Parece mentira pero es cierto. No es un chiste. Están serios. Lo dicen y lo creen. En un acto digno de malas películas, como aquellas del “Gordo y el Flaco”, el presidente de los Estados Unidos, George W. Bush, otorgó a sus “aliados incondicionales” medallas de “la libertad”. Tony Blair, ex primer ministro británico, y John Howard, ex primer ministro australiano, quienes justificaron y apoyaron la agresión a Iraq, y Álvaro Uribe, presidente de Colombia, aliado incondicional en Suramérica, fueron los merecedores de los elogios.
Bush, signado desde hace varios años como el “premier del terror”, quien impuso a sangre y fuergo por doquier durante sus ocho años de gobierno una supuesta política antiterrorista, la misma que llenó al mundo de muerte y dolor, es el oferente de “la libertad”. ¡Para risas!
Parece un reconocimiento de ventrílocuo. ‘Todo aquel que me apoyó merece mi reconocimiento’. Pero resulta que quien le brindó apoyo era igual que él, su agente en otro país, defensor de iguales intereses políticos, económicos y militares. Sin duda, un homenaje así mismo.
En Colombia, si bien la disputa contra la subversión hay avances, el merecedor de la medalla ha regido un gobierno involucrado en espantosos crímenes, los más recientes de ellos verdaderos episodios de terror, como los “falsos positivos”. Sindicalistas, activistas sociales, políticos de diversa filiación, todos padecen la criminalización de su actividad.
Parapolítica, yidispolítica, y otras expresiones de la corrupción y la violencia cotidiana que se sufren en Colombia son parte del estilo cotidiano impuesto desde el alto gobierno para garantizar el logro de sus propósitos y su continuidad.
La acción contra la integración de América, por fuera de los poderes que le han sojuzgado, es otro de sus logros. Fiel alfil de las multinacionales, Colombia funge como el único territorio donde el bipartidismo decimonónico permanece incólumne y el neoliberalismo sigue galopante, muy a pesar de su aguda crisis. Por ello, el presidente Uribe aprovechó esta visita al país del Norte para contratar servicios de empresas que busquen y estimulen mayor inversión privada en esta esquina de Suramérica. El afán por feriar lo poco que sobrevive del patrimonio público no tiene límite.
Y como en el espectáculo ya referido, ese diálogo de yo con yo que hacen los ventrílocuos se hizo más patético cuando el presidente de los colombianos entregó sendas medallas de ‘reconocimiento’ a la señora Condoleezza Rice y al responsable del Comercio Exterior, Carlos Gutiérrez. ¡Más risas!
Igual cosa sucedía con el ‘Gordo’y el ‘Flaco’: el uno hacía bobadas y el otro le secundaba. Los dos creían que la gente se reía, pero aquéllos eran tan mediocres que realmente el público estaba llorando.
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