La cumbre del clima avanza hacia un acuerdo de mínimos

El último borrador del acuerdo echa por tierra la "descarbonización" y no se marca porcentajes claros de reducción de emisiones para 2050. La presentación del proyecto de acuerdo global de lucha contra el cambio climático se retrasa al sábado por la mañana.


PARÍS. -Parece que habrá acuerdo, pero bastante alejado de las ambiciosas expectativas con que llegaron a París los líderes políticos en el primer día de la cumbre. El presidente de la COP21, Laurent Fabius, ha presentado el jueves por la noche, tras horas de retraso y cientos de especulaciones, un nuevo borrador del texto que, en teoría, debe sentar las bases para un pacto global contra el cambio climático.

Ante la tensión que rodea las negociaciones cerca ya de la fecha final y la dificultad para ponerse de acuerdo, Francia ha publicado un borrador que elimina gran parte de las cuestiones que hasta ahora estaban en duda y perfila ya por dónde irán las líneas clave del acuerdo. No obstante, todavía ha de ser revisado y discutido por los diferentes grupos, que pueden presentar quejas. "Estamos extremadamente cerca de un acuerdo", ha dicho Fabius, que ha emplazado a los negociadores a tener listo un texto definitivo este viernes. Sin embargo, no será hasta sábado por la mañana cuando sea presentado el proyecto de acuerdo global de lucha contra el cambio climático.


Como habían exigido algunas de las potencias petroleras, el texto ha eliminado por completo el término "descarbonización", que exigía dejar atrás la quema de combustibles fósiles, vital para la economía de países como Arabia Saudí. En su lugar, se habla de alcanzar la "neutralidad en las emisiones de gases de efecto invernadero" hacia la mitad de siglo.

Además, ha desaparecido la referencia a fijarse un porcentaje claro de reducción de emisiones para 2050, y se habla en cambio de "poner pico a las emisiones tan pronto como sea posible". Aunque alude a que estos objetivos irán en la línea de lo recomendado por los científicos para evitar las peores consecuencias del cambio climático, el texto cita también que se hará en un contexto de "desarrollo sostenible" y "erradicación de la pobreza", que en realidad tolera que los países se puedan acoger a motivos económicos para no ser más ambiciosos en sus compromisos.


El texto propone como objetivo a largo plazo (2100) limitar la subida de la temperatura global a 2 grados sobre los niveles preindustriales y se marca hacer un esfuerzo para intentar que no aumente más de 1,5 grados. No obstante, muchos de los países más vulnerables habían pedido que esta última cifra marcara el objetivo principal.

Aunque sí establece que las revisiones de los compromisos de reducción de emisiones presentados por los países se hagan cada cinco años, la primera revisión oficial del acuerdo no se producirá hasta 2023, por lo que restan casi 8 años sin que los estados tengan que replantearse nuevas metas.

"El texto pone en grave riesgo la lucha contra el cambio climático porque no crea mecanismos objetivos de reducción de emisiones, pudiendo ser fácilmente trampeado", ha valorado Javier Andaluz, miembro de Ecologistas en Acción. "Me parece indignante, se ha claudicado ante el cambio climático y se cede claramente a los intereses de los países petroleros", ha añadido Alejandro González, de Amigos de la Tierra.

No obstante, hay otras cuestiones en las que sí se han constatado avances significativos, sobre todo en el capítulo que alude a la financiación que ayude a los países más vulnerables a mitigar y adaptarse al cambio climático. Hasta ahora se había aprobado un Fondo Verde de 100.000 millones anuales de dólares a partir de 2020. El nuevo texto se compromete a que esa misma cuantía se mantenga durante posteriores años y abre la puerta incluso a aumentarla.

"Es mejor que el borrador anterior, aunque si queremos que sea aceptable aún queda mucho por presionar", ha dicho Florent Marcellesi, portavoz de Equo en el Parlamento Europeo.

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Lunes, 30 Noviembre 2015 06:48

Abre la cumbre del termostato

Abre la cumbre del termostato

Ciento cincuenta líderes de Estados abrirán hoy las deliberaciones por el compromiso mundial para el cambio climático. Aunque se producen cambios, las expectativas de modificar la actual tendencia son escasas. Oficialmente cierra el 11 de diciembre.

Ciento cincuenta jefes de gobierno de todo el mundo tomarán la palabra hoy en el inicio de la Cumbre del Clima en París, entre ellos el anfitrión François Hollande, Barack Obama (Estados Unidos), Xi Jinping (China), Narendra Modi (India) y Vladimir Putin (Rusia). Protegidos por 2800 policías y gendarmes, los participantes en la COP21 intentarán sellar un acuerdo mundial para limitar a dos grados la subida del termostato respecto de la era preindustrial. De no ser así, los climatólogos predicen el agravamiento de fenómenos que ya son visibles, como el derretimiento de los glaciares o la desaparición de especies.


Los negociadores de 195 países iniciaron ayer las discusiones de la conferencia del clima, observando un minuto de silencio por las 130 víctimas de los ataques del 13 noviembre. El cónclave que busca un acuerdo para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero durará hasta el 11 de diciembre. La cita puede servir también para otros encuentros bilaterales en un mundo con conflictos abiertos, empezando por la amenaza jihadista en Siria e Irak, que provocó esta semana un serio incidente entre dos teóricos aliados, Moscú y Ankara.


Proveniente de Washington, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, llegó a París con la esperanza de alcanzar un acuerdo para frenar el cambio climático. "Soy optimista en cuanto a lo que podamos realizar, porque vi a Estados Unidos hacer progresos increíbles estos últimos siete años", escribió en su página de Facebook. "La cumbre es la oportunidad de ser solidario con nuestro aliado más antiguo, tan sólo dos semanas después de los ataques salvajes cometidos allá", añadió.


Hasta los bancos se dan cuenta de que el cambio climático "empezará a ser inquietante si no se anticipa", afirmó Pierre Forestier, de la Agencia Francesa de Desarrollo, para quien "desde hace dos o tres años hay una verdadera tendencia a la desinversión", no sólo motivada por un interés de marketing de dar una imagen ecológica sino que está "basada a la vez en una noción de riesgo y en una noción de oportunidades de posicionamiento comercial y de ventaja comparativa en el futuro". Aun la agencia de calificación norteamericana Standard and Poor's incluye ahora el riesgo clima en sus elementos de valoración.


Las ONG Corporate Knights, 350.org y South Pole Group lanzaron un simulador de resultados. Para 13 de las 14 empresas participantes se demostró que si hace tres años hubiesen decidido desinvertir, habrían obtenido 22 mil millones de dólares de rendimiento suplementario.


El acuerdo de París, de alcanzarse, entraría en vigor en 2020. "Las condiciones para que sea un éxito están reunidas, pero no está ganado de antemano", advirtió Laurent Fabius, que se mostró "cauto y activo". En tanto, el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, dijo ser "optimista". Cuando los mandatarios abandonen París, los negociadores tendrán hasta el sábado para entregar un texto de compromiso. A partir del lunes 7 empieza la recta final, con los ministros de cada país directamente involucrados en las negociaciones, que se cierran oficialmente el viernes 11.


Enfrentamientos durante la marcha por el clima en París

Afp, Ap y Dpa


Al grito de: ¡no nos quitarán el derecho a manifestar!, cientos de personas se enfrentaron este domingo a la policía en la Plaza de la República de esta capital para denunciar el estado de emergencia climática y presionar a los líderes del mundo que este lunes arrancan la 21 Conferencia de la Organización de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP21).


En desafío al estado de excepción que rige en Francia desde los atentados perpetrados por el Estado Islámico el 13 de noviembre, un grupo de encapuchados lanzó piedras y otros objetos durante los enfrentamientos con la policía, mientras los uniformados respondieron con gas lacrimógeno y granadas aturdidoras.


Algunos de los objetos lanzados eran botellas y velas que procedían del memorial de las víctimas de los ataques yihadistas de enero y noviembre a los pies de la estatua de la República.


Fue un poco violenta pero se controló perfectamente, declaró el jefe de la policía, Michel Corot, quien aseguró que detuvieron a más de 200 personas, aunque sólo 174 quedaron en arresto provisional.


Horas antes, miles de activistas participaron sin incidentes en una cadena humana convocada por el colectivo Alternativa y la asociación Attac para protestar por la anulada Marcha Global del Clima en París, que enlazó los alrededores de la Plaza de la República con la Plaza de la Nación, a lo largo del bulevar Voltaire, y que se interrumpió a la altura de la sala de conciertos Bataclan, en señal de respeto a las víctimas de los ataques.


La ONG Avaaz organizó una marcha simbólica con zapatos en la Plaza de la República. En una semana lograron recolectar 13 mil pares, uno del secretario general de la Organización de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, y otro del papa Francisco.
Los zapatos marchan por quienes no están aquí, explicó Fleury Girard, voluntario de Avaaz, en referencia tanto a la marcha prohibida como a las víctimas de los atentados yihadistas de París.


En tanto, el presidente de Francia, François Hollande, calificó en Bruselas de escandalosa la movilización en la capital francesa al afirmar que había elementos perturbadores que nada tienen que ver con los defensores del ambiente y que "solamente están in situ para perturbar".

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Martes, 10 Noviembre 2015 06:13

"No seremos guardabosques del imperio"

"No seremos guardabosques del imperio"

Una de las particularidades del proceso boliviano es la relación que establece en sus políticas con "la Madre Tierra". Por eso es tan escuchada la voz de Evo Morales de cara a la Cumbre sobre el Cambio Climático, que se concretará en París a fines de este mes.


A fines de noviembre París será escenario de la Cumbre sobre el Cambio Climático (COP 21) y, en ese contexto, la voz del presidente boliviano es una aliada de peso para la presidencia francesa. En la COP 21 habrá que llegar a un todavía improbable acuerdo para reducir, de aquí a 2030, los gases de efecto invernadero que provocan el destructivo calentamiento global. El problema mayor reside en que Occidente exige un esfuerzo considerable a los países en desarrollo, que no tienen la responsabilidad central en la emisión de gases contaminantes. Y allí está uno de los principales antagonismos de la cita parisina. Los tiempos de unos y otros son incompatibles. Pese a las esperanzas y a los buenos deseos, el clima divide a ricos y menos ricos.


–París estará, en pocas semanas, en el centro del debate para salvar al planeta del calentamiento global. La última gran cumbre sobre el clima, celebrada en Copenhague en 2009, fracasó estruendosamente. ¿Cree usted que en París se dará un salto cualitativo en la protección del medio ambiente?


–En los pueblos y los movimientos sociales del mundo hay mucha conciencia y mucho compromiso, también hay mucho esfuerzo y sacrificio por la madre tierra, por la vida y la humanidad. Esperamos que este sentimiento y pensamiento profundo de los pueblos del mundo sean escuchados por los gobiernos y los representantes de cada Estado. Después de tantos fracasos y gracias al debate sobre el desarrollo sostenible 2030 que tuvo lugar en el seno de las Naciones Unidas conseguimos entender que esta es la única oportunidad. Es el mejor momento para que los gobiernos y los pueblos del mundo coincidamos. Esperamos que los representantes de las naciones tomen decisiones para el bien de la vida y la humanidad.


–De todas formas, hay una pugna muy fuerte dentro del capitalismo entre las industrias que siguen explotando las energías fósiles y las otras, que pugnan por desarrollar energías renovables. Los grandes bancos del mundo invierten más en lo primero que en lo segundo. ¿Estos sectores no pueden acaso doblegar la voluntad política?


–Al margen del enfrentamiento entre las empresas privadas que son expertas en explotar las energías fósiles y otros empresarios que tal vez tienen más conciencia en la energía limpia, es importante que quienes promueven esa energía limpia vayan desarrollándose. Y esto sin las muchas protecciones económicas de otras empresas que están explotando las energías fósiles. Quiero decir que con Alemania y Francia estamos avanzando, como Estados y seguramente con la participación del sector privado, en el campo de la energía eólica y la energía solar. Con Alemania hemos adelantado instalar una ensambladora de sistemas eólicos, y no solamente para Bolivia sino para Sudamérica. Sería muy bueno que Bolivia fuera el corazón de toda Sudamérica. Igualmente, está el tema de la energía solar y todos los demás cambios profundos que se están dando en el uso del combustible: trenes eléctricos, autos hidráulicos, por ejemplo. Si la energía limpia es una solución más barata automáticamente caerán quienes ostentan las energías fósiles. Los Estados deben apoyar esas energías porque la energía deber ser, como el agua, un derecho humano. Nuestra obligación como Estado es atender ese derecho y garantizar la energía y el agua.


–En la cumbre de Copenhague en 2009, el presidente Chávez había dicho: "Cambien el sistema, no el clima".


–Esto sigue vigente. Es un pedido clamoroso. Estamos en un sistema fracasado, con un modelo fallido, con pueblos amenazados y con una madre tierra insegura en su existencia dentro del sistema. ¿Cómo podemos seguir apoyando este sistema? Sigo convencido de que el peor enemigo de la humanidad es el sistema capitalista.


–¿América latina, en particular el Mercosur, trae alguna propuesta colectiva a esta cumbre de París?


–Hay un solo mensaje por parte de los pueblos del mundo, y no solamente de América latina. Pero hay algunas conclusiones elaboradas en la cumbre de Tiquipaya (departamento de Cochabamba) y hace unos días concluyó en Quito, Ecuador, una reunión de ministros de Medio Ambiente donde hubo que lamentar que algunos países hayan no hayan aportado. No escuchan a sus pueblos. En la cumbre de los movimientos sociales por el cambio climático de Tiquipaya había 400 delegados de Chile, y también su ministra de Medio Ambiente. Pero se opuso a reconocer o resaltar las conclusiones. Denuncio públicamente los hechos pero no se trata de problemas bilaterales, estamos hablando de la vida. Estamos hablando de la madre tierra, estamos hablando de cómo salvar a la madre tierra para salvar a la humanidad. Es un tema profundo y tenemos diferencias profundas. Aquí, el aporte del movimiento indígena, y no solo del continente sino del mundo, consiste en cómo vivir y cómo estar en armonía con la madre tierra. Acá hay una diferencia profunda con el sistema capitalista. Los países del sur no seremos guardabosques del imperio.


–Hace ya algunos años que circula en Occidente esa idea, esa noción que nace en los pueblos indígenas: el buen vivir. Por un lado está el feroz desarrollismo del sistema capitalista y, por el otro, cierta receptividad en la gente ante esa aspiración a una resonancia entre el ser y el mundo natural. El capitalismo está hoy en crisis por todas partes. ¿Qué puede aportarle a esa crisis esa voz de la tierra?


–El mejor aporte son los planteamientos que provienen de la cumbre de Tiquipaya, y también que los Estados escuchen, entiendan e implementen esas conclusiones. Evidentemente cada continente y cada país tiene su propia particularidad, pero esas particularidades deben ser adecuadas a nuestras formas de vivencia, nuestros antepasados, nuestras experiencias armónicas con la Madre Tierra. Esto significa vivir en comunidad, en colectividad, en complementariedad, en solidaridad y no en competitividad. Tal vez en Europa sea importante el aspecto competitivo, pero si en Bolivia avanzamos como lo hicimos es gracias a esas políticas de complementariedad y solidaridad.


–Presidente, el papa Francisco y su encíclica sobre la ecología han dado la vuelta al mundo. ¿Cómo evalúa a este hombre que en Europa es visto con tanta admiración como recelo?


–Ahora siento que tengo un Papa. Ahora siento y creo. Me declaro profundamente de Cristo. Por eso tenemos que rezar para que el Papa siga con vida.


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