Sábado, 12 Junio 2021 11:20

Las mejores fotos de naturaleza de 2021

Las mejores fotos de naturaleza de 2021

Son impresionantes las fotografías ganadoras del certamen Nature TTL Photographer of the Year. Este concurso, en sus 8 categorías premiadas, busca dar a conocer la belleza del mundo natural así como los problemas que le rodean.

 

En esta galería de imágenes Cubadebate muestra algunas de las instantáneas ganadoras y finalistas, entre las más de 8000 imágenes que concursaron.

Foto: Thomas Vijayan / Nature TTL.

The World is Going Upside Down
Fotografía ganadora absoluta de la competición y galardonada con el primer premio en la categoría: Animal Behaviour

"Tras pasar unos días en Borneo, esta escena quedó grabada en mi mente. Para tomar esta foto, seleccioné un árbol que estaba en el agua para poder tener un buen reflejo del cielo y sus hojas en el árbol. El agua formó un espejo, haciendo que la imagen pareciera invertida".

Nikon D850 with 8-15mm lens. 1/400th, f/4.5, ISO 5,000.

Foto: Johan Wandrag / Nature TTL.

Fish Caught by Surprise
Fotografía galardonada con el segundo premio en la categoría: Animal Behaviour

"Tomada en Sudáfrica, esta fotografía muestra a un pez en el momento de ser capturado por un cocodrilo. La mirada de sorpresa realmente hizo que esta toma valga la pena para mi".

Canon 7D Mark II with Sigma 150-600mm lens. 1/3,200th, f/8, ISO 400.

Foto: Bencé Maté / Nature TTL.

Dust Bath
Fotografía galardonada con una mención de honor en la categoría: Animal Behaviour

"Dos cachorros de perro salvaje juegan en el polvo que se levanta del suelo. Los rastreé durante 5 semanas y los fotografié en algunas situaciones fascinantes en Sudáfrica."

Nikon D5 with 200mm lens. 1/1,000th, f/2, ISO 4,000

Foto: Mousam Ray/ Nature TTL.

Floral Bath Tub
Fotografía galardonada con una mención de honor en la categoría: Animal Behaviour

En la India, los días de otoño son calurosos y húmedos, pero las noches son agradables. Por la mañana, las gotas de rocío se encuentran en el borde de la hierba y las flores, donde a veces se acumula entre los pétalos. Aquí vemos a una hembra de suimanga carmesí refrescándose en el agua que se almacena en el pétalo de una flor de plátano.

Nikon D500 with 300mm lens & 1.4x teleconverter. 1/4000th, f/7.1, ISO 1,600.

Foto: Jay Roode / Nature TTL.

Tree of Life
Fotografía ganadora en la categoría: Paisajes

Suspendido en el tiempo; una sensación de espera impregna este valle donde nada parece haber sucedido durante mil años. La sombra de una antigua acacia se extiende como una mano ennegrecida a los delicados trazos del río Tsauchab; anhelo de la vida que una vez fue.

Canon 5D Mark III with 100-400mm lens. 1/800th, f/9, ISO 250.

Foto: Simon Jenkins / Nature TTL.

Bee Wolf with Honeybee Prey
Fotografía galardonada con una mención de honor en la categoría: Small World

El lobo europeo de las abejas es una avispa solitaria que depreda sobre la abejas melíferas. En esta imagen se puede ver a la avispa llevándose a su desafortunada presa.

Canon 1DX Mark II with Canon 100-400mm lens. 1/2000th, f/8, ISO 1,000.

Foto: Christian Brockes / Nature TTL.

3… 2… 1… Takeoff!
Fotografía galardonada con una mención de honor en la categoría: Small World

Un gorgojo de la bellota -Curculio glandium- extendiendo sus alas, listo para despegar.

Canon 5D Mark II with Canon MPE65 lens. 1/125th, f/13, ISO 100.

Foto: Gergo Kartyas / Nature TTL.

Standing Out
Fotografía galardonada con una mención de honor en la categoría: Under 16

"Esta foto fue tomada durante la última luz del día, en un gran prado en Hungría. La luz dorada iluminó maravillosamente la mariposa y el fondo"

Canon 5D Mark III with Sigma 100-400mm lens. 1/250th, f/7.1, ISO 1,600.

Foto: Raphael Schenker / Nature TTL.

Fight in the Mountains
Fotografía galardonada con el segundo premio en la categoría: Under 16

"Tomé esta foto mientras estaba en una larga caminata en Suiza. Vi cómo el padre de estas dos cabras montesas les enseñaba a luchar."

Canon 5D Mark IV with Canon 100-400mm lens. 1/8,000th, f/5, ISO 1,250.

Foto: Amit Eshel/ Nature TTL.

Snow Monster
Fotografía galardonada con una mención de honor en la categoría: Wild Portraits

"En febrero de 2020 estaba en la estepa de Mongolia oriental en busca del escurridizo Gato de Pallas. Después de 6 días completos de búsqueda tuvimos la suerte de encontrar a este al acecho de presas en la estepa nevada. El gato estaba cubierto de nieve fresca que lo hizo parecer una criatura desconocida ¡un monstruo de la nieve! El gato de Pallas está catalogado como "Casi Amenazado" en la Lista Roja de la UICN y se cree que está en riesgo debido a la fragmentación de su hábitat, una base de presas en declive y la caza. El estado actual del gato de Pallas pone de relieve su necesidad de protección. Su ecología sigue siendo poco conocida, lo que dificulta el desarrollo de estrategias de conservación. La mayoría de los registros de su ocupación y distribución se encuentran en áreas montañosas, estepas y afloramientos rocosos, lo que sugiere que estos son sus hábitats preferidos. Aproximadamente el 12% del área de distribución de la especie en Mongolia se encuentra dentro de áreas protegidas. Pero la zona esteparia en la que se encuentra la mayor parte de su distribución, está fuera del ámbito de protección".

Canon 1DX Mark II with Canon 200-400mm lens. 1/320th, f/7.1, ISO 200.

Foto: Charl Stols/ Nature TTL.

A Predator’s Playground
Fotografía galardonada con una mención de honor en la categoría: Wild Portraits

"Por extraño que nos pueda parecer, saltar arriba y abajo sobre un cadáver de jirafa y jugar con la cola de un animal muerto es algo bastante normal para un cachorro de león".

Canon 1DX Mark II with Canon 500mm lens. 1/320th, f/4, ISO 800.

(Tomado de National Geographic España)

Publicado enFotorreportajes
'El guardian de turno', ganador del concurso Comedy Wildlife Photography y de la categoría perros. (Elke Vogelsang).
Hace semanas conocíamos las fotografías del Comedy Wildlife Photography Awards, un concurso que premia las fotografías más divertidas del mundo animal y con el que se quiere concienciar sobre la importancia de preservar la vida salvaje y con el objetivo de lograr que la sociedad se comprometa.

Ahora llegan las fotografías más divertidas de los animales que viven dentro de casa: las mascotas. En el Comedy Pet Photograpy Awards destacan fotos de mascotas haciendo muecas, poses muy humanas y travesuras. Paul Joynson-Hicks y Tom Sullam, los creadores de este concurso, también son los impulsores de los premios Comedy Wildlife Photography Awards.

Este año en que la pandemia y el confinamiento nos ha obligado a pasar más tiempo con nuestras mascotas este concurso ha visto como el nivel de participantes crecía de forma sorprendente. Esta segunda edición del concurso, organizado en asociación con el fabricante mundial de alimentos para mascotas Mars Petcare, ha contado con más de 2.000 participantes de 81 países.

“La importancia de las mascotas en nuestras vidas, la relación positiva que afirma la amistad que traen sin siquiera darse cuenta, a menudo se subestima y se da por sentada”, dijo Sullam en un comunicado. “Pero este año realmente les ha dado a estas mascotas la oportunidad de brillar, y creo que sin las mascotas muchas, muchas personas habrían tenido más dificultades para lidiar con el aislamiento. ¡Gracias a las mascotas, a todas, por hacernos sonreír a través de este concurso y por mantener a muchos de nosotros en equilibrio!”, añadió.

Estos son los 16 ganadores del concurso, imágenes que es imposible verlas sin una sonrisa en la boca y sintiendo mucha ternura.


¿Por qué estás boca abajo mamá?', ganador de la categoría gatos del Comedy Pet Photograpy Awards. (Malgorzata (Gosia) Russell).

 
'Chicas chismosas', ganadora de la categoría caballos del Comedy Pet Photograpy Awards. (Magdalena Strakova).
 
 

'Reina del drama', ganadora de la categoría demás criaturas del Comedy Pet Photograpy Awards. (Anne Lindner)

 

'¡Buenos días, Fox Mulder!', ganadora de la categoría junior del Comedy Pet Photograpy Awards. (Ayden Brooks)

 

'Humor mañanero', ganadora de la categoría mascotas que se parecen a sus dueños del Comedy Pet Photograpy Awards . (Hannah Seeger)

 
'¡Agárrate fuerte! Llegamos tarde', finalista del Comedy Wildlife Photography. (Karen Hoglund)
 

'El gato bailarín', finalista del Comedy Wildlife Photography. (Iain McConnell)

 

'Ese momento en que te das cuenta de que te has comido medio plato', finalista del Comedy Wildlife Photography. (Candice Sedighan)


'Los amigos no dejan que los amigos hagan tonterías solos', finalista del Comedy Wildlife Photography. (Kerstin Ordelt)

 
'Mira mamá, puedo caminar sobre el agua', finalista del Comedy Wildlife Photography. (John Carelli)
 
 

'Ardilaaaa!!!', finalista del Comedy Wildlife Photography. (Elke Vogelsang)

 
'Gato súper dramático', finalista del Comedy Wildlife Photography. (Iain McConnell)
 

'El gatito bailando, finalista del Comedy Wildlife Photography. (Iain McConnell)

'Ohhhhhhhhh', finalista del Comedy Wildlife Photography. (Dimpy Bhalotia)


'Trofeo viviente', finalista del Comedy Wildlife Photography. (Antonio Peregrino)

 

(Tomado de La Vanguardia)

Publicado enFotorreportajes
¿Por qué la cría intensiva de animales puede poner en jaque la medicina moderna?

 A partir de su descubrimiento y desarrollo en el Siglo XX, los antibióticos han logrado la cura de enfermedades y han aumentado significativamente la esperanza de vida. Sin embargo, su uso masivo tanto a nivel hospitalario como en la cría de animales para consumo, así como los residuos que se trasladan al ambiente, dieron lugar a un fenómeno que está poniendo en serio riesgo la salud de la humanidad: la resistencia antimicrobiana. La organización React Latinoamérica convocó un panel de especialistas para presentar las diferentes dimensiones de un problema que puede comprometer el éxito de las terapias contra el cáncer, las cirugías con prótesis o los trasplantes de órganos.

 

Con la moderación de la periodista argentina Soledad Barrutti, la organización React Latinoamérica transmitió en vivo el panel “Cría intensiva de animales y resistencia bacteriana a los antibióticos”. Seis especialistas de Perú, Ecuador, Reino Unido y Argentina trazaron un mapa para comprender porqué, en un futuro cercano, podríamos quedarnos sin medicamentos para el tratamiento de una gran cantidad de infecciones y cuál es la relación de este grave problema de salud pública con el modelo de producción agroindustrial y la contaminación que provoca en el ambiente.  

Todo lo que es vulnerado aprende a resistir 

“La propagación de las enfermedades infecciosas transmitidas de animales a humanos, llamadas zoonosis, así como la resistencia de las bacterias hacia los antibióticos, son dos asuntos que han contribuido a generar conciencia de que estamos conectados con las otras especies ya sea de manera  visible o invisible”. Con estas palabras comenzó su exposición la pediatra especializada en infectología, Carola Cedillo.

“En la actualidad resulta imposible negar el impacto de las intervenciones y actividades humanas sobre la salud del planeta. Esto se manifiesta objetivamente en el calentamiento global, en la contaminación del suelo, del aire, del agua y también de los alimentos. Todo esto impacta directamente a la salud de los seres humanos y a otras especies, incluyendo el aumento de la resistencia de las bacterias a los antibióticos”, advirtió. 

Pero ¿qué es la resistencia antimicrobiana? Cedillo la definió como “la capacidad de las bacterias para sobrevivir a concentraciones de antibióticos que inhiben a otras de la misma especie. Es decir que los antibióticos pierden la eficacia ante estas bacterias”. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la resistencia a los antimicrobianos se produce cuando los microorganismos, sean bacterias, virus, hongos o parásitos, sufren cambios que hacen que los medicamentos utilizados para curar las infecciones dejen de ser eficaces.

“El mundo está compuesto por varios millones de especies que conviven e interactúan. Entre ellas encontramos los microorganismos y los microbios, muchos de ellos necesarios para la vida humana y los suelos”, explicó la especialista. Y agregó: “Solamente un 1% de las bacterias son patógenas, es decir que causan enfermedad”. Los antibióticos son medicamentos que han contribuido a combatir las bacterias patógenas y han aumentado la esperanza de vida. Sin embargo, en palabras de la infectóloga, “todo ser que es vulnerado aprende  a resistir y esto también ocurre con las bacterias”. 

En este sentido, “se ha generado un aumento acelerado de la prevalencia de la resistencia hacia los antibióticos en medio de un ataque que hemos dado constantemente a través del abuso de los mismos en la salud humana y de los animales”. 

“El problema que hoy tenemos es que el uso masivo de antibióticos en salud humana y en crianza de animales para el consumo, la industria agropecuaria y los residuos de la industria farmacéutica aceleran los procesos de resistencia”, continuó su explicación Cedillo. La OMS asegura que infecciones comunes como la neumonía, la tuberculosis, la septicemia, la gonorrea o las enfermedades de transmisión alimentaria, son cada vez más difíciles —y a veces imposibles— de tratar, a medida que los antibióticos van perdiendo eficacia. Y advierte que de no tomarse medidas urgentes, en un futuro las lesiones menores volverán a ser potencialmente mortales.

En la misma línea, la médica ecuatoriana alertó: “Si no hay un cambio radical en el uso de antibióticos, la resistencia antimicrobiana se convertirá en una amenaza para la humanidad”.

¿Por qué se usan antibióticos en la cría intensiva de animales?

La veterinaria Francesca Schiaffino fue la segunda panelista del encuentro virtual que tuvo lugar el pasado 23 de septiembre. En su exposición presentó la clasificación de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) sobre los usos de los antibióticos en animales.

Según este organismo, existen tres propósitos terapéuticos para el uso de antibióticos en la cría de animales: el tratamiento, que es la administración de antibióticos debido a una infección activa en un animal o grupo de animales; la metafilaxis, que es la administración de antibióticos debido a una infección activa en uno o más animales dentro de un grupo (tratamiento y prevención); y la profilaxis, que es la administración de antibióticos a animales sanos pero en riesgo (prevención). Pero existe además un propósito no terapéutico para el uso de antibióticos, y es el de la promoción del crecimiento; es decir, la administración de antibióticos en dosis sub-terapéuticas para incrementar la tasa de crecimiento o ganancia del peso de los animales.

Al respecto, Soledad Barruti había manifestado que “en la medida en que los animales son criados más intensamente, los antibióticos van siendo un insumo necesario no solo para promover el engorde sino también para mantenerlos con vida o para tratar las infecciones recurrentes”. En este sentido, subrayó que “toda vez que se trata a los animales como cosas y se los mete en granjas industriales, se vuelve necesario crear ambientes artificiales que permitan esforzar sus cuerpos para que lleguen a dar lo que el sistema desea de ellos”.

Cuando se administran antibióticos a los animales –explicó Schiaffino-  mueren las bacterias susceptibles y sobreviven las bacterias resistentes. Estas bacterias son diseminadas a través de los productos alimenticios derivados de estos animales, a través de otros alimentos contaminados a través del agua, a través de superficies contaminadas y a través de las heces que estos animales dejan en el ambiente. Las personas consumimos estas bacterias a través de la comida contaminada o del ambiente y nos enfermamos, ya sea con un cuadro leve, moderado o mortal. 

¿Cómo llegan los antimicrobianos desde la producción animal al ambiente?

El tercer panelista de la jornada fue Lucas Alonso, doctor en Ciencias Exactas e investigador del CONICET.

Alonso aportó datos de la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE), según los cuales, entre el 52% y el 75%  de los antibióticos que se producen y se venden a nivel mundial se destinan al uso veterinario. “Se han reportado hasta 110.000 toneladas de estos compuestos en un año. Sin embargo, no hay datos de muchos países a nivel individual. En Argentina no hay datos de las cantidades de antibióticos que se destinan a la producción animal”, destacó.

En cuanto a la clasificación de los usos de los antibióticos, Alonso remarcó también que, si bien algunos son terapéuticos, hay además usos preventivos que “tratan de contrarrestar las condiciones de hacinamiento y baja higiene que tienen estos sistemas intensivos de cría, ya sea de pollos, bovinos o cerdos”. Y subrayó que existen también usos para la promoción del crecimiento cuyo fin es acelerar los tiempos de producción y comercialización y que por lo tanto, no responden a un uso del antibiótico como una herramienta de salud. 

En cuanto a cómo llegan los antimicrobianos de la producción animal al ambiente, Alonso destacó que gran parte de lo que el animal consume no es metabolizado y se elimina al ambiente a través de las excretas. “Hay estudios que indican que en China, para 36 antibióticos, se utilizaron en 2013 unas 92.700 toneladas de antibióticos; de las cuales 46.000 fueron excretadas por animales”, apuntó. Y agregó que “las excretas pueden alcanzar, por derrame, cuerpos de agua cercanos. También se utilizan como abono para los campos agrícolas. De estas dos maneras se genera contaminación por antibióticos a nivel ambiental”.

Una investigación realizada desde el Centro de Investigación del Medioambiente de la Universidad Nacional de La Plata ha demostrado que los sitios de cría -tanto de pollos, de vacas como de cerdos- terminan contaminando los cursos de agua que se encuentran alrededor. “Los cursos de agua presentan los niveles más altos de contaminación por antibióticos porque reciben la excreta cruda que es la que tiene la mayor carga de antibióticos”, explicó Alonso, uno de los responsables de ese trabajo.  

El científico remarcó que en Argentina existen escenarios donde los ríos y cursos de agua se encuentran rodeados de feedlots y granjas de crías de pollos. Fue justamente en esas zonas donde se encontraron las mayores concentraciones de antibióticos. Es de destacar que la investigación tomó muestras de más de 100 ríos  y arroyos de la región pampeana, donde se concentra esta producción animal.

Además de estudiar los cursos de agua, se analizó el uso de excretas como fertilizante sobre los suelos agrícolas, y se encontró que a partir de esta aplicación y desde el suelo, los antibióticos pueden moverse hacia los ríos y arroyos, así como filtrarse en el suelo hasta alcanzar aguas subterráneas. De esta manera, la fertilización con enmiendas animales dispersa a nivel regional la problemática de los antibióticos, ya que las excretas se cargan en camiones y se llevan a otras zonas de la región pampeana donde haya suelo agrícola.

Este grupo de científicos de la UNLP pudo comprobar además, que los antibióticos quedan retenidos en el suelo, a un nivel superficial, y esto aporta un potencial de acumulación a los cultivos que después se den a lugar en ese suelo. 

Mutar para ser mejor

“Tenemos una exposición alimentaria que debería ser discutida de manera urgente”, reclamó Damián Marino, otro de los miembros del Centro de Investigación del Medioambiente de la Universidad Nacional de La Plata. “Hay datos que preocupan, porque los antibióticos presentes en los suelos se toman desde las raíces y se traslocan a las plantas que consumimos: lechuga, tomate, espinaca”. 

“Hoy tenemos las resistencias antimicrobianas instaladas en los ambientes y en las personas, y tenemos también presencia de plaguicidas. Tenemos grandes empresas empujando el mercado, teniendo cautivos a los productores. Y una agricultura familiar en jaque que hay que defender”, analizó el especialista en contaminación ambiental. 

Ante este escenario, Marino aseveró que “la salida es el cambio de modelo”. ¿Cómo lograrlo? “Con políticas de Estado orientadas a reducir el uso de antibióticos de a poco y a desconcentrar los sistemas de producción; con desarrollo de tecnologías e investigaciones y sobre todo, promoviendo otro sistema de cría que no sea antibiótico-dependiente”. 

En el mismo sentido, Barruti finalizó con un llamado a considerar que existe cantidad de evidencia sobre las alternativas productivas ofrecidas por la agroecología, cuyos principios fundamentales son la diversidad productiva y una alimentación basada en la soberanía alimentaria.

El encuentro fue organizado por ReAct Latinoamérica junto a ReAct Norteamérica, la Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad y la Naturaleza de América Latina, el Instituto de Salud Socioambiental de la Universidad Nacional de Rosario y otras organizaciones adherentes. Se transmitió el 23 de septiembre de 2020 a través de las redes sociales de ReAct Latinoamérica.

9 octubre 2020 

Analí López Almeyda. Licenciada en Ciencias de la Comunicación (UBA) con posgrados en Comunicación de Riesgos y en Género y Salud. Trabajadora de la salud y editora de ComAmbiental.

Publicado originalmente en Comunicación Ambiental

Un estudio señala a las granjas industriales como el mayor riesgo de futuras pandemias

El sistema agroalimentario mundial y la cría intensiva de animales son los principales impulsores de las enfermedades que saltan a los seres humanos. Estos patógenos ya causan más muertes que la diabetes y los accidentes de tráfico juntos. Las pandemias del futuro serán más peligrosas y frecuentes, según un estudio de la ONG ProVeg Internacional.

 

La crisis del coronavirus lo ha puesto delante de los ojos del mundo. Y nuevos informes lo confirman. Uno de los mayores riesgos para la salud humana viene de las enfermedades zoonóticas, es decir, enfermedades como el covid-19, que se transmiten de animales no humanos a personas. 

Este tipo de enfermedades ya causan más muertes que la diabetes y los accidentes de tráfico juntos, según el estudio Pandemias y Alimentación, realizado por la ONG ProVeg Internacional y respaldado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente. Unos brotes que serán cada vez “más peligrosos y más frecuentes”, adelanta el estudio.

Las principales causas de esta emergencia sanitaria hay que buscarlas en el sistema alimentario mundial, en las dietas basadas en animales y en la cría intensiva e industrial de animales. Esta última es de hecho, según ProVeg Internacional, la actividad humana que “más riesgo tiene de generar pandemias como la actual”. 

La tormenta perfecta se consigue, detalla esta organización, con el encuentro de tres factores que se refuerzan mutuamente. El primero es la destrucción de los hábitats naturales. El segundo, la utilización de animales salvajes como alimento. Y el tercero, recurrir a los animales de granja como alimento en la agricultura animal intensiva. 

Según el estudio presentado, el 75% de todas las enfermedades infecciosas emergentes son de naturaleza zoonótica. Patologías como el covid-19, el SARS, MERS, ébola, rabia y ciertas formas de gripe, todas ellas de origen animal, son responsables de 2.5000 millones de casos de enfermedades en el mundo y 2,7 millones de muertes cada año.

Lejos del tópico, no siempre los orígenes de los brotes son animales raros en mercados asiáticos o africanos, los patógenos también pueden saltar a los animales de granja antes de transmitirse a los humanos, como fue el caso de los recientes casos de gripe aviar y porcina.

Muchos otros virus que representan un peligro para la salud humana, detallan en el informe, también tienen su origen en la industria ganadera intensiva. La difteria, el sarampión, las paperas, el rotavirus, la viruela, la gripe A tienen su origen en animales domesticados. “Acumular grandes cantidades de individuos genéticamente similares en entornos insanos de alta densidad, que inducen a una salud pobre y a altos niveles de estrés, aumenta seriamente las posibilidades de que se produzcan transferencias patogénicas entre animales salvajes y animales de granja y, en última instancia, seres humanos”, denuncian.

Otro de los graves problemas sanitarios que las diversas agencias internacionales y científicas llevan años alertando es el aumento de las infecciones resistentes a los antibióticos en los seres humanos, una tendencia asociada, según el informe, a las prácticas de las granjas industriales, que “requieren del uso excesivo de antibióticos”.

Según los datos recogidos hasta la publicación del informe, la letalidad del covid-19 es 47 veces más letal que la gripe estacional. Y otras enfermedades zoonóticas resultan mucho más letales que el covid-19. En el caso de la gripe aviar H5N1, la tasa de letalidad alcanza el 60%.

“No solo los brotes futuros pueden ser más peligrosos, los expertos y expertas coinciden en que también serán más frecuentes. Las causas de este alarmante pronóstico son de origen humano y están todas vinculadas con el sistema alimentario mundial”, explican desde ProVeg Internacional.

“Nos encontramos ante una situación muy vulnerable ante futuras pandemias, con consecuencias posiblemente peores que las de la actual pandemia del coronavirus”, dice Cristina Rodrigo, directora de ProVeg España. “Lo que comemos y cómo lo producimos es uno de los factores clave que está alimentando este riesgo. Tenemos una necesidad urgente y vital de transformar nuestro sistema alimentario a uno más basado en plantas, más sostenible y resiliente”, concluye. 

Por Redacción El Salto

24 sep 2020 11:10

Publicado enInternacional
Una nueva gripe porcina con potencial de convertirse en pandemia pone en alerta a Brasil

Se trata de una variante del virus de la influenza A H1N2, cuyo primer caso se registró en un matadero de Paraná y se transmite de cerdos a humanos.

Investigadores del Instituto Oswaldo Cruz (IOC), en Río de Janeiro, Brasil, se mantienen en alerta por el potencial pandémico de una nueva variante de influenza A H1N2, que se transmite de los cerdos a los humanos, descubierta en el estado de Paraná, al sur de ese país.

"Desde 2005, la variante de influenza A H1N2 se ha encontrado otras 25 veces. Pero esta que identificamos en una muestra de Ibiporã, en Paraná, es diferente a todas los demás ya descubiertas en el mundo", dijo, en entrevista con O Globo, Marilda Siqueira, viróloga y directora del IOC, que es parte de la Fundación Oswaldo Cruz (Fiocruz).

Sin embargo, aunque es genómicamente diferente, aún no se sabe "qué significa eso, si le da más o menos riesgo"; por ello, están "buscando otros casos posibles" para ser estudiados, resaltó la especialista.

Siqueira detalló que el primer caso se registró en abril pasado, en una mujer de 22 años que trabajaba en un matadero en Ibiporã. El virus le "causó un caso leve de gripe", detalló la especialista, del que ya se recuperó por completo.

"Esta variante del virus de la influenza A H1N2 tiene un potencial pandémico, pero eso no significa que causará una pandemia", enfatizó.

Al decir que tiene "potencial pandémico", precisó, es porque "los virus de la influenza son muy contagiosos, y cada vez que surge uno nuevo causa preocupación, porque la población no tiene inmunidad contra él".

Explicó que tendría el mismo pontencial que el virus de influenza de la cepa G4, identificado en China; pero, a diferencia de este, que difícilmente se transmite a humanos, el brasileño ya se comprobó que sí puede llegar a las personas, aunque con dificultades y en particular para transmitirse de un humano a otro.

"Toda la evidencia que tenemos es que se transmite con dificultad del cerdo a los humanos, y no se transmite de una persona a otra. Por lo tanto, no se transmite fácilmente. Tendría que someterse a mutaciones que le dieran la capacidad no solo de saltar entre especies, sino de ser efectivamente transmisible en nuestra especie", resaltó Siqueira.

Pese a todo lo anterior, Siqueira señala que es preciso "mantener una vigilancia intensa y constante, porque las pandemias del H1N1 y del coronavirus Sars-CoV-2 hacen que resulte más que obvio cuán devastadores pueden ser los virus respiratorios. Por lo tanto, deben ser detectados y contenidos desde un principio".

Publicado: 27 jul 2020 22:46 GMT

Publicado enInternacional
Fábricas de puerco: calentando el planeta

Mientras la pandemia de Covid-19 ha mantenido aislados a millones de habitantes del mundo, ha destruido la economía global y la normalidad social, en sólo unos cuantos meses, varios científicos llaman a revisar la producción de animales en granjas industriales, antes que la nueva normalidad la mantenga intacta.

La infuenza porcina de 2009 (H1N1), que tuvo su origen en México, en una granja de cerdos de Smithfield –Granjas Carroll– en el valle de Perote, Veracruz y Puebla, puso de manifiesto que la producción fabril de animales representa un peligro para la salud humana y animal. Luis Hernández Navarro y otros investigadores documentaron sus impactos en ese momento. https://bit.ly/36AhxGOhttps://bit.ly/2X6Au0L, pero nada ocurrió a Smithfield, ni cambiaron las regulaciones en el país.

Los animales confinados y hacinados, genéticamente homogéneos, con sistemas inmunes deprimidos, a quienes se administra antibióticos con fines preventivos para que logren vivir el número exacto de días para alcanzar la tasa de ganancia esperada, genera un ambiente ideal para los patógenos. De tal forma que en las pasadas décadas coleccionamos epidemias virales: distintos tipos de influenza aviar, de fiebre porcina, de síndrome respiratorio agudo (SARS).

La llamada revolución ganadera llegó a México con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (1994), impulsada por las facilidades que el país otorga a las inversiones en cuanto falta de regulaciones ambientales, bajos costos de la fuerza de trabajo y de los bienes naturales como el agua, y posibilidades de acaparamiento de tierras rurales. El crecimiento de la demanda de proteínas animales fue aprovechada por las corporaciones trasnacionales que controlan la producción mundial de ganado.

Los datos de producción de puerco nos muestran cómo se redujeron el número de granjas a la par que se concentró el número de puercos en cada vez firmas más grandes. Para 1991 había en el país cerca de 2 millones de unidades productoras de cerdo, que produjeron 10.6 millones de animales; 600 mil viviendas campesinas produjeron 1.5 millones de ellos. La gran mayoría de las granjas eran pequeñas, con menos de 20 cabezas, y producían más de la mitad de la producción. En el otro extremo sólo 700 unidades grandes, de más de mil cabezas producían un tercio de los especímenes. En 2017, 99 por ciento de las granjas existentes en 1991 habían desaparecido y el uno por ciento restante producía 75 por ciento más de cabezas. Esta concentración se realiza en favor de las granjas industriales de puercos propiedad de corporaciones nacionales y extranjeras, instaladas en nuevas regiones del país que se han convertido en sus feudos.

Granjas Carroll y Kekén se disputan el primer lugar en el mercado mexicano. Granjas Carroll es propiedad de Smithfield, el gigante productor de cerdos y de Agroindustrias Unidas de México (AMSA). Se fundó en el país en 1993, y actualmente tiene ya casi 13 por ciento de la capacidad productiva. Sus 20 megaindustrias en Puebla y Veracruz crían cerca de 1.6 millones de cerdos y tienen planes para aumentar en un millón de cerdos más y expandirse a Tlaxcala. Los pobladores de la región han denunciado que estas plantas amenazan su salud y el ambiente y se oponen al establecimiento de un rastro en el municipio Oriental. La campaña publicitaria de responsabilidad ambiental y social de la compañía –por ejemplo, paga un dólar a quien encuentre una mosca dentro de la fábrica– resulta poco creíble, sobre todo ante la falta de inspecciones y regulaciones sanitarias estrictas.

Kekén, su competidora, decidió establecerse en Yucatán, en sitios relativamente aislados, rodeados de selva para protegerse de la contaminación viral de otras granjas porcinas. Pero ella no cuida la selva, según manifiestan las comunidades mayas en su vecindad. Kekén, que significa puerco en maya, les ha usurpado hasta su lengua. El Consejo Maya del Poniente de Yucatán “Chik’in Ja” interpuso una denuncia popular ante la Procuraduría del Ambiente (Profepa), pues encontró una laguna negra formada con las descargas de residuos sólidos sin tratar de la empresa, que dañan el ambiente, la apicultura y la ganadería campesina en Kinchil, Hunucmá, Maxcanú y Celestún.

La comunidad de Homún, una localidad con menos de 8 mil habitantes con un proyecto de ecoturismo que tiene como atractivo los cenotes, está en lucha contra la empresa Producción Alimentaria Porcícola (Papo), que trabaja en aparcería con Kekén, pues inició la cría de cerdos sin contar con la planta de tratamiento de aguas residuales prometida. Apoyados por la organización Indignación, han promovido demandas desde septiembre de 2018 por la falta de respeto al derecho a la autodeterminación de las comunidades mayas y por los efectos ambientales que provocará. En Yucatán la nueva y pujante industria porcícola amenaza con destruir el frágil ecosistema, formado por corrientes subterráneas y suelos kársticos.

Éste es un ejemplo de los proyectos de desarrollo impulsados por los gobiernos, que a cambio de una centena de empleos precarios comprometen la vida de las comunidades y el buen vivir.

Por Ana De Ita, directora del Centro de Estudios para el Cambio en el Campo Mexicano

Publicado enMedio Ambiente
“El negocio agroalimentario pondría en riesgo millones de vidas”. Entrevista a Rob Wallace

El coronavirus tiene al mundo en estado de shock. Pero, en lugar de combatir las causas estructurales de la pandemia, el Gobierno se centra en medidas de emergencia. Conversamos con Rob Wallace (biólogo evolutivo) sobre los riesgos de la COVID-19, la responsabilidad del negocio agroalimentario y las soluciones sostenibles para combatir las enfermedades infecciosas. La entrevista la realizó Yaak Pabst.

¿Cuán peligroso es el nuevo coronavirus?

Depende del momento en que se encuentre el brote local de COVID-19: en la fase inicial, en el pico o en fase tardía. También depende de lo buena que sea la respuesta sanitaria de tu región y su demografía, depende de tu edad, de si estás en riesgo inmunológico o de tu salud, en general. Por plantear una posibilidad que hace imposible el diagnóstico: ¿tu inmunogenética, la genética subyacente a tu respuesta inmunitaria, se alinea con el virus?

Así, pues, ¿todo este barullo con el virus es una simple táctica para asustar?

Ciertamente, no. Al principio del brote en Wuhan, la COVID-19 estaba en una tasa de letalidad de entre el 2 y el 4%. Fuera de Wuhan, la tasa parece caer al 1%, o a menos, pero también parece alcanzar el máximo en otros sitios, aquí y allí, incluyendo a lugares como Italia y Estados Unidos. Su alcance no parece muy grande en comparación con, por ejemplo, el del síndrome respiratorio agudo grave (10%), la gripe de 1918 (5-20%), la “gripe aviar” H5N1 (60%) o, en algunos lugares, el Ébola (90%). Pero, ciertamente, supera al de la gripe estacional (0,1%). Sin embargo, el peligro no es sólo una cuestión de letalidad. Tenemos que luchar contra la denominada penetrancia o tasa de ataque comunitario: en cuánta de la población mundial ha penetrado el brote.

¿Podrías ser más concreto?

La red global de viajes está en un nivel récord de conectividad. Sin vacunas o antivíricos específicos para los coronavirus ni, en este momento, ninguna inmunidad colectiva contra el virus, incluso una cepa de sólo el 1% de mortalidad puede suponer un peligro considerable. Con un período de incubación de más de dos semanas y pruebas cada vez mayores de que se da algún tipo de transmisión antes de contraer la enfermedad —antes de saber que estamos infectados—, probablemente pocos lugares estarían libres de infección. Si la COVID-19 registra, digamos, una letalidad del 1% en el proceso de infección de cuatro mil millones de personas, eso serían cuarenta millones de muertos. Una proporción pequeña de un número grande puede seguir siendo un número grande.

Ésas son cifras estremecedoras para un patógeno supuestamente menos virulento...

Sin duda, y estamos solamente en el comienzo del brote. Es importante comprender que muchas infecciones nuevas pueden cambiar en el transcurso de la epidemia. Se puede atenuar la infecciosidad, la virulencia o ambas. Pero, por otra parte, otros brotes aumentan en virulencia. La primera ola de pandemia gripal de la primavera de 1918 fue una infección relativamente leve. Fueron la segunda y la tercera olas, de invierno de ese año y de 1919, las que mataron a millones de personas.

Pero los escépticos con la pandemia argumentan que el coronavirus ha infectado y matado a menos pacientes que la típica gripe estacional. ¿Qué piensas de eso?

Sería el primero en celebrar que este brote se quedara en nada. Pero esos esfuerzos por negar el posible peligro de la COVID-19 citando otras enfermedades mortales, especialmente la gripe, es un recurso retórico para presentar la preocupación por el coronavirus como fuera de lugar.

Así que la comparación con la gripe estacional cojea...

Tiene poco sentido comparar dos patógenos en fases distintas de sus curvas epidémicas. Sí, la gripe estacional infecta a muchos millones de personas a escala mundial y mata, según cálculos de la OMS, a más de 650.000 personas al año. Sin embargo, la COVID-19 no ha hecho más que empezar su trayecto epidemiológico. Y, a diferencia de la gripe, no tenemos vacuna ni inmunidad colectiva para ralentizar la infección y proteger a las poblaciones más vulnerables.

Aun cuando la comparación es confundente, ambas enfermedades corresponden a virus, incluso a un grupo específico: los virus ARN. Ambas pueden causar enfermedad. Ambas afectan a la boca y la garganta y, a veces, también a los pulmones. Ambas son muy contagiosas.

Ésas son similitudes superficiales, que soslayan una parte decisiva en la comparación de ambos patógenos. Sabemos mucho sobre la dinámica de la gripe. Sabemos muy poco de la COVID-19. Está llena de interrogantes. De hecho, muchas cosas de la COVID-19 son incognoscibles hasta que el brote se desarrolla plenamente. Al mismo tiempo, es importante comprender que no se trata de COVID-19 versus gripe. Se trata de COVID-19 y gripe. La aparición de múltiples infecciones susceptibles de convertirse en pandémicas y atacar conjuntamente a poblaciones debería ser la preocupación central.

Has estado investigando las epidemias y sus causas durante varios años. En tu libro Big Farms Make Big Flu (Las grandes granjas producen grandes gripes) intentas establecer esas relaciones entre agricultura industrial, agricultura ecológica y epidemiología viral. ¿Cuáles son tus descubrimientos?

El verdadero peligro de cada nuevo brote es la incapacidad o —mejor dicho— la negación oportunista a comprender cada nueva COVID-19 como un incidente no aislado. El incremento de la aparición de virus está estrechamente vinculado a la producción alimentaria y los beneficios de las empresas multinacionales. Cualquiera que pretenda entender por qué los virus son cada vez más peligrosos debe investigar el modelo industrial de agricultura y, más concretamente, de la producción de ganado. Actualmente, pocos Estados y pocos científicos están preparados para ello. Todo lo contrario. Cuando surgen nuevos brotes, los Gobiernos, medios de comunicación e incluso la mayor parte del establishment médico están tan centrados en cada emergencia individual que soslayan las causas estructurales que están convirtiendo, uno tras otro, a múltiples patógenos marginales en una repentina celebridad mundial.

¿De quién es la culpa?

He dicho que de la agricultura industrial, pero hay que ampliar el foco. El capital encabeza, a escala mundial, la apropiación de los últimos bosques primigenios y de las tierras cultivadas por pequeños propietarios. Esas inversiones implican deforestación y desarrollo, que conducen a la aparición de enfermedades. La diversidad funcional y la complejidad que representan esas enormes extensiones de tierra se están simplificando de tal modo que patógenos previamente encerrados se están esparciendo sobre el ganado y las comunidades humanas locales. En suma, habría que considerar como principales focos de enfermedades a los centros de capital, lugares como Londres, Nueva York y Hong Kong.

¿Para qué enfermedades es ése el caso?

En este momento, no hay patógenos independientes del capital. Incluso los más remotos están afectados por éste, aunque sea distalmente. El Ébola, el Zika, los coronavirus, la fiebre amarilla otra vez, una miríada de gripes aviares y la peste porcina africana están entre los muchos patógenos que hacen su camino desde los interiores más remotos hasta los nudos periurbanos, capitales regionales y, últimamente, las redes globales de viajes. Desde los murciélagos de fruta en el Congo hasta matar en pocas semanas a la gente que toma el sol en Miami.

¿Cuál es el papel de las empresas multinacionales en este proceso?

En este momento, el planeta Tierra es el planeta Granja, tanto en biomasa como en tierra utilizada. El negocio agroalimentario está intentando monopolizar el mercado alimentario. La práctica totalidad del proyecto neoliberal se centra en apoyar los esfuerzos de empresas sitas en los países más industrializados por robar la tierra y los recursos de los países más débiles. Como resultado de ello, muchos de esos nuevos patógenos, que antes las ecologías de bosques largamente evolucionados mantenían bajo control, ahora brotan libremente y amenazan al mundo entero.

¿Qué efectos tienen en esto los métodos de producción del negocio agroalimentario?

La agricultura guiada por el capital que sustituye a las ecologías naturales ofrece los medios precisos para que los patógenos pueden evolucionar hasta convertirse en los fenotipos más virulentos e infecciosos. No podrías diseñar un sistema mejor para engendrar enfermedades mortales.

¿Por qué?

El aumento del monocultivo genético de los animales domésticos elimina cualquier cortafuegos inmunitario que pueda haber para frenar la transmisión. Tamaños y densidades de población mayores facilitan mayores tasas de transmisión. Esas condiciones de masificación debilitan la respuesta inmunitaria. Alta producción, un componente de cualquier producción industrial, proporciona constantemente suministro renovado de material propenso, el combustible para la evolución del virus. En otras palabras, el negocio agroalimentario está tan centrado en los beneficios que la selección de un virus capaz de matar a mil millones de personas se trata como un riesgo que vale la pena correr.

¡¿Qué?!

Esas empresas sólo pueden externalizar sobre cualquier otro los costes de sus operaciones epidemiológicamente temerarias. Desde los propios animales hasta los consumidores, los agricultores, las ecologías locales y los Gobiernos de todos los ámbitos. Los daños son tan grandes que, si tuviéramos que devolver esos costes a los balances de las empresas, el negocio agroalimentario, tal y como lo conocemos, se acabaría para siempre. Ninguna empresa podría soportar los costes de los daños que provoca.

En muchos medios de comunicación se dice que el punto de arranque del coronavirus está en un “mercado alimentario exótico” en Wuhan. ¿Es eso cierto?

Sí y no. Hay pruebas espaciales a favor de esa idea. El rastreo de infecciones relacionadas nos lleva al mercado mayorista de mariscos de Wuhan, donde se vendían animales salvajes. El muestreo ecológico parece ubicar en el extremo occidental el lugar donde se capturaba a los animales salvajes. Pero ¿cuán atrás y con cuánta amplitud deberíamos investigar? ¿Cuándo comenzó exactamente la situación de emergencia, en realidad? El poner el foco en el mercado soslaya los orígenes de la agricultura silvestre fuera de las zonas interiores y su creciente capitalización. En conjunto, y en China, los alimentos silvestres se están convirtiendo en un sector económico más formalizado. Pero su relación con la agricultura industrial va más allá del hecho de compartir la fuente de ingresos. A medida que la producción industrial —porcina, aviar y similares— se expande hacia los bosques primigenios, ejerce presión sobre los operadores de alimentos silvestres para adentrarse más en el bosque en busca de poblaciones de recursos, lo que incrementa el punto de contacto con, y la propagación de, nuevos patógenos, incluyendo a la COVID-19.

La COVID-19 no es el primer virus desarrollado en China que el Gobierno intenta ocultar.

Así es, pero eso no es ninguna excepción china. Los EE UU y Europa también han servido de zonas de impacto para nuevas gripes, recientemente las H5N2 y HRNx, y sus multinacionales y proxies neocoloniales provocaron la aparición del Ébola en África occidental y del Zika en Brasil. Los funcionarios de la salud pública estadounidenses encubrieron al negocio agroalimentario durante los brotes de H1N1 (2009) y H5N2.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha declarado ahora “emergencia sanitaria internacional”. ¿Es correcto ese paso?

Sí. El peligro de un patógeno así es que las autoridades sanitarias no sean capaces de comprender la distribución del riesgo estadístico. No tenemos ni idea de cómo puede responder el patógeno. En cuestión de semanas pasamos de un brote en un mercado a infecciones expandidas por todo el mundo. El patógeno podría agotarse. Eso sería genial. Pero no sabemos si eso pasará. Una preparación mejor aumentaría la probabilidad de reducir la velocidad de fuga del patógeno.

La declaración de la OMS también es parte de lo que llamo teatro pandémico. Las organizaciones internacionales han muerto ante la inacción. Me viene a la memoria la Liga de Naciones. Las organizaciones de Naciones Unidas siempre andan preocupadas por su relevancia, poder y financiación. Pero ese accionismo también puede converger con la preparación y prevención actuales que el mundo necesita para interrumpir las cadenas de transmisión de la COVID-19.

La reestructuración neoliberal del sistema de asistencia sanitaria ha empeorado tanto la investigación como la asistencia general a los pacientes, por ejemplo, en los hospitales. ¿Qué diferencias podría marcar un sistema sanitario mejor financiado para combatir el virus?

Existe la terrible pero reveladora historia del empleado de una empresa de productos sanitarios que, tras regresar de China con síntomas similares a la gripe, hizo lo correcto, por su familia y su comunidad, y solicitó a un hospital local que le hiciera la prueba de COVID-19. Le preocupaba que la mínima reforma sanitaria de Obama no cubriera el coste de las pruebas. Y tenía razón. De repente se encontró con una deuda de 3.270 dólares. Una reivindicación estadounidense podría ser la promulgación de una orden de emergencia que estipule que, durante el brote de una pandemia, todas las facturas médicas relacionadas con las pruebas de infección y el tratamiento tras un positivo las pague la Administración federal. Queremos animar a la gente a que busque ayuda, en lugar de esconderse —e infectar a otros— porque no puede permitirse pagar el tratamiento. La solución evidente es un servicio nacional de salud —plenamente dotado y equipado para lidiar con este tipo de emergencias de ámbito comunitario— para que no surja nunca el ridículo problema de que se desincentive la cooperación comunitaria.

Tan pronto como se descubre el virus en un país, los Gobiernos reaccionan con medidas autoritarias y punitivas, tales como la cuarentena obligatoria de regiones y ciudades enteras. ¿Están justificadas esas drásticas medidas?

Utilizar un brote para probar lo último en control autocrático tras el brote es capitalismo del desastre descarrilado. Desde el punto de vista de la salud pública, preferiría equivocarme por exceso de confianza y compasión, que son variables epidemiológicas importantes. Sin ellas, las Administraciones pierden el apoyo de la población. El sentido de la solidaridad y el respeto común son decisivos para obtener la cooperación que necesitamos para sobrevivir juntos a esas amenazas. Las cuarentenas autoimpuestas con el correspondiente apoyo de controles por parte de brigadas vecinales entrenadas, camiones de suministro alimentario puerta a puerta, permisos de trabajo y seguro de desempleo pueden producir ese tipo de cooperación, todos estamos unidos en esto.

Como quizá sepas, en Alemania, con Alianza por Alemania (AfD) tenemos de facto un partido nazi en el parlamento, con 94 escaños. La ultraderecha nazi y otros grupos, junto a políticos de AfD, utilizan la crisis del coronavirus para su agitación. Difunden informes falsos sobre el virus y exigen más medidas autoritarias al Gobierno: restricción de vuelos y suspensión de entradas de migrantes, cierre de fronteras y cuarentenas forzadas...

La prohibición de viajar y el cierre de fronteras son exigencias con las que la extrema derecha quiere racializar lo que ahora son enfermedades globales. Esto, por supuesto, es un sinsentido. En este momento, como el virus está a punto de propagarse por todas partes, lo razonable es trabajar en el desarrollo del tipo de resistencia de la salud pública en que no importe quién muestre una infección y tengamos los medios para tratarle y cuidarle. Por supuesto, detengamos en primer lugar el robo de tierra al pueblo en el extranjero que provoca los éxodos y podremos evitar la aparición de patógenos.

¿Cuáles serían los cambios sostenibles?

Para reducir la aparición de nuevos brotes de virus, la producción de alimentos tiene que cambiar radicalmente. La autonomía agrícola y un sector público robusto pueden contener los trinquetes ecológicos y las infecciones desbocadas. Introducir diversidad en el ganado y los cultivos —y la resilvestración estratégica— tanto a escala de explotaciones como regional. Permitir a los animales destinados a la alimentación que se reproduzcan in situ, para que transmitan las inmunidades que están probadas. Conectar la producción justa con la circulación justa. Ayudar a la producción agroecológica subvencionando los programas de apoyo a precios y compra por parte de los consumidores. Defender estos experimentos tanto de las obligaciones que impone la economía neoliberal a individuos y comunidades por igual y de la amenaza de la represión dirigida por el capital.

¿Qué llamamiento deberían hacer los socialistas ante la dinámica de incremento de brotes de enfermedades?

El negocio agroalimentario como modo de reproducción social debe acabar para siempre, aunque sólo sea por razones de salud pública. La producción de alimentos altamente capitalizada depende de prácticas que ponen en peligro a la totalidad de la humanidad, en este caso contribuyendo a desatar una nueva pandemia letal. Deberíamos exigir la socialización de los sistemas alimentarios, de tal manera que, en primer lugar, patógenos tan peligrosos como éste no aparezcan. Eso requerirá, en primer lugar, la reintegración de la producción alimentaria en las necesidades de las comunidades rurales y prácticas agroecológicas que protejan al medio ambiente y a los agricultores, ya que cultivan nuestros alimentos. En términos generales, debemos reparar la grieta metabólica que separa a nuestras ecologías de nuestras economías. En resumidas cuentas, tenemos un planeta que ganar.

Por Rob Wallace 

Biólogo evolutivo. Es autor de 'Big Farms Make Big Flu' (Las grandes granjas producen grandes gripes)

28/03/2020

Fuente:

Marx21, 11 de marzo de 2020, https://www.marx21.de/coronavirus-agribusiness-would-risk-millions-of-deaths/

Traducción:

Daniel Escribano

Publicado enSociedad
Los ecosistemas marinos son los más afectados por la pérdida de especies. / María Dornelas

La pérdida de especies se está produciendo en todo el mundo, pero a escala local las tendencias varían. Un equipo de científicos ha revisado más de 200 investigaciones y concluye que la crisis de la biodiversidad no es solo un declive. Los océanos tropicales son los que sufren la mayor pérdida de especies.

 

Los humanos están remodelando los patrones de la biodiversidad. Las altas tasas de extinción de especies están cambiando el panorama en diferentes regiones del planeta, sobre todo por el uso intensivo del suelo y el cambio climático.

Pero aunque a escala global las evidencias son claras, a escala local -la escala a la que sentimos realmente las contribuciones de la biodiversidad-las tendencias son muy variables.

Un nuevo estudio, publicado este viernes en la revista Science, indica que las proyecciones globales de biodiversidad no siempre encajan con las tendencias altamente variables observadas a nivel local.

El equipo de científicos, liderado por el German Centre for Integrative Biodiversity Research (iDiv) en Alemania y el Centro para la Diversidad Biológica en la Universidad de St. Andrews (Reino Unido), ha examinado la variación espacial y geográfica en la riqueza de especies y la alteración en la composición de la biodiversidad mapeando las tendencias en el mar, la tierra y el agua dulce de todo el mundo.

El análisis ha sido posible gracias a la utilización de datos de 239 estudios científicos con más de 50.000 series temporales procedentes de la base de datos BioTIME, la mayor colección de series temporales de biodiversidad local hasta la fecha.

"Encontramos una clara variación geográfica en el cambio de la biodiversidad", aclaran los autores en su trabajo. Según los científicos, estos hallazgos son importantes ya que históricamente ha sido "sorprendentemente difícil y controvertido" identificar tendencias globales en la biodiversidad de los ecosistemas locales.

En su análisis, Shane Blowes del centro alemán y sus colegas encontraron que la composición de los conjuntos de especies locales se está reorganizando rápidamente.

Mayores cambios en los océanos

El estudio muestra que la pérdida de biodiversidad no es homogénea. Las mayores alteraciones se están produciendo en los océanos, con cambios ascendentes o descendentes de hasta el 20% al año, sobre todo en los biomas marinos tropicales, que son puntos críticos de pérdida de riqueza de especies.

Estos resultados, que ha supuesto un desafío para sus autores, pueden ayudar a informar sobre cómo priorizar en temas de conservación. Los científicos proponen que nuestra comprensión de la pérdida de biodiversidad esté condicionada por el contexto y la localización de cada ecosistema, y no tienen duda de que los impactos del cambio climático y otras actividades humanas están causando alteraciones sin precedentes a la biodiversidad en todo el mundo.

madrid

18/10/2019 10:50 Actualizado: 18/10/2019 10:50

sinc

Publicado enMedio Ambiente
 Más de un tercio de los cultivos humanos necesitan de los insectos y aves para su polinización Natural Capital Project

La mitad de la población mundial sufrirá la merma de beneficios naturales como la polinización o la limpieza del agua en treinta años

 

En 30 años, más de la mitad de la población mundial sufrirá las consecuencias de una naturaleza malherida. Un amplio estudio ha modelado lo que los distintos ecosistemas y procesos biológicos ofrecen hoy a los humanos y lo que podrán darles en 2050. Por diversas causas, la mayoría antropogénicas, procesos naturales como la polinización de los cultivos o la renovación del agua reducirán su aportación al bienestar humano. La peor parte se la llevarán regiones que hoy tienen un mayor capital natural, como África y buena parte de Asia.

Los autores de la investigación determinaron la contribución natural de los diversos ecosistemas a tres procesos claves para los humanos: la polinización por parte de insectos y aves, la regeneración del agua mediante la retirada del exceso de nitrógeno procedente de la ganadería y la agricultura o la protección que diversas barreras naturales dan en la línea de costa. "La naturaleza ofrece mucho más a los humanos, en un anterior trabajo planteamos 18 grandes familias de contribuciones naturales, pero no hay datos de todas ellas y para todo el planeta", dice el investigador Ikerbasque en el Basque Centre for Climate Change (BC3) y coautor del estudio, Unai Pascual, para explicar la elección de estas tres contribuciones.

Solaparon aquellos datos con los de la población actual y la prevista en 2050 a escala local. El modelo incluyó también los distintos factores que más están deteriorando la naturaleza, como los cambios en el uso de la tierra en forma de deforestación y avance de la agricultura, la acelerada urbanización o el cambio climático. Por último, aplicaron su modelo a tres posibles escenarios: uno en el que las sociedades seguirán basadas en el uso de los combustibles fósiles como ahora, otro emergente que denominaron de rivalidad regional y un tercero protagonizado por la sostenibilidad.

El trabajo, publicado en Science, concluye que, en el peor de los escenarios, hasta 4.450 millones de personas podrían tener problemas con la calidad del agua por la incapacidad de los distintos ecosistemas de regenerarla. Además, casi 5.000 millones de humanos tendrán que soportar una significativa merma en los rendimientos de sus cultivos por una deficiente polinización.

Los peores resultados no se dan en el escenario donde el petróleo (y las emisiones de CO2) son la base del sistema, sino en el nuevo de rivalidad regional. "Es en un escenario de generación de bloques, donde el comercio internacional se regionaliza, algo que ya estamos viendo con el Brexit o Trump", comenta Pascual, que es también copresidente del informe de Evaluación sobre los Valores de la Naturaleza de la IPBES (Plataforma Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios de los Ecosistemas). En este panorama de nacionalización de la globalización, el aumento de la población intensificará la presión sobre los recursos que la naturaleza puede ofrecer en muchas regiones del planeta.

Solo una apuesta por una trayectoria sostenible podría reducir el número de personas afectadas por el deterioro de los ecosistemas entre tres y diez veces. Sin embargo, sea cual sea el escenario que se dé dentro de 30 años, unos 500 millones de habitantes de las zonas costeras tendrán un mayor riesgo de erosión del litoral o de inundaciones.

El trabajo, que se ha plasmado en una potente herramienta visual del Proyecto Capital Natural, permite saber quiénes serán los que mas pierdan. Hasta 2.500 millones de personas del este y sur de Asia y otros 1.100 en África sufrirán una reducción en la calidad de su agua. Los riesgos costeros se concentrarán en el sur y el norte de Asia. Mientras, los mayores problemas con la polinización natural los tendrán de nuevo en el sudeste asiático y África, pero también en Europa y América Latina. En ambas regiones las personas afectadas podrían acercarse a los 900 millones.

"Los países en desarrollo, que ya estaban en desventaja social y económica, contaban con la supuestas ventajas del mayor capital natural, pero es aquí donde se degrada más rápidamente", señala Pascual.

Aunque la tecnología ha venido supliendo un número creciente de servicios que antes prestaba la naturaleza, esta vez podría no ser la respuesta. "Si nos referimos a tecnologías como aquellas que reemplacen por completo las contribuciones de la naturaleza, como puede ser la polinización manual de cultivos que hacen en China, o plantas de tratamiento de agua para eliminar el nitrógeno, o la elaboración de estructuras sólidas para proteger las costas, no me parece que sean solución", explica en un correo la investigadora de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Patricia Balvanera, no relacionada con el estudio.

Especializada en la interrelación entre biodiversidad y bienestar humano, Balvanera lo explica: "No son soluciones, por un lado, porque no cumplen todas las funciones que cumple la naturaleza. El tener vegetación a lo largo de los ríos o los bordes de los lagos no solo contribuye a la retención de nitrógeno, sino también contribuye a la infiltración del agua, a bombear agua a la atmósfera, además de ser un lugar apto para la recreación. Lo mismo con los manglares, arrecifes, pastos marinos. No solo contribuyen a la protección costera, sino que son las guarderías de los peces y por lo tanto contribuyen a la regulación de las pesquerías".

La concentración de las mayores pérdidas de capital natural en las zonas más pobres que revela el estudio también hace inviable la apuesta tecnológica. Así lo argumenta la investigadora mexicana: "No es realista que Madagascar pueda invertir en construcciones costosas para la protección costera. No es realista que la India pudiera poner cientos o miles de plantas de tratamiento de agua. Tampoco es realista que China compense toda la polinización con trabajo manual".

Más realista parece conservar la biodiversidad allí donde más ofrece. Y, como dice en una nota la científica del Proyecto Capital Natural y coautora del estudio Becky Chaplin-Kramer, "contamos con la información que necesitamos para evitar los peores escenarios que proyectan nuestros modelos y avanzar hacia un futuro justo y sostenible".

11 OCT 2019 - 04:47 COT

Publicado enMedio Ambiente
Jueves, 09 Mayo 2019 05:54

Planeta en extinción

Planeta en extinción

El lunes pasado fue presentado en París el mayor y más sólido informe sobre biodiversidad que haya sido elaborado. Se trata de un diagnóstico preciso, nada esperanzador, que debe ser leído como un llamado desesperado para salvar al planeta.

Un millón de especies animales y vegetales están amenazadas de extinción, es decir, una de cada ocho especies existentes en el mundo, y subraya que estamos sumidos en un "declive sin precedentes en la historia de la humanidad".

A gobiernos e industriales, les advierte que lo hecho hasta ahora no es suficiente para revertir la tendencia negativa. El impacto no es sólo medioambiental. También amenaza buena parte de los objetivos de desarrollo sostenible fijados por las Naciones Unidas para 2030.

"Maltratar a la naturaleza significa frenar la lucha contra la pobreza, el hambre o por una mejor salud del ser humano. El tiempo apremia más que nunca", se afirma en el documento y se insta a actuar, ya, tanto a escala global como local.

Es un informe elaborado durante tres años por cerca de 500 especialistas de 50 países, bajo los auspicios de la ONU, en el que se alerta –entre otras cosas– del riesgo de desaparición de más del 40 por ciento de las especies anfibias, casi un tercio de los arrecifes coralinos, así como el 10 por ciento de los insectos.

El estudio identifica y, por primera vez clasifica, los impulsores directos que también se han acelerado en las pasadas cinco décadas, tales como la sobrexplotación de los recursos, el cambio climático, la contaminación y otras alteraciones provocadas por la acción humana.

Algunos datos más, igualmente preocupantes: tres cuartas partes del medioambiente terrestre y alrededor de 66 por ciento del marino se han visto "significativamente alterados" por la acción humana, en tanto que la tercera parte de los recursos pesqueros marinos son explotados a niveles insostenibles.

En cuanto al cambio climático, refiere que las emisiones de gas de efecto invernadero se han duplicado desde 1980 y provocado el aumento global de la temperatura en al menos 0.7 grados centígrados. La polución plástica se ha multiplicado por 10 desde 1980.

Se acelera el ritmo de extinción de las especies: en los pasados 40 años ha aumentado sensiblemente el riesgo de la desaparición total de un millón de ellas. "La velocidad de extinción es centenares de veces mayor que la natural", precisó Paul Leadley, uno de los autores.

Este llamado al cambio no debe, no puede, ser ignorado. No son alteraciones que vayamos a padecer en el futuro. Se trata, más bien, de pérdidas y deterioros que están ocurriendo todos los días, a cada hora, a cada minuto, a cada instante, frente a los ojos ciegos de la humanidad.

Desde el siglo XVI, al menos 690 especies vertebradas han sido llevadas a la extinción y más del nueve por ciento de la totalidad de los mamíferos domesticados usados para la alimentación y la agricultura se habían extinguido para 2016… y al menos mil más están todavía amenazados.

Robert Watson, presidente de la Plataforma Intergubernamental sobre la Biodiversidad y los Servicios Ecosistémicos (IPBES) –instancia coordinadora del estudio–, destacó la necesidad de cambiar políticas y paradigmas. Deben cesar los subsidios malos para el medioambiente, como los de la industria energética, el transporte o la agricultura.

Los gobiernos, propuso, también tendrían que abandonar el uso del PIB para calcular la riqueza e incorporar el capital natural y humano en sus países. "Necesitamos un paradigma económico modificado para un futuro más sostenible".

Indica que afortunadamente se han visto algunas primeras acciones e iniciativas para un cambio transformativo, particularmente en los jóvenes de diversas regiones del mundo y entre ellas se refirió al movimiento #VoiceforthePlanet, así como a las huelgas escolares por el clima.

En el detallado informe mundial se concluye que el deterioro acelerado de la biodiversidad se puede frenar, pero sólo mediante una transformación radical, con un golpe de timón –diría yo– en el desarrollo que requiere participación y compromiso de todos los niveles.

Los intereses particulares doblegan al interés público en todo el planeta. Pero es un hecho que, después de este informe, como acotó la directora general de la Unesco, Audrey Azoulay, ya nadie podrá decir que no sabía que estamos dilapidando nuestro patrimonio mundial común.

 

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