Más de 70 muertes (según cifras oficiales entregadas el miércoles 20) dejó la avalancha que al amanecer del 18 de mayo rompió la tranquilidad en el municipio de Salgar, Antioquia. Una tragedia de la que muchos dicen " partió en dos la vida del pueblo" pero que también recordó las problemática de poblamiento que padece este territorio.

"Allá arriba sabían que eso estaba taponado y que se podía venir", admitió Edilma Arango, una de las damnificadas entrevistadas por el periódico El Colombiano. Lo que demuestra que lo sucedido en Salgar, más allá de ser un fenómeno natural fue una tragedia anunciada, que para evitar sus consecuencias, obligaba a una reubicación de la población por parte de las entidades municipales.

La tragedia causada por la avalancha de la quebrada la Liboriana, afectó en mayor medida a los habitantes que vivían en sus orillas, pertenecientes a las comunidades de las veredas El Mango, La Habana y La Liboriana del corregimiento Las Margaritas. Sector que, según el Plan de Desarrollo del Municipio del 2012, está en constante amenaza debido a la "alta torrencialidad que caracteriza a la quebrada".

La información que detalla el Plan de Desarrollo de hace tres años, constata que el problema no era desconocido, ya que se especificaba que el factor de vulnerabilidad de la población estaba en aumento debido a la invasión de su cauce y llanura de inundación por edificaciones, "siendo ésta, una práctica tan cotidiana que alrededor de la tercera parte de las viviendas urbanas están asentadas aquí".

La tragedia ocurrida en Salgar evidencia, una vez más, el problema de la tenencia de tierra que caracteriza a Colombia, por lo cual miles de familias deben asentarse en cualquier parte, y bajo inmenso riesgo, ante la imposibilidad de acceder a un pedazo de ésta para trabajarla y desde ella garantizar su vida diaria, o para poder levantar una vivienda digna, sin necesidad de arriesgar sus vidas.

Los pobladores de Las Margaritas, hoy víctimas, decidieron correr ese riesgo, al no ver gran amenaza en una quebrada que nunca había reaccionado como lo hizo la madrugada del domingo 18 de mayo.

Es la pobreza la que lleva hasta el abismo, hasta el borde, a miles de familias en nuestro país. Solo basta ver las tejas de zinc y las casas de frágil cimento arrasadas por el barro y la fuerza de la quebrada para concluir que los mayores afectados de esta tragedia fueron las familias de bajos recursos.

"Hasta el momento son 64 personas muertas, de las cuales 19 están plenamente identificadas y 37 con identificación indiciaria que debe ser verificada por los peritos de Medicina Legal; 115 personas albergadas en el Hogar Juvenil y 5 damnificados más en la Casa del Hogar del municipio", según el último reporte de la Defensoría del Pueblo.

Ahora, mientras el presidente Juan Manuel Santos anuncia una indemnización por muerte de 16 millones de pesos (algo más de US$6.500) para las familias afectadas, las autoridades solicitan ayudas para los damnificados. especificamente alimentos no perecederos, ropa de cama, colchonetas, elementos de aseo e implementos básicos de cocina. Sin embargo, la pregunta que falta por resolver es ¿A dónde serán reubicados los afectados para que estos hechos desafortunados no continúen repitidiéndose? Y, ¿cuándo será resuelto el problema de la tierra en nuestro país, para que este tipo de sucesos no vuelvan a ocurrir?

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Martes, 05 Mayo 2015 14:51

Lo que mata es la pobreza

Geólogos y físicos de todo el mundo advirtieron hace apenas tres semanas que en Nepal ocurriría un movimiento sísmico de gran magnitud. El pronóstico se cumplió y los muertos pueden llegar a 10 mil. "Es la calidad de las casas lo que mata a la población, no el terremoto en sí", dice un científico en Katmandú.

 

"Serían alrededor de las 11 de la mañana, no sé exactamente, estaba en el hotel y de repente sentí una extraña sensación. Sentí que algo se movía en la habitación, unos segundos. Pero después parecía como si estuviera en un barco y de repente tienes la sensación de que pierdes el suelo, era un movimiento leve de la habitación, cuando saltó la alarma del hotel. Me asomé a la ventana y vi a un montón de gente parada, sin saber qué hacer, rezando en el suelo, y bajé tal como estaba, en pantalón corto, camiseta y con las chancletas puestas, sin nada más. Toda la gente bajaba por las escaleras a trompicones y empujones saliendo a la calle. Han sido unos instantes." Desde Calcuta (India), el relato que el fotógrafo español Juan Díaz hace a Brecha ilustra la dimensión de lo ocurrido el sábado 25 por la mañana en Nepal, a casi mil quilómetros de distancia. Al cierre de esta edición, el terremoto que tuvo una magnitud de 7,8 en la escala de Richter había provocado la muerte de por lo menos 5 mil personas en Nepal, unas 70 en el norte de India y 18 en Tíbet. El primer ministro nepalí, Sushil Koirala, reconoció que los fallecidos en su país podrían llegar a ser 10 mil.


La población de Nepal, unos 29 millones de personas, vive en una estrecha franja montañosa cuya extensión es menor a la de Uruguay, casi imperceptible en el mapa por estar situada entre las gigantes India y China. Pequeño país, pero imposible de ignorar por albergar la montaña más alta del mundo, el Everest. La cordillera del Himalaya, de la que forma parte el Everest, se ha formado a lo largo del tiempo sobre la colisión de placas tectónicas indo-euroasiáticas que hace de esta una de las zonas con mayores riesgos sísmicos del planeta. Nepal despierta, en ese sentido, gran inquietud entre geólogos y físicos. De hecho, hace casi tres semanas un grupo de 50 investigadores liderado por Laurent Bollinger, de la Comisión de Energías Alternativas y Energía Atómica de Francia, estuvo en la zona, observó y vaticinó lo ocurrido. "Este terremoto definitivamente no fue una sorpresa. El último evento similar en esta parte del Himalaya fue hace unos 500 años, aproximadamente el promedio de tiempo en que se producen estos eventos", dijo Marin Clark, geofísico de la Universidad de Michigan, a la agencia Efe. Se trató, según palabras del grupo de científicos, de una "pesadilla" previsible, por lo que podrían haberse tomado recaudos para mitigar sus consecuencias. El experto en movimientos sísmicos David Wald aseguró a otra agencia, Reuters, que un terremoto de la misma magnitud hubiera causado la muerte de 20 o 30 personas por cada millón de habitantes en California, pero 1.000 o más por cada millón en Nepal. "Físicamente y geológicamente lo ocurrido es exactamente lo que pensábamos que iba a suceder", apuntó James Jackson, otro de los científicos presentes.


Las consecuencias eran previsibles no sólo por los factores naturales sino también por los humanos. Por ejemplo, existe en Nepal la tradición de que cada hijo construya su vivienda sobre la de sus padres. Esto lo hacen con delgados ladrillos u hormigón de mala calidad, como la mayoría de las casas que fueron destruidas en la capital, Katmandú, y en el distrito de Gorkha, donde tuvo lugar el epicentro del terremoto. "Es la calidad de las casas lo que mata a la población, no el terremoto en sí", manifestó Jackson. La inoperancia del gobierno nepalí para afrontar un golpe de esta naturaleza se vio en el propio aeropuerto, incapaz de organizar la llegada de aviones con ayuda internacional. El martes 28 los helicópteros sobrevolaron la zona más afectada y pudieron comprobar que varias aldeas habían quedado totalmente enterradas bajo los deslaves provocados por la lluvia que no ha cesado de caer durante estos días.


Tras el terremoto cerca de un millón de menores se han quedado sin hogar, en un país donde según la Unicef el 40 por ciento de los niños padece desnutrición. Las Naciones Unidas estiman que 8 millones de personas se han visto afectadas por el desastre, y 1,4 millones necesitan alimentos. La Onu señala que entregará 15 millones de dólares para las víctimas del terremoto, que permitirán ampliar las operaciones y proporcionar refugio, agua, suministros médicos y servicios logísticos. Estados Unidos y la Unión Europea anunciaron la donación de millones de euros o dólares para la reconstrucción, "que bien podrían haberse utilizado en tareas de prevención y construcciones decentes", tal como comenta uno de los tantos foristas indignados en las redes sociales.


Naturaleza humana.

 

"Por muy 'natural' que parezca, ninguna catástrofe es natural. Un seísmo de intensidad idéntica causa más víctimas en un país empobrecido que en otro rico e industrializado. Ejemplo: el terremoto de Haití, de magnitud 7,0 en la escala de Richter, ocasionó más de 100 mil muertos, mientras que el de Honshu (Japón), de idéntica fuerza (7,1), acaecido hace seis meses, apenas provocó un muerto y un herido", escribió el periodista Ignacio Ramonet en Le Monde después del terremoto de Haití en 2010. El periodista español Iván M García, que estuvo en Haití hace cinco años, dijo a Brecha que allí "todo salió mal de entrada". "En Haití había un gobierno ausente, promesas incumplidas en cuanto a fondos internacionales y una ayuda humanitaria enfocada en el corto plazo. Al cabo de un año, de dos años, los desplazados seguían en los asentamientos, normalmente en plazas de la capital, Puerto Príncipe. Se habituaron a recibir plata, comida y agua. En el país más pobre de Latinoamérica si te aseguran eso, te quedas. Obvio. Nadie pensó o casi nadie pensó en la reconstrucción."


En las últimas décadas Nepal vivió bajo una monarquía absoluta que desembocó en un parricidio y la disolución del régimen, además de una guerra interna que culminó en 2006, dejando como saldo 13 mil muertos. Hoy el país tiene un gobierno democrático al que en su último informe la organización Social Watch califica como "frágil" e inestable, entre otras cosas por su extrema pobreza. Si ésta no se supera, los terremotos y otros desastres naturales seguirán matando de a miles. "Si usted vive en el valle de Katmandú tiene otras prioridades, urgencias cotidianas propias de la pobreza. Pero eso no aleja a los terremotos", expresa el científico Jackson.


El panorama actual hace prever una lenta y peliaguda recuperación, dependiente además "de un pequeño grupo de burócratas", asegura el periódico británico The Guardian. El país tiene por delante la atención de 7 mil heridos, el suministro de alimentación, agua, medicamentos y carpas. El peligro, alerta el español García, es que lo provisorio se convierta en permanente. "Hay asentamientos, campos de refugiados, que terminan por ser barrios. Pasó en Beirut con los refugiados palestinos, pasa en Palestina con los desplazados por los militares israelíes. Campos no ya de carpas sino de edificios. En Haití no se han tomado medidas para evitar otra catástrofe." En Nepal es probable que tampoco se tomen.

 

 

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Lunes, 13 Abril 2015 06:09

Ciudades gigantes, desafíos gigantes

Crear un plan homogéneo de edificabilidad, mejorar el transporte y luchar contra las desigualdades sociales son los grandes retos que señalan arquitectos y urbanistas para las urbes de América Latina


Megaciudades. Aglomeraciones urbanas de hasta 20 millones de habitantes. "Monstruos ingobernables", como admiten unos arquitectos que tratan de ordenar el caos. Imposible. Las mayores urbes del planeta son complejos organismos que se multiplican sin freno y, en la mayoría de ocasiones, sin un patrón homogéneo. Núcleos hipertrofiados que han germinado con el progreso de las clases medias y el trasvase del campo a la ciudad. São Paulo, México, Bogotá, Lima, Buenos Aires, Río, etcétera. Urbanistas y arquitectos de estas metrópolis de América Latina analizan para EL PAÍS los retos que plantea su gestión. Y coinciden en señalar la falta de un criterio unificador que armonice el desarrollo de las urbes, las dificultades en la movilidad y el aumento de las desigualdades sociales como los principales problemas

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Los retos futuros pasan por convertir estas grandes ciudades en espacios más habitables, con mejores políticas de transporte público y menor contaminación. Y, sobre todo, trazar una dirección para la edificabilidad bajo un plan único, y que las grandes urbes no sean el resultado de un cuadro pintado a brochazos.


En 2014, 450 millones de personas compartían el suelo de 28 áreas metropolitanas en todo el planeta. Difícil detener la autoconstrucción, como si fuera un videojuego. "Hay un aspecto fundamental: la lucha por la ciudad", afirma Abilio Guerra, urbanista y arquitecto brasileño. "Es difícil encontrar fórmulas adecuadas en el Gobierno de las ciudades. La mayor parte de las veces, la iniciativa privada pasa por encima de los intereses de la gente, sin que el poder político tome medidas contra los abusos. Los grandes perjudicados son los espacios públicos de las ciudades. Lo vemos en Río con el caso del Parque do Flamengo, y en São Paulo con el Largo da Batata y el Parque Minhocão. Es preocupante, porque esto sucede en un momento de vulnerabilidad de la sociedad civil brasileña", analiza Guerra.


El patrón se repite en la mayoría de capitales latinoamericanas. En Bogotá se dan codazos sus 7,8 millones de habitantes, producto de la mayor densidad urbana en toda la región: 26.200 ciudadanos por kilómetro cuadrado. El censo crece en 170 personas al día. Y la administración da carta libre a la construcción para aportar cobijo a esa demanda.


Un decreto permite que los constructores puedan desarrollar grandes obras si se abona una cantidad económica adicional por la edificabilidad extra. "Eso significa que pueden aparecer edificios de cualquier tamaño en cualquier manzana, solo porque el constructor busca más metros", explica Mario Noriega, profesor de urbanismo en la Universidad Javeriana. Noriega pide un "marco legal según las necesidades de la gente, que no cambie de alcalde a alcalde". "Creen que eso da una apariencia de modernidad a la ciudad. Pero las calles no están preparadas. La ciudad tenía una estructura de manzanas, con 30 viviendas en cada una. Con la nueva norma, se harán hasta 400. Bogotá es muy densa en los bordes y poco en el centro, pero ahora será densa en todos lados. Su caso de densidad solo puede ser comparable a algunas ciudades chinas y africanas. Están creando una zona de desastre. Se habla de México como la ciudad monstruo, pero tiene metro, y Bogotá es cinco veces más densa", explica el profesor de urbanismo. Solo el 55% de sus habitantes dice estar orgulloso de su ciudad.


Una población similar a la de Bogotá, aunque con una densidad 10 veces menor, tiene Lima. Los arquitectos peruanos Arnold Millet, que ha trabajado en la Municipalidad, y Mario Lara abundan en la reivindicación de su colega colombiano. "Lima no tiene una gobernanza con un hilo único, sino que se suceden gobiernos que rompen con lo anterior y hacen lo contrario", apunta Millet. "El gran reto es ordenarla. Hoy es una ciudad descoyuntada, con más de 40 alcaldías [43 distritos y alcaldes de distrito] que cada una hace lo suyo, atomizada. La solución sería poner a Lima con menos alcaldías y con los mismos decretos", expone Lara.


Pocas ciudades en el mundo han logrado esta unidad metropolitana. Si acaso Londres y París, dicen los urbanistas. "Se parte de un centro y se acumulan municipios adyacentes", dice sobre México el español Miquel Adrià, director de la revista Arquine.
Cómo moverse en el laberinto


Las horas vuelan al volante o en transporte público para los millones de personas que se desplazan en ese ida y vuelta eterno entre la casa y el trabajo. El ciudadano de São Paulo invierte una media de 2 horas 53 minutos diarios en desplazamientos en vehículo propio, y 2 horas 46 minutos en medios públicos (son usados por el 62% de la población). Por la ciudad circulan 5,4 millones de coches, casi uno por cada dos habitantes. Cada mexicano emplea 16 horas a la semana en los trayectos. Bogotá no tiene metro y es el sistema de autobuses el que canaliza la marea humana de viajeros. En Lima, la única línea de metro no da abasto...


"El metro es una necesidad en Bogotá". Lo dice el presidente colombiano, Juan Manuel Santos, consciente del embudo que supone para la capital la ausencia de este medio de transporte. A cambio, la ciudad presume de la red de ciclorrutas (carril bici) más grande de América Latina, 392 kilómetros de asfalto que los ciudadanos utilizan cada vez más. Piden, eso sí, mayor seguridad vial y que las empresas incentiven las dos ruedas entre sus empleados. Solo el 17% de los bogotanos se declara satisfecho con la red de vías urbanas. Y los problemas de aparcamiento son cada vez mayores para una flota de 1,5 millones de coches. El sistema de autobuses, TransMilenio, moviliza a dos millones de personas al día. "Se enfoca todo en los buses, pero no basta. Bogotá es una ciudad que funciona como una ciudad del siglo XIX y tiene población del siglo XXI", analiza Mario Noriega. Además, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la ciudad multiplica por 2,7 los niveles de contaminación que se consideran perjudiciales para la salud.


Ante la congestión, las ciudades buscan fórmulas como el Día sin Carro y diversos tipos de restricciones. En Lima, otro foco de contaminación (sobre todo en invierno dada la gran nubosidad), el ómnibus no puede circular por algunas avenidas, y en la pasada alcaldía diversas calles del centro pasaron a ser peatonales. Con 150.000 nuevos coches cada año (un total de 1,5 millones), proliferan los taxis, formales e informales. También México ha puesto la señal de Stop. Los coches con más de ocho años tienen prohibido circular un día a la semana y un fin de semana al mes en la ciudad. "Aunque estos mismos coches se venden en los municipios y contaminan. La solución es tener la misma política en los dos sitios, ciudad y área metropolitana", señala Miquel Adrià. Hasta seis millones de vehículos entran y salen de la urbe cada día. Distrito Federal ha puesto en marcha proyectos para mejorar las comunicaciones, como dobles pisos en carreteras, nuevas estaciones de tren, estaciones de metro multimodales, que unen varias líneas (hay 300 kilómetros de vía y cinco millones de usuarios), y un nuevo aeropuerto fuera de la ciudad.


Y junto a la saturación, la inseguridad. Según un estudio de la Fundación Thomson Reuters, seis de cada 10 mujeres aseguran haber sido acosadas físicamente en los transportes públicos de América Latina. Bogotá, Ciudad de México y Lima son los escenarios más inseguros.


Las desigualdades sociales


La polarización social también sacude las megaurbes. El ciudadano es parte del mobiliario. "El gran reto es la inclusión", comenta la arquitecta mexicana Tatiana Bilbao. "La vivienda es un bien social, no debería ser un commodity. Los arquitectos nos hemos desconectado de no querer lidiar con el problema de la falta de vivienda digna para la población. En México es muy fuerte la segregación en todos los sentidos, física y social. Las clases están muy marcadas. Es un México muy disgregado y contrastado. Está todo revuelto. Hace 20 años la gente cambiaba dos veces de casa durante su vida. Hoy son 17. Esto genera desarraigo, desentendimiento de la comunidad y falta de identidad".


Raúl Fernández Wagner, profesor de urbanismo de la Universidad Nacional de General Sarmiento de Buenos Aires, ofrece una visión sobre la capital argentina, con 15 millones de habitantes en toda la metrópoli. "El mayor conflicto es el acceso al suelo por parte de la población. De cada 10 nuevos habitantes de Buenos Aires, seis no buscan la compra de suelo, sino que entran en el mercado informal. Es muy difícil tener propiedad privada porque es muy cara. En 10 años Buenos Aires duplicó el PIB. Eso ha de¬sa¬ta¬do también un fuerte proceso especulativo con el suelo".


Sostenibilidad, movilidad e igualdad social. Son tres de los retos de las grandes ciudades latinoamericanas. Para estas urbes no se trata solo de acumular población, sino de convertirse en mejores sitios para vivir.


AMÉRICA LATINA: LOS DESAFÍOS


Objetivo: reducir el abismo entre ricos y pobres

 


Por Verónica Calderón México Df 11 ABR 2015 - 00:22 CEST


Un breve paseo por la delegación Miguel Hidalgo, una de las 16 demarcaciones legales que dividen al Distrito Federal, refleja la enorme brecha económica en México, la segunda economía de América Latina y el país donde viven el hombre con la segunda mayor fortuna del mundo y 53,3 millones de pobres. Mientras el menú degustación para una persona en un exclusivo restaurante puede ascender hasta más de 150 euros, en la calle se apuesta una señora con dos niños que ofrece chicles y cigarros sueltos a cambio de unas monedas. Reunirán, con suerte, unos cinco euros al terminar el día. La imagen es una de tantas que ilustran la desigualdad en Latinoamérica, la región con la mayor inequidad en el mundo solo superada por el África subsahariana: un 28% de su población vive en la pobreza y uno de cada cinco subsiste con menos de cuatro euros al día. Diez de los 15 países más desiguales del mundo están América Latina.


Pese a que el crecimiento registrado en los primeros años del siglo XXI redujo la cifra de pobres un 30%, también aumentó la riqueza de las clases altas. En 2002, la región tenía 25 multimillonarios; en 2014, esta cifra llegaba a 114.


La desaceleración producida tras la crisis financiera que se inició en 2009 afecta en primera fila a los que menos recursos tienen. La reducción de las previsiones de crecimiento de las mayores economías de la región, en especial de Brasil, el gigante regional, han puesto en riesgo las conquistas sociales de la última década. Por otro lado, las fortunas latinoamericanas mantienen el tirón: aumentan a una velocidad del 23% al año, según un informe de Oxfam. Un 8% más rápido que en el resto del mundo.


El coeficiente Gini analiza la distribución de los ingresos con valores que van del cero (igualdad absoluta) al 1 (total desigualdad). América Latina, un mosaico variopinto de países con profundas diferencias, se ha ganado las esperanzas de buena parte de los economistas mundiales por su riqueza natural y capacidad de crecimiento, pero mantiene como denominador común la desigualdad. Pese a que durante los años de avance sostenido, entre 2000 y 2009, las economías latinoamericanas habían conseguido reducir el índice de un 0,54 en 2000 a un 0,5 en 2010, la marca todavía está muy por debajo de países con mayor equidad. El coeficiente Gini en los países escandinavos es de 0,25.
El 10% de la población mexicana gana 27 veces más que el resto, 15 veces más que Estados Unidos y nueve veces más que el promedio de la OCDE.


Gasto público


A esto se suman los nubarrones en la economía global: la caída en el precio del crudo ha reducido las previsiones del crecimiento de las dos mayores economías de la región, México y Brasil, y ha agravado la crisis en Argentina y Venezuela, que tienen pronósticos negativos de un -1,5% y -2,9%, respectivamente. Después de que la región consiguiera crecer globalmente en 2010, en 2014 llegará solamente a un 1,7%.


Para capear el temporal, los dos punteros de la región, Brasil y México, han respondido con recortes a su gasto público, anunciados por sus respectivos presidentes, Dilma Rousseff y Enrique Peña Nieto. Esto, según un informe del Banco Mundial de 2014, salvará empleos y mantendrá la estabilidad a largo plazo. Pero eso no significa que el camino no vaya a ser doloroso. Marianne Braig, investigadora de la Universidad Libre de Berlín, opinó en un foro organizado en la Universidad Nacional Autónoma de México que las políticas de la región han demostrado que no son efectivas para reducir la inequidad, especialmente, por el inadecuado manejo de ingresos.


Otro informe del Banco Mundial, también de 2014, indica que la movilidad entre clases es lenta y que el acceso a la educación va de la mano con los ingresos de los padres. Los alumnos de escuelas privadas obtienen mejores resultados que los egresados de centros públicos, pese a que se ha aumentado el gasto en educación en los últimos años.


La paradoja latinoamericana reside en que las empresas, que han avanzado en su competitividad, muchas veces no encuentran a los trabajadores que buscan precisamente por los fallos en la educación. La solución continúa siendo el empleo informal, la fuente de ingresos de más del 60% de la población de la región y uno de sus mayores retos a vencer. La desigualdad también se refleja en los servicios. La mitad de los 600 millones de habitantes de América Latina carece de instalaciones para el suministro de agua, esto en una zona que tiene los mayores recursos acuíferos del mundo. El 90% tiene acceso al agua, pero la calidad del servicio es ineficaz e insuficiente en la mayoría de los países.


La inflación, además, se mantiene como un fantasma que afecta con mayor dureza a los sectores más frágiles. "En general, el futuro no es prometedor para las conquistas sociales de América Latina [...], pero la aplicación adecuada de políticas adecuadas como la flexibilidad en el tipo de cambio, mayores esfuerzos en la educación y la facilitación del ahorro para las clases media y baja pueden ayudar al contexto", apunta Augusto de la Torre, jefe regional para América Latina del Banco Mundial en un informe de octubre de 2014. Los retos para una región que alberga ciudades como México, donde en mismo barrio conviven, a solo unos metros, un hombre que limpia cristales por menos de un dólar y la mansión de Carlos Slim, un magnate con una fortuna tan grande que, si gastara un millón de dólares por día, debería vivir 220 años para agotarla.

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A pesar de la lluvia y del intenso frío, decenas de miles de personas se manifestaron este sábado en Madrid bajo la convocatoria de las Marchas de la Dignidad, que reúne a unas 300 organizaciones y sindicatos que representan a los sectores más golpeados por la crisis económica. El objetivo de la movilización fue alzar nuevamente la voz contra las políticas de ajuste impuestas por los tecnócratas de la Unión Europea, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional aplicadas por el gobierno conservador del presidente Mariano Rajoy.


La manifestación de hoy, a la que se sumaron más de 40 mil personas, según los organizadores, fue el inicio de lo que se espera sea uno de los años de mayor agitación política en España de las últimas décadas, con varias elecciones cruciales, como la que renovará al Congreso de los Diputados y, por tanto, el gobierno del país.


Las Marchas de la Dignidad llegaron a Madrid luego de partir desde todos los puntos del país en una caminata en la que recorrieron pueblos y ciudades para sumar a más personas a su reivindicación.


En la manifestación se lanzaron varias iniciativas, entre ellas la de convocar a una huelga general para el próximo otoño –el 22 de octubre, a sólo unos meses de las comicios generales– y desalojar del poder a la vieja política, en sintonía con el mensaje que lanzan desde hace unos meses las fuerzas políticas emergentes que pugnan por el voto del descontento, como Podemos –desde la izquierda– y Ciudadanos –desde la derecha.


Las reivindicaciones de los manifestantes eran claras: Pan, trabajo, techo y dignidad.


Entre las peticiones más claras de los colectivos destacaron el no pago de la deuda, el derecho a la vivienda, empleo digno y servicios públicos para todas las personas. Así lo expresaron en su discurso final, que leyeron miembros del movimiento: Millones de trabajadores y trabajadoras se encuentran sin empleo. Tener unas manos para trabajar; tener una carrera terminada; disponer de tu capacidad tanto manual como intelectual y no encontrar un trabajo digno es humillante. Se está desperdiciando el talento colectivo de una sociedad, hipotecando indefinidamente su futuro. Los trabajadores y trabajadoras no se merecen este atropello a nuestra dignidad colectiva.


Y lanzaron un grito de auxilio ante las miles de familias que han perdido sus casas por deudas bancarias. "No hay nada más inhumano que desalojar a una familia de su hogar, sólo para alimentar la voracidad insaciable de unos banqueros sin escrúpulos. Banqueros a los que los estados siervos de la troika alimentan a costa de empobrecer aún más a la clase trabajadora y a las personas más indefensas".

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La ciudad estadounidense de Nueva York presenta las dos caras de una misma moneda: por un lado, la Gran Manzana es el centro del mundo financiero; y por el otro, tiene más de 60 mil indigentes que viven en las calles sin comida y sufriendo las terribles temperaturas que llegan a los -4,3 grados centígrados.


La cifra de indigentes es la más alta de la historia: la organización no gubernamental Coalición para los Indigentes afirma que la ciudad alcanzó los mayores niveles desde la Gran Depresión de los años '30 del siglo pasado.


Pero la realidad se pone aún peor si se tiene en cuenta que hay 25.640 niños indigentes (14.519 familias) que pasan sus noches en los refugios desplegados por la municipalidad de la ciudad.


En un artículo publicado por el diario The New York Times, la vicealcaldesa de servicios humanos y de salud de la ciudad, Lilliam Barrios-Paoli, dijo que "muchos de estos niños son muy, muy vulnerables, por lo que proporcionarles refugio no es suficiente", y consideró que "se necesita gente trabajando más estrechamente con ellos y entendiendo qué está pasando".
Testimonios en primera persona


Nick Bryant, corresponsal de BBC en Nueva York, salió a las calles y consiguió el relato de Maurice, un indigente afroamericano que estaba pidiendo limosna en el Park Avenue.


"Perdí mi trabajo. Es duro, es difícil. No tienes trabajo, no puedes pagar la renta", relató el hombre que manejaba un centro de llamadas, pero fue despedido y nunca más consiguió empleo.


El alto precio de los alquileres es otro factor que ayuda a que crezca la cantidad de personas sin hogar, como le ocurrió a Nardia Bosia, que vive junto a sus tres hijos en un departamento de interés social compartido con otra familia de bajos recursos.


A diferencia de Maurice, Bosia no está desempleada: trabaja en el área de servicios financieros, pero no puede pagar el precio del alquiler de una vivienda.


"Pensé que esto iba a ser temporal. Pero hay días en que me desplomo y me digo que no puedo hacer más esto, que no sé qué estoy haciendo y no sé cuándo va a terminar", describió.


(Tomado de InfoNews)

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Miércoles, 25 Febrero 2015 06:13

El Salvador: La pobreza, desde los empobrecidos

ALAI AMLATINA, 24/02/2015.- Hace más de dos décadas, el padre Ignacio Elacuría llamaba con vehemencia a que el pueblo hiciera oír su voz. Así lo proclamaba: "Que el pueblo reflexione, desde el punto de vista de la Iglesia, en sus comunidades de base; desde el punto de vista social en sus cantones (...) Que reflexionen sobre la situación del país, que exijan ser bien informados. Que hagan sentir cómo se necesita cuanto antes un desarrollo económico profundo del país, cómo se necesita que se resuelva su problema de injusticia". Mucho de esto muestra uno de los más recientes informes del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), denominado "La pobreza en El Salvador". El documento ofrece la palabra de cientos de personas con las cuales se conversó con el propósito de entender la pobreza desde su vivencia.

El estudio presenta un cambio de enfoque respecto a otras investigaciones sobre la pobreza. Parte de que para definir bien este fenómeno y dar pistas para su erradicación es indispensable tomarle la palabra a quienes lo sufren. Es decir, para hacer un diagnóstico apegado a la realidad, se requiere un cambio de informante. En lugar de darle la primacía a la estadística, es indispensable ir a la fuente humana. En consecuencia, se realizaron numerosos encuentros con comunidades, previamente identificadas como parte de las que aglutinan a los hogares con mayores niveles de privaciones. En las consultas se indagó sobre las carencias más sentidas, con lo que se identificaron ocho dimensiones: vivienda, trabajo, esparcimiento, seguridad, salud, alimentación, educación e ingresos. Así, la pobreza fue entendida y medida considerando su carácter multidimensional y desde la óptica de los empobrecidos.

¿Cómo definen los pobres la pobreza? Rigoberto, de la comunidad Santo Domingo, en Guazapa, San Salvador, afirma: "Pobreza es tener escasez, pero de todo". Xiomara, de la comunidad Santa Lucía, en San Julián, Sonsonate, declara que la "pobreza es vivir en lo más pésimo que puede haber. Es no tener los recursos para poder comprar y satisfacer las necesidades que tenemos. Por eso, pobreza es la escasez de trabajo, porque si no hay trabajo, no hay dinero. O hay trabajo, pero si no se tiene la educación, no se logra". Alcides, de Altos del Matazano, La Libertad, señala que la pobreza "es incertidumbre, es no saber si se tiene algo para mañana. ¡Ah! si tuviera maíz y arroz para un mes... ¡fuera feliz! Ya no sería pobre".

Las personas consultadas en el estudio, pues, describen la pobreza en términos de las carencias más sentidas en sus vidas. Recojamos algunas aseveraciones emblemáticas registradas en la investigación del PNUD, que apuntan hacia las distintas dimensiones de este problema desde la perspectiva de quienes lo padecen.

Pobreza es no tener los recursos económicos. Y se explica en los siguientes términos, en voz de uno de los entrevistados: "No tenemos trabajo, y sin trabajo no hay dinero para salir adelante. Nosotros vivimos en una zona marginal. ¿Qué significa eso? No tener para comprar un terreno. No podemos salir de la pobreza porque no hay moneda para echar a andar nuestros proyectos".

Ser pobre es no tener una vivienda digna. "En el polvo uno se acuesta", dice un habitante de la comunidad La Cuchilla, en Antiguo Cuscatlán. "En el polvo uno tira capas y se acuesta, pero en el suelo enlodado, ¿cómo?". ¿Cuál es la casa que desean? fue una pregunta que se hizo en las distintas comunidades consultadas. La "que tiene la capacidad de que resista un terremoto y un huracán, inundaciones también". "Una casita más o menos... que no esté rodeada de lámina picada, como que es zaranda", dicen habitantes de Altos del Matazano.

Pobreza es rebuscarse para el alimento del día. Las consultas hechas apuntaron dos características de la dieta de la pobreza: la monotonía y la escasez. En otras palabras, comer lo mismo —por lo general, tortillas y frijoles— y, en muchas ocasiones, "salteado". Los alimentos se compran para el día y, si el dinero alcanza, para todos los miembros de la familia. "Aunque no pueda yo, pero que coman los hijos" es un comentario que apareció con frecuencia en el estudio.

Salir a pasear resulta prohibitivo para quienes viven en pobreza: "Yo no salgo, no tengo dinero para ir a vagar", expresa un habitante de la comunidad Santo Domingo. "¿Cómo le digo a mi esposa 'te voy a invitar'? ¿De dónde? Si uno no trabaja, no hay dinero. Mi esposa me dice: 'Viejo, ¿cuándo vamos a ir con los niños a pasear al pueblo o a la capital?'. 'Híjole', digo yo". Por otra parte, Kimberly, de 8 años, dice: "Chivo fuera que por lo menos tuviéramos dónde jugar o algunos columpios aquí por la casa".

La pobreza llega porque no tenemos trabajo todos los días. "Para mí, el problema más importante sería lo del desempleo, porque si uno tiene una escritura, una casa, necesita tener un trabajo para sostenerla", explica un habitante de Altos del Matazano. Por su parte, Edmundo, que vive en esa misma comunidad, comenta: "Si uno observa en los parques, hay muchísima gente que tal vez viene cansada de buscar un trabajo y no lo encuentra". Y Besy, de San Luis Tepezontes, La Paz, señala: "En el campo hay más pobreza porque no hay dónde trabajar; la gente trabaja en la finca, pero gana la cuarta parte de lo que gana en la ciudad".

Pobreza es carecer de acceso a los servicios de salud. Comenta Jesús, de la comunidad El Trébol, en Santa Tecla: "A veces a uno no lo operan porque falta dinero... Entonces, uno se queda esperando que Dios lo sane, porque es el único doctor que nosotros tenemos. Pero Él ha dejado a sus doctores, para que también hagan curaciones, y si uno no tiene dinero, ¿cómo termina? Esperando la muerte". Y Ovidio, de la comunidad Tierras de Israel, en San Pedro Masahuat, dice que si uno "está alentadito, la alegría es trabajar para ganarse el pan de cada día". David, de esa misma comunidad, comenta: "Aquí todos padecemos enfermedades terribles y estamos olvidados. Yo voy a la clínica a las seis de la mañana y vengo a las cinco de la tarde. Pero una enfermedad grave aquí no la curan, lo que dicen es: 'Váyase para el hospital'".

La delincuencia profundiza la pobreza. Jairo, habitante de Santo Domingo, en Guazapa, manifiesta: "Antes, a pesar de que hubo guerra y no teníamos electricidad y había deficiencias con el servicio de agua potable, vivíamos mejor, porque si uno salía al río, salía a trabajar, dejaba su casa sola y venía a encontrar todo en orden. En cambio, ahora lo que abunda es la inseguridad". Por su parte, Josefina, de Nuevo Amanecer, en Santa Ana, dice: "A veces hay problemas y se necesita la Policía. Se les llama y vienen hasta las dos o tres horas... y a veces hasta que ya enterraron al muerto".

La pobreza limita la calidad y cantidad del estudio. Elba, de Dos Amates, en La Libertad, relata: "Yo tengo cinco hijos y nada más uno es bachiller. A los demás no pude darles estudio, por la pobreza. A mi hijo le daba dos dólares para que fuera hasta el puerto y me decía: 'Ay, mami, yo no como porque con dos dólares no me alcanza'. 'Pero, mijo', le decía, '¿qué puedo hacer?' Yo vendía pan, vendía gaseosa, cualquier cosita para que él estudiara. Los demás me dijeron: 'No, mami, no voy a estudiar, usted mucho se sacrifica para que estudie'. Imagínese, con lo necesaria que es ahora la educación para conseguir un buen trabajo y solo uno de mis cinco hijos pudo graduarse".

La pobreza, desde esta óptica, está asociada a sufrir grandes dificultades para alimentarse, no tener una vivienda digna ni un trabajo fijo, carecer de acceso a servicios de salud y a una educación de calidad, así como a los niveles requeridos para poder conseguir un trabajo bueno y estable. Una de las grandes virtudes del estudio es no dar por supuesto que ya se sabe qué es la pobreza con independencia de lo que viven y piensan los pobres. De ahí la importancia de escucharlos con responsabilidad y seriedad. Por este camino se puede llagar a que duela de verdad la realidad de las mayorías empobrecidas. En este sentido, se habrá cumplido uno de los objetivos trazados en el documento del PNUD: romper con la impasibilidad, indiferencia y apatía ante el sufrimiento ajeno; romper con la falta de indignación ante la injusticia y la exclusión social.

Por Carlos Ayala Ramírez, director de radio YSUCA, El Salvador.

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En menos de una década Río de Janeiro está padeciendo tres grandes eventos que modifican su fisonomía: los Juegos Panamericanos en 2007, la Copa del Mundo en 2014 y los Juegos Olímpicos en 2016. Esa sucesión de megaeventos deportivos en tan poco tiempo es aprovechada por el capital financiero para remodelar una de las ciudades más bellas del mundo, donde obtiene enormes ganancias y provoca daños irreparables a los más pobres.


Este mes el Comité Popular de la Copa y las Olimpiadas de Río lanzó el cuarto dossier titulado Megaeventos y violaciones de los derechos humanos en Río de Janeiro (se puede bajar de comitepopulario.wordpress.com). A lo largo de 170 páginas analiza las principales consecuencias que están teniendo sobre la ciudad y su población, a la vez que pone al descubierto quiénes se benefician con las millonarias obras que imponen, entre otras, la FIFA y el Comité Olímpico Internacional.


Los megaeventos deportivos marcan el retorno de la forma más violenta de menosprecio de los derechos a la vivienda en la ciudad, puede leerse al comienzo del dossier. Se trata de una limpieza social que consiste en relocalizar a los pobres para abrir oportunidades de negocios a las grandes empresas, en zonas nobles como Barra da Tijuca, Jacarepaguá y el centro histórico, mientras los traslada a zonas lejanas donde deben remprender sus vidas desde la nada. Hasta ahora son casi 5 mil familias desplazadas de 29 comunidades, estando otras 5 mil amenazadas de desalojo.


El Comité de la Copa apoya con estudios y análisis a las comunidades desalojadas, pero sus miembros también ponen el cuerpo para resistir a las excavadoras que derriban viviendas. Las mujeres están a la cabeza de la resistencia, como Inalva Britos, en Vila Autódromo, y Alessandra en el morro da (cerro de la) Providencia. En los barrios populares las mujeres venden comida en el vecindario o hacen artesanías, estrategia de sobrevivencia que no van a poder continuar en los desolados barrios del programa Mi Casa Mi Vida. Resistir es cuestión de vida.


Río es la ciudad más afectada por la especulación inmobiliaria. El precio de las viviendas subió 65 por ciento entre 2011 y 2014, frente a un promedio de 52 por ciento en Brasil. El precio de los alquileres subió 43 por ciento, frente a 26 por ciento en São Paulo. La lista de obras es impresionante: dos estadios (el Olímpico y Maracaná), la Villa Olímpica y el Puerto Maravilla; seis líneas de trenes livianos, ampliación del metro y de las autopistas o vías rápidas urbanas: todo financiado con dineros públicos.


Sólo la remodelación en Río, de Maracaná demandó mil 50 millones de reales (470 millones de dólares). El presupuesto de obras aumentó 65 por ciento desde lo presupuestado en 2010, alcanzando la astronómica cifra de mil 500 millones de dólares sólo para las obras del Mundial y las Olimpiadas. Las principales beneficiarias son las grandes constructoras: Odebrecht, OAS, Camargo Corrêa y Andrade Gutierrez. Casualmente, las que mayores aportes hacen a los partidos políticos en las campañas electorales.


Maracaná ha sido remodelada completamente por Odebrecht, que conserva además la apetecida gestión del recinto. Comparte con Andrade Gutierrez la construcción y gestión de la Villa Olímpica, con OAS la gestión del estado Olímpico, y así hasta 20 grandes obras en Río de Janeiro, cientos en las 12 ciudades sedes del Mundial, incluyendo nuevos aeropuertos y hoteles. Sólo la nueva Terminal 3 del aeropuerto de Guarulhos (São Paulo) tuvo hasta ahora un costo de mil 500 millones de dólares.


Nada de esto se puede hacer sin represión. La ocupación por el ejército del Complexo da Maré (130 mil habitantes en 16 favelas), hasta que termine el Mundial, es apenas la acción más conocida por la población. Esta semana el gobierno del estado de Río informó de la incorporación de ocho nuevos blindados para el Batallón de Operaciones Especiales (BOPE), que serán utilizados en los operativos de "pacificación de las favelas" ( O Globo, 24/06/14).


En los cuatro meses previos al Mundial, la Secretaría de Estado de Río informó de 4 mil 250 internaciones forzosas de personas en situación de calle, quienes son trasladadas a un albergue a 70 kilómetros del centro de la ciudad, donde, según el dossier de los Comités de la Copa, son alojados en condiciones precarias y sufren prácticas de tortura.


Río de Janeiro se está convirtiendo en una ciudad cada vez más cara y desigual, señala el dossier del Comité de la Copa. Una ciudad fracturada, conflictiva, como sucedió en el reciente carnaval, cuando más de 70 por ciento de los 14 mil recolectores de basura entraron en huelga. Luego de ocho días de duro conflicto y descalificaciones, una de las categorías peor pagadas obtuvo un aumento de 37 por ciento en su salario base, que aun así es de apenas 500 dólares. Pese a las presiones, aún se mantiene el enorme campamento de 4 mil personas organizado por el MTST (Movimiento de Trabajadores Sin Techo) a tres kilómetros del estadio Itaquerão.


Cuando se lleva disputada la mitad del Mundial, las manifestaciones han descendido y la cantidad de personas movilizadas es menor que en las semanas previas. Aun así, las protestas están lejos de desaparecer. Nadie olvida el éxito de las jornadas de junio de 2013, que consiguieron frenar los aumentos del boleto de transporte urbano, pero que en realidad cuestionaban el modelo de ciudad que va imponiendo el capital con apoyo de una amplia coalición de partidos.


Un reciente comunicado del MTST, que mantiene un campamento de 400 personas frente a la cámara municipal en demanda de vivienda popular, asegura que su lucha no comenzó con el Mundial ni se terminará cuando finalice. Reafirmamos que el gran legado del Mundial fue la especulación inmobiliaria y la exclusión urbana.

Después de julio, cuando el balón deje de rodar y se apaguen los fuegos de artificio mediáticos, los brasileños volverán a su vida cotidiana, pagando precios abusivos por un transporte pésimo. La resistencia al extractivismo urbano recién comienza.

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A dos días de que empiece el Mundial de 2014 en São Paulo, el Gobierno brasileño anunció la noche de este lunes que atenderá las reivindicaciones del movimiento que ha organizado durante estos meses las mayores protestas contra los gastos de la Copa. El acuerdo alcanzado con el Movimiento de Trabajadores Sin Techo (MTST) se supone que desinflará las protestas durante la celebración del campeonato, un alivio para la presidenta Dilma Rousseff, que en los últimos días ha visto cómo las huelgas y las marchas han convertido en un caos algunas de las principales ciudades del país.


Después de este primer acuerdo aún está por ver qué pasará con la huelga de metro, que este lunes provocó en São Paulo uno de los peores días de tráfico que se recuerdan. Los funcionarios del suburbano también decidieron suspender el paro a última hora de la tarde, pero solo durante un día y con condiciones. El miércoles, víspera del comienzo del Mundial, volverán los paros si el Gobierno del Estado de São Paulo no readmite a los 42 funcionarios que despidió horas antes por su participación en piquetes para exigir mejoras salariales. Si no hay acuerdo, la huelga puede paralizar la metrópoli el día que empiece a rodar el balón.


Desde las protestas multitudinarias que comenzaron en junio del año pasado a causa del aumento de los billetes del transporte público, el Movimiento de los Sin Techo ha seguido organizando protestas en las calles contra los gastos del evento. Creen que el Gobierno debería invertir en educación, salud y vivienda de la misma forma que ha invertido en las infraestructuras del Mundial. El MTST lideró la ocupación de 2.000 familias de un terreno próximo al Arena Corinthians, que será este jueves el escenario de apertura del campeonato. Su lema es que "si se tiene dinero para la Copa de la FIFA, se tiene que tener para la Copa del pueblo".


La ocupación de los terrenos fue bautizada como la Copa del Pueblo. La construcción del Corinthians en la lejana zona de Itaquera revalorizó el lugar, que sufrió un aumento de los alquileres del 165% en los últimos seis años, según la organización, lo que ha expulsado a parte de la población. Una de las principales exigencias del MTST era la construcción de viviendas para sus habitantes. El Gobierno se ha comprometido este lunes a construir 2.000 casas para ellos.


El movimiento también ha logrado que se amplíe y mejoren las condiciones de un programa social de vivienda y el Gobierno se ha comprometido a estudiar entre varios ministerios cómo mejorar la resolución de conflictos en las calles. El objetivo del MTST es que se limite el uso de la fuerza en las actuaciones de la Policía Militar durante los desalojos de zonas ocupadas.


Rousseff ha dado su brazo a torcer para tratar de garantizar la paz durante el campeonato, ahora que el calendario ya corre en contra y después de las amenazas del líder del Movimiento, Guillerme Boulos, que días atrás prometió una "radicalización" de las protestas si el Gobierno no cedía.


El otro frente abierto, el de la huelga del suburbano, va más al límite. Este lunes, un nuevo choque entre la policía y los trabajadores de metro elevó la tensión en São Paulo. El incidente, que se originó en la estación de Ana Rosa, una de las principales de la capital paulista, terminó con la detención de 13 manifestantes. El choque se produjo antes del amanecer. Los huelguistas, que cuentan con el apoyo de otros grupos como el Movimiento de los Trabajadores Sin Techo (MTST) o el Movimiento por el Pase Libre (MPL), habían convocado una manifestación en ese lugar a las siete de la mañana. El conflicto se extendió hasta la calle Vergueiro, una concurrida vía cerca de la Avenida Paulista y por la que se accede a la estación de metro. En la calle, los manifestantes levantaron barricadas con los contenedores de basura a los que prendieron fuego. La Policía Militar utilizó gases lacrimógenos contra los manifestantes.


La protesta colapsó el tráfico de la ciudad. A las 10.30 hora local, se registraron 170 kilómetros de atascos. "He tardado dos horas para hacer un recorrido que suelo hacer en 30 minutos", aseguraba el taxista Dorivaldo Aguiar. Si el tráfico sigue igual el próximo jueves, cuando empiece el Mundial, el recorrido desde el centro hasta el estadio Itaquerão, sede del partido de inauguración entre Brasil y Croacia, será de dos horas y media de viaje y a un coste de 150 reales (67 dólares), según sus cálculos. En días normales, este mismo recorrido se puede hacer en 50 minutos y por 90 reales (40 dólares).


El secretario de Transportes del Estado de São Paulo, Jurandir Fernandes, cumplió la amenaza de despedir a los trabajadores que participaran en la huelga. Fernandes notificó el despido a 42 empleados por medio de un telegrama. Si no hay marcha atrás, conductores y revisores prometen convertir en un caos la inauguración del Mundial.

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"Si no cumplen con nuestras exigencias vamos a parar la Copa. Si no respetan nuestros derechos, el 12 de junio no habrá inauguración". La amenaza, recurrente, esta vez vino del Movimiento de los Trabajadores Sin Techo (MTST), que protagonizó este jueves el tercer día de caos en las calles de São Paulo. La marcha, organizada con la Frente de Resistencia Urbana, fue calificada por los convocantes como "la mayor manifestación del año en la ciudad". La Policía Militar afirmó que cerca de 5.000 personas asistieron, mientras los organizadores elevaron el número a 20.000.

 

"Nosotros tenemos una propuesta clara. No sacar provecho del Mundial sin que sean respetados nuestros derechos. El balón está con el pueblo. Queremos nuestra rebanada del pastel y no migajas", afirmó Guillherme Boulos, líder del MTST, antes de atacar también las constructoras que serían, según él, las principales beneficiadas por el evento. La amenaza fue clara: "Nos dijeron en Brasilia que los recursos para vivienda acabaron, mientras los de la FIFA no. O aparece el dinero o el junio de la Copa se convertirá en un junio rojo [en referencia el color que identifica los movimientos populares]".

 

Entre los activistas también se encontraban estudiantes y grupos que, hace meses, levantaban la bandera contra la organización del Mundial en Brasil. La Frente de Resistencia Urbana, que también coordina organizaciones de trabajadores sin techo, reúne muchos otros movimientos sociales. Las reivindicaciones, reiteradas en tres protestas solo en este mes, abarcan, además de vivienda, salud, transporte y educación, una pensión vitalicia para las familias de los obreros muertos e incapacitados durante las obras de la Copa. En total, nueve trabajadores han muerto durante los trabajos realizados en los estadios que serán sede del torneo, cuyos gastos superan con diferencia los efectuados en los dos últimos mundiales en Sudáfrica y Alemania.

 

La protesta arrancó bajo el grito: "Copa sin pueblo, todos a la calle de nuevo" y mantuvo cerradas varias vías importantes de la ciudad brasileña durante horas punta. A las 19.00 horas, São Paulo, una de las metrópolis con el peor tráfico del mundo, registró 248 kilómetros de lentitud, un tránsito cercano al récord del año, alcanzado en el miércoles cuando los conductores y cobradores de autobuses estacionaron sus vehículos en medio de la calle para exigir mejores condiciones de trabajado.

 

En São Paulo existen hoy cerca de 290.000 edificios deshabitados, según la Secretaria Municipal de Habitación. A pesar de ello, casi 3,2 millones de personas viven en condiciones inadecuadas, de acuerdo con un informe municipal. Esto significa que o no son propietarios de la casa donde viven por haber sido construidas irregularmente —como las favelas—, pagan un alquiler excesivo en relación con su renta o viven en áreas de riesgo. Se trata del 30% de los más de 11 millones de habitantes de la ciudad.

 

A menos de un kilómetro del estadio en que se jugará el partido inaugural de la Copa, la Arena Corinthians (Itaquerão), hay una comunidad compuesta por 300 familias que esperan viviendas populares y viven con un alcantarillado abierto y con problemas de abastecimiento eléctrico. En la zona se instaló uno de los campamentos del MTST, que reúne actualmente 5.000 familias en la denominada "Copa do Povo [Copa del Pueblo]", que reclama una casa propia del programa federal Minha Casa Minha Vida.

 

La cercanía del torneo ha empujado a los trabajadores de los más diversos gremios —profesores, policías, conductores de transporte público— a convocar a la paralización de sus actividades para hacer una demostración de fuerza justo antes de que inicie la Copa. El pasado ocho, durante la primera manifestación del Frente de Resistencia Urbana, centenares de sin techo invadieron las sedes de las tres grandes constructoras en São Paulo: la Odebrecht, la Andrade Gutierrez y la OAS, todas responsables de obras de infraestructura para el Mundial. Entonces, los líderes de la protesta se reunieron con la presidenta Dilma Rousseff, que estaba de visita en la ciudad, quien se comprometió a encaminar sus reivindicaciones y ajustarlos a los programas del Gobierno federal. La marcha de este jueves es un aviso de que no han olvidado esa promesa.

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Lejos de ser una imagen apocalíptica de un militante radical, es la lectura que hizo el ministro de la Secretaría General de la Presidencia, Gilberto Carvalho, al salir el martes 29 de un encuentro con movimientos sociales en Río de Janeiro, donde fue increpado y abucheado por militantes contrarios al Mundial de Futbol. El ministro aceptó que una parte de la sociedad piensa de ese modo, pero que se trata de una pequeña vanguardia. Agregó que las críticas son la olla de presión que explota ( O Estado de São Paulo, 29/4/14).


En el gobierno hay preocupación por lo que pueda suceder durante el Mundial. El nivel de rechazo al encuentro deportivo ha venido creciendo de forma sostenida. Según la empresa de opinión pública Datafolha, éste fue apoyado por 79 por ciento de los brasileños en 2008, cifra que cayó a 48 por ciento en abril (datafolha.folha.uol.com.br, 8/4/14). La mayoría de la población afirma que no volvería a postular al Brasil como sede de un Mundial.


Las razones son muchas: desde el despilfarro de dineros públicos en las obras de los estadios, que benefician a un puñado de grandes constructoras mientras escasean recursos para salud, educación y transporte, hasta la expulsión de miles de personas de sus barrios para ampliar aeropuertos, autopistas y estadios, a lo que se agrega la legislación que impone la FIFA, que impide la venta ambulante en las cercanías de los estadios, y un conjunto de disposiciones sentidas como agravios por buena parte de la población.


Pero el dato central es la rebelión que se propaga desde las favelas, sobre todo en Río y en São Paulo. En los últimos meses el activismo en las favelas crece a la par de la violencia policial, y por momentos se desborda hacia el asfalto. Podemos observar, en el último año, tres momentos en este creciente activismo.


El primero se registró un año atrás, en la coyuntura creada por las manifestaciones de junio. Pese a la dura represión (balas de goma en el asfalto y balas de plomo en la favela), las movilizaciones de los favelados comenzaron a crecer. En julio se multiplicaron por la desaparición del albañil Amarildo de Souza en la Unidad de Policía Pacificadora (UPP) de la favela Rocinha. El hecho se convirtió en símbolo de las torturas y asesinatos de la policía militar.


En diciembre y enero fueron los rolezinhos, la salida masiva de jóvenes de las favelas para divertirse, bailar funk y cantar en los grandes centros comerciales. Este fenómeno se produjo sobre todo en São Paulo, llegando a congregar hasta 6 mil adolescentes que fueron recibidos con insultos por clientes y empleados, y a golpes por la policía y los guardias privados de los shoppings. En Brasil el funk es considerado un género emparentado con el narcotráfico y suele ser perseguido.


El tercer momento se está viviendo ahora mismo. El 16 de marzo Claudia da Silva Ferreira fue herida por la policía militar en una operación en la favela Morro da Congonha, en Río. Su cuerpo fue colocado en el maletero del coche patrulla para llevarlo al hospital pero, al abrirse la puerta, cayó al pavimento y fue arrastrado 300 metros; falleció en el trayecto. Las redes difundieron la filmación, que provocó una oleada de indignación.


El 22 de abril apareció el cuerpo del bailarín de la Tv Globo Douglas Rafael da Silva en una guardería de la favela Pavao Pavaocinho, adonde había ido a visitar a su hija de cuatro años. Como los demás, fue confundido con narcotraficantes y muerto a golpes. Días después cientos de manifestantes ocuparon la avenida Nuestra Señora de Copacabana, cercana a la favela, gritando Policía asesina. En la represión, un niño de 12 años fue muerto por la policía. Como siempre, la policía mintió y fue la población la que mostró evidencias que la inculpan.

Lo nuevo es la capacidad de expresar la rabia en una de las principales avenidas de uno de los más coquetos barrios de Río de Janeiro. Tres hechos están en la base de la creciente movilización de los pobres urbanos.


Las políticas sociales están mostrando límites. En los primeros años del gobierno de Lula (2003-2011), las transferencias monetarias y los sucesivos aumentos del salario mínimo consiguieron mejorar de forma sustancial los ingresos de los más pobres. Con los años enfrentan otros problemas: baja calidad de los servicios, sobre todo salud y educación, y pocas posibilidades de acceder a mejores empleos.


En segundo lugar, las políticas de contención policial, complementarias de las sociales, han fracasado. Las UPP, instaladas en 38 de las 700 favelas de Río, no solucionan el problema del narcotráfico y empeoran la vida de la población. El sociólogo José Claudio Alves sostiene que las UPP son una fuerza de ocupación, y no una fuerza de cambio de la lógica política, económica, social y cultural de las comunidades ( IHU Online, 14/4/14).


Por un lado, impiden las manifestaciones culturales de las favelas asociadas al funk. Por otro, afectan las ganancias del negocio narco, pero no el negocio en sí. No alteran la esencia del crimen organizado, alteran sólo la forma de funcionar, dice Alves. Para desarticular a las bandas criminales se debería atacar al propio aparato estatal, como la policía, que es la que las organiza.


En tercer lugar, los favelados están perdiendo el miedo. Antes de ocupar las avenidas gritándole a la cara ¡asesinos! a los policías, han ensayado largo tiempo la rebelión en sus espacios seguros. Son siglos de agravios acumulados. Las obras del Mundial son un insulto adicional. En la favela Morro da Providencia (pegada a la bahía de Guanabara y al puerto), la única plaza fue ocupada por el enorme soporte del teleférico, para que los turistas puedan fotografiar a los pobres, desde arriba y en un lugar seguro.


Ya se sabe lo que sucede cuando los de abajo pierden el miedo. En algún momento, las multitudes van a ocupar las anchas avenidas. Es posible que aprovechen los focos del Mundial. Sólo es cuestión de tiempo.

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