Grafiti en la Comuna 13.- QUERALT CASTILLO

La Comuna 13, en Medellín, se abre camino a través del hip-hop, los grafitis y el arte popular. Las calles angostas donde se escondían antaño los sicarios de Pablo Escobar se han convertido ahora en una exposición al aire libre.

 

Estefany Riosco sonríe y pregunta a todo el que pasa si quiere un choricito. Lleva una camisa muy colorida estampada, un delantal de flores y un turbante rojo anudado a la cabeza. Aparenta más edad de la que en realidad tiene. 36 años y seis hijos, de 20,18,14,11,16 y el bebé, de 4 años. Hoy, ninguno de ellos la acompaña en el puesto, pero se ha traído a un sobrinito que, paciente, espera que su tía termine la jornada para poder volver a casa.

Llegó a la 13 cuando tenía ocho años, procedente del Chocó, un departamento colombiano en la zona del Pacífico y tan pronto la Comuna empezó a levantar cabeza, montó un puesto de chorizos, en el que también vende "obleas, solteritas, cerveza, agua, arepitas, arepitas con queso. Todo, vendo de todo". No resulta difícil arrancarle una sonrisa y a primera vista parece una mujer de pocas palabras. Pocas y concisas, sin embargo: "Aquí vivimos mucha violencia y gracias a Dios ya todo está calmadito".

Escuchar las historias que se esconden tras las calles empinadas, serpenteantes y angostas de la Comuna 13, en Medellín, capital antioqueña y "Ciudad de la eterna primavera" –ahora también conocida por ser el lugar de nacimiento de J. Balvin–, es escuchar historias de balaceras, desaparecidos, menores armados, muertes y narcotráfico. Es hablar de luchas de poder, de sicarios de Pablo Escobar y de enfrentamientos entre guerrillas y paramilitares. Convertida en uno de los epicentros de la violencia durante los años ochenta y noventa, esta Comuna lucha ahora por quitarse el estigma de encima.

Violencia y Operación Orión, los estigmas de la 13

Nació la Comuna 13 como lo hicieron las dieciséis restantes en Medellín: a causa de la migración del campo a la ciudad de personas que escapaban de la violencia de las FARC, el ELN y las operaciones paramilitares y del Estado. Personas que llegaron, muchas procedentes del Urabá antioqueño, con lo puesto a una urbe que parecía prometerles una vida más tranquila. No fue así. La pobreza en los ochenta y los noventa supuso el caldo de cultivo perfecto para que la 13 se convirtiese en la cuna de los sicarios de Escobar. La ecuación parecía fácil: dinero y ascenso social a cambio de vasallaje. Pero nunca nada es tan sencillo: las guerras entre facciones se cobraron miles de vidas y los desaparecidos aún se cuentan por decenas. La muerte de Escobar, el 2 de diciembre de 1993, no hizo nada más que empeorar las cosas: las luchas por el control de los diferentes barrios se saldaron con unos niveles de violencia incluso peores que durante la época Escobar y la 13 entró en una espiral a la que pocos le veían salida.

"Empezaron a surgir las redes del microtráfico, personas que controlaban el tema del narcotráfico en el ámbito local, de la ciudad y en los barrios. Empezaron a dar guerra: los de la FARC empezaron a dominar unas partes, los el ELN otras. En realidad, había cuatro o cinco grupos de guerrillas. A inicios de los dos mil, esas bandas empezaron a disputarse los territorios. Había fronteras invisibles y quien pasaba esas fronteras era asesinado. La guerra explotó", explica Jesús David Sáenz, técnico de la Agencia de Cooperación e Inversión de Medellín (ACI).

En 2002, Álvaro Uribe, expresidente de Colombia, decidió atajar la situación a la brava. Entre el 16 y el 17 de octubre de 2002 se llevó a cabo en la 13 la intervención militar urbana más grande de la historia de Colombia, la Operación Orión. El número de muertos baila según a quién se le pregunte: 80 ciudadanos heridos, 17 homicidios a manos de policía y ejército, 71 personas asesinadas por los paramilitares, 12 personas torturadas, 92 desapariciones forzadas y 370 detenciones arbitrarias. Sobre las detenciones arbitrarias, las torturas, las desapariciones y las ejecuciones extrajudiciales llevadas a cabo por las fuerzas del estado con la colaboración de grupos paramilitares poco se sabe aún. A pesar de la Operación Orión y otras tantas que se sucedieron, lo cierto es que "entre el año 2000 y el 2012 el Estado no tuvo apenas control sobre esas zonas", reconoce Sáenz.

Escaleras y 'grafitours'

Los grupos de turistas empiezan a amontonarse a eso del mediodía, móvil en mano. Desde hace unos años la Comuna 13 se ha convertido en un spot instagrameable de primer orden gracias a las decenas de grafitis que adornan aquellas calles serpenteantes donde antes corría la sangre. Las escaleras mecánicas, inauguradas en 2011, han transformado el barrio de Las Independencias, uno de los 19 que conforman la Comuna y se han convertido en un referente de urbanismo social. "Las escaleras para la paz" son un proyecto novedoso que, ciertamente, ha hecho disminuir el nivel de violencia en el barrio, ha atraído a turistas y ha mejorado notablemente la vida de sus residentes, ya que la accesibilidad les ha permitido tener una vida un poco más cómoda. De hecho, el sistema teleférico en la ciudad, la segunda más grande de Colombia, construido en 2004, ha permitido, en los últimos años, unir diferentes comunas periféricas, hasta el momento prácticamente inaccesibles, con el centro de la ciudad, hecho que ha mejorado la calidad de vida de la gente.

Las escaleras se enmarcan dentro del programa de Proyectos Urbanos Integrales (PUI), que son intervenciones en el espacio público que tienen un impacto zonal, gracias a su enfoque destinado a solucionar problemas de movilidad, centralidad, encuentro, medio ambiente, espacios públicos recreativos y deportivos. Formaron parte del Plan de Desarrollo 2008- 2011 para mejorar la calidad de vida de los residentes de la ciudad. "Éramos una ciudad que a causa de la violencia estaba cerrada al mundo, no venía nadie a Medellín porque les daba temor. La Comuna 13 es una victoria sobre lo que fue el pasado de la violencia y toda la época oscura de Medellín", dice Sandra Milena Ospina D’Alleman, subdirectora de Posicionamiento de la ACI.

Además de las escaleras, la inversión en cultura también ha sido un elemento clave en el lavado de cara de la 13. Los numerosos grafitis que adornan las calles de la Comuna se han convertido en un reclamo turístico importante y los grupos de turistas que reservan grafitours se ha multiplicado de manera exponencial en los últimos años. John Alexander Serna es conocido como Chota 13 (El Chota) y es uno de los artistas locales más reconocidos. Nacido y criado en la 13, empezó a pintar grafitis a los 16. "Queríamos recuperar los espacios y que a través del color cobrasen vida, así como recuperar la memoria. Los muros cuentan cosas y detrás de ellos hay una serie de personajes. Cuentan quiénes son (...) Los que más me inspira para pintar es la resistencia de la gente". Además de grafitis, El Chota pinta en acrílico sobre lienzo y monta exposiciones.

Mira la gentrificación de reojo: "Hemos pensado en los peligros de que la Comuna se haga popular, pero mientras sea la comunidad la que se lleve los beneficios, todo estará bien. Lo más duro sería que el café del barrio fuera arrasado por Starbucks. Si vienen empresas externas a quitarnos lo que hemos construido, esto se pondrá complicado", asegura.

***
Ese del tatuaje es Kase O. ¿Tan famoso es aquí?
Es mi maestro.

El Rapza tiene 23 años y prepara su actuación en un callejón. En estos días actúa en un bar por el que se suceden los turistas, la gran mayoría gringos, en busca de un frapuccinos y jugos de frutas exóticas para aminorar el calor. Tatuado hasta la médula, destaca, entre todos los tatuajes, uno de Kase O en el antebrazo. El zaragozano, máximo exponente del hip-hop en España, estuvo un tiempo viviendo en Medallo, mientras preparaba su último disco, El Círculo. "Hay un antes y un después en mi vida, desde que lo conocí. Estuvo viviendo en una finca, en las afueras de Medellín. Lo conocí en un evento en un teatro. Cuando lo vi, no lo reconocí porque tenía mucha barba. Me lo presentaron y cantamos juntos. Lo seguía desde hace tiempo".

No miente, el Rapza. En Tutorial, uno de los temas de El Círculo, Kase O canta: "¡Basta ya de Farsa, el Rapza viven en la 13 y sin ir de gangsta te da lecciones de humildad! Y no solo él, hay procesos en Colombia que te erizan la piel. Paz para Henry y su escuelita, en una vista aprendes más de hip-hop que con el puto Bambaataa. Es más, paz para que los que se ocupan de esos que nadie se acuerda, ellos tienen mi respeto, no artistillas de mierda".

En el documental que muestra el paso de Kase O por Medellín también aparece el Rapza. "Lo que más me inspira es el rap y los raperos malos, la guerra, la corrupción, la maldad de los humanos, son cosas que se salen de mi conocimiento, mi comprensión y tengo que manifestarme ante esto. Aquel día te di una chapa bastante seria, co. Te quería abrir la cabeza. Jugar y no caer siempre en la caja. Esta es la primera que has hecho con este concepto", le dice el zaragozano al colombiano. El Rapza canta mientras Ibarra escucha, asiente y sonríe.

Dice que tiene pendiente ir a España. Nacido y criado en la 13, su vida ha dado un giro radical, "antes nunca hubiésemos podido estar aquí hablando tú y yo. Imposible". La guerra entre pandillas le arrebató parte de la familia. "Llevo toda la vida rapeando. En la guerra asesinaron a miembros de mi familia, así que me fui un tiempo del barrio, pero volví". Ahora es uno de los raperos más prominentes de la escena hiphopera de la Comuna.

La sombra de la gentrificación amenaza

El aumento del turismo en la 13, sin embargo, mantiene vigilantes a sus residentes. La gentrificación es una amenaza real y los comuneros ya empiezan a sentir como acecha. "¡Ah sí, el arriendo, los servicios, todo es costosito! Ya como esto cogió un poquito de valor, pues ya la gente se aprovecha, cosa que no me parece", asegura Estefany, la del puesto de choricitos, preguntada por los alquileres. Ella no paga nada por tener el puestecito y cada día lo monta y lo desmonta. "Mira, vivo en esa casa azul que está ahí con ropita", señala. El tejado es de uralita. La vendedora espera que sus hijos puedan tener un futuro más cierto que el suyo: "La idea es que estudien y no pasen el trabajo que paso yo; que lleguen a ser alguien en la vida y sigan adelante, porque usted sabe que para que se acabe la pobreza, tenemos que estudiar. Estudiando es como se acaba la pobreza".

Alejandra tiene 25 años y un puesto de pulseras y abalorios (desde hace un año y medio), a unos metros del puesto de Estefany. Es clara con el proceso que se vive en la 13. "El arriendo por acá es supremamente costoso. Esto es a causa del turismo, y la gente, que se toma atribuciones que no debe por eso. El aumento del turismo en la zona ha afectado a alguna gente y ha favorecido a otra, como a mí", reconoce.

La popularización de la 13 también ha favorecido a La Crew, un grupo de b-boys que baila para recoger unas monedas y que nació a partir de unos proyectos participativos que se llevaron a cabo en la Comuna 13. "Se dieron unas clases durante un mes y cuando terminaron todos nos quedamos un poco huérfanos. ¿Qué vamos a hacer con lo que aprendimos? Y aquí estamos, representando a la Comuna 13". El que habla es Scooby, uno de los integrantes del grupo. La Crew empieza sus actuaciones a las 9:30 de la mañana y suele terminar sobre las 18:00. También actúa en teatros, actos privados y escuelas. Scooby reconoce cómo la inversión por parte del Ayuntamiento en proyectos participativos y de fomento de la cultura, ha conseguido darle una vuelta a la Comuna: "El cambio ha sido muy grande y la cultura aquí es importante porque aleja a las personas de pensar en algo malo. Ya sea a través de los grafitis o la música o el baile, te alejas de lo malo. La Crew ha salvado a varios compañeros", dice. A pesar de su corta edad, tan sólo tiene 20 años, Scooby sabe bien de qué habla.

Si bien la vida en la 13 ha cambiado considerablemente, El Chota reconoce que "aún hay pelados en las esquinas que forman parte de las bancrín [bandas criminales]" y el problema de la violencia no está del todo resuelto. Los grafitours se suceden y los turistas sonríen mientras posan al lado de grafitis realmente espectaculares. Cuando lleguen al hotel, subirán la foto a Instagram. La mayoría, sin embargo, visita la 13 en grupo y apenas se encuentran turistas que vayan por libre. El estigma continúa y a la 13 aún le queda camino para quitárselo de encima, pero parece que, gracias al baile, la pintura, el hip-hop y otros procesos culturales, los jóvenes cada vez tienen unos referentes más sanos. Ahora faltará que Starbucks pase de largo.

 

19/07/2020 08:33

Por Queralt Castillo Cerezuela

@qc_Cerezuela

Publicado enColombia
Jueves, 16 Julio 2020 05:45

Las voces de una obra de arte

Las voces de una obra de arte

El lazo que reúne al artista con el espectador de su trabajo

 

¿De dónde provienen las diferentes lenguas que reúne una obra y la vuelve polifónica, sea esta plástica, musical o literaria?

Lo que me habla en el Moisés, se preguntaba Freud, ¿es lo que Miguel Ángel decidió inscribir en su obra? Hay algo de lengua extranjera en el arte. No armonizable con la propia. Saludable tensión cuando se la puede apreciar y disfrutar.

Tal vez la obra artística se encuentre en un espacio distinto al de la comunicación corriente. Lo que nos impacta no es ni enteramente objetivo ni subjetivo, nos llega desde una zona diferente. En ese sentido el acercamiento es múltiple. No se sabe nunca quien encuentra a quien.

Como intuyó Bingswanger, lo que hace artista al artista es su capacidad de construir, sobre la base de materiales de percepción sensible, contenidos de percepción nuevos, no sensibles, y volver a transmitir estos sobre la base y con las herramientas de datos sensibles.

Probablemente esos contenidos de percepción nuevos que el artista introduce en su obra son los que resuenan en el que la contempla y le provocan una fuerte emoción. Lo mostrable en una imagen iría más allá de lo representable de la misma. Sería la representación más lo que el artista consigue hacer con ella y lo que siempre faltará en ella. Toda representación es una presentación que retorna luego de haberse perdido en los laberintos de la memoria.

Valorar lo imaginario, en tanto lo que las imágenes vehiculizan de novedoso, abre nuevas perspectivas para abordar lo real. El montaje y colisión de las imágenes entre ellas crean entonces algo inédito e impensado.

Tal vez así lo performativo de la obra artística sea la subjetividad que ésta tramita, la producción de lo nuevo en cada momento en que se la contempla. Cada vez es una experiencia ignorada y un abrirse a lo misterioso.

Entre el artista y el espectador de su obra se crea en ciertas oportunidades un lazo profundo que los reúne. No es la obra en sí, sino la representación inconsciente que comparten. El objeto artístico oficia de medium entre lo actual y una vivencia pasada que es inconsciente. De ahí que el sentimiento que nos produce una obra provenga del afecto que se enlaza a alguna vivencia que se volvió inconsciente o que siempre lo ha sido y que el hecho artístico vuelve simbólicamentea hacer presente. Pequeñas y gratas manifestaciones de lo inesperado. El hilo que anuda la obra con el símbolo es el mismo que reúne un inconsciente con otro, se trata de un hilo invisible que en psicoanálisis llamamos transferencial.

Cuando ante una escultura o ante una melodía uno se conmueve hasta el tuétano, lo que retorna ¿no es acaso la evocación de algo que se volvió olvido y que se presiente en eso que se experimenta? A eso llamo el lazo entre el símbolo y el objeto. Una experiencia del proceder del inconsciente.

Aby Warburg, fundador de la iconología, denominó imágenes sobrevivientes, nachleben en alemán, a ciertos elementos erráticos que viajan de obra en obra y que persisten en el tiempo y en el espacio. Luego pueden advenir en representaciones valiosas para alguien.

Esos "sobrevivientes" resuenan de alguna manera en nuestro espíritu y los captamos mayormente de manera inconsciente. Son esos momentos fulgurantes donde la obra sale del museo, adquiere vida y nos conmueve.

El concepto freudiano de pulsión de muerte, si lo alejamos del orden biológico, nos puede aportar algo al respecto. Estimo que la muerte de la que se trata bajo este concepto no es de la propia sino que refiere a la muerte de las generaciones pasadas que se inscriben como deuda en el psiquismo. Una manera de pensar que la existencia no se regula solo por la autoconservación y el principio de placer como ocurre en otras especies animales, sino que interviene en ella potencias de lo sobreviviente de las que el sujeto debe hacerse cargo. La pulsión no se dirige hacia adelante sino hacia atrás, busca activar lo anterior. Esta fuerza retrógrada de la pulsión de muerte convierte al sujeto en portador del virus del pasado desde su nacimiento, las generaciones que lo precedieron forjan demandas inconscientes a las siguientes que se manifiestan en forma de conciencia moral o como denominamos psicoanalíticamente superyo. Y el sujeto así en gran parte de su vida se ocupará no solamente de buscar el placer sino de hacer algo con esa herencia. El camino del arte es uno de sus posibles rumbos. Como se ve no se ubicaría al arte dentro del dominio del principio de placer sino que más allá de este.

El que los hechos siempre nos exigen una interpretación prueba que estamos atrapados bajo esa fuerza pulsional que nos empuja a darles un sentido histórico a nuestros procederes.

Decíamos que una polifonía de voces se enmascara en las obras de arte. Digo ahora, voces de memorias inconscientes donde vivos y muertos se reúnen, como testigos y sobrevivientes, en cada manifestación cultural. Poder escuchar esas voces es algo que, la mejor de las veces, reúnen al artista, su obra y a un observador ocasional. Ocasión que dejará su marca de acontecimiento. No nos basta con sobrevivir en esta vida.

Nos cuenta Valeria Luiselli en su libro Desierto sonoro que en Papua Nueva Guinea, a finales de los años setenta, un tal Feld había grabado por primera vez los lamentos funerarios y las canciones ceremoniales del pueblo bosavi, y más tarde se dio cuenta de que las canciones y lamentos que había compilado eran, en realidad, mapas vocalizados de los paisajes circundantes, cantados desde el punto de vista, mutable y pasajero, de los pájaros que sobrevolaban esos espacios, así que empezó a grabar a los pájaros. Después de escucharlos durante algunos años, se dio cuenta de que los bosavi concebían a los pájaros como reverberaciones pasadas: una ausencia convertida en presencia; y, al mismo tiempo, una presencia que hacía audible una ausencia. Los bosavi imitaban los sonidos de los pájaros en sus ritos funerarios porque los pájaros eran la única materialización en el mundo que reflejaba una ausencia. Los sonidos de los pájaros eran, de acuerdo con los bosavi, y en palabras de Feld, " la voz de la memoria y la resonancia del linaje”.

La fecunda idea de Aby Warburg fue imaginar un saber montaje, donde las imágenes son un campo turbulento y centrifugo de olvidos y reencuentros.

En la conferencia que dio en 1923 en la clínica de Binswanger donde estaba internado, se refirió al ritual de la serpiente de los indios Hopi de Arizona. Donde estuvo 27 años antes y fue una experiencia heurística que le permitió elaborar su teoría de las imágenes supervivientes (nachleben) que a través de desplazamientos, fragmentaciones y superposiciones se repiten en la historia cultural. Imágenes de acción más que de contemplación.

En ese sentido, poder interpelar las imágenes artísticas y culturales con las herramientas de la Traumdeutung freudiana (desplazamientos, condensaciones, asociaciones simbólicas y figurabilidad) es abrirse a una labor diferente al comentario y a la explicación de las obras. Implica hacer jugar las resonancias propias como también las transferencias que estas motoricen. Encontrar el modo de hacer oír las voces de las memorias y las resonancias del linaje. Las obras de arte permanecen mudas a la espera de cada choque fulgurante que ilumine nuevas perspectivas de hacerse oír y apreciar. Compartirlas es parte de lo que nos hace humanos.

Luis Vicente Miguelez es psicoanalista.

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En una multitud, un hombre encuentra a una joven y le dice que es su padre, parte de la cinta del realizador alemán.Foto Lena Herzog

Un hombre en medio de una multitud se encuentra con una adolescente. Le asegura que es su padre y justifica años de ausencia para enmendar su relación rota. Después de pasar la tarde juntos, paseando entre árboles de cerezos y fotografiando cada instante con sus teléfonos celulares, acuerdan dar continuidad al rencuentro. Así transcurren los primeros minutos de Family Romance, LLC, la más reciente obra de ficción del controversial Werner Herzog, donde las apariencias son vistas sin juicios de valor y como parte de lo cotidiano.

A los pocos segundos de esa secuencia inicial descubrimos que todo ha sido un montaje. No sólo para el espectador que, confundido por su estética de bajo presupuesto y recursos digitales, podría pensar que está ante un documental más del director, sino también para los personajes de la historia que atestiguamos.

El hombre mencionado es Ishii Yuichi, quien interpreta a un personaje con su mismo nombre y misma profesión. Se trata del dueño de una empresa que alquila personas para fingir ser alguien más, de acuerdo con lo que la ocasión requiera.

Así como él ha sido contratado para hacerse pasar por el padre de la joven Mahiro o como fotógrafo que asedia a una chica que pretende ser famosa, otro de sus colegas puede ser visto suplantando al marido alcohólico de una mujer que prefiere tener un sustituto antes de ser humillada socialmente durante una fiesta familiar. Casos como estos son los que atiende la empresa que da nombre a la película y que, por sorprendente que parezca para muchos, realmente opera en Japón, donde Herzog filmó toda la historia en secrecía.

Obligado por las innumerables dificultades burocráticas por las cuales todo cineasta prefería evitar hacer una cinta en territorio nipón, Herzog termina haciendo de lo estético parte de su discurso, mostrándonos imágenes como salidas de un video amateur hecho con celulares y sin iluminación profesional. Lo que estos elementos técnicos –o la ausencia de los mismos– termina sumando a la historia de Ishii es un dejo de artificialidad que cimenta un comentario sobre las máscaras que los humanos usamos para relacionarnos.

 

Juego de humo y espejos

 

Si todo acto es una simulación a la orden de nuestras necesidades sociales, que además hoy en día pueden ser capturadas y compartidas desde un aparato tecnológico, ¿qué rastro genuinamente humano permanece en nuestro interior y qué papel juega el arte en este infinito juego de humo y espejos que confundimos con una ‘vida real’?

Al respecto, Werner Herzog platicó con nosotros de cara al lanzamiento de Family Romance, LLC que ya puede ser vista en streaming como parte del catálogo de MUBI México, después de su paso por festivales internacionales como el de Cannes, Francia.

–La película puede ser analizada como un comentario sobre el arte de pretender. El cine se trata de representar la realidad y pretender que la estamos viendo, incluso el cine documental o esta película, que se trata de una mezcla basada en algo real…

–Perdona que te interrumpa, pero no es una mezcla. Es una película de ficción actuada, con un guion, dirección y muchos ensayos. Lo que ocurre es que es tan auténtica que la gente piensa que es un documental.

–Pero los personajes son reales, aunque están en una ficción…

–No lo veo así necesariamente. Porque, aunque yo ya había escuchado de este tipo de empresas, como Family Romance, 85 por ciento de la película lo inventé yo. Las historias son mías. Entonces, aunque sigue siendo una representación de algo que existe, lo que se ve es la interpretación de lo que yo imagino a partir de esa realidad.

–Los humanos usamos máscaras para casi todo lo que hacemos y la película habla de una labor específica, donde se finge ser alguien más para involucrarse en una vida ajena. ¿Consideras que todo lo que vivimos es parte de un acto?

–Claro. Es la forma natural de vivir en sociedad. Todos interpretamos un papel y mucho de lo que hacemos es una representación. En Facebook, por ejemplo, todos muestran una interpretación de sí mismos. Los padres también lo hacen ante sus hijos, al hablarles distinto que a un adulto. Y es que mucho de lo que hacemos es un montaje. No es ninguna novedad que delegamos a otros nuestros papeles en una familia o los propios. Un ejemplo son las niñeras, pues remplazan el lugar de los padres para que ellos puedan salir de casa y les pagamos por su trabajo.

–Entonces, ¿todo el tiempo estamos fingiendo? ¿Existe o no una identidad propia en nosotros?

–No lo sé. Quizás en el inconsciente, aunque incluso los sueños son una representación. Pero al menos en las sociedades todos somos intérpretes de una u otra forma.

–Pensando en una película como Family Romance, LLC, donde nos muestras una ficción inspirada en tu interpretación de una realidad en la que de facto existen estos roles, ¿dirías que algo de ‘realidad’ se perdió entre esas capas?

–No lo creo. A veces pasa lo contrario. Porque cuando eres realmente buen cineasta, lo que haces es mejorar las realidades en juego. Así es como se logra hacer algo que ilumine al espectador. Te ayuda a acercarte más a una verdad.

–¿Crees que eso no atrae del cine? ¿Consideras que la realidad no nos es suficiente y buscamos la forma más placentera de mejorarla?

–Así es. El arte son realidades inventadas. Ahí yace la belleza del cine, la literatura, la poesía y la música. Son cosas que nos iluminan y permiten dar un paso más allá de los hechos. Ocurre en el cine documental, cuando se cree que lo único que vale son los hechos y los datos duros. Para mí eso es un error.

“El cine documental –agrega Herzog– se debe alejar de esa idea, se debe divorciar del periodismo y de los hechos concretos, porque debe adaptarse a la experiencia cinematográfica. Esa razón es por la que la gente reacciona tan bien a mis documentales.

Si el arte se tratara de hechos, entonces el libro más importante sería el directorio telefónico, porque lo conforman millones de entradas con información precisa. Podemos tener páginas y páginas sobre cualquiera, digamos el señor Smith; su dirección sería la correcta y también su teléfono. Pero aunque un directorio nos pueda proporcionar toda esa información sobre el señor Smith, nunca podrá decirnos la razón por la cuál llora a solas todas las noches.

–Y esto, ¿cómo mejora nuestra experiencia humana? ¿De qué manera algo que no es real nos puede acercar más a algo tan íntimo como el alma?

–Te voy a contar algo que siempre digo para ejemplificar esta idea. Miguel Ángel hizo La Pietà (La Piedad escultura en el Vaticano), que considero la escultura más hermosa jamás realizada. Es la imagen de la Virgen María sujetando a Cristo recién bajado sin vida de la cruz. Si miras el rostro de Jesús puedes identificar su tormento pero, sobre todo, puedes ver que se trata de un hombre de 33 años, mientras que María luce más joven, a pesar de ser su madre.

“¿Debemos acusar a Miguel Ángel de habernos dado fake news (noticias falsas)? ¿Nos está engañando? ¿Es un mentiroso? ¿O acaso está modificando los hechos para darnos una visión más profunda de María y del sufrimiento de Jesús? Porque eso es lo que yo hago. Eso es lo que el cine debe hacer siempre.”

Por Gonzalo Lira

Especial para La Jornada

Publicado enCultura
Lunes, 27 Abril 2020 15:26

Transformando enigmas en problemas

Transformando enigmas en problemas

La Candelaria edita este nuevo libro con sus últimas obras teatrales: El Quijote de Santiago García (1999), De Caos & Deca Cacaos creación colectiva (2002), Nayra creación colectiva (2004) y Antígona de Patricia Ariza (2007).

El grupo como resultado de su proceso creativo presenta 9 obras de creación colectiva y 13 obras con textos aportados por los miembros del grupo. Este conjunto de imágenes teatrales son la cristalización de un conocimiento, una voluntad y una imaginación organizada en laboratorio de creación teatral. Laboratorio de creación teatral que no existe por un destino abstracto e inefable sino por el esfuerzo colectivo del grupo y del movimiento teatral colombiano, latinoamericano e internacional.

Que exista ese movimiento teatral es un hecho con un significado muy especial. Tengamos en cuenta que uno de los tópicos más difíciles de pensar en el capitalismo, es el de su hostilidad frente a todo aquello que no pueda tasarse con arreglo al frío interés egoísta y al estéril cálculo mercantil. El arte y la ciencia básica se resisten a ser reducidos a esa lógica. La máxima económica de que no hay almuerzo gratis, es el modo burdo que tal lógica tiene de proclamarse.

En la perspectiva capitalista del afán de lucro escribir una novela como el Ulises de Joyce es un despropósito. El ingenio burlón de Borges le dio forma de ensayo a esa tesis en su Pierre Menard, autor del Quijote. El teatro también fue desahuciado. Asumidas esas premisas una obra teatral como el Quijote de la Candelaria sería un doble imposible. Pues bien, en eso ha consistido el esfuerzo del grupo, en realizar lo que parecía imposible.

¿Cuál es la clave para explicar esa especie de enigma profano? El trabajo creativo. En el teatro ese trabajo tiene como objeto nada menos que la experiencia humana. Es decir el enigma de los enigmas.

En la historia de las sociedades humanas siempre han existido quienes se han dedicado a procesar esa tarea. La tradición teatral da cuenta de uno de los modos alegres de enfrentarla. Es decir, abordar el enigma no como algo inefable ante lo cual hay que postrarse sino como un problema susceptible de solución, aunque la solución sea mágica. Esa tradición es la que recoge el grupo cuando monta Antígona para pensar el problema de nuestra tragedia y alumbrar el campo de sus posibles transformaciones.

Ahora bien, esas transformaciones tienen hoy premisas tecnocientíficas sin antecedentes en la historia. El extraordinario poder de la ciencia y la tecnología ha puesto a la mano soluciones a problemas que sólo los milagros divinos podían resolver. Pero ese mismo despliegue de potencia transformadora puesto al servicio de la pura ganancia, está poniendo en peligro la existencia misma del acontecimiento humano.

Esa situación paradójica ha desencadenado una extraordinaria polémica cultural. Hoy está en curso en el planeta, una puesta en común de las distintas experiencias cosmológicas imaginadas por la humanidad. Elaboraciones orientadas por premisas míticas, teológicas, mágicas, filosóficas, científicas se contraponen en un proceso de intercambio polifónico sobre nuestro destino común. Nayra es una magnífica imagen teatral de esa emergente preocupación por la existencia humana en el planeta. En el escenario se despliega el concierto de las múltiples voces y actos que se esfuerzan por buscar una salida a un estado de cosas simultáneamente insoportable y esperanzador.

Estos procesos complejos sin antecedentes, están transformando los modos de pensar en las artes y las ciencias. Las emergentes teorías sobre el caos y el orden en los sistemas complejos alejados del equilibro y el desarrollo de geometrías como las fractales para describir esos nuevos modos de existir en el planeta y el universo, han creado las bases para superar la tradicional separación entre ciencias de la naturaleza y ciencias humanas. De Caos & Deca Caos al recrear las vicisitudes íntimas de la elite, se nutrió de esos aportes en el proceso de construcción de la imagen teatral.

La Candelaria con estas obras nos enriquece, nos alegra y al transformar enigmas en problemas nos incita a la acción. Así mismo nos coloca a la expectativa de las nuevas imágenes teatrales que saldrán de su laboratorio de creación teatral.

 


 

Santiago García tejedor de imágenes teatrales

 

Santiago García nos deja el recuerdo de un artesano, un tejedor de imágenes teatrales. En esa tarea creativa estaba él, La Candelaria y un movimiento de grupos que constituyen una red local y global.

Santiago fue actor, director, autor y teórico de la práctica teatral. En la realización de esta experiencia personal y colectiva tuvo que superar todo tipo de obstáculos y es un ejemplo del placer de crear más allá de las inevitables dificultades.

En el escenario Santiago y sus colegas nos regalaron el goce de reconocer las paradojas de una humanidad que ríe, llora, baila, muere, resucita y copula; de reconocer los conflictos históricos de personas como Guadalupe Salcedo, Quevedo y Lenin y de reconocer las viscisitudes dramáticas de personajes de ficción como don Quijote y Aldo Tarazona.

El arte teatral, ese modo que tenemos las personas de reconocer lo teatral de nuestra condición humana y así mismo lo humano presente en toda imagen teatral genuina, se enriqueció con el genio de Santiago García uno de los tejedores insignes de este arte universal, maravilloso, personal y colectivo.

Gracias don Santiago.

 

Periódico desdeabajo Nº267, pdf interactivo

 

 

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Publicado enEdición Nº267
Francis Bacon.

I

He regresado insistentemente a Las ruinas circulares, esa oda a las realidades oníricas, que heredamos de Borges. Al hacerlo y, a falta de la mía, siento estar retornando a tu biblioteca, esa que, gracias a las geografías que soñamos, me albergó en ciudades, que como la del amado Borges parecían habitadas por fantasmas del Sur. Permíteme decirte, sin embargo, que en sus patrias el wayuunaiki no está contaminado por el castellano y es infrecuente el Covid-19.

La idea de soñar a un hombre e imponerlo a la realidad, que aparece en Las ruinas circulares, me parece absolutamente vigente en las actuales circunstancias. Hace un par de semanas, en una de esas cadenas que impone el rigor del teletrabajo, recibí un facsímil electrónico desde Viena firmado por Frijot Capra y Hazel Henderson, en él, el físico y teórico de los sistemas y la futurista y analista política, imparten una lección sobre las pandemias, su impacto e historia, localizada en el 2050. La pareja impone el rigor de la ciencia para concluir que hay una relación entre colonialismo y calentamiento global, que resulta directamente proporcional a la analogía que va del exterminio cultural a la perdida de la diversidad biológica.

Entre sus consecuencias, en esta vigilia de confinamiento, sobresale la transmisión de virus que han vivido simbióticamente con especies no-humanas; y que en el cuerpo humano adquieren la capacidad mortífera del cambio climático sobre la Tierra. De otro lado, treinta años en el futuro proyectan otro tipo de sueño: la producción local de alimentos con tecnologías indígenas, la disminución del turismo de masas, el uso progresivo de combustibles no fósiles, entre otras medidas, que se hermanarían con el medio ambiente. Estarás de acuerdo en que soñar al Covid-19 como el gran redentor sería ridículo y fútil. En todo caso, pareciera acertar Joshua Clover, al señalar que el rol del virus en la disminución temporal de emisiones planetarias es informativo: no para reivindicar la visión simplista que presenta el declive ecológico como una consecuencia de las acciones humanas, sino para remarcar que el virus es el capital, la producción industrial la enfermedad, y el neoliberalismo el cuerpo soberano.

El personaje central de Las ruinas circulares, un hombre taciturno llegado del Sur y oriundo de una patria ‘donde el idioma zend no está contaminado de griego y donde es infrecuente la lepra’, fue capaz de crear oníricamente a un hombre, soñando primero con su corazón y visionando progresivamente al varón integro. En la ciencia de los sueños de Borges, los órganos del cuerpo humano operan como los virus: en plena metamorfosis. Se trata de materiales genéticos anárquicos sin los que la teoría de la evolución sería una quimera. Ellos, a decir de Emanuele Coccia, no pertenecen a ningún individuo y, sin embargo, son capaces de transformar a la totalidad de los seres vivos permitiéndoles desarrollar su forma única. Ya te imaginarás que el filósofo italiano sigue de cerca la fórmula del cuerpo sin órganos que a la vez resuena con el arte de Francis Bacon, llevándolo en efecto mariposa a citar a Deleuze: ‘Hacemos rizoma con nuestros virus, o más bien nuestros virus nos hacen rizoma con otros animales’.

Pues bien, la forma en que el personaje de Borges va palpando y acoplando en sus sueños diferentes órganos hasta proyectar a Otro, sigue la trayectoria del cuerpo múltiple que habita en nosotros, que pareciera ir de la literatura a la ciencia, si pensamos críticamente en las sugerencias de Capra y Henderson. Percibir que somos múltiples nos impone repensarnos como humanos/no-humanos, y fluir con nuestros virus, hongos y bacterias: No somos ‘nosotros’ sino el bestiario que habita nuestro cuerpo. Ese humano/no-humano, como el personaje de Borges, tendrá que ser más humilde y comprender con consuelo que es una apariencia que otro está soñando.

II


Circulares anatomías de plastilina. Borramiento de facciones tras las circulares anatomías en la imagen que anexas. Un surreal y pictórico malentendido cuando salpicas tu texto con alusiones corona-víricas que se han venido propagando tanto como las cifras nuestras de cada día (y que se tornan cada vez más y menos significativas o trascendentes). La circularidad en el cuento de Borges se desdobla en la creación del doble, el Otro, el homúnculo que repetiría incansable el ciclo de las generaciones oníricas. De tal Eterno Retorno de lo Idéntico me asalta un cosquilleo anómalo recordando las no infrecuentes pesadillas que le provocaban a Friedrich Nietzsche. Tanto como la lección pandémica ahora y en 2050. Muchísimas más circulares anatomías de plastilina.

Se inaugura entonces esta fase infecto-solipsista del capitalismo vírico que nos asedia, la postiza conectividad a que nos sujeta cierta contagio-fobia de rostro anómalo. Con las facciones des-identificadas. Un rostro anómalo de facciones desenfocadas y traslaticias. Para que te hagas una idea de cómo ando en estos encierros puedes tanto apreciar un cuadro de Bacon como recordar al ser que habitaba el sótano de la lujosa y estilizada mansión Park en Parásito de Boong Joon Ho. He pensado mucho en la existencia subterránea y ciertamente escondida de tal cucarachesco personaje. En Memorias del Subsuelo, Dostoievsky destilaba en boca de su nihilista protagonista frases de escarnio y lúcido desdén hacia los ideales de una humanidad arrogante. Nunca me habían parecido tan pertinentes tales fraseos.

El desencanto civilizatorio se torna enorme, no sé si al punto de contagiar un apetito suicida como el de la espectral película Pulse (Dir. Kiyoshi Kurosawa, 2001). En tal fantasmática distopía la barrera que separa el mundo de los vivos y los muertos se va disolviendo en una verdadera epidemia tanática. Y el canal, justo como ahora, es la obligada virtualidad tecno-dependiente. Como si la circulación de agentes patógenos incluyera memes, pegadizas ideas, símbolos, ritornelos o fragmentos sonoros en una heterogeneidad digna del Rizoma Deleuze-Guattárico que mencionas. Y no solo porque el devenir nómada nos haga cohabitar con metamórficas súper gripas, ni porque tales súper gripas vengan a castigar las malas conductas de la humanidad hacia el medio ambiente, se trata más bien de una Peste que Albert Camus había detallado con prefiguración visionaria si consideramos las capas de significado adosadas a las explicaciones y posibles reacciones al contacto enfermante que padecemos y nos padece.

De tal crónica pestífera un amigo me recomendaba El Diario del Año de la Peste (1722) de Daniel Defoe, extraña escritura cernida sobre el desastre con una angustia de exactitud y verosimilitud que asusta incluso al más descreído. De tales intentos de retratar la peste me quedo con Francis Bacon, esas anatomías plastilínicas que de inmediato asocio a la primera víctima (actuada por una pertinentemente antipática Gwyneth Paltrow) de la también profética Contagio de Steven Soderbergh (2011). Eso sí, por favor no vayas a ponerte a ver estas películas que menciono, o si no la infecto-paranoia reinante puede degenerar en un caso de agorafobia franca y temiblemente incurable.

Me despido como con un letargo de claustro-filia incipiente. Acompañado por los retratos baconianos que veo cada vez que al dictar clase online —y gracias a los vaivenes de una siempre dudosa conectividad— las imágenes se pixelan y las voces adquieren resonancias de ultratumba (o desaparecen en lo que se viene constituyendo como un nuevo modelo de comunicación entrecortado y repetitivo… ‘me escuchan?’ […] ‘se escucha bien?’ […] en un eterno retorno de tedio infinitivo). Así te propongo un homenaje a este modo-glitch de la existencia, a este des-posicionamiento de las rutinas hiper-consumistas, a este aquietamiento de los ruidosos ritmos del turbo-consumismo a trasluz de una pantalla que, dibujada por Francis Bacon, diluye la precisión de la alta definición en un maremágnum innoble de incierto gusto y de plastilina.

 

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Publicado enEdición Nº267
Sábado, 15 Febrero 2020 06:15

“El agua, origen de la vida”

“El agua, origen de la vida”

Así se llama y se llamó siempre, incluso durante las décadas en las que se la dio por perdida, la monumental obra subacuática del muralista mexicano Diego Rivera que ahora emergió de las profundidades ya intacta, después de años de trabajo de restauración a cargo de expertos del Museo de Bellas Artes. Hay azares que nos fuerzan a creer en algo más sincronizado que el azar, que transforman al tiempo pasado no en algo ido sino el algo que está y que permanece. Hay azares que parecen señales.

La belleza de la obra, que fue encontrada hace tiempo y desde los 90 estaba siendo restaurada, aunque tomó impulso reciente, ya vuelve a lucir su fuerza indescriptible, sus colores fuertes, sus imágenes simbólicas, que es increíble tanto como su dimensión: hay más de 270 metros cuadrados pintados.

Rivera la terminó en 1951, en un sector del bosque de Chapultepec. Fue para celebrar la llegada a término de un gigantesco acueducto que llevaría el agua potable hasta la ciudad de México. Está ubicada en el Cárcamo de Dolores, el depósito donde finaliza el acueducto de 62 kilómetros de largo que transporta el agua por el río Lerma hasta la mega urbe. Cuando la hizo, dijo que era “el más fascinante encargo de toda su carrera”. Porque sería una obra ubicada no a la vista, sino en las profundidades, en los secretos de los caminos del agua hacia la población. Una obra destinada no a ser vista, sino a latir.

Ahora, que ya se sabía de su existencia, el Centro Nacional de Obras Artísticas logró desviar el curso del agua para verla. La encontraron intacta, pero más allá de la pericia técnica y la pizca de delirio de Rivera para la pintura subacuática, el texto que trae el enorme mural le habla al mundo de hoy tanto o más que al de hace cuarenta años.

Rivera trabajó con Ricardo Rivas y Ariel Guzik, diseñadores del edificio y compañeros del muralista. El mural se extiende a los túneles y a los espacios internos del túnel. «El agua, el origen de la vida», incluye las cuatro caras del tanque interior. Fue pintada de forma tal que desde donde se la mire, se pueda distinguir el sentido. Es un conjunto, sin principio ni final. En la parte inferior y en el suelo, Rivera ubicó microorganismos, mientras a medida que la mirada asciende las formas se van haciendo más estilizadas. Las manos se presume que son las del dios Tlaloc, señor de la lluvia. Hay una idea evolutiva en la pintura. Y hay una pareja solamente: él tiene rasgos africanos y ella, orientales.

 

 

En la salida del túnel, Rivera pintó dos enormes manos dando el agua. Dos manos morenas, mexicanas, pintadas en posición de dar todo lo que fluye, todo lo que viene, todo lo necesario. Es estremecedor pensar en estas sincronías del arte, de la percepción y del azar, porque esas manos hoy no dicen que México ya tiene agua potable, como cuando fue encargada, sino que es en nombre de ese elemento puro, claro, filtrado, inocente, que en los últimos años se han desatado guerras, que mueren acribillados líderes ambientales, que son apedreados y secuestrados los guardianes del agua y de los bosques, como Berta Cáceres en Honduras, o como los peregrinos hacia el Lago Escondido en la Patagonia argentina. Problemáticas totalmente diferentes, pero unidas por el reclamo del agua.

En el nombre del agua que se reclama que el fracking se detenga, que la palabra “sustentable” no sea decorativa, que no se fumigue más sobre poblados, y tampoco sobre campos hartos de ser transmutados en algo que no es fruta ni verdura, sino commodities y veneno. En algunos lugares, hasta el agua de lluvia tiene glifosato. Esta semana en la Antártida, una de las reservas globales de agua, la temperatura trepó a 20 grados. Esta semana circuló la foto de osos polares comiendo plástico. Esta semana en Colombia fueron asesinados tres activistas más que intentan frenar las represas, la producción a gran escala, la fumigación sobre los bosques que luego va a parar a los ríos.

Cuando Rivera pintó su fabuloso mural, a Nestlé todavía no se le había ocurrido que el agua no es un derecho, y que el mundo debe avanzar hacia el agua embotellada y con precio. Ya están remarcando nuestra sed. En decenas de países y de diversas maneras están haciendo negocios con el agua, olvidándose que es el origen de la vida.

Y en la Argentina, nos estamos preparando para la reacción que generarán las leyes de municipales, provinciales y nacionales para ponerle un límite no sólo al ataque a la naturaleza, sino también a los vecinos de pueblos fumigados, a los vecinos de pequeñas ciudades, a las comunidades a las que un puñado de ricos impide el acceso al río como si las propiedades se compraran sin servidumbre de paso, como si en este país las tierras se vendieran como feudos.

 En ese contexto es que resurgen del pasado, de otras luchas, otras conquistas, del mismo idioma, esas manos benditas que en posición de dar, son un continente para el agua limpia que llegará a las bocas del pueblo.      

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Martes, 10 Diciembre 2019 10:12

Las mejores fotos panorámicas de 2019

MIEKE BOYNTON

1. Dragonfire (Islandia) Fuego de dragón. Así se titula la fotografía que se ha aupado al primer puesto en la categoría principal de 'Espacios abiertos' en el concurso fotográfico Epson International Pano Awards, en el que han participado 1.258 fotógrafos de 72 países. Una imagen de Mieke Boynton, la primera mujer en diez ediciones en alcanzar el primer premio del concurso. La tomó en Islandia, y lo que parecen bocanadas de fuego son en realidad los llamados ríos trenzados, anchos pero poco profundos y que continuamente se dividen y unen entre sí, adquiriendo esta apariencia entrelazada.

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MIEKE BOYNTON

 

 

2. Enchantment (Islandia) El segundo premio también es un retrato de la poderosa naturaleza que atesora Islandia. Esta instantánea fue capturada en una de las cuevas del glaciar Vatnajökull, el más impresionante y visitado de todo el país. Ubicado al sureste de la isla, ocupa unos 8.000 kilómetros cuadrados, un 8% de la superficie total islandesa.

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MARK GRAY

 

3. The Three Kings (Parque nacional del Valle de la Muerte, California, EE UU) Los tres reyes son estas tres montañas de arena azotadas por la ventisca en el Valle de la Muerte, uno de los lugares más extremos del planeta. En verano, las temperaturas pueden llegar a alcanzar los 56 grados. Pese a ello, es uno de los destinos más visitados de California y de todo Estados Unidos.

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ROSS SCRHAM VON HAUPT

 

4. Icy Peaks (Alaska, EE UU) El fotógrafo chino Weihao Pan se topó con estos picos helados en una cueva al sureste de Alaska, el gigantesco Estado estadounidense, lejano, rural y aislado. Una tierra que invita a la aventura.

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WEIHAO PAN

 

5. Shiny Shapes (Túnez) Esta imagen fue tomada en el desierto del Sáhara, un inmenso mar de dunas, como estas de la imagen que adquieren una tonalidad dorada por efecto de los rayos del sol al atardecer.

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ALESSANDRO CANTARELLI

 

 

6. Curtain Call (Islandia) "Curtain call" es una expresión en inglés para referirse al momento en el que termina la función y los actores de teatro vuelven al escenario para recibir el aplauso del público. En este caso, la ovación va dirigida a la naturaleza que fluye en las tierras islandesas, gran protagonista de estos premios fotográficos.

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CHRIS BYRNE

 

 

7. Dunes of Socrota 1 (Yemen) Socrota son cuatro islas paradisíacas a 250 kilómetros al este del Cuerno de África y a casi 400 de la península arábiga. Pertenecen a Yemen y la más grande, de unos 3.600 kilómetros cuadrados, da nombre a todo el archipiélago. La inmensidad de las dunas empequeñecen al hombre que, al fondo de la imagen, se abre paso entre la arena.

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MARSEL VAN OOSTEN

 

 

8. The Veins of a Tree (Oregón, EE UU) El árbol como quintaesencia del sentido de la vida. Las ramas de este frondoso ejemplar, cuyo color anaranjado delata la llegada del otoño, se despliegan ante nuestros ojos mostrando todo su esplendor. Sus venas, en palabras del fotógrafo Tim Shields, autor de esta imagen.

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TIM SHIELDS

 

9. Deadly Beauty (Nueva Zelanda) Esta fotografía aérea está hecha en el lago Tekapo, en la cuenca de Mackenzie, en la Isla Sur de Nueva Zelanda. Es el sueño de todo fotógrafo hecho realidad. Las aguas turquesas, las montañas nevadas y una hermosa parroquia a pie del lago.

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MIEKE BOYNTON

 

10. Time (Utah, Estados Unidos) El esqueleto de un animal, probablemente un muflón, yace en la tierra agrietada y desértica de Utah. El título de la foto, Tiempo, da una idea de lo que pretende el autor con su cámara: reflejar el paso inexorable del tiempo, que todo lo puede.

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LUKA VUNDUC

 

11. National Museum (Qatar) La manera de captar la soledad y la pureza que desprende la geometría armoniosa del Museo Nacional de Qatar, edificio proyectado por Jean Nouvel en Doha, le ha valido a Abdulla Al-Mushaifri para ganar el primer premio en la categoría de Built Environment (arquitectura sostenible) de los Epson International Pano Awards.

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ABDULLA AL-MUSHAIFRI

 

12. Geometrical 3 (Londres, Reino Unido) El español Jesús M. Chamizo captó esta hipnotizante imagen en Londres. El jurado consideró que esta foto vertical era la más impactante de todas las que compitieron en la categoría de arquitectura sostenible.

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JESÚS M. CHAMIZO

 

 

13. Rivers Flowers (Vietnam) Las barcas de colores atracadas en el puerto de Tam Coc, en la provincia vietnamita de Ninh Binh, parecen, vistas desde la altura, un compendio de pétalos de flores.

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TRAN MINH DUNG

 

14. Office Space Nº 6 (Dinamarca) Estos bloques de viviendas daneses, alineados en perfecta formación, parecen un cuadro abstracto retratado por el fotógrafo alemán Kevin Krautgartner.

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KEVIN KRAUTGARTNER

 

 

15. Beehives (Singapur) Colmenas, y en su interior, personas en lugar de abejas. Esta inquietante imagen del fotógrafo singapurense Bernard Sim cautivó al jurado.

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BERNARD SIM

 

16. Lines (Rumania) El cuerpo desnudo de una mujer recostada sobre una fría construcción de perfectas líneas rectas es un contraste que hace reflexionar sobre los millones de matices que esconde la belleza, un concepto que atrapa esta imagen a la perfección. Fue tomada en la ciudad rumana de Odorheiu Secuiesc.

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BÁLINT ERDÉLY

 

17. Mont Saint Michel (Francia) Es uno de los enclaves más icónicos de la costa normanda, en Francia. Esta estampa brumosa atrapa la majestuosidad del Monte Saint Michel, uno de los lugares más fotogénicos (y visitados) del país europeo.

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DERYK BAUMGAERTNER

 

18. Anxiety (Australia) Ansiedad, el título de esta imagen, resume las sensaciones que provoca al fijar la vista sobre su endiablada geometría laberíntica. Sobre todo si se tiene en cuenta que el cartel advierte de que solo hay un camino posible.

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MARK BRIERLY

 

 

19. Usa Salt Ponds (Estados Unidos) El fotógrafo australiano Paul Hoelen fijó su mirada en las salinas en torno a la bahía de San Francisco, en California. Un espectáculo cromático que se capta todavía mejor con una fotografía aérea y panorámica.

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PAUL HOELEN

 

20. The Mirage in New York (Estados Unidos) El espejismo que provoca este puente suspendido sobre el río Hudson en Nueva York fue magistralmente captado por el fotógrado japonés Yoshihiko Wada.

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YOSHIHIKO WADA

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Viernes, 15 Noviembre 2019 06:10

"En Chile torturan, violan y matan"

"En Chile torturan, violan y matan"

Mon Laferte en los Grammys Latinos: la denuncia en el cuerpo 

La artista chilena Mon Laferte llegó a la ceremonia de los Grammy Latinos, en La Vegas, con un saco negro.  En la alfombra roja, cuando cientos de medios internacionales se preparaban para hacer la foto de rigor, se abrió el saco, dejó sus tetas al descubiero y mostró un  mensaje escrito en su cuerpo: “En Chile torturan, matan y violan”. 

En el cuello llevaba un pañuelo verde, el símbolo por la legalización del aborto que se im

Luego, al recibir el premio al mejor álbum de música alternativa, leyó una décima de la poeta y payadora La Chinganera: "Chile me dueles por dentro/ me sangras por cada vena/ me pesa cada cadena/ que te aprisiona hasta el centro/ Chile afuera, Chile adentro/ Chile al son de la injusticia/la bota de la milicia/ la bala del que no escucha/ no detendrá nuestra lucha/ hasta que se haga justicia"     

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Integrantes de la iniciativa agrícola FarmHub, en el estado de Nueva York FARMHUB

La ciudad de Kingston, en el estado de Nueva York, está intentando construir un ecosistema local inclusivo y autosuficiente

 

Todo empezó con O+, un festival que ayuda a artistas a intercambiar su trabajo por prestaciones de sanidad ante la dificultad de acceder a seguros privados

 

"Cuando todo se vaya al carajo, no va a venir nadie a rescatarnos. Tenemos que encontrar una solución nosotros mismos", señala el director de la radio local

 

La ciudad de Kingston, en el estado de Nueva York, tiene una población diversa de 23.000 habitantes y está flanqueada en el este por el arroyo Rondout y el río Hudson y en el oeste por las montañas Catskill. Cuenta con una rústica ribera industrial, un colorido casco histórico y edificios de piedra de la época colonial. Cualquier viajero podría describirla como bucólica.

Las calles del centro están llenas de restaurantes y, desde hace un tiempo, tiendas de vestidos de terciopelo, ropa de segunda mano, productos medicinales elaborados con cannabis y teteras con pantallas LCD. Pero al pasar por la librería Half Moon Books, el visitante puede encontrarse con otro aspecto de la ciudad. El escaparate de la librería exhibe únicamente literatura de no ficción sobre el fin del mundo tal y como lo conocemos. "Comencé organizando un escaparate sobre utopías", explica la vendedora de libros Jessica DuPont, "pero no sé cómo acabé con libros sobre la agonía del capitalismo".

Hace poco más de una década me mudé a Kingston desde la ciudad de Nueva York, cuando se desató la crisis económica de 2008. Había terminado mis estudios en la universidad hacía tres años, pero mi incipiente carrera en los medios de comunicación se vio arrastrada por la recesión. Unas amigas mías, dos pintoras –una de unos 30 años y otra de más de 40–, eran propietarias de un edificio en el que estaba disponible un piso en la segunda planta. Allí podría vivir y trabajar.

Mis nuevos vecinos –artistas, músicos, dueños de tiendas o restaurantes, constructores, galeristas– me trataron como si fuera de la familia. Nuestra comunidad era diversa en cuanto a edad, pero todos teníamos ambiciones creativas e independientes en un sitio donde no abundaban las oportunidades económicas.

Así, muchos de nosotros nos encontramos con el mismo problema: la imposibilidad de acceder a un seguro de salud. Hace tiempo que el sistema de sanidad de EEUU es un desastre: lo era entonces y todavía lo es, porque aunque hay un sistema de sanidad público, los gastos extra y los copagos son astronómicos. Por suerte, entre nuestros amigos había médicos y dentistas que consideraban que nuestro trabajo era igual de valioso que el suyo. Entonces, se nos ocurrió algo. Basándonos en el viejo sistema de trueques, diseñamos una forma de intercambiar el arte de la medicina por la medicina del arte.

En octubre de 2010, lanzamos nuestro primer festival de arte callejero que duró todo un fin de semana, con música en vivo y eventos vinculados con la salud. Lo llamamos O+, como el grupo y el tipo sanguíneo. El público general podía participar mediante una donación. Los profesionales de la salud podían ofrecer su trabajo en una clínica que montamos en la calle.

Durante los siguientes años, miles de artistas como Lucius, Spiritualized y artistas locales que han tocado con los B-52’s y David Bowie, han recibido atención médica y dental valorada en cientos, a veces miles de dólares. Algunos artistas incluso afirman que la atención que recibieron allí les salvó la vida.

Poco después del primer O+, me marché de Kingston porque me surgió una oportunidad de empleo en otra ciudad. Ahora vivo en Savannah, en el estado de Georgia. Pero O+ siguió adelante. Los organizadores se han expandido para ofrecerle al público general más recursos: kits de rescate para sobredosis de opioides, formación en reanimación cardiopulmonar, conferencias sobre temas de salud y clases de bienestar que duran todo el año.

Algunos políticos locales o vecinos que no están de acuerdo con que se intercambie arte por atención médica y dental han intentando poner trabas, pero la causa siempre ha estado alimentada por un sentimiento de rebeldía y por la comprensión de que los artistas necesitan atención médica y de que el arte es bueno para la salud.

"Para cambiar el sistema a nivel nacional, hay que hacer miles de cosas a nivel local y en algún momento el sistema evolucionará", asegura el director ejecutivo de O+, Joe Concra, en cuyo edificio yo vivía cuando comenzamos el proyecto. Concra trabajó como voluntario a jornada completa durante años, hasta que gracias a becas y donaciones se pudieron pagar tres modestos salarios a jornada completa y siete de media jornada. "Cada vez que entro a la clínica, pienso: ‘Vaya, sí que es posible construir un sistema nuevo’. Me niego a creer que es imposible. Por eso seguimos trabajando en esto'".

La semana antes de la décima edición del festival O+, Concra y yo nos sentamos en la cafetería de Rough Draft, una librería independiente de Kingston que abrió en 2017 y a menudo es sede de eventos de organizaciones sin ánimo de lucro para recaudar fondos. Los tres empleados de la cafetería llevan camisetas de O+.

"Cuando comenzamos con esto", relata Concra señalándose a sí mismo, a mí y a la habitación, "no nos dábamos cuenta de lo que estábamos haciendo". Se pone de pie y corre al otro lado de la tienda para buscar un ejemplar de Sobrevivir al Futuro de David Fleming (2016), un tratado sobre comunidades sostenibles "en el marco de una economía de mercado" y abre la página en un capítulo llamado Carnaval. "Mira", me dice. "Estábamos creando un carnaval para la revolución".

Puede ser que O+ haya aportado el carnaval. Ahora ya no está solo en la revolución: la red de sanidad anticapitalista y antisistema de Kingston es solo un ejemplo de un modelo que podría reemplazar a las corporaciones en el país. Los vecinos han lanzado una cadena de radio no comercial, Radio Kingston WKNY, con una programación representativa de las comunidades locales que se emite gracias a grupos electrógenos si se corta la electricidad. También existe una micro-moneda regional llamada la Moneda Hudson Valley para "generar un ecosistema que nos incluya a todos", en palabras de su cofundador David McCarthy.

Iniciativas agrícolas como Farm Hub trabajan para lograr sistemas de alimentación fuertes e igualitarios. Una red de carriles bici conecta los pueblos con las granjas locales (para cuando ya no haya gasolina para los coches). Y organizaciones como RiseUp Kingston, Kingston Citizens, Nobody Leaves Mid-Hudson, y la Kingston Tenants Union facilitan la participación ciudadana, luchan contra los desahucios y promueven políticas públicas para combatir la cada vez más acuciante escasez de viviendas.

Visto desde mi casa en el sur del país, da la sensación de que, poco a poco, Kingston está montando la infraestructura de una comunidad autosuficiente, una comunidad que pretende sobrevivir a un posible colapso económico sobre el que bromeamos mientras bebemos cerveza en Rough Draft.

DuPont, la vendedora de la librería Half Moon, no cree que el vecino medio de Kingston esté activamente preparándose para una implosión social. "Pero sí pienso que las presiones económicas –especialmente cómo se han disparado los precios de las viviendas– están haciendo que la gente busque formar nuevas redes y maneras de apoyarse entre sí", señala. Mientras tanto, los directores de las organizaciones arriba mencionadas se enfrentan a preguntas como: "¿Cómo podemos asegurarnos de tener todos los recursos que necesitamos?" y "¿cómo hacemos para no dejar a nadie atrás?".

El primer fin de semana de noviembre, en una escuela de la ciudad, se organizó una conferencia llamada Sobrevivir al futuro: conexión y comunidad en tiempos de inestabilidad. "Prominentes pensadores de cambios en el sistema y transiciones" hablaron sobre temas clave para una "transición justa", inclusiva y holística del capitalismo hacia algo nuevo… lo que quiera que sea aquello.

Gran parte del trabajo es imaginar cómo se arma algo desde cero: en un panel sobre la vivienda como derecho humano, copresentado por Radio Kingston, O+, el Centro Comunitario LGTBQ Hudson Valley y otros, Callie Jayne de RiseUp Kingston explica modelos de trabajo para abordar su principal preocupación: la escasez de viviendas. "Si no se ha hecho antes, probablemente sea algo bueno, porque lo que hemos estado haciendo no ha funcionado".

"Me siento privilegiada por formar parte de las conversaciones de alto nivel sobre qué sucederá en el futuro", afirma el director ejecutivo de Radio Kingston, Jimmy Buff. "Aquí hay gente que está intentando encontrar una vivienda que no le cueste el 50% de sus ingresos o quedarse en viviendas en las que han vivido durante décadas y que la gentrificación no los obligue a marcharse del barrio. La crisis climática, la potencial agitación civil…¿Cómo nos organizamos a nivel local para abastecernos cuando todas estas cosas que parecen estar yéndose al diablo se vayan efectivamente al diablo?"

Yo me pregunto esto mismo constantemente. Pero en Savannah –una ciudad de 124.000 habitantes con una gran división racial y política y una tasa de pobreza un cuarto mayor que la de Kingston– formo parte de una minoría muy pequeña. En la radio no se escuchan conversaciones sobre igualdad ni están representadas las voces diversas de mi barrio. No he visto libros apocalípticos en los escaparates de las librerías. Cuando pienso en lo poco preparados que estamos para la crisis, echo de menos Kingston.

"Cuando todo se vaya al carajo, no va a venir nadie a rescatarnos", dice Buff. "Tenemos que encontrar una solución nosotros mismos, porque esta es nuestra ciudad. Aquí es donde vivimos. Esto es todo lo que tenemos".

Traducido por Lucía Balducci.

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 La artista colombiana Doris Salcedo, en el Hay Festival en Cartagena de Indias (Colombia), este año. Daniel Mordzinski

La artista colombiana, una de las más influyentes de América Latina, utilizará el dinero para su serie de instalaciones 'Actos de duelo', con las que rinde homenaje a las víctimas de la violencia

Considerada una de las artistas más influyentes de América Latina, creadora y a la vez activista por los derechos humanos y la paz, la colombiana Doris Salcedo (Bogotá, 1958) ha sido elegida ganadora de la primera edición del Nomura Art Award, el premio de mayor dotación económica del mundo del arte contemporáneo: un millón de dólares (unos 900.000 euros). El galardón, convocado por el grupo de servicios financieros japonés Nomura Holdings, Inc. con el fin de apoyar total o parcialmente la financiación de proyectos que de otro modo resultarían difíciles de llevar a término, anunció el nombre de Salcedo en una ceremonia celebrada este pasado miércoles en Shanghái. La artista, por su parte, adelantó que utilizará el dinero para sufragar los costes de sus Actos de duelo, una serie de instalaciones en la que lleva inmersa desde 1999, concebidas en recuerdo de los asesinados en el conflicto armado de su país y de todas las comunidades víctimas de la violencia.

La elección de Salcedo, realizada por un “jurado independiente e internacional” en el que destacan nombres como el de Max Hollein, director del Metropolitan Museum of Art de Nueva York, y Yuko Hasegawa, directora artística del Museo de Arte Contemporáneo de Tokio, se debe a la “importante significación cultural de su producción”, según anunció Nomura en una nota de prensa. “Es una noticia totalmente inesperada”, respondió Salcedo, “y me llena de una abrumadora humildad y gratitud por la generosidad y la responsabilidad que conlleva tan grande honor. Producir objetos capaces de honrar la memoria de las víctimas de la violencia requiere de grandes inversiones de tiempo y organización, a veces con numerosos colaboradores. Gracias a este premio, ahora seré capaz de avanzar mucho más rápido de lo que esperaba con un proyecto que es importante para mí, y que espero que tocará a muchas personas”.

La noción de duelo forma parte intrínseca del motor creativo de Salcedo. Como medio para la catarsis, sus obras buscan implicar no solo al espectador, sino al ciudadano en su sentido más abarcador para, a modo de acto simbólico, expiar el sufrimiento derivado de la violencia, entendida también en toda su amplitud. Esta idea de la atrocidad remite en muchos de sus trabajos al dolor provocado por el conflicto que se prolonga en Colombia desde 1960, y que ha afectado a millones de personas, muchas de ellas mujeres que han sufrido abusos sexuales. Sobre ellas versa uno de sus más recientes proyectos, Fragmentos, un espacio arquitectónico de arte y memoria en Bogotá o, como ella lo denomina, un "contramonumento" cuyos suelos se forjaron con 37 toneladas de armas fundidas entregadas por las FARC. Este centro compone una de las tres piezas artísticas que se acordó erigir tras los acuerdos de paz entre el Gobierno de Colombia y la guerrilla, y se ha convertido desde su apertura a principios de año en un agente activo por la memoria y el debate sobre el proceso de paz. “Lo primero que pensé cuando me llamaron para pedirme el encargo fue: ‘No”, explicó la artista a El País Semanal el pasado enero. “No quería trabajar con un material que ha causado tanto dolor. Decidí que no iba a emprender nada, pero cambié de opinión. Entendí que no compartía la forma en que se planteaba. Pensé que las armas no debían ser monumentalizadas. Destruí esa noción. No podía construir una obra jerárquica porque no buscamos una versión única de la historia”.

Recientemente, la colombiana, que fue nombrada a principios de 2019 doctora Honoris Causa de la Universidad Complutense, en Madrid, también ha trabajado en Pensilvania con familias separadas en la frontera de EE UU. Su último proyecto dentro de los Actos de duelo, titulado Quebrantos, vuelve nuevamente a buscar el contacto y la participación del público, convertido así en una herramienta más del hecho artístico. En plena plaza de Bolívar de Bogotá, el mismo lugar que acoge su espacio de Fragmentos, Salcedo ensalzó a los 500 líderes y activistas colombianos asesinados desde la firma del acuerdo de paz en 2016 hasta hoy. Usando fragmentos de vidrio como material, centenares de voluntarios escribieron los nombres de 165 de esos defensores de los derechos humanos sobre el suelo, en una suerte de ritual colectivo que intentaba expresar el luto y llamar a su superación. Tres años atrás, en 2016, Salcedo desplegó en ese mismo enclave una enorme lona blanca a modo de mortaja, una "acción de paz" que tituló Sumando ausencias, y en cuya construcción participaron 10.000 personas. “Llevo 30 años inmersa en el duelo, sobreviviéndolo”, apuntó la artista en la citada entrevista con EPS. “No se puede salir del túnel, pero encuentras héroes en el camino, aquellos que sufrieron nos arrojan luz”.

Por Silvia Hernando

Madrid 31 OCT 2019 - 18:00 COT

 

Video relacionado:

Quebrantos... reescribiendo los nombres de los ausentes

https://youtu.be/NvKK-iWEfI4

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