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Es italiano, pero desarrolló su principal trayectoria académica en Ecuador. Allí se dedicó a investigar el origen de las pandillas juveniles, las motivaciones que llevan a su conformación y las relaciones que establecen con el Estado. Aquí, desmenuza sus conclusiones y advierte sobre el papel de los medios de comunicación.

 


–¿Qué representa el lugar de la pandilla para jóvenes que están desprovistos de todo tipo de derechos?

 

–Donde existe, la pandilla representa –para algunos jóvenes– un modo de vida, un modo de existencia y reproducción social. Y es, además, una forma de protegerse de una inseguridad que es previa a estas organizaciones. Esa inseguridad se debe a que algunos barrios no son aptos para la vida, porque han sido abandonados por el mundo adulto, que decidió tener un proyecto de vida que no supone la construcción del lazo social, sino que se resigna a vivir encerrado –tanto del hogar como del trabajo– o incluso a levantar rejas en la precaria construcción de su hogar con tal de tener la sensación de estar seguro. En esos barrios “dormitorio” es muy difícil que sea posible la vida social: no hay gente en la calle porque el barrio no tiene lugares para la diversión, el esparcimiento, la reproducción social. Y los jóvenes y adolescentes necesitan de mayores condiciones de sociabilidad, de ese tránsito por el espacio público, una vida social más amplia que la que querrían tener los adultos. En muchas ciudades latinoamericanas, los jóvenes buscan un modo para apropiarse –o reapropiarse antropológicamente– de estos espacios.

 

–Usted establece una relación entre el imperativo de la violencia y el respeto. ¿Qué significado tiene el respeto en una organización violenta?

 

–El respeto es lo que estructura las relaciones. Sobre todo las relaciones intra e inter pandilla. Es hombre de respecto aquel que se hace respetar por el que está afuera de la pandilla, en otra pandilla u otros jóvenes que pueden estar alrededor. Hacerse respetar supone que el otro te tenga miedo, que entienda y pueda bajar la mirada cuando un joven pasa por ahí. Será persona de respeto el que logra infundir miedo a otros. Es una dinámica de bajadas de miradas, de sumisión, de interiorización, de superioridad de uno hacia otro. Estas cuestiones, que salen de los relatos de los chicos, surgen de la escasez de condiciones que permitan la reproducción social. La condición de respeto reemplaza estos vacíos porque se construye el reconocimiento. Es lo contrario al respeto tal como lo concebimos desde la educación cívica.

 

–¿Es lo contrario porque la única posibilidad de respeto pasa por la violencia?

 

–...Y por el miedo. El respeto es uno de los elementos presentes en la modernidad, una condición que permite que nos reconozcamos y podamos estar juntos. En este caso, se basa en el miedo, no porque se experimente la necesidad de que para estar juntos debamos respetarnos. Son sujetos que han padecido una falta de respeto.

 

–¿Por qué al analizar las pandillas juveniles incluye una “dimensión colectiva de la violencia”?

 

–Es una dinámica que se establece en un horizonte de destinos de masculinidad hegemónica, otro elemento del horizonte simbólico discursivo que da sentido a la acción de la pandilla, junto con el respeto. Ese horizonte de la masculinidad hegemónica es lo que los adolescentes y jóvenes, sobre todo de ciertos sectores populares, van aprendiendo en sus familias y en el colegio, así como en otros espacios donde permanentemente están expuestos. Para ser hombre hay que ser hombres de respeto. Se es hombre desde el momento en que se inferioriza a otro. La masculinidad es un discurso potentísimo, que no sólo tiene que ver con la cuestión del varón, sino que sostiene una concepción de las relaciones sociales. La llamamos hegemónica porque está presente en muchos estamentos.

 

–¿Y la mujer?

 

–La mujer queda subsumida, se comporta de modo similar aunque con una contradicción, porque es un sujeto portador de otra dimensión sexual y, por lo tanto, muchas veces las mujeres son objeto de violación de alguna manera tolerada. Pero al mismo tiempo las mujeres se comportan como los hombres: pueden ser protagonistas de las mismas escenas de violencia de las que son portadores o protagonistas los hombres. Por tener que afirmarse como parte de la pandilla se comportan de modo similar a los hombres. Allí hay otro aspecto sexual que es bastante sórdido.

 

–¿Cuál?

–Hay violaciones; las mujeres son mujeres del líder..., situaciones de ese tipo. Pero las mujeres reproducen el mismo discurso que los varones, que además es sostenido por las madres. Recuerdo que la madre de uno de los chicos me dijo: “A mí me extrañó mucho cuando me dijeron que mi hijo era de los... porque él no sabe pelear”. Esa idea de la necesidad de saber pelear proviene de la madre y no sólo del padre.

 

–¿Qué análisis hace de las lógicas de las políticas públicas, del rol del Estado, frente a la violencia juvenil?

 

–En primer lugar, no hay política pública de juventud, al menos en el Ecuador. Y no hubo política pública de jóvenes migrantes en España. En el caso de España, a raíz de una norma de reagrupación familiar, los adolescentes y los jóvenes del Ecuador iban a reagruparse con sus padres, y eso era todo en términos de marco normativo. Hay normas que facilitan que se reagrupen las familias, pero después el Estado es incapaz de pensar qué hacer con estos jóvenes. Les puede dar una posibilidad de entrar al colegio, pero allí se encuentran con una montaña de problemas y discriminaciones. No hay una política de integración.

 

–¿Qué consecuencias trae esa falta de política de integración?

 

–Que primen las relaciones cara a cara, altamente discriminatorias. La reproducción de todo tipo de discriminación y denigración. Por lo tanto, muchos de estos jóvenes –también en España, donde uno esperaría que estuviesen en otras condiciones– están quizás en las mismas o peores condiciones que las que dejaron en Ecuador. Y cuando saben que hay una organización que se reúne, que habla el mismo idioma y además habla fuerte, no habla suavecito...

 

–¿Qué significa “no hablar suavecito”?

 

–Que no habla sumiso como la madre, que ya asumió la subalternidad porque tiene un proyecto de vida distinto, una estrategia de vida distinta que le permite procesar la sumisión. Ellos no tienen un proyecto de vida, ya que muchas veces se han ido agrupando sin tener la voluntad de hacerlo, y encuentran en esos espacios otra vez la reproducción, la protección, el sentido de la vida, el goce, la diversión.

 

–En la relación pandillas-Estado, ¿cómo ve la responsabilidad legal que el Estado deposita en estos jóvenes y adolescentes?

 

–Retomo la idea de que no hay una política pública. En el Ecuador hay una ley de juventud, pero nunca dio paso a reglamentos y dispositivos para su aplicación. Por lo tanto no hay una política pública, de prevención de un fenómeno como éste. ¿Qué hace el Estado para prevenir el bullying? (N. de la R.: el bullying es un acto de conducta agresiva para hacer daño deliberadamente a otra persona, de manera física o psicológica.) Es una cosa tremenda en nuestros colegios, hay jóvenes que se han suicidado por haber sido objeto de reiterado acoso o linchamientos. El que aguanta es un joven que no quiere entrar en la dinámica del más fuerte, estando al margen de eso se convierte en el objeto de aquellos que siempre quieren ser los más fuertes, que necesitan identificar a alguien como débil. ¿Y qué hace el Estado? La mayor parte de las pandillas en el Ecuador u otras partes del mundo nacen en los colegios. El sistema educativo no sólo no es capaz de generar condiciones para una mayor circulación, un mejor funcionamiento de la población, sino que se transforma en lo contrario: hace que los jóvenes se sientan continuamente denigrados, el maestro contribuye muchas veces a eso.

 

–¿Cómo?

 

–En el Ecuador tenemos varios ejemplos de maestros que abonan ese horizonte de masculinidad hegemónica. No hay una política pública, salvo normativa represiva, una acción policial y punitiva tremenda... la inconsistencia del Estado de Bienestar muchas veces viene compensada por la condición abusiva de la policía, que es la única cara visible de un Estado inconsistente. Estos jóvenes populares se sienten atraídos por ser policías, porque eso los mostraría fuertes, pero a la vez se cagan de miedo frente a la policía: tienen ese amor-odio. Podría contar historias de los más recalcitrantes de líderes que me llamaban de noche para que les diera una mano porque un policía los estaba llevando. Lloraban como niños.

 

–En su libro El lugar de la violencia, usted señala que los medios son “reproductores de un discurso mayor”. ¿Qué rol cumplen los medios en el relato de este tipo de violencia? ¿Cree que la palabra “reproductores” es la más adecuada?

 

–Claro que los medios no son sólo reproductores, también son los que producen el discurso mayor que pretende ser objetivo e incuestionable. Tanto en España como en Ecuador, la única mirada que tiene el común de la gente lega es la mirada de los medios de comunicación... los medios se encargan de representar simbólicamente y alimentar los imaginarios ciudadanos, haciendo el “trabajo sucio” por cuenta del Estado. (Se ríe.) Las violencias grupales juveniles no pueden ser asimiladas a la violencia criminal de las bandas criminales organizadas..., al menos no en un primer momento, después algunas de estas pandillas pueden devenir en otra cosa, como ser capturadas por bandas organizadas, pero ése es otro fenómeno.

 

–Insisto con la pregunta, ¿los medios sólo reproducen ese discurso o disputan poder simbólico con otros actores sociales?

 

–Los medios trabajan directamente con la constitución de la opinión pública, son alimentadores de los funcionarios, aquellos que dan las claves interpretativas de la realidad. Se encargan de sostener la tesis de que estos grupos son los desviados de la norma... se encargan de des-responsabilizar al Estado y decir “no, lo que pasa es que los jóvenes son así: naturalmente violentos”. Esencializan la condición juvenil, y con eso le ahorran un gran trabajo al Estado.

 

–¿Cómo?

 

–Logran que la opinión pública no vea al Estado como uno de los mayores responsables y también al conjunto de la sociedad por no cuestionarlo, por ser pasiva frente a estos temas. Efectivamente, insensibilizan a la opinión pública, ya que por ese proceso de naturalización parece obvio que los jóvenes actúan del modo que actúan. Contribuyen a invisibilizar las condiciones que hacen posible ese fenómeno. No contextualizan, no historizan, no hacen una investigación con fuentes primarias sino que recurren al “monofuentismo” (usar una única fuente de información) de la policía, tribunales de justicia, actores que también hacen el trabajo sucio por cuenta del Estado.

 

–¿Qué es lo que encubren los medios de comunicación desde una “noticia dramatizada” (donde hay buenos y malos, ganadores y perdedores, como en un cuento) cuando cubren este tipo de fenómeno?

 

–Cubren con la objetividad de los hechos... eso no existe. Y encubren las condiciones de posibilidad de la existencia de este fenómeno. A los jóvenes los hacen los únicos responsables de su acción, cuando evidentemente la responsabilidad es, cuanto menos, compartida. Además contribuyen –y eso es lo peor– a empeorar las cosas, porque venden a éstos como sujetos desechables.

 

–En su libro usted sostiene que los medios “no tienen agenda propia” y relacionó esto con la perspectiva de aquellos expertos que miran a los medios como “actores políticos”. En el contexto actual latinoamericano, donde se ve una relación conflictiva entre medios y gobiernos, ¿cómo se construye esa agenda sobre la violencia juvenil, desde medios que ya no se fusionan tan claramente con la palabra del Estado?

 

–Ahora que planteas eso, se me ocurre pensar que desde hace más de cinco años los medios en el Ecuador ya no se ocupan de este fenómeno. O el fenómeno desapareció o ya no les interesa, porque los medios privados de comunicación ya no tienen en el Estado ni en el gobierno una fuente para hacer el trabajo sucio.

 

–¿Pero dependen exclusivamente de esa fuente para hacer el “trabajo sucio”?

 

–Sí, porque dependen de la policía. En Madrid tuve un altercado con un reportero de El País, porque él quería des-responsabilizarse de lo que ese diario había escrito sobre los Latin Kings, diciendo que en el fondo ellos sólo reproducían a la policía y que, en última instancia, el problema estaba en la fuente. ¿Te das cuenta de la barbaridad que decía? ¿Un periodista puede afirmar que el problema está en la fuente y no en él? Lo primero que se me ocurre decirle es: “cambia de fuente”, “diversifícala”. Había un policía que le dijo: “Yo soy fuente pero tú estás haciendo la nota”. Fue una escena emblemática. Los medios a veces se prestan para sostener algún interés de parte de un partido político que aprovecha esa representación mediática de la violencia juvenil para justificar la “necesidad” de una acción represiva. En el Ecuador hay una discusión sobre la baja de la imputabilidad penal a los 16 años, necesitan preparar a la opinión pública para asimilarlo y luego justificar cierto tipo de legislación, el aumento de las policías privadas.

 

–¿Por qué estudiar a los Latin Kings, qué rasgos los volvía interesantes para usted?

 

–¡Qué buena pregunta! Esta organización nació en los años ’40 en Chicago, conformada por inmigrantes, sobre todo puertorriqueños, cubanos y mexicanos. A partir de los ’80 empezaron a definirse como una nación. Esa definición de nación siempre me atrajo mucho.

 

–¿Por qué?

 

–Después de reflexionar mucho empecé a ver que efectivamente era una organización, que tenía tal envergadura en cantidad de miembros y que iba configurando una nación dentro de otra, una nación en lugar de otra. Eso es lo que (Erving) Goffman maravillosamente define como la transformación del estigma en emblema, cuando habla de la carrera del delincuente. Estos grupos son objeto de constante denigración y estigmatización, son tildados como personas desadaptadas y es probable que terminen haciendo esto del modo más espectacular posible. Es como si dijesen: “Si el otro me condena a ser delincuente, seré el mejor delincuente posible”. Entonces el estigma de ser latinos se convierte en el emblema de ser latinos, pero reyes. Hay coronas y hay alturas y beneficencia. Me llamaba mucho la atención esto de la nación. Porque todas las pandillas tienen un nombre, pero ellos se llamaban nación.

 

–¿Qué elementos los convertía en nación?

 

–Ellos tienen una Constitución, y tienen elementos que hacen a una nación, quizá no el idioma pero sí una jerga, un vocabulario... Dos reyes que no se conocen, se reconocen por el modo en que actúan o por un gesto que los hace reconocibles. Yo estuve muy cerca de ellos. Una vez en Madrid, al final de una conversación y viendo que compartíamos algunos saberes, ese chico me preguntó: “¿Pero tú que chapa tienes? ¿Qué King eres?”. Por supuesto que yo no tengo ninguna (chapa), pero sabía mucho por mi investigación. Pero ellos se reconocen, tienen un universo simbólico que comparten, algo que tiene que ver con lo lingüístico, lo gestual. Comparten mínimamente un territorio que se translocaliza. Otro elemento que me atraía mucho es el carácter de transnación: son una nación pero también son transnacionalistas. Ellos dicen que empieza a existir la nación cuando se planta bandera. Ellos tienen el acto de constitución de la nación en el lugar en que se planta bandera, van a tener esa fecha para recordarla así como se recuerdan las efemérides que fundan la nación. Era tan potente esa nación, con una Constitución, manifiestos, propósitos y leyes, que era capaz de refundarse cada vez que fuese necesario. No eran las pandillitas de 20 o 25 personas, como las estudiadas hace muchos años. Hay gente que hoy tiene 40 años y sigue siendo Latin King... porque ellos dicen que un rey es para siempre, aunque ya no sea un King.

Informacion adicional

  • Antetítulo MAURO CERBINO, INVESTIGADOR DE FLACSO ECUADOR, SOBRE CULTURAS JUVENILES
  • Autor Natalia Aruguete
  • País
  • Región Amércia Latina
  • Fuente Página12
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Lunes, 20 de Mayo de 2013 06:48

Guerra infinita

Los militares y sus jefes civiles están muy preocupados por dos fenómenos en las filas de las fuerzas armadas –incremento significativo en los suicidios y en incidentes de agresión sexual– y nadie entiende las razones, o por lo menos eso dicen.

 

Durante los últimos 12 años, con dos guerras, más otras acciones militares, se ha incrementado la tasa de suicidios entre militares en activo, con un nuevo récord de 350 casos en 2012, reportó el New York Times. Esta cifra es el doble de hace una década y superior al número de efectivos muertos en Afganistán ese año. En 2002 la tasa de suicidio entre militares fue de 10.3 por cada 100 mil, hoy es de 18 por 100 mil. A pesar de múltiples investigaciones y programas de prevención, los expertos admiten que no tienen claras las causas.

 

Por otro lado, en lo que algunos califican de “epidemia de ataques sexuales”, el Pentágono divulgó recientemente que el número de personal militar víctima de agresión sexual y delitos relacionados se ha incrementado 35 por ciento en los últimos dos años. En 2012 se reportaron de manera oficial 3 mil 400 casos de agresión sexual en las fuerzas armadas, sólo una fracción de los más de 26 mil que el Pentágono calcula que ocurrieron.

 

Peor aún, algunos de los encargados de abordar y resolver la incidencia de ataques sexuales ahora están acusados de eso mismo. Primero, el jefe de prevención de asalto sexual de la fuerza aérea, el coronel Jeffrey Krusinski, fue arrestado acusado de tocar y atacar a una mujer en Virginia. Diez días después, un sargento del ejército encargado de manejar casos de asalto sexual en Texas fue puesto bajo investigación por acusaciones de “contacto sexual abusivo” y, posiblemente, obligar a una subordinada a la prostitución.

 

A la vez, aunque en casi cada acto oficial, deportivo y hasta algunos culturales los políticos invitan al público a elogiar y expresar su gratitud a las fuerzas armadas por su “sacrificio”, el trato a veteranos y sus familias parece contradecir esos sentimientos. El número de solicitudes por discapacidad registradas en la Administración de Asuntos de Veteranos –la principal agencia federal encargada de apoyarlos, sobre todo en cuestiones de salud– que están acumuladas a la espera de pago (son catalogadas así si no se han resuelto por lo menos en 125 días) ya casi llega a 600 mil y crece cada día.

 

Aunque los fenómenos de suicidio y agresión sexual entre uniformados son asuntos complejos que no tienen una sola causa, no existirían sin el contexto de una superpotencia con capacidad militar sin precedente en la historia, con un gasto militar que representa 41 por ciento del total mundial, según SIPRI, y que vive en algo que ya se asimiló como parte “normal” de la vida estadunidense: la guerra infinita.

 

La “guerra contra el terrorismo” que Estados Unidos declaró después del 11 de septiembre de 2001 es tan solo una parte de la historia bélica de este país, una historia de guerra continua desde sus inicios hasta hoy. Pero, sí parece ser la primera guerra que abiertamente se define como indefinida. La semana pasada, Michael Sheehan, secretario asistente de Defensa para operaciones especiales y conflictos de baja intensidad, fue interrogado en una audiencia en el Senado sobre qué tanto tiempo considera que durará la guerra contra el terrorismo: “por lo menos de 10 a 20 años”, respondió tranquilamente (sin incluir los 12 años que lleva). No sólo no parece haber un límite de tiempo, sino tampoco límite geográfico para esta guerra, ya que se libra desde ciudades de Estados Unidos hasta pueblos de Medio Oriente y África.
Glenn Greenwald, columnista de The Guardian, comenta que “es difícil resistir la conclusión de que esta guerra no tiene ningún otro propósito que su perpetuación. Esta guerra no es un medio para un fin, sino el fin en sí… También es su propio combustible: es precisamente esta guerra sin fin –justificada en nombre de detener la amenaza del terrorismo– la mayor causa de esa amenaza”.

 

El historiador y veterano militar Andrew Bacevich acaba de publicar un libro en el que advierte que la “trinidad sagrada” del poder militar estadunidense, la “huella mundial” del Pentágono y la disposición estadunidense al intervencionismo hoy día generan “una condición de crisis de seguridad nacional permanente”. Eso, afirma, establece la justificación para una condición de guerra sin fin. Mientras tanto, el público ya no cuestiona todo esto, critica el experto.

 

Cuando su hijo, teniente del ejército, murió en combate en Irak en 2007, Bacevich escribió en el Washington Post que los oradores oficiales repiten la línea de que “la vida de un soldado no tiene precio. Yo sí sé qué valor asigna el gobierno estadunidense a la vida de un soldado: me han entregado el cheque”.

 

Si te capacitan para ser participante en esta guerra infinita, te dicen que el enemigo es global, que puede estar a la vuelta de tu casa o en unas montañas o desiertos a miles de kilómetros, te enseñan que la violencia es una respuesta legítima y que tienes el derecho y el deber de usarla, y te dicen que hacerlo es “heroico”, tal vez eso explica algo. Si de repente regresas y no hay empleo, no hay vivienda, y no hay apoyo, ni para las discapacidades que tienes por “defender” a tu patria, y las guerras en que participaste fueron detonadas por engaños y manipulaciones por los comandantes civiles, tal vez eso también explica algo. Tal vez la guerra y la militarización deshumanizan a todos. Tal vez con la guerra no destruyes sólo al enemigo, sino a ti mismo.

 

Tal vez esos son los costos de la guerra infinita.

Informacion adicional

  • Antetítulo American Curios
  • Autor David Brooks
  • País Estados Unidos
  • Región Norte América
  • Fuente La Jornada
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El presidente francés, François Hollande, acaba de iniciar el segundo año de su mandato con una impopularidad de más de 75 por ciento, es decir, de las más altas que haya alcanzado un mandatario, acompañada de un descontento generalizado que llega a las filas de su Partido Socialista (PS).

 

Cierra su primer año con desempleo de 3 millones 224 personas, que sigue al alza a pesar de la promesa de revertirlo a finales de 2013, con una nueva e impopular reforma de las jubilaciones en marcha, con el aumento de los impuestos, con el ejército francés en una guerra en Mali y con sólo dos leyes importantes aprobadas en un año.

 

La ley del matrimonio se esperaba, pero su promulgacion y aplicacion no resolverán nada en cuanto a la crisis política y economica del país. La ley sobre seguridad del empleo, diseñada para satisfacer a los empresarios y votada globalmente –sin el tradicional debate artículo por artículo– en el Senado en estos días, que considera el trabajo, no como la riqueza producida por los trabajadores, sino como costo, el cual ha de reducirse como sea, agravará la precaridad del empleo hasta en los sectores educativo y de salud, favorecerá el trabajo parcial y provocará baja de salario.

 

La segunda conferencia de prensa del presidente, el pasado jueves, ocurrió en el momento en que se confirmaba que Francia había entrado en recesión con dos trimestres seguidos de retroceso del PIB y con el poder adquisitivo de los franceses en baja histórica de casi uno por ciento en 2012. Pese a esos indicadores catastróficos, Hollande ha confirmado su voluntad de seguir aplicando las políticas neoliberales de austeridad impuestas por la Comisión Europea y Alemania.

 

Para él, Francia es y será el motor del cambio europeo cuando la zona euro, y obviamente Francia, está completamente paralizada por políticas de austeridad dictadas por la obsesión liberal de reducir el déficit presupuestal publico, medida reclamada por los mercados financieros. Cuando Hollande propone, para solucionar la crisis (que, al mismo tiempo, afirma que ésta ya quedó atrás), crear “un gobierno économico europeo” con poderes, sólo olvida mencionar que la idea no es nueva y la lanzó Angela Merkel en 2011.

 

Cabe recordar que, pese a lo que afirmó al principio de su mandato, no consiguió modificar una sola palabra del tratado europeo firmado por Sarkozy y Merkel. Intentó presentar todo lo que le impone Alemania y la Comisión Europea (que acaba de otorgar a Francia dos años más para reducir su déficit presupuestal a 3 por ciento; es decir, para terminar las privatizaciones y reformas estructurales, acabar con el código del trabajo y agravar las condiciones para las jublilaciones) como iniciativas propias y decisiones de su gobierno. El Medef, que reagrupa a empresarios, ha manifestado satisfacción considerando que las declaraciones de Hollande “corresponden a su visión”.

 

Frente al ejercicio de malabarismo gubernamental, cuyo objetivo era intentar convencer a los franceses que todo va a cambiar sin cambiar de política, el escepticismo va creciendo y la mayor preocupación de la población sigue siendo el empleo. Según el ministro del Trabajo, Michel Sapin, todo está listo para revertir la curva del desempleo este año y las medidas serán presentadas en la conferencia social del 20 y el 21 de junio con los sindicatos. La medida estrella del gobierno Hollande son los “empleos para el futuro”, dirigidos a los jóvenes sin calificaciones de los suburbios obreros o del campo. Pero, a mediados del año, los cien mil empleos prometidos apenas llegan a 10 mil.

 


El gobierno acaba de ampliar la medida al sector privado y al turismo. Tampoco los 500 mil empleos que deben generarse, en cinco años, con los “contratos de generación” –se contrata a un joven y se mantiene a un senior a cambio de exoneración de cargos sociales– ha encontrado éxito en las filas del sector privado. Todas esas medidas técnicas tendrán, quizá en un tiempo, efecto positivo en las cifras del desempleo pero no son la solución. Bien se sabe que, para solucionar la cuestión de los fondos de jubilaciones y mantener la jubilación por reparto a su nivel actual, habría que crear masivamente empleos y subir el salario minimo a mil 700 euros brutos para reactivar el consumo.

 

Hollande tiene pocas alternativas. En junio, la conferencia social le va a reclamar una nueva orientación de la politica económica y social, lo que descarta totalmente. En entrevista a una revista francesa hace unas semanas, había repetido que este año su equipo de trabajo debe tener resultados en desempleo, vivienda, educación, consumo y la presencia de Francia en el mundo. Pero de ninguna manera se espera que escuche la voz de los que votaron por él hace un año y le dieron cuatro millones de votos. El presidente ha dicho que no considera a “la izquierda de la izquierda” parte de su mayoría y su rechazo personal a la ley de amnistía social para trabajadores despedidos y que, en su desesperanza, destruyeron material en oficinas es preocupante. La violencia de los despidos de hombres y mujeres que trabajaron años en una empresa no se puede comparar a ninguna otra.

 

La ley de amnistía permite reconocer esa intolerable violencia social hacia familias enteras. Preocupante también la manera en que Hollande se vanagloria de hacer lo que no hizo Nicolas Sarkozy: reforma del sector laboral, reducción del gasto público, reforma de las jubilaciones (incluso repitió la frase –que en su tiempo criticó– de Sarkozy “ya que vivimos más tiempo, tenemos que trabajar mas tiempo”.

 

La “izquierda de la izquierda” dio sus votos sin ilusiones pero el rechazo de Hollande a “hacer otra política” como se lo pidieron el 5 de mayo pasado decenas de miles de manifestantes que gritaban ‘resistencia’ en las calles de París, no deja de ser grave. La actitud del presidente, que está traicionando incluso los textos votados por su partido, ha venido a confirmar que el cambio no es ahora como lo pretendía la propanganda socialista.

 

El próximo año, hay comicios municipales y europeos y la extrema derecha se prepara a recoger los frutos podridos de la abstención electoral, consecuencia de una esperanza perdida.

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  • Antetítulo
  • Autor Françoise Escarpit
  • País Francia
  • Región Europa
  • Fuente La Jornada
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Domingo, 19 de Mayo de 2013 06:18

Los movimientos bolivarianos, en la encrucijada

Los indígenas, campesinos, artesanos y obreros de Bolivia crearon e impusieron a Evo, cuyo apoyo político consistió inicialmente en un semipartido ad hoc nacido de los movimientos sociales –el Instrumento Político de los Trabajadores– el cual adoptó la sigla de un pequeño movimiento –derechista, a pesar de su nombre: el Movimiento al Socialismo, al que convirtió en un pool de organismos de masa disímiles (sindicatos campesinos y obreros, organizaciones de mujeres, movimientos indígenas, grupos de intelectuales de izquierda y de centroizquierda). Una vez vencida la resistencia golpista de la derecha clásica y de los poderes regionales autónomos que ésta poseía, sobre todo en el oriente boliviano, aprobada la Constitución, monopolizando el gobierno y las instituciones, y a pesar del gran avance en la economía y en las conquistas sociales, el siempre presente e importante conflicto con la oligarquía y el imperialismo pasó gradualmente a un relativo segundo plano, porque el gobierno y el MAS se enfrentaron cada vez más con su base social.

 

Si alguna vez algún ingenuo pudo creer en el momento de auge del mismo y de la unión aparentemente monolítica del MAS, que el boliviano era “el gobierno de los movimientos sociales”, la realidad ha hecho añicos esa ilusión. El gobierno de Evo Morales y de Álvaro García Linera modificó la nueva Constitución para posibilitar su relección pero, sobre todo, la pisoteó al desconocer las autonomías indígenas, al mismo tiempo que chocó varias veces con los sectores populares que lo apoyaban. Por ejemplo, el aumento del precio del combustible de 80 por ciento provocó un estallido popular y Evo Morales tuvo que anular esa medida, resuelta mientras estaba fuera del país, con la consiguiente pérdida de prestigio. Asimismo, la falta de una consulta previa a los pobladores orientales ocupantes del Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro Sécure y la brutal represión a la marcha a La Paz de éstos, los precipitó a la oposición, con el resultado de que sus tres diputados se fueron del MAS y los indigenistas y ecologistas rompieron con el gobierno. Y últimamente la Central Obrera Boliviana (COB) no sólo ha creado el germen de un partido obrero independiente sino que, además, persiste en una huelga general que el viernes cumplió 12 días.

 

El gobierno alega, con razón, que la derecha y Washington tratan de llevar agua a su molino apoyando a los indígenas mayoritarios en el TIPNIS en su enfrentamiento con el gobierno o respaldando el pedido –insostenible en un régimen basado sobre la propiedad privada de los medios de producción que la COB acepta– de jubilaciones y pensiones con el ciento por ciento del último salario. Pero eso no anula el hecho que el gasolinazo fue un tremendo error político y una imposición inconsulta y brutal, que la falta de consulta y la represión en el caso del TIPNIS violaron la Constitución, los derechos indígenas y humanos, y que los trabajadores están divididos hoy por intereses corporativos. Sea cual fuere la causa y el pretexto, los mineros estatales, los profesores y trabajadores de la sanidad, buena parte de los intelectuales y de los estudiantes que no fueron prooligárquicos, y una parte importante de los indígenas orientales se enfrentan hoy al gobierno y al MAS, que ha roto además con el urbano Movimiento de los Sin Miedo, que era su aliado contra la derecha, y dependen ahora del apoyo de los sindicatos y comunidades campesinas del altiplano. El MAS, por su parte, que era un pool de organizaciones independientes, se convirtió en instrumento del aparato estatal, carece de capacidad de iniciativa y decisión, y sus dirigentes son ministros o parlamentarios mientras el gobierno, por su parte, dejando de lado –salvo en los discursos– el indigenismo y el ecologismo, aplica una desenfrenada política desarrollista y extractivista basada sobre todo en la gran minería.

 


Los ultraizquierdistas, que sólo ven la película de la historia en blanco y negro, vociferan diciendo que el gobierno de Evo Morales es represivo y sirve al capital extranjero. Como hemos dicho cien veces, Bolivia es un país capitalista y tiene un gobierno nacido de una revolución democrática que nunca se planteó como objetivo el socialismo, sino un capitalismo “moderno y decente” (si tal cosa puede existir). Su gobierno reprime pero no se basa en la represión, sino en el consenso de la mayoría campesina de la población, que no quiere defender modos de vida precapitalistas ni es anticapitalista, sino que desea lo que el gobierno ofrece: asistencialismo, modernización capitalista, elevación del nivel de vida y acceso a los consumos superfluos, antiecológicos y nefastos que aún no pueden obtener, cosa que sienten como discriminación. Es más: desde su instalación el gobierno ofreció construir un capitalismo que bautizó como “andino” o “comunitario”, y exhumó las tradiciones y la cultura prehispánica sólo para cubrir una política centralizadora desarrollista, al estilo de la de los años 50. Por tanto, no se le puede acusar de traición.

 

En cambio, sí traicionarán su papel los movimientos sociales opositores si creen posible aliarse con la derecha, si no rompen la visión corporativa que los separa entre sí, si no aceptan con realismo las medidas que son inevitables o que pueden ser beneficiosas para el conjunto de la población, si no presentan un programa nacional para todos los explotados y oprimidos, si no ven más allá de su región o de las fronteras, si carecen de independencia política y de ideas transformadoras. Porque no se puede superar al capitalismo sin crecimiento, eliminación de la miseria y unidad territorial. Lo que está en discusión es quién lo hará y en cuál perspectiva: desarrollista o socialista.

Informacion adicional

  • Antetítulo
  • Autor Guillermo Almeyra
  • País Bolivia
  • Región Sur América
  • Fuente La Jornada
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Viernes, 17 de Mayo de 2013 13:16

Santos podría buscar reelección

El presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, dejó la puerta abierta este viernes a una posible reelección para un segundo mandato en 2014, en el marco de una reunión en la que se oficializó la salida de Germán Vargas Lleras del Ministerio de Vivienda a la Fundación Buen Gobierno. El mandatario afirmó que quiere la reelección de sus principales políticas.


“Quiero que muchas de nuestras políticas continúen más allá del 7 de Agosto de 2014. Quiero que la política de paz sea reelegida, quiero que la política de vivienda del ministro Vargas Lleras sea reelegida, quiero que la política que ha reducido el desempleo sea reelegida y quiero que nuestra política de seguridad sea reelegida. No quiero que los profundos cambios se queden a mitad de camino”, sostuvo Santos durante una rueda de prensa en la Casa de Nariño.


Pese a que no aseguró su reelección, el presidente de Colombia conformó un “equipo de lujo” en caso de que decida oficialmente lanzarse a la Presidencia en 2014.


Sin embargo, Santos aclaró que será respetuoso de las reglas de juego y no tomará ninguna decisión hasta que la ley lo establezca.Además, confirmó el retiro del ministro de Vivienda y del secretario general de la Presidencia, Juan Mesa, quienes trabajaron de la mano y muy cerca del jefe de Estado.


Santos agradeció la lealtad y el compromiso que tuvieron para con el gobierno. Al tiempo que señaló que ahora Lleras estará al mando de la fundación Buen Gobierno y Juan Mesa estará como director ejecutivo de esa misma organización, creada por el dignatario en 1994.
Santos utilizó Buen Gobierno como plataforma para las elecciones de 2010, cuando venció a Antanas Mockus.

 

17 mayo 2013


(Tomado de Telesur)

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Viernes, 17 de Mayo de 2013 13:13

La sociedad de la descolonización

En principio todos estamos contra el colonialismo y contra el patriarcado. Todos defendemos la necesidad de la descolonización y la lucha antipatriarcal, tanto en el pensamiento crítico como en la actividad concreta. Es casi imposible encontrar personas, por lo menos en la izquierda y en los movimientos, que defiendan el machismo y el eurocentrismo colonialista. Sin embargo, las cosas no son tan sencillas cuando se trata de aceptar que el otro, y la otra, son sujetos autónomos. Sobre todo si son indios, negros y pobres.


El colonialismo se nos cuela en el alma y en el cuerpo alentado por inercias tan invisibles como el propio patriarcado. Las opresiones, a diferencia de la explotación, no pueden medirse como se mide la tasa de ganancia o la plusvalía. Son relaciones que nos atraviesan, nos modelan, están tanto fuera como dentro de nosotros y, por lo tanto, no se pueden combatir sin involucrarse integralmente. Sin embargo, la opresión es tan estructural como la explotación capitalista y sus efectos no son menos dañinos.


El sociólogo puertorriqueño Ramón Grosfoguel recupera parte del análisis de Frantz Fanon, quien divide el mundo en dos: “la zona del ser y la zona del no ser”. El complejo entramado de jerarquías de poder puede, en última instancia, reducirse a dos jerarquías que son las que determinan las demás. La opresión racial es el nudo que permite distinguir ambas zonas. Mientras en la zona del ser se reconoce la humanidad de las personas, en la del no ser esa humanidad es negada.


Pero lo fundamental es cómo el sistema gestiona los conflictos en cada zona: “En la zona del ser se usan regulación y emancipación y en la zona del no ser utilizan violencia y desposesión”, señala en una notable entrevista titulada “¿Cómo luchar decolonialmente?” ( Diagonal, 1/4/13). De esa afirmación deduce la necesidad de “teorías críticas diferenciadas que den cuenta de las experiencias histórico-sociales diferenciadas entre zona del ser y zona del no ser”.


Por lo tanto, pretender aplicar las lógicas emancipatorias nacidas en las luchas de los oprimidos de la zona del ser, o sea las concepciones revolucionarias del norte, a la zona del no ser, es tanto como actuar colonialmente. La izquierda blanca aplica un aparato teórico antiesencialista que cuestiona las identidades –dice Grosfoguel–, imponiendo de ese modo su cosmovisión, que necesariamente aplasta o desplaza las cosmovisiones no occidentales. “Para un oprimido arriba de la línea de lo humano (proletario, mujer, queer, nacionalidad, occidental, etcétera), la violencia es una excepción en tu vida”.


No puede existir una teoría revolucionaria única para todo el mundo, ni una sola estrategia válida en todo tiempo y lugar. Por otro lado, es evidente que los “afortunados de la Tierra” y los “condenados de la Tierra” no están divididos por fronteras nacionales y que a menudo viven en un mismo Estado-nación. Las crisis también los afectan de modo diferente, entre otras cosas porque “hay un 80 por ciento de la población de la humanidad que ha estado viviendo en crisis por 500 años”.


Grosfoguel dice que quienes somos blancos y nacimos en la zona del ser no debemos pretender que lo entendemos todo, que nuestras ideas y visiones no son universales, que debemos ser más humildes y estar dispuestos a reconocer la particularidad y limitación de nuestro marco conceptual. Quienes nos formamos en el marxismo, ¿estamos dispuestos a aceptar la carga de colonialismo que supone aplicar ciertas categorías y estrategias ante cualquier situación y en relación con todos los sujetos?


Ciertos conceptos, formas organizativas y modos de hacer nacidos en el combate de la clase trabajadora occidental no deben ser aplicados en toda circunstancia, a riesgo de actuar de modo patriarcal y colonizador. Cuando la Internacional Comunista trasladó a China el mismo esquema de acción nacido en Europa, y promovió las insurrecciones obreras de Cantón y Shanghai, en 1926 y 1927, cosechó la indiferencia de las mayorías, que no se mostraban dispuestas a aceptar la “dirección” del proletariado. Fue Mao quien dio un giro a la lucha revolucionaria china al colocar al campesinado en el centro de la acción y de los modos de hacer la guerra.


En América Latina nos encontramos con pueblos que siempre tuvieron una relación de exterioridad con los estados y aún siguen viviendo y soñando por fuera de la relación estatal. Sienten el Estado-nación como herencia colonial y ni siquiera están cómodos dentro del molde del Estado plurinacional que, dicen, pretende refundar los viejos estados coloniales. Los kataristas bolivianos que suelen expresarse, entre otros, a través del periódico Pukara, sostienen un importante debate sobre la actualidad del colonialismo, al igual que los historiadores mapuches.
¿Estamos dispuestos a revisar los sentidos comunes heredados, como hizo Marx en su intercambio con los populistas rusos, de quienes aprendió que la comunidad rural podía ser el hilo conductor de una transición hacia el socialismo sin pasar por el capitalismo, como pensaba en ese momento toda la izquierda europea? La actualidad de esa polémica estriba en una ética radical que le permitió a Marx aprender de los pueblos “atrasados”.


Someter nuestros saberes a la crítica de los “condenados de la Tierra”, aceptar que ellos y ellas tienen otros saberes no menos ni más valiosos que los nuestros, supone un doble ejercicio: de humildad y de compromiso. Humildad para aceptar las limitaciones de nuestros mundos y saberes, para estar dispuestos a aprender de lo diferente cuando sus portadores (y portadoras) son gentes comunes del color de la tierra.
Compromiso porque a esos saberes no se accede en los lustrosos salones de la academia, ni en las cómodas butacas de las instituciones. Asimilar esos saberes requiere compartir los dolores y las fiestas, las caminatas y las celebraciones de los de más abajo, en sus territorios y en la medida de sus tiempos. Desde tiempos remotos a esa actitud la llamamos militancia.

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  • Autor Raúl Zibechi
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Miércoles, 15 de Mayo de 2013 06:20

Segundas partes nunca fueron buenas

La mayoría de la gente esperaba que la demasiado familiar enfermedad de Washington se declarara, pero pocos predijeron que los síntomas aparecerían tan pronto. Seis meses después de su triunfante reelección, la segunda termitis golpeó al presidente Obama, acosado por escándalos simultáneos que podrían frustrar sus ya débiles esperanzas de pasar la nueva legislación en el Congreso. El giro es tanto más asombroso porque previamente la Casa Blanca de Obama había estado casi libre de escándalos, la única mancha era el fracaso de la empresa llamada Solyndra de energía solar. Pero los republicanos no tuvieron éxito en mostrar que 400 millones del dinero de los contribuyentes que se gastaron en Solyndra no era más que una apuesta a la alta tecnología que se frustraba.

 

Sin embargo, la administración está de pronto a la defensiva en tres frentes: su manejo del período posterior al ataque al consulado en Benghazi en septiembre pasado, el hecho de que las autoridades impositivas les apunten a los grupos políticos conservadores y ahora las escuchas secretas hechas por el Departamento de Justicia a los periodistas de la agencia Associated Press (AP), en su búsqueda por filtrar información sobre el frustrado complot de Al Qaida el año pasado. Nada se acerca a Watergate, que destruyó a Richard Nixon, o el asunto Irán-Contra que envolvió a Ronald Reagan.

 

Tampoco le otorgan todavía a Obama el estatus de “pato rengo” al que, antes o después, cada presidente recibe en su segundo mandato. Pero señalan una verdad eterna. Desde Franklin Roosevelt y su intento de formar una Corte Suprema tendenciosa, Nixon y Watergate, Reagan e Irán-Contra, a Bill Clinton y Mónica Lewinsky, y más recientemente George W. Bush y el huracán Katrina, caos en Irak y la crisis financiera de 2007-2008, los segundos mandatos están donde golpean los problemas.

 

De los tres, el asunto Benghazi parece el menos amenazante. Si se hubieran podido prevenir las muertes del embajador Christopher Stevens y tres miembros de su personal en el ataque terrorista del 11 de septiembre de 2012, no sería más un tema. Lo que les molesta a los republicanos es la manera en la que la administración mostró los ataques. Y su presa es tanto la entonces secretaria de Estado, Hillary Clinton –a quien los republicanos ven como su más potente opositora en el 2016–, como Obama mismo.

 

Las controversias de la AP y de la Dirección General Impositiva (IRS, por sus siglas en inglés) pueden ser más dañinas. En la primera, el Departamento de Justicia está buscando no tanto el servicio de cables como el funcionario que filtró detalles de la operación en 2012 para frustrar un plan terrorista de la rama yemení de Al-Qaida para poner una bomba en un avión comercial con destino a Estados Unidos.

 

Se puede presumir que las administraciones demócratas son más relajadas con las filtraciones que las republicanas. No es así con la de Obama, que inició una acción penal contra seis funcionarios por filtrar información clasificada a los periodistas. El alcance de la investigación, según los expertos legales, es excepcional. En una carta al fiscal general, Eric Holder, Gary Pruitt, el presidente de AP, denunció una intrusión masiva y sin precedentes en la actividad periodística que no tiene justificativo posible y exigió la devolución de las grabaciones.

 

El asunto impositivo puede tener la mayor cantidad de ramificaciones y, por cierto, toca las cuerdas históricas más oscuras. Con su examinación del estatus libre de impuestos del Tea Party y otros grupos políticos de derecha, la dirección general impositiva trajo a la memoria la Casa Blanca de Nixon y su uso de las autoridades impositivas para perseguir a los opositores políticos, salvo que esta vez los roles están revertidos, siendo los conservadores el blanco.

 

En la conferencia de prensa del lunes con David Cameron, Obama describió la conducta del IRS, (que admite que fue inapropiada) como escandalosa. No tenía razón de ser y debe totalmente responsable de sus actos, dijo. Nadie está afirmando que el presidente haya ordenado la investigación, por cierto desde Watergate, los presidentes legalmente no pueden contactarse con el IRS. Que la misma pregunta actuó como ilustración de cómo los escándalos son distracciones para la más disciplinada Casa Blanca. Obama ya está aprendiendo la lección.

 

Por Rupert Cornwell, de The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12

Traducción: Celita Doyhambéhère.

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  • Antetítulo EN EL SEGUNDO MANDATO, OBAMA ESTA A LA DEFENSIVA, RODEADO DE VARIOS ASUNTOS CONFLICTIVOS
  • Autor Rupert Cornwell
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La especialista en medios y educación analiza los usos de los nuevos medios, sobre todo el celular, por parte de chicos y adolescentes. Qué buscan en ellos y por qué se crea un vínculo tan íntimo. La música, la escuela y los amigos en la "generación multifunción".

 

 

El libro Los adolescentes del siglo XXI, los consumos culturales en un mundo de pantallas se basa en encuestas realizadas en 2011 con 1200 chicos de entre 11 y 17 años de escuelas de todo el país. "Se trata de una investigación cuantitativa, esto significa que las conclusiones nos dirán qué consumen culturalmente los adolescentes, pero será más difícil que nos digan por qué lo hacen. Los estudios cuantitativos muestran, no explican", aclara en la introducción Roxana Morduchowicz, la autora del libro y quien elaboró, diseñó y dirigió el estudio cuando trabajaba en el Programa Escuela y Medios del Ministerio de Educación de la Nación. Otro estudio similar se hizo en 2006 y al compararlos surgen varias tendencias que parecen irreversibles: el mundo de los chicos, su personalidad y sus habilidades comunicativas no se juegan en la calle sino en las pantallas.

 

El primer párrafo del libro resume en pleno las nuevas tendencias: "Las casas de los adolescentes tienen más pantallas que libros, diarios y revistas. Todas cuentan con una televisión y seis de cada diez tienen dos o más aparatos. El ciento por ciento de los hogares tiene al menos un celular. Siete de cada diez tienen computadora, y la misma cantidad, lector de DVD. La presencia de las pantallas en las casas donde hay adolescentes creció fuertemente en los últimos seis años". El mayor crecimiento es el del celular. En 2006 su presencia era del 65 por ciento.

 

En diálogo con Página/12, Morduchowicz repasó los principales puntos de la investigación y las características del uso de las tecnologías de comunicación e información. También se explayó sobre los nuevos desafíos que plantea a padres y educadores esta generación "multitasking" o "multifunción", con sus particulares formas de leer y producir a partir de las pantallas, dentro y fuera de la escuela.

 

–Cuando se pregunta qué objeto "más lamentarían perder" y "cuál es el más importante en tu vida" por nivel socioeconómico, aparecen en segundo lugar y con el mismo porcentaje, en chicos con mayores y menores recursos: el celular. ¿A qué cree que se debe?

–El celular es el medio que más creció en los últimos años y el único que no distingue sector social. Prácticamente todos los chicos de 15 a 17 y la muchísimo más que la mitad de 11 a 14 tienen un celular. Básicamente, les permite dos funciones que para los adolescentes son muy valoradas. La primera es comunicarse con amigos. En esta etapa de la vida, es imposible entender la adolescencia si uno no analiza la relación con los amigos. El celular les permite estar comunicados las 24 horas. Y la segunda es escuchar música. La música es el consumo cultural que marca el paso de la infancia a la adolescencia. Los chicos y adolescentes usan la computadora, leen historietas, navegan por Internet, lo que no hacen de la misma manera es escuchar música. Un chico de 8 años puede estar media hora o menos por día escuchando música, un adolescente puede estar 3, 4 y hasta 5 horas. Ya se está estudiando y se sabe en muchos países de Europa, que cuando el acceso a Internet a través del celular sea masivo, va a ser pantalla única para el adolescente.

 

–Algunos teóricos hablan de boom del uso de celulares relacionado a la soledad y las distancias en las grandes ciudades. ¿Cree que influye en el uso o se trata de un fenómeno de hipercomunicación posibilitado por las tecnologías?

–Veo las dos cosas. Y le agregaría una tercera en el caso de los chicos: el carácter portátil del celular y la pertenencia, la propiedad tecnológica. La televisión y la computadora son de la familia, el celular es de él o de ella. Esta propiedad hace que la relación sea más estrecha, íntima, directa. Los chicos le compran la funda, le ponen tal o cual adornito. Por otro lado, dicen que lo que más valoran del celular es sentirse seguros y lo segundo, sentirse acompañados. Efectivamente, en las grandes ciudades, depende en qué barrio uno viva, a veces tiene menos seguridad que en otros, el celular es un reaseguro. De hecho, es el único medio para el cual ellos utilizan este adjetivo: "Seguro". No así con la televisión, que dicen: "Me hace compañía", es decir, muchas veces viene a llenar espacios vacíos. Y hay una cuestión generacional: cuando uno le pregunta por qué no apagan el celular, ya que la mitad no lo hace, contestan: "Lo tengo debajo de la almohada por si algún amigo me necesita". Les permite estar disponibles para los amigos en una etapa donde se juegan las relaciones sociales de una manera muy especial, mucho más que para un adulto.

 

–Este uso indiscriminado tanto del celular y muchas veces de la computadora, ¿puede generar dispersión? ¿Qué incidencia tiene dentro del aula?

–El rol de la escuela, respecto del celular, es muy controvertido en todo el mundo. Se está discutiendo y debatiendo. En principio podría decirse que es distractivo y el chico no podría utilizar el celular si está en clase. Esta fue la primera disposición que se tomó en la Argentina en muchísimas provincias. Se prohibió en clase. Sin embargo se está reviendo porque no todas las escuelas del país tienen acceso a Internet en las aulas. Si un docente está dando clases y hablando sobre la contaminación de un río y resulta que necesita un dato y hay algún chico en el aula que tiene un celular inteligente, entonces ahí hay un uso educativo. Como tienen cámaras, si están haciendo una experimentación, tranquilamente un profesor de ciencia, biología, de botánica, podría decirles a los chicos, saquemos fotos de esta planta, de ese experimento, de esta actividad para después comparar y demás. Las tecnologías, en todas las épocas, tienen un altísimo potencial y un valor educativo o cultural importante. Hay que ver cómo se usa.

 

–¿Y en cuanto a la dispersión?

–A esta generación se la llama, en el mundo, generación multimedia. Y no sólo por la variedad tecnológica de la que dispone, sino por el uso en simultáneo: cuando ven televisión, navegan por Internet, hablan por teléfono, escuchan música y hacen la tarea, todo al mismo tiempo. Es una generación para la cual el zapping, que para mí era una actitud ante el televisor, para la generación actual es una actitud ante la vida. Los medios no se excluyen, se superponen, se integran, se complementan. ¿La atención de los chicos es diferente? Absolutamente, es una marca de esta generación. No hay estudios en el mundo que confirmen, quizás porque es muy pronto, que se registra más fracaso escolar por esta marca juvenil de generación multitasking, como algunos prefieren llamar, "multifunción".

 

–¿Pero influye en no poder mantener la atención en una sola cosa, sea leer un libro o ver una película entera?

–Hay muchísimos estudios que demuestran efectos positivos de esta marca del siglo XXI como efectos negativos. Es positivo la manera de procesar imágenes, contenidos, que es muchísimo más veloz. Como efecto negativo se marcan la dispersión, el no poder concentrarse, el tener que cambiar permanentemente de ventanas, de medio, de soporte, de contenido.

 

–Hay un fenómeno de sobreinformación también.

–Y ahí ponemos el foco en la escuela. La escuela nació con Guttemberg, cuando se creó la imprenta, se hizo necesaria una institución que enseñara a leer aquello que la imprenta ayudaba a difundir. La escuela fue la proveedora de información en los siglos posteriores, pero hoy tiene que redefinir su función porque ya no tiene el monopolio de la información. Información es lo que sobra, los chicos tienen en Internet una biblioteca inmensa, infinita si uno quiere. La escuela tiene que enseñar a interpretar, procesar y evaluar esa información. Por ejemplo, los estudios marcan acá y en el resto del mundo, que los chicos tienen una alta credibilidad respecto de lo que encuentran por Internet. Hay que enseñarles cómo buscar, cuál es la credibilidad de la fuente y a pensar esa sobreinformación que hoy.

 

–¿Cómo influyen en los adolescentes las redes sociales? ¿Por qué tienen tanta importancia?

–La adolescencia todos la recordamos como una etapa donde el cuerpo cambia, se transforma y nada nos conforma a medida que la estamos viviendo. El hecho de no tener la dimensión corporal, es decir una exposición física, hace que los chicos en las redes sociales se desinhiban más porque no precisan mostrarse en una época en el que cuerpo está en transformación y les trae sobresaltos, vergüenza o timidez. Hoy el uso del Facebook está extendido en el 90 por ciento de los chicos de 11 a 17 años, aunque la edad legal para entrar es 14 años. Y se sabe que de los chicos de 11 a 14, seis de cada diez están en alguna red social. El perfil en una red social es mucho más que una página web, pone en juego su propia personalidad. Ensayan, prueban, suben algo en el perfil y si les va bien, después lo incorporan en la vida real.

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  • Autor Emilio Ruchansky
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Miércoles, 08 de Mayo de 2013 06:14

Todos los medios son públicos

¿Los gobiernos (nacional, provincial y municipal) tienen derecho a utilizar los medios públicos estatales para difundir sus políticas y a través de los mismos fijar su posición frente a las polémicas que se plantean cotidianamente desde los demás sectores? Intentaré responder a este interrogante y sumar algunas ideas al pertinente debate propuesto por Hugo Muleiro en Página/12 el pasado 17 de abril.

 

El modelo mediático hegemónico que se instaló en los años noventa disfraza de periodismo independiente su dependencia política, ideológica, técnica y cultural de los grandes grupos concentrados de la economía y del modelo de mercado, que son quienes los sostienen económica y judicialmente. La Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (LSCA) habilitó la legalidad para que otros sectores avancen sobre ese modelo de medios. Así están los medios universitarios, que a partir de la promulgación de la ley accedieron a licencias para manejar frecuencias audiovisuales. Hay otro sector, en el que se incluyen los medios administrados por las micro y pequeñas empresas de arraigo local, el sector cooperativo y comunitario y los pueblos originarios.

 

La distorsión que en los ’90 produjeron los grandes medios concentrados, más conocidos como monopolio mediático, llevó a que la aplicación de la ley (que garantiza espacios para todos) se postergara por más de tres años.

 

En esta distribución de espacios que hizo la LSCA se preservó un 33 por ciento para las organizaciones sin fines de lucro y se garantizaron radios y canales para los pueblos originarios.

 

Pero no todos están en las mismas condiciones para enfrentar el desa-fío de la libertad de expresión. Los únicos que no tienen garantizada su sostenibilidad en el sistema de medios son los del 33 por ciento, los pueblos originarios y las micro y pequeñas empresas de arraigo local.

 

Todos los medios son públicos, sólo se diferencian por su modelo de gestión. Los grandes integran un dispositivo tecno-económico-cultural que promueve el modelo socio-económico-cultural de mercado. Son impulsores de las políticas neoliberales y sostenedores del sistema capitalista, atado a la financiarización de la economía. En ellos se defiende a la banca mundial, la concentración económica, se impulsa el Estado mínimo y la privatización de la sociedad. Condicionan a los gobiernos desde esta posición dominante y sustraen la verdad a los públicos. Públicos que son el sujeto de derecho: a la información y a la libertad de expresión.

 

Los medios estatales manejados por los gobiernos nacional, provincial o municipal, según los postulados de los grandes, tendrían que ser estatales no gubernamentales y en sus contenidos debería reproducirse la agenda que ellos manipulan día a día y en la que nunca se ve, por ejemplo, la obra pública o la gestión gubernamental.

 

Las universidades no han logrado, hasta el momento, entrar al sistema con algún grado de potencia; los casos más destacados son los de Córdoba (que desde la aprobación de la LSCA, logró poner al aire el primer canal de noticias del interior del país y mantener las radios AM y FM y el canal de televisión abierta), y Tucumán y La Plata, que también tienen canales propios con un impacto importante.

 

Ningún sector de los mencionados está en condiciones de enfrentar al monopolio que concentra el manejo del cable, conexión hasta ahora necesaria para que el público acceda a la mayor cantidad de canales de televisión. Es por eso que se demanda un rol activo del Estado y los gobiernos (en todos sus niveles y encuadramientos políticos) para que se garantice el funcionamiento integral del sistema habilitado por la ley.

 

Desde esta posición se puede sostener que ante el predominio del modelo oligopólico de gestión y de producción de contenidos noticiosos, artísticos y de entretenimiento, los gobiernos, a través de los medios estatales, están en todo su derecho de defenderse de los ataques permanentes y tienen la obligación de utilizar el espacio para dar a conocer la gestión gubernamental, negada sistemáticamente por el mercado.

 

En las condiciones en las que se desarrolla hoy el sistema de medios, la democracia (según la ley de SCA) admite medios públicos privados (sin monopolio), medios públicos estatales (manejados por los gobiernos) y medios públicos no estatales ni gubernamentales. Es cuestión de que la democracia (no sólo el kirchnerismo y el Ejecutivo nacional) respete el texto integralmente y garantice su total aplicación. La última palabra para cerrar esta etapa que definirá si la democracia se impone al monopolio la tiene un puñado de personas que integran la Corte Suprema de Justicia.

 


 Por Néstor Piccone, periodista, psicólogo. Integrante de la Mesa de Coordinación de la Coalición por una Comunicación Democrática.

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  • Autor Néstor Piccone
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Cuba es el mejor país de América Latina y el Caribe para que las mujeres se conviertan en madres, indicó hoy el informe Estado de las Madres del Mundo 2013, de la organización de derechos de los niños Save the Children con sede en Londres.

 

El informe anual compara la vida de las madres en 176 países. Se valora la salud materna, la mortalidad infantil, la educación y los ingresos, así como la situación socio-política de las mujeres.

 

Finlandia ocupa el primer lugar en bienestar y el último es República Democrática de Congo. Los otros países nórdicos como Suecia, Noruega e Islandia están en los primeros puestos, mientras los 10 últimos los ocupan países del África subsahariana.

 

En cuanto a América Latina y el Caribe, Cuba es el primer país en aparecer,en el puesto 33, por delante de Argentina (36), Costa Rica (41), México (49) y Chile (51), en contraste con Haití, en el último sitio (164). Otras naciones con puestos relativamente bajos son Honduras (111), Paraguay (114) y Guatemala (128).

 

Cuba fue capaz de colocarse en la cima en América Latina, no obstante el bloqueo comercial impuesto por Estados Unidos, que limita el acceso a medicamentos en la isla. Este embargo es el más largo en la historia moderna.

 

“En América Latina existen enormes disparidades”, dijo el director de Save the Children para la región, Beat Rohr. “Cuando las mujeres tienen educación, representación política y una atención materna e infantil de calidad, ellas y sus bebés tienen mucho más probabilidades de sobrevivir y prosperar, al igual que la sociedad en la que viven”, agregó el funcionario.

 

“Aunque se han logrado enormes avances en América Latina, podemos hacer más para salvar y mejorar la vida de millones de madres y recién nacidos que se encuentran en situación de pobreza”, aconsejó el especialista.

 


En América Latina, las muertes neonatales (ocurridas durante el primer mes de vida), constituyen más de la mitad del total de las muertes de menores de cinco años. Según Save the Children, las principales causas de esas muertes incluyen nacimientos prematuros, infecciones graves y complicaciones durante el parto. No obstante, la mortalidad neonatal en la región disminuyó 58 por ciento en las últimas dos décadas, aunque existe una gran diferencia en la atención disponible para las personas ricas y las de menos recursos, apuntó la organización. En Brasil, Guatemala, México y Perú “se detectan los mayores progresos”, de acuerdo con el informe.

 

Save the Children informó que cada minuto mueren dos bebés en el mundo, lo que aumenta a un millón de recién nacidos por año los que no sobreviven en las primeras 24 horas. La mayoría de esos bebés fallecen de males prevenibles y tratables. Al menos 98 por ciento de las muertes neonatales ocurren en países en desarrollo.

 

En la República Democrática de Congo, el riesgo de morir durante el embarazo o por complicaciones en el parto es de una por cada 30, en Finlandia es una por cada 12 mil 200.

 

“Los gobiernos invierten en la salud materna e infantil, al mismo tiempo que invierten en su futuro. Mientras tanto, podemos identificar medidas que son baratas y versátiles para hacer frente a las causas de muerte en los recién nacidos. Por desgracia, todavía hacen falta mayor voluntad política y financiamiento”, comentó Kathrin Wieland, vocera de Save the Children.

 

Por Xinhua

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