Cambio climático tambalea al shale gas: cuantiosas emisiones tóxicas de metano

Junto a la publicidad de inversiones para el polémico fracking (fracturación hi¬dráu¬lica), el portal FuelFix no tiene más remedio que exponer las emisiones de metano en Estados Unidos (EU) que alcanzan hasta 75 por ciento (¡supersic!): mucho mayores a las estimaciones previas de la vilipendiada Agencia de Protección (¡supersic!) Ambiental (EPA, por sus siglas en inglés)" (http://fuelfix.com/blog/2014/02/13/methane-emissions-higher-than-epa-estimates-study-shows/).


De por sí el letal fracking requiere inmensas cantidades de agua –que contamina los escasos mantos freáticos– y de un centenar de sustancias químicas misteriosas (¡increíble!), al unísono de la provocación de sismos (http://www.reuters.com/article/2013/07/11/us-science-fracking-earthquakes-idUSBRE96A0TZ20130711).


Ya había reportado Bajo la Lupa (http://www.jornada.unam.mx/2013/10/23/opinion/022o1pol) los hallazgos del Panel Intergubernamental del Cambio Climático de la ONU/Unión Europea sobre la toxicidad del metano: poderoso gas invernadero que produce un efecto de calentamiento por lo menos 30 veces mayor al bióxido de carbono, según la reciente investigación de la prestigiada revista Science (16/2/14) –que involucró a siete universidades y a tres agencias de gobierno– financiada por un donativo de la Fundación Cynthia y George P. Mitchell. Cu¬riosamente, el multimillonario te¬xano (sic) George P. Mitchell es el "padre del fracking". Su biografía semeja al arrepentimiento de Alfred Nobel: el creador de los premios homónimos, en redención a su letal descubrimiento de la dinamita.


El rigor científico de los buenos investigadores de EU se re¬bela y revela ante el charlatanismo de los especuladores financieristas de Wall Street que crearon la "burbuja del shale gas (esquisto/lutita/grisú)" a punto de estallar (Bajo la Lupa, Desastre pasado, presente y futuro del gas en México; http://www.jornada.unam.mx/2014/02/12/opinion/018o1pol).


Suena interesante que en una sola semana dos conglomerados de mucho poder en EU arremetan contra los efectos letales del tóxico gas shale: 1) la reprimenda de CERES, grupo de inversionistas con vocación biosférica, que exhibió, en medio de la peor sequía de los recientes 100 años, cómo el fracking produce escasez acuífera (sobre todo en Texas, frontera con el sediento noreste de México) debido al exorbitante abuso del agua fresca y de los mantos freáticos (Bajo la Lupa, Shale gas: abuso y contaminación del agua escasa en medio de la sequía en EU; http://www.jornada.unam.mx/2014/02/09/opinion/012o1pol) y 2) el excelso estudio de la prestigiosa Science, que pone en la picota la masiva derrama del contaminante metano a la atmósfera, lo cual ahonda el calentamiento global, en medio de las tormentas polares que arrecian en el noreste de EU.


El estudio de Science evalúa la filtración del metano de las plantas procesadoras del gas natural, pozos y otras infraestructuras y su principal autor, Adam Brandt –profesor asistente de ingeniería de recursos energéticos en la Universidad Stanford–, consideró que las pruebas atmosféricas que cubren todo (sic) EU indican que las emisiones son 50 por ciento mayores a las estimaciones de la EPA.


Brandt insiste en que sus hallazgos representan estimaciones moderadas (¡supersic!), ya que pueden alcanzar entre 25 por ciento y 75 por ciento más (sic) de lo que reporta la EPA que no toma en cuenta las filtraciones naturales y carece de una visión clara de las filtraciones de la infraestructura del gas natural.


¿Padece ceguera deliberada la EPA para favorecer la depredación de las petroleras y gaseras de EU consentidas por el gobierno?


El ya célebre estudio de Science –realizado por los científicos de la Universidad de Stanford, el MIT y el departamento de energía del Laboratorio Nacional de Energía Renovable– pone en ridículo a toda la industria financierista/gasera/petrolera/regulatoria (v. gr. la EPA) en torno a los magnos intereses de Wall Street que crearon la burbuja del gas shale (http://www.jornada.unam.mx/2013/03/17/opinion/008o1pol).
Llama la atención que cinco meses atrás, la Universidad de Texas, muy bien lubricada por las empresas petroleras y gaseras locales, haya realizado la descabellada apología del shale gas y haya inventado la declinación (¡supersic!) de las filtraciones de metano (http://fuelfix.com/blog/2013/09/16/landmark-study-shows-decline-in-methane-from-natural-gas/).


¿Cómo puede existir tanta discrepancia e inconsistencia entre las entidades científicas del mismo país? ¿La diferencia se debe a la fuente de los financiamientos y/o donativos interesados?


La Fundación Cynthia y George P. Mitchell sugiere que el diésel (¡supersic!) puede ser un combustible más amigable para el clima, ya que las emisiones totales de su ciclo de vida tienen un menor impacto en el calentamiento global: los motores de diésel son relativamente limpios y menos contaminantes en comparación con el gas natural usado para el transporte debido a que se puede filtrar en varios puntos antes de que sea suministrado a los vehículos.


La fundación de marras acepta que el gas natural es una mejor opción que el carbón para las plantas eléctricas, ya que emite la mitad de contaminación.


Aconseja que sea preferible usar para los camiones y los autobuses el diésel en lugar del gas natural, que intensifica el calentamiento global.
A Coral Davenport, del NYT (13/2/14), le preocupan más las fugas del metano –que niega los beneficios de los vehículos de energía con base en el gas natural– en lugar de enfocarse a su tóxica contaminación que exacerba el cambio climático. Davenport juzga que el reporte presiona los esfuerzos de los estados de Nueva York y del noreste para que el gobierno federal regule las emisiones de metano, cuando algunos estados consideran implementar sus regulaciones.


Los estados de Nueva York y del noreste, en un año electoral (toda la Cámara de Representantes y parte del Senado en noviembre próximo), urgen a la EPA a crear regulaciones federales para la filtración del metano, lo cual obligará a las petroleras y gaseras –que se resisten a las regulaciones– a instalar equipo para capturar las filtraciones, además de intrusivas inspecciones, lo cual, incidirá en el alza del precio del gas natural. No faltan mercaderes bursátiles quienes desde ahora exigen capturar el metano para revenderlo.


Carlton Carroll, portavoz del poderoso American Petroleum Institute, cabildero anómico para las petroleras y gaseras en Wa¬shington, se pronunció contra las regulaciones que exigen los lucidos científicos y, sobre todo, los afectados consumidores.
El abuso del agua, la toxicidad del metano, el uso de las misteriosas sustancias químicas y la protesta ciudadana global pueden detener la explotación irracional del gas shale. ¿Estará enterado El salvador de México, revista Time dixit?


Hoy la propuesta de usar diésel en lugar de gas natural volvería otra vez dependiente del petróleo foráneo a EU.


Se les atravesó una roca gigante en el camino a todos los panegiristas del gas shale.


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Geoingeniería: peor el remedio que la enfermedad

Si los que promueven la geoingeniería –la manipulación intencional del clima planetario–, realizaran sus proyectos de crear nubes volcánicas artificiales sobre el Ártico, desequilibrarían gravemente el ciclo hidrológico en los trópicos y subtrópicos, con importante disminución de lluvias. Tendría efectos catastróficos en los bosques tropicales, principalmente en Asia y Amazonía, con incremento de sequías en África.

 

Esto es parte de las conclusiones de un nuevo estudio científico (A. Ferraro et al, Environmental Research Letters, 2014) sobre los efectos que tendría inyectar aerosoles azufrados en la estratosfera, para crear una gigantesca nube volcánica que tapara los rayos del sol sobre el Ártico, lo que según los geoingenieros podría bajar la temperatura.

 

Varios otros estudios científicos publicados en 2013 (por ejemplo los del proyecto de colaboración GeoMIP, con decenas de científicos y países participantes), basados en investigación con modelos matemáticos, señalan impactos graves de diferentes propuestas de geoingeniería. Desde 2008, el reconocido meteorólogo Alan Robock indicó que la propuesta de construcción de nubes volcánicas artificiales (ahora rebautizada por los geoingenieros Manejo de la Radiación Solar), tendría efectos colaterales graves sobre los regímenes de precipitación, colocando en riesgo las fuentes de agua y alimentación de 2 mil millones de personas en Asia y África. En julio 2013, estudios del proyecto GeoMIP señalaron que el desequilibrio tendría impactos globales, también en el hemisferio Norte. Ahora se suman las evidencias sobre la Amazonía.

 

Otro estudio reciente (Jones et al, Journal of Geophysical Research, 2013) agrega que la terminación de este tipo de proyecto de geoingeniería llevaría a un aumento abrupto de la temperatura, acompañado del aumento del promedio de precipitación y mayor derretimiento del hielo polar. Lo cual significa que si se instalaran esas nubes volcánicas, la terminación significaría colocarnos en una situación peor a la anterior.

 

La geoingeniería marina comercial, cuya propuesta más conocida es la fertilización oceánica (alterar la química marina para absorber carbono atmosférico), fue prohibida en octubre de 2013 en la trigesimaquinta Sesión del Protocolo de Londres de Naciones Unidas, que previene los vertidos en el océano. No es algo definitivo, porque los geoingenieros, representados en el discurso de algunos delegados gubernamentales, lograron una ventana para experimentos, aunque éstos sólo pueden ser para investigación y cumplir una lista de requisitos previos, por sus impactos ambientales y sobre las cadenas tróficas marinas.

 

Pese a estos nuevos estudios, a que desde 2010 existe en Naciones Unidas una moratoria contra la geoingeniería y a que la vasta mayoría de la gente piensa que manipular el clima es una idea absurda y peligrosa, hay un pequeño, pero influyente grupo de científicos que insiste en ello, como David Keith, de la Universidad de Harvard, o Ken Caldeira, de la Universidad de Stanford, entre otros. Este grupúsculo o geo-clique, como lo llama el investigador australiano Clive Hamilton, pese a lo insano de sus propuestas, está ganando lugar en espacios que son referencia global en cambio climático, como el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC por sus siglas en inglés). Este organismo, en su nuevo informe global sobre el estado del cambio climático, incluye de forma sorprendente, la mención a estas propuestas como algo a considerar. Aclaremos que el IPCC no las apoya y expresa que tienen altos riesgos e impactos globales negativos de largo plazo, pero de todas maneras las nombra como punto en discusión, justamente debido al pesado cabildeo de los que la promueven.

 

Hay una confluencia de intereses económicos, geopolíticos y militares que impulsan la geoingeniería. Para los países con alto grado de emisiones de carbono y sus transnacionales contaminantes, la geoingeniería aparece como una solución tecnológica que les permitiría seguir emitiendo gases de efecto invernadero y encima hacer nuevos negocios, vendiendo tecnología para bajar la temperatura.

 

Para los intereses militares, la manipulación climática ha estado en su agenda desde hace décadas, se conoce que fue aplicada por Estados Unidos en la guerra de Vietnam. Si las mismas tecnologías se pueden legitimar ahora como combate al cambio climático, pueden seguir desarrollándolas sin aparecer como estrategia bélica. De cualquier modo, se podrían usar contra países que no sabrán que les sucedió, porque parecerá un desastre natural o parte del caos climático. Que este tipo de propuestas y tecnologías se desarrollen con un nombre u otro (para cambio climático o como arma de guerra), no cambia el hecho de que son las mismas y que los países que las detenten tendrán control sobre el termostato global.

 

Por ello, el discurso de los científicos que piden y justifican la geoingeniería es como mínimo irresponsable, si no directamente parte del mismo juego geopolítico y militar. Claro que su argumento es otro: dicen que como los políticos no se pondrán de acuerdo, ellos deben salvar el planeta, cueste lo que cueste. Así construyen también la imagen de que no se puede hacer nada y que es inútil cuestionar las causas profundas del caos climático –el modelo industrial de producción y consumo dominante.

 

Pero eso es justamente lo que hace falta para enfrentar realmente la crisis climática, además de favorecer las verdaderas soluciones que se tejen desde abajo y no generan nuevas dependencias. Además, por las graves amenazas al ambiente, el sustento y la soberanía que representa, urge prohibir la geoingeniería.

 

Silvia Ribeiro*

*Investigadora del Grupo ETC

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El poder de las empresas en la cumbre de la ONU sobre cambio climático

Varsovia, Polonia — La conferencia sobre cambio climático de las Naciones Unidas de este año se está desarrollando en Varsovia, una ciudad llena de historia. Aquí se encuentra el principal monumento erigido en homenaje a Nicolás Copérnico, el famoso astrónomo polaco que postuló por primera vez que la Tierra gira alrededor del sol y no al revés. El aeropuerto de Varsovia lleva el nombre Frederic Chopin, en honor al brillante compositor que vivió aquí. La pionera de la ciencia de la radiación, Marie Curie, la primera mujer en ganar un Premio Nobel (ganó dos, de hecho), nació aquí.

 

Aquí también fue el lugar donde estuvo el Gueto de Varsovia, uno de los más horribles símbolos del Holocausto, donde cientos de miles de judíos permanecieron encerrados antes de ser trasladados al campo de exterminio de Treblinka y otros campos de concentración nazis, donde fueron asesinados. En medio del terror de la ocupación Nazi, los judíos del gueto se alzaron en un valiente acto de autodefensa. Más tarde, inspirados por el levantamiento del gueto, los habitantes no judíos de Varsovia también se alzaron y lucharon durante dos meses antes de ser finalmente derrotados por las fuerzas de ocupación alemanas. Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, 6 millones de polacos, la mitad de ellos judíos, habían sido asesinados y un ochenta y cinco por ciento de la ciudad de Varsovia estaba en ruinas.

 

En este preciso lugar se está desarrollando la 19a Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (CMNUCC), denominada COP 19. Miles de negociadores de los 198 países miembros de la Convención caminan con prisa a través de los corredores de tela provisorios instalados en el campo del Estadio Nacional, al igual que representantes de numerosas organizaciones no gubernamentales y miembros de la prensa. La cumbre de este año tiene una característica diferente: el auspicio de las empresas.

 

"Esta probablemente sea la conferencia sobre cambio climático con mayor presencia de las empresas que jamás hayamos visto", me dijo Pascoe Sabido. "Esto no significa que en las anteriores no haya habido una gran influencia de las empresas. Sin embargo, lo que es diferente esta vez es el nivel de institucionalización, el grado en el que el Gobierno polaco, la ONU y la convención misma, han recibido a las empresas con los brazos abiertos y han alentado su participación". Sabido trabaja en la organización Corporate Europe Observatory, que publicó un folleto denominado "Guía de la COP 19 sobre el lobby empresarial: delincuentes climáticos y complicidad del Gobierno polaco". Algunas de las grandes empresas presentes en esta COP 19, afirma Sabido, son "General Motors, conocida por financiar a grupos de investigación que niegan el cambio climático, como el Heartland Institute de Estados Unidos y está también BMW, que está haciendo cosas similares en Europa, en un intento por debilitar las normas sobre emisiones". El logo de LOTOS Group, la segunda principal empresa petrolera polaca, aparece en los 11.000 bolsos entregados a los delegados.

 

Polonia, cuya principal fuente de energía es el carbón, organizó una conferencia paralela junto con la Asociación Mundial del Carbón, denominada Cumbre Internacional del Carbón y el Clima. La Secretaria Ejecutiva de la COP 19, Christiana Figueres, provocó la ira de muchos activistas por el clima al pronunciar el discurso inaugural de la conferencia de la industria del carbón. Fuera de la cumbre, los activistas de Greenpeace colgaron una gran pancarta con los colores de la bandera polaca en la fachada del Ministerio de Economía. La pancarta decía: "¿Quién manda en Polonia: la industria del carbón o la gente?". En el techo del edificio, otros activistas desplegaron una pancarta con la leyenda: "¿Quién manda en el mundo: la industria de los combustibles fósiles o la gente?". Mientras tanto, en la plaza que se encuentra abajo, cientos de personas se manifestaban en contra del carbón en una procesión denominada "Cough 4 Coal" (Tos por el carbón) en la que había dos grandes pulmones inflables, que representaban los efectos nocivos del carbón en la atmósfera y en la salud humana.

 

Mientras que en el Estadio Nacional las negociaciones se iban diluyendo, los activistas gritaban al unísono: "¿Dónde está el financiamiento?". Los países ricos prometieron brindar apoyo financiero a los países en desarrollo para que realicen la transición hacia fuentes de energía renovables (mitigación) y para que puedan hacer frente a los efectos del cambio climático (adaptación). Oxfam calcula que, hasta el momento, este fondo ha recaudado tan solo 7.600 millones de dólares, muy por debajo de la cifra prometida de entre 30.000 y 100.000 millones de dólares. No se trata de caridad, los contaminadores deben pagar. Hablé con el principal negociador sobre cambio climático de Filipinas, Yeb Saño, en el noveno día de su huelga de hambre, que comenzó el día en que se inauguró la COP 19. Saño me dijo: "Estados Unidos, que es responsable de al menos un 25% de las emisiones totales, tiene una gran responsabilidad, una responsabilidad moral de combatir el cambio climático, no solo a nivel nacional, sino también de brindar apoyo a los países en desarrollo".

 

La destrucción causada por el tifón Haiyan es un crudo telón de fondo de las negociaciones en Varsovia. Yeb Saño se enteró de que su hermano sobrevivió al tifón al verlo en las noticias mientras ayudaba a juntar los cuerpos de los muertos. La ciencia es clara: si las temperaturas continúan aumentando, los eventos climáticos extremos se volverán cada vez más frecuentes y más mortales. Luego de que Saño anunciara en un emotivo discurso durante la sesión plenaria de la convención que había decidido iniciar una huelga de hambre, varios estudiantes marcharon en silencio junto a él mientras salía de la sala. Sostenían una pancarta en homenaje a los muertos en Filipinas. Como consecuencia de su acto espontáneo de solidaridad, se les prohibió asistir a las negociaciones sobre cambio climático durante un año. Una estudiante que participó en la acción, Clémence Hutin, de París, me dijo: "Para mí, la Cumbre sobre Cambio Climático es un espacio democrático. No entiendo por qué la sociedad civil no es bienvenida en la convención, pero las empresas sí lo son".

 

Denis Moynihan colaboró en la producción periodística de esta columna.

 

Texto en inglés traducido por Mercedes Camps. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. Goodman es la conductora de Democracy Now!, un noticiero internacional que se emite diariamente en más de 750 emisoras de radio y televisión en inglés y en más de 400 en español. Es co-autora del libro "Los que luchan contra el sistema: Héroes ordinarios en tiempos extraordinarios en Estados Unidos", editado por Le Monde Diplomatique Cono Sur.

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Viernes, 22 Noviembre 2013 08:33

La gran revolución de la energía

La gran revolución de la energía

Justo ahora se está diseñando un nuevo acuerdo global sobre cambio climático en la cumbre de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (UNFCCC, en sus siglas en inglés) —el 22 de noviembre termina la decimonovena conferencia de las partes, COP19, en Varsovia—, que se quiere culminar en 2015. Al hilo de la negociación, y dado que la mayoría de las emisiones de dióxido de carbono en el mundo provienen de la producción eléctrica y el transporte, merece la pena revisar la gran evolución que ha sufrido el panorama energético.

 

El siglo XXI será global y se definirá por la interdependencia económica. Por ello, la revolución de los hidrocarburos no convencionales —que ha provocado un auténtico terremoto— tendrá consecuencias a escala mundial. Ya se empiezan, de hecho, a sentir. Con la explotación del fracking, y en solo cinco años, la producción estadounidense de petróleo ha crecido un 30% y la de gas, un 25%. El año pasado, el gas de esquisto representó el 34% de toda la producción de gas en Estados Unidos. La Administración de Información Energética americana (EIA, en sus siglas en inglés) prevé que represente la mitad del total de gas en 2040.


Estados Unidos va camino de la autosuficiencia energética y está ya sacando partido de los beneficios económicos que ello conlleva. La explotación del gas y petróleo no convencional generó 2,1 millones de puestos de trabajo y 74.000 millones de dólares para las arcas del Estado en 2012. Su competitividad industrial se ha disparado dado el diferencial de precio con Europa y Asia, y las refinerías e industrias petroquímicas están acudiendo en masa a Estados Unidos.


Esto no significa, sin embargo, que Estados Unidos pueda encerrarse en sí mismo. La energía es una commodity global en un mundo interconectado. Se aprecia perfectamente cuando se mira al precio del petróleo, que se establece de manera global: la historia enseña ejemplos suficientes de las pésimas consecuencias que tienen los aumentos repentinos del precio del barril. Aunque la aportación del petróleo al mix energético está disminuyendo, y la capacidad excedente está razonablemente asegurada —sobre todo por Arabia Saudí—, un shock en los precios tendría efectos en todos los rincones del mundo.

Los precios del gas, en cambio, varían mucho por regiones. Desde los menos de cuatro dólares por MMBtu (unidad estándar de medida) en Estados Unidos a los aproximadamente 10 y 15 en Europa y Asia, respectivamente. Hasta que el mercado del gas se haga más líquido y global la diferencia persistirá. Sin embargo, la interdependencia económica global significa que a cada país le pesa la factura de otros. Si la economía de una región empeora, todos los países —emergentes y desarrollados— se resienten.


En Europa, hasta ahora, los recursos de esquisto han permanecido dentro de la roca, pero la revolución de los hidrocarburos no convencionales en el otro lado del Atlántico ha tenido muchos y diversos efectos. En primer lugar, la caída de la demanda estadounidense de gas natural licuado (GNL) ha permitido que bajen los precios en Europa. Eso ha dado margen de negociación a los diferentes proveedores energéticos europeos con gigantes como Gazprom —pese a los contratos de suministro de petróleo a largo plazo—. Por otro lado, la competitividad está en peligro: las compañías europeas pagan tres veces más que las americanas por el gas. Es improbable que esto cambie a corto plazo, ya que el coste de la licuación y del transporte mantendrá el precio del GNL alto incluso si EEUU permitiera más exportaciones.


Por último, las fuentes de energía usadas en Europa están haciendo que el continente se aleje gradualmente de sus objetivos de lucha contra el cambio climático. En Estados Unidos, el gas natural le está ganado parte de la cuota tradicional que llevaba el carbón en la producción de electricidad, provocando una oferta mayor de carbón barato para la exportación hacia Europa. Especialmente en Alemania, donde la energiewende (transición energética) —puesta en marcha a raíz del desastre de Fukushima— ha tenido un efecto perverso que ha provocado un aumento del consumo de carbón en el país: el carbón va camino de representar la mitad del consumo energético de Alemania. La posición europea de campeona contra el cambio climático está en peligro. Las emisiones de gases de efecto invernadero han podido descender como consecuencia de la caída en producción durante la crisis, pero el repunte en el uso del carbón es una muy mala noticia ante el futuro.


El carbón también es el recurso estrella en China, donde representa más de dos tercios del consumo energético. Pero los mandatarios chinos saben que la situación no es sostenible. No solo por la contaminación medioambiental, sino porque la diversificación de fuentes energéticas es clave para la seguridad nacional y la supervivencia del régimen.

 

El volumen de las reservas de energía no convencional en China está aún por determinar. Sin embargo, la densidad de población y la escasez de agua pueden ser factores que inhiban su explotación. China mantiene intensos contactos para asegurar y diversificar sus fuentes energéticas, tanto con productores tradicionales en Oriente Medio como con emergentes como Birmania o Rusia. El mes pasado, tras la primera visita de Dmitri Medvédev a China como primer ministro, China acordó con la empresa rusa Rosneft un contrato de suministro de petróleo por 10 años valorado en 85.000 millones de dólares. El gas natural, sin embargo, es la gran debilidad. Los gasoductos en Asia están subdesarrollados y los precios son los más altos del mundo.


Los principales productores de gas rusos comienzan a mirar hacia Asia, sobre todo ahora que el suministro en Europa ha bajado por la campaña de diversificación de matriz energética. Recordemos que Rusia obtiene la mitad de su presupuesto federal de los ingresos por gas y petróleo. El Gobierno ruso tiene que moverse rápido para adaptarse a los cambios y sostener al Estado. Hay oportunidades bajo la taiga siberiana, sobre todo en la región de Bazhenov, que podría albergar una de las mayores reservas de hidrocarburos no convencionales del mundo. Sin embargo, el Estado podría no ser capaz de atraer la inversión necesaria si no hace antes una reforma fiscal.


La revolución de los hidrocarburos no convencionales, que empezó en EE UU, está provocando grandes cambios en todo el mundo. Incorporar el gas de esquisto al mix energético mundial podría suponer un puente hacia un futuro bajo en carbono. Las emisiones por la combustión del gas de esquisto pueden ser significativamente menores que las del petróleo, si se llegan a controlar las fugas de metano. Sin embargo, a través de interrelaciones complejas, hemos visto un resurgir en el uso del carbón —altamente contaminante— en Europa. China, por su parte, también sigue dependiendo del carbón para el 70% de sus necesidades energéticas. De esta manera, la reciente caída de las emisiones de gases de efecto invernadero —las emisiones de CO2 en Estados Unidos están en su punto más bajo en 16 años, igual que en Europa han descendido por la crisis— corre el riesgo de ser anulada por las emisiones del carbón.


El problema clave es que las fuentes baratas de energía a veces conllevan grandes costes, que solo se revelan después de un tiempo mayor, lo cual dificulta la formulación de políticas para regular su uso. Las externalidades medioambientales de la combustión de carbón son importantes y deben ser tratadas. Es fundamental que la comunidad internacional alcance un denominador común lo suficientemente ambicioso en Varsovia. Si no, no seremos capaces de limitar el aumento de la temperatura global hasta niveles sostenibles. El coste actual de la contaminación es demasiado bajo; sin embargo, el nivel de urgencia es muy alto.


Por Javier Solana, distinguido senior fellow de Brookings Institution y presidente del Centro de Economía y Geopolítica Global de ESADE.

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China, Brasil e India se plantan en Varsovia por fondos para catástrofes

El pulso ya ha arrancado y el brazo comienza a temblar. Los países en desarrollo y China, también otros gigantes, como Brasil e India, se levantaron la madrugada del miércoles de las negociaciones de la Cumbre del Clima de Varsovia porque no se están concretando las ayudas económicas a los países que sufren los efectos del cambio climático, ni con catástrofes meteorológicas como el tifón Haiyan, que ha arrasado Filipinas, de fondo en todas sus conversaciones. "No lo vemos claro y nos levantamos este miércoles a las cuatro de la madrugada de la mesa de negociación", resumía René Orellana, jefe de la delegación de cambio climático de Bolivia. A su lado, el delegado filipino, Naderev Yeb Saño, agradecía el gesto. El representante filipino lleva una semana en huelga de hambre para intentar que el mecanismo de daños y pérdidas, ideado para atender a países en desarrollo en caso de catástrofe, sea una realidad. Muchos participantes en la Cumbre de Cambio Climático se interesaban por su salud y le daban golpecitos de ánimo en la espalda. "Veo poco progreso", reconocía Saño. Los bolivianos le regalaron una bolsa de hoja de coca para que se revitalice con sus infusiones.


Algunos delegados, bregados en los modos de hacer de anteriores cumbres, vieron el gesto del grupo de los 77 más China como parte de una estrategia de presión. "Dijeron que tenían que pensarse mejor los pasos a seguir y que querían que sus posiciones quedaran bien reflejadas en el texto", considera una técnico de la delegación del Gobierno español en Varsovia. "Las partes también tienen sus líneas rojas y se esfuerzan por dejarlo claro", añade con diplomacia. Estados Unidos, Australia y la UE quieren posponer estas decisiones de ayuda urgente hasta 2015. Los países en desarrollo reclaman que se concreten ya.


En la cumbre también se abordan medidas que ayuden a disminuir los efectos del cambio climático a largo plazo, destinadas a infraestructuras, por ejemplo. Se repartirán desde el Fondo Verde para el Clima, que deberá estar operativo a partir de 2014.
La gran esperanza y el deseo de los organizadores de esta cumbre del clima —que se desarrolla siguiendo todos los patrones de una cumbre convencional, nadie descubre sus cartas hasta el último momento— es que sea una convención con marcado carácter financiero. Christiana Figueres, secretaria ejecutiva de la convención de la ONU sobre cambio climático, habló de esas finanzas como "la piedra angular" para el mecanismo de pérdidas y daños.


La comisaria de la UE, Connie Hedegaard, aseguró por la mañana que se están realizando "verdaderos avances" en materia económica. Hay una lucha entre países industrializados, los tradicionalmente contaminantes, y los que están ahora en pleno desarrollo, como China o Brasil, para que se reconozca el papel histórico de cada uno de ellos en materia de emisiones de gases y se plasme en las responsabilidades futuras.


Los países en desarrollo están intentando que los acuerdos del foro de Durban, aquellos que van encaminados a un ambicioso pacto global que se debe alcanzar en la Cumbre del Clima de París 2015, se centren más en la acción inmediata. Ese hipotético acuerdo global tendría que entrar en vigor en 2020, y ellos quieren ampliar las ambiciones para el tramo entre 2015 y 2020. China, por ejemplo, es uno de los que más contaminantes per cápita, y por lo tanto tendrá que asumir mayores compromisos de reducción de emisiones en 2020.


Las políticas chinas reciben críticas, pero también reconocimientos. Varias fuentes coinciden en que este país, junto a Egipto, India o Pakistán, está dificultando la negociación. Sin embargo, la comisaria de la UE alabó su esfuerzo. China está adoptando medidas internas para frenar sus emisiones, como poner un mercado entre estados de venta de emisiones de carbono. "China está haciendo mucho (...) todos podemos hacer más", dijo Hedegaard.


Los representantes de los 190 países miembros de la Convención negociaron sobre financiación. El dinero, o la falta de compromiso para ponerlo, protagonizó las comparecencias ante los medios de muchos representantes. Los primeros en dar un paso atrás en esta cumbre de Varsovia fueron los australianos. Cuando el Gobierno de Tony Abbot, conservador, anunció la semana pasada que ha cancelado la mayor parte de sus políticas para reducir los efectos del cambio climático, como una tasa a las empresas por tonelada de dióxido de carbono emitida.

JUANA VIÚDEZ | ENVIADA ESPECIAL Varsovia20 NOV 2013 - 21:42 CET9

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Nueva York, 9 de febrero. La fuerte tormenta invernal Nemo azotó este sábado por segundo día a Estados Unidos y Canadá, dejando al menos 10 muertos, más de 620 mil personas sin electricidad, la cancelación de 6 mil 300 vuelos y la paralización del transporte terrestre. El temporal ya perdió la mayor parte de su fuerza, aseguraron los meteorólogos.

 

La tormenta, que se extiende de los grandes lagos a la costa del Atlántico, acumuló más de 90 centímetros de nieve en el noreste de Estados Unidos, dijo el Servicio Nacional de Meteorología.

 

Nemo provocó 10 muertos: tres en Canadá y siete en Estados Unidos.

 

Al menos 96 centímetros de nieve cayeron en Milford, centro de Connecticut, y ventarrones de hasta 135 kilómetros por hora se registraron en la localidad cercana de Westport. La nieve continuaba cayendo y cubría –al menos 60 centímetros– zonas del sureste de Massachusetts, Rhode Island y Nueva Hampshire.

 

La nieve alcanzó tanta altura el sábado en algunos lugares, que a las personas les era imposible abrir las puertas para salir de sus casas. Las calles estaban desiertas en su mayor parte en toda Nueva Inglaterra, salvo por las cuadrillas de trabajadores que retiraban la nieve, informó la cadena Univisión.

 

Multas o cárcel a quien incumpla medidas

 

La situación es tan grave que el gobernador de Massachussetts, Deval Patrick, decretó la prohibición de circular. Quien la incumpla será castigado con multas de hasta 500 dólares o incluso un año de prisión.

 

En Stratford, Connecticut, el alcalde John Harkins declaró a la cadena local de televisión WTNH que nunca había visto una nevada tan fuerte, con niveles de 12.5 centímetros por hora.

 

El gobernador de Rhode Island, Lincoln Chafee, prohibió todos los viajes por carreteras, con el fin de ayudar a los equipos que intentaban quitar la nieve. Chafee dijo a CNN que la Guardia Nacional rescató a automovilistas varados.

 

La tormenta acumuló 73.2 centímetros de nieve en Portland, Maine, rompiendo un récord de 1979, mientras el servicio meteorológico dijo que habrá más nevadas.

 

En Nueva York se pudo evitar lo peor, indicó el alcalde Michael Bloomberg. Hemos tenido suerte, señaló el sábado en una breve conferencia de prensa, en la cual explicó que todas las rutas principales estaban despejadas, gracias a brigadas que trabajaron toda la noche. En Central Park cayeron 20.5 centímetros de nieve y 21.3 en el aeropuerto La Guardia.

 

La policía del condado de Suffolk, Nueva York, utilizó motos de nieve para rescatar a cientos de automovilistas atrapados durante la noche en la autopista de Long Island.

 

Debido al impacto del viento y las grandes cantidades de nieve, más de medio millón de personas quedaron sin electricidad en la región, incluidos 389 mil en Massachusetts, 177 mil en Rhode Island y 35 mil en Connecticut.

 

Las empresas de suministro de electricidad en Connecticut informaron que esperan que hasta 30 por ciento de sus clientes –más de 400 mil hogares– se quedarán sin luz.

 

En Canadá, al menos 21 mil personas se quedaron sin electricidad en Nueva Escocia, informó la cadena CBC. Las autoridades esperan restablecer el servicio en las próximas horas.

 

Además, debido a la tormenta invernal, más de 6 mil 300 vuelos fueron cancelados en Estados Unidos y Canadá, según el servicio FlightStats.

 

Los aeropuertos neoyorquinos de La Guardia, John F. Kennedy y Newark, que suspendieron todos sus vuelos en el pico de la tormenta el viernes, reanudaron los servicios, aunque con demoras.

 

La compañía de trenes de pasajeros Amtrak indicó que las vías que unen Nueva York y Boston permanecerán cerradas, pero que los trenes retomaron sus horarios habituales para los viajes hacia Washington.

 

Al cierre de esta edición, sólo dos vuelos procedentes de Nueva York y uno hacia el mismo destino habían sido cancelados en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México por las condiciones meteorológicas, reportaron autoridades de la terminal aérea.

 

(Con información de Ariane Díaz)

 Reuters, Dpa, Afp y The Independent

Periódico La Jornada

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Miércoles, 06 Febrero 2013 06:26

Capital financiero y cambio climático

Capital financiero y cambio climático

Las fuerzas del capital financiero harán muy difícil frenar el cambio climático. Algunos dicen que la estructura del sector financiero no facilitará la transición a una economía baja en carbono. El problema es más grave: el sistema financiero es un potente obstáculo para prevenir una catástrofe derivada del calentamiento global.

 

Para apreciar los alcances del peligro es importante recordar algunos datos. En la actualidad, la concentración de dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera alcanza las 394 partes por millón (ppm). El CO2 es el gas de efecto invernadero más común (no es el único, ni el más potente). Los modelos más desarrollados sobre cambio climático indican que sólo por debajo de las 450 ppm de CO2 se tiene una alta probabilidad de mantener el incremento de temperatura dentro del rango de los dos grados centígrados. Los científicos consideran que ese umbral no debe ser rebasado si se quiere evitar un cambio climático catastrófico.

 

Estudios científicos consideran que para aumentar significativamente la probabilidad de permanecer por debajo de dicho umbral la economía mundial debe limitar sus emisiones para el periodo 2000-2050 a 886 gigatoneladas de dióxido de carbono (GtCO2). En la primera década del siglo se emitieron 321 GtCO2, así que ya solamente nos queda un volumen disponible de 565 gigatoneladas para el periodo 2010-2050.

 

Datos de la organización Carbontracker Initiative revelan que si se extrajeran y quemaran las reservas mundiales conocidas de combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas) tendríamos emisiones superiores a las 2 mil 795 GtCO2. Es decir, esas reservas contienen cinco veces más carbono que el tope arriba mencionado de 565 GTCO2. Extraer y usar esas reservas podría llevar la concentración de CO2 en la atmósfera a las 700 ppm, lo que cambiaría el planeta tal y como lo conocemos.

 

Ahora bien, las reservas de combustibles fósiles de las 200 empresas más importantes de carbón, petróleo y gas en el mundo (empresas que cotizan en bolsas de valores) tienen reservas con un potencial de carbono de 745 GtCO2. Es decir, si estas empresas extraen y queman sus reservas estaríamos rebasando con 180 GtCO2 el volumen que nos queda disponible para el periodo 2010-2050 (las 565 GtCO2 arriba mencionadas). El problema es todavía más serio porque estas cifras no incluyen a las empresas estatales y tampoco toman en cuenta las gigantescas reservas de gas natural de los esquistos en Estados Unidos y numerosos otros países.

 

El problema es que las reservas detentadas por estas compañías se encuentran asentadas en sus libros y hojas de balance con un enorme valor monetario. Un avalúo de estas empresas asume que esas reservas serán efectivamente realizadas, lo que significa que serán extraídas y utilizadas. Desde el punto de vista contable a nadie le importa un pepino si la utilización de esas reservas es suficiente para sobrepasar el peligroso umbral de los dos grados centígrados. El cambio climático no es un concepto contable.

 

Para decirlo de otro modo, si existiera una autoridad capaz de aplicar la restricción de las 565 GtCO2 para los próximos cuarenta años, estas compañías solamente podrían quemar unas 150 GtCO2. El resto, carbono no inyectado a la atmósfera, serían activos sin valor y se traducirían en pérdidas colosales para los inversionistas que han comprometido recursos en esas empresas.

 

Esas 200 empresas del mundo de la energía fósil tienen un valor en bolsa equivalente a 7.42 billones (castellanos) de dólares. Los países con mayor potencial de gases invernadero en las reservas de compañías que cotizan en bolsa son Rusia, Estados Unidos y el Reino Unido. Y en las bolsas de valores de Londres, Sao Paulo, Moscú, Toronto y del mercado australiano hasta 30 por ciento de la capitalización de mercado está vinculada a combustibles fósiles.

 

Estamos en presencia de un conflicto de dimensiones históricas: de un lado está la comunidad científica advirtiendo no quemar esas reservas de combustibles fósiles y del otro están las empresas e inversionistas que tienen interés en realizar sus activos (extraer y usar esas reservas). ¿Quién prevalecerá? En los últimos 30 años, el sector financiero del mundo ha sido capaz de dominar a la política macroeconómica. En efecto, las prioridades de la política monetaria y fiscal del mundo entero responden hoy (incluso en medio de la crisis) a las necesidades del capital financiero. ¿Por qué tendría que ser distinto en el ámbito de la política sobre cambio climático?

 

En la actualidad carecemos de un régimen regulatorio internacional que permita pensar que la economía mundial podrá reducir su huella de carbono en la atmósfera a la velocidad que se requiere. El Protocolo de Kioto es una entelequia y lo único que queda es un ‘compromiso’ para llegar a un acuerdo en 2015 que deberá entrar en vigor en 2020. En el sector financiero anidan fuerzas que se opondrán con todo a un acuerdo que evite el peligro del cambio climático catastrófico.

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Lunes, 03 Diciembre 2012 06:54

Después de Kioto, el abismo

 Después de Kioto, el abismo

El emirato de Catar acogió hace 11 años el inicio de las negociaciones para liberalizar el comercio mundial. La llamada Ronda de Doha fracaso después de ocupar años y años de negociaciones. El precedente planea sobre la 18 cumbre del clima, cuyo tramo ministerial comienza el lunes de nuevo en Doha. No es solo el mal augurio de que el país anfitrión sea el mayor emisor de CO2 por habitante del planeta, sino que las posiciones siguen estancadas. Ante eso, la única opción que queda es prorrogar el protocolo de Kioto -cuyo primer periodo de cumplimiento acaba a final de este año-, aunque se bajen de él Japón, Canadá y Rusia. Así, solo la UE y Australia quedarían con obligaciones vinculantes a la espera de que en 2015 mejore la economía, la concienciación ciudadana o se alineen los astros para firmar un nuevo acuerdo que entre en vigor en 2020 y que, esta vez sí, incluya a todo el mundo.


 
"Este año tendría que ser un año clave, un Rubicón, al terminar el primer periodo del protocolo de Kioto, pero va a quedar descafeinado", asume José Luis Blasco, socio de Cambio Climático de la consultora KPMG. En 2007, en la Cumbre de Bali, los más de 190 países que se reúnen bajo la Convención Marco de Naciones Unidas para el Cambio Climático (UNFCCC, en sus siglas en inglés) acordaron que en 2009 tendrían un nuevo acuerdo que entraría en vigor en 2013 y que sustituiría a Kioto. Nada de eso ha funcionado. En Copenhague, en 2009, ni la presencia de todos los jefes de Estado desatascó la situación.


 
"Las acusaciones siguen siendo las mismas", añade Blasco. Los gigantes en desarrollo (China e India, principalmente, pero con el apoyo de Brasil y Sudáfrica) temen que les impongan un sistema de verificación de sus emisiones que destripe su economía, además piden más dinero y mayores objetivos de reducción de emisiones para los países desarrollados, especialmente a EEUU. Mientras, Washington insiste en que no puede moverse si no hay objetivos vinculantes para China e India. "Vemos el mismo debate desde 2009", resume Blasco. Bajo una negociación llena de documentos muy técnicos subyace una vieja pugna: ricos contra pobres.


 
La dificultad radica en que este no es un tratado de medio ambiente, ni siquiera sectorial -como el exitoso Protocolo de Montreal, que hace 25 años puso coto a la destrucción de la capa de ozono-. Las emisiones de CO2 tienen relación con el sector energético, la industria, el transporte, la agricultura, la deforestación...


Cada vez que una central térmica quema carbón en China o que un estadounidense arranca su coche emite CO2. Este gas, principal responsable del efecto invernadero, se acumula en la atmósfera y retiene parte del calor que emite la Tierra. Según la Organización Meteorológica Mundial, desde la Revolución Industrial, la humanidad ha emitido unos 375.000 millones de toneladas de CO2. Eso ha hecho que la concentración de CO2 en la atmósfera suba de 280 partes por millón a 390 actualmente. Y seguirá subiendo durante décadas. Nadie planea recortarlas drásticamente porque eso acabaría con la economía mundial.


 
El acuerdo alcanzado en Copenhage por todos los países es limitar el calentamiento a dos grados centígrados, para lo que hay que estabilizar la concentración en la atmósfera en 450 partes por millón. Según la Agencia Europea de Medio Ambiente, ya se notan en el continente alteraciones debido al cambio climático: como aumento de lluvias torrenciales en el norte y sequías en el sur y aumento de la frecuencia de las olas de calor.
 


Con la crisis económica, el clima ha pasado a un tercer plano, aunque cada vez hay más organismos que avisan del grave problema que afronta la humanidad si no se hace nada. El último fue el Banco Mundial, que en un informe calcula, de seguir así, a final de siglo la temperatura media subirá cuatro grados centígrados. Y que eso traerá un mundo "con olas de calor sin precedentes, severas sequías y grandes inundaciones en muchas regiones, con graves impactos en ecosistemas y sus servicios asociados”.


 
La principal esperanza es que en su segundo mandato, el presidente de EEUU, Barack Obama, sí que tome medidas para limitar las emisiones. La paradoja es que sin legislar, Estados Unidos ha reducido sus emisiones debido al auge del gas no convencional, que ha sustituido al carbón en la producción eléctrica. Aún así, EEUU aún dobla a la UE en emisiones per cápita.


 
Europa, tradicionalmente la región que más empuja en estas negociaciones, llega dividida. La crisis económica hace que ninguno de sus líderes -quizá solo François Hollande- tenga el calentamiento entre sus prioridades y Polonia veta cualquier intento por endurecer las normas europeas. Hace unos años se daba por seguro que Europa endurecería su objetivo de reducción de emisiones del 20% al 30% (en 2020 respecto a 1990), pero hoy parece inviable. Además, Bruselas ha tenido que retirar la directiva que obligaba a las aerolíneas por sus emisiones incluso aunque fuesen deun tercer país por el enfrentamiento con China e India y la amenaza de represalias comerciales.


La UE acepta ir a un segundo periodo del Protocolo de Kioto que cubra el periodo 2012-2020, pero hay graves discrepancias por solventar. El secretario de Estado de Cambio Climático, Federico Ramos, destaca el problema del llamado “aire caliente”. Se trata de millones de derechos de emisión asignados a los países de Europa del Este y que nunca usaron debido al desplome de la pesada e ineficiente industria soviética. Algunos países han hecho caja con esos derechos (como Polonia, a la que España le ha comprado CO2 para cumplir su parte), pero otros, como Rusia, aún esperan para venderlos.


 
El problema es que si esos millones de derechos de papel sirven para los próximos años la reducción de emisiones solo será virtual. “España piensa que hay que ser restrictivo en el arrastre de derechos, pero entendemos las posturas de ciertos países”, añade Ramos. “Si el mercado [de CO2] está inundado es difícil que merezca la pena reducir las emisiones”, añade el secretario de Estado, que a partir del miércoles estará en Doha acompañado por el ministro de Medio Ambiente, Miguel Arias Cañete.


 
Ese mercado inundado de derechos ya se da en la UE, por lo que la tonelada de CO2 está en mínimos (el viernes cerró a 6,65 euros, muy lejos de los aproximadamente 20 euros para los que se diseñó el sistema de compraventa.


 
España está entre los países que aceptan un segundo periodo de Kioto. “La primera fase ha sido útil, ha funcionado bien aunque podía haber funcionado mejor”, opina Ramos. Pero incluso aunque la UE acepte, su efectividad de una segunda parte es dudosa. Japón, Canadá y Rusia ya han anunciado que no se sumarán. Estados Unidos, que no llegó a ratificar el primer periodo, ni se lo plantea. El principal emisor del mundo, China, está considerado como un país en desarrollo y por lo tanto está exento. El resultado es que los países con objetivos vinculantes hasta 2020 solo sumarán el 15% de las emisiones mundiales (la UE, Australia, Noruega, Suiza y alguno más).
 


Una prórroga de Kioto permitiría al menos mantener los mecanismos de desarrollo limpio, el sistema que ha llevado miles de millones en tecnología limpia a los países en desarrollo para compensar las emisiones de los ricos. El mecanismo ha estado plagado de agujeros y de inversiones con un dudoso efecto sobre la atmósfera, pero los países consideran que desmontarlo empeoraría la situación.


 
Esos mecanismos son básicos para que los países en desarrollo acepten cualquier nuevo acuerdo, el que se debe acordar en 2015 –probablemente en París- para que entre en vigor en 2020. Pero para eso falta mucho.

 

Por Rafael Méndez Madrid 3 DIC 2012 - 00:57 CET

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Cambio climático: ‘esto recién comienza’
Las pruebas que demuestran la existencia del cambio climático están golpeando fuertemente a Estados Unidos este verano: de los incendios forestales en las montañas de Colorado a la reciente tormenta “Derecho”, que dejó un saldo de al menos 23 muertos y 1,4 millones de personas sin electricidad de Illinois a Virginia. La frase “eventos climáticos extremos” aparece en las pantallas de televisión a lo ancho del país. Sin embargo, su vínculo con el cambio climático es omitido sistemáticamente, cuando no es objeto de burla. Si nuestros medios de comunicación y, en especial, los meteorólogos que trabajan en ellos, continúan omitiendo el vínculo esencial entre los eventos climáticos extremos y el cambio climático, entonces nosotros, como país, los mayores contaminadores per cápita del planeta, quizá no actuemos a tiempo para evitar una catástrofe aún peor.

 
La semana pasada se batieron más de 2.000 récords de temperaturas máximas en todo Estados Unidos. La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA, por sus siglas en inglés), el organismo gubernamental que realiza un seguimiento de estos datos, informó que la primavera de 2012 “registró el mayor alejamiento de la temperatura promedio que cualquier otra estación de la que se tenga registro en la zona continental de Estados Unidos”. La NOAA afirma que las temperaturas récord registradas en mayo “han sido tan extremadamente diferentes que establecen un nuevo “parámetro” aparte con respecto a las temperaturas históricas registradas hasta la fecha”.

 
En Colorado, siete grandes incendios están ardiendo en este momento. Dos personas murieron y 347 hogares fueron destruidos como consecuencia del incendio del Cañón Waldo en Colorado Springs, mientras que el incendio de High Park dejó un saldo de un muerto y 259 hogares destruidos. Si bien los incendios están oficialmente “controlados”, la Oficina de Manejo de Emergencias de Colorado afirma que el incendio no se apagará hasta que se produzca un “evento de la naturaleza como lluvia o nieve durante un período de tiempo prolongado”. La tormenta “Derecho” es otro ejemplo de esto. Como lo indica su nombre, justamente lo que hizo la tormenta fue seguir un camino recto de destrucción imparable: se formó cerca de Chicago y azotó el este del país, dejando a su paso varios muertos, además de derribar varias redes de tendido eléctrico.

 
A los incendios y las tormentas se suma la sequía. Según el Dr. Jeff Masters, uno de los pocos meteorólogos que vincula a menudo el clima extremo con el cambio climático, “en la zona continental de Estados Unidos, un 72% del área terrestre fue clasificada como seca o en condiciones de sequía” la semana pasada. “Se registrarán eventos climáticos de este tipo cada vez con mayor frecuencia, habrá más impactos como los que hemos visto a raíz de las olas de calor, los incendios y las tormentas. …Esto recién comienza”.

 
Por suerte también veremos con más frecuencia a Jeff Masters. En 1995 co-fundó el conocido sitio web sobre clima Weather Underground. Esta semana anunció que el sitio fue adquirido por The Weather Channel, quizá el mayor proveedor de informes sobre los eventos climáticos extremos. Masters promete que su blog tendrá el mismo enfoque que antes y que espera llegar al gran público que sigue día a día a The Weather Channel. Se necesitan muchos meteorólogos como Masters para contrarrestar a quienes niegan la importancia del cambio climático provocado por el hombre, como lo hace el carismático Rob Marciano, que brinda el informe del tiempo en CNN. En 2007, un juez británico estaba considerando prohibir la película de Al Gore “Una verdad incómoda” en las escuelas de Inglaterra. Luego de la noticia, Marciano dijo en CNN: “Por fin. Por fin. Ya saben, los premios Oscar son premios a las películas de ficción también. Como hemos visto, no está demostrado que el calentamiento global provoque huracanes más intensos”. En respuesta a ese clip característico, Masters me dijo: “Los meteorólogos de la televisión se están perdiendo una gran oportunidad de educar y decirle a la población lo que probablemente sucederá”.

 
Más allá de las fronteras de los países ricos como Estados Unidos, en los países en desarrollo, donde vive la mayoría de la población mundial, los impactos del cambio climático son mucho más letales y abarcan desde la creciente desertificación de África hasta la amenaza del aumento del nivel del mar y la desaparición de pequeños Estados insulares.

 
Los medios estadounidenses pueden desempeñar un papel fundamental en la educación de la población sobre el cambio climático. Imaginen si la mitad de las veces que se habla de ‘clima extremo’ en las pantallas de televisión se mencionara ‘calentamiento global’. Esta semana en que se conmemora el Día de la Independencia, los estadounidenses podrían comenzar a ejercer presión para poner fin a nuestra dependencia de los combustibles fósiles y seguir un camino saludable hacia la independencia que brinda la energía sustentable.

 
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Denis Moynihan colaboró en la producción periodística de esta columna.


Publicado el 6 de julio de 2012
 
 
Texto en inglés traducido por Mercedes Camps. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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Viernes, 15 Junio 2012 06:40

Más diferencias que consensos en Río

Más diferencias que consensos en Río
Tras el segundo día de reuniones preliminares de la Conferencia de las Naciones Unidas Río+20, sobre Desarrollo Sostenible, no se logró consenso aún sobre el 75 por ciento del documento final. Uno de los puntos centrales de divergencia es de dónde saldrán los recursos financieros y técnicos para solventar la polémica propuesta de impulsar una “economía verde”. Hubo progresos, pero los desacuerdos siguen siendo grandes, y el reloj empezó su cuenta regresiva con vistas a la cumbre de jefes de Estado que se desarrollará entre el miércoles y el viernes de la semana próxima.


Quienes sí manifestaron acuerdos son las counidades indígenas, participantes de la Cumbre de los Pueblos que se desarrolla en forma paralela en Río de Janeiro. “Que nos dejen vivir en paz”, pidió un cacique de la etnia caiapó. Unos 1600 aborígenes llegaron a esa ciudad para participar de la cumbre alternativa.


La serie de tres días de reuniones preparatorias, que finaliza hoy, todavía no logró consenso sobre varios temas. La principal diferencia se expresa en cuáles son los medios financieros y tecnológicos para impulsar el giro del modelo de desarrollo hacia una “economía verde”, sostuvo el coordinador brasileño, Luiz Figueiredo. “Si las negociaciones no terminan hoy, Brasil, como presidente de la conferencia, asumirá la coordinación y buscará encontrar puntos de convergencia entre las posiciones”, afirmó. Es probable que las negociaciones deban continuar el fin de semana o, inclusive, prolongarse hasta el inicio de la conferencia de jefes de Estado y de gobierno, el próximo 20.


Figueredo dijo que mantiene esperanzas de que el documento esté listo hoy, pero advirtió que eso no será posible sin un acuerdo sobre la financiación y la transferencia de tecnología para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible, que serán fijados para 2015-2030. “Para cualquier recomendación de acción, es necesario que esté en claro qué medios están a la disposición de los países para implementarlas”, opinó.


El embajador admitió que la crisis que afecta a las economías de los países desarrollados redujo su disposición a financiar la transición hacia la “economía verde”. “Pero no podemos ser rehenes de una retracción generada por la crisis: estamos acá para pensar a largo plazo, y no en una crisis que en un año o dos podrá ser superada”, enfatizó.


Las discrepancias que persisten en torno de un 75 por ciento del documento final de la cumbre también preocupan a la ONU, según afirmó el representante de la secretaría general, Nilchil Seth. “Hay que acelerar las cosas; tenemos sólo un día más y no es hora de debatir nuevas ideas, es hora de cerrar un texto”, dijo. Según el diplomático, tampoco se logra un consenso sobre el marco institucional que será encargado de monitorear el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), a través de una “gobernanza” global: persisten divergencias en torno de la propuesta de la Unión Europea, apoyada por países africanos, de convertir el Programa de Naciones Unidas sobre medio Ambiente en una agencia independiente.


También las potencias desarrolladas resisten la propuesta de los países del G-77 más China de crear un fondo de 30.000 millones de dólares anuales por las naciones industrializadas para financiar proyectos de desarrollo sostenible entre 2013 y 2018. Y el principio de “responsabilidad común pero diferenciada” entre países ricos y pobres también genera la resistencia de los industrializados.

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