MÚSICA DESDE OTRAS COORDENADAS

Mujica en Palacio: "El homo sapiens es el único bicho que se puede hacer cargo de su destino"

Esta tarde el ex mandatario uruguayo Pepe Mujica ofreció una conferencia en el Palacio de las Convenciones en el marco del II Encuentro Internacional Con todos y para el bien de todos, dedicado al Héroe Nacional de Cuba, José Martí.
En el encuentro Mujica resaltó la importancia de que la izquierda y los movimientos progresistas sean capaces de construir una cultura que no sea esclavizante y sometedora.


Comentó que a pesar de que la civilización parece haber llegado a un punto de no retorno en cuanto a las atrocidades que comete a diario, está en manos de la misma humanidad cambiar ese orden de cosas: "El homo sapiens es el único bicho que se puede programar en partes, que se puede hacer cargo de su propio destino".


El consumismo como arma de destrucción masiva


El actual senador de Uruguay sostuvo que la falta de consumo es el terror de los economistas contemporáneos. "Nos tienden la mesa de la mercadería, como diciendo: Subite, que hay pa' vos también", añadió.


La migración es un fenómeno, según él, muy vinculado a las ansias por tener. Sostuvo que el sueño de los pobres es emigrar, pero no a un lugar tranquilo, sino a la Meca de la sociedad de consumo, y que eso se ve a diario en los refugiados que huyen de sus países en conflicto. Todos quieren ir a Alemania o a Suecia.


Y lo mismo ocurre con los emigrantes centroamericanos, que no van a países como Uruguay, "donde hay tres millones de cristianos y 30 de vacas", sino que llegan en México en un intento por pasar a Estados Unidos.

 

Lo importante es estar vivo

 

El político uruguayo sentenció que si bien la economía es importante, nada lo es más —ante la magnitud del universo— que estar vivo. Y que resulta alarmante el hecho de que "este mundo tiene cada vez más cantidad de gente que vive con infelicidad sin ser pobres".


Opina que en ese contexto es necesario un cambio de ética. "Esto no es una moralina, es una invitación a luchar por la felicidad humana por encima del criterio de que sos feliz según lo que tengas", concluyó.


El hombre moderno, comentó el ex guerrillero, se cree que inventó la rueda, padece de petulancia. Por eso el cambio, además de estructural, debe ser ético, sino no será visceral, ni suficiente.


"Nuestra pelea de fondo —añadió— es con la muerte, y se puede resolver dejando algo conscientemente mejor a los que vienen después de nosotros". A su criterio, eso es la civilización: una solidaridad intergeneracional.


Considera que para eso es necesario enfrentar problemas que no puede solucionar ningún país por poderoso que sea: "los pobres de Centroamérica y de África subsahariana son causa de la humanidad, viva donde viva, es necesaria una visión de especie".

Publicado enCultura
Repunte de la acción popular contra el neoliberalismo santista. Hacia el paro cívico nacional.

Con la generalización de la crisis económica y fiscal de la sociedad y el Estado; con las medidas de recortes, austeridad, más impuestos y privatizaciones de bienes públicos; y con la arremetida oficial para implantar a rajatabla una segunda fase neoliberal, la inconformidad y protesta social repuntan como herramientas para defender y proteger los derechos de la población más débil y vulnerable.

Mientras avanza el proceso de paz y se aproxima la firma segura de un acuerdo definitivo que ponga fin a la lucha armada y la violencia política, la oligarquía dominante reafirma el modelo neoliberal como protocolo de funcionamiento del aparato económico y de organización sociopolítica.

No obstante, volcarse a la conquista de la paz no significa replegarse ni abandonar la inevitable acción colectiva emancipadora y transformadora.

Consideremos estos dos planos de la coyuntura, dibujados claramente en las primeras semanas del mes de enero del 2016.

 

La arremetida neoliberal.

 

No obstante que la superación del conflicto social y armado, mediante las conversaciones en la Mesa de La Habana, organizada por el gobierno del Presidente Juan Manuel Santos y las Farc, ha elaborado un repertorio de coincidencias en temas agrarios, democracia ampliada, erradicación de cultivos ilícitos, de los derechos de las víctimas y la terminación del conflicto armado, cuyo alcance y sentido permiten caracterizar una dimensión de justicia social y progreso, la elite dominante persiste en canalizar los logros del proceso para relegitimar la hegemonía neoliberal y rebobinar su esquema de control político del Estado y la sociedad.

La casta santista, acosada por la descomunal crisis económica y financiera global (http://bit.ly/1Pwf66A), huye hacia adelante y pretende encauzar a Colombia en una segunda fase neoliberal mediante la apropiación masiva de territorios y tierras de la Orinoquía y otras regiones y con estrategias de expansión del gran capital en Colombia de grandes dimensiones. El desalojo de millones de campesinos mestizos, afros e indígenas del campo, adecua condiciones para repetir la experiencia de otras áreas del planeta, específicamente en el pacífico.

Los planes de inversión en infraestructura, turismo, apropiación del mercado interno, nuevas áreas mineras, nuevos puertos, maquilas de nuevo tipo aprovechando las zonas francas, aprovechamiento de la biodiversidad amazónica, son de una gigantesca magnitud en la proyección de la expansión del capitalismo y sus redes de producción.

La segunda generación del neoliberalismo, luego de la formula gavirista de los años noventa y de su afianzamiento político con la seguridad democrática de Uribe Vélez, reúne nuevos enfoques sobre el emprendimiento personal así como recortes en el gasto público, venta generalizada de bienes públicos y consolidación del Estado securitario.
Hay que salir a como dé lugar del atolladero, sin importar los daños sociales y el agravamiento de las desigualdades sociales, parece ser la idea del grupo gobernante.

Pero la apreciación de diversos observadores indica que, superados los fenómenos de la guerra y la violencia, tal como viene ocurriendo en los meses recientes, ocurrirá un repunte vigoroso de la acción colectiva, la movilización social y la protesta popular.

 

Los movimientos sociales.

 

El 2016 será un año bastante agitado en materia de protestas y movimientos sociales.

Según los seguimientos que desde hace 40 años llevan diversos centros académicos sobre esta fenomenología, el 2013 ha sido el año en que la protesta social se ha expresado más intensamente e con un poco más de 1.000 acontecimientos de protesta en sus diversas manifestaciones: marchas, paros, invasiones, huelgas, bloqueos de vías, tomas de entidades, etc., organizadas por toda clase de agrupaciones sociales en el campo y la ciudad.
Tal como se presentan las cosas, es muy probable que en este año se superen estas cifras, porque se están reuniendo en un explosivo coctel factores exógenos tales como la crisis petrolera y la desaceleración de la economía, o la sequía producida por el fenómeno de El Niño, con decisiones políticas como las privatizaciones de empresas públicas o los inevitables nuevos impuestos, e intensos debates públicos como la aprobación de los acuerdos de paz.

El campo laboral empezó el año agitado por el aumento del salario mínimo por debajo de la inflación registrada para los estratos bajos, y se va a complicar por los despidos o la reducción de beneficios en los sectores petrolero y minero, y por el ajuste fiscal que implicará recortes en las contrataciones de personal en el sector público, tanto a nivel nacional como regional.

También despega intensa la reacción contra las políticas públicas por el amplísimo consenso nacional en contra de la absurda y precipitada venta de Isagén, y de seguro se intensificará si el alcalde Peñalosa lleva a cabo sus planes de privatizar las empresas públicas de Bogotá, o si el gobierno acoge la recomendación de los expertos de aumentar el IVA y extenderlo a productos de la canasta familiar, con la reforma tributaria que ya cocinada.

El fenómeno de El Niño, observa Cabrera, va a propiciar movimientos de protesta: en el campo, los agricultores por las pérdidas de sus cosechas que ocasionará la intensa sequía; en las ciudades, los consumidores por el aumento de los precios de los alimentos y los ciudadanos por los forzosos racionamientos de agua; en todo el, país los ambientalistas contra la minería y demás actividades que aumentan la deforestación y aceleran el desastre del cambio climático, como se prevé en Ibagué donde ha sido organizada una consulta ciudadana para pronunciarse sobre el proyecto mega minero de la Colosa en Cajamarca y la Cordillera Central (http://bit.ly/1lIFXVr).

De otro lado, las víctimas del conflicto, fortalecidas con la esperanza de que ahora si van a tener reparación, protestarán contra la mediocridad de los resultados. Por último, la guerrilla volcada en la movilización política iniciará su participación en el espacio público intentando mostrar que tiene apoyo en la población civil, y que más allá del conflicto armado subsisten las causas profundas del conflicto social (http://bit.ly/1lIFXVr).

Los movimientos sociales lograran un gran protagonismo social e incidirán ampliamente en el curso del nuevo ciclo político que se proyecta con un acuerdo final para la paz (http://bit.ly/1PMGq4w).

A propósito de esta nueva realidad traigo a consideración algunas reflexiones de Raúl Prada y Antonio Antón sobre los movimientos sociales, sus impactos y nuevas referencias de interpretación.

Lo hago para enriquecer el debate que se abrió con los acuerdos de La Mesa de La Habana sobre la participación política, la democracia ampliada y las garantías para los movimientos sociales y la protesta popular.

Dice Prada que necesitamos hablar de movimientos sociales en su singularidad. Un movimiento social no responde a regularidades, a analogías, aunque las pueda generar. El movimiento social emerge de una problemática también singular. Hay que encontrar el nacimiento de este movimiento social en esa problemática, en su estructura, su composición, su propia complejidad. Son sospechosas las teorías de los movimientos sociales, pues parten de un modelo, de una idea, si se quiere de un paradigma, desde el cual se decodifica e interpreta a los movimientos sociales. Las aproximaciones a los movimientos sociales se diferencian precisamente por el paradigma del que se parte. Quizás por corrientes teóricas, quizás también por periodo, de cuando se ha elaborado esa teoría. Nadie dice que las teorías sobre los movimientos sociales no hayan ayudado a comprenderlos. Lo han hecho. Sin embargo, ya no se trata de identificar, rasgos, características, condiciones, formas de organización y formas de desplegarse y de difundirse. Formas de mutar en el tiempo, además de formas y procedimientos de lucha, de convocatoria. Convertir estos rasgos, esas características, las condiciones, las formas, en signos de una interpretación, que se convierte en una narrativa que describe y explica el movimiento (http://bit.ly/1ZXE3Dd).


Ahora, se trata de comprender la dinámica de la complejidad singular del movimiento social.

Esto parece que se puede lograr si desciframos la problemática de donde emerge el movimiento social, las conexiones, articulaciones, participación en esa problemática. También lograr comprender la experiencia social en esa problemática, las interpretaciones colectivas de la problemática, de retener esa experiencia en la memoria social. Entonces podremos pasar a las formas de la acción, del despliegue de su movilización, del despliegue de su discurso, de su interpelación. Entonces podremos hurgar en el proceso de su politización. También entender sus relaciones con el resto de la sociedad, sus contradicciones y antagonismos con el Estado.

No se necesita olvidar las teorías de los movimientos sociales, lo que nos han enseñado, en sus investigaciones, en sus descripciones, en sus explicaciones, incluso en sus modelos construidos. Son parte de la memoria del análisis complejo. Están incorporados en este análisis; sin embargo, el análisis complejo se diferencia de esas teorías por la mirada, mejor dicho, la percepción integral del movimiento social, que se desplaza y articula distintos planos y espesores de intensidad, del mundo que constituye y que lo constituye. Las teorías de los movimientos sociales han privilegiado algunos planos de intensidad, no necesariamente articulados, menos integrados. Conciben estos planos de intensidad como dimensiones donde aparece el movimiento social, donde deja su huella; la que es estudiada, para describir este despliegue. Sin embargo, esta dimensión o dimensiones, en las que se desplaza el movimiento social, no es un espacio exterior donde la inscripción del movimiento social deja su huella. Ningún plano de intensidad es pasivo, tampoco exterior, así que no puede ser tomada como una dimensión. El plano de intensidad emerge de los cuerpos mismos del movimiento social; son los cuerpos los que pliegan y despliegan esos planos de intensidad. Los planos de intensidad atraviesan los cuerpos porque los cuerpos tejen, precisamente esos planos de intensidad.

Un movimiento social no es exactamente la multitud que la compone, no se resume en la masa en movimiento, no es la cantidad desplazada o si se quiere, de manera cualitativa, no es la intensidad o la fuerza del movimiento, en tanto capacidad de movilización y alcance.

 

El movimiento social es la vibración, las vibraciones, en el tejido social.

 

La pregunta es cómo el movimiento social, las cuerdas del movimiento social, afecta a las otras cuerdas del tejido social. Si sus vibraciones afectan a las otras vibraciones. Se necesita comprender la comunicación del movimiento social con el resto de la sociedad; si se da o no. ¿Depende de la capacidad de convocatoria del movimiento social? ¿Depende de la capacidad de recepción del resto de la sociedad? ¿Depende del momento, si este es apropiado para las resonancias o no? ¿Depende de las tonalidades de las notas que emite el movimiento social? ¿Depende de la sensibilidad perceptiva del resto de la sociedad? ¿Cuándo la sociedad abre sus poros perceptivos y decodifica las vibraciones emitidas por el movimiento social?

No podríamos aproximarnos a todo esto, a todas estas preguntas, sino comprendemos, antes la problemática. ¿Las demandas del movimiento social que problemática enfrentan? No confundamos esto con reducir la problemática al objeto de las demandas, a la clasificación de las demandas, al significado de las demandas. Eso no es la problemática, son listas, que son recogidos en los planteamientos o en los pliegos petitorios. La problemática se configura en los órdenes de relaciones que afectan a los miembros del movimiento social. ¿De qué modo estos ordenes de relaciones constriñen a los componentes de movimiento, lo agobian, lo despojan, lo afectan? Entonces, también, al revés, ¿cómo las cuerdas, múltiples cuerdas del tejido social afectan a las cuerdas del movimiento social; en este caso, no lo dejan vibrar a gusto?

Entonces, el movimiento social es parte del tejido social. Hay que leer entonces ese tejido, el juego de sus hilos, la composición de su textura, el juego de colores, de figuras que conforman los hilos en el tejido. No se puede estudiar el movimiento social; aislarlo como objeto de estudio. No hay movimientos sociales aislados, como una especie adelantada de la sociedad, la que actúa. El movimiento social es como una composición del mismo tejido social; nace en el tejido social, resuena en el tejido social, quiere tejer en el tejido social, cambiar composiciones, asociaciones y combinaciones sociales. Es aquí donde se puede conmensurar o dimensionar el alcance, la intensidad, del movimiento social.

A veces, no muchas, los movimientos sociales logran vibrar intensamente en todo el tejido social, logran hacer vibrar también a las otras cuerdas, múltiples y plurales, del tejido social. Es cuando se ocasiona una sinfonía social, que conmueve a todo el tejido, logrando mover, mutar, transformar las composiciones sociales. En la modernidad, se han llamado a estos acontecimientos, revoluciones. Como todos sabemos, este acontecimiento no es pan de cada día; se da muy de vez en cuando. Acontece cuando hay una conmoción en todo el tejido social; cuando las vibraciones de las cuerdas alcanzan intensidades fuertes, además de lograr en conjunto algo así como una explosión y su irradiación expansiva.

Sin embargo, lo que estudian las teorías de los movimientos sociales son los movimientos que no llegan a ocasionar ese acontecimiento mayúsculo, denominada revolución. Estos acontecimientos son estudiados por los historiadores o los analistas de la política, los estudiosos de la política. Los sociólogos de los movimientos sociales estudian los movimientos que aparecen con sus demandas, se movilizan, interpelan al Estado, al gobierno, a las autoridades pertinentes; pero, no necesariamente se prolongan hasta convertirse en un acontecimiento político. Desde la perspectiva de los historiadores, podrían interpretarse estos movimientos como truncados, por no haberse realizado como revolución o no tener efecto estatal. Aunque, dependiendo del carácter del movimiento pueden tener efecto cultural. Sin embargo, visto de otra manera, estos movimientos pueden, mas bien, interpretarse, como flujos permanentes de la misma sociedad, como parte de sus acciones, prácticas, de carácter, mas bien, alterativo, aunque puntuales, incluso imperceptibles. En otras palabras, los movimientos sociales pueden interpretarse como las pronunciaciones vitales de la sociedad. Entonces, más que movimiento social distinto, un tanto aislado, diferenciado de la sociedad, mas bien, es la sociedad misma en su dinámica, en su bullente actividad. Desde esta perspectiva, en tanto movimientos sociales circunscritos, acotados, singulares, la movilización social no es escaza, es, mas bien, proliferante.

Prada nos sugiere estudiar las sociedades no desde la mirada institucional del Estado, sino desde la capacidad alterativa de las sociedades. Entonces, no se trata de la contradicción de la sociedad movilizada o parte de ella con el Estado, el gobierno, que la encarna, sino, al revés, la sociedad es desde ya alterativa, siempre, es su forma de vivir; es el estado el que se defiende de la sociedad en movimiento; por eso, prohíbe, norma, regula, administra, reprime, usa la violencia.

Consideramos que las teorías de los movimientos sociales se han equivocado en esto; por estudiar los movimientos sociales desde la mirada estatal, como con el estudio de la sociedad desde el enfoque estatal, deducen las contradicciones, hasta antagonismos, de los movimientos con el gobierno, con el Estado, con las autoridades. Sin embargo, no es así, no ocurre así, desde la perspectiva de la alterabilidad. Son las instituciones fijadas, ancladas, sin capacidad de movilidad, flexibilidad, ductilidad, mutación y cambio, las que resisten el embate constante de los flujos sociales.

Desde esta perspectiva, hay que hablar, mas bien, del análisis de las sociedades alterativas, no institucionalizadas, aunque una parte de la sociedad lo esté, la representada y reconocida por las instituciones estatales. Todas las sociedades son alterativas, sino fuera así, no podrían ser sociedades, es decir, constante asociación, constante composición, constante combinaciones de composiciones y asociaciones. Lo que pasa es que se ha invisibilizado, por el enfoque estatalista, de las ciencias sociales modernas, a la sociedad alterativa.

Desde esta otra mirada, se observa que las teorías sociales, incluyendo a las teorías de los movimientos sociales, forman parte de la legitimación del poder, aunque haya teorías que se reclamen, mas bien, de críticas, denunciantes, interpeladoras, hasta revolucionarias. El problema no está en que no lo quieran ser, mas bien, quieren que sea así, además su crítica apunta a cuestionar el Estado, el gobierno, el sistema. Pero, no se trata de buenas intenciones, de voluntad de cambiar, de, incluso, teorías críticas; el enfoque estatalista, que no quiere decir que necesariamente defiendan el Estado; pueden, mas bien, cuestionarlo; sino se trata que el enfoque estatalista observa la sociedad desde los ojos estatales, desde las clasificaciones institucionales, desde los estereotipos estatales, también desde los prejuicios estatales. Sin quererlo, mas bien, queriendo hacer lo contrario, el enfoque etatalista lleva a legitimar el poder, precisamente porque permite hacer, permite que lo cuestionen, hasta interpelen. Con esto no se dice, de ninguna manera, que no vale la pena hacer críticas, denunciar, interpelar, sino que estas actividades, disposiciones, posicionamientos, devela solo parte de los planos de intensidad, parte de la problemática. No logra ver la integralidad de la complejidad misma que hace al movimiento social.

Por eso, hay que desplazarse, hay que dar lugar a enfoques no estatalistas, enfoques que partan de las percepciones sociales, de sus experiencias y memorias, sobre todo, de su alterabilidad. Hay que ver lo que no ven los enfoques estatalistas, hay que descubrir los espesores intensos que se entrelazan en el tejido social.
Alteridades y alternativas en la movilización prolongada.

Hay diversas maneras de aproximarse a los movimientos sociales. Puede ocurrir desde la perspectiva del marxismo crítico y la perspectiva de las teorías nómadas. Más recientemente se da un acercamiento desde el pensamiento complejo, lo que se denomina episteme compleja.

Los nuevos enfoques sobre los movimientos sociales pretende desplegar un análisis sobre los mismos, ahora, desde la perspectiva del pensamiento complejo. Volvemos entonces al acontecimiento de la movilización prolongada, empero, desde el enfoque de la complejidad.

Los movimientos sociales no solamente se conforman por la iniciativa de los y las movilizadas, sino también por resistencia – usando resistencia no como se acostumbra, atribuyendo, mas bien, esta acción, a los movimientos sociales, a estrategias sociales, a pueblos - del Estado a los movimientos. El Estado se constituye como resistencia fija, institucional, al constante, permanente, desborde social; cuando estallan movimientos sociales, refuerza esta actitud, esta perseverancia institucional, hasta tal punto que recurre a sus dispositivos de emergencia, a la represión, incluso puede llegar a dar batalla. Esta acción y represión estatal y gubernamental en contra de los movimientos sociales también define el perfil, la forma, la consistencia de éstos. El enemigo social es estigmatizado por el Estado; se lo define, se lo califica, se lo clasifica, se lo nombra, se le atribuye anomalías, incluso se le señala por estar manejado por conspiradores, subversivos, radicales. Estas acusaciones, en vez de alejar a los simpatizantes del movimiento, los aproxima más, incluso puede expandir la simpatía social hacia el movimiento. Paradójicamente, la reacción gubernamental, convierte al movimiento social, que puede haber sido local, provincial, departamental, o si se quiere, sectorial, en un tema nacional. Está en la agenda, además de aparecer en las noticias.

El movimiento social singular se ha transformado; siente, percibe, que esta experiencia en la lucha social concreta lo transforma, lo madura, lo templa. Esta maduración se transmite a sus discursos, a sus concepciones, a sus acciones. Los discursos tienden a ser más elaborados, tienden a construir una narrativa, que ya supone una memoria social del movimiento, memoria trabajada para lograr una interpretación estructurada. Al convertirse en un tema nacional, el movimiento social comienza a hacer propuestas nacionales, propuestas políticas, incluso convoca a la sociedad entera a participar en la solución de problemas que la aquejan. Es cuando el movimiento social adquiere características de contra-gobierno, puede llegar a convertirse en contra-Estado si sus formas asambleístas, participativas, si sus formas comunitarias, si sus formas autogestionarias, se proyectan como alternativas al gobierno, incluso al Estado.

Muchos de los movimientos sociales no llegan a vivir este proceso; algunos resuelven sus demandas temprano, otros después de haber insistido durante un tiempo; otros, quizás, por abandono de los mismos componentes, desalentados. Los movimientos que llegan a vivir el proceso de politización se transforman, devienen proyecto político. El proyecto tiene como un intervalo de opciones, donde en un extremo, en lo que podemos considerar el círculo vicioso del poder, se reproduce el poder al formularse un proyecto de Estado; en el otro extremo, abriendo el intervalo, se apertura, mas bien, un proyecto autogestionario.

Prada concluye indicando que el análisis de los movimientos sociales anti-sistémicos, desde la perspectiva del pensamiento complejo, supone la matriz dinámica de la sociedad alterativa, a diferencia y en contraposición al supuesto de las ciencias sociales y la teoría de los movimientos sociales, que parten de la sociedad institucionalizada, desde la perspectiva estatalista. La sociedad alterativa es constante devenir, desborda los promontorios fijos de las mallas institucionales del Estado. En este sentido, se puede decir, que es el Estado el que se defiende, resiste, al desborde creativo de la sociedad alterativa. Los movimientos sociales anti-sistémicos forman parte de la vitalidad, de los ciclos vitales, de la sociedad alterativa. Aparecen intermitentemente, cuando las alterabilidades dispersas, múltiples y plurales, diseminadas en el tejido social, se congregan, convocadas por la crisis. Los movimientos sociales son singulares, es decir, únicos. Los movimientos sociales son distintos, experimentan distintos ritmos y procesos, además de alcances, que pueden ser limitados o, en contraste, radicales, cuando logran completar su propio ciclo, en forma de politización irradiante. La movilización prolongada boliviana, de características autogestionarias y radicales, anti-estatalistas; predisposición afectiva, subjetiva y voluntaria, que sostuvo el proceso constituyente, el poder constituyente, y la escritura de una Constitución de un Estado en transición Plurinacional Comunitario autonómico, no pudo materializar su proyecto descolonizador, emancipatorio y libertario radical, en un contexto institucional estatalista, que se preservó, a pesar del sismo, en un sistema-mundo capitalista, que permite márgenes de maniobra, en un orden mundial imperial, que puede permitir, aunque sea a regañadientes, gobiernos populares, con tal que no crucen la línea civilizatoria de la modernidad y de las estructuras y diagramas de poder globales.

De otro lado, Antonio Antón, nos plantea un nuevo marco interpretativo de la protesta social.

Los actuales procesos de indignación ciudadana, particularmente en España y el sur de Europa, y de movilización social progresista presentan algunos rasgos particulares, diferentes a los anteriores movimientos sociales (http://bit.ly/1SGtShJ).

Dos aspectos tienen importancia para contrastar la experiencia pasada y las teorías convencionales: 1) su doble componente democratizador y socioeconómico, con una dimensión más global o sistémica; 2) los mecanismos y procesos que intervienen en su configuración, condicionan su influencia y su futuro, y que exigen una nueva interpretación.

Este movimiento ciudadano es una respuesta al deterioro de la situación socioeconómica para la mayoría de la sociedad provocada por el sistema económico y financiero, y agravada por una gestión política regresiva y con déficit democrático.

Ambas dinámicas han sido consideradas injustas por la mayoría de la sociedad, que se ha reafirmado en una cultura cívica democrática y de justicia social. Ante, por un lado, el bloqueo o la colaboración gubernamental (y otras instituciones europeas e internacionales) con esas políticas, y, por otro lado, la existencia de distintos agentes sociopolíticos progresistas, la indignación ciudadana se ha convertido y dado cobertura y legitimidad a una acción colectiva de sectores populares relevantes (incluida la irrupción última de un electorado indignado).
Por tanto, son unilaterales las interpretaciones que ponen el acento solo en su carácter democratizador (o frente al sistema político o a aspectos más concretos como la ley electoral), desconsiderando sus contenidos, motivos o demandas socioeconómicos (frente al sistema económico o a aspectos particulares como los recortes sociales, el paro, los desahucios o las reformas laborales). En sentido inverso, son también unilaterales las versiones interpretativas que señalan a este movimiento popular como exclusiva reacción frente a las graves consecuencias de la crisis económica, el papel especulativo de los mercados financieros o la desigualdad social producida por la política de austeridad; excluyen las estrategias y la gestión regresivas de las élites dominantes e instituciones políticas, con rasgos autoritarios y un fuerte deterioro de su legitimidad democrática. Los dos 'sistemas', económico y político, están interrelacionados y los pilares de ambos, su carácter antisocial y oligárquico, se han cuestionado por la ciudadanía indignada. Todo ello, junto con una amplia protesta social y la emergencia de nuevos sujetos sociopolíticos, requiere una revisión crítica de las principales teorías sociales y un nuevo esfuerzo analítico.

A partir del análisis de las particularidades de este nuevo fenómeno, se exponen los criterios básicos para una explicación dinámica de la pugna sociopolítica y cultural de los sujetos en este contexto. Se trata de favorecer una mejor comprensión de este movimiento social progresista y el consiguiente refuerzo de sus posiciones normativas.
En primer lugar, se señala la falta de adecuación de los esquemas interpretativos de los nuevos movimientos sociales para analizar el actual ciclo de la protesta social en España.

Para precisar la singularidad de este nuevo y heterogéneo movimiento social, se alude a algunos elementos comparativos. En el plano histórico y teórico se había realizado una clasificación: viejos movimientos sociales (sindical, vecinal...) de carácter 'socioeconómico' y 'redistributivo'; nuevos movimientos sociales (feminista, ecologista, derechos civiles...) basados en la exigencia de 'reconocimiento' de nuevos derechos y actores, y poniendo el énfasis, en algunos casos, en su carácter 'cultural'.

No es adecuada la clasificación convencional (típica de la sociología estadounidense) por su supuesto carácter o identificación de 'clase': a los primeros se les adjudica su carácter 'obrero' o de clase trabajadora, cuando el movimiento sindical, aparte de los técnicos, expertos y altos negociadores de su aparato, entre su afiliación y su base electoral tiene importantes segmentos de las clases medias profesionales –enseñanza, sanidad, sector financiero...; los segundos no son solo de 'clase media', y entre sus componentes hay personas de clase trabajadora, particularmente jóvenes ilustrados pero precarios. Si hacemos referencia a sus dirigentes, su estatus y su posición social se asemeja más a la clase media profesional o con cualificación superior que a trabajadores y trabajadoras precarios o con poca cualificación. En resumen, respecto de su composición y el grueso de sus objetivos o intereses que defienden, ambos tipos de movimientos son interclasistas, de clases trabajadoras y clases medias, aparte de exigir demandas más generales o universalistas.

Podemos englobarlos en la experiencia más general de tres tipos de pugna sociopolítica frente al poder: procesos de cambio (político) democrático, contra el autoritarismo y la dominación y por la ampliación de las libertades políticas y la participación popular; de cambio social y económico de distintas dinámicas de desigualdad social, de transformación de la estructura socioeconómica y las relaciones de dominación sobre las capas populares y subordinadas; de cambio sociocultural frente a la discriminación en diversos campos y distintos sectores sociales.
Los tres procesos se pueden combinar desde la perspectiva de una democracia política, social y económica más avanzada y frente a las relaciones de dominación u opresión que imponen las élites y capas privilegiadas o dominantes.

Pero, en las contiendas políticas y sociales, normalmente, aparecen por separado tres tipos de movimientos: movilizaciones o revueltas (solo) 'políticas' o democráticas, sin cuestionar el sistema económico y la desigualdad social; movimientos económicos (sindicales o redistribuidores), de defensa de derechos sociolaborales, sin cuestionar el régimen político y su déficit democrático o infravalorando otros tipos de injusticias; nuevos movimientos sociales, con dinámicas de cambio cultural pero que también apuntan a diversas desigualdades u opresiones (de mujeres, étnicas...) dentro de las relaciones sociales, incluidas las internacionales (amenazas de guerra o inseguridad y de cooperación o solidaridad) y del medio ambiente.

 

El actual proceso de movimientos sociales.

 

Pues bien, el actual proceso de movilización no encaja en ninguno de los tres, es una combinación de ellos pero con una nueva dimensión global o sistémica, aunque vinculada también a realidades y reivindicaciones muy concretas y locales. Se basa en la percepción y la confrontación con la situación de sufrimiento popular y la nueva 'cuestión social', se enfrenta al autoritarismo político, se fundamenta en una cultura cívica de los derechos (humanos) sociales, civiles y políticos y apunta a una dinámica social más democrática y liberadora. Este deseo de cambio 'universalista' se ha ido combinando y nutriendo con exigencias particulares e inmediatas.

En segundo lugar, podemos destacar la interrelación entre diversos procesos: el agravamiento de las condiciones materiales de la mayoría de la población (no solo del 'contexto', como realidad exterior a las personas); la conciencia social de los agravios e injusticias (enjuiciadas desde unos valores democráticos y de justicia social, opuestos al discurso de la austeridad); el bloqueo institucional y el carácter problemático o insuficiente de la clase política gobernante como representante, regulador o solucionador de los problemas y demandas de la sociedad, y la necesidad de una acción popular que va creando una identidad colectiva diferenciada de las élites dominantes.

La causa del inicio y el desarrollo del proceso no es 'externa' a la propia gente indignada. Es la situación, la 'experiencia' y la ausencia de perspectivas (institucionales, económicas) de solución (más bien de su agravamiento), contrastadas con su propia cultura democrática y de derechos sociales, lo que genera la indignación, la oposición y la resistencia social de una amplia capa de la sociedad. La indignación es un proceso acumulativo a la situación anterior a la crisis, pero cobra un fuerte impulso con los dos acontecimientos y etapas de mayor impacto: primero, con el comienzo de la crisis económica y sus graves e injustas consecuencias, con un fuerte y masivo descontento popular; segundo, a partir del año 2010 se produce un paso cualitativo y se añade el desacuerdo popular y la oposición sociopolítica a las políticas de austeridad y sus gestores gubernamentales y europeos. Al malestar socioeconómico y la exigencia de responsabilidad hacia los mercados financieros y el poder económico, se añade la indignación por la gestión regresiva de las principales instituciones políticas, la clase gobernante y sus incumplimientos democráticos. Esa doble indignación de una amplia corriente social, al valorarla desde valores democráticos e igualitarios, refuerza una actitud progresista de oposición ciudadana y exigencia de cambios, favoreciendo y legitimando la acción colectiva de una ciudadanía más activa.

Existen factores externos o de contexto que acentúan la gravedad de la situación socioeconómica y el autoritarismo político... pero no se puede decir que (mecánicamente) son 'condiciones favorables' (o desfavorables) para la acción colectiva.

El nivel y el sentido de su impacto entre la población dependen de otros mecanismos institucionales, culturales y sociopolíticos.

En particular, la transformación de la 'situación' (sufrimiento) en 'experiencia' (subordinación con malestar añadido por su injusticia) está mediada por la actitud concreta de esa mayoría social (y sus agentes representativos) que vive el retroceso y la política regresiva como 'indigna' o injusta.
Interviene lo que en algunos círculos académicos se llama proceso de 'enmarcamiento', para dar significado a los hechos sociales.

De la indignación, crítica pero más o menos pasiva en el plano individual o colectivo, una parte de la ciudadanía pasa a una participación más activa, con una respuesta colectiva (progresista). Se vence por un lado, la resignación, el fatalismo, el miedo o la impotencia, y por otro lado, la simple actitud reactiva y la pugna competitiva individual o intergrupal. Se reafirma la 'cultura' cívica, social y democrática de la mayoría de la sociedad y sus principales actores, que se contrapone con la situación de 'injusticia'; genera, con la mediación de los mecanismos y oportunidades existentes, los motivos y las demandas de la indignación, su arraigo entre la sociedad y las iniciativas de movilización popular.

La movilización cívica, la protesta social, no se genera (automáticamente) por condiciones y medidas económicas o políticas 'externas' a la situación directa y real de las personas.

La 'causa' del movimiento social no es una 'estructura' o un 'contexto', ni siquiera una agresión o un mayor sufrimiento (ante los que se puede reaccionar con miedo, sumisión, resignación o adaptación). En ese caso, la movilización popular, su origen, dimensión, carácter y continuidad dependería fundamentalmente de esos factores externos, estaría dependiente de ellos y sus agentes: a mayor sufrimiento, mayor resistencia; a mayores agresiones, mayores respuestas; o bien, lo contrario, a mayores 'oportunidades' (debilidad del poder) o 'expectativas' (elección racional), mayores movilizaciones. Es el conflicto entre los distintos sujetos sociales (o actores económicos y agentes sociopolíticos), el (des)equilibrio en la pugna entre ellos, lo que configura el proceso de la contienda sociopolítica o cultural, incluida la propia formación de cada sujeto social.

El avance o el retroceso dependen de la relación de fuerzas entre ambos (o diversos) actores. No es, por tanto, el aspecto unilateral del grado de 'oportunidad' o debilidad que ofrece el poder, o bien su carácter agresivo y amenazante, lo que explica el carácter y la dimensión del movimiento social. Tampoco, la gravedad de las agresiones o retrocesos materiales, económicos o sociales.

La explicación de la indignación y la protesta social pasa por la combinación relacional e histórica de las dos (o más) dinámicas en pugna. El impulso decisivo es la actitud de la mayoría de la sociedad y sus principales actores, confrontada a 'su' situación y la actuación de las clases dominantes. Se trata de comparar la fuerza 'interna' existente en la sociedad y sus sectores más activos o avanzados frente a la fuerza 'externa' del establishment, según su poder, cohesión y legitimidad. Esa capacidad popular de protesta y de cambio está condicionada por su posición social, por su 'experiencia' respecto a esa problemática y su percepción como injusta, al contrastarla con su cultura cívica, sus valores éticos y democráticos. Y para evaluar su capacidad movilizadora también hay que contar con sus recursos disponibles, sus formas expresivas, su apoyo social y sus expectativas de resultados en distintos planos.

Los resultados de la contienda sociopolítica y la pugna cultural dependen de esa correlación de fuerzas en presencia. Vencer un poder débil, ilegítimo y dividido, o cambiar aspectos parciales y no sistémicos (de la estructura económica y de poder) puede ser suficiente a través de un movimiento popular menos potente, con menores aliados y con limitado apoyo social o presencia institucional. Al mismo tiempo, un movimiento social más consistente puede fracasar al tener enfrente a un poder más fuerte o aspirar a objetivos más ambiciosos (aunque pudieran derivar en otras ventajas reivindicativas, sociopolíticas, organizativas y de legitimidad ciudadana). El éxito o el fracaso de una dinámica de indignación y protesta social se deben medir en una doble dimensión: conquista reivindicativa a corto plazo; avances y retrocesos de las fuerzas en presencia, de sus capacidades y legitimidad, manifestados también de forma concreta e inmediata, y que favorecen o perjudican las transformaciones a medio plazo. Por tanto, los resultados en los dos planos dependen de la interacción de tres elementos: la envergadura de los objetivos planteados; la relación entre, por un lado, la capacidad, cohesión y apoyo social del movimiento y, por otro lado, la fortaleza económica e institucional y la legitimidad del bloque del poder, y los cambios en los equilibrios entre esos dos campos.

También debemos incorporar en el análisis las profundas transformaciones en la relación entre lo individual y lo global, su influencia en los movimientos sociales y la construcción de identidades complejas y el reconocimiento de un yo como agente. Estas nuevas realidades hay que interpretarlas de forma rigurosa, superando los conceptos y el lenguaje referidos a otras épocas y que hoy, por su carácter esquemático, idealista o determinista, confunden más que clarifican. Supone un esfuerzo teórico y crítico para renovar la teoría social e interpretar mejor las nuevas realidades sociales.

Es fundamental la mediación sociopolítica/institucional, el papel de los agentes y la cultura, con la función contradictoria de las normas, creencias y valores. Junto con el análisis de las condiciones materiales y subjetivas de la población, el aspecto principal es la interpretación, histórica y relacional, del comportamiento, la experiencia y los vínculos de colaboración y oposición de los distintos grupos o capas sociales, y su conexión con esas condiciones. Supone una reafirmación del sujeto individual, su capacidad autónoma y reflexiva, así como sus derechos individuales y colectivos; al mismo tiempo y de forma interrelacionada que se avanza en el empoderamiento de la ciudadanía, en la conformación de un sujeto social progresista. Y todo ello contando con la influencia de la situación material, las estructuras sociales, económicas y políticas y los contextos históricos y culturales.

Por tanto, desde las ciencias sociales, contamos como muchas ideas razonables y hay que partir de ellas. Pero el acento hay que ponerlo en su renovación y en la superación de sus principales errores y límites; es decir, en el análisis concreto y la elaboración de una nueva interpretación de los hechos sociales actuales. Ese esfuerzo teórico, interpretativo y crítico, cuyo enfoque se ha apuntado aquí, todavía es más perentorio para interpretar la nueva realidad sociopolítica, en particular, el proceso de indignación y protesta social, y favorecer su conversión en un poderoso movimiento popular por un cambio progresista, así como su expresión electoral.

En definitiva, se apuesta por una interpretación basada en la interacción entre estructuras y sujetos, por un paradigma social, relacional e histórico que parte del conflicto social, de la conformación de procesos de movilización social y cambio sociopolítico. Se trata de la revalorización del papel de la propia gente, de su situación, su experiencia y su cultura, así como de los sectores más activos y su representación social y política, es decir, de los sujetos sociopolíticos.

 

Una bibliografía básica sobre los movimientos sociales y la protesta social.
Raul Prada nos propone consultar la siguiente bibliografía sobre los movimientos sociales como un aporte para profundizar en el conocimiento de los mismos (http://bit.ly/1ZXE3Dd): F. ALBERONI, Génese(Bertrand Editora, Lisboa 1990). FRANCESCO ALBERONI, Movimiento e institución: Teoría general (Editorial Nacional, Madrid 1984). TILMAN EVERS, Identidade: a face oculta dos novos movimentos sociales.NOVOS ESTUDOS. Cebrap. São Paulo. V. 2, 4:11-23 (abril 1984). JOSEPH GUSFIELD, Estudio de los Movimientos Sociales. In: DAVID L. SILLS (Dir.), Enciclopedia Internacional de las Ciencias Sociales.V.7 (Aguilar, Madrid 1974), pp. 269-273. RUDOLF HEBERLE, Tipos y funciones de los Movimientos Sociales. In: DAVID L. SILLS (Dir.),Enciclopedia Internacional de las Ciencias Sociales. V.7 (Aguilar, Madrid 1974), pp. 263-268. 6. J. CRAIG JENKINS, La teoría de la movilización de recursos y el estudio de los movimientos sociales. ZONA ABIERTA. Fundación Pablo Iglesias. Madrid. 69:5-41 (1994). A. MELUCCI, ¿Qué hay de nuevo en los "nuevos movimientos sociales"? In: LARAÑA-GUSFIELD (Edit.),Los movimientos sociales(CIS, Madrid 1994), pp. 119-149. ALBERTO MELUCCI, Las teorías de los movimientos sociales(UNAM, México D.F. 1985). JOACHIM RASCHKE, Sobre el concepto de movimiento social. ZONA ABIERTA. Fundación Pablo Iglesias. Madrid. 69:121-134 (1994). JORGE RIECHMANN-FRANCISCO FERNÁNDEZ BUEY, Redes que dan libertad. Introducción a los nuevos movimientos sociales (Paidós, Barcelona 1995). ALAIN TOURAINE,El regreso del actor(EDUBA, Buenos Aires 1987). También de Charles Tilly: The Vendée: A Sociological Analysis of the Counter- revolution of 1793.(1964) "Clio and Minerva.", inTheoretical Sociology, edited by John McKinney and Edward Tiryakian. (1970); "Collective Violence in European Perspective.", in Violence in America,edited by Hugh Graham and Tedd Gurr. (1969). "Do Communities Act?" Sociological Inquiry. (1973). An Urban World.(ed.) (1974). The Formation of National States in Western Europe(ed.) (1974). From Mobilization to Revolution.(1978). As Sociology Meets History(1981). Big Structures, Large Processes, Huge Comparisons.(1984). The Contentious French.(1986). Coerción, Capital, and European States, AD 1990-1992.(1990). European Revolutions, 1492–1992.(1993). Cities and the Rise of States in Europe, A.D. 1000 to 1800.(1994). Roads from Past to Future(1997) Work Under Capitalism(with Chris Tilly, 1998). Durable Inequality(1998) Transforming Post-Communist Political Economies.(1998). Dynamics of Contention(withDoug McAdamandSidney Tarrow). (2001). Contention & Democracy in Europe, 1650-2000.(2004). Social Movements, 1768-2004(2004). From Contentions to Democracy.(2005). Identities, Boundaries, and Social Ties(2005). Trust and Rule.(2005). Why?(2006). Oxford Handbook of Contextual Political Analysis.(2006). Contentious Politics(withSidney Tarrow). (2006). Regimes and Repertoires.(2006). Democracy.(2007). Charles Tilly: Los movimientos sociales. Desde 1768-2008.https://rfdvcatedra.files.wordpress.com/2014/07/charles-tilly-los-movimientos-sociales-1768-a-2008.pdf.

Publicado enColombia
Lunes, 25 Enero 2016 06:33

Un poco de rojo

Un poco de rojo

¿Quién podría haberse imaginado que en la capital del capitalismo, en el epicentro del imperio neoliberal mundial, de repente ha detonado un debate sobre el socialismo?


Socialismo fue la palabra más buscada en el portal de los diccionarios Merriam Webster en 2015 (seguida por la palabra fascismo). En los sondeos, una amplia mayoría de jóvenes afirman que están dispuestos a votar a favor de un candidato que se dice socialista. En los debates entre los precandidatos demócratas se tuvo que preguntar a cada quien si era o no capitalista (por primera vez en la memoria reciente), y en las entrevistas con todos los candidatos siempre está la pregunta sobre el socialismo. Nadie recuerda cuándo fue la última vez que el carácter capitalista casi sagrado del sistema estadunidense se ha cuestionado en foros vistos por millones en la televisión, ni cuándo el socialismo fue pregunta en sondeos nacionales.


Los expertos se han visto obligados a debatir si un socialista de verdad puede llegar a la Casa Blanca (antes a nadie se le ocurría la pregunta).


Y aún más sorprendente es que un sondeo de Bloomberg News/Des Moines Register de la semana pasada entre votantes demócratas en Iowa, el primer estado donde habrá votación para determinar la candidatura presidencial, 43 por ciento se definió socialista, y 38 por ciento capitalista. Un sondeo del New York Times/CBS News en noviembre encontró que 59 por ciento de los votantes demócratas tenían una percepción favorable del socialismo, mientras 29 por ciento tenían una impresión negativa.


Todo por el precandidato presidencial demócrata y senador federal Bernie Sanders, quien siempre se define como socialista democrático. Justo por eso, hasta muy recientemente expertos y políticos suponían que su campaña sería marginal y descartaban sus posibilidades de retar a la reina del partido: Hillary Clinton. Ya no. Sanders está empatado o va ganando en las encuestas de los dos primeros concursos intrapartido para la nominación, y ha reducido a la mitad la ventaja de Clinton en las encuestas nacionales en el último mes.


De hecho, la cúpula demócrata, legisladores demócratas y operativos de la campaña de Clinton están tan alarmados que ya acusan a Sanders de no ser un verdadero demócrata, sino, Dios nos salve, un socialista, y argumentan que no es tan elegible como Clinton en una elección general.


Pero Sanders aún amenaza la coronación de Clinton, en gran medida por su mensaje central sobre la desigualdad económica, que resuena más que cualquier otro tema entre el electorado. Como señala Kshama Sawant –socialista que ha ganado sus dos elecciones al cabildo municipal de Seattle– en un artículo en The Guardian, después de los movimientos Ocupa Wall Street, entre otros, la palabra sucia ya no es socialismo, sino capitalismo. Agrega que "la gente está hambrienta de alternativas políticas que sirvan a sus intereses... en lugar de la avaricia insaciable de Wall Street".


Sanders no huye de la etiqueta. Cuando Anderson Cooper, de CNN, en uno de los debates entre los precandidatos, preguntó a Sanders si no se consideraba capitalista (y sin ocultar su incredulidad de que cualquier tipo de socialista pudiera ganar una elección nacional en este país), respondió: ¿Me considero parte del proceso del capitalismo de casino por el cual tan pocos tienen tanto y los muchos tienen tan poco, con el cual la avaricia y descuido de Wall Street destruyen esta economía? No, no lo soy. Afirma que es un socialista democrático, no autocrático, que no desea nacionalizar los medios de producción, y usa como modelo para su tipo de socialismo los países escandinavos. Sanders indica que es parte de la misma corriente que un Franklin D. Roosevelt (quien no se consideraba socialista, lejos de). En otros países, Sanders sería considerado más bien un social demócrata, algo así como del Partido Laborista de Inglaterra, el socialdemócrata de Alemania o del Partido Socialista de Francia.


Aquí la palabra socialismo siempre ha sido asociada con el diablo, con el enemigo, como algo ajeno a Estados Unidos. El legado del macartismo sigue influyendo a principios del siglo XXI.


Pero el socialismo democrático no es ajeno a Estados Unidos. Algunas de las figuras más reconocidas de este país se han identificado como socialistas democráticos.


Eugene V. Debs, gran organizador sindical de principios del siglo pasado, fue varias veces candidato presidencial del Partido Socialista (en 1912 ganó 6 por ciento del voto nacional) y la última vez en 1920 dirigió su campaña desde su celda de prisión, por su oposición a la Primera Guerra Mundial (obtuvo casi un millón de votos).


En el medio este, poco antes de la Primera Guerra Mundial, socialistas fueron electos alcaldes en casi 80 ciudades en 24 estados (entre ellas Minneápolis, Milwaukee y Buffalo). Miembros del Partido Socialista ocupaban unos mil 200 puestos en 340 ciudades, recuerda Joseph Schwartz, vicepresidente de Democratic Socialists of America (DSA), en un artículo en In These Times.


Otras figuras de esta corriente política incluyen desde John Dewey, el gran filósofo y pedagogo, a Martin Luther King, los dirigentes más destacados de sindicatos nacionales como el automotriz, el de la confección y de maquinistas y hasta unos pocos legisladores federales como Ron Dellums.


Albert Einstein, quien escribió en 1949 que la única manera de eliminar los peores males de la sociedad estadunidense era por medio del establecimiento de una economía socialista, acompañada de un sistema educativo orientado hacia metas sociales, en su ensayo ¿Por qué el Socialismo?, en Monthly Review, también se identificaba como socialista democrático, entre otros intelectuales y artistas.


Por supuesto, muchos disputan qué es el socialismo democrático y si Sanders es o no socialista. Algunas cosas no cambian.


Pero aún es extraordinario el simple hecho de que todo esto es, por ahora, parte del cuento, la grilla, el debate, estadunidense.

Publicado enInternacional
Sábado, 23 Enero 2016 07:01

El segundo acto de Varoufakis

El segundo acto de Varoufakis

Retirarse de escena nunca fue una opción. Cuando Yannis Varoufakis dimitió como ministro de Finanzas del primer Go¬bierno de Alexis Tsipras en Grecia, ya dejó muy claro que habría un segundo acto. Y la lección que el economista aprendió del "golpe de Estado" que a su juicio siguió al referéndum de julio sobre la negociación con los acreedores es que cualquier movimiento democratizador está destinado a fracasar si no es paneuropeo.


Es por ello que actuar al mismo tiempo en varios países es la premisa del Movimiento Democracia en Europa 25 –o Diem 25–, como ha sido bautizado el nuevo proyecto político que Varoufakis presenta el próximo 9 de febrero en Berlín. En palabras del economista, se trata de buscar una tercera vía, entre "aquellos que quieren volver al capullo del Estado-nación y aquellos que aceptan las políticas autoritarias e ineficaces de unas instituciones europeas profundamente

antidemocráticas". Según explicó Varoufakis en una entrevista al diario italiano L'Espresso, la primera en la que definió el proyecto, éste pasa por "democratizar" la Unión Europea, como único recurso para prevenir su desintegración.
Cuna de la austeridad


Las entradas para el acto fundacional, en el teatro Volksbühne de Berlín, están agotadas desde hace más de un mes. Aparentemente la presentación iba a tener lugar ya en otoño, en París, pero los atentados del pasado noviembre inclinaron la balanza a favor de otra capital. No ha pasado desapercibido el simbolismo de elegir precisamente la cuna de las políticas de austeridad como otro desafío al que, durante los primeros seis meses de 2015, fue el antagonista de Varoufakis, el titular de finanzas alemán, Wolfgang Schäuble.


Desde que el siempre polémico economista asumió su cartera hace justo un año, no ha dejado de criticar, sin distinguirse precisamente por su tacto, la falta de democracia en Europa. Según vaticina, la ceguera de unas élites tecnocráticas que no han sido elegidas por el pueblo conduce a la Unión hacia una catástrofe que ya se hace notar con el avance de la ultraderecha en todo el continente. Varoufakis compara la situación con la de la Unión Soviética, donde "era imposible predecir cómo llegaría su final, pero estaba claro que no duraría mucho".


Pero una nación, por separado, no tiene fuerza para resistirse a las órdenes de Bruselas. Así lo comprobó Varoufakis en julio, cuando el Gobierno del que formaba parte no se arriesgó a asumir el coste de una ruptura, a pesar del "No" que resultó del referéndum griego. El Eje¬cutivo de Tsipras prefirió suscribir un tercer rescate, sin detenerse a tomar en consideración los cierta¬mente nebulosos planes de Varou¬fakis de crear una moneda paralela y un sistema de pagos virtuales para hacer frente al corralito impuesto por los acreedores. A la capitulación de Tsipras, al que su exministro no ha cesado de atacar con dureza desde entonces, se suma el hecho de que la estructura jerárquica de Sy¬riza permitió al premier griego acallar toda voz disidente.


Diem 25 no será, por el contrario, una formación al uso, sino más bien una red de activistas de organización asamblearia y sin límites precisos. La fórmula organizativa podría variar de país a país, explicó el impulsor del proyecto en otra entrevista reciente. En algunos, podría concretarse como formación política, mientras que en otros podría "establecer alianzas con partidos ya existentes", pero en cualquier caso los detalles concretos están aún pendientes de ser debatidos. La idea es que el proyecto parta del nivel europeo para luego "descender" a escala nacional, regional y local. Partiendo del "internacionalismo radical", Diem 25 funcionaría a modo de red de apoyo mutuo para resistir los chantajes y el "déficit democrático" de las instituciones.


En cuanto al resto de participantes, se mantiene por el momento el secretismo, y fuentes del entorno de Varoufakis no han querido hacer declaraciones a Diagonal a este respecto. Confirmado está el papel que desempeñará la alcaldesa de Bar¬celona Ada Colau, a la que el exministro definió como "ejemplo para Europa". Otra pista la da el anuncio de una conferencia bajo el nombre Plan B, contra la austeridad, por una Europa democrática, que se celebrará en Madrid entre los días 19 y 21 de febrero. La iniciativa, encaminada a "consensuar una agenda común de objetivos, proyectos y acciones", aparece como continuación de la presentación de Berlín y cuenta con el apoyo de diversos representantes de Podemos e Izquierda Unida. También de figuras como el portavoz del Comité Internacional para la Anulación de la Deuda, Éric Toussaint; el premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz o el académico Noam Chomsky.


Clima desfavorable


La única antigua compañera de partido que acompañará a Varou¬fakis en estas jornadas es Zoe Konstantopoulou. La expresidenta del Parlamento heleno agotó el capital político del que aún disponía en Grecia tras unirse a las listas de Unidad Popular, un partido que no logró entrar a la Cámara en los últimos comicios. También para Varoufakis el clima es de todo menos halagüeño en su propio país.


Aunque algunos griegos valoran al exministro por su postura de¬safiante frente a la troika, en la escena política sus planes secretos para instaurar una moneda paralela no han pasado al olvido. El nuevo líder de la fuerza conservadora Nueva Democracia ha prometido hacer todo lo posible por sentarle en el banquillo, en caso de llegar al poder. Tras haber perdido, pues, el primer round en Atenas, Varoufakis apuesta por intentarlo de nuevo desde la boca del lobo, en Berlín.

Publicado enInternacional
Evo celebró su década ganada con un rito aymara

En Tiahuanaco agradeció al pueblo boliviano por acompañarlo tanto tiempo. El festejo continuará hoy con la lectura del informe anual a la Asamblea Legislativa Plurinacional y luego Morales encabezará un acto y desfile popular.

 

El presidente de Bolivia, Evo Morales, celebró 10 años en el gobierno con un ritual en el templo aymara de Tiahuanaco. En la ceremonia, organizada en la mañana de ayer, el mandatario dejó una ofrenda a la Pachamama, madre tierra, conmemoración que continuará hoy con la lectura del informe anual a la Asamblea Legislativa Plurinacional. Morales encabezará luego un acto y desfile popular. La jornada festiva finalizará con una velada artística en un coliseo deportivo en El Alto, localidad vecina a la ciudad de La Paz. "Muchas gracias al pueblo boliviano por su acompañamiento, muchas gracias a nuestros dirigentes sindicales, comunales y sociales de toda Bolivia. Con el pueblo organizado, con el pueblo unido, todo es posible para nuestra querida Bolivia", dijo el jefe de Estado, escoltado por su vice, Alvaro García Linera, sus ministros y los amautas (sacerdotes aimaras) en Tiahuanaco, a 80 kilómetros al oeste de La Paz.


El grupo de amautas acompañó a los mandatarios en el encendido de una "mesa" (ofrenda) a los dioses de la cultura tiahuanacota, que precedió a la civilización inca que dominó en los andes sudamericanos hasta que los españoles llegaron en 1492. "¿No sé cómo han pasado 10 años? Diez años de cambios. Los movimientos sociales garantizan estabilidad política y esto permitió que haya prosperidad económica para Bolivia", afirmó Morales, sorprendido por el tiempo transcurrido desde que llegó por primera vez al gobierno, el 22 de enero de 2006. Y agregó que "esperamos con esta ceremonia, con esta energía que nos da nuestro sol, continuar trabajando por nuestra querida Bolivia".


Una constelación de dirigentes y simpatizantes esperaron a las primeras luces del día para escuchar al mandatario, quien estuvo acompañado por su gabinete en pleno, los presidentes del Senado y el Congreso, las máximas autoridades militares y policiales y dirigentes sindicales, indígenas y de movimientos sociales. Desde su llegada a la presidencia, Morales –dirigente aimara y campesino cocalero, hoy el gobernante más longevo de la historia de Bolivia–, realizó cada año esta ceremonia en el templo indígena más antiguo del continente, antes de rendir cuentas ante el Parlamento y luego al pueblo en general.


La ceremonia de ayer se inició con palabras en lengua aymara pronunciadas por un amauta que bendijo los 10 años de gobierno del Movimiento al Socialismo (MAS), y, a continuación, Morales depositó hojas de coca sobre una madera y chicha para alimentar el fuego. Los centenares de personas que presenciaron el ritual recibieron la fuerza del Tata Inti, primeros rayos del sol, con las manos abiertas y alzadas hacia el amanecer.


"¡Jallalla (¡viva! el) presidente Evo! ¡Jallalla Bolivia! ¡Jallalla proceso de cambio!", se escuchó varias veces a través de los megáfonos del acto.


Bolivia incrementó su Producto Interno Bruto (PIB) en un promedio del 5,1 por ciento entre 2006 y 2014, una de las tasas más altas de la región, parte de lo cual fue redistribuido en ancianos, niños y madres solteras, un colectivo de- samparado en el país. En este contexto, Morales catapultó a su país a un auge económico y a una estabilidad política y social inédita, con medidas como la nacionalización de los hidrocarburos, clave en su gestión. Con ella redujo el negocio a compañías como la española Repsol o la brasileña Petrobras que, con todo, continúan operando en Bolivia. La renta petrolera subió de 673 millones de dólares en 2005 a 5530 millones en 2014, y las Reservas Internacionales Netas llegaron a 15.000 millones de dólares, cifra nunca vista en el país.


Los analistas advierten que Bolivia podría verse afectada por el desplome internacional del precio del crudo, algo que el gobierno no comparte. "Si hemos aguantado 80 a 85 dólares de caída, ¿estaremos en posibilidad de aguantar una caída de 20 a 25 dólares? Yo creo que sí", dijo recientemente el ministro de Economía, Luis Arce. A pesar del derrumbe del precio del crudo, Bolivia creció en 2015 un 4,8 por ciento, uno de los índices más altos de la región.


Morales suele regodearse con haber llevado al poder al movimiento indígena campesino y evoca que la generación de su padre, un pastor aymara, tenía vedado el ingreso a la plaza Murillo, centro simbólico del poder político donde se encuentra el Palacio Quemado, sede del Ejecutivo. "Cuando juré como presidente, el 2006, algunos de nuestros opositores ¿qué decían?: 'Pobre indiecito, que se divierta unos 4, 5, 6 meses, no va a poder gobernar y después se va a ir, lo vamos a sacar'", recordó. A dos años de haber comenzado su gobierno, en 2008, sorteó un plan de la derecha que decía: "Creo que este indio se va a quedar por mucho tiempo, hay que hacer algo", rememoró Morales, quien desarticuló entonces a la oposición y expulsó al embajador de Estados Unidos, Philip Goldberg, y a la agencia antidrogas estadounidense DEA. Allí comenzó el auge de los movimientos agrarios, venidos a menos en los últimos meses por un escándalo que involucra a decenas de líderes campesinos, algunos cercanos a Morales, investigados por la defraudación de 2,5 millones de dólares de un fondo de fomento.


El jefe de Estado revalidó el cargo, luego de haber obtenido el 64 por ciento de los votos, para dirigir su país en el período 2010-2015, y con 61 por ciento de los sufragios, para la gestión 2015-2020. Ahora está en campaña para lograr la aprobación en referéndum de una reforma constitucional, que tendrá lugar en febrero, y podría permitirle la reelección por cinco años más, a partir de 2020.



Los diez años que cambiaron a Bolivia

Por Agustín Lewit *


Cuando Evo Morales ganó las presidenciales en octubre de 2005, pocos por no decir nadie hubiesen apostado a que una década después seguiría al frente del poder, con la posibilidad incluso de extender su mandato por diecinueve años consecutivos, si es que gana el referéndum del próximo febrero y los comicios de 2019 respectivamente, algo –al menos por ahora– perfectamente posible.


En rigor, sobran los hechos para sorprenderse: en momentos donde el rumbo progresista inaugurado con Chávez en 1998 atraviesa su momento más crítico –con las reciente derrotas electorales en Argentina y Venezuela, sumado el asfixiante acecho de la derecha brasileña a Dilma– el evismo, en términos generales, navega en las aguas calmas de la gobernabilidad. Lejos de la casualidad, la sólida hegemonía que blinda hoy al gobierno de Evo Morales, tras intensos diez años de gobierno, se nutre de tres razones fundamentales: inéditas mejoras sociales de los sectores populares y medios, una exitosa política económica reconocida por propios y extraños, y una buena cuota de astucia para lidiar tanto con la vieja clase política boliviana como con las diversas organizaciones sociales.


Sobre lo primero, las cifras son contundentes: reducción durante la última década de veinte puntos porcentuales de la pobreza extrema, notoria mejoría de los índices de igualdad –en ocho años, el Gini pasó de 0,60 a 0,47– y un desempleo que en 2015 apenas superó el 3 por ciento, todo acompañado de una batería de programas sociales que alcanzan a la mitad de la población y que ha permitido una inclusión por la vía del consumo sin precedentes. Se suma a lo dicho la erradicación del analfabetismo, reconocida por la Unesco en 2014, y algunos avances en materia de salud. La clave de esa matriz reparacionista es similar a la de otros procesos vecinos: la estatización de los recursos naturales –hidrocarburíferos, en este caso– y una redistribución de sus dividendos, en un contexto internacional favorable (hasta ahora).


No obstante los aspectos comunes, el proceso boliviano también desarrolló singularidades. La más notoria, quizás, sea la fuerte estabilidad económica, central en un país en el que aún retumba el trauma que sembró la hiperinflación de 1985. Con una conjugación exitosa entre pragmatismo y rigurosidad, entre heterodoxia y equilibrio fiscal, Bolivia cierra una década con un crecimiento promedio del PIB del 5,1 por ciento –que llevó a triplicarlo en diez años–, una tasa de inflación del 2,78, el mayor nivel porcentual de reservas de la región y una notable reducción de la deuda pública. La obsesión del presidente por apuntalar el crecimiento obligó a una versatilidad no librada de críticas internas: así como Evo es un personaje clave del ALBA, también firma sin sonrojarse acuerdos económicos con Merkel.


Esa capacidad de adaptación se reflejó progresivamente también en la propia praxis política del líder del MAS. Evo ya no es aquél líder indígena y dirigente sindical que llegó al poder traccionado por una revuelta plebeya. Lejos de eso, el ex dirigente cocalero es hoy la máxima figura política de su país con un liderazgo indiscutido. Esa transformación, que implicó superar la fragilidad inicial alimentada de prejuicios y subestimaciones, se logró a fuerza de mostrar una tenacidad inquebrantable algunas veces, pero también gracias a saber negociar en otras tantas, lo que en política supone a menudo saber ceder. La reposición de la justa y sensible demanda marítima a Chile, designando como vocero al ex presidente y referente opositor Carlos Mesa, o ciertas concesiones realizadas a la poderosa Media Luna, donde en la última elección presidencial –a excepción de Beni– logró imponerse cuando hace algunos años no podía siquiera pisar, hablan de cierta maduración política del presidente en el manejo de la realpolitik.


Pero no sólo Evo cambió en estos diez años: en ese entramado complejo que es Bolivia casi no quedan elementos que no hayan sido transformados. El Estado, la Constitución –la primera refrendada popularmente–, incluso el propio nombre del país, que por fin da cuenta de la diversidad, están atravesados por la novedad. Por una novedad potente, transformadora, redentora de un doloroso y prematuro neoliberalismo, pero que sigue teniendo, claro está, numerosas cuentas pendientes. Evo, el ex pastor de llamas, el sindicalista cocalero, el primer presidente indígena, es consciente de ello y de ahí su obsesión por continuar al frente de un proyecto que ya ha transformado al país y a su gente como nunca antes en su historia.


* Investigador del Centro Cultural de la Cooperación-Nodal.

Publicado enInternacional
Viernes, 22 Enero 2016 06:34

Una izquierda para el siglo XXI

Una izquierda para el siglo XXI

En los años 60 y 70 quien se incorporaba a la militancia escuchaba a menudo una frase: "Ser como el Che". Con ella se sintetizaba una ética, una conducta, un modo de asumir la acción colectiva inspirada en el personaje que –con la entrega de su vida– se había convertido en brújula de una generación.


"Ser como el Che" era un lema que no pretendía que los militantes siguieran punto por punto el ejemplo de quien se había convertido en referencia ineludible. Era otra cosa. No un modelo a seguir, sino inspiración ética que implicaba una serie de renuncias, esas sí, a imagen y semejanza de la vida del Che.


Renunciar a las comodidades, a los beneficios materiales, incluso al poder conquistado en la revolución, estar dispuesto a arriesgar la vida, son valores centrales en esa herencia que hemos dado en llamar guevarismo. Esos fueron durante buen tiempo los ejes en torno a los que se organizó buena parte de la militancia de izquierda, por lo menos en América Latina.


Esa izquierda fue derrotada en un breve periodo que podemos situar entre los golpes de Estado de la década de 1970 y la caída del socialismo real, una década después. No se sale indemne de las grandes derrotas. Así como la caída de la comuna de París fue un parteaguas, según Georges Haupt, que llevó a las izquierdas de la época a introducir nuevos temas en sus agendas (la cuestión del partido pasó a ocupar un lugar central), las derrotas de los movimientos revolucionarios latinoamericanos parecen haber producido una hendidura en las izquierdas de comienzos del siglo XXI.
Aún es muy pronto para realizar una evaluación completa de ese viraje, ya que estamos encima del mismo, sin la suficiente distancia crítica y, sobre todo, autocrítica. Sin embargo, podemos adelantar algunas hipótesis que enhebren aquellas derrotas con la coyuntura actual que vivimos.


La primera es que no se trata de volver la historia atrás para repetir los viejos errores, que los hubo, y muchos. El vanguardismo fue el más evidente, acompañado de un serio voluntarismo que impidió comprender que la realidad que pretendimos transformar era bien diferente a lo que pensábamos, lo que llevó a subestimar el poder de las clases dominantes y, sobre todo, a creer que se vivía una situación revolucionaria.


Pero el vanguardismo no cede fácilmente. Está sólidamente arraigado en la cultura de las izquierdas y aunque fue derrotado en su versión guerrillera, parece haber mutado y sigue vivo tanto en los llamados movimientos sociales como en los partidos que pretenden saber qué es lo que quiere la población sin necesidad de escucharla. Gran parte de los gobiernos y los dirigentes progresistas son buen ejemplo de la pervivencia de un vanguardismo sin vanguardia proclamada.


La segunda tiene relación con el método, la lucha armada. Que la generación de los 60 y 70 hayamos cometido gruesos errores en el uso y abuso de la violencia no quiere decir que tengamos que tirarlo todo por la borda. Recordemos que por lo menos en Uruguay se pensaba que la acción genera conciencia, otorgando un poder casi mágico a la capacidad de la vanguardia armada para generar acción en las masas con su sola actividad, como si la gente pudiera actuar por reflejos mecánicos sin necesidad de organizarse y formarse.


Las organizaciones armadas cometieron, además, atrocidades indefendibles, utilizando la violencia no sólo contra los enemigos, sino a menudo contra el propio pueblo y también contra aquellos compañeros que presentaban diferencias políticas con su organización. Los asesinatos de Roque Dalton y la comandante Ana María, en El Salvador, son dos de los hechos más graves dentro del campo rebelde.


Sin embargo, eso no quiere decir que no haya que defenderse. No debemos pasar al extremo opuesto de confiar en las fuerzas armadas del sistema (como señala el vicepresidente de Bolivia), o despojar de su carácter de clase a las fuerzas represivas. Los ejemplos del EZLN, del pueblo mapuche de Chile, de la Guardia Indígena nasa en Colombia y de los indígenas amazónicos de Bagua en el Perú muestran que es necesario y posible organizar la defensa comunitaria colectiva.


La tercera cuestión es la más política y es la ética. En el legado del Che y en la práctica de aquella generación, el poder ocupaba un lugar central, algo que no podemos ni debemos negar. Pero la conquista del poder era para beneficio del pueblo, nunca jamás para beneficio propio, ni siquiera del grupo o partido que tomaba el poder estatal.


Sobre este tema hay una discusión abierta, en vista del balance negativo del ejercicio del poder por los partidos soviético y chino, entre otros. Pero más allá de los errores y horrores cometidos por los poderes revolucionarios en el siglo XX, incluso más allá de si es conveniente o no tomar el poder del Estado para cambiar el mundo, es necesario recordar que el poder era considerado un medio para transformar la sociedad, nunca un fin en sí mismo.


Sobre este asunto hay mucha tela donde cortar, en vista de la brutal corrupción enquistada en algunos gobiernos y partidos progresistas (en particular en Brasil y Venezuela), cuestiones que ya pocos se atreven a negar.


La izquierda que necesitamos para el siglo XXI no puede sino tener presente la historia de las luchas revolucionarias del pasado. Es necesario incorporar aquel lema "ser como el Che", pero sin caer en vanguardismos. Una buena actualización de ese espíritu puede ser para todos todo, nada para nosotros. Lo mismo puede decirse del mandar obedeciendo, que parece un importante antídoto contra el vanguardismo.


Hay algo fundamental que no sería bueno dejar escapar. El tipo de militantes que necesita la izquierda del siglo XXI debe estar modelado por la voluntad de sacrificio (Benjamin). Es evidente que la frase suena fatal en periodos como el actual, pero nada podemos conseguir sin deshacernos de esa tremenda fantasía de que es posible cambiar el mundo votando cada cinco años y consumiendo el resto del tiempo.

Publicado enPolítica
Lunes, 18 Enero 2016 06:49

Balance imprescindible

Balance imprescindible

"Las ideas son grandes en cuanto son realizables, o sea, en cuanto aclaran una relación real inmanente a la situación, y la aclaran en cuanto muestran concretamente el proceso de actos a través de los cuales una voluntad colectiva organizada da a luz esa relación (la crea) o, una vez manifiesta, la destruye y la sustituye. Los grandes proyectistas charlatanes son charlatanes precisamente porque no saben ver los vínculos de la 'gran idea' lanzada con la realidad concreta, no saben establecer el proceso real de actuación." (Antonio Gramsci, Pasado y presente).


La cita me parece apropiada dado que en toda circunstancia donde se requiere un balance suelen aparecer, junto a las palabras oportunas, que suscitan reflexión, otras que solo manifiestan estados de ánimo o surgen de encuadres incorrectos que hacen desviar la atención de lo que es relevante. Una de las más trilladas es la que se obstina en lamentar que no se hayan tomado medidas decisivas para impedir que el poder real pudiese revertir la situación. Es la más falaz de todas, ya que desprecia el hecho de que la mayor parte de las veces, es precisamente ese poder el que se ingenia para evitar que tales medidas se tomen (aunque alguna vez se pierden oportunidades). El listado es conocido y alude a lo que podría haber hecho un poder popular controlando resortes clave, generalmente de la economía (cuando no del poder represivo o mediático) que hubiesen llevado a que las clases dominantes retrocedieran pidiendo disculpas y solicitando la escupidera.


Suele estar asociado este tipo de lamento al clamor de personajes que solicitan radicalidad y pretenden una revolución anticapitalista en la periferia cuando el siglo XX se cansó de darnos ejemplos de que las tesis de Marx y Engels sobre el papel precursor e ineludible del centro no era un aspecto lateral de su teoría. Sin ir más lejos, la pretensión de suponer que había que seguir los pasos de Venezuela y descalificar al gobierno de los Kirchner por su inconsecuencia ha sido sostenido ayer no más por los que hoy, con el diario del lunes, se suman a los que fustigan la "soberbia" de Cristina y a las vacilaciones de las organizaciones más cercanas a su entorno. Tamaña confusión deviene de la peripecia de empezar de adelante para atrás y no reconstruir los hechos históricos de la manera que se fueron dando. El período que estamos viviendo comenzó con la asonada de un coronel caribeño que después gana las elecciones prometiendo seguir el camino de Tony Blair y que recién a posteriori decide explorar un nuevo "socialismo", diferente de los del siglo pasado. Y nosotros nos sumamos cuando un ala del dividido justicialismo sale segundo en las elecciones con un 22 por ciento, detrás del candidato del mismo partido que había sido considerado paladín del neoliberalismo en la región. Como es sabido, el primero se baja y permite el inicio de este periplo de doce años que a tantos ha sorprendido. Por cierto, en cada uno de los casos se encontraba como sustrato el enorme descontento popular con las arbitrariedades del neoliberalismo.


No hay mucho margen para los sabihondos presumidos. Todo fue aprendizaje. Y si el camino recorrido fue importante se debió a que, como dice el epígrafe, "las ideas son grandes en cuanto son realizables, o sea, en cuanto aclaran una relación real inmanente a la situación". Y de eso se trató. Y la relación de fuerzas dio para este recorrido. No es un razonamiento conformista. Como tantos, he lamentado y señalado desaciertos. Aquí y en Venezuela tenemos que develar todas las limitaciones y errores para que la próxima ola, como nos dice Alvaro García Linera, sea más honda y carcoma en mayor profundidad las defensas de la costa. Pero para eso hay que alinear las ideas de cierta manera, en la perspectiva de afirmarse en lo que hemos avanzado y desde allí ver cómo proseguir. Sin resignación ni voluntarismo. Será lo que permita entrever "concretamente el proceso de actos a través de los cuales una voluntad colectiva organizada da a luz esa relación (la crea) o, una vez manifiesta, la destruye y la sustituye".


De otra manera, la queja alimenta recelos o estimula vanidades que no hacen más que entorpecer. Los candidatos que disputaron la última elección no fueron voluntad antojadiza ni producto del dedo de nadie sino la manera, enrevesada quizá, en que emergió toda esta historia que tiene como actor principal a un movimiento que nació con dos almas desde el primer día y produce estos realineamientos que no van a terminar y a los que no se puede desatender, dado que involucran al grueso de los protagonistas necesarios en la apertura de un nuevo curso. No queda otra que seguir fortaleciendo el ala más consecuente y evitar que "los otros" hagan pata ancha. Sumando por cierto a quienes, desde otras historias, quieren nutrir el campo popular. Para tales multitudes, tales liderazgos. ¿Que alguna vez puede surgir algo nuevo desde otro sitio? Puede ser. Pero no será como consecuencia de la lucidez de un "gran proyectista", sino de algún movimiento formidable que emprendan las mayorías... Y menos cuando existen liderazgos ampliamente reconocidos como al que le dijimos hasta pronto en la plaza el 9 de diciembre. Así ha sido hasta ahora y, si alguien vio algo diferente en algún proceso histórico relevante, no le recomendaron la bibliografía correspondiente.


Por Mario Toer, profesor de Política Latinoamericana (UBA).

Publicado enInternacional
Los siete mayores cambios para el medio ambiente que veremos en 2016

El fin del mito del coche eficiente, la emergencia definitiva del consumidor sostenible o la nueva movilidad urbana son algunos de ellos.

 

El fin del mito de los coches eficientes


El coche eficiente ha sido el caballo de batalla de la industria durante décadas. La idea era convertir el viejo automóvil, ruidoso y contaminante, en el nuevo vehículo del siglo XXI, limpio y silencioso. Durante años, los fabricantes han esgrimido estadísticas que demuestran que los coches de hoy emiten una fracción de los óxidos de nitrógenos, partículas, etc., que emitían en los ochenta o noventa. Incluso se presentan datos de reducción paulatina de las emisiones de CO2. El caso Volkswagen ha dado al traste esta estrategia. Ahora sabemos que el coche eficiente de motor convencional es un callejón sin salida, que la reducción drástica de emisiones solo se podrá conseguir utilizando una tecnología completamente distinta.

 

Pero la industria ha anunciado con orgullo la venta de más un millón de coches en 2015, todos los cuales, menos 2.000, son de motor de gasoil o gasolina. Más de un millón de coches de los que expulsan humo por el tubo de escape, muchos de los cuales seguirán rodando en 2026.

 

La emergencia definitiva del consumidor sostenible


Tras el consumidor verde de tipo heroico que solo quería salvar al planeta, aunque fuera a costa de su salud y su bolsillo y el ecoconsumidor pijo, amante de productos eco súpersaludables y súpercaros, llega el consumidor sostenible, es decir, el que quiere ahorrar dinero, mejorar su salud y de paso salvar al planeta. Y a su encuentro sale toda una nueva rama de la economía: consumo colaborativo, economía circular, cultura de compartir más que de tener.

 

Muy buenos ejemplos de todo esto hay en la movilidad, con el auge del coche compartido en todas sus variantes, que está acabando con la cultura de "tener coche" propia de la gente de más edad. O nuevas formas de comprar comida, más orientadas a lo vegetal que a lo animal. O una nueva manera de considerar los artículos desechados, que antes tirábamos automáticamente a la basura, como valiosos objetos para reparar y dar una nueva vida.


La salida del armario del gamberro ambiental, sin complejos


Ahora que parece que hay un consenso mundial sobre la manera de proteger nuestro planeta del desastre climático, es posible que llegue a su fin del consenso sobre la sostenibilidad cotidiana. Hasta hace poco, los ciudadanos concienciados y responsables que comían poca carne e iban al trabajo en bicicleta se veían como algo folklórico, ligeramente ridículo pero completamente inocuo. Esto ha sido así hasta que estos ecociudadanos, a través de sus representantes, han conseguido alguna parcelilla de poder político. Y entonces hacen cosas tan horrendas como pretender combatir la contaminación restringiendo el uso del coche.

 

La reciente experiencia de Madrid ha mostrado como la respuesta de una parte no despreciable de la ciudadanía a esta restricción ha sido poner el grito en el cielo y acusar a los promotores de la medida de antisistemas que quieren destruir nuestro modo de vida civilizado y occidental. Unas cosas llevan a otras, y este mismo influyente sector de la opinión pública, que podríamos llamar el partido del chuletón y el tubo de escape, critica acerbamente la lucha contra el cambio climático, las energías renovables el reciclaje, el coche eléctrico, las recetas vegetarianas y muchas cosas más por el estilo. Sin complejos.


La nueva movilidad urbana


ANFAC ha presentado recientemente siete medidas para reducir drásticamente la contaminación en las ciudades. Todas ellas se pueden interpretar en la dirección de la nueva cultura de movilidad. Por ejemplo, el etiquetado de vehículos o la recuperación de las rutas de empresa.

 

Es muy interesante la división de todos los coches de España en seis categorías: desde la cero (azul) a la 5 (rojo carmesí). Es la base fundamental para que aquellos con etiqueta roja paguen más impuesto de circulación, no tengan acceso a zonas restringidas, etc.


Las consecuencias de la COP 21 de París


La resaca de París va a ser muy prolongada. Una vez que se firmó el último documento de compromiso de acción y se vació la última botella de champán, todo parece tranquilo, pero por debajo de esas calmadas aguas hay cientos de equipos jurídico-político-técnicos dispuestos a entrar en acción en cada una de la Potencias firmantes. Hay mucho trabajo por hacer: redactar nuevas leyes, conseguir aprobaciones parlamentarias, establecer nuevos protocolos de actuación y nuevas normas técnicas.

 

Como en las movilizaciones militares, una vez que la maquinaria técnico-jurídica se pone en marcha ya no hay forma de pararla. Esperemos que las 195 maquinarias estatales implicadas en la firma que echaron alegremente en la COP21 no se detengan esta vez.


El fin del mito del petróleo


El petróleo, que imponía tanto respeto hasta hace poco, está de capa caída. Para empezar, es barato, hasta extremos insultantes (27,07 dólares por barril el 11 de enero). Los países compradores ahorran dinero a espuertas (no los compradores de gasolina, que pagan casi lo mismo). Los países vendedores ya no reciben tanto dinero como antes, y su poder político mundial disminuye en proporción.

 

El fracking, la gran esperanza fósil hasta hace poco, se ha revelado como lo que es: una manera demasiado cara y demasiado contaminante de conseguir hidrocarburos. Hay una desgana general en todo el asunto petrolífero. Es verdad que todavía es la energía predominante en la economía mundial, pero cada vez se ve con más claridad la era post-petróleo. Comparado con las excitantes nuevas energías, como la termoeléctrica o la hidroeólica, el petróleo resulta decimonónico.


La contaminación visible (y hasta vistosa)


Hubo un tiempo no muy lejano en que la contaminación se podía masticar, literalmente (en Pekín todavía pueden hacerlo). Densas masas de partículas impedían toda visión más allá de cincuenta metros. La ropa tendida se llenaba de carbonilla negruzca y las medias y paraguas de agujerillos por el ácido sulfúrico.

 

Tras duro trabajo de eliminar calderas de carbón, cambiar fuel pesado por gas, alejar industrias, etc., la atmósfera volvió a recuperar su transparencia. Es verdad que eso era si la mirabas desde el interior de la ciudad, porque desde fuera la boina oscura se veía con claridad tras unos pocos días de atmósfera en calma. Pero en general nos dábamos menos cuenta, las autoridades municipales nos tranquilizaban y pensábamos que el problema había sido erradicado.

Según se ha informado, el episodio de contaminación de diciembre de 2015 aumentó en un 10% las consultas en urgencias en la ciudad de Madrid. Una y otra vez, se publican estudios que demuestran que la contaminación nos enferma. En la ciudad antes citada, a lo largo de 2015, la media mensual de densidad de dióxido de nitrógeno fue de 40 microgramos por metro cúbico. Esto va a salir a la luz. La contaminación no es un fenómeno natural, sino un problema que socava gravemente nuestra calidad de vida y que tiene solución.


Iniciativas y otras cosas


The Carbon Levy Project: 90 compañías de petróleo, gas y carbón son responsables del 63% de las emisiones totales de CO2. ¿Deberían pagar por este daño que hacen al clima?

Publicado enMedio Ambiente
Adiós a la izquierda, bienvenido el kitsch político sí se puede

Los cambios profundos ocurridos desde los años 70 del siglo pasado han puesto de relieve la gran capacidad del capitalismo para absorber el conflicto social. Es más, sus crisis no han llevado a una superación de las contradicciones capital-trabajo, en beneficio de las fuerzas productivas. Por el contrario, ha sido el capital el que se ha erguido victorioso en la batalla. Del capitalismo no ha surgido, como esperaba Marx, una conciencia liberadora y emancipadora de clase, para alzarse con el triunfo bajo la hegemonía de las clases populares.


Las opciones de crear una sociedad democrática se han visto reducidas y las posibilidades de construir una sociedad socialista se esfuman, bajo la crítica feroz al comunismo realmente existente. Igualmente, el capitalismo, sistema profundamente injusto, fundado en la explotación más abyecta y en la economía de mercado, ha logrado torcer la mano a la izquierda política. Me refiero a la renuncia, no sabemos si por incapacidad o por méritos de la derecha, además del poder real de las trasnacionales, de los valores que identifican la lucha por la dignidad, la justicia social, la igualdad y la emancipación mental y política. El caso más reciente es Grecia. Syriza ha pasado a ser la mano que mece la cuna de la troika, cuyo plan de rescate ha sido asumido, con la consiguiente frustración de quienes veían en su dirigencia y organización una alternativa de futuro. Hoy se habla poco de Grecia, salvo para señalar que el camino de la izquierda está bloqueado o cerrado por reformas.


Parece que el cansancio sugiere renunciar al principio de realidad y asumir los valores del capitalismo neoliberal. Como en su día adelantó el sociólogo ecuatoriano Agustín Cueva, los conversos han inventado el modo de producción democrático, unidos por el anticomunismo. Es notorio que la crítica al neoliberalismo, incluso al capitalismo, no es patrimonio de la izquierda socialista ni marxista o democrática radical. Curiosamente, el fascismo y el nazismo, tanto como el franquismo, se autodefinieron antiliberales a la par que rechazaban el capitalismo y su individualismo extremo. Por no decir la Iglesia santa de Roma, como sucediera con Pablo VI y en la actualidad con el papa Francisco. Reflexión que en términos absolutos compartimos, pero ello no supone que su ideario sea de izquierdas o democrático. Tampoco se le exige ni se busca una autocrítica. La cosmovisión del nazismo o la Iglesia católica no responde a postulados democráticos. Ejemplos sobran. Por ende, no se trata de pedir peras al olmo. Asimismo, un banco no es una asociación económica, caritativa. Es una entidad que busca el beneficio de sus accionistas, ganar dinero mediante la especulación y la usura. No tiene como fundamento el bien común. Tampoco un empresario busca crear empleo, sino obtener réditos mediante la explotación del trabajador.


Ahora bien, si queremos poner un velo y señalar que tales realidades poco importan a la hora de ganar elecciones, es no tener en consideración las transformaciones del capitalismo durante las últimas décadas. Hoy, el capitalismo, bajo la economía de mercado, ha revolucionado el orden social. La despolitización, unida a la pérdida de la centralidad política, le permite hacer entrega del poder formal, sin por ello dejar de tener el real, aquel que no se transparenta ni es sometido a crítica.


Efímera e irrelevante en el medio y largo plazos, la política, defendida por los nuevos partidos emergentes, es capaz de modificar el mapa electoral en lo inmediato. Sin embargo, travestido el ciudadano en consumidor, el voto se transforma en acto emocional y desideologizado. Hoy voto A, mañana B y luego C, o se abstiene.


He querido señalar dichas cuestiones para plantear el problema que parece ser el sol que alumbra el nacimiento de una izquierda que lucha contra el neoliberalismo, pero deja intacto el capitalismo. Mientras más desigualdad se produce y más explotación se genera, las preocupaciones por obtener cuotas de poder institucional crecen. En otros términos, se trata de cumplir las aspiraciones que el neoliberalismo no ha podido llevar a cabo, fundamentalmente una juventud frustrada y desencantada. Juventud sin futuro, sin casa y sin trabajo. Pero una juventud de clase media preparada para el éxito individual.


Como sucediera en el cuento de los hermanos Grimm, el lobo se convierte en oveja. Ahora bala alegremente, tras asumir como estrategia un cambio, en principio para devorarlas. Primero una pata, luego la cola, posteriormente el pelaje, la voz y, en definitiva, todo su ser, hasta convertirse en la más sumisa de la familia y formar parte del rebaño.


Parece que el desánimo de la razón crítica genera una sensación de frustración que lleva a cuestionarse si es conveniente defender abiertamente los principios de justicia social, dignidad y democracia radical articulados al socialismo. Mejor buscar votos, ganar elecciones y mejorar el nivel de vida de las clases medias desesperanzadas. Abanderar sus demandas resulta cómodo y además tiene un efecto positivo de coste cero.


Reivindicar desde la obviedad no supone romper ni cuestionar el capitalismo como relación social. Pero sí levanta el ánimo y es emotivo, aunque no cambie nada. Son el espacio kitsch de la política. Como señala Tomas Kulka, el kitsch representa un objeto o tema comúnmente emotivo, rápidamente reconocible, no enriquece nuestra conciencia ni cambia el objeto representado. Funciona como estímulo y supone un gran atractivo popular. Ese es su secreto. Los nuevos partidos emergentes son el kitsch político. Es política sin valor, de mala calidad e indecente estéticamente. O como lo identifica Walter Benjamin en su obra Kitsch onírico, glosa sobre el surrealismo: es el camino directo hacia la banalidad.

Publicado enPolítica
Domingo, 10 Enero 2016 06:43

La Primavera Arabe, cinco años después

La Primavera Arabe, cinco años después

Siria, Libia y Yemen están siendo destrozadas por guerras civiles que no dan señales de tener un fin. La autocracia en Egipto y Bahrein es mucho mayor y las libertades civiles mucho menos de lo que eran antes de la primavera de 2011.


La Primavera Arabe fue siempre una frase engañosa, lo que sugiere que lo que estábamos viendo era una transición pacífica del autoritarismo a la democracia, similar a la del comunismo en Europa del Este. El término poco apropiado implicaba una visión demasiado simplista de los ingredientes políticos que produjeron las protestas y levantamientos de 2011 y las expectativas demasiado optimistas sobre su resultado.


Cinco años más tarde, está claro que el resultado de los levantamientos fue desastroso, provocando guerras o creciente represión en todos menos uno de los seis países en los que tuvo lugar la Primavera Arabe. Siria, Libia y Yemen están siendo destrozadas por guerras civiles que no dan señales de tener un fin. La autocracia en Egipto y Bahrein es mucho mayor y las libertades civiles mucho menos de lo que eran antes de 2011. Sólo en Túnez, que comenzó la oleada hacia el cambio radical, la gente tiene más derechos que antes.


¿Qué es lo que fue tan desastrosamente mal? Algunos fracasaron porque el otro lado era demasiado fuerte, como en Bahrein, donde la demanda de los derechos democráticos de la mayoría chiíta fueron aplastados por la monarquía sunnita. Arabia Saudita envió tropas y las protestas occidentales por la represión fueron débiles. Esto estaba en marcado contraste con denuncias occidentales sobre la brutal represión de Bashar al Assad del levantamiento por la mayoría sunnita en Siria. La guerra siria tenía raíces sociales, políticas y sectarias, pero fue el elemento sectario el que predominaba.


¿Por qué el Islam intolerante y extremo triunfó sobre la democracia secular? Lo hizo porque el nacionalismo y el socialismo estaban desacreditados como las consignas de los antiguos regímenes, a menudo regímenes militares que se habían transmutado en estados policiales controlados por una sola familia gobernante. Los movimientos islámicos eran el principal canal para la disidencia y la oposición al status quo, pero tenían poca idea de cómo reemplazarlo. Esto fue evidente en Egipto, donde los manifestantes nunca lograron hacerse cargo del estado y la Hermandad Musulmana descubrió que ganar las elecciones no traía aparejado el poder real.


Los movimientos de protesta a principios de 2011 se presentaron como progresistas en términos de libertad política y civil y esta creencia era genuina. Pero se había producido un verdadero cambio en el equilibrio del poder en el mundo árabe durante los 30 años anteriores con Arabia Saudita y las monarquías del Golfo tomando el liderazgo de los estados nacionalistas seculares. Fue una de las paradojas de la primavera árabe que los rebeldes, supuestamente buscando poner fin a la dictadura en Siria y Libia fueron apoyadas por las monarquías absolutas del Golfo.


Occidente jugó un papel apoyando los levantamientos contra los dirigentes a los que querían ver desplazados como Muammar Khadafi y Assad. Pero le dieron extraordinariamente poca importancia a lo reemplazaría estos regímenes. No vieron que la guerra civil en Siria estaba destinada a desestabilizar a Irak y conducir a una reanudación de la guerra entre sunnitas y chiítas allí.


Un error de cálculo, incluso más grosero no fue ver que la oposición armada en Siria e Irak estaba siendo dominada por los jihadistas extremos. Desde hacía tiempo, Washington y sus aliados afirmaban que había una oposición armada no sectaria moderada en Siria aunque esto fue en gran parte mítico. En las zonas donde no el Estado Islámico (EI) y rebeldes no del EI gobernaban, eran tan brutales como el gobierno en Damasco. La oposición no sectaria huyó al extranjero, se quedó en silencio o murió y fueron los movimientos islámicos más militarizadas y fanáticos que florecieron en condiciones de violencia permanente.

 

Por Patrick Cockburn
Traducción: Celita Doyhambéhère.

Publicado enInternacional