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Domingo,21 de Marzo de 2010
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Inicio Ediciones Edición 93 "Por un cambio radical con el menor costo social". Perú, entrevista completa al Mayor (r) del Ejército Antauro Humala

"Por un cambio radical con el menor costo social". Perú, entrevista completa al Mayor (r) del Ejército Antauro Humala

«d.a»: ¿Mayor, cómo ubica usted la problemática del cultivo de la coca en su país? My. A.H.: No puede ser enfocado como un problema policíaco, como lo enfoca el Departamento de Estado, sino como un problema agrario. Y la hoja de coca es justamente la solución a este problema, es repotenciar el agro latinoamericano, especialmente, peruano, boliviano y colombiano. Salvándolo de la bancarrota en que está inmerso, por la casi libre importación de los productos agrícolas de los países desarrollados. «d.a»:¿Qué soluciones plantean a este problema? My. A.H.: Nosotros planteamos soluciones con respecto a la coca, la solución es legalizar la coca. Todo el producto interno de esta hoja vendérsela en un convenio de gobierno a gobierno a los Estados Unidos. A Estados Unidos le va a salir mucho más barato que todo el presupuesto que gasta en interdicción, en sustitución de cultivos, en ONG, en bases antinarcóticos en DEA, en manutención de la población penitenciaria. «d.a»:¿Los Estados Unidos manejan una doble moral frente al tema? My. A.H.: Sí, nosotros acusamos a los Estados Unidos de ser un narco-estado. Hipócritamente quiere erradicar cocales en Perú, Bolivia, Colombia sin embargo es incapaz de erradicar las 21.000 hectáreas de canabis que tiene en la Florida, Nuevo México y California. El trasfondo de todo esto es que los gringos manejan el 83%.de todo lo que es narcotráfico y los miles de millones de dólares que se mueven. El restante 14% se queda en el narco colombiano y el 3% en el mexicano. «d.a»: Mayor, ¿en su vida y en su ingreso al Ejército tuvo algún antecedente, su padre fue militar? Mayor Antauro Humala: Mi padre ya no ejerce pero fue abogado de empresas. Un ambiente que compartió con mi madre quien también se formó en el Derecho. Aunque somos de Lima, todos nuestros orígenes se encuentran en la zona de Ayacucho. «d.a»: ¿La misma zona de Abimael Guzmán, otrora dirigente de Sendero? My. A.H.: Esa zona es históricamente de las más rebeldes en el Perú. Allá fue la resistencia de Abancay y de Vilcachos el último Inca que resiste a los españoles. También fue la zona de mayor lucha y resistencia en la época de Tupac Amaru, Cumacagua y Atahualpa: líderes intactos que impugnaron el colonialismo español. «d.a»: ¿Con tu hermano son gemelos? My. A.H.: No. Él me lleva un año y por tanto en la vida militar tiene un año de más antigüedad que yo. Antes de ingresar como cadetes compartimos en la universidad La Agraria: él estudiando zootecnia y yo agronomía. Precisamente, abandonamos nuestro estudio para ingresar a la escuela militar. «d.a»: ¿Cuál fue la razón para ese ingreso? My. A.H.: Porque pensamos y teníamos el proyecto de que debíamos cambiar el país radicalmente. Veíamos, que eso no lo puede hacer la guerrilla y en cambio se podía ahorrar bastante costo social rectificando la política nacional con el apoyo de las Fuerzas Armadas, o sea desde las Fuerzas Armadas. Esa era una idea que se nos formó desde cuando vimos a mi padre actuar dentro del proyecto del general Juan Velasco Alvarado. «d.a»: ¿Su rebeldía del 29 de octubre de 2000, surge de ese análisis político previo o es por la situación que desencadena Fujimori con su apetito de tercera reelección? My. A.H.: Esa decisión afectaba la dignidad de la Institución porque Fujimori había hecho fraude electoral y una mesa de concertación dirigida por él con complicidad de la OEA quería mantenerlo. Entonces, vimos la ocasión de insurgir en armas haciendo una rebelión que quisimos convertir en revolución. Pero técnicamente eso era una sedición. No tuvimos el criterio de seguir la rebelión. Ese fue nuestro error posiblemente. El cuero no estaba maduro para pensar en una revolución, simplemente pensaban en zafarse del dictador, pero sin un programa revolucionario y nosotros no lo teníamos, intuitivamente lo queríamos hacer, pero no programáticamente. «d.a»: ¿Usted estaba en el batallón que realizó el levantamiento? My. A.H.: Yo estaba retirado del ejército, pero ante los hechos me puse el uniforme y acudí con los soldados que estaban en las zonas de emergencia. Entré al cuartel con la ayuda de mi hermano Ollanta, teniente coronel, jefe de un grupo de artillería antiaéreo en el sur del Tama que levanta su batallón. Capturamos al general Bardales de la Sexta División blindada y tomamos el mando de las tropas. Arrancamos con 120 soldados, dos oficiales que éramos mi hermano y yo y dos sub-oficiales. «d.a»: ¿Cuándo ustedes se levantan hubo oficiales de otras unidades que les dijeron después, "yo me hubiera levantado" si usted me hubiera organizado? My. A.H.: Sí hubo eso, pero nosotros no quisimos expandir mucho la logia de los rebeldes con base en experiencias anteriores, no sólo en el Perú, también en otros países, en que cuando se quiere hacer una gran red de conspiradores normalmente siempre hay una delación o un traidor. Nosotros nos dimos cuenta que esto tenía que ser en función a una fidelidad absoluta entre hermanos como éramos Ollanta y yo, con la misma convicción ideológica. En ese entonces Vladimiro Montesinos, tenía una influencia tremenda y tenía un servicio de inteligencia nacional, se puede decir el más eficiente en soplonería dentro de América Latina y en las Fuerzas Armadas, prácticamente la mitad del ejército vigilaba la otra mitad. «d.a»: Cuando Fujimori huye a Japón ¿Qué pasa con ustedes? My. A.H: Mediante una negociación deponemos las armas, reconocemos al nuevo presidente y somos amnistiados. Ollanta reingresa al cuartel y ahora es agregado militar en Francia. Yo hago la labor política de difundir el proyecto porque la rebelión es así.
 


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