MÚSICA DESDE OTRAS COORDENADAS

Viernes, 02 Octubre 2015 05:39

Hacia un nuevo ciclo de luchas

Hacia un nuevo ciclo de luchas

La estrepitosa caída en los precios de las materias primas cierra un ciclo económico, pero también político. La ilusión de que se tratara de un declive momentáneo va cediendo ante la convicción de que los bajos precios pueden arrastrarse durante un buen tiempo, hasta 20 años según especialistas citados por Bloomberg ( http://goo.gl/fAFktC).


Las razones de tal declive son discutibles. Hay quienes atribuyen la caída del precio del petróleo a una maniobra de Estados Unidos para afectar a Rusia, Venezuela e Irán, mientras otros sostienen que es impulsada por la monarquía saudita para inviabilizar la extracción por fracking en aquel país, que amenaza desplazarla como primer productor global. La menor demanda de China es la explicación más plausible sobre la caída de otras mercancías, sin descartar la impronta de la especulación financiera con todas las commodities.


Lo cierto es que el índice del precio de las commodities elaborado por Bloomberg, que incluye oro, petróleo y soya, ha caído a la mitad desde su máximo histórico del primer semestre de 2011. La multinacional Glencore-Xstrata, que controla la mayor parte de la producción de minerales y de granos en el mundo, registra pérdidas en la bolsa de Londres superiores a 30 por ciento en las últimas semanas, totalizando una caída de 74 por ciento en lo que va de este año ( http://goo.gl/HTi1Wu). Otras multinacionales del sector enfrentan situaciones similares.


En América Latina este cambio de ciclo anticipa graves problemas y algunas oportunidades. Todos los países enfrentan dificultades fiscales y comerciales que los llevan a reducir los presupuestos del Estado y el gasto público. En algunos países, como Ecuador, se contempla una reducción de 5 por ciento del gasto, y el presupuesto del próximo año se calculará con una base de 40 dólares en el precio del petróleo.


Como señala el economista ecuatoriano Carlos Larrea en reciente entrevista, todo esto está bien, pero el problema es que es insuficiente. Esto sería una muy buena estrategia si es que tenemos una recuperación de los precios del petróleo pronto, pero si eso no se da, como es bastante probable, entonces esta estrategia no funciona ( http://goo.gl/LFzxYV ).


El nuevo ciclo económico ya está afectando las políticas sociales que fueron posibles gracias a los superávit por los altos precios de las exportaciones. En varios países, como el propio Ecuador, ya hubo reducción de funcionarios estatales. En Brasil se aplica un ajuste fiscal que, en opinión del economista Eduardo Fagnani en la revista IHUOnline de septiembre, está provocando una grave regresión social (http://goo.gl/D9D4oq).


En opinión de muchos economistas la mejor política social es el empleo. En Brasil el salario mínimo creció 70 por ciento por encima de la inflación en la última década y el desempleo llegó a mínimos de 4.8 por ciento en diciembre de 2014. Pero hoy ya se sitúa en 7.5 por ciento (8.6 millones de desocupados) y se estima que finalizará el año en 9 o 10 por ciento. En los demás países comienzan a erosionarse los índices sociales, aún de forma lenta, con aumentos en los niveles de desocupación y pobreza.


Estos son, muy someramente, algunos de los problemas derivados del cambio en el ciclo económico que se agudizarán si, como todo indica, la Reserva Federal de Estados Unidos eleva las tasas de interés en los próximos meses. Estamos ante una crisis que puede tomar dos direcciones: ajustes fiscales o cuestionamiento del modelo extractivo.


En el primer caso, los gobiernos sufrirán una fuerte erosión de sus bases de apoyo, ya que buena parte de los sectores populares que los llevaron al gobierno comenzarán a desertar. Unos pueden intentar retomar la movilización para presionar por sus demandas, pero otros pueden apostar por partidos conservadores y de derecha. Algo así parece estar sucediendo en Brasil, donde el ajuste que impone el gobierno de Dilma Rousseff ha provocado un agudo descenso de su popularidad, que cayó hasta 7 por ciento del electorado.


Una situación semejante no puede saldarse, en el mediano plazo, sino con un triunfo electoral de las derechas, que también pueden conseguir el desplazamiento de la presidenta por la vía parlamentaria.


Estamos ante una oportunidad para salir del modelo actual, o sea un crecimiento basado en la exportación de commodities. Para ello es imprescindible romper con la política de inclusión a través del consumo, para encarar reformas estructurales que hasta ahora no se han realizado o han sido demasiado tímidas: reformas tributaria, agraria, urbana, de la salud y del sistema político, esta última pendiente aún en Brasil.


Pero la salida del modelo extractivo presenta, en esta coyuntura, dos grandes desafíos.


El primero es que el escenario mundial camina en una dirección opuesta. Por un lado, las clases dominantes parecen estar empujando a las sociedades de retorno hacia el siglo XIX, a través de la desmodernización y la desdemocratización, como apunta Aníbal Quijano, de la mano del capital financiero que está promoviendo una fuerte reconcentración del poder global. Por otro, las potencias emergentes como China apuestan al mismo modelo extractivo que el imperio.


El segundo desafío se desprende del primero: no hay salida del modelo sin crisis política. Salir del modelo supone derrotar al capital financiero que lo sostiene y a las élites locales que lo implementan. Será un conjunto de duras batallas, como lo demuestra el caso de Perú, donde se produjo estos días una nueva masacre contra comunidades que resisten la minería, en la región andina de Apurímac.


Los sujetos de la derrota del extractivismo serán los pueblos y comunidades organizados en movimientos. Los gobiernos y los partidos están más preocupados por mantener sus privilegios que por encarar la batalla contra el modelo. Los hechos dicen que el nuevo ciclo de luchas que derribará el modelo está siendo protagonizado por los campesinos y las comunidades indígenas, seguidos por los pobres de las periferias urbanas, los jóvenes y las mujeres de los sectores populares.

Publicado enSociedad
Mahmud Abbas se desvincula de los Acuerdos de Oslo

El presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), Mahmud Abbas, aprovechó ayer su intervención ante el plenario de la Asamblea General para anunciar que se desvincula de los Acuerdos de Oslo, firmados en 1993 con Israel y que han ido quedando en papel mojado. El líder palestino calificó de "insostenible" la situación por la que atraviesa el pueblo palestino por las políticas de Israel. Su respuesta, sin embargo, no será el recurso a la violencia, sino por medios jurídicos para conseguir que Israel asuma sus responsabilidades como potencia ocupante.


Abbas recordó que los Acuerdos de Oslo de 1993 estipulaban que sus términos se aplicarían en cinco años, culminando con la independencia plena de Palestina y el fin de la ocupación de Israel. "Pero Israel dejó de completar el proceso de retirada de sus fuerzas", lamentó, a la vez que señaló que se han intensificado los asentamientos "por todos lados" y eso está poniendo en riesgo todo el proceso. También citó que no se está respetando el pacto en materia de seguridad y económicos.


Por todo esto, considera que Israel está destruyendo la fundación misma sobre la que se basan los acuerdos. "Mientras rechacen comprometerse", continuó, "no nos dan otra opción que insistir en que no seremos los únicos comprometidos con su aplicación, mientras Israel los siga violando". Ante esta situación, dijo que va a acudir "a todos los medios jurídicos disponibles" para defenderse.


Los Acuerdos de Oslo, firmados por el entonces líder palestino Yasir Arafat y el primer ministro israelí Isaac Rabin, posteriormente asesinado, son la base sobre la que han pivotado las relaciones entre Israel y la ANP. El pacto estaba concebido para ser temporal, pero no fue completado y, a falta de un acuerdo de paz definitivo, ha seguido siendo el marco entre ambas partes.


"Aquellos que temen a los tribunales internacionales deben dejar de cometer crímenes", señaló Abbas al denunciar que el recuso a la fuerza por parte de Israel está generando una situación que calificó de "explosiva" y que no hace más que incrementar el odio de los extremistas en toda la región. También emplazó a los miembros de las Naciones Unidas a hacer su parte en la solución del conflicto. "Es inconcebible que la cuestión palestina no se resuelva después de tantos años".


En su opinión, el estancamiento que sufre el proceso no hace más que "destruir la solución de los dos Estados". Abbas dejó muy claro que la autoridad palestina no va a permitir que impongan soluciones temporales al conflicto ni un estado fragmentado. "Se nos ha agotado la paciencia", repitió en varias ocasiones, al tiempo que anticipó que los palestinos no van a "claudicar" ante la intimidación constante que sufre su pueblo y la amenaza a la que se someten sus lugares de culto.


El anuncio del presidente de la Autoridad Nacional Palestina es una muestra más de la tensión creciente que dominada las partes en el conflicto. El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, reaccionó poco después a las palabras de Mahmud Abbas con un comunicado en el que asegura que el discurso del líder palestino de "engañoso y promueve la incitación y el desorden en Oriente Medio".


La intervención del líder palestino se produjo mientras en paralelo se celebraba una reunión del Consejo de Seguridad dedicada a debatir sobre cómo afrontar la amenaza del terrorismo en Oriente Medio. Abbas aprovechó el estrado del plenario para decir que "los que desean promover la paz y luchar contra el terrorismo deben resolver antes la cuestión palestina". "Desde Palestina y con Palestina se alcanzará la paz", repitió, "así es como queremos vivir".


Izado simbólico


Poco después del discurso, la bandera de Palestina se alzó frente al cuartel general de las Naciones Unidas, junto a los pendones que representan a los 193 países que integran el organismo creado para garantizar la paz. Se trata de un gesto simbólico, porque con el izado no se le reconoce como Estado, y un respaldo internacional a la aspiración del pueblo palestino de que algún día será miembro de pleno derecho de la comunidad internacional.


La ceremonia, con un marcado carácter político, tuvo lugar en una jornada lluviosa en Nueva York. Previamente en la Asamblea General, el líder palestino defendió el pleno reconocimiento de su Estado. En el acto, que contrastó con la discreción del izado de la bandera vaticana el pasado viernes, participó el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, y representantes de otras delegaciones diplomáticas.


Es la primera vez en los 70 años de historia de las Naciones Unidas que se permite enarbolar las banderas de los dos estados observadores en la entrada a la sede del organismo y de sus edificios. El momento en el que se produce el izado es crítico en Oriente Medio, con el proceso de paz completamente paralizado y con el Consejo de Seguridad mostrándose incapaz de encontrar una salida a un conflicto por sus divisiones internas.


El ministro español de Exteriores, José Manuel García-Margallo, participó en el acto "como amigo de Israel y como amigo de Palestina". El jefe de la diplomacia española reiteró que "solo la solución de los dos estados permitirá traer la paz, la estabilidad y el desarrollo" a la región. La delegación española defiende que el reconocimiento pleno de Palestina como estado debe suceder en el marco del proceso de paz.


La resolución de la Asamblea General que permite a las misiones de los dos estados observadores a izar sus banderas fue adoptada el pasado 10 de septiembre. La iniciativa contó con el apoyo 119 países, frente a solo ocho rechazos, entre ellos los de EE. UU., Israel, Australia y Canadá. El resto se abstuvo por cuestiones meramente técnicas, al considerar que no era oportuno hacerlo si Palestina y Vaticano no tenían el estatus de miembro pleno.


Gesto "vacío"


Israel dejó claro durante el debate que se trataba de gesto simbólico "vacío", que beneficia más a los líderes palestinos que a su pueblo, y dijo que la paz solo será posible en Oriente Medio si hay concesiones. Francia, por su parte, apoyó la resolución porque la vio como paso natural en el esfuerzo por lograr la paz. "Los simbolismos son importantes en política", dijo su representante.


La Asamblea General ya decidió en 2012 elevar el estatus de observador de la Autoridad Palestina al de "Estado observador no miembro". EE. UU., a través de su embajadora, señaló durante el controvertido debate de la resolución que el izamiento de la bandera no representa una alternativa a las negociaciones entre palestinos e Israel ni tampoco acercará a las partes a la paz.

Publicado enInternacional
Los recortes de Rousseff rasgan las banderas del PT

A más de una hora y media en coche del centro, en la localidad de Embu das Artes, donde la mastodóntica São Paulo termina, se asienta el campamento Paulo Freire. Son miles de casetas hechas con plástico y bambú levantadas en un paraje extraño que linda, por un lado, con el fin de la ciudad y, por otro, con el vergel en que se convierte Brasil cuando se deja a la naturaleza en paz.


Allí, el Movimento dos Trabalhadores Sem Teto (MTST) ha ocupado ilegalmente una finca particular para reivindicar una vivienda. Es una práctica de presión habitual en el país. Los habitantes del campamento (algunos, los más desesperados, duermen allí; otros no) están apuntados a una lista larga. Pero la crisis, y los ajustes que ha emprendido el Gobierno para conjurarla, ha hecho que los programas sociales —bandera electoral de Dilma Rousseff y de su partido, el PT— se resientan y que la perspectiva de recibir una casa, se alargue más de 10 o 15 años. La ilusión de la casa propia se aleja.
En uno de los esquinazos del campamento, en un comedor público hecho con tablas y atendido por voluntarios integrantes del movimiento, especialistas en comidas-rancho como espaguetis con salchichas o feijoada con lo que haya, aguarda una familia. Ella, Vãnia, se trituró el tobillo hace tres años al caerse y salvar con una torsión rara a su hijo, que llevaba en brazos. Perdió el trabajo de limpiadora. Él, Luciano Ferreira, está en paro. Sobreviven con 1.100 reales (algo más de 250 euros) del seguro de desempleo. Están apuntados al Programa Minha Casa Minha Vida, uno de los que sufrirán recortes. Por eso saben que no será fácil encontrar una casa y dejar de vivir de alquiler en un barrio pobre cerca del campamento y adonde acuden todos los días para comer.


También saben que cuando deje de llegar el cheque del paro tal vez tengan que ir todos a vivir al campamento. Aquí hace mucho calor si pega el sol; y se convierte en una torrentera sucia de lodo si llueve. En Brasil no es raro que en el mismo día sucedan ambas cosas. En una esquina hay un retrato de Dilma Rousseff mirando al frente y una frase "La salida está a la izquierda". Pero hay quien abjura del partido en el Gobierno por considerar que les ha traicionado. La semana pasada, miembros del MTST invadieron sedes del Ministerio de Economía para protestar por los recortes.


Algunos llevaban otro retrato de Rousseff, con el añadido de unas feas uñas con forma de cuchillos, parecidas a las de la película Eduardo Manostijeras. El líder del movimiento, el combativo Guilherme Boulos, ya no esconde sus críticas a un Gobierno y a un partido que siempre tuvo el avance social de Brasil y la lucha por la desigualdad como una de sus principales metas. "Estamos aquí, ocupando este ministerio, simplemente porque está llevando a cabo los cortes que afectan a los programas de vivienda". Y promete más protestas.


Desde el otro lado, los especialistas recuerdan que para calmar a los mercados y atajar la peligrosa escalada del dólar, la presidenta necesita seguir las rígidas reglas del ministro de Economía, el ortodoxo y liberal Joaquim Levy, en cuanto a contención del gasto. Mientras, la crisis ha saltado a la calle, afectándolo todo. La caída libre del real con respecto al dólar (el jueves alcanzó un nuevo récord histórico al cambiarse, por unas horas, por 4,25 reales) se ha convertido en el elemento palpable y mensurable de una economía en barrena.


El pan sale más caro porque, paradojas de un país inmenso, el trigo se importa de Argentina. En algunos supermercados de la capital paulista las colas de postulantes con el currículum en la mano para una plaza de cajera dan la vuelta a la esquina, cosa impensable hace unos meses. El desempleo ha crecido en un año desde el 5% al 7,6%. Todo lo contrario de los ánimos de una población noqueada, tanto ricos como pobres.

Publicado enInternacional
Viernes, 25 Septiembre 2015 06:35

El intrascendente retorno de Tsipras

El intrascendente retorno de Tsipras

Depurada de su ala izquierda "antiausteridad", la coalición Syriza retorna al gobierno con porcentajes similares de votos e idénticos aliados, pero sin el entusiasmo que generó hace ocho meses. Alexis Tsipras asume un nuevo gobierno en una Grecia resignada.

 

"Estas elecciones pretenden legalizar la capitulación de Grecia", había advertido el ex ministro de Finanzas Yannis Varoufakis horas antes de que se abrieran las urnas, en la noche del domingo pasado. Sin participar activamente en la campaña, quizá porque como buena parte de los griegos de izquierda se sienten derrotados, Varoufakis anunció que votaría a Unidad Popular, la escisión de Syriza.


Tal vez la mayor muestra de la impotencia de la izquierda griega sea precisamente la sonora derrota de la Unidad Popular, que hasta ahora contaba con casi una treintena de diputados, pero que en el próximo parlamento no estará presente porque no superó la barrera del 3 por ciento en las elecciones del domingo.


El éxito de Alexis Tsipras es el del pragmatismo. Luego de haber visto gobernar a conservadores, socialistas y radicales sin que nada cambie, el descreimiento de la sociedad en sus elegidos parece cada vez mayor. Luego de cuatro elecciones en tres años, la austeridad no afloja y no hay perspectivas de cambio en el horizonte. La abstención aumentó en diez puntos respecto de la votación de enero, cuando Syriza llegó por primera vez al gobierno en medio de un enorme entusiasmo de la izquierda de la izquierda no sólo europea, que se mantuvo durante varios meses.


TODO IGUAL, PERO...

Si se comparan los resultados del domingo pasado con los de hace nueve meses podría afirmarse en principio que nada sustancial ha cambiado en el escenario electoral griego. Syriza se mantiene al frente con poco más del 35 por ciento, perdiendo menos de un punto y cuatro escaños con relación a enero. Con 28 por ciento, Nueva Democracia, el principal partido de la derecha, retiene todos sus votos, registrando un leve avance que le supone un diputado más. Los nacionalistas llamados Griegos Independientes, que gobernaron junto a Syriza entre enero y agosto, pierden tres escaños, pero los dos partidos juntos suman 155 diputados, cinco por encima de la mayoría absoluta.


El resto de las fuerzas se mantienen casi igual. Los ultraderechistas de Amanecer Dorado, los comunistas y los centristas sufren pocos cambios. Los socialistas del Pasok recuperan parte de su electorado, pasando de 13 a 17 escaños, pero muy lejos del 44 por ciento de seis años atrás. Son pequeñas variaciones debidas, en gran medida, al aumento de la abstención.


En efecto, los griegos que no acudieron a votar, pese a que el voto es obligatorio, crecieron hasta el 45 por ciento del electorado. El nivel de participación del domingo fue uno de los más bajos que se recuerden.


El clima de desinterés dominó durante toda la campaña. Es que votar por la sumisión a los dictados de la eurozona, aun como mal menor, no es algo que pueda levantar entusiasmo. El movimiento social griego, que ha puesto en pie decenas de iniciativas autogestionadas, desde centros de salud hasta emisoras de televisión, pasando por fábricas y periódicos, deberá ahora decidir los caminos a seguir. Agotadas las vías institucionales como factores de cambio, la profundización de ese tipo de emprendimientos parece un camino razonable.


LA TRAGEDIA INACABADA.

La gran incógnita de la política griega podrá develarse recién en octubre, cuando el nuevo Ejecutivo deba afrontar las exigencias acordadas en el último memorándum con los acreedores, en Bruselas. El tercer "rescate" firmado en agosto prevé duros ajustes y reformas durante tres años a cambio de hasta 86.000 millones de euros en créditos. En ese sentido, el jefe de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, no deja margen a Tsipras: "Si lo que hemos acordado no se respeta esta vez, la reacción de la Unión Europea y de la eurozona será bien distinta" a la que fue hasta ahora, amenazó el jerarca (El País, Madrid, 21-IX-15). Tsipras hizo campaña prometiendo que suavizará los efectos más nocivos del acuerdo de semanas atrás, que contravenía todas las promesas que llevaron a Syriza al poder a comienzos de año y al gigantesco No del plebiscito de julio. En octubre los acreedores evaluarán el comportamiento del gobierno griego con base en las reformas que se le exigen y que se comprometió a realizar.


La primera y quizá la más dura serán los recortes en las pensiones; se prevé además desincentivar la jubilación anticipada y multar a aquellos que se retiren antes de la edad legal de 67 años. El nuevo Ejecutivo deberá realizar ajustes en el sector financiero, y cambios en los estatutos del Banco de Grecia. Habrá más privatizaciones, incluyendo los puertos del Pireo y Tesalónica, antes de mediados de octubre.


Si se aprueban estas reformas podrían llegar 3.000 millones de euros en noviembre y se podría comenzar a debatir una reestructuración de la deuda, sin quitas, iniciar el desbloqueo de fondos para recapitalizar los bancos y poner fin al control de capitales.


Un think tank citado por El País destaca que "es posible que el tercer rescate descarrile y eso active la amenaza de grexit (salida del euro) que Berlín usó en la última negociación" con Tsipras. Por eso desde Alemania presionan para que en Atenas se forme un gobierno amplio que involucre a la Nueva Democracia para impulsar las reformas. "Esta vez los griegos saben de veras que no tienen otra opción", comentó Theodore Pelagidis, del centro Brookings (El País, 21-IX-15).
Desde una posición opuesta, Varoufakis comenta en un artículo en el diario británico de izquierda The Guardian que "el mayor vencedor ha sido la propia troika". El ex ministro sostiene que "Tsipras debe ahora aplicar una consolidación fiscal y un programa de reformas que están diseñados para fracasar. Las pequeñas empresas sin liquidez ni acceso a los mercados financieros tienen que pagar ahora los impuestos del próximo año teniendo en cuenta los beneficios proyectados para 2016. Los hogares tendrán que afrontar un escandaloso impuesto al patrimonio sobre apartamentos y tiendas que ni siquiera pueden vender. El aumento del Iva incrementará la evasión fiscal. Cada semana la troika exigirá más políticas antisociales y recesivas: recortes de pensiones, menores subsidios por niño, más desahucios" (Eldiario.es, 21-IX-15).


ALGO MÁS QUE CRISIS.

Varoufakis afirma que el primer ministro griego casi no tiene margen ni poder para negociar el tercer rescate. Sin embargo, estima que las cosas pueden tomar otro rumbo "si el nuevo gobierno continúa conectado a las víctimas del acuerdo con la troika, si se aprueban reformas auténticas que den confianza a las empresas para que inviertan, y si usa la intensificación de la crisis para arrancar concesiones reales a Bruselas".


La troika, dice Varoufakis, es el mejor amigo de los oligarcas, y viceversa. Si no se consiguió quebrar su control sobre la política griega cuando había fuerza política suficiente como para hacerlo, luego del referendo del 5 de julio, ahora será mucho más difícil.


El sociólogo portugués Boaventura de Sousa Santos apoya a Syriza, pero cree que "el problema mayor fue que la izquierda europea en su conjunto no percibió que el Banco Central Europeo y el euro fueron creados según el más puro catecismo neoliberal" (latinamericanperspectives.com, 25-VIII-15). De esa afirmación deduce que "las instituciones europeas son hoy más neoliberales que los diferentes estados europeos y tienen un poder enorme para intervenir en ellos, sobre todo en los más pequeños y periféricos".


Es el momento más crítico para las izquierdas europeas, porque incluso las nuevas están mostrando límites impensados hace apenas dos años. De Sousa busca las razones estructurales de esos límites. Recuerda que la existencia de la izquierda siempre se constituyó en la creencia de que existen alternativas al capitalismo. Pero a partir de los años sesenta del siglo pasado la socialdemocracia comenzó a defender la regulación del sistema con elevados impuestos. "La caída del muro de Berlín –razona De Sousa– no fue sólo el fin del comunismo. Fue también el fin de la socialdemocracia", porque "dejó de haber razones para aceptar limitaciones drásticas a las ganancias del capital". De eso trata su análisis del neoliberalismo europeo, y sobre la insuficiente comprensión que tiene la izquierda de que la UE no es otra cosa que la dictadura de los banqueros. "El objetivo de las instituciones europeas es liquidar cualquier hipótesis de contestación a la política de austeridad", dice De Sousa. Al revés del sentido común hegemónico, el sociólogo asegura que la UE no está para construir la arquitectura de la integración europea, sino para evitar que haya alternativas al modelo. No comprenderlo, afirma, es errar en la política.

Publicado enInternacional
El fantasma de la democracia social recorre el mundo

Durante los últimos meses, en el mundo ha surgido una corriente política moderna y de avanzada que está luchando en diferentes países para establecer la democracia social en el poder y por un nuevo modelo de desarrollo económico que genere más justicia y mayor bienestar para la población. Cansados y frustrados con la enorme desigualdad que se ha producido, la cual hoy concentra 99 por ciento de la riqueza mundial en uno por ciento de la población, los líderes sindicales, intelectuales y políticos progresistas están proponiendo ideas, estrategias específicas y programas para balancear la distribución de la riqueza y lograr mayor igualdad y equilibrio entre los miembros de la sociedad.


Con ello se busca desactivar los conflictos sociales y políticos, así como la explotación y la marginación que hoy recorren el planeta y que tantas injusticias y guerras están provocando. Son personas y grupos comprometidos con los ideales de la democracia, la libertad y mayor conciencia social, la cual buscan alcanzar. Esto sucedió recientemente en Inglaterra, donde para sorpresa de los conservadores en el poder y de muchos miembros de esa sociedad, el dirigente político Jeremy Corbyn fue electo por mayoría como líder del Partido Laborista, con una nueva visión de la social democracia y de los cambios profundos que se requieren en la estructura económica de esa destacada nación.


El objetivo de sus propuestas es reducir la desigualdad, crear un estado regulador y promotor de mayores inversiones y oportunidades, así como de más contenido social cercano a la clase trabajadora y a la mayoría de la sociedad. La victoria de Corbyn fue vista como un hecho refrescante que renovó las esperanzas y la inspiración a miles de jóvenes para integrarse a las filas del Partido Laborista inglés, el cual habían abandonado en el pasado reciente.


Al mismo tiempo, Canadá está en un proceso avanzado para elegir al nuevo gobierno, hasta hoy encabezado por el primer ministro Stephen Harper, del Partido Conservador, y las elecciones se llevarán a cabo el ya muy próximo primero de octubre. Las encuestas recientes favorecen por primera vez en la historia al Partido Nuevo Demócrata (NDP, por sus siglas en inglés), que dirige Thomas Mulcair. La ideología de los nuevos demócratas es progresista, con un alto sentido de democracia social y un claro compromiso con las grandes mayorías de la población canadiense y del sector laboral de ese país.


Por su parte, el primer ministro de Suecia, Stefan Löfven, quien fue dirigente del sindicato de IFMettal, se reunió hace unos días en Viena con el canciller de Austria, Werner Faymann, y el vicecanciller de Alemania, Sigmar Gabriel, para concretar un plan que promueve cambios al Tratado de la Comunidad Europea, los cuales contemplan fortalecer los derechos de los trabajadores. De acuerdo con la página web del gobierno sueco, los políticos, todos ellos miembros y líderes de la social democracia de sus respectivos países, junto con las confederaciones de trabajadores de cada uno de ellos, analizaron y negociaron todo un esquema para regular y asegurar condiciones decentes en el mercado de trabajo europeo.


Los demócratas sociales y los sindicatos de Europa quieren y promueven que haya mayor balance entre libertad y derechos, y están convencidos de que las economías de libre mercado, el crecimiento y el movimiento del capital y de las personas, así como los bienes y servicios, no deben ser más importantes que los derechos sociales bajo ninguna circunstancia. Hoy, la mayoría de las compañías están en competencia abierta para ofrecer salarios cada vez más bajos y condiciones de trabajo denigrantes, así lo afirmó Stefan Löfven durante las reuniones. Terminó subrayando a la agencia de noticias TT de Suecia que cuando exista un conflicto entre la competencia y la flexibilidad que buscan las empresas, y los derechos laborales y sociales, estos deben prevalecer, y ese es el objetivo principal del acuerdo al cual llamaron el Protocolo Social.


En otros países, como Brasil, que está atravesando por una crisis de credibilidad y de fracturas en su sistema económico, de repente vuelve a aparecer el ex presidente Lula da Silva para anunciar su regreso a la política. Lula fue el líder nacional de los trabajadores metalúrgicos de esa gran nación de Sudamérica, donde logró reducir los niveles de pobreza, abrir nuevas y mejores oportunidades de empleos, convertir a su país en una potencia con gran futuro y elevar la imagen nacional.


El papa Francisco ha condenado la desigualdad que prevalece en el mundo, la ha calificado de inmoral y propone regresar a la racionalidad por medio de políticas y estrategias que estén más cerca de las necesidades de las mayorías que sufren en la pobreza y el abandono, y, desde luego, sugiere que el mundo vuelva a los caminos de la justicia y el humanismo con dignidad. La influencia del Papa es creciente y siempre busca dar aliento a los más necesitados y presionar a los que más tienen para que compartan su riqueza, respeten la integridad de las personas y reconozcan su derecho a una vida mejor.
Hay muchos otros casos de dirigentes y líderes de organizaciones académicas, sindicales, religiosas y políticas de diferentes países que están proponiendo cambios estructurales al modelo de crecimiento económico para transformarlo, mediante diversas estrategias, en sistemas de prosperidad compartida y de mayor equidad.


En México, la clase empresarial y los políticos conservadores e insensibles parecen ignorar los cambios que están sucediendo en el medio internacional, porque desde luego lo que menos les preocupa son las necesidades de la gente o el futuro del país. Se sienten protegidos por sus riquezas y por la acumulación desmedida de capital y bienes materiales con que se rodean. Sin embargo, sería útil que reconocieran que la realidad los va a rebasar a ellos y a sus familias, por no haberse dado cuenta, por su ignorancia y falta de sensibilidad, que el fantasma de la democracia social que está en contra del estancamiento, de la desigualdad y de la pobreza, tarde o temprano los alcanzará.

Publicado enPolítica
Viernes, 18 Septiembre 2015 05:20

Diez días que sacudieron a Uruguay

Diez días que sacudieron a Uruguay

Hasta los primeros días de agosto el gobierno uruguayo negociaba su participación en el TISA (Trade in Services Agreement) para desregular servicios y comercio, con fuerte respaldo de su ministro de Economía, Danilo Astori, y se disponía a aprobar el presupuesto quinquenal, pese a las resistencias de algunos sindicatos, en particular de la educación. El presidente Tabaré Vázquez ejercía un tipo de liderazgo casi monárquico, en la acertada expresión del historiador Gerardo Caetano (Brecha, 4/9/15).


Un mes después, el gobierno sufrió una derrota inapelable por parte de los sindicatos docentes, debió afrontar la mayor movilización social en años (y la más numerosa contra un gobierno de izquierda), el liderazgo de Vázquez fue confrontado en la calle, en su propio partido y en el movimiento sindical, y cerró la quincena con el anuncio del abandono de las negociaciones del TISA. De este modo, las aspiraciones de convertir a Uruguay en socio privilegiado de Estados Unidos en el Mercosur se vieron frustradas por la contundente movilización popular.


Lo sucedido tiene su historia. Los sindicatos de la educación enfrentan desde hace medio siglo el autoritarismo. Primero el del gobierno de Jorge Pacheco Areco (1967-1972), quien decretó la intervención de la enseñanza secundaria y técnica en el marco del estado de excepción para contener la protesta social. Con el retorno de la democracia en 1985, los sindicatos de docentes siguieron resistiendo las reformas neoliberales y protagonizaron importantes luchas en la década de 1990.
Desde hace una década y media demandan que 6 por ciento del presupuesto nacional se invierta en la educación. Luego de 11 años de gobierno del Frente Amplio, la inversión en educación sigue siendo uno de las principales deudas de la izquierda. Bajos salarios, locales en malas condiciones, déficit de docentes que impide que se cubran los cupos en todos los niveles educativos, y un desempeño general estancado con tendencia al retroceso, son tendencias de largo aliento que no han sido revertidas por los tres gobiernos de la izquierda.


El aspecto más llamativo son las malas relaciones que mantuvieron con los gremios docentes. El ex presidente José Mujica dijo al promediar su mandato: Hay que juntarse y hacer mierda a esos gremios, en referencia a los sindicatos de la educación (Brecha, 28/8/15). Sin embargo, nadie había llegado tan lejos como Vázquez, quien el lunes 24 de agosto decretó la esencialidad para quebrar la huelga docente con sumarios y destituciones masivas.


Fue la primera vez desde 1985 que se imponía semejante medida, a la que ni siquiera los gobiernos neoliberales apelaron. La respuesta fue drástica: miles de maestras se concentraron ante la sede sindical en clara señal de desacato al autoritarismo; la central sindical decidió un paro general y una marcha de 50 mil docentes y estudiantes gritó contra el decreto de Vázquez, mientras 50 centros de estudio eran ocupados. El Frente Amplio se dividió. Sólo la derecha respaldó al presidente.


En un clima de crispación entre gobierno y sindicatos, el Frente Amplio realizó un plenario el primer sábado de septiembre para discutir, luego de idas y venidas, la posición frente al TISA. La votación de los delegados de los sectores y de las bases mostró el aislamiento del gabinete: 117 votaron por retirarse de las negociaciones y sólo 22 respaldaron al Ejecutivo. El lunes 7 el gobierno anunció que Uruguay dejará de participar en las negociaciones.


El TISA también tiene su historia. Como destaca el economista Antonio Elías, a quien le cupo el mérito de destapar el secreto, hubo tres etapas: La primera, en secreto absoluto; la segunda, semipública, pero no hubo discusión; la tercera fue pública, hubo discusión, pero los documentos secretos no fueron entregados a la sociedad para su análisis (Voces, 10/9/15).


Durante casi un año, entre septiembre de 2013 y julio de 2014, cuando se publican los primeros datos, el gobierno de Mujica llevaba adelante negociaciones sin informar a la población, a su fuerza política ni al parlamento. El canciller Luis Almagro, premiado por Mujica con el máximo cargo en la OEA, debió reconocer que se estaba negociando y aseguró que es un tratado positivo para el país.


Las negociaciones oficiales comenzaron en febrero de 2015, sin anuncio oficial, en los últimos días del gobierno Mujica. Fue la página del Ministerio de Relaciones Exteriores de Canadá la que informó del ingreso de Uruguay en las negociaciones, recuerda Elías. Sería bueno que alguien, en alguna parte del mundo donde se lo aclama, le preguntara al ex presidente sobre las razones de tan significativo silencio.


Lo importante es que apenas se rompió el silencio, la sociedad uruguaya rechazó contundentemente el TISA. Los medios de izquierda, que en este país siempre han jugado un papel decisivo; el movimiento sindical, organizaciones sociales y ambientalistas, grupos como la Red de Economistas de Izquierda (Rediu), académicos e intelectuales, modificaron la relación de fuerzas. La votación en el seno del Frente Amplio, donde quedaron aislados los partidarios de Astori y Vázquez, refleja el modo de pensar de la mayoría de los uruguayos.


En el desencadenamiento de los hechos se vivió la feliz coincidencia entre la lucha de los gremios docentes, que aún no ha finalizado, y la resistencia al TISA que es la continuación de la que en 2007 libró la izquierda social contra el TLC con Estados Unidos que pretendía firmar Vázquez en su primer gobierno. En ambos casos se quedó sólo con el apoyo de la derecha y el rechazo del movimiento popular.


La derrota de la esencialidad contra los docentes y la derrota del TISA tienen algo en común: esta sociedad no se deja llevar por delante con políticas autoritarias, ni en nombre del desarrollo, ni siquiera bajo un gobierno que dice ser de izquierda. La calle le puso límites al giro a la derecha.

Publicado enInternacional
Los refugiados, el capitalismo y la ideología (Europa)

¿Refugiados, inmigrantes, desplazados, sin papeles, aliens? ¿Cómo llamar a las masas de sirios, afganos o libios, productos de las guerras imperiales que golpean las puertas de la Festung Europa (más su torre alemana), sofocándose en los camiones y ahogándose en el Mediterráneo en la más grande crisis de este tipo ocurrida jamás (con 59 millones de forzados a dejar sus casas en el mundo, según la ONU)? ¿Qué tal, seres humanos? Parece que la opción más obvia es la menos deseada. Nombrar bien las cosas importa (refugiados es aquí más apropiado que migrantes). Pero a veces extraordinarios debates semánticos encubren la deshumanización común.


2) Hannah Arendt, en un corto texto, We refugees (1943), escrito desde su propia posición de refugiada que huyó de la guerra en Europa, veía esta condición como paradigma de la nueva conciencia histórica. Tratando de humanizar a los desplazados y sensibilizar a las poblaciones receptoras los describía como "el avant-garde de sus pueblos". En aquel entonces la encarnación de un refugiado fue un judío (como ella), pero cuya expulsión fue seguida por la de la mayoría de los europeos.


3) Hoy un refugiado es por lo general un musulmán, estigmatizado como antes un judío por su religión e identidad. Más que paradigma de la nueva conciencia es un símbolo de ignorancia y nueva deshumanización en la época en que la historia ya no enseña nada. Las imágenes de Europa de ayer y hoy son intercambiables. Gente con bultos en los hombros y niños en las manos, caminando de un país al otro por las carreteras y al lado de las vías férreas. Por donde quiera alambre de púas y campos de internamiento –que no son Auschwitz, pero nacen de la misma matriz de la modernidad– llenos de personas con números en los brazos... (véase: Rick Lyman: "Treatment of migrants evokes memories of Europe's darkest hour", en The New York Times, 4/9/15).


4) Giorgio Agamben, leyendo al texto de Arendt, escribió uno suyo (We refugees, 1993). Su mirada a los ámbitos de relaciones internacionales y derechos humanos –hijos de los estados-naciones soberanos– ayuda a entender por qué a pesar de los esfuerzos internacionales (ONU, et al.) aún no se ha resuelto la cuestión de los refugiados (que más bien se agravó). Según él, la figura de un refugiado es mortal a la sola existencia del Estado-nación (desnuda la ficción de soberanía y rompe duplas identitarias hombre-ciudadano/origen-nacionalidad).


5) Apuntando al tóxico componente estatal en la Unión Europea, Agamben sugería un paso hacia una entidad aterritorial donde –entre otros– se borraría la oposición ciudadano/no ciudadano y todos serían refugiados... ¿Utopía? La verdad es que fue justo la tensión entre lo nacional y lo metaeuropeo lo que explotó a la hora de la crisis. De allí el sadismo hacia Grecia o hacia los refugiados. Más que una excepción, la tensión es la regla, incluso un modo de gobernar. Así Bruselas puede no hacer nada o jugar a buen policía/mal policía: quisiéramos recibirlos, pero algunos países se oponen (un disenso curiosamente ausente a la hora de rescatar los bancos o empujar más austeridad).


6) Cuando Polonia, Hungría, República Checa y Eslovaquia rechazaron recibir las cuotas obligatorias de refugiados, se anunció que allí murió la solidaridad (Corriere della Sera, 5/9/15). Aunque verdadera, la acusación llega 30 años tarde: en Polonia la destrucción del sindicato del mismo nombre, del movimiento social alrededor suyo y del propio valor humano (y sustitución por precariado, atomización y egoísmo) fueron condiciones indispensables para la restauración capitalista en 1989.


7) Mientras algunos condenan la xenofobia hacia los refugiados, esconden que la deshumanización de abajo es la misma que se enseña desde arriba hacia las siempre invisibles víctimas de las intervenciones humanitarias (o sea: la misma gente). Bernard-Henri Levy, como un buen ideólogo, con una mano critica y con la otra exculpa: fustiga bien a Europa por indiferencia o hablar de refugiados como migrantes y quinta columna de la jihad, pero el vínculo con las guerras de la OTAN (de las que es un promotor) es para él... cortina de humo de Rusia (Project Syndicate, 31/8/15).


8) Shlomo Sand, hijo de sobrevivientes polacos-judíos de Shoah nacido en 1946, en un campo de refugiados en Austria (y criado en campos parecidos en Alemania hasta emigrar a Israel), tiene razón: la única ideología que cementa hoy a Europa –que no cesa de subrayar sus raíces judeo-cristianas– es la islamofobia, que cumple el mismo papel unificador que el antisemitismo para los estados-naciones en los siglos XIX-XX (Jewish Quarterly, 2010, no. 215).


9) Un pequeño ejercicio corrobora esta tesis a la luz de hoy: tomamos a Hungría y Eslovaquia; escuchamos al premier Víktor Orbán alertando que la oleada musulmana hace peligrar la identidad cristiana de Europa (Frankfurter Allgemeine Zeitung, 3/9/15) y asegurando defenderla impidiendo que los refugiados tomen trenes a Alemania en la estación Budapest-Keleti y desenvolviendo el alambre de púas en la frontera; escuchamos al gobierno eslovaco aceptando apenas un puñado de refugiados, sólo si son cristianos, excusándose que en el país no hay mezquitas; abordamos el vehícu¬lo del tiempo y vamos a 1944 a Budapest, donde en la misma estación los fascistas de la Cruz Flechada defensores de la civilización europea meten –al revés que hoy– por fuerza a los judíos a los trenes a Auschwitz, y a Bratislava, donde funcionarios del régimen cato-fascista del padre Tiso dan 100 dólares por cada judío denunciado, excusándose tal vez que en el país no hay sinagogas, y ¡voilà!


10) Para Agamben, en la medida en que refugiado es peligroso para el Estado-nación –¿qué tal si de repente otros ciudadanos descubren que hay vida inteligente más allá del Estado?– su figura es revolucionaria. Incluso, ante el ocaso de otros sujetos, es la única capaz de cambiar la sociedad. De allí el afán del poder por rechazarla. O domesticarla. He aquí una fórmula capitalista en píldora: ¡Déjenlos entrar y ganar dinero! (The Economist, 29/8/15). Pues, ¿qué tal si de repente otros ciudadanos descubren que hay vida inteligente más allá de la comodificación del ser humano?


Por Maciek Wisniewski, periodista polaco


Twitter: @periodistapl

Publicado enInternacional
Miércoles, 09 Septiembre 2015 07:30

¿Se necesita un socialismo del siglo XXI?

¿Se necesita un socialismo del siglo XXI?

La respuesta es sí, y urge construirlo. Pero el socialismo del siglo XXI no será aquella borrachera petrolera que se hizo llamar bolivariana y que está agonizando en una cruda de estridente nacionalismo en la frontera de Venezuela con Colombia. No. El socialismo del siglo XXI no se podrá parecer al caudillismo mágico de Hugo Chávez, aun cuando el chavismo haya desarrollado proyectos éticos socialistas importantes a escala barrial.


El socialismo que se requiere hoy no será bolivariano, simplemente porque lo que caracterizó siempre a ese movimiento fue la pobreza del imaginario económico. Había una inundación de plata. Era fácil confundir la munificencia de un caudillo con un verdadero pensamiento económico. Ahora que la nación comienza a dar de tumbos, y el modelo económico hace agua por todas partes, los antiguos amigos se retiran sigilosamente. La bacanal aquella no fue socialismo simplemente porque se apoyaba en el rentismo como su esquema de riqueza. Eso significa que la riqueza se estaba generando en otra parte, con otra forma de trabajo. El rentismo no puede ser la base del socialismo del siglo XXI.


Pero si no era eso, ¿entonces cómo será? ¿Y por qué hace especialmente falta ahora?


Hoy hace falta socialismo, hay necesidad de socialismo –y es realista comenzar a construirlo– por razones análogas a las que impulsaron a Roosevelt a adoptar el keynesianismo del new deal. Estamos entrando a una época de depresión mundial para el empleo.


Así.


La economía china ha comenzado ya su desaceleración. Eso está ya fuera de toda duda. Las importaciones que hace China decrecen mes con mes, mientras el país hace lo que puede por pasar de un modelo de desarrollo basado en el ahorro y la exportación a uno que se sostiene de manera importante en el mercado interno. Como sea, las exportaciones a China, que sostuvieron el crecimiento acelerado que experimentaron muchas economías de Latinoamérica, están en crisis, y los precios del petróleo, el cobre, la soya, etcétera, han ido a la baja.


Además de la recesión franca en países como Brasil, hay otro factor que está en el horizonte mundial y que preocupa enormemente, y es el futuro del trabajo frente a la revolución actual en la robótica. Existe actualmente un debate acerca de qué tan catastrófica será para el trabajo la revolución robótica, porque hay quien tiene fe en que habrá nuevos trabajos que se abrirán al ritmo en que otros se cierran, pero eso, hasta ahora, parece ser más bien un artículo de fe que un cálculo empírico sólido.


Lo que sabemos ya de seguro es que la automatización va a desplazar muchos trabajos. En pocos años se espera que los autos de Google –sin chofer– sean un producto ya comercial, por ejemplo. En su libro Humans need not apply, Jerry Kaplan alega que los robots desplazarán labores en muchas áreas, no únicamente las de los trabajos manuales. Hay ya en elaboración robots que recogen fresas y jitomates. Sabemos lo de la robotización de los choferes. Pero hay también robots que hacen otros servicios. Los japoneses –que tienen mucho interés por los robots– lanzaron este mes un robot que parece un personaje de la película de Woody Allen, Sleeper, que sirve para atender y acompañar a los ancianos de esa sociedad. El robot se llama Pepper, y parece que la primera edición se agotó en cuestión de semanas.


El libro de Kaplan describe una pareja de robots cuyo prototipo masculino se llama Rocky (la contraparte femenina se llama Roxxxie, con la tripe equis), que son robots interactivos para dar placer sexual. Podría haber automatización de sexoservidoras y servidores. Hay también partes importantes de trabajos de escritorio –de abogados, por ejemplo– que se están automatizando. El New York Times de esta semana tiene una reseña de una cadena de restaurantes en San Francisco que está casi 100 por ciento automatizado, no tiene ya meseros ni cobradores en las cajas, únicamente algunos cocineros en la cocina.


No sabemos aún cuál será el impacto de la robótica en el futuro del trabajo. Hay economistas que calculan que más de 40 por ciento de los trabajos de Estados Unidos podrían desaparecer en los próximos años debido a esta clase de desarrollo tecnológico, y no sabemos cuántos ni qué clase de trabajos nuevos vendrán a sustituirlos.


En un contexto así, el socialismo se vuelve un asunto de vida o muerte. No es quizá por nada que personajes que tienen poco de socialistas, como Carlos Slim, por ejemplo, han sugerido que importaría reducir la semana laboral por al menos uno o dos días, para distribuir mejor el empleo. Otros economistas –tampoco particularmente de izquierdas–, por ejemplo Santiago Levy, han desarrollado proyectos para universalizar el seguro médico, porque alegan que sin establecer un piso básico, la capacidad de trascender la baja productividad y la corrupción que conlleva la economía informal será imposible.
Hay, en otras palabras, una necesidad objetiva, colectiva, de pensar en el socialismo como un proyecto productivo. Es una necesidad que no tiene nada que ver ya con los nacionalismos, sino con algo que había visto Marx hace ya siglo y medio.

Publicado enSociedad
Lunes, 07 Septiembre 2015 05:15

Agotadas utopías

Agotadas utopías

Si algo no está de moda, ni siquiera en uso, son las utopías, en el sentido de plantear un porvenir digno para todos, aún si parece irrealizable. Perdieron prestigio literario, y las utopías filosóficas del pasado, de Platón a Moro y Marx, sirven más para explicar su propio fracaso. A la vez, se ciernen utopías funestas herederas de la nazi como el fundamentalismo criminal islámico, la pretendida supremacía blanca que Trump vomita amenazadoramente, la idea de una Hungría blanca, una Eslovaquia cristiana, una Gran Bretaña sin moscas. Su imbecilidad no es ningún consuelo. Ya nadie escribe o filma sobre Arcadia, no interesa. Proliferan obras apocalípticas (esa muerte de la utopía) o bien novelas, cómics y películas de futuros chuecos y distópicos alimentados en Orwell, Huxley, Bradbury, los delirios paranoicos (hoy no tanto) de Dick y otros, con resultados a veces fascinantes, de Blade Runner y la novela que la inspiró –entrañable par de oldies– a las novelas de China Mieville o Jonathan Lethem, si no de plano Los juegos del hambre. Incluso la utopía corporativa (si tal merece llamarse) de un porvenir hipertecnológico en un mundo bajo control a escala genética ya incluye su parte negativa de incertidumbre: no alcanza para todos, habrá que reducir o aislar con muros a la población restante, los recursos y el planeta están dando de sí, etcétera. En fin, Monsanto, Shell y demás saben que tienen patas de palo, que su proyección luminosa no es tal. El capitalismo que encarnan es el sistema que rige la casi totalidad del mundo habitado y no habitado, opera en el corto plazo, y sabe que miente.

En clave religiosa siempre se han promulgado paraísos por venir que en términos históricos justifican la creación de infiernos que rebasan la imaginación. En este terreno mental, tan extendido en el mundo hoy como nunca, y como siempre, se admite con resignación, entre más gozosa mejor, que la utopía se cumplirá cuando hayamos muerto si acumulamos méritos suficientes para cotizar en el mercado de la felicidad póstuma. Una de las paradojas de la modernidad actual es que sus promesas, siendo delirantes, se venden como algo racional, científico, calculado, y no como lo que son, irresponsables apuestas de casino. A la vez, ciertas religiones masivas operan en la mente de la humanidad sin asumirse como pensamiento mágico, alcanzando no pocas veces grados de fanatismo purificador, y asesino por ende.


Este conglomerado de utopías cojas o a crédito recorre el mundo amparado en el cinismo de unos y la resignación o la fe desesperada de otros. Por lo visto, las utopías son necesarias. Como concluiría un publicista, tantos miles de millones de personas no pueden estar equivocadas. No obstante, las otrora prestigiosas o creíbles utopías desembocaron en un presente patético que nos aleja de la diestra del padre o la del profeta, del edén proletario, el sueño americano, el fin de la historia o la trasfiguración cósmica.


Así fuera como ejercicio mental, en un abrirle espacio a otras posibilidades, ¿por qué no mirar aquí cerca, ir un poco para atrás y vislumbrar que las cosas pueden ser distintas, mejores humanamente hablando, con base en experiencias y pensamientos vivos que transcurren donde nadie mira, allí donde, cuando los poderes se entrometen, las niegan pues estorban para robar y chingar? Sería excesivo hablar de una utopía india, pero en los pueblos originarios de América respiran y no sólo subyacen concepciones del mundo, la vida y sus cositas que han mostrado una firmeza y una lucidez de ya te quiero ver. Elaboradas despacio, por milenios, esas ideas prácticas chocaron con la inevitable irrupción de Occidente, terrible accidente, y les fue como en feria, pero no desaparecieron. Medio milenio después, aplastadas por las estadísticas y la demografía, bien podrían ofrecer alternativas para un mundo global y entrelazado hasta la insania que se está quedando sin opciones y se niega a hacer algo al respecto.


Mal que bien, los pueblos que viven bajo esas concepciones siguen alimentando a las ciudades del continente, como las nuestras. Parece un milagro. Defienden sus circunscripciones, algunas milenarias, todas ancestrales, dentro de Estados nacionales que se disuelven. Tanto afán de Altamirano, Ramos, Paz o Monsiváis por desentrañar y apuntalar lo mexicano, para que la identidad al fin revelada se desvaneciera en guerritas horrendas e inútiles y la cesión territorial, económica y moral de todo lo mexicano a la avaricia legal e ilegal de capitalismo tardío.


La filosofía del Buen Vivir que han articulado en el sur los pueblos andinos y amazónicos, con sus refulgentes expresiones en países muy heridos como Colombia, Guatemala y México, pareciera infinitamente lejana para el mundo urbano, industrial y ambicioso en que operamos. ¿Y si hubiera algo ahí que no sea la baba de perico de políticos, locutores y predicadores? En alguna parte son reales. ¿No habrá algo que aprenderles? (Podría continuar.)

Publicado enCultura
Lunes, 07 Septiembre 2015 05:04

Esa civilización, Occidente

Esa civilización, Occidente

Occidente está gravemente enferma, y sólo cabe esperar lo peor. Su deceso en términos de tiempos históricos será inminente. Pero una nueva civilización emerge.


Primero fue el Quattrocento que se denominó a sí mismo como Renacimiento, saliendo de esa edad oscura que fue la Edad Media, denominada así por encontrarse entre la Grecia antigua y el Renacer de la humanidad. Después fue la modernidad, que se denominó a sí misma de esta forma con sus ideales de progreso, su fe en la ciencia y en la racionalidad y su centralidad en el ser humano. Posteriormente, en el siglo XVIII, se inventa el concepto de civilización como el esfuerzo por distanciarse de la naturaleza. Y con ello, de consuno, con la idea de "civilizar" a otros pueblos, naciones y culturas. No en última instancia, la idea de civilización y "civilizados" se asimiló entre las élites como sinónimo de sofisticación, buen gusto, sentido de la vida y gentileza; justamente, politesse en francés, pulir, y hacia atrás ulteriormente la noción misma de politeia (en la Grecia antigua).


No existe una sola comprensión o definición de civilización. En unos casos se refiere a la herencia y la deuda de un origen fontanal; habitualmente se trata de la síntesis que resultó de la amalgama entre Grecia, Roma y Jerusalén. En otros casos se hace referencia a un ideal mínimo común de valores, principios, ideales y formas y estilos de vida. U en otros casos más, a una unidad de criterios culturales, étnicos y filosóficos. Con ello, en cualquier caso, la idea de civilización tiene tanto de ancho como de largo; desde los trabajos de Malinowsky hasta las interpretaciones de Huntington, con todos los matices intermedios.
En un libro maravilloso, no traducido aún al español, F. Fernández–Armesto —Civilizations. Culture, Ambition, and the Transformation of Nature. Touchstone, New York, 2001—, sugiere una comprensión no–lineal de las civilizaciones. Una civilización se define por sus relaciones con la naturaleza. De esta forma, es posible identificar las distintas civilizaciones en función de su relación con la naturaleza.


Sin ambages, ello permite identificar a Occidente en términos precisos. Se trata de esa civilización que se refiere a la naturaleza en términos de medios a fin, en el que la naturaleza es el medio para que los seres humanos desplieguen y realicen sus intereses y necesidades. Exactamente la síntesis de Atenas, Roma y Jerusalén.
Pues bien, en términos médicos, Occidente es una civilización enferma. La suya es, al mismo tiempo, una enfermedad crónica, aguda y compleja. En medicina, se dice que:


• Una enfermedad es crónica cuando se trata de un mal de largo plazo que no puede ser curado y con el que hay que aprender a vivir. Ejemplos de enfermedades crónicas es la diabetes, la artritis, cardiopatías o la obesidad. Se trata de enfermedades que no pueden ser curadas, tan sólo controladas.
• Una enfermedad se dice que es aguda cuando tiene un origen y desarrollo rápido, usualmente súbito e imprevisto, y su desenlace puede ser igualmente rápido y sorpresivo. Los síntomas generalmente son severos y por lo general es una etapa de la enfermedad que desemboca en una enfermedad crónica o en la muerte. La neumonía o la apendicitis son ejemplos de esta clase de enfermedades.


• Por su parte, una enfermedad se dice en medicina que es compleja cuando resulta de la combinación de factores genéticos, medioambientales y de formas de vida. Se trata de desórdenes multifactoriales, muchos de los cuales no terminan de ser identificados. El asma, el párkinson, la osteoporosis, las enfermedades autoinmunes o el cáncer son ejemplos de enfermedades complejas.

En efecto, en un mundo alta y crecientemente complejo, entrelazado de múltiples maneras y en diversas escalas, alta y crecientemente interdependiente en múltiples sentidos y contextos, no existe la crisis. Por el contrario, existen crisis (en plural) sistémicas y sistemáticas. Tal es el diagnóstico de la civilización occidental, que sufre de numerosas crisis, tales como crisis políticas, económicas, financieras, medioambientales, de valores, crisis de confianza, crisis humanitaria en gran escala, iniquidad y pobreza en amplia escala, corrupción, impunidad y existencia del estado con falencias múltiples en un lugar o en otro. En fin, los diagnósticos, a estas alturas de la vida, son variados, amplios y robustos. Es imposible abordar, tocar y solucionar una crisis sin atender al mismo tiempo a otra(s). Un mundo verdaderamente complejo.


Occidente está enferma, severamente enferma, y a decir verdad se encuentra desde hace un tiempo en la sala de cuidados intensivos. Las mejores mentes en política o en temas de seguridad, en finanzas o en comercio internacional, en temas jurídicos o medioambientales, por ejemplo, no tienen la más mínima idea de cómo salir de ese entretejido complejo de crisis sistémicas y sistemáticas. Todo pareciera indicar que Occidente merece de cuidados paliativos, una idea cara en medicina, ciencias de la salud y bioética.


Son numerosos los foros mundiales —Davos (Foro Económico Mundial), G–7, G–7 más 1, OCDE, entre muchos otros— y son numerosas las instancias y organismos multilaterales, nacionales e internacionales dedicados a buscarle salidas a las series de crisis en curso. Es como cuidar un párkinson con banditas o aspirinas.


Mientras tanto, el costo humano es creciente e inclemente. La crisis de refugiados en Europa (¡en tiempos de paz!), las oleadas de inmigrantes africanos, los desplazamientos internos en numerosos países, la corrupción galopante y sus consecuencias sobre las violaciones de derechos humanos. Intelectualmente el panorama es apasionante; humanamente es desolador y triste.


Occidente está gravemente enferma, y sólo cabe esperar lo peor. Su deceso en términos de tiempos históricos será inminente. Pero una nueva civilización emerge. Nuevas formas de organización social, nuevas escalas de valores, nuevas y diferentes relaciones con la naturaleza, nuevas ciencias, saberes y disciplinas, en fin, nuevas formas de organización económica y de formas y estilos de vida aparecen, por lo pronto a escala local y regional, pero se van entretejiendo de formas sutiles y rizomáticas. Al destino fatídico de esa civilización que es Occidente —la tierra del sol poniente—, lo acompañan nuevas, sorprendentes y muy positivas y favorables formas de vida, comprensión y explicación del mundo y de la naturaleza. Contra el desamparo y milenarismo, contra el pesimismo y la desolación una nueva civilización brota ante nuestros ojos. No está siendo construida. Mucho mejor aún, está siendo sembrada.

Publicado enSociedad