La advertencia del virus: Productividad capitalista, crisis de salud, crisis climática

El virus nos habla. Nos dice que necesitamos solidaridad, generosidad y prudencia. Nos dice que la austeridad, la privatización y la rentabilidad son criminales, especialmente en salud. También nos dice que es posible iniciar una reducción radical real de las emisiones de gases de efecto invernadero, del orden del 7% anual. Con una condición: producir menos y transportar menos.

Obviamente, el virus no muestra ningún discernimiento: reduce las emisiones a ciegas, suprimiendo vidas, creando mucho sufrimiento, aislamiento y angustia. Aumenta la desigualdad social y la precariedad. En última instancia, podemos enfrentar la escasez de algunas necesidades básicas. Por lo tanto, sería absurdo o cínico alegrarse.

Sería aún más absurdo o cínico contar con el virus para lograr las reducciones de emisiones gigantescas necesarias año tras año, según los científicos, para que el calentamiento global no exceda 1,5 ° C grados (-65% en países de la UE para 2030, -58% en todo el mundo, -100% para 2050). Esta epidemia debe detenerse lo antes posible.

Sin embargo, la acción del virus es más efectiva que la de los gobiernos. A pesar de las negociaciones que duran 25 años, las emisiones de CO 2 son un 60% mayores hoy que cuando la Cumbre de la Tierra en 1992. A pesar del Acuerdo de París, las medidas tomadas por los gobiernos prometen un calentamiento de 3.3 ° C, ¡un nivel dos veces mayor que el que estos mismos gobiernos han decidido no cruzar!

Expuestos al peligro en nuestros lugares de trabajo o confinados en nuestros hogares, el virus nos invita a pensar y liberar nuestra imaginación para hacer algunas preguntas. Por ejemplo :

-¿Por qué no podría la reducción ciega de la producción y el transporte causada por el virus dar paso a una reducción acordada y planificada por la sociedad, comenzando por las producciones innecesarias y perjudiciales?

-¿Por qué los trabajadores afectados por la eliminación (total o parcial) de estas producciones inútiles o dañinas (armas, publicidad, automóviles privados, plásticos, etc.) no pueden mantener sus ingresos y beneficios?  ¿Es posible una reconversión colectiva en trabajos de cuidado a personas y ecosistemas, social y ecológicamente útil y personalmente gratificante?

-¿Por qué la globalización dictada por la maximización de las ganancias en las "cadenas de valor" de las compañías multinacionales no puede ser sustituida por una generosa cooperación no colonial, basada en la justicia social y climática, la libertad de movimiento y de residencia de las personas y la soberanía alimentaria?

-¿Por qué los agronegocios, que destruyen la biodiversidad y la salud, lo que promueve la propagación de virus [ 1 ] no pueden ser sustituidos por una agroecología, mejor para la salud humana y la biodiversidad?

-¿Por qué el centro de gravedad de la sociedad no puede cambiar de la esfera de la producción de bienes a la esfera de los "cuidados" a los humanos y los no humanos?

-¿Por qué no podemos producir menos, transportar menos y compartir más: compartir riqueza, conocimiento, trabajo necesario y ... compartir tiempo, este precioso recurso, entre todos?

El argumento de los políticos que no hacen nada para salvar el clima es siempre el mismo: "Queremos, pero la gente no quiere cambiar su comportamiento de consumidor". Por el contrario, la respuesta a la epidemia muestra que, al estar bien informadas del peligro, las poblaciones aceptan cambios significativos en su forma de vida.

También nos muestra que aquellos que no quieren cambiar, en realidad, son los gerentes económicos, los financieros y los accionistas de las grandes empresas. Incluso durante una epidemia, quieren continuar produciendo cada vez más a un coste menor, para obtener el máximo beneficio. Sin tener en cuenta la salud de las trabajadoras, los trabajadores y la población.

El virus nos dice que los gobiernos están al servicio de esta política: aunque hay una emergencia sanitaria, se niegan a suspender la actividad en sectores no vitales; mientras que el sector de la salud necesita ser refinanciado, ayudan a los bancos [ 2 ] ; Si bien se necesita más solidaridad, continúan hostigando a los que dependen de los alquileres sociales, a las personas sin hogar, a los migrantes, a los pensionistas; Si bien se necesita más democracia y participación para vencer la epidemia, se otorgan poderes especiales ...

Las innumerables iniciativas de base para ayudar a las personas sin hogar, los desfavorecidos, los ancianos, los indocumentados, para apoyar a los trabajadores de la salud, las huelgas para detener empresas no vitales, etc., demuestran que otra política es posible. Una política de autodisciplina solidaria, democrática, social y generosa.

En 2002, durante la epidemia de coronavirus del SARS, los virólogos advirtieron que seguirían otros coronavirus y que se podría encontrar una vacuna, pero los gobiernos se negaron a financiar su investigación. Quieren que la investigación médica permanezca en manos de compañías farmacéuticas multinacionales, cuyo objetivo no es la salud pública, sino obtener ganancias a través de la venta de medicamentos en el mercado para pacientes solventes.

Del mismo modo, durante 25 años, los climatólogos han advertido que es probable que el cambio climático provoque desastres y que debe dejarse de quemar petróleo, carbón y gas natural. Pero los gobiernos no han hecho nada. Quieren que la energía permanezca en manos de multinacionales cuyo objetivo no es la transición energética justa más rápida posible, sino obtener sobretodo ganancias.

El cambio climático es infinitamente más peligroso que la epidemia. Nos arriesgamos a elevar el nivel del mar en más de diez metros. Si no actuamos muy rápido, hará que la Tierra sea inhabitable para cientos de millones de seres humanos e innumerables no humanos, sin poder hacer retroceder el reloj. Los más pobres, los más débiles pagarán los costes.

Cómo combatir esta amenaza depende de las prioridades elegidas. La epidemia destaca las de los propietarios y sus consecuencias: la producción de bienes antes que el cuidado de las personas; la libertad de especular (en máscaras, por ejemplo) antes que la libertad de circulación; rescatar bancos antes que financiar servicios sociales; poderes especiales y controles de policía generalizados (¡como en China!) en lugar de participación democrática; búsqueda y acoso de migrantes en lugar de solidaridad.

A partir de este precedente, todos podemos imaginar cómo se aplicarán las mismas prioridades cuando los propietarios no tengan otra opción que decidir, demasiado tarde, hacer algo contra la amenaza climática.

Invisible como el CO 2 , el virus nos advierte. Nos dice que dejemos de creer que somos más fuertes que la naturaleza de la que somos parte. Nos dice que el productivismo capitalista nos ha llevado al borde del abismo y que los amos del mundo no nos salvarán: se salvarán a expensas de los pobres, los explotados, los oprimidos y nuestras libertades. Nos dice que los políticos neoliberales no nos salvarán: debemos ponernos de pie y organizarnos para poner fin al capitalismo, este sistema aberrante que interrumpe por completo nuestra relación con el mundo y con nuestros semejantes.

Notas

[ 1 ] Los especialistas coinciden en que la destrucción de los entornos naturales y la estandarización agrícola son la causa de la aparición y propagación de nuevas enfermedades virales.

[ 2 ] El Banco Central Europeo libera 750 mil millones de euros para "aliviar a los bancos" mediante la compra de deudas de empresas y gobiernos.

Por Daniel Tanuro

Ingeniero agrícola, ecologista y activista socialista valón, es dirigente de la LCR-SAP del Reino de Bélgica.

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Sábado, 01 Febrero 2020 06:13

La emergencia climática como negocio

La emergencia climática como negocio

Justo antes de que los super-ricos del planeta se reunieran en el Foro Económico Mundial en Davos el mes pasado, la trasnacional Microsoft anunció sus planes de volverse una empresa “negativa en emisiones de carbono” para 2030. Poco antes, BlackRock, la billonaria y mayor gestora de inversiones especulativas del globo, aseguró que cambiaría parte de sus inversiones para atender el cambio climático. La “emergencia climática” fue uno de los temas centrales en las sesiones del Foro de Davos este año. Otras grandes empresas, muchas culpables del caos climático, como las de agronegocios, energía, automotoras, plataformas digitales, han hecho recientemente declaraciones similares.

¿Significa esto que las trasnacionales, principales causantes del cambio climático, finalmente asumirán la gravedad de la situación y cambiarán sus causas? Claro que no. Lo que están haciendo es asentar una nueva ola de oportunidades de negocio. Por ejemplo, nuevas formas de apropiarse de la tierra y los ecosistemas –con graves impactos sobre las comunidades y el ambiente– y el desarrollo de tecnologías de geoingeniería.

Engloban estas propuestas con expresiones engañosas, como “soluciones basadas en la naturaleza”, “reducción neta de emisiones”, “carbono neutral”, “cero emisiones” netas o el aún más absurdo “emisiones negativas”. Absurdo porque no existe ningún gas que una vez emitido sea menos que cero. Todas son trampas de lenguaje, ya que no reducen las emisiones de gases de efecto invernadero, sino que alegan compensar esas emisiones para justificar el seguir contaminando. No son reducciones, sino malabarismos contables para que la suma termine en cero o incluso en “negativo”, caso en el cual la humanidad quedará debiéndoles el favor a las empresas que causaron el desastre.

Microsoft, justamente, afirma que para 2030 tendrá emisiones de carbono negativas y para 2050 habrá removido toda la huella histórica de carbono de la empresa, incluso la de los usuarios de sus productos. Para ello, por una parte, continuará con “compensaciones” de carbono (por ejemplo, invertir en monocultivos de árboles u otras actividades que compensen sus emisiones supuestamente absorbiendo carbono). Además, anunció nuevas acciones, como el cambio en sus instalaciones a transportes eléctricos o basados en agrocombustibles. Medidas similares anunciaron también Amazon, Apple y Alphabet (dueña de Google), ya que las plataformas digitales consumen una enorme cantidad de energía. Es poco conocido, pero todas están entre los principales consumidores de energía en Estados Unidos. Este cambio podría parecer positivo, pero debe ser analizado a la luz de a qué fuente de energía se refieren y cómo se obtiene. Por ejemplo, la bioenergía y los biocombustibles, si se analiza su ciclo de vida completo, usan más petróleo y emiten más gases de lo que dicen sustituir.

Microsoft explica que no sólo compensará emisiones, sino también removerá carbono de la atmósfera, usando una mezcla de “soluciones basadas en la naturaleza” y “soluciones” tecnológicas. Lo primero debe traducirse como la intención de apropiarse de territorios que considere fuentes significativas de absorción y retención de carbono, de bosques a humedales, turberas y mares. Además, promoción y cabildeo para que los suelos agrícolas sean aceptados como sumideros de carbono, algo que actualmente no sucede, porque la absorción en suelos no es permanente. No sólo Microsoft, sino todas las empresas que ahora hablan de “soluciones climáticas basadas en la naturaleza” se proponen abrir nuevos frentes de disputa por el control de campos agrícolas y territorios, que esperan les sirvan para obtener nuevos créditos comerciables en los mercados de carbono, pese a que está demostrado que esos mercados no han funcionado para combatir el cambio climático.

En cuanto a “soluciones” tecnológicas, Microsoft anunció el aumento exponencial de apoyo a tecnologías de geoingeniería. Bill Gates, fundador de esta empresa, es actualmente el principal financiador privado de investigación en estas tecnologías de manipulación del clima. Ahora Microsoft anunció la creación de un fondo por mil millones dólares para desarrollo de tecnologías de geoingeniería. Comenzarán con bioenergía, con captura y almacenamiento de carbono (Beccs, por sus siglas en inglés), y “captura directa de aire”, que son megainstalaciones que filtran aire y separan el dióxido de carbono con sustancias químicas. No está claro dónde lo almacenarían para que no retorne a la atmósfera. Como todas las tecnologías de geoingeniería, requieren grandes cantidades de energía, son de alto costo y no está técnica ni ambientalmente probado que puedan funcionar a la escala necesaria para afectar el cambio climático. El fondo estará abierto a financiar también otras técnicas de geoingeniería, incluso la modificación de radiación solar, con lo cual se convertirá en el mayor fondo de promoción de la geoingeniería hasta ahora.

Por sus altos riesgos e incertidumbres, el despliegue de geoingeniería está bajo moratoria en Naciones Unidas, algo que será necesario afirmar ante estos nuevos ataques corporativos (https://tinyurl.com/vztyloz).

Por  Silvia Ribeiro, investigadora del Grupo ETC

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Ni ambición, ni financiación, ni adaptación: las negociaciones de la COP25 se enquistan y todo apunta al fracaso

Los acuerdos de la Cumbre del Clima no llegan y la ONU pospone el plenario final hasta las 9.00 horas del sábado. La intención es la de salvar los puntos más determinantes para la lucha contra el cambio climático.

El escenario que se plantea en la Cumbre del Clima, a unas horas del cierre oficial, es el de un nuevo fracaso del multilateralismo. Tanto es así que las negociaciones cruciales siguen enquistadas y los acuerdos que se vendían al inicio del evento como imprescindibles parecen tan lejanos como imposibles. Aunque la ONU ha prolongado las negociaciones hasta el sábado, la realidad es que en los pasillos de Ifema se empieza a percibir cierta frustración debido al bloqueo constante de algunos países como Australia, Brasil o India en aspectos determinantes. 

"Los ojos de la gente están sobre nosotros, y seguiremos trabajando duro tanto tiempo como sea necesario", ha expresado Andrés Landerretche, coordinador de Presidencia de la COP25, en una rueda de prensa a última hora del viernes, dando a entender que las negociaciones se alargarán más de lo previsto. Lo que no se ha conseguido resolver en dos semanas, se intentará salvar en unas horas o, incluso, a lo largo del fin de semana, tal y como opinan algunos observadores, que ven con pesimismo el cierre de la cumbre.

El desarrollo de un sistema de mercados de carbono, los compromisos para la reducción de emisiones o las dotaciones económicas para la adaptación de los países más vulnerables al cambio climático son algunas de las claves que se tendrán que resolver en las próximas horas o, en el peor de los casos, posponerse para la siguiente cumbre de 2020.

El artículo 6 y los mercados de carbono

El principal escollo de las negociaciones tiene que ver con la creación de herramientas que den sentido al Artículo 6 del Acuerdo de París, un epígrafe con el que se pretende regular las emisiones de gases de efecto invernadero de los estados a través de un mercado de carbono. Se trata de un sistema que permite que los países que superen el tope de contaminación puedan comprar créditos de emisión a aquellos que no estados que sobrepasan los límites establecidos. 

El problema es que hay ciertos vacíos legales que no terminan de solucionarse, como es el caso de la doble contabilidad que permite que tanto el comprador como el vendedor se apunten una reducción de emisiones en cada transacción, lo cual hace que la herramienta carezca de sentido.

Según han compartido con los medios algunas organizaciones medioambientales y representantes del ámbito empresarial, el Artículo 6 no ha presentado ningún avance debido al bloqueo constante de Australia, Estados Unidos, India y Brasil, que mantienen una visión muy laxa de esta herramienta de control de emisiones, frente la postura, más ambiciosa, de la Unión Europea.

Adaptación y compensación de emisiones

Por otra parte, se plantean pocos avances en el diseño de un mecanismo de adaptación para los países más vulnerables al cambio climático. Según fuentes de la negociación, las trabas tienen que ver con cómo hacer que un porcentaje de los fondos de carbono se destine a la implementación de ayudas y planes de mitigación en los países que más sufren las consecuencias de la crisis climática. 

Lo mismo ocurre con la dotación de fondos para el Green Climate Fund al que los estados desarrollados se comprometieron a destinar una partida presupuestaria para garantizar que los países más empobrecidos puedan tejer mecanismos de resiliencia y adaptación al cambio climático. 

En este punto de las negociaciones, las discrepancias polarizan los plenarios en dos bloques: países desarrollados y países en desarrollo, quienes piden más esfuerzos a los gobiernos más poderosos.

Ambición

La presión social del último año y las advertencias de la ciencia llevaron a algunos países a anunciar, al inicio de la cumbre, que tratarían de aumentar su ambición climática y sus compromisos para reducir sus emisiones durante la COP25. De está forma, el camino se allanaría de cara a 2020, año en el que los países deberían haber presentado de manera oficial sus compromisos para la descarbonización de la economía.

Pero, según explican fuentes de la negociación, la realidad es que el bloqueo también ha llegado a este punto de las negociaciones, ya que hay determinadas delegaciones que se acogen a la literalidad del Acuerdo de París y reclaman que se posponga a 2023 la actualización de las Contribuciones Determinadas Nacionalmente (NDC), que no son otra cosa que las hojas de ruta que cada estado maneja para conseguir descender sus emisiones de gases de efecto invernadero.

Por el momento tan sólo 73 países se han comprometido a mejorar en 2020 sus promesas de reducción de emisiones. España, por su parte, se ha comprometido a iniciar un proceso interno para presentar en ese mismo año sus compromisos climáticos. 

Plan de Acción de Género

La cita de Madrid se presentaba crucial para rediseñar el Plan de Acción de Género (PAG) que se aprobó por primera vez en la COP23 de 2017. Durante toda la cumbre, este punto ha contado con un bloqueo absoluto por parte del Grupo Africano. Sin embargo, el diálogo ha permitido que el plenario apruebe este viernes el documento, incluyendo todas las demandas de la sociedad civil. Esta es, quizá, una de las pocas noticias positivas del encuentro de Madrid, en tanto que se permitirá que la perspectiva de género se integre dentro de las políticas climáticas globales.

MADRID

13/12/2019 22:30 Actualizado: 14/12/2019 08:27

Por ALEJANDRO TENA

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Los países más emisores rechazan endurecer sus recortes de gases de efecto invernadero

Hasta 84 Estados, entre los que no figuran EE UU, China, India ni Rusia, se comprometen a revisar sus objetivos de reducción de dióxido de carbono en 2020

 “Hay una brecha enorme entre lo que sucede fuera de aquí y lo que sucede dentro”, ha reprochado este miércoles Jennifer Morgan, directora ejecutiva de Greenpeace internacional, a los representantes de los casi 200 países que se reúnen en Madrid hasta el viernes en la Cumbre del Clima, conocida por las siglas COP25. Morgan les ha contado que lleva 25 años asistiendo a estas reuniones internacionales y que nunca había visto una distancia tan grande entre lo que ocurre en la calle —con las protestas multitudinarias por medio planeta lideradas por los jóvenes activistas climáticos— y lo que pasa en una COP —con unas negociaciones que se estancan y sin liderazgos claros contra la crisis climática entre los países—. La falta de ambición de los principales emisores se refleja en la lentitud con la que avanzan las conversaciones para cerrar el desarrollo de los mercados de carbono o la declaración final de esta cumbre. Pero, fundamentalmente, en la ausencia de ambición de las grandes potencias emisoras de gases de efecto invernadero, que no dan señal alguna de estar dispuestas a endurecer sus planes de recortes de CO2como se pide desde la ciencia y desde las principales agencias de la ONU.

El secretario general de la ONU, Antònio Guterres, organizó en septiembre otra cumbre climática en Nueva York para intentar relanzar la ambición. Y se formó una coalición de 68 países que se comprometían a incrementar sus metas de reducción de emisiones para la próxima década. Tres meses después, esa coalición ha sumado 16 Estados más, según la actualización presentada este miércoles en la COP25.

Entre los nuevos países figuran Reino Unido, Suecia o Pakistán. Pero, de nuevo, faltan cuatro de los cinco grandes emisores, que acumulan más del 60% de todos los gases de efecto invernadero del planeta: EE UU —que ha iniciado ya los trámites para dejar el Acuerdo de París—, China, India y Rusia. El quinto actor de ese bloque de los grandes emisores es la Unión Europea, que tampoco figura como tal en esa coalición al estar todavía negociando Bruselas y los Veintiocho cómo y cuánto se debe endurecer el plan de recorte de emisiones que van a presentar ante la ONU en el marco del Acuerdo de París en 2020. Sí están dentro del compromiso lanzado en septiembre en Nueva York Alemania, Francia y España.

Que los esfuerzos que tienen previsto hacer los países contra el cambio climático no son suficientes lo admiten todos los que participan en la Cumbre del Clima. “No llevamos la velocidad adecuada”, ha reiterado la ministra chilena de Medio Ambiente, Carolina Schmidt, que ejerce la presidencia de esta COP25. “El mundo se está calentando y volviendo más peligroso más rápido de lo que creíamos”, ha insistido Guterres, que ha vuelto a esgrimir los informes científicos para urgir a los países, entre otras cosas, a endurecer sus objetivos de reducción de gases de efecto invernadero.

Todos los firmantes del Acuerdo de París deben presentar planes de recorte de emisiones que, juntos, deben conseguir que el calentamiento global se quede dentro de unos límites manejables, Pero la suma de esos planes no es suficiente. La ONU advirtió hace un par de semanas de que se deben multiplicar por cinco los esfuerzos globales previstos si se quiere que el incremento de la temperatura se quede por debajo de 1,5 grados respecto a los niveles preindustriales. Y por tres si se aspira a que ese incremento esté por debajo de los dos grados (la otra meta que se establece en el Acuerdo de París). Los planes (que se conocen por las siglas en inglés NDC) que tienen ahora los países llevarán al menos a 3,2 grados de incremento, calcula la ONU.

Por eso se necesitan compromisos como los de los 84 países que endurecerán sus planes durante 2020, como fija el Acuerdo de París. Pero, sobre todo, se necesita que se involucren los grandes emisores, algo que no está ocurriendo. Mientras EE UU se despide de París, China —a través de su viceministro de Ecología y Medio Ambiente, Yingmin Zhao— no ha dado ninguna señal este miércoles de que su intención sea endurecer su programa nacional de reducción de emisiones para la próxima década. Lo mismo ocurre con Rusia, que aún no ha presentado su plan, o India, que tampoco se ha sumado a ese listado de 84 países más ambiciosos.

La alianza de estos 84 Estados busca elevar los recortes a medio plazo, es decir, para la próxima década. Paralelamente, desde la presidencia chilena de la COP25 se ha impulsado también que los Estados se comprometan a buscar la neutralidad de carbono —que el CO2 expulsado sea igual al que se capture, por ejemplo, a través de bosques— en 2050. A este segundo objetivo se han comprometido ya 73 países, con las mismas grandes ausencias. También 14 regiones, 398 ciudades, 786 empresas y 16 grupos inversores. “Ya no basta con los países, necesitamos a otros actores”, ha resumido Schmidt.

Por MANUEL PLANELLES

Madrid 11 DIC 2019 - 14:27 COT

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María Neira: "Es el momento de decidir si en las ciudades damos prioridad a los coches o a las personas"

La directora del Departamento de Salud Pública y Medio Ambiente de la Organización Mundial de la Salud (OMS) habla con 'Público' sobre la Cumbre del Clima de Madrid y sobre los efectos negativos del cambio climático en la salud.

La Cumbre del Clima ha puesto en el foco mediático la crisis climática atrayendo a los pabellones de IFEMA –lugar donde se desarrolla el evento– a multitud de colectivos ecologistas del mundo y a diferentes organismos públicos internacionales. Madrid se ha convertido en un lugar de diálogo y debate sobre las diferentes consecuencias que genera el calentamiento del planeta. La sequía, el aumento de los niveles del mar, la regularización de los fenómenos meteorológicos extremos son algunos de los elementos que se estudian en este encuentro internacional que trasciende a lo político. Todo ello, en cualquier caso, termina convirtiéndose en un problema de salud pública.

María Neira, directora del Departamento de Salud Pública y Medio Ambiente de la Organización Mundial de la Salud (OMS), habla con Público sobre los impactos que el cambio climático puede tener en la vida de las personas y de cómo la desigualdad global genera diferencias a la hora de hacer frente a la coyuntura actual.

¿Qué espera de esta cumbre a nivel de salud ambiental?

Creo que siempre hay que pensar de manera positiva. El hecho de que se consiga movilizar a tanta gente de la sociedad sirve de algo. Todo lo que se haga para luchar contra el cambio climático es bueno para proteger la salud de las personas. Es importante entender que las causas del calentamiento global están ligadas a la contaminación del aire, que es algo que provoca muchísimas muertes prematuras al año. En cuanto a la imagen de España en esta cumbre, estoy muy orgullosa de ver que se ha conseguido organizar algo tan complejo en tres semanas cuando el resto de países suelen planificar el evento durante todo un año.

Hay cierto consenso en que las emisiones de CO2 son un problema para la salud pública, pero los gobiernos no terminan de actuar con rapidez, ¿por qué?

No se actúa con la rapidez con la que se debería actuar, es verdad. Si en vez de decir que el cambio climático provoca 7 millones de muertes , dijésemos que sus efectos equivalen a la desaparición anual de una gran ciudad, como Londres o Madrid, todos los telediarios estarían hablando de ello y no habría tanta calma. Me gusta decir que hay que actuar ya, aunque sea por nuestros pulmones. 

¿Qué medidas concretas pide a los dirigentes mundiales que acuden a la COP 25?

Lo primero que se debe hacer es acelerar los planes de descarbonización, pero hay más cosas. Tenemos que poner en marcha un sistema de transporte público que sea asequible, invertir en renovables para generar energía, impulsar medidas de eficiencia energética... Hay miles de iniciativas, las soluciones están ahí.

¿Cree que medidas como Madrid Central son imprescindibles en la lucha contra el cambio climático y para asegurar la salud de los ciudadanos?

Son irreversibles. Todas las grandes ciudades tienen que poner en marcha zonas de bajas emisiones y además deben de ser cada vez más extendidas en el espacio. En 20 años, el 70% de la población vivirá en zonas urbanas, por lo que es el momento de decidir si vamos a dar prioridad a los coches y legislar para ellos o si las personas van a ser dueñas de la ciudad. Es importante que podamos caminar tranquilas, hablar en la calle sin ruido y no estar rodeados de coches. 

¿Qué le han parecido los intentos del alcalde de Madrid para revertir la zona de bajas emisiones?

Me parece que todo lo que tenga un impacto negativo en la salud se debe combatir. Es importante que se proteja cualquier iniciativa que venga a mejorar la calidad de vida y a luchar contra la contaminación. He visto al alcalde hacer declaraciones en la cumbre y comprometerse a que Madrid sea una ciudad cada vez más verde y quiero creerle. Al final, él hará lo que pidan los ciudadanos y dudo que alguien quiera respirar aire tóxico.

Se habla de las emisiones y su impacto en la salud, pero la Organización Mundial de Meteorología informó en la COP25 de que las olas de calor cada vez se repiten con mayor frecuencia e intensidad... ¿Ésto también termina afectando a la salud de la población?

Sí. Todos nos acordamos de la famosa ola de calor de hace unos años en Europa. Ahora se está repitiendo cada vez con más frecuencia, cualquier ciudadano puede consultarlo. La gente confunde la temperatura del día con el clima, pero las tendencias indican que los grados están subiendo. Esto significa que los países ricos vamos a estar mejor preparados ante estos fenómenos extremos, pero los países pobres lo van a tener difícil. Para que nos hagamos a la idea: un aumento de tan sólo 1º C significa un incremento del 13% de los casos de diarrea en los países en vías de desarrollo, ya que tienen peores condiciones para acceder al agua.

El cambio climático afecta de manera diferente a las personas según su clase social y el lugar del planeta en el que viven, ¿cómo se puede combatir esta desigualdad?

Se habla de la transición justa, es decir, hay que asegurarse que cuando una ciudad decide tomar medidas para reducir la contaminación no se penalice a la gente modesta. Un ejemplo es la Ciudad de México que decidió restringir el tráfico de los vehículos con más de diez años de antigüedad, lo que supuso que sólo unos pocos pudieran ir en coche, los que tenían recursos para renovarlo. Hay que asegurarse de que cuando se cierren plazas de carbón se generen nuevos empleos. Se supone que, por un empleo eliminado de los combustibles fósiles, se pueden generar cuatro de energías renovables.

¿Cree que trabajar menos horas a la semana puede mejorar la salud de las personas y luchar contra la crisis climática a la vez?

Está claro que tiene que haber una transformación de políticas de empleo, pero no sólo de cara al cambio climático. La gente va a empezar a trabajar desde casa y se van a fomentar nuevos tipos de empleo, es evidente. Hay dos opciones: negarse al cambio y permanecer donde estamos o liderarlo y avanzar. Al final, todo termina siendo una cuestión de supervivencia, no podemos contaminar los ríos donde bebemos el agua ni llenar de plásticos los mares donde después pescamos. ¿Alguien defendería lo contrario?

Se habla mucho de los problemas respiratorios y cardiovasculares, pero, ¿qué ocurre con los efectos de la crisis climática en la salud mental?

No los dejamos fuera. Cada vez más reconocemos el impacto del cambio climático en la salud mental. Es evidente que donde se produce un desastre natural hay ansiedad. 

MADRID

05/12/2019 08:23 Actualizado: 05/12/2019 08:23

ALEJANDRO TENA

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Los nueve puntos de inflexión climática activos que deben acelerar la acción política sobre las emisiones

La situación actual del hielo marino ártico o del permafrost en Groenlandia ponen en alerta sobre los cambios irreversibles que se producirán si no se toman medidas urgentes.

Nueve puntos del planeta están en riesgo por daños graves, alteraciones o riesgo inminente de desaparición. El hielo marino ártico, la capa de hielo de Groenlandia, los bosques boreales, el permafrost —la capa de suelo permanentemente congelada en regiones frías—, el sistema de corrientes del Atlántico, la selva amazónica, los corales de aguas cálidas, la capa de hielo antártico occidental y partes de la Antártida Oriental. Estos puntos de inflexión climática están ya activos y podrían desencadenar cambios irreversibles a largo plazo a nivel global , tal y como señalan las conclusiones de un estudio publicado este miércoles en la revista Nature y liderado por Timothy M. Lenton, director del Global Systems Institute de la Universidad de Exeter (Reino Unido).

Lenton, junto a otros expertos, ya advirtió sobre los puntos de inflexión climáticos en 2008 —bajo esta denominación, la comunidad científica se refiere a un umbral crítico en el cual una pequeña perturbación puede alterar el estado o el desarrollo de un sistema— y estableció instrumentos de alerta temprana para detectar su proximidad. Pero esta no era la primera vez que se hablaba de este fenómeno. El Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) ya introdujo los datos sobre puntos de inflexión hace dos décadas , cuando se consideraba que los puntos de inflexión solo se activarían si la temperatura global aumentaba 5 ºC respecto a los niveles preindustriales. En sus informes más recientes, publicados en el último año, alertaban de que una subida de entre 1 y 2 ºC ya sería suficientemente grave, en línea con lo establecido por el Acuerdo de París.  

En los últimos años, las evidencias de que este tipo de eventos son cada vez más probables —más de lo que se pensaba— han aumentado y ayudan a definir «que estamos en una emergencia climática» y a fortalecer las peticiones para una acción climática urgente , según los expertos que firman el citado informe.

El deshielo y el aumento del nivel del mar

«Es posible que ya hayamos comprometido a las generaciones futuras a vivir con aumentos del nivel del mar de 10 metros durante miles de años. Pero esa escala de tiempo aún está bajo nuestro control», explican los científicos que han elaborado este estudio sobre los puntos de inflexión activos, pues muchos de estos se encuentran en la criosfera. La capa de hielo de Groenlandia , por ejemplo, se está derritiendo a un ritmo acelerado y solo este deshielo añadiría 7 metros al nivel del mar durante miles de años desde una fecha tan temprana como 2030, según los expertos.

El informe plantea medidas de adaptación como el reasentamiento eventual de la población que vive en zonas de baja altitud. Pero, sobre todo, limitar el aumento de la temperatura global no más allá de los 1,5 ºC, ya que «otros puntos de inflexión podrían activarse a niveles bajos de calentamiento global» . Es el caso del hielo marino, que ya se está reduciendo en el Ártico , «lo que indica que, con 2 ºC de calentamiento, la región tiene una probabilidad de entre el 10 y el 35 % de quedar prácticamente libre de hielo en verano», argumentan los autores del estudio.

Daños para la biosfera

Un ejemplo de cómo un daño puede desencadenar otros desastres es la pérdida de la mitad de los corales de aguas poco profundas en la Gran Barrera de Coral de Australia como consecuencias de las olas de calor en el océano.

«Además de socavar nuestro sistema de soporte vital, los puntos de inflexión de la biosfera pueden provocar la liberación brusca de carbono a la atmósfera», apuntan los científicos, lo que agravaría el cambio climático.

Asimismo, el calentamiento global ya ha provocado perturbaciones en los insectos a gran escala y el aumento de los incendios, que han provocado, por ejemplo, la desaparición de los bosques boreales de América del Norte , lo que, según los expertos, podría convertir algunas regiones de sumideros de carbono en fuentes de carbono.

«Para abordar estos problemas, necesitamos modelos que capturen un conjunto más rico de acoplamientos y retroalimentaciones en el sistema de la Tierra, y necesitamos más datos, presentes y pasados, y mejores formas de usarlos. Mejorar la capacidad de los modelos para investigar los cambios climáticos abruptos pasados ​​conocidos y los estados climáticos ‘invernadero’ debería aumentar la confianza en la capacidad para pronosticarlos», concluye el informe. Y añaden: «En nuestra opinión, la evidencia de los puntos de inflexión por sí solos sugiere que estamos en un estado de emergencia planetaria: tanto el riesgo como la urgencia de la situación son agudos «.

Fuente: https://www.climatica.lamarea.com/los-nueve-puntos-de-inflexion-climatica-activos-que-deben-acelerar-la-accion-politica-sobre-las-emisiones/

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Qué supone la salida de EEUU del Acuerdo de París

 El Gobierno de Trump ha comunicado de manera oficial a la ONU que abandona el tratado internacional contra el cambio climático. Su salida puede suponer un aumento de las emisiones y vuelve a activar las alertas por un posible efecto contagio en otros gobiernos negacionistas del planeta.

 

Trump ha dado el paso. Lo que ya anunció hace dos años se hace oficial y Estados Unidos inicia los trámites para abandonar el Acuerdo de París, el acuerdo internacional contra la crisis climática que fue firmado por 195 estados en 2015 en el que se establecía una hoja de ruta para tratar de evitar que la temperatura del planeta aumente más de dos grados a finales del siglo XXI.

"Hoy comenzamos el proceso formal de retirada del Acuerdo de París. Estados Unidos está orgulloso de su tradicional liderazgo mundial en la reducción de todas las emisiones, impulso de la adaptación, crecimiento de nuestra economía y garantía de energía para todos nuestros ciudadanos", anunciaba este lunes Mike Pompeo, secretario de Estado del país norteamericano.

Nada más llegar al poder, el político republicano, en un alarde de sus planteamientos negacionistas, anunció que abandonaría los acuerdos de París de 2017 tan pronto como la legislación se lo permitiera. Y así ha sido, en tanto que este tratado expone que cualquiera de las partes puede retirarse a partir del 4 de noviembre de 2020, siempre y cuando envíe una notificación formal a la ONU un año antes. Trump no ha fallado en los tiempos y ha anunciado a las Naciones Unidas que abandona los compromisos climáticos que se acordaron en 2015 en la capital francesa. Pero, ¿qué supone la salida de EEUU?

Sin frenos a las emisiones

Estados Unidos es, a nivel mundial, el segundo país más contaminante del mundo, sólo por detrás de China. Tanto, que se calcula que el país norteamericano es el responsable de cerca del 15% de las emisiones globales. Ante esto, el Acuerdo de París se presenta como uno de los escasos mecanismos internacionales que establece mecanismos para la reducción de las emisiones. Tanto, que Obama –el presidente que firmó el tratado– fijó compromisos para una reducción de las emisiones de CO2 de algo más del 25% para 2030. Sin embargo, la retirada de EEUU hace que ese escenario se vuelva aún más lejano.

“En parte el negacionismo de Trump tiene que ver con los vínculos de su administración con la industria de los combustibles fósiles”, opina Héctor de Prado, responsable de Justicia Climática de la organización Amigos de la Tierra, que señala a las repercusiones que puede tener su salida en cuanto a los compromisos financieros del tratado parisino que establecía, a grandes rasgos, que los países más contaminantes deberían destinar un porcentaje de sus fondos a financiar la adaptación y la resiliencia al cambio climático de los estados del cono sur.

“Es importante porque Estados Unidos aporta cerca del 21% del replenishment de los fondos del Global Environment Facility (Fondo para el Medio Ambiente Mundial) que empezó en París. Su retirada puede tener consecuencias nefastas para muchos países”, expone el ecologista. "La moraleja aquí es que uno de los mayores 'donantes' se retira, y lo que es peor, antes de haber completado íntegramente su promesa, con las evidentes implicaciones que eso conlleva tanto a países como a inversores", añade.

"Trump tiene vocación de genocida y usa la salida del Acuerdo de París para desviar de los problemas político que enfrenta con el impeachment.  Su decisión va a afectar a la vida de millones de personas en todo el mundo, perjudicando gravemente los derechos humanos, como el derecho al agua, a la alimentación, a la salud, entre otros", valora Tom Kucharz, miembro de Ecologistas en Acción.

La salida no es irrevocable

No todo es negro. En esta noticia que reafirma la línea discursiva de Trump en materia climática hay algunas aristas a las que la sociedad norteamericana –y el resto del mundo– puede agarrarse. Tanto es así que, el abandono del acuerdo no es irrevocable. Es decir, la llegada de un nuevo presidente a la Casa Blanca, sea de manera anticipada o no, podría suponer que los EEUU volvieran a ratificar los compromisos de París.

En cualquier caso, la decisión de abandonar el multilateralismo medioambiental podría contrarrestarse dentro de los propios poderes estatales de EEUU, ya que los gobiernos de los diferentes estados tienen capacidad de impulsar sus propias medidas anticontaminación, como el reciente caso de la ciudad de Nueva York, que ha prohibido la circulación de coches en una de las avenidas principales de Manhattan. “Vemos que hay estados con políticas ejemplares en cambio climático y otros que son todo lo contrario. Quizá, esa capacidad interna sea más relevante a veces que estar en el acuerdo de París”, opina Javier Andaluz, portavoz de Ecologistas en Acción.

"Hay decisiones del gobierno de Estados Unidos que agravarán igual o mas el calentamiento global que la salida del Acuerdo de París, como por ejemplo la reactivación de proyectos como los oleoductos Keystone XL y Dakota Access Pipeline en tierras sioux o el Plan Energético América Primero, una apuesta decidida por la extracción y el uso sin límites de los combustibles fósiles. La administración Trump ha eliminado o está intentando eliminar restricciones a las tecnologías de perforación del fracking y reduciendo el gasto en las agencias públicas de regulación y control de temas medioambientales", añade Kucharz.

Efecto contagio

La posibilidad de que el discurso de Trump pueda calar en otros gobiernos conservadores como el de Bolsonaro en Brasil vuelve a saltar a la palestra. Pero no solo eso, sino que algunos estados euroescépticos pueden sumarse a la situación de bloqueo. Sobre todo, si se tiene en cuenta que EEUU no saldrá del acuerdo hasta el próximo año, por lo que Trump mantendrá su asiento en la próxima Cumbre del Clima de Madrid (COP 25) desde el que podrá incendiar los debates y frenar la ambición de los acuerdos que se puedan alcanzar. “El hecho de que desde dentro propague la idea de que la lucha contra el cambio climático es una patraña es muy peligroso”, argumenta De Prado.

En cualquier caso la salida de Trump, que hasta ahora era un gran escollo en este tipo de cumbres, puede tener aspectos positivos de cara a las futuras negociaciones. “No es necesariamente una mala noticia para el cambio climática. Él fortalece claramente los intereses negacionistas y, en ese sentido, que se vaya puede suponer que se desatasquen algunas de las negociaciones por el clima”, opina Andaluz, centrándose en cómo podrían transcurrir las futuras cumbres sin la presencia de representantes estadounidenses.

No obstante, el abandono de EEUU y de cualquier otro estado que decida seguir sus pasos debería llevar a la ONU, según los colectivos ecologistas, a activar mecanismos sancionadores para aquellos ejecutivos que no cumplan en materia climática. 

madrid

05/11/2019 17:53 Actualizado: 05/11/2019 18:42

alejandro tena

Publicado enMedio Ambiente
Domingo, 03 Noviembre 2019 05:37

Pacto por la Casa Común

Pacto por la Casa Común

Evocando el llamado "Pacto de las Catacumbas", por el que un conjunto de obispos católicos latinoamericanos se comprometieron a partir de 1965 a vivir una vida sencilla, cercana a los pobres y alejada de riquezas, propiedades y privilegios, los participantes en el Sínodo Pan-Amazónico, que concluyó el 20 de octubre, decidieron acordar –también ese día– ante las iglesias que conforman los nueve países de la región, las de América Latina y El Caribe, y las solidarias de África, Asia, Oceanía, Europa y el norte de América, un pacto por una Iglesia con rostro amazónico, pobre y servidora, profética y samaritana, que denominaron Pacto de las Catacumbas por la Casa Común.

Dada la trascendencia social amplia que puede traer consigo su puesta en práctica, me parece oportuno traer a colación los 15 compromisos eclesiales que decidieron asumir:

  1. Ante la amenaza del calentamiento global y el agotamiento de los recursos naturales, el compromiso de defender sus territorios y la selva amazónica en pie.
  1. Reconocer que no somos los dueños de la madre Tierra, sino sus hijos e hijas, f ormados del polvo de la Tierra (Génesis 2:7-8), huéspedes y peregrinos (1 de Pedro 1:17b y 1 de Pedro 2:11), llamados a ser sus celosos cuidadores y cuidadoras (Génesis 1:26). Para ello se comprometen con una ecología integral en la que todo está interconectado, el género humano y toda la creación, porque todos los seres son hijas e hijos de la Tierra y sobre ellos aletea el Espíritu de Dios (Génesis 1:2).
  1. Acoger y renovar cada día la alianza de Dios con todo lo creado.
  1. Renovar en las iglesias la opción preferencial por los pobres, especialmente por los pueblos originarios, y junto con ellos garantizar su derecho a ser protagonistas en la sociedad y en la Iglesia. Ayudarlos a preservar sus tierras, culturas, lenguas, historias, identidades y espiritualidades. Crecer en la conciencia de que éstos deben ser respetados local y globalmente y, en consecuencia, fomentar por todos los medios que sean acogidos en pie de igualdad en el concierto de los demás pueblos y culturas. 5. Abandonar, en consecuencia, todo tipo de mentalidad y postura colonialista, acogiendo y valorando, en un diálogo respetuoso con todas las tradiciones espirituales, la diversidad cultural, étnica y lingüística.
  1. Denunciar todas las formas de violencia y agresión a la autonomía y a los derechos de los pueblos originarios, a su identidad, a sus territorios y a sus formas de vida.
  1. Anunciar la novedad liberadora del Evangelio en la acogida al otro y a lo diferente.
  1. Caminar ecuménicamente con otras comunidades cristianas en el anuncio inculturado y liberador del Evangelio. Y en solidaridad con los pueblos originarios, con los pobres y los pequeños, caminar con otras religiones y personas de buena voluntad en la defensa de sus derechos y en la preservación de la Casa Común.
  1. Instaurar un estilo de vida sinodal, donde representantes de los pueblos originarios, misioneros y misioneras, laicos y laicas, en razón de su bautismo y en comunión con sus pastores, tengan voz y voto en las asambleas, en los consejos, y en todo lo que concierne al gobierno de las comunidades.
  1. Empeñarse en el urgente reconocimiento de los ministerios eclesiales ejercidos por agentes pastorales, catequistas indígenas, ministras y ministros de la Palabra, ya existentes en las comunidades, valorando en particular su cuidado frente a los más vulnerables y excluidos.

11 . Hacer efectivo en las comunidades el paso de una pastoral de visita a una pastoral de presencia, asegurando que el derecho a la Mesa de la Palabra y a la Mesa de la Eucaristía sea real.

  1. Reconocer los servicios y la auténtica diaconía de gran cantidad de mujeres que hoy dirigen comunidades en la Amazonía, y buscar consolidarlas con un ministerio adecuado de animadoras de comunidad.
  1. Buscar nuevos caminos de acción pastoral en las ciudades, con el protagonismo de los laicos y los jóvenes, con atención a sus periferias y a los migrantes, los trabajadores y los desempleados; con atención a los estudiantes, educadores, investigadores, y al mundo de la cultura y de la comunicación.
  1. Asumir ante la avalancha del consumismo un estilo de vida sobrio, sencillo y solidario con los que poco o nada tienen; reducir la producción de basura y el uso de plásticos; favorecer la producción y comercialización de productos agroecológicos, y utilizar más el transporte público.
  1. Ponerse al lado de los que son perseguidos por su servicio profético de denuncia y reparación de injusticias, de defensa de la tierra y de los derechos de los pequeños, de acogida y apoyo a los migrantes y refugiados. Cultivar verdaderas amistades con los pobres. Visitar a las personas más sencillas y a los enfermos, ejerciendo el ministerio de la escucha, del consuelo y del apoyo, que traen aliento y renuevan la esperanza.
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Convocados por el movimiento Extinction Rebellion, cientos de activistas se manifestaron ayer en más de 60 ciudades del mundo para exigir a los gobiernos emprender acciones con el fin de frenar el cambio climático. En la imagen, la protesta en Berlín.Foto Afp

Londres. Cientos de activistas fueron detenidos ayer en ciudades de todo el mundo al comienzo de una campaña de resistencia pasiva convocada por el movimiento Extinction Rebellion, en protesta por la falta de respuesta de los gobiernos ante el cambio climático, y que se extendió a más de 60 ciudades, entre ellas Londres, Madrid, Amsterdam, Berlín, Nueva York, Buenos Aires, Sidney y Nueva Delhi.

Respaldados por la adolescente sueca Greta Thunberg, los jóvenes exigen que se declare la "emergencia climática" y los gobiernos fijen para 2025 neutralidad en las emisiones de gases con efecto invernadero. Su principal forma de protesta consiste en bloquear vialidades y edificios, encadenándose o pegándose al pavimento.

Miles de manifestantes bloquearon las carreteras alrededor de Westminster, en Londres, y levantaron campamentos con carpas y pancartas para marcar el comienzo de dos semanas de protestas y exigir medidas gubernamentales urgentes sobre la crisis climática y ambiental. Al menos 276 personas fueron arrestadas.

París se sumó a la protesta global con el bloqueo a un puente y una plataforma sobre el río Sena, mientras en Madrid 200 jóvenes disfrazados y maquillados que representaban catástrofes naturales, como inundaciones o incendios, se congregaron frente al Ministerio para la Transición Ecológica.

La policía de Alemania informó que unas 4 mil personas se congregaron en la Columna de la Victoria de Berlín, y en el parque entre el Parlamento y la cancillería federal se instaló un campamento. En Amsterdam, más de un centenar de activistas fueron arrestados por bloquear la calle adyacente al Museo Nacional de la capital holandesa.

En Nueva York, unos 200 activistas se congregaron en Battery Park y realizaron una "marcha fúnebre" hacia Wall Street, posteriormente arrojaron pintura roja sobre la icónica estatua del Toro; alrededor de 30 fueron arrestados.

También hubo detenidos en Wellington, Nueva Zelanda.

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 El entrenador del ave espera que las fotografías sacudan la apatía del mundo para que actúe de manera más rápida.Foto Ap

París. Las imágenes serán impactantes, pero también una muestra de consecuencias funestas. Con una cámara montada entre sus alas, un águila de cola blanca llamada Victor observará el mundo mientras vuela sobre los Alpes y captará imágenes de magníficos glaciares que se están derritiendo debido al calentamiento del planeta.

Es poco probable que su desaparición sea un espectáculo agradable y ese es precisamente el punto. Victor hará hasta cinco vuelos esta semana sobre los Alpes. Los organizadores esperan que el espectacular visión del águila ayude a que el mundo se sacuda la apatía sobre el cambio climático y trabaje en acciones más rápidas para combatir sus efectos.

Su adiestrador espera que ver el mundo como lo ve un águila también ayude a convencer a los espectadores de la importancia de proteger a las aves y sus entornos, en especial después de un reporte reciente que da testimonio de su declive devastador.

La humanidad tiene dos sueños: nadar con delfines y volar con águilas, afirmó Jacques-Olivier Travers, experto en halcones y fundador de Freedom Conservation. Esta es la primera vez que realmente montaremos sobre la espalda de un águila a tal distancia y con estas panorámicas ver cómo vuela.

Si el tiempo lo permite, el águila de nueve años emprenderá el vuelo desde el pico del monte suizo Piz Corvatsch con una cámara de 360 grados montada en su espalda y un localizador satelital GPS para seguir su recorrido. Victor volará sobre Alemania, Austria e Italia antes de llegar a Francia el 7 de octubre.

Durante cada vuelo, el ave volará entre 3 y 5 kilómetros y descenderá de mil 500 a 3 mil metros en busca de Travers.

No tengo un control remoto. Si él no me ve o decide no acercarse, podría irse a donde sea, explicó Travers. Es por eso que los vuelos dependen del tiempo. Si la visión de Victor se oscurece por las nubes, no vendrá, es esencial que me vea.

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