Viernes, 12 Junio 2015 06:13

La tormenta sistémica ya está aquí

La tormenta sistémica ya está aquí

El Gran São Paulo tiene 22 millones de habitantes, distribuidos en 39 municipios. Es la mayor ciudad de América Latina y una de las más pobladas del mundo. El verano pasado los reservorios de agua que la abastecen cayeron a mínimos históricos de 5 por ciento de su capacidad. Hubo cortes de agua en algunas regiones y restricciones en otras. La región vive lo que los especialistas denominan un ciclo de escasez de agua que puede durar 20 o 30 años, algo bien diferente a una sequía puntual, como era habitual en otros periodos históricos en que no existía lo que conocemos como cambio climático ( Opera Mundi, 6 de mayo de 2015).


Lo que indican estos datos es que con casi total certeza en algún momento de los próximos años habrá un drástico corte de agua en una de las megaciudades del mundo, a pesar incluso de las obras que el gobierno estatal está realizando a las apuradas, antes que comience un nuevo verano.


Ante una situación tan grave como esta, el Comando Militar del Sureste se viene movilizando, realiza debates y operaciones militares. No para proveer agua a la población, sino para prevenir el caos social ante un posible corte de agua, ya que consideran la sequía como un caso de seguridad pública.


El 27 de mayo un comando de entre 70 y 100 militares armados con ametralladoras ocupó las dependencias de la compañía Sabesp (Saneamento Básico de São Paulo), previendo una eventual necesidad de ocupación en caso de crisis, según el comunicado del ejército (El País, 27 de mayo de 2015). Toda el área del complejo de la empresa es considerada estratégica y la acción forma parte de las actividades militares preventivas para la preservación del orden público y protección de las personas y del patrimonio, sigue el comunicado.


Un mes antes, el 28 de abril, el Comando Militar organizó un debate destinado a un público de oficiales, soldados y profesores universitarios simpatizantes de los militares, en cuya mesa estaba el director de Sabesp, una delegada de la Federación de Industrias de São Paulo, un profesor de ingeniería y el jefe militar del sureste. El objetivo era trazar un panorama técnico, político y social sobre la crisis hídrica. La crónica señala que la posibilidad de un corte de agua "provoca escalofríos en la cervical del establishment del estado", que los militares consideran que la población ideal de la ciudad debería ser de sólo 4 millones y que el conglomerado urbano puede quedarse sin agua a partir de julio de este año.


El director de Sabesp, Paulo Massato, fue muy claro al considerar las consecuencias sociales: Será el terror. No habrá alimentación ni energía eléctrica. Será un escenario de fin del mundo. Son millones de personas y estallará el caos social. No será sólo un problema de desabastecimiento de agua. Será mucho más serio que eso (Opera Mundi, 6 de mayo de 2015).
Pero el que dio el campanazo fue el general João Camilo Pires de Campos, el comandante militar del sureste, quien citó al ex presidente de la dictadura militar Ernesto Geisel (1974-1979): En época de vacas flacas es necesario atar el ternero. Para ellos, el ternero somos los sectores populares, como vemos.


Las revistas militares abordaron también el tema. Una de las más importantes destaca que en noviembre pasado la tensión era tan grande que la policía militar está llevando los camiones pipa con escolta hacia algunos puntos de la ciudad, sobre todo en la periferia, porque sectores populares apoyados por milicias están atacando los camiones de abastecimiento para saquear el agua (Defesanet, 30 de noviembre de 2014).


Citando a cientistas sociales, Defesanet asegura que grandes cambios fueron precedidos por alteraciones climáticas como la historia nos muestra en la Revolución Francesa, a la vez que asegura que São Paulo muestra que las convulsiones sociales son una constante en las grandes ciudades.


Pero uno de los hechos más sintomáticos que revela la publicación es que desde octubre del año pasado, cuando la sequía hacía temer cortes de agua, el gobierno estaba enviando militares para cursos con la SWAT (Special Weapons and Tactics), policía militar especializada en manifestaciones en Estados Unidos. Y agrega que existe la posibilidad "de grandes flujos migratorios hacia regiones donde aún existe agua (...) lo que llevaría al agotamiento de los recursos naturales, con gravísimos conflictos sobre el agua y la tierra, incluyendo la propiedad privada" (Defesanet, 27 de mayo de 2015).


Finalmente, la revista alerta que la crisis hídrica puede provocar insurrecciones, levantamientos sociales graves y hasta revoluciones armadas que podrían extenderse a todo el estado de São Paulo y a estados vecinos como Río de Janeiro y Minas Gerais, donde viven 100 millones de personas.


Hasta ahí el relato periodístico sobre el pensamiento de los militares y de la burocracia estatal. Sólo cabe agregar que en plena crisis, Sabesp difundió una lista de 537 clientes privilegiados que pagan menos cuanto más agua consumen (industrias, shoppings, redes como Mc Donald's), que en su conjunto consumen 3 por ciento del agua de la ciudad y tienen descuentos de 75 por ciento. Ellos consumen el equivalente al agua utilizada por 115 mil familias y fueron los mayores responsables por el aumento de 5.4 por ciento del consumo anual de agua (El País, 10 de marzo de 2015).


Lo anterior muestra dos cuestiones. Una, que ellos están preparados para una situación muy grave, que tienen previstas acciones militares y políticas para salir adelante en medio de un caos tremendo como sería la falta de agua.


Dos, que el acceso al agua es insultantemente desigual: desde 2005 el agua disponible para grandes clientes aumentó 92 veces en São Paulo.


¿Qué vamos a hacer? Es la pregunta que nos formuló el subcomandante insurgente Moisés durante el semillero El pensamiento crítico frente a la hidra capitalista. Es necesario que los movimientos tomen en serio este tipo de debates, en vez de plegarse a las agendas electorales, ya que es ahora cuando podemos hacer algo para cambiar el mundo.

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Sábado, 30 Mayo 2015 07:10

Cambio climático: armando la trampa

Cambio climático: armando la trampa

Aumenta el caos climático, con tormentas feroces fuera de tiempo y lugar, inundaciones donde no las había, sequías interminables, olas de frío o calor extremo, todo con impactos terribles para la gente común y peores para los más vulnerables.
Sus causas están claras: la expansión del modelo industrial de producción y consumo basado en combustibles fósiles (petróleo, gas y carbón), principalmente para generación de energía, sistema alimentario agroindustrial y urbanización salvaje. Urge cambiar el modelo y reducir drásticamente la emisión de gases de efecto invernadero, única solución real. Pero con el poder económico de las industrias beneficiadas y los enormes subsidios que reciben de los gobiernos –a quienes retornan el favor apoyando sus campañas políticas– cambiar o reducir realmente no está en la agenda.


En lugar de ello, están armando una trampa global para seguir con sus negocios como siempre, aparentando que hacen algo para enfrentar la crisis. Su apuesta de frontera es la geoingeniería: manipular el clima para tapar el sol y bajar la temperatura, remover los gases de la atmósfera por medios tecnológicos y enterrarlos en fondos geológicos, cambiar la química de los oceános, blanquear las nubes, entre otras. Serían nuevas fuentes de negocios: seguir calentando el planeta y vender la forma de enfriarlo.


Como todo en geoingeniería es de alto riesgo, razón por la cual está bajo una moratoria en Naciones Unidas, la maniobra es comenzar por algunas técnicas, para luego legitimar el paquete. Las que empujan ahora, ante la inminencia de un nuevo acuerdo global sobre el clima que se prevé tomar en París en diciembre 2015, se llaman CCS y BECCS, por sus siglas en inglés, en castellano captura y almacenamiento de carbono y bioenergía con captura y almacenamiento de carbono. Ambas vienen de la industria petrolera, que no las usa porque no son económicamente viables.


No es cualquier industria, es la más poderosa del globo. De las 12 mayores empresas del planeta, ocho son de petróleo y energía, dos son comerciantes de alimentos y dos fabricantes de automóviles (Fortune, 2015). Son los sectores que según expertos son los principales causantes del cambio climático. Sólo 90 empresas de petróleo, energía y cemento (la mayoría privadas) son responsables de dos tercios de los gases de efecto invernadero emitidos globalmente desde 1850 (R. Heede, 2014)


Las industrias de petróleo y energía manejan una infraestructura de 55 billones de dólares en todo el planeta. Tienen reservas aún no explotadas estimadas en 25-28 billones de dólares. Un reciente informe del Fondo Monetario Internacional (FMI, mayo 2015) agregó que los gobiernos subsidian a esas industrias con 5.3 billones de dólares anuales, o como calculó el diario británico The Guardian, 10 millones de dólares por minuto, durante todos los días del año 2015. Un monto mayor que los gastos de salud sumados de todos los gobiernos del mundo.


La suma estimada por el FMI incluye subsidios directos e indirectos, como los enormes gastos de salud y ambiente imputables al uso de combustibles fósiles. El informe fue contestado por fuentes empresariales, alegando que son subsidios al consumo y que otros combustibles también tienen impactos. Pero aún restando lo que le disputan, se trata de cifras exorbitantes para las empresas más contaminantes y ricas del planeta. La reforma privatizadora de la energía en México, contribuye también a subsidiarlas.


Obviamente, la industria no va a renunciar a sus inversiones y tampoco a los subsidios. Por eso, la geoingeniería es para ellas una solución perfecta: seguir calentando el planeta y cobrar por enfriarlo.


A la captura y almacenamiento de carbono (CCS) le llamaban antes Enhanced Oil Recovery (recuperación mejorada de petróleo). Se trata de inyectar dióxido de carbono (CO2) a presión en pozos de petróleo explotados, empujando las reservas profundas hacia la superficie. No se usa porque es cara y lo extraído no compensa la inversión.


Ahora, con el mágico cambio de nombre a CCS, afirman que al dejar el CO2 en los pozos, se retira de la atmósfera y es una medida contra el cambio climático –que debe recibir créditos de carbono. Sostienen que así contrarrestan emisiones de carbono de actividades contaminantes y el resultado dará emisiones netas cero. Con BECCS serían incluso emisiones negativas, porque se plantan al mismo tiempo extensos monocultivos de árboles u otras plantas, que absorban carbono y así la suma daría negativo.


No hay ninguna prueba de que funcionen y los riesgos ambientales, sociales y de salud de intentarlo son muy altos: no hay certeza de que el CO2 permanezca en el fondo, el escape es tóxico para plantas, animales y humanos, contamina mares y acuíferos. Las grandes plantaciones son una pesadilla, hay movimientos contra ellas en todos los continentes, compiten con la producción alimentaria, por tierra y agua, desplazan comunidades, devastan ecosistemas.


Además, instala una nueva forma de acaparamiento de tierras, ahora subterránea, ya que no todos los terrenos son aptos para almacenar carbono. Es muy preocupante que empresas y gobiernos promotores de CCS ya han elaborado Atlas de almacenamiento geológico de CO2, que facilitarán ese acaparamiento. Existen para Norteamérica, Europa y México, éste último financiado por la Secretaría de Energía.


Shell ya está diciendo que se debe pagar a las petroleras para salvar al planeta del cambio climático con CCS y BECCS. Sería el colmo de la perversión: pagar a los culpables del caos climático, para que extraigan más petróleo y encima cobren por seguir contaminando.

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Los meteorólogos de la TV deberían decirlo fuerte y claro: el cambio climático ya llegó

El presidente Barack Obama emitió su tercer veto en los más de seis años que lleva de mandato, en rechazo del Proyecto de Ley S.1 (Proyecto de Ley del Senado Número Uno), la "Ley de aprobación del oleoducto Keystone XL". Este fue el primer proyecto de ley aprobado por el nuevo Congreso con mayoría republicana en lo que va del año, en un intento por forzar la construcción de un oleoducto diseñado para trasladar arenas alquitranadas de Canadá a puertos estadounidenses en Texas para su exportación. Hace ya varios años que una amplia coalición internacional lucha contra el proyecto. El científico climático James Hansen, ex director del Instituto Goddard de Estudios Espaciales de la NASA, escribió en The New York Times que si se construye el oleoducto, el clima tal como lo conocemos "será historia".


Esta votación y este veto suceden al tiempo que gran parte de Estados Unidos se ve azotada por temperaturas extremadamente frías, con ciudades como Boston sacudidas por nevadas sin precedentes y estados sureños como Georgia experimentando la caída de nieve. Mientras tanto, la mayor parte de California se prepara para una sequía aún más fuerte. Los informativos de los canales de televisión corporativos invierten cada vez más tiempo en la cobertura del cada vez más caótico, costoso y, en ocasiones, letal clima. Pero fallan consistentemente en hacer la conexión entre las condiciones climáticas extremas y el cambio climático.


Los canales vuelcan millones de dólares en llamativos "Centros de monitoreo del clima" televisivos. Estos sets, con sus elegantes presentadores, están siendo convertidos en "Centros de monitoreo de fenómenos climáticos extremos". Así como destacan de manera sensacionalista la expresión "condiciones climáticas extremas", ¿por qué no destacan también los conceptos de "cambio climático" o "calentamiento global"? ¿Por qué no explican cómo el calentamiento global puede conducir a nevadas más fuertes o a temperaturas más bajas? La población depende sobre todo de la televisión para informarse, incluso en esta era de Internet. ¿De qué manera se pueden relacionar la sequía en California y el congelamiento de las Cataratas del Niágara, estando a miles de kilómetros de distancia? La gente no es tonta. La avalancha diaria de informes climáticos sensacionalistas debe incluir explicaciones de los cambios más profundos que ocurren en todo el planeta.


Basta con ver la publicidad que acompaña los informativos. A menudo vemos publicidades con gran producción, muy atrayentes, que describen lo limpia y maravillosa que es la industria de los combustibles fósiles. Pero ¿es así realmente? Veamos lo que pasó este mes mientras más de cien ciudades estadounidenses registraron temperaturas bajas récord: una explosión de una refinería de ExxonMobil al sur de Los Angeles sacudió los alrededores con el equivalente de un terremoto de magnitud 1,4. En Virginia Occidental, la "bomba" de un tren que transportaba petróleo se descarriló y explotó, encendiendo el cielo nocturno con enormes llamaradas y forzando la evacuación de dos ciudades. Dos días antes, otro tren se había descarrilado en Ontario, Canadá, y el incendio de sus vagones duró varios días.


Además de estas explosiones están las filtraciones, los derrames, la contaminación con aire tóxico que causa epidemias de asma en las comunidades afectadas. Y todas estas consecuencias de la industria de los combustibles fósiles son pequeñas cuando se las compara con la destrucción constante causada por el cambio climático, que sigue empeorando y podría llegar a ser irreversible.


El debate sobre el cambio climático ha terminado. El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de la ONU, ganador del premio Nobel, publicó un informe redactado por 800 científicos de 80 países, que resume los hallazgos de más de 30.000 ponencias científicas arbitradas y concluye:


"La influencia humana en el sistema climático es clara: cuanto más perturbemos nuestro clima, más nos arriesgamos a impactos graves, generalizados e irreversibles. Y tenemos los medios para limitar el cambio climático y construir un futuro más próspero y sustentable". Comparemos esto con el puñado de científicos que niegan la realidad del cambio climático. Uno de sus paladines, Wei-Hock "Willie" Soon, del Centro de Investigaciones Astrofísicas Harvard-Smithsonian, recibió 1.200.000 dólares de la industria de combustibles fósiles, entre ellos del barón del petróleo Charles Koch, según una investigación realizada por Greenpeace y el Centro de Investigaciones Climáticas. El Dr. Soon no mencionó estas contribuciones y actualmente está siendo investigado por el Instituto Smithsoniano por posibles violaciones éticas.


Entre los que consideran que la ciencia es clara y que el debate está resuelto está nada menos que el Pentágono. Durante el gobierno de Obama, así como durante el del presidente anterior, George W. Bush, el Departamento de Defensa calificó al cambio climático como una importante amenaza a la seguridad nacional. Del mismo modo, las grandes compañías aseguradoras llevan cuidadosamente la cuenta de los desastres climáticos multimillonarios que suceden cada año, ya que estas catástrofes afectan su balance final.


Justo cuando la población necesita más información sobre estos temas, algunas de las mayores organizaciones de noticias están reduciendo el personal asignado a la cobertura del clima. El pasado mes de octubre, la NPR, la cadena de radios públicas de Estados Unidos, redujo su personal a cargo de la cobertura del ambiente y el cambio climático de cuatro personas a solamente una, que ahora trabaja a medio tiempo. En 2013, The New York Times desarticuló su equipo especializado en temas ambientales, que estaba integrado por nueve personas.


No hay eventos meteorológicos que sean por sí solos prueba del cambio climático, pero las tendencias son claras. Los meteorólogos, particularmente los de los noticieros televisivos, tienen el deber de declarar los hechos tal como son: el cambio climático es real; es una amenaza planetaria y se pueden hacer muchas cosas al respecto.


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Publicado el 27 de febrero de 2015

Traducción al español del texto en inglés: Inés Coira. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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Sospecha científico que interesa a la CIA manipular el clima

La CIA está preocupada de que una potencia enemiga de Estados Unidos desarrolle la capacidad de manipular el clima y no sea posible detectarla, revela un destacado climatólogo.


Consultores que trabajan en la agencia han preguntado al profesor Alan Robock, de la Universidad Rutgers, en Nueva Jersey, si sería posible que alguna nación interfiriera con el clima sin ser descubierta.


Recibí una llamada de dos hombres que dijeron ser consultores de la CIA y querían saber si nos daríamos cuenta en caso de que algún país estuviera controlando nuestro clima, relató el profesor Robock.


Les dije, luego de pensarlo un poco, que probablemente sí lo descubriríamos, porque si alguien pone suficiente material en la atmósfera para reflejar la luz del Sol, podríamos detectarlo y ver el equipo que lo hace, explicó.


Al mismo tiempo me pareció que tal vez les interesaba saber si podríamos controlar el clima de alguien más y si éste podría descubrirlo, añadió.


El profesor Robock es experto en geoingeniería –manipulación deliberada del clima– y se especializa en la forma en que grandes erupciones volcánicas causan enfriamiento global al reflejar la luz del Sol hacia el espacio, lo cual incrementa la reflexividad de la Tierra, o albedo.


La geoingeniería ha sido tema de dos estudios importantes, uno de la Real Sociedad Británica y otra de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos, financiado en parte por las agencias de inteligencia estadunidenses. Ambos informes concluyeron que la modificación del albedo conlleva riesgos considerables, pero que la geoingeniería merece mayor investigación.


Yo trabajo en el área de aerosoles estratosféricos para emular una erupción volcánica; he identificado cinco beneficios potenciales y 26 riesgos potenciales, declaró el profesor Robock en la reunión anual de la Asociación Estadunidense para el Avance de la Ciencia, en San José, California. Sabemos que la respuesta al calentamiento global es la adaptación y la mitigación. Es mejor que no trabajemos en manipulación del clima.


Sin embargo, el profesor Robock y otros científicos apoyan la investigación en geoingeniería, por ejemplo un plan para vigilar las nubes de aerosol producidas por la próxima erupción volcánica, por medio de aeronaves, globos de gran altitud y satélites.
Debemos estar listos para la próxima erupción volcánica, para que podamos hacer observaciones y aprender cómo crecen las partículas y cuáles son sus efectos, y no estamos preparados con instrumentos actualizados para hacerlo.


Stephen Gardiner, filósofo de la Universidad de Washington en Seattle, advirtió que modificar el clima mediante geoingeniería conlleva el riesgo de empeorar la situación, en especial para las generaciones futuras. Es fácil ver por qué alguna nación se vería tentada a ensayar algún esquema barato que mejorara el clima a corto o mediano plazos y retrasara el mal clima unos 50, 70 o 100 años, pero al costo de empeorar muchísimo las cosas para el futuro, comentó Gardiner.


Ese incentivo se conoce como la tiranía de lo contemporáneo, y por eso es un considerable problema intergeneracional.
Traducción: Jorge Anaya

Sábado, 21 Febrero 2015 11:51

Manipulación climática a la carta

Manipulación climática a la carta

El 10 de febrero 2015, la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos publicó dos informes sobre geoingeniería en los que se recomienda invertir más en propuestas de manipulación del clima, teóricamente para paliar los síntomas del cambio climático. El estudio fue financiado por la CIA, la Nasa y el Departamento de Energía de Estados Unidos, entre otras instituciones.


Casi al mismo tiempo, la revista científica de alto perfil Nature publicó un artículo de opinión de científicos progeoingeniería, que demandan que se haga no sólo investigación en laboratorio, sino también pruebas de campo de esas tecnologías para estar preparados en caso de necesitarlas. (Nature, 4/2/2015).


La geoingeniería consta de propuestas tecnológicas para manipular el clima a escala global, como inyectar sulfatos en la estratósfera para bloquear la luz del sol, blanquear las nubes para reflejarla, grandes instalaciones para absorber dióxido de carbono de la atmósfera y enterrarlo en fondos geológicos o marinos, alterar la química de océanos para que absorban más carbono, megaplantaciones de cultivos transgénicos reflejantes y otras. Todas conllevan altos riesgos y efectos sinérgicos impredecibles.


Presentar la geoingeniería como algo a usar solamente si se necesita, es el núcleo de argumentación de sus promotores, intentando justificar que se inviertan fondos públicos y privados en tecnologías de altísimo riesgo. Ésta no se dirige en ningún caso a cambiar las causas del cambio climático, sólo lidia con los síntomas: intentar bajar la temperatura bloqueando la radiación solar o remover carbono de la atmósfera cuando ya se ha emitido.


Por ello, si se permite, será un jugoso negocio para los inversores, porque al seguir emitiendo gases de efecto invernadero, continuará el calentamiento global, y la venta de tecnologías para paliar las consecuencias no tendría fin, generando dependencia perpetua con quién las controle.


En ese sentido, y para completar la semana de promociones, Ken Caldeira, de la Universidad de Stanford, uno de los autores de los informes de la Academia de Ciencias y conocido entusiasta de geoingeniería, publicó un artículo en The Guardian, explicando que la geoingeniería puede ser, literalmente, una máquina de hacer dinero para las empresas. Agrega que si el tema es tan relevante para la CIA, debe serlo igualmente para las empresas. (The Guardian, 11/02/15)


La geoingeniería ya integra la propaganda de las trasnacionales de la energía (petróleo, carbón, fracking), para justificar la explotación ilimitada de sus reservas billonarias, contra la información científica sobre la gravedad del cambio climático, que exige terminarla.


Aunque el equipo que elaboró los informes de la academia no llegó a consenso para respaldar todas las propuestas de geoingeniería, incluso hay párrafos críticos sobre los riesgos, el mensaje central es que esas propuestas, que antes era consideradas sólo como armas de guerra y en el ámbito militar, ahora deben estar en el portafolio de opciones para enfrentar la crisis climática.


El estudio hace también ingeniería de conceptos, para hacerlos tan técnicos que dificulten la crítica pública. En lugar de manejo de la radiación solar, ahora le llaman modificación de albedo. Pero el mensaje sigue siendo legitimar la geoingeniería, como propuestas que se deben indagar y según los más agresivos, experimentar.


Puede hasta sonar razonable que se investigue y experimente, para saber si sirve en caso de necesitarla. Sin embargo, cualquier forma de experimentación en campo real, es decir fuera de laboratorios y computadoras, es una trampa, ya que por definición, la geoingeniería se propone modificar el clima planetario y las experiencias a pequeña escala no sirven para saber si tendrá efecto en el clima global. Son en realidad un tobogán para legitimar experimentar a escalas cada vez mayores, con riesgos inaceptables para muchos países.


Tal como investigó Naomi Klein en su reciente libro sobre cambio climático This changes everything, si se hicieran experimentos de geoingeniería a la escala necesaria para impactar el clima global, de todos modos sería imposible diferenciar el efecto de estas tecnologías de otros fenómenos naturales y problemas climáticos ya presentes y, por tanto, sólo se podría sacar alguna conclusión, quizá, extendiendo el experimento por muchos años, al menos una década.


Por todo ello, no tiene sentido hablar de etapa experimental en geoingeniería, ya que por escala y duración, experimentación es igual a implementación, poniendo en riesgo a muchos países (que seguramente ni sabrán que esta puede ser la causa de sus problemas) y a ecosistemas enteros. Básicamente todos los estudios de impactos potenciales sobre geoingeniería, en Naciones Unidas, en el Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC) e incluso éstos de la academia, reconocen que los impactos serán desiguales en el planeta, lo que quiere decir que si Estados Unidos, con una coalición de voluntarios despliega geoingeniería en el Ártico para bajar la temperatura, los impactos los sufrirán otros. Estudios de 2014 muestran que el bloqueo de la radiación solar alterará el régimen de lluvias y vientos en los trópicos en Asia, África y América Latina, en algunas regiones con potencial disminución de lluvias de hasta 30 por ciento. Urge prohibir la geoingeniería en Naciones Unidas. Quizá esto no la detenga totalmente, pero al menos no será legal ni podrá usar recursos públicos. Nunca será legítima.

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Miércoles, 18 Febrero 2015 06:16

Riesgos de la sequía

Riesgos de la sequía

La aceleración del cambio climático y su impacto sobre la producción agrícola implica que se necesitarán profundas mutaciones sociales en las próximas décadas para alimentar la creciente población mundial, alertaron investigadores en una conferencia científica anual.


Según los científicos, la producción alimentaria deberá duplicarse en los próximos 35 años para abastecer la población mundial de 9000 millones de habitantes en 2050, contra 7000 millones en la actualidad.


Alimentar al mundo "implicará algunos cambios en términos de minimizar el factor climático", dijo el estadounidense Jerry Hatfield, director del Laboratorio Nacional para la Agricultura y el Medio Ambiente. La volatilidad de las lluvias, las frecuentes sequías y el incremento de las temperaturas afectan los cultivos de granos, por lo que se deberá adoptar medidas, afirmó, durante la reunión anual de la asociación estadounidense para el avance de la ciencia.


"Si se evalúa la producción desde el 2000 al 2050, básicamente deberíamos producir la misma cantidad de alimentos que produjimos en los últimos 500 años", pronosticó. Pero globalmente, los niveles de uso de la tierra y la productividad continuarán degradando el suelo, advirtió.


"En lo que respecta a la proyección para el Medio Oeste (de Estados Unidos), estamos convencidos de que las temperaturas se incrementarán bastante", afirmó Kenneth Kunkel, climatólogo de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica estadounidense, refiriéndose a la región cerealera del centro del país.


Kunkel estudió el impacto del calentamiento global en el Medio Oeste, donde la mayor amenaza para la seguridad alimentaria es la sequía. La probabilidad es alta de que esa región registre la peor sequía en el siglo XXI de las que se produjeron en el último milenio, lo que constituye una amenaza directa para los habitantes del área, alertaron científicos en la apertura de la conferencia, celebrada en San José, California.


El cambio climático se está produciendo tan rápidamente que los seres humanos pronto enfrentarán una situación sin precedentes, dijo Kunkel.


Pero James Gerber, un experto agrícola de la Universidad de Minnesota, dijo que reducir el desperdicio de alimentos y el consumo de carnes rojas ayudaría. La reducción del número de cabezas de ganado disminuye el impacto ambiental, incluidas las emisiones de metano, un potente gas que produce el efecto invernadero.


Gerber dijo que los científicos identificaron "tendencias bastante preocupantes" como la disminución global de las reservas de granos, que brindan a la sociedad una importante red de seguridad.


El científico también expresó su preocupación sobre el hecho de que la mayoría de la producción de granos está concentrada en áreas vulnerables al calentamiento climático. Gerber no descartó un mayor uso de los organismos genéticamente modificados (OGM) como medio de incrementar la disponibilidad de alimentos.


Paul Ehrlich, presidente del Centro para la Conservación Biológica de la Universidad de Stanford, consideró que el problema requiere "un real cambio social y cultural en todo el planeta". "Si tuviéramos 1000 años para resolverlo estaría muy tranquilo, pero podríamos tener 10 o 20 años" solamente, advirtió.

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¿El mundo a tres minutos del reloj del juicio final?

No hubo buenas noticias durante una semana: desde el clamor sobre la cada vez más alta probabilidad de una guerra nuclear entre Estados Unidos (EU) y Rusia –como sentenció Gorbachov, último presidente de la extinta URSS (http://goo.gl/Dcqkgd)– hasta el desgarrador estudio de Oxfam –conglomerado de 17 organizaciones en 94 países que combate la pobreza y la injusticia– de que "el 1 por ciento más rico del planeta poseerá más que todo el resto en 2016 (http://goo.gl/Zdx3CN)".


Como si lo anterior fuera poco, el acreditado Boletín de los Científicos Atómicos (BAS, por sus siglas en inglés) sacudió al mundo con su publicación de la situación del "reloj del juicio final ( doomsday clock)" que fue adelantado dos minutos para colocarse a tres minutos de medianoche (http://goo.gl/tewOZg).


La decisión de mover las manecillas del reloj del juicio final ocurre cada año en consulta con su consejo de patrocinadores que incluye a 17 laureados con el Premio Nobel.


El reloj es un indicador de la vulnerabilidad del mundo a la catástrofe por armas nucleares, cambio climático y la emergencia de nuevas tecnologías.


En epístola dirigida a los líderes y ciudadanos del mundo alerta sobre tal vulnerabilidad.


En su polémico análisis, que puede sonar escatológico, evalúa las extraordinarias e innegables amenazas a la existencia continua de la humanidad cuando los líderes mundiales han fracasado en actuar a la velocidad o a la escala requerida para proteger a los ciudadanos de una catástrofe potencial.


A su juicio, las fallas de liderazgo político pone en peligro a cada persona en el planeta.


El BAS fue fundado en 1945 por los científicos de la Universidad de Chicago que habían contribuido al desarrollo de las primeras bombas atómicas del Proyecto Manhattan y dos años más tarde crearon la ominosa metáfora del reloj del juicio final.


En 1953, su peor año, el reloj estuvo a dos minutos de su Armagedón con la primera prueba de la bomba de hidrógeno, mientras 1991 fue el año más optimista con el finiquito de la guerra fría que colocó las manecillas a 17 minutos lejos del Apocalipsis.


Ahora, en enero de 2015, las manecillas son colocadas a sólo tres minutos debido a la inédita conjunción del cambio climático, la modernización de programas nucleares que amenazan crear una nueva carrera armamentista, el fracaso del liderazgo del poder nuclear y las amenazas de tecnologías emergentes.


Juzga que se vislumbra una catástrofe climática que no es inevitable.


De los 134 años que se guardan registros, 2014 fue el más caliente y nueve de los 10 años más calientes ocurrieron desde 2000, a lo que se suman los descubrimientos del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) de la ONU: El calentamiento global es inequívoco y sin precedentes y ya es responsable de un daño extenso que pudiera alcanzar de tres a ocho grados Celsius a final del siglo XXI.


Al BAS no le convence el reciente paso histórico del acuerdo entre EU y China sobre cambio climático, y critica que la reducción de los arsenales de EU y Rusia desde la guerra fría se ha ralentizado en forma dramática.


Curiosamente, los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad (sic) de la ONU se han enfrascado en programas de modernización nuclear muy costosos, al unísono de otros países, como India, Pakistán, Israel y Norcorea, que se encuentran fuera del Tratado de No-Proliferación Nuclear (NPT, por sus siglas en inglés).


Pese a que la energía nuclear abastece poco más de 10 por ciento de la capacidad generadora de electricidad en el mundo, sin emisión de bióxido de carbono, la comunidad internacional no ha desarrollado planes coordinados para lidiar con los desafíos del poder nuclear en términos de costo, seguridad, manejo de desechos radiactivos y riesgos proliferativos ( v. gr. el reciente accidente en el sudeste de Nuevo México).


Considera que las instituciones mundiales se vieron anquilosadas durante el reciente brote de ébola en África occidental.


Llama la atención su extraño exhorto a una gobernación mundial –términos que perturbarán a la mayoría de los países que todavía creen en la soberanía nacional– que debe (sic) desarrollar mecanismos para reaccionar en forma rápida y efectiva para confrontar la enfermedad emergente y la posibilidad de bioterrorismo. Aquí abren una ventana a la crítica del despliegue de una agenda oculta por el gobierno mundial de marras y dan por asentada la tan vilipendiada globalización y su acoplamiento con la era de la biología sintética, justamente cuando hasta el papa jesuita Francisco –líder de mil 300 millones de católicos– ha fustigado la globalización financierista como propiciador de la enorme desigualdad (http://goo.gl/9IJNWS).


Hasta aquí los ciudadanos del mundo pudieran apreciar las contribuciones del BAS en materia del cambio climático –que también se prestará a mucha polémica– y en el rubro nuclear, pero levantará muchas cejas por su ciega apología a la fracasada globalización y a la ominosa gobernación mundial.


Otro punto de trascendental interés que aborda son las amenazas de ciberataques que tienen el potencial de desestabilizar instituciones gubernamentales y financieras, en paralelo a la preocupación por los avances en inteligencia artificial que ponen en tela de juicio las capacidades de su control y la carencia de comando humano cuando existe una brecha entre los avances científicos en tecnologías de uso dual y la habilidad de la sociedad civil para controlarlos, que requieren de vigilancia ciudadana.


En la época de la URSS, los estrategas de Moscú consideraban que la alarma catastrofista del reloj del BAS siempre le era desfavorable como herramienta publicitaria.


Robert Golan-Vilella, editor de The National Interest, señala que en los pasados 68 años el reloj del Armagedón siempre (sic) se ha encontrado entre dos y 17 minutos lejos de medianoche, amén de que era entendible que en la década de los 80 se hubiera encontrado a tres minutos con 60 mil ojivas nucleares desplegadas, en su mayoría por EU y la extinta URSS. Pero critica ferozmente el acoplamiento novedoso del cambio climático con los arsenales nucleares que equivale a comparar bombas atómicas con naranjas (Es tiempo de aniquilar el reloj del juicio final, http://goo.gl/OLNSrT).


Golan-Vilella cita a Stephen I. Schwartz, editor de The Non Proliferation Review, quien aduce que la inclusión del cambio climático como nuevo factor en los cálculos del BAS hace imposible hacer comparaciones con la colocación del reloj antes de 2007.


La advertencia apocalíptica del BAS –sea sobredimensionada o subestimada– colisiona con el muy polémico senador John McCain –flamante presidente del Comité de los Servicios del Ejército de Senado–, quien critica furibundamente el recorte militar de Obama y favorece la carrera armamentista, amén de su franca confrontación con Rusia y China (http://goo.gl/y9K6V9).


A quien deben convencer ante todo los insignes científicos del BAS es al Congreso de EU, hoy con mayoría del pugnaz y mexicanófobo Partido Republicano.


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¿Qué dice la ecuación Navier–Stokes?

Hasta la fecha nadie ha logrado aportar una solución robusta a la ecuación Navier–Stokes. Mejores ideas, enfoques y aproximaciones son necesarias. Entre tanto, se trata de un reto formidable, conocido como uno de los "Problemas del Milenio".

 

En el año 2000, el prestigioso Instituto Clay —Clay Mathematics Institute— logró reunir el consenso de toda la comunidad de matemáticos alrededor del mundo acerca de los problemas fundamentales —digamos "últimos"— de las matemáticas. Fundado en 1998 como un instituto privado, presentó en junio del 2000, en el Collège de France (París), el conjunto de los problemas matemáticos más importantes sin resolver y de los cuales depende la comprensión fundamental del universo y la realidad.

 


Los Problemas del Milenio reunidos fueron siete. Sin embargo, muy pronto uno de ellos fue resuelto por el genio matemático ruso G. Perelman. El instituto estatuyó un premio de un millón de dólares a quienes logren resolver los problemas mencionados. En una serie discontinua de distintos artículos presentaré el significado de cada uno de los problemas mencionados.

 


Uno de ellos es la ecuación de Navier–Stokes (N–S). Esta ecuación es una variación de la segunda ley de Newton referida al movimiento de los fluidos. Por ejemplo, el clima, las corrientes oceánicas, las corrientes de aire y muchos otros fenómenos que interesan y afectan a numerosas ciencias, disciplinas y la ingeniería, por ejemplo. En consecuencia, la ecuación de Navier–Stokes se ocupa de sistemas o estructuras disipativas.

 

Las dinámicas de los fluidos son difíciles de entender y de explicar. Los fluidos son determinantes en las estructuras y procesos del planeta y del universo. Y, sin embargo, hasta la fecha no se sabe si existen soluciones a esas dinámicas y la comprensión es aún primitiva. En otras palabras: la comprensión fundamental en toda la historia de la humanidad ha sido acerca de estados. Carecemos, aún, de una teoría fundamental de procesos. La ecuación Navier–Stokes apunta en esta última dirección.

 

Los términos de la ecuación son, de un lado, una región de un fluido; y de otra parte, las fuerzas que actúan sobre esa región: específicamente, la presión, la tensión y las fuerzas internas de los cuerpos. Sobre esta base debe ser posible comprender cómo se mueven los fluidos. La dificultad estriba en que los fluidos tienen procesos y estructuras que no pueden plantearse en términos lineales o cuasilineales. Técnicamente dicho, la ecuación —o las ecuaciones— de N–S son diferenciales parciales no–lineales. Tenemos ante nosotros, literalmente, un problema complejo.


Así las cosas, aquello que se encuentra en la base o en el horizonte de la ecuación de N–S son fenómenos y sistemas caracterizados por no–linealidad, turbulencia, inestabilidad, velocidades relativas. Y, muy exactamente, los fluidos son fenómenos incompresibles.

 

El ingeniero y físico francés, Claude–Louis Henri Navier (1785–1836), logró en 1822 un sistema de ecuaciones en derivadas parciales para el flujo de un fluido viscoso (elasticidad y mecánica de fluidos). Por su parte, George Gabriel Stokes (1819–1903), matemático y físico irlandés, comienza a publicar en 1842 diversos artículo científicos —papers— sobre el movimiento uniforme de fluidos incompresibles, que contribuyeron, por primera vez, a comprender fenómenos como las nubes, las olas del agua o los flujos de los ríos. Vale mencionar que, paralela e independientemente, E. Haeckel propone el concepto de ecología en 1866.


Así las cosas, la ecuación Navier–Stokes hace referencia, genéricamente, al flujo de fluidos en un espacio R3 —y que significa un espacio de tres dimensiones: el mundo a nuestro alrededor—. Habitualmente se emplea el plural —hablándose entonces de las ecuaciones Navier–Stokes—, gracias al hecho de que la ecuación está planteada en términos de un vector.


Pues bien, lo que hace la ecuación es plantear un problema. Sin embargo, no es en absoluto evidente cómo la ecuación N–S puede resolverse.


Se han planteado diversas alternativas y todas ellas en términos de lo que en matemáticas se denomina "una solución débil" (weak solution). Una solución en matemáticas se dice que es "débil" cuando no existen derivadas parciales y, sin embargo, puede pensarse que satisfacen la ecuación en un sentido muy definido. Asimismo, una solución se dice que es débil cuando de un problema determinado se ha hecho una formulación muy general.


De esta forma, las ecuaciones N–S han sido empleadas con éxito para referirse a las dinámicas de fluidos en términos de velocidades. Tal es el caso, por ejemplo, de sus beneficios en la industria aeronáutica y aeroespacial; pero lo mismo acontece en el caso de la industria automovilística, en donde los beneficios de las ecuaciones N–S son altas y fundamentales.


Sin embargo, en la comunidad científica, en general, el Santo Grial, por así decirlo, de las ecuaciones Navier–Stokes consiste en el estudio y la comprensión del clima. Y con éste, entonces aspectos tales como el calentamiento global y el debate en contra de los negacionistas de los daños infringidos al medioambiente por parte del sistema de libre mercado.


El medioambiente y el clima son fenómenos de altísima complejidad, cuya estructura, comportamientos y dinámicas apenas están siendo comprendidos. Como quiera que sea, intelectualmente, el aspecto maravilloso estriba en el hecho de que el caos fue descubierto gracias a una ciencia "menor": la meteorología y los trabajos de E. Lorenz. Pasaron muchos años antes de que el tema se convirtiera en una teoría y en una ciencia mayor. Pues bien, las ecuaciones Navier–Stokes tienen su primero y más crucial enfrentamiento con el estudio del clima y el medio ambiente: fenómenos y estructuras esencialmente disipativos.


Nadie ha logrado hasta la fecha aportar una solución robusta a la ecuación Navier–Stokes. Mejores ideas, enfoques y aproximaciones son necesarias. Entre tanto, estamos ante un reto formidable, conocido como uno de los Problemas del Milenio. Uno de los más cruciales retos en la comprensión del mundo y del universo en el que vivimos.

¿Ambientalistas extremos, o clima extremo?

Paralelamente al desarrollo de las reuniones en noviembre –preparatoria– y diciembre del año pasado, que constituyeron la XX Conferencia Internacional sobre Cambio Climático y X en calidad de reunión de las Partes en el Protocolo de Kyoto (COP20/CMP10), las salas de cine del mundo convertían en éxito la película de ciencia ficción Interestelar del director de origen inglés Christopher Nolan. El filme tiene como tema central una humanidad que cuenta como única posibilidad de salvación, contra su total extinción, el escape hacía otra galaxia, pues el oxígeno de la tierra está en agotamiento irreversible y las nubes de polvo en las áreas de producción agropecuaria amenazan con impedir totalmente la obtención de alimentos.

Las escenas del polvo parecen inspiradas en la sequía de la región central y norte de las Grandes Llanuras de los Estados Unidos, en los años treinta del siglo pasado, convertidas luego en el paisaje de fondo de Las uvas de la ira, la renombrada novela de John Steinbeck. De la película llama la atención no sólo la irreversibilidad de la situación en la que ha sido colocada la vida humana en la tierra, sino que la posibilidad de su prolongación en el tiempo se vea reducida tan sólo al traslado de embriones fertilizados a otra galaxia, con el consecuente sacrificio de los habitantes del planeta en ese momento. El genocidio y la eugenesia, apenas velados en el filme son, curiosamente, temas que aparecen con fuerza creciente en las reflexiones sobre las condiciones materiales, cada vez más extremas, a las que nos conduce la lógica predominante del capital.

¿La superficialidad y vaguedad de los acuerdos en la COP20/CMP10 son parte de la materia prima que parece alimentar la resignación y el convencimiento de que destruiremos nuestro planeta? ¿La defensa a como de lugar del consumismo como fin en sí y la máxima de que "nuestro modo de vida no es negociable" –como afirmó George W. Bush siendo presidente de los Estados Unidos, al referirse al Protocolo de Kioto–, son inamovibles que nos obligan a pensar que las condiciones que posibilitan la vida humana en la tierra están condenadas a su destrucción?

El director general de la Agencia Espacial Europea (ESA), Jean Jacques Dordain, declaró al medio de comunicación Russia Today, finalizando el 2014, que la colonización del espacio no es más que un mito. Que dadas las enormes distancias que nos separan de planetas "habitables", pensar en una emigración humana como alternativa es un imposible. Nos encontramos, entonces, en una gran disyuntiva que comenzará a aclararse en diciembre de 2015 cuando en la cumbre COP21/CM11, a realizarse en París, y fecha límite para la adopción de medidas prácticas y vinculantes después de 2020, año de expiración del segundo período del protocolo de Kioto, se acuerden o no medidas que impidan que la temperatura promedio global aumente más de 20 C sobre el promedio de la época pre-industrial. En otras palabras, las previsiones sobre el deterioro del planeta nos dicen que el ritmo de los daños es más rápido que los cambios tecnológicos que nos podrían permitir la colonización de otras galaxias, tal y como sucede en la película de Nolan.

 

El calentamiento global y algo más

 

El último informe del Panel Intergubernamental de Expertos sobre Cambios Climáticos (AR-5), reafirmó su conclusión de que las temperaturas del planeta siguen elevándose, el hielo de los polos y las nieves perpetuas de las altas montañas disminuyendo y el nivel del mar continúa elevándose. Por tanto, las consecuencias más probadas como son la desaparición de amplias zonas costeras y la disminución de la producción agropecuaria por alteraciones radicales en los regímenes de lluvias –provocadas por períodos intensos tanto de sequía como de inundaciones– y la inutilización de grandes áreas hoy productivas, amenazan con convertirse en realidades en el mediano plazo.

El informe también reafirma que quedan pocas dudas que el calentamiento experimentado (0,80 C), respecto de la época preindustrial, obedece a la acción humana y es un efecto directo de que los niveles de CO2 se encuentren en la actualidad alrededor de 430 partes por millón (ppm), cuando antes de la etapa de industrialización eran de 280 ppm. El límite de aumento establecido en 20C ha sido estimado sobre la base de las condiciones que el planeta experimentó cuando la temperatura alcanzó ese valor promedio, y los mares se encontraban en un nivel entre 4 y 6 metros sobre el actual. Situación que de presentarse nuevamente haría desaparecer gran parte del mundo insular y una significativa área costera. No en vano, en 1994 la Asociación de Pequeños Países Insulares (Aosis) intentó comprometer a las naciones más industrializadas a una reducción del 20 por ciento de sus emisiones de CO para 2005, respecto de las de 1990, lo que fue imposible de lograr. Mantener el aumento de la temperatura promedio por debajo de los 20C depende de que las emisiones acumuladas de CO2 no sobrepasen 500 gigatoneladas de ahora en adelante, escenario bien improbable si se tiene en cuenta que con el actual ritmo de emisiones el nivel de saturación se alcanzaría en 2040. Pequeñas reducciones ampliarían el plazo del colapso de las actuales condiciones, pero no por mucho tiempo.

Las prospecciones petroleras en aguas profundas (conocidas en el lenguaje técnico como offshore) y en el Ártico, donde una empresa como Repsol se precia de tener 396 bloques de exploración, no son una buena señal de que en el corto o el mediano plazo el mundo vaya a contemplar una contracción significativa en el uso de combustibles fósiles y por tanto de emisiones de CO2. Los gases y el petróleo de esquisto, así como la explotación de las arenas bituminosas son muestras adicionales que el actual sistema económico, sin una presión fuerte de la población, no está dispuesto a dejar la adicción a los combustibles fósiles y que apuesta por el suicidio del planeta.

A la quema de carbón, petróleo y gas le atribuyen el 75 por ciento del CO2 emitido a la atmósfera, el 25 restante corresponde a la perdida de vegetación y a las alteraciones en el uso del suelo. Según la Fao, entre 1990 y 2010 la superficie forestal se redujo en cerca del 5,3 millones de hectáreas por año, lo que representa una pérdida, para ese período, de más de 100 millones de hectáreas de bosque, cuya extinción sumó a la emisión total de CO2 una tasa cercana al 20 por ciento.

La pérdida anual de doce millones de hectáreas de tierras productivas por efecto de la desertificación, según Naciones Unidas, es el otro elemento a destacar entre las causas más importantes del calentamiento global. Que además traerá como consecuencia, según las estimaciones actuales, que en 2025 la cantidad de tierras arables disponibles será mucho menor que en 1990. Este descenso será de dos tercios en África, un tercio en Asia y casi un quinto en Sudamérica. Dicha pérdida es muchísimo más acentuada en las tierras secas, donde paradójicamente las tasas de crecimiento de la población han mostrado un mayor dinamismo, aumentando la cantidad de personas en situación de vulnerabilidad y convirtiendo la desertificación en uno de los problemas ambientales y sociales más graves.

La relación entre calentamiento global y desertificación parece seguir un patrón retroalimentativo, como quiera que el primero al alterar los regímenes de lluvia y aumentar los períodos de sequía y los niveles de evapotranspiración, termina afectando con mayor intensidad a las tierras secas que contienen, según la Evaluación de los Ecosistemas del Milenio, más del 25 por ciento de los depósitos de carbono orgánico en el mundo y la casi totalidad del inorgánico. Carbono, que al liberarse a la atmósfera con los procesos de desertificación, y del que se calcula su emisión anual en 300 millones de toneladas (aproximadamente el 4 por ciento de las emisiones totales de carbono), acaba generando un círculo vicioso puesto que el calentamiento global facilita la desertificación y ésta, a su vez, contribuye al calentamiento global liberando CO2. Si a esto le sumamos el uso intensivo de fertilizantes nitrogenados, que al oxidarse producen gases de efecto invernadero como el óxido nitroso (N2O), que es mucho más nocivo que el CO2, completamos un cuadro nada halagüeño para los propósitos de disminuir los efectos antropogénicos en la alteración del clima.

El estrés hídrico creciente, es decir la mayor demanda de una calidad determinada de agua en relación con su oferta, es otro de los efectos de los modelos energéticos y de explotación agropecuaria a los que nos somete el capital. El agua embalsada es hoy superior a la que discurre de forma natural, con lo que se agravan los problemas de inundación, afectando la biota y contaminando el agua. Como es conocido, los represamientos de agua se dirigen, en lo esencial, a la generación de energía eléctrica y al riego, en una muestra más que tierra, energía, atmósfera y agua no pueden analizarse ni tratarse por separado, menos en una sociedad compleja y una naturaleza tan intervenida como la actual. Extraña por eso, la actitud casi indolente de la política frente a la problemática y que la academia y los medios de comunicación convencionales, en el mejor de los casos, traten el asunto como "un problema más".

 

Negacionismo y descalificación

 

El creciente deterioro de las condiciones ambientales, sin embargo, no ha estado exento de controversia. Luego de la publicación en 1998 de las estadísticas sobre el calentamiento del planeta que mostraban un comportamiento prácticamente invariable entre el año 1000 y 1900, a partir del cual se daba un crecimiento abrupto en el siglo XX, y que por la forma de la gráfica se conoció como el "Palo de Hockey", se desató una fuerte polémica sobre la pertinencia y validez del método y las cifras de cálculo. Tan sólo hasta 2006, un grupo de científicos de la Academia de ciencias de Estados Unidos (EU), a solicitud del Congreso de ese país, avaló con algunos ajustes las conclusiones de 1998 y aceptó que el calentamiento global si es un hecho. Sin embargo, los defensores de las tesis ultra-liberales siguen negando el fenómeno y argumentan que la problemática ambiental es una argucia de los derrotados comunistas para imponer visiones colectivistas.

Entre los trabajos más renombrados de los escépticos del problema ambiental tenemos el de Julián Simon –quien fuera llamado por sus admiradores, "cazador de pesimistas"–, en el que sostiene que la tecnología puede ampliar la provisión de materias primas casi de manera indefinida. Libros como Lo pequeño es estúpido: un llamado de atención a los verdes, de Wilfred Beckerman, publicado en 1995, en el que el autor sostiene que es inmoral dedicar recursos económicos a la preservación del ambiente en un planeta en el que la miseria está tan extendida, y además defiende la idea que conservar recursos para las generaciones futuras no tiene ningún sentido, así como tampoco lo tiene elevar a principio la conservación de la especie. Más recientemente logró gran resonancia el libro El ecologista escéptico, de Bjørn Lomborg, publicado en 2005, que defiende la tesis de la poca importancia del cambio climático, frente a problemas como el del Sida. Lomborg, apoyado por la revista ultraliberal The Economist, fue declarado culpable de deshonestidad objetiva por el manejo sesgado de las cifras en el mencionado libro.

La abrumadora cantidad de información que apoya la realidad de hechos como el calentamiento global, el agotamiento de recursos no renovables como el petróleo y el azufre, y la desertificación han dado lugar a un cambio desde la negación del hecho a la de sus efectos. Se argumenta, entonces, que la subida del nivel de los mares y el aumento de la temperatura no tienen que considerarse catástrofes, sino cambios manejables. Sin embargo, lo que no se quiere ver en este caso es que los desplazados por problemas ambientales, que van en aumento, son seres reales que sufren de manera cruel su desplazamiento.

Quedan en el aire, sin embargo, las preguntas de Wilfred Beckerman: ¿es deseable la perpetuación de la especie humana? ¿Tenemos obligaciones morales con las generaciones futuras? Las respuestas se escapan a la ciencia e introducen en el campo de la política. Pero, independientemente de lo que al respecto se piense, lo imposible de olvidar es que el problema ambiental no es tan sólo un problema potencial sino presente. Los habitantes de las tierras secas y de aquellos territorios más bajos respecto del nivel del mar están siendo expulsados de sus hábitats, y tienen derecho a defenderse. Además, la asimetría en el consumo tanto entre países como entre grupos sociales al interior de cada país, da derecho a hablar a las clases subordinadas de excesos y a reclamar formas distintas de lógica social.

 

Un debate demasiado elemental

 

En Colombia, desde octubre pasado se desató un debate de periódico, luego que Natalia Gutiérrez, directora de la Agencia Nacional de Minas, declarara que "No podemos dejarnos ganar por los ambientalistas radicales". Observación que obedecía a la solicitud de moratoria que un grupo de organizaciones presentó para que fuera suspendida la autorización para la explotación de hidrocarburos conocida como fracking. En respuesta a las declaraciones, el exministro del Medio Ambiente Manuel Rodríguez Becerra escribió un artículo criticando la autorización de tal práctica mediante licencia ambiental exprés, que fue respondido por el articulista Ramiro Bejarano calificando a Rodríguez Becerra y a Julio Carrizosa, que también había participado en el debate, de ambientalistas extremos. Las contra-replicas de Bejarano, luego de amenazar diciendo que "Se les acabó el cuarto de hora a esos intolerantes del medio ambiente", derivó en la discusión sobre si los polemistas tenían o no contratos con el Estado.

Moisés Wasserman, exrector de la Universidad Nacional, en un artículo publicado el pasado 8 de enero en el diario El Tiempo, señalaba la necesidad de distinguir entre ambientalistas extremos y ambientalistas (sin adjetivo), y caracteriza éstos últimos porque aceptan el cálculo costo-beneficio mientras que los extremos no. Sin embargo, como es conocido, en dicho cálculo la discusión es álgida respecto de las unidades de valuación de los activos naturales. Pero, más allá de los aspectos conceptuales, llama la atención que el debate, a pesar de no ser de carácter académico, se haya centrado en los adjetivos y que la causa que le da origen, la aprobación del fracking, no ocupe ningún lugar, máxime si se tiene en cuenta que ese tipo de explotación fue prohibida recientemente en Nueva York.

El ambientalismo no es neutro políticamente hablando, existen los ecofascistas de los que quizá su más importante representante es el finlandés Kaarlo Pentti Linkola, que se cuenta entre quienes consideran que la conservación ambiental pasa por la reducción radical de la población en el mundo y que de forma explícita o velada propugnan por la eugenesia. También tenemos a quienes aceptan el problema ambiental, pero estiman posible la transformación del modelo actual en un ecocapitalismo, como es el caso de Amory Lovins, jefe científico del Rocky Mountain Institute, y quien acuñó el término Negawatt, de uso generalizado en las proyecciones del consumo energético. Y además de los negacionistas y los "cínicos" (los que aceptando la existencia del problema ambiental, consideran que no es pertinente ocuparse del mismo), también se encuentran los ambientalistas humanistas (calificados de izquierda), que parten de la premisa que ambiente y lógica de la ganancia son incompatibles.

¿En qué posición se encuentran los movimientos convencionales de la izquierda colombiana? Más allá de lo elemental del debate en nuestro medio, lo positivo es que nos muestra que nadie puede ser neutro respecto de la crítica situación en la que se encuentra nuestra relación con la naturaleza, por la forma e intensidad que le imprime la lógica capitalista. Él éxito de un filme como Interestelar, quizá nos está señalando que así sea inconscientemente, empezamos a entender que en el tema, literalmente, así sea como especie, se nos va la vida.

Publicado enEdición 209
"Es aterrador vivir en una sociedad en la que la verdad no importa"

 

En diciembre de 1947, el físico Albert Einstein, harto del ambiente de caza de brujas contra los intelectuales de izquierdas que se apoderaba de EE UU, estalló. "Vine a EE UU porque oí que en este país existía una gran, gran libertad. Cometí un error al escoger EE UU como una tierra de libertad, un error que no puedo borrar del balance de mi vida", afirmó, según documentación confidencial del Gobierno.


Salvando las distancias, lo mismo le ocurrió al investigador estadounidense Bjorn Stevens. En 2008, cuando era profesor de la Universidad de California en Los Ángeles, salió huyendo de su país, indignado por las maniobras del presidente George W. Bush para amordazar a los científicos y alejarlos de la toma de decisiones. Hoy, este experto en nubes es director del Instituto Max Planck de Meteorología, con sede en Hamburgo (Alemania), y ha sido uno de los autores principales del último informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de Naciones Unidas, que ha vinculado definitivamente las emisiones de CO2 al calentamiento que sufre la Tierra.
Stevens, nacido en Augsburgo (Alemania) en 1966 y criado en EE UU, de madre alemana y padre estadounidense, observa ahora desde su exilio cómo el Partido Republicano, el de George W. Bush, asume el control del Congreso de su país. El científico, acostumbrado a subirse a aviones para cazar nubes, ha tomado uno en esta ocasión para acudir a Madrid como jurado de los premios Fronteras del Conocimiento de la Fundación BBVA.


Pregunta. ¿Por qué dejó EE UU?


Respuesta. Al comienzo de la década de 2000, cuando la Guerra del Golfo, había un ambiente contra la Ilustración. Vivir en una sociedad así, en la que la verdad no desempeña ningún papel, es muy desalentador. Cuando Bush fue elegido la primera vez pensé: "Bueno, estas cosas pasan". Pero luego vi lo que hizo y cómo todo el mundo sabía lo que estaba pasando, y pese a todo fue elegido una segunda vez. Era muy insatisfactorio vivir en una sociedad así, en la que la verdad no importa. Sobre todo para un científico. Para un científico la verdad es lo más importante. Es aterrador vivir en una sociedad en la que la verdad no importa, y ese era el caso de EE UU en aquella época.


P. ¿Era más difícil todavía para un científico del clima?


R. Nunca he estado realmente implicado en la ciencia del clima para convencer a nadie de nada. A las personas les gusta saber cómo funciona el mundo en el que viven y nos pagan para que se lo digamos. Yo no he interactuado con el mundo de la política ni era mi objetivo influir en las políticas. Solo espero que la gente escuche a la ciencia. Espero que los políticos escuchen a los científicos y acepten lo que dicen. Y deberían escuchar también a otras personas, a la industria, para tomar buenas decisiones. Lo que no deberían hacer es negar lo que aseguran los científicos del clima, porque no hay razones para hacerlo. Al final, las decisiones de los políticos dependen de factores de los que conozco muy poco. Todo lo que puedo pedir es que no pretendan que los científicos dicen cosas que no dicen. Afirmamos que el clima se está calentando, y que pensamos que es por las actividades humanas y porque hay más CO2. Si creen que otros temas son más importantes y deciden que sigamos viviendo como lo hacemos, me parece una decisión justa, siempre que dejen claras las bases de sus decisiones.


P. El Partido Republicano ha asumido en los últimos días el control del Congreso de EEUU. ¿Cómo cree que esto puede afectar a las políticas climáticas y a la ciencia del clima?


R. En mi opinión, los republicanos siempre han sido el partido más fundamentalista. Tienen tendencia a legislar el mundo que ellos desearían que existiera, no el que existe. Cabría esperar que aceptaran cómo funciona el mundo, algo que para mí es básico en el pensamiento de la Ilustración, pero el Partido Republicano es antiintelectual y anti-Ilustración. Y esto dificulta mucho que un país avance basándose en una mejor comprensión del mundo, al margen de cuáles sean tus ideas políticas y lo que creas que es mejor para la economía o para la gente. La política debería ser algo racional, basada en información. Pero el Partido Republicano tiene una dilatada historia de ignorar la información que considera inconveniente. Por ejemplo, vemos una negación de cómo es el mundo en su política exterior. Para mí es muy negativo que haya un partido que tiene miedo al conocimiento porque podría contradecir su idea de cómo debería ser el mundo. Esto es lo más alarmante, así es muy difícil crear políticas basadas en el conocimiento.


P. ¿Cree que los republicanos pueden poner en peligro las políticas climáticas de Obama?


R. Obama ha dado algunos pasos importantes. Y claro que los republicanos pueden ponerlos en peligro. En el Congreso pueden limitar los fondos necesarios para implementar políticas eficaces. También pueden limitar los fondos que permiten a EE UU ser parte de la comunidad de países que buscan soluciones. Tenemos un problema, el clima está cambiando y tenemos que buscar soluciones. Y si tenemos EE UU, con todos sus recursos, concentrado en el negacionismo, tenemos un problema. Nos gustaría ver a EE UU, con todo su poder intelectual y sus recursos, siendo parte de la comunidad de países que buscan soluciones.


P. ¿Cree que Obama ha hecho suficiente en cuanto al cambio climático?


R. Es difícil de decir, porque juzgas en función de lo que esperabas. Si juzgas en función de lo que hizo Bush, Obama ha dado pasos tremendos. Si juzgas en función de lo que esperabas de él hace seis años, cuando fue elegido, entonces puede ser muy decepcionante.


P. El presidente del Gobierno español aludió en 2007 a un primo suyo, catedrático de Física, para poner en duda la ciencia del clima. "Yo de este asunto sé poco, pero mi primo supongo que sabrá. Y entonces dijo: 'Oiga, he traído aquí a diez de los más importantes científicos del mundo y ninguno me ha garantizado el tiempo que iba a hacer mañana en Sevilla'. ¿Cómo alguien puede decir lo que va a pasar en el mundo dentro de 300 años?", afirmó. Hay personas que siguen pensando así.


R. Hay una buena respuesta para el presidente. Si es verano, se le puede preguntar si el invierno será más frío, porque se puede predecir. Esto es el clima. Es el hecho de que los cambios en los patrones de radiación solar hacen que el invierno sea más frío que el verano. Cuando hablamos de predicción climática, lo hacemos en este sentido. Por supuesto que no podemos predecir el tiempo exacto que hará un día concreto del próximo invierno. Predecir el clima del futuro se parece mucho más a predecir que el invierno es más frío que el verano que a predecir si va a llover un día concreto de la semana que viene. Mucha gente se confunde con esto, incluso algunos físicos inteligentes


P. Su trabajo está dedicado a estudiar la dinámica de las nubes. ¿Qué preguntas trata de responder?


R. La mayor parte de la luz es reflejada por la Tierra y calienta. Pero no toda la luz provoca un calentamiento. Una parte es reflejada hacia el espacio y eso hace que la Tierra vista desde fuera sea un planeta brillante. La pregunta es cuánta luz solar es reflejada por la Tierra y eso depende en buena medida de lo nublada que esté. Lo que se refleja, que se denomina albedo, es aproximadamente un 30% de lo que llega. Y la mayor parte se debe a las nubes. Si cambias el albedo un poco, al 31% o al 32%, tendría un efecto enorme en la temperatura de la Tierra. El efecto de un 1% más en el albedo sería similar a duplicar el CO2. Así que el albedo de la Tierra es muy importante y sabemos muy poco sobre por qué es 30%, o sobre si podría ser 40% o 10%. Una de las cosas que hacemos estudiando las nubes es intentar entender qué controla el albedo. Hay muchos factores que intervienen en ese número.


P. Usted dice que la crítica constructiva es el alma de la ciencia. ¿Puede hacer un poco de crítica constructiva sobre la ciencia del clima?


R. No entendemos bien, en absoluto, cómo la circulación atmosférica cambiará a medida que se caliente la Tierra. La circulación atmosférica es la trayectoria de los ciclones, el monzón, los sistemas polares. Hay patrones en esta circulación. Todo lo que aprende un niño sobre dónde se forman los ciclones, sobre dónde están las regiones polares, depende mucho de la circulación atmosférica. Si calientas el clima, puedes imaginar que todo se queda igual pero con mayor temperatura. Pero también tenemos razones para pensar que habrá cambios en la circulación atmosférica. Quizá los ciclones sean más potentes, o los monzones. Sabemos muy poco de cómo cambiará la circulación. Hacemos modelos muy complejos, pero unos dicen una cosa y otros dicen la contraria. Hay poco acuerdo. Para mí es uno de los grandes desafíos. Es un misterio y debemos tener mucho cuidado con utilizar los modelos como si fueran bolas de cristal. Al mismo tiempo, es muy difícil comunicar a la gente que sabemos algo y desconocemos otras cosas. A menudo, en nuestro campo no admitimos que no sabemos algo por miedo a que la gente piense que no sabemos lo que pasa si metes más CO2 a la atmósfera. Pero es desacertado, porque la ciencia se mueve por las cosas que desconocemos. No pasa nada, admitamos que tenemos problemas en nuestra comprensión del clima.


P. Usted fue uno de los autores principales del último informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de Naciones Unidas. ¿Qué espera de la próxima cumbre del clima que tendrá lugar en diciembre en París y de la que podría salir un acuerdo internacional de reducción de emisiones de CO2?


R. No espero gran cosa, así que espero sorprenderme de manera positiva. La calidad de la información de la que disponen los políticos no va a cambiar enormemente, así que tendrán que tomar decisiones con una cierta incertidumbre. No pasa nada, lo hacen todo el tiempo. Los países van a la guerra con mucha menos información.

P. ¿Cree que sigue habiendo una brecha entre los científicos y los políticos en cuanto al cambio climático?


R. Para mí es difícil saber hasta qué punto los políticos entienden la ciencia. Es entendible si quieres entenderla e inviertes tiempo en entenderla. Y hay científicos que se explican muy bien. Los políticos tienen que tomar decisiones difíciles y a menudo es mejor para ellos no entender algunas cosas porque eso facilita que tomen las decisiones que quieren tomar. El gran desafío es exigir a nuestros políticos que intenten informarse a partir del mejor conocimiento disponible. El que quiera saber, tiene información comprensible a su disposición.