Las dos partes acordaron que el siguiente paso es coordinar, promover y fortalecer los trabajos en sectores como la investigación científica, la salud pública, los asuntos regulatorios y la bioagricultura, así como las inversiones de empresas chinas en el sector biofarmacéutico. Foto: Archivo CD.

Autoridades de Cuba y China firmaron este viernes en La Habana un memorando de entendimiento que fortalece y continúa la cooperación bilateral en la biotecnología para los próximos cinco años, que incluye planes para acelerar proyectos conjuntos en las áreas de investigación y producción en la biofarmacéutica y la bioagricultura, así como la promoción de centros de ciclo completo.


El memorando es uno de los ocho acuerdos firmados como resultado de la décima Reunión del Grupo de Trabajo Conjunto Cuba-China sobre Cooperación en Biotecnología, que sesionó en el hotel Habana Libre y pasó revista a logros, experiencias y dificultades del intercambio en los últimos dos años, desde la novena reunión, y definió los objetivos y los principales temas para el período 2019-2021.


Según el acta final de la reunión, “las dos partes acordaron que el estatus y el papel de la bioindustria para liderar el desarrollo económico y social se ha vuelto cada vez más prominente. El fortalecimiento de la cooperación en el campo de la biotecnología y la industria China-Cuba está en línea con las políticas y los planes de los dos países, y ha desempeñado un papel positivo en la promoción del desarrollo económico y social de ambos”.


Como parte de los planes para los próximos años, los dos países acelerarán los proyectos claves de cooperación. Los principales proyectos conjuntos, como Beijing Baitai, Changchun Heber, Changsha Sinosure, Shandong Lukang y Hubei China-Cuba Biological “han logrado avances significativos y los proyectos de cooperación relacionados se han consolidado aún más en términos de tipos de productos, niveles de tecnología, escala de cooperación y profundidad de la cooperación”, señala el documento.


Presente en esta sesión de clausura, el vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros de Cuba, Roberto Morales Ojeda, comentó a la prensa que esta es una “alianza mutuamente ventajosa, en la que logramos compartir las mejores experiencias y, en el caso particular de Cuba, el conocimiento que se ha generado en todos los centros de investigación”.


También estaban presentes en la clausura de la reunión el secretario general adjunto de la Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma de la República de China, Ren Zhiwu; el ministro del Comercio Exterior y la Inversión Extranjera de Cuba, Rodrigo Malmierca Díaz; el embajador de China en la Isla, Chen Xi; el presidente de BioCubaFarma, Eduardo Martínez Díaz, y representantes de empresas e instituciones de ambos países relacionadas con el sector biofarmacéutico.


Actualmente está en proceso de aprobación la creación de una empresa mixta en la Zona Especial de Desarrollo del Mariel entre el Centro de Inmunoensayo y la empresa Changsha Sinocare Inc. para la producción de Glucómetros y Biosensores.


Al mismo tiempo, nuevas compañías biofarmacéuticas chinas con ventajas cooperativas también están negociando una cooperación bilateral, como SDIC Sinopharma, la Universidad de Tecnología de Shanghái, Zhongneng Huachen, Guangxi Fukang, Nanjing Changfeng y otras empresas.


En los últimos tiempos se firmó un acuerdo para el desarrollo conjunto del Proyecto del Mapeo Cerebral entre el Centro Nacional de Neurociencias de Cuba, la Universidad de Ciencia y Tecnología de la Electrónica de Chengdu y el Hospital de Huaxi, y la Universidad de McGill, en Canadá, que estaría ubicado en la nueva Zona de Desarrollo de Tianfu.
El objetivo es que ese centro propicie una plataforma de cooperación internacional para la investigación avanzada en el campo de la neurología, la neuroinformática y el programa de medicina de precisión.


También, BioCubaFarma y el Comité del Gobierno de la Zona de Desarrollo de Yongzhou firmaron en los últimos tiempos un memorando de entendimiento y las bases generales para crear un centro de I+D en China, con tecnología y proyectos cubanos.


Los dos países han acordado promover y respaldar la creación de Centros de I+D en Parques Científicos Tecnológicos en China a partir de la iniciativa de gobiernos locales, así como la plataforma de laboratorios conjuntos, como nuevos modelos de colaboración en el campo de la Biotecnología orientados a la innovación.


Mayra Mauri, vicepresidenta de BioCubaFarma, dijo en la clausura de este viernes que entre los objetivos para 2019-2021 están crear un grupo de trabajo conjunto para la búsqueda de financiamiento de los proyectos, el apoyo de ambos países a las empresas chinas que decidan invertir en Cuba, y ampliar la venta de los productos fabricados por las empresas mixtas en China a regiones y países favorecidos por las nuevas políticas de acceso a la Franja y la Ruta de la seda, y ampliar la venta de los productos fabricados en las empresas mixtas en Cuba a países latinoamericanos y otros territorios.


Otro objetivo para los próximos años es promover la construcción de centros de I+D conjuntos, con diseño de ciclo completo de investigación, desarrollo, prueba clínica, producción y entrada al mercado, de manera que tal cooperación sea promovida dentro de las empresas mixtas.


Además, las dos partes se han propuesto prestar atención a la intersección de la biotecnología con áreas emergentes como la medicina de precisión, la nanomedicina, la robótica médica, la bioinformática, la biofotónica, bioenergía y el Proyecto de Mapeo Cerebral Humano, a partir del intercambio de científicos y cooperación de proyectos, según lo acordado en la décima reunión.


También han acordado incluir una nueva línea de producción del anticuerpo monoclonal Nimotuzumab, registrado y producido en China por la empresa mixta Biotech Pharmaceutical para el tratamiento del cáncer nasofaríngeo, y añadir una nueva indicación para el cáncer de cabeza y cuello, con el fin de aumentar la escala de producción y la realización de ensayos clínicos, ademas de finalizar la solicitud de registro de este producto.


En la cooperación dirigida al sector agrícola, los objetivos apuntan a la producción de alimento animal con alta tecnología y de semillas y tecnologías para la producción de maíz y soya, la edición de genes de plantas, tecnologías de cultivo y producción de azúcar de caña, y resistencia a la salinidad y sequía en maíz y arroz.


Entre los acuerdos firmados están el Memorando de entendimiento para fortalecer la cooperación en el área de la biotecnología e industrias (entre el Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros de Cuba y la Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma de China), y las Bases generales para la cooperación entre la zona de desarrollo económica y tecnológica de Yongzhou y BioCubaFarma.


Además, el Memorando de entendimiento entre la Universidad para la Ciencia y la Tecnología de Shanghái y BioCubaFarma, y el Acuerdo para el marco de trabajo entre China-Cuba con el Centro de Investigación y Desarrollo Biotecnológico de Changchun.


También fueron suscritos el Acuerdo de licencia de patente de tecnología para el producto HeberNasvac del Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología y la empresa china Guangxi Fukang, y las Propuestas de convenio de asociación y estatutos de la empresa mixta que se constituirá en la Zona Especial de Desarrollo Mariel (entre el Centro de Inmunoensayo y Changsha Sinocare Inc.).


El intercambio durante estos años ha incluido la transferencia hacia China de 10 tecnologías cubanas de avanzada y el registro sanitario de tres productos cubanos en el país asiático. Por su parte, China ha registrado y comercializa en Cuba más de 100 medicamentos y 500 equipos y dispositivos en el sector médico-farmacéutico, con perspectivas de que el flujo siga aumentando.


La undécima reunión del Grupo de Trabajo Conjunto Cuba-China sobre Cooperación en Biotecnología se celebrará en el país asiático en 2021

29 marzo 2019.

Publicado enInternacional
Sábado, 10 Noviembre 2018 08:08

Exterminadores en el campo

Exterminadores en el campo

Más de 200 líderes, movimientos y organizaciones globales de agricultura y alimentación, lanzaron un llamado a Naciones Unidas demandando una moratoria a la liberación de organismos con “impulsores genéticos”, especialmente en agricultura. Firman entre otros La Vía Campesina, la Alianza por Soberanía Alimentaria en África, la red mundial de agricultura orgánica IFOAM, la Unión Internacional de Trabajadores Agrícolas, Amigos de la Tierra internacional, así como tres relatores de Naciones Unidas para la Alimentación: la actual, Hilal Elver, y los anteriores, Olivier de Schutter y Jean Ziegler. Firman además activistas e intelectuales en el tema como Vandana Shiva, Nnimmo Bassey, Raj Patel, Ana Lappé y muchas otras y otros. Es un “llamado a proteger los sistemas alimentarios de las tecnologías de extinción genéticas”, al que se se suman los más significativos movimientos mundiales y continentales en agricultura y alimentación, para decir no a la liberación de esta nueva biotecnología. (https://tinyurl.com/ya94pl7f).

El llamado se presentó el Día Mundial de la Alimentación en la FAO (Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) y es también un mensaje al Convenio de Diversidad Biológica (CBD), que se reúne este mes y tiene el tema en su agenda (Ver La Jornada del Campo133).


Los impulsores genéticos son una forma de ingeniería genética para engañar a las leyes de la herencia y que toda la progenie de una especie –sean insectos, plantas o animales– hereden forzosamente un rasgo transgénico. Están diseñados para diseminarse agresivamente en el ambiente y si el gen introducido es para producir sólo machos, en pocas generaciones podría eliminar toda una población de la especie manipulada y con el tiempo extinguir la especie entera, con impactos impredecibles en el ecosistema.


La industria biotecnológica ha desarrollado varias formas nuevas de ingeniería genética que intenta a toda costa desvincular de los transgénicos anteriores usando nombres que no las relacionen a éstos, como “edición genómica” o “mejoramiento de precisión”. Lo hacen para intentar evadir la resistencia global que existe contra los cultivos transgénicos y para evitar las regulaciones de bioseguridad y etiquetado.
El caso más extremo de estos intentos de engañar al público y reguladores es justamente el de los impulsores genéticos, ( gene drives en inglés o “genética dirigida” en el juego de nombres de la industria). Aunque la presentan como una tecnología en salud –para eliminar insectos vectores de enfermedades como la malaria– o incluso para conservación –para erradicar especies consideradas dañinas–, en realidad el uso principal que planean las industrias, incluyendo a Bayer-Monsanto y Dupont-Dow, es en agricultura, con la idea de recuperar el uso de agrotóxicos en plantas que se han hecho resistentes a ellos y expandir sus monopolios.


Los promotores de la tecnología han tratado deliberadamente que el público no la relacione con la agricultura, pero un nuevo informe del Grupo ETC revela que la mayor parte de la investigación es para aplicaciones en agricultura y alimentación, y de alto interés de las trasnacionales de transgénicos. (https://tinyurl.com/yb5zf3x7).


Entre otras líneas, investigan como extinguir las hierbas que se han vuelto resistentes al uso de agrotóxicos debido al alto uso de éste en los transgénicos. Consideran exterminar una especie de amaranto que se ha vuelto “maleza” en Estados Unidos, lo cual podría llevar a extinguir el amaranto comestible en México. También trabajan en cómo devolver la sensibilidad de hierbas al glifosato e insertar tolerancia a nuevos agrotóxicos para continuar o aumentar su uso. Existen un proyecto para manipular abejas melíferas y varios otros para “autoextinguir” insectos, hierbas, escarabajos, mariposas, gusanos, ratones y otros organismos considerados plaga por las industrias y la agricultura química, pero que tienen funciones en las cadenas alimentarias y los ecosistemas, y más que plagas, son una señal de desequilibrio de los agrosistemas.


El análisis de ETC sobre dos patentes clave sobre impulsores genéticos muestra que cada patente hace referencia a entre 500 y 600 utilizaciones en agricultura, incluyendo su relación con 186 marcas de herbicidas, 46 plaguicidas, 310 insectos considerados plagas agrícolas, además de nemátodos, ácaros, polillas y otros.


Por tanto, pese a los millones de dólares que ha gastado la Fundación Gates –que junto con el Ejército de Estados Unidos son los principales financiadores del desarrollo de organismos con impulsores genéticos (https://tinyurl.com/ybtrud4y)– para tratar de convencer a Naciones Unidas de que es una tecnología para ayudar a los pobres a combatir la malaria en África, en realidad se trata, nuevamente, de una estrategia empresarial trasnacional para aumentar su control sobre la agricultura y la alimentación, esta vez con la intención expresa de eliminar especies o volverlas transgénicas, aunque creen desastres en la biodiversidad y los ecosistemas.


La 14a. Conferencia de las Partes del CBD, que se reúne próximamente en Egipto, debe escuchar a los movimientos y personalidades del mundo agrícola y detener la liberación de esta riesgosa tecnología.

Por Silvia Ribeiro, investigadora del Grupo ETC

Publicado enMedio Ambiente
EU desarrolla programa para usar insectos como "arma biológica"

Insectos podrían convertirse en "una nueva clase de arma biológica", de acuerdo con un nuevo programa militar de Estados Unidos de cuatro años y 45 millones de dólares, advirtieron expertos. En el proyecto, los insectos podrían usarse para dispersar virus genéticamente modificados en cultivos del programa Insect Allies (Insectos Aliados), según un equipo que incluye científicos especialistas y abogados, señaló la revista Science.

La Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada de la Defensa (Darpa), responsable del desarrollo de tecnologías militares estadunidense, indicó que simplemente está tratando de alterar los cultivos que crecen en los campos mediante el uso de virus para transmitir cambios genéticos a las plantas.

En un artículo publicado este jueves en la revista Science (https://goo.gl/NqgFw6), el biólogo molecular Kai Kupferschmidt indicó que Washington tiene que justificar a detalle el propósito "pacífico" de Insect Allies para evitar que sea percibido como hostil por otros países.

"Suena como ciencia ficción: un programa de investigación financiado por el gobierno planea crear insectos portadores de virus que, liberados en grandes cantidades, podrían ayudar a los cultivos a combatir amenazas como plagas, sequías o contaminación. Insectos Aliados se lanzó en 2016 con poca fanfarria pero en un foro de política, cinco investigadores europeos pintan un escenario mucho más sombrío. Si tienen éxito, la técnica podría ser utilizada por actores maliciosos para ayudar a propagar enfermedades a casi cualquier especie de cultivo y devastar las cosechas. La investigación puede ser una violación de la Convención de Armas Biológicas (BWC, por su siglas en inglés)", argumenta el artículo.

Eso marcaría un cambio del procedimiento actual de modificar genéticamente las semillas para cultivos como el maíz y la soya antes de sembrarlas, pero la Darpa explicó que su objetivo es "proteger los suministros de alimentos del país de amenazas como sequía, enfermedades y bioterrorismo", usando insectos, pulgones y moscas, para infectar las plantas con virus que las protejan. "La seguridad alimentaria es seguridad nacional", argumentó Blake Bextine, responsable militar del proyecto.

“Insect Allies persigue contramedidas escalables, fácilmente desplegables y generalizables contra posibles amenazas naturales y artificiales al suministro de alimentos, con el objetivo de preservar el sistema de cultivos estadunidense. La seguridad nacional puede verse en peligro rápidamente por amenazas naturales a los cultivos, incluidos patógenos, sequías, inundaciones y heladas, pero especialmente por amenazas introducidas por actores estatales o no estatales.

"El programa busca mitigar el impacto de estas amenazas aplicando terapias dirigidas a plantas maduras con efectos que se expresan en escalas de una sola estación. Tal capacidad proporcionaría una alternativa urgente a los pesticidas, la cría selectiva, la limpieza de tala y quema, así como la cuarentena", sostiene la Darpa en (https://goo.gl/pGmmzF).

Asimismo, el Departamento de Estado defendió el programa y señaló que tiene fines pacíficos y no viola la BWC, y el Departamento de Agricultura indicó que sus científicos forman parte de los estudios que son realizados en laboratorios cerrados y no representan peligro ambiental.

En tanto, Todd Kuiken, de la Universidad Estatal de Carolina del Norte, señaló que no cree que el ejército tenga intención de atacar a otro país con insectos, pero "se ve mal" que la Darpa financie el proyecto. "El simple hecho de que sea un programa militar podría generar este tipo de interrogantes", criticó el especialista. A su vez, el biólogo y coautor del artículo de Science, Guy Reeves, alertó respecto de que esta tecnología "es más viable como arma, para matar plantas, que como herramienta agrícola"

Sábado, 04 Agosto 2018 07:29

Nuevos transgénicos: cáncer y toxicidad

Nuevos transgénicos: cáncer y toxicidad

Crispr-Cas9 es un nuevo método de ingeniería genética al que se atribuye ser más preciso que los transgénicos anteriores. Varios estudios científicos recientes muestran lo contrario: dos señalaron que puede provocar cáncer y otro más mostró efectos no deseados, entre ellos la eliminación o reordenamiento accidental de largas secuencias de ADN y el silenciamiento o activación de genes que no se pretendía modificar, todo ello con potencial patógeno.

El artículo más reciente, del equipo de Allan Bradley en el Wellcome Sanger Institute de Reino Unido, fue publicado en la revista científica Nature Biotechnology el 16 de julio de 2018 (https://tinyurl.com/ycdqhara).
Crispr-Cas9 es un constructo enzimático artificial que actúa como “tijeras moleculares con GPS”: encuentra el lugar donde se quiere manipular el ADN y corta las dos hebras de la hélice, inhibiendo la expresión del gen intervenido y/o insertando nuevo material genético, creando un organismo transgénico.


El estudio de Bradley y otros, realizado con células humanas y de ratones, mostró que Crispr-Cas9 frecuentemente produce efectos adicionales no deseados, como eliminar largas secuencias de ADN (de cientos a miles de bases) o su reordenamiento, pero lejos del sitio de corte. Concluyen que estos cambios pueden generar alguna enfermedad.


Bradley expresó que este tipo de efectos secundarios han sido subestimados en estudios anteriores, aunque había indicaciones sobre ellos probablemente porque no aparecían en los análisis, ya que en general se revisan secuencias de ADN cercanas al lugar de intervención con Crispr-Cas9, pero los cambios se muestran en secuencias distantes. En cuanto a la eliminación o el reordenamiento, dado que no se busca este fenómeno, puede pasar inadvertido en el laboratorio, pero tiene efectos potenciales dañinos en seres humanos y otros organismos.


Aunque los estudios se refieren sobre todo al uso de Crispr-Cas9 en medicina, el problema se manifiesta también en la manipulación de cultivos: los mismos efectos se producen en plantas, lo que lleva a impactos imprevistos en los plantíos y también en su consumo, porque la activación o desactivación de genes y la eliminación o reacomodo de secuencias puede causar alergias y otras formas de toxicidad.


El estudio del equipo de Bradley aumentó la alarma que crearon dos artículos anteriores: uno del reconocido Instituto Karolinska de Suecia, el cual señaló que Crispr-Cas9 incrementa el riesgo de cáncer en pacientes a quienes se insertan células modificadas con este método (https://tinyurl.com/y9jpyh84). Esto se debe a que la acción de Crispr-Cas9 no es eficaz ante la reacción del gen p53, que es una especie de “botiquín de primeros auxilios” de las células, asociado a la prevención de muchas formas de cáncer. Este gen trata de reparar el corte que produce Crispr-Cas9, y si no consigue hacerlo, instruye a la célula a morir para no reproducir la anomalía. Cuando el p53 no actúa, Crispr-Cas9 es mucho más efectivo, por lo que los científicos seleccionan las células en las que no actúa este gen, pero podrían estar insertando en los organismos células que serán cancerosas, como una bomba de tiempo.


Consultado por la organización GMWatch, el doctor Michael Antoniu, del King’s College de Londres, explicó que la reacción de los organismos de reparación ante el “corte” de Crispr-Cas9 es un mecanismo natural de defensa y, por tanto, no se trata de “ajustar” las nuevas biotecnologías, ya que el mecanismo seguirá actuando. Seleccionar las células donde éste no actúa implica efectos secundarios graves, como cáncer o, en el caso de plantas, problemas serios de inocuidad alimentaria. Antoniu plantea además que otras nuevas biotecnologías, como Talen o mutagénesis de un solo nucleótido, posiblemente generen los mismos efectos y por tanto deberían hacerse estudios sobre éstas también. Cuestiona que otros métodos de mutagénesis, como la radiación, podrían estar causando toxicidad que no se ha asociado a ellas, con impactos en la inocuidad y seguridad de los alimentos (https://tinyurl.com/y8rowl3w).


Oportunamente, a días de la publicación de los estudios referidos, el tribunal de justicia de la Unión Europea dictaminó –luego de un proceso iniciado por una demanda legal de La Vía Campesina, Amigos de la Tierra y otras organizaciones de Francia– que los productos de las nuevas biotecnologías (que incluyen mutagénesis y Crispr) son organismos genéticamente modificados, es decir, transgénicos, y deben pasar por los análisis de riesgos de las leyes de bioseguridad y su consideración debe basarse en el principio de precaución. Esto fue una victoria de las organizaciones campesinas, ambientalistas y de consumidores frente a la insistencia malintencionada de la industria biotecnológica de que las nuevas biotecnologías no necesitan pasar por evaluación de bioseguridad (https://tinyurl.com/y7vgznrp).


Esta misma absurda posición de la industria es la que defiende Víctor Villalobos, anunciado secretario de agricultura de Andrés Manuel López Obrador, para quien las organizaciones campesinas piden “destitución anticipada”(https://tinyurl.com/y7jwbnsr). Los nuevos estudios desmienten contundentemente que estos nuevos transgénicos no tengan riesgos.

 

Por Silvia Ribeiro, investigadora del Grupo ETC

Moscas controladas a distancia para entender cómo funciona el cerebro

La esperanza en la vida eterna parece tan intensa en los humanos que hasta los más racionalistas tienen resquicios por los que abrazarla. Con lenguaje científico, algunos cerebros como el ingeniero estadounidense Ray Kurzweil defienden que en quince años habrá dispositivos digitales capaces de alcanzar la complejidad de un ser humano. Con esa tecnología y otros avances biotecnológicos, se podría volcar la conciencia de un ser mortal en una máquina donde el individuo viva para siempre.


Lo cierto es que, pese al optimismo de investigadores como Kurzweil, nadie ha logrado crear dispositivos capaces de recrear algo parecido a la inteligencia humana. Dos cifras pueden dar una idea de la magnitud del reto considerando solo aspectos cuantitativos: los humanos tienen alrededor de 85.000 millones de neuronas con 1.000 conexiones de media cada una. Para tratar de afrontar la tarea descomunal de comprender y reconstruir los mecanismos que han dado lugar a la vida inteligente, algunos investigadores han optado por empezar desde abajo, planteando preguntas que, a diferencia de las de Kurzweil, se pueden responder en el presente.


Matthieu Louis y su equipo en el Centro de Regulación Genómica (CRG) de Barcelona han elegido larvas de mosca del vinagre, el mismo insecto que le sirvió a Thomas Morgan para poner las bases de la genética moderna desde su laboratorio de la Universidad de Columbia en Nueva York (EEUU). El olfato de estas crías de mosca se sustenta en el trabajo de solo 21 neuronas; el de los humanos, en varios millones.


Para buscar alimento y sobrevivir, las larvas rastrean su entorno avanzando mientras olisquean de un lado al otro. En esa búsqueda, el animal debe identificar cambios de intensidad en el olor de la comida que buscan y tomar las decisiones adecuadas para acercarse a ella. Según explica Louis, pese a la simplicidad de su sistema olfativo, las larvas son muy buenas rastreadoras.


En un estudio anterior, el grupo del CRG había demostrado que la información transmitida por una sola de las 21 neuronas de la nariz de la larva era suficiente para que pudiese seguir un gradiente de olor ascendente. Ahora, en un nuevo trabajo que se publica en la revista eLife, han tratado de describir cómo se representan las señales olfativas en el sistema sensorial de la mosca y conseguir controlar de forma remota su comportamiento.


"Queremos tener un modelo para, a partir de la información a la que sabemos que tiene acceso el animal, hacer una predicción sobre lo que va a hacer", apunta Louis. "En un ratón, la orden que sigue a partir de la información que recibe se representa en millones de neuronas, por eso es muy difícil definir a qué tipo de información tiene acceso el animal. Pero si restringes la información a una neurona, es posible plantearte hacer modelos".


Para analizar la relación entre los estímulos, la actividad de la neurona y el comportamiento de las larvas, los científicos del CRG emplearon una técnica conocida como optogenética. Básicamente, la idea consiste en colocar genes de algas sensibles a la luz dentro de virus inertes, que funcionan como medio de transporte para poder introducirlos en los animales. Una vez en la larva, los genes producen una proteína que funciona como interruptor de la célula, apagándola o encendiéndola en función de las ráfagas de luz azul enviadas por los investigadores. Así, pudieron estimular el sistema olfativo de la larva sin necesidad de olores, solo a través de la luz, y vieron que cuando detectaba una mayor concentración del olor, seguía adelante, porque eso significaba que se estaba acercando a la fuente, y cuando sucedía lo contrario, se paraba para no alejarse de la fuente.


Con toda esta información, varios físicos del equipo elaboraron un modelo matemático para explicar la forma en que los estímulos olfativos se convierten en un comportamiento concreto como seguir adelante, detenerse o girar. Después, probaron el modelo en condiciones naturales y pudieron hacer predicciones realistas sobre el comportamiento de las larvas ante variaciones de la concentración de olores.


Una vez resuelto en un animal tan simple como la larva de la mosca del vinagre el problema de la respuesta ante estímulos olfativos, los investigadores quieren ampliar estos modelos y ver cómo se pueden aplicar a animales más complejos. Al final, se trataría de diseccionar un problema inmenso como el funcionamiento del cerebro para hacerlo abarcable y resolverlo de manera progresiva.

Miércoles, 22 Octubre 2014 19:02

¿Es mejor prevenir... que vacunar?

¿Es mejor prevenir... que vacunar?

El caso de la reacción en masa de cientos de niñas pobladoras del municipio del Carmen de Bolívar ante la aplicación de la vacuna contra el papiloma humano, la respuesta dada al mismo por el poder dominante en el país, y el negocio imperante con los medicamentos y de la biotecnología, resalta y coloca ante los ojos de todos que salud, política y negocios privados conforman un triángulo que la sociedad debe confrontar y evitar que marchen al unísono.

 

Las graves alteraciones de la salud que de forma casi simultánea fueron evidentes en no menos de cuatrocientas niñas y adolescentes del Carmen de Bolívar, municipio de la costa atlántica colombiana, situado por carretera a poco más de novecientos kilómetros de la capital del país, ilustra de forma clara los peligros del pensamiento y el accionar colonizado de los grupos gobernantes.

La explicación de los desmayos, fuertes dolores de cabeza, debilidad manifiesta y dificultades en la locomoción que experimentaron las menores, como consecuencia de la vacunación contra el virus del papiloma humano (VPH), según el criterio de sus familiares, era el único factor común no cotidiano al que habían estado expuestas conjuntamente las niñas. Pese al testimonio y a la fuerza del mismo, fue desechado sin miramientos con el diagnóstico sumario formulado por el ingeniero Alejandro Gaviria, quien funge como ministro de salud, y quien diagnosticó que lo presentado era un Síncope Psicogénico Masivo.

La conclusión perentoria fue, entonces, que tratándose de una vacuna que pretende proteger contra un riesgo que en buena medida proviene del inicio de una vida sexual activa, la reacción de las niñas derivó en histeria colectiva. De esa manera, esquivaban el hecho que la seguridad y la efectividad de la vacuna ha estado siempre envuelta en una fuerte polémica. Cuando el Ministerio de Salud colombiano anunció el programa de vacunación contra el VPH en 2012, el diario Portafolio del 5 de octubre de ese año preguntaba si ese programa no iba a poner en riesgo a 400 mil niñas y citaba el caso de España donde habían tenido que crear la Asociación de afectadas por la vacuna del Papiloma –Aavp, fundada en Valencia– para reclamar al Estado y las multinacionales por los daños causados, así como el de Estados Unidos donde el Vaccine adverse event reporting system (Vaers), la autoridad pública en farmacovigilancia de ese país tenía notificadas, para esa fecha, 119 muertes y 26.564 casos de reacciones adversas. Ese diario preguntaba en el mismo artículo, y con razón, si en tales condiciones era justificable invertir 26 millones de dólares en comprar tal vacuna.

Las inquietudes, sin embargo, no sólo debían provenir de esos hechos, pues el Premio Nobel de medicina de 2008, Harald Zur Hausen –compartido ese año por otros dos médicos– por descubrir la relación entre el VPH y el cáncer de cuello uterino, estuvo marcado por el escándalo, en razón que dos miembros del Comité Nobel del Instituto Karolinska, Bo Angelin y Bertil Fredholm, jurados del Premio, habían estado en la nómina de AstraZeneca, empresa que había adquirido en 2007 la compañía Medimmune, entre cuyas patentes figura la correspondiente a la técnica que permite obtener las partículas con las que se desarrollaron las dos primeras vacunas contra el mencionado virus, y de las que AstraZeneca obtiene ingresos por derechos de propiedad intelectual. Curiosamente, Zur Hausen visitó Colombia el pasado 6 de octubre, y dio una conferencia sobre el tema del VPH en la celebración de los cien años del Gimnasio Moderno, sin que nadie lo importunara preguntándole por el escándalo. Además, Japón, que en marzo de 2013 decidió añadir Gardasil y Cervarixa, las dos vacunas contra el VPH, a su calendario de vacunaciones recomendado, suspende en junio de ese año tal recomendación tras analizar 2.000 casos y encontrar 357 eventos adversos graves. Como si fuera poco, el eurodiputado Michèle Rivasi, vicepresidente de los Verdes en Francia, ha solicitado una moratoria de la vacuna del VPH a los países de la Unión Europea, por considerar que no es efectiva, ni segura, ni necesaria.

Ahora bien, si en agosto el viceministro de Salud Fernando Ruiz, declaraba que: "Según el estudio hecho a una de las niñas, lo que se determinó fue una importante presencia de plomo en el organismo de las menores, y muy dudosamente hace referencia al tema de la vacuna como tal", con ello se reconocía un problema de origen físico y no de histeria colectiva, contradicción sobre la que no se llamó la atención, pues al gobierno lo que parecía importarle era salvar los papeles y culpabilizar a los enemigos de la modernidad ("Globalmente la oposición a la vacuna contra el VPH ha venido de organizaciones religiosas y grupos anticientíficos", declaraba el ministro). Mientras, desde el lado de académicos y periodistas, la culpa se endosaba a la ignorancia y el atraso de las clases populares. La revista Semana, por ejemplo, consignaba las declaraciones de Carlos Francisco Fernández, al que identificó como ex-presidente de Sociedades Científicas, y quien allí explicaba el problema diciendo que "llegamos con una vacuna de altísima tecnología a un pueblo que no tiene acueducto", descargando, de esa manera, la emergencia del problema en los cuerpos de las receptoras de la vacuna, por incapaces de asimilar la sofisticación tecnológica de lo suministrado, en una muestra patética del nivel reflexivo de nuestros "hombres de ciencia".

Un cierto tufillo de clasismo y sexismo, poco disimulado por cierto, se deja ver entonces en las reacciones del establecimiento, pues la imagen de la histeria colectiva esgrimida en este caso, no deja de tener familiaridad con el mito machista surgido en la edad media, que relacionaba las reacciones colectivas de grupos de mujeres perseguidas y asustadas con la brujería y las posesiones demoniacas. Pero, ¿por qué tanto celo del Estado en convertirse en abogado de oficio de la vacuna? ¿Por qué no guardó prudencia y esperó los resultados de las pruebas? ¿Por qué, incluso, ha reprimido con violencia las protestas de los padres de las afectadas? Para acercarnos un poco más al problema es necesario mirar un hecho casi simultáneo: la firma por parte del Presidente de la República, el 17 de septiembre, del decreto que regula el mercado de los medicamentos biotecnológicos en el país.

 

Negocio, biotecnología, e incertidumbre

 

Luego de tres años de discusión, de tires y aflojes, entre las multinacionales del negocio, el gobierno norteamericano, las entidades multilaterales y la burocracia criolla, en la fecha antes indicada fue estampada la firma presidencial en el decreto que regula el mercado de los medicamentos biotecnológicos en el país (de los cuales el de las vacunas no es precisamente una parte pequeña). En las tensiones de las negociaciones, y hasta último momento, el gobierno norteamericano le recordó al colombiano, a través de una carta que el vicepresidente Joe Biden hizo pública el 14 de septiembre, las obligaciones desprendídas del TLC.

A finales de julio de 2014, el embajador nacional en Washington, el tristemente célebre ex-presidente de la Andi Luis Carlos Villegas, le envió una misiva al ministro de Salud Alejandro Gaviria en la que, cual mensajero de los laboratorios norteamericanos, le transmitía las inquietudes que esas empresas tenían sobre la posibilidad que en Colombia se estimulara la fabricación de Biosimilares (copias de los biotecnológicos originales) y sobre las pruebas que dichos biosimilares deberían cumplir para ser homologados y autorizados.

Gaviria, en respuesta a una carta enviada, a su vez, por la Asociación de Laboratorios Farmacéuticos de Investigación y Desarrollo (Afidro), en la que ésta institución exponía al ministro las mismas inquietudes trasmitidas por el embajador desde Washington, aclaraba que si se consultó más a la organización Mundial del Comercio (OMC) que a la Organización Mundial de la Salud (OMS), fue porque los acuerdos con la OMC son vinculantes mientras que los suscritos con la OMS no, con lo que dejó claro que en materia de medicamentos el negocio está primero. El ministro Gaviria acaba su carta tranquilizando a las farmacéuticas, diciéndoles que "Por esta razón la Presidencia de la República y el Ministerio de Salud y Protección Social, han decidido expedir el decreto conservando sus contenidos e invitan a Afidro a participar en el diseño de una agenda conjunta de guías que deben ser expedidas para su aplicación (las cursivas no son del original), con participación de expertos nacionales e internacionales. Con lo que al poder incidir, con fuerza, en la reglamentación de la norma, la misión de Biden, Villegas, Afidro, la Organización de la Industria Biotecnológica, y otras más, puede considerarse cumplida.

El celo mostrado en la disputa por las diferentes partes obedece a que en la producción de medicamentos nos encontramos en una fase de transición en la que los productos resultantes de síntesis química comienzan a dejarle el espacio a los biológicos. Si bien los de origen inorgánico representan aún algo así como el 80%, sus ventas decrecen a un ritmo de 5% anual, mientras que las de los biológicos crecen 8% en igual periodo. Dado que entre los biológicos, los que más impulso reciben son los biotecnológicos (extraídos de un organismo vivo previamente manipulado) que son, además, los más costosos de producir y los más caros del mercado, hoy, la factura por el uso de este tipo de fármacos puede representar alrededor del 25% de la factura total en esta clase de gastos.

El crecimiento del mercado de estos productos ha sido vertiginoso en los últimos años: mientras que en 2008 tan sólo dos de los diez más vendidos era de origen biotecnológico, en la actualidad ya son la mitad. El sofosbuvir, conocido comercialmente como Sovaldi, desarrollado para curar la hepatitis, cuesta en Europa alrededor de 75.000 dólares para un tratamiento de tres meses; en EE.UU, ese mismo tratamiento puede costar 100.000 dólares (es decir, entre 150 y 200 millones de pesos para el caso de nuestro país). En Colombia, después del Dolex –el medicamento más vendido en nuestro territorio–, los tres que le siguen en la lista son de origen biotecnológico: rituximab, de Roche, utilizado para la leucemia; adalimumab, de Abbott, formulado para la artritis reumatoide y trastuzumab también de Roche, para el cáncer de mama. Se estima que entre 2008 y 2013 el país gastó 1.500 millones de dólares (aproximadamente 3 billones de pesos) en medicamentos biológicos.

El alto costo sesga en el mundo la investigación y la producción, favoreciendo a los más ricos. Tan sólo el 10% de los recursos es dedicado a la búsqueda de tratamiento para las enfermedades que afectan al 90% de la población (los más pobres), mientras que el 90% de la inversión tiene como destino la investigación de dolencias que afectan al 10% de los más privilegiados, en el famoso desbalance que Médicos Sin fronteras (MSF) ha denominado el "desequilibrio10/90". Esto implica que muchas enfermedades no sean investigadas, y entren en la categoría de Enfermedades Olvidadas. Entre 2000 y 2011, según MSF, sólo el 3,8% de los nuevos medicamentos aprobados, diferentes de las vacunas, se destinó para enfermedades desatendidas, Y tan sólo el 1,4% de alrededor de 150.000 ensayos clínicos, tuvo como objeto esos padecimientos. Ahora bien, tanto las vacunas, por su carácter masivo, como muchos de los medicamentos costosos empiezan a ser comercializados a través de los sistemas de seguridad social, con el fin de que las multinacionales cumplan con las metas de rentabilidad, por lo que la presión sobre los gobiernos, los médicos y también los pacientes a través de la publicidad, empieza a ser sofocante.

Otro detalle que no puede dejase pasar. Los medicamentos biotecnológicos, a diferencia de los farmaquímicos, pueden generar respuesta inmune y son estructuralmente más variables e inestables, dando lugar a reacciones mucho más diversas e inesperadas por efecto de su aplicación. La inmunogenicidad (respuesta inmune) es un tema que los expertos consideran está aún en una fase incipiente de exploración, por lo que debiera exigirse máxima precaución en el uso de medicamentos biotecnológicos y una veeduría social permanente. El desarrollo y comercialización de la vacuna contra el VPH ha estado inscrita en ese ambiente donde negocio, política e incertidumbre están tensando el entorno de la salud, de una forma desconocida hasta ahora. No es pues a una asimetría entre la complejidad tecnológica de la vacuna y el "atraso" de la población que la recibe (como creen nuestros "científicos") a la que obedecen las reacciones masivas adversas, sino a la naturaleza misma de un sistema sanitario mercantilizado que pretende hacer de los cuerpos espacios de valorización del capital.

 

 

 

Una industria oscura

 

La síntesis de los llamados principios activos de ciertos organismos, y su necesidad de producción en masa está en la base de las modernas industrias farmacéuticas. El ácido acetilsalicílico, que había sido sintetizado desde principios del siglo XIX, y cuyo proceso es perfeccionado y comercializado en los albores del siglo XX, bajo el nombre de Aspirina, por la firma Bayer, es quizá el primer fármaco de producción industrial globalizado.

Bayer, que se transformaría en 1925 en IG Farbenindustrie, el conglomerado industrial más grande de su época, luego de la fusión con compañías como Basf y Hoechst, entre otras, tendría un papel criminal en la Segunda Guerra Mundial, no sólo por el uso de los prisioneros de los campos de concentración como trabajadores esclavos, sino por la producción del gas Zyklon B con el que se mató a millones de detenidos, en las llamadas cámaras de gas. Con la invasión alemana a Polonia en 1939 y la instauración en ese país de campos de concentración y exterminio como Auschwitz, IG Farben crea la sociedad "IG Auschwitz", que utiliza prisioneros en los bioexperimentos del médico nazi Josef Mengele.

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, a través de la Operación "Paperclip", el gobierno estadounidense reclutó cerca de 700 científicos nazis, expertos en armas químicas y experimentación médica, reforzando el centro de investigación biológica y de desarrollo de armas químicas conocido como Fort Detrick (que en los setenta cambió su nombre por el de Instalaciones Frederick para Investigación sobre el cáncer), ubicado en Maryland, y que se especializó en "ingeniería de la infección". El "Experimento Tuskegee" de la sífilis no tratada, que consistió en inocular y dejar desarrollar la enfermedad a un grupo de 400 aparceros negros en Alabama, para estudiar su evolución; la inoculación de enfermedades venéreas a 696 guatemaltecos entre 1946 y 1948, para probar antibióticos; los experimentos con radiación; la inyecciones de pequeñas dosis de plutonio y uranio a enfermos terminales de cáncer (estos últimos hechos dados a conocer en la investigación realizada por el Comité Asesor del presidente William Clinton en 1995), son una pequeña muestra de lo actuado en nombre del avance de la ciencia médica. Esto sin contar con los millones de animales torturados y sacrificados, y el reciente uso de cobayas humanos "voluntarios".


El caso del medicamento Vioxx, para el tratamiento de la artritis, es otro buen ejemplo del divorcio entre ética y ganancia, pues desde su comercialización en 1999 hasta 2003 se considera la causa de 27.785 muertes por ataque al corazón y de alrededor de 160.000 crisis cardíacas y ataques cerebrales, siendo retirado tan sólo del mercado hasta 2004, a pesar de conocerse sus efectos. Igualmente, Avandia (rosiglitazona), un medicamento contra la diabetes de Glaxo Smith Kline es sacado en 2010 del mercado europeo, y pese a las dudas que genera, también acerca de ser el desencadenante de ataques cardiacos, fue "rehabilitado" en Estados Unidos el año pasado, dejando en la incertidumbre a sus usuarios.

Pero, más allá de eso, y que también reclamen mirar los casos más exitosos como la penicilina o la vacuna contra la poliomielitis, por ejemplo, ¿la sola existencia del desequilibrio 10/90 no obliga a las sociedades a desprivatizar, por lo menos, la investigación y producción de medicamentos para las enfermedades de la pobreza? ¿El tránsito acelerado hacía los medicamentos biotecnológicos no exige una veeduría ciudadana fuerte sobre los protocolos de experimentación y aprobación?

La asignación de recursos a través del mercado no parece muy eficiente para los grupos subordinados en el caso de los medicamentos, y tampoco para la salud en general. Según el Nobel de Medicina de 1993, Richard J. Roberts, la industria farmacéutica prefiere producir medicamentos cronificadores, es decir aquellos que hacen desaparecer los síntomas mientras se consume el producto, y paraliza la investigación de aquellos que curan, es decir que erradican la causa. Curación significa perdida del "cliente", cronificación, en cambio, dependencia permanente de la medicación. La salud del 99% depende, entonces, de la apropiación y gestión socializada de centros de investigación, experimentación y producción de los medicamentos que requiere. Otra propuesta obligada de los movimientos que de verdad luchan por un mundo más amable.

 

Publicado enEdición Nº207
Descubren la capacidad de una bacteria para degradar petróleo

Una bacteria capaz de matar mosquitos transmisores del dengue y el chicunguña, y que ahora también come petróleo y limpia aguas y suelos contaminados, puede ser la respuesta a dos males que han aquejado a Colombia este año, según investigadores.


El microorganismo, llamado Lysinibacillus sphaericus, que visto al microscopio parece un caramelo esférico con palito, es el consentido del Centro de Investigaciones Microbiológicas (Cimit) de la privada Universidad de Los Andes de Bogotá que, en asociación con empresas petroleras, lo cultiva y esparce para eliminar la polución de crudo.


Empezamos en la década de 1990 a estudiar la bacteria y llevamos tres años aplicándola en campo con industrias petroleras, con muy buenos resultados, dijo Jenny Dussan, directora del Cimit.


Esta bacteria puede acumular hidrocarburos y metales pesados gracias a que tiene en su cubierta una proteína que parece una cubeta de huevos. Es como si tuviera puesto un abrigo con huecos, dijo.


Con enzimas especiales, este microorganismo logra reducir la molécula de petróleo, que es muy compleja. Así, es posible que aguas y suelos contaminados con lodos aceitosos por la explotación petrolera vuelvan a tener vida vegetal y animal.
"La efectividad es de 95 por ciento, en un término de dos a tres meses. Un área impactada por un derrame queda completamente biorremediada", afirmó la investigadora.

Colombia, que sufre un conflicto armado de más de medio siglo, ha sido objeto en los primeros siete meses de este año de una cuarentena de atentados contra la infraestructura petrolera que provocaron el derrame de casi 42 mil barriles de hidrocarburos, según cifras oficiales.

Los ensayos con este microorganismo han dado resultados sorprendentes en terrenos que han sido afectados este año por los atentados a la industria petrolera, agregó Dussan, que reportó el uso de la bacteria en los departamentos del Meta y Casanare, en los Llanos orientales colombianos.


Contra Anopheles, Aedes y Culex


Además de devorar el petróleo, la Lysinibacillus sphaericus produce toxinas mortales para las larvas de los mosquitos Anopheles, Aedes y Culex, vectores de enfermedades tropicales como la malaria, el dengue, el chicunguña y la fiebre amarilla, entre otras.


Ese fue el uso inicial que se dio al microorganismo, popularizado en los años 1980 por la Organización Mundial de la Salud (OMS), pero descubierto a principios del siglo XX.


Aunque la OMS utiliza esta bacteria en diferentes partes del mundo con ese fin desde hace tres décadas, científicos colombianos hallaron que otras cepas de este microorganismo eran mejores para matar a los mosquitos en Colombia.
Durante muchos años hicimos muestras por toda Colombia, sabiendo que aquí hay enfermedades tropicales. Nuestro ánimo era ver si aquí las bacterias propias eran mejores que las de la OMS y contribuir con microorganismos más eficaces para matar a los mosquitos, y resulta que sí, dijo Dussan.


Colombia, país tropical donde el dengue tiene mucha incidencia, se ha visto afectada este año por la aparición del chicunguña, enfermedad transmitida por los mosquitos Aedes aegypti y Aedes albopictus, de la cual las autoridades sanitarias ya han informado 12 mil casos.

Jueves, 21 Febrero 2013 07:14

Cuarenta aniversario de los transgénicos

Cuarenta aniversario de los transgénicos

Este año, la transgénesis cumple 40. Son pocos años, si se considera que la manipulación transgénica (la introducción forzada de material genético de varios organismos diversos en otro que los recibe y los reproduce) es una intervención en la biología del planeta sin precedente en los miles de millones de años que ha existido la vida en esta, nuestra esquinita del cosmos.

 

Pero 40 años son muchos cuando se considera que esta intervención se ha visto distribuida sobre una superficie significativa del planeta. Los humanos hemos mantenido, en promedio, unos 100 millones de hectáreas de cultivos transgénicos cada año desde su primera comercialización oficial en 1996, concentradas principalmente en cinco países. Esto, sin contar liberaciones imprevistas. Lo interesante es que ahora contamos con datos de esta experiencia de 40 años para evaluar la transgénesis.

 

Algunos piensan que este “experimento” con el planeta demuestra de alguna manera la inocuidad de los transgénicos; argumentan que no ha habido evidencia de daño alguno asociado a la liberación o uso de estos organismos. Otros, como yo, consideran que nunca fue este un experimento, porque nunca hemos hecho lo mínimo necesario para que lo fuera, a saber: mantener controles y observar sistemáticamente los resultados. Los transgénicos se liberan al ambiente sin posibilidad de compararlos con algún control y sin etiquetar. ¡Ningún estudiante de secundaria pasaría la materia si cometiera el error de no incluir un control ni marcar los tubos en su experimento! Tal vez no tengamos un experimento, pero historia, sin embargo, sí tenemos.

 

Después de su primera generación en 1973, el doctor Paul Berg, junto con otros pioneros de la transgénesis, llamó a una reunión urgente en el centro vacacional de Asilomar, al sur de San Francisco, pidiendo a todos los científicos un periodo de reflexión sobre los posibles riesgos de la transgénesis. El riesgo más importante que ellos podían vislumbrar era el posible escape al ambiente de alguna bacteria con propiedades patogénicas aumentadas, como lo sería una resistencia a los antibióticos. Hoy sabemos que este riesgo se ha convertido en realidad: al muestrear seis de los ríos más importantes de China, un grupo de investigadores demostró que en todos ellos las poblaciones nativas de bacterias han incorporado ADN originado en laboratorios o en campos de cultivo río arriba. Además, las secuencias de ADN transgénico encontradas no son irrelevantes: las bacterias que las llevan se vuelven resistentes a antibióticos.

 

Esta es, en otras palabras, la demostración de que la peor pesadilla del doctor Berg es ahora una realidad ecológica innegable. Por si hiciera falta resaltar la importancia de este descubrimiento, hay que dejar en claro que sabemos ahora a ciencia cierta que los transgénicos no se quedan inmóviles en el sitio en el que se les libera, sino que se transfieren por mecanismos de transmisión “horizontal” de material genético de las plantas transgénicas a las bacterias de vida libre en el ambiente, de donde pueden continuar, ahora invisiblemente, dispersándose. El hecho de que las bacterias de vida libre desarrollen el fenotipo específico de la resistencia a los antibióticos significa además que estamos “armando,” a través de los transgénicos, a la próxima generación de bacterias patogénicas que encontraremos nosotros, nuestros animales y plantas cultivadas, sin las herramientas que el siglo XX nos dio para defendernos de sus infecciones. Hay que notar que la aparición de bacterias resistentes a los antibióticos es el tema que más preocupa a las instituciones de salud pública de todo el mundo en estos momentos.
El escape de los transgénicos por transmisión génica horizontal se añade a los documentados ejemplos de su escape a través de los mecanismos más conocidos de polinización y movimientos o intercambios de semillas. Sabemos, pues, que la liberación intencional o inadvertida de transgénicos al ambiente tiene consecuencias que van mucho más allá del campo de cultivo en el que se les introduce, y que esas consecuencias durarán muchísimo más tiempo del que pensábamos hace 40 años.

 

Sabemos más: en los últimos dos años hemos recibido información clara sobre las consecuencias del consumo de transgénicos. Sabemos que el material genético de los transgénicos (sobre todo el ARN) sobrevive a la digestión en el humano en suficientes cantidades como para tener un efecto importante en la salud de quien los consume. Hemos visto los resultados de estudios de alimentación en modelos animales como las ratas, gracias al trabajo de los equipos dirigidos por los doctores Pusztai en Escocia y recientemente de Séralini en Francia. A pesar de las campañas de descrédito en su contra, estos estudios continúan sin refutación científica, indicando que a mediano y largo plazos el consumo de transgénicos puede tener consecuencias importantes en la salud.

 

Sabemos también que los materiales transgénicos pueden tener comportamientos inesperados, como lo demuestran dos estudios recientes. Primero, una secuencia inusitada encontrada en la mayoría de las plantas transgénicas, el llamado “gen VI”, no sólo contribuye a la activación desmesurada de las regiones genómicas en que se encuentra, sino que también, soprendentemente, parece bloquear la capacidad de defensa de la planta –o cualquier otro organismo– ante ataques de virus. En otro estudio hemos aprendido que la introducción de ARN transgénico en las plantas que forman la dieta humana puede conferir regulación directa de ese ARN sobre los tejidos del humano a varios niveles, alterando su fisiología de maneras complejas. Debe notarse que una “nueva generación” de transgénicos propone el uso del tipo de ARN en cuestión, a través de los llamados ARN de interferencia.

 

Desde una perspectiva estrictamente biológica, los riesgos de la liberación de transgénicos al ambiente, que ya se podían vislumbrar hace 40 años, son ahora daños reales en la ecología del planeta: contaminación genética, generación de resistencias en malezas, plagas y patógenos, daños por el abuso de los pesticidas asociados, y muchos más. A ellos, la historia continúa agregándoles sorpresas inusitadas: la transferencia horizontal rampante, las alteraciones fisiológicas sutiles pero importantísimas debidas directamente al consumo de transgénicos, la emergencia de nuevas cepas de bacterias resistentes y de cultivos con nuevas susceptibilidades. Tenemos, sin duda, evidencia de prima facie para concluir que los transgénicos, en su 40 aniversario, merecen una nueva evaluación que confronte ya no los riesgos hipotéticos contra los beneficios a futuro, sino los daños demostrados contra las promesas incumplidas de rendimiento y seguridad.


Por Ignacio Chapela, profesor de la Universidad de California en Berkeley

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Vernon Hugh Bowman

La multinacional Monsanto tiene un litigio con Vernon Hugh Bowman, un pequeño agricultor de Indiana, por saltarse las patentes sobre sus semillas de soja. Lo llamativo del caso es cómo ha violado Bowman la patente: se ha limitado a guardar parte de la cosecha obtenida después de una primera cosecha de semillas transgénicas resistentes a un plaguicida, y la volvió a plantar. Lleva así nueve años, por lo que se está beneficiando de los mayores rendimientos de la planta diseñada por Monsanto sin pagarle los derechos correspondientes. El juicio está en el Tribunal Supremo.

 

El caso ha merecido que Nature lo recoja en su edición digital de hoy. Otros medios, como The New York Times también se han hecho eco. Precisamente en declaraciones a ese diario, Bowman ha dicho que con sus 300 acres (121,4 hectáreas) dedicadas a la soja, el maíz y el trigo, “no merece” ni llamarse un agricultor.

 

“El demandado en este caso (Bowman) obtuvo la soja modificada de un proveedor local, y durante nueve años la reprodujo violando la patente”, afirma la compañía —con la que este periódico ha intentado ponerse en contacto— en un comunicado. En EE UU los agricultores firman un contrato al comprar las semillas en el que se comprometen a no replantar la producción. Esta salvaguarda para sus intereses la introdujo Monsanto después de abandonar en 1999 la tecnología denominada Terminator, que hacía que las semillas producidas (el grano en el caso de los cereales) fueran estériles.

 

“El sistema de patentes de EE UU ha desempeñado un papel crucial para incentivar la innovación y estimular el avance de muchas de las industrias vitales para nuestro país”, ha dicho en ese comunicado Daniel Snively, vicepresidente ejecutivo de Monsanto. “En este caso, el sistema ha permitido el descubrimiento y la expansión de una ciencia novedosa que ha revolucionado la agricultura, permitiendo a los agricultores producir más comida a la vez que ahorraban en recursos naturales”. “Lo que está en juego son algunas de las más innovadoras investigaciones del planeta, no solo en agricultura, sino también en estudios que van desde las medicinas a las ciencias medioambientales que se basan en un sistema de patentes para hacer su inversión en I+D viable económicamente”.

 

Lo que en el fondo está en juego es qué pasa con sistemas que pueden replicarse solos. Las semillas son un caso peculiar porque nadie piensa en ellas como algo artificial, pero este tipo de protección se utiliza en otras tecnologías, desde cultivos celulares para producir medicamentos o programas de software que pueden replicarse fácilmente. Por eso, The New York Times recoge que no solo el Departamento de Justicia ha emitido una nota apoyando a Monsanto, sino que grupos como BSA The Software Alliance, que representa a empresas como Apple y Microsoft, han dicho en un comunicado que un fallo contra Monsanto “podría facilitar la piratería de software a gran escala”. Ya que los programas son fácilmente replicables. También ha advertido que, por el contrario, una decisión muy rígida en el sentido contrario podría facilitar la abundancia de litigios por menudencias en la defensa de las patentes.

 

En cambio, grupos como el Center for Food Safety (Centro para la Seguridad Alimentaria) y Save Our Seeds (Salvemos Nuestras Semillas) han afirmado que el juicio pone de manifiesto el papel predominante de Monsanto y otras compañías biotecnológicas en el sector, que han llevado a un aumento de los precios. Según la primera de estas organizaciones, la multinacional ha emprendido más de 140 procesos por infringimiento de patentes que han involucrado a 410 granjeros y 56 explotaciones agrícolas, que le han reportado más de 23,67 millones de dólares (17,73 millones de euros).

 

El conflicto entre Bowman y la compañía es, por tanto, uno más, pero la compañía cree que debe mantenerlo para proteger sus intereses. El hombre afirma que en verdad él ha comprado todos los años semillas a Monsanto, y que solo replantó una pequeña parte para obtener una segunda cosecha. Como esta suele tener mucho menor rendimiento, no quiso pagar las semillas. La compañía le ha pedido más de 80.000 dólares (60.000 euros). “Estoy dispuesto a que me avasallen, pero no a que me arruinen”, ha dicho Bowman.

 

Fuentes de la compañía en España, después de insistir en que el caso se ha dado en EE UU, han remitido las siguientes explicaciones: "Seguimos confiando en nuestra posición legal, y pediremos al Tribunal Supremo que confirme la decisión del Circuito Federal, que reafirmó importantes derechos de propiedad intelectual con importancia para la industria de la biotecnología agrícola.  Monsanto invierte más de 4 millones de dólares diarios en investigación y desarrollo para beneficiar a agricultores y consumidores. Sin la protección de las patentes, esto no sería posible.  La vasta mayoría de los agricultores entienden y aprecian nuestras investigaciones y están dispuestos a pagar por nuestras invenciones y el valor que proveen. Ellos no piensan que sea justo que algunos agricultores no paguen.Un pequeño porcentaje de agricultores no honra este acuerdo. Monsanto es consciente, a través de nuestras propias acciones o de terceras partes, de que hay individuos sospechosos de violar nuestras patentes y acuerdos. Donde encontramos violaciones de patentes, somos capaces de alcanzar acuerdos sin necesidad de ir a juicio. En muchos casos, estos agricultores continúan siendo clientes. Algunas veces, ambas partes deciden que sea la corte quien decida sobre el asunto. Esta circunstancia es relativamente poco habitual, y hasta la fecha, solo nueve casos han pasado por un juicio completo. En cada una de estas instancias, el jurado decidió a nuestro favor".

 

Por último, destaca que "sin importar si el acuerdo se soluciona de manera inmediata, o a través de la vía legal, lo recaudado es donado a la comunidad, incluyendo becas para apoyar a la juventud".

 

Por Emilio de Benito Madrid 19 FEB 2013 - 18:44 CET

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Transgénicos, cáncer y corrupción en la ciencia

Gran parte del maíz transgénico que Monsanto y otras empresas presionan para plantar en millones de hectáreas en México, es el tipo que provocó cáncer y otros daños a la salud (hígado y riñones, infertilidad, muerte prematura) en ratas de laboratorio, según un reciente estudio científico en Francia.  El estudio ha sido objeto de muchos reconocimientos científicos y también cuestionamientos. Pese a que las críticas vienen de científicos ligados a la industria transgénica, es muy saludable que se discuta este y cualquier otro experimento científico. Lo que es enfermo y no se justifica en ningún escenario es que mientras tanto, se autorice la siembra y consumo de maíz transgénico, sometiendo a la población a esos riesgos.

 

Si el gobierno aprueba esas solicitudes, México, por ser uno de los países de más alto consumo de maíz del mundo –comemos maíz cada día, durante toda la vida– se transformará en un gigantesco experimento de las transnacionales, las mujeres, niños y hombres seremos sus ratas de laboratorio. Si comparamos en extensión de vida, el cáncer y otros problemas empezarían a aparecer después de varios años de consumo –probablemente antes en los niños.

 

Las solicitudes son para Sinaloa y Tamaulipas, estados que como explicó Ana de Ita (La Jornada, 16/10/12) , proveen de maíz a la ciudad de México y otras, por lo que el perverso experimento comenzaría masivamente apenas 6 meses después que se plantara ese maíz. Por ello crece la alerta en las ciudades tanto como en el campo, exigiendo que no se apruebe ningún maíz transgénico.

 

El estudio en Francia mostró resultados tan graves, que se ha convertido en un caso paradigmático, tanto sobre los riesgos de los transgénicos, como por revelar  la corrupción de científicos y agencias reguladoras, mostrando que el sistema que usan para evaluación de riesgos es altamente deficiente.

 

En septiembre 2012, Gilles-Eric Séralini y su equipo de la Universidad de Caen, Francia, publicaron los resultados de alimentar durante dos años a ratas de laboratorio con maíz transgénico NK603, resistente al herbicida Roundup, mostrando que produjo tumores cancerígenos y otros daños severos en ratas. Es el estudio más amplio que se ha realizado a nivel mundial y la revista que lo publicó, la más prestigiada en el tema de toxicología en alimentos.  

 

Séralini usó el mismo tipo de ratas y la misma metodología que había usado Monsanto con el maíz NK603, pero empleó un mayor número de ratas y prolongó el estudio durante toda la vida de éstas, mientras Monsanto lo interrumpió a los tres meses. Pero Monsanto afirmó que las ratas no tuvieron problemas y basadas en sus  datos, la EFSA (Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria) declaró que el maíz era “seguro” para el consumo. Curiosamente, los síntomas de daño aparecieron a partir del cuarto mes, lo que cuestiona el período de tres meses que usó Monsanto, aceptado por la EFSA. La EFSA ha sido objeto de muchas denuncias –incluyendo a la Corte Europea de Auditores- por sus relaciones incestuosas con la industria de transgénicos, de alimentos y de agrotóxicos, incluyendo haber eliminado informes críticos (como hizo con otro maíz transgénico en 2005) y que la mayoría de los científicos que cita y con quien trabaja en temas cruciales de riesgo sobre la salud, tienen conflicto de intereses. (Ver detalles en Corporate Europe Observatory)

 


Apenas publicado el estudio de Séralini, un centro de relaciones públicas financiado por la industria biotecnológica y otras industrias contaminantes, que se hace llamar Science Media Centre, (SCM) compiló citas de “científicos” que cuestionaban el estudio de Séralini, alegando problemas de metodología, que las ratas usadas tienden a desarrollar tumores, que eran pocas, que hay animales alimentados con maíz transgénico a nivel industrial pero no se reportan tumores, (ocultando que ni los  buscan ni el caso es comparable por ser períodos de vida mucho más cortos). En pocas horas científicos ligados a los transgénicos en todo el mundo, incluso en México, repetían como loros los argumentos que les redactó este centro. Varios científicos citados por el SCM tienen vinculación con Syngenta, Monsanto y otras transnacionales de transgénicos. (Ver informe “Smelling a corporate rat”, 12/12/12, SpinWatch).

 

La EFSA se pronunció contra el estudio y exigió a Séralini todos los documentos bases del mismo. Séralini demandó que el mismo tipo de documentos debían ser hechos públicos para el estudio sobre NK603 realizado por Monsanto, pero la EFSA se negó, alegando que era “información confidencial” de la empresa, demostrando sus dobles estándares.

 

A fin de noviembre, la EFSA publicó su informe, cuestionando la metodología de Séralini y afirmando que “no hay que volver a examinar las evaluaciones previas de seguridad sobre el NK603”, citando informes de otros países –todos sospechosamente similares. Pero Séralini usó las mismas ratas y la misma metodología que Monsanto, por lo que la conclusión obvia es que la metodología de Monsanto está errada, y por tanto se debe retirar del mercado todo lo que contenga maíz transgénico. Séralini publicó un nuevo artículo que contesta todos los

cuestionamientos.
Pese a que el tema es mucho más grave para México, la comisión de bioseguridad (Cibiogem) solo publica la versión de EFSA, ignorando otros informes científicos que apoyan a Séralini, sus respuestas, e incluso a otras agencias gubernamentales, como la ANSES, Francia. Los científicos de Cibiogem y sus organismos deben declarar sus conflictos de interés y porqué eliminan los datos críticos a los transgénicos.


Por Silvia Ribeiro. investigadora del Grupo ETC

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