Martes, 13 Marzo 2012 15:55

El policial chino entre Mao y Tao

Escrito por Michel Imbert
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Los productos “made in China” abundan, pero en cambio, la traducción de la literatura china sigue siendo acotada, lo cual no facilita la desaparición de los estereotipos a los que estuvo largamente asociado el Imperio del Medio en el imaginario colectivo, principalmente gracias a la literatura popular europea. Peligro amarillo, misterio oriental: fascinación mezclada con desprecio y miedo. El clisé más característico, durante mucho tiempo, fue sin duda el que materializó el diabólico doctor Fu Manchú, genio del mal, protagonista de las novelas del británico Sax Rohmer, quien lo creó en 1912. La figura del asiático perverso y temible, amo del misterio de una literatura de pre y posguerra ávida de exotismo, símbolo de sapiente perfidia, se transformó luego, en los cómics y series de TV, en la encarnación del Otro por excelencia, desde El secreto del espadón de Edgar P. Jacobs hasta El loto azul de Hergé.

Sin que forzosamente desaparezca, esa imagen tenderá a invertirse, sustituida por la del sabio místico, dueño de un poder mágico; eso es lo que pone en escena desde 1972 -¿tuvo que ver con el deshielo de la relación China-Estados Unidos?- la serie estadounidense Kung Fu. Su protagonista es un budista no violento, pero igual notablemente dotado para el combate, hijo de padre estadounidense y madre china. El cine de artes marciales que se produjo a ritmo de ametralladora en Hong Kong en los años 60 y 70, dará su propia versión de una espiritualidad danzante. Descendiente directo de las novelas de capa y espada, los wuxia xiaoshuo, este cine reactualiza la figura del caballero andante y el justiciero, con el pionero Bruce Lee, por supuesto, y después con Jacky Chan. Las coreografías marciales influyeron tanto en el cine occidental –basta pensar en Matrix, de los hermanos Wachowski, de 1999- que ya forman parte de nuestros hábitos visuales, pero eso no les quita su descendencia de la filosofía y la escritura orientales, si las figuras de combate no son más que ideogramas en movimiento. Lo mismo vale decir que al separarlas de sus raíces, corremos riesgo de disolver su particularidad. De la observación de otra forma popular, el policial, quizá puede empezar a asomar la especificidad china.

Mucho antes de la traducción, entre fines del siglo XIX y principios del XX, de Arthur Conan Doyle, Maurice Leblanc o Edgar Poe, este género floreció en grandes novelas populares escritas entre el siglo XVI y el XIX. Por eso Robert Van Gulik, diplomático y sinólogo esclarecido, pudo inspirarse en un viejo policial del siglo XVII, protagonizado por el famoso juez Ti, que vivió en el siglo VII de nuestra era, para crear su famosa serie, hoy continuada por diversos autores (entre ellos Frédéric Lenormand, en la editorial Fayard) (1)). La identidad del culpable se revelaba entonces desde el principio, y eso trae inquietantemente a la memoria la serie de televisión Columbo, en la que el actor Peter Falk chinea bastante para lograr sus fines...

En el período maoísta, el crimen se calificaba de idea “burguesa” y los jueces de “residuos del feudalismo”; la novela policial desapareció, para renacer al principio de la era Deng Xiaoping (1978-1992). En los años 80, algunos autores de la República Popular China (RPC) publicaron novelas a la Sherlock Holmes en revistas de ficción, que después de los hechos de Tiananmen dieron paso a series de televisión que daban una buena imagen de la policía. Wang Shuo, nacido en 1958, quien exploró el policial en una novela que se tradujo al inglés (2), fue primero guionista de “sitcoms”. Otros no son conocidos fuera de sus fronteras, como Lü Haiyan, ex guardia de cárcel devenido en novelista y guionista de una serie de los años 80: Jingsha bianyi (Policías de civil).

Pero el policial contemporáneo escrito por ciudadanos de China Popular sigue siendo un género subrepresentado, lo cual tiene indudable relación con la situación política. Je Jiahong, jurista y universitario pekinés, uno de los pocos autores de policiales residente en RPC publicado en Francia, sondea (cautamente) gracias a las investigaciones de un abogado formado en Estados Unidos, las heridas infligidas por la Revolución cultural y el nuevo dogma del capitalismo (3). Otros autores reconocidos hacen lo mismo pero viviendo en el extranjero, como Qiu Xiaolong (4) o Diane Weiliang (5), que emigró después de Tiananmen. Con todo, es importante no restringir la cultura china a la RPC: no deberíamos hablar de China sino de China(s), contando en especial la diáspora. El policial parece ser, tanto en China como en otras partes, un modo de cuestionar la sociedad; resta saber si, más allá de la intriga, más allá de los estereotipos, con sombrero cónico o chaquetas Mao, está escrito desde una perspectiva fundamentalmente china.

La noción de vacío y lleno estructura el pensamiento de los chinos. De un recipiente, nosotros vemos la forma, la materia y el color; por su parte, el pensamiento chino tradicional ve el vacío que este forma. El cántaro no existe más que por ser vacío (6). Este vacío taoísta crea el mundo y también organiza el espacio de la pintura clásica china, donde el hombre no es más que una brizna de hierba sobre la tierra inmensa y el cielo infinito. El individuo no puede sino someterse a las leyes de la naturaleza y a las de los hombres. Debe ser introducido en el diapasón de la armonía social. China es la cuna de esta cultura, y los ecos de este pensamiento se hallarán incluso en el período estrictamente comunista.

Si bien el Partido Comunista chino realizó desde entonces la gran pirueta ideológica, las producciones literarias y cinematográficas siguen imbuidas, en parte gracias a la censura, de esa deferencia hacia unas leyes e instituciones más o menos parecida a la preconizada por uno de los fundadores del pensamiento chino, Confucio, cuya doctrina, que hace de la obediencia a los padres y del respeto de la jerarquía social un deber, se erigió durante siglos como una suerte de religión de Estado.

Un policía interrogado durante el período maoísta respondía: “¿Ladrones? ¡No, no hay bicicletas que se puedan robar, y si alguien llega con una bicicleta que no se le conocía, sabremos enseguida lo que pasó!” Anécdotas de este tipo, que nos parecen ingenuas, tan habituados estamos a la hiperviolencia de nuestras películas y libros exitosos, encontramos en Ronda policial en Pekín, donde la realizadora y guionista Ning Ying, nacida en 1959, adapta al cine su propia novela y nos muestra una sociedad en la que una serie de perturbaciones alteran el orden: un perro sin amo que muerde a los peatones que toman una calleja, carteristas –que aparecieron a partir de los cambios sociales debidos al abandono de la economía socialista-, nuevos ricos. La crítica es aguda en esta historia que gira alrededor de una comisaría de barrio, pero los policías siempre terminan por garantizar la armonía social momentáneamente perturbada, así sea al precio de una violencia, un dirigismo y una vigilancia generalizados, que se despliegan hasta en los menores engranajes de la mecánica social.

En el suculento Ripoux en Zhengzhou (Policías corruptos en Zhengzhou) (7) el escritor Zhang Yu presenta a un policía ladino imbatible en la detección de ladrones de poca monta o la liquidación de tráficos menores. Restaurar el orden, siempre: una orden fijada por el Partido, metáfora humana del Tao que preside a toda cosa sobre la tierra. Por otro lado, la máxima maoísta “¡Servir al pueblo!”, grabada en los frontones de las comisarías, sigue siendo verdadera, al menos en teoría; cine y novelas de China Popular la traducen con mayor o menor amargura.  

En el mundo occidental, los temas frecuentes del vengador y el asesino serial muestran al criminal como una representación del mal “natural”, transmitiendo una visión del hombre, portador del pecado original, propia del pensamiento de derecha. Pero también existen historias que describen las circunstancias sociales que dan origen a la delincuencia. El policial chino, por su lado, trata el crimen como un desorden social que debe ajustarse para restablecer la armonía de la sociedad, antes que como acciones de individuos fundamentalmente malos que deberían erradicarse. El thriller, más floreciente en Hong Kong y Taiwán, existe también en RPC, pero sigue siendo infrecuente y da cuenta de la influencia del cine estadounidense.

Como la economía de mercado permite la emergencia del concepto de individuo en esta sociedad tradicionalmente fundada en el grupo, seguramente producirá formas originales de novela negra, con la fortaleza de su pertenencia a un grupo social, a semejanza de la obra de Liu Qingbang, Le Puits (El Pozo) (8), que describe con una pluma cruda y cínica a esta sociedad esquizofrénica donde el crimen paga pero los asesinos son tan culpables como víctimas.

1        Cf. en particular Trois affaires criminelles résolues par le Juge Ti (Tres casos criminales resueltos por el Juez Ti), antigua novela policial china, traducida al inglés, con prefacio, comentario y postfacio de Robert Van Gulik, 10/18, París, 1988.
2        Playing for thrills (título original: Wan de jiu shi xintiao, Pekín, 1989), Penguin Books, Londres,1997. Cf. también Feu et glace (Hielo y fuego), ediciones Philippe Picquier, Arles, 1992 (título original: Yi ban shi huo yan, yi ban shi hai shui, Pekín, 1989).
3        He Jiahong, Secrets et délits à la Bourse de Pékin (Secretos y delitos en la Bolsa de Pekín), L’Aube, La Tour-d’Aigues, 2006.
4        Qiu Xialong, La Bonne Fortune de Monsieur Ma (La buena fortuna del señor Ma), Liana Lévi, París, 2010.
5        Diane Weiliang, Le Papillon de papier (La mariposa de papel), Nil, París, 2010.
6        Véase François Cheng, Vide et plein. Le langage pictural chinois (Vacío y lleno. El lenguaje pictórico chino), Seuil, París, 1979.
7        Zhang Yu, Ripoux à Zhengzhou (Policías corruptos en Zhengzhou), Philippe Picquier, Arles, 2002 (título original: Ruan ruo, Pekín, 2000).
8        Liu Qingbang, Le Puits (El pozo), Bleu de Chine, París, 2003 (título original: Shenmu, Pekín, 2000), adaptado al cine por Li Yang bajo el título Blind Shaft.

*Autor de cinco novelas con el seudónimo Mi Jianxiu en Editions de l’Aube. Última novela publicada (con su nombre): Les Disparus du laogaï (Los desaparecidos del Iaogaï), Editions du Rouergue, París, 2010.

Traducción: Patricia Minarrieta

Información adicional

  • Antetítulo:Literatura
  • Autor:Michel Imbert
  • Edición:109
  • Fecha:Marzo de 2012
  • Bajante:En China, como en otros lugares, las novelas negras revelan la parte más baja de la sociedad, tomada por la corrupción, el secuestro de niños, los robos, la hipocresía... Pero, a diferencia de lo que sucede en los países occidentales, el crimen es visto como un trastorno social, más que como una perversión individual. Después de haber desaparecido por completo durante la Revolución Cultural, este tipo de literatura suscita un renovado interés.
Visto 4994 vecesModificado por última vez en Martes, 13 Marzo 2012 16:48

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