Lunes, 06 de Octubre de 2008 15:27

La civilización unidimensional

por  Damián Pachón S.
Vota este articulo
(0 votos)

 

Autor:


Damián Pachón Soto


Prólogo

La civilización actual es una civilización unidimensional. Pero, ¿qué significa esto? La respuesta es compleja. Hoy vivimos en mundo dominado por la ciencia, la tecnología y los medios de comunicación. En el siglo XX la utilización del conocimiento y su aplicación a la ciencia produjo resultados paradójicos: por un lado, el conocimiento científico logró descubrimientos importantes y grandes proezas a favor de la humanidad, pero por otro, la ciencia y su respectiva utilización y aplicación produjo efectos inimaginables sobre la naturaleza y la existencia humana. Así las cosas, el daño ambiental aparece como una de las primeras consecuencias por la utilización desmedida de la ciencia y la tecnología, problema al que se le debe sumar el crecimiento demográfico en el siglo XX. Lo mismo sucedió con la existencia humana, pues la técnica- vista como producto de la ciencia- logró penetrar los abismos más infranqueables del hombre hasta ponerlo bajo su control.

Son estos hechos los que han producido una reiterada crítica al uso de la ciencia y de su aplicación a los procesos productivos. El resultado ha sido una crítica desde el ambientalismo y desde diversos sectores sociales que han abogado por una nueva racionalidad científica, una racionalidad que logre un equilibrio entre la civilización y la naturaleza. Por otro lado, ha aflorado una crítica que problematiza el uso de la ciencia en el campo de la producción y del control sobre la “naturaleza” humana y la existencia de los individuos. Un punto neurálgico es, por ejemplo, su aplicación en el campo de la genética, lo cual podría producir una revolución sin precedentes.

La ciencia contribuyó en el siglo XX a crear un mundo técnico-científico. Un mundo que se caracteriza por la unilateralidad de sus premisas, y que produjo lo que Marcuse llamó: “cierre del universo del discurso”. Este cierre impuso, por otro lado, la emergencia de valores eficientistas, productivos y pragmáticos. Es así como en la civilización actual estos nuevos principios llegaron a su máxima expresión al invadir todos los procesos de la vida del hombre moderno. La noción de una vida cómoda, donde se suplan un cúmulo de necesidades materiales que el mundo capitalista impone, donde el inconformismo y la protesta han sido lentamente desplazados del discurso, es el modelo predominante a inicios del siglo XXI. De tal forma que la unidimensionalidad de la sociedad actual cierra el paso a manifestaciones sociales que antes circulaban libremente. La creación literaria, filosófica y artística aparecen hoy como discursos obsoletos, improductivos, innecesarios. Esto se refleja, por ejemplo, en los modelos educativos, donde la educación técnica se impone en desmedro de la educación humanística. Este tipo de educación es, según esto, la que se requiere para el desarrollo, el progreso y el bienestar de la humanidad. El significado de esta tendencia indica, entre otras cosas, que la vida del hombre actual ha pasado a ser más lineal, más simple, menos rica y gratificante. El hombre ha sido encarcelado en la jaula de hierro, donde las opciones que tiene son pocas, pues debe limitarse, según la actual lógica del capitalismo, a contribuir a la materialización del eficientismo y el pragmatismo reinantes.
El capitalismo actual, cuya eclosión se debe a la aplicación del conocimiento a los procesos productivos y, como lo afirma Manuel Castells, a la información, ha creado un mundo totalmente cerrado, donde el individuo se mueve dentro del sistema con gran parte de su vida y sus aspiraciones prefabricadas, un mundo cerrado donde la igualdad de oportunidades y la igualdad material son sólo espejismos. Sin embargo, y es lo paradójico, el crecimiento de la producción a nivel mundial no ha eliminado las desigualdades sociales producto del sistema, lo cual nos lleva a pensar que el capitalismo en su forma actual no soluciona los problemas básicos de la sociedad, sino que los acrecienta. Los mass-media, por su parte, cumplen cada día un papel más ideológico al promover los valores de una civilización donde la vida humana debe dedicarse a producir y consumir. Los medios de comunicación convierten lo verdadero en falso y lo falso en verdadero, distorsionando la verdad de las realidades políticas y sociales, así han creado una sociedad del espectáculo, irreal, como dice Baudrillard.

Esta civilización unidimensional, aquí brevemente caracterizada, está totalmente descrita en la obra del pensador alemán Herbert Marcuse, quien en las décadas de los cincuenta, sesenta y setenta realizó profundos estudios sobre lo que él denominó la Sociedad Industrial Avanzada, en adelante SIA. Marcuse prefiguró en esos años el rumbo que seguirían las sociedades capitalistas y los mecanismos que utilizaría para auto-reproducirse. Si bien escribió en el contexto de la Guerra Fría y apostó por la realización del socialismo, sus estudios son bastante actuales, pues posibilitan comprender la genealogía del mundo en el cual vivimos hoy.
Herbert Marcuse fue un intelectual alemán miembro de la Escuela de Frankfurt que se fundó en pleno ascenso del nazismo. Su vida intelectual en su país fue fructífera rodeándose de los pensadores más notables de la época, entre ellos, Husserl y Heidegger. En la Escuela compartió trabajo con Theodor Adorno y Max Horkheimer, quienes se convirtieron en promotores de la teoría crítica de la sociedad, una teoría con un gran componente emancipatorio y que dejó un legado intelectual sin precedentes, entre ellos, estudios sobre la familia, el estado autoritario, el totalitarismo, el capitalismo, la crítica de la ilustración. Estos pensadores reflexionaron igualmente sobre el arte, tal como puede apreciarse en la obra de Adorno y de Herbert Marcuse.

La civilización unidimensional es vaticinada por Marcuse gracias, especialmente, a su estadía en Norteamérica, donde permaneció gran parte de su vida junto con sus amigos de la Escuela de Frankfurt, Adorno y Horkheimer. Fue la realidad norteamericana la que lo llevó a emprender una crítica sin precedentes de la SIA. Marcuse descubrió cómo la SIA invalidaba el arte, la filosofía; cómo funcionalizaba el lenguaje y utilizaba la ciencia y la técnica para manipular instintivamente a la población. Mostró, así mismo, cómo la sociedad capitalista lograba mantener el status quo.
Marcuse fue un intelectual con una interdisciplinaria formación académica. Se educó en la universidad alemana bajo la influencia de los filósofos, ya mencionados, Husserl y Heidegger. Por otra parte, su pensamiento está montado sobre la obra de Hegel, Marx y Freud. Es preciso decir que fue su acercamiento a Freud el que le permitió emprender una demoledora crítica a la represión utilizada por el capitalismo y por dos de las manifestaciones del tecnicismo, el militarismo y el industrialismo: los totalitarismos soviético y nazi. En general, podemos decir, que a Marcuse el psicoanálisis le sirvió para dos grandes propósitos: desentrañar el fundamento de la represión en las sociedades industrializadas y, por otro lado, delinear la posibilidad de una civilización no represiva, una civilización donde el individuo humano pueda materializar la potencialidad de sus facultades. Esa crítica a la sociedad represiva y su objetivo emancipatorio son los dos pilares sobre los que está sostenida su obra.

Volver a Marcuse, un filósofo olvidado tras el fracaso del movimiento estudiantil en Alemania y Francia en los años sesenta, significa tener herramientas para observar críticamente la sociedad actual, sin que ello quiera decir que en el filósofo de la Escuela de Frankfurt encontremos respuestas para todas las inquietudes de hoy, pues su pensamiento está condicionado por las coordenadas tempo-espaciales de su época, en la cual la globalización, por ejemplo, empezaba a gestarse pero aún no se manifestaba en los niveles que conocemos hoy. En Marcuse podemos encontrar una crítica válida, profunda y actual de nuestros tiempos; una crítica que abarca la ciencia, la técnica, la represión, el lenguaje mecanizado, los medios de comunicación, en fin, una crítica general al capitalismo.

Marcuse fue testigo del siglo XX. Un hombre que vivió uno de los siglos más violentos de la historia y que, por esa misma razón, se convierte hoy en un interlocutor calificado para realizar la crítica a los fundamentos sobre los que descansa la mal llamada posmodernidad. Por otro lado, la propuesta emancipatoria de Marcuse, propuesta que muestra a un Marcuse utopista, que señala caminos y fija horizontes, se convierte en un humanismo que busca superar el nihilismo actual en el que se encuentra sumida la civilización.

Este libro, el primero que se escribe en Colombia sobre el pensador alemán, no es una compilación de citas extraídas de los textos de Marcuse; tampoco es una discusión erudita, filológica, filigranosa y, por lo mismo, inútil, sobre conceptos marcusianos; es, ante todo, el rescate y la exposición de los aportes de Marcuse al mundo de hoy. En este sentido, se hace necesario comentar las obras más importantes del filósofo y contrastar su pensamiento con el de otros pensadores actuales. Se busca una recuperación filosófica del legado intelectual de Marcuse, un pensador que ha sido invisibilizado por la crítica que no ha tenido en cuenta que el suyo fue un marxismo enriquecido con una perspectiva multidisciplinar y que frente a análisis actuales del capitalismo, por ejemplo el de Antonio Negri, resulta, incluso, superior en algunos aspectos, principalmente debido a la pluralidad de enfoques del autor y la incorporación del psicoanálisis en su lectura.
El presente trabajo se dividirá en 6 capítulos. El primero tiene como objetivo el estudio de la SIA, su concepto, su formación, sus mecanismos de funcionamiento para garantizar su existencia represiva; la utilización que ésta hace de la oposición política, de la cultura, del arte, del lenguaje, de la ciencia y de la técnica. El segundo está centrado en el estudio de la represión, su origen tanto en la historia de la civilización como en el individuo mismo. El tercer capítulo versa sobre el estudio del Marxismo Soviético, sus principios filosóficos, su ideología y su similitud en el modus operandi con el mundo capitalista. El cuarto, comprende la solución revolucionaria propuesta por Marcuse para trascender la sociedad unidimensional; es aquí donde se mostrará uno de los puntos donde Marcuse se apartó del marxismo: la cuestión del sujeto revolucionario. En el quinto capítulo se expone la vigencia del pensamiento marcusiano, es decir, la vigencia de su crítica, prueba del alcance de su pensamiento y de su legado a las generaciones actuales. En el sexto y último capítulo se hace mención a la crítica que Marcuse hizo del nazismo y su polémica con Heidegger sobre la relación de éste último con el régimen de Hitler.

Tamaño: 17 x 24 cm

264 páginas

ISBN: 978-958-8093-89-3

 

Ultima modificacion el Martes, 14 de Octubre de 2008 14:10

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar