Viernes, 24 Junio 2016 15:40

Rutina teatral

A propósito de la celebración de los cincuenta años del grupo teatral La Candelaria, que por estos días se festeja, en lugar del dilema tradición o innovación, sería más productivo pensar y teorizar el vínculo entre rutina teatral e invención. Ir más allá de la invención, hacia la heurística –el arte de la invención–.

Las imágenes teatrales de La Candelaria tienen un valor universal. En esa medida cualquier público resulta interpelado en su experiencia humana cuando asiste a sus espectáculos y goza como lo hace el grupo, al elaborar esa presencia de lo humano en la obra teatral.

La gracia del teatro auténtico consiste en presentar lo humano en el escenario para regocijo de público y actores. Al hacerlo le permite a cada espectador pensar el tiempo como realidad simbólica intrínseca a la experiencia humana. En El diálogo del rebusque esa característica propia de la imagen teatral la expone el Diablo mayor cuando autoriza al Buscón para contar su historia personal. Le dice: “Cuenta tu historia ante ese público. Te doy un tiempo prudencial para hacerlo. De todas maneras en este terreno (señala el escenario) no se puede permanecer sino un tiempo muy medido, que no es el de la vida que es de ellos, ni de la muerte que es lo nuestro”.

Ese tiempo que el dramaturgo construye y que cristaliza en la imagen teatral realizada colectivamente por el grupo, es el mismo que actualiza el público cuando el espectáculo transcurre en el escenario. El pasado, el presente y el futuro se presentan en el modo de realidades sin vínculo de precedencia o consecuencia. El futuro puede ser anterior a un acontecimiento puesto en presente y el pasado suceder a uno puesto en futuro.

En el escenario tenemos a lo humano presentado en primer plano. Ahora, en la génesis de la obra hay que abordar lo teatral de la experiencia humana. Ese es el compromiso del actor y del grupo. ¿Cómo surge ese proceso, cuáles son los momentos del mismo y como al final cristaliza en la imagen teatral que surge en el escenario en los intercambios simbólicos entre grupo y público? Ese proceso de creación es el que ha conceptualizado Santiago García en sus tres tomos de Teatro y práctica del teatro y en otros textos.

¿Qué hay de tradición y qué de innovación en ese proceso de trabajo de La Candelaria? Tomemos una obra: El Quijote. El año pasado se cumplieron cuatrocientos años de la publicación (1615) de la segunda parte. La primera se publicó en 1605 y ya dos años después El Quijote fue presentado por un tal Luis de Córdoba en unas fiestas de carnaval.

Y a García, finalizando el tercer milenio –en 1999–, se le ocurrió dramatizar El Quijote. Sobre la génesis de ese proceso dice: “Cuando asumo la tarea de dramaturgo, es decir el proyecto de inventar un espectáculo teatral desde sus orígenes, en general no parto de un libro o de un texto cualquiera que sea, sino que, de pronto, en las lecturas que frecuento, me hallo con algunos aspectos que me han estado rondando, en la rutina teatral, con los cuales se entrevé la posibilidad que de ese texto, o textos que estoy leyendo originen un futuro libreto de teatro. Eso fue lo que me sucedió con Quevedo y su Buscón o con Nabokov y su novela Invitado a una decapitación o últimamente con El Quijote”.

Y agrega: “[...] el dramaturgo puede jugar a su antojo con lo que es inexorable e imposible de detener, acelerar o retroceder, que es la realidad. Ese aspecto que se presenta como una unidad espacio-temporal (crono-topo) en la vida real, por virtud y ‘arte’ del teatro puede dilatarse, estrecharse, alargarse o detenerse. El autor del espectáculo tiene, pues, en sus manos una ‘máquina’ a la que a su antojo, puede otorgar los mismísimos poderes con los que los dioses juegan con las criaturas humanas”.

En este texto García precisa la tensión que nutre el proceso creativo de la obra teatral: rutina teatral e invención. Me pregunto: ¿estamos frente al dilema de la tradición o la innovación?

A ese respecto quiero traer a cuento lo siguiente sobre este dilema. Hace cien años, a principios de siglo XX cuando se inventó el cine, algunos declararon la práctica del teatro una tradición sin presente ni futuro. Luego, en la década del cincuenta del siglo XX, algunos declararon la práctica del cine como una tradición sin presente ni futuro porque se había inventado la televisión. En Colombia, en la década del 60 del siglo pasado, algunos afirmaron que nuestra actividad teatral era un intento de resucitar una práctica abolida y, en ese sentido, era muestra del más anacrónico anacronismo. Y se recitaba, para rematar, el versito de Julio Flórez: “todo nos llega tarde, hasta la muerte”.

Me parece que, a propósito de la celebración de los cincuenta años de La Candelaria, en lugar del dilema tradición o innovación, sería más productivo pensar y teorizar el vínculo entre rutina teatral e invención, e ir más allá de la invención, hacia la heurística (el arte de la invención). Así la rutina teatral y la invención podrán ser reconocidas como la tensión catalizadora del proceso de creación colectiva. Esa tensión tiene hoy exigencias propias: las de elaborar estéticamente, en diálogo con el público, las múltiples alienaciones a que nos somete el tecnocapitalismo planetario hoy.

Publicado en Edición Nº225

Abordar un personaje de la magnitud de Fernando Pessoa, poeta proclamado como uno de los más brillantes de la historia universal, es una tarea mayúscula en todo el sentido de la palabra; ahora, si en vez de uno se abordan cinco poetas (sus heterónimos), cada cual con su propio universo y cosmología, aquella tarea resulta una osadía. Pues bien, este es el reto asumido por “Teatro Tierra” bajo la dirección de Juan Carlos Moyano, con su obra Los cinco entierros de Pessoa, propuesta teatral que trae a las tablas la confluencia de estos cinco poetas, en el momento culminante de la existencia de éste visionario y enigmático multi-personaje.

La obra, inaugurada en el marco del “Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá”, en el Teatro Estudio Julio Mario Santo Domingo, surge a partir de una invitación al grupo “Teatro Tierra” a Portugal para hacer un montaje de Pessoa junto con el grupo portugués “Lendias d’Encantar”*. Allí se adentran en el universo de Pessoa desde los mismos portugueses, “nutriéndose de la medula del poeta”. Este acontecimiento fue el pretexto que llevó al “Teatro Tierra” a hacer su propio montaje, concretar una idea que rondaba por la mente del director hace más de treinta años, cuando adquirió una antología bilingüe poética de Fernando Pessoa (libro que para ese entonces le costó los almuerzos de una semana). Desde ese momento, Juan Carlos Moyano supo que el libro (Pessoa), tenía que ver algo con su vida.

“La vida y obra de Pessoa es teatral, aunque es esencialmente literaria, es profundamente dramática”, dice Moyano, y agrega: “Su misma circunstancia psicocreativa nos permitía explorar laberintos humanos extraordinarios para las tentativas de la escena y de la interpretación teatral”.

 

Del “Teatro Tierra”

 

El trabajo del grupo “Teatro Tierra” se caracteriza, entre tanto, por involucrarse con grandes literatos como García Márquez, José Eustasio Rivera, Sor Juana Inés de la Cruz, Henry Miller, Dostoievski, Antonin Artaud, entre otros. “Personajes que siempre nos han parecido allegados porque son magnitudes de la expresión literaria que procrean espacios de libertad y de pensamiento crítico”. Además de lo literario, la trayectoria del “Teatro Tierra” está ligada a la memoria testimonial de la historia del país. Las obras Agualongo, Las victimas de la guerra, Los ejércitos –de Evelio José Rosero–, son muestras claras de ello.

En palabras del poeta y escritor Carlos Fajardo: “su teatro no realiza adaptaciones ni versiones de las obras literarias, son ante todo lecturas escénicas, interpretaciones poéticas, que buscan y encuentran las simbólicas secretas del autor y su obra […]”. A diferencia de algunas grandes compañías teatrales, las funciones del “Teatro Tierra” asumen una trascendencia y rigor que proveen de espíritu propio sus creaciones, distanciándose, por lo tanto, de los fútiles espectáculos comerciales. Según Moyano, todo montaje creado toma años en ser llevado al escenario. “Es la mecánica de casi todas las obras que hemos hecho, meternos con un autor, asimilarlo, soñarlo, volverse amigo de él y de sus fantasmas, y luego, entonces, dar testimonio desde la escena en forma creativa, de aquello que el autor nos ha dejado, como un sedimento creativo”.

 

“La poética de la materia”

 

Para Los cinco entierro de Pessoa se empleó la hoja en blanco como material protagónico, pues, según Moyano, la obsesión de Pessoa fue siempre escribir y tener papel. Así mismo la hoja en blanco representa una metáfora, tanto en la poesía como en la obra, “es el vértigo, el abismo, lo que no se ha dicho y tiene que decirse, es un misterio supremo para el que ejerce la poesía”.
El grupo hizo una exploración de la hoja: “como elemento sonoro y como herramienta de transmisión de contenidos sensibles”. Es por medio del papel que se expresan mundos, y sobre todo sensaciones, “estados del alma, que a través del juego con las hojas, pueden ser plasmados en imágenes escénicas, que la gente percibe a través de todos los sentidos”.

 

Montaje

 

La obra nace inspirada en la vida de Pessoa y del “sedimento” que sus lecturas les fue dejando en sus “propios espíritus”. Por que según Moyano, “Pessoa es un tipo que afecta, que se involucra con el inconciente”.

No soy nada.
Nunca seré nada.
No puedo querer ser nada.
Aparte de esto, tengo en mí todos los sueños del mundo
Fernando Pessoa

“Fernando Pessoa es en sí mismo un drama, por que él inventa otras personalidades literarias con sus características psíquicas, físicas, espirituales y conceptuales, bien diferenciadas”. La obra, por su parte, aborda los cuatro heterónimos más conocidos del poeta, a saber: Alberto Caeiro, Álvaro de Campos, Ricardo Reis y Bernardo Soares, los cuales son puestos en diálogo con su creador. Trabajo que se convirtió en un verdadero drama para su director quien, enclaustrado en su estudio, logró entre textos suyos y de Pessoa tejer esta compleja obra, creación formidable que incorpora lo esencial de la vida interior y poética de este gran personaje.

Pessoa, finalmente, es un personaje que a pesar de haber vivido a principios del siglo XX, está totalmente vigente; su mundo poético, aquel que transmite más que ideas, sensaciones, aun siegue perturbando a sus lectores y lectoras. Como toda gran creación, su obra trasciende en el tiempo y el espacio. Es un poeta único en su especie, y que gracias al trabajo del Teatro Tierra, podemos presenciarlo, traerlo a la vida junto con sus fantasmas, y adentrarnos en su hermético universo, quizá para descubrirnos un poco dentro de él, y reinventarnos de cara a la poesía, “en una época donde las concepciones filosóficas han entrado en decadencia, y tal vez sea necesario volver a interpretar el origen de los sueños y el mundo de la poesía”.

* Obra presentada en el Festival Internacional de Teatro do Alentejo.


Programación

Los cinco entierros de Pessoa se presentará los días 29 y 30 de abril, en el Teatro Estudio Julio Mario Santo Domingo (Bogotá) y el 26 de mayo en el Teatro Pablo Tobón Uribe de Medellín. 

Para más información: “Teatro Tierra”.

Ficha artística:

Premio: Apoyo a escritura dramatúrgica iberescena–2015
Premio: Beca de creación teatral Ministerio de Cultura–2015

Dirección y dramaturgia:
Juan Carlos Moyano
Actúan: Mario Miranda, Joan Jiménez, David Rosero, Clara Inés Ariza, Julia Rosero, Stephany Rugelis, Estefanía Torres
Escenografía: Guillermo Forero
Diseño de máscaras y vestuario: Carlos Rojas
Creación musical: David Díaz
Interpretación musical: David Díaz, Jhonatan Martínez
Elaboración de vestuario: Jaqueline Rojas y Confecciones Romanoff
Diseño de luces: Humberto Hernández
Diseño gráfico: Sol Baltazar
Co-producción: Beca Ministerio de Cultura, Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo, Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá, Cooperativa Confiar, Teatro Tierra.

Publicado en Edición Nº223
Martes, 26 Enero 2016 19:02

Simplemente José

Todos pudimos llamarnos José (o Josefa) y vivir lo que vivió él. En Colombia millones de personas han sido desplazadas por causa de la guerra. José, como usted o como yo, reencarna estas millones de personas, es una víctima más de éste inagotable conflicto, es un ejemplo que no queremos volver a ver, ni vivir nunca más.


"Simplemente José" obra teatral del grupo X2 Teatro de Manizales se presentó durante el "Encuentro de monólogos. Enero teatral", en el Teatro Matacandelas de Medellín. Este monólogo, está interpretado, y a su vez dirigido, por Giovany Largo León; hasta la fecha ha recorrido varios países con más de 170 funciones. El tema central de la obra es el desplazamiento a causa del conflicto armado, y es narrada a través de un personaje propio de los pueblos colombianos.


Con una maleta a rastras y una armónica, José deambula por lo que parece ser el mismo infierno, una hostil y sórdida ciudad, después de haber gozado de las mieles del paraíso en el campo colombiano. Con la sinceridad, ingenio, espontaneidad y humor que solo puede tener éste personaje, José narra su vida hasta el presente. Una conmovedora historia que a pesar de ser una tragedia esta llena de chispas de humor, de picardía e inocencia, críticas a la religión, a la indolencia de las ciudades, y por supuesto al abuso del poder, a la violencia y lo absurdo de la guerra. Por su parte, José también representa la voz del campesino raso que, como miles de desplazados, anhelan regresar a su terruño y poder seguir viviendo en paz. Un personaje que en últimas, constituye aquella cara "ajena" (y muchas veces indeseada), del desplazado sobreviviendo las crudas realidades de las ciudades.


Finalmente, la obra es fruto de una investigación que realizó Giovany en su pueblo natal (Riosucio, Caldas), una historia que ocurrió en la vida real. Lamentablemente, como tantas veces ha sucedido (y como tanta veces hemos repetido): esto nos pudo pasar a usted o a mí, porque todos pudimos llamarnos José (o Josefa) y vivir lo que él vivió. Porque José es una víctima más de la guerra, es un ejemplo que no queremos volver a ver, ni vivir nunca más.

Publicado en Cultura
Martes, 25 Agosto 2015 08:24

Sólo nos faltaba esto a los artistas

Ser tratados peor que a delincuentes, es la impresión que da, por la manera como se viene desarrollando la política cultural de convocatorias que hace la Secretaría de Cultura Recreación y Deportes, Idartes y la Fundación Julio Mario Santodomingo, lo que no sólo deja un malestar en los que confían en la institución cultural (que se supone es para promover la vida artística, cultural y deportiva de los bogotanos), sino el deseo de no volver a hacer caso a esas convocatorias.

Resulta que la convocatoria de coproducción que hacen estas tres entidades: SCRD, Idartes y la Fundación Santodomingo, para las becas en coproducción de Gran Formato y Mediano Formato, cuyo objetivo es la puestas en escena de dos obras en los teatros de la Fundación Santodomingo y el Jorge Eliécer Gaitán, pareciera que ya las tuvieran destinadas, simplemente cumplen el trámite de convocar a los trabajadores de las artes escénicas, para que presenten proyectos y que por razones ajenas al objetivo de las becas, terminan siendo rechazados sin que las propuestas o proyectos lleguen a los jurados, que serían los que deberían decidir cuáles propuestas son viables en su realización, teniendo en cuenta los escenarios y el compromiso adquirido con las entidades que convocan, y entre ellas escoger las dos mejores propuestas para gran y mediano formato.


Herederos del Maíz es una propuesta dramatúrgica que presentó la agrupación Jícaro Teatro, en la convocatoria para la beca de Gran Formato 2015-2016, que desde hace dos años promueven estas entidades, y que hasta el momento no ha logrado una puesta en escena renovadora para las artes escénicas de la ciudad. Es como si esa política aplicada por el Festival Iberoamericano de Teatro, de menospreciar el movimiento teatral colombiano, hubiera calado al interior de las instituciones culturales del distrito capital, hasta el punto que la última beca de gran formato se la dieron a una puesta en escena de Otelo, que se presentó en los dos teatros sin pena ni gloria, simplemente se cumplió el requisito de las funciones en el Teatro J. M. Santodomingo y el Jorge Eliécer Gaitán, pero las propuestas ganadoras poco han trascendido más allá de estos escenarios.


Supuestamente las convocatorias que promueven esas instituciones, es para motivar y apoyar a los artistas capitalinos, más cuando son recursos públicos con los que se quiere incentivar la originalidad y talento colombiano. No obstante, por requisitos burocráticos y policiales de exigir la dirección de los participantes invitados, al igual que sus firmas, hace que se desestime participar en dicha convocatoria, porque con tanta 'seguridad' que ofrece la Bogotá Humana, facilitar la dirección de la casa resulta arriesgado, más cuando no existe un compromiso escrito ni la seguridad de ganarse la beca. No se entiende entonces, el papel que juegan los tres directores creativos que firman; ellos son la garantía del cumplimiento, hasta el final de la puesta en escena.


Es de lógica, que los convocantes tienen que curarse en salud respecto a la seguridad de los proyectos presentados, lo que se aprecia en el contenido de las propuestas y las personas que los presentan. No obstante, una de las exigencias de la cartilla es la póliza de seguro cumplimiento para los ganadores, además de la fiducia con un banco para el manejo financiero del proyecto. Con todo y esto, el numeral 9 de la cartilla y la página 6 del formulario exigen la UPZ, dirección y localidad, y la firma. Como quien dice: fichados "y lo mejor es que no cambie de domicilio hasta después del estreno, porque los señores de Idartes, la SCRD, o quién sabe quién, lo requiera". ¿Los cuadrantes policiales de la Cultura? Tal pareciera que ese fuera el objetivo de estas convocatorias.


Con ingenuidad se participa creyendo en la transparencia de los convocantes, sean de la Secretaría de Cultura Recreación y Deporte del Distrito Capital o del Ministerio de Cultura. Insisto, las becas están asignadas y la manera de eliminar propuestas que pueden hacerle sombra a 'los elegidos', es rechazarlas con exigencias burocráticas que nada tienen que ver con la calidad artística. Incluso ¿se podría hablar de un carrusel de la contratación cultural?


Resulta que hasta la paz ha servido para promover la exclusión. Así ocurre con las actividades que hacen por la paz, donde invitan a las 'personalidades' de la cultura colombiana, actividades excluyentes de las que no queda nada, sólo figurones que se dan el lujo de despotricar contra los que organizan la actividad, como les pasó este año con Fernando Vallejo. No es de extrañar que esto ocurra, porque la paz en Colombia la están parcelando, pareciera propiedad privada de los llamados violentólogos, politólogos y otros calificativos que les da derecho a pontificar sobre la paz, en ocasiones con análisis irresponsables y mediáticos, sin profundizar en las causas históricas del conflicto. Si algo falta a los diálogos de paz de La Habana y todas las actividades que se promueven en torno a la palabra que más anhelamos en el ahora de los colombianos, es transparencia, inclusión, más cuando se trata de programas con los que se pretende incentivar las artes, tal como lo anuncian. De momento, rechazaron propuestas que no cumplían el requisito burocrático y policíaco de facilitar la dirección de todos los integrantes de la agrupación, no por temor a nada, sino porque resulta un requisito absurdo, cuando hay tres directores creativos que firman una propuesta multidisciplinar, y todos los trámites de pólizas, fiducias no son garantía.


¿A qué juegan?Sería más honesto no convocar y simplemente anunciar los proyectos que han considerado merecen esas becas, así los artistas no pierden tiempo y dinero, que tanto cuesta conseguirlo, creyendo en convocatorias donde pareciera que todo está 'amarrado' desde antes de convocar. La burocracia de la exclusión correspondiendo a favores, nunca se sabe en medio de tanta corrupción que campea por las instituciones a nivel nacional, departamental y local. Ni la llamada izquierda se salva de la corrupción, esa palabra que tanto molesta a los políticos, jueces, fiscales, militares, policías, el clero, y todos aquellos que piensan y actúan desde la mente, el ego los envanece y se olvidan del Ser.


M. G. Magil


Bogotá, agosto de 2015

Publicado en Colombia

Acaba una semana para la paz desde el arte y la cultura, desde la academia, la política y la calle. Es hora de hacer una valoración, lo más honestamente subjetiva posible, de lo que ha sido, lo que pudo ser y lo que supondrá de cara al futuro cercano de Colombia.


Señalemos en primer lugar que creemos en el proceso de paz que se adelanta, y que los acuerdos que se firmen en La Habana entre el gobierno y las FARC serán una primera piedra en la construcción del edificio de una sociedad pacífica, que no significa sin conflicto.


Los conflictos, los personales y los colectivos, son innatos a la naturaleza del ser humano y hay que aprender a gestionarlos sin agresiones y sin la eliminación del contrario, que no es un enemigo sino alguien con el derecho, como todos, a pensar diferente. Porque después del posible, y deseado, acuerdo negociado en la capital cubana quedarán muchas otras violencias que solucionar, todas las estructurales que mantienen las inequidades y la desigualdad social.


Esta cumbre celebrada en Bogotá, pese al poco seguimiento hecho por los medios masivos, ha mostrado el interés y las ganas de mucha gente, artistas, gestores culturales, políticos y ciudadanía en general, en dialogar y expresarse para intentar alcanzar acuerdos que permitan lograr una convivencia pacífica.


Sería tema para otro debate estudiar por qué se comunican tan mal este tipo de eventos. Es curioso ver cómo se difunden las violencias, las maldades y los aspectos negativos de la sociedad y se ignoran o excluyen de la agenda informativa los efectos de lo mucho y bueno que ofrece Bogotá, y toda Colombia, en actividades culturales, artísticas, deportivas y de ocio.


El imaginario colectivo sigue preso de la "información " de unos medios que priman el espectáculo y la violencia por encima de la formación y la información. Le siguen disparando a la paz desde fuera y desde dentro.


Pienso que la política (algunos políticos), las empresas (algunos empresarios), y los medios (algunos de ellos) muestran dos caras y no le apuestan con todo a la paz.

Volviendo a esta semana de eventos, que ha contado con casi trescientas personas invitadas entre ponentes y participantes locales, nacionales e internacionales, creo oportuno también, por si sirve para futuros encuentros, criticar la concentración de actividades en el mismo horario y en distintos escenarios, lo que dificulta asistir y escuchar lo que de interesante, que seguro ha sido así, se haya propuesto en todas ellas.


De lo que he podido ver, al margen de lo que ya he escrito resaltando las palabras de Juan Manuel Roca, Alfredo Molano, Patricia Ariza, León Valencia y Sergio de Zubiria, destacaría tres eventos:

 

"Arte, cultura y educación en la construcción de paz"


En la segunda jornada tuvo lugar, en el escenario del teatro Jorge Eliécer Gaitán, un conversatorio que, bajo la moderación de Ángela Beltrán, contó con la presencia de Jesús Martín Barbero, Renato Ortiz, Mario Hernández y Patricia Ariza. Los cuatro panelistas han hablado sobre un tema que tendría que formar parte, sí o sí, no sólo de la agenda política de los diálogos de paz, sino de cualquier iniciativa que pretenda construirla. Han situado la educación, como no podía ser menos, en el centro de los debates de la Cumbre Mundial de Arte y Cultura para la Paz de Colombia.

En un país como Colombia esa necesidad educativa, desde el arte y la cultura, es aún mayor pues se trata de superar los más de sesenta años de guerra silenciada. Una educación humanista, y mestiza, que ilustre en el diálogo y en la participación, desde el respeto y el reconocimiento del otro, todo ello necesario en la construcción de una comunidad que pretenda una convivencia pacífica.

Hablar de educación en una cumbre de arte y cultura para la paz es situarla en su justo término como base y fundamento de una sociedad que quiere superar la violencia estructural que condiciona todas las demás violencias. Como ha señalado en otras ocasiones acertadamente Martín Barbero, vivimos en una sociedad educativa que necesita apostarle a la escuela pública como lugar de encuentro para la transformación social y cultural de las mayorías.

El maestro comenzó diciendo el título, según él pretencioso, de su charla: "Educación estética y reconstrucción de la memoria"; para continuar señalando el desfase existente entre el tipo de actitud que las negociaciones de paz están exigiendo a la población y lo que entrega el sistema educativo a la sociedad: una escuela, sobre todo la secundaria, que se ha quedado atrasada respecto al tipo de sujeto que reclama el país para la paz.

Lo que dificulta el difícil y complejo proceso de construir una ciudadanía de paz. Para Jesús, el ser humano no es sólo razón, sino que también es sentidos, y la escuela es el lugar donde se acaba con ellos al acabar con el juego y eliminar el sentir. Algo que en la historia llevó, según señalaba Ulrich Beck, a estropear, a joder, a Occidente cuando separó el trabajo del juego.

Esos sentidos y sentires pasan por el cuerpo, y la matriz de ellos, que sería la lectura y la escritura, no se enseñan como parte del gozo sino de la obligada tarea, lo que termina matando la expresividad.

Recordó como Schiller ya planteaba que la formación estética era clave en la construcción de ciudadanía. Si Colombia quiere transformar la educación tendría que comenzar por cambiar la rutina de los maestros, porque o la escuela crea autores o meros imitadores. Toda persona nace con sentidos para ser autor (a) y es la escuela la que debe enseñarle a descubrirse como tal. Demandó pedirle al Estado que cambiar la escuela significa cambiar el tipo de sujetos que produce para que sean capaces de reinventar el país. Reclamó la necesidad de imaginación, tanta como la que requirió Einstein para pensar la teoría de la relatividad, y que fue, según Bachelard, la misma que necesitó Beethoven para crear la novena sinfonía. Imaginación para que la memoria deje de ser vengativa, porque necesitamos una memoria capaz de hacer el duelo por todos las personas trastornadas por los muchos sufrimientos habidos. Así contaremos con "una ciudadanía abierta al riesgo, a la improvisación y a todos los lados de este país".

El brasileño Renato Ortiz, tras destacar la relevancia que tendrá la paz de Colombia para toda la región, señaló la importancia de abordar los cambios que inciden en la relación de la cultura con la política. Desde el debate en torno a la autonomía y la libertad del artista hasta la política cultural practicada por el Estado y las instituciones, pasando por la discusión entre cultura popular y elitista y la llamada cultura de masas. La herencia de todo ello es significativa para afrontar, a su juicio, las necesarias transformaciones. Éstas se dan en la presencia de nuevos elementos en el debate actual en torno a la cultura, como son: la dimensión tecnológica, la globalización, el lugar de la técnica en la cultura o la noción de progreso. Pero su discurso se centra más en la esfera de la política y su relación con la cultura. Es en el ámbito de la construcción del estado nacional donde hay una fuerte relación política y cultura. Para él, hasta hace unos años la cultura era vista como el espacio capaz de despertar la conciencia política de la gente; hoy, la cultura es poder. Un poder que afecta las prácticas sociales cotidianas sin que seamos conscientes de ello.

También planteó la transformación que ha supuesto el reconocimiento de la diversidad cultural, y la que supone la introducción de conceptos de la política en la cultura: la ciudadanía cultural. Pero la inquietud surge al preguntarse que gran parte de la política actual no pasa por la cultura.

Con la pregunta ¿cuál educación para cuál paz?, Mario Hernández reclamó la necesidad de espacios para hablar y para construir cultura de resistencia al pensamiento único, y para darle contenido a la idea de paz. Es necesario hacer una valoración de la política de educación y plantear una propuesta de transformación.

Para él, firmar los acuerdos no significa que vayamos a tener sociedad en paz; algo que pensamos una gran parte de la población. Hace falta mucho más que eso, retomar el mercado interno, abandonado con la inserción al capitalismo; reducir las brechas producidas por la concentración de la riqueza; contar con un sistema político abierto que permita los contrastes, y que el Estado piense en la ciudadanía.


Según Mario, Colombia cuenta con una sociedad "que aprendió a vivir el sálvese quien pueda y con una cultura y una economía mafiosas".


Si queremos una sociedad sin violencia son necesarias rutas de transformación social que no son posibles sin pactos. Una sociedad en paz es la que reconoce su constitución diversa y cuenta con una democracia real, o sea, con verdadera y efectiva participación.

La educación tiene que ser un derecho fundamental y no lo es en la Constitución política de 1991 y ser crítica y no repetitiva, democrática y no jerárquica, asumir las desigualdades para construir nuevas prácticas, superar el individualismo, dignidad de las personas, desde la cuna hasta la tumba que nos incite a reconocer quienes somos.


El esquema planteado de que "ser pilo paga" lo que hace es reproducir las desigualdades sociales del país. Se necesita otro pacto para otra educación, que afecte las estructuras que reproducen los conflictos. No situar la educación como un negocio, sino situarla en el lugar estratégico que le corresponde por su relevancia.


Educar para la democracia es dar a las humanidades la importancia que se merecen, como plantea Martha Nussbaum. Terminó afirmando que hay que cambiar el derrotero "porque como vamos, vamos mal".

 

En palabras de Patricia Ariza el conflicto no es solamente armado, sino cultural. El desplazamiento es un daño cultural inenarrable, que no es reconocido, creando un vacío al desplazar memorias, relatos o canciones. La gente desplazada ha transformado Bogotá. En el país, en su opinión, hay un imaginario engatillado que hay que transformar. Hay que hablar de cultura, no de farándula. El discurso contra insurgente está en los medios, hace falta un cese al fuego cultural porque está impidiendo que el proceso de paz avance como debe. ¿Cómo poder participar en una cultura que disminuya la violencia, las muertes?


Ariza presentó un vídeo en el que trabaja con víctimas para hacer entender el dolor y permutar saberes con testigos de verdades que no son tenidas en cuenta. Poder conseguir obras colectivas que lleguen al público "mi cuerpo es mi casa", una indagación en el conflicto que les y nos transforma. Convertir el dolor en fuerza y resistencia. La autora teatral está llena de preguntas y detesta el posconflicto porque el conflicto es base de la vida.


Anteriormente, en el mismo escenario, se había mostrado el documental "Cocineras de sueños ancestrales" en Tabaco, donde denuncian las políticas impuestas en Cerrejón para explotar la minería a cielo abierto más grande del mundo. La población desplazada quiere recuperar la tierra para sembrar, salvar el maíz, guardar las semillas. Porque perder las semillas es perder el territorio. Quieren volver a Tabaco sin multinacionales y seguir haciendo la receta del chiqui-chiqui.


Ese mismo día, a primera hora de la mañana, en el teatro México, hubo un debate en torno a las políticas culturales en el que seis personalidades de la política respondieron las preguntas hechas por siete representantes de la cultura. Entre las respuestas destacar las de Piedad Córdoba pidiendo darle un espacio a la cultura en La Habana, reclamando invertir el 1 % del PIB en cultura como demanda la UNESCO o preguntándose qué papel juegan los medios en la reconciliación, y las de Iván Cepeda solicitando que los asuntos de las grandes decisiones no se queden solo para los políticos y que se haga pedagogía para la paz día a día porque es de todos y debe ser una construcción diaria. Entre los cuestionamientos, los del líder del hip-hop de Engativá, Dager, al preguntarse cómo generar el arte para la transformación social ya que a ellos no se les considera importantes, sino populares y se les discrimina. Su planteamiento es que la resistencia se hace con la propia cultura frente a la mierda de los medios. Afirmó que a él le salvó el hip-hop.

 

Miradas profundas a la vida desde la fotografía


Cayó la noche del miércoles 8 y el escenario del teatro J. E. Gaitán se iluminó con la presentación del libro de Jesús Abad Colorado Mirar de la vida profunda.

El primer libro dedicado a recoger exclusivamente el trabajo de este reportero gráfico ha sido publicado por Paralelo 10 bajo el sello de la editorial Planeta. Con la financiación de coleccionistas de arte, esta obra, que fue presentada en la edición de este año de la feria ARCO en Madrid el pasado 20 de marzo y que lo será nuevamente en el Museo de Arte Moderno de Medellín el próximo 5 de mayo, nos muestra la mirada del autor sobre las víctimas de un conflicto armado que desangra Colombia desde hace décadas.


Con la visión del periodista que narra con las imágenes y que trabaja con la cabeza y el corazón, las xx fotografías hacen un recorrido por los últimos 25 años de esta guerra encubierta.


Sus fotografías escriben y describen los hechos, cuentan y narran la historia de un pueblo que resiste con dignidad los embates de todos los actores armados de un conflicto que, como todos, se ceba en una población civil que no gana nada. La lucha de Jesús es contra el olvido, y lo hace a través de retratar los rostros y los cuerpos de las víctimas, las grandes olvidadas de esta y de todas las guerras. Colorado afirma que sin memoria no hay futuro y su libro es un ejercicio de introspección y de memoria. Conmueve al público tanto como con sus instantáneas, como con el discurso, pausado, crítico, argumentado y lleno de sentido y sentimiento con el que acompaña las fotos que pasan por la pantalla.


Con una memoria portentosa que le permite acordarse de los nombres de las personas retratadas y de los hechos que las rodean Chucho Abad toca aquellas fibras de la realidad de este país que a veces queremos ignorar o silenciar. Su trayectoria profesional, en la que no ha tomado partido por ninguno de los actores armados del conflicto sino únicamente por las víctimas del mismo, independientemente de qué bando las haya afectado, y su constancia y acompañamiento a las personas civiles que han sufrido la guerra le permiten abordar la temática con la sinceridad y naturalidad de quien documenta los hechos sin perturbarlos con su presencia.


Habla con sus fotos del dolor y de la entereza, denuncia a la prensa que da cabida a las clases dirigentes y a quienes dirigen la guerra pero que no ceden un lugar para las víctimas.


Bojayá, Trujillo, Machuca, Peque, Granada, san José de Apartadó, San Carlos,... innumerables los lugares afectados por la violencia e ignorados por una sociedad que se aísla para no ver los desplazamientos de unos pueblos sin lágrimas que solamente esperan solidaridad.


Ubertina Martínez, Aniceto, Eugenio Palacio, Patricia, Diego, María,... tantas y tantas personas desconocidas e invisibles pese a tener un nombre y un lugar, que muestran la tragedia humana, su capacidad de resistir y su dignidad y que tan solo esperan vivir en paz.

Hablar de esa otra Colombia es hablar de la esperanza de un pueblo que resiste con el arte, con la poesía y con la naturaleza, con ríos que son como las venas que hay que caminar para encontrar esos corazones grandes que se reconozcan en las diferencias cuando se miren en el espejo roto de la guerra. 

Para nunca mas ponerle precio a la vida en un país que sí tiene caballitos de mar.

Antes de que Chucho presentara su libro, pisó el escenario el rapero de Medellín Jeison Castaño, Jeihhco, director de la Casa Kolacho de la comuna 13. Con las letras de tres canciones gritó que son potencia y resistencia, que escriben memoria con la música y sus grafitis y que su trabajo es una revolución sin muertos. Confía en que el país pueda cambiar porque en todas partes hay amor e ilusiones.

 

La otra cumbre


Además de la cumbre oficial, en la que artistas destacados del teatro, la literatura, el cine, la fotografía, la música; políticos de distintos signos y colores; gestores de culturas locales o nacionales; intelectuales de diferentes ramas y academias, y periodistas de medios escritos, radiales y televisivos, ha habido otra reunión, también oficial pero un poco al margen de la otra.


Ha sido la cumbre de la calle y de los movimientos sociales, la de los barrios y las organizaciones de base. En la carpa instalada en el Centro de Memoria, paz y reconciliación de la capital colombiana se han dado cita la otra intelectualidad, los otros músicos con sus otras músicas, las artesanas con sus artesanías, la otra pintura y sus pintoras, la otra fotografía y la otra comunicación.


Un foro en el que colectivos de diferentes partes de Bogotá y de otras localidades del país han debatido sin tanta intermediación y sin moderadores. Han explicado y socializado sus acciones y sus actuaciones, sus intereses y sus propuestas con las que trabajan a diario en otras condiciones no tan favorables y con otros efectos no tan visibilizados. Pero su labor es encomiable y necesaria porque están al pie de obra, frente a las realidades sociales de la gente del común en las regiones y en los barrios marginados del país.


Su tarea no llenará periódicos ni noticieros, pero llena vacíos y demandas que no cubren ni administraciones públicas ni gobiernos. Proponen la conversación horizontal y pausada, las acciones colaborativas y los talleres compartidos.
En esta otra cumbre se han narrado las experiencias sin pretensiones políticas de gentes que están codo con codo con la ciudadanía en las calles y en los barrios a través de la palabra, de la música y de cualquier manifestación cultural que convoque e incluya.

Entre la multitud de asociaciones presentes, una mención especial para la Corporación Estrategias Alterativas de Participación (CEAP), quienes han abierto al público asistente los micrófonos de su emisora corredor itinerante para dar la palabra a la cultura popular, a las palabras que no se escuchan en las emisoras generalistas. Una propuesta comunicativa que "abre la calle a los oídos de la gente"

El viernes 10 de abril, por las ondas de la emisora pasaron, entre otras personas, Alirio González, director escuela audiovisual infantil de Belén de los Andaquíes, quien pidió creer y crear a través de la cultura para alcanzar una sociedad pacífica y equitativa; Monina Morris, antropóloga que trabaja con habitantes de calle, que declaró desconfiar de la paz y apostarle al conflicto si se enfrenta desde un diálogo respetuoso que no elimine al otro; el colectivo I-Echo de la localidad de Chapinero, y el grupo de rap Ráfagas de rimas, quienes despidieron la velada interpretando una de sus canciones.

 Esperemos, si no la paz al menos el fin de la guerra. Que eventos como éste sirvan para empujar la conciencia. Que se escuchen las demandas de una sociedad civil que no quiere más balas, sino más letras y más notas; que prefiere la justicia social a la "seguridad democrática", que pide más pan y menos piedras, más poesía y menos policía.

Una cumbre para la paz que hay que escalar cada día. El arte, la cultura, los medios y la política tienen que iniciar la subida; seguro que, aunque la cima esté lejos, les acompañará la ciudadanía.

Este encuentro ha sido una muestra.

Domingo, 12 de abril de 2015

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Lunes, 09 Diciembre 2013 08:53

Payasos

En las obras de Shakespeare hay sólo dos figuras que se atreven a decir toda la verdad: el rey y el payaso, comentó el gran director de teatro Jonathan Miller a Studs Terkel, el extraordinario entrevistador e historiador oral. El rey puede decir absolutamente todo porque tiene autoridad suprema. "La otra manera de decir la verdad es no tener absolutamente ninguna autoridad, lo cual permite que la gente ignore lo que dices y, por lo tanto, estás en posición para decir lo que se te antoje... El payaso no tiene nada que perder, y el rey nunca puede perder lo que tiene".

 

Todos los demás mienten o se callan o no lo dicen todo ante el temor de caer al nivel del bufón mientras intentan escalar hacia el rey, comenta Miller.


Un par de payasos/bufones en Estados Unidos, Jon Stewart y Stephen Colbert, ofrecen un gran respiro ante la torrente de propaganda, manipulación y noticias de todos los días. Cuatro noches a la semana en sus programas de cablevisión, Stewart como conductor de un noticiero ficticio, The Daily Show, y Colbert, quien asume la identidad de un comentarista conservador rico en su programa The Colbert Report, no sólo se burlan de las autoridades políticas o mediáticas, sino de toda noticia que les parezca absurda, pretenciosa o engañosa.
El resultado: ambos son puntos de referencia nacional. Stewart ha sido declarado como el periodista más confiable del país en una encuesta de la revista Time, y eso que es locutor de un noticiero ficticio. Según algunas encuestas, ambos son la principal fuente de información política para los jóvenes, el sector más codiciado del teleauditorio nacional.


Cada noche unos 2 millones sintonizan The Daily Show (tres veces la audiencia de CNN) para ver cómo Stewart y su equipo de corresponsales abordan las noticias, no sólo para reírse, sino para algo más serio, acercarse a la neta. Muchos se quedan para ver el programa de su colega que sigue inmediatamente después. Una nación desesperada y agradecida sintoniza a Stewart porque hace la tarea a la que los medios de noticias han abdicado: rastrear el historial público para hacer que los políticos y periodistas rindan cuentas, comenta Rolling Stone. Ambos se pueden consultar en (the dailyshow y colbert nation)


Lo que hacemos es crítica social, sólo que lo hacemos a través de la comedia, resume Stewart, quien ha comentado que aunque la sátira puede ser catártica y puede avergonzar a poderosos, en sí no cambia las cosas, y señala que esa es la diferencia entre ser un revolucionario y ser un satírico. Pero afirma: somos una expresión de la insatisfacción de la gente con las instituciones existentes.


Ambos son parte de una larga tradición de cómicos como críticos sociales que han impactado la cultura y el debate político nacional a lo largo de la historia de este país. Entre los genios de la sátira se tendría que mencionar a Mark Twain, o en algunos momentos Chaplin o Marx (Groucho), o los cómicos Lenny Bruce, George Carlin, Tom Lehrer y Richard Pryor, y hoy día Bill Maher, entre tantos más. Ni hablar de los grandes caricaturistas.


El uso del humor como arma de crítica social y política se ha expresado en diversos momentos. Por ejemplo, durante el movimiento antiguerra y anticapitalista de los 60, el líder de los Yippies, Abbie Hoffman, convocó a una manifestación masiva alrededor del Pentágono, donde prometió hacer levitar el enorme edificio. Las autoridades primero lo descartaron como una bobería más, pero por si las dudas desplegaron a sus fuerzas para ver si a fin de cuentas algo sucedía. En otro momento, al ganarse una beca de unos miles de dólares, la canjeó por puros billetes de un dólar, se subió con cómplices al balcón para turistas de la Bolsa de Valores de Nueva York y los hicieron llover, para ver cómo los corredores se volvían histéricos brincando por los billetes.


En la gran batalla en Seattle, donde decenas de miles tomaron las calles para frenar la reunión de la Organización Mundial de Comercio en 1999, activistas entrenados por el Ruckus Society y otros escalaron edificios y puentes, dejando caer mantas maravillosas contra la globalización empresarial, asombrando a las autoridades y provocando sonrisas entre todos los demás. Payasos y mimos caminaban detrás de ministros de los gobiernos del mundo, imitándolos. Hubo un momento en que un delegado ruso no aguantó la burla y sacó una pistola, gritando ya basta. El movimiento altermundista que arrancó ahí continuó usando títeres enormes para burlarse de los políticos que promovían el libre comercio y en una de las movilizaciones masivas en Washington, poco después, la policía secuestró a todos los títeres de un almacén –los primeros títeres presos políticos–, ya que aparentemente eran muy peligrosos.


Los Yes Men utilizan la burla para enfrentar a los grandes intereses empresariales, mostrándose como representantes de ellos en conferencias de prensa nacionales y en foros empresariales, lo que provocó respuestas en verdad histéricas de ejecutivos y voceros de empresas como Monsanto, Halliburton y Shell, o de la Cámara de Comercio. A veces sus actos son más sencillos, como durante los mejores días de Ocupa Wall Street, cuando las autoridades pusieron un cerco alrededor de la famosa escultura monumental de un toro en Broadway, símbolo del poder financiero, y colocaron policías y una patrulla para vigilar el sitio. Una mañana aparecieron dos payasos, con el vestuario clásico (zapatos gigantes, bolas en la nariz), y se brincaron la valla de metal. Los policías los empezaron a corretear dentro de la placita alrededor del toro y de repente apareció un matador, con capa, quien se subió en la patrulla para desafiar al toro. Ver
Los payasos rompen la maldición del juego de poder. Y tal vez más que en Shakespeare, a veces hasta desnudan al emperador. Son algunos de los mejores guías a Estados Unidos. Y a veces la risa es esencial al tratar de entender este país.

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desdeabajo –da–. Maestro: ¿Cómo contempla el trayecto recorrido hasta hoy?
Santiago García –SG–. Estamos cumpliendo 45 años de haber consolidado la formación de nuestro teatro: La Candelaria. En 1966 fundamos la Casa de la Cultura que era una cosa bastante caótica, localizada en la carrera 13 con la calle 20. Pero aquí ya logramos tener un espacio, una sede y un grupo que era lo mas importante, un equipo de gente que trabajara con permanencia en la creación de obras nuestras. Porque hasta ese momento montábamos obras muy modernas, como las de Fernando Arrabal o Enrique Buenaventura, pero es en ese momento que se inicia el proceso de crear colectivamente nuestras propias obras. Y uno de los primeros grandes éxitos que tuvimos fue Nosotros, los comunes, una obra que hablaba de la revuelta de Los Comuneros.

da. ¿Qué vino después?
SG. Después vino la creación de la Corporación Colombiana de Teatro, dirigida por Patricia Ariza, aquí al lado, y otros grupos que se nos unieron en torno al desarrollo de múltiples actividades de teatro. Así se desarrolló la construcción de un público, un público joven, universitario. En estos años se ha consolidado la creación de una red de grupos y el proceso sostenido de creación de una dramaturgia propia.

En ese momento también se crearon grupos hermanos, como el TEC en Cali, y otros en Bucaramanga, Medellín, Tunja, Barranquilla, así como en Ecuador, en Perú, en Brasil, grupos que nos apoyaban y daban la posibilidad de hacer giras. Estos grupos no solo nos traían público sino ideas, inventos que hacían. Nosotros los agarrábamos inmediatamente y comenzábamos a aplicarlos. Un proceso muy intenso, de creación y aprendizaje colectivo, que coincidió además con un momento de efervescencia del teatro en diversos lugares del mundo. De hecho Lina Moscovitz de Brasil nos acompañó en la creación de la Casa de la Cultura.

da. ¿A qué atribuye, Maestro, la hazaña de sostener un grupo durante tantos años, y al mismo tiempo aportar a nuestra comunidad obras que abordan nuestras circunstancias de vida?
SG. A que se necesitaba. No impusimos nada. El público necesitaba ver teatro, estar en un teatro que le hablara de cosas que incluso él mismo no sabía que necesitaba escuchar o vivir. Cuando eso acontecía el espectador salía emocionado, entusiasmado, a compartir lo que había vivido, lo que le permitía comprender, comprenderse, liberarse. El público llegaba, y su comunicación boca a boca, acrecentó su afluencia, haciendo casi que innecesaria la prensa, pero las secciones culturales de la prensa nos apreciaron y nos acompañaron.

Era el momento no solo de recoger lo creado en otras latitudes sino de proponer lo nuestro. No bastaba traer el teatro de vanguardia de Europa, de Bertold Brecht, de América Latina, sino crear lo nuestro. Y esta creación no era el invento de un individuo sino el invento de un grupo la creación colectiva. Esta creación conjunta no solo era la del grupo, sino que se nutría de la red que surgió de los diversos grupos de teatro en diversos lugares del país y de América Latina, y de los diversos creadores en diversas artes como Obregón y otros artistas.

El arte en su esencia es colectivo. El arte no es de adanes. El arte brota de una familia, de un entorno, de un grupo.

Otra circunstancia que potenció la creación, aquí y en Europa, fue la guerra. Porque se vive al borde de la muerte. La condición limite. La necesidad de crear en lo nichos, en las cuevas, en las trincheras. La crisis potencia el instinto de sobrevivencia y acicata la capacidad de crear.

La importancia que tiene el teatro, es la importancia que tiene el arte, espacio de la creación, del invento. Ahí es donde se juega la capacidad de inventar de crear. Ahí se iguala a Dios, porque no repite.

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En su película La caída de los dioses, el director Luchino Visconti narró los acontecimientos que provocaron el nazismo en la Alemania de los años treinta: miedos, discursos apocalípticos y estados mentales enajenados. Estrenada en 1969, era una mirada al pasado para recordar al espectador los errores que habían causado la aparición del gran monstruo.

Tomaz Pandur ha "enriquecido" el guión y ha hecho suya ahora esta película "del padre del culto a la estética", según el director esloveno, para trasladarla al teatro y plantear al espectador que la aparición del ogro del fascismo no nos queda tan lejos. "Los conceptos de Visconti probablemente son capaces de responder de forma más contundente que en el momento en el que fue realizada la película, ya que refleja el mundo en el que vivimos", afirma Pandur, que en España ya ha estrenado obras como Medea y Hamlet. De ahí que el director espere que la función proponga preguntas sobre "quiénes somos y cuáles son nuestros valores éticos".

Esta producción, que se estrenará el próximo 17 de marzo en el teatro Calderón de Valladolid, realizará después una amplia gira que incluye el festival Grec de Barcelona y las Naves del Matadero, de Madrid. Cuenta con un reparto de una decena de actores, entre ellos, Belén Rueda, Emilio Gavira, Alberto Jiménez y Pablo Rivero. Ellos representan a los Von Essenbeck, la familia que se debate entre el apoyo o no al Partido Nacionalsocialista, llegado al poder en 1932.

El fantasma de la crisis

"En el trabajo de Pandur hay algo que va más lejos que la película y tiene que ver con la crisis que padecemos. Cuando los mercados extorsionan pueden despertar el monstruo que toda sociedad llevamos dentro. Es una llamada de atención", sostiene Alberto Jiménez. Para Belén Rueda, que regresa al teatro después de Closer y que en esta obra interpreta a la madre de familia, Sophie Von Essenbeck, "la cuestión de este montaje no es cómo se reaccionó en 1934, sino cómo se reaccionaría hoy en día".

La puesta en escena "es muy minimalista", asegura Pandur. Sobre el escenario se crean imágenes en dos dimensiones a partir de un espejo. "Este es el objeto más mágico que ha existido en toda la historia. En realidad, el diseño de la escena muestra un estado mental", añade el director.

Para Pandur el teatro debe alejarse, principalmente, de las colecciones de los museos. Ser algo vivo y actual. "Lo importante es que cuando se levante el telón hay un constante renacimiento, y que lo que veamos refleje el tiempo en que vivimos", afirma. Aunque sea un Shakespeare. Quizá por eso, como dijo Rainer Werner Fassbinder, "La caída de los dioses es para la historia del cine lo mismo que Shakespeare para la historia del teatro".

PAULA CORROTO Madrid 08/03/2011 21:25 Actualizado: 08/03/2011 21:46
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Diciembre tiende a convertirse en un mes maldito. No sólo para aquellos espíritus reticentes a las fiestas navideñas. Siempre muere un intelectual que deja un vacío imposible de compensar, si es que acaso se cree en la compensación como un alivio o un modo de reparar esas heridas que emergen con las pérdidas de miradas críticas, de esas pequeñas lucecitas que son faros en medio de la oscuridad. Según informó su segunda esposa, la historiadora Antonia Fraser, en una breve declaración, ayer murió el dramaturgo británico más importante del último medio siglo, Harold Pinter, a los 78 años, ganador del Premio Nobel de Literatura en 2005. Desde el 2002, el autor de piezas como Fiesta de cumpleaños, El amante y Polvo eres (ver aparte) luchaba contra un cáncer que definió como “su pesadilla personal”, en ocasión de un homenaje que le hicieron en Turín a fines de ese mismo año. Pero había una pesadilla superior que le quitaba el sueño: la ignorancia, arrogancia, estupidez y beligerancia de los Estados Unidos. “Creen que tres mil muertos en Nueva York son las únicas muertes que cuentan. Son muertes norteamericanas. Las otras muertes son irreales, abstractas, sin consecuencia. No hay referencia alguna a las tres mil muertes en Afganistán. Los cientos de miles de niños iraquíes muertos a causa de la falta de medicamentos provocada por el bloqueo de Estados Unidos y el Reino Unido no merecen referencia”, afirmaba el también guionista, poeta y actor, preocupado por esas omisiones imperdonables para un artista que siempre descargó su “rabia, horror y asco” por las situaciones de opresión que veía en el mundo.

“Los pueblos no olvidan la muerte de sus semejantes, no olvidan la tortura y la mutilación, no olvidan la injusticia, no olvidan la opresión, no olvidan el terror de los poderosos. No sólo no olvidan. Retribuyen”, agregaba Pinter en ese formidable discurso de Turín, prestando siempre su voz –aun cuando pudiera quedarse afónico de tanto gritar con sus palabras– para conjurar el silencio. En las últimas fotos se lo veía caminar con bastón, pero no necesitó ningún apoyo para denunciar abiertamente los abusos del poder político, a pesar de la fragilidad de su salud. El enfant terrible de la generación denominada “jóvenes iracundos” nació en Hackney, un barrio humilde en el East End londinense, el 10 de octubre de 1930. Hijo único de un sastre y de un ama de casa, sus cuatro abuelos fueron judíos askenazis que habían huido de los pogroms polacos y rusos a fines del siglo pasado. No sólo había una memoria ancestral de persecución, sino que a temprana edad vivió los bombardeos sobre Londres, cuando la muerte formaba parte del aire que se respiraba. Apenas bastan los dedos de la mano para encontrar trayectorias similares a las de Pinter. Tenía una cuchilla especialmente afilada para desmontar en gajos las capas de contradicciones de los vínculos humanos, para indagar en la naturaleza del poder y en los riesgos de que el fascismo penetre en los pliegues más íntimos, como si no se tratara tan sólo de un movimiento político, sino de un aspecto del alma. Hombre de convicciones y compromisos políticos inclaudicables, de esos que nunca tuercen el brazo hacia la derecha, se opuso al gobierno de Margaret Thatcher y rechazó el título de sir porque le parecía “sórdido”.

En la biblioteca de Hackney, el joven Harold devoró al azar todo lo que encontraba. Dostoievski, Kafka, Joyce, Eliot y Pound fueron su primera escuela; por ellos, o gracias a ellos, tuvo la primera certeza: la vida era algo incierto. El fascismo seguía vivo en el mundo de posguerra londinense bajo la forma de librerías, diarios ultranacionalistas e incluso grupos itinerantes. Y peor aún fue comprobar la tolerancia pasiva de un gobierno laborista que en 1945 no hacía ningún intento por frustrar el resurgimiento del antisemitismo inglés. El ADN de su identidad artística, de ese brazo que siempre pulseó hacia la izquierda, se encuentra en estos años de formación. Después de su bar mitzvah, el adolescente Pinter, que ya mostraba alta presencia hormonal de inconformismo, renunció a la religión a los 13 años. Su rechazo a la estructura estatal lo impulsó a negarse a cumplir con los dos años de servicio militar obligatorio en 1948. Fue su primer acto de resistencia política.

Pinter llegó al teatro de Londres en la segunda mitad de los años cincuenta. Inició su carrera como actor (bajo el seudónimo de David Baron), oficio al que ha vuelto cada tanto a lo largo de los años. Cuando comenzó a escribir, hacia fines de los años ’50, supo que las privaciones y la necesidad existen aun en la opulencia y la satisfacción que anestesiaban a la sociedad inglesa. En 1957 publicó su primera pieza breve, The Room (La habitación), en la que abordó la historia de una mujer casada que no quiere bajar al sótano de su casa en el que está viviendo un extraño, un hombre que la llama por otro nombre, como si la conociera de otros tiempos, como si ella hubiera vivido otra existencia que ha tratado de olvidar. Un año más tarde, con La fiesta de cumpleaños, adquirió notoriedad explorando el tema de los que se rebelan contra el establishment y de los que lo defienden. El dramaturgo inglés mostraba cómo los defensores del establishment son sus víctimas inconscientes. El éxito llegaría con El cuidador (1959), pero aún quedaba un largo camino por transitar en la dramaturgia con La colección (1961), El amante (1962), La vuelta a casa (1964), Traición (1978), Un tipo en Alaska (1982), Un trago para el camino (1983) y Polvo eres (1996), entre otras de las más de 30 obras que escribió, a las que se suman los 21 guiones cinematográficos, incluidos La mujer del teniente francés y Betrayal, candidatos a los Oscar; la novela Los enanos; decenas de relatos cortos y cientos de poemas. En los ’80, Pinter publicó obras más abiertamente políticas, que versan sobre la crueldad, la tortura, la violación de los derechos humanos o lo que el dramaturgo consideraba la duplicidad de las democracias occidentales. Pinter examinó la relación entre verdugo y víctima en One for the Road (1984), inspirada en Tomando té con el torturador, incluida en el libro del periodista Andrew Graham-Yooll Memoria del miedo, una crónica de la violencia política que se vivió en la Argentina de la década del ’70.

La dramaturgia pinteriana está cincelada por un profundo sentido de la territorialidad, del poder y de la traición entre hombres a causa de la mujer. Su recurso más habitual consiste en interrumpir los diálogos con silencios misteriosos y pausas, pero también se ha señalado el inexplicable comportamiento de los actores, las pequeñas habitaciones, un número reducido de personajes y las permanentes apariciones de extraños amenazantes. Cuando la Academia Sueca le otorgó el Premio Nobel, en octubre de 2005, el jurado subrayó que en la habitación típica de Pinter “se encuentran seres que se defienden contra intrusiones foráneas o contra sus propios impulsos, atrincherándose en una existencia reducida y controlada”. Andrew Graham-Yooll, en el prólogo de Guerra (Ediciones de la Flor), advierte que la dramaturgia de Pinter se sitúa a mitad de camino entre dos extremos brillantes. “Si James Augustine Joyce (1882–1941) metió todo en la creación literaria para nunca más dejarle palabra libre disponible a nadie, y Samuel Beckett (1906-1989) le sacó todo como para que la dramática quedara liberada de las palabras, Pinter usó el idioma en la medida y filo justos como que una breve oración tuviera la fuerza de penetración de una daga.”

En sus primeras obras se percibía una marcada influencia de Samuel Beckett, con quien mantuvo una larga amistad. “Lo conocí una noche en París. Me llevó de bar en bar y terminamos tomando sopas de ajo a las cuatro de la madrugada. Bicarbonato a la mañana siguiente”, rememoró. El vínculo del dramaturgo con la Argentina no es menor. Pinter apareció en un video homenaje a las Madres de Plaza de Mayo en el que les dedicó unas emotivas palabras. Pero además, actores y directores teatrales locales lo admiraban y representaron casi todas sus obras en los teatros argentinos (ver aparte). En los ’70 criticó la actuación de EE.UU. en el golpe que derrocó a Allende en Chile. En 1988, Pinter y su segunda mujer, la historiadora Antonia Fraser, crearon el Grupo 20 de Junio, formado por intelectuales de izquierda, con el objetivo de derrocar al gobierno de Thatcher. En los últimos años sus críticas políticas más ácidas estuvieron dirigidas contra la violación de los derechos humanos y contra la guerra de Irak, en la que Reino Unido fue fiel seguidor de la administración estadounidense. Del ex primer ministro británico Tony Blair llegó a sugerir, en su discurso de aceptación del Premio Nobel, que era un “criminal de guerra” que podría ser sentado ante el Tribunal Penal Internacional por las atrocidades cometidas en Irak. Y de Estados Unidos dijo que era un país “dirigido por una pandilla de delincuentes”. Muchos extrañarán las “granadas” que arrojaba Pinter.

Por, Silvina Friera
 

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Miércoles, 23 Junio 2010 11:41

Una historia de vida contada desde el teatro

Eran más de las 11 de la noche del 3 de octubre de 2006 cuando Peter Carmona salió de su casa en Moravia para caminar, como solía hacerlo, por toda la avenida del río Medellín. Fue ésta su última travesía por la ciudad. Peter desapareció y dos años después la notificación del CTI de la Fiscalía fue que había aparecido en Nariño (Antioquia) muerto en un combate con el ejército el 4 de octubre de 2006 a las 6 de la mañana, es decir, justo el tiempo del recorrido de Medellín al municipio de Nariño.

Peter era un joven artesano y pescador que solía tejer sus atarrayas y hamacas en los bordes del río Medellín, zona frecuentada en su mayoría por habitantes de la calle y lugar predilecto de la policía para cometer atropellos, y ejercer violencia indiscriminada contra ellos, muchos alucinados e indefensos. Peter había sido detenido por la policía en dos ocasiones: la primera por tener marihuana, y la segunda por oponerse a que la policía le diera una paliza a un sujeto de la calle. De manera que Peter estaba fichado. La historia que aquí intento narrar fue llevada al teatro por la hermana de Peter, en un montaje llamado Falso+positivo.

La obra cuenta la historia de la desaparición, la búsqueda y el hallazgo de Peter Carmona, a quien su madre y su hermana esperaron durante casi dos años sin tener respuesta de las autoridades. La búsqueda de Peter en los hospitales, morgues, parques… y su posterior hallazgo torturado y burdamente disfrazado y armado como guerrillero, se convierten en la trama kafkiana y con tintes tragicómicos de esta puesta en escena que nos conmociona y, en una especie de ritual colectivo, nos dice en el lenguaje metafísico y dramático del cuerpo: Prohibido olvidar.

El grupo se llama La Antiliga. Su dramaturga principal es Claudia, hermana de Peter. La autenticidad de esta obra está en su propuesta o su experimento teatral y narrativo: i) contar un relato en primera persona –una historia de vida– sobre un caso de desaparición forzada, tortura y asesinato cometido por agentes de seguridad del Estado, y ii) teatralizar esa historia con seis actores en un espacio mínimo1 (3 metros por 1,50), donde los actores son a la vez personajes, objetos y espacio. Teatro del cuerpo y de la crueldad: no se representa; se actúa, decía Artaud, para “hacer del teatro una realidad en la cual se pueda creer”.

La Antiliga es entonces un teatro alquímico, del cuerpo y de lo mínimo llevado a su máxima expresión y teatralidad. Falso+positivo es una historia de vida contada por una víctima que actúa –y elabora el duelo– sobre esa realidad de muerte y desolación.

La obra es creación colectiva de actores comprometidos con su montaje: contar la verdad, hacer la denuncia de un crimen de Estado que, estableciéndose como patrón de conducta en las fuerzas militares, ha dejado cerca tres mil víctimas en los últimos siete años.

Realidad testimoniada por la Coordinación Colombia Europa, que en un informe presentado por la Fundación para la Educación y el Desarrollo, Fedes, afirma: “En los últimos siete años se habrían producido en el país más de 3 mil ejecuciones extrajudiciales, [...] los llamados casos de ‘falsos positivos' son sólo la ‘punta del iceberg' de un delito de ejecución sistemática y controlada. Según el organismo, desde 1994 han sido documentados 3.796 casos, de los cuales 3.084, más del 95 por ciento, se han producido en los últimos siete años, es decir, a partir de la entrada en vigencia de la seguridad democrática”2.

Falso+positivo es la obra comprometida de unos artistas que, desde una digna rabia y en un “espacio mínimo”, teatralizan la tragedia humana de los falsos positivos y el drama prolongado de sus familiares en la búsqueda de justicia y verdad. Ya veremos la continuidad de la seguridad democrática a qué nueva tragedia (hecatombe o sacrificio) nos avocará.

*    Actor principal del Living Theatre, colectivo anarquista de artistas que ocupó los principales teatros underground de Estados Unidos y Europa durante las décadas del 60 y 70 del siglo pasado.
1   Técnica actoral del francés Jaques Lecoq.
2   El Espectador, Bogotá, 24 de mayo de 2010.
Publicado en Edición 158
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