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El filósofo Enrique Dussel, profesor de la Universidad Nacional Autónoma de México e investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana, considera que para el momento de maduración en el que se encuentran los procesos latinoamericanos, con una mayoría de gobiernos electos de centro-izquierda, es esencial la construcción de una teoría para la realidad actual. Teoría de liberación, innovadora, crítica, creativa, que elabore no sobre la destrucción del Estado, como lo pensaron los marxistas clásicos, sino que dote de contenidos de democracia participativa a los poderes políticos que hoy gobiernan.

Sostiene, a contracorriente de otros influyentes pensadores, como el irlandés John Holloway, de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (Cambiar el mundo sin tomar el poder) o el italiano Antonio Negri, de la teoría de la resistencia, que el asunto, actualmente, no es criticar al Estado, sino hacer un Estado que sea útil a la gente.

Dussel se define como filósofo de la liberación “que es –explica– una tradición filosófica latinoamericana, no es escuela de ninguna otra”, un cuerpo de ideas y obras que un grupo de filósofos vienen pensando desde los años 70. Aunque hay intelectuales que encuentran esto pretencioso. Con los decenios se irá viendo si tuvimos razón o no.

Dussel (Mendoza, Argentina, 1934) recibió recientemente en Caracas el Premio Libertador al Pensamiento Crítico, que otorga el gobierno de Venezuela a las obras de creación de teoría para la realidad latinoamericana actual. Es el galardón más importante de América Latina, tanto por las obras y los pensadores reconocidos como por su monto económico. Se premió un trabajo publicado ya en dos tomos, Política de la liberación. Un tercer capítulo viene en camino.

Poder obedencial

Apenas inicia la entrevista, el maestro aborda, entusiasta, el tema que ha ocupado en semanas recientes, por derecho propio, las primeras planas de los diarios: las filtraciones de Wikileaks. “Es un fenómeno histórico mundial. Las trasnacionales que controlan el movimiento del dinero –Visa y Mastercard– clausuran las cuentas a la organización Wikileaks en represalia. Y al día siguiente más de 40 mil ciudadanos de buena voluntad también las bloquean a ellas. ¡En menos de 24 horas organizaron una acción que puede paralizarlas completamente! Esta es una expresión de participación política en los medios de la revolución tecnológica. Son cosas muy nuevas que todavía no se han procesado en filosofía política. Lo veo como una muestra de lo que Evo Morales llamó la democracia obedencial”.

Es, insiste, todo un salto: La revolución de los medios electrónicos equivale al momento en que apareció la máquina de vapor y detonó la revolución industrial. Esta es una revolución política, porque este medio va a cambiar el proceso de la producción de decisiones políticas. Ahora la gente puede ponerse en contacto y participar en la toma de decisiones de una manera increíble e instantánea. Eso nunca había pasado.

En el primer tomo de su Política de liberación, historia mundial y crítica, Dussel parte del origen de la filosofía que no es eurocéntrica ni helenocéntrica, sino que nace en Mesopotamia, India, China, Egipto y concluye con unas reflexiones sobre “el sentido que le ha dado Evo Morales al poder, poder obedencial”.

–¿Porqué obedencial?

–Mirando hacia lo que significan los gobiernos de Evo Morales, Hugo Chávez, Rafael Correa o Luiz Inacio Lula da Silva, es absurdo plantearles la disolución del Estado. Hay que tener una visión completamente distinta de la política, aun revolucionaria.

Tiempo de gobernar desde la izquierda

–¿Hacia dónde debe dirigirse la crítica, entonces?

–Tradicionalmente la izquierda hizo crítica al poder político como dominación. Yo digo: el poder político no es de dominación, reside en el pueblo, consiste en el consenso del pueblo. Las instituciones no son el lugar del ejercicio del poder, se les ha delegado. Cuando las instituciones creen que son la sede, ese es el fetichismo. Cuando un presidente dice, como dijo Felipe Calderón, tengo el monopolio del poder, se equivoca, se ve que no tiene mucha instrucción. El Estado tiene el uso de la violencia legítima, pero el único que tiene el monopolio del poder es el pueblo. Toda institución del Estado tiene el ejercicio delegado y eso Evo Morales, siguiendo en la línea de los zapatistas de Chiapas, le llamó el poder obedencial.

–Esta referencia cruza algunas contradicciones: recuerda la brecha que hay hoy en Ecuador entre el presidente Rafael Correa y el movimiento indígena. O el caso del movimiento zapatista, que cuando llegó a la presidencia el primer gobernante indígena en Bolivia, ellos no se vieron reflejados en él.

–Yo lo que he diferenciado es el poder, que reside en el pueblo y las instituciones. Por eso el Movimiento de los Sin Tierra, en Brasil, que es crítico, dice: miren, Lula no fue lo ideal, pero lo apoyamos. Y cuando traicione lo vamos a criticar, pero es el mal menor. Otros dicen: es el mal, y se oponen frontalmente. Pero hay cierta oposición de la extrema izquierda que se toca con la extrema derecha.

Lo que yo digo es que en la actual coyuntura latinoamericana, la izquierda tiene la responsabilidad de ejercer el poder en favor de un pueblo. Las instituciones pueden intentar servir al pueblo o pueden ser represivas. No es un hecho a priori que las instituciones son dominación siempre.

La democracia representativa y el poder obedencial deben ser fiscalizados. La representación es necesaria, porque no puede hacerse todo por democracia directa; los 112 millones de mexicanos no podemos estar en asamblea permanente. Hay que tener representación. Pero la representación finalmente se corrompe si no es fiscalizada.

Ahora, gracias a los medios electrónicos, tenemos por primera vez en la historia humana un instrumento de redes que permite la organización de esa participación fiscalizadora. Hay movimientos sociales, como el zapatismo, que tienen gran sensibilidad sobre la participación. Porque ahí es donde se expresa la voz del pueblo. Pero hay que repensar la representación en un momento creativo. No hay que confundir los tiempos, hay un tiempo para criticar y un tiempo para gobernar. Y estamos en el tiempo del gobierno en América Latina.

Urgen nuevas teorías para el siglo XXI

–El problema es cuando la corrupción llega demasiado pronto.

–Pero esa es la condición humana. Eso no va a desaparecer nunca. El que ejerce el poder tiene muchas tentaciones de aprovecharse. Para eso hay que crear organismos de participación para fiscalizar.

–¿Qué teorías le dan cuerpo a lo que Chávez llama el socialismo del siglo XXI.

–Este es un momento esencial para la construcción de la teoría en toda América Latina. Hay categorías que ya no nos alcanzan para una realidad compleja, hay que renovar todo. Se necesita una nueva teoría, pero que no sea pura imitación de lo que se dijo ya hace siglo y medio.

Dussel cita algunas fuentes importantes para la construcción del pensamiento latinoamericano actual: Theotonio dos Santos, Immanuel Wallerstein, Franz Hinkelammert, Boaventura de Souza, Hugo Zemelman, el húngaro István Mészáros. Y añade el pensamiento aymara y el zapatismo, que no forman parte de las teorías clásicas.

“Tenemos mucho que recuperar de esos pueblos, que antes la izquierda no supo considerar. En 1994 el zapatismo fue una conmoción para muchos intelectuales. El asunto es tener una visión de pueblo que no sea populista, que suponga articular la clase y las etnias indígenas dentro del pueblo. Y eso es una explosión teórica, porque ¿qué hacer con el imaginario de los pueblos, que son relatos religiosos míticos? La izquierda era tradicionalmente atea y veía como retrógrado ese imaginario. O decir, dentro del imaginario, como señala Ernst Bloch, que en el Principio esperanza toma los mitos, que llama como el sueño despierto de la humanidad, y dice: hay unos que son de dominación y otros que son de liberación.

Por Blanche Petrich
Publicado en Internacional
Domingo, 21 de Junio de 2009 11:03

Entre cuatro paredes

Dos análisis han sido muy difundidos, ambos incorrectos: uno cree que la crisis actual llevó al fin del neoliberalismo y condena al propio capitalismo a la  muerte. El otro afirma que todos los intentos actuales – especialmente los latinoamericanos – de superación del neoliberalismo fracasaron o tienden a fracasar, “traicionando” los mandatos que recibieron.

Parecen análisis contrapuestos, pero son funcionales uno al otro. Porque remiten a la idea de que las condiciones de superación del capitalismo están dadas, solo que no se realizan por la “traición de las direcciones políticas”, burocráticas y/o corruptas, cooptadas por la burguesía y por el capitalismo.

Además de equivocados, ambos análisis sirven de excusa para las derrotas de la izquierda: son siempre derrotas “de los otros”.  Se quedan en la eterna e indispensable tarea de la denuncia, tanto de la represión, como de las “traiciones”. Pero los sectores más radicales se consideran inmunes a las derrotas, como si al no aprovecharse la crisis del capitalismo y el agotamiento del neoliberalismo para construir alternativas de izquierda capaces de disputar hegemonía, no estaríamos siendo todos derrotados.

O los argumentos de la izquierda están equivocados – y la realidad insiste en probar que lo que dicen no es verdad, cuando se avanza es por la izquierda y las propuestas de derecha están asociadas a la  generación de la crisis – o hemos sido incapaces de convencer y de ir hacia la construcción de fuerzas alternativas que traten de transformar esas ideas en fuerza concreta – económica, social, política, ideológica. Tal vez las posiciones concretas de la izquierda o no sean lo suficientemente concretas como para llegar a las personas o estén equivocadas en su forma. Tal vez se exorbite en el radicalismo verbal y eso lleva a la izquierda al aislamiento y al doctrinarismo,  cerrándose sobre si misma, apegándose excesivamente a la teoría y aprendiendo poco de las formas siempre nuevas y heterodoxas de la realidad concreta. Tal vez se privilegien las palabras, la doctrina, en relación a la realidad concreta, olvidándonos de que la verdad es siempre concreta.

“La teoría, cuando penetra en las masas, se vuelve fuerza material” – decía Marx. Su pensamiento pretende ser al mismo tiempo interpretación del mundo y su transformación radical. Las palabras que no se transforman en fuerza material, que no sensibilizan, que no llegan al pueblo y no son asumidas por este como vector de movilización y proyecto de transformación de la realidad, permanecen palabras, teorías, doctrinas.

Por eso un marxista es necesariamente, al mismo tiempo, teórico y dirigente político, intelectual y militante, de forma indisoluble.

Cuantos mas sectores de la izquierda consideran que los proyectos actualmente existentes son todos cooptados por la burguesías, proyectos de una “nueva derecha” disfrazada de izquierda, etc., etc., mas deberían sentirse derrotados y desmoralizados. Porque creen ciegamente que tienen razón, pero nunca consiguen triunfar, no consiguen convencer a los amplios sectores del pueblo de sus propuestas. Deberían sentirse mas derrotados que todos. No obstante,  exhiben soberbia frente a las derrotas, parece que las derrotas son de los otros. (Como en el caso de la obra de Sartre, “Entre cuatro paredes”, en que “el infierno son los otros").

Muchas veces sectores de la izquierda colocan como objetivo la disputa del espacio dentro de la izquierda, la demostración de fuerza de que tienen mas fuerza que otros grupos de izquierda, cuando el objetivo fundamental es construir y disputar hegemonía en la sociedad como un todo. Tantas veces reina el placer cuando se considera que tal persona o tal grupo habría “capitulado”, cuando deberían sentir  tristeza, porque – en caso de que sea realmente así – es una persona o un sector más que abandonaría la izquierda, reflejando nuestra incapacidad de conquistarlos.

A veces da la impresión de que se considera que el género humano está condenado a la traición y cada vez que se considera que eso sucede, genera una especie de satisfacción interior, al constatar que mas y mas gente muerde la manzana del pecado y de las garras de la cooptación del capitalismo.

El debate ideológico dentro de la izquierda se debe dar en función del objetivo mayor de construcción de alternativas de izquierda, no de ver quien triunfa en el marco cerrado de la izquierda. Si no el campo quedará libre para que la derecha decida quien gobernará – y lo hará siempre contra la izquierda y el campo popular.

Emir Sader en Carta Maior 
Traduccion Insurrectasypunto
Publicado en Internacional

“No se puede separar mecánicamente las cuestiones políticas de las cuestiones de organización”. (Lenin, Discurso de cierre del 11° Congreso del Partido Comunista de Rusia, citado por Lukacs en el prólogo de su ensayo “Notas metodológicas sobre las cuestiones de organización”, en “Historia y conciencia de clase”)

El marxismo fue concebido como teoría transformadora de la realidad. Por esa razón, sus primeras grandes expresiones – Marx, Engels, Lenin, Trotsky, Rosa Luxemburgo, Gramsci, – fueron, al mismo tiempo, indisolublemente, teóricos y dirigentes revolucionarios. Sus análisis y denuncias estaban comprometidos con captar el núcleo de lo real con sus contradicciones como motores de la realidad, para poder comprenderla en su dinámica y descifrar sus alternativas. Su trabajo teórico estaba intrínsecamente comprometido con proyectos de transformación concreta y radical de la realidad.

De ahí esa identidad indisoluble entre trabajo teórico y dirección política revolucionaria, práctica intelectual y trabajo partidario, las fronteras entre sus actividades como teóricos y como dirigentes revolucionarios eran tenues, al punto que la primera sistematización de la idea del comunismo – el Manifiesto Comunista – fue encomendada políticamente y sirvió como documento básico del primer partido internacional de los trabajadores.

A partir del fenómeno que Perry Anderson llamó“marxismo occidental” (Nota: in Anderson, Perry, Afinidades selectivas, Boitempo Editorial), - resultado de la combinación negativa de la estalinización de los partidos comunistas y de la represión fascista – pasó a haber una ruptura entre teoría y práctica, retornando, ahora sobre el marxismo, la imagen del intelectual desvinculado de la práctica política, con la correspondiente autonomización del discurso teórico.

Las estructuras partidarias, hegemonizadas por el estalinismo, bloqueaban elaboraciones y debates teóricos y políticos alternativos, haciendo que se produjese una nueva figura en el marxismo: el intelectual desvinculado de la práctica política. Su correlato fue la práctica política partidaria desvinculada de la elaboración teórica.

Inevitablemente el análisis y la denuncia pasaron a predominar sobre las propuestas, las alternativas. Hubo un desplazamiento de los temas, pero también un desplazamiento a favor de la teoría desvinculada de la práctica política. Práctica política sin teoría, teoría sin práctica – los dos problemas pasaron a pesar como un karma sobre el marxismo y la izquierda.

La práctica política de la izquierda tendió al realismo, al posibilismo, al abandono de la estrategia, mientras que la teoría marxista tendió al intelectualismo, las visiones especulativas, de simple denuncia, de polémicas ideológicas en torno a los principios, sin desdoblamientos prácticos.

En las décadas más importantes hasta aquí de su trayectoria – de los años 20 del siglo pasado en adelante -, la izquierda no pudo contar con la articulación entre sus mejores intelectuales para elaboraciones que contribuyesen directamente a enriquecer su práctica política y, al mismo tiempo, un período de extraordinaria riqueza en la elaboración teórica del marxismo, no estuvo directamente articulada con la práctica, enriquecida por ella y apuntando a temas y relaciones concretas de fuerza.

La afirmación de Lenin que encabeza este artículo remite exactamente a eso: no existe un momento de elaboración teórica y después un momento de aplicación concreta de las conclusiones teóricas. El marxismo articula intrínsecamente la política y las cuestiones de organización, como una de las expresiones de la articulación entre teoría y práctica. Un análisis marxista que no se articule con proyectos de transformación revolucionaria, castra el marxismo de su diferencia específica en relación a todas las otras teorías.

Un intelectual que se dice marxista y no articula su pensamiento con la práctica político-partidaria, no asume el marxismo como pensamiento dialéctico, como motor de la práctica política concreta. Corre todos los riesgos de autonomizar la teoría, de despreciar las relaciones de fuerza políticas, de no captar los movimientos reales de la historia. Fue lo que afectó al marxismo occidental, que no se pudo aliar a la inmensa creatividad teórica de los autores que pueden ser incorporados en esa categoría, a la transformación de esa teoría en fuerza material, por la penetración en las masas – conforme la afirmación de Marx. Perdió la teoría su dimensión transformadora, perdió la práctica política la inmensa capacidad analítica de la teoría.

Esa desarticulación es políticamente grave, siendo responsable por un fuerte y reiterado sentimiento de parte de los intelectuales, que se reivindican legítimos representantes de la teoría, que pretenden expresar en estado puro, que tienen razón contra el bastardeo de la política. (El propio Lukacs expresó eso de forma conciente en el nuevo prefacio de Historia y conciencia de clase, cuando confiesa que sentía que siempre había tenido razón y siempre había perdido políticamente, deduciendo que debía alejarse de la política.) Que, en realidad, entre la teoría y la realidad – siempre heterodoxa – se quedan con la teoría y se aíslan de la práctica, de los caminos reales de la historia concreta.

Esa distancia se torna todavía más grave cuando el mundo vive situações inéditas – hegemonía capitalista e imperial global, junto la exhibición clara de sus debilidades y de retroceso de los llamados factores subjetivos de la construcción de alternativas anticapitalistas -, en que la reflexión teórica articulada con la práctica política se torna todavía más indispensable.

El refugio de sectores de la intelectualidad en la denuncia de capitulaciones políticas, sin capacidad de proponer alternativas, y la trayectoria empírica, de adaptación a las correlaciones de fuerza desfavorables por parte de fuerzas políticas, constituye un cuadro negativo, desfavorable a la construcción de soluciones superadoras de la enorme crisis hegemónica que viven nuestros países y el mundo globalizado.

El ejemplo dramático de Venezuela es muy significativo, en que un proceso político innovador, valeroso, se choca con la oposición frontal de casi la totalidad de la intelectualidad universitaria. Mientras esta se divide entre un “denuncismo” de izquierda, sin injerencia política y capacidad propositiva alternativa, el proceso político siente el efecto de una capacidad reflexiva vinculada a su práctica para contribuir a encarar sus dilemas y a definir su futuro.

Pero el fenómeno se extiende, de manera más o menos similar, en todo el continente. Un brillante pensamiento crítico no acostumbra estar acoplado a la práctica política, mientras fuerzas políticas nuevas tienen dificultades para encarar los nuevos desafíos políticos, en sus dimensiones teóricas. Se trata de valorizar la reflexión teórica, acoplada orgánicamente a la práctica política, y de enriquecer la práctica política, iluminada por la reflexión teórica.

Ejemplos de la articulación entre capacidad de elaboración teórica y de dirección política fue, en América Latina, el chileno Luis Emilio Recabarren, el cubano Julio Antonio Mella, el peruano José Carlos Mariategui y, más recientemente, el brasileiro Ruy Mauro Marini y el boliviano Álvaro García Linera – demostrando la factibilidad de esa articulación y de como ella fertiliza tanto la creación teórica, cuanto la práctica política.

La imagen del marxista universitario, desvinculado de la práctica política es una contradicción en términos, una incoherencia, de la misma forma que dirigentes políticos marxistas que no sean al mismo tempo intelectuales revolucionarios. El punto de vista del marxismo es un punto de vista de partido, desde un partido, desde la acumulación de fuerzas para un objetivo estratégico, programático.

No se trata de defender la teoría como canon teórico intocable, sino de rescatar el marxismo como metodología – su única dimensión ortodoxa, según Lukacs -, de crítica y de superación de la realidad existente.

Emir Sader
Carta Maior

Traducción: Insurrectasypunto
Texto original en portugués: www.cartamaior.com.br


 

Publicado en Internacional
Miércoles, 09 de Septiembre de 2009 11:41

Teoría crítica un paradigma sistémico

Somos nosotros mismos quienes hacemos nuestra historia, pero la hacemos en primer lugar según premisas y condiciones muy concretas. Unas condiciones dentro de las cuales, las económicas deciden en última instancia. Pero asimismo, desempeñan su papel, así no sea decisivo, las condiciones políticas y culturales, y… hasta la tradición que merodea como un duende en las cabezas de hombres y mujeres. Sólo cuando los seres humanos hayan reconocido y organizado sus fuerzas propias como fuerzas sociales, se consumará la emancipación humana. Es decir, cuando la sociedad regule consciente, global, libre y responsablemente la producción y la reproducción de su existencia.

Proceso que requiere y demanda organización social alternativa, la que para ser realidad en nuestro país, aquí y ahora, exige una dinámica de reconstrucción de los tejidos sociales, el cual debe pasar por una acción radial que retome múltiples experiencias, afronte las consecuencias del prolongado exterminio social, supere las dispersiones, reconstruya programas y potencie acción directa. Una estrategia, una iniciativa, para ser gobierno y ser poder, en la cual el reconocimiento del vacío teórico, y por tanto, la necesidad de superarlo, es factor fundamental. Una praxis que rompe el defensismo, da cuenta del pragmatismo, aisla el reformismo y genera confianza en la población sobre otros mundos posibles.

En el presente documento especial de ediciones desde abajo, Libardo Sarmiento Anzola aborda el desarrollo de la conciencia integral y los fundamentos de la teoría crítica. Igualmente, sus características, procesos y retos a que se enfrenta con mayor exigencia en las últimas décadas, así como los dilemas planteados por la izquierda darvinista y el complejo desarrollo científico contemporáneo para el conjunto del movimiento social, en la perspectiva de reconstruir su praxis global.

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Teoría crítica un paradigma sistémico

Somos nosotros mismos quienes hacemos nuestra historia, pero la hacemos en primer lugar según premisas y condiciones muy concretas. Unas condiciones dentro de las cuales, las económicas deciden en última instancia. Pero asimismo, desempeñan su papel, así no sea decisivo, las condiciones políticas y culturales, y… hasta la tradición que merodea como un duende en las cabezas de hombres y mujeres. Sólo cuando los seres humanos hayan reconocido y organizado sus fuerzas propias como fuerzas sociales, se consumará la emancipación humana. Es decir, cuando la sociedad regule consciente, global, libre y responsablemente la producción y la reproducción de su existencia.

Proceso que requiere y demanda organización social alternativa, la que para ser realidad en nuestro país, aquí y ahora, exige una dinámica de reconstrucción de los tejidos sociales, el cual debe pasar por una acción radial que retome múltiples experiencias, afronte las consecuencias del prolongado exterminio social, supere las dispersiones, reconstruya programas y potencie acción directa. Una estrategia, una iniciativa, para ser gobierno y ser poder, en la cual el reconocimiento del vacío teórico, y por tanto, la necesidad de superarlo, es factor fundamental. Una praxis que rompe el defensismo, da cuenta del pragmatismo, aisla el reformismo y genera confianza en la población sobre otros mundos posibles.

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Somos nosotros mismos quienes hacemos nuestra historia, pero la hacemos en primer lugar según premisas y condiciones muy concretas. Unas condiciones dentro de las cuales, las económicas deciden en última instancia. Pero asimismo, desempeñan su papel, así no sea decisivo, las condiciones políticas y culturales, y… hasta la tradición que merodea como un duende en las cabezas de hombres y mujeres. Sólo cuando los seres humanos hayan reconocido y organizado sus fuerzas propias como fuerzas sociales, se consumará la emancipación humana. Es decir, cuando la sociedad regule consciente, global, libre y responsablemente la producción y la reproducción de su existencia.

Proceso que requiere y demanda organización social alternativa, la que para ser realidad en nuestro país, aquí y ahora, exige una dinámica de reconstrucción de los tejidos sociales, el cual debe pasar por una acción radial que retome múltiples experiencias, afronte las consecuencias del prolongado exterminio social, supere las dispersiones, reconstruya programas y potencie acción directa. Una estrategia, una iniciativa, para ser gobierno y ser poder, en la cual el reconocimiento del vacío teórico, y por tanto, la necesidad de superarlo, es factor fundamental. Una praxis que rompe el defensismo, da cuenta del pragmatismo, aisla el reformismo y genera confianza en la población sobre otros mundos posibles.

En el presente documento especial de ediciones desde abajo, Libardo Sarmiento Anzola aborda el desarrollo de la conciencia integral y los fundamentos de la teoría crítica. Igualmente, sus características, procesos y retos a que se enfrenta con mayor exigencia en las últimas décadas, así como los dilemas planteados por la izquierda darvinista y el complejo desarrollo científico contemporáneo para el conjunto del movimiento social, en la perspectiva de reconstruir su praxis global.

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Miércoles, 26 de Agosto de 2009 19:39

Primeras jornadas antiautoritarias

Orlando Fals Borda, el académico que caminó siempre al lado de los oprimidos, resalta en su ya famosa Historia doble de la Costa la tradición autonomista y libertaria del pueblo de su litoral. Esta tradición le permitió a la población de Ayapel y Jegua ocuparse, en 1785, de la cosa pública a través del ejercicio del contrapoder popular en los cabildos abiertos y el trabajo comunitario. En este texto, como en muchos otros, Fals Borda describe ese ethos antiautoritario que caracteriza a la resistencia del pueblo colombiano desde la época de la Colonia.

Dicho ethos, muchas veces atropellado y maltratado, sigue presente en la actuación y la resistencia contemporáneas de los movimientos sociales de nuestro país. Encontrándose cada vez más con las prácticas organizativas y las formas de lucha que se expanden a lo largo y ancho de Latinoamérica, gran parte de los movimientos sociales colombianos se enfrenta al capitalismo a través de organizaciones de base que luchan, entre otras cosas, por la vida, la soberanía de los recursos y la permanencia en el territorio. Tales organizaciones, en sintonía con el asamblearismo de los piqueteros argentinos, la acción directa del MST (Movimiento de los Sin Tierra) brasileño y la autonomía del zapatismo, buscan prácticas más horizontales e inclusivas que promuevan la creatividad y la diversidad. Así, el cuestionamiento de las propias formas de organización y de lucha en las diferentes asociaciones revela que la estructura deliberativa y de participación en el interior de las expresiones populares es un tema crucial. Asimismo, en el campo de la formación y la implementación de las políticas públicas, existe hoy en América latina una clara legitimación pública para desarrollar innovadoras prácticas político-administrativas, basadas en un fuerte componente participativo y deliberativo.

Ante este interesante contexto, es preciso buscar y reivindicar espacios para la defensa y la legitimación en lo social, lo político y lo académico de los procesos deliberativos y autoorganizativos, de acción directa, de democracia de base, es decir, de contenidos libertarios y antiautoritarios que producen los movimientos sociales en lucha por su autodeterminación y su emancipación. Se pretende crear así, mediante estas Primeras Jornadas Antiautoritarias, un lugar de encuentro, de ir y venir, entre las experiencias del movimiento social y las reflexiones y análisis académicos para favorecer procesos de aprendizaje mutuo y reforzamiento teórico, político, social y simbólico de las experiencias de autogestión en las luchas sociales, las organizaciones y las prácticas de (auto)gestión pública.

Se propone usar para la celebración de estas Jornadas Antiautoritarias una fecha conmemorativa muy simbólica que corresponde a la fecha del Primer Congreso Internacional Antiautoritario que tuvo lugar en St-Imier (Suiza) los días 15 y 16 de septiembre de 1872, y que marcó la ruptura entre socialismo autoritario y socialismo antiautoritario o libertario, en el contexto de la Primera Internacional de los Trabajadores (AIT).

Lugar: Auditorio Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales, Universidad Nacional, sede Bogotá.
Fecha: 15 y 16 de septiembre Horario: 9 a.m.-12 y 2-5 p.m.
Organizan: Red Libertaria Popular Mateo Kramer & Grupo de Investigación “Análisis de las políticas públicas y de la gestión pública”.
Para más información: www.redlibertariapmk.org.
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Publicado en Edición 149
Miércoles, 26 de Agosto de 2009 19:39

Primeras jornadas antiautoritarias

Orlando Fals Borda, el académico que caminó siempre al lado de los oprimidos, resalta en su ya famosa Historia doble de la Costa la tradición autonomista y libertaria del pueblo de su litoral. Esta tradición le permitió a la población de Ayapel y Jegua ocuparse, en 1785, de la cosa pública a través del ejercicio del contrapoder popular en los cabildos abiertos y el trabajo comunitario. En este texto, como en muchos otros, Fals Borda describe ese ethos antiautoritario que caracteriza a la resistencia del pueblo colombiano desde la época de la Colonia.

Dicho ethos, muchas veces atropellado y maltratado, sigue presente en la actuación y la resistencia contemporáneas de los movimientos sociales de nuestro país. Encontrándose cada vez más con las prácticas organizativas y las formas de lucha que se expanden a lo largo y ancho de Latinoamérica, gran parte de los movimientos sociales colombianos se enfrenta al capitalismo a través de organizaciones de base que luchan, entre otras cosas, por la vida, la soberanía de los recursos y la permanencia en el territorio. Tales organizaciones, en sintonía con el asamblearismo de los piqueteros argentinos, la acción directa del MST (Movimiento de los Sin Tierra) brasileño y la autonomía del zapatismo, buscan prácticas más horizontales e inclusivas que promuevan la creatividad y la diversidad. Así, el cuestionamiento de las propias formas de organización y de lucha en las diferentes asociaciones revela que la estructura deliberativa y de participación en el interior de las expresiones populares es un tema crucial. Asimismo, en el campo de la formación y la implementación de las políticas públicas, existe hoy en América latina una clara legitimación pública para desarrollar innovadoras prácticas político-administrativas, basadas en un fuerte componente participativo y deliberativo.

Ante este interesante contexto, es preciso buscar y reivindicar espacios para la defensa y la legitimación en lo social, lo político y lo académico de los procesos deliberativos y autoorganizativos, de acción directa, de democracia de base, es decir, de contenidos libertarios y antiautoritarios que producen los movimientos sociales en lucha por su autodeterminación y su emancipación. Se pretende crear así, mediante estas Primeras Jornadas Antiautoritarias, un lugar de encuentro, de ir y venir, entre las experiencias del movimiento social y las reflexiones y análisis académicos para favorecer procesos de aprendizaje mutuo y reforzamiento teórico, político, social y simbólico de las experiencias de autogestión en las luchas sociales, las organizaciones y las prácticas de (auto)gestión pública.

Se propone usar para la celebración de estas Jornadas Antiautoritarias una fecha conmemorativa muy simbólica que corresponde a la fecha del Primer Congreso Internacional Antiautoritario que tuvo lugar en St-Imier (Suiza) los días 15 y 16 de septiembre de 1872, y que marcó la ruptura entre socialismo autoritario y socialismo antiautoritario o libertario, en el contexto de la Primera Internacional de los Trabajadores (AIT).

Lugar: Auditorio Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales, Universidad Nacional, sede Bogotá.
Fecha: 15 y 16 de septiembre Horario: 9 a.m.-12 y 2-5 p.m.
Organizan: Red Libertaria Popular Mateo Kramer & Grupo de Investigación “Análisis de las políticas públicas y de la gestión pública”.
Para más información: www.redlibertariapmk.org.
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