Viernes, 23 Septiembre 2016 10:15

La política explicada a niños y jóvenes

Primera edición 2002.Formato 28 x 21 cm.71 páginas. Ilustrado. P.V.P: $12.000

 

Reseña:

Este folleto muestra la política como algo del día a día, como algo real y practicable.Pero, además, como algo necesario, que tiene que ver contigo, con tus decisiones y realizaciones, con los demás, con aquellos más cercanos y con todos y todas.Pero también, con todo.

Este es un folleto sencillo, pero no por ello deja de ser serio y profundo.Se dice que las cosas serias son más sencillas.De la misma manera , este folleto es para hacer que las cosas y las ideas que cos conciernen, que son de nuestra creación, se nos vuelvan accción y nos enriquescan en su desarrollo.

 

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Publicado en Serie Documentos

En "Teoría, Praxis y Necesidades Humanas" (TPN), ensayo escrito en 1961 y traducido al español como apéndice de su libro Teoría de las necesidades en Marx (Ediciones Península, Barcelona, 1978, pp. 161-182), Agnes Heller (AH) adopta una definición de necesidad (N) problemática porque hace del concepto de N un subconjunto de los deseos y porque supone, falsamente, que todas las N son conscientes: “La N es deseo conciente, aspiración, intención dirigida en todo momento hacia un cierto objeto y que motiva la acción como tal”. El bebé llora porque tiene hambre, pero no expresa así un deseo consciente. El diabético necesita insulina pero no es consciente de ello. AH sostiene otra tesis dudosa: que el objeto de las N (satisfactor) siempre es un “producto social”, trátese “de un modo de vida o del ‘hombre otro’”, pero añade certeramente que la objetivación social delimita la extensión de las N y que ello “explica por qué las N son personales...y al mismo tiempo sociales (desde el momento en que el objeto de toda N viene ‘proporcionado’ por la objetivación social)”. Los individuos no saben que su cuerpo necesita calcio y esa N es personal. Para AH no existen N naturales, lo que es un corolario de la tesis previa que el objeto de la N siempre es un producto social. Pero ilustra el corolario con el ejemplo del aire, lo que la orilla a negar lo evidente: “El aire no es objeto de una N, constituye, por el contrario, una condición de nuestra existencia, mientras que el hecho de que prefiramos el aire fresco y limpio al contaminado es ya la manifestación de una N”. (Si antes AH había igualado N con deseo, ahora lo hace con preferencia). Aunque la idea de base es profunda y acertada: la tendencia de la especie humana a modificar la naturaleza y a convertirla en un producto humano (de entorno natural a cultural), es sólo una tendencia, de tal manera que el carácter natural/social de los objetos no es una dicotomía absoluta. La inexistencia de objetos/satisfactores naturales se acerca a la verdad (sin alcanzarla) en una metrópoli, pero es falsa para campesinos que consumen aire, agua, y diversos alimentos directamente de la naturaleza no transformada por el ser humano. Frecuentemente AH no distingue N de satisfactores y eso la lleva a múltiples errores.

La joven AH adopta una clasificación de N que dice tomar de Marx sin las referencias del caso: ‘N existenciales’ y ‘N propiamente humanas’. Las primeras son "ontológicamente primarias, pues están basadas en el instinto de auto-conservación. Tales son: la N de alimentarse, la N sexual, la N de contacto social y de cooperación, la N de actividad". Éstas tampoco pueden ser consideradas naturales a su juicio. Es evidente la contradicción entre la afirmación sobre la base instintiva de estas N y la negación de su carácter natural. Si tienen base instintiva entonces son N comunes a la especie y, por tanto, como tales, invariantes en el tiempo y el espacio; en consecuencia, naturales y no sociales. Lo que cambia, y lo que tiene que referirse a sociedades concretas (o a tipologías sociales a cierto nivel de generalidad), es el modo de satisfacción de dichas N.

Las "N propiamente humanas (NPH) se distinguen por el hecho de que en los deseos (intencionalidades dirigidas hacia sus objetos), el impulso natural no desarrolla ningún papel". Nótese que esta frase implica que en las N existenciales sí desempeñan un papel los impulsos naturales, contradiciendo su negación del carácter natural de todas las N. AH pone los siguientes ejemplos de NPH: "el descanso superior al necesario para la reproducción de la fuerza de trabajo, una actividad cultural, el juego en los adultos, la reflexión, la amistad, el amor, la realización de sí en la objetivación, la actividad moral". Es muy interesante la lista. Obsérvese que todos sus elementos son o bien actividades del sujeto o bien relaciones. Como he afirmado muchas veces, a medida que nos movemos de las N de mayor prepotencia (las fisiológicas) a las de menor en la jerarquía de Maslow, el papel de satisfactores principales va pasando de los bienes y servicios a las relaciones (en las necesidades emocionales), y después a las actividades del sujeto (en la autoestima y en al autorrealización); también los recursos centrales van pasando de los ingresos al tiempo y a las capacidades del sujeto. AH captó esto y lo refleja en su espléndida lista, aunque el amor es una N que compartimos con muchos animales.

AH incluye como parte de las NPH las "N humanas alienadas (NPHA), como la N de dinero, de poder y de posesión", que han tomado la delantera a las restantes NPH” en paralelo a la "constricción de la clase obrera a la lucha por la satisfacción tan sólo de las N existenciales". Mientras las N humanas no alienadas (NPHNA) se distinguen por su carácter cualitativo, las NPHA lo hacen por su carácter cuantitativo. El desarrollo de las NPHNA no se distingue por una acumulación de objetos útiles para su satisfacción, sino por la evolución de su multilateralidad, ‘riqueza’ en términos de Marx. AH no se percata que la razón del carácter cualitativo de estas N está ya implícito en la naturaleza de sus satisfactores centrales: relaciones y actividades. Lo que importa es la profundidad de las relaciones y la realización de sí en la consagración del individuo a las actividades que la hacen posible. El carácter cuantitativo de las N alienadas se expresa en que nunca alcanzan su saciedad, dice AH, y añade que esta acumulación sólo puede ser interrumpida por el proceso de desarrollo de las N cualitativas, por su progresivo dominio, lo que expresa una verdad muy profunda. De aquí deriva AH una visión del concepto de comunismo en Marx como el proceso social que expande siempre el dominio de las NPHNA sobre las existenciales y sobre las NPHA. La triada de grupos de N a las que llega AH es muy valiosa: existenciales; propiamente humanas, clasificadas en no alienadas y alienadas (Véase Cuadro).

La joven Heller, de 32 años, sostiene que en el capitalismo, caracterizado por ser la "primera sociedad dinámica, abierta" (en el sentido que en ella no hay necesidades reservadas a un estrato social particular, aunque advierte que no todos puedan contar con los recursos para satisfacer las N), y que no está basada en comunidades orgánicas (por tanto, donde la comunidad no define un sistema de valores-necesidades que el individuo debe aceptar en mayor o menor medida), se hace posible la "formación de jerarquías de necesidades personales divergentes". Otra vez parece necesario distinguir necesidades y satisfactores. Mientras es muy dudosa la idea de jerarquías de necesidades individuales, sería quizás más defendible la de jerarquía de satisfactores personales. En la próxima entrega analizaré la asociación que AH hace de esta tipología de N con la tipología que formula de praxis de transformación en este ensayo juvenil.

julioboltvinik.org

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Publicado en Economía

La desilusión del público con el proceso electoral, expresada en el repudio masivo del electorado hacia los dos principales candidatos presidenciales y el statu quo político ha resultado en un neofascista en la antesala de la Casa Blanca y una reina política cuyo castillo está en juego.

Un 57 por ciento de votantes están frustrados y 55 por ciento están indignados con esta elección presidencial, según la encuesta difundida hoy por el Centro de Investigación Pew. Sólo alrededor de 11 por ciento dicen que estarían entusiasmados si gana el republicano Donald Trump, y sólo 12 por ciento si gana la demócrata Hillary Clinton. El desencanto con los candidatos y sus partidos es lo que prevalece en esta recta final de la elección.

En esta contienda hay "dos abuelos neoyorquinos cómodamente instalados en la burbuja del 0.01 por ciento más rico mientras abogan por las personas ordinarias a las que conocen en gran medida como sus sirvientes", es como lo resume Jim Vandehei, el cofundador del medio Político.

Todos los días, ambos candidatos se presentan en público como los grandes defensores de los pobres y los trabajadores. Ambos afirman que si triunfan generarán gran prosperidad y mucho empleo (¿habrá un político en el mundo que prometa lo opuesto?)

Ese miércoles, Clinton publicó un artículo de opinión en el New York Times en el cual afirma que "abogar por los niños y las familias ha sido la causa de mi vida", y detalla su propuesta para incrementar el crecimiento económico, la vivienda, la inversión y más para abatir la pobreza. "Este noviembre, el pueblo estadunidense tendrá que decidir entre una economía que funciona para todos y una economía que beneficia sólo a los prósperos a expensas de todos los demás".

Trump afirma en sus discursos que renegociará o cancelará los acuerdos de libre comercio, impondrá controles sobre empresas que trasladan empleos a otros países e, igual que Clinton, promete una gran inversión en infraestructura para crear empleos. A la vez, propone una reforma fiscal que, según expertos, beneficiará a los más ricos, pero que el candidato afirma que generará crecimiento económico. Acusa que Clinton desprecia a los trabajadores y es sólo otra política más al servicio de los intereses de la cúpula financiera del país.

Con los atentados en Nueva York y Minnesota como trasfondo, el debate entre los dos candidatos ha girado de ataques personales, correos electrónicos y si el presidente Barack Obama nació o no en Estados Unidos (tema que fue promovido por Trump durante cinco años sólo para que acabara declarando que heroicamente ponía fin a esa especulación, tras culpar a Clinton de generarla, o sea, una mentira por otra), para retornar a ese terreno tan políticamente fértil sobre quién será el mejor comandante de la guerra contra el "terror".

Trump vinculó, una vez más, a los inmigrantes con el terrorismo, afirmó que "estos atentados, y muchos más, fueron posibles por nuestro sistema extremadamente abierto de inmigración". Culpó a Barack Obama y Clinton por traer el "terrorismo" a este país por sus políticas migratorias y el manejo de la guerra en Irak.

Más aún, llamó a implementar el sistema israelí de control de árabes en Estados Unidos. Afirmó que hay que emplear "perfiles" para vigilar a posibles "terroristas" en torno a su origen y etnia. “Mira, los israelíes lo hacen... lo hacen muy exitosamente”, comentó en entrevista con Fox News recientemente. A principios de la semana acusó que los refugiados musulmanes legalmente admitidos en el país son "un cáncer desde adentro" que fomentarán el terrorismo y que "se quedan juntos, hacen complots juntos".

Clinton lo atacó afirmando que las propuestas de Trump fomentan el reclutamiento de "terroristas" y que él no estaba capacitado para enfrentar un desafío tan complejo.

Ahora, con los incidentes más recientes de policías que matan a hombres afroestadunidenses, este martes en Charlotte, Carolina del Norte, y un día antes en Oklahoma, los candidatos giraron hacia ese asunto.

Clinton criticó que hay demasiados incidentes de este tipo y que urge una evaluación y reformas para abordar este tema. Trump, al reiterar su postura de ser el candidato de "ley y orden", abogó por mayores poderes policiacos para inspeccionar a sospechosos, sobre todo afroestadunidenses, medidas que han sido denunciadas como violaciones de derechos civiles.

A la vez, mientras batallan sobre estos asuntos, ambos candidatos se encuentran bajo sospecha de emplear sus respectivas fundaciones de manera indebida y posiblemente ilegal en sus actividades políticas y de negocio, algunas de las cuales están bajo investigación por las autoridades. Eso sigue alimentando el desencanto generalizado en esta elección.

Pero aunque impera el disgusto con ambos, cada día hay expresiones de protesta y denuncia ante el deterioro político del país y sobre todo su máxima expresión actual: Trump.

Este martes un grupo multiétnico de jóvenes ocupó las oficinas del presidente de la Cámara de Representantes, el republicano Paul Ryan, en el Capitolio, para protestar contra el racismo de la campaña de Trump y los republicanos que lo permiten, en la primera acción de la campaña de milenarios #AllofUs, cuyo objetivo es "derrotar a Trump, después crear un movimiento y una democracia que trabaje para todos" (allofus2016.org). Anoche, 11 de los 25 activistas fueron arrestados.

Como lo han hecho antes destacados economistas, y por separado, expertos y ex funcionarios de ambos partidos dedicados a la política exterior, hoy figuras reconocidas del mundo de la ciencia alertaron contra los peligros para el mundo que representan las posiciones de Trump. Unos 375 científicos, incluidos 30 premios Nobel y tal vez el científico más famoso del mundo, el físico Stephen Hawking, difundieron una carta abierta este miércoles advirtiendo de las consecuencias mundiales de la promesa de Trump de retirarse del Pacto de París sobre cambio climático (responsiblescientists.org).

Por otro lado, el director de películas de superhéroes (Los vengadores) Joss Whedon difundió este miércoles un video llamado Save the Day, en el que actores famosos llaman urgentemente al voto en general, pero implícitamente contra Trump, en la que participan Robert Downey Jr, Scarlett Johansson, Mark Ruffalo, Don Cheadle y Julianne Moore, entre otros (savetheday.vote).

Nadie se imaginaba una coyuntural electoral como esta. Maureen Dowd, columnista del New York Times, hace unas semanas calificó esta campaña así: "estamos en una de esas raras convergencias des-armonizadas donde la realidad es más absurda que la sátira".

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Miércoles, 21 Septiembre 2016 08:26

¿Es la familia el núcleo de la sociedad?

 

Edición 2013.Formato 22 x 27 cm.56 páginas.
P.V.P: $20.000  ISBN:978-958-58826-2-1

 

Reseña:

Estamos en un escenario de luchas, fuerzas y necesidades económicas, políticas e ideológicas que dan nacimiento a un nuevo campo histórico de profundos impactos en la sociedad, del cual no escapan la familia y sus diversas variables.Las transformaciones en la estructura demográfica, por ejemplo el aumento de madres solteras, madres adolescentes, padres solos, familias reconstruidas, familias diversas, familias que no están unidas por parentesco o consanguinidad, son un hecho social incontrovertible, así sigan existiendo múltiples resistencias que persisten en ideas en torno al modelo tradicional de familia, aferradas a valores morales que quieren seguir imponiendo esa moralidad en los ordenes públicos y legales

 


 

Indice.

 

Familias, cambio social y resistencia (Carlos Iván Pacheco)

Mis dudas políticas acerca de la familia como una entidad necesaria a la convivencia social. (Francesca Garallo Celentani)

Cultura, amor y monogamia (Norma Mogrovejo)

Cultura patriarcal, amor romántico y monogamia (Julia Antivilo)

Sexualidad humana y revolución feminista ( Helio Gallardo)

 

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Miércoles, 21 Septiembre 2016 06:46

Los hilos de la memoria

Hace algunos días participé en la presentación del libro de memorias Banderas y harapos, de la periodista Gabriela Selser, y empiezo por contar su historia singular. Su padre, Gregorio Selser, se volvería para mi generación un personaje mítico. Entre los libros clandestinos que un adolescente se imponía leer en la Nicaragua de los Somoza, el que más marcó mi vida fue Sandino, general de hombres libres, escrito por él en Argentina, y que circulaba en copias mimeografiadas, y así mismo El pequeño ejército loco, nombre que Gabriela Mistral había dado al puñado de campesinos y artesanos que luchaba contra la intervención armada de Estados Unidos.
Triunfó la revolución en 1979, y las dos hijas

de Selser, Irene y Gabriela, se vinieron desde México, donde la familia vivía su exilio tras el golpe militar que encabezó Videla, para meterse de cabeza en el turbión de la revolución que arrastraba a gente de todo el mundo y cuándo no, a dos muchachas que habían aprendido sobre Nicaragua con el mejor maestro que alguien pudiera tener.


En su libro, Gabriela acude a la cauda de sus recuerdos de alfabetizadora adolescente primero, y de periodista juvenil después, corresponsal de guerra del diario Barricada durante siete años. Quiso ser parte de aquella novedad incandescente desde el día mismo de bajarse del avión, testigo privilegiado en adelante de los dramáticos acontecimientos que sacudirían a Nicaragua a lo largo de toda una década que asombró al mundo. Ahora, estamos en el presente despiadado. Las banderas de la revolución se volvieron harapos.


Las presentaciones de libros en Nicaragua son por lo general ceremonias modestas, pero esa noche, en el auditorio César Jerez S. J. de la Universidad Centroamericana, no cabía el público que ocupaba los asientos y muchos permanecieron de pie, hasta el final, recostados a las paredes. Algo extraño vibraba en el aire, como si el espíritu de aquellos tiempos de agonía y esperanza bajara sobre las cabezas de los que habían sido parte de la hazaña, y estaban allí.


Y jóvenes, que habían oído hablar de aquellos tiempos y también estaban allí. En un país donde la inmensa mayoría tiene menos de 30 años, la memoria de los hechos sigue enterrada para las nuevas generaciones, o ha sido adulterada. El olvido y el engaño se han impuesto desde arriba.


Muchos de los presentes, ahora en la edad madura, habían alfabetizado a los campesinos en lo profundo de las montañas, en las selvas y cañadas, en caseríos lejanos, y lo supe porque al preguntar quiénes habían participado en la cruzada, más de la mitad de los presentes levantaron la mano. Y estaban, ya ancianos, el padre y la madre adoptivos de Gabriela, quienes habían llegado de Waslala, un poblado en la ruta hacia la costa del Caribe. Los alfabetizadores, jóvenes y adolescentes de todas las clases sociales, quedaron llamando mamá y papá a quienes los habían acogido en sus hogares humildes, casas de bajareque y ranchos de paja.


Y también estaba el hermano adoptivo de Gabriela que tomó la palabra para decir que ella le había enseñado a leer y a escribir y ahora era ingeniero agrónomo. Era como estar volviendo a un sueño tejido por miles de manos juveniles, el sueño de la solidaridad que desterraba el egoísmo, la hora de entregarse a los demás viviendo en las condiciones en que vivían los demás, para sacarlos del pozo ciego del atraso y la ignorancia. El sueño cuyos hilos terminaron por romperse para quedar en una red llena de huecos por los que se cuelan otra vez los fantasmas del pasado que aquellos muchachos de entonces, y que ahora llenaban el auditorio, habían querido desterrar.


Uno tras otro, quienes intervinieron al final de la presentación, hablaron de la necesidad urgente de rescatar la memoria de aquella década. Los que alfabetizaron, los que recogieron cosechas, los que fueron a la guerra. Contar su propia vida de compromiso, contar su experiencia, no dejar que el olvido se coma la vida, no dejar que la historia oficial suplante, con sus excesos, sus mentiras, sus lagunas, sus falsificaciones, lo que cada uno vivió. Sumar libros de memorias, contar desde dentro, hacer de la experiencia propia, del testimonio personal, una historia entre todos, así como la revolución se hizo entre todos. No dejarse robar la vida vivida, ni la historia, que es vivencia.


Uno de los asistentes dijo que ni siquiera se había hecho nunca un inventario de los jóvenes caídos en combate, y citó una cifra, serían 23 mil. ¿Y los que cayeron del otro lado, los que pelearon bajo la bandera de la contra, en su mayoría campesinos, cuántos fueron? Quizás otro tanto, quizás más. De ellos hay que hacer también un inventario. Para recordar se necesita nombrar a unos y otros. No sólo enlistar sus nombres, recoger también sus datos biográficos, familiares. Convertir los números en seres humanos, dar vida a las cifras.


Para tener futuro hay que ponerse en paz con los muertos, es la convicción de la doctora Marta Cabrera, una reconocida sicóloga que participó en el panel y se ha especializado en las terapias de guerra para ayudar a los sobrevivientes, muchos convertidos en desadaptados que han terminado en el alcoholismo y en las drogas. Ella misma perdió a un hermano, asesinado en una emboscada por la contra, y confiesa que, a pesar de no haber logrado aún sanar su duelo, trata de ayudar a los demás.


Alguien perdió a alguien. Las heridas siguen abiertas, y para sanarlas son necesarias las palabras. Una historia completa, como un mosaico, en la que cada quien ponga de por medio su historia leal, y real, la historia de la propia vida.
No hay otra manera de contar la Historia con mayúscula, que a través de las historias con minúsculas. El relato de cada universo personal, que venga a ser el universo compartido, años y desilusiones después.


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Miércoles, 21 Septiembre 2016 06:20

Palabras vacías en un discurso de mentiras

El discurso que Michel Temer hizo en la Asamblea General de la ONU fue su segundo gran intento de presentarse a los ojos del mundo como nuevo líder de la mayor nación latinoamericana y una de las nueve principales economías del planeta. Una oportunidad de oro para legitimarse en el puesto conquistado gracias a un golpe institucional que destituyó a la mandataria elegida por la mayoría de los votantes en 2014.


El primer intento ocurrió hace poco, durante la reunión del G-20 en China. En aquella ocasión, hasta en la foto oficial del encuentro Michel Temer quedó aislado: el ceremonial lo estacionó a un metro del grupo de los demás participantes. El tan soñado registro de un apretón de manos con algún jefe de Estado de primera línea quedó en el agrio territorio de los deseos irrealizados.


El segundo intento tampoco resultó. Pese a todo lo que hizo la diplomacia de su gobierno, ni siquiera hubo respuesta de la Casa Blanca para el pedido de un “encuentro informal” con Barack Obama. Obama ni siquiera se dignó a estar en el auditorio imponente de la ONU cuando Temer empezó a leer, con voz monótona y solemne y aire de mayordomo de película de terror, el discurso que alguien escribió. No escuchó una sola de sus palabras vacías.


Para cerrar con nubarrones una jornada gris, las delegaciones de seis países latinoamericanos –territorio en que Brasil debería tener peso específico– abandonaron el recinto: Ecuador, Bolivia, Costa Rica, Venezuela, Nicaragua y Cuba.
Con sus modales de cabalgadura indócil, el canciller José Serra dijo a los periodistas que el impacto de esa actitud en la imagen externa brasileña fue “igual a cero”.


Es increíble la capacidad que Serra demuestra, a cada viaje, de superarse en inepcia y grosería. Basta recordar que hace dos días, en una entrevista concedida en Nueva York, tuvo inmensa dificultad (el entrevistador lo ayudó) en recordar a qué países corresponde la sigla ‘BRICS’. Empezó bien, mencionando Brasil, Rusia e India. Pero al llegar a la ‘C’ dijo Chile. Y no hubo santo en el cielo capaz de hacer que supiese que la ‘S’ corresponde a Sudáfrica. Con semejante encargado de las Relaciones Exteriores, el gobierno encabezado por Temer difícilmente obtendrá, fuera de las fronteras, la legitimidad que intenta desesperadamente alcanzar.


Todo en Temer es un desastre. En vísperas la apertura de la Asamblea de la ONU, dijo que Brasil abriga a 85.000 refugiados. Mentira: son 8800, según datos oficiales del mismo gobierno. Además, olvidó un detalle: había un programa listo para ser implementado por Dilma Rousseff para acoger refugiados sirios, y fue uno de los primeros a ser desarmado tan pronto él asumió, todavía como interino.


Su discurso, plagado de clisés y frases vacías, atropelló la verdad de manera infame en una de sus afirmaciones. Dijo el presidente golpista que llevaba al auditorio de la ONU su “compromiso innegociable con la democracia”. Bueno, hay que reconocer que es imposible negociar lo que no existe.


Reiteró lo que dicen por aquí sus cómplices de la prensa hegemónica: “todo transcurrió dentro del más absoluto respeto al orden constitucional”. Sería verdad, pero hubo en todo el proceso un pequeño detalle: la Constitución prevé la destitución de un presidente que haya cometido “crimen de responsabilidad”. Y no se pudo probar jamás que Dilma haya cometido crimen alguno.


Temer también afirmó en su discurso que Brasil vive un proceso de “depuración de su sistema político”. Otra mentira. Dice el diccionario que por “depuración” debemos entender “eliminación de la suciedad o impureza de una sustancia; proceso por el cual el organismo elimina sustancias nocivas o inútiles”.


Si en mi país estuviéramos viviendo un proceso semejante, él y sus aliados ya estarían eliminados.


Si mi país fuese un organismo humano, sus riñones ya habrían mandado a Temer y sus acólitos a otro destino.


Presidente de Costa Rica se niega a escuchar discurso de Temer en la ONU

El presidente de Costa Rica, Luis Guillermo Solís, e integrantes de otras delegaciones de países latinoamericanos abandonaron este martes la sala donde se realizaba la Asamblea General de la ONU, negándose a escuchar el discurso del nuevo mandatario de Brasil, Michel Temer.


El mandatario costarricense se retiró de la sala acompañado de su ministro de Relaciones Exteriores, Manuel González.
Por su parte, el canciller de Ecuador, Guillaume Long, informó en su cuenta en la red social Twitter que varias delegaciones hicieron lo mismo.


“Ecuador, Costa Rica, Bolivia, Venezuela, Cuba, Nicaragua salen de debate general de Asamblea General de ONU al tomar la palabra Michel Temer”, publicó Long.


La cancillería de Costa Rica emitió una nota oficial donde confirmó la “decisión de no escuchar el mensaje” de Temer, quien recientemente sustituyó a Dilma Rousseff en un proceso de destitución que generó fuertes controversias.


“Nuestra decisión, soberana e individual, de no escuchar el mensaje del señor Michel Temer en la Asamblea General, obedece a nuestra duda de que ante ciertas actitudes y actuaciones, se quiera aleccionar sobre prácticas democráticas”, expresó la cancillería.


En su discurso ante la ONU, Temer aseguró que la destitución de Rousseff fue llevada adelante respetando la ley.
(Con información de AFP)

Publicado en Internacional
Martes, 20 Septiembre 2016 18:06

La economía solidaria

 

 

Edición 2016.Formato 11,5 x 17,5 cm. 151 páginas.

P.V.P: $17.000  ISBN: 978-958-8926-25-4

 

Reseña:

La economía solidaria integra las dimensiones económicas y políticas de la actividad humana y de la relación social con la naturaleza.Por consiguiente, está constituida por los lazos sociales del asociacionismo, la democracia representativa y participativa, y la solidaridad productiva y distributiva que se basa en la reciprocidad igualitaria.Esta economía traduce la búsqueda de nuevas regulaciones institucionales suceptibles de luchar contra la amplitud intorelable de las desigualdades sociales y de los daños ecológicos. Estas dinámicas, que comenzaron a manifestarse en los colectivos auto-gestionados y alternativos , o en las formas de vida populares en América Latina , son tanto reapariciones como emergencias. En ellas , la referencia a la igualdad y al reconocimiento pasa por la conquista de un poder actuar en la economía , los servicios de proximidad el comercio justo, las finanzas solidarias o las monedas sociales.

El texto que públicamos en este número de Primeros Pasos hace un recorrido por las diversas formas contemporaneas de la economía solidaria y por la potencialidad transformadora de laestructura social, política y económica que ellas comprenden.

 

Jean-Louis Laville. es profesor en el Conservatorio Nacional de Artes y Oficios de Paris (CNAM), investigador del Lise ( Laboratorio interdiciplinar para la Sociología Económica, CNRS-CNAM) y del IFRIS (Instituto de Investigación Innovación Sociedad de París), y coordinador europeo del Karl Polanyi Institute of Political Economy.

 


 

Índice.

 

I. Asociacionismo y democracia.

II. Capitalismo y Estado social.

III. Resurgimiento asociacionista incertidumbres democráticas y nuevo capitalismo.

IV. De las prácticas hasta la teoría de la economía solidaria.

Bibliografía.

 

Tienda Virtual: http://www.desdeabajo.info/libreria-virtual.html

 

 

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Lunes, 19 Septiembre 2016 06:34

Sospechosos

Todos somos sospechosos aquí. Por eso hay una vigilancia masiva sin precedente a esta población –de hecho, a las del mundo, México incluido–. Esta columna será leída, antes que por los editores de este periódico, por alguna computadora y tal vez por analistas enmascarados del complejo monstruoso de espionaje civil que revisará si hay algo preocupante o alarmante. Tienen la capacidad para ver, escuchar y leer todo lo que hacemos y expresamos, todos.

Eso fue lo que reveló Edward Snowden. Arriesgó todo para alertar a los ciudadanos de esta sociedad "libre y con derechos fundamentales" de que, sin su permiso ni bajo ninguna autorización judicial, el gobierno tiene la capacidad de seguirlos y perseguirlos.

Revelar la verdad sobre lo que un gobierno hace en nombre de su pueblo aparentemente puede ser un delito muy grave. De la Casa Blanca para abajo, la respuesta fue perseguir y enjuiciar al que se atrevió a hacer tal cosa y buscar encarcelarlo con base en una antigua Ley de Espionaje de 1917. De hecho, vale recordar que el gobierno de Barack Obama ha acusado a tres veces más funcionarios y periodistas según la Ley de Espionaje que todos sus antecesores... combinados.

Los whistleblowers –los que "soplan el silbato" para alertar al público sobre abusos y violaciones dentro de un gobierno o una empresa– ahora son considerados una especie de traidores.

Snowden, entre otros, han indicado que sus motivaciones no son más que defender la democracia, y asegurar que los ciudadanos sean los que decidan qué está en su interés y qué no. Por ello, afirmó, su propósito al filtrar la información sobre los sistemas de espionaje masivo fue detonar un debate entre el pueblo sobre cuánto poder debe o no tener su gobierno, y por qué para él la "privacidad" es un derecho sagrado, sobre todo para los que no tienen poder.

En una entrevista reciente con el Financial Times, Snowden declaró que el punto es que las autoridades "saben más de nosotros que nosotros mismos, pero al mismo tiempo no estamos autorizados a saber ningún detalle de sus programas y políticas, de sus prerrogativas e intereses. Y esto, de manera muy fundamental, es corromper la democracia, porque el principio fundamental de la democracia es que el gobierno opere con el consentimiento de los gobernados, pero ese consentimiento sólo tiene importancia si está informado. Y eso es lo que hemos perdido". Agregó que la lección de lo que sucedió en 2013 al darse a conocer sus filtraciones “no es sobre vigilancia, sino sobre democracia. Se trata de si nosotros, la opinión pública, vamos a tener un gobierno que realmente nos sirva, en lugar de un gobierno al que estamos sujetos... Esto no implica que el gobierno sea el enemigo... pero necesitamos reconocer que hay algunos principios que tienen que ser defendidos, no sólo contra adversarios y rivales extranjeros, sino contra nuestros propios gobiernos, porque la amenaza a los derechos no proviene de enemigos, sino del poder”.

Como se ha documentado en La Jornada a lo largo de los últimos tres años, los gobiernos primero rechazaron todo lo que reveló Snowden –Obama aseguró a su pueblo que "el gobierno no está escuchando tus conversaciones telefónicas"– sólo para después, poco a poco, confesar que sí están escuchando y leyendo casi todo, o tienen la capacidad de hacerlo. También Obama, su procurador general Eric Holder, y diversos legisladores, todos los cuales habían condenado a Snowden, y al Guardian y a The Washington Post por difundir las revelaciones, poco a poco aceptaron que había "excesos", que el equilibrio entre "seguridad nacional" y las libertades civiles tenía que ser mejor evaluado, y que Snowden generó un debate necesario.

La semana pasada se lanzó una campaña internacional para exigir que antes de dejar la presidencia Obama otorgue un perdón a Snowden para que pueda regresar de Rusia, donde está exiliado desde hace más de tres años sin enfrentar un juicio que podía implicar una pena de 30 años o más de prisión. Entre los promotores de la campaña están la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU), Amnistía Internacional y Human Rights Watch. Snowden, declaran, es un joven estadunidense “que se enteró de un sistema de vigilancia masiva que había crecido durante años sin consentimiento democrático... Gracias a su acto de conciencia, los programas de vigilancia han sido sujetos al escrutinio democrático... Snowden debería ser elogiado como héroe. En lugar de eso, está exiliado en Moscú... Él nos defendió a nosotros, y es hora de que nosotros lo defendamos a él”, afirman. (https://pardonsnowden.org )

Un elenco amplio y destacado de figuras se ha sumado a la campaña, desde Daniel Ellsberg, el famoso filtrador de los Papeles del Pentágono, al financiero George Soros; de cineastas como Danny Glover, Susan Sarandon, Daniel Radcliffe (Harry Potter), Michael Moore, a músicos como Peter Gabriel y Laurie Anderson e intelectuales como Noam Chomsky y el economista Jeffrey Sachs y escritores como Colm Tobin, Joyce Carol Oates y Jean Stein, entre otros.

El ex candidato presidencial demócrata Bernie Sanders, el director de cine Terry Gilliam, el cantante Thurston Moore, de Sonic Youth; ex legisladores, entre otras figuras reconocidas, se han expresado a favor de la clemencia/perdón (https://www.theguardian.com/us-news/2016/sep/14/ edward-snowden-pardon-bernie-sanders-daniel-ellsberg?CMP=Share_iOSApp_Other ).

Oliver Stone, al estrenar su película Snowden, también se sumó a este esfuerzo, al denunciar en el Festival de Cine de Toronto que "los estadunidenses no saben nada de esto (el espionaje masivo) porque el gobierno miente todo el tiempo sobre ello". Espera que esta película aumente la presión sobre la Casa Blanca para perdonar a Snowden.

Pero tal vez la pregunta es más bien si Snowden, junto con los pueblos vigilados; si los sospechosos del mundo, si incluso los que leen esta columna, deben pedir o no un perdón a sus gobernantes por haberlos espiado; por saber qué piensan, a quién odian, a quién aman, qué les da risa, cuáles son sus sueños, sus pesadillas o quiénes son sus amigos, y sin pedir permiso.

Hay sospechosos que necesitan ser mejor vigilados por las masas.

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“Cómo se da el encuentro entre el usuario del servicio y un equipo, cómo en ese encuentro el equipo maneja su saber y su no saber sobre la vida del usuario, cómo el usuario maneja su saber y su no saber en la relación con el equipo, y cómo ahí se ubica una práctica de cuidado o de no cuidado en el campo de la salud” son las preguntas que hace Merhy.


Docente e investigador de la Universidad Federal de Río de Janeiro (Brasil), el doctor Emerson Merhy visita regularmente la Argentina desde hace un par de décadas. Da clases en el Instituto de Salud Colectiva de la Universidad Nacional de Lanús, y cada vez que viene aprovecha para recorrer hospitales y entrevistar a los diferentes actores que suelen conformar el sistema de salud: médicos/as, enfermeros/as, trabajadores/as sociales, fisioterapeutas, psicólogos/as y empleados/as administrativos, entre otros. Le interesa conocer de qué manera trabajan, de qué forma experimentan un cotidiano laboral que implica, en mayor o menor medida, el cuidado del otro. Estas cuestiones son las que interesan este sanitarista atípico que viene pregonando desde los años setenta por una medicina que se ocupe no tanto de los individuos como de los grupos poblacionales, y que propone que la construcción de la salud no es una cuestión de la que deben hacerse cargo exclusivamente los médicos, el saber especializado, sino la comunidad en su conjunto.


–Usted formó parte de un grupo de profesionales de la salud que en la década del setenta en Brasil conformó el movimiento de la salud colectiva, en el que forjan una propuesta alternativa a la biomedicina, que es la que mayoritariamente se practica en nuestros países. ¿Cómo fue el inicio de este movimiento y cual era la visión?

–Yo me recibí de médico en 1973, en plena dictadura militar, que empieza en 1964 (y concluye en 1984). Entonces, muchos de mi generación hacemos una opción por una lucha más social, de izquierda, por la democracia, contra la dictadura. Teníamos una idea de que la construcción de la democracia era también una construcción democrática en los distintos campos de lucha social. Y en la salud en particular conseguimos juntarnos profesionales médicos y no médicos, y mezclamos mucho nuestra experiencia de lucha en nuestra práctica profesional con la lucha de los movimientos sociales. En las grandes ciudades, como San Pablo, donde yo trabajaba, trabajábamos en conjunto con las organizaciones barriales y gremiales, en una lucha contra la pobreza. Y en esta lucha, por ejemplo, una de nuestras prioridades era una vida en los barrios con agua potable, porque no había agua limpia, con transporte para los trabajadores, con salud y educación. Esta mezcla entre los distintos sectores constituye en la salud un movimiento interesante, muy fuerte, que empieza a luchar por una reforma sanitaria en Brasil. Hacíamos una crítica de las políticas de salud del gobierno militar, que eran muy fragmentarias. No teníamos un ministerio de salud donde se ubicaran todas las políticas de salud. La salud de los trabajadores pertenecía al ministerio de trabajo o la salud de los escolares al ministerio de la educación. Nuestra crítica apuntaba a esa la fragmentación, pero también al conocimiento en la salud pública, lo que se producía sobre la situación de salud de la población.

–¿Qué era lo que criticaban en particular?

–Criticábamos que la salud pública en Brasil era una experiencia muy alejada de la manera cómo la gente vivía y con poca capacidad de producir conocimiento sobre la realidad efectiva, los modos de vivir. En los años 70 en San Pablo teníamos una mortalidad de cien niños por mil que nacían en un año, es una cifra enorme. Hoy con una mortalidad de veinte cada mil niños ya nos asustamos. La salud pública no tenía una mirada de que el desarrollo de la política de salud caminaba en conjunto con la construcción de la democracia, tenía una mirada muy tecnocrática. Entonces pudimos unificar una red de diálogo muy fuerte en distintas provincias de Brasil, sobre la necesidad que teníamos de formular nuevos conocimientos, con nuevos referentes, con nuevas miradas, con una crítica más radical de la manera cómo se comprendía lo que era una enfermedad. Proponíamos la idea de que la enfermedad es un fenómeno social, no un fenómeno biológico, y que su expresión depende fundamentalmente del modo de vivir de la gente. Y así nos alejamos de la idea de la salud pública y empezamos a hablar de salud colectiva, nos preguntábamos cómo la enfermedad existe en los colectivos, qué relaciones tiene la enfermedad con los grupos sociales, cómo la sociedad capitalista produce enfermos. Entonces el movimiento de la salud colectiva en Brasil empieza como un movimiento social, no como un movimiento académico, ubicado en las luchas contra las dictaduras y la lucha contra el conocimiento oficial que la biomedicina constituyó.

–¿Qué nuevas prácticas comenzaron a implementar en los equipos de salud?

–Trabajábamos en la periferia de la ciudad de San Pablo, nos ubicábamos en los barrios, junto con los hombres y las mujeres, vivíamos ahí donde atendíamos como profesionales. Yo, por ejemplo, empezaba mi jornada en el servicio de salud por la mañana, por la tarde hacía reuniones con los representantes sindicales que había en el barrio, con las mujeres que se organizaban en la lucha por escuelas, por salud, construíamos movimientos barriales, hacíamos una red de encuentros. Entonces, en lo cotidiano empezamos a hacer un trabajo fuertísimo de nuevas prácticas de salud junto con la población, pero de nuevas prácticas organizacionales contra una política que no reconocía los derechos de la salud. Por ejemplo, intentábamos cambiar de una manera muy fuerte la formación de cómo los equipos de salud se constituían, trabajábamos en forma más horizontal, en equipos en donde no se instituía una jerarquía muy clara entre médicos y la enfermería, donde la circulación del conocimiento era más democrática. Otra cuestión importante era construir espacios de aprendizaje junto con la población, y nuestro referente era Paulo Freire.

–Ustedes comenzaron una experiencia en la que los mismos pobladores integraban la coordinación de los servicios de salud de cada barrio, ¿verdad?

–Sí. Empezamos a construir la experiencia de control social de los servicios. Eso es fuertísimo no solamente porque implica una relación más democrática entre los trabajadores sino también una relación distinta entre el movimiento de los pobladores y los servicios. Lo hicimos en la región este de la ciudad de San Pablo, una región muy enorme, con una población enorme, que hoy tiene cuatro millones de habitantes y en esa época éramos alrededor de dos millones. Teníamos muchos centros de salud, y organizamos con la población una división regional de representación, entre los pobladores y los equipos de salud. Hicimos una elección para que los pobladores eligiesen sus representantes en cada centro de salud, nosotros como profesionales nos juntábamos con los representantes y construíamos los planes de acción.

Me acuerdo en particular de una elección que hicimos un día domingo, en la que se movilizaron más de cien mil pobladores para votar a sus representantes de diez centros de salud. Y en cada centro construíamos planes con la población de lo que íbamos a hacer en el campo de la salud, por ejemplo campañas para erradicar roedores que transmiten enfermedades, o por el agua potable, o acciones en las escuelas con los niños para construir practicas de salud escolar. Luego, con el retorno a la democracia, se incorpora en nuestra Constitución, en 1988, el tema del control social para las políticas de salud.

–¿De que manera se involucraron con la reforma psiquiátrica en los años 80?

–Antes de terminar la dictadura comenzamos con la discusión sobre una sociedad sin manicomio, con una mirada que ponía en el centro de nuestra práctica no en la enfermedad sino en la producción de la vida de la gente como una producción colectiva. Nosotros aprendimos con la reforma psiquiátrica italiana de Franco Basaglia, que fue a Brasil y participó de muchas discusiones. Aprendimos que la enfermedad es importante pero que para que se produzca la vida, hay que dejar la enfermedad un poco afuera. Por ejemplo, un esquizofrénico es mucho más que un esquizofrénico, es un artista, un trabajador, un artesano, es compañero, tiene pareja. Entonces empezamos a no nombrar la esquizofrenia como el núcleo principal de nuestra práctica de cuidado. La idea es que nuestra práctica de cuidado potencie la producción de nuevos sentidos en el vivir, nuevos mundos para sí, a pesar de la existencia de la enfermedad. Esta experiencia de la reforma psiquiátrica también nos enseñó en nuestra experiencia de la reforma sanitaria.

–En los años 90 en Brasil se da una proceso de expansión de la salud pública, contrario a lo que sucedía en Argentina en donde se daba un achicamiento de lo público y un crecimiento de la medicina privada. ¿Qué lugar tenía la visión de la salud colectiva en esa expansión?


–Siempre hubo una pelea fuertísima. Por un momento, la biomedicina se miraba más como una disputa, como si fuese el servicio privado versus el público, después no tanto. Después la biomedicina también se ubicó por dentro de los servicios públicos. Hoy predomina la visión de una medicina privatista en las escuelas médicas en general en Brasil. Es una mirada muy estrecha de lo que es la práctica de cuidado, que tiene que ver con el comercio. Hoy tenemos una dificultad enorme en mantener la construcción que hicimos en los años 90, porque hay un movimiento muy fuerte, muy privatista, con los médicos al frente. Estamos viviendo una situación muy crítica, que a mí me parece que es la destrucción del Sistema Único de Salud (el sistema universal de salud pública de Brasil). Entiendo que hoy estamos así porque la izquierda brasileña perdió su capacidad de renovarse, y adhirió a cosas que a mí me parece imposible, como imaginar que un estado capitalista podía ser un estado de transformación social. Entonces, en la salud tenemos hoy una vuelta de la biomedicina muy fuerte, y de una biomedicina muy privatista. A mí me parece que tiene que ver con la pérdida de nuestra capacidad de disputar la formación profesional. Disputamos la organización de los servicios de salud, pero perdimos en la universidad la capacidad de modificar la formación. Los biomédicos privatistas dominaron las escuelas médicas. Y esto es una paradoja. Al mismo tiempo que nosotros con los movimientos sociales desarrollamos cambios importantes en la salud, no hicimos lo mismo que en la educación. Hasta hoy la universidad pública brasileña es reglada por la ley de la dictadura.

–Usted también plantea la idea de que el paciente debe participar en la formulación de su proyecto terapéutico.

–Si, claro. En este sentido, en los años 90 tuve la suerte de poder participar de algunas de las experiencias en grandes ciudades, como Campinas, San Pablo o Belo Horizonte. En esa época hubo un crecimiento importante de la estructura pública y empezamos a ver cómo cambiar la práctica biomédica que teníamos de una manera muy fuerte por las prácticas que experimentamos en el momento de la salud colectiva, de una horizontalización mayor en el equipo y una democratización con la gente, en la atención, en la posibilidad de que ellos participen en la formulación de su propio proyecto terapéutico. La idea era que la persona que se venía a atender, con su experiencia, con su conocimiento de vivir, construiría con nosotros su proyecto terapéutico. Era una ruptura del dominio de un saber único sobre la vida del otro.

–Usted desarrolló el concepto de “trabajo vivo en acto” en el campo de la salud, que considera que en la tarea de cuidar los trabajadores y las trabajadoras toman decisiones individuales que determinan la calidad de la atención que brindan.

¿Podría desarrollar el concepto a partir de las investigaciones que usted realiza?

–Participé de muchos encuentros con los trabajadores, y a mí me inquietaba mucho la idea de que en los mismos servicios, en un equipo con las mismas reglas, con los mismos sueldos, con la misma jornada de trabajo, no todos trabajaban de una manera igual. Yo tenía una mirada muy marxista y no conseguía comprender esa situación con la teoría que yo tenía del trabajo: cómo los equipos de trabajadores en la misma normatividad trabajan de manera distinta en la construcción de un proyecto terapéutico. Entonces empecé a elaborar una problematización de la teoría que interroga la relación entre el trabajo vivo y el trabajo muerto. La mirada marxista tiene una formulación conceptual que supone que juntamos trabajo muerto con trabajo vivo. Trabajo muerto es el producto de un trabajo, como la silla en la que estoy sentado, en la que antes había trabajo vivo. Entonces, yo imaginé en el cotidiano cómo el equipo de salud hacía la gestión de su trabajo vivo.

Y encontré que en la práctica de cuidado hay un trabajo vivo en acto que es cuando el trabajador elige qué va a hacer. Bajo la misma normativa, en el mismo edificio, en el mismo horario, un trabajador puede hacer una manera de cuidado diferente a la que realiza otro. Entonces empecé a estudiar lo que hoy nombro como la “micropolítica del trabajo vivo en acto”, que es la manera cómo el trabajador maneja su trabajo vivo en acto con sus éticas, con su idea de qué es la vida del otro, y construye una experiencia muy singular.


–En la Argentina, pero no solamente aquí, se detecta que el primer lugar de expulsión de las personas del sistema de salud se ubica en la ventanilla de admisión de los hospitales. En esa instancia se da el encuentro entre un empleado administrativo y la persona que quiere atenderse en el hospital.


–Sí, esto también es muy común en Brasil, es un fenómeno importante. Esto es así porque creo que hay un esfuerzo de burocratización del proceso relacional para no permitir el acceso del usuario en ciertos niveles de atención. Pero hay una cosa todavía más perversa, y es al revés: que se permita al usuario entrar al servicio para que después no pueda circular hasta llegar a la atención que necesita. Cuando investigamos en el cotidiano, lo que encontramos es que los trabajadores, en algunas ocasiones, de una manera muy clandestina posibilitan otros flujos que permiten desbloquear la propia burocracia. Entonces, muchos trabajadores le imponen las reglas al usuario, pero cuando se involucran con ciertos usuarios crean una cierta clandestinidad por su trabajo vivo, van haciendo quiebres en los bloqueos, e inventan flujos nuevos para que esa persona acceda a la atención que necesita. Hay una tensión muy fuerte entre lo colectivo y lo individual en la práctica de cuidado, y los trabajadores de la salud, con el manejo que tenemos del proceso relacional, nos podemos implicar de una manera muy fuerte con la vida del otro, pero también podemos apartarnos y decirle al otro “este es su problema, a mí no me interesa”. Hay experiencias que hicimos que nos muestran que cuando hay una gestión colectiva del proceso de trabajo y las decisiones individuales pueden ser puestas en común en un espacio de diálogo, hay mayor posibilidad de construir en el equipo de salud una gestión más particular del trabajo. Esto es fundamental para que podamos comprender nuevas posibilidades en la gestión de las organizaciones.

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Lunes, 19 Septiembre 2016 05:59

Putin ganó las elecciones legislativas

La victoria llega en un momento especial para el jefe de Estado, ya que es la primera votación a nivel nacional en medio de una crisis económica provocada por las sanciones que Occidente le impuso luego de la anexión de Crimea.

Rusia Unida se alzaba ayer con comicios legislativos que aseguraban una cómoda victoria al presidente Vladimir Putin. Con el 30 por ciento de los votos escrutados, el partido en el poder conseguía, al cierre de esta edición, la mayoría absoluta, con un 52 por ciento de los votos. En segundo lugar se ubicaba el partido de extrema derecha Partido Liberal Democrático de Rusia (PLDR), con el 14,7 por ciento –cuatro puntos más de los que había conseguido en 2011–, seguido de cerca por el Partido Comunista, que alcanzaba el 14,6 por ciento de los sufragios. “Podemos decir claramente que nuestro partido ganó’’, señaló a la televisión el primer ministro Dmitri Medvedev, cabeza de lista Rusia Unida, que en 2011 sumó un 49 por ciento. A su lado, Putin celebró el resultado, y señaló que la participación, aunque no fue de las más elevadas, fue importante.


Según la Comisión Electoral Central, cerca del cierre de las urnas, los rusos se habían volcado a votar en un nivel que no superaba el 40 por ciento, frente al 51 por ciento de hace cinco años. En las dos principales ciudades del país, Moscú y San Petersburgo, la participación fue aún más baja. El porcentaje definitivo será anunciado hoy por la mañana.
“En varias regiones, la participación no fue muy elevada ya que los ciudadanos no fueron informados sobre dónde estaba su centro de votación’’, afirmó la delegada del Kremlin para los temas de Derechos Humanos, Tatiana Moskalkova. Contrariamente a las legislativas de septiembre de 2011, denunciadas por fraudulentas por miles de manifestantes que salieron a las calles a protestar, ayer el Kremlin pareció querer insuflarle más transparencia al proceso electoral.
En caso de confirmarse la tendencia de una victoria holgada, las legislativas serían el trampolín para un posible cuarto mandato de Putin en las presidenciales de 2018, si finalmente se presenta, algo que casi se da por descontado.
De todas formas el partido de Putin, líder con una popularidad cercana al 80 por ciento tras la anexión de Crimea, hizo campaña como favorito.


“Ya sabía a quién iba a votar. Seguramente, ustedes estaban al tanto’’, bromeaba el mandatario luego de votar en un colegio electoral de Moscú. Pero la victoria para el jefe de Estado no llega en cualquier momento. Rusia atraviesa un momento de profunda crisis económica provocada por la caída de los precios del petróleo y por las sanciones que Occidente impuso después del conflicto en Ucrania. Se trata del período de recesión más largo desde la llegada de Putin al poder en 1999.


Excepcional también es el contexto político, ya que son las primeras elecciones, a nivel nacional, desde la anexión de la península de Crimea, en 2014, y del inicio del conflicto en el este separatista de Ucrania. En esa región, precisamente, los habitantes participaron por primera vez en elecciones rusas. “Yo he ido a votar y todos mis familiares y vecinos también. Estamos con Rusia’’, señaló Valentina, una jubilada de la península, mientras representantes de la comunidad tártara de Crimea, minoría musulmana opuesta a la anexión, llamaron al boicot de los comicios.


Además de las legislativas (con más de 6.500 candidatos de 14 partidos que luchan por 450 escaños de la Duma Estatal), los electores estaban convocados a votar parlamentos y gobernadores regionales, como en el caso del presidente de Chechenia, Ramzan Kadyrov, que por primera vez enfrentaba las urnas desde que el Kremlin lo nombró en 2007

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