Resistencias y alternativas: una mirada desde la Marcha de las Mujeres

Cajamarca, Perú.- Mujeres participantes en el IV Encuentro Regional de las Américas de la Marcha Mundial de Mujeres (MMM) intercambiaron aquí los problemas y alternativas femeninas para la vida en sus territorios, lo que permitirá la construcción de un mapa regional común, que implica el fortalecimiento de las acciones desde las Coordinaciones Nacionales.


Este nuevo instrumento surgió a partir de las intervenciones de representantes de las delegaciones que desde la víspera, y hasta este domingo, analizan los principales problemas que afectan el desarrollo de este sector básico de la sociedad, aún sometida a la discriminación y la violencia de género, en especial.


Durante la jornada hablaron delegadas de varios países, entre ellos Cuba, Estados Unidos, Perú, Canadá, y Guatemala, quienes se refirieron a las situaciones particulares en cada lugar donde se desempeñan como parte de la MMM.
Hablan las delegadas


Las representantes de Cuba fueron de las primeras en intervenir en este IV Encuentro que se celebra en La Hacienda San Vicente, en Cajamarca, un departamento del norte de Perú.


La delegada cubana Johana Lezcano, del Centro Martin Luther King, se refirió, entre otros temas, al injusto y criminal bloqueo de Estados Unidos contra Cuba -que dura ya más de medio siglo-, y su impacto negativo en la vida de las mujeres y del pueblo.


Bloqueo que, pese al sufrimiento que ha dejado en varias generaciones isleñas, resultó un fracaso político, según expresó en fecha reciente el presidente Barak Obama, pues no doblegó a cubanas y cubanos en la defensa de su proceso revolucionario.
En su intervención, Lezcano se refirió a la resistencia de las residentes en la oriental localidad marina de Caimanera, donde Washington mantiene la ilegal base naval de Guantánamo, en contra de la voluntad de la población isleña.


La devolución de ese territorio es uno de los puntos clave de las conversaciones que actualmente realizan Cuba y Estados Unidos, luego del restablecimiento de sus relaciones el pasado 17 de diciembre.


Guantánamo, llamada La primera trinchera antiimperialista de Cuba, fue sede de la actividad central de las "24 horas de acción feminista" el 24 de abril último, donde se escucharon conmovedores intervenciones de varias generaciones de caimaneras que exigieron el cierre de esa plataforma militar, desde donde se han realizado acciones violentas contra la soberanía cubana, que han dejado como saldo varios muertos y heridos, además de impedir el desarrollo económico local y la saga de efectos psicológicos para los siempre amenazados lugareños.


En su análisis ante el plenario, la delegada cubana también se refirió a que luego del surgimiento en la Isla de las nuevas formas de trabajo no estatal se aprecia que la mayoría de los negocios particulares –en pleno desarrollo- son dirigidos por hombres y en menor cuantía por mujeres, aun cuando estas demuestran preparación y capacidad para asumirlos.


Lezcano planteó también que aún existen en Cuba manifestaciones de machismo y violencia de género, al tiempo que consideró que se requiere de un marco legal mucho más fuerte contra esos flagelos sociales, pese a las conquistas alcanzadas por las mujeres desde el triunfo de la Revolución en 1959.


Se refirió también a la importancia de la educación popular y las experiencias del trabajo con quienes se destacan como emprendedoras.


En esa misma línea, la también representante cubana Paula Companioni expresó el interés de instituciones de su país de colaborar con las mujeres mediante la celebración de talleres sobre economía feminista.


Elpidia Moreno, presidenta de la Coordinación Nacional en Cuba, resaltó la integración de las jóvenes al Capitulo Cubano de la Marcha y destacó que las muchachas son el presente y también el futuro.


Durante la jornada, la delegación de Guatemala se refirió a la pobreza, la ineficiencia del sistema de justicia, la crisis económica y la falta de acceso de las indígenas a los servicios de salud con calidad, como algunas de las mayores dificultades que enfrenta el sector femenino en ese país centroamericano.


Representantes de esa misión indicaron que una de las principales resistencias que tienen las mujeres hoy son los megaproyectos de las hidroeléctricas, los trabajos de minería en los territorios y la remilitarización de la población, luego de varias décadas de guerra civil superadas oficialmente.


La alternativa frente al modelo económico en Guatemala es la defensa del territorio donde se reside y de la naturaleza porque, puntualizaron, es el espacio donde hacen sus vidas.


Explicaron que para alcanzar una mejor calidad de vida desarrollan como alternativa la agricultura sostenible, por lo que realizan una ardua tarea en la recuperación las semillas de sus lugares, con uso de abono orgánico para cuidar la tierra.


Las representantes de la ciudad canadiense de Quebec, donde un amplio movimiento protagonizó la victoriosa marcha "Pan y Rosas" en 1995, y se realizó el Primer Encuentro de la MMM en 1998, explicaron que en la actualidad se han perdido en ese estado norteño derechos adquiridos por las mujeres en la educación y la salud.


Refirieron que en las regiones del norte de Canadá existe un problema puntual, que es la explotación minera con afectaciones para las poblaciones autóctonas, a la vez que denunciaron la falta de voluntad del gobierno central para intervenir contra las expresiones de violencia hacia las mujeres, que se manifiestan de diversas maneras, pero sobre todo a nivel institucional y estructural.


Frente a esta situación de desventaja que ellas poseen y que se expresa además en la ausencia en las instancias de toma de decisiones, la delegación de Quebec dijo que se trabaja en las alianzas con grupos femeninos y asociaciones de la sociedad civil, entre otras acciones.


Por su parte, las estadounidenses asistentes a este evento regional de las Américas expresaron que su participación en la Marcha es muy reciente, pero comienzan a aprender de quienes llevan tiempo en esta lucha por las reivindicaciones de las mujeres. Nuestras acciones, expresaron, han estado encaminadas a enfrentar el racismo y a desarrollar una base fuerte en las comunidades.


Hablaron también de la búsqueda de alternativas al capitalismo y en ese sentido expresaron que desde la Coordinación Nacional tratan de establecer un dialogo que hable del tránsito hacia una sociedad más justa.


Acerca de las resistencias y alternativas de las mujeres brasileñas, la delegación de ese país hizo un recorrido por las diferentes situaciones que se presentan en las cinco grandes regiones de la nación suramericana.


En particular, se refirieron a la situación de las habitantes del estado de Minas


Gerais, quienes se enfrentan a los trabajos de minería emprendidos por empresas canadienses.


También hablaron de la Marcha de las Margaritas -una de las principales movilizaciones de las mujeres rurales de Brasil- y de las formas de lucha en sus territorios.


Resistencias comunes


Tras la intervención de las representantes de las distintas Coordinaciones Nacionales, las mujeres de la Marcha en las Américas identificaron como resistencias comunes la dominación patriarcal, la militarización, la explotación de los cuerpos, la violación de los derechos humanos, la criminalización y la lucha contra el racismo, entre otras.


Coincidieron en que la educación popular, la economía feminista y solidaria, la construcción de un lenguaje común para tratar el tema del aborto, la soberanía alimentaria, la recuperación de la memoria histórica devienen alternativas feministas.
Hoy la MMM se encuentra organizada en Coordinaciones Nacionales integradas por cientos de mujeres y grupos de apoyo. Tiene un comité internacional conformado por activistas feministas de los cinco continentes y un secretariado internacional, actualmente con sede en Mozambique, África, que coordina el Movimiento.

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Domingo, 25 Octubre 2015 06:28

El Che: la perduración del mito

El Che: la perduración del mito

El pasado 9 de octubre se cumplieron cuarenta y ocho años de su muerte. Fue uno de los grandes iconos de mi generación. En el verano del '68, en los meses del Movimiento Estudiantil, su retrato se repetía múltiplemente en las calles y plazas de Ciudad de México. Frases de él, una real, y otra atribuida, se leían en grafiti en los muros y en pequeños carteles como pequeñas catedrales: Hasta la victoria siempre y Seamos realistas, exijamos lo imposible. La segunda frase, cuya autoría real es de Herbert Marcuse, y la cual es acaso la más conocida, cifra como ninguna lo que buena parte de la generación del '68 anhelaba más intuitiva que racionalmente: la utopía revolucionaria y la encarnación de la utopía. Es curioso, fue un extranjero, Ernesto Guevara, quien personificaba mejor en el '68 mexicano la aspiración al cambio, uno de los varios motivos para que funcionarios del criminal régimen diazordacista arguyeran como prueba de que los estudiantes –dicho en su lenguaje bufo– se intoxicaban de "ideas exóticas" e "influencias extranjerizantes".


Tres grandes narradores argentinos, disímbolos ideo-lógicamente, escribieron admirativamente sobre Ernesto Guevara: Ernesto Sabato (1911-2011), Julio Cortázar (1914-1974) y Ricardo Piglia (n. 1940). Es curioso, para ellos fue Ernesto Guevara o sólo Guevara, porque Che, a fin de cuentas, puede ser cualquier argentino, incluyendo a ellos mismos. O más precisos: para Piglia, el que a Guevara lo llamaran Che significaba en el extranjero su identificación argentina; en lo demás podía pertenecer a cualquier país latinoamericano o del Tercer Mundo.


El adolescente Guevara había leído con admiración de Sabato Uno y el universo, y aun le escribió una carta diciéndoselo luego del derrocamiento de la dictadura de Fulgencio Batista. En un discurso muy emotivo ("Homenaje a Ernesto Guevara"), leído en la Universidad de París veinte días después de la muerte del Che, Sabato trata de explicar(se) su muerte, y escribe que más que morir por elevar la vida del pueblo de la miseria –eso está implícito–, su anhelo fue crear "el ideal de un Nuevo Hombre", lo cual será dable por la comunión de hombres libres y dignos y no por aquellos "vueltos máquinas y seres numerados". Una nueva sociedad, sí, pero lejana a los dos grandes imperialismos de entonces: ni la del comunismo burocrático totalitario de la urss y los países europeos del este, ni la consumista y robótica estadunidense.


Si para Piglia el Che Guevara representa el romántico y el héroe, muy parecidamente para Sabato "su carencia de sentido realista" deja para la posteridad una "imagen romántica y solitaria", un hombre que muere "a la cabeza de un pequeño pelotón perdido". Julio Cortázar lo ve de alguna manera así en su cuento "Reunión" (Todos los fuegos el fuego, 1966), que narra el desembarco de los rebeldes del Granma y los primeros días de la lucha en Cuba, y sobre todo en un poema que escribió inmediatamente después de la muerte del Che y que adjuntó en una carta a Roberto Fernández Retamar.


Con objeto de subrayar su condición romántica, Sabato y Piglia –uno, en el discurso de homenaje, y otro, en su extraordinario ensayo "Ernesto Guevara, rastros de lectura" (El último lector)–, citan la carta de Guevara de adiós a sus padres, escrita en Cuba, donde se compara con el Quijote, o si se quiere, lo toma como el modelo idealista: "Otra vez siento bajo mis talones el costillar del Rocinante, vuelvo mi camino con mi adarga al brazo." Es decir, destacaría Sabato: Guevara tiene el espíritu quijotesco: es "el hombre puro de corazón, lanza en ristre y coraje invencible". Para Piglia sería también una forma de unir lectura y vida: "La vida se completa con un sentido que se toma de lo que se ha leído en una ficción." Es simplemente el que deja todo para irse a una aventura con un destino menos incierto que trágico.


LA ETERNIDAD DE LOS SÍMBOLOS


Sabato y Piglia coinciden en que es imposible imaginar a Guevara como un funcionario burócrata en el aparato comunista. En su cuento y en su poema, Cortázar lo retrata a través de los hechos como un hombre de acción, y para Piglia, dicho explícitamente, es el hombre de acción por excelencia, "una suerte de modelo mundial del revolucionario en estado puro". Guevara, vaticinaría Sabato, quedará en "la perduración de las banderas, la eternidad de los símbolos"*.


Sabato y Piglia resaltan la renuncia de Guevara a su condición burguesa. De su lado, Sabato argumenta que los "grandes revolucionarios, acaso los mejores, [salieron de] entre las filas de las clases privilegiadas: desde príncipes como Kropotkin hasta burgueses como Marx y Engels". Piglia enfatiza aún más sobre esta renuncia señalando tres aspectos: su vestimenta sin ningún aliño, su desdén por el dinero y la identificación en sus viajes sin dirección fija por América Latina con "el linyera, el desclasado y el marginal, los enfermos y los leprosos, los mineros bolivianos, los campesinos guatemaltecos y los indios mexicanos".


Uno de los temas recurrentes en la literatura de Piglia es el de la lectura, o el de lectura y escritura, y en el caso de Guevara –visto por él–, ambas experiencias unidas a la acción política. ¿No cita Piglia de Guevara dos frases dichas en el Congo sumamente ilustrativas? La primera: "Mi impaciencia es la del hombre de acción", y la otra: "Mis dos debilidades fundamentales: el tabaco y la lectura" (el subrayado es mío). En su ensayo, Piglia recuerda tres imágenes de la vida de Guevara que relacionan lectura y lucha guerrillera: una (coincide con el epígrafe del cuento "Reunión", de Cortázar) es cuando al desembarcar del Granma, herido, recuerda un cuento de Jack London, en que el personaje, abrumado por la nieve, de hecho sin salida, se recarga en un árbol y sólo piensa en morir con dignidad. En esas horas cuando son bombardeados por la aviación del ejército de Fulgencio Batista, Guevara anhela, como el personaje de London, morir con dignidad.
La segunda imagen es la de una fotografía en Bolivia donde está leyendo arriba de un árbol. Son los días de la feroz persecución y no encuentra mejor manera de abstraerse y al mismo tiempo de no estar desprevenido frente a un ataque, que leer de una manera que recuerda al barón rampante de Italo Calvino.


La tercera imagen es devastadoramente conmovedora. Débil, con la pierna herida, totalmente cercado en Ñancahuazú ¿qué lleva sólo Guevara consigo? Un portafolios donde hay su diario de campaña y libros. El hombre de acción por excelencia, sí, diría Piglia, pero también a su manera, el último lector. Y aún más: su diario de campaña boliviano es de hecho la continuación en el tiempo de los diarios que escribió en sus viajes y en Cuba y en el Congo, o sea, es también la última escritura.


"En cualquier lugar que nos sorprenda la muerte, bienvenida sea", dijo alguna vez Guevara. En efecto: perdió todo en la apuesta, pero sabía, deliberada o inconscientemente, que iba a perderla. ¿No dijeron cercanos a él que se había ido a Bolivia –añadiríamos desde luego al Congo– como una forma de suicidio calculado? ¿No sabía muy bien –y si no lo sabía, lo averiguó muy pronto– que en el Congo sobre todo, y en Bolivia, eran muy otros los códigos, y que al no entenderlos ni menos descifrarlos, encontró incomprensión, desesperación, fracasos? ¿Qué hay después de Cuba, sobre todo en Bolivia, si no aislamiento, paulatino abandono de los compañeros, la traición de los comunistas, las derrotas sucesivas, la ventana al sacrificio, la muerte? ¿Pero no es todo ese fracaso, que se vuelve triunfo en la posteridad, lo que vitaliza la perduración del mito?


Por una coincidencia extraña, que ligan de nuevo vida y literatura, casi once años después del desembarco del Granma, el 8 de octubre de 1967, Guevara es aprehendido por soldados bolivianos en Ñancahuazú, y llevado a una escuelita en el pequeño pueblo de La Higuera, donde a la mañana siguiente lo ultimará a tiros en el salón de clases el sargento Mario Terán. El anhelo del tipo de muerte del personaje de London se cumple al fin en el anhelo del tipo de muerte de Guevara: morir con dignidad. ¿Quién lo mata? A Cortázar le parece dolorosa la paradoja: un hombre del pueblo, o sea, uno de aquellos por los que Guevara luchó.


* Para Octavio Paz no fue un romántico, sino "un justo trágica y radicalmente equivocado", uno que dio la pauta del "blanquismo" en las formas de lucha revolucionaria en las décadas de los sesenta y los setenta". Y cita a Engels: "De la concepción de Blanqui se desprende la necesidad de una dictadura después del triunfo del golpe de Estado revolucionario. Su concepción afirma que cada revolución es un golpe de Estado ejecutado por un pequeño grupo de revolucionarios" (El ogro filantrópico, "Aterrados doctores terroristas", 1979). En otro artículo ("Los centuriones de Santiago"), Paz criticó asimismo que Guevara quisiera imponer su ascetismo socialista a los trabajadores cubanos.

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Sábado, 24 Octubre 2015 06:30

"Sigo el proceso boliviano"

"Sigo el proceso boliviano"

Fue electa congresista en 2011 por el hoy gobernante Partido Nacionalista, pero decepcionada con el gobierno renunció antes que Humala cumpla su primer año en el poder. Dice que el gobierno traicionó el proyecto nacionalista.


La congresista Verónika Mendoza ganó las elecciones internas del Frente Amplio –la primera experiencia en el Perú de unas internas abiertas en las que votaron no solamente los militantes– y se convirtió en la candidata del frente izquierdista y en la candidata más joven para las elecciones presidenciales de abril del próximo año. En unas semanas cumplirá 35 años. "Visión, firmeza y transparencia", son las características que dice definen su candidatura. Verónika Mendoza recibió a Página/12 en su oficina del Congreso para hablar de su recién lanzada candidatura presidencial y las propuestas del izquierdista Frente Amplio. Y también del presidente Humala, a quien conoció en París cuando ella era estudiante –en Francia estudió Psicología y Antropología– y el hoy presidente era agregado militar. Estuvo con Humala desde un inicio, fue electa congresista en 2011 por el hoy gobernante Partido Nacionalista, pero decepcionada con el gobierno renunció antes que Humala cumpla su primer año en el poder.


–¿Qué opinión tiene ahora de Humala y de su gobierno?


–Cuando renuncié estaba claro que no había voluntad de implementar las reformas que habíamos anunciado, que se había traicionado todo lo que se había ofrecido en la campaña. El gobierno de Humala ha terminado siendo uno más de los gobiernos neoliberales del país, con algunos matices, ciertamente. El consenso casi generalizado entre quienes depositaron sus esperanzas, sus expectativas, en el proyecto nacionalista que encabezó Humala, es que hubo traición.


–Las encuestas reflejan un apoyo mayoritario a los candidatos de la derecha y la izquierda aparece relegada. ¿Qué ha pasado con esas expectativas de cambio que le dieron la victoria a Humala en 2011?


–Yo percibo una suerte de sentimiento de resignación muy fuerte en la población. La gente te dice: "Yo le creí a Ollanta y me traicionó, ya no tengo razones para volver a creer". Con un sentimiento de resignación terminas votando por cualquiera...
–¿Cómo cambiar esa sensación de resignación de la gente?


–Hay que reconstruir confianza sobre la base del discurso, pero especialmente sobre la base de los hechos. Un factor que nos ha ayudado a nosotros a despertar expectativa en la ciudadanía es la convocatoria a elecciones ciudadanas para elegir nuestra candidatura porque hemos demostrado en los hechos que nosotros sí tomamos en serio la democracia, el darle poder a la gente, construir una organización política con institucionalidad donde no hay una persona que sea dueña del partido. Para reconstruir esa confianza nos ayuda la trayectoria de quienes nos hemos agrupado en el Frente Amplio, que hemos demostrado que nos mantenemos en una misma línea política.


–Su candidatura arranca con apenas el 2 por ciento, según una reciente encuesta luego de su lanzamiento como candidata. Keiko Fujimori tiene 35 por ciento. ¿Cómo piensa revertir esta desventaja?


–La señora Fujimori lleva ocho o diez años haciendo campaña, nosotros acabamos de empezar. Tenemos la convicción de que podemos remontar esto, porque, junto con ese sentimiento de resignación de la gente, también hay una búsqueda mayoritaria de cambio por parte de la ciudadanía. Sobre la base de propuestas concretas podemos despertar nuevamente la esperanza de la gente. Somos conscientes que va a ser difícil, que tenemos el tiempo en contra, los medios en contra, que no tenemos el dinero que tienen otros candidatos, pero tenemos voluntad, vamos a hablarle a la gente cara a cara con propuestas concretas, y tenemos la posibilidad de mirar a los ojos a la gente porque no tenemos rabo de paja como sí lo tienen los otros candidatos, como Keiko Fujimori, que no ha deslindado de la corrupción y violaciones a los derechos humanos del nefasto régimen fujimorista, Alan García, que ha indultado narcotraficantes por cientos, Kuczynski, que es un lobista que siempre ha privilegiado los intereses de sus clientes antes que el interés nacional, o Toledo, que se ha desdibujado con sus medias verdades y mentiras sobre su patrimonio.


–¿Cuáles son las propuestas del Frente Amplio para cambiar el modelo económico neoliberal?


–El Estado tiene que recuperar su capacidad de planificar el desarrollo en función del interés nacional, en diálogo con los distintos sectores. Planteamos recuperar los recursos naturales para que estén al servicio del desarrollo nacional y no en función de criterios e intereses de empresas transnacionales como ocurre ahora. Hay que diversificar la economía y potenciar otros sectores económicos para no depender del sector extractivo, especialmente de la minería y de los hidrocarburos, como ocurre ahora. Vamos a cambiar esa dependencia con un Estado que identifique las potencialidades de cada territorio y promueva otros sectores productivos, con capacitación, acceso a créditos, promoción de la investigación e innovación científica y tecnológica, y darle valor agregado a lo que tenemos. La mejor manera de redistribuir es generando empleo de calidad y para eso hay que potenciar distintos sectores económicos. Por una cuestión de principios, de dignidad nacional, creemos que esta Constitución tiene que ser cambiada, porque es fruto del golpe de 1992, del régimen autoritario y arbitrario del fujimorismo. Nos merecemos una nueva Constitución que sea fruto de un debate plural, de un consenso nacional, de un nuevo pacto social. Si queremos evitar que el Estado siga siendo arrinconado a un rol meramente subsidiario, si queremos que vuelva a tener un rol más proactivo en el desarrollo económico nacional, un rol de planificador y articulador, debemos cambiar la actual Constitución que limita al Estado a un rol solamente subsidiario. Mucha gente identifica el cambio de Constitución como un cambio de modelo, un cambio de vida.


–¿Con qué figura política de la región se identifica?


–Tengo una dificultad para responder eso, porque por el aprendizaje en el proceso del Partido Nacionalista no me entusiasman los caudillos. Por eso prefiero pronunciarme sobre procesos y no sobre personas. Creo que hay procesos muy interesantes en América latina. El venezolano lo fue en su momento, lamentablemente ahora hay una situación complicada de crisis política y económica. Sigo con más entusiasmo el proceso boliviano, que ha logrado consolidarse en términos económicos, políticos y sociales, con un gran cambio cultural que ha permitido que amplios sectores de la población indígena que antes fueron denostados, marginados, hoy asuman un liderazgo político en su país. El proceso político en Argentina ha hecho enormes esfuerzos de defensa de la soberanía respecto a la injerencia de potencias, de empresas transnacionales, ha tomado las riendas de su propio desarrollo y ha democratizado su país, y eso es algo que reconocemos, valoramos y aspiramos para nuestro propio país.

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El segundo nivel de la Escuelita Zapatista (II)

Los textos de las mujeres zapatistas incluidos en el capítulo 1 del libro El pensamiento crítico frente a la hidra capitalista, que los estudiantes del segundo nivel de la Escuelita Zapatista debían analizar, son estremecedores, especialmente el relato de la comandanta Miriam sobre la situación de las mujeres antes de 1994: "Desde la llegada de los conquistadores sufrimos la triste situación de las mujeres. Nos despojaron nuestras tierras, nos quitaron nuestra lengua, nuestra cultura. Es así donde entró la dominación del caciquismo, terratenientes, entra la triple explotación, humillación, discriminación, marginación, maltrato, desigualdad... Porque los pinches patrones nos tenían como si fuera que son como nuestros dueños". Su extraordinaria descripción del acasillamiento toca los diversos tipos de humillaciones y trabajos forzados de las mujeres, a manos de los finqueros, al grado que unos pensaron refugiarse en los cerros. "Se juntaron, platicaron y lo formaron una comunidad donde pueden vivir. Así formaron comunidad. Pero otra vez cuando ya están en las comunidades, como el patrón, o sea el acasillado, trae otra idea, como lo trataron con el patrón los hombres, como que traen arrastrando malas ideas también los hombres, y aplican dentro de casa como el patroncito de la casa... No es cierto que se liberaron las mujeres sino que ya son los hombres que fueron el patroncito de la casa. Y otra vez las mujeres quedaron en la casa como si fuera cárcel, que no salen otra vez las mujeres, quedaron ahí encerradas otra vez..."


La comandanta Rosalinda da cuenta del reclutamiento de las primeras mujeres en los años de la clandestinidad, pueblo por pueblo, de la necesidad de organizarse y de que haya compañeras milicianas e insurgentas, "hasta llegar en 94 cuando salimos en la luz pública, cuando ya no aguantaba el maltrato que nos hacían los pinches capitalistas. Ahí vimos que sí es verdad que tenemos el valor y la fuerza igual que los hombres, porque pudieron enfrentar con el enemigo, no le tuvieron miedo a nadie... Después nos dimos cuenta (que) para hacer una revolución no sólo los hombres, tienen que hacer(la) entre hombres y mujeres".


La comandanta Dalia continúa la narración del trabajo de las mujeres con el EZLN, de las pláticas en cada pueblo, de los problemas que enfrentan cuando todavía hoy algunos se ponen cabroncitos, de cómo pasaron por todos los trabajos de responsabilidad hasta llegar a ser Comité Clandestino Revolucionario Indígena. Afirma que van a seguir organizándose "porque hay todavía tristeza, dolor, encarcelamiento, violación, así como las madres de 43 desaparecidos... Debemos luchar al 100 por ciento hombres y mujeres. Tener una nueva sociedad, que el pueblo sea el que manda".


La joven base de apoyo Lizbeth y la escucha Selena sostienen que ellas no conocieron la vida de las haciendas y ahora tienen la libertad y el derecho como mujeres de opinar, discutir, participar en las múltiples tareas de la resistencia y la autonomía, resistiendo la guerra de contrainsurgencia y los espejismos del capitalismo que se muestran en la televisión, tratando de usar celulares y la propia televisión para su lucha. Se distingue de los pobres-pobres, los partidistas, pobres materiales y de pensamiento, de los zapatistas, que son también pobres pero ricos por sus trabajos para el bien del pueblo y para que no haya mandones ni explotadores.


Por su parte, el sub Galeano, en su Visión de los vencidos, señala cómo esas generaciones de mujeres indígenas ya dicen su palabra en la genealogía de su lucha. "Tres generaciones de rebeldes zapatistas –destaca–, no sólo contra el sistema, también contra nosotros... varones zapatistas". Se declara derrotado por esa lucha, aunque como la hidra capitalista, sostiene que los varones siempre tratan de reganar los privilegios perdidos. Se remonta al origen de esa lucha y describe que todo empezó con las insurgentes. Reitera que en el EZLN también participan mujeres no indígenas, y en la mayor parte de su singular relato-testimonio se transcriben varias de las opiniones de estas compañeras, que se refieren al ámbito un tanto intimista de las relaciones hombre-mujer y a la caracterización del macho dominante, violento, cazador esquizofrénico que por más sensible y receptivo que se autoconsidere, no puede ser feminista, porque representa el mismo sistema contra el cual supuestamente lucha.


Las tres partes de los apuntes en torno a las resistencias y rebeldías, expuestas por el subcomandante insurgente Moisés, constituyen textos claves para comprender la lucha zapatista. Inicia recordando que los zapatistas conforman una organización armada, pero contrariamente a la tradición militarista de algunas guerrillas latinoamericanas, en este caso no se hace del arma un fetiche, se observa como un instrumento más, como el machete, el hacha, la pala, aunque se es consciente de que cada herramienta tiene su función, y la del arma es matar.


Después del repliegue del 94, se entendió que la lucha podía involucrar muchas formas, que la resistencia y la rebeldía podían ser en varios sentidos. "La resistencia es ponerse fuerte, duro, para dar respuesta a todo, a cualquiera de los ataques del enemigo, del sistema; y rebelde es ser bravos y bravas para hacer las acciones, o lo que necesitamos hacer... Hay que resistir las provocaciones del Ejército y la policía, las informaciones de los medios, los bombardeos sicológicos". Descubrieron que con resistencia y rebeldía es posible gobernar y desarrollar iniciativas propias. De hecho, los zapatistas no han realizado un solo ataque armado desde enero de 1994. No quiere decir, compañeros y compañeras, hermanos y hermanas, no quiere decir que estamos renunciando a nuestras armas, sino que es ese entendimiento político, ideológico, rebelde, que nos da la forma de ver cómo hay que convertir realmente en arma de lucha esta resistencia. Para todo esto, se requiere el trabajo político, la explicación, que para gobernar no se manejan órdenes, sino acuerdos.

 

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La dignidad rebelde. El neozapatismo mexicano 2015

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Gustavo Petro: "La guerra en Colombia ha adormecido a la izquierda"

Gustavo Petro tendrá el próximo domingo un sucesor en la Alcaldía de Bogotá. Este exguerrillero del M-19 de 55 años, exmiembro del Polo Democrático, partido de izquierda que abandonó para formar parte del movimiento Progresistas, fue uno de los senadores mejor valorados de la historia reciente de Colombia, especialmente por sus investigaciones sobre el paramilitarismo y su relación con el expresidente Uribe. Sin embargo, su trayectoria política en el Congreso no ha impedido que su gestión al frente del consistorio haya sido muy criticada. Hasta tal punto que fue destituido e inhabilitado después de que el Ministerio Público encontrase fallos en el sistema de limpieza que planteó para la capital.


Durante casi hora y media el regidor defiende en su despacho sus medidas con una solemne convicción que se transmite en su tono pausado. En su discurso casi no aparece la autocrítica. Cada uno de los objetivos que no ha logrado es, en su opinión, porque ha habido un obstáculo, ya sea la oposición, la élite o un juez, que lo ha impedido. Y para remachar estos ataques acompaña sus argumentos con un golpe con el pie. Ante la proximidad de las elecciones, cree que las encuestas, que dan como ganador a Enrique Peñalosa del partido Cambio Radical, al que derrotó hace cuatro años, no son del todo reales y recalca que esta semana se decidirá el voto de los indecisos.


El alcalde considera que defender el empoderamiento de las clases populares y su enfrentamiento con una parte de la derecha y de la élite bogotana (que no esconde), han dañado su imagen. No obstante, las críticas contra su gestión –que no provienen exclusivamente de esa clase alta que señala- y la de sus dos predecesores, Lucho Garzón y Samuel Moreno, marcadas por escándalos de corrupción, ponen en duda si la izquierda, cuya nueva candidata es Clara López, seguirá al frente de la capital colombiana después de 12 años.


Pregunta. ¿Qué balance hace de su gestión?


Respuesta. Nos propusimos tres metas: superar la segregación social, adaptar la ciudad al cambio climático y fortalecer el poder público después de dos décadas de política económica neoliberal. No se puede superar la segregación social sin un equilibrio entre la ciudad y la naturaleza. Justicia social y justicia ambiental van de la mano.


P. ¿Cuál cree que es su mayor legado?


R. Bogotá es una ciudad que está a punto de acabar con la pobreza extrema: tiene una tasa del 0,9% (según indicadores de la ONU). Han salido de la pobreza 450.000 personas. Mucho más crítico ha sido el tema del cambio climático. Implica un cambio político y social, de cultura, que aunque está asociado a cada individuo, en realidad provoca una transformación en las relaciones de poder de una ciudad.


P. Su papel como senador fue muy valorado. Como alcalde su gestión ha sido muy criticada. ¿Cómo ha sido ese tránsito?


R. Nunca tuve reconocimiento, a mí lo que querían eran matarme. Yo estaba luchando contra Uribe, y la mayor parte de la población estaba con él por su imagen de pacificador. La gente no conocía la situación de derechos humanos que sufrían millones de personas porque los medios de comunicación lo ocultaban. Por esta razón, el senador que realizó la tarea de mostrarle a la opinión pública qué pasaba, qué era el paramilitarismo y cuál era el papel del presidente de la República en su formación, se volvió muy impopular. Mi labor se reconoce hoy. La experiencia como alcalde será similar.


P. ¿Se siente frustrado?


R. Es un proceso. Ahora llegan unas elecciones que van a ser una forma de medir mi gestión. El domingo se sabrá si la población quiere que continúen o no estas medidas. Cuando pase el tiempo los esfuerzos serán valorados.


P. Usted sabía que se deberían enfrentar a una élite, ¿por qué decidió confrontarse y no negociar con ella?


R. Cuando se vive en una sociedad con gobiernos que han contemplado el asesinato de 200.000 personas, cuyos autores se sientan a hacer leyes, se puede plantear la palabra concertación y una pose de socialdemócrata. Yo quise una ruptura. Mostrarle a la gente otra opción. No me interesa que me inviten a los clubes privados, un puesto en una gran empresa,... Me interesa construir una sociedad más igualitaria y más democrática.


P. ¿Incluso si esa postura es a costa de no conseguir sacar adelante medidas que podrían haber favorecido a las clases populares?


R. Una política pública como la de otorgar vivienda para víctimas de la violencia se ha detenido por un juez. ¿Fui derrotado o esta discusión seguirá y llegará el día que se acaben los estratos en la ciudad? La forma de superar la pobreza es incluir a las capas más humildes en las transacciones económicas que genera una ciudad.


P. ¿No siente que debería haber negociado más?


R. Creo que es sobre la base de la ruptura que se puede negociar. No solo en Bogotá, en Colombia. Concertamos con Santos, dejamos de pensar lo que pensamos para acabar la guerra.


P. ¿Quién cree que puede ser su mejor sucesor?


R. No puedo decirles. Aquí hay una norma que prohíbe hacerlo y el procurador está esperando para procesarme como por quinta vez y destituirme. Él está buscando sacarme de la contienda del 18 [las elecciones presidenciales].


P. Pacho Santos, el candidato del partido de Uribe, el Centro Democrático, parte en último lugar en las encuestas. ¿Cree realmente que es su candidato?


R. No, hay un plan B.


P. ¿Ese plan B implicaría al candidato que va primero en las encuestas, Enrique Peñalosa (Cambio Radical)?


R. Quien va adelante depende del gusto de cada encuesta.


P. Usted le ha dado su apoyo a Clara López...


R. El movimiento político al que pertenezco ha dado el apoyo a Clara López.


P. ¿Si después de tres gobiernos de izquierda no gana Clara López será culpa suya o se tratará de un voto de castigo?


R. El primer Gobierno de izquierda concertó y no hizo rupturas. El segundo no fue de izquierda, fue de corrupción. Y este ha sido un Gobierno de izquierda que ha querido hacer ruptura, y por eso recibe este embate. Veremos el resultado el domingo.


P. Clara López dio su apoyo a Santos para lograr la reelección. ¿Cree que al presidente o el candidato de su partido, Rafael Pardo, debería haber tenido un gesto con ella?


R. No he visto la misma generosidad que tuvimos nosotros. Y no lo digo tanto en términos de candidatos, como con el metro. Santos pudo dar un mensaje muy claro de: "Vamos a hacer el metro" ¿Por qué no lo hizo? Por un problema de sectarismo político. Era darle a la Administración de Bogotá Humana [el programa de Gobierno de Petro] la marca histórica de que fue la que logró, por fin, destrabar el metro para una ciudad de ocho millones de habitantes.


P. ¿Espera algún gesto de aquí al domingo?


R. El domingo puede ocurrir cualquier cosa. Esta semana es cuando empieza a decantarse la toma de decisiones del 25% del electorado. Ahí empieza a valer Bogotá Humana, no hace un mes o dos meses.


P. ¿Cómo ha sido su relación con el Gobierno de Santos?


R. El Gobierno de Santos no es homogéneo. Una cosa es el presidente, otra el vicepresidente. En términos de paz, por ejemplo, no se escucha al vicepresidente hablando de este tema. Tiene aspiraciones presidenciales y ve en la alcaldía a su rival. Hemos tenido secciones del Ejecutivo con las que hemos trabajado bien y otras adversas.


P. ¿Cómo valora la figura del presidente y su apuesta por la paz?


R. Veo al presidente Santos como al clásico político bogotano de la élite, que olfatea y cambia. Unos lo llaman oportunismo, otros lo pueden considerar buena política. Ese pragmatismo hoy puede ser positivo porque el mundo va a sufrir un cambio de paradigma. Una parte de la oligarquía colombiana, y ahí entra Santos, sabe que tiene que haber una ruptura con Uribe si quiere seguir articulado con el mundo. Y Santos entiende que lo que le haría pasar a la historia es acabar la guerra. Ahí se encuentra con nosotros. Si la guerra acaba, la derecha pierde su popularidad.


P. Desde su experiencia como exguerrillero, ¿qué condicionantes se tienen que dar para que los miembros de las FARC puedan aspirar a participar en política?


R. El contexto histórico marca diferencias. El origen de las FARC está en un campesinado rural que del liberalismo transita al estalinismo, ¿dónde está el criterio democrático ahí? El tema de discusión no es la democracia, al 99,9% de los combatientes les importa un comino participar en las elecciones. Puede haber un núcleo, sobre todo en la dirigencia, a la que sí le importe, lo cual podría provocar un riesgo: la separación con sus bases, el mayor temor del proceso de paz. El interés de la mayoría de los combatientes es la tierra, el núcleo de donde salieron, y el poder que hay ahí. Si ven que van a perder las relaciones de poder en el entorno rural donde nacieron, se arman de nuevo.


P. ¿Qué futuro tiene la izquierda en Colombia?


R. Si la guerra acaba, ese conservadurismo de la sociedad colombiana cede. La sociedad empieza a mirarse a sí misma, a sus problemas. La guerra ha sido un adormecedor de la conflictividad social.


P. ¿Un adormecedor de la izquierda?


R. Sí, claro. Desde todo punto de vista, incluso el ideológico. Los fusiles no generan inteligencia.

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¿Está llegando a su fin la ola progresista en América Latina?

Desde las izquierdas, el panorama político, que en algunos países viene de la mano de la incertidumbre económica, se observa como un momento para la reflexión



BUENOS AIRES.- La presidenta brasileña, Dilma Rousseff, ve cómo su popularidad cae estrepitosamente y las calles se llenan de multitudes pidiendo su destitución; en Ecuador, Rafael Correa protagoniza una confrontación cada vez más aguda con los movimientos sociales de base que lo llevaron al poder; en Argentina, las elecciones del 25 de octubre ─y la previsible segunda vuelta─ llevarán a la Casa Rosada a un presidente a la derecha de Cristina Fernández de Kirchner, aún cuando gane el candidato oficialista, Daniel Scioli. Cada vez se habla más en América Latina de un cambio de ciclo político, tras 15 años de auge de los gobiernos progresistas en la región, que, con la ayuda de los movimientos sociales, campesinos e indígenas, llegaron al poder en Brasil, Argentina, Paraguay, Honduras, Uruguay, Venezuela, Ecuador y Bolivia, entre otros países.

Desde las izquierdas, el panorama político, que en algunos países viene de la mano de la incertidumbre económica, se observa como un momento para la reflexión: si algunos intelectuales o activistas apuntan a la arremetida del imperialismo y las "derechas mediáticas", otros hablan de la falta de legitimidad a la que ha llevado la "derechización" o cambio de rumbo de algunos de estos Gobiernos.


Para empezar, ¿qué es eso de "gobiernos progresistas"? Como señala el escritor uruguayo Raúl Zibechi, esa etiqueta ha servido para catalogar, de forma vaga, Gobiernos que introdujeron cambios en el Consenso de Washington, que propició en los años 90 la aplicación en toda la región de políticas neoliberales de ajuste que llevaron a mayor desigualdad y destrucción del tejido social. Salvo excepciones, la inclusión social no se ha logrado a través del reconocimiento y garantía de derechos, sino mediante políticas asistencialistas de transferencia de renta que, en muchos casos, han provocado la creación de redes clientelares de dependencia, como denuncia el escritor Martín Caparrós para el caso de la Argentina kirchnerista. La Bolsa Familia del Brasil de Lula da Silva es un ejemplo ya clásico; con todo, pese a las limitaciones de este tipo de políticas, es difícil anticipar el poder transformador que tienen programas que sacan a familias enteras de la miseria y posibilitan su acceso a la educación.

Para Zibechi, con la salvedad de los Gobiernos "boliviarianos" de Venezuela y Bolivia ─Ecuador queda excluido por su creciente enfrentamiento con los movimientos de base─, los Gobiernos "progresistas" no han tenido una voluntad transformadora en lo esencial: el modelo de desarrollo. Se enfrentan en toda América Latina dos visiones del cambio social: la primera, que comparten todos estos Gobiernos, es la perspectiva "neodesarrollista". El ecuatoriano Rafael Correa, el boliviano Evo Morales o el argentino Néstor Kirchner ganaron en las urnas con la promesa de frenar el poder de las corporaciones multilaterales y el saqueo de los recursos naturales, pero en la práctica se ha mantenido, e incluso intensificado, el modelo extractivista que ha llevado, al calor de la demanda global de commodities, a la reprimarización de las economías. En un principio, el mantener esos ingresos asociados a las industrias extractivas ─monocultivos, minería, hidrocarburos, presas─ parecía una oportunidad para diversificar paulatinamente la matriz productiva y energética; en la práctica, los Gobiernos progresistas han dedicado importantes ingresos a combatir la pobreza, pero no han avanzado hacia esa modificación estratégica de su producción, como asevera Gorka Martija, investigador del Observatorio de Multinacionales en América Latina (OMAL).

Frente a este enfoque neodesarrollista, que se conforma con mejorar ─y no superar─ la posición de estos países en la división internacional del trabajo, los movimientos sociales, con protagonismo creciente de comunidades indígenas, campesinas y afrodescendientes, propugnan la visión del posdesarrollo, a saber: el crecimiento económico basado en la extracción masiva de materias primas no sólo es insostenible para el medio ambiente, sino que es una trampa para los pueblos latinoamericanos, condenados a la "maldición de la abundancia" a la que se refiere el economista ecuatoriano Alberto Acosta: la riqueza de recursos naturales lleva a la dependencia y la miseria económica, como muestra la historia de la minería en la región latinoamericana.


Cambio de ciclo económico


Durante los años en que los precios de las commodities estuvieron al alza, parecía posible para estos Gobiernos conciliar todos los intereses. Se fraguó el eslogan del "crecimiento con inclusión social". Las divisas que generaban las exportaciones de soja, metales o petróleo permitieron costear las políticas que sacaron a millones de personas de la miseria sin tocar los intereses de las oligarquías.

El Brasil del Partido de los Trabajadores (PT) al que pertenecen Lula y Dilma es el mejor ejemplo de ello. Las políticas de inclusión social ayudaron a la histórica expansión de la Clase C. Para algunos, una nueva clase media; para otros, una clase trabajadora que, con mejores sueldos y acceso al crédito, puede consumir bienes antes reservados a las clases pudientes. Así se consolida otra tendencia regional: "El ciclo progresista derrotó al neoliberalismo en varios aspectos. Pero no lo enfrentó en uno que es clave: el legado consumista del modo de vida americano y la industria cultural que lo promueve. Es así que el aumento de los niveles de vida de amplios sectores sociales impulsado por el progresismo se ha traducido en más consumo globalizado", ha analizado el economista paraguayo Gustavo Codas.


Sea como fuere, durante unos años pareció funcionar, pero "el ciclo económico ha cambiado: ahora Dilma debe elegir si privilegia a los ricos o apoya a los pobres", apunta Guilherme Boulos, del Movimiento de Trabajadores Sin Techo (MTST). Pese a que obtuvo la victoria electoral de 2014 con el apoyo del movimiento social de base, Dilma Rousseff evidenció su apuesta por no tocar los intereses de las oligarquías al nombrar como ministra de Agricultura a Katia Abreu, la mayor abanderada de los intereses del agronegocio y enemiga del Movimiento de los Sin Tierra (MST), y como ministro de Hacienda al economista ortodoxo Joaquim Levy, que, formado en Chicago, ha soltado perlas como que España es un ejemplo de ajuste estructural exitoso.

Dilma se ha ganado la desconfianza de las izquierdas. "La pauta del Gobierno es el ajuste fiscal, el corte de derechos, de inversión social. Es indefendible por cualquier movimiento social que se precie", sostiene Boulos. El Gobierno brasileño, cuya presidenta se enfrenta a índices de popularidad del 10%, ha sido cuestionado incluso por el movimiento sindical, una de las bases del PT: "Esta agenda es de los ricos y no del trabajador", ha afirmado Vagner Freitas, de la principal central sindical del país, la CUT.

El problema es que, hoy por hoy, no hay alternativa de Gobierno a la izquierda de Dilma, por lo que criticar a la presidenta termina beneficiando a la derecha. A la misma disyuntiva se enfrentan las izquierdas en una Argentina a punto de poner fin a doce años de kirchnerismo y en un Ecuador donde es cada vez mayor la evidencia de la confrontación directa de Correa con la Conaie (Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador) y Acción Ecológica, entre otras organizaciones sociales que critican el enfoque extractivista del Gobierno.


¿Avance o retroceso?


Se pregunta Zibechi: "A tres décadas de distancia, ¿la llegada del PSOE al Gobierno del Estado Español, fue un paso adelante o un retroceso? No pretendo comparar al socialismo europeo con el progresismo latinoamericano, sino reflexionar sobre cómo se produjo la pérdida de la energía social, en ambas situaciones", aclara. Es tiempo para la reflexión de las izquierdas en América Latina. Algunos ponen el acento en la cooptación del activismo de base por los Gobiernos progresistas; no pocos creen que figuras como Lula y los Kirchner han debilitado al movimiento social. Así lo ha expresado el filósofo marxista Paulo Arantes: "Agotamos por depredación extractivista el inmenso reservorio de energía política y social almacenada a lo largo de todo el proceso de salida de la dictadura". Y el que fuera fundador del PT y más tarde del Partido Socialismo y Libertad (PSOL), el respetado Francisco de Oliveira, no duda en afirmar: "El lulismo es una regresión política".

Otras perspectivas, sin embargo, apuntan a la ampliación del horizonte de oportunidades que han supuesto estos Gobiernos. Así pueden contemplarse los avances plasmados en la Constitución de Ecuador de 2008 y la de Bolivia de 2009, que, entre otras influencias de las cosmovisiones indígenas, postulan que la naturaleza es en sí misma sujeto de derechos. Se abren las puertas a nuevas posibilidades de construcción política con protagonismo creciente de los pueblos originarios. Aunque, por el momento, ante la imposibilidad de combinar dos visiones antagónicas como son el post-desarrollo y el continuismo con el modelo extractivista, los gobiernos de Evo y Correa han optado por el extractivismo.

El sociólogo brasileño Emir Sader prefiere destacar los logros que deja en la región el ciclo posneoliberal: disminución sustancial de los niveles de desigualdad, miseria y exclusión social, reducción de la influencia estadounidense en la región y creación de nuevos espacios de integración regional. Son, para Sader, espacios ganados a la visión totalizadora del capitalismo global. A fin de cuentas, sólo un pueblo bien alimentado y con las necesidades básicas cubiertas, aunque sea a base de programas que sustentan redes clientelares y compran votos, puede avanzar en educación, espíritu crítico y cultura democrática. Pero son éstos resultados difíciles de medir y que se aprecian a medio o largo plazo.

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Sábado, 17 Octubre 2015 08:10

¿Un resurgimiento de la izquierda mundial?

¿Un resurgimiento de la izquierda mundial?

El triunfo arrasador de Jeremy Corbyn el 24 de septiembre en su camino a ser el líder del Partido Laborista de Gran Bretaña fue pasmoso y totalmente inesperado. Entró a la carrera apenas con el suficiente respaldo para ser considerado en la votación. Contendió con una plataforma de izquierda sin compromisos. Y luego, enfrentado a tres candidatos más convencionales, ganó 59.5 por ciento de votos en una elección que tuvo una participación inusualmente alta de 76 por ciento.

De inmediato los expertos y la prensa opinaron que este liderazgo y la plataforma garantizaban que el Partido Conservador ganarían la siguiente elección. ¿Es eso seguro? ¿No será que el desempeño de Corbyn indica un resurgimiento de la izquierda? Y si eso es así, ¿es esto cierto sólo en Gran Bretaña?


Determinar si el escenario político mundial se mueve a la derecha o a la izquierda es un tema favorito de las discusiones políticas. Uno de los problemas con esta discusión ha sido siempre que la dirección de las tendencias políticas siempre se mide por la fuerza de la posición extrema de la izquierda o la derecha en cualquier elección dada. Sin embargo, esto es errar el punto más esencial acerca de la política electoral en los países con sistemas parlamentarios construidos en torno a los vaivenes entre los partidos de centroizquierda y centroderecha.


Lo primero que hay que recordar es que existe una enorme gama de posibles posiciones en cualquier momento en un lugar determinado. Simbólicamente, digamos que varían del uno al 10 en un eje izquierda-derecha. Si los partidos o los líderes políticos se mueven entre 2-3, 5-6 u 8-9, ello mide un vaivén hacia la derecha. Y los números de reversa (9-8, 6-5, 3-2) miden un vaivén a la izquierda.


Utilizando esta clase de medición, el año pasado el mundo vio un contundente viraje global a la izquierda. Hay una serie de claros signos de este viraje. Uno de ellos es la fuerza en constante ascenso de Bernie Sanders en su carrera hacia la nominación presidencial por el Partido Demócrata. Eso no significa que derrotará a Hillary Clinton. Significa que, para contrarrestar los índices de las encuestas de Sanders, Clinton ha tenido que plantear posiciones más hacia la izquierda.


En Australia ocurrió un evento semejante. El partido de derecha, ahora en el poder, el Partido Liberal, corrió el 15 de septiembre a su líder Tony Abbott. Abbott era conocido por su agudo escepticismo hacia el cambio climático y su línea muy ruda hacia la inmigración. Abbott fue reemplazado por Malcolm Turnbull, al que se considera algo más abierto en estas cuestiones. De manera semejante, el Partido Conservador británico ha suavizado sus propuestas de austeridad para ganarse a los potenciales votantes en favor de Corbyn. Éstos son virajes de 9-8.


En España, el primer ministro, Mariano Rajoy, del Partido Nueva Democracia, está enfrentando cifras crecientes en las encuestas para Pablo Iglesias, de Podemos, que compite con una plataforma contraria a la austeridad, similar a lo que por mucho tiempo promovió el Partido Syriza de Grecia. Nueva Democracia lo hizo bastante mal en las elecciones regionales y locales del 24 de mayo. Rajoy está resistiendo el viraje "a la izquierda" de su partido y el resultado es que le va peor en las encuestas relacionadas con las futuras elecciones nacionales. Tras su derrota reciente en las elecciones "independentistas" de Cataluña, Rajoy tuvo que frenarse todavía más. Pregunta: ¿Puede Rajoy sobrevivir como líder de su partido o será reemplazado como lo fue Tony Abbott en Australia en aras de un líder un poquito menos rígido?


Grecia resulta ser el ejemplo más interesante de este viraje. Ha habido tres elecciones este año. La primera el 25 de enero, cuando Syriza llegó al poder, de nuevo para sorpresa de muchos analistas, con una plataforma contraria a la austeridad, utilizando la tradicional retórica izquierdista.


Cuando Syriza se topó con que los países europeos no estaban dispuestos a acceder a las demandas griegas de ser aliviados de muchos de los compromisos de su deuda, el primer ministro Alexis Tsipras llamó a un referéndum de si rechazar o no los términos exigidos por Europa. El llamado voto del Oxi (del no) ganó ampliamente en el referéndum del 5 de julio. Sabemos qué fue lo que ocurrió subsecuentemente. Los acreedores europeos no sólo no hicieron concesiones, sino que ofrecieron términos peores a Grecia, que Tsipras sintió que tenía que aceptar en gran medida.


Una vez más los analistas se concentraron en la "traición" de Tsipras a su promesa. La camarilla de izquierda al interior de Syriza se escindió y formó un nuevo partido. En la confusión, pocos comentaron sobre lo que había pasado en el Partido Nueva Democracia. Ahí su líder Antonis Samaras fue reemplazado por Vangilis Meimaraki, viraje de 9-8 o quizá de 8-7, en un intento por arrancar votos centristas a Syriza.


El viraje conservador hacia la izquierda no resultó. Syriza ganó de nuevo. El grupo de izquierda que se escindió fue barrido en las elecciones del 18 de septiembre ¿Por qué ganó Syriza? Parece que los votantes seguían sintiendo que estarían mejor, aunque sea un poco mejor, con Syriza minimizando los recortes en las pensiones y otras protecciones propias del "estado de bienestar". En resumen, en la peor situación posible para la izquierda en Grecia, Syriza por lo menos no perdió terreno.


Qué, pueden preguntarse, significa todo esto. Es claro que, en un mundo que está viviendo en medio de una gran incertidumbre económica y en condiciones peores para grandes segmentos de las poblaciones del mundo, los partidos en el poder tienden a ser culpados y pierden fuerza electoral. Así que tras el vaivén hacia la derecha de la última década o así, el péndulo va ahora en la otra dirección.


¿Qué tanta diferencia hace esto? Una vez más, insisto que depende de si observamos en el corto o en el mediano plazos. En el corto hace mucha diferencia, dado que la gente vive (y sufre) en el corto plazo. Cualquier cosa que "minimice las penurias" es una mejora. Por tanto, esta clase de vaivén hacia la "izquierda" es una mejora. Pero en el mediano plazo, no hace diferencia en lo absoluto. De hecho, tiende a oscurecer la batalla real, aquella que concierne la dirección en que va la transformación del sistema-mundo capitalista en el nuevo sistema-mundo (o sistemas). La batalla es entre quienes quieren un nuevo sistema que puede ser todavía peor que el actual y quienes quieren algo sustancialmente mejor.


Traducción: Ramón Vera Herrera

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Nuevos colonialismos y crisis de los valores de izquierda

Cuando la visibilidad es mínima porque poderosas tormentas nublan la percepción de la realidad, puede ser conveniente levantar la mirada, trepar laderas para buscar puntos de observación más amplios, para discernir el contexto en que nos movemos. En estos momentos, cuando el mundo está atravesado por múltiples contradicciones e intereses, es urgente aguzar los sentidos para mirar lejos y adentro.


Tiempos de confusión en los que naufraga la ética, desaparecen los puntos de referencia elementales y se instala algo así como un vale todo, que permite apoyar cualquier causa siempre que vaya contra el enemigo mayor, más allá de toda consideración de principios y valores. Atajos que conducen a callejones sin salida, como emparejar a Putin con Lenin, por poner un ejemplo casi de moda.


La intervención rusa en Siria es un acto neocolonial, que coloca a Rusia en el mismo lado de la historia que Estados Unidos, Francia e Inglaterra. No existen colonialismos buenos, emancipadores. Por más que la intervención rusa se justifique con el argumento de frenar al Estado Islámico y la ofensiva imperial en la región, no es más que una acción simétrica a la que se condena usando idénticos métodos y similares argumentos.


La pregunta que considero central es: ¿Por qué desde las izquierdas latinoamericanas se levantan voces en apoyo de Putin? Es evidente que muchos han colocado sus esperanzas en un mundo mejor, en la intervención de grandes potencias como China y Rusia, con la esperanza de que frenen o derroten a las potencias aún hegemónicas. Es comprensible, en vista de las fechorías que Washington comete en nuestra región. Pero es un error estratégico y un desvío ético.


Quisiera iluminar esta coyuntura, especialmente crítica, apelando a un documento histórico: la carta a Maurice Thorez (secretario general del Partido Comunista Francés), escrita en octubre de 1956 por Aimé Césaire. El texto nació en uno de los recodos de la historia, poco después del XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética, donde se denunciaron los crímenes del estalinismo; el mismo mes del levantamiento del pueblo húngaro contra el régimen burocrático pro-ruso (con un saldo de miles de muertos) y de la agresión colonial contra Egipto por la nacionalización del canal de Suez.


Césaire renunciaba al partido luego de un bochornoso congreso en el que la dirección fue incapaz de la menor autocrítica ante la revelación de crímenes que, en los hechos, estaba apoyando. Nació en Martinica, al igual que Frantz Fanon, del que fue maestro en la secundaria. Fue poeta y fundador del movimiento de la negritud en la década de 1930. En 1950 escribió Discurso sobre el colonialismo, de gran impacto en las comunidades negras. Su carta a Thorez fue, en palabras de Immanuel Wallerstein, el documento que mejor explicó y expresó el distanciamiento entre el movimiento comunista mundial y los diversos movimientos de liberación nacional (en Discurso sobre el colonialismo, Akal, p. 8).


Encuentro tres cuestiones en su carta que iluminan la crisis de los valores de izquierda por la que atravesamos.


La primera es la falta de voluntad para romper con el estalinismo. Césaire se revuelve contra el relativismo ético que pretende conjurar los crímenes del estalinismo con alguna frase mecánica. Como ese latiguillo que se repite una y otra vez, diciendo que Stalin cometió errores. Asesinar millones no es un error, aunque se mate en nombre de una supuesta causa justa.


La mayor parte de las izquierdas no hicieron un balance serio, autocrítico, del estalinismo que, como se ha escrito en estas páginas, va mucho más allá de la figura de Stalin. Lo que dio vida al estalinismo es un modelo de sociedad centrado en el Estado y en el poder de una burocracia que deviene burguesía de Estado, que controla los medios de producción. Se sigue apostando a un socialismo que repite aquel viejo y caduco modelo de centralización de los medios de producción.


La segunda es que las luchas de los oprimidos no pueden ser tratadas, dice Césaire, como parte de un conjunto más importante, porque existe una singularidad de nuestros problemas que no se reducen a ningún otro problema. La lucha contra el racismo, dice, es de una naturaleza muy distinta a la lucha del obrero francés contra el capitalismo francés, y no puede considerarse un fragmento de esta lucha.


En este punto, las luchas anticolonial y antipatriarcal tocan las mismas fibras. Estas fuerzas se marchitarían en organizaciones que no les sean propias, hechas para ellos, hechas por ellos y adaptadas a objetivos que sólo ellos pueden determinar. Aún hoy hay quienes no comprenden que las mujeres necesitan sus propios espacios, como todos los pueblos oprimidos.


Se trata, afirma Césaire, de no confundir alianza y subordinación, algo muy frecuente cuando los partidos de izquierda pretenden asimilar las demandas de los diversos abajos a una causa única, mediante la sacrosanta unidad que no hace más que homogeneizar las diferencias, instalando nuevas opresiones.


La tercera cuestión que ilumina la carta de Césaire, de rabiosa actualidad, se relaciona con el universalismo. O sea, con la construcción de universales no eurocéntricos, en los cuales la totalidad no se imponga sobre las diversidades. "Hay dos maneras de perderse: por segregación amurallada en lo particular o por disolución en lo 'universal'".


Aún estamos lejos de construir un universal depositario de todo lo particular, que suponga la profundización y coexistencia de todos los particulares, como escribió Césaire seis décadas atrás.


Quienes apuestan por poderes simétricos a los existentes, excluyentes y hegemónicos, pero de izquierda; quienes oponen a las bombas malas de los yanquis las bombas buenas de los rusos, siguen el camino trazado por el estalinismo de hacer tabla rasa con el pasado y con las diferencias, en vez de trabajar por algo diferente, por un mundo donde quepan muchos mundos.

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Iván Velásquez: "La impunidad es el mayor cáncer de América Latina"

El destino del juez Iván Velásquez (Medellín, 1955) es hacer temblar la tierra que pisa. En Colombia, destapó el nido de víboras de la parapolítica, un escándalo que alcanzó al corazón del uribismo y llevó a la cárcel a una veintena de políticos y empresarios. Ahora, al frente de la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), no sólo ha puesto entre rejas al presidente Otto Pérez Molina y su vicepresidenta, sino que ha demostrado cómo un instrumento aparentemente predestinado al sopor burocrático ¬—una oficina de la ONU coordinada con la fiscalía local— puede derribar los más altos poderes y hacer pensar que frente a la corrupción hay esperanza. En Guatemala es un héroe. En El Salvador y Honduras e incluso México y Colombia, un ejemplo a seguir o estudiar. Consciente de que América Latina tiene los ojos puestos en él, este juez habla por teléfono con calma y concisión.


Pregunta. ¿Teme por su vida?


Respuesta. Pienso poco en ello. He asumido una responsabilidad, y trabajo como creo que debe hacerse. Lo contrario conduce a la inacción.


P. ¿Y a que le preparen alguna trampa?


R. Siempre es una posibilidad. No soy inmune a los montajes, pero poseo una pequeña ventaja: mi experiencia en Colombia, cuando desde el Gobierno de Uribe y las agencias de inteligencia se abrió una campaña de persecución. Esa experiencia me da una mejor defensa.


P. ¿Y le puede ocurrir algo similar en Guatemala?


R. Los que investigan a la mafia saben que los afectados tienen un mecanismo de defensa que incluye el halago, el desprestigio, el soborno e incluso la muerte. A eso estamos sometidos los que nos dedicamos a este mundo.


P. ¿Es exportable el modelo de la CICIG?


R. Lo es, porque su diseño respeta la soberanía nacional. Por ejemplo, cualquier decisión sobre derechos ciudadanos, como una escucha, un arresto o un allanamiento, se efectúa a petición del ministerio público. Nosotros aportamos nuestra capacidad de investigación, experiencia internacional e independencia. No estamos vinculados a ningún poder fáctico ni tenemos intereses propios, sólo el de la lucha contra la impunidad. Eso es lo que temen las organizaciones criminales.


P. ¿Apoyaría un organismo como la CICIG en México o Colombia?


R. Lo apoyaría para todos los países de la región. No somos una fuerza extranjera. Este instrumento sólo puede darse si un Gobierno lo pide a la ONU, el Congreso ratifica el acuerdo y la Corte Constitucional valida su legalidad. Si esto ocurre en Honduras, El Salvador, México o Colombia, no le veo obstáculo.


P. ¿Cómo enjuicia el problema de la impunidad en América Latina?


R. Es el cáncer mayor. Si la justicia no actúa, la corrupción desvía los recursos públicos e impide que se atiendan las necesidades básicas de la población. La lucha contra la impunidad es la lucha por construir un Estado de derecho.


P. En países como Guatemala, la corrupción tiene tal alcance que parece imposible de controlar.


R. Mire, desde el optimismo, si se logra que el despertar nacional contra la corrupción se convierta en un movimiento organizado, con redes de veeduría sobre el Estado, entonces habrá esperanza. Pero no basta la reacción espontánea de la ciudadanía, ésta tiene que involucrarse. La corrupción no es un fenómeno coyuntural, sino estructural.


P. ¿Le ha ayudado la presión popular en sus investigaciones?


R. La reacción social reduce las presiones sobre el ministerio público y los jueces. La dimisión de la vicepresidenta de Guatemala o el levantamiento de la inmunidad son hechos atribuibles a esa reacción. Pero la justicia actúa de forma independiente e imparcial.


P. ¿Es consciente de que en Guatemala es usted un héroe?


R. No me gustan los heroísmos ni los personalismos. La lucha contra la corrupción no la puede hacer una persona sola, ni exclusivamente el CICIG o la Procuraduría, sino que es una tarea de la sociedad.


P. ¿Se siente extranjero en Guatemala?


R. Tengo conciencia latinoamericana. Sé lo que han sufrido nuestros países. Conozco lo que nos une. Si aporto a Guatemala, aporto a América Latina. Por eso no me siento extranjero.

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"Syriza debe liberarse del europeísmo infantil"

Vasilopoulou hace una revisión crítica de los pasos dados por su partido en torno de las negociaciones con la troika. Y espera que el gobierno pueda aliviar las exigencias del acuerdo.


Corina Vasilopoulou es periodista, diputada regional y portavoz de Syriza en la región de Atica, la más poblada de Grecia, con Atenas como capital. Ella es de Syriza y sigue apoyando al premier, Alexis Tsipras, aunque a la pregunta de "¿cómo está?" al saludarla, responda con honestidad "recuperándome del choque". Corina no puede ocultar la decepción que supuso la firma del tercer memorándum con la Troika después de que el 61 por ciento del pueblo griego se pronunciara en contra y admite, durante esta entrevista en un coqueto bar del centro de Atenas, que a Syriza se le dio una segunda oportunidad "porque se le reconoció la lucha pese a haber sido derrotado" pero que ahora quiere ver resultados concretos, que se noten en la vida diaria de la gente.


–¿No le quedaba otra salida a Alexis Tsipras que firmar el memorándum de la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el FMI?


–Yo pienso, pero viéndolo ahora (después todos somos profetas), que Syriza cometió muchos errores y que debería haber tomado antes medidas más drásticas para que no nos quedáramos sin liquidez. Yo prefiría que Syriza no hubiera firmado, que saliera a decir a la gente que nos estaban chantajeando y que así no podíamos seguir. Lo mejor hubiera sido consultarle a la gente con una pregunta clara, no como la del referéndum.


Para mí, como para la mayoría de los de Syriza, fue un gran golpe, un golpe que no esperábamos. No sé si éramos demasiado inocentes y optimistas pero lo cierto es que nos llevó luego casi a la depresión. Ahora yo sigo apoyando al partido pero desde un punto de vista más crítico, a la espera de que cumpla con sus promesas de aliviar las exigencias del memorándum.


–Esta decepción también le pasó factura a la democracia porque la abstención en las elecciones de septiembre fue muy alta y la desafección de la ciudadanía hacia la política ahora es más que palpable.


–Sin duda. Syriza tiene una prórroga y depende de ellos honrar esa prórroga, porque el entusiasmo de enero ya no existe y ahora la gente quiere ver resultados concretos para mejorar su vida y una ética realmente diferente en la práctica política. A pesar de esto hay que reconocer que el pueblo griego demostró un coraje que nadie se esperaba. Con tanto chantaje internacional, con tantos medios de comunicación en contra y una propaganda feroz, con los bancos cerrados, se votó un 'no' rotundo en el referéndum y eso es algo de admirar.


–También fue un golpe muy duro para otras nuevas formaciones de izquierda en Europa, como Podemos. ¿Cómo podría hacer el partido de Pablo Iglesias para revertir ese efecto dominó?


–No sé si a Podemos lo que más le afectó es lo sucedido con Syriza o sus propios problemas, como las disputas internas o no tener principios demasiado claros. Posiblemente fue una mezcla de ambos. En cualquier caso, yo les diría que no opten por la moderación porque, si yo fuera española y quisiera un partido moderado, votaría al PSOE (Partido Socialista Español). Podemos tiene que volver a sus raíces y tomar como modelo lo que están haciendo los nuevos gobiernos municipales de izquierda, como el de Ada Colau en Barcelona o Manuela Carmena en Madrid.


–Syriza también sufrió en su seno serias fracturas: sectores contrarios a la postura de Tsipras abandonaron el partido y gobiernos como el suyo. en la región de Atica, quedaron divididos entre quienes apoyan al premier y quienes no. ¿Cómo se gestiona ahora toda esa disidencia interna?


–En Atica la gobernadora, Rena Dourou, llegó a un equilibrio inteligente porque, aunque es de Syriza y apoya a Tsipras, es consciente de que gobierna para todos, no solo para los de Syriza. Dos de sus ocho gobernadores adjuntos se fueron del partido y uno de ellos, Lafazanis, creó la nueva formación Unidad Popular, que compitió con Tsipras en estas elecciones. También se marcharon de Syriza varios diputados regionales que, sin embargo, permanecen en el gobierno. Rena colabora con todos y, por ejemplo, ahora está moviéndose con ellos en contra de la privatización del Puerto de Pireo (la cesión del puerto más importante de país a la que accedió Tsipras a demanda de los acreedores internacionales). O sea que el gobierno de Atica sigue siendo de izquierda y, por lo menos en el plano local, todavía podemos trabajar hacia cosas más grandes. Lo mismo espero ver a escala nacional.


–El primer objetivo que se marcó Tsipras en su nuevo programa es la renegociación de la deuda. ¿Le harán más caso los del Eurogrupo al haber sido revalidado por las urnas?


–Por un lado seguro que sí porque (Angela) Merkel esperaba quitárselo de encima y ahora ve que no, que tendrá que seguir lidiando con él. Pero lo de la deuda es algo que supera a Tsipras y a Grecia porque si no vas por el camino revolucionario y con las armas les dices "chau no pagamos", habrá que esperar que ellos se pongan de acuerdo –el FMI está a favor de la quita de la deuda y la UE está en contra– y si lo hacen también tendrá un fuerte costo político.


–¿Es posible, como asegura Tsipras, implementar una austeridad "suave"?


–La vida cotidiana ahora será muy dura porque la gente seguirá pagando unos impuestos que Syriza prometió que anularía, el desempleo sigue ahí, el sueldo básico no aumentó y las relaciones laborales siguen desmanteladas. Yo quiero que Syriza proteja la casa de la gente, que no se pliegue a las exigencias de los acreedores para que la gente se vaya de su casa si no la puede pagar. Quiero que haga algo con la salud pública, que es un desastre, y para que la gente pueda calentarse en invierno porque todavía no eliminó esta tasa especial impuesta hace tres años que equipara el petróleo de la calefacción con la nafta. Yo, en general, quiero que Syriza haga todo lo que pueda para proteger a los más débiles y que revise su relación con la Unión Europea. No hablo de una salida de la Unión pero sí liberarse de este europeísmo infantil, porque hay que ser consciente de que la Europa de los pueblos no existe. Lamentablemente yo no veo un cambio político en Europa, así que un partido de izquierda, como quiere llamarse Syriza, tendrá que replantearse muy seriamente cómo actuar con un continente neoliberal.

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