Una mujer arrastra un saco de comida lanzado desde el aire por el Programa Mundial de Alimentos en Ganyiel (Sudán del Sur).

 

Los conflictos y los impactos climáticos invierten las tímidas bajadas registradas desde 2003 en el número de personas que no comen lo suficiente: ya son 11 de cada 100, más de 815 millones

 

Más de 815 millones de personas. Unas 17 veces la población de España. Casi tantos como los habitantes de la Unión Europea y Estados Unidos juntos. Toda esa gente se va a dormir cada día sin haber comido las calorías mínimas para su actividad diaria. Pero lo abultado de la cifra, calculada por Naciones Unidas y publicada este viernes, no es una novedad: el número de hambrientos oficiales lleva entre los novecientos-y-pico y los setecientos-y-muchos desde comienzos de este siglo. La noticia es que, por primera vez desde 2003, el hambre repunta.

Esta subida respecto a los casi 777 millones de subalimentados que se imputan a 2015 no ha sido una sorpresa absoluta: había señales de sobra para preverla. La hambruna ha reaparecido este año en Sudán del Sur y hay otros tres países (Yemen, Somalia y el norte de Nigeria) cerca de caer en sus garras. En los últimos años han estallado guerras y enfrentamientos que se alargan y se agravan (de hecho, 6 de cada 10 hambrientos viven en países en conflicto). Y también hay regiones muy dependientes de la agricultura que llevan tres o más temporadas sufriendo sequías, inundaciones y otros impactos climáticos. Estos son, precisamente, los factores que explican la subida, según el informe presentado por la FAO (organización de las Naciones Unidas para la alimentación y la agricultura) y otras cuatro agencias de la ONU en Roma.

Si hace un año el 10,6% de la humanidad pasaba hambre, hoy es el 11%. "Son muy malas noticias", lamenta Kostas Stamulis, director general adjunto de la FAO, la agencia que hace los cálculos anuales del número de personas "subalimentadas", o que no consumen el número de calorías mínimo para sus necesidades vitales. "Por eso esperamos que al menos sirvan para hacer saltar la alarma y que los países escuchen", reflexiona Stamulis.

La agencia insiste machaconamente: acabar con el hambre es una cuestión de voluntad política. Porque se producen alimentos más que de sobra para que los casi 7.500 millones de habitantes del planeta coman lo que necesitan para una vida plena. El problema es casi siempre de distribución: hay regiones a las que no llega comida suficiente, hay personas (o comunidades enteras) a quienes no les llega para comprarla...

Detrás de esa compleja realidad llamada hambre subyacen, obviamente, problemas de pobreza y vulnerabilidad. Porque una sequía puede provocar grandes pérdidas económicas en California; pero si las lluvias faltan en Etiopía, cientos de miles de pastores etíopes que sobreviven gracias a sus animales los perderán. Y con ellos, su fuente de comida. La ofensiva militar contra Boko Haram que se vive en el norte de Nigeria puede provocar desplazados (casi dos millones) y destrucción; pero si una mayoría de la población comía de lo que cultivaba, cuando se ve obligada a abandonar sus campos o estos quedan arrasados, se queda sin la única forma de encontrar alimento por sí misma. Y una subida o una bajada de los precios globales del maíz pueden alterar el precio de las mazorcas en un supermercado español. Pero también arruinar o exponer al hambre (o ambas a la vez) a miles de pequeños productores .

Por eso, la respuesta que los autores del informe ofrecen pasa, sí, por atender con rapidez las situaciones de emergencia alimentaria provocadas por la violencia o el clima (o de la explosiva combinación de ambos). Y por fomentar y proteger la paz. Pero también, y sobre todo —y ahí es donde entra en juego la voluntad política— por invertir y apoyar el desarrollo y la capacidad de los más vulnerables para resistir estos contratiempos, como marcan los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible aprobados en 2015 por los 193 países miembros de Naciones Unidas.

Por crear además oportunidades laborales y sociales que hagan desaparecer también a los hambrientos urbanos, un colectivo en peligro de expansión con el crecimiento de las ciudades. Y por establecer mecanismos comerciales que no dejen la alimentación de países enteros expuesta a los vaivenes del mercado.

Este repunte del hambre es, desde luego, un fuerte correctivo a los ODS, ese programa global concebido entre promesas de cambio y buenas intenciones. La segunda de esas metas que Naciones Unidas y sus países miembros se han marcado para el año 2030 es acabar con el hambre y la malnutrición. Pero precisamente cuando echan a andar, no solo no hay progresos, sino que se rompe la serie de casi tres lustros de descensos.

 

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Más de dos años de guerra han expuesto al hambre a gran parte de la población de Yemen, en especial a mujeres y niñas, que suelen ser las últimas en comer. ©FAO/LIANNE GUTCHER

 

Aún es pronto para saber si se trata de una nueva tendencia o es algo puntual debido a las crisis abiertas", previene el alto cargo de la FAO. Los autores del informe, en el que también participan el Programa Mundial de Alimentos, el Fondo Internacional para el Desarrollo Agrícola, Unicef o la Organización Mundial de la Salud, advierten sobre la necesidad de seguir mejorando "la fiabilidad de las estimaciones", que están sujetas a continuas actualizaciones. Distintas voces han criticado esos cambios a posteriori, preguntándose incluso si no se maquillan los números para aparentar que se cumplen objetivos.

"Nosotros somos absolutamente transparentes con los datos", asegura Stamulis. "Son números que nos aportan los países y que nosotros después analizamos y comprobamos". Esa información remitida por los Estados incluye la producción, suministro y comercio de alimentos y la demografía (edad, sexo, ocupaciones de la población...) para calcular el consumo de calorías y relacionarlo con la energía que necesita cada persona. Pero hay países que meses o años después corrigen las estadísticas enviadas. Aunque la metodología no cambia, esas variaciones hacen que cada nuevo informe deje desfasado el anterior. "Ahora mismo son los mejores datos que podemos tener", mantiene el griego.

Esa diversidad de fuentes (este año se han incluido números estimados por Unicef o la OMS) admite el directivo de la FAO, puede estar detrás de una de las buenas noticias que recoge el texto: los retrasos en el crecimiento por desnutrición en menores de cinco años apuntan una tendencia mucho más positiva: aunque aún los sufren 155 millones de niños, la reducción desde 2005 ha sido de 6,6 puntos (del 29,5% al 22,9%).

Los distintos tipos de desnutrición, sobrepeso infantil, anemia femenina u obesidad entre adultos se incluyen por primera vez en un informe que ha cambiado de nombre: ya no habla del estado de la inseguridad alimentaria, sino de la seguridad alimentaria y la nutrición. La idea, apunta el documento, es entender mejor la relación entre la seguridad alimentaria (la garantía de ingerir calorías suficientes) y una buena nutrición (que estas provengan de alimentos sanos y con la aportación de los nutrientes adecuados).

Aunque el informe de este año es negativo, la serie histórica arroja progresos. En 2000, los obligados a dedicar su día a día a buscar algo de comer, los condenados a no desarrollar todo su potencial físico y humano, eran el 14,7% de la población mundial. Hoy son el 11%. Pero, como se pregunta el escritor argentino Martín Caparrós en su enciclopédico El hambre: “¿Y si en lugar de ser cientos millones de hambrientos fueran 100? ¿Y si fueran 24? ¿Entonces diríamos 'ah, bueno, no es tan grave'? ¿A partir de cuántos empieza a ser grave?”.

 

 

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Sábado, 19 Agosto 2017 07:04

Secretos sucios de la carne vegetal

Secretos sucios de la carne vegetal

La industria de la carne es un problema grave para la salud, el ambiente y los animales que tienen que vivir toda su vida en condiciones deplorables. Por todo ello, cada vez más personas optan por comer menos carne o dejar totalmente su consumo. Ante esta demanda, la industria de los sustitutos vegetales de carne crece aceleradamente, pero ¿realmente son mejores?

Por ejemplo, la llamada "hamburguesa imposible" (Impossible Burger) de la empresa de alta tecnología Impossible Foods, es uno de los productos de este floreciente mercado, en el que muchos actores vienen de la industria bioquímica e informática, más que de la alimentaria. La presentan como totalmente vegetal, pero con una "salsa secreta" que la hace "sangrar" y tener un sabor y color muy parecido al de la carne.

El ingrediente que le da ese efecto, la leghemoglobina (abreviado en inglés SLH o simplemente "heme"), es en este caso un producto derivado de ingeniería genética, que no fue aprobado como seguro para la salud humana por la Administración de Drogas y Alimentos de Estados Unidos (FDA por sus siglas en inglés), pese a lo cual la empresa lo puso en el mercado desde 2016.

El tema salió a la luz por un artículo del New York Times del 8 de agosto 2017, a partir de que las organizaciones Amigos de la Tierra y Grupo ETC obtuvieron mediante la ley de acceso a la información, los documentos que la empresa presentó a la FDA, intentando obtener su aprobación (https://tinyurl.com/yd9aglax).

Según explica Jim Thomas, del Grupo ETC, "La FDA dijo a Impossible Foods que su hamburguesa no alcanzaba los estándares de inocuidad, y la compañía admitió que no conocía todos sus ingredientes. Aún así la ha vendido a miles de consumidores incautos. La empresa debería retirar del mercado sus hamburguesas hasta que la FDA establezca la seguridad del producto y se ofrezcan disculpas a quienes fueron puestos en riesgo."

La leghemoglobina usada para esta hamburguesa es una proteína creada en laboratorio que imita una presente en la raíz de las plantas de soya, pero producida en tanques por microbios alterados mediante biología sintética. En los documentos presentados por la empresa a la FDA, la agencia advirtió que según los datos aportados, el heme, ingrediente clave de la hamburguesa, no cumplía los estándares para el estatus de seguridad generalmente reconocidos (GRAS, por sus siglas en inglés). La empresa admitió que en el proceso de ingeniería genética para el heme se habían generado 46 proteínas adicionales "inesperadas" de las cuales ninguna había sido evaluada en el dossier presentado a la FDA. Para evitar que la FDA rechazara la solicitud, la empresa la retiró voluntariamente, asegurando que realizaría nuevas pruebas, las cuales actualmente asegura haber realizado exitosamente –en experimentos de alimentación con ratones de laboratorio– pero pese a ello, el estudio no es público. Aunque la empresa sostiene que la proteína en la soya ha sido consumida por mucho tiempo y no se conocen efectos adversos, la versión construida mediante biología sintética, así como las proteínas adicionales inesperadas, son desconocidas y tienen potencial alergénico y otros desconocidos.

El caso de esta hamburguesa vegetal "sangrante" es significativo del desarrollo en esta industria. No se trata, como uno podría pensar, de alternativas sustentables, sino que en muchos casos son sustitutos con ingredientes excretados en tanques de fermentación, por microbios o levaduras alteradas genéticamente mediante biología sintética, un campo escasa o nulamente regulado, en el cual no existen siquiera normas de bioseguridad adecuadas a este proceso industrial nuevo y nada natural. Otros ejemplos del mismo tipo son los sustitutos que imitan leche de vaca producidos por la empresa Perfect Day o las "claras de huevo" de Clara Foods, ambos producidos con biología sintética.

Son empresas que intentan aprovecharse comercialmente de los vacíos regulatorios y la crítica y sensibilidad de cada vez más gente ante la producción industrial de carne y la crueldad de la cría animal, pero sin explicar que el proceso de producción se basa en tecnologías riesgosas, sea en estos u otros casos, como los que producen carne en laboratorio, otra aventura de alta tecnología que implica riesgos de salud no evaluados.

El motor de esta industria es que el mercado de sustitutos de productos animales es enorme y de muy rápido crecimiento, el fundador de Impossible Foods estima que será de billones de dólares en pocos años. Seguramente también es la razón para que Impossible Foods consiguiera inversiones de 200 millones de dólares por parte de Bill Gates, Khosla Ventures y el también billonario Li Ka-Shing, de Hong Kong, a la que este mes se sumaron 75 millones de dólares más del fondo soberano de inversión de Singapur (NYT, http://tinyurl.com/yag68oql).

El cuestionamiento a la cría industrial de animales está totalmente justificado por un amplio espectro de razones, pero no necesitamos cambiarlo por otra industria nociva y riesgosa. La producción campesina, agroecológica, de pastores y pescadores artesanales, nos brinda abundantes alternativas reales, sanas y probadas.

 

Silvia Ribeiro, investigadora del Grupo ETC

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El campo, el territorio olvidado de Colombia

El campo, el territorio olvidado de Colombia, ha vuelto a ser noticia estas últimas semanas. Un nuevo informe de la ONG internacional OXFAM ubicó a Colombia como el país más desigual de Latinoamérica en lo que respecta a la concentración de la tierra[1].


Entre los datos más relevantes que aborda el informe, a partir de los datos del Censo Agropecuario elaborado por el DANE (Departamento Administrativo Nacional de Estadísticas), se destaca que el 1% de los propietarios concentran el 81% de las tierras, mientras que el 99% restante apenas ocupa el 19%. A su vez, el 81% de las explotaciones agrícolas son de menos de 10 hectáreas, pero solamente explican el 5% del área total.


Lo que no se ha abordado en el mencionado informe -ni en las notas periodísticas que lo replicaron- es la situación social que vive el campo colombiano como consecuencia de la elevada desigualdad. Esta triste realidad puede ser seguida a partir de diversos indicadores oficiales provistos por el DANE que dan cuenta del abandono al que fue sometida la ruralidad durante los últimos años.


Si Colombia en general se caracteriza por sus elevados niveles de desigualdad en la distribución del ingreso, por la falta de acceso a derechos básicos y por la precariedad laboral, todo esto se potencia en el sector rural. Por ejemplo, en 2016 la pobreza monetaria en el país se ubicó en el 28%, pero en el campo ascendió a 38,6%. La pobreza monetaria extrema, que implica el no poder acceder a una canasta alimentaria mínima que garantice las necesidades calóricas básicas, en la media nacional registró 8,5% y en el sector rural 18,1%, más del doble. En otras palabras, en el campo, 4 de cada 10 personas se encuentran en situación de pobreza y 1 de cada 5 en condición de pobreza extrema.


La pobreza no es el único indicador que refleja la difícil realidad de la vida en el agro colombiano. No solo los ingresos son bajos, sino que la precariedad laboral es muy elevada. Durante 2016 la informalidad laboral en el campo ascendió al 90%, muy por encima del ya de por si elevado 48% registrado como promedio nacional.


Por otro lado, son muchos los derechos básicos a los que no acceden quienes habitan en el sector rural. El analfabetismo alcanza al 21,4% de la población, es decir a 1 de cada 5 habitantes. A su vez la situación educativa actual es delicada. El 37% de los estudiantes sufre rezago escolar y el 79,9% tiene bajo logro educativo. Por último, cabe destacar que el 37,1% de la población rural no tiene acceso a fuentes de agua mejorada.


También el abandono de la ruralidad se ve reflejado en la pérdida de participación relativa del sector en la economía. El DANE registra que en 2002 el sector agropecuario representaba el 8,1% del PBI, mientras que en 2016 la incidencia se redujo a 6%. A su vez, según CEPAL, en los primeros quince años del nuevo siglo la superficie agrícola en Colombia se retrajo y fue el segundo país de la región de menor crecimiento en la producción.


La elevada concentración de la tierra, la precaria situación social y la pérdida de participación del sector en la economía se dan en el marco de años de abandono del Estado. Un documento elaborado por el propio Departamento Nacional de Planeación[2], bajo la coordinación de José Ocampo, da cuenta de que los Tratados de Libre Comercio realizaron una contribución prácticamente nula al aumento y diversificación de la canasta exportadora de productos agropecuarios, mientras que por el contrario implicaron un crecimiento y diversificación de las importaciones que desplazaron a la producción local. A su vez, destaca las consecuencias negativas en materia de infraestructura y vivienda de la descentralización del gasto hacia los departamentos y municipios y los efectos negativos del cambio climático que como consecuencia de la baja inversión en ciencia y tecnología no encuentran soluciones. Por último, el informe señala la carencia de asistencia técnica y financiera a las unidades de menor tamaño debido al deterioro en las últimas décadas de las redes de instituciones de apoyo al sector.


Los acuerdos de paz pueden ser una oportunidad para comenzar a revertir la dramática situación del campo colombiano. Los mismos establecen una Reforma Rural Integral[3] que implicaría promover el acceso a la tierra; desarrollar la infraestructura vial, de riego y eléctrica; mejorar el acceso a la educación, salud y vivienda; brindar estímulos financieros y asistencia técnica a los productores; garantizar el acceso a la alimentación necesaria; lograr la formalización laboral rural y el acceso a la protección social; y favorecer canales de comercialización de los alimentos colombianos.


No obstante, la implementación y profundización de estas medidas implicaría dar un vuelco de 180 grados en el rol que el Estado viene cumpliendo hasta el momento y una reversión del modelo económico vigente, por lo cual estos avances aun no pueden darse por hechos.


Notas:


[1] https://www.oxfam.org/sites/www.oxfam.org/files/file_attachments/radiografia_de_la_desigualdad.pdf
[2] https://colaboracion.dnp.gov.co/CDT/Prensa/DOCUMENTO%20MARCO-MISION.pdf
[3] http://www.acuerdodepaz.gov.co/sites/all/themes/nexus/files/reforma-rural-integral.pdf


Por Pablo Wahren, investigador CELAG.
@p_wahren

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Megafusiones agrícolas: quién decidirá lo que comemos

Definitivamente, el futuro de la alimentación no es lo que era. Al menos en lo que agricultura industrial se refiere. Monsanto, el villano más conocido de la agricultura transgénica, podría pronto desaparecer del escenario con ese nombre, si se autoriza su compra por parte de Bayer –aunque sus intenciones serán las mismas. Las fusiones Syngenta-ChemChina y DuPont-Dow siguen también bajo escrutinio de las autoridades antimonopolio en muchos países. Si se concretan, las tres empresas resultantes controlarán 60 por ciento del mercado mundial de semillas comerciales (incluido casi 100 por ciento de semillas transgénicas) y 71 por ciento de los agrotóxicos a nivel global, niveles de concentración que superan ampliamente las reglas antimonopolio de cualquier país.


Estas megafusiones tendrán muchas repercusiones negativas a corto plazo: aumento notable de precios de insumos agrícolas, más disminución de innovación y de variedades a disposición del mercado, mayores limitaciones al fitomejoramiento público y aumento de agrotóxicos en los campos –y por tanto en alimentos– para poder seguir vendiendo semillas transgénicas, aunque hayan provocado resistencia en decenas de plantas invasoras y haya que subir dosis y agregar mezclas con agroquímicos aún más tóxicos. Para esas empresas, su mayor negocio es vender veneno, o sea que si no se lo impiden, éste será el curso de acción.


Estas fusiones tendrán también fuertes impactos sobre las economías campesinas y de agricultores familiares, aunque éstos en su mayoría usan sus propias semillas y pocos o ningún insumo químico, porque el poder de presión de estas megaempresas frente a gobiernos e instancias internacionales aumentará con su tamaño y por monopolizar los primeros eslabones de la cadena agroalimentaria. Aumentarán la presión para obtener leyes de propiedad intelectual más restrictivas; para restringir o ilegalizar los intercambios de semillas entre campesinos –por ejemplo con normas fitosanitarias y obligación de usar semillas registradas–; para que los programas para el campo y los créditos agrícolas sean condicionados al uso de sus insumos ysemillas patentadas; para que los gastos en infraestructura y otras políticas agrícolas beneficien a la agricultura industrial y desplacen a los campesinos.


Como si no fuera suficiente, hay otros factores muy preocupantes. La ronda de fusiones no finalizará con esos movimientos, sino que apenas empieza. Lo que está en juego a mediano plazo es quién controlará los 400 mil millones de dólares (mdd) de todos los insumos agrícolas. Actualmente, el valor conjunto del mercado comercial global de semillas y agrotóxicos es de 97 mil mdd. El resto, tres veces mayor, está controlado por empresas de maquinaria y fertilizantes, que también se están consolidando. Las cuatro empresas de maquinaria más grandes (John Deere, CNH, AGCO, Kubota) ya controlan 54 por ciento de ese sector.


El sector maquinaria ya no es de simples tractores: han adquirido un alto grado de automatización, integrando GPS y sensores agrícolas a sus máquinas, drones para riego y fumigación, tractores no tripulados, así como un acúmulo masivo de datos satelitales sobre suelos y clima. A su vez, Monsanto y compañía, las seis grandes gigantes genéticas, también se han digitalizado y controlan una enorme base de datos genómicos de cultivos, microorganismos y plantas de agroecosistemas, además de otras bases de datos relacionados.


Ya existen entre ambos sectores contratos de colaboración y hasta empresas compartidas para la venta de datos climáticos y seguros agrícolas. Monsanto, por ejemplo, adquirió en 2012 la empresa Precision Planting, de instrumentos y sistemas de monitoreo para agricultura de precisión, desde siembra a riego y administración de agroquímicos. En 2013, compró The Climate Corporation, para registro y venta de datos climáticos. John Deere acordó en 2015 comprar Precision Planting a Monsanto, pero las oficinas antimonopolio de Estados Unidos y luego Brasil, objetaron la compra, por considerar que John Deere pasaría a controlar un porcentaje virtualmente monopólico del sector. Aunque finalmente la venta se canceló en 2017, es una muestra de la tendencia. Existen varias otras empresas de base digital-instrumental (Precision Hawk, Raven, Sentera, Agribotix) compartidas o en colaboración entre las trasnacionales de maquinaria agrícola con las de semillas-agrotóxicos. Ver al respecto el documento Software contra Hardware del grupo ETC (http://tinyurl.com/y9dnpano).


Todo indica que las grandes empresas de maquinaria se moverán para comprar a los gigantes genéticos, luego de finalizada la primera ronda de fusiones. Esta segunda ronda tiene el objetivo de imponer una agricultura altamente automatizada, con muy pocos trabajadores, que ofrecerá a los agricultores un paquete que no podrán rechazar: desde qué semillas, insumos, maquinaria, datos genómicos y climáticos hasta qué seguros tendrá que comprar, además de que buscarán que se condicionen los créditos agrícolas a la adquisición de este nuevo paquete, así como ahora ya se hace con semillas y agroquímicos.


Es fundamental entender y denunciar los impactos de las megafusiones desde ya. Muchas organizaciones se han movilizado para protestar en Estados Unidos, Europa, China y varios países de África y América Latina, incluso ante las oficinas anti-monopolio, lo que al menos ha retrasado su aprobación. De fondo se trata de impedir que los agronegocios se apropien de todo el campo y la alimentación, también una forma de proteger la producción campesina y agroecológica, la única forma para poder comer sano y para la soberanía alimentaria.

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Gobiernos de AL incluyen productos nocivos en las canastas alimentarias

Las empresas del sector siguen reacias a colaborar en el tema del sobrepeso: Cepal


A pesar de que las empresas de alimentos siguen reacias a colaborar en los temas para erradicar el sobrepeso y la obesidad, hoy están más conscientes y tienen un mayor compromiso para atender ese problema, manifestó ayer la secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), Alicia Bárcena Ibarra.

Sin embargo, advirtió, en países de la región los gobiernos están incluyendo en sus listas de canastas básicas de alimentos productos con sustancias que perjudican la salud, como la fructosa.

"En la parte del sector privado hay cierta resistencia a colaborar en temas de etiquetado e impuestos, como ocurrió en Chile, pero es parte de la concientización de la sociedad". Hay que avanzar en la eliminación de la obesidad y el sobrepeso, asuntos que en países como México y Chile alcanzan tasas superiores a 70 por ciento de la población, aseguró Bárcena Ibarra.

Señaló que las grandes empresas "están más conscientes y con mayor compromiso para alcanzar los objetivos de desarrollo sostenible. Hay mayor concientización". No obstante, apuntó que falta información al consumidor, lo cual sólo se logrará mediante un etiquetado "visible y desagregado" en los productos procesados.

La Cepal presentó el estudio El costo de la doble carga de la malnutrición, aplicado en Ecuador, Chile y México. La base de ese análisis será repetido en los demás países de América Latina y el Caribe.

El estudio de la Cepal indica que los gobiernos pueden ayudar a eliminar la doble carga de la malnutrición, es decir, la suma de los costos económicos de la desnutrición más la obesidad y el sobrepeso. Con base en cifras a 2014, el análisis no refleja los resultados de las políticas públicas emprendidas por países como México relacionadas con el aumento al impuesto a las bebidas azucaradas ni las vinculadas con el etiquetado en los productos procesados.

En el caso de México, la repercusión económica de la carga doble de la malnutrición alcanzó en 2014 el equivalente a 2.3 por ciento del producto interno bruto, poco más de 28 mil 800 millones de dólares. La proyección de la Cepal es que hacia 2078 el costo anual será de 13 mil millones de dólares.

La comisión afirma en el reporte que los gobiernos pueden ayudar mediante políticas claras e incentivos para garantizar un etiquetado fiable, programas de actividad física y planes comunitarios de educación nutricional. Pero existe la preocupación, dijo Bárcena Ibarra, de que "se han agregado a las canastas básicas de la región muchos alimentos, como jarabe de fructosa, que es un ingrediente muy perjudicial para la salud".

La Cepal apuntó que la industria alimentaria desempeña un papel importante en el sobrepeso. "Tiene la oportunidad de garantizar la producción, disponibilidad y accesibilidad a productos más sanos".

Agregó que el sector privado puede "sensibilizar a los clientes" sobre las opciones de alimentos saludables, mediante la entrega de información nutricional "clara y confiable", para que se puedan tomar decisiones de consumo responsables en la dieta.

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Cómo cocinar para aprovechar al máximo las propiedades de nuestra comida

 

Una preparación y cocción adecuada potencia la absorción de los nutrientes

 

En contacto con el fuego, nuestros alimentos se transforman: su olor, su consistencia y color mutan. Pero no sólo eso. El método culinario de cocción que utilizamos también altera el contenido nutritivo y calórico, produciéndose una mayor o menor pérdida de vitaminas y minerales.

Habitualmente cocinamos como más nos gusta encontrarlos en el paladar, sin tener en cuenta de qué forma ese alimento nos puede aportar más beneficio. Pero ambas cuestiones se pueden conjugar. A continuación, mostramos algunos consejos para conservar al máximo las propiedades en nuestros platos.

 

Las verduras: al vapor o hervidas

 

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Brócoli al vapor (1MoreCreative / Getty)

 

Son las cocciones más adecuadas para reducir la pérdida de nutrientes, sobre todo de aquellas vitaminas sensibles al calor, como pueden ser la b1, b2 o el ácido fólico y que pueden acabar destruyéndose o quedándose en el agua. La cocción al vapor es la que mejor mantiene los nutrientes, ya que no se produce contacto con el agua.

Además, también se conserva más su sabor. Para esta técnica, hay que asegurarse de que el recipiente es suficientemente amplio para que se pueda generar vapor. Si el vegetal lo permite, se pueden añadir unas gotas de limón al agua para que este ácido orgánico frene la pérdida de vitaminas.

Si hervimos las verduras, algunas de las medidas que podemos tomar son: usar la mínima cantidad de agua; cortar los vegetales justo antes de cocinarlos y hacerlo en trozos grandes; reducir la cocción de forma que queden al dente; pasarlos por agua fría para cortar la cocción; y, como en el caso del vapor, añadir unas gotas de limón.

 

Granos, legumbres y semillas: el “problema” de los antinutrientes

 

Los antinutrientes son compuestos naturales que protegen el alimento pero impiden o dificultan la absorción de los nutrientes que éste nos aporta. Hay de diversos tipos y están presentes en muchos de nuestros alimentos más comunes y nutritivos. Quizás el más famoso sea el ácido fítico, presente mayoritariamente en los cereales sin refinar, frutos secos y semillas.

 

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Lentejas (Image Source / Getty)

 

Los antinutrientes son un buen ejemplo de componentes que son, a la vez, enemigos y amigos. Se consideran enemigos por su capacidad de unirse a los minerales y vitaminas, dificultando su asimilación en el organismo.

Sin embargo, sin exceso pueden ser beneficiosos, pues esta unión también se da en metales como el aluminio y, por tanto, contribuye a eliminarlos de nuestro cuerpo. Para evitar el exceso, se recomienda poner en remojo toda la noche y después enjuagar bien, no sólo las legumbres, sino también los cereales, frutos secos y semillas.

Este proceso es especialmente importante cuando vayamos a ingerirlos crudos, ya que la cocción en sí destruye buena parte de los antinutrientes.

 
Infusiones y zumos: las hierbas mejor vivas

 

Tanto si vamos a preparar una infusión como si van a formar parte de un zumo natural, las hierbas siempre son más nutritivas vivas que secas. Cuando las infusionamos, debemos lograr la máxima fusión de la hierba con el agua, para que se transmita su valor nutricional más fácilmente. Y esto sólo se consigue si las cortamos en trozos muy pequeños o las machacamos.

 

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Smoothie de espinacas (Lecic / Getty)

 

En el caso de las plantas blandas (diente de león, cola de caballo, ortiga, y un larguísimo etcétera), se hierve el agua antes y, una vez hervida, se añaden los tallos.

Pero si tratamos con plantas más duras como es el caso de las raíces de cúrcuma o cardamomo (con una estructura muy leñosa), la raíz se incorpora en la cocción desde el principio. En todos los casos, la calidad del agua es fundamental.

 

 

 

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Fila en el poblado de Leer, en Sudán del Sur, a la espera de distribución de comida por el Programa Mundial de Alimentos, organismo que advirtió en febrero que más de 20 millones de personas entraron en riesgo de morir de hambre en los próximos seis meses

 

Roma.

 

La población mundial en riesgo de hambruna supera 100 millones de personas y seguirá creciendo si no se combina la asistencia humanitaria con más contención a los granjeros, reveló este martes la Organización de Naciones Unidas (ONU). La cifra, añadió, representa un incremento de 30 por ciento respecto del año pasado, lo que atribuyó a las crisis en Yemen, Sudán del Sur, Nigeria y Somalia.

Más aún, en Somalia uno de cada siete niños muere antes de cumplir los cinco años.

Desde Mogadiscio, Antonio Guterres, secretario general de la ONU, pidió una movilización masiva para evitar lo peor en Somalia, país del Cuerno de África amenazado por la hambruna.

El presidente de Somalia, Mohamed Abdullahi Mohamed, quien se reunió con Guterres, subrayó que su país enfrenta una sequía que podría provocar hambruna si no llueve en los próximos dos meses.

Somalia está al borde de su tercera hambruna en 25 años a causa de una nueva sequía que causa estragos en el este de África.

En Roma, Dominique Burgeon, director de la División de Emergencia de la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), precisó que los últimos estudios demuestran que 102 millones de personas padecían malnutrición aguda grave (etapa previa al hambre) en 2016, 30 por ciento más de los 80 millones del año previo.

Atribuyó ese aumento, principalmente, a la profundización de la crisis de Yemen, Sudán del Sur, Nigeria y Somalia, donde el conflicto y la sequía destruyeron la producción de alimentos.

La asistencia humanitaria mantuvo con vida a muchas personas hasta ahora, pero existe un deterioro sostenido en materia de seguridad alimentaria, indicó Burgeon a la Fundación Thomson Reuters, la rama caritativa de Thomson Reuters que cubre noticias sobre temas humanitarios, derechos de la mujer, corrupción y cambio climático (http://news.trust.org).

Burgeon agregó que se necesitan más inversiones para ayudar a la población a alimentarse con cultivos y ganado.

Llegamos con aviones, damos asistencia alimentaria y tratamos de mantener viva a la gente, pero no invertimos lo suficiente en la calidad de vida de esas personas, explicó. Evitamos que caigan en hambruna, pero no logramos alejarlos de la inseguridad alimentaria.

El Programa Mundial de Alimentos de la ONU indicó que el mes pasado más de 20 millones de personas (superior a la población de Rumania o Florida) entraron en riesgo de morir de hambre en seis meses.

Las guerras en Yemen, el noreste de Nigeria y Sudán del Sur devastaron hogares y elevaron los precios de los alimentos, mientras la sequía en el este de África arruinó la economía agrícola.

En febrero se declaró oficialmente la hambruna en áreas de Sudán del Sur, en guerra civil desde 2013.

En Nueva York, el vocero adjunto de la ONU, Farhan Haq, citando datos de la Organización Mundial de la Salud, aseguró que uno de cada siete niños somalíes muere antes de cumplir cinco años. La desnutrición severa debilita su sistema inmunológico, lo que los hace más susceptibles a enfermedades como el sarampión.

Aproximadamente 6 millones de personas, la mitad de la población somalí, tienen acceso a los servicios de salud básicos, y menos de la mitad de todas las mujeres embarazadas tienen acceso a partos asistidos, precisó Haq en conferencia de prensa.

La inseguridad alimentaria ha empeorado por la sequía en Somalia, donde la hambruna causó la muerte de alrededor de 260 mil personas en 2011.

Las condiciones de sequía amenazan a una ya frágil población golpeada por décadas de conflicto. Cerca de la mitad de la población enfrenta una aguda inseguridad alimentaria.

Se espera que 185 mil niños presenten desnutrición aguda severa este año y la cifra llegará a 270 mil en los próximos meses, dijo en febrero el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia.

 

 

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Sábado, 10 Diciembre 2016 07:03

¿Biodiversidad sintética?

¿Biodiversidad sintética?

La biología sintética, una "actualización" de la ingeniería genética que viabiliza nuevas construcciones transgénicas y otras alteraciones en seres vivos, ha atravesado las discusiones en la conferencia global del Convenio de Biodiversidad (CDB) de Naciones Unidas, reunido desde el 4 al 17 de diciembre en Cancún, México.

Desde nuevos riesgos al ambiente y la salud, enormes desafíos de bioseguridad, hasta el tema de la nueva biopiratería digital, pasando por la posibilidad de extinguir especies o construir armas biológicas, nadie se pudo quedar al margen del debate. Para sus promotores, agresivos y muy bien financiados por la Fundación Gates o trasnacionales, se trata de "pequeños cambios, apenas una edición genética, casi como cambiar una palabra en un texto", pero prometen resolver (¡otra vez!) desde el hambre hasta el cambio climático y las enfermedades. Los más osados quieren manipular especies silvestres y hacer ingeniería de ecosistemas, prometen terminar la malaria y hasta revivir mamuts. Curioso que las propuestas de esta nueva raza de "conservacionistas" sea extinguir especies, pero las que ellos decidan que no es preciso conservar.

Apenas comenzada la conferencia, más de 170 organizaciones de todo el mundo, incluidas las mayores redes globales de campesinos, como la Vía Campesina, ambientalistas como Amigos de la Tierra y otras sindicales, sociales y de consumidores demandaron al CDB detener la "tecnología de extinción de especies", refiriéndose a los impulsores genéticos. Se trata de una nueva aplicación de ingeniería genética, que está dirigida a alterar especies silvestres, desde insectos a plantas o animales, para forzar la permanencia de un carácter transgénico a través de generaciones, lo cual podría llevar a la extinción de una especie, dependiendo del carácter que se inserte (http://tinyurl.com/zcrp6c3). El llamado tuvo repercusión en varias delegaciones, principalmente el grupo de países de África, que planteó la necesidad de aplicar un estricto principio de precaución ante estos nuevos riesgos. El tema sigue en consideración.

Según explicó la doctora Ricarda Steinbrecher, de la Federación de Científicos de Alemania, mientras que los transgénicos aplicados a cultivos están construidos para expresarse en semillas que hay que plantar (aunque a través del polen se crucen con cultivos no transgénicos, contaminándolos) con los impulsores genéticos, el objetivo es que se diseminen agresivamente en el ambiente y que persistan a través de muchas generaciones. Cuando la alteración es para que las especies solamente tengan machos en su descendencia, el objetivo es eliminar una población completa. Y aunque no funcione como afirman sus promotores, el desequilibrio genético podría llevar a cambios imprevistos. Eliminar una especie –o una población de ésta– tendrá una cascada de repercusiones en todo el ecosistema: todas las especies son parte de un conjunto complejo de co-evolución y co-adaptación, parte de las cadenas alimentarias y otros procesos. Incluso aquellas que algunos consideran plagas (como ratones o malezas) o que son vectores de enfermedades (como mosquitos), surgen y se desarrollan porque ese sistema crea un nicho para ellas por alguna razón.

Los impulsores genéticos no toman en cuenta ninguna de estas relaciones, solamente pretenden eliminar lo que sus promotores definen como problema, sin tocar las causas, las condiciones ambientales –muchas veces ambientes degradados por otras tecnologías, megaproyectos y alto uso de agrotóxicos– ni las condiciones de salud y socio-económicas de las personas afectadas, que en la mayoría de casos son los principales factores que favorecen lo que se define luego de plaga o epidemia.

Pese a que quizá ni siquiera funcione, los intereses comerciales y la guerra de patentes sobre estas tecnologías son enormes y principalmente para sus aplicaciones en agricultura, pero tratando de evitar el rechazo que tuvieron los transgénicos, sus promotores han tomado otras vías para lograr su aceptación: las presentan como técnicas para enfermedades o conservación.

Por otro lado, la industrialización de la biología sintética plantea toda otra serie de temas. Colocar en Internet los mapas genómicos de muchas especies vegetales, animales, microbianas, permite que las empresas y quienes tengan acceso a las herramientas adecuadas, puedan descargar la información genética y construir artificialmente principios activos y otros genes, para su uso a nivel industrial. Pero también para otros usos, inclusive usos hostiles, como fabricar ciertos virus y bacterias, que pueden dañar cosechas, animales domésticos y hasta humanos. El tema es complejo y la alineación de gobiernos es esperada: la mayoría de países de Norte, que tienen las herramientas, las patentes y son sede de las trasnacionales, no quieren ninguna nueva norma ni discusión, alegan que de esa forma se promueve la "ciencia" porque todos pueden acceder a la información. Si bien este principio sería bueno si se aplicara a todo, no proponen acompañar este supuesto "interés público" de una prohibición al patentamiento, privatización y lucro de resultados que ellos pueden obtener al usar la información. Al contrario, se parece mucho a la biopiratería de siempre, pero digitalizada y con un espectro de usos e impactos mucho mayores.

Por eso, entre los llamados "Premios del Capitán Garfio" 2016, que se entregaron en el marco del CDB se incluyó a Canadá y Honduras (representado por una profesora mexicana de biotecnología), que en estas negociaciones han estado entre los más aguerridos defensores de la industria de la biología sintética.

 

“La agroecología no es el pasado; la agroecología es el futuro”: Walter Pengue.

Walter Pengue es Ingeniero Agrónomo y Doctor en Agroecología. Trabaja en la Universidad Nacional del General Sarmiento y en la Universidad de Buenos Aires, en Argentina, y es miembro de la Comisión Gestora de IKIAM, Universidad Regional Amazónica en el Ecuador. Asimismo, es miembro del Consejo Ejecutivo del TEEB en el marco de su programa sobre agricultura y alimentación, del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), con sede en Ginebra.
En una de sus visitas a Quito, El Observatorio del Cambio Rural charla con Pengue, sobre su mirada acerca de las tendencias de la Agricultura Industrial en la región y la Agroecología como modelo de producción en el planteamiento de alternativas para el campo y el desarrollo rural sustentable.


¿Cuál es la situación de la agricultura industrial en América Latina?


Hoy en día, lo que está sucediendo en América Latina, es la instalación de la agricultura industrial como un proceso de transformación importante del paisaje rural y de su sociedad. La llegada de un modelo, desvinculado del quehacer rural, que transforma recursos básicos como suelo, agua y biodiversidad en biomasa o cashcrops, que simplemente apuntan a una renta coyuntural, sin valor agregado ni económico ni social. En ese sentido, no es diferente la situación de lo que se está viviendo en Argentina, a la del Brasil, en Uruguay, o en Centroamérica, Ecuador y Colombia.


¿Cómo se instala el modelo industrial?


La instalación de este modelo se cumple de dos maneras: a través de la mirada que se tiene en la producción de cultivos o de productos, especialmente para la exportación y, a su vez, por la implementación de un modelo científico tecnológico con una mirada vinculada a la intensificación en el uso de los recursos naturales. Una mirada meramente tecnocéntrica.


Con la llegada de un proceso relacionado con la agricultura transgénica más intensiva, dicho modelo es el que se implementó en Argentina en los últimos 20 años, con la liberación de la primera soja transgénica en el país. Hoy en día, tal paquete tecnológico fue exportado hacia, prácticamente, todos los países de América Latina.


Frente al modelo industrial imperante, ¿qué representa la agroecología para la transformación del mundo agrario?


La Agroecología no es el pasado; la Agroecología es el futuro. Cuando la agricultura industrial falle y ya está mostrando sus tremendas fallas (aparición de malezas tolerantes y resistentes por doquier, enorme carga agroquímica, deforestación, degradación de los suelos, contaminación en áreas de borde periurbano), la única alternativa que tendrá la humanidad para poder abastecerse de alimentos será a través de los sistemas de producción agroecológica. Si hablamos de alimentos, este es el camino. Si hablamos de biomasa, la industrial potenciará aún más sus prácticas. Pero siempre que no incluya sus externalidades, que son enormes.


Los sistemas de producción agroecológica son sistemas que, en rigor, pueden permitir una producción que: en primera instancia, se vinculan con el acceso a los alimentos; es una producción diversificada; las prácticas de manejo vinculadas a los procesos de producción agroecológica pueden mejorar la calidad de los recursos de base que estamos utilizando; y podríamos estar pensando que esta situación del uso de la agroecología mejora las condiciones de vida de las personas y las comunidades que viven cercanas a áreas donde se produce de manera agroecológica. ¿Por qué? Porque, justamente, no se utiliza ningún tipo de agroquímicos.


¿Dónde queda la discusión que vincula a los sistemas agroecológicos con el acceso a la tierra?


Es necesario destacar dos componentes importantes: poner en manos de los campesinos la posibilidad de un acceso justo a la tierra para poder producir; y la posibilidad de producir alimentos que sean consumidos por sí mismos y comercializados en los mercados locales.


La Agroecología propone aquello vinculado con la producción relacionada con la cercanía, con los sistemas agroecológicos relacionados con la creación de ferias locales, de comunidades que conocen lo que se están produciendo.


En la región, ¿cuáles son las sociedades científicas que trabajan en la promoción de la Agroecología?


SOCLA, la Sociedad Científica Latinoamericana de Agroecología, ha realizado congresos internacionales para la socialización desde los estudios de los investigadores y científicos que trabajan en agricultura sustentable. Desde esta perspectiva la validación científica está permitiendo justificar que las alternativas agroecológicas también son una alternativa viable.


¿Por qué considerar que la Agroecología es la alternativa viable?


La Agroecología es mucho más eficiente desde el punto de vista agronómico, mucho más eficiente en la relación insumo y producto; es decir, mientras los productos de base o vinculados a la agricultura industrial son productos que se dice que “producen mucho”, para producir ese mucho, tienen que comer mucho, tienen que consumir muchos agroquímicos, fertilizantes y en especial también energía, en todo su ciclo. Si evaluamos la relación de los ingresos energéticos, de los materiales que se utilizan para la producción de dichos cultivos y su producto, y le hacemos el balance físico-energético de esa agricultura, vemos claramente su ineficiencia.


Mientras que en el sistema agroecológico la relación insumo producto, en términos de la energía utilizada para la producción de cada producto generado, es mucho más baja. Y dicha relación ha sido claramente demostrada.


Por tales motivos, los modelos de producción agroecológica son una alternativa, son el camino, son la vía, son la única alternativa para generar alimentos cada día más sanos.


Al hablar 20 años atrás sobre los transgénicos, se utilizaban argumentos indicando que no iban a aparecer resistencias, que no iban a aparecer nuevas plagas ni tampoco enfermedades novedosas. Hoy en día, todo esto ha aparecido lamentablemente.


Si estamos pensando en biomasa, en la producción de biomateriales, sobre biocombustibles, quizá, algún camino vinculado a la agricultura industrial podrá llegar a verse. Pero cuando discutimos la seguridad y soberanía alimentaria, la única alternativa que nos queda es el proceso de producción agroecológica.


Pensando desde las alternativas para el campo, ¿crees que es necesario pasar de experiencias agroecológicas familiares y locales a experiencias más expansivas sobre el territorio? o en su lugar, ¿sería recomendable que las experiencias agroecológicas existentes se junten en asociaciones o cooperativas?


Lo que hay que socializar es la experiencia y, en cada lugar, ver qué es lo que conviene.


El tema es claro: en algunos lugares hay superficies importantes donde algunos productores puedan utilizar los recursos de base como la tierra, el agua, la biodiversidad, etc; y en otros lugares tienen que cooperativizarse. Pero no vamos a promover que los agricultores se cooperativicen sólo para buscar una certificación de sus productos como orgánicos, ecológicos o naturales, simplemente para los mercados de exportación.


Cuando nosotros estamos hablando de Agroecología, estamos hablando de agricultura de cercanía, de una agricultura de aquellos agricultores a los que les interesa ponerla en los mercados locales y regionales, no a precios más altos para los consumidores sino a precios más bajos, o a precios moderados. Y vender más, y no menos. O sólo para una elite. Para eso están los orgánicos, que buscan certificaciones caras e imposibles de pagar para los pequeños y medianos agricultores.
El modelo agroecológico no promueve una producción elitista de alimentos sino que lo que promueve es la producción de alimentos y acceso para todos.


¿Crees que es necesaria hacer una articulación entre el análisis de la economía política con la propuesta agroecológica?


Preferiría pensar la cuestión desde la economía ecológica en términos de comprender procesos. A esto le sumaría un aporte importante relacionado con la ecología política para ayudar a resolver cuestiones de tensión sobre el uso de los distintos recursos.


La tensión se produce con otras empresas que necesitan tierra pero también se da entre los agricultores.


Hoy en día, el mundo tiene 7.000 millones habitantes (y serán 9.000 millones en el 2050) y 14.000 millones de hectáreas. Su huella ecológica está prácticamente en el límite. Lo que hay que tratar de hacer es ayudar a los sistemas de producción agroecológica desde la ciencia y desde la técnica. Los agrónomos, los ingenieros, las facultades de agronomía y los institutos nacionales de investigación agropecuaria, deberían utilizar estos métodos y promover estas metodologías que ya están validadas y construyendo conocimiento de manera creciente y permanente.


Actualmente no logramos satisfacer la demanda de cursos de formación de agroecólogos en distintos espacios. Se debe a la demanda de la sociedad, preocupada por los impactos de los agroquímicos o de los pesticidas sobre sus propias cabezas. Las organizaciones de pueblos fumigados, las organizaciones de poblaciones que viven en áreas circundantes a modelos agrícolas industriales, que están recibiendo las fumigaciones día tras día, se están yendo a los médicos, y a los hospitales encontrando muchos problemas de salud relacionados con este nuevo modelo agrícola industrial; están pidiendo a gritos un camino alternativo.

14 de noviembre 2016

Publicado enMedio Ambiente
Los insectos, fuente de nutrientes similar a la carne

Investigadores del King’s College de Londres (Reino Unido) han descubierto que el consumo de saltamontes, grillos u otros insectos puede ofrecer un aporte de nutrientes, particularmente de hierro, prácticamente similar al que proporciona la carne de vacuno.


Así se desprende de los resultados de un estudio publicado en la revista Journal of Agricultural and Food Chemistry, lo que confirma que los insectos podrían ser una alternativa más sostenible al consumo de carne y pescado y cubrir las necesidades nutricionales de algunos países.


Aunque en las naciones occidentales pueden resultar poco apetecibles, son parte de la dieta tradicional de aproximadamente 2 mil millones de personas, según un reciente informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, que también documentaba hasta mil 900 especies de insectos considerados fuente de alimentación a escala mundial.
Hierro, calcio zinc...


Diferentes estudios ya habían constatado que representan una importante fuente de proteínas, pero para poder considerarse sustitutivos de la carne deberían proporcionar algo más, como hierro, cuya deficiencia en muchas dietas puede acabar causando anemia, lo que se ha relacionado con déficit cognitivos o complicaciones en el embarazo, entre otros problemas.


Para ver si los insectos también cubrían esa carencia, analizaron el contenido mineral de saltamontes, grillos y algunos gusanos, así como la cantidad de nutrientes que absorbe el organismo al consumirlos, para lo que utilizaron un modelo de laboratorio que reproducía la digestión humana.


Así, vieron que los insectos tenían diferentes niveles de hierro, calcio, cobre, magnesio, manganeso y zinc. Los grillos, por ejemplo, tenían niveles más altos de hierro que los otros insectos, mientras minerales como el calcio, el cobre y el zinc están más presentes en saltamontes, grillos y gusanos.