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Jueves,29 de Julio de 2010
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Inicio Ediciones Edición 143 Guillermo Sánchez*, preso político: “El impacto de la cárcel se siente desde cuando encuentras el muro”

Guillermo Sánchez*, preso político: “El impacto de la cárcel se siente desde cuando encuentras el muro”

desde abajo: Usted fue encerrado el 21 de noviembre del 2008, ¿Cuál fue la primera impresión que le produjo la Picota?

Guillermo Sánchez. Llegué a la Cárcel La Picota el 21 de noviembre del 2008. Sin embargo, fui detenido en los calabozos de la Dijin el 16 del mismo mes. Hay dos bodegas de reclusión: una para los detenidos por la Sijin y otra para la Dijin. El espacio es muy reducido, muy frío. Nos encerraron a unas 25 personas en la parte de la Dijin y el resto fue distribuido en dos bloques, uno compuesto por el ‘comandante’ Gerónimo, de la oficina de Envigado, sus aliados y algunos ‘socios’ de Chupeta, así como uno que otro extraditable. También había, afuera del sector donde estábamos los hombres, un pequeño calabozo de dos metros por dos metros, destinado a las mujeres, encerradas hasta ocho detenidas. Al otro lado en la Sijin también estaban revueltos los detenidos, entre ellos dos por rebelión.

 

El lugar era lúgubre. De las condiciones de hacinamiento se desprendían problemas higiénicos y de convivencia. La alimentación, mala; sin embargo, los señores extraditables, con su poder corruptor, hacían entrar comida a la carta. Recuerdo una anécdota nefasta en un diálogo abierto con un paramilitar, quien en forma irónica decía estar muy enojado porque le estaban achacando dos muertos de más y eso lo tenía empapelado; lo sindicaban de 129 muertes y el no había cometido sino 127. ¡¿Qué injusticia, no?!

 

da. Entonces, de allí lo pasan a La Picota

GS. Sí. Ya llevábamos cinco días encerrados, pero es un calabozo. El impacto de estar en una cárcel se siente cuando encuentras el muro. Cuando llegas a La Penitenciaria Central de Colombia (La Picota), lo primero que vez, precisamente, son los muros, y sobre ellos, entre garitas y alambradas de púas, la guardia, imponente, paseándose con sus armas. Luego te pasan por la zona de control electrónico y detectores.

Cuando la Dijin te deja en manos del Inpec, por enésima vez te reseñan, te obligan al corte de cabello, mal cortado, quedando calvo o casi calvo. Es evidente que no quieren dejar el mínimo rasgo de tu identidad: ya no tienes nombre ni cédula de ciudadanía; te dan un TD, es decir, el número con el que te identificarán.

 

da. Por lo que describe, la presión crece a cada minuto.

GS. En efecto. Te violan el derecho al libre desarrollo de la personalidad (como sindicado, aún conservo mis derechos), pero no sólo eso: luego, paso a paso te hacen sentir el lugar adonde llegaste: introducen en masa (10 o más) a los recién llegados a un calabozo de dos por dos metros. El tiempo del encierro varía de 10 minutos a 2 horas, para luego pasar a que te desnudes en unos ‘vestieres’ y despojarte del poco dinero que cargas. De allí viene la jaula, lugar bastante temido por los internos, ya que representa uno de los escenarios de castigo. El lugar está encerrado por una malla y por alambre de púas, de unos cuatro por siete metros; hay dos habitaciones del mismo tamaño; en una no se puede ingresar por lo hedionda y húmeda; en la otra hay dos colchonetas o cambuches, con baño; el lugar es sucio pero habitable; quienes permanecen en este lugar son “El paisa” y “Pelo’e caca”.

 

“El paisa” aclara ante todos los recién llegados que allí nadie puede robar o agredir. En forma sorpresiva y tranquila pone “sus argumentos”   sobre su colchón, desafiando al que no esté de acuerdo. Nadie pone en duda las normas. Rápidamente guarda los “argumentos” y saca un paquete de cigarrillos para ofrecer, pero también ofrece de todo para la venta.

 

“Pelo’e caca”, un hombre de 23 años, según él, con siete tiros en su cuerpo propinados por paramilitares en la cárcel Modelo, tres de los cuales aún carga en su cabeza (pues no lo han operado para extraérselos), razón por la cual vive con permanente dolor de cabeza. “Pelo d’ caca’ cuenta cómo ha intentado suicidarse varias veces, buscando despertar la sensibilidad del Inpec para que le realicen la cirugía a la que tiene derecho.

 

Esta ‘adaptación’ al mundo carcelario termina a las 8 de la noche, cuando nos conducen hacia los patios. Son diez horas de adaptación, calculada para soportar la tortura. Después de estar en la jaula, cualquier lugar es el paraíso.

 

da. ¿Cuántos presos hay en el patio donde ahora pasa sus horas?

GS. En el Patio II, donde fui ubicado, compartimos el encierro, empezando febrero, 504 prisioneros.

 

da. ¿Cuántos son los presos en el resto del penal?

GS. Según el Inpec, en ‘intramuros’ hay 3.603 prisioneros, y en ‘domiciliaria’ 1.754. En los patios 1, 3, 4, 5, 6 y 7 están encerrados 448, 481, 485, 359, 141 y 499 presos, respectivamente. En total, con los “ere”, hay 5.357. En la mayoría de los patios hay hacinamiento; por ejemplo, en el patio II somos tres, cuatro y hasta cinco y seis personas por celda (su tamaño aproximado es de un metro con 50 de ancho, dos de fondo y dos de alto).

 

da. ¿Cuál es la condición de estos presos?

GS. Lamentable. Además del hacinamiento, hay plagas incontrolables de chinches que generan lesiones en la piel. También, plagas de roedores. Se cuenta con muy pocos sanitarios, orinales y duchas. Las cañerías están tapadas, lo que propicia que se reproduzcan olores hediondos. La comida todavía trae químicos, al parecer alcanfor, pero, además, dan comida trasnochada y muchas veces descompuesta. Las condiciones higiénicas de la cocina no son las mejores, y el lugar donde reparten los alimentos tiene olores nauseabundos, lo que se mantiene a pesar de las demandas, derechos de petición y acciones de tutela.

 

Al preso, si dice algo o denuncia, le aplican represalias, desde anotaciones que dañan la conducta y quitan beneficios, hasta traslados injustificados, distanciándolo aún más de su núcleo familiar. También se presentan amenazas y agresiones físicas por parte de la guardia. A las visitas se les viola su derecho a la intimidad al tomarles una serie de datos personales innecesarios que vulneran hasta su seguridad: exigen dirección de vivienda, números telefónicos, al prisionero se le obliga a llenar un formato de visitas que viola su derecho a recibir visitas ocasionales, so pretexto de evitar el ingreso de droga, dinero, celulares y armas, que, por ejemplo, en el caso de la droga, es tanto el consumo interno y tan tolerado, que es un secreto a voces que la guardia es la principal alcahueta y corrupta.

 

da. ¿Los presos políticos están localizados en algún patio de La Picota?

GS. Sí. Se les encuentra principalmente en los patios 1, 2, 3 y 4. Allí tienen unos comités de convivencia que definen reglas para cada patio, con responsables de su cumplimiento por pasillo. Son normas como el horario de lavado, de uso de microondas, de respeto y buen trato, de aseo, de no delinquir, etcétera. Quien no cumpla –si acepta la sanción o la falta no es muy grave–, se mantiene en el patio. Si no acepta la sanción o es muy grave la falta, se va del patio. Las sanciones van desde unos días de aseo en el pasillo, hasta varios meses de aseo en el patio.

 

da. ¿Cómo es un día para un preso?

GS. El día comienza a las 5:30 de la mañana, cuando la guardia quita los tornillos que aseguran las rejas que cierran los pasillos. En ese momento, algunos presos ya se están bañando, haciendo aseo o ejercicios. Cuando se abren las rejas, salen al patio a caminar, trotar, lavar y también a bañarse, pues el agua es más abundante allí. También bajan la basura de los patios para reciclarla.

 

Se espera que sean las 7 para ver noticias; sin embargo, la mayoría duerme. Desde las 5 y30 han pitado para ir a desayunar con una bebida caliente con sabor raro, pan y queso o alguna fruta. Los viernes, cada 15 días, dan caldo, los martes huevos pericos y así varía el ‘menú’. Luego del desayuno y las noticias, apagan la luz, lo que se asimila a un llamado para bajar al patio a la contada de la mañana. Lo normal es bajar por la puertita pequeña de salida, donde hay dos guardias contando a más o menos 500 prisioneros. Si no concuerda la contada, hacen formar de a ocho y recuentan, proceso que se demora comúnmente entre 15 a 30 minutos.

 

Llevada a cabo esta rutina, ahora se puede ingresar de nuevo a los pasillos. Algunos ordenan las celdas, otros siguen durmiendo o van a bañarse, otros pasan al rincón asignado del patio para “meterse un bareto”; también hay quienes se preparan para ir a estudiar, salir a talleres o en remisión hacia algún juzgado o al médico (cuando atienden) y esperan el llamado entre las 8 y las 8:30 de la mañana.

 

Entre 9 y 11 es el tiempo del almuerzo. A las 2 de la tarde salen los de la jornada de la tarde para la sección conocida como educativa, a cursar validación y otros cursos. Más o menos a las 4 se apagan nuevamente las luces para la contada de la tarde, y entre 4:30 y 5:30 se cierran las rejas de los pasillos. A esta hora empieza la noche para los prisioneros: algunos siguen durmiendo, otros juegan (cartas, parqués, ajedrez, etcétera), y también hay quienes retoman el trabajo de los talleres, hacen tareas, leen, ven televisión, otros utilizan los teléfonos que hay en los pasillos (los legales funcionan con tarjetas), pero también se puede acceder a los ilegales (celulares).

 

Así, mecánicamente, pasa un preso un día en la cárcel, cuando no es alterado por la ‘rascada’ o requisada de la guardia, que de acuerdo a su ferocidad puede durar de dos horas a todo el día, o desde la madrugada, cuando nos sacan al patio, desnudos y sin importar el frío.

 

da. Dicen que el objeto de la cárcel es resocializar. ¿Qué piensa sobre el particular?

GS. “El derecho de castigar ha sido trasladado, de la venganza del Soberano a la defensa de la sociedad”. M. Foucault.

 

Es un decir que no soporta ningún análisis ni cuantitativo ni teórico. Sin duda, como lo han vivido en sus propios cuerpos miles de colombianos (hombres y mujeres), la creación y la existencia del sistema carcelario es un simple mecanismo de control en que se resume la justicia bíblica del “ojo por ojo, diente por diente”, es decir, un acto que busca hacer de la vida en reclusión una tortura, hoy menos cruel que ayer pero tortura al fin y al cabo. La dignidad es pisoteada desde la entrada al penal. Cualquier reclamación, por decente y regular que sea, tiene en grado sumo una retaliación. A quien reclama lo ‘marcan’, se convierte en candidato para ser golpeado, gaseado, insultado, requisado, humillado, no le darán descuento (los empapelan) y, lo más temido, lo trasladan a peores mazmorras. La rabia se acumula y busca salida.

 

A la mayoría de los internos, la cárcel los vuelve más expertos, reafirmando lo que comúnmente se dice: “La universidad del crimen”. Cada uno piensa cómo salir a delinquir, “no hay que matar uno, hay que matar miles para ser absueltos, y si es amigo o pertenece a los parceros del Presidente con unas cuantas fosas pa´confesar, le dan a uno menos o nada de cana”, dicen algunos.

 

No sacrificar, en nombre

de la humanidad,

a la humanidad misma.

J. J. Rousseau

 

·                     El nombre del entrevistado y algunos sucesos han sido cambiados para protegerlo.

 


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