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Dos proyectos de asociación regional se enfrentan en América del Sur: la Alianza del Pacífico y la UNASUR. Ambas son incompatibles, responden a intereses geopolíticos opuestos que colocan a cada uno de los países de la región ante una disyuntiva. Ya no quedan espacios ni para ingenuidades ni para distracciones.

 

"Existe una cierta tendencia en nuestras perspectivas integracionistas a sobrecargar de ideología las lecturas sobre los diferentes proyectos subregionales", escribió Carlos Chacho Álvarez, secretario general de Aladi (Tiempo Argentino, 2 de junio de 2013). Por esa razón considera que contraponer la Alianza del Pacífico al Mercosur ampliado, "resulta claramente un signo negativo, cuando no un retroceso". De todos modos, Álvarez apuesta por la Unasur y la Celac "como los dos proyectos más ambiciosos e integrales de la región", que al excluir a Estados Unidos y Canadá enseñan también su costado ideológico. (1)

 

"El continente se dividió", apunta el ex presidente de Brasil Fernando Henrique Cardoso en referencia al nacimiento de la Alianza del Pacífico (Valor, 30 de noviembre de 2012). "De alguna manera perdemos nuestra relevancia política en el continente que era incontestable", añade. Cardoso cree que la salida para su país es "una negociación a fondo con los Estados Unidos", a la que "siempre tuvimos miedo".

 

Deslizándose por encima de los dos bloques, el presidente peruano Ollanta Humala recibió a principios de junio a Luiz Inácio Lula da Silva, en el marco del foro "10 Años de la Alianza Estratégica Brasil-Perú 2003-2013", y señaló que en diez años "se ha avanzado mucho en la integración peruano-brasileña y sobre todo en el entendimiento de que es una alianza natural para poder integrar un bloque bioceánico Atlántico-Pacífico" (La Voz de Rusia, 6 de junio de 2013).

 

En el mismo acto Lula recordó que una década atrás fue muy criticado en su país por firmar el acuerdo de integración con Perú, pues las elites brasileñas consideran que sólo se alcanzaría el desarrollo en base a relaciones comerciales con Estados Unidos y la Unión Europea: "América del Sur no existía, ni América Latina, no existía África ni los países árabes, yo creía que se podía cambiar la geografía comercial y política del mundo si creíamos en nosotros mismos, pero no era un discurso fácil", sentenció el ex presidente.

 

Lula apoyó su discurso en datos irrefutables: el comercio bilateral pasó de 650 millones de dólares en 2003 a 3.700 millones en 2012. Las inversiones privadas brasileñas en Perú ascienden a 6.000 millones de dólares y lanzó el desafío de exportar productos industriales y con elevada composición tecnológica con el objetivo de que ambas economías "puedan complementarse". Conscientemente abordó el punto clave de cualquier proceso serio de integración.

 

Los TLC hilvanados

 

La Alianza del Pacíficonació en abril de 2001 con la "Declaración de Lima", iniciativa del entonces presidente Alan García, entre cuatro países que tienen Tratados de Libre Comercio con Estados Unidos: México, Colombia, Perú y Chile. El 6 de junio de 2012 se firmó el "Acuerdo Marco de Antofagasta" por los presidentes Sebastián Piñera, Juan Manuel Santos, Humala y Felipe Calderón. Panamá y Costa Rica fueron los primeros miembros observadores, a los que luego se sumaron España, Australia, Canadá, Nueva Zelanda y Uruguay, y en las siguientes cumbres se incorporaron Ecuador, El Salvador, Francia, Japón, Honduras, Paraguay, Portugal y República Dominicana.

 

Los defensores de la Alianza suelen decir que los cuatro países que la integran suman 200 millones de habitantes, representan el 55 por ciento de las exportaciones latinoamericanas y el 40 por ciento del PIB de la región. Dos destacados economistas de la región, el peruano Oscar Ugarteche y el brasileño José Luis Fiori, coinciden en analizar los procesos regionales como si fueran un juego de ajedrez, en el que la movida de una pieza por uno de los jugadores debe ir acompañada de una respuesta del otro contendiente adecuada al desafío recibido. Cuando se produjo el "golpe constitucional" que apartó a Fernando Lugo del gobierno, Paraguay fue separado del Mercosur y se le dio el ingreso a Venezuela. Del mismo modo debe interpretarse la creación de la Alianza del Pacífico: una respuesta a la creación de la Unasur encabezada por Brasil.

 

Cuando se formó la Alianza, Ugarteche sostuvo: "Los tres gobiernos sudamericanos del grupo (Chile, Colombia y Perú) tienen en común no haber firmado el acta de constitución del Banco del Sur, no tener acuerdos comerciales con el Mercosur vigentes, son observadores, tener TLCs firmados con Estados Unidos que aseguran arancel cero, lo que impide el acuerdo con el Mercosur cuyo piso es 5 por ciento, y carecer de un sector industrial nacional significativo" (Alai, 26 de abril de 2011). Su conclusión era que la Alianza es "un contrapeso a la influencia brasileña en Sudamérica" que "sirve no para competir sino para bloquear".

 

Sin embargo, en un reciente artículo el economista sostiene que en los últimos tiempos "quien ha realizado los mejores movimientos ha sido sin duda la Alianza del Pacífico", no tanto por sus propios méritos como por el notable estancamiento del Mercosur por el atasco en las relaciones entre Buenos Aires y Brasilia (Alai, 24 de abril de 2013). Entre esos avances figura el acercamiento del Paraguay pos Lugo. Así y todo, la Alianza debe sortear numerosas dificultades entre las que destacan la oposición de sectores del empresariado colombiano a un acuerdo que no les genera nuevas oportunidades sino "un detrimento de la balanza comercial y del empleo".

 

Las dificultades de la integración

 

Los datos sobre inversión extranjera directa (IED) pueden tomarse como una radiografía de la región. La IED ha escalado de forma exponencial en América del Sur, pasando de poco más de 30.000 millones de dólares anuales en los primeros años de la década de 2000 a 143.000 millones en 2012. Se multiplicó por más de cinco, según el último informe de la CEPAL. (2)

 

Vale la pena destacar que los tres países andinos de la Alianza del Pacífico pasaron de recibir una IED de 11.000 millones de dólares al comenzar el siglo a percibir 58.000 millones. El mayor crecimiento de la región. Pero lo que revela el carácter de las economías nacionales es el sector al que se dirigen.

 

Chile es el segundo país en volumen de IED, con 30.000 millones de dólares en 2012, pero la mitad se invierte en la minería (49 por ciento) y un quinto en el sector financiero. Colombia recibió una IED de 15.800 millones de dólares, pero más de la mitad van a petróleo y minería. En Perú, que recibió 12.200 millones, sólo la minería absorbe bastante más de la mitad de las inversiones (quizá el 70 por ciento, aunque no hay datos).

 

En Brasil la relación es justamente la inversa: la industria manufacturera absorbe alrededor del 40 por ciento de las inversiones (decayendo del 47 a 38 por ciento en los últimos años) mientras las actividades extractivas concentran apenas el 13 por ciento. Esto quiere decir que el grueso de la inversión extranjera, de 66.000 millones de dólares (la cuarta del mundo luego de Estados Unidos, China y Hong Kong), se dirige a sectores que generan puestos de trabajo calificados y agregan valor a la producción.

 

Argentina tiene una situación intermedia entre Brasil y los países andinos. Luego de una década de fuerte retracción, la IED hacia Argentina creció un 27 por ciento en 2012 hasta alcanzar 12.500 millones de dólares. A fines de 2011 la composición sectorial de la IED acumulada en Argentina estaba concentrada en un 44 por ciento en la industria y un 30 por ciento en servicios.

 

Es cierto que toda la región sufre un proceso de desindustrialización como consecuencia de la competencia china. Pero los efectos son dispares: en algunos casos la dependencia de los bienes naturales es apabullante, convirtiendo a esos países en absolutamente dependientes de los precios de las commodities en las bolsas de valores y, muy en particular, de la evolución del mercado chino. Es posible que la mentada pujanza de la Alianza del Pacífico sea poco más que humo y se evapore cuando esos precios caigan.

 

Chile no es capaz de absorber productivamente los enormes flujos de IDE que recibe, toda vez que el 26% son reinvertidos inmediatamente fuera del país por las subsidiarias chilenas de empresas extranjeras. La CEPAL concluye que el país andino, colocado como modelo a seguir por buena parte de los economistas de la región, es apenas "una puerta de entrada para otros mercados latinoamericanos".

 

Según Fiori los tres países sudamericanos de la Alianza del Pacífico "son pequeñas o medianas economías costeras y de exportación, con escasísimo relacionamiento comercial entre sí, o con México". El único país que tiene clima templado y tierras productivas, Chile, "es casi irrelevante para la economía sudamericana, además de ser uno de los países más aislados del mundo", dice el economista brasileño.

 

Cree que la Alianza del Pacífico no tiene un futuro promisorio. Sus exportaciones son mayores que las del Mercosur, pero el comercio intrazona es ínfimo (dos por ciento del total exportado frente al 13 por ciento del Mercosur). En rigor, es una alianza comercial que no busca la integración.

 

El problema no radica tanto en las virtudes de la Alianza sino en los problemas que atraviesa el Mercosur. Por un lado, los cuatro países que lo crearon (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay) exportan los mismos productos (básicamente soja y carne) a los mismos mercados. Con esa estructura de exportaciones no hay integración posible, que sólo puede forjarse sobre la base de la complementación productiva. Como apunta Fiori, desde la crisis de 2008 y a caballo de la expansión china, se han profundizado las características seculares de las economías sudamericanas que obstaculizan cualquier proyecto de integración: "El hecho de ser una sumatoria de economías primario-exportadoras paralelas y orientadas por los mercados externos" (Pontes, febrero 2013).

 

Por otro, y estrechamente ligado a lo anterior, la permanente disputa entre Brasil y Argentina por sus exportaciones industriales (automotriz y de electrodomésticos) está empantanando la alianza regional. Cada producto argentino que ingresa en Brasil, le hace perder puestos de trabajo, y viceversa. Los acuerdos comerciales existentes y la opción por la integración aún no se tradujeron en la creación de industrias capaces de complementarse.

 

En su balance de la inversión extranjera en 2012, la Cepal no deja lugar a dudas: "En América del Sur (sin incluir a Brasil), se ha ido profundizando un patrón de distribución de la IED en el cual los sectores basados en recursos naturales son claramente el primer destino". La minería absorbió el 51 por ciento de las inversiones en la región, servicios el 37 y la industria apenas el 12 por ciento.

 

Hora de elegir

 

"Se puede decir con toda certeza que el ´cisma del Pacífico´ tiene más importancia ideológica que económica en América del Sur y sería casi insignificante políticamente si no se tratara de una pequeña franja del proyecto de Obama de crear una Asociación Transpacífico (TPP por sus siglas en inglés), pieza central de su política de reafirmación del poder económico y militar en la región del Pacífico", señala Fiori (Pontes, febrero de 2013).

 

Este es quizá el nudo de la cuestión. México es ya una pieza inseparable de la economía estadounidense. Luego de la crisis de 2008, que le impone serias restricciones presupuestales, la estrategia de los Estados Unidos consiste en "tercerizar" la administración de su poder global pero con el cuidado de impedir que surjan potencias regionales que amenacen su posición y en particular el predominio aéreo y naval. A través del sistema financiero, razona Fiori, la superpotencia sigue traspasando sus costos y sus crisis a terceros países, como sucedió con su principal aliado, la Unión Europea, manteniendo en tanto el "control monopólico de la innovación tecnológica".

 

Ante este panorama, lo decisivo serán las opciones de los demás países, sobre todo el rumbo que adopte Brasil. El profesor Ricardo Sennes, analista internacional de la Universidad de Sao Paulo, sostiene que el crecimiento económico pos 2002 "profundizó las divergencias entre las estrategias económicas de los países, así como se ampliaron las asimetrías entre Brasil y los países de la región" (3).

 

A esta dificultad estructural se suma que en Brasil prevalece "la preferencia por un patrón de relación regional basado en la proyección de las capacidades políticas brasileñas y no en un patrón de integración regional". No es lo mismo la densificación de los negocios que una estrategia de integración. En su opinión eso debe a que existe una débil "coalición interna" a favor de la integración y se traduce en un elevado activismo diplomático que contrasta con la baja institucionalidad de la integración. En conclusión, "la regionalización, aumento de las relaciones regionales no derivadas de política y acuerdos entre estados, avanzó más rápida y profundamente que la integración regional".

 

Eso se manifiesta en que los miembros del Mercosur han establecido acuerdos más profundos con países de fuera de esta alianza que entre ellos mismos. Sennes concluye que más allá de las declaraciones, "el proyecto regional de Brasil no integra el eje central de su estrategia internacional". Suena fuerte, pero en modo alguno parece alejado de la realidad. En su apoyo, resume: preferencia por reuniones de cúpula antes que acuerdos institucionales; "integración económica rasa", o sea focalizada en cuestiones comerciales bilaterales en detrimento de la integración productiva, financiera y logística; privilegiar agencias de crédito domésticas como el BNDES en vez de regionales; y apoyar las iniciativas privadas de inversiones en detrimento de acuerdos regionales de promoción de inversiones.

 

A partir de este cúmulo de dificultades, Fiori plantea una disyuntiva de hierro. Que Brasil y la región se conviertan en "periferia de lujo" de las grandes potencias, como ya fueron Australia y Canadá, con acuerdos de "socios preferenciales", en línea con la propuesta de Cardoso y de las elites de cada país, atornillados al papel de exportadores de commodities. O bien emprender un camino alternativo, asentado en la autosuficiencia energética y los recursos naturales estratégicos, combinando "una industria de alto valor agregado como un sector productor de alimentos y commodities de alta productividad", que no renuncie a la complementariedad y competitividad con Estados Unidos pero que "luche para aumentar su capacidad de decisión estratégica autónoma" ("Brasil e América do Sul: o desafío da inserçâo internacional soberana", Brasilia, CEPAL/IPEA, 2011).

 

Las elites han hecho su opción y pelean por ella. La Confederación Nacional de la Industria (CNI) y la Federación de las Industrias del Estado de San Pablo rechazan cada vez con mayor vigor el Mercosur y ni siquiera toman en cuenta la Unasur. Aecio Neves, candidato por el Partido de la Social Democracia que representa a esos sectores, habla claro: "Tenemos que tener el coraje de repensar y revisar el Mercosur. En este sentido, la Alianza del Pacífico, es un ejemplo ya de movilidad y dinamismo" (La Nación, 9 de junio de 2013).

 

Esa claridad contrasta con las nebulosas y contradictorias posiciones del progresismo. En el actual panorama global, no hay lugar para la neutralidad. "Los que se consideran neutros son siempre países irrelevantes o que acaban sucumbiendo", concluye Fiori. Por eso sostiene que la región debería construirse como "un grupo de países aliados capaces de decir no, cuando sea necesario, y capaces de defenderse, cuando sea inevitable".

 

Notas

(1) Aladi: Asociación Latinoamericana de Integración. Unasur: Unión de Naciones Suramericanas. Celac: Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños.

(2) La Inversión Extranjera Directa en América Latina y el Caribe 2012", Santiago, 2013.

(3) Revista "Tempo do Mundo", Vol. 3, No. 2, Brasilia, diciembre 2012.

- Raúl Zibechi, periodista uruguayo, escribe en Brecha y La Jornada y es colaborador de ALAI.

 

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Martes, 18 de Junio de 2013 07:05

Brasil conmovido por el fútbol y la represión

San Pablo, Río de Janeiro y Belo Horizonte, que integran el triángulo de poder económico de Brasil, y Brasilia, el corazón político del país, fueron escenario ayer de multitudinarias manifestaciones contra los gastos vinculados a la Copa Confederaciones y el Mundial de 2014 y en repudio a la represión policial. Las protestas, que también se realizaron en otras ciudades, tienen como uno de sus principales objetivos protestar por el aumento de la tarifa del transporte público, reivindicación que provocó en San Pablo cinco manifestaciones, con la de ayer, de las cuales la del jueves fue violentamente reprimida por la policía, generando reacciones de repudio en todo Brasil y también en el exterior. “Las manifestaciones pacíficas son legítimas y propias de la democracia”, dijo la presidenta brasileña, Dilma Rousseff, en reacción a las movilizaciones. “Es propio de los jóvenes manifestarse”, aseguró Rousseff.

 

En Río de Janeiro, la principal avenida, Río Branco, y las calles adyacentes del centro fueron colmadas por al menos 40 mil manifestantes. La policía militarizada acompañó la manifestación. “Sin violencia” y “Ven a las calles, ven contra el aumento”, fueron las consignas que corearon los que se movilizaron, que contaron con el apoyo de vecinos y oficinistas que salieron a las ventanas a mostrar su adhesión al movimiento. La marcha, que durante cuatro horas se desarrolló en forma pacífica, tuvo momentos de fuerte tensión cuando un grupo atacó con bombas molotov la sede de la Asamblea Legislativa y quemó autos; mientras que la policía respondió con gases lacrimógenos y spray pimienta. El presidente de la Asamblea, Paulo Melo, lo calificó de “acto de terrorismo”

 

“No es por los centavos (de aumento). Esto es una demanda reprimida, reflejo de la falta de perspectiva de los jóvenes. El transporte también es pésimo. Andamos en chasis de camión travestido de autobús”, dijo un participante de la marcha, de 56 años. Al grito de “Si el pasaje no baja, Río para”, la mayoría de los manifestantes recorrieron las calles de la capital fluminense.

 

En Belo Horizonte, la tercera mayor ciudad en importancia del país, cerca de 20.000 personas participaron de las protestas, en las que se produjeron algunos enfrentamientos con la policía, que reprimió con bombas de gas lacrimógeno y pimienta. Al cierre de esta edición, aún no se conocía si el enfrentamiento había dejado heridos. Los comerciantes cerraron sus puertas antes de que los millares de manifestantes tomaran las calles, y la policía bloqueó las vías de acceso a la avenida Antonio Carlos, por donde pasó la marcha.

 

También en Brasilia hubo choques entre efectivos y manifestantes cuando éstos intentaron ingresar a la sede del Congreso Nacional. “Aprovechamos el momento en que el mundo está mirando hacia Brasil para llamar la atención sobre problemas antiguos. Hay gente que está doce horas en la fila de un hospital y no consigue ser atendida”, resumió a la TV Globo una manifestante.

 

En San Pablo, epicentro de las protestas que comenzaron hace diez días y se diseminaron rápidamente por todo el país, la marcha contra el aumento de la tarifa del transporte y la represión policial comenzó a última hora de la tarde y convocó 60.000 personas al centro de la ciudad. Las protestas en la mayor metrópolis sudamericana fueron convocadas por el Movimiento Pase Libre, que reivindica la gratuidad del transporte colectivo de pasajeros y que acordó con las autoridades que fuera pacífica.

 

A esta proclama, que fue duramente reprimida el jueves pasado, se unieron diversos grupos en todo el país que consideran un derroche inútil de dinero los millones invertidos en las citas deportivas, cuando hay falta de recursos para salud, educación, seguridad y vivienda.

 

El ministro de Deportes de Brasil, Aldo Rebelo, advirtió, por su parte, que el gobierno no tolerará que las protestas, que ocurrieron en las horas previas y en las proximidades de los estadios donde se juegan partidos de la Copa Confederaciones, perjudiquen el certamen. “No vamos a permitir que ninguna de esas manifestaciones interfiera en ninguno de los eventos que nos comprometimos a realizar”, dijo el ministro en Río de Janeiro, donde el domingo se produjo un duro enfrentamiento entre manifestantes y efectivos de la policía militarizada, en los alrededores del estadio Maracaná, poco antes del choque entre México e Italia.

 

El sábado tuvo lugar una protesta de similares características en las inmediaciones del Estadio Nacional Mané Garrincha, en Brasilia, que también fue reprimida con gases lacrimógenos y balas de goma, poco antes de que comenzara el choque inaugural del torneo entre Brasil y Japón. “Quien piense que puede impedir la realización de estos eventos enfrentará la determinación del gobierno”, enfatizó.

 

En opinión del ministro, la ocurrencia de manifestaciones no perjudica la imagen de Brasil hacia el resto del mundo, sino que, por el contrario, espera que el mundo vea a Brasil como un lugar democrático y capaz de garantizar el orden. Respecto de las críticas de los manifestantes, que consideran un despropósito que el gobierno gaste millonarias sumas en eventos deportivos en desmedro de inversiones en salud, vivienda y educación, Rebelo argumentó que por cada real gastado por el Poder Público en los torneos, 3,40 fueron invertidos por la iniciativa privada.

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  • Antetítulo SAN PABLO, RIO Y BELO HORIZONTE, EPICENTROS DE LAS PROTESTAS CONTRA LOS GASTOS EXCESIVOS POR EL MUNDIAL
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Martes, 18 de Junio de 2013 06:58

¿Todos unidos contra Slim?

Ha sido una dura batalla política, pero en mayo de este año el Congreso de la Unión y las legislaturas estatales de México aprobaron por fin una reforma para abrir el mercado de las telecomunicaciones a una competencia más justa. La reforma –sancionada el 10 de junio por el presidente Enrique Peña Nieto– debe romper el cuasimonopolio de América Móvil, cuya subsidiaria Telmex posee 80% de las líneas fijas de México y alrededor de 75% de sus conexiones de banda ancha, en tanto su subsidiaria Telcel tiene 70% del mercado de móviles.

 

Llegar a este punto ha causado tensiones porque el dueño de América Móvil, Carlos Slim, es uno de los hombres más ricos del mundo. Sus empresas representan la tercera parte del mercado accionario mexicano, lo cual le da tremenda influencia política. El costo para el mercado de las telecomunicaciones en México ha sido una competencia ahogada y precios altos: los servicios de telefonía móvil y banda ancha cuestan 26 y 31% más que el promedio de la OCDE, respectivamente.

 

Con precios prohibitivos para los pobres, México tiene una de las tasas de penetración más bajas de la OCDE: 89% en telefonía móvil y apenas 13% en banda ancha en 2012. La infraestructura necesita inversión; sin embargo, los márgenes de utilidad en el acogotado sector móvil en México están entre los más altos del mundo. La propia América Móvil obtiene en el país la mitad de sus utilidades antes de intereses, impuestos, depreciación y amortización (Ebitda).

 

La reforma ordena que el nuevo Instituto Federal de Telecomunicaciones remplace a la actual Comisión Federal de Telecomunicaciones (Cofetel), cuya imparcialidad ha sido puesta en duda. Retira obstáculos a la propiedad extranjera de activos de línea fija y permite que inversionistas foráneos posean hasta 49% de las emisoras de radio o televisión. Las autoridades tendrán el poder de prevenir que alguna empresa controle más de 50% del mercado. La medida apunta directamente a Slim, pero también evitará que su principal rival, Grupo Televisa, gane mucho terreno.


Posición de mercado

 

Según Forbes, Slim y su familia han amasado una fortuna de 73 mil mdd; sus intereses abarcan ventas al menudeo, banca, construcción y mucho más. Su fortuna se hizo en las telecomunicaciones, luego de adquirir el monopolio estatal Telmex en 1990, para añadirlo a su subsidiaria de telefonía móvil Telcel. América Móvil también es propietaria de Claro (móvil), Embratel (línea fija y satélites) y NET (banda ancha) en Brasil, y la mayor parte de TracFone (móvil) en EU; en fechas recientes ha comprado parte del operador holandés KPN y de Telekom Austria.

 

Con alrededor de 263 millones de suscriptores, América Móvil es hoy el cuarto operador mundial de redes móviles. También cuenta con más de 30 millones de líneas fijas, 18 millones de accesos de banda ancha fijos y más de 17 millones de suscriptores de televisión de paga. La compañía se ha extendido por 18 países de América, y en todos menos tres es el primero o segundo operador en importancia.

 


Estrategia corporativa

 

Preocupada de que sus ingresos en México estén amenazados, América Móvil busca consolidar sus operaciones en el extranjero. La primera es Brasil, donde la empresa delibera sobre fusionar sus tres unidades, Claro, Embratel y NET (adquirida en 2012). La fusión crearía un Goliat brasileño de las telecomunicaciones.


Sin embargo, por todas partes surgen inquietudes sobre dominio del mercado. En Argentina, donde Claro posee 35% del mercado móvil, el gobierno dio marcha atrás a los planes de poner a licitación el espectro de 3G y entregó la concesión a ArSat, de propiedad estatal. En Colombia, donde Claro cuenta con 62% del mercado, la compañía escapó por poco a la aplicación de normas antimonopolio en mayo, cuando los legisladores archivaron una iniciativa de ley que la habría obligado a ceder suscriptores. Una licitación de 4G, programada para este mismo año, contiene normas que limitan a América Móvil a frecuencias cuya operación resulta más costosa. Las preocupaciones por la competencia han llegado también a El Salvador, donde el año pasado el órgano supervisor rechazó el plan de Claro de comprar la operación local de Digicel.

 

Dadas sus tribulaciones en AL, América Móvil se está expandiendo con prudencia en Europa. Slim ha logrado adquirir 28% del operador holandés KPN y 23% de Telekom Austria. Aunque ambas tienen mercados domésticos pequeños y extremadamente competitivos, existe espacio para la expansión. Al parecer Telekom Austria ha estado estudiando ir más allá de sus operaciones domésticas, lo cual daría a América Móvil la oportunidad de enfocarse en Europa occidental. El año pasado se informó que la firma mexicana visualiza activos de telecomunicaciones en Polonia, si bien las versiones han disminuido en fechas recientes. Ahora se dice que va en pos de Telecom Serbia.


Riesgos/oportunidades estratégicos

 

Aun en México podría haber alguna esperanza para Slim, en forma de dos canales de televisión abierta propuestos en la reforma. Conforme a los términos de su título de concesión, Telmex no tiene derecho a entrar en el negocio de televisión de paga en su país. Así, en tanto América Móvil ofrece paquetes de “triple play” (teléfono, Internet y televisión) en otras partes de AL, tiene vedada la televisión mexicana. El mercado está dominado por Grupo Televisa y Tv Azteca, que tienen participación de mercado de 69 y 30%, respectivamente. La nueva licitación no está abierta a esas empresas, y tal vez tampoco a Slim.

 

Sin embargo, Slim está tomando otra ruta hacia la televisión. En septiembre de 2012, luego de adquirir acciones de dos equipos de futbol, se alió a las cadenas de televisión estadunidenses Fox Sports y Telemundo para transmitir partidos en México y EU. Una jugada aún más astuta fue el anuncio, en marzo de 2013, de que América Móvil había ganado derechos exclusivos para transmitir en todas las plataformas de medios de AL (excepto Brasil) los Juegos Olímpicos de Invierno de 2014 en Rusia, y los Olímpicos de Verano de 2016 en Brasil. Por tanto, aun si la competencia llega al mercado mexicano de las telecomunicaciones, Slim está decidido a mantener su parte.

 

E. I. U.

Traducción: Jorge Anaya

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  • Antetítulo Telecomunicaciones
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Lunes, 17 de Junio de 2013 06:11

Crónica de una represión a la protesta

“¡Prensa, prensa!” Eso fue lo que grité al ver que un grupo de policías pertenecientes a la Tropa de Choque de Brasilia apuntó hacia donde me encontraba entrevistando a unos jóvenes indignados con los cientos de millones de dólares estatales destinados a la remodelación del estadio nacional Mane Garrincha en lugar de reforzar el presupuesto en educación y transporte. Sería liviano asegurar que los policías con uniformes camuflados oyeron el ¡”Prensa, Pprensa!” proferido con algo de desesperación por este cronista. Tampoco se puede afirmar que los miembros del grupo de elite de la policía brasiliense, adiestrados para disparar con armas letales y entre quienes no debe haber miopes, hayan visto la credencial de corresponsal, emitida por la Presidencia de la República, que les mostré con insistencia.

 

Lo cierto es que la respuesta dada a mis ademanes y el sonoro pedido para que no tiren fue el disparo de una bomba de gas lacrimógeno que cayó bastante cerca de mí, tanto como para sospechar que apuntaron al blanco. Pocos segundos después otro proyectil impactó junto a una señora sexagenaria, quien aparentemente era uno de los 71.000 espectadores que una hora más tarde ovacionaría a Neymar por su golazo a los tres minutos del primer tiempo de la goleada brasileña 3-0 frente a Japón, el sábado, en la apertura de la Copa, antesala del Mundial de 2014.

 

El ajuste de cuentas de la policía con los reporteros tiende a ser la regla y no la excepción en Brasil a medida que se calienta la protesta social y política. El jueves pasado al menos ocho periodistas fueron heridos, uno de ellos corre el riesgo de perder la visión, en los ataques de la Policía Militarizada de San Pablo contra miles de manifestantes contrarios al aumento del transporte público.

 

Desde el sábado, con el inicio de la Copa de las Confederaciones, esta nación gigante quedó en la mira de la opinión pública global, que en julio seguirá la visita del papa Francisco a Río de Janeiro, en 2014 asistirá a la Copa del Mundo y en 2015 a los Juegos Olímpicos.

 

Y aunque los diez años de gobiernos del Partido de los Trabajadores, ocho con Lula da Silva y dos con Dilma Rousseff favorita para la reelección según encuestas recientes, hayan transformado al país, aún no ha sido posible enterrar dos herencias de la dictadura: la ley de (auto)Amnistía que aborta todo proceso contra los represores y las policías militarizadas de las 27 provincias, entrenadas para funcionar como un estado represor, subyacente al Estado de Derecho.

 

La victoria de Brasil 3-0 sobre Japón el sábado en Brasilia fue una fiesta puertas adentro, mientras en las inmediaciones del estadio se registraban escenas de guerra urbana unilateral, porque no hubo registro de ataques de envergadura por parte de los participantes en la marcha.

 

La Policía Militarizada de la Gobernación de Brasilia estaba ensañada en una represión contra militantes, en su mayoría de izquierda, a través de un despliegue de hombres y equipamientos apropiados para repeler un ataque terrorista, apoyados por un drone similar a los utilizados por Estados Unidos, complementado por helicópteros volando a baja altura. Y todo ese aquelarre montado a pocas cuadras del despacho de la presidenta en el Palacio del Planalto.

 

Después de correr para escapar de los gases lacrimógenos y con un impacto de bala de goma en su pierna derecha Jean Junior, de 19 años, aspirante a ingresar en la Universidad de Brasilia, afirma “estoy con miedo y con alegría, porque la protesta está yendo bien”. “Nosotros no queremos la violencia y ellos la quieren”, dice Jean y exhibe imágenes que tomó pocos minutos antes de decenas de muchachos arrodillados, algunas chicas con flores, frente a la cancha, siendo agredidos por elementos armados por el Estado para celar por el cumplimiento de la ley, no para violarla. El chico está armado con una “tablet” y planea repeler la desinformación mediante la divulgación en las redes sociales del accionar de las fuerzas de seguridad. “Queremos que se vea esta represión salvaje, porque los de la (TV)Globo la esconden pasando nada más lo que pasa adentro de la cancha, el partido en serio se está jugando acá afuera.”

 

“Están pasando cosas en Brasil, ya hubo movilizaciones fuertes en Sao Paulo (dos la semana pasada y otra programada para ésta) y en Río de Janeiro, la gente está cansada, Dilma (Rousseff) tiene que escuchar lo que se dice en la calle”, afirmó el joven mientras continuaban los balazos de goma y bastonazos que dejaron al menos 29 heridos y 16 detenidos el sábado en la capital brasileña.

 

Habla a borbotones, se entusiasma, exagera que en Brasil puede estallar una “primavera árabe” y reconoce que “me falta aprender mucho de política, pero estoy bien a la izquierda”. “Me gusta el fútbol y no estoy en la cancha porque es cara la entrada, estoy acá porque estoy molesto con que se gasten millones en este estadio y no haya plata para la educación, la gente está descontenta en todo Brasil, pero no queremos echar al gobierno”, continúa.

 

A Jean Junior lo acompaña otro muchacho con un pañuelo al cuello y “un frasquito con vinagre para parar el efecto de los gases lacrimógenos”. Es Artur León, 18 años, también postulante a la universidad y su carnet de identidad político es similar al de muchos de los que vinieron a protestar: “No somos de ningún partido político porque no vemos nada que nos convenza, tampoco somos un bobos despolitizados”, se presenta. “A todos, o por lo menos a casi todos los que estamos acá nos cansó esto de armar una copa para que la vean los gringos y nosotros afuera, no somos contrarios a Dilma, ella tal vez no sea la culpable, pero es la presidenta y tiene que poner un basta”.

 

El gobierno pareció carente de reflejos para procesar este nuevo dato de la política que son las movilizaciones populares y juveniles destapadas en San Pablo, continuadas en Río y culminadas en Brasilia el sábado. Otras vendrán esta semana y posiblemente serán más multitudinarias que las anteriores.

 

El fin de semana el Palacio del Planalto demostró haber tomado nota del escenario y Dilma instruyó al ministro Gilberto Carvalho, un experimentado cuadro del PT, para que busque encauzar la situación alentando canales de diálogo.

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  • Antetítulo LA POLICIA DE ELITE DE BRASILIA CARGO CON GASES Y BALAS DE GOMA CONTRA MANIFESTANTES
  • Autor Darío Pignotti
  • País Brasil
  • Región Sur América
  • Fuente Página12
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Domingo, 16 de Junio de 2013 06:09

Entre goles y balas de goma

Cinco minutos en total. Es decir: a los tres de haber empezado el partido, Neymar hizo un gol espectacular. Y a los dos de haber comenzado el segundo tiempo, fue la ocasión de Paulinho. Lo que vino después –el tanto de Jo, a los 47 minutos– sobró para confirmar la victoria contundente de Brasil sobre Japón, en la inauguración de la Copa Confederaciones de 2013.

 

Vale decir que Japón no es exactamente un adversario temible. Pero hay que reconocer que los nipones, en los últimos años, han mejorado mucho su futbol y que estrenar el torneo con un triunfo era importante para la verdeamarela.

 

Ocho minutos en total. Ese fue el tiempo en que la presidenta Dilma Rousseff fue silbada por los casi 58 mil espectadores que llenaron el Estadio Mané Garrincha, en Brasilia. El cuadro de Luiz Felipe Scolari ganó por tres a cero a Japón, en un inicio de jornada auspicioso aunque no tranquilizador: todavía falta enfrentar a México e Italia, adversarios difíciles. Y los que vendrán después, siempre que, claro, haya un después. Dilma igualmente tendrá que seguir enfrentando protestas populares por todo el país.

 

Hay dos cosas en prueba en esta Copa Confederaciones: la primera, por supuesto, es la selección brasileña. Y la segunda es la condición del país para hospedar, dentro de exactamente un año, el Mundial de futbol.

 

Por esos días, y al margen del balompié, Brasil vive tiempos de convulsión. Parece algo insólito: en los últimos 10 años, desde que el PT –Partido de los Trabajadores– llegó al poder, alrededor de 50 millones de brasileños, sobre una población de 190 millones, salieron de la franja de pobreza absoluta. El desempleo tiene números históricos, y a la baja. Sería normal suponer que todos estuviesen satisfechos. Mejor ni hablar.

 

Hay mucho por hacer en términos de infraestructura –aeropuertos, puertos, carreteras, telecomunicaciones– para que el país se considere preparado para realizar semejante evento. Pero, poco a poco, se intenta.

 

El problema, o mejor dicho, uno de los problemas, es saber qué pasará con las manifestaciones populares de aquí a 2014.

 

Nacidos de la nada, hay brotes de protesta por todo el país, contra el alza de los precios de los autobuses en un principio, y luego contra cualquier cosa. Inclusive el costo de los estadios que ahora se estrenan como víspera de lo que será el Mundial de 2014, que tendrá a Brasil como sede, algo que ya ocurrió en 1950.

 

Hubo de todo en Brasilia horas antes del juego: manifestaciones públicas reprimidas, silbatos.

 

Pero cuando empezó el partido, ha sido como un ungüento paliativo.


Dilma Rousseff, quien de acuerdo con las encuestas cuenta con 57 por ciento de aprobación, fue silbada, es verdad. Pero sería conveniente recordar una frase del gran dramaturgo Nelson Rodrigues, quien decía que cuando se trata de la pasión nacional, el brasileño silba hasta el minuto de silencio formalmente dedicado a los muertos en los velatorios.

 

Sí, sí: hubo enfrentamientos entre policías y manifestantes, y los aeropuertos fueron caóticos, y el cambio negro de los ingresos, pese a los esfuerzos de la FIFA –teóricos esfuerzos– que al fin y al cabo fueron vanos.

 

En la cancha, pura alegría, o casi. Lo primero que los brasileños decían, antes del partido, es que el equipo de Japón de hoy no es el mismo de antes.

 

O sea: ya no son media docena de hombres bajitos corriendo sin norte ni rumbo. Japón tiene hoy un equipo respetable, veloz y eficiente, con un mediocampista llamado Honda con capacidad de desempeñarse como si fuera un Mercedes Benz.

 

La mayor parte de la selección nipona actúa en equipos de Europa, África y Estados Unidos, lo que significa, o puede significar, experiencia.

 

La cuestión, en todo caso, es Brasil. El equipo, la selección, la canarinha, sigue siendo una incógnita. El 3-0 frente a un Japón mejorado pero todavía débil sirve para alentar lo que viene, mas no para definir lo que existe.

 

Brasil mostró frente a Japón una defensa que quizá sea eficaz, con destaque para zagueros que, como Daniel Alves, suben al ataque con gran eficacia. Mostró, además, que jóvenes como Oscar y Paulinho están preparados para desafíos mayores, como el Mundial del año que viene. El goleador Fred sigue en su mejor momento, pero si no hay quien le pase la pelota no hay momento alguno.

 

Y por último, existe la gran incógnita: Neymar. Ayer, contra los japoneses, tuvo sus momentos de luz, de espectacular luz. Pero fueron momentos breves.

 

A todo eso, una cuestión: ¿y la gente? ¿Y los 190 millones de brasileños?

 

Bueno: una vez más, y como siempre, esa multitud sigue aparentando indiferencia frente a un gran evento. Es parte del juego: es como se estuviésemos tan seguros que una mera Copa Confederaciones no tuviese energía suficiente para provocar mayores emociones.

 

Ayer, sin previo aviso, todo seguía normal en el país del futbol. Pero en Belo Horizonte y en Curitiba, en Sao Paulo y Recife, en Río de Janeiro y en Salvador, cuando faltaba poco para empezar el juego de apertura de la Copa Confederaciones, farmacias, bares, restaurantes, cerraron.

 

Pese a toda la aparente indiferencia, por algo será.


LLAMADA AL DIALOGO TRAS UNA SEMANA DE PROTESTAS ESTUDIANTILES Y VIOLENTA REPRESION

El alcalde de San Pablo pide tregua

 

El alcalde de la ciudad brasileña de San Pablo, Fernando Haddad, convocó al movimiento que encabeza las protestas para acordar el aumento tarifario. El anuncio lo hizo el propio Haddad, que, según la prensa local, recibió presiones del oficialista Partido de los Trabajadores (PT) para buscar el diálogo y mostrar una imagen diferente a la del gobernador del estado de San Pablo, Geraldo Alckmin, cuestionado por la represión policial a una manifestación el jueves pasado. El Movimiento Passe Livre (MPL) es una agrupación que lucha desde 2003 por la tarifa cero en los transportes públicos de Brasil. Tras la represión del jueves pasado en el centro de San Pablo contra unos 10.000 manifestantes, el movimiento convocó a una marcha para el lunes en el barrio de Pinheiros, zona este de la ciudad.

 

MPL se opone a los aumentos del transporte de trenes y metro dispuestos por el gobernador Alckmin y al del autobús hecho por el alcalde Haddad. En declaraciones a la radio Estadao, Haddad negó que pueda dar marcha atrás al aumento de tarifas del autobús municipal por cuestiones presupuestarias. Se espera que de la reunión participe también el Consejo de la Ciudad, compuesto por 136 representantes de la sociedad civil, movimientos sociales y empresarios, y que Haddad desglose los precios, la evolución de los gastos y los planes para mejorar la calidad del sistema, según informó el diario O Globo.

 

Sin embargo, la ola de manifestaciones se expandió a otras ciudades del país. En Río de Janeiro, una de las sedes de la Copa Confederaciones y puerta de entrada de turistas al país, una nueva protesta contra el alza del precio del boleto de ómnibus reunió a más de 2000 personas, en su mayoría jóvenes estudiantes. Los manifestantes bloquearon la céntrica avenida Río Branco e incendiaron varios tachos de basura. La policía disparó bombas de humo para dispersar a la multitud y los bomberos fueron activados para apagar el fuego. Un joven manifestante recibió una pedrada en la cabeza, y un policía también fue herido. La protesta, que provocó el cierre de varias estaciones de metro en el centro de Río, fue convocada para exigir la reducción del precio del pasaje de ómnibus, que subió de 2,75 a 2,95 reales. En San Pablo, que no es una de las seis sedes de este torneo pero sí de la Copa del Mundo en un año, más de 5000 personas marcharon en el corazón de la ciudad, en la cuarta manifestación contra el alza de 7 por ciento de los boletos de autobús, metro y tren. Más de 160 personas fueron detenidas, según el balance policial. La prensa local da cuenta de al menos 55 heridos.

 

La policía militar, armada hasta los dientes en un gran despliegue de fuerza, dispersó finalmente a los manifestantes cuando llegaban a la Avenida Paulista, con balines de goma y bombas de humo y de gas lacrimógeno. El diario Folha de São Paulo informó que siete periodistas de su equipo fueron heridos, incluidos dos que recibieron balas de goma en el rostro. Por su parte, el secretario de Seguridad Pública, Fernando Grella Vieira, anunció la apertura de una investigación por la represión del jueves, que dejaron heridos, incluidos periodistas, y 137 detenidos. Las marchas se replicaron en Porto Alegre y Río de Janeiro, donde también hubo disturbios, pero de menor intensidad. Las protestas tienen lugar en momentos que Brasil atraviesa un débil crecimiento y un alza de la inflación, que han provocado una caída en la popularidad del gobierno de Dilma Rousseff.

 

Tomado de Página12

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  • Antetítulo Copa Confederaciones, Brasil 2013
  • Autor Eric Nepomuceno
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Boaventura de Sousa Santos es doctor en Sociología del Derecho por la Universidad de Yale y catedrático de Sociología en la Universidad de Coímbra. Este fin de semana está en Madrid con la Universidad Popular de los Movimientos Sociales (UPMS), una iniciativa que llega por primera vez a España y reúne durante los dos días a más de 40 colectivos y movimientos sociales, académicos y artistas de varios países en busca de fórmulas para organizarse y reconstruir el maltrecho sistema democrático en Europa.

 

¿Se puede decir ya que el proyecto de la UE es un fracaso?

 

Sí. La UE era un proyecto de cohesión social para crear un bloque nuevo y fuerte; un bloque económico, político y social, con políticas de cohesión muy importantes. La UE se concibió con dos ideas muy potentes: la de no volver a las guerras mundiales, provocadas ambas por el mismo país, y la de eliminar las periferias que existían desde el siglo XV: los países nórdicos, el sur de Europa (Portugal, España e Italia), el sureste (Balcanes y Grecia) y el este europeo.

 

El proyecto europeo iba a poner fin a esas periferias, con políticas muy importantes de fondos estructurales que pretendían uniformar la riqueza en Europa. En este sentido, el proyecto fracasó, pero es que muchos de nosotros ya sospechábamos que esto podía pasar, porque la existencia de las periferias era demasiado larga. Sin embargo, en los primeros años de la integración europea parecía que la UE resultaba: por ejemplo, en Portugal, la renta media alcanzó el 75% de la europea en 2000; sin duda nos aproximábamos y, de pronto, todo el proceso quebró y los países ex periféricos vuelven a ser tratados como tales. Desde entonces, la lógica colectiva de construcción social, económica y política ha pasado a ser una dinámica de centro-periferia que dominó sobre todas las otra lógicas. Una lógica, además, en la que el centro ni siquiera es la Comisión Europea, sino Alemania.

 

La UE debe reinventarse, hay que reinventarla. De lo contrario, el futuro en Europa se presenta muy negro.

 

¿Y el proyecto del euro? ¿En qué punto está?

 

La pregunta sobre el proyecto del euro no es si fracasó o no, sino qué es lo que se pretendía con él. Y en este caso, existió la trampa desde el inicio, porque el euro fue una de las formas en que el neoliberalismo internacional penetró en Europa, que hasta entonces, era el bastión de defensa del Estado social; el único donde el neoliberalismo no había entrado gracias a que los países tenían partidos socialistas y -también a veces en la oposición- partidos comunistas, ambos muy fuertes. Los partidos venían de una tradición socialdemócrata muy arraigada que exigía educación pública, sanidad pública o sistema de pensiones públicos, por lo que la resistencia a que el neoliberalismo entrase país a país era muy grande. Por eso no penetró así, sino que lo hizo por encima: a través de la Comisión primero, por el Banco Central Europeo (BCE) después y por el euro finalmente.

 


Mediante la construcción neoliberal del euro y el BCE, el país dominante desde entonces -Alemania- ha puesto sus reglas y la moneda es definida en su valor internacional de acuerdo a los intereses económicos de Alemania, y no a los intereses de Portugal o España, por ejemplo. A los países del sur, increíblemente, nunca se les ocurrió la idea de que pudiera ocurrir esto, porque se creyeron lo de que estaban en un bloque político y económico, en donde no había deuda griega o española o portuguesa, sino que existía la cohesión y nunca habría especulación. Sin embargo, debido a los intereses de sus bancos, Alemania decidió que sí habría deuda griega, irlandesa, portuguesa o española, con lo que hizo a estos países muy débiles, sin que Europa les diese garantías y promoviendo la especulación financiera al transmitir la idea de que estos países sólo encontrarían la solución después de una intervención brutal.

 

Una intervención que no ha servido para nada y que ahora, parece que empiezan a reconocerlo así quienes la impusieron. ¿Estamos ante una improvisación o el juego está totalmente calculado?

 

Es más trágico todavía, porque no es nada nuevo. El problema de Europa es que ni tiene nada que enseñar al mundo ni puede aprender con el mundo. Nada que enseñar porque la sequía de ideas, novedades o alternativas aquí es total y nada que aprender porque la arrogancia colonial de este continente es absoluta también y no le permite aprender. Por ejemplo, cuando decimos: "En Brasil, Argentina o Ecuador se hizo así", y enseguida nos respondemos: "Ésos son países menos desarrollados".

 

¿Seguimos con ese sentimiento de superioridad?

 

Seguimos con esa arrogancia colonial, sí. Y no lo tomamos en serio, pero es que eso que ha dicho el FMI hoy, lo dijo en Tanzania, Mozambique e Indonesia antes, lo conozco bien. Lo de aplicar las medidas y después, decidir que fueron excesivas es recurrente. Y una agencia  que ha aplicado unas medidas que han generado tanta pobreza, tanto sufrimiento en los países, debería ser demandada ante los tribunales; y ya no digo por un delito criminal, pero al menos, sí por negligencia. Tiene que haber una reparación civil para los países afectados, porque, además, dicen que cometieron un error con sus políticas y las siguen aplicando.


No hay propósito de la enmienda...

 

Ninguno. Pero es que, además, a la UE no le gusta que el FMI se retracte, porque está comprometida con las políticas de austeridad y si en Alemania se percibe que son negativas, Angela Merkel puede perder las elecciones. Todo está organizado para que nada cambie hasta las elecciones alemanas, por lo que Italia, Grecia, Portugal o España deben esperar y lo hacen, digo yo siempre, con una democracia suspendida.

 

Y los ciudadanos que sufrimos los recortes, ¿qué podemos hacer? ¿También hemos de esperar a que transcurran las elecciones alemanas para presionar a nuestros gobiernos y que hagan algo, en su caso?

 

Los gobiernos no van a hacer nada, porque como digo, son completamente dependientes del mandato alemán. Y aunque la gente rechaza esto, no lo hace de una manera fuerte y articulada. Este fin de semana, con el proyecto de la Universidad Popular de los Movimientos Sociales (UPMS), precisamente, estamos intentando ver cómo se puede resistir, conociendo las diferencias de los distintos grupos, averiguando por qué unos están interesados en una medida y otros en otra o por qué algunos creen que se debería crear un partido y otros no. La semana pasada, en Portugal, estuve trabajando en una iniciativa con el ex presidente de la República, Mario Soares, a través de la cual juntamos a 600 personas en una sala para pedir la caída del Gobierno actual, elecciones anticipadas y un Ejecutivo de izquierdas. Fue la primera vez, después del 25 de abril, que conseguimos juntar a representantes del Partido Comunista, del Socialista y del Bloque de Izquierda para formar una alternativa de izquierdas. Aunque sabíamos que por razones históricas es muy difícil lograrlo.

 

Como en España...

 

Aquí también, aquí también... Y en Portugal, al final, nos dimos cuenta de que era imposible, que jamás habría una alternativa de izquierdas. ¿Por qué? Porque, por un lado, Bloque de Izquierda y Partido Comunista quieren renegociar la deuda y, además, han concluido que parte de esta deuda no se puede pagar -es el 130% del PIB-, o abocaremos al empobrecimiento a las generaciones siguientes. Todo el dinero que entra de la troika va a pagar la deuda, ni un céntimo va para la salud o el hogar de las personas.

 


Por otro lado, el Partido Socialista, que está dominado por la lógica del neoliberalismo desde hace tiempo, quiere ser Gobierno, además, en el marco europeo dominado asimismo por el neoliberalismo. Por tanto, propugna que de negociar la deuda, nada: hay que pagarla toda, aunque se negocie sobre las tasas y los periodos de pago, por ejemplo.

 

Y ahí se acaba el objetivo de la reunión, unir a la izquierda.

 

Ahí se acabó.

 

¿Cómo ve en España a los partidos de izquierdas?

 

La misma división, aunque en Portugal es más grave, porque... ¿Quiénes fueron los invitados españoles a la reunión de Club Bilderberg en Hertfordshire (Reino Unido)?

 

El ministro de Economía, Luis de Guindos; el consejero delegado del Grupo Prisa, Juan Luis Cebrián; el de Inditex, Pablo Isla,... ¿Por qué?

 

Porque la asistencia desde Portugal fue muy interesante, muy ilustrativa sobre el futuro: acudieron al Bilderberg el secretario del Partido Socialista y el secretario del partido de derechas que está en el Gobierno, o sea, que la elite internacional ya ha decidido las elecciones. Los portugueses van a trabajar hasta las próximas elecciones, luchando para que haya un Gobierno de izquierdas -idiotas ellos-, las elecciones ya están decididas y los socialistas comulgan con eso. Por eso, yo creo que en Europa vamos a entrar en un periodo cada vez más duro y con más recortes; yo le llamo un periodo post institucional (‘Después de las instituciones'), porque las instituciones del Estado no responden y la gente no se siente representada por estas instituciones.

 

¿Qué podemos esperar de un periodo así?

 

Será un periodo turbulento y largo, a mi juicio, y será una lucha por la redefinición de la democracia. No es casualidad que los jóvenes aquí en España o en Portugal hablen de Democracia Real o apelen a la Democracia Ya, porque la democracia en Europa está suspendida y derrotada. Ha habido un conflicto entre democracia representativa y capitalismo y ha ganado el capital.

 

¿Y hay alguna posibilidad de que se levante de nuevo la democracia?

 

Sólo cuando el capitalismo tenga miedo. Hasta ahora, los bancos han sido rescatados con dinero público, pero no habrá posibilidad de rescatarlos de la misma manera otra vez, a menos que los ciudadanos sean reducidos a la condición de esclavos. Puede haber una catástrofe y tenemos que luchar antes de que llegue, buscando todos los errores que se cometieron en las políticas progresistas de Europa. Por ejemplo, creer que sólo un pequeño grupo en cada país era politizado: los miembros de partidos, ONGs o de movimientos sociales. El resto de ciudadanos era una masa informe, despolitizados que no tenían ninguna relevancia política, pero que son los que están ahora en la calle.

 

De ellos va a venir el futuro; la transformación democrática va a llegar de la mano de todos los indignados: pensionistas, jóvenes, médicos, profesionales,... que implican, además, una unión intergeneracional que antes no existía y que tienen que llevar a cabo una revolución democrática; la necesitamos para no llegar a la catástrofe.

 

¿Cómo se aborda una revolución democrática en la situación actual? ¿Qué significado tiene más allá de los términos?

 

Significa democratizar la democracia a través de un movimiento popular muy fuerte, que a veces resultará violento, aunque nunca contra las personas, y a veces resultará ilegal, porque una de las características de los Estados neoliberales es ser cada vez más represivos.

 

¿Con ser violentos se refiere, por ejemplo, a los escraches y con ser ilegales, a iniciativas como Rodea el Congreso?

 

Sí, hay que fortalecer todos esos movimientos.

 

¿También el 15M en su conjunto? Hay quien tiene la percepción de que es un movimiento que nació con mucho ímpetu y se ha ido desinflando, perdiendo fuerza. ¿Tal vez porque ya es España un país resignado?

 

No creo que seamos -e incluyo a mi país, Portugal- países resignados, sino que hemos sufrido más de 40 años de dictadura; 48 años en mi país, más que en España. Mientras tanto, pasaban por nuestro lado los movimientos europeos de participación política (movimiento estudiantil, el de 1968, por la liberación de las colonias,...) Estábamos muy aislados, por eso nuestros países no tienen ahora la cultura democrática de resistencia. Por otro lado, hay elementos coyunturales que influyen en los movimientos y, por ejemplo, no podemos creer que las plazas se van a llenar igual en invierno que en primavera o verano.

 


Además, los movimientos al mismo tiempo que maduran, se dividen: hay gente centrada en los desahucios, otra en la sanidad; gente que cree que se debería crear un partido, otros que no; personas que hablan de consejos populares, formas de control ciudadano,...

¿Y cómo se organiza todo eso? ¿Con qué nos quedamos?

 

La revolución democrática va a tener dos pies: cambiar la democracia representativa neoliberal a través de un cambio del sistema político que conlleva, a su vez, un cambio del sistema partidos. Es decir, que conlleva la participación de independientes en el sistema político, en la regulación y financiación de los partidos, en el sistema electoral,... Hay mucho que hacer, pero sobre todo, sabiendo que la reforma nunca va a venir de los partidos, que saben que saldrán perdiendo con esto, sino que va a venir de los ciudadanos. La democracia participativa resultante -de la que ya tenemos experiencia fuera de Europa- traerá nuevas formas de actuación: referéndums, consejos populares, consejos sectoriales, presupuestos participativos a nivel local o regional, por ejemplo;... O sea, democracia directa que controle a los elegidos, que vaya más allá de la autorización a gobernar; que vaya hasta la rendición de cuentas, ésta que debe llegar de fuera, de ciudadanos organizados. El problema es que ahora no están organizados.

 

¿Se refiere al movimiento de los indignados? ¿Qué crítica(s) tiene que hacerles?

 

Tengo varias. Primero, a las asambleas en donde se toman decisiones por consenso que pueden ser totalmente paralizantes, pues una pequeña minoría puede impedir cualquier decisión. Con fórmulas dominantes de decisión no va a haber formulación política; y sin formulación política no hay alternativas. Segundo, al sistema de gran autonomía individual que manejan (cada uno decide cuándo entra y cuándo se va, por ejemplo) y que es más semejante al neoliberalismo de lo que piensan. Un movimiento no se construye con autonomía individual, sino con autonomía colectiva. Y no la tienen. Tercero, un rasgo que estamos viendo, sobre todo, en los acampados de EEUU y en algunos de aquí: tiene más legitimidad quien se queda más tiempo acampado en la plaza. No tienen en cuenta que hay que gente que es muy buena, pero que tiene que ir a trabajar o ir a casa a atender a los niños. ¿Son menos legítimos por eso? No, porque permanecer más tiempo en una plaza no es un criterio de legitimidad democrática.

 

¿Todo esto no ha impedido avanzar más al movimiento de los indignados?

 

Yo trabajo con ellos como intelectual de retaguardia, que es lo que me considero, y creo que en estos momentos, no son un movimiento; son presencias que no tienen propuestas muy concretas y los entiendo, porque es todo el sistema el que está podrido y quieren reconstruirlo desde abajo. Para ello, piden una nueva Constitución y eso sí es positivo; piden un impulso constituyente, algo que yo vengo defendiendo: una nueva Constitución que retire el monopolio de la representación política a los partidos; que establezca diferentes formas de propiedad, más allá de la estatal y la privada -se han perdido las formas de propiedad comunal o de cooperativa, por ejemplo-; que asiente una nueva forma de control social más articulada; una reorganización total del sistema de justicia, y una fórmula para proteger nuestras constituciones de la especulación financiera y de deudas que no se pueden pagar.

 


Esa deuda es precisamente la coartada para imponer las políticas de austeridad...

 

Pues mire lo que pasa en Portugal con ellas: una deuda del 130% del PIB, el desempleo creciendo y una recesión cada vez mayor. Quienes gobiernan lo saben y, por eso, yo estoy cada vez más convencido de que esto no es una crisis. Tenemos que luchar también por los términos del debate, porque esto no es una crisis: es una gran maniobra del capitalismo internacional financiero para destruir la última fortaleza que existía en el mundo de protección social y trabajo con derechos. El remedio de la crisis está empeorando la crisis o, lo que es lo mismo, el médico está matando al enfermo. Y lo peor es que no necesariamente cuanta más crisis hay, hay más resistencia. Porque hay niveles de crisis tan grande y en los que la gente está tan empobrecida, tan deprimida, que no sale a la calle; gente que se suicida, que toma ansiolíticos; gente que interioriza la crisis y se vuelve contra sí misma. Estamos entrando en ese proceso. Por eso, creo que este año va a ser decisivo para saber si tenemos energías y damos la vuelta a esto. Eso es lo que vamos a hacer este fin de semana en la UPMS, ver si podemos articular algo para generar turbulencias políticas que no permitan a estos gobiernos -estos sistemas de protectorado, en realidad- seguir gobernando.

 

Por ANA PARDO DE VERA Madrid15/06/2013 21:15 Actualizado: 16/06/2013 08:15

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  • Antetítulo BOAVENTURA DE SOUSA
  • Autor ANA PARDO DE VERA
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El país de paisajes deslumbrantes y gente acogedora que inaugura ahora la Copa Confederaciones y recibirá el año que viene el Mundial de Futbol tiene características que podrán asustar a los turistas, en especial europeos y asiáticos. Los índices de violencia, por ejemplo.

 

Un reciente estudio encargado por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso) muestra que son cometidos 50 mil homicid

 

ios por arma de fuego al año. Más que los muertos de Irak, Sudán, Afganistán. Las 12 ciudades que serán sedes de partidos del Mundial tienen niveles elevadísimos de violencia urbana. Algunos especialistas dicen que en ellas existe una “violencia endémica”.

 

La Copa Confederaciones será una prueba rigurosa para todo lo que se hizo y principalmente para lo que falta hacer. Para ver qué hacer contra aeropuertos tenebrosos, carreteras asesinas, el caos del tránsito urbano, las deficiencias en las telecomunicaciones y hasta los precios absurdos y claramente abusivos.

 

El precio medio de los hoteles de Río de Janeiro, que suele girar alrededor de 195 dólares, fue elevado a 456. Y, para el Mundial del año que viene, dormir una noche en un hotel costará 460 dólares en promedio. En el Mundial de 2006, realizado en Berlín –ciudad más cara que las brasileñas– la tarifa media de los hoteles fue de 300 dólares.

 

Mientras corre contra el tiempo en las obras, el gobierno busca mecanismos legales para combatir el abuso de los precios en hoteles, restaurantes y líneas aéreas. La c

uestión de las telecomunicaciones preocupa de manera específica, y las autoridades sectoriales presionan cada vez más a las operadoras.

A todo eso los brasileños están acostumbrados. Con relación a los cronogramas eternamente retrasados, recurren a la fe suprema. Creen, piadosamente, que a última hora todo se arreglará. Al fin y al cabo, Dios es brasileño, dicen.

 

Lo que efectivamente empieza a mover a la gente es la tensa expectativa sobre qué harán Luis Felipe Scolari y los jugadores que convocó para armar la selección.

 

En el ranking de la FIFA divulgado en mayo Brasil aparece en un lejano y vergonzoso puesto 19. Es la peor clasificación del país desde que esa clasificación fue creada, hace 20 años.

 

Así llega la selección de Felipón a la Copa Confederaciones, en una situación incompatible con el nivel histórico del país, único en conquistar cinco veces el Mundial (1958, 1962, 1970, 1994 y 2002). Cambiar drásticamente ese escenario es una de las misiones del equipo que entra en campo este sábado contra Japón.

 

El domingo pasado Brasil derrotó 3-0 a Francia, en un partido amistoso. El resultado ha servido para entusiasmar a la hinchada, más por el sabor a revancha sobre la final del Mundial de 1998 que por el brillo presentado en la cancha. Y, principalmente, para dar confianza al equipo.

 

Felipón Scolari sorprendió al no convocar para la Copa Confederaciones a astros consolidados como Kaká, del Real Madrid, y Ronaldinho Gaúcho, que atraviesa una fase luminosa en el Atlético de Minas Gerais. Prefirió convocar, en su mayoría, a jugadores jóvenes, con muy poca experiencia de ponerse la camisa amarilla, la canariño, que tiene un peso especial. Son factores que preocupan a la hinchada: el poco tiempo de trabajo de la comisión técnica, la poca edad del equipo, la escasa experiencia en jugar juntos.

 

Por eso las esperanzas están depositadas en características puntuales del futbol brasileño: calidad técnica, capacidad de improvisar, la creatividad. Eso, por lo menos, hasta que se logre transformar un grupo de jugadores de mayor o menor talento en un equipo capaz de honrar la tradición.

 


La defensa del equipo es donde se reúnen los más experimentados. De los 23 convocados, sólo cuatro ya disputaron mundiales: el arquero Julio César (que con 33 años es el más viejo del grupo), Fred (principal goleador) y los zagueros Daniel Alves, del Barcelona, y Thiago Silva. Del equipo, 10 no alcanzaron a disputar 10 partidos por la selección brasileña.

 

Para establecer una comparación, Italia, tradicional adversaria y que está en el mismo grupo A, llega con 10 jugadores que estuvieron en el Mundial anterior. Y el Tri trajo a Brasil nueve que estuvieron en Sudáfrica.

 

La falta de experiencia deberá ser compensada con talento. De los jóvenes merecen atención Oscar, mediocampista del Chelsea, que tiene 21 años, y Paulinho, de 24, cuya capacidad de lanzarse de manera sorprendente al ataque hizo de él un ídolo en el Corinthians.

 

La experiencia del cuarteto de veteranos es parte fundamental de las expectativas de la hinchada. Todos pasan por una etapa de gran brillo y se espera que así se mantengan hasta el año que viene.

 

Neymar, la esperanza

 

Nadie, sin embargo, despierta tanta expectativa como el atacante Neymar, quien hace poquísimo fue vendido al Barcelona, en un traslado millonario. Sus antecedentes en el Santos, donde desarrolló toda su carrera profesional, son impactantes.

 

Se le considera el mejor jugador del club desde Pelé. En los cinco años que vistió esa camisa ganó seis títulos, entre ellos la Copa Libertadores de América, que el club no lograba desde hacía casi medio siglo, justamente con Pelé.

 

Si en el Santos su trayectoria es indiscutible, no ocurre lo mismo en la selección. Al menos en ese aspecto se le puede comparar con su nuevo compañero de equipo, el argentino Lionel Messi: genial en el Barcelona, no ha logrado todavía presentar la misma genialidad en la selección de su país.

 

En los dos torneos que disputó con la canarinha, la Copa América y los Juegos Olímpicos, Neymar decepcionó. Lo mismo en los amistosos de preparación. Vendido al Barça, considerado el mejor equipo del mundo, con contratos de publicidad que le aseguran ingresos mensuales de un millón y medio de dólares, Neymar tiene ahora, a los 21 años, una nueva oportunidad para dar muestras de lo que efectivamente es capaz.

 

La verdad es que, con muy raras excepciones (y algunas están en la selección), la actual generación de jugadores brasileños es de las más flojas de la historia. Los técnicos, a su vez, parecen haber adormecido en el tiempo. Y, para completar, la Confederación Brasileña de Futbol se transformó, luego de haber sido modelo de corrupción, en un ejemplo cabal de desorganización.

 

Es decir, el escenario no es de los que más entusiasman. Quizá por eso el precavido Neymar reitere que no pretende brillar, sino ganar. Y recuerda que la responsabilidad por los resultados, tanto positivos como negativos, no puede recaer sobre un solo jugador.

 

Es justo lo que él dice. Ocurre que es el gran ídolo de la selección, y de los ídolos se pide todo, sin concesiones.

 

Este sábado empieza otro torneo importante. Luego de los japoneses vendrán los mexicanos y, por fin, los italianos. Y llegará la segunda etapa. Es decir, no faltará tensión en el país que no inventó el futbol pero supo llevarlo a alturas inauditas.

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  • Antetítulo Tensión en el país que catapultó el futbol
  • Autor Eric Nepomuceno
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Sábado, 15 de Junio de 2013 07:07

ALCA II

La Declaración de Lima se presentó en abril de 2011, luego se firmó El Acuerdo Marco de Antofagasta, en junio de 2012, para irrumpir con fuerza la Alianza del Pacífico con la Cumbre de Cali del 23 de mayo pasado en el tablero regional. La integran Colombia, Chile, Perú y México. En ese último encuentro de los presidentes de esos países fueron aceptados en calidad de observadores Ecuador, El Salvador, Francia, Honduras, Paraguay, Portugal y República Dominicana, que se unieron a España, Nueva Zelanda, Guatemala, Australia, Japón, Uruguay y Canadá, que ya lo eran. Costa Rica solicitó ser incorporado como miembro pleno. En la Declaración de Cali definieron la desgravación total de aranceles para el 90 por ciento del universo de bienes comercializados entre sus economías, y para el 10 por ciento restante se proponen alcanzar arancel cero en los próximos siete años. Ya han eliminado requisitos de visado para los ciudadanos de cada uno de los países miembro y proclamaron la aspiración de avanzar rápidamente hacia la creación de un mercado común. Un aspecto no menor es que los cuatro integrantes de la Alianza del Pacífico han suscripto en forma bilateral un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos. Mientras Brasil no asume con convicción un liderazgo positivo en la región y las instituciones de integración latinoamericana (Unasur, Mercosur, Alba, Celac) exhiben una inédita armonía política con escasos avances en materia económica y financiera en un contexto internacional complicado, emerge de la mano de Estados Unidos el proyecto ALCA II.

 

En noviembre de 2005, en la Cumbre de Mar del Plata, América latina, liderada por Lula, Chávez y Kirchner, clausuraron el proyecto de liberalización comercial ALCA impulsado por el presidente de Estados Unidos, George W. Bush. Transcurrieron siete años desde entonces, y la potencia mundial volvió a posar su mirada en Latinoamérica, motivada por la creciente presencia en la región de la potencia emergente, China. El segundo período del gobierno de Barack Obama comenzó con una agenda más activa vinculada con su área de influencia más cercana.

 

En Alianza del Pacífico: ¿El nuevo club neoliberal?, publicado en la red alainet, José Fortique explica que algunos especialistas en el tema geopolítico señalan que la nueva estrategia de los Estados Unidos con los Tratados de Libre Comercio es contener a China, que ha mostrado su fuerza con una diplomacia activa a nivel global. “La creciente inversión china en América latina en sectores mineros y energéticos se ha diversificado a la infraestructura”, indica, agregando que con abundancia financiera ha permitido a algunos países escapar del Fondo Monetario Internacional. Fortique plantea que el objetivo de la Alianza del Pacífico es el regreso “al proceso de reestructuración neoliberal de los ’70 a los ’90, como alternativa al proteccionista modelo de industrialización por sustitución de importaciones”.

 

En términos geopolíticos y económicos, el proyecto de construir otro canal de comunicación entre los océanos Atlántico y Pacífico en Nicaragua por parte de empresas chinas invirtiendo 40 mil millones de dólares a cambio de administrar la concesión por 50 años prorrogable por otro período similar, expone en toda la dimensión la disputa que se desarrolla en un territorio considerado de exclusiva influencia estadounidense. La relevancia del futuro Canal de Nicaragua queda en evidencia recordando el espacio clave en varios aspectos que tuvo el Canal de Panamá para Estados Unidos.

 

La Alianza del Pacífico marca el regreso con fuerza de la idea de la apertura pasiva al comercio mundial, reservando para América latina el papel de proveedora de recursos naturales, materias primas agropecuarias y alimentos. Con amplio apoyo de corrientes conservadoras y de grandes medios de comunicación, tiene asegurada su publicidad como la estrategia para alcanzar la bonanza en los países de la región. Colombia, Perú, Chile y México son economías exportadoras de petróleo o minerales, promotores del libre comercio y de políticas económicas ortodoxas. Economías de rápido crecimiento abrazando la globalización sin avances sustanciales en materia social ni en mejoras en la distribución del ingreso. El Producto Bruto Interno conjunto suma unos dos billones de dólares, 35 por ciento del total de América latina, un poco por debajo del contabilizado por Brasil, la potencia regional.

 

En la partida que disputan Estados Unidos y China en América latina, con la Alianza del Pacífico como un peón más de ese tablero, el comportamiento de Brasil es vital en la definición del rumbo de la integración latinoamericana. El permanente bombardeo al Mercosur es una señal de alerta, facilitado por un par de años de crecimiento muy bajo de Brasil y Argentina que provoca complicaciones al proyecto de integración. El establishment y la intelectualidad tecnocrática brasileña proponen desestimar las situaciones relativas de los socios del bloque porque sostienen que de ese modo Brasil está perdiendo relevancia política y económica en el continente, sugiriendo entonces un acercamiento a Estados Unidos. En ese fuego cruzado, Brasil necesita reafirmar su liderazgo regional para poder ser reconocido como tal en el escenario mundial de multipolaridad que tiene al grupo BRIC (Brasil, Rusia, India y China) como protagonista. Para ello, transitar un camino parecido al de la Alianza del Pacífico lo desplazaría a ser un actor subordinado de la política comercial y exterior de Estados Unidos, mientras que mantener su actual estrategia pone en tensión las estructuras de integración regional. En estos años, Brasil está imitando el comportamiento de Alemania con el resto de los países europeos: busca preservar e incluso aumentar el superávit comercial con sus socios y dilata el despliegue de los proyectos de construir una estructura financiera regional.

 

En El Cisma del Pacífico, publicado en la red sinpermiso.info, el profesor de política económica en la Universidad Federal de Río de Janeiro José Luis Fiori explica que históricamente el proyecto de integración regional “nunca fue una política de Estado, yendo y viniendo a través del tiempo como si fuese una utopía ‘estacional’ que se fortalece o debilita dependiendo de las fluctuaciones de la economía mundial y de los cambios de gobierno dentro de la propia América del Sur”. Apunta que durante la primera década del Siglo XXI los nuevos gobiernos del continente, que caracteriza de izquierda, sumados al crecimiento generalizado de la economía mundial –entre 2001 y 2008– reavivaron y fortalecieron el proyecto integracionista, en particular el Mercosur, liderado por Brasil y Argentina. Fiori destaca que después de la crisis de 2008 ese escenario cambió. “América del Sur se recuperó rápidamente, empujada por el crecimiento chino, pero este éxito de corto plazo trajo de vuelta y viene agudizando algunas de las características seculares de la economía sudamericana, que siempre obstaculizaron y dificultaron el proyecto de integración, como el hecho de ser una sumatoria de economías primarioexportadoras paralelas y orientadas por los mercados externos.” América latina, con Brasil ejerciendo un liderazgo ambicioso para la construcción colectiva de la integración, no para fortalecer su carácter de potencia hegemónica regional, enfrenta un reto mayúsculo: desafiar el destino de ser un actor pasivo en la división internacional del trabajo definida por las viejas, actuales y nuevas potencias mundiales, quedando Brasil en la condición de “periferia de lujo”, como describió Fiori, o trabajar en la profundización de la integración productiva industrial y construcción de una arquitectura financiera regional. La primera opción tiene como desenlace el ALCA II.


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  • Antetítulo PANORAMA ECONOMICO
  • Autor Alfredo Zaiat
  • País
  • Región Amércia Latina
  • Fuente Página12
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Publicado en Internacional

Aunque fundado en 2007 en Buenos Aires, este miércoles en Caracas tuvo lugar la primera reunión operativa del Banco del Sur, un fondo de desarrollo que financian los gobiernos de Argentina, Bolivia, Brasil, Ecuador, Uruguay y Venezuela. Los ministros de Economía y representantes de esas naciones, junto a los cancilleres de Ecuador, Ricardo Patiño, y de Venezuela, Elías Jaua, participaron en el I Consejo de Ministros de la entidad, legado de los dos mandatarios, ya difuntos, que la impulsaron, Néstor Kirchner y Hugo Chávez.


 
“Una red de silos, la interconexión eléctrica, una red vial para toda Sudamérica”, son ejemplos que el canciller ecuatoriano ofreció, a la salida de la reunión en la sede del Banco Central de Venezuela (BCV), sobre las obras de infraestructura que el nuevo fondo se propondría costear. Son lineamientos que se corresponden con los propósitos estatutarios del banco: “el financiamiento del desarrollo de sus Estados miembros, la reducción de las asimetrías entre ellos y el fortalecimiento de la integración”.


 
La reunión del denominado I Consejo de Ministros fue antecedida por dos días de negociaciones entre técnicos de los seis países. Todavía quedan por afinar detalles operativos. De acuerdo al ministro venezolano de Economía, Nelson Merentes, el Consejo de Administración del banco deberá tener su primera sesión en menos de 15 días.


 
Trascendió que se espera completar un fondo de 20.000 millones de dólares entre los aportantes para financiar los programas del banco, que tendría un capital pagado de 10.000 millones de dólares. No obstante, el desembolso inicial de los accionistas montaría a los 7.000 millones. “Ha nacido el Banco del Sur por la voluntad de nuestros pueblos de tener presidentes independientes, soberanos”, se felicitó Elías Jaua, el ministro venezolano de Exteriores, “con una noción muy clara de que la superación de la pobreza y del subdesarrollo solo podrá ser obra de los pueblos sudamericanos“.


 
El banco tendrá Caracas por sede, en reconocimiento al papel que cumplió el expresidente Hugo Chávez en su promoción. El desaparecido comandante concebía la institución no sólo como una palanca financiera de desarrollo sino, sobre todo, como receptora de las reservas monetarias de las naciones del subcontinente, en claro desafío al circuito trasnacional de custodia de reservas en monedas duras del norte. En su momento, Chávez también forzó la creación del Sucre, un sistema de compensación o canasta de monedas para las transacciones internacionales entre los países que conforman la llamada Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA).

 

Por Ewald Scharfenberg Caracas 13 JUN 2013 - 02:04 CET

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  • Antetítulo
  • Autor Ewald Scharfenberg
  • País Venezuela
  • Región Sur América
  • Fuente El País
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La relación entre Estados Unidos y China ilustra, en buena medida, el diapasón de la economía mundial, con crecientes disputas regionales y desacuerdos globales (ONU, G20, FMI, OMC, etc.), a partir de la crisis. La reciente gira del presidente chino Xi Jinping por la Cuenca del Caribe ratifica el interés por la región y su papel hemisférico como pivote geopolítico, en lo que se podría considerar un espacio de disputa frente a Estados Unidos.

 

China, con la mira puesta en el exterior para consolidar su estrategia de transformación de modelo económico busca afianzar su sistema de alianzas a través de una política exterior defensiva sustentada en el soft power, esto es, en la utilización de instrumentos no ofensivos que incluyen la cultura y los valores cívicos como baluartes de su "ascenso pacífico" y "desarrollo compartido". La visita del primer ministro Li Keqiang a Alemania, anterior a la visita de Xi, muestra su observación del juego estadounidense de aislarlos a través de las negociaciones de la Asociación Transpacífico [TPP, Trans-Pacific Parthnership] en el Atlántico.

 

Dentro del Caribe, Trinidad y Tobago cuenta con pletóricas reservas de gas y petróleo. Con la reciente explotación de yacimientos de hidrocarburos de esquisto [shale] en Estados Unidos, los intereses parecen converger con China de manera natural como mercado sustituto. De paso por Puerto España, prometió un fondo para los miembros del CARICOM (Barbados, Bahamas, Dominica, Granada, Guyana, Jamaica, Surinam y Antigua y Barbuda) y crea suspicacias diplomáticas con el anuncio de Hong Kong de crear un canal inter-oceánico alternativo al canal de Panamá que conecte el Pacífico.

 

Costa Rica, aunque no posee grandes reservas de recursos naturales, es el único país de la región centroamericana que reconoce a China. Con la firma de acuerdos de cooperación económica, Xi parece dispuesto a lubricar las resistencias de sus homólogos centroamericanos. Recordemos que este país ha pedido su ingreso a la Alianza del Pacifico hace pocas semanas, tras la visita de Obama.

 

México, por su parte, es el destino de mayor importancia de la gira.[1] Además de ser la economía más grande de la región visitada, es el socio tradicional de Estados Unidos; en contraste con China, país con el que mantiene país con el que mantiene un desequilibrio comercial que es diez veces las exportaciones de México a China. La modificación de la relación bilateral a carácter de "asociación estratégica integral" destraba la exportación de carne de cerdo y tequila con miras a ampliar las exportaciones de petróleo, minerales y oro, otorga líneas de crédito flexible a la empresa mexicana Pemex.[2] Sin embargo, no se descarta que China pretenda convertir a México en plataforma de re-exportación para ingresar al mercado estadounidense[3], si bien cabe la posibilidad de que ambos países (China y México) construyan cadenas intra-industriales en el mediano plazo.

 

Finalmente, con Estados Unidos, China inaugura una "una nueva relación entre grandes potencias". A los temas tradicionales en materia política (derechos humanos, programa nuclear en Corea del Norte, Tíbet y disputas regionales en el Mar del Sur y Este de China) y económica (sobrevaluación del reminbi, déficit gemelos estadounidenses, propiedad intelectual) se agregan la ciber seguridad[4],–China cuenta ya con la súper computadora más rápida del mundo destronando a Estados Unidos–, empañado por el espionaje de China a sus ciudadanos contrastando con el que Estados Unidos le hace al mundo entero y un nuevo ímpetu del triángulo geoeconómico formado por Estados Unidos, América Latina y China después de que la economía mundial pasara de dos, a tres velocidades.

 

En suma, mientras el cerco estadounidense contra China incluye la Alianza del Pacífico y su apéndice global, el TPP; para Xi Jinping, América Latina representa "años dorados" en lo económico –con Europa fuera de marcha– y no vacila en pivotear alianzas alrededor del mare nostrum estadounidense y hacia ambos lados del Río Bravo.

 

Oscar Ugarteche

Economista peruano, trabaja en el Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM, México. Miembro del SIN/Conacyt. Coordinador del Observatorio Económico de América Latina (OBELA) www.obela.org y presidente de ALAI www.alainet.org

Ariel Noyola Rodríguez

Miembro del proyecto OBELA, IIEC-UNAM. Contacto: Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla

 

[1] Consúltese el sitio del Woodrow Wilson Center, en .

[2] Vargas, Elvira. "Pactan Peña Nieto y Xi Jinping una asociación estratégica integral" en La Jornada, en . Fecha de publicación: 05-06-2013.

[3] S/A. "Xi Jinping in America's backyard: From pivot to twirl" en The Economist, en . Fecha de publicación: 08-06-2013.

[4] McGregor, Richard. "Obama and Xi talks tackle cyber security" en The Financial Times, en . Fecha de publicación: 09-06-2013.

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  • Autor Oscar Ugarteche, Ariel Noyola Rodríguez
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  • Región América Latina y El Caribe
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