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Jueves,11 de Marzo de 2010
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Inicio Ediciones Edición 153 Hacia una visión astronómica del arte precolombino. Las aves y la seducción de las estrellas

Hacia una visión astronómica del arte precolombino. Las aves y la seducción de las estrellas

Las aves, sus cantos, sus vuelos majestuosos e inconmensurables; sus sincronizadas danzas aéreas, sus acrobacias y sus mágicos descensos, nos llevan a pensar que volar es un arte. La levedad y la eficacia alcanzada en el vuelo etéreo como si proviniesen del propio cielo o de la bóveda estelar. Las aves atraviesan los mundos de la imaginación y encuentran refugio en el espíritu religioso y chamanístico como una de las más mágicas y sorprendentes creaciones del universo, como la criatura más cercana a la idea de lo divino. No se equivocó el astrofísico canadiense Hubert Reeves al ponerle el título Aves, maravillosas aves a uno de sus hermosos libros.
 
En las antiguas culturas de América, el chamanismo encuentra en el ave uno de los principales motivos de transfiguración interior. La idea de “vuelo” adquiere relevancia en la experiencia de éxtasis ritual, puesto que define la propiedad alada del espíritu de trascender la condición humana. Y en esa mágica fusión, el hombre adquiere del pájaro sus propiedades naturales y sobrenaturales; al mismo tiempo, muere y renace como un ser sagrado.
 

El motivo del Hombre Pájaro 

 
Por eso, dentro de las múltiples representaciones simbólicas del arte precolombino de Colombia, hay una imagen que se repite en diversas culturas y épocas, y es precisamente la imagen que hace referencia al Hombre Pájaro o Vuelo Chamánico (Fig. 1)1. Se trata básicamente de un pectoral hecho en oro o tumbaga (aleación de oro y cobre) que probablemente portaban los chamanes, los sacerdotes o los gobernantes en sus ceremonias rituales para restituir el tiempo mítico y renovar el acto de fecundación del mundo. Y las aves mayormente representadas en este motivo iconográfico son las falconiformes como el cóndor, el rey de los gallinazos, las águilas; y las estrigiformes como el búho y la lechuza.
 
Figura 1. Pectoral de orfebrería que representa un ave falconiforme con dos cabezas, adornado con cinturón chamánico (imagen símbolo del cinturón de Orión) y collares. Orión, la constelación del Vuelo chamánico, Icono A. Museo del Oro, 012611. Sierra Nevada de Santa Marta (Tairona)-Período nahuange.

Lo que resulta extraordinario, es que nuestras observaciones nos han permitido deducir que la constelación de Orión, situada en el ecuador celeste, es el punto de partida para elaborar la figura mítica del Hombre Pájaro. Orión, en el mito antiguo, revive a un antepasado ave portador de la semilla del Sol que descendió de las estrellas hacia la Tierra para propiciar la fecundidad. Y esto se aplica no sólo a las mitologías de las culturas precolombinas que habitaron la región de Colombia sino que igualmente este mismo simbolismo astronómico se encuentra en el arte de Centroamérica, Mesoamérica y Norteamérica.
 

Orión, bajo la forma de reloj de arena

 
Pero, ¿de qué manera podemos verlo? Las estrellas más luminosas de tal constelación, Betelgeuse, Rigel, Bellatrix, Saiph, Alnitak, Alnilam (e) y Mintaka, dan forma a una especie de reloj de arena (véase fotografía de Orión), y, si observamos el despliegue de las alas y la cola de la figura del Hombre pájaro en pleno vuelo, encontramos que morfológicamente presenta con Orión una verdadera equivalencia (véase la comparación de las Figuras 2 a 4). Es significativo el alineamiento de las tres estrellas que conforman el cinturón de Orión, imagen análoga al cinturón que es representado en el motivo del Hombre pájaro. Pues este es uno de los elementos que le dan al pájaro el aspecto humano que lo caracteriza.
 
Fotografía de la constelación de Orión, de Mouser William
A partir del diseño del reloj de arena de Orión de la Figura 1, observamos la semejanza que resulta con los motivos precolombinos de Hombres pájaros de las figuras 2 y 3. Figura 2: Orión bajo la forma de reloj de arena. Código astronómico de la danza indígena Tukano, Vaupés. Figura 3: Colgante orfebre de collar. Orión, la constelación del Vuelo chamánico, Icono A. Museo del Oro, 002247. Valle del Magdalena (Tolima). Figura 4: Colgante orfebre de collar. Orión, la constelación del Vuelo chamánico, Icono A. Museo del Oro, 002245. Valle del Magdalena (Tolima).
 
                  Fig. 2                                      Fig. 3                                      Fig. 4

Ahora bien, el diseño del reloj de arena inspirado en la constelación de Orión surge de la tradicional cultura Tukano que habita la región del Vaupés2, donde por primera vez encontramos que Orión aparece representado en el tocado de una máscara corporal de ave chamánica (Fig. 5), en el monolito de la piedra Nyí en el Pira-Paraná (Fig. 6), en el juego de la pita, en la pintura cerámica y mural, demostrando la multiplicidad de su simbolismo, y por supuesto también su arcaica conexión con el motivo orfebre del Hombre pájaro (como aparece en la Figura 7) que perteneció a otras culturas milenarias del territorio colombiano. A veces el motivo presenta rasgos más humanos que de ave, y su configuración alada con Orión responde a un diseño escalonado o desplegado sin ceñirse a la forma de reloj de arena. Además, a la imagen de Hombre pájaro se adhiere la presencia de otros animales sagrados como el jaguar, el murciélago, la lagartija y el sapo.

 
Figura 5. Ceremonial máscara corporal que representa un ave de rapiña (Míaui) con tocado en forma de reloj de arena de Orión, indígenas Tukano del Vaupés (Fotografía según koch-Grünberg, 1995, vol. II; 177).
 

La danza regular de las constelaciones

 
Así que lo que motivó la elaboración del mito del Hombre pájaro fue los conocimientos astronómicos de la época, y, más específicamente, al divisar la danza regular de las constelaciones en la bóveda estelar; es decir, cuando éstas son visibles en el horizonte y las vemos aparecer por el oriente, o bien cuando desaparecen por el occidente. Por eso, en el momento en que estos objetos son ritualizados, en cierto modo también están inaugurando el “surgimiento” de tal constelación en el cielo. ¿Diríamos, entonces, que las aves tienen algún vínculo real con las constelaciones? No podemos perder de vista a las aves que se orientan correctamente por las estrellas en sus vuelos migratorios, de Canadá a la Patagonia, para partir y regresar en el momento exacto del cambio de estación. También, dentro del arte orfebre Tairona de la Sierra Nevada de Santa Marta, hay exclusivamente un motivo de Hombre colibrí (Fig. 8) que, en la mitología Kogi, pueblo descendiente de los Tairona, nos remite a la presencia del antepasado colibrí Sínduli, padre de todas las aves, que viaja con las constelaciones Pléyades y Orión cantando a las flores y asimismo a los árboles que le brindan el alimento.

 
Figuras 6 y 7. Semejanza en la postura corporal que adopta el chamán en su vuelo mágico: describe el despliegue de brazos y piernas a manera de alas desplegadas (Cielo) y cola bifurcada (Tierra), respectivamente. Figura 6. Motivo rupestre. Orión, la constelación del Vuelo chamánico, Icono A. Piedra Nyí, cataratas de Meyú, Pira-Paraná. Indígenas Tukano del Vaupés (Ilustración según Reichel-Dolmatoff, 1978; Nº 26). Figura 7. Pectoral orfebre de Hombre pájaro con atributos de búho, murciélago y jaguar. Orión, la constelación del Vuelo chamánico, Icono A. Museo del Oro, 006029. Valle del Magdalena (Tolima).

Pero, por qué fue tan importante esta comunión del arte con la ciencia. Los antiguos chamanes, que eran también astrónomos, observaban con detenimiento y por largas horas los cielos; registraban con precisión los solsticios, los equinoccios, los eclipses y el ciclo regular de las constelaciones, fenómenos astronómicos que inciden en la actividad agrícola, habiendo sido ésta su principal base económica, pues les indicaba el momento propicio para la siembra y la cosecha, pudiendo prever los cambios de estación de lluvia o de sequía. De ahí esa mágica fusión entre aves, estaciones y constelaciones. Pues este conocimiento astronómico sirvió como punto de partida para elaborar un arte codificado, al punto de que algunas de estas imágenes artístico-religiosas construyen un calendario; es decir, presentan una nomenclatura astronómica relacionada con el diseño del reloj de arena de Orión y el motivo del Hombre pájaro lagartija, como aparece en la Figura 9.
 
Figura 8. Pectoral de orfebrería en forma de hombre-colibrí con collar y cinturón que representa al personaje mítico Sínduli, padre de todas las aves (?). Orión, la constelación del Vuelo chamánico, Icono A. Museo del Oro, 018112. Sierra Nevada de Santa Marta (Tairona).

Cultura y naturaleza, arte y ciencia

 
Es sorprendente pensar que las cosmologías de la América antigua encuentran un paralelo con la cosmología moderna, al formular, en sus mitos y su pensamiento chamanísticos, que el origen de la vida y del ser humano se sitúa en las estrellas, que somos hijos de las estrellas; pero también, al comprender que participamos de un mismo árbol genealógico con las plantas y los animales; que compartimos la evolución con lo infinitamente pequeño y lo infinitamente grande.
 
Figura 9. Orión aparece representado de dos formas: como hombre-pájaro-lagartija en la figura central, y bajo la forma de relojes de arena alineados alrededor y coronados por parejas de aves. Pectoral orfebre discoidal, repujado, de carácter calendárico. Orión, la constelación del Vuelo chamánico, Icono A. Museo del Oro, 004688. Cauca Medio (Quimbaya).
 

Esta unidad del ser humano con la naturaleza la encontramos en ciertas premisas ético-religiosas, a través de las cuales las culturas indígenas pasadas y presentes que conservan la autenticidad de sus tradiciones chamanísticas logran hacer un manejo adecuado del medio ambiente sin destruir los ecosistemas naturales. El ser humano se sentía uno con el cosmos, se unía a su “doble alma” animal o ascendente mítico para sentirse parte de esos ritmos vitales y cambiantes. De los animales se dice que son símbolos sagrados del Sol, de la Luna, de la Tierra, de la Vía Láctea, y deben ser personificados ceremonialmente. Por eso, en ciertas representaciones artísticas precolombinas se conocen las figuras que llamamos antropozoomorfas: el ser que es mitad humana  con mitad jaguar, con mitad pájaro, con mitad serpiente, o, a veces, es con todo un poco para enlazar todas las naturalezas en una sola. Por eso, esas extrañas semejanzas que resultan de las figuras míticas amerindias con los dragones y otras creaciones del arte asiático. 
 
De esta comunión entre cultura y naturaleza se suma una visión astronómica que cambia nuestra manera de pensar el legado artístico milenario. Hemos visto el motivo orfebre precolombino del Hombre pájaro proyectarse en el espacio cosmológico como intermediario entre el Cielo y la Tierra. Al depositar nuestra atención en ese motivo, hemos identificado a Orión como su fuente original de representación; es decir, hemos conocido una parte de su historia. Por la misma razón, nos vemos inducidos a mirar las estrellas y sus configuraciones imaginarias, a elevar la mirada a los cielos diáfanos y distinguir la constelación de Orión para divisar el origen del vuelo mágico.
 
Ilustraciones por Viviana Gutiérrez Gracia
* Artistas investigadores del grupo Viento Teatro de Bogotá, autores de los libros De lo sagrado en el arte y el pensamiento mítico y Vuelo mágico de Orión y los animales mitológicos. En este último se devela  el simbolismo astronómico del arte orfebre precolombino de Colombia que contempla el presente texto.
1 Gerardo Reichel-Dolmatoff, Orfebrería y chamanismo. Un estudio iconográfico del Museo del Oro, Medellín, 1990.
2 Gerardo Reichel-Dolmatoff, Chamanes de la selva pluvial. Ensayos sobre los indios Tukano del noroeste amazónico, Gran Bretaña, 1997.
 


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