Los seres humanos desencadenaron el calentamiento global en 1830

Comenzó durante las primeras etapas de la revolución industrial y fue detectable por primera vez en los océanos Ártico y tropicales, según investigadores de la Universidad Nacional de Australia.


MADRID.- La actividad humana lleva produciendo calentamiento global desde hace casi dos siglos, según una nueva investigación que prueba que este fenómeno no se ha desencadenado durante el siglo XX.

El investigador principal, la profesora asociada Nerilie Abram de la Universidad Nacional de Australia (ANU), dijo que el estudio encontró que el calentamiento comenzó durante las primeras etapas de la revolución industrial y fue detectable por primera vez en los océanos Ártico y tropicales en el decenio de 1830, mucho antes de lo que esperaban los científicos.

"Fue un hallazgo extraordinario", dijo Abram, de la Escuela de Investigación de Ciencias de la Tierra de la ANU y el Centro ARC de Excelencia para la Ciencia del Sistema Climático.

"Fue uno de esos momentos donde la ciencia realmente nos sorprendió. Los resultados son claros. El calentamiento climático que estamos presenciando hoy comenzó hace unos 180 años."ayudarán a los científicos a comprender el impacto futuro de las emisiones de gases de invernadero en el clima.

Los nuevos hallazgos tienen implicaciones significativas para evaluar la medida en que los seres humanos han hecho que el clima se aleje del estado pre-industrial, y ayudarán a los científicos a comprender el impacto futuro de las emisiones de gases de invernadero en el clima.

"En los océanos tropicales y el Ártico en particular, los 180 años de calentamiento han causado que el clima medio sobrepase la variabilidad normal en los siglos anteriores a la revolución industrial," explica Abram.

La investigación, publicada en la revista Nature, ha sido realizada por 25 científicos de Australia, Estados Unidos, Europa y Asia, trabajando juntos como parte del consorcio Past Global Changes 2000 year (PAGES 2K).

Abram declaró que el cambio climático antropogénico era generalmente visto como un fenómeno del siglo 20, debido a que las mediciones climáticas eran poco frecuentes antes de la década de 1900.

Sin embargo, el equipo estudió reconstrucciones detalladas del clima pasado que abarcan 500 años para identificar cuando la tendencia sostenida al calentamiento comenzó realmente.

Los científicos examinaron los registros de las variaciones climáticas naturales a través de océanos y continentes de todo el mundo. Estas historias climáticas aparecen preservadas en los corales, decoraciones de cuevas, anillos de árboles y núcleos de hielo.

El equipo de investigación analizó miles de años de simulaciones de modelos climáticos, incluidos los experimentos utilizados para el último informe del Panel Intergubernamental de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (IPCC), para determinar qué causó el calentamiento temprano.

Los datos y simulaciones identificaron la aparición temprana del calentamiento alrededor de la década de 1830, y encontraron que el calentamiento temprano se atribuyó a los crecientes niveles de gases de efecto invernadero.

Los investigadores estudiaron la mayoría de las erupciones volcánicas a principios del siglo XIX y se encontró que sólo eran un factor de menor importancia en el inicio temprano del calentamiento climático.

Jueves, 28 Abril 2016 08:02

El final está cerca

El final está cerca

Las noticias que se transmiten cada día en los medios de comunicación y en las redes sociales acerca de la catástrofe ecológica que vive Nicaragua dan la idea de que estamos hablando de un país del pasado. De una naturaleza exuberante que fue y de la que sólo van quedando vestigios desolados: cauces secos de ríos de los que se alzan nubes de polvo, y son más de 30 los que se han secado; el emblemático río San Juan, caudal de nuestra historia que ahora se puede atravesar a pie en ciertos trechos; el Gran Lago de Nicaragua que se agosta, humedales que ahora son inhóspitos suelos cuarteados.

 

La desidia dice, con su irresponsable voz de siempre, que la sequía es cíclica, que apenas termine el fenómeno adverso de El Niño todo volverá a la normalidad; los ríos serán de nuevo caudalosos, se nutrirá otra vez el manto freático y rebosarán de agua los pozos ahora secos; y, como consuelo final, que esta es una anomalía meteorológica que afecta no sólo a Nicaragua, sino que trastorna al mundo entero.

 

Pero el ojo tuerto que contempla la calamidad de esta manera necesitaría del otro para ver cómo avanza la masiva destrucción de los bosques. La reserva de Bosawás, por ejemplo, declarada Reserva Mundial de la Biósfera por la Unesco, está siendo exterminada. Junto con la del río Plátano de Honduras, al otro lado de la frontera, comparte un territorio de bosque tropical húmedo y nuboso, originalmente de 50 mil kilómetros cuadrados, segundo en extensión en el continente americano después de la selva amazónica.

 

Bosawás, según el ambientalista Camilo de Castro, desde 1987 ha perdido 580 mil hectáreas, de las que 280 mil han sido depredadas en los pasados 10 años, como consecuencias de las constantes invasiones de colonos que destruyen la selva para plantar granos básicos o convertir el terreno en pastos para ganado. Anualmente se talan 42 mil hectáreas en la reserva, lo cual augura su extinción.

 

Extraer las maderas preciosas de Bosawás, caoba, cedro, prohibido por la ley, es el brillante negocio de mafias invisibles, así como también vender por adelantado las tierras selváticas a los colonos para que tumben los árboles, extendiéndoles títulos de propiedad falsos. Los suelos, que no son apropiados para sembrar maíz o frijol se agotan muy pronto y entonces sigue la penetración para arrasar más bosque. Lo mismo sucede con la otra gran reserva de 3 mil kilómetros cuadrados, la de río Indio-río Maíz, al sur del país, y vecina al río San Juan, ese por el que iban a transitar los barcos de uno a otro océano y que ahora puede atravesarse a pie.

 

En un diario de Managua leo una crónica acerca del puerto de montaña de El Hormiguero, surgido de la nada, y descrito como la puerta de entrada al corazón herido de Bosawás. Allí los colonos llegan en pipantes a través del río Wany, que surca la reserva, a vender sus cosechas a los comerciantes o a cambiarlas en trueque por agroquímicos, sal, azúcar, ropa, botas y demás productos de primera necesidad. Decenas de poblados seguirán surgiendo como éste mientras más selva siga siendo destruida, y lo que parecen alegres señales de pujanza económica, sólo lo son de muerte de la verdadera riqueza.

 

Las comunidades indígenas, tanto al norte como al sur del Caribe, son habitantes de esas selvas agredidas. En su cultura ancestral ven a la naturaleza de otra manera, como verdadera madre. Los árboles y las fuentes de agua son parte esencial de su propia existencia y el bosque no puede tener dueños particulares. Este choque cultural entre mestizos del Pacífico y etnias del Caribe, misquitos, mayagnas, creoles y ramas, se convierte en un choque entre lucro y conservación, y ha devenido en agresiones armadas con muertos, desaparecidos y secuestrados y quema y destrucción de poblados. Hay una llama encendida allí, que puede llegar a desatar una conflagración.


El país está siendo destruido por la irresponsabilidad y el desatino y por el apetito del enriquecimiento ilícito, y ha dejado de ser el mismo en su riqueza natural y en su equilibrio ecológico. Bastan los mapas satelitales para saberlo; del verde hemos pasado al marrón. Eso no lo ven los tuertos.

 

Pero también hay tuertos de los dos ojos. El empresario chino Wang Ying sigue empecinado en la construcción del canal interoceánico, y su demiurgo Bill Wild, que dirige por telepatía todas las operaciones desde Hong Kong, dice desde allá con cara impasible: “Estamos revisando aún más el balance de agua de nuestro canal... estamos más convencidos de que el canal sí va a tener suficiente agua para su operación”. Y agrega, con cómica sabiduría: En este proceso se están generando aún más diseños y optimizaciones nuevas que nos ayudan a reducir aún más la necesidad de agua.

 

El canal pretende atravesar el Gran Lago de Nicaragua, de por sí tan somero que su profundidad promedio es de 12 metros, y ahora el agua se ha retirado de sus costas a tal punto que las embarcaciones tienen dificultades para atracar. Nadie quita que pronto haya trechos que, igual que en el río San Juan, se podrán atravesar a pie. Quizás entonces lo que convenga a Wang Ying sea construir una carretera interoceánica y no un canal.

 

Si algo se ha ganado frente a esta debacle es que la conciencia ecológica ha avanzado, sobre todo entre los jóvenes, convencidos de que hay que hacer algo por detener la catástrofe. Un campesino explicaba con perfección didáctica en la televisión hace unos días, delante de su maizal desolado, lo que la mortandad de árboles tenía que ver con la falta de lluvia. Eso me lleva a pensar, me decía un amigo, que dentro de 30 años también otro campesino como éste hablará con la misma convicción de lo que la desigualdad económica y la falta de oportunidades tienen que ver con su pobreza.

 

Masatepe, abril 2016

 


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Mosquitos transgénicos: remedio peor que la enfermedad

En el contexto de temor construido por la expansión del virus zika y su supuesta relación con microcefalia, uno de las propuestas más riesgosas que se promueven es liberar billones de mosquitos transgénicos. No hay pruebas de que esto sirva para disminuir las enfermedades –incluso podría aumentar los casos o hacerlos más graves– e implica liberar al ambiente insectos transgénicos, con impactos impredecibles en ecosistemas y potencial mutación de virus y otros mosquitos. El costo de producirlos es alto y el negocio de quienes promueven los frankenmosquitos es que se destinen recursos públicos a estas riesgosas tecnologías, drenando fondos que deberían usarse en enfoques realmente útiles de prevención y atención colectiva de los diversos factores que influyen en el desarrollo de las enfermedades.


Existen varias iniciativas para manipular al mosquito Aedes aegypti, el trasmisor de los virus del dengue, chikungunya y zika, intentando disminuir las poblaciones de éstos. Todas comparten el enfoque estrecho de dirigirse solamente a un vector de la enfermedad y por métodos tecnológicos.


Hay muchas evidencias de que este enfoque aislado en el vector no es eficaz, porque aun si se logra eliminar una población de mosquitos en un lugar y por un periodo, pueden volver después de un tiempo –como ha sucedido en Brasil, ahora epicentro de la supuesta emergencia del zika– o pueden ser remplazados por otras especies de mosquitos o acelerar mutaciones en los virus. Además, en regiones donde el dengue es endémico, la supresión de los mosquitos por un periodo, debilita la resistencia adquirida por la mayoría de la población, potencialmente causando que las enfermedades vuelvan con más virulencia o que las personas se vuelvan más vulnerables a serotipos más agresivos del virus, como el dengue hemorrágico. Con los mosquitos manipulados todos esos impactos están presentes y se agregan otros riesgos.


Oxitec, una empresa que ha hecho experimentos con mosquitos transgénicos supuestamente para controlar el dengue en Islas Caymán, Malasia, Brasil y Panamá, presenta ahora su tecnología como solución al zika, sobre todo en Brasil, donde ha encontrado regulaciones laxas de bioseguridad y subsidios públicos para sus experimentos. Fue fundada por técnicos de la Universidad de Oxford y ex empleados de Syngenta. En 2015, Oxitec fue comprada por Intrexon, compañía de biología sintética de Estados Unidos que se dedica, entre otros rubros, a producir animales transgénicos, como salmón y ganado. Entre los directores de Intrexon, están hoy Bob Schapiro, antes director global de Monsanto, y Jeffrey B. Kindler, ex director global de la farmacéutica Pfizer. La historia de sus directores no implica que esas empresas estén involucradas en Intrexon/Oxitec, pero sí es significativa en cuanto a los principios que rigen a la empresa, como la actitud de que las ganancias corporativas están por encima del interés público, la salud de las personas y los ecosistemas.
La organización GeneWatch, que ha seguido a Oxitec desde sus inicios, aporta una serie de datos sobre los resultados reales de sus experimentos, de los cuales señalo aquí algunos. (http://goo.gl/mTBVUD)


Oxitec usa una técnica para hacer mosquitos transgénicos dependientes del antibiótico tetraciclina. Crían y separan mosquitos machos de las hembras, que son las que pican. En teoría, al liberar los mosquitos transgénicos, éstos se cruzarán con silvestres y producirán crías que no pueden desarrollarse si no encuentran el antibiótico tetraciclina en el ambiente. De todos modos, hasta 3 por ciento de las larvas sobrevive hasta la adultez. Además, cuando Oxitec para alimentar los mosquitos usó alimento de gato, que contiene pollo de cría industrial donde se utiliza tetraciclina, la tasa de sobrevivencia aumentó a 18 por ciento. Brasil, uno de los principales productores mundiales de cría industrial de animales, es también uno de los mayores usuarios de tetraciclina. La mayor parte de la que se usa en cría industrial de animales termina en residuos que van a depósitos de agua y basureros, donde también se cría el Aedes aegypti.


Adicionalmente, la separación de mosquitos machos y hembras es rudimentaria y siempre hay un porcentaje de hembras que son liberadas, admite Oxitec. Todo esto se convierte en problemas importantes, porque para que los mosquitos transgénicos se reproduzcan, se liberan en cantidades enormemente mayores a los silvestres. En Islas Caymán, para combatir una población de 20 mil mosquitos, liberaron 2.8 millones de mosquitos por semana. Según Oxitec, el experimento fue un éxito, porque redujo la población de mosquitos en el área experimental en más de 80 por ciento. Sin embargo, mediciones en zonas vecinas mostraron un aumento de mosquitos silvestres. Se estima que entre los millones de machos liberados por semana, se liberaron también unas 5 mil hembras picadoras. Todo esto aumenta el riesgo de picaduras a la población.


En un experimento realizado en 2013, en Jacobina, Bahía, Brasil, Moscamed, una empresa socia, liberó mosquitos de Oxitec y se adjudicó una disminución de 81 a 100 por ciento de dengue en dos barrios. Pero en 2014, el municipio de Jacobina tuvo que decretar una emergencia por aumento de dengue. (ASPTA, http://goo.gl/XPCU6w).
El 16 de febrero, a partir de una denuncia promovida por organizaciones locales e investigadores, el Ministerio Público de Brasil comenzó una averiguación sobre la eficacia y aspectos de bioseguridad de los experimentos de Oxitec en Piracicaba, estado de São Paulo, donde la empresa ha hecho experimentos desde 2015.


Pese a los riesgos y pésimos resultados, los promotores de los transgénicos quieren aprovechar la emergencia para hacer nuevos negocios a costa de la salud de todos. No hay que permitirlo.

 

Silvia Ribeiro, investigadora del grupo ETC

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Jueves, 04 Febrero 2016 06:43

Bogotá se ahoga por la contaminación

Bogotá se ahoga por la contaminación

La capital de Colombia registró en enero los niveles de polución más altos en tres años

El indicador que mide el nivel de contaminación en Bogotá parece moverse al mismo ritmo en que avanzan los carros y los buses en la ciudad. Casi todos los días ocurre lo mismo. Muy temprano, en el occidente de la ciudad, el mapa que recoge datos oficiales se pone en color rojo. Mientras avanza la jornada, en el centro, se ilumina con el mismo color que, según la medición, indica que el nivel de partículas contaminantes es mayor y perjudicial para la salud.


En enero, el rojo en el mapa de la capital de Colombia se iluminó más de la cuenta y por eso terminó siendo el mes con más polución en los últimos tres años, una situación que se puede agravar debido a los incios de los últimos días. Los bogotanos, que procuran caminar rápido, parecen resignados a lidiar con la contaminación que en ciertas horas se siente en la ciudad. Las paredes negras, manchadas de hollín, aparecen como telón de fondo en zonas como la Avenida Caracas, en el centro de Bogotá, donde los buses de TransMilenio disparan más de un 50% de contaminantes.


Los valores promedios de PM10 y PM2.5, como se le conoce a las partículas generadas entre otros por la combustión de los autos y buses con motor a diésel, se situaron en enero, según información de la Secretaría de Ambiente, por encima de los años anteriores en un 33% y 45%. Las más pequeñas, las PM2.5, son hasta cien veces más delgadas que un cabello humano y su efecto en la salud es peor debido a que penetran con mayor facilidad en las vías respiratorias y en el torrente sanguíneo.


El fenómeno se debe a las condiciones meteorológicas adversas caracterizadas por inversiones térmicas más fuertes, que se traduce en la afectación de la circulación y la mezcla del aire en las capas bajas de la atmósfera. "A medida que se fue incrementando el parque automotor y el número de viajes, las emisiones son mayores y al no tener una buena dilución de los contaminantes estos se quedan en la parte baja de la atmósfera bogotana", dice la entidad. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) el promedio de partículas por cada metro cúbico de aire debe ser de 20 microgramos; la legislación colombiana la establece en 50. Muchas capitales del mundo triplican esa cifra. En Bogotá, con nueve millones de habitantes, se ha llegado a alcanzar más de 300 microgramos.


"El transporte es el mayor contribuyente de partículas, cada año la contaminación deja al menos a 10.000 personas enfermas en la ciudad", explica Néstor Rojas, profesor asociado de Química y Ambiental en la Universidad Nacional. Cada vez es menos raro ver a la gente que camina por las principales vías de Bogotá intentando protegerse de las nubes de humo negro que expulsan los buses viejos y los no tan antiguos, conocidos como Sitp, que dejan a su paso una mancha en el aire.

Daños a la salud


Un estudio de Rojas junto a otros académicos señala que con la reducción de la concentración de contaminantes hasta alcanzar los 50 microgramos en toda la ciudad de Bogotá, entre 2010 y 2020 podrían evitarse alrededor de 21.000 muertes por exposición a largo plazo para la población mayor de 30 años; más de 12.000 hospitalizaciones por causas respiratorias y cerca de 3.800 atenciones en salas de urgencias. "Se obtendrían beneficios económicos alrededor de 180.000 millones de pesos (cerca de 54 millones de dólares) en los costos de enfermedad", dice el informe.


El médico Gonzalo Díaz Murillo, especialista en Telemedicina, ha llevado un registro gráfico de la contaminación en Bogotá desde hace diez años. "Un día empecé a sentirme mal, con tos cada vez más frecuente. Me di cuenta de que el humo de los buses, que parece normal en el panorama diario, me hacía daño". Díaz Murillo buscó filtros purificadores para su casa y oficina y creó una página en la que sube vídeos y las fotos del tráfico de la capital. Con imágenes trata de denunciar, por ejemplo, cómo la entrada de 9.000 buses al parque automotor de Bogotá el año pasado empeoró el ambiente. Dice que con frecuencia recibe consultas de afectados por la polución.


Las personas que trabajan en las arterias principales de la ciudad como la carrera Séptima cuentan cómo han sentido en el cuerpo el humo que tragan mientras venden jugos o periódicos. A veces les da conjuntivitis, tos, alergias. Se tapan con un pañuelo, con la mano, con lo primero que se les ocurra durante el tiempo que transcurre entre bus y bus. "Uno de repente siente que está dentro de una nube de humo y ya no puede hacer nada", dice una vendedora de bebidas que pasa seis horas al día expuesta a la contaminación de los vehículos en Bogotá.

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El Niño y el Zika se unen contra América

Las temperaturas extremas que el fenómeno de El Niño generó en los últimos meses encendió las alarmas en América, al favorecer con altas temperaturas y humedades la reproducción del mosquito transmisor del virus del Zika.


El fenómeno natural, originado en aguas del Pacífico y de un poder destructivo que puede provocar desde inundaciones hasta sequías, ha elevado los termómetros a niveles históricos y hace temer que su impacto llegue al registrado entre 1997 y 1998.


En Estados Unidos, las autoridades meteorológicas señalan que la principal consecuencia ha sido un menor número de huracanes en el Atlántico en la temporada pasada, así como que 2015 ha sido el año más cálido para la Tierra desde que comenzaron los registros climáticos hace 136 años.


En América Latina, las autoridades han vinculado ese ascenso de las temperaturas con las condiciones para la propagación del mosquito Aedes aegypti, el vector del zika, el dengue, el chikunguña y la fiebre amarilla, que crece y se reproduce en climas tropicales y áreas de estancamiento de agua.


La Organización Mundial de la Salud (OMS) teme que entre 3 y 4 millones de personas resulten afectadas por el actual brote del Zika en América durante 2016, por lo que ha convocado para el próximo lunes un comité para determinar si se trata de una emergencia internacional.


Brasil sufre desde hace meses pertinaces sequías en el noreste y caudalosas lluvias en el sureste que han causado inundaciones y movilizado a unos 220 000 soldados que reforzarán las campañas de prevención de enfermedades.
Según la Fundación Oswaldo Cruz, un organismo brasileño científico oficial, las lluvias han generado condiciones para la aparición de criaderos del mosquito Aedes aegypti.


En Brasil se teme que el Zika esté asociado a los casi 4 200 casos de bebés con microcefalia, el crecimiento deficiente del cráneo en los recién nacidos.


En Colombia, el más reciente boletín epidemiológico habla de un total de 16 419 casos de zika, de los que 890 son embarazadas.


Según el Gobierno colombiano, el 57.5 por ciento de los casos de esas enfermedades se registra en zonas de clima tropical afectadas por las elevadas temperaturas, que en el caso de la capital han llegado al récord histórico de 25.6 grados centígrados.


El Niño también ha afectado con fuerza al Cono Sur, en donde las inundaciones han desplazado a miles de personas y han generado depósitos de agua propicios para la aparición de insectos.


Argentina ha sufrido las crecidas de los ríos en la zona noreste del país -conocida como El Litoral-, que provocaron fuertes inundaciones durante la pasada Navidad y obligaron a unas 30 000 personas a recibir el Año Nuevo evacuadas de sus casas.


La zona noreste es ahora también la más castigada por el dengue, con dos provincias (Misiones y Formosa, fronterizas con Paraguay y Brasil) en situación de emergencia por un "brote epidemiológico" de al menos un millar de casos diagnosticados.


Desde el Ministerio de Sanidad argentino apuntaron que las elevadas temperaturas y las lluvias han provocado que este año las semanas de mayor incidencia del dengue, que normalmente son en febrero y marzo, se adelanten.


Las inusuales precipitaciones también hicieron aumentar el caudal del río Paraguay, que anegó barrios enteros de Asunción, donde provocó que unas 100 000 personas abandonaran sus hogares.


Paraguay, en donde las temperaturas han alcanzado los 40 grados centígrados, decretó una alerta epidemiológica tras registrar desde 2015 unos 4 298 casos de chikunguña y detectar la circulación del Zika en zonas fronterizas con Brasil.
El Niño mantiene hasta ahora una intensidad fuerte en la región Andina, específicamente en Perú con un calentamiento anómalo de la temperatura del mar que llega hasta los 3 grados por encima del promedio histórico, aunque no se han generado lluvias.


Ecuador ha pronosticado el incremento en la intensidad y frecuencia de las precipitaciones de forma progresiva, durante febrero y marzo de 2016, y ha confirmado 17 casos (9 autóctonos y 8 importados) de personas afectadas por el virus del Zika.


En Bolivia al menos 15 personas han muerto y 22 541 familias han resultado damnificadas por las lluvias y la sequía en los dos últimos meses como consecuencia de El Niño.


Cuba ha visto también un incremento de las lluvias durante el mes de enero, superiores en más del doble a la media histórica del mes, a pesar de tratarse de la estación seca del año.


Según datos del Centro del Clima del Instituto de Meteorología, El Niño contribuyó a que 2015 fuera el año más cálido en Cuba desde 1951.


En Centroamérica, las autoridades panameñas responsabilizan a El Niño de la severa sequía que se siente en el país, una de las peores en los últimos 100 años.


El Salvador está sufriendo un incremento promedio de temperaturas de 0.3 grados centígrados por El Niño y el caudal de los ríos podría disminuir, entre enero y abril, hasta un 85 por ciento.


Las autoridades de Nicaragua, en tanto, han dicho que no están preocupadas por los efectos de El Niño, pero los productores agrícolas y varias ONG sí han mostrado incomodidad por lo que pueda traer un tercer año con sequía a causa de este fenómeno.


En Guatemala, se estima que las familias afectadas por El Niño sean entre 150 000 y 170 000, pero están trabajando para implementar un plan de "contingencia" en marzo que permita paliar la situación, y han advertido que el impacto del zika será "potencialmente muy fuerte" de junio hasta octubre debido al aumento de las lluvias.


(Con información de EFE)

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El Acuerdo de París sobre el clima da falsas esperanzas: científicos

El Acuerdo de París para enfrentar el calentamiento global en realidad ha asestado una fuerte derrota a esa lucha, advirtieron destacados científicos. Aunque gobernantes del mundo lo hayan anunciado con bombo y platillo, el pacto es demasiado débil para prevenir un daño devastador a la Tierra, sostienen.


En una carta a The Independent, algunos de los más importante científicos del clima lanzaron un devastador ataque al acuerdo alcanzado el mes anterior, el cual, advirtieron, ofrece una falsa esperanza que podría resultar contraproducente en la batalla por contener el calentamiento global.


La carta, con 11 signatarios, asegura que el Acuerdo de París es peligrosamente inadecuado.


A causa de este fracaso, afirman los académicos, la única oportunidad de salvación que le queda al planeta es dar un impulso gigante a las controvertidas tecnologías de geoingeniería, en su mayoría no probadas, que buscan enfriar el planeta manipulando su sistema climático.


Los científicos aducen que las fallas letales en el pacto logrado el mes pasado en la capital francesa dan la impresión de que ya se atiende con propiedad el calentamiento global, cuando en realidad las medidas se quedan lastimeramente cortas respecto de lo necesario para evitar un cambio climático incontenible.


Esto significa que no se tomarán las medidas extremas requeridas de inmediato para tener alguna oportunidad de evitar un calentamiento global devastador, como serían cortes masivos y rápidos a las emisiones de carbono, que sólo se redujeron uno por ciento el año pasado, añadieron.


Aclamación hueca

La hueca aclamación de éxito a la conclusión del Acuerdo de París demostró una vez más que la gente escucha lo que quiere escuchar y desdeña lo demás. Lo que desdeñó fueron las fallas letales que están debajo de su barniz de éxito, escriben los académicos en la carta, firmada también por el doctor Alan Gardian, de la Universidad de Leeds, y el profesor Paul Beckwith, de la Universidad de Ottawa, en Canadá.


Lo que la gente quería oír es que se había alcanzado un acuerdo sobre el cambio climático que salvaría al mundo sin modificar los estilos de vida y las aspiraciones. La solución que propone es no acordar un mecanismo urgente para asegurar reducciones inmediatas en las emisiones, sino seguir pateando el bote por la calle.


Los autores no ponen en disputa el enorme logro diplomático del Acuerdo de París, de conseguir que 195 gobernantes del mundo se comprometieran a una meta de reducir entre 1.5 y 2 grados centígrados y a tomar medidas para reducir emisiones de carbono.


Sin embargo, señalan que las acciones acordadas son demasiado débiles para acercarse a esa meta. Además, los compromisos de las naciones para reducir sus emisiones no son lo bastante vinculatorios para asegurar que se cumplan, y tampoco estarán obligados a revisarlos tan a menudo como es necesario.


Aún más preocupante, advierten, es la falta de la dramática acción inmediata que se acordó para enfrentar el calentamiento global. El Acuerdo de París entra en vigor en 2020, cuando ya enormes cantidades de CO2 adicional habrán sido bombeadas a la atmósfera. Los firmantes señalan que eso hace casi imposible limitar el calentamiento global a 2 grados centígrados, ya no se diga 1.5.


El corazón del Acuerdo de París está en el lugar correcto, pero el contenido es peor que inepto. Fue un verdadero triunfo para la diplomacia internacional y envía un fuerte mensaje de que los escépticos han perdido el caso y que la ciencia tiene razón en cuanto al cambio climático. Lo demás es poco más que relleno y conlleva el riesgo de perpetuar el fracaso, sostuvo el profesor Kevin Anderson, de la Universidad de Manchester, quien no firmó la carta, pero está de acuerdo con su planteamiento.


Peter Wadhams, profesor de física oceánica en la Universidad de Cambridge y firmante de la misiva, señaló que las perspectivas de contener el calentamiento global luego del Acuerdo de París son ahora tan exiguas que propone recurrir a la geoingeniería, recomendación que no hace a la ligera.


En igualdad de condiciones no soy gran admirador de la geoingeniería, pero creo que es absolutamente necesario, dada la situación en la que estamos. Es como poner un curita, pero se necesita porque, al mirar el mundo, nadie está cambiando su modo de vida, comentó Wadhams.


Rociar enormes cantidades de agua a las nubes para hacerlas más grandes y brillantes, y así reflejen la luz solar hacia la atmósfera –lo que se conoce como abrillantamiento de las nubes marinas–, ofrece la mejor posibilidad de geoingeniería, explicó.


Las tecnologías de geoingeniería –que también contemplan poner espejos gigantescos en el espacio o emblanquecer la superficie del océano para reflejar la radiación solar de vuelta al espacio– causan controversia por el temor de que impliquen exigencias técnicas y sean extremadamente costosas, mientras interferir con el sistema climático podría tener consecuencias dañinas imprevistas para el planeta.


Un vocero de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático señaló: El Acuerdo de París es una resonante declaración de intención política de todas las naciones. Tenemos plena confianza en que los países no se dormirán en sus laureles esperando hasta 2020 antes de hacer algo.


Traducción: Jorge Anaya

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Domingo, 29 Noviembre 2015 05:46

La última chance, en París

La última chance, en París

Después de Kioto en 1997 y Copenhague en 2009, muchos ven la COP 21 como la oportunidad final de hacer algo por el planeta, crear un protocolo mundial vinculante y darle un rol serio a la ONU. La resistencia de las potencias industriales.


"¿Podemos aún salvar el planeta?" La pregunta, a toda página, la formula la ultima edición del vespertino Le Monde en vísperas del inicio de la conferencia mundial sobre el clima, la COP 21, que se celebra en Francia entre el 30 de noviembre y el 11 de diciembre. Los 195 jefes de Estado pertenecientes a los países firmantes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (Cmnucc) buscarán en París un acrobático acuerdo para disminuir las emisiones de efecto invernadero que destruyen al planeta. Nada parece más difícil, ni más hipotético. Varios frentes se cruzan en esta mega cumbre: los países en vías de desarrollo y los emergentes se confrontan a las grandes potencias contaminantes (Estados Unidos, China, la Unión Europea, Rusia). Y las potencias entre sí se confrontan en torno del carácter vinculante o no de las decisiones que se adopten en París.


Ya antes que una batalla entre potencias sucias y promotores de la salvación de lo que nos queda de planeta, la cumbre se convirtió en una pugna entre la sociedad civil y el Estado francés. Los atentados terroristas de 13 de noviembre –130 muertos, 350 heridos– condujeron a la adopción del Estado de Emergencia, una medida que prohíbe muchas cosas, sobre todo las manifestaciones, y le otorga a los organismos de seguridad derechos astronómicos y sin control. Los imperativos de seguridad llevaron a que se anule la mega manifestación prevista para este domingo 29 de noviembre y que, también, se prohíba todo tipo de manifestaciones. Esto ha dejado afuera a la sociedad civil que pensaba marcar su postura en las calles. El ministro francés de Interior, Bernard Cazeneuve, admitió también que 24 militantes ecologistas considerados "activistas peligrosos" se encuentren actualmente bajo arresto domiciliario. El lector apreciará el abuso implícito en la forma de hacer pasar a un militante ecologista con el mismo perfil de peligrosidad que un terrorista asesino.


Sin dudas, el Estado francés quiere evitar que se repitan los graves accidentes que marcaron la cumbre sobre el clima que se llevó a cabo en Copenhague en 2009, cuando decenas de miles de personas se opusieron con furia al escandaloso espectáculo que dio la comunidad internacional. Se habían reunido para salvar al planeta y lo único que hicieron los países industrializados fue salvar sus intereses, es decir, no aprobar ningún texto vinculante, ni la más mínima medida o programa de protección. De hecho, la COP 21 de París retoma los trabajos allí donde los dejó Copenhague. Las potencias, principalmente Estados Unidos y China, habían logrado dejar afuera a las Naciones Unidas. Entre 2009 y 2015 lo que se logró es que le ONU recobrara su papel preponderante en este ciclo.


El fantasma de Kioto


El objeto central de la COP 21 consiste en reemplazar al difunto protocolo de Kioto para empezar a aplicar uno nuevo a partir de 2020. El protocolo de Kioto, firmado en 1997, había fijado los objetivos que debían cumplir los países desarrollados para reducir la emisión de gases contaminantes. Kioto fue un fracaso y un éxito. Fracaso porque sólo 37 Estados del mundo aceptaron las medidas vinculantes. Las grandes potencias emisoras de gases, Estados Unidos y China por ejemplo, no lo aplicaron –Estados Unidos ni siquiera lo ratificó–. El éxito está en que allí donde se llevó a la práctica al pie de la letra, el protocolo de Kioto superó la meta inicial del 5 por ciento y la reducción de gases alcanzó el 22 por ciento. Sin embargo, el fracaso volvió a cerrar el camino de la salvación. Como las potencias mundiales no lo aplicaron, la emisión de gases se incrementó en 24 por ciento entre el 2000 y el 2010.


París es entonces un momento clave. Para muchos, la COP 21 es considerada como "la última oportunidad" de hacer algo realmente serio por el planeta. "En el cambio climático se juega el destino de la humanidad ", dice Christiana Figueres, la secretaria ejecutiva de la ONU a cargo del cambio climático. "París 2015 es una fecha casi fatal", repiten a coro responsables de toda índole. Lejos de generar un consenso para preservar la humanidad, el cambio climático es objeto de una guerra interna en el capitalismo donde se combaten dos visiones: una, industrial, liberal y mercantilista pone en tela de juicio la realidad del cambio climático, otra, algo más global y responsable, pone el acento en la destrucción que el aumento de la temperatura acarrea en la tierra. Dentro de ese antagonismo entra otro: el que opone a los países más industrializados responsables supremos del calentamiento global y de las emisiones de gases de efecto invernadero, con los países menos desarrollados, a quienes se les exige un esfuerzo similar al de las potencias contaminantes con escasas compensaciones.


La intención, en París, es que los 195 países firmantes implementen medidas para atenuar las emisiones de gases contaminantes y fijen un marco para la próxima gran conferencia del clima que se llevará a cabo en 2020, con la cual se reemplazará definitivamente el protocolo de Kioto. Como se puede apreciar, el mundo juega con la seguridad climática como con una bomba de tiempo. Varios organismos internacionales ya consideran que París y sus acciones preparatorias llega demasiado tarde. Un estudio elaborado por el Climate Action Tracker (CAT, organización científica independiente con sede en Londres), advierte que los planes de acción climática presentados hasta ahora por los países miembros de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático no evitarían que el calentamiento global del planeta llegue a los 2, 7º C. En la capital francesa se busca que, a finales del siglo, la temperatura global no sobrepase los dos grados. Con lo cual, la cruzada a favor de una temperatura salvadora está perdida. Los científicos del IPCC (Panel Internacional del Cambio Climático, un organismo dependiente de la ONU) alegan que si se continua con el ritmo actual, la temperatura global ascenderá entre 3,7 y 4,8 grados en el ano 2100.


La diferencia entre la cumbre COP 21 y el protocolo de Kioto radica en que no se obligará a que los países reduzcan de manera obligada sus emisiones de CO2. El esquema que se ha presentado es el voluntario, es decir, cada país presenta sus propios compromisos. 170 naciones del mundo adelantaron hasta ahora sus propuestas. La ONU calcula que las llamadas "medidas voluntarias" fijadas para el horizonte 2025-2030 elevarán la temperatura a un pico de 2,7 grados. De todas formas, todos son conscientes de que, hasta 2030, la temperatura no disminuirá.


El gran salto al vacío de la COP 21 está en el carácter vinculante del acuerdo. La Unión Europea pugna por un texto que, al menos, tenga capítulos vinculantes. Estados Unidos pone trabas, sobre todo legislativas. Es altamente probable que el Congreso y el Senado norteamericano rechacen cualquier tratado vinculante. El carácter vinculatorio del tratado es el objeto de todas las controversia. Muchos países pueden hacer fracasar la cumbre al negarse a firmarlo. Y no es todo. El otro contenido polémico son las medidas de compensación destinadas a los países más pobres que deben adaptarse al cambio climático.

Desde 2020 comenzará a funcionar el llamado Fondo Verde del clima. Dotado de 100.000 millones de dólares, el Fondo compensará lo que ciertos países pierden al adaptarse a la tragedia climática. Esto es, en si, un absurdo, porque numerosos países en vías de desarrollo sufren ya de manera drástica los estragos del clima destruido por el club de potencias contaminantes. Como decía un indígena Papúa invitado a Francia, Mundlya Kepanga, "si se sigue destruyendo la naturaleza, todo esto existirá sólo en sus museos".

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Sábado, 14 Noviembre 2015 06:58

Crónica de un desastre climático anunciado

Crónica de un desastre climático anunciado

El cambio climático existe y es grave. Cifras más o menos, todos los análisis convergen: para evitar que el planeta se siga calentando con impactos devastadores urge reducir drásticamente las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), consecuencia del sistema de producción y consumo con combustibles fósiles como petróleo, gas y carbón. Los rubros que más GEI emiten son extracción y generación de energía, sistema alimentario agro-industrial –incluida deforestación y cambio de uso de suelo–, construcción y transportes.


Sin embargo, las reducciones necesarias y cómo garantizar que los principales responsables (países y empresas) dejen de contaminar el clima de todos y minar el futuro de nuestras hijas e hijos, no está en la agenda del próximo encuentro mundial sobre el clima que se realizará en París el próximo diciembre.


En su lugar, la 21 Conferencia de las Partes (COP21) de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (CMNUCC) que se reunirá las dos primeras semanas de diciembre prevé condonar un sistema de acciones voluntarias, llamadas contribuciones previstas y determinadas a nivel nacional (CPDN o INDC, por sus siglas en inglés) sin compromisos vinculantes ni real supervisión internacional, legitimando nuevas falsas soluciones y peligrosas tecnologías. De paso terminarán de enterrar el proceso multilateral de negociaciones para enfrentar esta crisis global.


El precedente de este próximo acuerdo-no acuerdo (se trata de legalizar que cada país haga lo que quiera) fue el Protocolo de Kyoto, un acuerdo internacional vinculante que estableció que los principales países emisores, responsables de la mayoría de GEI, redujeran en 5 por ciento sus emisiones por debajo del nivel de 1990. El total de emisiones era entonces 38 giga toneladas equivalentes de dióxido de carbono anuales (equivalentes porque hay otros gases de efecto invernadero). Estados Unidos, principal emisor histórico y segundo actual, nunca firmó el Protocolo de Kyoto y siguió aumentando sus emisiones. Al 2010, las emisiones globales, en lugar de bajar, habían aumentado a 50 giga toneladas anuales. En ese año, China pasó a ser el primer emisor, ahora con 23 por ciento del total, seguido de Estados Unidos (EU) con 15.5 por ciento. Pero acumulado, EU es responsable de 27 por ciento de emisiones desde 1850. Con 5 por ciento de la población mundial, usa 25 por ciento de la energía global y sus emisiones de GEI per cápita son más de mil 100 toneladas por persona mientras en China son de 85 toneladas por persona. Cabe notar que el desarrollo actual de China sigue el mismo modelo destructivo de producción y consumo industrial, con crecientes brechas de desigualdad interna.


Esta nueva realidad de emisiones de países emergentes afirmó a los principales emisores históricos a exigir que todos debían reducir –aunque ellos no lo habían hecho nunca. Bloquearon una nueva etapa del Protocolo de Kyoto y aprovecharon para minar el principio de responsabilidades comunes pero diferenciadas que había sido un pilar de la CMNUCC.


Para la COP 21, por primera vez cada país debe entregar a la Convención su plan de contribuciones previstas, y como son determinadas a nivel nacional, el secretariado se limita a contabilizar lo que significan. A fin de octubre 2015, se habían entregado las contribuciones previstas de 146 países. Según el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente, esos planes se traducen en un aumento de 3 a 3.5 grados en el promedio global al 2100, casi el doble del límite oficial acordado de máximo 2 grados y mucho más de 1.5 grados que los estados insulares, la mayoría de países del Sur y organizaciones de la sociedad civil consideran máximo aceptable para no morir bajo las aguas, sufrir violentos huracanes, sequías y hambrunas.


Las medidas propuestas por los grandes emisores históricos son altamente insuficientes, incluso en términos formales. Un análisis de organizaciones ambientalistas, sindicales y sociales, aplicando un criterio de contribuciones justas por país (tomando en cuenta responsabilidad histórica y capacidad de hacer reducciones según nivel económico actual debido a la industrialización que provocó las emisiones) muestra que Estados Unidos, Japón y Europa ni siquiera llegan a 20 por ciento de lo que deberían reducir. Por el contrario, los países más pobres, contribuyen más de lo que nunca causaron y algunos países emergentes (China, India) proponen mucho más que su justa parte per cápita. (civilsocietyreview.org).


Es una perspectiva reveladora, pese a que no toma en cuenta otro aspecto fundamental: cómo se componen esas contribuciones que harían los países. Porque además de insuficientes, la mayor parte de sus contribuciones se basan no en reducir emisiones, sino en compensarlas con mercados de carbono, con técnicas de geoingeniería como captura y almacenamiento de carbono (CCS) con mal llamada bioenergía que devasta ecosistemas y compite con producción de alimentos, y con programas perversos contra comunidades campesinas e indígenas, como la agricultura climáticamente inteligente y REDD+para bosques.


Además de anunciarnos que aumentarán las emisiones, las medidas propuestas van contra las comunidades y movimientos que tienen alternativas reales, viables y posibles para salir de la crisis. La COP21 se dirige a consolidar un crimen histórico. Pero no será sin denuncia y resistencia desde abajo.


Silvia Ribeiro, investigadora del grupo ETC

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Varía velocidad de rotación de la Tierra: ¿Los días y las noches duran lo mismo?

La versión de que la velocidad de rotación de la Tierra ha aumentado y, por consiguiente, se han acortado los días ha generado discusiones entre los especialistas. Mientras algunos insisten en que cada jornada tiene varias horas menos, otros refutan esa hipótesis y explican que cambios de tal envergadura habrían sido notados por todo el mundo.


De acuerdo con un estudio denominado Resonancia Schumann, que trata sobre la metafísica cuántica y la astrofísica metacuántica, desde 1980 la velocidad de rotación de nuestro planeta ha aumentado, por lo que los días habrían perdido ocho horas y solo durarían 16.


Según la teoría, este cambio encontraría su razón en las catástrofes climáticas.


No obstante, otros especialistas rechazaron esta hipótesis. Uno de ellos es el astrónomo Víctor Vera, de la Facultad de Ciencias Físicas de la Universidad de San Marcos (Perú), quien explicó que "para que el tiempo varíe es necesario que la velocidad de la luz cambie", publicó 'El Comercio', y agregó que "no se ha podido comprobar que la velocidad de la luz haya sufrido una variación en el tiempo cósmico".


"Todo sigue normal a escala cósmica. La variación de la duración del día tendría implicancias increíbles. Amanecería a las tres de la tarde, por ejemplo, y los telescopios tendrían que recalibrarse", siguió, para concluir que "si hubiera habido esta disminución tan drástica" lo hubieran notado "todos".


(Con información de Russia Today)

Martes, 10 Noviembre 2015 06:13

"No seremos guardabosques del imperio"

"No seremos guardabosques del imperio"

Una de las particularidades del proceso boliviano es la relación que establece en sus políticas con "la Madre Tierra". Por eso es tan escuchada la voz de Evo Morales de cara a la Cumbre sobre el Cambio Climático, que se concretará en París a fines de este mes.


A fines de noviembre París será escenario de la Cumbre sobre el Cambio Climático (COP 21) y, en ese contexto, la voz del presidente boliviano es una aliada de peso para la presidencia francesa. En la COP 21 habrá que llegar a un todavía improbable acuerdo para reducir, de aquí a 2030, los gases de efecto invernadero que provocan el destructivo calentamiento global. El problema mayor reside en que Occidente exige un esfuerzo considerable a los países en desarrollo, que no tienen la responsabilidad central en la emisión de gases contaminantes. Y allí está uno de los principales antagonismos de la cita parisina. Los tiempos de unos y otros son incompatibles. Pese a las esperanzas y a los buenos deseos, el clima divide a ricos y menos ricos.


–París estará, en pocas semanas, en el centro del debate para salvar al planeta del calentamiento global. La última gran cumbre sobre el clima, celebrada en Copenhague en 2009, fracasó estruendosamente. ¿Cree usted que en París se dará un salto cualitativo en la protección del medio ambiente?


–En los pueblos y los movimientos sociales del mundo hay mucha conciencia y mucho compromiso, también hay mucho esfuerzo y sacrificio por la madre tierra, por la vida y la humanidad. Esperamos que este sentimiento y pensamiento profundo de los pueblos del mundo sean escuchados por los gobiernos y los representantes de cada Estado. Después de tantos fracasos y gracias al debate sobre el desarrollo sostenible 2030 que tuvo lugar en el seno de las Naciones Unidas conseguimos entender que esta es la única oportunidad. Es el mejor momento para que los gobiernos y los pueblos del mundo coincidamos. Esperamos que los representantes de las naciones tomen decisiones para el bien de la vida y la humanidad.


–De todas formas, hay una pugna muy fuerte dentro del capitalismo entre las industrias que siguen explotando las energías fósiles y las otras, que pugnan por desarrollar energías renovables. Los grandes bancos del mundo invierten más en lo primero que en lo segundo. ¿Estos sectores no pueden acaso doblegar la voluntad política?


–Al margen del enfrentamiento entre las empresas privadas que son expertas en explotar las energías fósiles y otros empresarios que tal vez tienen más conciencia en la energía limpia, es importante que quienes promueven esa energía limpia vayan desarrollándose. Y esto sin las muchas protecciones económicas de otras empresas que están explotando las energías fósiles. Quiero decir que con Alemania y Francia estamos avanzando, como Estados y seguramente con la participación del sector privado, en el campo de la energía eólica y la energía solar. Con Alemania hemos adelantado instalar una ensambladora de sistemas eólicos, y no solamente para Bolivia sino para Sudamérica. Sería muy bueno que Bolivia fuera el corazón de toda Sudamérica. Igualmente, está el tema de la energía solar y todos los demás cambios profundos que se están dando en el uso del combustible: trenes eléctricos, autos hidráulicos, por ejemplo. Si la energía limpia es una solución más barata automáticamente caerán quienes ostentan las energías fósiles. Los Estados deben apoyar esas energías porque la energía deber ser, como el agua, un derecho humano. Nuestra obligación como Estado es atender ese derecho y garantizar la energía y el agua.


–En la cumbre de Copenhague en 2009, el presidente Chávez había dicho: "Cambien el sistema, no el clima".


–Esto sigue vigente. Es un pedido clamoroso. Estamos en un sistema fracasado, con un modelo fallido, con pueblos amenazados y con una madre tierra insegura en su existencia dentro del sistema. ¿Cómo podemos seguir apoyando este sistema? Sigo convencido de que el peor enemigo de la humanidad es el sistema capitalista.


–¿América latina, en particular el Mercosur, trae alguna propuesta colectiva a esta cumbre de París?


–Hay un solo mensaje por parte de los pueblos del mundo, y no solamente de América latina. Pero hay algunas conclusiones elaboradas en la cumbre de Tiquipaya (departamento de Cochabamba) y hace unos días concluyó en Quito, Ecuador, una reunión de ministros de Medio Ambiente donde hubo que lamentar que algunos países hayan no hayan aportado. No escuchan a sus pueblos. En la cumbre de los movimientos sociales por el cambio climático de Tiquipaya había 400 delegados de Chile, y también su ministra de Medio Ambiente. Pero se opuso a reconocer o resaltar las conclusiones. Denuncio públicamente los hechos pero no se trata de problemas bilaterales, estamos hablando de la vida. Estamos hablando de la madre tierra, estamos hablando de cómo salvar a la madre tierra para salvar a la humanidad. Es un tema profundo y tenemos diferencias profundas. Aquí, el aporte del movimiento indígena, y no solo del continente sino del mundo, consiste en cómo vivir y cómo estar en armonía con la madre tierra. Acá hay una diferencia profunda con el sistema capitalista. Los países del sur no seremos guardabosques del imperio.


–Hace ya algunos años que circula en Occidente esa idea, esa noción que nace en los pueblos indígenas: el buen vivir. Por un lado está el feroz desarrollismo del sistema capitalista y, por el otro, cierta receptividad en la gente ante esa aspiración a una resonancia entre el ser y el mundo natural. El capitalismo está hoy en crisis por todas partes. ¿Qué puede aportarle a esa crisis esa voz de la tierra?


–El mejor aporte son los planteamientos que provienen de la cumbre de Tiquipaya, y también que los Estados escuchen, entiendan e implementen esas conclusiones. Evidentemente cada continente y cada país tiene su propia particularidad, pero esas particularidades deben ser adecuadas a nuestras formas de vivencia, nuestros antepasados, nuestras experiencias armónicas con la Madre Tierra. Esto significa vivir en comunidad, en colectividad, en complementariedad, en solidaridad y no en competitividad. Tal vez en Europa sea importante el aspecto competitivo, pero si en Bolivia avanzamos como lo hicimos es gracias a esas políticas de complementariedad y solidaridad.


–Presidente, el papa Francisco y su encíclica sobre la ecología han dado la vuelta al mundo. ¿Cómo evalúa a este hombre que en Europa es visto con tanta admiración como recelo?


–Ahora siento que tengo un Papa. Ahora siento y creo. Me declaro profundamente de Cristo. Por eso tenemos que rezar para que el Papa siga con vida.


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