Representación de la misión ClearSpace-1 de captura de una pieza de basura espacial. — ESA

La ESA toma la iniciativa al contratar a una pequeña empresa tecnológica suiza con la que colaborará la española Deimos.

Un vehículo espacial provisto de una pinza de cuatro dedos intentará atrapar un trozo grande de basura espacial a centenares de kilómetros de altura para quitarlo de en medio y que termine quemándose en la atmósfera. La primera operación de este tipo en el mundo, por ahora, está en marcha tras encargarla la Agencia Europea del Espacio (ESA) mediante un contrato a una pequeña empresa suiza por valor de 86 millones de euros.

"El mayor peligro para las misiones en órbita baja son las grandes piezas, las etapas de cohetes y adaptadores que llevaron a los satélites donde están", explicó Jan Woerner, director general de la ESA, en la presentación de la misión. "El espacio es nuestra infraestructura y la tenemos que mantener limpia, pero además es el mercado del futuro".

La ESA nunca había contratado servicios antes, así que el acuerdo con la empresa Clear Space también es un primer paso hacia un mercado espacial. "Es un nuevo papel para la ESA, la de cliente para servicios especiales. Convencimos a nuestros países socios para hacerlo y Suiza y otros siete países van a poner dinero en el proyecto. No queremos hacer una demostración sino una misión real", detalla Woerner.

Por eso se ha seleccionado un objetivo concreto, el adaptador cónico utilizado para el lanzamiento de dos satélites en 2013 en un cohete Vega y que tiene el tamaño de una lavadora y una masa de poco más de 100 kilogramos. Está ahora en una órbita elíptica de 800 por 660 kilómetros.

Clear Space es una empresa que nace del prestigioso EPFL (Escuela Politécnica Federal de Lausana). Su fundador, Luc Piguet, explica que tras esta primera misión, prevista para 2025, esperan desarrollar nuevas posibilidades, como la de recoger varios trozos de basura espacial de una vez y también dar servicio a satélites en órbita para alargar su vida o repararlos.

La misión es atractiva pero arriesgada, explica Louisa Innocenti, de la oficina Clean Space, creada en ESA para reducir el impacto ambiental de las misiones espaciales: "Podemos detectar el trozo de basura espacial pero no sabemos cómo se mueve, hay que subir y observarlo a distancia. Cogerlo es todavía más difícil. Estamos cooperando con la industria y con universidades y es un sueño para todos nosotros". El plan es lanzar el vehículo ClearSpace-1 con un cohete Vega hasta los 500 kilómetros de altura, desde donde perseguirá al objeto a capturar.

La misión ClearSpace-1 se aprobó el pasado mes de noviembre en la reunión de nivel ministerial de los 22 países miembros de la ESA que se celebró en Sevilla. Al proyecto se han apuntado ya ocho países. España no está entre ellos pero Deimos, una empresa española de ingeniería espacial, estará presente en el consorcio que se está definiendo, a través de sus filiales en varios de los países participantes. El presupuesto total es de 100 millones de euros, de los que 86 millones pagará la ESA y el resto empresas e instituciones.

A pesar de que se trate de un contrato de servicios, la ESA se va a implicar en el proyecto dando soporte, debido a la importancia del tema. En Suiza se considera una oportunidad para desarrollar tecnología para el futuro mercado de limpiar la órbita baja de la Tierra, un mercado todavía por definir pero que nadie duda de que vaya a existir, si se tiene en cuenta la gran cantidad de basura espacial que se ha ido acumulando sin que hasta ahora se hayan establecido normas para evitar su aumento.

La misión ahora contratada es modesta pero indica una tendencia, la de que ya no se puede ignorar el peligro para todas las misiones espaciales de los 34.000 trozos de desechos de hasta varios metros que se estima que existen, a los que se suman más de un millón de diminutos residuos de entre diez y un centímetros y 128 millones todavía más pequeños. Las grandes piezas, incluidos los satélites que ya no funcionan, son consideradas las más peligrosas porque si chocan dos de ellas, como ya ha pasado, dan lugar a numerosísimos fragmentos.

El problema es grave. Se han lanzado a lo largo de la historia espacial (desde 1957) casi 6.000 cohetes, que han situado en el espacio unos 10.500 satélites, de los cuales permanecen en órbita casi 7.000 aunque solo unos 3.300 funcionan.

Además, se están empezando a lanzar enormes grupos de pequeños satélites para dar servicio de Internet, las llamadas megaconstelaciones, que van a suponer un gran dolor de cabeza tanto para las demás misiones espaciales como para los astrónomos. El director general de la ESA afirma que está tratando de convencer a las restantes agencias espaciales de que se obligue a los operadores a que cuenten con una solución para el caso de que falle el satélite: un sistema automático de salida de órbita, un contrato para sacarlo o que tengan que depositar en una de las agencias la cantidad suficiente para que se realice la operación. "Todavía no les he convencido de que es necesaria una regulación internacional pero la situación es insostenible y es necesario que nos pongamos de acuerdo", afirma.

Se espera que la mayor parte de los satélites y etapas de lanzadores futuros dispongan de sistemas automáticos para caer una vez concluida su vida útil o en caso de malfuncionamiento, pero la basura espacial ya existente sigue siendo un gran problema. Los expertos están especialmente preocupados por el satélite Envisat que precisamente lanzó la ESA y que no funciona desde 2012. Pesa ocho toneladas, es tan grande como un autobús y está en una zona densamente poblada de la órbita terrestre baja (a partir de los 600 kilómetros de altura) sin que se pueda manejar en absoluto.

Mucho más arriba, en la órbita geoestacionaria donde se encuentran los grandes satélites de telecomunicaciones, la situación no es mucho mejor, pero la densidad es mucho menor y los satélites son de mayor tamaño y se intentan trasladar a una órbita de aparcamiento cuando terminan su vida útil, lo que permite un mejor control.

madrid

08/12/2020 22:39

Por MALEN RUIZ DE ELVIRA

Martes, 08 Diciembre 2020 05:24

En la botica de Karl Marx. Entrevista

En la botica de Karl Marx. Entrevista

 Después de la pandemia, se ha repetido hasta el hastío: "nada volverá a ser igual". Luego, con el tiempo, nos hemos dado cuenta que los cambios que se están produciendo son numerosos y profundos, sí, pero también lo son las constantes. Hoy se dice que la pandemia actúa como un revelador, incluso como un acelerador, de procesos preexistentes. Uno de ellos es el crecimiento de las desigualdades. ¿Sigue siendo Marx indispensable para comprender sus factores, su forma, su posible contraste? Giulio Azzolini, Investigador de Filosofía Política en la Universidad Ca 'Foscari de Venecia, habla de ello con Marcello Musto, profesor de Sociología en la Universidad de York en Toronto y reconocido protagonista de una reciente renovación en los estudios marxistas, a la que contribuyó, entre otras cosas, como autor del reciente Another Marx: Early Manuscripts to the International (Bloomsbury, 2018 ) y The Last Years of Karl Marx: An Intellectual Biography (Stanford University Press, 2020); y, como editor, de Marx's Capital after 150 Years: Critique and Alternative to Capitalism, (Routledge, 2019), The Marx Revival: Key Concepts and New Interpretations (Cambridge University Press, 2020). Sus escritos están disponibles en el sitio web www.marcellomusto.org.

Giulio Azzolini: Profesor Musto, ¿qué podemos aprender de Marx en esta época de crisis pandémica?

Marcello Musto: Después de años de mantra neoliberal diría ante todo una cosa: que la dimensión cooperativa de los seres humanos es indispensable para la supervivencia de los individuos, no menos que la libertad de los individuos es fundamental para la preservación de la comunidad. La cooperación y la libertad deben considerarse dos elementos indispensables en la "botica de Marx". En el tratamiento que prescribirá para curar los males de la sociedad contemporánea, también incluiría tres preceptos: la transferencia fuerte del poder de decisión de la esfera económica a la política; el uso de la ciencia y la tecnología para el bienestar de todos y no para el beneficio de unos pocos; y, por último, pero no menos importante, el papel central que debe asignarse a la educación, también a través de asignarle recursos estatales importantes".

La pandemia ha agudizado el conflicto, que ha madurado a lo largo de los años, entre Estados Unidos y China y, en la UE, entre los distintos Estados miembros. ¿Es un choque entre diferentes formas de capitalismo organizado?

Es una tendencia destinada a continuar y observo que entre los países más afectados por el Covid-19 se encuentran, como era de esperar, Estados Unidos e Inglaterra, las naciones que lideraron la cruzada por las privatizaciones y cuyo modelo de capitalismo ha impidió el desarrollo del estado de bienestar o lo desmanteló con saña. Si miramos más allá de la superficie, hay un conflicto aún más importante. Me refiero a la lucha por evitar la redistribución de la riqueza que, en las últimas décadas, ha ganado el capital.

Marx no previó el empobrecimiento del proletariado, sino el aumento de las desigualdades entre clases. ¿Está demostrando la historia que tiene razón?

Sí, y de forma aún más llamativa si analizamos la enorme brecha, no solo económica, que existe a escala global. Marx, por ejemplo, comprendió que el colonialismo británico en la India implicaría principalmente el saqueo de sus recursos naturales y nuevas formas de esclavitud, no el progreso anunciado por sus apologistas. En cambio, se equivocó sobre el papel revolucionario de la clase trabajadora europea. Se dio cuenta de esto en los últimos años de su vida, cuando afirmó amargamente que los proletarios ingleses habían preferido convertirse en "la cola de sus propios esclavizadores".

En los países el impacto económico de la pandemia es muy diverso. Muchas empresas se han derrumbado, los gigantes de la web no. Los trabajadores precarios han perdido sus trabajos, los fijos no. Algunos comerciantes han cerrado, otros no. ¿Puede Marx ayudar a descifrar una sociedad cada vez más compleja y caótica?

Su análisis de las clases sociales necesita ser actualizado y su teoría de la crisis, entre otras cosas incompleta, es hija de otro tiempo. Si las respuestas a muchos de los problemas contemporáneos no se pueden encontrar en Marx, sin embargo, señala las preguntas esenciales. Creo que esta es su mayor contribución hoy: nos ayuda a hacer las preguntas adecuadas, a identificar las principales contradicciones. No me parece poco. 

La crisis actual ha reabierto el tema de la desigualdad de género. ¿Tiene Marx algo que enseñarnos al respecto?

Más que enseñar, creo que sobre este tema hoy estaría empeñado en aprender, en particular del nuevo movimiento feminista en América Latina, protagonista de importantes movilizaciones sociales. Ciertamente no era, como a veces se afirma erróneamente, indiferente al respecto. Entre los estudios que realizó antes de su muerte, se centró precisamente en la importancia de la igualdad de género y en sus programas políticos repitió varias veces que la liberación de la clase productiva era la de "todos los seres humanos, sin distinción de sexo y raza". Había aprendido de joven, de los libros de los primeros socialistas franceses, que el nivel de emancipación general de una sociedad puede ser evaluado por el de la emancipación de la mujer.

En medio de la crisis sanitaria, la batalla por la igualdad étnica también ha estallado en Estados Unidos. ¿Una coincidencia fortuita?

Sí, pero es muy útil y revela otra terrible herida que existe en ese país. #BlackLivesMatter no es un fenómeno pasajero, sino un movimiento que continuará luchando resueltamente contra el racismo y la violencia de las instituciones estadounidenses.

Pasemos al tema del vínculo entre las luchas de clases y las luchas ecologistas. Desde su punto de vista, ¿son alternativas, complementarias, están jerarquizadas?

Son complementarios y mutuamente indispensables. Se necesitan las unas a las otras. Las críticas a la explotación del trabajo y la devastación ambiental son ahora indisolubles. Cualquier lucha que olvide cualquiera de estos dos términos estará incompleta y será menos efectiva. Me refiero a las posiciones productivistas del movimiento obrero del siglo XX y a los movimientos ecologistas que muchas veces ignoran el factor determinante del "modo de producción". Qué, cómo y para quién se produce son cuestiones estrictamente ligadas al factor determinante de la propiedad de los medios de producción.

Como subraya en sus estudios, Marx no fue solo el filósofo de la revolución comunista, sino también el político capaz de dotar al movimiento obrero de una organización internacional. ¿En qué medida sigue siendo relevante esta lección suya?

Es una idea sin la cual estamos condenados a la derrota, especialmente en una fase de auge nacionalista. El internacionalismo también significa solidaridad entre trabajadores nativos y migrantes y Marx, que estudió cuidadosamente las migraciones forzadas generadas por el capitalismo, mostró que la división de la clase trabajadora es el eje del dominio burgués. El internacionalismo debe volver a ser uno de los pilares de la izquierda para que sea capaz de liderar la batalla de ideas a largo plazo y no solo en función de lo inmediato.

En 2018, China celebró el bicentenario de Marx con gran fanfarria. En Occidente, ¿está el filósofo de Tréveris destinado a sobrevivir como un mero objeto de estudio o todavía es potencialmente capaz de mover a las masas?

China utiliza la efigie de Marx ignorando algunas de sus advertencias más relevantes y, a menudo, evitando leer el contenido de sus textos. Stalin también lo hizo, cuando en la época del gulag se hizo fotografiar a sí mismo, con un rostro tranquilizador, bajo el retrato de Marx. En Occidente, Marx ha reaparecido en las aulas universitarias, pero no volverá a tener la influencia política que tuvo en la época de los partidos "marxistas". Las nuevas subjetividades políticas que en el futuro tengan la ambición de repensar una sociedad alternativa no podrán, sin embargo, ignorar sus teorías.

¿Hoy la izquierda italiana paga el precio de haber defendido el marxismo más allá de su fecha de caducidad o de haberlo abandonado?

Paga el precio por cometer ambos errores. Primero fue demasiado lenta a la hora de identificar los cambios necesarios para enfrentar la metamorfosis del capitalismo y responder a las preguntas planteadas por los nuevos movimientos sociales. Y luego fue miope al abandonar, en lugar de revisar y modernizar críticamente, una interpretación todavía muy válida de la sociedad. Basta pensar en Gramsci, abandonado en el desván justo cuando era el protagonista de un extraordinario redescubrimiento en el mundo. Sin embargo, las contradicciones generadas por el capitalismo no han sido desde hace tiempo tan dramáticas y evidentes como hoy. La historia de la izquierda no ha terminado y en muchos países está floreciendo la literatura sobre las alternativas al capitalismo. Las nuevas subjetividades políticas que en el futuro tendrán la ambición de transformar la sociedad desde sus cimientos no podrán ignorar las teorías de Marx.

 

Por Marcello Musto*

05/12/2020

*profesor de Sociología en la Universidad de York en Toronto y reconocido protagonista de una reciente renovación en los estudios marxistas, a la que contribuyó, entre otras cosas, como autor del reciente Another Marx: Early Manuscripts to the International (Bloomsbury, 2018 ) y The Last Years of Karl Marx: An Intellectual Biography (Stanford University Press, 2020); y, como editor, de Marx's Capital after 150 Years: Critique and Alternative to Capitalism, (Routledge, 2019), The Marx Revival: Key Concepts and New Interpretations (Cambridge University Press, 2020). Sus escritos están disponibles en el sitio web www.marcellomusto.org.

Fuente:

La Repubblica, 2 de septiembre 2020

Traducción:  G. Buster

Publicado enSociedad
Sábado, 05 Diciembre 2020 06:19

El derecho a ser buenos

El derecho a ser buenos

 El catecismo de los neoliberales fue la autoayuda. Es la moral dominante. Un personaje solitario, expulsado de las instituciones y dejado a su desamparo, era la causa y solución de sus propios males. Armado tan sólo con su propia voluntad, el personaje debía sobreponerse y adaptarse a la nueva incertidumbre. Nada podría esperar de los demás. Como todos sus problemas con el mundo eran, en realidad, consigo mismo, se adhería al orden establecido sin exigir nada. Me lo imagino tiritando de frío en la tormenta del desempleo repitiéndose aquello de "el cambio está en ti mismo". O, como lo escribieron los sociólogos Ulrich y Elizabeth Beck, "buscando soluciones biográficas a problemas sistémicos".

El personaje de la auto-ayuda sigue instrucciones, recetas de éxito, relatos de experiencias que son estándares a seguir para extraer de su interior a un "emprendedor", que es lo mismo que decir, a alguien adaptable a la precariedad laboral, amorosa, política. El modelo de ser humano que se propone la autoayuda obtiene su prestigio de sobresalir sin ayuda de nadie más, por lo que una conquista colectiva no vale como propia. De ahí que célebremente Margaret Thatcher haya asegurado en una entrevista en 1987: "Le engilgan todos los problemas a la sociedad y no existe tal cosa como la sociedad. Hay hombres y mujeres individuales y familias. Ningún gobierno puede hacer nada excepto a través de la gente. Y la gente debe cuidarse a sí misma". La supervivencia debe ser individual y no está bien pedir auxilio. Así, esta ideología del beneficio personal termina por encontrar una metáfora en el mundo biológico: el entorno es una jungla y hay que matar o ser cazado. Se trata, en resumen, de una ideología que no plantea un porvenir, sino "estar abierto a la contingencia que venga". Es una prueba, un desafío, y sólo quien sobresale no es un fracasado. Su personaje solitario jamás se plantea reflexionar su propia libertad en relación a los demás, es decir, a una ética.

Digo esto por la lánguida respuesta a la presentación de una "Guía Ética para la Transformación de México". Ninguna se refirió al texto mismo, sino a cómo se contrapone a la autoayuda como modelo de comportamiento propiciado socialmente durante todo el neoliberalismo. Eso subyace a la pretendida diferencia entre "ética" y "moral", tomada como una decisión individual contra un código social. ¿De dónde una decisión individual es mejor que una socialmente consensada? Uno puede decidir que la homofobia, misoginia, clasisimo o el racismo son su "propia ética", y eso no los hace más deseables para la vida en común. Como escribe el filósofo de la UNAM, Gustavo Ortiz Millán, la diferencia entre la "ética" como autogobierno de la persona y la "moral" como sistema impuesto desde afuera, no existe sino hasta mediados del siglo XX. Fueron palabras intercambiables desde Cicerón hasta Hegel. Sin embargo, nos recuerda Ortiz, hasta los existencialistas le encontraron un límite a la ética autodeterminada. Simone de Beauvoir lo enunció así: "Mi libertad aumenta cuando trato de expandir la libertad de los otros". No sería libre, por lo tanto, alguien que deja que a los demás se les oprima.

Otra de las críticas chatas a la idea de una guía ética para un nuevo proceso político mexicano en espera de su dimensión cultural y de comportamientos fue la de que no era necesaria porque bastaba "la aplicación de la ley". Imagínese el grado de confusión que tiene el que asegura que un sistema grotescamente injusto es "moral" porque es legal. Imagínese también la idea de que la impartición de justicia es sólo un mecanismo automático de "aplicación de la ley", sin ninguna consideración de la propia ética del juez. En México sabemos qué significa la venta de amparos y sentencias. Como escribió Anatole France: "La ley es igual para todos: le prohíbe a ricos y a pobres robarse un pan o dormir debajo de un puente".

Al final, sin referirse al texto mismo, la parte más rupestre de la crítica simplemente dijo que se trataba de "moralizar", en el sentido de evangelizar. La confusión está entre una relación de la libertad individual en relación a los demás y una de la persona con Dios. Sin duda, no es lo mismo decir que hay que hacer el bien por amor al prójimo, empatía, cuidado del otro, que porque Dios se enoja contigo y te castigará. No es por miedo al "mal karma" o al infierno que la ética se despliega, es por la convicción de cómo vivir y qué tipo de persona uno aspiraría a ser. No es sólo hacer el bien, sino hacerlo por las buenas razones. No hay que pedirle perdón a Dios por las ofensas, sino al ofendido. Ahí estriba la diferencia entre irte a rezar diez rosarios y enfrentar un proceso para justificar la vejación que cometiste, y que la víctima de ella decida otorgarte o no el perdón.

Al leer los 20 puntos de la Guía, lo que veo es una serie de preocupaciones genuinas que nos dejó no sólo la soledad y el aislamiento de las personas excluidas del cuidado social, sino también la violencia sicaria y feminicida, la crueldad, la humillación del sistema que consideró prescindible, inviable, a la mayoría de la población. Muchos de los temas se los debemos a la idea neoliberal de que el beneficio personal no debía responder nunca a sus responsabilidades para con los demás y el planeta. Reconozco que no sobran este tipo de textos en medio de una lápida de libros de autoayuda y su cultura de designar al logro colectivo como irrelevante y a los derechos sociales conquistados como compra de votos, pero me pregunto la forma en que un listado de valores puede articularse con los cambios para que sus comportamientos sean viables.

Por eso este artículo lleva ese título. Porque en muchos casos no importa que se tengan claros los principios (la diferencia con los prejuicios es que son argumentables) y los juicios hacia lo que es una acción mala o buena, sino que la propia dinámica social impide que actuemos con respecto a nuestra convicción. Pienso en las redes rígidas de enriquecimiento ilegal e ilegítimo, en los reconocimientos sociales mafiosos, en la supervivencia ante una ideología que premia la amoralidad con la notoriedad. Como en muchos casos en estos tiempos que corren, cosas tan legítimas como la ética resultan cuesta arriba, un pequeño freno a la amoralidad e inmoralidad cínica, que es la moral dominante. La obligación de no reproducir lo dado, de realizar algo que todavía no existe.

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Viernes, 04 Diciembre 2020 05:47

Pensamiento crítico y pandemia

Pensamiento crítico y pandemia

Una de las principales características del pensamiento crítico ha sido su incomodidad, su capacidad para perturbar los lugares comunes, cuestionar saberes establecidos y sacudir la modorra de la inercia. Siempre fue un pensamiento a contracorriente, rebelde e insumiso.

Marx se dedicó a poner patas arriba, o boca abajo, la herencia teórica de Hegel. Lenin se empeñó en desobedecer a Marx, quien aseguraba que la revolución vencería primero en los países más avanzados industrialmente. Mao y los vietnamitas rechazaron las insurrecciones urbanas por la guerra campesina prolongada. Fidel y el Che fueron herejes respecto a los partidos comunistas que dominaban el escenario de las izquierdas.

El tan elogiado Walter Benjamin fue implacable con la idea de progreso y, más recientemente, los ecologistas cuestionan el desarrollo, mientras las feministas rehúsan las organizaciones verticales y los caudillos patriarcales.

El EZLN, por su parte, recoge aciertos y evita errores de revoluciones anteriores, por lo que hace a un lado la guerra para seguir transformando el mundo y defendiendo (por todos los medios) los territorios donde el pueblo manda ejerciendo su autonomía.

¿En qué situación se encuentra el pensamiento crítico en plena pandemia? ¿Cuáles deberían ser los puntos centrales de su análisis? ¿Quiénes lo formulan en este periodo?

Intentaré responder en pocas líneas.

La primera es que el pensamiento establecido, enunciado por academias, partidos y "autoridades intelectuales", está en plena decadencia, un proceso enlazado con las crisis civilizatoria y sistémica en curso. Quizá por ser parte de una civilización moderna, urbana, occidental, colonial y patriarcal. O sea, por haberse rendido al capitalismo.

El grueso de los llamados intelectuales se dedican a justificar los errores y horrores de los partidos de la izquierda electoral, más que a criticarlos, con el triste argumento de que no quieren favorecer a la derecha. Si criticar a la izquierda fuera eso, Marx y Lenin deberían ser despachados por derechistas, ya que dedicaron algunas de sus mejores obras a cuestionar a sus compañeros de ruta.

La segunda es que el pensamiento crítico debe quitar el velo de las causas estructurales y de larga duración de la situación que vivimos. No entretener audiencias con argumentos falaces. Ser capaces, por ejemplo, de vincular la pandemia con el modelo neoliberal extractivo, la brutal especulación financiera y la cuarta guerra mundial contra los pueblos, en vez de atribuir los fracasos, y los éxitos en el combate al virus, a tal o cual gobierno. A eso le llamo entretener en vez de analizar.

Además, el pensamiento crítico no debe conformarse con diagnósticos. Estamos desbordados de jucios del más diverso tipo, muchos de ellos contradictorios. Años atrás se mentaba el pico del petróleo ( peak oil) como clave de bóveda del fin de la civilización capitalista. Mucho antes, se aseguraba que el sistema caería víctima de inexorables leyes económicas.

Cada día aparecen diagnósticos que colocan los límites del sistema en el medio ambiente, el agotamiento de recursos, y un largo etcétera de supuestas "causas objetivas" que no hacen más que eludir el conflicto social como única forma de poner freno y derrotar al capitalismo. Ya lo dijo Benjamin: si el sistema cayera por razones objetivas, la lucha no tendría el menor sentido.

La tercera me parece la más importante. Hasta hoy los encargados de emitir pensamiento crítico eran varones, blancos, académicos y de clase media-alta. Por supuesto el tipo de ideas que divulgaron eran eurocéntricas, patriarcales y coloniales, aunque debe reconocerse que no por eso estaban todas erradas. Sólo debemos pasarlas por el tamiz de los pueblos, las mujeres y los jóvenes.

Ahora quienes emiten el pensamiento crítico no son ya "personalidades", sino pueblos, colectivos, comunidades, organizaciones y movimientos. ¿Quiénes son los representantes teóricos del pueblo mapuche o de los pueblos indígenas del Cauca colombiano? ¿Quiénes encarnan las ideas de los movimientos feministas y de mujeres antipatriarcales?

Todavía hay quienes creen que el pensamiento zapatista fue obra del subcomandante Marcos y ahora del subcomandante Galeano. Nunca aceptarán que son pensamientos nacidos de experiencias colectivas que son comunicados por voceros elegidos abajo. Nunca aceptarán que el vocero actual es el subcomandante Moisés.

Esta es la realidad del pensamiento crítico actual. Desvaríos arriba, creatividad abajo. Como la vida misma. No hay nada esencialista en esto. El conocimiento vivo surge entre quienes luchan. Sólo quienes están transformando el mundo pueden conocerlo a fondo, entre otras cosas porque les va la vida en ello, porque no pueden hacerse la menor ilusión con los de arriba, mucho más allá del color político y del discurso que emitan.

Benjamin lo dijo con absoluta claridad: "El sujeto del conocimiento histórico es la clase oprimida misma, cuando combate".

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Jueves, 03 Diciembre 2020 06:04

Lecciones bolivianas para América Latina

Lecciones bolivianas para América Latina

Cada vez resta menos para que termine el año 2020; un año que ha tenido de todo: desde la pandemia Covid-19 hasta la muerte de Maradona. En este tiempo, Chile aprobó un plebiscito para enterrar definitivamente la constitución pinochetista; Trump perdió las elecciones desconociendo los resultados; Guaidó se quedó en eso, en seguir siendo Guaidó, sin más pena ni gloria que una autoproclamación sin efectos; en Perú modificaron el Congreso y luego el presidente, hasta dos veces, sin necesidad de acudir a las urnas; en Ecuador cambiaron varias veces de vicepresidente; se consolidó el eje progresista Argentina-México con dos presidentes muy protagónicos en lo geopolítico, Alberto Fernández y Andrés Manuel López Obrador, cada cual a su manera. 

En esta América Latina tensionada, Bolivia nuevamente se convirtió en el epicentro en este 2020, sobre todo porque nos dejó varias lecciones imprescindibles para tener en cuenta en los meses venideros.

Primero, no se consigue tan fácilmente la desaparición de una identidad política arraigada en la ciudadanía, ni con un golpe de Estado, ni con proscripciones, ni con persecución.

Segundo, el neoliberalismo demuestra una vez más su incapacidad para consolidar democracias, gestionar la economía (en lo macro y en lo micro), administrar el Estado, garantizar estabilidad institucional, proporcionar seguridad jurídica.

Tercero, las convicciones son rentables electoralmente a pesar de lo que digan muchos manuales ortodoxos de comunicación política. Un corpus ideológico, bien traducido en propuestas cabales, cuando sintonizan con los sentidos comunes tienen alta probabilidad de tener mayorías

Cuarto, gobernar desgasta mucho y limita la posibilidad de reciclar la épica, el relato, la narrativa, los horizontes. En el caso del MAS, en este corto periodo de tiempo afuera de la gestión gubernamental, se regeneraron dinámicas que habían quedado relativamente oxidadas algún tiempo atrás.

Quinto, la derecha no siempre está unida, ni es tan monolítica ni homogénea como se presupone. Pasó en Bolivia y ha pasado en muchos otros países de América Latina. Existen muchos más matices en el universo conservador del que nos imaginamos (visiones regionales, intereses económicos, vínculos internacionales, etc.)

Sexto, los grandes medios de comunicación se han convertido en objetos de consumo masivo, de entretenimiento, pero no constituyen ninguna fuente de credibilidad. Si hiciéramos un ejercicio de correlación estadística simple entre cantidad de portadas y titulares en contra de Evo y Arce en Bolivia, o de Cristina Fernández de Kirchner en Argentina, e intención de voto, nos encontraríamos una relación inversa.

Séptimo, las redes sociales importan, pero resulta importante dimensionarlas en su justa medida. El crecimiento de ese universo es evidente, pero no hay que confundir ese progreso con considerar que todo el mundo decide su voto según lo que lea en Twitter, Facebook o Instagram. Aún resta mucho por conocer cómo ellas transforman nuestras mentes, nuestros pensamientos y nuestras preferencias políticas y electorales.

Octavo, y no por último menos importante: todos aquellos que pregonan que no hay relevo detrás de los liderazgos históricos de la izquierda latinoamericana vuelven a hacerse trampas al solitario. Lucho Arce y Alberto Fernández ya son presidentes. Hay muchas probabilidades que Andrés Arauz lo sea en Ecuador. Hay líderes como Daniel Jadue en Chile, Verónika Mendoza en Perú y Gustavo Petro en Colombia, que también tienen significativas opciones para ello.

Son todos aprendizajes útiles para lo que se viene en nuestra América Latina en disputa. 

Director, Celag     

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La ONU reconoce oficialmente las propiedades medicinales del cannabis

La iniciativa sigue la recomendación de la OMS y ha salido adelante con los votos a favor de la Unión Europea y varios países del continente americano. La decisión no despenaliza el uso recreativo

 

La ONU ha aprobado este miércoles uno de los mayores cambios en política de drogas de las últimas décadas al reconocer las propiedades medicinales del cannabis y eliminar esa planta de la clasificación de los estupefacientes más peligrosos, aunque su consumo con fines recreativos sigue prohibido.

La mayoría simple de los 53 Estados de la Comisión de Estupefacientes –el órgano Ejecutivo de la ONU en políticas de drogas– ha decidido retirar el cannabis y su resina de la Lista IV de la Convención sobre drogas de 1961.

En ese convenio, el cannabis estaba hasta ahora clasificado en las listas I y IV, esta última reservada a las drogas más peligrosas y bajo control más estricto, como la heroína, y a las que se otorga escaso valor médico.

El consumo con fines recreativos seguirá prohibido en la normativa internacional al continuar en la Lista I junto a sustancias bajo control pero con propiedades terapéuticas, como la morfina.

Todos los Estados de la Unión Europea (UE), con excepción de Hungría, y numerosos de América han sumado una mayoría simple de veintisiete votos para aprobar el cambio, mientras que gran parte de los países de Asia y África se ha opuesto, con notables excepciones como la India o Marruecos. En total, veinticinco votos en contra y una abstención, Ucrania.

Un cambio de facilitará la investigación

Este cambio facilitará la investigación con cannabis, que cuenta con principios activos que han mostrado resultados prometedores en el tratamiento ante algunos efectos del parkinson, la esclerosis, la epilepsia, el dolor crónico o incluso el cáncer.

Hasta ahora, la investigación médica con cannabis era posible de forma limitada, ya que la inclusión en la Lista IV actuaba como freno debido a las restricciones y la inseguridad jurídica por los diferentes criterios aplicados en cada país.

Alrededor de cincuenta países han puesto en marcha programas de cannabis medicinal y esta decisión de Naciones Unidas impulsará ese tipo de políticas, así como una mayor investigación sobre las propiedades curativas de la planta.

"Esto dará un nuevo impulso al cannabis medicinal. Y en aquellos países que siguen de cerca o incluso adoptan automáticamente la posición de la ONU en su legislación nacional es probable que conduzca a un mayor acceso al cannabis para la investigación", ha explicado a EFE Martin Jelsma, analista del laboratorio de ideas Transnational Institute.

Argentina, añade el experto, es un buen ejemplo, ya que decidió en noviembre legalizar el autocultivo de marihuana para uso medicinal y permitir la venta de sus derivados con fines terapéuticos, amparándose en la recomendación de la Organización Mundial de la Salud (OMS) que ha sido ahora oficialmente adoptada.

El valor de las acciones de algunas empresas internacionales relacionadas con el cannabis medicinal ya había experimentado una gran subida días antes de la votación.

"Descolonizar" las políticas de drogas

La votación se ha producido casi dos años después de un dictamen de la OMS que reconocía la utilidad médica del cannabis y recomendaba su retirada de la Lista IV y mantenerlo en la I.

La recomendación adoptada ahora se basaba en el primer estudio crítico de la OMS sobre cannabis, la droga más popular del mundo, con unos 200 millones de consumidores, según estimaciones de la ONU.

La OMS es la responsable de valorar científicamente para la comisión tanto las posibles propiedades terapéuticas como el daño que genera la adicción de drogas bajo control internacional.

La clasificación del cannabis se ha realizado con informes de los años 50 cuyas conclusiones científicas han quedado desfasadas y que mostraban "actitudes racistas y coloniales", según Jelsma, que considera que la OMS debería revisar también las propiedades de la hoja de coca.

"Bolivia y Argentina podrían solicitar conjuntamente una revisión crítica (en la OMS) de la hoja de coca", ha agregado el experto sobre esa planta, que tiene una gran importancia cultural para los pueblos andinos.

División internacional

La votación ha estado precedida de un enorme debate y varios aplazamientos en los últimos dos años debido a las diferencias entre aquellos Estados a favor del cambio y los que demandaban mantener el statu quo.

Los países de la UE –excepto Hungría– junto a otros como Argentina, Canadá, Colombia, Estados Unidos, México, Uruguay y Ecuador han respaldado seguir el criterio científico de la OMS.

Los Estados que han votado en contra del cambio –liderados por Rusia, China, Brasil y Pakistán– consideran que relajar ahora el control del cannabis envía el mensaje equivocado en un momento en el que algunos países, como Canadá o Uruguay, han legalizado el uso recreativo de la marihuana, violando tratados internacionales. Otros países, como México, Luxemburgo o Israel, tienen iniciativas legales en curso en la misma línea.

Los Estados que han votado en contra, opuestos a cualquier cambio, entre los que también se encontraban Cuba y Venezuela, consideran que esta decisión banaliza el consumo de cannabis y minimiza los daños para la salud que produce, como un incremento de ciertos trastornos mentales.

Esa división muestra un sistema internacional de control de drogas cada vez más polarizado y en el que es muy complicado encontrar acuerdos de mínimos, aunque sean basados en criterios científicos, sostiene Jelsma.

2 de diciembre de 2020 19:11h

Página12

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“La Renta Básica tiene más apoyos por parte de partidos políticos cuando más alejados están del poder”. Entrevista a Daniel Raventós

Desde España, en una entrevista exclusiva para Revista Mugica, el doctor en Ciencias Económicas y presidente de la Red Renta Básica, Daniel Raventós, brinda los principales fundamentos de lo que, considera, debe ser una propuesta progresista que tenga como eje la renta básica.

Un elemento central de la Renta Básica es su condición de universal en sentido fuerte, esto es, para todos los ciudadanos y de manera incondicionada. ¿Por qué este tipo de renta sería más justa que una renta dirigida a sectores socioeconómicos desaventajados? Se lo pregunto porque intuitivamente no parecería del todo justo que el hombre más rico y el más pobre de un mismo país reciban la misma renta cuando evitando darle al más rico podría dársele el doble al más pobre.

La pregunta tiene una respuesta clara que voy a dar a continuación, pero antes es preciso decir que lo que a usted no le parece justo, en realidad nadie lo propone. Dice usted que no le parece justo que “el hombre más rico y el más pobre de un mismo país reciban la misma renta cuando evitando darle al más rico podría dársele el doble al más pobre”. No sería justo, efectivamente. En todo proyecto de financiación que en mi opinión valga la pena tener en cuenta, la RB debe financiarse mediante una reforma fiscal que suponga una gran redistribución de la renta de los más ricos al resto de la población. La confusión puede residir en equiparar el hecho de que la RB la recibe toda la población con la idea (errónea) de que todo el mundo gana. La recibe todo el mundo, pero no todo el mundo gana. Vayamos ahora a responder propiamente a la pregunta.

Los problemas asociados a la condicionalidad son diversos y su contraste con la RB son ilustrativos. Solamente voy a referirme a algunos: costos administrativos, trampa de la pobreza,  non-take-up y estigmatización.

Los costos administrativos. Los subsidios condicionados tienen unos costes de administración muy elevados. Esto es un viejo y conocido problema. Si se debe seleccionar quién “merece” y quién no un subsidio condicionado se debe controlar que las personas realmente encajen en el modelo condicionado. Costos inmensos en distintas vertientes, pero una es especialmente interesante: costos muy altos proporcionalmente a las pocas personas que perciben estos subsidios. La condicionalidad implica control, el control implica gastos de gestión y administración. La razón es muy conocida: se trata de controlar si la persona perceptora del subsidio condicionado cumple los requisitos legales y, no menos importante, si una vez que esta persona ha logrado sortear todas las condicionalidades burocráticas percibe el subsidio condicionado, sigue cumpliendo las condiciones que la continúan haciendo merecedora de la percepción. Control en el momento de conceder el subsidio y control posterior mientras se lo está percibiendo. Miles, decenas de miles, según la población y el lugar, de personas dedicadas a controlar la condicionalidad de los subsidios condicionados. Un monumento a la irracionalidad y a la ineficiencia. La RB no tendría costos derivados de la condicionalidad puesto que es incondicional y no se precisaría de un ejército de controladores para identificar quién debe y quién no debe recibir el subsidio condicionado. La recibiría toda la población, incondicionalmente. Pero los costes no solamente son para la administración, son también para los solicitantes. Aunque no formen parte de los costes administrativos, los sufren las personas que solicitan subsidios. A menudo deben desplazarse e incluso realizar algún viaje para acceder a las oficinas de prestaciones, esperar, hacer colas, rellenar formularios difíciles para determinadas personas. Y esto son costes no solamente económicos sino de tiempo: otro monumento a la irracionalidad.

La trampa de la pobreza.Este problema es muy grave. Cuando se es perceptor de un subsidio condicionado, existe un fuerte desincentivo a buscar y realizar trabajo remunerado, pues ello implica la pérdida total o parcial del subsidio. En claro contraste, la RB funciona como una base o un suelo, no como un techo: la realización de trabajo remunerado no implica la pérdida de la RB con lo que el desincentivo a la actividad desaparece. En 35 estados de EE.UU. la trampa de pobreza que surge de las ayudas condicionadas implica que las personas que reciben prestaciones en caso de aceptar un trabajo con un salario mínimo perderían dinero. Para evitar la trampa de la pobreza se han diseñado todo tipo de trucos, pero aunque puede mejorar algo determinadas situaciones, el problema de la trampa de la pobreza es intrínseco a la condicionalidad. La RB supera muy bien este grave problema de la trampa de la pobreza.

El non-take-up (NTU) o tasa de solicitud de prestaciones condicionadas: la fracción de las personas que no solicitan una prestación a pesar de cumplir todos los requisitos de elegibilidad y tener derecho, por tanto, a ser perceptores. Las proporciones de las personas que no solicitan las prestaciones son de unos porcentajes impresionantes, en algunos casos llega al 60%. Las razones son de distinto tipo: personales, de diseño del tipo de subsidio, de gestión, etc. Pero que un 60% de las personas potencialmente beneficiarias no pidan los subsidios condicionados es un grave problema. Para una RB no es necesario apuntar que el fenómeno del NTUdesaparece.

Estigmatización. Esta lacra está asociada a los subsidios condicionados: la obligación a la que se enfrentan los candidatos a perceptores de tener que significarse, en las ventanillas de la administración, como “pobres” o como “enfermos” para no decir como directamente “culpables” de ser unos “fracasados” o “extremamente” pobres. Los subsidios condicionados comportan a menudo preguntas intrusivas, incluso sobre las relaciones personales más íntimas de las personas solicitantes, que pueden ser complementadas con controles de visitas en el domicilio. A veces la administración burocrática parece tratar a las personas solicitantes de los subsidios condicionados como si se tratase de delincuentes potenciales a punto de defraudar a la menor ocasión. Este trato, qué duda cabe, estigmatiza. La RB no estigmatiza por una razón muy evidente: la recibe toda la población del área geográfica que se implante. Se estigmatiza a colectivos sociales o personas determinadas, no se puede estigmatizar a toda la población. No hay nada estigmatizador por el hecho de recibir una RB que se otorga a todos los miembros de la sociedad.

La Renta Básica no es necesariamente una propuesta de izquierda. De hecho hay sectores de derecha que son parte de una tradición que va desde Friedman hasta Murray y que encuentra en ella la posibilidad de acabar con el Estado de Bienestar. ¿Cuál es la diferencia entre las propuestas de izquierda y de derecha respecto a la Renta Básica?

Las propuestas y apoyos de la RB provienen de posiciones políticas, académicas y sociales muy diversas. Algunos partidos de derechas y otros de izquierda han defendido en algún momento la RB en distintos lugares del mundo. Hay partidos que circunstancialmente coquetean con la RB y la defienden durante un tiempo. Una de las razones de la brevedad temporal de la defensa de la RB por parte de algunos partidos está en lo que podríamos establecer como “ley de la lejanía del poder” que puede ser anunciada así: la RB tiene más apoyos por parte de partidos políticos cuando más alejados están del poder. O también: la RB recibe menos apoyos cuando más cerca están los partidos del poder. A ello se refieren Van Parijs y Vanderborght cuando hablan del “apoyo barato” de algunos partidos a la RB cuando están muy lejos del poder. Y la falta de apoyo cuando están cerca.

Pero aún así, sigue siendo cierta la afirmación de que algunos partidos y académicos de derechas, así como otros de izquierda han defendido en el pasado o defienden en la actualidad la RB. Esta realidad ha comportado que algunas personas se hayan sentido perplejas ante lo que este “prodigio” supone: ¿derechas e izquierdas defienden algo tan especial como la RB de forma común? No, no hay tal prodigio. Las diferencias más importantes entre las propuestas de RB de derechas e izquierdas pueden agruparse en los siguientes ítems.

En cómo se financia la renta básica. O, lo que es lo mismo, qué parte de la población gana y qué parte pierde. Para las propuestas claras de izquierda, la financiación de la RB significa una reforma fiscal que suponga una redistribución de la renta de las decilas más ricas al resto de la población. La derecha pretende otros objetivos, no precisamente una redistribución de la renta de los más ricos al resto.

En las medidas de política económica que adicionalmente se proponen junto a la RB. La izquierda asume la defensa de la sanidad y la educación públicas, y en general, del Estado de bienestar. La derecha no. Los defensores de derechas pretenden desmantelar el Estado de bienestar (o lo que queda en algunos lugares del mismo) “a cambio” de la RB —sería el caso por ejemplo del que usted cita, Charles Murray (Milton Friedman no defendía una RB, defendía un impuesto negativo sobre la renta también a cambio de desmantelar el estado de bienestar), el economista que defiende la RB en las páginas del Wall Street Journal: el título de uno de sus libros, de 2006, es suficientemente explícito In Our Hands: A Plan to Replace Welfare State.—, persiguiendo sus clásicos objetivos de “adelgazamiento” del Estado —excepto la policía, el ejército y los tribunales de justicia, significativamente— y de reducción de la presión fiscal a los ricos. La izquierda no concibe la libertad de forma independiente de las condiciones materiales de existencia. Para la izquierda, una RB podría, y debería, ir acompañada de más y mejores servicios públicos. La Red Mundial de Renta Básica (BIEN por sus siglas en inglés) que fue fundada en 1986 y que ahora tiene secciones en todos los continentes, es clara en este aspecto, afirmando en una resolución aprobada en la Asamblea General de la BIEN en Seúl en 2016, que su versión de la RB es:

“[E]stable en cantidad y frecuencia y lo suficientemente alta como para ser, en combinación con otros servicios sociales, parte de una estrategia política para eliminar la pobreza material y posibilitar la participación social y cultural de cada individuo. Nos oponemos a la sustitución de derechos o servicios sociales si esa sustitución empeora la situación de personas relativamente desfavorecidas, vulnerables o de ingresos bajos.”

Los defensores de izquierdas de la RB también entienden que aumentaría el poder de negociación de los trabajadores. Cuando la relación laboral es tan institucionalmente asimétrica aunque los contratos entre una multinacional o gran empresa y cualquier trabajador tomen legalmente a ambas partes como “iguales”, no es complicado ver cómo una RB mejoraría la posición de la parte más vulnerable, que al menos tendría un ingreso por encima o al menos igual al umbral de la pobreza sobre el que apoyarse. El aumento del poder de negociación de los trabajadores y de las mujeres que supondría la RB, según defiende la izquierda, no es admitido como bueno o deseable por la derecha. Adicionalmente, la derecha prefiere cantidades pequeñas de RB por debajo del umbral de la pobreza para “incentivar” el trabajo remunerado. Sobre el cada vez más desarrollado porcentaje de “trabajos de mierda”, como los catalogaba el recientemente fallecido David Graeber, la derecha es insensible a la cuestión puesto que justifica que siempre se han tenido que desarrollar trabajos desagradables y poco interesantes para hacer posible el crecimiento.

En la neutralidad del Estado. Para la derecha la neutralidad significa que el Estado no intervenga en las negociaciones y disputas de los distintos agentes y sectores sociales. Para la izquierda  significa que debe intervenir activamente para impedir que los grandes poderes privados, como las multinacionales gigantes, impongan su voluntad privada a los Estados, con el ataque a la libertad de la mayoría no rica que eso supone. Con una defensa de una renta máxima, por ejemplo. Un Estado republicano debe intervenir activamente para que la neutralidad sea un hecho, y no una superficial consigna de “equidistancia entre los distintos proyectos de buena vida”. Republicanamente, se presupone que el Estado deba ser equidistante entre las distintas concepciones de la buena vida, pero, cuando grandes poderes privados disponen de la capacidad de imponer a la ciudadanía su concepción privada del bien, cuando la constitución oligopólica de los mercados permite el secuestro del Estado por parte de los inmensos imperios privados, la neutralidad republicana significa intervención activa, no tolerancia pasiva y que gane el más fuerte.

En las medidas que deberían acompañar a una RB. La RB sería una medida propia de la esfera de la política económica, pero no es una “política económica” por sí sola, como ya se ha explicado. La diferencia entre las propuestas de izquierdas y de derechas también se hace evidente por la cantidad y tipo de medidas adicionales que éstas implican en el campo de la política económica. Por ejemplo, gravar con impuestos a los ricos para que éstos de hecho paguen la RB del resto de la población es inadmisible para la derecha. Para la izquierda republicana gravar de forma severa a las grandes fortunas sería una medida muy necesaria. El hecho de que tres personas en los Estados Unidos –Jeff Bezos, Bill Gates y Warren Buffett– poseían en 2017 más riqueza que la que tenía en conjunto la mitad más pobre del país es tout court inadmisible republicanamente.

¿Cómo se podría financiar un programa de Renta Básica? ¿Están pensando en algún tipo de impuesto progresivo en particular? ¿Acaso un impuesto sobre las grandes fortunas? 

Junto con Jordi Arcarons y Lluís Torrens llevamos años exponiendo con detalle algún modelo de financiación de una RB para el conjunto de la población del reino de España. Explicarlo aquí con detalle sería muy largo. Puede verse por ejemplo aquí: https://www.sinpermiso.info/textos/nuevos-modelos-para-financiar-una-renta-basica-incondicional-y-universal Lo que sí puedo es resumir los resultados. Es posible financiar una RB para todas las personas adultas que residen en el reino de España de 7.500 euros al año (cantidad que puede sufrir pequeñas modificaciones al alza o a la baja en el resultado final que estamos elaborando, pero que serían insignificantes) y del 20% a los menores de edad.

Para la financiación de esta RB, además de lo recaudado hasta ahora, es decir, sin tocar ni un euro de ninguna otra partida actual (sanidad y educación públicas no se tocarían, por si alguien tiene alguna duda) excepto las prestaciones monetarias que fueran redundantes con la RB, el dinero saldría de: una reforma del IRPF.

La gran mayoría de la población declarante actual en el IRPF y no declarante saldría ganando respecto a la situación actual. Solamente las decilas superiores perderían con la reforma propuesta. Un porcentaje cercano al 80% de la población situada en los niveles inferiores de renta por debajo del 20% más rico saldría ganando con la reforma. Quien realmente ganaría más de forma proporcional sería quien no tiene nada absolutamente: 7.500 euros anuales de RB que no quedarían sujetos al IRPF. Así que la reforma propuesta significa una gran redistribución de la renta de los sectores más ricos al resto de la población. Es decir, lo contrario de lo que se ha producido a lo largo de las últimas décadas, especialmente en los últimos años.

El índice de Gini pasaría de ser uno de los más desigualitarios de Europa a convertirse en uno de los más igualitarios del mundo.

Más allá de que la estructura y la presión impositiva varían en cada país, ¿han calculado cuánto más deberían aportar los sectores más aventajados para que el modelo sea sustentable?

En los modelos de financiación de una RB que anteriormente he resumido sus resultados, no se incluye una carga impositiva específica a las grandes fortunas. Si se implantase un impuesto del 10% a la decila de mayor riqueza de la población del reino de España (sin contar su vivienda de residencia por lujosa que fuera), podrían obtenerse más de 96.000 millones de euros. Exactamente sería aplicar un recargo al cruce de la decila de mayor patrimonio (riqueza) y de la decila de mayor renta, que según la Encuesta Financiera de las Familias del año 2014 acumula las nada despreciables cifras de más de 0,085 billones de euros de renta y de 0,96 billones de euros de patrimonio (descontando la vivienda habitual). La cantidad de 96.000 millones supone mucho más dinero que todas las pensiones de jubilación. Y solamente se trataría del 10%. Un 20% al 10% más rico patrimonialmente recaudaría claro está el doble, es decir, 192.000 millones. Aun así, este 10% de la población seguiría siendo rico en patrimonio, sin lugar a dudas. Otro ejemplo: también podría implantarse un impuesto según el nivel de riqueza, tal como propone Piketty en su último libro Capital e ideología: a quien disponga de 100 veces el patrimonio medio, se le aplicaría un tipo del 10%; a quien lo tenga de 1.000 veces, del 60%; a quien lo tenga de 10.000 veces, del 90%.

Hay otros recursos, claro está. Como por ejemplo los vergonzosos 11.000 millones que anualmente el Estado español, formal que no realmente laico, aporta a la iglesia católica. En fin, posibilidades hay más de una, por supuesto.

En general, las perspectivas liberales afirman que las rentas o subsidios brindados por el Estado, sean universales o a través de una discriminación positiva, quitan incentivos y promueven valores poco encomiables para la vida en sociedad. Si la renta básica es ambiciosa y pretende garantizar vivienda, comida y ocio en el marco de un Estado de Bienestar que paralelamente garantiza salud, seguridad y educación, ¿qué tipo de incentivos de mayor productividad encontrarían los beneficiarios? 

Esta crítica es habitual. Con una RB la gente no trabajaría, acostumbran a decir algunos de sus críticos. Los experimentos realizados en distintos lugares del mundo a lo largo de los últimos años (en Namibia, India, Barcelona, Finlandia…) muestran que esta crítica no se basa en hechos sino en perjuicios. En cualquier caso, acostumbra a preocupar a algunos críticos de la RB que los pobres puedan “perder los incentivos” para buscar otras fuentes de renta, en cambio los ricos, por mucho dinero que tengan, parece que nunca pierden estos incentivos. O  bien los ricos son más virtuosos, o bien tienen un amor al trabajo superior al resto, o bien los pobres son unos viciosos, o bien unos vagos casi genéticos… pero lo que sirve para unos no sirve para otros, parece ser. Sabemos que precisamente en los experimentos mencionados las personas, liberadas de la angustia vital para encontrar un trabajo aunque sea de mierda, por utilizar una muy buena y académica expresión del ya mencionado David Graeber, trabajo que en ocasiones no se llegará a lograr, se consideran capaces de emprender actividades que sin la RB no se veían capacitados o con ánimos de emprenderlas. Curioso: las evidencias no corroboran que con una RB las personas sean menos activas laboral y económicamente. En realidad, tienden a serlo más. Pero para algunos críticos de la RB si la realidad les lleva la contraria, peor para la realidad. Manera poco científica de evaluar la realidad.

24/11/2020

Daniel Raventós 

es editor de Sin Permiso. En enero, la editorial Catarata publicará su libro "Renta Básica: ¿Por qué y para qué?”, con prólogo de Guy Standing y epílogo de María Julia Bertomeu.

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Julian Assange, frente a la embajada de Ecuador en febrero de 2016.

El próximo 4 de enero la justicia británica decidirá sobre su extradición en un caso cuyas consecuencias pueden ir mucho más allá del destino particular del fundador de Wikileaks

 

¿Es Julian Assange, el fundador de Wikileaks, un periodista? Algunos profesionales creen que sí: es un tipo que intenta conseguir información y la distribuye. Otros creen que no: los periodistas no deberían publicar información sin contrastarla y analizarla previamente y deben dar siempre la opción de defenderse a las personas aludidas, algo que Assange nunca ha hecho. El debate está servido desde hace una década, pero lo que le ocurra a este programador informático el próximo 4 de enero, cuando se decidirá su extradición a Estados Unidos, podría tener consecuencias en el ejercicio de la libertad de prensa en el futuro. 

Esta es la tesis que defiende el documental The War on Journalism: The Case of Julian Assange, estrenado este martes en Barcelona en el marco del Festival de Cine y Derechos Humanos con la presencia del padre de Assange y del relator de la ONU sobre torturas Nils Melzer. El certamen contará con más de 110 películas entre las que se encuentran trabajos de Ai Weiwei o del iraní Jafar Panahi, cuya película 3 Faces ganó el galardón de mejor guion en el Festival de Cannes. 

En 2010, Wikileaks obtuvo la mayor filtración de documentos secretos militares y diplomáticos de la historia. Las revelaciones permitieron demostrar todo tipo de crímenes de guerra llevados a cabo por Estados Unidos. Desde las torturas en la prisión iraquí de Abu Ghraib hasta el asesinato en Bagdad de 11 civiles -entre ellos, dos reporteros de la agencia Reuters- por parte de militares estadounidenses que dispararon desde dos helicópteros. "No necesitas ser ningún especialista para ver que eso fueron crímenes de guerra", señala en el documental Nils Melzer, el relator de la ONU.

Ninguno de los autores de estos presuntos crímenes de guerra ha sido juzgado ni condenado. En cambio Chelsea Manning, exanalista de inteligencia del Ejército estadounidense y la filtradora de todos los documentos a Assange, pasó varios años en la cárcel hasta que Barack Obama la indultó en 2017 poco antes de abandonar la Casa Blanca. Había sido condenada a 35 años entre rejas.

En el caso de ser extraditado, Assange (Townsville, Australia, 1971) se enfrentará a penas de 175 años de cárcel por 17 acusaciones bajo la ley de espionaje de Estados Unidos. La norma, aprobada en 1917 durante la primera guerra mundial, ha sido objeto de polémica e impugnada varias veces en los tribunales a lo largo del último siglo. No es la primera vez que el Gobierno estadounidense la intenta utilizar contra informaciones incómodas y uno de los ejemplos más ilustres fue el de los llamados papeles del Pentágono, publicados en 1971 por The New York Times en primer lugar y después por The Washington Post.

A Assange se le acusa de solicitar y recibir información clasificada, una práctica que supone la rutina para no pocos periodistas. "¡Pero si es lo que hago yo para ganarme la vida!", exclama en el documental Barton Gellman, periodista de investigación de la revista The Atlantic y ganador de un premio Pulitzer. 

Precisamente el debate que lleva una década instalado entre muchos periodistas -¿Es el fundador de Wikileaks uno de los nuestros?- es el mismo que se dirimirá si Assange es extraditado. En el caso de que fuese condenado por espionaje, algunos de los periodistas más prestigiosos del mundo consideran que podría ser la antesala de otras condenas a reporteros que publican material sensible.

La difícil relación de Assange con los medios

Cuando Wikileaks obtuvo los documentos confidenciales, Assange decidió trabajar con medios de distintos países para publicar el material que le había conseguido Manning. Acudió primero a The Guardian, que propuso compartir la filtración con The New York Times y Der Spiegel ante el gran volumen de información que debía manejarse. Para una posterior filtración Assange contó también con Le Monde y El País. La abogada del programador informático recuerda que, si al australiano se le procesa por recibir y publicar información clasificada, también estos medios deberían ser juzgados por los mismos hechos. "Recibir y publicar información no te convierte en un espía", opina la letrada en el documental.

Assange, sin embargo, no trabajaba igual que un periodista. Tanto The New York Times como The Guardian, los medios que más lo trataron, acabaron teniendo muy mala relación con el fundador de Wikileaks. Assange les reprochaba que dejaran buena parte de la información sin publicar para no poner vidas o operaciones de inteligencia en peligro. También le enfadaba que no quisieran enlazar sus informaciones a la web de Wikileaks, donde todos los documentos se publicaban prácticamente de manera íntegra.

Los medios, por su parte, acabaron hartos del afán de notoriedad de Assange así como de su difícil carácter. Normalmente una fuente de este tipo pide discreción, pero él buscaba protagonismo. Bill Keller, en ese momento director del Times, lo definió como "elusivo, arrogante, manipulador y volátil" en un largo artículo en el que describió la relación del periódico con él.

A pesar de las diferencias con Assange y de sus reservas a definirlo como un periodista, tanto Keller como Alan Rusbridger, otrora director de The Guardian, creen que juzgarle por espionaje en EE.UU. puede tener consecuencias nefastas para la libertad de prensa en todo el mundo. "Me sorprende que tanta gente no vea que este caso tiene implicaciones preocupantes para todos los periodistas", señaló Rusbridger el pasado agosto.

El documental también apunta a las pocas posibilidades de que Assange tenga un juicio justo tanto en la decisión de extraditarlo, que se tomará en el Reino Unido, como si acaba siendo trasladado a EE.UU. Según el film, la jueza británica que decidirá sobre su extradición tiene un cónyuge y un hijo con intereses en empresas de ciber inteligencia. Sobre el juicio en EE.UU, el tribunal donde se juzgará su caso se conoce como el "tribunal del espionaje" porque las personas que formarán el jurado o sus familiares tienen muchos números de estar relacionadas con agencias de seguridad estadounidenses. 

En pocos kilómetros a la redonda de donde se le juzgará están la sede de la CIA, la del FBI, la del Pentágono y la del Departamento de Seguridad estadounidense en un distrito en el que también se han asentado un gran número de empresas de seguridad que son contratistas de las mencionadas agencias gubernamentales. Uno de los asesores más prestigiosos del país a la hora de elegir a miembros del jurado rechazó formar parte de la defensa de Assange cuando se enteró del distrito en el que se celebraría el juicio. "No tienes nada que hacer", le dijo este especialista, que participó en juicios tan mediáticos como el de O.J Simpson entre 1994 y 1995.

La conexión española con la CIA

El documental también aborda la conexión española con el caso Assange, fruto de la participación de una compañía de Jerez en el espionaje al fundador de Wikileaks cuando estaba recluido en la embajada de Ecuador en Londres, donde Assange estuvo encerrado durante casi ocho años tras pedir asilo al país sudamericano.

Esta empresa española, llamada U.C Global, fue contratada en un principio por la propia embajada para velar por la seguridad de Assange. La compañía, no obstante, fue presuntamente captada por la CIA para obtener información sobre las actividades del australiano dentro de la embajada. Así lo aseguraron tres extrabajadores de la empresa ante la Audiencia Nacional en calidad de testigos protegidos.

Según el documental, el director de esta empresa, David Morales, viajó en 2016 a una feria de seguridad en Las Vegas. Fue allí donde presuntamente conectó con la CIA y empezó a colaborar con la inteligencia estadounidense. Empleados de U.C Global sustituyeron entonces todas las cámaras de la embajada de Ecuador por equipos que también registraban el audio. Incluso se pusieron grabadoras dentro del lavabo, donde Assange celebraba reuniones ante las sospechas de que le espiaban. La intrusión llegó incluso hasta los encuentros de Assange con sus abogados en los que preparaba su defensa. 

"Soy un mercenario y voy a pecho descubierto", aseguró Morales a uno de los trabajadores de su empresa, que acabó denunciando los hechos cuando vio que el espionaje también alcanzaba a la mujer de Assange y a su hijo. Morales niega que trabajara para la CIA y asegura que fue el Gobierno de Ecuador quien le ordenó espiar al programador informático. Afirmó el pasado febrero ante el juez instructor de la Audiencia Nacional que la persona que le hizo el encargo fue el exembajador ecuatoriano Carlos Abad. Casualmente Abad había fallecido unos meses antes.

Según el documental, que se basa en las declaraciones de los extrabajadores ante el juez, quien conectó a Morales con la CIA fue otro viejo conocido de los medios españoles. El hombre que presuntamente hizo de intermediario fue Sheldon Adelson, el gran magnate del juego que en lo más profundo de la crisis aterrizó en España con un faraónico proyecto de casinos, llamado Eurovegas, que supuestamente iba a generar 250.000 puestos de trabajo. Catalunya y la Comunidad de Madrid se pelearon por esa inversión, que finalmente quedó en una mera declaración de intenciones.

Por Pol Pareja

1 de diciembre de 2020 22:41h

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Richard Sennet: “La polarización ahora también es geográfica, de la ciudad contra la nación”

El sociólogo y urbanista del MIT y asesor de la ONU critica que en EE.UU. hay una “emergencia nacional” por el nuevo auge del “fascismo”

 

Richard Sennet (Chicago, 1943), uno de los intelectuales más citados del globo, nació y vivió su infancia en la ciudad del viento en el proyecto urbano público Cabrini Green, conocido por su pobreza y violencia. Pero ha sido neoyorquino gran parte de su vida. Y ahora lo es londinense. Sociólogo y urbanista, es hijo de padres socialistas (su padre, de hecho, luchó en la guerra civil española con la sección Lincoln de las Brigadas Internacionales), ha sido conservador, liberal y hoy es cercano al demócrata de izquierdas Bernie Sanders, y aunque pocos se acuerdan de que empezó su carrera profesional como músico (toca el violonchelo), entona una música de tono grave cuando traza el mundo de la Covid-19 y el papel en éste de EE.UU., sea en la era pre que post Trump.

El mapa del resultado electoral en EE.UU. muestra que Biden tiene mucho apoyo en ciudades como Pittsburgh, Filadelfia, Atlanta, Las Vegas, etc., pero no en sus estados, Pensilvania y los demás. Hay mucha diferencia entre las zonas rurales y las ciudades.

Es parte del gran cambio que ha visto la sociedad estadounidense, porque, básicamente, lo que pasa hoy es que hay una lucha de la ciudad contra la nación. En mi infancia, para mi generación, republicanos y demócratas estaban presentes de manera más o menos parecida en el país. No era una cuestión geográfica. Pero ahora todo ha cambiado. La polarización ya no es sólo política sino que también lo es geográfica, de la ciudad contra la no ciudad, de la ciudad contra la nación.

¿Qué significa?

No es populismo, como tampoco sólo una cosa que atañe a la clase obrera, sino que es algo que está extendido en la sociedad. Sin embargo, siempre he creído que los europeos romantizan a EE.UU. Nosotros siempre hemos tenido una apreciable minoría fascista, como se vio en el pasado con el racismo, el Ku Klux Klan y similares. Así que lo que se ve con Trump no es algo que él haya creado, sino algo que explotó, porque en general había un fascismo previo. Es algo no muy lejano a lo que pasa en España, en donde durante mucho tiempo tras la caída de Franco el franquista apenas hablaba sobre sus lealtades, y hoy sí lo hace. Estamos en el mismo tipo de experiencia. Como se suele decir, ahora vemos la lluvia, pero la lluvia siempre ha estado ahí.

¿Esa reacción por parte de la sociedad puede ser una consecuencia de un cierto miedo sobre su futuro, de no saber lo que está por venir, quizá pensando en sus trabajos en un mundo globalizado, etc.?

Sí, creo que así es. No me gustaría simplificar poniendo la palabra globalización, porque en EE.UU. tenemos a esta derecha reaccionaria mucho antes de la globalización. Mira el fenómeno en los años 1950 con el senador Joseph McCarthy, que era más o menos lo mismo: América estaba muy enfocada en lo internacional, pero con la fantasía de los traidores. Lo importante es que este no es un discurso sobre la noción de que EE.UU. está amenazado por otros países, sino sobre que hay una amenaza interior y de que los demócratas o personas como yo debilitan el país. Por eso esta cuestión no puede encararse sólo desde la economía.

Es decir, lo achaca más a la incertidumbre de los tiempos que vivimos y los que están por venir.

Eso es bastante cierto: hay un miedo que condiciona muchas cosas. Muchos obreros en EE.UU., en las ciudades que votaban por los demócratas o que una vez votaron por Biden, lo hacen de forma diferente a como lo hacen en los pueblos o suburbios, con experiencias diferentes y mucho más proteccionistas, pero sienten esta especie de amenaza según la cual el país está en la cuerda floja por personas del interior y tienen posturas más proteccionistas hacia el exterior. El país está, de alguna forma, imbuido por un fenómeno clásico de fascismo y nacionalismo. Algo que, además, estaba dormido. Y la noción de la amenaza interior, del traidor, es muy potente para movilizar.

Son muchos los que señalan que el trumpismo va más allá de Trump y del Partido Republicano.

EE.UU. políticamente es muy encorsetado, y aquí, ahora, es más una cuestión cultural y social que expresa algo más profundo que no quién está liderando el partido. La política moviliza en la sociedad algo muy profundo. Era algo evidente en EE.UU. y durante mucho tiempo la gente en Europa no ha querido verlo.

Quizá algo difícil de entender desde un punto de vista europeo es que, cuando habla de fascismo lo haga para referirse al EE.UU. que enarbola la revolución conservadora y el individualismo, algo diferente al fascismo clásico, por decirlo así. ¿Cómo es posible?

Es una forma diferente de fascismo. El individualismo también puede entenderse por parte de los que están en los lugares más altos de la jerarquía grupal que, desde ahí, guían las opiniones; opiniones que son sólo suyas, lo que lo acerca al fascismo más europeo y en el que todos acaban por pensar lo mismo. Es así que el distintivo estadounidense es el incluir a muchos, pero visto como una selección. Es la forma del trumpismo. Pero mejor hablar de otras cosas porque esto es muy deprimente, y más si hay que sacar la bola de cristal con todo lo que nos rodea, que es una emergencia nacional tras las elecciones.

 

En EE.UU. vuelve la noción de la amenaza interior

 

Usted ha defendido que la ciudad es anonimato junto a comunidad. ¿Quizá de algún modo hemos perdido esa comunidad en las ciudades si bien el mundo es, cada vez más, más urbano y de ahí estas consecuencias?

La ciudad es un lugar para que los desconocidos convivan, y eso es algo muy bueno. Lo que nos lleva de nuevo a EE.UU., porque allí se da algo muy inusual, con vecindarios donde todos son iguales, porque se segrega por raza, clase, etc. Yo tuve un alumno en el MIT que era mexicano e hijo de ilegales que cruzaron la frontera y antes de ir allí nunca había hablado con nadie en inglés en casa. Hablamos de Los Angeles, es decir, sin tener instituciones diferentes. Son de este tipo los problemas que tenemos en EE.UU. No creo que esto sea tan extremo para vosotros.

¿Esta división también es un peligro para la democracia?

Por supuesto. Cómo no.

El auge del fascismo en EE.UU. con Trump no es algo muy lejano a la experiencia que vive España

¿Ante ello cómo de importante puede ser cómo se entiende el espacio público?

Siempre he encontrado apasionante caminar por la Rambla de Barcelona. Al menos antes de la pandemia allí había muy pocos catalanes; es un centro en el que siempre hay un tipo de persona, lo que es muy malo a nivel social. Por eso veo bien la preferencia de la alcaldesa Ada Colau por hacer de Barcelona algo más que el turismo. Y lo mismo en Londres. Cuando voy caminando por el centro es como caminar en cualquier otro lugar, no hay británicos. Lo social es muy importante. Y con las diferencias es como creamos cultura. Por eso la Covid-19, que en las ciudades grandes es horrible, nos reta. Ahora la duda es, ¿dentro de un mes cómo estarán las calles?

Las ciudades a veces parecen la unión de diferentes ‘ghettos’, porque podemos hablar de Barcelona o Londres pero, en realidad, tenemos varias Barcelonas o Londres según la clase, origen, etc. ¿Puede ser un problema añadido?

Lo que hace a la ciudad ciudad es la experiencia de la diversidad y el que convivan personas diferentes que viven, y trabajan, en una misma realidad que se reta, donde discuten y compiten diferentes al mismo tiempo. Yo estudié hace ya mucho tiempo Silicon Valley, que es muy urbano en el sentido de que tienes todas estas pequeñas start-ups concentradas una encima de otra, compitiendo y colaborando. Así es como logras dinamismo económico y se cimienta el sector de la alta tecnología. Lo mismo pasa en Nueva York, con la llamada Silicon Alley. En la economía la densidad es muy importante. También en términos de cultura. Y aquí, lo físico, de nuevo, no es cuestión de números sino de cercanía física.

Si hablamos de EE.UU. y dejamos a Nueva York de lado, vemos ciudades muy diferentes a, por ejemplo, las europeas, mucho más densas. Por ejemplo en su expansión urbana. ¿Quizá las decisiones urbanísticas pasadas están de alguna forma condicionando el presente y futuro de EE.UU. también desde el punto de vista político?

Bueno, en Chicago o Los Angeles, que ven esta expansión urbana, todavía votan por Biden… Es complejo.

Uniéndolo a lo que decía de Silicon Valley, están las smart cities y las nuevas tecnologías que todos utilizamos cambiando nuestra vida social, un reto para nuestras sociedades? Trump sólo habla a menudo por Twitter. Y muchos apenas se comunican vía chat, mail…

Sabe que trabajo para la ONU, y durante la pandemia, analizando su efecto en la ciudad, vimos que las tecnologías, más allá de los hospitales, etc., estaban salvando a gente, porque las diferentes redes hacían posible ponerse en contacto con otras personas, lo que realmente cambió mi idea de cómo la tecnología que usamos en Occidente sirve para aislarnos por la falta de contacto físico. En lugares muy pobres, como en Delhi, sirve para poder contactar a los otros, conocer dónde están las farmacias, la comida, etc., de forma que ha sido un revulsivo comprobar cómo impulsa la democracia y la sociedad de las personas que no son privilegiadas. Y es que, cuanto más privilegiados en las ciudades, más aislados. La tecnología no fuerza al aislamiento, ni en lo político, ni lo económico, tampoco lo social. Hay que encontrar la forma para hacer más fácil a las personas con menos recursos darles acceso a la tecnología. Porque para muchos es su último recurso.

 

Cuanto más privilegiados, más aislados

 

¿La distancia social que se está implantando por el virus en nuestra sociedad, es también un reto no sólo para el presente, donde sabemos que tenemos que hacer algunas elecciones, sino para nuestro futuro?

Hay un gran peligro cuando en un momento extremo en el que no se ven alternativas, se escucha decir: ‘Ah, la ciudad está llena de gente y no hay distancia social’. La ciudad ha cambiado mucho, porque nunca fue así. Y no había quejas por ello. Si transformamos en ese sentido nuestras ciudades, realmente nos dañaremos a nosotros mismos. Si nos guiamos en base al pánico, el que todo puede ir a peor, estará el problema del miedo y de la innovación. Para mí la historia detrás de todo ello es que si la gente está encerrada en sus casas, a largo plazo puede ser muy destructivo. Necesitamos más implicación social en las comunidades para encarar cambios como el energético, de producción, etc.

¿Qué consecuencias puede tener?

El pánico es una situación horrible. Se necesitaron 14 años para encontrar un fármaco que pudiera lidiar con el VIH. Para otras enfermedades, generaciones. Esta vez lo hemos hecho en más o menos un año. Así que es increíble. Y por eso no me gusta cuando los periodistas hablan de cómo de aterrorizados deberíamos estar, porque es como decir a un grupo de soldados que tienen miedo que pueden acabar muertos en el frente. Hay gente que está totalmente paranoica. No puedes hacerlo y sin embargo con el coronavirus todos los mensajes han sido: ten miedo. Así es como nos hacemos daño.

Por  Alexis Rodríguez-Rata

30/11/2020 06:00| Actualizado a 30/11/2020 09:26

Publicado enInternacional
La madre, la hermana y el sobrino de Cristina Bautista en su resguardo indígena, Tacueyó, en el departamento del Cauca, Colombia BERTA CAMPRUBÍ

En el día internacional de las defensoras del territorio y los derechos humanos, mujeres defensoras de distintas latitudes de América Latina denuncian cómo el patriarcado también está al interior de sus procesos organizativos sin ser aun colectivamente diagnosticado.

 

El sistema capitalista es entendido y visto por la mayoría de organizaciones sociales, medioambientales, étnicas y culturales de los territorios de América Latina como el principal obstáculo o incluso enemigo de sus procesos organizativos en tanto que estos defienden la vida y el capitalismo la destruye. Ese es un diagnóstico construido desde hace décadas con un claro aporte de los movimientos marxistas del continente, pero al que también se ha llegado partiendo de las cosmovisiones de los pueblos campesinos, indígenas y afrodescendientes.

Aquellos que hacen un análisis más amplio, notan que el capitalismo llegó con y sigue formando parte del colonialismo y que este es el que instala otro pesado eje de opresión para estos pueblos, el racismo. El patriarcado, sin embargo, según denuncian defensoras desde Brasil, Honduras y Colombia, no está aún en la lista de estructuras por deconstruir.

Es por eso que miles de mujeres ejercen todos los días dos procesos de resistencia o más —según la perspectiva interseccional, tantas como ejes de opresión las atraviesen—, uno junto a toda su comunidad o movimiento social y otra con sus pares de género que ven necesaria esta lucha, aunque a veces también en solitario.

“Yo defiendo el derecho a defender derechos porque, por ahora, a las mujeres nos toca luchar por vivir una vida digna defendiendo nuestro territorio-tierra y nuestro territorio-cuerpo”, asegura Jesica Trinidad, defensora hondureña militante de la Iniciativa Mesoamericana de Mujeres Defensoras. “Hoy, la defensa de la vida tiene cara de mujer a nivel de América Latina y a nivel del mundo”, asegura la lideresa del pueblo garífuna Miriam Miranda. Pero esa defensa de la vida, tiene doble cara.

“La resistencia dentro de la resistencia”

“Cómo mujeres dentro de la organización caminamos con paso firme por la unidad, la tierra, la cultura y la autonomía, ratificando que ninguno de estos principios son posibles con la violencia contra las mujeres en nuestros territorios, si las violencias contra nosotras caminan a la par del proceso, no será posible una resistencia real”, afirmaba el pronunciamiento del 25 de noviembre del Programa Mujer del Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC), una organización que agrupa a 10 pueblos indígenas de Colombia liderada actualmente por ocho consejeros y una consejera.

 “Aquí está instalado el patriarcado. El sistema imperante nos los ha impuesto en nuestros territorios y, hasta el momento, nuestra organización aún no lucha contra ese patriarcado”, asegura Claribel Musicué, defensora del territorio del pueblo nasa, desde el departamento del Cauca de Colombia. “Las mujeres somos la resistencia dentro de la resistencia. Porque, a pesar de que estamos luchando por un proceso organizativo colectivo que nos abraza como comunidad originaria, también está la lucha de las mujeres dentro de ese proceso organizativo para que se reconozca la voz y el rol de las mujeres”, asegura firme Musicué.

“Para el caso de las comunidades negras colombianas, la doble resistencia de las mujeres es un hecho. El liderazgo visible femenino está asumiendo dos frentes de luchas fuertemente activos”, explica Harrinson Cuero, miembro de Proceso de Comunidades Negras original de Guapi, Colombia. Según él, las mujeres enfrentan a la vez un “neoextractivismo que las golpea de manera específica” y “los efectos del colonialismo, el capitalismo y el patriarcado” que han “moldeado las lógicas de poder de los hombres”. Desde Vallecito, en Honduras, Miriam Miranda reafirma que “las mujeres siempre hemos estado ahí, invisibilizadas, calladas pero constantes, lo que pasa es que los hombres muchas veces ponen la cara en los resultados de un trabajo colectivo que hemos hecho las mujeres”.

“Desde las violencias sexuales hasta el cuestionamiento de si somos buenas madres, a nosotras la defensa de derechos nos desprestigia. Un hombre que va a una movilización es un hombre que va a luchar por su país, una mujer que va a una movilización es una mujer que abandona a sus hijos”, expresa Trinidad. Mujeres que participaron de las últimas movilizaciones en Colombia experimentaron como al llevar los hijos a la movilización junto a ellas, también se las acusaba de “mala madre” por exponerlos al peligro de la represión policial.

Desde Brasil, Natasha Neri, antropóloga y directora del documental “Letal” sobre la organización de las mujeres ante el asesinato masivo de jóvenes negros de las favelas de Rio de Janeiro, cuenta que “el movimiento de familiares de víctimas de violencia de estado está formado en un 98% por mujeres, son pocos los hombres que salen para esa lucha”. Esas madres de jóvenes asesinados que emprenden un proceso judicial y una campaña social en busca de justicia, también se encuentran con una lucha interna en sus entornos familiares. “A menudo acaban sufriendo el machismo de sus compañeros y muchas veces se deshacen matrimonios, los compañeros las tratan como locas, como si no pararan de hablar de la misma cosa”, explica Neri.

La defensa del territorio-tierra

“A los grupos armados: esta es nuestra casa y como autoridades y desde los núcleos familiares, les decimos, no son bienvenidos”, así de claro habló la autoridad tradicional del pueblo nasa Cristina Bautista durante el funeral de dos kiwe thegnas —cuidadores del territorio en la lengua del pueblo nasa— asesinados por las disidencias de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia el mes de agosto de 2019. En los primeros 10 días de ese mes habían sido asesinados cuatro kiwe thegnas o guardias indígenas en la región del Norte del Cauca.

“No son bienvenidos los que están reclutando a los menores: hay unos mandatos establecidos desde la comunidad: personal de afuera que esté desarmonizando el territorio se va”, aseveró Bautista. Dos meses después, el 29 de octubre de 2019, ella fue asesinada junto a cuatro guardias indígenas más por el mismo grupo armado.

“Cristina defendía el territorio porque, como ella decía, de aquí a mañana si nosotras no defendemos nuestro territorio estaremos en las ciudades pidiendo limosna”, recuerda su hermana, Amalfi Bautista. “A nivel intercontinental, atraviesa la Abya Yala una estrategia de despojo que es la implementación del desarrollo económico a través del proyecto neoliberal”, explica Camila Rodríguez, activista y defensora de los derechos colectivos, desde Bogotá.

 “Los proyectos extractivos están sobre el 80% de los territorios colectivos y eso evidentemente genera un grave conflicto”, apunta Rodríguez. Se trata de proyectos instalados dentro del marco de la legalidad —que no siempre de la legitimidad—, como represas hidroeléctricas, monocultivos extensivos, megaminería o extracción de hidrocarburos, pero también de proyectos que funcionan desde la ilegalidad como los cultivos de coca y marihuana para uso ilícito, la minería y la deforestación ilegales, el tráfico de drogas y armas, la trata de personas, etc.

“No es que directamente las empresas busquen los territorios colectivos, sino que ancestralmente Abya Yala es un territorio colectivo, siempre habitado por pueblos indígenas y a partir de la colonia también habitado y cuidado por comunidades negras y afrodescendientes”, explica Rodríguez.

Como el pueblo nasa de Colombia o el garífuna de Honduras, existen miles de comunidades en el mundo que enfrentan la llegada y la instalación de estos proyectos sea con herramientas que contemplan las distintas legislaciones como la consulta previa establecida por el Convenio 189 de la OIT o a través de acciones directas y movilización social. Comunidades como la Lumad de Filipinas o los Wetʼsuwetʼen de Canadá que resisten a gasoductos o grupos paramilitares son reportados en los informes de entidades como Global Witness o Front Line Defenders.

Casi mil defensores asesinados en cinco años

Según el informe de esta última ONG, 304 defensores del territorio y los derechos humanos fueron asesinados durante el año 2019 en el mundo y desde 2015 hasta ese año fueron 959. Un 68% de los que fueron asesinados en 2019 perdió la vida en América Latina y un 40% formaba parte de comunidades originarias —representando éstas solo un 5% de la población mundial—.

De 304, más de una tercera parte, 106, han perdido la vida en Colombia, y 43 en Filipinas, los dos países que encabezan el desangrante ránquing. Colombia, que este mes de noviembre cumple 4 años desde la firma de un acuerdo de paz considerado ampliamente fallido, ha registrado en este año 2020, 74 masacres y lleva más de mil líderes sociales, defensoras del territorio y excombatientes de las FARC asesinados desde esa firma. El segundo, Filipinas, desde la llegada al poder del presidente autoritario Rodrigo Duterte, ha alcanzado la cifra de 200 defensores asesinados, la mayoría por la policía o grupos paramilitares.

Lo que tienen en común la mayoría de personas perseguidas es que son parte del 44% de la población mundial que sigue viviendo en áreas rurales y que mayoritariamente sigue cultivando la tierra con métodos ancestrales. Con tan solo el aguante ante las dinámicas e inercias del éxodo rural y la urbanización de los estilos de vida, con tan solo su presencia en los territorios, éstas comunidades indígenas, afrodescendientes y campesinas, logran poner a resguardado y no dejar a disposición de las multinacionales o el narcotráfico, selvas, pampas y montañas. “Sin embargo cada vez están más cerca”, se lamenta Camila Rodríguez.

“Las formas de gobierno y de economía que se han globalizado nos llevan a la destrucción de los territorios, de los pensamientos propios y de los pueblos y por eso hay que destruirlas”, asegura Roseli Finscue, coordinadora del Programa Mujeres del CRIC y cofundadora de la Red Nacional de Mujeres Defensoras de Derechos Humanos de Colombia.

Rodríguez analiza también el “discurso legalista”, que no nace de las cosmovisiones propias, desde el que el mismo sistema hegemónico ha logrado que los defensores se protejan: “Se apropian de todo un discurso de defensa de derechos: los derechos humanos, los derechos territoriales y eso lo que hace también es visibilizar donde están y son los mismo ejércitos legales e ilegales que logran identificar donde están las luchas y las movilizaciones y generar impactos colectivos al asesinar líderes sociales y defensores de manera sistemática y selectiva”. Una estrategia de terror utilizada históricamente a lo ancho y largo del mundo.

Las múltiples violencias

De las 304 defensoras asesinadas en 2019, 40 eran mujeres. En Honduras, quinto país en el ranquing de defensoras asesinadas, la Red Nacional de Defensoras de Derechos Humanos desarrolla hace una década una imprescindible tarea de registro y denuncia de las violencias más invisibilizadas. En su informe “La normalidad siempre ha sido el problema” —en referencia a la situación por el COVID-19—, exponen que durante el primer semestre de 2020 se han dado 530 agresiones a mujeres defensoras. Recalcan las agresiones con carácter de odio y discriminación racistas, y las seis mujeres transexuales asesinadas durante este periodo, y denuncian que la mayor parte de agresiones han sido perpetradas por la policía en primer lugar y por “actores vinculados a los movimientos sociales” en segundo lugar, por delante de las perpetradas por “actores vinculados a empresas y negocios”.

Efectivamente, las violencias para ellas vienen de afuera y de adentro: existen las que puedan sufrir por parte de actores armados públicos y privados y las que puedan sufrir por parte de miembros de su espacio de militancia, su comunidad o su familia. “Además de la violencia de la que fue víctima por parte de grupos armados, mi hermana también sufrió discriminación dentro de la organización por su defensa de los derechos de las mujeres”, asegura Amalfi Bautista.

La división de tareas por género que deja a la mujer en la esfera privada y al hombre en la pública, la falta de participación política y social, la invisibilidad de sus esfuerzos y la objetivación de sus cuerpos, son algunas de las grandes problemáticas que atraviesan las defensoras del territorio.En el caso de las comunidades negras, que en muchos casos podría ser extrapolable a otros colectivos, según Harrinson Cuero “los hombres negros aún no dimensionamos el grado de afectación que padecemos y aplazamos el debate justificados en el recrudecimiento de la violencia neocolonial”. Mientras tanto, “continuamos ejerciendo violencias contras nuestras hermanas y perpetuamos patológicos modelos de liderazgo”. Cuero comparte el punto de vista de la mayoría de mujeres consultadas: el próximo paso necesario para diagnosticar el patriarcado como un obstáculo e incluso como una amenaza para las organizaciones sociales y para el territorio es poner fin a “la resistencia de los compañeros hombres a reconocer el problema”.

 “No quiero que más mujeres del campo vivan en estas circunstancias. Las mujeres indígenas necesitamos oportunidades para participar en la vida política, económica, en la sociedad y en la cultura”, afirmó la defensora asesinada Cristina Bautista en un discurso ante las Naciones Unidas en 2017. “¿Porque hoy la defensa de los territorios tiene cuerpo de mujer? Pues es porque las mujeres como dadoras de vida entendemos la importancia de contar con los recursos que nos darán la vida en el futuro”, explica Miriam Miranda. Por esa defensa de la vida, la defensora Roseli Finscue concluye, “como más comunidad y más colectividad hagamos, más cerca estaremos de quitarle el poder que tienen al capitalismo, al colonialismo y al patriarcado”.

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