Más de un tercio de los cultivos humanos necesitan de los insectos y aves para su polinización Natural Capital Project

La mitad de la población mundial sufrirá la merma de beneficios naturales como la polinización o la limpieza del agua en treinta años

 

En 30 años, más de la mitad de la población mundial sufrirá las consecuencias de una naturaleza malherida. Un amplio estudio ha modelado lo que los distintos ecosistemas y procesos biológicos ofrecen hoy a los humanos y lo que podrán darles en 2050. Por diversas causas, la mayoría antropogénicas, procesos naturales como la polinización de los cultivos o la renovación del agua reducirán su aportación al bienestar humano. La peor parte se la llevarán regiones que hoy tienen un mayor capital natural, como África y buena parte de Asia.

Los autores de la investigación determinaron la contribución natural de los diversos ecosistemas a tres procesos claves para los humanos: la polinización por parte de insectos y aves, la regeneración del agua mediante la retirada del exceso de nitrógeno procedente de la ganadería y la agricultura o la protección que diversas barreras naturales dan en la línea de costa. "La naturaleza ofrece mucho más a los humanos, en un anterior trabajo planteamos 18 grandes familias de contribuciones naturales, pero no hay datos de todas ellas y para todo el planeta", dice el investigador Ikerbasque en el Basque Centre for Climate Change (BC3) y coautor del estudio, Unai Pascual, para explicar la elección de estas tres contribuciones.

Solaparon aquellos datos con los de la población actual y la prevista en 2050 a escala local. El modelo incluyó también los distintos factores que más están deteriorando la naturaleza, como los cambios en el uso de la tierra en forma de deforestación y avance de la agricultura, la acelerada urbanización o el cambio climático. Por último, aplicaron su modelo a tres posibles escenarios: uno en el que las sociedades seguirán basadas en el uso de los combustibles fósiles como ahora, otro emergente que denominaron de rivalidad regional y un tercero protagonizado por la sostenibilidad.

El trabajo, publicado en Science, concluye que, en el peor de los escenarios, hasta 4.450 millones de personas podrían tener problemas con la calidad del agua por la incapacidad de los distintos ecosistemas de regenerarla. Además, casi 5.000 millones de humanos tendrán que soportar una significativa merma en los rendimientos de sus cultivos por una deficiente polinización.

Los peores resultados no se dan en el escenario donde el petróleo (y las emisiones de CO2) son la base del sistema, sino en el nuevo de rivalidad regional. "Es en un escenario de generación de bloques, donde el comercio internacional se regionaliza, algo que ya estamos viendo con el Brexit o Trump", comenta Pascual, que es también copresidente del informe de Evaluación sobre los Valores de la Naturaleza de la IPBES (Plataforma Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios de los Ecosistemas). En este panorama de nacionalización de la globalización, el aumento de la población intensificará la presión sobre los recursos que la naturaleza puede ofrecer en muchas regiones del planeta.

Solo una apuesta por una trayectoria sostenible podría reducir el número de personas afectadas por el deterioro de los ecosistemas entre tres y diez veces. Sin embargo, sea cual sea el escenario que se dé dentro de 30 años, unos 500 millones de habitantes de las zonas costeras tendrán un mayor riesgo de erosión del litoral o de inundaciones.

El trabajo, que se ha plasmado en una potente herramienta visual del Proyecto Capital Natural, permite saber quiénes serán los que mas pierdan. Hasta 2.500 millones de personas del este y sur de Asia y otros 1.100 en África sufrirán una reducción en la calidad de su agua. Los riesgos costeros se concentrarán en el sur y el norte de Asia. Mientras, los mayores problemas con la polinización natural los tendrán de nuevo en el sudeste asiático y África, pero también en Europa y América Latina. En ambas regiones las personas afectadas podrían acercarse a los 900 millones.

"Los países en desarrollo, que ya estaban en desventaja social y económica, contaban con la supuestas ventajas del mayor capital natural, pero es aquí donde se degrada más rápidamente", señala Pascual.

Aunque la tecnología ha venido supliendo un número creciente de servicios que antes prestaba la naturaleza, esta vez podría no ser la respuesta. "Si nos referimos a tecnologías como aquellas que reemplacen por completo las contribuciones de la naturaleza, como puede ser la polinización manual de cultivos que hacen en China, o plantas de tratamiento de agua para eliminar el nitrógeno, o la elaboración de estructuras sólidas para proteger las costas, no me parece que sean solución", explica en un correo la investigadora de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Patricia Balvanera, no relacionada con el estudio.

Especializada en la interrelación entre biodiversidad y bienestar humano, Balvanera lo explica: "No son soluciones, por un lado, porque no cumplen todas las funciones que cumple la naturaleza. El tener vegetación a lo largo de los ríos o los bordes de los lagos no solo contribuye a la retención de nitrógeno, sino también contribuye a la infiltración del agua, a bombear agua a la atmósfera, además de ser un lugar apto para la recreación. Lo mismo con los manglares, arrecifes, pastos marinos. No solo contribuyen a la protección costera, sino que son las guarderías de los peces y por lo tanto contribuyen a la regulación de las pesquerías".

La concentración de las mayores pérdidas de capital natural en las zonas más pobres que revela el estudio también hace inviable la apuesta tecnológica. Así lo argumenta la investigadora mexicana: "No es realista que Madagascar pueda invertir en construcciones costosas para la protección costera. No es realista que la India pudiera poner cientos o miles de plantas de tratamiento de agua. Tampoco es realista que China compense toda la polinización con trabajo manual".

Más realista parece conservar la biodiversidad allí donde más ofrece. Y, como dice en una nota la científica del Proyecto Capital Natural y coautora del estudio Becky Chaplin-Kramer, "contamos con la información que necesitamos para evitar los peores escenarios que proyectan nuestros modelos y avanzar hacia un futuro justo y sostenible".

11 OCT 2019 - 04:47 COT

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 El entrenador del ave espera que las fotografías sacudan la apatía del mundo para que actúe de manera más rápida.Foto Ap

París. Las imágenes serán impactantes, pero también una muestra de consecuencias funestas. Con una cámara montada entre sus alas, un águila de cola blanca llamada Victor observará el mundo mientras vuela sobre los Alpes y captará imágenes de magníficos glaciares que se están derritiendo debido al calentamiento del planeta.

Es poco probable que su desaparición sea un espectáculo agradable y ese es precisamente el punto. Victor hará hasta cinco vuelos esta semana sobre los Alpes. Los organizadores esperan que el espectacular visión del águila ayude a que el mundo se sacuda la apatía sobre el cambio climático y trabaje en acciones más rápidas para combatir sus efectos.

Su adiestrador espera que ver el mundo como lo ve un águila también ayude a convencer a los espectadores de la importancia de proteger a las aves y sus entornos, en especial después de un reporte reciente que da testimonio de su declive devastador.

La humanidad tiene dos sueños: nadar con delfines y volar con águilas, afirmó Jacques-Olivier Travers, experto en halcones y fundador de Freedom Conservation. Esta es la primera vez que realmente montaremos sobre la espalda de un águila a tal distancia y con estas panorámicas ver cómo vuela.

Si el tiempo lo permite, el águila de nueve años emprenderá el vuelo desde el pico del monte suizo Piz Corvatsch con una cámara de 360 grados montada en su espalda y un localizador satelital GPS para seguir su recorrido. Victor volará sobre Alemania, Austria e Italia antes de llegar a Francia el 7 de octubre.

Durante cada vuelo, el ave volará entre 3 y 5 kilómetros y descenderá de mil 500 a 3 mil metros en busca de Travers.

No tengo un control remoto. Si él no me ve o decide no acercarse, podría irse a donde sea, explicó Travers. Es por eso que los vuelos dependen del tiempo. Si la visión de Victor se oscurece por las nubes, no vendrá, es esencial que me vea.

 El gran trozo era uno de los llamados "dientes flojos" por estar unido de forma precaria a Amery. En la imagen se muestra otro de esos bloques.Foto Afp

Un gran iceberg, de más de mil 600 kilómetros cuadrados y que contiene 315 gigatoneladas de hielo, se separó de la plataforma Amery de la Antártida Oriental.

Las plataformas son hielo flotante que se forman donde la capa congelada se encuentra con el océano. No afectan directamente el nivel del mar porque están flotando, como un cubo de hielo en un vaso de agua. Cuando se derrite sobre tierra firme es el causante del aumento del nivel del mar.

Helen Fricker, del Instituto Scripps de Oceanografía y coautora del hallazgo, señaló que este tipo de evento no está relacionado con el cambio climático: ocurre de forma natural cada 60-70 años.

"Sin embargo, este evento es parte del ciclo normal de la plataforma de hielo y, aunque hay mucho de qué preocuparse en la Antártida, todavía no hay motivo de alarma para Amery, en particular", explicó Fricker en la cuenta de Twitter de Scripps. Se trata de la tercera plataforma más grande de la Antártida.

El iceberg provenía de la parte occidental de un sistema de grietas en la parte delantera de la plataforma de hielo.

El sistema de grietas era el límite de un gran trozo de hielo que se había denominado el "diente flojo" desde 2002, porque parece haber estado unido de forma precaria durante algún tiempo.

El nuevo bloque masivo de hielo ha sido designado D-28. Los satélites continuarán observando el nuevo iceberg, porque podría convertirse en un peligro.

Fricker aseguró que este evento de desgarro subraya la importancia de las observaciones a largo plazo en la Antártida para comprender el ciclo natural de las capas de hielo, con la finalidad de que los científicos puedan comprender mejor los fenómenos provocados por el cambio climático del ciclo natural de "fondo".

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 Los presidentes de Brasil y de Estados Unidos, Jair Bolsonaro y Donald Trump, respectivamente, durante sus intervenciones en la Asamblea General de la ONU, subrayaron sus acciones contra esa doctrina. Mientras el jefe de la Casa Blanca reiteró que "América"" jamás será socialista", el mandatario sudamericano dijo que está al rescate de su país, el cual estaba "al borde" de ese sistema. Fotos Ap y Xinhua

Nueva York. Los primeros oradores al arrancar el debate anual de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) fueron el mandatario del último superpoder mundial y el del país más grande de América Latina, quienes se sintonizaron en la defensa de su soberanía nacional, alabar su patriotismo y resaltar que su lucha es contra el "socialismo".

Donald Trump afirmó que "el futuro no pertenece a los globalistas; el futuro pertenece a los patriotas", e insistió en que él y otros líderes deberían anteponer siempre los intereses nacionales, y que en su país está en camino una "renovación nacional".

Trump abordó su disputa comercial con China y con todo el sistema de comercio mundial actual. A la vez, arremetió contra Irán, al cual acusó de ser una de las principales amenazas a la "seguridad" internacional, pero sorprendió a muchos en la sala que esperaban que el magnate anunciara una respuesta bélica al hablar sólo sanciones más severas contra ese país. De hecho, reiteró su oposición a "guerra sin fin" y declaró que cualquier país puede hacer guerras, pero "sólo los más valientes optan por la paz", y dio como ejemplo su negociación con Corea del Norte.

Girando hacia América, identificó la migración indocumentada como uno de los retos más críticos en el mundo y justificó sus medidas antimigrantes. Atacó a los críticos de sus políticas acusando que existe una industria de "activistas radicales y organizaciones no gubernamentales que promueven el tráfico humano", el cual disfrazan detrás de la retórica de "justicia social" mientras promueven políticas "crueles y malvadas" que minan los derechos humanos.

Tal como se esperaba, retomó su ofensiva contra los gobiernos de Cuba, Nicaragua y Venezuela, al denunciar que Nicolás Maduro es "un títere cubano", y reiteró el apoyo de Washington al cambio de régimen en ese país.

Con ello, abordó lo que dice es la otra gran amenaza: "el espectro del socialismo". Reiteró su nuevo mensaje de que “America jamás será un país socialista”.

Casi al final, el hombre que tiene pendiente acusaciones de hostigamiento y abuso sexual de unas 20 mujeres, elogió los derechos y el desarrollo económico femenino.

Anunció que "nunca ratificaremos el Tratado de Comercio de Armas de la ONU", al defender los derechos de todo estadunidense a tener armas.

No mencionó la palabra "cambio climático", pero resulta que está muy consciente de la presencia de Greta Thunberg. El presidente del país más poderoso del mundo se sumó a los ataques derechistas contra la joven sueca de 16 años, enviando un tuit con un fragmento del video de su discurso ayer, donde decía que la gente estaba sufriendo y muriendo con el colapso de ecosistemas por el cambio climático, y escribió en tono sarcástico: "parece ser una niña muy contenta que está anticipando un futuro brillante y maravilloso. Qué bueno verlo".

Ayer, Thunberg cambió su biografía en su cuenta de Twitter para incluir la frase con la que Trump buscaba burlarse de ella.

Pero el mensaje patriótico de Trump en la ONU fue opacado casi de inmediato por la noticia de otro escándalo político más de su presidencia en el cual, aparentemente presionó a un gobierno extranjero a ayudarlo para combatir a un contrincante político estadunidense, lo cual detonó el anuncio de la mayoría demócrata en la Cámara de Representantes del Congreso que procederá hacia una investigación para su destitución (impeachment).

El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, a quien algunos llaman el "mini-Trump", también invocó a Dios y anunció que está rescatando a su país que se encontraba al "borde del socialismo", a lo cual atribuyó todos sus males, incluido "el ataque sin fin sobre la familia y los valores religiosos".

Cuba, declaró, es el enemigo, incluyendo su envío de miles de doctores "esclavos" a su país. "La historia demuestra que desde principios de los años 60, agentes cubanos fueron enviados a varios países para ayudar a establecer dictaduras. Hace unas décadas intentaron cambiar el régimen brasileño y el de otros países latinoamericanos. ¡Han sido derrotados!", proclamó. Pero ahora, denunció, están en Venezuela, destruyendo ese país, y celebró que Brasil, junto con otros, está trabajando con Estados Unidos para "restablecer la democracia" en el país petrolero.

Sobre la Amazonia, aseguró que "no se está devastando ni se ha consumido por el fuego, como afirman los medios", y sostuvo que es una "falacia" que la Amazonia es "herencia de la humanidad" o "los pulmones del mundo". Acusó que algunos países están respondiendo con "un espíritu colonialista" atreviéndose a cuestionar la "sagrada" soberanía.

Bolsonaro expresó su gratitud a Trump por defender su posición de que todo lo relacionado con la Amazonia tiene que respetar la soberanía de su país.

Acusó que algunos líderes indígenas brasileños, como el Cacique Raoni, son "usados" por gobiernos extranjeros en su "guerra informativa para avanzar sus intereses en la Amazonia". Subrayó que ahora tienen un presidente que desea que prosperen y, para confirmarlo, leyó una carta de representantes indígenas que están de acuerdo con él y sus proyectos, y repudian a los "ecologistas radicales".

Denunció las ideologías previas que no buscaban "la verdad, sino poder absoluto", contaminando escuelas y hasta las familias, incluyendo la "inocencia de los niños". Concluyó citando la Biblia (Juan 8:32) y dando gracias, otra vez, a Dios.

Evo Morales, presidente de Bolivia, declaró que “el mundo está siendo controlado por una oligarquía global. Sólo un puñado de multimillonarios define el destino político y económico de la humanidad… es inmoral e inadmisible”.

En el primer día de seis programados, la lista de 21 oradores incluyó también a Argentina y Perú, junto con europeos como el presidente francés, su homóloga alemana, y el primer ministro británico, quien ayer tuvo que regresar a su país para confrontar su crisis política. También participo el de India, el de Egipto y el turco.

Hasta donde se llegó a ver, no lograron –por ahora– resolver los problemas del cambio climático, las guerras, los éxodos de miseria y violencia, ni defender los derechos de las grandes mayorías. Pero tal vez mañana.

Por David Brooks

 

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La NASA lanza sondas en las aguas del Ártico para medir el impacto de los océanos en el deshielo

El nivel del mar podría aumentar 7 metros y sumergir islas y regiones costeras por todo el planeta

 

A bordo de una vieja avioneta remodelada y rozando el desierto blanco de la costa este de Groenlandia, tres científicos de la NASA lanzan sondas en las aguas nacaradas del Ártico para medir el impacto de los océanos en el deshielo.

Joshua Willis dirige la misión Derretimiento de los Océanos Groenlandia (OMG, por sus siglas en inglés), que desde 2015 supervisa este territorio autónomo danés víctima del cambio climático.

En su traje azul de astronauta, este oceanógrafo con pinta de Elvis Presley, está al mando en esta jornada de agosto en la que se invitó a periodistas de Afp a acompañar a la misión en el cielo polar.

Mientras sobrevuelan los rocosos fiordos, los deslumbrantes glaciares y los icebergs a unas decenas de metros de altitud, Willis y su equipo lanzan al vacío por turnos sondas de metro y medio de diámetro, llenas de sensores.

La ojiva se hunde en las aguas, en medio de un halo de espuma y Sol boreal. En la línea de la costa, los glaciares en peligro, erosionados por el aire y el oleaje, se hunden y desarman, liberando en medio de un ruido ensordecedor bloques de hielo que parecen islotes de azúcar a la deriva.

"El nivel del mar podría aumentar probablemente en varios metros en los próximos 100 años, es una amenaza enorme para cientos de millones de personas en el mundo", alertó Joshua Willis.

Una vez sumergida, la sonda envía en tiempo real informaciones sobre la temperatura y la salinidad del océano, que se traducen en diagramas multicolores en las pantallas del laboratorio volador de los científicos.

"Mucha gente cree que el hielo se derrite debido al calentamiento del aire, como si fuera un cubito bajo un secador de cabello, pero en realidad los océanos también corroen el hielo", recordó el investigador estadunidense.

En un periodo de cinco años, el equipo de OMG compara los datos recopilados durante el invierno con los recabados a lo largo del verano, con el objetivo de afinar las predicciones de elevación del nivel del mar.

Groenlandia, isla de 2 millones de kilómetros cuadrados rodeada en tres cuartas partes por las aguas del océano Ártico, está cubierta de hielo en 85 por ciento.

 

Aumento de la temperatura el doble de rápido

 

Este inmenso territorio se encuentra en la línea de frente del deshielo del Ártico, región cuya temperatura aumenta el doble de rápido que en el resto del planeta. Si la banquisa y el hielo que cubren la base continental desaparecieran, el nivel de los océanos podría aumentar siete metros y sumergir islas y regiones costeras por todas partes del planeta.

La NASA empezó a interesarse por estos fenómenos en los años 70, después de que sus presupuestos para exploración espacial se redujeran de forma drástica. En la actualidad utiliza más de una decena de satélites para observar la Tierra.

"La lejanía de Groenlandia es un desafío singular", admitió por su parte Ian McCubbin, otro de los científicos de OMG, encargado de la logística para estas misiones que parten del pequeño aeropuerto de Qulusuk, una comunidad del sudeste de menos de 300 habitantes.

"Esos datos son preciosos porque, por primera vez, nos permiten vincular de forma cuantitativa los cambios de temperatura del océano con el deshielo", explicó, mientras su compañero Ian Fenty descifra las informaciones transmitidas por la sonda.

Este deshielo abre al tráfico marítimo las grandes vías del Norte, que permiten unir el océano Pacífico con el Atlántico, lo que aviva el apetito económico y geoestratégico de las grandes potencias, con Estados Unidos, China y Rusia a la cabeza.

Tanto es así que el presidente estadunidense, Donald Trump, propuso a Dinamarca comprarle Groenlandia, oferta rechazada.

Metano del fracking exacerba el calentamiento global: Cornell University

Ni las vacas ni los pantanos son culpables del calentamiento global, como predican los vulgares desinformadores lubricados por la industria texana del gas lutita ( shale gas).

Robert W. Howarth, del Departamento de Ecología y Biología Evolutiva de la prestigiosa Universidad Cornell (Nueva York), publica en Biogeosciences (https://bit.ly/2KALVaJ) el descomunal incremento del metano atmosférico, producto del caníbal fracking (fracturación hidráulica) del gas lutita ( shale gas) –que adelanté hace seis (https://bit.ly/2KHi4gM) y cinco años (https://bit.ly/2YVp9Do).

Robert W. Howarth expone que el metano, segundo más importante gas invernadero detrás del bióxido de carbono que provoca el cambio climático, "se ha incrementado rápidamente en la atmósfera en la pasada década", contribuyendo al calentamiento global.

El tan vilipendiado fracking caníbal provoca el "pico global en el metano atmosférico".

Howarth demuestra que “el metano de la producción del gas lutita ( shale gas) en Norteamérica (sic) en la pasada década puede (sic) haber contribuido en más de la mitad (¡mega-sic!) de todas las emisiones aumentadas de los combustibles fósiles globalmente y aproximadamente la tercera parte (¡mega-sic!) del total de las emisiones incrementadas de todas (sic) las fuentes globales en la pasada década”.

"Norteamérica" es el entreguista concepto itamita de forzada integración energética de México (https://bit.ly/2KUvy7U) al triple esquema militar/geopolítico (https://on.cfr.org/31IJcle/) financierista (https://bit.ly/2KG1GNF) de EU.

Howarth comenta que "la atmósfera responde rápidamente (sic) a los cambios en las emisiones de metano". Moraleja: hay que centrarse en la disminución del metano antes que en el dióxido de carbono.

El científico Robert W. Howarth sentencia que “reducir el metano ahora puede dar una manera instantánea para disminuir el calentamiento global y conseguir el objetivo de la ONU de conservar al planeta debajo del incremento de 2 °C.

Más allá de que el metano "también contribuye a la formación de ozono (sic) en la superficie terrestre, con inmensas consecuencias adversas para la salud (sic) humana y la agricultura", a juicio de Howarth,"el reciente incremento del metano es masivo" y "globalmente significativo" al haber contribuido "a parte del incremento del calentamiento global", donde el gas lutita es el principal culpable.

¿A alguien de los desalmados financieristas de Wall Street que armaron la burbuja subsidiada del gas lutita mediante el fracking caníbal (https://bit.ly/2F0ZCgu), primordialmente en la Cuenca Pérmica de Texas, le importa en algo la "salud" ajena y la agricultura?

Dejo de lado los cálculos de isotopos y financieros de Robert W. Howarth –el "costo social" del metano es 40 a 100 veces mayor que el dióxido de carbono: 2 mil 700 dólares por tonelada del metano comparado a 27 dólares por tonelada de dióxido de carbono– cuando su estimación basal por "el incremento de emisiones del gas lutita de 9.4 teragramos (TG: mil millones de toneladas) al año, corresponde a un daño a la salud pública (sic), a la agricultura y al clima de 25 mil millones a 55 mil millones de dólares anuales".

Sus conclusiones especifican que el "incremento de las emisiones de metano de los combustibles fósiles probablemente excedan al de las fuentes biogénicas en la pasada década (desde 2007). El incremento en las emisiones del gas lutita (quizá en combinación con las del petróleo lutita) arrojan más de la mitad del total del incremento de las emisiones de los combustibles fósiles" cuando "la comercialización del gas/petróleo lutita en el siglo XXI ha incrementado en forma dramática el metano global".

No es ningún secreto propalar que la mafia petrolera/gasera texana tiene puesto el ojo en la Cuenca de Burgos del noreste de México, curiosamente carente de agua.

Resulta incomprensible que, ante tanta evidencia científica al más alto nivel, se permita continuar con su pernicioso fracking caníbal a los especuladores financieristas de Wall Street y a los mercaderes de hidrocarburos de Texas y anexas, en detrimento del bien común (https://bit.ly/2SfXSDP).

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Estelas de aviones impactan más el clima que los gases emitidos por sus turbinas

Las nubes generadas por ese fenómeno triplicarán su aporte al calentamiento global en 2050 respecto de 2006, según estudio

 

Un estudio publicado por la revista Atmospheric Chemistry and Physics, de la Unión Europea de Geociencias, señala que las estelas de condensación de los aviones –líneas blancas que dejan en el cielo– tienen un fuerte impacto sobre el calentamiento global que podría ser mayor al generado por los gases de efecto invernadero que emiten sus turbinas.

Conocidas como contrails(condensation trails, senderos de condensación, en español), estas estelas se producen como consecuencia de la alta temperatura de los gases que salen de los motores de los aviones. El gas caliente provoca la condensación del vapor de agua de la atmósfera fría y, por tanto, la formación de dichas líneas.

Dependiendo de la humedad y la temperatura, la estela puede disiparse o aumentar de tamaño hasta convertirse en una nube. A diferencia de las cirros formadas de manera natural por vapor de agua, que absorben eficientemente el calor del planeta, pero no la luz del Sol, las estelas de condensación atrapan el calor saliente y dejan pasar el entrante. Esto ocurre, en parte, debido a la presencia de diminutos cristales de hielo que intensifican el efecto invernadero.

Demanda del medio de transporte

Las autoras del estudio, Lisa Bock y Ulrike Burkhardt, del Centro Aeroespacial Alemán (DLR, por sus siglas en alemán), estiman que las nubes generadas por ese fenómeno triplicarán su aportación al calentamiento global en 2050 respecto de 2006, año que usaron como punto de partida para su investigación, si el incremento en la demanda de este medio de transporte continúa como hasta ahora y no se toman medidas al respecto.

Una investigación anterior de Burkhardt indica que 0.61 por ciento del cielo está cubierto por contrails. Sin embargo, en las regiones de mayor tráfico aéreo, como Europa y Norteamérica, la cifra va en aumento, llegando incluso a 10 por ciento en el este de Estados Unidos o el centro de Viejo Continente.

Aunque los resultados de este estudio indican que los contrails han abonado más al cambio climático que los gases expedidos por los motores de las aeronaves, el constante crecimiento en la demanda del medio de transporte y las emisiones más dañinas debido a la presencia de óxido de nitrógeno, azufre, humo y vapor de agua, además de dióxido de carbono, hacen que estos contaminantes sigan siendo un problema a tener en cuenta. La Agencia Federal del Medio Ambiente en Alemania (UBA) asegura que el impacto generado por el tráfico aéreo es el causante de 5 por ciento mundial de la emisión de gases de efecto invernadero.

Reportes de empresa sueca

A diario alrededor de 200 mil aviones vuelan por el mundo, según datos de FlightRadar24, empresa sueca que rastrea con información detallada en la materia. Tan sólo en el Aeropuerto Internacional Benito Juárez de la Ciudad de México se han realizado 224 mil 967 vuelos comerciales en lo que va del año, según datos de la terminal.

En un estudio del Instituto Mexicano del Transporte (IMT) se señala que en 2010, los aviones que circularon por territorio nacional produjeron 8 millones 213 mil 580.9 toneladas de dióxido de carbono (CO2), 4 mil 437.6 de óxido de azufre y 86 mil 734.8 de óxido de nitrógeno.

De acuerdo con una herramienta de Atmosfair, organización alemana dedicada a la mitigación de las emisiones de dióxido de carbono, un vuelo redondo de la capital mexicana a Madrid, España, genera alrededor de mil 500 kilos de dióxido de carbono, lo que en más de 60 países es mayor a lo que un individuo promedio produce al año.

En octubre de 2016 se firmó un convenio mundial para reducir el impacto ambiental del transporte aéreo, con el apoyo de la Organización de Aviación Civil Internacional de las Naciones Unidas, el cual pretende solventar la ausencia de medidas en el Acuerdo de París de 2015, mejorar la eficacia energética y evaluar el nivel que alcanzarán las emisiones de dióxido de carbono en 2020.

El futuro del mundo explicado por el hombre que dirige la mayor agencia de desarrollo

 Achim Steiner, administrador del PNUD, advierte de que el cambio climático es cruel porque castiga a quienes menos han contribuido a él. Pero, asegura, ni los ricos van a poder comprarse un escenario distinto

 

La trayectoria de Achim Steiner en el sistema de Naciones Unidas ha estado casi siempre ligada a la preservación del planeta. Dirigió el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente durante una década (2006-2016), y también ha sido director general de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza y secretario general de la Comisión Mundial sobre Represas. Y esto se nota en sus preocupaciones actuales como administrador del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), cargo que ostenta desde junio de 2017.

Desde el pasado enero, el PNUD ya no es el encargado de coordinar al resto de agencias, fondos y programas, una función que venía ejerciendo desde hacía un cuarto de siglo. Preguntado por este cambio en su despacho de Nueva York, con el Río Este de fondo, Steiner se limita a mencionar las razones que han llevado al secretario general de la ONU, Antonio Guterres, a crear una nueva institución de coordinación en el marco de la reforma del sistema de Naciones Unidas. En resumen, para lograr una mayor eficiencia. "Algunos podrían incluso decir que así será más fácil que nos concentremos en el trabajo de desarrollo", zanja sobre cómo afecta al PNUD esta medida.

Con todo, Steiner pilota una de las agencias más grandes de la ONU con enorme peso en el impulso de Agenda 2030, la hoja de ruta internacional para lograr un mundo más justo, pacífico y un planeta todavía habitable para esa fecha. Pero cuatro años después de su aprobación, cuando tenía que despegar y empezar a mostrar resultados, la ONU advierte que no ha sido así. No se hace lo suficiente ni se avanza al ritmo que requieren los retos de la humanidad recogidos en los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) como erradicar la pobreza extrema y el hambre, lograr la igualdad de género, garantizar educación de calidad para todos y sanidad universal.

Pregunta. El informe de seguimiento de los ODS dice que, al ritmo actual de progreso, no se logrará ningún objetivo en 2030. ¿Cuál es su análisis?

Respuesta. Creo que estos son objetivos realizables, nadie debería sentarse ahora y decir: "Oh, nunca lo lograremos". En algunos países estarán mucho mejor y eso debería ser un estímulo para los demás. En solo 30 años hemos logrado reducir la pobreza extrema del 36% al 8%, teniendo en cuenta que la población casi se ha duplicado en ese tiempo, es un ejemplo de que, en realidad, las políticas y los programas funcionan.

P. El documento alerta de que el cambio climático es una amenaza para los ODS y no se está haciendo suficiente contra este mal. ¿Está de acuerdo?

R.. Estamos lejos de hacer lo suficiente. Pero seamos claros, Europa se ha comprometido a una reducción de emisiones del 40% y tengo mucha confianza en que cumplirá. Igualmente, hace 10 años, el mundo siempre señalaba a China e India como países que estaban frenando el progreso en la acción climática global. Hoy es diferente. China está trabajando activamente en la diversificación de su matriz energética para reducir las emisiones. Como estos, puedo dar muchos ejemplos. El problema es que hemos construido este sistema durante 200 años y ahora estamos perdiendo un tiempo que no tenemos para hacer un cambio en nuestros sistemas energéticos, de transporte, agrícolas... Nos dirigimos hacia una situación de emergencia, la ventana se está cerrando y no estamos actuando lo suficientemente rápido, que es distinto a decir que no se está haciendo nada.

P. Entonces, ¿qué hace falta para salvar el planeta?

R. La verdad amarga es que quienes son lo suficientemente ricos comprarán su salida. Comprarán tierras más altas; aquellos que sean lo suficientemente ricos se mudarán de las naciones isleñas que desaparecerán por la subida de los océanos, podrán pagar el doble de primas para asegurar sus propiedades contra inundaciones y poner más aires acondicionados en sus casas. Algunos comienzan a usar la ruta del norte y celebran el hecho de que el hielo del Ártico se esté derritiendo, lo que facilita el transporte de combustibles fósiles. Es la ironía de principios del siglo XXI: el cambio climático es un fenómeno muy cruel porque ha comenzado a castigar a quienes menos han contribuido a él. Pero en algún momento, incluso con todo el dinero del mundo, no vas a comprarte un futuro diferente.

P. ¿Qué hace el PNUD en este sentido?

Respuesta. El PNUD se ha convertido en uno de los principales socios de los países en desarrollo para abordar la adaptación al cambio climático. Esto se consigue con estrategias nacionales para introducir energías renovables, así como sistemas de transporte más eficientes energéticamente. Hoy tenemos más de 800 proyectos en los 140 países a los que apoyamos, y cerca de dos tercios de ellos están directamente relacionados con el cambio climático.

P. El otro problema que frena el progreso del mundo es, según la ONU, la desigualdad. ¿Qué se debe hacer contra este problema?

R. La desigualdad afecta a todas nuestras sociedades, tanto en las llamadas naciones desarrolladas como las que están en vías de desarrollo. Las tensiones políticas y la polarización han surgido de un aumento en el nivel de desigualdad. El problema es que hemos seguido un paradigma económico que básicamente pone el crecimiento económico por encima de todo lo demás. Nos dijimos: "Mira, la destrucción del medio ambiente y la creciente desigualdad social son en realidad el precio que pagas por un desarrollo acelerado". La gente ya no está dispuesta a aceptar esto.

P. ¿La solución es un cambio del sistema económico?

R. A lo que nos enfrentamos ahora es a cómo abordamos el desarrollo sin, digamos, una disrupción económica. Porque los ricos a los que les ha ido bien con este sistema económico no quieren cambiarlo ni debatir sobre los impuestos, subsidios, sobre cómo se sostiene el sistema de bienestar social o cuánto invierte el Estado en la gente que de otra manera no se las arreglaría, ya sea en las niñas para acceder a la educación, las personas con discapacidad o las comunidades rurales. No se trata de hacer que todos sean iguales, lo que es una contra teoría ingenua; se trata de la equidad en el acceso a las oportunidades. La gente ya no aceptará que, por el hecho de haber nacido en una parte de la ciudad, no se tenga el mismo acceso a la educación que alguien en el otro lado. Pero, ¿significa que todos terminarán con el mismo título universitario? Obviamente, no.

P. ¿Se puede evitar el debate sobre impuestos, acumulación de riqueza y paraísos fiscales en la lucha contra la desigualdad?

R. Puedes culpar a las personas ricas, pero creo que es, francamente hablando, una idea limitada. La riqueza extrema es producto de un marco regulatorio que la permite, tolera y promueve. Me sorprendió, hace unas semanas, que varios multimillonarios en Estados Unidos decían que están listos para pagar más impuestos, porque la sociedad en la que quieren vivir no es una en la que su riqueza pueda crecer sin cesar. Ya sabes, las personas no están seguras mientras otras tantas viven en la miseria y cuyos hijos están en condiciones de extrema pobreza. Las discusiones que queremos apoyar son: ¿cuál es el nivel correcto de impuestos? ¿Cómo deben invertirse los ingresos fiscales? ¿Cuál debe ser la proporción de fondos para zonas urbanas y rurales? ¿Y entre educación y defensa? Estas son elecciones que las sociedades tienen que hacer, pero nuestro papel como Naciones Unidas no es decirles cuál debe ser su elección.

P. ¿Cuál es su papel?

R. Mostrarle a los países cuáles son sus opciones. Y, con la experiencia de ver el ingenio de los seres humanos por todo el mundo, poder enseñarles buenos ejemplos. Si quieren eliminar gradualmente los combustibles fósiles, indicarles la forma en que algunas sociedades lo han hecho con éxito, que no es simplemente anunciando el lunes por la mañana que el precio de la gasolina aumentará en un 20%, lo que hará que todos se enfaden. Con el tema de los impuestos, ¿quién está a favor? Nadie. Pero a todo el mundo le gustaría tener sanidad, un sistema de seguridad social, carreteras, policía en la calle... Así que pagamos impuestos y, en muchos países, no nos oponemos a ello. Lo que no nos gusta es pagarlos y no ver lo que deberíamos obtener a cambio.

P. Se habla mucho de acelerar las medidas para conseguir los ODS en 2030. Pero ¿por qué no se habla de dejar de hacer lo que no funciona, causa daño o impide el progreso, como la venta de armas o los paraísos fiscales?

R. Algo, claramente, no está funcionando muy bien. En 2019 tenemos más conflictos armados dentro y entre países de los hemos tenido en los últimos 30 años. Hay 70 millones de personas que se han visto obligadas a dejar el lugar que llaman hogar. Estos son

P. ¿Qué falla?

R. Si recuerdo bien, entre las grandes potencias se gastan fácilmente un billón de dólares en Defensa. Mientras que la financiación total de la Cooperación para el Desarrollo es de alrededor de 150.000 millones. Es una proporción de nueve a uno. Esta ratio de inversión ya dice mucho. Dirijo hoy el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. Es el más grande en la familia de las Naciones Unidas. Funciona en 170 países. Pero su capacidad para invertir en el desarrollo es una fracción de lo que puede hacer un ministro de Defensa nacional al comprar la próxima ronda de tanques o aviones. Creo que sería interesante que en el futuro, el conflicto no sea la solución, sino que la cooperación sea el camino a seguir. Habrá quienes dirán que esto es solo un sueño. Pero no. Hay argumentos sobre qué funciona mejor, si las inversiones militares o para el desarrollo. Hay una cierta ironía en el hecho de que, entre las cinco potencias del Consejo de Seguridad con derecho a veto, cuatro son las mayores exportadoras de armas del mundo. No es una buena estadística.

P. Siempre se mencionan los casos de China e India como buenos ejemplos de desarrollo. Pero África subsahariana, según los informes, no avanza. ¿Se está el mundo olvidando de esta región?

R. No debemos subestimar el tamaño de África y la cantidad de países que tiene, más de 50. En este continente hay historias muy diferentes que contar. Algunas de las economías de más rápido crecimiento en la última década son africanas. Senegal es un buen ejemplo. Pero lo que el mundo oye y ve de África son los conflictos y las guerras civiles como la que hay en República Centroafricana. Creo que existe la clara necesidad de mejorar la gobernanza y la creación de instituciones, porque los países en los que los Gobiernos no funcionan tarde o temprano se desmoronan. En segundo lugar, la comunidad internacional tiene que invertir en África, creo que los rendimientos serán enormes. Es la región económica con mayor y más rápido crecimiento en el mundo. Pocos se dan cuenta de que, en solo 30 o 40 años, en el continente habrá 2.000 millones de ciudadanos, es un mercado global. Creo que su futuro está lleno de esperanza

Por Alejandra Agudo

Nueva York 30 JUL 2019 - 17:01 COT

Publicado enSociedad
Sacrificar la Antártida para salvar el capitalismo

La Antártida, el casquete polar del hemisferio sur, se está derritiendo. Cada vez más rápido, debido al caos climático provocado por el capitalismo industrial. Esto provoca el aumento global del nivel del mar, que en el curso de un siglo podría alcanzar tres metros, cubriendo países insulares e inundando ciudades costeras. Esto y otras catástrofes en curso deberían causar que los gobiernos, especialmente los del Norte global que son los principales culpables, tomaran medidas claras y enérgicas que detuvieran las causas del cambio climático. En lugar de ello siguen surgiendo, como proyectos científicos serios, las propuestas más descabelladas de geoingeniería: manipular a gran escala los sistemas de la Tierra para solamente aliviar los síntomas del cambio climático.

 

Para supuestamente salvar ciudades como New York, Shangai, Tokyo o Calcuta, un equipo de científicos del Instituto Postdam de investigación sobre el impacto climático, financiado por el gobierno alemán, propuso el 18 de julio de este año un nuevo megaproyecto de geoingeniería. Miles de cañones arrojarían desde el mar 74 billones de toneladas de nieve artificial sobre los glaciares Isla Pine y Thwaites, en la Antártida occidental, para ralentizar su derretimiento. Es un territorio no reclamado por ningún país, según el Tratado Antártico, vecino a la Antártida chilena y argentina. (https://tinyurl.com/yytsdno3)

 

Esos glaciares están en la zona crítica de derretimiento del hielo, que en la Antártida se debe principalmente al calentamiento del mar, que está derritiendo su base submarina. No es un proceso lineal, sino que a cierto punto el derretimiento desencadena más vulnerabilidad y se acelera, algo que ya se está observando.

 

Para intentar detener esto la propuesta de este grupo de científicos es crear nieve artificial por decenas de billones de toneladas, lanzarla con cañones que alcancen arriba de 640 metros para superar la altura de los glaciares y depositarla a un ritmo de 10 metros anuales de nieve sobre una superficie de 52 mil kilómetros cuadrados (como toda Costa Rica o más del doble de El Salvador) durante al menos 10 años. O más, si el cambio climático continúa. (https://tinyurl.com/yxhpas63)

 

La nieve artificial se crearía con agua bombeada del océano, que primero habría que desalinizar y lograr que se mantuviera como nieve o hielo hasta que se integre a los glaciares. Todo el proceso demandaría cantidades ingentes de energía, parte de la cual proponen sea provista por 12 mil generadores eólicos en el mar, pero reconocen que esto es sólo para hacer la nieve artificial y lanzarla. No incluye la construcción de las instalaciones ni la demanda energética para desalinizar, lo cual es esencial, ya que si se hiciera con agua salada tendría "serios efectos negativos en los flujos dinámicos de la capa de hielo", ni de otras fases relacionadas con el proceso, todo en condiciones extremadamente duras.

 

La instalación de la infraestructura de energía y cañones tendría efectos devastadores en la fauna. Los científicos que hacen la propuesta admiten que conlleva enormes impactos negativos sobre el ecosistema y especies marinas. De hecho, lo refieren como "sacrificar la Antártida" para salvar grandes ciudades.

 

Reconocen, además, grandes incertidumbres sobre otros posibles efectos; por ejemplo, no toman en cuenta en el estudio el calentamiento adicional de la atmósfera si la temperatura sigue aumentado, ni que al remover enormes masas de agua oceánica se podría alterar la circulación marina y facilitar que entre más agua caliente a la base del casquete polar, acelerando su derretimiento. Al igual que con las demás propuestas de geoingeniería, podría acabar siendo peor que el problema inicial.

 

Es muy preocupante que una institución reconocida, como el Instituto Postdam, se sume al coro de los proponentes de la geoingeniería –que está bajo moratoria en el Convenio de Diversidad Biológica­–, aun admitiendo que se trata de sacrificar ecosistemas enteros y que los riesgos de fracaso e impactos colaterales son muy graves.

 

Según el instituto, lo hacen porque aun si se cumplieran las metas del Acuerdo de París, de mantener el aumento promedio de la temperatura a menos 2 grados, la Antártida seguirá derritiéndose y en 200 años Nueva York, Tokyo y otras megalópolis desaparecerán. Plantean que entonces los gobiernos tienen que pensar qué sacrificar.

 

Pero la pregunta crucial es por qué ante tal gravedad no hacen propuestas igualmente dramáticas para terminar con las causas y parar el cambio climático. Por ejemplo, si el 10 por ciento más rico del planeta tuviera un nivel de vida como un ciudadano europeo medio (muchísimo mayor que el promedio latinoamericano), la emisión de gases de efecto invernadero global ¡bajaría 30 por ciento! (Kevin Anderson,Tyndall Centre)

 

El principal motor del cambio climático es el capitalismo industrial basado en combustibles fósiles (petróleo, gas, carbón) y los únicos que se benefician son una absurda minoría de países, empresas e individuos ricos. Las propuestas de geoingeniería no son para salvar ciudades, sino para salvar esos intereses. Eso es lo que hay que cambiar, no sacrificar a la Antártida o cualquier otra región.

Por Silvia Ribeiro

 

Publicado enMedio Ambiente
Inteligencia artificial aumenta el caos climático

A diario oímos el canto de los supuestos beneficios y promesas de lo que pueden hacer los sistemas de inteligencia artificial, pero con nula o poca visión crítica sobre sus impactos sociales, económicos y políticos. No obstante, existe mucha preocupación por el uso comercial y político de datos personales, el aumento de la discriminación y el racismo, la sustitución de empleos, y el desarrollo de armas y robots asesinos, entre otros aspectos de la aplicación de la inteligencia artificial. Ahora se suma que además estos sistemas tienen un enorme impacto ambiental y climático por su altísima demanda de energía y las emisiones de gases con efecto invernadero que ésta conlleva.

 

Un estudio de Emma Strubell, A. Ganesh y A. McCallum, de la Universidad de Massachusetts Amherst (junio 2019), estimó los impactos a partir del uso de energía y emisiones de carbono de algunos de esos sistemas. Encontraron que en sistemas que emulan redes neuronales, el entrenamiento de un solo sistema de inteligencia artificial genera hasta cinco veces más emisiones de carbono que un auto promedio de Estados Unidos en toda su vida útil, incluyendo fabricación y uso de combustible. (https://arxiv.org/abs/1906.02243)

 

Se enfocaron en cuatro modelos de inteligencia artificial con aprendizaje profundo para procesamiento de lenguaje natural (PLN), que están entre los más usados: Transformer, ELMo, BERT y GPT-2. Todos han escalado notablemente sus capacidades en los últimos dos años. El GPT-2, de OpenAI, financiado por el empresario Elon Musk, generó polémica por su capacidad para inventar y completar frases, generando masivamente noticias falsas creíbles. Musk anunció que el sistema no tendrá fuente abierta, supuestamente para impedir su uso indiscriminado –y de paso mantener su monopolio.

 

El cálculo de impacto que usaron para el estudio se basa en el gasto energético de los equipos para procesamiento, electricidad y herramientas asociadas para entrenamiento de sistemas de inteligencia artificial. Strubel explicó a la revista New Scientist que para asimilar algo tan complejo como el lenguaje se necesita procesar una inmensa cantidad de datos. Un enfoque común es que lea miles de millones de textos para ver el significado de las palabras y cómo se construyen las frases. Esto requiere enorme capacidad de procesamiento, almacenamiento y energía. No quiere decir que entienda lo que lee, pero finalmente podrá imitar el uso que hacemos del lenguaje.

 

El estudio hace una comparación con otras fuentes de emisiones de carbono. En el caso de un automóvil, éste emite en promedio unas 57 toneladas de CO2 durante su vida útil. El entrenamiento de una unidad de inteligencia artificial que pueda descifrar y manejar lenguaje podría emitir hasta 284 toneladas de carbono, cinco veces más. Significa unas 315 veces las emisiones de un vuelo de costa a costa de Estados Unidos y 56 veces el consumo promedio de energía de un ser humano en toda su vida.

 

Las grandes empresas de plataformas digitales, como Amazon, Microsoft y Google, buscan que parte de la energía que usan provenga de fuentes renovables, pero esto no es ni lejanamente suficiente ante el crecimiento exponencial de la demanda que provocan.

 

Siendo grave, este es sólo uno de los ejemplos de la monstruosa demanda de energía para el desarrollo de la era digital, que se suma a otros impactos de ésta a las que generalmente no se asocian: el despojo y acumulación de materiales y recursos que son escasos, la contaminación ambiental que provoca la producción y desechos, el empeoramiento del cambio climático, además del impacto en salud, tanto el directo por radiaciones electromagnéticas de las redes de telefonía e Internet como los derivados de las otras formas de contaminación de esta industria.

 

El uso de inteligencia artificial es, además, tremendamente problemático en otros planos, porque al basarse en algoritmos determinados por las metas comerciales de los desarrolladores y su contexto económico y cultural repiten esquemas discriminadores y racistas. Por ejemplo, se están usando sistemas de inteligencia artificial en instituciones bancarias –para evaluación de créditos, préstamos, inversiones– e instituciones judiciales para gestionar sentencias, lugares de reclusión, etcétera. En ambos casos se ha demostrado que el sistema es discriminatorio y racista: por ejemplo, si la persona "evaluada" es negra o latina en Estados Unidos, el sistema lo evalúa automáticamente como menos confiable y más peligroso, supuestamente basado en el porcentaje histórico de personas detenidas y/o condenadas. Como esto ya es una base racista y discriminatoria, la inteligencia artificial lo afirma y aumenta.

 

Al igual que con las grandes plataformas digitales, la regulación y la supervisión independiente es inexistente o está fuertemente sesgada a favor de las poderosas empresas que deberían ser controladas. Hace falta mucho más debate y acción social sobre las implicaciones de estas tecnologías que nos afectan a todos. En ese sentido, saludamos la creación reciente de dos publicaciones que son colaboración de varias organizaciones sociales y activistas: la revista digital latinoamericana Internet Ciudadana y el portal Bot Populi sobre justicia digital, que por ahora está mayormente en inglés (https://botpopuli.net/).

 

Por Silvia Ribeiro, investigadora del Grupo ETC

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