MÚSICA DESDE OTRAS COORDENADAS

Cuando el 62 por ciento se rinde al 1 por ciento

Terrorismo financiero, golpe de Estado, imposición colonial, vasallaje: no sólo desde la izquierda se calificó con esos adjetivos al "acuerdo" entre Grecia y la troika del domingo pasado. También lo hicieron medios de comunicación como el Financial Times y el Der Spiegel. ¿Tenía el gobierno de Alexis Tsipras otra opción que firmar un texto de esta naturaleza? ¿Qué consecuencias tendrá la "capitulación" griega sobre las nuevas izquierdas europeas? De estos temas se ocupa la siguiente cobertura de Brecha.

 

Luego de ganar un referéndum de forma abrumadora, el primer ministro Alexis Tsipras firmó un acuerdo humillante. Treinta y ocho de sus diputados no lo votaron, entre ellos el ex ministro de Finanzas Yanis Varoufakis, así como la presidenta del parlamento. Varios altos cargos renunciaron. Tsipras dice que no cree en el acuerdo que firmó, en el que tampoco creen Francia y el Fmi, porque no va a sacar a Grecia de la crisis y va a profundizar la pobreza.


Las preguntas se apilan. El corresponsal de Publico.es en Atenas Alberto Sicilia asegura (martes 14) que "Tsipras jugó fuerte en la negociación", pero que el ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schäuble, "vio el órdago y les abrió a los griegos la puerta para irse del euro". Ante el jaque alemán, "Tsipras no llevaba cartas", porque, según dijo,"una Grexit (salida del euro) no planificada habría sido terrible para las clases medias y bajas. Y no teníamos plan B porque siempre hemos querido el euro". Es posible que sea la explicación más aproximada de los motivos que llevaron al gobierno griego a firmar un acuerdo que el semanario alemán Der Spiegel (domingo 12), difícilmente calificable de izquierdista, definió como "un catálogo de atrocidades" que Tsipras "se vio obligado a firmar con una pistola en la sien". Lo mismo sostuvo incluso la biblia de las finanzas, el Financial Times, uno de cuyos editorialistas habló de "acuerdo versallesco" para graficar el grado de sumisión al que fue sometida Grecia, similar al armisticio firmado por Alemania al fin de la Primera Guerra Mundial.

Si fuera así, hay dos preguntas que necesitan ser respondidas. ¿No previó Tsipras que firmar significaba la división de su partido y la pérdida de legitimidad de su gobierno? ¿Cómo es posible que el Ejecutivo, luego de cinco meses de negociaciones en las cuales quedó clara la intransigencia alemana, no tuviera un plan B al de la troika?


Culpar a Alemania de lo sucedido, algo que toda la izquierda y parte del resto del espectro político está vociferando, aunque libera de frustraciones tiene escasa utilidad y, sobre todo, permite esconder durante un tiempo las propias inconsistencias. Porque de eso se trató en esta historia: de una fuerza política que llegó a dirimir instancias de gran trascendencia (geo)política sin la suficiente capacidad. O se pecó de ingenuidad o se fue completamente irresponsable. Quizá una combinación de ambas.


LO FIRMADO.


El domingo 12 el gobierno griego aceptó un documento de siete páginas que contiene tres partes. La primera son medidas para "restaurar la confianza" del eurogrupo (ministros de Finanzas de la UE) en Grecia, que se tenían que aprobar el miércoles 15. Incluyen el aumento del Iva, garantizar la sostenibilidad a largo plazo del sistema de las pensiones mediante una reducción drástica de su monto, independencia de la oficina de estadística y controles a la evasión tributaria.


La segunda parte contiene propuestas que se deben implementar antes del 22 de julio. Se trata de reformar el Código Civil y adoptar las normas de la Unión Europea para rescatar bancos. Además, Grecia se compromete a establecer un calendario para el recorte de las pensiones con cláusula de déficit cero, la reforma del mercado interior para que sea "más competitivo" (liberalizando sectores como medicamentos, lácteos y panaderías, aperturas de tiendas en domingos, entre otros),

privatizaciones (energía, puertos, aeropuertos, empresa de telecomunicaciones), reforma del mercado laboral mediante la "revisión y modernización de la negociación colectiva y la acción sindical" facilitando los despidos, y finalmente una fuerte reforma del sistema financiero y bancario.


Pero es la tercera parte del acuerdo la que resulta más irritante. Para asegurar que se llevará a cabo el agresivo programa de privatizaciones, el gobierno griego transferirá activos de su propiedad a un fondo independiente que garantizará el pago del nuevo préstamo. Con esas privatizaciones los líderes europeos esperan recaudar 50.000 millones de euros, de los cuales 25 mil millones se utilizarán para pagar la recapitalización bancaria, otros 12.500 millones para pagar la deuda y los 12.500 millones restantes serán utilizados para inversión en el país. En ese fondo estarán incluidos el sector energético, transportes y telecomunicaciones, cuyas empresas serán muy probablemente adquiridas, y a muy buen precio para los compradores, por trasnacionales provenientes de los países acreedores.


Además, el gobierno griego deberá consultar con la troika cualquier borrador de nueva legislación antes de enviarla al parlamento y se compromete a retirar o enmendar toda la legislación introducida a partir del 20 de febrero que fuera contraria al anterior acuerdo, como la reapertura de la tevé estatal y la recontratación de funcionarios públicos despedidos por gobiernos anteriores.


Si se aprueban todas estas reformas, consideradas como "requisitos mínimos", recién ahí la troika comenzaría a discutir el tercer "rescate" de 82.000 millones de euros durante tres años.


En el último párrafo del documento figura la propuesta del ministro alemán de sacar a Grecia del euro. "Si no se llega a ningún acuerdo se ofrecerá a Grecia negociaciones rápidas para una salida de la zona euro, con una posible reestructuración de la deuda" (Der Spiegel, 12-VII-15).


El ministro griego de Defensa, Panos Kamenos, aseguró que se produjo un intento de derrocar a Tsipras. "Fue amenazado con el colapso de los bancos y el recorte completo de los depósitos" (Russia Today, 14-VII-15).


EL DESPUÉS.


En los hechos, se trata de una completa cesión de soberanía que permite que los acreedores aprueben leyes clave antes de llevarlas a consulta pública o al parlamento. Tsipras debía saber que este acuerdo tendría graves consecuencias.


La primera es la fractura de su partido y, en menor medida, de su gobierno. La mayoría absoluta del comité central de Syriza (109 en 201) rechazó el acuerdo y difundió un texto muy duro: "El 12 de julio se produjo en Bruselas un golpe de Estado que demostró que el objetivo del liderazgo europeo es la aniquilación para dar ejemplo de un pueblo que buscaba otro camino a seguir más allá del modelo neoliberal de austeridad extrema". Algunos altos cargos del gobierno presentaron renuncia.


En el parlamento las cosas tampoco marcharon bien. Ganó el acuerdo con 219 votos a favor, 64 en contra y seis abstenciones. El Ejecutivo recibió el apoyo de la oposición de derecha, en particular de Nueva Democracia, del ex primer ministro Antonis Samarás, y de los socialistas. Un número para nada despreciable de 38 diputados de Syriza se desmarcaron del gobierno. Por lo tanto, en adelante Tsipras puede tener que gobernar con el apoyo de sus adversarios en un eventual gobierno de coalición, sobre todo para aprobar el resto del paquete impuesto por Bruselas.


Una parte importante de la sociedad, incluyendo destacadas voces de su partido, le mostraron a Tsipras que sí había alternativas. Por un lado, las varias que elaboraron sus ministros y que el primer ministro desechó. Varoufakis, por ejemplo, propuso un plan ante la eventualidad del cierre de los bancos griegos por la troika: "Deberíamos haber puesto en circulación nuestros propios pagarés, anunciar que íbamos a crear nuestra propia liquidez denominada en euros; deberíamos haber tomado el control del Banco de Grecia" (Eldiario.es, 13-VII-15).


Por otro lado, Tsipras ni siquiera se prestó a debatir seriamente la alternativa de salir del euro. No alcanzaba con decir que sería peor, tenía que abrir un debate real sobre las consecuencias y los modos posibles para enfrentarla, le reclamó la mayoría de la dirección de su partido.


No hubiera sido fácil, claro, una Grexit. Según la economista estadounidense Carmen Reinhart, ex funcionaria del Fmi y especialista en las "crisis de deuda", la salida de una unión monetaria no es tan común como la salida de políticas monetarias de cambio fijo. Desde 1982 hubo cinco casos: Argentina en 2002 y en 1989, Perú en 1985, Bolivia en 1982 y México en 1982, en los que las economías estaban dolarizadas y convirtieron de forma forzosa los depósitos en dólares a la moneda local.


Si Grecia saliera del euro, asegura Reinhart, el resultado sería similar. Los depósitos se convertirían en dracmas (u otra moneda) sufriendo una drástica devaluación. "Se colapsaría la confianza en el sistema y habría un dramático aumento de las deudas privadas y públicas. El sector privado haría un impago de su deuda y la mitad de los créditos del país no serían pagados, y si se incluyen las tarjetas de crédito sería incluso mayor. Los ciudadanos dejarían de pagar impuestos y habría una acumulación de euros u otras monedas" (Bloomberg, 9-VII-15). Las consecuencias serían muy duras. "Si se produce la salida del euro, y sigue la conversión forzada de los depósitos, el retroceso de la economía de Grecia es probable que sea de larga duración."


Al parecer, incluso los griegos opuestos al acuerdo firmado por Tsipras eluden la salida del euro. Varoufakis señala que el caso argentino es bien diferente al griego en tres aspectos. Tras el default, el Pbi argentino creció desde 2003 a 2008 a un promedio del 8 por ciento anual, impulsado por las exportaciones de soja. Pero "los griegos no disponen ni de soja ni de ningún producto agrícola que se pudiera exportar en semejante escala". Además, si Grecia saliera del euro "tardaría meses en introducir una nueva moneda y un régimen cambiario". Por último, "el impacto que les generó Argentina a sus socios comerciales al salir de la convertibilidad no fue significativo mientras que Grecia, al salir del euro, perdería subsidios a la agricultura, fondos para el desarrollo y en general la cooperación económica con otros países europeos empeoraría" (Russia Today, 14-VII-15).


Llegados a este punto, sólo cabía resignar la soberanía o apostar por la dignidad nacional, ya que el retroceso económico está garantizado en cualquier caso. Es cierto que la presión de casi tres semanas de corralito debe sentirse con fuerza en una sociedad ya empobrecida. Conviene recordar, no obstante, que no es fácil echar a un país del euro y que aun estando fuera de la eurozona se puede utilizar el euro, según lo recuerda el belga Eric Toussaint, presidente del comité de auditoría de la deuda griega (véase entrevista en página 6).


Legalmente Grecia no puede ser expulsada de la zona euro ni por las instituciones europeas ni por un grupo de países. Puede incluso salir de la UE y seguir utilizando la moneda, aunque ya no emitirla. Sería un caso similar a los de Panamá y Ecuador, que usan el dólar, o de Montenegro y Kosovo, que usan el euro.


Sin embargo, ahora Grecia tampoco tiene soberanía completa sobre el euro, como sí la tienen los demás países de la Unión. Los bancos centrales de cada país sólo pueden emitir la cantidad de euros que les permite el Banco Central Europeo. El Banco Central griego tiene congelada la cantidad de euros que puede emitir, y el Bce no está dando liquidez a los bancos griegos porque está en desacuerdo con la política fiscal del gobierno (Forbes, 3-VII-15).


FIN DE ÉPOCA.


Buena cantidad de analistas, incluido el gobierno alemán, o en todo caso su ministro de Finanzas, estiman que la salida de Grecia del euro es sólo cuestión de tiempo. Es una decisión política, no económica, dicen. Y ya fue tomada tiempo atrás. El 4 de febrero, apenas nueve días después de que Tsipras asumiera como primer ministro y se plantara firme ante sus acreedores, el Bce le cortó los grifos,"ante las serias dificultades para cerrar con éxito el rescate" (El País, 4-II-15).


Antes de llegar a esa situación, que motivó titulares como "El Bce pone a Grecia contra las cuerdas", el entonces flamante primer ministro emprendió una gira europea para cosechar apoyos. Luego de reunirse con los presidentes de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, del Consejo Europeo, Donald Tusk, y del Parlamento, Martin Schulz, "se llevó de las tres instituciones un sabor amargo, y sobre todo un tono duro acerca de sus posibilidades en la negociación que ya ha empezado sobre el futuro de Grecia". Varoufakis llegó a contar en estos días que desde su primera reunión con "las instituciones", en particular con su par alemán, tuvo claro que los "socios" querían a la díscola Grecia fuera.


Eso sucedió hace cinco meses. Durante 150 días se estuvo negociando el rescate, sin el menor resultado. ¿Pensaba Tsipras que el 62 por ciento de apoyo al No en el referendo podía ablandar al sistema financiero? Todas las propuestas que hizo a la troika el primer ministro fueron recibidas con absoluta indiferencia. Peor: a cada concesión de Atenas llovían nuevas exigencias. Pero Tsipras no cambió de línea. Incluso Varoufakis participaba de la ilusión de convencer a sus interlocutores. Hasta que se convenció de lo contrario. "Desafortunadamente las instituciones y nuestros socios europeos han perdido la oportunidad que brindamos: mirar las negociaciones como una deliberación entre socios. Lo convirtieron en una guerra contra nosotros" (Der Tagesspiegel, 9-VI-15).


Todo indica que Grecia y también Europa ingresan en un nuevo período de su historia. El relato sobre la "Europa de los pueblos" fue demolido por Bruselas y Berlín. Se está ante el fin del Estado del bienestar, pero también ante una crisis de la democracia representativa, ya que las mayorías se quedan sin voz. Las izquierdas –incluso las nuevas, como Syriza y probablemente sea el caso del Podemos español– han mostrado una carencia poco creíble de estrategias alternativas. De ahora en adelante les costará mucho volver a convencer de que representan el cambio.

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Trabajo, techo y tierra. ¡No se achiquen!

Francisco no deja de sorprender a propios y ajenos. El Papa se pronuncia frente a la injusticia en el mundo, toma posición y convoca a la lucha. En Brasil en 2013 construyó una frase ("Hagan lío") hoy convertida en eslogan para muchos católicos y para quienes, sin serlo, comprenden el sentido del mensaje. Ahora, en su primera gira latinoamericana, Francisco pidió que "¡no se achiquen!" ante la magnitud de la tarea que tienen quienes luchan por el cambio de las estructuras injustas. A los representantes de movimientos sociales de todo el mundo les dijo que "ustedes, los más humildes, los explotados, los pobres y excluidos, pueden y hacen mucho (...) en los grandes procesos de cambio, nacionales, regionales y mundiales". Los alentó a organizarse porque "me atrevo a decirles que el futuro de la humanidad está, en gran medida, en sus manos". Los invitó a la "participación protagónica" y a "promover alternativas creativas", en la búsqueda cotidiana de las "tres T... trabajo, techo y tierra". Todo ante un auditorio muy diverso y sin mayoría católica. Fue casi una arenga en una gira que tuvo un fuerte tono político.


Dada la densidad conceptual, política y doctrinaria de muchos de los discursos pronunciados por Francisco durante su visita a Ecuador, Bolivia y Paraguay resulta difícil hacer una síntesis que exprese realmente todo lo dicho. Quien escribe lo intentará, pero no sin dejar abierta la invitación a los lectores para que repasen en forma íntegra los textos papales. Vale la pena. Varios de ellos incluyen perspectivas que hasta no hace mucho tiempo eran impensadas en boca de la máxima autoridad de la Iglesia Católica mundial. Del mismo modo que apenas tres o cuatro años atrás tampoco habría sido posible imaginar estos mismos dichos en palabras del entonces cardenal Jorge Bergoglio. Pero estas especulaciones han perdido relevancia ante la contundencia de los hechos y los gestos papales y de lo que ello significa como aporte a la búsqueda de una sociedad más justa a nivel planetario. Una lúcida reflexión en un sentido análogo escribió Atilio Boron ayer en estas mismas páginas.
De "locatario": con los pies en su tierra


Lo dicho y hecho por el Papa en estos días no rompe con la línea de su magisterio anterior, pero la refuerza en lo conceptual y lo simbólico. Alguien podría decir con mucha razón que Jorge Bergoglio eligió su primera gira latinoamericana para profundizar el posicionamiento político-ideológico-cultural-evangélico con el que viene sorprendiendo a la sociedad casi desde el mismo día en que asumió como máxima autoridad de la Iglesia Católica el 13 de marzo de 2013.


Ecuador, Bolivia y Paraguay se cuentan entre los países más pobres de la región. En ese contexto eligió hablar el Papa. También con el marco de la iglesia latinoamericana que le sirve de inspiración y que lo catapultó hacia el papado especialmente después de su participación muy protagónica en la Conferencia General de los Obispos Latinoamericanos en Aparecida (Brasil) en el 2007. Francisco suele definirse a sí mismo como "el Papa que vino desde el Sur".


Actuando de "locatario" Bergoglio se sintió en mejores condiciones de decir y afirmar lo que ya había sostenido, en un tono más doctrinal, en sus dos encíclicas Evangelii gaudium de 2013 y Laudato si de 2015. Aunque los conceptos son similares son pocos los que acceden a los documentos pontificios. Otra cosa es decir lo mismo y en lenguaje menos complejo ante centenares de miles de personas y en medio de un baño de fervor popular. También porque se hace más difícil ocultar tales definiciones por parte de quienes, desde la política o desde los medios, dicen venerar al Papa pero hacen lo imposible cada día más por desconocer sus denuncias ante las injusticias crecientes de la sociedad que "excluye" y "descarta".


Fenómeno de silenciamiento que ocurre tanto afuera como adentro de la Iglesia. Muchos de los dirigentes políticos y sociales que se "entusiasmaron" hace poco más de dos años con el nombramiento de Bergoglio como Papa hoy admiten estar "desconcertados" cuando no "decepcionados". Esperaban un Bergoglio "opositor" que desde Roma "pondría en caja" a Cristina Fernández y al gobierno criticando sus decisiones políticas y económicas. Como no sucedió escogieron hablar de la "utilización del Papa" por parte del gobierno. Algo similar ocurrió en Ecuador y Bolivia. La oposición esperaba diatribas de Bergoglio hacia Correa y Francisco le agradeció al presidente ecuatoriano "su consonancia con mi pensamiento". Y le devolvió la gentileza "con mis mejores deseos para que pueda lograr lo que quiere para el bien de su pueblo". Ante Evo, que no tiene una buena relación con la Iglesia Católica local, Bergoglio reconoció que "Bolivia está dando pasos importantes para incluir a amplios sectores en la vida económica, social y política del país" y "cuenta con una Constitución que reconoce los derechos de los individuos, de las minorías, del medio ambiente, y con unas instituciones sensibles a estas realidades".


Y más allá de los países visitados, amplió su referencia para señalar que en estos últimos años, "los gobiernos de la región aunaron esfuerzos para hacer respetar su soberanía, la de cada país, la del conjunto regional, que tan bellamente, como nuestros padres de antaño, llaman la Patria Grande". Las palabras son elocuentes... aun para quienes están empecinados en no entender.


Pero como entre últimos, por distraídos o por molestos, también están parte de los católicos y de los propios obispos, el Papa dijo en otro momento que "la Iglesia no puede ni debe estar ajena a este proceso (de cambio) en el anuncio del Evangelio".
Cambio de estructuras


En el discurso de mayor contenido político, escrito de puño y letra y leído para evitar cualquier imprecisión, Bergoglio comenzó diciendo ante los movimientos sociales en Santa Cruz que "empecemos reconociendo que necesitamos un cambio". Y para evitar la manipulación del término se apresuró que señalar: "quiero aclarar, para que no haya malos entendidos, que hablo de los problemas comunes de todos los latinoamericanos y, en general, también de toda la humanidad. Problemas que tienen una matriz global y que hoy ningún Estado puede resolver por sí mismo".


Y siguió esgrimiendo argumentos que bien podrían estar en la plataforma de muchos partidos de izquierda de la región. "Insisto, digámoslo sin miedo: queremos un cambio, un cambio real, un cambio de estructuras. Este sistema ya no se aguanta, no lo aguantan los campesinos, no lo aguantan los trabajadores, no lo aguantan las comunidades, no lo aguantan los pueblos... Y tampoco lo aguanta la Tierra, la hermana madre tierra, como decía san Francisco". Ese cambio, dijo Bergoglio, tiene que atender a nuestra realidad más cercana ("el pago chico") pero tiene que ser un cambio que también "toque al mundo entero porque hoy la interdependencia planetaria requiere respuestas globales a los problemas locales". Y agregó que "cuando el capital se convierte en ídolo y dirige las opciones de los seres humanos, cuando la avidez por el dinero tutela todo el sistema socioeconómico, arruina la sociedad, condena al hombre, lo convierte en esclavo, destruye la fraternidad interhumana, enfrenta pueblo contra pueblo y, como vemos, incluso pone en riesgo esta nuestra casa común, la hermana y madre tierra". Hablando en la catedral de La Paz ya había sentenciado que "si la política se deja dominar por la especulación financiera o la economía se rige únicamente por el paradigma tecnocrático y utilitarista de la máxima producción, no podrán ni siquiera comprender, y menos aún resolver, los grandes problemas que afectan a la humanidad".


No solo fueron pronunciamientos teóricos. Bergoglio también fijó rumbos. "La primera tarea es poner la economía al servicio de los pueblos. Los seres humanos y la naturaleza no deben estar al servicio del dinero. Digamos NO a una economía de exclusión e inequidad donde el dinero reina en lugar de servir. Esa economía mata. Esa economía excluye. Esa economía destruye la madre tierra."


Y siguió. "La segunda tarea es unir nuestros pueblos en el camino de la paz y la justicia. Los pueblos del mundo quieren ser artífices de su propio destino. Quieren transitar en paz su marcha hacia la justicia. No quieren tutelajes ni injerencias donde el más fuerte subordina al más débil. (...) Ningún poder fáctico o constituido tiene derecho a privar a los países pobres del pleno ejercicio de su soberanía y, cuando lo hacen, vemos nuevas formas de colonialismo que afectan seriamente las posibilidades de paz y de justicia." Por eso exhortó: "Digamos NO, entonces, a las viejas y nuevas formas de colonialismo. Digamos SI al encuentro entre pueblos y culturas. Felices los que trabajan por la paz".


Y para cerrar, la "tercera tarea, tal vez la más importante que debemos asumir hoy, es defender la madre tierra. La casa común de todos nosotros está siendo saqueada, devastada, vejada impunemente".


Por eso "es imprescindible que, junto a la reivindicación de sus legítimos derechos, los pueblos y organizaciones sociales construyan una alternativa humana a la globalización excluyente" porque "no hacerlo es un pecado grave".
En medio de todos estos pronunciamientos hubo espacio para criticar "la concentración monopólica de los medios de comunicación social", para decir que "el destino universal de los bienes no es un adorno discursivo de la doctrina social de la Iglesia" porque "es una realidad anterior a la propiedad privada", para reconocer que "se han cometido muchos y graves pecados contra los pueblos originarios de América en nombre de Dios" y pedir "humildemente perdón, no sólo por las ofensas de la propia Iglesia sino por los crímenes contra los pueblos originarios durante la llamada conquista de América", para recordar en Bolivia al jesuita Luis Espinal asesinado en 1980 por la dictadura de García Meza y para reconocer, en Paraguay, a las Madres de Plaza de Mayo. Tampoco desaprovechó la oportunidad para afirmar que "la Iglesia, sus hijos e hijas, son una parte de la identidad de los pueblos en Latinoamérica. Identidad que, tanto aquí como en otros países, algunos poderes se empeñan en borrar, tal vez porque nuestra fe es revolucionaria, porque nuestra fe de- safía la tiranía del ídolo dinero".

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La izquierda latinoamericana se mueve a la derecha

En más o menos los últimos 15 años hemos visto la ocurrencia de un importante viraje en la orientación política de América Latina. En un gran número de países los partidos de izquierda llegaron al poder. Sus programas han enfatizado la redistribución de los recursos para auxiliar a los segmentos más pobres de la población. Han buscado también crear y fortalecer aquellas estructuras regionales que incluyeran a todos los países de América Latina y el Caribe, pero excluyendo a Estados Unidos y Canadá.


De inicio, estos partidos tuvieron el logro de reunir a múltiples grupos y movimientos que buscaban apartarse de los partidos tradicionales orientados a la política de derecha y a los vínculos cercanos con Estados Unidos. Buscaron probar, como afirma el lema del Foro Social Mundial, que otro mundo es posible.


Los iniciales entusiasmos colectivos comenzaron a desvanecerse en múltiples frentes. Elementos de la clase media comenzaron a sentirse más y más perturbados no sólo por la rampante corrupción en los gobiernos de izquierda, sino también por los modos más y más ásperos en que estos gobiernos tratan a las fuerzas de oposición. Este viraje a la derecha de algunos simpatizantes iniciales de un cambio de izquierda es normal, en el sentido de que es común que esto ocurra en todas partes.


No obstante, estos países enfrentan un problema mucho más importante. Hay, y siempre ha habido, esencialmente dos izquierdas latinoamericanas, no una. De ellas, una está compuesta por aquellas personas y aquellos movimientos que desean remontar los más bajos estándares de vida en los países del Sur, utilizando el poder del Estado para modernizar la economía y, por tanto, ponerse al corriente respecto de los países del Norte.


La segunda, bastante diferente, está compuesta por aquellas clases más bajas que temen esa modernización, que no mejorará las cosas sino que las pondrá peor, al incrementar las brechas internas entre los más acomodados y los estratos más bajos del país.


En América Latina, este último grupo incluye las poblaciones indígenas, es decir, aquellas cuya presencia data de antes de que varias potencias europeas enviaran sus tropas y sus colonos al hemisferio occidental. También incluye a las poblaciones afrodescendientes, es decir, a quienes fueron traídos de África como esclavos por los europeos.


Estos grupos comenzaron a hablar de promover un cambio civilizatorio basado en el buen vivir. Estos segmentos sociales arguyen en favor del mantenimiento de modos tradicionales de vida controlados por las poblaciones locales.
Estas dos visiones –la de la izquierda modernizante y la de quienes proponen el buen vivir– pronto comenzaron a chocar, a chocar seriamente. Así, si en las primeras elecciones que ganó la izquierda las fuerzas de izquierda contaron con el respaldo de los movimientos de las capas empobrecidas, eso ya no fue cierto en las subsecuentes elecciones. ¡Muy por el contrario! Conforme transcurrió el tiempo, los dos grupos hablaron más y más acremente y dejaron de comprometerse unos con otros.


El resultado neto de esta partición es que ambos grupos –los partidos de izquierda y las clases más bajas– se movieron a la derecha. Los representantes de las clases más bajas se vieron aliados de facto con las fuerzas derechistas. Su demanda central comenzó a ser el derrocamiento de los partidos de izquierda, sobre todo del líder. Esto fue algo que podría haber resultado, con toda claridad, en el advenimiento al poder de gobiernos derechistas que no están más interesados en el buen vivir que los partidos de izquierda.


Entretanto, los partidos de izquierda promovieron políticas desarrollistas que ignoraron en grado significativo los efectos ecológicos negativos de sus programas. En la práctica, sus programas agrícolas comenzaron a eliminar a los pequeños productores agrícolas, que habían sido la base del consumo interno, en favor de las estructuras megacorporativas. Sus programas comenzaron a semejar, de muchas maneras, los programas de los previos gobiernos de derecha.


En resumen, el progreso de la izquierda latinoamericana, tan notable en años recientes, se está desbaratando por la amarga lucha emprendida entre las dos izquierdas latinoamericanas. Aquellas personas y grupos que han intentado alentar un diálogo significativo entre las dos izquierdas han constatado que no son bienvenidos por ninguno de los dos bandos. Es como si ambos lados dijeran, están con nosotros o están contra nosotros, pero no hay camino intermedio. Es muy tarde, pero tal vez no sea demasiado tarde para que ambas partes revaloren la situación y rescaten de la destrucción a la izquierda latinoamericana.
Traducción: Ramón Vera Herrera


© Immanuel Wallerstein

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"Yo no voy a caer, no caeré, no me atemorizan"

Llamemos a las cosas por su nombre, dijo ayer Dilma y habló extensamente, por primera vez, del golpismo al que prometió enfrentar "con uñas y dientes". Fue en una entrevista publicada el martes de una semana política iniciada tempranamente el domingo durante la convención en la cual el Partido de la Socialdemocracia Brasileña (PSDB) oficializó su opción programática por la destitución del gobierno elegido en el ballottage del 26 de octubre del año pasado. Aécio Neves, vencido por Dilma en esos comicios, y el ex mandatario Fernando Henrique Cardoso coincidieron, a pesar de diferencias parciales, en la estrategia del golpe institucional, comparable con el que acabó con el mandato del presidente paraguayo Fernando Lugo. Detalle: el PSDB justificó en 2012 la caída de Lugo y 3 años antes la de Manuel Zelaya en Honduras.


"Yo no voy a caer, no caeré...no esperen que me ponga nerviosa, no me atemorizan" con la prédica a favor del impeachment (juicio político) reivindicada por "una cierta oposición un tanto golpista. ¿Por qué yo no voy a terminar el mandato? Para derribar a un presidente se necesita explicar el por qué", sentenció Dilma en el reportaje donde también habló de las campañas sucias sembradas en las redes sociales.


"El otro día postearon que yo había intentado suicidarme, que estaba traumatizadísima. No apuesten a eso. Yo viví algo cien mil veces peor cuando fui presa y torturada (durante la dictadura). Si no quise suicidarme cuando querían matarme, ¿por que habría de hacerlo ahora?...Decir eso es absolutamente desproporcionado, eso no va conmigo....No quieran comparar a la actual disputa política con la tortura. Esto es parte de una lucha para construir (un modelo) de país."


Durante la extensa entrevista concedida a Folha de S. Paulo Dilma abordó cada uno de los engranajes del golpe en gestación. Se refirió incluso a la pata judicial, encarnada en un juez de provincia evidentemente aliado a la oposición, quien sustancia de forma parcial el proceso de corrupción en Petrobras.


En el contenido y la forma de las respuestas de Dilma se advierte la decisión política de irle al toro: o se aplasta a la conspiración o será difícil que este cuarto gobierno del PT concluya su mandato el 31 de diciembre de 2018.


Desde las tiendas petistas hubo apoyo a las respuestas de Dilma. "La presidenta hizo lo correcto porque la situación es grave, ella finalmente apareció después de mucho tiempo, volvió a ser la Dilma del corazón valiente (lema de la campaña electoral) dispuesta a dar la pelea" la respaldó ayer Lindbergh Farias.


El senador carioca Farias impulsa, junto a sectores del PT, la formación de un frente amplio con partidos de izquierda y movimientos sociales para contener la avanzada destituyente.


El golpe de Freud


En la oposición conviven grupos disímiles que van desde neoliberales representativos de las clases medias y altas, como Aécio Neves, hasta evangélicos con base electoral en las favelas donde predican la identificación de Dilma con la homosexualidad y lucifer. De momento, el socialdemócrata liberal Neves; el evangélico Eduardo Cunha, jefe de Diputados, y el titular del Senado, Renán Calheiros, suman fuerzas para tornar inviable al gobierno y generar las condiciones del impeachment.
Más allá del poder de fuego de esos dirigentes, a los que se suma el socialdemócrata José Serra, lo cierto es que entre ellos hay disputas fratricidas y plazos diferentes.


Serra sigue anhelando ser presidente, luego de dos derrotas ante el PT en 2002 y 2010, pero desconfía de una salida inmediata y prefiere "hacer sangrar" lentamente a Dilma y al partido gobernante.


Los plazos de Serra son distintos a los de su enemigo y correligionario Neves, comprometido con el "impeachment ya" que le permitiría competir en imaginadas elecciones anticipadas. El ímpetu de Neves por llegar al Planalto suele traicionarlo, como ocurrió esta semana cuando en un acto fallido dijo que la "convención del PSDB me reeligió este domingo como presidente de la república". En realidad fue reelegido como jefe del PSDB y como tal ya convocó a una nueva marcha golpista, que espera sea tan concurrida como las de marzo y abril pasados, para el próximo 16 de agosto.


Durante la tarde de ayer la entrevista de Dilma fue motivo de polémicas en el Congreso donde petistas y socialdemócratas cruzaron lanzas. "Lo que está haciendo el PSDB en complicidad con la prensa, que se autodenomina como partido político, es criminalizar al PT y al gobierno. Eso se llama golpe", gritó en el recinto el senador Humberto Costa, jefe del bloque oficialista donde se percibía un espíritu de lucha renovado.


Mientras tanto, importantes dirigentes del PT realizaban en Brasilia un encuentro con el PC Chino en el que se debatía la importancia de construir un mundo multipolar y Dilma volaba hacia Rusia donde hoy se inician las deliberaciones de la VII Cumbre de Presidentes del Grupo Brics (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica).


La realización de la gira europea, que incluye una escala en Italia, es una demostración de que pese a las bravatas opositoras al gobierno le resta bastante sustentabilidad política: si la crisis fuera tan grave, o terminal, como se la describe en los medios la presidenta no podría ausentarse del país hasta el domingo.


En la ciudad rusa de Ufá, Junto a Vladimir Putin y Xi Jinping, Dilma ajustará los últimos acuerdos para poner en funcionamiento el Nuevo Banco de Desarrollo lanzado durante la VI Cumbre realizada hace un año en Fortaleza, nordeste brasileño.

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Sábado, 04 Julio 2015 07:06

El contrasentido común

El contrasentido común

En 1926, el poeta irlandés W. B. Yeats lamentaba: "A los mejores les falta convicción, mientras que los peores están llenos de intensidad apasionada". Esta afirmación resulta más verdadera hoy que entonces. Supongamos, hipotéticamente, que los mejores en el plano personal, moral, social y político son la mayoría de la población y que los peores son una minoría. Como vivimos en democracia, no debería preocuparnos el hecho de que los peores estén llenos de convicciones que, precisamente por ser adoptadas por los peores, tenderán a ser peligrosas o perjudiciales para el bienestar de la sociedad. Al fin y al cabo, en democracia son las mayorías las que gobiernan. La verdad es que hoy se viene generalizando la idea de que las convicciones que dominan en la sociedad son las suscritas apasionadamente por los peores, y que esto es la causa o consecuencia de estar gobernados por los peores. La conclusión de que la democracia está secuestrada por minorías poderosas parece ineludible.

Pero si a los mejores les falta convicción, probablemente también no están convencidos de que esta conclusión sea verdadera, por lo que les será difícil movilizarse contra el secuestro de la democracia. Es, por tanto, urgente averiguar de dónde viene en nuestro tiempo la falta de convicción de los mejores.


La falta de convicción es la manifestación superficial de un malestar difuso y profundo. Surge de la sospecha de que lo que se difunde como verdadero, evidente y sin alternativa, de hecho, no lo es. Dada la intensidad de la difusión, se vuelve casi imposible para el ciudadano común confirmar la sospecha y, a falta de confirmación, los mejores acaban paralizados en la duda honesta. La fuerza de esta duda se expresa como aparente falta de convicción. Para confirmar la sospecha, el ciudadano común tendría que recorrer a conocimientos a los que no tiene acceso y no ve divulgados en la opinión publicada, porque también está al servicio de los peores. Veamos algunas de las convicciones que se están convirtiendo en sentido común y que, por ilusorias y absurdas, constituyen el nuevo contrasentido común:


La desigualdad social es la otra cara de la autonomía individual. Por el contrario, más allá de ciertos límites la desigualdad social permite a quienes están en los niveles más altos cambiar las reglas del juego con el fin de controlar las opciones de vida de quienes están en los más bajos. Sólo es autónomo quien tiene condiciones para serlo. Para el desempleado sin prestación de desempleo, el jubilado empobrecido, el trabajador precario, el joven obligado a emigrar, la autonomía es un insulto cruel.


El Estado es por naturaleza mal administrador. Muchos Estados (europeos, por ejemplo) de los últimos cincuenta años demuestran lo contrario. Si el Estado fuera por naturaleza mal administrador, no sería invocado tan a menudo para resolver las crisis económicas y financieras provocadas por la mala gestión privada de la economía y la sociedad. El Estado es considerado mal administrador siempre que pretende administrar sectores de la vida social donde el capital ve oportunidades de beneficio. El Estado sólo es verdaderamente mal administrador cuando quienes lo controlan consiguen ponerlo impunemente al servicio de sus intereses privados por medio del fanatismo ideológico, la corrupción y el abuso de poder.


Las privatizaciones permiten eficiencia que se traduce en ventajas para los consumidores. Las privatizaciones pueden o no generar eficiencia, siendo siempre cuestionable lo que se entiende por eficiencia, qué relación debe tener con otros valores y a quién sirve. Las privatizaciones de los servicios públicos casi siempre se traducen en aumentos de las tarifas, sea en el transporte, el agua o la electricidad. Las privatizaciones de los servicios esenciales (salud, educación, seguridad social) se traducen en la exclusión social de los ciudadanos que no pueden pagarlos. Si lo privado fuese más eficiente, las sociedades público-privadas deberían haberse traducido en beneficios para el interés público, al contrario de lo que ha sucedido. El engaño de la proclamada excelencia del sector privado en comparación con el público alcanza el paroxismo cuando una empresa del sector público de un Estado es vendida a una entidad pública de otro Estado, como ocurrió recientemente en Portugal en el sector eléctrico, vendido a una empresa pública china; o cuando la adquisición de un bien público estratégico por parte de un inversor extranjero puede ser financiada por un banco estatal de ese país, como ocurre en el caso de la venta en curso de la compañía aérea TAP (Transportes Aéreos Portugueses), con la posible financiación de la compra del inversor brasileño por parte del banco estatal brasileño BNDES (Banco Nacional de Desenvolvimento Econômico e Social).


La liberalización del comercio permite crear riqueza, aumentar el empleo y beneficiar a los consumidores. Tal como se ha venido negociando, la liberalización del comercio concentra la riqueza que crea (cuando la crea) en una pequeñísima minoría, mientras que los trabajadores pierden empleo, sobre todo el empleo decentemente remunerado y con derechos sociales. En las grandes empresas norteamericanas que promueven la liberalización, los directores ejecutivos ganan 300 veces el salario medio de los trabajadores de la empresa. Por otro lado, las leyes nacionales que protegen a los consumidores, la salud pública y el medio ambiente serán consideradas obstáculos para el comercio y, sobre esa base, cuestionadas y probablemente eliminadas. Hay en marcha tres importantes tratados de libre comercio: el Acuerdo Estratégico Trans-Pacífico de Asociación Económica (TPP, por sus siglas en inglés), el Acuerdo sobre Comercio de Servicios (TiSA) y el Acuerdo Transatlántico para el Comercio y la Inversión (conocido como TTIP). Por las razones expuestas crece en Estados Unidos (y en Europa, en el caso del TTIP) la oposición a estos tratados.


La distinción entre izquierda y derecha ya no tiene sentido porque los imperativos globales de gobernanza son inevitables y porque su alternativa es el caos social. Mientras haya desigualdad injusta y discriminación social (y ambas han aumentado en las últimas décadas), la distinción tiene pleno sentido. Cuando se dice que la distinción no tiene sentido, sólo es puesta en cuestión la existencia de la izquierda, nunca la de la derecha. Sectores importantes de la izquierda (partidos socialistas) cayeron en la trampa de este contrasentido común, y es urgente que se liberen de ella. Los "imperativos globales" no permiten alternativas hasta verse obligados a ello por la resistencia organizada de los ciudadanos.


La política de austeridad busca sanear la economía, disminuir la deuda y llevar el país al crecimiento. En los últimos treinta años, ningún país sujeto al ajuste estructural consiguió tales objetivos. Los rescates se han hecho en interés exclusivo de los acreedores, muchos de ellos especuladores sin escrúpulos. Por eso los ministros que aplican "con éxito" las políticas de austeridad son frecuentemente contratados por los grandes agentes financieros y las instituciones a su servicio (FMI y Banco Mundial) cuando abandonan las funciones de gobierno.


Portugal es un caso de éxito; no es Grecia. Este es el mayor insulto a los mejores (la gran mayoría de los portugueses). Basta leer los informes del FMI para saber lo que le está reservado a Portugal después del saqueo de Grecia. Más recortes en las pensiones, más reducción de salarios y mayor precarización del empleo serán exigidos y nunca serán suficientes. Las "arcas llenas"[1] pregonadas por el actual gobierno conservador portugués son para vaciarse ante el primer estornudo especulativo.

Portugal es un país desarrollado. No es verdad. Portugal es un país de desarrollo intermedio en el sistema mundial, condición que tiene hace siglos. Esa condición hizo que Portugal fuese simultáneamente el centro de un vasto imperio y una colonia informal de Inglaterra. Debido a esa misma condición, las colonias y excolonias tuvieron a veces un papel decisivo en el rescate de la metrópoli. Así como Brasil rescató la independencia portuguesa durante las invasiones napoleónicas, la inversión de una excolonia (Angola) viene hoy tomando a su cargo los sectores estratégicos de la economía de la exmetrópoli. En los últimos treinta años, la integración en la Unión Europea creó la ilusión de que Portugal (también España y Grecia) podía superar esa condición semiperiférica. El modo en el que está siendo "resuelta" la actual crisis económica y financiera muestra que la ilusión se deshizo. Portugal está siendo tratado como un país que se debe resignar a su condición subalterna. Los portugueses deben contribuir al bienestar de los turistas del Norte, pero deben contentarse con el malestar del trabajo sin derechos, de la creciente desigualdad social, de las pensiones públicas desvalorizadas y sujetas a constante incertidumbre, y de la educación y la salud públicas reducidas a la condición de programas pobres para pobres. El objetivo principal de la intervención de la troika fue bajar el nivel de protección social a fin de crear las condiciones para un nuevo ciclo de acumulación de capital más rentable, o sea, un ciclo en el que los trabajadores ganen menos que antes y los grandes empresarios (no los pequeños) ganen más que antes.


La democracia es el gobierno de las mayorías. Ese es el ideal, pero en la práctica nunca fue así. Primero, se impidió que la mayoría tuviese derecho al voto (restricciones al sufragio). Después, se intentó con varios mecanismos que la mayoría no votase (restricciones fácticas al ejercicio del voto: voto en día laborable, intimidación para no votar, costos de transporte para ejercer el derecho al voto, etcétera) o lo haga en contra de sus intereses (propaganda engañosa, manipulación mediática, inducción al miedo por las consecuencias del voto, encuestas sesgadas, compra de votos, interferencia externa). En los últimos treinta años, el poder del dinero pasó a condicionar decisivamente el proceso democrático, especialmente a través del financiamiento de los partidos y de la corrupción endémica. En algunos países la democracia ha sido secuestrada por plutócratas y cleptómanos. El caso paradigmático es Estados Unidos. ¿Y alguien puede afirmar de buena fe que el actualCongreso brasileño representa los intereses de la mayoría de los brasileños?


Europa es el continente de la paz, la democracia y la solidaridad. En los últimos ciento cincuenta años, Europa fue el continente más violento y aquel en el que los conflictos causaron más muertes: dos guerras mundiales, ambas provocadas por la prepotencia alemana, el holocausto, y los genocidios y masacres cometidos en las colonias de África y de Asia. El prejuicio colonial con el que Europa continúa mirando al mundo no europeo (incluyendo las otras Europas dentro de Europa) vuelve imposibles los diálogos verdaderamente interculturales, generadores de paz, democracia y solidaridad. Los valores europeos del cristianismo, de la democracia y de la solidaridad son en teoría generosos (pese a ser etnocéntricos), pero han sido frecuentemente usados para justificar agresiones imperiales, xenofobia, racismo e islamofobia. El modo en el que la crisis financiera del sur de Europa ha sido "resuelta", el vasto cementerio líquido en el que se transformó el Mediterráneo, el crecimiento de la extrema derecha en varios países de Europa, son el desmentido de los valores europeos. En Europa, como en todo el mundo, la paz, la democracia y la solidaridad, cuando son apenas un discurso de valores, buscan ocultar las realidades que los contradicen. Para ser vivencias y formas de sociabilidad y de política concretas, tienen que ser conquistadas por la vía de las luchas sociales contra los enemigos de la paz, la democracia y la solidaridad.


[1] Se refiere a la expresión de la ministra de Estado y de Finanzas de Portugal, Maria Luís Albuquerque, quien recientemente afirmó que su país tiene las "arcas llenas" para honrar compromisos en la eventualidad de que surjan perturbaciones en el funcionamiento del mercado (nota de los traductores).

 

*Traducción de Antoni Aguiló y José Luis Exeni Rodríguez

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Sábado, 04 Julio 2015 07:00

La estrategia destituyente

La estrategia destituyente

Las aporías del Grexit. Si se sigue con un poco más de atención la estrategia que ha seguido Syriza (en los últimos seis meses) frente a las instituciones europeas para enfrentar la crisis social que cobra su auge en 20013, cabría hacerse una pregunta que probablemente aún no tiene –ni tendrá en los próximos tiempos– respuesta: ¿cómo es posible que una nación tan pequeña –y un conjunto tan reducido de votos en el parlamento de Bruselas– mantengan en estado de hiato al conglomerado europeo? Si el Eurogrupo deja caer a Grecia, bloqueando sus flujos de sustentabilidad, otros países leerían el mensaje de una manera elemental: esa informe amalgama entre la Comisión Europa y el Eurogrupo –¿alguien podría definir de qué forma política se trata?– no es capaz, en caso de catástrofe, de proteger a la parte afectada de la ciudadanía (en este caso ya europea). Este mensaje no sólo alentaría las dudas de las franjas de la izquierda, sino de cualquier coalición gubernamental. Si por el contrario, cede frente a las demandas de Syriza –léase: limitar los pagos de la deuda a una política de no austeridad–, tendría que aceptar que la doxa impuesta por la deuda como tecnología del control es falible. Esta aporía, este problema sin solución, que podría redundar en una situación en Grecia tan dramática como condenable (la mayoría de los mandatarios europeos han emprendido la campaña por el sí para alentar a la extrema derecha griega a que dé pasos más firmes), muestra el amplio rango de vulnerabilidad que hasta ahora no habían exhibido los controles de las instituciones globales –y, por ende, la forma en que pueden ser contrarrestadas–.


Desde 2006, el Eurogrupo apostó –y no podía ser de otra manera– a que en Grecia existía un poder constituido –el Estado griego– para hacer el trabajo sucio que garantizara la legitimidad de instituciones unificadas no por un acta de derechos humanos, por ejemplo –cómo se podría esperar después de la agreste historia europea del siglo XX–, sino en torno a una ¡moneda! La idea del poder constituyente se remonta a la revolución francesa. Un Estado que garantizara salidas frente a cualquier tipo de crisis: una invasión extranjera, una guerra civil, una catástrofe natural, una epidemia..., y que podían poner en peligro la integridad de la nación. Pero la forma en que intervienen los poderes globales hoy en día socava permanentemente todo aquello que constituye a la parte constituyente del poder. Actúan manteniendo a este poder en una situación constante de crisis. Es más: la crisis se ha convertido en una tecnología de gobierno. Se desestabiliza todo para mantener la estabilidad de instituciones flotantes. Esa ha sido la experiencia de Grecia, pero también de Argentina, España y México. Las ideas tradicionales que explicaba al poder moderno como mecanismo de contención de lo ingobernable han perdido sentido. Hoy el poder induce la crisis y se erige como el piloto que pretende navegar en ella. Este es el principio actual de gubernamentabilidad. Agamben lo llamó recientemente: el Estado de seguridad. El término es una ironía, porque supone que el Estado garantiza la seguridad de aquello cuya seguridad ha socavado él mismo. Una ironía efectiva porque hoy se gobierna no sobre la base del principio de certidumbre, sino sobre la máxima del menor riesgo. Es decir, riesgo, al fin y al cabo de cuentas.


Cuando Syriza enfrentó el dictum del riesgo con la opción de un referendo, desbancó (voluntaria o involuntariamente) el principio bajo el cual una técnica de control político se legitimaba con argumentos económicos. Lo último que puede admitir un banco frente a una letra vencida, ¡es una votación! Y, sin embargo, no tuvieron otro remedio que aceptarlo. Lo otro significaba el pogromo contra Grecia.


Se trata de una estrategia destituyente: o se modifica el estatuto europeo o los griegos son lanzados de Europa. Y nadie mejor que ellos sabe que esta última es la mejor de las opciones. Sólo que ahora, seis meses después de la medición de fuerzas, los responsables serían las instituciones europeas. Una estrategia que Alejandro Nadal definió recientemente de manera sucinta: ¿cómo salir de la jaula sin morir en el intento?


Es curioso cómo todo el mundo se pregunta: ¿y con quién irá a parar Grecia? ¿Con Rusia o con China? Son preguntas que no hacen más que repetir la falibilidad de la respuesta que presagian.


El sustento de toda la negociación de Syriza no está en los dirigentes ni en los expertos en economía, está en la radical recomposición de la sociedad griega en los últimos años. En ella emergieron formas de un poder destituyente que no requiere a los partidos ni las expresiones políticas para subsistir, y que conjura la posibilidad misma de que se transformen en andamiajes del Estado. Son miles de redes de apoyo que nacieron al amparo de la revuelta y que garantizan comida, salud, educación, acaso inspiradas en el movimiento neoanarkhe, y que representan el secreto mejor conocido de todo el trance griego –del cual por cierto muy pocos hablan–. Y acaso el fundamento de la fuerza para enfrentar al conglomerado europeo.

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Viernes, 03 Julio 2015 06:36

Lenin (el monumento)

Lenin (el monumento)

La aparición masiva de monumentos de Lenin por toda la URSS en los años 50 y 60 –hasta aquel entonces menos populares que los de Stalin– marcaba un claro giro ideológico iniciado por el 20 Congreso del PCUS (1956) cuando Jrushchov denunció los crímenes de su predecesor.


Los escultores soviéticos los producían en serie apenas con pequeñas variaciones: con la mano en alto o en el pecho, con gorra y sin gorra; tanta era la fiebre que el creador de uno de los Lenines en Dnipropetrovsk (hoy Ucrania) no se percató que el suyo acabó con... dos gorras: una en la cabeza y la otra en la mano.


Hace poco también éste cayó víctima de otro tipo de fiebre (y backlash político): las masivas caídas de monumentos de Lenin en toda Ucrania que marcan un giro ideológico hacia el anticomunismo tardío y la criminalización de ambos totalitarismos (que en la práctica rehabilita al fascismo).


Desde finales de 2013 ya fueron derrumbadas 740 estatuas de Lenin (http://leninstatues.ru/leninopad).


En mayo de 2015 el presidente Poroshenko institucionalizó estas prácticas surgidas espontáneamente tras el Euromaidan con un decreto de descomunización –fruto de la nueva política histórica a servicio de la guerra en Donbas– que estipula la quita de todos los monumentos comunistas en seis meses.

En lugar de Lenin aparecen los atamanes cosacos o líderes nacionalistas; uno quedó sustituido por el monumento a... los soldados ucranios combatiendo a los separatistas pro-rusos (¡sic!).


En los bochornosos tiempos de Goodbye Lenin, welcome the 'stormtroopers'! es mejor estudiar varias revaluaciones de su figura que –a contrapelo– hubo en los recientes años (más allá de la demonización revisionista/liberal y del culto oficial pre-1989) y si bien difieren en muchos puntos subrayan su actualidad. Echémosles un ojo a algunas:

• Lenin... ¡la repetición! Una de las primeras que en cierto modo rompía el tabú –Marx todavía, ¡¿... pero Lenin?!– fue hecha por Slavoj Zizek (Revolution at the gates. Selected writings of Lenin from 1917, Verso, 2002) que alabando su valentía de abrazar al momento revolucionario a pesar de la situación catastrófica demostrando que no existen fases, ni condiciones objetivas y que no hay que esperar a que la situación madure sino ¡saltar!, llamaba a repetirlo (Kierkegaard): "recobrar el mismo impulso en la constelación de hoy, no para seguirlo –'¡Lenin está muerto!'– sino salvar su potencial"; para Zizek esto significa mantener el campo abierto, acto vital para la izquierda de hoy, que a diferencia de Lenin ya dejó de cuestionar la forma política del capitalismo: la democracia liberal y teme ensuciarse las manos (New Statesman, 29/10/09), cuando debería –estudiando las contradicciones del sistema– volver a Lenin y empezar desde el principio (New Left Review, núm. 57, 5-6/09).

• Lenin... la deconstrucción. Lars T. Lih –desde una postura menos política– ofreció nuevas miradas a: sus ideas reinterpretando al famoso ¿Qué hacer? (1902), para resaltar mejor su tono no tan elitista y objetivos más básicos: construcción de un partido estilo SPD (Lenin rediscovered, Haymarket Books, 2008); a su figura llevándonos por sus tres etapas –socialdemócrata (1894-04), bolchevique (1904-14), comunista (1914-24)– para concluir que era menos frío y más romántico de lo que se cree (Lenin, Reaktion Books, 2011); a las cosas que se suelen decir de él (" The lies we tell about Lenin", en The Jacobin, 23/7/14) e incluso al relato habitual en la izquierda de su gran ruptura con Kautsky que lo llevó a estudiar a Hegel y renovar radicalmente su marxismo, ambas historias mucho menos drásticas (El extraño caso de Lenin en el armario, en SinPermiso, 14/12/14).

• Lenin... las lecciones. En una nueva introducción a sus viejas conferencias 1972-3 (Factory of strategy. 33 lessons on Lenin, Columbia University Press, 2014), Toni Negri subraya un detalle crucial: Lenin fue el único político que seriamente planteó la extinción del Estado (vide: El Estado y la revolución, 1917) y asegura que el leninismo (sic) puede ser configurado como forma política adaptable a diferentes realidades, algo "urgente en contexto del despertar social desde Occupy, Primaveras hasta Grecia"; una confirmación de estas palabras fue el debate suscitado por Ian Birchall ( Lenin: yes! Leninism: no?, en RS21, 2/8/14), dónde resonó también la cuestión "que si Lenin se hubiera acercado a algo tan 'impuro' como Syriza" (véase: Louis Proyect, Goodbye leninism, en Counterpunch, 14-16/11/14).

• Lenin... la reconstrucción. Tamas Krausz en su imponente biografía ( Reconstructing Lenin: an intellectual biography, Monthly Review Books, 2015) ofrece, más que un punto central, clarificaciones acerca de sus contribuciones políticas y teoréticas, para concluir que su legado no es cosa del pasado, ya que la tradición leninista del marxismo es la única que, al menos por un tiempo, ofreció una alternativa al capitalismo, aunque según Krausz –contrario a lo que quiere por ejemplo Paul Le Blanc (Unfinished leninism, Haymarket Books, 2014) que defiende también el uso de leninismo frente a Birchall (" Leninism, no?", en Socialist Worker, 6/8/14)– Lenin lo hizo "sin crear un otro 'ismo', sólo re-energizando y profundizando los elementos del marxismo que trataba de sepultar el mainstream socialdemócrata".


Algunos de ellos analizan en su breve introducción al pensamiento marxista (The three sources and three component parts of marxism) escrita para el 30 aniversario de la muerte de Marx.


Allí, casi en el principio, incluye una valiente, incluso soberbia frase que siempre me encantaba: La doctrina de Marx es omnipotente, porque es verdadera (que igual dice simplemente que este es el mejor método para analizar la sociedad en que vivimos...).


¿Pero no es justo un tipo de osadía política e intelectual de la que carece hoy y la que le haría falta a mucha parte de la izquierda que ya aceptó los básicos correlatos ideológicos del mainstrea m democrático-liberal?
Recuperarla sería el mejor monumento a Lenin y a su legado.

Twitter: @periodistapl

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Viernes, 26 Junio 2015 06:41

El cambio es así en España

El cambio es así en España

El bipartidismo español demuestra su incapacidad para abordar el presente político. Lo manifiesta cada día sustituyendo cualquier discusión sobre la actual situación socio-económica con una vuelta al pasado rebuscando cualquier tuit debajo de la alfombra. PSOE y PP evitan entrar al campo de la (verdadera) política porque han dejado de controlar monopólicamente ese espacio. Prefieren la confrontación en la arena de la parapolítica aprovechándose de su gran eco mediático y sin necesidad de explicar aquello que afecta diariamente a la gente de a pie.


La disputa es demasiado asimétrica entre los guardianes de lo viejo y los que pretenden un cambio a favor de la mayoría. Mientras el bloque histórico usa todo su poder para pelear fuera del verdadero ring social que preocupa a la ciudadanía, Podemos como partido-movimiento opta por situar su propuesta en el centro del cuadrilátero. La guerra de posiciones está servida para estos meses venideros. El sistema político tradicional sufre una crisis de representatividad; ha dejado de percibir cuál es el sentido común de época en la sociedad española de los últimos años. Los de arriba no saben qué decir de la corrupción ni de los desahucios, ni de los que no pueden pagar la electricidad a final de mes, ni del desempleo juvenil. Los representantes de las elites procuran reinventar una centralidad que no coincide con el centro de gravitación de las demandas de la mayoría social. Prefieren la campaña del miedo porque han dejado de ser creíbles como políticos capaces de crear esperanzas.


Frente a ello, Podemos sigue empecinado acertadamente en centrar la atención en aquello que afecta la vida cotidiana de los hogares españoles, devolviéndoles las ganas y creando ilusión. Esta estrategia podemista es lo que más incomoda a unas elites que prefieren marear la perdiz en vez de tener que hablar de la deuda social creciente en España ni de la falta de expectativas (el 63 por ciento cree que en los meses próximos seguirá todo igual o incluso peor que hasta ahora).


La trampa tendida desde el bipartidismo en contra de Podemos se basa en buscar como sea que éste hable de sí mismo. Todo vale por parte del bipartidismo para que se eluda discutir de lo que sigue pasando social y económicamente en cada rincón del país. El régimen ambiciona llevar el debate a un callejón sin salida tentando a la alta cuota de intelectuales en el entorno de Podemos para que la sobredosis de podemología merme las fuerzas para el verdadero objetivo marcado: pensar cómo adentrarse por la ventana abierta de esta oportunidad histórica.


La otra gran estrategia aplicada por las elites procura forzar a Podemos a luchar contra la campaña del miedo impidiéndole que siga cómoda y decididamente por la hoja de ruta del cambio. Este es uno de los objetivos del bipartidismo: hacerle zancadillas constantemente a Podemos obligándolo a que den más explicaciones de las necesarias sobre aquello que interesa poco a la ciudadanía. Las elites políticas buscan arrinconar a Podemos elevando el tono de voz; creen que con más decibelios van a llevar más razón, o van a tener más capacidad de silenciar lo que hoy ya es un grito de la mayoría. Sin embargo, Podemos no cede la agenda.


El nuevo consenso emergente es el meollo de este tira y afloja fruto de un cambio de época que ya es una realidad. Es muy de agradecer que la democracia se oxigene gracias a estas tensiones que permiten reacomodar los equilibrios de fuerzas políticas. El PP le apuesta todo a la recuperación económica aunque ésta sea desigual, y a enterrar como sea a todo aquello que tenga tufo a nuevo; el PSOE escoge una operación más cosmética, con tono moderado, para llegar al mismo puerto. Y frente a ello, a Podemos sólo le queda proseguir con su tarea de ampliar y construir ese imaginario del cambio que tanto se ha cristalizado en las pasadas elecciones del 24M. Su éxito dependerá en gran medida de cómo evite entrar al trapo de un régimen aún hegemónico que se niega a tirar la toalla. No será fácil, pero quién ha dicho que cualquier cambio a favor de las mayorías haya sido fácil a lo largo de la historia. Eso sí, a pesar de los intentos de hablar de tweets y de protestas en capilla, el cambio en España ya es un hecho político irreversible.



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El fin del relato progresista en América Latina

Las protestas contra Dilma Rousseff marcan un punto de inflexión en la ruptura entre gobernantes y gobernados en Brasil, un proceso que paulatinamente se extiende a los países latinoamericanos.

¿Se puede hablar de final de ciclo para los gobiernos progresistas en América Latina? Cuando triunfos electorales se sucedieron recientemente en Uruguay, Brasil, El Salvador y Bolivia, la pregunta pareció disiparse. Pero vuelve por otros caminos. No necesariamente el de también recientes derrotas en grandes ciudades o regiones del Brasil, Ecuador, Argentina o Bolivia. Estas han tenido cierto peso simbólico pero parecen remitir a un nuevo equilibrio más que a la interrupción del apoyo a nivel nacional. Lejos de las urnas, más bien, un posible momento de cambio todavía indeterminado parece sentirse en el agotamiento de un modelo y en la transformación interna de la narrativa política progresista, plurinacional o bolivariana.
Tanto a la izquierda como a la derecha del espacio político en que los gobiernos progresistas se establecen como centro, asistimos una reorganización de fuerzas y movilización en varios países. El mapa de la situación política no es homogéneo ni puede generalizarse, pero cierta inquietud se transmite desde la razón "gobernista", término utilizado en Brasil para referirse a la defensa militante del gobierno que no asume ni la más mínima crítica. En ese país, después de las primeras medidas de gobierno que siguieron al triunfo por mínima diferencia en las elecciones de octubre de 2014, el "gobernismo" muestra una notable dificultad para sostener el "relato" en que se sustenta.


De hecho, quizás sea Brasil donde el problema del fin de ciclo se muestra con mayor claridad. Al final, las movilizaciones opositoras de cuño expresivamente conservador en Argentina y Venezuela se vienen sucediendo sin que el apoyo hacia los gobiernos deje de ser firme y probablemente suficiente para ganar otra elección. Fuertes movilizaciones campesinas e indígenas en Ecuador y Bolivia, por otra parte, no merman hasta ahora el voto mayoritario de Morales y Correa. En Brasil, las últimas mediciones de abril y mayo sobre imagen positiva de Dilma Rousseff llegaron al 7% en uno de los grandes institutos y en cerca de 10% en otros. Lula da Silva, probable candidato para 2018, no deja de estar afectado por el descontento. Es que, además de una oposición indignada, la crítica al gobierno alcanzó rápidamente la masa de votantes propios. Para el "gobernismo" más cínico, sin embargo, el neoliberalismo es una fase ya dejada atrás y la falta de popularidad se debe exclusivamente a una crisis en la que no tienen responsabilidad, y al trabajo de los grandes medios.


En realidad, la popularidad de Dilma Rousseff ya había sido baja en el estallido de junio de 2013 y durante la copa del mundo, dos momentos en que la indistinción del PT con el poder empresarial y los partidos conservadores con los que cogobierna, o de la oposición, se mostraban evidentes desde las calles. Esta imagen de frente conservador donde el progresismo se integra es la base de la situación política que quiebra el relato. En sentido opuesto, la elección presidencial de 2014 permitió al PT recuperar sus votantes históricos en una notable polarización del electorado que eliminó a Marina Silva asociándola al neoliberalismo, y a Aecio Neves a fuerza del foco en lo social. Un voto desencantado, sin embargo, fue seguido por una verdadera indignación frente a la formación del gabinete de ministros y las primeras medidas. La presidenta asumió políticas de ajuste y austeridad, en sentido notablemente contrario de lo prometido en la campaña electoral que todavía resonaba en los oídos.


Por intermediación de Lula el PT incorporó al responsable económico del programa de la oposición, y dio lugar a un recorte de gastos que pesaría especialmente sobre la clase trabajadora y la educación. Otro nombramiento de impacto fue el de Katia Abreu en el Ministerio de Agricultura, homenajeada tiempo antes por los pueblos indígenas con el premio de "Miss Motosierra de Oro", por su papel en la defensa de crímenes ambientales y el avance del agronegocio sobre tierras indígenas, dos causas de amplia sensibilización en la ciudad.


Al mismo tiempo, los gestos hacia los mercados no sirvieron para neutralizar manifestaciones de cientos de miles de personas que pedían la destitución de Dilma, que con un discurso anti-corrupción señalizan la posibilidad de un cierre del ciclo por el camino más conservador. Estas voces que salieron a la calle, se expresan también en un congreso donde aumenta la influencia de la bancada "de la Bala, el Buey y la Biblia (BBB)", con control de la cámara de diputados y con mucha más influencia sobre el gobierno que los movimientos sociales. Sectores conservadores en la base del gobierno y la oposición consiguieron que el gobierno frenara iniciativas educativas anti-homofóbicas en curso, y se preparan esta semana para aprobar una enmienda constitucional que reduzca a 16 años la edad de la mayoría penal, después de haber aprobado la generalización de la tercerización para todos los sectores de la economía, antes restringida.


Habiéndose alejado del proyecto de cambios que lo llevó al poder, sin capacidad para movilizar ni para frenar institucionalmente reformas conservadoras, y siendo partícipe de las mismas en algunos casos como el del deterioro de los derechos del trabajo, el fin de ciclo se da con el progresismo en el comando, que incluso podrá volver a ganar desde un enfrentamiento electoral con los sectores con los que, en realidad, co-gobierna.


Culto a la tecnocracia


Aunque una derrota en Venezuela o Argentina sería significativa para la liga de presidentes del espacio que inauguró Chávez en 1999 y hoy gobierna varios países, el fin de ciclo pasa en los distintos países por la aceptación de un modelo conservador evaluado como condición necesaria para la estabilidad y continuidad política. Las encuestas y el cálculo electoral determinan así el proyecto político, que tiende al culto de lo institucional y la tecnocracia, aunque mantenga un discurso que construye su electorado a partir del énfasis en lo social. En Argentina, en ese sentido, el kirchnerismo se dispone a defender en la campaña a un candidato que nunca gozó de su confianza, pero que se acepta por medir mejor en las encuestas. Daniel Scioli, lanzado políticamente por Menem, demuestra que el peronismo sigue siendo más que el kirchnerismo y se presenta desde posiciones políticas que no se diferencian de las de sus rivales del espacio conservador.


La vieja política también se introduce en el MAS de Bolivia, desde una visión hegemonista que lo empeña hace tiempo a recurrir a figuras mediáticas o recicladas de la oposición, como si las decisiones electorales y acuerdos no tuvieran consecuencias en la gestión y rumbo político. Así, se abandonan objetivos que vayan más allá de la ocupación de las instituciones, sustituyendo la movilización popular por la incorporación de posiciones, visiones y demandas del enemigo, dejando atrás los tiempos que siguieron a la elección de Evo Morales en los que hubo intentos de proponer reformas más contundentes o cuestionar la forma y funcionamiento del Estado, más allá de quién ocupara el sillón.


La imposibilidad de regeneración y vuelta a los orígenes, por otra parte, se limita desde la propia dinámica del sistema político, que financia las campañas desde el sector empresarial; o en la dependencia estatal de ingresos producto del peor desarrollo y el extractivismo, base también de alianzas espurias con caudillos locales y capital multinacional sin responsabilidad ni horizonte más allá de la búsqueda de retorno más rápido posible de las inversiones. Buena parte de las políticas sociales son fruto de estos ingresos, por lo que la marca y popularidad de estos gobiernos se asocia íntimamente con estos tipos de explotación económica sumamente dependiente del precio internacional y con consecuencias ecológicas desastrosas.


En un balance deben destacarse medidas importantes, como el avance en la articulación regional; la declaración de inconstitucionalidad de las leyes de impunidad de la dictadura y la asignación universal por hijo en Argentina; algunos elementos de las constituciones de Bolivia y Ecuador; negociaciones soberanas de la deuda; reducción de la pobreza y la intervención social y de infraestructura en barrios. El final de ciclo también se relaciona con la interrupción de esas agendas, sin embargo, con un aumento de la pobreza en Argentina, y de la desocupación en Brasil, además de los límites de las luchas emprendidas, que no incorpora en el reconocimiento de derechos y defensa de garantías a las periferias y pueblos indígenas que enfrentan grandes obras y expulsiones de territorios. Algunos tabús de esta época se rompieron con negociaciones de pactos bilaterales en Ecuador, y con el encarcelamiento de opositores en Venezuela. El balance también es negativo en la prometida industrialización y salida del modelo de economía primaria dependiente de precios de commodities.


A la hora de hablar de modificaciones estructurales de la desigualdad y la matriz económica, los gobiernos progresistas parecen transformados por el poder y las instituciones, antes que lo inverso. Mientras recetas ortodoxas anuncian nuevamente su llegada, alejan definitivamente la posibilidad de fortalecer procesos que desde el Buen Vivir apuesten por otro desarrollo. Al mismo tiempo, un nuevo marco ideológico asumido por buena parte del progresismo para encarar la fase política actual, garantiza popularidad y la permanencia en el poder, pero a costa de abandonar principios anticapitalistas y demandas venidas de las movilizaciones que abrieron el ciclo político progresista. Esto es claro si vemos el avance de tres elementos: la ideología del consumo, el consenso del desarrollo y la agenda política traída por sectores religiosos.


La propaganda "gobernista" presenta el crecimiento en índices de consumo como acceso de millones a la clase media. Además de abandonar agendas campesinas, indígenas y obreras, la discusión deja de lado la revisión de prioridades en la economía y la forma de distribución –que continúa beneficiando mayormente a los más ricos–. Tampoco complementa el acceso al consumo con un acento en el acceso a salud, educación y transporte de calidad, que permanecen ajenos a las mayorías.


La llegada del papa Francisco al Vaticano, días después de la muerte de Chávez, ya cosechó retrocesos en la legislación progresista, frenando cambios en el Código Civil argentino, y dando legitimidad a la ruptura de gobiernos con luchas de minorías que históricamente la izquierda defendió, cortando incipientes avances en algunos de los países. La transformación que convirtió a Bergoglio de autoridad de una iglesia conservadora que cierra muestras de arte o no asume una posición crítica durante la dictadura, a líder del progresismo, no habla solamente de una operación comunicacional, sino también del fin de ciclo del progresismo como lo conocimos hasta ahora. Consumo y agenda conservadora se conectan con la incorporación de un punto de vista estatal e hiperpresidencialista, articulando con identidades políticas nacionalistas, con sus variantes batllistas en Uruguay, peronista en Argentina, emenerrista en Bolivia, cuando no de las propias dictaduras, si enfocamos en el modelo desarrollista adoptado.


Quizás deba tomarse en serio la propuesta de fundar una nueva internacional liderada por el papa Francisco, presentada por Gianni Vattimo y aplaudida por actores del progresismo "gobernista" nucleado en el Foro por la Emancipación y la Igualdad que en marzo de 2015 en Buenos Aires. Rafael Correa, en esa dirección, asumió este año una defensa sobreactuada y repentina contra lo que llamó "agenda abortista", para impedir la regulación legislativa de este tema, y de "ideología de género" contra derechos de minorías. El posicionamiento se suma a sus ya clásicas diatribas contra ambientalistas e indígenas.


La política que interviene en los antagonismos sociales, raciales y de ímpetu descolonizador, es así sustituida por valores conservadores desde una idea de confraternización y conciliación que en el fondo deja de lado la lucha contra la desigualdad, más allá del asistencialismo que encuadra y desmoviliza los sectores populares desde el paternalismo estatal o religioso. El nuevo horizonte viene acompañado de un tratamiento de la disidencia como radicalismo contrario a los intereses de la nación.

En el plano geopolítico, el aumento de la represión y criminalización de disidentes se articula con la visión hacia oriente, acercándose en el discurso y la economía a regímenes autoritarios como el de Rusia y China, también ya desprovistos de un horizonte anticapitalista y emancipador.


Sustituyendo clase trabajadora y movimientos sociales o indígenas por familia y clase media; el progresismo y la izquierda en el poder dejan de serlo por el camino de la seguridad y el consumo de nuevos nacionalismos desarrollistas. Este movimiento es claro en Nicaragua, donde Daniel Ortega y el sandinismo regresa al gobierno en 2007. El acercamiento con la iglesia que lo enfrentó en los 70, se da junto a la aprobación de una ley que prohíbe el aborto en cualquier situación. A finales del 2014, el congreso aprueba también sin debate ni socialización de información una ley que da origen a la construcción de un canal interoceánico, cediendo derechos soberanos por 50 años a una empresa china, reprimiendo y criminalizando campesinos y poblaciones que serán desplazadas. El ciclo político también se interrumpe cuando la política del desarrollo acerca gobiernos bolivarianos, progresistas o de izquierda a las gestiones nacionalistas y liberales del Perú, Colombia o México, sin distinción en la instrumentalización del poder estatal para garantizar un modelo para nada progresista.


Más que un horizonte anti o post extractivista como alternativa de poder en un nuevo ciclo, vemos aparecer nuevas derechas con discursos renovados "para la gente" y "post-ideológicos" con la bandera que perdió la izquierda de la ética contra la corrupción. Sin participación y búsquedas de otra política que conecten luchas territoriales con luchas en las ciudades, el nuevo ciclo acabará cediendo lugar a un régimen autista e individualista que combine o alterne un nacionalismo social de discurso religioso y un republicanismo individualista de discurso anti-estatal indignado.

Publicado enPolítica
Jueves, 18 Junio 2015 18:37

La ladera grita, resiste y construye

La ladera grita, resiste y construye

Un gigantesco anfiteatro bordeado por montañas. Abajo, en lo profundo del valle atravesado por el río Medellín, edificios que señalan el centro, autopistas repletas de coches y, a medida que la mirada asciende por las laderas, miles de viviendas apiñadas, colgadas de barrancos, quebradas y desfiladeros que las sucesivas oleadas de migrantes domeñaron, convirtiéndolas en una suerte de ciudad vertical.

Doble migración. La histórica, del campo a la ciudad, que arranca durante La Violencia (1946-1958) que sometió al país a la guerra civil entre liberales y conservadores con un saldo de entre 200 y 300.000 muertos. Recién en 1957 la violencia amaina, aunque no la persecución del campesinado, que crea las condiciones para un rebrote del conflicto con la aparición de las guerrillas en la década de 1960.


Pero que continuó en sucesivas ondas, que arrancaron a cientos de miles de campesinos de sus tierras codiciadas por terratenientes, narcos y paramilitares. La última se registró, en el oriente de Antioquia, entre 1998 y 2007, siete años que dejaron la tierra arrasada, según un detallado estudio del municipio de San Carlos, a 100 kilómetros de Medellin.


En números, el despoblamiento del municipio es alucinante. En 1985 tenía 29.156 habitantes que se reducen a 13.000 en 2005, en lo que se describe con "una danza de guerra", en la que "los paramilitares masacraban indiscriminadamente a los habitantes del municipio, mientras las guerrillas atacaban los cascos urbanos de todas las localidades de la región, sostenían enfrentamientos con el ejército en las áreas rurales y mataban a los pobladores que consideraban informantes o auxiliadores de los paramilitares" .


En esa pequeña población, se produjeron 36 masacres, a razón de cuatro por año, más de 500 personas fueron asesinadas y 152 sufrieron desaparición forzada. Los combatientes dejaban los cuerpos de las víctimas en caminos, calles y aceras para escarmentar. En el peor momento de la guerra, hasta el 80% de la población huyó hacia otros municipios, una parte retornó cuando la matancera amainó hacia 2007.


Así se fueron poblando las laderas de Medellín, donde la población desplazada fue llegando, abandonada a su suerte. Cuatro de cada diez habitantes llegaron desplazados por el conflicto. Las clases sociales están definidas por la geografía. Los más pobres viven en las comunas más alejadas del centro. Los más cercanos a las cumbres fueron los últimos en llegar.

 

Bello Oriente: barrios en (auto)construcción

 

La buseta trepa las laderas con un quejido ronco, pega vueltas bruscas en una avenida sinuosa y estrecha. Tropieza con un tránsito lento, con decenas de transeúntes que cruzan y caminan bordeando la avenida, con otras busetas, camiones de basura y de reparto de mercancías. Llevamos una hora y media desde que salimos de San Benito, en el centro, cuando las casas de ladrillos y techos de chapa comienzan a ralear.


Entramos en la zona más alta de comuna 3, el barrio de Bello Oriente, desde donde se puede divisar, allá abajo el centro, más arriba la ladera occidental plagada de casitas y en el horizonte las cumbres verdes y brumosas. Bajamos frente a una casona en medio de un prado, una casa comunal donde medio centenar de personas –ocho de cada diez mujeres- esperan en ronda el comienzo de la reunión.


La casona de dos pisos lleva por nombre El Paraíso y los vecinos la tienen desde hace 18 años. Allí se reúnen movimientos y colectivos de las laderas, hacen bazares de venta de ropa y electrodomésticos que intercambian por trueque, se junta la red huertas de la zona, los diversos grupos que funcionan en el barrio y realizan festivales gastronómicos como forma de recoger fondos.


Comienza la reunión. Cada quien se presenta: jóvenes de comunicación (Señales de Humo), Mujeres Aventureras gestoras en derechos, la Red Barrial Social de Bello Oriente integrada por varios colectivos e instituciones , grupos culturales y artísticos, estudiantes universitarios, el Comité de Población Desplazada de Comuna 13 y la Mesa Interbarrial de Desconectados.


Claudia Serna, abogada activa en la Mesa, explica que se creó en 2009 para agrupar a los que no tienen acceso al agua, la energía y vivienda digna, y que agrupa vecinos de seis comunas. Jairo, un señor mayor de la Red Barrial, explica que "el Megraproyecto nos va a desplazar", en referencia al proyecto de Cinturón Verde del municipio que pretende impedir que se sigan construyendo barrios en las laderas, para lo que propone desalojar a los que ocupan áreas que consideran críticas.


"Lo que proyectan en realidad es venderle la ciudad a los extranjeros y al turismo", explica quien se considera desplazado "intraurbano", ya que tuvo que abandonar su vivienda en el centro porque no pudo seguir pagando el alquiler. Pero aclara que algunos de sus vecinos sufrieron tres y hasta cuatro desplazamientos, primero del campo a la ciudad y luego en ésta, cambiando de lugar hasta encontrar en Bello Oriente un espacio que ahora quieren desalojar.


Bello Oriente tiene 5.000 habitantes e integra junto a otros cinco barrios la llamada Franja Alta de la comuna 1-Manrique, que en su conjunto tiene 155.000 habitantes. La Franja Alta tiene alrededor de 30.000, es la zona de población más reciente, la que tiene peores servicios o no tiene, y la que el municipio quiere desalojar. Alrededor del 55% de la población fue desplazada por el conflicto armado, la mayoría son trabajadores informales y desocupados.


La mayor parte de las familias están integradas por mujeres, jóvenes y niños, no tienen escrituras de sus viviendas, muchos han sido desconectados de servicios como agua y luz por no poder pagar. Las calles "han sido construidas por los habitantes mediante convites" y la comunidad "ha improvisado servicios artesanales no convencionales como alcantarillados comunitarios, conexión informal a las lámparas de alumbrado público y acueductos comunitarios de agua no tratada".

 

Entre el poder narco-paramilitar y el poder popular

 

Esa amplia red de colectivos incluye, además, espacios de formación y educación, mercados informales de intercambio y venta, y las huertas comunitarias y familiares. Algunas comenzaron con apoyo de programas del municipio, pero luego de un tiempo siguen solas. La mayor de Bello Oriente está a unos 200 metros de la casona: un amplio espacio de 100 metros por 50 donde trabajan 12 familias. "Se trabaja comunitariamente, una parte es para las familias y el resto se vende", explica un hombre mayor que viene del campo y se siente feliz de volver a trabajar la tierra.


Uno de los comentarios inevitables de los vecinos alude a "los muchachos". Si la red comunitaria es una suerte de poder popular, "los muchachos" encarnan lo opuesto. Están arropados en "estructuras paramafiosas" como las Autodefensas Gaitanistas de Colombia, llamadas también "Urabeños", que ejercen fuerte control territorial y social y, en los hechos, son un cogobierno en la ladera. Donde el Estado tiene escasa presencia, las bandas paramilitares o combos son un poder antipopular, aliado a los de arriba.


En Medellín hay unos 350 combos que controlan el 70% de la ciudad, en las que participan 13.000 "muchachos" . En Bello Oriente "son ejemplo vivo de este control territorial, social y económico", a través de un grupo que se llama "La 30", que además domina varios barrios aledaños. El grupo armado mezcla el negocio del pequeño tráfico de drogas con "vacunas" (impuestos ilegales) a los comercios y a la venta de huevos, cigarrillos marca Ibiza, arepas, gas y al transporte colectivo.


Se cubren diciendo que "ofrecen seguridad", pero el que no quiere cooperar puede terminar en una cuneta con un disparo en la nuca. Dominan los centros de acopio y como controlan el "centro móvil de reconciliación y convivencia" resuelven problemas de matrimonios, deudas, linderos y hasta los inevitables chismes. Todo a pura amenaza.


Un ejemplo. Hace dos años convocaron una reunión de microempresas de arepas y les informaron que la "vacuna" pasaba de 50.000 a 300.000 pesos mensuales (de 20 a 120 dólares). Muchos no pudieron pagar y el resultado fue que "en Bello Oriente de 10 microempresas de arepas que existían, no quedan más de cuatro" . El resultado es que regulan el mercado avalados por el Estado, ya que en la zona el CAI (Comando de Atención Inmediata) de la Policía Nacional no interfiere en sus negocios.


El foro "La ladera le habla a la ciudad", abordó también este tema. Sostiene que los combos actúan presionando a la población para desplazarla allí donde el municipio va a realizar obras. "Con la construcción del metrocable en la comuna 1, muchas personas fueron amenazadas para que abandonaran sus casas, justo donde se estaban realizando obras para la construcción de las torres y las estaciones".


El vasto proyecto de control social de la población pobre y de internacionalización de la ciudad (grandes eventos y turismo), supone no sólo la creación del Cinturón Verde en la cresta de las montañas sino un conjunto de inversiones en infraestructura: metrocable, escaleras mecánicas, edificios emblemáticos como los parques-bibliotecas y otras que suponen intervenciones verticales en la trama urbana, como Biblioteca España.


"Las comunas han sido construidas por la gente, no se puede olvidar que a estas comunidades les costó hacer el territorio, para que lleguen otros a sacar provecho de esta situación", dicen las organizaciones sociales . Gracias a su trabajo la tierra se ha valorizado, por eso reclaman que en caso de que se vean forzados a desplazarse nuevamente, la familias deben recibir una "plusvalía social" compensatoria.

 

Desconectados: lucha por el agua y la dignidad

 

Un parte de la población de Medellín no tiene acceso a los servicios básicos. Se calcula un déficit habitacional de 50.000 viviendas, además de 30.000 en zonas de alto riesgo (peligro de deslizamientos) y 35.000 hogares que han sido desconectados del agua potable y la energía eléctrica, o sea unas 300.000 personas que no han podido pagar y perdieron esos servicios . Ese sector, alrededor del 15% de la población de la ciudad y más de un tercio de quienes viven en las comunas populares, sería desplazado para desarrollar una ciudad para la especulación inmobiliaria y financiera.


Claudia Serna analiza con rigor los planes municipales: "Medellín busca posicionarse como una ciudad regenerada en su trama urbana, pacificada y abierta al mundo a través de mega eventos internacionales, cuyos mensajes buscan caracterizar una ciudad segura para la inversión". Pero esa seguridad, añade, "se traduce en alta inversión en equipamiento militar en las comunas para que ellas también ofrezcan ese potencial turístico", que se apoya en obras como el metrocable.


La militarización de los barrios populares tiene, entonces, dos lógicas: una micro, insertada en la cotidianeidad, en base a los combos que controlan a la población; y otra macro, vinculada a la presencia policial-militar y la construcción de equipamiento: en seis años, señala Serna, en los barrios que se quieren desalojar, se construyeron seis subestaciones de policía, cinco estaciones y nueve CAI, "con la que se pretende controlar barrios con altos niveles de conflictividad".

Pero ese mega control, la suma del control micro y macro, está al servicio de proyectos de infraestructura que lubrican la acumulación de capital a la vez que refuerzan el control social. La contrapartida es que "en menos de diez años la administración reubicó alrededor de 40.000 personas en cubículos de sólo 42 metros cuadrados" . Pero en lugares alejados, donde sus estrategias de sobrevivencia ya no valen y donde la nueva trama urbana se les vuelve en contra.


La Mesa Interbarrial de Desconectados es una de las coordinaciones entre comunas más importantes de Medellín. Se define como "una articulación de organizaciones barriales y comunitarias en el tema de la desconexión de los servicios públicos domiciliarios y vivienda digna, que reivindica e incide por los derechos fundamentales en pro de la vida digna de los sectores populares".


La Mesa tiene una "escuela interbarrial" itinerante, un espacio de formación de los vecinos de las comunas en base a la educación popular, cuenta con asesoría jurídica para defender a los vecinos en casos de desalojos, espacios de mujeres, culturales (realizan un Carnaval, radionovelas, grupos de audiovisuales), de producción en huertas, organizan Encuentros de Desconectados y publican la revista Vida Digna.


En abril de 2014 impulsaron el Foro Social Urbano Alternativo y Popular, en paralelo al VII Foro Urbano Mundial organizado por ONU-Habitat, en el que participaron decenas de colectivos de base de Medellín, Colombia y América Latina, en cuatro jornadas de debates.

 

Pobreza, agua y vida digna

 

Decir que los habitantes de las laderas, como los de la comuna 1, son pobres, no es suficiente para comprender su realidad. Un relevamiento casa por casa hecho en 2010 por la Red de Instituciones y Organizaciones Comunitaria de los Barrios La Cruz y La Honda (RIOCBACH), pegados a Bello Oriente, revela la profundidad de esa pobreza .


En el 20% de las familias no trabaja ninguno de sus miembros. El 7% de los hogares no tienen ningún ingreso. El 32% recibían menos de 45 dólares mensuales por hogar y el 65% ingresaban menos de 142 dólares por mes y hogar . Sólo el 4% de las familias ingresaba más del salario mínimo (515.000 pesos o 245 dólares en 2010).


El 22% son trabajadores informales, sólo el 11% tienen contrato fijo, pero el 38% hacen "rebusque" o "el recorrido", que consiste en un trayecto por plazas de mercado o el centro para conseguir gratuitamente alimentos y otras prestaciones necesarias para la vida, una especie de mendicidad apenas encubierta .


En la Franja Alta de las comunas la mitad de la población no tiene servicio estatal de agua potable y se abastece con acueductos comunitarios. En la ronda de organizaciones de El Paraíso, Jairo explicó que en Bello Oriente el municipio no les abastece de agua porque piensa desalojarlos con el Cinturón Verde. "Tenemos un acueducto comunitario que recoge los derrames del tanque de la empresa, pero no es potable".
En Colombia hay una larga tradición de acueductos comunitarios, tanto en veredas o comunidades rurales como en los barrios de las ciudades. Como señala la revista Vida Digna, "son construcciones populares en torno a la gestión del agua", común entre indígenas, comunidades negras, campesinos y sectores populares urbanos.


"Sus orígenes se encuentran en la vecindad, la solidaridad, el respeto por el medio ambiente y en los usos y costumbres de cada una de las comunidades que de manera ancestral unieron sus esfuerzos para suplir las necesidades" . En Colombia hay más de 11.000 acueductos comunitarios y en Medellín varias decenas. Son poderes que reflejan y afirman la autonomía de los sectores populares. Por eso los combaten a sangre y fuego.

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