condiciones de bienestar de la población son elevadas, la percepción del bienestar subjetivo es alto. Los niveles de desigualdad se pueden medir con el índice Gini [medida diseñada por Corrado Gini], o cómo serían las políticas económicas si el objetivo fuera reducir la huella ecológica [impacto ambiental del consumo y los residuos]. Es necesario transitar a otro modelo económico sostenible con el medio ambiente y las personas.


¿Qué papel juega la economía feminista en todo esto?


Una parte muy importante que sostiene la economía y la sociedad es el trabajo que se realiza al margen de los círculos mercantiles, es lo que se llama trabajo de reproducción.


El análisis de esos trabajos de reproducción y cuidados ha sido objeto de estudio de las economistas feministas, con análisis muy lúcidos.


Cuando hay que poner sobre la mesa cuánto trabajo se realiza en una sociedad, la economía convencional aplica las horas desempeñadas desde el punto de vista mercantil. Pero en un circuito mercantil, cuando hablamos de la política redistributiva, no sólo hay que distribuir el trabajo, sino distribuir el empleo (trabajo remunerado) y también el trabajo no remunerado, el doméstico.


Y en esas políticas redistributivas, una parte de la población, la inmensa mayoría mujeres, viviría sustanciales mejoras si somos capaces de redistribuir las cargas de trabajo que afectan a la vida de todos: al trabajo de cuidados, doméstico, y por tanto, al sostenimiento de la vida. La importancia del trabajo doméstico en el mantenimiento de la vida ha sido subrayado por parte de la economía feminista. Si en el balance no incluimos esto, entonces no llegaremos a una sociedad justa.


¿En qué tendríamos que incidir para cambiar el modelo económico?


Hay tres dimensiones a tener en cuenta: la sostenibilidad ambiental, la sostenibilidad en términos de igualdad, defender políticas para reducir las desigualdades y la democracia económica, permitir mayores cuotas de poder a la población.


Habría que plantear con rigor y radicalidad la transición a otro sistema. Y tenemos que tener claros los objetivos, estrategias y medios para alcanzarlo. Sabemos cómo poner en marcha un cambio de modelo energético hacia la sustitución de las energías fósiles por las renovables, con el acento en la reducción del consumo y la eficiencia energética; sabemos cómo podríamos alimentarnos sin poner en riesgo la salud de las personas y los ecosistemas con métodos de producción de agricultura ecológica; cómo tendríamos que diseñar ciudades más habitables para que tengan en cuenta las necesidades de las personas y no las de los vehículos privados; cómo redistribuir la renta con criterios más justos, gravar a quienes tienen más recursos, y eludir los fraudes fiscales masivos y los paraísos fiscales. Tenemos herramientas.


También las hay para gobernar las finanzas de otra manera, para poner en marcha mecanismos de banca pública al servicio de la sociedad y no de una minoría. En economía no es una persona, un voto; hay personas que, por sus recursos, cuentan como millones de votos, y otras que no cuentan nada.


¿El momento actual es una oportunidad?


Los momentos de crisis siempre son una oportunidad. El problema es que la mayoría de las crisis recientes han servido, más que para cambiar, para reforzar las viejas estructuras.


A nivel económico español, y europeo, ahora estamos en un momento crucial. Ante la demanda de democracia de Grecia, la balanza puede inclinarse para cambiar las estructuras de fondo y favorecer a la mayoría de la población. Y a ello pueden ayudar mucho las enseñanzas de economistas heterodoxos (minoritarios en la Academia y los medios de comunicación), que no sólo supieron anticipar mejor la crisis, sino que llevan proponiendo medidas para avanzar por derroteros más sostenibles ambientalmente y justos socialmente.


Un modelo insostenible


Agricultura


Alimentamos con combustibles fósiles y recursos agotables actividades que antes eran sostenibles, como la agricultura y la ganadería.


Consumo


Mil millones de personas consumimos los recursos naturales a costa del resto del mundo, unas dinámicas que no son sostenibles.


Residuos


"El capitalismo es una potente máquina de producir residuos", dice Carpintero, que mantiene que deberíamos articular la producción sobre flujos renovables.


Justicia social


Debemos tener en cuenta las condiciones de producción en los países pobres y los precios que pagamos aquí por los productos que se fabrican allí.

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