Ola de calor deja más de 700 muertos en el sur Pakistán

Al menos 859 personas han muerto en los últimos cinco días por la ola de calor que azota la provincia meridional paquistaní de Sindh, donde las autoridades religiosas han permitido romper el ayuno del Ramadán mientras las temperaturas empiezan ya a descender.


El secretario de Salud del Gobierno regional de Sindh, Saeed Mangnejo, declaró hoy a EFE que en Karachi, la ciudad más populosa del país y su centro financiero, han muerto desde el viernes 837 personas y 22 perecieron en otras zonas de la provincia.


"El Gobierno provincial ha declarado el estado de emergencia en todos los hospitales de la ciudad. Los colegios, universidades y oficinas permanecerán cerrados", dijo Mangnejo.


Fuentes hospitalarias explicaron a EFE que las muertes se produjeron por golpes de calor y deshidratación, en muchos casos en personas de más de 60 años.


La televisión paquistaní Geo informó de que entre los fallecidos se contaron muchos obreros que trabajaban al aire libre.
El Ejército paquistaní ha establecido 29 centros en Karachi y otras zonas de Sindh para atender a las personas afectadas por el calor.


La Autoridad Nacional de Gestión de Desastres ha situado tanques de agua en la urbe, de unos 20 millones de habitantes, y establecido centros para atender a la población, dijo su presidente, Asghar Nawaz, quien viajó hoy a Karachi a supervisar la situación.


Esta ola de calor en Pakistán ha coincidido con el comienzo el pasado viernes del Ramadán, la festividad más sagrada para los musulmanes y que establece la no ingesta de alimentos y bebidas entre el alba y el ocaso durante un mes.


El Comité Central del Ruet-e-Hilal de Karachi, organismo religioso que determina las fechas del Ramadán, emitió hoy una fetua en la que permite la ruptura del ayuno en las extraordinarias circunstancias de la ola de calor.


"Este año el calor es insoportable y la personas que se sientan enfermas pueden romper el ayuno", dijo el presidente de Ruet-e-Hilal, Munibur Rehman, de acuerdo con el diario Express Tribune.


Los eternos problemas de suministro de electricidad de Pakistán se han notado estos días con numerosos cortes, que han negado el uso de aires acondicionados y ventiladores a la población y cortado el suministro de agua, lo que ha provocado pequeñas protestas en Karachi y una encendida discusión en el Parlamento paquistaní.


"El Gobierno no es responsable por la falta de suministro eléctrico en la capital provincial de Sindh. Karachi Electric es la responsable de suministrar electricidad. Las muertes en Karachi están relacionadas con el calor y no con la falta de electricidad", dijo a los diputados el ministro de Agua y Energía, Khawaja Asif.


El líder de la oposición, Khursheed Shah, atacó al Gobierno por no hacer lo suficiente.


"Es un problema de Pakistán. Por amor de dios, el Gobierno debería dejar de hacer cálculos y hablar de salvar vidas", afirmó Shah, al preguntarse por la acción del Gobierno ante los problemas de electricidad.


"La gente está muriendo y no tienen agua ni para lavar sus cuerpos", protestó.


Tras alcanzar temperaturas máximas de 48 grados durante el fin de semana, el termómetro ha descendido hoy a 37, aunque el clima permanece húmedo.


"En algunas zonas ha llovido, para mañana se espera una situación similar", dijo un miembro del Departamento Meteorológico de Pakistán, Mohammed Farooq.


Las olas de calor son frecuentes en el subcontinente indio en los meses de mayo y junio, que preceden a la llegada de las lluvias del monzón.


A finales de mayo, el calor extremo causó unos 2 mil muertos en el sureste de la vecina India.


(Con información de EFE)

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Mapa publicado por la NASA muestra que la Tierra se está quedando sin agua

Un mapa de la NASA muestra cómo el planeta se está quedando sin agua. Los acuíferos subterráneos más grandes del mundo, que son fuente de agua dulce para cientos de millones de personas, se están agotando a un ritmo alarmante, según nuevos datos proporcionados por satélites de esta agencia.


Se estima que 21 de los 37 acuíferos subterráneos más grandes del mundo, que se ubican en regiones que van desde la India y China hasta EE.UU. y Francia, han pasado sus puntos de inflexión de sostenibilidad, informa 'The Washington Post'. Según científicos de la NASA, esto significa que fue extraída más agua de la fue repuesta durante el período de estudio que duró una década, desde 2003 hasta 2013.


Los datos de satélites de la NASA conformaron la primera evaluación detallada para demostrar que los principales acuíferos realmente están dando batalla para mantener el ritmo de las demandas de la agricultura, las poblaciones en crecimiento, y de industrias como la minería. "La situación es bastante crítica", afirma Jay Famiglietti, científico de la NASA. Según él, los problemas con el agua subterránea se ven agravados por el calentamiento global.


Los acuíferos subterráneos suministran el 35% del agua utilizada por los seres humanos en todo el mundo. Los más problemáticos se encuentran en regiones pobres y densamente pobladas, como en el noroeste de la India, Pakistán y el norte de África.


El acuífero del mundo que presenta más dificultades —que está sufriendo un agotamiento rápido con poco o ningún signo de reabastecimiento— es el Acuífero Árabe, una fuente de agua utilizada por más de 60 millones de personas. Le siguen la cuenca del Indo en la India y Pakistán, y la cuenca del Murzuk-Djado en Libia y Níger.


Tomado de RT: http://actualidad.rt.com/actualidad/177824-mapa-nasa-falta-agua-mundo

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Viernes, 12 Junio 2015 06:13

La tormenta sistémica ya está aquí

La tormenta sistémica ya está aquí

El Gran São Paulo tiene 22 millones de habitantes, distribuidos en 39 municipios. Es la mayor ciudad de América Latina y una de las más pobladas del mundo. El verano pasado los reservorios de agua que la abastecen cayeron a mínimos históricos de 5 por ciento de su capacidad. Hubo cortes de agua en algunas regiones y restricciones en otras. La región vive lo que los especialistas denominan un ciclo de escasez de agua que puede durar 20 o 30 años, algo bien diferente a una sequía puntual, como era habitual en otros periodos históricos en que no existía lo que conocemos como cambio climático ( Opera Mundi, 6 de mayo de 2015).


Lo que indican estos datos es que con casi total certeza en algún momento de los próximos años habrá un drástico corte de agua en una de las megaciudades del mundo, a pesar incluso de las obras que el gobierno estatal está realizando a las apuradas, antes que comience un nuevo verano.


Ante una situación tan grave como esta, el Comando Militar del Sureste se viene movilizando, realiza debates y operaciones militares. No para proveer agua a la población, sino para prevenir el caos social ante un posible corte de agua, ya que consideran la sequía como un caso de seguridad pública.


El 27 de mayo un comando de entre 70 y 100 militares armados con ametralladoras ocupó las dependencias de la compañía Sabesp (Saneamento Básico de São Paulo), previendo una eventual necesidad de ocupación en caso de crisis, según el comunicado del ejército (El País, 27 de mayo de 2015). Toda el área del complejo de la empresa es considerada estratégica y la acción forma parte de las actividades militares preventivas para la preservación del orden público y protección de las personas y del patrimonio, sigue el comunicado.


Un mes antes, el 28 de abril, el Comando Militar organizó un debate destinado a un público de oficiales, soldados y profesores universitarios simpatizantes de los militares, en cuya mesa estaba el director de Sabesp, una delegada de la Federación de Industrias de São Paulo, un profesor de ingeniería y el jefe militar del sureste. El objetivo era trazar un panorama técnico, político y social sobre la crisis hídrica. La crónica señala que la posibilidad de un corte de agua "provoca escalofríos en la cervical del establishment del estado", que los militares consideran que la población ideal de la ciudad debería ser de sólo 4 millones y que el conglomerado urbano puede quedarse sin agua a partir de julio de este año.


El director de Sabesp, Paulo Massato, fue muy claro al considerar las consecuencias sociales: Será el terror. No habrá alimentación ni energía eléctrica. Será un escenario de fin del mundo. Son millones de personas y estallará el caos social. No será sólo un problema de desabastecimiento de agua. Será mucho más serio que eso (Opera Mundi, 6 de mayo de 2015).
Pero el que dio el campanazo fue el general João Camilo Pires de Campos, el comandante militar del sureste, quien citó al ex presidente de la dictadura militar Ernesto Geisel (1974-1979): En época de vacas flacas es necesario atar el ternero. Para ellos, el ternero somos los sectores populares, como vemos.


Las revistas militares abordaron también el tema. Una de las más importantes destaca que en noviembre pasado la tensión era tan grande que la policía militar está llevando los camiones pipa con escolta hacia algunos puntos de la ciudad, sobre todo en la periferia, porque sectores populares apoyados por milicias están atacando los camiones de abastecimiento para saquear el agua (Defesanet, 30 de noviembre de 2014).


Citando a cientistas sociales, Defesanet asegura que grandes cambios fueron precedidos por alteraciones climáticas como la historia nos muestra en la Revolución Francesa, a la vez que asegura que São Paulo muestra que las convulsiones sociales son una constante en las grandes ciudades.


Pero uno de los hechos más sintomáticos que revela la publicación es que desde octubre del año pasado, cuando la sequía hacía temer cortes de agua, el gobierno estaba enviando militares para cursos con la SWAT (Special Weapons and Tactics), policía militar especializada en manifestaciones en Estados Unidos. Y agrega que existe la posibilidad "de grandes flujos migratorios hacia regiones donde aún existe agua (...) lo que llevaría al agotamiento de los recursos naturales, con gravísimos conflictos sobre el agua y la tierra, incluyendo la propiedad privada" (Defesanet, 27 de mayo de 2015).


Finalmente, la revista alerta que la crisis hídrica puede provocar insurrecciones, levantamientos sociales graves y hasta revoluciones armadas que podrían extenderse a todo el estado de São Paulo y a estados vecinos como Río de Janeiro y Minas Gerais, donde viven 100 millones de personas.


Hasta ahí el relato periodístico sobre el pensamiento de los militares y de la burocracia estatal. Sólo cabe agregar que en plena crisis, Sabesp difundió una lista de 537 clientes privilegiados que pagan menos cuanto más agua consumen (industrias, shoppings, redes como Mc Donald's), que en su conjunto consumen 3 por ciento del agua de la ciudad y tienen descuentos de 75 por ciento. Ellos consumen el equivalente al agua utilizada por 115 mil familias y fueron los mayores responsables por el aumento de 5.4 por ciento del consumo anual de agua (El País, 10 de marzo de 2015).


Lo anterior muestra dos cuestiones. Una, que ellos están preparados para una situación muy grave, que tienen previstas acciones militares y políticas para salir adelante en medio de un caos tremendo como sería la falta de agua.


Dos, que el acceso al agua es insultantemente desigual: desde 2005 el agua disponible para grandes clientes aumentó 92 veces en São Paulo.


¿Qué vamos a hacer? Es la pregunta que nos formuló el subcomandante insurgente Moisés durante el semillero El pensamiento crítico frente a la hidra capitalista. Es necesario que los movimientos tomen en serio este tipo de debates, en vez de plegarse a las agendas electorales, ya que es ahora cuando podemos hacer algo para cambiar el mundo.

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Sábado, 30 Mayo 2015 07:10

Cambio climático: armando la trampa

Cambio climático: armando la trampa

Aumenta el caos climático, con tormentas feroces fuera de tiempo y lugar, inundaciones donde no las había, sequías interminables, olas de frío o calor extremo, todo con impactos terribles para la gente común y peores para los más vulnerables.
Sus causas están claras: la expansión del modelo industrial de producción y consumo basado en combustibles fósiles (petróleo, gas y carbón), principalmente para generación de energía, sistema alimentario agroindustrial y urbanización salvaje. Urge cambiar el modelo y reducir drásticamente la emisión de gases de efecto invernadero, única solución real. Pero con el poder económico de las industrias beneficiadas y los enormes subsidios que reciben de los gobiernos –a quienes retornan el favor apoyando sus campañas políticas– cambiar o reducir realmente no está en la agenda.


En lugar de ello, están armando una trampa global para seguir con sus negocios como siempre, aparentando que hacen algo para enfrentar la crisis. Su apuesta de frontera es la geoingeniería: manipular el clima para tapar el sol y bajar la temperatura, remover los gases de la atmósfera por medios tecnológicos y enterrarlos en fondos geológicos, cambiar la química de los oceános, blanquear las nubes, entre otras. Serían nuevas fuentes de negocios: seguir calentando el planeta y vender la forma de enfriarlo.


Como todo en geoingeniería es de alto riesgo, razón por la cual está bajo una moratoria en Naciones Unidas, la maniobra es comenzar por algunas técnicas, para luego legitimar el paquete. Las que empujan ahora, ante la inminencia de un nuevo acuerdo global sobre el clima que se prevé tomar en París en diciembre 2015, se llaman CCS y BECCS, por sus siglas en inglés, en castellano captura y almacenamiento de carbono y bioenergía con captura y almacenamiento de carbono. Ambas vienen de la industria petrolera, que no las usa porque no son económicamente viables.


No es cualquier industria, es la más poderosa del globo. De las 12 mayores empresas del planeta, ocho son de petróleo y energía, dos son comerciantes de alimentos y dos fabricantes de automóviles (Fortune, 2015). Son los sectores que según expertos son los principales causantes del cambio climático. Sólo 90 empresas de petróleo, energía y cemento (la mayoría privadas) son responsables de dos tercios de los gases de efecto invernadero emitidos globalmente desde 1850 (R. Heede, 2014)


Las industrias de petróleo y energía manejan una infraestructura de 55 billones de dólares en todo el planeta. Tienen reservas aún no explotadas estimadas en 25-28 billones de dólares. Un reciente informe del Fondo Monetario Internacional (FMI, mayo 2015) agregó que los gobiernos subsidian a esas industrias con 5.3 billones de dólares anuales, o como calculó el diario británico The Guardian, 10 millones de dólares por minuto, durante todos los días del año 2015. Un monto mayor que los gastos de salud sumados de todos los gobiernos del mundo.


La suma estimada por el FMI incluye subsidios directos e indirectos, como los enormes gastos de salud y ambiente imputables al uso de combustibles fósiles. El informe fue contestado por fuentes empresariales, alegando que son subsidios al consumo y que otros combustibles también tienen impactos. Pero aún restando lo que le disputan, se trata de cifras exorbitantes para las empresas más contaminantes y ricas del planeta. La reforma privatizadora de la energía en México, contribuye también a subsidiarlas.


Obviamente, la industria no va a renunciar a sus inversiones y tampoco a los subsidios. Por eso, la geoingeniería es para ellas una solución perfecta: seguir calentando el planeta y cobrar por enfriarlo.


A la captura y almacenamiento de carbono (CCS) le llamaban antes Enhanced Oil Recovery (recuperación mejorada de petróleo). Se trata de inyectar dióxido de carbono (CO2) a presión en pozos de petróleo explotados, empujando las reservas profundas hacia la superficie. No se usa porque es cara y lo extraído no compensa la inversión.


Ahora, con el mágico cambio de nombre a CCS, afirman que al dejar el CO2 en los pozos, se retira de la atmósfera y es una medida contra el cambio climático –que debe recibir créditos de carbono. Sostienen que así contrarrestan emisiones de carbono de actividades contaminantes y el resultado dará emisiones netas cero. Con BECCS serían incluso emisiones negativas, porque se plantan al mismo tiempo extensos monocultivos de árboles u otras plantas, que absorban carbono y así la suma daría negativo.


No hay ninguna prueba de que funcionen y los riesgos ambientales, sociales y de salud de intentarlo son muy altos: no hay certeza de que el CO2 permanezca en el fondo, el escape es tóxico para plantas, animales y humanos, contamina mares y acuíferos. Las grandes plantaciones son una pesadilla, hay movimientos contra ellas en todos los continentes, compiten con la producción alimentaria, por tierra y agua, desplazan comunidades, devastan ecosistemas.


Además, instala una nueva forma de acaparamiento de tierras, ahora subterránea, ya que no todos los terrenos son aptos para almacenar carbono. Es muy preocupante que empresas y gobiernos promotores de CCS ya han elaborado Atlas de almacenamiento geológico de CO2, que facilitarán ese acaparamiento. Existen para Norteamérica, Europa y México, éste último financiado por la Secretaría de Energía.


Shell ya está diciendo que se debe pagar a las petroleras para salvar al planeta del cambio climático con CCS y BECCS. Sería el colmo de la perversión: pagar a los culpables del caos climático, para que extraigan más petróleo y encima cobren por seguir contaminando.

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Los meteorólogos de la TV deberían decirlo fuerte y claro: el cambio climático ya llegó

El presidente Barack Obama emitió su tercer veto en los más de seis años que lleva de mandato, en rechazo del Proyecto de Ley S.1 (Proyecto de Ley del Senado Número Uno), la "Ley de aprobación del oleoducto Keystone XL". Este fue el primer proyecto de ley aprobado por el nuevo Congreso con mayoría republicana en lo que va del año, en un intento por forzar la construcción de un oleoducto diseñado para trasladar arenas alquitranadas de Canadá a puertos estadounidenses en Texas para su exportación. Hace ya varios años que una amplia coalición internacional lucha contra el proyecto. El científico climático James Hansen, ex director del Instituto Goddard de Estudios Espaciales de la NASA, escribió en The New York Times que si se construye el oleoducto, el clima tal como lo conocemos "será historia".


Esta votación y este veto suceden al tiempo que gran parte de Estados Unidos se ve azotada por temperaturas extremadamente frías, con ciudades como Boston sacudidas por nevadas sin precedentes y estados sureños como Georgia experimentando la caída de nieve. Mientras tanto, la mayor parte de California se prepara para una sequía aún más fuerte. Los informativos de los canales de televisión corporativos invierten cada vez más tiempo en la cobertura del cada vez más caótico, costoso y, en ocasiones, letal clima. Pero fallan consistentemente en hacer la conexión entre las condiciones climáticas extremas y el cambio climático.


Los canales vuelcan millones de dólares en llamativos "Centros de monitoreo del clima" televisivos. Estos sets, con sus elegantes presentadores, están siendo convertidos en "Centros de monitoreo de fenómenos climáticos extremos". Así como destacan de manera sensacionalista la expresión "condiciones climáticas extremas", ¿por qué no destacan también los conceptos de "cambio climático" o "calentamiento global"? ¿Por qué no explican cómo el calentamiento global puede conducir a nevadas más fuertes o a temperaturas más bajas? La población depende sobre todo de la televisión para informarse, incluso en esta era de Internet. ¿De qué manera se pueden relacionar la sequía en California y el congelamiento de las Cataratas del Niágara, estando a miles de kilómetros de distancia? La gente no es tonta. La avalancha diaria de informes climáticos sensacionalistas debe incluir explicaciones de los cambios más profundos que ocurren en todo el planeta.


Basta con ver la publicidad que acompaña los informativos. A menudo vemos publicidades con gran producción, muy atrayentes, que describen lo limpia y maravillosa que es la industria de los combustibles fósiles. Pero ¿es así realmente? Veamos lo que pasó este mes mientras más de cien ciudades estadounidenses registraron temperaturas bajas récord: una explosión de una refinería de ExxonMobil al sur de Los Angeles sacudió los alrededores con el equivalente de un terremoto de magnitud 1,4. En Virginia Occidental, la "bomba" de un tren que transportaba petróleo se descarriló y explotó, encendiendo el cielo nocturno con enormes llamaradas y forzando la evacuación de dos ciudades. Dos días antes, otro tren se había descarrilado en Ontario, Canadá, y el incendio de sus vagones duró varios días.


Además de estas explosiones están las filtraciones, los derrames, la contaminación con aire tóxico que causa epidemias de asma en las comunidades afectadas. Y todas estas consecuencias de la industria de los combustibles fósiles son pequeñas cuando se las compara con la destrucción constante causada por el cambio climático, que sigue empeorando y podría llegar a ser irreversible.


El debate sobre el cambio climático ha terminado. El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de la ONU, ganador del premio Nobel, publicó un informe redactado por 800 científicos de 80 países, que resume los hallazgos de más de 30.000 ponencias científicas arbitradas y concluye:


"La influencia humana en el sistema climático es clara: cuanto más perturbemos nuestro clima, más nos arriesgamos a impactos graves, generalizados e irreversibles. Y tenemos los medios para limitar el cambio climático y construir un futuro más próspero y sustentable". Comparemos esto con el puñado de científicos que niegan la realidad del cambio climático. Uno de sus paladines, Wei-Hock "Willie" Soon, del Centro de Investigaciones Astrofísicas Harvard-Smithsonian, recibió 1.200.000 dólares de la industria de combustibles fósiles, entre ellos del barón del petróleo Charles Koch, según una investigación realizada por Greenpeace y el Centro de Investigaciones Climáticas. El Dr. Soon no mencionó estas contribuciones y actualmente está siendo investigado por el Instituto Smithsoniano por posibles violaciones éticas.


Entre los que consideran que la ciencia es clara y que el debate está resuelto está nada menos que el Pentágono. Durante el gobierno de Obama, así como durante el del presidente anterior, George W. Bush, el Departamento de Defensa calificó al cambio climático como una importante amenaza a la seguridad nacional. Del mismo modo, las grandes compañías aseguradoras llevan cuidadosamente la cuenta de los desastres climáticos multimillonarios que suceden cada año, ya que estas catástrofes afectan su balance final.


Justo cuando la población necesita más información sobre estos temas, algunas de las mayores organizaciones de noticias están reduciendo el personal asignado a la cobertura del clima. El pasado mes de octubre, la NPR, la cadena de radios públicas de Estados Unidos, redujo su personal a cargo de la cobertura del ambiente y el cambio climático de cuatro personas a solamente una, que ahora trabaja a medio tiempo. En 2013, The New York Times desarticuló su equipo especializado en temas ambientales, que estaba integrado por nueve personas.


No hay eventos meteorológicos que sean por sí solos prueba del cambio climático, pero las tendencias son claras. Los meteorólogos, particularmente los de los noticieros televisivos, tienen el deber de declarar los hechos tal como son: el cambio climático es real; es una amenaza planetaria y se pueden hacer muchas cosas al respecto.


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Publicado el 27 de febrero de 2015

Traducción al español del texto en inglés: Inés Coira. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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Sospecha científico que interesa a la CIA manipular el clima

La CIA está preocupada de que una potencia enemiga de Estados Unidos desarrolle la capacidad de manipular el clima y no sea posible detectarla, revela un destacado climatólogo.


Consultores que trabajan en la agencia han preguntado al profesor Alan Robock, de la Universidad Rutgers, en Nueva Jersey, si sería posible que alguna nación interfiriera con el clima sin ser descubierta.


Recibí una llamada de dos hombres que dijeron ser consultores de la CIA y querían saber si nos daríamos cuenta en caso de que algún país estuviera controlando nuestro clima, relató el profesor Robock.


Les dije, luego de pensarlo un poco, que probablemente sí lo descubriríamos, porque si alguien pone suficiente material en la atmósfera para reflejar la luz del Sol, podríamos detectarlo y ver el equipo que lo hace, explicó.


Al mismo tiempo me pareció que tal vez les interesaba saber si podríamos controlar el clima de alguien más y si éste podría descubrirlo, añadió.


El profesor Robock es experto en geoingeniería –manipulación deliberada del clima– y se especializa en la forma en que grandes erupciones volcánicas causan enfriamiento global al reflejar la luz del Sol hacia el espacio, lo cual incrementa la reflexividad de la Tierra, o albedo.


La geoingeniería ha sido tema de dos estudios importantes, uno de la Real Sociedad Británica y otra de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos, financiado en parte por las agencias de inteligencia estadunidenses. Ambos informes concluyeron que la modificación del albedo conlleva riesgos considerables, pero que la geoingeniería merece mayor investigación.


Yo trabajo en el área de aerosoles estratosféricos para emular una erupción volcánica; he identificado cinco beneficios potenciales y 26 riesgos potenciales, declaró el profesor Robock en la reunión anual de la Asociación Estadunidense para el Avance de la Ciencia, en San José, California. Sabemos que la respuesta al calentamiento global es la adaptación y la mitigación. Es mejor que no trabajemos en manipulación del clima.


Sin embargo, el profesor Robock y otros científicos apoyan la investigación en geoingeniería, por ejemplo un plan para vigilar las nubes de aerosol producidas por la próxima erupción volcánica, por medio de aeronaves, globos de gran altitud y satélites.
Debemos estar listos para la próxima erupción volcánica, para que podamos hacer observaciones y aprender cómo crecen las partículas y cuáles son sus efectos, y no estamos preparados con instrumentos actualizados para hacerlo.


Stephen Gardiner, filósofo de la Universidad de Washington en Seattle, advirtió que modificar el clima mediante geoingeniería conlleva el riesgo de empeorar la situación, en especial para las generaciones futuras. Es fácil ver por qué alguna nación se vería tentada a ensayar algún esquema barato que mejorara el clima a corto o mediano plazos y retrasara el mal clima unos 50, 70 o 100 años, pero al costo de empeorar muchísimo las cosas para el futuro, comentó Gardiner.


Ese incentivo se conoce como la tiranía de lo contemporáneo, y por eso es un considerable problema intergeneracional.
Traducción: Jorge Anaya

Sábado, 21 Febrero 2015 11:51

Manipulación climática a la carta

Manipulación climática a la carta

El 10 de febrero 2015, la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos publicó dos informes sobre geoingeniería en los que se recomienda invertir más en propuestas de manipulación del clima, teóricamente para paliar los síntomas del cambio climático. El estudio fue financiado por la CIA, la Nasa y el Departamento de Energía de Estados Unidos, entre otras instituciones.


Casi al mismo tiempo, la revista científica de alto perfil Nature publicó un artículo de opinión de científicos progeoingeniería, que demandan que se haga no sólo investigación en laboratorio, sino también pruebas de campo de esas tecnologías para estar preparados en caso de necesitarlas. (Nature, 4/2/2015).


La geoingeniería consta de propuestas tecnológicas para manipular el clima a escala global, como inyectar sulfatos en la estratósfera para bloquear la luz del sol, blanquear las nubes para reflejarla, grandes instalaciones para absorber dióxido de carbono de la atmósfera y enterrarlo en fondos geológicos o marinos, alterar la química de océanos para que absorban más carbono, megaplantaciones de cultivos transgénicos reflejantes y otras. Todas conllevan altos riesgos y efectos sinérgicos impredecibles.


Presentar la geoingeniería como algo a usar solamente si se necesita, es el núcleo de argumentación de sus promotores, intentando justificar que se inviertan fondos públicos y privados en tecnologías de altísimo riesgo. Ésta no se dirige en ningún caso a cambiar las causas del cambio climático, sólo lidia con los síntomas: intentar bajar la temperatura bloqueando la radiación solar o remover carbono de la atmósfera cuando ya se ha emitido.


Por ello, si se permite, será un jugoso negocio para los inversores, porque al seguir emitiendo gases de efecto invernadero, continuará el calentamiento global, y la venta de tecnologías para paliar las consecuencias no tendría fin, generando dependencia perpetua con quién las controle.


En ese sentido, y para completar la semana de promociones, Ken Caldeira, de la Universidad de Stanford, uno de los autores de los informes de la Academia de Ciencias y conocido entusiasta de geoingeniería, publicó un artículo en The Guardian, explicando que la geoingeniería puede ser, literalmente, una máquina de hacer dinero para las empresas. Agrega que si el tema es tan relevante para la CIA, debe serlo igualmente para las empresas. (The Guardian, 11/02/15)


La geoingeniería ya integra la propaganda de las trasnacionales de la energía (petróleo, carbón, fracking), para justificar la explotación ilimitada de sus reservas billonarias, contra la información científica sobre la gravedad del cambio climático, que exige terminarla.


Aunque el equipo que elaboró los informes de la academia no llegó a consenso para respaldar todas las propuestas de geoingeniería, incluso hay párrafos críticos sobre los riesgos, el mensaje central es que esas propuestas, que antes era consideradas sólo como armas de guerra y en el ámbito militar, ahora deben estar en el portafolio de opciones para enfrentar la crisis climática.


El estudio hace también ingeniería de conceptos, para hacerlos tan técnicos que dificulten la crítica pública. En lugar de manejo de la radiación solar, ahora le llaman modificación de albedo. Pero el mensaje sigue siendo legitimar la geoingeniería, como propuestas que se deben indagar y según los más agresivos, experimentar.


Puede hasta sonar razonable que se investigue y experimente, para saber si sirve en caso de necesitarla. Sin embargo, cualquier forma de experimentación en campo real, es decir fuera de laboratorios y computadoras, es una trampa, ya que por definición, la geoingeniería se propone modificar el clima planetario y las experiencias a pequeña escala no sirven para saber si tendrá efecto en el clima global. Son en realidad un tobogán para legitimar experimentar a escalas cada vez mayores, con riesgos inaceptables para muchos países.


Tal como investigó Naomi Klein en su reciente libro sobre cambio climático This changes everything, si se hicieran experimentos de geoingeniería a la escala necesaria para impactar el clima global, de todos modos sería imposible diferenciar el efecto de estas tecnologías de otros fenómenos naturales y problemas climáticos ya presentes y, por tanto, sólo se podría sacar alguna conclusión, quizá, extendiendo el experimento por muchos años, al menos una década.


Por todo ello, no tiene sentido hablar de etapa experimental en geoingeniería, ya que por escala y duración, experimentación es igual a implementación, poniendo en riesgo a muchos países (que seguramente ni sabrán que esta puede ser la causa de sus problemas) y a ecosistemas enteros. Básicamente todos los estudios de impactos potenciales sobre geoingeniería, en Naciones Unidas, en el Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC) e incluso éstos de la academia, reconocen que los impactos serán desiguales en el planeta, lo que quiere decir que si Estados Unidos, con una coalición de voluntarios despliega geoingeniería en el Ártico para bajar la temperatura, los impactos los sufrirán otros. Estudios de 2014 muestran que el bloqueo de la radiación solar alterará el régimen de lluvias y vientos en los trópicos en Asia, África y América Latina, en algunas regiones con potencial disminución de lluvias de hasta 30 por ciento. Urge prohibir la geoingeniería en Naciones Unidas. Quizá esto no la detenga totalmente, pero al menos no será legal ni podrá usar recursos públicos. Nunca será legítima.

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Miércoles, 18 Febrero 2015 06:16

Riesgos de la sequía

Riesgos de la sequía

La aceleración del cambio climático y su impacto sobre la producción agrícola implica que se necesitarán profundas mutaciones sociales en las próximas décadas para alimentar la creciente población mundial, alertaron investigadores en una conferencia científica anual.


Según los científicos, la producción alimentaria deberá duplicarse en los próximos 35 años para abastecer la población mundial de 9000 millones de habitantes en 2050, contra 7000 millones en la actualidad.


Alimentar al mundo "implicará algunos cambios en términos de minimizar el factor climático", dijo el estadounidense Jerry Hatfield, director del Laboratorio Nacional para la Agricultura y el Medio Ambiente. La volatilidad de las lluvias, las frecuentes sequías y el incremento de las temperaturas afectan los cultivos de granos, por lo que se deberá adoptar medidas, afirmó, durante la reunión anual de la asociación estadounidense para el avance de la ciencia.


"Si se evalúa la producción desde el 2000 al 2050, básicamente deberíamos producir la misma cantidad de alimentos que produjimos en los últimos 500 años", pronosticó. Pero globalmente, los niveles de uso de la tierra y la productividad continuarán degradando el suelo, advirtió.


"En lo que respecta a la proyección para el Medio Oeste (de Estados Unidos), estamos convencidos de que las temperaturas se incrementarán bastante", afirmó Kenneth Kunkel, climatólogo de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica estadounidense, refiriéndose a la región cerealera del centro del país.


Kunkel estudió el impacto del calentamiento global en el Medio Oeste, donde la mayor amenaza para la seguridad alimentaria es la sequía. La probabilidad es alta de que esa región registre la peor sequía en el siglo XXI de las que se produjeron en el último milenio, lo que constituye una amenaza directa para los habitantes del área, alertaron científicos en la apertura de la conferencia, celebrada en San José, California.


El cambio climático se está produciendo tan rápidamente que los seres humanos pronto enfrentarán una situación sin precedentes, dijo Kunkel.


Pero James Gerber, un experto agrícola de la Universidad de Minnesota, dijo que reducir el desperdicio de alimentos y el consumo de carnes rojas ayudaría. La reducción del número de cabezas de ganado disminuye el impacto ambiental, incluidas las emisiones de metano, un potente gas que produce el efecto invernadero.


Gerber dijo que los científicos identificaron "tendencias bastante preocupantes" como la disminución global de las reservas de granos, que brindan a la sociedad una importante red de seguridad.


El científico también expresó su preocupación sobre el hecho de que la mayoría de la producción de granos está concentrada en áreas vulnerables al calentamiento climático. Gerber no descartó un mayor uso de los organismos genéticamente modificados (OGM) como medio de incrementar la disponibilidad de alimentos.


Paul Ehrlich, presidente del Centro para la Conservación Biológica de la Universidad de Stanford, consideró que el problema requiere "un real cambio social y cultural en todo el planeta". "Si tuviéramos 1000 años para resolverlo estaría muy tranquilo, pero podríamos tener 10 o 20 años" solamente, advirtió.

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¿El mundo a tres minutos del reloj del juicio final?

No hubo buenas noticias durante una semana: desde el clamor sobre la cada vez más alta probabilidad de una guerra nuclear entre Estados Unidos (EU) y Rusia –como sentenció Gorbachov, último presidente de la extinta URSS (http://goo.gl/Dcqkgd)– hasta el desgarrador estudio de Oxfam –conglomerado de 17 organizaciones en 94 países que combate la pobreza y la injusticia– de que "el 1 por ciento más rico del planeta poseerá más que todo el resto en 2016 (http://goo.gl/Zdx3CN)".


Como si lo anterior fuera poco, el acreditado Boletín de los Científicos Atómicos (BAS, por sus siglas en inglés) sacudió al mundo con su publicación de la situación del "reloj del juicio final ( doomsday clock)" que fue adelantado dos minutos para colocarse a tres minutos de medianoche (http://goo.gl/tewOZg).


La decisión de mover las manecillas del reloj del juicio final ocurre cada año en consulta con su consejo de patrocinadores que incluye a 17 laureados con el Premio Nobel.


El reloj es un indicador de la vulnerabilidad del mundo a la catástrofe por armas nucleares, cambio climático y la emergencia de nuevas tecnologías.


En epístola dirigida a los líderes y ciudadanos del mundo alerta sobre tal vulnerabilidad.


En su polémico análisis, que puede sonar escatológico, evalúa las extraordinarias e innegables amenazas a la existencia continua de la humanidad cuando los líderes mundiales han fracasado en actuar a la velocidad o a la escala requerida para proteger a los ciudadanos de una catástrofe potencial.


A su juicio, las fallas de liderazgo político pone en peligro a cada persona en el planeta.


El BAS fue fundado en 1945 por los científicos de la Universidad de Chicago que habían contribuido al desarrollo de las primeras bombas atómicas del Proyecto Manhattan y dos años más tarde crearon la ominosa metáfora del reloj del juicio final.


En 1953, su peor año, el reloj estuvo a dos minutos de su Armagedón con la primera prueba de la bomba de hidrógeno, mientras 1991 fue el año más optimista con el finiquito de la guerra fría que colocó las manecillas a 17 minutos lejos del Apocalipsis.


Ahora, en enero de 2015, las manecillas son colocadas a sólo tres minutos debido a la inédita conjunción del cambio climático, la modernización de programas nucleares que amenazan crear una nueva carrera armamentista, el fracaso del liderazgo del poder nuclear y las amenazas de tecnologías emergentes.


Juzga que se vislumbra una catástrofe climática que no es inevitable.


De los 134 años que se guardan registros, 2014 fue el más caliente y nueve de los 10 años más calientes ocurrieron desde 2000, a lo que se suman los descubrimientos del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) de la ONU: El calentamiento global es inequívoco y sin precedentes y ya es responsable de un daño extenso que pudiera alcanzar de tres a ocho grados Celsius a final del siglo XXI.


Al BAS no le convence el reciente paso histórico del acuerdo entre EU y China sobre cambio climático, y critica que la reducción de los arsenales de EU y Rusia desde la guerra fría se ha ralentizado en forma dramática.


Curiosamente, los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad (sic) de la ONU se han enfrascado en programas de modernización nuclear muy costosos, al unísono de otros países, como India, Pakistán, Israel y Norcorea, que se encuentran fuera del Tratado de No-Proliferación Nuclear (NPT, por sus siglas en inglés).


Pese a que la energía nuclear abastece poco más de 10 por ciento de la capacidad generadora de electricidad en el mundo, sin emisión de bióxido de carbono, la comunidad internacional no ha desarrollado planes coordinados para lidiar con los desafíos del poder nuclear en términos de costo, seguridad, manejo de desechos radiactivos y riesgos proliferativos ( v. gr. el reciente accidente en el sudeste de Nuevo México).


Considera que las instituciones mundiales se vieron anquilosadas durante el reciente brote de ébola en África occidental.


Llama la atención su extraño exhorto a una gobernación mundial –términos que perturbarán a la mayoría de los países que todavía creen en la soberanía nacional– que debe (sic) desarrollar mecanismos para reaccionar en forma rápida y efectiva para confrontar la enfermedad emergente y la posibilidad de bioterrorismo. Aquí abren una ventana a la crítica del despliegue de una agenda oculta por el gobierno mundial de marras y dan por asentada la tan vilipendiada globalización y su acoplamiento con la era de la biología sintética, justamente cuando hasta el papa jesuita Francisco –líder de mil 300 millones de católicos– ha fustigado la globalización financierista como propiciador de la enorme desigualdad (http://goo.gl/9IJNWS).


Hasta aquí los ciudadanos del mundo pudieran apreciar las contribuciones del BAS en materia del cambio climático –que también se prestará a mucha polémica– y en el rubro nuclear, pero levantará muchas cejas por su ciega apología a la fracasada globalización y a la ominosa gobernación mundial.


Otro punto de trascendental interés que aborda son las amenazas de ciberataques que tienen el potencial de desestabilizar instituciones gubernamentales y financieras, en paralelo a la preocupación por los avances en inteligencia artificial que ponen en tela de juicio las capacidades de su control y la carencia de comando humano cuando existe una brecha entre los avances científicos en tecnologías de uso dual y la habilidad de la sociedad civil para controlarlos, que requieren de vigilancia ciudadana.


En la época de la URSS, los estrategas de Moscú consideraban que la alarma catastrofista del reloj del BAS siempre le era desfavorable como herramienta publicitaria.


Robert Golan-Vilella, editor de The National Interest, señala que en los pasados 68 años el reloj del Armagedón siempre (sic) se ha encontrado entre dos y 17 minutos lejos de medianoche, amén de que era entendible que en la década de los 80 se hubiera encontrado a tres minutos con 60 mil ojivas nucleares desplegadas, en su mayoría por EU y la extinta URSS. Pero critica ferozmente el acoplamiento novedoso del cambio climático con los arsenales nucleares que equivale a comparar bombas atómicas con naranjas (Es tiempo de aniquilar el reloj del juicio final, http://goo.gl/OLNSrT).


Golan-Vilella cita a Stephen I. Schwartz, editor de The Non Proliferation Review, quien aduce que la inclusión del cambio climático como nuevo factor en los cálculos del BAS hace imposible hacer comparaciones con la colocación del reloj antes de 2007.


La advertencia apocalíptica del BAS –sea sobredimensionada o subestimada– colisiona con el muy polémico senador John McCain –flamante presidente del Comité de los Servicios del Ejército de Senado–, quien critica furibundamente el recorte militar de Obama y favorece la carrera armamentista, amén de su franca confrontación con Rusia y China (http://goo.gl/y9K6V9).


A quien deben convencer ante todo los insignes científicos del BAS es al Congreso de EU, hoy con mayoría del pugnaz y mexicanófobo Partido Republicano.


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¿Qué dice la ecuación Navier–Stokes?

Hasta la fecha nadie ha logrado aportar una solución robusta a la ecuación Navier–Stokes. Mejores ideas, enfoques y aproximaciones son necesarias. Entre tanto, se trata de un reto formidable, conocido como uno de los "Problemas del Milenio".

 

En el año 2000, el prestigioso Instituto Clay —Clay Mathematics Institute— logró reunir el consenso de toda la comunidad de matemáticos alrededor del mundo acerca de los problemas fundamentales —digamos "últimos"— de las matemáticas. Fundado en 1998 como un instituto privado, presentó en junio del 2000, en el Collège de France (París), el conjunto de los problemas matemáticos más importantes sin resolver y de los cuales depende la comprensión fundamental del universo y la realidad.

 


Los Problemas del Milenio reunidos fueron siete. Sin embargo, muy pronto uno de ellos fue resuelto por el genio matemático ruso G. Perelman. El instituto estatuyó un premio de un millón de dólares a quienes logren resolver los problemas mencionados. En una serie discontinua de distintos artículos presentaré el significado de cada uno de los problemas mencionados.

 


Uno de ellos es la ecuación de Navier–Stokes (N–S). Esta ecuación es una variación de la segunda ley de Newton referida al movimiento de los fluidos. Por ejemplo, el clima, las corrientes oceánicas, las corrientes de aire y muchos otros fenómenos que interesan y afectan a numerosas ciencias, disciplinas y la ingeniería, por ejemplo. En consecuencia, la ecuación de Navier–Stokes se ocupa de sistemas o estructuras disipativas.

 

Las dinámicas de los fluidos son difíciles de entender y de explicar. Los fluidos son determinantes en las estructuras y procesos del planeta y del universo. Y, sin embargo, hasta la fecha no se sabe si existen soluciones a esas dinámicas y la comprensión es aún primitiva. En otras palabras: la comprensión fundamental en toda la historia de la humanidad ha sido acerca de estados. Carecemos, aún, de una teoría fundamental de procesos. La ecuación Navier–Stokes apunta en esta última dirección.

 

Los términos de la ecuación son, de un lado, una región de un fluido; y de otra parte, las fuerzas que actúan sobre esa región: específicamente, la presión, la tensión y las fuerzas internas de los cuerpos. Sobre esta base debe ser posible comprender cómo se mueven los fluidos. La dificultad estriba en que los fluidos tienen procesos y estructuras que no pueden plantearse en términos lineales o cuasilineales. Técnicamente dicho, la ecuación —o las ecuaciones— de N–S son diferenciales parciales no–lineales. Tenemos ante nosotros, literalmente, un problema complejo.


Así las cosas, aquello que se encuentra en la base o en el horizonte de la ecuación de N–S son fenómenos y sistemas caracterizados por no–linealidad, turbulencia, inestabilidad, velocidades relativas. Y, muy exactamente, los fluidos son fenómenos incompresibles.

 

El ingeniero y físico francés, Claude–Louis Henri Navier (1785–1836), logró en 1822 un sistema de ecuaciones en derivadas parciales para el flujo de un fluido viscoso (elasticidad y mecánica de fluidos). Por su parte, George Gabriel Stokes (1819–1903), matemático y físico irlandés, comienza a publicar en 1842 diversos artículo científicos —papers— sobre el movimiento uniforme de fluidos incompresibles, que contribuyeron, por primera vez, a comprender fenómenos como las nubes, las olas del agua o los flujos de los ríos. Vale mencionar que, paralela e independientemente, E. Haeckel propone el concepto de ecología en 1866.


Así las cosas, la ecuación Navier–Stokes hace referencia, genéricamente, al flujo de fluidos en un espacio R3 —y que significa un espacio de tres dimensiones: el mundo a nuestro alrededor—. Habitualmente se emplea el plural —hablándose entonces de las ecuaciones Navier–Stokes—, gracias al hecho de que la ecuación está planteada en términos de un vector.


Pues bien, lo que hace la ecuación es plantear un problema. Sin embargo, no es en absoluto evidente cómo la ecuación N–S puede resolverse.


Se han planteado diversas alternativas y todas ellas en términos de lo que en matemáticas se denomina "una solución débil" (weak solution). Una solución en matemáticas se dice que es "débil" cuando no existen derivadas parciales y, sin embargo, puede pensarse que satisfacen la ecuación en un sentido muy definido. Asimismo, una solución se dice que es débil cuando de un problema determinado se ha hecho una formulación muy general.


De esta forma, las ecuaciones N–S han sido empleadas con éxito para referirse a las dinámicas de fluidos en términos de velocidades. Tal es el caso, por ejemplo, de sus beneficios en la industria aeronáutica y aeroespacial; pero lo mismo acontece en el caso de la industria automovilística, en donde los beneficios de las ecuaciones N–S son altas y fundamentales.


Sin embargo, en la comunidad científica, en general, el Santo Grial, por así decirlo, de las ecuaciones Navier–Stokes consiste en el estudio y la comprensión del clima. Y con éste, entonces aspectos tales como el calentamiento global y el debate en contra de los negacionistas de los daños infringidos al medioambiente por parte del sistema de libre mercado.


El medioambiente y el clima son fenómenos de altísima complejidad, cuya estructura, comportamientos y dinámicas apenas están siendo comprendidos. Como quiera que sea, intelectualmente, el aspecto maravilloso estriba en el hecho de que el caos fue descubierto gracias a una ciencia "menor": la meteorología y los trabajos de E. Lorenz. Pasaron muchos años antes de que el tema se convirtiera en una teoría y en una ciencia mayor. Pues bien, las ecuaciones Navier–Stokes tienen su primero y más crucial enfrentamiento con el estudio del clima y el medio ambiente: fenómenos y estructuras esencialmente disipativos.


Nadie ha logrado hasta la fecha aportar una solución robusta a la ecuación Navier–Stokes. Mejores ideas, enfoques y aproximaciones son necesarias. Entre tanto, estamos ante un reto formidable, conocido como uno de los Problemas del Milenio. Uno de los más cruciales retos en la comprensión del mundo y del universo en el que vivimos.