Lunes, 31 Agosto 2015 06:28

Asbesto un asesino en casa

"Es la sustancia más inmoral con la que se haya hecho trabajar a la gente." Podrían morir cerca de 125 millones de trabajadores que están expuestos al mineral.

 

Lo usaban los bomberos en sus uniformes. Fibroso, incombustible y mortal, aísla techos, paredes y tuberías. No se trata de una adivinanza, sino de la descripción del asbesto o amianto, un mineral de fibras blancas, flexibles y asesinas.
"Un trabajo peligroso, soldar a pocos centímetros de una cisterna de petróleo. Una sola chispa es capaz de activar una bomba que puede arrasar una refinería. Por eso te dicen que utilices esa lona gris sucia, que es resistente a las altas temperaturas porque es producida con una substancia ligera e indestructible: el amianto. Con eso las chispas quedan prisioneras y tú quedas prisionero con ellas, y debajo de la lona de amianto respiras las substancias liberadas por la fusión de un electrodo. Una sola fibra de asbesto y en veinte años estás muerto." Así escribe el autor italiano Alberto Prunetti en la novela, basada en la vida de su padre, Amianto. Una historia obrera (Ed. Alegre, Roma).

Es la historia de millones de trabajadores que inhalan y llevan sobre sí o dentro de sí esas fibras tóxicas que provocan cáncer (mesotelioma) del pulmón, de la laringe y graves patologías como la asbestosis. Palabras complicadas, causas simples: si en tu casa lavas ropa sucia de amianto, podrías aspirar una fibra que jamás saldrá de tu cuerpo y producirá enfermedad o muerte. De un haz de un milímetro se desprenden 50 mil microfibras respirables.

El asbesto es un silicato de alúmina, hierro y cal que, junto con cemento, forma el fibrocemento, patentado en 1901 por el austríaco Ludwig Hatschek como Eternit, eterno, por su resistencia. Al ser manipulado o al desgastarse, libera polvos fatales. Todos, en México y en donde no se ha prohibido su extracción y uso, estamos en peligro. Es riesgoso laborar con el mineral, vivir cerca de las fábricas o tener techos, láminas, tubos, balatas o guantes revestidos de asbesto.

En Europa la bonificación del amianto tardó años, desde que en 1999 se prohibiera el uso del material. Otros cincuenta y cinco países, incluyendo Canadá y Estados Unidos, hicieron lo mismo. Sin embargo, el negocio es boyante en otros lados: Rusia, China, Brasil, Tailandia, India y Kazajstán son importantes productores. Por su parte, México duplicó en 2011-2012 las cantidades importadas y procesadas, que ascendieron de 9 a 18 millones de dólares.

En Brasil se estima que el amianto ha matado a 150 mil personas en diez años, es decir 15 mil al año (casi quince por ciento del total mundial). Allí operan dieciséis grandes empresas que "en las elecciones van financiando transversalmente a todos los partidos políticos", relata Fernanda Giannasi, exsupervisora del Ministerio del Trabajo. Los activistas antiasbesto tienen los medios y la industria en su contra, pues tratan de informar a la población sobre riesgos y complicidades político-empresariales.

En México, el mesotelioma ha aumentado de veintitrés casos en 1979 a doscientos veinte en 2010, pero hay un subregistro estimado del setenta por ciento, que llevaría el promedio anual a quinientos casos. La "cifra negra" se relaciona con los casos en que no se diagnostica la enfermedad o no consta en las actas de defunción, debido a que conviene no reconocerla como afectación laboral.

El asbesto está en miles de instalaciones alrededor de nosotros. La CTM, en el pasado incluso defendió el uso del material, ya que el sector emplearía entre 8 y 10 mil personas y no habría constancia de fallecimientos por mesotelioma, lo cual es falso y solapa el problema. La extracción mundial de asbesto fue, en 2013, de 2.1 millones de toneladas y desde 1995 se ha mantenido entre 2 y 3 millones de toneladas, siendo más de mil 800 las compañías que lo utilizan.

La organización mexicana Ayuda Mesotelioma (mesotelioma.net) denuncia peligros y estragos del asbesto desde hace cinco años, cuando sus fundadoras, Sharon Rapoport y su hermana Liora, vieron cómo su padre se enfermaba gravemente. En cinco décadas México ha importado más de quinientas mil toneladas de asbesto y sólo en la capital lo manejan unas cuarenta y dos compañías. Aún es legal, pero es éticamente deplorable.

"A excepción de la pólvora, el amianto es la sustancia más inmoral con la que se haya hecho trabajar a la gente; las fuerzas siniestras que obtienen provecho del amianto sacrifican gustosamente la salud de los trabajadores a cambio de los beneficios de empresas", dijo Remi Poppe, exeurodiputado holandés. Los síntomas del mesotelioma aparecen entre quince y cincuenta años después de la inhalación de las fibrillas y no existe realmente ningún nivel "seguro" de exposición.

Muerte por amianto


Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), al año mueren unas 107 mil personas por enfermedades contraídas por manipulación de amianto. En el siglo XX las muertes prematuras fueron 10 millones y se enfermaron 100 millones de personas debido al amianto. Hoy, 125 millones de trabajadores están expuestos al mineral. La Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios de la Secretaría de Salud reconoció su toxicidad, pero se limitó a sugerir "que las empresas controlen su uso".

La Ley de Salud del Distrito Federal habla de precauciones sobre el amianto, pero sin prohibirlo. Según datos del INEGI, veintiuno por ciento de las viviendas mexicanas tiene techo de lámina metálica, cartón o asbesto, y el uno por ciento tiene paredes de cartón, asbesto, carrizo, bambú o palma. En 2014 se otorgaron cuotas del Fondo de Aportación para la Estructura Social para viviendas de Iztapalapa. Las reglas dicen que "los pisos, muros y/o techos deben ser de cuartos dormitorio o cocina dentro de la vivienda, hechos con lámina de cartón, metálica, de asbesto o material de desecho". ¿De asbesto? Sí, no es broma, está en la Gaceta Oficial-DF.

La OMS, en cambio, pide eliminar el uso de todo tipo de asbesto, incluido el "blanco" o "crisotilo" que el lobby del asbesto pretende presentar como "limpio"; asimismo, habla de aportar información sobre soluciones para sustituirlo con productos seguros; desarrollar mecanismos económicos y tecnológicos para ello; evitar la exposición al asbesto durante su uso y en su eliminación; mejorar el diagnóstico precoz, el tratamiento y rehabilitación médica y social de los enfermos, así como registrar a las personas expuestas en la actualidad o en el pasado.

La "fase superior" del filantrocapitalismo

La hilaza tóxica del asbesto pasa también por Costa Rica, "la Suiza de Centroamérica". La Garita es un paraje de ensueño, rincón tropical cerca de Alajuela. Las instalaciones de la INCAE Business School, la mejor escuela de negocios latinoamericana, destacan entre las palmas, las granjas, una plácida carretera y unos pastos verdísimos.

INCAE es famosa por su enfoque de desarrollo sustentable y ética empresarial. Cuenta con campus en Nicaragua y Costa Rica. Es un proyecto para la enseñanza e investigación gerencial que nace en 1964, bajo los auspicios de la Alianza para el Progreso del entonces presidente de Estados Unidos, John F. Kennedy, de la Escuela de Negocios de Harvard, de la agencia UsAid y de los mandatarios y empresarios de seis países centroamericanos.

En los años noventa, la historia de esta escuela se cruza con la de un empresario que en las Américas tiene fama de gurú del desarrollo sustentable, mientras que en Europa es conocido como "rey del Eternit": Stephen Schmidheiny.

Hombre de negocios por tradición familiar (cementera Holcim, Wild-Leitz de instrumentos ópticos, electrotécnica bbc Brown Boveri y la empresa Eternit), nació en Heerbrugg, Suiza, en 1947, amasó una fortuna con el negocio del asbesto y su record está manchado por procesos judiciales y graves acusaciones.

La Fundación AVINA, creada por el empresario en 1994 y operativa en veintiún países latinoamericanos, colabora con la escuela y en 1996 Schmidheiny, quien fue administrador de Eternit y hoy está en el Consejo Directivo de INCAE, participó en la creación de su Centro Latinoamericano para la Competitividad y el Desarrollo Sostenible (CLACDS).
Schmidheiny fundó varias organizaciones sin fines de lucro, como Fundes (1984), MarViva (2003) y el fideicomiso VivaTrust (2003), que sustenta AVINA. En éste confluyó el valor de la participación del suizo en Grupo Nueva, consorcio de negocios forestales. En Chile, sus filiales han sido acusadas por los indígenas mapuches de despojo, dentro de un largo conflicto social, ya que la adquisición de las tierras ancestrales de las comunidades (120 mil hectáreas) empezó en la dictadura de Pinochet, que las expropiaba o enajenaba "con prácticas de intimidación, tortura y asesinato", según denuncian los mapuches.

El magnate vendió sus acciones del grupo Eternit a finales de los ochenta, y para 1999 su patrimonio ascendía a 4.4 billones de dólares. Las fundaciones se constituyen como entidades autónomas, prácticamente inatacables tras eventuales condenas judiciales, y promocionan redes como SEKN (Social Enterprise Knowledge Network) y alianzas sobre temas socio-ambientales: agua, ciudades sustentables, energía, industrias extractivas, innovación política, reciclaje, cambio climático.

Hay movimientos sociales que hablan de "filantrocapitalismo" respecto de avina y su aliada Ashoka, fundación filantrópica estadunidense presente en setenta países. "El capital trata de apropiarse de los movimientos ecologistas razonables para reconvertirlos en domesticados capitalismos verdes o formas de negocio con el agotamiento del planeta", explica el ingeniero activista español Pedro Prieto, de la Asociación para el Estudio del Auge de Petróleo y Gas.

¿Por qué? "Los emprendedores sociales trabajan con esas poblaciones, su labor es acercar a las multinacionales hasta ellas, mientras salvaguardan los intereses de éstas", dice María Zapata, directora de Ashoka en España. En entrevista con Rebelión, el investigador Paco Puche habla de cómo se infiltran las fundaciones en los movimientos con "la cooptación de líderes" y de cómo "AVINA se vincula al magnate Schmidheiny, que debe su fortuna al criminal negocio del amianto. Decimos que todos los que han recibido dinero y otras prebendas de esta fundación (y después de conocerla, no la han rechazado) se llevan la maldición del polvo del amianto en sus entrañas".

En 2013, el Tribunal de Turín condenó al suizo y a su exsocio en la multinacional Eternit Group, el barón belga Louis De Cartier, de noventa y dos años de edad en ese entonces, a dieciséis años de cárcel por desastre doloso y remoción de medidas contra los infortunios: la sentencia fue esperada por los familiares de 3 mil víctimas. La Corte de Apelaciones aumentó la condena a dieciocho años, pero el miembro de la nobleza belga falleció poco antes. Schmidheiny fue condenado por sus responsabilidades como administrador de Eternit en el decenio 1976-1986 y absuelto de otros cargos del período 1966-1975 porque los hechos no subsistían. Las causas de la asbestosis y el mesotelioma ya se habían detectado desde los años sesenta, pero el negocio de Eternit siguió; por eso la condena habla de "dolo": los imputados habrían escondido conscientemente los efectos cancerígenos del asbesto.

En noviembre de 2014, en el último grado de juicio, la Suprema Corte anuló la sentencia anterior, ya que los crímenes habían prescrito. Se tomó como inicio de los términos para la prescripción el año de 1986, cuando Eternit declaró su quiebra, pero la decisión es polémica, ya que el desastre ambiental todavía sigue ocurriendo, pues no se interrumpe con la quiebra fiscal de la empresa. Es una bofetada a víctimas y familiares.

El paso más reciente

Mayo de 2015: se abre un nuevo proceso, "Eternit Bis". Schmidheiny ya no es acusado de "desastre" sino de homicidio doloso agraviado de 258 personas, exempleados o vecinos de Casale Monferrato, un pueblo en que operaba Eternit, quienes fallecieron entre 1989 y 2014 por mesotelioma pleural. Agravantes serían el "mero fin de lucro" y el "modo insidioso", pues se habría ocultado información a trabajadores y ciudadanos sobre los riesgos.
En cambio, en su web el magnate dice ser "pionero en la eliminación del asbesto en la industria". En julio su defensa logró la suspensión del juicio mientras la Corte Constitucional italiana evalúa si hay o no violación al principio ne bis in idem, por el cual nadie puede ser juzgado dos veces por el mismo asunto. Mientras tanto, los fiscales de Turín presentarán cargos para noventa y cuatro casos más de afectación por Eternit.

La hecatombe del asbesto aún durará por décadas. Urge reparar el daño a las víctimas, prohibir su uso y comercio, desterrarlo de toda habitación y ambiente.

Publicado en Ciencia y tecnología

La sociedad colombiana está orientada más al crecimiento que al desarrollo. La cantidad se sobrepone a la calidad. Ello es manifiesto en las metas cuantitativas de cobertura, bien sea de salud o educación, sin tener en cuenta la calidad, pertinencia y sostenibilidad de las políticas. Algo similar ocurre con los temas ambientales, de urbanismo o vivienda. El concepto de vida digna no hace parte de la cultura colombiana ni de las políticas de desarrollo.

 

 

La especie humana pertenece a una clase natural universal. Por tanto debe satisfacer necesidades materiales y objetivas para lograr sobrevivir y reproducirse. De igual manera requiere de un ambiente social, cultural, económico e institucional para desarrollar sus capacidades y potencialidades como ser humano; esto es, existir en un contexto de bienestar o calidad de vida digna. Por su naturaleza de persona consciente, integral y espiritual, adicional a las necesidades y al bienestar, está llamado a encontrar sentido y significado a su diario vivir. La condición humana se orienta más al «ser» que al «tener».

 

1. Nivel y Calidad de Vida, conceptos y metodología

 

Cada ser humano de manera individual y las sociedades, en general, comparten la aspiración común por elevar su nivel y calidad de vida. El nivel está asociado a la cantidad, esto es, la posibilidad de las personas de obtener bienes y servicios en mayor cantidad. De acuerdo con la ideología dominante en las sociedades capitalistas, la relación directa es con la propiedad y el nivel de ingreso: a mayor renta mayor nivel de vida o, mirado de otra manera, quien más pueda consumir y tenga más bienes materiales y dinero acumulado, mayor será su nivel de vida.


La calidad de vida es un concepto holístico que hace referencia al bienestar humano. Implica la presencia y disfrute en la vida cotidiana de aquellos elementos, tangibles e intangibles, que fomentan la dignidad y su florecimiento, todos los derechos humanos y libertades fundamentales, la igualdad y la justicia social, la democracia, la paz, la estabilidad y la seguridad, la solidaridad y la tranquilidad individual o colectiva. Si bien los bienes y servicios materiales que satisfacen necesidades esenciales son imprescindibles, no son suficientes para proporcionar el bienestar sistémico que requiere la compleja y dinámica existencia humana en su derecho legítimo de aspirar a una vida feliz.


La diferencia conceptual entre nivel y calidad de vida está emparentada con la alternativa «tener o ser», estudiada por el psicólogo social Erich Fromm (1900-1980) en su análisis de dos formas de existencia. Quien se orienta al tener define su vida y su existencia y se define a sí mismo por lo que tiene y pueda tener. En la orientación al ser, en cambio, se trata de la realización de la vida misma, del trabajo productivo, del desarrollo de sus cualidades y fuerzas esenciales humanas. En la primera, la experiencia de la identidad se basa en la fórmula «soy lo que tengo»; en la segunda, en la formula «soy lo que hago». Querer superar la orientación hacia el tener no significa, por ello, ningún ascetismo, renuncia de la vida, ni tampoco ninguna orientación hacia el no tener, sino un retorno hacia las fuerzas esenciales del ser humano y su ejercicio1. La calidad, en resumen, es el mismo arte de vivir, lo que requiere el ejercicio diario de una vida desde las cualidades y fuerzas propias humanas. Hay que descubrirlo en uno mismo y en la relación con la realidad, a menudo contra la resistencia de las «patologías de la normalidad» (para Freud, el interesado exclusivamente por tener y poseer es una persona neurótica, mentalmente enferma) enmascaradas como «sentido común». El objetivo del arte de vivir, por tanto, consiste en estar relacionado con la realidad exterior e interior con las propias fuerzas mentales, espirituales y corporales de tal manera que pueda crecer el amor por la vida.

 

En consecuencia, no es lo mismo crecimiento que desarrollo (ver recuadro "El principio de modernización"). El «progreso» no significa nunca un simple plus cuantitativo; esencialmente es cualitativo, y de la índole cualitativa del espíritu. El «progreso» es consciente y conocedor de su meta, explicaba a principios del siglo XIX el filósofo alemán Hegel (1770-1832). Esta meta es, en la traducción del dilema existencial entre «tener y ser» establecida por Fromm, el progreso en la autoproducción del ser humano. El despliegue multilateral de las fuerzas esenciales de la naturaleza humana, según la antropología crítica, explican este «progreso» o «desarrollo», de acuerdo con el grado alcanzado en su humanización. La elevación de estas fuerzas esenciales –que diferencian al ser humano de los demás seres biológicos– están relacionadas con los siguientes atributos de su ser específico: i) ser natural universal, ii) conciencia, voluntad y lenguaje, iii) ser teórico-práctico, iv) la praxis, entendida como trabajo, proceso técnico-práctico universal, y actividad vital, libre y creativa, transformadora del mundo y del ser humano mismo, v) persona, individual y social, vi) ser histórico.

El principio de la modernización y el "Tercer Mundo"*

 


[...] progreso y desarrollo tampoco son sinónimos. El progreso hace referencia a los avances, los adelantos y perfeccionamientos que facilitan la vida del ser humano, el desarrollo en cambio a una necesidad de usar el progreso como forma de negocio y enriquecimiento económico. Por ello, el desarrollo ha implicado retroceso, perdida de soberanía, de derechos y riqueza vital para la mayoría de los pueblos, naciones y ciudadanos del mundo, sin que a cambio hayan obtenido ninguna ventaja.

La idea del desarrollo surgió sólo en ese espacio geográfico mal definido de lo que hoy conocemos como Occidente y comenzó a imponerse a golpe de conquista armada y propaganda mediática al resto del mundo por intereses especulativos: obtener y acumular bienes más allá de los que pueden llegar a usarse y consumirse en vida, someter a los otros construyendo un sistema de dependencia. El beneficio de una minoría cada vez más exclusiva antepuesto al interés de la mayoría, al bien común.

Desde finales de los años cuarenta, la obsesión por la modernización, a toda costa, de las llamadas economías atrasadas escondían razones interesadas: "... Encontrar mercados para los bienes norteamericanos fuera de sus fronteras, porque la capacidad productiva de su economía se había duplicado durante la guerra; asegurar el control sobre las fuentes de materias primas a fin de enfrentar la competencia mundial, y establecer una red global de poder militar incuestionable para garantizar el acceso seguro de materias primas, mercados y consumidores" (Escobar, 1996).
La estrategia del desarrollo necesitó inventar la existencia de un Tercer Mundo, el subdesarrollado, al que era necesario redimir de sus 'miserias'. Los medios de masas fueron y son hoy la herramienta principal para mantener la colonización de una idea moldeadora de la opinión pública, identificando el subdesarrollo como una etapa, un estadio en el tránsito de los seres humanos hacia el desarrollo. Desde este prisma las estrategias de intervención son ideadas bajo la cobertura del concepto de cambio social. Una de las más conocidas fue concebida por Walter W. Rostow, un radical anticomunista defensor de la guerra de Vietnam y consejero de Seguridad Nacional de los presidentes Kennedy y L. Johnson, que partía de la necesidad de superar cinco etapas para el alcanzar el desarrollo y expandir el capitalismo. La sociedad tradicional es vista como un problema por su deficiente actividad comercial y de consumo. El inicio de la intervención en ella se debe planificar primeramente desde la inversión en las infraestructuras destinadas al comercio; y segundo, en el aumento de la producción y la especialización laboral. En una tercera etapa se produciría un incremento de la inversión, el consiguiente crecimiento del pib, y con ellos la industrialización y el abandono de las actividades agrícolas para fortalecer otros sectores. De esta manera se llega a una cuarta y una quinta fase en las que la mayor oferta de bienes (consumismo) permite hacer que la industrialización sea duradera. La práctica viene a demostrar el fracaso de este plan que finalmente sólo conduce a la dependencia económica y al empobrecimiento de la mayor parte de la población de los países intervenidos.

Esta mirada, como expresa Rist (2002), no es un valor universalmente compartido y carece, además, de base científica para sostenerse. La existencia de un planeta de recursos finitos impide con toda lógica un crecimiento tendente al infinito, como exige el desarrollo. Ésta es la razón del fracaso de cualquier intento de democratizar universalizando el desarrollo. El crecimiento permanente sobre bienes finitos no es compartible y es el argumento principal contra la gran estafa de los interesados en seguir propagando esta idea, que suena bienintencionadamente traicionera y embustera. El modelo es reproducible pero no universalizable. El mundo, como nos decía Gandhi, es suficientemente grande para todos pero insuficiente para la avaricia de unos pocos.

El neoliberalismo, que defiende el modelo desarrollista, es consciente de la imposible universalidad del modelo consumista. Su estrategia se fundamenta en conseguir el aumento del consumo de quienes ya están dentro del mercado, "quien está fuera debe ser mantenido a distancia, controlado, eventualmente asistido por medidas y políticas compensatorias, como propone el Banco Mundial" (Betto, 2011).
El desarrollo se percibe como el mayor fracaso gestionado por los seres humanos, nunca hubo tanta desigualdad y miseria en el planeta como en estos momentos de la historia, donde el uno por ciento de los más ricos posee el 48,2 por ciento de los bienes del planeta, y a la mitad más pobre le queda sólo el uno por ciento de los mismos.

El presente debe empeñarse en buscar nuevas rutas para reflexionar sobre los caminos de la comunicación que deben verse no como una herramienta de desarrollo, sino como estrategia de empoderamiento, de inclusión, de participación ciudadana, un elemento de mediación y búsqueda de los consensos necesarios para construir economías justas y beneficiosas para los ecosistemas, de reivindicación de justicia y de defensa de derechos universales, y el desarrollo no forma parte de ellos. 

 

En las sociedades capitalistas, el desarrollo es entendido como crecimiento del valor de mercado de la producción (Producto Interno Bruto, PIB). Más exactamente está asociado a la acumulación ampliada del capital, generado por la explotación del trabajo y la expoliación de la naturaleza. En el lenguaje ordinario, el desarrollo describe un proceso a través del cual se liberan las potencialidades de un objeto u organismo, hasta que alcanza su forma natural y completa. Cuando la metáfora del desarrollo la aplicaron a las políticas nacionales adquirió un virulento poder colonizador, pronto aprovechado por los políticos. La metáfora del desarrollo convirtió la historia en programa, dirigido por burócratas e ideólogos del capital. Sirvió, además, para enfrentar los procesos revolucionarios y las luchas anticolonialistas. La historia fue reformulada en términos del capitalismo occidental y la democracia burguesa. El desarrollo privó a los pueblos de culturas diferentes de la oportunidad de definir sus propios planes de vida. En el siglo XX, durante los años cuarenta –década en la cual surgen los principales conceptos, instituciones y políticas aún hoy dominantes– el desarrollo se asocia simplemente con el crecimiento del ingreso por persona en las áreas económicamente subdesarrolladas.

 

El Consejo Económico y Social de Naciones Unidas recomienda en 1962 la integración de los aspectos económicos y sociales del desarrollo. La primera década del desarrollo de Naciones Unidas (1960-1970) establece que "el problema de los países subdesarrollados no es mero crecimiento sino desarrollo [...] el desarrollo es crecimiento más cambio. El cambio a su vez es social y cultural tanto como económico y cualitativo como cuantitativo [...] El concepto clave debe ser mejorar la calidad de vida de la gente" (La Década del Desarrollo de las Naciones Unidas: propuestas para la acción, 1962).

 

Para los años 1970 fueron incluidos como objetivos del desarrollo los problemas de la pobreza, el subempleo, los conflictos rurales y el desempleo (que comienzan a crecer como producto de los rápidos procesos de urbanización y tecnificación de la producción). Además, se registra una mayor preocupación por la calidad de vida, la distribución del ingreso y los problemas relacionados con la contaminación ambiental, el agotamiento de los recursos naturales y, en general, la destrucción de la naturaleza. De este modo, la segunda década del desarrollo formula un nuevo paradigma, el de la integración, tras reconocer la necesaria articulación de los recursos físicos, los procesos técnicos, los aspectos económicos y el cambio social. La Estrategia para el Desarrollo Internacional, proclamada por las Naciones Unidas, el 24 de octubre de 1970, demanda una estrategia global.

 

El enfoque debería incluir los componentes diseñados: i) No dejar a sector alguno de la población fuera del alcance del cambio y el desarrollo, ii) Efectuar un cambio estructural que favorezca el desarrollo nacional y active a todos los sectores de la población para participar en el proceso de desarrollo, iii) Proponerse la equidad social, incluyendo el logro de una distribución equitativa del ingreso y la riqueza en la nación, iv) Dar alta prioridad al desarrollo de las potencialidades humanas. Comenzó así la búsqueda del enfoque unificado para el análisis y la planeación del desarrollo.


Este proceso es recogido y sintetizado al finalizar el siglo XX por la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Social convocada por las Naciones Unidas (Copenhague 1995). Allí quedó establecido que "El desarrollo social es inseparable del entorno cultural, ecológico, económico, político y espiritual en que tiene lugar. No puede perseguirse como una iniciativa sectorial. El desarrollo social está también claramente vinculado con el logro de la paz, la libertad, la estabilidad y la seguridad a escala nacional e internacional. Para promover el desarrollo social es preciso orientar los valores, los objetivos y las prioridades hacia el bienestar de todas las personas y el fortalecimiento y promoción de las instituciones y las políticas que persiguen este objetivo. La dignidad humana, todos los derechos humanos y libertades fundamentales, la igualdad, la equidad y la justicia social son los valores fundamentales de todas las sociedades".


Durante un tramo de la historia del desarrollo nivel y calidad de vida armonizan. Transgredido un umbral, pueden volverse contradictorios y hasta antagónicos. Así, por ejemplo, en las sociedades modernas la mayoría de las personas desean poseer un automóvil, al aumentar los ingresos un alto número de familias alcanza esta realización material, elevando su nivel de vida; pero a la vez, aparecen social y colectivamente nuevos problemas: contaminación del aire y ruido, dificultades en la movilidad por saturación de vías, agresividad pública y estrés por gastos asociados con la nueva propiedad, deteriorándose, en conjunto, la calidad de vida.

La utilización del concepto de Calidad de Vida (CV) es reciente en las sociedades capitalistas. Después de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), los investigadores de la época en Estados Unidos se interesaron en conocer la percepción de las personas y los hogares acerca de si tenían una buena vida o si se sentían financieramente seguras. A partir de los años 1960 el uso del concepto CV es generalizado por parte de los científicos sociales, recolectando información y datos objetivos relacionados con el estado socioeconómico, nivel educacional o tipo de vivienda y acceso a servicios públicos de los hogares.

 

Actualmente hay consenso respecto a la utilización del concepto CV, entendiendo que alude a varios niveles de la generalidad, desde el bienestar social o comunitario hasta ciertos aspectos específicos de carácter individual o grupal. El punto en común es el bienestar individual y social. En general, la CV es evaluada analizando cinco áreas diferentes: i) bienestar físico (con conceptos como salud, seguridad física), ii) bienestar material (alude a ingresos, pertenencias, vivienda, privacidad, alimentos y transporte, entre otros), iii) bienestar social (relaciones personales, amistades, familia, comunidad, reconocimiento, confianza), iv) desarrollo y actividad (educación, productividad, contribución, realización) y, v) bienestar emocional (autoestima, mentalidad, inteligencia emocional, estado en el tiempo y respecto a los demás, religión, espiritualidad).


En Colombia, el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane) inicia la Encuesta de Calidad de Vida (ECV) en 1991, con la pregunta por la "Pobreza y calidad de vida en Bogotá". A partir de la ECV 1997, bajo la metodología "Living Standards Measurement Surveys" (Lsms) promovida y auspiciada por el Banco Mundial, la entidad rectora de las estadísticas en Colombia aplica encuestas "multipropósito" que cubren las principales variables a nivel de vivienda, hogar y personas, que ofrecen información para el análisis, seguimiento y evaluación de la efectividad de las políticas y programas socioeconómicos del país, en la búsqueda de soluciones a los problemas de la pobreza y la iniquidad social.


Un indicador comúnmente usado para medir la CV es el Índice de Desarrollo Humano (IDH), establecido por las Naciones Unidas para medir el grado de desarrollo de los países. Es calculado desde 1990 por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (Pnud) de acuerdo con el trabajo de investigación del economista pakistaní Mahbub ul Haq realizado en 1990, fundamentado en las ideas desarrolladas por el economista indio Amartya Sen. El IDH es un indicador social estadístico compuesto por tres parámetros: vida larga y saludable, educación y nivel de vida digno.

 

Desde la publicación en 1990 del primer Informe sobre Desarrollo Humano (IDH) global del Pnud, la mayoría de los países ha registrado un desarrollo humano significativo (ver mapa 1). El Informe de 2015 muestra que las tendencias globales en general son positivas y que el progreso continúa. Sin embargo, siguen perdiéndose vidas, a la par que socavando medios de subsistencia y desarrollo por motivo de catástrofes y crisis naturales o inducidas por los seres humanos.

El Informe sobre Desarrollo Humano 2014 "Sostener el Progreso Humano: reducir vulnerabilidades y construir resiliencia", registra a 49 países de "Desarrollo humano muy elevado", ocupando los primeros lugares Noruega, Australia y Suiza (el IDH es cercano a uno, valor máximo); en este privilegiado grupo se encuentran Chile, Cuba y Argentina. El nivel "Desarrollo humano elevado" concentra 53 países, encabezados por Uruguay (IDH: 0,790); Colombia hace parte de esta segunda clasificación con un IDH: 0,711 y ocupa el puesto 98 entre los 187 países estudiados por el Pnud. A principios de la década de 1990 Colombia se encontraba clasificado, según el IDH, en el nivel medio (IDH 0,500 a 0,799), ocupando el puesto 55 entre los 160 países clasificados en aquellos años.

La diferenciación entre nivel y calidad de vida es manifiesta en la historia colombiana. Durante el último siglo la pobreza medida por ingresos ha disminuido de manera continua: a principios del siglo XX nueve de cada diez connacionales vivía bajo condiciones de pobreza material, en 2014 la proporción ha disminuido a tres de cada diez, reflejando el aumento sostenido en el promedio de las rentas per cápita. En contraste, durante este período la falta de conciencia respecto al valor sagrado de la vida es manifiesta en la violencia ejercida por los grupos de poder sobre el pueblo y en la intolerancia homicida al momento de resolver conflictos entre colombianos, sin importar clases sociales, regiones o culturas; con episodios llevados al delirio y la exuberancia a mediados y finales del siglo XX. En resumen, los colombianos son menos pobres pero se matan más entre sí (gráfico 1). No obstante, es importante recordar que la pobreza ni la violencia son entidades metafísicas suprahistóricas; se hallan condicionadas histórica, social, cultural e institucionalmente. Unas relaciones verdaderamente humanas en las que el ser humano sea tratado como fin y no como medio, como sujeto y no como objeto, como ser humano y no como simple cifra, pudiendo existir y convivir en las condiciones más adecuadas y más dignas de su naturaleza humana, no pueden admitir la violencia, la pobreza o la exclusión.

 


En la última década del siglo XX la revisión crítica de los magros logros de la frondosa burocracia y compleja maquinaria internacional construida a lo largo de cincuenta años para fomentar el desarrollo en el mundo obligó a replantear los mecanismos de ayuda y precisar los objetivos y estrategias. De hecho muchos problemas de la humanidad se habían agudizado, otros no menos graves y nuevos emergían, y, en conjunto, indicaban que la sobrevivencia de la especie estaba en peligro. En el contexto de este desesperanzador examen, en el año 2000 los 189 países miembros de las Naciones Unidas acordaron conseguir para el año 2015 ocho propósitos de desarrollo humano. Estos ocho objetivos, definidos en el marco de la Asamblea General de las Naciones Unidas, implicaban 18 tareas específicas y más de 40 indicadores para medir su cumplimiento. Los Objetivos del Milenio (ODM) trataban problemas de la vida cotidiana que se consideraban graves y/o radicales:

 

• Erradicar la pobreza extrema y el hambre
• Lograr la enseñanza primaria universal
• Promover la igualdad entre los géneros y la autonomía de la mujer
• Reducir la mortalidad infantil
• Mejorar la salud materna
• Combatir el VIH/SIDA, el paludismo y otras enfermedades
• Garantizar la sostenibilidad del ambiente
• Fomentar una asociación mundial para el desarrollo

 

De acuerdo con los balances oficiales, Colombia alcanzó sólo el 57 por ciento de las metas que suscribió ante la ONU; además, con profundas brechas entre regiones y poblaciones frente a los ODM. Por ejemplo, en materia de erradicación de pobreza extrema el país logró reducir a menos de la mitad el porcentaje de la población que vive en la indigencia: la línea de la que se partió, que era de 20,4 por ciento en 1990, hoy es del 8,1 por ciento (hogares cuyo total de ingreso no cubre la canasta alimentaria, esto es, viven en condiciones permanentes de hambre y desnutrición). Este mismo indicador supera el 12 por ciento en capitales como Quibdó y Riohacha; y las diferencias entre las zonas urbanas y rurales son aún más grandes: en departamentos como Chocó, Vaupés y La Guajira, la pobreza extrema es 3,2 veces más alta que la de sus ciudades capitales, que a su vez muestran indicadores deficitarios. Entre poblaciones y clases sociales igualmente las diferencias son abismales, la mayoría de las comunidades indígenas, negras y campesinas tienden a vivir en condiciones de pobreza, igual sucede con el grupo etario de la tercera edad. Los valores de los indicadores sociales de estos grupos sociales siempre se encuentran en un nivel inferior al promedio del total país.

A estos abismos hay que sumarles metas que están lejos de ser cumplidas y que perpetúan la pobreza y el subdesarrollo, como el embarazo adolescente. Hace 15 años, Colombia se propuso mantener el porcentaje de menores de edad que están o han estado embarazadas en menos del 15 por ciento; no parecía tan difícil, pues para ese momento el porcentaje era de 12,8. Pero el país no ha hecho más que retroceder en este indicador y hoy exhibe uno de los índices más altos de la región: 19,5 por ciento.

La sociedad colombiana está orientada más al crecimiento que al desarrollo. La cantidad se sobrepone a la calidad. Ello es manifiesto en las metas cuantitativas de cobertura, bien sea de salud o educación, sin tener en cuenta la calidad, pertinencia y sostenibilidad de las políticas. Algo similar ocurre con los temas ambientales, de urbanismo o vivienda. El concepto de vida digna no hace parte de la cultura colombiana ni de las políticas de desarrollo.

Es importante, en consecuencia realizar un estudio de la CV de la sociedad colombiana. Este es el propósito de la presente separata. Con tal fin se toma como fuente de estudio la Encuesta de Calidad de Vida (ECV) aplicada por el DANE a finales del año 2014 y publicada en el primer semestre de 2015.

 

 

 

2. Encuesta de Calidad de Vida (ECV) 2014

 

La última ECV representativa a nivel nacional, por grandes regiones y para zonas urbanas y rurales fue llevada a cabo en el año 2014. Su objetivo general: obtener información para poder analizar y realizar comparaciones de las condiciones socioeconómicas de los hogares colombianos, las cuales posibiliten realizar seguimiento a las variables necesarias para el diseño e implementación de políticas públicas y para el seguimiento de los ODM.

En relación con la precisión de las estimaciones, para tasas o razones con ocurrencia de más del 10 por ciento, la ECV del Dane 2014 tiene un error muestral de 5 por ciento en cabeceras y de 7 en zonas rurales, con un nivel de confianza de 95 por ciento. La metodología seguida por el Dane es la siguiente: i) encuesta multipropósito, ii) búsqueda de informante directo, iii) proceso de sensibilización antes de iniciar la recolección en campo, iv) recolección en dispositivos móviles de captura. El muestreo es probabilístico, estratificado, de conglomerados y polietápico.

Cobertura geográfica: Total nacional, cabecera y centros poblados - rural disperso; 9 regiones: Atlántica, Oriental, Central, Pacífica, Orinoquía - Amazonía, Bogotá, Antioquia, Valle del Cauca y San Andrés.

 

• Tamaño de la muestra: 20.141 hogares con encuestas completas

Unidades estadísticas


• Unidad de observación: hogar.
• Unidad de muestreo: Segmento o conglomerado, conformado en promedio por 10 hogares.
• Unidad de análisis: viviendas, hogares.

 

3. Resultados y análisis de la Encuesta de Calidad de Vida (ECV) DANE 2014

 

Población

La población total del país en el año 2015 suma 48,3 millones de personas. Hace un siglo, en el año 1905, el número total de habitantes en el país era de 4,3 millones. Al principio del siglo XX la mayoría de la población habitaba en zonas rurales (75 por ciento) y vivía en condiciones de pobreza (92 por ciento).

De acuerdo con el primer censo de población en Colombia –1778– sólo habitaban el territorio 787 mil personas. Esta cifra da cuenta del genocidio brutal a que fue sometida la población amerindia (tres millones) y negra (un millón de esclavos traídos de África) por parte de los invasores españoles y los criollos dominantes durante la Colonia. Violencia que no ceja ni descansa: desde finales del siglo XV hasta nuestros días el número de homicidios da cuenta de unos seis millones de asesinatos. No obstante, a partir de mediados del siglo XX el crecimiento poblacional es acelerado; para el año 2040 las proyecciones indican que los habitantes de Colombia alcanzaran la cifra de 62,2 millones (gráfico 2).

 

 

Según la ECV en consideración, el número de hogares en el país es de 13.423.945; el promedio de personas por hogar es de 3,4 en las zonas urbanas y de 3,7 en las rurales. El 77,3 por ciento de la población vive en las cabeceras municipales y el restante 22,7 habita en centros poblados o zonas rurales dispersas.

La distribución de la población según grupos de edad muestra una alta proporción de niños viviendo en las zonas rurales (25,8 por ciento menores de 11 años), superior a su equivalente en las zonas urbanas (20,3). En el grupo de 12 a 24 años igualmente la proporción es ligeramente mayor en los centros poblados y zonas rurales dispersas (24,1 por ciento rural y 23,1 urbana). A partir de los 25 años de edad la situación cambia radicalmente, los grupos de edad tienen una representación más alta en las zonas urbanas; la emigración por violencia, búsqueda de oportunidades educativas y laborales y mejores condiciones de existencia que generan una mayor esperanza de vida explican este cambio estructural entre los grupos de edad menores y mayores de 25 años, según la distribución de la población por grupos de edad, en lo urbano respecto al mundo rural. (gráfico 3).

 

 

En Colombia 49,3 por ciento de la población son hombres y 50,7 mujeres (ver gráfico 4). La situación es significativamente diferente entre las zonas urbanas y rurales. El índice de masculinidad es más alto en las zonas rurales (112,1) y el de feminidad, en consecuencia, más alto en las zonas urbanas (107,1). La migración campo-ciudad está representada mayoritariamente por mujeres; estas tienen más oportunidades laborales que los hombres y se adaptan más fácilmente a la cultura urbana. La situación de los hombres que quedan solos en el campo está asociada a condiciones de pobreza.

 

 

 

La condición de los hogares colombianos según la jefatura registra la continuidad de la tradición cultural según la cual mayoritariamente corresponde a los hombres: 62,3 por ciento en las zonas urbanas y 76,4 por ciento en las rurales. Del total de las jefaturas según sexo, los hogares en los cuales el jefe es mujer y no tiene cónyuge corresponde a 80,2 por ciento en las zonas urbanas y 75,8 en las rurales; además, en el 38 por ciento de los casos corresponde a jefaturas de mujeres con hijos menores de 18 años. Las jefaturas de hogar de hombres sin cónyuge equivalen al 20,1 por ciento tanto en las zonas urbanas como las rurales; y en la condición de presencia de hijos menores de 18 años la participación porcentual es de 9,2 en promedio para las dos zonas. Si bien lo común en las separaciones familiares es que los hijos queden al cuidado de las mujeres, es de resaltar la novedad en la relativa alta proporción de hogares de hombres sin cónyuge y con presencia de hijos menores de 18 años (ver gráfico 5).

 

 

La tasa de actividad doméstica en la población femenina de doce años y más es sorprendentemente alta en Colombia. En el país hay 18.969.950 mujeres mayores de doce años; de estas el 42,7 por ciento tienen como principal actividad los oficios del hogar (amas de casa). En las zonas urbanas la tasa de actividad doméstica de las mujeres es de 38,1 por ciento y en las rurales 61,1 (ver gráfico 6). La tasa de actividad doméstica de las mujeres tiende a estar correlacionada con la presencia y número de niños menores de cinco años en el hogar; en los hogares sin niños o niñas menores de cinco años la tasa de actividad doméstica es de 39,9 por ciento, cuando hay un niño o niña aumenta a 47,5 y alcanza el valor de 60,9 cuando hay dos o más niños.

 

 

Población menor de cinco años

 

En Colombia hay cerca de 3,9 millones de niños menores de cinco años; el 73 por ciento viven en zonas urbanas (2,9 millones) y el 27 (un millón) restante en las áreas rurales. Este grupo de edad representa el 8,2 por ciento respecto al total de la población. El cuidado de los niños está principalmente bajo la directa responsabilidad de los padres en sus casas, con ellos pasan la mayor parte del tiempo; en segundo lugar en instituciones públicas o privadas (gráfico 7).

 

 

En alta proporción, nueve de cada diez, los niños y niñas menores de cinco años son llevados por sus padres a controles de crecimiento y desarrollo. El porcentaje es ligeramente mayor en los centros poblados y zonas dispersas rurales. El condicionamiento de los subsidios tipo "familias en acción" y las políticas públicas que focalizan su acción en este grupo poblacional explican el alto porcentaje de asistencia (gráfico 8).

 

 

Vivienda, servicios públicos y riesgos

 

La Constitución Política de Colombia (CPC) ordena que "Todos los colombianos tienen derecho a vivienda digna" (Artículo 51). De los 13,8 millones de hogares, menos de la mitad es propietaria de vivienda, bien sea que la tiene totalmente paga o la está pagando (gráfico 9). Por los costos y la especulación inmobiliaria, el porcentaje de propietarios es más alto en los centros poblados o zonas rurales dispersas que en las zonas urbanas. El porcentaje de hogares que vive en arriendo es principalmente alto en las zonas urbanas (42,9 por ciento) mientras en las rurales sobresalen los usufructuarios, los ocupantes de hecho o las propiedades colectivas (38,4). En general, la situación registrada muestra que las políticas de vivienda son más discursos que hechos concretos.

 

 

La Carta Política afirma en su Artículo 365 que los servicios públicos son inherentes a la finalidad social del Estado. Es deber del Estado asegurar su prestación eficiente a todos los habitantes del territorio nacional. De acuerdo con el acceso a los servicios públicos domiciliares, el nivel de vida es significativamente superior en las áreas urbanas respecto a las rurales (gráfico 10). No obstante, las coberturas de la energía eléctrica y de la telefonía celular son universales en Colombia. Si bien es una proporción bastante reducida, no deja de causar asombro que en pleno siglo XXI existan hogares rurales sin ningún acceso a servicios públicos (5,3 por ciento).

 

 

Colombia no escapa a la grave y compleja problemática ambiental del mundo contemporáneo. En la sociedad actual la expansión ilimitada y desordenada de las fuerzas productivas, congruente con el mecanismo expoliador del capitalismo, ha convertido la transformación de la naturaleza en una verdadera destrucción de ella: cambio climático, contaminación química y física de cuerpos de agua, acumulación de residuos tóxicos sobre todos los seres vivos, extinción de especies y agotamiento de recursos estratégicos. En 2014, trece de cada cien hogares fueron directamente afectados por eventos naturales negativos, principalmente por inundaciones y tormentas tanto en las zonas rurales como en las urbanas (gráfico 11).

 

 

La conciencia ecológica es algo incipiente en la cultura del país. Solo uno de cada tres hogares tiene el hábito de clasificar las basuras. Además 18 por ciento de los hogares no cuenta con servicio de recolección de basuras, por tanto arrojan los escombros y residuos a los ríos, en campo abierto, las queman o simplemente las entierran (gráfico 12).

 

 

Una dramática imagen del ecocidio ocurrido en el territorio colombiano desde la invasión europea a finales del siglo XV hasta nuestros días da cuenta de los nefastos efectos de un sistema económico de expoliación indiscriminada de la naturaleza y de una cultura sin conciencia de responsabilidad con las futuras generaciones (mapa 2). Actualmente, según el IGAC, solamente una tercera parte del territorio tiene un uso adecuado desde el punto de vista de la sostenibilidad ambiental.

 

Salud

 

El Artículo 49 de la CPC establece que "La atención de salud y el saneamiento básico son servicios públicos a cargo del Estado. Se garantiza a todas las personas el acceso a los servicios de promoción, protección y recuperación de la salud". En contravía, la Ley 100 de 1993 mercantilizó, privatizó, volvió un negocio la necesidad humana de atención médica al entregársela a las entidades de intermediación financiera e introdujo en la salud un enfoque individual, de aseguramiento y con énfasis en la enfermedad, descuidando los aspectos epidemiológicos, abandonando el enfoque preventivo, integral, comunitario y público. La Ley Marco 1751 aprobada en 2015, pretende solucionar los problemas generados por la Ley 100 en el aspecto de la integralidad pero sin abandonar la consideración de la salud como mercancía ni afectar el negocio de los intermediarios financieros.

En Colombia se confunde salud con aseguramiento. Aun así, las coberturas registran que la meta de universalización en aseguramiento no se ha alcanzado: seis por ciento de la población está por fuera del sistema general de seguridad social en salud (SGSSS). Del total de afiliados el 48 por ciento pertenece al régimen contributivo y el restante 52 al subsidiado, reflejando altos niveles de pobreza de la población, en particular la que habita en centros poblados o zonas rurales dispersas. Esta situación, unida a las altas ganancias de los intermediarios financieros de la salud, ha generado un problema estructural de fragilidad y falta de recursos en el SGSSS (gráfico 13).

 

 

Durante el mes de la Encuesta de Calidad de Vida (ECV) 2014, nueve de cada cien personas tuvieron algún problema de salud (8,3 por ciento en las áreas urbanas y 10 por ciento en las rurales). De este grupo poblacional, dos de cada tres acudió a la institución prestadora de los servicios de salud. El 14 por ciento de los enfermos acude a un médico, boticario, asiste a terapias alternativas o consulta un tegua. El 13 por ciento restante usa remedios caseros, se auto receta o simplemente no toma ninguna acción (gráfico 14). Los que no solicitan atención médica, se abstienen por falta de dinero o tiempo, problemas de accesibilidad o mala atención en las instituciones, demora en el otorgamiento de las citas, demasiados trámites o simplemente no le autorizaron la atención.

 

 

Educación

 

La Ley General de Educación, Ley 115 de 1994, establece en su artículo 1º que la educación es un proceso de formación permanente, personal, cultural y social, fundamentado en una concepción integral de la persona humana, de su dignidad, de sus derechos y deberes.

 

En Colombia, hay 1.802.637 personas mayores de quince años que no saben leer ni escribir; esto es, el 5,2 por ciento de la población. En las zonas rurales el porcentaje de la población analfabeta alcana al 12,4 por ciento del total (gráfico 15).

 

 

En el país la población de cinco y más años cuenta, en promedio, con 7,5 años de educación (indicador obtenido de sumar todos los años de educación cursados por la población de referencia y dividir este resultado por el total de población mayor de cinco años); en el área urbana el promedio es de 8,2 años y en la rural 4,9 (gráfico 16). Por grupos de edad, la mayor dotación de educación se concentra en el intervalo de 25 a 34 años; estos cuentan con 10,5 años de educación, aventajando en tres años a la población de 35 y más años.

Las tasas netas de asistencia por nivel educativo muestran que en ninguno de los niveles se alcanza la cobertura del cien por ciento en referencia a los grupos de edad pertinentes. Las menores tasas corresponden a las áreas rurales. El paso de un nivel inferior al siguiente registra de manera continua caídas en las tasas netas de asistencia. El declive más pronunciado se registra a partir de la educación media y de manera más pronunciada en el nivel terciario o educación superior (gráfico 17).

 

 

Las personas que se encuentran en la edad que normalmente deberían estar dentro del sistema educativo y no lo hacen presentan como causas la falta de dinero o los elevados costos educativos, por obligaciones en los oficios del hogar, por embarazo, porque necesita trabajar, por enfermedad, por problemas de acceso o simplemente porque no le gusta estudiar.

 

Trabajo

 

En la jerarquía que establece la Constitución colombiana, el trabajo es considerado parte de los derechos fundamentales. El Artículo 25 afirma que "El trabajo es un derecho y una obligación social y goza, en todas sus modalidades, de la especial protección del Estado. Toda persona tiene derecho a un trabajo en condiciones dignas y justas".

 

Según la ECV de 2014 la población ocupada en el país suma 20,5 millones; 78,7 por ciento en el área urbana y 21,3 en los centros poblados y zonas rurales dispersas. En el área urbana, según posiciones ocupacionales, sobresalen los obreros y empleados de empresas particulares (44,9%) y del Gobierno (5,4%), de una parte, y los trabajadores independientes o cuenta propia (38,6%), por otra; en conjunto, estas tres posiciones ocupacionales concentran el 88,4 por ciento de los puestos de trabajo. En las zonas rurales el trabajo se concentra en las categorías obrero o empleado de empresa particular (18,6%), trabajador independiente o cuenta propia (41,6%), campesino o trabajador rural en explotación propia (14,0%), trabajador o ayudante sin remuneración (6,3%) y jornalero o peón (12,9%); en conjunto suman el 93,4 por ciento de los empleos. Los patrones o empleadores tan sólo representan el 2,7 por ciento a nivel nacional; en las áreas urbanas 2,6 y en las rurales 3,4 (gráfico 18).

 

De los 20,5 millones de personas que conforman la fuerza de trabajo en Colombia, dos terceras partes laboran en sitio fijo y otra tercera parte en la calle, campo abierto o sitio descubierto (gráfico 19). Por los altos costos de los arriendos, las viviendas vuelven a ser una opción viable para operar la fábrica, empresa o micronegocio (acoge el 21,6 por ciento de los trabajadores a nivel nacional). En los espacios abiertos, los conductores o choferes suman 1,2 millones de personas, los demás trabajan en quioscos o casetas, sitio al descubierto, puerta a puerta, en el campo, en obras de construcción, en una mina o cantera. En el área rural el 56,6 por ciento de la población ocupada labora en el campo.

 

La ponderación tan alta que tienen los gastos de transporte en el hogar, unido a los graves problemas de movilidad en las ciudades, hacen que una tercera parte de la población ocupada elija desplazarse a píe hasta sus sitios de trabajo (gráfico 20). Las otras dos modalidades principales elegidas por la población ocupada que requiere transportarse son el bus urbano y la motocicleta (31,7% a nivel nacional). El uso del automóvil particular sólo representa el 6,4 por ciento, y la bicicleta (3,5 por ciento) no es todavía una opción generalizable, tanto por las distancias, la inseguridad, la precariedad de las vías y el ambiente adverso. Los otros medios (taxi, Transmilenio, metro, intermunicipales, lanchas) son poco representativos.

 

 

Ingresos

 

Después de la grave crisis afrontada por el país al finalizar el siglo XX la economía registró, hasta el año 2013, un acelerado ritmo de crecimiento aupado por los buenos precios de las materias primas en los mercados internacionales. En este contexto, los hogares colombianos se vieron favorecidos por la disminución en las tasas de desempleo, el aumento en los ingresos por la remuneración al trabajo y la distribución de subsidios de parte del Gobierno. Los buenos vientos han cambiado en los dos últimos años (gráfico 21).

 


Por la condición estructural de iniquidad, los tiempos favorables de crecimiento económico conllevaron una mayor concentración del ingreso y la riqueza en el 10 por ciento de la población. De este modo, en el período 1998-2014, el salario mínimo legal –SML–, en promedio, sólo alcanza para adquirir una quinta parte de la canasta básica familiar. Esto quiere decir, llanamente, que con ingresos de un SML se requiere que cinco miembros de la familia trabajen para poder vivir con un mínimo de dignidad, por debajo de este límite ingresan al oscuro y doloroso mundo de las carencias básicas. En el año 2014, para una familia de ingresos promedio el valor de la canasta básica familiar tenía un precio mensual de 2.865.496 pesos; en contraste, el SML estaba en 616.000 pesos.

 

Según la ECV de 2014, el ingreso promedio de los hogares colombianos estaba en 1.924.933 pesos y por persona en 561.250 pesos (gráfico 22). El ingreso promedio mensual de los hogares urbanos ($2.167.076) supera en 2,2 veces al ingreso promedio mensual de los hogares rurales ($1.023.521).

De acuerdo con la opinión de los jefes o sus cónyuges, el ingreso recibido por el hogar es insuficiente para cubrir los gastos mínimos en el 26 por ciento de los hogares. La clase media en Colombia es frágil e inestable en su economía; según la opinión de 60 por ciento de los jefes de hogar o sus cónyuges el ingreso escasamente alcanza para cubrir los gastos mínimos. En consecuencia, a nivel nacional, tan sólo el 14,3 por ciento de los hogares cuenta con un excedente para poder ahorrar. En las áreas rurales la situación es más difícil en lo que respecta a los ingresos del hogar para atender los gastos mínimos: el 40,4 por ciento de los hogares no cuenta con ingresos suficientes y tan sólo 3,9 por ciento tiene capacidad de ahorro (gráfico 23).

 

Percepción del nivel y calidad de vida

 

Finalmente, la ECV 2014 permite conocer la percepción de los jefes de hogar o sus cónyuges sobre las condiciones de vida de su hogar comparado con los hogares paternos, la situación cinco años atrás, su percepción de la pobreza y la inseguridad o violencia social que afrontan.

En relación con las condiciones de vida actuales de los hogares en Colombia, dos de cada tres jefes o sus cónyuges consideran que son buenas. El 6,8 por ciento a nivel nacional opina que sus condiciones de vida son muy buenas, principalmente en los hogares urbanos (en los rurales sólo el 1,9 por ciento). Quienes consideran que sus condiciones de vida son regulares o malas suman, en el nivel nacional, el 25,7 por ciento; un porcentaje de hogares más bajo en las en las áreas urbanas (22,4%) respecto a los hogares pertenecientes a los centros poblados y zonas rurales dispersas (37,7%) (gráfico 24).

 

 

Esta percepción sobre las condiciones de vida de los hogares refleja la estratificación socio económica de la sociedad colombiana. Es una estructura crónica de desigualdades y jerarquías que se mantiene y reproduce desde la colonia: una cuarta parte de los hogares en extrema pobreza, un tercio perteneciente a una clase media frágil, inestable y siempre amenazada por la pobreza y menos de la décima parte de los hogares pertenecientes a las castas ricas y dominantes política y económicamente. La población rural, además, siempre ha llevado la peor parte y sufrido los efectos de un régimen oligárquico excluyente.

 

La percepción de los jefes de hogar o sus cónyuges sobre sus condiciones económicas con relación al hogar paterno son divididas, la mitad considera que son mejores y la otra mitad que son iguales o peores (gráfico 25). No solo entre países o regiones al interior de una sociedad se cumple la ley del desarrollo desigual y combinado, también entre personas, hogares y clases sociales. En Colombia el modelo económico y las políticas públicas funcionan en favor de grupos privilegiados con exclusión de las mayorías, como corresponde a la esencia de un Estado patrimonial y corporativista.

 

La percepción de los jefes o sus cónyuges respecto al nivel de vida que tenían cinco años atrás tiende a ser más negativa que cuando se comparan con las condiciones de los hogares donde fueron criaron. A nivel nacional el 45,1 por ciento estima que son mejores y el 44,9 por ciento que son iguales o peores (gráfico 26). A partir del año 2014 comenzaron a sentirse los síntomas recesivos de la economía, lo cual está reflejado en la percepción de los hogares, al menos de quienes obtuvieron los beneficios de la bonanza reciente.

Con relación a la percepción de la pobreza, el 36,7 por ciento de los jefes de hogar o sus cónyuges consideran que viven bajo condiciones de pobreza. Un nivel seis puntos porcentuales por arriba de lo que reconocen las mediciones oficiales. En el área urbana el nivel de pobreza se estima en 30,5 por ciento y en los centros poblados y zonas dispersas rurales la percepción de vivir en la pobreza es de 59,5 por ciento de los hogares (gráfico 27).

La sociedad colombiana toma, poco a poco, conciencia sobre la importancia de los derechos humanos, la paz, la democracia y el desarrollo sustentable, en la medida que los graves problemas del régimen político y el modelo de desarrollo afectan de manera directa su nivel y calidad de vida. De manera partícular, las encuestas repiten la preocupación de la ciudadanía sobre los graves problemas de inseguridad, movilidad, desempleo, salud, educación y deterioro del ambiente.

En el aspecto de la inseguridad se une el alza de los hechos de violencia cotidiana con la inoperancia y corrupción del sistema de justicia y los aparatos de seguridad. Los medios de comunicación hacen su aporte para magnificar el problema y meter más miedo. Pero la percepción de los jefes o sus cónyuges tiene un fundamento real en las agresiones que padecen los miembros del hogar. De acuerdo con la ECV de 2014 11,2 por ciento de los hogares fueron víctimas ese año de atracos, robos y otros hechos violentos; fenómeno ligeramente superior en las áreas urbanas (gráfico 28).

 

 

La otra cara de la moneda de los problemas de seguridad que padece la sociedad colombiana es la población penalizada por infringir los códigos de convivencia. La cultura colombiana sufre un síndrome de populismo carcelario; todos los problemas sociales pretende solucionarlos con ataques a la libertad personal. Actualmente la población carcelaria se acerca a la cifra de 140.000 individuos, el doble de lo que había tres lustros atrás. Además de haberse borrado las diferencias entre presos políticos y delincuentes comunes, por condiciones de hacinamiento (con índices cercanos al 53 por ciento a nivel nacional) la población carcelaria vive en condiciones infrahumanas. Un problema creciente y sin solución a la vista; de acuerdo con el ministerio de Justicia, solucionar la crisis carcelaria que actualmente enfrenta el país costaría cerca de $4 billones, esto es, el costo aproximado de dos reformas tributarias.

El filósofo francés J. P. Sartre (1905-1980), en el marco de su antropología existencialista, argumentaba que la violencia sería una estructura que acompaña a la acción humana mientras que el hombre viva en el reino de la necesidad o, más exactamente, en el de la escasez. Al contrario, en la tradición crítica marxista, lo que opone a los seres humanos que forman objetivamente una clase, y los lleva a la violencia, no es la toma de conciencia de una situación como la escasez, sino su situación objetiva con respecto a la justicia, inclusión y equidad del modelo de desarrollo, en su producción, distribución y consumo. Una vez olvidada la raíz objetiva económico-social-cultural de la violencia, queda despejado el camino para que la atención se centre en la violencia misma, y no en el sistema que la engendra necesariamente


1. Reflexión final sobre el nivel y calidad de vida de los colombianos

 

 

El Artículo 334 de la CPC establece que "La dirección general de la economía estará a cargo del Estado. Este intervendrá, por mandato de la Ley, en la explotación de los recursos naturales, en el uso del suelo, en la producción, distribución, utilización y consumo de los bienes, y en los servicios públicos y privados, para racionalizar la economía con el fin de conseguir el mejoramiento de la calidad de vida de los habitantes, la distribución equitativa de las oportunidades y los beneficios del desarrollo y la preservación de un ambiente sano".

En el último cuarto de siglo la dirigencia colombiana ha ido a contracorriente de este modelo. Tecnócratas, políticos y empresarios han favorecido un modelo extractivo y rentista del que, mediante políticas neoliberales, se benefician ellos y las transnacionales que saquean la riqueza nacional.

Al final de su vida, el maestro Orlando Fals Borda (1925-2008) convocaba a las conciencias nacionales en el rescate de un modelo de desarrollo propio, "ni calco ni copia", con identidad propia, construido desde los pueblos originarios y sus valores fundantes. Un mejor futuro para nuestro país, afirmaba el reconocido sociólogo e historiador, obliga a examinar modelos y formas de vida quizás inéditos, por cuanto se han visto correr vacías las propuestas desarrollistas provenientes de países dominantes, que no se han adaptado bien a nuestro medio. Cosa natural, porque fueron concebidas para responder a problemas concretos de las sociedades norteñas con su propia historia y cultura.

Tomemos muy en cuenta a nuestros pueblos originarios porque son los que realmente han construido a la nación colombiana dándole su sabor y sentidos particulares. No es la Colombia de las elites extranjerizantes que nos han gobernado de manera tan discutible. Si recuperamos las formas altruistas del conocimiento popular, la vida alterna y el trabajo productivo para todos, podremos crear futuro desde nuestra propia diversidad y no colonizados por civilizaciones lejanas, y equilibrar la crisis del capitalismo global salvaje que nos está afectando2.

La Tercera Conferencia Internacional sobre la Financiación para el Desarrollo, realizada en el mes de julio de 2015 en Adis Abeba –Etiopía–, definió el marco de financiación completo y global que cubre los aspectos económicos, ambientales y sociales del desarrollo futuro, considerando que no hay una solución única que se ajuste a las necesidades de los 193 países que integran la organización de las Naciones Unidas, porque cada uno es diferente. El marco está integrado por los derechos humanos, la paz, el desarrollo sostenible, la democracia y la solidaridad internacional. En resumen, la financiación del desarrollo sostenible centrado en la gente. Nada diferente a lo que ya contemplaba la Constitución de Colombia, deformada, atropellada y acomodada a los intereses oligárquicos. Corresponde a su pueblo reditarla y armonizarla a los nuevos tiempos que marcan el ritmo de las naciones y pueblos del mundo.

 

1 E. Fromm, Del tener al ser, Ediciones Paidós, 2007, España

2 Fals Borda, Orlando, “Hacia la democracia radical, pueblos originarios y valores fundantes”, en: Revista Cepa, Nº1, Noviembre 2006, Bogotá, pp. 16-24.

 

 

Más de 70 muertes (según cifras oficiales entregadas el miércoles 20) dejó la avalancha que al amanecer del 18 de mayo rompió la tranquilidad en el municipio de Salgar, Antioquia. Una tragedia de la que muchos dicen " partió en dos la vida del pueblo" pero que también recordó las problemática de poblamiento que padece este territorio.

"Allá arriba sabían que eso estaba taponado y que se podía venir", admitió Edilma Arango, una de las damnificadas entrevistadas por el periódico El Colombiano. Lo que demuestra que lo sucedido en Salgar, más allá de ser un fenómeno natural fue una tragedia anunciada, que para evitar sus consecuencias, obligaba a una reubicación de la población por parte de las entidades municipales.

La tragedia causada por la avalancha de la quebrada la Liboriana, afectó en mayor medida a los habitantes que vivían en sus orillas, pertenecientes a las comunidades de las veredas El Mango, La Habana y La Liboriana del corregimiento Las Margaritas. Sector que, según el Plan de Desarrollo del Municipio del 2012, está en constante amenaza debido a la "alta torrencialidad que caracteriza a la quebrada".

La información que detalla el Plan de Desarrollo de hace tres años, constata que el problema no era desconocido, ya que se especificaba que el factor de vulnerabilidad de la población estaba en aumento debido a la invasión de su cauce y llanura de inundación por edificaciones, "siendo ésta, una práctica tan cotidiana que alrededor de la tercera parte de las viviendas urbanas están asentadas aquí".

La tragedia ocurrida en Salgar evidencia, una vez más, el problema de la tenencia de tierra que caracteriza a Colombia, por lo cual miles de familias deben asentarse en cualquier parte, y bajo inmenso riesgo, ante la imposibilidad de acceder a un pedazo de ésta para trabajarla y desde ella garantizar su vida diaria, o para poder levantar una vivienda digna, sin necesidad de arriesgar sus vidas.

Los pobladores de Las Margaritas, hoy víctimas, decidieron correr ese riesgo, al no ver gran amenaza en una quebrada que nunca había reaccionado como lo hizo la madrugada del domingo 18 de mayo.

Es la pobreza la que lleva hasta el abismo, hasta el borde, a miles de familias en nuestro país. Solo basta ver las tejas de zinc y las casas de frágil cimento arrasadas por el barro y la fuerza de la quebrada para concluir que los mayores afectados de esta tragedia fueron las familias de bajos recursos.

"Hasta el momento son 64 personas muertas, de las cuales 19 están plenamente identificadas y 37 con identificación indiciaria que debe ser verificada por los peritos de Medicina Legal; 115 personas albergadas en el Hogar Juvenil y 5 damnificados más en la Casa del Hogar del municipio", según el último reporte de la Defensoría del Pueblo.

Ahora, mientras el presidente Juan Manuel Santos anuncia una indemnización por muerte de 16 millones de pesos (algo más de US$6.500) para las familias afectadas, las autoridades solicitan ayudas para los damnificados. especificamente alimentos no perecederos, ropa de cama, colchonetas, elementos de aseo e implementos básicos de cocina. Sin embargo, la pregunta que falta por resolver es ¿A dónde serán reubicados los afectados para que estos hechos desafortunados no continúen repitidiéndose? Y, ¿cuándo será resuelto el problema de la tierra en nuestro país, para que este tipo de sucesos no vuelvan a ocurrir?

Publicado en Colombia
Martes, 05 Mayo 2015 14:51

Lo que mata es la pobreza

Geólogos y físicos de todo el mundo advirtieron hace apenas tres semanas que en Nepal ocurriría un movimiento sísmico de gran magnitud. El pronóstico se cumplió y los muertos pueden llegar a 10 mil. "Es la calidad de las casas lo que mata a la población, no el terremoto en sí", dice un científico en Katmandú.

 

"Serían alrededor de las 11 de la mañana, no sé exactamente, estaba en el hotel y de repente sentí una extraña sensación. Sentí que algo se movía en la habitación, unos segundos. Pero después parecía como si estuviera en un barco y de repente tienes la sensación de que pierdes el suelo, era un movimiento leve de la habitación, cuando saltó la alarma del hotel. Me asomé a la ventana y vi a un montón de gente parada, sin saber qué hacer, rezando en el suelo, y bajé tal como estaba, en pantalón corto, camiseta y con las chancletas puestas, sin nada más. Toda la gente bajaba por las escaleras a trompicones y empujones saliendo a la calle. Han sido unos instantes." Desde Calcuta (India), el relato que el fotógrafo español Juan Díaz hace a Brecha ilustra la dimensión de lo ocurrido el sábado 25 por la mañana en Nepal, a casi mil quilómetros de distancia. Al cierre de esta edición, el terremoto que tuvo una magnitud de 7,8 en la escala de Richter había provocado la muerte de por lo menos 5 mil personas en Nepal, unas 70 en el norte de India y 18 en Tíbet. El primer ministro nepalí, Sushil Koirala, reconoció que los fallecidos en su país podrían llegar a ser 10 mil.


La población de Nepal, unos 29 millones de personas, vive en una estrecha franja montañosa cuya extensión es menor a la de Uruguay, casi imperceptible en el mapa por estar situada entre las gigantes India y China. Pequeño país, pero imposible de ignorar por albergar la montaña más alta del mundo, el Everest. La cordillera del Himalaya, de la que forma parte el Everest, se ha formado a lo largo del tiempo sobre la colisión de placas tectónicas indo-euroasiáticas que hace de esta una de las zonas con mayores riesgos sísmicos del planeta. Nepal despierta, en ese sentido, gran inquietud entre geólogos y físicos. De hecho, hace casi tres semanas un grupo de 50 investigadores liderado por Laurent Bollinger, de la Comisión de Energías Alternativas y Energía Atómica de Francia, estuvo en la zona, observó y vaticinó lo ocurrido. "Este terremoto definitivamente no fue una sorpresa. El último evento similar en esta parte del Himalaya fue hace unos 500 años, aproximadamente el promedio de tiempo en que se producen estos eventos", dijo Marin Clark, geofísico de la Universidad de Michigan, a la agencia Efe. Se trató, según palabras del grupo de científicos, de una "pesadilla" previsible, por lo que podrían haberse tomado recaudos para mitigar sus consecuencias. El experto en movimientos sísmicos David Wald aseguró a otra agencia, Reuters, que un terremoto de la misma magnitud hubiera causado la muerte de 20 o 30 personas por cada millón de habitantes en California, pero 1.000 o más por cada millón en Nepal. "Físicamente y geológicamente lo ocurrido es exactamente lo que pensábamos que iba a suceder", apuntó James Jackson, otro de los científicos presentes.


Las consecuencias eran previsibles no sólo por los factores naturales sino también por los humanos. Por ejemplo, existe en Nepal la tradición de que cada hijo construya su vivienda sobre la de sus padres. Esto lo hacen con delgados ladrillos u hormigón de mala calidad, como la mayoría de las casas que fueron destruidas en la capital, Katmandú, y en el distrito de Gorkha, donde tuvo lugar el epicentro del terremoto. "Es la calidad de las casas lo que mata a la población, no el terremoto en sí", manifestó Jackson. La inoperancia del gobierno nepalí para afrontar un golpe de esta naturaleza se vio en el propio aeropuerto, incapaz de organizar la llegada de aviones con ayuda internacional. El martes 28 los helicópteros sobrevolaron la zona más afectada y pudieron comprobar que varias aldeas habían quedado totalmente enterradas bajo los deslaves provocados por la lluvia que no ha cesado de caer durante estos días.


Tras el terremoto cerca de un millón de menores se han quedado sin hogar, en un país donde según la Unicef el 40 por ciento de los niños padece desnutrición. Las Naciones Unidas estiman que 8 millones de personas se han visto afectadas por el desastre, y 1,4 millones necesitan alimentos. La Onu señala que entregará 15 millones de dólares para las víctimas del terremoto, que permitirán ampliar las operaciones y proporcionar refugio, agua, suministros médicos y servicios logísticos. Estados Unidos y la Unión Europea anunciaron la donación de millones de euros o dólares para la reconstrucción, "que bien podrían haberse utilizado en tareas de prevención y construcciones decentes", tal como comenta uno de los tantos foristas indignados en las redes sociales.


Naturaleza humana.

 

"Por muy 'natural' que parezca, ninguna catástrofe es natural. Un seísmo de intensidad idéntica causa más víctimas en un país empobrecido que en otro rico e industrializado. Ejemplo: el terremoto de Haití, de magnitud 7,0 en la escala de Richter, ocasionó más de 100 mil muertos, mientras que el de Honshu (Japón), de idéntica fuerza (7,1), acaecido hace seis meses, apenas provocó un muerto y un herido", escribió el periodista Ignacio Ramonet en Le Monde después del terremoto de Haití en 2010. El periodista español Iván M García, que estuvo en Haití hace cinco años, dijo a Brecha que allí "todo salió mal de entrada". "En Haití había un gobierno ausente, promesas incumplidas en cuanto a fondos internacionales y una ayuda humanitaria enfocada en el corto plazo. Al cabo de un año, de dos años, los desplazados seguían en los asentamientos, normalmente en plazas de la capital, Puerto Príncipe. Se habituaron a recibir plata, comida y agua. En el país más pobre de Latinoamérica si te aseguran eso, te quedas. Obvio. Nadie pensó o casi nadie pensó en la reconstrucción."


En las últimas décadas Nepal vivió bajo una monarquía absoluta que desembocó en un parricidio y la disolución del régimen, además de una guerra interna que culminó en 2006, dejando como saldo 13 mil muertos. Hoy el país tiene un gobierno democrático al que en su último informe la organización Social Watch califica como "frágil" e inestable, entre otras cosas por su extrema pobreza. Si ésta no se supera, los terremotos y otros desastres naturales seguirán matando de a miles. "Si usted vive en el valle de Katmandú tiene otras prioridades, urgencias cotidianas propias de la pobreza. Pero eso no aleja a los terremotos", expresa el científico Jackson.


El panorama actual hace prever una lenta y peliaguda recuperación, dependiente además "de un pequeño grupo de burócratas", asegura el periódico británico The Guardian. El país tiene por delante la atención de 7 mil heridos, el suministro de alimentación, agua, medicamentos y carpas. El peligro, alerta el español García, es que lo provisorio se convierta en permanente. "Hay asentamientos, campos de refugiados, que terminan por ser barrios. Pasó en Beirut con los refugiados palestinos, pasa en Palestina con los desplazados por los militares israelíes. Campos no ya de carpas sino de edificios. En Haití no se han tomado medidas para evitar otra catástrofe." En Nepal es probable que tampoco se tomen.

 

 

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Lunes, 13 Abril 2015 06:09

Ciudades gigantes, desafíos gigantes

Crear un plan homogéneo de edificabilidad, mejorar el transporte y luchar contra las desigualdades sociales son los grandes retos que señalan arquitectos y urbanistas para las urbes de América Latina


Megaciudades. Aglomeraciones urbanas de hasta 20 millones de habitantes. "Monstruos ingobernables", como admiten unos arquitectos que tratan de ordenar el caos. Imposible. Las mayores urbes del planeta son complejos organismos que se multiplican sin freno y, en la mayoría de ocasiones, sin un patrón homogéneo. Núcleos hipertrofiados que han germinado con el progreso de las clases medias y el trasvase del campo a la ciudad. São Paulo, México, Bogotá, Lima, Buenos Aires, Río, etcétera. Urbanistas y arquitectos de estas metrópolis de América Latina analizan para EL PAÍS los retos que plantea su gestión. Y coinciden en señalar la falta de un criterio unificador que armonice el desarrollo de las urbes, las dificultades en la movilidad y el aumento de las desigualdades sociales como los principales problemas

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Los retos futuros pasan por convertir estas grandes ciudades en espacios más habitables, con mejores políticas de transporte público y menor contaminación. Y, sobre todo, trazar una dirección para la edificabilidad bajo un plan único, y que las grandes urbes no sean el resultado de un cuadro pintado a brochazos.


En 2014, 450 millones de personas compartían el suelo de 28 áreas metropolitanas en todo el planeta. Difícil detener la autoconstrucción, como si fuera un videojuego. "Hay un aspecto fundamental: la lucha por la ciudad", afirma Abilio Guerra, urbanista y arquitecto brasileño. "Es difícil encontrar fórmulas adecuadas en el Gobierno de las ciudades. La mayor parte de las veces, la iniciativa privada pasa por encima de los intereses de la gente, sin que el poder político tome medidas contra los abusos. Los grandes perjudicados son los espacios públicos de las ciudades. Lo vemos en Río con el caso del Parque do Flamengo, y en São Paulo con el Largo da Batata y el Parque Minhocão. Es preocupante, porque esto sucede en un momento de vulnerabilidad de la sociedad civil brasileña", analiza Guerra.


El patrón se repite en la mayoría de capitales latinoamericanas. En Bogotá se dan codazos sus 7,8 millones de habitantes, producto de la mayor densidad urbana en toda la región: 26.200 ciudadanos por kilómetro cuadrado. El censo crece en 170 personas al día. Y la administración da carta libre a la construcción para aportar cobijo a esa demanda.


Un decreto permite que los constructores puedan desarrollar grandes obras si se abona una cantidad económica adicional por la edificabilidad extra. "Eso significa que pueden aparecer edificios de cualquier tamaño en cualquier manzana, solo porque el constructor busca más metros", explica Mario Noriega, profesor de urbanismo en la Universidad Javeriana. Noriega pide un "marco legal según las necesidades de la gente, que no cambie de alcalde a alcalde". "Creen que eso da una apariencia de modernidad a la ciudad. Pero las calles no están preparadas. La ciudad tenía una estructura de manzanas, con 30 viviendas en cada una. Con la nueva norma, se harán hasta 400. Bogotá es muy densa en los bordes y poco en el centro, pero ahora será densa en todos lados. Su caso de densidad solo puede ser comparable a algunas ciudades chinas y africanas. Están creando una zona de desastre. Se habla de México como la ciudad monstruo, pero tiene metro, y Bogotá es cinco veces más densa", explica el profesor de urbanismo. Solo el 55% de sus habitantes dice estar orgulloso de su ciudad.


Una población similar a la de Bogotá, aunque con una densidad 10 veces menor, tiene Lima. Los arquitectos peruanos Arnold Millet, que ha trabajado en la Municipalidad, y Mario Lara abundan en la reivindicación de su colega colombiano. "Lima no tiene una gobernanza con un hilo único, sino que se suceden gobiernos que rompen con lo anterior y hacen lo contrario", apunta Millet. "El gran reto es ordenarla. Hoy es una ciudad descoyuntada, con más de 40 alcaldías [43 distritos y alcaldes de distrito] que cada una hace lo suyo, atomizada. La solución sería poner a Lima con menos alcaldías y con los mismos decretos", expone Lara.


Pocas ciudades en el mundo han logrado esta unidad metropolitana. Si acaso Londres y París, dicen los urbanistas. "Se parte de un centro y se acumulan municipios adyacentes", dice sobre México el español Miquel Adrià, director de la revista Arquine.
Cómo moverse en el laberinto


Las horas vuelan al volante o en transporte público para los millones de personas que se desplazan en ese ida y vuelta eterno entre la casa y el trabajo. El ciudadano de São Paulo invierte una media de 2 horas 53 minutos diarios en desplazamientos en vehículo propio, y 2 horas 46 minutos en medios públicos (son usados por el 62% de la población). Por la ciudad circulan 5,4 millones de coches, casi uno por cada dos habitantes. Cada mexicano emplea 16 horas a la semana en los trayectos. Bogotá no tiene metro y es el sistema de autobuses el que canaliza la marea humana de viajeros. En Lima, la única línea de metro no da abasto...


"El metro es una necesidad en Bogotá". Lo dice el presidente colombiano, Juan Manuel Santos, consciente del embudo que supone para la capital la ausencia de este medio de transporte. A cambio, la ciudad presume de la red de ciclorrutas (carril bici) más grande de América Latina, 392 kilómetros de asfalto que los ciudadanos utilizan cada vez más. Piden, eso sí, mayor seguridad vial y que las empresas incentiven las dos ruedas entre sus empleados. Solo el 17% de los bogotanos se declara satisfecho con la red de vías urbanas. Y los problemas de aparcamiento son cada vez mayores para una flota de 1,5 millones de coches. El sistema de autobuses, TransMilenio, moviliza a dos millones de personas al día. "Se enfoca todo en los buses, pero no basta. Bogotá es una ciudad que funciona como una ciudad del siglo XIX y tiene población del siglo XXI", analiza Mario Noriega. Además, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la ciudad multiplica por 2,7 los niveles de contaminación que se consideran perjudiciales para la salud.


Ante la congestión, las ciudades buscan fórmulas como el Día sin Carro y diversos tipos de restricciones. En Lima, otro foco de contaminación (sobre todo en invierno dada la gran nubosidad), el ómnibus no puede circular por algunas avenidas, y en la pasada alcaldía diversas calles del centro pasaron a ser peatonales. Con 150.000 nuevos coches cada año (un total de 1,5 millones), proliferan los taxis, formales e informales. También México ha puesto la señal de Stop. Los coches con más de ocho años tienen prohibido circular un día a la semana y un fin de semana al mes en la ciudad. "Aunque estos mismos coches se venden en los municipios y contaminan. La solución es tener la misma política en los dos sitios, ciudad y área metropolitana", señala Miquel Adrià. Hasta seis millones de vehículos entran y salen de la urbe cada día. Distrito Federal ha puesto en marcha proyectos para mejorar las comunicaciones, como dobles pisos en carreteras, nuevas estaciones de tren, estaciones de metro multimodales, que unen varias líneas (hay 300 kilómetros de vía y cinco millones de usuarios), y un nuevo aeropuerto fuera de la ciudad.


Y junto a la saturación, la inseguridad. Según un estudio de la Fundación Thomson Reuters, seis de cada 10 mujeres aseguran haber sido acosadas físicamente en los transportes públicos de América Latina. Bogotá, Ciudad de México y Lima son los escenarios más inseguros.


Las desigualdades sociales


La polarización social también sacude las megaurbes. El ciudadano es parte del mobiliario. "El gran reto es la inclusión", comenta la arquitecta mexicana Tatiana Bilbao. "La vivienda es un bien social, no debería ser un commodity. Los arquitectos nos hemos desconectado de no querer lidiar con el problema de la falta de vivienda digna para la población. En México es muy fuerte la segregación en todos los sentidos, física y social. Las clases están muy marcadas. Es un México muy disgregado y contrastado. Está todo revuelto. Hace 20 años la gente cambiaba dos veces de casa durante su vida. Hoy son 17. Esto genera desarraigo, desentendimiento de la comunidad y falta de identidad".


Raúl Fernández Wagner, profesor de urbanismo de la Universidad Nacional de General Sarmiento de Buenos Aires, ofrece una visión sobre la capital argentina, con 15 millones de habitantes en toda la metrópoli. "El mayor conflicto es el acceso al suelo por parte de la población. De cada 10 nuevos habitantes de Buenos Aires, seis no buscan la compra de suelo, sino que entran en el mercado informal. Es muy difícil tener propiedad privada porque es muy cara. En 10 años Buenos Aires duplicó el PIB. Eso ha de¬sa¬ta¬do también un fuerte proceso especulativo con el suelo".


Sostenibilidad, movilidad e igualdad social. Son tres de los retos de las grandes ciudades latinoamericanas. Para estas urbes no se trata solo de acumular población, sino de convertirse en mejores sitios para vivir.


AMÉRICA LATINA: LOS DESAFÍOS


Objetivo: reducir el abismo entre ricos y pobres

 


Por Verónica Calderón México Df 11 ABR 2015 - 00:22 CEST


Un breve paseo por la delegación Miguel Hidalgo, una de las 16 demarcaciones legales que dividen al Distrito Federal, refleja la enorme brecha económica en México, la segunda economía de América Latina y el país donde viven el hombre con la segunda mayor fortuna del mundo y 53,3 millones de pobres. Mientras el menú degustación para una persona en un exclusivo restaurante puede ascender hasta más de 150 euros, en la calle se apuesta una señora con dos niños que ofrece chicles y cigarros sueltos a cambio de unas monedas. Reunirán, con suerte, unos cinco euros al terminar el día. La imagen es una de tantas que ilustran la desigualdad en Latinoamérica, la región con la mayor inequidad en el mundo solo superada por el África subsahariana: un 28% de su población vive en la pobreza y uno de cada cinco subsiste con menos de cuatro euros al día. Diez de los 15 países más desiguales del mundo están América Latina.


Pese a que el crecimiento registrado en los primeros años del siglo XXI redujo la cifra de pobres un 30%, también aumentó la riqueza de las clases altas. En 2002, la región tenía 25 multimillonarios; en 2014, esta cifra llegaba a 114.


La desaceleración producida tras la crisis financiera que se inició en 2009 afecta en primera fila a los que menos recursos tienen. La reducción de las previsiones de crecimiento de las mayores economías de la región, en especial de Brasil, el gigante regional, han puesto en riesgo las conquistas sociales de la última década. Por otro lado, las fortunas latinoamericanas mantienen el tirón: aumentan a una velocidad del 23% al año, según un informe de Oxfam. Un 8% más rápido que en el resto del mundo.


El coeficiente Gini analiza la distribución de los ingresos con valores que van del cero (igualdad absoluta) al 1 (total desigualdad). América Latina, un mosaico variopinto de países con profundas diferencias, se ha ganado las esperanzas de buena parte de los economistas mundiales por su riqueza natural y capacidad de crecimiento, pero mantiene como denominador común la desigualdad. Pese a que durante los años de avance sostenido, entre 2000 y 2009, las economías latinoamericanas habían conseguido reducir el índice de un 0,54 en 2000 a un 0,5 en 2010, la marca todavía está muy por debajo de países con mayor equidad. El coeficiente Gini en los países escandinavos es de 0,25.
El 10% de la población mexicana gana 27 veces más que el resto, 15 veces más que Estados Unidos y nueve veces más que el promedio de la OCDE.


Gasto público


A esto se suman los nubarrones en la economía global: la caída en el precio del crudo ha reducido las previsiones del crecimiento de las dos mayores economías de la región, México y Brasil, y ha agravado la crisis en Argentina y Venezuela, que tienen pronósticos negativos de un -1,5% y -2,9%, respectivamente. Después de que la región consiguiera crecer globalmente en 2010, en 2014 llegará solamente a un 1,7%.


Para capear el temporal, los dos punteros de la región, Brasil y México, han respondido con recortes a su gasto público, anunciados por sus respectivos presidentes, Dilma Rousseff y Enrique Peña Nieto. Esto, según un informe del Banco Mundial de 2014, salvará empleos y mantendrá la estabilidad a largo plazo. Pero eso no significa que el camino no vaya a ser doloroso. Marianne Braig, investigadora de la Universidad Libre de Berlín, opinó en un foro organizado en la Universidad Nacional Autónoma de México que las políticas de la región han demostrado que no son efectivas para reducir la inequidad, especialmente, por el inadecuado manejo de ingresos.


Otro informe del Banco Mundial, también de 2014, indica que la movilidad entre clases es lenta y que el acceso a la educación va de la mano con los ingresos de los padres. Los alumnos de escuelas privadas obtienen mejores resultados que los egresados de centros públicos, pese a que se ha aumentado el gasto en educación en los últimos años.


La paradoja latinoamericana reside en que las empresas, que han avanzado en su competitividad, muchas veces no encuentran a los trabajadores que buscan precisamente por los fallos en la educación. La solución continúa siendo el empleo informal, la fuente de ingresos de más del 60% de la población de la región y uno de sus mayores retos a vencer. La desigualdad también se refleja en los servicios. La mitad de los 600 millones de habitantes de América Latina carece de instalaciones para el suministro de agua, esto en una zona que tiene los mayores recursos acuíferos del mundo. El 90% tiene acceso al agua, pero la calidad del servicio es ineficaz e insuficiente en la mayoría de los países.


La inflación, además, se mantiene como un fantasma que afecta con mayor dureza a los sectores más frágiles. "En general, el futuro no es prometedor para las conquistas sociales de América Latina [...], pero la aplicación adecuada de políticas adecuadas como la flexibilidad en el tipo de cambio, mayores esfuerzos en la educación y la facilitación del ahorro para las clases media y baja pueden ayudar al contexto", apunta Augusto de la Torre, jefe regional para América Latina del Banco Mundial en un informe de octubre de 2014. Los retos para una región que alberga ciudades como México, donde en mismo barrio conviven, a solo unos metros, un hombre que limpia cristales por menos de un dólar y la mansión de Carlos Slim, un magnate con una fortuna tan grande que, si gastara un millón de dólares por día, debería vivir 220 años para agotarla.

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A pesar de la lluvia y del intenso frío, decenas de miles de personas se manifestaron este sábado en Madrid bajo la convocatoria de las Marchas de la Dignidad, que reúne a unas 300 organizaciones y sindicatos que representan a los sectores más golpeados por la crisis económica. El objetivo de la movilización fue alzar nuevamente la voz contra las políticas de ajuste impuestas por los tecnócratas de la Unión Europea, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional aplicadas por el gobierno conservador del presidente Mariano Rajoy.


La manifestación de hoy, a la que se sumaron más de 40 mil personas, según los organizadores, fue el inicio de lo que se espera sea uno de los años de mayor agitación política en España de las últimas décadas, con varias elecciones cruciales, como la que renovará al Congreso de los Diputados y, por tanto, el gobierno del país.


Las Marchas de la Dignidad llegaron a Madrid luego de partir desde todos los puntos del país en una caminata en la que recorrieron pueblos y ciudades para sumar a más personas a su reivindicación.


En la manifestación se lanzaron varias iniciativas, entre ellas la de convocar a una huelga general para el próximo otoño –el 22 de octubre, a sólo unos meses de las comicios generales– y desalojar del poder a la vieja política, en sintonía con el mensaje que lanzan desde hace unos meses las fuerzas políticas emergentes que pugnan por el voto del descontento, como Podemos –desde la izquierda– y Ciudadanos –desde la derecha.


Las reivindicaciones de los manifestantes eran claras: Pan, trabajo, techo y dignidad.


Entre las peticiones más claras de los colectivos destacaron el no pago de la deuda, el derecho a la vivienda, empleo digno y servicios públicos para todas las personas. Así lo expresaron en su discurso final, que leyeron miembros del movimiento: Millones de trabajadores y trabajadoras se encuentran sin empleo. Tener unas manos para trabajar; tener una carrera terminada; disponer de tu capacidad tanto manual como intelectual y no encontrar un trabajo digno es humillante. Se está desperdiciando el talento colectivo de una sociedad, hipotecando indefinidamente su futuro. Los trabajadores y trabajadoras no se merecen este atropello a nuestra dignidad colectiva.


Y lanzaron un grito de auxilio ante las miles de familias que han perdido sus casas por deudas bancarias. "No hay nada más inhumano que desalojar a una familia de su hogar, sólo para alimentar la voracidad insaciable de unos banqueros sin escrúpulos. Banqueros a los que los estados siervos de la troika alimentan a costa de empobrecer aún más a la clase trabajadora y a las personas más indefensas".

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La ciudad estadounidense de Nueva York presenta las dos caras de una misma moneda: por un lado, la Gran Manzana es el centro del mundo financiero; y por el otro, tiene más de 60 mil indigentes que viven en las calles sin comida y sufriendo las terribles temperaturas que llegan a los -4,3 grados centígrados.


La cifra de indigentes es la más alta de la historia: la organización no gubernamental Coalición para los Indigentes afirma que la ciudad alcanzó los mayores niveles desde la Gran Depresión de los años '30 del siglo pasado.


Pero la realidad se pone aún peor si se tiene en cuenta que hay 25.640 niños indigentes (14.519 familias) que pasan sus noches en los refugios desplegados por la municipalidad de la ciudad.


En un artículo publicado por el diario The New York Times, la vicealcaldesa de servicios humanos y de salud de la ciudad, Lilliam Barrios-Paoli, dijo que "muchos de estos niños son muy, muy vulnerables, por lo que proporcionarles refugio no es suficiente", y consideró que "se necesita gente trabajando más estrechamente con ellos y entendiendo qué está pasando".
Testimonios en primera persona


Nick Bryant, corresponsal de BBC en Nueva York, salió a las calles y consiguió el relato de Maurice, un indigente afroamericano que estaba pidiendo limosna en el Park Avenue.


"Perdí mi trabajo. Es duro, es difícil. No tienes trabajo, no puedes pagar la renta", relató el hombre que manejaba un centro de llamadas, pero fue despedido y nunca más consiguió empleo.


El alto precio de los alquileres es otro factor que ayuda a que crezca la cantidad de personas sin hogar, como le ocurrió a Nardia Bosia, que vive junto a sus tres hijos en un departamento de interés social compartido con otra familia de bajos recursos.


A diferencia de Maurice, Bosia no está desempleada: trabaja en el área de servicios financieros, pero no puede pagar el precio del alquiler de una vivienda.


"Pensé que esto iba a ser temporal. Pero hay días en que me desplomo y me digo que no puedo hacer más esto, que no sé qué estoy haciendo y no sé cuándo va a terminar", describió.


(Tomado de InfoNews)

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Miércoles, 25 Febrero 2015 06:13

El Salvador: La pobreza, desde los empobrecidos

ALAI AMLATINA, 24/02/2015.- Hace más de dos décadas, el padre Ignacio Elacuría llamaba con vehemencia a que el pueblo hiciera oír su voz. Así lo proclamaba: "Que el pueblo reflexione, desde el punto de vista de la Iglesia, en sus comunidades de base; desde el punto de vista social en sus cantones (...) Que reflexionen sobre la situación del país, que exijan ser bien informados. Que hagan sentir cómo se necesita cuanto antes un desarrollo económico profundo del país, cómo se necesita que se resuelva su problema de injusticia". Mucho de esto muestra uno de los más recientes informes del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), denominado "La pobreza en El Salvador". El documento ofrece la palabra de cientos de personas con las cuales se conversó con el propósito de entender la pobreza desde su vivencia.

El estudio presenta un cambio de enfoque respecto a otras investigaciones sobre la pobreza. Parte de que para definir bien este fenómeno y dar pistas para su erradicación es indispensable tomarle la palabra a quienes lo sufren. Es decir, para hacer un diagnóstico apegado a la realidad, se requiere un cambio de informante. En lugar de darle la primacía a la estadística, es indispensable ir a la fuente humana. En consecuencia, se realizaron numerosos encuentros con comunidades, previamente identificadas como parte de las que aglutinan a los hogares con mayores niveles de privaciones. En las consultas se indagó sobre las carencias más sentidas, con lo que se identificaron ocho dimensiones: vivienda, trabajo, esparcimiento, seguridad, salud, alimentación, educación e ingresos. Así, la pobreza fue entendida y medida considerando su carácter multidimensional y desde la óptica de los empobrecidos.

¿Cómo definen los pobres la pobreza? Rigoberto, de la comunidad Santo Domingo, en Guazapa, San Salvador, afirma: "Pobreza es tener escasez, pero de todo". Xiomara, de la comunidad Santa Lucía, en San Julián, Sonsonate, declara que la "pobreza es vivir en lo más pésimo que puede haber. Es no tener los recursos para poder comprar y satisfacer las necesidades que tenemos. Por eso, pobreza es la escasez de trabajo, porque si no hay trabajo, no hay dinero. O hay trabajo, pero si no se tiene la educación, no se logra". Alcides, de Altos del Matazano, La Libertad, señala que la pobreza "es incertidumbre, es no saber si se tiene algo para mañana. ¡Ah! si tuviera maíz y arroz para un mes... ¡fuera feliz! Ya no sería pobre".

Las personas consultadas en el estudio, pues, describen la pobreza en términos de las carencias más sentidas en sus vidas. Recojamos algunas aseveraciones emblemáticas registradas en la investigación del PNUD, que apuntan hacia las distintas dimensiones de este problema desde la perspectiva de quienes lo padecen.

Pobreza es no tener los recursos económicos. Y se explica en los siguientes términos, en voz de uno de los entrevistados: "No tenemos trabajo, y sin trabajo no hay dinero para salir adelante. Nosotros vivimos en una zona marginal. ¿Qué significa eso? No tener para comprar un terreno. No podemos salir de la pobreza porque no hay moneda para echar a andar nuestros proyectos".

Ser pobre es no tener una vivienda digna. "En el polvo uno se acuesta", dice un habitante de la comunidad La Cuchilla, en Antiguo Cuscatlán. "En el polvo uno tira capas y se acuesta, pero en el suelo enlodado, ¿cómo?". ¿Cuál es la casa que desean? fue una pregunta que se hizo en las distintas comunidades consultadas. La "que tiene la capacidad de que resista un terremoto y un huracán, inundaciones también". "Una casita más o menos... que no esté rodeada de lámina picada, como que es zaranda", dicen habitantes de Altos del Matazano.

Pobreza es rebuscarse para el alimento del día. Las consultas hechas apuntaron dos características de la dieta de la pobreza: la monotonía y la escasez. En otras palabras, comer lo mismo —por lo general, tortillas y frijoles— y, en muchas ocasiones, "salteado". Los alimentos se compran para el día y, si el dinero alcanza, para todos los miembros de la familia. "Aunque no pueda yo, pero que coman los hijos" es un comentario que apareció con frecuencia en el estudio.

Salir a pasear resulta prohibitivo para quienes viven en pobreza: "Yo no salgo, no tengo dinero para ir a vagar", expresa un habitante de la comunidad Santo Domingo. "¿Cómo le digo a mi esposa 'te voy a invitar'? ¿De dónde? Si uno no trabaja, no hay dinero. Mi esposa me dice: 'Viejo, ¿cuándo vamos a ir con los niños a pasear al pueblo o a la capital?'. 'Híjole', digo yo". Por otra parte, Kimberly, de 8 años, dice: "Chivo fuera que por lo menos tuviéramos dónde jugar o algunos columpios aquí por la casa".

La pobreza llega porque no tenemos trabajo todos los días. "Para mí, el problema más importante sería lo del desempleo, porque si uno tiene una escritura, una casa, necesita tener un trabajo para sostenerla", explica un habitante de Altos del Matazano. Por su parte, Edmundo, que vive en esa misma comunidad, comenta: "Si uno observa en los parques, hay muchísima gente que tal vez viene cansada de buscar un trabajo y no lo encuentra". Y Besy, de San Luis Tepezontes, La Paz, señala: "En el campo hay más pobreza porque no hay dónde trabajar; la gente trabaja en la finca, pero gana la cuarta parte de lo que gana en la ciudad".

Pobreza es carecer de acceso a los servicios de salud. Comenta Jesús, de la comunidad El Trébol, en Santa Tecla: "A veces a uno no lo operan porque falta dinero... Entonces, uno se queda esperando que Dios lo sane, porque es el único doctor que nosotros tenemos. Pero Él ha dejado a sus doctores, para que también hagan curaciones, y si uno no tiene dinero, ¿cómo termina? Esperando la muerte". Y Ovidio, de la comunidad Tierras de Israel, en San Pedro Masahuat, dice que si uno "está alentadito, la alegría es trabajar para ganarse el pan de cada día". David, de esa misma comunidad, comenta: "Aquí todos padecemos enfermedades terribles y estamos olvidados. Yo voy a la clínica a las seis de la mañana y vengo a las cinco de la tarde. Pero una enfermedad grave aquí no la curan, lo que dicen es: 'Váyase para el hospital'".

La delincuencia profundiza la pobreza. Jairo, habitante de Santo Domingo, en Guazapa, manifiesta: "Antes, a pesar de que hubo guerra y no teníamos electricidad y había deficiencias con el servicio de agua potable, vivíamos mejor, porque si uno salía al río, salía a trabajar, dejaba su casa sola y venía a encontrar todo en orden. En cambio, ahora lo que abunda es la inseguridad". Por su parte, Josefina, de Nuevo Amanecer, en Santa Ana, dice: "A veces hay problemas y se necesita la Policía. Se les llama y vienen hasta las dos o tres horas... y a veces hasta que ya enterraron al muerto".

La pobreza limita la calidad y cantidad del estudio. Elba, de Dos Amates, en La Libertad, relata: "Yo tengo cinco hijos y nada más uno es bachiller. A los demás no pude darles estudio, por la pobreza. A mi hijo le daba dos dólares para que fuera hasta el puerto y me decía: 'Ay, mami, yo no como porque con dos dólares no me alcanza'. 'Pero, mijo', le decía, '¿qué puedo hacer?' Yo vendía pan, vendía gaseosa, cualquier cosita para que él estudiara. Los demás me dijeron: 'No, mami, no voy a estudiar, usted mucho se sacrifica para que estudie'. Imagínese, con lo necesaria que es ahora la educación para conseguir un buen trabajo y solo uno de mis cinco hijos pudo graduarse".

La pobreza, desde esta óptica, está asociada a sufrir grandes dificultades para alimentarse, no tener una vivienda digna ni un trabajo fijo, carecer de acceso a servicios de salud y a una educación de calidad, así como a los niveles requeridos para poder conseguir un trabajo bueno y estable. Una de las grandes virtudes del estudio es no dar por supuesto que ya se sabe qué es la pobreza con independencia de lo que viven y piensan los pobres. De ahí la importancia de escucharlos con responsabilidad y seriedad. Por este camino se puede llagar a que duela de verdad la realidad de las mayorías empobrecidas. En este sentido, se habrá cumplido uno de los objetivos trazados en el documento del PNUD: romper con la impasibilidad, indiferencia y apatía ante el sufrimiento ajeno; romper con la falta de indignación ante la injusticia y la exclusión social.

Por Carlos Ayala Ramírez, director de radio YSUCA, El Salvador.

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En menos de una década Río de Janeiro está padeciendo tres grandes eventos que modifican su fisonomía: los Juegos Panamericanos en 2007, la Copa del Mundo en 2014 y los Juegos Olímpicos en 2016. Esa sucesión de megaeventos deportivos en tan poco tiempo es aprovechada por el capital financiero para remodelar una de las ciudades más bellas del mundo, donde obtiene enormes ganancias y provoca daños irreparables a los más pobres.


Este mes el Comité Popular de la Copa y las Olimpiadas de Río lanzó el cuarto dossier titulado Megaeventos y violaciones de los derechos humanos en Río de Janeiro (se puede bajar de comitepopulario.wordpress.com). A lo largo de 170 páginas analiza las principales consecuencias que están teniendo sobre la ciudad y su población, a la vez que pone al descubierto quiénes se benefician con las millonarias obras que imponen, entre otras, la FIFA y el Comité Olímpico Internacional.


Los megaeventos deportivos marcan el retorno de la forma más violenta de menosprecio de los derechos a la vivienda en la ciudad, puede leerse al comienzo del dossier. Se trata de una limpieza social que consiste en relocalizar a los pobres para abrir oportunidades de negocios a las grandes empresas, en zonas nobles como Barra da Tijuca, Jacarepaguá y el centro histórico, mientras los traslada a zonas lejanas donde deben remprender sus vidas desde la nada. Hasta ahora son casi 5 mil familias desplazadas de 29 comunidades, estando otras 5 mil amenazadas de desalojo.


El Comité de la Copa apoya con estudios y análisis a las comunidades desalojadas, pero sus miembros también ponen el cuerpo para resistir a las excavadoras que derriban viviendas. Las mujeres están a la cabeza de la resistencia, como Inalva Britos, en Vila Autódromo, y Alessandra en el morro da (cerro de la) Providencia. En los barrios populares las mujeres venden comida en el vecindario o hacen artesanías, estrategia de sobrevivencia que no van a poder continuar en los desolados barrios del programa Mi Casa Mi Vida. Resistir es cuestión de vida.


Río es la ciudad más afectada por la especulación inmobiliaria. El precio de las viviendas subió 65 por ciento entre 2011 y 2014, frente a un promedio de 52 por ciento en Brasil. El precio de los alquileres subió 43 por ciento, frente a 26 por ciento en São Paulo. La lista de obras es impresionante: dos estadios (el Olímpico y Maracaná), la Villa Olímpica y el Puerto Maravilla; seis líneas de trenes livianos, ampliación del metro y de las autopistas o vías rápidas urbanas: todo financiado con dineros públicos.


Sólo la remodelación en Río, de Maracaná demandó mil 50 millones de reales (470 millones de dólares). El presupuesto de obras aumentó 65 por ciento desde lo presupuestado en 2010, alcanzando la astronómica cifra de mil 500 millones de dólares sólo para las obras del Mundial y las Olimpiadas. Las principales beneficiarias son las grandes constructoras: Odebrecht, OAS, Camargo Corrêa y Andrade Gutierrez. Casualmente, las que mayores aportes hacen a los partidos políticos en las campañas electorales.


Maracaná ha sido remodelada completamente por Odebrecht, que conserva además la apetecida gestión del recinto. Comparte con Andrade Gutierrez la construcción y gestión de la Villa Olímpica, con OAS la gestión del estado Olímpico, y así hasta 20 grandes obras en Río de Janeiro, cientos en las 12 ciudades sedes del Mundial, incluyendo nuevos aeropuertos y hoteles. Sólo la nueva Terminal 3 del aeropuerto de Guarulhos (São Paulo) tuvo hasta ahora un costo de mil 500 millones de dólares.


Nada de esto se puede hacer sin represión. La ocupación por el ejército del Complexo da Maré (130 mil habitantes en 16 favelas), hasta que termine el Mundial, es apenas la acción más conocida por la población. Esta semana el gobierno del estado de Río informó de la incorporación de ocho nuevos blindados para el Batallón de Operaciones Especiales (BOPE), que serán utilizados en los operativos de "pacificación de las favelas" ( O Globo, 24/06/14).


En los cuatro meses previos al Mundial, la Secretaría de Estado de Río informó de 4 mil 250 internaciones forzosas de personas en situación de calle, quienes son trasladadas a un albergue a 70 kilómetros del centro de la ciudad, donde, según el dossier de los Comités de la Copa, son alojados en condiciones precarias y sufren prácticas de tortura.


Río de Janeiro se está convirtiendo en una ciudad cada vez más cara y desigual, señala el dossier del Comité de la Copa. Una ciudad fracturada, conflictiva, como sucedió en el reciente carnaval, cuando más de 70 por ciento de los 14 mil recolectores de basura entraron en huelga. Luego de ocho días de duro conflicto y descalificaciones, una de las categorías peor pagadas obtuvo un aumento de 37 por ciento en su salario base, que aun así es de apenas 500 dólares. Pese a las presiones, aún se mantiene el enorme campamento de 4 mil personas organizado por el MTST (Movimiento de Trabajadores Sin Techo) a tres kilómetros del estadio Itaquerão.


Cuando se lleva disputada la mitad del Mundial, las manifestaciones han descendido y la cantidad de personas movilizadas es menor que en las semanas previas. Aun así, las protestas están lejos de desaparecer. Nadie olvida el éxito de las jornadas de junio de 2013, que consiguieron frenar los aumentos del boleto de transporte urbano, pero que en realidad cuestionaban el modelo de ciudad que va imponiendo el capital con apoyo de una amplia coalición de partidos.


Un reciente comunicado del MTST, que mantiene un campamento de 400 personas frente a la cámara municipal en demanda de vivienda popular, asegura que su lucha no comenzó con el Mundial ni se terminará cuando finalice. Reafirmamos que el gran legado del Mundial fue la especulación inmobiliaria y la exclusión urbana.

Después de julio, cuando el balón deje de rodar y se apaguen los fuegos de artificio mediáticos, los brasileños volverán a su vida cotidiana, pagando precios abusivos por un transporte pésimo. La resistencia al extractivismo urbano recién comienza.

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A dos días de que empiece el Mundial de 2014 en São Paulo, el Gobierno brasileño anunció la noche de este lunes que atenderá las reivindicaciones del movimiento que ha organizado durante estos meses las mayores protestas contra los gastos de la Copa. El acuerdo alcanzado con el Movimiento de Trabajadores Sin Techo (MTST) se supone que desinflará las protestas durante la celebración del campeonato, un alivio para la presidenta Dilma Rousseff, que en los últimos días ha visto cómo las huelgas y las marchas han convertido en un caos algunas de las principales ciudades del país.


Después de este primer acuerdo aún está por ver qué pasará con la huelga de metro, que este lunes provocó en São Paulo uno de los peores días de tráfico que se recuerdan. Los funcionarios del suburbano también decidieron suspender el paro a última hora de la tarde, pero solo durante un día y con condiciones. El miércoles, víspera del comienzo del Mundial, volverán los paros si el Gobierno del Estado de São Paulo no readmite a los 42 funcionarios que despidió horas antes por su participación en piquetes para exigir mejoras salariales. Si no hay acuerdo, la huelga puede paralizar la metrópoli el día que empiece a rodar el balón.


Desde las protestas multitudinarias que comenzaron en junio del año pasado a causa del aumento de los billetes del transporte público, el Movimiento de los Sin Techo ha seguido organizando protestas en las calles contra los gastos del evento. Creen que el Gobierno debería invertir en educación, salud y vivienda de la misma forma que ha invertido en las infraestructuras del Mundial. El MTST lideró la ocupación de 2.000 familias de un terreno próximo al Arena Corinthians, que será este jueves el escenario de apertura del campeonato. Su lema es que "si se tiene dinero para la Copa de la FIFA, se tiene que tener para la Copa del pueblo".


La ocupación de los terrenos fue bautizada como la Copa del Pueblo. La construcción del Corinthians en la lejana zona de Itaquera revalorizó el lugar, que sufrió un aumento de los alquileres del 165% en los últimos seis años, según la organización, lo que ha expulsado a parte de la población. Una de las principales exigencias del MTST era la construcción de viviendas para sus habitantes. El Gobierno se ha comprometido este lunes a construir 2.000 casas para ellos.


El movimiento también ha logrado que se amplíe y mejoren las condiciones de un programa social de vivienda y el Gobierno se ha comprometido a estudiar entre varios ministerios cómo mejorar la resolución de conflictos en las calles. El objetivo del MTST es que se limite el uso de la fuerza en las actuaciones de la Policía Militar durante los desalojos de zonas ocupadas.


Rousseff ha dado su brazo a torcer para tratar de garantizar la paz durante el campeonato, ahora que el calendario ya corre en contra y después de las amenazas del líder del Movimiento, Guillerme Boulos, que días atrás prometió una "radicalización" de las protestas si el Gobierno no cedía.


El otro frente abierto, el de la huelga del suburbano, va más al límite. Este lunes, un nuevo choque entre la policía y los trabajadores de metro elevó la tensión en São Paulo. El incidente, que se originó en la estación de Ana Rosa, una de las principales de la capital paulista, terminó con la detención de 13 manifestantes. El choque se produjo antes del amanecer. Los huelguistas, que cuentan con el apoyo de otros grupos como el Movimiento de los Trabajadores Sin Techo (MTST) o el Movimiento por el Pase Libre (MPL), habían convocado una manifestación en ese lugar a las siete de la mañana. El conflicto se extendió hasta la calle Vergueiro, una concurrida vía cerca de la Avenida Paulista y por la que se accede a la estación de metro. En la calle, los manifestantes levantaron barricadas con los contenedores de basura a los que prendieron fuego. La Policía Militar utilizó gases lacrimógenos contra los manifestantes.


La protesta colapsó el tráfico de la ciudad. A las 10.30 hora local, se registraron 170 kilómetros de atascos. "He tardado dos horas para hacer un recorrido que suelo hacer en 30 minutos", aseguraba el taxista Dorivaldo Aguiar. Si el tráfico sigue igual el próximo jueves, cuando empiece el Mundial, el recorrido desde el centro hasta el estadio Itaquerão, sede del partido de inauguración entre Brasil y Croacia, será de dos horas y media de viaje y a un coste de 150 reales (67 dólares), según sus cálculos. En días normales, este mismo recorrido se puede hacer en 50 minutos y por 90 reales (40 dólares).


El secretario de Transportes del Estado de São Paulo, Jurandir Fernandes, cumplió la amenaza de despedir a los trabajadores que participaran en la huelga. Fernandes notificó el despido a 42 empleados por medio de un telegrama. Si no hay marcha atrás, conductores y revisores prometen convertir en un caos la inauguración del Mundial.

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