Miércoles, 09 Septiembre 2015 07:30

¿Se necesita un socialismo del siglo XXI?

¿Se necesita un socialismo del siglo XXI?

La respuesta es sí, y urge construirlo. Pero el socialismo del siglo XXI no será aquella borrachera petrolera que se hizo llamar bolivariana y que está agonizando en una cruda de estridente nacionalismo en la frontera de Venezuela con Colombia. No. El socialismo del siglo XXI no se podrá parecer al caudillismo mágico de Hugo Chávez, aun cuando el chavismo haya desarrollado proyectos éticos socialistas importantes a escala barrial.


El socialismo que se requiere hoy no será bolivariano, simplemente porque lo que caracterizó siempre a ese movimiento fue la pobreza del imaginario económico. Había una inundación de plata. Era fácil confundir la munificencia de un caudillo con un verdadero pensamiento económico. Ahora que la nación comienza a dar de tumbos, y el modelo económico hace agua por todas partes, los antiguos amigos se retiran sigilosamente. La bacanal aquella no fue socialismo simplemente porque se apoyaba en el rentismo como su esquema de riqueza. Eso significa que la riqueza se estaba generando en otra parte, con otra forma de trabajo. El rentismo no puede ser la base del socialismo del siglo XXI.


Pero si no era eso, ¿entonces cómo será? ¿Y por qué hace especialmente falta ahora?


Hoy hace falta socialismo, hay necesidad de socialismo –y es realista comenzar a construirlo– por razones análogas a las que impulsaron a Roosevelt a adoptar el keynesianismo del new deal. Estamos entrando a una época de depresión mundial para el empleo.


Así.


La economía china ha comenzado ya su desaceleración. Eso está ya fuera de toda duda. Las importaciones que hace China decrecen mes con mes, mientras el país hace lo que puede por pasar de un modelo de desarrollo basado en el ahorro y la exportación a uno que se sostiene de manera importante en el mercado interno. Como sea, las exportaciones a China, que sostuvieron el crecimiento acelerado que experimentaron muchas economías de Latinoamérica, están en crisis, y los precios del petróleo, el cobre, la soya, etcétera, han ido a la baja.


Además de la recesión franca en países como Brasil, hay otro factor que está en el horizonte mundial y que preocupa enormemente, y es el futuro del trabajo frente a la revolución actual en la robótica. Existe actualmente un debate acerca de qué tan catastrófica será para el trabajo la revolución robótica, porque hay quien tiene fe en que habrá nuevos trabajos que se abrirán al ritmo en que otros se cierran, pero eso, hasta ahora, parece ser más bien un artículo de fe que un cálculo empírico sólido.


Lo que sabemos ya de seguro es que la automatización va a desplazar muchos trabajos. En pocos años se espera que los autos de Google –sin chofer– sean un producto ya comercial, por ejemplo. En su libro Humans need not apply, Jerry Kaplan alega que los robots desplazarán labores en muchas áreas, no únicamente las de los trabajos manuales. Hay ya en elaboración robots que recogen fresas y jitomates. Sabemos lo de la robotización de los choferes. Pero hay también robots que hacen otros servicios. Los japoneses –que tienen mucho interés por los robots– lanzaron este mes un robot que parece un personaje de la película de Woody Allen, Sleeper, que sirve para atender y acompañar a los ancianos de esa sociedad. El robot se llama Pepper, y parece que la primera edición se agotó en cuestión de semanas.


El libro de Kaplan describe una pareja de robots cuyo prototipo masculino se llama Rocky (la contraparte femenina se llama Roxxxie, con la tripe equis), que son robots interactivos para dar placer sexual. Podría haber automatización de sexoservidoras y servidores. Hay también partes importantes de trabajos de escritorio –de abogados, por ejemplo– que se están automatizando. El New York Times de esta semana tiene una reseña de una cadena de restaurantes en San Francisco que está casi 100 por ciento automatizado, no tiene ya meseros ni cobradores en las cajas, únicamente algunos cocineros en la cocina.


No sabemos aún cuál será el impacto de la robótica en el futuro del trabajo. Hay economistas que calculan que más de 40 por ciento de los trabajos de Estados Unidos podrían desaparecer en los próximos años debido a esta clase de desarrollo tecnológico, y no sabemos cuántos ni qué clase de trabajos nuevos vendrán a sustituirlos.


En un contexto así, el socialismo se vuelve un asunto de vida o muerte. No es quizá por nada que personajes que tienen poco de socialistas, como Carlos Slim, por ejemplo, han sugerido que importaría reducir la semana laboral por al menos uno o dos días, para distribuir mejor el empleo. Otros economistas –tampoco particularmente de izquierdas–, por ejemplo Santiago Levy, han desarrollado proyectos para universalizar el seguro médico, porque alegan que sin establecer un piso básico, la capacidad de trascender la baja productividad y la corrupción que conlleva la economía informal será imposible.
Hay, en otras palabras, una necesidad objetiva, colectiva, de pensar en el socialismo como un proyecto productivo. Es una necesidad que no tiene nada que ver ya con los nacionalismos, sino con algo que había visto Marx hace ya siglo y medio.

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Lunes, 07 Septiembre 2015 05:15

Agotadas utopías

Agotadas utopías

Si algo no está de moda, ni siquiera en uso, son las utopías, en el sentido de plantear un porvenir digno para todos, aún si parece irrealizable. Perdieron prestigio literario, y las utopías filosóficas del pasado, de Platón a Moro y Marx, sirven más para explicar su propio fracaso. A la vez, se ciernen utopías funestas herederas de la nazi como el fundamentalismo criminal islámico, la pretendida supremacía blanca que Trump vomita amenazadoramente, la idea de una Hungría blanca, una Eslovaquia cristiana, una Gran Bretaña sin moscas. Su imbecilidad no es ningún consuelo. Ya nadie escribe o filma sobre Arcadia, no interesa. Proliferan obras apocalípticas (esa muerte de la utopía) o bien novelas, cómics y películas de futuros chuecos y distópicos alimentados en Orwell, Huxley, Bradbury, los delirios paranoicos (hoy no tanto) de Dick y otros, con resultados a veces fascinantes, de Blade Runner y la novela que la inspiró –entrañable par de oldies– a las novelas de China Mieville o Jonathan Lethem, si no de plano Los juegos del hambre. Incluso la utopía corporativa (si tal merece llamarse) de un porvenir hipertecnológico en un mundo bajo control a escala genética ya incluye su parte negativa de incertidumbre: no alcanza para todos, habrá que reducir o aislar con muros a la población restante, los recursos y el planeta están dando de sí, etcétera. En fin, Monsanto, Shell y demás saben que tienen patas de palo, que su proyección luminosa no es tal. El capitalismo que encarnan es el sistema que rige la casi totalidad del mundo habitado y no habitado, opera en el corto plazo, y sabe que miente.

En clave religiosa siempre se han promulgado paraísos por venir que en términos históricos justifican la creación de infiernos que rebasan la imaginación. En este terreno mental, tan extendido en el mundo hoy como nunca, y como siempre, se admite con resignación, entre más gozosa mejor, que la utopía se cumplirá cuando hayamos muerto si acumulamos méritos suficientes para cotizar en el mercado de la felicidad póstuma. Una de las paradojas de la modernidad actual es que sus promesas, siendo delirantes, se venden como algo racional, científico, calculado, y no como lo que son, irresponsables apuestas de casino. A la vez, ciertas religiones masivas operan en la mente de la humanidad sin asumirse como pensamiento mágico, alcanzando no pocas veces grados de fanatismo purificador, y asesino por ende.


Este conglomerado de utopías cojas o a crédito recorre el mundo amparado en el cinismo de unos y la resignación o la fe desesperada de otros. Por lo visto, las utopías son necesarias. Como concluiría un publicista, tantos miles de millones de personas no pueden estar equivocadas. No obstante, las otrora prestigiosas o creíbles utopías desembocaron en un presente patético que nos aleja de la diestra del padre o la del profeta, del edén proletario, el sueño americano, el fin de la historia o la trasfiguración cósmica.


Así fuera como ejercicio mental, en un abrirle espacio a otras posibilidades, ¿por qué no mirar aquí cerca, ir un poco para atrás y vislumbrar que las cosas pueden ser distintas, mejores humanamente hablando, con base en experiencias y pensamientos vivos que transcurren donde nadie mira, allí donde, cuando los poderes se entrometen, las niegan pues estorban para robar y chingar? Sería excesivo hablar de una utopía india, pero en los pueblos originarios de América respiran y no sólo subyacen concepciones del mundo, la vida y sus cositas que han mostrado una firmeza y una lucidez de ya te quiero ver. Elaboradas despacio, por milenios, esas ideas prácticas chocaron con la inevitable irrupción de Occidente, terrible accidente, y les fue como en feria, pero no desaparecieron. Medio milenio después, aplastadas por las estadísticas y la demografía, bien podrían ofrecer alternativas para un mundo global y entrelazado hasta la insania que se está quedando sin opciones y se niega a hacer algo al respecto.


Mal que bien, los pueblos que viven bajo esas concepciones siguen alimentando a las ciudades del continente, como las nuestras. Parece un milagro. Defienden sus circunscripciones, algunas milenarias, todas ancestrales, dentro de Estados nacionales que se disuelven. Tanto afán de Altamirano, Ramos, Paz o Monsiváis por desentrañar y apuntalar lo mexicano, para que la identidad al fin revelada se desvaneciera en guerritas horrendas e inútiles y la cesión territorial, económica y moral de todo lo mexicano a la avaricia legal e ilegal de capitalismo tardío.


La filosofía del Buen Vivir que han articulado en el sur los pueblos andinos y amazónicos, con sus refulgentes expresiones en países muy heridos como Colombia, Guatemala y México, pareciera infinitamente lejana para el mundo urbano, industrial y ambicioso en que operamos. ¿Y si hubiera algo ahí que no sea la baba de perico de políticos, locutores y predicadores? En alguna parte son reales. ¿No habrá algo que aprenderles? (Podría continuar.)

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Lunes, 07 Septiembre 2015 05:04

Esa civilización, Occidente

Esa civilización, Occidente

Occidente está gravemente enferma, y sólo cabe esperar lo peor. Su deceso en términos de tiempos históricos será inminente. Pero una nueva civilización emerge.


Primero fue el Quattrocento que se denominó a sí mismo como Renacimiento, saliendo de esa edad oscura que fue la Edad Media, denominada así por encontrarse entre la Grecia antigua y el Renacer de la humanidad. Después fue la modernidad, que se denominó a sí misma de esta forma con sus ideales de progreso, su fe en la ciencia y en la racionalidad y su centralidad en el ser humano. Posteriormente, en el siglo XVIII, se inventa el concepto de civilización como el esfuerzo por distanciarse de la naturaleza. Y con ello, de consuno, con la idea de "civilizar" a otros pueblos, naciones y culturas. No en última instancia, la idea de civilización y "civilizados" se asimiló entre las élites como sinónimo de sofisticación, buen gusto, sentido de la vida y gentileza; justamente, politesse en francés, pulir, y hacia atrás ulteriormente la noción misma de politeia (en la Grecia antigua).


No existe una sola comprensión o definición de civilización. En unos casos se refiere a la herencia y la deuda de un origen fontanal; habitualmente se trata de la síntesis que resultó de la amalgama entre Grecia, Roma y Jerusalén. En otros casos se hace referencia a un ideal mínimo común de valores, principios, ideales y formas y estilos de vida. U en otros casos más, a una unidad de criterios culturales, étnicos y filosóficos. Con ello, en cualquier caso, la idea de civilización tiene tanto de ancho como de largo; desde los trabajos de Malinowsky hasta las interpretaciones de Huntington, con todos los matices intermedios.
En un libro maravilloso, no traducido aún al español, F. Fernández–Armesto —Civilizations. Culture, Ambition, and the Transformation of Nature. Touchstone, New York, 2001—, sugiere una comprensión no–lineal de las civilizaciones. Una civilización se define por sus relaciones con la naturaleza. De esta forma, es posible identificar las distintas civilizaciones en función de su relación con la naturaleza.


Sin ambages, ello permite identificar a Occidente en términos precisos. Se trata de esa civilización que se refiere a la naturaleza en términos de medios a fin, en el que la naturaleza es el medio para que los seres humanos desplieguen y realicen sus intereses y necesidades. Exactamente la síntesis de Atenas, Roma y Jerusalén.
Pues bien, en términos médicos, Occidente es una civilización enferma. La suya es, al mismo tiempo, una enfermedad crónica, aguda y compleja. En medicina, se dice que:


• Una enfermedad es crónica cuando se trata de un mal de largo plazo que no puede ser curado y con el que hay que aprender a vivir. Ejemplos de enfermedades crónicas es la diabetes, la artritis, cardiopatías o la obesidad. Se trata de enfermedades que no pueden ser curadas, tan sólo controladas.
• Una enfermedad se dice que es aguda cuando tiene un origen y desarrollo rápido, usualmente súbito e imprevisto, y su desenlace puede ser igualmente rápido y sorpresivo. Los síntomas generalmente son severos y por lo general es una etapa de la enfermedad que desemboca en una enfermedad crónica o en la muerte. La neumonía o la apendicitis son ejemplos de esta clase de enfermedades.


• Por su parte, una enfermedad se dice en medicina que es compleja cuando resulta de la combinación de factores genéticos, medioambientales y de formas de vida. Se trata de desórdenes multifactoriales, muchos de los cuales no terminan de ser identificados. El asma, el párkinson, la osteoporosis, las enfermedades autoinmunes o el cáncer son ejemplos de enfermedades complejas.

En efecto, en un mundo alta y crecientemente complejo, entrelazado de múltiples maneras y en diversas escalas, alta y crecientemente interdependiente en múltiples sentidos y contextos, no existe la crisis. Por el contrario, existen crisis (en plural) sistémicas y sistemáticas. Tal es el diagnóstico de la civilización occidental, que sufre de numerosas crisis, tales como crisis políticas, económicas, financieras, medioambientales, de valores, crisis de confianza, crisis humanitaria en gran escala, iniquidad y pobreza en amplia escala, corrupción, impunidad y existencia del estado con falencias múltiples en un lugar o en otro. En fin, los diagnósticos, a estas alturas de la vida, son variados, amplios y robustos. Es imposible abordar, tocar y solucionar una crisis sin atender al mismo tiempo a otra(s). Un mundo verdaderamente complejo.


Occidente está enferma, severamente enferma, y a decir verdad se encuentra desde hace un tiempo en la sala de cuidados intensivos. Las mejores mentes en política o en temas de seguridad, en finanzas o en comercio internacional, en temas jurídicos o medioambientales, por ejemplo, no tienen la más mínima idea de cómo salir de ese entretejido complejo de crisis sistémicas y sistemáticas. Todo pareciera indicar que Occidente merece de cuidados paliativos, una idea cara en medicina, ciencias de la salud y bioética.


Son numerosos los foros mundiales —Davos (Foro Económico Mundial), G–7, G–7 más 1, OCDE, entre muchos otros— y son numerosas las instancias y organismos multilaterales, nacionales e internacionales dedicados a buscarle salidas a las series de crisis en curso. Es como cuidar un párkinson con banditas o aspirinas.


Mientras tanto, el costo humano es creciente e inclemente. La crisis de refugiados en Europa (¡en tiempos de paz!), las oleadas de inmigrantes africanos, los desplazamientos internos en numerosos países, la corrupción galopante y sus consecuencias sobre las violaciones de derechos humanos. Intelectualmente el panorama es apasionante; humanamente es desolador y triste.


Occidente está gravemente enferma, y sólo cabe esperar lo peor. Su deceso en términos de tiempos históricos será inminente. Pero una nueva civilización emerge. Nuevas formas de organización social, nuevas escalas de valores, nuevas y diferentes relaciones con la naturaleza, nuevas ciencias, saberes y disciplinas, en fin, nuevas formas de organización económica y de formas y estilos de vida aparecen, por lo pronto a escala local y regional, pero se van entretejiendo de formas sutiles y rizomáticas. Al destino fatídico de esa civilización que es Occidente —la tierra del sol poniente—, lo acompañan nuevas, sorprendentes y muy positivas y favorables formas de vida, comprensión y explicación del mundo y de la naturaleza. Contra el desamparo y milenarismo, contra el pesimismo y la desolación una nueva civilización brota ante nuestros ojos. No está siendo construida. Mucho mejor aún, está siendo sembrada.

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Martes, 01 Septiembre 2015 06:09

Otto Pérez aferrado al sillón

Otto Pérez aferrado al sillón

El general retirado está siendo acusado por un caso de corrupción que involucra a la primera plana de su gobierno. El Congreso tiene que decidir si levanta su inmunidad. Otto Pérez cuestiona las pruebas en su contra.

 

La jornada de hoy en Guatemala promete ser clave para la crisis política que atraviesa el país centroamericano, atravesado por acusaciones contra la primera plana del gobierno. El Congreso convocó al plenario del cuerpo a la sesión ordinaria en la que decidirá si levanta la inmunidad del presidente Otto Pérez Molina, que ayer cuestionó la seriedad de las supuestas pruebas en su contra y presentó un recurso de amparo contra la eventual quita de fueros. El general retirado es señalado como líder de una estructura de defraudación aduanera conocida como La Línea, caso por el que ya está presa la renunciada ex vicepresidenta Roxana Baldetti.


La decisión de debatir la quita de fueros fue adoptada por mayoría por la Junta Directiva en una reunión con los jefes de bloque de los partidos con representación parlamentaria. En el encuentro, convocado para las 11 hora de la Argentina, se analizará el informe de la comisión investigadora que –por decisión unánime de sus cinco integrantes, tres opositores y dos oficialistas– decidió el sábado recomendar a los 158 miembros del Congreso levantar la inmunidad al presidente para ser puesto a disposición de la Justicia.


Para que esa medida pueda implementarse se necesitan 105 votos y los números con los que algunos medios especulaban parecen favorecer a Otto Pérez Molina, porque se estaría lejos de esa cifra. El abogado del mandatario, César Calderón, presentó un recurso de amparo en base a que la Comisión Pesquisidora no pidió a la Corte Suprema de Justicia (CSJ) los informes correspondientes de otros antejuicios. Según la defensa, ya corre un proceso de antejuicio contra Pérez Molina señalado por el mismo caso, que aún no fue resuelto, por lo que podría haber "una doble persecución". En caso de que ese recurso prospere, el Congreso no podrá conocer el informe de la comisión y, consecuentemente, la votación se postergará.


En una conferencia ofrecida ayer en la Casa Presidencial, Pérez Molina apeló a la presunción de inocencia para defenderse de las acusaciones y consideró que las pruebas en su contra no son suficientes para demostrar su vinculación con la estructura criminal.


Aunque reconoció que es su voz la que aparece en algunas conversaciones grabadas y aportadas por la fiscalía, explicó que en esa charla trataba de cambiar a un empleado en la Superintendencia de Administración Tributaria (SAT) por su preocupación ante la falta de recaudación. "No recibí ni un centavo", proclamó el jefe de Estado guatemalteco, aunque admitió que, como seres humanos, durante su mandato se cometieron errores, pero que, en el momento, creía que las decisiones adoptadas eran las mejores para el país.


Durante una hora, el funcionario cuestionó la seriedad y el fundamento no sólo de las evidencias en su contra, sino también de la actuación del Ministerio Público y de la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (Cicig), dos cuerpos que pidieron que se lo deje sin fueros para ser sometido a juicio. Sin hablar ante la prensa desde el 21 de agosto, Pérez Molina se declaró consciente de que la situación es delicada, complicada y compleja como nunca antes se había visto en el país, pero apeló a la unidad y a la tranquilidad para garantizar los comicios del domingo, cuando unos 7,5 millones de guatemaltecos elegirán presidente y vice, 158 diputados, 20 miembros del Parlamento Centroamericano y 338 corporaciones municipales para el período 2016-2020.


El mandatario además justificó su ausencia ante la comisión parlamentaria que evaluaba su inmunidad, dijo en que se trata de un show político y opinó que la forma en que se conformó el cuerpo le pareció incorrecta y apresurada. "Quería estar presente para darle a la comisión mis argumentos sobre los temas. Y contestarles cualquier pregunta que quisieran hacer", sostuvo. En ese sentido, el mandatario agregó que su postura sobre las acusaciones sigue siendo la misma y se siente completamente tranquilo porque pretenden dar un contexto equivocado. "Niego que eso sea así", insistió, sobre su presunta participación en La Línea.


Sobre el recurso de amparo presentado por su abogado, indicó que esa petición se hizo bajo consideración del letrado y no por una petición suya. Explicó que hasta hace unos días no tenía siquiera abogado, pero que los últimos hechos lo obligaron a su contratación, porque muchas personas se suman sin argumentos a las acusaciones en su contra.


Aunque no está claro qué hará en la sesión de hoy la bancada de Libertad Democrática Renovada (Líder), fuerza principal de la oposición, su candidato a presidente, Manuel Baldizón, se pronunció a favor de dejar sin inmunidad a Pérez Molina. En un acto de campaña Baldizón remarcó que "hoy Guatemala tiene derecho a cambiar" y pidió a los ciudadanos que "no dejemos que nos roben los sueños".

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Adelante, investigación a campaña de Rousseff

El Tribunal Superior Electoral (TSE) informó este lunes que dará continuidad al proceso que investiga presuntas irregularidades en la campaña de relección de la presidenta Dilma Rousseff en 2014, a pesar de que el fiscal general, Rodrigo Janot, se manifestó a favor de archivarlo.


Ese proceso judicial, en el que se investigan presuntas irregularidades en la contratación de una empresa de publicidad por el comité de campaña de Rousseff, puede dar origen a una acción penal que derivaría en su destitución.


Esto ocurrirá en caso de que se comprueben las sospechas de que la campaña presidencial recibió, por medio de empresas ficticias, como podría ser la compañía publicitaria, recursos desviados de la estatal Petróleo Brasileiro (Petrobras).
La decisión de seguir con el proceso fue anunciada por el TSE poco después de que el fiscal general recomendó que fuera archivado porque a su entender no existen indicios suficientemente consistentes sobre irregularidades.


El fiscal general hizo estas declaraciones después de que el vicepresidente del TSE, Gilmar Mendes, solicitó a la fiscalía que empiece la investigación.


El proceso en el TSE fue impulsado por un grupo liderado por el senador opositor Aécio Neves, del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB). En la denuncia, se cuestionan aspectos de la campaña electoral en la que Rousseff fue relecta y derrotó a Neves, aunque por estrecho margen.


Además de a la fiscalía, el Tribunal de Justicia Electoral solicitó investigar las denuncias de la Recaudadora Federal y del Consejo de Control de Actividad Financiera.


Las finanzas de la campaña electoral de la política del Partido de los Trabajadores (PT) han sido objeto de varias denuncias. Los veredictos de esas acciones son aguardados por la oposición, que busca fundamentos jurídicos para destituir a la presidenta.


En una de esas acciones, el propio Mendes solicitó la semana pasada a la fiscalía de Sao Paulo que investigue irregularidades detectadas por el fisco en la rendición de cuentas presentada por el PT, relativas a la campaña electoral de 2014.


Mendes fue en diciembre del año pasado el relator del análisis de las cuentas de campaña de Rousseff, que fue aprobada con objeciones. El magistrado profundizó el análisis en estos meses y ahora inició la etapa de solicitar investigaciones a los organismos competentes.


Según explicó el magistrado hace unos días, los resultados de las investigaciones sobre la trama de corrupción en Petrobras obligan a actualizar permanentemente los datos investigados y eso origina nuevos frentes de investigación.
Se jala de una pluma y viene una gallina, ejemplificó Mendes, al referirse a las constantes revelaciones que surgen de las investigaciones sobre la red de corrupción en Petrobras, en la cual participaron empresarios, altos funcionarios del Estado y decenas de políticos, incluido el ex ministro de la Presidencia de Luiz Inacio Lula da Silva (2003-2011) José Dirceu, detenido el 3 de agosto pasado.


Dirceu compareció la mañana de este lunes ante una comisión parlamentaria investigadora, pero por recomendación de su abogado guardó silencio durante los 15 minutos en que estuvo ante los legisladores.


La fiscalía debe decidir si denuncia o no a Dirceu como uno de los líderes del caso Lava jato (lava auto), también conocido como petrolao. El diario O Estado reportó este lunes que la policía federal tiene previsto señalar como indiciado o probable responsable al ex funcionario por corrupción, lavado de dinero y organización delictiva.


Las investigaciones sobre el petrolao y la crisis económica por la que atraviesa Brasil han llevado a cientos de miles de brasileños a reclamar en tres ocasiones este año la destitución de Rousseff. Altos dirigentes del sector empresarial han manifestado su escepticismo sobre la salida de la mandataria como solución a la problemática del país.

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La tozudez de los hechos y la ceguera suicida

Un excelente artículo de François Houtart sobre Ecuador (El Ecuador de 2015: el agotamiento de un modelo en un contexto de crisis mundial, Rebelión, 27/8/15) pone los puntos sobre las íes. El autor, hay que recordarlo, no es ningún ultraizquierdista encapuchado con una molotov en la mano sino, entre otras cosas, el ex presidente del Tribunal Juárez sobre la deuda de Estados Unidos con Cuba y el embargo a ese país que funcionó en Coyoacán y estuvo formado por una serie de personalidades antimperialistas entre las cuales tuve el honor de contarme.


Pues bien, para Houtart estamos ante un fin de ciclo de las políticas de los gobiernos latinoamericanos que algunos califican de progresistas y otros de populistas. O sea, de un grupo muy heterogéneo de gobiernos que abarca sobre todo los de Venezuela, Ecuador y Bolivia, pero también el de Argentina, que se autocalifica de populista y convierte las tonterías de Laclau en dogma oficial porque las mismas sostienen que se terminaron las clases y el sujeto del cambio es la juventud, ese divino tesoro interclasista. ¡Qué lástima que los grandes banqueros e industriales ganen más que nunca con sus políticas de clase suspendiendo, despidiendo, eliminando las leyes de protección laboral, comprando por nada los recursos nacionales para aumentar así la explotación y el despojo de 90 por ciento de la población!


Caen los precios de las materias primas (agroganaderas o minerales) bajo los efectos del estancamiento productivo de los países más industrializados o, en el caso del crudo, de la sobreproducción, más el shale oil estadunidense y el aflujo al mercado del petróleo iraní cuya venta fue congelada por tantos años por el bloqueo imperialista. Rusia y China, prestamistas de los gobiernos progresistas antes mencionados o importantes inversionistas en América Latina, pasan grandes dificultades y deben devaluar sus monedas. Venezuela atraviesa un periodo turbulento, pues disminuye la renta petrolera y, por tanto, no puede importar los bienes que necesita y, a mediano plazo, menos aún mantener la ayuda solidaria a Cuba, Nicaragua, El Salvador y los países del Caribe. Ecuador, que depende de la exportación de crudo, vive una crisis aumentada por la dolarización de su moneda y Brasil, la famosa potencia emergente de muchos analistas superficiales, aparece como lo que es, un país dependiente con una distribución brutalmente desigual de la riqueza y no puede ya basarse en la exportación de autos (de marca extranjera) ni de soya y, al mismo tiempo, hacer una política redistribucionista del ingreso y asistencialista para asegurarse una mínima paz social.


En Brasil y en Argentina, las fábricas del ramo automotor cierran varios días, despiden, suspenden miles de obreros. La corrupción masiva desprestigia al gobierno brasileño. Los proyectos de fracking y mineros se interrumpen en todas partes porque no son rentables dados los precios del crudo y de los minerales. Eso es bueno para el ambiente y la agricultura, pero provoca conflictos sociales, como el de los mineros bolivianos en Potosí, hunde las esperanzas del gobierno argentino en el shale oil de Vaca Muerta o exacerba la extracción desesperada de petróleo por los gobiernos en los territorios indígenas en Ecuador (Yasuní) o de Bolivia (en las autonomías guaraníes) provocando conflictos entre los gobiernos neodesarrollistas y extractivistas y los indígenas y ambientalistas.


De este modo la crisis capitalista mundial y las políticas de los gobiernos progresistas (que no tocaron y, por el contrario, preservaron a las trasnacionales, las finanzas y el gran capital y se adecuaron al tipo de inserción en el mercado mundial que ellos les fijaban), conducen en este momento al debilitamiento de esos gobiernos, que pierden consenso en las clases medias pobres y hasta entre los trabajadores y los pueblos originarios. Por supuesto, la CIA, el imperialismo y sus agentes oligárquicos y capitalistas locales aprovechan la crisis y esta situación para tratar de debilitar y derribar a gobiernos a los que difícilmente pueden ganar en las urnas y provocan corridas bancarias y choques sociales. Pero las protestas de los indígenas, ambientalistas y sindicatos combativos no tienen nada que ver con esas maniobras antidemocráticas y subversivas. Rafael Correa calumnia y reprime a los indígenas y a la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie), que llamaron a una protesta pacífica que no pedía su renuncia, como él dice, y además desconoce la Constitución ecuatoriana cuando impone la exploración petrolera en los territorios indígenas; Evo Morales y Álvaro García Lineras, por su lado, atacan la democracia y las autonomías comunitarias e indígenas y pretenden acallar las voces de protesta mientras declaran que harán exploraciones petroleras quieran o no los pueblos guaraníes. Esos son los hechos concretos y tozudos.


Los formados en la escuela cristiana, como Correa y Maduro, ven al mundo como una lucha entre el bien y el mal en la que ellos, por supuesto, son el bien y quienes los critican el mal, agentes del imperialismo o estúpidos manejados por la derecha. Los educados en la religión estalinista, igualmente maniqueos, hacen una amalgama infame entre las críticas constructivas y de izquierda y los intentos de golpes derechistas, padecen además el síndrome autobusero y respetan el cartelito que dice no molestar al conductor (cualquiera que sean los virajes y maniobras locas de éste). Para ellos no hay duda: el aparato de Estado (capitalista) debe decidir y aplicar las políticas (capitalistas) supuestamente para bien de esos menores mentales que serían los trabajadores y los intelectuales que toman partido por ellos. Los maniqueos se niegan a ver que, además de una oposición proimperialista, los progresistas enfrentan también una oposición social de izquierda. Ellos, en su ciega ignorancia, pavimentan la vía suicida de los progresistas a quienes acríticamente pretenden defender.

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Descolonizar el pensamiento crítico y las rebeldías (II)

La construcción de otro mundo en América Latina, acorde con Raúl Zibechi, se está llevando a cabo por medio de organizaciones no estadocéntricas ni jerarquizadas, que a veces ni siquiera tienen equipos permanentes de dirección y, en consecuencia, tienden a superar la burocracia, una forma tradicional, elemental y muy antigua de dominación. En estos nuevos modos de hacer, las mujeres y los jóvenes juegan un nuevo papel.


En un primer momento de crítica a los gobiernos progresistas, Zibechi identifica que, pese a las diferencias, todos los procesos tienen en común la continuidad del modelo extractivo, ya sea minería a cielo abierto, hidrocarburos o monocultivos. "En todos los casos se trata de la producción de commodities, el modo que hoy asume el neoliberalismo en la región", así como la expansión de políticas sociales que buscan neutralizar a los movimientos y amortiguar o impedir el conflicto. El mapa de los gobiernos progresistas y de izquierda habría que completarlo estableciendo una diferencia entre aquellos países en los que la acción social hizo entrar en crisis el sistema político, como Venezuela, Bolivia y Ecuador, y aquellos como Brasil y Uruguay, donde ha predominado la estabilidad, estando Argentina en una situación intermedia. Al interrogante sobre los principales peligros y beneficios que implica la llegada al gobierno de partidos progresistas, Zibechi hace un señalamiento, a mi juicio trascendente, y a partir de tres escenarios: Las relaciones interestatales, o sea, la cuestión de los gobiernos, la relación entre movimientos y estados, es decir, la cuestión de la emancipación y la relación entre el desarrollo y el buen vivir, esto es, el posdesarrollo. Si miramos la cuestión estatal, la existencia de gobiernos progresistas es muy positiva, porque en ellos se juega la relación con Estados Unidos y con las grandes multinacionales del norte, la crisis de la dominación imperialista que estos gobiernos acentúan. Pero, si observamos la cuestión de la emancipación o del desarrollo, estos gobiernos han representado un paso atrás. El problema es que hay fuerzas sociales y políticas que no pueden tener otro horizonte más que ser gobierno, que convertirse en administradores del Estado.


En la especificidad de América Latina, Zibechi destaca que por un lado tenemos una sociedad oficial, hegemónica, de herencia colonial, con sus instituciones, sus modos de hacer, su justicia y todo eso. Por otro, hay otra sociedad que puede estar afincada en las remotas áreas rurales y se organiza en comunidades y también en las amplias periferias urbanas; que tiene otros modos y formas de organizarse; que tiene su propia justicia, sus formas de producción y toda una organización para tomar decisiones paralelas o al margen de la establecida. Nuestro autor sostiene que la práctica indígena cuestiona las concepciones revolucionarias occidentales en varios aspectos y denuncia que sólo lo estadocéntricos es teorizable, coincidiendo con autores como Leopoldo Mármora, quien a mediados de los años ochenta hacía notar las raíces eurocéntricas del marxismo en el tratamiento de la cuestión nacional y en el concepto de pueblos sin historia. "Hay varios temas que el movimiento indio pone sobre la mesa. El primero es su concepción del tiempo, la relación presente-pasado. El segundo es la idea de cambio social o revolución, el Pachakutik... El tercero se relaciona con el racionalismo y con la relación entre medio y fines, que involucra las ideas de estrategia y táctica, así como la cuestión del programa y del plan". En todos estos temas y procesos, el papel del intelectual es importante. Zibechi rehúsa definirse como intelectual, aun en los términos en los que los plateaba Lenin e incluso Gramsci, y prefiere ser llamado activista/militante y pensador/educador, que en todo caso no deja de ser intelectual. Sostiene, acertadamente, que muchas de las ideas de quienes trabajamos en los movimientos son patrimonio de mucha gente. "Si el centro es la gente en movimiento, entonces el intelectual tiende a ser uno más en el movimiento... Por eso los intelectuales también nos debemos poner en movimiento y movernos del lugar ese de estar por encima de la gente".


Zibechi considera que los movimientos antisistémicos autonómicos comenzaron una nueva era de las luchas sociales o de clases que está en sus primeras fases. Esta nueva era es la de la autoconstrucción de un mundo, sin necesidad de pasar por la toma del poder estatal, concentrándose en los territorios donde se construyen estos nuevos mundos. El caso más evidente es el de los caracoles zapatistas, donde se han construido formas de poder supracomunitario, como las Juntas de Buen Gobierno que reúnen a cientos de comunidades cada uno (aunque el confederalismo en el Kurdistán muestra también una experiencia inédita en esta conflictiva región del mundo). La experiencia zapatista –afirma Zibechi– es un logro histórico que nunca antes había existido en las luchas de los de abajo, exceptuando los 69 días que duró la Comuna de París y los breves tiempos de los soviets antes de la reconstrucción estatal estalinista.


La reaparición del EZLN, acorde a Zibechi, combina posiciones históricas (entre las que habría que destacar el rechazo al escenario electoral y a la construcción de organizaciones homogéneas y centralizadas) con nuevos desarrollos que implican una relación diferente con sus bases de apoyo fuera de Chiapas y, sobre todo, un modo novedoso de intervención en los sectores populares, consistente en mostrar lo que han sido capaces de construir que, en realidad, es enseñar un camino propio y diferente para transformar el mundo.


A juicio de nuestro autor, el discurso zapatista recupera la tradición de resistencia anticolonial defendida por Frantz Fanon, quien destaca la existencia de dos zonas, la del opresor y la del oprimido, los de arriba y los de abajo. Asimismo, Zibechi distingue al zapatismo de otros movimientos a partir de la autonomía integral, que los lleva a rechazar subvenciones y políticas sociales del gobierno; la construcción de órganos de poder en tres niveles, diferentes a las formas de poder estatales, inspirados en la comunidad; ser un movimiento de jóvenes y de mujeres, y ser consecuentemente anticapitalistas.

 

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Viernes, 21 Agosto 2015 05:42

¿Es posible salir del facilismo?

¿Es posible salir del facilismo?

Trascender el facilismo no parece nada fácil. Esto suena como un juego de palabras, pero no lo es. El facilismo es una cultura de vida, política y social, que ha modelado el comportamiento de la población de nuestro continente durante varios siglos y que está sólidamente acomodado como un sentido común. Más aún, muchas personas y familias no conocen otro modo de vivir la vida ni de relacionarse entre ellas. Eso no quiere decir que aceptemos la cultura del facilismo, ni que disculpemos a quienes la practican ni, menos aún, a los que se benefician de ella.


En primer lugar, a tendencia al facilismo resulta ser un legado de la época colonial, que se ha agravado con el tiempo, estimulado por una bonanza artificial generada por las industrias extractivas. Al parecer ningún gobierno que no reparte bienes materiales "generosamente" y sin exigencia alguna, se puede mantener en el poder. Los sucesivos gobiernos no han combatido esta cultura sino que se apoyaron en ella, precisamente porque es más "fácil" que combatirla y ofrecer alternativas. Lo que ha cambiado es la orientación del facilismo, el direccionamiento de los recursos hacia sectores más amplios o más restringidos de la población, pero no su esencia que ha permanecido incambiada.


En segundo lugar, la cultura del facilismo degrada las relaciones sociales, genera individualismo para competir con los otros y las otras en la captura de los recursos materiales y simbólicos, lo que corroe el sentido de comunidad y de lo colectivo. Lo que incrementa aún más la complejidad de esas relaciones es su anclaje enraizado en las emociones colectivas; en el contexto de cada cultura se suelen perfilar actitudes vinculadas a determinados "emocionares": el facilismo lo vinculamos, en este sentido, con las aspiraciones y expectativas culturalmente generalizadas que sugieren la posibilidad de solucionar necesidades y carencias sin desplegar un esfuerzo, "sin tener que mover un dedo" y "que otros me resuelvan".


Este es uno de los mayores daños que provoca esta cultura, porque destruye, precisamente, las bases que podrían contribuir a salir del modelo actual. La comunidad organizada y la fraternidad/sororidad como prácticas de vida, son las bases para otro modo de vida que supere al culturalmente establecido.


En tercer lugar, el facilismo atenta contra la producción de bienes materiales y simbólicos ya que reproduce lo viejo: el caudillismo, el paternalismo personal o estatal, y las relaciones jerárquicas, reforzando la subordinación de la sociedad. De esa manera se cierran las puertas a un activismo consciente y autónomo, a la toma de decisiones individuales y colectivas que permitan superar el estado de cosas heredado. Lo que parece ser el propósito político es mantener una relación clientelar entre gobiernos pudientes y pueblos necesitados. Y esa estrategia se mantiene, como por ejemplo en el caso de Venezuela donde la riqueza fácil con base en la renta petrolera fue política de Estado desde hace décadas y donde ahora, en una situación de bajos precios del crudo, se impone desde arriba una reforma tributaria; la finalidad es el incremento de ingresos fiscales no-tradicionales para poder dar continuidad a las dádivas fáciles del clientelismo.


La producción, y no la distribución, son las bases de un mundo mejor al actual. Todas las corrientes emancipatorias que ha conocido la humanidad, de carácter religioso o laico, espiritual o científico, han colocado la producción y la creación de nuevos valores en el centro de sus preocupaciones. La disputa por los bienes existentes es, necesariamente, una disputa negativa, que consiste en quitarle a otro para usufructuarlo. Eso sería aceptable, en todo caso, una sola y única vez, como recuperación de valores previamente expropiados, más no se impone: en lo fundamental, un mundo nuevo o mejor al actual debe asentarse en la creación y, por lo tanto, en la producción, actitudes positivas y realmente transformadoras.
Es por eso que pensamos que el facilismo, en su versión renta petrolera, nacionalizaciones u otras, no permite trascender el mundo y las relaciones sociales existentes sino que, por el contrario, las reproduce eternamente. Una actitud transformadora es siempre creativa.


Por último, tampoco se sale del facilismo combatiéndolo, haciendo campañas o luchando contra sus manifestaciones. En los años 70 abundan los ejemplos de estrategias generalizadas de enfrentamiento, sea con los gobiernos de turno, con y entre partidos políticos, y contra el enemigo de cada momento en las luchas reivindicativas. Visto en retrospectiva pareciera que ya no se hallaba con quién más pelear. Da la impresión que hasta en la actualidad cuesta a muchas organizaciones reconocer que tal actitud significa relacionarse con el entorno desde unas relaciones culturales caracterizadas por las emociones y la lógica de acumulación de poder, pero en nombre de profundas transformaciones sociales. ¿No se tratará de irnos saliendo de los fundamentos culturales que sustentan el capitalismo: las relaciones jerárquicas, la acumulación de poder, conocimientos y riquezas, la particularización que fundamenta la civilización patriarcal?


Una cultura sólo cambia en tiempos largos, luego de extensos períodos que abarcan varias generaciones. Pero, por encima de todo, una cultura no cambia a través de la negación de la misma, ya que combatirla las más de las veces consigue afirmarla, crea mecanismos de defensa que la consolidan y la vuelven más resistente.


Para modificar una cultura es necesario practicar otra cultura, asentada en otros valores, en otras relaciones entre las personas, y ente ellas y el medio en que viven. Los campesinos no hacen crecer las plantas estirando de los brotes, sino indirectamente, ofreciéndole agua y luz. Cambiar una cultura como el facilismo requiere de cuidados y afectos, algo que sólo podemos hacer en comunidad con responsabilidad individual. Porque el facilismo, entre otros problemas que presenta, permite que la irresponsabilidad individual se ampare en el colectivo.


Numerosos proyectos de vida que se están autogestionando y autofinanciando hoy en el mundo –asociaciones, colectivos, cooperativas- están comprendiendo que producir implica esa transformación cultural, transcender las relaciones de competencia, un hacer cuyo "cómo" apuntala al descubrimiento de relaciones de producción donde destacan el fin solidario en vez del lucro, la circularidad en las conversaciones y la equidad comunitaria. Un cambio muy paulatino. Pero los cambios culturales profundos se cocinan a fuego lento y a largo plazo. Una de las condiciones para ello parece ser el cambio personal, partiendo de la reflexión que [email protected] vivimos bajo la influencia de esa cultura del facilismo.


Jorge Rath es miembro del Equipo de Publicaciones Cecosesola (organismo de Integración Cooperativa del Estado Lara; fundada en 1967, es actualmente una convivencia de unas cincuenta cooperativas y asociaciones civiles: www.cecosesola.org)


Raúl Zibechi es escritor y periodista uruguayo, colabora con varios movimientos sociales en América Latina

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Descolonizar el pensamiento crítico y las rebeldías/I

El libro más reciente de Raúl Zibechi, Descolonizar el pensamiento crítico y las rebeldías, autonomías y emancipaciones en la era del progresismo, publicado recientemente en nuestro país por Bajo Tierra Ediciones (2015), constituye una sólida y profunda contribución al debate de las ideas en el ámbito de las resistencias y los procesos autonómicos anticapitalistas, así como una crítica de gran calado a los progresismos de las denominadas izquierdas institucionalizadas, considerados por el autor incluso como una nueva forma de dominación.


Dividida en cuatro secciones, precedidas de una introducción (I. Las sociedades en movimiento; II. Los movimientos en la era progresista; III. Los progresismos como nuevas formas de dominación; IV. Abajo y a la izquierda), la obra se fundamenta en un conocimiento vivencial del autor de importantes movimientos antisistémicos en Argentina, Brasil, Bolivia, Chile, Paraguay, Perú, Venezuela, Uruguay y, en especial, en México, a partir de la convivencia de Zibechi con el proceso de los pueblos mayas agrupados en el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN).


La introducción es clave para la comprensión del extenso texto de 375 páginas, e inicia con el impactante y poco conocido relato acerca de la masacre de al menos 200 argelinos y el arresto de otros miles en París el 17 de octubre de 1961, así como de los costos en vidas humanas y torturados de la guerra de liberación, que según informes del Frente de Liberación Nacional, de un total de entre 9 y 10 millones de habitantes, un millón de argelinos fue muerto, mientras que otro millón fue torturado. Zibechi señala que nunca hubo condenas por asesinar argelinos y que este es el clima en el que reflexionaba Frantz Fanon, considerado como la "zona del no-ser (...) donde la humanidad de los seres es violentada día tras día, hora tras hora. Se reivindica la actualidad del pensamiento de Fanon al cuestionar la teoría crítica hegemónica, o sea, el marxismo soviético de las décadas de 1950 y 1960, y por pensar y practicar la resistencia y la revolución desde el lugar físico y espiritual de los oprimidos: allí donde buena parte de la humanidad vive en situaciones de indecible opresión, agravada por la recolonización que supone el modelo neoliberal. Zibechi sostiene que sigue siendo necesaria una estrategia que aborde el complejo de inferioridad sufrido por el colonizado, y se pregunta: ¿De qué sirve la revolución si el pueblo triunfante se limita a reproducir el orden colonial, una sociedad de dominantes y dominados? Por ello, abordar la cuestión de la subjetividad es un asunto estratégico-político de primer orden, sin el cual el dominado volverá a repetir la vieja historia: ocupando el lugar material y simbólico del colonizador, reproduciendo así el sistema que combate. Criticando el papel liberador que Fanon atribuye a la violencia, al elevar al pueblo a la altura del dirigente, se retoma la necesidad de abordar el problema de la subjetividad como una prioridad política, rompiendo así con la centralidad de la economía y con el papel excluyente concedido a la conquista del poder y a la recuperación de los medios de producción y de cambio por la teoría de la revolución.


A partir de estas ideas, Zibechi desarrolla aspectos que considera centrales, y que ciertamente están presentes en los textos que integran el volumen: autonomía y dignidad, poder, re-producción y familia, comunidad o vanguardia, identidad, producción colectiva de conocimientos y creación de un mundo nuevo. Señala que los que viven en la zona del no-ser no pueden ser autónomos en la sociedad opresora, ya que la violencia es vida cotidiana y la sociedad no los reconoce como seres humanos; por ello, los colonizados (Fanon), los de abajo (zapatistas), deben crear espacios seguros a los que los poderosos no puedan acceder. Asimismo, las autonomías de los pueblos indígenas, campesinos y mestizos deben ser integrales, esto es, abordar todos los aspectos de la vida, desde la producción de alimentos hasta la justicia y el poder. Los dominados no pueden apelar a la justicia del Estado, sino crear instituciones propias. De esta manera, los procesos de cambio no pueden ordenarse alrededor de los estados actuales. Los procesos autonómicos se fundamentan en poderes democráticos, no estatales, anticoloniales porque destruyen las relaciones de subordinación de raza, género, generación, saber y poder heredadas, construyendo otras nuevas en las que las diferencias coexisten sin imponerse unas a las otras.

Los movimientos de la zona del no-ser se cuentan por familias. El paso político fundamental es el pasaje de la reproducción en la casa familiar a la reproducción colectiva en los movimientos, modificando la inmovilidad de la sociedad dominada, renovar su sangre y su alma (Fanon). Es en la reproducción donde la sociedad de los de abajo puede hacer un esfuerzo sobre ella misma.


Se sigue también a Fanon en su denuncia al elitismo de las izquierdas, incluyendo la noción de partido que considera importada de la metrópoli. Su rechazo a la organización centrada en las élites más conscientes y organizadas se basa en su capacidad de negociar e incrustarse en el aparato estatal. No tienen necesidad de destruirlo, ya que esperan un lugar a la sombra del sistema. Zibechi destaca que el zapatismo, por el contrario, se propone organizar el conjunto del pueblo. El EZLN invirtió la lógica colonial de las izquierdas, al ponerse al servicio de las comunidades, esto es, del vanguardismo revolucionario al mandar obedeciendo; de la toma del Poder de Arriba a la creación del poder de abajo; de la política profesional a la política cotidiana; de los líderes, a los pueblos (sub Marcos). El zapatismo transita este camino de descolonización del pensamiento crítico, sostiene Zibechi, revitalizando tradiciones de carácter comunitario, y a partir de saberes que enseñan que para construir un mundo nuevo no es necesaria una teoría revolucionaria separada de la realidad y que se coloca por encima de ella.

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Miércoles, 12 Agosto 2015 06:44

Un lento despertar

Un lento despertar

Uno de los grandes misterios del estallido financiero y la depresión económica mundial 2007-2009 fue el escaso impacto político que tuvo en Europa. Países como el Reino Unido y España eligieron a conservadores, a pesar de sus vínculos manifiestos con el modelo que había causado la crisis. En gran medida este resultado se debió a que la socialdemocracia europea se había movido tanto a la derecha con su reivindicación de la economía de mercado y su aceptación del modelo neoliberal que había dejado de constituir una opción clara para un electorado desorientado, golpeado y despolitizado.


En los últimos dos años ha habido señales de cambio. Syriza en Grecia y Podemos en España son los ejemplos más obvios de este lento despertar. Con altísimos porcentajes de desempleo y crisis muy profundas eran casos de cajón: tarde o temprano tendría que aparecer una alternativa. La Corbynmanía que está sacudiendo al Reino Unido es mucho más sorprendente.


El 7 de mayo los conservadores del primer ministro David Cameron obtuvieron una mayoría parlamentaria reivindicando la austeridad y el déficit cero y forzaron la renuncia del líder laborista Ed Miliband a la jefatura partidaria con un llamado a elecciones internas para sustituirlo. El consenso era que el laborismo había perdido porque Miliband, con su tímido populismo, se había alejado del centro de la escena política. Ergo, el laborismo debía recapturar ese espacio.


La irrupción de Jeremy Corbyn ha puesto en entredicho esa interpretación. Candidato de la izquierda dura laborista, Corbyn está a favor del desarme nuclear y la nacionalización de servicios públicos esenciales como los trenes, el gas y la electricidad. Comentaristas de derecha e izquierda no pueden entender que alguien con esas características esté encabezando las encuestas para líder de la oposición y tenga un respaldo multitudinario en cada acto que encabeza en todo el Reino Unido.


Esta transformación no es tan sorpresiva si se analiza la historia reciente. Muchos de los seguidores de Corbyn celebraron la victoria de Tony Blair y su Nuevo Laborismo en 1997 que puso fin a 18 años de reinado conservador. En su primer gobierno Blair combinó una módica aspiración a la justicia social con una explícita reivindicación de la economía del mercado. En el mundo post Muro de Berlín era considerado una política realista: introducción del salario mínimo, derechos sindicales y, al mismo tiempo, política neoliberal con el poderoso sector financiero británico y los grandes conglomerados.


La retórica con que se respaldó ambas políticas fue un hueso más duro de roer para los laboristas. Mientras que las políticas históricas del laborismo se ejecutaban de manera sigilosa, la agenda pro capitalista era reivindicada con fervor en una búsqueda de titulares que certificaran que el Nuevo Laborismo había roto amarras con su pasado estatista.


La guerra de Irak terminó de romper esa frágil convivencia de lo viejo y lo nuevo, la tradición y el posmodernismo. En un partido con fuerte tradición pacifista y antiarmamentista, Blair buscó un espejo en Winston Churchill y se convirtió en el gran aliado de George W. Bush para la invasión de Irak. La mejor arma que había exhibido hasta el momento –su éxito– dejó de acompañarlo: la aventura terminó en un sangriento fiasco. Cuando en 2007 lo sustituyó su ministro de economía Gordon Brown la interpretación fue que representaba un regreso a las raíces históricas del laborismo, surgido con los sindicatos, uno de los modelos en que se inspiró Perón que, como se sabe, pensó en llamar a su movimiento laborista antes de inclinarse por su nombre actual, justicialismo.


Brown no dio la talla. Cuando cayó derrotado en las elecciones de 2010 ante David Cameron, su reemplazante, Ed Miliband, fue también visto como un giro a la izquierda, pero sin abandonar las premisas básicas de la dupla Blair-Brown. Ese intento sucumbió en las elecciones del pasado 7 de mayo. Con Jeremy Corbyn el laborismo tiene un candidato hecho a medida, sin esa penosa tensión ideológica interna de los años Blair-Brown-Miliband. Visto desde hoy la sorpresa es que una opción así haya tardado tanto en materializarse.

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