Jueves, 24 Noviembre 2016 06:16

“Esto es igual que un terremoto”

“Esto es igual que un terremoto”

La falta de agua que vive buena parte de Bolivia es como un terremoto que tomó desprevenido al gobierno de Evo Morales, admitió ayer el mandatario, que recurrió al ejército para repartir agua entre la población.


“Esto es igual que un terremoto. No lo calculamos, no estaba en nuestras previsiones que nos falte agua’’, dijo Morales. Entre tres mil y cuatro mil personas, según los convocantes, salieron ayer a las calles de La Paz y El Alto para protestar contra el ejecutivo boliviano por no haber sabido paliar esta emergencia nacional provocada por la peor sequía en 25 años. “Hemos salido a manifestarnos contra el gobierno nacional porque estamos sufriendo el racionamiento de agua’’, declaró el dirigente de la junta vecinal de El Alto, Rubén Valencia, al frente de la marcha.


Los manifestantes exigen la renuncia de la ministra de Aguas, Alexandra Moreira, a quien culpan de ser la principal responsable de la falta de previsión. Los habitantes de El Alto suelen defender sus reclamos con firmeza, y pusieron en jaque a muchos gobiernos. La Paz, de unos 800 mil habitantes, y El Alto de otros 900 mil, sufren racionamientos desde hace más de dos semanas. Cerca de la mitad de los vecinos de La Paz tiene agua en sus casas unas horas cada tres días, aunque su color amarillento la convierte en no potable y en un peligro para la salud, según advierten las autoridades sanitarias, que recomiendan hervirla antes de consumirla. En otras muchas viviendas, las cañerías quedaron secas.


El presidente decretó el lunes emergencia nacional, ya que ciudades como Cochabamba (centro), Oruro (oeste), Potosí (suroeste), Sucre (sureste) y Tarija (sur) también tienen problemas de suministro de agua. El mandatario recurrió al ejército para la distribución en camiones cisternas. En algunos barrios de La Paz van escoltados por las fuerzas antidisturbios por miedo a la reacción de los vecinos. El presidente, que prometió tratar de solucionar el problema lo antes posible, también hizo sobrevuelos en helicóptero para ver personalmente eventuales lagunas que puedan suministrar agua.

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Martes, 22 Noviembre 2016 06:36

La Cumbre del Clima termina sin consenso

La Cumbre del Clima termina sin consenso

La Cumbre de Marrakech (COP22) finaliza con la incapacidad de llegar a un consenso en la ONU que permita poner en marcha el Acuerdo de París. La lucha contra el cambio climático se mete en un laberinto que retrasará las soluciones justas. Organizaciones ecologistas y sociales consideran peligroso e irresponsable el aplazamiento hasta 2018 de las medidas más urgentes.

 

Hace calor y no llueve en Marrakech, Marruecos, territorio vulnerable del planeta que debería beneficiarse de más mecanismos de adaptación. Jerga ONU. Estamos a finales de noviembre, huele a humo de moto con cúrcuma, las calles son laberínticas y no hay mapa certero.

Algo parecido pasa con el problema del cambio climático, por el que gobiernos, organismos internacionales y empresas transnacionales han transitado en los últimos diez años desde la negación más cazurra, pasando por acciones efectivas de diagnóstico económico, científico y social, hasta la presentación ambigua de soluciones.

Desde este lado del noroeste africano, la plaza Jemaa El Fna muestra que hay otras maneras de mirar el mundo. Sus gentes y cielos agitan culturas diversas y hasta los pájaros se reúnen en círculo. El centro de la ciudad está abarrotado de carteles de la COP22, cuyas instalaciones se han preparado en dos grandes pabellones internacionales a las afueras: la Green Zone –para organismos representantes de la sociedad civil, transnacionales, bancos, técnicos y prensa– y la Blue Zone –para gobiernos, negociadores, delegados, más técnicos y medios–.

Muchas palabras y pocas acciones

Los jefes de gobierno de 195 países se reunían por primera vez bajo el Acuerdo de París, un tratado que ha propiciado una nueva era climática, pero que está liderada por los mismos agentes que causan la degradación planetaria. Por eso en Marrakech todo se resume en un aplazamiento hasta 2018. Lo opuesto de lo que la sociedad esperaba.

Durante dos semanas –una científica y otra política–, delegados, negociadores, técnicos, periodistas y activistas escribieron miles de textos en todas las lenguas del mundo sobre la urgencia de actuar contra el cambio climático en un contexto de serias amenazas ambientales y de un aumento estremecedor de la desigualdad.

Pero este consenso en torno a la urgencia de la acción no se tradujo en compromisos reales. No. Patricia Espinosa, secretaria ejecutiva de la COP22, tildaba la conferencia mundial como “la cumbre de la acción”. El presidente francés François Hollande se refería a “la cumbre de las soluciones” y el secretario general de la Naciones Unidas Ban Ki-moon se despedía diciendo que, “si no se actúa ahora, la temperatura subirá casi cuatro grados”.

Lejos de ser una cumbre activa y resolutiva, Marrakech pasa a los anales de la ONU como una cumbre-trámite en la lucha contra el calentamiento global. Para los movimientos ciudadanos ha sido la cumbre de “perder el tiempo” mientras mueren personas, pueblos originarios, islas, llegan huracanes, tsunamis, lluvias torrenciales y accidentes nucleares. Para las empresas ha sido la cumbre de “ganar tiempo” en la búsqueda de nuevos nichos de mercado y nuevas formas de control económico.

Chocaba en los pabellones de la Cumbre la enorme presencia de multinacionales fósiles y de empresas de infraestructuras (cementeras, energéticas, telecomunicaciones, transporte...) cuyo número de delegados y negociadores ha sido muy superior al de las representantes de la sociedad civil. La Climate Action Network, referente en la lucha organizada contra el cambio climático, reparte las acreditaciones de entrada entre las organizaciones, pero la secretaría de la COP las está restringiendo.

La ciudadanía observa impotente la inacción de los gobiernos. Mientras las organizaciones ecologistas siguen denunciando la vulneración de derechos humanos y la negligencia de los países enriquecidos ante los peligros climáticos que afectarán sobre todo a los países empobrecidos.

Los movimientos sociales exigen hablar de resultados, no de parches que sólo ayudan a “alargar un modelo económico basado en los combustibles fósiles, obsoleto y destructivo para el planeta y la inmensa mayoría de sus habitantes”, según Javier Andaluz, responsable del área de Cambio Climático de Ecologistas en Acción.

18 de noviembre: un viernes noche

Después de doce días, pasada la medianoche terminaba el Plenario final de la COP22, pero seguía un rato más la diplomacia subterránea. Brasil, Ecuador y China aplazaban sus rifirrafes sobre el año de rendición de cuentas de los países (China se niega a poner un año), el aumento en 2025 de los 100,000 millones de dólares previstos para el Fondo Verde, y la no concesión de descuentos a países petroleros que paren sus extracciones. Finalmente, la Coalición de Países más afectados (CVF) también suscribía el comunicado. La Cumbre de Marrakech se cerraba por agotamiento y por streaming.
La única buena noticia de la Cumbre ha sido la creación de un fondo para 2050 en el que EE UU, Alemania, Canadá, Francia, Perú, Chile, Costa Rica y 47 países vulnerables (lenguaje ONU) se comprometen a tener 100% energías renovables.

Las élites políticas asumen ya como necesario el cambio estructural de modelo económico-climático. Ante esto y los propios límites del planeta, las grandes empresas intentan reformular sus modelos de negocio. No en vano, 360 multinacionales estadounidenses se han adherido a los compromisos del Acuerdo de París durante la COP22.

En los altos niveles de negociación de la Blue Zone, más allá de la nueva presidencia de EE UU, se hablaba sin tapujos de "descabornización profunda", como ha informado El Diario.

Por su parte, el comisario europeo de Energía y Cambio Climático, Miguel Ángel Arias Cañete, insistía en la necesidad de mayores esfuerzos. Sin embargo, los compromisos de la UE contradecían sus declaraciones.

Durante la COP22 se filtraba el próximo Paquete Energético de Invierno elaborado por la Comisión Europea, que se presenta oficialmente el 30 de noviembre y seguirá incluyendo subvenciones encubiertas a los combustibles fósiles a través de los mecanismos de capacidad, “algo que ya denunciamos hace un mes en el Parlamento Europeo”, afirma Xabier Benito, eurodiputado de Podemos.

De Europa a España

Las fotos oficiales han quedado resultonas, también para España. Aunque Rajoy no dijera nada relevante a su paso por la Cumbre. Tuvo una agenda más intensa con Mohamed VI a quién (quizás) le explicó los nefastos efectos de su impuesto al sol. Una semana antes, El Confidencial publicaba que el Banco Europeo de Inversión (BEI) iba a dar soporte a una de las mayores infraestructuras de energía solar del mundo en suelo marroquí.

En los últimos días de la COP22 el gobierno español daba un pasito y anunciaba una propuesta de Ley de Cambio Climático, que las organizaciones ecologistas llevan tiempo pidiendo, como recoge 20minutos.

Alianza por el Clima, formada por más de 400 organizaciones ecologistas, dispone de un documento estratégico que podría ser la base de una Ley de Cambio climático española e insta a todas las formaciones políticas a tenerlo en cuenta. Por su lado, Unidos Podemos y Ciudadanos han elaborado sendas hojas de ruta sobre cambio climático.

“Me parece capital que exista una Ley del Cambio Climático y un proceso de negociación de Ley para generar un consenso y participación amplia”, dijo a Diagonal Teresa Ribera, actual directora del Instituto de Desarrollo Sostenible y Relaciones Internacionales (IDDRI) de París, copresidenta del panel de Naciones Unidas sobre iniciativas ante el cambio climático y miembro del Foro Económico Mundial.

En España llama la atención la falta de coordinación ministerial del gobierno del PP. Algo que también sucedió en las dos legislaturas de Zapatero (PSOE). Pero estamos en la máquina ONU. No es de recibo que el Ministerio de Medioambiente llegue a la COP22 para responder de manera difusa, sin concretar datos ni planes, y rebotar las preguntas cruciales al Ministerio de Industria, ausente oficialmente.

Las declaraciones de intenciones no son suficientes

A estas alturas de la historia, cabe preguntarse ¿qué habría que hacer para que la prestigiosa o prestidigitadora ONU fuera motor de acciones, además de declaraciones?

La COP22 terminó con la Declaración de Marrakech, un comunicado clásico en la historia de las cumbres. Una herramienta muy utilizada cuando no hay acuerdos ni resoluciones concretas, llena de formalismos del tipo “podría”, “sería deseable”,” aconsejable”, “una opción para”, que pasa de puntillas por “catástrofe climática”.

En la Cumbre alternativa, la Red Internacional de Justicia Climática (Demand Climate Change Network) publicaba la misma noche del 17 de noviembre un manifiesto que, entre otras cosas, exige que el 50% de la financiación se destine a proyectos y estrategias basadas en los ecosistemas y no en nichos de mercado para las empresas occidentales. Este documento también exige la liberación de cientos de activistas ecologistas que hoy están encarcelados por todo el mundo, así como el reconocimiento de asesinatos de líderes y lideresas indígenas que se oponen a proyectos energético-empresariales demoledores con sus territorios y comunidades.

Recetas para la dominación, pautas para la adaptación

Las economías industrializadas son las principales responsables del cambio climático y al mismo tiempo las menos comprometidas en una transformación radical del modelo productivo, industrial y energético.

El Acuerdo de París prevé para el Fondo Verde para el clima un monto de 100.000 millones de dólares anuales (67.000 millones provenientes de fondos públicos pero no puestos sobre la mesa ha sólo 165 millones) que se destinarán a acciones de mitigación (80%) y adaptación (20%) al cambio climático, es decir a que los territorios más afectados puedan adaptatse y seguir viviendo. De nuevo, jerga ONU. En este sentido, el porcentaje debería ser el opuesto: mucho más para adaptación que para mitigación.

De los 3.000 millones de dólares prometidos por EE UU con Obama para este Fondo Verde, hasta ahora sólo se han entregado 500. Un dato “muy, muy desolador”, según declaraciones de Mpanu Mpanu, jefe del grupo Países Menos Desarrollados, a La Marea.

La adaptación es uno de los pilares clave en la lucha contra el cambio climático y su puesta en marcha debería estar mucho más avanzada de lo que está. En este sentido, la inactividad de la COP22 de Marrakech pone en riesgo la supervivencia del Fondo para la Adaptación desarrollado en 2001, en la misma ciudad marroquí.

La pasividad en la adaptación y preferencia por la mitigación –un pan para hoy y hambre para mañana– en el lenguaje ONU y en los hechos tendrá grandes repercusiones sociales, ambientales y económicas en los próximos años, tal y como ya ha demostrado la comunidad científica y, en especial, el IPCC.

Decenas de organizaciones indigenistas provenientes de los países de América Latina y el Caribe, representadas por mujeres principalmente, reclamaban en la Cumbre oficial mayor apoyo y protección a los territorios y comunidades que más sufren las consecuencias del cambio climático. Como organizaciones africanas, Attac Maroc y colectivos saharauis incluidas, insisten en poner en el centro de las negociaciones climáticas a la ciudadanía y los derechos humanos.

En la cumbre alternativa, realizada del 14 al 17 de noviembre en la Universidad Caddi Ayyad de Marrakech, se hicieron charlas temáticas y mesas redondas. Un experto en agua tunecino terminaba una conferencia llorando después de contar en público los abusos de países europeos –España es clave– sobre la explotación de gas y petróleo en el Norte del continente africano. Especial éxito tuvo la asamblea de la Alianza Euromediterránea contra el cambio climático, que ha diseñado una hoja de ruta para los próximos meses. Fue recordada con insistencia la urgencia de expulsar definitivamente a las multinacionales fósiles de cumbres como la COP.

Mercado de emisiones y carbono

Casi el 45% del total de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) de la Unión Europea están cubiertas por el mercado de carbono, con más de 11.000 centrales eléctricas y plantas industriales en territorios de la UE y países asociados, así como parte de la aviación civil.

Los créditos de carbono son un mecanismo de mercado que reparte asignaciones por países. Desde 2013 el gobierno español realiza una asignación de derechos de emisión gratuita para empresas y multinacionales con implantación en España. La primera vez dio 104 millones de toneladas de Co2 en derechos de emisión, una cantidad que se ha reducido cada año, para fomentar la reducción de emisiones y la descarbonización.

El sistema de mercado de carbono es responsabilidad de la UE que controla el mercado de carbono y fija el precio. En España, el Ministerio de Industria es el encargado de repartir los derechos de emisión.

Existen dos tipos de emisiones de gases de efecto invernadero: industriales –energéticas, siderúrgicas, cerámicas, cementeras, refinerías... que suponen el 40% de emisiones totales– y difusos –transporte, agricultura, sector residencial, constructoras maquinaria pesada, construcción de carreteras, y, en general, todo lo que no se puede medir directamente porque no están al final de una tubería ni hay un medidor, y que suponen el 60% de las emisiones totales–.

Decir que España tiene ya cumplidos sus objetivos de reducción de emisiones de GEI para 2020 es verdad. Pero no lo es por el esfuerzo de los distintos gobiernos españoles (Zapatero y Rajoy), si no por un truco contable: la ONU cambió el año de referencia para medir las emisiones (antes 1990, ahora 2005).

Hace once años, España tenía unos índices de emisiones muy elevados, no cumplía con el Tratado de Kioto y desde 2007 había tenido que comprar derechos de emisión de GEI por valor de más de 1.300 millones de euros. Llegó el primer ciclo de la crisis económica (2007-2011), que en España se tradujo (entre otras muchas cuestiones) en un brusco descenso de más del 20% de sus emisiones.

La quema de carbón explica en España su aumento en emisiones de gases de efecto invernadero entre 2014 y 2016, como ha documentado Público. Según la Red Eléctrica de España, el uso del carbón para generar electricidad se disparó un 23,4% en 2015 con respecto a 2014.

El modelo de carbón agoniza y tiene ya fecha de muerte. En el caso español, 2018 será el último año que reciba ayudas públicas. Para datos de 2016, resulta interesante el informe Global Carbon Budget publicado el pasado 14 de noviembre.

El futuro es ahora

“La única manera de frenar el cambio climático es mantener el 80% de los combustibles fósiles bajo tierra y desarrollar lo antes posible una economía baja en carbono que reduzca la desigualdad y contribuya a una sociedad ecologista, feminista y democrática, acorde con los límites planetarios”, afirman en la delegación española de Ecologistas en Acción enviada a la COP22.

La OMS no ha esperado para presentar un estudio que cuantifica en más 12 millones las personas que mueren cada año debido a enfermedades relacionadas con el cambio climático (contaminación del aire, del agua y de la tierra, radiaciones, productos químicos...).

La COP23 tendrá lugar al año que viene en la ciudad alemana de Bonn –sede de la ONU en materia climática– bajo el auspicio de las islas Fiji, territorio vulnerable. Pero, a menos que un acontecimiento extraordinario nos haga reaccionar antes, los compromisos reales no llegarán hasta 2018, en la COP24 de Polonia.

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Las multinacionales fósiles y de infraestructuras protagonizan la cumbre del COP22

Las empresas transnacionales y los gobiernos cooptan la Cumbre del Clima de Marrakech (Cop22) y paralizan la puesta en marcha del Acuerdo de París. La sociedad civil vuelve a estar infrarrepresentada frente a los lobbies fósiles.


En la semana política de la COP22, los jefes de gobierno se han reunido por primera vez bajo el Acuerdo de París. El comisario europeo de Energía y Cambio Climático, Miguel Ángel Arias Cañete, ha insistido en la necesidad de mayores esfuerzos, sin embargo los compromisos de la UE contradicen sus declaraciones.


Al llegar a la cumbre observamos la enorme presencia de multinacionales fósiles y de empresas de infraestructuras (cementeras, energéticas, telecomunicaciones, transporte...) cuyo número de delegados y negociadores es muy superior al de las representantes de la sociedad civil.


Todo apunta a que el Acuerdo de París ha propiciado una nueva era climática liderada por aquellos agentes que causan la degradación planetaria, mientras la ciudadanía observa impotente la inacción de los gobiernos. Esta pasividad tendrá grandes repercusiones sociales, ambientales y económicas en los próximos años, tal y como ya ha demostrado la comunidad científica y en especial el IPCC.


El lema oficial de la cumbre, que habla de “tiempo para la acción”, contrasta con una política que apunta al estancamiento de las negociaciones del Acuerdo de París. Esto supondría dilatar la acción climática lo suficiente para que sea imposible aplicar las recomendaciones científicas y limitar el calentamiento global a 1,5ºC.


Las Cumbres del Clima se han convertido en recintos feriales con expositores de empresas que han pasado del negacionismo al lavado climático. Su misión es vender “tecnología verde” a gobiernos y multinacionales, sin beneficios relevantes para el conjunto del planeta.

Una coartada para multinacionales y lobbies


En Marrakech vuelve a quedar patente la sobrerrepresentación de las industrias fósiles, las grandes energéticas, en especial la nuclear, las petroleras y el sector de la construcción, cuyo número de representantes, al menos, triplica al de la sociedad civil.


La presencia de multinacionales en estas cumbres supone un constante bloqueo a las iniciativas ciudadanas y ecologistas, así como la configuración de la percepción social del cambio climático.
En la COP22 los debates están centrados en el papel de las transnacionales, la legitimación de sus intervenciones y los beneficios económicos del Acuerdo de París.


Se trata de una eficaz coartada para aquellos agentes que, lejos de cambiar sus acciones socioclimáticas y reconocer sus errores históricos, siguen presentándose como salvadoras de una situación de la que ellos mismos son responsables.
Esta visión lucrativa del cambio climático perpetúa un modelo socioeconómico obsoleto que provoca atentados sociales y ambientales muchas veces irreversibles. Mientras, las organizaciones de la sociedad civil están experimentando mayores problemas de acceso a las negociaciones oficiales.


Los movimientos ecologistas exigen la retirada del estatus de observador a todas las empresas petroleras acreditadas dentro de las COP, como ya lo hizo en 2007 la Organización Mundial de la Salud (OMS) con las tabacaleras.

El gobierno español no da la talla


La incomparecencia de Mariano Rajoy en la COP22 es un claro ejemplo del desinterés del actual gobierno español en materia climática. La economía española es profundamente dependiente del consumo de combustibles fósiles y prueba que estamos muy lejos de abordar una definitiva descarbonización.


El dato definitivo de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) publicado hoy por el INE demuestra que España es el segundo país con mayor aumento en emisiones GEI de la Unió Europea. Esta información confirma la adelantada por EeA el pasado agosto.


Desde Marruecos, las organizaciones que representan a la sociedad civil insisten en la necesidad de un cambio de modelo. Los gobiernos deben actuar “de verdad” frente a las demostradas consecuencias sociales y medioambientales del cambio climático, evitar el expolio de los recursos naturales que sufren los países empobrecidos, reconocer las múltiples luchas ciudadanas silenciadas por los negociadores oficiales en la cumbre, y poner límites a figuras de poder como el negacionista y actual presidente de EE UU Donald Trump.


Poner en el centro de las negociaciones climáticas a la ciudadanía y los derechos humanos. Éste es el reto: en una situación de emergencia socioambiental y de necesidad, aplicar políticas estructurales que den soluciones reales y no parches a un modelo obsoleto y caduco. En este sentido, el primer y más urgente paso es expulsar definitivamente a las multinacionales fósiles de cumbres como la COP.

 

16/11/16 • 16:31

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El acuerdo mundial contra el cambio climático, en la cuerda floja

La elección de Trump y las divergencias entre los países sobre los mecanismos que deben regir el Acuerdo de París ponen en jaque la lucha mundial contra el calentamiento global


MARRAKECH. -Hace apenas un año, 195 estados dieron su visto bueno, por primera vez, a un pacto que les comprometía a todos en la lucha contra el cambio climático. El Acuerdo de París, aprobado el 12 de diciembre en la capital francesa, se proyectó al mundo como un esfuerzo “histórico” que tenía como principal objetivo evitar que la temperatura del planeta aumente más de dos grados centígrados a finales de este siglo. Ahora bien, una vez decidido el qué, falta concretar el cómo.

Eso es lo que se discute estos días en la Cumbre del Clima de la ONU que se celebra en Marrakech: cuáles van a ser los mecanismos para que los objetivos marcados en París no queden en agua de borrajas. Es la letra pequeña y menos glamurosa del documento, pero vital para saber en qué medida la lucha contra el calentamiento global de la que hizo gala París tendrá un resultado exitoso. Y, por el momento, no hay demasiadas señales que inviten al optimismo.


Son varias las amenazas que sobrevuelan el Acuerdo de París. La primera, y que cayó como un jarro de agua fría sobre los equipos negociadores que discuten en Marruecos, fue la elección de Donlad Trump como nuevo presidente de EEUU pocos días después de que comenzara la cumbre el 7 de noviembre. El magnate estadounidense es un abierto negacionista del cambio climático y entre sus promesas electorales figura la de retirar su firma del acuerdo y retirar la financiación para la lucha contra el cambio climático a la que se había comprometido Barak Obama, 3.000 millones de dólares anuales.

Aunque aún se desconoce qué decisión tomará finalmente, su llegada a la Casa Blanca ha despertado el revuelo generalizado en Marrakech. EEUU es el segundo país más contaminante del mundo (él sólo es responsable de entre un 10% y un 15% del total de las emisiones de gases de efecto invernadero que se expulsan a la atmósfera) y sus compromisos de reducción de CO2 (Un 26% en 2020 con respecto a los niveles de 2005), aunque insuficientes, resultan esenciales en el cómputo global.

La ministra francesa de Medio Ambiente, Ségolène Royal, ya advirtió al candidato republicano de que salirse del acuerdo le llevaría entre tres y cuatro años y el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, ha pedido al presidente electo este martes que entienda la “urgencia” y “gravedad” del cambio climático. No obstante, Trump no tiene ni siquiera que salirse del acuerdo para entorpecerlo: como los compromisos de reducción de emisiones no son vinculantes, le basta con no cumplirlos, sin que eso vaya a suponer sanciones de algún tipo para el país.


Poca ambición


Otro de los puntos de mayor bloqueo del acuerdo es el que hace referencia a los mecanismos de revisión de los compromisos. Para cumplir con el objetivo de no aumentar la temperatura más de dos grados, cada país puso sobre la mesa el año pasado el porcentaje de reducción de emisiones con el que estaba dispuesto a comprometerse en 2020. Pero son insuficientes, es decir, que sumando los compromisos de todos ellos nos toparíamos, aún así, con un escenario de aumento de la temperatura global de casi tres grados a finales de siglo. Por ello el Acuerdo de París recoge la obligación de que los países se reúnan cada cinco años para revisar estos objetivos y hacerlos más ambiciosos. Pero no hay acuerdo sobre cuál debe ser el año de la primera revisión. En un principio se consideró que debía ser en 2018, pero “ningún país parece estar dispuesto a ello”, asegura a Público el eurodiputado de Equo en el Parlamento Europeo Florent Marcellesi. La siguiente fecha que se contempla es 2023.

Además, existen divergencias importantes en cuanto a la financiación, es decir quién y cuánto dinero se debe aportar a la lucha contra el calentamiento global. El Acuerdo de París contempla un fondo verde para el clima de 100.000 millones de dólares anuales que se destinarán a acciones de mitigación (80%) y adaptación (20%) al cambio climático, pero los países más empobrecidos, que son los más afectados y los que tienen menos responsabilidad, piden mayor porcentaje para la adaptación. En este sentido, tampoco hay acuerdo sobre si, además del fondo verde, se aportará más financiación para las pérdidas y daños que ya están sufriendo los países del sur, y que éstos reclaman.

Por LUCÍA VILLA
@Luchiva

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La cumbre del clima de la ONU negocia las reglas para reforzar el Acuerdo de París

Las conclusiones de la conferencia que arranca en Marrakech pueden catapultar la ambición de la lucha contra el cambio climático


“Ustedes hagan la ley, que yo haré el reglamento”, decía el conde de Romanones (Álvaro de Figueroa), 17 veces ministro de Alfonso XIII, sabedor de que la letra menuda puede a veces más que las grandes proclamas. Convocados por la ONU, representantes de cerca de 200 países se reúnen en Marrakech (del 7 al 18 de noviembre) para negociar la aplicación del Acuerdo de París, el primer pacto mundial para combatir el cambio climático, firmado en diciembre del 2015 en la capital francesa. No será una conferencia histórica. El pacto político ya está hecho. Pero sus conclusiones pueden apuntalar, reforzar o, incluso, catapultar la ambición de la lucha contra el cambio climático; o, por el contrario, hacer que todo quede en agua de borrajas. Lo dicho: la respuesta está en la letra pequeña, que empieza a escribirse en Marrakech.


El Acuerdo de París estableció el compromiso mundial para evitar un aumento de temperaturas “muy por debajo” de los 2ºC respecto a las de la época preindustrial, y proseguir los esfuerzos para que esa subida no supere los 1,5ºC. Los grandes países firmantes del acuerdo han presentado sus contribuciones nacionales o planes de acción climática para frenar, limitar o reducir las emisiones de gases invernadero, aunque con metas libremente elegidas por cada país (en función de sus capacidades). Y deberán renovar su compromiso al alza cada cinco años.


Pasar del pacto a tener reglas, para verificar las promesa hechas


La rápida ratificación del acuerdo subraya el alto nivel de consenso sobre la necesidad de combatir el calentamiento. “Pero ahora se trata de traducir los grandes objetivos y principios en reglas de transparencia y de funcionamiento”, dice Pablo Saavedra, secretario de Estado de Medio Ambiente. En Marrakech se debe empezar a escribir las reglas sobre cómo se hará el control y verificación de las contribuciones nacionales presentadas, algo que será clave para abordar con garantías la revisión que se iniciará en el 2018.


“Debe haber transparencia y se debe consensuar la manera de verificar el cumplimiento, para que se pueda determinar si se están dando avances significativos”, dice Manuel Pulgar-Vidal, responsable de clima y energía de WWF Internacional.


Lograr la transparencia y que haya confianza entre los países


Pero consensuar esa transparencia no será fácil. “Hay que recordar que el último inventario de emisiones de China data del año 1995, pues este país se resiste a someterse a los mecanismos de vigilancia de la comunidad internacional”, apunta Marta Subirà, secretaria de Medi Ambient de la Generalitat, para ilustrar de qué se está hablando.


Está en juego, pues, la confianza entre las partes, para que no se venga abajo este precario castillo de ilusión construido en París.


Las nuevas contribuciones deben ser más homogéneas en el 2020


Disponer de reglas bien claras es necesario sobre todo para que los países sepan cómo pueden presentar sus nuevas contribuciones en el 2020 de forma homologable (las mismas características del informe, iguales períodos de cumplimiento...). Hay que tener en cuenta que las contribuciones nacionales presentadas hasta ahora (voluntarias) no tienen un criterio homogéneo; y por eso se ha programado un encuentro en el año 2018 con el objeto de facilitar esa tarea y sistematizar y mejorar la presentación de los planes.


Así, a la luz de lo acordado en el 2018, se señalarán qué acciones de carácter global son más eficaces para combatir el calentamiento o mejorar la adaptación al cambio climático para determinar las acciones más eficaces (protección de costas, seguridad alimentaria, sequía...), explica Teresa Ribera, ex secretaria de Estado de Cambio Climático de la etapa socialista.


Frenar la subida de temperaturas por debajo de los 2ºC


Todo este encaje de bolillos se tiene que hacer porque la meta final es cuadrar las contribuciones nacionales en un esfuerzo común orientado a aumentar la ambición de la lucha contra el calentamiento. Porque ahora los números (las reducciones de gases prometidas) no salen. Son insuficientes. “Antes del pacto de París, la tendencia climática marcaba un aumento de temperaturas de entre 3,8ºC y 4ºC (respecto a la época preindustrial). Con la suma de las contribuciones prometidas en París el aumento de temperaturas se sitúa en 2,8 ºC; pero sigue estando por encima de la meta de los 2 grados”, recuerda Manuel Pulgar-Vidal, ex ministro de Medio Ambiente de Perú, que presidió la conferencia del clima de Lima (2014).


Otro obstáculo es que el acuerdo de París no prevé sanciones por incumplimiento de las promesas hechas por los países, y sólo se busca señalar con el dedo (¿avergonzar?) a los menos cumplidores. Se pactaron modestos instrumentos de persuasión como contrapartida a que todos los países estuvieran en el pacto. En el año 2020 los países deberán presentar sus nuevas contribuciones mientras que en el año 2023 el tratado debe actualizar sus compromisos globales.


Los grupos ecologistas piden una ambición mucho mayor


Los grupos ecologistas piden acelerar los plazos y reclaman para el 2018 una revisión que sirva para impulsar “un notable incremento en la ambición de los países”, señala Javier Andaluz, de Ecologistas en Acción. “La revisión del inventario de las emisiones presentadas no debe ser usada como pretexto para posponer la aplicación de las directrices de los expertos (del panel intergubernamental de cambio climático). Si no se modifican al alza en el 2018 los compromisos presentados por los países, no podremos limitar el incremento de la temperatura global a 1,5ºC”, continúa Andaluz.


De la misma manera, un informe del programa de las Naciones Unidas para el medio ambiente presentado la semana pasada indica que el mundo debe incrementar de manera urgente su ambición para recortar más o menos un 25% las emisiones de gases de efecto invernadero, si se quieren evitar los peores efectos del cambio climático. Si no se produce una pronta reducción de esos gases, el planeta experimentará previsiblemente un incremento en su temperatura media de entre 2,9ºC y 3,4ºC, aunque se apliquen en su totalidad los compromisos pactados en París.


Buscar compromisos para ayudar a los países menos adelantados


Otro gran asunto de discusión es la financiación. El acuerdo de París obliga a los países desarrollados a contribuir a la financiación de las políticas de mitigación y de adaptación al cambio climático en los estados menos adelantados.


Se trata ahora de lograr que los fondos aumenten progresivamente hasta lograr reunir 100.000 millones de dólares para el año 2020. “¿Qué parte de esta cantidad será pública y cuál privada?, ¿cómo y de qué manera se controla la aplicación de este fondo?”, son algunos de los interrogantes que se suscitarán, explica Salvador Samitier, director de la Oficina Catalana del Canvi Climàtic.


Descarbonizar la economía en la segunda mitad de siglo, meta deseable


El Acuerdo de París es considerado como una punta de lanza para descarbonizar la economía; es decir, para sustituir los combustibles fósiles por un modelo energético más limpio. Pero no hay metas globales concretas para reducir a esta dependencia de la energía fósil; ni se esperan cambios en este punto en Marrakech. El pacto de París dice sólo que los países firmantes se comprometen a alcanzar en la segunda mitad del siglo “un equilibrio entre las emisiones generadas por las actividades humanas” y las que el planeta puede absorber, lo que da pie a que se puedan usar mecanismos naturales o técnicas de captura o almacenamiento geológico de CO2.


Arrinconar los combustibles fósiles es un reto que choca con múltiples intereses. Los expertos estiman que entre el 60-80% de las reservas de carbón, petróleo y gas de las compañías que cotizan en bolsa no deberían ser quemadas y tendrían que permanecer bajo tierra, si se quiere que el aumento de temperaturas no rebase los 2ºC. Las reservas totales de carbón, petróleo y gas identificadas por las bolsas mundiales como activos económicos equivalen a 762 Gt CO2 (una cuarta parte de las reservas totales del mundo).

 

 

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El movimiento contra el cambio climático crece día a día

El Huracán Matthew llegó y se fue, dejando tras de sí una gran devastación. Hasta el momento, se han reportado al menos 1.000 personas fallecidas en Haití y al menos 39 en el sureste de Estados Unidos. En Carolina del Norte, sigue en curso la crecida de los ríos. En vistas de la destrucción, uno podría pensar que el cambio climático es un tema central de este año electoral en EE.UU. Sin embargo, casi no ha sido mencionado en los debates presidenciales, vistos por decenas de millones de personas. Es lo que sucede ahí afuera, a nivel de los movimientos sociales a lo largo de todo el país, lo que nos da esperanza.


El movimiento para combatir el cambio climático crece de manera dinámica e impredecible y enfrenta cada vez más represión por parte de la industria de los combustibles fósiles y las autoridades gubernamentales. Tal vez no haya mejor ejemplo que la resistencia de la tribu sioux de Standing Rock al oleoducto Dakota Access.


La tribu ha firmado tratados con Estados Unidos durante más de un siglo y medio y el Gobierno federal los ha quebrantado, a todos y cada uno de ellos. Por eso no debería sorprendernos que un tribunal federal se haya expedido en contra de los sioux de Standing Rock, permitiendo que prosiga la construcción del controvertido oleoducto de 3.800 millones de dólares de costo. Por si fuera poco, la decisión fue anunciada sorpresivamente un domingo y en vísperas del 12 de octubre, considerado por muchos pobladores nativos como el día en que se celebra el comienzo del genocidio contra los pueblos originarios del hemisferio occidental.


“La tribu sioux de Standing Rock no retrocederá en su lucha”, declaró Dave Archambault II, jefe de la tribu sioux de Standing Rock tras la resolucion. “Somos guiados por la plegaria y continuaremos luchando por nuestro pueblo. No descansaremos hasta que nuestras tierras, nuestra gente, nuestra agua y nuestros sitios sagrados queden definitivamente protegidos de este destructivo oleoducto”, añadió. Y agregó durante una entrevista para “Democracy Now!”: “Siempre dijimos que tenemos derecho a los tratados de tierras que hemos suscrito y que tenemos voz. La compañía, el Gobierno de Estados Unidos y las autoridades estatales nunca nos solicitaron autorización para estar en esas tierras, para hacerles esto a nuestras tierras”.


Aún así, rompiendo con la historia y a pesar del fallo judicial, el Ejército de Estados Unidos y los Departamentos de Justicia y del Interior emitieron también un comunicado en el que establecen: “El Ejército no autorizará la construcción del oleoducto Dakota Access en las tierras del Cuerpo de Ingenieros que se encuentran a orillas o por debajo del lago Oahe. Reiteramos nuestra solicitud de que la compañía responsable del oleoducto detenga voluntariamente toda actividad de construcción dentro de los 32 kilómetros al este o al oeste del lago Oahe. Asimismo, pretendemos mantener una discusión seria acerca de si debería realizarse una reforma nacional del proceso de consulta a las tribus para este tipo de proyectos de infraestructura”.


Es en tierras del Cuerpo de Ingenieros del Ejército que se han instalado los principales campamentos de oposición al oleoducto, en los que miles de personas, en su mayoría representantes de pueblos originarios del continente americano de más de 200 tribus de todo Estados Unidos, Canadá y América Latina, se han congregado para proteger a la tierra y al agua del oleoducto. Se trata de tierras ancestrales lakota y dakota que fueron tomadas sin consentimiento de la tribu por el Ejército de Estados Unidos.


En agosto, estos protectores de la Tierra, ya que no se consideran a sí mismos como “manifestantes”, hicieron un llamado internacional a la plegaria y la solidaridad. Cada día, se llevan a cabo creativas y pacíficas acciones directas a lo largo de los más de 1.900 kilómetros del trayecto proyectado para el oleoducto. El miércoles, en Keokuk, Iowa, Krissana Mara, de 31 años de edad, se encadenó a una excavadora en el lugar previsto para que el oleoducto Dakota Access atraviese el río Mississippi. La creciente resistencia que se desarrolla en ese lugar con el nombre #MississippiStand pretende impedir que el oleoducto atraviese el río, al igual que las acciones que se llevan a cabo en Standing Rock están evitando que el oleoducto pase por debajo del río Missouri.


Por otra parte, en una impactante acción coordinada, nueve activistas contra el cambio climático fueron arrestados el martes por intentar cerrar el paso a las arenas alquitranadas que llegan a Estados Unidos desde Canadá, cerrando manualmente oleoductos en los estados de Minnesota, Montana, Dakota del Norte y Washington. Uno de los activistas, Leonard Higgins, expresó en un video publicado posteriormente por Internet desde el oleoducto en Coal Banks, Montana: “Estamos en estado de emergencia para proteger a nuestros seres queridos, a nuestros familiares, a nuestras comunidades. Es necesario que como ciudadanos nos comprometamos y llevemos a cabo acciones cuando nuestros líderes no lo hacen. Eso es lo que me dispongo a hacer al cerrar la válvula”.


Entre los nueve arrestados se encuentra Ken Ward. En 2013, Ward y Jay O’Hara anclaron una pequeña embarcación frente a las costas de Massachusetts, impidiendo así que un buque descargara 40.000 toneladas de carbón para la planta Brayton Point, una de las mayores emisoras de gases de efecto invernadero de la región. En un increíble giro de los hechos, quien debía acusarlos, el fiscal local de distrito Samuel Sutter, retiró los cargos penales presentados en su contra, alegando: “El cambio climático es una de las crisis más graves que le ha tocado atravesar a nuestro planeta. En mi humilde opinión, los líderes políticos han demostrado graves
falencias con respecto a este tema”.


Es probable que el liderazgo político haya actuado de manera insuficiente. Pero desde una pequeña embarcación en el océano hasta los campamentos de resistencia en Dakota del Norte, el movimiento contra el cambio climático crece día a día.


Traducción al español del texto en inglés: Fernanda Gerpe. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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Ascienden a más de 300 los muertos en Haití tras el paso del huracán Matthew

Los efectos de Matthew no cesan y se ceban en uno de los países más pobres de la tierra que ya sufrió un devastador terremoto en 2010. El balance, aún provisional, de muertos en el área sur de Haití tras el paso del huracán va subiendo y se ha elevado este jueves de 140 a 283, según los últimos reportes del Gobierno. Una estimación de la agencia Reuters la eleva a 339, citando fuentes de ayuda humanitaria. Muchas de las víctimas, según estas fuentes, murieron cuando los árboles se les cayeron encima, por el desplome de las casas y en las inundaciones que provocaron los vientos de más de 230 kilómetros por hora.


El balance, oficial pero aún parcial, podría seguir elevándose en las próximas horas, ya que todavía no se han publicado cifras de otras áreas de muy difícil acceso. El jefe de la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCHA) en el país caribeño, Enzo di Taranto, ha confirmado que la región sur ha sido la más afectada. Taranto ha explicado, además, que si "el tiempo lo permite", la agencia realizará una evaluación sobre el terreno para establecer dos centros de operación de coordinación con la Misión de Estabilización de la ONU en Haití (MINUSTAH), en Les Cayes y en Jeremie, la localidad más afectada. “Nunca vi nada como esto”, dijo a la agencia Efe Louis Paul Raphael, un representante del Gobierno en la ciudad costera de Roche-a-Bateau, en el Departamento Sur, una de las zonas más devastadas por el huracán


La Organización Panamericana de la Salud ha alertado de un posible despunte de la enfermedad del cólera tras el paso del huracán. Este año, antes del desastre de Matthew, en Haití ya se habían contabilizado 28.500 casos de esta infección intestinal con riesgos mortales.


La isla caribeña es hasta ahora el territorio más afectado por la tormenta que ha recuperado la categoría cuatro. Cerca de 30.000 personas se encuentran en albergues improvisados en 12 comunas de esa zona, apunta la agencia haitiana de noticias AlterPresse, mientras que unas 10.000 se encuentran sin refugio.


Desde el martes, el poderoso ciclón azotó el empobrecido y vapuleado país ocasionando cuantiosos daños. El presidente interino de Haití, Jocelerme Privert, calificó la situación como “catastrófica”, asegurando que necesitarán la ayuda internacional para afrontar posibles emergencias sanitarias que se teme puedan surgir como consecuencia del huracán.
Durante el paso de Matthew por Haití, más de 28.000 viviendas han resultado afectadas, pero la cifra podría aumentar una vez que se logre llegar a todas las zonas y hacer una evaluación total de los daños. Según Naciones Unidas, Matthew ya es el responsable de la mayor crisis humanitaria en Haití desde el terremoto de 2010.


La ayuda internacional comienza a llegar. Estados Unidos anunció que enviaría un millón de dólares en asistencia para las comunidades afectadas. La Unión Europea (UE) también se ha sumado a los apoyos e informó que ha destinado 255.000 euros en "ayuda humanitaria inicial" y que está movilizando las ofertas de países europeos de prestar asistencia a esta nación a través del mecanismo de protección civil de la UE, según informa Efe.


Los daños causados por Matthew no han sido aún cuantificados debido a las inundaciones y al colapso del puente principal de la ciudad de Grand Goave, que comunica con la capital haitiana, Puerto Príncipe. Los equipos de rescate están atascados en muchas zonas.


En la vecina República Dominicana, otras cuatro personas fallecieron a causa de Matthew. En Cuba también dejó cuantiosos daños, pero solo materiales. El violento paso de Matthew la noche del martes dejó un rastro de derrumbes e inundaciones en localidades como Baracoa, Maisí e Imías, que hoy permanecían sin señal de telefonía ni tendido eléctrico y con las carreteras de acceso todavía bloqueadas y puentes destruidos. El azote de Matthew, el mayor huracán que se forma en el Caribe desde hace nueve años, provocó penetraciones del mar y desprendimientos de tierra y rocas en largos tramos en las vías de comunicación que llevan a esos municipios, donde por el momento sólo ha accedido ayuda por vía aérea.


La localidad cubana de Baracoa, donde el huracán fue especialmente destructivo, ha quedado en ruinas. Se cuantificaron al menos 749 viviendas afectadas por las inundaciones y más de 35.000 personas evacuadas. Según Efe, este jueves las calles de Baracoa recuperaban el ajetreo dos días después del huracán. Las familias iniciaban las tareas de limpieza de sus casas y trataban de recuperar sus pertenencias entre los escombros y el barro.


En total las autoridades cubanas evacuaron a más de 1,3 millones de personas en toda la mitad este de la isla ante el paso de Matthew, reubicados en albergues, instalaciones estatales o viviendas de familiares más seguras, una medida de prevención que ha evitado víctimas mortales. El diario estatal Granma informó este jueves de la reanudación de las salidas de ómnibus, trenes y vuelos, aunque precisó que a las localidades más afectadas no se podrá llegar por tierra.

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Miércoles, 05 Octubre 2016 06:18

Matthew, el huracán mortífero

Matthew, el huracán mortífero

En la ya castigada Haití dejó un panorama desolador con maremotos, inundaciones y destrucción de viviendas. Otro tanto ocurrió en Dominicana. Ayer a la tarde tocó Cuba, donde anoche ya había 1,3 millón de evacuados. Se espera que llegue a EE.UU.

 

El paso del huracán Matthew por el Caribe ya dejó siete muertes. Tres ocurrieron ayer en Haití y cuatro, el lunes en República Dominicana. Pero el panorama aparece aún más sombrío en la región: desde ayer a la tarde, el fenómeno ya hace sentir su fuerza descomunal en el oriente de Cuba, donde más de 1,3 millones de personas debieron ser evacuadas. El sur de Estados Unidos también estará afectado. El presidente Barack Obama suspendió por ese motivo un acto electoral en La Florida en apoyo a Hillary Clinton.


Pasadas las 7 de ayer, Matthew alcanzó la ciudad haitiana de Anglais con vientos de más de 230 km/h, que lo ubicaron en la categoría 4 (de un total de 5) en la escala de Saffir-Simpson, según los cálculos del Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos.


Los fuertes vientos provocaron maremotos e inundaciones, destrozaron miles de viviendas y dejaron aislada a la zona sur el país tras el derrumbe del puente La Digue, que comunica a la zona con Puerto Príncipe. En Port-Salut, comuna de esta región, un hombre murió cuando su casa fue destruida por una ola, lo que significó la tercera muerte en el país, después del fallecimiento de una mujer en la misma comuna y un hombre que naufragó en la costa sur.


El número de evacuados superó allí las 9 mil personas, según informaron desde el Ministerio del Interior de Haití. El gobierno preparó 1300 refugios de emergencia con capacidad para 340 mil personas, a la espera de que el número de damnificados aumentara durante la jornada.


“Más de cuatro millones de niños podrían estar expuestos a los estragos del huracán”, advirtió Unicef en un comunicado. Uno de los principales representantes de la organización en Haití, Marc Vincent, aseguró que se trató de “la peor tormenta que sufrió el país en décadas, y todos los daños serán, sin duda, significativos”.


“Por ahora es imposible hacer un balance y conocer la extensión de la destrucción causada por el paso del ciclón”, dijo a su vez el portavoz de la protección civil haitiana, Edgar Célestin. “No podemos contactar a nuestros equipos y ellos no pueden salir al terreno en razón del peligro”, añadió.


En República Dominicana, el huracán causó cuatro muertes, tres chicos y un hombre adulto, entre el lunes y el martes en Santo Domingo. Destruyó al menos 200 viviendas, dejó incomunicadas a 31 comunidades y casi 18 mil personas quedaron refugiadas en casas de familiares y amigos, a los que se suman unas 800 que permanecen en albergues oficiales, según informó el Centro de Operaciones de Emergencia (COE).


Cerca de las 18 de ayer, el ojo del huracán tocó la costa oriental de Cuba con vientos de 220 km/h. La isla se preparó para su llegada con la evacuación de 1,3 millones de personas en cinco provincias, entre ellas Guantánamo y Santiago de Cuba, en zonas proclives a inundaciones y aluviones.


Los municipios de Maisí y de Baracoa, en la provincia de Guantánamo, estaban entre las zonas más castigadas. “Ya comenzaron las penetraciones del mar, calculamos olas de entre tres y cuatro metros de altura. Tenemos también lluvia intensa constante, tenemos ligeras inundaciones”, dijo Tony Matos, presidente del Consejo de Defensa Municipal de Baracoa.


En declaraciones a la televisión estatal, Matos agregó que el área está a oscuras, y muchos árboles fueron arrancados por la violencia de los vientos, mientras varias vías están cortadas. “Tenemos experiencia en otros eventos pero con estas características es el primero que estamos enfrentando”, señaló.


Hasta anoche, no se informó de la existencia de víctimas fatales.


Por su parte, en Estados Unidos el presidente Barack Obama decidió posponer el acto que tenía previsto para hoy en Miami con la candidata demócrata Hillary Clinton, por la inminente llegada del huracán a esa región. Tanto en el estado de Florida, como en Carolina del Norte, decretaron el estado de emergencia y ordenaron evacuar la zona costera.

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Los seres humanos desencadenaron el calentamiento global en 1830

Comenzó durante las primeras etapas de la revolución industrial y fue detectable por primera vez en los océanos Ártico y tropicales, según investigadores de la Universidad Nacional de Australia.


MADRID.- La actividad humana lleva produciendo calentamiento global desde hace casi dos siglos, según una nueva investigación que prueba que este fenómeno no se ha desencadenado durante el siglo XX.

El investigador principal, la profesora asociada Nerilie Abram de la Universidad Nacional de Australia (ANU), dijo que el estudio encontró que el calentamiento comenzó durante las primeras etapas de la revolución industrial y fue detectable por primera vez en los océanos Ártico y tropicales en el decenio de 1830, mucho antes de lo que esperaban los científicos.

"Fue un hallazgo extraordinario", dijo Abram, de la Escuela de Investigación de Ciencias de la Tierra de la ANU y el Centro ARC de Excelencia para la Ciencia del Sistema Climático.

"Fue uno de esos momentos donde la ciencia realmente nos sorprendió. Los resultados son claros. El calentamiento climático que estamos presenciando hoy comenzó hace unos 180 años."ayudarán a los científicos a comprender el impacto futuro de las emisiones de gases de invernadero en el clima.

Los nuevos hallazgos tienen implicaciones significativas para evaluar la medida en que los seres humanos han hecho que el clima se aleje del estado pre-industrial, y ayudarán a los científicos a comprender el impacto futuro de las emisiones de gases de invernadero en el clima.

"En los océanos tropicales y el Ártico en particular, los 180 años de calentamiento han causado que el clima medio sobrepase la variabilidad normal en los siglos anteriores a la revolución industrial," explica Abram.

La investigación, publicada en la revista Nature, ha sido realizada por 25 científicos de Australia, Estados Unidos, Europa y Asia, trabajando juntos como parte del consorcio Past Global Changes 2000 year (PAGES 2K).

Abram declaró que el cambio climático antropogénico era generalmente visto como un fenómeno del siglo 20, debido a que las mediciones climáticas eran poco frecuentes antes de la década de 1900.

Sin embargo, el equipo estudió reconstrucciones detalladas del clima pasado que abarcan 500 años para identificar cuando la tendencia sostenida al calentamiento comenzó realmente.

Los científicos examinaron los registros de las variaciones climáticas naturales a través de océanos y continentes de todo el mundo. Estas historias climáticas aparecen preservadas en los corales, decoraciones de cuevas, anillos de árboles y núcleos de hielo.

El equipo de investigación analizó miles de años de simulaciones de modelos climáticos, incluidos los experimentos utilizados para el último informe del Panel Intergubernamental de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (IPCC), para determinar qué causó el calentamiento temprano.

Los datos y simulaciones identificaron la aparición temprana del calentamiento alrededor de la década de 1830, y encontraron que el calentamiento temprano se atribuyó a los crecientes niveles de gases de efecto invernadero.

Los investigadores estudiaron la mayoría de las erupciones volcánicas a principios del siglo XIX y se encontró que sólo eran un factor de menor importancia en el inicio temprano del calentamiento climático.

Jueves, 28 Abril 2016 08:02

El final está cerca

El final está cerca

Las noticias que se transmiten cada día en los medios de comunicación y en las redes sociales acerca de la catástrofe ecológica que vive Nicaragua dan la idea de que estamos hablando de un país del pasado. De una naturaleza exuberante que fue y de la que sólo van quedando vestigios desolados: cauces secos de ríos de los que se alzan nubes de polvo, y son más de 30 los que se han secado; el emblemático río San Juan, caudal de nuestra historia que ahora se puede atravesar a pie en ciertos trechos; el Gran Lago de Nicaragua que se agosta, humedales que ahora son inhóspitos suelos cuarteados.

 

La desidia dice, con su irresponsable voz de siempre, que la sequía es cíclica, que apenas termine el fenómeno adverso de El Niño todo volverá a la normalidad; los ríos serán de nuevo caudalosos, se nutrirá otra vez el manto freático y rebosarán de agua los pozos ahora secos; y, como consuelo final, que esta es una anomalía meteorológica que afecta no sólo a Nicaragua, sino que trastorna al mundo entero.

 

Pero el ojo tuerto que contempla la calamidad de esta manera necesitaría del otro para ver cómo avanza la masiva destrucción de los bosques. La reserva de Bosawás, por ejemplo, declarada Reserva Mundial de la Biósfera por la Unesco, está siendo exterminada. Junto con la del río Plátano de Honduras, al otro lado de la frontera, comparte un territorio de bosque tropical húmedo y nuboso, originalmente de 50 mil kilómetros cuadrados, segundo en extensión en el continente americano después de la selva amazónica.

 

Bosawás, según el ambientalista Camilo de Castro, desde 1987 ha perdido 580 mil hectáreas, de las que 280 mil han sido depredadas en los pasados 10 años, como consecuencias de las constantes invasiones de colonos que destruyen la selva para plantar granos básicos o convertir el terreno en pastos para ganado. Anualmente se talan 42 mil hectáreas en la reserva, lo cual augura su extinción.

 

Extraer las maderas preciosas de Bosawás, caoba, cedro, prohibido por la ley, es el brillante negocio de mafias invisibles, así como también vender por adelantado las tierras selváticas a los colonos para que tumben los árboles, extendiéndoles títulos de propiedad falsos. Los suelos, que no son apropiados para sembrar maíz o frijol se agotan muy pronto y entonces sigue la penetración para arrasar más bosque. Lo mismo sucede con la otra gran reserva de 3 mil kilómetros cuadrados, la de río Indio-río Maíz, al sur del país, y vecina al río San Juan, ese por el que iban a transitar los barcos de uno a otro océano y que ahora puede atravesarse a pie.

 

En un diario de Managua leo una crónica acerca del puerto de montaña de El Hormiguero, surgido de la nada, y descrito como la puerta de entrada al corazón herido de Bosawás. Allí los colonos llegan en pipantes a través del río Wany, que surca la reserva, a vender sus cosechas a los comerciantes o a cambiarlas en trueque por agroquímicos, sal, azúcar, ropa, botas y demás productos de primera necesidad. Decenas de poblados seguirán surgiendo como éste mientras más selva siga siendo destruida, y lo que parecen alegres señales de pujanza económica, sólo lo son de muerte de la verdadera riqueza.

 

Las comunidades indígenas, tanto al norte como al sur del Caribe, son habitantes de esas selvas agredidas. En su cultura ancestral ven a la naturaleza de otra manera, como verdadera madre. Los árboles y las fuentes de agua son parte esencial de su propia existencia y el bosque no puede tener dueños particulares. Este choque cultural entre mestizos del Pacífico y etnias del Caribe, misquitos, mayagnas, creoles y ramas, se convierte en un choque entre lucro y conservación, y ha devenido en agresiones armadas con muertos, desaparecidos y secuestrados y quema y destrucción de poblados. Hay una llama encendida allí, que puede llegar a desatar una conflagración.


El país está siendo destruido por la irresponsabilidad y el desatino y por el apetito del enriquecimiento ilícito, y ha dejado de ser el mismo en su riqueza natural y en su equilibrio ecológico. Bastan los mapas satelitales para saberlo; del verde hemos pasado al marrón. Eso no lo ven los tuertos.

 

Pero también hay tuertos de los dos ojos. El empresario chino Wang Ying sigue empecinado en la construcción del canal interoceánico, y su demiurgo Bill Wild, que dirige por telepatía todas las operaciones desde Hong Kong, dice desde allá con cara impasible: “Estamos revisando aún más el balance de agua de nuestro canal... estamos más convencidos de que el canal sí va a tener suficiente agua para su operación”. Y agrega, con cómica sabiduría: En este proceso se están generando aún más diseños y optimizaciones nuevas que nos ayudan a reducir aún más la necesidad de agua.

 

El canal pretende atravesar el Gran Lago de Nicaragua, de por sí tan somero que su profundidad promedio es de 12 metros, y ahora el agua se ha retirado de sus costas a tal punto que las embarcaciones tienen dificultades para atracar. Nadie quita que pronto haya trechos que, igual que en el río San Juan, se podrán atravesar a pie. Quizás entonces lo que convenga a Wang Ying sea construir una carretera interoceánica y no un canal.

 

Si algo se ha ganado frente a esta debacle es que la conciencia ecológica ha avanzado, sobre todo entre los jóvenes, convencidos de que hay que hacer algo por detener la catástrofe. Un campesino explicaba con perfección didáctica en la televisión hace unos días, delante de su maizal desolado, lo que la mortandad de árboles tenía que ver con la falta de lluvia. Eso me lleva a pensar, me decía un amigo, que dentro de 30 años también otro campesino como éste hablará con la misma convicción de lo que la desigualdad económica y la falta de oportunidades tienen que ver con su pobreza.

 

Masatepe, abril 2016

 


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