Lunes, 28 Noviembre 2011 10:31

Utopología desde nuestra América

Formato: 17 x 24 cm
Págs. 158
Edición 2012
P.V.P.: $ 29.000

Las metáforas o los rostros de la utopía y de lo utópico son diversos, y, sin embargo, a estas alturas de la reflexión, ¿estamos ya en condiciones de construir una teoría de lo utópico? Probablemente aún no se haya consumado esta tarea, pero varios de los autores que la trabajan apuntan hacia ello. La construcción de una utopología exige por lo pronto una lectura sintética de la rica producción filosófica sobre el asunto, al mismo tiempo que se impone la exigencia, en este nuevo milenio, de darles paso a la imaginación y la razón utópicas, ceñidas por la crítica. También supone desplazar las vacuas fantasías de ideologizaciones y espejismos que intentan disolver nuestra más íntima capacidad y nuestra voluntad transformadora, mediante las cuales nos afirmamos como humanos al declarar que no es posible otro mundo.

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Uno de los signos de que hay cambios en curso en Nuestra América es que últimamente el omnipresente y poderoso mundo mediático se ha visto sensiblemente convulsionado. Muy a su pesar ha tenido que abrir espacios para que se pueda hablar (y ocasionalmente debatir) sobre un tema que lo tenía como impertinente: la responsabilidad social de los medios de comunicación. En unos países porque entró en la agenda política consultas o reformulaciones legales, y en los demás por efecto de contagio.
 
Se dice que en los momentos críticos caen las máscaras. Y esto es lo que está pasando con los grandes medios de comunicación cuando en lugar de propiciar un debate amplio y diverso han optado por atrincherarse en la esencia de su realidad oculta: la propaganda. De ahí las multimillonarias campañas publicitarias que el poder mediático ha desplegado en los países donde se ha dado o está por darse una apertura a la democratización de la comunicación. Campañas, por cierto, muy interrelacionadas no sólo por tener una matriz común, sino por la sincronización de movimientos y soportes: institutos de investigación, centros de observación y entidades afines, y obviamente la inefable SIP (Sociedad Interamericana de Prensa, que es el gremio de las corporaciones mediáticas).
 
Al centro de tales campañas: ese mismo poder mediático erigido como paladín de la libertad de expresión. O sea, un valor intangible utilizado para señalar que su poder acumulado es intocable. Por lo mismo, se convierte en un atentado a dicha libertad toda iniciativa que pretenda abrir nuevos parámetros asumiendo que en ella se contempla también la libertad de la ciudadanía toda. Por decir algo, que simplemente reivindique que el escenario vigente precisa dar paso a la incorporación de nuevos actores sociales para hacer efectivo el sentido de mayor pluralidad y diversidad.
 
La conquista de la libertad de expresión marca un hito en la permanente lucha de la humanidad por garantizar los derechos inalienables de las personas y las colectividades. En ese devenir histórico con la Declaración Universal de Derechos Humanos, en su artículo 19, se consagra el Derecho a la Información que reconoce portadores de tal derecho a todas las personas. Se trata de una concepción englobante de todos los derechos reconocidos y reivindicados hasta entonces en esta materia, y que para los tiempos que corren resulta insuficiente por lo que hoy la lucha gira en torno a la demanda del “Derecho a la Comunicación”, reconocida ya en varios países e instrumentos internacionales.
 

Asuntos de democracia

 
En ese devenir histórico, el curso que ha marcado el mundo de la comunicación y consiguientemente el ordenamiento de los medios de comunicación tiene el signo de una cada vez mayor concentración. Los teóricos del liberalismo clásico cuando cimentaron las ideas del “cuarto poder”, seguramente hoy serían los mayores críticos. El hecho es que bajo tal premisa se operó el proceso de institucionalización que ha hecho que los medios de comunicación se conviertan en entes autónomos en tanto “naturalmente neutros”, por fuera de cualquier control social. Y bien, es lo que ahora les permite actuar por sí y ante sí con una agenda propia, supuestamente como expresión de la sociedad. Una seria secuela de ello es que ahí se produce la separación entre emisor y receptor, estableciéndose una relación unidireccional a partir del polo emisor; aunque se diga que es una cuestión simplemente técnica, no es así.
 
Expresión de lo dicho es el tema autorregulación, presentada como un mecanismo para preservar la libertad de expresión, bajo el entendido que la más insignificante regulación es un atentado a tal libertad.  El argumento comúnmente utilizado es que el control lo hacen el lector, el oyente, el televidente quienes en cualquier momento pueden decidir no seguir con tal o cual medio o programa. Por tanto, sostienen, es el control perfecto, y no se precisa de ningún otro; vale decir, todo se resuelve en el mercado. Sin embargo, ni la comunicación ni la información se las puede considerar como meras mercancías pues son bienes esenciales y relevantes para el convivir de una sociedad democrática. Precisamente por eso merecen protección del ordenamiento jurídico.
 
De modo que lo que tenemos es un poder mediático cada vez más concentrado, que conjuga tanto el ser parte de los grandes negocios como el hecho de ser un factor preponderante para la disputa de ideas (1). Y por otro lado, una lucha histórica por la ampliación de derechos o cuando menos para que se hagan realidad los ya consagrados. Vale decir, se trata de una disputa entre el poder mediático que habla de libertad de expresión, aunque en realidad reducida a la libertad de prensa (que consagra los derechos a los empresarios); y actores sociales que con un sentido englobante y amplio reivindican el Derecho a la Comunicación.
 
Por esa simbiosis de los grandes medios de comunicación con el poder es que justamente se asiste a una creciente pérdida de su credibilidad en muchos países del mundo, al punto que ya se habla de crisis de la prensa (2). Precisemos, esa simbiosis no es nueva, lo nuevo es que las tradicionales fórmulas de disimulo han comenzado a fallar ante la evidencia de los hechos. En todo caso, es un factor que está gravitando para que la demanda por la democratización de la comunicación paulatinamente sea asumida por cada vez mayores sectores sociales organizados.
 
A propósito, resulta muy significativa la experiencia de las organizaciones sociales argentinas respecto a la Ley 26522 de Servicios de Comunicación Audiovisual. En primer lugar, por la confluencia que han logrado establecer con la conformación de la Coalición por una Radiodifusión Democrática, integrada por representantes de organizaciones sindicales de los trabajadores, sus centrales obreras, de los movimientos sociales, de derechos humanos, de emisoras y claustros universitarios, del movimiento cooperativista, de radios y canales comunitarios y pequeñas pymes, de los pueblos originarios, ciudadanas y ciudadanos en general.
 
Luego, por la activa participación en los debates en torno a la Ley que se desarrollaron en todo el país durante la fase previa a su tratamiento parlamentario, a partir de una plataforma común de 21 puntos. Y ahora, por las movilizaciones que están propiciando para que ésta entre en vigencia puesto que se encuentra suspendida por un fallo de la justicia federal de Mendoza. El pasado 15 de abril, como en los mejores tiempos de movilización, más de 50 mil personas salieron a las calles de Buenos Aires para expresar el respaldo a dicha Ley, cuya aplicación se ha visto frenada por un recurso interpuesto por grupos oligopólicos (como Clarín, grupo Vila-Manzano, entre otros). La decisión final está en manos de la Corte Suprema de Justicia.
 
Brasil es otro país donde últimamente diversos sectores de la sociedad se han involucrado directa o indirectamente en los debates propiciados por el proceso que condujo a la Conferencia Nacional de Comunicación (Confecom), realizada en Brasilia del 14 al 17 de diciembre de 2009, donde de las 665 propuestas aprobadas, 601 alcanzaron consenso o más del 80% de aceptación en los grupos de trabajo por lo que no precisaron ser votadas. Otras 64 se aprobaron en plenaria.
 
Como los grandes medios de comunicación no están para el debate, optaron por abandonar la Conferencia y consecuentemente ignorarla o bien descalificarla. Ahora, todas sus baterías apuntan para que las directrices adoptadas en la Confecom mueran en el papel. Pero desde el campo popular ya se habla de acciones de presión para que el Parlamento respete los mandatos de la Confecom, pues, al decir del coordinador de la Asociación Brasileña de Radiodifusión Comunitaria, José Nascimento, “Brasil ya le tomó gusto al debate sobre las comunicaciones”.
 
Tanto en estos países como en otros que están inmersos en procesos afines, el punto común denominador es la premisa de que lo que está en juego es el sentido mismo de la democracia: una de carácter formal, limitada a votaciones de tiempo en tiempo, donde los actores ya no son los ciudadanos sino los consumidores; y la otra que reivindica una ciudadanía participativa y proactiva para tener voz y voto en las decisiones que vertebran su destino. En esta perspectiva es que va adquiriendo fuerza la demanda por el Derecho a la Comunicación.
 

Puntos comunes

 
En clave del Derecho a la Comunicación, ésta no se limita a los medios de difusión, sino que se conecta con ámbitos como la educación y la cultura, en tanto supone diálogo y construcción de sentidos comunes. Pero debido a la centralidad que en nuestras sociedades han adquirido esos medios de difusión, resulta obvio que se le asigne una atención particular.
 
En términos de democracia, ello implica confrontar la concentración mediática y la lógica que privilegia los intereses de los grandes grupos económicos, para dar paso a una reestructuración que ponga término a los monopolios y oligopolios. Pero también rescatar el carácter público de la comunicación social y por lo mismo la centralidad de la sociedad en este plano: un giro copérnico ya que únicamente se venía contemplando a dos actores: Estado y empresarios. Esto es, garantizar la participación activa, crítica y organizada de la sociedad en todos los procesos comunicativos.
 
En materia legislativa, uno de los puntos críticos tiene que ver con el reparto del espectro radioeléctrico -un bien público inalienable, imprescriptible, inembargable y limitado- que pertenece a la humanidad pero que es administrado por los estados. En esta materia, se viene imponiendo el criterio de los tres tercios: sector empresarial, público (estatal) y comunitario. Cuestión que cobra particular importancia ante la próxima entrada del sistema de frecuencias digitales.
 
Otro punto se refiere al ordenamiento institucional y la consiguiente definición y demarcación del órgano u órganos rectores que habrán de ocuparse de las regulaciones y controles. A propósito, la figura esgrimida es la de un Consejo Nacional o Social de Comunicación, aunque no necesariamente hay concordancia respecto a su composición y espacio de autonomía.
 
Luego hay una serie de demandas que, con variantes, resultan comunes a los diversos países, tales como: la producción y distribución local y regional; la sustentabilidad de los medios públicos y comunitarios; la precisión del carácter y composición de los medios públicos; las derivaciones prácticas del control y participación social; acceso a la información de las entidades públicas (transparencia), insinuándose que lo mismo debería aplicarse hacia todos los sectores; acceso universal a las tecnologías de Información y Comunicación (TICs); regulaciones en materia de promoción y publicidad, entre otros puntos.
 
En todo caso, queda claro que para que las leyes no queden en letra muerta tienen que traducirse en políticas públicas.
 
Notas
 
(1) “El capital va asumiendo directamente ya no solo la reproducción del capital, sino también la reproducción ideológica y social. Esta transformación es clave, porque es la que promueve la penetración de grandes capitales en los mercados de comunicación y cultural”, sostienen Guillermo Mastrini y Carolina Aguerre en su texto “Muchos problemas para pocas voces: La regulación de la comunicación en el siglo XXI”, http://www.catedras.fsoc.uba.ar/mastrini/.
(2) En una nota titulada “Se a imprensa quiser melhorar”, Eugenio Bucci sostiene: “La crisis de prensa, de la cual tanto se habla, no se reduce a ítems como el costo del papel, de la tinta, de la distribución. Ella es más profunda que la tal revolución de la era digital. Ella es resultado del envejecimiento de una formula que creía que el monólogo sería suficiente para informar (o endoctrinar?) a la sociedad. Ese monólogo nos llevó al matrimonio de la irrelevancia con la irresponsabilidad. Esto es lo que tenemos que cambiar”. http://observatoriodaimprensa.com.br/artigos.asp?cod=588IMQ011
Publicado en la revista América Latina en Movimiento, La integración en clave de comunicación, Nº 455, mayo 2010.
http://alainet.org/publica/455.phtml
 

Publicado en América Latina en Movimiento, No. 455: http://alainet.org/publica/455.phtml
Publicado en Internacional
Cuando el cuerpo se encuentre en una situación de agotamiento e intoxicación, el instinto de conservación reaccionará sabiamente, ahorrando energía por un lado para concentrar todas sus fuerzas en la desintoxicación.

Plan de ahorro energético

El cuerpo interioriza sus fuerzas para dedicarse plenamente a la tarea de limpieza interna. Con ello está pidiendo aumentar la dosis de descanso y reducir la actividad (incluso la digestiva). Si el cuerpo no quiere gastar energías en estas funciones, es mejor respetar su sabia decisión.

Estos son algunos de los síntomas frente a los cuales debes poner el cartel de “Cerrado por vacaciones”:

–    Debilidad muscular. Cuesta andar y estar de pie.
–    Te quedas dormido en todas partes, sobre todo por las mañanas.
–    Tensión arterial baja, mareo.
–    Falta de apetito, cuesta hacer la digestión, se adelgaza.
–    Estreñimiento, el intestino se echa a descansar.
–    Extremidades frías.
–    Vista cansada, oído sensible, vértigos, etcétera.
–    Piel seca, caída de cabello, etcétera.
–    Desaparece la ovulación y la regla.
–    Falta de apetito sexual.

Plan de limpieza

Al iniciar el plan de limpieza, puedes poner un cartel que diga “Obras. Perdonen la molestias”.

El plan de limpieza se manifiesta de diversas maneras:

–    Aumento de trabajo en los cuatro filtros depuradores: mal aliento (por el pulmón); orina oscura y con olor fuerte, arenilla, cálculo renal, molestias al orinar y en los riñones; cólicos biliares; ascos, náuseas, vómitos amargos, diarreas, hígado dolorido; sudor fuerte que puede irritar la piel.
–    Fiebre. El cuerpo intensifica sus mecanismos de limpieza y defensa, entrando en ebullición y elevando la temperatura: “el fuego purificador”.
–    Inflamación o congestión. El cuerpo elige un punto fuerte que haga de válvula de escape, para ayudar a los cuatro filtros en la evacuación de tóxicos. Aumenta la circulación sanguínea en esa zona, por lo que se abulta, se calienta, se pone rojo, duele y se altera la función de ese tejido. Las inflamaciones son molestas pero curan. Gracias al dolor, el cuerpo nos avisa que algo marcha mal y que se deben extremar los cuidados. Cuando se te han congelado las manos, la vuelta de la circulación es algo beneficioso y, sin embargo, doloroso. Los depósitos tóxicos sólo se pueden evacuar con un aumento de circulación que acarreará molestias.

La casa patas arriba

Si queremos renovar nuestro hogar mientras se hace una limpieza a fondo, se hacen arreglos, se pintan las paredes y se acuchillan los suelos. Se necesita pasar una temporada de incomodidades para luego gozar de una casa más agradable. Durante las crisis de limpieza que desencadena nuestro cuerpo, pueden aparecer las incomodidades ya citadas y algunos otros molestos reajustes, como dolores diversos, alteración del sueño (insomnio o somnolencia), irritabilidad; la regla se adelanta o se hace abundante, mal gusto de boca, lengua cargada, gases intestinales o vaginales, alteraciones visuales, alteración del ritmo cardíaco, respiración costosa y pesada, etcétera.

También habrá pérdida de peso (muy rápido los primeros días, luego más lentamente), al perder tóxicos y el agua que retienen, y al decidir el cuerpo alimentarse de las reservas.

Esta sabia decisión del instinto de conservación de desencadenar crisis extraordinarias de limpieza puede tener varios motivos:

–    Porque la situación de agotamiento e intoxicación es insostenible.
–    Porque las circunstancias le son favorables. Ha mejorado las condiciones de vida y el organismo se encuentra con fuerzas suficientes para desencadenar una crisis con el fin de mejorar la salud. A veces ocurre al irte de vacaciones, al dejar alguna droga o mejorar tu alimentación. Es muy corriente que duela la cabeza al dejar el café, que tosa el fumador al dejar de fumar; que aparezcan temblores, delirios o convulsiones al dejar el alcohol; que haya estornudos, mocos, diarrea, dolores musculares e insomnio al dejar la heroína.
–    Porque necesita hacer reajustes para adaptarse a nuevas situaciones (cambios climáticos, procesos de crecimiento, embarazo, cambios hormonales, etcétera).
–Por otros motivos que desconocemos.

Valor y precio

Creo que más que denunciar hay que darse cuenta de la realidad. Lo que no se puede permitir por más tiempo es que nos tomen por tontos. Nos hacen comulgar con ruedas de molino y con la propaganda, que ya de por sí es inmoral y cultivo de la mentira. Ya no se venden las cosas por su valor en sí sino por la publicidad que se hace de ellas. No se aprecia el valor; se pregunta cuánto cuesta…

Mientras gastemos cuatro veces más energía que la natural reciclable, no hay solución posible. Gastamos cuatro veces más unidades de energía por persona que las de un reciclaje natural, de la vida natural de un ser humano sobre la Tierra. Cuando digo natural, no quiero decir primitiva sino con todo el refinamiento. Pero el ser humano sólo es feliz porque va a la Luna o porque para transportar cien kilos utiliza unos aparatos que pesan mil, que es lo que hace el automóvil. ¿Hay quién lo pare? Sí, la catástrofe total. De ahí que la gente responsable tiene que empezar a no desanimarse y construir pequeños islotes de esperanza donde los sobrevivientes puedan acogerse.
Rimón Pannikar.

Coca, fuerza ancestral de nuestro planeta

Es indispensable conocer y comprender el tejido histórico con el fin de elaborar nuestros propios idearios y conclusiones acerca de las raíces que nos dan origen, y el entorno que nos rodea directa e indirectamente. Para no ser obligados a desarrollar nuestras vidas como un pueblo alienado, y, por el contrario, lograr el despliegue de nuestro potencial humano.

En este orden de ideas, en las dos siguientes entregas nos proponemos brindar material sobre la historia de la coca en relación con dos ejes fundamentales: como recurso tradicional y símbolo andino-amazónico, y la compleja relación de este maravilloso arbusto con la historia de la cocaína y el narcotráfico, que para la mayoría permanece hundida en la oscuridad de la ignorancia, debido a intereses de grupos poderosos y capitalistas que deliberadamente la han desacreditado con el fin de sacar el mayor provecho y sin importar las consecuencias.

Baldomero Cáceres Santa María, investigador y psicólogo peruano, representa una figura muy significativa en las investigaciones que se han llevado a cabo sobre la coca y la guerra contra las drogas. Gracias a su extraordinaria labor y asimismo a estudios nutricionales, como, por ejemplo, el realizado en la Universidad de Harvard, tenemos una mayor información sobre el contenido nutricional de este poderoso arbusto americano, la coca:

Propiedades de los 14 alcaloides que contiene la coca:

Atropina: O escopolamina, es una sustancia que produce sequedad del árbol respiratorio y actúa también sobre el corazón.
Benzoína: Acelera la formación de células musculares y evita la putrefacción de los alimentos.
Cocaína: Es el éster metálico de la benzoilegonina, tiene propiedades anestésicas y analgésicas.
Cocamina: Otro analgésico que, junto con el anterior, ayuda a la cocaína a aumentar sus propiedades.
Conina: Es un poderoso anestésico.
Egnonina: Es un derivado carboxilado de la atropina (utilizado como medicamento en anestesia, y en emergencias y cuidados intensivos); tiene propiedades para metabolizar las grasas y los glúcidos, carbohidratos, y para adelgazar la sangre.
Globulina: Es un cardiotónico que regula la carencia de oxígeno en el ambiente, mejorando la circulación sanguínea. Evita el soroche (mal de altura o también llamado mal de la montaña).
Higrina: Excita las glándulas salivares cuando hay deficiencia de oxígeno en el ambiente.
Inulina: Regula la secreción de la bilis y su acumulación en la vesícula; refresca y mejora el funcionamiento del hígado; equilibra la formación de melanina, evitando y limpiando las manchas de la cara. Es diurético y ayuda a eliminar sustancias nocivas y tóxicas no fisiológicas. Es un polisacárido muy parecido a la vitamina B12, que produce aumento en las células de la sangre.
Quinolina: Evita la formación de caries dental junto con el fósforo y el calcio.
Pectina: Es absorbente y antidiarreico; junto a la vitamina E, regula la producción de melanina por la piel.
Reserpina: Regula la presión arterial en hipo e hipertensión, y ayuda a la formación de células óseas.
Papaína: Esta proteasa (que en mayor proporción contiene la papaya) es muy parecida en su estructura a la catepsina animal; es un fermento que acelera la digestión.
Pectina: Elimina los residuos y toxinas de nuestro organismo.
Pyridina: Acelera la formación y el funcionamiento del cerebro, y aumenta la irrigación sanguínea de la hipófisis y las glándulas.
Sinonimia: Algunos nombres que lleva la coca en Colombia: Hayo, Hibie, Javo, Patu, Yayuelo, Cají, Ipatú, Igatúa. En Perú: Cuca, Cocaca, Mamacoca, kkoka. En Brasil: Ipadu, Padu, Hayo, Spadia.

No es casual, por tanto, la opinión de Eduardo Galeano, en su libro Memorias del fuego:
De acuerdo con la ideología hegemónica actual, el indio, el negro, el pueblo, tiene folclor, no cultura; practica supersticiones, no religiones; habla dialectos, no lenguas; hace artesanías, no arte. Y –por supuesto– usa placebos, no medicina.

Publicado en Edición 161
Sábado, 20 Junio 2009 17:29

Bicentenario. Otra América es posible

Independencia. Soberanía. Libertad. Sueño de muchos en Nuestra América que solamente en un momento dado de su devenir histórico –a partir de un contexto específico, hace ya 200 años–, se pudo concretar. Primera independencia. Sueño acumulado en los cuerpos de millones de indígenas aniquilados y negados en su ser histórico por un poder que los consideró inferiores –sin alma–, que los sometió y los avasalló. Pero también, energía latente en millones de esclavos oprimidos, sometidos, negados, ‘arrancados' de su tierra y vendidos como objetos, fuerza de trabajo para enriquecer las arcas españolas.

Otear nuestra historia. Pensarnos en nuestras raíces, en su sentido histórico, en su proyección hasta el presente. Auscultar la energía que hizo posible que los negados, que los sometidos, se sintieran dispuestos a coger las riendas de su destino. ¡Energía necesaria para un nuevo ciclo de independencia!

Empezamos con esta entrega una serie sobre el bicentenario. Recorrerémos hechos y sucesos, pero también escucharémos las personalidades y los movimientos, develando intereses y poderes que propiciaron que la injusticia se empoderara en nuestro territorio.
Una oportunidad para no dejar pasar el bicentenario. En todo el continente se preparan diferentes actividades para recordar y reflexionar a propósito de lo que pudiéramos llamar la “primera independencia”. A propósito de la misma, unas pequeñas e iniciales notas sobre personajes que tuvieron que ver con esta gesta y con su continuidad en el siglo XX.

Miranda, los primeros pasos

Francisco Miranda, venezolano, político, militar, aventurero, eterno conspirador. Don Andrés Bello, filósofo y escritor, dice sobre su compatriota: “Con reverencia ofrezco a tu ceniza este humilde tributo; y la sagrada rama a tu efigie venerable, ciño, patriota ilustre que, proscrito, errante, no olvidaste el cariño del dulce hogar que vio nacer tu cuna”.

Nació en Caracas en 1750 de acaudalados padres españoles. Hace, contra la voluntad de éstos, la “carrera de las armas”. Viaja a Francia, Rusia, África, entre 1772 y 1774. En Madrid (España) da un paso de gran trascendencia para él: se hace masón y líder de la masonería, fundando para América la Logia Lautaro. Se acoge al juramento mason: “Nunca reconocerás por gobierno legítimo de tu patria sino al que sea elegido por libre y espontánea voluntad de los pueblos y, siendo el sistema republicano el más adaptable al gobierno de las Américas, propenderás por cuantos medios estén a tu alcance, a que los pueblos decidan sobre él”.

La masonería, para muchos independentistas, fue una especie de evangelio. Masones fueron Nariño, Bolívar, Santander, O'Higgins, San Martín.

Bolívar, la claridad y la fuerza

Dijo Simón Bolívar: “Haré de América una sola patria”. Inició su carrera político-militar con una extraña acción: malinterpretó una forzosa decisión de Miranda en su lucha contra los españoles en territorio venezolano. Consiguió que tropas amigas apresaran a Miranda y lo entregó… a los españoles, que lo enviaron prisionero a Cádiz, donde murió este patriota. Lo había conocido en Europa y lo convenció de que regresara a su patria. Dice el general Julio Londoño: “En el alma del Libertador se escondió el odio contra Miranda cuando se dio cuenta de que no tenía nada de común con el suelo; que nada entendía de la naturaleza americana; que era un hombre que luchaba en América pero había dejado su corazón en Europa” (La visión geopolítica de Bolívar). En París, su lujosa mansión era centro de reunión por la libertad de América. Napoleón lo conoció y dijo: “Miranda es un demagogo, no un republicano”. En Europa elabora un proyecto de constitución para las colonias hispanoramericanas, en la que el Monarca sería inca y la Cámara Alta estaría integrada por caciques de toda América!
En su proyecto de “América, una sola patria”, Bolívar busca tesoneramente la independencia de Cuba, Puerto Rico y Haití. Para esta finalidad, en 1825 propone a México la unión de las escuadras colombiana y mexicana. El Congreso de este país rechazó la propuesta. En su punto 6º, estipula: “Este plan se fundará: 1º defender cualquier parte de nuestras costas, 2º Expedicionar contra La Habana y Puerto Rico; 3º Marchar contra España […]”. El mismo año, un poco antes, había propuesto un Congreso Anfictiónico en Panamá, con la condición expresa de que no fuera invitado el país del norte, a lo cual el general Francisco de Paula Santander se opuso, pues era admirador de ese país. El Congreso fracasó. En 1824, en carta a Antonio José de Sucre, Bolívar había vaticinado: “Los Estados Unidos de Norte América parecen destinados por la Providencia a plagar de miserias el mundo en nombre de la libertad”.

Martí, la libertad del Caribe

José Martí (1853-1895), llamado “El Apóstol” por sus compatriotas cubanos, escritor, poeta. Suya es la letra de la conocida canción Guantanamera. Vivió refugiado algún tiempo en Estados Unidos. Escribió: “Viví en el vientre del mostruo y le conozco las entrañas”. En Nueva York fundó, en 1892 el Partido Revolucionario Cubano y les escribió incansablemente a sus compatriotas. Precisó en una de sus cartas: “Esta íntima relación con todos los elementos revolucionarios activos es tanto más obligatoria cuanto que el desasosiego del país, próximo en todo instante a revelarse por las armas, y un precepto expreso de los estatutos del partido mandan tener las fuerzas revolucionarias en la disposición más favorable a la guerra que fuese prosible”. A los 42 años, el 18 de mayo de 1895, murió en combate contra los españoles.

Escribió Martí: “Pero ahí está Bolívar en el cielo de América, vigilante y ceñudo, sentado en la roca de crear, con el inca al lado y el haz de banderas a los pies; así esta él, calzadas aún las botas de campaña, porque lo que él no dejó hecho, sin hacer está hasta hoy; porque Bolívar tiene que hacer en América todavía”.
Publicado en Edición 147
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