Este año celebramos el 66 Aniversario de la Declaración de los Derechos Humanos. Más allá de la celebración, es necesario hacer un repaso crítico de lo que ha supuesto la Declaración y su impacto en la Humanidad, y sobre todo lo poco que se ha avanzado en muchos aspectos hasta hacer que, en muchos casos, la Declaración sea papel mojado. Naciones Unidas ha expresado su deseo de que cada día de este año sea una lucha permanente por los Derechos Humanos. Sin embargo cada día es una violación de esos derechos.

Mujeres y niñas, minorías, inmigrantes, pueblos indígenas, personas mayores, discapacitados, personas sin hogar... son colectivos cuyos derechos siguen sin ser respetados en muchos lugares del mundo. Incluso en lugares donde se han producido avances, la desigualdad se ha visto incrementada dramáticamente en los últimos años. Estas desigualdades se ven también en el campo de la cooperación internacional, ejemplificada, por no retroceder mucho en el tiempo, en la vergonzosa e inadecuada respuesta a la crisis financiera global o a la respuesta ante la epidemia de Ébola, y los lentos avances en la transferencia de tecnología o la financiación de los programas de desarrollo.


En muchos lugares del mundo sigue aplicándose la pena de muerte, e incluso se ha producido un aumento de un 15% de las ejecuciones entre 2012 y 2013 (en este último año se han contabilizado 778) a pesar de no disponer de las cifras de ejecuciones en China (la ONU cree que son varios miles) y a pesar de que en algunos países se ha abolido la pena de muerte. En 2011 sólo se ejecutaron condenados a muerte en 20 países, la mayoría en China, Irán, Irak, Arabia Saudí y Estados Unidos.

Las ejecuciones masivas en zonas de conflicto o en países de transición han aumentado vertiginosamente. También en países que son miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, como son Estados Unidos y China. Si dos miembros tan destacados de la ONU siguen manteniendo la pena de muerte, es difícil que su abolición real sea posible algún día.


Otro derecho ampliamente vulnerado es el consagrado en el Artículo 25 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos: el Derecho a la Salud, designado como fundamental en la Constitución de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en 1946, reiterado en la Declaración de Alma-Ata de 1978 y en la Declaración Mundial de la Salud adoptada por la Asamblea Mundial de la Salud en 1998.


Este derecho, tan legislado y con objetivos tan concretos, presenta una realidad sombría. A pesar de ser un derecho fundamental en muchos países del mundo los gobiernos no se preocupan de "respetarlo, protegerlo y cumplirlo", como es su obligación con todos los derechos fundamentales. En muchos de ellos el sistema sanitario no está disponible para gran parte de la población, ni es accesible (muchas veces económicamente), ni asegura una atención de calidad, ni esta es respetuosa con las características de todos y todas. Por ello millones de personas en todo el mundo están, de facto, excluidas de la atención a la salud. Y no sólo en países en desarrollo, sino que es una triste realidad también en países desarrollados: en Estados Unidos más de 80 millones de personas no tienen atención sanitaria pública ni pueden pagarse una privada, y en el resto del mundo, 250 millones de personas que se arruinan cada año lo hacen porque algún miembro de su familia enfermó.

Uno de los objetivos fundamentales de la Organización Mundial de la Salud para los próximos años es la consecución de la cobertura sanitaria universal, pero en nuestro país, por ejemplo, se han registrado importantes retrocesos. El sistema sanitario ha dejado de ser universal en España desde 2012 por lo que más de 800.000 personas han quedado excluidas del mismo, lo que es una vulneración de ese derecho.


Como es habitual cuando se ponen impedimentos al aseguramiento de un derecho humano fundamental, esta merma afecta de forma más determinante a los grupos de población más vulnerable, incrementándose por ello la inequidad, construyéndose por ello sociedades cada vez más injustas e insolidarias.

Esta es la situación de un país como el nuestro que, en el colmo del cinismo de quienes nos representan, reclama en cuantos foros internacionales interviene la cobertura sanitaria universal mientras que aquí se trabaja de forma contundente en sentido contrario y en perjuicio siempre de los más débiles.


La contaminación atmosférica constituye en la actualidad, por sí sola, el riesgo ambiental para la salud más importante del mundo. Si se redujera la contaminación atmosférica podrían salvarse millones de vidas. La OMS informa que en 2012 unos siete millones de personas murieron –una de cada ocho del total de muertes en el mundo- por vivir en entornos insalubres.

"Los riesgos debidos a la contaminación atmosférica son superiores a lo que previamente se pensaba o entendía, en especial para las cardiopatías y los accidentes cerebrovasculares", ha declarado la Dra. María Neira, Directora del Departamento de la OMS de Salud Pública, Medio Ambiente y Determinantes Sociales de la Salud. "En la actualidad hay pocos riesgos que afecten tanto a la salud en el mundo como la contaminación atmosférica; las pruebas apunta a la necesidad de medidas concertadas para limpiar el aire que todos respiramos".

Son muchas las personas expuestas a los dos tipos de contaminación: la atmosférica y la del aire de interiores. Se estima que la contaminación del aire de interiores tuvo que ver con 4,3 millones de muertes en 2012 en hogares en los que para cocinar se utilizan estufas de carbón, leña y biomasa. Se calcula que 2.900 millones de personas viven en hogares en los que se utiliza leña, carbón o bosta como combustibles principales para cocinar, y son las mujeres y los niños los que pagan más alto precio, puesto que pasan más tiempo en sus casa respirando los humos y el hollín de las cocinas de carbón y leña con fugas.


La contaminación atmosférica está relacionada con el desarrollo de cardiopatía isquémica, accidentes cerebrovasculares, neumopatías obstructivas crónicas, cáncer de pulmón e infección aguda de las vías respiratorias inferiores en los niños con porcentajes muy significativos según las patologías (entre el 3% y el 40%)

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La falta de agua potable es también dramática en cuanto a sus consecuencias en las vidas de muchas personas: se calcula que cada día mueren 6.000 personas por diarrea, la mayoría de ellas por aguas contaminadas y cada año mueren 1,5 millones de niños por esta causa. De nuevo, una causa de muerte relacionada estrechamente con la pobreza y la inequidad.


Sabemos que la excesiva contaminación atmosférica y del entorno es a menudo una consecuencia de políticas que no son sostenibles en sectores como el del transporte, la energía, la gestión de desechos y la industria pesada. Igual que el derecho al acceso al agua potable, el derecho a respirar aire no nocivo debería sr también un derecho fundamental.
¿No es un derecho humano y una cuestión de dignidad el poder aspirar a respirar aire que no afecte de forma tan negativa nuestra salud, como lo es buscar una mejora en las condiciones de vida?

En nuestro continente se viola permanentemente este derecho con la persecución de los emigrantes que llegan a la Unión Europea, cuya política de inmigración es puramente defensiva y que convierte en amenaza las legítimas aspiraciones de las personas que llegan a nuestras fronteras con la intención de mejorar su vida y la de sus familias, lo que debería ser un derecho. Uno de los aspectos más dolorosos se materializa en nuestro país en la existencia de los Centros de Internamiento de Extranjeros (CIE).


Si bien se les define en la normativa española como "establecimientos públicos de carácter no penitenciario", la realidad que se vive tras sus muros recuerda y sobrepasa con demasiada frecuencia a la que se consideraría propia de una cárcel.
Esta situación representa una indefensión extrema si, como a menudo es el caso, al sufrimiento del trayecto migratorio, se añade el desconocimiento del idioma, de los derechos, de la forma de hacerlos valer y en ocasiones, hasta del lugar de Europa en el que uno se encuentra. Es evidente que si además la llegada se produce en grupo a un centro sobreocupado, como ha ocurrido en Canarias o Andalucía, resulta mucho más fácil aunque igualmente intolerable que se puedan pasar por alto circunstancias de gran vulnerabilidad como es la de potenciales solicitantes de asilo, menores, embarazadas, o víctimas de trata.


A lo largo de sus veinte años de vida, lo CIE españoles han sido objeto de la denuncia reiterada de múltiples organizaciones por la comprobada vulneración de los derechos humanos en su interior. Alguna de ellas ha terminado en el cierre del centro, como ha sido el caso del de Málaga en 2012, tras arrastrar graves deficiencias en su funcionamiento y pésimas condiciones higiénicas y de habitabilidad. Pero incluso en aquellos con infraestructuras más aceptables, no se dan las condiciones de respeto a la dignidad y a las características individuales de cada persona, que se ven privadas no solo de su libertad, sino de la posibilidad de comunicarse adecuadamente, con un régimen de visitas restrictivo y basado en la sospecha, sin garantías de acceso a la salud, sin privacidad, sin ser informados anticipadamente de los traslados, y con pocas facilidades para comunicarse con organizaciones sociales.

La aprobación en marzo de este año del Reglamento de funcionamiento y régimen interior de los centros viene a cubrir un vacío que favorecía la arbitrariedad y el desamparo, aunque su contenido no permite presagiar un cambio sustancial ni en la filosofía ni en las condiciones de vida de los mismos. Incluso en la previsión más optimista, la mera existencia de los Centros de Internamiento de Extranjeros en nuestras ciudades, como cárceles encubiertas e invisibles, es inaceptable. Tenemos el deber de exigir un grado de transparencia que permita controlar qué ocurre en su interior hasta que se logre que se pongan en marcha alternativas al internamiento más acordes con el respeto de los derechos humanos.

Otro colectivo que hemos mencionado que sufre especialmente la violación de sus derechos es el de las mujeres en muchos países del mundo. Un simple dato: en el último año sólo en el Congo fueron violadas 200.000 mujeres con total impunidad. La violencia contra las mujeres es habitual en muchos conflictos armados, donde se utiliza como arma de guerra, para desmoralizar al contrario, para humillar o como venganza.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos hace mención especial a la maternidad, aseverando que tiene derecho a cuidados y asistencia especiales: planificación familiar, asistencia prenatal, asistencia especializada en el parto y atención postnatal, además de atención obstétrica de emergencia.


Según la OMS, en 2013 murieron 289.000 mujeres por causas relacionadas con el embarazo y el parto, lo que supone 800 mujeres al día, cifra inaceptablemente alta que da idea de que todos los esfuerzos realizados para alcanzar el 5º Objetivo del Milenio (reducir un 75% la tasa de mortalidad materna entre 1990 y 2015) no han sido suficientes.


El 99% de las muertes maternas se produce en países en de rentas bajas, la mayoría en el África subsahariana. Además, la mortalidad es mayor en zonas rurales y entre las adolescentes, en las que supone la principal causa de muerte en estos países, sobre todo en las menores de 15 años. También aumenta el riesgo de muerte los embarazos repetidos, una alimentación pobre, la exposición a trabajos con gran carga física y la violencia de género.


La mortalidad materna supone una grave falta de equidad en salud, dado que la gran mayoría de esas muertes podrían ser evitadas proporcionando a las mujeres acceso a servicios de salud de calidad durante el embarazo, parto y posparto, así como a planificación familiar y a servicios de aborto seguro.


En muchos países y comunidades las mujeres afrontan barreras de acceso a la atención especializada a causa de su bajo statu social y económico y a la falta de autonomía, lo que les impide tener control sobre su propia salud. Se ha descrito que el nivel de estudios es un indicador importante de la probabilidad de utilizar servicios obstétricos. Por otra parte, en ciertas comunidades existen normas culturales, creencias y tabúes con respecto al rol de las mujeres, el embarazo y el parto que restringen el acceso y la motivación de las mujeres a los servicios de salud menos tradicionales.


En los países de rentas elevadas se asiste al fenómeno contrario, con servicios que medicalizan un proceso natural como el parto, recurriendo excesivamente a intervenciones como cesáreas, episiotomías, enemas y otras, muchas veces injustificadas, inútiles, e incluso, inapropiadas y contraproducentes.

Todas las mujeres tienen derecho a decidir libremente sobre su sexualidad y su vida reproductiva, así como a tener acceso a una atención especializada y apoyo adecuados durante el embarazo, el parto y el posparto, para preservar sus vidas y las de sus criaturas.

La primera asistencia clara reconocida en Derecho Internacional fue en el ámbito del Derecho Internacional Humanitario, con la asistencia humanitaria como protección de las personas que no participan en las hostilidades, lo que representó, tras la Declaración Universal de los Derechos Humanos, el reconocimiento de estas víctimas de conflictos armados como sujetos con derecho a recibir asistencia humanitaria. Un derecho y una asistencia que, no sin cierta dificultad, se reconoció finalmente a las víctimas de desastres naturales por cuanto no hacerlo comportaría una grave violación de las obligaciones que los Estados tienen respecto a los derechos humanos: respetar y hacer respetar.


Entre esos derechos, con su correspondiente obligación de los Estados, se encuentra el derecho a un recurso a las víctimas de violaciones de las normas internacionales de derechos humanos (artículo 8 de la Declaración Universal de Derechos Humanos así como a las víctimas de violaciones del derecho internacional humanitario, artículo 3 de la Convención de La Haya y artículos 68 y 75 del Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional).


Por otro, la creciente humanización del Derecho internacional centró una mayor atención en las víctimas de forma que a la interposición del recurso se añadió la necesidad de asistencia y de reparación. Así quedó reconocido en la Resolución aprobada por la Asamblea General el 16 de diciembre de 2005 "Principios y directrices básicos sobre el derecho de las víctimas de violaciones manifiestas de las normas internacionales de derechos humanos y de violaciones graves del derecho internacional humanitario a interponer recursos y obtener reparaciones" que afirma que al hacer valer el derecho de las víctimas a interponer recursos y obtener al adoptar un enfoque orientado a las víctimas, la Comunidad Internacional afirma su solidaridad humana con las víctimas de violaciones del Derecho Internacional, incluidas las violaciones de las normas internacionales de derechos humanos y del derecho internacional humanitario, así como con la Humanidad en general.


Al respecto, un aspecto esencial es de víctimas, que lo es y que es toda persona que haya sufrido daños, individual o colectivamente, incluidas lesiones físicas o mentales, sufrimiento emocional, pérdidas económicas o menoscabo sustancial de sus derechos fundamentales, como consecuencia de acciones u omisiones que constituyan una violación manifiesta de las normas internacionales de derechos humanos o una violación grave del derecho internacional humanitario con independencia de que los autores hayan sido identificados.

En todo caso, las víctimas deben ser tratadas con humanidad y respeto de su dignidad y sus derechos humanos, y han de adoptarse las medidas apropiadas para garantizar su seguridad, su bienestar físico y psicológico y su intimidad, así como los de sus familias. El Estado debe velar por que, en la medida de lo posible, su derecho interno disponga que las víctimas de violencia o traumas gocen de una consideración y atención especiales para que los procedimientos jurídicos y administrativos destinados a hacer justicia y conceder una reparación no den lugar a un nuevo trauma.

Después de este recorrido por los derechos y sus violaciones, parece casi una broma escuchar al Secretario General de las Naciones Unidas referirse a los derechos humanos mientras está sentado silla con silla con representantes de los gobiernos que violan esos derechos:


"Los derechos humanos son para todo el mundo, en todo momento, independientemente de quienes seamos y de nuestro lugar de procedencia, sea cual fueren nuestra clase, nuestras opiniones o nuestra orientación sexual. Se trata de una cuestión de justicia individual, estabilidad social y progreso mundial. Las Naciones Unidas protegemos los derechos humanos porque esa es nuestra orgullosa misión y porque cuando las personas disfrutan de sus derechos, las economías prosperan y los países están en paz. (...) Exhorto a los Estados a que cumplan su obligación de proteger los derechos humanos todos los días del año. Exhorto a los ciudadanos a que exijan responsabilidades a sus gobiernos. Y hago un llamamiento para que se adopten medidas especiales de protección de los defensores de los derechos humanos, que con valentía sirven a nuestra causa colectiva".


Como siempre y como suele pasar en las declaraciones políticas, todo queda en un deseo, en una intención, pero nunca se ponen las herramientas ni los medios para hacer esos deseos realidad, por lo que terminan siendo papel mojado.

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Lunes, 10 Noviembre 2014 07:58

El mundo deshizo las promesas

La caída del Muro de Berlín es un relato histórico con varias dimensiones. El derrumbe del llamado "Muro de la vergüenza" desembocó en el fin del sistema comunista, facilitó la reunificación de Alemania, extendió el número de países que forman parte de la Unión Europea, propagó la democracia liberal en el Viejo Continente y sepultó la socialdemocracia. Estos rasgos esenciales del impacto que tuvo la desaparición del Muro que separaba el Este del Oeste desde 1961 no escapan a las memorias antagónicas. Según el lugar del "post Muro" donde uno se encuentre la lectura es divergente. Hay "narrativas opuestas. Nuestros relatos de los últimos 25 años son totalmente antagonistas", reconoció durante un coloquio celebrado en Washington el responsable del centro de análisis de la Cancillería francesa, Justin Vaïsse, citado por el vespertino francés Le Monde. El balance, en el campo occidental, está ensombrecido por las contingencias negativas de la realidad. El mundo contemporáneo deshizo las promesas y las esperanzas sembradas por el desmoronamiento del Muro. Le Monde escribe, por ejemplo, que "los occidentales están a la defensiva. El conflicto en Ucrania está en un camino sin salida, las revoluciones árabes salieron mal, las intervenciones en Irak y Libia tuvieron consecuencias desastrosas y el capitalismo no se recuperó totalmente de las graves crisis de finales del año 2000".

 

Incluso dentro de Alemania las disparidades entre el oeste y el este están lejos de haber desaparecido. En una página web especial elaborada por el semanario alemán Die Zeit, la publicación pone de relieve, a través de una serie de gráficos muy claros, la desigualdad persistente. Su diagnóstico es inapelable: "En la euforia de la caída del Muro de Berlín, Alemania quiso borrar rápidamente las cicatrices de las divisiones de la Guerra Fría. Pero la herencia de la RDA (ex Alemania del Este) permanece visible en las estadísticas". Las herencias controvertidas no atañen únicamente a Alemania. La Europa y el mundo actual son descendientes de los escombros del Muro de Berlín. Una de las líneas editoriales que más sobresalen en la prensa europea es precisamente la deuda de "un nuevo mundo" que quedó pendiente. El mundo cambió a partir de aquel 9 de noviembre de 1989, pero la ambivalencia sobre su impacto permanece viva. La deuda de otra configuración mundial es una herida abierta cuyos reclamos se escuchan en América latina, Africa, Asia, Medio Oriente y la misma Europa. Aquella transformación histórica de hace un cuarto de siglo que liberó a millones de personas de Europa del Este de la dictadura de las botas rojas derivó en un nuevo orden mundial asfixiante y deshumanizado donde una sola potencia, Estados Unidos, maneja el modelo. Esa es la línea de fractura en la lectura que hacen los europeos occidentales y los orientales. ¿Quién ganó? ¿La democracia o sólo el prototipo neoliberal?


Desde luego, Washington considera que ganó la Guerra Fría y que, con eso y la expansión del patrón de democracia liberal, es más que suficiente. Pero en Rusia, por ejemplo, el análisis no es el mismo. Moscú mantiene su reproche histórico que consiste en culpar a Occidente de haberse "aprovechado" de la caída del Muro para hegemonizar su modelo y, sobre todo, de no haber cumplido con las promesas hechas a los países que se liberaron del delirio comunista. Ambas critican convergen en la refutación del contexto presente. El presidente ruso Vladimir Putin no cesa de reclamar "un nuevo orden mundial que permita la paz y la estabilidad", mientras que Occidente le reprocha a él ser el factor que lo impide. Aficionado irreverente a culpar al otro y ocultar sus pecados mortales, el Oeste hace caso omiso de los estragos que provocó, con o sin Muro de Berlín, en buena parte del planeta. Cada uno aporta su visión de la historia, y también del presente. Esa mirada disidente surgió en medio de las celebraciones por los 25 años de la caída del Muro de Berlín. Quien reavivó la controversia no fue Vladimir Putin sino el actor central de esta enorme historia: Mijail Gorbachov, el último dirigente de la Unión Soviética, el hombre que dio el empujón clave al derrumbe del Muro. Camino a la capital alemana, Gorbachov no sólo defendió a Putin, sino también advirtió que "el mundo está al borde de una nueva Guerra Fría". El ex dirigente soviético y Premio Nobel de la Paz apuntó sus dardos contra este Occidente hipócrita. "Tratan de llevarnos a una nueva Guerra Fría. Vemos también que hay nuevos muros. En Ucrania están cavando un pozo. Estoy convencido de que Ucrania es un pretexto utilizado por Estados Unidos para ingerirse. El peligro sigue presente. Hoy, los occidentales quieren comenzar otra nueva carrera armamentista." Mijail Gorbachov se negó luego a hacer de Putin el demonio de la era post Muro de Berlín. "Estoy absolutamente convencido de que Putin defiende mejor que nadie los intereses de Rusia. Por supuesto, su política puede ser criticada, pero yo no lo voy a hacer y no quiero que nadie lo haga".


En realidad, 25 años después, lo que llena los debates y las tensiones es la reactivación de la Guerra Fría y la consiguiente confrontación con Moscú a propósito de Ucrania. Y el símbolo que sobrevuela las celebraciones es el de un gran desperdicio, el del estrepitoso fracaso de Europa para hacer emerger una democracia renovada, para inventar un nuevo modelo de sociedad. Pero en lugar del entusiasmo y la imaginación política se impuso el miedo, el retorno del populismo europeo (la ultraderecha), la oprobiosa rendición de la socialdemocracia, la reactualización de la idea de frontera como salvación. El mundo del Muro de Berlín era el mundo oriundo de la barbarie de las dos guerras mundiales (1914-1918, 1939-1945) y de dos totalitarismos. El que surgió después fue una incalculable esperanza. Hoy, es un amargo desencanto para más de una generación de europeos que confió sin reservas en que la democracia se iba a reinventar. Pero la nueva democracia no es ciudadana o participativa sino financiera y, además, de alcance universal. El humanismo europeo es apenas una vieja canción de cuna. El derrumbe del Muro abrió dos territorios: uno, de libertad para quienes vivían en las dictaduras rojas. El otro, de libertad global sin adversario para un sistema liberal depredador de la naturaleza y de la condición humana.


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Miércoles, 05 Noviembre 2014 07:15

Revolución urbana y derechos ciudadanos

En la actualidad, los ciudadanos plantean tres problemas de enorme calado para los que demandan solución o, al menos, alternativas: la quiebra de la democracia, la crisis económico-financiera y la falta de participación en las esferas de decisión en asuntos que les competen directamente.


Jordi Borja, profesor y urbanista de larga trayectoria, autor del libro cuyo título encabeza este artículo, plantea una serie de interesantes reflexiones sobre dichos problemas, que conviene tener en cuenta en estos momentos de incertidumbre y búsqueda de vías de salida por parte de una sociedad ávida de una vida mejor y del respeto de sus derechos de ciudadanía.


El autor plantea con lucidez que las instituciones de proximidad (ayuntamientos y comunidades autónomas) son vías de democratización (proximidad, representatividad inmediata) de la vida política, pero claramente insuficientes (por decisiones externas a las propias comunidades locales, opacidad de los poderes económico-financieros que actúan sobre el territorio local, falta de competencias, etc.).
La atribución de competencias de programación de grandes equipamientos y servicios a consorcios intermunicipales, la realización de planeamientos estratégicos metropolitanos, la coordinación de inversiones y la gestión eficiente de servicios podrían ser vías de renovación democrática e innovación política. Sin olvidar que dicha concertación debe combinarse con la descentralización por barrios, porque toda competencia que pueda ejercerse eficazmente a este nivel no hay razón para traspasarla a otro ámbito superior de gobierno y gestión.


Ni tampoco olvidarse que las administraciones a nivel autonómico y estatal deberían estar al servicio de los intereses de los ciudadanos y no de los correspondientes a grandes corporaciones nacionales y multinacionales. Pero para eso deben apoyarse en los movimientos ciudadanos y en sus electores, y no plegarse a intereses espurios. Y también en municipios de tamaño suficiente, que requieren con urgencia su fusión en unidades mayores para prestar eficazmente los servicios a los que por ley están obligados.


Si bien la realidad es tozuda, y se sobrepone a nuestros deseos y voluntades. La manifestación más evidente de la quiebra de la democracia en la ciudad es la falta de derechos de los ciudadanos. El ejercicio pleno del derecho a la vivienda, el propio derecho a la ciudad (a los espacios públicos), al transporte y a la movilidad, al medio ambiente de calidad, a la Justicia y a la seguridad, a los servicios públicos, a las tecnologías de la información y comunicación especialmente en las relaciones con las administraciones públicas... son fundamentales para que podamos hablar con propiedad de democracia urbana.


La crisis económico-financiera se manifiesta en la ciudad con toda su crudeza. Las promociones urbanísticas abandonadas como catedrales en el desierto, la inaccesibilidad a la vivienda y el recurso a los desahucios, el boom inmobiliario y el uso abusivo de la propiedad privada del suelo, la permisividad urbanística y la desposesión de derechos, la "explosión de la ciudad" en fragmentadas y difusas urbanizaciones económica y ambientalmente ruinosas o el despilfarro de recursos básicos (agua, hidrocarburos, electricidad y otras formas de energía) están haciendo de nuestras ciudades espacios económicos ineficientes, especulativos y crecientemente invivibles y desiguales.


Es lo que Borja denomina "revolución urbana" o "proceso de urbanización que no genera necesariamente ciudad", característico de los dos o tres últimos decenios, por el que aumenta la segregación y la exclusión social, se refuerza la dispersión contra la ciudad compacta, se crean mecanismos disgregadores de la ciudad, que dan origen a territorios suburbanos de lo podríamos llamar la anticiudad.


Anticiudad, quizá no se pueda decir mejor, por la inexistencia de espacios y equipamientos públicos, sin comercio y servicios de proximidad, pero con grandes superficies a las que únicamente cabe desplazarse costosamente en coche los fines de semana, y sin lugares de encuentro de los vecinos y ciudadanos en plazas, jardines y centros públicos de carácter social y cultural a los que pueda uno desplazarse a pie.
Los habitantes de la anticiudad son ciudadanos aislados en sus habitáculos residenciales, despersonalizados y desconocidos por los que conviven físicamente al lado, sin posibilidad de hacer comunidades de vecindad basadas en la comunicación, el conocimiento mutuo y la creación de valores compartidos. Esto es lo que ya está pasando en las grandes ciudades españolas en la actualidad, siguiendo los patrones de urbanización norteamericanos; aun cuando sea menos manifiesto, aunque ya apreciables, en ciudades de menor tamaño.


Las autoridades locales han sido "cómplices del proceso" de crisis descrito, pero deberían (tendrían) que dejarlo de serlo. ¿Cómo? El autor nos responde: "Moralizando la economía" (contra la corrupción y la especulación, sanciones ejemplares), priorizando el acceso a la vivienda y la oferta de alquiler, optando por un urbanismo compacto y poli-céntrico, considerando bienes y servicios públicos al agua, la energía, la tierra, el aire, desarrollando los tejidos productivos locales de pequeñas y medianas empresas...


Por último, las ciudades permiten —debieran permitir como práctica social habitual— "construir escenarios entre las instituciones y los colectivos ciudadanos para deliberar, negociar, confrontarse, llegar a acuerdos o no". Es fundamental que los cauces de participación de la acción colectiva de los ciudadanos partan de la aceptación de que los conflictos sociales son expresión de la realidad cotidiana de las ciudades, porque en ella coexisten intereses contrapuestos que generan movimientos sociales que tratan —si son genuinos— de influir en las políticas públicas en beneficio de los ciudadanos. Sólo así éstos pueden sentirse dueños de su ciudad, escuchados y tenidos en cuenta, artífices de su futuro. Y a los responsables políticos no les vendría nada mal para captar necesidades vecinales, establecer criterios de decisión y elaborar presupuestos.


En conclusión, estas tres reflexiones deberían ser tenidas muy en cuenta por parte de nuestras autoridades territoriales, sobre todo ahora que están preparando sus programas y estrategias de acción de cara a las próximas elecciones municipales y autonómicas.



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Sábado, 28 Junio 2014 07:20

Daños colaterales

Acasi dos décadas de la liberación comercial de cultivos transgénicos, muchos daños graves que los críticos advirtieron podían ocurrir, están comprobados. Uno de ellos es la contaminación transgénica de otros cultivos y de plantas que son parientes silvestres, afectando los ecosistemas. Es un tema que las empresas no quieren debatir y que los gobiernos que autorizan cultivos transgénicos tratan con la mayor negligencia.

Aunque la siembra comercial de cultivos transgénicos sólo está permitida en 27 países del mundo y 98 por ciento de su siembra se concentra en sólo 10 países, se han encontrado 396 casos de contaminación transgénica en más de 60 países (GeneWatch y Greenpeace, 2013). Esto evidencia que la contaminación, sea en forma de flujo génico en campo o por otras vías de trasiego o mercado, es una condición inherente a los transgénicos, que excede ampliamente las fronteras y límites de los campos donde son permitidas.

 

La contaminación es grave en cualquier parte que ocurra y tiene un amplio espectro de consecuencias, que van desde impactos biológicos y en los ecosistemas a problemas económicos, sociales, culturales, pero es aún más corrosiva tratándose de cultivos en sus centros de origen y diversificación, como está sucediendo con el maíz y el arroz.

 

Por ello, a iniciativa de varias asociaciones de científicos críticos, entre ellas la Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad (UCCS) de México, Testbiotech de Alemania, la Red Europea de Científicos por la Responsabilidad Social y Ambiental (ENSSER), junto a varias organizaciones internacionales como Red del Tercer Mundo y ETC, iniciaron una campaña para detener la expansión de transgénicos en el medio ambiente. Para comenzar, se dirigen a los miembros del Convenio de Diversidad Biológica (CDB) y del Protocolo Internacional de Cartagena sobre Bioseguridad.

 


La iniciativa compiló varios reportes científicos que han documentado casos de propagación incontrolada de plantas transgénicas en poblaciones y ecosistemas silvestres, como algodón en México, canola en Norteamérica, Japón y Australia, pastos en Estados Unidos. Se muestra la presencia transgénica recurrente en variedades autóctonas y campesinas de plantas alimentarias en sus centros de origen, como maíz en México y arroz en China.

 


El único país del mundo que ha autorizado siembras de un cultivo alimentario transgénico en su centro de origen es México. Ni China ni Japón, por ejemplo, han permitido la siembra de arroz ni soya transgénica, para proteger el centro de origen del cultivo, muy importante en su alimentación. En esos casos, la contaminación se debe a otras formas de trasiego de semillas transgénicas hacia su territorio, incluida la importación.

 


En la carta de los científicos y organizaciones, se expresa además la preocupación de que está en ciernes la liberación comercial a gran escala de peces, árboles e insectos transgénicos, así como de microorganismos derivados de biología sintética, todos casos que aumentarán exponencialmente los riesgos y la diseminación de genes transgénicos en los ambientes naturales. En el caso de microorganismos y animales debido a su movilidad, en el caso de árboles, porque emiten polen durante toda la vida y a distancias que pueden alcanzar cientos de kilómetros.

 


Todo esto lleva a las organizaciones a declarar que: La ingeniería genética y la biología sintética representan una ruptura radical con las restricciones naturales, ampliamente conocidas, sobre la regulación genómica y el intercambio genético entre las especies. Que los organismos mantengan la capacidad de desarrollarse bajo su tendencia evolutiva, con las limitaciones establecidas de forma natural por procesos evolutivos progresivos de largo plazo, es una aspecto crucial de la protección de la biodiversidad.

 


Señalan que las normas de bioseguridad que se han usado en todos los países que han permitido experimentos y plantaciones de transgénicos no consideran el control espacio-temporal, es decir, lo que sucede con los procesos evolutivos. Esto debería ser un prerrequisito fundamental para la realización de cualquier evaluación de riesgo, ya que de lo contrario se presupone que el ambiente y los organismos son estáticos, lo cual es una negación de la vida y la evolución. Existe un gran riesgo de que no podamos recuperar la biodiversidad original y que la dinámica de las variedades autóctonas cultivadas y silvestres se altere provocando pérdidas irreparables en los centros de origen y diversidad.

 


Por tanto, aseveran, solamente se puede hablar de bioseguridad si los escapes involuntarios o accidentales de organismos transgénicos se pueden retirar del medio ambiente. Si esto no es posible, dichos organismos no deben ser permitidos, ya que las evidencias científicas han demostrado que se han diseminado y penetrado en gran variedad de situaciones geográficas y distancias, acumulando transgenes en variedades silvestres y campesinas locales.


Esta acumulación sucesiva de transgenes tendrá efectos dañinos graves, por ejemplo, según el experto en maíz Ángel Kato, las variedades campesinas y criollas se pueden deformar o volverse estériles, al producirse un rechazo del material genético desconocido para la especie.

 


Para las empresas, la contaminación es un negocio porque pueden llevar a juicio a las víctimas acusándolas de uso de sus genes patentados. Sabían que la contaminación ocurriría y vieron cómo hacer de esto un negocio. Los daños de los transgénicos son vastos y aunque nos quieren dar la imagen de que es imparable, no es verdad, están en pocos países. Hay que detener la fuente de contaminación y destrucción de la biodiversidad que constituye este gran experimento transgénico a favor de las empresas, contra la gente y la naturaleza.
*Investigadora del Grupo ETC

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El pasado dos de mayo, Marco Tulio Sevillano, un "habitante de calle" de cincuenta años, fue quemado vivo junto con una perra y dos gatos mientras dormían bajo un puente ubicado en el Parque Nacional de la ciudad de Bogotá, exactamente en la carrera séptima con calle treinta y nueve. Acto perpetrado, al parecer, por uno de los diferentes grupos neonazis que se expanden rápidamente en la capital colombiana. ¿Qué hay detrás de este acto brutal?

 

Ana Cristina Ramírez, autora mexicana especialista en "antrozoología" o estudio de las relaciones entre humanos y (otros) animales, cuenta que en una conversación con Egon Mullen, "habitante de calle" de Barcelona, éste describió de la siguiente manera su experiencia diaria con las perras que siempre lo acompañan: "Para mí —me dijo enfatizando con una señal hacia su pecho— Mi familia... mi única familia... Son personas para mí" . Por supuesto, Mullen no se refiere con lo anterior a que las perras sean su propiedad, es decir, sus "mascotas", y que por ende integren su familia. De ahí que Ramírez apunte lo siguiente: "estos animales en algo son la antítesis de una mascota, es decir, del animalito que alguien tiene bajo su techo, a quien brinda protección, sustento y educación porque tiene los medios económicos para sostenerse a sí mismo y al animal dentro de cierto entendimiento de que ese propietario además de su casa, vestido y sustento, tiene una mascota" . En suma, para Mullen, las perras constituyen compañeras vitales, no mascotas; configuran con él una red de apoyo mutuo que les posibilita seguir juntos adelante, en pie. Quiero dejarlo claro: las perras no son mascotas porque no se encuentran bajo el dominio de un amo o propietario que, a cambio de diversión, afecto y seguridad, les proporciona ciertos cuidados. La relación de mascotaje nunca llega, estructuralmente, a ser horizontal, como sí sucede en el caso de Mullen.

 

A menudo los/as "habitantes de calle", con el pasar de los años, co-construyen y ponen en marcha formas-de-vida nada convencionales que, entre otras cosas, incluyen compañeros no humanos como los perros. Escribo "formas-de-vida" porque de lo que se trata es de un ensamblaje compuesto por potentes singularidades vivientes, no simplemente de un sujeto que varía su manera de vivir. En otros términos, si Mullen se refiere a las perras como "personas" y como su "familia", es en virtud de que emerge allí un nuevo mundo, un conjunto inédito de relaciones, donde lo "humano" o la noción de "persona" se descentran y le abren paso a otro tipo de realidades, de continuidades bio-físico-sociales frecuentemente extrañas y opuestas a lo que se piensa es el núcleo de la sociedad: la familia blanca, burguesa y heterosexual con "mascota" incluida.

 

Justamente fue una compleja forma-de-vida aquello que se destruyó, aquello que, literalmente, se consumió en llamas y redujo a cenizas, cuando el pasado dos de mayo, Marco Tulio Sevillano, un "habitante de calle" de cincuenta años, fue quemado vivo junto con una perra y dos gatos mientras dormían bajo un puente ubicado en el Parque Nacional de la ciudad de Bogotá, exactamente en la carrera séptima con calle treinta y nueve. Acto perpetrado, al parecer, por uno de los diferentes grupos neonazis que se expanden rápidamente en la capital colombiana. Todo bajo el amparo tácito o explícito de un país profundamente conservador, para/militarizado, guerrerista y avalador de la homofobia, el racismo, el clasismo, el especismo, el autoritarismo y otros "ismos" igual de perversos. Cuestiones que llegan a condensarse en figuras como la del actual procurador Alejandro Ordoñez, discípulo de Marcel Lefebvre conocido por su misoginia y homofobia, por su afición a la tortura de toros por diversión, por participar durante su juventud en una quema de libros según él "pornográficos" e "impúdicos", donde se encontraban textos de Rousseau, Marx y García Márquez, y, además, por recientemente haber destituido e inhabilitado durante más de diez años al alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, a quien considera "un comunista".

 

Lo último que debemos hacer es percibir la quema de libros ordoñezca como si estuviese distanciada de la quema presuntamente neonazi de un "habitante de calle", una perra y dos gatos. Tampoco es casual que miembros de la policía nacional hayan llevado a cabo una práctica similar en Bogotá durante el año 2012, cuando le prendieron fuego a la vivienda del "habitante de calle" Wilmer Alejandro Bernal, de quince años de edad, y a sus compañeros caninos, todo bajo la excusa de su desalojo, pues ocupaba el lugar que no debía, un lugar que, adicionalmente, estaba ubicado en el no privilegiado sur de la ciudad. ¡Tenemos que afinar nuestros lentes ya! Aquí lo que se desea reducir a cenizas son formas-de-vida enteras, posibilidades de existencia alternativas y antagónicas a las imperantes. Ni Alejandro Ordóñez, ni los policías, ni el grupo neonazi, son casos aislados de "barbarie", "crueldad" o "demencia", más bien son el epítome, hijos completamente sanos, de una histórica y acelerada fascistización de la formación social colombiana.

 

La vulnerabilidad de los "habitantes de calle" —sean humanos o no, sean "perros callejeros" o "personas", en todo caso nómadas contemporáneos que desafían las territorializaciones forzosas y delimitaciones espaciales/corporales estatales— es una vulnerabilidad estructural intensificada por las características particulares del contexto nacional actual. Si la vida de Marco Tulio Sevillano terminó de esta horrible manera fue porque, aunque viviera sin dañar a nadie, como relatan algunos de los estudiantes de la Universidad Javeriana, lugar que frecuentaba, su cuerpo era visto como un cuerpo "sucio" e "improductivo", alejado de la racionalidad capitalista de la buena apariencia (signo de salud), del ansia de trabajo y de la obtención de lucro. Igualmente, el de él era un cuerpo racializado como "negro" y "provinciano", pues migró joven de la ciudad de Cali hacia la capital buscando un mejor porvenir. Finalmente, Marco Tulio no se adaptaba para nada al individuo que establece una típica familia nuclear heterosexual, la de él era una familia animal disruptiva, molesta, donde la comunicación, antes que pasar por estereotipadas expresiones de "amor" patriarcal y capitalista, incluía lamidos, roces, maullidos y ladridos.

 

Nuestro pauperizado "habitante de calle" era un comunista en acto, un "revolucionario natural", que si bien estaba ubicado, debido a los vectores antes mencionados (racialización, origen geográfico, clase, apariencia física, etcétera), en un espacio de vulnerabilidad extrema, también daba cuenta de otras alternativas de vida-en-común, de alternativas que a veces buscamos en libros europeos o estadounidenses pero que se encuentran más cerca de nosotros de lo que pensamos. Gilles Deleuze y Félix Guattari, filósofos franceses, escribieron extensamente sobre la necesidad de entrar en procesos de contagio, llamados por ellos "devenires", que trastoquen nuestras posiciones corporales y las lleven a lugares inusitados. Estoy seguro de que Marco Tulio entró en procesos de devenir-animal que lo ponían en situaciones privilegiadas para comprender las dinámicas de cambio, a la vez que lo situaban en lugares peligrosos al interior de una formación social profundamente fascista y eugenésica, como efectivamente lo confirma su trágica muerte. Marco Tulio, al igual que muchos/as otros/as "habitantes de calle", dejó en buena medida, quizá sin intención, de ser humano; se distanció tremendamente del ideal de humanidad: el hombre blanco, heterosexual, cristiano, racional, propietario, letrado, adulto y con buena apariencia (saludable). Cuanto más nos separemos del ideal de humanidad más nos ponemos en riesgo, más se hace evidente la precariedad a la que todo el mundo está sometido en intensidades variables, ya que nadie nunca logra encarnar absolutamente dicho ideal ni tiene una posición y futuro asegurados. La destrucción de la forma-de-vida de la que eran partícipes Marco Tulio, Mona (como se llamaba la perra) y los dos gatos, no es más que un espantoso caso límite de nuestro cotidiano y variopinto desprecio por todo aquello que no encaja en el ideal de humanidad descrito. Desprecio hacia los no trabajadores, no blancos, no hombres, no cristianos, no heterosexuales, no cuerdos, y, por supuesto, hacia los del todo no humanos, como Mona y los dos gatos.

 

Ante el caso de exterminio de Mona, de los dos gatos y de Calidoso, como era apodado cariñosamente Marco Tulio, antes que reaccionar con medidas punitivas conducentes a individualizar el suceso y dejarlo en manos de autoridades policiales que ya hemos visto de qué son capaces, o antes que clamar por una "cristiana sepultura" o por el respeto de "toda vida humana", como lo hicieron las directivas de la Universidad Javeriana, o incluso que implorar por la "defensa de los derechos humanos", como fue el caso del Defensor del Pueblo Jorge Otálora, debemos contribuir a desestructurar el ideal normativo de lo humano y de la familia heterosexual. Lo cual pasa por reconstituir nuestros cuerpos, nuestros gustos y deseos, nuestra manera de relacionarnos con los/as demás y lo demás, nuestros proyectos de vida y prioridades diarias. El mejor homenaje que le podemos hacer a las víctimas de la triste acción realizada por los neonazis es rescatar su apuesta por configurar formas-de-vida alternativas, tramas de cuidado mutuo, redes de afecto cálidas, que hagan volar en mil pedazos el ideal normativo de humanidad por siglos impuesto.

 

Ante la insoportable calidez de la incineración de nuestros cuerpos, de todos los cuerpos que no se adapten al patrón dominante o que intenten fraguar formas-de-vida divergentes, el único derrotero es el del "devenir-cálido(so)" de los cuerpos en interacción, "humanos" y "no humanos", allende las divisiones jerárquicas raciales, económicas, sexuales, de especie, etcétera. Resulta imperativo contagiarnos de Calidoso, no de él como sujeto individual, sino de la forma-de-vida en la que se encontraba inmerso, de su red afectiva que excedía el ideal de humanidad y la familia heterosexual. Devenir-Calidoso, devenir-cálido, configurar formas-de-vida cálidas, es decir, de cuidado y apoyo reconfortante frente a las lógicas que nos hacen vulnerables e incluso que nos pretenden eliminar. "Devenir-cálido(so)" aquí y ahora, ése es mi único humilde llamado. La forma-de-vida incinerada el dos de mayo, sin caer en idealizaciones, representaba un reservorio de fuerzas contra el orden dominante y los neonazis lo sabían perfectamente, pues ellos no son "crueles dementes" sino, reiteramos, hijos perfectamente sanos del eugenismo occidental y de la fascistización del tejido social nacional.

 

Mayo 15 de 2014
Bogotá, Colombia

 

Libro relacionado

 

De la isla del doctor Moureau al planeta de los simios:

la dicotomía humano/animal como problema político

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Jueves, 08 Mayo 2014 06:28

La ciudad se ahoga en una partícula

La calidad del aire que se respira en la mayoría de las ciudades del mundo empeora, alertó ayer la Organización Mundial de la Salud (OMS), y con ella aumenta el riesgo de que su población padezca enfermedades respiratorias, coronarias y otras patologías relacionadas con la contaminación. Casi el 90% de las urbes sobre las que se han recopilado datos —1.600 en 91 países— superan los niveles recomendados por la OMS de un tipo de contaminación, las partículas en suspensión, muy relacionado con el tráfico, la industria y las calefacciones. Los datos vuelven a llamar la atención sobre un problema al que hace unas semanas la OMS también puso cifras. Estimó que uno de cada ocho fallecimientos en el mundo se producen como consecuencia de la exposición al aire sucio: siete millones en 2012.


"Hemos visto que la situación empeora, sobre todo en países de crecimiento económico rápido, los llamados emergentes. En los industrializados, los datos no mejoran como venían haciéndolo en los últimos 20 o 30 años", señala María Neira, directora del departamento de Salud Pública y Medio Ambiente de la OMS. Recopilar y hacer pública esta base de datos, "la más grande del mundo sobre calidad del aire y población urbana", pretende contribuir a "concienciar y movilizar" sobre un problema que, insiste, "tiene un impacto clarísimo en nuestra salud". Al teléfono desde Ginebra, Neira subraya que la OMS no ha querido "castigar" a las ciudades con peores datos exponiéndolas, sino "apreciar su trabajo al monitorizar la situación y estimular a otras para que hagan lo mismo".


Los datos presentados ayer actualizan una base de datos que ahora cuenta con 500 ciudades más que en el anterior recuento, de 2011. Solo el 12% de estas urbes respiran lo que la organización considera aire limpio, que en el caso de las partículas PM10 —llamadas así por su diámetro, inferior a 10 micras— es de una media anual de 20 microgramos por metro cúbico. Peshawar y Rawalpindi, ambas en Pakistán, son las ciudades más contaminadas, con registros que multiplican hasta por 27 los máximos recomendados: 540 y 448, respectivamente. De las 20 ciudades con peor calidad del aire, la mitad están en la India. Nueva Delhi marca 286.


Muy lejos de los datos europeos, que rondan los 60 en ciudades búlgaras y polacas y bajan hasta los 11 de Reikiavik o los 12 de Copenhague. En España, la ciudad más contaminada es La Línea de la Concepción, con 33. Barcelona, con 25, y Madrid, con 22, superan las recomendaciones de la OMS, pero, como ocurre en el resto de Europa, los registros son de los más bajos en la clasificación mundial.


La mitad de la población urbana objeto del estudio está expuesta a niveles al menos dos veces y media superiores a los que la OMS recomienda no superar, recuerda Neira. Las causas son variadas: la dependencia de los combustibles fósiles, como en las plantas que producen energía con carbón; el transporte en vehículos privados; la escasa eficiencia energética en los edificios (cómo se calientan o enfrían y aíslan) y el empleo de biomasa para cocinar y para las calefacciones. "Hablamos de zonas urbanas, así que el transporte, el tipo de vehículos y la clase de combustible que usan, juega un papel muy destacado", afirma la experta.


Los científicos apuntan a los vehículos que funcionan con motores diésel como los grandes culpables de la mala calidad del aire de muchas ciudades. Emiten más partículas microscópicas y óxidos de nitrógeno que los de gasolina. A mediados de 2012 la OMS certificó que los humos del diésel causan cáncer de pulmón. La organización ha recomendado que se reduzcan los valores límite de partículas PM2,5, también llamadas partículas finas (menos de 2,5 micras de diámetro), las que genera la combustión de carburantes fósiles, especialmente los vehículos diésel. Están compuestas por elementos tóxicos, como metales pesados, y son muy peligrosas porque, al ser tan pequeñas, penetran con facilidad en las vías respiratorias. Varios estudios las han relacionado con la mortalidad por causas cardiovasculares y respiratorias.


La base de datos de la OMS también recoge las mediciones de PM2,5 y muestra que Nueva Delhi, con una media anual de 153 microgramos por metro cúbico, es la ciudad más sucia del mundo para este contaminante. De las 20 ciudades con peores registros, 13 están en la India. La OMS tiene establecidos 10 microgramos de media anual como el umbral de protección a la salud. En Europa, los peores datos están en Polonia, con alguna ciudad por encima de 40, y en República Checa, con varias que superan los 30.


A finales de abril pasado la OMS reveló en otro informe que la contaminación es más dañina para la salud de lo que se creía. El vínculo entre la exposición al aire sucio y las enfermedades respiratorias, cardiovasculares, los accidentes cerebrovasculares (ictus) y el cáncer resultó ser mucho más estrecho. La organización cuantificó que unos siete millones de muertes en 2012 se podían atribuir a la contaminación, parte a la atmosférica (2,6 millones) y parte a la interior (4,3), la que se produce dentro del hogar por cocinar con fuegos abiertos, estufas de carbón, leña o biomasa.


La agencia de la OMS que investiga el cáncer (IARC, en sus siglas en inglés) actualizó hace unos meses su clasificación y situó la contaminación ambiental en el nivel 1, el más alto, el de las sustancias sobre las que no cabe duda científica acerca de su relación con el cáncer.

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Martes, 21 Enero 2014 06:28

El otoño de Cuba

En la actualidad Cuba es uno de los países de América Latina con mayor número de adultos mayores (18,3%) y el primero en que estos superan al sector ubicado entre los 0 y los 14 años (17,3%). Con esta tendencia, el país ya es incapaz de garantizar un reemplazo poblacional, lo que significa que cada día habrá más personas recibiendo jubilaciones y menos trabajando.


La cobertura de salud general y gratuita ha permitido prolongar la vida de los hombres hasta alcanzar los 76 años y, en el caso de las mujeres, vivir un promedio de 80. Semejante avance provoca no pocos retos y uno de ellos es que aumenta el número de hijos ancianos que deben atender a sus padres centenarios. Ya funciona incluso un club llamado "De los 120 años", proponiendo la meta de que todos los seres humanos lleguen a esa edad.


Margarita Roca cumple en marzo los 97 años. Camina con alguna dificultad pero su mente está clara. Ella misma confiesa, entre risas, que es "muy majadera" para bañarse y comer. Es atendida por su hijo menor, Raúl, de 71 años, quien se enfrenta a problemas mayores que los caprichos de su madre. "Vivimos de dos jubilaciones que no alcanzan, para poder cuidarla he tenido que dejar de trabajar y todos los precios están por la nubes. Me cuesta mucho comprarle la leche, por ejemplo", dice Raúl a Público y agrega que "se nos va todo en el pago de la luz, la balita del gas, el agua, el periódico y el teléfono. Por suerte mis hijos me ayudan a llegar a fin de mes".


Además de la mayor esperanza de vida, la baja natalidad influye también en el envejecimiento. Una mujer cubana en edad reproductiva tiene como promedio 1,6 hijos. Las razones son muy variadas pero destacan la adquisición de un mayor nivel educacional y cultural, la integración de las mujeres a la vida profesional y laboral, las dificultades económicas y, en particular, la escasez de vivienda, que impide que las parejas se independicen del núcleo familiar original.

 

El problema más grave que enfrenta la sociedad es el cuidado de los ancianos. Nada en Cuba está preparado para su atención. Tienen 75.000 médicos pero no hay suficientes geriatras, pululan las barreras arquitectónicas en todas las ciudades y pueblos, las jubilaciones no son suficientes, no existe un transporte colectivo adecuado y los centros de acogida para ancianos tienen muchas menos plazas de lo que se necesita.


A pesar de todo, la sociedad cubana ha desarrollado algunos interesantes proyectos para la tercera edad, como la Universidad del Adulto Mayor, donde se imparten asignaturas como Historia hasta métodos sobre cómo vivir de la mejor manera esta etapa de sus vidas. Asimismo, en casi todos los parques del país, miles de personas, en su mayoría ancianos, reciben clases gratuitas de Tai Chi, una disciplina de ejercicios chinos que favorece la coordinación de movimientos y el equilibrio.


En los municipios existen Casas del Abuelo donde pueden pasar el día mientras sus familiares trabajan. Allí hacen ejercicio, los alimentan, juegan al dominó, ven la televisión, hacen alguna excursión y se relacionan con gente de su edad. Todo es gratuito, como lo son también los asilos, dedicados a aquellos que no tienen familia y están desamparados. El problema es que unos y otros se quedan por debajo de las necesidades.
Alberto Fernández, jefe de atención al adulto mayor de Salud Pública, reconoce que las 230 Casas del Abuelo y las 9.000 plazas en los asilos se quedan muy por debajo de la demanda generada por una sociedad en la que ya viven más de dos millones de personas de la tercera edad. Sin embargo, anuncia que ya se trabaja en la reparación de los existentes y que planean la apertura de 13 nuevos asilos y 140 Casas más antes de 2015.


Sin lugar a dudas, la ampliación de las capacidades de atención a la vejez es una buena noticia pero hará falta mucho más que eso para que la sociedad cubana pueda enfrentar semejante reto. Los especialistas creen que es imprescindible desarrollar en la población una cultura que permita convivir armónicamente con los adultos mayores y mecanismos económicos que hagan sostenible un avance social tan importante como el aumento de la esperanza de vida.

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Luego que la New Eco¬nomics Foundation (NEF) ubicó a Costa Rica en el primer lugar dentro de 149 países (Happy Planet Index, 2009), el inglés Nic Marks, su editor, visitó la nación centroamericana y allí manifestó estar muy emocionado en poder entender cómo se logró esto. Dijo Marks: ¿cómo hacer para que otros países emulen el ejemplo de Costa Rica?


Pagadas de sí mismas, las autoridades pasearon al visitante por el país más feliz del mundo, aunque librándolo de conocer a la niña Lineth Campos. Dos años antes, en un acto oficial en Nicoya (provincia de Guanacaste), Lineth había causado el enojo del insípido presidente Óscar Arias y sus ministros, lanzándoles los versos de un poema de Alvaro Villegas:


"Guanacaste, Guanacaste... paraíso natural que despierta la codicia del imperialismo... / Antes el latifundismo, luego la explotación del criollo en las minas y haciendas ganaderas, ahora la explotación turística".


Las mediciones de la NEF parecen responder a las agencias del turismo aventura, o al interés de los que promueven el negocio inmobiliario entre los jubilados de Estados Unidos y Europa. Para ello cuenta con el respaldo de instituciones como la Universidad de la Paz (presidida ad honorem por el secretario general de la Organización de Naciones Unidas, Ban Ki moon), y que en su staff tiene a personajes como el demócrata vacuno de Uruguay Julio María Sanguinetti, y el tecnócrata chileno Francisco Rojas Aravena.


En sentido contrario, las mediciones emprendidas por el programa Estudio de la nación, dirigido por Jorge Vargas Curell, resultan menos optimistas: más de un millón de pobres (25 por ciento de la población), con 7 por ciento en la pobreza extrema (80 dólares al mes en las ciudades, 63 en el campo), en tanto 40 por ciento de los niños y adolescentes se debaten en situación de pobreza.


Un país, en suma, donde el politólogo Andrés Mora Ramírez asegura que la resignación se disfraza de felicidad, y desde 2010, con las políticas neoliberales, ha visto crecer el desempleo, la desigualdad y la brecha entre ricos y pobres, habiendo alcanzado el pico máximo en un cuarto de siglo.


Mora Ramírez aludía al fracaso del venido a menos Partido Liberación Nacional (PLN), surgido de los ideales socialdemócratas de José Figueres (1948), y que con los años degeneró "...en una agrupación derechista y auténtico caballo de Troya del gran capital trasnacional y de los grupos dominantes asociados".


Otro mito costarricense consiste en relamerse con las ventajas del país sin ejército, abolido por la Constitución de 1949. Singularidad institucional que, para fundaciones alemanas como la reaccionaria Konrad Adenauer (democristiana), habría hecho de la sociedad tica la más democrática y segura de América Latina. Cosa hasta cierto punto veraz, en comparación con la desgarradora realidad social de los países vecinos.


Los pueblos, sin embargo, sangran por su propia herida. Porque buena parte de los costarricenses sienten que la cacareada democracia, seguridad y felicidad de su patria contradice el sentido profundo de los versos declamados por Lineth: aquel espíritu patriota y antimperialista que el 20 de marzo de 1856, en la provincia de Guanacaste precisamente, derrotó al filibustero yanqui William Walker en la batalla de Santa Rosa.


Más que país feliz, Costa Rica es hoy un protectorado virtual de Estados Unidos, y piedra angular de los planes de dominación del Pentágono en América Central y el Caribe. En julio de 2010, por ejemplo, y en franca violación de la Constitución, la Asamblea Legislativa aprobó por unanimidad el ingreso a territorio nacional de 7 mil marines y 46 buques de guerra equipados con helicópteros artillados y aviones de combate.


La autorización del ingreso fue solicitada por la embajada de Washington en San José, a través de una carta sin traducción oficial que el gobierno de Laura Chinchilla giró de inmediato a la Asamblea Legislativa. Y en el acuerdo, el país más feliz del mundo renunciaba a presentar cualquier reclamo "...por daño, destrucción de la propiedad de otro, lesiones o muerte del personal de ambos que surgieran de las actividades". En pocas palabras, las tropas yanquis no podían ser juzgadas en Costa Rica.


Contra los políticos neoliberales del PLN y socialcristianos del PUSC, a más de los llamados libertarios (remedo ultraneoliberal y criollo del Tea Party), viene consolidándose la personalidad de José María Villalta, joven legislador que encabeza la intención de voto y lidera la coalición de fuerzas progresistas y de izquierdas agrupadas en el Frente Amplio (FA).


Previstos para el domingo 2 de febrero, los comicios presidenciales podrían arrojar la grata sorpresa de que el FA consiga romper el círculo vicioso de los cipayos ticos, en más de medio siglo de alienación, entreguismo y pérdida de la soberanía nacional. Para ello, bastaría que Villalta pase a la segunda ronda electoral.


En tanto, los versos declamados por Lineth ayudan a levantar el ánimo: "Despierta, hermano guanacasteco, despierta tu espíritu indómito / suéltate el bozal, quítate la talmeca, demuestra tu coraje y altivez chorotega, toma las riendas del potro chúcaro y domina el toro cimarrón del imperialismo..."

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Lunes, 13 Enero 2014 05:39

Las autodefensas vs. los narcos

Grupos civiles armados de autodefensa tomaron ayer el poblado de Nueva Italia, una ciudad de 32.500 habitantes y segundo bastión del cartel de los Caballeros Templarios, ubicado en el oeste de México, en medio de una lucha entre estos sectores y el crimen organizado, que se apoya en el narcotráfico. "Hemos llegado a Nueva Italia, somos el Consejo de las Autodefensas Unidas de Michoacán, llegamos a apoyarlos", informó una fuente vinculada con ese grupo a través de las redes sociales. Los también llamados guardias o policías comunitarios ingresaron a ese poblado a bordo de decenas de camionetas a través de una zona conocida como Cuatro Caminos, ruta que conecta con el municipio de Apatzingán, en la región de Tierra Caliente del estado de Michoacán. Según lo primeros informes, al menos 150 camionetas repletas de gente armada con rifles de alto poder llegaron a esa localidad. Los pobladores recibieron a los grupos armados con comida, mientras que las mujeres y niños los vitoreaban con aplausos y carteles en los que se leía "Vivan los autodefensas".


El arribo de estos policías comunitarios tuvo lugar sin que el ejército, que resguarda los accesos a esa localidad desde hace algún tiempo, tuviera algún tipo de intervención. El grupo armado, que surgió en febrero del año pasado, argumenta que dejarán las armas cuando hayan terminado con el crimen organizado, que tiene una amplia presencia en Michoacán. La toma pacífica de Nueva Italia se produjo horas después de que las autodefensas ingresaran a las comunidades de El Ceñidor, en el municipio de Parácuaro, y de Zapotán, municipio costero de Coahuayana, con lo que suman 16 las poblaciones de ese estado en esa situación.


El jefe de las autodefensas en La Ruana, Hipólito Mora, declaró que seguirán su avance en los municipios de Uruapan, Los Reyes, Apatzingán y Quiroga, donde los habitantes solicitaron la entrada de los líderes de las autodefensas ante las extorsiones, abusos y cobro de peaje de los Caballeros Templarios. Apatzingán es una ciudad clave del transporte de droga. Las ocupaciones de las nuevas localidades tienen lugar después de una serie de bloqueos de rutas, incendio intencional de vehículos de pasajeros y de carga y la quema de las oficinas del ayuntamiento, de un supermercado y de tiendas.


La violencia ocurre una semana después de que las autodefensas desarmaran a once policías del poblado de Parácuaro, instalaran puestos de control y tomaran la seguridad en sus manos, ante la inacción de las autoridades para hacer frente a los grupos narco. El gobierno mexicano encabezado por Enrique Peña Nieto afirmó el viernes pasado que los grupos civiles de autodefensa se encuentran al margen de la ley y no cuentan con ningún tipo de reconocimiento social.


A todo esto, en los últimos días se ha producido la quema de camiones de empresas como Coca-Cola o la cervecería Corona, unidades que fueron atravesadas, en llamas, en la ruta, para bloquear el tránsito. Tales acciones son lideradas por pobladores que se oponen a la presencia de las autodefensas. Estos guardias surgieron en febrero del año pasado, en la zona de Michoacán, para defenderse de las extorsiones y secuestros organizados por los Caballeros Templarios. Algunos de estos grupos fueron acusados de trabajar para el cartel rival Jalisco Nueva Generación. Desde que entraron en acción, las bandas civiles toman el control de la seguridad en una decena de municipios, donde vigilan la entrada y salida de vehículos, y patrullan las calles.


En tanto, el líder del izquierdista Partido de la Revolución Democrática (PRD), Jesús Zambrano, manifestó que la situación en ese estado del noroeste del país azteca no se resolverá hasta concretar un acuerdo entre diversos sectores sociales. Asimismo, Zambrano insistió en que la presencia del ejército y la policía federal en la zona no es suficiente para devolver la tranquilidad a sus pobladores.


A pesar del recrudecimiento de la crisis en Michoacán, el presidente Peña Nieto dio un mensaje de dos minutos y medio de comienzo de año en el que no aparecieron los términos violencia, criminales o paz: "Felicitaciones a los mexicanos. Retos para el 2014". Fin del mensaje.


En otras ocasiones, el mandatario del PRI insistió en que el tema de la violencia es un asunto de regiones más que nacional. Las cifras oficiales registran una disminución de los homicidios en Nuevo León y Chihuahua, pero en una decena de estados son moneda corriente el secuestro y la extorsión, como en Michoacán, Morelos, Guerrero, Tamaulipas y el propio estado de México. A lo largo de su primer año de gobierno, Peña Nieto ha destacado que su estrategia se compone de la coordinación entre el Ejecutivo y los gobernadores, quienes se dividieron en cinco grupos y con quienes se reúnen los ministros de Defensa, Marina, Gobernación y el comisionado de seguridad nacional. En esas reuniones se comparte información y se toman decisiones en el terreno.


Sin embargo, a pesar de las varias intervenciones del gobierno en Michoacán, hoy hay una guerra abierta en la región de la Tierra Caliente entre las autodefensas y el cartel de los Templarios.

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Martes, 31 Diciembre 2013 07:32

El derecho a morir con dignidad

Muchos somos los que hemos visto a personas muy queridas que, debido a la enfermedad que tenían, tuvieron una muerte larga, penosa, dolorosa y humillante. Y era la propia persona que se estaba muriendo la que deseaba morir lo más pronto posible, irse sin pena y sin dolor, y sobre todo, con dignidad. Y, en cambio, era muy poco lo que el enfermo y sus familiares podían hacer para ayudarle. La ley no lo permite.


La mayor razón de ello es un prejuicio religioso que, como en el caso del aborto, habla de la santidad de la vida, sin ser sensible al significado y calidad de dicha vida. Está, como todo sentimiento religioso, basado en fe, en creencias, y escapa a cualquier raciocinio. Y es un indicador más del enorme poder que tiene la Iglesia y de su influencia negativa en la cultura popular que tal posibilidad ni siquiera haya sido considerada por los llamados representantes de la población.


Ni que decir tiene que es un tema complejo, pues puede dar pie a abusos, es decir, que este derecho fuera utilizado por los familiares o personas próximas al enfermo como manera de aliviar su propia incomodidad, añadiendo presión al enfermo para que firmara y diera su consentimiento para que le ayudasen a morir. Pero hay mecanismos y regulaciones que pueden disminuir la posibilidad de este abuso, adquiriendo, por ejemplo, la autorización en un momento de mayor normalidad en el que el paciente pueda decidir en una situación menos estresante, o incluso cuando no estuviera enfermo en fase terminal.


Así se está haciendo en cuatro Estados de EEUU: Oregón, Washington, Vermont y Montana. Y la popularidad de dicha medida explica que otros Estados estén considerando aprobar leyes semejantes. La intervención pública permitiendo la muerte asistida por personal sanitario se llama Death with Dignity Act (ley del derecho a morir con dignidad), y se está extendiendo a lo largo de EEUU. Ello es un indicador de la pérdida de influencia de las religiones en la sociedad. En realidad, ha sido la constante de las religiones, y muy en particular de las iglesias cristianas (y más concretamente de la Iglesia Católica) el valorar el dolor como instrumento de redención y purificación, concepción que adquiere mayor contundencia en el proceso del final de la vida, camino –según dichas religiones– hacia el otro mundo, donde se desarrolla la plena realización de aquel ser. Tal creencia tiene que respetarse por mera coherencia democrática. Cualquier ciudadano tiene el derecho a practicar su religión, según los cánones que marque su iglesia. Ahora bien, este mismo ciudadano no puede imponer sus creencias al resto de la sociedad, tal como las iglesias desean, y muy en particular la Iglesia Católica española, que tradicionalmente ha tenido una relación privilegiada con el Estado español, tanto durante los periodos dictatoriales como en los escasos periodos democráticos que España ha tenido en su historia. La Iglesia Católica española no solo no es un instrumento democrático, sino que es antidemocrático, puesto que nunca ha aceptado que sus creencias son particulares (es decir, debieran afectar solo a sus creyentes) y no universales (es decir, que apliquen a toda la ciudadanía).


Y la dirección ultrarreaccionaria de la Iglesia Católica, que fue durante la dictadura parte del Estado fascista (los clérigos eran pagados por el Estado y los obispos nombrados por el dictador), nunca ha aceptado que sus creencias y sanciones no deben transformarse en políticas públicas en un sistema democrático. Hacerlo, como está ocurriendo en España, es de una enorme insensibilidad democrática, además de una gran crueldad e inhumanidad.

 

Negar el derecho a morir sin dolor y con dignidad a las personas como consecuencia de un mandato de su Dios, es delegar la gobernanza de un país a un poder terrenal no democrático que utiliza un poder supuestamente divino (que nadie ha elegido) para controlar a la población. Han sido un error grave el excesivo respeto y docilidad mostrados por las izquierdas a las imposiciones de un poder fáctico que ha dañado tanto y continúa dañando a la población, y todo ello en nombre de su Dios.

 

 

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