Túnez: Concluye el Foro Social Mundial más difícil de su existencia

Arrancó en las calles capitalinas con una nutrida movilización ciudadana el martes 24 de marzo y concluyó el último sábado con otra manifestación. Esta vez en solidaridad con Palestina, menos concurrida que la del inicio y significativamente menos nutrida que la de clausura del Foro Social Mundial (FSM) 2013.

Con ausencia casi total de grandes actores de los dos foros tunecinos: la Unión General de Trabajadores de Túnez (UGTT), los Diplomados Desempleados e incluso las Mujeres Democráticas. Y con menos presencia de organizaciones internacionales de primer nivel como Vía Campesina. La presencia activa de la Marcha Mundial de Mujeres y de la red del Comité por la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo (CADTM), junto con algunos militantes de un puñado de sindicatos europeos fue la excepción.

La complejizada coyuntura política desde los hechos del Museo Bardo el 18 de marzo, aportan una clave de explicación. El país no termina de sacudirse del "shock" y las prioridades de movilización miran hacia adentro. Este domingo, miles de ciudadanos –incluida la UGTT- salieron a la calle convocados por del gobierno y por los principales partidos políticos tunecinos junto con varias decenas de invitados internacionales especiales para reforzar la débil unidad nacional bajo las banderas de la lucha condena al terrorismo.

 

Convergencia en la acción

 

Hasta un par de horas antes de la manifestación de clausura, el FSM protagonizó en la Universidad El Manar, lo que es su esencia: el debate, el intercambio y el consenso sobre una agenda común para las principales movilizaciones de la sociedad civil internacional.

Desde el jueves a la tarde, una treintena de Asambleas de Convergencia temáticas, buscaron sistematizar conclusiones. La del Clima, de cara a la Cumbre de París de las Naciones Unidas de diciembre próximo, agendó acciones y movilizaciones que se realizarán en los diversos continentes durante todo el año para concluir en la capital francesa en una especie de contra cumbre de los pueblos que incluirá acciones pacíficas de desobediencia ciudadana.

La del Agua y la Tierra, elaboró una Declaración detallada que reitera que "al agua, la tierra y las semillas son bienes públicos y no mercancías", dándole continuidad a un proceso de reflexión que nació en el FSM de Dakar en 2011.

La propuesta de la asamblea de los Medios Libres, insiste en reforzar la información y la comunicación al servicio de los movimientos sociales.

En tanto, el Foro Parlamentario Mundial que se reunió el jueves 26 en la misma universidad y que funcionó como un espacio de convergencia de legisladores progresistas, emitió cinco mociones sobre temas de actualidad: la construcción de la paz; la migración; la deuda injusta; las multinacionales así como el ingreso mínimo ciudadano.

 

El futuro del FSM

 

Volvió a aparecer como tema transversal durante todo el FSM. Y centraliza la agenda del Consejo Internacional del foro en su reunión evaluativa de ayer domingo y hoy lunes. El futuro del FSM animó numerosos espacios de reflexión en Túnez y fue el tema central una de las asambleas de síntesis del sábado a la mañana, convocando a una buena centena de participantes.

Lo que está en juego no es solo el lugar de realización del próximo Foro Social Mundial. Sino también el momento de su realización; la metodología de funcionamiento; la presencia y visibilidad del mismo en el plano mediático internacional e incluso, el rol del actual Consejo Internacional que actúa como "instancia facilitadora" . En síntesis, todo el foro se abre al debate.

"El FSM es una nueva invención política. Expresa otra forma de concebir y hacer la política...Tiene apenas 15 años de existencia y los cambios exigen tiempo", sintetizó el dirigente brasileño Chico Whitaker, uno de los co-fundadores y persona de referencia de este espacio altermundialista.

Whitaker no ahorró críticas, que dada su participación en esa instancia tienen el sentido de autocrítica: "el Consejo Internacional está totalmente perdido en cuanto a propuestas. Ya hace algún tiempo propusimos la eutanasia de este elefante blanco y buscar una nueva fórmula. Por ahora no lo logramos. Hubo gente que asumiendo la vieja forma de hacer política se integró a esta instancia creyendo que ahí había una cuota de poder a disputar. Pero no es así. El FSM no tiene una dirección. Debemos recrear métodos innovadores de coordinación y facilitación".

El premio nobel alternativo 2006 reiteró dos propuestas para los próximos meses: volver a realizar el FSM en paralelo al Foro Económico de Davos, "para recuperar la visibilidad perdida. Para volver a existir internacionalmente". Y convocar a un seminario de reflexión en 2016 en Porto Alegre, Brasil, "para conmemorar los 15 años de la existencia del Foro, demostrando que el proceso sigue y para reflexionar a fondo sobre su futuro. Retomando todas las nuevas ideas que circulan".

Propuesta que, en la práctica, contradice la iniciativa impulsada por organizaciones canadienses de realizar la próxima edición a mediados de 2016 en Montreal. "Hoy no existe más un Norte y un Sur. Debemos globalizar las luchas. Canadá y sus movimientos sociales necesitan ser reforzados" subraya Rafael Canet, joven promotor del Colectivo de Comités pro FSM en Montreal en 2016. "Debemos superar el concepto tradicional de Norte-Sur. Hay movilizaciones y resistencias por igual en los dos hemisferios. Necesitamos innovación y energía para dinamizar este proceso. Buscar nuevas formas de relacionar el arte, la creatividad y el compromiso político. Integrando metodologías más abiertas para empujar hacia adelante al FSM", subrayó.

El FSM abre puertas nuevas y cierras viejas ventanas conceptuales. No hay fórmulas ni recetas a la vista. Pero el cuestionamiento interno aparece como sinónimo de vitalidad. Concluyendo esta segunda edición tunecina. La más compleja de los diez foros centralizados realizados hasta ahora en los últimos tres lustros. Por interrogantes internos; por problemas logísticos de los organizadores locales –mayores que dos años atrás- y por la realidad política de Túnez. Nunca antes una edición del FSM estuvo tan amenazada como la actual.

 

Asamblea de los Movimientos Sociales

 

La Carta de Porto Alegre desestima que el Foro Social Mundial publique una declaración final aunque no impide que actores importantes divulguen sus propios pronunciamientos. Desde la primera edición, la Asamblea de los Movimientos Sociales ha elaborado su propia declaración. Dinámica repetida una vez más en Túnez 2015. Los puntos centrales expresan la continuidad de la lucha contra las trasnacionales y el sistema financiero, convocando para el próximo 18 de abril a una jornada de acción internacional contra los tratados de libre comercio.

El compromiso por la justicia climática y la soberanía alimentaria, estableciendo el 2015 como año de la movilización por la justicia climática culminando con una gran movilización ciudadana en diciembre en París, Francia, al margen de la COP21. Además denuncia la violencia contra las mujeres, llamando a apoyar la 4ta Marcha Mundial de Mujeres que comenzó el 8 de marzo y concluirá en octubre del 2015. La Declaración expresa su compromiso por la paz, contra la guerra, el colonialismo, la ocupación y militarización de los territorios, exigiendo la reparación de los pueblos víctimas del colonialismo. Se pronuncia por la democratización de los medios de comunicación y la construcción de medios alternativos. Así como convoca a multiplicar la resistencia y la solidaridad. Llamando a una semana de acciones mundiales contra el sistema entre el 17 y el 25 de octubre próximos. 

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Autonomía y confederalismo democrático en el Kurdistán

Para los pueblos indígenas que en América Latina han estado desarrollando diversas formas de autonomía como procesos de construcción de democracia directa-participativa y de resistencia anticapitalista, defensa del territorio y sus recursos naturales, son profundamente significativas las experiencias provenientes del Kurdistán, donde en diversas y extensas regiones de los estados que ocupa el fraccionado pueblo kurdo está teniendo lugar una extraordinaria y estratégica transformación política y programática que se conoce como autonomía democrática y confederalismo democrático, o la institucionalización del socialismo libertario.


Acorde a los informes del Comité de Solidaridad con Rojava y el Pueblo Kurdo, el Partido de la Unión Democrática (PYD), que actúa en el llamado Kurdistán sirio u Occidental, el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), de la región turca o Norte de Kurdistán, y el Partido por la Vida Libre en Kurdistán (PJAK), en el Kurdistán Oriental (dentro de las fronteras iraníes), han hecho cambios trascendentes en sus orientaciones ideológicas para integrar un movimiento en expansión que cuestiona el modelo del Estado-nación, aun socialista, para, en su lugar, crear una sociedad donde las personas puedan vivir juntas, sin instrumentalismo, patriarcado y racismo, una sociedad ética y política, con una estructura de base democrática de autogestión institucional, o lo que, en suma, sería una democracia sin Estado.


Se identifica a Abdullah Öcalan como el dirigente histórico del PKK que hace una década llegó a la conclusión de que el Estado-nación constituía una entidad organizativa que se convertía en un obstáculo para el ejercicio de la autodeterminación, en vez de expresión de ésta, por lo que se pronunció por que "Dentro del Kurdistán, el confederalismo democrático se establecerá en las aldeas, pueblos y asambleas de la ciudad, y a sus delegados se les confiará la real toma de decisiones (...) El confederalismo democrático de Kurdistán no es un sistema estatal, sino un sistema democrático de un pueblo sin un Estado".


El sistema de autonomía democrática y confederalismo democrático que se está desarrollando en el Kurdistán refuta los argumentos estatistas de quienes han pretendido reducir las experiencias de autonomías, como la zapatista, dentro de una espacialidad rural, exclusiva de socio-etnias indígenas y sin posible incidencia en ámbitos urbanos y sociedades nacionales. El sistema kurdo se establece con base en redes de empresas autogestionadas de trabajadores, entidades de autogobierno comunal, así como federaciones y asociaciones operativas de grupos superpuestos de acuerdo a los principios de auto-organización, democracia participativa directa y estructuras vecinales que operan a través de consejos. En el medio urbano, los consejos se establecieron desde 2005, en los niveles concéntricos de barrio, distrito y ciudad, y en 2008 y 2009 se reorganizaron con el fin de incluir a varias organizaciones de la sociedad civil, asociaciones de mujeres y el medio ambiente, partidos políticos y grupos profesionales como periodistas y abogados (fuente: Grupo Tatort, Autonomía democrática en Kurdistán Norte).


El Comité de Solidaridad con Rojava y el Pueblo Kurdo, autodefinido como antifascista, anticapitalista, antimperialista y antipatriarcal, remite las raíces teóricas del confederalismo democrático a la influencia del ecoanarquista estadunidense Murray Bookchin en el PKK, que lo consideraba uno de los más grandes científicos sociales del siglo XX. Se menciona que Bookchin, en su libro Rehaciendo la sociedad, definió lo que denomina ecología social, destacando que los problemas básicos que ponen a la sociedad contra la naturaleza surgen del desarrollo social mismo, y que haber puesto sociedad y naturaleza en una oposición binaria ha sido a la vez descriptivamente erróneo y prescriptivamente destructivo. La dominación del hombre por el hombre precedió a la noción de dominar la naturaleza. De hecho, la dominación humana del ser humano dio lugar a la misma idea de dominar la naturaleza.


El comité considera que si bien hay diferencias entre Bookchin y el pueblo kurdo al que él ha influido, lo que ha sido más fuerte en este ascendente son las metas de la construcción del doble poder y la puesta en práctica de un sistema de gobierno que se estructura de diferentes formas no estatales, la construcción de una democracia igualitaria, de una estructura social en paralelo, de un complejo en red de instituciones alternativas decididamente diferentes que actúan en contradicción y oposición al sistema dominante, o sea el Estado-nación y el capitalismo.


En América Latina, como en el Kurdistán, se trata del establecimiento no sólo de la autonomía, sino de una autonomía democrática y participativa, contraria a toda dependencia o injerencia externa, considerada como heteronomía. También, estas prácticas autonómicas en ambas regiones del mundo están signadas por la dinámica de transformaciones dentro de los propios sujetos autonómicos. En el Kurdistán, al igual que en los gobiernos autónomos zapatistas, se considera fundamental la participación activa de mujeres y jóvenes en todos los ámbitos de las estructuras concejales. Han dado la vuelta al mundo las imágenes de las mujeres kurdas en armas que dentro de las Unidades de Protección Popular (YPG) integraron las Unidades de Protección de la Mujer (YPJ) de Rojava (la región de la autonomía kurda autoproclamada en el norte de Siria), y las Unidades de Mujeres de la Guerrilla del Partido del PKK, que han estado en la primera línea de los combates contra el Estado Islámico.
En el Kurdistán, con su dualidad de poderes, al igual que entre los pueblos indígenas de nuestra América, con sus procesos autonómicos, tienen lugar experiencias de largo aliento que habría que analizar y valorar para asumir una perspectiva más abierta e imaginativa en el campo de las resistencias y las emancipaciones anticapitalistas. Otras luchas son posibles y deseables.

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La crisis de la justicia es una crisis orgánica del sistema oligárquico de dominación política.

La explosión de otra crisis (los antecedentes están referidos al hundimiento de una reforma al sistema judicial en el año 2012 y a los escándalos permanentes en el Consejo de la Judicatura) en el aparato judicial colombiano con el caso del paramagistrado uribista Pretel envuelto con su mujer en una cadena de situaciones de corrupción y despojo de tierras a campesinos de Uraba, no es más que el reflejo de la crisis generalizada del sistema de dominación política de la camarilla oligárquica que controla el Estado colombiano.

La crisis y el colapso de la justicia es similar a la de la salud sitiada por los bandidos, a la de la educación universitaria convertida en el mas ruin de los negocios como lo hemos visto en el caso de la U de San Martin, a la de los militares con los "falsos positivos", a la de la economía con la caída de los precios del petróleo, a la de la corrupción en municipios y departamentos donde hay una cascada de saqueos a los dineros públicos, a la de los partidos políticos, a la del sistema electoral penetrado por la criminalidad, a la de las ciudades arruinadas por el neoliberalismo, a la del campo sitiado por la violencia, a la de los medios de comunicación dominantes plagados de mentiras y promotores de la arremetida propagandística e ideológica, a la de Transmilenio y la movilidad en Bogotá, en fin a la crisis del poder de unas elites contrarias a los intereses de las mayorías nacionales afectadas por la pobreza, la miseria y la negación estructural de los derechos humanos.

Con ese panorama no queda más alternativa que acudir a la caja de herramientas de Gramsci para aclarar con el pensamiento crítico qué es esto, hacia dónde marcha el campo político de la sociedad y cuáles son las salidas apropiadas para formular alternativas democráticas y revolucionarias, en la perspectiva del socialismo y el poder popular.
Antonio Gramsci definió, para situaciones como la que hoy vivimos, el concepto de "crisis orgánica". Se trata de esos momentos históricos en que a las fuerzas dominantes se le fracturan las relaciones entre la sociedad y el Estado, entre la economía y la política, y no pueden ejercer su dirección del modo habitual.

Pero lejos de simplicidades, planteamos profundizar un poco más en el significado de "la crisis" y para ello conviene que examinemos aquellos textos en los que más directa y explícitamente Gramsci analiza tal situación crítica y problemática y que nos entregan luces para interpretar la coyuntura colombiana.

Gramsci fija en sus reflexiones algunos elementos fundamentales de una teoría de la "crisis orgánica".

Primer elemento. Con el concepto de "crisis" Gramsci identifica una fase histórica compleja, de larga duración y de carácter mundial, y no uno o más acontecimientos que sean las manifestaciones particulares de ella. El concepto de crisis define, en efecto, aquello que habitualmente se denomina "período de transición", es decir un proceso crucial en el cual se manifiestan las contradicciones entre la racionalidad histórico-política dominante y el surgimiento de nuevos sujetos históricos portadores de inéditos comportamientos colectivos, que en nuestro caso son los potentes movimientos sociales, uno de los cuales es la resistencia campesina revolucionaria contra la violencia terrateniente, encarnada en las Farc.

Se trata de un proceso -escribe Gramsci- que tiene muchas manifestaciones y en el cual las causas y los efectos se complican y se superponen. Se puede decir que la crisis como tal no tiene una fecha de comienzo sino sólo de algunas manifestaciones más clamorosas que suelen identificarse con la crisis, errónea y tendenciosamente. Toda la postguerra es crisis, con intentos de obviarla que algunas veces tienen éxito en este u otro país, nada más. Para algunos, y tal vez no erróneamente, la guerra misma es una manifestación de la crisis, incluso la primera manifestación de la crisis.

En primer término debe notarse que la "gran guerra", o sea la primera guerra mundial, dadas sus dimensiones, manifiesta el carácter mundial de la crisis misma. El carácter mundial de la crisis es destacado por Gramsci en aquél paso en que se puede escapar de ella; ilusión que deriva del hecho que no se comprende que el mundo es una unidad, se quiera o no se quiera, y que todos los países permaneciendo en ciertas condiciones estructurales pasarán por alguna "crisis".

El segundo elemento consiste en la identificación de ella como proceso que involucra al conjunto de la vida social, razón por la cual no puede ser reducida a sus aspectos particulares: crisis financiera, crisis de autoridad, crisis comercial, crisis productiva, crisis judicial, etc. Es difícil en los hechos separar la crisis económica de las crisis políticas, ideológicas etc.

Es con el concepto de crisis orgánica que Gramsci define una crisis histórica global. Él contrapone el concepto de crisis orgánica al concepto de crisis coyuntural (como la judicial).

Una crisis coyuntural no es de amplia dimensión histórica, y se presenta como ocasional, inmediata, casi accidental, dice y está determinada por factores "variables y en desarrollo". Una crisis de carácter orgánico, en cambio, afecta a los grandes agrupamientos más allá de las personas inmediatamente responsables y más allá del personal dirigente; en este caso "se verifica una crisis, que a menudo se prolonga por décadas. Esta duración excepcional significa que en la estructura se han revelado (han madurado) contradicciones insanables, aunque las fuerzas políticas que actúan en orden a la conservación y defensa de la misma estructura se esfuerzan por sanar en ciertos límites y superar, con reformas intrascendentes y retoques cosméticos, como los 5 que ahora plantea Santos para la crisis de la justicia.

Las crisis (coyunturales u orgánicas) se manifiestan en el terreno del mercado determinado; Gramsci entiende por mercado determinado, determinada relación de fuerzas sociales en una determinada estructura del aparato de producción, relación garantizada o sea hecha permanente, por una determinada superestructura política, moral jurídica.

Pero, ¿qué es el mercado determinado y por qué cosa está determinado? Está determinado por la estructura fundamental de la sociedad en referencia, y entonces será preciso analizar esta estructura e identificar en ella aquellos elementos (relativamente) constantes que determinan el mercado, etc., y aquellos otros "variables y en desarrollo" que determinan las crisis coyunturales, hasta que también los elementos (relativamente) constantes sean modificados produciéndose la crisis orgánica.

Escribiendo específicamente sobre la "gran crisis", Gramsci señala que cada vez más la vida económica se ha venido concentrando en torno a una serie de grandes producciones masivas, y éstas son las que están en crisis: controlar esta crisis es imposible precisamente por su amplitud y profundidad, que han llegado a tener tales dimensiones que la cantidad se convierte en cualidad, o sea hay crisis orgánica y no sólo coyuntural.

Cuando Gramsci subraya el carácter orgánico de la crisis, toma distancia respecto a la asociación que se hace comúnmente entre el concepto de crisis histórica global y las situaciones de estancación o depresión económica.

Otra cuestión vinculada con la anterior -escribe- es la de ver si las crisis históricas fundamentales estén determinadas inmediatamente por las crisis económicas. Se puede excluir que, por sí mismas, las crisis económicas inmediatas produzcan acontecimientos fundamentales, que es la tentación de algunos con la crisis económica en curso a raíz de la caída de los precios del petróleo y sus efectos fiscales.

A estas consideraciones hace seguir el ejemplo de la gran crisis de 1789 en Francia: ella se desarrollaba en un período en el que la situación económica era más bien buena inmediatamente, por lo cual no puede decirse que la catástrofe del Estado absoluto se haya debido a una crisis de empobrecimiento. La ruptura del equilibrio de fuerzas no sucede por causas mecánicas inmediatas de empobrecimiento del grupo social que tenía interés en romper el equilibrio y que de hecho lo rompe (la clase burguesa), sino que sucede en el contexto de conflictos superiores al mundo económico inmediato, conectados al "prestigio" de clase (intereses económicos futuros), a una exasperación del sentimiento de independencia, de autonomía y de poder. La cuestión particular del malestar o del bienestar económico como causa de nuevas realidades históricas es un aspecto parcial de la cuestión de las relaciones de fuerzas en sus diferentes grados, nos enfatiza Gramsci.

La crisis orgánica no es, pues, ni una crisis puramente económica ni una crisis específicamente política: ella consiste precisamente en la contradicción entre las relaciones económicas existentes y las relaciones políticas emergentes, entre economía y política, entre "condiciones" e "iniciativas", entre estructura y superestructura.

En estrecha relación con este segundo elemento, se presenta el elemento de la teoría de la crisis orgánica:
"Una de las contradicciones fundamentales es ésta: que mientras la vida económica tiene como premisa necesaria el internacionalismo, o mejor, el cosmopolitismo, la vida estatal se ha desarrollado siempre más en el sentido del "nacionalismo", "de la autosuficiencia", etc. Uno de los rasgos más vistosos de la "actual crisis" es nada más que la exasperación del elemento nacionalista (estatal nacionalista) en la economía: racionamientos, restricciones al comercio de divisas, comercio balanceado entre dos países, etc.

La crisis se presenta en el período en que el capitalismo había formado un mercado de dimensiones mundiales, y por tanto se había creado la posibilidad de que los grupos económicos dominantes en las naciones particulares, obtuvieran ganancias sustrayéndolas a otras naciones capitalistas; en estas condiciones el mercado económico internacional se constituye como el lugar de competencia entre grupos económicos dominantes nacionales. Siendo el mercado una determinada relación de fuerzas sociales en una determinada estructura del aparato de producción, la conformación del mercado mundial significa: a) que las fuerzas sociales comienzan a actuar a escala mundial, en una estructura del aparato de producción que presenta una interdependencia creciente entre las particulares estructuras productivas nacionales; b) que las fuerzas sociales que enfrentándose entre sí constituyen las relaciones de fuerza se torna mucho más complicado por la sustancial multiplicación de los contenedores.

En estas condiciones, los grupos económicos dominantes, respectivamente unificados en los diferentes Estados nacionales, se defienden unos de los otros a través de políticas económicas nacionalistas, proteccionistas.
Me parece -escribe Gramsci- que haciendo un análisis de la crisis se debería comenzar enumerando los impedimentos puestos por las políticas nacionales (o nacionalistas) a la circulación: 1) de las mercancías; 2) de los capitales; 3) de los hombres (trabajadores y fundadores de nuevas industrias y nuevas empresas comerciales). La premisa mayor en esta caso es el nacionalismo, que no consiste tanto en la intención de producir en el propio territorio todo lo que se consume (que significaría que todas las fuerzas son orientadas previéndose un estado de guerra), y que se expresa en el proteccionismo tradicional, sino en el tentativo de establecer las principales corrientes comerciales con determinados países, o porque son aliados (y por tanto se los quiere sostener y formar de una manera más apta para una situación de guerra) o porque se los quiere destruir ya desde antes de la guerra militar (y este nuevo tipo de política económica es el de los "racionamientos", que parte del absurdo de que entre dos países deba haber un balance de intercambios pareja, y no que cada país pueda balancear en paridad sólo comerciando con todos los países indistintamente).

Este nacionalismo de la vida estatal era, pues, resultado directo del internacionalismo de la vida económica (internacionalismo contradictorio y parcial, en cuanto expresión de la ampliación del radio de acción de los grupos económicos que se unifican solamente a nivel nacional). He aquí porqué la primera guerra mundial fue la "primera respuesta de los responsables" de la crisis. Y la segunda guerra mundial mostrará después la insuficiencia de esas respuestas a esta crisis.

La contradicción entre el cosmopolitismo de la vida económica y el nacionalismo de la vida estatal está, pues, en el origen de la guerra, en cuanto las relaciones de fuerza a nivel internacional (entre las clases dominantes unificadas en los Estados nacionales particulares) no encontraban un lugar de confrontación política, es decir un lugar de mediación y de recomposición, como pudiera haber sido una institución estatal supranacional. A falta de una dialéctica política de las relaciones de fuerza internacionales, es el momento militar (de las relaciones de fuerza) el que se impone. En este sentido la guerra constituyó un sustituto de un Estado multinacional, o sea un complejo de actividades prácticas y teóricas militares (que definen la guerra, el Estado como guerra) en lugar de aquel conjunto de actividades prácticas y teóricas políticas que faltan a nivel internacional, que definen el Estado. En este sentido debe entenderse la concepción de la guerra como continuación de la política con otros medios.

Por eso debe reexaminarse la explicación leninista de la guerra, según la cual la guerra es la lucha interimperislista por el dominio de los mercados coloniales, para la subdivisión y nueva repartición de las colonias.

El cuarto elemento de la teoría de la crisis orgánica está implícito en los tres elementos ya expuestos, y consiste en la identificación del origen de la crisis en un cambio global de las relaciones de fuerza entre las clases y entre los Estados.

"La crisis" tiene su origen en relaciones técnicas, o sea en las posiciones de clases correspondientes, o en otros hechos" ¿Legislaciones, subversiones, etc.? Cierto, parece demostrable que la crisis tiene orígenes "técnicos", o sea en las respectivas relaciones de clases, pero en sus inicios, las primeras manifestaciones o previsiones dieron lugar a conflictos de diferentes tipos y a intervenciones legislativas que pusieron en evidencia la crisis misma pero no la determinaron, o sólo le incrementaron algunos factores.

Esta no es la simple reafirmación del criterio teórico-metodológico general según el cual todos los procesos históricos son producidos por y pueden ser explicados como- conflictos entre las clases; ella más bien resumen un análisis histórico específico de la "gran crisis" y de sus manifestaciones particulares. En particular, Gramsci proporciona una explicación original de los fenómenos de la inflación y deflación, de la"perturbación" del equilibrio dinámico entre la cuota consumida y la cuota ahorrada del ingreso nacional y el ritmo de la producción como expresión de cambios en las relaciones de fuerza entre las clases y entre los Estados.

Sobre los fenómenos "monetarios de la crisis": cuando en un Estado la moneda cambia (inflación o deflación) se produce una nueva estratificación de clases en el mismo país; pero cuando cambia una moneda internacional (ejemplo la esterlina y, menos, el dólar, etc.) ocurre una nueva jerarquía entre los Estados, lo que es más complejo y lleva a reducciones en el comercio, y a menudo a guerras, es decir, hay un paso "gratuito" de mercaderías y servicios de un país a otro, y no solamente de una clase a otra de la población. La estabilidad de las monedas es una reivindicación, en lo interno, de algunas clases, y en lo externo (para las monedas internacionales en las que se han tomado compromisos) de todos los comerciantes; pero ¿por qué ellas varían? Las razones son muchas, ciertamente: 1. porque el Estado gasta demasiado, o sea no quiere hacer pagar sus gastos a ciertas clases directamente, sino indirectamente a otras y, si le es posible, a países extranjeros; 2. porque no se quiere disminuir un costo "directamente (ejemplo el salario) sino sólo indirectamente y en un tiempo prolongado, evitando conflictos peligrosos, etc. En todo caso, también los efectos monetarios son debidos a la oposición entre los grupos sociales, que es preciso entender no siempre al interior del mismo país en que sucede sino en relación con un país antagonista.

Sobre el problema del desequilibrio entre el consumo, el ahorro y la producción en la "gran crisis", Gramsci comprende además que, en sus raíces, más que de un desequilibrio en las relaciones entre salarios y ganancias se trata del hecho que ha ocurrido en la distribución del ingreso nacional a través del comercio y de la bolsa especialmente, que se ha introducido en la postguerra (o ha aumentado en comparación con el período precedente) una categoría de exactores/depredadores que no representa ninguna función productiva necesaria e indispensable, mientras absorbe una cuota imponente del ingreso.

Se trata, pues, de la formación (o de la ampliación más allá de ciertos límites) de un grupo social "parasitario", que implica la estructuración de una composición demográfica irracional. Surge una crisis cuando crecen las fuerzas del consumo en comparación con las de la producción; pero no se trata solamente de una cuestión cuantitativa.

La crisis existe cuando una función intrínsecamente parasitaria (de la clase política, burocrática y militar) se demuestra necesaria dadas las condiciones existentes: ello hace que tal parasitismo sea aún más grave. Precisamente cuando un parasitismo es "necesario" el sistema que crea tal necesidad está condenado en sí mismo.

En nuestro caso bien podemos estar hablando del parasitismo de la clase política/judicial/militar que despoja a su antojo todo el excedente controlado por el Estado y su gobierno, con Santos a la cabeza.

Estos procesos no dependen naturalmente del desenvolvimiento de los mecanismos económicos, sino que son el resultado de proyectos políticos que tienen en su base el problema de las relaciones de fuerza entre las clases.

Aún más:

Que no se quiera (o no se pueda) cambiar las relaciones internas (y tampoco rectificarlas racionalmente) aparece en la política de la deuda pública, que aumenta continuamente el peso de la pasividad demográfica, precisamente cuando la parte activa nacional, aumentan los parásitos, el ahorro se restringe y es desinvertido del proceso productivo y desviado hacia el ingreso público, o sea, convertido en la causa de un nuevo parasitismo absoluto y relativo.

El quinto elemento de la teoría de la crisis orgánica consiste en la identificación de la ruptura de los automatismos dados y en el surgimiento de nuevos comportamientos colectivos, los cuales sin embargo no alcanzan a expandirse hasta el punto de sustituir a los precedentes. Esta es una situación de contraste entre "representantes y representados", cuyo contenido es la crisis de hegemonía de la clase dirigente, que sucede o porque la clase dirigente ha fallado en alguna gran empresa suya para la cual haya exigido o impuesto por la fuerza el consenso de las grandes masas (como la guerra), o porque vastas masas (especialmente de campesinos y de pequeño burgueses intelectuales) han pasado de golpe de la pasividad política a una cierta actividad y plantean reivindicaciones que en su conjunto inorgánico constituyen una revolución. Se habla de "crisis de autoridad" y ella es precisamente una crisis de hegemonía o una crisis del Estado en su conjunto.

Es una crisis del Estado en su conjunto, en el que la clase dirigente ve puesta en tela de juicio su "autoridad" sea por un fracaso propio en una empresa política de envergadura, sea por la movilización activa y consciente de amplias capas sociales antes inactivas.

Estas crisis de hegemonía son una lucha entre "dos conformismos". Los viejos dirigentes intelectuales y morales de la sociedad sienten que se les hunde el terreno bajo los pies, se dan cuenta de que sus "prédicas" se han convertido precisamente en "prédicas", es decir, en algo ajeno a la realidad, en pura forma sin contenido, en larva sin espíritu; de aquí su desesperación y sus tendencias reaccionarias y conservadoras: la forma particular de civilización, de cultura, de moralidad que ellos han representado, se descompone y por esto proclaman la muerte de toda civilización, de toda cultura, de toda moralidad y piden al Estado que adopte medidas represivas, y se constituyen en un grupo de resistencia apartado del proceso histórico real, aumentando de este modo la duración de la crisis, porque el ocaso de un modo de vivir y de pensar no puede producirse sin crisis.

Este es el elemento decisivo de la teoría gramsciana de la crisis orgánica. El que permite identificar el rol de la crisis económica al interior de la crisis orgánica: Se puede excluir que, por sí mismas, las crisis económicas inmediatas produzcan acontecimientos fundamentales; solamente pueden crear un terreno más favorable para la difusión de ciertos modos de pensar, de plantear y de resolver las cuestiones que implican todo el desarrollo posterior de la vida estatal.

Una crisis económica consiste en efecto, en un desequilibrio en las relaciones de fuerzas del mercado determinado tal que debilita los automatismos dominantes en los comportamientos colectivos, es decir, tal que hace surgir comportamientos deteriorados, anómalos (especulaciones, acaparamientos, atesoramientos, etc.). Estos comportamientos son de naturaleza regresiva; sin embargo, el debilitamiento de los "automatismos dados" es aquello que hace posible que nuevos comportamientos colectivos se elaboren y difundan, es decir, que frente a los nuevos problemas maduren nuevas respuestas teóricas y prácticas al interior de ciertos grupos y organicen su actividad.

Más en concreto, se trata de procesos de movilización y de activación política de determinadas clases, las cuales pasan de la pasividad a la actividad, del consenso pasivo a la autonomía política, de la fase económico-corporativa a la organización en partidos, y que en fin, se ponen el objetivo de la "conquista" del Estado con el fin de que los nuevos comportamientos de los que son portadores se generalicen en toda la sociedad.

En suma.

La crisis orgánica está, pues, en el hecho de que determinadas clases no se reconocen más en la vida estatal, se separan de los grupos dirigentes dados, pero al mismo tiempo todavía no logran imponerse como nuevas clases hegemónicas. Es el sacudimiento del "bloque histórico" completo, la crisis que abarca tanto la pérdida de hegemonía como de la posibilidad de los dominantes de hacer avanzar la economía, afectando a la estructura y a la hegemonía creada.
En palabras de Gramsci, si la clase dominante ha perdido el consenso, entonces no es más "dirigente", sino únicamente dominante, detentadora de la pura fuerza coercitiva, lo que significa que las clases dominadas se han separado de las ideologías tradicionales, no creen más en lo que creían antes. La crisis consiste justamente en que lo viejo muere y lo nuevo no puede nacer, y en este terreno se verifican los fenómenos morbosos más diversos.

Se trata, en la crisis orgánica de la dominación oligárquica, de una disgregación del bloque histórico, en el sentido de que los intelectuales que están encargados de hacer funcionar el nexo estructura-superestructura, se separan de la clase a la que estaban orgánicamente unidos y no permiten que ejerza ya su función hegemónica sobre el conjunto de la sociedad. «La clase dominante ha perdido el consenso.» Es decir, que ya no es dirigente sino únicamente dominante, detentadora de una fuerza coercitiva pura.

La crisis orgánica de una clase o grupo social sobreviene en la medida que ésta ha desarrollado todas las formas de vida implícitas en sus relaciones sociales, pero, gracias a la sociedad política y a sus formas de coerción, la clase dominante mantiene artificialmente su dominación e impide que la remplace el nuevo grupo de tendencia dominante.

Una tal crisis orgánica bien puede estar provocada por las grandes masas de la población que, pasan súbitamente, de la inactividad política a una cierta actividad y plantean reivindicaciones que en su propio complejo inorgánico constituyen una revolución. La crisis orgánica que se manifiesta como desaparición del consenso que las clases subalternas acuerdan a la ideología dominante, no pueden culminar con la aparición de un nuevo bloque histórico, sino en la medida que la clase dominada fundamentalmente, sepa construir, por la mediación orgánica de sus intelectuales, un nuevo sistema hegemónico dominante capaz de oponerse al anterior y eficaz para extenderse por todo el ámbito social. Es decir, capaz de conquistar la sociedad civil como preludio a la conquista de la sociedad política.

Hoy lo que tenemos en Colombia es la fuerte sensación social de caducidad de las viejas instituciones en que se asienta el control político, representadas particularmente en el anacrónico y anquilosado poder judicial, el desprestigiado poder legislativo, el corrupto poder ejecutivo y el degenerado poder militar sin que se salven otros estamentos como la policía, los políticos tradicionales y las burocracias sindicales. Por supuesto no sólo son objeto de la protesta popular los sectores de la superestructura política: lo son también entre otros, y esto es nuevo, los bancos, las empresas privadas, el FMI y sus recetas neoliberales, la OCDE, lo que da a la revuelta popular un claro sabor anticapitalista.

Las viejas y acartonadas instituciones de la representación política funcionales al dominio oligárquico, al menos tal cual están concebidas hasta ahora, no resisten la prueba de los hechos y son sobrepasadas por un pueblo y una opinión que ya no quiere delegar y que proyecta organizarse con fuertes dosis de autonomía y de rechazo a los poderes constituidos.


Son circunstancias en que el bloque ideológico dominante tiende a disgregarse y a perder su capacidad de impulsar el sistema hacia adelante, pero cuenta aún con fuerzas que pueden moderar la crisis e impedir un desenlace revolucionario.

Por eso es necesario definir con claridad la correlación de fuerzas y entender que el sistema de dominación no se constituye desde la fachada de la Casa de Nariño hacia adentro, sino que se conforma como un entramado de fuerzas que están detrás del poder y que se reagrupan cuando el "gobierno democráticamente electo" pierde el consenso y se resquebraja y las masas comienzan a ganar el campo político.

Es entonces cuando aparecen las concertaciones, esos reagrupamientos que se verifican con las cumbres de poderes en Palacio integrando el gabinete, la Iglesia, los sindicalistas, construyendo un mentiroso "diálogo de unidad nacional" del que participan secretamente el FMI, el Banco Mundial, la UE, la OCDE y la Embajada de los EE.UU. Y cuando las fuerzas políticas del sistema abandonan sus diferencias secundarias y se organizan a la vista de todos como "partido único del sistema" en el que se revuelcan la U, los liberales, conservadores y sindicalistas amarillos.

Un nuevo sujeto popular.

Pero también es imprescindible anotar con letras mayúsculas, porque es el fenómeno más trascendente, que el rasgo principal de la situación es que el sujeto popular masivo que gana las calles y el espacio público, deja de aceptar la dirección de los maquinarias politiqueras que hasta ayer no más lo representaban.

Una de las características de la crisis orgánica es que la burocracia dirigente ha terminado por separarse de la masa, los partidos tradicionales, con la forma de organización que presentan como empresa electoral, con aquellos determinados hombres que los constituyen, representan y dirigen, ya no son reconocidos como expresión propia de su clase ni de una fracción de ella, dice Gramsci, concluyendo que el partido termina por convertirse en anacrónico y en los momentos de crisis aguda desaparece su contenido social y queda como en las nubes.

En la crisis orgánica, el sistema refuerza la presencia de los factores del Estado que no se especializan precisamente en las arquitecturas del consenso o en el ejercicio cuidadoso de la hegemonía cultural, sino en los instrumentos de ejercicio de la coerción y corrupción, para lo cual tiende a territorializar las fuerzas militares, a militarizar las policías y fuerzas de seguridad y a combinar sus acciones con las fuerzas represivas del poder global, como las que giran ahora alrededor de las bases yanquis en nuestro territorio y otras iniciativas militaristas.

La crisis no es, y la realidad colombiana así lo confirma, algo surgido de la noche a la mañana. Se abona de un racimo de elementos de deterioro de la dominación oligárquica en el tiempo y en un reguero de luchas populares que adquieren diversas formas y responden a diferentes segmentos del sujeto popular, pero que se van complementando entre sí.
Hay una fuerte recuperación de elementos de conciencia colectiva que se encontraban deteriorados por años de ofensiva neoliberal.

En las actuales circunstancias, la función histórica de las izquierdas, más que autoproclamarse vanguardias, es propender a fortalecer los elementos de autonomía y de ciudadanía de las masas y la constitución de factores de poder popular asentados en el protagonismo del nuevo sujeto popular.

Hay que considerar que en las crisis orgánicas los sectores dominantes no se paralizan, sino que buscan aprovechar la revuelta inorgánica para producir movimientos reaccionarios de derecha buscando el aplastamiento de las movilizaciones y el retorno a la pasividad política.

Por ello se torna decisivo proponer en las asambleas y movilizaciones populares y en cada circunstancia, ahora que el momento es propicio, la construcción de una contra hegemonía, de un contrapoder, de un nuevo sistema de instituciones que consoliden la direccionalidad de las fuerzas antagónicas a las de la dominación.

Si bien es necesario actuar con rapidez y responder uno a uno a los acontecimientos, debe preverse también que la crisis, que está abierta, tenga una duración prolongada como producto de los esfuerzos del bloque dominante por sostener el régimen.

Por lo tanto será crucial el aspecto de la organización popular y su capacidad para que la diversidad prevaleciente pueda manifestarse de manera unificada en las luchas por un período extenso para dar un cauce positivo a la espontaneidad y acumular fuerzas. Junto, pues, a los esfuerzos apuntados a la constitución del sujeto en un nuevo sistema hegemónico serán decisivas las tareas de reforzamiento de las fuerzas definidamente revolucionarias.

El elemento decisivo de toda situación -y volvemos a Gramsci- es la fuerza permanentemente organizada y predispuesta desde largo tiempo que se puede hacer avanzar cuando se juzga que una situación es favorable ( y es favorable sólo en la medida que una fuerza tal existe y está impregnada de ardor combativo).

En ese sentido, la iniciativa planteada desde La Habana por la delegación de las Farc de convocar una Asamblea Constituyente soberana por la paz es un elemento que puede unificar todos los sectores populares en la idea de un cambio radical del Estado y el régimen social y político en la perspectiva de una democracia ampliada y con justicia social.

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Una oportunidad para el Foro Social Mundial

Estaba programado un nuevo Foro Social Mundial (FSM) en Túnez, al igual que hace dos años. Como entonces, se trataría de una reunión de intercambio de experiencias –que es a lo que está reducido el FSM, sólo existe en el momento de su realización, cada dos años.


Ese carácter minimalista es resultado del control de las ONG sobre el FSM, que han impuesto una concepción reduccionista y superada, de exclusión de partidos, gobiernos, Estado, política, que les garantice ese control.


Desde que algunos gobiernos latinoamericanos pasaron a construir alternativas concretas al neoliberalismo –otro mundo posible–, los FSM se han vaciado. De tal forma, que las nuevas generaciones de los indignados, los ocupas, los de Syriza y de Podemos, ni saben de los FSM y su referencia son los gobiernos progresistas latinoamericanos.


Este año el Foro se realiza de nuevo en Túnez, desde hoy al 28 de marzo. Pero fue antecedido por el atentado terrorista en el Museo del Bardo, con 23 muertos, en pleno centro de la capital. A pesar de mantener un sistema político democrático –o incluso tal vez exactamente por ello– Túnez es el blanco de creciente número de atentados, sea por su frontera con Argelia, sea por la cercanía de Libia –un país en descomposición, con gran cantidad de armamentos circulando por los distintos grupos que disputan el poder–. Gran cantidad de jóvenes tunecinos fueron reclutados por los grupos fundamentalistas vinculados con el Estado Islámico, que se entrenarían en Libia, según denuncia del gobierno.


A pesar del atentado, el Foro se realizará, la marcha de apertura se concentrará en el mismo Museo del Bardo y el tema del terrorismo –con sus implicaciones, desde la mezcla de religión con política hasta el destino de la Primavera Arabe– estará en el centro de los debates. La confirmación de la participación de los inscriptos se da también como una forma de solidaridad con Túnez. El mismo carácter del Foro cambia, bajo el impacto de los atentados.


Túnez, el país más laico de toda la región, con movimientos sociales fuertes y un peso especial del movimiento de mujeres tunecinas, es el que mantiene la apertura política iniciada, en ese mismo país, con la Primavera Arabe. Por un momento parecía que el país se dirigía al mismo desastroso camino de Egipto, dado que el mismo partido islámico, victorioso en las primeras elecciones, había empezado a implementar una constitución a la medida de la egipcia, pero la suspendió, renunció al gobierno y ni siquiera lanzó una candidatura a la presidencia del país.


Aunque conservador, el gobierno actual de Túnez se compromete a una conducción consensuada respecto de la nueva constitución y de los temas que podrían ser objeto de propuestas fundamentalistas. El país se ve frente a la necesidad urgente de políticas que lo saquen del prolongado estancamiento económico y sus efectos en una profunda crisis social, a lo que se agrega el tema de la seguridad, más grave después del atentado de este mes.


El FSM, a su vez, tiene una nueva posibilidad de volver a ser trascendente, si se propone discutir las raíces de los problemas como la crisis económica internacional, la multiplicación de los focos de guerra en el mundo –en particular en Medio Oriente–, pero para ello tendría que meterse de lleno en la política, porque sus raíces se encuentran en la hegemonía neoliberal en la economía y en la dominación imperial norteamericana en el plano político. Tendría que proponer alternativas, que se encaminen a soluciones similares a las de los gobiernos progresistas latinoamericanos y a la construcción de un mundo multipolar –del que las políticas de los Brics son necesariamente una referencia central.


El FSM tendría que engancharse con los muevos movimientos de jóvenes, como Podemos y Syriza en Europa, para lo cual tendría que discutir el carácter que ha asumido la Unión Europea y sus políticas de ajuste. Tendría que discutir cómo países como Túnez, Egipto, entre otros, protagonistas iniciales de la Primavera Arabe, están en la situación actual e, incluso, cómo podrían evitar acuerdos suicidas con el FMI para superar sus crisis económicas y sociales.


Con todo, el FSM tendría que ampliar sus temas, la participación de fuerzas políticas, para no pasar por esta nueva circunstancia manteniendo la intrascendencia que lo ha marcado en los últimos diez años. Túnez puede ser la nueva oportunidad para el FSM.

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El caos sistémico se instala en Sudamérica

Propongo entender la coyuntura por la que atraviesa Sudamérica como el ingreso de la región en la situación de caos sistémico que atraviesa el mundo. Postulo que las manifestaciones del pasado fin de semana en algunas grandes ciudades de Brasil y el acoso interno y externo que sufre el gobierno de Venezuela encarnan un salto cualitativo en esa dirección, en la que se despliegan cuatro grandes fuerzas cuyas fricciones y choques conforman una situación de creciente caos.


La primera frase del informe Tendencias globales hacia 2030, emitido por el Consejo Nacional de Inteligencia de Estados Unidos en 2012, destaca que en 2030 el mundo habrá sufrido cambios radicales y que ningún país ostentará la hegemonía global. El quinto informe de la agencia concluye que el poder se ha desplazado hacia el este y el sur y que el espacio económico y estratégico asiático habrá superado al de Europa y Estados Unidos juntos. Estamos en plena transición hacia ese mundo.


Con base en esa previsión, las élites estadunidenses se aferran al análisis de su principal geoestratega, Nicholas Spykman. Más de la mitad de su obra America's strategy in world politics, publicada en 1942, está dedicada al papel que debe jugar la potencia en América Latina, y en particular, en Sudamérica. Como bien lo recuerda el cientista político brasileño José Luis Fiori, la clave es la separación de una América Latina mediterránea del resto, que incluye México, Centroamérica, el Caribe, Colombia y Venezuela, como una zona donde la supremacía de Estados Unidos no puede ser cuestionada, un mar cerrado cuyas llaves pertenecen a Washington.


El resto de Sudamérica, los países fuera de la zona de su inmediata hegemonía, tienen un trato sólo parcialmente diferente. Spykman plantea que si los grandes estados del sur (Argentina, Brasil y Chile) se unieran para contrabalancear la hegemonía estadunidense, se les debe responder mediante la guerra. Fiori se lamenta de que los países de la región, y particularmente Brasil, no tengan esto tan claro como la superpotencia ( Valor, 29/1/14).


La hegemonía estadunidense, en ambas zonas, está siendo socavada por tres fuerzas: China, los gobiernos progresistas y los movimientos populares. En conjunto, tenemos cuatro fuerzas en disputa cuya colisión definirá el escenario latinoamericano por largo tiempo. De algún modo, representan los papeles que tuvieron españoles (y portugueses), ingleses, criollos y sectores populares durante las independencias.


La primera de esas fuerzas, Estados Unidos, cuenta con poder militar, económico y diplomático, además de aliados poderosos, como para desestabilizar a quienes se le opongan. Ciertamente, ya no tiene un poder casi absoluto como el que le permitió encadenar golpes de Estado para disciplinar la región a su antojo en los años 60 y 70.


La segunda fuerza, China, está desplegando básicamente poder económico y financiero. Ha realizado fuertes inversiones en Venezuela, Argentina y Ecuador, mantiene relaciones importantes con Brasil y Cuba, y adelanta proyectos arriesgados (para Estados Unidos) como el canal de Nicaragua, que competirá con el de Panamá. El primer Foro China-CELAC, celebrado en enero en Pekín, es una muestra del avance de las relaciones chinas con América Latina y anuncia que este proceso no se va a detener.


La tercera fuerza, los gobiernos progresistas, es la más vacilante y contradictoria. Por un lado, se apoyan en los países emergentes, sobre todo China, y en menor medida Rusia. Por otro lado, se apoyan en el modelo extractivo, que implica alianza con China (y otros), pero, sobre todo, es un modo de acumulación que fortalece a las derechas y a las burguesías, así como el modelo industrial fortalecía a trabajadores, sindicatos y partidos de izquierda.


El rentismo petrolero venezolano necesita de intermediarios separados de los trabajadores, sean gestores, administradores o militares. Brasil es un buen ejemplo. El extractivismo minero/soyero/inmobiliario debilita a los movimientos, le da más poder y fuerza a las multinacionales y a los especu¬ladores urbanos, a tal punto que sus más conspicuos representantes están en el gabinete de Dilma Rousseff. Continuar con el modelo extractivo es un suicidio político. Polariza a la sociedad y aleja a los sectores populares de las izquierdas. No genera corrupción: es corrupción, porque se basa en el despojo de campesinos y pobres urbanos.


Para la cuarta fuerza, los sectores populares organizados que son el eje de este análisis, el extractivismo/acumulación por despojo/cuarta guerra mundial es una agresión permanente a sus modos de vida y sobrevivencia. La gran novedad de los dos últimos años es que progresivamente se están autonomizando de los gobiernos progresistas, en gran medida a consecuencia del modelo imperante, que los condena a ser dependientes de las políticas sociales, afectando su dignidad.


Esas políticas están perdiendo su capacidad de disciplinar, como quedó demostrado en Brasil en junio de 2013 y cada vez más en toda la región. Los nuevos-nuevos movimientos que están emergiendo, sumados a los viejos movimientos que han sido capaces de reinventarse para seguir en la pelea, están reconfigurando el mapa de las luchas sociales.


Si los gobiernos progresistas persisten en su alianza con los emergentes y con franjas de las burguesías de cada país, seguirán ensanchando la brecha que los separa de los sectores populares organizados. Los movimientos de los de abajo son la única fuerza capaz de derrotar el actual ascenso de las derechas y la injerencia estadunidense.


Así como el ciclo de luchas de finales de los 90 y comienzos de 2000 deslegitimó el modelo neoliberal, sólo un nuevo ciclo de luchas puede volver a modificar la relación de fuerzas en la región. Como demuestra el caso de Brasil luego de junio de 2013, los gobiernos progresistas se muestran temerosos de los movimientos autónomos y prefieren tejer alianzas con los poderes conservadores.

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Selma, Alabama: El recuerdo del Domingo Sangriento nos convoca a seguir luchando

Han pasado cincuenta años desde el Domingo Sangriento, un acontecimiento trascendental en la historia de los derechos civiles en Estados Unidos, cuando los afroestadounidenses y sus aliados intentaron marchar desde Selma hasta Montgomery, Alabama, en demanda del derecho al voto. Tan pronto como cruzaron el puente Edmund Pettus en Selma, fueron confrontados con violencia por la policía del estado de Alabama y reprimidos con porras, picanas eléctricas, perros policía y gas lacrimógeno. La policía los persiguió desde el puente hasta la capilla Brown de la Iglesia Episcopal Metodista Africana de Selma, donde se había iniciado la marcha.


Las noticias e imágenes de la violencia policial extrema, desatada sin que hubiera ningún tipo de provocación, en contraste con la conducta de los 600 manifestantes, que practicaban una disciplinada no violencia, se extendieron por todo el mundo. En cuestión de meses, el presidente Lyndon Johnson firmaría la Ley de Derecho al Voto de 1965 en respuesta a la indignación pública y la presión ejercida por un movimiento masivo hábilmente organizado. La marcha que se conocería como Domingo Sangriento se organizó en respuesta al asesinato de un joven afroestadounidense por parte de la policía. Esa historia, y cómo se relaciona con la actualidad, fue recordada el domingo pasado en la histórica Capilla Brown.


La capilla desbordaba de históricos activistas por los derechos civiles, altos funcionarios del gobierno de Obama y miembros del Congreso. En su discurso, el fiscal general de Estados Unidos, Eric Holder, hizo una conexión con la serie de asesinatos de jóvenes afroestadounidenses desarmados a manos de la policía que tienen lugar hoy en día. Esta conmemoración ocurrió pocos días después de que el Departamento de Justicia diera a conocer su severo informe sobre el racismo sistémico en los departamentos de policía de Ferguson y de otros municipios cercanos en Missouri.


"Alentados por el asesinato de Jimmie Lee Jackson, un joven afroestadounidense desarmado", dijo Holder desde el estrado. Hizo una pausa y luego repitió: "Un joven afroestadounidense desarmado. Un joven afroestadounidense desarmado". Tres veces entonó esta frase, ante una multitud que incluía a su propio hijo adolescente, Eric Holder III, afroestadounidense como él, así como a su probable sucesora Loretta Lynch, que será la primera mujer afroestadounidense en ocupar el cargo de fiscal general (siempre y cuando el Senado confirme su designación). Y luego prosiguió:


"Se formó un movimiento y los ciudadanos comenzaron una marcha de Selma a Montgomery, a través de un puente que lleva el nombre de un ex senador de Alabama, general de brigada del ejército confederado durante la guerra de secesión y 'Gran Mago' del Ku Klux Klan". Se refería a Edmund Pettus. El sábado siete de marzo, el presidente Barack Obama habló al pie del puente Edmund Pettus.


"En todas partes del país hay nuevos pasos que necesitan ser dados. Hay nuevos terrenos para cubrir. Hay más puentes que cruzar. Y son ustedes, los jóvenes y valientes de corazón, la generación más diversa y educada de nuestra historia, a los que el país está a la espera de seguir. Porque Selma nos muestra que Estados Unidos no es un proyecto de una persona. Porque la palabra más poderosa de nuestra democracia es la palabra 'nosotros'. Nosotros, el pueblo. Nosotros venceremos. Nosotros podemos. Esa palabra no es propiedad de nadie. Le pertenece a todos".


Según las estimaciones, la multitud reunida en Selma ese fin de semana llegaba a 80.000 personas. Entre los invitados especiales se encontraban los padres de Michael Brown, el adolescente afroestadounidense desarmado que fue asesinado el pasado mes de agosto por el oficial de policía de Ferguson Darren Wilson. Le pregunté a la madre de Brown, Lesley McSpadden, qué pensaba que debería pasar ahora en Ferguson, y su respuesta fue inequívoca: "Siendo honesta, creo que no debería existir más un Departamento de Policía en Ferguson".


Sherrilyn Ifill, presidenta y directora legal del Fondo Educativo y de Defensa Legal de la Asociación Nacional para el Progreso de la Gente de Color, añadió: "Para mí no está claro que esta población de 21.000 personas necesite su propio departamento de policía. Hay 90 jurisdicciones en el condado de Saint Louis. Tenemos que empezar a abordar algunas cuestiones policiales a nivel regional, de manera que podamos obtener algo de control de calidad. No se pueden controlar todas esas pequeñas jurisdicciones".


Desde que se publicó el informe del Departamento de Justicia muchos funcionarios de Ferguson se vieron obligados a dejar el cargo. Entre ellos, dos policías, un secretario judicial, un juez municipal y, más recientemente, el jefe de policía, Thomas Jackson, quien presentó su renuncia. El pasado fin de semana en Selma, la conmemoración del 50º aniversario del Domingo Sangriento fue una notable mirada al pasado, convertido en historia viva, con muchos de los participantes de aquella marcha que aún viven participando de la conmemoración de hoy en día: todavía hablando, todavía marchando, todavía luchando. También fue un momento para recordar a los mártires del movimiento por los derechos civiles. No solo a Martin Luther King Jr., que fue representado por su hijo Martin Luther King III y por su hija, la reverenda Bernice King, sino también a los mártires menos conocidos. El hijo del Dr. King también habló en la Capilla Brown:


"Hoy deberíamos estar celebrando, pero aún no podemos celebrar. Y algunos dirán que idolatramos al Dr. King y sí, puede ser, pero por desgracia, eso no es lo que él querría que hiciéramos. Cuando idolatras algo lo pones arriba de un estante y cuando llega el día de conmemorarlo lo sacas para mostralo. Lo sacas el Día de Martin Luther King. O lo muestras cuando llega el Mes de la Historia Afroestadounidense, o el cuatro de abril, día de su muerte, o en otros momentos, lo enseñas. Pero verán, papá no querría que lo idolatráramos. Él querría que abrazáramos sus ideales: la verdad, la libertad, la justicia y la igualdad".


El congresista John Lewis, que hace 50 años, a la edad de 25 años, encabezó la marcha por el derecho al voto a lo largo del puente Edmund Pettus y sufrió una fractura de cráneo tras la represión por parte de la policía del estado de Alabama, abrió su discurso del sábado al pie del puente hablando sobre los mártires menos conocidos: "Nosotros, como país, tenemos mucho que agradecer. Jimmie Lee Jackson, cuya muerte inspiró la marcha de Selma, así como tantos otros, no pudieron llegar a ver este día. Pero ustedes y yo estamos aquí. Podemos dar testimonio de la distancia que hemos recorrido y el progreso que hemos hecho en cincuenta años, y debemos elegir este momento para renovar nuestro compromiso de hacer todo lo posible para terminar el trabajo. Todavía queda trabajo por hacer".


Viola Liuzzo, madre de cinco hijos, Jonathan Daniels, seminarista de la Iglesia Episcopal, y James Reeb, ministro de la Iglesia Unitaria, los tres blancos, fueron asesinados en Selma o sus alrededores, junto con muchos otros, por apoyar la lucha por el derecho al voto. En las entrevistas que realicé en la marcha aniversario a lo largo del puente Edmund Pettus, sus nombres fueron recordados con reverencia. También apareció una y otra vez el reconocimiento hacia los mártires recientes: Trayvon Martin, Tamir Rice, Eric Garner, Michael Brown.


Lesley McSpadden, rodeada de un mar de gente que esperaba la llegada del presidente Obama al pie del puente Edmund Pettus, resumió elocuentemente el espíritu del día y la tristeza de su pérdida: "Mi hijo habría podido votar si todavía estuviera vivo". La conmemoración del 50º aniversario del Domingo Sangriento fue masiva, con una participación que excedió ampliamente las expectativas. Los movimientos por la justicia racial, el derecho al voto y contra la brutalidad policial se están fusionando, combinando el pasado y el presente para dar forma a un nuevo futuro.


Traducción al español del texto en inglés: Inés Coira. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 

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Marchan los Sin Tierra en gran parte de Brasil para exigir la reforma agraria

Manifestaciones del Movimiento de los Sin Tierra (MST), que exige una reforma agraria y alternativas al modelo de explotación agrícola predominante, reunieron más de 25 mil personas en varios estados de Brasil en menos de una semana. Las movilizaciones de este miércoles convocaron a miles de personas en los estados de Alagoas, Paraná, Río Grande do Sul y Río de Janeiro.


Para el próximo viernes organizaciones políticas, sindicales, campesinas y estudiantiles participarán en actos de repudio a los llamados a destituir a la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, quien en enero pasado inició su segundo mandato.
El Partido de la Social Democracia Brasileña, la principal fuerza de oposición al gobierno del Partido de los Trabajadores (PT) de Rousseff, anunció que participará en las marchas antigubernamentales programadas para el domingo.


En Maceió, capital de Alagoas, unos 4 mil Sin Tierra marcharon para denunciar el modelo destructor del sector agroalimentario, que no produce más que veneno (en alusión a los pesticidas).


Otra manifestación ocurrió en las calles de Porto Alegre (capital de Río Grande do Sul), en la que participaron 4 mil campesinos, según el sitio web del movimiento. En Paraná y Río de Janeiro, los Sin Tierra bloquearon rutas y autopistas, indicó Lima.


Las acciones –marchas, ocupaciones de tierras y bloqueo de carreteras– comenzaron el 5 de marzo, cuando se celebró la Jornada Nacional de Lucha de las Mujeres Campesinas.


Este año tenemos el apoyo de movimientos sociales urbanos, además de los sindicatos, que se movilizan por los derechos de los trabajadores y por una reforma política, afirmó Deborah Nunes, de la coordinación nacional del MST, en un momento en que la clase política brasileña se ha visto salpicada por el escándalo de corrupción en Petrobras.


Las manifestaciones de hostilidad a Rousseff comenzaron el domingo, cuando un discurso de la mandataria por radio y TV fue recibido con abucheos, bocinazos y cacerolazos en al menos 12 capitales estatales.


El PT aseguró que las protestas sólo ocurrieron en barrios de clase media y alta, y que fueron organizadas por la oposición, supuestamente interesada en impedir que Rousseff logre completar su segundo mandato de cuatro años.

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Grecia negocia otro rescate en Bruselas

En las negociaciones entre Atenas y los organismos antes denominados "la troika" se evaluarán la ejecución presupuestaria, los datos macroeconómicos y las necesidades financieras a mediano plazo de la economía griega.

 

Grecia y representantes de los organismos financieros iniciaron ayer una ronda de negociaciones que –a la luz del acuerdo alcanzado entre Atenas y sus socios de la Zona Euro a fines de febrero– busca destrabar el desembolso de un tramo del rescate europeo pendiente desde hace varios meses y que representa unos 7000 millones de euros.


Las negociaciones entre Grecia y los organismos antes denominados "la troika" –esto es la Comisión Europea (CE), el Banco Central Europeo (BCE) y el Fondo Monetario Internacional (FMI)– se realizarán en Bruselas y tendrán como objetivo hacer una evaluación de la ejecución presupuestaria, el análisis de los datos macroeconómicos y de las necesidades financieras a mediano plazo. Por la parte griega, las negociaciones están encabezadas por el secretario general de Política Fiscal, Nikos Theojarakis, y por Elena Panariti, asesora del ministro de Hacienda. Ambas partes intentan mantener los detalles de su reunión lejos de los focos de los medios de comunicación.


Las instituciones consideran que ya se perdió demasiado tiempo desde el acuerdo en el Eurogrupo en febrero y que ahora hay que procurar alcanzar resultados, sin discutir todo en público. "Tenemos que dejar que los expertos hagan su trabajo en calma a fin de lograr una finalización exitosa de las conversaciones", afirmó ayer la portavoz comunitaria Mina Andreeva.


El presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, advirtió el lunes que Grecia puede tener "un problema" de liquidez durante las conversaciones y también aseguró que, si el gobierno del primer ministro de Grecia, Alexis Tsipras, no hace las reformas necesarias, "no habrá dinero", en declaraciones a la televisión holandesa RTL.


La quinta evaluación del rescate quedó bloqueada el año pasado cuando el premier era Antonis Samaras, por el desacuerdo en torno de la brecha financiera de 2015, que Atenas negaba y las instituciones situaban en 2000 millones de euros. Este tramo de la negociación se desarrolla en un entorno político diferente al anterior, con el líder izquierdista Alexis Tsipras en el poder tras sostener su campaña electoral con promesas de inaugurar un vínculo diferente con los organismos financieros.


En ese marco, Tsipras buscó evitar por razones simbólicas la llegada y la permanencia de las delegaciones de los acreedores en Atenas, como en el pasado, y por eso pidió que las negociaciones se desarrollasen en la capital belga.


En la capital griega, en tanto, el Parlamento aprobó ayer temprano por unanimidad la creación de una nueva comisión formada por todos los partidos para reclamar a Alemania reparaciones de guerra, así como la devolución del préstamo forzoso durante la ocupación nazi y de las obras de arte expoliadas. En un extenso debate –más de siete horas–, los legisladores de todo el arco político mostraron un inusitado consenso en cuanto al objetivo, si bien hubo matices con respecto a cómo debían formularse las reclamaciones.


En su discurso de apertura de debate, Tsipras reconoció que el tema es muy "técnico y sensible", pero que uno tiene el "deber" de abordar, tras reiterar que las víctimas griegas de la ocupación nazi deben ser homenajeadas y que "los recuerdos" de estos crímenes "están vivos y debemos mantenerlos vivos".


"No para avivar la falta de confianza entre pueblos, sino para recordar lo que pasa cuando en vez de la solidaridad se imponen los sentimientos de superioridad nacional", enfatizó. Luego recordó que el pueblo alemán "pagó un precio muy alto" durante la Segunda Guerra Mundial, pero insistió en que tras la firma del Acuerdo de Londres en 1953 los germanos "debieron hacer frente a sus obligaciones" derivadas de la guerra, algo que desde entonces el país "intenta evitar" con "argucias legales".


El gobierno griego exige a Alemania reparaciones a las víctimas y también por la devastación de infraestructuras y por el crédito que el Tercer Reich obligó a concederle a la Atenas ocupada, mientras sus bombarderos sobrevolaban la Acrópolis. Se trata del préstamo obligatorio de 476 millones de reichsmark (moneda utilizada en Alemania hasta 1948) que nunca fue devuelto a Grecia, y cuyo valor actual ascendería a entre 7000 y 11.000 millones de euros.


A ello se añadirían reclamos por la devastación de las infraestructuras, costos difíciles de cifrar, pero que, según algunas estimaciones de expertos, alcanzarían los 162.000 millones de euros, la mitad de la deuda helena. La finalidad de la comisión incluye la exigencia de devolver las obras de arte robadas por los nazis. El gobierno de Angela Merkel reaccionó ayer a la reclamación griega de reparaciones de guerra afirmando que el capítulo está cerrado y apremiando a Atenas a centrarse en sus problemas del presente, pero las exigencias pesan sobre Berlín desde mucho antes de la llegada al poder de Syriza.


El ex ministro de Relaciones Exteriores Evangelos Venizelos pidió no mezclar este debate con las negociaciones actuales de Grecia con sus acreedores.

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Miércoles, 11 Marzo 2015 19:15

¿Qué es lo que la derecha propone?

¿Qué es lo que la derecha propone?

ALAI AMLATINA, 11/03/2015.- Sigue la derecha, con sus medios de comunicación, sus partidos, sus gobiernos, sus políticas económicas. ¿Pero qué es lo que la derecha tiene a proponer al mundo hoy? ¿Qué balance hace de su desempeño? ¿Qué perspectiva ofrece hoy la derecha?

Sobre guerra y paz, ahí está la política de Estados Unidos de América (EUA) que, desde que pasó a ser la única superpotencia, no hace otra cosa sino multiplicar las guerras por el mundo. Que no logra terminar con las dos guerras que ha iniciado hace ya más de una década, en Afganistán y en Irak, que están netamente en peor situación antes de que fueran invadidos y destruidos como países.

La crisis en el centro mismo del capitalismo ya dura más de 7 años, sin perspectivas de superación. Su modelo de centralidad del mercado, del libre comercio, del Estado mínimo, hace que Europa destruya lo que más generoso había producido: el Estado de bienestar social. Políticas económicas que han salvado a los bancos, han llevado a la quiebra de países y a la expropiación masiva de los derechos de los más vulnerables.

¿Qué se propone la derecha en América Latina? El continente, que tiene los únicos países del mundo que han disminuido la desigualdad, aun en medio de su brutal alza en el mundo, tiene una derecha que trata de inviabilizar la continuidad justamente de los gobiernos que logran esa proeza. ¿Pero qué tiene que proponer la derecha en Argentina, en Venezuela, en Ecuador, en Brasil, entre otros países?

A falta de alternativas, propone el retorno a sus mismas políticas neoliberales, esas que han llevado a esos países a las peores crisis de su historia. Que han llevado a América Latina a la quiebra de sus economías, a la alienación de sus bienes públicos, a la expropiación de los derechos de los trabajadores. Además de ya haber gobernado –en Argentina, Brasil, Uruguay, Bolivia, Venezuela, Ecuador -, y de haber fracasado, siguen gobernando, con sus políticas, en otros países.

México fue el que quedó como uno de los casos ejemplares que los organismos internacionales presentaban como exitosos. Fue el primer país en firmar un Tratado de Libre Comercio (Nafta) con Estados Unidos y con Canadá. El balance que se ha hecho a los 20 años de su vigencia no ha podido ser peor. La misma situación de México no permite otro balance que no sea que el Tratado ha sido bueno – como siempre – para la parte más fuerte, para EUA, y pésimo para México.

Pero otros países siguen el modelo neoliberal, como es el caso de Perú, que presenta, a lo largo de los últimos años, altos niveles de crecimiento de su PIB, pero sin que se altere los pésimos índices sociales del país, haciendo con que se sucedan presidentes que rápidamente pierden apoyo popular y son derrotados al final de sus gobiernos.

¿Qué puede proponer la derecha para Argentina, por ejemplo? ¿Qué actitud puede tener frente a los gobiernos que han recuperado el país de la peor crisis de su historia? ¿Van a cuestionar el modelo de crecimiento económico con distribución de renta? ¿Van a salir de los procesos de integración regional? ¿Van a disminuir el tamaño del Estado, para volver a promover la centralidad del mercado? ¿Retomarán las políticas de paridad con el dólar? Abolirían las políticas sociales, que han hecho que Argentina se recupere de los terribles retrocesos impuestos a su pueblo por la dictadura militar y por el gobierno neoliberal?

¿No fue la derecha, con el gobierno de Cardoso, quien llevó Brasil a su más profunda y prolongada recesión, con un inmenso endeudamiento con el FMI, del cual Brasil solo salió con el gobierno de Lula?

¿No fue la derecha la que prácticamente privatizó PDVSA, la empresa estatal venezolana de petróleo, la que intentó derrocar el gobierno legítimamente elegido de Hugo Chávez con un golpe en 2002?

Fue la derecha la que intentaba privatizar el agua en Bolivia, intento frustrado por la formidable movilización del pueblo boliviano, liderada por Evo Morales. Fue esa misma derecha que intentó dividir al país, para buscar bloquear los extraordinarios avances del primer gobierno indígena de Bolivia.

Fue la derecha la que entregó las riquezas ecuatorianas en manos de Chevron, promoviendo una brutal contaminación de la Amazonia ecuatoriana. ¿No fue la derecha de ese país quien tuvo como candidato a la presidencia al más grande banquero de ese país?

Fue la derecha la responsable por los peores gobiernos que ha vivido el continente: las dictaduras militares y los gobiernos neoliberales. Es la derecha la que quiere imponer un freno a los avances que los gobiernos progresistas han logrado y forzar un retroceso de gigantescas dimensiones en esos países.

Porque no puede decir lo que haría, en casa de que ganara, la derecha se limita a las críticas, a la difusión de un escenario pesimista sobre la economía y sobre el país, al denuncismo vacío. Porque solo si el país va mal, le puede ir bien a la derecha.

(Uerj).

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Martes, 10 Marzo 2015 06:46

Ecuador y la alternativa al petróleo

Ecuador y la alternativa al petróleo

Mitad de precio, mitad de ingresos. Esta es la ecuación petrolera de la que quiere alejarse Ecuador mediante alternativas energéticas. Ocho nuevas centrales hidroeléctricas y la minería a gran escala son las grandes apuestas del Gobierno para reducir su dependencia financiera del precio del crudo.

 

Con el barril a una cotización de 50-60 dólares, el Estado ha tenido que recortar su presupuesto para el 2015 en 1.420 millones. Contaba con unos ingresos calculados sobre una cotización a 79,7 dólares por barril, una cifra que ya lleva meses sin repetirse y que no se volverá a ver en al menos medio año, según los analistas.


Ese caudal de dinero, con el que ha contado el presidente Rafael Correa durante ocho años de mandato, equivalía al 11,5% del PIB de Ecuador y financiaba el 15% del Presupuesto General del Estado de 2015, aprobado por la Asamblea. Pero en enero el ministro de Finanzas, Fausto Herrera, confirmó los recortes. El ajuste —de 839,9 millones en inversión y 580 millones en gasto corriente— no ha afectado, según las explicaciones gubernamentales, a las inversiones estratégicas del país. Entre ellas, los dos grandes proyectos de Ecuador para eclipsar el peso de la venta de barriles en su economía.


Hay ocho grandes centrales nucleares en construcción que permitirán duplicar la generación de energía eléctrica para el año que viene y, de cara al futuro, exportar este recurso a otros países. Es decir, Ecuador tendrá menos gastos —a pesar de ser productor de crudo, necesita importar combustibles derivados para generar energía— y más ingresos. "Son como 1.000 millones de dólares que ahorraremos al no importar combustibles para generar energía y también en el gasto fiscal por la reducción de los subsidios que ahora se aplican a los carburantes", anunció Correa.


Las ocho grandes centrales, repartidas entre la Sierra y el Oriente (la selva) principalmente, aumentarán a 6.779 megavatios la potencia instalada del país, que ahora es de 3.770. Pero para ello hace falta una inversión de 4.983 millones y esperar hasta 2016. El proyecto más ambicioso es el de la central de Coca Codo Sinclair, en las provincias amazónicas de Napo y Sucumbíos, que aportará 1.500 megavatios y se lleva 2.245 millones de dólares de inversión. Su puesta en marcha está prevista para inicios de 2016 y en estos momentos se ha ejecutado el 80% de las obras. El proyecto de Coca Codo Sinclair, materializado con financiación china, aprovecha una curva en desnivel de 620 metros del río Coca para obtener la energía hidroeléctrica, según la descripción del Ministerio de Electricidad y Energía Renovable.


"No hay que hablar de dependencia del petróleo, pero sí de una sustancial reducción de la importancia relativa. Entre las industrias básicas tenemos proyectos, como la refinería del cobre y la siderúrgica, que usan gran cantidad de energía y la opción viable sería usar energía eléctrica", cuenta el subsecretario de Industrias Básicas, Alexis Valencia, frente a otras fuentes como el carbón o el búnker. "Son más costosas y eventualmente, más peligrosas", añade.


En este cambio de matriz energética, el Gobierno no ha prescindido de otros recursos hasta ahora no tan aprovechados: los minerales. El territorio de Ecuador está explorado en un 10 % y ya se ha encontrado un potencial de 217.000 millones de dólares, en reserva de oro, plata, cobre y molibdeno. Pero los cinco macroproyectos existentes están al final de su fase de exploración y "paralizados", según David Larenas, de Renoy Consulting y exempleado de Kinross, una de las grandes empresas mineras. No empieza aún la explotación de los recursos y además, la normativa no acompaña. El primer paso para avanzar en el desarrollo ya está dado, con la creación del nuevo Ministerio de Minas.


Ni las hidroeléctricas ni la exploración de minas a gran escala serían viables, tal y como están planteadas, sin financiación china. Ecuador ha buscado recursos en su aliado asiático, que también participa de la explotación del petróleo. "La deuda con China supera los 5.170 millones de dólares y la preventa de petróleo los 2.000 millones. Eso no significa que la producción petrolera esté hipotecada a China; hay acuerdos de exportación petrolera a China con una relación que aproximadamente representa 40.000 barriles diarios de exportación por cada 1.000 millones de financiamiento", explica el exministro de Finanzas, Fausto Ortiz.


Las energías renovables tampoco quedan fuera del mapa ecuatoriano, aunque se alejan del continente. Dos de los principales proyectos, uno eólico y otro solar, están instalados en las islas Galápagos, una reserva ecológica que aspira al autoabastecimiento para evitar el daño al ambiente y a las especies.


El proyecto de energía fotovoltaica utilizará, además del potencial solar, combustible de aceite vegetal, llamado jatrofa, en lugar de diésel, como es habitual.

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