Presentación
El libro Trabajo creador y nuevo humanismo, de Gonzalo Arcila, es a pesar de su brevedad, un profundo trabajo conceptual que busca explicar las limitaciones de la psicología y las tesis de origen burgués y poner piso firme a nuevos enfoques del pensamiento dialéctico marxista que se expresan en nuevas formas de humanismo, correspondientes con las esperanzas y el futuro de los hombres en un estadio más alto de desarrollo social.El autor es un conocido sicólogo de la Universidad Nacional, profesor de varias universidades, autor de libros sobre la psicología y el arte y, como lo revela este estudio, profundo investigador de los sucesos sociales de nuestra época.
El núcleo fundamental del libro se basa en desarrollos de textos de El Capital y Elementos fundamentales para la crítica de la economía política, de Marx y los Cuadernos filosóficos de Lenin, en lo que respecta al surgimiento del capitalismo y su proceso de evolución hacia la gran industria, a los elementos sociales y humanos que de allí surgen y a las contradicciones insolubles que genera el capitalismo y que sólo pueden avanzar hacia una sociedad nueva, la socialista.
Como lo señala en la introducción, precisamente su finalidad esencial es mostrar “las relaciones entre la subjetividad humana empobrecida que requiere el gran capital financiero internacional para mantener su dominio clasista y la subjetividad compleja que el proceso real de lucha por el socialismo y el comunismo tiende a generar”.
Por tanto, se trata de un libro al mismo tiempo científico y apasionado, de un análisis espectral de las injusticias del sistema capitalista y una visión optimista del surgimiento de las condiciones históricas del nuevo humanismo, que desenvuelva las fuerzas vitales de los trabajadores y los convierta en hombres de una nueva condición realmente humana en sus múltiples expresiones sociales y síquicas.
Como lo repite una y otra vez el texto que se va a leer, lo importante no sólo es explicarse los hechos y emitir conceptos, sino lograr transformar la realidad, cambiar el sistema de relaciones sociales que mantiene el capitalismo y lleva hasta el absurdo de la injusticia el imperialismo.
El libro parte de la concepción marxista de que el hombre al actuar sobre la naturaleza y modificarla, modifica también su propia naturaleza, en un determinado tipo de relaciones con otros hombres. Por tanto, lo humano es el resultado y a la vez el orígen de ese proceso de relaciones dialécticas entre lo natural, lo social y lo síquico.
El medio de este proceso de concepciones es el desenvolvimiento del sistema de producción desde las sociedades de reproducción simple hasta la gran industria y la moderna revolución científico-técnica que ha incorporado la robotización y la informática al sistema.
Lo fundamental de este proceso siempre en desarrollo es que el sistema de máquinas adquiere su propia dinámica y el trabajador que ha creado todo el sistema se coloca como algo extraño y enfrentado al conjunto. A esa altura la relación entre el hombre productor y la naturaleza como objeto de producción se distancian y se mediatizan por los medios convertidos en elementos industriales que el trabajador controla y vigila, pero que actúan mediante sus propias concatenaciones. Se verifica así la transformación del proceso de trabajo en proceso de producción. En tales circunstancias, las posibilidades del trabajador hacia el desarrollo pleno de sus facultades, hacia el goce de los bienes producidos y hacia una nueva espiritualidad, están dadas. El trabajador, que ha convertido el proceso productivo en un sistema que responde a su finalidad, a su razón y a su plan, que ha arrancado de las limitaciones de la naturaleza, la posibilidad de todas las riquezas, que en definitiva ha humanizado lo material y está siempre en camino de nuevas realizaciones proyectadas en su subjetividad para convertirlas en elementos materiales en beneficio de la sociedad, choca contra el sistema de relaciones sociales que marca el capitalismo y que agrava al infinito el monopolio.
Es característico del texto que presentamos, su sentido histórico, su pulsación del momento social, que se expresa sobre todo en la idea marxista de lo que el capitalismo ha significado y ha aportado como fuerza renovadora, como creador de las bases económicas y sociales que han dado lugar a un verdadero salto no sólo del desarrollo productivo sino también de las relaciones sociales y de una nueva subjetividad humana. Aquí no estamos oyendo simplemente la conocida catilinaria anticapitalista ni la oración apologética del socialismo. Sino de la penetración a fondo al núcleo principal del tema: el sistema ha producido los factores para un nuevo florecimiento de la riqueza social y lo ha producido creando además el tipo de producción que sólo puede funcionar accionada por el obrero social, cuyos medios tecnológicos son ellos mismos conjuntos sociales y cuyos objetos resultantes son igualmente expresiones colectivas.
La gran contradicción de ese tipo de producción socializada y colectiva que detenta el capitalista, que se mueve por su propia dinámica, que hace innecesario al capitalismo mismo, con el tipo de relación social que sustrae a los productores el fruto de su intelecto colectivo, que los enfrenta absurdamente a los resultados de su ingenio, y que permite la apropiación monopólica de la riqueza social, hace surgir tanto la “subjetividad humana empobrecida” de que habla Arcila, como la tesis, las teorías y las formas del humanismo individualista y burgués.
Para sostener esta aberrante contradicción el sistema tiene que recurrir a muchas formas de mistificación y de engaño. El libro que comentamos analiza en detalle la prédica y la práctica de las “relaciones humanas” que se basa en una simulación de la cooperación productiva, los sistemas de taylorización y de ingeniería industrial que concentran cada vez en menos tiempo un mayor contenido laboral y una más alta productividad, los nuevos métodos de administración, etc. Habría que agregar también ya en el plano político, la atracción de los oportunistas sindicales, aquellos “lugartenientes del capitalismo” a que se refería Lenin. Y sobre todo, un nuevo estadio de la violencia que como lo demuestra la experiencia de este siglo, no solo es característica de la apropiación originaria y de las formas extra-económicas de dominación sino que tienen su más terrible expresión en el imperialismo actual que ha convertido el propio sistema en una gran máquina de guerra y de militarización, con lo cual pretende sortear sus crisis circunstanciales.
Esa misma base social sobre la cual se monta el capitalismo es la fuente de las grandes antinomias que ocupan todas las etapas del pensamiento burgués, tal como es analizado por el autor de este libro: ciencia y arte, objeto y sujeto, ciencias naturales y espirituales, individualismo y colectivismo, etc.
Pero solo el pensar dialéctico, base del nuevo humanismo, puede arrancarnos del círculo de hierro de esas antinomias que se presentan para el pensamiento que pretende mantenerse en las posiciones del sistema, que no quiere reconocer su carácter histórico superado por el desarrollo actual, y que no se atreve a dar un paso adelante, transformando esa contradicción en una fecunda fuente de surgimiento de las nuevas formas de pensamiento, de la psicología y del humanismo socialista.
El libro por eso se cierra con un llamado a desarrollar y enriquecer el pensamiento dialéctico como base de nuevas investigaciones en el campo de lo ideológico, social y político y de los cambios en la psicología de nuestro tiempo.
Para los medios universitarios y culturales donde se ha puesto de moda ignorar o denigrar de la fecundidad del pensamiento marxista, este libro constituye una verdadera bocanada de aire fresco, dirigido a renovar y poner en cuestión el estado de las discusiones académicas y docentes.












