El campo, el territorio olvidado de Colombia

El campo, el territorio olvidado de Colombia, ha vuelto a ser noticia estas últimas semanas. Un nuevo informe de la ONG internacional OXFAM ubicó a Colombia como el país más desigual de Latinoamérica en lo que respecta a la concentración de la tierra[1].


Entre los datos más relevantes que aborda el informe, a partir de los datos del Censo Agropecuario elaborado por el DANE (Departamento Administrativo Nacional de Estadísticas), se destaca que el 1% de los propietarios concentran el 81% de las tierras, mientras que el 99% restante apenas ocupa el 19%. A su vez, el 81% de las explotaciones agrícolas son de menos de 10 hectáreas, pero solamente explican el 5% del área total.


Lo que no se ha abordado en el mencionado informe -ni en las notas periodísticas que lo replicaron- es la situación social que vive el campo colombiano como consecuencia de la elevada desigualdad. Esta triste realidad puede ser seguida a partir de diversos indicadores oficiales provistos por el DANE que dan cuenta del abandono al que fue sometida la ruralidad durante los últimos años.


Si Colombia en general se caracteriza por sus elevados niveles de desigualdad en la distribución del ingreso, por la falta de acceso a derechos básicos y por la precariedad laboral, todo esto se potencia en el sector rural. Por ejemplo, en 2016 la pobreza monetaria en el país se ubicó en el 28%, pero en el campo ascendió a 38,6%. La pobreza monetaria extrema, que implica el no poder acceder a una canasta alimentaria mínima que garantice las necesidades calóricas básicas, en la media nacional registró 8,5% y en el sector rural 18,1%, más del doble. En otras palabras, en el campo, 4 de cada 10 personas se encuentran en situación de pobreza y 1 de cada 5 en condición de pobreza extrema.


La pobreza no es el único indicador que refleja la difícil realidad de la vida en el agro colombiano. No solo los ingresos son bajos, sino que la precariedad laboral es muy elevada. Durante 2016 la informalidad laboral en el campo ascendió al 90%, muy por encima del ya de por si elevado 48% registrado como promedio nacional.


Por otro lado, son muchos los derechos básicos a los que no acceden quienes habitan en el sector rural. El analfabetismo alcanza al 21,4% de la población, es decir a 1 de cada 5 habitantes. A su vez la situación educativa actual es delicada. El 37% de los estudiantes sufre rezago escolar y el 79,9% tiene bajo logro educativo. Por último, cabe destacar que el 37,1% de la población rural no tiene acceso a fuentes de agua mejorada.


También el abandono de la ruralidad se ve reflejado en la pérdida de participación relativa del sector en la economía. El DANE registra que en 2002 el sector agropecuario representaba el 8,1% del PBI, mientras que en 2016 la incidencia se redujo a 6%. A su vez, según CEPAL, en los primeros quince años del nuevo siglo la superficie agrícola en Colombia se retrajo y fue el segundo país de la región de menor crecimiento en la producción.


La elevada concentración de la tierra, la precaria situación social y la pérdida de participación del sector en la economía se dan en el marco de años de abandono del Estado. Un documento elaborado por el propio Departamento Nacional de Planeación[2], bajo la coordinación de José Ocampo, da cuenta de que los Tratados de Libre Comercio realizaron una contribución prácticamente nula al aumento y diversificación de la canasta exportadora de productos agropecuarios, mientras que por el contrario implicaron un crecimiento y diversificación de las importaciones que desplazaron a la producción local. A su vez, destaca las consecuencias negativas en materia de infraestructura y vivienda de la descentralización del gasto hacia los departamentos y municipios y los efectos negativos del cambio climático que como consecuencia de la baja inversión en ciencia y tecnología no encuentran soluciones. Por último, el informe señala la carencia de asistencia técnica y financiera a las unidades de menor tamaño debido al deterioro en las últimas décadas de las redes de instituciones de apoyo al sector.


Los acuerdos de paz pueden ser una oportunidad para comenzar a revertir la dramática situación del campo colombiano. Los mismos establecen una Reforma Rural Integral[3] que implicaría promover el acceso a la tierra; desarrollar la infraestructura vial, de riego y eléctrica; mejorar el acceso a la educación, salud y vivienda; brindar estímulos financieros y asistencia técnica a los productores; garantizar el acceso a la alimentación necesaria; lograr la formalización laboral rural y el acceso a la protección social; y favorecer canales de comercialización de los alimentos colombianos.


No obstante, la implementación y profundización de estas medidas implicaría dar un vuelco de 180 grados en el rol que el Estado viene cumpliendo hasta el momento y una reversión del modelo económico vigente, por lo cual estos avances aun no pueden darse por hechos.


Notas:


[1] https://www.oxfam.org/sites/www.oxfam.org/files/file_attachments/radiografia_de_la_desigualdad.pdf
[2] https://colaboracion.dnp.gov.co/CDT/Prensa/DOCUMENTO%20MARCO-MISION.pdf
[3] http://www.acuerdodepaz.gov.co/sites/all/themes/nexus/files/reforma-rural-integral.pdf


Por Pablo Wahren, investigador CELAG.
@p_wahren

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Megafusiones agrícolas: quién decidirá lo que comemos

Definitivamente, el futuro de la alimentación no es lo que era. Al menos en lo que agricultura industrial se refiere. Monsanto, el villano más conocido de la agricultura transgénica, podría pronto desaparecer del escenario con ese nombre, si se autoriza su compra por parte de Bayer –aunque sus intenciones serán las mismas. Las fusiones Syngenta-ChemChina y DuPont-Dow siguen también bajo escrutinio de las autoridades antimonopolio en muchos países. Si se concretan, las tres empresas resultantes controlarán 60 por ciento del mercado mundial de semillas comerciales (incluido casi 100 por ciento de semillas transgénicas) y 71 por ciento de los agrotóxicos a nivel global, niveles de concentración que superan ampliamente las reglas antimonopolio de cualquier país.


Estas megafusiones tendrán muchas repercusiones negativas a corto plazo: aumento notable de precios de insumos agrícolas, más disminución de innovación y de variedades a disposición del mercado, mayores limitaciones al fitomejoramiento público y aumento de agrotóxicos en los campos –y por tanto en alimentos– para poder seguir vendiendo semillas transgénicas, aunque hayan provocado resistencia en decenas de plantas invasoras y haya que subir dosis y agregar mezclas con agroquímicos aún más tóxicos. Para esas empresas, su mayor negocio es vender veneno, o sea que si no se lo impiden, éste será el curso de acción.


Estas fusiones tendrán también fuertes impactos sobre las economías campesinas y de agricultores familiares, aunque éstos en su mayoría usan sus propias semillas y pocos o ningún insumo químico, porque el poder de presión de estas megaempresas frente a gobiernos e instancias internacionales aumentará con su tamaño y por monopolizar los primeros eslabones de la cadena agroalimentaria. Aumentarán la presión para obtener leyes de propiedad intelectual más restrictivas; para restringir o ilegalizar los intercambios de semillas entre campesinos –por ejemplo con normas fitosanitarias y obligación de usar semillas registradas–; para que los programas para el campo y los créditos agrícolas sean condicionados al uso de sus insumos ysemillas patentadas; para que los gastos en infraestructura y otras políticas agrícolas beneficien a la agricultura industrial y desplacen a los campesinos.


Como si no fuera suficiente, hay otros factores muy preocupantes. La ronda de fusiones no finalizará con esos movimientos, sino que apenas empieza. Lo que está en juego a mediano plazo es quién controlará los 400 mil millones de dólares (mdd) de todos los insumos agrícolas. Actualmente, el valor conjunto del mercado comercial global de semillas y agrotóxicos es de 97 mil mdd. El resto, tres veces mayor, está controlado por empresas de maquinaria y fertilizantes, que también se están consolidando. Las cuatro empresas de maquinaria más grandes (John Deere, CNH, AGCO, Kubota) ya controlan 54 por ciento de ese sector.


El sector maquinaria ya no es de simples tractores: han adquirido un alto grado de automatización, integrando GPS y sensores agrícolas a sus máquinas, drones para riego y fumigación, tractores no tripulados, así como un acúmulo masivo de datos satelitales sobre suelos y clima. A su vez, Monsanto y compañía, las seis grandes gigantes genéticas, también se han digitalizado y controlan una enorme base de datos genómicos de cultivos, microorganismos y plantas de agroecosistemas, además de otras bases de datos relacionados.


Ya existen entre ambos sectores contratos de colaboración y hasta empresas compartidas para la venta de datos climáticos y seguros agrícolas. Monsanto, por ejemplo, adquirió en 2012 la empresa Precision Planting, de instrumentos y sistemas de monitoreo para agricultura de precisión, desde siembra a riego y administración de agroquímicos. En 2013, compró The Climate Corporation, para registro y venta de datos climáticos. John Deere acordó en 2015 comprar Precision Planting a Monsanto, pero las oficinas antimonopolio de Estados Unidos y luego Brasil, objetaron la compra, por considerar que John Deere pasaría a controlar un porcentaje virtualmente monopólico del sector. Aunque finalmente la venta se canceló en 2017, es una muestra de la tendencia. Existen varias otras empresas de base digital-instrumental (Precision Hawk, Raven, Sentera, Agribotix) compartidas o en colaboración entre las trasnacionales de maquinaria agrícola con las de semillas-agrotóxicos. Ver al respecto el documento Software contra Hardware del grupo ETC (http://tinyurl.com/y9dnpano).


Todo indica que las grandes empresas de maquinaria se moverán para comprar a los gigantes genéticos, luego de finalizada la primera ronda de fusiones. Esta segunda ronda tiene el objetivo de imponer una agricultura altamente automatizada, con muy pocos trabajadores, que ofrecerá a los agricultores un paquete que no podrán rechazar: desde qué semillas, insumos, maquinaria, datos genómicos y climáticos hasta qué seguros tendrá que comprar, además de que buscarán que se condicionen los créditos agrícolas a la adquisición de este nuevo paquete, así como ahora ya se hace con semillas y agroquímicos.


Es fundamental entender y denunciar los impactos de las megafusiones desde ya. Muchas organizaciones se han movilizado para protestar en Estados Unidos, Europa, China y varios países de África y América Latina, incluso ante las oficinas anti-monopolio, lo que al menos ha retrasado su aprobación. De fondo se trata de impedir que los agronegocios se apropien de todo el campo y la alimentación, también una forma de proteger la producción campesina y agroecológica, la única forma para poder comer sano y para la soberanía alimentaria.

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Gobiernos de AL incluyen productos nocivos en las canastas alimentarias

Las empresas del sector siguen reacias a colaborar en el tema del sobrepeso: Cepal


A pesar de que las empresas de alimentos siguen reacias a colaborar en los temas para erradicar el sobrepeso y la obesidad, hoy están más conscientes y tienen un mayor compromiso para atender ese problema, manifestó ayer la secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), Alicia Bárcena Ibarra.

Sin embargo, advirtió, en países de la región los gobiernos están incluyendo en sus listas de canastas básicas de alimentos productos con sustancias que perjudican la salud, como la fructosa.

"En la parte del sector privado hay cierta resistencia a colaborar en temas de etiquetado e impuestos, como ocurrió en Chile, pero es parte de la concientización de la sociedad". Hay que avanzar en la eliminación de la obesidad y el sobrepeso, asuntos que en países como México y Chile alcanzan tasas superiores a 70 por ciento de la población, aseguró Bárcena Ibarra.

Señaló que las grandes empresas "están más conscientes y con mayor compromiso para alcanzar los objetivos de desarrollo sostenible. Hay mayor concientización". No obstante, apuntó que falta información al consumidor, lo cual sólo se logrará mediante un etiquetado "visible y desagregado" en los productos procesados.

La Cepal presentó el estudio El costo de la doble carga de la malnutrición, aplicado en Ecuador, Chile y México. La base de ese análisis será repetido en los demás países de América Latina y el Caribe.

El estudio de la Cepal indica que los gobiernos pueden ayudar a eliminar la doble carga de la malnutrición, es decir, la suma de los costos económicos de la desnutrición más la obesidad y el sobrepeso. Con base en cifras a 2014, el análisis no refleja los resultados de las políticas públicas emprendidas por países como México relacionadas con el aumento al impuesto a las bebidas azucaradas ni las vinculadas con el etiquetado en los productos procesados.

En el caso de México, la repercusión económica de la carga doble de la malnutrición alcanzó en 2014 el equivalente a 2.3 por ciento del producto interno bruto, poco más de 28 mil 800 millones de dólares. La proyección de la Cepal es que hacia 2078 el costo anual será de 13 mil millones de dólares.

La comisión afirma en el reporte que los gobiernos pueden ayudar mediante políticas claras e incentivos para garantizar un etiquetado fiable, programas de actividad física y planes comunitarios de educación nutricional. Pero existe la preocupación, dijo Bárcena Ibarra, de que "se han agregado a las canastas básicas de la región muchos alimentos, como jarabe de fructosa, que es un ingrediente muy perjudicial para la salud".

La Cepal apuntó que la industria alimentaria desempeña un papel importante en el sobrepeso. "Tiene la oportunidad de garantizar la producción, disponibilidad y accesibilidad a productos más sanos".

Agregó que el sector privado puede "sensibilizar a los clientes" sobre las opciones de alimentos saludables, mediante la entrega de información nutricional "clara y confiable", para que se puedan tomar decisiones de consumo responsables en la dieta.

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Cómo cocinar para aprovechar al máximo las propiedades de nuestra comida

 

Una preparación y cocción adecuada potencia la absorción de los nutrientes

 

En contacto con el fuego, nuestros alimentos se transforman: su olor, su consistencia y color mutan. Pero no sólo eso. El método culinario de cocción que utilizamos también altera el contenido nutritivo y calórico, produciéndose una mayor o menor pérdida de vitaminas y minerales.

Habitualmente cocinamos como más nos gusta encontrarlos en el paladar, sin tener en cuenta de qué forma ese alimento nos puede aportar más beneficio. Pero ambas cuestiones se pueden conjugar. A continuación, mostramos algunos consejos para conservar al máximo las propiedades en nuestros platos.

 

Las verduras: al vapor o hervidas

 

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Brócoli al vapor (1MoreCreative / Getty)

 

Son las cocciones más adecuadas para reducir la pérdida de nutrientes, sobre todo de aquellas vitaminas sensibles al calor, como pueden ser la b1, b2 o el ácido fólico y que pueden acabar destruyéndose o quedándose en el agua. La cocción al vapor es la que mejor mantiene los nutrientes, ya que no se produce contacto con el agua.

Además, también se conserva más su sabor. Para esta técnica, hay que asegurarse de que el recipiente es suficientemente amplio para que se pueda generar vapor. Si el vegetal lo permite, se pueden añadir unas gotas de limón al agua para que este ácido orgánico frene la pérdida de vitaminas.

Si hervimos las verduras, algunas de las medidas que podemos tomar son: usar la mínima cantidad de agua; cortar los vegetales justo antes de cocinarlos y hacerlo en trozos grandes; reducir la cocción de forma que queden al dente; pasarlos por agua fría para cortar la cocción; y, como en el caso del vapor, añadir unas gotas de limón.

 

Granos, legumbres y semillas: el “problema” de los antinutrientes

 

Los antinutrientes son compuestos naturales que protegen el alimento pero impiden o dificultan la absorción de los nutrientes que éste nos aporta. Hay de diversos tipos y están presentes en muchos de nuestros alimentos más comunes y nutritivos. Quizás el más famoso sea el ácido fítico, presente mayoritariamente en los cereales sin refinar, frutos secos y semillas.

 

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Lentejas (Image Source / Getty)

 

Los antinutrientes son un buen ejemplo de componentes que son, a la vez, enemigos y amigos. Se consideran enemigos por su capacidad de unirse a los minerales y vitaminas, dificultando su asimilación en el organismo.

Sin embargo, sin exceso pueden ser beneficiosos, pues esta unión también se da en metales como el aluminio y, por tanto, contribuye a eliminarlos de nuestro cuerpo. Para evitar el exceso, se recomienda poner en remojo toda la noche y después enjuagar bien, no sólo las legumbres, sino también los cereales, frutos secos y semillas.

Este proceso es especialmente importante cuando vayamos a ingerirlos crudos, ya que la cocción en sí destruye buena parte de los antinutrientes.

 
Infusiones y zumos: las hierbas mejor vivas

 

Tanto si vamos a preparar una infusión como si van a formar parte de un zumo natural, las hierbas siempre son más nutritivas vivas que secas. Cuando las infusionamos, debemos lograr la máxima fusión de la hierba con el agua, para que se transmita su valor nutricional más fácilmente. Y esto sólo se consigue si las cortamos en trozos muy pequeños o las machacamos.

 

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Smoothie de espinacas (Lecic / Getty)

 

En el caso de las plantas blandas (diente de león, cola de caballo, ortiga, y un larguísimo etcétera), se hierve el agua antes y, una vez hervida, se añaden los tallos.

Pero si tratamos con plantas más duras como es el caso de las raíces de cúrcuma o cardamomo (con una estructura muy leñosa), la raíz se incorpora en la cocción desde el principio. En todos los casos, la calidad del agua es fundamental.

 

 

 

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Fila en el poblado de Leer, en Sudán del Sur, a la espera de distribución de comida por el Programa Mundial de Alimentos, organismo que advirtió en febrero que más de 20 millones de personas entraron en riesgo de morir de hambre en los próximos seis meses

 

Roma.

 

La población mundial en riesgo de hambruna supera 100 millones de personas y seguirá creciendo si no se combina la asistencia humanitaria con más contención a los granjeros, reveló este martes la Organización de Naciones Unidas (ONU). La cifra, añadió, representa un incremento de 30 por ciento respecto del año pasado, lo que atribuyó a las crisis en Yemen, Sudán del Sur, Nigeria y Somalia.

Más aún, en Somalia uno de cada siete niños muere antes de cumplir los cinco años.

Desde Mogadiscio, Antonio Guterres, secretario general de la ONU, pidió una movilización masiva para evitar lo peor en Somalia, país del Cuerno de África amenazado por la hambruna.

El presidente de Somalia, Mohamed Abdullahi Mohamed, quien se reunió con Guterres, subrayó que su país enfrenta una sequía que podría provocar hambruna si no llueve en los próximos dos meses.

Somalia está al borde de su tercera hambruna en 25 años a causa de una nueva sequía que causa estragos en el este de África.

En Roma, Dominique Burgeon, director de la División de Emergencia de la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), precisó que los últimos estudios demuestran que 102 millones de personas padecían malnutrición aguda grave (etapa previa al hambre) en 2016, 30 por ciento más de los 80 millones del año previo.

Atribuyó ese aumento, principalmente, a la profundización de la crisis de Yemen, Sudán del Sur, Nigeria y Somalia, donde el conflicto y la sequía destruyeron la producción de alimentos.

La asistencia humanitaria mantuvo con vida a muchas personas hasta ahora, pero existe un deterioro sostenido en materia de seguridad alimentaria, indicó Burgeon a la Fundación Thomson Reuters, la rama caritativa de Thomson Reuters que cubre noticias sobre temas humanitarios, derechos de la mujer, corrupción y cambio climático (http://news.trust.org).

Burgeon agregó que se necesitan más inversiones para ayudar a la población a alimentarse con cultivos y ganado.

Llegamos con aviones, damos asistencia alimentaria y tratamos de mantener viva a la gente, pero no invertimos lo suficiente en la calidad de vida de esas personas, explicó. Evitamos que caigan en hambruna, pero no logramos alejarlos de la inseguridad alimentaria.

El Programa Mundial de Alimentos de la ONU indicó que el mes pasado más de 20 millones de personas (superior a la población de Rumania o Florida) entraron en riesgo de morir de hambre en seis meses.

Las guerras en Yemen, el noreste de Nigeria y Sudán del Sur devastaron hogares y elevaron los precios de los alimentos, mientras la sequía en el este de África arruinó la economía agrícola.

En febrero se declaró oficialmente la hambruna en áreas de Sudán del Sur, en guerra civil desde 2013.

En Nueva York, el vocero adjunto de la ONU, Farhan Haq, citando datos de la Organización Mundial de la Salud, aseguró que uno de cada siete niños somalíes muere antes de cumplir cinco años. La desnutrición severa debilita su sistema inmunológico, lo que los hace más susceptibles a enfermedades como el sarampión.

Aproximadamente 6 millones de personas, la mitad de la población somalí, tienen acceso a los servicios de salud básicos, y menos de la mitad de todas las mujeres embarazadas tienen acceso a partos asistidos, precisó Haq en conferencia de prensa.

La inseguridad alimentaria ha empeorado por la sequía en Somalia, donde la hambruna causó la muerte de alrededor de 260 mil personas en 2011.

Las condiciones de sequía amenazan a una ya frágil población golpeada por décadas de conflicto. Cerca de la mitad de la población enfrenta una aguda inseguridad alimentaria.

Se espera que 185 mil niños presenten desnutrición aguda severa este año y la cifra llegará a 270 mil en los próximos meses, dijo en febrero el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia.

 

 

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Sábado, 10 Diciembre 2016 07:03

¿Biodiversidad sintética?

¿Biodiversidad sintética?

La biología sintética, una "actualización" de la ingeniería genética que viabiliza nuevas construcciones transgénicas y otras alteraciones en seres vivos, ha atravesado las discusiones en la conferencia global del Convenio de Biodiversidad (CDB) de Naciones Unidas, reunido desde el 4 al 17 de diciembre en Cancún, México.

Desde nuevos riesgos al ambiente y la salud, enormes desafíos de bioseguridad, hasta el tema de la nueva biopiratería digital, pasando por la posibilidad de extinguir especies o construir armas biológicas, nadie se pudo quedar al margen del debate. Para sus promotores, agresivos y muy bien financiados por la Fundación Gates o trasnacionales, se trata de "pequeños cambios, apenas una edición genética, casi como cambiar una palabra en un texto", pero prometen resolver (¡otra vez!) desde el hambre hasta el cambio climático y las enfermedades. Los más osados quieren manipular especies silvestres y hacer ingeniería de ecosistemas, prometen terminar la malaria y hasta revivir mamuts. Curioso que las propuestas de esta nueva raza de "conservacionistas" sea extinguir especies, pero las que ellos decidan que no es preciso conservar.

Apenas comenzada la conferencia, más de 170 organizaciones de todo el mundo, incluidas las mayores redes globales de campesinos, como la Vía Campesina, ambientalistas como Amigos de la Tierra y otras sindicales, sociales y de consumidores demandaron al CDB detener la "tecnología de extinción de especies", refiriéndose a los impulsores genéticos. Se trata de una nueva aplicación de ingeniería genética, que está dirigida a alterar especies silvestres, desde insectos a plantas o animales, para forzar la permanencia de un carácter transgénico a través de generaciones, lo cual podría llevar a la extinción de una especie, dependiendo del carácter que se inserte (http://tinyurl.com/zcrp6c3). El llamado tuvo repercusión en varias delegaciones, principalmente el grupo de países de África, que planteó la necesidad de aplicar un estricto principio de precaución ante estos nuevos riesgos. El tema sigue en consideración.

Según explicó la doctora Ricarda Steinbrecher, de la Federación de Científicos de Alemania, mientras que los transgénicos aplicados a cultivos están construidos para expresarse en semillas que hay que plantar (aunque a través del polen se crucen con cultivos no transgénicos, contaminándolos) con los impulsores genéticos, el objetivo es que se diseminen agresivamente en el ambiente y que persistan a través de muchas generaciones. Cuando la alteración es para que las especies solamente tengan machos en su descendencia, el objetivo es eliminar una población completa. Y aunque no funcione como afirman sus promotores, el desequilibrio genético podría llevar a cambios imprevistos. Eliminar una especie –o una población de ésta– tendrá una cascada de repercusiones en todo el ecosistema: todas las especies son parte de un conjunto complejo de co-evolución y co-adaptación, parte de las cadenas alimentarias y otros procesos. Incluso aquellas que algunos consideran plagas (como ratones o malezas) o que son vectores de enfermedades (como mosquitos), surgen y se desarrollan porque ese sistema crea un nicho para ellas por alguna razón.

Los impulsores genéticos no toman en cuenta ninguna de estas relaciones, solamente pretenden eliminar lo que sus promotores definen como problema, sin tocar las causas, las condiciones ambientales –muchas veces ambientes degradados por otras tecnologías, megaproyectos y alto uso de agrotóxicos– ni las condiciones de salud y socio-económicas de las personas afectadas, que en la mayoría de casos son los principales factores que favorecen lo que se define luego de plaga o epidemia.

Pese a que quizá ni siquiera funcione, los intereses comerciales y la guerra de patentes sobre estas tecnologías son enormes y principalmente para sus aplicaciones en agricultura, pero tratando de evitar el rechazo que tuvieron los transgénicos, sus promotores han tomado otras vías para lograr su aceptación: las presentan como técnicas para enfermedades o conservación.

Por otro lado, la industrialización de la biología sintética plantea toda otra serie de temas. Colocar en Internet los mapas genómicos de muchas especies vegetales, animales, microbianas, permite que las empresas y quienes tengan acceso a las herramientas adecuadas, puedan descargar la información genética y construir artificialmente principios activos y otros genes, para su uso a nivel industrial. Pero también para otros usos, inclusive usos hostiles, como fabricar ciertos virus y bacterias, que pueden dañar cosechas, animales domésticos y hasta humanos. El tema es complejo y la alineación de gobiernos es esperada: la mayoría de países de Norte, que tienen las herramientas, las patentes y son sede de las trasnacionales, no quieren ninguna nueva norma ni discusión, alegan que de esa forma se promueve la "ciencia" porque todos pueden acceder a la información. Si bien este principio sería bueno si se aplicara a todo, no proponen acompañar este supuesto "interés público" de una prohibición al patentamiento, privatización y lucro de resultados que ellos pueden obtener al usar la información. Al contrario, se parece mucho a la biopiratería de siempre, pero digitalizada y con un espectro de usos e impactos mucho mayores.

Por eso, entre los llamados "Premios del Capitán Garfio" 2016, que se entregaron en el marco del CDB se incluyó a Canadá y Honduras (representado por una profesora mexicana de biotecnología), que en estas negociaciones han estado entre los más aguerridos defensores de la industria de la biología sintética.

 

“La agroecología no es el pasado; la agroecología es el futuro”: Walter Pengue.

Walter Pengue es Ingeniero Agrónomo y Doctor en Agroecología. Trabaja en la Universidad Nacional del General Sarmiento y en la Universidad de Buenos Aires, en Argentina, y es miembro de la Comisión Gestora de IKIAM, Universidad Regional Amazónica en el Ecuador. Asimismo, es miembro del Consejo Ejecutivo del TEEB en el marco de su programa sobre agricultura y alimentación, del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), con sede en Ginebra.
En una de sus visitas a Quito, El Observatorio del Cambio Rural charla con Pengue, sobre su mirada acerca de las tendencias de la Agricultura Industrial en la región y la Agroecología como modelo de producción en el planteamiento de alternativas para el campo y el desarrollo rural sustentable.


¿Cuál es la situación de la agricultura industrial en América Latina?


Hoy en día, lo que está sucediendo en América Latina, es la instalación de la agricultura industrial como un proceso de transformación importante del paisaje rural y de su sociedad. La llegada de un modelo, desvinculado del quehacer rural, que transforma recursos básicos como suelo, agua y biodiversidad en biomasa o cashcrops, que simplemente apuntan a una renta coyuntural, sin valor agregado ni económico ni social. En ese sentido, no es diferente la situación de lo que se está viviendo en Argentina, a la del Brasil, en Uruguay, o en Centroamérica, Ecuador y Colombia.


¿Cómo se instala el modelo industrial?


La instalación de este modelo se cumple de dos maneras: a través de la mirada que se tiene en la producción de cultivos o de productos, especialmente para la exportación y, a su vez, por la implementación de un modelo científico tecnológico con una mirada vinculada a la intensificación en el uso de los recursos naturales. Una mirada meramente tecnocéntrica.


Con la llegada de un proceso relacionado con la agricultura transgénica más intensiva, dicho modelo es el que se implementó en Argentina en los últimos 20 años, con la liberación de la primera soja transgénica en el país. Hoy en día, tal paquete tecnológico fue exportado hacia, prácticamente, todos los países de América Latina.


Frente al modelo industrial imperante, ¿qué representa la agroecología para la transformación del mundo agrario?


La Agroecología no es el pasado; la Agroecología es el futuro. Cuando la agricultura industrial falle y ya está mostrando sus tremendas fallas (aparición de malezas tolerantes y resistentes por doquier, enorme carga agroquímica, deforestación, degradación de los suelos, contaminación en áreas de borde periurbano), la única alternativa que tendrá la humanidad para poder abastecerse de alimentos será a través de los sistemas de producción agroecológica. Si hablamos de alimentos, este es el camino. Si hablamos de biomasa, la industrial potenciará aún más sus prácticas. Pero siempre que no incluya sus externalidades, que son enormes.


Los sistemas de producción agroecológica son sistemas que, en rigor, pueden permitir una producción que: en primera instancia, se vinculan con el acceso a los alimentos; es una producción diversificada; las prácticas de manejo vinculadas a los procesos de producción agroecológica pueden mejorar la calidad de los recursos de base que estamos utilizando; y podríamos estar pensando que esta situación del uso de la agroecología mejora las condiciones de vida de las personas y las comunidades que viven cercanas a áreas donde se produce de manera agroecológica. ¿Por qué? Porque, justamente, no se utiliza ningún tipo de agroquímicos.


¿Dónde queda la discusión que vincula a los sistemas agroecológicos con el acceso a la tierra?


Es necesario destacar dos componentes importantes: poner en manos de los campesinos la posibilidad de un acceso justo a la tierra para poder producir; y la posibilidad de producir alimentos que sean consumidos por sí mismos y comercializados en los mercados locales.


La Agroecología propone aquello vinculado con la producción relacionada con la cercanía, con los sistemas agroecológicos relacionados con la creación de ferias locales, de comunidades que conocen lo que se están produciendo.


En la región, ¿cuáles son las sociedades científicas que trabajan en la promoción de la Agroecología?


SOCLA, la Sociedad Científica Latinoamericana de Agroecología, ha realizado congresos internacionales para la socialización desde los estudios de los investigadores y científicos que trabajan en agricultura sustentable. Desde esta perspectiva la validación científica está permitiendo justificar que las alternativas agroecológicas también son una alternativa viable.


¿Por qué considerar que la Agroecología es la alternativa viable?


La Agroecología es mucho más eficiente desde el punto de vista agronómico, mucho más eficiente en la relación insumo y producto; es decir, mientras los productos de base o vinculados a la agricultura industrial son productos que se dice que “producen mucho”, para producir ese mucho, tienen que comer mucho, tienen que consumir muchos agroquímicos, fertilizantes y en especial también energía, en todo su ciclo. Si evaluamos la relación de los ingresos energéticos, de los materiales que se utilizan para la producción de dichos cultivos y su producto, y le hacemos el balance físico-energético de esa agricultura, vemos claramente su ineficiencia.


Mientras que en el sistema agroecológico la relación insumo producto, en términos de la energía utilizada para la producción de cada producto generado, es mucho más baja. Y dicha relación ha sido claramente demostrada.


Por tales motivos, los modelos de producción agroecológica son una alternativa, son el camino, son la vía, son la única alternativa para generar alimentos cada día más sanos.


Al hablar 20 años atrás sobre los transgénicos, se utilizaban argumentos indicando que no iban a aparecer resistencias, que no iban a aparecer nuevas plagas ni tampoco enfermedades novedosas. Hoy en día, todo esto ha aparecido lamentablemente.


Si estamos pensando en biomasa, en la producción de biomateriales, sobre biocombustibles, quizá, algún camino vinculado a la agricultura industrial podrá llegar a verse. Pero cuando discutimos la seguridad y soberanía alimentaria, la única alternativa que nos queda es el proceso de producción agroecológica.


Pensando desde las alternativas para el campo, ¿crees que es necesario pasar de experiencias agroecológicas familiares y locales a experiencias más expansivas sobre el territorio? o en su lugar, ¿sería recomendable que las experiencias agroecológicas existentes se junten en asociaciones o cooperativas?


Lo que hay que socializar es la experiencia y, en cada lugar, ver qué es lo que conviene.


El tema es claro: en algunos lugares hay superficies importantes donde algunos productores puedan utilizar los recursos de base como la tierra, el agua, la biodiversidad, etc; y en otros lugares tienen que cooperativizarse. Pero no vamos a promover que los agricultores se cooperativicen sólo para buscar una certificación de sus productos como orgánicos, ecológicos o naturales, simplemente para los mercados de exportación.


Cuando nosotros estamos hablando de Agroecología, estamos hablando de agricultura de cercanía, de una agricultura de aquellos agricultores a los que les interesa ponerla en los mercados locales y regionales, no a precios más altos para los consumidores sino a precios más bajos, o a precios moderados. Y vender más, y no menos. O sólo para una elite. Para eso están los orgánicos, que buscan certificaciones caras e imposibles de pagar para los pequeños y medianos agricultores.
El modelo agroecológico no promueve una producción elitista de alimentos sino que lo que promueve es la producción de alimentos y acceso para todos.


¿Crees que es necesaria hacer una articulación entre el análisis de la economía política con la propuesta agroecológica?


Preferiría pensar la cuestión desde la economía ecológica en términos de comprender procesos. A esto le sumaría un aporte importante relacionado con la ecología política para ayudar a resolver cuestiones de tensión sobre el uso de los distintos recursos.


La tensión se produce con otras empresas que necesitan tierra pero también se da entre los agricultores.


Hoy en día, el mundo tiene 7.000 millones habitantes (y serán 9.000 millones en el 2050) y 14.000 millones de hectáreas. Su huella ecológica está prácticamente en el límite. Lo que hay que tratar de hacer es ayudar a los sistemas de producción agroecológica desde la ciencia y desde la técnica. Los agrónomos, los ingenieros, las facultades de agronomía y los institutos nacionales de investigación agropecuaria, deberían utilizar estos métodos y promover estas metodologías que ya están validadas y construyendo conocimiento de manera creciente y permanente.


Actualmente no logramos satisfacer la demanda de cursos de formación de agroecólogos en distintos espacios. Se debe a la demanda de la sociedad, preocupada por los impactos de los agroquímicos o de los pesticidas sobre sus propias cabezas. Las organizaciones de pueblos fumigados, las organizaciones de poblaciones que viven en áreas circundantes a modelos agrícolas industriales, que están recibiendo las fumigaciones día tras día, se están yendo a los médicos, y a los hospitales encontrando muchos problemas de salud relacionados con este nuevo modelo agrícola industrial; están pidiendo a gritos un camino alternativo.

14 de noviembre 2016

Publicado enMedio Ambiente
Los insectos, fuente de nutrientes similar a la carne

Investigadores del King’s College de Londres (Reino Unido) han descubierto que el consumo de saltamontes, grillos u otros insectos puede ofrecer un aporte de nutrientes, particularmente de hierro, prácticamente similar al que proporciona la carne de vacuno.


Así se desprende de los resultados de un estudio publicado en la revista Journal of Agricultural and Food Chemistry, lo que confirma que los insectos podrían ser una alternativa más sostenible al consumo de carne y pescado y cubrir las necesidades nutricionales de algunos países.


Aunque en las naciones occidentales pueden resultar poco apetecibles, son parte de la dieta tradicional de aproximadamente 2 mil millones de personas, según un reciente informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, que también documentaba hasta mil 900 especies de insectos considerados fuente de alimentación a escala mundial.
Hierro, calcio zinc...


Diferentes estudios ya habían constatado que representan una importante fuente de proteínas, pero para poder considerarse sustitutivos de la carne deberían proporcionar algo más, como hierro, cuya deficiencia en muchas dietas puede acabar causando anemia, lo que se ha relacionado con déficit cognitivos o complicaciones en el embarazo, entre otros problemas.


Para ver si los insectos también cubrían esa carencia, analizaron el contenido mineral de saltamontes, grillos y algunos gusanos, así como la cantidad de nutrientes que absorbe el organismo al consumirlos, para lo que utilizaron un modelo de laboratorio que reproducía la digestión humana.


Así, vieron que los insectos tenían diferentes niveles de hierro, calcio, cobre, magnesio, manganeso y zinc. Los grillos, por ejemplo, tenían niveles más altos de hierro que los otros insectos, mientras minerales como el calcio, el cobre y el zinc están más presentes en saltamontes, grillos y gusanos.

Monsanto, DuPont, CRISPR, ¿qué puede salir mal?

Monsanto acaba de comprar la licencia para usar la nueva y controvertida tecnología CRISPR-Cas9 en sus productos agrícolas. DuPont-Pioneer ya había licenciado antes la misma tecnología y esta semana anunció una "alianza maestra" de investigación con CIMMYT (Centro internacional de mejoramiento de maíz y trigo, con sede en Texcoco), para aplicar esa tecnología con el fin de hacer maíces genéticamente manipulados. El CIMMYT entrega otra vez a las trasnacionales el patrimonio genético que tomó de los campesinos que crearon el maíz, para experimentos con graves impactos potenciales sobre las comunidades y ecosistemas.

El contrato de Monsanto con el Instituto Broad, de la Universidad de Harvard y el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), estipula que no puede usar esta tecnología para desarrollar impulsores genéticos (gene drives), ni semillas suicidas Terminator, lo cual significa una aceptación de que estas dos aplicaciones de alto riesgo están en el horizonte y son de interés para las empresas. Tom Adams, vicepresidente de biotecnología de Monsanto, explica que los impulsores genéticos y los genes Terminator "de todos modos no son cosas que queremos hacer con esta tecnología. Estamos de acuerdo en que es mejor no desarrollar impulsores genéticos ahora. Vemos que tienen gran potencial, por lo que estamos tentados a usarlos, pero no hasta que sepamos cómo controlarlos" (http://tinyurl.com/jekwbut). Con los antecedentes de Monsanto, no es difícil pensar que avanzarán en esa investigación aunque no lo hagan público.

DuPont estableció desde octubre 2015 una alianza con Caribou Biosciences, que tiene una patente "rival" sobre la misma tecnología, de la Universidad de California. Ante preguntas de la prensa, DuPont se negó a contestar si esta alianza opera bajo las mismas restricciones que la licencia de Monsanto. Caribou Biosciences es una empresa fundada por investigadores de la Universidad de California en Berkeley, entre ellos Jennifer Doudna, una de las inventoras de CRISPR-Cas9.

CRISPR, traducido al castellano "repeticiones palindrómicas cortas e interespaciadas regularmente", es un sistema de defensa de las bacterias contra infecciones virales. Por ser una enzima que existe en la naturaleza, no es patentable, pero dos equipos de investigación, uno de la Universidad de California y la de Viena y otro de Harvard y el MIT, presentaron en 2012 solicitudes de patente por la construcción de CRISPR mediante ingeniería con biología sintética y aplicaciones en organismos eucariontes, o sea, más que bacterias. Desde entonces, están en guerra legal sobre cuál de las patentes es válida y si la una invalida a la otra, ya que son la base de todas las demás. Hay 860 familias de patentes sobre CRISPR tramitando en las mayores oficinas de patentes del planeta y decenas de licencias de ambos grupos universitarios con las mayores trasnacionales de farmacéutica, biotecnología y agricultura, por lo que la pelea será a muerte.

Las trasnacionales de semillas y agrotóxicos quieren esta tecnología por ser más rápida, permitir nuevos tipos de modificaciones genéticas y quizá por ello evadir regulaciones de bioseguridad. Hay todo un espectro de otras nuevas biotecnologías que van más allá de los transgénicos que conocíamos. CRISPR-Cas9 es la que más atención ha recibido, porque supuestamente permite intervenciones más precisas en los genomas, lo que para las empresas significa ahorrar años de trabajo en laboratorio. Entre las aplicaciones de CRISPR-Cas9 que más les interesan está aumentar la susceptibilidad de las hierbas a sus agrotóxicos para poder seguir usándolos (ya que hay más de 20 malezas que son resistentes a glifosato y comienzan a serlo a otros químicos) y extinguir hierbas invasoras e insectos que consideren plagas, justamente con impulsores genéticos. Extinguir especies es una atribución que altera en forma permanente los ecosistemas y la coevolución de las especies, algo que no se debería permitir a nadie y mucho menos dejarlo en manos de las trasnacionales. (http://tinyurl.com/hp2gph5)

Hay muchas otras posibilidades de manipular con CRISPR-Cas9 cultivos y animales de cría, para agregar o quitar características, con resultados útiles para las ganancias industriales e impactos negativos para la mayoría de los demás. Las industrias desplegan una campaña para convencer al público y reguladores de que no son transgénicos. Le llaman "edición genómica" para que suene más inocente, como si se tratara de cambiar una letra en un texto. Pero sea para aplicaciones en medicina, o insectos, animales o cultivos, todas estas nuevas biotecnologías tienen en común que manipulan y alteran los genomas, con altos niveles de incertidumbre sobre los impactos que eso puede producir. Existen grandes vacíos sobre las funciones de los genes, su interacción con otros organismos y el medioambiente. Pese a que atribuyen a CRISPR ser una tecnología muy "exacta", hay varios experimentos que muestran impactos fuera de blanco, es decir, alteraciones en otros genes, con efectos impredecibles. Que se pueda cortar el ADN en un lugar preciso, como explica el Dr. Jonathan Latham, no equivale a conocer el significado del cambio producido. Si se borra una palabra en un texto en un lenguaje desconocido, podrá ser una supresión exacta, pero puede cambiar el sentido de todo el texto (El mito de la precisión de CRISPR http://tinyurl.com/hwx4yar).

Las aplicaciones potenciales de CRISPR-Cas9 y sus incertidumbres son tantas, que lo único sensato es establecer una moratoria a su experimentación y liberación, para discutir sus implicaciones y prevenir sus impactos, que podrían ser de gran alcance.

Silvia Ribeiro, investigadora del Grupo ETC

Monsanto-Bayer y el control digital de la agricultura

El miércoles 14 de septiembre Monsanto aceptó finalmente la tercera oferta de Bayer para comprarla, lo que convertirá a Bayer en la mayor empresa global de agrotóxicos y semillas, además de ser una de las mayores farmacéuticas. Pero siendo de gran magnitud y con impactos de amplio alcance, es apenas una de varias fusiones recientes entre trasnacionales de agronegocios. Hay también movimientos entre las empresas de fertilizantes, de maquinarias y las que poseen bancos de datos que influyen en el proceso agrícola, en una batalla por quién controlará no sólo los mercados, sino también las nuevas tecnologías y el control digital y satelital de la agricultura.

Varios factores influyen en la aceleración de los procesos de fusión que comenzó en 2014. Uno de ellos es que los cultivos transgénicos se están topando con muchos problemas, lo cual acicatea a las gigantes de transgénicos a buscar posiciones más firmes frente a lo que parece ser una fuente de vulnerabilidad creciente. Es significativo que un diario conservador como The Wall Street Journal reconozca que el mercado ha sido afectado por "las dudas" de los agricultores de Estados Unidos sobre los cultivos transgénicos, ya que después de 20 años en el mercado muestran numerosas desventajas: "supermalezas" resistentes a los agrotóxicos, rendimientos que no equiparan el alto costo de las semillas transgénicas, ni el costo de aplicar más cantidad y más fuertes agrotóxicos para matar malezas y plagas resistentes, ni el aumento de trabajo para controlar las hierbas. El desplome de los precios de las commodities agrícolas aceleró el malestar, llevando a que agricultores que sembraban transgénicos vuelvan a buscar semillas no transgénicas, más baratas y con igual o mejor rendimiento. (The Wall Street Journal, 14/9/16, http://tinyurl.com/gtemcmo)

Si se permite la fusión con Monsanto, Bayer pasará a controlar cerca de un tercio del comercio global de agrotóxicos y de semillas comerciales. La operación sigue a las de Syngenta-ChemChina y DuPont-Dow, en un vertiginoso proceso de fusiones y adquisiciones en la industria semillera-agroquímica. Monsanto, Syngenta, DuPont, Dow, Bayer, Basf juntas controlan 100 por ciento del mercado de semillas transgénicas, que ahora quedaría en manos de solamente tres empresas. Estas fusiones están bajo escrutinio de varias agencias anti-monopolios, por constituir bloques que tendrán enorme poder en mercados claves y seguramente producirán aumento de precios de los insumos agrícolas. Además forzarán más leyes y regulaciones a su favor, contra la soberanía alimentaria y las semillas campesinas. Sólo el hecho de que tres empresas controlen todas las semillas transgénicas debería ser un argumento suficiente para cualquier país para rechazar estos cultivos, por la inaceptable dependencia que significan.

Pero el contexto de las operaciones en la cadena agroalimentaria es más complejo, e incluye también a los próximos eslabones de la cadena, tal como detalla el Grupo ETC en su análisis de la fusión Monsanto-Bayer (www.etcgroup.org,http://tinyurl.com/ze6zs2l). Si bien la consolidación del sector semillas y agrotóxicos lleva décadas y está tocando techo, estos dos sectores tienen ventas mucho menores que las empresas de fertilizantes y de maquinarias, grupos que desde hace algunos años comenzaron a incursionar en el mercado de los primeros, estableciendo alianzas estratégicas. Adicionalmente, esas industrias también están en proceso de consolidación. Poco antes del acuerdo Monsanto-Bayer, dos de las mayores empresas de fertilizantes, Agrium y Potash Corp, decidieron fusionarse, transformándose en la mayor empresa de fertilizantes a nivel global. Lo cual, según analistas de la industria, presionó a Bayer a aumentar la oferta por Monsanto.

Paralelamente el sector maquinaria rural –que no se trata sólo de tractores y cosechadoras, sino también drones, robots y sistemas GPS que les permiten colección de datos de campo por satélite– ha venido desarrollando alianzas con todas las gigantes de transgénicos, que incluyen acceso a bancos de datos agrícolas, de suelo, clima, enfermedades, etcétera. En 2015, John Deere, con la mayor empresa de maquinaria a nivel global, acordó con Monsanto comprarle la subsidiaria Precision Planting LLD de datos agrícolas, pero fue demandado ante el Departamento de Justicia, que suspendió la compra, porque John Deere pasaría a "dominar el mercado de los sistemas de cultivo de precisión y podría elevar los precios y ralentizar la innovación, a expensas de los agricultores estadunidenses que dependen de esos sistemas", ya que Precision Planting LLD y Deere pasarían a controlar 85 por ciento del mercado de cultivos de precisión. (Departamento de Justicia de Estados Unidos, 31/8/16, http://tinyurl.com/j9x6am9).

Como ese acuerdo no se concretó, la subsidiaria sigue como propiedad de Monsanto y por tanto en el paquete de la nueva fusión, lo cual podría darle un nuevo lugar a Bayer en el tema de control digital y mover todas las piezas del juego. Cada vez más, el manejo de datos sobre suelo, clima, agua, genómica de cultivos, hierbas e insectos relacionados, será lo que decida quien controla todos los primeros pasos de la cadena agroalimentaria industrial. En este esquema los agricultores son una mera herramienta en la carrera de las empresas por producir ganancias –no alimentos–, lo que condiciona gravemente la soberanía de los países, y no sólo la alimentaria.

 

Silvia Ribeiro. investigadora del Grupo ETC