La desigualdad amenaza la sobrevivencia de la humanidad

La desigualdad se ha convertido en el principal problema de la humanidad, tan grave que abarca desde la esfera económica y la social hasta la política, estando detrás de las crisis de gobernabilidad que afecta a buena parte del mundo occidental y, de modo muy particular, a América Latina.

 

La violencia institucional y policial, como mostró el asesinato de George Floyd, y la desestabilización política que viven numerosos países, están estrechamente ligadas al crecimiento exponencial de la desigualdad en una parte sustancial del planeta.

El editor jefe de la revista médica británica The Lancet, una de las más prestigiosas en su especialidad, acaba de lanzar un artículo polémico que aborda precisamente esta cuestión, a propósito de la pandemia de coronavirus. En "Fuera de línea: el COVID-19 no es una pandemia", publicado el 26 de setiembre, Richard Horton cuestiona que se aborde el coronavirus sólo como una enfermedad infecciosa.

En un segundo artículo del 3 de octubre, avanza que entre los científicos, "el consenso inicial sobre cómo manejar la propagación del virus se ha desintegrado", lo que agrava hasta niveles peligrosos la capacidad de enfrentarlo.

En el primer articulo citado, Horton no niega que exista una pandemia, sino sostiene que estamos ante dos tipos de enfermedades que "interactúan dentro de poblaciones específicas: la infección por el coronavirus 2 del síndrome respiratorio agudo severo [SARS-CoV-2] y una serie de enfermedades no transmisibles [ENT]".

Horton busca complejizar la situación para enfrentarla mejor, rehuyendo miradas simplificadoras, tan afines a los grandes medios. Apunta que la agregación de ambas enfermedades "en un contexto de disparidad social y económica, exacerba los efectos adversos de cada enfermedad".

La conjunción de diversas enfermedades, lo lleva a recuperar el concepto de sindemia, acuñado por el antropólogo médico Merrill Singer en la década de 1990, para abordar las interacciones biológicas y sociales en la salud humana. Para combatir eficazmente el COVID-19, "atacar las ENT será un requisito previo para una contención exitosa".

¿Qué son las ENT? Un conjunto de enfermedades crónicas como hipertensión, obesidad, diabetes, cáncer, enfermedades cardiovasculares y respiratorias. "El número total de personas que viven con enfermedades crónicas está aumentando", sostiene Horton.

Entre la población de los países pobres, a esas enfermedades crónicas (que son básicamente enfermedades de raíz social), deben agregarse "mordeduras de serpientes, epilepsia, enfermedad renal y anemia". La conclusión es que "la búsqueda de una solución puramente biomédica para COVID-19 fracasará", por más vacunas que se difundan, si no se abordan los "orígenes sociales de la pandemia".

Este es tal vez uno de los análisis más integrales difundidos recientemente: "Acercase a COVID-19 como una sindemia invitará a una visión más amplia, que abarque la educación, el empleo, la vivienda, la alimentación y el medio ambiente".

Por eso destaca que "si los gobiernos no diseñan políticas y programas para revertir las profundas disparidades, nuestras sociedades nunca estarán verdaderamente seguras contra la COVID-19". Este enfoque sistémico que debería desembocar en un tratamiento integral del problema de salud, no se focaliza sólo en la medicina clínica.

Sin embargo, las sociedades están caminando en un sentido opuesto al necesario, por lo menos en dos aspectos: el crecimiento exponencial de la desigualdad durante la pandemia y la persistencia en focalizar los problemas en las urgencias sanitarias, dejando de lado los demás enfoques. Ambos aspectos agravan a mediano plazo la situación.

El informe del periódico El Economista, del 7 de octubre, titulado "Los más ricos disparan su fortuna a cifra récord tras el confinamiento", asegura que "las grandes fortunas aprovecharon el rally de las bolsas para incrementar su riqueza en un 27,5% entre mayo y julio, hasta alcanzar un nuevo máximo de 10,2 billones de dólares".

Los datos se basan en un estudio elaborado por UBS y Pricewaterhouse Coopers (PwC), que agrega que al comienzo de la pandemia hubo una disminución en la concentración de la riqueza, que fue rápidamente revertida por la especulación financiera en las bolsas.

En 2014 había 917 mil millonarios en el mundo (personas que acumulan más de mil millones de dólares), cifra que ahora trepó a 2.189, la más alta que se recuerda. Uno de los aspectos más notables es lo que el informe denomina como "la gran polarización" entre las fortunas de los más ricos, "con sectores como la industria y la tecnología, con ganancias del 44,4% y el 41,3%" durante la pandemia.

​El crecimiento de la riqueza está cada vez más concentrado en pocos sectores. Algo similar sucede con los países. Las grandes fortunas crecieron de modo muy particular en China y Estados Unidos, pero también en Francia, Canadá y Alemania. De 2009 a la fecha, la fortuna de los milmillonarios en EEUU se multiplicó casi por tres, en tanto la de China creció 12 veces, ya que partía de estándares más bajos. Como en todos los rubros, los ricos de China están alcanzando a los de EEUU a pasos acelerados.

Se imponen algunas reflexiones en base a estos datos.

La primera es que todo indica que la desigualdad seguirá creciendo a un ritmo frenético. Las dos primeras potencias, EEUU y China, no muestran mayores diferencias en cuanto al crecimiento de los multimillonarios y de la desigualdad. Esta realidad marca un cambio con lo sucedido en la primera mitad del siglo XX, cuando el ascenso de URSS encarnaba a una nación donde la desigualdad era sensiblemente menor que la que existía en Occidente.

La segunda, es que la humanidad ya no parece en condiciones de frenar su marcha hacia el abismo. Si salimos de la pandemia actual sin haber modificado la lógica estrecha con la que se abordan los problemas de salud, y además se agravan las desigualdades en el planeta, podemos dar por seguro que habrá nuevas pandemias, cada vez más depredadoras y mortales.

Ciertamente, no son buenas noticias. Algunos pensamos que sólo una potente irrupción de los sectores populares para mover el tablero del poder, como sucedió en las primeras décadas del siglo XX, es capaz de modificar esta marcha hacia el abismo.

13:59 GMT 09.10.2020URL corto

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Viernes, 09 Octubre 2020 06:00

Sun Tzu debajo de la almohada

Sun Tzu debajo de la almohada

En periodos de tormenta sistémica es necesario contar con una estrategia clara y definida. De lo contrario, el naufragio es casi inevitable. Tal vez por eso muchos hemos retornado a los saberes como los que encarna Sun Tzu, militar, estratega y filósofo de la antigua China, que resume sus enseñanzas en el libro El arte de la guerra, que ha inspirado a varias generaciones de revolucionarios.

Retornar a Sun Tzu en estos tiempos es doblemente importante para quienes pretendemos derrotar al capitalismo sin involucrarnos en los horrores de las guerras, que caracterizaron el ascenso de los imperios y del sistema-mundo actual. Y que pueden ser la seña de identidad de su caída.

Uno de sus conceptos más notables dice: "un ejército victorioso gana primero y entabla la batalla después; un ejército derrotado lucha primero e intenta obtener la victoria después".

Desde el punto de vista de las comunidades en movimiento, y de los pueblos originarios mayas y nasa en particular, esto quiere decir, según creo: somos victoriosos porque aquí estamos, hemos sobrevivido a los intentos por desaparecernos como pueblos. ¿No era ése el objetivo de las clases dominantes desde la Conquista? ¿No es ése el objetivo de la guerra contra las drogas y de los emprendimientos como el Tren Maya?

Para los pueblos oprimidos, el concepto de victoria no es de carácter militar, no se relaciona con la muerte, sino con la vida. Seguir siendo pueblos, continuar construyendo mundos nuevos porque, como señala el comunicado "Una montaña en alta mar", del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), no se trata de retornar a un pasado supuestamente maravilloso, como el imperio azteca, construido "a costa de la sangre de sus semejantes" (https://bit.ly/2GBG5XB).

Seguir siendo es continuar resistiendo, no para volver atrás, sino para construir lo nuevo. Ésa es la victoria de los zapatistas, de los nasa/misak, de los mapuche, de los wampis y de tantos otros pueblos.

Todo hay que decirlo: pensaba que lo que no consiguieron por las malas los Peña Nieto y los Pinochet podrían conseguirlo a través del "desarrollo" y las políticas sociales los Mujica y los Correa (sumen los nombres que crean convenientes, en cada geografía). Error. Los pueblos están siendo capaces de superar los diversos modos de gestionar el modelo neoliberal extractivo en curso, o "cuarta guerra mundial", como la nombra el EZLN.

La notable frase de Sun Tzu cobra mayor relieve cuando comprobamos que algunos pueblos han sido capaces de atravesar, pese al dolor y la sangre, tanto las administraciones conservadoras como progresistas del modelo. Lo que nos indica que las batallas que entablan ahora son los frutos de su victoria estratégica.

Sobre la relación entre estrategia y táctica, a Sun Tzu se le atribuye una frase, que según especialistas no se halla en su libro, que reza: "la estrategia sin táctica es el camino más lento hacia la victoria. La táctica sin estrategia es el ruido antes de la derrota".

A mi modo de ver, las grandes obras de infraestructura, como la brutal represa Belo Monte, en Brasil, que destruye las fuentes de vida de pueblos enteros; la mega minería en todo el continente; el mismo Tren Maya o el Corredor Transístmico, por poner un puñado de ejemplos, son apenas fuegos de artificio para encubrir el vacío estratégico de un modelo que no tiene para ofrecer a los pueblos más que muerte y destrucción.

Los pueblos en movimiento que no se han dejado cooptar ni por unos ni por otros, que mantienen su autonomía (lo que no quiere decir que nunca se equivoquen), que no se pliegan ni ante el imperio malo ni ante el bueno, ni ante ningún gobierno, son los que están en condiciones de seguir su andadura de largo aliento.

Son los que pueden embarcarse en proyectos de nuevo tipo, audaces y hasta peligrosos, porque ya ganaron al seguir existiendo. Lo que no quiere decir que no puedan atacarlos y hasta promover genocidios. De eso nos llegan noticias todos los días desde el Cauca colombiano, de Wallmapu, de Chiapas y de todas la geografías que resisten.

En medio de esta tremenda tormenta, las estrategias de las izquierdas y de los viejos movimientos han mostrado sus limitaciones y estrecheces. Concentrarse en la toma o en la ocupación del Estado es, como hace décadas señaló Immanuel Wallerstein, el camino del fracaso porque relegitima el orden que se pretende combatir.

Necesitamos estrategias que no sean copias invertidas de las agendas y los modos de arriba, ya sean de derecha o izquierda. Resistir sin reproducir la misma cultura política. Cuando el Consejo Regional Indígena del Cauca proclama "cuenten con nosotros para la paz, nunca para la guerra", apunta hacia una política de nuevo tipo. Resisten construyendo otros mundos.

Cuando el EZLN construye salud, educación, justicia y poder autónomos, está enseñando el camino de vida que recorren los pueblos de raíz maya y las bases de apoyo, que poco a poco empiezan a transitar muchos otros, en todos los continentes, en particular en América Latina.

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Slavoj Zizek: "El covid-19 provocó el temor al ascenso de China como superpotencia, pero la mejor forma de prevenir el comunismo es seguir a Pekín"

Según el filósofo, el 'establishment' de todo el mundo es "consciente de las radicales consecuencias sociales" de la pandemia, por lo que en algunos países se introducen estrategias que, en principio, podrían interpretarse como "fascistas".

 

La crisis del coronavirus ha suscitado temor al comunismo y al ascenso de China como superpotencia, pero la mejor forma de prevenir el comunismo es seguir a esa nación asiática, declaró este miércoles el filósofo cultural Slavoj Zizek en un artículo de opinión para RT.

A su parecer, el 'establishment' de todo el mundo es "consciente de las radicales consecuencias sociales" de la pandemia, por lo que en algunos países se están introduciendo estrategias y pensamientos que, en principio, podrían interpretarse como "fascistas".

El filósofo cita como ejemplo la decisión recientemente adoptada por las autoridades británicas de ordenar a las escuelas que no utilicen recursos de organizaciones que "han expresado su deseo de acabar con el capitalismo". Una guía del Departamento británico de Educación clasificó el 'anticapitalismo' como una "posición política extrema" y lo equiparó con la "oposición a la libertad de expresión, el antisemitismo y el respaldo a actividades ilegales".

De acuerdo con Zizek, esta medida representa una "reacción de pánico al comunismo", ya que las autoridades temen que la pandemia, el calentamiento global y otras crisis sociales puedan brindar una oportunidad para que China se afirme como la "única superpotencia que queda". No obstante, afirma que la mejor forma de prevenir el comunismo es seguir al gigante asiático, puesto que la amenaza a las democracias liberales es hoy interna y se debe a la "mezcla explosiva de crisis que acosan" a las sociedades.

"La pandemia en curso empujó a nuestras sociedades en dirección a lo que asociamos con el comunismo", señaló el filósofo, argumentando su postura de la manera siguiente: 

  • Las autoridades toman decisiones que "claramente" violan las leyes del mercado, como que el Estado intervenga directamente en la industria, distribuyendo "miles de millones" para prevenir el hambre o para medidas de salud
  • Los Estados no solo se ven obligados a promulgar nuevos modos de control y regulación social, sino que incluso solicitan a las personas que denuncien a aquellos familiares y vecinos que oculten su infección a las autoridades
  • Se acepta comúnmente que la eventual vacuna debe ser accesible para todos, y que ninguna parte de la población mundial debe ser sacrificada al virus
  • Se proclama confianza en las personas, ya que se sabe que la mayoría de las medidas contra la pandemia solo funcionan si la gente sigue las recomendaciones
  • Se acepta la socialización parcial de la economía impuesta por la pandemia.

Muchos gobiernos, como el británico, actúan de manera preventiva para tratar de "sofocar" radicales consecuencias sociales antes de que adquieran una forma política completa, opina Zizek. 

"Lo que estamos obteniendo hoy, no solo en China, es la combinación de Estados autoritarios fuertes con dinámicas capitalistas salvajes. La forma más eficiente de capitalismo es actualmente lo que Henry Farrell llamó 'autoritarismo en red': si un Estado espía lo suficientemente a la gente y permite que los sistemas de aprendizaje automático incorporen su comportamiento y respondan a él, es posible satisfacer las necesidades de todos mejor que en una democracia", señala el filósofo.

Al final, Zizek llega a dos conclusiones, una a corto plazo y otra a largo plazo. La primera es que la tarea de la izquierda radical es ahora, como señaló la congresista demócrata Alexandria Ocasio-Cortez, salvar a nuestra democracia "burguesa", cuando el centro liberal es demasiado débil e indeciso para hacerlo.

Por su parte, la segunda conclusión "debería ser nuestra respuesta al 'establishment' obsesionado por los escenarios apocalípticos". "Sí, su viejo mundo está llegando a su fin, pero las opciones que vislumbran no son las únicas: otro fin del mundo es posible", concluyó Zizek.

Publicado: 8 oct 2020 01:39 GMT

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Manifestantes de la oposición encienden una hoguera frente a la Casa Blanca, sede del parlamento y la presidencia, en Bishkek (VYACHESLAV OSELEDKO / AFP)

Después de una noche de manifestaciones, con un muerto y 600 heridos

 

La Comisión Electoral Central de la exrepública soviética de Kirguistán anuló este martes los resultados de las elecciones parlamentarias del pasado domingo después de que miles de personas se manifestaran en el centro de la capital Bishkek y de que asaltaran el parlamento nacional y ocuparan varios edificios oficiales.

Gulnara Dzhurabáyeva, miembro de la Comisión, fue la encargada de hacer pública la decisión, según informa el portal local 24.kg. Además, apuntó la posibilidad de que la comisión de disolviera. “Creo que con esta campaña electoral nos hemos desacreditado y, por lo tanto, la mejor y más correcta decisión en este caso sería una dimisión anticipada”, explicó.

Creo que con esta campaña electoral nos hemos desacreditad”

Gulnara Dzhurabáyeva Miembro de la Comisión Electoral Central

Tras las manifestaciones convocadas por los partidos de la oposición, en la noche del lunes al martes estallaron disturbios en Bishkek, en los que los manifestantes se enfrentaron a las fuerzas antidisturbios. Según datos del Ministerio de Sanidad, se produjo un muerto y hubo 600 heridos.

Los manifestantes asaltaron la Casa Blanca, edificio donde se encuentra tanto el parlamento como las oficinas de la Administración del Presidente. Además, habían ocupado el ayuntamiento de Bishkek y habían empezado a nombrar autoridades alternativas en lo que parecía ser la tercera revolución que vive este pequeño país (6,5 millones de habitantes) en el siglo XXI.

Los manifestantes protestan contra los resultados de las elecciones frente a la sede del gobierno en Bishkek (Vladimir Voronin / AP)

Los resultados oficiales dieron la victoria a los tres partidos progubernamentales

Los resultados oficiales de las elecciones del 4 de octubre, anunciados el lunes, dejaban el parlamento en manos de los partidos progubernamentales, que apoyan la política del presidente del país, Sooronbái Jeenbékov, partidario de mantener buenas relaciones con Rusia.

Antes de la decisión de la Comisión Electoral, Jeenbékov la había pedido que revisase los resultados electorales y estudiase cuidadosamente las denuncias de compra de votos o uso indebido de los recursos estatales para favorecer a los candidatos progobierno. Y, si es necesario, que llegase hasta la “anulación de los resultados”, dijo su portavoz Tolgonái Stamalieva.

Manifestantes se enfrentan a la policía en Bishkek la noche del lunes (IGOR KOVALENKO / EFE)

El partido Birimdik (Unidad), habría ganado con el 24,5 % de los votos. Le habrían seguido Mekenim Kirgistan (23,88%) y Kirguistán (8,76 %). Miembros del primero ya dijeron el martes que aceptaban una repetición electoral.

Jeenbékov también había convocado a los líderes de los partidos que participaron en las elecciones.

Manifestantes empujan un contenedor en llamas contra la policía (Vladimir Voronin / AP)

Durante las protestas de la madrugada, un grupo de manifestantes se apoderó del centro de detención preventiva de la capital y liberó al expresidente Almazbek Atanbáyev, aliado de Jeenbékov hasta que la fiscalía comenzó a investigarle el año pasado y terminó imputándole varios delitos de corrupción.

La oposición denunció fraude electoral y compra de votos durante la votación del 4 de octubre

El caso de Atanbáyev provocó la escisión del Partido Socialdemócrata, al que ambos pertenecían. Fruto de esa ruptura esta año nació el Birindik, partidario de Jeenbékov. En la oposición quedó una nueva formación, Socialdemócratas.

Los manifestantes se agolpan frente al parlamento (VYACHESLAV OSELEDKO / AFP) Kirguistán (con 6,5 millones de habitantes) está considerada la única democracia entre las exrepúblicas soviéticas de Asia Central. Durante este siglo ha vivido ya dos revoluciones. La de los tulipanes obligó a dejar el país a Askar Akáev en 2005. En 2010 sufrió la misma suerte su sucesor, Kurmanbek Bakíev.

por Gonzalo Aragonés | Moscú, Corresponsal en Rusia

06/10/2020 10:25 | Actualizado a 06/10/2020 11:44

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No comparen los cismas de Estados Unidos con la guerra civil en Líbano

Hubo un tiempo, durante los años 90 e incluso después de 2000, en que de cualquier país en peligro de caer en caos político o "implosión" –palabra que detesto instintivamente al igual que "epicentro"– se decía que estaba en riesgo de "libanizarse". Yibuti se convertiría en "el Beirut del cuerno de África", y los Balcanes, inevitablemente, serían objeto de "libanización". Por un momento, las pequeñas guerras civiles –Tayikistán, Ucrania– pudieron "balcanizarse". Pero la mítica Suiza de Medio Oriente, ese Beirut del paraíso y el infierno, siempre regresaba poco a poco. Para ser un país que durante década y media después de concluir oficialmente su guerra civil imitó al ave fénix, esto era muy injusto.

Pero ahora, Beirut está de nuevo en el registro internacional de locura, irracionalidad política, corrupción y violencia. ¿Con qué se le compara esta vez? Con Estados Unidos, por supuesto. Los pobres libaneses no merecen esto. La política estadunidense hacia su pequeño país y el servil apoyo de Washington hacia las habituales invasiones de Israel, han contribuido mucho a producir la tragedia de Líbano. De seguro, la presidencia de Trump y lo que se prevé como sus escandalosas secuelas –un trumpismo permanente mientras el ejército estadunidense decide si defiende o ataca a la Casa Blanca en noviembre– ha devuelto a Beirut al tablero de los lugares comunes.

Entra, por tanto, un amigo a quien juré hace un par de semanas no volver a mencionar… por lo menos en los siguientes seis meses: El mensajero imperial del New York Times, Thomas Friedman. Tom y yo compartimos algunas historias en los 80 cuando ambos cubríamos la guerra civil libanesa, hasta que a él lo enviaron a Jerusalén y dejó Beirut. La semana pasada regresó con mucha determinación… al menos metafóricamente. En CNN pregonó una ecuación clásica que se ve bien, pero no tiene mucho sentido, y que todo mundo recordará más tarde.

"Como saben, comencé mi carrera como periodista cubriendo la segunda guerra civil en la historia de Líbano", dijo Friedman a Anderson Cooper, "y estoy aterrado de encontrarme al final de mi carrera como periodista cubriendo la segunda guerra civil en la historia de Estados Unidos".

Cooper le preguntó retóricamente: "¿En verdad lo cree?", y claro, Tom reiteró que las aseveraciones de Trump –en cuanto a que no llevará a cabo una transición pacífica del poder– pueden llevar al país a una segunda guerra civil.

Olividemos por un momento que sólo una vez en la historia de Líbano –mucho después de que Tom se fue de ahí– el país tuvo dos primeros ministros rivales uno de los cuales, por casualidad, es el actual presidente (y tiene el apoyo de Siria). Originalmente fue expulsado a bombazos de su palacio en 1990 –y aquí vamos de nuevo– por los sirios.

Pero no importa, Friedman se sumergió de nuevo en las calmadas aguas de Levante en septiembre, sólo un mes después de que se dedicó a emular a Casandra con sus catastrofistas predicciones sobre Trump, cuando comparó la profundamente desconfiada reacción de los libaneses a la explosión de nitrato de amonio que devastó varios distritos de Beirut con la reacción de estadunidenses al Covid-19 . “Como en Medio Oriente –anotó el mensajero imperial– cada vez más, en Estados Unidos todo es político, incluso el clima, incluso la energía, incluso el uso de cubrebocas en la pandemia”.

Pero luego se embarcó en una crítica desproporcionadamente injusta a la historia reciente de Líbano y culpó a la naturaleza sectaria de la sociedad libanesa de la mayoría de las desgracias del país. Agregó que los dos partidos políticos estadunidenses se asemejan a las sectas religiosas que se disputan el poder, esto fue incluso antes de la compulsiva perorata presidencial del martes en el debate.

“Ellos (los libaneses) llaman a los suyos ‘chiítas, sunitas y maronitas’ o ‘israelíes y palestinos’”, escribió Friedman. “Nosotros llamamos a los nuestros ‘demócratas y republicanos’, pero los nuestros ahora se comportan como tribus que creen que deben triunfar o morir”. Bueno, hasta cierto punto, Lord Copper*.

Existen dos elementos faltantes en estas matemáticas simplistas. La segunda guerra civil libanesa que Friedman cubría estaba íntimamente ligada a la tragedia de los refugiados palestinos, de los cuales 350 mil vivían en campos de refugiados en Líbano en ese momento. Sin esta población desposeída, el sectarismo pudo haber sobrevivido sin conflicto –y sin las matanzas de Sabra y Chatila que Friedman cubrió en 1982.

La invasión de Israel a Líbano ese año –cuyo objetivo era obligar a los palestinos a huir a Siria y cementar así a la minoría cristiana maronita en el poder– costó 17 mil vidas, casi 9 por ciento del total de muertos de la guerra civil, cosa que Friedman dejó fuera después de esa breve mención de los "israelíes y palestinos".

No me sorprende porque actualmente la más obvia comparación política entre Medio Oriente y Estados Unidos es la que surge entre los palestinos y afroestadunidenses. Sé bien que unos luchan contra el nacionalismo y otros contra el racismo, pero sin importar cuánto los israelíes y sus supuestos amigos traten de manchar a quienes sugieren que existe un paralelismo entre un policía blanco disparándole a un afroestadunidense y un policía israelí disparándole a un palestino, tanto los hombres y mujeres negros en Estados Unidos como los palestinos tienen una demanda en común: su dignidad y sus derechos humanos.

Los negros en América fueron desposeídos de sus tierras cuando sus ancestros fueron esclavizados hace 400 años. Los palestinos fueron arrancados de sus tierras apenas hace medio siglo. Pero ambos tienen reclamos legítimos con mucho en común. Apenas fue sorprendente que quienes respaldan el movimiento propalestino de Boicot, Desinversión y Sanciones, dieron su apoyo de corazón a Black Lives Matter.

De la misma forma, es imposible no ver las reacciones personales de muchos negros americanos a la tragedia palestina. En muchos viajes a Estados Uidos, siempre que hablo con una persona negra sobre Medio Oriente, el 100 por ciento me ha expresado su empatía y pesar por los palestinos. Siempre hablan con conocimiento, sinceridad y genuina preocupación de Cisjordania, Gaza y la diáspora de refugiados palestinos. Por otra parte, la mayoría de los estadunidenses blancos, incluidos, claro, muchos judíos, casi siempre responden con alarma ante cualquier discusión directa sobre los palestinos. Saben que criticar a Israel tiene un precio.

Pero nada de esto, al parecer, es digno de discutirse durante las elecciones en Estados Unidos. Me pregunto por qué. Y aunque Friedman se enfrasca en cuestiones religiosas de Líbano, no ha hecho hincapié sobre la dolorosa influencia de los cristianos evangélicos en Trump y su apoyo por Israel. Esto no es tema de discusión durante la campaña electoral estadunidense, en la semana del maratón de gritos trumpistas, y ciertamente no es tema tampoco en ninguna columna de un periódico de Estados Unidos. Pero es central en la política nacional (si es que existe una criatura así en Trumplandia) de Medio Oriente.

Sí, todos sabemos que la educación, la salud y el empleo vienen primero en las elecciones estadunidenses, como ocurre en la mayoría de las democracias. Pero si vamos a discutir el futuro de Estados Unidos en relación con la estructura de una nación trágica y rota como Líbano, hablemos de las verdaderas lecciones que deben aprenderse de Medio Oriente. Si ahora todo es la política en Estados Unidos, como sostiene Friedman, debemos decir la verdad sobre la sangrienta historia de las tierras que el próximo presidente encontrará –inevitablemente– encabezando la lista de peligros potenciales en los meses por venir.

Debo agregar que Tom sigue siendo un buen amigo. De hecho, meses antes de que el Covid-19 nos envolviera a todos, Friedman y yo aparecimos, aunque no compartimos escenarios, en una feria del libro en la costa este de Irlanda. Nos vimos para un café dominical en un pequeño comercio local donde me expresó su desprecio por la falta de confianza que le inspira Trump (no suficiente desprecio en mi opinión, pero así es Tom). Cuando ya nos íbamos, me despedí de Mairead, la propietaria del local quien conozco desde hace años. Estaba a punto de presentarle a Tom cuando él le obsequió su sonrisa triunfadora y le dijo: "Yo soy el Robert Fisk de Estados Unidos".

¡Dios me libre, eso sí que no se me había ocurrido!

© The Independent

Traducción Gabriela Fonseca

* Personaje de la novela satírica Scoop (1938) de Evelyn Waugh. Lord Copper es un magnate del periodismo, osado pero inepto, con especial interés en cubrir guerras en el extranjero de manera sensacionalista (N. de la T.).

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El viraje hacia adentro de China descoloca a Occidente

El Dragón se propone cambiar de estrategia. En respuesta a la situación internacional, decidió un viraje a lo que denomina "doble circulación", que supone que "el mercado y el consumo interno serán los principales impulsores del futuro crecimiento del PIB de China".

 

Este viraje se viene anunciando desde hace algunos meses, pero a lo largo de septiembre cobró mayor dimensión. El Diario del Pueblo publicó un artículo titulado "El desarrollo chino se plantea a través de un nuevo modelo", donde destaca que el "crecimiento económico de China estará impulsado por el consumo interno y la inversión".

Justin Yifu Lin, decano honorario de la Escuela Nacional de Desarrollo de la Universidad de Pekín y ex economista jefe del Banco Mundial, destaca la necesidad de China de "medidas de reforma más audaces para cultivar un mercado interno más eficiente y liberar el potencial del país para verificar un crecimiento de mayor calidad".

China está transitando, según Lin, de "una economía orientada a la exportación hacia una economía orientada al consumo interno y la inversión", lo que considera un paso inevitable. Según el diario oficialista, "el patrón de desarrollo de doble circulación ha generado acalorados debates y especulaciones sobre un posible cambio de la política de desarrollo de China y su potencial impacto en la economía mundial".

El presidente Xi Jinping definió que "China necesita crear un nuevo patrón de desarrollo en el que la circulación económica interna sea el pilar y los mercados internos y externos puedan complementarse entre sí".

El cambio está en marcha, al punto que la proporción de las exportaciones en el PIB de China ha disminuido desde un 35% en 2006, hasta un 17% en 2020. El consumo interno suponía, en 2008 el 35,3% del PIB, porcentaje que creció hasta un 58% del PIB en 2019.

Sin embargo, esto no quiere decir que las exportaciones dejarán de ser importantes para la economía china, ya que el país seguirá aprovechando sus ventajas competitivas para seguir ampliando la oferta de bienes a bajos precios.

China no va a aislarse, como ha dicho días atrás el presidente Xi. Prueba de ello es que mantiene en alto su principal proyecto, la Ruta de la Seda, que busca precisamente acelerar los intercambios con Asia y Europa. Como señala el economista Lin, el viraje supone aumentar los ingresos de los hogares para que el consumo interno se convierta en uno de los motores claves del crecimiento económico.

Sin embargo, este viraje que busca la mayor autonomía de China del mercado global, provoca un sentimiento de zozobra en Occidente. El Commerzbank, por ejemplo, uno de los mayores bancos de Alemania, vaticina que "China ha iniciado un camino hacia la autarquía".

Según este análisis, el viraje de China "puede perjudicar a Europa y, en especial, a Alemania en el medio plazo". Observado desde Europa, el viraje chino busca "la autosuficiencia para blindarse ante la nueva 'era del desorden'", que "puede suponer una seria amenaza para los grandes socios comerciales".

Según el citado informe de El Economista, "China se ha convertido en un gran importador de bienes intermedios de calidad, beneficiando a Alemania, Japón, Corea del Sur o EEUU. Esto es lo que parece estar en peligro con la nueva estrategia que pretende adoptar el país a partir de octubre".

En los próximos años, el Dragón se encamina a producir una gran parte de los bienes y servicios de elevado valor añadido que ahora importa. Los economistas de Commerzbank sostienen que China seguirá importando commodities como petróleo, pero la sustitución de importaciones industriales "plantea riesgos importantes para China y para las economías industrializadas occidentales".

Con este viraje, es muy probable que la guerra comercial con EEUU no haga más que intensificarse. Alemania será uno de los países más afectados, ya que se ha convertido en el principal proveedor de China, principalmente vehículos, piezas de coches, de aviones, máquinas y equipamiento industrial. "Se sentirán decepcionados, en particular los que exportan productos finales de alto valor añadido que China ahora puede producir por sí misma", estima Alicia García Herrero, economista de Natixis y una de las mayores expertas en economía china.

El economista argentino Claudio Katz ofrece una interesante reflexión sobre las causas de este viraje, que sitúa en la crisis de 2008, cuyo epicentro fueron los EEUU. El crecimiento de China basado en las exportaciones a su principal socio comercial, "alcanzó un techo infranqueable", ya que la debilitada economía de EEUU "no pudo sobrellevar el desbalance generado por el superávit comercial y las monumentales acreencias acumuladas por Pekín".

En efecto, la recesión que sobrevino a la crisis "introdujo un freno a la adquisición norteamericana de excedentes chinos y al consiguiente engrosamiento de las reservas asiáticas de Bonos del Tesoro". En los años siguientes, los intentos de China por aumentar las inversiones para ampliar su mercado interno, no alcanzaron el mismo nivel de beneficios que se obtenía con las exportaciones, sobre todo porque, como apunta Katz, "el consumo interno de los sectores de alta y media renta no fue suficiente para sostener el mismo ritmo de actividad".

Según esta explicación, la guerra comercial y el desacople entre Pekín y Washington serían consecuencia, más que de la actitud de ambos presidentes, de los límites que encuentra la interpenetración de las economías de ambas potencias. Dicho de otro modo, la guerra comercial desatada por Trump es la respuesta a los límites estructurales de un tipo de relaciones ancladas en el comercio.

China necesita un desarrollo endógeno, como lo han tenido EEUU y la Unión Europea desde hace mucho tiempo, así como todas las potencias ascendentes. Si no promueve ese viraje, quedará como un país dependiente de las exportaciones de bienes poco industrializados, una desventaja que las naciones del tercer mundo subdesarrollado conocemos de sobra.

Sin embargo, este viraje augura cambios geopolíticos de larga duración. Las potencias occidentales tuvieron una sobrevida luego de la crisis de 2008 gracias al notable crecimiento de la economía china, que era capaz de absorber todo tipo de productos industrializados y de alto valor agregado que producían las economías desarrolladas. Ahora se verán enfrentadas a sus propios límites, ya que los mercados internos del Norte tienen muy pocas posibilidades de expandirse.

21:17 GMT 01.10.2020(actualizada a las 22:43 GMT 01.10.2020) URL corto

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¿Es posible un nuevo sindicalismo clasista?

Desde que empezó la ofensiva neoliberal alrededor de 1980, hemos experimentado un cambio drástico en el equilibrio de poder, desde la fuerza de trabajo hacia el capital. A pesar de eso, grandes sectores del movimiento sindical siguen aferrándose a una ideología de la concertación social pensada en tiempos en los que la correlación de fuerzas era completamente distinta.

 

Los sindicatos están a la defensiva en todo el mundo, bajo la enorme presión de poderosas fuerzas económicas y políticas. Enfrentamos una multiplicidad de crisis. Las patronales atacan desde todos los frentes y la pandemia se está usando como excusa para debilitar aún más a los sindicatos, los salarios y las condiciones de trabajo.

Desde que empezó la ofensiva neoliberal alrededor de 1980, hemos experimentado un cambio enorme en el equilibrio de poder, desde la fuerza de trabajo hacia el capital. A pesar de eso, grandes sectores del movimiento sindical siguen aferrándose a la ideología de la concertación social –con el diálogo social como principal método de influencia–, lo cual, en las actuales circunstancias, está demostrando ser contraproducente.

Sin embargo, un número creciente de sindicatos están tomando conciencia de que estamos en una situación crítica y de que tenemos que dar nuevos y audaces pasos para enfrentar a nuestros adversarios. Tenemos que reformar nuestros sindicatos, para convertirlos en instrumentos más eficaces y prepararlos mejor para las confrontaciones por venir.

Falta de discusión

Los sindicatos se oponen a la reestructuración neoliberal de nuestras sociedades. Están unidos contra la privatización y la desregulación de nuestros servicios públicos. Demandan empleos más seguros, mejores condiciones laborales, de salud y de seguridad en el trabajo y una «transición justa» para evitar una catástrofe climática. En general, los sindicatos tienen una lista impresionante de demandas progresistas.

El problema es que esto suele terminar ahí. Hay una ausencia de discusión y de políticas respecto de cómo seguir en caso de y en el momento en que nuestras demandas específicas se adopten y cumplan. Y dado que los procesos económicos, sociales y políticos van mayormente en el sentido opuesto, es importante que también evaluemos nuestras organizaciones, tanto sus debilidades como sus fortalezas.

El desarrollo de nuestras estrategias es un desafío singular. Nuestros objetivos más amplios requerirán transformaciones sociales y económicas profundas, por lo que enfrentamos una lucha basada en el interés. En verdad, es una cuestión de poder. Por lo tanto, necesitaremos más sindicatos que sean capaces de luchar y que estén dispuestos a hacerlo. Tenemos que construir alianzas sociales más amplias. Serán necesarias la movilización masiva de las fuerzas sociales y la solidaridad mutua. Sin embargo, enfrentamos un problema, ya que sectores importantes del movimiento sindical internacional están presos en la trampa del diálogo social.

Otro ámbito de lucha

En la interpretación dominante, el diálogo social se ha convertido en un fin en sí mismo, una forma de avanzar en relación con los empresarios y con los gobiernos. Por supuesto, la posibilidad de hablar cara a cara con los empresarios es importante, pero en sí misma no nos da más poder. Simplemente nos presenta un nuevo ámbito de lucha en el que podemos expresar el poder que ya tenemos. Es la representación de nuestros integrantes, con su habilidad y predisposición para tomar acciones, lo que nos da poder en el «diálogo», como así también en la mesa de negociaciones. No obstante, la ideología de la concertación social se ha distanciado cada vez más de las relaciones de poder de las que surgió.

Nadie critica a los sindicatos por concurrir a reuniones con empresarios. Por supuesto, eso es necesario e importante. Lo que cuestionamos es que se actúe como si el diálogo social fuera el medio principal para ganar influencia. En lugar de humillarse implorando por «un lugar en la mesa», debemos dirigir nuestros recursos y políticas hacia construir sindicatos más fuertes con musculatura en la industria. En la sociedad capitalista de hoy, queda bastante claro que quien no representa una amenaza potencial para los intereses de las empresas, no tiene poder, con o sin diálogo social.

Compromiso de clase

Es muy útil echar un vistazo al origen del diálogo social. Todo se remonta a la institucionalización del compromiso de clase histórico entre la fuerza de trabajo y el capital después de la Segunda Guerra Mundial, con su epicentro en Europa occidental. Este compromiso (no importa lo que opinemos de él) se construye sobre la base del poder. Fue el resultado de un desarrollo histórico muy específico, en el que el movimiento sindical y de trabajadores fue capaz de amenazar los intereses del capital mediante la movilización y la lucha.

El compromiso de clase no fue el resultado de los reclamos a los empresarios, sino de haberles enseñado una lección mediante la acción en las industrias. Los empresarios se interesaron en cerrar un acuerdo con los trabajadores no por ser amables, sino para evitar algo peor, cualquier tipo de socialismo. El compromiso de clase se estableció sobre la base de 50 años de dura lucha de clases. Fue el cambio asociado en las relaciones de poder en favor de la fuerza laboral lo que le dio al movimiento sindical influencia a través de negociaciones tripartitas y diálogo social.

Ahora, dado que las relaciones de poder se han modificado considerablemente en favor de los empleadores, el compromiso de clase ya ha colapsado o está a punto de hacerlo. Con un movimiento sindical y de trabajadores débil, muy a la defensiva, los empresarios ya no están interesados en compromiso alguno, incluido un diálogo social eficaz. Una prueba de la crisis que enfrentamos es que los sindicatos europeos se han reducido en promedio a la mitad durante los últimos 40 años, una embestida contra los sindicatos sin precedentes en tiempos modernos. Confiar en que el diálogo social nos salve en esa situación es como mínimo ingenuo.

Estrategias eficaces

No es difícil entender qué es lo que persiguen los empresarios. Quieren abolir el Estado de Bienestar, privatizar porciones aún mayores de nuestras economías y sociedades y derrotar al movimiento sindical. Para enfrentar eso, necesitamos sindicatos más fuertes que estén dispuestos a desafiarlos. Debemos analizar la coyuntura política presente, desarrollar programas y políticas e idear visiones que puedan crear entusiasmo y optimismo; también generar estrategias eficaces para poder concretarlas.

Pero las relaciones de poder son cruciales: el lugar en la mesa de negociaciones estará disponible tan pronto como los empresarios se den cuenta de que es mejor tenernos ahí antes que en las calles o en los piquetes de huelga.

Fuente: Social Europe.

Traducción: María Alejandra Cucchi

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¿Sociedad del conocimiento sin conocimiento?

Persisten las voces según las cuales el conocimiento está en la red al alcance de cualquiera y, por lo tanto, no es necesario estudiar. Es más, según estas teorías, el conocimiento se convierte en obsoleto rápidamente a causa del desarrollo vertiginoso de la I+D+i (que, por lo visto, se consigue sin conocimientos), de modo que el 65% de los trabajos del mañana no se han inventado todavía y no los podemos ni imaginar. Y entonces, ¿cómo podemos saber que serán el 65%?

De modo que el alumnado no necesita aprender cosas, sino “aprender a aprender”. No importarían los conocimientos, sino las “competencias”, preferiblemente transversales: trabajar en equipo, manejar las nuevas tecnologías, comunicar, hablar idiomas… Y, puesto que el profesorado actual estaría desfasado, sería imprescindible una “innovación docente”, consistente en poner gran énfasis en el uso de nuevas tecnologías y la autoformación ‘on line’.

Quien afirma que todo el conocimiento está en la red olvida la gran diferencia entre conocimiento e información. Y olvida también que la red contiene tanto información como desinformación. El conocimiento es, precisamente, lo que permite discernir una de otra. Por eso hay que aprender a aprender, me dirán. Cierto, pero ¿cómo se puede aprender a aprender si no es afianzando conocimientos sólidos, sobre los cuales poder ir adquiriendo nuevo conocimiento, hasta ser capaz de discernir y volar con alas propias? Cuando llegamos a conocer, y solo entonces, resulta útil saber comunicar o trabajar en equipo.

El eco que reciben estas teorías se explica, en realidad, como resultado de las tendencias del mercado de trabajo, que está viviendo una gran polarización: en palabras de la OCDE, “se necesitan trabajadores altamente cualificados para trabajos relacionados con la tecnología, y trabajadores poco cualificados para servicios que no pueden ser automatizados, como el cuidado personal. Las habilidades de nivel medio están siendo reemplazadas por robótica inteligente.” En consecuencia, según la OCDE, “no todo el mundo elegirá una carrera en el dinámico sector de la ‘nueva economía’ –de hecho, la mayoría no lo hará– por lo que los planes de estudios no pueden diseñarse como si todos debieran llegar lejos”.

Y ¿cómo deberían diseñarse? Lo deja claro un documento de la Comisión Europea: “Para una demanda dada de ciertas habilidades, un aumento en la oferta de este tipo de habilidades resultará en un salario real más bajo para todos los trabajadores con estas habilidades”. En consecuencia, ¿de qué habilidades necesita disponer esa mayoría que ocupará puestos de trabajo poco cualificados, para que sus salarios no suban? Hasta ayer bastaba con saber leer, escribir, contar y disponer de permiso de conducir. Hoy se han añadido competencias como saber comunicar en diversas lenguas, manejar un ordenador y adaptarse a los cambios con iniciativa. Para entender por qué, no hay más que pensar en la velocidad a la que cambian los modelos y productos a la venta en cualquier tienda de ropa o de electrónica, o en las cafeterías de comida rápida, y en los idiomas que hay que manejar para atender a turistas en el globalizado mundo actual.

Por otro lado, tras esa formación inicial, cada persona deberá “hacerse cargo de su formación a fin de mantener al día sus competencias y preservar su valor en el mercado de trabajo”, según una de las agencias de la Unión Europea. Así, de paso, se producirá una mercantilización de la enseñanza que permitirá reducir el gasto público y fomentar un nuevo filón de negocio. No es casualidad que las grandes multinacionales de las nuevas tecnologíasse encuentren entre los promotores principales de esta “innovación docente”.

Cuesta creer que estos argumentos se hayan difundido con aún más fuerza en medio de una pandemia que ha puesto de manifiesto la importancia del conocimiento para nuestro bienestar, y de una crisis climática y ambiental sin precedentes causada por nuestra forma de vida. De imponerse definitivamente la idea de que los planes de estudios “no pueden diseñarse como si todos debieran llegar lejos”, nuestra sociedad en su conjunto saldrá perjudicada. Y, una vez más, quienes más lo sufrirán serán las hijas y los hijos de las familias socialmente más desfavorecidas, a quienes no se ofrecerá siquiera la posibilidad de “llegar lejos”. Pues la Escuela, así, en mayúscula, es la única institución que les puede ofrecer la posibilidad de comprender el mundo y de cambiarlo.

Por Vera Sacristán | 02/10/2020

Fuente: https://www.elperiodico.com/es/opinion/20200923/sociedad-sin-conocimiento-educacion-articulo-vera-sacristan-8125201

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Migrantes hondureños que intentan llegar a Estados Unidos, en Entre Ríos, Guatemala , 1 de octubre de 2020.Foto: Stringer / Reuters

Al menos 2.000 personas entraron en el país tras romper una barrera de seguridad.

 

El presidente de Guatemala, Alejandro Giammatte, ha ordenado la detención inmediata de los miles de migrantes hondureños que entraron este jueves en el país en una caravana que pretende cruzar el país rumbo a EE.UU.

Al menos 2.000 personas, incluidos menores y adolescentes, ingresaron a Guatemala la tarde de este jueves, tras romper una barrera de seguridad en la frontera del Corinto, en el departamento de Izabal.

"En medio de la emergencia sanitaria actual, nuestro deber es garantizar la vida de nuestros ciudadanos ante grupos que pueden vulnerar la seguridad y la vida, por lo que se tomarán las medidas junto con Honduras para contener la violación de las fronteras", escribió el mandatario en su cuenta de Twitter.

Debido a la pandemia de covid-19 y al riesgo que genera la aglomeración de personas para la propagación de la enfermedad, Giammatte declaró estado de prevención por 15 días en los departamentos de Izabal, Petén, Zacapa, Chiquimula, Jutiapa y El Progreso. "Somos respetuosos del derecho humano de migrar, pero no seremos tolerantes de la forma violenta e ilegal de ingresar a nuestro país", aseguró.

Según el Instituto Guatemalteco de Migración (IGM), los inmigrantes no presentaron prueba de PCR para descartar que tienen covid-19, incumpliendo así los protocolos definidos para prevenir la propagación del  coronavirus. Asimismo, muchos de ellos no contaban con documentos de identidad o pasaportes, recogen medios locales. 

El Ministerio de Salud Pública de Guatemala reportó este jueves 663 nuevos casos de coronavirus en la última jornada, lo que eleva la cifra total de contagios confirmados a  92.409. La enfermedad ha causado más de 3.200 muertes.

Publicado: 2 oct 2020 01:39 GMT

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Honduras San Pedro Sula Foto: DW.

Cientos de personas migrantes comenzaron a caminar este miércoles 30 de septiembre por la noche desde San Pedro Sula -en el norte de Honduras- hacia la frontera con Guatemala, usando una ruta migratoria muy transitada en tiempos del COVID-19.

Durante semanas, se convocó -desde las redes sociales- a una nueva caravana de migrantes que saldría desde una estación de autobuses de San Pedro Sula el 1 de octubre. Sin embargo, la mayoría de las personas que se reunieron el miércoles decidieron no esperar y partieron en la oscuridad de la noche con mochilas y, muchos, con mascarillas. Los grupos se encaminaron rápidamente a lo largo de la carretera, algunos recibiendo la ayuda de conductores, mientras otros continuaron caminando hacia la frontera con Guatemala.

Esta caravana avanza solo dos semanas después de que Guatemala reabriera sus fronteras, tras mantenerlas selladas durante meses para frenar la propagación del coronavirus. Varios Gobiernos de la región dieron a conocer que estaban pendientes: la agencia de inmigración de México dijo en un comunicado que haría cumplir la migración "segura, ordenada y legal” y que no haría nada para promover la formación de una caravana de migrantes.

Por su parte, la Embajada de Estados Unidos en Honduras aseguró -a través de su cuenta en Twitter- que la migración a Estados Unidos era más difícil que nunca en este momento y más peligrosa debido al COVID-19. Pero los factores de expulsión que impulsan a las personas migrantes de Centroamérica no han disminuido durante la pandemia.

La salida del nuevo grupo el miércoles por la noche recordó a una caravana de migrantes que se formó hace dos años -poco antes de las elecciones de mitad de período en Estados Unidos- que se convirtió en un tema electoral con una retórica antiinmigrante. En los últimos años, las personas migrantes irregulares centroamericanas comenzaron a viajar en grandes grupos buscando seguridad y, en algunos casos, evitando el costo de traficantes.

1 octubre 2020

(Con información de DW)

Publicado enInternacional