Jueves, 29 Enero 2015 15:11

Libertad de expresión y tolerancia

El caso Charlie Hebdo nos recuerda lo poco que en general problematizamos respecto de las cuestiones vinculadas a la libertad de expresión, y en especial, lo poco que se forma y se debate sobre libertad, derechos humanos, tolerancia y secularización. Tal vez por ello nadie parece entender lo que está pasando.

 

El asesinato de los periodistas de Charlie Hebdo ha disparado todo tipo de análisis, al punto de poner varios conceptos relativos a la libertad de expresión en el debate global. Irónicamente, los periodistas silenciados han desatado la posibilidad de hablar sobre el significado de la libertad de expresión a lo largo y ancho del mundo, tal vez como nunca antes. Esto nos recuerda lo poco que en general problematizamos respecto de las cuestiones vinculadas a la libertad de expresión, y en especial lo poco que se forma y se debate con los más jóvenes sobre libertad, derechos humanos, tolerancia y secularización.


Tal vez por ello nadie parece entender lo que está pasando. Brevemente, parece buena cosa repasar las funciones que cumple la libertad de expresión en una sociedad democrática, la cuestión sobre sus límites y si, como algunos han llegado a proponer, sería sensato limitar los discursos ofensivos hacia las creencias religiosas, en aras de fomentar la tolerancia.


La libertad de expresión es central en una sociedad democrática porque permite desarrollar el pensamiento individual, debatir ideas, buscar y difundir información. En definitiva posibilita a cada uno buscar su estilo de vida, y en algún punto "su" verdad. Pero la libertad de expresión tiene también una dimensión colectiva y social. La protección de otros derechos no es posible sin la libertad de buscar, difundir y recibir información. ¿Cómo podríamos asociarnos por cualquier causa legítima, defender los derechos sindicales, protestar, hacer docencia, periodismo, humor, arte en todas sus manifestaciones, sin un ambiente respetuoso de la libertad de expresión?


Por ello, la libertad de expresarse sin barreras es el principio general. Al análisis hay que sumar que los instrumentos internacionales protegen algunos discursos en forma privilegiada o reforzada: los asuntos de interés público y de gobierno, las personas públicas, los funcionarios y todo aquello que busca o merece formar parte del espacio público caen bajo la crítica abierta, porque esos discursos tienen una protección especial. En ese marco, las creencias que movilizan a millones de fieles y en cuyo nombre se promueven comportamientos, conductas y causas compartibles o condenables, son objeto también del derecho que tienen las personas a manifestarse a favor o en contra, a criticarlas o incluso a ridiculizarlas.


Promover una sociedad abierta al debate y sin cortapisas no significa convocar a la intolerancia. Todo lo contrario, las sociedades abiertas, tolerantes y seculares son aquellas que están en condiciones de promover el multiculturalismo, aunque la convivencia no sólo es una cuestión de libertad de expresión, también requiere igualdad económica y social, integración y otras decisiones de política pública no menores.


La libertad de expresión tiene dos vías: puedo expresarme pero también debo soportar la crítica en el espacio público. No olvidemos que quienes hoy combaten el humor ofensivo también utilizan las leyes de blasfemia para suprimir los puntos de vista de otras minorías religiosas, los creyentes disidentes y los no creyentes, como ya han denunciado más de una vez los relatores de libertad de expresión de todos los sistemas de protección de los derechos humanos.


Se ha dicho que los periodistas asesinados provocaron la barbarie con sus blasfemias. No lo creo. Es igual a decir que la mujer provocó al violador porque usaba minifalda o que los disidentes en cualquier parte merecen la cárcel o la muerte porque son subversivos. En última instancia, la blasfemia no debería ser nunca una conducta criminalizada, porque también las religiones y sus dirigentes están sujetos a ser cuestionados y criticados en un Estado de derecho que garantiza estas libertades. Pero sobre todo las religiones, por tratarse de creencias, no tienen una reputación o un honor que proteger.


Es cierto que no hay derechos absolutos. La cuestión pasa por definir el límite a la libertad de expresión para los casos en los que está involucrada la religión o las creencias de las personas. Ese límite debe buscarse en los discursos de odio que incitan a la violencia o a la discriminación en razón de un credo o religión. El espacio de esta columna no alcanzaría para definir cuáles son las condiciones que distinguen un discurso irreverente y ofensivo de aquel que incita al odio y a la violencia. No creo que viñetas –ya sean de buen gusto o mal gusto, contra políticos, deportistas, artistas o religiosos– alcancen para caracterizar un discurso como de odio o violencia.


Finalmente, no le podemos pedir a la libertad de expresión que resuelva todos los problemas de convivencia. Seguramente Occidente enfrenta un desafío mayor con respecto a la integración de amplios sectores que profesan el islam, y los propios creyentes de esa y otras religiones deberían reconocer que tienen problemas, entre otros con los derechos de diversos grupos históricamente discriminados, como es el caso de las mujeres, las personas gays, lesbianas, transexuales o intersexo, las otras minorías religiosas o la educación laica, por poner sólo algunos ejemplos.


Por ello, el terrible caso de Charlie Hebdo también renueva la necesidad de promover la separación del Estado de cualquier iglesia (católica, musulmana, judía o umbandista, la que sea), como complemento de la libertad de expresión.
La laicidad permite a cada cual profesar sus ideas y no inhibe que el creyente defienda las suyas, pero el Estado no debería asumir ninguna confesión, tan sólo garantizar la libertad de cultos y buscar la integración en la tolerancia. Los terroristas fueron a la escuela en Francia, pero no incorporaron la libertad y la tolerancia que caracterizan al país que los recibió. Los mantuvieron y se mantuvieron al margen, en una especie de gueto cultural, y no asumieron que la libertad de expresión y el secularismo son valores centrales para una sociedad abierta, lo mismo que la igualdad de género y la no discriminación por cualquier motivo (raza, sexo, nacionalidad).
Aunque el conflicto parezca lejano, también deberíamos preguntarnos qué pasa en la educación uruguaya con estos temas. Tengo un hijo adolescente y no he visto que sean temas centrales en la educación de Uruguay.

Hemos confundido laicidad con omisión. La escuela no se mete en problemas y por eso no habla de nada de lo que pasa en el mundo real, ni nada que pueda tener tanto que ver con las personas como los derechos humanos o la importancia de la libertad de expresión y la tolerancia. Sencillamente se ignoran.
Como leí en alguna de las tantas columnas que se han escrito por estos días: no comparemos el grafito de un lápiz con el plomo de las balas..., no es lo mismo. No hay justificación para las causas atroces, sólo hay explicaciones.


Por Edison Lanza, relator especial para la Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

 

Apostillas


En Estados Unidos, "si a alguien se le hubiera ocurrido publicar en algún campus una revista como Charlie Hebdo no hubiera durado ni 30 segundos", escribió la semana pasada en el New York Times el editorialista David Brooks. "Los propios estudiantes lo hubieran acusado de proferir un discurso de odio y las autoridades la hubieran cerrado", apuntó. La tradición satírica existe, por supuesto, en el país, pero está lejos de parecerse a la francesa, que remonta a siglos, y en materia religiosa prevalece "una mezcla de autocensura, causas históricas y respaldo explícito a la religión de parte de la sociedad", dijo a su vez el profesor de ciencias políticas Robert Speel a la agencia Afp: "Yo hago un curso sobre la laicidad en Francia y en las discusiones los estudiantes se oponen en nombre de la libertad de religión a leyes francesas que prohíben el porte del velo" o la exhibición de signos de pertenencia religiosa en lugares públicos. De hecho, esos tabúes culturales operaron para que no hubiera medio de comunicación en Estados Unidos (como tampoco en Gran Bretaña, donde operan principios similares ligados al modelo "multiculturalista" de integración entre comunidades) que publicara las caricaturas de Charlie Hebdo.
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Ayer jueves en Madrid comparecía ante un tribunal que juzga delitos de terrorismo el humorista Facundo Díaz, animador de La Tuerka News, un programa cómico en formato digital promovido por el partido político Podemos. "Facu", como lo llaman, había aparecido encapuchado ("cual etarra") anunciando la disolución del Partido Popular como consecuencia de escándalos de esos que pululan en la península. El gobierno español –que elevó al parlamento una ley que limita, por la vía de sanciones económicas híper gravosas, la expresión de ideas que puedan ser tachadas de apología del terrorismo, y ahí entran incluso llamados a manifestaciones contra bancos, por ejemplo– consideró que Facu había "humillado a las víctimas del terrorismo". "Llevar a un humorista a un tribunal que juzga a terroristas es un sketch en sí mismo", dijo Facu. Mariano Rajoy, el jefe del gobierno español, estuvo en la marcha de París del domingo pasado invocando la defensa de la libertad de expresión.
También marcharon en París representantes del gobierno de Egipto. El mismo domingo, una corte de ese país condenaba a un ciudadano a tres años de prisión por haber dicho en Facebook que era ateo. Tres periodistas de la cadena Al Jazeera están presos en El Cairo y decenas de otros denunciaron persecuciones.
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A una "marcha de luto" por los asesinatos de París convocó en la ciudad alemana de Dresde el movimiento de ultraderecha Pegida, que se opone a la "islamización de Occidente" (véase Brecha de la semana pasada). Caricaturistas franceses y alemanes consideraron que Pegida "representa todo aquello contra lo que luchaban" sus colegas de Charlie Hebdo y llamaron a que nadie que piense así pueda "evocar la memoria" de los dibujantes muertos.
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"Como editor pienso que fue extremadamente triste lo que sucedió con una publicación que representa la gran tradición francesa de la caricatura. Pero hoy tenemos que mirar adelante y tratar de pensar qué pasó y cuál debe ser la reacción. Hay que entender que cada día se está produciendo una masacre de esa magnitud en Irak y otros países del mundo árabe. Y esto ha sucedido gracias a los esfuerzos desestabilizadores de Estados Unidos, el Reino Unido y Francia. Francia ha participado en el suministro de armas en Siria, Libia y la recolonización del Estado africano de Mali. Esto ha estimulado el ataque, en este caso usando un objetivo fácil como Charlie Hebdo." (Declaraciones de Julian Assange, fundador de Wikileaks, a Página12, desde la embajada de Ecuador en Londres, donde está refugiado.)

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Al momento de escribir este nuevo prólogo, han transcurrido 31 días desde el momento en que fue ejecutado el secuestro de 43 jóvenes estudiantes de la Norma Rural "Isidro Burgos" de Ayotzinapa, Guerrero; 31 días desde que la policía mexicana evidenció su vínculo con grupos organizados de terroristas económicos como los Guerreros Unidos, mezcla de narcotraficantes, atracadores, agentes de lavado de dinero, tratantes de personas y aterrorizadores profesionales de la población local; 31 días desde que dispararon sobre buses en movimiento con indígenas y mestizos, matando seis personas e hiriendo más de 20. No puedo dejar de pensar que pudieron ser mis alumnos ni que habrían sido excelentes maestros críticos. He leído que entre los desaparecidos hay un muchacho del pueblo me'phaa, que uno de los muertos era nahua y que muchas de las madres y padres que los buscan tienen dificultades para hacerse entender con las autoridades porque hablan nahua y tu'un savi y no tienen traductores.

Pienso en la vulnerabilidad que el estado erige contra los miembros de las nacionalidades y pueblos indígenas y recuerdo lo que me dijo hace cinco años una mujer lenca de Honduras: "Cada vez que hay ejército en la calle, los delitos contra los pobres aumentan".


Para muchos pueblos la diferencia entre ejército y paramilitares es tan sutil que no la registran plenamente. "Había muchos hombres en armas y con uniformes", me describió hace unos meses la situación de riesgo que empujó a una mujer garífuna a abandonar su territorio en Honduras para lanzarse con sus hijas e hijos al camino de la migración. "Es peligroso, pero nos iban a matar si nos quedábamos".
Pienso también en la fuerza de las madres y los padres de los muchachos desaparecidos de Ayotzinapa, la decisión política y no sólo afectiva de buscarlos hasta bajo la piedras, encabezar marchas, enfrentarse al presidente de la república, desafiar a secretarios de estado y policías.
Pienso cosas que la realidad inmediata me impone y que no pensaba mientras estaba escribiendo este libro, hace ya dos años.
Mientras estaba escribiendo este libro todavía no conocía a las mujeres purépechas de Cherán ni el movimiento que habían encabezado en abril de 2011 para defender su agua, su bosque y sus hombres de la delincuencia organizada y de las autoridades del estado que la solapaban. No sabía qué significaba ser mujer de un pueblo tan ligado a su territorio que fue capaz de transformar la historia política de México, gracias a una interpretación propia de la autonomía municipal.


Por el contrario, me había percatado desde los inicios de la investigación bibliográfica que precedió el viaje para ir al encuentro de mis interlocutoras de la importancia y la fuerza que tienen las reflexiones y acciones de las mujeres maya y xinka de Guatemala. Más aún, a media voz, había expresado en ocasiones la sensación que tengo de que la intelectualidad más importante y disruptiva de América es hoy la que crece en los pueblos originarios guatemaltecos. Sin embargo, mientras escribía no podía imaginar la fuerza política que tendría la denuncia de la violencia sufrida en su cuerpo y en sus sentimientos y comunidad por parte de las mujeres del pueblo Ixil en el juicio por genocidio contra el ex dictador de Guatemala, Efraín Ríos Montt, en abril de 2013. Con la cabeza cubierta, ante una jueza que respetó su palabra, acompañadas y contenidas por las mujeres de otros pueblos mayas y por feministas blancas y mestizas y abogadas solidarias con su condición de mujeres violentadas, las mujeres ixiles hicieron evidente que no hay pueblo que no esté formado por mujeres y hombres y que toda colectividad, aún la abstracta ciudadanía del estado liberal, no existe sin sus atributos sexuales. Cuando hablaron de violencia contra sus cuerpos, las denunciantes ixiles relataron las formas de la represión y el genocidio, cuando dijeron violación definieron la forma de la tortura, cuando dijeron mi hija dijeron una persona amada que era miembro de mi comunidad, cuando dijeron sobrina dijeron una compañera, cuando dijeron muerta dijeron víctima de un crimen de estado. Así la palabra de las mujeres ixiles les dio a los pueblos maya de Guatemala la fuerza del reclamo frente a un estado racista y ratificó una alternativa política para América Latina, la que se está perfilando desde las prácticas y las teorías de la convivencia de los pueblos de Abya Yala, uno de los nombres ancestrales del continente.


Terminé de escribir esta recopilación de diálogos de ideas, es decir, de intercambios de posiciones sobre los feminismos y las políticas de las mujeres con compañeras de diversos pueblos originarios, apenas en junio de 2012. Dos meses después, a principios de septiembre, gracias a la labor realizada en Bogotá por las y los compañeros de Ediciones Desde Abajo, salió a la luz pública la primera edición de Feminismos desde Abya Yala. Sólo en esos dos meses habían sucedido tantas cosas que de haber sido éste un reportaje lo habrían convertido en algo viejo. En todos los territorios americanos, en el momento en que estaba escribiendo, mujeres en colectivo o mujeres y hombres estaban actuando y reflexionando.


Tuve que respirar hondo y asumir que ningún libro puede contener la historia contemporánea de los pueblos originarios de Nuestra América. Mi deber era traducir y relatar las palabras que habían rodado entre nosotras. No fue sencillo aplacarme. Estaba preocupada por el temor de dejar afuera a las compañeras, por las ideas que se me escapaban, por lo que no había entendido. Quería seguir reportando la historia en acto de sus levantamientos, pronunciamientos, debates políticos, construcciones ideológicas, organizaciones políticas y –desgraciadamente– informando la historia de las represiones de las que son todavía destinatarios.


En los dos cortos meses que habían transcurrido entre la redacción final del diálogo de ideas feministas generadas desde los específicos sistemas de rebelión ante las jerarquías de género propias de cada pueblo y el mes de septiembre, además, me había dado cuenta que desconocía más reflexiones y propuestas interpretativas realizadas por las mujeres de los diversos pueblos que las que había podido estudiar. Por ejemplo, me encontré con el artículo de la lingüista mixe Yásnaya Aguilar, quien afirmaba, el 4 de julio de 2012 en la revista mexicana Este País, que: "El 'otro' se crea a partir de establecer una diferencia generadora". Es decir, el otro no existe en sí, es necesario que se le construya, categorizándolo como alguien uniforme y homogéneo, desvinculado de la individualidad y al que no se pregunta si se considera una unidad con todos los otros "otrizados".


Yásnaya Aguilar sostenía que: "En el caso de los pueblos indígenas, el hecho de que constituyamos un 'otro' uniforme y homogéneo para la mayoría de la población mexicana sorprende, por decir lo menos; sobre todo, considerando que formamos parte del mismo estado-nación, que llevamos una convivencia de cinco siglos y que, además de todo, en el discurso se habla con orgullo del mestizaje físico y cultural de nuestro país. En este caso no hay distancia geográfica que valga para justificar la homogenización que se hace del mundo indígena. La nulificación de nuestras complejidades y diferencias sólo evidencia que, a pesar del tiempo y la mutua convivencia, aún no establecemos una relación realmente verdadera y de iguales que propicie un conocimiento profundo y un intercambio intenso".

 

De haber leído antes a Yásnaya Aguilar, probablemente no habría escrito este libro, porque ella resume lo que yo intenté visibilizar desde los más remotos orígenes de mi investigación; es decir, desde cuando me carteaba con la poeta q'eqchi' Maya Cu para entender los orígenes históricos y las consecuencias cotidianas del racismo y el sexismo americanos en nuestras respectivas vidas.


No obstante, la lectura de sus ideas me ratificó la urgencia de denunciar la discriminación implícita en los modos de categorizar, definir y demarcar la importancia de una idea o una acción que aprendimos en nuestras universidades, muchas veces públicas, cuando no progresistas. Así como la obligación de reconocer la producción de ideas políticas de liberación de las mujeres que no provienen del feminismo (los feminismos, en realidad) que se ha generado en el seno de la organización política capitalista, que sólo reconoce a un sujeto individual de ciudadanía y una economía monetarista. Mi actual alumna Luvina Camargo Campoy, que me abordó gracias a este libro, y quien es una historiadora nahua que trabaja con mujeres ñuu savi para su organización, me ha revelado muchas formas de leer el cuerpo, el sujeto, la participación en la defensa del territorio y de las vidas concretas de las mujeres, revelándome detalles de las subjetivaciones personales durante la conformación de un sujeto colectivo. Ser lo que se es y no ser el otro de alguien implica una resistencia cultural que en ocasiones puede parecer contraproducente a una mujer blanca.


No obstante ser el otro es resultado de una violencia. Equivale a ser una minoría, no numérica sino ideológica. Ser alguien ocultado y disminuido. Alguien borroso, siempre igual a sí mismo, desprovisto de presente porque excluido de una historia activa y reconocible. Ser el otro es ser alguien que un dueño de finca puede argumentar que no exista, como está sucediendo con los miembros del pueblo énxet: "Él pretende que mi gente no figure en los papeles", declaró en octubre de 2014 Marciana Antonia Galeano en referencia a un estanciero casado con la dueña de una finca ganadera de 100 mil hectáreas en Paraguay .


Como feminista, el otro es alguien que me interesa porque es yo y es nosotras. Las mujeres somos el otro en el mundo heteropatriarcal, los pueblos originarios son el otro del sistema nacional. Es-soy-somos alguien que tiene una identidad negada a partir de que se le niegan la lengua, la historia, los intereses construidos, imponiéndole diferencias esencializadas.


Como dice la feminista comunitaria aymara Julieta Paredes –coincidiendo en ello con las mujeres del movimiento francés por la paridad entre mujeres y hombres de la década de 1990–, todas las sociedades olvidan con mucha facilidad que están compuestas por un 50 por ciento de mujeres y que, por lo tanto, las mujeres no pueden ser sus otras, sino son sus constituyentes. La abstracta ciudadanía es concretamente femenina y masculina.


Las mujeres somos el 50 por ciento de todas las sociedades, también de aquellas naciones que son "otrizadas"; eso es, infantilizadas, segregadas, marginadas, escondidas, convertidas en la excepción ante una sociedad hegemónica que se auto-identifica con el sujeto universal del derecho y la historia. Las mujeres somos el 50 por ciento de la ciudadanía abstracta y de la población concreta en todas las naciones y según todos los sistemas de usos y costumbres: sean los que sostienen un sujeto individual, legalmente igualitario, que elige sus representantes, sean los que mantienen su organización comunal en asamblea y creen en la complementariedad de todas las personas para el funcionamiento del colectivo.


Las mujeres somos la mitad de todos los pueblos. Y en todos los pueblos, hemos generado un pensamiento crítico a la organización desigual de los poderes entre hombres y mujeres, en beneficio de los primeros. Si las mujeres de los pueblos originarios le llaman feminismo o no, en buena medida, es un problema de traducción. ¿Qué es el feminismo? ¿Una teorización liberal sobre la abstracta igualdad de las mujeres y los hombres o la búsqueda concreta emprendida por las mujeres para el bienestar de las mujeres y en diálogo entre sí para destejer los símbolos y prácticas sociales que las ubican en un lugar secundario, con menos derechos y una valoración menor que los hombres? Si la palabra feminismo traduce la segunda idea, entonces hay tantos feminismos cuantas formas de construcción política de mujeres existen. En cada pueblo, desde precisas prácticas de reconocimiento de los propios valores.


Por años el feminismo blanco y blanquizado –como Rita Laura Segato define el pensamiento de las personas que no siendo blancas comparten con ellas sus sistemas de valores estéticos, éticos, económicos y políticos–, que hoy ha logrado espacios de institucionalización significativos, no ha escuchado sino las demandas de las mujeres que viven y se quieren liberar dentro de un sistema de género binario y excluyente, que organiza de igual forma sus saberes y su economía de mercado. Por lo tanto, cuando se dirige a las mujeres de otros pueblos, las pretende educar según los parámetros normativos del propio sistema, sin escuchar sus demandas, sin conocer su historia de lucha, sin reconocer validez a sus ideas. Organiza "escuelas de líderes" sin darse cuenta que la misma idea de liderazgo pone en crisis la identidad política de quienes se piensan colectivamente, siendo capaces de aportes individuales que se socializan. Propone la igualdad con el hombre, cuando en procesos duales no binarios, la igualdad no es un principio rector de la organización política que las mujeres reclamen. Se crispa ante la idea de una complementariedad múltiple, que las feministas de muchos pueblos estudian para volver a verse como constructoras de una historia no blanca ni blanquizada de América, donde ni las mujeres ante los hombres, ni su pueblo ante el estado-nación que lo discrimina, vivan subordinación alguna, sino sean interactuantes en la construcción histórica de su bienestar.


He intentado devolver este libro a las compañeras que me enseñaron a escuchar sus ideas durante todo el proceso de investigación y redacción dialogando conmigo, aceptándome a pesar de mi aspecto, enseñándome sus sistemas de evaluación, considerándome tan humana como en ocasiones la sociedad que me formó no las consideró a ellas. Tres de ellas me honraron diciéndome que éste es un libro escrito por una "aliada", otra me hizo saber que estaba en desacuerdo con la arrogancia blanca que me permitió escribirlo. Algunas de las mujeres con las que crucé mis palabras durante estos dos años han pasado por cosas tremendas y grandiosas como la denuncia de las mujeres ixiles que en abril de 2013 testificaron en el Tribunal de Mayor Riesgo de Guatemala para que el general Ríos Montt, ex presidente de facto, fuera enjuiciado por genocidio.


Una Comisión de la Verdad, respaldada por Naciones Unidas, concluyó hace años que Ríos Montt había cometido una media de 800 asesinatos mensuales en los 17 meses que gobernó Guatemala entre 1982 y 1983, el periodo más sangriento de una guerra civil que duró de 1960 a 1996. Las sobrevivientes de las masacres contra el pueblo maya Ixil se atrevieron a recordar y relatar las formas que adquiere una guerra genocida, dejando clara evidencia de que la violación sistemática de las mujeres de un pueblo es un instrumento de genocidio. El pasado 10 de mayo, el Tribunal de Mayor Riesgo condenó a Ríos Montt a 80 años de prisión inconmutables por la muerte de 1,771 ixiles a manos del Ejército entre 1982 y 1983. A pesar de que el 20 de mayo tres jueces corruptos de la Corte Constitucional anularon la sentencia, los pueblos maya de Guatemala hoy saben que su incursión en el derecho de un gobierno que siempre los ha discriminado y empobrecido ha sido exitosa. El pueblo Ixil contó con una jueza honesta, la presidenta del Tribunal de Mayor Riesgo, Jazmín Barrios.


Durante estos años en Guatemala sucedieron más cosas. El 4 de octubre de 2012, por ejemplo, el ejército y la policía dispararon sobre una marcha pacífica del pueblo K'iche' de Totonicapán que cuestionaba una propuesta de reforma constitucional muy poco clara en términos de la autonomía de gobierno de los pueblos mayas.


Asimismo, durante todo este año, las mujeres y los hombres del pueblo Q'om, en las provincias de Formosa y el Chaco, en Argentina, han sufrido accidentes y violencias por el sólo hecho de ser Q'om; sistemáticamente les han quemado sus documentos y pertenencias, les han atemorizado fomentando la impunidad de sus agresores, en ocasiones abiertamente amparados por agentes de estado.


En Colombia, la Fuerza de Mujeres Wayuu denunció en mayo de 2014 que una niña de 14 años, Génesis Gisselle Gutiérrez Romero, "hija de este proceso de lucha y resistencia", fue amenazada de muerte. "Dile a tu familia que se cuide y a ti, porque te vamos a matar", le dijeron anónimamente por teléfono a la hija de una reconocida activista de derechos humanos Wayuu, Jakeline Romero Epiayu. Ambas son miembras de la comunidad del Resguardo Indígena de Zahíno, localizado en Barrancas, La Guajira, entidad de carácter especial que es filial de la Asociación de Laulayu y Cabildos Indígenas Wayuu del Sur de La Guajira. Fuerza de Mujeres Wayuu ha denunciado abiertamente en debates públicos la ausencia de una consulta por parte de la multinacional El Cerrejón para llevar a cabo proyectos de expansión en territorio Wayuu; la situación de las víctimas Wayuu del conflicto armado; las condiciones de empobrecimiento de las comunidades y cómo se ven afectadas la niñez y las mujeres. Además ha señalado públicamente la corrupción a la que sucumben algunos líderes Wayuu. Sus acciones se han traducido en una afrenta abierta que las confronta con una exacerbada violencia.


Agronegocios, minería, explotación petrolera, turismo, hidroeléctricas y eólicas son los actuales rostros de una renovada frontera de expansión económica que busca expulsar de sus territorios a pueblos que legalmente han adquirido derechos a la participación y consulta sobre los "intereses que los afecten".


Las mujeres purépecha del Municipio Autónomo de Cherán, que en abril de 2011 encabezaron la revuelta contra los talamontes que acosaban su comunidad, agrediendo sus bosques y amenazando la pureza de sus aguas, me enseñaron también que los "malos" –los delincuentes y agresores organizados– se suman a los otros agentes de la corrupción y la discriminación económica y nacional: trata de personas, despojo maderero, contrabando, asesinato de dirigentes son crímenes relacionados con el intento de etnocidio.


Asimismo, las mujeres zapotecas de Teitipac, en los Valles Centrales de Oaxaca, cuando en febrero de 2013, junto con los hombres de su comunidad, decidieron en Asamblea General expulsar a la compañía minera Plata Real, filial de la canadiense Linear Gold Corporation, por la contaminación generada en sus mantos freáticos durante los trabajos de exploración en su territorio, me insistieron que no puede haber libertad para ellas si el agua está contaminada para sus hijos.


Las inmensas torres de los molinos de viento de las compañías eólicas transnacionales, también han despertado el enojo de las mujeres zapotecas. En Juchitán, junto con los hombres de su comunidad, declararon el 27 de marzo de 2013: "ante los embates de la nueva forma de conquista, colonización y privatización, las comunidades y pueblos zapotecos e ikoojts del Istmo de Tehuantepec, Oaxaca, en un marco de legalidad y respeto a las decisiones comunitarias tomadas en asambleas, protegen, preservan y exigen sus derechos a la consulta y al consentimiento libre, previo e informado, previstos en los numerosos instrumentos internacionales, como lo es la Declaración Universal de Derechos Humanos, Pactos Internacionales de derechos Civiles, Políticos, Económicos, Sociales y Culturales, el artículo 6 y 7 del Convenio sobre pueblos indígenas y tribales, 1989, de la Organización Internacional del Trabajo, artículo 19 de la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, artículo 2 de la Constitución Federal, artículo 16 de la Constitución de Oaxaca y la Ley de Derechos de los Pueblos y Comunidades Indígenas de Oaxaca".


La situación del pueblo Mapuche en Chile y del pueblo Lenca en Honduras delata con creces la contradicción entre el derecho alcanzado y el incremento de la persecución que los y las zapotecas reclaman.


El 27 de marzo de 2013, en Temuco, las autoridades tradicionalesy espirituales del pueblo Mapuche rechazaron la estrategia que implementa el estado chileno para diferenciar entre las y los "Machi pacíficos", de otros y otras Machi. Eso es, diferenciar las y los dirigentes espirituales que aceptan los beneficios y financiamientos de un estado que los coopta y aquellas/os que se niegan a ello. Como cualquier curandera, las machi ven su ciencia afectada por la contaminación y depredación del propio territorio. "Muchos espacios están invadidos por forestales, proyectos mineros, hidroeléctricos, turísticos y latifundistas lo que impide la recolección de lawen para dar alivio a la gente, también (estas compañías) producen la escasez de agua vital para cualquier ser humano", afirmaron las autoridades tradicionales. "Vemos con preocupación la situación que atravesamos diferentes comunidades en el Wallmapu, por la usurpación, represión y aniquilamiento sistemático que el Estado ejecuta sobre nuestro pueblo, atacando nuestras diferentes expresiones de vida, violentando nuestros lugares sagrados como Nguillatuwe, Paliwe, cementerios, Tren-Tren, Winkul, Menocos, ríos, vertientes, etc., afectando directamente el desarrollo de nuestras expresiones religiosas y la labor de nuestros Machi".


A la luz de esta y más denuncias, así como de la violencia que los aparatos represivos de estado despliegan contra los pueblos originarios cuando defienden el agua, el aire, la tierra, el subsuelo como elementos sagrados de la vida, adquiere mayor relevancia la categoría de "territorio cuerpo-tierra", producida por el feminismo comunitario xinka de La Montaña Xalapan, en Guatemala. Según esta categoría resulta evidente que "defender un territorio ancestral de la minería sin defender a las mujeres de la violencia sexual es una incoherencia". Lo dice Lorena Cabnal, feminista comunitaria que no elude la denuncia del capitalismo y el colonialismo que someten a su pueblo, ni del patriarcado mixto, fruto del entronque del patriarcado cristiano colonialista con el patriarcado ancestral, que pervive en su comunidad.


Paralelamente, no puede soslayarse que la preparación de las mujeres y hombres de los diversos pueblos y nacionalidades precipitaron la celebración de la Primera Conferencia Mundial sobre los Pueblos Indígenas, en Nueva York el 22 y 23 de septiembre de 2014. La reunión permitió compartir puntos de vista y mejores prácticas para hacer efectivos los derechos de las mujeres y las niñas de los pueblos; eso es, para realizar los objetivos de la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas.


Las mujeres ya no toleran la presencia policial y el acoso de los policías durante sus actividades diarias. Quieren regirse por leyes que revisan comunitariamente y no ser perseguidas por los uniformados hasta dentro de sus casas. En septiembre de 2014, después de la masacre de 8 personas, en San Juan Sacatepéquez, Guatemala, las mujeres presentaron más de 68 denuncias individuales de acoso sexual por parte de policías y soldados. Además formularon denuncias colectivas de acoso sexual de miembros de las fuerzas gubernamentales, en contra de mujeres, incluyendo niñas de 11 y 14 años. Les resultó clarísimo que para desarrollar sus actividades cotidianas deben exigir que no se las limite.


Así como a las mujeres yaqui, les queda clarísimo que quieren seguir en la lucha con los hombres para la defensa del agua y el territorio antes de ponerse a debatir sobre las formas propias de organizarse para sus derechos. Más cuando el estado arresta y condena a sus portavoces. Lo mismo hicieron las mujeres de la organización Comunidad Campo Maripe, del pueblo Mapuche, que en octubre de 2014 obtuvieron en Argentina la inscripción de su personería jurídica por parte del gobierno, superando la postura oficial de negar la identidad mapuche en lo relativo a las acciones que afectan al territorio.


Sin omitir la importancia de los acontecimientos de los meses pasados, y plenamente consciente de que el pensamiento de las feministas de los pueblos indígenas de Nuestra América sigue avanzando en sus formulaciones, debates y acciones entre mujeres, me atrevo a publicar de nuevo este libro. Feminismos desde Abya Yala no es sino un primer paso hacia la escucha de las ideas producidas desde sistemas políticos y teorías del conocimiento no occidentales por feministas que hablan una cualquiera de las 607 lenguas no coloniales sobrevivientes de Nuestra América.


Agradezco infinitamente la apertura y la voluntad de comprensión de muchas intelectuales, feministas, dirigentes políticas y mujeres de saber y fuerza espiritual que, a pesar de la cerrazón del sistema educativo que me ha formado, han aceptado hablar conmigo, darme a conocer sus teorías políticas, dejarme convivir con ellas en sus comunidades y compartir sueños. Han demostrado una madurez que todavía le falta a la academia y a los movimientos políticos blancos y blanquizados.


Agradezco las correcciones y aclaraciones que recibí después de la primera redacción de este libro, aunque algunas de ellas en un principio hirieron mi amor propio.


Agradezco a la tierra, el viento, el agua, el fuego que me acompañaron mientras me lancé a los caminos que me conducían al sur desde México, la tierra que me ha acogido hace 35 años.


Y agradezco a muchas feministas autónomas, críticas y en marcha hacia la despatriarcalización y descolonización de Nuestra América, que desde la Academia y el accionar entre mujeres me ayudaron a no perder el rumbo de la reflexión sobre las formas posibles de liberación política, sexual, educativa, económica, artística de las mujeres en sociedades que queremos más justas para todas y todos.

 

Francesca Gargallo Celentani
Ciudad de México, 27 de octubre de 2014

*Reimpresión ealizada por ediciones Desde Abajo en enero de 2015.

No. de páginas: 292

PVP: $ 37.000

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ALAI AMLATINA, 28/01/2015.- 1. El sistema mediático contemporáneo demuestra capacidad de fijar sentidos e ideologías, seleccionando lo que debe ser visto, leído y oído por el conjunto del público. Por más que existan por parte de lectores, oyentes y telespectadores expectativas y respuestas diferenciadas a los contenidos recibidos, son los grupos privados de comunicación que prescriben orientaciones, enfoques y énfasis en los informativos; cuáles son los actores sociales que merecen ser incluidos o marginalizados; cuáles las agendas y pautas que deben ser destacadas o ignoradas.

Los medios difunden juicios de valor y sentencias sobre hechos y acontecimientos, como si estuvieran autorizados a funcionar como una especie de tribunal, sin ninguna legitimidad para eso. Su intención, asumida pero no declarada, es diseminar contenidos, ideas y principios que ayuden a organizar y unificar la opinión pública en torno a determinadas visiones de mundo (casi siempre conservadoras y sintonizadas con el estatus quo).

Los medios eligen los actores sociales, articulistas, analistas, comentaristas y columnistas que deben ser prestigiados en sus vehículos y programaciones. En la mayor parte de los casos, como observa Pierre Bourdieu, estos portavoces nada no hacen más que reforzar el trabajo de los "think tanks" neoliberales en favor de la mercantilización general de la vida y la desregulación de las economías y los mercados. En efecto, los "intelectuales mediáticos" o "especialistas" dicen todo aquello que sirve a los intereses de clases e instituciones dominantes, combatiendo y descalificando ideas progresistas y alternativas transformadoras.

Los grupos mediáticos mantienen también acuerdos y relaciones de interdependencia con poderes económicos y políticos, en busca de presupuestos de publicidad, patrocinios, financiaciones, exenciones fiscales, participaciones accionarias, apoyos en campañas electorales, concesiones de canales de radiodifusión, etc. No son neutros y exentos, como quieren hacer creer; son parciales, toman partido, favorecen los intereses mercantiles, defienden posiciones políticas, combaten ideológicamente a los opositores.

2. Los medios se apropian de diferentes léxicos para intentar colocar dentro de sí todos los léxicos, a servicio de sus objetivos particulares. Palabras que pertenecían tradicionalmente al léxico de la izquierda fueron resignificadas durante la hegemonía del neoliberalismo en las décadas de 1980, 1990 y parte de 2000. Cito, de inmediato, dos palabras: reforma e inclusión. De la noche a la mañana, pasaron a ser incorporadas a los discursos dominantes y mediáticos, en sintonía con el ideario privatista. Se trata de indiscutible apropiación del repertorio progresista, que siempre asoció reformas al imaginario de la emancipación social. Las apropiaciones tienen el propósito de redefinir sentidos y significados, a partir de ópticas interpretativas propias.

3. Al celebrar los valores del mercado y del consumismo, el sistema mediático subordina la existencia al mantra de la rentabilidad. La glorificación del mercado consiste en presentarlo como el ámbito más adecuado para traducir anhelos, como si sólo él pudiera convertirse en instancia de organización societaria. Un discurso que no hace más que realzar y profundizar la visión, claramente autoritaria, de que el mercado es la única esfera capaz de regular, por sí misma, la vida contemporánea. Los proyectos mercadológicos y los énfasis editoriales pueden variar, menos en un punto: las corporaciones operan, consensualmente, para reproducir el orden del consumo y conservar hegemonías instituidas.

4. Los discursos mediáticos están comprometidos con el control selectivo de las informaciones, de la opinión y de los juicios de valor que circulan socialmente. Eso se manifiesta en las manipulaciones de los noticieros y la interdicción de los puntos de vista antagónicos, afectando la comprensión de las circunstancias en que ciertos hechos acontecen (generalmente los que son contrarios a la lógica económica o a las concepciones políticas dominantes).

Los medios masivos buscan reducir al mínimo el espacio de circulación de ideas contestatarias – por más que estas continúen manifestándose y resistiendo. La meta es neutralizar análisis críticos y expresiones de disenso. Un ejemplo de lo que acabo de decir son los enfoques tendenciosos sobre las reivindicaciones de movimientos sociales y comunitarios. Son frecuentemente subestimadas, cuando no ignoradas, en los principales periódicos y telediarios, bajo el argumento falaz de que son iniciativas "radicales", "populistas", etc. La vida de las comunidades subalternas y pobres está disminuida o ausente en los noticieros.

5. El sistema mediático rechaza cualquier modificación legal que ponga en riesgo su autonomía y sus ganancias. A cualquier movimiento para la regulación de la radiodifusión bajo concesión pública, reacciona con violentos editoriales y artículos que presentan los gobernantes que se solidarizan con la causa de la democratización de la comunicación como "dictadores" que quieren sufocar la "libertad de expresión". Es una grosera mistificación. Lo que hay, en verdad, es el bloqueo del debate sobre la función y los límites de la actuación social de los medios. Las grandes empresas del sector no tienen ninguna autoridad moral y ética para hablar en "libertad de expresión", pues niegan diariamente la diversidad informativa y cultural con el control selectivo de la información y la opinión. Se confunden intereses empresariales y políticos con lo que sería, supuestamente, la función de informar y entretener. Todo eso acentúa la ilegítima pretensión de los medios hegemónicos de definir reglas unilateralmente, inclusive las de naturaleza deontológica, para colocarse por encima de las instituciones y los poderes constituidos, ejerciendo no la libertad de expresión, sino la libertad de empresa.

6. Los conglomerados detienen la propiedad de la mayoría de los medios de difusión, la infraestructura tecnológica y las bases logísticas, lo que les confiere dominio de los procesos de producción material e inmaterial. La digitalización favoreció la multiplicación de bienes y servicios de infoentretenimiento; atrajo players internacionales para negocios en todos los continentes; intensificó transmisiones y flujos en tiempo real; y agravó la concentración en sectores complementarios (prensa, radio, televisión, internet, audiovisual, editorial, telecomunicaciones, publicidad, marketing, cine, juegos electrónicos, móviles, plataformas digitales, etc.).

Todo eso hace sobresalir nuevas formas de plusvalía en la economía digital: la tecnología que posibilita sinergias y convergencias; el reparto y la distribución de contenidos generados en las mismas matrices productivas y plataformas; la racionalidad de costes y la planificación de inversiones.

Se origina de ahí un sistema multimediático con flexibilidad operacional y productiva, que incluye amplia variedad de iniciativas y servicios digitales, flujos veloces, espacios de visibilidad, esquemas globales de distribución, campañas publicitarias mundializadas y técnicas sofisticadas de conocimiento de los mercados. La finalidad es garantizar el mayor dominio posible sobre las cadenas de fabricación, procesamiento, comercialización y distribución de los productos y servicios, incrementando la rentabilidad y los dividendos monopólicos.

 

Por Dênis de Moraes, investigador senior del Consejo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (CNPq) y de la Fundación Carlos Chagas Filho de Amparo a la Investigación del Estado de Río de Janeiro (FAPERJ), de Brasil. Autor, entre otros libros, de Medios, poder y contrapoder, con Ignacio Ramonet y Pascual Serrano (Biblos, 2013), La cruzada de los medios en América Latina (Paidós, 2011) y Mutaciones de lo visible: comunicación y procesos culturales en la era digital (Paidós, 2010).

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Miércoles, 28 Enero 2015 06:27

Modelo Globo

El canal Telefe concluyó en los primeros días de 2015 la emisión de Flor del Caribe, telenovela en la que la Red Globo, multimedios dominante en Brasil y que suele jaquear a los gobiernos del Partido de los Trabajadores con operaciones diversas y sofisticadas, propone un singular modelo de organización social, en el que los blancos y los militares y la fe son los únicos capaces de resolver conflictos complejos y dramáticos.


Globo es uno de los productores de telenovelas más grandes del mundo. Sus emisiones llegan a 90 países y en nuestra región tiene alianzas con Telefe, Canal 13 de Chile y Azteca de México, entre muchos otros. Decenas de millones de brasileños pueden recibir en algún momento del día, aunque no lo busquen ni deseen, un contenido del multimedios, a través de su canal central, los regionales, radios, diarios, revistas y la multiplicada presencia en Internet.


Flor del Caribe transcurre en Villa de los Vientos, balneario paradisíaco sobre el Atlántico, cercano a Natal, capital del estado de Río Grande del Norte, noreste, que tuvo protagonismo modesto en la Segunda Guerra, cuando Estados Unidos desplegó allí una base aérea por la ubicación estratégica de la ciudad, el punto más cercano al continente africano. Con autoría de Walter Negrâo y dirección de Jaime Monjardim, la telenovela transcurre por los andariveles conocidos del malo que traiciona al amigo bueno y quiere quedarse con su mujer, en un ir y venir incesante de traiciones y celadas. Pero el producto es más complejo ya que, acorde con su tendencia, Globo se ocupa de salpimentar los asuntos amorosos y el desfile de cuerpos bronceados en las playas y aguas turquesas con toques de realismo político: el abuelo del malo, por ejemplo, es un criminal de guerra holandés activo en el Holocausto y que, con identidad falsa, construyó un imperio económico en Brasil. Lo políticamente correcto es que termina en prisión, juzgado en Alemania.


El modelo que Globo propone para la historia de obvio final feliz es una suerte de "sueño del pibe" de la derecha brasileña: en Villa de los Vientos la justicia sólo se logra con la acción de "los tenientes", oficiales de la base de la fuerza aérea en la región. Lateralmente, la policía hace alguna intervención, pero no se ven autoridades civiles en ninguna ocasión, no aparecen jamás, porque la organización social que Globo propone no los quiere.


"Los tenientes" capturan al criminal nazi, impiden asesinatos, le dan una mano al bueno —ex aviador militar— cada vez que tiene un problema, y hasta ayudan a pintar su casa. El comandante, además, tiene tiempo para construir con un joven del pueblo una reproducción de un "plato volador" que cree haber visto en la infancia. Siendo que los militares son así de buenos y nos garantizan cuanto necesitamos, ¿para qué querríamos política, elecciones y funcionarios civiles?


La complejidad del mensaje está dada a la vez por una mirada bonachona, liberal en el buen sentido, ante avatares incontrolables, como el embarazo que llega antes del casamiento o el muchacho joven y musculoso que se enamora de una mujer madura. En fin, gente moderna, pero hasta ahí nomás, porque se deslizan a la vez escenas de conservadurismo recalcitrante sobre la mujer. Por caso, la pareja estelar va a ver una casa para vivir, y al momento de discutir precio y condiciones, ella se retira y él se queda a solas con el vendedor. En la escena siguiente aparece anunciando la compra, mientras ella toma un té y cuida a los niños. Cuando dos hermanos, dos amigos, tienen que discutir un asunto importante, la mujer de la casa se retira prontamente, para prepararles un bocadillo o un refresco.


No se discute de riqueza y pobreza en Villa de los Vientos: los desplazados reciben la ayuda de una ONG formada por los pudientes, y con eso ya estamos bien. En momentos dramáticos, cuando una tragedia está por abatirse sobre los protagonistas, no falta un personaje que le encomienda a Dios arreglar el asunto. Y a él se le atribuye toda felicidad: cuando la pareja estelar se casa, en el brindis alguien exclama: "Gracias al Santísimo". Unos segundos antes ellos salieron del templo y los primeros en presentar honores son los militares, bayonetas en alto.


Y algo infalible en gran parte de la televisión brasileña: aunque 52,2 por ciento de los 3,1 millón de habitantes de Río Grande del Norte viene de la mezcla de razas, los tres personajes principales son blancos, de máxima blancura, así como los abogados, la mayoría de los tenientes, el delegado policial. Mestizos y negros pueden verse, sí, trabajando en las minas o en la pesca.


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¨Nada justifica el asesinato.¨ Esa es la premisa que subyace bajo la mayoría de artículos, columnas de opinión, debates y discusiones que giran alrededor del mismo tema: el atentado al semanario francés Charlie Hebdo. Un ataque a la libertad de expresión, un acto terrorista injustificado, un desfase de la libertad de prensa o un chiste cruel justificado como derecho fundamental; se le ha llamado de casi todas las formas habidas y por haber.


Como tal, la premisa es totalmente cierta: nada justifica el asesinato. Sin embargo, por tratarse del acto más mortal de terrorismo en Francia desde el 18 de junio de 1961, cuando 28 personas murieron en un atentado a un tren realizado por la Organización del Ejército Secreto durante la guerra de Argelia1, es irremediable que el hecho cause revuelo en todo el mundo, pero así mismo, en la vorágine de una opinión pública indignada y molesta, es fácil precipitarse a dar juicios de valor con un conocimiento superficialmente peligroso del tema; no se trata solo de un atentado en respuesta a una caricatura insultante, el problema tiene muchos más matices.


Para ejemplificarlo puede aludirse a un caso local: la caricatura hecha por el dibujante belga ¨Pad'r¨ durante el Campeonato Mundial de Fútbol Brasil 2014, la cual fue publicada en la Radio Televisión Belga Francófona (RTBF), y en la que aparecían tres jugadores colombianos aspirando cocaína en el campo de juego. Con el título de ¨Colombia respira confianza¨, un caricaturista hizo uso de su libre expresión y, según el gobierno nacional, fue una muestra de evidente discriminación que ofendió a todo un país; un país cuya guerra y continuo derramamiento de sangre tiene una de sus principales causas en el tráfico de estupefacientes, donde el mayor corruptor de la política ha sido el narcotráfico, y donde, en definitiva, entre los 48 millones que habitan el país, existen más individuos dedicados a dignificar las víctimas de un conflicto financiado, entre otros factores, por las drogas que capos del narcotráfico.


¨Pad'r¨ se limitó a expresarse partiendo de arquetipos que obvian la cantidad de aspectos que rodean el narcotráfico en Colombia. Así mismo, alrededor del atentado al semanario están girando muchas opiniones sin contexto alguno. Con el fin de matizar el hecho, a continuación se exponen las diferentes miradas que, si bien no abarcan la complejidad relativa al atentado, esbozan sus diferentes aristas para entender que, a la hora de opinar, todos tienen la razón y a la vez, ninguno la tiene.


Gerard Biard - Redactor jefe de Charlie Hebdo


Cada vez que dibujamos una caricatura de Mahoma, cada vez que dibujamos caricaturas de profetas, cada vez que dibujamos una caricatura de Dios, defendemos la libertad de religión. Pensamos que Dios no debe ser una figura política o pública. Debe ser una figura privada. Sí, es también la libertad de expresión, pero es la libertad de religión, pues esta no debe ser un argumento político.


Creemos que la religión no tiene lugar en el discurso político, porque si entra en el discurso político, el discurso político se vuelve totalitario. El laicismo es el garante de la democracia, de que tanto los creyentes como los demás vivan en paz. No se puede culpar a los periódicos que trabajan con gran dificultad en los regímenes totalitarios de no publicar un dibujo por el que, en el mejor de los casos, puedes ir a la cárcel y, en el peor, te enfrentas a la pena de muerte. En cambio, seré crítico con los periódicos que se publican en los países democráticos. Es un símbolo de la libertad de expresión, la libertad de religión, la democracia, la secularidad. Aquellos que se negaron a publicar la caricatura, insultaron a los ciudadanos.


Gobierno iraní


La libertad de expresión debe usarse para impulsar la comprensión entre las religiones, Afganistán ha sufrido muchos años de guerra y violencia, más que cualquier otro país, y es necesario entender y promover la coexistencia entre todos los pueblos del mundo. Todas las partes deberían desistir de tales prácticas, que crean una atmósfera de división y rechazo. De igual forma, reiteramos nuestra condena a los ataques a víctimas inocentes en París, pues el terrorismo no tiene nada que ver con el islam.

 

Papá Francisco


Cada uno tiene el derecho de practicar su propia religión sin ofender, libremente. No se puede ofender, o hacer la guerra, matar en nombre de la propia religión, es decir, en nombre de Dios, es una aberración. Esto es lo principal de la libertad de religión: se debe hacer con libertad, sin ofender, pero sin imponer y sin matar. Cada uno no sólo tiene la libertad, sino que tiene el derecho y la obligación de decir lo que piensa para ayudar al bien común. Tenemos la obligación de decir abiertamente, tener esta libertad, pero sin ofender. No se pude provocar, no se puede insultar la fe de los demás.


Es decir, ¡hay un límite! Cada religión tiene dignidad, cualquier religión que respeta la vida, la persona humana. Y yo no puedo tomarle el pelo. Y esto es un límite. Tomé este ejemplo de límite, para decir que en esto de la libertad de expresión hay límites.

 

Héctor Abad Faciolince – periodista colombiano


El semanario Charlie Hebdo usaba, en la mejor tradición ilustrada francesa, la mejor arma para combatir la violencia y el fanatismo: hacer pensar con la risa. Mediante la caricatura y la crítica feroz se reían de judíos, musulmanes, católicos, capitalistas, etc. Esta publicación no es ni mucho menos —como insinúan algunos ignorantes locales— un arma de la derecha racista y colonial. Era (¡y seguirá siendo!) una publicación iconoclasta y libertaria. Para ellos no son sagrados ni el papa ni el profeta ni Israel, y ni siquiera la libertad de expresión —echaron a un antisemita de la redacción—. Todo está sometido al escrutinio crítico, y a la prueba suprema de la burla y el desprecio.


El terrorismo nos enseña que ha llegado el momento de luchar contra la sumisión. No podemos someternos a su espantoso chantaje. Tanto los musulmanes (muslim quiere decir sometido, rendido a Dios) como los no creyentes tenemos que luchar con la risa y con la razón contra la sumisión.


José Antonio Gutiérrez - militante libertario irlandés y escritor


No se trata de inocentes caricaturas hechas por libre pensadores, sino que se trata de mensajes, producidos desde los medios de comunicación de masas, cargados de estereotipos y odios, que refuerzan un discurso que entiende a los árabes como bárbaros a los cuales hay que contener, desarraigar, controlar, reprimir, oprimir y exterminar. El actor español Willy Toledo decía, en una declaración polémica -por apenas evidenciar lo obvio-, que "Occidente mata todos los días. Sin ruido". Y eso es lo que Charlie y su humor negro ocultan bajo la forma de la sátira.


No me olvido de la carátula del N°1099 de Charlie Hebdo, en la cual se trivializaba la masacre de más de mil egipcios por una brutal dictadura militar, que tiene el beneplácito de Francia y de EEUU, mediante una portada que dice algo así como "Matanza en Egipto. El Corán es una mierda: no detiene las balas". La caricatura era la de un hombre musulmán acribillado, mientras trataba de protegerse con el Corán. Por eso no soy Charlie, pues para mí la vida de cada uno de esos egipcios acribillados es tan sagrada como la de cualquiera de esos caricaturistas hoy asesinados.


Julio González Zapata - profesor de Derecho y Ciencias Políticas


Hay que pensar el derecho a la libre expresión cuando se trata de asuntos religiosos, porque una opinión diferente y sobre todo, cuando tiene tintes de mofa y cinismo, puede ser tomada por un creyente como un insulto. Pero creo que ese derecho no puede permitirle burlarse de las creencias ajenas y ridiculizar sus dioses, sus profetas, sus prácticas, sus ritos o sus mitos. Podemos decir que no los compartimos, que no encontramos en ellos ningún valor, pero de ahí a ridiculizarlos hay un camino que es necesario evitar. Eso no es libertad de expresión, sino irrespeto, insulto y un ataque a las creencias de otras personas, que no tiene ninguna justificación.


Y me temo que ahora la libertad de expresión, sirva de pretexto para atacar una religión, para denostar a sus creyentes como infieles, terroristas, bárbaros y para darle argumentos a las potencias de occidente para seguir atacando a los pueblos de oriente. Los derechos, o mejor, la invocación oportunistas de los mismos, puede servir para justificar guerras y exterminios. Lo importante es distinguir hasta dónde llegan los derechos y a partir de dónde se utilizan como pretextos, para encubrir lo que no se puede decir claramente.
Brigitte Nacos - periodista, escritora y profesora de Ciencia Política


Creo que la gente con valores culturales y/o religiosos diferentes –incluidas sus perspectivas sobre libertades civiles– pueden vivir juntos y hasta aprender del otro en tanto nadie fuerce a aquellos con otros valores y actitudes a que adopte los propios. Esto es, desde luego, un problema particularmente difícil si uno de los lados recurre a la violencia para prevalecer.


El derecho a la libertad de expresión y de prensa se defiende con facilidad si se está de acuerdo con los puntos de vista que se expresan; es mucho más difícil de defender cuando uno rechaza profundamente las opiniones manifestadas. Pero con la libertad de expresión viene lo bueno y lo malo en una democracia.

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Luego de cinco meses de negociación y planeación entre las comunidades indígenas y el Gobierno, se acordó la realización de un articulado en el Plan Nacional de Desarrollo que incluye algunas de las propuestas realizadas por las comunidades ¿Cuál fue el proceso que tuvieron que llevar las organizaciones indígenas para ser escuchadas? ¿Cuándo se efectuará lo acordado?

 

Desde el pasado 13 de enero, representantes de 104 pueblos indígenas llegaron a la capital colombiana con el objetivo de ser incluidos en el Plan Nacional de Desarrollo del siguiente cuatrienio y coordinar las propuestas en la Mesa Permanente de Concertación (MPC) junto al Gobierno.

Sin embargo, tres días después de llegar a la ciudad las organizaciones indígenas se declararon en asamblea permanente, tras no encontrar respuestas favorables por parte del Gobierno Nacional para redondear el PND.

"Trabajamos juiciosa y sinceramente unas propuestas que fueron pactadas en el proceso de Consulta y que tienen una negativa rotunda por parte del gobierno para ser incorporadas al Plan Nacional de Desarrollo", explicó la Organización Nacional Indígena de Colombia (Onic) en su comunicado de prensa del 19 de enero.

La elaboración de las propuestas de las organizaciones indígenas, tal y como lo redacta la Onic, fue el resultado de 41 reuniones de consultas previas sobre las bases del PND en el territorio, llevadas a cabo ente el 21 de noviembre y el 12 de diciembre del 2014 por las mismas comunidades: la Organización de los Pueblos Indígenas de la Amazonía Colombiana (Opiac), la Confederación Indígena Tayrona (Cit) y las Autoridades Indígenas de Colombia (Aico).

Estas propuestas fueron enviadas a las entidades del Gobierno Nacional el 26 de diciembre para su estudio y preparación de respuestas, sin embargo al no obtener réplica las comisiones técnicas de las organizaciones indígenas decidieron desplazarse a tierras capitalinas.

Solo hasta el 19 de enero, día en que fue realizada la reunión de alto nivel con el Ministro del Interior y el Director del Departamento de Planeación, se descongelaron los diálogos con el Gobierno, avanzándose en la revisión de propuestas en 4 de los 6 ejes transversales del PND.

Entre lo acordado se encuentra la creación de una ventanilla única para gestionar proyectos propuestos desde las comunidades indígenas y un presupuesto indicativo que oscilará entre 8 y 11 billones de pesos, asignables dependiendo de la fluctuación económica del país, por lo que situaciones como el precio del crudo influenciarán directamente en la suma que le corresponderá a esta parte de la población colombiana.

Otro tema por considerar, poco discutido en la opinión pública, es el derecho de los pueblos indígenas de hasta un 8 por ciento de asignación de regalías derivadas de la explotación de hidrocarburos. "La ley de regalías dice que tenemos hasta un 8 por ciento de los recursos, sobre todo en los fondos regionales, entonces pedimos a Planeación que garantizara ese 8 por ciento en la asignación de recursos", agregó Julio César Estrada.

"El Gobierno no tenía claro cómo asignar los recursos, nosotros le planteamos al director del DNP que era necesario hablar de unos cupos indicativos para no entrar en discusiones que no iban a ningún lado. Cupos indicativos que no garantizan una suma en concreto y lo entendemos así por lo que esta sucediendo con la economía del país", comentó Estrada, vocero y delegado de la Amazonía Colombiana.

Es probable que el afán de las organizaciones indígenas en asignar los cupos indicativos sea debido a experiencias como las vividas con el delineamiento del PND del primer periodo del gobierno de Juan Manuel Santos, donde fueron aprobadas y concertadas propuestas –como la Ley de Lenguas, el Programa de Garantías y los Planes de Salvaguarda, del decreto 4633–, pero que no tuvieron recursos asignados para su implementación.

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Martes, 27 Enero 2015 07:58

''Somos un chingo de indignados''

"Le apostaron al olvido... y aquí estamos''. Virtualmente proscrita del discurso presidencial a partir de este año, Ayotzinapa volvió a las calles. Diseñada para colapsar la ciudad y acorde con el estribillo clásico, de norte a sur y de este a oeste, la octava Jornada por Ayotzinapa, en demanda de la presentación con vida de los 43 normalistas desaparecidos, esparció por toda la metrópoli el reclamo social. Desde Indios Verdes, Taxqueña, Zaragoza y el Auditorio Nacional, las marchas se prolongaron casi todo el día y confluyeron al atardecer en el Zócalo.

 

A un mes de la última movilización masiva en la capital, y tras un largo periodo vacacional, la protesta volvió a las calles. Era el día 26 del mes convertido en día de luto y de lucha, al cumplirse un mes más –ya son cuatro– de aquella jornada de terror en Iguala. Esta vez se optó por asfixiar la capital. Las cuatro principales arterias (Tlalpan, Insurgentes, Reforma y Zaragoza) fueron intransitables por las marchas de ''pies cansados'', que se realizaron deliberadamente pian pianito.


A las 10 de la mañana comenzó la operación. Desde Tlalpan sale el contingente llegado desde Guerrero y que encabezó un grupo de los padres y madres de los 43 desaparecidos. Maestros de la Coordinadora Estatal de Trabajadores de la Educación de Guerrero (Ceteg) y estudiantes de Ayotzinapa salieron rumbo al Zócalo. Seis horas duró el trayecto, con dos mítines intermedios y sólo un momento de tensión: el paso por el cuartel de Guardias Presidenciales, ubicado en Tlalpan y Viaducto.


Desde el norte, otro grupo de familiares marchó arropado por profesores de Chiapas, Hidalgo, Distrito Federal, Veracruz, Jalisco, San Luis Potosí, Puebla, Tlaxcala, Sinaloa, Sonora y Zacatecas. Hicieron varias pausas a lo largo del trayecto, pero la más tensa fue frente a la sede nacional del PRI, en Buenavista.


Muy temprano, Paseo de la Reforma se vio saturado a la altura del Auditorio Nacional por miles de maestros de la sección 18 de Michoacán, quienes acompañaron a los familiares de los normalistas. Fueron siete paradas las que hicieron a lo largo de las glorietas. Decenas de ciudadanos salieron al paso de este contingente para mostrar su apoyo y solidaridad y exigir justicia. Un joven padre se encaramó sobre la base de una luminaria para mostrar una sencilla cartulina: ''Hijo, no quiero que seas un 43, por eso salgo a las calles...''


Al oriente marcharon los docentes de Oaxaca, quienes acompañaron a otro grupo de paterfamilias, que en cada una de las paradas exigían investigar al Ejército. Con el atardecer, contingentes universitarios, sindicales y de diversas organizaciones se suman a la marcha central, cuyo trayecto fue del Auditorio Nacional al Zócalo. Si las movilizaciones matutinas fueron esencialmente magisteriales, con aportes de grupos campesinos llegados desde Chiapas, por la tarde la pluralidad se hizo presente.


Entre la Diana Cazadora y el Ángel de la Independencia, un grupo lanza consignas con una rúbrica inusual: ''Ayotzi, aguanta, la Iglesia se levanta. Era un ''movimiento ecuménico'' conformado por católicos y evangélicos, explicó el pastor Ricardo Guillermo, quien expresó: ''Jesús dijo: 'bienaventurados los que buscan la justicia'. Y en eso estamos''. A unos pasos, una religiosa de la congregación de las Hijas del Espíritu Santo lanza encendidas consignas por la aparición con vida de los 43 normalistas.


Más adelante, integrantes de la Unión Nacional de Marionetas condenaron la ''inacción gubernamental'' en torno a Ayotzinapa. Dijeron que, desde su origen, ''el títere ha sido un rebelde, un contestatario'', como refirió Sara Guzmán, en cuyas manos fantasmas de rostros endurecidos acompasaban sus gritos contra la barbarie cometida en Iguala. Llenos de rabia e indignación, estudiantes universitarios también inundaron las calles con pancartas y cartulinas en las que una frase sintetizó su sentir: ''prohibido olvidar''. Ya en el mitin del Zócalo el mensaje fue muy claro: ''Si creen que su hipótesis convencerá al pueblo y a nosotros, se equivocaron desde el comienzo''.


Al final, una vieja consigna con nueva fecha: ''26 de septiembre... no se olvida''. Concluía así la jornada. Alguien dijo: ''No marchamos juntos ni al mismo tiempo, pero seguimos siendo un chingo de indignados''.

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Lunes, 26 Enero 2015 06:52

Los que alimentan el hambre

La transformación de la comida en un medio de especulación financiera ya lleva más de veinte años. Pero nadie pareció notarlo demasiado hasta 2008. Ese año, la gran banca sufrió lo que muchos llamaron "la tormenta perfecta": una crisis que afectó al mismo tiempo a las acciones, las hipotecas, el comercio internacional. Todo se caía: el dinero estaba a la intemperie, no encontraba refugio. Tras unos días de desconcierto muchos de esos capitales se guarecieron en la cueva que les pareció más amigable: la Bolsa de Chicago y sus materias primas. En 2003, las inversiones en commodities [materias primas] alimentarias importaban unos 13.000 millones de dólares; en 2008 llegaron a 317.000 millones. Y los precios, por supuesto, se dispararon.


Analistas nada sospechosos de izquierdismo calculaban que esa cantidad de dinero era quince veces mayor que el tamaño del mercado agrícola mundial: especulación pura y dura. El Gobierno norteamericano desviaba cientos de miles de millones de dólares hacia los bancos "para salvar el sistema financiero" y buena parte de ese dinero no encontraba mejor inversión que la comida de los otros.


Ahora en la Bolsa de Chicago se negocia cada año una cantidad de trigo igual a cincuenta veces la producción mundial de trigo. Digo: aquí, cada grano de maíz que hay en el mundo se compra y se vende —ni se compra ni se vende, se simula cincuenta veces—. Dicho de otro modo: la especulación con el trigo mueve cincuenta veces más dinero que la producción de trigo.


El gran invento de estos mercados es que el que quiere vender algo no precisa tenerlo: se venden promesas, compromisos, vaguedades escritas en la pantalla de una computadora. Y los que saben hacerlo ganan, en ese ejercicio de ficción, fortunas.


Y los que no saben contratan programadores de computación. Más de la mitad del dinero de las Bolsas del mundo rico está en manos del HFT (High Frecuency Trading), la forma más extrema de especulación algorítmica o automatizada. Son muchos nombres para algo muy complicado y muy simple: supercomputadoras que realizan millones de operaciones que duran segundos o milisegundos; compran, venden, compran, venden, compran, venden sin parar aprovechando diferencias de cotización ínfimas que, en semejantes cantidades, se transforman en montañas de dinero. Son máquinas que operan mucho más rápido que cualquier persona, autónomas de cualquier persona. Me impresiona que los dueños de la plata pongan tanta plata en las manos —llamémosles manos— de unas máquinas que podrían despistarse y cuyo despiste podría costarles auténticas fortunas: que tengan tal confianza en la técnica o, quizá, tal avidez.


Los HFT son la especulación más pura: máquinas que sólo sirven para ganar plata con más plata. Son operaciones que nadie hace sobre contratos que no están hechos para ser cumplidos acerca de mercaderías que nunca nadie verá. La ficción más rentable.


La máquina giraba a mil por hora. Aquel día, 6 de abril de 2008, una tonelada de trigo había llegado a costar 440 dólares. Era increíble; sólo cinco años antes costaba tres veces menos: alrededor de 125. Los cereales, que se habían mantenido en valores nominales constantes —que habían, por lo tanto, bajado sus precios— durante más de dos décadas, empezaron a trepar durante el año 2006, pero en los primeros meses de 2007 su ascenso se había vuelto incontenible: en mayo, el trigo pasó los 200 dólares por tonelada, en agosto los 300, los 400 en enero; lo mismo sucedía con los demás granos.


Y, como dicen los negociantes, el mercado alimentario tiene una "baja elasticidad". Es su forma de decir que, pase lo que pase con la oferta, la demanda no puede cambiar tanto: que, si los precios suben mucho, se puede postergar la compra de un coche o de una zapatilla, pero muy poca gente acepta de buena gana postergar la compra de su almuerzo.


El aumento no tenía, por supuesto, una causa exclusiva. Una de ellas fue el aumento extraordinario del precio del petróleo, que en esos días de abril bordeaba los 130 dólares por barril, el doble que 12 meses antes. El petróleo es tan importante para la producción agropecuaria que un ensayista político inglés, John N. Gray, dijo hace poco que "la agricultura intensiva es extraer comida del petróleo". Se refería, entre otras cosas, a ese cálculo tan cacareado que dice que producir una caloría de comida cuesta siete calorías de combustibles fósiles.


El precio del petróleo influye en el precio de los alimentos de varias maneras. Los alimentos incluyen en su costo una parte significativa de combustible: en su producción —por las máquinas rurales y porque la mayoría de los abonos y pesticidas contienen alguna forma de petróleo—, en su transporte, en su almacenamiento, en su distribución. Pero, además, el aumento del precio del petróleo le dio más entidad todavía a los famosos agrocombustibles.


Empezaron llamándolos biocombustibles; últimamente, grupos críticos insisten en que el prefijo "bio" les presta una pátina de honorabilidad ecológica que no merecen —y postulan que los llamemos agrocombustibles—. Parece que lo agro no está tan cotizado como lo bio en la conciencia cool. Pero hay gente que paga mucha plata para conseguirles buena prensa: en el año 2000 el mundo produjo 17.000 millones de litros de etanol; en 2013, cinco veces más: 85.000 millones. Y nueve de cada diez litros se consumieron en Estados Unidos y Brasil. (...)


Y es otra forma de usar los alimentos para no alimentar.


Y un negocio de primera para muchos.


El agrocombustible es la penúltima respuesta a la superproducción de granos que complica desde hace décadas a la agricultura norteamericana. En el último medio siglo las técnicas agrarias mejoraron como nunca, los subsidios a los granjeros aumentaron muchísimo, y sus explotaciones consiguieron rendimientos inéditos: no sabían qué hacer con tanto maíz, con tanto trigo. En la segunda mitad del siglo XX Estados Unidos se enfrentó a un problema con pocos antecedentes en la historia de la humanidad: la superproducción de alimentos. Parece un chiste que ése fuera el problema del mayor productor de comida de un mundo donde falta comida.


Entre otros efectos, la superproducción mantuvo muy bajos los precios de la comida durante un largo periodo. Uno de los primeros usos de ese excedente fue político: la exportación, bajo capa de ayuda, de grandes cantidades de grano. Ya hablaremos del programa Food for Peace. (...)


Después vendrían otros usos: jarabes de maíz —gran endulzador de la industria alimentaria—, detergentes, textiles y, últimamente, el agrocombustible.


El etanol norteamericano está hecho de maíz. Estados Unidos produce el 35 por ciento del maíz del mundo, más de 350 millones de toneladas al año. Una ley federal, la Renewable Fuel Standard, dice que el 40 por ciento de ese grano debe ser usado para llenar los tanques de los coches. Es casi un sexto del consumo mundial de uno de los alimentos más consumidos del mundo. Con los 170 kilos de maíz que se necesitan para llenar un tanque de etanol-85, un chico zambio o mexicano o bengalí puede sobrevivir un año entero. Un tanque, un chico, un año. Y se llenan, cada año, casi 900 millones de tanques.


El agrocombustible que usan los coches estadounidenses alcanzaría para que todos los hambrientos del mundo recibieran medio kilo de maíz por día.


El Gobierno americano no sólo obliga a usar el maíz para empujar coches; también entrega a quienes lo hacen miles de millones de dólares en subsidios. (...) El aumento de la demanda de maíz producida por el etanol es responsable de un porcentaje importante —que nadie puede definir con precisión— del aumento del precio de los alimentos.
Un ejemplo: muchos granjeros del Medio Oeste americano dejaron de cultivar el maíz blanco que vendían, entre otros, a México – para pasarse al amarillo que se usa para hacer etanol. Entonces los precios de la harina se duplicaron o incluso triplicaron en México y miles de personas salieron a la calle. Lo llamaron la revuelta de las tortillas.


En Guatemala no salieron. En Guatemala la mitad de los chicos están malnutridos. Hace veinte años Guatemala producía casi todo el maíz que consumía. Pero en los noventas empezaron a llegar los excedentes americanos, baratísimos por los subsidios que recibían en su país, y los campesinos locales no pudieron competir con esos precios. En una década la producción local había disminuido una tercera parte.


En esos días, muchos campesinos tuvieron que vender sus tierras a empresas que ahora plantan palmeras para hacer aceite y etanol, caña para azúcar y etanol. Y los que pudieron seguir cultivando las suyas encontraron más y más dificultades: amenazas armadas para que las vendan, propietarios que prefieren dejar de alquilarles las suyas para trabajar con las grandes compañías, grandes plantaciones que se llevan el agua o la envenenan con sus químicos.
El problema se agudizó en los años siguientes: los americanos empezaron a usar su maíz para hacer etanol y los precios subieron, y subieron más con los grandes aumentos que precedieron a la crisis de 2008. Ahora, en las tortillerías guatemaltecas, un quetzal – unos 15 centavos de dólar– compra cuatro tortillas; hace cinco años compraba ocho. Y los huevos triplicaron su precio porque los pollos también comen maíz.


Son ejemplos.


Pero no creo que nadie lo haga para perjudicar a nadie. Quiero decir: no es que las autoridades y los lobbies y los productores agrícolas americanos quieran hambrear a los chicos guatemaltecos. Sólo quieren mejorar sus ventas y sus precios, depender menos del petróleo, cuidar el medio ambiente – y eso produce ciertos efectos secundarios: sucede, qué se le va a hacer.


Recuadro

Por qué hice este libro


Lo hice porque, en algún momento, creí que no podía no hacerlo. Pero escribir El Hambre fue, probablemente, el trabajo más difícil que encaré en mi vida. De la Bolsa de Chicago a las fábricas de Bangladesh, de los hospitales de Níger a los basurales de Buenos Aires, de la guerra civil de Sur Sudán a las explotaciones chinas en Madagascar, del moritorio de la Madre Teresa de Calcuta a los morideros suburbanos de Mumbai, me pasé años recorriendo la geografía del hambre para contar y analizar la mayor vergüenza de nuestra civilización: que cientos de millones de personas no coman lo suficiente en un planeta que produce alimento de sobra para todos.

Publicado en Economía

 

Su ágil castellano se lo debe en buena medida a su ascendencia: madre española, al igual que su abuela paterna, y abuelo cubano. Pero la práctica del idioma, en verdad, vino en su etapa universitaria, cuando pasó un par de años en Madrid estudiando, y luego en Estados Unidos, su país de origen, trabajando con diferentes comunidades latinas de sectores generalmente excluidos de las bondades del sistema de salud. "A mí siempre me ha llamado la atención que en un país como los Estados Unidos, con tantos recursos, haya mucha desigualdad, haya inequidad, en términos de quién tiene acceso y quién no", señala la doctora María Fernández, especialista en Educación para la Salud de la Universidad de Texas.


En Buenos Aires disertó en el "Taller de Introducción a la Planificación de Programas e Investigación en Implementación", organizado por el Instituto Nacional del Cáncer (INC), del Ministerio de Salud de la Nación. En un alto de la actividad, dialogó con Página/12, para dar su visión sobre la salud, el trabajo con sectores vulnerables y las nuevas líneas de investigación que se abren para poder darles un curso eficaz a los programas de promoción para el control del cáncer.


–Un sanitarista argentino que fue ministro de Salud de la provincia de Buenos Aires en la década del setenta y en la del ochenta, el doctor Floreal Ferrara, decía que la salud es la solución del conflicto. Tal vez esta definición se proponía discutir con la más ampliamente aceptada por los organismos internacionales, como la Organización Mundial de la Salud (OMS), que ven la salud como el logro de un bienestar físico y psicológico. ¿Cuál es la concepción de la salud con la que trabaja usted?


–Yo creo que concuerdo más con la definición de la OMS. Pero lo que sí pienso es que la salud es más que la ausencia de enfermedad, ése es el concepto clave, en el sentido de que tiene que ver con estar bien. Porque una persona que tiene una enfermedad crónica creo que todavía puede tener buena salud, en el sentido de que dentro de esa situación en la que está puede tener una calidad de vida buena. Entonces, yo creo que la salud tiene que ver con el bienestar físico y emocional, con la definición de la salud de la OMS, pero también creo que, cuando hablamos de salud pública, de promoción de la salud, también nos tenemos que enfocar en los problemas que existen en una comunidad y en cómo resolverlos. Creo que hay mucha polémica y discusión sobre si algo es prevención de enfermedad o si es promoción de salud, y entiendo el porqué de eso, porque queremos que la definición de salud sea más amplia y no solamente la ausencia de enfermedad. Pero aun así creo que se pierde mucha energía y tiempo en ese tipo de discusión, y que lo que es más productivo es que estemos de acuerdo en la meta, pero que para llegar a esa meta se tienen que identificar y solucionar problemas. Y no sé cuál era el enfoque de esta persona que usted nombraba, pero quizás un poco iba por ahí, que si hay conflictos de política, de recursos y personales, pues eso puede ser una barrera, crea esa brecha entre el estado actual y la meta, que es el estado de salud.


–¿Cuál es idea de promoción que tiene usted?


–Bueno, la promoción de la salud es un campo muy grande, va mucho más allá de la educación para la salud, la educación para la salud es una parte, pero la promoción trata de aumentar la calidad de vida. Y la calidad de vida de mucha gente está afectada por enfermedades crónicas o infecciosas. Entonces, la promoción de la salud trata de identificar tanto los factores personales, de comportamiento, y del entorno, del ambiente en que uno está, identificar esos factores que influyen en la salud e intervenir para cambiar esos factores. Por ejemplo, intervenir para que las personas empiecen a tener mejores estilos de vida, mejores hábitos personales, pero también intervenir en que se cambie el entorno. Hace tiempo yo creo que se enfocaba demasiado en la persona y no se consideraba el modelo ecológico, que quiere decir que la persona vive y funciona dentro de un sistema, tiene un entorno interpersonal, un entorno de organización, si está en la escuela o en el trabajo, luego la comunidad, y la sociedad. Una persona y sus comportamientos y su salud están afectados no solamente por lo que él o ella haga, sino también por el entorno en el que está. Entonces, desde la promoción de la salud se analizan esos factores que influyen en la salud y la calidad de vida, y se intenta intervenir. Y la intervención puede ser una intervención de educación al paciente, a la persona, a la comunidad, pero también puede ser una intervención de cambios de políticas. De hecho, en los Estados Unidos, por ejemplo, las cosas que han tenido mayor impacto en la salud han sido cambios de políticas: leyes del uso de cinturón de seguridad en el auto, leyes de prohibición de fumar en sitios públicos, todo eso tiene un impacto enorme en la salud.


–Muchas de las investigaciones que focalizan en el tema de la promoción de la salud y la educación para la salud en las comunidades, en general suelen poner el acento en el comportamiento o las creencias de los individuos, pero queda desdibujado el estado en el que se encuentra el sistema de salud al que deben acudir esas comunidades para darle cauce a una conducta que tal vez sería más adecuada para el cuidado de su salud. Por ejemplo, se investiga por qué las mujeres se hacen o no el Papanicolaou o el examen clínico mamario con cierta regularidad, pero no se analiza en simultáneo qué pasa con el sistema de salud que debería recibir a esas mujeres para que pudieran hacerse esos controles en tiempo y forma.


–Sí, es totalmente verdad, que muchas veces se habla de estilos de vida, de cambios que uno tiene hacer para ser más saludable, pero no se considera el entorno en que se encuentra ese individuo, y parte de ese entorno son los servicios de salud. Si quieres intervenir en cambiar una situación de salud en una comunidad o en una población más grande, se tienen que analizar cuidadosa y sistemáticamente no solamente los comportamientos que contribuyen a ese problema, sino también todos los factores del entorno, incluyendo el servicio de salud, porque si no es muy difícil cambiar. Un ejemplo en concreto: en los Estados Unidos, sobre todo en los barrios pobres, hay lo que se llaman "desiertos de comida", que quiere decir que en esos barrios es muy difícil encontrar frutas y verduras. Hay tiendas que venden comida, pero no tienen ni frutas ni verduras. Entonces, no se puede motivar a una persona, y cambiar su actitud y deseo y conocimiento para que comas más frutas y verduras, si no existe posibilidad de adquirirlas en donde ella vive. Si tiene que gastar más dinero para hacerlo, entonces el cambio no va a ocurrir.


–¿Qué soluciones hallaron para ese problema?


–Hay muchas intervenciones que analizando el problema se enfocan no solamente en la educación de las personas sino también en cambios en la comunidad. Por ejemplo, ahora están surgiendo muchas huertas urbanas, también negociando con los comerciantes y haciendo precios especiales. Porque, claro, los comerciantes decían: "¿Por qué voy a pedir frutas y verduras si se van a estropear aquí porque nadie la quiere?". Entonces se trata de crear la demanda y también el acceso. Ese tipo de programas de promoción de la salud que se enfoca en varios niveles es el que tiene más éxito.


–¿Cómo empezó a trabajar con el tema cáncer, sobre todo con minorías de su país, como mujeres afroamericanas o hispanas?


–Bueno, a mí siempre me ha llamado la atención que en un país como los Estados Unidos, con tantos recursos, haya mucha desigualdad, haya inequidad, en términos de quién tiene acceso y quién no. Yo sé que en todos los países existe cierta desigualdad socioeconómica, pero me parece vergonzoso que en los Estados Unidos haya gente que ni siquiera tiene acceso a los servicios de salud. Entonces, quise enfocarme en eso, y aunque yo creo que es difícil para una persona como yo, que soy académica, efectuar cambios en la política nacional, creo que se pueden hacer muchas cosas a nivel local para aumentar el acceso a personas que son más pobres o no tienen seguro de salud, o son indocumentadas. Y también la prevención, porque si se previene una enfermedad, entonces hay menos necesidad luego de tratamientos. Mi opción por las minorías es porque ellos son los que mayormente sufren estas desigualdades. En los Estados Unidos la gente de origen afroamericano tiene mayor tasa de mortalidad de casi todos los cánceres, y los hispanos no tanto, tienen quizá menos en algunos, como el cáncer de mama, pero luego más en otros, como el cáncer cervicouterino. Aun así, los hispanos se están haciendo los controles con menos frecuencia que otros grupos, pues muchas veces, aunque la incidencia sea menor, la mortalidad es más alta. A mí me gusta mucho trabajar con estos grupos, sobre todo de origen hispano, y me ha dado mucha satisfacción que algunos de los programas que hemos desarrollado hayan tenido efecto.


–Por ejemplo, el programa "Cultivando la Salud", que usted dirigió hace más de una década entre mujeres de origen latino de bajos ingresos de comunidades campesinas de Estados Unidos, de la frontera con México. ¿Me puede contar cómo fue esa experiencia?


–Sí, fue con fondos del CDC (Centros para el Control y Prevención de Enfermedades) de Atlanta, para desarrollar un programa de promoción de salud para aumentar el uso de mamografía y Papanicolaou en mujeres que vivían en zonas agrícolas, trabajadoras del campo. En Texas hay lo que se llaman colonias, en la frontera sobre todo, de gente que migra, son trabajadores de campo que viajan siguiendo la cosecha. Entonces, hicimos el programa con mucha participación comunitaria, eso es un proceso en el que yo creo mucho, el hecho de involucrar a la comunidad cuando se está desarrollando un programa. Y también trabajamos con las clínicas comunitarias para asegurarnos de que iban a estar los servicios disponibles cuando mandáramos a las mujeres ahí, e hicimos un estudio que demostró que el programa era eficaz en aumentar tanto el uso de mamografía como el Papanicolaou entre mujeres que nunca se lo habían hecho o que hacía varios años que se lo habían hecho. Y luego se ha extendido por muchas otras partes de los Estados Unidos, y yo he seguido estudiándolo. Una cosa que me interesa también es la adaptación, cómo se tienen que adaptar programas para nuevas comunidades y contextos. Una cosa que hicimos con "Cultivando la Salud" fue adaptarlo para Houston. Fue muy interesante ver cómo se tenía que adaptar la ejecución del programa, porque ya no eran esas colonias semirrurales, sino una ciudad. Por ejemplo, las promotoras de salud que se entrenaban para ir casa por casa no se podían implementar en Houston, porque la gente no se sentía cómoda abriendo la puerta a alguien que no conocía. Entonces, se cambió y se hacían reuniones grupales con las promotoras en lugares comunitarios. Y también hicimos lo mismo en Puerto Rico, donde adaptamos el programa y lo implementamos.
–Muchas veces en promoción de la salud los mensajes que hay que transmitir son bastante complejos, porque por ejemplo en el cáncer cervicouterino o en el de mama no se trata solamente de promocionar una tecnología de detección temprana como el Papanicolaou o la mamografía, sino de informar en qué momento y con qué frecuencia deben realizarse estos controles para obtener los mejores resultados. Lo que en general suele haber en la población que conoce estas tecnologías es una sobreestimación de las mismas, ya que se piensa que cuanto mayor uso se haga de las mismas, mejores van a ser los resultados, cuando en realidad suele ser lo contrario, como en el caso de la mamografía que, utilizada a edades más tempranas o con mayor frecuencia que las recomendadas, puede incrementar el saldo de los resultados "falsos positivos" o "falsos negativos".


–Sin duda hay problema con eso. Yo creo que el cambio de recomendaciones ha causado muchísimas confusiones entre muchas personas (en EE.UU. se pasó de recomendar una mamografía anual a partir de los cuarenta años a una mamografía bienal a partir de los cincuenta años para mujeres sin antecedentes personales ni familiares de cáncer de mama). Y de hecho, hay un campo dentro de la implementación que es la "desimplementación", que es cuando algo ya no está recomendado, como por ejemplo la prueba para detectar cáncer de próstata. La prueba de cáncer de próstata se utiliza mucho y es una prueba que no está recomendada. La recomendación es que el hombre hable con su médico para ver si tiene sentido que se lo haga, pero que todo el mundo se lo haga no está recomendado. Pero lo que pasa es que es una prueba fácil, es un estudio de sangre, y mucha gente se lo hace. Y hay sobre uso de varias tecnologías, y yo creo que mucho tiene que ver con un mal entendimiento, quizás una percepción de riesgo que no es correcta. Lo que sucede es que generalmente estamos trabajando del otro lado, en aumentar la percepción de riesgo porque la gente dice "no, a mí no me va a pasar, yo no necesito eso". Entonces los mensajes son a veces para aumentar la percepción de riesgo, pero también está el otro extremo, la persona que a lo mejor no tiene riesgo o tiene riesgo normal, pero que hace demasiadas pruebas de tamizaje.


–Recién nombró el campo de la implementación, que junto con el de diseminación forman un área de estudio relativamente nueva. ¿Me puede contar de qué trata?


–Lo que sucede es que yo ya llevaba más de diez años desarrollando programas de promoción de salud, y eran programas que tocaban esos diferentes niveles que nombré, y a lo mejor tenían éxito en algún cambio, aumento de realización de mamografía, o de Papanicolaou o lo que fuera, pero luego se quedaba ahí. A lo mejor se mantenía en esa comunidad, a lo mejor no, pero no se extendía a otros lugares. Entonces, para mí personalmente era una frustración. Y yo creo que mi experiencia personal les ocurrió a muchas otras personas, y también en el gobierno mismo de los Estados Unidos se dieron cuenta de que estaban invirtiendo mucho dinero en el desarrollo y evaluación de programas de promoción, pero que eso no se estaba utilizando de manera que pudiera beneficiarse la mayoría del público. Y entonces se crearon unas iniciativas para tratar de entender más por qué se utilizan o no ciertas innovaciones, como un programa de promoción de la salud o una tecnología. Y ya había teorías e investigaciones sobre por qué se usa lo que funciona y por qué no se usa lo que funciona. De ahí es desde donde evolucionó este campo de investigación sobre la implementación y diseminación. Entonces, todo el estudio de implementación y diseminación es el estudio de por qué ciertas innovaciones, sea una política o un programa de promoción de salud o una práctica en una clínica, se adoptan, se implementan y se mantienen. Entonces, hay muchas preguntas sobre este tema, porque hay muchos factores que influyen en decisiones de por qué voy a cambiar lo que venía haciendo a nivel organización, o a nivel comunidad, y qué es lo que tengo que hacer para mantenerlo. Entonces, este campo es el estudio de esos factores, para luego poder intervenir para que se aumente el uso de los programas, políticas y prácticas que funcionan.


–¿Y cuáles serían esos factores?


–Hay muchos modelos de factores que influyen. Por ejemplo, en una clínica, para cambiar una práctica sabemos que influyen varias cosas, algunas son características de la clínica, que no se pueden cambiar, por ejemplo el tamaño. Pero cuestiones como el liderazgo que tiene esa clínica, la comunicación entre las personas que están trabajando ahí, la percepción de lo que se llama "clima de implementación", o sea, la percepción que hay en esta clínica sobre la innovación, sobre el cambio, todos estos son factores que influyen en la implementación, y también las capacidades de las personas que lo tienen que implementar.

Publicado en Internacional
Viernes, 23 Enero 2015 06:48

Caos sistémico y transiciones en curso

La geopolítica nos ayuda a comprender el mundo en que vivimos, en particular en periodos turbulentos como los actuales, cuya principal característica es la inestabilidad global y la sucesión de cambios y oscilaciones permanentes. Pero la geopolítica tiene sus límites para abordar la actividad de los movimientos antisistémicos. Nos proporciona una lectura del escenario sobre el que actúan, lo que no es poco, pero no puede ser la inspiración central de las luchas emancipatorias.


A mi modo de ver, ha sido Immanuel Wallerstein quien ha conseguido bordar de la manera más precisa la relación entre caos en el sistema-mundo y su transformación revolucionaria por los movimientos. En su artículo más reciente, titulado "Es doloroso vivir en medio del caos", destaca que el sistema-mundo se está autodestruyendo al coexistir 10 a 12 poderes con capacidad para actuar de forma autónoma. Estamos en medio del tránsito del mundo unipolar a otro multipolar, un proceso necesariamente caótico.


En periodos de inestabilidades y crisis es cuando la actividad de los movimientos puede influir de modo más eficaz en el rediseño del mundo. Es una ventana de oportunidades necesariamente breve en el tiempo. Es durante estas tormentas y no en los periodos de calma cuando la actividad humana puede modificar el curso de los acontecimientos. De ahí la importancia del actual periodo.


Algunos de sus trabajos publicados en la colección El Mundo del Siglo XXI, dirigida por Pablo González Casanova, abordan la relación entre caos sistémico y transiciones hacia un nuevo sistema-mundo (Después del liberalismo e Impensar las ciencias sociales, Siglo XXI, 1996 y 1998). En Marx y el subdesarrollo, publicado en inglés en 1985, hace ya tres décadas, advierte sobre la necesidad de repensar nuestra metáfora de transición, ya que desde el siglo XIX hemos estado enredados en el debate entre las vías evolutivas frente a las revolucionarias para llegar al poder.


Creo que el punto más polémico, y a la vez el más convincente, es su afirmación de que hemos creído que una transición es un fenómeno que puede controlarse (Impensar las ciencias sociales, p. 186). Si la transición sólo puede producirse como consecuencia de una bifurcación en un sistema en situación de caos, como señalan los científicos de la complejidad, pretender dirigirla es tanto ilusión como riesgo de relegitimar el orden en descomposición si se accede al poder estatal.


Lo anterior no quiere decir que no podamos hacer nada. Todo lo contrario. Debemos perder el miedo a una transición que toma el aspecto de derrumbamiento, de desintegración, la cual es desordenada, en cierto modo puede ser anárquica, pero no necesariamente desastrosa, escribió Wallerstein en el citado texto. Agrega que las revoluciones pueden hacer su mejor trabajo al promover el derrumbe del sistema.


Esta sería una primera forma de influir en la transición: agudizar el derrumbe, potenciar el caos. Como el propio autor reconoce, un periodo de caos es doloroso, pero puede ser también fecundo. Más aún: la transición a un nuevo orden es siempre dolorosa, porque somos parte de lo que se derrumba. Pensar en transiciones lineales y sosegadas es un tributo a la ideología del progreso.


Después de 1994 comenzamos a conocer el segundo modo de influir en la transición, que nos permitió enriquecer las consideraciones anteriores. Se trata de la creación, aquí y ahora, de un mundo nuevo; no como prefiguración, sino como realidad concreta. Me refiero a la experiencia zapatista. Creo que ambos modos de influir (derrumbe y creación) son complementarios.


El zapatismo ha creado un mundo nuevo en los territorios donde se asienta. No es el mundo que imaginamos en nuestra vieja metáfora de la transición: un Estado-nación donde se construye una totalidad simétrica a la capitalista que pretende ser su negación. Pero este mundo tiene, si entendí algo de lo que nos enseñaron las bases de apoyo durante la escuelita, todos los ingredientes del mundo nuevo: desde escuelas y clínicas hasta formas autónomas de gobierno y de producción.


Cuando el caos sistémico se profundice, este nuevo mundo creado por el zapatismo será una referencia ineludible para los de abajo. Muchos no creen que el caos sistémico pueda profundizarse. Sin embargo, tenemos por delante un panorama de guerras interestatales e intraestatales, que se suman a la cuarta guerra mundial en curso del capital contra los pueblos. Estas son algunas situaciones caóticas que avizoramos. Que pueden coincidir, en un mismo periodo, con el caos climático en desarrollo y el caos sanitario, según la previsión de la OMS de la próxima e inevitable caducidad de los antibióticos.


En la historia, las grandes revoluciones se produjeron en medio de guerras y conflictos espantosos, como reacción desde abajo cuando todo se derrumbaba. Durante la guerra fría se difundió la hipótesis de que los contendientes no usarían armas nucleares que aseguraban la destrucción mutua. Hoy ya son pocos los que apostarían en ese sentido.
Ante nosotros está naciendo una nueva metáfora de la transición posible: cuando el sistema-mundo comience a desintegrarse generando tsunamis de caos, los pueblos deberán defender la vida y reconstruirla. Al hacerlo, es probable que adopten el tipo de construcciones creadas por los zapatistas. Así sucedió en las largas transiciones de la antigüedad al feudalismo y del feudalismo al capitalismo. En medio del caos, los pueblos suelen apostar por principios de orden, como lo son algunas comunidades indígenas de nuestros días.


Algo de eso ya está sucediendo. Algunas familias priístas acuden a las clínicas de los caracoles y otras buscan en las juntas de buen gobierno solución justa a sus conflictos. Nunca los pueblos se han pasado en masa a las alternativas sistémicas. Un día lo hace una familia, luego otra, y así. Estamos transitando hacia un mundo nuevo, en medio del dolor y la destrucción.

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